REPÚBLICA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA
FACULTAD DE HUMANIDADES Y EDUCACIÓN
ESCUELA DE ARTES
ARTES ESCÉNICAS II
SECCIÓN: A
EL SIMBOLISMO DE MAETERLINCK
PROF. José Francisco Silva AUTOR: Anna S. Farrera C.
C.I: 30.457.108
Sophieanna3003@[Link]
Caracas, 14 de diciembre de 2022
En la ocasión anterior hablamos del realismo y el naturalismo, que, para
resumir, el realismo es una corriente que busca expresar la cotidianeidad por
medio de sus obras con el fin de empatizar con el espectador, mientras que el
naturalismo tenía principios más complicados, basados por las teorías de la época
“hombre y mujer son lo que son gracias a su herencia biológica y al medio en el
que se ven obligados a desenvolverse”.
Es así como en reacción adversa a estas corrientes nace el simbolismo, sin
embargo, antes de hablar del simbolismo debemos hablar de Richard Wagner que
es considerado un antecesor o un medio para que el simbolismo llegue a su total
esplendor, Wagner fue un compositor, director de orquesta, poeta, ensayista,
dramaturgo y teórico alemán del periodo romántico, que le permitió a los artistas,
en especial a los dramaturgos a abrir sus horizontes en todos los sentidos bajo la
premisa de que el teatro no es solo entrenamiento, sino que de hecho, el teatro es
la síntesis de todas las artes conocidas, el teatro lo es todo.
Ahora el origen del simbolismo se remonta a Europa para el año 1890 y se
termina extendiendo hasta 1910, se desarrolla en Paris hacia finales del siglo XIX
apoyado por cuatro grandes poetas franceses, Rimbaud, Baudelaire, Verlaine y
Mallarmé. Los primeros simbolistas fueron los poetas, un grupo restringidos de
estos, pero con la llegada de los jóvenes escritores de origen norteamericano y de
otras regiones europeas, se esparce a lo largo de estas regiones.
Según Anna Balakian en su libro «El Movimiento Simbolista»
“El simbolismo suministra un fértil campo para la exploración, la
especulación y el descubrimiento de lo que constituye una de las
principales fuentes de poesía, cuya herencia ha sido compartida
internacionalmente. Realmente, pocas veces en la historia de las artes se
ha producido una tan total anulación de las fronteras nacionales, y se ha
convertido la forma artística más difícil de traducir en una moneda de
intercambio espiritual generosamente compartida.”
El teatro simbolista nace de esa necesidad de darle un marco dramático al
poema. La expresión del poeta se vería enriquecida por los recursos escénicos y
proyectaría fielmente su estado interior. Los símbolos se harían presentes. Nada
en el teatro simbolista puede considerarse como elemento decorativo, todo
símbolo debía ser capaz de expresar la visión del poeta, y estaba allí dispuesto
para conectar lo físico con lo espiritual.
El simbolismo se convierte en el punto mas alto de la modernidad, cuando
hablamos del siglo XIX nos referimos a una época plagada de racionalismo y de
ciencias, estas ideas promovidas por la sociedad burguesa, es la filosofía
materialista, el pragmatismo y el egoísmo que mueve al mundo, es lo que mas
inquieta a los simbolistas que buscan enfrentarse a las corrientes anteriores con el
fin de recuperar un mundo espiritual perdido.
Crece en oposición a los supuestos estéticos y se sustenta en gran parte en el
romanticismo, mira al pasado en lo que se refiere a lo espiritual, un ideal medieval,
el simbolismo es una época de transición que no llega a la vanguardia. Se declara
el simbolismo como enemigo de la declamación, la enseñanza, la falsa
sensibilidad y la descripción objetiva.
“nuestros sentidos nos engañan”
El teatro simbolista busca representar una idea de forma sensible, es todo lo
que no se puede ver, hablamos de un plano metafísico y espiritual, ideas que no
se perciben a través de los sentidos y que se deben más a la intuición, el interés
del simbolismo se encuentra mucho más allá de lo físico, lo concreto y lo
razonable; la esencia, la idea del alma más allá de los términos conocidos es lo
que compone, de gran manera, el simbolismo.
Se acepta el universo como un misterio, el acceso al simbolismo es la epifanía y
la presencia de una hierofanía, es decir, lo sagrado; es un teatro subjetivo, sin
lógica y de libre interpretación. Ya no se hablan de temas sociales, de clases o
polémicos, en cambio, brinda una variedad mágica, religiosa, con ideas del
universo o la muerte, la realidad oculta, la verdad detrás de lo imperceptible, lo
absoluto, lo concreto y lo cósmico.
El simbolismo se convierte en la ruptura de la relación entre la ciencia y el arte,
el simbolismo, a diferencia de épocas anteriores, que se podía percibir como el
arte se encontraba al servicio de las ciencias y viceversa, es arte al servicio del
arte como acceso al conocimiento del mundo espiritual, no hay transformaciones,
no se rige en la utilidad, lo pedagógico o lo moralizante.
Esta corriente promueve la conexión del artista con un espacio sagrado. Su
intención es la de construir un espíritu de la realidad. Su revolución es colocar la
esencia de las cosas en el arte. El arte entendido como el espacio donde no se
puede tomar contacto con la esencia que no se puede percibir en la realidad: "el
alma del mundo".
A nivel de escenografía y características, podríamos destacar que, el teatro
simbolista abre la cámara negra y juega con la profundidad del teatro a su antojo
para representar los grandes volúmenes, los teatros se vuelven en espacios
similares a las iglesias, con espacios gigantes que aluden a lo que está afuera del
mundo real y al signo. Anteriormente la escena se iluminaba a través del
alumbrado de gas, es por eso que, con la llegada de la bombilla, este teatro se
beneficia enormemente, esta idea del “no lugar” se puede trabajar de mejor
manera, el poder manipular la iluminación ayuda a la sensación de misticismo y
divinidad que busca el simbolismo.
A diferencia del realismo que tiene las bases concretas en el lenguaje, el
simbolismo, no cree en la transparencia del mismo, busca expresar una acción
interna, no física, una acción que se caracteriza por la quietud. Sus personajes
usualmente no poseen nombre y tampoco jerarquía; existe la presencia o en todo
caso la expectativa de la presencia de un personaje sublime. Personaje que se
manifestará por medio del símbolo.
“La palabra es tiempo y el silencio eternidad”
Maurice Maeterlinck
Cuando hablamos del teatro simbolista, también es importante hablar de
Maurice Maeterlinck.
Maeterlinck fue un poeta, dramaturgo y ensayista proveniente de Bélgica, de
lengua francesa. Es autor de una variada y extensa producción literaria que
progresó por géneros muy diversos, sobresalió principalmente por sus poemas,
comedias y dramas simbolistas, caracterizados por una ambientación irreal en las
que los seres humanos se enfrentan directamente con un destino inevitable, así
como por unos ensayos filosóficos y científicos en los que dejó plasmada su visión
anticonfesional de la existencia. Sus primeros encuentros con el simbolismo son
entre los años 1886 y 1894 durante su estadía en París, entre estos años escribió
una de sus primeras piezas teatrales como lo fue «La Princesa Maleine» (1889) y
una serie de obras del teatro estático que conforman un claro ejemplo de lo que es
el teatro simbolista, entre estas destacamos dos importantes como «La Intrusa»
(1890) y «Los ciegos» (1890).
La dirección del teatro de Maeterlinck no implicaba el regreso a las
representaciones y experiencias del pasado respecto “del amor, la muerte, la
fatalidad y las otras fuerzas misteriosas de la vida”, sino todo lo contrario: su plan
está cargado de futuridad, aliado a su manera a los procesos de modernización.
Sus grandes avances en materia teatral lo convirtieron hoy en día en el
dramaturgo canónico del simbolismo.
Entre tantas obras escritas por Maeterlinck nos encontramos con «El Pájaro
Azul» sin embargo, antes de entrar de lleno a la obra, ¿Qué es la felicidad? Es
una pregunta ambigua y aun así podemos decir que la felicidad es “Estado de
grata satisfacción espiritual y física.” (Real Academia Española, 2001, definición1)
o también “Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer
feliz” (Real Academia Española, 2001, definición 2) e incluso “Ausencia de
inconvenientes o tropiezos” (Real Academia Española, 2001, definición 3). Está
claro que no podemos decir si esas definiciones son o no verdad, Maeterlinck
también tenia su propia idea de felicidad.
«El Pájaro Azul» relata, bajo la apariencia de un cuento de hadas, la historia
de la iniciación metafísica-existencial de Tyltyl y Mytyl, hermanitos de una humilde
familia de leñadores, que, guiados por un hada, conocerán el secreto de la
felicidad y el alma de todas las cosas en su búsqueda del Pájaro Azul. En su
periplo los niños toman contacto y resuelven el vínculo con las grandes
configuraciones del universo espiritual, la Memoria y el Pasado, la Muerte, el
Misterio, la Naturaleza, los Placeres, el Futuro.
La puesta en escena que propone Maeterlinck para esta obra estaba cargada
de dificultad, aun así, poco tiempo después fue estrenada en los teatros Moscú y
París. Maeterlinck con esta obra rompe con el patrón pesimista que mostraba en
la obras de su primer periodo “la muerte vence por encima de las esperanzas” en
esta ocasión se percibe una parte más positiva dándole oportunidad a la
esperanza, que, detrás de un argumento con personajes míticos como es el hada,
el espíritu de las cosas o los animales capaces de hablar que fácilmente podrían
hacer pasar la obra por una obra infantil, Maeterlinck deja una interpretación mas
profunda sobre la búsqueda de la felicidad.
A través de sus aventuras por diversos mundos los niños nos muestran lo que
no es fácil mostrar de buenas a primeras ¿Dónde se encuentra la felicidad? En un
inicio se nos hace creer que es realmente el pájaro azul, poder hallarlo nos haría
felices, pero esa no es la verdadera felicidad, o no al menos la que busca expresar
Maeterlinck, la verdadera felicidad sería como el dicho “No es la meta, sino el
camino” es decir, no es encontrar al pájaro azul en su forma material, sino el
entender que el pájaro azul, la felicidad, puede estar hasta en el acto más mínimo,
siempre y cuando sea realizado de una manera positiva.
Esto se hace más claro en el tercer acto con la escena de las dichas, también
llamadas japonesitas, que nos expresan que ellas representan todas las cosas
que, valga la redundancia, nos llenan de dicha, lo mínimo, lo imperceptible,
aquello que las palabras a veces no son capaces de llamar por un nombre.
A pesar de lo enternecedor y esperanzador de la obra, existe un desacuerdo
sobre si esta obra pertenece al teatro simbolista de Maeterlinck o no, puesto a que
la presencia de un mensaje moralista que busca reclamar el valor de las cosas
sencillas, generalmente ignoradas y desplazadas por bienes materiales, va en
contra de esta idea simbolista que descarta que el teatro debe ser educativo y
moralizante, sin embargo, eso queda a la libre interpretación del lector o
espectador de la obra.
El legado del movimiento simbólico ha sido muy representativo en el mundo
de las artes, en el teatro dejó una huella imborrable en todos sus elementos, a
partir de sus composiciones literarias, desde la prosa y la narrativa hasta su
contexto subjetivo más representativo, donde sus elementos son de un contexto
más sensible, metafísico y ambiguo para determinar verdades absolutas de la
naturaleza de la vida y la perspectiva del arte frente a esta idea.
BIBLIOGRAFIA
Maeterlinck, M. (1976). El Pájaro Azul. Recuperado de:
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Ortiz, M. (s.f). Simbolismo. En Cultura Genial.
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Real Academia Española. (2001) Felicidad. En diccionario de la lengua española.
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Fernández, D (junio de 2012). El Simbolismo en la Escena. En Vestuario Escénico
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(19 de marzo de 2021). El teatro de Maurice Maeterlinck: macro poéticas. EL
TEATRO. [Link]