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Lady Macbeth: Poder y Destrucción Femenina

Lady Macbeth desea la muerte del rey Duncan y pide a los espíritus malignos que la liberen de su feminidad y la llenen de crueldad, renunciando a su sexualidad femenina e incorporando la masculina para cometer el asesinato. El documento analiza cómo Lady Macbeth aniquila su feminidad para alcanzar sus objetivos sangrientos, no realizando un sacrificio sino deshaciéndose de su identidad sexual femenina.

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Lady Macbeth: Poder y Destrucción Femenina

Lady Macbeth desea la muerte del rey Duncan y pide a los espíritus malignos que la liberen de su feminidad y la llenen de crueldad, renunciando a su sexualidad femenina e incorporando la masculina para cometer el asesinato. El documento analiza cómo Lady Macbeth aniquila su feminidad para alcanzar sus objetivos sangrientos, no realizando un sacrificio sino deshaciéndose de su identidad sexual femenina.

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fre

Lady Macbeth: la aniquilación


de lo femenino
VANESSA BRASIL
Unifacs. Universidad Salvador - Brasil

Lady Macbeth: The annihilation of the Feminine

Abstract
In this work we are going to elaborate a reading of the Shakespeare's text Macbeth, with our attention on Lady
Macbeth. She is the main aim of our analysis since she possesses that component that situates her on the thres-
hold of fascination and horror, at the limit of the beautiful and the sinister, of the seduction and the repulse. In our
opinion it is not a sacrifice which the woman does, it is not about a sacred office which Lady Macbeth carries out,
but a pact with the horrific. By renouncing her sexuality "Unsex me here!", we think she renounces sex and any
sexual activity with Macbeth. By becoming desexualised, the woman invests herself with a powerful imaginary
phallus which makes her become total and absolute in her husband's eyes. By detesting her feminine sexuality
and incorporating the masculine she becomes a Great Goddess.

Key words: Death. Hollywood's narration. Classical cinema. Post-classic cinema.

Resumen
En este trabajo vamos a elaborar una lectura del texto de Macbeth, de Shakespeare, con la mirada puesta en
Lady Macbeth. Es el principal objetivo de nuestro análisis, pues posee aquel componente que la sitúa en el
umbral de la fascinación y del horror, en el límite de lo bello y de lo siniestro, de la seducción y de la repulsa. En
nuestra opinión no es un sacrificio el que hace la mujer, no se trata de un sacro oficio, sino que lo que lleva a
cabo Lady Macbeth es un pacto con lo horrífico. Al renunciar a su sexo, "Unsex me here!", creemos que renun-
cia también al sexo, a la actividad sexual con Macbeth. Al desexualizarse, la mujer se inviste de un poderoso falo
imaginario que la torna total y absoluta a ojos de su marido. Al abominar su sexualidad femenina e incorporar la
masculina se torna Gran Diosa.

Palabras clave: Lady Macbeth. Lo femenino. El sacrificio. La esterilidad. El Edipo.

ISSN. 1137-4802. pp. 7-27

«Lo que hace un gran artista es decir con la mayor


exactitud posible las cosas que necesita decir.»
Jesús González Requena
Prólogo. Presagios

Llama poderosamente la atención la precisión, exactitud y actualidad


del texto shakesperiano dedicado a Macbeth y, para nosotros, en especial,
a Lady Macbeth. Ella es el personaje en el que recaen los focos y, más aún,
t&f Vanessa Brasil

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es quien atrae las miradas atónitas de gran parte de los lectores o de los
espectadores. Es el principal objetivo de nuestra lectura, pues, posee aquel
componente que la sitúa en el umbral de la fascinación y del horror, en el
límite de lo bello y de lo siniestro, de la seducción y de la repulsa.

En este trabajo vamos a elaborar una lectura del texto de Macbeth, de


Shakespeare, con la mirada puesta en Lady Macbeth. El congreso de
Trama y Fondo, dedicado a las diosas,
despierta la atención sobre la caída del
dios patriarcal, en otros términos, del
padre simbólico y la emergencia de una
figura avasalladora. Como una suerte de
vaticinio, el texto shakesperiano ya había
anunciado este sino con una literalidad
que apasiona, tal como las tres extrañas
hermanas, brujas del destino, formulan
en el punto de partida del texto un presa-
gio que se confirmará. Por ello no podría-
mos ignorar el personaje de Lady Mac-
beth en un debate internacional dedicado
a las Diosas.

Se abre el telón. Deseo de muerte

En el arranque del texto de la tragedia se inscribe el deseo de una


mujer, la bruja mayor, que es un deseo de muerte. Ello se entronca perfec-
tamente con la voluntad de otra mujer, la esposa de Macbeth, que instará
a su marido al asesinato del Rey Duncan. Después de leer la carta de su
esposo relatando los gloriosos vaticinios de las brujas del destino, ruega a
los espíritus malignos1:

Roncos graznidos lanzarán los cuervos,


rey Duncan, a tu entrada en mi mansión.
¡Venid, venid a mí, genios protervos,
espíritus de muerte y destrucción!
Dotad de robustez viril mi mano;
al cuerpo afeminado fuerzas dad;
1 SHAKESPEARE, W. (1623): al corazón coraje sobrehumano;
Macbeth, (Traducción José García y henchid mis venas de hórrida crueldad.
de Villalta. Madrid, 1938), Juan Mi sangre se condense y pensamientos
Jesús Zaro, Málaga, 2007. (Todas sin que los turbe débil compunción;
las citas del presente artículo se la femenil clemencia a mis intentos
refieren a esta obra). no oponga su piedad ni compasión.
Lady Macbeth: la aniquilación de lo femenino t&f
93
Deidades invisibles, ominosas,
que amáis humano llanto y padecer;
en vez de tibia leche, ponzoñosas
linfas dad a mis pechos de mujer.
Y tú ven a mi ruego, noche obscura,
rebozada en tu lóbrego capuz:
el infierno te dé la sombra impura
que el humo engendra de su aciaga luz.
Tan tenebrosa ven, que mi cuchillo
no pueda ver, oh noche, el propio herir;
ni de los cielos importuno brillo
logre por tus tinieblas traslucir. 2 FREUD, S. (1914-1916): "Os
que fracassam no triunfo", v. 2, en
Obras Completas (traducción de
Freud2 analiza brillantemente la obra de Shakespeare a través Paulo César de Souza) Cia das
de la óptica de los que fracasan cuando triunfan. Él señala una Letras, São Paulo, v. XII, 2012, pp.
195-212.
cuestión importante para el análisis de Lady Macbeth que es el
sacrificio de la femineidad para alcanzar sus objetivos sangrientos. 3 Freud, op. cit., p. 195.

4 Sacrificio: sacro + oficio. Un


A su designio de muerte quiere sacrificar incluso su oficio sagrado. Del latín
feminidad, sin atender al papel decisivo que habrá de sacrificium, compuesto de sacer y
caberle a esa feminidad después, cuando sea preciso ase- ficium. Palabra afecta al contexto
gurar esa meta de su ambición alcanzada por el crimen.3 de las antiguas celebraciones ritua-
listas de la cultura indoeuropea,
significando exactamente el "acto
Pero, a nuestro ver, el mejor término para el acto de la esposa de hacer/manifestar lo sagrado", es
decir, el "acto de pasar de la esfera
del señor de Glamis no sería sacrificio, porque sacrificio4 es una de lo profano para la esfera de lo
palabra cargada de un sentido simbólico, es un acto de pasar de la sagrado".
esfera de lo profano a la esfera de lo sagrado, que no le es propio a
Lady Macbeth. Creemos que el mejor término sería la aniquilación de
su femineidad. Lady Macbeth se refiere a su sexo femenino, pidien-
do a los espíritus que la liberen de su sino, que la despojen de su
sexualidad y que la colmen de crueldad. En su monólogo pide a las
deidades que le interrumpan la menstruación, que estanquen la san-
gre de la fertilidad transformándola en la sangre estéril de la mal-
dad y que la leche materna, la que nutre, se transmute en veneno.

Notamos en el discurso de la esposa del señor de Glamis algu-


nos elementos fundamentales. En primer lugar, ella renuncia a su
género, a su identidad sexual. Observamos, en seguida, como el
elemento femenino en ese texto comparece en oposición a la cruel-
dad, por lo tanto pertenece al terreno de la bondad. Lady Macbeth
brama a las deidades una súplica contundente: el de librarse de la
condición primera de toda mujer que es la de generar un hijo, de
procrear o de amamantar. En el texto que analizamos lo venenoso
se opone a lo dulce, bien como, la esterilidad a la fertilidad creati-
va y bondadosa.
t&f Vanessa Brasil

94
Lady Macbeth formula paso a paso la extirpación de sus rasgos femeni-
nos. Manos, cuerpo, venas, sangre, pechos, todo su ser clama por ser poseí-
do por trazos masculinos. Una invocación que se puede leer en otros térmi-
nos: «Que nada en mi cuerpo, que ningún órgano dé muestras, o denote, que soy
una mujer». Por fin, al renunciar a su sexo, «Unsex me here!», creemos que
renuncia también al sexo, a la actividad sexual con su marido. Nos deten-
dremos en ello, más adelante.

En nuestra opinión, como señalamos, no es propia-


mente un sacrificio el que hace la mujer, no se trata de un
sacro oficio, sino que lo que lleva a cabo Lady Macbeth es
un pacto con lo siniestro, con lo horrífico. De esta manera
la sangre de la menstruación que ella desea que se estan-
que para siempre, va a brotar en el relato teatral bajo la
forma de una sangre que mancha las manos asesinas. En
la misma sintonía, el blanco de la leche materna que sim-
boliza la pureza y la dádiva de la nutrición se va tiñendo
de los colores oscuros del asesinato en sus peores manifes-
taciones: el filicidio, toda vez que extirpa a través del
habla los posibles hijos que puedan tener, y el parricidio, a
través de la muerte del Rey Duncan. Por lo tanto, su deseo
es de una literalidad asustadora, un horror a la feminidad:
ella evoca para sí la maldición de la esterilidad que ya
había sido vaticinada por las tres brujas en el inicio de la
tragedia. No habrá hijos, no habrá herederos, no habrá
más sangre de Macbeth que pueda perpetuarse.

Al desexualizarse, la mujer se inviste de un poderoso falo imaginario


que la torna total y absoluta a ojos de su marido. Pues es para él, para satis-
facer sus deseos más ocultos, que ella abomina su sexualidad femenina e
incorpora la masculina. La aniquilación de lo femenino y su transmutación
en una figura poderosa, fálica y descomunal está bien representada aquí en
la extrema literalidad del discurso que profiere la esposa de Macbeth:
«Dotad de robustez viril mi mano; al cuerpo afeminado fuerzas dad». El especta-
dor ve emerger del impresionante monólogo de Lady Macbeth a una figu-
ra magnífica, omnipotente, que atrae todas las miradas y que no es otra
que la mujer espléndida que ha habitado los más recónditos sueños infanti-
les de un niño. La figura grandiosa –Gran Diosa– es la encarnación misma
de los deseos ocultos que ella incorpora para satisfacer a su marido. Ella es
la articulación esencial en el trayecto de Macbeth para la realización de sus
deseos. Y éste, ¿qué más pudiera anhelar? Tiene a su lado a esta mujer que
Lady Macbeth: la aniquilación de lo femenino t&f
95
le promete no parir más hijos y es cómplice en el asesinato del Padre. 5 El tema del Edipo es un moti-
vo que retorna con gran asiduidad
Ella le asegura así que no habrá más rivales de ningún orden. El en las obras de Shakespeare. Se
drama de Macbeth tiene una estructura muy semejante a la de Edipo trata de un tema determinante
para una cultura, siguiendo las
Rey5 y la tragedia shakesperiana ha dado nuevos colores e intensi- huellas de González Requena y,
dad a la materialización del deseo ancestral incestuoso y homicida. aún dentro del desarrollo teórico
requeniano, "el artista [Ford, Sha-
kespeare,..] retorna a eses núcleos
En otras palabras, Lady Macbeth ahora desposeída de los atri- de dolor una y otra vez".
butos de su femineidad, representará el papel de una madre fálica
dominadora, al tiempo que el personaje del Rey Duncan se revestirá de los
atributos de un padre simbólico, figura sagrada y mítica6. Y, completando
el circuito, está Macbeth pleno de deseos parricidas. La tríade edipiana está
estructurada en Macbeth para establecer los cimientos de una tragedia uni-
versal. Oigamos a Trías sobre El Edipo:

El acto trágico estará, por tanto, fijado por ese escena- 6 "De hecho el rey es, en
rio de confusión y desmesura donde los deseos primarios muchas sociedades, el paradigma
son realizados, produciéndose en lo real lo más profunda- mismo de la figura social sagrada
mente anhelado y fantaseado, ese escenario siniestro ribe- que se destaca del cuerpo social,
que se segrega de la media de la
teado de crímenes ancestrales, parricidios y filicidios (…)7 comunidad, encumbrándose a una
posición superior, en cierto modo
génesis y matriz de lo que se con-
El autor muestra que la estructura subyacente a la tragedia sidera divino." TRÍAS, E. (1982) Lo
del Edipo, que en la teoría freudiana aparece como estructura Bello y lo siniestro, DeBolsillo, Bar-
celona, 2006, p. 128.
determinante de la constitución del sujeto, nos revela la caracte-
rística de lo siniestro: «esa suerte de espanto que producen cosas 7 TRÍAS, [Link]., p. 142.
familiares, íntimas, sentidas desde la más lejana infancia y subyacentes 8 TRÍAS, [Link]., p. 143.
a la conciencia del sujeto.» 8

Macbeth produce la misma sensación de familiaridad que desprende la


tragedia griega del Edipo, pues ambas obras presentan la estructura
antropológica del deseo inconsciente. Siguiendo a Trías en su análisis del
Edipo, podemos hallar en Lady Macbeth los rasgos de una imagen subli-
me y bella, pero a la vez siniestra. Ella encarna a una mujer Magna que ha
incorporado los más intensos atributos masculinos para tornarse la ver-
dadera compañera de grandeza de su marido. No perdamos de vista la
carga del título que el esposo le da a Lady Macbeth, figura que ni siquiera
tiene un nombre propio, es una innominada. Ella solo comparece como la
compañera de grandeza, y para corresponder a esta categoría tiene que
investirse de los más grandes atributos para estar a la altura de los deseos
megalómanos del señor de Glamis. No podrá bajar de su pedestal, no
podrá flaquear, porque Lady Macbeth solo será convocada en cuanto
comparezca como compañera de grandeza, como magna, absoluta y perfec-
ta. Una Gran Diosa.
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Ella tiene y debe agigantarse para colmar la mirada de Macbeth.
Cuando adivina la posibilidad de que su marido se acobarde, pierda las
fuerzas de la ambición y de la crueldad para cometer el asesinato del rey
Duncan, profiere, refiriéndose a un supuesto niño al que por ventura
amamantaría:

Lady Macbeth: Escena XIV


Yo he sido madre, Macbeth; yo he sentido la terneza
de una madre por el hijo que a sus pechos alimenta;
mas de haberlo así jurado, cuando la frente serena
del risueño amado infante mi regazo sostuviera;
cuando con mayor dulzura sus ojos resplandecieran
y al mirar los ojos míos su blando pecho latiera,
el pezón le arrancaría entonces a la boca tierna;
entonces estrellaría su frente contra una piedra.

Lady Macbeth con una palabra mortífera promete al marido


que nada, absolutamente nada, va impedir que cometan el ase-
sinato, ni siquiera la llegada de un vástago. Por su discurso,
sabemos que ella ha generado un niño en el pasado, pero cam-
biaría de buen grado la experiencia de la maternidad por el
poder. Lady Macbeth abomina cualquier elemento que sea del terreno
femenino, desea que nada en su cuerpo deba manifestarse como tal y si
un niño osase hacerlo, después de arrancarle el pecho de la boca, le parti-
ría la cabeza. Notamos una violencia extrema en este discurso de Lady
Macbeth, experimentamos una virulencia impropia de labios maternales.
Participamos del espectáculo del horror. Pero la compañera de grandeza se
agiganta a los ojos de Macbeth y se transforma en una diosa mortífera
que todo hará para que el marido realice sus deseos de poder. Aunque la
pareja Macbeth no haya nunca generado vástagos, la relación paterno-
filial permea todo el texto shakesperiano. Como señalamos anteriormen-
te, el mito de Edipo está latente en esta obra, así como en Hamlet y otras
piezas del mismo autor. Los Macbeth son responsables por la muerte del
padre simbólico. La dama lo testigua en su discurso previo al acto del
parricidio:

Lady Macbeth: Escena V segundo acto.


Yo puse las dagas en la cabecera;
al instante mismo las pudo encontrar;
… si dormido Duncan no se pareciera
a mi padre tanto, yo misma clavar.

El crimen cometido por los Macbeth tiene el estatuto de un parricidio


simbólico. La función del Rey Duncan, en términos narrativos, es otorgar
nombres, nombrar, como nos ha recordado González Requena. Pero el
Lady Macbeth: la aniquilación de lo femenino t&f
97
rey que nombra, será asesinado. El rey que nombra será silenciado para
siempre por un conde que acabara de haber sido nombrado por él. En
otras palabras, el Nombre del Padre será aniquilado.

El padre, la figura paterna es estructurante, simbólica y ordenadora.


Pero vemos como esta figura sucumbe delante de nuestros ojos. Es signi-
ficativo que fue justo después de recibir la carta de Macbeth, en la que
relataba su nombramiento como señor de Cowdor por el Rey, que Lady
Macbeth implora a las deidades que le extirpen la femineidad. Es decir, el
Rey Duncan empieza su caída al tiempo en que emerge en la obra una
mujer fálica, todopoderosa, una figura omnipotente que captura todas las
miradas. La conspiración para la muerte del padre, que ocupa en buena
medida la primera parte de la obra, transcurre en paralelo al surgimiento
de esta figura tan esplendorosa como amenazante, tan bella como sinies-
tra, cuyo brillo total nos ciega y fascina.

De ojos bien abiertos

Después del asesinato del Rey, del Padre simbólico, la pare-


ja no puede dormir. La ausencia de sueño nos habla aquí de
ojos que no se cierran, que no pueden descansar, ojos abiertos
de par en par permanentemente, ojos que vieron lo que no
podía ser visto. Porque no duermen, alucinan. Como el propio
Macbeth vaticina, él asesina al sueño inocente:

Macbeth: Escena VI
Yo pensé que oía fúnebres acentos
diciendo “¡despierta! ¡despierta! ¡traición!
Macbeth asesina al sueño inocente;
al sueño que trenza con piadoso afán,
las hebras confusas que en la humana mente
penas y cuidados marañando van.
Asesina al sueño, muerte cotidiana
del trabajo duro baño calmador;
bálsamo que al alma contristada sana;
del festín de vida sabroso licor”.

Por esa razón no descansa el matrimonio. En la obra shakesperiana


que nos ocupa, dormir es vivir, matar no es vivir. A la blancura del sueño
y su niebla acogedora se opone el rojo ennegrecido de la sangre derrama-
da. Los ojos abiertos por lo horrífico y la matanza se oponen a los ojos
cerrados de los que duermen en paz. La muerte violenta es, como subra-
ya Macduff después de encontrar al rey muerto, lo contrario del sueño:
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MACDUFF: Escena XIV
¡Despertad, despertad! ¡Ah del castillo!
Dejad del sueño las delicias vanas;
toquen rebato lúgubres campanas,
traición, traición, levántese el rastrillo;
Tú, Malcolm, Donalbain, Banquo fuerte,
acudid, acudid con vista umbría
cual si salieseis de la huesa fría
y en vez del sueño encontraréis la muerte.

Esta visión terrible que marca profundamente a todos los personajes de


la tragedia y que es capaz de causar la destrucción de la mirada se compara
a la contemplación de la faz de la Medusa (una de las tres Gorgonas),
monstruo griego que habita las profundidades del Hades y petrifica a
quien ose mirarla de frente. Así, la escena del asesinato del rey, padre sim-
bólico, portador de la Ley, desencadena la visión terrible de lo Real, de lo
que no puede ser visto, ni nombrado, lo absolutamente extraño:

Macduff. Escena XIII


Os acercad, señores,
tended vuestra vista en los horrores
que el dormitorio encierra! ¡Ved herida
la majestad de muerte! Otro Gorgona,
terror a vuestra vista y vuestro pecho
veréis tornado el espantoso lecho;
y ahogada en regia sangre la corona.

La escena de Lady Macbeth en completo estado


de sonambulismo, deambulando por el castillo con
una vela encendida en su mano nos muestra una
relación directa del crimen con la eclosión de la
pesadilla. La pesadilla es la otra faz del sueño, es su
tez negra, su lado siniestro y terrible. Ella se frota las
manos como si las lavase. «Todavía está aquí la man-
cha», exclama en estado de delirio. «¡Afuera! ¡Execra-
ble mancha! ¡Afuera digo!» Y poco después se huele
las manos: «El olor de la sangre está aquí todavía. Todos
los perfumes de la Arabia no podrían purificar esta peque-
ña mano. ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!»

Por lo tanto, el delirio está inscrito en el ámbito


de la visión. El elemento sangre tantas veces invoca-
do a las tinieblas por Lady Macbeth, retorna como
una mancha perpetua, invisible a la mirada, no a la
visión de la ensandecida.
Lady Macbeth: la aniquilación de lo femenino t&f
99
La sonámbula Lady Macbeth, sostiene una bujía, que no ilumina, no
es fuente de luz, ya que no ve, pues está inmersa en las tinieblas. La vela
oscurece, disfraza, disimula su triste y pavorosa verdad interior. La mujer
se ha esterilizado, aniquiló su feminidad, renegó su sexo, invocó la inca-
pacidad de generar, inspiró e instigó la muerte del Padre y, por ello, no
consigue librarse de la mancha de sangre que le cubre las manos. Ningu-
na agua comparece para lavarla, purificarla, pues el agua surge en su
ausencia.

El simbolismo del agua está, según Freud, ligado a la fertilidad, a la


fecundidad y vida intrauterina. El agua pura, símbolo maternal, compa-
rece como la metáfora del líquido amniótico, por lo tanto de la propia
vida. La condena de Lady Macbeth es lavarse con agua seca, producto de
su delirio, frotarse las manos compulsivamente debajo de un manantial
estéril como su vientre. El tema de la esterilidad va permear toda la obra.
En otras palabras, Macbeth es una tragedia de la esterilidad. La sangre
que Lady Macbeth pide con ansia a las deidades que le sequen de su
vientre en el inicio del drama va a brotar de manera perenne y compulsi-
va hasta el final de la obra en los más extraños rincones.

Por otra parte, el intento de lavar la mancha de sangre evoca tanto la


sangre del homicidio como la sangre menstrual de la femineidad. En los
Estudios sobre la histeria, Freud ve el acto compulsivo de lavarse las
manos como la percepción, por parte de la histérica, del sexo como algo
sucio. Este acto compulsivo de Lady Macbeth reúne, en un mismo gesto,
una voluntad de eliminar la marca de la muerte, de lo femenino, y del
acto sexual. Porque, no perdamos de vista, apagar lo femenino de su
cuerpo significa no tener que someterse, que entregarse al acto sexual, no
tener que soportar las consecuencias del mismo, ni durante y ni después
con el embarazo. Lady Macbeth parece, a simple vista, que ama tanto a
su marido que es capaz de anularse para realizar los más viles deseos de
poder del hombre. Pero, creemos que no es así. Al aniquilar su sexo no
tiene que entregar su cuerpo femenino al marido, no tiene por qué sacrifi-
carse. Y es por ello, siguiendo a Bataille9 en el ámbito del sentido que da
al término sacrificio, que creemos que Lady Macbeth no se sacrifica, ella
se aniquila, aniquila todo su ser porque teme ser devorada por un goce
avasallador.

No hay choque con el cuerpo del marido, no hay lecho con- 9 BATAILLE, G. (1957), O ero-
tismo, (traducción de Fernando
yugal en la obra de Shakespeare. Sólo hay lecho de muerte, de Scheibe), Autêntica Editora, Belo
muerte violenta del padre simbólico. El lecho pierde los sentidos Horizonte, 2013.
t&f Vanessa Brasil

100
de lugar de sueño, de amor y de
nacimiento, dejando de poseer,
por consecuencia, su sentido de
centro sagrado como afirman
Chevalier y Gheerbrant 10 . La
cama cobra, en la pieza teatral,
un lugar de experiencia siniestra
con lo real, no un lugar sagrado y
de sacro-oficio o sacrificio. El per-
sonaje que se acuesta, que duer-
me y sueña el sueño de los justos
es el Rey Duncan. Los Macbeth
están siempre despiertos en esce-
na, conspiran mientras los justos
duermen. Sonámbulos, vagan
por el castillo, incapaces de entre-
10 CHEVALIER, J. y GHEER- garse al lecho, al sueño, o a las delicias de la horizontalidad, del
BRANT, A. (1982): Dicionário de yacer en paz. El elemento cama, en su sentido mítico, es el lugar
Símbolos, 23ª. ed., José Olímpio,
Rio de Janeiro, 2009. por antonomasia de encuentro del erotismo con la violencia.
Campo de seducción, pero también de solución, el lecho nos
conduce en un trayecto que va de la experiencia sexual a la de la muerte.
Pero, en ambas, el contacto con lo real está mediado por lo simbólico. Por
el contrario, el lecho de la pareja Macbeth solo es espacio de pesadilla y
de conspiración sangrienta. La función mítica y sagrada del lecho conyu-
gal como espacio de sacro-oficio inexiste en Macbeth.

¿Qué desea Lady Macbeth? ¿Cuál es su goce? Al espectador el de su


marido le parece más claro. El hombre va realizando uno a uno sus dese-
os: ser señor de Glamis, conde de Cowdor, y, por fin, ser Rey. Todo lo que
ha anhelado lo obtiene como por arte de magia. Como un niño, ve todos
sus deseos satisfechos y tiene como colaboradora a una mujer poderosa
que es capaz de todo para satisfacer sus deseos más sangrientos11.

Pero la cosa no es tan simple como parece. Si todo lo que ha deseado


Macbeth comparece en lo Real, el resultado será un Rey Macbeth ascendi-
do a la torre más alta, pero derrotado. Convocamos de nuevo a Trías en
su análisis de Vértigo, pues su lectura de Scottie se imbrica perfectamente
con la de Macbeth. Oigamos:
11 Véase FREUD. S. (1902): "El
delirio y los sueños en la Gradiva, El sujeto que está entre nosotros es poderoso, es libre: ha ascendi-
de W. Jensen", Obras Completas, IV, do a la torre, ha reencarnado su sueño, ha conseguido que éste fuese
Biblioteca Nueva, Madrid (1972).
realidad. Pero el resultado de ello es siniestro. (¿O no es eso lo
Lady Macbeth: la aniquilación de lo femenino t&f
101
siniestro, el cumplimiento en lo real de un sueño que al fin se revela
pesadilla?) Lo que vemos es a Scottie derrotado. Derrotado por su
propio poder, por su propia libertad, por su propia conse-
cución12. 12 TRÍAS, [Link]., p. 115-116.

Por su parte, Lady Macbeth al tornarse gran-diosa desea ocupar ella ese
lugar de máximo poder. Desea serlo Todo, no someterse a nada ni a nadie.

Pero, poco a poco, de una escena a otra, vemos como el rey de Escocia
ya no necesita el apoyo de su antigua compañera de grandeza para perpe-
trar sus crímenes. Lady Macbeth, la que delira, la sonámbula, ya no le
importa. La ignora, la desprecia, se aparta de su antigua y fiel escudera.
Su marido ya no la mira, los ojos de Macbeth solo reflejan la muerte. «La
mirada es la modalidad de la presencia de la pulsión de muerte en lo imaginario,
es el filo mortal del espejo más allá del júbilo. El Otro es la muerte que
mira»13. 13 QUINET, A. (2002): Um
olhar a mais, Jorge Zahar, Rio de
Janeiro, pp. 139-140.
Lady Macbeth se zambulle en un pozo de desilusión, de
hastío y de locura.

Lady Macbeth:
Nada, nada
se consigue ¡hay de mí! si a enorme precio
el logro de un deseo al fin se alcanza
sin goces ni alegría. Es más seguro
víctima perecer de mano airada,
que ser su inmolador, así aspirando
del júbilo a gozar la imagen vana.

Tras aniquilar su femineidad, ver a su marido sumergirse


en las ambiciones desmedidas sin convocarla más, constatar
que su nido está vacío y la corona sin herederos, Lady Mac-
beth sucumbe.

No hay satisfacción, contentamiento, ni alegría. Al fin, es


la propia víctima de su mano airada. El suicidio comparece
como la última salida para una diosa caída. ¡Qué desgarro
produce en el espectador este personaje, qué dolor y qué fas-
cinación! Lady Macbeth sucumbe en la Nada, sumerge en su
nido vacío, está condenada al abismo. Nada ni nadie surge
para ampararla, para sujetarla. Solo la muerte tan anhelada
14 LACAN, J. (1986): Hamlet
puede abrir las garras para su abrazo final: «El deseo solo lo encon- por Lacan, Editora Escuta, Campi-
trará, en el límite, en una acción que culmina con la muerte»14. nas, p. 18.
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102

Cae el telón – El eterno retorno de lo femenino

Una vez aniquilada la femineidad de Lady Macbeth, la obra parece


dominada por un universo masculino. Pero la lucha se traba entre los que
tienen hijos y los que no los tienen, los que fueron paridos de mujer y los
que no. Notamos que la cuestión de lo femenino subyace en la obra, vela-
da, pero es determinante en su estructura. En el ansia de negarla, de
taparla, ella resurge en momentos cruciales y significativos de la pieza.
Lady Macbeth pide a las deidades que la esterilicen, pero son los hijos de
otra mujer los que heredarán el trono de Escocia. Las cuestiones de gene-
rar, de parir, de amamantar, de cuidar, de amar a los hijos van a amalga-
mar las piedras que constituyen los pilares en la estructura fundamental
de la obra. Siguiendo este trayecto, la muerte de Rey Duncan perpetrada
en el interior del castillo, la morada de Lady Macbeth, tiene un significa-
do especial. Para Freud la casa es la metáfora del cuerpo humano, en
nuestro análisis es hábitat acogedor o espacio familiar, como un nido. Un
rey que reposa dentro del palacio y su posterior asesinato pueden tener la
misma lectura que un aborto: matar al hijo que yace en su seno. El espa-
cio hogareño se trasmuta en lugar de crimen, lo heimlich se vuelve
unheimlich, siniestro15. El hecho de que el anfitrión asesine a un invitado
en el seno de su casa encuentra eco en las anteriores palabras de
15 La palabra alemana unheim- Lady Macbeth al referirse a partir la cabeza de un supuesto niño
lich es obviamente el opuesto de que amamantara en ella.
heimlich (doméstico), heimisch
(nativo) -el antónimo de lo que es
familiar; y estamos tentados a con- Así, lo femenino brota en todos los actos y escenas de la pieza
cluir que aquello que es siniestro,
es asustador precisamente porque por más que se intente aniquilarlo u ocultarlo. El tema de lo no
no es conocido ni familiar. Véase femenino o la negación de la feminidad permea toda la obra
FREUD (1919) "Lo Siniestro",
Obras Completas, Biblioteca Nueva,hasta su propio final, cuando Macbeth muere a manos de “un
Madrid (1972), pp. 2483-2505. hombre que no nació de mujer”. Macduff ha visto la luz por
causa de una cesárea, y esto se interpreta en la obra como uno
que no ha nacido de mujer, pues fue producto de una “operación que se
hace abriendo la matriz para extraer el feto”. No fue parido por su
madre, sino arrancado de su vientre.

De tanto negar lo femenino, este concepto surge y resurge en todos los


actos de la obra. Surge en su presencia y en su ausencia. El ser o no ser
femenino, así, es la cuestión de la obra Macbeth. Esta es en suma su esencia
como obra de arte, la que la hace única, particular, y a la vez universal.

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