El dolor de un amor solitario
El dolor de un amor solitario
Día 0 La Ruptura
3 de octubre de 2019
La amo, estoy seguro de que la amo. Amo que siempre esté ahí para mí. Amo
que se preocupe por mí. Amo que venga a ver mis presentaciones. La amo a
ella, sé que a veces peleamos, pero me estoy esforzando por verla sonreír,
adoro su sonrisa. Cuando sonríe, me siento el hombre más afortunado del
mundo, al igual que cuando me mira con esa mirada de niña traviesa. Amo
poder acariciar su cabello, es tan suave. Y la amo más cuando le digo “Te
amo” y ella responde con toda la ternura del mundo “Y yo a ti”. La amo,
estoy enamorado de Amelia. Creo que siempre la amaré.
—¿Ya no me amas? —Susurró muy apenas Alberto entre sollozos.
—No —Respondió Amelia suavemente, tratando de suavizar su respuesta —
Ya no, lo siento…
Ella desvió la mirada y él se quedó viéndola. Quería decir algo, quería cambiar
esa respuesta. No podía acabar, no cuando él estaba más enamorado, pero era
imposible, su respuesta no cambiaría más a partir de ese entonces.
Su mundo entero se destruyó ese día, cuando ya no recibió la respuesta del “Y
yo a ti”.
221 Días Antes de la Ruptura
6 de marzo de 2019
Ivette:
He decidido volver a escribir, escribirte a ti, como en los viejos tiempos.
Siempre que te escribía me sentía mejor, cuando escribo me siento libre, al
mismo tiempo siento que me escuchas, aunque no seas real, todavía…
¿Recuerdas cuando empecé a escribirte? Fue hace tanto tiempo, cuando en
un taller de teatro nos pidieron llevar un diario de vivencias y recuerdos para
luego usar esos recuerdos para sacar emociones reales en las escenas. Jamás
me ha gustado escribir sobre mí mismo, por eso se me ocurrió escribirte. Era
como si hablará con una persona mientras escribía. Algunas veces incluso
escuché que me respondías, tal vez enloquezco, propio de un escritor.
Perdona que haya dejado de escribirte, pero han pasado muchas cosas. Entré
a la universidad, (Sí, no logré entrar a la normal de maestros), me agrada la
universidad y me agrada mucho también mi carrera. Lingüística e Idiomas
interesante nombre ¿No? La amo con toda mi alma. Es hermosa, me siento
muy cómodo estudiando ahí, no lleva matemáticas, es lo que más me agrada
jajaja.
También creo que debo decírtelo: Ya no soy actor. Casi puedo escucharte
enfadada por eso, pero no deje de actuar porque yo quería, sino por un
accidente.
Fue el 23 de enero, el sol brillaba, combinado con una brisa tenue. Era un
hermoso día, tenía planeado todo. Iría a la universidad a averiguar cómo
iban mis trámites de admisión, luego pasaría a comprar una gran barra de
chocolate para hacer bombones (Sabes lo mucho que amo la repostería)
compraría todo un paquete de películas para verlas toda la tarde y luego
escribir la crítica de esas películas, por último, coordinaría el ensayo con
vestuario con mi elenco de teatro, pero no, de repente mientras cruzaba la
calle todo se puso negro.
La verdad no recuerdo mucho, un golpe fuerte, señoras discutiendo con un
chófer, me llevaron a dos hospitales, el primero no tenía un experto en
neurología, mi cabeza ensangrentada, mis piernas no respondían y por último
una camilla fría. Recién ahí desperté bien y lo primero que hice fue rogar que
no estuviera tan mal, no quería que mis padres tuvieran que cargar con una
responsabilidad tan grande. Quería estar bien y ahora lo estoy, estoy estable,
pero no puedo hacer ningún esfuerzo físico. Tú mejor que nadie sabe qué tan
exigente es el teatro, no es como todos piensan, que solo es saberse el guion y
luego fingir ser alguien, es un ejercicio constante, exige mucho y ya no pude…
Pero estoy bien, estoy volviendo a escribir, ya es algo ¿No? Además,
por ahora quisiera concentrarme en estudiar y ser un buen lingüista.
Bueno… también hay algo que debo contarte y no te pongas celosa.
No sé… Creo que estoy enamorado
Bueno enamorado no, no se puede amar a alguien sin conocerlo. Eso aprendí
hace tiempo. Para amar hay que conocer.
Uno no se puede enamorar de la belleza de alguien sin conocer la
personalidad de la persona. Imagina que esa persona sea súper guapo o
guapa, pero que tiene malos hábitos, hábitos que a ti te disgustan.
Obviamente eso no va a funcionar. Se necesita conocer a alguien para
enamorarse por completo, saber sus gustos, sus hábitos, sus costumbres, sus
creencias. Ver si eso puede funcionar, sino simplemente te harás daño
aferrado a una persona por su belleza, pero siempre estás discutiendo con
él/ella. Una relación así, no va a durar, ni va acabar bien.
Pero si la vieras, ella es hermosísima. La observo mucho, aunque solo sea en
ocasiones fugaces. Adoro su cabello larguísimo de color negro. Me imagino
jugando con él a veces. Imagino que sus ojos rasgados voltean y me miran
con ternura, al igual que espero que me dirija esa sonrisa fugaz, aunque sea
una vez. También sueño con poder rozar sus finísimos labios. Esos labios me
traen loco. Es hermosa, solo quisiera que sepa que existo. No sé qué hacer
para que ella lo noté y no digas que, con poesía, porque tú y yo sabemos que
ya no puedo…
Aunque le he escrito varios poemas en varias hojas sueltas, su belleza me
inspira a crear versos de nuevo, he ido dejando los poemas por aquí y por
allá con la vaga esperanza de que ella tome uno y sepa que escribo para ella.
Tú bien sabes que me es difícil expresarme con palabras simples, por eso
escribo. La poesía es mi forma real de hablar.
Aquí adjunto uno de esos poemas que le he escrito.
Unos versos para ti…
Eres tan hermosa
que le das celos hasta la única azul rosa,
los azules del cielo te ven
y tu caminar deciden adornar.
Te amo
Ahora sé que te amo
y quiero estar contigo siempre
eres la mujer perfecta para mí
eres mi cielo azul.
3 Días Después de la Ruptura
Y en un ataque de ira Alberto tomó los cuadernos en los que había escrito
poemas y los arrojó con furia por toda la sala de su casa. Dolía haber
compuesto tantos versos inspirados en Amelia y que ahora ya no la tuviera.
Aún seguía sin entender el porqué. Porque de repente todo el amor que ella
decía tenerle había desaparecido de la noche a la mañana.
Le dolía tanto escribir, le dolía tanto haberla amado. Su dolor iba más allá del
dolor físico. Un dolor que jamás le desearía a nadie. De pronto todo lo que
amaba iba convirtiéndose en un dolor profundo y quería olvidarse de ese
dolor.
Vio el primer poema que le compuso. “Unos versos para ti” En otro ataque de
furia le prendió fuego. Vio con melancolía como el fuego quemaba la triste
hoja de papel. No quería recordar nada que tuviera que ver con Amelia. ¿Pero
cómo? Todo le recordaba a Amelia, absolutamente todo.
Sus pesadillas también se empezaban a volver frecuentes. Llevaba ya tres
noches sin dormir, solo pensando en Amelia. Se despertaba varias veces
durante la noche y no lograba dormir. Se quedaba pensando en Amelia y las
horas parecían interminables.
—¡Basta! —Gritó en el silencio de la sala —¡Basta!
En otro ataque de furia empezó a prenderle fuego a todos sus cuadernos. De
verdad quería olvidarla y si quería olvidarla tenía que empezar a destruir todo
por donde empezó. Tenía que destruir sus poemas.
Poco a poco su mente se iba resquebrajando y caía hacia una locura y
depresión de la cual tal vez no tenía regreso.
129 Días Antes de la Ruptura
—¿Y si lo vuelves a hacer? —Preguntó ella mientras él bebía lentamente su
café. No había vuelto a pensar en eso en un largo tiempo ¿Volver? ¿Volver a
pisar las tablas y sentir de nuevo esa magia?
—No —Respondió susurrando Alberto —Cami, no estoy listo. Además,
no creo poder volver, mi cadera…
—Tu cadera está bien —Rebatió Camila —Solo que tienes miedo
¿O me equivoco?
Alberto bajo la mirada ante ese argumento. Tal vez tenía razón, hace días que
la cadera no le dolía, de hecho, había días en los que podía caminar muy bien,
casi erguido y recto como antes. Si ponía más esfuerzo en unos días estaría
como nuevo, tal vez como en sus mejores tiempos. Incluso había días en los
que se imaginaba a si mismo detrás del telón sintiendo esa adrenalina
segundos antes de salir a llenar todo un salón con su arte, pero a la vez
recordaba los fracasos que tuvo el último año de su vida, antes de entrar a la
universidad. Su mente siempre le recordaba cómo había fracasado en el evento
de declamación, desde ahí siempre había considerado no volver a subirse a un
escenario nunca más.
—¿Miedo? —Preguntó él desviando la mirada hacia su café —No es eso.
Solo que…
—Sí es miedo —Respondió sonriente ella —Tienes miedo y lo
comprobaré ¿Le dijiste algo a esa chica de la que me hablaste?
Alberto esta vez la miro de frente. Esa mirada siempre lo intimidaba, incluso
cuando pasaban clases. Le gustaban mucho sus ojos, aparte de ser sumamente
hermosos, parecía que tenían la habilidad de traspasar su piel y ver su alma.
Ni él mismo entendía porque ella influía tanto en él, ni siquiera supo cuando
se habían hecho tan buenos amigos, al principio solo eran estudiante y
maestra, ella era una de sus docentes auxiliares, hasta que un día empezaron a
hablar como viejos conocidos y eso le agrado mucho a Alberto. La apreciaba
tanto, por ella es que todavía él seguía en pie dentro de la universidad. Ahora
ella sabía muy bien que Alberto tenía miedo, pero no entendía el porqué,
Alberto le había contado muchas cosas que hizo en secundaria, los concursos
ganados, los festivales en los que había participado. No tenía sentido que su
alumno tuviera tanto miedo.
—Empiezo a creer que me mentiste con lo de los concursos —Dijo
Camila mirando a través del cristal, parecía molesta.
—No te mentí —Intentó defenderse Alberto —Bueno sí, tengo miedo, sí,
tengo miedo de que me vaya pésimo si vuelvo a pisar un escenario. Tengo
miedo de hablarle y que se me trabe la lengua, sí tengo miedo, eres a la
primera que le digo que tengo miedo.
—No deberías —Respondió ella viéndolo con ternura, adoraba la forma
como se expresaba —No hay porque tener miedo y si lo tienes deshazte de él
y supéralo.
—Se dice fácil…
—¡Y es fácil! ¿Si te conté mi primer día de auxiliar? Me pare un buen rato en
la puerta, era mi primera clase y no sabía que hacer ¿Tal vez y lo hacía mal?
¿Tal vez y lo hacía bien? No lo sabría hasta que atravesé la puerta, venciendo
mis miedos y di mis clases y…
—Eres una excelente auxiliar.
—Tienes que volver a intentarlo, eres un buen muchacho, te esfuerzas
en la universidad y tus poemas son hermosos, me gustan mucho.
—Considero que son poemas pésimos.
—Te valoras muy poco, eres bueno y quiero escucharte declamar uno de
ellos, además quien sabe tal vez esa linda señorita se enamore de uno de tus
poemas.
La mente de Alberto voló de nuevo tiempo atrás. A su primer día en la
universidad. Estaba nublado y el cielo amenazaba con llover, Alberto trató de
apurarse, no quería mojarse, pero le era algo difícil moverse, caminar era
tormentoso por el accidente. Lo peor era tener que subir las escaleras, estaba
casi seguro que se atrasaría a su primera clase por ese hecho, subió torpemente
por las escaleras apoyándose en el barandal. Hasta que de pronto vio a una
muy hermosa señorita de pelo negro.
—¿Te ayudó? —Preguntó ella sonriéndole.
Alberto asintió, ella lo tomó del brazo y pudo ver su rostro de frente. Era
hermosísima, era de tez morena clara, ojos negros como la noche, cabello
negro lacio muy largo y lo más atrayente para él eran sus labios sumamente
finos. Por las noches soñaba con hablarle y conocerla, sentir la calidez de su
mano de nuevo, susurrarle uno de sus poemas o quien sabe besar esos labios
finísimos.
—… Y si no declamas en lo que resta el semestre —Camila continuaba
hablando —Te repruebo.
—¡Que maldad! —Dijo Alberto sonriendo, en verdad adoraba las
ocurrencias de su auxiliar —Lo voy a pensar, solo espero que no te burles
cuando se me trabe la lengua frente a toda la carrera.
—Recuerda que lo estás haciendo por tu nota.
—Eso es cruel. Te haré renegar en tu clase del día sábado.
Ambos sonríen, saben que siempre podrán confiar en el otro.
19 Días Después de la Ruptura
—¡Hey! —Dijo una de las chicas que lo acompañaba moviendo la mano en
frente de él —¡Alberto!
—¿Sucede algo? —Respondió Alberto como si acabara de despertar de un
sueño.
—Estás como ido ¿Seguro que estás bien?
—Sí, sí lo estoy, voy a estar bien, tú no te preocupes.
Mientras subían las escaleras, no pudo evitar pensar en que le iba a ser difícil.
De nuevo le iba a ser difícil declamar. La tristeza lo invadía desde hace días y
no tenía el mismo entusiasmo que antes. Todos notaban que haber terminado
con Amelia le estaba afectando. ¿A quién no le afectaría ver a su amada todos
los días y no poder decirle nada?
La verdad era que no quería declamar. No en ese evento, era un evento
importante, era el VII Congreso Nacional de Lingüística e Idiomas y su
carrera era la anfitriona, iban a venir muchas personas importantes, no estaba
seguro si quería representar a su carrera porque todavía ardía la herida de la
ruptura y era como echarle limón y sal a la herida. Así era como había
empezado, declamando para que ella note que Alberto existía. Lo había hecho,
lo había conseguido, pero de nuevo era invisible para ella y tal vez ahora
invisible para siempre.
—Buenos días, Alberto —Saludó la licenciada Liliana sonriente como
siempre, a Alberto le agradaba eso, podía contagiar esa energía a quien sea,
por eso consideraba que ella era la mejor docente que había tenido.
—Buen día, Lic. —Respondió Alberto tratando de devolver la sonrisa, no
podía mostrarse deshecho para un ensayo.
—¿Aprendió el poema? —Preguntó mientras iban entrando al salón para
ensayar.
—Sí, pero Lic. Me enfermé y justamente de la garganta
Alberto se había enfermado apropósito. No quería declamar, pero tampoco
quería fallarle a la Lic. Liliana. Había aceptado declamar días antes de la
ruptura, estaba convencido de que lo iba a hacer para Amelia, pero todo había
cambiado. No quería decirle la verdad a la licenciada, así que se le ocurrió el
maravilloso plan de enfermarse.
—Pero va estar bien supongo ¿No es así? —Respondió la Licenciada
sonriendo y Alberto sabía que estaba perdido.
—Sí, me voy a poner bien.
Entraron al salón el cual era bastante grande. Era intimidante para él. ¿Cómo
haría que su voz llenará el lugar? Y sobre todo ¿Cómo haría que su voz
quebrada por el amor llenará el lugar?
—Empecemos, no perdamos tiempo —Dijo Lic. Liliana.
Las chicas que lo acompañaban para declamar estaban llenas de energía,
dispuestas a ensayar. El poema que montarían no sería un poema como tal.
Sería algo que hace mucho tiempo no hacía, poesía teatralizada. La última vez
que Alberto había hecho algo así había sido hace años, pero esa experiencia le
había encantado, se sentiría muy emocionado si es que la tristeza no estuviera
dentro de él.
—Romance Nativo, es uno de los mejores poemas de Valda Chavarría —
Comentó Alberto mientras empezaba a ponerse cómodo para ensayar —
Hay que hacer que sea lo mejor del evento ¡Empecemos!
Lic. Liliana había asignado papeles de acuerdo a las estrofas y personajes del
poema. Él sería Lorenzo Chipana Quispe, el pobre campesino que, por querer
un mejor futuro para su querida, Francisca, había partido para las minas, para
que al final ella se vaya con el patrón de la hacienda. Con su situación actual,
trataba de convencerse de que podía interpretar muy bien ese papel. Solo que
tenía un pequeño problema que le incomodaba, quién haría de Francisca sería
la licenciada. Eso aparte de incomodarle también le agradaba. Podría
compartir escenario con una buena actriz (Aparte de ser docente ella también
era actriz, otra razón más para que a Alberto le agrade tanto).
En cuanto empezó el poema Alberto trato de no ponerse nervioso, no lo
consiguió. Su cabeza le hacía malas jugadas, haciendo que repita el mismo
verso una y otra vez o que se mueva de manera graciosa.
—Alberto concéntrate —Le dijeron las señoritas, en medio de risas, de
verdad estaba haciendo el ridículo.
Empezó de nuevo y su mente esta vez le hizo olvidar líneas del poema y decir
otras. Su mente había aprendido bien el poema, al mismo tiempo que le había
hecho aprender líneas de otros poemas más. Poemas que él había escrito para
Amelia y de rato en rato se le escapaban.
No aguanto más y decidió salir del ensayo en cuanto empezaron ensayar la
parte en la que el poema describía una fiesta. Se dirigió a los sanitarios,
necesitaba refrescarse, se había enrojecido en más de una ocasión en el
ensayo. Se dirigió hasta el otro extremo del salón por un baño y mientras se
lavaba el rostro se miró al espejo.
—¿Qué pasa? —Se preguntó así mismo —¿Quieres hacer el ridículo?
¡Vendrá gente importante a este evento! ¿¡Quieres hacer quedar en ridículo a
tu carrera!? ¡Vamos! Debes separar tu vida personal de tu vida artística, lo
sabes. Ahora vas a volver y vamos a ensayar bien.
Y de repente Alberto sintió la misma sensación que aquella noche. Cuando
decidió volver a declamar.
113 Días Antes de la Ruptura
12 de junio de 2019
Ivette:
Sí, decidí volver. Una vez más, no puede pasarme nada malo. Mi cadera está
bien y sí, ya no tengo miedo. Nunca más tendré miedo.
¿Qué haríamos si no tuviéramos miedo? ¿Te imaginas eso? Haríamos todo lo
que nos proponemos. Lograríamos grandes cosas. Lo primero que yo haría
sería ir a ver a esa chica hermosa de labios delgados y le diría que su belleza
ha inspirado un montón de poemas míos. Que tal vez me he enamorado de ella
y que quisiera conocerla y quién sabe hacerla mi esposa. Jajaja No te pongas
celosa.
El miedo nos paraliza, impide que logremos nuestras metas, que salgamos de
nuestra zona de confort y nos arriesguemos a cosas nuevas y quién sabe, tal
vez cosas buenas. Vivir sin esa clase de miedo que te impide hacer nuevas
cosas, sería genial ¿No lo crees?
Y sí, yo tenía miedo. Ambos sabemos porque tenía miedo. Después de perder
el concurso departamental de declamación, nada ha sido igual. Fue
humillante perder así, puesto que lo había ganado ya en una ocasión. Podía
ver claramente la decepción de los jurados, algunos de ellos habían sido mis
maestros.
¿Lo recuerdas?
23 de agosto de 2018. La fecha que todo cambió para mí, ¿Recuerdas cómo
mis compañeros de teatro me llamaban en ese tiempo? “El Príncipe
Endemoniado” Por fuera me veía muy elegante y hasta frágil, según ellos,
pero cuando me subía al escenario demostraba lo contrario, yo era capaz de
causar un terror inimaginable con solo mi voz, mis movimientos y mi
capacidad de crear poemas tan complejos que incluso dudaban que fueran
míos. Esa tarde de agosto me había inscrito de nuevo al “Gran concurso de
declamación departamental: Con poesía nos vamos a levantar” Mi anhelo era
salir campeón por segunda vez y última vez, pues después de eso ya no
volvería a declamar ahí jamás debido a mi edad. Solo pueden declamar
menores de 18 años. Había elegido mi poema “¿Lograrás recordar el
mañana?” Hablaba de cómo se destruía el mundo y El Príncipe Endemoniado
era experto en destruir, pero había un pequeño problema. Ese día yo no
estaba al cien por ciento. Mi corazón estaba desecho por un amor anterior
que me había dejado con muchas dudas Recuerdas lo que me dijo ¿No?
“Solo eres capaz de escribir rimas sin sentido, jamás nadie va a leer algún
escrito tuyo. Eres pésimo en lo que haces y deja de escribirme”
Y eso solo fue un día antes del 23 y mi mente recordaba eso. ¿Y si era verdad?
Tal vez de verdad solo era capaz de escribir rimas sin sentido y nadie me iba
a leer. Tal vez era pésimo en lo que hacía y deje que el miedo y la inseguridad
se apoderará de mí. De que ella apareciera entre el público y me dijera lo
mismo frente a todos. Fue un miedo irracional, lo sé…
Delineé mal mis ojos (El Príncipe Endemoniado usa mucho maquillaje), mis
labios estaban terriblemente mal pintados por el temblor de mi mano, sentía
que el saco largo me hacía notar más delgado de lo que soy y que mis
múltiples anillos me incomodaban. Salí al escenario cargado de miedo, olvidé
el primer verso y me salté al otro y luego retrocedí al principio, mi
respiración se agitaba horriblemente producto del temor. Me callé y traté de
recordar el poema, no lo conseguí. Empecé a decir frases incoherentes. Ese
no era el Príncipe Endemoniado, solo era yo jugando a ser declamador. Tuve
miedo…
Hoy no va a pasar lo mismo.
No tengo porque tener miedo. Tal vez no soy bueno en lo que hago, pero todos
estos días he ido practicando y mejorando. He vuelto a escribir
constantemente, he estado ensayando, sé bien el poema, por si acaso tengo un
verso alternativo por si ocurre el fenómeno de olvidarlo de nuevo. También
quiero impresionar a esa linda señorita de la que te hablé, quiero que sepa
que existo, que aquí estoy y que no tengo miedo.
Acabo de delinear mis ojos correctamente junto con los labios. El saco me
hace sentir seguro como en los viejos tiempos y mi cabello está muy
despeinado, producto del bautizo. ¡Ah sí! me olvidaba comentarte que hoy nos
bautizaron a los de primer y segundo año. Pensé que sería traumante, pero
fue divertido, espero que el siguiente primer año disfruté del bautizo tanto
como yo. Será un recuerdo que siempre llevaré en mi memoria. Estoy a unos
minutos de salir a declamar y lo voy a hacer bien. ¡El Príncipe está de vuelta!
—Okey, tú puedes —Dijo para sí mismo Alberto viendo hacia afuera del
escenario tras bambalinas —Es hora de volver a ser El Príncipe
Endemoniado, no hay porque temer. Tienes que hacerlo bien, estás
representando a tu semestre, demuestra que puedes. ¡Vamos! ¡Vamos!
Alberto salió decidido al escenario y varios de los presentes se sorprendieron
de su nueva apariencia. ¿De verdad era el muchachito raro que siempre se
mataba estudiando y que a veces tartamudeaba al hablar?
—De autoría propia— Dijo él con voz fuerte y clara— ¿Lograrás
recordar el mañana?
Y de repente música extraña empezó a sonar, acompañada de un verso
introductorio que él había grabado a manera de presentación.
Y el hombre jamás creyó que iba volver.
Se creyeron dueños de una tierra que jamás lograron poseer
ahora él está aquí, está de vuelta,
es el juicio final ¡Y vamos a dictar sentencia!
Ese verso lo había puesto en alusión a su regreso al escenario, nadie lo notó,
solo él lo supo. Entonces comenzó.
¿Lograrás recordar el mañana?
silbará el viento, anunciará la tempestad
los ríos descansarán en silencio mortal
y te darás cuenta de que no hay mañana.
En ese instante Alberto se dio cuenta de que su voz había regresado, estaba
declamando como en los viejos tiempos, se esforzó más entonces.
Mañana la vida cerrará las cortinas
la tierra dormirá en paz,
en un beso mortal dejará al hombre
y empezará el juicio final.
Te preguntas quien soy yo
yo soy el empiezo y el final del tiempo
¡Y no! No volveré a morir por ti
mi sangre derramada ahora será venganza.
Tratas de huir
tu tecnología no sirve aquí
todo lo otorgado ahora te es retirado
tal como cuándo rechazaste al pobre
¿Duele no es cierto?
Morir sin poder ver otra mañana…
Cuando termino los aplausos vinieron como de antaño, felicitaciones de
personas que no conocía y sus compañeros de salón se encontraban orgullosos
de él. No le sorprendió para nada ganar el concurso. Fue una noche feliz para
él, aunque el verdadero premio para él, era que tal vez la señorita hermosa
había notado que él existía.
¡El Príncipe estaba de vuelta!
20 Días Después de la Ruptura
—Oye ¿De verdad te vas a enojar por eso? —Preguntó Isaac mientras
caminaban con rapidez a la universidad.
—No, no estoy molesto —Respondió Alberto en un tono que reflejaba
claramente su molestia.
—No importa, vamos a sacar las pancartas de una vez, la inauguración
seguro ya va empezar.
Ese día iba a inaugurarse el Congreso y ese mismo día se suponía que debían
realizar la poesía teatralizada, pero debido a una mala coordinación se había
movido para hacerlo al día siguiente en la noche cultural del evento. A Alberto
no le molestaba el hecho de declamar otro día, le molestaba el hecho de que
Amelia también estaría presente en la noche cultural, estaba haciendo todo lo
posible para evitar verla y ahora debía verla. Lo peor era que ella bailaría en la
noche cultural, a él le encantaba verla bailar. Eso iba a desconcentrarlo mucho.
—¡Lice! —Gritó Isaac a medida que veían a la Lic. Liliana saliendo
de la universidad —¿No vamos a actuar hoy?
—No, lo siento —Esta vez ella no sonreía como siempre, se notaba molesta
y al igual que su alegría también era capaz de transmitir su enojo.
—Lic. Traje todo mi vestuario para nada entonces —Comentó Alberto a
manera de reclamo.
—No se preocupen, si fletaron algo yo se los voy a reponer.
—No se preocupe, Lice —Dijo Isaac —Igual nos tenemos que presentar
mañana lo vamos a hacer bien.
Alberto adoraba eso de su amigo, siempre estaba lleno de energía, siempre
dispuesto a hacer cualquier actividad. Él mismo se había propuesto a ayudar
con lo de la poesía. Era una de las cosas que más le llamaban la atención a
Alberto, que él estuviera lleno de vida y energía, sabía que nunca debía
perderlo como amigo. Fue uno de las primeras personas que se preocupó
cuando se enteró que rompió con Amelia, por eso le había sugerido que
ayuden en toda la organización del congreso, así también mantendría la cabeza
ocupada y no pensaría tanto en Amelia.
La licenciada sonrío y siguió su camino, los dos chicos igual, pero Alberto
seguía molesto, eso se notaba en el aire.
—Ya no estés así —Dijo Isaac dándole un codazo amistoso —Vamos a
actuar mañana.
—Sí, es que traje toda mi ropa en vano —Dijo Alberto —La verdad
quería declamar hoy.
—Pero tendremos más tiempo de ayudar a nuestra comisión hoy, hay
que arreglar todavía el salón del que estamos encargado.
Alberto asintió y subieron al último piso de la universidad por las pancartas
que debían llevar al salón donde se realizaría la inauguración. La tensión
seguía notándose en el aire, al parecer Alberto también era capaz de contagiar
su mal humor. De verdad quería declamar ese día, declamar era su forma de
desahogarse y ahora se estaba ahogando en un mar de tristeza. Todavía
extrañaba a Amelia y sabía que le afectaría mucho el verla bailar.
Ambos bajaron en silencio con las pancartas y las llevaron al salón de la
inauguración. Antes de salir de ahí, Isaac se acercó a la licenciada que estaba
encargada de la inauguración del evento.
—Buen día, Lice —Saludó Isaac —¿Todavía hay espacio en el
programa? Mi compañero quiere declamar.
—¿Qué estás haciendo? —Preguntó Alberto en voz baja.
—Tú me lo dijiste una vez, poesía es como hablar para ti, necesitas desahogarte.
—Sí —Respondió la licenciada —¿Cuál es tu nombre y el nombre de la poesía?
Alberto dio todos los datos y los nervios empezaron a consumirle. Esos
nervios que siempre tenía antes de salir a escena, su mente se concentró por
fin en otra cosa y no en Amelia, estaba muy agradecido con Isaac, él mejor que
nadie sabía que Alberto debía desahogar su tristeza y que mejor forma que en
poesía, tenía razón los poemas eran la forma de hablar para Alberto.
Empezó el evento y Alberto trataba de concentrarse en que debía declamar.
Tal vez algo romántico, tal vez algo triste, tal vez algo trágico. Hasta que
ocurrió lo impensable, vio a Amelia parada en la puerta. Llevaba el traje que
debían usar los organizadores. Tantos días tratando de evitarla, de no pensar
en ella y tratar de pensar en otras cosas, para que al final ella también estuviera
dentro de los organizadores, tendría que verla todos los días del evento.
De repente anunciaron su nombre y salió al escenario, en ese instante recién se
le ocurrió que declamar.
—De autoría propia —Dijo con voz nerviosa pero tratando de ser fuerte —
“Sé feliz”, con mucho cariño para todos los enamorados, nunca sabes cuándo
puedes perder a quien más amas. Amen ahora, amen para siempre.
Empezó con voz suave pero potente, estaba sintiendo en su piel cada palabra,
cada verso que de su boca brotaba.
No toques triste el piano
solo recuerda nuestros hermosos años
recuerda desde el principio
el cómo entre juegos un te amo te susurraba.
El silencio observa
como dos almas gemelas se aman
y entre llantos no se tocan
se sufren entre lágrimas se aman.
A Sackspirito
Eres el mejor amigo que he tenido, aunque es poco tiempo debo decirte que
tienes un lugar en mi corazón de pollo
En verdad quería mucho a su amigo, ahí por fin entendió que la amistad era
más valiosa que cualquier amorío.
4 Días Después de la Ruptura
—Sí ¿Por qué? yo estoy muy bien —Dijo Alberto sonriendo ampliamente,
quería aparentar estar bien, Isaac lo percibió de inmediato.
—Quisiera nunca haber estado con ella, quisiera que todo volviera a ser
como antes, cuando la molestaba simplemente por molestar.
—Nada va a ser igual —Isaac solía ser muy directo a veces —Todo va a
cambiar, creo que lo sabes…
—Pero tal vez todo es para mejorar, tal vez ella no era la indicada.
—Quisiera recuperarla.
—Estuve pensando en que debería recuperarla por ti, creo que igual funciona
¿O no?
Siguieron bromeando toda la tarde, ahí Alberto supo que siempre podría
confiar en Isaac, su amistad era verdadera.
201 Días Antes de la Ruptura
26 de noviembre de 2019
Ivette:
Duele separarse, duele demasiado, más si empezabas a formar una vida y una
rutina con tu pareja.
Amelia y yo teníamos una vida en común, amistades en común, gustos en
común. Siempre al salir de la U nos dirigíamos cuesta arriba para tomar
alguna movilidad que nos lleve a la avenida principal de la ciudad. Ella solía
tomar mi mano y apoyarse en mi pecho, solía besar su frente y a veces robarle
un beso. Ahora debo evitar ir cuesta arriba al salir o procurar salir antes de
ella para tomar el transporte.
Evito pasar por la calle en la que sucedió… me duele recordar que ahí ella
supo que la amaba. Desvío mi trayecto y me dirijo por otras calles, aunque
eso me lleva más tiempo.
He dejado de hablar con sus amigos cercanos, ella ha hecho lo mismo. Toda
la historia en común que íbamos construyendo se ha hecho pedazos. ¿Puedes
creer que estaba pensando en dejar de escribir? Pero bueno al final soy
escritor y escribir es como respirar para mí, así que es medio imposible.
Le escribí un poema.
Tan Cerca De Mi Lado
Tan lejos te siento
y junto a mí te tengo.
Dime que debo hacer
Para escribirte otra
vez.
Quiero entregarme a ti
ser solo tuyo, tuyo y de nadie más.
Enredando tu cabello en mis manos
susurrándote un te amo.
Voy a conquistar a mi Ivette. Voy a conquistarte.
57 Días Después de la Ruptura
Alberto encontró esa carta que había escrito hace tiempo. Esa carta que trataba
sobre su Ivette, su musa idealizada. La mujer con la que soñaba noche a noche.
La mujer a la que creía haber amado semanas antes. Poco a poco empezaba a
darse cuenta de que ella no existía, no existía una Ivette como tal y tal vez
nunca existiría.
En su furia agarro la carta y empezó a tacharla por todos lados. Empezó a
reescribirla deformando horriblemente todo lo que había escrito anteriormente.
¿Quién es Ivette?
Ivette es todo para mí. Es felicidad, es alegría, es amor, es candidez, es
dulzura, es ternura y sobre todo ella es una de las razones que tengo para
vivir. ES TRISTEZA, ILUSIÓN TONTA, UN ABSURDO SI QUIERES
LLAMARLO ASÍ. Ella no es una persona como tal, pero sé que un día
NUNCA tomará forma física y JAMÁS me bridará la oportunidad de
conocerla y sobre todo me dará la oportunidad de entrar a su corazón.
Cuando tenía 15 años ERA UN COMPLETO TONTO leí una historia, que
hasta ahora ronda en mi cabeza, acerca de un romance (Me encantan ODIO
los romances) Con muchos conflictos. Recuerdo bien el nombre de la chica.
Siempre va a quedar en mi memoria, Ivette. Ella era buena, tierna, cariñosa,
valiente y una excelente líder. Ella ayudaba a un chico que había sufrido un
accidente automovilístico y lo había dejado sin poder caminar, él era
futbolista y el accidente arruinaba una vida planeada, aparte de que al pobre
muchacho lo había dejado su novia en ese entonces. Él estaba en una
profunda depresión y no se levantaba de su cama por días, muy apenas
hablaba con alguien, pero ella hacía de todo para animarlo a vivir. Era muy
difícil, pero ella no se rendía hizo de todo para que él se levantará. Que el
futbol no era su única opción. UNA REVERENDA ESTUPIDEZ A MI
PARECER.
Un día ella lo escuchó cantar una canción muy hermosa, él tenía una
grandiosa voz. Ivette lo animo a seguir cantando. A ella le fascinaba
escucharlo cantar, al mismo tiempo surgía un amor poco usual entre ellos, un
amor muy hermoso, sublime y ese es el tipo de amor que yo quiero QUE
JAMÁS CONSEGUIRÉ.
No termine de leer la historia y no sé si él logró cantar en un escenario
grande con Ivette a su lado. Ni siquiera sé si terminaron juntos, generalmente
todos los romances que he leído terminan en desventura y me dejan un sabor
amargo. LOS ROMANCES EN LA VIDA REAL TERMINAN IGUAL.
Pero desde ese día juré que iba a encontrar a una chica como Ivette, que se
preocupe por mí como yo lo haría por ella. Que me apoye en mis metas y que
yo le corresponda igual. Que cuando uno de los dos esté por caer el otro lo
sostenga. Quiero una relación especial, en la que ambos nos complementemos
y crezcamos juntos como personas. Quiero a una Ivette. ESTABA PIDIENDO
UNA COMPLETA TONTERÍA, JAMÁS VA A PASAR ESO.
Y no lo sé, algo dentro de mí, me dice que esa señorita de labios finos podría
ser Ivette, JAMÁS SERÍA IVETTE es tan idéntica a como la describían en la
historia. He averiguado un poco acerca de ella y sí tiene muchos puntos a su
favor para ser mi Ivette.
Yo no tengo muchos puntos a mi favor para ser su pareja, no soy muy guapo,
Y JAMÁS LO SERÉ de hecho siempre camino desarreglado. Se me traba la
lengua al hablar con una chica, pero sí tengo algo a mi favor, NO TENGO
NADA A MI FAVOR puedo escribir y expresarme de manera muy dulce en
mis escritos. En mis escritos realmente puedo expresarme tal como soy, la
poesía es mi forma de hablar y sé que puedo conquistarla, o por lo menos no
quedarme con la duda de saber si puedo o no…
NADIE ES IVETTE, NO EXISTE. NO EXISTE UNA MUJER PERFECTA. NO
EXISTE LA MUJER CON LA QUE ESTOY SOÑANDO. TODO ES UNA
COMPLETA MENTIRA.
En cuanto termino de desahogar su rabia contenida en el papel, empezó a
llorar amargamente. Era uno de sus escritos más valiosos y por unas rabietas
de niño pequeño lo había arruinado. Empezó rápidamente a escribir de nuevo
la carta. No podía dejar que impulsos así siguieran destruyéndolo.
Se tenía que levantar.
78 Días Antes de la Ruptura
18 de julio de 2019
Ivette:
Me siento nervioso, ansioso, feliz. Siento una maraña de emociones dentro de
mí. Hoy en la noche voy a declamar algo romántico. Sí ya sé, no soy muy
bueno declamando ese tipo de poemas, pero quiero intentarlo de nuevo.
Cuando empecé a declamar solía declamar solamente poemas románticos,
hasta que me enamoré, me rechazaron y empecé a odiarlos, pero ya ha
pasado mucho tiempo de eso y quiero recordar viejos tiempos.
Esta última semana ha sido muy atareada. Se está llevando el “1er Coloquio
Internacional de Lingüística” y a Isaac se le ocurrió la excelente idea de
ayudar en la organización (¡A ese chico le encanta meterse en todo!) y sí ha
sido genial. Hoy se realizará la noche cultural del evento y voy a declamar. Sé
de buena fuente que Amelia estará ahí (Sí, así se llama la señorita de labios
finos)
Sigo pensando que ella podría ser tú. Quien sabe tal vez por fin has decidido
tomar forma física y aparecerte en mi vida, así que considero que debes saber
que yo existo, que mi intención contigo es vivir uno de los romances más
hermosos y duraderos de la historia. Así que esta noche quiero que sepas que
estoy aquí, que sepas que mi corazón podría ser para ti.
El teléfono de Alberto sonó de pronto y él dejo de escribir, era Camila. Era
extraño hace días que ella no contestaba sus mensajes. Ella le había enviado
uno ahora.
—Alberto —Decía el mensaje junto a un emoticón de una carita triste.
—¿Qué pasó? —Respondió de inmediato Alberto.
—Me siento sola y triste…
Alberto empezó a sentirse confundido. Generalmente ella no estaba triste y
tenía un montón de amigos ¿Se sentía sola? ¿Triste? No tenía sentido, tal vez
algo muy malo pasaba.
—No entiendo —Escribió Alberto —¿Está todo bien?
—No, tengo muchas ganas de llorar, todo parece triste a mí alrededor.
—¡Nada de llorar!
—Es que peleamos él y yo…
Alberto no necesito ver los siguientes mensajes. Ya entendía todo, empezó a
sentirse molesto con quien era su novio en ese entonces. Hace semanas que
ambos estaban peleando, pero a ella no parecía afectarle, al parecer todo había
estallado en esa semana. Él quería demasiado a su auxiliar y no quería verla
triste por nada del mundo.
—¿Vas a estar bien? —Tecleo Alberto después de leer todas las razones por
las que habían estado peleando.
—Sí— Respondió ella— Solo que no sé porque me duele, sabía que
algún día íbamos a terminar, nada es para siempre…
A Alberto no le agradaba su forma de pensar. Él sí creía en un “Para siempre”
Aunque ella le había hecho ver que en estos tiempos era difícil encontrarlo, así
que ella misma le había recomendado estar listo por si las cosas se ponen
difíciles en una relación. Ese concepto le había estado dando muchas vueltas
en su cabeza los últimos días. Aunque ahora que lo veía, ni ella misma estaba
lista para cuando termine una relación. De todas formas, no quería verla triste,
no sabía que hacer hasta que por fin se le ocurrió.
—Ven a la noche cultural de hoy —Escribió él —Declamaré para ti, para que
ya no estés tan triste.
Y ahora ahí estaba él. Detrás del telón con un poema que había compuesto
horas antes, había ensayado poco, pero que estaba cargado de un cariño
profundo. Tal vez no existía un para siempre romántico, pero podría existir un
para siempre amistoso.
Antes de salir acomodó de nuevo la rosa que había enganchado a su sombrero
de caballero antiguo, se abotonó de nuevo el chaleco del traje e hizo girar
elegantemente su rosa. Iba a declamar un poema para que Camila deje de
llorar. En cuanto salió sus nervios empezaron a consumirle demasiado. Ahí
estaban licenciados, magísteres y doctores, la mayoría extranjeros. Atrás
Amelia y algunos amigos suyos.
—De autoría propia —Comenzó él —“Lloran Sus Hermosos Ojos”
dedicado para una bella dama que siempre me escucha y me aconseja,
además de soportar mis mil tonterías
Y ese día que hablo el silencio,
vi esos hermosos ojos, alzarse al cielo,
junto con su cabello color de la noche revolotear en el viento,
solo deseando que sus ojos fueran para mí.
Pero...
¡Lloran! Lloran sus hermosos ojos,
aquellos ojos que me cautivan cada vez más.
Busco un verso que le llegue al corazón,
quiero que aquel verso termine con su dolor.
A la luz de la luna,
busco algún verso para que deje de llorar,
busco descifrar ese embrujo que se esconde en su mirar
quiero que unas letras la hagan sonreír.
Si ella ha de llorar
es mi alma de poeta el que se ha de quebrar.
Deja esa tristeza que hoy te embarga
el día muy lindo ha de estar.
Sal y ven conmigo a volar en las letras que te compuse hoy
te he comprado mil rosas, listas para tu hacerte feliz
¡Ven aquí conmigo! ¿O acaso yo voy?
Fabricaré un nuevo mundo de versos para verte sonreír
Sé que solo soy un poeta ¡Un poeta!
Que busca tu sonrisa tras mil versos
esperando que dejen de llorar tus ojos hermosos
estoy aquí arrodillado ante ti, para siempre
¡Es una promesa!
Al terminar el poema, vio como la mayoría le miraba bastante conmovidos.
Incluso los doctores, algunos habían agarrado sus cámaras para grabar ese
bello momento. Incluso escuchó a uno de los doctores decir que se lo
dedicaría a su esposa en cuanto volviera a su país. Pero lo que más le
importaba a Alberto era que su amiga de verdad dejará de llorar.
7 Días Después de la Ruptura
—¿Cami, puedo llamarte? —Escribió Alberto por su teléfono, necesitaba el
apoyo de su amiga en esos momentos.
—Estoy algo ocupada ahora —Respondió ella —Lo lamento.
—Termine con Amelia…
—Lo sé, creo que todos ya lo sabemos, pero te dije que no te enamorarás.
Te dije que a esta edad nada es para siempre.
—No quería creerte, no quería creer a nadie. Creía que tal vez podía tener
algo bonito y duradero
—Tú solito te lastimaste… solo espero que pronto te pongas mejor.
—No sé, esto duele harto, duele más de lo que pensé que iba a doler ¿Por
qué duele tanto?
—Porque te enamoraste y tú mismo lo dijiste, creíste que funcionaría.
Querías con toda tu alma que funcionará, la idealizaste tan perfecta que
creíste que no te fallaría y te falló, sé que duele, pero va a pasar. Trata de
distraerte con algo ya no pienses en ella, hablamos luego.
Alberto se sentía cada vez peor. Camila tenía razón, había idealizado tan
perfecta a Amelia que estaba convencido con toda su alma que no iban a
terminar jamás. Incluso por su mente pasaba el hecho de que tal vez llegarían
a casarse. Era casi obvio que iba a sufrir.
—No tengo ganas de nada —Escribió Alberto —Ni siquiera de escribir,
estoy pensando seriamente en dejar de escribir.
Era en serio. Había empezado en serio a manejar la posibilidad de dejar de
escribir, de subirse a un escenario y terminar de quemar todos sus escritos.
Todo eso le recordaba a Amelia. Antes escribir le ayudaba a superar cualquier
problema, pero ahora no, solo le lastimaba más.
Se levantó de su cama y sacó todos los cajones que contenían los escritos en
su niñez y adolescencia. Los leyó cada uno con detalle y según él todos
estaban muy mal redactados, su mente le decía que jamás a nadie le iban a
gustar sus escritos. Eran una muy mal imitación de otros autores a su parecer.
Encontró una vieja anotación de su diario de cuando tenía 16 años.
Cuando estás con el corazón roto, todo a tu alrededor parece triste, parece
que siempre va a llover, aunque esté haciendo sol. Parece que nunca va a
amanecer y que siempre estarás en un oscuro anochecer. Pero recuerda
siempre amanece, siempre pasa la tormenta.
Eso le estaba pasando a Alberto, parecía que su dolor iba a ser eterno. Que
nunca iba a amanecer para él.
Siguió revisando sus viejos diarios y encontró el de cuando tenía 13 años, en
la primera página decía una curiosa inscripción.
Si te sientes triste ¡Ponte a Escribir!
Como quería decirle al Alberto de 13 años que llegaría un día en el que eso ya
no le ayudaría. Que escribir le iba a doler, pero decidió hacerle caso. Escribir
un último poema, a manera de despedida.
Ya No…
Está lloviendo
no sé qué es lo que está pasando…
me siento muy solo y frío
yo al escribir ya no sonrío.
Me subo al escenario
con rosas y versos en la mano,
¡Qué sorpresa! He escrito otro poemario
ya no puedo más con esto…
Escribo porque debo hacerlo
no calma, no sana, solo lastima
las letras y versos hoy me saben mal
Solo quisiera las letras dejar…
Ella
Ella es perfecta a mis ojos y a los ojos de cualquiera. Es de piel blanca y muy
suave. Tiene los ojos más hermosos que hayas visto jamás, cada vez que la
veas quedarás hechizado al verla, su pelo es suave como algodón. Siempre
viste de forma sencilla, pero yo la veo como una diosa hermosa, no importa
que lleve puesto siempre se verá hermosa.
Pero no es solo su belleza lo que me hace interesarme en ella. Ella es muy
buena, siempre se ha preocupado por mí, trata de que sea mejor en el futuro,
me da fuerzas necesarias para continuar con el hoy y esperar ansioso el
mañana. Me pregunta si he comido bien, si he tomado las pastillas de cada
mañana junto a un buen desayuno. Me ayuda a organizar mis desastrosos
papeles. Es muy amable y cariñosa con los animales, siempre está
ayudándolos y con saber eso, sé que ella es una buena persona. Se preocupa
por otros antes que ella, pero al mismo tiempo sabe defenderse, grita si es
necesario, reclama y pelea por lo que es justo. La adoro tanto.
Diría que la amo, pero ella nunca correspondería a mi amor. Aunque no lo
parezca me lleva varios años encima, ella ha sido mi guía durante este último
año y espero encontrar a una mujer igual que ella para amar…
Solo sonríe…
Solo siente….
Solo sé feliz
Solo vive…
¡Vive!
58 Días Antes de la Ruptura
Alberto seguía intentando peinarse. Su cabello era muy rebelde, rara vez solía
peinarse (Algo muy raro en un varón). Solo lo hacía si consideraba que iría a
un lugar o evento importante. Ese día era importante, era 6 de agosto,
aniversario de Bolivia, tenía que desfilar. Por eso es que estaba haciendo todo
el esfuerzo del mundo en dominar sus cabellos.
—¡Vamos! —Se dijo viéndose al espejo —Por primera vez en tu vida
¡Acomódate! ¿Qué pasa si Amelia te ve vestido como un desastre?
De pronto río para sí mismo ante ese comentario. No se estaba peinando por el
desfile, sino que era por ella. El desfile era una buena excusa para tratar de
ponerse guapo sin que nadie se le quede viendo como bicho raro por haberse
arreglado. Esperaba que Amelia lo notase, poco a poco se le había acercado
para ir ganando su amistad, ella era bastante amable con él. Sabía que ella era
buena persona, pero esperaba conocerla más, saber realmente como era ella.
Se dirigió hacia su armario y se quedó viendo, por varios minutos, sus dos
trajes. ¿Cuál debía usar? El negro que su padre le había heredado, el cual le
quedaba algo ancho, pero a la vez se veía elegante, o el azul que había sido
hecho a su medida mientras estaba en la promoción. Le incomodaba mucho el
azul porque había sido hecho muy ajustado y a su medida, pero le hacía ver
guapo. Eligió el azul. Tomó su saco negro recién planchado y salió de casa. En
su mente como siempre se iban tejiendo un montón de saludos por si ella lo
saludaba.
—Hola.
—Señorita ¿Cómo está?
—Buenos días estás muy linda hoy.
—Hola Amelia ¿Cómo estás?
—¡Amelia! Te ves linda hoy.
A veces solía pensar que es lo que ella le había hecho para que piense tanto en
ella. Que siempre esté presente en sus motivaciones. Que siempre trate de ser
mejor por ella. Era algo extraño, pero a la vez bueno. Parecía ser que el amor
daba una fortaleza extraña. Fortaleza que le ayudaba a ser mejor persona.
Eso lo hizo sonreír mientras caminaba a la parada de minibuses. Alberto debía
tomar como tres de ellos para llegar al lugar del desfile. Se fijó la hora, ya iba
tarde, no le importó, los desfiles siempre empezaban tarde. Eso era una muy
mala costumbre ya de todo el país.
Mientras viajaba hacia su destino, él solía escuchar música. Le encantaba la
música rock. Él solía decir que esas canciones rock tenías las más hermosas
letras del mundo, algunas de ellas incluso le inspiraban a crear poemas. En
esas fechas le había agarrado gusto mucho a una canción en especial “Niamh”
de una banda no muy conocida por ahí “Celtian” El ritmo era bastante
pegajoso, una perfecta mezcla de guitarras eléctricas, baterías, flautas y gaitas.
Amaba ese tema, pero no por su ritmo, sino por su letra, era verdaderamente
motivadora e incluso podría decirse que romántica y eso le encantaba a
Alberto. Siempre lo había dicho, la mujer con quien debía casarse debía
gustarle ese tipo de canciones.
Llego al desfile de bastante buen humor, buscó a sus compañeros y para su
buena suerte halló de inmediato a un grupo de señoritas, entre ellas Amelia.
Rápidamente oculto sus nervios y se les acerco.
—Hola —Dijo poniendo una media sonrisa —¿Cómo están? ¿No ha
llegado mi mascota… digo Isaac?
Todas las chicas rieron ante la broma.
—Albert —Saludó Amelia —No, no lo vi, solo nosotras llegamos.
Alberto la vio rápidamente de pies a cabeza. Estaba hermosísima, su traje de
color negro realzaba muy bien sus formas femeninas, era inevitable no verla.
—¿No tienen frío? —Preguntó Alberto al notar que las chicas temblaban.
—Algo… —Respondió una de ellas.
—¡Vamos al sol! —Propuso y ellas lo siguieron, tardaría mucho
todavía en empezar el desfile, definitivamente era una mala costumbre.
Ya en el sol, las chicas se pusieron a hablar de mil cosas, de sus compañeras,
de los docentes, de su anterior semestre. Alberto otra vez sentía que no
encajaba, ese era un mal defecto suyo. Decidió permanecer callado y sacó sus
audífonos. Todavía le obsesionaba la canción de Celtian.
—Me gusta esa canción —Comentó de repente una voz femenina.
Alberto entonces recién percibió que las chicas ya no estaban. Lo habían
dejado solo con ¿Amelia? ¿Le gustaba…?
—¿Te… te gusta la canción? —Preguntó Alberto tratando de ocultar su
asombro.
—Sí, es de Celtian ¿No? Me gusta ese tipo de música.
—¿Rock?
—Sí, es hermoso.
—Tienen las letras más hermosas de todo el mundo.
—¡Exacto!
De repente se había abierto una puerta, la puerta que los separaba entre
conocidos y amigos. Alberto por fin había hallado la llave correcta. Esa
canción era la llave correcta, tal vez por fin podría conocer realmente a
Amelia. Siguieron hablando de diferentes temas, tenían una química única al
hablar. Eso le encantaba a Alberto, con ella se sentía en completa confianza.
—Escribo poesía —Comentó de repente Alberto —Ya sé, es raro que un
chico escriba poemas.
—No —Respondió ella sonriéndole —Me parece una forma linda de
expresar sentimientos, te vi en el coloquio, declamas genial.
Eso dejo sin palabras a Alberto ¿Ella lo había visto? Era increíble, por fin le
servía de algo la poesía.
—Sí me encanta declamar, me gusta ese tipo de arte.
—Por cierto ¿Para quién era el poema?
—Para nadie, era para alguien que jamás me hará caso.
—¿Quién? ¿Está en el curso?
—Puede ser, sí… le he escrito algunos poemas ¿Los podrías leer? Te
los enviaré a la noche.
—Sí con gusto.
—Okey ¡Oh mira ya empezó el desfile! ¡Vamos!
—Espera ayúdame, vine con tacos me es difícil caminar.
—¿Quién te dejo que vengas con tacos?
—¡Qué malo! —Dijo ella y sin preguntar se apoyó en Alberto quien trataba
de disimular con todas sus fuerzas el nerviosismo que sentía. El tacto de
Amelia le causaba sensaciones indescriptibles, propia de tal vez estar
enamorado.
Siguieron hablando y riendo en medio del desfile. Alberto jamás olvidaría ese
día, el día en que la música tal vez le abriría paso hacia un hermoso romance.
8 Días Después de la Ruptura
…Sígueme y los cielos se harán eco de este gran amor. Junto a mí, el sol
siempre brillará. Reinarás en mi corazón. Sígueme y los astros sellarán con
su danza nuestra unión. Tú serás eternidad mientras suene mi canción…
Mientras sonaba la canción que un día le dio felicidad, Alberto intentaba
peinarse. Su cabello seguía siendo tan rebelde como hace algunos meses. Solo
que ahora era un poco más largo y más revoltoso. Quería peinarse, ese día se
llevaría la elección de miss y míster en su universidad. Aunque Alberto no
aprobaba esos concursos de belleza, se le apetecía ir. No por el concurso, sino
por Amelia. Había pasado toda la noche escuchando esa canción. La canción
que le recordaba a su amada “Niamh”.
—¿Y sí la puedo recuperar? —Pensó mientras veía las estrellas a ver sí así le
llegaba el sueño, pero nada funcionaba, ya llevaba toda una semana sin dormir
bien. Todos los días era un completo tormento. Extrañaba demasiado a Amelia
y le era imposible estar tranquilo.
—Pero ¿Y sí puedo recuperarla? —Pensó de nuevo con optimismo, mientras
recordaba la primera vez hicieron clic. Recordó como en ese desfile hablaron,
jugaron y rieron, fue un lindo día, en el que conocieron más del otro. Se
llevaban muy bien, parecía que se conocían de años. Fue un lindo día. ¿Y sí él
podría hacer que se repitiera el mismo día?
Intento llenarse de optimismo y volvió a intentar peinar su cabello. Lo
consiguió, mientras repetía viéndose al espejo “Hoy va a ser un buen día”.
Volvió a ver sus dos trajes ¿Iría con traje? No lo veía adecuado, pero quería
revivir ese día, entonces tomó su saco largo negro que usó ese día y salió de
casa, sonriente, quería recuperarla, no aceptaba que hubieran terminado.
Una vez que tomó el minibús que lo llevaría al concurso pensó:
—Hoy me mostraré activo, sociable, sonriente, propio de esos eventos.
Me acercaré a Amelia como si nada hubiera pasado. Todo va a salir bien
Mientras viajaba puso música, sus canciones favoritas ya eran otras en ese
tiempo. Había descubierto una preciosa balada de otra de sus bandas favoritas
“Débler” se titulaba “Me perderé en tu cuerpo” la canción hablaba de
recuperar un amor perdido, parecía que había sido compuesta precisamente
para que Alberto recuperará a Amelia. Siempre que la escuchaba pensaba en
ella.
—Si logró hablar con ella —Dijo en voz baja para sí mismo —Se la dedico.
Mientras escuchaba la canción su mente le llevaba a imaginar cosas hermosas
que podrían pasar durante el resto del día. Se imaginaba a sí mismo llegando
al coliseo donde se llevaría el concurso. Amelia estaría rondando por ahí, tal
vez ayudando en organizar su carrera, propio de una líder. Se imaginaba
saludándola como de antaño y ella respondiendo con una sonrisa su saludo, se
imaginaba junto a ella después sentados en algún lugar del coliseo viendo el
hermoso espectáculo que habría organizado la universidad. Riendo, jugando,
acariciando su cabello. Evitando a toda costa el tema de la ruptura, como
comenzando de nuevo. Hablarían normalmente como de antaño, después del
evento él le ofrecería ir por un café después. Ahí le diría con calma que la
extrañaba y le haría escuchar la canción. No aguantaría más y le daría un beso.
¡Mucho optimismo para un día posiblemente malo!
Llego al coliseo y había una fila larguísima para entrar. Después de más de mil
protestas y renegar largos minutos, logró entrar. Ahí estaba Amelia, ayudando
en la organización, pero de mal humor, al igual que toda su carrera, les habían
dado un espacio estrecho como para que entre toda la carrera. Alberto intentó
saludarla en más de tres ocasiones, ella lo ignoró, no pudo mostrarse ni activo
ni sonriente. Esperó a que ella se quedará sola por un momento para abordarla,
no lo hizo. Olvidó sus planes de ese día y se colocó los audífonos escuchando
a cada momento la misma canción.
…Me perderé en tu cuerpo y allí me encontraré, pues solo con tus besos el
cielo acaricie. Si tú te vas, mi voz se irá, no volveré a cantar…
Y la voz de Alberto de verdad se iba…
49 Días Antes de la Ruptura
Los canarios le cantan a la mañana y adornan con sus cantos mis
amaneceres. El sol brilla como nunca antes había brillado, existe una que
otra nube que adorna el cielo. Camino lento para disfrutar del suave olor a
lavanda que destilan las mañanas, todo me parece hermoso, propio de estar
sintiendo un torbellino de emociones dentro de mí. Felicidad, nervios,
ansiedad, alegría. Estoy enamorado. Estoy enamorado de la mejor mujer del
mundo a mis ojos. Estoy enamorado de Amelia.
Alberto caminaba pensando en esas palabras. De verdad todo le parecía
hermoso. Todo le parecía que iba marchando bien. Cada mañana al llegar a la
universidad él siempre buscaba entablar una charla con Amelia, charlas que
adoraba tener.
—¡Señorita! —Solía saludarla él con voz clara y fuerte, en un tono que solo
usaba con ella —¿Cómo está? ¿Durmió bien?
Acto seguido solía jugar con su cabello y ella solía sonreír. La molestaba con
el único motivo de hacerla sonreír. Amaba esa sonrisa tan cautivadora.
—Hola Albert —Respondía ella, le encantaba acortar su nombre —Dormí
bien ¿Y tú?
—Bien, creo, no sé me pasé toda la noche escribiendo otra vez.
Ella había leído varios de sus poemas y le encantaban, se lo había dicho en
muchas ocasiones, al igual que le dijera para quién eran todos esos versos.
—Es para alguien muy especial —Respondía él tratando de darle celos.
—¿Para quién? —Exigía ella —¡Dime!
—No es el momento…
Solía imaginarse que un día le diría que todo lo que escribía era para ella. Que
esos versos siempre los inspiraba ella, pero le detenía la reacción que
posiblemente tendría ella. ¿Buena? ¿Mala? No lo iba a saber hasta que algún
día se atreviera, esperaba que un día el valor llegará a su cuerpo y lo hiciera.
Todas las mañanas después del saludo siempre iban acompañadas de algún
juego en el que implicará tomarse de las manos. Esa era la parte favorita del
día de Alberto, enlazar entre sus manos, las manos tan suaves de Amelia. Se
estaba enamorando cada día más. Cada día se le veía más sonriente, más
activo, más participativo, dejaba de ser ese chico callado y poco sociable para
volverse un muchacho muy diferente. Ella lo inspiraba a ser mejor.
Durante todo el día él solía molestarla cariñosamente y a ella le agradaba eso.
Se lo había dicho. Siempre buscaba cualquier forma de acercársele, le
encantaba estar junto a ella. Si hacían algún trabajo en grupo siempre uno
buscaba al otro, hacían una buena pareja.
Al finalizar las clases, se iban juntos, debían tomar el mismo minibús que los
llevaba a la avenida principal de la ciudad. Durante el trayecto hablaban de un
montón de cosas, de sus gustos, historias vividas… Muchas cosas, podían
pasar horas hablando de un mismo tema. Solo a Alberto no le agradaba que
ella a veces hablara de su ex novio. Ella parecía todavía sufrir por ello. Así que
trataba de cambiar de tema de inmediato y la sonrisa en ella volvía
automáticamente. Era feliz con solo ver esa sonrisa.
A veces solía regresar a la universidad para trabajar en el instituto de
investigación. Se había adscrito al proyecto de Violeta, junto con Isaac,
después del viaje a Tiwanaku. Ella era una persona muy agradable y poco a
poco iba convirtiéndose en una muy buena amiga de Alberto.
—¡Hola Violeta! —Solía saludar él cuando llegaba, siempre de buen
humor, le encantaba trabajar con ella —¿Empezamos ya? ¿Isaac ya llegó?
—¡Alberto! —Saludaba ella —Sí empecemos, Isaac se quedó en la U
esperándome.
Solían empezar a trabajar entre los 3, a veces de manera seria, otras de manera
divertida. Realmente era una actividad muy relajante para Alberto. A veces
solía aparecerse el Lic. Salvador siempre con alguna broma. Ese ambiente era
el que le encantaba a Alberto.
Después de salir del instituto solían ir a comer. Otras veces Isaac y él se
quedaban por los pasillos de la carrera, conversando con conocidos o
molestando a alguien. Era divertido, Alberto dejaba de ser serio y acompañaba
a Isaac en cada una de sus locuras.
Ya cuando era tarde Alberto solía retirarse a su casa, Llegaba cansado, pero
siempre con ganas de hablar con Amelia por WhatsApp. Para él era adecuado
el escribir por esa aplicación, le salían las palabras con mayor facilidad.
Algunas veces él le mandaba poemas, ella preguntaba para quién era y él
tecleaba instantáneamente que era para ella, pero jamás presionaba la tecla
enviar. Aunque esa noche decidió mandarle un poema que llevaba en secreto
su nombre.
A Ella
A ella cada noche le dedico un montón de versos
Mi alma entera le entrego
Espero con ansias de ella un te quiero
La deseo con mi alma y mi cuerpo.
¡Vamos mírame!
Aquí estoy peleando por su vida
De su amor yo no tengo salida
A ella es quien honro con poemas y mi vida.
Y Alberto presionó el botón enviar con la esperanza de que note que su
nombre estaba escrito por todo el poema.
60 Días Después de la Ruptura
Los canarios están chillando otra vez y no me dejan dormir. El sol brilla
incandescentemente, hace que las personas se muevan más lentas y
aletargadas de costumbre, a veces se le ocurre llover a esas nubes negras
horrendas. Camino con velocidad para no tener que olfatear el olor horrible a
humo y caucho que dejan los automóviles de la ciudad, todo me parece
horrible, propio de estar sintiendo un torbellino de emociones dentro de mí.
Tristeza, nervios, ansiedad y odio. Estoy enamorado de la mujer que partió mi
corazón. Estoy enamorado de Amelia.
Alberto caminaba pensando en esas palabras, todo había cambiado en esos
meses. De estar muy enamorado, había pasado a estar devastado. Amaba a
Amelia y estaba más que convencido que ella no, ya no. Eso podía
comprobarse tranquilamente con su indiferencia hacia él. Por más que cada
mañana tratará de hablarle, Amelia simplemente hacía que no lo conocía, era
natural, ya no eran nada. Ni siquiera amigos.
Él llegaba a la universidad con pocos ánimos, a veces se cruzaba con ella en el
minibús, ambos se ignoraban. Eso lo ponía de mal humor. Creía que el
encierro en su casa de dos semanas por los conflictos nacionales le habría
ayudado a olvidarla, sucedió todo lo contrario, la amaba más.
Al principio se había convencido a sí mismo de recuperarla otra vez, pero
definitivamente ella no quería saber nada de él. Incluso alguien le había dicho
que ella ya tenía un novio para esas alturas.
Ya no se hablaban en las mañanas y Alberto evitaba a toda costa usar el saludo
de “¡Señorita!” Con alguien. Aun lo tenía reservado para Amelia por si algún
día volverían a hablar.
Él ya no escribía poemas, se estaba dedicando a escribir una novela sobre una
historia de fantasía. Además, ya no tenía a quien escribir. Escribía poco o casi
nada en su diario, ya no hablaba con Ivette, es más, casi ya no hablaba con
nadie, otra vez.
Ya no se buscaban para hacer algún trabajo en grupo, él recurría a su confiable
amigo Isaac y a ella a alguna de sus amigas. Rara vez se hablaban, a ella no le
gustaba cruzar más de dos palabras con él. A él tampoco parecía apetecerle
hablar con ella. Trataba de aparentar que no, era imposible.
Al finalizar las clases él esperaba que ella saliese primero o quedarse hasta
tarde en la universidad, todo con tal de no chocar en el transporte de nuevo. Lo
bueno era que a Violeta le había dado por llegar temprano al instituto de
investigación y solían ir a almorzar juntos. Eso le hacía olvidar por momentos
la ruptura.
—¿Estás bien? —Solía preguntar ella cuando se daba cuenta de que Alberto
no estaba nada bien.
—Sí, algo —Respondía torpemente él —No importa, voy a estar bien, algún
día…
¡Vamos a comer!
Alberto solía fingir una energía que ya no tenía, todo por tratar de aparentar
que nada le estaba pasando. Solo Violeta lo notaba, pero guardaba silencio, no
quería incomodar a Alberto y empezaban a hablar de otras cosas.
Él trabajaba con lentitud en el instituto. Aunque se esforzaba en mantener la
calma, no lo lograba. De repente se ponía triste y serio. El ambiente seguía
siendo igualmente de agradable, pero él estaba tan irritable que no parecía ser
el mismo. Ya no salía tan relajado del instituto.
Ya no apoyaba a Isaac en las bromas de siempre y se iba velozmente a casa.
Escuchaba música triste en el camino. Su favorita era “Jamás” de Rubén
Kelsen el vocalista de su banda favorita, “Débler” pocos conocían esa canción,
tal vez solo él, pero la amaba, le recordaba a su Amelia.
Por las noches se dedicaba de lleno a escribir su novela, pero de vez en cuando
saltaban a la vista guiños a su historia con Amelia. Odiaba eso, pero tampoco
buscaba la forma de cambiar esos guiños.
Ese día se cansó y decidió escribir un poema más para evitar más errores
dentro de su novela.
Sin Ti
He rotulado tu nombre en mi cuaderno
ya es el quinto cuaderno que lleno con mis versos
letras que jamás leerás
y yo sigo aquí, ya no puedo más.
Y nuestros sueños
se harán realidad
y a tu corazón lo alejaré de la soledad
de él yo seré dueño.
Sit down
And watch the show
But first, don't forget me
I bought you flowers
First Act
Two lovers will dance
He loves her more than she
Never existed a us
Second act
He doesn't stop to cry
But he smile yet
She drove him to madness
Third act
It Will Start now
I am cold like december snow
Of your body i will drink all your blood
¡SMILE!
Traducción:
¡Sonríe!
Empezará el acto
¡Sonríe!
Tú rompiste mi corazón
Siéntate
Y mira el espectáculo
Pero, primero no me olvides
Te he comprado flores
Primer acto
Dos enamorados bailarán
Él la ama más que ella
Nunca existió un nosotros
Segundo acto
Él no para de llorar
Pero aún sonríe
Ella lo ha conducido a la locura
Y él sonríe aún
Él sonríe aún
Sonríe aún
Sonríe, ¡Sonríe!
Tercer acto
Empezará ahora
Soy como el frío de diciembre
De tu cuerpo beberé toda tu sangre
¡Sonríe!
28 de enero de 2020
Ivette:
Las cartas de un enamorado siempre llegan
No importa cuánto traten de impedir que un poema no llegue a su destino, eso
será imposible. Un poema tiene mucha fuerza, no es solo un pedazo de papel,
tiene una fuerza única e increíble, más aún si está cargada de amor, un amor
verdadero y puro. Al amor nadie lo puede detener.
He decidido escribir un poemario, contiene poemas para Amelia, ya lo he
decidido desde hace tiempo, voy a recuperarla. Sé que ella es la única
persona que puede hacerme feliz, con la que de verdad construí lindos
recuerdos, recuerdos imborrables y hermosos. Cada recuerdo está lleno de
amor, tal vez por eso no puedo sacarlos de mi mente.
Me he dado cuenta de que el amor tiene una fuerza increíble, es lo más fuerte
que existe sobre la tierra. Te incita a ser mejor, a luchar por lo que quieres o
a quien quieres. Te incita a levantarte todos los días y ser mejor. Te incita a
crear un arte profundo y bello. El amor es lo más fuerte que existe sobre la
tierra, no es el metal, ni las balas, ni el oro. El amor es lo más fuerte.
Yo estoy enamorado, enamorado de Amelia, sé que ella es mi Ivette y sé que
puedo recuperarla. Mi amor por ella es puro, verdadero y sincero. Los
poemas que le escribo están cargados de mucho amor y sé que le llegarán.
Las cartas de un enamorado siempre llegan porque el amor es fuerte y nada,
absolutamente nada lo detendrá.
Estuve leyendo mucho acerca de la primera y segunda guerra mundial.
Cuando los soldados no estaban peleando, se dedicaban a escribir cartas a
sus seres queridos, la mayoría de esas cartas no llegaron o se perdieron, pero
me he dado cuenta de algo. Las cartas que hasta ahora se conservan y que sí
llegaron, fueron las de amor, todavía se pueden leer esas cartas. Por eso es
que he construido la frase de que las cartas de un enamorado siempre llegan.
Estoy más que seguro que todo lo que le escribo a Amelia un día le llegarán y
ella los leerá. No sé cómo ni cuándo le llegarán, pero lo harán porque la amo.
Dentro de unos días declamaré también y lo haré cargado de amor, le
dedicaré mi siguiente presentación y victoria a ella porque la amo demasiado
y ese amor me hará ganar.
Una vez que Alberto termino de escribir, empezó a practicar el poema más
romántico que había escrito. Todo lo hacía por el amor que le tenía a Amelia
Rosas
Tengo bajo el traje tus rosas malditas
dentro de mi pluma tus letras benditas
hojas de ti volando sobre mi cabeza
y en mi mente el ritmo de tus caderas.
Esos ojos de fuego
hacen que ponga mi alma en juego
esa piel canela no deja ver
lo que a mis instintos hace enloquecer.
Ivette:
“Un beso para mí, es una de las máximas expresiones de amor que existe”
Esa frase la construí hace tiempo, cuando escribí mi primera novela. En el
momento en el que el protagonista daba su primer beso. Era un momento
importante en su vida, para ese tiempo aún yo no había dado mi primer beso,
pero imaginaba que igualmente sería importante.
Un beso para mí es una muestra de afecto grande, un momento intimo que
solo las parejas que de verdad se aman se pueden dar. Al momento de darlo
sientes una sensación única. Te sientes en las nubes, te sientes flotar, sientes
que un montón de mariposas flotan en tu estómago, sientes que ves un montón
de fuegos artificiales, te sientes muy feliz.
Mientras escribía mi primera novela recurrí a muchos libros románticos para
tener una base sólida con la que armar mi propia historia romántica y
encontré una hermosa colección de libros. “Los ojos de mi princesa” del
genial escritor Carlos Cuauhtémoc Sánchez. Amé y amo los libros de esa
colección, encontré mucho parecido con mi vida de adolecente con la historia
que ahí se relataba. Incluso esa es una de las razones por las que amo la
poesía y la declamación. Pero hay un detalle que siempre me molesta, es que
el protagonista hizo de todo para conquistar a su amada, pero ella jamás
correspondió a su afecto y sobre todo me molesta el hecho de que nunca se
hayan besado, a pesar de que tuvieron un montón de oportunidades de
hacerlo. ¡Cuatro libros y ni un beso! Leí todos los libros con tal de que en uno
sucediese y no pasó nada. Entonces juré que no me iba a pasar lo mismo a mí,
cuando me enamorará. Que, si tuviera la oportunidad, si me robaría un beso,
que no iba a llegar a viejo lamentándome de no haber probado los labios de
un amor en mi juventud.
Así que hoy ya no aguanté más
Creí que hoy iba a ser un día normal de nuevo (Siempre que creo eso, nunca
es normal jajaja) Empecé a trabajar en el instituto de investigación hoy, fue
divertido y bastante productivo. Participe demasiado en la materia de
aymara, por fin voy mejorando en ese idioma, aunque todo se puso algo
extraño, cuando Amelia me abrazó sin motivo aparente. Creo que desde ahí
mi día dejo de ser normal.
Nos fuimos en un minibús como siempre, excepto que de repente empecé a
sentir una sensación algo extraña, muy parecida a la que sentí en el karaoke.
Esta vez ella estaba muy apegada a mí, mientras coquetamente me
preguntaba, como siempre, para quien eran los poemas.
—¿Para quién es? —Insistió sonriéndome.
—Aún no es tiempo, pero lo sabrás —Respondía en voz baja.
Esta vez sentí más de cerca el suave olor de su pelo, pero aparte podía sentir
el olor de su cuerpo, de su aliento. Eso me enamoraba demasiado. Quería
besarla, de verdad que quería, pero el miedo me invadió en ese momento. No
sabía si quería darle un beso, porque tal vez arruinaría una tan linda amistad
que llevábamos ahora o que tal vez por fin podríamos ser felices como pareja.
Bajamos del minibús sin que nada pasará, traté de convencerme de que lo
haría después con calma, lo haría en un lugar romántico, después de que le
proponga que seamos novios, pero mi corazón fue más poderoso que mi
mente.
—¿Y si vamos por aquí? —Sugerí de pronto, desviándonos de nuestra
habitual ruta, un lugar un poco calmado en esta ciudad caótica. Mi corazón
me decía que debía besarla ese día, que tal vez al día siguiente ya no podría.
No tenía el futuro asegurado, tal vez mañana yo no estaría con vida, nunca
se sabe.
—¿Para quién es? —Volvió a insistir ella sonriéndome. Su sonrisa hacía
que pierda la razón.
—Para una muy hermosa chica, creo que ya lo sabes —Respondí con
voz temblorosa —La conoces mejor que nadie.
—No sé ¡Dime!
—Te lo diré —Dije con voz casi segura de lo que iba a hacer —Le escribí
un pequeño verso Triste mortal, deseando de una princesa sus dulces
labios. Morir no importa y con un beso sello mi fin…
Y la besé.
La detuve por unos segundos y me lancé a sus labios. Tenía que saberlo, tenía
que saber a qué sabían sus labios, tenía que comprobar si de verdad eran tan
dulces como mi mente me decía en las noches y sobre todo tenía que
comprobar si ella de verdad me amaba. Por unos segundos creí que me
apartaría con violencia y se enojaría, no lo hizo. ¡No lo hizo! ¡Le gustaba!
¡Me quería!
—Okey, no debí insistir —Dijo ella una vez que nos separamos,
sonriendo avergonzada.
—Lo siento —Me disculpé de inmediato —Pero ya no pude aguantar más.
—Esto me confunde mucho, lo sabes…
Recordé entonces que seguía confundida por su ex novio. Tal vez lo quería, tal
vez no, pero no me importaba, ya sabía que si quiera ella me quería un
poquito y estaba dispuesto hacer que ese poquito creciera mucho y que ella
llegará a amarme de la misma forma que yo.
—¿Lo pensarás? —Pregunté levantándole el rostro.
—Claro que sí, tal vez podríamos ser felices juntos.
Y eso me dio muchas esperanzas. Podría conquistar su corazón sin miedo, ya
sabía que ella sí me quería. Entonces la volví a besar, sus labios serán una
adicción para mí desde ahora, son más dulces de lo que imaginé.
Volví a casa muy feliz y enamorado, ayudé a mi mamá en todo lo que pude y
preparé una excelente cena. De repente sentí una felicidad inmensa. Me
imaginaba tantas cosas hermosas si seríamos novios oficialmente. Tal vez por
fin podría ser feliz junto al amor de mi vida.
Ahora ni escribir me relaja, solo quiero estar junto a ella, besarla de nuevo,
tomar su mano, jugar con su pelo, recitarle mil versos. Quiero estar con ella.
Quiero un beso más.
La amo, ahora estoy más que seguro. La amo, todo me parece más hermoso si
estoy pensando en ella. Si pienso en ella todo es mejor. Me la he pasado
escuchando música romántica y escribiendo versos bien estructurados y
hermosos. Su amor me llena de una felicidad y fuerza única. Quisiera que esto
dure para siempre, quisiera que esos labios solo sean para mí. Quisiera un
para siempre verdadero.
¡Voy a conquistarla! ¡Voy a conquistar sus labios! ¡Voy por un beso más!
120 Días Después de la Ruptura
—Disculpe ¿Se siente bien? —Preguntó de nuevo una joven que ayudaba
en la organización del concurso.
—Sí —Respondió un desconcentrado Alberto —Disculpa ¿Puedes
conseguirme un delineador y labial negros?
—Sí, por supuesto.
—Gracias.
Alberto ya lo había decidido, no iba a declamar un poema romántico. En
cuanto llegará a su casa iba a volver a quemar sus cuadernos de poemas
definitivamente. El amor no existía, no tenía por qué seguir escribiendo esos
tontos y absurdos versos románticos. De hecho, iba a cambiar radicalmente,
ya no pensaba seguir fantaseando con un amor inexistente idealizado. Iba a
vivir el momento, iba a empezar a salir con cualquier chica que se le cruzará
en su camino. Sí, eso iba a hacer.
—Aquí tiene el delineador, señor —Dijo la joven regresando con lo
solicitado en las manos.
—Muchas gracias —Respondió Alberto de manera tosca —Un último favor
¿Podrías cambiar el nombre de mi poema? Se equivocaron.
—Sí, claro ¿Qué nombre es?
—El poema se llama “Rosas” Cámbialo, por favor, por “Navajas en
la venganza”.
—Ya lo tengo anotado, es el número 5 ¿Cierto?
—Sí, gracias linda.
¿Qué estaba haciendo? ¿De verdad iba a cambiar un poema que había
ensayado durante toda la semana por un poema que recién se le había
ocurrido?
—Igual puedo ganar —Dijo Alberto viéndose al espejo, mientras empezaba a
aplicarse un poco de labial negro —Con un poema romántico y un corazón
roto voy a perder ¡JA!
Alberto trataba de fingir estar bien y no lo estaba. No después de lo que había
visto el día anterior. En ese momento de verdad hubiera deseado ser ciego. No
entendía porque le afectaba tanto, él y Amelia habían terminado hace tiempo,
ella podía salir con quien quisiera. Eso no debería afectarle a menos que él
siguiera enamorado y en efecto, lo estaba.
El día anterior al concurso Alberto se encontraba más que listo para declamar,
había ensayado como loco para dulcificar su voz, que sus movimientos sean
más naturales y elegantes. Había comprado un traje negro usado pero antiguo,
quería verse como un caballero de antaño. Se había esforzado igual que días
antes de que Amelia rompiera con él. Quería ganar ese concurso y si era
posible dedicar el triunfo a su amada. Hasta que vio lo que lo desmoralizo.
Se encontraba caminando feliz en una de las calles más concurridas de la
ciudad, buscaba comprar un ramo de rosas artificiales, pensaba en cómo le
gustaría entregarle esas flores a su querida Amelia, pensaba en su rostro de
sorpresa y felicidad. De verdad quería recuperarla y que todo vuelva a ser
como era antes.
Mientras caminaba sonriente buscando el ramo vio a Amelia, se puso
nervioso, pero rápidamente pensó en hablarle y tratar de sacarle conversación,
hasta que un tipo mucho más guapo y alto que Alberto apareció con ella y la
tomó de la mano.
Sabía que no debía hacerlo, pero los siguió, con cuidado sin que lo
descubrieran. Mejor hubiera sido no seguirlos, pero tenía que terminar de
destruir su corazón de poeta enamorado. La vio colgarse en su cuello como lo
hacía con él y lo besó.
Alberto rápidamente huyó de la escena y ya no busco el ramo de flores. Se
dirigió a una cafetería y ordeno una taza de café. Trató de controlarse, pero las
lágrimas simplemente le salieron. La había perdido, debía aceptarlo, la había
perdido para siempre tal vez. Trató de escribir en su diario y solo logró
conectar unas palabras de forma incoherente.
—Un número más y usted sale —Le dijo de nuevo la joven —¿Entendido?
—Sí, ya casi estoy listo —Mintió Alberto, no lo estaba, los recuerdos del día
anterior seguían viniendo una y otra vez a su mente, hacían que su mano
tiemble igual que en el concurso de poesía departamental. Esa no era una
buena señal, sus ojos otra vez estaban mal delineados al igual que sus labios.
Trató de arreglarlo, sus manos no dejaban de temblar, se resignó a dejarlo así.
Tenía unos segundos más para tratar de componer los versos de un poema
inexistente. No lo logró y salió a escena.
Vio que había un montón de declamadores en la sala, a algunos los conocía a
otros no. Incluso vio a algunos de sus maestros que competirían con él. Eso lo
intimidó más, pero lo que más le desmoralizo fue ver la silla que había
reservado para su amiga Victoria. No había llegado. Estaba completamente
solo. Su cadera empezó a molestarle en ese instante, el tiempo parecía que
había dado un salto atrás y de nuevo era el Alberto tímido y cauteloso de
antes.
Empezó con voz casi inaudible, presentándose como el Príncipe
Endemoniado, su cadera le molestó más y fingió que su poema empezaba en
el suelo. Repitió algunos versos y se calló en muchas ocasiones, no podía
concentrarse. Su mente solo le hacía recordar el beso de Amelia. Su
presentación pasaría al olvido, había hecho el ridículo de nuevo. Tenía miedo
de nuevo.
—¡Maldita sea! —Dijo al terminar de declamar y escapó rápido del recinto,
no quería ver quién le había ganado.
Una vez que salió del lugar empezó a llorar nuevamente, ya ni sabía que le
dolía más, si el beso, el ridículo que había hecho, la ausencia de Victoria.
Todo le dolía.
27 Días Antes de la Ruptura
Hacía frío, como siempre en esa ciudad, al parecer siempre era invierno en esa
ciudad. Ese ambiente le agradaba mucho a Alberto y más en esos días, en el
que estaba tan enamorado y tan feliz. El ambiente frío le daba un hermoso
toque a sus días.
Esperaba pacientemente a que Amelia llegará, se habían citado para hablar
acerca de su situación. Alberto esperaba que ella le diera un sí definitivo, eso
lo haría muy feliz. Si eso pasaba ya lo había decidido iba a hacer que ese sí
dure por mucho tiempo, tal vez en que dure para siempre.
—Señorita Amelia —Dijo con voz dulzona en cuanto la vio llegar —¿Cómo
estás?
—Hola Albert —Respondió ella algo desganada —¿Vamos a la U? Ahí
hablaremos.
—Podríamos ir por un café —Sugirió Alberto mientras buscaban un minibús
que los llevará a la universidad —Hace algo de frío…
—Me encantaría, vamos.
Ambos subieron al minibús que los llevaría. Amelia evitó mirarlo, Alberto
rápidamente percibió que ella no estaba bien.
—¿Qué tienes? —Preguntó Alberto tomando su mano.
—Me siento triste —Respondió ella correspondiendo la caricia —Y
confundida.
—¿Por qué? ¿Qué pasó?
—Solo abrázame ¿Sí?
Alberto obedeció de inmediato. Amelia se acurrucó de inmediato a Alberto y
una lágrima se le escapó, Alberto la limpió de inmediato, no quería seguir
indagando en los problemas que ella tenía. A veces las palabras no alcanzaban
y la abrazó más fuerte.
—Todo va estar bien —Comentó Alberto —Las cosas malas siempre pasan.
Amelia siguió guardando silencio y sonrío un poco ante ese comentario.
Busco la mano de Alberto de inmediato y la tomo con fuerza. Poco a poco iba
recobrando la alegría que siempre la caracterizaba.
Bajaron del minibús y ella estaba sonriendo de nuevo. Eso alegró mucho a
Alberto. De pronto empezó a nevar con mucha intensidad, era un espectáculo
bellísimo.
—¿Te sientes mejor? —Preguntó Alberto ya sonriéndole.
—Sí —Respondió ella —Voy a estar bien.
—¿Vamos por un café? Tenemos que hablar, lo sabes.
—Está bien, conozco una cafetería.
—Perfecto ¡Vamos!
Mientras caminaban la nevada se intensifico. Caían copos grandes como
nunca nadie había visto. Esa clase de copos de nieve solo Alberto los había
visto una vez en una de sus películas favoritas. No creía que podían ser reales.
De repente vio el cabello de Amelia cubierta por esos copos ¡Se veía hermosa!
Parecía que cada uno de ellos la había adornado.
—Me gusta mucho este clima —Comentó Amelia mientras miraba a Alberto.
—A mí también —Respondió Alberto, quiso añadir que se veía hermosa,
pero de nuevo sentía ese miedo de antes y no dijo nada.
Siguieron buscando alguna cafetería que estuviera abierta, pero ninguna lo
estaba. Era temprano, muy temprano para que alguna estuviera abierta. La
nieve que parecía hermosa empezó a parecer terrible en cuanto empezaron a
sentir como traspasaba sus abrigos. Resolvieron entrar a la universidad a
esperar que alguna cafetería abriera. Ese día no pasarían clases, su carrera
estaba llevando una autoevaluación y se daría el informe de esa
autoevaluación algunas horas después.
—¡Ven conmigo! —Dijo Amelia mientras empezaba a subir con prisa
hacia el último piso de la universidad.
—Espera ¿A dónde quieres ir? ¿A la radio? Nos mojaremos más.
—¡Vamos!
Alberto le siguió el juego a Amelia, amaba esa locura espontánea que
demostraba a veces. Subió de prisa hacia el piso en el que se ubicaba la radio,
se encontraba en la azotea de la universidad. Ahí estarían completamente
desprotegidos de la intensa nieve que caía. Llegaron, era la primera vez que
Alberto estaba allí, no conocía la radio de su universidad, pero siempre que
podía escuchaba la radio, en especial el programa que tenía su carrera. “Yes,
Jisa, Ari” Así se llamaba y le parecía un programa espectacular, lo había
recomendado con todos sus conocidos y también coincidían que era un
excelente programa, solían tocar temas de la sociedad y generalmente de la
cultura aymara a la cual Alberto le tenía mucho aprecio. Sabía que ese
programa era escuchado por los comentarios de mucha gente que conocía a su
alrededor. Su sueño más grande era que a él también lo escucharán así en
alguna radio, su sueño era ser escuchado por miles y la radio sería una buena
forma de lograrlo.
—Me gustaría estar en la radio —Comentó Alberto mientras
contemplaba el panorama.
—Me gustaría escucharte —Dijo Amelia —Ven conmigo, me gusta mucho la
vista desde aquí.
Amelia se echó a correr hacia un costado de la azotea. Alberto la siguió,
intentando alcanzarla, entre juegos y risas. Amelia se veía más feliz que de
costumbre, era extraño, pero no importaba.
—Sí, todo se ve diferente desde aquí —Comentó Alberto viendo toda la
universidad desde ahí, realmente era un trabajo espectacular del arquitecto que
la había diseñado.
—Te lo dije —Dijo Amelia, quien se apoyó en Alberto tiernamente.
Alberto no lo resistió más y se dirigió a sus labios, pero esta vez apenas ella
sintió el roce de sus labios, se separó de inmediato.
—No —Dijo ella bajando la mirada —Te haré daño.
—No lo harás —Respondió él —Tú nunca me lastimarías.
—Sí lo haría —Dijo ella sonriéndole y lo tomó de las manos —Todavía
no me conoces del todo.
—Lo que siento es verdadero…
—Lo sé —Dijo ella y empezó a dar vueltas con él.
Tomados de las manos jugaban como dos niños en medio de la nieve. Ella se
veía hermosa y Alberto no entendía muy bien que le pasaba ¿Por qué a ratos
demostraba que lo quería y otras no? Todo era tan confuso para él, pero no le
importaba, estaba convencido de que ella lo quería, aunque sea un poco.
—¡Oye, nos podemos caer! —Advirtió Alberto mientras daba vueltas con
ella en medio de risas.
—No importa —Respondió ella igualmente riendo, fue la primera vez que la
escuchó reír tan fuerte ¿Era feliz? O ¿Qué trataba de ocultar bajo su sonrisa?
Entonces lo supo cuando su sonrisa tan luminosa empezó a desaparecer y se
convirtió en llanto.
—Lo lamento —Dijo Amelia en medio de sollozos —Es que todo es tan
confuso.
—Tranquila —Dijo él abrazándola fuertemente —Sabes que siempre
podrás confiar en mí, te quiero.
—Lo sé y yo también te quiero y no quiero lastimarte.
—¿Qué pasó?
—Hablé con él ayer y peleamos, no sé estoy muy confundida, quiero
estar contigo, pero no quiero hacerte daño.
—No me harías daño ¿Me quieres?
—Sí, por eso no…
Alberto la besó de repente, eso era suficiente para él, que lo quisiera. Él ya se
encargaría de hacer que ese te quiero crezca mucho, estaba convencido de que
él podría hacerlo.
—Sí te quiero —Dijo Amelia separándose un poco.
—Seríamos una buena pareja, lo sabes ¿No?
Amelia esta vez lo besó y los temores de Alberto se iban borrando de a poco.
Haría todo lo necesario con tal de que ella llegará a amarlo, como él la amaba.
Él podría lograrlo.
122 Días Después de la Ruptura
—No iremos en teleférico ¿verdad? —Preguntó Alberto, mientras se
acomodaba su chaqueta de cuero.
—Tomaremos el teleférico —Respondió su padre —Ir en auto nos llevará
como dos horas.
—Mamá ¿No te opondrás a eso? —Volvió a preguntar Alberto, sabiendo que
a su madre le asustaba viajar en teleférico, porque temía a las alturas y al
viento.
—No —Respondió ella —No hay otra forma de llegar.
—¡Demonios! —Protestó Alberto en voz baja, empezaba a detestar subirse
un teleférico. Tenía malos recuerdos en él, la vez que Amelia y él se pelearon,
la vez que terminaron, los almuerzos, charlas hasta tarde con Victoria y ahora
se sumaba la derrota que sufrió en el pasado concurso de declamación.
Se resignó a que sí abordaría una de las cabinas del teleférico. Lo detestaba,
pero decidió no decir nada, raras veces se realizaba una fiesta en su tan grande
familia y raras veces convivían entre ellos. Aunque eso hacía que las
reuniones de su familia fueran geniales, después de años se re encontraban y
todos tenían un montón de anécdotas que contar. Alberto tenía muchos
familiares que habían sido exitosos, su mamá siempre los usaba de ejemplo.
Esperaba con todas sus fuerzas que también él entrará a esa lista de familiares
que habían triunfado. Se imaginaba a otras familias hablando de él. Alberto es
un gran escritor y poeta, tiene varios concursos ganados y libros publicados.
Trabajaba en la radio, fue actor de teatro, hizo un montón de cosas mientras
era joven y ahora vive tranquilo como un gato gordo en su departamento.
Cuanto daría Alberto por escuchar esas cosas de él, pero para lograrlo debía
esforzarse y debía esforzarse mucho.
—Sí, quisiera que digan eso —Dijo él viéndose al espejo, peinándose
meticulosamente —Pero no soy buen escritor, ni buen poeta, me hicieron
polvo en el concurso y ni siquiera he podido recuperar a Amelia.
Ese era uno de sus peores defectos, solía valorarse poco a ratos y tenía una
baja autoestima, estaba más afectado por haber hecho el ridículo en el
concurso. Sabía que podía ganar, pero su tonto corazón enamorado y dolido le
llevó a fracasar. Jamás se lo perdonaría.
Salieron y Alberto fue en silencio, no se le apetecía mucho hablar con su
familia en esos momentos. Solo habló para hacer la compra de los tickets para
el teleférico. Recordó un montón de cosas mientras hacía fila para comprarlos,
tenía muchos recuerdos en todas las estaciones del teleférico, eran una mezcla
de buenos y malos recuerdos, pero su mente solo se concentraba en los malos.
Abordaron las cabinas, después de que comprará los tickets. Su mente se
empeñaba en solo recordarle todas las malas cosas que le pasaban. Sobre
todo, el día en que Amelia termino con él. Ese recuerdo sería imborrable para
siempre.
Llegaron a la fiesta, se trataba de la celebración del cumpleaños de la hija de
un primo suyo al que pocas veces veía, solo sabía que era médico y un gran
médico, estaba dentro de la lista de personas exitosas en la familia. Por regalo
su madre había tejido un precioso abrigo para la niña.
Alberto saludó a algunos de sus primos y tíos, pero después se mantuvo
callado. La verdad no quería estar allí, quería estar en casa, escribiendo un
poco, tal vez algunos cuentos ayudarían a calmar un poco su tristeza y
decepción. Lo bueno era el servicio que tenían de comida, a cada rato les
traían bocaditos, eso lo animo un poco. La comida siempre lo animaba.
Incluso le pareció gracioso el acto que realizó un payaso poco carismático en
la fiesta. Imaginaba que tal vez a Isaac le gustaría estar ahí por la comida y
que él haría mejor de payaso. Lo extrañaba, también extrañaba a Violeta y
extrañaba a todos sus amigos de la universidad, más que extrañarlos los
necesitaba, necesitaba sus palabras de aliento.
—Ajá, Alberto es muy bueno declamando y se la pasa escribiendo por horas
y horas.
—¡Pero eso es sorprendente!
De repente Alberto agudizó un poco mejor su oído, la música no le dejaba
escuchar nada de lo que se conversaba a los alrededores, su madre se
encontraba hablando con otro primo suyo. Él estaba en la lista número uno de
familiares exitosos, era un ingeniero bastante hábil, cuando iba en cuarto año
de la universidad ya había conseguido empleo en el mejor banco de Bolivia,
había hecho varios diplomados y hasta ya tenía su doctorado, el cual había
hecho en una universidad bastante prestigiosa del extranjero. Alberto lo
admiraba y esperaba algún día ser como él.
—¿Sabe tía? —Dijo su primo —A mí me costó mucho terminar mi tesis,
todavía no puedo creer que haya gente que escriba por gusto
—A mi Alberto le encanta escribir y también era actor, actúo en los
mejores teatros de Bolivia.
—¡Oh! A mí me da miedo salir al frente, me ofrecieron dictar clases en la
universidad en la que hice mi tesis doctoral, pero por ese miedo, lo
rechacé.
—A Alberto no, él tiene un montón de reconocimientos en casa.
—Si ese muchacho sigue así, va a ser muy grande o ya es grande. Tía por
favor dígale que me enseñé como perder ese miedo y felicítelo de mi parte.
Y gran parte de la fiesta su madre se la pasó hablando de su hijo. Alberto
amaba mucho a su mamá, ella siempre lo hacía ver como un buen chico y
varios de sus tíos, primos y otros parientes, siempre lo felicitaban, esa noche
no fue la excepción. ¿Era bueno? ¿Podía acaso entrar a esa lista privilegiada?
Si se esforzaba un poco más, estaba seguro que sí. Él también quería ser un
orgullo para la familia.
De pronto su celular sonó, era un mensaje de Victoria.
—Hola caballero —Decía el mensaje —En serio, lamento haber llegado
tarde ese día, tuve complicaciones, pero vendré este viernes ¿Sí? Una vez
más perdóname.
—Hola —Respondió extrañado Alberto —¿Qué hay el viernes?
—El concurso, se reprogramo después de que ocurriera un apagón de luces y
no pudieran continuar.
—¿Se reprogramo? ¿Para este viernes?
—Sí, vendré, una vez que ganes iremos a celebrar.
Alberto sonrío enormemente. ¡Qué suerte! Todavía podía demostrar que él era
bueno. Podía demostrar que él también era un orgullo. El resto de la fiesta se
la pasó saludando con efusividad a todos y dialogando mucho.
Realmente quería a su familia.
26 Días Antes de la Ruptura
7 de septiembre de 2019
Ivette:
Se acabó. Amelia no eres tú, lo lamento.
¿Quieres saber qué pasó? Okey, sí te lo diré. Todo pasó ayer. De verdad
pensé que íbamos bien, la besé en la radio y fue genial, me besó como nunca
nadie me había besado hasta ahora. Me prometió que pensaría en mi
propuesta de ser algo más que amigos. Sé que ella aceptaría si no fuera
porque yo siempre llego tarde al amor.
Sí, creo que sabes de qué estoy hablando. Siempre he llegado tarde a la vida
de alguien. ¿Recuerdas a Nataly? Era tan dulce, tan tierna, tan bonita, le
conocí en la escuela de teatro. Nos llevábamos muy bien, fue un momento
hermoso en mi vida, fue la primera persona a la que le importé mucho, me
enamoré por primera vez en mi vida, pero ella ya tenía un novio. Un día ella
me confesó que, si llegaba antes a su vida, unos meses antes de que ella
empezará con él, tal vez yo habría sido el afortunado de ser su novio y no es
la primera vez que pasa ¿Roxana? Excelente líder y muy buena, conoces la
historia… Me levanté un día bastante tarde (Con lo madrugador que soy).
Asistí a un evento de liderazgo para jóvenes, en el que solo había niños y
entonces apareció ella. Una chica excepcional, bastante activa, me llamó la
atención de inmediato y coincidimos de forma increíble. Incluso de verdad
llegué a creer que la conocía de otra vida, por eso nos llevábamos tan bien.
Me enamoré perdidamente de ella y aunque logré estar con ella, no duró
mucho ¿Sabes por qué? Hace unos días ella me confesó que, si la conocía
un poco antes, cuando ella estaba bien emocionalmente, habríamos sido
muy felices. ¿Lo ves? Siempre llego tarde…
Con Amelia no ha sido la excepción, ella parece que sigue enamorada de su
ex novio, pero al mismo tiempo de mí, ya me lo ha demostrado, pero de
verdad quisiera que solo tuviera ojos para mí. He fantaseado con estar con
ella todo el año. Por fin sé a qué saben sus labios y quiero que esos labios
solo sean para mí, pero cada hora que pasa ese deseo parece irse tornando
imposible y solo me dan ganas de llorar.
Ayer, después del beso en la radio, esperamos al informe de la autoevaluación
mientras tomábamos café, fue agradable, muy agradable. Estuvimos tomados
de las manos hablando de cosas sin sentido como una pareja, jugué con su
pelo, la besé de nuevo, ella me besó, la amo…
En el informe todo estuvo genial, sé que mi carrera es buena, estará entre las
mejores carreras que tiene mi universidad. Estuvimos riendo mucho con
Isaac, no quiero decirle todo lo que pasó con Amelia aún. Amelia me lo pidió,
que nadie se enterará de lo nuestro y la entiendo. Sé que todos nos
molestarán, odio que las personas se metan en algo que no les corresponde y
eso tal vez podría acabar con el amor que tenemos (o teníamos).
Acabó el informe y me fui junto a Amelia, pero ella había tomado una
decisión ya. Qué rápido ¿No? Pero la entiendo, me dijo con todo el afecto del
mundo que no, me miro con ojos tristes y me dijo que no estaría conmigo. Su
corazón estaba confundido y no quería lastimarme. Vi sus ojos y decía la
verdad, no quería lastimarme, no pare de llorar en toda la tarde después.
Ahora en la mañana, no fui a pasar auxiliaturas, Amelia se preocupó por mí,
me mandó muchos mensajes, ella es tan buena conmigo. Es una lástima que
no podamos estar juntos porque yo llegué tarde a su vida.
Ya que no fui a la universidad, uno de mis tíos, me llevó a pasear a una parte
hermosa de la ciudad. Para llegar se debe tomar el teleférico amarillo y verde
y después dar un montón de vueltas, por calles que, para mí, son muy
hermosas. Luego llegamos a un lugar muy relajado, pero no podía dejar de
pensar en ella, me imaginaba paseando con mi Amelia por esas calles. Odio
haber llegado tarde a su vida.
Escribir no me relaja, pero he intentado componer algunos versos para ella.
Esto duele…
Recuerda Y Acuerda
Ya no vivo
simplemente ahora sobrevivo
jamás pronunciaré tal verdad
simplemente vivo en maldad.
Recuerda y Acuérdate
de quien quiso nombrarte princesa
y ni el título de príncipe se ganó
acuérdate de quien más te amo.
Recuerda y acuérdate
de quien quiso escribirte mil y un versos
y hasta escribir olvido
olvida que quise adornarte.
Recuerda y acuerda…
23 Días Antes de la Ruptura
Alberto se encontraba sentado en uno de los asientos de su clase, en silencio,
sin atender al docente. Se seguía sintiendo profundamente triste por el no que
le había dado Amelia. ¿Por qué siempre pasaba algo así cuando él se
enamoraba? ¿Por qué siempre llegaba tarde?
—Alberto voy al centro de estudiantes —Comentó Isaac de repente —¿Vienes?
—No —Respondió Alberto, dándose cuenta, recién, de que las primeras
clases habían acabado —Ve tú, voy a quedarme aquí.
—¿Seguro? El lice tardará en llegar.
—Lo sé, pero igual voy a escribir un ratito.
—Bueno.
Alberto sacó su cuaderno de poema y empezó a escribir un poco. Los últimos
días había decidido que empezaría a escribir una novela. Le encantaba las
novelas de fantasía y sobre todo de nuevo le había empezado a gustar el
género de superhéroes, esperaba hacer algo con ello. Ya no quería escribir más
novelas románticas en mucho tiempo. Empezó a bosquejar breves conceptos
de su historia. ¿Escribir sobre un héroe? Ya había demasiados héroes ¿Un
villano? Eso sonaba atractivo, tenía a un perfecto villano en mente, llamado
Edward Cries. Edward era un radialista, al que le habían jugado muchas
bromas, lo había perdido todo de la noche a la mañana, por culpa de malos
gobernantes que causaron la destrucción de su ciudad y por eso había
enloquecido, aceptando la ayuda de un demonio para vengarse. ¿Sería una
buena historia? No lo sabría hasta que la escribiera.
—Hola Albert —Saludó de repente Amelia —¿Qué estás haciendo?
—Escribo un poco —Respondió Alberto poniéndose nervioso —Me relaja.
—Lo sé —Dijo ella mientras buscaba de forma cariñosa la mano de
Alberto —Perdóname por lo que pasó el otro día.
—No te preocupes, no pasó nada, espero que todo pueda volver a ser
como antes.
—Sabes que nada volverá a ser como antes.
—¿De qué estás hablando?
—Tú y yo tenemos que hablar, de nuevo, esta vez bien…
—¿Hablar?
—Sí… si sigue en pie tu propuesta.
—¡Sí! ¡Claro! ¿Tomaste una decisión?
—Así es.
—¿Qué decidiste?
—Te lo diré después, no te preocupes, todo está bien.
De repente las esperanzas volvían a Alberto ¿Y si le decía sí? Todavía
anhelaba eso, sería un sueño hecho realidad. Si le daba el sí, se esforzaría de
verdad porque ese sí dure toda la vida. La amaba, estaba convencido de eso.
Que importaba ya su ex novio, él podría conquistarla, Alberto podría hacer
que ese sí, dure para siempre.
Las clases transcurrieron con bastante rapidez para Alberto y al salir se fue
con Amelia. Esperaba con ansias que le diga su respuesta definitiva.
—¿Lo pensaste bien? —Preguntó Alberto.
—Lo pensé mucho todos estos días —Respondió Amelia sonriéndole.
—¿Y qué decidiste?
Ella lo miró a los ojos con firmeza, Alberto sabía muy bien que ella no podría
mentirle de esa forma y se lo dijo.
—Alberto, he pensado mucho en lo que me propusiste y mi respuesta es sí. No
sé cuánto pueda durar esto, pero no quiero dejar pasar esta oportunidad que me
da la vida para ser feliz contigo
—¿Sí? —Preguntó Alberto incrédulo aún —¿De verdad?
—Sí Albert.
Alberto la abrazo fuertemente. Lo había logrado, por fin lo había logrado.
Tenía a la mujer de sus sueños, por fin. Su sueño por fin se había hecho
realidad y no podía sentirse más feliz por eso.
Entonces Alberto recién lo recordó. Hace bastante tiempo cuando él todavía
era actor, le habían regalado dos anillos idénticos, para usarlos en pareja, se
los había dado un maestro suyo, bajo la promesa que solo los usaría con la que
él consideraría la mujer de su vida.
—Este es mi anillo más importante —Comentó Alberto mientras se sacaba
el anillo de la mano izquierda, solía usarlo casi siempre —Quiero que lo
tengas, me hicieron prometer que solo lo usaría con la mujer perfecta. Tú
eres la mujer perfecta para mí.
—Gracias —Respondió ella de forma muy tierna, mientras lo
abrazaba Alberto haría lo que sea con tal de que ese amor dure para
siempre.
48 Días Después de la Ruptura
19 de noviembre de 2019
Ivette:
Tengo suerte de estar vivo. De verdad tengo mucha suerte, casi muero hoy,
no, morir no, casi me matan hoy.
Tengo las piernas entumecidas todavía de tanto correr. Los hombros me
duelen demasiado y todavía todo me sabe a caucho, pero necesito escribir, no
puedo dormir. Ya casi será media noche y he dormido entre cortado.
Estos días están siendo terribles, hay movilizaciones por todas partes. La
renuncia del presidente ha causado un verdadero caos en Bolivia. No hemos
salido de casa desde que renunció, todo se siente diferente, no pensé de
verdad que esto llegaría a tanto. Quieres escuchar lo que pasó ¿No?
Bien, en la mañana salí de casa bajo un sol radiante. En casa se estaban
acabando los alimentos y una tía mía nos dijo que nos regalaría habas y
papas. Lo malo es que su casa queda muy lejos de la mía y con los conflictos
no hay caso transportarse, me ofrecí como voluntario para ir por los
alimentos. Sería una caminata de dos a tres horas, no importaba sabes que me
gusta caminar. Antes de salir mi mamá y yo estábamos en la cocina,
desayunaríamos con habas, no había pan. Justamente me comentó algo muy
extraño al ver que dos habas no habían remojado lo suficiente:
—Estas habas son las que tu tatarabuelo se llevaba a la guerra, decían
que eran amuletos de la suerte.
Inconscientemente me los eché al bolsillo, creo que sabía que iba a pasar.
Desayuné temprano y salí rápidamente, era temprano. No encontré por
ningún lugar un automóvil que me acortará la caminata. No me importó,
caminé feliz. Toda la avenida principal estaba bloqueada, no era la primera
que vez que la veía así, pero ahora sentí algo extraño en mi interior, como si
algo malo estuviese por suceder.
Caminé por dos horas, hice un tiempo record creo. Llegué a casa de mi tía,
ahí ella me invitó un mate y descansé por un rato. Antes de regresar a casa,
no solo me dio papá y habas, me dio quinua y algunas verduras que ya no
cabían en mi mochila. No importaba, las llevaría, nos hacía mucha falta.
Al regresar me puse mis audífonos e hice un playlist en mi celular para
escuchar mis canciones favoritas al regresar a casa. La música siempre
ayuda a hacer un viaje más corto. Esta vez para mi buena suerte, sí hallé un
minibús que me acercaría un poco a casa, pero no logramos llegar.
Mientras íbamos a medio camino, vimos uno de esos camiones del ejército,
detrás de ellos iba un camión con garrafas de gas domiciliario. Desde ahí
supe que algo iba mal. Los protestantes tenían bloqueada la planta de gas
para a ver si así el gobierno les hacía caso. Me sorprendía un poco la actitud
del gobierno actual, se suponía que nos habían librado de una “dictadura” y
que ahora vivíamos en “democracia”. Según tengo entendido democracia, al
menos para mí, es escuchar al otro, respetar su opinión y tratar de llegar a un
acuerdo en el que todos salgan beneficiados. Si era democracia ¿Por qué no
los escuchaban? ¿Qué les costaba dialogar? Además, nuestra presidenta,
interina, dijo que empezaría un proceso de pacificación y lo que vi hoy, para
mí no es pacificación…
El chofer del minibús nos dejó a media carretera al ver a los militares. Baje
tranquilo, no podía pasar nada. Vivíamos en democracia y paz después de
todo ¿No? Varios de los protestantes empezaron a gritar de rabia en contra
de militares y policías (Han habido muchos disturbios, conflictos y heridos en
esta ciudad y hay muchas personas que culpan a la policía por eso) y no
entiendo porque uno de ellos lanzó una granada de gas lacrimógeno en frente
mío, yo ni siquiera era manifestante, no tenía sentido reprimirlos ya tenían el
gas, para mí que simplemente era rabia contenida de la policía, si a eso se le
puede decir policía todavía… pero claro en las noticias en la noche los
policías dijeron que habían sido atacados con piedras, palos y que incluso les
habían disparado. Yo estuve ahí, no fue así. Todavía se atrevieron a mentir
diciendo que de los militares no había salido ni una bala y que se auto
dispararon. Yo no intenté auto matarme. Incluso se atrevieron a decir que
eran terroristas y que harían volar la planta de gas, ¿Quién es tan estúpido
para creer semejante tontería? ¡Yo no soy ningún terrorista!
Recuerdo que cuando este gobierno asumió el poder dijo que la biblia había
entrado al palacio de nuevo, que su lucha contra la “dictadura” era
encomendada por Dios. Pues yo ya no creo en un dios que sea tan malvado y
cruel, que permita matar con tal de que ver a su biblia y cruz en un altar…
Comenzó un enfrentamiento brutal en ese lugar y yo corrí por mi vida, los
militares rápidamente tomaron posiciones en los techos de las casas y
dispararon contra el que estuviese corriendo. Había varias personas que
como yo no tenían nada que ver con el conflicto y justamente fueron esas
personas las que murieron, siempre es así, cosas malas pasan a gente buena.
Corrí lo más que pude por lo menos por una ahora, hasta que me alejé de los
militares y manifestantes. Increíble ¿No? Yo que hago poco ejercicio y que
tengo una cadera mala, corriendo por una hora. El instinto de supervivencia y
el miedo ayudaron…
Me metí por caminos que no conocía, todo con tal de alejarme de las balas.
Justo cuando creí que ya me había alejado del peligro, aparecieron
helicópteros del ejército. Me resigné, si disparaban desde el cielo, no habría
donde huir.
Me coloqué los audífonos que se me habían caído de las orejas e hice sonar el
reproductor. Tocó “Desde el cielo” de la que se había convertido en mi
banda favorita “Zero3iete” Y caminé lentamente, ya no me quedaban fuerzas
para correr. Si iba a morir, quería morir escuchando buena música.
Cuando estás por morir piensas en todo, desde lo más importante, hasta lo
menos importante. Pensé en mamá, en cómo tomaría la noticia de que a su
hijo lo mataron. Pensaba en Cesar, mi perro, seguramente siempre me
esperaría en la puerta de la casa moviendo su colita, no entendería que yo no
iba a llegar. Pensaba en mi hermana menor, en las pocas veces que le dije te
quiero. Pensaba en Isaac, habíamos hecho muchos planes y no los íbamos a
cumplir. Pensaba en Violeta, jamás le agradecí en todo lo que hizo por mí
hasta pensaba en porque no había tomado una ducha antes de salir. Pero en
lo que más pensaba era en Amelia, no había podido decirle te amo una última
vez. Eso me hizo reaccionar y me dio fuerzas de nuevo.
—Tengo que decirle te amo —Dije en voz baja y empecé a correr con todas
mis fuerzas.
Los helicópteros seguían sobrevolando el área, me inquietaba mucho el ruido
que hacían, como moscas grandes. En cualquier momento abrirían fuego
estaba seguro de eso. Corrí por otra hora más, no sabía ni donde estaba. La
batería del celular casi se me acababa, era el único medio que tenía para
tratar de ubicarme, el GPS me ayudó mucho.
Cuando por fin llegué a un lugar conocido para mí, me calmé. Estaba muy
lejos ya de la planta, quería retomar el camino a casa, pero en ese instante lo
vi. Un helicóptero estaba arrojando bombas de gas lacrimógeno ahí. No me
quede para ver y volví a correr, esta vez el camino no era firme. Me caí
muchas veces, una de mis piernas está llena de moretones y raspones. Vagué
por no sé cuánto tiempo por ahí, el celular se me había apagado y no había
nadie para preguntar, el sol se intensificaba más y me hacía sentir cansado y
sediento. De pronto vi el techo azul de mi casa, en ese instante agradecí a mi
padre que hay elegido ese techo que yo consideraba horrendo, nadie por toda
la zona tenía un techo igual. Llegué a la puerta y antes de entrar empecé a
sonreír como nunca, combinado con algunas lágrimas. Estaba vivo.
Mamá me recibió con una deliciosa sopa, pude abrazar a mi hermana otra
vez y acariciar a Cesar una vez más. Hablé con Isaac y con Violeta. No podía
y no puedo morir sin decirle a Amelia que la amo, quisiera que ella supiera
que me salvo la vida ese día, su recuerdo fue el que me motivo a no dejarme
asesinar.
Lamento mucho por quienes murieron hoy y por los heridos, pero sé que
algún día se hará justicia.
Creo que escribiré una novela acerca de esto, ya tengo suficiente inspiración
para escribir ahora, tal vez por fin termine la novela sobre Edward Cries…
He decidido también que re conquistaré a Amelia. Ella misma me lo dijo una
vez. La vida solo te da una oportunidad. Esta es mi oportunidad, estoy vivo
porque debo decirle te amo y hacer muchas cosas más.
Después de todo quien sabe si sobreviviré a otro proceso de pacificación en
esta “democracia”.
20 Días Antes de la Ruptura
—Todavía no quiero ir a casa —Dijo Alberto negándose a soltar la
mano de Amelia.
—¿Qué quisieras hacer?
—Quiero tener una cita contigo, una cita en serio, no sé podemos caminar
por muchos lugares, nos hace falta.
Amelia lo pensó un momento y sus manos se enlazaron en su cuello de forma
cariñosa.
—¿A dónde quieres ir? —Preguntó ella.
—Donde sea— Respondió Alberto tomándola de la cintura —Donde sea
si es contigo.
—A veces quisiera que seas menos romántico y más específico con
tus propuestas —Dijo ella en tono de broma.
—Jajaja, bien, vamos a caminar por allí hay una linda plaza cerca de aquí.
—Vamos entonces.
Ella tomó su mano y empezaron a caminar. Los últimos días habían sido muy
hermosos al lado de Amelia. Ella y él se llevaban muy bien, pero para Alberto
empezaba a resultar difícil mantenerlo en secreto como ella quería, Alberto
quería gritar a los cuatro vientos que tenía por novia a la mejor mujer del
mundo, aunque eso implicará que todos les molestarán, él estaba convencido
de que eran una pareja perfecta y podrían superarlo juntos.
—¿En qué piensas? —Preguntó ella mientras caminaban en medio de
una hermosa calle vacía.
—Nada, amor —Respondió Alberto —¿Puedo preguntarte algo?
—¿Qué pasa amor?
—¿Qué esperas de nuestra relación?
A Amelia no le incomodó la pregunta, más al contrario, le agradó y
empezaron a hablar. Llegaron al parque y siguieron hablando, esa pregunta
había abierto un montón de preguntas más. Alberto se enteró de muchas cosas
que desconocía de Amelia, había sido muy lastimada solo por hecho de ser
mujer y de ser muy hermosa. No lo merecía, ella era muy buena. Alberto
siempre había estado en contra del machismo que todavía reinaba en gran
parte en su país. Amelia también le reveló algunos secretos suyos, empezaba a
confiar en Alberto. A él le sorprendieron algunos, otros le molestaron, pero no
le importó mucho, todos cometían errores, incluso él tenía uno que otro
secreto culposo guardado.
—Lo que me importa ahora —Le dijo Alberto, mientras besaba su mano —
Es que sepas que quieras hacer. Solo miro hacia el futuro, el pasado ya pasó.
—Lo sé, amor —Dijo ella acercándose de forma tierna a él —Sabía que
podía confiar en ti.
—Siempre podrás confiar en mí.
Y siguieron hablando por horas y horas, ella le contaba de sus sueños y
anhelos más profundos, compartían algunos gustos similares, otros no, pero se
imaginaban compartiendo las victorias y triunfos del otro juntos. Alberto se
imaginaba a sí mismo recibiendo algún reconocimiento por algún libro suyo y
al lado suyo su preciosa Amelia, al igual que se imaginaba que ella había
logrado visitar todos los países del mundo junto a él. Se imaginaba incluso un
día domingo junto a ella, levantarse tarde, ir de compras, cocinar juntos, tal
vez salir a pasear a algún lugar hermoso o quedarse en casa viendo alguna
película, por la noche dormir juntos sintiendo el calor del cuerpo del otro.
Estaba convencido de que durarían para siempre.
—Te amo —Susurró él antes de besarla. Se lo había dicho por fin, guardaba
el decirle te amo para una ocasión especial y esa ocasión lo era, se besaron
por un largo rato, jamás había sentido un beso tan profundo.
—Y yo a ti —Susurró ella separándose un poco y de repente sus manos se
enlazaron en su cuello y ella lo besó con inusitada pasión. Alberto disfruto
cada instante de ese beso. Ella jamás lo había besado así, sentía que ese era su
primer beso en toda la vida. En efecto lo era, un beso de amor de verdad.
13 de septiembre de 2019
Ivette:
Te encontré, por fin te encontré. Eres ella, eres Amelia.
No sé cómo explicar todo lo que pasó toda esta tarde. Siento muchas cosas y
no me salen las palabras para explicarlas. Solo sé que estoy enamorado.
Hoy ella, perdón, tú hablaste conmigo de tantas cosas. Me dejaste entrar a tu
mundo, me contaste tus miedos, tus secretos, tus sueños, tus metas… Por fin
me dejaste ver una parte de ti que desconocía y que ha llegado a agradarme
mucho. No dejo de pensar en ti, en esta tarde. Quiero estar contigo para
siempre, quiero tener más charlas así contigo, quiero más besos así contigo.
Creo que podemos tenerlas, tenemos toda una vida para tenerlas. Sí, así es,
quiero compartir mi vida contigo para siempre. No me salgas con que nos
conocemos poco tiempo, no romantices el tiempo. Una de mis primas estuvo
con un chico por más de 8 años, pero de un día al otro terminaron, dos meses
después conoció a un buen chico, solo llevan 2 años y ahora piensan en
casarse. Además, estoy enamorado de ti desde mucho antes, te conozco
incluso antes de encontrarte, he esperado toda mi vida con este momento.
Eres mi Ivette, mi princesa, mi bonita, mi hermoso rompecabezas. Lo eres
todo para mí y de verdad quiero que esto dure para siempre y por mi parte me
esforzaré mucho para que eso llegue a suceder.
Por cierto, hoy pediste que te escriba un poema, aquí lo adjunto. Me gustaría
mucho reunir todos los poemas que te he escrito y entregártelos. Empezaré
hoy creo…
Ella
Calles
Él cada día pasa por las mismas calles, no porque sean parte de su rutina al
caminar, sino porque le traen recuerdos de otro tiempo. Un tiempo en el que
él era feliz.
Sale de su universidad y se dirige cuesta arriba. A pesar de que él vive al lado
contrario, le gusta darse un escape de la realidad. Camina lentamente
mientras se coloca los audífonos y pone una de las canciones que le recuerda
a su amada. Su favorita se ha vuelto “Jamás” de un artista poco conocido,
pero que él admira mucho.
Su mente vuela a un 27 de septiembre, el cumpleaños de ella. Recuerda como
tuvo que distraerle, mientras le preparaban una fiesta sorpresa. Recuerda
como tuvo que hacer mil payasadas para mantenerla entretenida. Como tuvo
que besarla más de la cuenta. Se las ingenió para estar con ella por varias
horas. Para al final terminar comiendo un delicioso pastel juntos, unos versos
y después otra tanda de besos. Todo eso le recuerda esa calle.
Sigue caminando y esta vez toma un auto con dirección desconocida. No
importa jamás se ha perdido en su ciudad. Recuerda con mucho cariño como
ambos iban juntos. Ella siempre tomaba su mano y se apoyaba en él, él le
susurraba un te amo y ella respondía y yo a ti. Extraña mucho eso. Llega al
fin a un lugar conocido y su memoria reconstruye otro recuerdo al ver esa
calle. Se transporta a un fugaz 21 de septiembre. Es un recuerdo muy
hermoso. Esa calle tenía el recuerdo de la vez que sufrió un accidente y ahora
tiene un recuerdo de ella y él caminando bajo la lluvia con las risas de ella.
Ella fue tan tierna con él. Eso le recuerda esa calle.
Camina aún con los auriculares y se dirige al transporte en cable. Le gusta
dar varias vueltas ahí, recordando como ella tomaba su mano, intentando
decirle que todo iba a estar bien. Él sabía que nada iba a estar bien desde ese
momento.
Se atreve a ir a esa larga avenida repleta de personas y no puede evitar
llorar, ahí su corazón se rompió. Varias personas siempre le miran y se
preguntan que le pasará, él jamás responde y solo ve como dos amantes
terminan su relación en una banqueta. Ella rechaza su beso y él se suelta a
llorar. Hay días en los que quiere retroceder el tiempo y decirle lo que va a
pasar y que se detenga. Es imposible.
Se dirige de nuevo a otro lugar, otra calle, esta vez quiere sonreír. Pasa por
ese lugar, por alguna extraña razón ahora está vacío. No pasa nadie, parece
que le guardará luto por el amor que murió. Le recuerda su primer beso.
Recuerda a su niña. A la insistente señorita que le pedía que le revele de
quien se había enamorado. Y él ingenioso le dijo un verso y le robo un beso.
Tímido torpe e inexperto, pero sincero al fin. Él la amó…
Pasa por una última calle, donde todo acabó, dónde ella le prometió volver
algún día y ahí se queda por horas esperando que ella pase por esa calle de
nuevo. Y que esa calle tenga un recuerdo hermoso…
Solo espero que un día ella sepa que siempre la esperaré con los brazos
abiertos, cada día que pasa la amo más…
13 Días Antes de la Ruptura
20 de septiembre de 2019
Ivette:
Me siento ansioso por mañana. Es 21 de septiembre, día de la primavera, de
la amistad, del estudiante, pero sobre todo es día del amor y los enamorados.
Lo mejor de todo es que lo pasaré contigo y espero que pasemos muchos más
veintiunos juntos.
Estos últimos días han sido muy hermosos, estoy construyendo recuerdos muy
hermosos a tu lado. Sé que a veces peleamos de cosas muy pequeñas, pero
hemos sabido superarlas, no me gusta que tú y yo discutamos, en vez de esas
palabras a veces tan hirientes, prefiero reemplazarlas con bellas palabras que
alimentan y curan al corazón y es por esa razón que te he escrito versos para
el día de mañana.
Toda la semana pensaba en regalarte algo, si fuese por mí te compraría el
diamante más hermoso y caro que exista sobre la tierra, digno de que adorne
tu belleza, pero como sabes no tengo el dinero suficiente para eso, apenas me
alcanza para estudiar en la universidad y en casa estamos pasando por una
fuerte crisis económica. Te aprecio mucho por entenderme, adoro que
siempre me apoyes en todos los problemas que tengo.
Hoy en la tarde pasé por una galería para ver si podía comprarte algo que
valiera la pena, pero no me alcanzó para nada, todo había subido de precio.
Me sentí muy mal, apenas me alcanza para salir contigo mañana, me consoló
mucho saber que no tendría que pagar todo yo. Tú eres muy buena conmigo,
por eso eres la mejor mujer del mundo para mí.
Regresé a pie a casa, igual por falta de dinero, no importa. En el camino pude
pensar en muchas cosas que nunca te digo, tú sabes que a veces me cuesta
hablar fluidamente, pensé mucho en ti y eso me llevo a imaginar muchas
cosas hermosas que mi mente empezó a convertir rápidamente en versos.
Poesía es mi manera de hablar, lo sabes, así que decidí escribirte versos en
pequeños pedazos de papel, necesitó un recipiente en que ponerlos y con
tristeza se me ha venido a la mente en que ponerlos. En mi fiesta de
graduación (De la que poco recuerdo, debido al accidente automovilístico)
Me regalaron una hermosa colección de tazas para té, me encantaron
demasiado, me dije a mí mismo que solo las usaría en algún momento
importante y bueno ahora es un momento importante. Llegaré a casa y sacaré
una de esas tazas y la adornaré con los versos. También he decidido
comprarte un chocolate, aunque me hubiera gustado prepararte uno,
compraré el chocolate con el dinero del pasaje de mañana, no importa,
caminaré de nuevo, me gusta caminar. Además, caminaría hasta el fin del
mundo solo por ver tu sonrisa.
Espero que no te molestes conmigo, me repetiste toda la semana que no era
necesario un regalo, pero quiero dártelo. Es un regalo que sale desde lo más
profundo de mi corazón porque te amo y te amo demasiado.
Te prometo que me esforzaré mucho, estudiaré mucho, tomaré varias carreras
si es necesario, trabajaré mucho después, ahorraré cada centavo que tenga
con tal de que un día de verdad pueda darte un regalo digno de ti. ¡Te amo!
Para que se vea un poco más creativo, afuera de la taza pondré pegado en
una hoja de papel un más o menos título: “21 Versos Para Una Princesa”
127 Días Después De La Ruptura
—¿21 Versos Para Una Princesa?— Preguntó ella mientras empezaba a
hojear el cuaderno de poemas de Alberto— Lindo título ¿Es para ella?
—Sí— Respondió Alberto, tomando su café medio caliente, así le gustaba—
¿Qué te parece? Ahí están todos los poemas que le he escrito estos meses
—No, caballero, aquí están tus mejores poemas, son tan tiernos y muy buenos
—Quisiera que ella los leyera…
—Lo tiene que hacer, eres un chico único, te aseguro de nuevo que debes
tener varias chicas tras de ti y con esto seguro tendrás muchas más ¿Qué
chica no quiere que su novio le escriba de esta forma?
—Solo me interesa ella, Amelia…
—Te leerá, te lo aseguro ¿Qué es esto? ¿Verso 21? Es muy corto ¿No crees?
—Solo ella lo entendería…
Alberto empezó a recordar mientras se terminaba su café. Había pasado un día
muy lindo junto a Amelia, le había hecho un regalo simple pero bonito. Le
había escrito varios versos con los cuales había llenado una taza junto a un
chocolate, pero en la mañana por las prisas alistó rápidamente el regalo que no
se percató que faltaba un verso.
…¿Y si bailamos?...
Te amo demasiado
Alberto tenía un sueño, el cual era bailar un vals lento con ella en una noche
romántica en el pent—house de algún hotel bellísimo, en alguna ciudad de
igual belleza. Abriría las ventanas y entraría un viento suave y mientras
bailaban los cabellos de ella volarían y le harían ver hermosísima. Cuando la
canción terminará él se arrodillaría y sacaría el anillo... Todo eso significaba
ese verso que no pudo entregarle.
—¡Oye! Caballero— Dijo Victoria moviendo la mano en su frente— ¿Me
dirías que significa?
—Después del concurso te lo diré... ya es tarde vámonos
Victoria fue por su bolso, mientras Alberto recogía su maleta en la que llevaba
el vestuario para ese día. Antes de ir al concurso Victoria le había invitado a
tomar café a su casa, él había aceptado. Tomar café con Victoria iba a relajarlo
mucho antes del concurso, esta vez no haría el ridículo, se había preparado
mucho esta vez.
De camino al concurso Alberto se mostró conversador y alegre con Victoria,
bromearon como en los viejos tiempos, eso lo animo mucho, su amistad le
daba muchas fuerzas. Llegaron al recinto donde se llevaría el concurso,
Alberto vio a todos los declamadores, parecía que esta vez eran más. Algunos
le reconocieron y hasta se rieron, pero no le importó. Esta vez se sentía más
fuerte y seguro que la anterior vez.
—Te veré desde el público ¿Sí?— Dijo Victoria antes de irse— No me has
dicho que declamarás
—Ya lo verás dama— Respondió Alberto con una inusual sonrisa
—Supongo que usarás al Príncipe Endemoniado…
—Algo así, hoy estreno personaje…
Alberto entró al camerino y empezó a cambiarse. Mientras se veía al espejo
reflexionaba. Al cambiarse no solo estaba cambiándose de ropa, sino también
de persona. Eso lo había aprendido hace tiempo en teatro. Cuando se cambiaba
de ropa dejaba de ser Alberto y entraba a la piel del personaje que
interpretaba, ese día Alberto encarnaría a alguien nuevo. Un personaje que
reflejaba tanto su pasado, su presente y su futuro. Empezó a cambiarse, se
colocó pantalones de tela color negro, ya estaban algo viejos, pero lo habían
acompañado desde su primera presentación en un escenario grande. Se colocó
el chaleco negro que había comprado para el concurso en inglés, todavía le
recordaba a ese lindo día que había vivido junto a Amelia, su confiable
sombrero negro que usaba cuando debía declamar algo romántico, le había
enganchado su rosa de la suerte ahora y por último una pequeña corbata de
gato que le encantaba demasiado, pero ese vestuario lo usaría al último,
encima de lo que ya tenía puesto se colocó una camisa destrozada de color
negro, su saco largo negro y un sombrero con cintas largas, esas cosas eran del
Príncipe Endemoniado, iba a hacer algo bueno en el escenario. Empezó a
delinear con mucho cuidado sus ojos y pinto suavemente sus labios de color
negro. Estaba listo. Empezó a mentalizarse viéndose en el espejo como
siempre hacía.
—Hoy es un día importante, necesitamos ganar ¿Entendido? Que esta
presentación sea inolvidable, no tengas miedo. Ivette no querría a un miedoso
¿O Sí? Así que vamos a salir y vamos a dar una buena presentación. Sé que tal
vez no volvamos a usar al Príncipe Endemoniado después de lo que pasó la
anterior vez, pero tú siempre has sido un Príncipe, has compuesto bellos y
buenos poemas, vamos a demostrar que somos. Somos un Príncipe después de
todo. ¡Vamos a ganar!
Alberto salió al escenario en cuanto le llamaron, vio de nuevo a todo el
público, algunos hacían comentarios acerca de él. Acerca de su presentación
fallida, pero eso no iba a suceder otra vez. No iba a suceder nunca más.
—Desde el corazón de un demonio enamorado— Dijo él con voz potente,
había decidido cambiar su saludo— Con mucho cariño para todos ustedes
“Demonio Enamorado”
Antes de empezar a declamar, sonó la música que él había preparado para la
ocasión.
Inventaré otra vida, entre sueños te tendré. Cada mañana al despertar con tus
labios soñaré. En el palacio que dejaste abandonado el piano que tocabas
escucharé. A lo lejos te amaré, te sufriré, pero jamás me rendiré. Prometo que
tu príncipe seré…
Alberto se mantenía arrodillado mientras sonaba un hermoso piano junto con
su voz de fondo y empezó a declamar como nunca antes lo había hecho.
Suena el piano que abandonaste
En mi memoria se conservan frescas sus notas
Notas que una vez me regalaste
Pero ahora tú ya no estás aquí, no volverás
Si tú quieres cambiaré
Tu ángel y protector seré
Las garras que tu piel dañaron las arrancaré
Mis colmillos ya no los verás, los tiré
De repente Alberto empezó a quitarse el sombrero y el saco negro con lentitud
mientras declamaba con mucho sentimiento. Vio al público, cada uno de ellos
miraba con atención. Incluso los declamadores.
Confía una última vez en mí
Pon tus secretos en mi ser
Te prometo que ya no te dañaré
Con cariño tus cabellos los acariciaré
Tú ya no confías en mí
Sabes que te dañaré
Ahora entiendo tu dolor
Se detuvo un momento antes de dar un grito de dolor, un grito que transmitía
realmente su dolor. Recordó a Amelia y lo hizo, su rostro estaba realmente
desencajado lleno de lágrimas.
¡No! Ahora sufriré como tú
Apartado de mi humanidad
Sin esperanza de volver a ti
Lejos de ti, ese es mi fin…
Antes de terminar se arrodilló y sacó de su sombrero la rosa y se arrodilló
Este demonio se ha enamorado
Quiere volver a ser tu príncipe y volver a tu lado…
Y todo el auditorio estalló en aplausos por largos minutos. Alberto dio las
gracias y se retiró a los camerinos para desmaquillarse, seguía escuchando los
aplausos, ni él mismo podía creer lo que había hecho. Jamás había declamado
de esa forma. Al salir, había un montón de jóvenes y señoritas esperándole.
No podía creerlo, incluso estaban algunos de sus maestros. Todos lo
felicitaban. No podía creerlo ¿De verdad lo había hecho tan bien? Incluso
firmó algunos autógrafos y concedió un par de fotos. Era tan extraño,
rápidamente buscó a Victoria quien no paró de felicitarlo, luego se dirigieron
hacia el público viendo a los demás. La mayoría de ellos eran buenos, pero
Alberto sabía que era el favorito, aun así le sorprendió muchísimo ganar el
concurso. Por eso Victoria lo llevó a un restaurante algo caro, para celebrar.
—Aún sigo sin creer que gané— Comentó Alberto mientras cortaba en
pequeños trozos su filete— ¿Yo? Soy solo un chico, ahí sí había
declamadores profesionales
—Quiere decir que tienes talento— Comentó Victoria— Mucho talento
—No pensé que tanto…
—Leí tus poemas mientras esperaba que salgas. Son hermosos
definitivamente tienes que hacer que ella los lea, querrá volver contigo al
instante
—Lo haré
—Cuando vuelva quiero verte muy feliz, con pareja y siendo un poeta
muy importante
—¿Cuándo vuelvas de qué?
—Creo que es tiempo de decírtelo…
Alberto ya casi podía presentir que iba a decirle, había escuchado rumores de
algunos amigos que tenían en común, pero esperaba que ella se lo dijera.
Victoria se iría del país por un largo tiempo a hacer su doctorado en otro país.
Ya era tiempo de que lo haga, a pesar de que a Alberto la iba a extrañar
mucho, aceptó de inmediato su decisión, esperando que le vaya muy bien a
futuro.
—Me voy mañana a media noche— Comentó Victoria— Te extrañaré mucho
—Yo te extrañaré más, pero volveré a verte ¿No?
—Nunca se sabe caballero, siempre serás mi caballero de poemas
—Tú también mi dama lectora
—Oye, por cierto debes cambiar de seudónimo, con lo de hoy no creo que
sigas siendo El Príncipe Endemoniado, te parecería bien ¿El Príncipe
Solitario?
—Si quieres que lo usé sí está bien…
Ambos se miraron de frente, tal vez sería la última vez que se verían.
—¿Puedo decirte algo?— Preguntó Alberto de repente
—Sí puedes— Respondió ella
—Me hubiera gustado que tuvieras años menos, creo que entiendes jajaja
—Nunca hubiera funcionado, caballero… Tú mejor que nadie lo sabe… a
mí me gustan los besos de muj…
—Lo sé— Se adelantó a decir Alberto— Lo sé, solo que no lo acepto
todavía, bueno tenía que decírtelo, lo siento si te incomode…
—Tranquilo caballero… por favor entrégale el poemario a esa chica, ya
no quiero que sufras
—Será difícil, ella ya tiene un novio
—¿Crees que ya se hayan comprometido? ¡No! Así que no es nada serio,
todavía puedes pelear por ella. Entonces ¿Le entregarás el poemario?
Las últimas palabras para Alberto hicieron que todo cambié y lo dijo:
—Lo haré, la conquistaré de nuevo. Te lo prometo
6 Días Antes de la Ruptura
Alberto todavía tenía sueño y un terrible dolor de garganta por el concurso del
día de ayer. Apenas pudo entender lo que el licenciado de sociología trataba de
explicar. No era el único al parecer, casi todos se mostraban cansados y sin
ánimo de pasar clases. Era normal su salón había ganado en las tres categorías
del concurso, teatro, poesía y canto. Todos se habían esforzado mucho el día
anterior y absolutamente nadie quería pasar clases. Alberto quería irse a casa y
descansar, pero no podía, ese día era más importante que el anterior para él.
Era el cumpleaños de su querida Amelia. Había coordinado con sus amigas
para tratar de hacerle algo bonito, ellas se encargarían de comprar el pastel y
demás cosas, mientras él la mantendría distraída mientras preparaban todo.
—Señorita Amelia —Dijo él acercándose a ella, cuando las clases acabaron —
¿Nos vamos?
—Por supuesto —Respondió ella sonriente como siempre.
—Aunque es tu cumpleaños, no sé podríamos ir por helado y caminar por ahí.
—Me encantaría.
Alberto y Amelia salieron de la universidad, tomados de la mano como raras
veces pasaba. Casi todos ya sabían acerca de su relación y ya no importaba, al
final se terminarían enterando de una u otra forma. Incluso Alberto se atrevió a
besarla cerca de ahí, a Amelia no pareció importarle. Buscaron alguna
heladería abierta por un montón de calles y no encontraron ninguno, luego
Alberto sugirió que tomaran café en algún lugar. Alberto conocía un montón
de cafeterías cerca de la universidad, pero fingió que no, tenía que distraer a
Amelia hasta que una de sus amigas le llamará diciendo que ya tenían todo
listo. No importaba, ambos se estaban divirtiendo buscando una cafetería que
tal vez no existía caminando entre calle y calle.
Hasta que por fin sonó su teléfono, Alberto respondió solo con monosílabos
para no arruinar la sorpresa.
—Ahora que recuerdo —Comentó Alberto una vez que colgó su celular —
Hay una cafetería aquí cerca ¿Vamos?
—Claro, vamos.
Antes de entrar a la cafetería Alberto tomó fuertemente la mano de Amelia y
le dio un beso fugaz en la mejilla.
—Espero que te guste —Comentó mientras subían las escaleras que daban
a la cafetería.
Dentro del lugar estaban algunos compañeros y amigos de ambos. Un
delicioso pastel y un montón de felicitaciones adornaron el lugar. Alberto
nunca podría olvidar el rostro sorprendido y feliz de Amelia. De verdad había
sido una sorpresa, una muy grata sorpresa.
—No es tu único regalo —Le susurró Alberto al oído —Te he
compuesto un poema.
Apoyado por todos los presentes declamó para ella.
Quiero
No pienso echarme atrás
pondré tu mundo al revés
le robaré al tiempo un instante
y tu corazón lograré ganarme.
Si me escucharas un momento
unos instantes para dedicarte un verso
haría realidad tus sueños
de tu corazón algún día volveré a ser dueño.
—Sé lo sensible que eres, por eso te escondo algunas cosas, nada malo, pero
es lo mejor a veces ¿Entiendes?
—Sí entiendo, todos tenemos secretos, tu turno.
—No me gusta que seas tan nervioso, a veces me da miedo. Me gusta que
me abraces y que me beses cuando menos lo espero.
—Lo siento, controlaré mis nervios, además solo me pongo nervioso contigo.
El ejercicio siguió por un largo rato, en medio de risas, no podían seguir
peleando, no podían seguir así. Una pareja debía complementarse y parecía
que a eso apuntaban ambos. Prometieron confiar el uno en el otro a partir de
ese instante. Olvidaron todo lo malo con un beso.
Tal vez sería el último…
140 Días Después de la Ruptura
—¡Violeta! —Saludó Alberto al ver a su mejor amiga —¡Te he extrañado
mucho!
—Yo igual, Alberto —Respondió ella y lo abrazó —Me gustaron mucho,
mucho tus poemas, todos son para Amelia ¿No es cierto?
—No todos, no todos, hay uno que otro para ti, sobre todo el escrito que está
en la página 45.
Mientras Violeta revisaba el documento de nuevo, Alberto siguió escribiendo
poemas en su computadora. Ya había dejado atrás el papel y bolígrafo, tenía
en mente empezar ya el segundo poemario. Había días en los que se quedaba
hasta tarde en su universidad, los sucesos que pasaban en la universidad le
inspiraban a crear otros poemas. Se colocaba sus audífonos y escribía por
horas y horas en los asientos que existían en los pasillos de su carrera. La
universidad era su mejor fuente de inspiración.
—¿En serio es para mí? —Preguntó Violeta viéndolo con ternura.
—Sí, lo escribí pensando en ti, de hecho, hay más.
—Me llegó al alma —Dijo ella mientras abrazaba fuertemente a Alberto —
Es lo más lindo que me escribieron.
—Vas a partirme en dos ¿Sabías?
—Perdón.
—Tú a veces inspiras algunos versos, no todo es para Amelia.
—¿Te ha vuelto a hablar?
—No, pero quisiera que leyera mis poemas, ¿Sabes? Antes de que
termináramos, le había dicho que le dedicaría mi primer poemario, quisiera
dárselo.
—¿El que escribiste?
—Escribí dos, uno es Versos De Un Príncipe Solitario y otro 21 Versos
Para Una Princesa.
—Supongo que ese último si es para ella ¿Por qué no se lo envías?
—No quiero molestarla, hace tiempo le envié muchos poemas, pero jamás
me respondió.
—¡Ya sé! ¿Y si yo se lo envío?
Alberto se quedó pensativo unos segundos. ¿De verdad todavía quería que ella
los leyera? Esos poemas los había escrito para ella y todavía sentía que no le
había cumplido la promesa a su amiga Victoria. Pensó entonces que esos
poemas tenían ese objetivo: Llegar a ser leídos por Amelia.
—Te lo agradecería mucho —Comentó Alberto —Pero también quisiera
que los leas tú y me des tu opinión.
—Lo haré —Respondió Violeta entusiasmada por leer otros poemas de Alberto.
—Te lo enviaré a la noche.
Alberto se quedó escribiendo y Violeta se retiró del lugar. Mientras escribía
seguía pensando en que sí de verdad seguía queriendo a Amelia. Si de verdad
todo lo que había hecho lo había hecho por ella.
—Hola, Alberto —Saludó de repente una voz no muy familiar para él
—Hola Sara —Respondió Alberto mientras guardaba los poemas escritos y
volteaba a ver a Sara. La conocía desde que entró a la carrera, una compañera
bastante activa dentro la carrera. Le sorprendía mucho su capacidad de debatir
en cualquier situación, al mismo tiempo eso también le aterraba. Ella era
amiga de Isaac en un principio, pero pronto también lo fue de Alberto, a pesar
de conocerse por más de un año, nunca habían hablado muy estrechamente,
hasta el día en que ella leyó sus poemas también. Ella fue una de las personas
que más le dio su apoyo. Los últimos días es donde más habían hablado y
congeniado. Ella era digna de admirar, tenía un montón de proyectos
realizados, cosas que solo Alberto soñaría haber hecho. ¿Qué no había hecho?
Tenía proyectos de investigación, libros publicados, proyectos audiovisuales,
había trabajado en la radio y además aseguraba preparar unas exquisitas
margaritas que Alberto esperaba probar algún día. Además de que tenía
muchas más cosas en mente, era difícil mencionar todos sus logros. Él
empezaba a admirarla mucho.
—¿Estás escribiendo? —Preguntó ella sentándose a su lado.
—Sí, escribía un poco, a veces pienso que es una pérdida de tiempo.
—¡Oye no hables así! Tus poemas son buenos, tus escritos son buenos.
—Es que quisiera que estos poemas sean leídos por la persona a la que se
los escribo.
—¿No has pensado en grabarlos?
—Espera ¿Cómo?
—En la carrera ya tenemos un estudio de grabación y hay que darle
utilidad Podrías grabar tus poemas ahí.
—¿Yo grabar algo? ¿Con la horrible voz que tengo?
—No tienes una voz horrible.
—Lo siento, por si no te has dado cuenta, creo que tengo una muy
baja autoestima.
—No puedo creer eso ¿En serio? No tiene sentido, escribes muy buenos
poemas y declamas genial, te he visto muchas veces.
—Gracias, tal vez así ella los escuché, todo lo que escribí, lo escribí para y
por ella.
—Jajaja a veces eres muy gracioso, no lo hiciste por ella. Lo hiciste por ti,
porque eres una persona excepcional, tus escritos son buenos. ¡Date cuenta y
valórate más!
Y esas palabras volvieron a formular las mismas preguntas de los últimos días:
¿Todavía quería a Amelia? ¿De verdad todo lo había hecho por ella?
169 Días Después de la Ruptura
11 de marzo de 2020
Ivette:
No vas a creerlo, pero logré estar en la radio.
Todo ha sido una completa locura estas semanas. Mis poemas no deben ser
tan feos como para que haya declamado uno en la radio. Empiezo a sentirme
muy orgulloso por ellos. Por cierto, ya he acabado otro poemario, este
pienso sacarlo en físico, ya me han ofrecido publicarlo y no rechazaré esa
oportunidad. ¿Te imaginas si me leyeran muchas personas? Ese es mi sueño
mucho más grande, ser leído, ser escuchado y sobre todo que tú me leas y me
escuches. No lo sé, tal vez algún día estas cartas, estos poemas, estos escritos
por fin te lleguen y que por fin realmente tú sepas que existo.
¿Quieres que te cuente lo de la radio? Está bien lo haré. Hace tiempo que
Isaac y yo decidimos ayudar en la radio a ayudar al grupo Yes, Jisa, Ari. Sí,
aparte de hacer radio son un proyecto cultural, hay muy buenas personas en
el grupo, con las que nos llevamos muy bien. Hemos pasado varios momentos
agradables junto a ellos en tan poco tiempo, espero que nuestra estadía ahí
dure más que mis tórridas relaciones jajaja. Bueno el punto es que Sara, una
compañera que igual está en el grupo y que es ¡Impresionante! La admiro
mucho por todo lo que ha logrado, me invitó a grabar mis poemas en la sala
de grabaciones que tiene la carrera. Acepté porque tal vez así me escuches tú,
sí tú, no Amelia, tú. Después de todo a ti es a quien siempre he buscado, tal
vez Amelia fue mi Ivette por un tiempo hermoso, pero hoy ya no es así. Todo
ha cambiado, tú y yo sabemos muy bien que nada es eterno, todo está en un
constante cambio. Creo que me voy desenamorando de Amelia de a poco,
para las rupturas amorosas ayuda mantener la mente ocupada y creo que la
mantendré ocupada por un largo tiempo.
¿En qué me quedé? ¡Ah sí! Hoy yo fui a ayudar en los controles de la radio
por primera vez. El programa se transmite a las nueve de la mañana y por las
clases no podía (Supongo que tendré que cambiar de turno al siguiente
semestre) pero hoy la licenciada de una materia no vino, no tenía nada que
hacer así que fui. No pude evitar recordar a Amelia y nuestro beso bajo la
nieve, pero no me importó, por fin pude conocer como es la radio por dentro.
Para mí es muy acogedor. Aprendí rápidamente a manejar los controles, no
es difícil. De pronto llegó el Lic. Freddy quién es el encargado del proyecto y
conduce la radio (Para mí es un excelente radialista) y de pronto sugirió que
debería recitar alguno de mis poemas. Acepté de inmediato y me puse a
buscar alguno, ¿Puedes creer que me puse igual de nervioso que antes de
salir a un escenario? Me imaginé cuantas personas estarían escuchando,
tenía que hacerlo bien. Antes de salir al aire, mande un mensaje a mamá
diciéndole que iba a declamar por la radio y ella se encargó de que toda mi
familia me escuchará, me lo acaba de decir. Pedí ayuda a Violeta para que
me ayude a elegir y no pudo haber elegido un mejor poema, creo que a ella es
a quien más le gustan mis poemas. Supongo que lo hice bien pues el Lic.
Freddy me dijo que grabará de una vez todos mis poemas para transmitirlos
por la radio en todos los programas. No puedo creerlo todavía, seré
escuchado por quien sabe cuántas personas y tal vez tú me vas a escuchar.
Eso me pone muy contento, saber que tú me escucharás. Mis poemas no tienen
el objetivo de que Amelia los leyera o escuchara, tienen el objetivo de que tú
los escuches y los leas, después de todo de ti estoy enamorado y ese amor es
eterno, tú eres quien siempre me ha inspirado a crear poemas y demás.
Quería tan desesperadamente que tuvieras forma física que me obsesione
demasiado con esa idea. Amelia me ha hecho muy feliz, pero como te dije todo
ha cambiado y creo que es momento de dejarla ir, solo espero que sea muy
feliz, yo por mi parte esperaré paciente tu llegada, cuando me encuentres
verás a un Alberto del que podrás sentirte orgullosa. Espero que llegues
pronto, estoy haciendo todo lo posible porque notes que existo.
Este poema lo escribí para ti, también es el que declamé por la radio
Un Día
Despertaré en lo profundo de tus sueños
y seré quien te bajará los cielos
rozaré tus rojos labios
llenos de pasión y te daré mi corazón.
¿Qué si te quiero?
Te quiero con locura
¿Qué si te amo?
De este amor no hay cura.
Pero…
Quiero verla muy feliz, quiero que sonría siempre, aunque ya no sea por mí.
Después de todo así es el amor ¿No? Querer la felicidad de la otra persona
antes que la tuya, y sí la amo. La amo demasiado. Sé que esto va a dolerme
mucho y no sé sí me levante rápido de esto, pero tal vez es lo mejor. Sé bien lo
que va a pasar hoy y sé cuánto voy a llorar y cuánto va a doler, no estoy listo,
pero es lo mejor…
Alberto termino de escribir esa pequeña carta, la leería después de que todo
pase. Esa carta sería el único consuelo que recibiría después. Miró el reloj, ya
eran las 6 y 30 de la mañana, empezó a cambiarse. Su rostro estaba
sumamente demacrado, no podía ir así. Se esforzó en sonreír y borrar las
tristezas de la noche anterior, él y Amelia habían discutido mucho. Alberto ya
no sabía qué hacer, poco a poco se iba percatando que ella ya no lo quería. No
después de lo que ella le había contado. Su temor más grande se había hecho
realidad.
Salió de casa confundido todavía, sin saber qué hacer. No quería que
terminaran, no todavía. Quería vivir más lindos momentos con ella, pero ya no
se podía, no si seguían así, incluso después del ejercicio sobre decir lo bueno y
lo malo del otro seguían peleando. El problema no era que no se conociesen,
era todavía más profundo.
Ese día no habría clases, se instalaba una vigilia de toda la universidad en la
ciudad de La Paz, mientras Alberto bajaba por el teleférico, recordaba con
gran tristeza como Amelia le había dado un no por respuesta cuando apenas
iniciaban su relación, si lo pensaba bien desde ahí había fallado su relación.
Llegó a la vigilia y se esforzó en mantenerse sonriente como siempre. No lo
logró, casi podía contagiar a todos sus malos humores. No ayudó en nada que
algunos de sus amigos quisieran ayudarlo. Él solo podía concentrarse en
Amelia y cómo hacer para que no terminaran. Su mente le hizo recordar
solamente los recuerdos hermosos que tenía junto a ella, eran más recuerdos
hermosos que peleas. Sonría a ratos mientras la veía y se acordaba de algún
buen momento junto a ella. ¡Eso era! Le haría recordar todos esos momentos.
Cuando la vigilia termino él se fue con ella. Trató de todas formas que su voz
fuera dulce, no lo consiguió, su voz se había quebrado.
—No quiero hacerte daño —Dijo Amelia mientras tomaba su mano de
forma cariñosa.
—Tú nunca me harías daño —Afirmó Alberto, él mismo sabía que eso
era mentira ahora. No le importó y se lanzó a los labios de Amelia, se
detuvo cuando una lágrima empezó a rodar por su mejilla.
—Ya te hice daño —Dijo ella en medio de sollozos —De verdad lo siento.
—No lo hiciste, todavía podemos arreglarlo —Respondió Alberto
mientras limpiaba sus lágrimas.
—No hay nada que arreglar, te dije que estaba confundida y lo siento tanto.
—No te disculpes, no es tu culpa, no supe ganarme tu corazón.
—Lamento tanto no habértelo dado.
—¿Ya no me amas? —Susurró muy apenas Alberto entre sollozos.
—No —Respondió Amelia suavemente, tratando de suavizar su respuesta —
Ya no, lo siento…
Ella desvió la mirada y él se quedó viéndola. Quería decir algo, quería cambiar
esa respuesta. No podía acabar, no cuando él estaba más enamorado, pero era
imposible, su respuesta no cambiaría más a partir de ahí.
Su mundo entero se destruyó ese día, cuando ya no recibió la respuesta del “Y
yo a ti”.
—Lo vi —Dijo ella de pronto —Lo volví a ver y sentí todo de nuevo, no
quiero lastimarte, no hasta que aclare todo lo que siento.
—No me dejes… —Alcanzó a susurrar él antes de que su voz se perdiese en
medio de sollozos, las lágrimas que le resbalaban era de dolor ¿Por qué? ¿Por
qué siempre tenía que llegar tarde al amor? ¿Por qué no había podido ganarse
su corazón?
—Lo siento en serio, sé que todo va a cambiar a partir de ahora, pero es
lo mejor.
—Va a ser muy triste para mí ya no hablarte como antes.
—Tal vez algún día, vuelva a ser lo mismo.
—Esperaré paciente ese día ¿Prometes volver a hablarme algún día?
—Lo prometo…
—¿Me darías un último beso?
Ella acerco su rostro y él completo ese beso. Sería el último, el último que
recibiría en mucho tiempo. Estaba dispuesto a esperar ese día, el día en que
todo volviera a ser como antes. Sabía que sufriría mucho, pero que algún día
el dolor iba a pasar, siempre pasaba. Se preguntaba qué pasaría después de ese
día.
¿Habría más días sin ella?
Día 221 Después de la Ruptura
—Sí —Dijo Alberto a medida que se sentaba en la banca en la que él y
Amelia habían terminado hace mucho tiempo ya —Hubo más días, días
mucho más hermosos.
No era la primera vez que visitaba el lugar después de la ruptura, había ido
algunas otras veces, esperando que tal vez ella se apareciese por ahí y
cumpliera su promesa de hablarle otra vez. Esta vez era diferente, no estaba
ahí por ella, sino por él, para por fin cerrar esa etapa de su vida, para cambiar
los recuerdos tan trágicos de haber terminado con ella. Ya no la quería, estaba
muy seguro de eso. A quien de verdad quería era a su Ivette, como siempre
había sido.
Sacó su laptop y empezó a escribir, esta vez llevaba un diario en su laptop.
Casi todo lo hacía ya en su computadora portátil.
Ivette:
Ha pasado mucho tiempo desde que la última vez que estuve aquí. Son las dos
de la tarde y todo es tan hermoso. No me había detenido a observar tanta
hermosura en estas calles, es increíble que en un escenario tan bellísimo ella
haya decidido terminar conmigo. Veo como los arboles cobijan a unos
hermosos pajaritos de colores que cantan finísimamente bien. A todo esto, se
le combinan muchas parejas que se juran amor eterno, espero que de verdad
todas estas parejas acaben juntos para siempre como se prometen, sino ¿Para
qué tienen una relación? No estoy de acuerdo con los romances de juventud,
lo sabes. No tiene sentido estar con alguien si al final sabes que van a
terminar. Okey, sigo siendo muy romántico ¿Cuándo aprenderé? Creo que
nunca porque soy poeta, un poeta que siempre creerá en el amor, no importa
cuántas veces lo lastimen. Aunque eso me ha ayudado bastante, tengo escritos
ya no sé cuántos poemas, cuentos, escritos. Ahora trabajo en una novela
autobiográfica, creo que ya puedo contar mi historia sin llorar jajaja.
Todo ha sido una locura estos últimos meses, ahora soy El Príncipe Solitario.
Todos me conocen y me llaman así y me encanta eso. Saben que soy poeta y sí
ya soy parte de la radio. Cada vez que transmiten algún poema mío, siento
que tú los escuchas. Tal vez y sí lo haces. Como siempre Isaac y yo nos hemos
metido a todas las actividades que hemos podido en la carrera, estaré más
ocupado que el año pasado ahora. ¡Ah sí! Y a él todo mundo le llama ahora
“Sackspirito” se siente bien que él también vaya cumpliendo sus metas
(También se ha enamorado de alguien, voy a ayudarlo como él me ayudó a
mí, se la debo, pero guarda silencio). Debo agradecerle también mucho a
Violeta quien fue quién más me ha ayudado en esos difíciles momentos. La
quiero mucho, no sé qué hacer para agradecerle unos chocolates no bastarán
ahora, tal vez debería decirle que le he compuesto un poemario en secreto
(También guarda silencio y no te pongas celosa) y también agradecerle a la
auxiliar Camila por darme tan, rudos, pero buenos consejos, a Sara por
haberme dado tanto apoyo estos últimos meses y a mi dama Victoria. Hay a
tantos que debo agradecerles que me llevaría mucho tiempo mencionarlos.
También retomaré teatro, me siento listo para volver a actuar. Mi cadera está
fuerte y creo que puedo regresar como en mis mejores tiempos. Estamos
formando un grupo de teatro en la carrera, hay chicos y chicas muy activos
que acaban de entrar a la carrera. Este va a ser otro año inolvidable.
Esperaré por ti, mientras tanto seguiré esforzándome en cada día ser mejor.
Justo cuando Alberto terminaba de escribir, una linda señorita se sentó a su
lado
—Supuse que estarías aquí —Dijo ella.
—Supusiste bien —Respondió él a medida que guardaba su computadora.
—¿Qué escribías?
—Nada, solo un pequeño escrito para alguien.
—Acabe de leer todos tus escritos.
—¿En serio? —Preguntó Alberto con cierta incredulidad —¿Los leíste todos?
—Sí todo es tan lindo, eres muy cursi a veces jajaja.
—Soy poeta ¿Qué esperabas?
—Me gustó todo, todos tus escritos son geniales, no puedo creer que
escribieras así para alguien.
—Las escribí para mi Ivette, el amor más grande de mi vida.
—Lo sé, lo sé es un amor tan grande que no necesita un cuerpo físico.
Alberto la miro con incredulidad ¿Cómo ella sabía eso? Nunca se lo había
dicho a nadie.
—¿Cómo sabes eso? —Preguntó
asombrado. Ella se acomodó el pelo y
recitó:
—Ivette es todo para mí. Es felicidad, es alegría, es amor, es candidez, es
dulzura, es ternura y sobre todo ella es una de las razones que tengo para vivir.
Ella no es una persona como tal, pero sé que un día tomará forma física y me
bridará la oportunidad de conocerla y sobre todo me dará la oportunidad de
entrar a su corazón.
—¿Dónde leíste eso?
—Las cartas de un enamorado siempre llegan.
—Me estuviste espiando —Dijo él entre una mezcla de incredulidad,
miedo y alegría.
—Puede ser que sí, ya lo hacía desde la primera vez que te vi declamar.
—Siempre estuviste ahí y nunca me di cuenta…
—¿A qué te refieres?
—Tú eres Ivette… tardaste tanto en llegar, pero aquí estás.
Ella le sonrío dulcemente y le tomo la mano. Su toque era tan suave que
Alberto no podía creerlo. Ahí estaba ella. Ahí estaba Ivette y no iba a dejarla ir
esta vez.
Día 1
Alberto se colocó los audífonos y la música que siempre lo inspiraba empezó a
sonar. Se encontraba listo para grabar uno de sus poemas.
—Muy buenos días —Empezó a decir una vez que el micrófono de la sala ya
estaba grabando —Aquí les habla El Príncipe Solitario, con mucho cariño
para todos los que nos escuchan esta mañana, en especial a nuestras
preciosas señoritas, de Versos De Un Príncipe Solitario III “Señorita”
Señorita
¡Señorita!
No le gusta usar tacones
le tiene un amor único al arte
ella ha prometido nunca dejarte.
¡Señorita!
No le gusta ir a fiestas
le encanta ver del jardín las flores
le encanta que su pelo le roces.
¡Señorita!
Le encanta tomar tu mano
y besarte con pasión una vez al año
reparando de una sola vez todo el daño.
¡Señorita!
Ama hablarte despacito
le encanta que le susurres bajito
le encanta que le mires a los ojitos.
¡Señorita!
Ama verte loco por
ella,
pero no te lo confiesa
ella es tremenda fiera.
¡Señorita!
con ojos ciegos mejor le ves
a veces no te das cuenta que todo está al revés
no tienes idea de lo que ves.
¡Señorita!
¡Ella por mí está loca!
Entre mil y dos mil versos
he llegado a rozar su boca.
¡Señorita!
¿No busca un caballero?
Cuando termino de grabar, recién se dio cuenta de que alguien le había estado
viendo en silencio afuera de la sala.
—¡Señorita! —Saludó él como hace mucho tiempo no hacía, ese saludo
solo lo usaba con su Ivette ahora.
—¡Hola Albert! —Respondió ella con la misma efusividad y lo abrazó.
Alberto de nuevo era feliz como no lo era hace mucho tiempo.
Pero ¿Quién sería esa señorita? ¿Tal vez sería Amelia? ¿Tal vez Violeta? ¿Tal
vez Victoria? ¿Tal vez alguien que recién había aparecido en su vida?
Lo único que se sabía era que ese amor, si bien no sería perfecto, que tendría
tropiezos y que a momentos parecería que se acababa... sería verdadero, puro y
eterno.
FIN DE LA NOVELA
El Príncipe Solitario
El Diario De Un Enamorado