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Mente sabia: equilibrio entre razón y emoción

La "mente sabia" integra la razón y la emoción mediante el desarrollo de habilidades de conciencia. Estas habilidades incluyen observar, describir y participar en el presente sin juicios, haciendo solo una cosa a la vez y haciendo lo que funcione en cada situación. Integrar la razón y la emoción a través de estas habilidades permite una visión clara y coherente a pesar de los cambios emocionales o de conocimiento.

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Mente sabia: equilibrio entre razón y emoción

La "mente sabia" integra la razón y la emoción mediante el desarrollo de habilidades de conciencia. Estas habilidades incluyen observar, describir y participar en el presente sin juicios, haciendo solo una cosa a la vez y haciendo lo que funcione en cada situación. Integrar la razón y la emoción a través de estas habilidades permite una visión clara y coherente a pesar de los cambios emocionales o de conocimiento.

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MENTE SABIA: INTEGRANDO LA RAZÓN Y LA EMOCIÓN

El concepto de “mente sabia” fue desarrollado por Marsha Linehan (1993) en su


terapia dialéctico conductual (TDC). Esta terapia tiene entre sus objetivos la regulación
del afecto, el aprendizaje de habilidades y la aceptación del cambio como algo
inherente a la vida. Consideramos “mente sabia” el equilibrio entre la mente racional y
la mente emocional, ya que resulta necesario integrar el análisis lógico y la experiencia
emocional para poder aproximarse al conocimiento de cualquier aspecto que no rodea
(May, 1982). Funcionar en mente sabia podría parecerse a lo que llamamos
comúnmente <<intuición>>, se comprende un hecho sin tener que analizarlo explícita
e intelectualmente (Deikman, 1982).

Cuando estamos con la “mente emocional” activada, percibimos lo que nos pasa en
función de lo que sentimos en ese instante. Si nuestras emociones son muy intensas,
podemos distorsionar la interpretación que hacemos de las situaciones y de nuestras
circunstancias y actuamos “en caliente”. Pero, también, podemos encontrar la
motivación, la pasión y la energía que necesitamos para alcanzar nuestras metas, para
ayudar a los demás o para sobreponernos a las dificultades.

Por otro lado, cuando se activa nuestra “mente racional”, observamos nuestra vida
desde la lógica y el empirismo. Nos centramos en los hechos y en la razón, dejando
aparcadas las emociones, y actuamos “en frío”. Este estado nos permite llevar a cabo
planes, seguir instrucciones, dirigir equipos y tareas, etc.

Ambos estados tienen sus funciones y beneficios. Por ello, aunque a veces podamos
anhelar desactivar alguno de ellos, necesitamos tanto de la razón como de la emoción
para vivir. Nuestro objetivo último sería integrarlos, aunque no alcancemos la “mente
sabia” a cada momento.
Para integrar la emoción y la razón disponemos de las llamadas “habilidades básicas
de conciencia”.

Las habilidades básicas de conciencia se dividen en dos: habilidades “qué” y “cómo”.

Las habilidades “qué” tienen como objetivo desarrollar un estilo de vida centrado en el
aquí y el ahora, haciendo hincapié en la toma de conciencia de nuestras emociones y
pensamientos para poder decidir nuestra conducta de una forma que nos acerque a lo
que queremos conseguir. Incluyen observar, describir y participar:

• Observar significa atender a lo que experimentamos, pensamos y sentimos en cada


momento. esta habilidad hace referencia a percibir las experiencias internas o
externas (pensamientos, emociones, sucesos, etc.) sin fusionarnos o aferrarnos a las
mismas, independientemente de su valencia emocional. Observar implica
deshacerse de las ideas preestablecidas y no poner palabras, sino experimentar con
los cinco sentidos. Nuestras experiencias no equivalen a lo que somos.
• Describir supone ponerle palabras a aquello que observamos. Esta codificación de
la experiencia permite manejarla y es esencial para la comunicación y el autocontrol
(Linehan, 1993b). Describir ayuda a desunir lo que pensamos de lo que sentimos.
• Participar la atención plena también implica participar de la experiencia, poder
vivirla con conciencia sin dejarse atrapar por ella o intentar controlarla. Cuando se
participa plenamente, las acciones surgen de manera fluida y espontánea, como
cuando se conduce un coche. Sin embargo, cuando nos enfrentamos a una
experiencia nueva o cambiante (por ejemplo, conducir un coche nuevo), se requiere
retomar la práctica a través de las habilidades de observar y describir hasta que estas
logren automatizarse y usarse inconscientemente (García-Palacios y Navarro-Haro,
2016).

Las habilidades “cómo” nos indican, precisamente, cómo observar, describir y


participar de nuestras experiencias. La manera en que se nos insta a vivir cada momento
es sin juicio, haciendo las cosas de una en una y centrándonos en lo que funciona en
cada situación:

• No emitir juicios supone no etiquetar las cosas como “buenas” o “malas”, ni evaluar
si lo que sentimos o hacemos es lo que deberíamos o no. Podemos ayudarnos del
rol de observador aceptando la experiencia emocional independientemente de cual
sea y viviéndola como si fuese la primera vez.
• Hacer lo que funciona vs hacer lo qué corresponda. se deriva de la ausencia de juicio
y nos invita a hacer lo que funciona en cada situación, adaptándonos a las
circunstancias, sin quedarnos estancados en cómo deberían de ser las cosas en un
mundo justo e ideal. No significa renunciar ni resignarse, pero tampoco intentar
arreglar todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Es elegir nuestras batallas desde la
aceptación de lo que podemos cambiar y lo que no, y responder en consonancia.
• Hacer solo una cosa a la vez. significa evitar la multitarea y centrar nuestra atención
en el aquí y el ahora haciendo uso de todos nuestros recursos atencionales. Esto es,
evitar hacer varias cosas a la vez cuando nuestra mente tiene muchas tareas para
hacerse, se dispersa. Por ejemplo, si estamos comiendo, no hacer nada más
simultáneamente y fijarnos en nuestras sensaciones mientras comemos.

La “mente sabia” es más que un razonamiento y más que una sensación. Es ver algo
con claridad y mantener dicha visión en el tiempo, aunque nuestro estado emocional o
conocimientos varíen. Cuando eso ocurre, experimentamos la certeza de que algo es
válido para nosotros y una sensación de coherencia vital que nos aporta serenidad.

Te invito a que reflexiones y pongas en prácticas cada una de las habilidades aprendidas.
Observa, describe y participa en una sola cosa que funcione y siempre evitando el juicio.
¡Mucho ánimo!

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