Documento central
Unidad 2
Marco conceptual del enfoque de género
1
INTRODUCCIÓN
En esta Unidad aclaramos el significado del concepto género en el marco de la
construcción social de las relaciones entre mujeres y hombres. Además planteamos las
características más generales sobre el concepto mismo y avanzamos un paso más, dado
que desarrollamos aspectos relacionados con su aplicación, con el fin de facilitar el paso
de la teoría a la práctica.
En este sentido, desarrollamos los conceptos asociados al enfoque de género y
herramientas necesarias para observar la realidad a partir del análisis de género,
considerando las desigualdades entre mujeres y hombres. La propuesta incluye
reflexionar sobre algunos conceptos que están en la base de las sociedades actuales, tales
como el concepto de trabajo y la división sexual del mismo.
Temas que trataremos en esta unidad:
Tema 1: ¿Qué es género?
Tema 2: La igualdad de género
Tema 3: ¿Qué significa incorporar el enfoque de género?
Tema 4: La transversalización de la perspectiva de género
Tema 5: Estadísticas sobre equidad e igualdad de género
Referencias
2
TEMA 1: ¿QUÉ ES GÉNERO?
Ante todo debemos tener en cuenta que el concepto de género ha variado
a lo largo del tiempo y que existen en la actualidad diversos énfasis al
respecto. Sin embargo, básicamente, el género alude a las características
que socialmente se atribuyen a la diferencia sexual entre hombres y
mujeres.
Algunas preguntas que nos guiarán en el proceso de aprendizaje sobre el concepto de
género:
¿Las diferencias sexuales entre mujeres y hombres, se corresponden directamente
con las distinciones entre lo femenino y lo masculino?
¿Podemos hablar de “ser mujer” o de “ser hombre” como categorías únicas y
universales, independientemente del contexto socio cultural de que se trate?
¿La femineidad y la masculinidad se definen, se aprenden y se experimentan de la
misma manera, sin distinciones relacionadas con la pertenencia étnica, la clase
socioeconómica, la edad, la religión, el entorno cultural e histórico?
¿Tendríamos la misma identidad que poseemos actualmente, como mujeres o
como hombres?
¿Si en vez de haber nacido y de habernos educado en la región latinoamericana y
del Caribe hubiésemos crecido en Japón, India, Sudáfrica o Turquía?
¿Si en vez de haber nacido en la segunda mitad del siglo XX o en el siglo XXI
hubiésemos nacido en la prehistoria o en el siglo XV?
Podemos concluir que “ser mujer” o “ser hombre” es un constructo cultural. Por lo tanto
sus definiciones varían de cultura en cultura y no sería posible universalizar y hablar de “la
mujer” o de “el hombre” como categorías únicas.
En principio, para comprender el concepto de género, es importante considerar las
diferencias entre sexo y género:
3
Sexo Género
Características psicológicas y roles
socio‐ económicos y culturales que
Diferencias biológicas entre el
las sociedades atribuyen a cada
macho y la hembra de la especie
sexo.
humana.
No son naturales, únicas ni
Se consideran naturales y
universales.
universales.
Son modificables.
Es importante entender la noción de género en su complejidad, dada la multiplicidad de
elementos que constituyen la identidad de cada persona y la variedad de categorías que
simultáneamente, van a ir modelando y especificando su ser femenino o masculino.
Todas las sociedades se rigen por normas socialmente construidas que establecen formas
de ser y de sentir, de hablar y pensar. De esta manera, las personas interpretan diversos
roles de acuerdo a esas normas que son diferentes para hombres y mujeres, por tanto,
interpretan roles diferenciados que constituyen lo masculino y lo femenino. Estos son los
roles de género, los cuales históricamente han ubicado a la mujer en una posición de
exclusión y subordinación.
“Ser mujer” o “ser hombre” es un constructo cultural. Por lo tanto, sus definiciones varían
de cultura en cultura y no sería posible universalizar y hablar de “la mujer” o de “el
hombre” como categorías únicas.
Las características que las sociedades atribuyen a cada sexo son construidas social y
culturalmente y, además, van configurando un sistema de relaciones de poder. En cada
cultura se va asignando el desempeño de determinadas funciones sociales a unos o a
otras, a su vez esas funciones sociales en ese entorno poseen distinta valoración y
retribución social y económica, por lo tanto se expresan jerárquicamente
Por ejemplo, a las mujeres se les atribuye socialmente características relacionadas con el
cuidado y la feminidad (el “instinto” maternal, la atención hacia las demás personas, la
capacidad de escucha, etc.) y a los hombres en cambio se le atribuyen características
vinculadas a la masculinidad (competitividad, agresividad, etc.).
4
Ahora bien, estas características
que conforman lo que
socioculturalmente se considera
“femenino” y “masculino” se
asocian a su vez al espacio
privado‐ doméstico (lo femenino)
y al público‐político (lo
masculino). Así pues lo asociado al
espacio privado‐doméstico no se
reconoce socialmente ni
económicamente y, en cambio, es
el espacio de la política y de la
economía, creando una
jerarquización en los roles de
género de feminidad y
masculinidad
Considerarse y ser considerada “naturalmente” capaz de criar tiene, en el nivel macro,
consecuencias importantes en cuanto a exclusión del mundo del trabajo y desigualdades
salariales. Considerarse y ser considerado, en cambio, legitimado a moverse en el espacio
público ubica a lo “masculino” en la cúspide de la pirámide de lo que se valora como
económicamente rentable.
Un aspecto importante a destacar es la distinción entre género y mujeres, ya que muchas
veces se entienden como sinónimos, y se cree por tanto, que para incorporar el enfoque
de género basta con mencionar a las mujeres o agregar a las mujeres como beneficiarias
de los proyectos, sin cuestionar las relaciones, roles y estereotipos socialmente
construidos.
En concreto, una política, un programa o un proyecto dirigido a las mujeres no
necesariamente tiene una perspectiva de género. De hecho, un proyecto puede dirigirse a
ellas sin tener en cuenta el carácter relacional y estructural de las relaciones de género.
Género no son las mujeres sino las relaciones humanas de poder basadas en el sexo, la
edad, el origen, etc.
5
Por ejemplo, una acción de microcrédito dirigida a las mujeres puede solucionar sus
problemas de falta de recursos económicos, pero eso no significa que se estén
proporcionando los medios para mejorar su posición en la sociedad respecto a los
hombres. Si las mujeres son las destinatarias del microcrédito porque son más
responsables que los hombres y devuelven en mayor porcentaje el dinero que se les
entrega, no se está sino reforzando los roles de género que estructuran la sociedad.
Al mismo tiempo, un proyecto que se dirige a los hombres trabajando con ellos la
sensibilización sobre los estereotipos y las relaciones afectivos‐ sexuales igualitarias tiene
como objetivo la transformación de las relaciones de género aunque las mujeres no sean
parte de la acción, por lo tanto será un proyecto con perspectiva de género.
Otro ejemplo sería el caso de la mayoría de las actuaciones contra la violencia, que suelen
estar dirigidas exclusivamente hacia las mujeres con mensajes sobre la necesidad de
denunciar, de no dejarse, etc.
Para que un proyecto contra la violencia sea considerado con perspectiva de
género debe contemplar el carácter estructural de la misma (como base de las
desigualdades) y el rol que cumplen los hombres en el problema y en la solución
del mismo.
Entonces, ¿qué significa incorporar el enfoque de género?
Incorporar el enfoque de género significa necesariamente analizar las bases de las
inequidades que se producen entre hombres y mujeres (ya sea que las asimetrías
desfavorezcan a las mujeres o que desfavorezcan a los hombres) y desarrollar acciones
para modificarlas.
A continuación, para ayudar a clarificar el concepto de género, ofrecemos las siguientes
puntualizaciones fundamentales1, que seguiremos desarrollando a lo largo de toda la
Unidad:
1 1
Caroline Moser, C. Levi en "Género, Capacitación y Planificación "SUMBI 1988Lima
6
El género, además, es una categoría que comprende tres dimensiones: descriptiva,
analítica y ético‐política; tal como las describimos en el siguiente cuadro:
Descriptiva Visibiliza las desigualdades entre hombres y mujeres.
Conjunto de conceptos y herramientas metodológicas para
develar y explicar: las diferencias y desigualdades en las
condiciones de vida de mujeres y varones, cómo ambos
Analítica
construyen su subjetividad, actúan, y transforman las expectativas
y normas socioculturales y la posición que ocupan en distintos
ámbitos y jerarquías.
Se fundamentan en los derechos humanos y en los principios de
Ético‐ política igualdad, equidad, justicia y reconocimiento de la diversidad
intragénero. Orienta la acción, las estrategias y las metas a lograr.
7
Las tres categorías tienen que estar presentes en la elaboración de cualquier política,
programa o proyecto.
De hecho, sin un diagnóstico con perspectiva de género no se puede tener la información
completa sobre las relaciones de género presentes en el contexto en que se va a operar
(categoría descriptiva). Además, es necesario conocer y saber utilizar el conjunto de
herramientas metodológicas del análisis de género‐ necesidades prácticas e intereses
estratégicos de género, división sexual del trabajo, etc.‐ para poner en marcha de forma
efectiva acciones transformadoras (categoría analítica).
Finalmente, los derechos humanos y la igualdad de género representan los pilares y los
objetivos generales del conjunto de las acciones (categoría ético‐política).
Para la incorporación del enfoque de género en las políticas, programas y
proyectos debemos considerar conceptos tales como:
Las relaciones de género
Las relaciones de género son las vías mediante las cuales una sociedad define los
derechos, las responsabilidades, las identidades (femenino/masculino) y determina el tipo
de relaciones sociales entre mujeres y hombres. Ellas influencian las condiciones de vida
de cada categoría y fijan su posición y su poder dentro de la sociedad.
Las relaciones de género se caracterizan por:
Ser diferentes en el espacio, de una cultura a otra, de una religión a otra o de una
sociedad a otra.
Estar influenciadas por diferentes factores, tales como: la etnia, la clase social, la
condición y la situación de las mujeres, etc.
Evolucionar en el tiempo.
Ser dinámicas y estar en el centro de las relaciones sociales.
Tener como principal característica la desigualdad: existe una jerarquización de
géneros según la cual los hombres ocupan un lugar privilegiado en relación a las
mujeres.
El análisis de género muestra, por lo tanto, que existe, o persiste, una desvalorización de
las mujeres en los niveles político, social y económico. Esta desvalorización y esta
subordinación son consecuencia de las relaciones sociales de género. Por lo tanto, no es
un problema que concierne solamente a las mujeres.
8
En definitiva, se trata de un problema social que no debe ser resuelto solamente por las
mujeres. En efecto, también los hombres tienen mucho que perder, en el sistema
patriarcal, al tener que ajustarse a la imagen que les impone este modelo cultural.
Por ejemplo:
Se les priva de una parte de su sensibilidad para reforzar su dureza, lo que limita su
desarrollo afectivo.
Se limitan sus posibilidades, tanto de expresar sus sentimientos como, por
ejemplo, de vivir la paternidad plenamente.
Se les imponen responsabilidades de gran calado que pesan en su subconsciente.
Se les supone responsables del destino de la familia.
No pueden llorar, deben ser fuertes, emprender una carrera profesional,
responder activamente a los estímulos sexuales...
No pueden pensar en base a un desarrollo humano integral, puesto que en las
bases mismas de su educación se encuentra el desequilibrio entre las niñas y los
niños.
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TEMA 2: LA IGUALDAD DE GÉNERO
El logro de la igualdad entre las personas es uno de los principios fundamentales de las
sociedades democráticas y un indicador del grado de desarrollo alcanzado por este
sistema socio político.
Ya en la Revolución Francesa algunas mujeres, conscientes de la oportunidad de cambio
que ofrecía este proceso, protagonizaron hechos históricos memorables para igualar sus
derechos con los varones y contar con las mismas posibilidades para ejercerlos en el
naciente sistema político.
Las posiciones expresadas en aquel momento por Olympe de Gouges (1748‐ 1793) son
paradigmáticas y precursoras del largo proceso que debieron recorrer las mujeres para ser
reconocidas como ciudadanas en pleno derecho. Desde ese entonces es indudable que
ellas, como uno de los más activos movimientos sociales de la modernidad, han
conseguido importantes logros en materia de derechos (a la educación, al sufragio, a
ocupar cargos públicos y posiciones políticas, de acceso a todo tipo de trabajos, a la
autonomía económica, y si bien de manera controvertida, a los derechos sexuales y
reproductivos).
A lo largo de la historia, también, en casi todos los países se han promulgado leyes,
refrendado convenciones y acuerdos internacionales, regionales, creado
institucionalidades y desarrollado políticas públicas que apuntan a revertir todas las
formas de discriminación y subordinación que padecen las mujeres y consecuentemente
potenciar su plena participación en la vida social, económica, cultural y política.
Actualmente se considera la igualdad como un componente central de las sociedades
democráticas2. Este principio de igualdad sostiene que todos los seres humanos tienen los
mismos derechos, con independencia de su raza, sexo, religión, condición social, ideología
o cualquier otra característica asociada a las personas, su cultura y sus creencias. Este
principio permitió a las mujeres reivindicar, progresivamente, derechos similares a los de
los hombres.
2
Para profundizar sobre la temática de la igualdad de género, ver Paloma Durán (2005).
10
La igualdad entre hombres y mujeres‐o igualdad de género‐, es la “situación en
la que mujeres y hombres tienen iguales derechos y oportunidades de jure y de
facto y participan por igual en todas las esferas de la vida pública y privada,
libres para desarrollar sus capacidades y de tomar decisiones”3.
¿Qué significa igualdad de derechos y oportunidades de jure y de facto?
Estos conceptos se relacionan con los temas desarrollados en el Módulo 1, en el sentido
de que una cosa es reconocer formalmente (en los papeles) un derecho y otra cosa, muy
distinta, es que la persona ejerza libremente ese derecho en la vida real.
Entonces, para que la igualdad de género sea alcanzada, se requiere que exista no sólo
una igualdad formal, sino también una real.
La Igualdad Formal (De jure) significa la prohibición normativa de discriminar a
alguien en razón de cualquier rasgo característico (en este caso el sexo). La
igualdad formal garantiza legalmente los derechos humanos y de ciudadanía de
cualquier ser humano.
La Igualdad Real o Sustantiva (De facto) requiere la interposición de las medidas
necesarias para que la Igualdad sea efectiva, removiendo los obstáculos tanto
culturales como de cualquier otro tipo que entorpezcan su consecución.
Entonces, el principio de igualdad de género lo que busca es que las diferencias de
hombres y mujeres no se transformen en desigualdades. De ahí que postule el
otorgamiento del mismo valor y derechos a todas las personas, por lo que no serían
superiores ni inferiores unas de otras.
¿Esto quiere decir que hombres y mujeres son idénticos?
No, el principio de igualdad de género no significa que hombres y mujeres tengan que
convertirse en lo mismo, sino que los derechos, responsabilidades y oportunidades de
hombres y mujeres no dependen del hecho de haber nacido hombre o mujer4
Sin embargo, a pesar del tiempo trascurrido desde el inicio de la democracia y las luchas
sostenidas por el movimiento de mujeres a nivel global, la igualdad formal no se refleja en
una igualdad real entre mujeres y hombres, tal como lo demuestran la información
estadística y la investigación disponible.
3
Hanna Arendt al respecto señala la idea del derecho primordial, “derecho a tener derechos”, y que otorga
un sentido histórico y social a la conquista de derechos en el horizonte de la igualdad.
4
Unión Europea. Glosario Main streaming y políticas de igualdad de género en Europa. Disponible en:
[Link]
11
Igualdad de género significa que las mujeres y los hombres gozan de igualdad de
condiciones y oportunidades para ejercer sus derechos humanos totales, así como sus
potencialidades para contribuir al desarrollo político, económico, social, cultural y
beneficiarse de sus resultados, y que por tanto, la sociedad valora por igual las similitudes
y las diferencias entre las mujeres y los hombres, así como los roles cambiantes que
ambos desempeñan. Esto implica que se han considerado los comportamientos,
aspiraciones y necesidades específicas de las mujeres y de los hombres, y que éstas han
sido valoradas y favorecidas de la misma manera.
Hasta el momento hemos mencionado la palabra igualdad sin profundizar en su
significado. De la misma manera hemos mencionado las palabras: identidad, diferencia,
desigualdad, equidad… Pero entonces, ¿Es lo mismo hablar de diferencia que hablar de
desigualdad? ¿Es lo mismo hablar de igualdad que hablar de equidad?
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La equidad de género:
Refiere al trato imparcial de mujeres y hombres, según sus necesidades
respectivas, ya sea con un trato equitativo o con uno diferenciado pero que se
considera equitativo.
Requiere la distribución justa de recursos, responsabilidades, tareas, etc. entre
mujeres y hombres, respetando sus diferencias.
Exige, a menudo en el ámbito del desarrollo, la incorporación de medidas
específicas para compensar o mitigar las desventajas históricas y sociales que
arrastran las mujeres.
Pero equidad no es lo mismo que igualdad:
La igualdad de género apunta a que todo ser humano tiene “derecho a tener derechos”,
independientemente de sus características personales. La igualdad de género no implica
que hombres y mujeres sean idénticos ni que sea necesario hacer más semejantes a las
mujeres respecto de los hombres para que puedan gozar de los mismos derechos.
La igualdad entre mujeres y hombres implica un trato idéntico o diferenciado que resulta
en una total ausencia de discriminación contra las mujeres por ser mujeres, en lo que
respecta al goce y ejercicio de todos sus derechos humanos.
Por su lado, la equidad de género apunta a un trato imparcial de mujeres y hombres,
según sus necesidades respectivas, ya sea con un trato idéntico o con uno diferenciado
según diferentes circunstancias.
Una diferencia sustancial entre ambos conceptos es que la igualdad es un derecho
humano y, por lo tanto, una obligación legal de la que no pueden sustraerse los Estados.
El derecho a la igualdad entre hombres y mujeres requiere que cada Estado implemente
acciones específicas y concretas para eliminar la discriminación contra las mujeres. La
equidad de género, en tanto, es una referencia parcial a un problema complejo ya que
busca directamente dar respuesta a necesidades prácticas y no necesariamente a las
estratégicas.
13
Las discriminaciones de género
La discriminación ha sido parte histórica del desarrollo de nuestras sociedades y se vincula
a la distribución del poder. La discriminación de género se produce cuando se trata de
manera desigual a las personas según su género. Esta problemática afecta tanto a
hombres como a mujeres.
Es evidente en situaciones laborales en donde existen tratos preferenciales según el
género de los empleados, o algún empleado recibe un salario menor o menos
responsabilidades de trabajo debido a los prejuicios de género y a los estereotipos
injustos. La discriminación de género también existe en los deportes, en instituciones
educativas y en organizaciones políticas.
Existen varios efectos y consecuencias de la discriminación de género, sobre todo en el
empleo. La discriminación de género en el lugar de trabajo genera un aumento en la
rotación de empleados y crea un ambiente de trabajo hostil. La discriminación de género
también promueve el acoso y la posible violencia en el ámbito laboral.
La diversidad
En las últimas décadas ha comenzado a elaborarse y difundirse, el concepto de
interseccionalidad, asociado en este caso con la estrategia de transversalidad o
mainstreaming.
Es el concepto de interseccionalidad, que remite a la relación entre inequidades de género
y las originadas por pertenencias étnicas, de clase, religión o sexualidad.
Esta mirada aborda la diversidad al poner especial atención en las políticas que toman en
cuenta múltiples desigualdades. La intención es cuestionar la creencia de que “un formato
sirve para todo” cuando en la realidad se intersectan múltiples desigualdades y cada una
de ellas a su vez se manifiesta de diversos modos y con distintas dinámicas.
Cuando se concentra la atención en una concepción universal de la condición y posición
que ocupan mujeres y varones en la sociedad se ignora el carácter singular, dinámico y
complejo en que se manifiestan las desigualdades. Es decir, analizar las desigualdades y
elaborar estrategias de acción considerando género sólo como un eje de actuación, y no
como dimensión estructural, resulta insuficiente la mayoría de las veces, ya que las
14
personas sufren múltiples discriminaciones en los diferentes contextos en que se
desarrollan.
En este sentido, el análisis de la interseccionalidad busca abordar las formas en las que el
racismo, el patriarcado, la opresión de clase y otros sistemas de discriminación crean
desigualdades que estructuran las posiciones relativas de las mujeres respecto a los
hombres. De esta forma reconoce la necesidad de hablar de “mujeres” (multiplicidad y
diversidad) y no de “mujer” (categoría única) tanto desde el punto de vista del análisis
como desde el punto de vista de las estrategias de acción para enfrentarse a las
desigualdades.
Y es que la posición de una mujer o de un hombre es el resultado de una serie de factores
como su pertenencia a una clase, etnia, raza, edad, orientación o identidad sexual, religión
o estar en situación de discapacidad, que se combinan formando identidades que pueden
representar situaciones de discriminación que se potencian entre sí.
Si bien la discriminación de género la sufren de una u otra manera todas las mujeres, no
es la misma situación la de una mujer de raza blanca, joven, de clase media, que la de una
mujer indígena, anciana y con alguna discapacidad, así como tampoco es la misma
situación la de un hombre heterosexual de clase alta que la de un hombre gay, migrante y
pobre.
Este enfoque no significa que la igualdad entre los sexos deje de ser importante; por el
contrario, el enfoque basado en los derechos humanos integra las normas internacionales
de derechos humanos con los principios que rigen las actividades de desarrollo, incluidos
los derechos humanos de la mujer y la prohibición de la discriminación por razones de
sexo, por lo que este enfoque y la incorporación de la perspectiva de género son
complementarios y se refuerzan mutuamente, de modo que pueden llevarse a efecto sin
conflictos ni duplicación.
Actualmente existe amplia documentación sobre la situación de menoscabo de los
derechos de las personas que viven con VIH, las y los migrantes, las personas que tienen
una orientación sexual o una identidad de género que se salen de la heteronormatividad
(lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgéneros, intersexuales, etc.), las que tienen
alguna discapacidad. Las personas que son catalogadas como diferentes son discriminadas
y privadas de elegir entre sus preferencias y de realizar la vida que quieren vivir.
15
Como señalábamos anteriormente, la diferencia entre los conceptos sexo y género radica
en que el primero se concibe como un hecho biológico y el segundo como una
construcción social.
El Comité de Naciones Unidas que monitorea el cumplimiento de la Convención sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) ha
establecido que el término «sexo» se refiere a las diferencias biológicas entre el hombre y
la mujer, mientras que el término «género» se refiere a las identidades, las funciones y los
atributos construidos socialmente de la mujer y el hombre y al significado social y cultural
que se atribuye a esas diferencias biológicas.
La identidad de género
Es la forma en cómo se identifica la persona, si como hombre o como mujer, la forma en
que se reconoce a sí misma, basando su conducta y su forma de ser y pensar en ese
género con el que se siente identificada, indistintamente de su sexo, orientación sexual,
edad, nivel socioeconómico, etc. Es la conciencia de la persona de sentir pertenencia al
sexo masculino o femenino y es independiente del sexo biológico o de la identidad de
género.
La identidad de género es considerada un Derecho Humano fundamental en tanto
defiende la libertad sin distinción de las diferencias como, por ejemplo, el derecho a la no
discriminación ni a la violencia por la orientación o identidad sexual de una persona.
Las discriminaciones como la orientación sexual y la identidad de género, al igual que
otras categorías como la discapacidad, la edad o la pertenencia étnica, entre otras,
pueden ser factores que llevan al deterioro de las condiciones de vida, a la pobreza, la
violencia, las formas múltiples de discriminación y la limitación de los derechos humanos.
Es por ello que es importante integrar una perspectiva de género en las políticas,
estrategias y programas de acción contra toda forma de discriminación a fin de hacer
frente a la potenciación de las diferentes discriminaciones.
(“Ampliando la mirada: La integración de los enfoques de género, interculturalidad y derechos humanos”,
UNFPA, PNUD, UNICEF, ONUMUJERES. Santiago de Chile, 2012).
16
TEMA 3: ¿QUÉ SIGNIFICA INCORPORAR EL ENFOQUE DE GÉNERO?
Incorporar el enfoque de género significa necesariamente analizar las bases de las
inequidades que se producen entre hombres y mujeres (ya sea que las asimetrías
desfavorezcan a las mujeres o que desfavorezcan a los hombres) y desarrollar acciones
para modificarlas.
La integración de la perspectiva de género es una estrategia destinada a hacer que las
preocupaciones y experiencias de las mujeres y de los hombres sean un elemento
integrante de la elaboración, la aplicación, la supervisión y la evaluación de las políticas y
los programas en todas las esferas públicas, económicas y sociales, con el fin de que
mujeres y hombres se beneficien igualitariamente y se impida que se perpetúe la
desigualdad.
La integración del enfoque de género en las políticas implica, al menos, lo siguiente:
Identificar y analizar las Plantear objetivos, Evaluar la incidencia y
desigualdades entre mujeres y estrategias y metas posibles impactos positivos
varones en una determinada apropiadas para revertir y negativos en el o los
temática y contexto. estas desigualdades. grupo/s “destinatarios”.
Sin embargo, en su mayor parte, éstas no integran una perspectiva de género. Los
analistas y planificadores tienden a asumir que las políticas tendrán un impacto uniforme
o igual en mujeres y en varones o que son neutras en términos de género.
El enfoque de género puede ser utilizado en la planificación básicamente a través de dos
mecanismos:
(a) la incorporación de acciones y componentes específicos de género que atiendan
situaciones específicas (como por ejemplo un curso de formación dirigido a mujeres,
cuotas por sexo, atención a mujeres que sufren violencia en conflictos armados) y
(b) a través de la transversalización de la perspectiva de género en el quehacer del
conjunto de la institucionalidad (como por ejemplo en su programación regular, en sus
presupuestos, en sus sistemas de evaluación, en sus políticas de recursos humanos, etc.)
17
TEMA 4: LA TRANSVERSALIZACIÓN DE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO
A partir del año 1995, la discusión en torno a los temas de género en políticas públicas se
fue enriqueciendo profundamente. La IV Conferencia Mundial de la Mujer realizada en
Beijing (China) fue el elemento gatillador de una serie de procesos e iniciativas que
comenzaron a desarrollar los gobiernos en prácticamente todo el mundo con el fin de
facilitar el camino a la igualdad de género.
Surgió la necesidad y el mandato de transformar los diagnósticos, las metodologías, las
políticas y los procesos de planificación, implementación y evaluación que venían
realizando los gobiernos: “(todos) los actores deben promover una política activa y visible
de integración de la perspectiva de género en todas las políticas y programas y, para ello,
antes de que se adopten las decisiones, debe hacerse un análisis de los efectos sobre las
mujeres y los hombres, respectivamente”.
Desde ese momento, la transversalización se fue convirtiendo poco a poco en una
estrategia privilegiada de integración del enfoque de género en las políticas públicas.
Esta estrategia representó un salto cualitativo en el ámbito de la gestión e
implementación de políticas públicas ya que permitió abandonar el carácter marginal o
residual que tuvo el tema de género en décadas anteriores.
Del mismo modo, debemos valorar que ha permitido una propuesta de abordaje diferente
para contrarrestar los impactos de la desigualdad de género que muchas veces generan
las políticas públicas generales o incluso aquellas dirigidas a las propias mujeres y sus
familias cuando éstas carecen de perspectiva de género
La transversalización de género ha sido definida poniendo el énfasis en dos perspectivas
que consideramos complementarias: el efecto de las políticas sobre mujeres y hombres,
por un lado, y el propio proceso político institucional y de desarrollo de las capacidades
necesarias para llevar a cabo esas políticas de igualdad de género, por otro.
Fuente: Género y políticas de cohesión social. Conceptos y experiencias de transversalización. Fundación internacional y para
Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP). EUOSOCIAL (2007).
18
En síntesis, la transversalización de la perspectiva de igualdad de género puede ser
definida como: "el proceso de valorar las implicaciones que tiene para los hombres y para
las mujeres cualquier acción que se planifique, ya se trate de legislación, políticas o
programas, en todas las áreas y en todos los niveles.
Es una estrategia para conseguir que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, al
igual que las de los hombres, sean parte integrante en la elaboración, puesta en marcha,
control y evaluación de las políticas y de los programas en todas las esferas políticas,
económicas y sociales, de manera que las mujeres y los hombres puedan beneficiarse de
ellos igualmente y no se perpetúe la desigualdad. El objetivo final de la integración es
conseguir la igualdad de los géneros"5.
Aun cuando surge desde el “mainstreaming” como la incorporación del género en la
“corriente principal” de las políticas públicas, en su traducción al español, se ha
considerado como una estrategia para hacer que los intereses, preocupaciones y
experiencias de las mujeres y de los hombres constituyan una dimensión integral en el
proceso de diseño, implementación, monitoreo y evaluación de programas y proyectos en
todas las esferas políticas, económicas y sociales, de manera que la desigualdad entre
hombres y mujeres no se vea reproducida ni perpetuada.
Si queremos incorporar la perspectiva de género en la gestión
de proyectos debemos considerar:
La plena aceptación de que las mujeres en todas las sociedades viven en posición
subordinada frente a los hombres, lo cual se traduce en desventajas en el acceso y
disfrute de las oportunidades y beneficios del desarrollo y en la existencia de prácticas
discriminatorias de diversa naturaleza. Esto no implica desconocer que en algunos
ámbitos son los hombres lo que están en situación de desventaja.
La creciente y casi mayoritaria conciencia en los gobiernos y en las sociedades de que
la subordinación y discriminación de las mujeres es un asunto de interés público.
Es una obligación de los poderes públicos desarrollar acciones dirigidas a garantizar la
igualdad entre los géneros y esta obligación está respaldada por acuerdos
internacionales de derechos humanos que los gobiernos están obligados a cumplir
No podrá existir pleno y auténtico desarrollo y democracia mientras persista la
desigualdad y la discriminación por género u otra razón. Por lo tanto, todas las
políticas de desarrollo deben ser formuladas, sancionadas y ejecutadas desde una
perspectiva que garantice la igualdad y la eliminación de todas las formas de
discriminación según sexo
5
Definición del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas –ECOSOC, 1997.
19
La transversalización de igualdad de género demanda a las organizaciones no sólo un
trabajo ‘hacia fuera’, sino también un trabajo ‘hacia adentro’.
La transversalización de estos enfoques tiene diversas implicaciones para las
organizaciones
b) Generar un cambio en la
a) Desarrollar y utilizar
cultura institucional y
un concepto de c) Promover la inclusión y
organizativa, ya que la
Igualdad entre participación de mujeres
transversalización de
hombres y mujeres, en todas las acciones que
igualdad de género y del
que incluya no se desarrollen, así como
enfoque de derechos implica
solamente la igualdad en los procesos de toma
un trabajo coordinado y
formal, sino también la de decisiones.
horizontal entre las distintas
igualdad sustantiva.
partes de la organización.
d) Incorporar en los procesos de e) Integrar el enfoque de género en todas
transversalización de género a todos los las políticas, planes y programas,
actores de la organización (funcionarios especialmente en aquellas que son claves
y funcionarias de diversos niveles dentro de la organización. Por
jerárquicos y de distintas unidades y contrapartida, esto significa que el enfoque
sectores), ya que son los funcionarios/as de género no puede quedar reducido a
del conjunto de la organización los/as proyectos o acciones marginales en la
llamados/as a promover las acciones de organización. Lo mismo respecto del
igualdad de género enfoque de derechos humanos.
20
TEMA 5: ESTADÍSTICAS SOBRE LA EQUIDAD E IGUALDAD DE
GÉNERO
Históricamente, la desigualdad y la discriminación han colocado al colectivo de mujeres (y
dentro de éste a algunos sectores más que otros), así como a algunos grupos de varones,
en condiciones de desventaja social, económica y cultural. Sin embargo una mirada
histórica nos revela que se han producido cambios significativos que es necesario afianzar
y ampliar.
Las estadísticas aportan evidencias de algunos progresos así como de brechas que siguen
vigentes y que en algunos aspectos se han ensanchado por causas político-económicas
como las crisis financieras de los últimos años, el incremento de desigualdades sociales,
conflictos bélicos, influencia de concepciones fundamentalistas, entre otros motivos.
Disponer de estos datos y actualizarlos periódicamente es imprescindible para
fundamentar los proyectos y políticas. Es conveniente acceder a esta información,
conocer las fuentes y utilizarlas regularmente en las distintas temáticas.
Dada la importancia de las evidencias para justificar políticas y programas es necesario
recordar que los organismos productores de información sobre la situación y condición de
las mujeres constantemente la actualizan y amplían basándose en nuevos indicadores que
dan cuenta de problemáticas que no han sido visibilizadas y exploradas suficientemente,
con lo cual se va logrando conformar un panorama más comprehensivo y complejo de las
condiciones de vida de ambos géneros.
Utilidad de las estadísticas de género
Las estadísticas de género permiten:
Que la opinión pública se sensibilice y visualice los problemas de género
promoviendo un cambio de roles y de estereotipos arraigados en la sociedad.
Sensibilizar a las autoridades respecto de la desigualdad de género.
Formular planes nacionales y políticas con perspectiva de igualdad de género.
Inspirar medidas para el cambio.
Monitorear y evaluar adecuadamente las políticas públicas.
Rendir cuentas y transparentar las acciones de los organismos públicos.
Diseñar y formular proyectos en áreas críticas del desarrollo de los países.
Limitaciones de las estadísticas tradicionales
No recogen los asuntos de género discutidos en la sociedad y por lo tanto no
cubren temas de interés de toda la población.
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Los instrumentos de recolección de datos y análisis de la información no
consideran aspectos de género en todas las etapas del proceso.
Las actividades de terreno y de procesamiento de la producción estadística tienen
sesgos de género.
La toma de decisiones es incompleta pues no considera las necesidades y
especificaciones de mujeres y hombres.
REFERENCIAS
Arendt, Hannah (2002): “La vida del espíritu”. Paidós, Buenos Aires.
Moser, C. Levi en "Género, Capacitación y Planificación" SUMBI 1988, Lima.
Inmujeres –México (2008): Guía metodológica para la sensibilización en género:
Una herramienta didáctica para la capacitación en la administración pública.
Lamas, Marta (comp.) (1996): “El género: la construcción cultural de la diferencia
sexual”, UNAM, México.
Conferencia regional sobre la mujer de América Latina y el Caribe. Julio 2010. Qué
Estado para qué igualdad.
Disponible en:
[Link]
ue_igualdad.pdf
OEA (2011):“Manual para la transversalización del enfoque de igualdad de género
en el ciclo de proyectos”, Washington, D.C. Preparado por Alejandra Faúndez.
OEA/CIM (2011): “Guía para la integración del enfoque de género en políticas,
programas y proyectos de la OEA” Washington D.C. Guía preparada por Gloria
Bonder, Área Género, Sociedad y Políticas de la FLACSO-Argentina.
Glosario de términos relacionados con la transversalidad de género proyecto equal
“en clave de culturas” [Link]
igualdad/recursos/2013/[Link]
Glosario de Género, Instituto Nacional de las Mujeres, México 2007, en:
[Link]
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