Química 23.3.
2. Periodicidad química.
Objetivo del tema:
La realización de las principales propiedades de los elementos con las analogías
verticales y horizontales en la tabla periódica.
Subtemas:
2.1 Propiedades de los elementos.
2.2 Analogías en las propiedades de los elementos.
2.1 Propiedades de los elementos.
Según la Real Academia Española, “elemento” es la sustancia constituida por
átomos cuyos núcleos tienen el mismo número de protones, cualquiera que sea el
número de neutrones. Los protones tienen una carga eléctrica positiva y se agrupan
en el centro del átomo.
Los electrones, mucho más ligeros, poseen cargas negativas que balancean a los
protones y “orbitan” alrededor del núcleo. Con la excepción de los átomos de
hidrógeno, los núcleos atómicos también contienen neutrones, con una masa casi
exactamente igual a la del protón, pero sin carga eléctrica, de ahí que su nombre
haga referencia a la carga eléctrica “neutra”.
¿Cómo se clasifica un elemento químico? Se representan en la tabla con un
símbolo único, acompañado de un número que especifica el número de protones
que contiene su átomo y se denomina “número atómico”; y un “número másico”, que
se refiere a la suma de protones y de neutrones que existe en el núcleo del átomo
en cuestión. Los neutrones sirven como una especie de pegamento que ayuda a
mantener juntos a los protones. Sin ellos, la carga positiva apartaría a unos de los
otros (Químicaysociedad, 2019).
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Cuando un átomo tiene el mismo número atómico que otro, es decir, contiene el
mismo número de protones, pero diferente número de neutrones, recibe el nombre
de “isótopo”.
¿Cómo se denominan los elementos? El nombre de nuevos elementos puede ser
inspirado por el lugar en el que fue descubierto o creado, un concepto mitológico,
un mineral, una de sus propiedades o el nombre de un científico. La condición es
que tiene que ser un nombre único y mantener una consistencia histórica y química.
El organismo encargado de su denominación y registro es la Unión Internacional de
Química Pura y Aplicada (IUPAC), mediante su Comité Interdivisional de
Nomenclatura y Símbolos.
La IUPAC se fundó a finales de la segunda
década del siglo XX por químicos de la
industria y del mundo académico. Durante
casi ocho décadas la Unión ha tenido éxito
creando las comunicaciones mundiales en las
ciencias químicas y uniendo a académicos,
tanto a los químicos de la industria como del
sector público, en un idioma común. Es más,
durante la Guerra Fría, la IUPAC llegó a ser
un importante instrumento para mantener el diálogo técnico entre científicos de
distintas nacionalidades del mundo.
Las reglas para nombrar compuestos orgánicos e inorgánicos están contenidas en
dos publicaciones: el Libro Azul y el Libro Rojo, respectivamente. Una tercera
publicación, conocida como el Libro Verde, describe las recomendaciones para el
uso de símbolos para cantidades físicas; mientras que el cuarto, el Libro Dorado,
contiene las definiciones de un gran número de términos técnicos usados en
química.
Desde hace 150 años, la inmensa mayoría de los elementos químicos clasificados
en la Tabla Periódica se han encontrado en la naturaleza, 90 en total, pero en 1939
científicos de la Universidad de California, en Berkeley, crearon en laboratorio el
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elemento 93: el Neptunio y, dos años después, el mismo equipo bombardeó el
uranio con núcleos de “hidrógeno pesado”, cada uno de los cuales contenía un
protón y un neutrón. El resultado fue el elemento 94: el Plutonio.
Una vez acabada la II Guerra Mundial, algunos científicos se dedicaron a buscar y
encontrar nuevos elementos como el Americio (95), el Berkelio (97) y el Californio
(98). En 2016 entraron a formar parte de la Tabla Periódica los cuatro últimos
elementos creados por el hombre: Nihonio (113), Moscovio (115), Teneso (117) y
Oganesón (118), descubiertos por científicos rusos, japoneses y estadounidenses,
respectivamente (Químicaysociedad, 2019).
¿Dónde están los elementos en nuestra vida diaria? Los elementos químicos forman
parte de nuestra vida diaria. Los podemos encontrar en todo lo que nos rodea,
incluso en nosotros mismos, y es fascinante hacer el ejercicio de identificarlos. Así
descubrimos que el Potasio se encuentra en frutas y verduras, el Bario se utiliza en
la radiología, el Itrio se utiliza en los láseres, el Vanadio en los muelles, el Osmio en
los bolígrafos, el Paladio en los sistemas de control de la contaminación, el ¿Dónde
están los elementos en nuestra vida diaria? Aluminio en aviones, el Indio en las
pantallas de cristal líquido, el Flúor en la pasta de dientes o el Radón en los
implantes quirúrgicos. Salvo los elementos superpesados que no se encuentran en
la naturaleza, todos los demás elementos tienen usos cotidianos que, incluso sin
ser conscientes de ello, forman parte de nuestra vida habitual (Químicaysociedad,
2019).
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Fue apenas en el siglo XX que se descubrió que las propiedades de los elementos
no son función periódica de las masas atómicas, sino que varían periódicamente
con sus números atómicos.
Conocer las características fisicoquímicas de los elementos es muy importante, ya
que éstas nos permiten estudiar sus propiedades, analizar su comportamiento y
hasta sintetizar nuevos elementos (Hernández Adame et al., 2020).
2.1.1. La tabla periódica y los elementos.
La tabla periódica es una poderosa herramienta que representa de forma gráfica
todos los símbolos de los elementos químicos que componen la materia que
conocemos. Fue estructurada por dos científicos que trabajaban simultáneamente;
uno de ellos fue el químico y médico alemán Julius Lothar Meyer, que en 1968
construyó una tabla que relacionaba el volumen y masa atómica de los elementos
con su comportamiento químico. Sin embargo, su descubrimiento fue poco
reconocido, ya que el químico ruso Dmitri Mendeléyev presentó una teoría muy
similar en 1869 y se llevó casi todos los honores. Mendeléyev propuso que todos
los elementos conocidos hasta entonces seguían un patrón de comportamiento
fisicoquímico conforme aumentaba la masa atómica del elemento; posteriormente,
a este patrón se le dio el nombre de ley periódica. Años más tarde, en 1913, el físico
Henry Moseley (estudiante del reconocido investigador Ernest Rutherford) realizó
una serie de experimentos irradiando los elementos metálicos con rayos X, y
descubrió que su estabilidad y comportamiento químico eran mejor representados
siguiendo su número atómico, razón por la cual, decidió reordenar la tabla y
estructurarla a la manera que actualmente la conocemos.
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Como primer acercamiento, podemos decir que la tabla periódica está formada por
una agrupación de cuadros que están ordenados en columnas conocidas como
familias o grupos, y renglones llamados períodos, como se representa en la
siguiente figura;
Representación esquemática de la tabla periódica, que muestra cada elemento, el bloque
al que pertenecen, y su división en grupos y períodos.
Los cuadros de la tabla periódica almacenan la información perteneciente a cada uno de
los elementos. Actualmente la componen 118 (Karol et al., 2016), los cuales, según el
formato de la iupac (International Union of Pure and Applied Chemistry), están
representados en el interior de cada cuadro por un símbolo químico de una o más letras
que, en la mayoría de los casos, deriva de su nombre en inglés, por ejemplo, el oxígeno
representado por la letra O (oxygen). O bien, se usan algunos otros símbolos que
provienen de la raíz en otras lenguas, como el oro y la plata, representados por las letras
Au y Ag, debido a que derivan de las palabras en latín aurum y argentum, respectivamente.
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Asimismo, en la parte superior del símbolo, encontramos el número atómico, que
nos indica el número de protones que contiene el núcleo de cada elemento; mientras
que, en la parte inferior, está el nombre del elemento y su masa atómica, la masa
promedio que tiene cada elemento en el núcleo (protones + neutrones), y que
además considera sus isótopos y su abundancia porcentual en la naturaleza
(Quintero V. M., 2021)
La tabla periódica está dividida en diferentes bloques o series de elementos que
comprenden uno o más grupos. Éstos contienen elementos con un comportamiento
químico similar y están clasificados en metales, metaloides y no metales. Dentro del
grupo de los metales, se encuentran los metales alcalinos, alcalinotérreos,
lantánidos, actínidos y los metales de transición, que se caracterizan de manera
general, y al contrario de los no metales, por tener un aspecto brillante, ser buenos
conductores del calor y la electricidad, además de que según su número atómico
podemos predecir si tienen baja o alta densidad, su grado de dureza y si son
altamente reactivos. Por otra parte, en el grupo de los metaloides (también
conocidos como semimetales) podemos encontrar los elementos que tienen un
comportamiento intermedio entre los metales y los no metales, además de aquellos
con muy baja reactividad química que comprenden los gases nobles pertenecientes
al grupo 18 o también conocido como grupo viii A según su antigua clasificación.
Por último, mencionaremos a los transuránicos: los últimos elementos que se han
descubierto (del 93 al 118); tienen un gran número atómico y casi todos han sido
generados de manera artificial en investigaciones científicas; su comportamiento
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químico es extremadamente raro. Interpretación de la tabla y patrones de
comportamiento fisicoquímico Una característica muy importante de la tabla
periódica es que en ella es posible encontrar patrones que nos predicen con
precisión algunas propiedades fisicoquímicas de cada elemento. Para esto, bastará
con ubicar la posición y determinar el grupo y período al que pertenecen. Algunas
de las propiedades que son fácilmente reconocibles son: la configuración
electrónica de valencia, el radio atómico, el potencial de ionización, la afinidad
electrónica y la electronegatividad, entre algunas otras. Estas propiedades son muy
importantes, ya que nos permiten relacionar a los elementos de acuerdo con su
comportamiento, para generar nuevos elementos y materiales. Para su
interpretación, partiremos por leer la tabla periódica en orden creciente del número
atómico. Para esto, recordemos que, en un átomo estable, conforme se incrementa
el número de protones, lo hace también el número electrones en la misma cantidad.
Así, al leer la tabla periódica de izquierda a derecha, y de arriba hacia abajo,
notaremos un aumento en la densidad electrónica, además de que, todos los
elementos pertenecientes al grupo 1 (iA) únicamente tendrán un electrón en su
último orbital; los ubicados en el grupo 2 (iiA), dos electrones; y así sucesivamente
con excepción de los grupos 3 (iiiB) al 12 (iiB), como se muestra en la figura 4, ya
que éstos corresponden a los metales de transición y pueden tener múltiples
estados de oxidación estables1 (valencia), debido a la facilidad con la que pierden
electrones de su orbital d (Scerri, 2007).
Representación del orden creciente del número atómico y la densidad electrónica. Cada punto
alrededor del símbolo químico representa el número de electrones del último orbital, conocidos
como electrones de valencia (Hernández Adame et al., 2020).
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Esta característica en la configuración electrónica de valencia nos permite predecir
la capacidad de ionización y la probabilidad de estos elementos para donar o recibir
electrones durante las reacciones químicas; esto es, entre menos electrones tenga
el orbital (elementos de la parte izquierda de la tabla), más fácil será compartirlos.
En este sentido, podemos decir que si nos movemos en la tabla periódica de
izquierda a derecha, aumentamos de forma gradual el número de electrones en el
último orbital; así, por ejemplo, los elementos del grupo 17 (viiA), los que tienen un
orbital de valencia más lleno (7 electrones), presentan una mayor tendencia a recibir
electrones. Por otra parte, los elementos pertenecientes a los gases nobles son otro
caso excepcional, ya que mantienen tendencia a no participar en reacciones
químicas debido a que su octeto de electrones del último orbital se considera
completo. El período es otro factor importante que debemos entender en la tabla.
Cada renglón representa un nivel energético ocupado por los electrones, es decir,
los elementos ubicados en el período 1 tendrán distribuidos sus electrones en un
solo nivel energético, los ubicados en el período 2 tendrán dos niveles energéticos
y así sucesivamente, por lo que los elementos del período 7 son los de mayor
densidad electrónica, distribuida en 7 orbitales. Al tener en cuenta la información
provista por los grupos y períodos, es posible predecir el incremento del radio
atómico de los elementos, para el cual es necesario considerar dos factores: 1) el
número de electrones y sus niveles energéticos, y 2) las fuerzas electromagnéticas
de atracción que ejerce el núcleo sobre los electrones. Un esquema representativo
se ilustra en la figura 3. Para explicar esto, debemos tener en mente que al aumentar
el número de electrones, también lo hacen los protones, por lo cual, el radio atómico
del elemento también incrementa debido a su distribución espacial. Como ejemplo
podemos tomar dos elementos del grupo i, el hidrogeno (1H) y el cesio (55Cs). El
primero es el elemento más simple, pertenece al período 1 y solamente tiene un
electrón en un nivel electrónico; su radio atómico es de 1.10 ángstroms (Å), mientras
que el segundo pertenece al período 6, tiene 55 electrones y seis niveles
electrónicos; su radio atómico es de 3.43 Å. Aun a pesar de este incremento en el
radio atómico del elemento, es importante notar que si nos movemos en la tabla de
izquierda a derecha (grupos 2, 3, 4, etcétera), el radio atómico comienza a disminuir;
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esto debido a que el incremento del número de protones en el núcleo también ejerce
una mayor atracción electromagnética sobre los electrones en los orbitales. Como
ejemplo podemos tomar dos elementos del período 6, el 55Cs y el bismuto (83Bi).
El primero, como se mencionó anteriormente, tiene 55 electrones distribuidos en
sus seis orbitales y un radio atómico de 3.43 Å; mientras que el 83Bi, al pertenecer
al grupo 15 (vA), tiene 83 electrones, es decir, 28 electrones y 28 protones más que
el 55Cs, y su radio atómico disminuye a un valor de 2.07 Å. Con esto podemos
predecir que el radio atómico de los elementos aumenta al leer la tabla de arriba
hacia abajo, y de derecha a izquierda, por lo que el Francio (87Fr), del grupo 1, es
el elemento con el mayor radio atómico, de 3.48 Å (Hernández Adame et al., 2020).
2.2 Analogías en las propiedades de los elementos.
Es indiscutible que los elementos presentan variaciones periódicas en sus
propiedades físicas y por ende en su comportamiento químico, por ejemplo, el
tamaño del átomo el cual es definida en términos de su radio atómico se determina
por la fuerza de atracción entre los electrones de niveles externo y el núcleo, es
decir la carga nuclear efectiva de cada elemento (Quintero V. M., 2021).
La Tabla Periódica permite predecir las propiedades de los elementos con sólo ver
su posición dentro de ella y realizar comparaciones entre las diferentes propiedades
de los elementos. Todos los elementos de un mismo grupo poseen un
comportamiento químico similar, debido a que poseen el mismo número de
electrones en su nivel externo (electrones de valencia). Las variaciones de las
propiedades periódicas que se presentan entre los elementos de diferentes grupos
dependen del acomodo de los electrones en el átomo (configuraciones
electrónicas), en especial de la configuración del nivel más externo ocupado
(UNAM-CUAIEED, 2023).
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Radio atómico
El tamaño de un átomo no es invariable: depende del entorno inmediato en el que
se encuentre, así como de su interacción con los átomos vecinos. El radio atómico
de un elemento es la mitad de la distancia entre los centros de dos átomos vecinos.
Se miden en angstroms Å (1 Å = 1x10-10 m) o nanómetros nm (1 nm = 1 x 10 m).
Los átomos de los distintos elementos varían mucho en tamaño. Por ejemplo, el
radio del átomo del rubidio es de 2.50 Å. Casi 4 veces más grande que el del átomo
de flúor (0.64 Å).
(UNAM-CUAIEED, 2023).
Energía de ionización
El potencial de ionización, que se define como la cantidad de energía necesaria
para arrancarle a un átomo, en su estado fundamental, el electrón más débilmente
unido del último orbital. Asimismo, es importante señalar que la simetría en la
configuración electrónica influye en la energía de ionización, por lo que los
elementos del grupo 1 son a los que se les puede arrancar el electrón del orbital
más alejado con la menor cantidad de energía (Quintero V. M., 2021).
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Depende de la distancia entre el electrón y el núcleo, es decir que entre más alejado
esté el electrón del núcleo, menos atracción ejercerá este último sobre él y
viceversa, entre más cerca esté el electrón del núcleo más energía requerirá para
que se separe, ya que hay mayor atracción entre ellos. Como verás, esta propiedad
está relacionada con el radio atómico.
Afinidad electrónica
Se refiere a la energía desprendida en un proceso en el que un átomo neutro en
estado gaseoso, acepta un electrón para formar un ion. Otra forma de definirla es
como la cantidad de energía absorbida cuando se añade un electrón a un átomo
aislado gaseoso para formar un anión. Las tendencias generales en la tabla
periódica indican que, aumenta de izquierda a derecha en cada período y de abajo
hacia arriba en los grupos.
La variación de afinidad electrónica dentro del sistema periódico es similar a la
variación de la energía de ionización, aunque es mucho menos periódica. Los
elementos con las afinidades electrónicas más altas son los situados cerca del
oxígeno, el flúor y el cloro.
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Electronegatividad
La electronegatividad de un elemento mide su tendencia a atraer hacia sí sus
electrones y los electrones cercanos cuando está químicamente combinado con
otro átomo. Cuanto mayor sea, mayor será su capacidad para atraerlos. Linus
Pauling la definió como la capacidad de un átomo en una molécula para atraer
electrones hacia sí. Sus valores fueron determinados por él en una escala arbitraria,
denominada escala de Pauling, cuyo valor máximo es 4 para el flúor, el elemento
más electronegativo. El elemento menos electronegativo es el cesio, con una
electronegatividad de 0.7.
Los elementos con altas electronegatividades (no metales) generalmente ganan
electrones (forman aniones), mientras que los de bajas electronegatividades
pierden electrones (forman cationes).
(UNAM-CUAIEED, 2023).
La afinidad electrónica y la electronegatividad son dos propiedades que nos
proporcionan información del comportamiento fisicoquímico de los elementos. Éstas
no tienen un comportamiento regular a lo largo de la tabla, sin embargo, aún es
posible observar una tendencia de predicción al incrementar la energía de atracción
electromagnética del núcleo sobre los electrones.
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La característica principal, para ambos casos, es el incremento en la energía
electromagnética de atracción en los elementos con orbitales más cercanos al
núcleo, o bien, dicho de otro modo, la afinidad electrónica y la electronegatividad
serán mayores en los elementos con un menor radio atómico. Como ejemplo
podemos considerar dos elementos ubicados en los extremos de la tabla, el 87Fr y
flúor (9F). El primero sabemos que pertenece al grupo 1, período 7, y es el elemento
con el mayor radio atómico (3.48 Å), y una alta densidad electrónica. El 9F
pertenece al grupo 17 (viiA) y período 2, su radio atómico es menor (1.47 Å) y
contiene 9 electrones. El 87Fr es un elemento con un radio atómico muy grande,
además de que la alta densidad electrónica produce un apantallamiento y fuerzas
de repulsión que evitan que otros electrones sientan la atracción del núcleo. Por otra
parte, el 9F tiene un menor radio atómico, el núcleo ejerce una mayor atracción
electromagnética sobre los electrones y debido a su configuración de valencia
permite recibir un electrón más para completar su nivel y formar enlaces. Con esto
es posible predecir el patrón de comportamiento para la afinidad electrónica y la
electronegatividad, el cual aumentará de valor para los elementos que se
encuentren más hacia la derecha y hacia arriba de la tabla periódica (Hernández
Adame et al., 2020).
Representación esquemática de los patrones de predicción del comportamiento fisicoquímico de los
elementos en la tabla periódica. Cada flecha representa el incremento del radio atómico, la energía
de ionización, la afinidad electrónica y la electronegatividad de los elementos, de acuerdo con su
posición en la tabla (Hernández Adame et al., 2020).
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Referencias Bibliográficas.
1. Hernández Adame, Luis, Hernández-Adame, Pablo Luis, Ruiz-García, Jaime
y Vega-Carrillo, Héctor René (2020). La tabla periódica y sus patrones para
la predicción del comportamiento fisicoquímico. Revista Digital Universitaria
(RDU). Vol. 21, núm. 6 noviembre-diciembre. DOI:
[Link]
2. Químicaysociedad, 2019. El ABC de la TABLA PERIÓDICA. Consulta el
25/03/23. Disponible en: [Link]
[Link]
3. Quintero V. M., 2021. Definición de la Tabla Periódica y los Elementos
Químicos - Clasificación y Modelos. Edición #105 de Enciclopedia Asigna.
Disponible en: [Link]
elementos-quimicos/
4. UNAM-CUAIEED. Propiedades Periódicas. Consulta el 24/03/23. Disponible
en: [Link]