LA VOCACIÓN
César Vera Latorre
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Escena única
B está en la calle. Hace un mismo movimiento repetidamente. Llega
A. No se conocen.
A: Hola, ¿qué haces?
B: Hola, intento ser auténtico.
A: ¿Auténtico?
B: Tú sabes, ser tú mismo. Intento ser yo mismo.
A: Ah, ¡qué divertido! ¿Yo también puedo hacerlo?
B: Claro, todos pueden.
A imita a B.
B: Lo estás haciendo mal.
A: ¿Ah?
B: No puedes ser tú mismo si imitas todo lo que yo hago. Tienes que
encontrar tu propio modo.
A: Ah, entiendo. (Empieza a hacer otro movimiento distinto) ¿Así está
bien?
B: Mejor... Aunque solo uno mismo puede saber cuando está siendo
auténtico.
A: ¿Y cómo sé?
B: Simplemente lo sabes.
A: Ah ya. (Silencio.) ¿Tú crees que estoy siendo auténtico?
B: No lo sé.
A: ¿Y ahora? (Prueba otro movimiento distinto)
B: ¡No lo sé! Ya te he dicho que solo uno mismo puede saberlo.
A: Ah, cierto. (Se queda callado otra vez) ¿Y tú? ¿Eres auténtico?
B: No estoy seguro. (Pausa.) Aunque eso seguramente significa que
aún no lo soy... ¡Cuando uno es realmente auténtico, lo siente con
cada célula de su ser! ¡Uno no tiene la menor duda!
A: Ya veo.
Se quedan un rato callados, concentrados, haciendo cada uno su
movimiento.
A: Esto no es fácil... ¡No logro sentir nada!
B: (Ríe) ¡Claro que no es fácil! ¡Puede tardar años en dominarse!
A: ¡Años! ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
B: Mmm... como dos horas.
A: ¡Dos horas! ¡Qué aburrido! ¿Al menos podemos jugar entre los
dos?
B: No, ya te he dicho que es algo que se debe encontrar por uno
mismo.
A: ¿Pero no podemos ser auténticos y al mismo tiempo jugar entre
los dos?
B: ¡Claro que se puede! Pero sólo una vez que lo has dominado, una
vez que has llegado al nivel avanzado. Nosotros aún somos
principiantes.
A: ¿O sea que hay gente que sí puede?
B: ¡Claro! Y allí radica la verdadera felicidad: poder ser uno mismo y
así relacionarse auténticamente con los demás, desde tu yo
profundo.
A: (...) ¿Cómo sabes tanto?
B: Está aquí, en el manual. (Saca un libro de bolsillo)
A: ¿Hay un manual para esto?
B: Sí, lo escribieron los grandes sabios que alcanzaron la felicidad.
A: Ah, ya... Y ellos te lo dieron a ti, ¿cierto?
B: (Ríe) ¡Claro que no! Lo compré en aquella tienda de la esquina.
¡Nunca he visto a los sabios!
A: Oh, entiendo... (Pausa)
B: Te has quedado asombrado, ¿eh?
A: No, sólo pensaba...
B: ¿En qué pensabas?
A: ...Sólo pensaba que cómo era posible llegar a ser uno mismo
leyendo un libro que ha sido escrito por otra persona, que encima
nunca has visto...