D Evocio A Rgenti Popular: Devociones Populares Argentinas
D Evocio A Rgenti Popular: Devociones Populares Argentinas
IONES
D E VO C
LARES
P O PU
TINAS
A R GE N
1
Devociones populares argentinas
NES
ISBN 978-987-728-167-5
1. Devoción Popular. I. Ruiz Díaz, Emiliano, coord. II. Redondo, María, coord. III. Título.
CDD 398.410982
D E VO CIO
LARES
P O PU
TINAS
A R GE N
Abril - Agosto 2023
ISBN 978-987-728-167-5
Impreso en Argentina
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
2 3
Devociones populares argentinas
ÍNDICE
Sacrificio y devoción 7
Por Guillermo David
La santidad popular:
un proceso en construcción permanente 85
Por Gabriela Saidon
Bibliografía 94
4 5
Volcán Higueras, Salta. 1967. Foto: Sergio Barbieri.
Devociones populares argentinas
SACRIFICIO
Y DEVOCIÓN
Por Guillermo David*
E
n su libro Los trazos de la canción, Bruce Chatwin describe el método de los aborígenes
australianos para demarcar un territorio: el mapa tribal abarca lo que dura una melodiosa
epopeya sagrada, de trama shakesperiana, transmitida a lo largo de generaciones. Tara-
reada durante días enteros por quienes atraviesan los desiertos, su andadura amojona el territorio.
Como en una alegoría misteriosa, cada accidente geográfico está replicado en un episodio de una
saga inacabable; esas endechas bisbiseadas en lenguas ignotas son una guía de campo para el
caminante. Cada etnia tiene su saga, cada persona posee esos versos como una brújula interior. La
palabra —el relato— funda, con su potestad, el mundo; su temporalidad lo mapea. Es decir: de la
plegaria emana soberanía. El estar en el mundo es así, y sobre todo, un acto de fe.
Se ha dicho que una nación es la forma laica de una creencia colectiva renovada por rituales
profanos. Sostenidos por los pueblos y capturados por el Estado u otras instituciones eclesiales,
esos rituales conforman con el paso del tiempo un consenso sobre la identidad. Abstractas cuan-
do son nacionales, delimitadas por fidelidades concretas cuando son regionales, esas identidades
constituyen los relatos fundantes del ser social. Son memorias compartidas herederas del diálogo
con los muertos.
Aunque durante milenios se llamó religión a dicho afán y se erigieron culturas sobre su basa-
mento, esa compleja construcción ha admitido menoscabos propinados por una mirada ajena, cuan-
do no contraria, bajo términos estigmatizantes como paganismo, superstición, idolatría, fetichis-
mo, animismo, o cualquier otro tipo de desdén. Folklorizados, esos modos de la creencia fueron a
6 7
Devociones populares argentinas
8 9
Devociones populares argentinas
en sí mismo, mediante rituales de iniciación, las supersticiones, leyendas, mitos, e induce a la in- trágica a renovar su devoción. Así, la geografía
condiciones por las cuales se vuelve otro, un vocación, la dulía, en busca de la intercesión del sagrada que tachona el territorio nacional parte
devoto, un promesero o un agente especializa- santo, a quien se acaban por atribuir milagros, de adscripciones regionales, aunque en las últi-
do. La peregrinación, la construcción de espa- es decir, prodigios inusuales que desafían la na- mas décadas la globalización le ha impreso una
cios consagrados, la encarnación de la figura turaleza de las cosas. Santos con virtudes ad- dinámica de expansión inusitada. Macumbas,
deificada en ídolos o fetiches materiales, do- quiridas en el martirio, objeto de atribuciones de candomblés o cultos umbanda, procedentes
bles corpóreos de la víctima, por parte de ima- potestades sobrenaturales, entre las cuales está de Brasil, gauchillos santificados como Antonio
gineros o santeros, y la producción de relatos el poder de sanación, amojonan el territorio pro- Gil, beatos oficiales como Ceferino o cultos an-
en permanente mutación; en fin: todos los ac- poniendo una geografía devota. Porque siempre tiguos como San La Muerte, la Pachamama o
tos que constituyen las religiones son los actos se trata de cultos situados, algunos de los cua- la Difunta han trascendido el espacio localizado
que constituyen al creyente. El intercesor ante les parten de un centro desde el que se irradian de origen y se han desparramado por el país
el muerto santificado por la piedad popular, que por todo el territorio. Y es que el sacrificio con- generando variaciones de todo orden. Pero lo
a su vez es intercesor ante Dios o los dioses y sagra el espacio en que sucedió; lo vuelve tem- que permanece es la constitución de un sujeto
los vuelve accesibles para su inscripción en el plo, lugar de peregrinación, de ritualización del popular que en la devoción encuentra una ins-
presente, recibirá el nombre de chamán, curan- pedido, del don, del agradecimiento y de réplica tancia de comunión social, donde la promesa se
dero, payé o cualquier otro que su trama cultural teatral del sacrificio. Misa, fiesta y procesión, en- anuda al don y a la economía, tanto simbólica
le ofrezca a su labor de oficiante de un culto. cuentro colectivo inscripto en el calendario, pa- como crematística.
Quien consiga ser el elegido para el diálogo con sión por la recreación del martirologio, a veces La lógica que va del martirio a la venera-
el sacrificado transformado en deidad, se vuelve ejercida sobre el propio cuerpo del devoto que ción, la unción beatífica y el pedido de perdón
portador de una virtud, que suele ser de sana- induce estados místicos en sí mismo a manera requiere no solo del espacio sagrado sino de
ción, tanto física como espiritual, casi siempre de una pedagogía punitiva ejemplar dirigida al cierta institucionalidad y por supuesto de la ma-
aunadas en un solo movimiento. conjunto social, actualizan el mito. Suplicantes, terialidad que la sustente. Así, no hay culto po-
Conforme suceden estos eventos, una teolo- flagelantes, promeseros, devotos, acólitos, sim- pular sin reliquias, altares, oratorios, retablos,
gía popular profana o pagana se erige en base a ples fieles acuden al sitio señalado por la muerte santuarios, con su proliferación de exvotos,
músicas, libros, folletos, revistas y, en los últi-
mos años, complejas producciones audiovisua- Nuevo Folletín, año I, nro. 7. Archivo Sergio Barbieri.
10 11
Devociones populares argentinas
Difunta Correa
El relato acerca de la Difunta Correa dice que, a mediados del siglo XIX, una muchacha sanjuanina
trató de cruzar el desierto buscando a su marido levado por el ejército federal. Durante la travesía
murió de sed y unos arrieros la hallaron con su bebé aún mamando su seno. La enterraron piado-
samente y llevaron al niño. Su siguiente milagro fue hallar la hacienda perdida de un arriero, quien
en agradecimiento construyó cerca de 1890 un mausoleo donde puso sus restos; esta pequeña
construcción estaba junto al camino que unía La Rioja con San Juan.
Desde 1865 había una breve referencia a una cruz a la entrada de Las Peñas, en Vallecito; era
un paso peligroso, de geografía abrupta en la que los ladrones se refugiaban. Según Pedro P. Qui-
roga, en ese lugar se encontraban varias cruces pero los arrieros oraban y dejaban limosnas en la
de “la milagrosa Correa”.
En 1921, los maestros rurales recogieron por escrito para la Encuesta al Magisterio las versiones
de un relato acerca de esta mujer conocida ya como Difunta Correa. Después de 1933, su historia
continuó en publicaciones de pocas páginas, en prosa o en verso, que se vendían en las provincias
cuyanas (San Luis, Mendoza y San Juan), sobre todo en la última porque allí se encontraba la tumba
junto a la cual dejaban velas, monedas y oraciones los pasantes y promesantes.
En 1948 se estableció la Fundación Cementerio Vallecito para administrar las ofrendas de-
jadas a la Difunta Correa. También por esa fecha se expandió su culto porque los camioneros
14 15
Devociones populares argentinas
Antonio Berni, La Difunta Correa, 1971-1976. Técnica mixta, instalación, 250 x 420 cm. Foto: Gustavo Sosa Pinilla. Gentileza
Colección AMALITA. Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat.
18 19
Devociones populares argentinas
Placas de agradecimiento en el oratorio de la Difunta Correa, Vallecito, provincia de San Juan. Foto: Daniela Carreira.
En los textos de la encuesta las fechas de los textos de pocas páginas —que Julio Caro Baroja
hechos y del origen de los relatos son inciertas, y llamaría literatura de cordel (1968)— contando
llegan hasta 1820, cuando el general San Martín esta historia con más o menos recursos literarios.
preparaba en Mendoza el ejército para cruzar los Respecto de su condición de santa popular,
Andes; en ese entonces, la Difunta Correa era además de su muerte trágica y sus milagros, en
madre de un soldado o, también, llevaba a un dos versiones de la encuesta, la Difunta Correa
niño de pecho. En cambio, en las versiones san- comparte con los santos cristianos la posibilidad
juaninas no hay fecha cierta para los sucesos, ni de “aparecerse”, debido a que sus devotos creían
siquiera una en la que se dijera que ella seguía a en la “aparición de los espíritus”.
un contingente militar en el que iba su marido; en Actualmente, salvo en las creencias influen-
dos relatos tampoco hay hijo, y en todos se trata ciadas por la umbanda, la kimbanda y el espi-
de una mujer conocida en la región que viajaba ritismo kardecista, los santos populares no se
por allí con frecuencia. Todos comparten, no obs- “aparecen”, tema que junto con su calidad de
tante, la creencia en las bondades del alma de mediadores los acerca un poco más a la acepta-
quien murió trágicamente. ción de la Iglesia.
Se la nombró Difunta Correa, Mercedes, Re- Con relación al ícono, antes de los años
migia, Antonia, sin ningún documento que avale sesenta del siglo XX no hubo necesidad de él.
ninguno de esos nombres. Finalmente, prevale- El gremio de los camioneros, afiliado al Parti-
ció el primero, recopilado en la encuesta. El paso do Justicialista, se hizo notar en las pequeñas
de la tradición oral a la escrita se produjo alre- construcciones devocionales junto a las rutas
dedor de 1933, cuando comenzaron a circular rodeadas de elementos útiles al viajero.
Oratorio de la Difunta Correa, Vallecito, provincia de San Juan. Foto: Daniela Carreira.
20 21
Devociones populares argentinas
Calcomanía “San Juan. Residencia del Sol” con la Difunta Correa como motivo turístico.
22 23
Devociones populares argentinas
Ilustración de Rufino Palomas, perteneciente a Félix Romualdo Álvarez, en Una nueva versión sobre la Difunta Correa, San Juan, Sanjuanina, 1967.
Cuando Vallecito en San Juan se afirmó sonas en esas travesías, y sus historias, más
como centro de peregrinación, José Mercado, o menos dramatizadas, se contaban con sus
quien tenía una empresa de ómnibus, difundió nombres y milagros como garantía de verdad.
la imagen de la Difunta Correa vestida con falda Cada rasgo del paisaje es un acontecimiento
celeste y blusa blanca, colores del partido que que tiene una historia que merece ser contada;
había sido proscripto a partir de 1955 pero al así, a lo largo de casi ciento cincuenta años, la
que el gremio de los transportistas seguía res- de la cruz y luego la del mausoleo se organi-
paldando. En esta línea, sería interesante in- zaron y reorganizaron, agregándoles y quitán-
dagar si estas circunstancias, trasladadas en el doles elementos según la disposición en cada Santuario Jardín Señor La Muerte, Victoria, provincia de Buenos Aires. Foto: Marcelo Huici.
tiempo, facilitaron alguna discreta identificación momento histórico, tanto por sus devotos como
de la imagen de la Difunta Correa con el errante por sus publicistas, y según lo que cada uno bala y el cuchillo” a quien lo llevara. Pero exigía na, en este caso a Buenos Aires, se
cadáver de Eva Perón desde 1952, para siem- opinaba sobre la verosimilitud de los datos que ciertos cuidados: el payé debía dormir fuera de produjo alrededor de 1980.
pre bonita y joven. podía recopilar o deducir. la casa y su dueño no debía llevarlo consigo en Al cuento “En busca de San
El relato que generó la creencia podría ha- En las continuidades y cambios producidos ocasión de una pelea para no matar a su con- La Muerte” de María Luisa Acu-
berse referido a cualquiera de los hechos con- en el milenio, el culto popular a la Difunta Correa trario. Hasta aquí los datos más antiguos. La ña, siguieron Jorge Ott y Ma-
siderados posibles por cada uno de los distintos permaneció con pequeñas imágenes del Gau- encuesta de 1921 no recopiló ninguna noticia rio Molina con su cortometraje
autores. Incluso, el tenue dato de Pedro Quiroga chito Gil y algunas devociones marianas que se sobre San La Muerte. homónimo (1969), con la cola-
podría interpretarse en clave de picardía criolla ubicaron dentro del predio de Vallecito. Más de cuarenta años después, José Miran- boración de Miranda. El San La
como que “la milagrosa Correa” era un zurriago Pero a los devotos de la Difunta Correa pare- da publicó un artículo sobre el “santito” al que ya Muerte buscado, y hallado, era el
con el que los ladrones refugiados en Las Peñas ce no importarles, tal vez porque la forma en que se nombraba, indistintamente, San La Muerte, esqueleto representado de pie,
amenazaban castigar a quien no dejara limosna esta mujer vivió y murió la ubicó en la privilegia- Señor La Muerte, Señor de la Buena Muerte, guadaña en mano. También en
a “la milagrosa Correa”, sin dejar por eso de ser da situación de poder ayudarlos a todos. Señor de la Muerte o Señor de los Siete Pode- este cortometraje quedaron es-
cierto que la cruz señalara una tumba que, dada res. Recopiló sus datos en Resistencia (Chaco), tablecidos los rasgos principales
su ubicación en medio de una travesía inhóspi- San La Muerte ambiente diverso al de los peones de campo del culto: los reclusos en la cárcel
ta, era un triste memorial. entrevistados por Ambrosetti. La variedad de de Corrientes tallaban los San La
Los relatos que contribuyeron a darle for- La primera noticia acerca de este payé o amu- nombres y el hallazgo en área urbana mostraron Muerte eficaces; en esa ciudad
ma a la historia de la Difunta Correa circulaban leto fuera de la región donde era conocido fue en 1963 cuánto se había difuminado la creen- el culto era tan importante que
oralmente en la región de Cuyo en los siglos la que publicó Juan B. Ambrosetti en 1917 tras cia en pos de lograr un “culto popular con salida tenía fiesta el 15 de agosto, en
XIX y XX. En ese tiempo y lugar eran verosími- su viaje a la provincia de Misiones. Le decían laboral” por parte de los artistas artesanos y un
Talla de San La Muerte en madera, extraída
les, tanto por el respaldo en tradiciones orales San La Muerte, se lo fabricaba en plomo, tenía objeto de estudio desde el punto de vista de los de San La Muerte: una voz extraña,
como porque seguramente habían muerto per- apariencia de esqueleto y protegía “contra la folklorólogos. Otro paso del área rural a la urba- Buenos Aires, Editorial Argentina, 2005.
24 25
Devociones populares argentinas
Eneas A. Pérez Rojas, San La Muerte, Buenos Aires, Grulla, 2001. | José Miranda Borelli, San La Muerte: un mito regional del nordeste,
Resistencia, Región, 1979.
la cual una procesión llevaba a la figura en se comenzó a revestir la imagen de pie con
andas, precedida con banderas rojas y un mantos de colores adecuados a los pedidos
chamamé que la celebraba; en la casa de los de los devotos. De ser un amuleto protector y
devotos se le había dedicado una habitación una devoción privada hace más de cien años,
donde primaba el color rojo. pasó a ser un santo vengador con un culto pú-
La literatura devocional primero tuvo la forma blico en ermitas a la vera de algunas rutas,
de conjuros mecanografiados que en la década compartiendo espacio con el Gauchito Gil, a
de 1960 pasaron a ser la Oración en el reverso quien se dice, en un relato aglutinante, que lo
de las estampitas. Don Félix Coluccio recopiló protegía. Con el nuevo milenio quedaron esta-
por lo menos otras dos oraciones distintas. blecidos los rasgos principales que continua-
En 1997 Arcadio publicó un pequeño libro rán cambiando detalles a fin de conservar el
con la historia, oraciones y rituales propios de espacio devocional ganado. Ilustración de Enrique Rapela en Selecciones folklóricas, Buenos Aires, Códex, 1965-1966.
este santo en la umbanda. Es decir, San La En el estudio de la formación y el desarro-
Muerte era la muerte medieval devenida en un llo de las devociones populares actuales son
nigromántico Señor La Muerte. importantes, además de la tradición oral, los
Pero no todos los artistas artesanos del Li- textos que se venden en las santerías —cató- El Pato Piola, conocido delincuente chaqueño [...], cayó al fin en una celada que
toral se hicieron eco de esos cambios; entre licas y no católicas—, los documentales tele- esta [la policía] le tendiera [...] La mano sabedora de un milico se le acercó,
ellos, don Ramón Cabrera insistía en que el visivos y los trabajos del folklore científico. A tanteando en su torso, hasta que dio con un bultito [...]. El puño estremecido
verdadero San La Muerte guaraní era el es- diferencia de antaño, ya no se puede hablar del policía apretaba aún una pequeña talla de hueso: un esqueleto sentado,
queleto sentado, pensativo, continuación de la acerca de lo popular y lo anónimo como exclu- que luego de años volvía a ver la luz con sus cuencas vacías. Era “San La
imagen jesuítica del Señor de la Paciencia. sivos puntos de partida de lo folklórico porque
Juan Batalla y Dany Barreto publicaron en la actividad de los medios masivos de comuni- Muerte”, Señor de los Poderosos.
2005 un libro de fotos con tatuajes; también cación es, hoy en día, uno de los rasgos que
se amplió el rubro de objetos devocionales y definen lo folklórico con más precisión. Mauricio Kartun, “San La Muerte y San Son”, Crisis, nro. 32, diciembre de 1975.
26 27
Devociones populares argentinas
L
a imagen del santero aparece referenciada en diversos géneros; literatura folklórica, cuentos
populares y narrativas orales. En el campo religioso, es definido como un “personaje” con
atributos especiales para el diseño, la confección, el moldeado, la talla y, en algunos casos,
la consagración de objetos: reliquias, imágenes, amuletos y talismanes, variando sus materiales
según los atributos, destino, pertinencia o facultad mediadora con el universo sagrado.
Sin bien existen varios expertos en la temática, los santeros correntinos más citados en la segunda
mitad del siglo XX son Alberto Rolando Gauna, Ramón González, Ramón Cabrera, J. Cáceres y, ac-
mente por lo reproducido —por ejemplo, la imagen— sino, además, por la significación socio-an-
tualmente, Aquiles Ramón Coppini. Mencionamos además al paraguayo Cándido Rodríguez quien,
tropológica en torno a qué se concibe como sagrado; sea esto el culto a vírgenes, santos, santas,
desde 1940, incluye en la labor a sus hijos Juana de la Cruz, Carlos, Antonio, Maximiliano y Justo;
gauchos, difuntos, etcétera. De los cultos marianos a los santos de La Muerte se erige un arco de
similar es el caso de Zenón Páez.
significaciones que nos permite vislumbrar la complejidad artística en el campo de lo sagrado, donde
Cuando nos referimos al arte sacro popular, partimos de la noción oficial de arte sacro: toda pro-
la tríada contexto/tiempo/espacio juega un rol deliberativo y donde las tallas de Aquiles R. Coppini
ducción artística que posee como finalidad el culto a lo sagrado y/o lo divino en pinturas, esculturas,
son de insoslayable relevancia.
tallas, etcétera. La idea de popular no desacredita la complejidad de la temática y tampoco incluye
La imaginería confeccionada por Coppini incluye el uso de diversos materiales: hueso humano,
un componente peyorativo o de valor artístico diferencial, pretende hacer ingresar en este campo de
plata, plomo, oro o madera de palo santo. Las dimensiones varían según sean imágenes de altar
luchas configuraciones muchas veces excluidas, marginadas o catalogadas como impuras, herejes,
o kurundu (amuletos), llevadas diariamente como protección o bien incrustadas debajo de la piel
supersticiosas o paganas. A nuestro criterio, la cualidad de arte sacro no estaría delimitada mera-
del devoto, intervención que Coppini realiza
desde hace varios años.
Esta diversidad en su obra pudo observar-
se entre octubre y noviembre de 2022 en la
muestra Kurundu: tras la huella de San La
Muerte realizada en el Museo Provincial de
Bellas Artes Juan Yaparí, de la ciudad de Po-
sadas, Misiones, con la curaduría de César
Iván Bondar y Ramón Gabriel Aguirre. Allí se
reunieron más de cuarenta imágenes que
permitieron apreciar las diversas aristas sig-
nificantes del culto, así como las recurrencias
y la diversidad de formas en las que se pre-
senta el santo.
En tal sentido, la obra de Coppini constituye
un reservorio de relevancia artística, et-
nográfica e histórica; íntimamente relaciona-
da con el mundo de los devotos, que permite
acceder a múltiples modos de relación con
San La Muerte y sus diversas formas de culto.
28 29
Devociones populares argentinas
E
n el Noroeste argentino los rituales mortuorios conforman un conjunto significativo de
prácticas culturales en cuya base se encuentra un sustrato potente arraigado en la
América indígena y su patrimonio cultural. El Día de las Almas o Día de los Muertos
constituye una celebración con múltiples variantes en sus manifestaciones, pero con un nú-
cleo común vigente en amplios sectores rurales y aun en ámbitos urbanizados.
La concepción indígena de “alma” (espíritu, corazón, entraña) ha impregnado la nueva con-
cepción introducida por la conquista y colonización española, “fagocitándola” de algún modo
e imponiéndole su sentido. Así, vida y muerte no son dos estados antitéticos y sucesivos sino
partes de una cosmovisión más amplia acerca de la vida humana y su sentido. Es por ello que,
dentro de la cultura, el hombre está arraigado al cosmos, a los otros hombres en la comuni-
dad, así como a los dioses y a los muertos. Fuera de la cultura está el caos.
Para conservar este delicado equilibrio, entre otros, la tradición marca unos rituales y cele-
braciones que se realizan entre el 1 y el 2 de noviembre, con una larga preparación en las
semanas previas. Coincide con las fechas del santoral cristiano del Día de Todos los Santos
y el Día de los Muertos. En su centralidad está la concepción de que los muertos de la fami-
lia, los ancestros, siguen vinculados al mundo de los vivos. Así, la ritualidad garantiza dos
aspectos fundamentalmente: i) que los muertos sean ayudados (el agua bendita, los rezos,
las ofrendas) para que puedan encontrar un buen lugar en ese otro mundo o dimensión hacia Mesa del Día de las Almas en el Museo Terry de Tilcara, 1º de noviembre de 2015. Foto: Amalia Vargas.
la que emprendieron el viaje, y ii) que los muertos puedan ser los guardianes tutelares de la
familia de sus deudos. Para ello, la apertura ceremonial de un umbral muy preciso garantiza
que el acceso de los muertos a esta dimensión está acotado, y que ellos recibirán el mayor salud y prosperidad). También de pan se hacen la cruz y la escalera que, en el centro de la
agasajo que sus familias puedan proporcionarles. Todo aquello que les gustaba en vida, sus mesa y junto a las fotos de los difuntos familiares, garantizarán el ir y volver de las almas.
deudos lo prepararán para que esté en la mesa ceremonial. No faltan las velas (luz de la vida sin tiempo), fotos, agua con una ramita de albahaca para
Para armar la mesa ceremonial la familia destina un cuarto o espacio de la vivienda. Las asperjar y bendecir.
múltiples preparaciones y el uso de elementos consagrados, como las ofrendas (dos de cada Al día siguiente por la mañana, la celebración se concentra en el cementerio. Todas las tum-
una) de pan, agua bendita, rosarios, flores, fotos, cruces, estampitas, inclusive con un arco de bas son renovadas, acondicionadas y ornamentadas con coronas y ramos de flores. Hemos
ramas de sauce, sacralizan este espacio que justamente por esta razón puede constituirse en observado casos en los cuales la familia lleva comida y bebida y comparte sobre las sencillas
un portal, conexión entre el mundo de los muertos y el mundo de los vivos, y que solo perma- tumbas, simbólicamente, con el fallecido. También durante la mañana se celebra una misa,
nece abierto durante veinticuatro horas. Las almas familiares adquieren en este permiso una muchas veces en el mismo cementerio, al aire libre.
cierta encarnadura o corporalidad temporal, pues ellos van a degustar las comidas, las golo- Luego es el momento en que los deudos y su comunidad van a compartir el festín preparado.
sinas, las bebidas, las ofrendas, las hojas de coca, los cigarrillos. Se considera alma nueva Se visita casa por casa, abriendo las puertas del cuarto y cerrando de este modo el portal. Los
cuando el familiar ha fallecido en el último año, por lo cual todo el ritual es más importante y muertos vuelven al “cielo”, a la otra dimensión, y los vivos se quedan en el mundo de “acá”,
acompañado comunitariamente. compartiendo comunitariamente.
Luego de completada la mesa como un altar, con comida, bebida, hojas de coca, jarras con
chicha, golosinas, el cuarto se cierra a las 12 del mediodía del día 1°. Las almas “bajan” a
las 12 de la noche de ese mismo día, mientras familia y vecinos comparten afuera, rezan el
rosario, beben, comen y cantan coplas en rueda.
Es central la preparación de “ofrendas”, o formas hechas con masa de pan y pintadas con
azúcar, siempre de a pares (guaguas, casas, animales, todo lo que la familia considera *Antropóloga, especialista en patrimonio cultural. UNSa, Salta.
30 31
Devociones populares argentinas
32 33
San La Muerte, Santuario Jardín de San La Muerte, Victoria, provincia de Buenos Aires. Foto: Marcelo Huici.
Devociones populares argentinas
Los bandidos
santos
Por Hugo Chumbita*
L
os bandoleros gauchos son un capítulo sobresaliente de las devociones populares: perso-
najes que suscitaron admiración por “robar a los ricos para ayudar a los pobres” y por lo
general murieron de forma trágica a manos de la autoridad. Son los bandidos sociales de
todos los tiempos caracterizados por Eric Hobsbawm, solidarios con su gente, en la variante autóc-
tona del matrero, que desde el más allá siguen compensando a sus fieles como intercesores con la
Providencia. La sacralización se liga habitualmente al lugar y las circunstancias crueles o injustas
en que los ultimaron; se manifiesta en la tumba o el sitio donde cayeron, y se les atribuye satisfacer
los ruegos de los promesantes —por asuntos de trabajo, estudio, salud, fortuna o problemas senti-
mentales— acudiendo, especialmente en los aniversarios de la muerte, a los lugares consagrados
o santuarios levantados en su homenaje.
Un santoral disidente
Se trata de un fenómeno originado en zonas donde la población rural mantenía ciertos rasgos cul-
turales tradicionales, erigiendo así un santoral criollo disidente de la ideología oficial. Siguiendo un
patrón universal de religiosidad, estos casos presentan elementos de fusión típicos del mestizaje,
que se dan de modo semejante en los países sudamericanos: hay una evidente analogía con la bea-
tificación de los santos en la religión católica —que en los primeros tiempos fue también un proceso
34 35
Devociones populares argentinas
popular espontáneo— e in- investigación de archivos, son de gran interés Martina Chapanay, montonera federal con
cluye componentes y reminis- para la historia social, pues marcan hitos de las huestes del Chacho Peñaloza y bandolera
cencias de mitos indígenas. la memoria colectiva acerca de acontecimien- en las travesías, que murió a avanzada edad y
Si bien están ligadas al tos relevantes para la conciencia popular. no fue victimada por la autoridad, tiene un si-
pensamiento mágico, es- tio de culto en su tumba de Mogna. En el caso
tas exaltaciones tienen su Bandidos gauchos y rebeldes federales de Santos Guayama, jefe de las montoneras de
propia racionalidad. Rodol- los laguneros de Guanacache, también perse-
fo Kusch explica que cierta En los cultos espontáneos de las provincias guido por bandidaje, ejecutado en 1879 en la
“teología popular” es “una del Noroeste y de Cuyo se advierten las hue- cárcel y desaparecido, faltaba la tumba o lugar
forma de llenar con algún llas de las guerras civiles del siglo XIX. En los señalado, y la canonización popular se expresó
género de racionalización la Valles Calchaquíes, el Quemadito evoca la eludiendo la censura oficial, disimulada bajo las
pregunta abierta por la ver- muerte atroz de un paisano federal, alrededor celebraciones públicas de San Roque.
Pedro Echagüe, La Chapanay,
Córdoba, Buena Vista, 2005.
dad”. Según sus tesis sobre de 1830, en un paraje de Capayán ocupado Podría preguntarse por qué no suscitaron un
la “barbarie” americana, ta- por tropas al mando del coronel unitario Ma- mito análogo otros crímenes tan impresionantes
les proyecciones se renuevan desde el mundo riano Acha. José Carrizo, hombre de Facundo como las alevosas ejecuciones de Benavídez y
rural rechazando, infiltrando o socavando el or- Quiroga, acusado de espía, fue sacrificado en Peñaloza; pero estos caudillos no fueron ban-
den racional de las ciudades modernas. una hoguera. En aquel sitio se plantó una cruz doleros y su relevancia histórica los situaba en
Es el homenaje máximo que una colec- y a partir de entonces el alma del Quemadito Juan Carlos Muñoz, Guayama: el rebelde que un plano distinto del imaginario social; la consa-
murió seis veces, Buenos Aires, Ciccus, 2019.
tividad humana puede concebir, ya que la ambula por los campos y escucha los pedidos gración espontánea se centra en otras figuras,
consagración religiosa pretende la eterni- de los pobladores, a menudo buscando algún En San Juan, otro bandido santificado es como si jugara un papel compensatorio, salvan-
dad. “Solo el mito resiste al tiempo —observa animal extraviado. José Dolores Córdoba, caído en una embos- do del olvido a héroes menos notorios.
Adolfo Colombres— por ser el sedimento cal- Otro caso en aquellos valles es el de Ju- cada de la policía en 1858, días después del En Mendoza, la devoción popular rescata a
cáreo del mismo, por acontecer en un tiempo lián Baquisay o Baquinsay, un gaucho de as- asesinato del depuesto gobernador Benaví- un gaucho de origen chileno, Juan Francisco
inacabable”. La conciencia colectiva selec- cendencia quichua que, acusado por dez. En Rawson, en la calle que hoy lleva el Cubillos, y unos versos anónimos en su honor
ciona y sintetiza acciones trascendentes en robos, fue muerto a golpes por la nombre de Dolores por disposición municipal, parafrasean el lema de la montonera “naides
la vida del héroe y les confiere sentido por un policía y enterrado en un camino una capilla es el centro del culto. más que naides”, tal como otras antiguas coplas
procedimiento comparable al del artista con real, donde reaparece su fantasma sobre Guayama. Nacido en la zona trasandi-
su materia. y concede gracias a los paisanos. na de Curicó, inició sus andanzas desafiantes
Draghi Lucero subrayaba el carácter an- El mito de la Difunta Co- en Tunuyán y por San Luis, y al cabo de años
cestral de tales creencias, señalando en el rrea, que de San Juan se de peripecias, una comisión policial lo mató en
símbolo ígneo de las velas un resto del cul- extendió por todo el país, 1895 en las minas de Paramillo, en Uspallata.
to del fuego, donde la llama de la vida lleva evoca a Deolinda que, en Los mineros no permitieron que se llevaran el
mensajes al más allá. La exaltación religiosa busca de su marido preso, cuerpo y lo velaron en un gran homenaje. Su
de los bandidos gauchos proviene de los es- fue hallada amamantando tumba actual es un templete en el camposanto
tratos más humildes que no confían en las au- después de muerta en la de Las Heras, y su retrato se ve en los altares
toridades estatales, “las mismas razones es- Quebrada de Vallecito. Ver- domésticos de cualquier rancho humilde.
grimidas por Martín Fierro, Pastor Luna, Juan siones contradictorias sobre
Cuello y otros perseguidos”. Los valores del el contexto histórico no son Gauchillos y mitos correntinos
medio social reclaman al varón “cierta postura ajenas a la pugna entre la
de rebelde y de choque contra las institucio- tradición federal y la unita- En Corrientes, donde la cultura rural tradi-
nes oficiales sospechadas”. ria: se relataba que su espo- cional tiene un fuerte componente gua-
En una clasificación de la religiosidad po- so había sido capturado por raní y sus propios mitos ancestrales,
pular, Martín Pascual considera a los bando- las montoneras, pero proliferaron los llamados gauchillos
leros canonizados “cultos anómicos”, como se ha comprobado y la veneración a los “milagrosos”.
negación contestataria de un orden represivo, que era sobrino del También se mezcla la memoria de
pues los creyentes ven en el personaje “un gobernador cordobés las contiendas políticas, en las que
héroe liberador, una potencia a la cual acu- Bustos, y habría sido los federales correntinos se dife-
dir”. apresado por el ejér- renciaron de los de otras provin-
El fenómeno presenta características uni- cito unitario de Aráoz cias como Partido Autonomista o
formes, con particularidades en cada región. de Lamadrid, cuando Colorado, rivalizando con el Partido
Imagen de Martina Chapanay,
Algunos cultos se han extendido más allá de en 1841 invadió la extraída del libro de Hugo Representaciones del gaucho Cubillos, Liberal o Celeste. Los bandidos santi-
la zona de origen y también trascendieron a provincia gobernada Chumbita, Jinetes rebeldes: extraídas del libro de Sergio Barbieri, ficados más conocidos eran colorados,
historia del bandolerismo social Exvotos argentinos: un arte popular,
medios urbanos. Los estudios sobre estos mi- por el caudillo federal en la Argentina, Buenos Aires, Buenos Aires, Fondo Nacional de las
aunque también los hubo celestes.
tos, contrastando las leyendas orales con la Nazario Benavídez. Colihue, 2009. Artes, 2007. Uno de los cultos más antiguos es el del pai-
36 37
Devociones populares argentinas
40 41
Devociones populares argentinas
L
a palabra exvoto proviene del latín, la frase completa es exvoto suscepto y significa “por
promesa admitida, comprometida”, y hace referencia al “milagro” que se ha obrado y
que es retribuido con ese artefacto tangible que se deja a los pies de la imagen o colga-
do de sus ropas. Popularmente se los denomina promesas o milagros y pueden estar hechos
de diferentes materiales como metales, pinturas, cera, papel u objetos de todo tipo (trajes de
novia, fotos, muletas, etc.). Aquí nos referiremos a los realizados en plata que son los que
predominan en nuestro país desde la época colonial y que se han ofrendado a diversas advo-
caciones. Constituyen un arte popular, nacido de la fe y, desde siempre, muy poco valorizado
por la Iglesia. Los exvotos nos muestran una síntesis de muchas preocupaciones y dolencias,
pero también de deseos realizados. Son, además, mudos testigos de historias, modas y de
las habilidades artísticas-artesanales de los plateros de pueblos y provincias. Los exvotos
ofrecidos en momentos de aflicción y crisis individual o social buscan llegar de un modo di-
ferente y más eficaz a la divinidad que los medios más tradicionales del culto. Encierran una
paradoja, son producto de una relación personal con la figura divina, pero se presentan en el
espacio público, ya que al exponerlos en la iglesia pasan a ser los testimonios palpables de
un milagro. Porque consideramos que a los exvotos, al no ser concebidos como un “arte” para
Diversos tipos de exvotos. Colección y fotos: Sergio Barbieri. Extraídos de Exvotos argentinos: un arte popular, Buenos Aires, FNA, 2007.
exhibir sino un “sistema” de diálogo con lo sobrenatural, nunca se los valoró y preservó de-
bidamente. Durante mucho tiempo fue una práctica común en los santuarios que los exvotos
de plata y oro se fundieran para solventar distintas obras. Pese a esa triste realidad, los que
hemos documentado en iglesias de catorce provincias constituyen una pequeña parte que se
distingue por su gran calidad de inventiva, diseño y factura.
42 43
Devociones populares argentinas
44 45
“Procesión de fe del pueblo tilcareño”, Crónica, enero de 1986. Departamento de Archivos, BNMM.
Sentir la fe
Las devociones marianas
en la Argentina
Por Diego Mauro*
¿Quién es María?
Para los diferentes cristianismos, María es la madre de Dios en la tierra. La madre de Jesús. Una
figura cuya popularidad se remonta a los primeros tiempos del cristianismo. Si bien en la teología
católica la adoración se reserva exclusivamente a Dios, María está, sin embargo, en una especie
de lugar intermedio y recibe una veneración especial, de calidad superior a la de los santos, que,
en cierto modo, la acerca a la trinidad divina compuesta por Dios, Jesús y el Espíritu Santo. Por
supuesto, estas precisiones son en términos doctrinales y teológicos. En la cotidianidad, los fieles se
mueven con márgenes mucho mayores de libertad y hacen en buena medida lo que quieren y sien-
ten con su fe, fundamentalmente porque la religión se vive y se experimenta sin prestar demasiada
atención a lo que dicen y piensan los intelectuales de la Iglesia. A un devoto mariano que peregrina
a un santuario en busca de sosiego emocional, paz espiritual o acompañamiento frente a un pro-
blema, le importa poco y nada lo que escriben y elucubran teólogos y teólogas. En concreto, para
buena parte de los devotos que se congregan para vivir sus creencias, la Virgen María es una figura
absolutamente central, por momentos tanto o más importante incluso que Dios y el propio Jesús;
la verdadera artífice de los milagros que se producen y no solo una mera intercesora, como suelen
insistir los teólogos y especialistas religiosos.
Un ejemplo interesante de esta apropiación de María por parte de los fieles es la llamada Vir-
gen Desatanudos. Una devoción de la que es un ferviente seguidor nada más ni nada menos que
48 49
Devociones populares argentinas
Por otro lado, desde el punto de vista de los tiempo, uno más de los actores que disputan es-
devotos, la proximidad de María es otro factor a pacios y poder en el mundo católico. Un actor
tener muy en cuenta. Mientras Dios es una en- importante, no hay dudas de ello, pero no nece-
tidad abstracta y lejana, María, por el contrario, sariamente el más determinante ni siquiera en
está cerca, al lado de cada católico y, si bien cuestiones dogmáticas. Desde ya, incapaz de
es cierto que según el dogma de la Inmaculada imponer su voluntad a ese universo de grupos
Concepción aprobado por Roma en 1854 gozó y tendencias que forman la Iglesia. Sin ir más
de una naturaleza especial, desprovista de pe- lejos, el papado de Francisco ofrece infinidad de
cado, fue también una mujer que vivió y pade- ejemplos al respecto.
ció en la tierra como el resto de los creyentes.
Como sabemos, también Jesús sufrió los pesa- El caleidoscopio católico
res de la humanidad, pero, a diferencia de lo que
sucede en el mundo evangélico, entre los cató- En este contexto, María funciona como una
licos Jesús tiene en María a una “competidora” fuerza capaz de metabolizar, no sin tensiones,
con peso propio y, en cierto modo, con mejores todo este universo de diferencias. Lo vemos
credenciales. Tanto por lo que significa la Virgen cotidianamente en las peregrinaciones que
en la vida religiosa de los devotos, que como se- se llevan a cabo a lo largo y a lo ancho del
ñalaba la recrean y reinventan cotidianamente, país. En estas celebraciones, todavía al día de
como por la centralidad que tiene en términos hoy, María puede portar tanto una corona de
institucionales para la unidad de la Iglesia. oro y piedras preciosas, como en tiempos de
las grandes coronaciones de la primera mitad
El “milagro mariano” de la unidad de del siglo XX —expresión de una Iglesia mo-
la Iglesia nárquica e intransigente—, como un poncho
mapuche, en sintonía con los lineamientos del
Cuando hablamos de la Iglesia católica o del Concilio Vaticano II y la noción de “Pueblo de
catolicismo solemos presuponer muchas veces Dios”. Puede exhibir la banda de generala, con
que se trata de un actor homogéneo y, en con- la que solían ataviarla los católicos integristas
secuencia, construimos sentencias del tipo: la en las décadas de 1930 y 1940, cuando las
Iglesia dice o la Iglesia hace, el catolicismo quie- imágenes eran escoltadas por militares uni-
re o el catolicismo rechaza... Sin embargo, como formados e invocadas como reaseguros de la
han demostrado historiadores y sociólogos en “nación católica” frente a enemigos y amena-
las últimas décadas, la Iglesia y el catolicismo zas, o ir acompañada de pancartas denuncian-
están bastante lejos de ser una entidad unifor- do injusticias sociales y diferentes formas de
me. Si tuviera que definirlos rápidamente diría violencia, reflejando concepciones y principios
que son, más bien, una constelación de actores, propios de las teologías de la liberación y del
atravesados por ideologías, tendencias teológi- pueblo latinoamericanas, surgidas en los años
cas, espiritualidades, formas de vivir la religión sesenta y setenta. En los santuarios marianos,
y concepciones sociales y políticas distintas, in- todos estos catolicismos, ubicados política-
cluso, muchas veces, contrastantes. Un terreno, mente a años luz de distancia unos de otros, y
además, en el que esas diferencias se transfor- expresión también de distintas espiritualidades
man frecuentemente en disputas y conflictos. y formas diferentes de vivir la fe, se reflejan,
Dicho de otra manera: un campo en donde sus sin embargo, en María, una suerte de punto
participantes dirimen diariamente la definición de condensación de la multiplicidad de rostros
de las fronteras y los contenidos del catolicismo. que componen el caleidoscopio católico.
El Papa existe, claro está, y tiene autoridad. La Por todo ello me parece difícil imaginar en
Iglesia contemporánea, a diferencia de la me- nuestros días la persistencia de la unidad de
dieval o la colonial, es efectivamente una insti- una Iglesia tan heterogénea en su interior sin
tución centralizada y con una cierta capacidad el rol desempeñado por el culto mariano. La
de control. Pero, de nuevo, insisto, no hay que fuerza centrípeta probablemente más impor-
perder de vista que la autoridad —incluida la del tante del catolicismo contemporáneo. La figura
Papa— no deja de ser recurrentemente resisti- que, de hecho, recordando a la Virgen del papa
da o, lo que es más habitual, desconocida sin Francisco, se encarga de aflojar muchos de los
Labore vid qui berferatus as et voluptame alisi ullab iligenime porias apienia ndestiam rem simodit emperiatur
mayores consecuencias. Además, el papado es nudos que desafían la siempre tensa unidad de
la cabeza de la Iglesia, pero también, al mismo la Iglesia católica.
50
La fiesta de la patrona jujeña, 15 de octubre de 1971. Departamento de Archivos, BNMM. 51
Devociones populares argentinas
M
anuel Costa de los Ríos nació a comienzos del siglo XVII en la zona de Alta Gui- Manuel “Costa de los Ríos”. Fiel
esclavo de la Virgen de Luján,
nea, África. De muy joven fue vendido como esclavo a Brasil. De su infancia solo Buenos Aires, Agape, 2020.
se conoce su lengua materna, el yoruba, y el grupo religioso al que pertenecía su “Soy de la Virgen, no más”,
familia, adoradores del dios Olodumare. Manuel, conocido como “el Negrito”, formó parte en estampita de circulación popular.
1630 de un viaje desde Brasil a Buenos Aires para transportar dos imágenes de la Virgen Marcelo Daniel Zerba, Novena
del Negrito Manuel: fiel esclavo
María encargadas por el portugués Antonio Farías de Sáa, quien quería construir una capilla de la Virgen María de Luján,
en Santiago del Estero, donde vivía, y contar con la imagen de la Inmaculada Concepción. Buenos Aires, Claretiana, 2018.
Cuando la misión cruzaba en carreta la provincia de Buenos Aires, los bueyes se detuvieron
inexplicablemente a orillas del río Luján y no avanzaron más hasta que se descargó del carro
una de las dos cajas que contenía la imagen de la Virgen, una pieza de terracota pintada de
apenas treinta y ocho centímetros. Comprendiendo que aquella situación se trataba de una
señal divina, el Negrito Manuel tomó la decisión de quedarse custodiando a la Virgen. Rápi-
damente corrió la noticia. Las versiones señalaban que la Virgen había decidido quedarse en
aquel paraje a orillas del río. Llegaron peregrinos de todas partes del país. Manuel creó un
santuario donde mantuvo durante día y noche una vela encendida en tributo a “su señora”.
Jamás se separó de la Virgen y murió a su lado en el año 1686.
52 53
Devociones populares argentinas
Ceferino Namuncurá
L
a junta médica del Vaticano se reunió en 2007 para analizar el caso de Valeria Herrera, de
24 años, que tras ser diagnosticada con cáncer de útero le rogó a Ceferino Namuncurá por
su salud y el milagro no tardó en llegar: la joven se curó e incluso pudo tener hijos. Este fue
el antecedente que se tuvo en cuenta para la beatificación de
Ceferino, nacido el 26 de agosto de 1886 en Chimpay,
provincia de Río Negro, territorio entonces habita-
do por araucanos/mapuches y tehuelches. Este
santo popular de la Patagonia desciende del
cacique Juan Cafulcurá (su abuelo) y de Ma-
nuel Namuncurá (su padre), ambos líderes
que supieron enfrentar al ejército asesino
de Julio Argentino Roca. Tras la pérdida
de su territorio y el sometimiento de las
comunidades, Manuel decidió enviar a
Ceferino a Buenos Aires. Ingresó en la
Escuela de la Armada, pero no se adap-
tó. Pasó luego al colegio salesiano Pío
IX por intermediación del presidente Ro-
que Sáenz Peña. Luego de cuatro años de
estudio, lo que más deseaba Ceferino era ser
sacerdote. En 1901 enfermó de tuberculosis
en una sede del colegio en Viedma. Monseñor
Cagliero lo llevó a Italia con la idea de que fuera
atendido. Durante su enfermedad el joven fue recibido
por Pío X en audiencia privada. El Papa le entregó una
medalla de ad principes mientras que Ceferino le ofreció un poncho
de lana de guanaco. El 28 de marzo de 1905 fue internado en el Fatebenefratelli (Hermanos de
San Juan de Dios) de la isla Tiberina. Allí murió el 11 de mayo. Tenía 18 años. Ceferino nunca
ocultó su origen: “Sí, soy americano y, además, de la Patagonia”, solía decir. Desde hace años,
miles de devotos se reúnen y lo celebran en Chimpay cada 26 de agosto.
Amado Armas, Ceferino Namuncurá. El pequeño gran cacique patagónico, Buenos Aires, Institución Salesiana, 1965.
Manuel Gálvez, Vida de Ceferino Namuncurá: el santito de la toldería, Buenos Aires, Club de Lectores, 1976.
Emilio Barasich, Mensajes de un joven mapuche: enseñanzas que nos deja Ceferino a través del testimonio de su vida, Bahía Blanca, Editorial
del Sur, 1986.
54 55
Devociones populares argentinas
Cura Brochero
A
José Gabriel del Rosario Brochero se le atribuyen dos milagros, dos hechos que la
ciencia médica no dudó en calificar de “inexplicables”. El primero data de septiembre
del año 2000 y se trata de la recuperación del niño Nicolás Flores, que en aquel en-
tonces contaba con 11 meses de vida. Luego de un terrible accidente automovilístico ocurrido
en la localidad de Falda del Cañete (Córdoba), Flores fue diagnosticado con hemiplejia en el
lado derecho, tras sufrir tres paros cardíacos y un traumatismo cerebral irreversible. El segun-
do milagro fue la vuelta a la vida de Camila Brusotti, una niña de 8 años que había sufrido un
infarto cerebral al recibir golpes por parte de su madre y de su padrastro. Familiares de ambos
niños aseguraron que el “cura gaucho” intercedió para salvar a las criaturas. El Vaticano inició
una investigación y en 2016 en la plaza San Pedro, ante miles de fieles, el papa Francisco de-
claró oficialmente santo a José Brochero. De esta manera el sacerdote, nacido el 16 de marzo
de 1840 en el paraje Carreta Quemada, a 10 km de la localidad Santa Rosa del Río Primero
de la provincia de Córdoba, y fallecido el 26 de enero de 1914 en Villa del Tránsito de la misma
provincia, se convirtió en el primer santo canonizado que nació, vivió y falleció en la Argentina.
Cura Brochero y Santos Guayama y retrato de cura Brochero. Ilustraciones de Manuel Giménez.
Gregorio Santos Hernando, “Brochero, cura y hombre”, Democracia, 24 de mayo de 1959. Departamento de archivos, BNMM.
Esteban Felgueras, El cura Brochero. Más nuestro que el pan casero, Buenos Aires, Bonum, 2010.
Julio Triviño, El cura Brochero, Buenos Aires, Dunken, 2008. Ilustraciones de Manuel Giménez.
56 57
Devociones populares argentinas
Marcha del 7 de noviembre de 1981 a San Cayetano (Liniers) convocada por la CGT de Saúl Ubaldini con la consigna “Paz, pan y trabajo”.
Antecedente de la histórica movilización a Plaza de Mayo del 30 de marzo de 1982 contra la última dictadura cívico-militar. Archivo Crónica,
Departamento de Archivos, BNMM. 58 59
Devociones populares argentinas
La figura imponente de Pancho Sierra se proyecta desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la
actualidad, abarcando diversas esferas de actividad social y campos de estudio académico que
usualmente consideramos por separado: el “curanderismo”, el espiritismo y la “religiosidad popu-
lar”. Pese a que era una persona conocida y apreciada en su época, solo poseemos algunos datos
generales acerca de su vida y poco sabemos acerca de su religiosidad o de sus ideas sobre el arte
de sanar. Por ello, sociológicamente, más interesantes que las escasas referencias que poseemos,
son las apropiaciones de su figura que se fueron realizando desde su muerte en 1891. Actualmente
es considerado, a la vez, un santo popular, un referente ineludible para todo un complejo poco es-
tudiado de sanadores gauchos bonaerenses y un guía espiritual para algunas escuelas espiritistas.
Su historia se puede resumir así: era hijo de una familia acomodada de Salto, el pueblo bonae-
rense en cuyo cementerio hasta el día de hoy descansan sus (milagrosos) restos. Estudió en Bue-
nos Aires y luego de una decepción amorosa se fue a vivir a la estancia de una familia amiga cerca
de Pergamino. De allí, transcurrido un período de introspección y quizá de algún tipo de revelación
divina, se establece en la estancia El Porvenir, en Carabelas, provincia de Buenos Aires, donde
se dedica a ayudar a los más pobres y a curar a quienes van a la estancia en busca de su auxilio.
Las múltiples anécdotas de sus hagiógrafos señalan que tanto acaudalados estancieros de la zona
como gauchos y peones rurales procuraban su socorro.
60 61
Devociones populares argentinas
Cosme Mariño, un célebre autor espiritista de dad, su hombría de bien, sus curaciones realizadas y hasta propagandista de esta institución —algo ne-
la época, lo visitó, atraído por su fama sanadora, mayormente mediante un vaso de agua extraída de gado fervientemente por otros seguidores actuales
y nos dejó un testimonio de primera mano de su su aljibe, su don de la precognición (de los pedidos de Pancho Sierra, enrolados en una vertiente más
popularidad: o del futuro de sus pacientes) y el desinterés econó- católico-popular—. Aunque no hay testimonios fe-
mico con que realizaba sus actividades. hacientes de cuánto Pancho Sierra comulgaba con
Hemos presenciado la romería perma- Esta memoria sobre las curaciones milagrosas sus ideales, sí es comprobable que los espiritistas lo
nente de enfermos de toda clase que y su conocimiento intuitivo de las aflicciones de sus adoptaron como propio. Al fallecer, la comisión que
acudían a caballo, en charrete, coches y consultantes es sin duda lo que inspira aún hoy a lo homenajearía estaba integrada mayormente por
sulkys. Hemos visto de paso su manera los múltiples sanadores gauchos que todos los 4 representantes de asociaciones espiritistas de toda
de curar, generalmente con agua magne- de diciembre se hacen presentes frente a su tumba la provincia. Durante la década de 1920 y 1930 se
tizada o por medio de la sugestión. Pocas —o se instalan en los alrededores del cementerio de editaron tres libros con comunicaciones mediúm-
veces lo hacía por la imposición de las Salto— para sanar a los fieles. El milagroso gaucho nicas de Pancho Sierra: Pancho Sierra: comunica-
manos, pues por lo general ya conocía, sanador también devino santo popular y su devoción ciones y Nuevas comunicaciones de Pancho Sierra
desde que el enfermo detenía su carruaje, lleva a miles de personas a visitar su tumba en Salto. (de José Nosei, 1922 y 1930) y ¡La Verdad! Pancho
cuál era su mal.
Tuve el honor, en el Salto, de ser cliente Sus habilidades curativas no pudieron sino llamar Sierra (1935). Humberto Mariotti, destacado autor
gratuito de don Pancho, que no era cu- la atención de los espiritistas de la época, que rivali- espiritista, le dedicó dos de sus libros: Don Pancho
randero milagrero, sino un gran anatomis- zaban con la ciencia en la explicación de fenómenos Sierra, el resero del infinito (1958) y Pancho Sierra y
ta empírico, que sabía de averías óseas espirituales y físicos anormales. No solo fue amigo el porvenir de la medicina (1972).
cuanto hay que saber. Lo afirmo por la ex- de Cosme Mariño, sino también de Rafael Hernán- Sus influencias sobre el campo religioso y de la
periencia de mi propio tobillo, que él supo Eva Romero de Torres, El gaucho de dez, hermano del autor del Martín Fierro y ferviente medicina popular actual se acrecientan si conside-
meter en quicio con maestría insuperable. Dios: vida y obra de Pancho Sierra, defensor de la doctrina espiritista en su momento. ramos los efectos de otro evento notable que ayudó
Merlo, El Triángulo, 1982.
Algún día lo contaré, ensalzando debida- Mariño afirma que, después de su visita a la estan- a proyectar aún más su figura en el tiempo. Su en-
mente la memoria de don Pancho. Ignotus, Pancho Sierra: el gaucho santo de cia, logró interesar a Pancho Sierra en la cosmovi- cuentro sanador y profético con la Madre María daría
Pergamino, Buenos Aires, Caymi, 1992.
sión espírita, y en sus viajes a la Capital, este visita- origen a otro movimiento religioso que se extendería
Las Heras, Antonio, Pancho Sierra: el
Prácticamente todas las evocaciones que nos lle- resero del infinito, Buenos Aires, Grupo
ba la afamada Sociedad Constancia. Los espiritistas durante el siglo XX, con distintas ramificaciones,
garon sobre Pancho Sierra remarcan su populari- Argentinidad, 2018. —históricos y actuales— afirman que fue miembro hasta nuestros días.
62 63
Devociones populares argentinas
Nicolás Ferraro, “La sangre en las manos”, Estampita con la foto de la Madre María y una anotación autógrafa
Paganos. Antología de santos populares, en la que se lee: “La verdadera grandeza en el universo es la fe en
Buenos Aires, Alto Pogo, 2013. Dios y la regeneración de la Humanidad. María L. de Subiza”. Afiche de la película La Madre María, realizada en 1974 por Lucas Demare.
64 65
Devociones populares argentinas
su mensaje espiritual. Los medios de la época, que lo lleva en varias oportunidades a visitar
y aún más los de años posteriores, enfatizan la tumba de la santa popular. Al fallecer su
la sanación e ignoran su doctrina religiosa. abuela, Miguel continúa yendo a la Chacarita
Su fama mediática de “curandera” le valió un a visitar su tumba y también la de la Madre
proceso por ejercicio ilegal de la medicina en María, donde arregla flores, reza y comien-
1911, del que salió sobreseída en 1912. za a entablar amistad con otros fieles. Pese
Su fallecimiento en 1928 —algo que ella a su juventud, su carisma y empeño pronto
misma habría preanunciado— no disminuyó su lo transforman en un predicador privilegiado,
relevancia religiosa-mágica para la sociedad que durante dos décadas lideró rezos y de-
argentina. Sus discípulos directos continuaron vociones semanales frente a la tumba de la
su obra creando linajes religiosos que reivindi- Madre María.
can para sí la verdadera enseñanza doctrinaria Una segunda versión, algo posterior y qui-
espiritual de la Madre María. Lo hicieron princi- zá más cercana a la mitopraxis, acrecienta el
palmente a través de dos maneras que no son protagonismo de Irma Inglese de Maresco, la
excluyentes: publicando libros que difunden sus madre de Miguel. De manera que remeda el
enseñanzas y/o abriendo templos donde las encuentro profético entre Pancho Sierra y la
transmiten. Entre la obra escrita, se destacan Madre María. El mito fundante del Culto Cris-
los textos de su principal discípulo y “represen- tiano Irma de Maresco sostiene que la propia
tante”, Eleuterio Cueto: La Madre María y su Madre María habría profetizado que el aún
doctrina (1921); La fe en Dios y la religión de nonato Miguel sería el continuador de su mi-
Cristo. La doctrina de la Madre María (1926); La sión. Con la beba Irma en brazos, la abuela
religión cristiana y la Madre María (1938) [1928]; de Miguel va a agradecerle a la Madre María
y también los de una segunda generación de
discípulos o “apóstoles”: La religión de Dios por
la Madre: Escuela de la Regeneración Espiritual
(Carmelo Forte, 1944) y La misión cristiana de
la Madre María: sus enseñanzas y profecías
(Celia Rosa García Risso, 2010, segunda edi-
ción). Editaron también una revista, Páginas de
Fe, que tuvo tres épocas (1926, 1942 y 1972). Mausoleo de la Madre María, Cementerio de la Chacarita.
Foto: Marcelo Huici.
Al menos tres de estos linajes abrieron templos
para continuar con sus enseñanzas: la Religión colaboración colectiva, se erigió un monumen-
Cristiana Argentina (fundada por Eleuterio Cue- to funerario en el panteón donde descansan
to y renombrada así por su discípula y apóstola sus restos: sobre un alto pedestal se erige una
Consuelo Quinteros), centralizada en Turdera, estatua de tamaño natural de la Madre María.
la casa donde la Madre María pasó sus últimos Actualmente infinidad de personas visitan su
años, y con diversas sucursales que se abrieron mausoleo al cual acercan flores y pedidos, es-
y cerraron en localidades bonaerenses; La Mi- pecialmente —pero no solo— en los días de
sión Cristiana de Dios por la Madre María, con su natalicio y de su fallecimiento.
dos templos en la Ciudad de Buenos Aires; y el Una tercera modalidad de veneración a su
Templo Cristiano de la Espiritualidad con Dios y figura, que semeja una combinación de ambas
la Madre María, ubicado en Luján. Su momento mencionadas (linaje creyente y devoción po-
de mayor apogeo se dio en las décadas de 1950 pular), es la que se da a través del Culto Cris-
y 1960, disminuyendo su popularidad progresi- tiano Irma de Maresco, del Hermano Miguel.
vamente, sin por ello cesar en sus actividades.
Actualmente, la vigencia religiosa de la Ma- Hermana Irma (1914-1972) y Hermano
dre María se manifiesta menos por la atracción Miguel (1936)
de su mensaje transmitido por estos linajes
creyentes y más por su transformación post Según una primera versión, quizá más apega-
mórtem en una santa popular —como suce- da a hechos históricos, narrada en el libro Mi-
dió con Pancho Sierra—. Una forma de culto guelito, el moderno misionero (Yderla Anzoá-
Marcelo Romis, Madre María. Misión divina, Buenos Aires, Misión que mayormente no posee intermediarios sino tegui y Mafalda Anzoátegui de Braun, 1971),
Hermanita Irma de la Caridad, Breviario de la Hermana Irma:
Divina, 1974. que se da a través de visitas y pedidos en su Miguel Maresco conoce a la Madre María oraciones, novenas, exorcismos que rezaba la hermanita Caridad,
Revista Favoritos de la Historia, nro. 5, 13 de agosto de 1970. tumba en la Chacarita. En 1944, mediante una por intermedio de la devoción de su abuela, Buenos Aires, s. e., 1993.
66 67
Devociones populares argentinas
68 69
Devociones populares argentinas
L
resco (2003) —además de pequeños brevia- nográficos que nos brinden una descripción a tumba de Tibor Gordon es en la actualidad la más visitada del Cementerio Municipal
rios con oraciones y doctrina—. detallada de su relevancia en la vida de mi- de Pilar en la provincia de Buenos Aires. Sus fieles, conocidos como “Hermanos Tibor”
llares de argentinos/as. Nuestros prejuicios no dejan de venerarlo y de referir la historia de su líder espiritual a quien lo desee. Tibor
Una vigencia de casi dos siglos sociales y académicos reducen a estas figu-
llegó a la Argentina en 1944 proveniente de Checoslovaquia, país donde nació en 1918. Ni
ras a meros “curanderos” cuando, en reali-
bien pisó Buenos Aires, deslumbró a los porteños con sus hazañas físicas gracias a su cuer-
Como vimos, las figuras de Pancho Sierra, dad, tienen desde su origen una verdadera
Madre María y más recientemente Hermana propuesta religiosa. La devoción que despier- po de atleta. Fue tal el impacto entre la gente que Tibor lanzó una marca de ropa deportiva
Irma se proyectan sobre el mapa de creen- tan en incontables fieles que peregrinan a la y hasta una revista de historietas
cias y prácticas religioso-mágicas argentinas Chacarita, Salto o Villa del Parque en busca en donde se narraba su infancia,
de múltiples maneras, pero siempre prolon- de ayuda espiritual muestra su importancia sus aventuras adolescentes en la
gadas, significativas y actuales. Mayormente cotidiana y su vigencia, que se refleja tam- peligrosa selva africana y se ex-
invisibilizadas o menospreciadas, sus devo- bién en apropiaciones desde otros campos plicaba cómo llegó a convertirse
ciones difícilmente son consideradas parte seculares como el arte, la cinematografía y la
en un hombre tan fuerte, capaz
de la “diversidad religiosa” local —“apenas”, industria cultural.
de soportar con su abdomen el
peso de un camión, entre otras
tantas demostraciones. Miles de
personas lo vieron en espectácu-
los en el Luna Park. Más tarde,
en 1954, Tibor se instaló en la
localidad Manzanares, cerca de
Pilar, donde fundó la Sociedad
Arco Iris, convirtiéndose en “el
Hermano Mayor”. Muchas per-
sonas empezaron a consultarlo
por sus dolencias y problemas.
Su creciente popularidad (hasta
salía en tapas de revistas) in-
comodó a la policía y al poder
político. Fue detenido al menos
siete veces por ejercicio ilegal de
la medicina y se iniciaron varias
causas en su contra. Nunca se
pudo probar nada, porque Tibor
era un hombre limpio. Su secreto
era aconsejar a los humildes. En
1961 construyó para la sociedad
un complejo edilicio donde lle-
vaba adelante sus actividades:
asesoría judicial y médica, ayuda
Revista Tibor Gordon, nro. 4, 1945.
para jubilados y para personas
necesitadas. Su movimiento espiritual tenía tres pilares: fe, esperanza y constancia. Más de
650.000 personas se afiliaron a la sociedad. Tibor solía vestir con botas, bombacha gaucha y
poncho. Hablaba a sus seguidores con lenguaje sencillo y directo. Los integrantes de Arco Iris
tienen un gesto que siguen realizando: tres dedos en alto mientras el meñique es sostenido
por el pulgar. Eso simboliza la agricultura, la ganadería y la industria. Falleció el 6 de julio de
1985.
Joaquín Molina, Imágenes y devociones populares (catálogo), Buenos Aires, Centro Cultural Recoleta, 2004.
70 71
Devociones populares argentinas
72 73
Templo Hermanita Irma de Maresco, Villa del Parque. Foto: Marcelo Huici.
Devociones populares argentinas
La umbanda y
otras religiones de
matriz afro
Por Alejandro Frigerio*
L
as religiones afroamericanas se encuentran entre las más relevantes y destacadas contri-
buciones de los africanos/as esclavizados/as a la cultura latinoamericana. Millones de per-
sonas de toda “raza” y condición social las practican en casi todos los países de la región.
Existen distintas variantes de religiones afroamericanas de acuerdo con la manera específica
con la que en cada país se conjugaron cuatro elementos: las creencias traídas por distintos pueblos
africanos; el espiritismo europeo de Allan Kardec; el catolicismo de españoles y portugueses y las
creencias de los pueblos originarios.
Al provenir las personas esclavizadas de distintos grupos étnicos, podemos encontrar en un mis-
mo país una diversidad de variantes según lleven la impronta de los yoruba (de la actual Nigeria), de
los ewe o fon (actual Benin y Togo) o de los kongo (actual República Democrática del Congo, Congo,
Cabinda y Angola). Así, en Cuba tenemos la santería o Regla de Ocha y la Regla de Ifá (de raíz yoru-
ba), la Regla de Arara (de raíz ewe) y el palo monte o mayombe (de raíz kongo). En Haití y República
Dominicana encontramos el vodou (con fuerte impronta ewe), en Trinidad y Tobago el shangó. En la
Amazonia y en los Estados del norte de Brasil encontramos la pajelança y el catimbó (actualmente
denominado “jurema sagrada”), en Maranhão el Tambor de Mina, en Pernambuco el xangô y en
Bahía el candomblé. En Río de Janeiro surge a principios del siglo XX la umbanda, una variante
con fuertes influencias espiritistas que pronto se expandiría por todo Brasil. En Rio Grande do Sul
existe otra que nos resulta especialmente relevante porque es una de las que migró hacia Argentina
y Uruguay: el batuque. De manera general, la influencia amerindia se hace sentir principalmente
Ilustración de Iemanjá.
Archivo Sergio Barbieri. * Antropólogo. UCA/CONICET, Buenos Aires.
74 75
Devociones populares argentinas
En Argentina
en la Amazonia y en la
región norte de Brasil, La presencia de esclavizados también produjo
la yoruba y ewe en las un desarrollo de la religiosidad afro en Argentina
ciudades costeras del —recordemos que uno de cada tres habitantes de
nordeste y la kongo en la Ciudad de Buenos Aires en 1810 era afrodes-
algunos templos del cendiente—. Dentro de los escasos testimonios
candomblé bahiano y en que tenemos de esta presencia, resulta revelador
el origen de la umbanda. el de José Ingenieros, quien en su libro La locura
Estas variantes de en Argentina (1920) describe una ceremonia a la
religiosidad afroame- que asistió cuando era niño:
ricana, cuya presen-
cia originalmente se Debimos este favor a una cocinera negra
encontraba limitada a que sirvió algunos años en nuestra casa [...]
determinados países Poco antes de la revolución de 1893, nos
y aun a ciertas áreas ofreció llevarnos a ver algo que no había
geográficas dentro de visto ningún blanco. Fuimos a un edificio
ellos, han migrado en bajo que aún existe en la avenida Alvear,
las últimas tres déca- donde solían reunirse negros a bailar, y
das hacia otras socie- nos encerró desde la tarde en una habita-
dades. La santería y el ción contigua a la que sirvió por la noche
palo mayombe cuba- para bailar el santo. Desde allí oímos todo
nos se encuentran en y vimos algo de la ceremonia que tenía por
EE. UU., México, Puer- objeto curar a un negro loco perseguido por
to Rico, Venezuela, Co- los mandingas. [...]
lombia y en menor me- Al son de tamboriles y otros instrumentos
dida en Argentina. El africanos se hacían ofrendas en especies Labore vid qui berferatus as et voluptame alisi m rem simodit emperiaturTas exNos et molupta
sende sinctio. Ut omnimos venim que lit velloru ptatquo is ditatquatiam simus.
vodou haitiano llegó a ante un altar afrocatólico, en que se mez-
Revista Umbanda. Un enigma
religioso, año XXXI, nro. 366, través de migrantes de claban estampas, santos, útiles de cocina,
junio de 1968. ese origen a EE. UU. sartas de cuentas de vidrio, caracoles, co-
Arcadio, Trabajos de media El shangó de Trinidad mestibles, bebidas, armas, patas de gallo,
noche con Exú y Pomba Gira.
Abre caminos, trabajos, cortes,
se expandió por islas cuernos de animales, plumas, etc. El sacer- Caboclo en gruta de Pai Ogum das Matas, El Trapiche, provincia de San Luis. Foto: Juan Francisco Gentile.
pedidos, leyendas, puntos caribeñas vecinas. El dote o brujo hacía invocaciones en su len-
cantados y riscados, Buenos batuque y la umbanda gua africana que, a veces, eran repetidas La importante presencia actual de religiones santo uruguayos (donde las religiones afrobrasile-
Aires, edición del autor, 1996.
del sur de Brasil se ex- o coreadas por la concurrencia, hasta que afroamericanas en Argentina se debe a su intro- ñas ya se habían instalado dos décadas antes) y
pandieron de forma significativa por Uruguay y alguna de las negras presentes se ponía a ducción desde Brasil (pero también Montevideo) de algún que otro tamborero brasileño. Así, lenta-
luego por Argentina. bailar, agitándose cada vez más, hasta caer a mediados o fines de la década de 1960. Sus mente la religión (como le dicen sus devotos) devi-
Antes de su transnacionalización (mayor- presa de un ataque histeroepileptiforme, practicantes probablemente constituyan la segun- no en la práctica conjunta de umbanda y batuque
mente latinoamericana), estas religiones ya seguido de un sopor cataleptoideo, que, se- da minoría religiosa después de los pentecostales, (o nación) en la mayor parte de los templos.
habían sufrido, en cada país, procesos de gún la protagonista, duraba pocos minutos pero por sus modalidades sigilosas de identifica- Durante la década de 1990 y los años subsi-
transformación social por los cuales pasaron o varias horas. Ya el “santo” (nombre colec- ción social se hace difícil tener datos concretos. guientes se dio otro desarrollo significativo: el cul-
de estar presentes por lo general en sectores tivo del altar o de alguna imagen) estaba Los primeros templos se fundaron en el conur- to a los exús, que era visto como una parte de la
afrodescendientes de bajos recursos a ser “bailado”; entonces el brujo operaba con bano bonaerense y estaban dirigidos por argenti- umbanda, comenzó a desenvolverse como una
adoptadas por individuos “blancos” de clase palabras y con las manos sobre el enfermo, nos/as (y un uruguayo) que conocieron la religión variante autónoma, la quimbanda, que también
media. Brasil fue el país donde más claramen- si estaba allí, o le enviaba algún talismán o en Brasil. La primera variante religiosa que llegó al se instaló en la mayoría de los templos. Para en-
te se dio esta variación. amuleto, por medio de sus parientes, si su país fue la umbanda, que prevaleció durante toda tender adecuadamente estos procesos, hay que
La influencia africana en la vida espiritual enfermedad impedía traerlo. la década de 1970, hasta que, en los ochenta, el recordar dos factores contextuales decisivos: en
latinoamericana, sin embargo, no se limita a batuque de Rio Grande do Sul empezó a hacerse primer lugar, la vuelta de la democracia en 1983
estas variantes que veneran deidades de ori- Dejando de lado el lenguaje medicalizante de presente. Por sus intrincadas modalidades ritua- que recuperó las posibilidades de sociabilidad y
gen reconocidamente yoruba, ewe o kongo. la época, la descripción del ritual muestra claras les, sus complejas formas de iniciación, la varie- movilidad espacial que precisan estas religiones.
También informa prácticas más individualistas correspondencias con los que actualmente se dad de toques de tambor y la utilización de cantos Una trabajosa actividad religiosa hasta entonces
(“mágicas” según nuestras prescripciones cris- pueden ver en toda Latinoamérica y resulta una “en africano” (una versión sui géneris brasileña) su intramuros pudo finalmente realizarse a la vista de
tianas), como el obeah de Jamaica o el hoodoo prueba irrefutable de la existencia de estas reli- desarrollo ocupó casi toda la década y no habría todos sin temor a la persecución policial (que fue
afroamericano, y sobre todo numerosas formas giones en Buenos Aires hasta por lo menos fina- sido posible sin las visitas regulares de pais de paulatinamente disminuyendo). Durante la década
de afrocatolicismo extendidas por Sudamérica. les del siglo XIX. santo brasileños, la radicación de algunos pais de de 1990, la convertibilidad cambiaria peso-dólar
76 77
Devociones populares argentinas
78 79
Devociones populares argentinas
D
que pueden incluir pases o pequeñas limpiezas urante los primeros días de enero de cada año se celebra en Corrientes (también en En-
con elementos diversos (velas, perfumes, taba- tre Ríos, Chaco y Formosa) la llamada fiesta de San Baltasar, conocido también como
co, bebidas, hierbas o frutas). Santo Kambá o simplemente Santo Negro. En esas fiestas se venera a este santo rey
Otra forma de comunicación es mediante el del candombe. Su origen está ligado al relato cristiano de los tres reyes. En estas ceremonias
jogo de buzios, un oráculo compuesto de cara-
de devoción se realizan toques, bailes y danzas con un claro influjo de tradiciones africanas:
coles blancos (Cypraea moneta) en cuya caí-
charandas, zembas y candombes. La comunidad afrodescendiente también rinde culto a este
da se interpretan los mensajes de orixá para la
guía o solución de los problemas del consultan- santo. Acerca de las razones por las cuales es tan importante este culto en Corrientes, algunos
te. Sobre la base de este diagnóstico, se reali- historiadores sostienen que los rituales llegaron con la inmigración paraguaya. Otros lo vinculan
zan rituales u ofrendas (ebó) para equilibrar la a la llegada de antepasados africanos escapados de Brasil y hay quienes sostienen que fue
energía espiritual del consultante, restablecer llevado por los soldados de Artigas. Sea cual sea su origen, San Baltasar es en la actualidad un
su lazo con su orixá si es iniciado, solicitar la santo que irradia el espíritu libre del pueblo africano y que es venerado por miles de personas.
ayuda de seres espirituales o contrarrestar tra-
bajos y energías negativas que puedan haber
sido enviadas en su contra.
Una forma más íntima de vinculación con
los orixás son las iniciaciones rituales. Según la
cosmovisión batuquera, todos somos hijos de
un orixá y poseemos, en cierta medida, carac-
terísticas psicológicas vinculadas a este —que
son conocidas a través de la mitología—. Nues-
tro orixá individual reside en la cabeza, y puede
Símbolos de la Pomba Gira. ser plasmado en este plano material a través
de su asentamiento. Este consiste en elemen-
calle, que han llevado una vida bohemia y/o tos simbólicos propios del orixá que se ligan con
marginal. Originalmente considerados los espí- la cabeza de su “hijo” (el iniciado) mediante la
ritus menos “evolucionados” (y por ello amora- sangre de animales inmolados en el ritual.
les), pueden hacer tanto el bien como el mal, La sangre animal es uno de los elementos
de acuerdo con lo solicitado por los creyentes. que más axé (energía espiritual) posee. La ló-
Se cree que por su cercanía al plano material gica de las numerosas ofrendas materiales que
y las vicisitudes en sus vidas pasadas están se realizan a orixás y entidades de umbanda y
muy predispuestos a colaborar rápida y eficien- quimbanda está basada en esta idea de ener-
temente con los seres humanos en cualquier gía espiritual: poseyendo el axé que es propio
emprendimiento (a cambio de ofrendas). Su a cada orixá, la ofrenda logra la circulación de
actitud jocosa y divertida durante el trance en energía entre el plano material y el espiritual,
los médiums los hace muy populares, ayudan- ayudando a plasmar la ayuda que el devoto pre-
do a la expansión creciente de esta variante. cisa. Las ofrendas de animales pueden ser de
cuatro pies (chivos, carneros, ovejas, cerdos) o
Formas de comunicación con el de dos pies (gallinas, gallos, palomas). Siempre
mundo espiritual son animales de granja (nunca domésticos), no
deben sufrir al ser inmolados, luego su carne
Además de la diversidad de espíritus que debe ser cocida y compartida entre los asisten-
proponen las diferentes variantes religiosas tes a las ceremonias de batuque o quimbanda
afroamericanas en Argentina, también resul- (no suelen matarse animales en la variante bra-
tan atractivas las múltiples formas de comuni- sileña de umbanda). Rubén Vispo, San Baltazar, 1952,
óleo sobre tela. Colección Museo
carse con ellos. La comunicación más directa La ignorancia por parte de los medios y la Provincial de Bellas Artes “Dr. Juan
es mediante los estados de trance en que los sociedad argentina respecto de las modalida- R. Vidal”, provincia de Corrientes.
iniciados reciben a los orixás o a los guías de des, fundamentos teológicos y propósitos de Alicia C. Quereilhac de Kussrow, La
umbanda y/o quimbanda. las ofrendas animales hacen que este sea el fiesta de San Baltasar: presencia
de la cultura africana en el Plata,
Los orixás hablan poco, pero a través de aspecto más controvertido de una religión poco Buenos Aires, Ediciones Culturales
pases quitan las energías negativas en los comprendida y estigmatizada. Argentinas, 1980.
80 81
Devociones populares argentinas
La santidad popular:
un proceso en
construcción permanente
Por Gabriela Saidon*
L
a santidad popular es un proceso en construcción permanente. Los pueblos de Argenti-
na y de otros países hispanoamericanos construyen santas y santos sin parar. E incluso,
aquellos que ya están admitidos por la Iglesia católica, siguen siendo objeto de continuas
actualizaciones.
El olimpo pagano, al menos en esta parte del mundo colonizada por el catolicismo, se reconfi-
gura una y otra vez con nuevos dioses, semidioses y superdioses que merecen, aquí, un repaso y
una reactualización.
Es sabido: la antropología es la ciencia que con más detenimiento observa y conceptualiza la
religiosidad popular, aunque también se han realizado estudios interesantes desde la sociología e
incluso desde la teología.
Antropólogos argentinos como Pablo Semán, Alejandro Frigerio o Pablo Wright, Sara Josefina
Newbery y Susana Chertudi (que fueron pioneras en el campo, con una investigación sobre la Di-
funta Correa publicada en 1966 y reeditada como libro en la década del setenta), han hecho aportes
fundamentales para el conocimiento y análisis de un fenómeno tan visible como invisibilizado, que
echa sus raíces en el proceso mismo de cristianización de los pueblos originarios desplazados de
sus territorios y diezmados.
La santificación popular y su ritualidad simbólica han sido modos en los que los pueblos reprimi-
dos durante la colonización de América han camuflado sus religiones originarias.
84 85
Devociones populares argentinas
minos de tierra en carretas a cargo de arrieros de novia o cordones umbilicales como agradeci-
y comerciantes en el siglo XIX, como protecto- miento a las promesas cumplidas, muchas vin-
res en los viajes; también en embarcaciones, y culadas a la maternidad. Al Gauchito Gil, vino y
luego, en el siglo XX, en vehículos a motor, con cigarrillos, además de partes de auto, pero tam-
especial énfasis en transportes de pasajeros o bién chupetes o exámenes aprobados.
de mercaderías: así, camioneros y choferes de La imagen que conocemos del Gauchito
ómnibus de larga distancia son quienes instalan Gil (vincha roja y boleadoras) es posterior a
altares en las banquinas porque de la protección la década del sesenta del siglo XX y no coin-
santa depende la supervivencia en el viaje. cide con la figura del gaucho correntino (de
La regionalización a través del cruce de fron- cinta celeste y sombrero de ala ancha) que
teras a los países vecinos expresa el primer tiene una estatua en la entrada a Mercedes, la
punto, el de la reconstrucción constante de la ciudad de origen de Antonio Gil. Un cura ter-
santidad, y también este proceso que traslada cermundista y chamamecero, Julián Zini, fue
santos y santas a sitios de interés. quien hizo circular su imagen entre las bailan-
Los cambios son sintagmáticos y paradig- tas del conurbano bonaerense, espacio de mi-
máticos: en tanto se transforman las ritualida- gración de muchos correntinos que debieron
des —mientras la ubicación geográfica y los salir de su provincia en busca de trabajo. La
cultos atraviesan clases sociales y se trans- imagen del gaucho cargando la cruz roja lo
miten por generaciones—, en simultáneo sur- ubica entre Cristo y el Che (como el Che, Gil
gen nuevos santos y santas que renuevan el es un santo médico). San Ernesto de la Higue-
olimpo americano, pero también dejan en cla- ra es un santo popular en Bolivia, en el pueblo
ro que es el concepto de santidad el que se donde lo mataron.
modifica con el tiempo. En Caá Catí, pueblo del noreste correnti-
Y hablo de Olimpo porque entre las críticas no, en la banquina, sobre la ruta, hay un pe-
que pueden leerse en las devociones populares queño altar de un gaucho correntino celeste
al sistema regulado por diferentes instituciones (los colores corresponden a los partidos Au-
(médica, jurídica, eclesiástica) está, por sobre tonomista y Liberal): Juan de la Cruz Quiroz, “Devoción popular ya”, Crónica. Departamento de Archivos, BNMM.
todas las cosas, una discusión elidida sobre el a quien los estudiantes le piden suerte para
Cristian Alarcón, Cuando me muera quiero que me toquen cumbia.
Vidas de pibes chorros, Buenos Aires, Aguilar, 2012. monoteísmo. La emergencia originaria, enton- los exámenes. Por eso, su santuario se llena de su condición es reconocida post mortem.
ces, aprovecha la proliferación de santos, san- de hojas de carpeta. Pero, al mismo tiempo, va a permitir la lectura
Cristos y vírgenes negras que habitan igle- tas y vírgenes (estas últimas, “sedes” de María, Ya entrado el siglo XX, hay santas y santos de la santidad ante mortem en santos y santas
sias católicas (la probable causa del “cambio” según apunta Pablo Wright) del catolicismo para populares que rompen con el condicionamien- anteriores (caso Santa Evita).
de color se explica siempre por un incendio en “colar” a esas personas milagrosas que la Igle- to situacional: Evita, Rodrigo, Sandro, Gardel, El primer paso previo al gol con la mano, en
la iglesia o el efecto del tiempo sobre la materia sia decide no canonizar. son santificados por el pueblo argentino sin el Estadio Azteca, en la constitución de Mara-
en que se fraguó la imagen); personas que no En las provincias argentinas encontramos importar puntos cardinales, y comienza así un dona como santo, fue el que lo hizo descender
tuvieron existencia comprobada o cuyas repre- santos y santas milagrosas de distintas edades incipiente proceso de globalización. al infierno para elevarse luego a los cielos: la
sentaciones no concuerdan con la zona en las y condiciones: bandidos sociales en la zona del Hacia fines del siglo XX, medios y redes patada que le quebró el tobillo en Barcelona en
que fueron canonizadas (como la Difunta Correa noroeste argentino como el gaucho Altamirano o sociales participaron activamente en el pro- 1982, convirtiéndolo en semidiós (Aquiles y su
o el Gauchito Gil) y la “hipertrofia de la ofrenda”, Isidro Velázquez; niñas como la Pilarcita en Co- ceso santificador: Gilda no sería santa sin talón). Es en ese acto y en ese momento cuan-
en palabras de Alejandro Frigerio, que se obser- rrientes, santita de las muñecas; María Soledad Crónica, ni Diego Maradona sería un super- do Maradona se hace adicto a la cocaína (su
va en la variedad y cantidad de objetos que se Morales, santa adolescente de las carpetas y dios pagano sin la intervención de relatores y kryptonita) y deviene Superman.
dejan en los altares y santuarios, son emergen- vinchas, víctima de femicidio perpetrado desde periodistas deportivos. En el caso de Maradona, y a partir de las
tes de la opresión de esas poblaciones que ha- el poder en Catamarca; el gaucho José Dolo- Maradona desarma el sentido estático de últimas décadas del siglo XX, periodistas, fo-
bitaban territorio americano, pero también de la res en San Juan, provincia que “esconde” una las condiciones objetivables para la elección tógrafos, camarógrafos, usuarios de redes,
esclavitud de personas importadas desde Áfri- santa menos conocida que la Difunta Correa, su de un santo o santa, ya que D10S como si- personas del ámbito en que el santo en pro-
ca. La ritualidad umbanda que se aplica a San comprovinciana Martina Chapanay, experta jine- gla fue en vida: La mano de Dios, referida al gresión se establece y sus adversarios o de-
La Muerte, un santo con puntos en común y di- ta y hábil en el manejo de las armas; y, camino gol “de trampa” en el partido Argentina-Ingla- tractores, son los principales santificadores.
ferencias con el Santa Muerte mexicano, es una a Vallecito, pueblo-santuario de la santa de las terra en el Mundial de México de 1986, y la En muchos casos, el primer santificador es el
prueba de esta emergencia. botellas, un taxista santo: Caputo, a quien se le Iglesia Maradoniana, fundada cuando Diego asesino. Así opera la leyenda del Gaucho Gil,
Estas deidades profanas en principio son ju- ofrendan partes de autos. estaba vivo, son apenas dos pruebas. Así, el cuando le pide a su verdugo (que, dicho sea
risdiccionales: la devoción y el culto comienzan En general, los santos varones son imper- futbolista se convierte, a diferencia del resto, de paso, es un militar indio) que le dé “cristia-
en el territorio de origen. La federalización de la fectos mientras que las santas mujeres suelen en el primer santo argentino global, universal na sepultura” y, a cambio de eso, él le promete
Difunda Correa y el Gaucho Gil tiene que ver ser modelos de conducta. A la Difunta Correa se (y primer deportista santo). Y el primero en curar a su hijo, que está enfermo. El primer
con el proceso que llevó al traslado por los ca- le dejan desde botellas de agua hasta vestidos ser santificado en vida. Aunque la conciencia milagro del santo es curar al hijo de su enemi-
86 87
Devociones populares argentinas
88 89
Devociones populares argentinas
La muerte joven y violenta, uno de los requi- 5. Las múltiples referencias al “milagro”
sitos para la santidad, junto con el milagro post ocurrido cuando la bala no salió del arma
mortem y un espíritu justiciero, es otra de las con- que disparó Fernando Sabag Montiel con-
diciones que Maradona rompe. Aunque en rigor, tra Cristina, tanto en redes como en gra-
ya la había roto Martina Chapanay, que murió, fitis (una pared en la zona de Congreso
dicen, en su cama con más de 90 años. En su “rezaba”: “XQ es nuestro milagro”) aluden
tumba en Mogna, el pueblo donde vivió le pide y a su condición milagrera y remiten a la re-
le ofrenda. surrección, que la santa compartiría con
Hoy podemos decir que somos testigos de un Cristo y con Maradona.
doble proceso incipiente de santificación popular 6. La asociación recurrente Santa Cristina
de una santa en vida. Me refiero a la vicepresi- / Santa Evita permite establecer una ge-
denta Cristina Fernández de Kirchner. nealogía santa: no todos los santos popu-
Cuando en agosto de 2022 el fiscal Diego lares pertenecen al mismo olimpo sino que
Luciani comenzó con las acusaciones contra Iciar Recalde, Santa Eva Perón, Buenos Aires, Fabro, 2020.
hay tabicamientos.
Cristina por presunta corrupción, la vereda de su
Iciar Recalde, Fabian D’Antonio, Ricardo Elorza y Pablo Scolari,
casa en Paraná y Uruguay se llenó de gente que Evita, santa del pueblo, Buenos Aires, Fabro, 2019. Olimpo no es un lugar en el cielo sino el espa-
fue a hacerle al aguante, a rezar por ella y a lle- cio simbólico donde la rebeldía originaria se ex-
varle ejemplares de su libro Sinceramente para Los siguientes ejemplos ilustran el proceso: presa contra el monoteísmo dogmático, y luego
Alejandro Margulis, Santa Gilda: su vida, su muerte, sus milagros,
que firmara. La vigilia tiene, en todos los casos, derrama en la continua actualización de la reli-
Buenos Aires, Planeta, 2016. un ingrediente religioso. El intento de magnicidio 1. Andrés “Cuervo” Larroque, ministro de giosidad popular.
Revista Predicciones, El poder sanador de Gilda, Buenos Aires, Libro frustrado en ese contexto, el 1° de septiembre, Desarrollo de la Comunidad de la provincia
Latino, 1998. habilitó la idea de milagro y la de resurrección. de Buenos Aires y referente de La Cám-
pora, dijo que el lugar se había convertido
“casi en un santuario”.
2. Desde la derecha mediática, el 29 de
agosto, en el pase entre los programas
de Pablo Rossi y Eduardo Feinmann, los
conductores de La Nación+ ironizaron:
“Ellos ya ven a Gilda. Hay una heroína
ahí, una especie entre Gilda y Evita”, dijo
Rossi. “Es el santuario de la persona más
rica de Recoleta”, agregó Feinmann. Los
comentarios apuntaban a atacar a la vice-
presidenta por la corrupción, fogoneando
el proceso judicial persecutorio, aunque tal
vez los conductores aliados a la oposición
antiperonista y anti K tal vez no percibían
que con sus comentarios alimentaban
el proceso de sacralización popular. Esa
contradicción también es una marca de las
santificaciones.
3. Desde la mirada eclesiástica, Loris La-
natta, una autoridad en temas vinculados
con la Iglesia católica, salió a atajar, tam-
bién en La Nación+: “El santuario es un
espacio neutral donde no entra la ley y en
democracia eso no existe”.
4. En una placa de Crónica TV, un canal
históricamente alineado con el peronis-
mo y las causas populares, pudo leerse:
“Juncal y Uruguay es la nueva Segurola y
Habana”, linkeando la mítica esquina ma-
radoniana que permite trazar un puente en
“Los Milagros de Evita”, Crónica. Fondo Editorial Sarmiento, Departamento de Archivos, BNMM. el proceso de santificación.
90 91
Devociones populares argentinas
Bibliografía Granada, Daniel, Reseña histórico-descriptiva de antiguas y modernas supersticiones del Río de la Plata, Monte-
video, A. Barreiro y Ramos, 1896.
Con el objetivo de realizar un aporte a la investigación, la siguiente bibliografía da cuenta de un Guarinoni, Mariana, La dueña de la santa, Buenos Aires, Vergara, 2016.
Hopkins, Cecilia, Tincunacu: teatralidad y celebración popular en el noroeste argentino, Buenos Aires, Inteatro, 2008.
conjunto de títulos referidos a la temática de las devociones populares. Por razones de extensión,
Jacovella, Bruno Cayetano, Fiestas tradicionales argentinas, Buenos Aires, Lajouane, 1953.
consta únicamente de libros. Kieffer, Patricia, San Cayetano y otros santos populares, Buenos Aires, Andrómeda, 2009.
El listado, que comienza con una serie de textos generales, fue organizado en función de los di- Lanati, Federico Enrique, Fiestas religiosas del norte argentino y Luján, Yerba Buena, edición del autor, 2020.
ferentes núcleos de la muestra y el catálogo, que por lo general se conforman bajo la lógica de las Lazzari, Eduardo, Leyendas urbanas e historias de mi país, Buenos Aires, Hola Chicos, 2018.
diversas devociones incluidas. Lida, Miranda (comp.), Catolicismo y sociedad de masas en Argentina: 1900-1950, Rosario, Protohistoria, 2009.
Por último, vale aclarar que la lista no evidencia más que un estado de la cuestión y por lo tanto Lida, Miranda, Historia del catolicismo en la Argentina: entre el siglo XIX y el XX, Buenos Aires, Siglo XXI, 2015.
puede ser corregida y aumentada en ocasiones futuras. Lobato, Mirta Zaida (ed.), Buenos Aires: manifestaciones, fiestas y rituales en el siglo XX, Buenos Aires, Biblos, 2011.
Lojo, María Rosa, Cuerpos resplandecientes: santos populares argentinos, Buenos Aires, Sudamericana, 2007.
López Breard, Miguel Raúl, Devocionario guaraní, Santa Fe, Colmegna, s. f.
Bibliografía general ––––––, Diccionario folklórico guaranítico, Corrientes, Moglia, 2004.
Mallimaci, Fortunato, Atlas de las creencias religiosas en la Argentina, Buenos Aires, Biblos, 2013.
Almada, Marcos y Eleisegui, Patricio (selección), Paganos: antología de santos populares, Buenos Aires, Alto ––––––, El mito de la Argentina laica: catolicismo, política y Estado, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2016.
Pogo, 2013. Mallimaci, Fortunato y Di Stefano, Roberto (comps.), Religión e imaginario social, Buenos Aires, Manantial, 2001.
Amarilla, Roxana (comp.), Bandoleros rurales correntinos, Corrientes, Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Mauro, Diego, De los templos a las calles: catolicismo, sociedad y política en Santa Fe (1900-1937), Rosario,
Corrientes; La Plata, Al Margen, 2005. Prohistoria, 2018.
Ameigeiras, Aldo Rubén, Religiosidad popular: creencias religiosas populares en la sociedad argentina, Buenos Míguez, Daniel y Semán, Pablo (eds.), Entre santos, cumbias y piquetes: las culturas populares en la Argentina
Aires, Biblioteca Nacional; Los Polvorines, UNGS, 2008. reciente, Buenos Aires, Biblos, 2006.
Aretz, Isabel, Costumbres tradicionales argentinas, Buenos Aires, Raigal, 1954. Molina, Joaquín, Imágenes y devociones populares, Buenos Aires, Centro Cultural Recoleta, 2004.
Arteta, Inés, La 21/24: una crónica de la religiosidad popular frente al desamparo, Buenos Aires, Continente, 2016. Morales Segovia, Marily, Devocionario correntino y santoral chamamecero, Corrientes, Moglia, 2005.
Barbieri, Sergio, Exvotos argentinos: un arte popular, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 2007. Noya, Emilio, Imaginería religiosa y santoral profano de Corrientes, Corrientes, Subsecretaría de Cultura de la
Benarós, León, Romancero criollo, Buenos Aires, Margus, 2003. Provincia de Corrientes, 1994.
Büntig, Aldo, ¿Magia, religión o cristianismo?, Buenos Aires, BONUM, 1970. Ortelli, Raúl, Brujos y curanderas, Mercedes, Imprenta Spalla, 1966.
Chapp, María Ester, Religiosidad popular en la Argentina, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1991. Oyola, Leonardo, Santería, Buenos Aires, Negro Absoluto, 2008.
Chumbita, Hugo, Jinetes rebeldes: historia del bandolerismo social en la Argentina, Buenos Aires, Colihue, 2009. Paduan, Lilia Victoria, Religiosidad popular en los aledaños de Reconquista, Santa Fe, Asociación Amigos del
Colatarci, María Azucena, Tiempo y espacio en las celebraciones y rituales del noroeste argentino, Buenos Aires, Archivo General de la Provincia de Santa Fe, 1998.
Asociación Amigos de la Educación Artística, 2008. París, Marta de, Corrientes y el santoral profano, Buenos Aires, Plus Ultra, 1988.
Coluccio, Félix, Fiestas, celebraciones, recordaciones, mercados y ferias populares y/o tradicionales de la Repú- Pérez, Alberto Julián, Cuentos argentinos: la sensibilidad y la pobreza, Lubbock, TX, Riseñor, 2015.
blica Argentina, Buenos Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1972. Pichetto, Roque Jacinto, Brochazos mendocinos: relatos históricos, tradiciones cuyanas, cuadros de Mendoza,
––––––, Cultos y canonizaciones populares de Argentina, Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1986. anécdotas mendocinas, Mendoza, s. e., 1944.
––––––, Las devociones populares argentinas, Buenos Aires, Nuevo Siglo, 1995. Premat, Silvina, Milagros argentinos: las curaciones inexplicables del Cura Brochero, Ceferino Namuncurá, Cres-
––––––, Devociones populares argentinas y americanas, Buenos Aires, Corregidor, 2001. cencia Pérez y Artémides Zatti, Buenos Aires, Sudamericana, 2016.
Correas, Jaime (ed.), Mitos y leyendas cuyanas, Buenos Aires, Alfaguara, 1998. Ratier, Hugo E., La medicina popular, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1972.
Cortazar, Augusto Raúl, El carnaval en el folklore calchaquí: con una breve exposición sobre la teoría y la práctica Rivera, Iris, Mitos y leyendas de la Argentina: historias que cuenta nuestro pueblo, Buenos Aires, Estrada, 2012.
del método folklórico integral, Buenos Aires, Sudamericana, 1949. Rocha Gutiérrez, Raúl Ernesto, La religión, ¡qué fenómeno social! Ensayos sobre fenomenología de la religión y
Didi-Huberman, Georges, Exvoto: imagen, órgano, tiempo, Buenos Aires, Sans Soleil, 2013. Fotografías de Marta sociología de la religión, Buenos Aires, Dunken, 2017.
Piñol Lloret. Rodríguez, Ana María T. (ed.), Estudios de historia religiosa argentina: siglos XIX y XX, Rosario, Prohistoria; Santa
Di Lullo, Orestes, El folklore de Santiago del Estero. Material para su estudio y ensayos de interpretación: fiestas, Rosa, EdUNLPam, 2013.
costumbres, danzas, cantos, leyendas, cuentos, fábulas, casos..., San Miguel de Tucumán, Universidad Salas, Andrés Alberto, Creencias y espacios religiosos del NEA, Corrientes, Subsecretaría de Cultura de la Pro-
Nacional de Tucumán, 1943. vincia de Corrientes, 2004.
––––––, Templos y fiestas religioso-populares en Santiago del Estero, Santiago del Estero, Tall. Gráf. Amoroso, 1960. Salvaire, Jorge María, Historia de Nuestra Señora de Luján: su origen, su santuario, su villa, sus milagros y su
Dri, Rubén (coord.), Símbolos y fetiches religiosos en la construcción de la identidad popular, Buenos Aires, Bi- culto, Buenos Aires, Ediciones Fabro, 2014.
blos, 2012. Semán, Pablo, La religiosidad popular. Creencias y vida popular, Buenos Aires, Capital Intelectual, 2004.
Enríquez, Mariana, Las cosas que perdimos en el fuego, Barcelona, Anagrama, 2016. ––––––, Vivir la fe: entre el catolicismo y el pentecostalismo, la religiosidad de los sectores populares en la Argen-
––––––, Nuestra parte de noche, Barcelona, Anagrama, 2019. tina, Buenos Aires, Siglo XXI, 2021.
Escalada Salvo, Rosita (comp.), Mitos y leyendas: un viaje por la región guaraní: antología, Posadas, Editorial Schenone, Héctor, Arte religioso actual en la Argentina, Buenos Aires, Alexkraft, 1967.
Universitaria, Universidad Nacional de Misiones, 2005. ––––––, Iconografía del arte colonial: Jesucristo, s. l., Fundación Tarea, 1992.
Faro de Castaño, Teresita, De magia, mitos y arquetipos, Buenos Aires, Editorial de Belgrano, 1985. ––––––, Iconografía del arte colonial: Los Santos, s. l., Fundación Tarea, 1992.
Felgueras, Esteban, Vida popular de San Cayetano, Buenos Aires, Castañeda, 1982. ––––––, Santa María, Buenos Aires, EDUCA, 2008.
Fortuny, Pablo, Supersticiones calchaquíes: ensayo e interpretación, Buenos Aires, Sofron, 1974. Tissera, Ramón de las Mercedes, Vidas trágicas del Chaco, Resistencia, Librería de la Paz, 2009.
Gentile Lafaille, Margarita E., Salud, dinero y amor: ensayo sobre amuletos andinos actuales, Buenos Aires, Ca-
simiro Quiros, 1989. Difunta Correa
––––––, Huacca Muchay, religión indígena. Religión, creencias, juegos; área andina argentina; prehispánica, co-
lonial y actual, Buenos Aires, Instituto Nacional Superior del Profesorado de Folklore, 1999. Aguilar, Antonio, Miguel Martos y la Difunta Correa, San Juan, Sanjuanina, 1977.
Gimeno, Juan; Corbetta, Juan y Savall, Fabiana, Cuando hablan los espíritus: historias del movimiento kardeciano Álvarez, Félix Romualdo, Una nueva versión sobre sa Difunta Correa, San Juan, Sanjuanina, 1967.
en la Argentina, Buenos Aires, Dunken, 2010. Anzoátegui, Yderla, Difunta Correa: devoción, milagros y oraciones, Buenos Aires, S. A. G. A., 1975.
Gobierno de la Provincia de Formosa y Secretaría de Estado de Cultura de la Nación, Congreso Nacional del Folklore, Bagnati, Ricardo, Difunta Correa, Buenos Aires, Astros, s. f.
Laguna Blanca, Gobierno de la Provincia de Formosa, Secretaría de Estado de Cultura de la Nación, 1979. Bartolone, Ignacio, “La Madre del desierto”, La espada de pasto, Buenos Aires, Rara Avis, 2017.
Barud, Nemer, Deolinda Correa, San Juan, edición del autor, 1969.
94 95
Devociones populares argentinas
Campbell, Lucy, Difunta Correa: novela histórica, s. l., Editora del Paraná, 1975. (1876-1889), Buenos Aires, Bouquet, 2008.
Chertudi, Susana y Newbery, Sara Josefina, La Difunta Correa, Buenos Aires, Huemul, 1978. ––––––, Manuel “Costa de los Ríos”. Fiel esclavo de la Virgen de Luján, Buenos Aires, Ágape, 2020.
De la Torre, Juan, La Difunta Correa, San Juan, Sanjuanina, 1975. Gómez Tey, Sergio, El Negro Manuel y la Virgen de Luján, Buenos Aires, Ágape, s. f.
Fundación Cementerio Vallecito, Comisión Directiva, Difunta Correa: recuerdo de Vallecito, San Juan, s. e., s. f. Pini, Rodolfo, El Negro Manuel. Soy de la Virgen nomás, Buenos Aires, Yaestiempo, 2022.
Martos, Miguel, La Difunta Correa, Buenos Aires, s. e., 1948. Tassi, María Victoria, La Virgen de Luján y el Negro Manuel, Buenos Aires, Paulinas, 2016.
Massa, Norma, Difunta Correa; la leyenda de Vallecito, San Juan, 1965. Zerva, Marcelo Daniel, Novena del Negrito Manuel: fiel esclavo de la Virgen María de Luján, Buenos Aires, Cla-
Montaño, Miguel Ángel, Cabalgata de la fe a la Difunta Correa: historia y tradición, San Juan, Legislatura de la retiana, 2018.
Provincia de San Juan, 2015.
Peña, Vicente A., Vida de Antonia Correa: año 1830, s. e., s. f. Ceferino Namuncurá
Pérez Pardella, Agustín, La Difunta Correa, Buenos Aires, Plus Ultra, 1975.
Ajmone, Graciela, El muchachito de las pampas, Buenos Aires, Don Bosco, 1953. Ilustraciones de Amado Armas.
Solans, Pedro José, Difunta Correa: la arriera celestial, Buenos Aires, Crónica, 2013.
Amézaga, Ángeles, Ceferino Namuncurá: un apóstol para su raza, s. l., Fundación Mater Dei, s. f.
Victoria, Julián, La Difunta Correa. Testimonios de un milagro de amor, Buenos Aires, Libro Latino, 2000.
Armas, Amado, Ceferino Namuncurá. El pequeño gran cacique patagónico, Buenos Aires, Institución Salesia-
na, 1965.
San La Muerte
Barasich, Emilio, Mensajes de un joven mapuche: enseñanzas que nos deja Ceferino a través del testimonio de
AA. VV., San La Muerte: una voz extraña, Buenos Aires, editorial Argentina, 2005. su vida, Bahía Blanca, Editorial del Sur, 1986.
––––––, San La Muerte y otros relatos, Río Gallegos, Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Cruz, 2007. Brizuela, Leopoldo, “Pequeño Pie de Piedra. Una vida imaginaria de Ceferino Namuncurá en treinta y ocho testi-
Almirón, Iván, San La Muerte, Buenos Aires, editorial Argentina, 2005. monios”, Los que llegamos más lejos. Relatos, Buenos Aires, Alfaguara, 2002.
Arcadio, El culto a San La Muerte, el santito, Buenos Aires, Alberto S. Bellanza, 1997. Castano, Luis, Ceferino Namuncurá: el lirio de las pampas. Agonía y sublimación de una raza, Buenos Aires, Don
Casal Sáenz, Heber, La Santa Muerte: el culto de los que oran y los que matan, s. l., L. D. Books, 2017. Bosco, 1968.
Joselovsky, Sergio y Sáenz, Dalmiro, San La Muerte, Buenos Aires, Ediciones de la Urraca, 1998. Castiñeira de Dios, José María, El santito Ceferino Namuncurá. Relato en verso, Buenos Aires, Sudamericana, 1968.
Miranda Borelli, José, San La Muerte: un mito regional del nordeste, Resistencia, Regional, 1979. David, Guillermo, El indio deseado, Buenos Aires, Las Cuarenta, 2009.
Moyano, Eugenia, San La Muerte: su culto, historia, novenas y rituales, Buenos Aires, Del Lagarto, 2004. Entraigas, Raúl Agustín, El mancebo de la tierra: Ceferino Namuncurá, Buenos Aires, Talleres del Instituto Sale-
Orioli, Maximiliano, La lista negra de San La Muerte, Remedios de Escalada, 2012. siano de Artes Gráficas, 1970.
Pérez Rojas, Eneas A., San La Muerte, Buenos Aires, Grulla, 2001. Fernández, Víctor Manuel, Ceferino Namuncurá: el canto de nuestras heridas, Buenos Aires, San Pablo, 2007.
Walsh, Rodolfo, “San La Muerte”, El violento oficio de escribir, Buenos Aires, Planeta, 1995. Fonseca, Diego E., Ceferino Namuncurá: flor del desierto, Bahía Blanca, Ceferino Misionero, 2007.
Gálvez, Manuel, El santito de la toldería: la vida perfecta de Ceferino Namuncurá, Buenos Aires, Poblet, 1947.
San Baltasar González, Eduardo, Ceferino: misionero de su pueblo, Buenos Aires, Don Bosco, 1977.
Klobertanz, Luis, Ceferino Namuncurá, el clamor de un pueblo, Buenos Aires, s. e., 1986.
Gurrera, Juan B., La fiesta de San Baltasar, Buenos Aires, Tor, 1927.
Ludueña, Ángel C., Ceferino Namuncurá: poemas místicos, Buenos Aires, s. e., 1967.
Quereilhac de Kussrow, Alicia C., La Fiesta de San Baltasar: presencia de la cultura africana en el Plata, Buenos
Martínez Torrens, Vicente, Ceferino Namuncurá: vida, escritos e imágenes, Bahía Blanca, Archivo Histórico Sale-
Aires, Ediciones Culturales Argentinas, 1980.
siano de la Patagonia, 2007.
Martí, Roberto, Un regalo de Ceferino Namuncurá: entre Haedo y Carlos Paz, Haedo, s. e., 1986.
Devociones marianas
Monte, Lázaro, Ceferino, el príncipe araucano, santo de la toldería, Buenos Aires, Folletín, 1976.
Bajac, Esteban, La Virgen de Itatí: reina de la civilización en la cuenca del Río de la Plata, Corrientes, SADE, 1981. Namuncurá, Ceferino, Cartas y escritos de Ceferino Namuncurá, Buenos Aires, Ceferino, 1949.
Bravo y Taboada, Luis, La consolación de Sumampa: páginas histórico-religiosas sobre la imagen compañera de Noceti, Ricardo, La sangre de la tierra, Rosario, Didascalia, 2000.
la Virgen de Luján, Buenos Aires, Talleres Gráficos San Pablo, 1944. ––––––, Detrás de la puerta: dramatización sobre la espiritualidad de Ceferino Namuncurá, Buenos Aires, s.
Gallardo, Cristian A., El milagro de la misericordia: reflexiones en torno a las fiestas en honor al Señor y la Virgen e., 2004.
del Milagro, Salta, EUCASA, 2016. ––––––, En la huella del Evangelio: vida de Ceferino Namuncurá, Bahía Blanca, Revista Ceferino Misionero, 2004.
Gramajo de Martínez Moreno, Amalia J., Devociones marianas en Santiago del Estero: raíces de la Nueva Evan- Noriega, Néstor Alfredo, Poemas del indio santo, Buenos Aires, Don Bosco, 1979.
gelización, Santiago del Estero, V Centenario, 1988. Oreja, Pablo Fermín, El gualicho y la cruz: vida y leyenda de Ceferino Namuncurá, Rosario, Colegio Salesiano
Laurentin, René, María del Rosario de San Nicolás: manifestaciones asumidas pastoralmente por la Iglesia, Bue- San José, 1967.
nos Aires, San Pablo, 2018. Pedemonte, Luis J., Víctima de amor: acotaciones a la vida de Ceferino Namuncurá, Buenos Aires, Instituto Sa-
Machaca, Antonio René, Los sikuris y la Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral, Tilcara, edición del lesiano de Artes Gráficas, 1953.
autor, 2004. S. D. B., Ceferino Namuncurá. Anécdotas y gracias, Bahía Blanca, Editorial del Sur, 1995.
Mauro, Diego (coord.), Devociones marianas, Rosario, Prohistoria, 2021. Tallarico, Frontera, Ceferino Namuncurá, Buenos Aires, Pleamar, 1967.
Miranda, Alberto, Maravilla de la Virgen del Valle, Buenos Aires, Pan y trabajo, 1991. Tilo Rajneri, Ceferino Namuncurá y tetralogía araucana, General Roca, Fundación Cultural Patagonia, 2006.
Moreira, Ana Lucía, Vírgenes protectoras: historias de fe, milagros y apariciones, Buenos Aires, Andrómeda, 2008. Vanzini, Marcos G., En camino con Ceferino: novena meditada al Beato Ceferino Namuncurá, Buenos Aires,
Ortega Gallardo, Lupita Luján, Novena de la virgen de Urkupiña, Buenos Aires, San Pablo, 2014. Guadalupe, 2007.
Recuerdo del 25 aniversario de la coronación de las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro, Salta, Comi- Ygobone, Aquiles D., Ceferino Namuncurá: redentor de su raza de bronce, Buenos Aires, Huemul, 1968.
sión Central de Caballeros, s. f.
Ríos, Rodolfo, La virgen de Itatí, Buenos Aires, La Grulla, 2001. Cura Brochero
Terranova, Juan, Peregrinaciones: apariciones de la Virgen María en la Argentina. Crónicas sobre la fe, Buenos
Acevedo, Domingo J., El cura brochero: cincuenta años después de su obra en San Alberto, Buenos Aires, Libre-
Aires, Sudamericana, 2008.
ría del Colegio, 1928.
––––––, La virgen del cerro: María Livia y el milagro de la fe, Lanús, Debolsillo, 2009.
Ayame, Graciela, Brochero histórico, Córdoba, Agencia Córdoba Cultura, 2017.
Aznar, Antonio, Las dos banderas y el cura Brochero, Córdoba, s. e., 1955.
Negrito Manuel Baudracco, Beatriz Cristina, Del lado de los pobres. Semblanza del cura Brochero, obra de teatro, Buenos Aires,
Claretiana, 2016.
D’Alessandro, Néstor, La historia de la Virgen de Luján. Contada y cantada por su fiel esclavo el Negro Manuel, Bischoff, Efraín Urbano, El cura Brochero, Buenos Aires, Difusión, 1953.
Buenos Aires, Claretiana, 1994. ––––––, El cura brochero: un obrero de Dios, Buenos Aires, Plus Ultra, 1977.
Durán, Juan Guillermo, De la frontera a la Villa de Luján. El gran capellán de la Virgen: Jorge María Salvaire, CM Brochero, José Gabriel Santo, Veintiún cartas del padre Brochero, Buenos Aires, Patria Grande, 1989.
96 97
Devociones populares argentinas
Burbridge, Horacio A., Tras los pasos del Cura Brochero: una guía para viajeros, Buenos Aires, AICA, 2007. Ridendo, Castigat, Sátiras espiritistas, s. l., edición del autor, 1923.
Díaz, Ricardo, Me llaman José Gabriel, San Juan, 2020. Romis, Marcelo, Madre María. Misión divina, Buenos Aires, Misión Divina, 1974.
Dietrich, Lorena, Santo Cura Brochero; Santa Madre Teresa de Calcuta, Buenos Aires, Guadalupe, 2016. Salleberremborde, Leónides A. de, Qué enseñaba en su templo la Madre María, s. d.
Felgueras, Esteban, El cura Brochero. Más nuestro que el pan casero, Buenos Aires, Bonum, 2010.
Flores, Alfredo (ilustraciones), San José Gabriel Brochero: nuestro “Cura gaucho”, Buenos Aires, San Pablo, 2016. Hermanita Irma de la Caridad
Giannasi, Silvio Norberto, Rosario con el cura Brochero, Buenos Aires, Claretiana, 2016.
Anzoátegui, Yderla, In memoriam de una santa mujer: Irma de Maresco, Buenos Aires, edición de la autora, 1973.
Ibáñez Padilla, Eduardo, Romance del cura gaucho y otros escritos, Buenos Aires, Convivencia con Dios, 2013.
Hermano Miguel Maresco Duval (comp.), Breviario de la Hermana Irma: oraciones, novenas, exorcismos que
Miglioranza, Contardo, El cura Brochero, Buenos Aires, Misiones Franciscanas Conventuales, 1985.
rezaba la hermanita Caridad, Buenos Aires, s. e., 1993.
––––––, El cura Brochero: vida popular del Beato José Gabriel del Rosario, Buenos Aires, Misiones Franciscanas
De la misma autora, Devocionario: en homenaje de la hermana Irma, Buenos Aires, edición del autor, 1973.
Conventuales, 2013.
Espinosa, Isabelino, La hermana Irma. Su época, su vida, su obra. Irma Inglese de Maresco, Buenos Aires, El
Novena a San José Gabriel del Rosario Brochero: amigos y devotos de Brochero, cura y gaucho, Buenos Aires,
Triángulo, 1987.
Claretiana, 2017.
Hermano Miguel, Hermanita caridad: historia de la misión. Libro de oraciones y novelas cristianas, Buenos Aires,
Olivera, Santiago, Cura Brochero: pastor con olor a oveja, Buenos Aires, Claretiana, 2016.
edición del autor, 1981.
Piñero, Pili, El cura Brochero: su vida para colorear, Buenos Aires, Paulinas, 2016.
Romero de Torres, Eva, Flores de gratitud: oraciones y poemas dedicados a la hermana Irma, Buenos Aires, El
Ponza, Carlos Oscar, En camino con el cura Brochero: novena por los sacerdotes, Buenos Aires, Guadalupe, 2009.
Triángulo, 1981.
Rena, Lilí, Brochero, el santo cura, Buenos Aires, Paulinas, 2016.
Reynoso, Rodolfo Roberto, El cura Brochero: novena, Buenos Aires, Guadalupe, 2013.
Hermano Miguel
Torres Roggero, Jorge, 15 días con cura Brochero: beato José Gabriel del Rosario Brochero, en el corazón del
pueblo, Buenos Aires, Ciudad Nueva, 2013. Anzoátegui, Yderla, Miguelito, el moderno misionero, Buenos Aires, edición de la autora, 1971.
Trigo, Pedro, El evangelio encarnado en la realidad: el cura Brochero: autorretrato epistolar, Córdoba, EDUCC, 2016. Maresco, Miguel, El álbum de mis recuerdos, Buenos Aires, Caridad, 1982.
Villareal, Guillermo, Cura Brochero: un santo argentino, Buenos Aires, Secretaría de Culto, 2005. ––––––, Páginas de mi vida: autobiografía, Buenos Aires, edición del autor, 2014.
Triviño, Julio, El cura Brochero, Buenos Aires, Dunken, 2008.
Yudicello, Lucio, Brochero, el hombre, Córdoba, Raíz de Dos, 2012. Gauchito Gil
Zerva, Daniel, Los cinco minutos del cura Brochero. Amigos y devotos de Brochero, cura y gaucho, Buenos Aires,
Claretiana, 2016. Arcadio, El culto al milagroso Antonio Gil “El Gauchito”, Haedo, Talleres Gráficos Bermejo, 1996.
Baldassarre, Carlos, En busca de Antonio Mamerto Gil Núñez (el gaucho Antonio Gil): de Corrientes a Tierra del
Señor de los Milagros de Mailín Fuego, Ushuaia, Vientos de Hojas, Cultura, 2014.
Bredam, Orlando Enrique van, El retobado: vida, pasión y muerte del Gauchito Gil, Buenos Aires, Ediciones Con-
Novenario al Señor de los Milagros de Mailín y novenario a las benditas ánimas, Buenos Aires, Misiones Francis- tinente, 2011.
canas Conventuales, 1987. ––––––, Colgado de los tobillos: la historia del Gauchito Gil, Entre Ríos, Fundación La Hendija, 2016.
Ortiz Herrera de Fontanarrosa, María Eladia, Novena en honor del Señor de los Milagros de Mailín, Buenos Aires, Caminos, Miguel Lito, Gauchito Gil, Buenos Aires, Acortando Distancias, 2009.
San Pablo, 2005. Dantti Aranda, Saturnino, El “Cambá” Gil, Rosario, Ross, 2011.
Faul, Walter Francisco, Gauchito Gil: una verdad en la gente, Buenos Aires, Dunken, 2010.
Pancho Sierra Fink, Nadia, Gauchito Gil para chicas y chicos, Buenos Aires, Chirimbote, 2017. Dibujos de Pitu Saá.
Galarza, Tránsito, Los poderes del Gauchito Gil: nuestro primer santo telúrico, Buenos Aires, Libro Latino, 1999.
Adami, Roberto J. R., ¿Cuál es el poder oculto de don Pancho Sierra?, Buenos Aires, s. e., 1987.
Hacher Rivera, Sebastián, Gauchito Gil, Buenos Aires, El Colectivo, 2007.
Boggia Sierra, Angélica Elena, Ofrenda al maestro Don Pancho Sierra, Buenos Aires, El Porvenir, 1969.
Moyano, Eugenia, El Gauchito Gil, Buenos Aires, Ediciones del Lagarto, 2005.
Ignotus, Pancho Sierra: el gaucho santo de Pergamino. Su vida - su obra, Buenos Aires, Sophos, 1952.
Pérez, Alberto Julián, Cuentos argentinos: la sensibilidad y la pobreza, Lubbock, TX, Riseñor, 2015.
Las Heras, Antonio, Pancho Sierra: el resero del infinito, Buenos Aires, Grupo Argentinidad, 2018.
Rainero, Federico R., La cruz de Gil, Corrientes, Parejhá, 1990.
Mariotti, Humberto, Pancho Sierra y el porvernir de la medicina, Buenos Aires, Editora Argentina 18 de abril, 1972.
Saidon, Gabriela, Santos ruteros. De la Difunta Correa al Gauchito Gil, Buenos Aires, Tusquets, 2011.
Nosei, José R., Pancho Sierra: comunicaciones, Lanús, s. e., 1922.
Salas, Andrés Alberto, Gauchito Gil: de devoción local a mito nacional. Conclusiones sobre un fenómeno en ex-
––––––, Nuevas comunicaciones de Pancho Sierra: el curanderismo y la mediumnidad curativa, Lanús, Sociedad
pansión, Buenos Aires, Dunken, 2008.
Miguel Vives, 1925.
Segreti, Matías, Gauchito, Buenos Aires, Criolla, 2021.
Pérez Rojas, Eneas A., Pancho Sierra: todo lo que usted quiere saber sobre el santo de las pampas, Buenos
Sousa, Irma C., Gauchito Gil: imagen y representaciones. Culto popular argentino, siglos XX-XXI, Buenos Aires,
Aires, Imaginador, 2002.
Dunken, 2010.
Romero de Torres, Eva, El gaucho de Dios: vida y obra de Pancho Sierra, Merlo, El Triángulo, 1982.
Zini, Julián, Ñande Roga, Mercedes, Corrientes, Buenos Aires, Camino Real, 1991.
––––––, Historia del triángulo espiritual, Merlo, Irma de Lourdes, 1984.
Nosei, José R., Pancho Sierra: comunicaciones. Qué es espiritismo y qué es curanderismo. Explotación y mentira,
Martina Chapanay
Lanús, La Nota Espiritista, 1927.
Sierra, Pancho, ¡La verdad!, Buenos Aires, Asociación Alas Blancas de Estudios y Culto Cristiano, 1942. Echagüe, Pedro, La Chapanay, Córdoba, Buena Vista, 2005.
Estrada, Marcos, Martina Chapanay: realidad y mito, Buenos Aires, Varese, 1962.
Madre María Fernández Peláez, Julio, La Martina Chapanay: poema histórico, Mendoza, s. e., 1934.
Pagano, Mabel, Martina: montonera del Zonda, Buenos Aires, Javier Vergara, 2000.
Anzoátegui, Yderla, Prosperina de América: por el camino de la Madre María, Buenos Aires, s. e., 1970.
––––––, Martina Chapanay: montonera del Zonda, Córdoba, Argentina, Ediciones del Boulevard, 2009.
––––––, Madre María: María Salomé Loredo de Subiza: pastora inmortal, Buenos Aires, S. A. G. A., 1974.
Cueto, Eleuterio, La Madre María y su doctrina, Buenos Aires, s. e., 1921.
Santos Guayama
––––––, La religión cristiana y la Madre María, Buenos Aires, s. e., 1938.
––––––, Doctrina de la Madre María. La fe en Dios y la religión de Cristo, Buenos Aires, s. e., s. f. Concatti, Rolando, El tiempo diablo del Santo Guayama, Buenos Aires, edición del autor, 2003.
Del Valle, Adelina, Madre María. La primera sanadora, Buenos Aires, Libro Latino, 1998. Giudicelli, Christophe, Luchas de clasificación: las sociedades indígenas entre taxonomía, memoria y reapropia-
Forte, Carmelo, La religión de Dios por la madre: escuela de la regeneración espiritual, Buenos Aires, s. e., 1944. ción, Rosario, Prohistoria ediciones; Lima, Instituto Francés de estudios andinos, 2018.
Las Heras, Antonio, La Madre María: biografía de una mujer extraordinaria, Buenos Aires, Grupo Argentinidad, 2018. Luna, Félix, “Los motivos de Santos Guayama”, La última montonera, Buenos Aires, Jorge Álvarez, 1969.
Manco, Silverio, La doctrina de la Madre María: cómo la defendía para curar las enfermedades del cuerpo. Con- Muñoz, Juan Carlos, Guayama: el rebelde que murió seis veces, Buenos Aires, Ciccus, 2019.
sideraciones científicas, Buenos Aires, Caymi, 1996.
98 99
Devociones populares argentinas
Quiroga de Yakin, Juana E., Vida de Santos Guayama, San Juan, Sanjuanina, 1971. Pico, Pedro y Eichelbaum, Samuel, “La Juana Figueroa. Pieza en tres cuadros”, Teatro Argentino. Revista Teatral,
Videla, Horacio, Historia de San Juan, Buenos Aires, Academia del Plata, 1962. año III, nro. 47, 24 de junio de 1921.
Juana Figueroa
Dávalos, Juan Carlos, “La Juana Figueroa”, Salta, Buenos Aires, El Ateneo, 1926.
100 101
Presidente de la Nación
Alberto Fernández
Vicepresidenta
Cristina Fernández de Kirchner
Ministro de Cultura
Tristán Bauer
Agradecimientos: Sergio Barbieri, Alejandro Frigerio, Damián Cañete, Hermano Miguel Maresco,
Aquiles Ramón Coppini, Amalia Vargas, Santuario del Gauchito Gil y San La Muerte (Monte Grande),
Daniel Torres (Santuario Jardín de San La Muerte, Victoria), Angeluz, Luis Adolfo Bogado (director
del Museo de Bellas Artes de Corrientes Juan Ramón Vidal), Ignacio Fernández Toscano, Museo
Colección AMALITA. Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, Familia Delhez, TV Pública,
César Iván Bondar, Nazareno Ausa, María Fernanda Sola, Martín Aibar, Jorge Barbatti, Fabián
Sancho (Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken), Diego Mauro, Nicolás Viotti, Juan Francisco
Gentile, Jorge Boido, Marcelo Huici, Valeria Gómez, Carina Carriqueo, Horacio Nieva, Noelia
Perales, Cecilia Larsen, Brenda Zerhau, Rolando Fernández.
102
Ceferino Namuncurá. Xilografía de Víctor Delhez, 33 x 20 cm, c. 1935.
104