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Afrodescendientes e indígenas en el Perú

El documento describe la situación de los afrodescendientes y los indígenas en el Perú después de la independencia. Aunque se prohibió el tráfico de esclavos, la esclavitud continuó siendo legal y una gran parte de la población aún era esclava en las décadas de 1830 y 1840. Mientras tanto, los indígenas fueron invocados como parte de la nueva nación, pero en realidad su situación de subordinación no cambió mucho y se mantuvieron estratificaciones sociales desiguales de la época colonial. La independencia trajo dis

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Afrodescendientes e indígenas en el Perú

El documento describe la situación de los afrodescendientes y los indígenas en el Perú después de la independencia. Aunque se prohibió el tráfico de esclavos, la esclavitud continuó siendo legal y una gran parte de la población aún era esclava en las décadas de 1830 y 1840. Mientras tanto, los indígenas fueron invocados como parte de la nueva nación, pero en realidad su situación de subordinación no cambió mucho y se mantuvieron estratificaciones sociales desiguales de la época colonial. La independencia trajo dis

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FUENTE 1

LOS AFRODESCENDIENTES EN EL PERÚ REPUBLICANO


En el proceso de emancipación, los esclavos formaron parte de los ejércitos libertadores del sur y del norte bajo la promesa de
la libertad apenas se produjera la independencia. Proclamada la independencia, no se produjo la abolición de la esclavitud,
como suele afirmarse erróneamente, sino que solo se decretó la libertad de vientres a partir del 28 de julio de 1821. Además,
se prohibió el tráfico de esclavos y se otorgó la libertad a los negros que se incorporaran voluntariamente a las milicias
patriotas; sin embargo, esto no ocurrió masivamente, ya que no se podía tomar tan fácilmente esta decisión, pues remecían los
cimientos económicos del país emergente. Por ello, tal beneficio se otorgó a los negros ya libertos. Esto puede ratificarse en el
siguiente caso recopilado:
Jacinta Romero, negra criolla, ha sido denunciada por haber fugado de la casa de Natalia Maldonado. El abogado de Jacinta
justifica la salida violenta de la mujer, ya que solo había cumplido con librarse del “vil cautiverio” al que la tenían sometida
sus amos. Habiéndose recibido las órdenes superiores de Lima, reclama se efectivice este decreto supremo del protector don
José de San Martín, promulgado el 16 de octubre de 1821. Se trata de un decreto que ordena la liberación de los “esclavos y
beneficios de la humanidad”; sin embargo, el juez local ordena que Jacinta retorne a su antigua condición y cumpla con el
trabajo encargado.
Entonces, como se le decretó una libertad limitada, el juez local retorna a la esclava a su condición. Esto se refrenda ante el
pedido que realiza el abogado Miguel Xirón, representante legal de un esclavo que solicita libertad ante la ley, bajo un
memorial que señala lo siguiente:
Como V. S. mejor que yo su debida observancia, y empieza ya en el siglo de sabiduría y de las luces a respirar la naturaleza
vejada y oprimida; sirva, pues, la presente generación y acabe sus días bajo el duro yugo de la servidumbre, pero sea bajo la
salvaguardia de la ley y del Gobierno más benéfico, mientras las futuras que han dado principio desde el dichoso día 28 de
julio son y serán libres para alzar al cielo sus manos y bendecir incesantemente a quien ha hecho desaparecer para siempre sus
cadenas y su degradación.
Con este pedido queda claro que la libertad no alcanzaba a todos los esclavos. Pasada la independencia del Perú, la esclavitud
continuaba vigente, tal como se puede observar en el cuadro:
POBLACIÓN ESCLAVA POR ÁREA
Área 1836-1845 % de la población total
Trujillo - La Libertad 2000 8,9
Chancay 2210 9,9
Ciudad de Lima y alrededores 5791 26,1
Callao 130 0,4
Cañete 1950 8,6
Chincha 1500 6,6
Pisco 1976 8,7
Ica 2000 8,9
Camaná 1357 5,9
Interior, principalmente Arequipa y Cusco 3550 16,1
Totales 21 964 100,0

FUENTE 2
EL INDIO Y LA NACIÓN
La independencia también abrió un periodo excepcional de sentimientos nacionalistas que se tradujeron en la exaltación del pasado
incaico y la reivindicación del indio. Se planteó un conjunto de reformas, como la abolición del tributo indígena y la extensión de la
educación a los sectores populares. Apenas desembarcó San Martín en Pisco, lanzó una proclama en castellano, quechua y aimara,
señalando:
A los indios naturales del Perú: compatriotas, amigos descendientes todos de los incas. Ya llegó para vosotros la época venturosa de
recobrar los derechos que son comunes a todos los individuos de la especie humana, y salir del estado de miseria y abatimiento al que le
habían condenado los opresores de nuestro suelo [...]. Yo os ofrezco del modo más positivo hacer todo cuanto esté a mi alcance para
aliviar vuestra suerte, y elevaros a la dignidad de hombres libres; y, para que tengáis fe en mis promesas, declaro que desde hoy queda
abolido el tributo, esa exacción inventada por la codicia de los tiranos para enriquecerse a costa de vuestros sudores.
Por otro lado, en el contexto de las guerras de independencia emergió un discurso favorable a la reivindicación del indio y su inclusión en
la Nación. Un sector de criollos liberales publicó una revista titulada la Abeja Republicana, en cuyas páginas los indígenas aparecen
invocados como “dignos hijos del Sol”, a quienes se solicita declaren la guerra a los españoles y “venguen unidos los asesinatos, las
prisiones, los destierros y, sobre todo, la sangre de vuestros incas, que aún humea sobre la tierra”.
En cuanto a la participación del indio en la formación de la Nación y en la elección del Gobierno, el mismo periódico declara una posición
favorable y confía en su inclinación a la idea de libertad:
Jamás el indígena será un obstáculo para la elección de un Gobierno sabio y paternal. Patriota por naturaleza ha procurado siempre,
aunque con mal suceso, recobrar la antigua independencia del Perú. Con su antigua agitación, ha comprobado que el pueblo conquistado
permanece constantemente en revolución.
FUENTE 3
LA DESIGUALDAD SOCIAL A TRAVÉS DE LOS MECANISMOS POLÍTICOS DEL PERÚ REPUBLICANO: LOS
EXCLUIDOS DE HOY, LOS EXCLUIDOS DE SIEMPRE

A continuación, se analizará alguno de esos procesos y mecanismos. Para 1824, el Perú se independiza del dominio español
en la batalla de Ayacucho, no sin antes haber pasado por distintos momentos claves para su liberación. En principio, es
necesario recordar que esta no fue solicitada, sino que formó parte de un proceso de emancipación en toda la región. En este
sentido, “fue más concedida que ganada” (Klarén, 2008, p. 160). Claro está que, durante todo el proceso de instauración de la
Colonia, fueron diversas las oleadas de rebelión en la población, previas al advenimiento de independencia, ello debido al
malestar producido por el aumento de explotación, así como a la fragmentación de grandes poblaciones indígenas a nivel
local.
La fragmentación en la población se mantuvo incluso hasta la llegada de los movimientos libertadores en Perú. La
participación popular en el movimiento de la independencia se dio para ambos ejércitos. Si bien ya no bajo líneas claras de
identidad étnica, sí se ejercían constantemente
luchas de poder que involucraron a diversos estratos sociales y grupos étnicos a nivel local, teniendo las características de
una guerra civil. Si bien es cierto que estos procesos se desarrollaron dentro de un aparente estado caótico, los caudillos
evidenciaron de una manera más o menos evidente los desacuerdos entre la relación de Estado y sociedad: En general, los
conservadores proponían un estado centralizado fuerte, políticas comerciales proteccionistas y el mantenimiento de la
configuración corporativa de la sociedad.
Pese a ello, ninguno de los bandos propuso un cambio drástico en las naciones pos independentistas. La población indígena
no tendría un cambio sustancial en sus condiciones de subordinación colonial, ya que ambas coaliciones compartían la ideal
soberana aristocrática: jerárquica, racista y elitista en la organización social. Ahora bien, años posteriores a estas revueltas, se
establece Lima como capital y centro clave del poder de la nueva República; sin embargo, esta tuvo que enfrentar una fuerte
contradicción que la subyacía y que se manifestaba en las diversas Constituciones, ya que, cuando se dieron los movimientos
libertadores en la región, el discurso que respaldaba las ideas revolucionarias de la soberanía popular estaba arraigado al de la
Ilustración europea del siglo XVIII: principios liberales de democracia, ciudadanía, propiedad privada, y derechos y garantías
individuales. La noción de soberanía popular no correspondía a la realidad sociopolítica de tres siglos de dominación
colonial. Más aún, la Nación imaginada por los criollos dejó de lado a la mayoría indígena y mantuvo hasta cierto tiempo
después características coloniales: “una sociedad altamente estratificada, jerárquica y sumamente desigual, creada sobre
diferencias fundamentales entre sus pobladores” (Klarén, 2008, p. 175). Esta contradicción en el discurso generaría que el
Estado se vea debilitado por el conflicto no resuelto entre dos paradigmas contrapuestos de legitimidad sociopolítica.

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