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La crónica poética de Drummond

Este documento presenta un resumen de un artículo periodístico que analiza la poesía de Carlos Drummond de Andrade. El autor explora cómo Drummond adoptó un estilo más periodístico y crónico en su poesía posterior para acercarse más al público general. También describe algunos poemas específicos que ilustran esta fusión de poesía y periodismo. Finalmente, analiza cómo Drummond lograba sorprender al lector a través del uso de metáforas que se materializan de manera inesperada.
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La crónica poética de Drummond

Este documento presenta un resumen de un artículo periodístico que analiza la poesía de Carlos Drummond de Andrade. El autor explora cómo Drummond adoptó un estilo más periodístico y crónico en su poesía posterior para acercarse más al público general. También describe algunos poemas específicos que ilustran esta fusión de poesía y periodismo. Finalmente, analiza cómo Drummond lograba sorprender al lector a través del uso de metáforas que se materializan de manera inesperada.
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UN POETA INVADE LA CRÓNICA

recordándole la condición humana”. por ejemplo, son poemas de la calidad gueante, ronco/ hecho de la impureza
No es gratuito, por lo tanto, afirmar de “A máquina do mundo” (“La máqui- del minuto/ y de voz con fiebre/ que gol-
que “Mallarmé agotó la taza de lo des- na del mundo”) o “Paisagem: como se pea/ esta guitarra destinada/ en el sue-
conocido” en el poema publicado en faz” (“Paisaje: como se hace”). Esto no lo, en el suelo”. Al preguntarse en ese
1984. Su opción fue otra. La del hecho, impidió, por otra parte, el excesivo sen- poema de A rosa do Pouo por la poesía
de lo trivial, de la crónica. No la opción timentalismo de su última poesía don- proliferan expresiones tales como “ur-
mallarmeana, siempre a un paso del si- de, de todos modos, irrumpían textos gente”, “rápido”, “con fiebre”. Expre-
lencio. Y tampoco la baudelairiana, como “Escrituras do Pai” o el ya cita- siones que sugieren “el calor de la
siempre en duelo con el lector. Drum- do “Cancoes de Alinhavo”. hora” del texto periodístico. “¿Podré es-
mond elige la ampliación a la vez que Es, fundamentalmente, con el ci- perar tanto el precio de la poesía?“, se
el estrechamiento de los lazos con el miento de la crónica que busca trans- preguntaba en el poema. Y la respues-
lector. Por eso la literatura en estado formar las “frases de piedra” (para ta funciona casi como una definición de
de crónica. Por ello, también, el uso usar la expresión de Joao Cabra1) de la duplicidad de la poesíacrónica del
consciente de dispositivos periodísticos, la poesía y rehacer, con una poesía- propio Drummond: “el canto rápido,
del cimiento de la prosa. Y si, con eso, crónica, los lazos rotos con el público zigzagueante”, “hecho con la impure-
trabajaba una relación mucho menos por la poesía “opaca” y “difícil” de la za del minuto”.
tensa de la de un Joao Cabral, por modernidad. Esto lo tematiza, con cier-
ejemplo, con el lenguaje corriente y con ta claridad, en “Mário de Andrade des-
las expectativas literarias de su tiem- ce a os infernos” (“Mario de Andrade
po, mantenía una exigente artesanía baja a los infiernos”): “De aquí a vein- “Um poeta invade a crônica” se publicó ori-
poética (véase, al respecto, el estudio te años: ¿podré/ esperar tanto el precio ginalmente en Folhetim (suplemento litera-
de Hélcio Martins sobre la rima en la de la poesía?/ Es necesario sacar de la rio de la Folha de Sm Paulo) el 21 de agosto
poesía de Drummond). El resultado, boca urgente/ el canto rápido, zigza- de 1987.

A LA SOMBRA MORADA DEL JACARANDÁ


S E V E R O S A R D U Y

C [Link] TERMINÉ EL elogio


de un pianista, por entonces más
de moda que en nuestros días, y que
y naranja, rosa y verde pistacho; los co-
lores fulgurantes del espacio abierto
del Brasil-, pueden recrear la alegría
vida y de su discurso poético. Por la
boca de un ángel autoritario surge, en
el descentramiento, la epifanía, o el
fascinaba con su técnica deslumbran- simple, la risa burlona o la gaucherie emblema astronómico inaugural del
te, Roland Barthes, por la noche en narrativa de los contadores de histo- barroco. Faltaba la ornamentación es-
el “Flora”, repuso, no sin cierta displi- rias, y al mismo tiempo la energía de plendente y meridiana de la mina.
cencia, que prefería a los ejecutantes su voz nómada, su proferimento al aire La figura esencial de esa retórica,
que comunicaban a la interpretación libre, en las plazas paradójicamente es- en que el contraposto deriva del exce-
la sorpresa 0 la inocencia -supongo cuetas del barroco brasilero, a la som- so de una torsión, es sin duda la inver-
que fingida- que sentía al descubrir bra morada del jacarandá. sión progresiva: el relato se vira al
la partitura un amateur: una falta vo- Esa gaucherie, que es la maestría po- revés como un guante y ello sin que el
luntaria de destreza, un asombro que pular, el saber empañado del pueblo, lector, en ningún momento, tome cons-
recuerda al de la primera lectura, lo es la de las minas, la de la provincia ciencia de la evolución; asiste al coup
torpe de un desciframiento. natal, Minas Gerais, eso que, materia- de théâtre como ríe en un estrado de
Se me ocurre ahora que Roland pen- lizado en una torsión, el Aleijadinho, marionetas del afectado desenlace ti-
saba, el anunciar eso que es toda una como si la lepra lo estirara en una hé- rado por los hilos.
ideología del hacer estético, en los me- lice borrominesca, imprimió a los Pro- En “Extraordinária conversa com
ticulosos análisis de Gould, en su Bach fetas, a los apóstoles imantados por el urna senhora de minhas relacoes”, el
silabeado, descubierto a cada tecla, di- cénit. El propio escultor, visto por primero de los contos de aprendiz, es
gitalmente fraseado, enfáticamente Drummond, no era más que “una an- un diálogo descosido, en un autobús,
lento. gustia personificada errando incansa- con una dama que vista desde arriba
Estoy seguro de que a Barthes le hu- blemente por los caminos del oro”. resulta irreconocible, un diálogo en que
bieran encantado los Contos de apren- En “Poema de sete faces”, de Algu- el narrador no responde a las pregun-
diz de Carlos Drummond de Andrade, ma Poesia, Drummond sostiene que un tas habituales más que con versos de
esas instantáneas que, sin renunciar al ángel torcido -la mano minera del Mallarmé y de Valéry, lo que se con-
prodigio técnico, a un lenguaje constan- Aleijadinho-, asistió a su nacimiento vierte, gracias a la visión profunda de
temente intenso y atravesado por con- y le ordenó la poca destreza, que él tra- los senos, en un verdadero éxtasis, en
trastes cromáticos violentos -morado dujo como el carácter excéntrico de su la felicidad misma de la comunicación.

Vuelta 136 49 Marzo de 1988


S E V E R O S A R D U Y /

En “A Doida”, otro de los cuentos, rio, se describen, en un paisaje mati- detrás de una fábrica en construcción”.
el niño malévolo, que viene, por puro nal y campesino, unos mosquitos; se Lo que hoy nos interesa, ante estos
placer mórbido, a apedrear, como lo habla del “hilo del sonido” que emi- simulacros de aprendizaje, que son en
hace toda la aldea desde siempre, la ca- ten, pero este hilo metafórico se lite- realidad bocetos de una maestría rei-
sa de la demente, se va adentrando raliza hasta convertirse en un pesado terada,, es que se trata, siempre, de una
paulatinamente en ella hasta quedar, elemento de la narración: “Los mos- anamorfosis, obtenida por un movi-
en un destartalado laberinto de soleda- quitos resistían a todo; el hilo de soni- miento de espiral; una línea girante
des y de trastos polvosos, frente a la do que emitían al volar, en un lento que no está programada, preestableci-
alienada. Y, en un gesto inexplicable, zigzag, tejía alrededor del lecho como da, sino que -se diría- sorprende al
decide no abandonarla nunca más, una cortina. La mano levantada des- propio contador, antes de sorprender a
acompañarla, sentado en la propia ca- garraba esa trama que se recomponía su público, a los que lo escuchan en un
ma inmunda, tras una barricada de ex- inmediatamente y que era tan insis- abigarrado coro.
traños muebles, hasta el momento de tentemente molesta que, si por suerte Ese movimiento se produce al hilo
la muerte. se callaba un momento, ese silencio he- de una metáfora ambigua -en las pa-
Antonio Cândido ha señalado otro ría, a tal extremo era inesperado. En- labras o en las situaciones-, que se
de estos mecanismos a la vez simples tonces el apuntador iba a despertar al presenta como un actor visiblemente
y eficaces, de extrañamiento. Las me- pasador y los dos hombres, al atrave- caracterizado para dar comienzo a la
táforas que se materializan, que coa- sar el río asistían en silencio al naci- ópera, y que se desenmascara osten-
gulan hasta suplantar la visión vero- miento del sol que, desde las ruinas de siblemente para conducirnos hasta el
símil, la supuesta realidad. En Beira- la otra orilla, despuntaba poco a poco final.

“0 RIO ESTÁ COMO 0 DIABO GOSTA"


E D M U N D OF O N T

0
CC RIO ESTA COMO o d i a b o inmanente que lo llevaría a cualquier de la vendedora de periódicos sin una
gosta”. Esta frase la leí al pie parte. Esto último guarda una signifi- pizca de “color local” o de coloquialis-
de una fotografía en la primera plana cación de la que hablaré después. mo barato. Los políticos, en ese Brasil
del Jornal do Brasil, a los pocos días Tampoco viajó en su propio país. El que intentaba dejar atrás la dictadura
de mi llegada a Río de Janeiro, en di- abandono de su ciudad natal, Itabira, militar, le tenían pavor. En las eleccio-
ciembre de 1980. Mostraba de espaldas en el accidentado estado de Minas Ge- nes para gobernador que se llevaron a
y con una tanga sumarísima a una ca- rais, fue el único movimiento que le de- cabo en 1982 se equivocó de candidato.
rioca, tal vez de 19 años. La muchacha jó una huella. Encontró en Río de Apoyó a una señora de triste memoria
se dirigía hacia la playa e inauguraba Janeiro que las montañas nacían del y connotación derechista, que perdió.
el verano en esa parte del Trópico de mar. Allí vivió siempre. Los últimos Muchos entonces recordaron que en los
Capricornio. años los pasó en la frontera entre Co- años 30 Drummond escribió poemas
La frase que acompañaba a la ima- pacabana e Ipanema, con dos playas políticos y dirigió, en 1940, “La Tribu-
gen pertenecía a una crónica de Carlos oceánicas a cuatro cuadras de su depar- na Popular”, órgano del Partido Comu-
Drummond de Andrade. Estaba consi- tamento en el séptimo piso de la Rua nista Brasileño.
derado ya el mayor poeta brasileño de Conselheiro Lafayete, número 60. Una noche lo despertó una llamada
este siglo. Tenía 77 años y había publi- Nunca aceptó el ofrecimiento del de Chico Buarque, que se encontraba
cado 33 libros de poemas y 19 de prosa. periódico de mandar recoger sus textos. cenando con el poeta Gutiérrez, emba-
Como es de imaginarse, la forma más Tomaba un autobús en la avenida At- jador sandinista, y quien le había ex-
fácil de encontrar al célebre poeta, era lántica y entregaba sus colaboracio- presado su inquietud por un editorial
a través de sus textos semanales. Era nes en el centro de la ciudad. Era fre- de Drummond. Los invitó a su casa,
muy difícil obtener una cita con él, si cuente verlo meditabundo, por la ave- donde discutieron hasta la madrugada.
no mediaba un asunto en común. nida Río Branco, entre la multitud; a Sin embargo, debemos recordar la bue-
Drummond no hablaba mucho de li- veces iba acompañado y en esas ocasio- na amistad que Drummond mantuvo
teratura. Extremadamente celoso de nes volvía invisibles a sus conocidos. siempre con Pablo Antonio Cuadra, el
su intimidad, atendía sin embargo las El director del periódico no sospecha- poeta nicaragüense director del perió-
llamadas telefónicas con infinita pa- ba que los paseos de Drummond, entre dico La Prensa, de oposición al régimen
ciencia. aparadores, bocinazos y embotella- de su país.
Nunca quiso viajar. Las contadas mientos, nutrían la materia de sus cró- Debo confesar que traduje poemas
ocasiones en que se decidió a salir del nicas. Con la capacidad de descubrir con la intención de acercarme a él.
Brasil fue a visitar a su hija Julieta. trascendencias significativas en hechos La oportunidad surgió el día en que
Su única hija significaba una fuerza banales, reflejaba las preocupaciones descubrí en un museo heroicamente

Vuelta 136 50 Marzo de 1988

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