Territorializaciones Rurales en Caldas
Territorializaciones Rurales en Caldas
Tierra,
agua y minerales en el departamento de Caldas
Colombia (1980-2014)2
1. Introducción
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Artículo producto de datos de distintos Proyectos de Investigación que coordinaron o donde
participaron las autoras de este artículo y que son el antecedente para que en 2014 se presentara la
problemática estudiada en Caldas desde 2010 como una propuesta de Tesis Doctoral titulada:
“Territorializaciones rurales contemporáneas. Tierra, agua, actores y relaciones socio-productivas
en Caldas. Colombia” de autoría de Paula Andrea Velásquez López Trabajadora Social, profesora-
investigadora asociada de la Universidad del Valle, Escuela de Trabajo Social y Desarrollo
Humano, Grupo de Investigación Estudios de Familia y Sociedad. Béatriz Nates Cruz es
Antropóloga, profesora-investigadora titular de la Universidad de Caldas (ANTROSOC, ICSH-
SIAT-GIT), miembro ELER, UNI y CNPT, actualmente es Directora del Doctorado en Estudios
Territoriales, Grupo de Investigación Territorialidades, ICSH. Las dos son integrantes de la Red
Internacional de Estudios sobre Territorio y Cultura RETEC. Las investigaciones que dan origen a
este artículo fueron cofinanciadas por la Universidad de Caldas y Colciencias.
3
Los entendemos como conjunto de lugares contrastantes y distantes que se encuentran bajo
diferentes zonas y forman lugares funcionales, políticos y vividos.
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dispositivos tratados en este artículo, son entidades espaciales asociadas a
lugares no contiguos que comparten una territorialidad coherente (Giraut,
2013).
Estas dinámicas han dado pie a que en dichos lugares (llámense vereda,
corregimiento4, asentamiento rurales dispersos) coexistan y se imbriquen
no sólo dualismos entre economías capitalistas y no capitalistas (Mançano,
2009) o economías monetarias y no monetarias o domésticas (Forero,
2013), sino que se pondere por encima de los modos de vida, otrora
rurales, la presencia de capitales internacionales a partir de la existencia
simultánea de procesos agroindustriales con economías campesinas o con
proyectos mineros e hidroenergéticos.
Cabe decir que en Colombia, partir de la década de los 60, pero sobre
todo, en la década de los 80, se generalizó una visión nacional sobre los
lugares que se conocen como rurales, reduciéndolos con fuerza a procesos
de: 1) Reprimarización de las economías y sus implicaciones en la
desposesión o despojo de tierras, recursos y poblaciones a partir de la
consolidación de un estilo de desarrollo extractivista; 2) Movilización y
pugnas entre actores étnicos, actores productivos, actores
institucionalizados (organizaciones gubernamentales y no
gubernamentales) en contra o en pro de la reprimarización de las
economías y políticas de desarrollo; y 3) Reordenamiento territorial
(nacional) a la luz de los distintos procesos productivos, avalados o
legitimados por un conjunto de proyectos y legislaciones que lo objetivan.
Lo que está en juego en todos estos procesos es la preponderancia o el
determinismo de la dimensión económica en los procesos de desarrollo
adelantados desde décadas anteriores. En este transcurrir contemporáneo,
esto debe sopesarse en justo balance con la dimensión política, su
concomitante, en tanto que aquello que está en disputa, es lo que Raffestin
(1993, p. 159) denomina “la transformación de materia en recurso”, al
4
En Colombia una vereda es división administrativa de nivel más bajo que un corregimiento o un
municipio. Las veredas comprenden principalmente zonas rurales, aunque en ocasiones puede
contener un centro microurbano. Demarcaciones territoriales con fines administrativos. Desde
antiguo designaba el ámbito jurisdiccional para el ejercicio de las funciones propias de un
corregidor.
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decir, según el autor, que: 1) La materia no deviene recurso más que como
resultado de un proceso de producción complejo, 2) La relación que hace
emerger un recurso también es política, 3) El acceso modifica a la vez al
entorno y al grupo mismo, 4) Toda relación con la materia es una relación
de poder, 5) Está inscrita en el campo político por intermediación del
modo de reproducción, 6. Funda así, la naturaleza socio-política y socio-
económica de los recursos.
La gobernabilidad y gobernanza que se produce o que se requiere en
este proceso de transformación de materia en recurso, es lo que Giraut,
2013, basándose en Raffestin, nos propone en un análisis que él llama
postmoderno y nosotras contemporáneo, para decir que, por diversas
razones en nuestro caso por la configuración, morfología y transformación
de los tres dispositivos que abordamos en este texto, no es posible reducir
el territorio a lugares fijos de residencia o reproducción. Deben
reconocerse las territorialidades complejas que reúnen estos lugares y
zonas para formar sistemas espaciales de gubernamentalidad que podrían
usarse como herramientas de opresión, emancipación o simplemente
gobernanza, sea explícito o no. (Op. Cit: 11).5
En este sentido es necesario realizar un giro epistemológico, que
permita analizar de manera más amplia lo que acontece hoy. Es por ello
que decir en lo rural permite significar lo rural como un lugar, con el peso
antropológico de la palabra (Vergara, 2013), dotado de identidad y
pertenencia por quienes lo viven y lo habitan. No es una mera despensa
agrícola o un banco de diversos materiales, sino que tiene vida, dinámica y
actores propios; de allí, las pugnas, las acciones colectivas y las
movilizaciones de distintos actores sociales por reivindicar un estar y
producir allí, revalorizando lo rural no como espacio a priori que requiere
ser producido, sino como lugar geoestratégico basado en relaciones socio-
productivas dadas a través del uso, el manejo, la gestión y la tenencia de la
tierra, el agua y los minerales.
Desde los estudios territoriales, se elige abordar este giro con base en
las territorializaciones rurales contemporáneas, sin por ello desconocer
dos tendencias que ya tienen tradición, en los debates existentes sobre los
5
Página de la traducción personal al español.
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cambios rurales en América Latina, recogidos en la fructuosa literatura
que desde la década de los años 80 se ha escrito al respecto de sus
dinámicas, sus actores y sus procesos. De la literatura encontrada, hay
aportes significativos desde la nueva ruralidad (Pérez, 2001; Berdegue,
2011; Rosas-Baños, 2013; Echeverri y Ribero, 2002; Paniagua, 2002;
Rodríguez, 2008; Ávila, 2008; Grammont, 2008), y la ecología política
(Bebbington, 2007; Escobar, 2010; Leff, 1998; Lipietz, 2002; Whiteside, 2002;
Martinez-Alier, 2004; Palacio, 2006; Porto-Gonçalves, 2001; Alimonda,
2011). Estás abogan por una mirada renovada de lo que está sucediendo
en la geopolítica global y su correlato con las problemáticas situadas en
lugares concretos y propenden por reflexiones de carácter transdisciplinar.
En este artículo se presentan las territorializaciones rurales
contemporáneas no como un hecho dado sino como una producción
territorial (fáctica y simbólica) particular que la sociedad ha hecho de la
naturaleza. Y desde dicho interés citamos de nuevo a Raffestin: “La
ecogenésis territorial es la crónica de un "cuerpo a cuerpo", la historia de
una relación en la que la naturaleza y la cultura se funden” (Raffestin,
1986, p. 177)6. Esta relación, prosigue el autor, se da a través de una
especie de Diathétique, palabra que él retoma del griego para referirse a un
ensamble de afectaciones diferentes, afectaciones simultáneas o sucesivas
que permiten disponer para desestabilizar, para arrancar. Estas
afectaciones no son aleatorias; por el contrario, son el resultado de una
práctica de conocimiento de la apropiación de una surface, “superficie”
(Raffestin, 1986).
En los tiempos contemporáneos, tal ecogénesis se presenta
transformando no sólo la economía local, nacional e internacional, sino
también las relaciones socio-productivas construidas históricamente, en
cuanto: 1) Se resignifican las formas organizativas (familias,
compadrazgos, etc.), 2) Se ajustan las prácticas tradicionales asignadas a
hombres y mujeres de distintas edades, 3) Se reconfiguran las relaciones
laborales por el cambio del trabajo agrícola al minero (por ejemplo) y el
cambio de producción campesina a producción empresarial basada en
lógicas diferenciales del saber-hacer de los sistemas de calidad y tratados
6
Traducción propia. Las negrillas son nuestras.
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de libre comercio (TLC) y, 4) Se traslapan distintas escalas territoriales
(local, global, nacional, local-local, nacional-local, global-nacional) a través
de lo que Sassen llama Reescalonamiento (2015).
En consonancia con estos debates, las territorializaciones rurales
contemporáneas nos permiten identificar tres distorsiones ontológicas
que, a su vez, epistemológicamente se vuelven dispositivos analíticos y
explicativos para la comprensión de la centralidad que adquiere lo rural.
Las distorsiones ontológicas que se evidencian, tienen que ver con: 1) La
tendencia a ver el tiempo de forma lineal diacrónica y ligado al desarrollo
y asumir el espacio, como un fondo relativamente fijo e infinito (Elias,
1989; Porto-Gonçalves, 2001; Soja, 2014); 2) La representación según la cual
el desarrollo puede tomar la naturaleza como fuente inagotable de
recursos que están a disposición de todo el arsenal tecnológico del hombre
para su dominio y transformación, así como para dar respuesta a los
desafíos que plantea en la actualidad la finitud y agotamiento de ésta
(Altvater, 1992; Escobar, 2007; Haesbaert y Porto- Gonçalves, 2005); 3).
Seguir asumiendo el Estado sólo como principio de organización social,
como espacio de negociación de las diferencias, como principal escala
territorial de negociación entre mercado y sociedad civil, y como supuesto
tácito de ámbito de aplicación de la justicia (Bourdieu, 2014; Fraser, 2008;
Sassen, 2015).
Desde los debates recogidos y las posturas nuestras, situamos ahora los
dispositivos de que trata este texto, para comprender la centralidad de lo
rural hoy, desde las territorializaciones rurales contemporáneas: la
relación tiempo-espacio, la relación sociedad-naturaleza y la relación
sociedad-individuo. Estos dispositivos no surgen de una disquisición de
escritorio o de una deducción caprichosa. Surgen de un trabajo de
investigación de campo que ha tenido un entramado de distintas
investigaciones en tiempo-espacio como lo decimos al comienzo de este
texto. Herramientas metodológicas como la objetivación participante, la
observación participante, los talleres de conocimiento con multiactores, las
cartografías conceptuales-locales y euclidianas, así como bases de datos e
índices, encuestas y entrevistas. Todo esto, constituyó el medio que nos
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produjo las etnografías territoriales7 proyectadas a una escala colombiana
y latinoamericana, como soporte de la propuesta de los dispositivos que
presentamos.
Estas etnografías fueron de carácter multisituado, es decir, en varios
lugares a la vez, lo que permitió construir un modelo explicativo con
dimensiones, variables e indicadores, donde la caracterización, lo
descriptivo y el “dato frío” no fueron insumos en sí, sino para sí; esto es,
sirvieron como base para dar cuenta del modelo explicativo. La
sistematización se hizo por medio de bases de datos e índices que se
construyeron con los datos de campo y los datos de fuentes secundarias
entre las que se incluyeron, desde luego, las políticas oficiales que
objetivan la posición y efecto gubernamental. De igual forma se utilizaron
los softwares Nvivo e HyperResearch para analizar las encuestas y
entrevistas, y se contó con la cartografía oficial del Instituto Geográfico
Agustín Codazzi (IGAC) de Colombia, para el abordaje temático de los
mapas tipo SIG.
7
Como concepto, consiste en establecer las relaciones socioespaciales relevantes en un fenómeno
estudiado y analizarse, según la trascendencia que tienen para construir o determinar un lugar:
pueblo, ciudad.
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El informe de la Misión para la Transformación del Campo a través de su
clasificación de ruralidad estima que “el 84,7% del territorio nacional está
conformado por municipios que están en las categorías de ‘rural y rural
disperso” (DNP, 2015, p. 32). Así, el área rural dispersa aproximada es de
111 452 998 de hectáreas, de las cuales el 38,6% se dedica a actividades
agropecuarias, el 2,2% a actividades no-agropecuarias, el 56,7% está
destinado a bosques naturales y el 2,5% restante incluye infraestructura no
agropecuaria y usos del suelo diferentes (Departamento Administrativo
Nacional de Estadística, DANE, 2015).
Los datos y cifras hasta aquí presentados son un reflejo de la
construcción histórica conformada a lo largo de varias eras geológicas,
varios siglos de conquistas y colonizaciones, varios modelos de
apropiación y gestión territorial y varias décadas y años de violencias y
conflictos sociopolíticos, que hacen ver que toda conquista humana es
ractices, infinita e ractices le, es ractices, efímera y perecedera; que
somos ractic de un devenir inconcluso en el que no hay equilibrios, sino
relaciones asimétricas entre la naturaleza y la sociedad, el tiempo y el
espacio, el Estado y el ciudadano.
Relaciones asimétricas que, para las ruralidades contemporáneas, son
ractic del entrecruce de lógicas e intereses por la adquisición,
sometimiento, control, dominio y aprovechamiento de la tierra, que vivida
por distintas poblaciones se vuelve territorio. Esta tierra vuelta territorio
ha sido producida, arrebatada y recuperada desde la corona hasta
nuestros días en diversas luchas, inicialmente, entre indígenas y
españoles; posteriormente, entre indígenas, afrodescendientes y españoles;
entre criollos, afrodescendientes, indígenas y españoles, y, más
contemporáneamente, entre indígenas, campesinos, esclavos
(afrodescendientes), gobierno, terratenientes, empresarios de lo rural,
empresas nacionales y multinacionales de los alimentos, del agua, de la
minería y de la gestión y administración de proyectos de conservación
ambiental (Jaramillo, 2013; Machado, 2009; Velásquez, 2019, entre otros).
Estas confrontaciones tienen varios matices. Destacamos el problema
agrario, los conflictos por el uso del suelo, la violencia y el conflicto
armado con raíces en lo rural, las políticas y extracciones de tierra para la
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conservación otrora rurales, los megaproyectos y proyectos extractivos a
gran escala y, el principal de todos ellos, la propiedad y tenencia de la
tierra. La Región Andina Central de Colombia, y en ella el departamento
de Caldas, no es ajena a estas realidades y de igual forma, se caracteriza
por sus condiciones productivas diversas y favorables al mercado nacional
como el internacional de productos agrícolas, donde se pondera
principalmente el cultivo de café como producto y como práctica (toda
una cultura alrededor de ello), el aguacate y otros productos como el
plátano, pastos para ganadería, la caña panelera, papa, diversos frutales, al
igual que el cacao, la papa, el fríjol y el maíz.
Estas condiciones favorables tienen que ver con la riqueza hídrica,
climática y pisos términos, donde predomina un paisaje montañoso,
entreverado con valles, altiplanos, serranías, páramo y nevado, que
además de la riqueza agro-productiva, dan origen a varios proyectos
hidroenergéticos y una oferta de servicios ecoambientales y turísticos
importantes. De igual forma, hay una riqueza en el suelo y el subsuelo que
le da una variedad de ractice. Estas realidades se sitúan en el racti de
tres de los veintisiete municipios del departamento de Caldas, Aguadas,
Villamaría y Samaná, que se encuentran ubicados en la macrocuenca
Magdalena-Cauca. Aguadas pertenece a la zona hidrográfica Cauca y a la
ractic hidrográfica que conformas los ríos Arma, Tapias, Tareas y otros
directos. Villamaría comparte con Aguadas la zona hidrográfica, la ractic
hidrográfica de este municipio es el río Chinchiná. Samaná pertenece a la
zona hidrográfica medio Magdalena y la ractic hidrográfica del rio La
Miel y río Samaná Sur. Samaná forma parte del complejo hídrico que da
origen al Parque Nacional Natural Selva de Florencia y en Villamaría se
encuentra el Parque Nacional Natural Los Nevados y uno de los
ecosistemas de páramo en Colombia (Ver el mapa No. 1).
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Mapa 1. Localización de Caldas y tres municipios de referencia.
Fuente: Elaboración propia a partir de mapa base cartográfica del Instituto Geográfico Agustín
Codazzi-Sistema de información geográfica para la planeación y ordenamiento territorial SIG-0T.
Escala 1:100.000. Mapa de cobertura de la tierra. Metodología Corine Land Cover adaptada
para Colombia escala 1:100.000 ( racti 2000-2014) IDEAM. Mapa base de la NOAA, USGS.
Sistema de coordenadas Magna Colombia Bogotá. Elaboración Técnica desde los Laboratorios
del Programa en Investigación y Alternativas Territoriales (SIAT), Doctorado en Estudios
Territoriales (DET), Universidad de Caldas.
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lugar a una relación que muestra lo productivo desde la transformación de
la materia en recurso. Pensar esto en términos del aprovechamiento de la
naturaleza (cuenca hidrográfica, bosque alto andino, valle aluvial) en
proyectos productivos (agropecuarios, ecoambientales, hidroenergéticos),
es evidenciar una multiplicidad de relaciones asimétricas que hacen del
territorio una construcción geosociohistórica y poliemocional –política y
emocional-. (Massey, 2007; Soja, 2014; Novoa, 2016; Nates-Cruz, 2017).
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“zonas grises” y con ello, la muestra a-lineal de las dinámicas de distinto
orden, en nuestro caso, económicas y políticas, por ejemplo. En un texto
publicado en español en 1989, Norber Elias en su libro Sobre el Tiempo,
aborda ideas racti a citar aquí: “(…) al tiempo no se puede ni ver ni
sentir, ni escuchar ni gustar ni olfatear. La pregunta sigue flotando sin
obtener respuesta: ¿cómo puede medirse algo que los sentidos no pueden
percibir? Una hora es invisible. Pero ¿acaso los relojes no miden el tiempo?
Sin lugar a dudas miden algo; pero ese algo no es, hablando con rigor, el
tiempo invisible, sino algo muy concreto: una jornada de trabajo, un
eclipse de luna, o el tiempo que un ractice emplea para recorrer 1000
metros. Los relojes son aparatos sujetos a una norma social” (p. 10).
Con esta idea de medir algo concreto en términos de tiempo, podemos
ahora pensar en lo que plantea Soja al proponer, “una reflexión ontológica
sobre el espacio y la necesidad consecuente de sustituir la dialéctica socio-
temporal heredada de la explicación del mundo tradicional por una
trialéctica en la que a las dos dimensiones (tiempo y sociedad) se sume la
espacial”. (Soja, 2014, p. 15).
Esta búsqueda de ontología equilibrada la podemos ver en esfuerzos
situados que a menudo cuentan menos para los entes gubernamentales y
más para el desarrollo localizado. En la zona de amortiguamiento del
Parque Nacional Natural Los Nevados (PNNN) en Villamaría con límites
hacia el corregimiento de La Florida, existe un caso paradigmático de esta
relación espacio-temporal en tres vías: a partir de la relación de género, de
la producción agropecuaria y del manejo ecoambiental del PNNN. En un
punto en el mapa que podría no tener importancia porque a nivel de
escalas administrativas cuenta poco, una vereda denominada El Bosque 8
está viviendo de suyo esta relación. Según el Plan de Manejo de 2002, la
población residente en la zona es originaria de otras regiones del país
(Caldas, Tolima, Cundinamarca, Nariño y Boyacá). Para 2007, el mismo
Plan registra una población de 5.549 habitantes. “El tiempo de ocupación
8
Los datos sobre El Bosque se recogieron también desde otro de los proyectos que animan este
artículo denominado: Estrategias agroecoambientales y readaptación socio-territorial como
consecuencia del cambio climático: Parque Natural Los Nevados Colombia.
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de algunos de los pobladores de la zona data de más de 60 años. La
ocupación territorial, consecuencia del proceso de colonización de tierras
baldías que aumenta la frontera agrícola, es una práctica que en toda la
zona de amortiguamiento del PNNN se dio desde aproximadamente la
última década del siglo XIX hasta mediados del XX” (Nates-Cruz et al,
2016).
La agricultura de papa de gran tradición con 60 años en la vereda pasa
a dar cabida a la ganadería de montaña cuando los agroinsumos de la
papa aumentan de precio. Esa transición que se da a mediados del siglo
XX genera transformaciones en eso que hemos llamado la relación tiempo-
espacio en tres vías. En términos de las relaciones de género hemos
identificado en esta investigación, lo que denominamos “la
masculinización de la zona de amortiguamiento”. La ganadería de
mediana y gran producción se ha constituido en una de las más fuertes
razones de migración de la mujer del campo a la ciudad para trabajar en el
servicio doméstico y el hombre de ha quedado como trabajador de sus
propios predios en ganado o como trabajador de fincas en la zona. Este
hecho desde luego tiene implicaciones en el quehacer del hombre, pero no
sólo eso. El hombre ha reconfigurado la finca territorialmente hablando
para “hacerla a su imagen y semejanza”. Los cultivos de papa antes de la
migración de la mujer quedaban a 4 o 5 kl. De la casa de habitación y a
igual distancia o del doble en algunos casos, los hatos de vacas de ordeño.
Poco a poco en no más de 5 años, se produce la reconfiguración: Al llegar
a las fincas, lo primero que interpela es ver una casa en medio de tanto
movimiento tiempo-espacio: hombres que cosechan, que ponen
agroinsumos, que ordeñan, que realizan distintas labores en sus
entramados de cultivo-ganadería de los rededores de la casa y, además, se
ocupan de las labores domésticas. Interpela porque esta no es la
organización espacial de las fincas de la zona en el caso de veredas
cercanas como por ejemplo Potosí. Al enterarnos de las razones y revisar
la literatura secundaria (CORPOCALDAS, 2004; Cardona, Jaramillo y
Vallejo, 2014; Avellaneda-Torres, Torres y León-Sicard, 2014; Giraldo
Arango y Barragán Valverde, 2017), constamos que esto se debe a que el
género-mujer, está casi ausente y que la preponderancia de la categoría
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género-hombre, es lo que predomina: “Las pocas mujeres que quedan aún
en la vereda, ya no se dedican a la actividad del racti, pero reconocen que
cuando lo hacían ellas de niñas o de adultas y sus madres, el trabajo era
dispendioso y agotador porque debían tener en la cabeza toda la vereda
en recorridos de a pie y porque al llegar les esperaba más trabajo en la casa
con la huerta, los hijos, el queso, el almacenamiento de la papa en lo que
también debían participar ellas y los niños” (Entrevista Trabajo de Campo.
Vereda El Bosque, 2013).
Esta imagen es fuerte para sustentar la “masculinización” de la que
hablamos, pero también, se suma a esto otro tema que no es del tema del
presente texto, pero que referimos para ilustrar, la figura de autoridad
sobre los otros y sobre sí mismos en la idea de hombre. Al ser esta
colonización una empresa (como muchas, o todas) que se fundamenta y se
asienta en su total habitabilidad desde la figura de la familia, lo que se nos
refirió y leímos en los textos inmediatamente precitados de bibliografía
secundaria, fue que en figuras organizativas como las Juntas de Acción
Comunal,9 hombres y mujeres actuaban de igual manera. Sin embargo, el
movimiento de las finanzas y la coordinación de acciones de largo plazo y
de mayor abarcamiento en la vereda, estaba en cabeza de las mujeres. Hoy
(2011-2016), todo está en manos de los hombres. Y debemos admitirlo, lo
que encontramos con relación a lo que se nos refirió en las entrevistas y
que igualmente revisamos en lo ya citado, era que las gestiones de la Junta
de Acción Comunal menguaron con relación a cuando “estaban todos”.
En cuanto a la producción vale señalar que encontramos que “según
análisis de mapas de tenencia de la tierra del IGAC, de los lotes
registrados entre 1970 y 2010, el 95% de las personas que habitan el total
de la zona de amortiguamiento no son dueños de ellos. No obstante, en El
Bosque, son todos propietarios consuetudinarios (por ocupación) y en la
actualidad y desde 2000, se encuentran realizando la regularización
jurídica de sus predios” (Nates-Cruz Op Cit). Según datos de
CORPOCALDAS podemos decir, que los usos del suelo se distribuyen en
9
Organización comunitaria, sin ánimo de lucro, con personería jurídica y patrimonio propio,
compuesta por los habitantes de una vereda, que se organizan con el objetivo de solucionar los
problemas de su comunidad. Figura del Estado colombiano.
69
el año 2012 en 40.8% de uso de pastos para la ganadería, 47.4 % de usos
para bosque natural secundario, 6.8% de bosque de galería y 3.8% para el
cultivo de papa.
Otra forma de producción es en las haciendas colindantes: desde el lado
de la vereda Potosí, en la hacienda también llamada El Bosque, la
producción espacio-tiempo se da a través de la figura del codillero. Llaman
de este modo, al hecho de que el patrón preste tierra a un agregado que
cuida el ganado y le facilite los insumos para que la cultive y los
agregados a su vez, aportan el trabajo, las herramientas y la comida de los
trabajadores. Del producto, el patrón se queda con la mitad y de la parte
restante se reparten entre todos aquellos que hayan participado del
trabajo. Este es un tiempo por venir, es intervenir con estrategias distintas
la tenencia esquiva de la tierra y hacer en ella lo que por la actividad
ganadera se les ha negado: cultivar la tierra hoy para tener comida
mañana. (Datos tomados de entrevista realizada a Alberto Corrales.
Trabajo de campo, hacienda El Bosque, municipio de Villamaría, 2012). “El
sentido de pertenencia y la estrecha relación antropo-espacial con el
entorno y el medio ecológico y ambiental que tienen los campesinos y/o
agregados, da cuenta de cómo la relación de estos actores con el territorio
se sobrepone a la propiedad sobre la tierra misma. De otra parte, el paso
de la paperización a la ganaderización no sólo ha implicado el cambio de
un modo de producción a otro, sino también de tenencia de tierra y de
cambio en las lógicas y sentidos de organización [del espacio-tiempo]”
(Nates-Cruz, Op. Cit).
70
gubernamentales de todo el mundo, sino de referencia fundamental para
los pronunciamientos, reflexiones, políticas, pactos y acuerdos sobre la
crisis ambiental global y, con ello, en el centro de una serie de argumentos
en torno a la naturaleza, al modo de pensarla, conceptualizarla y/o
politizarla (Swyngedouw, 2011).
Analizando esta relación desde un giro territorial, asumimos que tanto
lo urbano como lo rural son dos formas bajo las cuales la sociedad ha
producido la naturaleza en términos territoriales (piénsese, por ejemplo,
cómo se han convertido montañas y valles en ciudades, o cómo se han
transformado cauces de agua en calles y avenidas o como se han secado
humedales para hacer barrios, etc.). Para lo rural es una categorización y
representación que nos sitúa en el lugar de producción territorial de la
naturaleza a partir de ractices y discursos referida al sector primario de la
economía. Estás connotaciones dieron lugar a que por mucho tiempo lo
rural fuera sinónimo de agropecuario y, con ello, la economía se dividiera
a partir de sus actividades en sector agropecuario, sector de agua, gas y
energía eléctrica, y sector minero.
Mientras el lugar por excelencia de lo agropecuario sería lo rural, el
lugar del sector agropecuario, sector de agua, gas y energía eléctrica, y
sector minero, no está tan claro. Sin embargo, si vemos lo que sucede in
situ y lo que dicen las normas nacionales como la Ley No. 56 de 1981, la
producción de lo rural por estos tres sectores es evidente. Y con ello, todos
los impactos e implicaciones socioculturales y geomorfológicas.
Esto ha dado lugar a que muchos de los nuevos propietarios de lo rural
en Colombia sean empresas trasnacionales. Buen ejemplo de ello es la
multinacional canadiense Brookfield Asset Management, quien es ahora
dueña de un importante porcentaje de la empresa de producción y
comercialización de energía, ISAGEN, al vender esta empresa sus activos
a la multinacional canadiense, ésta quedó en la posibilidad de disponer de
23.000 hectáreas de tierra, que incluyen tanto un gigantesco patrimonio
biológico materializado en bosques, agua y especies animales entre otros
activos, como el conocimiento adquirido de sus trabajadores, construidos
en años de experiencia e investigación (El Espectador, 9 de enero de 2016).
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Tal como la misma ISAGEN lo muestra en uno de sus informes (2016),
éstas hectáreas se encuentran en distintos lugares geoestratégicos del país
debido a su riqueza y potencial hídrico. Solo por enunciar algunos datos
del citado informe, tienen, 7.000 hectáreas que almacenan 4.800 millones
de metros cúbicos de agua del embalse de Hidrosogamoso, ubicado en el
departamento de Santander, en el cañón donde el río Sogamoso cruza la
Serranía de La Paz, 75 km aguas arriba de su desembocadura en el río
Magdalena y 62 km aguas abajo de la confluencia de los ríos Suárez y
Chicamocha. La presa Latora y el embalse Topocoro, jurisdicción de los
municipios de Girón, Betulia, Zapatoca, Los Santos, Lebrija y San Vicente
de Chucurí, que, junto con los municipios de Barrancabermeja, Puerto
Wilches y Sabana de Torres, ubicados aguas abajo del sitio de presa,
conforman el área de influencia de este proyecto. Están también las 1.220
hectáreas con una capacidad de almacenamiento de 571 millones de
metros cúbicos de Hidromiel I, ubicada en el municipio de Norcasia
(Caldas), conformada por las cuencas de los ríos Guarinó, La Miel, Moro,
Manso, Samaná Sur y afluentes dando lugar al embalse Amaní.
En esa medida, en Samaná el impacto está causado por la
Hidroeléctrica la Miel I que toca, además, al municipio de Pensilvania e
inició operaciones en 2002, que, además, como lo ha mostrado La Patria en
edición de junio 13 de 2012, la operación comercial se extendió además por
10 Pequeñas Centrales Hidroeléctricas (PCH) en otros municipios del
Oriente del departamento de Caldas. A esto se le suman los yacimientos
de materiales que fueron situados hace cerca de 30 años en los
corregimientos de Berlín y San Diego con capital de la Gaia Energy,
compañía canadiense de extracciones. Este tipo de economías genera un
aumento en la reprimarización de la economía local y regional en pro de
un enmarque en la economía global (Ver mapa No. 2).
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Mapa 2. Proyectos hidroenergéticos en Caldas.
Fuente: Elaboración propia a partir de mapa base cartográfica del Instituto Geográfico Agustín
Codazzi-Sistema de información geográfica para la planeación y ordenamiento territorial SIG-0T.
Escala 1:100.000. Mapa base de la NOAA, USGS. Sistema de coordenadas Magna Colombia
Bogotá. ANLA (2012), La Patria (2012b) CORPOCALDAS (2013), Gobernación de Caldas
(2012), PNN (2006), Pactos por la Cuenca Chinchiná (2014), UPME (2015), UPME (2017).
Elaboración Técnica desde los Laboratorios del Programa en Servicios de Investigación y
Alternativas Territoriales (SIAT) del Doctorado en Estudios Territoriales, Universidad de
Caldas.10
73
de Manizales. La razón de destacar este detalle está en que justo, en la
relación sociedad-naturaleza, lo que cuenta en la ponderación de esta
relación está en las escalas marcadas por la distancia, la división y la
densidad y no por escalas culturales como la representación,
reconocimiento, redistribución que tiene un territorio; y menos aún en la
combinación de estos dos tipos de escalas. Esto no es único de Caldas, es
una tendencia global donde la geografía económica ha primado en el
desarrollo económico territorial y el ordenamiento territorial para nuestro
caso rural. Pero no sólo, lo podemos ver en otras realidades territoriales de
ciudad y de rururbano, donde la escalaridad sigue siendo también, la de la
geografía económica para el desarrollo per se.
Por su parte en Aguadas los “sistemas productivos que no sólo han
dinamizado las relaciones comerciales entre Aguadas urbana y Aguadas
rural (el corregimiento de Arma y 52 veredas) sino que, a través de dos
vías principales, estos productos se comercializan en los municipios de la
región, en Manizales (capital de Caldas) y en Medellín (capital de
Antioquia). Aunado a estas relaciones, también en vínculos con Medellín,
se encuentra la Hidroeléctrica del río Arma S.A.S. E.S.P. HIDROARMA y
las minas de arcilla de la Organización Empresarial Vajillas Corona en las
veredas de Encimadas y Cañaveral”, (Nates-Cruz, et al, 2017) (Ver mapa
No. 3).
Esta forma de relación sociedad-naturaleza que genera economías
enajenadas (o mejor que son enajenadas), está transversalizada por
discursos y prácticas institucionales globales en torno a: 1) Cambio
climático, sustentabilidad, y conservación; 2) Otorgamiento o no, de
licencias ambientales para proyectos hidroenergéticos y mineros; 3)
Pobreza rural, alta concentración de tierras, ampliación de la frontera
agropecuaria, derecho real de superficie (Garay, 2013); 4) Acaparamiento e
inversión extranjera en tierras (Barberí, Castro y Álvarez, 2013, Sassen,
2015). Todos ellos como si fueran distintos fenómenos y no estuvieran
entrelazados entre sí, no sólo por los lugares donde se da sino por la
interrelación de actores.
74
Mapa 3. Titulo mineros en Caldas, 2014.
Fuente: Elaboración propia a partir de mapa base cartográfica del Instituto Geográfico Agustín
Codazzi-Sistema de información geográfica para la planeación y ordenamiento territorial SIG-0T.
Escala 1:100.000. Mapa base de la NOAA, USGS. Sistema de coordenadas Magna Colombia
Bogotá. Ministerio de Minas y Energía, SIMEC, 2017. Elaboración Técnica desde los
Laboratorios del Programa en Servicios de Investigación y Alternativas Territoriales (SIAT) del
Doctorado en Estudios Territoriales, Universidad de Caldas.
75
Fotografía 1. Mina de Arcilla, Organización Empresa Vajillas Corona. Vereda Encimadas,
Aguadas.
76
patentes a la UT GC CHOC11 para que arrase con una zona cafetera,
panelera, con su ecosistema, con los caminos por dónde van los niños
a la escuela y a los campesinos sus parcelas, sus aguas, sus vías (…).
Sobre los gravísimos daños ambientales, secamiento de las quebradas
y caños, contaminación del rio La Miel, contaminación de los
cafetales, daño a los cultivos por rodamiento de tierras, daños en
carreteras e infraestructura (…). Violación a las normas de tránsito,
entre otros daños graves, algunos imposibles de reparar tanto al agro
como a los pobladores del corregimiento, ocasionados por la
compañía UT CHOC proyecto El Edén. Como si todas estas
violaciones fueran poco, se le suma el incumplimiento en todas sus
promesas hechas a la comunidad. Cuando en un principio la
compañía llegó al corregimiento a socializar el proyecto, nos
vendieron una imagen totalmente diferente a la que hoy estamos
viviendo (…) (Sesión Concejo Municipal del municipio de
Pensilvania. Intervención de un campesino en la sesión ampliada
para tratar temas de la Empresa El Edén. Agosto 24 de 2014)12
11
Siglas que traduce: Unión Temporal Grupo Constructor Centrales Hidroeléctricas del Oriente de
Caldas: UT GC CHOC.
12
Sesión presenciada, grabada y transcrita en su integridad en el marco del trabajo de campo del
Proyecto: “Procesos de territorialización de la memoria en escenarios de postconflicto.
Caracterización, implicación y lineamientos de políticas en el orden local, regional y nacional” -
TEMPO- finalizado en 2016.
77
programas que sacan, son para que conservemos, pero y ¿la
producción conservando?, eso no lo ven, solo es de palabra. Eso que
usted pregunta de relacionar sociedad, la nuestra con la naturaleza,
afuera no son dos, son una, el recurso para los ricos [para el capital].
Aquí lo que nos queda es organizarnos bien, para que eso que usted
dice [la relación sociedad-naturaleza], sea verdad para nosotros y
nuestros hijos (…). (Entrevista en trabajo de campo, Vereda Potosí,
Villamaría, 2012).
78
millones de personas pobres. El entramado mundial de paraísos
fiscales permite que una minoría privilegiada oculte en ellos 7,6
billones de dólares. (OXFAM, 2016, p. 1).
Ese ser con, que deja pobre a unos y más ricos a otros. Este no es un
dinero que se esté reinvirtiendo en el desarrollo de social global, sino en
las excentricidades de los individuos (personas o empresas y hasta
gobernantes como algunos presidentes actuales), parapetados en
instituciones globales de inmensa nebulosidad jurídica: los paraísos
fiscales, por citar algunos ejemplos.
Volviendo a Elias, en otro de sus textos, nos percatamos de que:
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y quiénes quedan excluidos de esta utilidad. Teóricamente Sassen, 2015
nos aporta lo siguiente:
80
vías, puestos de salud, sostenimiento de escuelas, formulación de planes
de desarrollo y esquemas de ordenamiento territorial y que, en muchas
ocasiones, son asumidas directamente por las empresas allí presentes.
III. Prácticas de resistencia: frente a la dilatación o incumplimiento de
acuerdos negociados en procesos de alta confrontación entre las empresas
y las comunidades. Con ello se han emprendido procesos organizativos de
escala local con trascendencia o reescalonamiento nacional e internacional,
que reivindican un estar allí, una identidad, una forma de ser particular,
un lugar que es suyo y que les pertenece. Esta forma de negociación en
Caldas más que una confrontación ha sido una búsqueda de alternativas
de organización para responder a cuestiones, que para nuestros casos de
estudio identificamos como “enmarque-desenmarque institucional para
salir adelante”. El caso referido más arriba de cómo en el oriente de Caldas
los grupos locales reapropian la figura gubernamental de los Planes de
Acción Integral (PAI) o en Aguadas donde los pobladores se organizan
para articularse con mejores posibilidades de trabajo ante la Organización
Empresarial Vajillas Corona, bajo el reconocimiento social que, esta mina
produce la arcilla de más alta calidad del país, en sus veredas de
Encimadas y Cañaveral.
A diferencia de las prácticas de desarraigo y de resistencia, en las cuales
se presenta una fuerte emotividad por el territorio “arrancado” y
“defendido”, consideramos que esta exclusión también genera una
errancia. Es esto lo que consideramos da cuenta de las trayectorias
territoriales (en sentido espacial y temporal) que empiezan a vivir algunos
pobladores de estos lugares después de la fuerte transformación
paisajística por las obras de infraestructura que allí se realizan y que
desdibujan sus lugares de sentido. Es como “vaciarse” de toda referencia
geográfica: lo que un día fue, ya nunca más volverá a ser, ni allí ni en
ningún otro lugar. Esta pérdida de referencia territorial ha llevado a
muchos pobladores otrora rurales, a un constante proceso de errancia, un
constante proceso de ir y venir entre lugares donde no encuentran ningún
otro asidero territorial:
81
El errar caracteriza la forma de movimiento histórico de la existencia (…)
ya sea con el objetivo de llegar a casa, o en el modo del viaje interminable
sin destino. Tanto en el errar dirigido como en el no dirigido, el estado
fundamental es la falta de morada. (Sloterdijk, 2001, p. 5).
Al respecto retomamos el concepto de Soja de in(justicia) espacial para
referirnos teóricamente a que produce la implantación de estos proyectos
económicos:
Hoy, sin embargo, cualquier teoría del desarrollo desigual (…) tiene que
cubrir no sólo la escala nacional política y económica, sino también el
proceso de reestructuración económica, los movimientos políticos y las
revueltas culturales en las escalas subnacionales (…) y simultáneamente
la escala internacional. Más allá de que todos los estados nacionales
mantienen un masivo poder político, cultural y en algún caso militar, ya
no se mantienen sin rivales como sostén de la economía política social
global. Hoy vivimos en un mundo de gobierno incipientemente global
(FMI, BM, ONU, OMC, etc.), organizado en bloques internacionales (UE,
Mercosur, Asean, Nafta) y, por el contrario, la creciente devolución a la
82
escala urbana de funciones sociales reproductivas, entro otras [sic].
(Smith, 2011, p. 6).
13
Investigación: “Escenarios de Posconflicto en Colombia 2005-2010. Estudio de las
representaciones culturales e implicaciones sociales en municipios tipo”.
83
de Salamina, el cultivo de papa y la ganadería en segundo renglón
dominaron las dinámicas económicas durante décadas (con auge desde
mediados del siglo XX y hasta inicios de la década de los años 90) y
animaron los días de mercado en el pueblo. Sin embargo, todo lo
acontecido con la globalización económica, la tenencia de tierras y el
conflicto armado en la región, fue haciendo de este día de mercado “un
día de mercado sin mercado”.
Los lugareños de San Félix decidieron que, pese a la decadencia
socioeconómica, ellos iban a seguir “celebrando” el día del mercado, tal
como había sido su tradición, no sólo por un asunto de “remembranza”,
sino porque ese ritual económico, permitía el reencuentro y la
reactualización de las relaciones socioculturales y económicas de toda
índole, era el espacio para encontrarse. Así, lo decidieron:
(…) los nativos siguieron haciendo como que sí existía tal día, aunque no
hubiese mercado. Sin un acuerdo explícito, comenzaron a salir uno a uno
al parque, a beber en los cafés del entorno, el café de la misa y a hacer
corrillos de conversaciones en la plaza central, a verse acicalados, a verse
como en día de mercado. Esto fue cada vez más consciente y reiterativo,
de tal forma que comenzaron a ponerse citas en esos días y a disfrutar de
todo lo que sucedía en los días de mercado de antaño, sabiendo que ya no
sería posible tener de nuevo, “oficialmente”, su destacado día de
mercado. Quienes debían bajar [de la montaña al pueblo de] Salamina, lo
hacían14 temprano para llegar a reunirse con los demás y departir antes de
retirarse a hacer el almuerzo. En las entrevistas destacan esto como un
logro, como una de las ganancias de vida en comunidad más fuertes (…),
van involucrando a las nuevas generaciones y les insisten en lo vital de
ganarse para sí estos espacios, que no los vean como la decadencia del
pueblo, sino como una muestra efectiva de hacer frente a las nuevas
situaciones” (Nates-Cruz, 2016a, p. 88).
14
En el año 2017 aún lo seguían haciendo así.
84
4. Conclusiones
85
transgrediéndose; no obstante, podrían lograr también un fin común sin
socavar la vida de unos en beneficio de otros.
En América Latina y en Colombia, para este caso particular, asistimos a
la compleja materialidad de los tres dispositivos tratados aquí, no sólo
como una realidad discursiva que también construye territorio y produce
multiterritorializaciones, sino, por encima de ello, como acciones sobre y
desde el tiempo, el espacio y la sociedad. Acciones éstas, para una y desde
una naturaleza, que siendo vivida y defendida en las zonas rurales como
las abordadas en este texto, se tratan por los gobiernos y consumidores,
anacrónicamente cuando de desarrollo y progreso económico territorial
localizado se habla; pero que cuando acudimos a la idea de despensa que
en ella se ve, la “recogemos” como la más fuerte posibilidad de desarrollo
que afianza la hegemonía de la ciudad sobre el campo. Una de las
estrategias políticas tanto desde la academia, como desde la formulación
de políticas, para cambiar de alguna manera el crisol de la mirada, es
considerar las ruralidades, lo rural, como un lugar contemporáneo. Eso es
lo que le da vigencia permanente: cambiar con respecto a la población
sujeto de estudio el discurso, la disposición con que lo producimos, su
abordaje y proyección de impacto, para construir una coherencia
intelectual y política entre nuestros objetos teóricos, con nuestros objetos
de investigación o, mejor dicho, nuestros fenómenos y problemas de
investigación.
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