1 -El arte de mandar
Un emperador de China, no se sabe su nombre ni su dinastía ni su tiempo, llamó una noche a su consejero principal y le
confió la angustia que le impedía dormir. Le dijo: «Nadie me teme». Como nadie le temía nadie lo respetaba. Y
como nadie lo respetaba nadie le obedecía. El consejero principal meditó un ratito y opinó: «Falta castigo». Y el
emperador sorprendido dijo que castigo no faltaba, porque él mandaba a la horca a todo el que no se inclinara a su
paso. Y el consejero principal le advirtió: «Pero esos, esos son los culpables. Si solo se castiga a los culpables,
solo los culpables sienten miedo». El emperador chino pensó y pensó... y llegó a la conclusión de que el consejero
principal tenía razón. Y le mandó cortar la cabeza. La ejecución ocurrió en una gran plaza pública, la plaza
celestial, la plaza principal del imperio. Y el consejero fue el primero de una larga lista.
2-Fábricas
Corría el año 1964. Y el dragón del comunismo internacional abría sus siete fauces para comerse a Chile. La publicidad,
sobre todo la publicidad en la televisión, bombardeaba a los chilenos mostrando imágenes de iglesias quemadas,
de tanques rusos, de guerrilleros barbudos que secuestraban a los niños y se los llevaban lejos.Y hubo elecciones.
Y el miedo venció. Y Salvador Allende, el candidato derrotado me contó qué era lo que más le había dolido de esa
experiencia dolorosa. La empleada de la casa de al lado, la casa de al lado de su casa, en el barrio de
Providencia, era una pobre mujer que trabajaba veinte horas por día ocupándose de los niños, lavando y
planchando la ropa, fregando, haciendo la comida... del día a la noche trabajando sin parar, esa pobre mujer que
había envuelto su ropa en una bolsa de plástico y la había enterrado en el jardín, porque tenía miedo de que si
ganaban los Rojos le expropiaran su propiedad.
3-Seguridad
Durmiendo nos vio. En el sueño de Elena estábamos los dos haciendo fila con muchos otros pasajeros en algún
aeropuerto, quién sabe cual, porque todos los aeropuertos son más o menos todos iguales. Y cada pasajero
llevaba una almohada bajo el brazo. Rumbo a una máquina, que nos esperaba, pasaban las almohadas bajo la
máquina y la máquina leía los sueños de la noche anterior. Era una máquina detectora de sueños peligrosos para
el orden público.
4-Invasión
Tiene pánico a la invasión el país que nadie ha invadido jamás, y que sin embargo tiene la mala costumbre de invadir a los
demás. En los años 80, el peligro se llamaba Nicaragua. El presidente Ronald Reagan asustaba a la población. Y
denunciaba el ¡inminente peligro, la amenaza! de la invasión que iba corriéndose desde América Central, México,
vía Texas entrando en los Estados Unidos y apoderándose del país... mientras a espaldas del presidente un mapa
mostraba esa Gran mancha roja que avanzaba.. La teleaudiencia espantada no tenía la menor idea de dónde
quedaba Nicaragua... Ni sabía que ese pobre país había sido arrasado por una dictadura de medio siglo, fabricada
en Washington. Y después, por un terremoto que no dejó nada en pie... Y esa teleaudiencia asustadísima,
tampoco sabía que ese «País Feroz» tenía en total cinco ascensores y una sola escalera mecánica, que no
funcionaba.
El Héroe Desde siempre, las mariposas y los flamencos y las golondrinas y las ballenas y los salmones viajan miles de
leguas por los libres caminos del aire y del agua. No son libres en cambio, los caminos del éxodo humano.
Inmensas caravanas andan por el mundo, caravanas de fugitivos de la vida imposible que huyen de las guerras
pero sobre todo huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados. Sebastián Salgado los fotografió.
En más de cuarenta países y a lo largo de mucho tiempo los fotografió. Y él me contó que toda esa inmensa
desventura humana, cabe en apenas un segundo. Qué un segundo, solo un segundo, suma toda la luz que entró
en su cámara para fotografiar. Un segundo, apenas una guiñada en los ojos del sol. Un instantito en la memoria
del tiempo.
5-Amares El amor es una enfermedad. Y a los enfermos cualquiera nos reconoce por las hondas ojeras, que delatan la
falta de sueño, o por nuestra insoportable necesidad de decir estupideces. El amor se puede provocar, echando un
puñadito de polvo de «quereme», en el café o en la sopa, como al descuido, pero no se puede impedir. No hay
decreto de gobierno que pueda prohibirlo. Alguna vez escribí, para resumir el asunto: «Ellos son dos, por error que
la noche corrige».
6-Fundación de los abrazos.
Muchísimo antes de que el Irak fuera tierra arrasada por la cruzada civilizatoria del presidente Bush, allí en Irak, había
nacido la escritura. Y allí había sido escrito el primer poema de amor de la historia humana. El poema escrito en
lengua sumeria, escrito en el barro, narraba el encuentro entre un pastor y una diosa. La diosa Inanna, amó esa
noche como si fuera mortal, y Dumuvi, el pastor, fue inmortal mientras duró esa noche.
7-Teología.
El dios de los cristianos, dios de mi infancia, no hace el amor. Es quizá el único dios que nunca a hecho el amor entre todos
los dioses de todas las religiones de este mundo. Cada vez que lo pienso siento pena por él y entonces le perdono
que haya sido mi superpapá castigador, el jefe de policía del universo, y pienso que al fin y al cabo dios también
supo ser mi amigo cuando en aquellos viejos tiempos yo creía en él y creía que él creía en mí. Y a veces hasta me
parece escuchar sus melancólicas confidencias, como si al oído me dijera: «Lástima que Adán fuera tan bruto,
lástima que Eva fuera tan sorda y lástima que yo no supe hacerme entender. Ellos creyeron que un pecado
merece castigo, si es original. Dije que peca quien desama y entendieron que peca quien ama. Donde anuncié
praderas de fiestas escucharon valle de lágrimas. Dije que era el dolor la sal que daba gustito a la vida, a la
aventura humana y entendieron que yo los estaba condenando al otorgarles la gloria de ser mortales y loquitos».
8-El pánico macho.
Uno de los mitos más antiguos y más universales, cuenta que la primera noche yacían juntos la mujer y el hombre... cuando
él escuchó un ruidito amenazante, un crujidero de dientes entre las piernas de ella y el susto que cortó el abrazo.
Los machos mas machos del mundo (la verdad sea dicha) tiemblan todavía. En cualquier lugar del mundo, cuando
recuerdan, sin saber qué recuerdan, aquel primer peligro de devoración. Y se preguntan los machos más machos,
sin saber qué se preguntan: ¿Será que la mujer sigue siendo una puerta de entrada que no tiene salida?
9-El jugador
Aquel no era un domingo cualquiera del año 67. Era un domingo de clásico. El club Santa Fé definía el campeonato contra el
Millonarios, y toda la ciudad de Bogotá estaba en las tribunas del estadio. Fuera del estadio, no había nadie que no fuera
paralítico o [Link] el partido estaba terminando en empate, cuando en el minuto 88 un delantero desl Santafé, Omar
Lorenzo Devanni, cayó en el área, y el árbitro pitó penal. Devanni se levantó, perplejo: aquello era un error, nadie lo había
tocado, él había caído porque había tropezado.
Los jugadores del Santafé llevaron a Devanni en andas hasta el tiro penal. Entre los tres palos, palos de horca, el arquero
aguardaba la ejecución. El estadio rugía, se venía abajo.
Y entonces Devanni colocó la pelota sobre el punto blanco, tomó impulso y con todas asus fuerzas disparó muy afuera, bien
lejos.
El sistema
Los funcionarios no funcionan.
Los políticos hablan pero no dicen.
Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza enseñan a ignorar.
Los jueces condenan a las víctimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas.
Los Nadies
Sueñan las pulgas con comprarse un perro
Y sueñan los nadies con salir de pobres
Que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte;
Pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznitas cae del cielo la buena
suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie
derecho, o empiecen el año cambiando de escoba
Los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada
Que no son, aunque sean
Que no hablan idiomas, sino dialectos
Que no profesan religiones, sino supersticiones
Que no hacen arte, sino artesanía
Que no practican cultura, sino folklore
Que no son seres humanos, sino recursos humanos
Que no tiene cara, sino brazos
Que no tienen nombre, sino número
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata