Transformaciones del relato policial en AL
Transformaciones del relato policial en AL
De Rosso, Ezequiel
Manzoni, Celina
2009
L etS A
3 1 MAR 2009
u:' !
.15
4
Nuevos secretos:
transformaciones del relato poficial
en America Lati*na. 1990-2000
Tesista: Ezequiel DeRosso
DNI: 23510447
Directora: Dra. Celina Manzoni
Introducción
efecto, es nuestra hipótesis que una nueva tendencia literaria, verificable pero todavía
década del noventa del siglo pasado. Esta tendencia podría describirse, al menos
género policial.
esta tesis será entonces qué elementos, qué rasgos tienen estas novelas que permiten,
por un lado, que se las presente como policiales, y por otro, que sean posibles discursos
doble emplazamiento que nos interesa aquí. Por una parte, la posibilidad de fijar en los
textos que conforman nuestro corpus principal (Las islas, de Carlos Gamerro, El
disparo de argón, de Juan Villoro, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño) algunos
rasgos que nos permitan identificar sus operaciones discursivas como propias de la
década que nos ocupa. En efecto, el primer capítulo de la tesis está dedicado a indagar
las formas de la literatura de ficción en el período que nos ocupa. De ese trabajo, 'como
11
estudiamos (y que incluye tanto el corpus principal como otras novelas representativas)
puede relacionarse específicamente con uno de esos grupos, lo que aquí llamaremos
Por otra parte, estas novelas parecen tener como condición de posibilidad no
largo de la historia literaria del continente. En la medida en que los objetos genéricos
dependen para su existencia del acuerdo social, estudiar la valoración del género por el
campo literario nos permitirá explicar las condiciones genéricas que permiten esta
adscripción inestable. Esa historia nos permitirá distinguir los modos de lo policial que
realizan una serie de operaciones en tomo al género policial cuya recurrencia permite
formular nuestra hipótesis. Esas operaciones, aun cuando resulten, características, son
Liano entran en lógicas diferentes sobre las que aquí apenas haremos alguna mención.
La segunda parte de este trabajo ("Los textos") está dedicada al trabajo con él
corpus de referencia. Dado el tipo de operación que estos textos realizan con el género
policial el primer capítulo estará dedicado a precisar los elementos del género que nos
1
Independientemente de sus edades, la mayoría de los escritores que aquí estudiaremos son reconocidos
como "escritores de los noventa", es decir escritores cuya obra obró relevancia con el desarrollo de la
década (aun cuando entre sus fechas de nacimiento medie más de una década). Las únicas excepciones
son los escritores considerados en la segunda parte del capítulo 5. Se los ha incorporado al análisis porque
más allá de las edades, Prego, Liano y Taibo son también escritores que publican durante la década y sus
novelas pueden pensarse también como emergentes de la misma contemporaneidad.
2
Aun cuando lo "iberoamericano" (durante la década gana fama el sintagma "el territorio de la Mancha"),
pareciera ser uno de los rasgos característicos del período, este trabajo se ceñirá a las expresiones
latinoamericanas, en la convicción de que las condiciones de posibilidad de los textos que estudiamos se
explican mejor a partir de este horizonte de lecturas.
111
parecen más pertinentes para su análisis ("caso", "enigma", "secreto", "conspiración",
abducción", etc.). Así, en la medida en que resulta uno de los modelos narrativos más
invocados por estos relatos, a lo largo de la tesis le será acordada mayor relevancia a las
que puedan adscribirse) que a las historias de criminales, que también forman parte del
que exploran novelas como Ámphitryon, Las islas y Sueños digitales. En Las islas, el
caso policial que articula la trama termina revelando que las acciones y los discursos
relato policial permite estudiar la verdad como fabricación, pero también por ese
policial, parece sugerir que el objeto de estos relatos es el desajuste y la sospecha, antes
del relato policial. La relación entre estado y relato policial que formulamos en el
primer capítulo de esta segunda parte permitiría aquí un ajuste a partir del concepto de
"territorio". Las novelas que se estudian en la segunda parte de este capítulo (Nunca
de frontera, de Paco Ignacio Taibo II) exploran la relación entre poder político
El último capítulo explora los modos del relato policial en dos novelas de
Roberto Bolaño, La literatura nazi en América y Los detectives salvajes. Nos interesa
aquí el modo en que Bolaño emplea la matriz del género llevando más allá las
relación sospecha - verdad (que articulaba la lógica del género y de las novelas
estudiadas más arriba) para configurar un tipo de relato en el que la sospecha pareciera
permite pensar estas novelas de Bolaño como el último avatar de la novela policial.
y
Parte lo. Los pretextos
Algunas tendencias de la
narrativa latinoamericana
en los 90
1. El fin
momento de cambio. Ese cambio fue diagnosticado durante la década del noventa, aun
caso, lo que llama la atención, el punto del que aquí se partirá, es la proliferación de
estos diagnósticos.
momento que, al menos para quienes pertenecen al campo literario, pareciera ser capital
para entender el futuro de la literatura del continente. Martín Kohan se refería, en 2004,
Eso que antes quería obtenerse con los textos ("mi libro en las vidrieras") o a través de
los textos ("mi foto en la solapa de los libros") pasa a obtenerse sin los textos o con
independencia de ellos, como si el par escritura-lectura se desplazara al par publicación-
figuración, y hoy el objetivo a alcanzar por un escritor que se precie fuesen esas siluetas
de tamaño real que se distribuyen en las librerías con determinados lanzamientos
editoriales.
naciera". 3
Fuguet y Kohan se refieren a los cambios que durante la década del noventa
del libro que, si por un lado contribuye a reconstruir un campo de visibilidad para la
literatura latinoamericana (lo que hace que en toda Latinoamérica diversos lectores lean
Martín Kohan; "Ciertas desproporciones", en AAVV, Lo que sobra ylo que falta (en los últimos veinte
años de la literatura argentina).Buenos Aires, Libros del Rojas, 2004, pág. 140. Alberto Fuguet; "21
notas sobre la nueva narrativa", en Carlos Olivárez (ed.); Nueva Narrativa Chilena, Santiago, LOM,
1997, pág. 119. Un poco más adelante, Fuguet señala la condición central de este cambio: "la idea nació
en la editorial Planeta. Ellos fueron los inventores."
3
los mismos libros y se produzca un .efecto de "sincronía"), por el otro, dadas sus
en la década del 90, con la aparición, en 1993, del proyecto "Alfaguara Global" y la
Por esta vía vuelven a ganar espacio los concursos promovidos por editoriales
Latina de los ganadores. Roberto Bolaño y Jaime Bayly ganan el Premio Herralde,
Sergio Ramírez, Eliseo Diego ganan el premio Alfaguara, Ignacio Padilla el Premio
Primavera, Jorge Volpi y Gonzalo Garcés el Premio Seix Barral, etc. De golpe,
' Esta sincronía será uno de los factores que redundará, en el largo piazo, en la aparición de escritores
"latinoamericanos", antes que de escritores "nacionales". La emergencia de Roberto Bolaño como figura
clave de la segunda mitad de la década, por ejemplo, se debe en parte a este proceso.
Ver Jorge Fomet; Los nuevos paradigmas. Prólogo narrativo al siglo X\1, La Habana, Letras Cubanas,
2007.
6
Olivárez op. cit.. Burkhard PohI (en "El discurso transnacional en la difusión de la narrativa
latinoamericana" en Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, n° 604, oct. 2000) detalla las diferentes
instancias (antologías, premios, intervenciones públicas, festivales, etc.) en las cuales fue construyéndose
a lo largo de la década del noventa la imagen de una literatura "en español" que trascendiera los mercados
e identidades nacionales. Y también señala la disimetría que esconde esta transnacionalización: mientras
que el 70% del producto librero español se exporta a América Latina, la importación de libros
latinoamericanos sólo alcanza un 3% del producto total.
El
Pero el crecimiento metadiscursivo no se relaciona sólo con las operaciones del
que designe aquello que se percibe como novedoso, pero a la vez caótico. En 2000
Gustavo Guerrero afirmaba que "los años noventa prolongan y agudizan esta tendencia
enumeración o en una casuística" 7 A pesar de estos riesgos, han proliferado los nombres
que desde la crítica han intentado detectar alguna característica que logre aunar los
escritores de> ese decenio". 8 En 1997, Rodrigo Cánovas indicaba que la generación de
se insertan los "narradores nacidos en los sesenta" en México del siguiente modo:
Gustavo Guerrero; "La novela hispanoamericana en los años noventa: apuntes para un paisaje
inacabado" en Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, n° 599, mayo 2000, pág. 71. Cabe preguntarse,
claro, si el problema es la literatura latinoamericana o la mirada del crítico que, dado lo reciente del
fenómeno que estudia, no puede articular una mirada de conjunto. En este sentido, si se mira de cerca
cualquier momento histórico, se verá que toda pretensión de exhaustividad está de antemano condenada a
la casuística. La década del sesenta (el referente más cercano que invoca la crítica de la literatura
latinoamericana de los noventa), por ejemplo, difícilmente pueda describirse coherentemente si se
consideran a la vez textos como Cien años de soledad, Yo el supremo, y El precio del estaño. Es la
distancia temporal, el piadoso olvido lo que pennite pensar que un momento histórico puede reducirse a
un conjunto de variantes.
8
Raymond L Williams y Blanca Rodríguez; La narrativa posmoderna en México, Xalapal, universidad
Veracruzana, 2002, pág. 170.
Rodrigo Cánovas; "La novela de la orfandad", en Olivárez; op. cit.. Cánovas, además, delimita la
pertienencia de este concepto señalando que su inicio se ubica a mediados de la década del ochenta y
gana su esplendor durante la década de los noventa, lo que contribuiría a denominar a esta narrativa como
la de la "posdictadura".
"discapacitados para el talento, los más de los escritores nacidos en los cuarenta y
ejercicio del poder." Así, desde fines de los ochenta, "la ofensiva mediocridad de los
padres orilló a una alianza inédita y coyuntural entre hijos y abuelos".' 0 En 1998, Luz
A esta perspectiva se han sumado también los propios escritores. En 2004 Carlos
huérfana que parricida". 12 Ese diagnóstico, comprensible en escritores del cono sur, que
fueron formados con una literatura entre el exilio y la desaparición forzada de personas,,
señalaba que "nacimos en los sesenta los mexicanos que hace quince años quisimos
también habla de un malestar, de una necesidad por definir algo que se percibe como
nuevo, aunque no se lo pueda nombrar. Tal vez la mejor descripción de ese "sentimiento
cierta "sincronía" entre autores de diferentes puntos del área; muchos escritores
sus contemporáneos". 14
Lo que no parece quedar claro es qué es lo que une todas esas escrituras, en qué
consiste esa sincronía. En efecto, tanto para la crítica como para los autores, parece
persistir la sensación de un vacío. Se trata, claro, de una impresión difusa, pero que
permea los textos sobre la literatura producida durante la década. Ese vacío define los
modos en los que se habla de estos textos. Algo "falta", y esa falta define por negación
estas escrituras. De ahí que todos los nombres que hemos enumerado persistan en la
definición negativa. Los escritores que comienzan a publicar durante la década del
noventa tienen evidentemente una identidad, pero esa identidad "no es" algo: les faltan
Por otra parte, y como ejemplo de esa misma autoconciencia que señalábamos
14
Fomet, op. cit, pág. 15.
15
Beatriz Sano para el caso argentino habla de los escritores surgidos en los últimos años del siglo en un
artículo elocuentemente titulado: "La novela después de la historia. Sujetos y tecnologías". Jorge Fornet
señala que los escritores cubanos que comienzan a publicar durante la década: "son los primeros
narradores posrevolucionanios, pues el proceso y el destino de la revolución no parece preocuparles" (en
Fomet, op. cit. pág. 96). Una excepción notable son los artículos compilados por Celina Manzoni en La
fugitiva contemporaneidad, que enfatizan la idea de errancia, transterración y exilio como forma de
pensar la literatura contemporánea. El trabajo que sigue puede leerse como una parte de las reflexiones
iniciadas en ese proyecto de investigación.
16
Intentaremos entonces señalar qué hacen, qué saben, qué precursores detentan estos textos. Esto no
significa que no existan cualidades negativas, sino antes bien, que se intentará delimitarlas, hacerlas jugar
en un claroscuro con los rasgos que estos textos afirman. De todas maneras, quienes nos dedicamos a
estudiar la contemporaneidad estamos permanentemente amenazados por la figura de freneo Funes,
impedidos de pensar por estar demasiado atentos a los detalles del objeto. En efecto, las observaciones
7
2. La euforia
Partiremos aquí de dos manifiestos o, mejor, de dos textos que fueran leídos
como manifiestos. Dos motivos relacionados con la entidad genérica del manifiesto,
que conforman las historias de la literatura. 17 Suele ser, por supuesto, el momento en
pleno". Y, sin embargo, a diferencia de otros textos, los manifiestos también proponen
poética; pero esta temporalidad fuera del devenir de una serie escrituraria no puede
lanza al futuro.
El primer motivo que nos lleva a este análisis es, entonces, la afirmación
polémica del manifiesto. 18 Ante las carencias con las que los mismos escritores se
que preceden no nos eximen de sostener una mirada equivalente. En todo caso, lo que se intentará a
continuación es un reordenamiento de los rasgos que todos estos textos han señalado, en la intención de
dar coherencia a estos panoramas. Queda en el lector evaluar el éxito de la operación.
17
Para la oposición entre "cronos" y "kairós", ver Frank Kermode, El sentido de un final, Barcelona,
Gedisa, 1983 (p. 53) y Giorgio Agamben; "Tiempo e historia", en Infancia e historia, Buenos Aires,
Adriana Hidalgo, 2001 (pp. 129-155).
18
Esta afirmatividad propia del género no significa que, cuando se trata de textos contempóráneos la
defmición negativa no tenga su lugar. En "Presentación del país McOndo", por ejemplo, se señala como
divisa la leyenda que promocionara un libro anterior de los antólogos: "un nueva generación literaria que
es post-todo: post-modernismo, post-yuppie, post-comunismo, post-babyboom, post-capa de ozono"
19
Característicamente, el juicio vanguardista "sienta una oposición", antes que una "posición", como
señala Rafael Cipolini (en "Apuntes para una teoría del manifiesto", Introducción a Manfl estos
argentinos .Políticas de lo visual 1900-2000, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2003). Esa oposición no es,
sin embargo, una negatividad: es la denuncia del conflicto entre dos positividades.
8
sobre el pasado y el presente tendrá verdadero peso. Pero, a la vez, la lógica
construcción en el vacío, que intenta reordenar un campo y una tradición a partir de una
primera persona del plural, que se propone como una novedad y que, por lo tano, no
imprecativo) como en su objeto. Radica aquí el otro motivo por el que interesan los
manifiestos producidos durante la década del noventa: qué se pone en juego cuando se
apela a la novedad, a qué valores apela esa novedad y, eventualmente, cómo se articula
Estudiaremos dos textos que, leídos como manifiestos, concitaron la atención del
campo literario latinoamericano. 22 Intentaremos ver qué juicios y qué promesas hicieron
el "Manifiesto Crack" y la "Presentación del país McOndo". Intentaremos luego ver qué
20 En la medida en que el hastío y la decadencia de los viejos modelos son lo ejes del argumento del
manifiesto, el cumplimiento de la promesa es inevitable, si se cree, como cree el manifiesto, que el
cambio es la lógica que rige la serie estética.
21
0, lo que es lo mismo, debe ir a buscar a las zonas marginadas por la tradición sus "verdaderos"
precursores. Para un desarrollo del concepto de tradición y reconfiguración en el contextos de las
vanguardias latinoamericanas, ver Hugo Achúgar, "El museo de la vanguardia: para una antología de la
narrativa vanguardista latinoamericana" en Hugo Verani; Narrativa vanguardista hispanoamericana,
México, UNAM, 1996. Pp. 7-40.
22
Ver Fornet, op. cit.; Eduardo Becerra, "Momento actual de la narrativa hispanoamericana: otras voces,
otros ámbitos", prólogo a Líneas aéreas, Madrid, Lengua de trapo, 1999 y Edmundo Paz Soldán; "El
escritor, Mc0ndo y la tradición", en The Barcelona Review, n° 42, mayo-junio 2004. Consultado on une
([Link] el 9/12/08.
sucede con esas promesas en los textos asociados a los manifiestos. Tal vez sea
compilación y prólogo fueron realizados por Alberto Fuguet y Sergio Gómez (dos de las
del país McOndo" establece un criterio de selección: "Optamos por establecer una fecha
de nacimiento para nuestros autores que nos sirviera de colador y acotara una
experiencia en común". Las fechas son 1959 (la revolución cubana) y 1962 (año en que
la televisión llega a Chile y a otros países). Algunos ejemplos: Rodrigo Fresán, Juan
Estos límites indican un criterio, una política literaria que el prólogo desplegará:
los 18 autores antologados) no cumplan con el requisito (la mayoría nació después) y de
23
Fornet, exuberante en sus referencias, homologando la importancia de ambos textos (y sugiriendo que
uno es la contracara del otro) afirma que ambos manifiestos "encaman la lógica cultural del
neoliberalismo latinoamericano." (Fornet, op. cit. pág. 34).
24
La "Presentación..." en Alberto Fuget y Sergio Gómez; McOndo, Barcelona, Grijalbo Mondadori,
1996. El prólogo está datado en marzo de 1996. Aun cuando Fuguet y Gómez escriben que estos
escritores "no se sienten representantes de alguna ideología y ni siquiera de sus propios países", parece
posible leer en filigrana cierta idea de "generación" o "tendencia", si no de "movimiento". De hecho, así
fue leído en su aparición, ver Raquel Olea, "La niña sudaca irá a la venta", Soledad Bianchi, "De qué
hablamos cuando decimos Nueva Narrativa Chilena" (ambos en Carlos Olivárez, op. cit.), Eduardo
Becerra, op. cit. y Gustavo Guerrero, op. cit. Una lectura polémica de la "Presentación..." como
manifiesto puede leerse en las declaraciones de David Toscana a Daniel Centeno en "Sudamericana
encuentra su plaza" (on une en [Link] [Link], consultado
el 17-12-08): "A mí no me agradó el prólogo del primer libro, porque parecía un manifiesto de los
escritores que aparecían en el volumen. La mayoría de los autores no comulgábamos con el mismo. Una
cosa es que te inviten a una antología y otra que te prologuen y hasta que hagan parecer que todo eso tiene
que ver contigo."
10
que el prólogo así lo indique no hace más que comprobar el gesto que esta acotación
temporal parece esconder. Estas fechas, én efecto, más que actuar como "colador",
El prólogo Mcündo sostendrá dos premisas que verifican esta hipótesis. Por un
lado, se dice:
pregunta por la identidad individual son formuladas como antítesis, antes que como
otros períodos de la historia del continente), sino que las preguntas (las identidades) se
oponen entre sí diacrónicamente. Es, entonces, una pregunta del pasado "quiénes
25
Contra lo que podría imaginarse, esta descripción no es necesariamente celebratoria. Aún así, muchas
lecturas de la "Presentación" y del libro entero condenaron esta perspectiva que se querría la de los
autores. Antes que eso, sin embargo, habría que reflexionar sobre el tono ambiguo de estas declaraciones.
Esta ambigüedad, señalada por muy pocos críticos (entre ellos Ana María Amar Sánchez en "Entre el
placer y la decepción. Romance, melodrama y rock & roll", incluido en Juegos de seducción y traición.
Literatura y cultura de masas, Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 2000), será central en la enunciación de los
textos asociados a McOndo. Haciéndose eco de estas críticas, y en la misma vena, en 2004, Jorge Volpi,
miembro prominente del crack, imaginaba un historiador de la literatura latinoamericana que en 2055
declarara que su generación "se encargó de eliminar para siempre la identidad de la narrativa hispánica."
(Jorge Volpi, citado por Fomet, op cit., pág. 14).
11
unión que cientos de tratados o foros internacionales. De paso, digamos que McOndo es
MTV latina, pero en papel y letras de molde.(l 8)
La ironía, que roza el cinismo, se transforma en el otro poio del arco construido
por el prólogo: la televisión como el fin, la síntesis, de las utopías políticas. 26 Entre la
Estas dos citas, además, nos permiten explorar otro sentido de la política. En el
televisión y la literatura sólo existe una diferencia de soporte. Y entonces, lo único que
definen tanto a los amigos como a los enemigos. Se trata de diferenciarse del "realismo
horizonte sobre el que se establece la diferencia es, claro, el de los temas y motivos del
"realismo mágico":
En nuestro Mcündo, tal como en Macondo, todo puede pasar, claro que en el nuestro,
cuando la gente vuela es porque anda en avión o están muy drogados. Latinoamérica, y
de alguna manera Hispanoamérica (España y todo el USA latino) nos parece tan realista
mágico (surrealista, loco, alucinante) como el país imaginario donde la gente se eleva o
predice el futuro y los hombres viven eternamente. Acá los dictadores mueren y los
26
La idea de que las utopías tanto políticas como estéticas se han cumplido en la expansión de los medios
masivos es una tesis típicamente posmoderna que, con más seriedad y alcance, han formulado teóricos
como Gianni Vattimo (cfr. La sociedad transparente, Barcelona, Paidós, 1990).
12
desaparecidos no retornan. El clima cambia, los ríos se salen, la tierra tiembla y don
Francisco coloniza nuestros inconscientes. (17)
verdad de las cosas, es urbano (más allá que sus superpobladas ciudades son un caos y
"vender" una imagen del continente, sino vender una imagen "poco verídica" del
mercantil de McOndo. 28. Por una parte, "la inspiración más cercana" es otro libro,
publicado en Chile: Cuentos con walkman que, se consigna, "ya lleva más de diez mil
ejemplares vendidos" (12). Por otra parte, se cuentan las tareas de recopilación y
Recién ahora algunas editoriales es están dando cuenta de que eso de escribir en un
mismo idioma aumenta el mercado y no lo reduce. Si uno es un escritor latinoamericano
y desea estar tanto en las librerías de Quito, La Paz y San Juan hay que publicar (y ojalá
vivir) en Barcelona. Cruzar la frontera implica atravesar el Atlántico. (13)
27
Raquel Olea comenta airadamente este fragmento en "La niña sudaca irá a la venta", Olivares (ed.), op.
cit,.pág. 39.
28
Ni la preocupación por la mirada europea (o, como se verá, norteamericana) ni la preocupación por la
circulación de los libros en el mercado es novedosa. Para ejemplos, basta con pensar en el boom de los
sesenta. Sí podría decirse, sin embargo, que lo novedoso de McOndo es la inscripción gozosa en el
horizonte de la mercancía.
13
Gómez y Fuguet lo lograron: McOndo se publica en Barcelona, editado por
Mondadori. Así, en el prólogo a Mcündo hay menos una denuncia que una expresión de
deseos. 29
cómo el libro surgió del prejuicio de las universidades norteamericanas, que pedían a
porque si no, cuentan los autores, "bien pudieron ser escritos en cualquier país del
Primer Mundo". Así, se lee: "Lo que pretendemos ofrecerle al público internacional
las condiciones de circulación de los bienes en el mercado. Es, también, una identidad
narrativa construida en la diferencia con el "boom" de los sesenta, de manera tal que la
literatura latinoamericana se presenta como un gran hiato entre los sesenta y los
29 La aguda percepción de Fuguet y Gómez no acaba allí. En la página 13 afirman: "Sabemos que muchos
leerán este libro como un tratado generacional o como un manifiesto. No alcanza para tanto." Doce años
después, cuando escribo esta nota al pie, siguen sin equivocarse.
30
Sobre la sincronía de McOndo con otras tendencias contemporáneas, no puede dejar de seflalarse aquí
la inclusión de escritores españoles del "territorio de la Mancha". Esa transformación de Latinoamérica en
Hispanomérica resulta contradictoria en la textura del prólogo, que insiste en referencias culturales a
América Latina y, sobre todo, al realismo mágico, cuya influencia no es equivalente en España y en
América Latina. Como otros fenómenos de la década (la consolidación del neopolicial
"hispanoamericano", por ejemplo) el intento de integración en la lengua está a la orden del día. Resulta
lógico entonces que pocos años después, en 2000, Fuguet y Edmundo Paz Soldán (otro escritor
antologado en McOndo) hayan editado Se habla español, una antología de cuentos latinoamericanos que
suceden en Estados Unidos. Publicado en Miami, el libro expande la idea literatura latinoameriacana a
una especie de panamericanismo que fatalmente, como su nombre lo indica, excluye a Brasil y a las
naciones de habla francesa.
14
Lo primero que se lee, lo primero que han leído muchos lectores, es la referencia
a la cultura mediática contemporánea. 3 ' Sin embargo, estas referencias, aunque existen,
son mucho menos ostensibles de lo que a primera vista podría suponerse. No sólo
Jordi Soler o "El vértigo horizontal" de Juan Fom), sino porque, a diferencia de lo
de un personaje con estas palabras: "Adrián hizo tilt y Pablo tuvo que forzarlo dentro de
"Yo me afeité, me bañé, me puse mi ropa de conseguir laburo —mucho negro, gel,
Diego" de Jaime Bayly, el narrador cuenta: "una noche tarde, después de Letterman, le
leí un cuento que había escrito en Madrid." (231). Más evidéntes son las menciones de
verosimilizador: "El barullo de la música llega nítido, es Julio Iglesias, José Luis
Rodríguez u otro similar" (Rodrigo Soto: "Sólo hablamos de la lluvia"). "Me dice que
Fue a ver La lección de piano; le pareció horrible, casi vomita." (Martín Rejtman, "Mi
personajes y, por lo tanto, operan como mediaciones entre espacio público y privado. 32 .
31
Ver Amar Sánchez, op. cit. y Rodrigo Cánovas, op. cit.
32
Como se verá, estos nombres activan modos específicos de la referencia y tienden a producir un lector
cómplice. Por ejemplo, un individuo que pueda entender qué "otro similar" puede completar una serie
compuesta por un cantante romántico español y un cantante pop venezolano. A la vez, un sujeto que no
necesite de otros datos para comprender de qué se está hablando cuando un personaje afirma que no le
gustó La lección de piano. Sobre los modos de la referencia, ver mfra.
15
Pero el impacto de los medios se articula en McOndo con otro sentido de "lo
universo laboral. Más aún, en la mayoría de los textos, el espacio público en tanto que
tal no existe: los intercambios se dan en espacios privados (autos, casas) o bien en
espacios públicos limitados (fiestas, boliches). Por otra parte, cuando el espacio público
los textos de Rodrigo Soto y Santiago Gamboa). En ese horizonte quienes trabajan,
quienes salen a la escena pública, son todos personajes relacionados con el mundo de
Valencia), de la televisión ("La gente de látex" de Naief Yehya), de los diarios ("Gritos
aparece, o bien atravesado por la referencia mediática, o bien como producto del trabajo
escritores como José Agustín o Gustavo Sáinz, en México, Antonio Skármeta en Chile o
década del sesenta y setenta con relatos sobre jóvenes, atravesados por referencias a la
cultura pop asentada en los medios. Sin embargo, ahí donde los jóvenes personajes de
33
Ana María Amar Sánchez (op. cit.) ha reflexionado sobre esta mediatización de lo público en McOndo.
34
Sobre la falsa novedad del prólogo, ver Bianchi y Fomet. Por lo demás acusar de ignorancia y
banalidad a textos altisonantes como la "Presentación", es el gesto característico de la crítica frente a los
manifiestos.
ffel
los sesenta y setenta reivindicaban la cultura pop como rebeldía, los jóvenes de McOndo
asumen la cultura de masas sin énfasis, como un dato inescapable de la experiencia. Por
otra, ahí donde los personajes de la Onda eran consumidores de la cultura de masas, los
redactores de publicidad, profesionales del taik show, los personajes de McOndo han
pasado del otro lado del espejo, y las promesas que el rock y el pop hicieran a las
el narrador de "Extrañando a Diego" describe a su objeto de deseo: "Se veía lindo con
sistema." (223). En verdad, todos los relatos de McOndo exhiben el hastío frente a una
como ironía) de la que parece imposible escapar, pero a la que no se le pueden oponer
otros marcos de referencia. En este sentido, antes que adolescentes rebeldes, los
En este sentido, si llegar a los treinta era el punto de inflexión que los jóvenes de las
narrativas de los sesenta querían a toda costa evitar, el relato de McOndo comienza ahí
37
donde terminaban aquellos.
35
Casi todos los protagonistas de los cuentos de McOndo se sienten viejos teniendo todos menos de
treinta años. Todo sucede como si para estos personajes el mundo de las responsabilidades adultas los
hubiera tomado por sorpresa. En este sentido, Rodrigo Cánovas (op. cit., pág. 25) señala, para el caso de
Mala Onda (de Fuguet) y Vidas ejemplares (de Gómez), novelas capitales de lø que podría llamarse
"narrativa de McOndo", que sus protagonistas son "imberbes maduros".
36 La diferencia con la narrativa de la Onda puede registrarse en este comentario de Jorge Ruffmelli: "La
tumba y Gazapo se presentan como una literatura irreverente. Con respecto al mundo adulto, suponen un
reto de rebeldía, y su lenguaje y contenido ideológico un acto de parricidio camuflado" ("Sainz y Agustín
en su contexto", en Crítica en Marcha, México, Premiá, 1979, pág. 185).
37
Margo Glantz, en "La onda diez años después" (incluido en Esguince de cintura, México,
CONACULTA, 1994) señala que los relatos de la onda cuentan una iniciación equívoca: "El joven de la
17
2.1.2. Pleno / Plano: La parataxis
modos de vida como puede leerse en los textos de Valencia, Foru, Paz Soldán, Baily,
Yehya, Soto), o bien el texto es completamente una sucesión de anécdotas cuya ilación
Fuguet). En el límite los textos casi dejan de ser narrativos: Fresán, Soler y Gómez
firman textos en los que la pulsión narrativa se articula con la especulación ensayística o
con la forma dialogal. Así, la narración plenamente articulada es reemplazada por una
articulación laxa en la que la trabazón narrativa (que es tanto una articulación temporal
como una articulación lógica) se deshace. 38 Antes que una sintaxis narrativa, se lee una
causalidad. En "La vida está llena de cosas así", Clarita, una muchacha bien de Bogotá,
equivocado y en un barrio periférico es asaltada por una turba que pretende llevar a una
descubre que el hombre que atropelló no sólo es epiléptico, sino que además es un
onda es un héroe ( ... ) pero dentro de una sociedad devaluada, donde la iniciación se propicia sin sentido,
y donde entrar a formar parte del mundo adulto es denigrante. Entrar al establishment, cumplir treinta
años, es la recompensa de la iniciación". (pág. 254).
38
Tomamos aquí como referencia (de la vasta bibliografia que se ha elaborado sobre estas relaciones),
"Los dos principios del relato", de Tzvetan Todorov (en Los géneros del discurso, Caracas, Monte Avila,
1991) y "La descripción, ¿una competencia específica?" de Philippe Hamon (en Introducción al análisis
de lo descriptivo, Buenos Aires, Edicial, 1991). Para un desarrollo de esta cuestión y sus consecuencias
para la articulación ideológica de estos textos, ver mfra.
18
asesino a sueldo que iba a asesinar a su vecino cuando ella lo llevó por delante. Esta
estructura abierta produce, por una parte, un efecto de fluidez de la anécdota, en la que
"continuo fluyente", que podría incluir múltiples episodios entre la primera y la última
frase o, eventualmente, no terminar nunca. Por eso, más allá de que los narradores
los episodios que se relatan están débilmente articulados tanto con el pasado como con
temático más evidente de estos textos sea el viaje. 40 Al final de este recorrido, sin
embargo, no hay ninguna epifanía, ninguna iniciación que se cumpla. En el mejor de los
relato concluye con la inminencia de una revelación. 41 Condenados a errar por espacios
39 Adorno, comentando la poesía de Holderlin señala ambos rasgos como efectos de la estructura
paratáctica. Ver Theodor Adorno; "Parataxis", en Notas sobre literatura, Madrid, Akal, 2003.
40
La importancia del viaje está sugerida en la "Presentación del país McOndo": "En estos cuentos hay
más cepillado de dientes y excursiones al campo ( ... ) que levitaciones, pero pensamos que se viaja
igual."(19) No es sólo oportunismo entonces la preparación, en 2000, de Se habla español. Voces latinas
en USA, en el que dos miembros prominentes de McOndo (Fuguet y Paz Soldán) compilan relatos de
latinoamericanos en USA (ya el hecho de que se escriba USA antes que EEUU sugiere la mezcla de
lenguas que será la piedra de toque de la antología). La pulsión del viaje y la extranjería lograrían aquí su
punto culminante. Por lo demás, allí se marcan los límites de escritores como José Donoso y Carlos
Fuentes a la hora de imaginar Estados Unidos, y se reivindica la figura de Puig. Esa expresión de deseos
se logra en muy pocos textos de la antología, justamente porque el modelo formulado en McOndo es
todavía fuerte. Se habla español es de todas maneras una antología mucho más amplia que McOndo, y en
este sentido encontrar líneas unificadoras es más dificil que en McOndo. Ver mfra.
41
Si bien es posible afirmar que esta deriva ha caracterizado la literatura de "jóvenes" en América Latina
(Skármeta, Sainz, Caicedo), lo que distingue estas escrituras es la ausencia de alegría en el recorrido.
Antes que viajar porque se quiere descubrir el mundo, porque se es joven, estos relatos postulan la deriva
como una fuga que no tiene fmal a la vista.
19
"cuando subimos las gradas todavía nos grita que nos divirtamos, que nos divirtamos y
que la pasemos bien; Lourdes se voltea y yo tras ella y la gran sonrisa en el rostro del
lee: "Habló del pozo quedaba en la cama al levantarse, del sonido de la propia voz en el
contestador automático, del aspecto de esos cepillos de dientes muy usados, cuando las
cerdas están completamente combadas hacia fuera". Como puede verse, la secuencia
suma elementos disímiles y los articula por medio del asíndeton y el polisíndeton,
lista.
atenta, sino antes bien [Link] plano de la experiencia, una falta de profundidad. Ese
concepto plano se daría a leer como un retorno del realismo, como un empobrecimiento
la literatura para dar sentido pleno al mundo. En el mismo sentido funciona el contenido
de estos textos: los personajes no se encuentran ante ningún momento "decisivo" de sus
este modo la poética que guía el relato: "Siempre enfatiza la causa y el efecto final,
nunca entra directamente en la anécdota, pero igual nos envuelve con ese lento
42
Esta falta de énfasis se construye también en la voz narrativa. Ver mfra.
43
Adorno (op. cit.) sugiere que la aparición de la parataxis es efecto de una desconfianza de toda
posibilidad de síntesis. De ser así, estos relatos se inscriben irónicamente en el realismo, uno de los
principales modelos de síntesis que conociera la modernidad. Esa relación con el realismo puede leerse en
los escritores del boom que reivindica la "Presentación
...... La lista excluye a García Márquez (aunque,
como el título de la antología sugiere, este rechazo es fundamentalmente irónico) e incluye a Puig,
Borges, Onetti, Cortázar y Cabrera Infante. Lo único que tal vez pueda articular a todos estos autores en
una misma secuencia (además de su discutida pertenencia al boom) es la formulación del espacio urbano
como horizonte temático. De todos ellos, quien resulta recurrente en textos posteriores (de Paz Soldán,
20
Así, el estilo de McOndo apela a una desjerarquización en la que la frase se torna
textos porosos, pasibles de ser captados por el azar o la sorpresa. El hecho de que la
debería opacar este rasgo constitutivo, que, como veremos se opondrá a las firmes
estructural, los relatos de McOndo oponen una voz obsesiva que, concentrada en la
Esta parataxis suele articularse con uno de los rasgos fundamentales de los
primera persona o bien como tercera persona focalizada) obsesivo. 44 Esto ocurre entre
otras cosas porque en la medida en que la estructura narrativa de estos textos es laxa y
infmitas variaciones de lo mínimo: los elementos constitutivos de una buena fiesta (en
el texto de Fresán), los chismes que se cuentan dos jóvenes que no han sido invitados a
un casamiento (en el texto de Gómez), los detalles de la incursión en una discoteca (en
Fuguet, Escanlar, Baily, Valencia) es Vargas Llosa, quien siempre se ha reconocido escritor realista.
Comparar la complejidad de voces y la trabazón "significativa" de los relatos del escritor peruano con la
univocidad y laxitud de los relatos de McOndo tal vez ilumine los modos en los que la antología
interviene en la escena literaria contemporánea.
44 Los relatos de Mc Ondo, salvo "La mujer químicamente compatible" de Soler, se caracterizan por el
foco único, correlativo de la "simplicidad" de su estructura lineal.
21
el texto de Juan Ángel Mañas y Antonio Rodríguez). Esa expansión del detalle
que se cuenta es tan importante como recuperar las cintas de video de las clases de
la misma importancia que los encuentros sexuales del narrador. Así, se trata de focos
es alguien ajeno a aquello que describe: una muchacha de familia bien perdida en un
barrio pobre de Bogotá, un chileno recién divorciado perdido Estados Unidos, un adulto
joven reflexionando sobre las fiestas adolescentes. En todos los casos, historias de
extranjería en las que los textos enfatizan la excepcionalidad del narrador (a Clarita le
advierten que no tome por cierta calle, a Pablo, su hermano le señala una y otra vez la
inconsistencia de sus actos). No hay, por lo tanto, un narrador "típico" en estos relatos.
quienes debieran ser sus pares (la clase, la generación, la familia). El narrador de
Me fui sin saludar. Me gusta irme así de los lugares, de las vidas. Así es como va a ser
cuando te mueras, no te vas a despedir de nadie, vas a dejar clavado a todo el mundo, no
vas a tener que dar explicaciones de nada. Así me fui de la radio, así me fui del diario,
así me fui de Lucía, así me fui de Pichuco. Todos me decían 'encará, no seas cagón'. ¿Y
yo qué mierda tengo que encarar? 46
45 Amar Sánchez (op. cit.) señala que este rasgo de extranjería relaciona a estos narradores con la
p6erspectiva que los medios tienen sobre la realidad.
El fragmento es excepcional no sólo por la nitidez con la que se formula el desarraigo del narrador, sino
por su tono desafiante. Los protagonistas de McOndo, sin embargo, antes que ser cínicos, son individuos
desconcertados. De ahí que sea característico de los relatos asociados a Mcündo el tono distante (que se
articula con la desjerarquización): los narradores parecen derivar en intensidades que ya no tienen la
22
Las novelas de los escritores asociados a McOndo también se caracterizan por
generacional no alcanza a constituir un narrador. No hay aquí "nativos" que toman por
focos se asemejan a la mirada del antropólogo antes que a la del indígena. Nos
"Presentación...". Pero como se verá, esta oposición, que se registra en lo que la voz
misma voz hace. En efecto, esta extranjería no produce una traducción, sino un
desacomodo. 48 Los textos de McOndo están escritos en una lengua que remeda la
relaciona con otros rasgos que hemos señalado, una configuración específica del lector
Por una parte, ya lo hemos visto, los textos de McOndo postulan un lector sabio
expliquen quién es Ned Flanders (en el caso del texto de Toscana) o qué es un Big Mac
(y un Mac Chiken [sic], en el caso de Rejtman). Ese uso de la lengua genera una
complicidad que, en la medida en que los textos refieren a individuos extrañados del
forma de la emoción (o de la narración). Por eso, como ha afirmado Rodrigo Cánovas (en Novela chilena,
nuevas generaciones, Santiago, Universidad Católica de Chile, 1997, pág. 78) los textos relacionados con
McOndo son también relatos "desinyectados de afecto".
rasgo separa nítidamente McOndo de la Onda y de otros relatos sobre jóvenes: no estamos aquí
frente a un narrador típico, que representa el habla de una generación. Tal vez la diferencia radique en un
cambio de referentes literarios: de Salinger a Bret Easton Ellis.
48
Esa enunciación "de traducción" ha sido señalada en otros relatos contemporáneos, notablemente por
Celina Manzoni para La virgen de los sicarios (en "Fernando Vallejo y la traducción como metáfora en
La virgen de los sicarios", en Boletín de reseñas bibliográficas, Buenos Aires, Instituto de Literatura
Hispanoamericana, N° 9/10, 2006). El emplazamiento y la vulgaridad de los saberes que exhiben los
relatos de McOndo, impiden homologarlos a los de Vallejo, pero sin duda permiten pensarlos como dos
formas de un relato de época en que la realidad se ha tomado opaca.
23
mundo, aísla al narrador en la compañía del lector. Esto es: los narradores de McOndo
trasmiten su desarraigo para aquellos que puedan entender los guiños de la prosa. Esa
un intercambio que probablemente diga menos sobre el mundo de fin de siglo que tan
Por otra parte, la lengua de McOndo no sólo es una lengua joven, sino que su
uso es localista. En "Extrañando a Diego" se lee: "Manejó rápido. [...] Llegó a mi depa.
Cuadró. Apagó el motor. Subimos a mi depa. No bien entramos, nos besamos." (226).
En "La noche de una vida dificil", Sandro increpa a Roberto: "Por eso te tardaste en
salir? ¿Le estabas cobrando al pinche Flanders? Yo pensé que te lo estabas agarrando a
(210). En "La vida está llena de cosas así", Clarita "Colgó afanadísima sin poder hablar
con el papá, pensando que llamaría en otro momento. Luego la ayudaron a subirlo al
en que se construye un lector específico y local para cada relato (aquellos que sienten
49 De ahí proviene la ambigüedad que críticos como Ana María Amar Sánchez han detectado en los
textos. En la medida en que la simetría se expande, la enunciación gana lugar por sobre el enunciado y así
resulta más importante el reconocimiento de la cita qué el referente. Quienes se ven excluidos de ese
reconocimiento no pueden dejar de ver en McOndo una exhibición de la banalidad de los modos en que la
juventud vive su vida. Quienes, por el contrario, registran el reconocimiento, perciben una celebración de
las referencias. La articulación en Mcündo de múltiples relatos (y, por lo tanto, múltiples horizontes de
referencia para "la juventud") redunda en la producción a la vez de los dos efectos, por lo cual es dificil
discernir silos textos celebran esa banalidad o la denuncian.
50 El despliegue del uso local de la lengua es todavía más evidente en novelas asociadas a Mcündo como
Mala onda de Fuguet o Estokolmo, de Escanlar.
51
Así leen McOndo por ejemplo Burkliard PohI (op. cit.) y Sylvia Saítta (en Lo que sobra yio que falta,
op. cit.)
24
que el enunciador habla en un entre-nos, en el que las referencias culturales y los usos
de la lengua son los propios, sin posible traducción) y a la vez un lector para el que
todas los otros usos de la lengua son curiosos, si no incomprensible. Así, como señala el
prólogo intentando articular a los escritores españoles con los latinoamericanos: los
escritores españoles recopilados "pueden hablar raro (de hecho, todos hablan raro y
referencia, la urbana; y a la vez (pero esto apenas se sugiere) porque hace ingresar la
que no puede menos que sentirse a la vez, propia y ajena en virtud del efecto de la
similar al del boom, pero debería recordarse que se trata aquí de una segmentación por
lenguas loales lo que produce a la vez el mismo efecto en España (objetivo primordial
asuntos de los relatos de McOndo. Así, el estilo que pregonan los textos de McOndo es
25
tiempo que sugiere que esa identidad se vive como descentramiento y fragmentación de
la experiencia. Tal vez esa tensión pueda explicar la doble lectura (la alarma de los
trata de cinco textos breves firmados por cinco jóvenes escritores mexicanos y se leyó.
53
durante la presentación en la ciudad de México de cinco libros del "movimiento".
diferencia radical con el prólogo de Fuguet y Gómez. Allí donde sólo se enumeraban las
Beckett). Allí donde se pensaba en la pura referencialidad, Eloy Urroz expone que el
común denominador de las novelas del "crack" es "el riesgo estético, el riesgo formal, el
riesgo que implica siempre el deseo de renovar un género (en este caso la novela)"
(214) e Ignacio Padilla comenta: "A la novela del crack, pues, le queda renovar el
idioma dentro de sí mismo" (217). Allí donde la opción es el nihilismo, el crack opone
52 Eltexto, publicado originalmente en agosto de 1996, fue reeditado en diversos medios. La edición
actual más accesible se encuentra en AAVV; Crack. Instrucciones de uso, op. cit.. Los números entre
paréntesis al fmal de las citas refieren a esta edición.
53
Aquí nos concentraremos en las declaraciones contenidas en el manifiesto y su relación con cierta zona
de la narrativa contemporánea. Por eso no desarrollaremos las vicisitudes del "movimiento" que de tener
cinco integrantes cuando se hizo público, incorpora a Vicente Herrasti en 2000 y a Alejandro Estivill
(aparentemente, un miembro perdido del movimiento) en 2004. Por lo demás, la juventud de los
escritores del Crack no debe mover a engaño: en 1996 los firmantes son jóvenes (el mayor, Chávez
Castañeda, tiene 35 años, y la mayoría no llega a los treinta), mas no son nóveles. Para cuando el
manifiesto se da a conocer ya todos tenían más de tres libros publicados, participaban como críticos de la
prensa mexicana y todos habían recibido ya becas para la creación. Para una resefia del impacto de los
textos del crack en el campo literario, ver Tomás Regalado; "365 formas de hacer Crack. Bibliografia
comentada", en Crack. Instrucciones de uso, op. cit.
26
la utopía: "ser esperanzado en un sentido artístico no implica necesariamente creer en la
bondad del mundo" (211). Las novelas del "crack" "buscan un mundo mejor, aunque
sepan que tal vez, en algún lugar que no conoceremos, tal ficción pueda ocurrir" (211,
Más aun, ahí donde McOndo ignora otras escrituras contemporáneas del
continente, el manifiesto "crack" establece sus diferencias. Escribe Palou: "Las novelas
del crack no están escritas en ese nuevo esperanto que es el idioma estandarizado por la
televisión. Fiesta del lenguaje y, por qué no, de un nuevo barroquismo: ya de la sintaxis,
Padilla: "Quede para otros, los que sí tienen fe, tratar el idioma con el argot de las
bandas o con el discurso rockero, que ya sabe a viejo. Hay más libros por hacer. Por
las novelas del "crack" es: "explorar al máximo el género novelístico con temáticas
Por último, el "crack" presenta una genealogía específica, que puede pensarse en
términos nacionales: se habla de Farabeuf, José Trigo, Los días terrenales, La muerte
de Artemio Cruz, es decir la gran novela mexicana hasta los años sesenta. Y sin
embargo, como comenta Urroz: "cuáles son esos relatos en que nosotros, autores
-14
Parece poco probable que estas observaciones refieran específicamente al prólogo a McOndo; en
cambio parecen estar dirigidas a la tendencia de la que el libro de Gómez y Fuguet se hace portavoz, lo
que no hace más que confirmar la pertinencia de los chilenos a la hora de dictaminar la extensión del
movimiento. Parece probable que estos fragmentos se refieran a escritores como NaiefYehya (antologado
en McOndo) o Guillermo Fadanelli, indudables escritores "mcondianos" mexicanos.
27
nacidos en los años sesenta, podemos hoy día abrevar o siquiera encontrar un modelo
digno [...]? No los hay, han ido muriéndose de anemia y autocomplacencia" (213).
De manera tal que, a pesar de todas las diferencias con McOndo, los escritores
del "crack", terminan construyendo la misma sombra, el mismo enemigo temible del
que habría que deshacerse: el realismo mágico. Escribe Padilla: "cansancio de que la
nuestras letras, en magiquismo trágico" (215). Los novelistas del "crack", finalmente
Contemporáneos a Carlos Fuentes, tradición que parece tanto olvidada por los escritores
del "esperanto de la televisión", como degradada por "las letras que vuelan en círculos
origen" en el Manifiesto, tiene que ver con un desfase entre el género y el tipo de
para el "Manifiesto Crack" hubo una época dorada de la narrativa latinoamericana (el
luego su degradación. Entre los 60 y los 90, una vez más, sólo el vacío.
PT
2.2.1. Las técnicas del fm
la articulación con el medio literario (y si esta es una de las funciones privilegiadas del
Las veces que los autores del crack han sido interrogados sobre zonas algo
confusas o ambiguas de su manifiesto, las respuestas siempre han sido igual de vagas. 56
De hecho, Cecilia Rodríguez, en la cobertura de una presentación del crack (que, según
la autora, parecen más un grupo pop, que un grupo literario) comenta: "Cuando se les
insiste en qué elementos definen su grupo literario, repiten maquinalmente sus tres
preceptos, que más que propuestas estéticas parecieran una serie de buenas
intenciones". 57
Los tres preceptos que cita Rodríguez y que, efectivamente, son la piedra de
toque del manifiesto, son: "escribir novelas totalizadoras, respeto al lector, asumir los
sin embargo, también propone otras zonas en las que tal vez sea útil ingresar para
reponer el efecto de grupo que el manifiesto da a leer y que, tal vez, pueda registrarse
55 Para una revisión del concepto de contemporaneidad ver Raymond Williams; "Tradiciones,
instituciones y fonnaciones", "Dominante, residual y emergente" y "Estructuras de sentimiento", en
Marxismo y literatura, Barcelona, Península, 1980.
56
Ver las declaraciones de Padilla en "El crack viene de México", entrevista de Iván R. Méndez en
[Link] (consultado el 18 de julio de 2004).
57
Cecilia Rodríguez; "Y con ustedes, señoras y señores, el Crack", en
bM://[Link]/cyberanalitica/neroli/[Link], (consultado del 18 de julio de 2004).
29
Por una parte, el cronotopo cero. Afirma Padilla: "lo que buscan las novelas del
Crack es lograr historia cuyo cronotopo, en términos bajtinianos, sea cero: el no lugar y
La dislocación en estas novelas del Crack no será a fin de cuentas sino remedo de una
realidad alocada y dislocada, producto de un mundo cuya massmediatización lleva a un
fin de siglo trunco en tiempos y lugares, roto por exceso de ligamentos. (217)
Palou indica: "A la ligereza de lo desechable y lo efimero, las novelas del crack
Chávez Castañeda ratifica: "así las novelas totalizadoras del Crack generan su propio
universo, mayor o menor según sea el caso, pero íntegro, cerrado y preciso" (220).
Dos rasgos podrían entonces pensarse como horizonte literario a partir del
sino por analogía funcional: las novelas del crack funcionan como funciona el mundo
contemporáneo. 58 Por otra parte, estas novelas fuera del tiempo y del espacio
58 La descripción oximorónica ("mundo roto por exceso de ligamentos") del mundo contemporáneo que
hace Padilla coincide con la tesis de Gianni Vattimo, quien en "Posmoderno, ¿una sociedad
transparente?" (La sociedad transparente, op. cit.) postula justamente que la transparencia de una
sociedad mediatizada (interconectada) no hace más que fragmentar la imagen única del mundo que tenía
la modernidad. Aquí, como en otros casos del Manifiesto (notablemente, la cita tácita al Baudrillard de La
guerra del Golfo no ha tenido lugar en el texto de Palou), los autores evitan referencias más o menos
obvias a filósofos y pensadores ajenos a la literatura, como si la construcción de su figura pública
(enciclopédica, "alta") no debiera contaminarse con discursos ajenos a la literatura.
59 Prolijamente el crack invierte la lógica de McOndo: antes que pensar su utopía como la de una nueva
realidad que engendraría una nueva textualidad, el crack piensa la autonomía del referente; antes que
imaginar que los textos son el producto de "la fiebre privatizadora mundial", se propone la polifonía
como horizonte para la escritura.
30
2.2.2. La secuencia histórica
Esta apuesta narrativa se articula con una hipótesis sobre el tiempo histórico. El
último texto del manifiesto, el de Volpi, se titula "Dónde quedó el fin del mundo?".
Allí se postula que las novelas del crack son apocalípticas por estar escritas más allá del
fin. Volpi parafrasea a Nietszche afirmando que el fin del mundo "supone un particular
estado del espíritu, lo que menos importa es la destrucción externa, comparada con el
en palabras de Padilla: "no escribimos desde el apocalipsis, que es viejo, sino desde un
Ese final, esa clausura del tiempo histórico (que también permea McOndo) es el
punto que se querría como origen del crack. Ese origen es, también, parte de una
Eloy Urroz, en el Manifiesto, señala que las novelas del Crack, persiguen "esa
genealogía que desde los Contemporáneos (o quizá poco antes) ha forjado la cultura
nacional cuando ha querido correr verdaderos riesgos formales" (214). Palou, por su
parte, cita a Carlos Pellicer: "Tengo años y creo que el mundo nació conmigo" y Palou
agrega que las novelas del crack "no son novelas de formación y rehuyen la frase de
Pellicer" (211). Es claro por qué: los novelistas del crack vienen a cerrar ese ciclo, la
31
De manera tal que parecieran existir tres momentos históricos para el Crack: los
- treinta, los sesenta y los noventa. 6 ' Las novelas del crack volverán sobre estos
momentos, configurados de tal forma que puedan coincidir con las otras series que
forman la constelación que llamamos crack. Dos novelas dedican estos autores
A pesar del oscuro silencio es la primera novela de Volpi, y lo que allí se postula
personaje por la figura de Jorge Cuesta, al punto de desear (como habría deseado
fragmento de una carta de Jorge Cuesta y la novela está atravesada por citas de la obra
del autor de "Canto a un dios mineral". Más aún, las tres partes de la novela están
Crack.
La novela comienza además con una frase que definirá sus procedimientos: "Se
llamaba Jorge, como yo, y por eso su vida me duele dos veces", lo que, tratándose de la
primera página de un texto no puede menos que interpretarse como una declaración
por la aparición de un personaje como "Eloy"). 62 Así, Volpi fue acusado de pretender
61
No habría que despreciar el impacto que la simetría puede tener en un argumento de este tipo.
62
Jorge Volpi; A pesar del oscuro silencio [1992], México, Seix Barral, 2001, pág.. 11. No es este el
lugar para desarrollar un análisis detallado de la novela, pero esa idea de las "dos veces" ordena un texto
en el que proliferan los dobles y las duplicaciones.
32
homologarse a Cuesta. 63 En cualquier caso, lo que resulta evidente es la operación de
La novela se nos presenta como el trabajo de un editor que compila cartas, diarios y
otros textos de Xavier Villaurrutia o sobre Villaurrutia. Al igual que en A pesar del
oscuro silencio se trata de una aproximación a la vida (antes que a la obra) de uno de los
objetivo que toma la voz que articula el texto: si en la novela de Volpi se trataba de la
se reduce a una voz "objetiva" que sólo pretende ordenar datos externos. La
imaginación crítica aparecerá como única creación posible: la primera nota del libro
afirma "El que junta no escribe, no interpreta; sólo le está dado reordenar". 65 Este
reordenamiento es el que lleva, en la nota que abre la última parte, a afirmar: "Insisto en
reacomodar todo este material, los seres escritos y reacomodados han ganado una vida
aquí les sucede a los otros". 66 Así, Contemporáneos se transforma en un objeto recreado
por el crack que de esta manera se apropia de un pasado que percibe como origen del
63
Ver Chávez Castañeda y Celso Santajuliana, La generación de los enterradores II, México, Nueva
imageñ 2003.
64 Esa apropiación requiere de exégetas. En La silenciosa herejía. Forma y contrautopía en las novelas de
Jorge Volpi (México, Aldus, 2000), Eloy Urroz homologa explícitamente a Volpi con Cuesta y al Crack
con Contemporáneos.
65
Pedro Angel Palou, En la alcoba de un mundo, México, FCE, 1992
66
Palou, ibidem, pág.. 187
67
Este aprecio por Contemporáneos (y el desprecio por el estridentismo, que Palou evidencia en
"Pequeño diccionario del crack", incluido en Crack. Instrucciones de uso, op. cit.) no hace más que
confirmar los lugares que la intelectualidad mexicana asignó a los operadores culturales de la década del
20. En esto, como en el gesto que reividica al boom, el crack hace pasar por rebeldía la mansedumbre del
cordero. Para una historia de las lecturas del estridentismo, ver Evodio Escalante; Elevación y caída del
estridentismo, México, Conaculta, 2002..
33
El segundo momento del siglo XX mexicano al que vuelven los autores del
crack es la década del sesenta. Pero aquí se producen dos vueltas diferentes: una,
esa configuración de la década del sesenta no explica cómo el crack escribe "después
del fin". ¿Cómo fue el fm? ¿Cuándo sucedió? La segunda vuelta a los sesenta entonces
no deberá buscarse en el manifiesto, sino en las novelas del crack, que articulan una
secuencia histórica que muestra aquello que el manifiesto no osa mencionar (tal vez por
la asepsia literaria que lo caracteriza). Esa segunda vuelta es, en efecto, el fin de las
utopías: el 68 mexicano.
y el poder. Una historia intelectual de 1968. El objeto del libro es analizar la relación
fmalmente, concluir que: "acaso más vivo, aquel año se encuentra en las obras artísticas
cultural; sin embargo, el tratamiento que sus autores le dan tal vez nos permita postular
una imagen de la historia que atraviesa los textos del grupo. 69 En efecto, para el crack,
68
Jorge Volpi; La imaginación y el poder. Una historia intelectual de 1968 [1998], México, Era, 2001.
69
El impacto de Tiatelolco en la cultura fue evidente casi inmediatamente. En 1969, Octavio Paz escribe,
bajo el impulso de la tragedia, Postdata, y en 1972 Elena Poniatowska publica La noche de Tiatelolco. En
primera instancia, al menos, el crack parece repetir la posición que formulaba en 1977 Carlos Monsiváis:
"Casi en sentido estricto, el acto genocida de Tiatelolco es el epílogo de la fiesta desarrollista, el deterioro
de una imagen optimista y milagrosa del país y el principio de una revisión crítica de los presupuestos de
sus formas de gobierno y su cultura, de los alcances del proceso institucional y las limitaciones y
requerimientos de las distintas respuestas críticas a ese proceso." ("Notas sobre la cultura mexicana en el
siglo XX", en Daniel Cosio Villegas (coord.) Historia general de México, México, Colegio de México,
1981). Como se verá, sin embargo, el crack homologa, en un sentido difuso, el "epílogo de la fiesta
desarrollista" con el fm de todas las cosas. Ese desplazamiento distingue el trabajo del crack de la imagen
de Tlatelolco que tuvieron generaciones previas.
34
modernización de la cultura mexiçana, Tiatelolco puede verse como el fin, catastrófico,
de ese proceso y, por supuesto, como el origen de los autores del crack. 70
novela publicada en 2001, asistimos al fin del mundo, pero antes, como anticipo y
confirmación, el encargado de salvar a los justos asiste a una manifestación por los 30
de la novela, sino que sobre todo, se debatirá sobre la importancia de Tiatelolco para la
generación de los protagonistas. Gabriel Rebis, el enviado para cumplir el fin de los
años, en esta marcha. En los sesenta está la sustancia del siglo". 71 Para El final de las
nubes, el fin del mundo (y todo el siglo XX) se resuelve en torno de Tiatelolco.
español arcaico, las desventuras de un senescal a cargo de un reino del que han partido
sus Majestades. Mientras espera que vuelvan se produce una manifestación en contra
del Acta de Estupefacientes y Afrentas al Buen Decoro, que el senescal había aprobado.
La manifestación, en la que abundan pintadas como "Make love, not war" y "donde uno
cuyo nombre no recuerdo, quien pensé ser hijosdalgo un tanto loco, o a lo menos necio,
70
Con la excepción de Chávez Castañeda, todos los autores del crack nacen alrededor de esa fecha: Volpi
(1968), Padilla (1968), Palou (1966), Urroz (1967).
' Ricardo Chávez Castañeda y Celso Santajuliana; El final de las nubes, Barcelona, RBA, 2000, págs.
94-95. El capítulo sobre la conmemoración por los treinta años de Tlatelolco (el cinco) es el más extenso
de la novela y el unico que tiene subtítulo: "2 de octubre".
72
Ignacio Padilla; Si volviesen sus Majestades, México, Nueva Imagen, 1996.
35
w
masacre a manos del ejército del reino y con el senescal cercado amenazado por una
que ha de llegar un tiempo en que sea más grande tu culpa que tu alma, y dese día en
delante vivirás en todo y todo vivirá en ti. Y serás como una esfera cuyo centro está en
todas partes y su circunferencia en ninguna. Y entonces recibirás un nuevo y terrible
nombre, el cual nadie, por no invocarte, osará decir ni por pienso. 73
revele el nombre. El último capítulo de la novela, con la disolución completa del reino a
profecía de la doncella. El bufón del reino dice a nuestro protagonista, y son estas las
últimas palabras de la novela: "El Autor ( ... ) me ha pedido que le diga que de aquí en
Así, para los escritores del crack, en los sesenta comienza el apocalipsis del que
sus textos dan cuenta. Ese "mundo situado más allá del final" que menciona Padilla en
el Manifiesto es la última estación de una secuencia que las novelas explican. Así, los
73
Ignacio Padilla; ibidem. P. 25
74 Ignacio Padilla; ibidem. P. 161
75
Por supuesto, no todas las novelas del crack permiten ser pensadas desde esta periodización. Novelas
como En busca de Klingsor, de Jorge Volpi o Amphtryon, de Ignacio Padilla no parecen responder a la
secuencia que exponemos aquí. En cualquier caso, estas novelas comparten, por una parte, estrategias que
se verifican en las novelas "mexicanas" del grupo (la multiplicidad de voces, el cambio de registros,
etcétera.) y; por otra, cierta voluntad apocalíptica que se ordena con la misma lógica y sobre los mismos
momentos. En efecto, En busca de Klingsor y Amphitryon ubican el fm de la historia en 1989. Desde ese
filo de la historia cuentan tanto Gustav Links como Daniel Sanderson. Desde ese tiempo, como en las
novelas que antes comentábamos, narradores desencantados construyen relatos en los que ninguna certeza
es posible.
wo
2.2.3. De la pornografía al dolor.
tal vez la diferencia pueda encontrarse menos en la postulación de una escritura después
del fin (que finalmente defienden ambas propuestas), que en la explicitación de una
historia, de una tradición que no se da a leer sólo como rechazo acrítico y banal. En este
sentido, la riqueza del relato histórico que proponen las novelas del Crack (sus
antípodas de los textos McOndo, que no sólo no se organizan en torno de los momentos
relato. Esa decadencia del arte narrativo que evoca McOndo no es ajena al crack, que la
latinoamericana. Escritores tan disímiles como Naief Yehya, Martín Kohan o Roberto
aparece en las novelas del crack como lo otro del cuerpo, como su revés, y, por lo tanto,
Jean Baudrillard: "su sexo, usted no lo ha visto nunca funcionar, ni tan cerca, ni
tampoco en general, afortunadamente para usted" 77. El pomo, desde este punto de vista,
genera un límite y una paradoja para la representación mimética: es un tipo de texto tan
realista que se sale del realismo y se torna un documental que no se asume como tal. De
37
w
sucesión de genitales sin personajes, toda vez que se muestran los genitales teniendo
quiere, el cuerpo del porno se impone sobre el relato, al tiempo que se exhibe para la
mirada voyeurista del espectador. Este doble juego de independencia y sumisión resulta
estrella del Nuevo Cine alemán, pretende ahora, más de veinte años después de su
última película, realizar una película que sea "la culminación del cine de todos los
tiempos". 79 Para lograrlo, obligará a todos sus actores a convivir hasta que no puedan
evitar ser los personajes que deberían actuar. Encerrados, los diez actores terminarán
reaccionando casi sin libreto como si Gruber hubiera logrado su propósito. Por
78
Jorge Volpi, El temperamento melancólico [1996], México, Nueva Imagen, 2000.
79
Por supuesto, Gruber filmó su última película en 1969 y es una película que "enfrenta a un tiempo la
conmoción del 68 y la muerte de su esposa". Después de los 60, el silencio y una película para acabar con
todas las películas.
80
Diez años antes de la publicación de El temperamento melancólico, un autor diez años mayor que
Volpi realizó una película notablemente similar al argumento de la novela. En 1986 Cristian Pauls
estrenaba Sinfin. La muerte no es ninguna solución, con guión de su hermano, Alan Pauls. Como se
recordará la película trata sobre un director de cine (interpretado por Alberto Ure) que se encierra con sus
actores (a quienes somete a una serie de humillaciones con el fm de lograr de ellos las emociones que
deberían actuar) para montar una versión cinematográfica de "Casa tomada". La línea Cortázar-Alan
38
El proyecto de Gruber es el revés compleméntario del cine pomo: si el film
la vez Gruber desea un cuerpo que le está sometido (el de Renata), pero cuya visibilidad
complementario del pomo, lo primero que Braunstein (quien hace las entrevistas para la
película) le preguntará a Renata es si sabe qué tipo de película van a hacer, y añadirá
recomponer algún tipo de verdad para los hechos que no parecen admitir una única
que el narrador encontrará la materia para empezar a escribir a partir de los relatos de
Aprendí a confiar más en las palabras que en los hechos. Los hechos estaban en la
pantalla de cine, en los cuerpos que cogían casi sin hablar; las palabras estaban en
Pauls-Jorge Volpi, inesperada en este contexto, tal vez permita abrir una línea de lecturas que conecte
textos a priori radicalmente distantes
81
Cuando Gruber conoce a Renata el cuarto está a oscuras; Gruber le pide que se acerque y entonces: "El
me tomó el rostro con sus manos gruesas, callosas, pasando sus dedos encima de mi frente y mis mejillas.
-Perfecta-dijo ( ... )" (Volpi, ibidem, pág. 136)
82 VoIpi, ibidem, p. 38 La novela insiste sobre la inscripción de lo real en el revés: la biografia de los
actores (sobre cuya psicología Gruber modelará los "personajes" de su película) se escribe en el reverso
de las solicitudes.
39
Paliuca. Los hechos sólo cambiaban en apariencia: nalgas menos, nalgas más {. ..] Con
las palabras se pasa a otro plano. Son la diferencia. 83
pornográfica.
toda una generación y, a la vez, lo que podríamos llamar el grado cero del relato. La
novela se inicia con una reflexión sobre el lugar de la pomografia en la vida cotidiana
Ahora bien, si esta es una de las condiciones para que exista el narrador, resulta
de la novela se inicia con el fin de la pornografia: "Nunca imaginé hallar otro paliativo,
otra adicción que lograra suplir ese vicio. Y lo hallé: el infierno de los celos y el
amor". 85 De ahí en más, Herir tu fiera carne será un relato sobre el amor y los celos, es
como lo inasimilable para "lo que importa" (la escritura, el relato, la obra de arte, el
amor, los celos). Así, habida cuenta de la relación tensa entre cine pornográfico y relato,
la alusión a la pornografía en estos relatos del crack sugiere que la laxitud narrativa es
83
Ricardo Chávez Castañeda; La conspiración idiota [1996], México, Alfaguara, 2003. Pág. 93.
84
Eloy Urroz; Herir tu fiera carne, México, Nueva Imagen, 1997. Págs. 11 y 13.
85
Eloy Urroz, ibidem, pág. 15.
una amenaza para la constitución del relato y debe ser explícitamente conjurada para
puesta en discurso de una conflictividad entre modos narrativos diversos; en otro, las
silencio, la novela ya citada de Volpi, la obsesión por Jorge Cuesta lleva al protagonista
"Días de ira" (novela de Volpi incluida en el primer "libro del crack", Tres
bosquejos del mal) se abre con un epígrafe de Salvador Elizondo ("Pero... ¿de quién es
ese cuerpo que hubiéramos amado infinitamente y cuya carne hecha jirones había
cobrado tanta realidad dentro de esa casa ( ... )?") y cuenta la historia de un médico que
que, finalmente, terminará asesinando. 87 En el comienzo del relato, que describe con
86
Esa laxitud asociada a recurrentemente a McOndo parece inescapable, incluso para escritores que,
como lo del crack, pretenden volver a la "novela total". Retomaremos un poco más adelante esta tensión.
Volpi, Eloy Urroz e Ignacio Padilla; Tres bosquejos del mal, México, Siglo XXI, 1994. El
epígrafe está tomado de Farabeuf(otra novela sobre los suplicios del cuerpo) y tiene el aliento
metatextual característico de Elizondo. Pero también de otra gran novela mexicana: la utilización de la
segunda persona, la circulación de un manuscrito, en cuya lectura radica el sentido de la experiencia
vivida, ligan esta novela con Aura, de Carlos Fuentes. Se reencuentra aquí la "ruptura en continuidad"
con los sesenta que el manifiesto pregona.
88
Jorge Volpi, ibidem, págs. 183-184.
41
dentro de la novela). Ese destino que, entre otras cosas, requiere tomar la posición de la
escribe con un bisturí el final del libro: "Yo soy él". 89 La voz sólo toma posesión del
final cuando escribe sobre (cuando mutila) el cuerpo de la amada. Como en A pesar del
oscuro silencio, los cuerpos se presentan como incompletos (en Días de ira vuelve a
relato cuenta la historia de una voluntad que intenta superar esa insatisfacción. El
Las novelas del crack se regodean en esos cuerpos impotentes, que requieren de
ser" un cuerpo "apto". Los modos y posibilidades de superar esa ineptitud son el origen
del relato. En Memoria de los días (1995), de Pedro Ángel Palou, los salvadores del
mundo son un grupo conformado por enanos luchadores de catch, un borracho, otra
también de Palou, el epígrafe (de Salvador Novo) termina hablando de "Los que
vestimos cuerpos como trapos envejecidos". En el núcleo de El día del hurón (1997), de
Chávez Castañeda, en el que se intenta atrapar a un asesino serial, las víctimas (mujeres
embarazadas) son en realidad suicidas que no pueden tolerar el efecto de una droga en
mal estado.
ningún placer que no sea violento o masoquista, y si se logra algo en las novelas, este
logro se produce contra el cuerpo, no por él. De ahí se desprende que la pornografia sea
pomografia es un género en el que el cuerpo se muestra gozoso. Para el crack ese goce
42
no es narrable y escrupulosamente lo ubicará en sus menciones a la pornografia junto a
2.2.4. La melancolía
su origen, se trataría de uno de los cuatro humores que recorren el cuerpo y que
tener lejos, los melancólicos pasan a relacionarse con la creación artística a partir del
Renacimiento.
Ahora bien, sabemos que la melancolía también tiene otras acepciones, algunas
propias de la psicología. Sin embargo, los autores del crack asociarán los estados
atrabiliarios con los cambios en los humores del cuerpo. En Si volviesen sus
majestades, por ejemplo, el senescal afirma: "La culpa, decía el excelentísimo doctor
Algernon da Volpi, es un humor bilioso que fluye sin remedio en los espíritus
fisico, no mental. 9 ' La melancolía del crack es, parece, una melancolía inescapable,
Eso es lo que deja ver la fascinación por el apocalipsis que permea el Manifiesto.
Se trata de la posiblidad de escribir desde un más allá del fin, como afirma Padilla. Pero
este estado no es particular del crack, es más bien un efecto generalizado en la cultura
° Ignacio Padilla, ibidem, pág. 17. Se trata de un guiño a El temperamento melancólico, también un libro
sobre la culpa; aunque la escinde del cuerpo.
' No debería olvidarse que uno de los textos más famosos dedicados a Xavier Villaurrutia (Xavier
Villaurrutia en persona y obra, de Octavio Paz; México, PCE, 1978) se abre con un epígrafe apócrifo de
Aristóteles sobre la asociación entre melancolía y arte.
43
w
occidental de fines del siglo XX y principios del XXI. Roger Bartra, por ejemplo,
afirma que "al comenzar el siglo XXI la melancolía se extiende como tema de reflexión
la melancolía bien puede ser el mejor término para describir la condición mental
subyacente que acompaña a las fantasías del fin, en tanto que la manía capta el estado
de ánimo provocado por la creencia en un renacimiento o en una revelación redentora
posterior a la catástrofe. 93
caras tradicionales del rostro janiforme del Apocalipsis". En este sentido, el sentimiento
actual de fin de una época, se concentra exclusivamente en el fin, pero soslaya lo que de
cree en la necesidad del fin, a la vez apuesta por una renovación que llegaría más allá de
éste.
el Crack los hace creadores de un nuevo tiempo, como Contemporáneos, como Fuentes
evidente, sin embargo, el rango corto, eventualmente fatuo, del lado renovador de mito
haya algo realmente nuevo en sus propuestas. Por eso, porque el crack reivindica un
gesto moderno en el que ya no cree, afirma escribir después del fin, miéntras que lá
enunciación moderna vanguardista afirma que trae un fin que anuncia un nuevo
comienzo. Por eso, su apelación a la melancolía resulta sintomática: evita las versiones
92
Roger Bartra, "Prólogo" en Cultura y melancolía, Barcelona, Anagrama, 2001, pág. 9.
93
Martin Jay, "La imaginación apocalíptica y la incapacidad de elaborar el duelo" en Campos de fuerza,
Buenos Aires, Paidós, 2003, págs. 179-180.
94
Jay, ibidem, 173-174
El
típicamente modernas para quedarse con los bordes de esa tradición (el renacimiento y
Nietszche).
2. 3. El éxito
El 4 de enero de 2003, The New York Times publicó un artículo, firmado por
Nicole Laporte, en el que se comenta la nueva novela de Alberto Fuguet, Las películas
hay ninguna de las imágenes fantásticas que más comúnmente son asociadas con la
No es el artículo de The New York Times el Único texto que piensa de esta
Martínez (jurado en aquel entonces del Primer Premio Alfaguara de Novela) publica "El
renacer de Ía prosa latinoamericana silenciada por las dictaduras de los años setenta. Por
las mismas fechas, en el diario El Mundo, de Madrid, se hablaba del "nuevo boom" de
95 El artículo fue traducido por La Nación el 19 de enero de 2003. Nicole Laporte, "La cultura de
McDonald's llega a la literatura", Buenos Aires, La Nación, 19 de enero, 2003.
96 AmbOS artículos son citados por Eduardo Becerra en "Momento actual de la narrativa
hispanoamericana: otras voces, otros ámbitos", [Link].
45
y a Roberto Bolafio como "dos de los escritores más importantes de la nueva horneada"
que "poco tienen que ver con aquellos (temas y tratamientos) que cultivaron los autores
del boom". Considerar a Piglia un "nuevo" escritor equivale a pensar la historia literaria
latinoamericana sólo en función de lo que se publica en España. Son éstos sólo algunos
ejemplos de una actitud que prevalece toda vez que se habla de la narrativa
contemporánea latinoamericana.
Como puede verse, los planteos del prólogo de McOndo y del manifiesto del
crack expresan una sintonía entre la mirada norteamericana y española (por la que pasa
oportunismo, los motivos que constituyen esa mirada pueden ser múltiples, inclusive
cuando efectivamente The New York Times reseña una novela de Fuguet, Jorge Volpi
gana el premio Seix Barral de novela o, más en general, cuando se entiende que estos
Esta sintonía entre mercado extranjero y programa literario resulta, por supuesto,
manifiesto su literatura del mercado. Más aun, el texto colectivo firmado por el "crack"
apela al género "manifiesto" de cuño mucho más revulsivo que el de "prólogo". Y sin
embargo, este manifiesto se lee en una librería que, según uno de sus protagonistas,
97
Ver Gustavo Guerrero, op. cit.
98Eloy Urroz en el primer capítulo de La silenciosa herejía. Forma y contrautopía en las novelas de
Jorge Volpi, op. cit., narra las alternativas de la presentación.
w
vuelve McOndo.
Estados Unidos, y que desde ese lugar propone un tipo de renovación. Una enunciación
que explica el lugar de los libros en una secuencia histórica apropiada que, en el
Esta sincronía, sin embargo, no debe pensarse sólo en función de una mirada
emergente pasa a ser establecido o canónico, cuando lo que era perentorio y necesario
criteriosos y minimizan el tono de sus declaraciones previas. Seis años después del
"Manifiesto Cráck", Pedro Ángel Palou niega que el crack sea, de hecho, un grupo
literario:
47
son autores muy impresionantes, aunque es una estética que yo no comparto
estrictamente, pero tenemos una relación de mutuo respeto, porque también ellos están
en la misma línea de romper con la tradición mágico realista. 00
Así, ahora se han limado las diferencias entre los contemporáneos, todos tienen
un enemigo común: el realismo mágico. Y, por lo tanto, tanto los autores del crack
como aquellos antes acusados por el mismo Padilla de "tratar el idioma con el argot de
las bandas o con el discurso rockero, que ya sabe a viejo" tienen ahora un objetivo
común que Padilla formula de la siguiente manera: "sin embargo, tenemos en común el
afán de alejarnos de cierta literatura para volver al boom." Por una operación
Por último, Jorge Volpi, en 2002, también lima asperezas cuando en una
"Manifiesto Crack":
Experiencias como la antología McOndo o el Man fiesto del Crack revelaban, más bien,
el intento de escapar de la marca 'narrativa hispanoamericana'; ello no implicaba, en
ningún caso, abjurar del Boom —el cual, por el contrario, encamaba la posibilidad de
engarzarse con una de las tradiciones más ricas de la literatura hispanoamericana -, sino
de la manipulación académica, comercial y crítica que le siguió; es decir, de denunciar
la puesta en funcionamiento de una especie de maquila literaria para la exportación del
exotismo regional. 102
Por su parte, Alberto Fuguet morigeró el tono de su escrito unos años más tarde.
En 1998 comentaba: "Mi meta en la vida no es eliminar a la gente que no escriba como
48
tenemos en común es negarnos a usufructuar de lo folclórico-rural-exótico". 103 Y
la antología [McOndo] fue importante porque, junto al manifiesto publicado ese mismo
año por los escritores del Crack, presentaba en escena, acaso de manera algo visceral, a
una nueva generación de narradores latinoamericanos que intentaba recuperar lo mejor
de la tradición literaria latinoamericana y a la vez, de manera paradójica, intentaba
romper con esa misma tradición.' °4
Es decir que tanto para los antologados en McOndo como para los miembros del
estéticos dejan de ser problemáticas y conflictivas, y entonces la zona de los textos que
El círculo se cierra para los mexicanos cuando Carlos Fuentes declara: "A mis
setenta años, y con una larga carrera literaria detrás de mí, siento especial orgullo y
apoyo a los libros iniciales de Jaime Bayly, sugieren que el gesto rebelde ha logrado la
aprobación de "los abuelos".' 06 Ahora, la "digna continuidad" (que los miembros del
103
Ver "Mi literatura es esencialmente latinoamericana", entrevista de Ezequiel De Rosso, Ágata, año 1,
número 2, Buenos Aires, invierno de 1998.
104
Edmundo Paz Soldán; "El escritor, McOndo y la tradición", op. cit. No todos los escritores de
McOndo reconocen la coincidencia entre un movimiento y otro. Véase "Mi generación del 'crack", del
costarricense Rodrigo Soto. Soto coincide en líneas generales con el programa de cuestionamiento de la
herencia literaria, pero sugiere que la literatura debería ocuparse de las realidades latinoamericanas.
También señala (como ha señalado más de una vez Guillermo Fadanelli) que su pertenencia a "la
generación del Crack" tiene más que ver con que su generación vio los estragos de la droga llamada
crack. "Mi generación del 'crack" fue consultado on line el 10 de diciembre de 2008 en
[Link] 1 16217604732683473 .phtml.
105
La cita fue tomada de Antonio Aguilar Cabrera; "En busca de Jorge Volpi" en
[Link] (consultado el 18 de julio de 2004)
• 106
frase sobre Paz Soldán fue tomada de la contratapa de El delirio de Turing, de Paz Soldán:
finalmente los "nuevos narradores" encuentran en los "escritores del boom" su legitimación en el
mercado del libro.
im
Crack pretendían en el 96) concluye la conflictividad del movimiento, que ha logrado el
reconocimiento del boom y puede concebir a sus antiguos adversarios estéticos como
compañeros de ruta.' 07
3. La duda
"generación Crack" o de "la generación McOndo", aun cuando sus autores hayan
McOndo y el Crack tiñan la década y las reflexiones sobre la escritura de los escritores
nacidos alrededor del sesenta no debería impedir ver que muchos de los escritores que
dos polos.
107
Los reconocimientos son múltiples: el mismo Fuentes en una entrevista sobre un congreso de
homenaje a su obra afirma: "Lo que más me interesa es la conversación que sostendré durante elacto
inaugural con cuatro excelentes escritores jóvenes de México, miembros de la generación del crack: Jorge
Volpi (1968), Ignacio Padilla (1968), Pedro Angel Palou (1966) y Cristina Rivera Garza (1964), porque
me pennitirá tener contacto con lo que ocurre en la cultura actual de México y América Latina, donde los
jóvenes presentan una gran resistencia hacia los modelos predominantes que no llenan sus expectativas
[ ... ] Que haya una continuidad de la literatura siempre es satisfactorio porque creo que es un arte que
permite pensar fuera del convento cerrado de las ideologías y levanta un muro contra el engaño y la
manipulación de la vida política, económica y social." (en Revive "Artemio Cruz" en política mexicana,
[Link] [Link]/noticias/antes/buenal 70402-3 .html, consultado el 18 de julio de 2004).
También Gabriel García Márquez se mostró entusiasta con respecto a nuestros autores. Según Chávez
Castañeda y Santajuliana, el autor colombiano habría exclamado al conocer a Volpi: "Aquí está un
escritor mejor que yo!" (en Chávez Castañeda y Santajuliana, La generación de los enterradores II, op.
cit.).
108
Ver "El éxito". Dos ejemplos de esta generalización: en la columna "Carta de Barcelona" publicada en
el número 19 de Letras libres (julio de 2000) Enrique Vila-Matas se pregunta: "i,Existe la generación del
crack, la de los hijos del boom?". La reflexión remite a un amplio grupo de "jóvenes escritores" que está
siendo descubierta en España (que incluye a Rodrigo Fresán, Rodrigo Rey Rosa y César Aira). En el otro
extremo del continente, en junio de 2008, en un artículo titulado "Detrás de las estrategias del mercado:
la literatura en América Latina" (en Pensamiento de los confines, Buenos Aires, junio de 2008, n° 22)
Paula Croci señala que los "nombres más elocuentes" de Mcündo, son Mario Bellatin, Pedro Lemebel,
Jaime Bayly, Pedro Juan Gutiérrez y Jorge Franco. Como se ve, sólo uno de estos autores está
efectivamente antologazo en McOndo.
50
Para reflexionar en el horizonte más amplio de la literatura escrita a partir de los
a fin de encontrar variables que permitan pensar estos dos grupos en función de otras
textos. 109
parecen insuficientes para dar cuenta de estos textos. Los estudios narratológicos (de
Vladimir Propp a Tzvetan Todorov o Roland Barthes), siempre útiles a la hora de las
definiciones, afirman que existen dos principios que ordenan un relato "bien formado":
Novelas como Mala onda (1991), del chileno Alberto Fuguet o La verdad de la vida en
Marte (1995), del mexicano Naief Yehya, o los relatos Rapado (1992), de Martín
Rejtman, parecen respetar sólo el primer principio: las acciones se suceden sin que haya
109
Los parágrafos que siguen no están pensados en torno de la figura del autor (como se verá, textos
asociados a los mismos autores entran en diversas tensiones), así como tampoco intentan dar cuenta de la
totalidad de la narrativa de ficción producida por escritores cuya obra comienza con la década. Muchos
escritores "nuevos" escriben con modelos probados: ya sea la narración realista tradicional (cuentos del
peruano Fernando Iwasaki) o más o menos introspectiva ("estudios de personajes" como Alma suplicante,
del colombiano Juan Gabriel Vásquez), ya sea la exploración del espesor de lo real (El aire, del argentino
Sergio Chejfec) o directamente el gesto metaliterario (Basura, del colombiano Héctor Abad Faciolince).
Mejor, estas reflexiones intentan dar cuenta del carácter diferencial de estas narraciones con respecto a
otros momentos de la narrativa latinoamericana.
particular, tomamos el nombre de estos dos órdenes de Tzvetan Todorov; op. cit.
51
acumulación cuyo único contacto parece ser el recorrido más o menos errante de sus
vendí mi alma al diablo (era miércoles y llovía elefantes) (1995), del chileno Tito
Matamala."' En este sentido, antes que relatos plenamente formados, estos textos son
como si lo narrado no tuviera sentido, como si los ejes axiológicos que ordenan todo
112
relato se hubieran volatilizado. Así, estas narraciones no concluyen, sólo terminan.
Hayden White, en otro contexto, analiza cómo la clausura del relato presupone una
moralidad, un orden que jerarquiza las acciones. Esta clausura, afirma White, hace que
de la vida que es y sólo puede ser imaginaria". 113 La imposibilidad de esta clausura
hecho, contradice los principios del realismo: proclama lo informe de la realidad como
52
Dos rasgos resultan correlativos de esta crisis del relato. De un lado, estos textos
una vacancia de sentido para los hechos narrados. De ahí deviene la enunciación
un modo de vida (más allá de que los narradores de los textos sean eufóricos). Antes
bien, Esto/colmo o La estrategia de Chochueca parecen exhibir ese modo de vida, sin
Por otra parte, al tiempo que desestiman los ejes de la narración canónica, estos
textos suman un tipo específico de saber que suele producir efecto de inmediatez: son
música pop, programas de televisión, creencias esotéricas mal digeridas. Esos saberes
no requieren de otra explicitación que su mera cita. Así, esos saberes se presentan como
generacionales.
lejano de los relatos de iniciación que estos textos de contraseña). No se exhibe como
115
Un relato notable en esta línea es el de Rodrigo Fresán, "Chivas Gonçalves Chivas, o el fino arte de
escribir necrológicas", incluido en La velocidad de las cosas, Buenos Aires, Tusquets, 1998.
116
De ahí la indignación de cierta crítica que quisiera leer transitivamente la posición de los narradores
con la de los textos. El hecho sugiere, antes que la densidad de los textos leídos, una posición prejuiciosa,
que si no encuentra condena para lo que "está mal" en el mundo neoliberal automáticamente asume que
se lo festeja.
53
"entre nos", que parece aislar al enunciatario y el enunciador.' 17 Así, el saber está
puesto en función del efecto de continuidad entre los lectores y las voces narrativas. Esa
referencias que, asociada a una instancia generacional, formularía una relación de re-
conocimiento.
Sin embargo, para los narradores "de los noventa" la narración "plena" no ha
desaparecido. Ahí están, para desmentirlo, En busca de Klingsor (1999), de Jorge Volpi,
La caverna de las ideas (2000), de José Carlos Somoza, La obra de Mario Valdini
(2002), de Sergio Gómez. Relatos plenos, con estructuras narrativas complejas y sobre
117
En la mayoría de los casos se trata de una caución generacional, pero la enunciación puede ser más
específica y distinguir dentro de los "jóvenes" diversos grupos de pertenencia.
118
Beatriz Sarlo ha señalado cómo la aparición de nuevos escritores en el campo de la literatura argentina
durante la década, ha dado lugar a la inclusión de nuevos géneros propios de "los que no escriben"
incluidos. Ver Sarlo, op. cit.
54
Se trata de relatos que podríamos llamar "de conocimiento". En efecto, si la
posibilidad de articular un relato pleno, como sugiere Hayden White, se relaciona con la
Ignacio Padilla, apelan a bibliotecas que sostienen los relatos que allí se cuentan.
el conjunto de los enunciados que denotan o describen objetos, con exclusión de todos
los demás enunciados, y susceptibles de ser declarados verdaderos o falsos. [ ... ] Pero
con el término saber no se comprende solamente, ni mucho menos, un conjunto de
enunciados denotativos, se mezclan en él las ideas del saber-hacer, de saber-vivir, de
saber-oir, etc. Se trata entonces de unas competencias que exceden la determinación y la
aplicación de un único criterio de verdad, y que comprenden los criterios de eficiencia
[ ... ], de justicia y/o de dicha [ ... ] de belleza sonora, de belleza cromática [ ... ], etc." 9
académicos que exhibe para beneficio del lector. Es necesario entonces contextualizar,
diferente: aquel que conoce de bibliotecas, que puede entender la ironía que, como en
(informes científicos, filosofia, teoría literaria), pero a la vez todo lo ignora sobre las
disciplinas que el texto despliega. Se genera así una enunciación que refiere vagamente
a una cultura compartida (o, mejor, produce el efecto de que el lector es sabio en esos
19
Jean François Lyotard, La condición posmoderna. Informe sobre el saber, Buenos Aires, Rei, 1987,
pág. 43-44.
55
géneros), pero que a la vez sugiere una enunciación didáctica, en la que el enunciador es
Es coherente así que las referencias a la "cultura" sean explícitas. Se trata aquí
"amable", pasible de aportar saberes que sirvan a una narración "bien contada". Por eso
las teorías y saberes más curiosos deben explicitarse, por eso si hay una referencia
literaria ésta debe ser explícita. 12 ' Así, esa voluntad de traducción de saberes resulta
tratar estos saberes. De ahí también que la prosa que permea estos relatos sea llana, sin
particularismos, propia del "territorio de la Mancha". De ahí, por fin, que estos relatos
referentes locales. En efecto, aquí se trata de asimilar la reflexión borgeana sobre las
Pitol, el escritor a quien más parece referir el Crack a la hora de estos movimientos) esa
apropiación era siempre irónica, el "cronotopo cero" que propugna el crack, produce
120
Ese gesto pedagógico distingue nítidamente estos textos de Respfración artflcial de Ricardo Piglia o
Morirás lejos de José Emilio Pacheco, relatos también articulados sobre saberes académicos. En estos, a
diferencia de los textos que aquí comentamos, se presupone un lector sabio, capaz de percibir las ironías
sin apelar a explicaciones.
121
La referencia más común para En busca de Klingsor, parece haber sido El nombre de la rosa.
Raymond L. Williams y Blanca Rodríguez (op. cit., pág. 172), que hacen esta referencia, señalan que
novelas como Metratrón, del colombiano Philip Potdevin, comparten este horizonte. En otros contextos,
se ha hablado del libro de Volpi (como del libro de Eco), de un "best-seller de calidad". Ver Dunia Gras
Miravet; "Del lado de allá, del lado de acá", en Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, n° 604, oct.
2000.
122
Sobre la transformación de toda empresa epistémica en inquisición policial, ver Capítulo 3.
56
enfoque) de relatos producidos en cualquier espacio. Se trata del "estilo internacional"
vuelto literatura.' 23
producen efecto de "libro culto" porque exhiben los índices externos de ese saber
casos glosan el saber que convocan. La estructura de esa glosa se torna evidente en
elocuentes: poco revelan a "los que saben" estos relatos de biblioteca. Se trata, en
verdad, de una profunda disimetría en la que aquel que sabe (la instancia narrativa)
divulga al que no sabe (el lector) lo que descubrió en su recorrido por el mundo de la
academia.
relatos confirman los lugares del saber y de la narración: uno legitima al otro. En estos
que estos saberes pautan el orden del relato y este no los contradice, sino que se
impostores, del colombiano Santiago Gamboa, que los protagonistas busquen libros que
123
Recientemente, Leonardo Valencia ha señalado que el cosmopolitismo de Borges, Pito! o Germán
Espinosa ha sentado las bases para "entender la norma!ización de esa errancia que, bajo diferentes
registros, se reforzó en la década del noventa del siglo XX." Ver Leonardo Valencia, "El tiempo de los
inasib1es", en El síndrome de Falcón, Quito, Paradiso editores, 2008.
57
sabemos que van a encontrar y que exhiban saberes que sabemos que poseen, o que
Platón hable en La caverna de las ideas como imaginamos que hablaría Platón.
Así, el saber es central en estos relatos, pero este saber es una tarea previa a la
escritura, que exhibe más el saber del experto para moverse en este orden que la
estas ficciones, la conclusión lógica es una disociación entre saber y relato, porque el
relato sucede alrededor del saber y su posesión, pero rara vez es un relato sobre cómo se
obtiene ese saber. En este sentido, resulta sintomático que En busca de Klingsor
concluya con los delirios paranoicos del narrador, o que La obra literaria de Mario
Valdini termine con la revelación de que la obra inconclusa que busca el académico
protagonista es una copia manuscrita, la misma que Valdini había publicado treinta años
antes.
último avatar de la pregunta por la capacidad de contar en el siglo XX. Si el relato es,
desde Benjamin a Hayden White, una de las formas privilegiadas de construir un lazo
experiencia con los saberes de un grupo de pertenencia, los textos de estas dos
saber de una sociedad, aparecen disociados. Así, para el primer grupo, lo social
narración se debilitan, de manera tal que lo social tiende a desaparecer. Para el segundo,
en cambio, todo ya fue dicho y ordenado antes, el relato, pese a todas las contorsiones a
58
las que lo someten sus autores, se mantiene robusto porque ya viene programado con los
saberes que se exponen en el texto. Así, nada puede aprenderse en estos relatos, porque
explica y los personajes se mueven entre esos saberes. Sólo le queda al texto la
posiciones que pueden ser (y han sido) defendidas con ardor: el prólogo a Mc Ondo y el
Manflesto Crack resultan expresiones extremas de los principios que analizan estas
reflexiones. El éxito que ambas propuestas han tenido confirma su sintonía con el estilo
que ha resultado menos visible y que, tal vez por eso, sea más dificil de caracterizar.
3. 3. El estupor.
belleza (1994), de Mario Bellatin o Que me maten si... (1997), del guatemalteco Rodrigo
Rey Rosa deja la impresión de que algo dificil de definir se ha instalado en la escritura.
relato.
Sobredosis, 1990), los relatos se construyen sobre una doble carencia. Por una parte el
foco narrativo resulta insuficiente para revelar los sentidos del relato. Esos sentidos,
de Horacio Castellanos Moya, Olga María es una voz crispada que cuenta cómo su
"mejor amiga" fue asesinada: esa voz, que destila orgullo de clase, que es maledicente y
atolondrada para contar, parece la menos indicada para contar los hechos. En Salón de
belleza, por el contrario, todo el relato se construye con una voz seca y carente de
emotividad, que borra toda referencia espacial o personal. Algo sucede más allá de los
relatos y los ordena, pero ese "más allá" permanece incomprensible para el narrador.
diegéticos que tienen estos relatos resultan confiables. Así, se alude todo el tiempo a un
episodio, o a una figura ausente, que existe más allá de la voz narradora y del foco
narrativo. Un episodio que guía los hechos, pero que no puede explicarse a partir de los
medida en que se refieren a episodios específicos, reconstruidos con detalle, pero nunca
nombrados, se construye un lector que debe colegir más allá de lo narrado para dar
En los textos que nos ocupan, en cambio, el relato está lleno de peripecias y de "efecto
de realidad" (en Salón de belleza se nos cuentan los rituales del travestismo, en
"Pelando a Rocío", se cuentan todos los detalles de la vida cotidiana de dos chicas
"bien"). Lo que falta, lo que se percibe que falta, es la explicitación de la lógica que
articula todos esos episodios. Se trata de relatos que ven demasiado cerca de la historia
124
Sylvia Saítta (op. cit., pág. 24) resume algunas de las modalidades de la literatura argentina de los
ochenta: Se trató de una literatura que ensayó modos de representación en los que prevalecieron los
mecanismos de desplazamiento y metaforización junto con el uso de la elipsis narrativa, el fragmento, la
alusión, la ausencia de referentes políticos, el estilo conjetural" y señala, siguiendo a Miguel Dalmaroni,
que ese estilo ha dado lugar a un nuevo modo de representar la historia reciente en el que se apuesta "por
la construcción de una trama y una vuelta a los procedimientos del realismo". La tendencia que aquí
reseñamos se solapa (aunque no coincide plenamente) con esta nueva línea de la narrativa argentina.
y por eso pueden referir cada episodio y registrar la articulación entre los hechos, pero
Castellanos Moya, por ejemplo, sabemos qué armas porta nuestro héroe, su
entrenamiento y las ejecuciones que realiza. Sin embargo, la deriva del protagonista
Así, el sentido de la experiencia es parte del trabajo del lector, porque para sus
protagonistas los hechos permanecen opacos. En lugar de afirmar algún tipo de saber
parte esencial de sus estrategias narrativas. 125 Así donde otros relatos afirman que saben,
desafio enunciativo. Es necesario entonces leer entre líneas las declaraciones de los
del sentido de las acciones. En este punto, la diferencia con los relatos de la biblioteca y
con los de la contraseña se hace evidente: aquí la posibilidad de construir relato depende
del saber que se pone en juego o se escamotea, mientras que en aquellos el saber
ironía en el tono los recorre y cuestiona la posibilidad del conocimiento que los
125
Hayden White (en "La trama histórica y el problema de la verdad en la representación histórica",
incluido en El texto histórico como artefacto literario, Barcelona, Paidós, 2003) ha señalado cómo la
conciencia del "acontecimiento modernista" (esos episodios como los genocidios, las bombas atómicas, la
degradación ambiental, impensables antes del siglo XX) produce relatos que cuestionan la posibilidad de
representar la historia. Esa dificultad, que recorre la literatura del siglo XX, aparece de un modo
característico en textos producidos durante la década de los noventa. En relación a los planteos de White,
Josefina Ludmer ha señalado, en una perspectiva diferente, la caída en desuso de la oposición ficción /
testimonio (que fuera central para pensar la literatura latinoamericana durante las décadas de los setenta y
ochenta) como rasgo distintivo de la ficción contemporánea (ver Josefma Ludmer; "Literaturas
postautónomas 2.0", en bM://[Link]/[Link]?id=159, consultado el 18-12-08).
61
de corrosión que comienza por la ausencia de Esteban Echeverría (que promete el
paratexto) y termina por el tono irónico con el que trata a los personajes que, en la línea
de los conocimientos del crack, por ejemplo, serían retratados con el tono neutro del
conocedor. Inclusive cuando se trate con tono "profesoral", los conocimientos históricos
terminan contando una historia delirante, que contradice frontalmente, por el absurdo, la
Bermejo Mora, cuenta cómo Pancho Villa se unió a la Revolución para comer los más
ricos tamales, o "La traición más grande del mundo contada por un traidor que fue
traicionado por aquellos que dicen que nunca traicionan", de Sergio Gómez, en el que la
categorías estables del saber institucional (El último campeonato mundial, de Pedro
texto de la novela). 126 Así, estos relatos postulan una desestabilización en la relación
entre saber y relato. En verdad, la ironía, la imposibilidad del sentido recto, resulta
constitutiva. 127
Así, los narradores de estos textos se nos presentan como distantes con respecto
a los hechos narrados (la "frialdad" de los narradores de Mario Bellatin o la ironía de El
último campeonato mundial son modos característicos) o bien, si se trata de una primera
persona, como ineficaces o insuficientes a la hora de contar qué sucede (es el caso de El
126
Beatriz Sano (op. cit.) ha señalado la reescritura de la historia como absurdo para algunos relatos
contemporáneos.
127
Para White, el discurso irónico se caracteriza por no poder "decir nada directamente, porque no tiene
confianza en el poder de las palabras para representar 'cosas' o 'pensamientos". Ver Hayden White, "El
discurso de Foucault", en El contenido de la forma, op. cit.
62
Así, la capacidad de aprehender lo real por medio del relato también aparece
como problemática. Sin embargo estos textós se instalan ahí donde otros creen que el
reconocimiento o la docencia pueden superar esa crisis. Estar en la crisis: exhibir las
dificultades de contar un saber estable, desafiar los saberes del lector, parece constituir
3. 4. Coda
medida en que es cada vez menor la capacidad de dar sentido a los acontecimientos.' 28
Uno de los rasgos centrales del tipo de narración que a Benjamin le interesa es
su orientación práctica: las narraciones sirven (en la escena primitiva que disefla) para
algo, tienen una "secreta utilidad". Esa utilidad no viene dada por los saberes que el
texto menciona (de ahí que el mayor enemigo de la narración sea la información: ahí
donde la información se agota, la narración atesora), sino antes bien son la conexión con
una experiencia que activa un saber que la narración atesora ("El consejo no es tanto
128
Ver Walter Benjamin; "El narrador. Consideraciones sobre la obra de Nikolai Leskov", en Sobre el
programa de lafilosofla futura, Barcelona, Planeta-De Agostini, 1986 y "Experiencia y pobreza", en
Discursos interrumpidos, Buenos Aires, Planeta, 1994. Benjamin señala que la capacidad de dar sentido a
los hechos sucede sólo con la muerte y que, en este sentido, el narrador toma en préstamo la autoridad de
la muerte. Tal vez pueda afirmarse que la decadencia de la capacidad de narrar depende de la aparición de
un nuevo tipo de muerte, lo que Hayden White denomina "el acontecimiento modernista" ("La trama
histórica y el problema de la verdad en la representación histórica", op. cit.).
129Benjamin, "El narrador", op. cit. pág. 192. En "Breves malabarismoa artísticos" (incluido en cuadros
de un pensamiento, Buenos Aires, Imago Mundi, 1992, pág. 152) Benjamin señala: "El mérito de la
infonnación pasa en cuanto deja de ser nueva. Ella sólo vive en ese momento. Debe entregarse a él y
explicarse sin perder tiempo. Pero con el relato sucede otra cosa: él no se agota, sino que almacena la
fuerza reunida en su interior y puede volver a desplegarla después de largo tiempo".
63
La relación entre saber y relato no es entonces representacional, sino que el
saber funciona como un sentido encapsulado, que sólo puede reponerse en la circulación
social del relato. Así, estas estructuras narrativas esconden un saber. La lógica de ese
desprenderse la conclusión, que entonces llega como una sorpresa. El saber que esconde
Benjamin señala en "Sombras breves" que todo saber debe ser contradictorio, debe de
Así considerado, la lógica misma del relato contiene un saber, que al encontrarse
respecto a la forma del relato: no está incluida en nada de lo que se dice, ni es necesaria
desaparición de ese exceso, de esa relación que constituiría una forma básica de
Los relatos de la contraseña y los del conocimiento dan por perdido ese
estos textos refieren parecen agotar todo saber en la referencia porque nada puede
130
En ese sentido, el modo privilegiado de la narración a la que se refiere Benjamin son las parábolas.
131
Ricardo Piglia, heterodoxo lector de Benjamín, señala la contradicción como eje del relato en sus en
sus "Tesis sobre el cuento" (incluido en Crítica yficción, Buenos Aires, Seix Barral, 2000).
132
En "Experiencia y pobreza", Benjamín considera relatos en los que ese exceso ha desaparecido, lo que
sugiere que las tesis de "El narrador" no se refieren a la narración sin más, sino a cierto tipo de narración.
64
los primeros, eufóricos los segundos, para ellos el fin del saber narrativo permite
deshacerse de una historia de la que se sale aprovechando lo que han dejado sus ruinas.
estupor que produce esa pérdida. La ironía, el desfase entre enunciación y narrador
señala en estos relatos ese vacío que Benjamín indicara para los "saberes auténticos".
reemplazado por una información que debe buscarse fuera del texto. Ese gesto funciona
de dar sentido a la experiencia por medio de la narración. Así, allí donde otros textos
suponen que es posible agotar la experiencia, darle sentido por la vía de la información,
desconfianza en los saberes, aquella que puede relacionarse con las operatorias
133
MartÍn Kohan señala, en Zona urbana (Buenos Aires, Norma, 2004), la ambigüedad de este concepto,
puesto que en la lectura de "El narrador", no termina de quedar claro si la experiencia ha muerto porque
los lazos sociales se han disuelto o si se trata de una crisis de la representación.
134
Sin duda, la narrativa contemporánea no puede reducirse a estas tres líneas. Sin embargo, es posible
que textos y problemas que defmitivamente quedan fuera de esta sucinta descripción tal vez puedan
explicarse a partir de la tensión entre estas líneas. Amphitryon, de Ignacio Padilla, por ejemplo, o Las
Islas, de Carlos Gamerro; son relatos que ponen en tensión el saber institucional y el duelo por la pérdida
de las capacidades narrativas tradicionales.
También, a partir de estas inferencias, tal vez sea posible estudiar el impacto que en la década
tienen dos escritores que no pertenecen a esta generación: Roberto Bolafio y Femando Vallejo. Este
impacto parece condensarse en la resolución de esta dicotomía en el centro de sus obras. En el caso de
Bolaflo se trata de una escritura en la que la narración se deshace bajo la presión de las diferentes voces
que pueblan sus relatos, de las anécdotas que impiden que la primera persona se tome obsesiva. Estas
"otras voces" se articulan con la misma precariedad con la que se articulan los saberes: largas tiradas de
nombres y citas que mezclan lo "culto" y lo "masivo". Y en el fondo, por sobre todo el fárrago la
imposibilidad de ordenar un "relato" que ligue esos saberes con esta experiencia. En el caso de Vallejo se
trata también de una narración desarticulada, una larga lista de episodios articulados sobre la errática
memoria de un narrador obsesivamente concentrado sobre sí mismo. El saber de "la biblioteca", en el
65
caso de Vallejo está concentrado en esa voz crispada, que confronta su saber con la imposibilidad de
ordenar el mundo a partir de ellos.
Pero por detrás y por arriba de estas escrituras aparece aquello silenciado o elidido en las tres
tendencias que comentábamos: el trauma de la historia. En el fondo, la pregunta que se hacen Vallejo y
Bolaño es la misma, es aquella que los escritores de los noventa parecen incapaces de responder y
prefieren elidir para construir su escritura: ¿por qué es imposible hoy articular un relato pleno? ¿Por qué
hoy se nos presenta el saber moderno como inútil para aprehender el sentido de lo que vivimos?
Los dos umbrales de la ficción
policial latinoamericana
El modo en que los textos que estudiaremos se articulan con el campo literario
configurada alrededor de dos momentos en los que el estatuto del género cambia
cualitativamente. Por una parte, la década del cuarenta es el momento en que la ficción
policial se torna en un género de masas. Por otra, la década del setenta es el momento en
que, aunque no llega a conformar un tercer umbral, parece llevar hasta las últimas
consecuencias las rupturas producidas durante la década del setenta. Ese es el escenario
El origen de esos cambios puede, sin embargo, encontrarse en los rasgos menos
lecturas que, articuladas por los herederos de las vanguardias, habrían de cambiar el
latinoamericana puede situarse entre la década del treinta y el cuarenta. En esos años los
dirigida por Antonio Helú; en 1945, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares
comienzan a editar en Buenos Aires la colección "El séptimo círculo" (que incluye
autores argentinos y notas de los editores y sus allegados —como Manuel Peyrou- sobre
LSI1
los diferentes volúmenes). Durante la década se publican también las primeras
(A. Helú, 1946), Las 9 muertes del padre Metri (Leonardo Castellani, 1942) y La
espada dormida (Manuel Peyrou, 1944). Mientras Luis Insulza Venegas (bajo el
aparecen las primeras novelas policiales identificadas como tales: El estruendo de las
rosas (Peyrou, 1948) y El asesino desvelado (1946), de Enrique Amorim (ambas en "El
Blanco) publica en la colección "La linterna", en Santiago, Los minutos acusan y Luis
Insulza Venegas, en 1947, en la misma colección, El crimen del par que forestal. En
México, en 1944, aparece Ensayo de un crimen, de Rodolfo Usigli. Es decir que hacia el
libros que se identifican con él. 135 Casi de inmediato se producen las primeras
antologías nacionales: en 1953 Rodolfo Walsh edita los Diez cuentos policiales
los mejores cuentos policiales, preparada José Navasal y publicada en Santiago, que
género.
135
Para mayores precisiones se puede consultar con provecho Asesinos de papel, de Jorge Laiforgue y
Jorge Rivera (Buenos Aires, Colihue, 1996), así como los prólogos de Ramón Díaz Eterovic a Crímenes
criollos. Antología del cuento policial chileno (Santiago de Chile, Mosquito Editores, 1994), y de María
Elvira Bermúdez a Cuento policiaco mexicano. Breve antología; México, Premiá, 1987 y el conjunto de
ensayos compilado por Miguel Rodríguez Lozano y Enrique Flores, Bang!Bang! Pesquisas sobre la
narrativa policiaca en México, México, Universidad Autónoma de México, 2005. Para precisiones
globales sobre el período ver el prólogo de Donald Yates a El cuento policial latinoamericano (México,
De Andrea, 1964) y el Prólogo de Vicente Francisco Torres a El que la hace... ¿la paga? Cuentos
policíacos latinoamericanos (Lima, Aique, 2006).
No quiere decir esto que en décadas previas no hubieran existido relatos
de textos dispersos, que podían leerse en continuidad con otros fenómenos (como el
cuento fantástico o el periodismo), sino del recorte de un campo propio, reglado, de una
ayudan a explicar sus rasgos salientes.' 39 Uno de los rasgos menos estudiados de ese
la aparición de esta crítica que heredera de los proyectos de las vanguardias. Así, el
136
Aquí y allá se encuentran ejemplos notables: ya a fines del siglo XIX Eduardo Holmberg había
publicado "La bolsa de huesos", en 1903, Horacio Quiroga, "El triple robo de Bellamore", en Carasy
caretas; entre 1913 y 1921 Alberto Edwards, en Pac(flco Magazine las aventuras de Román Calvo, "el
Sherlock Holmes chileno" (sintomáticamente los cuentos de Edwards no se recopilaron hasta 1953). Se
trata, sin embargo, de fenómenos aislados, que todavía no definen un campo de operación para sus
principios formales. Por lo demás, aquí no referiremos a lo que tradicionalmente se entiende por "relato
policial latinoamericano", es decir, relatos cuyo horizonte referencial es América Latina. Debe decirse sin
embargo, que en paralelo con estos desarrollos, existen desde principios de siglo y al menos hasta entrada
la década del cuarenta, una serie paralela de relatos escritos con seudónimo "inglés" y ambientados en
Europa o Estados Unidos (cuentos de Camilo Pérez de Arce, de Luis Enrique Délano, de Carlos Werner,
de Eduardo Goligorsky, etc.) cuya estudio y ubicación en la historia del género es todavía una materia
pendiente.
137
Una lista apresurada: una lista más detallada debería incluir un retrato cualitativo de esta expansión.
Por un parte, el fenómeno que cristaliza en la década no debería olvidar las múltiples revistas que, al
menos en México y Argentina venían publicando desde principios de siglo cuentos policiales, y aun
cuentos policiales latinoamericanos. Por la otra, la aparición de relatos como "La muerte y la brújula", de
Borges, cuya influencia no puede exagerarse o el trabajo como traductor de Reyes, si bien pueden
pensarse a la luz del fenómeno que se inicia en los 40, se articulan con series de las que es imposible dar
cuenta aquí.
138
Esta fijación metadiscursiva, sumada a la previsibilidad en la circulación, garantiza la estabilidad
necesaria para la constitución genérica. Ver Oscar Steimberg; "Diez proposiciones sobre el género", en
Semiótica de los medios masivos, Buenos Aires, ECA, 1991
139 Para un estudio del momento de emergencia del relato policial (limitado al caso de la literatura
argentina), ver Ezequiel De Rosso: "Lectores asiduos y viciosos: la emergencia del caso policial en la
ficción" en Celina Manzoni (directora), Rupturas, tomo 7 de la Historia crítica de la literatura argentina,
Buenos Aires, Emecé, 2009.
70
coincidencia a veces incómoda entre mercado y vanguardia. Los aportes de uno y otro
lado de "la gran división" (el caso policial y una reflexión específicamente
relación de un crimen con una investigación, la constitución de un espacio local para las
de metadiscursos que, por la vía del prestigio de sus autores, contribuye a legitimar la
Luis Borges, Juan Carlos Onetti o José Antonio Portuondo, figuras centrales del campo
140
La "gran división" es, para Andreas Huyssen, la lógica íntima de la modernidad estética: la tensión
entre "arte culto" y "cultura de masas". Según Huyssen, sólo la vanguardia logró postular, durante la
modernidad, un modo diferente de relación entre ambos poios. Ver Andreas Huyssen; "La dialéctica
oculta: vanguardia - tecnología - cultura de masas" en Después de la gran división: modernismo, cultura
de masas, posmodernismo, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2002.
71
literario latinoamericano construyen por esos años una serie de argumentos en torno a la
Dos argumentos interesan aquí. Por una parte, Borges reivindica la cualidad
formal, de "orden", del relato policial. Por el otro, señala el valor de la narración "bien
desenlace").' 43
Descansa el corazón, y trabaja la cabeza como con un enigma lógico o una charada,
como con un caso de ajedrez", y luego, ante los ataques de que es víctima la novela
policial por ser sólo una "fórmula", aclara: "Después de todo 'fórmula' es 'forma', y no
le está mal a la novela, tan orillada por naturaleza a los desbordes, y más en los últimos
tiempos, un poco de forma". El texto termina sugiriendo que el juego que comporta la
141
Todavía hoy, cuando se plantean debates sobre el género policial en su vertiente "clásica", la que
impera por esos años se recure (para rebatirlos) a los argumentos planteados por estos autores.
142
Publicado originalmente en Sur, año XII, N°91, abril de 1942. Recopilado luego en Borges en Sur,
Buenos Aires, Emecé, 1999 El argumentos había sido formulado por Borges ya en 1933. En "Leyes de la
narración policial" (Hoy Argentina, Mo 1, N°2, abril de 1933. Reproducido en Textos recobrados,
Buenos Aires, Emecé, 2007) se afirma: "la organización y la aclaración, siquiera mediocres, de un
algebraico asesinato o un doble robo, comportan más trabajo intelectual que la casera elaboración de
sonetos perfectos".
143
La reivindicación del "orden", del rasgo formal de un relato sería famosamente defendida en el
prólogo a La invención de More! (1940) de Adolfo Bioy Casares. Allí se especifica por qué el orden es
diferente de lo "bien formado" de un relato: la novela policial no se opone a la "novela psicológica" sólo
por tener "un principio, una trama y un desenlace", sino porque tiene "intrínseco rigor": "la novela
característica, 'psicológica' propende a ser informe." Borges agrega que la novela de aventuras (que
relaciona con la literatura policial) "no se propone como una transcripción de la realidad: es un objeto
artificial que no sufre ninguna parte injustificada.". El énfasis en la artificialidad, conviene recordar, sería
un efecto del paso de Borges por la vanguardia. Ver Beatriz Sarlo; "Borges en Sur: un episodio del
formalismo criollo" en Escritos sobre literatura argentina,Buenos Aires, Siglo XXI, 2007. La cita del
prólogo fue tomada de "Adolfo Bioy Casares: La invención de Morel", en Prólogo con un prólogo de
prólogos, Buenos Aires, Alianza, 1998.
72
imperfectamente". Se liga así la novela policial (su juego formal) con la literatura
El argumento opone más o menos los mismos enemigos que opusieran Borges y Reyes,
novela policial proporciona una "catarsis, una purificación del lector que deberá
La novela policial, en efecto, restaura el sentido propio del género que en sus formas
más cultas o más artísticas está desapareciendo a nuestra vista para disolverse en la
lfrica con Joyce y con Virginia Wolf, o para retornar a la épica, como ya había advertido
José Carlos Mariátegui, con la soviética y con nuestra propia novelística
hispanoamericana. 147
Como se ve, el trasfondo que sostiene todas estas opiniones es doble. Por una
formales, del juego intelectual, que se opondría entonces a la condición amorfa en que
'""Sobre la novela policial" [1945], en Prosaypoesía (ed. James Willis Robb), México, Rei, 1987.
Aunque en apariencia banal, debería destacarse el hecho de que Reyes reivindica la novela policial antes
que el cuento, lo que, dado el ardor con el que Borges defendió el cuento como epítome del género,
colocaría a Reyes y a Borges en polos opuestos del espectro.
145
Los mismos enemigos: la literatura "oficial" que cuestiona Reyes. Escribe Villaurutia: "El estilo de
Antonio Helú no lo pone en peligro de instalarlo en la Academia de la Lengua, ni en ninguna otra
Academia, cosa que, estoy seguro, no sólo no le preocupa, sino que le haría temblar".
146 Xavjer Villaurrutia, "Prólogo" a La obligación de asesinar, de Antonio Helú [1946], incluido en
Obras, México, FCE, 1966.
147
José Antonio Portuondo; "En tomo a la novela detectivesca", citado por Leonardo Acosta en Novela
policial y medios masivos, La Habana, Letras Cubanas, 1986.
73
ha "degenerado" la novela contemporánea. Así presentado el problema, las posiciones
novela "digresiva" y amorfa (Borges, Villaurrutia). En todos los casos, sin embargo, la
Pero ¿cuál es el motivo por el que escritores tan disímiles como Portuondo y
Borges defiendan con argumentos tan similares un género tan poco considerado por la
literatura "oficial"? Portuondo sugiere, por ejemplo, que su lectura de la novela policial
Pero es otro escritor sudamericano quien formula nítidamente la hipótesis que aquí
ofreceremos.
afirma que "el individuo es una cosa liquidada" y en tono de arenga concluye citando a
Mayakowski:
puestos a elegir entre un poema dedicado a la guerra que azota al mundo y una novela
de trescientas páginas donde se estudie sabiamente las reacciones producidas en el
personaje por un drama de adulterio, nos quedamos con una buena novela policial de
Philo Vance, escrita por SS Van Dine, de la firma social Van Dine, Van Dine y Van
Dine.' 48
que une a todos estos escritores es justamente su interés en décadas previas por la
148 Citamos por la reedición en Juan Carlos Onetti; Cuentos secretos. Periquito el aguador y otras
máscaras, Monteviedeo, Biblioteca de Marcha, 1986.
149 El objeto del ataque: en el "Manifiesto Estridentista Número Tres" (fechado enjulio de 1925), los
estridentistas declaran que "Sólo los espíritus académicos siguen confeccionando sus OLLAS
PODRIDAS con materiales manidos" y en el "Llamamiento" (fechado en noviembre de 1924) Evaristo
Ribera Chevremont exhorta "Rechazad esa literatura oficial que viste el mismo color y usa el mismo
74
ultraísmo, Villaurrutia y Contemporáneos) o por el interés con el que siguieron los
debates de la vanguardia (Reyes, Portuondo).' 5° De ese interés y sus formas (el tono
Defensa que, debe decirse, tal vez pueda pensarse como un modo específico de
pueden servirnos para verificar en qué medida la alianza entre género y vanguardia (en
una permanencia curiosa luego del fin su momento heroico) produjo un modo particular
de leer en el continente.
El argumento en favor del formalismo, del "juego", por ejemplo, había sido
policiales) nunca pretendieron con esto confrontar con lo que Reyes llama la "novela
oficial". 15 ' En este sentido, Howard Haycraft afirmaba en 1957 de las novelas
policiales: "Some read them for the intellectual challenge of the puzzles they present;
others for the vicarious pleasures of the chase".' 52 Así, aunque los autores aquí
el juego formal que comporta el género es una herramienta que pone en pie de igualdad
que deploraba el "formalismo" de la novela de enigma y que en otros sentidos fue tan
sombrerito de maestro de escuela". La misma retórica, por cierto que apaciguada, comunica la reflexión
sobre la novela policial con el manifiesto vanguardista. Las citas fueron tomadas de Celina Manzoni
(selección y prólogo); Vanguardistas en su tinta, Buenos Aires, Corregidor, 2007 y Nelson T. Osorio
(Edición); Manifiestos, proclamas y polémicas de la vanguardia literaria hispanoamericana, Caracas,
biblioteca Ayacucho, 1988.
150
Algunos años más tarde, en 1953, otro lector atento de la vanguardia, Luis Alberto Sánchez (en
Proceso y contenido de la novela hispano-americana, Madrid, Gredos, 1976) afirmaba esta relación: "La
novela policial 'up-to-date' se nutre de elementos metaflsicos e imaginistas. Su filiación pertenece a la
misma familia dactilar y antropométrica de las novelas-poemas: La casa de cartón [...],
por Martín Adán;
Novela como nube [ ... ] por Gilberto Owen".
151
Al comienzo de sus "Twenty rules for writing detective stories", S.S: Van Dine (el creador de Philo
Vance) declara que "The detective story is a kind of intellectual game. It is more--it is a sporting event.".
Ese énfasis en el "juego" es considerablemente diferente del énfasis que proponen Borges o Reyes.
152 Howard Haycraft; "Introduction", en Howard Haycraft y John Beecraft (eds.); A treasury of great
Mysteries, New York, Doubieday, 1957.
75
combativo, se torna sensato a la hora de evaluar la calidad "literaria" de los relatos
publicados por las revistas pulp: "Entre el humorismo monosilábico de la tira cómica y
las sutilezas anémicas de los literatos hay una amplia extensión de territorio en la cual el
relato de misterio puede o no ser un mojón importante". 153 La operación analítica de los
textos que aquí trabajamos, en cambio, no plantea una zona intermedia: entre la tira
atiende al hecho de que por los mismos años W.H. Auden (en 1948) y Edmund Wilson
rescataban los mismos motivos que vimos en estos textos, pero con un signo diferente.
Para Wilson, la novela policial resulta deleznable entre otras cosas porque no se "puede
leer semejante libro, uno lo recorre para ver el problema solucionado; y no es posible
interesarse por los personajes, porque no se les permite una existencia propia, aun en
dos simples dimensiones". Auden, que defiende la novela policial (aunque indica que
"las novelas policiales no tienen nada que hacer con las obras de arte"), como Reyes y
Villaurrutia, compara la novela policial con la tragedia griega. Sin embargo, en lugar de
suspenso, destaca en qué medida la novela policial es producto del "sentido del
pecado". Así, para Auden, la novela policial es el producto de una dialéctica entre la
resuelve "una cura se ha efectuado, no por mí o por mis vecinos sino por üna milagrosa
153
Ver "Introducción" a El simple arte de matar, Buenos Aires, Tiempo Contemporáneo, 1970. La
primera edición del libro se publicó en 1950 Las reflexiones literarias de Chandler, tan celebradas un
cuarto de siglo más tarde, no se oponen a "la literatura oficial", sino que pretenden demostrar en qué
medida la novela negra es un producto literario "serio". Es esa posición la que lo lleva a la sensatez de
dejar abierto el juicio ("puede o no ser importante") sobre la calidad de la novela policial. Por lo demás,
sus reflexiones pueden leerse en franca oposición a las de los escritores latinoamericanos. Escribe
Chandler: "Un escritor que teme desbordarse es tan inútil como un general que teme equivocarse". Las
reflexiones de Reyes y Portuondo ubicarían nítidamente a Chandier dentro de la literatura "oficial": como
para Chandler, para la literatura "oficial" el género es una constricción que debe ser desbordad por el
verdadero "creador".
Vrol
intervención de un genio de afuera que quita la culpa al dar conocimiento de la
culpa". 154
Se trata, como se ve, de los mismos motivos que esgrimen Villaurrutia, Borges,
Reyes y tal vez Portuondo. Pero los argumentos cambian, allí donde Wilson ve como
juego formal.' 55
Así es que tal vez podría afinnarse que en la reflexión vanguardista se encuentra
gran parte del arsenal crítico que contribuirá a la articulación del género dentro del
campo literario latinoamericano.' 56 Pero también es posible pensar que, aun cuando no
sean explícitas, las fuerzas que liberara la vanguardia serán capaces de explicar algunos
de los movimientos posteriores de estos escritores dentro del campo literario de los
cuarenta.
vanguardia durante la década del veinte (década que, como vimos, no termina de
utilizaron las normas del género policial y diseñaron una serie de estrategias que tal vez
154
W. H. Auden; "La vicaría de la culpa", en La mano del teñidor (Buenos Aires, Adriana Hidalgo,
1999) y Edmund Wilson; "Por qué la gente lee novelas policíacas?", Buenos Aires, CEFyL, 1996,
mimeo.
155
La "catarsis" a la que se refiere Reyes es llevada a cabo imperfectamente por la novela "oficial" por
"ciertos agobios de seriedad y análisis": "estos agobios de seriedad fácilmente paran en pesadeces —llevan
a olvidar las energías primarias en juego —y a un juego superior se reduce el disfrute estético" Como se
ve, aunque Reyes relacione la novela policial con la tragedia griega, su concepto de catarsis tiene que ver
antes con la nitidez del conflicto (y su predecible resolución) que con la lógica del pecado. Ver Reyes, op.
cit.
156
De hecho, los defensores de la novela policial (inclusive quienes deploran el formalismo de la novela
de enigma) usarán ese tono para sus reflexiones sobre la novela policial. Ver mfra.
77
Los "usos" del policial son evidentes en diversos movimientos vanguardistas
Grupo Minorista publica por entregas en Social la novela grupal Fantoches 1926. En
1931, Felisberto Hernández publica "La envenenada" y Vicente Huidobro escribe con
Hans Arp "El jardinero del castillo de medianoche (novela policial)" que forma parte de
Sus Tres inmensas novelas, finalmente publicada en Santiago en 1935. A estos textos
narrativos pueden agregarse las notas que publican Héctor Poveda en 192 [Link] de
avance y Alejo Carpentier en 1931 en Carteles. Este conjunto muestra un interés por el
género que no existe para otros géneros masivos (como el melodrama o la ciencia
ficción).' 57
policial de enigma, en algunos casos siguiendo el modelo de Conan Doyle (el narrador
"Con todo, entre miedoso y desalentado, encendí mi pipa. Esto es esencial, muy
157
El interés de la vanguardia por la novela policial no debería sorprender. Bertolt Brecht señalaba en
1926: "Naturalmente, hay que guardarse de apreciaciones estéticas para ver la relación entre las obras
sumamente complicadas de Joyce, Dóblin y Dos Passos y la novela policíaca de Sayers, Freeman y
Rhode. Si, sin embargo, se ve la relación, se descubre que la novela policíaca, con todo su primitivismo
(no sólo de tipo estético), satisface las necesidades de los hombres de una época científica incluso más
que las obras de vanguardia." (Bertolt Brecht; "De la popularidad de la novela policíaca", incluido en
Daniel Link (comp.), Eljuego de los cautos. La literatura policial: de Poe al caso Giubileo,Buenos
Aires, La Marca, 1992.). También es conocido el interés que los surrealistas mostraron por los relatos de
Fantomas. Por lo demás, es posible afirmar que la novela de enigma es, en su momento "decadente" (el
mismo momento de apogeo de la vanguardia) un novela que empobrece la psicología de los personajes,
que sugiere que una novela puede escribirse con reglas (como las famosas veinte reglas de S.S. Van
Dine), que toma la literatura un juego que, en el límite, pretende transformarse en otra cosa que literatura
(de ahí los diversos planos, las preguntas dirigidas al lector, el proliferación de dossiers que pretenden
acercarle al lector todos los datos). Es dificil entonces imaginar un género más cercano a los proyectos de
la vanguardia (que redacta manifiestos, abjura del pacto psicologista y pretende destruir la idea de sujeto
escritor). Para un desarrollo más extenso de estas cuestiones ver Ezequiel De Rosso; "Relato policial y
vanguardia", preprint.
78
"la rigidez de uno de aquellos jueces de Gaboriau").' 58 Sin embargo, la inestabilidad de
los metadiscursos y las estrategias que ponen en juego los textos (que tienden a
"parodias". 16°
provisional".
158
Pablo Palacio; "Un hombre muerto a puntapiés", en Obras completas, Madrid; Barcelona; La Habana;
Lisboa; París; México; Buenos Aires; Sao Paulo; Lima; Guatemala; San José; ALLCA, 2000 (los
números entre paréntesis remiten a la paginación de esta edición) y AAVV, Fantoches 1926, La Habana,
Editorial Capitán San Luis, 1993.
159
Entre otras cosas, hablar de géneros, en el sentido estricto del término supone la existencia de
metadiscursos consensuados y de una producción más o menos estable y continua que garantice los
acuerdos que sostienen un sistema genérico. Como se verá, estos acuerdos no existen y en este sentido,
aunque puede leerse el relato policial inglés como horizonte intertextual, dificilmente se pueda hablar de
productos "genéricos". Para un desarrollo de las condiciones genéricas, ver Oscar Steimberg; op. cit.
160
Aquí preferimos hablar de "usos" o "apropiaciones" vanguardistas del género, antes que de "parodia"
(palabra recurrente toda vez que se habla de estos textos), al menos por dos razones. La primera es que si
bien, en diferentes puntos (como los indicados más arriba) los textos trabajados se comportan como
parodias de rasgos genéricos (según Linda Hutcheon: "la señalización de la djferencia"), en otros casos
esos rasgos codificados se presentan como estrategias productoras de sentido afirmativo. Es décir no sólo
como distancia con respecto al policial, sino como afirmación vanguardista, y en ese sentido, siempre
siguiendo a Hutcheon, se comportan como "pastiches" ("el pastiche señala más la similitud que la
diferencia"). Esta doble estrategia, parece, produce una fractura en la relación con el género, una
fragmentación característica de la vanguardia, que diversos críticos (Yurkievich, Burger) han identificado
sin relacionarla directamente con la parodia. Así, la inscripción de estos textos en las líneas del género
produciría una obra "antigénero" (Steimberg) antes que una parodia: los textos de algún modo denuncian
los modos del policial, pero a la vez se los apropian para sus propios fmes. Tal vez una prueba de la
dificultad del usar el concepto de parodia para la vanguardia latinoamericana sea esta declaración de Noé
Jitrik: "En el siglo XX [ ... ] la parodia surge con gran brío, pero ya asumida, es decir como sistema
procesal y, por lo mismo, como un tributo pagado a la modernidad. Así, podría decirse que las
vanguardias son paródicas". Las dimensiones de ese "ya asumida" son tenebrosas (ten qué medida una
parodia, en tanto que tal, puede estar asumida? ¿Si se la asume no es ya "el grado cero" y por lo tanto
oblitera su objeto parodiado?). Es esta la segunda razón por la que usamos un término mucho menos
marcado, como "uso" o "apropiación: porque realmente no sabríamos que término usar para señalar la
relación intertextual con el género. Ver Peter Bürger, Teoría de la vanguardia, Barcelona, Península,
1987. Noé Jitrik -Linda Hutcheon; Para leer laparodia,Buenos Aires, OPFyL, 2006; Saúl Yurkievich;
"Estética de lo discontinuo y fragmentario: el 'collage", en Suma crítica, México DF, FCE, 1997 y Oscar
Steimberg; op. cit.
79
comercio, de Quito (7)) con los procedimientos de la novela policial. 16 ' Esos dos
epígrafes parecen guiar al narrador del cuento, que no puede escapar a "los palpitantes
marcha un relato policial que comienza como una parodia de "El misterio de Marie
Roget" en el que Dupin resuelve el enigma sólo a partir de la lectura de los diarios. Sin
relato policial para construir una reflexión sobre las posibilidades de cualquier relato.
El relato se sostiene en la "doble historia" que articula todo relato policial: el del
revelación de una verdad.' 62 El relato final, momento típico de la verdad del género,
revela el sadismo de un personaje que a lo largo del relato afirma que "se interesa por la
justicia y nada más" (9). En ese movimiento, "Un hombre muerto a puntapiés" devela
de la hipocresía que margina a los diferentes (en este caso a los homosexules y los
extranjeros).
Palacio. Menos ha sido indicado el lugar que tiene en estas elucubraciones el relato
policial. En efecto, el texto de Palacio entiende que el relato policial es antes que nada
un "metarrelato" y que la segunda historia es una construcción antes que una revelación.
161
Desde su redescubrimiento a mediados de la década del 60 la obra de Pablo Palacio no ha dejado de
suscitar una bibliografia que cuarenta años después resulta inagotable. "Un hombre muerto a puntapiés"
es, en ese corpus, uno de los textos más leídos. Poco hay para agregar, salvo una nota, la que aquí
intentamos, que pretende leer desde el género policial el cuento de Palacio. En cualquier caso, algunas de
nuestras afirmaciones ya están contenidas en otras lecturas que se han hecho (y de algunas de ellas nos
hemos valido: en particular de "Literatura, locura, sociedad", de Jorge Ruffinelli y de "Un hombre
muerto a puntapiés': poética y narración", de Antonio Cornejo Polar, ambos incluidos en Miguel Donoso
Pareja (comp.), Recopilación de textos sobre Pablo Palacio, La Habana, Casa de las Américas, 1987).
162
El investigador, ante el fracaso de sus pesquisas decide dibujar un retrato de la víctima. De ahí, de la
apariencia que su propio trazo le ha dado, infiere el nombre propio, la edad, la nacionalidad y el carácter
del difimto (señala el narrador: "Entonces confeccioné las siguientes lógicas conclusiones" (10), énfasis
nuestro). Lo que sigue, la "revelación" de lo sucedido reemplaza la aparente lógic,a del relato policial por
un relato caprichoso que muestra el prejuicio (sexual, nacional) de las capas media ecuatorianas, pero
también exhibe el artificio del razonamiento "lógico" del policial. Ver Pablo Palacio, op. cit.
Ese procedimiento permite a la vez (en la medida en que la insistencia sobre la "verdad
de los hechos" es esgrimida recurrentemente por el narrador así como por la prensa)
procedimiento el mecanismo que articula toda la secuencia narrativa. 164 Que es también,
final: "Pero alegrémonos por la fausta noticia de que la verdad no es ser substancial que
alguna vez podremos verlo. Nuestra alegría consiste precisamente en el hecho de que
nunca podremos llegar al final de las cosas y de los problemas." (217) El uso del
verdad tanto de los relatos ficcionales como de los "verídicos") a través de los
Por otra parte, si se toma un relato como "Un crimen provisional", de Arqueles
Vela, se verá que ese texto, el uso del género cambia. "Un crimen provisional" es un
163
En "Carta", incluida en Celina Manzoni (ed.) El mordisco imaginario. Crítica de la crítica de Pablo
Palacio, Buenos Aires, Biblos, 1994.
164 Por supuesto, queda también "la invitación al asco de nuestra realidad actual" sobre el que la crítica ha
81
texto excepcional en el conjunto de relatos de El café de nadie, porque a pesar de todas
las oscuridades que lo componen es el único relato que tiene progresión narrativa. 165 Es,
además, el único texto que tiene la forma de un género determinado. De hecho, "Un
escribía Vela: "Lo real y lo natural de la vida es lo absurdo. Lo inoconexo. Nadie siente
ni piensa con una perfecta continuidad. Nadie vive una vida como la de los personajes
Vela contradice estas afirmaciones en "Un crimen provisional" y no, por ejemplo en
"La señorita Etcétera" (1922), un texto que sugiere antes que nada una historia de amor.
Dicho de otro modo: para contar una historia romántica con sus "inconexiones", Vela
desarma la estructura del melodrama, pero para contar un crimen respeta los núcleos
estructurales de la novela policial. 167 Para adentramos en los motivos de esta diferencia,
habrá que ver en qué medida el uso del policial le permite Vela asomarse a "lo
inconexo".
primero se nos informa que el crimen "Era un crimen hipotético" (241) y, conforme
165
La "diferencia" que distingue "Un crimen provisional" dentro de El café de nadie, es sefialada por
Nieves Martín Rogero en "Arqueles Vela: máximo representante de la prosa estridentista en México", en
Anales de Literatura Hispanaamericana, n. 26 II. Servicio de Publicaciones, 13CM. Madrid, 1997
166
Ver Arqueles Vela; "El estridentismo y la teoría abstraccionista", en Gilberto Mendonça Tales y Klaus
Müller Bergh; Vanguardia latinoamericana. Historia, crítica y documentos. Tomo 1. México y América
Central, Madrid, Iberoamericana, 2000.
167
Como en el caso de Palacio, la lectura que aquí realizaremos es muy sesgada: sólo nos interesa el uso
"vanguardista" del género. Damos por descontado que, en la medida en que se trata de un relato
vanguardista, existen múltiples procedimientos que desestabilizan la legibilidad "plena" del relato
policial.
82
orientación del crimen y ensayaba con verdadero gesto teatral, el ataque y la actitud del
asesino elegante. (247) 168
estético antes que efectivamente una muerte violenta. Sobre el final, se sugiere que la
víctima es, de hecho, un maniquí ("El maniquí que me librará de la cárcel", 250). Es
decir que el crimen es un objeto intelectual, un fenómeno que debe considerarse como
juego estético antes que como una ofensa a la ley. 169 En ese juego se desacredita la
Por otra parte, los otros dos núcleos operan por una proliferación. La secuencia
omnipresente mayordomo, quien bajo la presión del Detective (ningún otro rasgo
168
Citamos por la edición de Luis Mario Schneider. El estridentismo. México 1 921-1 927. México:
Universidad Nacional Autónoma, 1985.
169
Como se recordará, la transformación del crimen en arte es una de las tesis principales de Thomas De
Quincey en Del asesinato considerado como una de las bellas artes,. La lectura que hace André Breton
de esta tesis (que probablemente haya sido el motor de la apropiación vanguardista de Vela) afirma que
De Quincey "se dedica a captar el crimen, no ya, como dice, 'por su asa moral', sino en forma
extrasensible, totalmente intelectual, y a considerarlo sólo en función de las dotes más o menos notables
que pone en función". La transformación del crimen en fenómeno estético e intelectual pareciera ser uno
de los rasgos característicos de la novela policial, pero también de la vanguardia., como puede verse tanto
en el texto de Vela como en el de Palacio. Ver André Breton; "Prólogo" en Thomas De Quincey, El
asesinato considerado como una de las bellas artes,Buenos Aires: Nueva Caledonia Editora, 1967.
170
"La señorita etcétera" aparece acompañado por un texto que es casi una poética, "Los espejos de la
voz". En él se habla de "el hombre de los fantoches", un hombre que logra que sus marionetas se tomen
tan realistas que reemplazan a la realidad. Esta denuncia del realismo en parte explica por qué un texto de
vanguardia no puede ser otra cosa que la exhibición de fantoches, en tanto que denuncia de la mimesis
realista. Por lo demás, la palabra "fantoche", prolifera en la vanguardia para referirse al carácter
artificioso de toda empresa narrativa: lo encontramos, al menos, en Vela, en la novela antes citada del
grupo minorista y en la novela de Max Jiménez, Un os fantoches, de 1928.
83
nombres que aparecían en las tarjetas de visita. Por lo demás, en la secuencia de la
revelación, la voz del detective permanece muda, mientras que el criminal cuenta su
historia. Para conquistar a la mujer que ama, el criminal declara: "Hice mi persona una
novela policial hace proliferar las identidades y las dudas (los posibles sospechosos),
prolifera. Se trata, en verdad, de usar el género policial para construir una fábula
ideológico antes que un cambio de poética literaria. Y concluye afirmando: "Y esa
sus cómplices dice que "no es posible citarlos y reunirlos aquí... Son innumerables,
un magma proteico, y el uso del relato policial revela esa evanescencia. El movimiento
señorita Etcétera".
84
En este sentido, Vela, que reniega de la novela romántica para contar las
relaciones amorosas, respeta las estructuras del relato policial, justamente porque esos
lugares osificados permiten una articulación privilegiada con los problemas (la crisis del
vanguardia.
lo que predomina en él, algo que le es peculiar, es una especie de fuerza de inercia ante
la emoción, una resistencia pasiva pero invencible, ante la emoción que, junto con su
Palacio se le viniera [ ... ] la idea de escribir literatura sentimental, le resultaría tan falsa
como falsa es la literatura indigenista nuestra, que presta a los indios los modos de ver y
Débora, publicada en 1928 afirma que el Teniente "es uno de esos hombres en quienes
en los de [sic] Un hombre muerto a puntapiés".172 Como se ve, las virtudes que se
policial (la exaltación del mal, la escritura cerebral). Y sin embargo, como si circularan
por carriles paralelos, el desarrollo formal de los cuentos de Palacio aparece opacado y
con él la asociación que luego se volvería común entre relato policial y formalismo. En
el límite, la crítica de Arqueles Vela directamente postula la falta de forma para sus
171
Benajmín Carrión; "Pablo Palacio", incluido en Celina Manzoni, op. cit.
172 AnÓnimO• incluido en Pablo Palacio; Obras completas, op. cit.
relatos. En 1927, en España, Benjamín Jarnés compara El café de nadie con la obra de
Ramón Gómez de la Serna e invoca valores similares a los que invoca la crítica de
Palacio: "el minucioso catalogador de los desmoronados, el gran niño que con ojos de
siquiera su evocación (la parodia), puede leerse durante el momento de apogeo de las
durante la década del veinte. El género, sin embargo, permanece ilegible, en estos
textos. Más aún, inclusive si existe interés por "la apología de la novela policíaca" en
los ensayistas contemporáneos, ese interés parece no poder cruzarse (inclusive cuando
se rescatan rasgos similares) con la lectura de estos textos. Preocupada por la moralidad
caducas, la vanguardia encontró en estos textos una herramienta para combatir esas
iniquidades, más allá de las textualidades con las que esas herramientas estaban
hecho de que ninguno de ellos produjera relatos o críticas del género durante el período
173
Citado por Luis Mario Schneider, "Introducción", en El estridentismo, op. cit.. La metáfora del
acribillamiento aparece también asociada a la obra de Palacio. En 1933, en una resefla negativa de Vida
del ahorcado, Joaquín Gallegos Lara señala que "Nuestro tirador se pasó de inteligente. [...]
disparó
contra todos y contra sí mismo."(en Manzoni, [Link].)
riSi
vanguardista, sugiere que algo cambia en la década del cuarenta. Podríamos decir que
A lo largo de esas dos décadas condensan sus poéticas Jorge Luis Borges y Juan
Carlos Onetti.' 74 Como Reyes y Villaurrutia, Borges y Onetti (y antes aún Roberto Ant)
entendieron que había en el relato policial una energía que eventualmente podría
Borges y Onetti construyeron relatos que, de algún modo, intentaban superar la tensión
Paul de Man formula esta tension como paradoja: el escritor moderno "cannot
renounce the claim to being modern, but also cannot resign himself to his dependence
on predecessors —who, for that matter, were caught in the same situation". 175 Ser
moderno es, entonces, articular de forma problemática un legado que se insiste en negar,
pero que (como el mismo de Man afirma) cuanto más se rechaza, más fuerte resulta.' 76
Durante la década del cuarenta Borges dirige, para Emecé El séptimo cfrculo y
publica "La muerte y la brújula" (1942) y "Emma Zunz" (1948). Es decir, colabora en
campo de acción de sus técnicas. Así, si en El séptimo círculo se construía el lector del
género en su vertiente "clásica", en los textos mencionados (y, en otra cuerda, en Seis
174
El otro gran renovador del género en esos años fue Rodolfo Walsh. La interacción entre periodismo y
literatura excede el marco de este trabajo no serán por lo tanto considerados aquí textos como Operación
Masacre (1956), El caso Banchero (1973), de Guillermo Thomdyke o Charras (1990), de Hernán Lara
Zavala.
175
Paul de Man; "Literary History and Literary Modernity" en Blindness andlnsight. Essays in the
rhetoric of contemporary criticism, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1983.
176
Ese oxímoron ("existe una tradición de lo moderno") es el problema de las vanguardias: todo ha sido
desacralizado antes, lo Único que queda sin desacralizar es la propia modernidad, que entonces termina
abolida por el mismo impulso negativo que la funda. Ver Gianni Vattimo; La sociedad transparente,
Barcelona, Paidós, 1990.
87
problemas para don Isidro Parodi,de 1942) el género es sometido a un análisis que
resultado es una tensión que reestructura el género sin violentar la adscripción genérica.
Como en el caso de Borges, son muy pocos los relatos de Juan Carlos Onetti que
pueden pensarse estrictamente como policiales (tal vez sólo "La larga historia" de 1944,
gran número de sus relatos (de los cuarenta y cincuenta, pero también en toda su obra,
desacomodada, pero esta vez fuera del género. Así, relatos como Los adioses o Para
una tumba sin nombre, sin ser relatos policiales construyen enigmas en torno de
investigación) y es el lector quien debe releer el texto para encontrar si hay (o no) un
sentido oculto.' 78
entre la historia de la sociedad y la historia de la lengua" según Bajtín' 79) se verá que
tanto para Onetti como para Borges, la estructura genérica resulta un molde que articula
pretenden, como se había hecho (y como se haría unos años después) mostrar su
177
"La muerte y la brújula" debe ser uno de los cuentos más recurrentes en la historia de las antologías
del relato policial (argentino y universal).
178
Como se verá, el impacto de esta estrategia sólo se verá varias décadas más tarde.
179
Mijail Bajtín; "El problema de los géneros discursivos", en Estética de la creación verbal, Buenos
Aires, Siglo XXI, 2002.
88
"distancia" con el policial, sino que pretenden inscribirse en el juego genérico. 180 Así,
en esta operación se toma distancia a la vez, tanto del campo de la literatura como del de
la cultura de masas, inscribiendo al texto en uno y otro campo (es decir: en la historia y
en la demanda de novedad de lo moderno). 18 ' Esa doble inscripción cuestiona "la gran
división": "La muerte y la brújula" es a la vez uno de los textos capitales de la literatura
contemporánea, y uno de los textos más recogidos en las antologías del género. El caso
genéricos y entonces los metadiscursos genéricos son más parcos), pero es posible
180
Para decirlo de otro modo: Borges y Onetti reivindican las estrategias textuales del policial sin
condescendencia ni ironía, aunque tal vez sí con cierto aire de provocación. Para el caso de Borges cfr.
Beatriz Sano; "Una poética de la ficción", op cit.; para el de Onetti, ver Josefma Ludmer, "Figuras del
género policial en Onetti" (en Texto Crítico, año 6, Nros. 18-19, 1980) y Roberto Ferro; Onetti/La
fundación imaginada, Córdoba, Alción, 2003. También Jorge Lafforgue, en "Narrativa policial entre dos
orillas" (incluido en Asesinos de papel, op. cit.) señala que Onetti, como Collins, Faulkner y Chesterton
"utilizando sus recursos, disolviendo sus fronteras, traicionándolo, tocando sus mecanismos más secretos
a la vez que sus temas más hondos [ ... J devolvieron al género su lozanía y su perdurabilidad". En la
lectura de Laiforgue, Onetti es presentado como un autor de policiales.
181
Los orígenes de las estrategias textuales de Onetti y Borges pueden encontrarse tanto en los textos
"policiales" de Palacio como en los de Vela. Por ejemplo, la idea de que la verdad es una construcción
textual, una ficción que se toma por verdadera está implícita en "La muerte y la brújula" y en "Emma
Zunz". En el mismo sentido, la proliferación de identidades y versiones de los hechos es uno de los
principios constructivos tanto de "La muerte y la niña", como de "Para una tumba sin nombre". Es claro,
improbable, que Onetti haya leído a Palacio o a Vela (aunque tal vez no sea tan improbable en el caso de
Borges, lector de Maples Arce); lo que queremos aquí señalar es la continuidad de una serie de
operaciones ligadas a la vanguardia (antes que a un estilo de autor) en algunos de los más relevantes de la
década del cuarenta y cincuenta.
182
Nos referimos tanto a discursos críticos como ficcionales. De un lado, los textos de Ludmer y Ferro
que ya mencionamos enfatizan la pertinencia de leer los textos de Onetti en serie con la historia del
género en América Latina. De otro, las lecturas de Elvio Gandolfo ("La reina de las nieves", de 1982, en
sí mismo un relato policial anómalo) y de Hugo Fontana (La última noche frente al río, de 2006) usan
diversas novelas de Onetti (Los adioses, Cuando ya no importe, Cuando entonces) como pre-texto del
que se extraen motivos y estructuras que permiten configurar tramas policiales.
89
esta constelación se producirá en el momento en que la valoración del género comience
2. El segundo umbral
A fines de la década del sesenta se producen dos hechos que señalan un cambio
en los modos de procesamiento del género. Por una parte, algunos escritores
"experimentales" lo utilizan ocasionalmente para sus relatos: Los albañiles (1964), del
resolución: el final del relato es un listadci de las posibles soluciones al enigma (lo que,
en cierto sentido, enlaza las elucubraciones del detective Munguía en Los albañiles con
colección recopilada por Donald Yates recoge cuentos de Argentina, Chile y México y
notable, porque con el libro de Yates se anuncia el camino de respeto académico que el
"obra de indispensable consulta para todo el estudioso de nuestras letras" como se lee en
la solapa del libro. 184 De las tapas de Zig-Zag a la edición académica, el género está
relación entre el género policial y la literatura "culta". Puede decirse entonces que la
183
Ver Andreas Huyssen; op. cit. Los textos de Borges y Onetti son, en la recepción de esos años, "algo
más que policiales", por lo que, como es evidente, la "gran división", aunque desafiada, sigue vigente.
Como indica Huyssen, entraremos en un nuevo estado de lo literario cuando esa brecha se difumine.
cuento policial latinoamericano, México, Ediciones de Andrea, 1964. La recomendación fue
tomada de la solapa del libro.
década del setenta ve el triunfo de la poética pos vanguardista de Borges. Su resultado,
un Premio de Novela policial. Se trata (hasta donde sabemos) del primer y único
Entre los objetivos fundamentales del concurso quedaron establecidos, [...1 el dar a
conocer la lucha realizada por nuestro pueblo contra sus enemigos, la estrecha relación
entre el Ministerio del Interior y las masas en la lucha común y la valoración política de
esta actividad en defensa de la Revolución.' 87
modelos estéticos fue una característica de los gobiernos comunistas, algo ha sucedido
185 No es el policial el único género sujeto a cambios de valoración a partir de los setenta. El melodrama,
la canción popular, la novela de espías son algunos de los géneros que se revisan a partir de la década.
Ver Carlos Monsiváis; "Literatura latinoamericana e industria cultural" en Néstor García Canclini
(comp.); Cultura ypospolítica. El debate sobre la modernidad en América Latina, México, Consejo
Nacional para la Cultura y las Artes, 199.y Teodosio Fernández; "Narrativa hispanoamericana de fin se
siglo", Cuadernos Hispanoamericanos, Madrid, n° 604, oct. 2000.
186 Puntualmente, el Concurso aniversario de la Revolución fue patrocinado por el MTNINT (Ministerio
del Interior). Para un comentario mordaz sobre la instauración del Concurso Aniversario de la Revolución
(y sobre su destino), ver Lorenzo Lunar Cardedo "Estética y estática de la novela policial cubana"
consultado on-line en [Link] el 08-0 1-07
187
Citado por Heike Malinowsky en "un ejemplo de la novela popular moderna. La novela policial en
Cuba", incluido en José Morales Saravia (ed.); Homenaje a Alejandro Losada, Lima, Latinoamericana
Editores, 1987.
91
en la literatura (pero también en la historia de la política) si se pasa de las tesis del
"elevado") a la valoración del relato policial como herramienta didáctica (un género
popular).' 88
apenas si existía una tradición de novela policial (los experimentos de Fantoches 1926
del Grupo Minorista y algunos cuentos de Lino Novás Calvo eran los antecedentes más
funcionarios del Ministerio del Interior que debutaban en la escritura a través de esas
novelas.
masas (socialistas). Persephone Braham señala que entre 1971 y 1983 entre el 25 y 40
por ciento de la los títulos publicados en la isla adscribían al género, en tiradas que
semanas. 189
productos más curiosos que ha dado el continente durante el siglo. Novelas de Ignacio
Cárdenas Acufia, Rodolfo Pérez Valero o Luis Rogelio Nogueras, que propugnaban un
rubíes, de Armando Cristóbal Pérez, 1973, en la que el robo de unas joyas lleva a
188
El valor didáctico fue reconocido por varios de sus defensores. En 1986 el crítico José M. Fernández
Pequeño indica que la novela policial practicada en Cuba "introduce elementos nuevos en la práctica del
género y ( ... ) gana un notable valor didáctico como reflejo de una zona capital de la realidad
revolucionaria" ("Teoría y práctica de la novela policial revolucionaria (1973-1978)", en Crítica sin
retroceso, La Habana, Ediciones Unión, 1994).
189
Ver Persephone Braham, "A revolutionary Aesthetic", en Crimes against the state, crimes against
persons. Detective fiction in Cuba andMexico; Minnesota, University of Minnesota Press, 2004.
92
novela policial revolucionaria vira al espionaje (fuerzas ocultas de la CTA intentan
medida en que investigador y Estado se identifican. Resulta lógico entonces que para
mantener el interés de la trama las mej ores novelas policiales revolucionarias se vuelvan
amenaza ya no son particulares, sino una red de agentes que opera en territorio cubano,
y la descripción monolítica de los enemigos resulta más eficaz dada su relación con el
respeto cultural no será sin embargo un rasgo excepcional en el momento literario que
Otra muestra de los cambios en la valoración que hace del género el campo
exagerarse: su publicación cambia para siempre el modo de entender las relaciones entre
190
Para un desarrollo mayor de la relación entre novela policial propiamente dicha y novela de espionaje,
ver capítulo 3.
En efecto, si se considera la historia de las antologías realizadas en Argentina
hasta 1977 se verá que todas ellas (desde los Diez cuentos policiales argentinos,
compilada por Rodolfo Walsh para Hachette en 1953, hasta 24 cuentos policiales
policial argentino tiende a la lista, con poca reflexión sobre los mecanismos del género,
que se reduce a algunas definiciones sobre el ingenio y algunos ambientes. Así, todas
ponen del lado de, digámoslo así, los heáhos. Si en 24 cuentos policiales argentinos se
afirmaba que "siempre interesa más el contenido que la etiqueta", Lafforgue y Rivera
parecen partir del polo contrario: antes que preguntarse qué es un relato policial, parten
Esa diferencia (que se pregunta por la circulación social de los textos antes que
por las posibilidades hermenéuticas que presenta una lectura desde el presente) habla de
antología académica. Incluye una serie de testimonios, notas al pie y citas en francés e
inglés que nunca se traducen. Pero, sobre todo, reconceptualiza el género. Para los
191 Donald Yates (en el prólogo a Tiempo depufiales, de 1964) ya había realizado este movimiento de
desentenderse del origen. Por lo demás, la periodización de Rivera y Lafforgue no se diferencia
demasiado de las anteriores. La ruptura en la recepción académica la señalamos aquí (y no en El cuento
policial latinoamericano, también de 1964) por dos motivos. .El primero es el impacto de la antología
argentina tanto en la historia del policial argentino como del policial latinoamericano. El segundo es que a
pesar de su emplazamiento académico, el libro de Yates no termina de separarse de la lista de autores y
obras.
antólogos, el género se transforma en un campo de problemas. Es decir, la historia del
género policial en Argentina deja de ser una lista de autores y textos y se transforma en
tiempo que exhuman autores y textos, Lafforgue y Rivera comentan qué se traducía, qué
tiradas tenían los libros, qué decían las instituciones del campo literario, etcétera.
hasta ese momento. Más aún, los antólogos escriben para a un público que ya sabe qué
es el género: poco explican sobre qué es el género negro o quién es Agatha Christie. El
movimiento es paralelo al que registran los autores de la novela policial de esos años:
así como crecen las operaciones de parodia y pastiche, así Asesinos de papel presupone
la memoria del género en sus lectores. También en sintonía con la escritura literaria de
esos años, Lafforgue y Rivera expanden el corpus al género negro: "Orden jerárquico",
de Eduardo Goligorsky entra al canon con esta antología, y se torna un objeto recurrente
cuatro años después para CEAL) cristaliza una forma de pensar el género. Las
canon para incluir el otro texto "negro" recurrente: "La loca y el relato del crimen").
(y en América Latina, habida cuenta de la recurrente cita del prólogo en textos de las
más variadas latitudes). Se produce, por así decirlo, un efecto de "acumulación" (gesto
95
que, en la discusión de las antologías previas, habían fundado Lafforgue y Rivera): la
historia del género ocupa cada vez menos espacio y diversos antólogos la refieren a
Asesinos de papel.' 92
acorde con su nuevo estatuto de objeto "respetable" (o, al menos, tolerable para los
escritores "a secas" (es decir, no asociados al género) se acercan al género y hacen de él
Lihn (una novela escrita como monografia, en la que el narrador insiste en los tonos y
estrategias de la novela policial) o, ya en los 80, El diez por ciento de vida (1985), del
uruguayo Hiber Conteris (la novela es, en su mayor parte, un collage de citas y
fragmentos de textos de Raymond Chandler). En 1975, Ricardo Piglia publica "La loca
y técnicas de la literatura "a secas". A la vez, proliferan las parodias del género: Mario
192 Al punto de que en 2003, Sergio Olguín, en el prólogo a Escritos con sangre (una antología de relatos
originales) señala: "Hemos dejado para el fmal [ ... ] a dos personas que no se han dedicado a la escritura
de ficción pero que han hecho muchísimo para el desarrollo del género policial en la Argentina. Ellos son
Jorge B. Rivera y Jorge Laiforgue." Ver Sergio Olguín (comp.), Escritos con sangre, Buenos Aires,
Norma, 2003. Este reconocimiento pone en pie de igualdad la reflexión académica con la escritura
literaria y señala hasta que punto la operación de Rivera y Laiforgue ha sido exitosa: el género es pensado
desde la "etiqueta" tanto como desde la "escritura".
193
Sin duda, la trascendencia que Borges adquiere en esos años y, por otra parte, el éxito de los conceptos
de "estructura" y "texto" (por sobre el de "sujeto" y "obra"), tal vez ayuden explicar el cambio en la
valoración del género. Sobre la relación entre las tesis estructuralistas y la nueva valoración del relato
policial Ver Dennis Porter, "Introduction", en Thepursuit of crime, New Haven and London, Yale
University Press, 1981.
Vicente Leñero da a conocer el cuento "Quién mató a Agatha Cbristie?", en el que los
personajes de la escritora inglesa son descriptos como "monigotes". Esta retoma de los
setenta es irónica y, justamente por eso, se pregunta por la (im) posibilidad de escribir
un relato policial.' 94
(1969), de Rafael Bernal podría pensarse como punto de inflexión. En efecto, durante la
década el policial negro se impone casi como única vertiente legítima del género. Se
trata de una adaptación que, aunque iniciada en los 50, cobra fuerza en los setenta y se
afrancesado) debe, en los discursos más militantes, "ideologizar" el policial negro. Sus
Novelas como Últimos días de la víctima (1979) de José Pablo Feinman; Muerte en la
carretera (1985) de Rafael Ramírez Heredia; Días de combate (1977) de Paco Ignacio
Taibo II, Castigo divino (1988) de Sergio Ramírez explorarían por la vía del género
policial las iniquidades e injusticias de un mundo corrompido por los desmanes de una
195
política impiadosa.
194
Para el concepto de "ironía" y "relato irónico" como lo utilizamos aquí, ver Hayden White "El
discurso de Foucault" (en El contenido de la forma, op. cit.). Para White, el discurso irónico se
caracteriza por no poder "decir nada directamente, porque no tiene confianza en el poder de las palabras
para representar 'cosas' o 'pensamientos". En el mismo sentido, la ironía de esta escritura para con el
género deviene de una desconfianza esencial sobre la posibilidad de escribir policiales. La dificultad de
estos escritores para adscribir al género (la consistente identificación de Levrero con "los raros", la
publicación de estos textos fuera de colecciones específicas, etc.) son tal vez otros indicadores de ese
movimiento de fascinación y rechazo que caracteriza una forma de pensar el género en durante este
período.
195
La "politización" explícita de lo literario en la década del setenta puede verificarse en la expansión de
un género como el testimonio, que no sólo aparece como categoría en el Premio Casa de las Américas,
97
Así, por supuesto, no sólo se tornaba político el relato policial "negro", sino que
desde esta perspectiva, negaba los conflictos sociales latinoamericanos que ahora
Lo que resulta relevante para el problema que nos ocupa es que lo que ha
cambiado (con respecto a las modalidades genéricas del período, llamémoslo así,
"clásico", entre 1940 y 1970) es la ubicación del policial. Con la nueva valoración
vanguardista. Ahora (en los cuentos de Pasión de historia (1987), de Ana Lydia Vega;
sino que, como el policial revolucionario y la vertiente negra del género, es defendido como nuevo modo
de articulación política de lo popular. Ver Mabel Morafla; "Documentalismo y ficción: Testimonio y
narrativa testimonial hispanoamericana en el siglo XX" (en Políticas de la escritura en América Latina.
De la colonia a la modernidad, Caracas, eXcultua, 1997) y John Beverley, "Posliteratura? Sujeto
subalterno e impasse de las humanidades" (en Beatriz González-Stephan (ed.), Cultura y Tercer Mundo 2.
Nuevas identidades y ciudadanías, Caracas, Nueva Sociedad, 1996). Las reflexiones de Beverley en el
artículo citado, sugieren que, como en el caso del policial, la década del 90 es una década que redefme la
articulación entre literatura y política.
196
En 1985, Mempo Giardinelli en "La novela policial y detectivesca en América Latina: coincidencias,
divergencias e influencias de esta literatura norteamericana del siglo veinte con la literatura
latinoamericana" (recopilado en Norma Klahn y Wilfredo Corral (comps.) Los novelistas como críticos,
México, FCE, 1991) señalaba: "el género ya no se aborda desde el punto de vista de una dudosa 'justicia'
ni de la defensa de un igualmente sospechoso orden establecido. La actual literatura policial
hispanoamericana es negra porque lo cuestiona todo". Más recientemente, en "Miedo y violencia: la
literatura policial en Iberoamérica", prólogo de Leonardo Padura Fuentes a Variaciones en negro
(selección y notas de Lucía López Coll; San Juan, Editorial Plaza Mayor, 2003), le reconoce a Borges y
Bioy Casares ser "maestros de la mímesis paródica llevada a alturas verdaderamente literarias, pero a la
vez vacías de vida".
92
resuelven en la ironía o la denuncia, es decir en una toma de distancia frente a los
décadas siguientes, de novelas y relatos policiales en muchos países del continente que
no tenían hasta la década del ochenta o noventa una gran tradición de novela policial.
novelas como El vuelo de la ceniza (1994) del peruano Alonso Cueto; Perder es
cuestión de método (1997) del colombiano Santiago Gamboa, o Trampa para ángeles
de barro (1993) del uruguayo Renzo Rossiello, todos relatos policiales "negros" que en
México, Ramón Díaz Eterovic y Roberto Ampuero en. Chile; Leonardo Padura y
Lorenzo Lunar Cardedo en Cuba; Osvaldo Soriano, Mempo Giardinelli y José Pablo
cuarenta. Pero algo ha caiiibiado: mientras que los autores de novelas policiales de los
cuarenta y cincuenta apenas si tenían acceso (en tanto que autores) a la publicación
ensayística, Padura y Giardinelli publican durante la década del noventa sus ensayos
sobre el género en revistas académicas. 197 Así es que ahora se puede escribir novela
policial sin quedar "pegado", pero por el otro lado, si queda "pegado al género", quienes
197
El libro citado de Giardinelli fue publicado por la UAM, ensayos de Padura sobre el género pueden
leerse en Hispamérica, y uno de los ensayos más famosos sobre el género negro, "Estado policial y
novela negra argentina", fue publicado en una antología académica como lo es Los héroes "difíciles ".
Literatura policial en la Argentina y en Italia, Buenos Aires, Corregidor, 1991.
así se emplazan lo hacen con un tono reivindicatorio tal vez excesivo (habida cuenta de
Borges y Onetti, después del éxito masivo del género y la decadencia de su mercado y,
sobre todo, después del fin de la estabilidad de los discursos que fijaban su
reflexión.
En este sentido, los "gestos literarios" indican la insuficiencia del género: o los
mecanismos tradicionales del policial resultan deficientes y deben ser compensados con
estrategias extraídas de otros espacios (el caso de Conteris, o de Piglia) o los textos
denuncian los absurdos genéricos (el caso de Leñero y Levrero), volviendo a inscribir la
conjunto de herramientas con las que pulir su arte, sino un cadáver en el que ejercitar
Aunque de signo opuesto, quienes practican las variantes del género negro
Una vez más, el género es emergente explícito de otra cosa. No se trata ya de una
198 La otra vertiente, la "irónica" también puede pensarse como una intervención sobre la historia. Si
atendemos a los planteos de Andreas Huyssen (en "Pasados presentes" y, sobre todo, en "Recuerdos de la
utopía", ambos incluidos en En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización,
México, FCE, 2002.), la nueva valoración del pasado en el arte debe pensarse como cambio político antes
que mero "gesto estético" ("el giro hacia la historia y la memoria también puede ser leído como un
intento de hallar un nuevo anclaje"). Tal vez en este sentido la parodia del género pueda pensarse como
una forma de recuperar el pasado. Siguiendo a los formalistas rusos: si hay parodia es porque algo, el
objeto parodiado, es pasado. Notablemente, sin embargo, cierta conciencia "de alto modernismo" (en el
100
El escritor "usa" el género y se justifica por ello.' 99 Así, la solución borgeana a
desaparece como poio de conflicto y, por lo tanto, como posible salida a la angustia de
la tradición de lo moderno.
analizarán es considerar qué sucedió con los índices que señalábamos para la década del
setenta. Y, en efecto, si se atiende a la deriva de esos índices tal vez se pueda formular
una hipótesis sobre el estatuto de la literatura policial durante la década de los noventa.
En primer lugar, parece evidente que luego del llamádo "período especial", la
publicación de novelas policiales cubanas fuera de la isla antes que dentro de ella, lo
que a su tiempo comenzó a constituir un nuevo lector para el género. A ese nuevo lector
sentido en que Huyssen opone modernismo a vanguardia en La gran división) impide a esta línea rescribir
el género en clave "politizada y/o negra". El efecto es el de un texto irónico sobre las posibilidades del
relato; y, por lo tanto, por las posibilidades de recuperar un pasado.
199
Elvio Gandolfo, uno de los más lúcidos observadores del género durante el período señala para el caso
argentino (pero tal vez podría extrapolarse la reflexión a toda América Latina): "Acá en Argentina había
cierto voluntarismo entre teórico y literario: usar el género para hablar de una zona de la sociedad. Falló
en parte porque de eso que querían hablar hablarían mejor otras novelas, que no tenían el centro en lo
policial". Ver Elvio Gandolfo; "Aunque uno nunca sabe" (entrevista de Jorge Laiforgue), en Libro de los
géneros, Buenos Aires, Norma, 2007. En el mismo libro ver también el cruel y preciso "Perdónalos,
Mariowe, porque no saben lo que hacen".
101
le interesa menos, aparentemente, la propaganda socialista que el color local. 200 Así, la
Por otra parte, silos jóvenes novelistas policiales de los setenta reivindicaban la
novela policial revolucionaria, ahora una joven promesa como Lorenzo Lunar Cardedo
señala:
Así, para Lunar Cardedo la década del noventa señala el origen de una nueva
literatura policial cuya principal figura será Leonardo Padura y su tetralogía de las
noventa. 203
200
Existen escritores cubanos que escriben novelas policiales, desde fines de los ochenta directamente en
inglés, como José Latour. Para una reseña del fenómeno ver Braham, [Link].
201
Lorenzo Lunar Cardedo, "Estética y estática de la novela policial", op. cit. El argumento, como se ve,
no deja de poner en el centro de la poética del policial, el "reflejo" realista.
202
Lunar Cardedo, op. cit. La novela policial cubana de los noventa no se distingue, entonces, de lo que
en los mismos años comienza a denominarse "neopolicial iberoamericano" (ver mfra). En novelas como
las de Padura o Mfrando espero, de Justo Vasco se trata, como en todos los textos "neopoliciales", de
denunciar los manejos autoritarios, aun si estos provienen del estado cubano.
203
La "Nota de los autores" de Justo Vasco y Daniel Chavarría a Contracandela (1995), "reescritura" de
Primero muerto, novela de los mismos autores) ganadora del Premio Aniversario de la Revolución de
1983) puede considerarse el definitivo fracaso de la poética de la novela policial revolucionaria: "Han
transcurrido diez años, varias novelas, y una crisis de papel que parece se prolongará en Cuba. Los
autores nos hemos vuelto más viejos y menos incautos. Ya no enviamos novelas a concursos con
exigencias didácticas o laudatorias. Y hace mucho nos dimos cuenta de que no existen personajes
'positivos' o 'negativos', sólo existen hombres inmersos en sus circunstancias, variadas y disímiles como
la propia existencia humana". Después de haber pasado por la novela policial "revolucionaria" sus autores
descubren el paradigma burgués del escritor que se abandona el realismo de "la propia existencia
humana". Ver "Nota de los autores" en Daniel Chavarría y Justo Vasco; Contracándela, Barcelona,
Thassalia, 1995.
102
Abandonada entonces por lineal y autoritaria, por rutinaria y didactista la novela
policial cubana toma uno de los caminos de toda la literatura del período: se transforma
se afirma: "Diré más, a quienes lo han repudiado [al género policial] o pasado a su lado
con desdén, así les fue, así escribieron...". La antología agrega al corpus una lista inédita
Arlt y, sobre todo, Julio Cortázar). Ese prólogo, además, se dice deudor de los trabajos
pensar la historia, pero sobre una premisa diferente: es el policial el género raigal de la
ficción argentina. De hecho, Lafforgue retorna a Fevre (a quien criticara en el texto del
77) y plantea que en torno del policial inclusive pueden pensarse textos como El
matadero o Facundo.
"Todos [los cuentos] presentan algún enfoque original, algún problema nuevo, alguna
situación memorable. Y dos o tres añaden la excelencia del estilo que los convierte en
literaria no es condición necesaria para que un cuento policial sea digno de atención).
Ahora, en 1997, casi es posible afirmar que el policial es la condición necesaria para la
centro de la ficción literaria. Lafforgue también señala que "en estos últimos años se
103
período distinto, nuevo, pero sobre el cual no tengo elementos suficientes como para
Por último, durante la década de los noventa la ficción policial permanece en las
vertiente negra incluso cuando el policial aparezca articulado con otros géneros. Aun
cuando pueda decirse que todos practican una u otra forma del género negro, en la obra
del mexicano Paco Ignacio Taibo II (La bicicleta de Leonardo, de 1993 o Retornamos
en la obra del chileno Ramón Díaz Eterovic, el género puede encontrarse en una forma
narrativa del género, aunque en ocasiones tensionada con otros géneros, permanece
firme: la verdad puede y debe descubrirse sobre todo porque (como comienza a suceder
estado.
Por otra parte, los relatos policiales producidos por escritores "no asociados al
Relatos como La pesquisa (1994) de Juan José Saer o "La inconveniencia de servir a
dos patrones", del venezolano Eloi Yagüe (1999) plantean la verdad como materia de
204
Ver "Noticia" en Rodolfo Walsh (selección) Diez cuentos policiales argentinos, Buenos Aires,
Hachette, 1953 y Jorge Lafforgue (selección); "Prólogo", en Cuentos policiales argentinos, Buenos Aires,
Alfaguara, 1997.
104
discusión y lo que se cuestiona es la posibilidad misma de la existencia de la verdad en
un sentido moderno. 205 En La pes quisa la verdad es presentada como una construcción
narrativa legitimada no en los hechos, sino en la voz de quien enuncia. 206 En "La
trama: la verdad queda en manos del lector que debe decidir cuál final le resulta más
interesante. En esto textos la verdad no se nos aparece como una adecuación del
discurso a la cosa, sino como una construcción misma del discurso. 207
presenta incapaz de develar (o, en el caso de Saer, de componer) una verdad para los
hechos.
por la parodia que por los procesos de construcción del género que someten a una
severa deconstrucción. En este sentido puede decirse que la novela de Saer funciona
como el reverso de las formas contemporáneas de la novela negra: tanto uno como otro
movimiento pueden pensarse como la expansión de las potencias criticas que primaran
205
Para mayores precisiones sobre el concepto de verdad en el policial, ver capítulo 3.
206 La voz comprometida del investigador ya se encontraba en "Un hombre muerto a puntapiés", el cuento
de Pablo Palacio publicado en 1926. Había sin embargo en el relato del ecuatoriano un desprecio juguetón
por la verdad, que no se alcanzaba sencillamente porque no era importante para el investigador. El caso
de Saer, más grave, habla de una imposibilidad de alcanzarla, que remite a "Emma Zunz".
207
novela publicada en 1986 por el chileno Poli Délano, Muerte de una ninfómana, ya utilizaba la
multiplicidad de versiones para resolver el crimen. En Délano, sin embargo, se trataba menos de que la
verdad fuera indecidible por su puesta en discurso, que por la multiplicación de los puntos de vista. Lo
que se cuestionaba en esta novela era el foco narrativo, no la capacidad misma del lenguaje para develar
la verdad. En cualquier caso, la novela de Délano es un antecedente importante (y poco tenido en cuenta)
de estas operaciones.
105
El fenómeno conocido como "neopolicial" aparece en las letras del continente
durante los primeros años de la década de los noventa. La primera mención de que
disponemos es de 1995 (se trata den un reportaje de Juan Armando Epple a Leonardo
Y sin embargo, toda vez que se intenta elaborar una aproximación al estilo
vigente. 209 Sucede cuando Paco Ignacio Taibo II afirma que los escritores de neopolicial
hemos puesto en evidencia el abuso de poder estatal que, bajo formas dictatoriales o
neoliberales, recreó la selva transformándose en una gran máquina de matar, de
corromper, de destruir, de encarcelar. 210
También cuando Leonardo Padura Fuentes en el entusiasmo de la defensa militante
afirme que la nueva literatura policial "ha creado con su insistencia un nuevo rostro,
acaso hoy más verdadero, de un mundo donde se imponen, como el pan nuestro de cada
Produce cierta incomodidad que Patricia Espinosa formule sucintamente que "el
neo-policial ocupa hoy un espacio análogo al que ocupó el llamado realismo social" 212
También que Amir Valle se haga eco de las declaraciones de Taibo (y de Padura
208
Juan Armando Epple; "La nueva novela policial: entrevista con Leonardo Padura Fuentes",
Hispamérica, Nro 71, 1995.
209
Para una elaboración de la relación entre género y estilo ver Oscar Steimberg, op. cit..
210
Citado por Juan Armando Epple, "El neopolicial latinoamericano" en Carmen Ruiz Barrionuevo, et al.
(eds.) La literatura iberoamericana en el 2000. Balances, perspectivas yprospectivas. Salamanca:
Ediciones Universidad de Salamanca, 2003. Proceedings of the XXXIII Congreso del Instituto
Internacional de Literatura Iberoamericana.
211
"Miedo y violencia: la literatura policial en Iberoamérica", en López Coll, op. cit.
212
Patricia Espinosa II., "Género literario, sujeto y resistencia" en Adolfo F. Bisama (ed.), El género
policial latinoamericano: de los sospechosos de siempre a los crímenes de Estado, Valparaíso, Editorial
Puntángeles, 2002.
106
una novelística donde lo importante no es ya el crimen, ni la solución del caso, ni la
existencia de policías y delitos, sino el reflejo de las complejidades marginales de las
sociedades de nuestros países de América, los grandes traumas sociales 213
La incomodidad radica menos en el entusiasmo o la hipérbole que en la
caso, ni la policía ni los delitos, y sólo importan las "complejidades marginales" ¿son
La guerra de/fin del mundo o El lugar sin límites, novelas neopoliciales? Lo único que
nos queda entonces es una época: "el fin de milenio". Pero parece insatisfactorio, sobre
todo para un crítico, determinar la forma de un estilo sólo por su ubicación epocal.
de Ana María Amar Sánchez, "El crimen a veces paga. Policial latinoamericano en el
Afirmar, como lo hace Amar Sánchez, que en el policial latinoamericano de fin de siglo
"pensar el género y pensar cómo distanciarse de sus orígenes forman parte del mismo
Variaciones en negro. El libro, antologado por Lucía López Coll y prologado por
213
Amir Valle, "Un nuevo nombre para el neopolicial cubano", en
hM2://[Link]/delacuba/[Link]?Id=1535, consultado ellO —06 —07.
214
Ana María Amar Sánchez; "El crimen a veces paga. Policial latinoamericano en le fm de siglo", en
Juegos de seducción y traición. Literatura y cultura de Fn asas, Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 2000.
215
Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata, Buenos Aires, Andrés Bello, 2005. En la cultura
latinoamericana, la autoconcienca y el distanciamiento, se encuentran desde la vanguardia y desde los
textos sobre Román Calvo (apodado, justamente, "el Sherlock Holmes chileno") hasta los textos
paródicos de Pepe Martínez de la Vega sobre las aventuras de "Péter Pérez, el gran detective de
Peralvillo", todos textos previos a la publicación de la seminal El complot mongol, de Rafael Bernal,
origen recurrente de la ficción neopolicial.
107
neopolicial, realiza una primera condensación del hipotético canon. 216 Se encuentran
allí, por ejemplo, "¡Al ganso por las plumas!" de Juan Hernández Luna, y "Sinflictivo"
reunir estilos muy disímiles abarca textos de autores nítidamente marcados dentro y
fuera de la escritura con el neopolicial (Taibo, Díaz Eterovic), 217 como incluye relatos
Fonseca).
corpus heterogéneo, al que cuesta encontrar una coherencia que permita distinguirlo de
atrevo incluso a afirmar que hoy en día el género negro condiciona y tiñe toda la
condición de "actual", en todas las citas que hemos visto se enfatiza la condición de
escrituras del presente que de alguna manera están ligadas a la novela negra. En este
sentido, ya en 1993 Luis Felipe Castro Castillo señalaba (sin hablar de "neopolicial")
que la literatura policial contemporánea se ligaba a los que se llamó el "posboom". 219
En palabras de Antonio Skármeta (que cita Castillo), los narradores del posboom se
216 Lucía López Coil; op. cit. En la medida en que el prólogo de Padura Fuentes se dedica por completo al
neopolicial, toda la antología puede pensarse como una antología de esta variante.
217
Los escritores de esta vertiente son famosos por su socialidad de cofradía, al punto de que Juan
Armando Epple (op. cit.) los llama "comunidad supranacional de escritores".
218
Mempo Giardinelli: "El neopolicial argentino", en Carmen Ruiz Barrionuevo et al. op. cit.
219
Luis Felipe Castillo Castro, "El actual policial latinoamericano. Una tendencia." En ESTUDIOS, Año
1, N°2. Caracas, julio-diciembre 1993.
220
Citado por Castillo Castro, ibidem.
108
Giardinelli justamente señala que "la literatura negra ha sido revolucionaria para las letras
Tal vez en este sentido pueda afinnarse que el neopolicial es una forma del
realismo, pero entonces las condiciones de esa novedad no tendrían que ver con la
condición de "neo", puesto que establecería, como indicábamos antes, una serie de
conexiones con la literatura realista previa; y tampoco respondería a una nueva forma
del género, puesto que, de hecho, sería la forma contemporánea del thriller.
Hay, sin embargo, algo que parece esconderse detrás de ese prefijo. Ese "neo",
que sugiere una ruptura con el pasado y una refundación, parece tener menos que ver
con una efectiva transformación de la matriz genérica que con un estilo de época. En
efecto, quienes han teorizado sobre la cuestión insisten en la idea de que la ruptura que
funda al neopolicial se produce durante la década del setenta (así lo entiende por
ejemplo, Padura Fuentes: "mediada la década del setenta, comienza a tomar forma lo
que luego sería bautizado como 'neopolicial iberoamericano"). 222 Lo que resulta
notable, lo que resulta sintomático, es el hecho de que aún existiendo desde la década
Cuba, pero también en Argentina y Chile) no haya surgido hasta la década del noventa
Capítulo 1: la literatura latinoamericana actual (y sus críticos) parece buscar con afán
Jorge Fornet) de un mercado que diversifica ofertas pero las concentra en España.
Existen, sin embargo relaciones que unen estos textos, y que, aunque tal vez no
procedimientos destacados para la novela policial posterior a la década del setenta). No:
2.3.4. El contexto
Estos índices parecen señalar un cambio en tomo de las formas de la novela
223
Ver Leonardo Padura Fuentes; "Modernidad y posmodernidad: la novela policíaca en Iberoamérica",
en Modernidad, posmodernidady novela policial, La Habana, Unión, 2000. El texto está fechado en
1996.
110
parece anunciar una época de desconcierto. Se trata, como sugeríamos antes, de un
género descubría en la década del setenta. Por su parte, la aparición del neopolicial y las
estrategias que despliegan los textos asociados al género parece señalar una dificultad
creciente a la hora de escribir "novelas policiales", esta dificultad ya había sido señalada
Habrá que decir, sin embargo, que esa progresión también señala, aunque
del fin de los rasgos característicos del género en el neopolicial parece sugerir que la
década parece diseñar la etapa final de un proceso que, iniciado en la década del setenta,
verdad) de aproximarse al relato policial. Es, todavía, una categoría inestable, que no
224
El hecho de que las diferentes colecciones de relatos policiales aparecidas durante la década (La
muerte y la brújula y Variaciones en rojo, en Argentina; Cfrculo hueco, dirigida por Paco Ignacio Taibo
II en España, Promexa / Misterio, en México y la colección Rastros de la Editorial Fin de Siglo en
Uruguay) no hayan podido prosperar también muestra cómo la circulación canónica del género parecería
haberse vuelto imposible.
111
w
logra estabilizar sus paratextos. Algunos de los ejemplos de esta tendencia, entonces,
trama con hechos criminales siempre, en principio, más allá del control de los
personajes protagónicos.
ID
225
Los metadiscrusos que acompañan a estas novelas (contratapas, críticas periodísticas, publicidad, etc.)
a veces las identifican con "algo más que policiales", pero en otros casos evitan toda mención genérica. El
hecho de que asociemos estas novelas con el género, como se verá, radica en la productividad que esta
lectura puede tener para pensar la escena de la literatura latinoamericana de fin de siglo.
112
Parte 11. Los textos
9
Enigma y secreto
Las novelas sobre las que trabajaremos en esta segunda parte tienen como
condición de posibilidad tanto la tradición del género en América Latina, como las
la primera parte de este trabajo. Nuestro corpus tiene también, como horizonte de
legibilidad, las estructuras de la novela policial. Estas estructuras están sometidas, tal
novelas construidas sobre el secreto antes que sobre el enigma; sobre las formas de la
Habrá entonces que volver a pensar algunos elementos del género, rastrear su
1. El misterio
llamar a alguien que pueda develar el misterio que esconde el mundo material: dar un
cómo ha habido un solapamiento por el cual pasó de significar algo secreto, revelado
"sólo a los iniciados", a ser sencillamente algo inexplicable para los principios
226
Las observaciones que siguen se refieren a lo que llamaremos "policial canónico", es decir, una
constelación de rasgos cuya recurrencia configuró la forma característica del género policial hasta al
menos la década del setenta (ver capítulo 2). Por otra parte, y a pesar de que en diversos momentos se
harán comentarios sobre otras formas del género, estas reflexiones tiene como horizonte una forma
particular de la novela policial, aquella que cuenta una investigación (digamos de Poe a Ross
MacDonald). Este recorte responde a las necesidades del corpus, pero también a la historia misma de la
circulación del género, que todavía hoy tiene como uno de sus motivos principales la figura del caso.
115
relato policial. 227 Sin embargo, y a pesar de la preponderancia acordada al género
policial, la ubicación del misterio en el inicio del relato, sigue siendo un rasgo
característico del relato de terror, del relato fantástico y a veces de la ciencia ficción. 228
Ese rasgo se plantea desde el inicio comó una laguna en la asignación de sentido: un
racionalidad "cotidiana". Es necesario otro orden, otra lógica, otro saber, para que lo
novela policial y el relato de ciencia ficción eligieron, en una línea más racionalista,
la literatura) plantea una tensión dificil de superar. En 1958 Thomas Narcejac señalaba
Misterio. Investigación. He aquí los dos elementos esenciales cuya fusión, siempre
laboriosa, siempre incompleta ha dado origen a este género extraño que se llama, valga
la vaguedad del término, novela policíaca. Pero no basta con llamarlo género extraño,
habría que denominarlo más bien "género inestable", porque el misterio y la
investigación tienden a excluirse mutuamente, son tan incompatibles como lo fantástico
y lo racional.229
La sutura, imposible hasta el siglo XIX, entre misterio e investigación será el enigma.
227
John Cawelti (en "The literature of mystery", én Mystery, violence and popular culture, London, The
Universtiy of Wisconsin Press, 2004) ha desarrollado una historia del concepto de misterio en este
snetido.
228
Como se ha señalado repetidamente, tanto el inicio de El Sabueso de los Baskerville como, sobre todo,
el de "Los crímenes de la calle Morgue" remedan los episodios misteriosos de las novelas de terror.
229
Thomas Narcejac; sin título, incluido en Román Gubem (edición y prólogo); La novela criminal,
Barcelona, Tusquets, 1982 (la primera edición del texto de Narcejac fue en la Historia de las literaturas
de Queneau en 1958).
116
2. El enigma
"verdadero" misterio por el hecho de que el enigma depende de una formulación falaz
en demostrar que existía sólo la apariencia del enigma". 23° Dicho de otro modo: lo que
sostiene géneros como la adivinanza o el relato policial es el hecho de que, aun antes de
intentar "resolverlos", sabemos que existe una solución cuya evidencia ha sido
la novela policial: el enigma tiene una solución que está contenida en los términos de su
formulación. 231
de habla. De ahí deriva una de las diferencias centrales entre la enunciación del relato
policial y su digresis. Mientras que el lector lee enigmas, los personajes resuelven
misterios: Marlowe no sabe a ciencia cierta si será capaz de resolver el crimen, mientras
Si hay enigma es porque entre "la cosa" y el enigma, hay una tercera posición,
prueba de que alguien es digno de pertenecer (y por eso tanto los exámenes académicos
como las adivinanzas son formas de probar la valía del interrogado). De ahí que la
contrasefia tenga muchas veces la forma de un enigma, de ahí que, como señala Jolles,
230
Giorgio Agamben; "Idea del enigma", en Idea de la prosa, Barcelona, Península, 1989.
231
Gonzalo Abril (en "El ladrón de hachas: introducción a los aspectos cognitivos, afectivos y sociales de
las sospechas", incluido en Carlos Castilla del Pino (comp.); La sospecha, Madrid, Alianza, 1998) señala
que el enigma es "un discurso que a la vez oculta su sentido, parte de su sentido, y señala las operaciones
de su ocultamiento".
117
la existencia de un grupo de elegidos (de una sociedad secreta, por ejemplo) permita el
232
ingreso de iniciados sólo cuando su conocimiento se ha probado a través de enigmas.
Alguien, el que intenta resolver el enigma, está en una situación de inferioridad y debe
probar que su astucia está a la altura de las circunstancias. Otro, el que formula la
Por otra parte, quien formula un enigma debe formular analogías, juegos de
Pareciera que la formulación del enigma dama p& una resolución y esta resolución sólo
puede venir de la confirmación del objeto que fue "deformado" en primer lugar.
Hablamos en este sentido de "falso misterio". La forma más característica del enigma es
reconocimiento tranquilizador.
digámoslo así, "creativa". Un enigma no es sólo una pregunta que demanda una
respuesta, sino que tiene una materialidad propia, una serie de contenidos y estructuras
que pueden leerse más allá del objeto efectivo que esconde la pregunta. El enigma de la
Esfinge, por ejemplo, propone que existe un animal que en el amanecer anda en cuatro
232
De ahí que el enigma aparezca relacionado con los límites y las fronteras, como el enigma de la
Esfmge. Ver André Jolles; "Enigma", en Las formas simples, Santiago de Chile, Editorial Universitaria,
1971.
233
De hecho, puede inferirse que para Sklovski, la novela policial puede pensarse como la versión
narrativa de los procedimientos literarios. Por una parte, Sklovski señala que "El extrañamiento se parece
con frecuencia a la adivinanza: también mueve de su sitio las características del objeto."; por otra, afirma
que "las novelas policíacas son enigmas múltiples. Se ofrecen distintas pistas, que pueden ser agrupadas
de varios modos; comienza la búsqueda del delincuente, de acuerdo a los datos, a las pistas." Ver Victor
Sklovski; "Imagen y enigma", en La disimilitud de lo similar, Madrid, Alberto Corazón, 1973.
118
patas, al mediodía en dos y en el ocaso en tres. Esa postulación podría leerse
Por otra parte, Edipo resuelve el enigma entendiendo que tanto "patas", como
"mañana", "mediodía" y "ocaso" son metáforas: los momentos del día refieren a las
diferentes etapas de la vida y las "patas" refieren a las extremidades de un hombre. Hay
que decir, sin embargo, que en esta segunda analogía, hay un salto: mientras que tanto el
disímiles.
referente son tres cosas diferentes cuya relación es diferente de la orgánica. Por ejemplo
un hombre que anda por la mañana en un burro (que se cansa al mediodía), que deja al
burro y camina solo. Durante la tarde el hombre cae en un pozo y se fractura una pierna.
Esa noche, mientras yace en una zanja, pasa un mono y el hombre salta, apoya su brazo
en los hombros del mono y los dos (el hombre saltando en una pata) marchan en medio
de la noche. 234
mitológico desconocido), recibir una respuesta negativa, volver a postular otra respuesta
(son un hombre, un burro y un mono que carga a un hombre), volver a recibir una
importa ahora cuáles sean las respuestas, pero cabe detenerse en las implicaciones de
234
De suceder cualquiera de las dos opciones (la lectura literal o la lectura antieconómica) estaríamos ante
al nacimiento de una ficción. Este hecho diferencia a los enigmas del extrañamiento literario: la mirada
extrañada no pretende ninguna "respuesta", desarrolla las potenciales respuestas como entidades
autónomas.
119
cada una de ellas. El primer caso muestra el mecanismo tropológico que rige la forma
del enigma: el uso figurado de la lengua (no puede ser un animal mitológico, porque si
es un enigma su solución no puede ser obvia, ni puede ser un "verdadero misterio"). 235
El segundo caso muestra la unicidad que ordena el enigma: la mejor respuesta es la más
económica, la que con menos entes tiene mayores posibilidades de cubrir todos los
rasgos. El tercer caso muestra la lógica de poder que rige el intercambio del enigma:
Edipo no podría dar más que una respuesta, si es que está destinado a entrar en Tebas.
formulaciones. Por una parte, el asesino nunca es quien parece que es (en el límite, el
mono de Dupin, que abre la serie, es el ejemplo extremo de que quien parece ser nunca
lo es). En segundo lugar, la cadena causal es sólo una. En tercer lugar, el detective da
una sola respuesta, y es este hecho, el hecho de que el investigador siempre acierta, lo
Lo que querríamos aquí señalar, sin embargo, es que el enigma, en tanto trabajo
como "suplemento", como un exceso que permite ver de otro modo, que "extraña" la
mirada. Las novelas que aquí trabajaremos, antes que resolver el enigma, exploran sus
se equivocan, las respuestas a los enigmas son obvias: el escenario que presentan
novelas como Las islas o Los detectives salvajes es el de una proliferación cuyo origen
235
De hecho, los "verdaderos misterios" son el modo en que piensan la ciencia y la filosofia que, en
sentido estricto, no resuelven "enigmas".
236
Sin embargo, en la historia del género han existido ejercicios de variación radicales que han
cuestionado la estabilidad del enigma.
120
2.2. La aparición del enigma
elementos cambia radicalmente. Por una parte, el crimen, presentado como misterio,
abre el relato. Esta presentación altera toda la secuencia y produce lo que múltiples
analistas han llamado la "doble historia" del policial. 238 Por otra parte, el crimen se
convierte en enigma, lo que supone una nueva articulación enunciativa, que sólo con la
expansión de la cultura de masas durante la década del treinta y cuarenta cobrará clara
dimensión.
Antonio Helú, Rodolfo Walsh o Luis Enrique Délano), supone una alteración de la
"historia de vida", ahora, en virtud del desarrollo del enigma, será necesaria una
enigma así lo exige. Como se ha dicho más de una vez, cuanto más gratuito parezca el
237
De hecho, como ha sugerido Nouzeilles (Ficciones somáticas, Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 2000),
el desarrollo narrativo del caso tomaba la forma del relato biográfico que explicaba los orígenes del
crimen.
238
La existencia del misterio en el comienzo del relato ya puede verse en los primeros relatos fantásticos
(de Rubén Darío, Eduardo Blanco, Amado Nervo) producidos en el continente. Para más precisiones
sobre la "doble historia" que articula el género, ver mfra.
121
crimen, más sospechosos son posibles, y el enigma gana fuerza como articulador de la
trama. 239 Con el relato policial también aparece otro desplazamiento: el del
Unidos del relato fantástico, puede leerse su emergencia a mediados del siglo XIX como
el efecto del impacto del racionalismo (que explica el misterio) y como el triunfo de la
que su emergencia quita el poder de determinar la verdad de las manos del estado y
ejercicio estético (en el caso de Usigli) o como una ironía costumbrista (en el caso de
Helú). Además, ahora los criminales pueden o suelen provenir de las clases acomodadas
y los héroes suelen ser personajes curiosos y marginales. 241 Así, en el caso
239
Como han visto Sklovski y Jameson; el enigma policial permite la articulación de múltiples tramas de
otro modo dispersas. Ver Víctor Sklovski, "La construcción de la 'nouvelle' y de la novela", AAVV;
Teoría de la literatura de los formalistas rusos, México, Siglo XXI, 1991 y "Sobre Raymond Chandier",
en Daniel Link (comp.), op, cit.
240
Así, por ejemplo, lee la emergencia del relato policial Michel Foucault en "La resonancia de los
suplicios", ( Vigilar y castigar, Buenos Aires, Siglo XXI, 1984).
241 En diversos casos de Máximo Roldán, el protagonista de los cuentos de Helú, el criminal es un hombre
rico. En "El secuestro del candidato" del chileno Alberto Edwards, un político se autosecuestra para no
cumplir con sus deberes cívicos. Por lo demás, Máximo Roldán es un ladrón. Similares observaciones
sobre la distribución de roles pueden hacerse con respecto a las ficciones policiales argentinas de la
misma época (ver De Rosso, op. cit.).
122
latinoamericano, el relato policial sustrae la necesidad de la culpa a las clases populares
y la hace proliferar por todo el campo social, al menos bajo la forma de la sospecha.
La aparición del enigma policial configura este tercer actor (el investigador)
cuyos intereses están diferenciados tanto con respecto a los criminales como al estado.
3. El caso
El "caso", es, en todas sus versiones (las del naturalismo y el decadentismo, las
reverso del ejemplo entendido como ilustración de la ley. Hay caso justamente porque
no se sabe qué ley aplicar a los hechos narrados. Esta laguna en la asignación de
social, en función de una norma tácita (de la que la ley en crisis derivaría). 242
sobre una dualidad: el criminal contra la ley que lo persigue (y en este sentido,
normativizador). 243
tercero para el crimen, alguien que pueda leer lo que nadie puede leer en el cuerpo
242
Seguimos aquí las precisiones formuladas por André Jolles en "Kasus", en Las formas simples,
Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1972.
243
Sobre la distinción entre el caso clínico en el modernismo y en el naturalismo ver Gabriela Nouzeilles,
op. cit.
123
social (ni el estado ni los particulares). En este sentido, la emergencia del caso policial
configura (no sólo en América Latina) una relación de terceridad que será su esquema
volveremos), pero también teóricas. Permite presentar con nitidez, a partir de considerar
sus puntos como focos narrativos, las diferencias entre la novela policial (cuyo foco es
criminal) 244 y la novela de espionaje (la perspectiva del estado). 245 Estos cambios de
hacia atrás la lectura de indicios, la novela de suspenso los dispara hacia delante (va a
se presenta como una serie de enigmas cuyas revelaciones suceden como episodios, en
la novela de espionaje "siempre hay enigmas" (y por eso es una de las formas más
244
En efecto, la novela de suspenso se organiza sobre el mismo horizonte temático que el de la novela
policial pero desplaza la intriga hacia delante o, como lo formula Todorov (en "Tipología del relato
policial", incluido en Daniel Link (comp.), op. cit.) en la novela de suspenso, "el misterio tiene un función
diferente de la que desempeñaba en la novela de enigma: es, primordialmente, un punto de partida; el
interés principal reside en la segunda historia, la que se desarrolla en el presente." El desarrollo de la
novela de suspenso como género, es producto de la crisis que supuso para el género la emergencia de la
serie negra durante la década del treinta. Javier Coma (en Diccionario de la novela negra
norteamericana, Barcelona, Anagrama, 1985) señala que es en el contexto del realismo, que comienza a
campear en el género durante la década del treinta, que parece posible construir ficciones en las que el
universo temático del relato policial "duro" (la urbe moderna, el crimen profesional, la femme fatale)
pueda ser retratado desde la perspectiva de los propios miembros de la comunidad. El subgénero ("Crime
psychology") admite múltiples variantes (e incluye tanto historias vistas desde el punto de vista de los
criminales profesionales como desde el punto de vista de quienes se ven obligados al crimen por fuerzas
superiores a ellos).
245
Enseguida veremos el desarrollo de la figura del investigador en la novela policial, baste por ahora
decir que si se pretende contar la historia de un crimen desde la tríada y desde la perspectiva del estado, es
necesario que la figura del investigador (Bond, Smiley, Ashenden) represente al estado y que el criminal
no pertenezca a la población civil (dado que el estado se supone que la representa). Es por lo tanto
necesaria la aparición de otro estado operando detrás del criminal: aparece la novela de espionaje.
246
Por eso, por su secuencialidad intrínseca, la novela de espionaje es el género del enigma que mejor se
articula con la novela de aventuras. Por eso también, la "incomposibilidad" del tiempo (como lo llama
124
Por otra parte, el caso, como ha señalado Nicolás Rosa, propende a la serialidad.
Sus rasgos formales permiten y demandan la iterabilidad. Esa iterabilidad que está
inscripta en las bases médicas del caso presupone la posibilidad de la inducción como
produce el "modus operandi" del criminal. Más en general, sin embargo, la ideología de
la novela policial, su articulación de la vuelta al orden como fin del relato, supone que
relato policial puede pensarse como la investigación en torno a una serie de sospechosos
a los que entrevista el detective. Esto es cierto aun cuando el enigma cambia de forma,
como suele suceder en las novelas de Raymond Chandier o Dashieli Hammett. Esa serie
cuando el detective ha encontrado al criminal. Así, el crimen tiende a una serie infinita
que sólo puede clausurarse expandiendo otra serie paralela, la de las entrevistas del
investigador. 248
Podría imaginarse lo contrario, pero la historia del género demuestra que cuanto más
Deleuze) asume en Borges la forma de un relato de espionaje ("El jardín de senderos que se bifurcan"),
antes que la de un relato policial.
247
Nicolás Rosa, "La ficción proletaria", en La Biblioteca, Buenos Aires, n° 4/5, verano 2006. y John
Cawelti, op. cit.
248
La serialidad es también condición de posibilidad de la circulación material del género. Como han
señalado Elvio Gandolfo y David Schmid entre otros, la serie es uno de los grandes inventos de Poe, que
sólo fue comprendido cabalmente por Conan Doyle. La construcción de una situación inicial
infinitamente iterable que se ajusta mejor al mercado de revistas que el folletín. Ver Elvio Gandolfo;
"Estudio preliminar", en AAVV; El cuento policial, Buenos Aires, CEAL, 1981 y David Schmid "The
locus of disruption: serial murder and generic conventions in detective fiction" en Warren Cherniak,
Martin Swales and Robert Vilain (eds.); The Art ofdelectivefiction, New York: St. Martin's Press, 2000.
125
crímenes sin resolver existen, menos son los sospechosos, el principio de unicidad que
Así, la estructura triádica del caso abre la novela policial a una serialidad pocas
pecado o una falta a la moral, es una infracción a la ley. 25 ' Así, desde que comienza el
249
El caso límite, dentro de la novela policial es el asesino serial que requiere, por una parte, la
constitución de una subjetividad fuerte (el asesino se identifica rápidamente a partir de mensajes a la
policía o al investigador) que señala la unicidad del enigma (como en Los crímenes el alfabeto, de Agatha
Christie) y que, de hecho, produce una estructura de desafio que duplica la del enigma policial (y por eso,
la ola de films "psycho killers" de la década del noventa puede pensarse como la vuelta del policial de
enigma, sazonado de la violencia que caracterizó a la serie negra). En el caso de la novela de espionaje,
todos los crímenes (inclusive los que suceden entre diversos textos de una serie) deben reenviarse a una
sola entidad, que puede ser un estado o, como sucede en los libros de Jan Fleming, una asociación todo
poderosa como S.P.E.C.T.R.E.
250
Esa lógica serial, claro, es la que se toma evidente en el final de "La muerte y la brújula", retomada
luego en algunas disquisiciones de, por ejemplo, El enigma de París, de Pablo De Santis.
251
Y es en este sentido, un fenómeno específicamente moderno. La teoría penal moderna se distinguiría
por relacionar el crimen con la ley en tanto que expresión del bien común de la vida social. Ver la cuarta
conferencia de Michel Foucault en La verdad y las formas jurídicas; Buenos Aires, Gedisa, 2008.
252
Para decirlo rápidamente: el relato policial puede ser una fábula moral (en algunos casos lo es, en
particular en la serie negra), pero no se defme por el castigo moral, ni las fuerzas que desatan la
investigación son morales (que no es lo mismo que las fuerzas que desatan el crimen). Por eso, porque la
ley defme la relación del investigador con los hechos se pueden pensar como objetos del mismo género
La ventana siniestra y, por ejemplo, El candor del padre Brown. Por lo demás, otros géneros masivos
trabajan estrictamente con planteos morales y, de hecho, este es uno de los rasgos que distingue al género
policial de géneros aledaños como el melodrama o el relato gótico.
126
Así es que el crimen (en la medida en que desafia al estado) pone en marcha una
investigador, que desafia sus normas y sus métodos (hasta inclusive burlarse de ellos).
caracteriza a los agentes del estado. El investigador del género es, en este sentido, un
personaje que se define por su tensión con el estado y, en el límite, por su tensión con
las formas más estables de las relaciones sociales. Así, el investigador, siempre está casi
por fuera de lo social y, justamente por ello (inclusive cuando se trata de un policía),
253
puede ver lo que nadie ve.
policial habla siempre (pero no solamente) de una crisis del estado. En efecto, si
estado ("la organización que reclama con éxito el monopolio del uso legítimo de la
fuerza fisica en un teritorio determinado"), veremos que son dos los elementos que lo
definen. 254 De un parte, el estado se define por "reclamar con éxito el monopolio del uso
253
Diferentes autores han indicado esta soledad constitutiva del héroe del relato policial. Jerry Palmer (en
Thrillers, op. cit.) afirma: "el héroe, por defmición, no sólo es competente, sino excepcionalmente
competente; si alguien pudiera hacer las cosas tan bien como él, él perdería su derecho a llamarse héroe.
De hecho, la función principal del equipo de respaldo [los ayudantes del héroe] es ser menos competentes
que el héroe, para que resalte así la valía de éste." El género liga tan insistentemente la excepcionalidad
con la posibilidad de develar el enigma que parece inevitable proponer una relación causal. Porque ve de
otro modo, el investigador es, a la vez, un solitario y un observador eficaz.
254
Ver Max Weber; "La política como profesión", en El sabio y la política, Córdoba, EDUCOR, 1966.
La variable territorial de esta definición, en la medida en que tiene menos relevancia para la descripción
de las operaciones constitutivas del género será tratada más adelante. Ver capítulo 5.
255
Weber, op. cit.
127
es: la legitimidad se sostiene en relatos, leyes, discursos. De Lyotard a Luhmann, la
discurso que, de alguna manera, justifique su accionar. Como afirma Ricardo Piglia:
"cuando se ejerce el poder político se está imponiendo siempre una forma de contar la
constituirse como tal necesita ser el único operador político que pueda actuar sobre el
cuerpo de los individuos sin que su autoridad sea recusada. Un estado debe (si se trata
de un estado moderno) articular discursos que funden una legitimidad que impida la
simultánea de los dos rasgos. Ley y coerción, discurso y violencia forman una
El relato policial comienza con una laguna en la constitución del estado: existe una
violencia que ha escapado a su monopolio, entre otras cosas porque el estado no posee
un relato que haga inteligible esa violencia. Ese relato que al estado le falta es el que le
en la constitución del género este relato no puede venir del interior de la institución
estatal. 257
Así, el relato comienza con un cadáver que está fuera de la ley (y, por lo tanto, del
policial instituye a partir de ese cuerpo una duplicidad: el criminal instaura una
256
Ricardo Piglia: "Una trama de relatos", en Crítica yficción, Buenos Aires, Seix Barral, 2000.
257
Inclusive cuando se tematice la pertenencia del investigador al estado, esta pertenencia siempre está
cuestionada, es liminar o inestable: los policías de las películas norteamericanas siempre están entregando
sus placas a los jefes de policía que, irremediablemente, se las devuelven cuando resuelven bien el caso y
salvan a la población.
128
violencia fuera del monopolio estatal; el detective instaura un relato fuera de la
cuestionarlo al tiempo que homologa al criminal y al detective. 258 Esta simetría tiene
responsabilidad del estado en los crímenes que devela el investigador, el relato policial
en su forma tradicional (clásica o negra), debe encontrar alguien a quien castigar. Este
movimiento sugiere que si se castigara a todos los criminales (dentro o fuera del
estado), las instituciones serían justas. Así, todas las variantes canónicas del género son
instituciones. 259
posibilidad de razonar, a partir de los datos sensibles una historia que explique los
Watson:
258
Michel Foucault indicó (op. cit.) en qué medida la novela policial sustrajo al criminal de la esfera
ambigua de la admiración popular para transformarlo en un neto enemigo de lo social, tal como lo
imaginaba la burguesía. En realidad, si se atiende a las simetrías y disrupciones aquí indicadas tal vez
pueda pensarse en la ambigüedad de los héroes y villanos de la novela policial en relación no ya con la
cultura popular, sino con una emergente cultura de masas.
259 El punto ha sido señalado por Daniel Link en "El juego silencioso de los cautos", en Daniel Link
(comp.), op. cit. Estas observaciones también son pertinentes para lo que suele llamarse relato
"neopolicial": aun cuando sus cultores denuncien los crímenes de estado (como Ramón Díaz Eterovic en
Nadie sabe más que los muertos (1992) o Juan Sasturain en Manual de perdedores (1984, 1986)), la
denuncia se concentra en individuos y por lo tanto no puede denunciar al estado mismo.
129
Nunca hago conjeturas. Es un hábito nefasto. Destruye las facultades lógicas. Lo que a
usted le parece tan extraño, lo es sólo porque no ha seguido mi cadena de pensamientos
ni se ha fijado en los pequeños datos de los que pueden extraerse importantes
inferencias. 260
pensarse como la fuente de uno de los equívocos más persistentes en torno de la novela
policial. En efecto, durante décadas se pensó el éxito del relato policial como
literarios de la segunda mitad del siglo XIX. 26 ' Se trata, en verdad, de un momento
historia", Giorgio Agamben releva las caraterísticas del sujeto del conocimiento
puro acto de pensar" y que por lo tanto, se trata de un sujeto "cuya realidad y cuya
relacionado directamente con el cogito: quien existe es quien puede decir que piensa. La
razón cartesiana es, además, universal y evidente, compartible por todos los hombres y,
en este sentido, igualadora. Para que esta universalidad sea posible, es necesario reducir
el lugar del sujeto al de una interioridad pobre o nula, de ahí el sujeto lingüístico que
pensamiento científico moderno. 263 En efecto, será necesario esperar hasta fines del
260
[Link] Arthur Conan Doyle, El signo de los cuatro, Buenos Aires GEA, 2000. El fragmento pertenece al
primer capítulo, notablemente titulado "La ciencia de la deducción".
261
Todavía hoy se piensa el género a partir de la lógica deductiva. Casi todos los estudios sobre literatura
policial contemporánea citados en el capítulo 2 insisten en la lógica "deductiva" de las versiones clásicas
del género policial.
262
Ver Giorgio Agamben; "Infancia e historia", en Infancia e historia, Buenos Aires, Adriana Hidalgo,
2001.
263
Michel Foucault, en "Del yo clásico al sujeto moderno" (en Elyo minimalistay otras conversaciones,
Buenos Aires, La Marca, 2003) afirma: "Antes de Descartes, no se podía ser impuro, inmoral y conocer la
130
siglo XVIII para que surjan instituciones que transformen a este sujeto en el agente
A fines del siglo XVIII se constituyen los campos de especificidad tal como los
recíproca, y que a su vez mantienen una relación de independencia relativa con respecto
a otros campos de la producción discursiva. 264 En este contexto, hacia fines del siglo
XVIII, se constituyen tanto la ciencia moderna (surge lo que Thomas Kuhn llama
repelentes. En 1959, por ejemplo, C.P. Snow, en un famoso ensayo hablaba justamente
científicos [ ... ]. Entre ambos, un abismo de incomprensión". 267 Esta distancia, sin
realismo como una aplicación literaria de la ciencia. Algunos años más tarde, Zola, en
último tercio del siglo XIX, al naturalismo. Por otra parte, la vanguardia, tanto europea
verdad. [...] Después de Descartes encontramos un sujeto de conocimiento no ascético. Este cambio hace
posible la institucionalización de la ciencia moderna."
2 Ver Pierre Bourdieu; "Campo intelectual, campo del poder y habitus de clase", en Campo de poder y
campo intelectual; Buenos Aires, Folios Ediciones, 1983 y Jürgen Haberlas; "La modernidad, proyecto
inconcluso", en Nicolás Casullo (comp.), El debate modernidad-posmodernidad, Buenos Aires, Puntosur,
1989.
265
En términos de Raymond Williams: "el estudio teórico y metódico de la naturaleza". Ver Raymond
Williams; "Ciencia", en Palabras clave, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000.
266
Thomas Kuhn,; La estructura de las revoluciones cient(ficas, México, FCE, 2000 y Raymond
Williams; "Literatura", en Palabras clave, op. cit.
267
C.P. Snow.; Las dos culturas y un segundo enfoque, Madrid, Alianza, 1977.
131
como latinaoamericana, reelaboró una y otra vez el vocabulario y el pensamiento
268
científico en sus textos
conceptos que rodean a la ciencia no esté dada por el centro de la escena literaria
europea del siglo XIX, sino por sus márgenes. A mediados del siglo XIX, cristaliza el
relato policial que puede pensarse como una articulación compleja entre cierta línea del
sociales. 269
esqueleto del género, se derivaba que la justicia (si no la ley) estaba del lado de quien
pudiera contar la verdad. 270 Esa segunda historia, que da carácter metanarrativo a todo
relato policial, está guiada por la razón. 271 Gracias a la razón, a la posibilidad de ordenar
cadenas causales, el relato de los hechos ilumina los hechos, los hace inteligibles. Así,
268
Una elaboración polémica de esta relación puede encontrarse en Peter Sloterdijk; Temblores de aire,
Valencia, Pre-textos, 2003.
269E1 otro género que tiene a la razón y al gótico en el núcleo de su conformación es la ficción científica.
Ambos géneros pueden considerarse como la racionalización (por diferentes procedimientos) de lo oscuro
e inexplicable del relato gótico. La ciencia ficción nos presenta una ciencia (y una racionalidad)
construida en conflicto con la institución. Lo que caracterizará al género es justamente la idea de que la
institución científica constriñe y limita la imaginación que la propia ciencia propone a las mentes más
despiertas. Así, el género se fascina con los científicos locos, con los individuos que, al margen de la
ciencia, usan sus logros para fmes personales, ávidos de conocimiento o de poder, pero siempre
indisciplinados frente a las normas insitucionales. El hecho de que estos científicos (como los criminales
en el policial) sean castigados sobre el fmal del relato habla más de la ambiguedad ideológica del género
que de una moralina institucionalista: el inicio del género y, podría afirmarse, su clausura, depende de ese
uso desviado de la ciencia. Ver Robert Scholes y Eric Rabkin; La ciencia ficción, Madrid, Taurus, 1982;
Jerry Palmer; op. cit. y Susan Sontag; "La imaginación de la catástrofe", en Contra la interpretación;
Barcelona, Seix Barral, 1984.
270 Ver Tzvetan Todorov; "Tipología del relato policial", en Link, Daniel (comp.); op. cit.
271
El relato policial puede verse como una forma de metarrelato en la medida en que puede pensarse
como la historia de cómo un personaje se hace narrador. Este rasgo vale para todas las versiones del
género e inclusive para muchos casos de la novela criminal (como los textos de Corneli Woolrich o la
novela Deseo de noche (1993), del peruano Alonso Cueto) y para la novela de espionaje, en las que es
necesario comprender el sentido de la amenaza para poder conjurarla.
132
5.2. Dos versiones de la verdad
clausura para el género: porque había una historia que contar (una historia que era
verdad) el mundo volvía al orden, el caos que comenzaba el relato podía ser puesto en
caja, articulado con la ley (en el caso del relato policial inglés), o con la moral (en el
caso de la serie negra). Así, la ideología del relato policial propone que el mundo sería
opacan la diafanidad del orden que lo organiza. 272 Para poder sostener esta ideología, la
fetiche que el relato policial nos ha acostumbrado a buscar y encontrar. La verdad del
relato policial postula que el investigador no llega a una versión de los hechos, sino que
llega a describir lo que realmente sucedió. 273 Así, la ideología del relato policial es la de
develara fuera sólo una posible versión de los hechos, sería imposible comprobar si el
tornado un eje en los debates sobre el género (al menos desde las proposiciones clásicas
complacencia con respecto a las formas de la verdad estatales. Y si bien es cierto que
272
Rara vez, sin embargo, el relato policial canónico cuestiona el orden mismo. Ver parágrafo 4.
273
Como sucede con todos los otros rasgos descriptos, si bien es cierto que la verdad está tematizada en el
policial, opera en los demás órdenes del género: es el objeto de la estructura hermenéutica y es a la vez el
objeto por el que compiten el lector y el investigador.
133
observaciones de esta diferencia solamente al horizonte de las relación entre justicia y
ley. Si se mira más de cerca esta distinción, tal vez se puedan encontrar otras
diferencias.
privilegiadamente) para la resolución del enigma, etc. Otros elementos los comparten
todas las novelas policiales "de investigación", sean estas de enigma o negras: la
estudiado es el tipo clausura que requiere el género clásico. 274 En este sentido la novela
central, casi podríamos decir "ideológica", pero poco estudiada, entre el relato clásico
camino, fatalmente descubre a un otro entre los mismos. La imposición del crimen sobre
el menos sospechoso (sobre todo en las formas más anquilosadas del relato de enigma)
redunda en el hecho de que en la mayoría de los casos, sean esos individuos "más allá
de toda sospecha" (los padres de familia, los hombres probos, las damas de sociedad)
274
Ver Jorge Luis Borges; "Chesterton y los laberintos policiales", op. cit.
134
quienes muestren un rostro temible, espantoso, para la estrecha moral que sostiene el
relato.
así: "La reflexión metafisica de la vieja novela policíaca ha sido sustituida por el reflejo
del otro. Una sociedad se refleja en su policía y en sus crímenes, tanto al menos como se
guarda de ellos, mediante profundas complicidades de fondo" 275 Es por eso que desde
que comienza una novela negra sabemos quién es el culpable (y sobre ello han insistido
Poco importa, entonces, quién fue el, digámoslo así, "brazo ejecutor" porque la novela
negra insiste en una causalidad generalizada, que torna irrelevante la pesquisa y enfatiza
en cambio el recorrido del investigador por una sociedad en decadencia (de ahí que
algunos de los mejores exponentes del género —McCoy, Cain, Goodis - directamente
abandonen la figura del detective). Así, todo lo que sabemos al final del recorrido es lo
ejemplo, por Chandler) que nos enseña cómo ser buenos. De ahí proviene el conflicto
central de la novela negra: la ética del profesional frente a las tentaciones de un mundo
corrupto (cuya formulación más recurrente es la femme fatale). 276 Esa dinámica está
ausente en la novela de enigma y su éxito como divisa fue (es) uno de los ejes en torno
de los cuales se reivindicó la novela policial en América Latina a partir de la década del
(clásica o negra) también tiene implicaciones políticas que tal vez no la separen tanto de
la novela de enigma.
275 Ver Gules Deleuze, "Filosofia de la serie negra", en La isla desiertas y otros textos, Valencia, Pre-
textos, 2005
276
Ricardo Piglia en "Sobre la novela policial" (incluido en Crítica yficción, Op. Cit.) ha señalado en qué
medida esta tensión (y su relación con el dinero) es producto de la ética protestante.
135
Así, más allá de estas diferencias, las formas canónicas del género policial son
realidad, que todas las violencias (la de los criminales en la novela inglesa, la de la
policía y los criminales en la novela negra) convergen en la palabra del detective, que
ambigüedad radique gran parte del atractivo que el género produce. En principio, la
razón del género es la razón cartesiana, es decir una razón vaciada de contenido y
se puede construir un relato mayor, que articule toda esa experiencia en un metarrelato
generalizador. Así, la formulación del enigma supone que cualquier lector, si presta
atención a lo que se nana, puede resolverlo; de este modo, todos los implicados, en
todos los niveles (los personajes, el narrador, el lector), podrían resolver el crimen en la
medida en que los datos se revelan como transparentes y unívocos una vez ordenados en
el relato final. Es esta la premisa (y la promesa) que guía la, estructura de desafio del
relato policial (vindicada tanto por autores "clásicos" como Rodolfo Walsh, como por
autores negros como Raymond Chandler). 277 Se trata de una aparente simetría
277
Ver Rodolfo Walsh; "Noticia", en Variaciones en rojo, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1987 y
Raymond Chandler; "Comentarios informales sobre la novela de misterio", en Chandier por sí mismo,
Madrid, Cátedra, 1990.
278
Ver Carlo Ginzburg; "Señales. Raíces de un paradigma indiciario", en Gargani, Aldo (comp.); Crisis
de la razón, México, Siglo XXI, 1983.
136
a otros casos particulares. 279 La razón del policial, la abdución, se separa así de la razón
leyes, rasgo más propio del pensamiento científico. Este gesto condena al policial, hasta
mediados del siglo XX, al lugar de literatura menor: el rechazo a la mirada científica
clásico. De este rechazo deriva una forma de narrar y el objeto del relato policial: los
sensibles un indicio, pero es también la mirada que rige las tematizaciones del género
Es porque la razón abductiva guía la construcción del relato final que el lector de
posibilidades, pero le resulta imposible decidirse por una: los datos que nos presenta el
narrador son imposibles de ordenar como los ordena el detective, o mejor, es imposible
saber cuál de todos los órdenes en los que es posible desplegar las secuencias narrativas
es el correcto. Lo que falta, pero el género lo oculta, es el "estar ahí" del verdadero
testigo proverbialmente tonto, que justamente despliega los hechos en su más plena
abductivo de Dupin, los objetos en los que el detective fija la mirada, por ejemplo. Si el
género policial trabajara con una razón deductiva, la aparición de este narrador sería
279
Ver Umberto Eco; "La abducción en Uqbar", en De los espejos y otros ensayos, Buenos Aires, Lumen,
1988. Eco indica otros dos rasgos relevantes para este desarrollo. El primero, el hecho de que la lógica
abductiva (como su nombre lo indica) es una lógica por analogía, un "rapto" de una lógica a otra. El
segundo, el hecho de que todos los grandes descubrimientos científicos "revolucionarios" surgieron por
abducción.
137
irrelevante: la resolución del enigma se tomaría evidente desde el principio, en la
un rasgo recurrentemente olvidado por los defensores de la vertiente negra del género
que abogan por su "realismo" como "reflejo" de la vida social. En efecto, la primera
persona que suele caracterizar a las novelas detectivescas de la serie negra resulta
todavía más "tramposa" que la del policial clásico: se trata de una voz que
deliberadamente oculta información, que no muestra los modos por los cuales el
detective (Marlowe, Spade) arriba a una conclusión. Una estrategia característica toda
vez que se describe el policial negro radica en el olvido de las operaciones discursivas,
para considerar al relato policial negro como un objeto transitivo con respecto a un
origen teórico es la confusión entre "referente" y "referencia". Esta falacia analítica fue
denunciada por Barthes hace casi cuarenta años (en "El efecto de realidad") y fue
reconocida por el propio Chandier, quien admitía la existencia de Marlowe como una
El detective privado de la ficción es una creación fantástica que actúa y habla como un
ser real. Puede ser absolutamente realista en todo sentido menos en uno: que en la vida
tal como la conocemos un hombre así no sería detective privado. [...] Haciéndolo
detective, uno pasa por alto la necesidad de justificar sus aventuras. 28 '
razonar a partir de una situación específica), pero los textos, a la vez, instituyen
mecanismos que hacen imposible reconstruir el "estar ahí" (la memoria, la experiencia,
280
Pueden verse al respecto los trabajos de Mempo Giardinelli y Leonardo Padura fuentes citados en el
Capítulo 2.
281
La cita es el epígrafe de Tres exóticas aventuras de Ray López, del colombiano Juan Carlos Rubiano
Vargas, una rara avis (una parodia del género) en el horizonte de la novela policial contemporánea.
138
el orden de la mirada) necesario para la razón indicial. Resulta por lo tanto imposible
ambos rasgos, en la forma en que los trabaja el género, resultan contradictorios. 282
impugnó los métodos de la policía en "La carta robada", justamente por ser deductivos
antes que abductivos. En términos más generales puede pensarse que la constitución
racional de la legitimidad moderna supone una razón general, aplicable a todos los
individuos dentro del territorio. Esa racionalidad es la que el relato policial vendría a
poner en entredicho, en la medida en que el relato policial no sólo opone el carácter del
razón cartesiana y positivista, de lo que se entiende por "razón moderna". 284 Cuando así
se procede suele olvidarse que la razón moderna es algo más que el positivismo y la
"voluntad de dominio". En efecto, siempre es dable recordar que aquello que llamamos
282
No es seguro, sin embargo, que lo Único que desee el lector de policiales sea develar un enigma. El
éxito de la serie negra demuestra que el interés en el género excede con mucho los placeres del juego
intelectual.
283
Eventualmente, como veremos, esa racionalidad puede llevar a cuestionar la propia legitimidad
racional (es decir estatal). Foucault, en La verdad y las form as jurídicas (op cit.) señala que la
racionalidad abstracta, siendo el principio sobre el que se pensó el sistema penal moderno, encontró sin
embargo su realización en una lógica del control del individuo en su más plena particularidad. Esas dos
caras de la modernidad penal también pueden pensarse, aunque en este caso como oposición, en el relato
policial.
284
Magda Sepúlveda (en "La narrativa policial como género de la modernidad: La pista de Bolaño",
incluido en Patricia Espinosa H (comp.); Territorios en fuga. Estudios críticos sobre la obra de Roberto
Bolauio, Santiago, FRASIS editores, 2003), por ejemplo, sefaIa que "[el discurso de la modernidad]
concebía al mundo como un objeto manipulable, sobre el cual se opinaba de manera exacta, cuantificable
y disyuntivamente".
IRM
(en general, por comodidad) "lo moderno" no incluye necesariamente la idea de
entidades a partir de datos individuales más o menos mínimos, más o menos marginales,
pesar de los diversos esfuerzos de las ciencias sociales por asimilarse a las "ciencias
comienzos del siglo XVII) es en verdad una mutilación de la idea de razón de los
primeros modernos, que también incluían la "razonabilidad" entre los valores modernos.
En efecto, para filósofos como Montaigne y Bacon (como luego para Dewey y James),
la "incerteza" fue uno de los rasgos centrales de lo "racional". Esa incerteza produjo,
racionalismo" (la idea de que el conocimiento social podía estar regido por métodos
285
De hecho, gran parte del encanto de leer novelas policiales tal vez devenga del estatuto no positivista
se sus elementos constitutivos. Al fm y al cabo, todas las evidencias que poseemos (el circuito de ventas,
los oficios de los escritores, etc.) sugieren que gran parte del placer de leer novelas policiales es producto
del placer morboso por lo anómalo y deforme.
286
Carlo Ginzburg, op. cit.
140
análogos a los de al fisica y la matemática) se basa en la voluntad de eliminar (por la vía
del método, la lengua universal y un sistema unitario de naturaleza) esta incerteza. 287
Esa incerteza, sin embargo, nunca ha sido eliminada completamente del universo
ciencias de la certeza). 288 Más aún, el desarrollo de la ciencia, desde fmes del siglo XIX,
ha demostrado que la incerteza es una condición de todo saber y que, en este sentido, no
hay motivo que justifique separar a las ciencias humanas (la historia, la psicología) tan
Así es que si bien es posible argumentar que existe una modernidad que refiere
todo a la unicidad y que enfatiza la racionalidad, también habrá que reconocer que
existe otra modernidad que enfatiza la razonabilidad y la búsqueda cualitativa. 289 Es por
lo tanto una simplificación de la historia del género asumir que el policial, porque es
moderno es racionalista, cuando tal vez lo más preciso sea señalar que en el mejor de
de incerteza, de una probabilidad difusa, "sólidas" antes que "válidas". Es decir que el
mecanismo básico del relato policial, el encaje entre las dos historias a través de la
287
Stephen Toulmin; Regreso a la razón, Barcelona, Península, 2003.
288
El ejemplo privilegiado de Toulmin es el "problema de los tres cuerpos". Formulado a principios del
siglo XVIII, el problema (cómo calcular algebraicamente, a la vez, las órbitas de dos cuerpos alrededor
de un tercero) enfrentó a Leibniz y Newton. Henri Poincaré demostró en 1889 que el problema no podía
tener solución formal, sino sólo estadística: inclusive en astronomía la predictibilidad completa resultaba
imposible.
289
No desarrollaremos aquí las condiciones históricas que permitieron el desarrollo del género en las
sociedades europeas de la segunda mitad del siglo XIX, pero parece posible pensar que el desarrollo del
pensamiento indicial, como señala Ginzburg, haya entrado en auge a patir del crecimiento de las ciudades
y la criminalidad. En el mismo sentido, Ginzburg señala que el concepto de "paradigma indiciario" "tal
vez ayude a salir del pantano de la contraposición entre 'racionalismo' e 'irracionalismo".
141
abducción es un pasaje convincente, antes que una comprobación válida formalmente.
290
Sin embargo, tal vez pueda entenderse gran parte del éxito del género policial
por la articulación de estas dos lógicas modernas en un mismo artefacto textual. Esto es:
contenidos), su resolución sólo puede ser "razonable" (abductivo, de rango local, sólo
permitirían historizarlo. La historia de los dispositivos por los que el policial construye
la sorpresa de la develación es, también, una historia de las formas en las que la razón
deducción" y es en este sentido que debe leerse el hecho de que Holmes afirme que
nunca hace "conjeturas", es decir que, aparentemente, "sabe" porque aplica un método
científico. Si se releen los relatos de Poe, se verá que la referencia científica apenas
290
Lo "razonable" puede pensarse también como punto de pasaje, en la medida en que su posibilidad,
para Touhnin, se relaciona con el pensamiento cualitativo y el conocimiento local. Para Derrida, por
ejemplo, "lo 'razonable' sería la apuesta razonada y argumentada de esa transacción entre las dos
exigencias aparentemente inconciliables de la razón, entre el cálculo y lo incalculable". En este punto la
posibilidad de atender a lo razonable, se transforma en un problema político. Por lo demás, lo "razonable"
del relato policial sutura también una inconmesurabilidad, la del misterio con respecto a su solución,
también a su modo, una exigencia inconciliable entre lo incalculables y el cálculo. Ver mfra y Jacques
Derrida; "Llegar - a los fmes del estado", en Canallas. Dos ensayos sobre la razón, Madrid, Trotta, 2005.
291
De hecho, las inferencias a las que se refiere Holmes (pero también toda la novela de detectives) es
lógicamente inconsistente, puesto que es sabido que si premisas verdaderas ("si llueve, las veredas se
mojan" y "hoy llovió") conducen a conclusiones verdaderas ("la vereda está mojada"), conclusiones
142
5. 4. Retórica e ideología
Todos los rasgos del policial canónico, encuentran su lugar en el relato a partir
crimen con respecto al descubrimiento del crimen todos los rasgos antes mencionados
La verdad del género, por ejemplo, aparece ligada a este segundo relato que hace
inteligible (y, por lo tanto, reparable) el tejido de lo social. Por otra parte, esta
presenta en el texto) las pistas que le permitan triunfar sobre el detective, adivinando la
definirse como aquel que al final de la historia puede contar qué fue lo que pasó (y en
personaje —el investigador— se hace narrador). Este rasgo aúna a personajes tan
disímiles como Nero Wolfe y Sam Spade, Emilio Renzi (de "La loca y el relato del
genealogías formales más allá de diferencias estilísticas (en algunos casos notables).
los criminales y del estado viene dada por esta segunda historia. Si la ley (el estado) es
verdaderas no pueden establecer el estatuto alético de las premisas ("la vereda está mojada" no puede
determinar si es verdadera la premisa "hoy llovió" o "mi vecina lavó la vereda"). Es porque el
razonamiento del género policial funciona por abducción que puedo imaginar que, si sé que mi vecina
está enferma, entonces llovió. El hecho es, como se ve, un salto lógico, si se lo considera desde una
perspectiva formal, como pretende Holmes. Para mayores precisiones puede verse el análisis de los
razonamientos de Holmes en Umberto Eco; "Cuernos, cascos, zapatos: algunas hipótesis sobre tres tipos
de abducción", incluido en Umberto Eco y Thomas Sebeok (eds.), El signo de los tres, Barcelona,
Lumen, 1983.
143
la barrera que define el estatuto civil y penal de los implicados en el relato, a ambos
investigador es, antes que cualquier virtud o estatuto legal, su condición de narrador de
la segunda historia. Esa segunda historia, además, al tiempo que detecta al criminal
reinstaura el orden estatal, ya sea porque provee al estado de un discurso que permite la
corrupta o ineficiente por parte de sus agentes. En ambos casos, la norma que rige la
forma del estado (que se presupone tiende a la justicia) es apaciguada por la historia
final.
Por último, esta segunda historia postula la utopía del género. En efecto, el
género sostiene que si se cuenta bien una historia, si este relato puede dar cuenta de una
serie de hechos fisicos (hay un cadáver, hay pólvora en una mano, un arma se encuentra
devuelta al espacio de lo inteligible. Este relato estuvo siempre guiado por la razón
abductiva.
Las tesis irracionalistas de Thomas Kuhn, por ejemplo, ya plantean, en su versión más
144
el texto citado de Ginzburg (ambos de 1979) postulan la relevancia de criterios ajenos a
se interdefinen, de modo que estamos presos de un juego de lenguaje. 292 Si Kuhn está en
método científico) justificar la segunda historia que articula el género de ningún otro
modo que no fuera por medio de la razón abstracta. El hecho de que hoy, dentro de la
por ejemplo, Ricardo Piglia publica "Nombre falso", relato en el que se construye un
elaborado paralelismo entre la figura del detective y la del crítico literario. En 1984
Sergio Pitol publica El desfile del amor, novela en la que el trabajo de un historiador es
Y sin embargo, también en el tejido del género policial se han presentado fisuras
que ponen de manifiesto la imposibilidad de conocer por la razón. Textos como Muerte
de una ninfómana (1980), de Poli Délano (que despliega dos soluciones para el crimen,
292
Ver Thomas Kuhn; "Racionalidad y elección de teorías", en ¿Qué son las revoluciones cientjflcas?,
Barcelona, Altaya, 1995.
145
ambas igualmente razonables) o las novelas recopiladas en El festín de los cuervos
(2003), de Rafael Trujillo Muñoz (en el que el personaje investido como detective, de
hecho, no investiga, sino que es más bien un espectador frente a quien los enigmas se
mundo por la razón policial. 293 Así, a partir de la década 70 pareciera crecer la sospecha
en torno del poder explicativo de la razón asociada al género, al tiempo que el propio
en la ciencia. Sin embargo, pareciera también (como demuestran las novelas de Trujillo
relatos que estudia este trabajo cuestionan la posibilidad de esa segunda historia guiada
por la razón. En este sentido, la década del noventa ve proliferar ficciones que evocan la
estructura del género sin terminar nunca de actualizarla. La segunda historia permanece
cuestionamiento radical tanto de la razón moderna como del concepto de estado que
6. El secreto
mienten, esconden información vital, conspiran entre sí para cubrir sus huellas. Existía,
La aparición en las novelas que estudiaremos de las estrategias del secreto, produce una
293
Las novelas recopiladas en el libro de Trujillo fueron publicadas a lo largo de la década del noventa.
estructura diferente (que sin embargo se solapa con aquella) y permite explicar su
6. 1. Introducción al secreto
distingue del enigma y su fijación en el relato policial, porque en la perspectiva que nos
(que, en nuestro corpus, como se verá, es un problema de yana resolución) sino más
bien qué tipo de discurso se formula cada vez que se esconde un secreto.
que es evidente que no se sabe. Desde este punto de vista, el secreto se articula entre la
discursiva. 295 Por lo tanto, los secretos no existen para nosotros si algo se esconde, sino
sólo si entendemos que algo (aunque no sepamos qué) se está escondiendo. 296
lógica del secreto se presenta como una manifestación contradictoria entre el ser y la
apariencia, como una incongruencia, y en este sentido puede manifestarse, igual que el
enigma, como un misterio. La diferencia entre ambas formas del misterio radicaría en
294
Paolo Fabbri (en "El tema del secreto", incluido en Tácticas de los signos, Barcelona, Gedisa, 1995)
señala que es característico del secreto "la continua movilidad de la infonnación secreta que cambia
constantemente en función del lenguaje".
295
Jacques Derrida, en "i,Cómo no hablar? Denegaciones" (incluido en Den -ida, Jacques, '2 Cómo no
hablar? "y otros textos, Barcelona, Anthropos, 1989), planteó los problemas que presenta a una
fenomenología de la conciencia el concepto de "secreto".
296
Señala Noé Jitrik (en "Secreto", incluido en Fantasmas semióticos: concentrados, México, FCE,
2007) que el secreto "es un 'no saber' que nos insta, en una primerísima instancia, desde lo poco que
sabemos".
147
En efecto, el enigma siempre habla del saber. Es siempre una prueba de
el enigma es una matriz cognitiva está en su formulación más básica: una pregunta. Los
Si, en cambio, se está afuera del secreto (si no se nos propuso un enigma, si no
secreto, para quien no lo comparte, no es más que una anomalía del sentido, atribuible,
cuyo misterio debe ser neutralizado. Dos caminos se abren aquí. Puede intentarse
olvidar del misterio, convencerse de que todo es un error o una coincidencia. O puede
la incongruencia percibida.
hipótesis incomprobables. Es más, en tanto que secreto "es un no estar de algo que está;
297
Ver Noé Jitrik op. cit. Jacques Derrida (en "Los secretos de la responsabilidad europea", en Dar la
muerte, Barcelona, Paidós, 2006) señala la relación entre el secreto y lo sagrado a partir de su indefmición
y de la experiencia de imposibilidad que ambas nociones comportan, en la medida en que la "secrecidad"
del secreto resulta intransmisible en tanto que tal.
148
comando anarquista que operó en Rusia durante los últimos años del zarismo. Asew,
entre otros atentados, planeó golpes contra el ministro de Interior del Zar, contra el
sospecha generalizada entre los terroristas. Infructuosos son los intentos de depurar la
insiste en que así se haga) a juicio. La organización descubre que el traidor es Asew, el
cuenta de la potencialidad del secreto: Asew manejaba tanto los hilos de la represión
como los de la sublevación; atacaba a sus propios superiores, al tiempo que delataba a
que da a Asew un poder virtualmente ilimitado: colocarse más allá de las redes de
información de ambos bandos es, en cierta medida, lo que permite su efectividad como
agente de la policía secreta y como líder de la organización táctica. Pero además este
pequeño relato permite introducirnos en al menos otros dos aspectos del secreto.
Por un lado, quien posee un secreto, para mantenerlo, debe realizar operaciones
desinformación. Pero ¿cuál es la medida en la que estas prácticas deben ser llevadas a
298
Ver Hans Magnus Enzensberger, Política y delito, Barcelona, Seix Barral, 1968.
149
cabo? ",se dispone alguna vez de criterios suficientes ( ... ) que permitan concluir: se ha
Por otra parte, ¿cuánto vale el secreto de Asew? ¿Qué dimensiones son
tiempo que se tarde en descubrirlo. 300 Tanto para la Ochrana como para la organización
organización táctica perdería al líder que los llevó a sus más importantes victorias, la
policía secreta a su más brillante delator. Asew, y su doble identidad secreta, resultaban
más valiosos cuanto más lograba dilatarse la revelación. Así, el valor de un secreto es
espacio cuya apertura (caja fuerte, caja negra, cofre del tesoro) reordenaría el discurso
que lo esconde, develando nuevos sentidos. Si se atiende a esta relación entre tiempo y
una circulación que difiriera el sentido, pero que en esa propia dilación agotara su
función. 30 '
150
Se trataría entonces de ver al secreto "entre": siempre en circulación, siempre en
tránsito; no ubicar su origen o su fin, sino más bien en el recorrido que media entre
ambos. En la perspectiva de este trabajo, lo que liga a las novelas del corpus con el
género policial (pero también lo que las aleja de él) es la construcción de un horizonte
de sospecha que, como veremos, suspende la certeza de una revelación, y puede por lo
Pero hacer esto significa pensar al secreto más allá de la develación que
sencillamente, el secreto funciona y nada se esconde detrás de él, porque nadie hay
definen las formas de la ficción (y por eso en estos relatos es vano preguntarse si se trata
de uno o varios secretos). Nada más alejado entonces, de las narraciones con "clave".
Desde este punto de vista, la novela policial resulta el relato más tranquilizador,
puesto que el género siempre se ha planteado (de Poe a Chandler) como un relato de
enigma. No importa cuan paranoicos seamos, o cuanto lo sean los personajes: la novela
policial nos asegura que si hay clausura, hay verdad; que las preguntas claras siempre
No sucede lo mismo en las narraciones en las que aparecen secretos como los
contactos improbables. No se trata de buscar una verdad que algiin personaje pudiera
nivel los acontecimientos narrados pueden tener otro sentido cuya manifestación en
éste que percibimos es imperfecta (de ahí que las "coincidencias" de Los detectives
salvajes puedan pensarse como parte de una conspiración, al igual que los testimonios
151
de Amphitryon), de ahí también que las investigaciones que llevan a cabo los
policial (en Las islas o en Suen'ios digitales). Construidas sobre este régimen de
sospecha (que también remite a las tematizaciones del policial), las ficciones que
Registrar estos desarreglos llevaría a reconsiderar todas las conexiones que realizamos
sospechar de todo lo que se cuenta, porque todo parece estar impregnado de, secretos.
Sería posible buscarla, y sin embargo, parece imposible alcanzarla puesto que se trata en
podría proliferar hasta el infinito, en una escalada en la que todo el texto, todos sus
sentidos, se hallan comprometidos. Podría, por último, ser la lógica íntima de la verdad,
la revelación de que toda verdad esconde otra cosa, y de que la sospecha no puede
detenerse, que ningún enigma podrá jamás formular la pregunta correcta. 303
302
Y esto distancia estos textos de sus posibles precursores latinoamericanos: Onetti (Los adioses), García
Márquez (Crónica de una muerte anunciada), Cortázar ("Ómnibus"). En estos textos, aun cuando no se
revelara el objeto oculto por el secreto, el secreto aparecía localizado.
303 En este último caso, como es evidente, ya no estamos hablando de secretos, sino de entender que la
ilusión correspondentista de la verdad ha fracasado. En este sentido se trata menos de que el mundo se
pueble de "secretos", sino más bien de que el ideal de "transparencia" de la novela policial ha fracasado y
el mundo se ha vuelto opaco. Por eso hablamos del triunfo de la "lógica del secreto", antes que de
secretos propiamente dichos. Ninguno de estos rasgos los han inventado estos textos, pero sí tal vez pueda
decirse que su puesta en serie con la novela policial le da a esta reflexión una relevancia que los destaca
dentro de la producción latinoamericana contemporánea.
152
7. La conspiración
El caso de Asew nos permite estudiar otro aspecto del secreto que es, como
demuestra el destino de Asew, también una forma de socialidad. 304 Quien cuenta un
fundado en la lealtad. Cualquier falta al mandato equivale a una falta de lealtad: una
traición.
Desde este punto de vista, son las sociedades secretas el espacio más
contradictorio para fundar cualquier tipo de relación: todos aquellos que la conforman
son potenciales traidores, todos los conjurados son delatores enmascarados; la sospecha
Pero también podemos hablar de sospecha al referirnos a las formas en las que
paranoia, las redes a través de las cuales el individuo funda su percepción de lo real
están sostenidas por la sospecha. 306 En este sentido, en un tono menor, podríamos
afirmar que la sospecha no impide la socialidad. Más aún, en la medida en que permite
304 En verdad, el secreto (y, como veremos un poco más adelante, la sociedad secreta) resulta constitutivo
de cualquier forma de vida social. Paolo Fabbri, por ejemplo, sostiene (en "El tema del secreto", op. cit.)
la hipótesis de que los secretos son parte constitutiva de aquello que llamamos "comunicación". Erving
Goffman (en La presentación de la persona en la vida cotidiana,Buenos Aires, Amorrortu, 1997) ha
desarrollado la idea de que la simulación es un rasgo defmitorio de todo grupo social e inclusive de
cualquier tipo de relación interpersonal).Georg Simmel, en "El secreto y la sociedad secreta" (incluido en
Sociología, Madrid, Revista de Occidente, 1927) señala que el secreto "es una de las más grandes
conquistas de la humanidad" porque "el secreto significa una enorme ampliación de la vida, porque en
completa publicidad muchas manifestaciones de esta no podrían producirse."
305
Enzensbeger (en op. cit.) ha visto, en proposiciones similares a éstas que presentamos, la base del
funcionamiento de todo estado.
306 Freud, Sigmund, Paranoiay psicosis obsesiva, Barcelona, Alianza, 1981.
153
la reconstrucción de redes, la sospecha puede pensarse no sólo como una amenaza, sino
secreta. En efecto, quienes protegen un secreto se colocan por fuera de las normas de un
grupo mayor al que parecieran pertenecer. En virtud del secreto, entonces, se produce
un apartamiento que deliberadamente separa a los individuos del resto de la vida social.
Dentro del universo de las sociedades secretas se ubica una de las formas de
secreta por establecerse en una situación de disparidad de poder con respecto al grupo al
que se oponen sus miembros. Los que conspiran están siempre contra algún tipo de
307
Boris Groyz, en "El maná de la sospecha" (en Política de la inmortalidad, Buenos Aires, Katz, 2008)
sugiere que el estado de sospecha es constitutivo de las sociedades contemporáneas y que, por lo tanto,
funciona como un maná: irreductible a ningún objeto, porque de hecho no está en el objeto mismo, sino
en la relación entre objeto y sujeto. Sobre esta relación entre sospecha y estado, ver mfra.
308 Georg Simmel señala (en op. cit.) el atractivo principal de estas asociaciones: "el apartamiento que
caracteriza a la sociedad secreta, tiene siempre un tono de libertad, supone siempre un terreno donde no se
aplican las normas del público ambiente. La esencia de la sociedad secreta, como tal es la autonomía."
Ese apartamiento, que es voluntario, da el carácter artificial de toda sociedad secreta: las contraseñas, los
ritos de pasaje, etc. son todas prácticas que, segÚn Simmel, señalan el carácter de de fabricación de la
sociedad secreta (y también su condición creativa).
309
Esta defmición está modelada sobre la que propone Paolo Fabbri para el concepto de "equipo" en
"Somos todos agentes dobles", en Tácticas de los signos, op. cit. .pp. 101-119. Aparentemente, Fabbri la
toma a su vez de Erving Goffman. Simmel (en op. cit.) ya había notado que cualquier sociedad secreta,
conspirativa o no, es percibida por el poder estatuido como una amenaza en la medida en que sólo por el
hecho de ser secreta, despierta sospechas y porque las "unidades independientes hacen, por decirlo así, la
154
Así, un rasgo asociado a la conspiración es la necesidad de simular, de engañar
divulgación del secreto hace peligrar no sólo la pertenencia al grupo sino inclusive la
propia vida.
La literatura ha sido pródiga en conspiraciones (la lista sería muy extensa, pero,
para nombrar sólo algunos ejemplos, incluiría: Julio César, Los demonios, Los siete
locos, La sombra del caudillo, La jungla de asfalto). Sin embargo, el relato policial ha
modernidad.
gran parte de las narraciones modernas sobre conspiraciones. A diferencia de los relatos
antes citados, el policial piensa la conspiración (cuando existe) desde afuera. Es decir,
efectos de la operación del grupo sobre el mundo. Es la tarea del investigador deshacer
conspirativa abre el relato; mientras que su eliminación lo clausura: los criminales que
operan en las sombras del mundo son eliminados (o, al menos, severamente dañados)
constitutivo de los estados modernos. En efecto, el estado moderno emerge en una doble
competencia al principio central, que quiere reservarse para sí sólo la facultad de reunir en su unidad a los
elementos".
310
Véase Jerry Palmer; op. cit.
155
estado representa a los individuos (y entonces el gobernante no es elegido por Dios ni
por estamentos corporativos) en virtud de sus derechos políticos. Sin embargo, por otra
parte, la constitución del estado moderno requiere de una serie de dispositivos que
sin mecanismos mediadores). El dispositivo más usual de esta representación son los
partidos políticos (pero también los sindicatos y las asociaciones civiles). Norberto
negociación. Según Bobbio, la lógica de la negociación permite que todos los bandos
implicados en una decisión política salgan ganando algo (a diferencia de lo que sucede
la lógica del acuerdo, propia del estado moderno, todos salen perdiendo algo. Así, en la
medida en que los estados contemporáneos son, a la vez, estados en los que se invoca al
inscribe en la lógica política toda vez que los ciudadanos perciben que los intereses
políticos por los que eligieron a sus representantes han sido burlados por estos. A la vez,
es inevitable que así suceda porque si se trata de una negociación, necesariamente todos
las épocas. La escena contemporánea parece haber multiplicado los motivos para la
311
Ver Norberto Bobbio; "estado, poder y gobierno", en estado, gobierno y sociedad, México, FCE,
2006.
156
sospecha. Cada vez más la lógica de soberanía del estado aparece avasallada por el
multinacionales), por la "ocupación partidaria del estado" (como ejemplifica el caso del
dictámenes de Cortes Internacionales). 312 En este escenario, el poder del estado (y del
sistema representativo) como organizador de la vida social aparece cada vez más como
apaciguada porque proponía que el tejido social era legible para un individuo de la
sociedad civil por medio de la razón. Aun cuando se tratara de denunciar la corrupción
argón con respecto a esta tradición es que esta segunda historia (que lograría detener la
mismo.
otras versiones del género policial porque exploran el punto en que la razón de estado se
312
Puede sumarse también la aparición de lo que se conoce como "estados multinacionales", que
reconocen el derecho colectivo de naciones indígenas como otro elemento que contribuye a debilitar la
idea de estado moderno asociado desde sus inicios a la identidad nacional (ver capítulo 5). Fernando
Vizcaíno (en "estado multinacional y globalización", incluido en Jorge Enrique González (editor);
Nación y nacionalismo en América Latina, Buenos Aires, CLAC SO, 2007) ha señalado cómo la
legitimación estatal de comunidades étnicas se relaciona estrechamente con otros cambios aquí reseñados.
313
Esta situación ha sido relevada por Pier Paolo Portinaro en estado (Buenos Aires, Nueva Visión,
2004).
157
ha tornado opaca. Esa opacidad no permite ninguna revelación ni denuncia, permanece
la justicia qué serían los estados si no bandas de ladrones?, ¿y qué son las bandas de
fuerza del estado siempre fue la labor del investigador (inclusive si estas operaban
dentro del estado) que entonces ordenaba con su palabra la vida social. 314
314
La posibilidad de esa distinción llega hasta el estado moderno, Bobbio registra su reformulación en
Rousseau y en Hobbes. Ver Norberto Bobbio, op. cit.
158
La forma de la verdad
Primera: Las Islas de Carlos Gamerro: la verdad sospechosa
Todas las reseñas de Las Islas (1998) han señalado su carácter de "novela
un thriller, Las Islas se desarrolla como novela política, sin perder de vista el clima de
suspenso que todo policial reclama hasta sus últimas páginas"; y Paola Cortés Rocca en
su reseña para la revista Trespuntos, en marzo de 1999 proponía: "Las Islas nana en
Olguín la novela tiene un "planteo" de thriller, pero el desarrollo propio de una novela
política con clima de suspenso policial; para Cortés Rocca la novela nana en "clave
Las Islas no es un policial: tiene su planteo y su clima, pero es antes un "tono" (una
Elsa Drucaroff señalaba que "Las Islas se construye como policial negro que sintetiza
el país post-dictadura, la 'ruina sobre ruina' que deviene patria menemista" y que la
novela "tiene al policial negro como principio constructivo". Por otra parte, y también
en 2006, Beatriz Sarlo señalaba que en Las Islas, "un género 'menor', ciencia ficción o
policial, pero, parece, no es un policial. Por su parte, el texto de Sano plantea dos
315
Sergio Olguín; "La osadía del descontrol: suspenso y sólida escritura en una narración de tema
político", en La Nación, Buenos Aires, 24 de enero de 1999. Paola Cortés Rocca, "Viaje a través de la
patria", en Trespuntos; Buenos Aires, 18 de marzo de 1999.
316
Elsa Drucaroff "Narraciones de la intemperie", en El interpretador, Buenos Aires, julio de 2006.
Beatriz Sarlo; "La novela después de la historia. Sujetos y tecnologías", op. cit. La edición original del
texto de Sano es de diciembre de 2006. Los textos de Drucaroff, Cortés Rocca y Olgumn me fueron
gentilmente proporcionados por Andrea Cobas Carral.
160
discurso crítico parece vacilar, como si los índices de uno u otro género no se
actualizaran completamente. 317 El segundo rasgo, sobre el que volveremos, presenta una
oposición: un género menor no es utilizado para narrar verosímilmente los hechos, sino
para "ampliarlos hasta lo increíble." La oposición sugiere que habría un uso "no
relación con la historia política. Frente a este "uso", Las Islas representa un desvío. 318
representaciones históricas (Sano). Pareciera entonces que lo que pone al género fuera
como novela policial radica en el hecho de que el modo en que la novela presenta la
relación entre política y estado obliga a alterar la matriz genérica. En este sentido, sólo
en el último cuarto de la novela entendemos que las dos series de episodios que presenta
encargan resolver a Félix. Sólo entonces parece posible pensar Las Islas como un relato
constitutivos del relato policial. Sin embargo, en Las Islas las hipótesis conspirativas
317
La tensión con la ciencia ficción ha sido recurrentemente destacada en relación con Las Islas:
Drucaroff la menciona en oposición al "principio constructivo" y Martín Kohan, en "El fin de una épica"
(publicado en Punto de vista, N° 64, agosto de 1999), que no menciona al policial, sólo señala que la
novela, justamente, tiene "algunos rasgos de la ciencia ficción".
318
No es irrelevante la mención del thriller que hace Sarlo (que ya había hecho Olguín), un género que, si
bien incluye al policial, resulta mucho más difuso en sus límites (ver Capítulo 3).
161
para convencerlo de que financie la vuelta a Malvinas; el hijo de un empresario ha
orquestado toda una conspiración porque quiere vengarse de su padre, etcétera. Casi
cualquier hipótesis que la novela plantea sobre los hechos parece condenada al fracaso
por excesiva. Entre otros procedimientos, la posibilidad de ese exceso viene dada por la
constricción propia del caso que tiende a someter los elementos dispersos a una lógica
Las Islas el caso aparece desbordado, y esa tensión es lo que convoca la categoría
en tomo a los hechos, la densidad de sentidos convocados por estas conspiraciones (la
aquello que parece prometer el primer capítulo de la novela: un caso policial. Así, dada
nivel que, de hecho, impide su propia clausura y requiere el abandono de la idea misma
de verdad.
1. El encargo
Las Islas se distingue nítidamente de otras novelas del corpus por el hecho de
que desde el principio aparecen convocadas las estructuras de la novela policial. 319 En
efecto, el primer capítulo de Las Islas, "Acrílico y vidrio", tiene todos los rasgos
encuentre a un individuo (o individuos) relacionados con este. 32° Dentro de ese capítulo
319
En Amphilryon el relato policial aparece sobre el fmal, en El disparo de argán el enigma policial
aparece pasada la mitad del texto y en Los detectives salvajes es una promesa del paratexto cuya
actualización permanece en suspenso. Ver Capítulos 5 y 6.
320
Ese capítulo también sienta el tono de gran parte del texto. El mundo que presenta es un delirio
fascista: el superhombre (tal como su psicoanaiista y guardaespaldas, Canal, describe a Tamerián) guarda
162
una escena, la del encargo, condensa las relaciones centrales que van a sostener la
Tiene ojos de insecto. Ojos muertos, solamente conectados al cerebro. Los ojos de los
vivos pulsan con los latidos del corazón, se prenden y se apagan. Los suyos no. Tienen
una frecuencia mecánica, constante. Zzzzzzzzzzz. Un zumbido continuo. Como los
míos. Como los de mi hijo. Por eso obligo a mis menos afortunados empelados a usar
anteojos espejados frente a un inferior. Los hace más despiadados. (24).321
Félix será, entonces, el empleado perfecto, casi parte de la familia. 322 Pero Félix es
también un insecto.
araña que atrapa una mosca en su telaraña. Observa Félix: "Los hilos son de una
suavidad casi intangible, acompañan sin trabar cada movimiento del cuerpo, mientras
no sea muy brusco". Y luego concluye: "Sí, sí, podría quedarme toda la vida así tirado.
Y si no me muevo demasiado estos hilos ni se sienten, son tan tenues, es como si uno
(11).323
flotara de espaldas en el aire. Sí, sólo se hacen reales cuando trato de zafarme"
Tamerlán lo sugiere), que sean el mismo tipo de insecto. De manera tal que una relación
que trasciende la lógica de patrón y empelado parece imponerse en el encargo del caso.
—En la guerra..
—No tengo tiempo para teleteatros - interrumpió dándose vuelta - Además,
eso no fue una guerra. En una guerra de verdad se hacen y se pierden fortunas. Si fuera
un sorete en una caja de acrílico, la torre en la que tiene su empresa es un panóptico perfecto, en plan de
humillar a su hijo lo sodomiza (rebenque en mano) delante de Félix.
321
Citamos por la primera edición de la novela: Buenos Aires, Simurg, 1998.
322
Pasada la mitad de la novela, en la página 387, Tamerlán reconoce esta filiación imaginaria: "Felipe,
espero que no se ofenda si le digo que yo ... yo lo quiero como a un hijo."
323
Félix sabe que es una mosca, y este traslado metafórico es el primero de una larga serie de traslados
metafóricos y metonímicos (de arafía y mosca a insecto y de ahí a animal, cuya mayor condensación son
los experimentos que se llevan a cabo en el predio de la Facultad de Veterinaria). La serie abarca toda la
novela y tiene su final en la última metáfora, el cuento de los batracios con el que Gloria la cierra. Esos
universos referenciales infonnan la novela junto con muchos otros que aparecen en este primer capítulo
(el espejo, la mirada, los dobles). La escena del encargo es una primera condensación de ese paradigma
que, como veremos, resultará central en la articulación simbólica del texto.
163
tan fácil - continuó sin avisarme que nunca habíamos abandonado el tema inicial - ya
lo habríamos hecho nosotros. (24)
argumentación de Tamerlán. 324 Tamerlán, sin embargo, sabe todo sobre Félix. Le
recuerda, por ejemplo, que dos años atrás, hubo un robo a cajeros automáticos, "el
trabajo de un ladrón electrónico, impecable". Tamerlán sospecha que los fondos de los
ningún arresto: "todo se arregló en secreto, y nadie fue a la cárcel" (24). Frente a esta
velada acusación Félix responde: "Yo sólo cumplía órdenes. Y todo el dinero fue
devuelto" (25).
La escena plantea las líneas de acción principales de la novela. Por una parte,
desarrolla la idea de que Félix es alguien que puede entenderse con Tamerlán (un
insecto), pero a la vez es alguien que no termina de entender esa lógica, está desfasado.
Lo que sí entiende Félix es el poder de la araña: Tamerlán sabe que Félix fue el
responsable del robo. La respuesta de Félix ("cumplía órdenes") sugiere que nuestro
héroe es, todavía, un soldado y que la lógica de la guerra continúa en tiempos de paz.
Pero también sugiere que Tamerlán tiene acceso a información que el estado se guarda
para sí, sabe que hay crímenes "que se arreglan en secreto", es decir que tiene contactos
desarrollará la novela: Félix es una mosca atrapada en dos telas de araña, o en dos caras
de la misma tela de araña (Tamerlán, los superiores que le dan órdenes). Y, sobre todo,
324
Félix, aunque insecto, está desfasado con respecto a Tamerlán: no entiende el cambio de tema. Lo
mismo sucede cuando le pregunta a Tamerlán qué va a hacer con los testigos y Tamerlán le responde por
lo que piensa a hacer con sus enemigos (28) Ese desfase es constitutivo de Félix y es lo que le permitirá
funcionar como punto de pasaje entre las dos líneas narrativas de la novela, ver "Dos líneas", mfra.
164
2. El caso
Tamerlán quiere que Félix busque en los archivos de la SIDE los nombres de los
veinticinco testigos que vieron, desde la torre de enfrente cómo su hijo, César, tiró a un
hombre por la ventana. Ese pedido reconfigura la forma del caso policial. La pregunta
de la pesquisa no- es quién mató sino quién vio, quién puede testificar y, sobre todo, qué
cambia de términos: lo único que se sabe del crimen es quién lo cometió, pero se
desconoce todo lo que una novela policial canónica pondría en primer plano. Porque, en
armazón policial en este hecho. Ese hecho cambia toda la lógica del género: ya no
importa, por ejemplo, quién murió ni importa que César Tamerlán sea juzgado: la
relación de Fausto Tamerlán con las instituciones del estado garantiza que nada de esto
cumplir la ley.
No, Tamerlán contrata a Félix porque teme una conspiración: alguien se llevó el
("Nosotros no cometemos delitos comunes", 28), sino más bien porque puede ser un
jaquear al rey", 28). Por lo mismo es necesario encontrar a los testigos, antes que "el
enemigo" lo haga.
165
tríada cliente —investigador - testigo. Y, efectivamente, la novela comienza a desarrollar
una competencia en la que los rasgos habitualmente asignados a la policía son asignados
a los investigadores de Tamerlán (Freddy y Tornero son torpes, violentos, les falta la
que pone Félix, su voluntad de reconstruir "un fragmento de vida", antes que averiguar
"lo que vieron", la necesidad de reconstruir una red, antes que fijar la mirada, sugiere
que la búsqueda de los testigos puede relacionarse con la escena de "encuesta" propia de
la novela policial.
La desaparición del estado como poio del caso tiene como correlato una nueva
forma de la verdad a la que se someten los hechos. Por una parte, si lo que importa es
llegar antes que "el enemigo" (que puede o no estar en el estado) el valor de la
tiene como uno de sus componentes al estado, pero que ya no se confunde con él. Se
moderno. En este régimen, el estado verifica una verdad que se pretende objetiva, y la
verifica porque se imagina que las ofensas entre particulares son también ofensas al
estado. 325 En la lógica que plantea Tamerlán, en cambio, toda verdad está puesta en
función de una utilidad futura. El abandono de esta forma de la verdad sugiere entonces
la posibilidad de probar nada frente a una institución de otro nivel, sino de poder
defenderse de una conspiración que usará la arena pública como escenario político, pero
ya no estatal.
325 Eserégimen instituía a la investigación como método principal para conocer la verdad. En Las Islas, la
investigación no está puesta en función de conocer la verdad, sino en relación con las posibilidades de
manipulada en beneficio propio. Para las relaciones entre "verdad-demostración" e investigación, ver la
"Cuarta conferencia" de La verdad y las form as jurídicas, op. cit. y "Curso del 23 de enero de 1974", en
El poder psiquiátrico; Buenos Aires, FCE, 2005.
'.4
Y es que el estado ha dejado de ser un operador unívoco y monolítico. En el
orden político de Las Islas, los hombres de Tamerlán han sido reclutados de las filas del
ejército ("Un servicio, claro; pero demasiado bien mantenido para ser de la SIDE o el
ejército: parecía más bien uno de los tantos que en el último tiempo se habían
privatizado", 12), pero también sus posibles enemigos (Hugo, Cuervo) provienen de
allí. Más aún, la necesidad de que Félix visite la SIDE muestra que es necesario un
intermediador, que los agentes del estado no responden dócilmente, que siempre hay
dentro del estado intereses múltiples que van desde el patriotismo fanático (Verraco)
una política que valida los hechos en función de su utilidad en un escenario político
complejo en el que el poder del estado ha desaparecido. 326 El hecho es que, finalmente,
Las Islas no construye su idea de la verdad en un reemplazo referencial (como hacen las
política (como Saer en La pes quisa, o José Carlos Somoza en La caverna de las ideas),
género. 327 Ese estatuto no puede verse modificado si no se modifica también la máquina
326
Y por eso cuando Félix se refiere a que al robar cajeros "cumplía órdenes" sólo está mostrando la
íntima continuidad entre el funcionamiento del ejército y la lógica del poder de Tamerlán.
327 Paa Las Islas el hecho de que la verdad ya no sea un discurso de la correspondencia implica que su
pertinencia social (y política) debe ser explorada. En este sentido, Las Islas comienza donde termina La
pes quisa.
167
Lejos de dar revelar un "contenido" de la verdad, la investigación de Las Islas
revela entonces las relaciones que fundan el valor a la verdad. La verdad es objeto de
uso (jasado o futuro) y por eso el tiempo es uno de los modos privilegiados de
constitución de la verdad. El tiempo, que regula "cuánto vale" una verdad y, por lo
"Tengo suficientes influencias como para que por ahora todo se mantenga en secreto.
Pero sé que están investigando, para que, cuando llegue el momento, tengan algo para
momento". 328
3. La copia
comienzo, lo señalamos, la lista compromete la forma del caso: por una parte porque la
información sale del estado (Tamerlán tiene acceso a los archivos de la policía) y por la
otra porque Felipe Félix debe volver al estado para cumplir el encargo (y en este
unívoco).
Pero, además, la lista abre un juego serial que es propio del relato policial, y que
la novela expande y multiplica. En primera instancia porque la lista son, en el texto, tres
listas. La primera, que abre el capítulo 5 ("La ecuación de la libertad") es una lista falsa
en la que los nombres que buscan Félix y Tamerlán han sido reemplazados por nombres
de personajes famosos. 329 Esa lista permite recomponer una segunda lista que arroja una
328
Quien primero señaló el problema de la verdad y sus meandros en Las Islas, fue Martín Kohan, op. cit.
329
Que a su vez forman, inevitablemente, nuevas series, con las que esta podría relacionarse: personajes
de Manuel García Ferré, personajes televisivos de la década del sesenta, personajes de Patoruzito,
etcétera. Como señala Gules Deleuze (en "Sobre la serialización", incluido en Lógica del sentido,
168
serie de nombres, pero está incompleta. Esa segunda lista abre el camino a una tercera,
El hecho de que existan tres listas abre la narración a un juego serial. En efecto,
la novela trabaja las series como desafasadas: ninguna serie se pliega sobre la otra,
recomenzar.
La primera lista es importante menos por los nombres que por el soporte: es
porque se trata de un soporte digital que puede descubrirse que existe un testigo 26. Esa
lista, la primera lista verdadera, es virtual, su utilidad no refiere a los contenidos, sino a
las posiciones y las cantidades. Su abstracción es perfecta y por eso actúa como
"copias de seguridad" (174), que Félix encuentra el número 26), pero a la vez, cada una
de las versiones de la lista difiere de las otras: la primera lista, contiene veinticinco
verdaderos a los que no es posible acceder, la tercera, la lista actual que reconstruye
Pero la lógica de la copia articula gran parte de los sentidos del texto. En ese
primer capítulo, por ejemplo, asistimos a la duplicación que prolifera desde la torre: la
torre que son dos torres, incluye, a su vez, sus propios dobles en escala: en la mitad del
Barcelona: Paidós, 1989), "la forma serial es pues, esencialmente muitiserial" y toda serie tiende a la
multiplicación y la puesta en relación con otras series. Elegir una serie sobre las demás, una serie que
eventualmente pueda organizar un relato, es la tarea principal del investigador de la novela policial. Ese
rasgo es el que permite ligar Los detectives salvajes con la lógica del género.
330
La abstracción es el modo en que Tamerlán concibe su relación con el mundo: la "pureza" del dinero
es su modo de convencer a Felipe (30), la ecuación de la libertad es el modo en que imagina la liberación
de las clases dominantes (170). Esa lógica abstracta encontrará su reverso en la relación de Felipe con
Gloria.
331
Sólo sepuede acceder a ella por medio de la experiencia fisica del recorido urbano. Eso hace a esta
lista cualitativamente diferente de las otras dos.
169
capítulo, una maqueta en la que "las construcciones de la nueva ciudad irradiaban desde
las torres de Tamerlán hacia los cuatro puntos cardinales" (26). Se trata entonces de una
maqueta que incluye a su continente (el último piso de la torre) en una regresión
acordar a las que nos obligaban a hacer en el colegio ( ... )" (41). Es en esa escala
pequeña y precaria que puede verse con mayor nitidez la lógica de Tamerlán: "jTe
puedo ver y vos no!" (42) le dice a Félix el linyera tras las ventanas de celofán. 332
telefónicos y fibras ópticas y redes de computadoras late un solo corazón: el mío. Todo
el edificio es una mera prolongación multiplicada de mi propio cuerpo" (27). Esa figura
(que mima la de la tela de araña de cuyo centro emergen "orgánicamente" los hilos)
duplicaciones que son copias y réplicas que se querrían transformar en lo real. 333 En la
"otra" torre de Tamerlán existe, como en la que habita el empresario, otra "pirámide" (la
332
La torre de Tamerlán está compuesta por vidrios espejados para los subordinados y transparentes para
los jefes.
333 El relato de Tamerlán sobre la historia reciente de Buenos Aires ("No permití que un presidente con
vocación de fracaso se llevara en un patético rapto de megalomanía la capital lejos de mí, cuando mis
brazos ya estaban abiertos para estrecharla contra mi pecho", 27) señala que la voluntad política responde
al mismo centro que la lógica duplicativa.
170
de Surprise from Spain), que a la vez produce réplicas (de la carabela de Colón, de
4. Dos líneas
De la lectura parecen surgir dos líneas narrativas principales (que sólo se unirán
• pasada la mitad de la novela). Es decir, que si por una parte Félix debe cumplir un
encargo, por el otro se nos cuentan sus relaciones con un grupo de ex combatientes de
Malvinas. Hasta pasada la mitad de la novela, la línea de los excombatientes tiene, antes
lo verosímil. Sin embargo, aun en el principio, entre una línea narrativa y la otra existe
un conjunto de variaciones más o menos delirantes sobre los mismos temas (la
capítulo 2; la conversación con Canal sobre el poder del inconsciente tiene su revés en
Ignacio, por ejemplo, hace años que lleva adelante una maqueta de Puerto
Argentino que pretende reproducir el pueblo justo antes del desembarco. Como se
uno profundice en este división puede obligar a mantenerse inmóvil al tiempo." (77) Y
efectivamente, para Félix el proyecto de Ignacio logra detener el tiempo y construir una
realidad alternativa: "Se había enamorado tanto de su ciudad que la otra había dejado de
334
El delirio de las copias aparece también en la reproducción: Tamerlán no quiere un hijo, quiere un clon
y por eso realiza intentos desesperados por evitar el contacto con su mujer. No es sorprendente entonces
que, por una parte, su hijo se llame Fausto, y que sea César (el que sobra, el excedente de la relación
familiar) el que intervenga en la cadena de copias para poner en marcha la historia. Para las relaciones
entre copia y reproducción, ver Hillel Schwartz, "Idem", en La cultura de la copia, Madrid, Frónesis,
1998.
335 La duplicación está inscripta en el nombre de Félix, cuyo nombre de pila es Felipe. En el secreto y las
voces (2002), se lo presenta como Fefe.
171
importarle" (77) y "se había entregado de lleno ( ... ) con exclusión de todo lo demás,
La otra réplica que se relaciona con Malvinas es el video juego que Félix
intentaba reproducir el espacio de la guerra, aquí se intenta una réplica de las acciones
medio del relato de la vertiginosa noche en la que recrea la invasión bajo la forma de
videojuego, Félix señala: "ahora que el 1 de mayo empezaba no la pérdida de las Islas
sino su recuperación, quería llegar a ese día lo antes posible, ganarle al tiempo no
deteniéndolo, sino yendo más rápido que él." (86) Acelerar, detenerse no son, sin
embargo, acciones contradictorias: Félix usa las versiones de Ignacio para componer su
video juego.
Como las listas que encarga Tamerlán, como las copias de la torre, cada una de
estas versiones es imperfecta: Ignacio cambia los hechos (la réplica de Felipe Félix está
tortugas ninjas como reemplazo de los gurkhas. Así es que la lógica de una línea
336
La duplicación es central inclusive en el interior de estas versiones alternativas (que no son
necesariamente "duplicaciones"). En el caso de las hipótesis de Sergio, la única que la novela refiere es la
"teoría especular de la guerra": "La Gran Malvina es como la otra reflejada en un espejo. Es la imagen
invertida, ¿entendés? ( ... ) si la hubiéramos invadido en lugar de Soledad, todo hubiera sido exactamente
al revés" (69-70). Decimos "duplicación", pero podríamos haber escrito "especular": el mundo de los
ex—combatientes y el de Tamerlán se rige por las misma reglas.
337
Martín Kohan, en "El fm de una épica" (op. cit.), ha atendido al valor variable de estas copias. Kohan
ha formulado la idea de que la verdad sólo puede descubrirse a partir de la copia.
172
narrativa se refleja en la otra, ambas aparecen atravesadas por dos cuestiones que se
relación con la réplica. Si la alteración de la matriz policial sugiere que el único modo
de considerar la verdad es a partir del valor y este sólo puede ser mensurado en función
del tiempo, la lógica de las versiones de Malvinas sugiere que la réplica es una forma de
Así, por una parte, las réplicas de Malvinas se disparan hacia el pasado e
intentan imponerse a él, mientras que las réplicas de las torres de Tamerlán se disparan
hacia delante, pretenden abolir el futuro, modificarlo. A esa diferencia se suma, claro, el
Tamerlán" ni es, a carta cabal, un excombatiente cuyas fantasías pasan por volver a
reconquistar las Islas. Por eso, porque Félix no es parte de un grupo ni de otro, en
diversos momentos (claves, por lo demás) "escucha mal". Ya vimos el momento en que
Tamerlán salta de las Malvinas a la posibilidad de intervenir la SIDE ("si fuera tan
(59) con su reconstrución el 2 de abril de 1992 (59). Félix siempre está un poco
desfasado con respecto a ambas series de episodios. Así, futuro y pasado, lleno y vacío,
son sentidos que comienzan a armar series que parecieran contrapuestas. Es otra serie,
338
A diferencia de la proliferación de Tamerlán, la de los ex combatientes no tiene regla ni concierto:
refiere tanto a las tortas de cumpleaños como a un desembarco falso en los bosques de Palermo o al ex
combatiente que los cuatro amigos miran triunfar en "Titanes en el ring". El mismo Gamerro se refirió a
las Malvinas "un significante vacío (que por eso puede denotar cualquier cosa, todas las cosas)". Ver Marcelo
López; "Pequeña entrevista a Carlos Gamerro", en [Link]
[Link]/v2/dossier/[Link], consultado on-line el 03/03/08)
173
la de los testigos, la que dispara la forma de la novela policial la que podrá dar cuenta de
5. El número 26
Félix busca completar una lista. Pero sobre todo busca un último elemento cuya
otros individuos y lo que lo distingue es el hecho de haber recibido las atenciones del
estado (que intentó borrar sus huellas de los archivos). Ese personaje, que sobra de la
lista, es un exceso, el remanente de la diferencia, el exceso entre las series que pone en
marcha al investigador (el N° 26 desde ese momento será "la figurita dificil" de la
investigación).
Completar la lista entonces requerirá, sobre todo, encontrar a ese hombre que no
está en los cálculos de Tamerlán. Ese hombre aparece caracterizado por Félix como
María Eduarda Ernestina Hidalgo Guerrero de Plaza (una escritora que aparece
mencionada en la lista) le pone el nombre que aquí nos interesa: "un hombre de capote
gris, de esos que los ingleses denominan macintosh, mirada penetrante..." (237). Así es
decadencia, quien describe de este modo al hombre número 26. María Eduarda es = otro
reflejo invertido de Tamerlán: una mujer que pontifica sobre la relación entre clases y
parece dispuesta a acostarse con cualquier "pobre". Más aún, Félix señala
(inmediatamente después de que María Eduarda señala al hombre 26 como "el hombre
339 En verdad, como toda dualidad, una reenvía a la otra. Los amigos de Félix le espetan, cuando quiere
rebelarse: "El futuro es lo que importa, no el pasado. Y en el futuro nos espera nuestro hogar. Cuando
lleguemos esto no va a tener importancia. A Las Islas sólo van a volver los elegidos" (362). En el mismo
sentido, el futuro de Tamerlán aparece fatalmente atado al pasado del crimen y, sobre todo, a la gran
ausencia que es Malvinas en el relato.
174
pinball, mis ojos se fueron acostumbrando lo suficiente como para detectar, asomados
aquí y allá como enanos de cemento en un campo de golf, leves incongruencias que al
principio no había advertido "(237-238). Ahora que los ojos están cansados de ver,
ahora que le mencionan al número 26 por primera vez, Felipe puede ver, puede registrar
literatura (si bien es cierto que en forma irónica) menciona al "hombre del Macintosh"
para la trama policial: que el "hombre del perramus", una vez caído el muerto, "no
miraba para abajo. Miraba derecho hacia delante. A nosotros. Y sonreía. Se quedó como
un minuto, riéndose de nosotros malignamente. Ahora entiendo por qué. Usted tenía
razón. Quería que los otros lo vieran bien" (257). Es decir que el "hombre del
como había visto en primer lugar Tamerlán. Pero ¿quién es el hombre del Macintosh?
En The Genesis of Secrecy (1979), Frank Kermode estudia los modos en los que
"cotidiana". El ejemplo que elige para ilustrar el capítulo III es justamente "el hombre
del Macintosh", un personaje lateral del Ulises. Kermode rastrea todas sus apariciones
satisfactoria para su aparición. Más aún, sugiere Kermode, es posible que "el hombre
175
del Macintosh" sea "absolutamente gratuito y fortuito, un disturbio en la superficie de la
narración" (52).340
funeral de Paddy Dignam. Nadie sabe quién es el hombre y Bloom reflexiona que su
presencia eleva la cantidad de deudos a trece, "el número de la muerte". El hombre del
Macintosh gris es llamado M'intosh por un periodista, Hynes, que pronuncia mal el
nombre de Bloom (lo llama Sr. Boom). A partir de ese momento, M'Intosh aparece una
y otra vez en el Ulises y tal vez sus apariciones más sonadas sean la del capítulo XV
("Circe"), cuando acusa a Bloom se llamarse Higgins y la del capítulo XVII ("Itaca"),
en el que M'Intosh aparece por última vez, justo antes de que Bloom apague la luz de su
cuarto:
Así es que el hombre del gabán gris aparece como una cita pregnante del Ulises,
La crítica y los lectores también han arriesgado sus respuestas, una de ellas [ ... ] sugiere
que se trata del propio Joyc." (148).342 "El hombre del gabán gris" reenvía al Ulises, es
340
Frank Kermode; "The man in the Mac Intosh, the boy in the shirt", en The Genesis of Secrecy,
London, Harvard University Press, 1979. La persistencia del hombre del McIntosh en la historia de las
lecturas del Ulises es, para Kermode, un ejemplo de los procesos que atraviesan los textos una vez que
son canonizados. Para decirlo de otro modo, porque el Ulises es parte de "la literatura" es que se plantean
estos misterios exegéticos. Puede pensarse entonces que su aparición "juguetona" en Las Islas es un
comentario sobre esta canonización.
341
El fragmento pertenece a una secuencia de enigmas (tres) plantea la voz narradora al lector. El único
que permanece sin esclarecer es éste: Félix es mejor descifrador que Leopoid Bloom. Ver James Joyce;
"Ithaca" en Ulises, Barcelona, Tusquets, 1997.
342
La citas están tomadas de Ulises. Claves de lectura (Buenos Aires, Norma, 2008).
176
escena con la misma imprecisión lingüística) y también es mencionado por una
escritora. Pero sobre todo, el hombre del gabán es el hombre 26, lo que remite, por una
parte, la duplicación que venimos viendo: completa, como M'Intosh, el desfile de los
deudos (del hombre asesinado), pero completa, en verdad, "dos veces trece". 343
monumento tiene "veintiséis nombres en cada una de las veinticinco planchas" y Félix
imagina uno más: "Tan fácil como paso el dedo por estas letras en relieve ahora, pensé,
podría ser alguno de ellos, trazando con el suyo las letras de mi nombre: FELIPE
FÉLIX" (244). La novela traza la forma de una lista virtual e imposible, en la que Félix
Se trazan así dos líneas paralelas en la que Félix (que está fuera de lugar en las
dos líneas narrativas y en exceso con respecto a la lista de los muertos) es el único
individuo capaz de encontrar a Cuervo (que está en exceso en la lista de los testigos).
Una vez más, el desajuste entre series produce un exceso que es el objeto de la ficción.
Esa relación puede leerse como simétrica: el que sobra en la lista de los muertos es Félix
testigos es "el hombre del Macintosh". Si uno está en la asíntota que casi se sale del
libro para entrar en la biografia, el otro está en la asíntota que conecta Las Islas con la
343
El número no es casual, completa dos veces "el número de la muerte", y anuncia la figura de Cuervo
(un personaje, a su manera, más siniestro que Tamerlán).
344 El mismo Gamerro, en 94 de junio, 1982" (incluido en El nacimiento de la literatura argentina y
ofros ensayos), señala que "Las Islas es, de alguna manera, una novela autobiográfica al revés: lo que
podría haber sido mi vida si el ojo del destino hubiera sido un poco menos descuidado" (64). Ese número
26 es también, entonces, el punto en el que la asíntota de la ficción se acerca infinitamente al punto en el
que se encuentra el autor. Por su parte, "el hombre del Macintosh", es el punto extremo de la otra asintota,
aquella por la cual la novela se acerca infinitamente no sólo a la historia de la literatura, sino a James
Joyce (M'Intosh, según Gamerro).
177
Así es que, de alguna manera tanto Félix como Cuervo están en los bordes del
texto. Son, de hecho, el soporte de toda la estructura narrativa. Pero ocupan posiciones
complementarias. En efecto, si el caso policial sui generis que propone Las Islas abre la
serialidad y permite salir del crimen de César Tamerlán para que la trama se desarrolle
desplazamiento. Por otra parte, las dos líneas narativas (la de Malvinas y la de
Tamerlán) sólo estructuran una trama cuando "el hombre del Macintosh" logra encajar
otra parte, que permite estructurar un relato. 345 En efecto, está en una relación de exceso
con respecto a los testigos (es el testigo "extra" de la lista), pero a la vez, bajo otra
forma, está en una relación de carencia con respecto a las historias de los ex
encaja en ninguna de las dos líneas (y por eso el relato sigue adelante).
6. El diario
lista de los testigos (que también son tres), lleva la novela más allá de sí misma (a
Joyce, a la biografia de Gamerro) y que permite la articulación del relato (que entonces
puede pensarse como la búsqueda de conexión, entre dos líneas narrativas, a partir de la
constitución de una tercera). Por eso, porque la lógica de las acciones ha cuajado, Félix
345 La condición de ese objeto y los modos en los que se expresa su desplazamiento podrían dar cuenta de
las formas de la novela policial que, en el fondo, no es más que la persecución de la elusiva forma de ese
"objeto x" cuyo recorrido constituye el núcleo de cualquier narración. Ver Gules Deleuze, ",En qué se
reconoce el estructuralismo?"
346
Dice Gloria de su marido: "Pero él es así, siempre actúa por exceso" (314). Cuervo no actúa "en
exceso" sino "por exceso" (¿complemento circunstancial de modo o de causa?).
178
perfectamente normal pero el juego parece otro, y el mazo incompleto hasta que salta la
carta de la muerte"(3 12). Así es que ahora la estructura está completa y el relato policial
parece detenerse.
combatientes. En efecto, el "Diario del mayor X", que no deja de de, ser mencionado a
por Félix quien interrumpe en diversos momentos por la voz de Félix. El diario es una
cronología y fragmentos carentes de sintaxis. Esa segunda aparición, sin embargo, está
duplicada en una tercera aparición, la del "diario falso", que posee Tamerlán.
Habrá que decir que resulta dificil explicar por qué un diario es falso y el otro no. Félix
compara las dos versiones del mismo período, y si bien es cierto que uno (el falso) está
escrito con letra más clara y que Canal también confirma que es falso, su estatuto
alético, su valor de verdad no parece tener mayor importancia. En términos estrictos una
versión no está más puesta en relación "con los hechos" que la otra (son igual de
347
Esa ausencia está ontológicamente ligada a la escritura, y ningún sujeto "real" puede suturarla. Esta
ausencia "constitutiva" será el tema privilegiado de otras novelas del corpus, como El disparo de argón.
Ausencia de autor que se probará doble: no sólo "falta" el autor del diario, sino que cuando se lo
encuentre, se verá (Cápítulo 11, "Club Med Borda") que su propia entidad autorial está comprometida por
la mente de Emilio, ex—combatiente que tiene en su cerebro herido de bala todos los datos del diario, de
manera tal que el "autor"es un copista, parodia cruel del oráculo. El desorden de lenguaje es, en verdad,
condición de posiblidad de la escritura: como Emilio, Félix tiene un resto de la guerra "en la cabeza" y
pasó un año sin hablar una vez que volvió de Malvinas.
179
El universo doble de Tamerlán y de los ex combatientes es un universo de copias
reaparece el linyera que vive en la base de las torres, sabemos que el muerto es un ex
combatiente de Malvinas que hace diez años vive en la vereda de las torres y sin
embargo nunca se atreve a entrar. Como todos los ex combatientes quiere volver a
Malvinas y, como todos, confia en las copias (vive en la copia de una carabela) como
Por una parte, si es cierto lo que supone Félix en este fragmento, entonces el
segundo diario es el verdadero y el, primero es falso. Sin embargo, aquí Félix
comprende algo más: que la verdad de los hechos es una fabricación cuya relación con
loe hechos es fortuita, o mejor, manipulable, de manera tal que, por ejemplo, ambos
diarios puedan ser verdaderos. Si se impone, como se verá, una de las versiones, no es
La lógica del policial, que creía en verdades que ligaban los hechos al discurso
unívoca, en Las Islas está puesta al servicio de una discusión sobre los valores de la
verdad. Una vez que la investigación comienza fuera de la lógica del estado, la lógica de
la investigación sólo podrá llevar a exhibir los modos en los que funciona la fabricación
sentido. Esa indeterminación no puede menos que afectar al mismo foco del relato: "las
dos historias habían terminado por fundirse en una como dos ríos que se juntan para
180
formar un tercero, o quizás siempre había sido uno solo y era yo el que simplemente se
había encontrado con dos tramos distintos sin darse cuenta de que el agua era la misma"
(584). Para Félix es imposible distinguir los hechos de su propia perspectiva. Y dado
que parece incapaz de distinguir nítidamente el sentido de los hechos, tal vez, como
veremos enseguida, él mismo sea parte de la conspiración que cree haber ayudado a
348
destruir.
duplicaciones todo sea equivalente. La toma de conciencia por parte de Félix tiene como
consecuencia un uso de esa información: Félix convoca a Tomás, Ignacio y Sergio para
sabe muerto) y sobre el final les entrega el diario (aunque no se explicita cuál de los
dos: para Félix el hecho carece de importancia). De ese mundo de duplicaciones, que es
un mundo de esperanzas, no se puede salir buscando una prueba "objetiva" (la del
Ese final es notable porque resigna los valores de la verdad que parecían regir la
novela en tanto que policial: Félix se entrega al hecho de que es imposible cambiar ese
cono de sombras: ¿por qué sugirió Cuervo que fuera él quien se encargara de la
investigación? ¿Al entregar el diario a sus amigos no está perpetuando, contra su propio
conocimiento, una función para la que tal vez fue convocado desde el comienzo? ¿No se
cumplen finalmente los designios de Canal y César, con la aquiescencia de Félix, que
348
Félix no distingue "la verdad de los hechos" (nunca sabe quién es el muerto, ni termina de entender la
maquinaciones que se mueven a su alrededor: Canal, César ,etcétera.), pero sí su topología.
349 El mundo de la araña y las moscas, que recorre toda la novela tiene su mayor condensación en tomo de
Canal. Desde el principio se dice que Canal se desliza "sin temor por los hilos de su tela tendida sobre el
vacío" (20) y sobre el fmal vuelve la analogía cuando Canal intenta callar a Tamerlán: "Nunca como
ahora se había parecido tanto a una araña" (518). El verdadero poder no ha cambiado, sólo han cambiado
181
la política del género que tiene su correlato en la imposibilidad de determinar qué fue lo
que sucedió en la torre la noche del crimen. 350 Sin embargo, en Las Islas, el
7. La pasión
repetir a contar [sic] otra vez la triste historia dos veces vivida, no agregaría otra torsión
a la cinta de Moebius que serpenteando entre dos mundos vueltos uno como dos espejos
historia "dos veces vivida" es una historia de duplicaciones y espejos, poco después
éxtasis:
Qué equivocado había estado siempre: no eran las cosas, las que se encontraban
distanciadas de las palabras; éramos nosotros, y de la misma manera que por primera
vez tocaba lo que alcanzaban mis ávidas manos de bebé, por primera vez decía las
palabras que hasta ahora apenas había repetido, las decía con todo el cuerpo, no sólo la
lengua, la garganta y la voz... la voz era el sentido del tacto yendo por dentro. Hasta
hoy, supe en ese momento, siempre había mentido. (591)
duplicaciones. Esa verdad es pasional, en la medida en que se relaciona con una nueva
sus operadores y, eventualmente, sus modos. La estrategia de la araña resulta exitosa, aunque sobre el
fmal del relato, se sugiera un cambio. César Tamerlán le declara a Félix que la araña es su padre y que "el
error de la araíia" será subsanado: la empresa pasará a ser una sociedad anónima (530). En cualquier caso,
la investigación nada cambió en ese mundo: la muerte de Tamerlán, la investigación, la "verdad" nada
pueden hacer en el mundo de la fabricación.
Lapista de hielo (1993), de Roberto Bolai'ío también se sugiere que el fin de una investigación es
conocer al muerto y no al asesino.
351
La centralidad del cuerpo en Las Islas fue tempranamente descripta por Paola Cortés Rocca (op. cit.)
182
aprehensión del cuerpo. Señala Paolo Fabbri: "El efecto verdad se manifiesta a veces
como efecto estético-estético que hiere los sentidos y las imaginación como brusca
accede Félix es una interrupción de la lógica de la impostura que rige el mundo en que
vive.
Esta forma de verdad aparece en su relación con Gloria y con su cuerpo, con las
cicatrices que han dejado en ella las torturas a las que la sometiera Cuervo, su futuro
marido. Félix, que se excita pensando en alguien más para poder mantener relaciones
(otra vez la lógica del desajuste) debe rendirse ante el cuerpo de Gloria: "Mi hostilidad,
defensas en sus manos, y Gloria estaba por todas partes, me recorría a su antojo [...} El
cerebro, alcancé a pensar, qué engaño criminal, la única zona erógena es la piel." (297).
proporciona unidad y por eso, placer: "su concha alojándome tan bien que parecía hecha
a partir del molde vaciado de mi pija" (295). Ese contacto con el cuerpo produce una
nueva relación con el lenguaje : "las palabras después de coger, otro diccionario, las que
Ese primer contacto, desata una serie de asociaciones que llevan hacia la
¡Félix el gato! ¿Sos vos?" (298)) y luego la clausura: "Después fue saliendo solo,
352
Paolo Fabbri, "Apuntes sobre lo verdadero y lo falso", en Tácticas de los signos, op. cit.. Ver también
Martín Kohan (op. cit). El propio Gamerro (op. cit.) señala cómo en el fondo de su relación con Malvinas
subsistía (más allá de la escuela y las secuelas del patriotismo) "un residuo inexplicable, inaccesible a mi
comprensión, refractario a mi indiferencia, más parecido a las enfermedades del amor que a las
manipulaciones de política y la prensa. [ ... ] el dilema que me planteaban [las Islas] no era pasible de
solución intelectual, y entonces hice lo único que sé hacer en esos casos: me puse a escribir una novela."
("14 de junio, 1982", op. cit.)
353
La salvación por el contacto con una mujer es el revés del desprecio misógino de "la otra verdad":
Tamerlán y el Diario del Mayor X desprecian con la misma firmeza a las mujeres (sobre todo en su
función reproductiva).
183
armamos una historia con los retazos de las dos separadas [ ... ]a veces indudables, otras
(lo que lo distingue del pasado que, por ejemplo, se inventa Tomás): dos historias se
(una historia hecha dos, que no cesa de duplicarse), Félix distingue una verdad que se
opone (por el engaño) a la "insípida verdad". Otra verdad, más interesante, más vívida
demostración.
los cuerpos. La reacción de Félix al ver el cuerpo torturado de Gloria remite a esa
sensibilidad primaria: "Se lo hicieron a esa piel, sentí en la garganta, en los ojos; fueron
capaces de hacérselo a esa piel." (300) En ese sentido, la Única verdad que parece
desplazados en los episodios en los que aparece Gloria. Por una parte, "las islas" aquí
114
Fabbri (op. cit.) señala: "A este sentido contundente, ineluctable, sin posible falsificación (alteración,
desplazamientos) no se llega por la vía abstracta y demostrativa." Y más abajo: "Como en las novelas de
espionaje: el agente doble se libera del vértigo de las manipulaciones recíprocas mediante un signo
'fisico' de pertenencia, un signo ineludible: un olor, un contacto, una atmósfera de pequeñas
percepciones, etcétera. Se reencuentra a sí mismo; se da una fidelidad que se impone como necesidad; y
la muerte —que no siempre sobreviene- es figura del destino., lo verdadero como pasión es más que una
eración cognitiva o un creer."
2 Como en el caso de Los detectives salvajes (publicada el mismo año), puede leerse en Las Islas un
debate sobre cómo trabajar la voz de los sobrevivientes. Para su inserción el caso específico de la
narrativa de Malvinas, ver Kohan, op .cit.
184
retoman en la figura doble, las hijas mellizas de Gloria. El hecho de que sean
mogólicas, hijas de un torturador y una torturada, y de que Cuervo (que tanto desea
volver a las Islas) las rechace sugiere que esta última duplicación es el final de la línea
relación de Félix con Gloria). Que esta es la última duplicación de la serie. Esa
detención está, una vez más, determinada por el cuerpo. Gloria señala:
Mi cuerpo hizo de filtro y absorbió todo el daño. Las nenas nacieron puras ¿No te diste
cuenta vos? Qué me importa que no sean inteligentes. Lo que sí sé es que no hay un
átomo demandad en sus cuerpos. Ese es mi triunfo. Ahí es donde le gané. Y era mi
única salida. Si me hubieran salido varones, o normales, y tuvieran esto de inteligencia,
las habría convertido en lo que él quería. (310)
Gloria (que hace de filtro) y en el cuerpo de las niñas (que impide que sean captadas por
mejores recuerdos, coincidimos ambos, eran los de la laguna y la isla del balneario. [ ... ]
Esa isla, comenté, no era más que una caparazón de escombros y tierra apisonada que
Malihuel fue destruido por el crecimiento de la laguna: "De nuestra isla apenas se ve la
punta del hotel [ ... ] y las copas muertas de los árboles del balneario." (317).
La duplicación se resuelven unidad (no son dos islas, sino una) y la temporalidad
del pasado aparece clausurada, existente sólo en el recuerdo: no hay nada a dónde
volver ni nada que esperar de la Isla. Así como hay dos historias que se funden en una
en el recuerdo compartido, así como los cuerpos se perciben como partes separadas de
una experiencia de comunión, así hay una sola isla que no tiene nada glorioso (está
hecha de escombros) y ya no existe. Así, el recuerdo tiene una existencia propia, que no
185
se confunde con la actualidad: no se intenta volver a Malihuel, y la isla sólo puede
sentido, la memoria del trauma no tiene ninguna interpretación: es un relato que define
hacia atrás, el tiempo cronológico siempre en fuga, el presente imposible (jorque está
tiempo de la memoria que practican Félix y Gloria es el tiempo del kairos, del sentido
(finalmente una forma cuantitativa: todo momento es igualmente divisible y por lo tanto
comienza con la reflexión de Félix sobre la relación entre moscas y arañas, la novela
hadas al revés", los define Gloria) que no está entrecomillado y que, de hecho, releva la
356
Es también, esa verdad anclada en el recuerdo, parte de una relación con el cuerpo: cuando la aplican
la "droga del dolor" se desata el recuerdo de la batalla de Longdon. Ese dolor fisico revela debajo de la
ciudad "el páramo desolado, los pastizales barridos por el viento, los ríos de piedra, las rocas, el barro y
los turbales de Malvinas" (541). La verdad es una pasión del cuerpo, una memoria que dispara la lógica
de la autenticidad y la fidelidad.
357
Para una distinción entre cronos y Kairos, ver Agamben ("Tiempo e historia", op. cit.) y Kermode. (El
sentido de un final, op. cit.).
186
voz de Félix en el final. Antes que nada, esa historia no es una duplicación de la del
inicio, no está destinada a invertir su lógica, señalar que no es bueno que la mosca esté
sola, o que en el fondo el sacrificio de las moscas es noble. No: esa historia muestra otra
principal es ocupada por las transformaciones del cuerpo (de letra en sangre, de mujer
Ese relato se coloca en un más allá de la novela, es una alegoría sin moraleja que
debía hacerse carne en mi cuerpo". Ese tiempo es el tiempo de una nueva verdad y
8. Coda: el género
Las Islas postula una oposición conocida en el terreno de la filosofia (la única
verdad se encuentra en el cuerpo, el mundo social está lleno de simulacros). Lo que nos
interesa aquí, sin embargo, es la articulación de estas tesis en un relato que ha sido
de sus rasgos fundamentales: la verdad demostrable, pero también el apego a una verdad
inexplicable, hace de Las Islas una novela singular porque si por una parte cuestiona las
efecto, la máquina del género en Las Islas sirve menos para descubrir una verdad que
para trazar su topografia y descubrir las anafructuosidades y valores que la fundan. Esa
variación postula, en el largo plazo, una nueva articulación política para el género. 358
Islas puede leerse en serie con "Emma Zunz" o Lapesquisa, relatos en los que la reconstrucción
del policial sugería que el relato policial no descubría la verdad, sino una versión de los hechos mientras
187
Segunda: La conspiración como destino
vez que se pone en evidencia su relación con el poder. En Las Islas no se trata del
reemplazado por un actor que, en la estructura característica del género, sólo podía
Este reemplazo estructural sugiere que en Las Islas el lugar que ocupa el estado
coerción fuera congruente con sus intereses. En efecto, la SIDE (el órgano del estado
del que Felipe debe extraer información) funciona por fuera de la arquitectónica (en su
shopping center ubicado en Córdoba y Paraguay, que funciona sin conocimiento del
todo lo relacionado con la guerra inmunda y con Malvinas primero, fardos y fardos de
papeles { ... 1 que fueron sacando de la sede de 25 de mayo hasta no dejar más que una
cáscara vacía, ocupada por unos cuantos agentes ñoquis que concurrían sólo los días
que los de la comisión parlamentaria iban a ejercer el control democrático de los
servicios de inteligencia (116)
reducirse a una voluntad, menos aún en el caso de los servicios de Inteligencia. 359
información del estado: "Si la SIDE existe para vigilar a todos los habitantes, debe
que la verdad permanecía incognoscible o sólo revelada por la literatura. Para Gamerro, como para otros
escritores contemporáneos (como Ignacio Padilla), la verdad que investiga el policial canónico es de todo
punto cognoscible. Es, sin embargo, producto de una fabricación que no depende de quien cuente los
hechos, sino de los patrones que fundan el funcionamiento de la investigación (el estado / los particulares;
el espacio / el tiempo; sedentariedad ¡nomadismo; la víctima / el testigo) Ese desplazamiento ideológico
funda los modos de la ficción policial en Las Islas y es correlativo de sus desplazamientos en tomo del
caso.
359 Esa unidad intrínseca del estado es el eje de las teorías políticas modernas, y lo que permite pensarlo
como parte de la tríada del caso policial. En estas novelas el estado, antes que ser un actante, es un
reservorio de información a saquear.
188
incluir una segunda SIDE que vigile a los de la primera, y esta a su vez una tercera, y
una cuarta... Clásica regresión al infinito" (133). Así, la lógica de la vigilancia del
serie de proyectos más o menos delirantes para recuperar las Islas (experimentos con
kelpers, simetrías entre las manos de Perón y las Malvinas, etcétera.). El resultado de
Hace rato que la SIDE sólo se investiga a sí misma. La idea ahora es que sólo pueden
resolverse los crímenes que uno mismo ha cometido. Todo se simplifica. Incluso han
decidido empezar por la solución y a partir de ahí planear el crimen. Para eso
contrataron a un escritor de novelas policiales (133).
desarrollo de la SIDE en Las Islas, propone una lógica que se ubica más allá de ambos
360
Las Islas no trata sobre la policía (como el relato policial), sino sobre los servicios de inteligencia. Sin
embargo, su estructura y la constitución de un investigador independiente de los intereses de cualquier
estado, acercan la novela al policial antes que a la novela de espionaje.
189
crímenes sugiere que el par verdadero / falso ha sido reemplazado por la fabricación de
obsesión de Tamerlán y los ex combatientes por las réplicas y las versiones (que
podrían tomarse por la verdad), como el eventual fracaso de la investigación policial (en
Al final tuvieron que admitir que el control sólo podía estar adentro, y aceptar la
autorreferencialidad como destino. Hacer del vigilado vigilante y del vigilante vigilado
en una trenza interminable y eterna.
- Moebius - musité - las hormiguitas buscando el revés de la trama (13 3).362
Félix: de alguna manera ese juego podría reemplazar a la realidad. Kevin, el amigo de
Félix que disefla juegos de computadora aparece fascinado por la posibilidad de crear
realidades alternativas: "Su pasión eran los mundos contrafácticos, donde todo es
se inscribe Las Islas, y lo único que permite a Félix sustraerse a esa lógica es
361
Jon Elster (en "Negación activa y pasiva", incluido en Paul Watzlawick y otros; Las realidad
inventada, Barcelona, Gedisa, 1994), estudia la lógica de los sistemas políticos totales a la luz de las
reflexiones de A. Zinoviev Y señala que, en su formulación extrema los sistemas burocráticos "en lugar
de buscar una solución efectiva para problemas reales, es necesario encontrar un problema que
corresponda a las soluciones posibles o deseadas." Tal es el procedimiento de la SIDE en Las Islas. El
mundo alucinante de los servicios de inteligencia "no es un caos, sino que está regido por principios a la
vez irracionales e inteligibles."
362
Como se recordará, cuando Félix intenta explicar su historia a Gloria, también la compara con una
cinta de Moebius.
363
Durante el intercambio que mantiene con Felix, éste señala que Kevin está pasando por su "período
Escher", lo que remite a la imagen de las hormigas y la cinta de Moebius. (45)
364 La poética de la novela puede pensarse en esa tensión. El relato sólo puede existir cuando Félix
digitales (2000), del boliviano Edmundo Paz Soldán. Sebastián trabaja retocando
digitalmente fotos para Tiempos Posmodernos, un diario de Río Fugitivo, que intenta
mantener sus lectores reduciendo cada vez más el espacio dedicado a los textos. 365
Sebastián, muchacho (pos) moderno, no lee libros, rechaza como obsoletas las cartas
que le escribe su padre y admira películas por sus efectos digitales. Y se considera un
artista: "En la adolescencia le gustaba dibujar, pero no tanto; le gustaba sacar fotos, pero
tampoco tanto; gracias a Photoshop, podía hacer ambas cosas a la vez, y así se sentía
realizado. Había descubierto su arte" (93)366 En el fondo, esa noción de artista es la que
compañero sobre cómo retoca las fotos que se publican en el diario ("Lo que pasa es
que nosotros respetamos lo que se nos entrega"), Sebastián responde: "Lo único que
ustedes deberían respetar es la posible calidad de la imagen. Usar lo que se les da como
fotomontajes en los que el cuerpo de un individuo se funde con el de otro (en general
del sexo opuesto) y que se transforma en un éxito cuando se publica en el diario. Este
éxito lo lleva a su vez a ser requerido por el Ministerio de Información con el fin de
retocar imágenes del pasado del presidente Montenegro (un ex dictador vuelto
365 Se describe Tiempos Posmodernos como "Un periódico que parecía pedir disculpas por el hecho de que
todavía había que leerlo" (59). Rio fugitivo es una ciudad creada por Paz Soldán que recurre en sus
textos, al menos desde Río fugitivo (1998). En Sueños digitales aparece también Benjamín Laredo, el
redactor de crucigramas que había sido protagonista de "Dochera", cuento incluido en Amores
imperfectos.
366
Citamos por la edición de Alfaguara, Madrid 2001.
191
Como en Las Islas, existe una lógica perversa que sostiene todo el engranaje del
y la autonomización:
Imaginó la ciudadela como uno de esos organismos que había visto en alguna película
de ciencia ficción o en algún videogame en el departamento de Píxel. Un organismo que
se autogeneraba, que creaba a quienes lo creaban y luego se deshacía de ellos. (206). 367
También como en Las Islas, esa lógica tiene como objeto último, la ocupación
de todo el espacio simbólico, la transformación de toda verdad en una fabricación:
Quizás ese era el objetivo final: si todos los individuos cerca del centro de gravedad de
una dictadura terminaban corruptos por ésta, abrasados por las llamas, Sebastián
continuaría borrando gente hasta que no quedara en esos rectángulos nadie más que
Montenegro, y no precisamente porque fuera el único que se salvaba de la corrupción,
con un círculo de tiza separándolo del resto. (147)368
lógica. Sebastián no la conoce y, sobre todo, como Kevin, cree en la tecnología como
superación de los conflictos "de la vida real". Por eso, a diferencia de Félix, que inventa
que en la lógica de Verraco podría reemplazar la derrota real, en Sueños digitales, Píxel,
real de la virtual. Por eso le reprocha: "Y luego crearán un juego que dure toda una vida.
Y llegará un momento en que no sepáis te llamas Píxel o Xena, si eres un creativo de fin
367 El subsuelo de la SIDE en Las Islas es descripto como un edificio "que mutaba y se transformaba
como un organismo viviente" (116).
368
La lógica perversa de los servicios de información aparece ligada aquí al funcionamiento del gobierno,
mucho más que en Las Islas. Debe recordarse, sin embargo, que en el origen del edificio de la SIDE está
"todo lo relacionado con la guerra inmunda y con Malvinas primero". En cualquier caso, en ambos relatos
se trata de poner en escena el funcionamiento de un mecanismo de estado que, parece, sólo puede hacerse
evidente con la fusión entre estado y Gobierno. Esa fusión, por lo demás, parece característica de los
estados contemporáneos, ver Portinaro; Estado, op. cit.
192
Y sin embargo, a pesar de su reticencia, es Sebastián quien termina entrampado
en la lógica del juego virtual. No sólo porque las imágenes virtuales son su modo de
relación con otros individuos, no sólo porque vive una doble vida como la de Pixel en el
juego, no sólo porque Píxel parece cada vez más un personaje de videojuego, sino
porque la lógica verdadero / falso se torna indiferente para quien, como Sebastián, como
un patrón nítido que permita distinguir lo verdadero de lo falso: en las calles de Río
Fugitivo se borran los nombres históricos para reemplazarlos por nombres de plantas
(72), Montenegro tiene un escritor fantasma con el que escribe sus memorias (96), una
fotografia digital, en cambio, lleva las cosas un poco más allá porque se pasa de la
captura de lo real por una impresión química a la creación misma de lo real y ese salto
369
Según Sebastián, su afabilidad tiene en esa imaginación digital su causa (62). La expansión de lo
virtual en lo real puede registrarse en el siguiente fragmento: "Lo miró como si fuera a transformarse
delante suyo en una princesa guerrera, con una espada encantada entre las manos y un sortilegio en los
labios" (189).
193
contradicción, la desconfianza frente a un mundo que se ha vuelto virtual: el detalle con
Nippur's Cali" (225). Es lógico entonces que en el final del relato la casa de Sebastián
haya sido "borrada": "El porche no estaba, como tampoco estaba la casa: no quedaban
vestigios ni de su piso, ni del de la Mamá Grande: alguien se los había llevado [ ... ] En
las esquina había, en su lugar un lote baldío, de tierra apisonada y todavía húmedo"
entre la "creación virtual" y los mecanismos del poder deviene paranoia: Sebastián se
(Sebastián sospecha de sus empleadores del Ministerio, de Píxel, de su novia Nikki) que
Todos podían ser sospechosos. [...1 formas de hacerse de sus huellas, tanto para
vigilarlo como para usar ese material en la construcción de un Ser Digital que
respondiera a las señas de Sebastián e hiciera cosas que él jamás haría (211).
370
Y en este sentido, se desvanece la ilusión realista: la duplicación de fragmentos es un recurso que ya
había usado Bioy Casares en La invención de More!, novela admirada por Paz Soldán sobre las
reproducciones verdaderas. Ver Edmundo Paz Soldán; "El triunfo del simulacro" en Babelia, 15 de
diciembre de 2001.
371
También, claro, esa violenta desaparición (violenta en términos de verosímil) es la prueba de que se
trata de una ficción. Ese fmal confirma en ofro sentido la existencia virtual de Sebastián (ya no como
referente, sino como objeto ficcional).
194
La lógica de un estado que funciona discrecionalmente y en el secreto, transforma esa
Todos habían visto todo, y nadie había visto nada. Todos oficiaban su rol con aplomo y
naturalidad, y no quedaba más que resignarse, aplaudir al encargado de organizar
semejante despliegue de artificios entre los cuales se había desenvuelto su vida las
últimas semanas (o quizás desde antes, cuando conoció a Nikki, o quizás antes aun,
retrocediendo hasta llegar al día de su nacimiento). 372
Esta comprobación, claro, inhabilita la lógica del género policial, no sólo porque
declaraciones del narrador como una verdad "objetiva" que pudiera colocarse fuera del
juego de oposiciones que fraguan sus enemigos. Este cambio en la forma de la verdad
complot aparece comprometida. 373 Así, el relato policial queda frustrado, porque el
Islas existe otra línea alrededor de la que se mueve el relato: Sebastián es un celoso
patológico que imagina no sólo traiciones sino también conspiraciones en su contra por
parte de su novia. Sobre el final, sin embargo, comprende que: "Todo en Nikki era
verdad que pueda colocarse más allá de las oposiciones reguladas por el poder político.
372
El relato de esa paranoia desatada no puede reducirse a ningin operador, y, en la medida en que nunca
se devela a los responsables todos pueden serlo. El hecho es, por lo demás, característico de las ficciones
que aquí trabajamos.
En este sentido, la repetición de fragmentos y el fmal que se toca con el relato fantástico (y entonces es
imposible saber si asistimos al relato de un paranoico clínico o al desarrollo de un poder onmímodo)
abren dudas sobre la construcción del relato y la sanidad del narrador. También En busca de Klingsor
(1999), de Jorge Volpi, apela a este recurso.
195
Sebastián, sin embargo, reconoce la irrelevancia del criterio de veredicción para pensar
las relaciones amorosas: amar a Nikki no tiene relación con la verdad o la falsedad.
3. La enunciación conspirativa.
3.1. La simulación
de Ignacio Padilla.
Amphitryon que comienza como una división de los servicios de inteligencia nazis. Su
tiene como única función la simulación, la suplantación del poder que llegaría a
mundo exterior".374 Funcionan, en este sentido, igual que los grupos conspirativos, pero
del lado del poder estatuido. Como grupo de inteligencia entonces, el Proyecto
Amphitryon sólo tiene uno de los rasgos propios de los servicios secretos: la obligación
374
Gabriel Veraldi, La novela de espionaje, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 13.
196
Dreyer decide reemplazar a Eichmann. Es decir desde el momento en que el Proyecto se
enfrenta al poder.
un camino intermedio para contarla. Es decir que pone en juego una serie de rasgos
propios de las historias "de conspiración" (hablan los conspiradores de su historia, como
en Los siete locos o Los demonios), al tiempo que construye un modelo enunciativo que
la acerca al policial en la medida en que poco se puede develar sobre los hechos porque
no es posible saber en qué medida los narradores están implicados en la conspiración. 375
secreto se sabe, en cuanto las verdades circulan, los conspiradores deben orquestar
estrategias que distraigan la atención. Es necesario construir discursos que tengan algo
de verdad, pero que al mismo tiempo no la revelen totalmente. 377 Así, en Amphitryon
nos encontramos con los monólogos de tres conspiradores y en los tres, como vimos, se
que no forma parte del Proyecto verifica que las maniobras instrumentadas por Dreyer
siguen funcionando, aun cuando no se sepa (volveremos sobre esto) quién dirige ahora
el proyecto. Así, cuando Goliadkin afirma que el manuscrito de Dreyer (el segundo
remembranzas cuyo desorden mayúsculo refleja sin duda el estado en que su propia
375
En este sentido, antes que nada, Sueños digitales se construye como un relato policial sin fmal: la
conspiración no puede ser develada por quien debería hacerlo. Pero también: la realidad se ha vuelto
virtual y entonces la oposición verdadero / falso ya no parece pertinente.
376
Ver Capítulo 6 para la relación de este modelo narrativo con Los detectives salvajes.
377
Paolo Fabbri; "Todos somos agentes dobles", [Link].
197
Karaschebesch", ¿cómo creerle? ¿Cómo no imaginar que se trata de una estrategia para
desorientar, confundir las fuentes de la información? Y aun así, ¿cómo probar que
sólo de incongruencias que nos obligan a leer entrelíneas las declaraciones de los
narradores (que sólo nos permitiría hablar, en ciertos contextos, de "secreto"), se trata
también de la forma que este modelo enunciativo toma cuando lo que el relato tematiza
Escribe Walter Benjamin: "Esconder quiere decir: dejar huellas. Pero invisibles.
Es el arte de la mano ligera". Problema central para quien detenta un secreto, ¿cómo
hacer huellas "invisibles"? Benjamin reproduce la solución de Poe: "Los escondites más
ingeniosos son los más expuestos". 379 No debería esconderse nada porque "un pliegue
en el mantel, un hueco en la cortina bastan para revelar el lugar donde hay que buscar".
Así, "los huevos de Pascua tienen que ubicarse en el living y cuanto más desordenado
esté, mejor". Es entonces el desorden, el caos, el mejor lugar para esconder secretos. A
la vista de todo el mundo, en medio de una confesión caótica, los conspiradores del
380
Proyecto ocultan mejor sus secretos.
378
Y esta diferencia, que distingue al relato de Padilla de Los detectives salvajes, lo acerca todavía más a
los mecanismos del relato policial.
solución de Poe. En su comentario al seminario sobre la carta robada de Lacan, Jacques Derrida,
señala que la circulación de la carta está clausurada, que fatalmente, "la carencia está en su lugar". Tal
vez los relatos que aquí comentamos encuentren, sobre todo en Amphitryon, una carencia dislocada, una
circulación que "no encuentra su lugar". Tal vez por eso, porque en lugar de la circulación exitosa de la
carta, tenemos una serie de relatos cuyo destinatario "siempre recibe mal" no es posible la constitución de
un relato policial. Por lo demás, los rasgos que Derrida describe en el cuento de Poe (los "dobles sin
original", "la fisión en cadena", etcétera.) parecen particularmente adecuados para la circulación del
secreto en Ámphit,yon. Ver Jacques Derrida, El concepto de verdad en Lacan, Buenos Aires, Horno
Sapiens, 1977.
380
Walter Benjamin; "La revelación en el conejo de pascuas o Breve teoría sobre los escondites" (1932),
en Cuadros de un pensamiento, Buenos Aires, Imago Mundi, 1992.
MIII
El problema de las apariencias es entonces central en Ámphi!ryon. El Proyecto
mismo se presenta como la producción de dobles tan perfectos que puedan inclusive
de guardagujas en una partida casi suicida en un tren camino al frente, en 1916 está
verdadero ser. Estudios de ingeniería ferroviaria, planos de vías, fotos de trenes, todo un
auténtico. Hasta que finalmente, Viktor decide recrear el mundo, para desde allí
De manera tal que el mundo, para Viktor Kretzscbmar, ha terminado por volverse una
381
Réplicas y maquetas. Todas las novelas que hemos visto en este capítulo insisten en la fabricación de
modelos que puedan tomar la forma de un objeto "real". Las maquetas de Tamerlán, los juegos de video,
las maquetas de accidentes (que también son una parte destacada de Monsieur Pain, de Roberto Bolaflo):
todos procedimientos que intentan llenar un vacío de lo real, una carencia que fatalmente no puede
realizarse. Contra todos los pronósticos, estos relatos dicen en la copia imaginada la carencia que
representan, son su versión petrificada y por lo tanto valen menos por lo que significan que por lo que
son. También por eso, la más extraordinaria de todas es la de Monsieur Pain, que representa un vacío
absurdo (descarrilamientos en una pecera, sin víctimas) y que no parece tener otra utilidad en la trama que
la de señalar justamente, ese blanco en la atribución de sentidos.
199
Finalmente de eso se trata Amphitryon, de hacer vacilar las certezas del mundo
verdadero ideólogo del texto, quien, después de matar a su hermano gemelo, dedica su
ese mal inexcusable" (113) o, para usar l.s palabras que Goliadkin escribirá poco
después: "la negación más radical de cuanto tuviese que ver con lo que mi padre, alguna
vez, llamó el orden divino de las cosas" (115). Así, Goliadkin se dedica a aniquilar
almas y borrar identidades. Resulta verosímil entonces, que cuando Dreyer propone a
Goering el Proyecto Amphitryon ("no sólo amoldando su aspecto fisico a las efigies
vivientes del partido nazi, sino borrando sus vidas y sus mentes para luego inscribir en
ellas lo que él o sus superiores creyesen oportuno inculcarles", 132), Goliadkin sienta
Para Goliadkin el mal radica en el caos y este caos debe ser total, desatado:
Se trata de dar rienda suelta al verdadero estado de las cosas, de liberarlo de utilitarismo
y de moral.
3.2. La expansión
200
topado con demasiados dobles de Bogart en su vida, ha dado con lo siniestro encarnado.
Se trata de un conjunto de sujetos de increíble parecido fisico con el actor, dobles que
a una causa cierta, todo puede ser efecto de motivos desconocidos. Así, su propia
voluntad, el sentido de sus actos, se halla comprometido: "de alguna forma he acabado
por convertirme en lo que ellos esperaban. Aunque ahora firmo mis libros con mi propio
nombre, en cierta forma sigo escribiendo lo que otros quieren que escriba" (212).
existe, la identidad se construye en la maraña de las apariencias y las réplicas y son esas
apariencias el único sostén que tienen los personajes para constituirse como sujetos.
presenta cuatro monólogos producidos por cuatro personajes ficcionales. Sin embargo,
existe un último fragmento, titulado "COLOFÓN. Ignacio Padilla, San Pedro Cholula,
1999" (215-2 18) en el que el "autor" del texto comenta principalmente el monólogo de
Sanderson. Por una parte, el capítulo se coloca por fuera de la ficción en la medida en
respeta el estilo de los títulos de los otros capítulos "ficcionales". Esta superposición
topológica se confirma en el cuerpo del colofón. Allí Padilla trata a Sanderson como un
par y repone las fuentes del libro que está comentando (,la novela Ámphitryon?). Más
aun, Padilla dice haber visto fotos en las que existe un parecido indudable entre el
201
compromete al "autor" y es solidaria con las vacilaciones que se verificaban en el plano
"mundo".
"Esconder quiere decir: dejar huellas". Pero es necesario creer que algo se
imaginamos como copias o manifestaciones, pero cuyo origen no son más que otras
Aldo Gargani "una cosa lleva a la otra al interior de un proceso que no consiste en la
constitutiva aleja Amphitryon de los esquemas del policial. Se trata entonces de pensar
aquello que no era aparente. La construcción de estos relatos (que apelan a la lógica del
género) parece proponer otro destino para los procedimientos que modelara el género.
Puede leerse en ellos la postulación de una forma de relato que antes que validar
un enunciado como verdadero o falso, estudia las formas en que se constituye la verdad.
A1do Gargani; "La copia y el original", en Gianni Vatimo (compilador), Hermenéutica y racionalidad,
382
Santafé de Bogotá, Norma, 1994, pp.89-108.
202
No resulta sorprendente entonces que todos refieran copias, maquetas y juegos que de
novela policial queda vacante, las maquetas, los videojuegos, los dobles y las
verdadera.
relación de fuerzas que se presenta como movimiento, como voluntad de poder, antes
que como registro. Ya sea que estas réplicas triunfen (los dobles de Goliadkin, las
novelas sucede una indecibilidad de la que no se puede salir por el camino de la prueba,
sino por el de la fidelidad o la fe. 383 Los mecanismos del relato policial funcionan
entonces como puestas en escena de esta crisis de la verdad. El impacto de esta crisis
En este punto, estos relatos se alejan de las formas contemporáneas del relato
conformare por medios diferentes. No se puede, por ejemplo, comprobar la verdad por
383
Ver Fabbri; "Apuntes sobre lo verdadero y lo falso", op. cit.
384
Y en esa decadencia de la solución racional, aparecen comprometidas las instituciones del estado, que
son las que ponen en marcha estos cambios. Y el estado no puede garantizar nada.
203
Lo que puede hacer la ficción policial en estos textos es explorar la topología de
204
El espacio de la sospecha
Primera: El disparo de argón, de Juan Villoro: la conspiración como orden.
Como se ve, una de las opciones más consistentes de la tendencia que aquí
verdad que las novelas trabajadas en el capítulo anterior comportan, en la medida en que
todas ellas actualizan la revelación de la forma de la verdad. Esta revelación tiene dos
que la verdad se puede alcanzar por la pasión del cuerpo) o bien se abandona todo
cualquiera de estos textos la lógica del caso policial lleva a un callejón sin salida en el
textos postulan que el régimen verdad del relato policial es una utopía, y a la vez, que la
matriz el género tal vez sea el mejor modo de explorar la forma de ese nuevo régimen
de verdad.
novelas. Lo que nos interesa ahora es ver qué sucede con la lógica de la investigación
una vez que se instala una verdad cuyo valor está puesto en relación con su circulación
y su utilidad.
1. Enigmas
(publicada por Fabianne Bradu, en Vuelta a fines de 1991), hasta el último texto crítico
de que disponemos (Tim Havard, 2007), toda la crítica ha coincidido en que la novela
385
Juan Villoro; El disparo de argán, Madrid, Alfaguara, 1992. Citamos por esta edición. Existe una
reedición corregida: El disparo de argán, Barcelona, Anagrama, 2005.
206
tiene "tintes de novela policíaca", "trama casi policial", o es un "thriller atípico",
etcétera
Así, como con otros textos del corpus, la adscripción genérica de la novela es
inestable. Estos metadiscursos definen una zona en la que la novela es policial, pero su
inestabilidad no alcanza para afianzar ese registro. Los rasgos por los cuales se afirma
con el tráfico de córneas con una clínica de Tijuana, por parte de Fernando Balmes, el
The conventions of the detectives novel are therefore deployed to present a criminal
case but are then abandoned in order to remain faithful to Mexican reality. As Villoro
explains, 'toda trama policíaca en México desemboca en la proposición de una posible
salida: no hay forma de solucionar el crimen. Entonces, en El disparo de argón planteo
la situación del tráfico de órganos, planteo que son situaciones reales.' 386
Como se ve, la imposibilidad de constituir un objeto genérico tiene que ver con
mató a Iniestra? ¿quién está detrás del tráfico de córneas?), el segundo es la idea de que
386
Tim Havard, "El disparo de argón by Juan Villoro: A Symbolic Vision of Power, Corruption and
Lies", en Hipertexto (6), en [Link]
Verano de 2007. Consultado el 20-07-08.
387 Fabienne Bradu, "El diaparo de argón, de Juan Villoro", México, en Letras libres, enero de 2006. El
artículo se publicó por primera vez en Vuelta, en octubre de 1991.
207
de alguna manera, la "trama policial" remite a otros niveles de la trama, casi, podríamos
quisiera ser llenada por Havard (y también por Villoro) en una relación, si se quiere,
ninguna de las dos críticas se detiene en los procedimientos por los cuales la trama
produce esos efectos de lectura. Tal vez si se estudian esos procedimientos, sea posible
acceder a alguna distinción más sutil sobre el emplazamiento de la novela con respecto
camino que nos parece más preciso: "Los límites entre la realidad y la ficción no pueden
definirse, nos dice Villoro en esta novela. Las razones de los hechos no se esclarecen
planteada sobre la ímproba demanda del lector de novelas policiales (la sorpresa y la
En efecto, para sorprender a un lector cada vez más entrenado en posibles resoluciones,
habría sido necesario que los enigmas fueran cada vez más enrevesados y proponer cada
vez soluciones más estrambóticas para que el lector se interesara en una trama que, por
otra parte, se tomaría cada vez más "anémica" (en relación con la "buena literatura" de
388
Como hemos señalado (en el Capítulo 2) las posibilidades de articular un relato policial en "la brecha"
entre cultura popular y cultura "alta" ya no es viable para los escritores contemporáneos (ni, por otra
parte, para sus lectores). Así, según señala Bradu, si el texto refiere a "otros sustratos de la realidad", no
puede ser (aunque, como señala, conserve su independencia) "sólo" una novela policial.
389
Consuelo Triviño; "El disparo de argón: ojos que no ven", en Cuadernos hispanoamericanos,
Madrid, N° 504, junio de 1992.
gordiano del que sólo se pudo salir mediante un corte limpio: la novela negra. Leída
desde esta perspectiva, la demanda chandieriana de mayor realismo no sería más que
una demanda propia de la evolución del género que se disfraza de debate ideológico. El
subsecuente abandono de esta lógica (en la infinidad de variantes del género negro),
Gabriel García Márquez, en la que la solución del enigma no era enunciada por ningún
personaje. 391 Dos décadas antes, sin embargo, en Los albañiles (1964), de Vicente
los sospechosos podían ser el culpable. 392 En ambos casos, el enigma, la pregunta que
agente doble, las transforman en estudios sobre la forma de la verdad que implican la
investigadores, que por el hecho de que es imposible conocer alguna verdad a través de
390
Se trata, por supuesto, de una lectura parcial de la historia del género, un ejercicio de reducción al
absurdo que, sin embargo, como toda reducción, compromete algo del orden de la verdad. El argumento
no considera, entre otras cosas, la condición de género de masas: tal vez se siguieran escribiendo la
misma cantidad de "buenas soluciones", pero la proliferación del género las hacía menos visibles.
391 Como en el caso de Los adioses (que, aunque fueradel género policial es un claro antecedente de estas
ficciones), han existido algunos intentos de respuesta. Ver Angel Rama; "La caza literaria es una altanera
fatalidad" en La riesgosa navegación del escritor exiliado. Montevideo, Arca, 1998.
392
La solución, en este caso, no era más que un movimiento metatextual que nada revelaba sobre los
hechos.
209
la lógica de la demostración, porque la verdad es en estos relatos producto de la
En El disparo de argán, sin embargo, se conoce "la verdad" de los episodios que
se narran. En efecto, las sospechas de Balmes, Lánder y Sara se confirman (Iniestra está
implicado en el tráfico de órganos) y, por otra parte, se accede a los motivos por los
cuales Suárez (el Maestro, como lo llaman repetidamente en la novela) está ausente
durante la mayor parte de la novela (está ciego). La particular aparición de estos rasgos
nos permitirá explorar cuestiones relacionadas con los textos analizados en el capítulo
2. Córneas
Así es que pareciera ser que la formulación del enigma (no su resolución) liga El
en la página 131, fragmento en el que Lánder, Sara y Balmes ven que Iniestra entrega
un frasco
Es este el único dato que podríamos llamar "cierto" de los que presenta la novela
depósito de córneas, éste asegura, no sólo que se mantiene el control de calidad de las
córneas, sino que "la clínica se mantiene en números negros gracias a nosotros" (144) y
que "la cosa viene de arriba": "Alguien, alguien de arriba, que sabe que el cuerpo de
210
Leticia Santos no fue reclamado en Balbuena, que le enuclearon los ojos y que Betty
Smith los necesita en Jaccksonville en tres horas. Toda una red" (l46). De manera tal
que parece que se trata de una conspiración, "una red" que excede a Inisetra y
Gannendia. Así parecen confirmarlo las sospechas del narrador: ",Qué mano secreta
Sin embargo, esa "mano secreta" tal vez no esté conspirando contra la clínica de
razón."394 Resulta sin embargo confuso saber por qué Ugalde le entrega a Balmes el
informe de Iniestra: ",Qué opinaba Ugalde ¿Me dio el informe para ver si lo apruebo y
clínica no aparecen los culpables. Tras su muerte, "teníamos intercambio oficial con
California" (216), pero también, Ugalde declara: "No creo en motivos individuales: lo
de Inisestra fue para amedrentarnos. Esto va contra todos nosotros [ ... ]. Les puedo citar
veinte enemigos potenciales, estamos en la mira de mucha gente" (227). Así es que si
por una parte la muerte de Iniestra parece haber hecho posible el tráfico legal (y por lo
tanto resulta beneficioso para la clínica), por otra su muerte parece un signo de las
amenazas que se ciernen sobre la clínica. Los motivos por los que estos dos hechos no
Esta irresolución del enigma produce en verdad una proliferación en la que las
393 Este fragmento resulta característico del uso de la jerga científica en la novela. No se explica qué
significa "enuclearon", como tampoco se explican las operaciones que llevan a cabo los médicos ni sus
diagnósticos. Este uso de la lengua (y la imposibilidad de saber a ciencia cierta quién está detrás del
tráfico de córneas) aleja nítidamente El disparo de argón de las narraciones "de la biblioteca" reseñadas
en el Capítulo 1.
394
En diferentes lugares del texto, el narrador entiende los hechos en la clínica como metonimia o como
metáfora de la situación nacional. La crítica ha insistido en este punto, por lo que aquí nos abstendremos
de avanzar por ese camino.
211
En el consejo médico habíamos tomado el asesinato como un crimen contra todos
nosotros; Garmendia introdujo un nuevo dato: Iniestra había recibido ofertas para entrar
de manera directa a la exportación de córneas; aparentemente había un grupo enemigo
del grupo que hacía los envíos. [ ... ] el crimen había sido tan excesivo porque era un
mensaje para el otro grupo. A nosotros ni siquiera nos tenían en cuenta; la clínica era el
simple lugar de los hechos (236).
Finalmente no hay modo de saber quién está detrás del tráfico de córneas. El
los tejanos de ojos alumbrados que recorren nuestra clínica o, mejor dicho, quién está
detrás del que está detrás?" (242). La pregunta es relevante para El disparo de argón
trama, lo que va dando forma a la novela. 396 En este sentido, cualquier revelación
discursivo antes que como preludio a una revelación. Esa discursividad, que se presenta
como signo de otra cosa, pareciera ser la clave de novelas como El disparo de argón o
Los detectives salvajes en la medida en que exploran las posibilidades del signo, antes
mensaje contiene.
Finalmente, el mismo Balmes termina creyendo en la utilidad de la muerte de Iniestra para el éxito de
la clínica: "La muerte de Iniestra sirvió para eso, para que el negocio prosperara, ahora con eficiencia
ejemplar" (314).
396
Y en este sentido remite tanto a la lógica de la SIDE en Las islas (que opera por la progresión entre
niveles de referencia) como al reemplazo de identidades en Amphilryon.
212
3. Suárez
proliferan los secretos que son también parte importante de la trama: la relación de Sara
con Suárez, la sucesión en Retina, las intenciones de Ugalde para con Balmes; todo en
origen preciso:
No hay jefe de Retina y hasta los que no tenemos mayor interés en el puesto hemos
caído en una rabiosa competencia. El asunto se debería haber liquidado hace ya varias
semanas, pero el maestro ha estado fuera de la clínica. La verdad sea dicha, no sé qué
espera (20).
rebuscada eficiencia de los últimos días, tan parecida a una conspiración" (19). En
médicos. Sin embargo, esa dilación parece constitutiva del carácter de Suárez: "El
de la virtud" (53). Esa ausencia desencadena los más diversos relatos, relatos que no
hacen más que exacerbar la carencia: frente a los rumores de la ausencia de Suárez,
Balmes señala que "lo único importante era que la ausencia de Suárez duraba lo
213
Así, esa ausencia, esa dilación determina la materia misma de ló narrado. Porque
actúan como conspiradores (pero también con inaudita eficacia). A la vez, la ausencia
de Suárez permite que se desarrollen todas las hipótesis (Suárez está enfermo, Suárez
causa en estas dos caras de la ausencia. El objeto de la novela es entonces las formas en
4. Instituciones.
de la confusión entre lo que Jon Elster llama "negación activa" y "negación pasiva." 397
En efecto, según señala Balmes, en el régimen de la clínica se cumple "en contra de los
hay forma de hacer algo bien sin joder al de al lado. Nos observan, nos estudian, los
ojos roturados en las paredes vigilan nuestro actos". (20) En un régimen de sospecha
contrario: afirmar "(Balmes cree que) Ferrán realizó una impecable cauterización"
equivale a decir "(Balmes cree que) Solís no realizó una impecable cauterización", en
lugar de significar "(Balmes no cree que) Solís realizó una impecable cauterización".
eficiencia. Para Lánder, Balmes tiene asegurado el puesto en retina porque "Lo que pasa
es que está demasiada cerrada la competencia y tiene que escoger a alguien débil para
397
Ver Jon Elster, op. cit.
214
ahorrarse broncas" (63); la aceptación exagerada de culpas por parte de Ugalde, en lugar
que visite a Suárez en su retiro hace pensar al narrador que tal vez Ugalde lo considera
capaz de influir en el Maestro: "Esta hipótesis es tan excesiva que decidí creerla" (256).
impone sobre las relaciones personales: es imposible saber a quién es fiel Mónica, la
amante del narrador, si Sara es o fue amante de Suárez, etcétera. 398 Por lo demás, todos
los personajes sospechan "inmoderadamente": Lánder señala, sin motivo aparente, que
pasa información a los medios para limpiar el nombre de Ugalde (252), Balmes mira los
Fuera de la clínica, sin embargo, se encuentra el saber que esclarece esa lógica
enrarecida. Balmes visita a una adivina en cuya casa "hay menos signos esotéricos que
en la clínica" (219). Allí, doña Cano pronuncia una sentencia: "El enemigo de tu
entre las dos formas de la negación. Pero Balmes sólo puede pensar esa sentencia fuera
de la clínica. Frente a Julián Enciso, un viejo rival amoroso, Balmes prefiere creer que
Julián no es usado por una conspiración, sino que usa a la conspiración como excusa
para matarlo.
sino sobre los múltiples huecos que va dejando la incerteza Sin embargo, a diferencia
de los relatos que pueden considerarse precursores de este modo narrativo (relatos de
398 A diferencia de los que sucede en Las Islas, en El disparo de argón, Balines no se queda con Mónica
porque haya descubierto en ella una verdad pasional, sino más bien porque (como Sebastián en Sueí'ios
digitales) abraza la incerteza: "?,A cuántas coincidencias peligrosas podía llevarme?" (336)
215
hueco y aislable, sino sobre una red cuyos límites no se pueden precisar. Los ejemplos
abundan: tal vez la ausencia de Suárez no tenga nada que ver con el tráfico de córneas,
tal vez sí; tal vez Mónica se haya enterado casualmente de la postulación de Balmes,
pero tal vez sea una empleada a sueldo de Ugalde, tal vez F. no haya visitado a Balmes
por motivos personales, pero es posible que lo haya evitado porque tiene interés en
descubrir qué sucedió en la clínica. Es imposible entonces definir, delimitar los secretos
de la trama. 399
Amphitryon es que justamente la dilación tiene un fin, y ese fin se presenta como una
devaluación de la verdad.
5. El Estado
En El disparo de argón, sin embargo, nos encontramos con una figuración del
Estado que apela a motivos propios del género policial. La maquinaria estatal hace su
Procurador con armas, pero también le resulta imposible sin su cortauñas que "dejaba
entrever que su profesión tenía pliegues insondables de los que no se podía excluir una
Esa tácita amenaza se resuelve finalmente en una corruptela casi folclórica: "Los
agentes que llegaron al otro día eran cosa distinta: toda su habilidad se concentró en
399
O es una tarea yana, que a los fmes de este enfoque es equivalente. En la página 282, por ejemplo,
Balmes se pregunta por las reacciones de Ugalde: "tal vez no me perdona lo de Retina, tal vez Mónixca
habló con él, tal vez sabe que ella se puso de mi parte, tal vez ni siquiera la contrató y Sara se equivoca,
tal vez". En ese registro, ¿dónde termina la vida personal de Mónica y Balines y dónde empiezan las
conspiraciones de la Clínica? O son lo mismo?
216
desaparecer televisores" (213).400 Entre el accionar policial y la promesa de la amenaza
hay un salto que los hace incomparables. El texto presenta ambos fragmentos sin
lo que puede hacer. Esa promesa, claro, permanece incumplida (como en otras zonas de
«Ya nos conocen, tienen nuestros datos», pueden encontrarnos cuando quieran, decía la
gente en los pasillos, y fue casi un milagro que la policía no regresara a aprovechar el
clima de terror que tan eficazmente había creado. (213)
rasgo es característico del género desde sus inicios) ni, de hecho, ejercer la violencia
como "profesión", sino sugerir esa amenaza: nada de lo que pueda hacer "realmente" la
policía puede equipararse a esa violencia prometida, por eso, porque es necesario que la
violencia sea una amenaza inactual, la policía no vuelve para aprovecharse de "clima de
terror".
la investigación generó más misterio del que resolvió. El jefe del operativo fue
sustituido al cabo de una semana y dos de sus hombres arrestados. Se dijo que catorce
agentes especiales eran interrogados en los separos de la Procuraduría. Rumores, sólo
rumores. [ ... ]A. la vuelta de unas semanas, las secciones de nota roja sólo hablaban de
enredos policiales [...1. Si la intención era arrojar una cortina de humo, la
incompetencia policial logró su cometido. «El crimen no puede quedar impune», pidió
la esposa de Iniestra, ostensiblemente dignificada por el drama. [ ... ] Una mano invisible
400
El narrador comenta el hecho con liviandad, como si fuera habitual que la policía se lleve televisores.
Este tono, que connota la familiaridad con el crimen policial, es, en todo caso, la novedad de la novela de
los noventa. Con menos garbo que en Villoro, es un rasgo que distingue, por ejemplo, al llamado
neopolicial ideroamericano de formulaciones previas. La corrupción, sin embargo, ya aparece en los
primeros casos policiales latinoamericanos: en "El secuestro del candidato" (1914), de Alberto Edwards
un candidato a diputado se autosecuestra para no cumplir sus deberes cívicos, y en diversos cuentos de
Leonardo Castellani el mayor criminal es el Estado, antes que los particulares.
217
hizo que consignaran a otros tres policías , que era lo que a ella menos le interesaba
(214).
primera es que, contra lo que suele afirmarse, el rasgo del estado que evidencia este
párrafo, no es, como señala Havard (y el propio Villoro) que el Estado y la policía son
inoperantes, sino que son opacos. En efecto, la tradición de la novela policial señala que
si hay corrupción en el Estado, esta puede ser controlada por la actuación inteligente de
miembros de la población civil (el detective) . 401 Lo que muestra este párrafo es que en
verdad el Estado funciona con su propia lógica, inconmensurable con respecto a los
juegos sociales de la sociedad civil. Así, mientras que la sociedad demanda una cosa, el
consignación de los tres agentes. Esa opacidad modifica la pregunta del enigma, que
deja de ser ",quién mató a Iniestra?", para ser "Quién es corrupto?" y en este sentido la
máquina estatal opera como caja negra, que absorbe una pregunta de la sociedad civil y
le devuelve otra, sin que sea posible saber qué sucedió en su interior. 402
la lógica que rige las operaciones del Estado ¿cómo es posible saber si el Estado no es
parte de las conspiraciones? Nos encontramos aquí con el mismo problema en relación
con los misterios que sucedían en la clínica: es imposible saber si es un solo secreto o
varios, o uno que muta. Uno puede preguntarse, por ejemplo, si se trata sólo de
Ver Capítulo 2.
401
402
Ya en Las islas habíamos señalado la aparición del Estado como una máquina de regulación
autónoma.
218
6. La persistencia
la mutación del secreto, el estado incognoscible. A estos rasgos, sin embargo, la novela
de Villoro agrega una determinación diferente que vendría a demostrar, por otra vía, los
bordes de esta tendencia (así como el "cambio modal" del final de Las islas exhibía
disparo de argón encuentran eventualmente una solución que, a primera vista, parece
satisfactoria. Así, frente a la sospecha que parece inextinguible suceden a lo largo del
texto tres grandes respuestas que, de hecho, pueden pensarse (dos de ellas al menos)
como modos característicos del saber en la tendencia que este trabajo estudia.
de Amphitryon, de Sueños digitales): "se hablaba cada vez menos de nuestros enemigos,
como si poco a poco nos acostumbráramos a pasar una sal amarga, a vivir con un mal
seguro e intangible, como el aire contaminado que ya corroe nuestros pulmones" (254).
acostumbramiento, no revuelta:
Quizá lo más desesperante fuera que las agresiones conservaran su misterio, estaban ahí,
latentes, como un magnetismo inmotivado: imposible detectar los focos de odio.
Simplemente nos estrangulaban, cedíamos al ahogo, cada vez más suave, de los hilos
tirados de muy lejos (318)
Por otra parte, esta lógica sugiere algo que hemos subrayado antes (ver capítulo
3): un secreto es un objeto que existe en el tiempo antes que en el espacio, es una lógica
219
que tensiona el interés y puede concebirse como una relación entre ambas cuestiones.
Esa dinámica temporal (que es el modo de funcionamiento de todo secreto, pero que
articula tramas como las de Ámphitryon y Nunca segundas muertes de Omar Prego
Porque finalmente la clínica elige un nuevo jefe de Retina, "un tal Filandro, que
resultó ser el nuevo jefe de Retina, un hombre de unos cincuenta años bien llevados, con
moreno" (307). Poco más se dice de él hasta el final de la novela. Si se piensa que la
la sucesión, no deja de llamar la atención esta solución casual, poco enfática, a la crisis.
El interés de los participantes ha cambiado (ahora hay que operar a Suárez y ver
si se lo puede salvar) y entonces ya no tiene importancia saber quién es Filandro (el que
ama a los hombres) o qué va a hacer con la clínica. Lo que importa, lo que puede
Finalmente, y cuando todo hacía suponer que la dilación no tendría fin, Suárez
aparece para remediarla. Su aparición como salvador es, sin embargo, decepcionante.
Suárez ha envejecido (cada vez se parece más a Ugalde), a sus ideas les falta empuje
(271), y vuelve a dirigir la clínica "en calidad de figura de paja" (289). Y, sobre todo,
la clínica. Su retomo representa una cercanía impúdica, todo así lo señala: el gusto de
403
Por cierto la incertidumbre y los juegos de sombras que estas novelas desarrollan deben mucho a la
obra de Henry James. Habrá que decir, sin embargo, que entre las máquinas "a secreto" de James (Los
papeles de Aspern, "La figura en el tapiz", Otra vuelta de tuerca) y las novelas que aquí trabajamos existe
al menos una diferencia estructural: la imposibilidad de limitar la extensión de la sospecha.
220
Suárez por los signos crípticos, la dilación entre saber y satisfacción, la necesidad de
que "no se note que trabaja", la construcción de la clínica como logia (120), todo apunta
su utilidad: "A veces pienso que Suárez estimuló la publicidad para rodearse de una
barrera adicional e impedir que los profanos se acercaran a su saber más genuino y
está diseñada como una serie de criptogramas a develar ("La primera vez que recorrí la
clínica sentí lo mismo que en sus clases, el atractivo de los misterios nunca revelados".
(52)). Se diría entonces, que la vuelta de Suárez está de más, o mejor, que Suárez mismo
producir. En efecto, toda vez que el texto se refiera a Suárez, el modo de hacerlo será el
tiempo (241), tiene ocupaciones e intereses radicalmente diferentes de los de los otros
Balmes, que ha sido elegido para operario comenta la paradoja que lo desvela:
esa paradoja es que Suárez está muy cerca: "Hay una cercanía impúdica en tener al
en el texto. 405
404
Sin embargo, como seflala el propio Balmes, el saber es inconmensurable con respecto al maestro y al
docente ("Vi el lema de la universidad, «Por mi alma hablará el espíritu», y me pareció indescifrable,
fuera de cualquier cálculo." (40)) Existe, y El disparo de argón explora esa condición, un hiato de sentido
insalvable entre los sujetos. Ese hiato permite justamente que la solución a la paradoja de Balmes no
pueda resolverse hasta el momento del disparo. Y en este sentido, el disparo del fmal es un
"acontecimiento", impredecible en ténninos de saber, conspiración o lealtad.
405
La distancia, relacionada con la posibilidad de ver rige la arquitectura de la torre de Tamerlán en Las
Islas. Tamerlán y Suárez dominan la arquitectónica de su poder mediante la distancia (ambos están en
todas partes y en ninguna en sus respectivos edificios), vistos de cerca, sin embargo, resultan fantoches
(Tamerlán) u hombres de paja (Suárez).
221
Lo que hacen los textos que aquí estudiamos es, si se quiere, mantener "el
que existe entre "la promesa" de violencia del estado y el robo efectivo de televisores.
De hecho, el único rasgo notable de Filandro es que tal vez "fuera capaz de administrar
cierta violencia: lo único molesto en su cortesía era que recordaba algo de la del
relaciones con el poder del Estado: así como existe una profunda diferencia entre las
acciones de la policía y la promesa del Procurador, ninguno de los episodios que sucede
en la clínica parece condecirse con la figura de Suárez: poco importa cuántos hechos se
la vez es el objeto que desde afuera garantiza la posibilidad de esa estructura. Ese lugar
verdad como fenómeno incompatible con cualquier pregunta, pensar la verdad corno
406
En "Llegar—a los límites del estado" (op. cit.) Jacques Derrida establece una relación entre ese modo
de saber y la responsabilidad: "Una «responsabilidad» o una «decisión» no podrían estar fundadas o
justificadas por un saber en tanto que tal, sin el salto de cierta heterogeneidad radical entre los dos
órdenes". Las implicancias políticas de esta indecidibilidad radical pueden verse tanto en la decisión de
Balmes de salvar a Suárez, como en la de Julián Enciso de salvar a Balmes. Para otros desarrollos ver la
referencia a Jacques Rancinre en la siguiente nota.
222
En la medida en que el funcionamiento de la clínica es equivalente a la lógica
territorio del estado), pero también lo político (el territorio de la Clínica) tienen un
funcionamiento institucional regido por una lógica autónoma e inmanente que funciona
De ahí que muchas de las metáforas que despliega la novela tengan que ver con
castellano de los gases nobles, 51), en el tercer piso de la clínica existe un "saloncito
inútil que sólo sirve para estimular al envidia de los pisos superiores" (27).
De ahí también que todo lo que interesa parezca estar "en otra parte": Lánder
siempre debe estar "en otra parte" (77), parte del atractivo de Mónica radica justamente
"en desconocerla tanto en medio de esas casas donde todo era próximo en exceso,
abrazarla era ya un modo de estar lejos" (177), por supuesto el mismo Suárez, a quien
"le gusta asumirse como un capitán oculto en su camarote" (21), está lejos, en una casa
de campo "imposible de imaginar" (212). Y las fuerzas que gobiernan la clínica y los
destinos de los médicos son recurrentemente presentados como "de otra parte" ("el
mensaje de las balas no iba dirigido a nosotros, sino a un foco lejano, desconocido",
237).
407
Al respecto señala Jacques Rancire ("La comunidad de los iguales", incluido en En los bordes de lo
político, Buenos Aires, La Cebra, 2007): "Por arbitrariedad social entendemos simplemente que el orden
social está desprovisto de razón inmanente, que es simplemente porque es, sin intención que lo disponga
[ ... ]. No hay sujeto colectivo razonable. No hay más que los individuos que pueden tener una razón. Una
colectividad no quiere decirle nada a nadie".
223
inconmensurable en relación con la lógica "explicativa", porque se lo admite como
modo de vida) con ninguna revelación. En este sentido, El disparo de argán permite
pensar desde otro punto de vista la variación a la que estas novelas someten la matriz
1. La frontera
político (y por lo tanto el estado), pero también sugiere un origen diferente para los
que produce la investigación del asesinato de Iniestra no está guiada por oscuros
conspiración) son múltiples, pero tal vez el fragmento que mejor define esta relación (y
que, de hecho es casi una poética de la novela) aparece en la charla de Ugalde: "Luego
habló de aviones y aeropuertos; desmontó una estrategia tan cuidadosa que era una
lástima conocerla por entero" (225). La conspiración y sus efectos producen, de hecho,
parecen miembros de una patrulla fronteriza circulan por la clínica (249), "agentes
norteamericanos recorren la clínica" (227). Por otra parte, la frontera define gran parte
224
anterior (61) y de Estados Unidos viene el nuevo modo de entender la oftalmología al
Pero este concepto de frontera (el del Estado Nación) convive con al menos otras
novela. Por una parte, la frontera del estado convive con la frontera del barrio. Ese
se considere San Lorenzo como una metonimia de la nación, los habitantes del barrio lo
imaginan como su patria: el padre de Balmes habla por "la Patria (siempre y cuando la
madre de Carolina supo que su hija estaba al otro lado de la calzada, lloró como si
hubiera ido a Egipto." (99)408 Cruzar la calzada es estar en otra nación. Los límites de
esa "nación" son precisos: la calzada Anáhuac, la cancha de básquet y al norte la fábrica
Suárez afirma que "siempre habrá teorías fronterizas, no comprobables pero plausibles"
fronterizo, sus muchas sombras, su gusto por el claroscuro y las verdades intermedias
sería arrasado por ese fanático del blanco absoluto [Ugalde]" (312). 409
poderes. De este lado la iglesia, del otro la delegación de policía", 86) Carolina y el
narrador juegan entre coches estrellados hasta que un día encuentran entre los restos de
408
Pero también esa patria está sujeta a los regímenes del estado, y no está exenta de las contradicciones
de todo límite: al comienzo de la novela se habla de una calle muy breve, Filatelistas, que no sólo corre en
diagonal, sino que no tiene nombre ni de frutas ni de héroes de la Revolución (como lo tienen todas las
calles de San Lorenzo). Un escándalo que finalmente no puede eliminarse: la pureza racional, nacional,
resulta dificil de mantener en la frontera.
409
Sin embargo, y como advertencia, el epígrafe de la novela (es decir, el espacio fronterizo entre la
ficción y la "realidad") señala "El que ve la luz pura juzga que no ve nada". El triunfo de Ugalde es el fm
de la ficción.
un auto una uña de mujer (87), en la Clínica sucede el asesinato de Iniestra, en la
Calzada Anáhuac Julián Enciso espera a Balmes, al final de la novela, para matarlo
(334-336).
frontera. Antes de que llegara a la Clínica, los familiares de un enfermo que el doctor
Felipe no podía curar "se limitaban a decir «ya estaba de Dios que se mudara al otro
barrio», es decir, a una colonia con hospital o al más allá" (33), "el puente de metal es
un sitio amenazador por varias razones: conduce al otro barrio, que es algo así como el
fin del mundo" (195). La asociación de la muerte con la frontera de hecho abre la
El olor de siempre, a basura fresca, como si por aquí hubiera un muelle, una orilla para
ver el agua; respiré con ganas: un efluvio de mercado recién puesto que en unas horas
olería a mierda, carbón, venenos químicos. ¿Cuánto falta para que nos desplomemos
sintiendo una moneda amarga en la boca? (13)410
hombre que circula entre ambos mundos, Julián Enciso, es el hombre que circula entre
ambas fronteras.
410
Esa evocación del Aqueronte (tal vez la mayor metáfora de Occidente sobre la frontera de la muerte),
abre dos líneas que aquí no podemos desarrollar, pero queremos dejar consignadas. Por una parte, la serie
de asociaciones con el agua. Repetidamente se asocia el movimiento de la ciudad con la marea, pero esa
línea también lleva a otro espacio "culto", la literatura. Balmes recuerda un verso que cita Suárez "Sábana
nieve de hospital invierno". El verso pertenece a "Nocturno mar", de Xavier Villaurrutia (otra vez
Contemporáneos). Así, la novela diseña en su derivación del paradigma, un recorrido que va de la cultura
griega a la ciudad de México y de ahí a la literatura mexicana, como si la figuración de la frontera algo
dijera sobre la identidad nacional. Por otra parte, el significante "moneda" circula por el texto y vuelve a
ligar a Balmes con Mónica (por quien recuerda el verso de Suárez / Villaurrutia). El momento más álgido
de esta cadena sucede cuando Balmes escucha la discusión de una pareja vecina: "La palabra «gasto» caía
una y otra vez como una moneda herida. Pensé en las cosas que uno comercia en sus discordias: el adorno
simbólico pulverizado en el espejo. Nosotros ni siquiera habíamos durado lo suficiente para que una cosa
tuviese otro sentido que estar ahí, como podría estarlo una piedra" (259). Alrededor de la moneda se cifra
el exceso que caracteriza la circulación del sentido, pero también la relación de Balmes y Mónica. En
otros lugares, la moneda describe la relación de Balines y Ugalde, o la buena suerte en la operación de
Suárez. Inscripta en la lógica de la frontera y la muerte, la circulación de la moneda pauta los sentidos del
relato, tanto como los del río y el agua pautan las relaciones de la novela con la cultura mexicana.
226
El enfrentamiento final de la novela encuentra a Enciso (viejo rival amoroso de
Balmes, hombre de San Lorenzo que vivió en Tijuana) respondiendo a los intereses de
"la conspiración" (hombres a quienes Enciso no conoce, pero que intentan sobornar por
perfecta porque puede esconder un asesinato "profesional" como crimen pasional. Esa
thtióniiivierte lo que sucede en la clínica (en el que nunca se sabe si Mónica tiene una
Balmes cree distinguir que "Ya nadie lo mandaba. Su rostro tenía otra urgencia, ya no
se atenía al tiempo de los demás" (334). Julián va a matarlo o a perdonarlo por motivos
estrictamente personales. Ese cambio modal (el abandono de las apariencias por una
fronterizo. 41 '
espacio en el que Ulises Lima y Arturo Belano encuentran a Cesárea Tinajero en Los
islas.412 Como en El disparo de argón, en estas novelas la frontera opera como espacio
parece sugerir que su constitución depende de esos bordes, que algo de lo que sucede en
411
Recordemos que Balmes nunca puede hacer ese movimiento: se abandona a Mónica sin ninguna fe en
la "honestidad" de su pasión. Si algún cambio modal existe, Balmes lo encuentra en el ejercicio de la
profesión, en el momento del disparo, en que recuerda al doctor Felipe y a Julián, y decide salvar a
Suárez. Y si es cierto que ese movimiento es simétrico al de Enciso (llevar la lógica de San Lorenzo a la
clínica y viceversa), la solución no parece redimir a Balines, quien sigue siendo hasta el final un "hombre
de entresemana".
412
Y la frontera es un espacio que vuelve en otras novelas: Sebastián se suicida en el puente que une la
ciudad vieja y la ciudad nueva en Sueños digitales, es viajando hacia la frontera que Tadeusz Kretszchmar
defme su destino en Ámphilryon.
227
la frontera desordena el relato y obliga a la investigación. Si se atiende al despliegue de
"con muchas sombras, gusto por el claroscuro y las verdades intermedias". Y entonces
2. El policial en la frontera
("la organización que reclama con éxito el monopolio del uso legítimo de la fuerza
fisica en un territorio determinado"). 413 Señalábamos allí que la forma del caso policial
podía pensarse en relación con la doble demanda del Estado: el criminal instaura una
legitimidad.
territorio, y por lo tanto, la frontera vela por su integridad .414 En la medida en que lo que
fronteras trazadas por el Estado pretenden expresar lo que Benedict Anderson llama
construir una identidad colectiva y cohesiva, eso que suele llamarse "nación". 415 En la
medida de lo posible, el discurso de la nación pretende tornarse el único relato sobre ese
413
Max Weber, op. cit.
414
Max Weber, op. cit, p. 40.
415
Ver Benedict Anderson, Comunidades imaginadas, México, FCE, 2006. Anderson defme a la nación
como una "comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana." (p. 23) y desarrolla
la idea de que para lograr esta identidad es necesario dar sentido coherente (y teleológico) a episodios que
no lo tuvieron.
228
pasado, y en este sentido contribuye a cimentar la legitimidad del poder de estado. 416
burocracia) que permita un control cada vez más preciso de la población. 417 Así,
dispersión y cohesión son dos elementos que conviven en la lógica del estado nación. 418
00 En ningún lugar es esto más evidente que en la frontera, en la que las culturas
contemporáneos demuestran que la frontera siempre tuvo este carácter ambiguo que al
tiempo que separaba estados unía culturas para crear nuevos espacios cuya aparición
sólo puede ser formulada por aproximación, sin que líneas demarcatorias puedan
416
Anderson (ibidem) señala como ejemplos de constitución de estas "comunidades imaginadas" el censo
y el trazado de fronteras. Ambos elementos son centrales también para la constitución del Estado.
417
Esa dispersión ha sido indicada como un rasgo característico del estado moderno por autores tan
alejados en otras áreas de la teoría política como Hannah Arendt, Max Weber o Michel Foucault.
418
Ver Alejandro Lugo; "Reflexiones sobre la teoría de la frontera, la cultura y la nación", en Scott
Michaelsen y David E. Johnson (comps.) La teoría de la frontera: los límites de ¡apolítica cultural,
Barcelona, Gedisa, 2001.
419 Lars Rodseth y Bradley Parker (en "Theoretical considerations in the study of frontiers", inroducción a
Bradley Parker y Lars Rodseth (eds.); Untaming thefrontier iii Ánthropology, Archaeology andHistoiy,
Tucson, The University of Arizona Press, 2005) consideran a la frontera "a region rather than a une." (p.
10). Esa "zona" parece defmirse mejor como un tipo de dinámica social antes que como un espacio inerte,
mero punto de cruce: "Like the word 'culture', 'frontier names a 'thing' that is really a set of processes, a
busy field of intersecting forces" (p. 16).
420 Hannah Arendt, en Sobre la violencia (Madrid, Alianza, 2005) señala que el terror es "la forma de
Gobierno que llega a existir cuando la violencia, tras haber destruido todo poder, no abdica, sino que, por
el contrario, sigue ejerciendo un completo control" (p. 75). En la medida en que Arendt asocia "poder" a
"consenso", el terror puede imaginarse como el momento en que la violencia ha perdido legitimidad. Por
lo demás, los cambios en la circulación de bienes y personas en la escena contemporánea, no desmienten
229
En este sentido, en la medida en que el relato policial articula como ningún otro
género las nociones de violencia y estado, el estudio de algunos relatos policiales que
reflexionan sobre la frontera tal vez pueda revelarnos algunas formas en las que la
frontera.
3. Líneas espectrales
Se trabajará en este apartado con tres novelas publicadas durante la década del
noventa en América Latina. Se trata de Nunca segundas muertes de Omar Prego Gadea
Paco Ignacio Taibo 11(1990). En estas novelas (con mayor o menor evidencia, como
veremos), la frontera juega un papel central: articula los episodios alrededor de los
cuales la violencia propia del género puede desplegarse. Por lo demás, estas novelas han
sido frecuentemente asociadas al género policial y en este sentido sus contigüidades con
respecto a nuestro corpus principal, nos permitirán pensar otros modos de lo policial
durante la década.
objeto del primer capítulo y sólo se cuenta de ella la llegada a Ezeiza y su salida del
la conflictividad de este desajuste constitutivo entre estado y nación en la frontera. Saskia Sassen, por
ejemplo, afirma que existen nuevas "demarcaciones fronterizas", "que pueden operar a escala
transnacional, supranacional o subnacional". Antes que reducir los desajustes, las distancias entre lo local
y lo global parecen agregar un nuevo foco de conflictividad al régimen de fronteras; Sassen distingue por
ejemplo las políticas nacionales para la circulación de capital (cada vez más flexibles) de las de
inmigración de mano de obra barata (cada vez más rígidas). Las historias de los inmigrantes ilegales en
Estados Unidos dan cuenta de cómo esta diferenciación genera nuevas formas específicas de violencia.
Ver Saskia Sassen; "Nuevas formaciones sociales", incluido en Una sociología de la globalización,
Buenos Aires, Katz, 2007, pp. 265-298)
230
aeropuerto en taxi. Solana está "en tránsito" y la descripción de Buenos Aires presenta
rachas de viento, explicó, y fue en ese instante que lo asaltó la sensación —difusa,
pegajosa— de haber vivido ese episodio, muchos años atrás, en otra vida" (8). 421 En la
que la memoria vacila: "Cuántos años ya? ¿Veinte, más? Escarba en su memoria en
desata la trama policial se produce en una librería de Buenos Aires: allí Solana cree ver
durante la década del setenta. Instado por su interlocutor a precisar qué vio a través de la
vidriera, para Solana Molinari fue "un fantasma" (39). Durante ese diálogo con el
narrador se discute la construcción de Otra vuelta de tuerca y Solana postula que ese es
modo que conviene para contar la historia de su encuentro. Elegir la novela de Henry
Él mismo afirma: "Nunca podemos saber si esos seres son otra cosa que los desvaríos
de una neurótica".
hacia dos espacios adyacentes. La memoria débil y el juicio de una neurótica parecen
expandir la condición ambigua del fantasma fuera de Molinari para "poseer" al sujeto
que lo contempla. Es durante ese diálogo que el narrador describe que Solana "se
afantasmó tras el humo que flotaba delante suyo" (37). Pero por otra parte, el encuentro
421
Omar Prego Gadea; Nunca segundas muertes, Montevideo, Trilce, 1995. Todas las citas remiten a esta
edición, el número entre paréntesis señala la página de la que fue tomada la cita.
231
con Molinari une el "fantasma de la memoria" con el "fantasma de la política". 422 Así,
ser franco con usted. Después de todo se está ocupando de mi desaparición. Una
desaparición que no fue, contra una aparición auténtica" (40). Esta última afirmación
política) se anudan. En plan de dejarse llevar por la nostalgia, Solana cruza el Río de La
por la expansión de la peste en Buenos Aires y le informa que "él sabía de muy buena
fuente que había centenares de casos, sobre todo en el Gran Buenos Aires y que hasta
Todo está en orden y bajo control, se han acondicionado algunas salas, por las dudas, se
extreman los controles fronterizos y todas aquellas personas que presentan cuadros
sospechosos son mantenidas en cuarentena. Pero podemos estar tranquilos: la peste no
ha ingresado a Uruguay (49).
La lógica del estado (el hombre trabaja en la Dirección de Migraciones) que se exhibe
tranquilizar las conciencias. Son esos hombres, "de Migraciones", quienes tratan de
matar a Solana tirándolo por la borda. Dado por muerto, Solana también se transforma
en un "aparecido".
422
El narrador se reencuentra con Solana luego de que, cruzando el Río de La Plata, éste sufriera un
intento de asesinato que le impediría llegar a Montevideo. A instancias de la madre de Solana, el narrador
se ha ocupado de aclarar su "desaparición".
423 Se indica en ese momento el carácter ritual del cruce de la [Link] carácter ritual hace coincidir, en
la lectura de Solana, estado y cultura: "Para mí era también un viaje lustral, destinado a purificar ocultas
impurezas. Don Carlos Quijano escribió una vez que Argentina era un país de suicidas y el nuestro de
desterrados. A unos y otros se los perdonaba (no siempre) a condición de que cumplieran determinados
ritos. El primero de todos es el retomo" (43). Antes, el taxista de Buenos Aires había indicado la falacia
de la frontera Uruguay Argentina: "pero al fin de cuentas uruguayos y argentinos eran una misma cosa,
estaban unidos por el río, y eso a pesar del futbol" (10). En la frontera (Ezeiza) la cultura une lo que el
estado separa.
232
Sin embargo, progresivamente, esos espectros cada vez más se relacionan con la
violencia de Estado que, desatada en la frontera, contamina todo el texto. Fuerzas que
También se siente invadido por una sensación de irrealidad. Todo esto (el encuentro con
Molinari en Buenos Aires, el ataque en el Vapor de la Carrera, este secuestro) se parece
de una manera asombrosa a los folletines que devoraba clandestinamente en su
adolescencia [...1. Pero entonces le bastaba cerrar el libro para volver al pulcro mundo
que habitaba su madre, sus amigos. Ahora es distinto. Ahora tiene la turbia impresión de
que el mundo real es éste de la pesadilla, del miedo, de la amenaza difusa y, por eso
mismo, más temible (96).
puede pensarse como memoria. Esa irrealidad termina con la violencia del pasado
desatada en toda su potencia: Solana es secuestrado por las fuerzas que lo obligaran a
exiliarse. Esas fuerzas lo reducen "a una antigua condición animal de la que tan lejos
creemos estar. Más que miedo [ ... ] se sentía rebajado, humillado, desposeído de su
condición humana" (155).424 La violencia del Estado represor, que se querría olvidada,
reaparece en la forma del terror: "la amenaza difusa" transforma la lógica social en
424
El ejercicio de la violencia termina disolviendo las identidades, tomando a los individuos opacos al
sentido y, en el límite, a toda idea de humanidad. Giorgio Agamben, sugiere (en "Fonna-de-vida", en
Medios sin fin, Valencia, Pre-Textos, 2002. p.l3 , y como antes lo habían hecho Hannah Arendt y Walter
Benjamín) que este "estado de excepción" es una evidencia de que la forma de la soberanía en los Estados
biopolíticos contemporáneos, se sostiene no sobre la oposición hombre-ciudadano, sino en la "escisión
entre la nuda vida, portadora última y opaca de la soberanía y las múltiples formas de vida abstractamente
codificadas en identidades jurídico-sociales".
425
Ese "afantasmamiento" ligado a las operaciones del Estado en tomo a la aparición y la desaparición de
personas es, en un sentido diferente, uno de los ejes tanto de Ámphitryon como de Sueños digitales.
233
La imagen de Tono que entraba a oscuras en el autobús de los "Cristóbal Colón", lo iba
a perseguir durante muchos años. Soñaba, a veces, que Tono bajaba y le decía: "Ya no
me voy, todo se aclaró, era una equivocación" y los dos regresaban alegres al carro.
Otras veces soñaba que era él, el Teniente García, el que se iba, y Tono se quedaba en
su lugar, y él protestaba, diciendo que se estaban cambiando los papeles pero de nada
servía el terror, pues el autobús partía y Guatemala se quedaba atrás. Algunas veces
soñó, también, que a Tono lo esperaba un comando de los Escuadrones de la Muerte en
el interior del autobús, y que tiraban el cadáver por la ventana.(93). 426
guatemalteco que en 1983 genera mapas que permitan encontrar las casas de los
"terroristas". Por lo tanto, no ejerce aparentemente la violencia que asuela al país. 427
Dos episodios, su encuentro con "el hombre de Monstserrat" (un hombre muerto
brazo ejecutor (una misión en la selva que es consecuencia directa de haber llevado a su
cuñado a la frontera). Así, la novela muestra cómo la violencia no puede detenerse por
sí misma: García sube en una escalada de violencia que remite, como veremos, a los
En el viaje a la frontera aparece condensado todo ese recorrido. Por una parte,
pasan por San Lucas y luego por la selva entre Chimaltenango y Tecpán (8889) .428
Pero por otra parte, es en ese viaje donde la lógica de la violencia del ejército se
426
Citamos por la última edición: Dante Liano; El hombre de Montserrat, Barcelona, Roca Editorial,
2005.
427
El desarrollo tecnológico (elemento clave en los modos de la violencia) funda la diferencia entre los
organismos estatales y también la identidad hacia adentro de estos cuerpos: "El teniente García se sintió
orgulloso de la diferencia que había entre el Ejército y la policía. Mientras nosotros trabajamos con
computadora, éstos todavía joden a la gente con candela" (64).
428
San Lucas es el lugar en el que matan al otro cuñado de García, aquel cuya muerte quiere cobrarse
Tono y que desata la trama policial. Pero San Lucas está ubicado en el departamento de Solona, donde al
principio de la novela los diarios anuncian un ataque subversivo (38). Finalmente, es en la selva,
prefigurada en ese viaje a la frontera donde García conocerá de cerca la violencia.
234
o
explicita: "Ésa es nuestra ventaja: no tenemos ideales. Para nosotros sólo existe la
guerra. Y ganarla como sea. Ustedes se llenan la boca con la igualdad, la justicia, los
derechos humanos y la democracia. Ustedes rellenan la boca con eso; nosotros nos
limpiamos el culo" (92). Se trata, entonces, del terror, la novela no deja de enfatizar ese
rasgo desde el inicio: a lo largo del texto la paranoia carcome a los miembros del estado,
violencia liberados a su propio impulso deshacen el tejido social. "Ganarla como sea"
equivale a destruir todo tejido social, todo poder de consenso que pueda detener la
violencia.
Esa conversación puede todavía ser una conversación "civilizada", como entre
ánimas en pena: "Hablaban como fuera del tiempo. Como que si hubieran muerto y,
una aldea "igual a todas". Los soldados pretenden una confesión de los indígenas pero
"los nombres de las listas correspondían a gente denunciada por infiltrados o por
la violencia fisica la racionalidad perversa que despliega una novela como El disparo de
argón. Finalmente los indígenas nada dicen o están tan paralizados de miedo que nada
429En el origen de la violencia también están los fantasmas. Tono comienza a sospechar que algo raro
pasó con su hermano cuando acusan a Ramón (su hermano muerto) de estafa (23-24). Ese muerto vivo,
que está en el origen de la violencia, es un error del Estado.
235
pueden decir. 43° Esa violencia indiscriminada se condensa en una imagen: "Había un
detalle que siempre le llamaba la atención al teniente García: la cantidad de sangre que
contiene un cuerpo. Litros y litros. Al final, en la escuelita, se había formado una poza"
(lO4).'
de toda lógica del consenso, y por lo tanto, de todo orden jurídico. De ahí que el único
muestra los dientes, saca las garras. La gente, en cambio, se vuelve toda ojos, toda
Eran como dos apéndices ajenos. Que se movían y se movían" (106). El ejercicio de la
430
Arthur Redding (en Raids on Human Conciousness, University of South Carolina, 1998) afirma, a
partir de un texto de Elaine Scarry que la tortura produce silencio antes que discurso.
431
La sangre lleva inmediatamente a otra metáfora conocida: "Nosotros somos los cirujanos de este país."
432
Walter Benjamín, Para una crítica de la violencia,Buenos Aires, Leviatán, 1995.
433
En verdad, se trata la evidencia de que la forma de la soberanía en los Estados biopolíticos
contemporáneos, se sostiene no sobre la oposición hombre-ciudadano, sino en la "escisión entre la nuda
vida, portadora última y opaca de la soberanía y las múltiples formas de vida abstractamente codificadas
en identidades jurídico-sociales". Ver Giorgio Agamben, "Forma-de-vida", en Medios sin fin, Valencia,
Pre-Textos, 2002.
236
sentido. Hannah Arendt llamaba a esto el terror, Giorgio Agamben, siguiendo las tesis
frontera:
Cuando estaba tan cansado, le molestaba el brillo de los reflejos y hasta el menor
perfume le revolvía el estómago. Mejor no pensar en eso. El baqueano y su espalda
sudada. Mojada. 'Espaldas mojadas', pensó, 'Al menos, aquí, uno se moja las espaldas
echando nata. Pero de cholero de los gringos...' (107).
En medio del terror, aparece evocada otra frontera. En rigor, en esa frontera, se
revela la lógica oculta del terror. A lo largo del texto diversas marcas sugieren: marcas
familiares lo llaman "Chalie": una nueva lengua, mezcla de castellano e inglés se filtra
en la vida cotidiana, y define los modos en que los individuos se relacionan en sus
propios hogares. En medio del terror, una frontera permanece y lo explica: el terror
verdad sobre "el hombre de Montserrat". Sin embargo, piensa García, "de toda esa
historia lo único cierto era la muerte, el exilio, la selva". Vuelve a aparecer la frontera
se encontrará con otro hombre muerto a la vera del camino. La novela describe entonces
una espiral en la que los instrumentos de la violencia crecen hasta tornarse el único
237
México y Estado Unidos. Belascoarán recorrerá toda la frontera, encontrando y
Ese comienzo define los modos de la ficción en torno de la frontera. Se trata, por
primero, Natalia, a la que el texto repetidamente llama "la mujer fantasma": "Una cosa
era Nat [ ... ] y otra era la Mujer Fantasma, rodeada de personajes turbios, para cada uno
de los cuales tenía una historia distinta, que desenvolvía y cambiaba". 434 Se trata de la
con el "recordman" que se describe en el inicio: "Natalia nunca había podido saltar esa
reja, se había quedado prendida en la mitad del espacio, inmóvil a mitad del paso de
de este modo: "Una cacería fantasma de una mujer fantasma realizada por un detective
fantasma" (16). San Jacinto, donde sucede el enfrentamiento final, es "una serie de
434
Este "afantasmamiento" de los personajes, sin embargo, y como sucede en Nunca segundas muertes,
también se relaciona con la memoria y la superposición de recuerdo y presente. Los usos del término
"fanstasma" y sus derivados, como se verá permiten pensar este término en relación con los discursos de
la frontera.
435
En verdad, San Jacinto es un pueblo que tiene 5 habitantes y que posee un doble topográfico: el otro
San Jacinto queda en Texas yestá cerca del lugar donde en 1836 se realizó la "Batalla de San Jacinto"
que decidió el destino de Texas como estado de la Unión.
238
Villa evoca la "fantasmal presencia del valedor de jodidos que espera su triunfal hora de
regreso" (57).
"hubo un chino que un día saltó la reja verde esa. Y los gringos lo agarraban y lo
deportaban de vuelta, ahí mismo; y volvía a tratar. Seis veces en un día, y la séptima se
les escapó y se fue pa' dentro" (l0).436 Se trata de un mito de frontera. De un "mito",
documental; 437 "de frontera" porque esos mitos parecen sólo contarse en los bordes de
de éstas?", y luego afirma "La frontera está llena de historias de esas" (10).438
Belascoarán nunca termina de cruzar la frontera: las dos veces que lo intenta las
embargo, acceder a lo que sucede del otro lado de la frontera. Si de "este lado" el relato
del cruce tiene la forma inconclusa de un mito (nunca sabemos si el chino logró
quedarse del otro lado), del "otro lado", la historia tiene la forma de un relato letrado. 439
436
Paco Ignacio Taibo II: "Sueños de frontera", en Sueños de frontera. Desvanecidos difuntos. Adiós,
Madrid, México, Planeta, 2003. Todas las citas remiten a esta edición, el número entre paréntesis señala la
página de la que fue tomada la cita.
437
Por eso, cuando Belascoarán le sugiere a su interlocutor que el chino no puede ser chino en general, el
narrador dice: "Voy a agregar eso al próxima vez que lo cuente." El libro, como El llano en llamas,
comienza con la voz de Macario.
411
Y en verdad, el texto de Taibo despliega una serie de "mitos de frontera" que van desde el crimen
organizado y el ajuste de cuentas entre policías corruptos hasta los trabajos de un ranchero que desea
asegurarse de que su querida gane un Concurso de Belleza. También en la novela de Villoro y en Los
detectives salvajes, es necesario quedarse "de este lado": lo que llega del otro son rumores, chistes, mitos
(como los que escuchan los fugitivos en la entrada del 11 de enero sobre el final de Los detectives
salvajes: una reconstrucción necesariamente mítica del "lejano oeste" sirve de exemplum y dispara la
versión mítica de "este lado").
439 En el final del texto Belascoarán se encuentra efectivamente con un chino que pretende saltar "la reja
verde" (107). Ese chino, por supuesto, es indistinguible del que evoca el relato de Macario.
239
capítulo señala el punto en el que se produjo la historia: "en versión previa a que Marc
mitos: Marc Cooper actúa como Macario, pero "del otro lado", contando oralmente lo
De ese "otro lado" aparece la laguna entre estado y nación que, de "este lado",
no termina de hacerse evidente. Ya se mostró el modo en que el Estado impide que los
individuos pasen la línea. Pero ¿qué pasa cuando la cruzan? La historia de Quayle
contada por Cooper es la historia de Natalia, o la historia del chino cuyo final
Belascoarán no quiere saber. Si se lo considera de este modo, esa historia que sucede
"del otro lado" pero que es parte también de un relato oral, cuenta la conclusión del
Se trata de una fisura que será cubierta por individuos particulares: "si las autoridades
podrían" (71). Quayle y sus hombres, ante el fracaso del estado, asumen la autoridad en
nombre de la nación: "ellos eran los cuidadores de la patria, los ángeles blancos de la
frontera negra; estaban a cargo de impedir que los indocumentados siguiera ingresando
° El capítulo no cuenta la historia de Quayle como discurso referido. Por el contrario, un narrador en
tercera persona relata los hechos. Se abandona entonces el foco en Belascoarán, y el tono se toma más
"periodístico". El procedimiento aísla ese capítulo del flujo narrativo y abre la novela a otra voz. Diversos
capítulos repiten el procedimiento y sugieren una textualidad lacunar, en la que el narrador parece incapaz
de contar los hechos necesarios para entender qué sucede en la frontera. Para un desarrollo en este
sentido, ver mfra.
240
El territorio de la frontera, que excede la línea de demarcación fronteriza,
sus declaraciones a la prensa Quayle expone la íntima relación que existe entre el relato
blancos". Un grupo de palabras refuerza al otro y anuncia el fin legal de las acciones de
Quayle: su abogado "arguyó que Quayle y sus muchachos al disparar contra los
condena menor por homicidio accidental. Los emigrantes mexicanos fueron deportados"
(72).
norteamericano un espacio en blanco que, de hecho, autoriza sus actos. El relato de los
pretende eliminarlas:
241
No importa cuánto persista Quayle y el estado amenazado, la cultura de la "zona
estado. Tal vez por eso lo que caracteriza a estos relatos es la mirada del extranjero:
Solana, Belascoarán y García son personajes que reconocen la frontera. 44 ' Los relatos
que los tienen por protagonistas parecen mimar esa conciencia que no sabe cómo contar
lo que sucede en la frontera: el discurso indirecto libre que utiliza Nunca segundas
ambigua, que parece subrayar la dificultad de narrar con regímenes tradicionales qué es
lo que sucede cuando se desvela la violencia de las fronteras. 442 Lo mismo sucede con
el foco narrativo en El hombre de Montserrat: García confunde los hechos, las personas,
Jacinto aparecen evocados en Sueños de frontera, dos cuñados que son culpables en la
novela de Liano, Martín Solana desaparece dos veces en la novela de Prego. Se trata
441
Otros relatos contemporáneos, también referidos a las topografias de las fronteras tienen el punto de
vista "del que vuelve". Notablemente, La Virgen de los Sicarios (1994) de Femando Vallejo, es una
novela en la que la voz narrativa, desarrolla la "explicación de las fronteras", y que también convoca
fantasmas y duplicidades para contar la violencia latinoamericana.
442
la novela de Taibo, esas otras voces son convocadas para completar un sentido que parece
escaparse a los hechos: Fierro (otro personaje de Taibo), Cooper, la memoria de Belascoarán, todos
mecanismos por los cuales la novela se toma una "novela de frontera", una novela de voces proliferantes
en la que todos son invitados a contar fragmentos de la historia.
242
del cruce de fronteras fuera necesario recurrir a la literatura (en el caso de Solana), al
cine y la televisión (en el caso de Belascoarán), a los sueños (en el caso de García).
frontera se generan fenómenos que desafian los modos establecidos por la lógica del
relato policial para contar la violencia. En efecto, todo sucede como si la violencia del
Porque ¿cómo puede el relato policial, un relato que siempre, inclusive en sus
variantes más violentas, creyó en el poder de la palabra para ordenar la violencia de los
individuos, para hacerla inteligible, contar una violencia que proviene de los
mecanismos propios del estado? ¿Cómo podría, por otra parte, si se trata de un relato
policial, no recurrir a ese relato final, no intentar ordenar la violencia, aunque provenga
del estado?
Las investigaciones que llevan a cabo los personajes de estas tres novelas
de la nación (como en el caso de Prego y Liano), ya sea porque el aparato "jurídico" del
relato policial en su forma canónica. Por una parte, la aparición de esta violencia que se
expande desde la frontera, hace vacilar el verosímil del relato. La "realidad" se enrarece,
excepción en estas novelas sugiere que los regímenes de organización del texto policial
243
vacilan frente a esta violencia. Parece imposible sustraer la violencia a la esfera de los
discursos tal como lo hacía el relato policial "canónico", es decir, señalando algún
terror. Por eso, porque el género se encuentra impotente frente a este funcionamiento, es
la narrativa latinoamericana viene discutiéndose desde hace al menos dos décadas, tiene
"verdad", rasgo distintivo del género, resulta comprometida. La escena del diálogo que
cabo el supuesto investigador, sino un comisario que le demuestra a García que "todo lo
que había hecho estaba equivocado. Y la equivocación le iba a durar toda la vida" (118).
Pero además, se trata finalmente de una verdad que construye el estado, y por eso (y
desconfia: "Le habían dicho tantas mentiras que la nueva versión podía ser una más"
(117). Con esta declaración el género ha perdido su capacidad para revelar algún
fragmento de lo real, y la historia de la "verdad" no es más que otro discurso guiado por
narradora que cuenta la mayor parte de la novela. El capítulo "La historia de Natalia"
cuenta esa historia final tal como fue "adivinada por Héctor Belascoarán Shayne,
244
historia leída esta en términos de relato policial: un detective "adivina", pero no como
carta.' 3 Solana le hace llegar al narrador una carta que en su posdata (escrita a mano) se
disculpa por su parquedad a la hora de revelar lo que sucedió durante su secuestro: "Me
aeropuerto, y hasta pensé en hacerle llegar más detalles acerca de la muerte de nuestro
amigo y de la participación (o no) de Sara en ella" (158). Pero los detalles no llegan,
nunca sabremos cuál fue el fin de Molinari o de Sara. La revelación final es, en verdad,
un relato policial: "Después de todo, nos consta que nada es tan claro como puede
frontera. Tal como se presenta en estas novelas (pero también en otras del corpus) la
mecanismos por los que el Estado establece fronteras y la remisión a modelos propios
443
La revelación por medio de una carta no es un objeto nuevo en la historia del género, pero sí es un
artefacto utilizado en momentos de crisis. La carta suele ser efecto de una imposibilidad de sostener la
escena de la revelación, ya sea porque el detective no está presente, ya sea porque la carta la envía el
asesino. En cualquiera de los dos casos, la lógica de la escena (en verdad, del género mismo, que siempre
supuso que la conversación es el escenario que más firmemente confirma los valores del consenso)
cuestiona el verosímil genérico. Un ejemplo extremo de esta operación puede encontrarse en Diez
negritos, de Agatha Christie, en la que los crímenes son revelados por el asesino, que también está
muerto. La novela se publica en 1939, en un momento en que el relato de enigma estaba llegando al fmal
de su hegemonía: en 1939, también se publica El sueflo eterno, de Raymond Chandler, y la historia de la
literatura policial viraría entonces definitivamente al negro.
245
En efecto, en la frontera se desata una violencia absurda (la muerte de Cesárea
Tinajero en Los detectives salvajes es ejemplar en este sentido), una violencia que
presenta como el origen de las sospechas que el texto presenta. Lo que sucedió en
Sonora parece ser el motivo del comportamiento de Lima y Belano durante los
siguientes veinte años, lo que sucedió en Malvinas durante la Guerra puede ser la clave
del futuro de Tamerlán, intereses que vienen "de la frontera" determinan las acciones de
El disparo de argón.
acercamientos del género a la frontera durante la década del noventa hablan de una
violencia indómita, que exhibe la lógica de un estado brutal. Pero, en la medida en que
frontera, el relato policial debe variar sus estructuras: toda revelación de la "verdad" se
246
que el estado contemporáneo pueda ser pensado como lo pensaba el policial en décadas
De ese desencanto se nutren estas novelas policiales, ellas mismas espectros, que
La lectura "estrábica" parece también confirmar el estatuto espectral de estas novelas. Los epígrafes de
Nunca segundas muertes y de Sueños de frontera invitan a una lectura ambigua, que, parece, debería leer
a la vez la trama policial, pero también "otra cosa".
247
La sospecha como máquina
literaria
Parte II: Los textos
una idea curiosa lo persigue desde sus primeros libros: Roberto Bolaño escribe objetos
Cohen (en 1996) señala que Estrella distante tiene una resolución de "policial
comentando que la novela "podría leerse como un historia policial, puesto que hay un
crimen de por medio; pero basta conocer un poco la narrativa de Bolaño para advertir,
de entrada, que lo que importa es otra cosa". Luego llegaría Los detectives salvajes (que
desde su título evoca los motivos del género) y la mención del género policial se
multiplicaría. En 1999 Elvio Gandolfo afirma que la novela "amaga con lo policial" y
Rodrigo Pinto señala que la novela cuenta dos investigaciones (la de Lima y Belano por
Cesárea Tinajero y la "investigación, por así decirlo, del narrador tras las huellas de
Belano y Lima". Finalmente, María Antonieta Flores, también en 1999, señala que en
Los detectives salvajes "el lector es obligado a convertirse también en 'detective' que no
puede responder qué hay detrás de la ventana desdibujada." Un año antes, reseñando los
Bolaño "sugiere la convicción de que todo relato no hace más que plantear un enigma
que la más minuciosa reconstrucción de los hechos no contribuirá a despejar". 446 Como
"5 Cabe aquí recordar que el género policial "tifie" la literatura de la década, su visibilidad es mayor que
la de cualquier otro género y, sin embargo, todos (Bolaflo incluido) le escapan a la etiqueta. Por supuesto,
el lugar que queda vacante lo ocupa el neopolicial. Sin embargo, sólo Bolafio ha sido asociado con tanta
frecuencia al policial "desde fuera" del género. Ver capítulo 1 y 2.
446
Todos los textos están citados por la compilación realizada por Celina Manzoni Roberto Bolaíf o, la
escritura como tauromaquia (Buenos Aires, Corregidor, 2002) que inicia la serie de antologías críticas
hemos visto en otros casos de nuestro corpus, la adscripción al género policial de
muchos textos de Bolafío es inestable: el sintagma "novela policial" debe ser matizado,
modificado para poder referirse a algo que parece referir al género, pero que no lo es del
1. El novelista policial
atención académica sobre la obra de Bolaño. En ese horizonte la idea de género policial
comienza a hacerse notoria. Casi todas las antologías tienen un artículo dedicado al
2005) se encuentra el texto de Diego Trelles Paz, "El lector como detective en la
narrativa de Roberto Bolaño"; por otra parte, en Territorios en fuga. Estudios críticos
Santiago de Chile por Frasis en 2003), Magda Sepúlveda firma "La narrativa policial
para reflexionar sobre la incidencia del género en algunas novelas del escritor
chileno.447
originalmente con otro título en 1993 y reeditada en 1999) "posee como dirección de
tensión, el formato policial, modelo de escritura alrededor del cual danza esta novela, en
dedicadas a Bolafio que crecerá a ritmo vertiginoso en los siguientes cinco años (al ritmo de casi una por
año). El origen de estas antologías (Argentina, 2002; Chile, 2003; Francia, 2005; Francia, 2007; España,
2008) revela la importancia de Bolaño y su circulación como escritor "global".
7 Entre otros, uno de esos pretextos es un texto propio, "El policial como máquina de lectura. Roberto
Bolaño y el policial", el texto sobre el policial en la obra de Bolaflo incluido en Roberto Bolaño: La
escritura como tauromaquia. (op. cit.).
250
un baile que busca la emancipación de sus raíces" (103). 448 Para Sepúlveda, siguiendo a
Bajtin, la novela de Bolaño está elaborada a partir de una "polémica oculta" con el
género policial y en esa línea de análisis Sepúlveda formula su hipótesis: "Dicha pugna
para ello al menos dos puntos: un nuevo concepto de verdad y un nuevo método para
que la verdad del género policial "está acotada a una parcela de la realidad" (108),
Vallejo es en la novela una metáfora, puesto que de hecho, "lo buscado aquí es la
poesía, es decir, un objeto inasible" (108).449Por otra parte, el hecho de que Pain no
pueda explicar nada, que no comprenda lo que sucede, que las pistas se le revelen en
sueños sugiere a Sepúlveda que aquí hay otra discusión con la modernidad en la medida
género. Esa conciencia impediría la selección necesaria de los datos; los hechos, en
448
Sepúlveda, op. cit.
mismo puede decirse de toda novela policial. Más allá de que pueda comprobarse o no si la poesía
es un objeto inasible, los personajes de la novela policial rara vez buscan descubrir asesinatos solamente
porque les gusta descubrir asesinatos. Ya sea porque buscan ayudar al Estado, porque buscan diversión (la
novela clásica inglesa) o porque buscan dinero o ayudar a las personas (el género negro), todo relato
policial busca algo "inasible".
450 Aquí Sepúlveda cita el mismo fragmento de Lyotard que cito en el capítulo 1 oponiendo saber y
251
(pensado desde el discurso moderno) es imposible su modificación, que es una de las
novela policial (y sus variantes) como género moderno. Sepúlveda no sólo simplifica el
concepto racionalidad a uno de sus dos términos constitutivos (el de la razón abstracta),
sino que confunde novela policial, con novela de suspenso. En efecto, si se considera la
novela de suspenso como la matriz de la que parte Monsieur Pain se verá que la
distinguir nítidamente cuáles son los hechos o cuál es el crimen, no deriva de una
novela de suspenso rara vez confia en sus sospechas y casi nunca resuelve un crimen,
porque rara vez existe uno (como se recordará, la novela de suspenso desplaza hacia
va a suceder un crimen y, de hecho, el éxito del héroe suele ser que el crimen no se
lleve a cabo.
Pain, y ese momento falta exactamente por los motivos que señala Sepúlveda: porque
Pain no puede jerarquizar los hechos. Esta jerarquización es la que permite comprender
menos nítido que en la novela policial, pero existe, es parte tangible del proceso de
252
conocimiento que conllevan todas las formas del relato policial. Aquí no está y por eso
parece pertinente partir de este hecho para avanzar sobre los textos "policiales" de
Bolaflo.
40 Paz parte de la afirmación ya citada de María Antonieta Flores sobre la conversión del
lector en detective. Trelles Paz deriva de esta afirmación que es necesario en los textos
de Bolaño un lector activo, cuyo paradigma sería el lector de novelas policiales. 451 . Así,
se postula que el lector de Bolaño invita al lector cómplice "jugando con las referencias,
mezclando la realidad con la ficción, los hechos y las conjeturas, los personajes
apócrifos con los históricos y poniéndole trampas para que, tarde o temprano, termine
las menciones a Carlos Monsiváis y Octavio Paz que aparecen en Los detectives
salvajes y elabora hipótesis sobre los motivos de su aparición. Por otra parte, y sobre el
fmal del artículo, intenta descifrar quién es el escritor peruano cuya historia se cuenta
(sin dar nombres) en el último monólogo de Felipe Müller en la novela. 452 Trelles Paz
lector transite con los narradores testigos sabiendo más que cada uno de ellos, pero
lectura en clave, apoyándose en trampas irónicas y falsas pistas por las que el lector
253
Por una parte, la afirmación de que existe un lector activo en la novela policial
todo punto inverificable porque, como señala Umberto Eco, los textos son máquinas
perezosas. En todo caso, lo que puede verificarse es que ciertos textos han recibido
mayor atención "activa" de ciertos lectores (los críticos, los lectores de novelas
policiales, que siempre vociferamos nuestra "actividad"), pero eso no significa que los
otros lectores, los que no hablan de su actividad ni la exhiben como rasgo característico
- Por otra parte, su trabajo concluye construyendo una "lectura en clave". 454 Se
opera así una reducción en la que el critico asimila los "enigmas" del texto con la
procura, entonces, encontrar en qué medida las operaciones de Los detectives salvajes
"reflejan" una realidad externa. La operación está por supuesto admitida por el texto (y,
de hecho ha sido avalada por toda la crítica y por el mismo Bolaño) toda vez que la
en Arturo Belano y Ulises Lima, dos alter egos de ambos. 455 Y aunque Trelles Paz
señala que de todas maneras ningún señalamiento puede contar con "total certeza", el
movimiento de su texto parece señalar que es en esa dirección que hay que desarrollar la
453
Raymond Chandier mismo afirmaba que a él no le interesaba saber qué era lo que debía develar el
detective. Para las formas de la novela policial y algunos géneros cercanos, ver Capítulo 3.
454
Nuestro trabajo sobre la figura del detective en la obra de Bolafio (publicado en Manzoni) ya señalaba
la futilidad de dicha búsqueda.
455
Y esto a su vez, ha abierto otra serie de ricas lecturas, aquella que ubica a la novela en el horizonte de
la "autoficción".
254
lectura (de ahí que se señale, como lógica consecuencia de esta "imprecisión" la
"lectura en clave")
Flores) de que "el lector transite con los narradores testigos sabiendo más que cada uno
de ellos, pero siempre desde la carencia y la duda". Esta afirmación señala un punto más
específico del tejido que constituye Los detectives salvajes: el desfase entre el saber de
los narradores y aquel que puede constituir un lector atento de la novela. Ese desfase
apunta a una operación específica del texto que, aunque insuficientemente descripta,
Así es que, por una parte, parece que en Los detectives salvajes existe una
relación, sí se subrayan algunos rasgos: Trelles anota que hay un desfase entre el lector
Lo que Trelles Paz no explica es por qué alguien que busca develar enigmas es o
debe ser un detective, de manera tal que la relación entre Bolaño y el policial aparece
doblemente limitada. Por una parte, porque toda empresa epistemológica queda
reducida a las estrategias del género; segundo, porque el trabajo con el género en
Bolaño aparece reducido a saber "cuál es la clave" que esconden los nombres y
policial. Así, lo que no se explicita en ningún caso es el por qué de esta adscripción. Lo
456
Aun cuando las reflexiones de Sepúlveda se refieran a Monsieur Pain, el emplazamiento de su artículo
y el rango de sus reflexiones hacen pertienentes algunas de sus conclusiones para el estudio de Los
detectives salvajes y La literatura nazi en América.
- 255
mismo, claro, puede decirse de metadiscursos mucho menos elaborados que los de
Trelles Paz y Sepúlveda. En efecto, pareciera que todos los lectores de Bolaño
La pista de hielo y Estrella distante) rasgos de la novela policial, pero esa plantilla, esa
evocación del género no logra articular una novela policial. Todos los metadiscursos
que citamos deben agregar algún adjetivo que matice ("policial existencialista" señala
Cohen) o bien desmienta la caracterización (Rodrigo Pinto dice que La pista de hielo
"parece un policial") como si las novelas de Bolaño no fueran del todo parte del género.
En este sentido, si se siguen estas declaraciones (y se leen los textos que Bolaño
autor de novelas policiales. Lo que tal vez pueda reconocerse es a un lector de novelas
policiales que escribe sobre la matriz genérica produciendo un relato que puede ser leído
desde el policial, pero que no satisface sus premisas básicas. Así, si bien en todas sus
novelas aparecen muertes violentas, sólo en dos de ellas se nos presenta al crimen como
En La pista de hielo (1993) se trata de una muerte que sólo se nos revelará en las
páginas fmales. Armada como tres series de monólogos alternados, la novela parece
preguntar quién es la víctima, antes de quién cometió el crimen. 457 Hay en esta novela un
expectativas del lector de género. En efecto, la víctima no es quien pensamos que era (ni
siquiera es un personaje principal). Pero a la vez, quien pensamos que era esencial para la
trama (Nuria, la patinadora alrededor de la cual giran todas las sospechas del texto),
desaparece del relato rápidamenté. 458 Como si su aparición en el texto sólo tuviera como
457
Como vimos, esta estrategia también determina el funcionamiento de lo policial en Las islas.
458 Recuérdese que la pregunta en la novela no es quién es el asesino, sino quién es la víctima.
256
función proporcionar un buen motivo para la sospecha, un buen motivo para que los
narrar esta historia, Bolaño pone en marcha uno de los mecanismos propios del policial:
transformar al crimen político en una cuestión privada. 459 Aparece aquí un detective,
Abel Romero (ex policía del Chile previo al golpe del '73), que busca a Wieder a instancias
de un cliente chileno.
de anécdotas que parecen iluminar la figura de esa estrella distante que es Wieder.
Finalmente se encuentra a Wieder, pero para ese momento la historia ya ha sido contada
y parece irrelevante saber si efectivamente Romero mata o no (tal parece el cometido del
una cifra más que como un personaje, es una figura que supera las posibilidades de lo
generación. Es tal vez por eso que cuando el narrador lo reconoce, lo llama "horrendo
hermano siamés", es por eso por lo que pide a Romero que no lo mate. Esa fascinación,
ese afantasmamiento del criminal, aleja a la novela del modelo del policial porque tiende a
459
Ver Daniel Link, "El silencioso juego de los cautos", op. cit..
460
El procedimiento, que ya vimos desplegarse en El disparo de argón, sugiere en la novela de Bolaño
que no existe clausura posible (al menos en la matriz del policial) para criminales como Wieder. Sobre la
relación entre crimen político y policial ver Link; "El silenciosos juego de los cautos", op. cit.
461
Estrella distante permite, claro, la lectura opuesta: pensar en qué sentido es la dispersión lo
característico y la novela policial lo accesorio, el "cemento" que mantiene las piezas pegadas. Un poco
más adelante volveremos sobre Los detectives salvajes desde esta perspectiva. Por otra parte, si se piensa
desde la perspectiva de la novela policial estrictamente hablando, es posible pensar que esa máquina
sometida a una presión incontrolable, relaciona la novela de Bolaño con las novelas de Taibo II (como
257
2. La imprecisión
Trelles Paz cuál es ese rasgo. En el caso de Sepúlveda la cuestión es menos evidente.
relato de suspenso, pero también con el relato policial) es una estructura de sospecha
todos los comentadores. Es lo que señala Trelles Paz (y entonces parte en busca de
pruebas que aquieten la duda), es lo que señala Sepúlveda y es lo que María Antonieta
En el mismo sentido, ahora podemos recuperar la idea de Echevarría de que todos los
lo mismo que una novela policial. Tal vez partiendo de estos metadiscursos podamos
Sombra de la sombra o La bicicleta de Leonardo) que son novelas en las que el género policial también
funciona casi como máquina de ligar las piezas, antes que, estrictamente hablando, como la búsqueda de
resolución de un enigma.
462
María Antonieta Flores, "Notas sobre los detectives salvajes" en Celina Manzoni, op. cit.
258
3. Bolaño en su sistema
como un caudal asombroso de historias que se multiplican en una sucesión más o menos
casual, que la forma que suele guiar sus relatos es la acumulación más que la estructura
lineal de un relato. 463 En efecto, las novelas de Bolafio (y algunos cuentos) funcionan a
Bellatin (como Flores o La escuela del dolor humano de Sechuán), alguien a quien
procedimiento. 464
Sin embargo, dos rasgos parecen alejar los textos de Bolaño de estas opciones.
Por una parte, en todos estos relatos se exhibe una dificultad para construir un relato. Ya
sea porque se entiende que el mejor relato realista es aquel que postula la
463
Elvio Gandolfo (en "La apretada red oculta", incluido en Manzoni, Roberto Bolauio: la escritura como
tauromaquia; op cit.)describe el estilo de Bolaño: "El tono de Bolaño es acumulativo, decidiamente
'ganchero', porque se basa en intenninables series de anécdotas, montadas en cadena, como suelen
funcionar los chistes verbales".
" Tomo la denominación "escritura modular" de un artículo sobre Mario Bellatin firmado por Patricio
Lennard ("Señas particulares", Páginal12, 10 de diciembre de 2006). Lennard, sin embargo, se refiere a
los libros de Bellatin, antes que a sus textos.
259
porque se postula un programa narrativo que pretende denunciar las naturalizaciones de
Por otra parte, los textos de Bolaño aparecen articulados a partir de mecanismos
relatos con aquellos que llamamos "de la contrasefla", pero se alejan de ellos por la
dimensión referencial que despliegan y las estructuras que convoca esa aparente
acumulación.
los últimos treinta años. Y si bien el tema abarca casi la totalidad de la literatura de
articulación a partir de una voz fisicamente inmóvil que se desplaza por el tiempo
Novelas como Monsieur Pain (1999) y Una novelita lumpen (2002), pertenecen
260
w
relato, pero en las que se cuenta una anécdota principal (no un extenso recorrido vital)
anécdota principal que parece querer contarse, las digresiones de estos textos sugieren
principal. 465
excusa para desarrollar la variedad de relatos que portan sus protagonistas o los
sospechosos.466
(1998), en cambio exhiben los módulos por lo que son: historias infames que pueden
eventualmente desprenderse del texto y crecer hasta formar otro relato que a su vez
pero eso no significa que no se la pueda encontrar en los otros. En las novelas de
Bolaño, por sobre el pretexto argumental, aparece la sospecha de que los módulos, las
465
Lo que distingue estos relatos de los que firman Fresán o Bayly (autores por los que, de todas maneras,
Bolaflo mostró admiración) es, en el caso de las novelas que cuentan una vida, la extensión de lo narrado,
que toma varios años y espacios, que relacionan a los personajes con momentos centrales de la historia
del continente. En el caso de los relatos centrados en una anécdota (a los que se parecen novelas como La
noche es vfrgen ) la aparición de lo ominoso, el juego de espejos que parece articular la secuencia
narrativa, aleja a los relatos de la primera persona absorbente que caracteriza aquellos textos
466
Ver Sklovski, "La construcción de nouvelle y la novela", op. cit.
467
De ahí que la crítica haya identificado que el género en el que Bolaño se maneja con mayor soltura sea
el cuento. Véase Dunia Gras Miravet, "Entrevista con Roberto Bolafio", en Cuadernos
Hispanoamericanos, Madrid, n° 604, oct. 2000. Gras Miravet formula esa hipótesis en una pregunta y
Bolaño acepta que es el género en que se siente más cómodo. Sin embargo, el escritor rechaza la idea de
que Los detectives salvajes sea "un conjunto de cuentos autónomos": "Ahora, una cosa es un cuento y
otra cosa es una novela. En una novela puede caber absolutamente todo, sí. Pero una novela es una
novela. Tiene unas reglas: es una novela, una historia que esté absolutamente aparte, como en un cuerpo,
o se convierte en un cáncer que tienes dentro, o se convierte en algo que sale, como un hijo, pero en mi
novela no sale nada, todo está absolutamente pegado. Hay enlaces, hay incluso autopistas que te llevan
lejísimo, pero siempre hay un camino de vuelta." Bolaflo comenta a continuación su admiración por 62
modelo para armar, otra novela eminentemente "modular".
261
w
parece guiar la construcción de sus textos. 468 Pero a la vez, es la apelación a recursos
articulación de los episodios principales en una secuencia que remeda ciertos géneros,
conforma el nivel más aparente del texto. Es tal vez la aparición de ambos planos lo que
que la academia lee con atención al tiempo que agota edición tras edición de sus libros.
articulación de esos episodios tal vez pueda darse a leer a partir de la matriz del relato
una doble ligazón (aunque en el caso de la primera novela sea más evidente que en la
segunda) que si por una parte une los módulos a partir de un elemento evidente que
borgeana, el género "enciclopedia"), por otro postula una coherencia oculta que en el
468
La estructuración paradigmática del texto no es, se sabe, privativa de la vanguardia. Sí, como sabemos
al menos desde la Teoría de la vanguardia de Peter Bürger, la vanguardia hizo del despliegue
paradigmático el eje constitutivo de su poética (y en ningún lugar es esto más evidente que en el
desarrollo de la narrativa). Antes que la obra presente, es el despliegue de las posibilidades de la obra lo
que carga de sentido al mingitorio de Duchamp o al teniente que protagoniza Débora, de Pablo Palacio.
262
Por una parte, el modelo enciclopédico produce a la vez efecto de cohesión
temática (un libro sobre un tema, un libro para acabar con un tema) y un efecto de
dispersión entre las diferentes biografias. 469 El texto de Bolaño insiste en esta
formulación más que todos sus predecesores (Wilcock, Borges, Schwob, Reyes),
insistencia no podría hacer más que subrayar la discontinuidad que existe entre las
subtítulo novela.
el primero es visible, el otro aparece como un comentario irónico, casi como una broma.
La lectura de este segundo orden tal vez deberá realizarse a contrapelo del primero, y
presenta continuidad.
estas historias aparezcan juntas, pero a la vez previene contra una articulación de
"novela" entre las historias referidas. En efecto, el texto no está estructurado como una
"historia" de la literatura nazi, sino como una serie de núcleos en los existen
asociaciones explicitadas por los subtítulos ("Los Mendiluce", una familia, "Visión,
ciencia ficción", un género, etc.). Esa articulación, que se querría ensayística provee un
469
El orden alfabético o el orden cronológico garantizan la linealidad pero a la vez garantizan la
discontinuidad entre personas, países o épocas. La literatura nazi en América, claro, no responde a
ninguno de estos órdenes.
470
Hace unos años mi hermano me contó un chiste particularmente pertinente para entender la obra de
Bolaño: "La guía telefónica, como novela, tiene muchos personajes y poca acción". Más allá de la broma,
el subtítulo de "novela", en este libro parece hacerse cargo del desafio y articular una narración en la que
no hay progresión ni línea narrativa, sólo una proliferación de personajes a cual más pintoresco.
471
La explicitación de esa operación tal vez permita comenzar a distinguir a Bolaño de Borges, más
flemático, más refinadamente irónico para con las categorías de la cultura letrada.
263
Ahora bien, las biografias infames que Bolaño presenta ni siquiera parecen
poder reunirse alrededor del título enciclopédico. No une a estos escritores ningún
Europa (Irma Carrasco, Amado Couto, Carlos Hevia, Jim O'Bannon). Algunos ni
siquiera pueden ser ligados por esta débil coincidencia (Mateo Aguirre Bengoechea,
por ejemplo).
condición fisica y en algunos casos consumo de drogas" (164) con las primeras
obras de Willy Schtirholz, "una serie de planos enormes qüe tardan en ser
Sin embargo, a poco de leer se verifica que entre los diferentes episodios existen
ejemplo, a partir de la evidencia que que tanto los Mendiluce (familia patricia) como los
472
Citamos por la primera edición: La literatura nazi en América, Barcelona, Seix Barral, 1996.
264
"fabulosos hermanos Schiaffino" son argentinos es posible pensarlos a unos como
reflejos de los otros, a los Schiaffino como el doble popular de la rancia aristocracia. 473
Por su parte, el amor malavenido de Luz Mendiluce por una joven poetisa puede
pensarse como el revés del drama de Irma Carrasco, esposa de un hombre golpeador, y
Bolafio no hace más que sumarse a la secuencia de textos que mencionábamos antes,
tanto Macedonio Fernández como Arqueles Vela o Carlos Fuentes (en La región más
transparente) construyeron sus textos con el mismo procedimiento. Se trata de una serie
aparentemente desarticulada, que encuentra en otro nivel, esta vez una variación
proyecto político, no los une un proyecto estético. Y sin embargo, si se lee atentamente,
encontraremos que todos los biografiados están ligados entre sí como en una red.
podrían aparecer más alejados en sus proyectos estéticos y políticos; sin embargo, los
obras muere escuchando Da Souza y a quien Edelmira Mendiluce contrata para agasajar
473
Por supuesto, y esto se ha dicho bastante (ver particularmente Celina Manzoni; "Biografia
mínimas/ínfimas y el equívoco del mal" y Gonzalo Aguilar; "Roberto Bolafio, entre la historia y la
melancolía", ambos en Celina Manzoni; Roberto Bolaño: la escritura como tauromaquia,op. cit.),
muchos de los personajes biografiados en La literatura nazi en América refieren a personajes existentes
en la literatura latinoamericana "real".
265
a sus amigos nazis. 474 La aparición en la biografía de Da Souza es extemporánea, un
detalle que hace saltar la matriz estilística del fragmento. Daniela de Montecristo
(poetisa argentina, amante del general rumano Eugenio Entrescu) aparece relacionada
con John Lee Brook en el "Epílogo para monstruos" 475 . En la somera biografia de
Entrescu se menciona que "su miembro viril, erecto, medía exactamente 30 cm, dos más
que el del actor pomo Dan Carmine" (209). Dan Carmine es uno de los actores pormo
de cuya violenta muerte se hace responsable Brook. Entre las obras de Da Souza
aparece comentada una novela, Atardecer en Porto Alegre, en la que se describe que
puñaladas" (52).
Echavarria postula como "un enigma que la más minuciona reconstrucción de los
efecto, si la lógica de lo verosímil sugiere una necesaria redundancia entre las diversas
informaciones que despliega una trama, estos datos contradicen esa redundancia,
novela de Da Souza) que sugiere algo más que debería poder leerse en el texto.
exceso, qué debería buscarse detrás del hecho de que Da Souza esté escuchando a Tito
WIR
w
detenerse. Y así, antes que enfrentarse a un enigma, cuyo términos siempre son claros,
sugieren que algo esconde la aparente serie desordenada, algo más que la variación
formal, una secuencia oculta que podría articular la evidente falta de proyectos en
común.
películas en las que trabajó R.P. English aparecieron muertos "tres actrices, dos actores
decir con las películas pomo con crímenes reales. Todos tenían coartada y se les dejó en
Por otra parte, en la biografia de John Lee Brook se señala que este fue juzgado
subir al estrado interrumpe al fiscal y acepta todos los cargos además de autoinculparse
de cuatro homicidios no resueltos y que para entonces han caído en el más absoluto
olvido: los del pornógrafo Adolfo Pantoliano, la actriz pomo Suzy Webster, el actor
pomo Dan Carmine y el poeta Arthur Crane, ocurridos, los tres primeros cuatro años
antes y el último en 1989" (153). De los años perdidos de Ramírez Hoffman poco se
sabe, pero entre otras suposiciones, su biografia señala que fue piloto de una aerolínea
comercial "que enlaza Sudamérica con algunas ciudades de Extremo Oriente" (194).
¿Es posible que los crímenes de los que se inculpa Brook los haya cometido Ramírez
476
Para algunas puntualizaciones sobre el concepto de secreto, ver capítulo 3.
267
California, pero tampoco se menciona que haya estado en Italia y sin embargo, Abel
Romero, el detective que lo busca, supone que allí estuvo. Por supuesto, la hipótesis es
excesiva, pero existen tenues indicios de que sea verdad. 477 La coincidencia pareciera
exceder la variación temática que señalábamos antes: los crímenes son demasiado
similares (refieren, de hecho, a una patología), Brook parece inocente de esos cargos,
Pero, claro, es posible pensar esos episodios como aislados, como coincidencias,
como el producto de un enfermizo deseo que tiene Brook de ser encerrado. Si se revisan
tan extrafios. Pero tampoco parece imposible entrever en los• intersticios de estos dos
fascinación de estos escritores por las conspiraciones, la paranoia y los grupos que
actúan en las sombras, esa amenaza resulta más tangible que un mero parentesco de
familia. Sin embargo, ¿podemos postular una conexión entre todos estos escritores que
sea sólo casual? Probablemente no; y sin embargo, tampoco es posible sostener la
hipótesis de que los contactos son causales. Sostener, por ejemplo, que Ramírez
Hoffman y John Lee Brook se encuentran ligados por algún tipo de "sociedad secreta".
Se trata de un ejemplo posible, de una construcción entre otras (iodrían pensarse otros
Pérez Masón, que llegan a confundir las identidades de personajes citados como
477
Un libro posterior de Bolafío, Llamadas telefónicas (1997), incluye el cuento "Joanna Silvestri", en el
que las relaciones entre el pomo italiano y el pomo californiano se intensifican. Se sugiere, por ejemplo,
que Robbie Pantoliano, el hermano de Adolfo, trabajaba en California con actrices (y tal vez técnicos)
que trabajaban en Italia. Por lo demás, Joanna Silvestri realiza un reconocimiento, siquiera parcial, de
R.P. English como Ramírez Hoffman. Para más precisiones sobre "la saga de Ramírez Hoffman" en la
obra de Bolaño, ver Ezequiel De Rosso"Una lectura conjetural. Roberto Bolafio y el relato policial",
Celina Manzoni (op. cit.)
268
De lo que se trata aquí no es de develar lo que "realmente" cuenta La literatura
revelan al lector, nunca a los personajes retratados por la novela. Se produce así, como
señala Trelles Paz para Los detectives salvajes, un desfase entre el saber de los
Revelar este secreto, por lo demás, poco nos diría sobre la novela, nada aclararía
sobre su construcción, y sin embargo, no puede pasarse por alto. Como sucede en otros
localizado, neutralizable, objeto de deseo de un personaje; se trata más bien de algo que,
oculto, opera sobre el relato, parece regular lo decible, pero es impensable bajo la forma
de una localización única, como un saber único a develar. En este sentido, La literatura
nazi en América se distingue de otros textos "a secreto", cuya indagación se postula
como central, como un vacío pleno de sentido cuya revelación esclarecería todos los
episodios confusos. 478 Aquí, en cambio, aun si fuera posible esclarecer si Ramírez
Hoffman fue responsable de los crímenes que Brook se atribuye o si existe un sentido
oculto que liga a Daniela de Montecristo con Dan Carmine, es imposible comprobar si
ambos secretos están conectados entre sí. Esto es, silo que el texto esconde es el secreto
que las cualidades de todo lector (la posibilidad de realizar conjeturas sobre lo que está
leyendo) aparecen potenciadas por una estructura dispersa (una serie) que parece
478
Para las diferencias entre secretos localizados y secretos como los que aquí trabajamos, ver capítulo 3.
269
literatura de Bolaño con el relato policial tal vez pueda explicarse justamente por la
enciclopédica con los motivos del relato policial. El lector que propone el texto es
entonces un sujeto configurado a partir de la sospecha, tal como fuera imaginado por la
novela policial.
Quien primero exploraría estos caminos sería el propio Bolaño, dos años
cambio cualitativo.
segunda parte (que se titula, precisamente, "Los detectives salvajes") más dos bloques
que contienen las entradas del diario del joven poeta Juan García Madero. 48° Por otra
parte, aun cuando la mayoría de los módulos son narrativos, algunos (notablemente los
479
Y justifica, pero de otra manera, las declaraciones de Trelles Paz y Sepúlveda. En efecto, el lector
puede aquí postularse como el detective que debe resolver un enigma (pero ese enigma no se reduce a la
identificación de personas, sino a la fonna en que está construido todo el texto) y también es posible
pensar el texto a partir de una "polémica oculta" con el policial, pero menos por sus recurrencias
temáticas, que las hay, que por su modo de funcionamiento enunciativo.
480
los fines de esta exposición, esos bloques serán tratados como otros tanto módulos.
270
agrupados en el capítulo 23) tienen un tono ensayístico cuya articulación con el resto de
literatura nazi en América, a partir de un eje temático, que tal vez podría ordenar todo el
texto. En el caso de Los detectives salvajes, el eje que parece recorrer todos los módulos
mismas, esto es, no continuadas en otros monólogos): la mayoría de los módulos que
forman por sí mismos un capítulo (Auxilio Lacouture, Xosé Lendoiro, Jacobo Urenda,
Heimito Künst). Y también existen módulos que van construyendo una línea propia
dentro del texto, que aparecen casi como un módulo dividido en fragmentos. Así,
Así es que las aventuras de Belano y Lima (como ocurría con el nazismo en La
casos el testimonio sobre las aventuras de Lima y Belano revela cuestiones unidas sólo
liminarmente a los poetas fugitivos (todo lo que se revela, por ejemplo, de Laura
Jáuregui por su ruptura con Belano; todo lo que conocemos de Hipólito Garcés por su
relato sobre Lima en París), otros testimonios toman como punto de partida a Lima o a
Belano y a partir de ahí comienzan a derivar hacia lugares insospechados (el testimonio
271
catalizador del relato y, casi, podría decirse, la excusa para incorporarlos a una novela
desmesurada).
Por otra parte, y a diferencia de La literatura nazi en América (en la que los
nombres asociados a los módulos aparecen una sola vez, parte del efecto enciclopédico),
en Los detectives salvajes muchas voces se repiten. Esa repetición adopta dos grandes
tiene la forma de una deriva que, habiendo comenzado en Lima y Belano puede
cuenta la muerte de Piel Divina sin hacer ninguna mención a Belano y Lima y sin que,
indagación en la historia de Lima y Belano parece sólo una excusa para contar otras
historias.
sino efecto de una continuidad enunciativa. Es decir, se trata menos de un módulo cuyo
despliegue abarcaría diversos fragmentos (y que por casualidad se cruzaría con los
fragmento cuenta algún episodio relacionado con los creadores del realvisceralismo,
pero que, en otros, sin solución de continuidad, relata anécdotas incongruentes con su
propio relato o con el tema que parece nuclear todos los módulos. Es el caso de las
desesperados, en la cuarta cuenta la visita del padre de una poeta muerta y en su octava
y última intervención relata el retorno a su casa para encontrarse con que no tiene
trabajo y que el Impala que perdió a manos de Lima y Belano el último día de 1975
272
todavía está dando vueltas, fantasmal, por el DF. Gran parte de las intervenciones de
Angélica Font y las de Felipe Müller pueden pensarse sobre la misma matriz.
que hacen otros de las aventuras de Lima y Belano. Así, lo más evidente a la hora de
delirio persecutorio en Xosé Lendoiro y Joaquín Font (dos caras de una misma angustia)
o pensar la articulación del capítulo 11 como los destinos fatales de quienes tienen
tratos con escritores (Lisandro Morales, un editor perseguido por la mafia; y Joaquín
protector de los estridentistas, el general Diego Carvajal. Así, puede pensarse que el
Pensar así es pensar que existen diversas articulaciones entre los diferentes
pluricausalidad para la organización de un texto. 481 Ese principio está reñido con la
articulación secuencial de una novela, pero a la vez, en la medida en que se nos afirma
que Los detectives salvajes es una novela, se convoca una lectura que pudiera articular
2. La sospecha
481
Umberto Eco habla de la sospecha antieconómica, una sospecha contraria a los principios que rigen el
relato policial.
482
Por supuesto, el primer principio paranoico es la clausura crítica que presupone la unidad del texto.
Como se verá, nuestra hipótesis es que la potencia de Los detectives salvajes radica en la convocatoria
simultánea de la lógica de la clausura y la lógica de la dispersión.
273
Así, la estructura secuencial de una novela "propiamente dicha" parece al borde
de la disolución. Esa disolución, que transformaría Los detectives salvajes en una serie
sospecha, que se presenta con tal recurrencia que sugiere la posibilidad un orden oculto,
aun cuando este orden no pueda defmirse. Tres procedimientos resultan centrales.
librera. De repente escucha un grito. Entra a la habitación donde está la dueña y los ve a
Lima y a Belano. El narrador comenta entonces: "Junto a ellos, doña Rebeca miraba el
cielorraso en una actitud pensativa o evocadora. No le había pasado nada. Fue ella la
que gritó, pero su grito no fue de miedo sino de sorpresa" (117). 483 Fin de la entrada del
testimonio de Mary Watson se cuentan las acaloradas discusiones de Hans, el líder del
grupo con el que pasea por España y un vigilante de camping (que suponemos, por otros
testimonios, que es Belano). Hans es un hombre violento y generoso que una noche se
pone a discutir con el vigilante: "Hans hablaba español y parecía cada vez más excitado.
contrario, parecía sereno, al menos no movía los brazos ni hacía gestos desmesurados"
(248). Hay un cambio, que la redacción del fragmento presenta como súbita, entre la
483
Citamos por la primera edición: Los detetives salvajes, Barcelona, Anagrama, 1998.
274
El segundo procedimiento se relaciona con el universo metafórico que
despliegan los diferentes módulos. Andrés Ramírez describe la iluminación por la que
de repente descubre los números de la lotería del siguiente modo: "los números
repiqueteaban por las paredes como radiactividad, como si una bomba atómica por fin
hubiera caído sobre Barcelona" (396). Ángela Font describe el barrio en el que vive
calles, en la gente sin trabajo, en los ladrones de poca monta que solían tomar el sol a
las siete de la tarde como zombis (o como mensajeros sin mensaje o con un mensaje
cuando se despierta siente que una mujer lo acaricia. Se da cuenta de que no es María:
"La abracé y busqué su rostro en la oscuridad. Era Lupe y sonreía como una araña"
(130)
Todas estas metáforas pueden explicarse por estados psicológicos, incluso puede
permanece, lo que une todos estos términos es la impresión de que algo temible o
siniestro convocan todas esas figuras. No existe, sin embargo, una explicitación de este
sentimiento de amenza en las figuras que, por lo demás, la mayoría de las veces se nos
se describen las evaluaciones que tienen los narradores sobre el momento presente o
sobre su futuro. García Madero escribe en su diario: "Bebí más de la cuenta. Los real
visceralistas pululaban por todas partes aunque más de la mitad eran en realidad
275
Lisandro Morales conoce a Belano, quien le propone publicar una antología de jóvenes
poetas mexicanos:
Si había otras editoriales interesadas, pues que la publicaran ellos, yo no, yo supe, en
ese segundo de lucidez, que publicar un libro de ese tipo me iba a traer mala suerte, que
tener a ese tipo sentado frente a mí en mi oficina, mirándome con esos ojos vacíos, a
punto de quedarse dormido, me iba a traer mala suerte, que probablemente la mala
suerte ya estaba planeando sobre el tejado de mi editorial como un cuervo apestado o
como un avión de Aerolíneas Mexicanas destinado a estrellarse contra el edificio en
donde estaban mis oficinas. (208)
Amadeo Salvatierra describe uno de sus últimos encuentros con Cesárea Tinajero: "Por
aquellos días, sin que nos diéramos cuenta, todo estaba deslizándose irremediablemente
Por otra parte, abundan los episodios incomprensibles, que resultan inquietantes
por su falta de articulación con otras series (como, por lo demás, sucede con casi todo lo
que venimos enumerando): la noche que Jacinto Requena toma un autobús por las calles
vacías del DF (184); el hecho de que Joaquín Font se haga pasar por una de sus hijas al
hablar por teléfono (109-1 11). Todos episodios subrayados como incomprensibles por
los narradores. En verdad, todos o casi todos los narradores de la novela tienen estas
creación del real visceralismo por Belano es parte de una estratagema para
Künst cree que los judíos están preparando bombas atómicas, Luis Sebastián Rosado
Se construye así un horizonte en el que para los personajes todo parece tener un
proliferan en la novela: desde los episodios mayores (la búsqueda de Cesárea Tinajero
por los desiertos de Sonora) hasta episodios ínfimos (la búsqueda de Lima y Belano por
parte de García Madero en la entrada del 8 de diciembre (102), el sentido del azar en la
276
intervención de Abel Romero (396-397), el sentido de la aparición de la virgen a
Hernando García León (49 1-494). También aparecen trabajos de lectura, el más notable
de ellos la revelación del sentido oculto del único poema de Cesárea Tinajero (374-377,
398-40 1)
exageran, alucinan, o ambas cosas), pero ninguna explicación parece poder satisfacer a
la vez todas las indeterminaciones. Así, se trata de una serie de relatos reunidos por la
sospecha y la incongruencia. Sin embargo, esta serie de recursos (que implican variables
en La literatura nazi en América, pero que aquí se encuentran potenciados, dado que
de búsqueda de sentido.
llamar a un lector que pueda leer algo más, que siempre parece escaparse, que tal vez
jamás pueda explicarse. Como con el texto de 1996 no trataremos aquí de explicitar qué
es lo que se esconde (tarea yana) sino señalar que esta múltiple ausencia parece definir
cambio en el modelo que articula la serie. Ese cambio puede registrarse en el modelo
3. La pesquisa
América) dos modos de lectura. El título, un sintagma oximorónico, sugiere ese doble
sustantivo "detectives", tal vez porque las cualidades detectivescas siempre han estado
reñidas con "lo salvaje". En efecto, inclusive en sus más negras versiones, el detective
277
se caracteriza por su raciocinio. 484 El adjetivo "salvaje", entonces, parece referir a otra
Lima, en general, porque la pesquisa mayor que se lleva a cabo en la novela (y que
ambos. Existe, sin embargo, otro sentido posible, que ha sugerido Rodrigo Pinto: "Tal
vez uno de los rasgos más notables de esta novela es el doble juego entre la
por así decirlo, del narrador tras las huellas de Belano y Lima." 485 Así es que, si estamos
dispuestos a reconocer en Belano y en Lima a dos detectives, tal vez también lo estemos
que refiere la novela, que tiene consecuencias radicales para la construcción del texto.
que le falta un detective que organice los hechos. Así presentada, la estructura de la
novela une las tres partes como una serie de documentos y testimonios que intentarían
484
Podría sí, afirmarse, que han existido detectives "brutales" como Mike Hammer o algunas aventuras
del agente de la Continental de Hammet. Se trata, en cualquier caso de individuos salvajes que, además,
son detectives. Nada puede encontrarse en la novela de Bolafío que sugiera un personaje de este tipo.
485
Rodrigo Pinto; "Los detectives salvajes ",en Manzoni, op. cit.
278
dar cuenta de las trayectorias de Lima y Belano. 486 Así, los módulos de otro modo
Como hemos señalado, la idea de que una pesquisa pueda funcionar como
ordenador de historias dispersas es una idea que acompaña a la novela policial desde sus
inicios. Teóricos como Victor Sklovski, Fredric Jameson y Dennis Porter han insisitido
en este rasgo como constitutivo de la novela policial. 487 Dos extremos de la tradición
Uno de los textos clásicos del género, La piedra lunar (1868), de Wilkie Collins,
es, antes que nada, una expansión de este procedimiento. A lo largo de casi setecientas
destino del diamante. Esos testimonios, que son tanto relatos en primera persona como
personajes vuelven a narrar). La historia, por lo demás sucede en dos momentos, con
cincuenta años de diferencia entre el primer testimonio (que ocupa casi la mitad de la
novela) y los restantes (que cubren dos años). La piedra lunar, es reconocidamente la
primera novela policial en lengua inglesa (apenas precedida en cinco años por la
las exploraciones psicológicas. La clausura de la voz en una sola instancia narrativa (el
486
Por supuesto, la distinción entre escritura y oralidad distingue la primera y la tercera partes de la
segunda. Por lo demás, esto no significa que en otros niveles, que no son los que específicamente analiza
este trabajo esa distinción no sea significativa. Sobre el orden de la serie de testimonios volveremos más
adelante.
487
Ver Sklovski, op. cit; Jameson, op. cit y Dennis Porter; "Backward construction and the art of
suspense" en, The pursuit of crime, New Haven and London, Yale University Press, 1981.
488 Ver Lyn Pykett "The Newgate Novel and Sensation Fiction, 1830-1868", en Martin Priestman (ed.);
The Cambridge Comp anion to Crime Fiction, New York, Cambridge University Press, 2003.
279
proverbial narrador testigo) aplaca este desarrollo, aunque no lo hace desaparecer del
todo. Todavía en los bordes de esa clausura persiste la exposición del caos de la
Co., publicó una serie de "dossier criminales", en los que se proveía al lector de
sabía leer los indicios, la solución del enigma. En estos casos, el lugar del detective era
desplazado hacia el del lector, que debía ordenar los hechos en ausencia del detective. 489
Estos dos casos pueden pensarse como extremos (pero, en cierto sentido,
también lo es Los detectives salvajes). De hecho, para que la novela policial pudiera
estructurarse como tal, fue necesario que la pluralidad de historias se cerrara en un foco
único, es decir, era necesario que el detective tomara el lugar de privilegio en una
intriga de otro modo demasiado cercana a las "sensation novels" que proliferaban en
Inglaterra a fines del siglo XIX (y a las novelas epistolares del siglo XVIII) o al simple
juego. El hecho de que estas ficciones existieran prueba, sin embargo, que una de las
proliferación de voces que dan testimonio. Esta evocación resulta tan poderosa (o, si se
quiere, es tan fuerte la pulsión por encontrar un orden, un foco, para lo hechos) que
Rodrigo Pinto sugiere que hay un "narrador" que investiga el destino de Belano y Lima,
489
La referencia sobre los "crime dossier" ha sido tomada de Fereydoun Hoveyda, Historia de la novela
policíaca, Madrid, Alianza, 1967. En 1938, en El hogar, Borges reseña desfavorablemente uno de los
ejemplares del subgénero. Al parecer, la opinión de Borges era generalizada.
490
Dennis Porter ha señalado como ese interés por conocer formas de vida y personajes extraños está en
el corazón del género, de Wilkie Collins a lan Fleming. Ver Porter, op. cit.. El díptico "policial" de
Bolafio (Lapista de hielo y Estrella distante) muestra cómo para Bolaño la novela policial era interesante
sólo en la medida en que le permitía unir esas historias. Por eso, como La piedra lunar, la primera novela
tiene la forma de diferentes monólogos, y por eso en Estrella distante, Wieder es menos un personaje que
una cifra que permitiría explicar el destino de una generación. En parte,, pero por otros procedimientos,
Los detectives salvajes, se propone un objetivo similar.
280
innominado".491 Pero nada de esto ocurre en la novela: estrictamente hablando, Los
detectives salvajes tiene 52 narradores (García Madero y los 51 personajes que aparecen
en la segunda parte) y ninguno parece poder atribuirse esta doble pesquisa. 492 Es decir
que lo que se nos presenta es una sumatoria de fragmentos que parecen ser las
hasta diciembre de 1996) y a otras series menores (como los careos "en ausencia", o los
entrevistar a personajes que conocieron a Lima en París) sugieren que alguien está
posteriores de Bolaño, justamente porque multiplica las voces narrativas y, sobre todo,
491 Ricardo Cuadros, "La escritura y la muerte en Los detectives salvajes", en Fernando Moreno (coord.);
Roberto Bolaño: Una literatura infinita, Poitiers, Université de Poitiers, 2005. Rodrigo Pinto, op. cit.
492
La voluntad de clausura para esta identidad, la pulsión del secreto, lleva (como llevaba a Trelles Paz a
intentar revelar cuáles son las alusiones de la novela y a Pinto y Cuadros a imaginar que hay un solo
narrador) a Grínor Rojo ("Sobre Los detectives salvajes", incluido en Patricia Espinosa, op. cit) a suponer
que García Grajales, el último de los testimoniantes de la segunda parte, tal vez sea García Madero.
281
porque desplaza el secreto de una voz (la que tenía interés en subrayar los detalles de las
novelas de Da Souza) a un espacio vacío que, como veremos, es pasible de ser llenado
Así, allí donde antes teníamos los subrayados de un narrador, ahora tenemos las
recurrentes, pero ya no pueden atribuirse a una voz narradora. Más aún, las
contradicciones (y las coincidencias) que puede leer el lector (pero no los personajes)
resultan inquietantes. Por ejemplo, sabemos que García Madero se queda con el Impala
de Quim Font y que Font ve su auto (cuya pérdida, según su mujer, lo terminó de volver
loco) vagando por las calles del DF alrededor de 1987, pero nunca sabemos si García
Madero volvió a la ciudad. Belano le confiesa a María Teresa Solsona Ribot, que tiene
un hijo, pero ninguno de los personajes lo sabe (o lo declara). Norman Bolzman cuenta
Lima). Sin embargo, el monólogo de Heimito Künst sólo cuenta cómo lo conoció a
Lima en una prisión de Bersheeba, y cómo ambos vivieron en Viena hasta que se
separaron y nunca más volvieron a verse. En los tres casos es posible encontrar una
explicación más o menos sencilla a estas contradicciones: Font confundió el coche que
vio, Belano miente, el hombre que acompañaba a Lima no era Heimito. Pero también es
posible suponer que Heimito mienta (porque quienes lo reciben en Tel-Aviv son judíos),
que quienes entre los narradores saben que Belano tiene un hijo lo oculten o que García
Madero haya vuelto al DF y nadie lo haya dicho. Se trata de sospechas que se cuelan
por los huecos, por los encastres que dejan los módulos narrativos, y que pueden
personalizarse justamente por el hecho de que los narradores parecen poco confiables.
282
De hecho, esa estética de la "imprecisión" (como la llama Flores) aparece
plasmada en las voces de los narradores: la mayoría manifiesta una dificultad para
pasó nada. Y si pasó algo es mejor callarlo, pues no lo entendí" (117). Manuel Maples
Arce tiene problemas para retomar el hilo de la narración: "Me pierdo. ¿En dónde
estaba?"(l 76). Amadeo Salvatierra se excusa: "disculpen si mis palabras no son claras,
últimamente algo un poco confundido" (322). Edith Oyster tiene problemas para fijar un
recuerdo: "Pasaron varios años hasta que volví a ver a Arturo Belano. La primera vez
fue en 1976, la segunda fue en ¿1979? ¿1980? Las fechas no son mi fuerte" (402). Y un
poco más adelante confiesa: "No estoy segura de nada". Jacobo Urenda relata la
conversación que sostienen Belano y López Lobo: "imperdonable llamarse López lobo,
imperdonable llamarse Belano, cosas por el estilo, aunque puede que me equivoque y el
dejan de resultar sospechosos (ahora para el lector) los episodios que, siendo igual de
incomprensibles o siniestros que los que despiertan sus sospechas, a los personajes
Belano, ambos están acompañados por un hombre vestido de blanco, Joaquín Font
vuelve a ver su Impala 12 años después de haberlo perdido, nunca se explica dónde
estuvo Lima y qué hizo una vez que se perdió en Nicaragua, nunca se explica qué hacen
tras el biombo Angélica Font y Pancho Rodríguez. Todos estos episodios postulan el
exceso que caracteriza a la sospecha, pero son distinguibles sólo para el lector, que
283
Esa estructura, la recurrencia de motivos del género policial (investigadores,
de Bolaño como de un texto que usa los recursos del género, pero que sistemáticamente
incompetencia por parte de los naradores, permite suponer que hay algo más tras las
declaraciones, pero ¿qué podría ser eso que se esconde? ¿Puede suponerse que lo que
Los detectives salvajes no es una novela policial, entonces, sino más bien de un
genérico. Esto es, en lugar de mostrar una serie de módulos dispersos (Borges, Wilcock,
John Dos Passos) la novela de Bolafio encuentra en los mecanismos del género policial
(evocados por los motivos y la estructura del texto) un tipo de coherencia que sugiere,
una vez más, que la serie esconde una secuencia inactualizable de la que sólo podemos
remite a la estructura del relato policial. En efecto, la verdad de "lo que pasó en Sonora"
(el primer "misterio" que intentan resolver los personajes y también, tal vez, el lector)
el comienzo de la segunda parte, de modo muy similar a como lo haría una trama
policial: los diferentes personajes explican qué relación tenían con los desaparecidos
antes de su desaparición y enfatizan sus efectos. El lector, ahora desplazado al lugar del
investigador, parece invitado a preguntarse dónde están, sobre todo si se tiene en cuenta
493
Y en este sentido puede entenderse el comentario de Sepúlveda sobre la imposibilidad de jerarquizar
los módulos narrativos en Monsieur Pain.
284
que al final de la primera parte partieron del DF en una escena digna de una película de
cine negro, que desde muy temprano en la segunda parte se sugiere que Lima y Belano
Como en una novela policial, sólo sabremos la verdad de los episodios con un último
Sin embargo, en Los detectives salvajes ese episodio apenas revela una parte,
puede explicar sólo algunos episodios. Rápidamente la trama parece avanzar por otros
parece haber modo de explicar todo lo que sucede a partir de los episodios de Sonora.
En un gesto característico, sin embargo, Los detectives salvajes expone esa hipótesis
hipótesis de Piel Divina, pero, ¿hay modo de negarla? Lo que muestra este fragmento es
494
Y sin embargo la historia de Cesárea está distribuida a lo largo de todo el libro, como si algo
significativo para la trama se desplegara en esa historia.
285
que toda hipótesis sobre los hechos que intente dar coherencia a toda la novela, resulta
más o menos excesiva, más o menos ridícula. 495 Por decirlo de otro modo: si se ha de
Esa trama que postula Piel Divina, es una secuencia que permitiría ordenar el
caos de la serie. Pero esa secuencia queda trunca, postula grumos narrativos en un
magma serial.
Lo que hace verosímil esa explicación de los hechos es la actitud sospechosa, las
costumbres, los oficios y aventuras de los personajes. Pero, ¿dónde puede detenerse esta
sospecha si todos los personajes parecen esconder algo, o, al revés buscar algo
proponerse para la articulación de los módulos) está, en verdad, colocada más allá de los
enunciados aléticos. Las hipótesis que pudieran producirse sobre cualquiera de los
hechos tienen siempre algún asidero, pero nunca pueden ser cabalmente comprobadas.
Si se lo piensa de este modo, toda la novela se presenta no sólo como una máquina de
contar historias, sino como un dispositivo que hace contar historias, que demanda
paradigmáticamente.
5. La delegación
cuestionamientos que permite postular una secuencia oculta pero incomprobable. Estos
vacíos están formulados a partir de los temas y las indagaciones de la literatura policial.
Ya lo dijimos, a esto, la novela suma otro nivel, la delegación de la voz. Esa delegación
286
En primera instancia, esa instancia parece localizada y cerrada: un individuo o
grupo de individuos (los detectives salvajes tras los que se titula la segunda parte?)
intenta reconstruir los pasos de Lima y Belano. Sin embargo, a poco andar comienza a
Algunos de estos rasgos han sido señalados por la crítica: algunos testimonios
testimonios retoman textos anteriores, uno de los testimonios tiene como interlocutor a
Belano y Lima en 1976 y en 1996? Si la primera parte de la pregunta puede admitir una
respuesta como "los secuaces de Alberto", el desarrollo posterior de las entrevistas sólo
intereses. En verdad será necesario atender a una hipótesis como la de Piel Divina para
único modo de entender la articulación de las entrevistas es suponer que cada módulo
cuenta (el tercer fragmento continúa el tema del segundo) no depende del momento de
su enunciación ficcional? 497 ¿Por qué las intervenciones de Luis Sebastián Rosado son
496 AnJIea Cobas Carral y Verónica Garibotto (en "Un epitafio en el desierto: poesía y revolución en Los
detectives salvajes", incluido en Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau; Bolaño salvaje,
Barcelona, Candaya, 2008) han presentado estos procedimientos como una burla de los procedimientos
propios del testimonio, género de moda en el momentos de publicación de la novela.
497
El despliegue temporal de los módulos también resulta inestable. Algunas entrevistas (la de Norman
Bolzman o la de Joaquín Font de 1985) distinguen nítidamente la distancia temporal ("Todo comenzó en
febrero pasado", 284), pero otros, la mayoría, no tienen marcas que especifiquen una situación
enunciativa. El tercer testimonio de Rosado comienza afirmando: "En México, en efecto, hubo una
explosión demográfica de poetas. Esto se hizo patente, digamos, a partir de enero de 1977. 0 de enero de
1976." (277). El testimonio está fechado en marzo de 1979 y Rosado no dice "hace dos años" o algún
deíctico similar. Ese efecto produce una desrealización del testimonio que, de ser palabra fiel se
287
las únicas que llevan precisiones "ambientales" como "fiesta en casa de los Moore, más
de veinte personas, jardín con luces a ras del césped" (169) o "estudio en penumbras"
(276, 347,363)?
tuvo para los antiguos miembros del real visceralismo la desaparición de Lima en
Lima y Belano y sus narradores aparecen por única vez. Como ya dijimos, los
monólogos de este capítulo son menos testimonios que parábolas sobre el oficio de
escribir. Este capítulo es, por lo tanto un extremo de las posibilidades narrativas de Los
módulos. En efecto, no existe, en apariencia, otra relación entre los módulos, y entre el
cantidad de capítulos tienen una articulación dificil de explicar. En efecto, ¿por qué
están en el mismo capítulo (el 19) el testimonio de Salvatierra sobre la falta de sentido
la glosa que hace Felipe Müller de la glosa que realizara Arturo Belano de un cuento de
Theodore Sturgeon?
afantasma y por momentos parece superponer el tiempo de la enunciación y el tiempo enunciado, como es
el caso de Xóchitl García (que parece contar fuera del tiempo). En este sentido, no es de menor
importancia esta parva utilización de deícticos e inclusive de fechas, que produce el efecto de que la
acción sucede mientras se la cuenta.
288
Así, la sospecha se desplaza de los narradores al lector, que se pregunta por los
motivos que han guiado las entrevistas o por su disposición en el texto, es decir por el
6. La novela recursiva
detectives salvajes parecen colocados en un mismo lugar y repelerse con una fuerza que
sugiere una íntima simetría. Esa fuerza es una pluralidad de hermenéutica difusa, una
serie de contradicciones que parecen requerir una lectura que ordene una historia de
crímenes y conspiraciones.
resulta novedoso es que, a partir de la estructura de encuesta que tiene la novela, puede
lógica que rige la narración en cada módulo. Es decir que si todos los narradores están
buscando desesperados algo, o creen encontrar sentidos ocultos en todo lo que perciben,
la enunciación de la novela también parece construirse en un pacto por el cual hay que
buscar en los resquicios y los engranajes de las historia, en los marcos de esa
Sonora (ya que es a partir de la salida de Lima y Belano que comienza "la encuesta").
Así, un nivel resulta transposición del otro, la tensión del género aparece
en cada historia, las dificultades para comprender la forma del testimonio o el orden de
los capítulos, se reproduce en los episodios incomprensibles que pueblan las historias.
Habría que decir que en realidad casi todo está "desbordado" en Los detectives
498
Y en este sentido esta sospecha es el revés de las de los personajes: ambas abren el texto a una
dimensión metatextual. La primera se pregunta si los episodios tienen un orden, la segunda cuestiona si la
lectura lo tiene.
289
constricciones de la lectura. Para decirlo de otro modo: están ahí para señalar la
inutilidad de buscar un sentido clausurado, así como los fragmentos secuenciales que
pueden armarse están ahí para señalar que no es posible señalar ningiin sentido
Esa duplicación remite al infinito, puesto que, de hecho, cada módulo de Los
detectives salvajes suele contener otras historias (algunas de ellas de investigación) más
o menos incomprensibles (las anécdotas de Quim, los relatos que cuenta Belano sobre la
con los que están construidos, como en un fractal, tanto los episodios como los modos
de lectura que el texto propone (un cuento de Theodore Sturgeon es para Felipe Müller
amenaza y la sospecha —como señalan todos los módulos) lo que se esconde detrás de la
Ese vacío parece proponer una revisión del género policial, en la medida en que
499 De ahí el misterio del último poema real visceralista: no importa qué hay detrás de la ventana, sino el
marco de referencia de la ventana, es decir el horizonte enunciativo.
Conclusiones
La recurrencia de los rasgos considerados en los diferentes textos permite
postular una continuidad, tal vez una nueva forma de relato. Se trata de una categoría
inestable, que no logra (todavía) estabilizar sus paratextos. Algunos de los ejemplos de
orden nunca aparece (o no termina de calmar la amenaza, como sucede en Las islas), y
la figura del investigador se vuelve inoperante por miedo (Sueños Digitales), por
segundas muertes).
disuelto en tenues indicios y resulta imposible determinar a qué sentido oculto atribuir
"revelar" una verdad ajena a los poderes que la conforman parece absurdo. Más aún, en
la medida en que no existe una pregunta cierta, parece dificil determinar si todas las
anomalías irradian del mismo secreto centro u obedecen a diferentes causas (El disparo
deshace y entonces la verdad circula temeraria por instancias mudas. Estos relatos
292
cuestionan, por diferentes medios la posibilidad de que sus personajes puedan
Leído desde el relato policial, este descrédito de la palabra cuestiona no sólo el lugar
su impotencia para develar los hechos, para constituir un relato consistente sobre lo
real, la versión del relato policial que dan Gamerro o Bolafio cuestiona en verdad las
formas del estado. Porque, si quien debía organizar los hechos y, en última instancia,
la vida social, se nos presenta como impotente, ¿quién garantiza que el Estado no sea
Esta duda recorre todas las modalidades del policial propias de la década, pero
tal vez sea en los relatos estudiados en esta tesis donde los interrogantes se vuelvan más
falta de la segunda historia que ordenaría los hechos ininteligibles 500. En este sentido,
estos textos se estructuran en tensión con esa otra historia que podría haber aparecido
en el texto pero no lo hizo (aunque deja en el texto presente sus marcas). 50 '
Así, los textos que aquí estudiamos representan un cambio cualitativo frente a
500
Esta desaparición es cualitativamente diferente del cambio que se da en la novela negra
norteamericana desde mediados de los 40 (y en el neopolicial iberoamericano). No se echa en falta aquí
ningún investigador, porque no hay enigma ni secreto: hay una tensión que, en lugar de lanzar hacia atrás
la atención (como en el policial), la lanza hacia delante, hacia la futura víctima o el futuro criminal.
501
Hommi Bhabha ("Lo poscolonial y lo posmoderno. El problema de la agencia", en El lugar de la
cultura, Buenos Aires, Manantial, 2002), en otro contexto, describe de este modo lo que llama "la
cuestión de la agencia" en textos poscoloniales y posmodernos: "Este discurso es en realidad un discurso
del indeterminismo, de lo inesperado, discurso que no ni 'pura' contingencia o negatividad ni eterna
postergación".
293
lógicas en suspenso, todavía inactuales (y tal vez inactualizables). La carencia tenaz de
la historia que daría sentido a los hechos abre los textos hacia un nuevo modo de
intervención política. En efecto, el trabajo que estos textos realizan con el género
policial cuestiona los modos en que la literatura (pero también la razón, el estado y el
que comienza en los 70 (en el que la práctica del géneró va unida al escepticismo y la
ironía) es el fin de esa fe en la renovación literaria, los relatos "a secreto" de los noventa
evitan (al tiempo que señalan) la adscripción genérica que podría volver a plantear la
paradoja. Así, la paradoja de la tradición moderna, en virtud del diferimiento que estos
indefinidamente. 503
escamoteo con el género sugiere que el objeto de estas narraciones es indicar, sin
posibilidad de que la paradoja quede irresuelta sugiere que estos textos tal vez ya no
sean modernos. Poco queda del género, entonces (sólo una filigrana, un delicado
502
Y son en este sentido representantes cabales de lo que en nuestro primer capítulo llamábamos "relatos
estupefactos".
503
Ver Homi Bhabha, op. cit.: "[...]la actividad del desfase temporal no es tanto arbitraria como
interruptiva, una clausura que no es conclusión sino una interrogación liminar fuera de la frase."
294
Bibliografía
BIBLIOGRAFÍA
Corpus literario
1.1. Corpus principal
Bolaño, Roberto: Los detectives salvajes, Barcelona, Anagrama, 1998.
Gamerro, Carlos: Las islas, Buenos Aires, Simurg, 1998.
Villoro, Juan: El disparo de argón, Madrid, Alfaguara, 1992.
Bibliografía crítica
2.1. Sobre literatura contemporánea latinoamericana
AAVV: Crack Instrucciones de uso, Barcelona, Mondadori, 2005.
AAVV: Lo que sobra y/o que falta en los últimos veinte años de la literatura
argentina, Buenos Aires, Libros del Rojas, 2004.
Balza, José: "La libertad del narrador", en Carmen Ruiz Barrionuevo, Francisca
Noguerol Jiménez, M Angeles Pérez López, Eva Guerrero Guerrero, Angela
Romero Pérez (Eds.): La Literatura Iberoamericana en el 2000. Balances,
Perspectivas y Prospectivas, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca,
2000.
Becerra, Eduardo: "Momento actual de la narrativa hispanoamericana: otras voces, otros
ámbitos", prólogo a Líneas aéreas, Madrid, Lengua de trapo, 1999.
Beverley, John: "Posliteratura? Sujeto subalterno e impasse de las humanidades", en
Beatriz González-Stephan (Ed.): Cultura y Tercer Mundo 2. Nuevas identidades y
ciudadanías, Caracas, Nueva Sociedad, 1996.
Cánovas, Rodrigo: La novela chilena. Nuevas generaciones, Santiago, Ediciones
Universidad Católica de Chile, 1997.
Caparrós, Martín: "Nuevos adelantos y retrocesos de la nueva novela argentina en lo
que va del mes de abril" Babel, Número 10, Buenos Aires, julio de 1989.
Centeno, Daniel: "Sudamericana encuentra su plaza", en
[Link] 13795 .asi), consultado el 17-12-
08.
Chávez Castañeda: Ricardo y Celso Santajuliana: La generación de los enterradores,
México, Nueva Imagen, 2000.
Collyer, Jaime: "Casus belli" en Apsi, N 415, Santiago, 24 de febrero-8 de marzo, 1992.
Croci, Paula: "Detrás de las estrategias del mercado: la literatura en América Latina", en
Pensamiento de los confines, Número 22, Buenos Aires, junio de 2008.
De Rosso, Ezequiel: "De cómo el pasado se vuelve futuro: sobre McOndo y el
'Manifiesto Crack", Boletín de reseñas bibliográficas, Buenos Aires, ILH, Número
9/10, 2007.
296
De Rosso, Ezequiel: "Un paseo por el campo (7 notas sobre la literatura latinoamericana
durante los 90)", en Boletín de reseñas bibliográficas, Buenos Aires, ILH, N° 9/10,
2007.
De Rosso, Ezequiel: "Porque lo viejo vale para la novedad: para leer el Crack". En
Celina Manzoni (comp.): Violencia y silencio, Buenos Aires, Corregidor. 2005.
De Rosso, Ezequiel: "Prefiguraciones obscenas: la pomografia cinematográfica en tres
relatos contemporáneos". Preprint, ponencia presentada en las VI Jornadas de
Investigadores en Comunicación. Red de Investigadores en Comunicación.
Argentina. 2002.
Fernández, Teodosio: "Narrativa hispanoamericana de fin se siglo", en Cuadernos
Hispanoamericanos, Número 604, Octubre 2000.
Fornet, Jorge: Los nuevos paradigmas. Prólogo narrativo al sigloXY1, La Habana,
Letras cubanas, 2006.
Fuget, Alberto y Gómez, Sergio: "Presentación del país Mc Ondo", en McOndo,
Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1996.
Giraldo, Luz Mary: "Fin del siglo XX: por un nuevo lenguaje (1960-1996)", en María
Mercedes Jaramillo, Betty Osorio y Angela Robledo (Comp.): Literatura y cultura.
Narrativa colombiana del siglo XY Diseminación, cambios, desplazamientos. Vol.
2. Colombia, Ministerio de Cultura, 2000.
Glantz, Margo: "La onda diez años después", en Esguince de cintura, México,
CONACULTA, 1994.
Guerrero, Gustavo: "La novela hispanoamericana en los años noventa: apuntes para un
paisaje inacabado", en Cuadernos Hispanoamericanos, Número 599, mayo 2000.
Ludmer, Josefina: "Literaturas postautónomas 2.0", en
[Link] ?id=159, consultado el 18-12-08.
Manzoni, Celina (Comp.): La fugitiva contemporaneidad, Buenos Aires, Corregidor,
2003.
Monsiváis, Carlos: "Literatura latinoamericana e industria cultural" en Néstor García
Canclini (Comp.); Cultura ypospolítica. El debate sobre la modernidad en América
Latina, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1991.
Moraña, Mabel: "Documentalismo y ficción: Testimonio y narrativa testimonial
hispanoamericana en el siglo XX", en Políticas de la escritura en América Latina.
De la colonia a la modernidad, Caracas, eXcultua, 1997.
Olivárez, Carlos (Ed.): Nueva narrativa chilena, Santiago, LOM, 1997.
Pohl, Burkhard: "El discurso transnacional en la difusión de la narrativa
latinoamericana", en Cuadernos Hispanoamericanos, Número 604, octubre 2000.
Rodríguez, Cecilia: "Y con ustedes, señoras y señores, el Crack", en
[Link] consultado del 18-07-
2004.
Ruffinelli, Jorge: "Sainz y Agustín en su contexto", en Crítica en Marcha, México,
Premiá, 1979.
S/A: Revive "Artemio Cruz" en política mexicana,
[Link] consultado el 18-07-
2004.
Sarlo, Beatriz: "La novela después de la historia. Sujetos y tecnologías", en Punto de
vista, Número 86, dic. 2006.
Soto, Rodrigo: "Mi generación del 'crack", en
[Link] 0/mi-generacin-del-
crack 1 [Link], consultado el 10-12-2008.
297
Valencia, Leonardo: "El tiempo de los inasibles", en El síndrome de Falcón, Quito,
Paradiso editores, 2008.
Vila-Matas, Enrique: "Carta de Barcelona", en Letras libres, Número 19, julio de 2000.
Volpi, Jorge: "Narrativa hispanoamericana, Inc.", en:
[Link] 1 /[Link],
consultada el 18-07-2004.
Williams, Raymond L. y Rodríguez, Blanca: La narrativa posmoderna en México,
México, Universidad Veracruzana, 2002.
298
Wilson, Edmund: "Por qué la gente lee novelas policíacas?", Buenos Aires, CEFyL,
1996, mimeo.
2.3. Materiales para una historia del relato policial en América Latina
Amar Sánchez, Ana María: "El crimen a veces paga. Policial latinoamericano en el fin
de siglo", en Juegos de seducción y traición. Literatura y cultura de masas, Buenos
Aires, Beatriz Viterbo, 2000.
Bermúdez, María Elvira (Comp.): Cuento policíaco mexicano. Breve antología.,
México, Premiá, 1989.
Borges, Jorge Luis: "Adolfo Bioy Casares: La invención de Morel" [1940], en Prólogos
con un prólogo de prólogos, Buenos Aires, Alianza, 1995.
Braham, Persephone: Crimes against the State, Crimes against Persons. Detective
Fiction in Cuba and Mexico, Minnesota, University of Minnesota Press, 2004.
Castillo Castro, Luis Felipe: "El actual policial latinoamericano, una tendencia", en
Estudios. Revista de investigaciones literarias, Año 1, Número 2, julio diciembre
1993.
Chavarría, Daniel y Justo Vasco: "Nota de los autores", en Contracandela, Barcelona,
Thassalia, 1995.
De Rosso, Ezequiel: "50 años de antologías policiales argentinas". Preprint, ponencia
presentada en el II Congreso Internacional Celehis de Literatura. Celehis. Argentina.
2004.
De Rosso, Ezequiel: "La vuelta del policial de enigma: de Oxford a los Altos de la
Cascada". Peprint, ponencia presentada en el Congreso Internacional
Transformaciones culturales. Debates de la teoría, la crítica y la lingüística. Facultad
de Filosofía y Letras, UBA. Argentina. 2006.
De Rosso, Ezequiel: "Lectores asiduos y viciosos: la emergencia del caso policial en la
ficción": En Cetina Manzoni (Comp.): Rupturas, volumen 7 de la Historia crítica de
la literatura argentina,Buenos Aires, Emecé, 2009.
De Rosso, Ezequiel: "Un caso dificil: sobre los bordes del neopolicial
hispanoamericano". En Noé Jitrik (Comp.): El despliegue, Buenos Aires, NJ Editor,
2008.
Epple, Juan Armando: "La nueva novela policial: entrevista con Leonardo Padura
Fuentes", Hispamérica, Número 71, 1995.
Epple, Juan Armando: "El neopolicial latinoamericano", en Carmen Ruiz Barrionuevo,
Francisca Noguerol Jiménez, M Angeles Pérez López, Eva Guerrero Guerrero,
Angela Romero Pérez (Eds.): La Literatura Iberoamericana en el 2000. Balances,
Perspectivas y Prospectivas, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca,
2000.
Fernández Pequeño, José M: "Teoría y práctica de la novela policial revolucionaria
(1973-1978)", en Crítica sin retroceso, La Habana, Unión, 1994.
Fernández Pequeño, José: "La novela policial revolucionaria ante sí misma (1979-
1986)", en Crítica sin retroceso, La Habana, Ediciones Unión, 1994.
Ferro, Roberto: Onetti/La fundación imaginada, Córdoba, Alción, 2003.
Ferro, Roberto: "Un lugar no tan claro: La caverna de las ideas", en Celina Manzoni
(Comp.): La fugitiva contemporaneidad, Buenos Aires, Corregidor, 2003.
Franzbach, Martin: "La realidad y su expresión en a novela policial cubana", en Hans-
Otto DilI, Carola Gründler, InkeGunia, Klaus Meyer-Minnemann (Eds.):
Apropiaciones de realidad en la novela hispanoamericana de los siglos XIXy XXÇ
Frankfurt/Main: Vervuert Verlag, 1994.
299
Gamerro, Carlos: "Para una reformulación del género policial argentino", en El
nacimiento de la literatura argentinay ofros ensayos, Buenos Aires, Norma, 2006.
Gandolfo, Elvio: "Perdónalos, Mariowe, porque no saben lo que hacen", en El libro de
los géneros, Buenos Aires, Norma, 2007.
Giardinelli, Mempo; "El neopolicial argentino: Violencia e ideología", en Carmen Ruiz
Barrionuevo, Francisca Noguerol Jiménez, Ma Angeles Pérez López, Eva Guerrero
Guerrero, Angela Romero Pérez (Eds.): La Literatura Iberoamericana en el 2000.
Balances, Perspectivas y Prospectivas, Salamanca, Ediciones Universidad de
Salamanca, 2000.
Giardinelli, Mempo: "La novela negra en la América hispana", en El género negro,
México, UAM, 1996.
Lafforgue, Jorge y Rivera, Jorge: Asesinos de papel, Buenos Aires, Calicanto, 1977.
Lafforgue, Jorge: "Prólogo", en Cuentos policiales argentinos, Buenos Aires,
Alfaguara, 1997.
Ludmer, Josefina: "Figuras del género policial en Onetti", en Texto Crítico, Número 18-
19, Xalapa, julio / diciembre 1980.
Lunar Cardedo, Lorenzo: "Estética y estática de la novela policial cubana",en
[Link] consultado el 08-01-07.
Malinowsky, Heike: "Un ejemplo de la literatura popular moderna: La novela policial
cubana", en José Morales Saravia (Ed.): Homenaje a Alejandro Losada, Lima,
Latinoamericana Editores, 1987.
Navasal, José (Comp.): Antología de los mejores cuentos policiales [1951], Santiago,
Zig-Zag, 1974.
Noguerol Jiménez, Francisca: "Neopolicial latinoamericano: el triunfo del asesino", en
Ciberletras: Revista de crítica literaria y de cultura,Número. 15, 2006
Olguín, Sergio (Comp.): Escritos con sangre, Buenos Aires, Norma, 2003.
Onetti, Juan Carlos: "Mr. Philo Vance, detective" [1940], en Cuentos secretos.
Periquito el aguador y otras máscaras,Montevideo, Biblioteca de Marcha, 1986.
Padura Fuentes, Leonardo: "Modernidad y posmodernidad: la novela policíaca en
Iberoamérica" [1996], en Modernidad, posmodernidady novela policial, La
Habana, Unión, 2000.
Padura Fuentes, Leonardo: "Modernidad y posmodernidad: la novela policial en
Iberoamérica", en Hispamérica, Número 84, diáiembre 1999.
Padura Fuentes, Leonardo: "Prólogo", en Lucía López Coli (Ed.): Variaciones en negro.
Relatos policiales iberoamericanos, San Juan, Plaza Mayor, 2003.
Palacio, Pablo: "Un hombre muerto a puntapiés", en Obras completas, Madrid,
Barcelona, La Habana, Lisboa, París, México, Buenos Aires, So Paulo, Lima,
Guatemala, San José, Archivos—Sudamericana, 2000.
Planelis, Antonio: "El detective literario: panorámica del género policíaco de Poe a
Borges", en Escritura, Año X, Número 19-20, enero- diciembre 1985.
Rama, Angel: "La caza literaria es una altanera fatalidad", en La riesgosa navegación
del escritor exiliado. Montevideo, Arca, 1998.
Reyes, Alfonso: "Sobre la novela policial" [1945], en James Willis Robb (Ed.): Prosa y
poesía, México, Rei, 1987.
Rodríguez Lozano, Miguel y Flores, Enrique (Eds.): Bang! Bang! Pesquisas sobre la
narrativa policíaca mexicana, México, Universidad Autónoma de México, 2005.
Sánchez, Luis Alberto: "Aventuras policiales", en Proceso y contenido en la novela
hispano-americana, Madrid, Gredos, 1976.
Sepúlveda, Magda: "De la novela policial", en Rodrigo Cánovas; La novela chilena.
Nuevas generaciones, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1997.
300
Valle, Amir: "Un nuevo nombre para el neopolicial cubano", en
[Link] 535, consultado el 10-06-07.
Vela, Arqueles: "Un crimen provisional" [1926], en Luis Mario Scbneider: El
estridentismo. México 1921-1 927. México: Universidad Nacional Autónoma, 1985.
Villaurrutia, Xavier: "Prólogo", en La obligación de asesinar, de Antonio Helú [1946],
en Obras, México, FCE, 1966.
Walsh Rodolfo (Comp.): Diez cuentos policiales argentinos; Buenos Aires, Hachette,
1953.
Yates, Donald (Comp.): El cuento policial latinoamericano, México, De Andrea, 1964.
301
Gras Miravet, Dunia: "Entrevista con Roberto Bolaño", en Cuadernos
hispanoamericanos, Madrid, Número 604, octubre 2000.
Havard, Tim: "El disparo de argón by Juan Villoro: A Symbolic Vision of Power,
Corruption and Lies", en Hipertexto (6), en
[Link] Verano de
2007. Consultado el 20-07-08.
Kohan, Martín: "El fin de una épica", en Punto de vista, Número 64, agosto 1999.
Manzi, Joaquín: "La proyección del secreto. Imagen y enigma en la obra de Roberto
Bolaño", en Femando Moreno (Coord.): Roberto Bolaio. Una literatura infinita,
Poitiers, Centre de Recherches Latino-americaines/Archivos, 2005.
Manzoni, Celina (Comp.): Roberto Bolaño: la escritura como tauromaquia; Buenos
Aires, Corregidor, 2002.
Manzoni, Celina: "Biografia mínimas/ínfimas y el equívoco del mal", en Celina
Manzoni: Roberto Bolaño: la escritura como tauromaquia, Buenos Aires,
Corregidor, 2002.
Moreno, Fernando (Coord.): Roberto Bolaño. Una literatura infinita, Poitiers, Centre de
Recherches Latino-americaines/Archivos, 2005.
Olguín, Sergio: "La osadía del descontrol: suspenso y sólida escritura en una narración
de tema político", en La Nación, Buenos Aires, 24 de enero de 1999.
Paz Soldán Edmundo y Faverón Patriau (Eds.): Bolaño salvaje, Barcelona, Candaya,
2008.
Pinto, Rodrigo: "Los detectives salvajes", en Celina Manzoni: Roberto Bolaño, la
escritura como tauromaquia, Buenos Aires, Corregidor, 2002.
Treviño, Consuelo: "El disparo de argón: ojos que no ven", en Cuadernos
Hispanoamericanos, Madrid, Número 504, junio de 1992.
Urroz, Eloy: La silenciosa herejía. Forma y contrautopía en las novelas de Jorge Volpi,
México, Aldus, 2000.
2.5. General
Abril, Gonzalo: "El ladrón de hachas: introducción a los aspectos cognitivos, afectivos
y sociales de las sospechas", en Carlos Castilla del Pino (Comp.): La sospecha,
Madrid, Alianza, 1998.
Achúgar, Hugo: "El museo de la vanguardia: para una antología de la narrativa
vanguardista latinoamericana", en Hugo Verani: Narrativa vanguardista
hispanoamericana, México, UNAM, 1996.
Adorno, Theodor: "Parataxis", en Notas sobre literatura, Madrid, Akal, 2003.
Agamben, Giorgio: "Forma-de-vida", en Medios sin fin, Valencia, Pre-Textos, 2002.
Agamben, Giorgio: "Idea del enigma", en Idea de la prosa, Barcelona, Península, 1989.
Agamben, Giorgio: "Infancia e historia", en Infancia e historia, Buenos Aires, Adriana
Hidalgo, 2001.
Agamben, Giorgio: "Tiempo e historia", en Infancia e historia, Buenos Aires, Adriana
Hidalgo, 2001.
Anderson, Benedict: Comunidades imaginadas, México, FCE, 2006.
Arendt, Hannah: Sobre la violencia, Madrid, Alianza, 2005.
Bajtín, Mijail: "El problema de los géneros discursivos", en Estética de la creación
verbal, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002.
Bartra, Roger: "Prólogo", en Cultura y melancolía, Barcelona, Anagrama, 2001.
Beatriz Sano: "Borges en Sur: un episodio del formalismo criollo", en Escritos sobre
literatura argentina,Buenos Aires, Siglo XXI, 2007.
302
Benjamin, Walter: "Breves malabarismos artísticos", en Cuadros de un pensamiento,
Buenos Aires, Imago Mundi, 1992.
Benjamin, Walter: "El narrador. Consideraciones sobre la obra de Nikolai Leskov", en
Sobre el programa de lafilosofia futura, Barcelona, Planeta-De Agostini, 1986.
Benjamin, Walter: "Experiencia y pobreza", en Discursos interrumpidos, Buenos Aires,
Planeta, 1994.
Benjamin, Walter: Para una crítica de la violencia,Buenos Aires, Leviatán, 1995.
Benjamin, Walter: "La revelación del conejo de pascuas o Breve teoría sobre los
escondites", en Cuadros de un pensamiento, Buenos Aires, Imago Mundi, 1992.
Benjamin, Walter: Para una crítica de la violencia,Buenos Aires, Leviatán, 1995.
Bhabha, Hommi: "Lo poscolonial y lo posmoderno. El problema de la agencia", en El
lugar de la cultura, Buenos Aires, Manantial, 2002.
Bobbio, Norberto: "Estado, poder y gobierno", en Estado, gobierno y sociedad, México,
FCE, 2006.
Bourdieu, Pierre: "Campo intelectual, campo del poder y habitas de clase", en Campo
de poder y campo intelectual, Buenos Aires, Folios Ediciones, 1983.
Bürger, Peter: Teoría de la vanguardia, Barcelona, Península, 1987.
Castilla del Pino, Carlos (Comp.): La sospecha, Madrid, Alianza, 1998.
Cipolini, Rafael: "Apuntes para una teoría del manifiesto", en Manflestos argentinos.
Políticas de lo visual 1900-2000, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2003.
De Ipola, Emilio: "La bemba", en La bemba. Acerca del rumor carcelario y otros
ensayos., Buenos Aires, Siglo XXI, 2005.
de Man, Paul: "Literary History and literary modernity", en Blindness and Insight.
Essays in the Rhetoric of Contemporary Criticism, Minneapolis, University of
Minnesota Press, 1983.
De Rosso, Ezequiel: "La construcción del secreto", en Metaliteratura,
[Link] ., 2007.
Derrida, Jacques: "Llegar - a los fines del Estado", en Canallas. Dos ensayos sobre la
razón, Madrid, Trotta, 2005.
Derrida, Jacques: ",Cómo no hablar? Denegaciones", en ¿Cómo no hablar? y otros
textos, Barcelona, Anthropos, 1989.
Derrida, Jacques: Dar la muerte; Buenos Aires, Paidós, 2006.
Derrida, Jacques: El concepto de verdad en Lacan, Buenos Aires, Homo Sapiens, 1977.
Donoso Pareja, Miguel (Comp.): Recopilación de textos sobre Pablo Palacio, La
Habana, Casa de las Américas, 1987..
Eco, Umberto: "La abducción en Uqbar", en De lo espejos y otros ensayos, Buenos
Aires, Lumen, 1988.
Eco, Umberto: Interpretación y sobreinterpretación, Madrid, Cambridge University
Press, 1997.
Eco, Umberto: Los límites de la interpretación, Barcelona, Lumen, 1992.
Enzensberger, Hans Magnus: Política y delito, Barcelona. Seix Barral 1968.
Fabbri, Paolo: "El tema del secreto" y "Somos todos agentes dobles", en Tácticas de los
signo, Barcelona, Gedisa, 1995.
Freud, Sigmund: Paranoia ypsicosis obsesiva, Barcelona, Alianza, 1981.
Gargani, Aldo: "La copia y el original", en Giarmi Vattimo (Comp.): Hermenéutica y
racionalidad, Santafé de Bogotá, Norma, 1994.
Ginzburg, Carlo: "Señales. Raíces de un paradigma indiciario", en Aldo Gargani
(Comp.): Crisis de la razón, México, Siglo XXI, 1983.
Goffman, Irving: La presentación de la persona en la vida cotidiana,Buenos Aires,
Amorrortu, 1997.
303
Gritti, Jules: "Dos artes de lo verosímil", en Silvia Niccolini (Comp.): El análisis
estructural, Buenos Aires, CEAL, 1977.
Groyz, Boris: "El maná de la sospecha", en Política de la inmortalidad, Buenos Aires,
Katz, 2008.
Hacking, Jan: "Style' for Historians and Philosophers", en Historical Ontológy,
Cambridge, London, Harvard University Press, 2004.
Huyssen, Andreas: "Pasados presentes" y "Recuerdos de la utopía", en En busca del
futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de global ización, México, FCE,
2002.
Huyssen, Andreas: Después de la gran división, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2002.
Iser, Wolfgang: El acto de leer; Madrid, Taurus, 1987.
Jay, Martin: "La imaginación apocalíptica y la incapacidad de elaborar el duelo", en
Campos de fuerza, Buenos Aires, Paidós, 2003.
Jitrik, Noé -Linda Hutcheon: Para leer laparodia,Buenos Aires, OPFyL, 2006.
Jitrik, Noé: "Secreto", en Fantasmas semióticos: concentrados, México, FCE, 2008.
Jolles André: "Kasus", en Las formas simples, Santiago de Chile, Editorial
Universitaria, 1972.
Kermode, Frank: The Genesis of Secrecy, Cambridge, Harvard University Press, 1994.
Kohan, Martín: Zona urbana, Buenos Aires, Norma, 2004.
Kuhn, Thomas: "Racionalidad y elección de teorías", en ¿Qué son las revoluciones
cient (ficas?, Barcelona, Altaya, 1995.
Lugo, Alejandro: "Reflexiones sobre la teoría de la frontera, la cultura y la nación", en
Scott Michaelsen y David E. Johnson (Comps.): La teoría de la frontera: los límites
de ¡apolítica cultural, Barcelona, Gedisa, 2001.
Lyotard, Jean François: La condición posmoderna. Informe sobre el saber, Buenos
Aires, Rei, 1987.
Moraña, Mabel: "Documentalismo y ficción: Testimonio y narrativa testimonial
hispanoamericana en el siglo XX", en Políticas de la escritura en América Latina.
De la colonia a la modernidad, Caracas, eXcultua, 1997.
Osorio, Nelson T. (Ed.): Manifiestos, proclamas ypolémicas de la vanguardia literaria
hispanoamericana, Caracas, biblioteca Ayacucho, 1988.
Piglia, Ricardo: "Una trama de relatos" y "Sobre el género policial", en Crítica y
ficción, Buenos Aires, Seix Barral, 2000.
Portinaro, Pier Paolo: Estado, Buenos Aires, Nueva Visión, 2003.
Ranciére, Jacques: "La comunidad de los iguales", en En los bordes de lo político,
Buenos Aires, La Cebra, 2007.
Redding, Arthur: Raids on human Conciousness, University of South Carolina, 1998.
Rodseth, Lars y Bradley Parker: "Theoretical considerations in the study of frontiers",
en Bradley Parker y Lars Rodseth (Eds.): Untaming thefrontier in Anthropology,
Archaeology and History, Tucson, The University of Arizona Press, 2005.
Rosa, Nicolás: "La ficción proletaria", en La Biblioteca, Buenos Aires, Número 4/5,
verano 2006.
Sassen, Saskia: "Nuevas formaciones sociales", en Una sociología de la globalización,
Buenos Aires, Katz, 2007.
Schaeffer, Jean-Marie: ¿ Qué es un género literario?, Madrid, Akal, 2006.
Schwartz, Hillel: La cultura de la copia, Madrid, Cátedra, 1998.
Steimberg, Oscar: "Diez proposiciones sobre el género", en Semiótica de los medios
masivos, Buenos Aires, ECA, 1991.
Tinianov, Juri: "Sobre la evolución literaria", en Tzvetan Todorov (Comp.): Teoría de
la literatura de los formalistas rusos, México, Siglo XXI, 1991.
304
Todorov, Tzvetan: Los géneros del discurso, Caracas, Monte Ávila, 1991.
Vattimo, Gianni: La sociedad transparente, Barcelona, Paidós, 1998.
Verón, Eliseo: La semiosis social; Barcelona, Gedisa, 1996.
Weber, Max: "La política como profesión", en El sabio y la política, Córdoba, Eudecor,
1966.
White, Hayden: "El valor de la narrativa en la representación de la realidad", en El
sentido de la forma, Barcelona, Paidós, 1992.
White, Hayden: "La trama histórica y el problema de la verdad en la representación
histórica", en El texto histórico como artefacto literario, Barcelona, Paidós, 2003.
Williams, Raymond: "Tradiciones, instituciones y formaciones", "Dominante, residual
y emergente" y "Estructuras de sentimiento", en Marxismo y literatura, Barcelona,
Península, 1980.
Yurkievich, Saúl: "Estética de lo discontinuo y fragmentario: el 'collage", en Suma
crítica, México DF, FCE, 1997.
irirI1
ÍNDICE
Introducción i
Un objeto inestable y una lectura conjetural ji
307
3. El caso 123
4. El estado, el criminal, el investigador 126
5. Razón, verdad, metarrelato 129
5.1. El sujeto de la razón 129
5.2. Dos versiones de la verdad 133
5.3. Dos caras de la razón 136
5. 4. Retórica e ideología 143
5.5. Después de la razón. 144
6. El secreto 146
6. 1. Introducción al secreto 147
6.2. Exemplum sobre la traición y la sospecha 148
6.3. El texto del secreto 150
7. La conspiración 153
7.1. La vida social de la sospecha 153
7.2. Relatos conspirativos 154
7.3. Estado y conspiración 155
Coda: un ejemplo extemporáneo 158
308
Capítulo 6: La sospecha como máquina literaria 248
Primera: Serie y secuencia: La literatura nazi en América,
de Roberto Bolaño 249
1. El novelista policial 250
2. La imprecisión 258
3. Bolaño en su sistema 259
4. Serie y secuencia: La literatura nazi en América 262
Segunda: La indeterminación: Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño 270
Cómo está hecho los detectives salvajes 270
La sospecha 273
La pesquisa 277
Ser Piel Divina 284
La delegación 286
La novela recursiva 289
Conclusiones 291
Bibliografía 295
309