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Hombre y subsistencia en Andes

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EL LUGAR DEL HOMBRE EN EL ECOSISTEMA ANDINO

STEPHEN B. BRUSH

Los ANDES CONSTITUYEN una de las áreas más propICIas para el estudio de
la ecología cultural en el mundo. Es un área marcada por una increíble
variedad ecológica, donde numerosas fajas climáticas se encuentran com-
primidas en pequeñas áreas debido a los rápidos cambios de altitud. Aún
más, es un área donde las aisladas comunidades de subsistencia sobreviven
gracias a su habilidad para explotar diferentes pisos ecológicos. Este tra-
bajo se propone delinear la etnografía de una comunidad andina y suge-
rir tres patrones diferentes por medio de los cuales dive!sas zonas agríco-
las se integran a sistemas únicos de subsistencia en el flanco oriental de
los Andes peruanos.
En el Perú las estrategias de subsistencia de muchas comunidades se-
rranas incluyen métodos que anteceden a la conquista española y sobrepa-
san varias fronteras lingüísticas, étnicas y hasta nacionales. Recientes aná-
lisis etnohistóricos y etnográficos que tratan de la ecología y subsistencia
andinas han aumentado nuestro conocimiento respecto a los patrones gene-
rales de la relación hombre-tierra en el área. Este trabajo se apoya en
gran parte en las investigaciones hechas por botánicos (Weberbauer 1936,
1945) Y geógrafos (Bowman 1916, Troll 1958 y Pulgar Vidal 1946) de ge-
neraciones anteriores.
Una de las contribuciones más importantes para el entendimiento ge-
neral de la etnohistoria de los sistemas económicos y de subsistencia an-
dinos es el modelo de "control vertical" o "verticalidad" sustentado por Mu-
rra (1972). Según Murra "ya en 1967 era evidente que el control simultá-
neo de tales archipiélagos era un ideal andino compartido por etnías muy
distantes geográficamente entre sí, y muy distantes en cuanto a compleji-
dad de su organización económica y política" (Murra, 1972: 430). El mo-
delo de control vertical propuesto por este investigador es que diferentes
grupos étnicos pretenden controlar el máximo número de pisos ecológicos
en su -esfuerzo por lograr la auto-suficiencia. La economía interna de las
REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL
278

comunidades está marcada por sistemas de l'eciprocidad y redistribución,


aunque el trueque puede existir en la periferia intercomunitaria. El mo-
delo ha sido aplicado a cinco casos precolombinos (en un lapso que abar-
ca desde 1460 a 1560) en la región andina y hace uso de la evidencia et-
nohistórica y arqueológica. El alcance del modelo es amplio, pues incor-
pora tanto a pequeñas comunidades serranas con tierras agrícolas en zonas
ecológicas ampliamente dispersas, como a reinos serranos complejos, con
extensas redes administrativas y comerciales que cubrían toda la gama de
zonas andinas , desde la árida costa del Pacífico hasta la cuenca oriental
del Amazonas. Otros casos incluidos en el modelo son comunidades cos-
teñas, reinos costeños y pueblos aislados de la montaña.
El significado del modelo de control vertical es que reconstruye un
tipo andino original que fue establecido para satisfacer las necesidades an-
dinas con una tecnología y organización propias: Es indudable que el sis-
tema de verticalidad sufrió el impacto de la conquista española, que al
introducir cosechas y nuevos animales redujo a las poblaciones en nuevos
asentamientos que fueron establecidos para cumplir más bien con nece-
sidades europeas y no andinas, destruyó el sistema administrativo indígena
y aniquiló con enfermedades y maltratos a buena parte de la población
andina.
La fuerza del modelo se ve apoyada por el hecho que no obstante el
peso de cuatrocientos años de influencia europea y de una reorganización
completa de gran parte de la vida andina, aún hay muchas comunidades
cuya economía de subsistencia está organizada en la misma forma de con-
trol vertical que señalari los ejemplos etno[lÍstóricos de Murra. Dicho de
otro modo, el hecho de que muchas comunidades andinas aún estén orga-
nizadas en un patrón que tiene sus raíces en tiempos precolombinos es
buena prueba de la elasticidad y habilidad del hombre andino y del éxito
de un modo particular de adaptación a un ecosistema dado. Varias comu-
nidades aisladas ubicadas en las laderas orientales de los Andes peruanos,
que difieren grandemente en sus características étnicas y ecológicas, han
sido "recientemente descritas como pertenecientes a un régimen de econo-
mía "vertical" que corresponde al modelo etnohistórico de Murra. En és-
tas se incluyen comunidades de los Andes peruanos del norte (Brush,
1973), de los Andes peruanos centrales (Burchard 1972, Mayer 1971, 1972, Y
Fonseca 1972a, 1972b), y de los Andes peruanos del sur (Cade 1967,
Webster 1971 y Custred 1972). Mientras que el modelo de Murra incor-
pora tanto a los Andes orientales y occidentales como al área costeña del
Pacífico, este sistema contemporáneo de control vertical se aplica principal-
mente a las "laderas orientales de los Andes. En los párrafos siguiente~
voy a revisar la etnografía de una "comunidad de subsistencia y a sugerir
una tipología de diferentes sistemas verticales contemporáneos.
EL HOMBRE EN EL ECOSISTEMA ANDINO 279

El sistema andino de recursos

Los Andes, al igual que otras cordilleras, tienen un fuerte declive am~
biental, donde diversas zonas climáticas se aprietan en valles individua-
les y las laderas pueden cubrir varios miles de metros de altitud. Según
un geógrafo, "en ningún otro lugar de la tierra hay mayores contrastes
físicos comprirpidos dentro de espacios tan ,pequeños" (Milstead, 1928: 97).
'Botánicos como Weberbauer (1936, 1945) Y geógrafos como · Tosi (1960)
han descrito la tre~enda variedad de microclimas y comunidades vege-
tales que pueden encontrarse en los Andes, dentro de áreas relativamente
pequeñas. El factor crítico en la relación de esos microclimas es la altura
o ubicación vertical, y constituye el , meollo al cual se relacionan otros fe-
nómenos ambientales como son: precipitaciones, temperatura, viento, decli-
ve, drenaj e y suelos.
Posiblemente el intento más ambicioso para trazar la diversidad climá-
tica de los Andes es' el de Tosi (1000). Siguiendo a Holdridge (1947),
,Tosi delimitó las "zonas de vida natural" del Perú utilizando estudios aero-
fotográficos y haciendo uso de las investigaciones botánicas 9,e Weberbauer.
La zona de vida natural se basa en un cuadro compuesto por tres facto-
, res climáticos: a) la biotemperatura anual promedio; b) l~ precipitación
anual promedio; y c) la proporción potencial de evapotran~piración (ver ,
Tosi and Voertman, 1964). Para el área andina peruana, Tosi establece
siete pisos altitudinales y ocho "provincias de humedad" (Tosi, 1960: 5).
Estos pisos altitudinales y provincias de humedad se combinan en diferen-
tes formas hasta ofrecer treinta y cinco zonas de vida natural o formacio-
nes vegetales, que abarcan desde desiertos intermontanos y tundras alpi-
nas hasta bosques montanos muy húmedos.
A pesar de la tremenda diversidad natural que ello implica, el siste-
ma de recursos de la población indígena de los Andes orientales se limi-
ta a sólo unas cuantas zonas de cosecha. Estas varían de acuerdo con la
localidad, pero el patrón de la mayoría de las comunidades ubicadas en
los flancos orientales de los Andes comprende generalmente cuatro zonas
principales para la obtención de estos u otros recursos. La zona más al-
ta de pastos naturales no es apta para cultivo alguno a causa de las fre-
cuentes heladas. Entre los animales que allí pastan se encuentran la lla-
ma y la alpaca al sur del Perú y en Bolivia, y ganado equino, vacuno y
ovino a lo largo de todos los Andes. Entre los términos que se aplican a
esta zona se hallan los de puna al sur, y jalka en las regiones del centro
y norte. Colindando con ella está la zona de la papa y otros tubérculos, de-
nominada igualmente puna o jalka, y que ha constituido tradicionalmente
el centro principal de las actividades de subsistencia en los Andes. Es allí
donde se domesticaron 'la papa y otros tubérculos andinos, tales como la
oca (Oxalis tuberosa) y el olluco. La gran cantidad de variedades de pa-
pa, que incluye más de 400 tipos conocidos por los indígenas ( U gent,
280 REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL

1970), indica la importancia y la diversidad de esas cosechas. En muchas


partes de los Andes el cultivo de la papa es el que recibe mayor atención,
sea desde el punto de vista de la proporción de terrenos, como de las ho-
ras de trabajo que se le dedica. La antigua parcelación de la tierra y de los
asentamientos indican que la papa era igualmente importante para la po-
blación andina prehistórica.
Debajo de la zona de tubérculos se encuentra la zona de los cereales,
conocida en la región andina como kichwa. En tiempos prehispánicos, la
cosecha principal que de ella se obtenía era el maíz, pero desde la Con-
quista los granos europeos como el trigo y la cebada han ganado notable
importancia. Los cereales producidos en la zona kichwa son ahora impor-
tantes artículos de subsistencia en muchas partes de los Andes, al punto
que en algunas comunidades el maíz (o mejor aún la chicha, bebida fer-
mentada de maíz) tiene el carácter de cosecha ceremonial antes que de
subsistencia (Webster, 1971). La zona más baja con siembras de impor-
tancia es la llamada montaña, yunga o temple, de la que se obtienen co-
sechas tropicales tales como coca, plátanos, yuca, camote, frutas cítricas,
ají y caña de azúcar. Algunas de estas cosechas, como la coca, tienen más
importancia ritual y de intercambio que de subsistencia. A lo largo de
los flancos orientales, al pie de 10s Andes, estas co~echas no precisan de
riego, pero sí en los valles intermontanos, donde la parte seca de declive
de montaña (rain shadow) crea una zona árida y caliente.
La literatura actual sobre los sistemas contemporáneos de subsistencia
en los Andes orientales, al igual que los informes arqueológicos y etnohis·
tóricos de los sistemas de subsistencia prehispánica, indica la persistencia
de estas cuatro zonas de i'ecursos sobre uÍla muy amplia variedad de pa-
trones climáticos andinos. Se debe subrayar que al considerar cualquier
sistema de recursos utilizado para la agricultura de subsistencia, son los
mismos cultivos, así como el ecosistema natural, los que determinan la'
configuración cultural-ecológica. Sin embargo, como después ' examinare-
mos, la relación geográfica de estas zonas de cultivo puede constituir un
factor decisivo en lo que concierne a los patrones de asentamiento, tenen-
cia de la tierra, especialización económica y redes de intercambio.
El sistema de recursos de las comunidades andinas de subsistencia se
puede analizar en dos niveles diferentes. El primer nivel es el de la co-
munidad: ¿Cuáles son los recursos que para su mantenimiento posee y con-
trola la comunidad? El segundo nivel es el de la unidad doméstica: ¿Có-
mo se distribuyen los recursos de la comunidad entre sus habitaÍltes? El
primer nivel es necesario para conocer la dirección particular de la econo-
mía de una comunidad y el lugar que ocupa en un contexto regional; mien-
tras que el segundo nivel nos ayuda a descubrir el funcionamiento del sis-
tema de subsistencia. Los dos niveles son análogos en muchos aspectos,
y las semejanzas y diferencias entre las comunidades respecto a sus siste-
EL HOMBRE EN EL ECOSISTEMA ANDINO 281

ma de recursos se comparan a las que existen entre las unidades domés-


ticas correspondientes a sistemas únicos de recursos. Así como existen co-
munidades sin acceso a todo el espectro de recursos regionales, también
hay unidades domésticas que no tienen acceso a todos los recursos de su
comunidad. En ambos casos, tanto la comunidad como la unidad domés-
tica deben desarrollar estrategias y métodos para explotar hasta donde sea
posible los recursos necesarios de subsistencia. Tanto al nivel de la comu-
nidad como al de la unidad doméstica, las estrategias de subsistencia des-
.tinadas a permitir el acceso a los recursos implican sistemas de especiali-
zación y de tmeque. Es frecuente que dentro de las comunidades se re-
curra a ciclos de reciprocidad para la distribución de recursos escasos,
mientras que las estrategias de subsistencia dependen usualmente del sis-
tema de parentesco (Bmsh, 1972).

Sistema de recursos de la comunidad de Uchucmarca

Uchucmarca es una población mestiza de la provincia de Bolívar, de-


partamento de La Libertad, al noreste del Perú. La comunidad se encuen-
tra a una altitud · de 3,035 metros, en el flanco de un valle que corre ha-
cia el río Marañón, uno de . los que origina el Amazonas. Uchucmarca es
una "comunidad indígena" o "comunidad campesina" fundada a finales del
siglo XVI por medio de una reducción española.
Como tal, controla su tierra como una corporación (la tierra no pue-
de ser vendida fuera de la comunidad), pero las chacras están bajo el
control privado e indefinido de las unidades domésticas que obtienen de
ellas su subsistencia. Las tierras de la comunidad cubren un espectro al-
titudinal de unos 3,500 metros, cmzando la cordillera oriental de los An-
des para terminar en la zona conocida como "ceja de montaña". Las tie-
rras de la comúnidad comienzan a 800 metros de altitud y cmzan una se-
rie de picos que se elevan a más de 4,30:0 metro·s.
Uchucmarca funciona esencialmente como una comunidad de subsis-
tencia auto-suficiente. Su auto-suficiencia está relacionada a dos factores:
aislamiento y diversidad de recursos. Su relativo aislamiento de mayores
sistemas económicos es tanto físico como económico. El pueblo de Uchuc-
marca está situado a unas ocho horas a mula del camino más próximo, y
a catorce horas de Celendín, el mercado regional más cercano. Hasta 1966,
que se extendió la constmcción de dicho camino, Celendín se encontraba
a una distancia de treinta horas a caballo. Su aislamiento económico ha
sido resultado del hecho que la economía de Uchucmarca, al igual que
la de muchas otras aisladas comunidades de subsistencia. permanece esen-
cialmente no comercial, aunque dispone de unos cuantos recursos que pue-
den ser convertidos rápida y provechosamente en dinero en efectivo. Cual-
quier pmticipación apreciable en sistemas mayores de mercado guarda . re-
lación con el grado de comercialización de la economía del pueblo.
282 REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL

La auto-suficiencia de Uchucmarca está también en relación con el


hecho que esta comunidad históricamente ha contrólado un extenso y com-
plejo sistema andino de recursos. Dicho sistema, que descrihiremos en de-
talle, se ejerce sobre una suficiente extensión de tierra entre las diferentes
zonas altitudinales y puede cumplir con las necesidades de subsistencia de
la mayor parte de los habitantes del pueblo, sin tener que recurrir a un
comercio intensivo fuera de la [Link]. Sin embargo, se debe mencio-
nar que dentro de la comunidad existe una creciente demanda de artículos
que no se pr09-ucen localmente y que sólo los pueden proporcionar las
redes de intercambio comercial que se extienden fuera de la población.
Sin embargo, debe subrayarse que si bien el sistema de recursos de la co-
munidad es bastante completo, la actual distribución interna de la tierra
es ll'regular en varias zonas altitudinales, y que sólo unas cuantas unidades
domésticas tienen acceso directo a la tierra en todas las zonas principales
de siembra. Al igual que en la mayoría de las comunidades de subsisten-
cia, Uchucmarca se rige por un complicado sistema de relaciones recípro-
cas, dependiente del sistema de parentesco, y cuya función es distribuir
recursos y productos escasos en una forma . más equitativa (Brush, 1972,
1973). Este conjunto de relaciones recíprocas es similar al ~escrito en re-
lación a otras comunidades de los Andes peruanos (Burchard 1972, Fon-
seca 1972b, ~ayer 1972) .
Las tierras controladas por la comunidad de Uchucmarca se reparten
en cinco zonas de vida natural según el sistema de zonas de vida de Tosi.
Estas son:
a) Bosque espinoso subtropical, un área de vegetación xerofítica l;bi-
cada en la base del valle, dentro de la parte seca de declive de montaña
del valle del ~arañón;
b) Bosque seco montano bajo, un área aún afectada por la parte
seca de declive de montaña, pero donde es posible la producción de ce-
reales en años sin sequía;
c) Bosque húmedo montano, que se encuentra fuera de la parte seca
de declive de montaña y que tiene un clima templado y sin heladas, apro-
piado para la producción de una gran variedad de cosechas, desde cereales
hasta tubérculos;
d) Páramo muy húmedo subalpino o tundra pluvial alpina, que es la
zona más alta del valle, por lo que sufre de frecuentes heladas y lluvias
en abundancia y cubierta con pastos naturales especialmente Stipa ichu; y,
e) Bosque muy húmedo montano, que corresponde a la propia ceja
de montaña que se encuentra a lo largo de las laderas de la cordillera
i oriental andina.
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Aunque clasificaciones tales como las zonas de vida natural de Tosi
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son útiles para propósitos comparativos generales, un análisis cultural-eco-
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284 REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL

lógico de cualquier sistema de subsistencia debe tratar directamente con la


percepción y clasificación nativa de los diferentes elementos del paisaje.
Los habitantes de Uchucmarca dividen su valle en siete zonas de acuerdo
a sus cultivos, identificados terminológicamente según su uso. qtro factor
es el tipo actual de tenencia de la tierra. El uso de una zona es el factor
predominante en el sistema del pueblo. El enfoque de definición está da-
do por la actividad de subsistencia que mejor puede llevarse a cabo en
. una cielta área. De esta forma, la -delineación primaria entre zonas tiene
que ver con factores tales como si la temperatura es suficiente para propor-
cionar bastante gluten al trigo, o si la maléfica combinación de lluvia y
bajas 'temperaturas por en~ÍIria de una altura dada crea condiciones que
pueden inducir a la "rancha negra" en papas y ocas.
El valle de Uchucmarca comprende siete zonas de siembra: temple,
kichwa fue1'te, kichwa, templada, falka, falTea fuerte y montaña. El or-
den dado aquí es el de la misma composición de las zonas en el valle
de acuerdo a su altitud. Temple es la zona más baja, en el fondo del va-
lle, en el límite de tierras de la comunidad, y falka fue1te es la más alta.
La zona de montaña, aunque está por debajo de la falka fue1'te, es la más
distante del pueblo de Uchucmarca. Dentro de cada zona hay una miríada
de topónimos con los que están familiarizados la mayoría de los habitantes.
Incluso es común dar nombres a las chacras individuales. El sistema tan
elaborado de nomenclatura es un índice del íntimo conocimiento que
que muchos de los lugareños tienen del ecosistema con el que trabajan. •
La zona temple (800 a 1500 metros de altitud) es la zona más ba,ja y
caliente del valle y corresponde a la zona de bosque espinoso subtropical.
Este valle angosto y árido, en el declive oriental del valle del Marañón,
está determinado por una vegetación xerofítica y chacras irrigadas. Los
cultígenos principales son caña de azúcar, coca, maíz, frutas cítricas, plá-
tanos, yuca, cacao y ají. Hasta hace poco el área no era habitable a causa
del paludismo. La tenencia de la tierra en el temple se caracteriza por
su carácter más comercial que en cualquier otra zona. Hay mucha com-
petencia por las chacras de las que se pueden obtener cosech~s negociables.
La zona kichwa fue1'te (1,500 a 1,900 metros) comienza en el límite
superior del temple, y sufre frecuentes sequías. Es intermedia entre el bos-
que espinoso sub tropical y el bosque seco montano bajo, y su vegetación
es una mezcla de los tipos xerofíticos que se encuentran en el temple y
los tipos no-xerofíticos que se encuentran a mayores altitudes. En años de
agua produce trigo y maíz. Otra actividad es la recolección de leña. Las
tierras no son especialmente codiciadas a causa de su frecuente sequía, y
su tenencia no es comercial.
La zona kichwa (1,9!00 a 2,450 metros) está definida por lluvias mo-
deradas periódicas y temperaturas medias en comparación a las dos pri-
meras zonas; topográficamente el valle se amplía considerablemente dando
como resultado mucha más tierra cultivable. Si bien esta zona queda fue-
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UCUNCHA
286 REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOJ\¡iO XL

ra de la parte seca de decli ve de montaña ' que afecta a todo el valle,


tiene una larga estación seca (mayo-setiembre). El énfasis agrícola más
importante es la producción de trigo y maíz, elementos importantes en la
dieta de la población. Dado el volumen de la misma y la importancia
de estas cosechas, hay una relativa escasez de tierra en la zona kichwa;
sin embargo su tenencia no es comercial, y las chacras se intercambian
a través de la distribución familiar y comunitaria. La reciprocidad juega
un papel importante en la distribución de tierras y las cosechas de esta zona.
La zona templada (2,450 a 3,000 metros) representa una transición
entre el valle bajo, más caliente y seco, y el valle alto, más frío y húmedo,
es decir entre las [Link] de vida natural del bosque seco montano bajo y
las del bosque húmedo montano. Llueve regularmente y sólo existe una
I¡ corta estación seca (junio-agosto). El temple es también intermedio con
I referencia a las cosechas que se obtienen. En . la parte baja se siembra
,[ maíz, trigo y cebada, mientras que en la alta produce especies de mayor

~
¡
altitud, como la papa. Una cosecha importante exclusiva de esta zona es
la arveja (Pisum sativum). La población nucleada de Uchucmarca vive en
ella y la competencia por las chacras es menor que en la zona más baja,
productora de cereales. En general, la tenencia de la tierra se caracteriza
por un mínimo de transacciones comerciales.
La zona ;alka (3,000 a 3,500 metros) empieza inmediatamente arriba
del pueblo de Uchucmarca. Ecológicamente es análoga a la tundra alpina
o páramo sub alpino húmedo de Tosi y a la .zona de puna de los Andes
surperuanos. Sin embargo, es más seca que la primera y más húmeda
qu~ la seg~nda. Aquí el valle se amplía considerablemente y domina la
vegetación matorral y pastos típicos de las grandes alturas andinas, entre
ellos el Stipa ichu. Al igual que la puna sureña, la ;alka es el área de
producción de la papa, a la que se le dedica más tierra y tiempo, con
otros tubérculos, que a cualquier otra cosecha. Hay también otros cultivos,
como el altramuz (Lupinus mutabilis), conocido como chocho o tarwi,
habas y cebada. Hay una relativa abundancia de tierra y poca competencia
pdr las chacras, que fácilmente se consiguen por peticiones al consejo
comunal. .
La ;alka fuerte (3,500 a 4,300 metros) es la zona más alta y extensa
del valle, y ecológicamente cercana a la zona de vida de páramo hÚlredo
subalpino. Llueve mucho, las heladas son frecuentes y no existe ninguna
estación seca apreciable. Su topografía es una combinación de lomas y
series de pedregales y picos. La vegetación está compuesta por matas y
pastos andinos con los que se alimenta el ganado vacuno y caballar. Dichos
pastos son de propiedad comunal, y las únicas viviendas permanentes
corresponden a unidades domésticas que se dedican al pastoreo. El ganado
tiene importancia para la población por la producción de carne y lana y
como medio para obtener dinero en efectivo. El ganado vacuno es el más
importante. Aunque la carne de res, el queso y la leche rara vez se COIl-
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SAN MART I N
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ZONAS AGRICOLAS

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COMUNIDAD CAMPESINA
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U CUNCHA
REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL
288

sumen en el pueblo, más de la mitad de las unidades domésticas posee unas


cuantas cabezas de ganado que, gracias a los rescatadores de ganado de
la otra vera del Marañón, se convierten fácilmente en dinero en efectivo.
- La zona ceja de montaña, también llamada montaña, se encuentra
trasponiendo la cordillera andina' oriental. Comienza a unos 2,500 metros
y se extiende hacia el este, fuera de las tierras comunales. Corresponde
ecológicamente a la zona de vida de bosque húmedo montano. Los pas-
tos alpinos de la jalka fuerte y la jallca del lado oriental de la cordillera
se mezclan en un denso y casi impenetrable bosque de pequeños al'bus-
tos y matas. La explotación de la ceja de montaña no es intensa; aparte
de la caza ocasional de osos, jaguares y venados, se extrae madera para
uso local. Al igual que en la falka fuerte, la tierra de montaña es comunal.
El númeró de recursos que l:epresentan estas siete zonas de cultivo es
extenso, si se considera el volumen de la población que las explota para
su subsistencia. A diferencia de muchas otras comunidades, Uchucmarca
.dispone de suficientes recursos para ser auto-suficiente, sin necesidad de
tener que recurrir para su subsistencia a un intercambio extenso o a re-
des mercantiles ajenas al pueblo. Sin embargo, como ya se dijera, la auto-
suficiencia comunal no significa necesariamente que cada unidad domésti-
ca dentro de la comunidad sea auto-suficiente. Al contrario, la mayoría
de las unidades domésticas sufre de relativa escasez en uno de los dos
tipos clave de recursos, tierra o trabajo. Para sobreponerse a esta esca~ez,
las unidades domésticas deben recurrir a diversas estrategias, tales como
él intercambio recíproco de labor, o huasheo; el establecimiento de so-
ciedades en las que, en parte iguales, se intercambia tierra por labor; a la
obligación de obtener como recompensa la misma cosecha o bien dinero
en efectivo; y al intercambio recíproco o trueque de cosechas de diferen-
tes zonas (Brush, 1973).

Determinación de las zonas de cosecha

Como se indicara anteriormente, de la increíble complejidad de zonas


de vida natural que ofrecen los Andes, los campesinos serranos han deli-
neado cuatro zonas principales: 1) una zona tropical baja para coca, fruta
y caña de azúcar; 2) una zona templada productora de granos; ' 3) . una zo-
na fría dedicada a la papa y otros tubérculos; y 4) una zona de pastos na-
turales que se aprovechan en el sitio. A este sistema, tal como ocurre en
Uchucmarca, se le pueden agregar zonas intermedias. Otras zonas impor-
tantes · son las que proporcionan sal y leña, aunque según la propia pobla-
ción en todos los casos éstas no pueden designarse verdaderamente como
zonas separadas. De nuevo, la existencia de un número limitado de zonas
refleja el patrón de subsistencia de · un área grande y compleja, y no es una
limitación local de la percepción del medio.
EL HOMBRE EN EL ECOSISTEMA ANDINO 289

En los Andes la delimitación de las zonas de cultivos y de recursos


está en relación directa con la ecología natural del área serrana, pero no
corresponde necesariamente a la relación ecológica de las comunidades ve-
getales. En Uchucmarca, por ejemplo, hay cinco zonas de vida, o asocia-
ciones vegetales naturales, y siete zonas etnogeográficas. Una forma de en-
carar la distribución humana del valle es considerar los límites "efectivos"
de las cosechas y no los límites "absolutos" de las mismas. El límite efec-
tivo para cualquier cosecha es su área de producción óptima. Este límite
puede servir de base para el sistema local de distribución vertical de las
zonas de cultivos. Por otro lado, el uso de estos límites significa la exis-
tencia de una cierta coincidencia entre zonas, en términos de la distribu-
ción de los cultivos. Esta distinción entre límites de cosecha absolutos y
efectivos ha sido tratada extensamente por Cade (1967: 153 ff.) en su es-
tudio del valle del Vilcanota y sobre el particular señala que:
"Existen esencialmente dos clases de límites de cosecha: el efectivo,
en el cual la cosecha no es importante para la economía y los rendimien-
, tos no son satisfactorios, y el absoluto que es el límite extremo en el que
un cultivo puede crecer y en el que la cosecha tiene poca posibilidad de
éxito. Un límite de cosecha se puede referir bien a una planfa al nivel de
especie, o a un tipo específico de una especie . ..
Mientras que cada planta manipulada por el hombre tiene su propio
nicho ecológico en el que crece mejor, los límites de su cultivo son ma-
yores en esta sociedad campesina que si el área tuviera una agricultura
moderna de tipo industrial. Los campesinos plantean una cosecha donde-
quiera que anticipan resultados, sin tener en cuenta la elevación del ren-
dimiento" ( Cade, 1967: 154).
El cuadro 1 muestra los límites efectivos y la distribución de los dis-
tintos cultivos en el valle de Uchucmarca. Aunque un cultivo en parti-
cular puede producirse y crecer a ' diversas altitudes, hay rendimientos que
se perciben como muy bajos fuera de ciertos límites altitudinales para ~us­
tificar el riesgo de la inversión de tierra, labor, semilla y bueyes. Los ries-
gos que se corre cuando un determinado cultivo se planta fuera de sus
límites efectivos están reflejados a menudo en la serie de plagas que lo
atacan. Estas se han resumido de acuerdo con los límites de cosecha en
el cuadro 2.

Ubicación de la población en el valle

El pueblo de Uchucmarca está localizado en el templado, es decir en


la zona intermedia entre las zonas b ajas productoras de granos (kichwa)
y las zonas más altas de papa y pastizaje (jalka). Esta ubicación entre
la kichwa y la jalka (puna) es común a muchos pueblos con economía
de subsistencia en los Andes peruanos. La línea que separa estas dos zo-
290 " REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL

Cuadro 1

PORCENTAJE DE CIERTOS CULTIVOS PLANTADOS EN DIFERENTES


ZONAS DURANTE 1970

KiChwa Jalka Ceja de


ZONA: Temple fuerte Kichwa Templado Jalka fuerte montaña

papa 12 88
oca 19 81
maíz 7 56 35 2
trigo 10 68 22
cebada 16 74 10
arvejas 14 66 10
habas 34

Porcentaje de 2 6 12 3 19 43 15
base total de
tierra "'

* Una aproximación

.
Cuadro 2

RIESGOS QUE CORREN CIERTOS CULTIVOS CUANDO SE SIEMBRAN FUERA


DE SUS LIMITES EFECTIVOS: EFECTO PERCIBIDO " AL PLANTAR UN
CULTIVOS YA SEA MUY ALTO O MUY BAJO

Cultiv<? Muy alto Muy bajo

Maíz no produce
Trigo los insectos o el "polvillo destru- sequía
yen el grano, o bien el grano se
pudre en el tallo por exceso de
humedad. Muy pOCO gluten.
Papa una helada o bien la "rancha" las plantas se marchitan
mata la planta. y no ' dan tubérculos.
Arveja muy poca producción las arvejas no se cuecen
tal como deben (muy du-
ras).
Cebada muy poco gluten, y las cáscaras sequía
muy gruesas.
EL HOMBRE E N EL ECOSISTEMA ANDINO 291

nas aumenta en altitud a medida que uno se dirige hacia el sur, donde
el período diurno de los meses de verano es más largo que en las inme-
diaciones de la línea ecuatorial. Por lo tanto, en la región de Cajamarca
(7°16'S) la zona kichwa se encuentra aproximadamente a 3,000 metros de
altitud, mientras que en la región del Cuzco (13°36'S) se extiende hasta
3;350 metros de altitud. Dyer (1962: 340) muestra que la mayoría de la
población vive en pequeños pueblos y caseríos en la zona kichwa. Aun-
que puede ser muy difícil de corroborar, parece que la ubicación de la
mayoría de los pueblos y' caseríos no está estrictamente en la zona kichwa,
sino más bien cerca de o en el límite entre las zonas kichwa y jalka, como
es el caso de U chucmarca.
Es evidente que en la reglOn inmediata a Uchucmarca los principales
asentamientos prehispánicos estaban a una altitud mayor que la actual. La
mayoría se ubicaba en la jalka alta, inmediatamente debajo de lajalka
fuerte. Otra manera de explicar . los asentamientos prehispánicos relativa-
mente altos es que la guerra era una situación endémica y forzo a las po-
blaciones prehispánicas a buscar las posiciones más seguras y fáciles de
defender. Por eso los centros poblados, en general, tendían a estar en zonas
más altas que las actuales. Otra explicación relaciona el problema del
asentamiento con los patrones de subsistencia. Troll (1958, 1968) hace no-
tar la importancia de la relación entre las condiciones regulares de las es-
taciones de helada y de lluvia y la posible preparación del chuño (papa
deshidratada) para comprender los patrones culturales y de asentamiento
de la población prehispánica de la región altiplánica.
Las poblaciones prehispánicas andinas generalmente dependían más de
los productos de. las zonas más altas (papas, quinua, llamas) y eran me-
nos dependientes que la población moderna en cuanto a cereales, especial-
mente maíz. La introducción del trigo se debió a los españoles. Como ha
notado Sauer (1950: 494), el maíz no fue artículo principal en la dieta de
la mayoría de la población nativa americana al sur de Honduras. Murra
( 1960) dice que en los Andes el maíz tenía una importancia mayor como
cosecha ceremonial , que como cosecha de subsistencia. La excepción nota-
ble fue el Imperio Inca que aparentemente comenzó, a explotar la región
kichwa para producir maíz, el alimento "preferido" por el ejército (Murra,
1960: 400) . La importancia dada por los incas a la zona baja es evidente
a juzgar por las grandes áreas de terrazas que para el cultivo del maíz
ahí construyeron.
Los españoles, que también se alimentaban con · cereales, complemen-
taron en muchas otras parte del Pérú el proceso que la administración In-
ca había iniciado en el área del Cuzco. Fue la conversión de una base de
subsistencia, compuesta principalmente de tubérculos, a una base mixta
que incluía tanto cereales como tubérculos. En toda la región serrana pe-
ruana del centro y norte del Perú, los cereales europeos tales como el trigo
292 REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL

y la cebada han llegado a sei' cultivos principales junto con las cosechas
nativas andinas. Esto parece ser menos cierto en la sierra del sur, espe-
cialmente en el altiplano, donde predominan tubérculos, como la papa,
y la quinua.
Durante las reducciones de Toledo en la década de 1570, los espa-
ñoles para consolidar a la población andina movilizaron a gran parte de
los sobrevivientes de las epidemias de Ia Conquista a pueblos nuevos co-
mo Uchucmarca. Estos nuevos poblados nuclearon a la mayoría de la po-
blación campesina de los Andes (Fuenzalida, 1970). Es posible que el in-
terés de los españoles en el trigo, el maíz, en los pastos para el ganado
y en la base tradicional de subsistencia de la población (papas) los haya
conducido a ubicar los nuevos pueblos en sitios con casi igual acceso a las
zonas kichwa y ¡alTea. En Uchucmarc~, al igual que en otras comunidades
andinas, la introducción del trigo dio lugar a un notable cambio de las
actividades de subsistencia.

Patrones de zonas ecológicas andinas

Al comparar las zonas ecológicas del valle de Uchucmarca con las de


otras partes de los Andes aparecen dos factores importantes. El primero
es la semejanza en la taxonomía etnogeográfica de las zonas de cosecha,
no obstante la gran variedad ' de zonas de vida andina. El segundo es la
t
I - ubicación de las zonas dentro de un sistema del mismo valle. Hay, na-
! turalmente, otros valles andinos con el mismo patrón de relaciones geográ-
I
ficas. En otros sistemas de zonas geográficas se da un mayor desplazamien-
to de zonas utilizadas por la población. Al examinar los diferentes tipos
de zonas andinas y los sistemas humanos de subsistencia que tienen allí
su base, se encuentra que la relación geográfica relativa de , las mismas
es un factor importante para determinar el tipo de explotación y los facto-
res socioeconómicos de la comunidad. Se pueden delinear tres tipos de
relaciones ecológicas: a) el tipo compacto, b) el tipo archipiélago, y c)
el tipo extendido.

El tipo compacto

Uchucmarca representa el tipo "compacto" de relaciones ,geográficas


andinas. Las relacione>J ecológicas de las zonas de cosecha del valle de
Uchucmarca se caracterizan por un alto declive ambiental con más zonas
diferentes muy cerca unas de otras, todas accesibles a los habitantes del
pueblo dentro de una distancia relativamente corta. Se puede ir en dos
o tres días desde la base del valle de Uchucmarca, en la zona temple, a
la zona de montaña en el drenaje del río Huallaga. El valle entero mide
menos de cincuenta kilómetros d.e largo, y la ubicación del pueblo en el
centro del mismo valle significa que todas las zonas están a un día de dis-
EL HOMBRE EN EL ECOSISTEMA ANDINO 293

tancia del poblado principal, salvo la zona de montaña, en el ill'enaje del


río Huallaga, que está a más de un día. Lo compacto del valle de Uchuc-
marca significa que su gente pueda subsistir explotando todo el valle, sin
tener que recurrir a migraciones mayores o a extensas redes de comercio
y sistemas de intercambio que se salgan de los límites territoriales de la
comunidad.
Otro ejemplo de tipo compacto lo representa la comunidad de Q'ero,
cerca al Cuzco. Las tierras de Q'ero van de los 2,000 a los 5,00:0 metros
de altitud y su gente explota varias zonas de cultivo que pueden estar has-
ta tres días de distancia (Webster, 1971: 174). Al igual que en Uchucmar-
ca, la explotación de las tierras de Q'ero requiere una constante movilidad
entre zonas. Webster nota, sin embargo,. que "la comunidad puede ser des-
crita como itinerante, pues cualquier tiempo, estación, cosecha y rebaño
determinan su residencia en locales dispersos. Pero la residencia fuera de
poblados del valle alto sólo tiene un carácter temporal" (Webster, 1971: 176).

El tipo archipiélago

El modelo de archipiélago, sugerido por Muna (1972) para los casos


etnohistóricos, es un patrón común en las zonas muy altas de las cuencas
de los ríos Marañón y Huallaga. En vez del uso permanente de zonas
contiguas, este patrón implica una amplia separación entre algunas de las
zonas explotadas, las que para su explotación dependen fundamentalmente
de migraciones a veces largas. Entre los pueblos contemporáneos que co-
rresponden a este patrón están los estudiados por Burchard (1972), Fon-
seca (1972a, 1972b), y Mayer (1971, 1972) en los depaltamentos de Pasco
y Huánuco. En la zona alta del río Marañón hay una serie de pueblos,
como Rapayán en el departamento de Huánuco, que se ven ante la nece-
sidad de realizar de tres a cuatro migraciones anuales a una zona ecoló-
gica diferente como es la región dé montaña en la cuenca del río Hualla-
ga. Estas migraciones generalmente significan viajes en los que se em-
plean de cuatro a ocho días. La gente de Rapayán viaja unos cinco días
al área alrededor del pueblo de Monzón. En uno de los archipiélagos más
extendidos, la gente de los pueblos alrededor de Tayabamba se desplaza
hacia Tochache, a unos once días de distancia.
Dentro de e¡¡te patrón, los asentamientos principales se encuentran e'l
áreas con acceso relativamente fácil a las zonas ecológicas que producen
papas, maíz, trigo y pastos para sus animales. Al igual que en Uchucmar-
ca, éste es generalmente el intersticio entre las zonas kichwa y ialka, a .un::t
altitud aproximada de 3,000 metros. Las largas migraciones se hacen a la
montaña, a alturas de unos 1,000 metros, donde ge puede cultivar coca,
caña de azúcar, café y fruta.
294· REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL

Murra (1972) ha demostrado que las migraciones dentro del modelo


de control vertical significán no sólo atravesar áreas ecológicas diferentes
sino también áreas étnicas diferentes. En algunos casos, las migraciones
pueden ser reemplazadas o reducidas al envío de comunidades "satéli-
tes" que residen en la zona de migración. Esto se puede hacer tanto a
nivel de la unidad doméstica como a nivel de pueblo. La idea de archi-
piélago es precisa para describir el patrón que comprende cruzar amplios
trechos del territorio andino no explotado directamente por quienes lo atra-
viesan. Es como si pasaran de una "isla'" de cultivo en las regiones serra-
nas a otra "isla" en la montaña. . .
En estas migraciones que descienden los flancos de la cordillera orien-
tal, la coca cumple un fin muy importante. Muchas unidades domésticas,
cuya base de subsistencia radica en zonas más altas, son dueñas de chacras
en los valles de la montaña, donde producen coca y otros productos tro-
picales. La alternativa para quienes no poseen tie¡'ras en las zonas más
bajas es obtener la coca en las chacras de vecinos o parientes. Esto se ha-
ce tres a cuatro veces al año, y tanto hombres como mujeres participan
en la recolección de las 'hojas. A la gente de la altura que trabaja apañan-
do coca se le paga con el producto mismo, cuyo transporte se realiza si-
guiendo rutas tradicionales muy transitadas. La coca en la sierra tiene va-
lor de moneda y fácilmente puede ser cambiada por otros productos. Tiene
además la ventaja que su valor aumenta rápidamente a medida que uno
se aleja de la zona de producción.

El tipo extendido

Un tercer tipo de relaciones ecológicas andinas es el extendido. Se da


en los valles relativamente largos que incluyen el . conjunto usual de zonas
andinas d.e cosecha. Sin embargo, su declive ambiental es menos marcado
que el de los tipos compacto y ai·chipiél~go. Hay contigüidad entre las
zonas, las mismas que son explotadas en forma continua. Demográficamen-
te difiere también de los anteriores. En lugar de que las poblaciones se
agrupen en las partes altas del valle, donde el acceso a las zonas jallro y
kichwa es directo, éstas tienden a dispersarse más uniformemente por todo
el valle. En lugar de la explotación directa de varias zonas y de un mo-
vimiento constante entre ellas, que caracteriza a los dos primeros tipos, los
productos de dichas zonas se movilizan por todo el sistema mediante las
redes de intercambio, que en ocasiones resultan ser sistemas de mercado
altamente desarrollados. Familias que viven en diferentes partes del valle
suelen viajar periódicamente a los centros -de mercado que concentran los
productos de las diversas zonas. En el trueque siempre funciona el rega-
teo y hay también ventas en efectivo.
El tipo extendido qe relaciones ecológicas con su correspondiente modo
de explotación humana se encuentra principalmente en ~os valles más am-
EL HOMBRE EN EL ECOSISTEMA ANDINO 295

plios de los Andes orientales y centrales. Uno de los ejemplos más claros
lo encontramos en el valle del Vilcanota, al sur del Perú. Este valle que
fue el centro del Imperio Inca, tenía como capital el Cuzco; casi en el
centro del mismo mide, aproximadamente, 300 kil6metros de largo y su
altitud varía entre 4,300 metros a 1,000 metros. El ancho del fondo del
, valle permite el cultivo en casi toda su existencia. Es evidente, por el sis-
tema de terrazas y ruinas incas, que sobre la altura de 1,500 metros todo
el valle fue explotado intensivamente desde antes de la conquista europea.
Su patrón moderno de asentamiento se caracteriza por ~na serie de pue-
blos de tamaño medio, entre los que se encuentran pueblos más pequeños
y casi continuos. Hasta hace poco gran parte del valle estuvo controlado
por haciendas. Los pueblos importantes son: Sicuani (3,531 metros de al-
titud), Urcos (3,12JO metros), Calca (2,950 metros), Urubamba (2,880 me-
tros y Quillabamba (1,050 metros). Cuzco, a la orilla de un tributario del
río Vilcanota, está a 3,382 metros de altitud. La población de mayor den-
sidad se encuentra entre Ollantaytambo (2,790 metros) y Sicuani (3,531
metros). Cade (1967: 74) ha notado que "más del 90% de la gente del
valle del Vilcanota deriva su ' sustento directamente de la agricultura de
uno de los diferentes tipos de unidades productivas que tienen diferentes
orientaciones económicas". Estas abarcan desde haciendas hasta agricultura
de subsistencia. En esta última, aunque en realidad hay poca comerciali-
zación, Cade observó que se da un alto grado de especialización e inter-
cambio entre comunidades campesinas:
"Aunque la economía agrícola de la mayoría del pequeño campesi-
nado del valle del Vilcanota es básicamente de subsistencia, existe
mucho intercambio. Los mercaderes más activos son los que reci-
ben productos de diferentes zonas ambientales. En Chincheros, por
ejemplo, un pueblo muy arriba del valle de Huayllabamba, la pa-
pa es la cosecha .principal y gente de la depresión inferior viene
a intercambiar sus especialidades: traen maíz, leña y hojas de no-
gal de Urquillos; fruta y pan de Urubamba; verduras de Huaylla-
bamba; y maíz y fresas de Yucay y Ollantaytambo. Mercados ac-
tivos como Sicuani pueden desarrollarse también a causa de la ten-
dencia de muchas comunidades indígenas a especializarse en una
cosecha más que en otras. De esta forma, en la parte sur del valle
por lo menos tres comunidades se especializan en trigo, tres en pa-
pas y una en cebollas" (Cade, 1967: 76).

Aunque hay intercambio en los dos tipos de relaciones ecológicas, com-


pacto y archipiélago, no hay un alto grado' de especialización de comu~­
dades en diferentes zonas altitudinales. En el tipo extendido estas comum-
dades se funden peri6di~amente en centros de mercado altamente desa-
rrollados a fin de conseguir las bases de subsistencia. El área del Cuzco
es conocida por sus mercados que atraen a un gran número de turistas que
296 REVISTA DEL MUSEO NACIONAL - TOMO XL

observan a los indios de comunidades dispersas. Al describir estos merca-


dos, Cade observa:
"El intercambio de productos ocurre en mercados diarios, semanales
y anuales. Los mercados diarios están preparados para proveer
oportunidades para el intercambio de bienes provenientes de un ra-
dio de varias millas. Muchos de los mercados del valle tienen
aparte de estos mercados diarios, mercados semanales donde se ven-
den no sólo productos locales sino también de la región entera. Los
domingos son días importantes de mercado en Pisac, Combapata,
Quillabamba y Sicuani; en Urubamba los miércoles; en Tinta los
jueves; y en San Pablo los sábados" (Cade, 1967: 78).
Conclusiones
Aparte de estos tres tipos de relaciones ecológicas que integran un
número de zonas, hay también muchas comunidades individuales que ex-
plotan una sola zona ecológica. Muchas de estas comunidades se encuen-
tran integradas a sistemas mayores mediante redes de intercambio mucho
más sencillas que las del tipo extendido. Es posible que no haya un mer-
cado regular, y la gente de esas comunidades tiene que hacer trueque con
comunidades de subsistencia no especializadas. En el área andina las co-
munidades que explotan sólo una zona, se encuentran generalmente en un
extremo del declive ambiental. En las partes bajas las comunidades se
especializan en productos tropicales tales como coca, caña de azúcar y fru-
tas. El pueblo de Pusac, en la base del valle de Uchucmarca, se especia-
liza en la ·producción de chancaca, coca y fruta, productos que se envían
al mercado o que se intercambian con productos alimenticios de comuni- \
\
dades no especializadas de mayores latitudes, como U chucmarca (Brush, \
\

1973). A mayores latitudes hay comunidades que 1Ie especializan en mi-


\
nas de sal y pastoreo. Una de estas comunidades de pastores, Alccavito-
ria, al sur del Perú, participa en mercados para intercambiar sus produc-
tos con cereales que no se dan localmente (Custred, 1972).
La tipología aquí desarrollada describe diferentes sistemas ecológicos
de subsistencia en las laderas orientales de los Andes peruanos. En esta ti-
pología he pretendido organizar algo de la etnografía reciente que se ha
hecho en el área y sugerir su parecido con el modelo etnohistórico sugeri-
do por Murra. Hay, sin duda, tipos adicionales de integración andina que
se harán evidentes cuando se tomen en consideración las áreas geográficas
más allá de las laderas orientales.
Este trabajo sugiere que, a pesar del tremendo trastorno causado por
la Conquista española, los patrones de control vertical analizados por Mu ..
rra en la región dé la sierra durante el tiempo de la Conquista tienen pa-
trones análogos que operan hasta hoy. Las operaciones actuales del siste-
ma de verticalidad dependen particularmente y en gnm parte del paisaje
dentro del cual funcionan. Algunas comunidades con altos declives am-
EL HOMBRE EN EL ECOSISTEMA ANDINO
297

bientales, como Uchucmarca, pueden operar sin mercados, a través de un


sistema de contTol y reciprocidad comunal. En otras áreas de los Andes,
donde el declive ambiental es menos empinado, opera por medio de lar-
gas migraciones y complejos sistemas de mercado. Los tres tipos de Tela-
ciones ecológicas andinas (compacto, archipiélago y extendido) aquí pre-
sentados tienen como base formas diferentes para integrar el sistema com"
pIejo de recursos andinos. La mayoría de las comunidades serranas han
tenido éxito al adaptar sistemas socioeconómicos a la complejidad del pai-
saje andino, a pesar de las presiones externas adversas y represivas, tales
como las haciendas interesadas en acumular tierra y de los gobiernos in-
teresados en el tributo laboral. Queda por verse si es que van a poder con-
tinuar haciéndolo bajo el influjo de presiones internas tales como el au-
mento d~ población, migración y -la creciente integración a la economía
monetaria y comercial del Perú.

El trabajo de campo sobre el cual se basa este informe fue


auspiciado por la National Science Foundation y la Univer-
sidad de Wisconsin. Para mis estudios en U ch1!lcmarca conté
con la colaboración de los doctores Rogger Ravines y Donald
E. Thompson, de la señora Margaret Brush, y de la propia
gente de la comuBidad. Quisiera agradecer a la Srta. Laura
Hillock, estudiante del College of William and Mary, por su
ayuda en la traducción castellana de este trabajo.

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