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Jesús: Mediador y Plenitud de Revelación

1) Jesús es la plenitud y culminación de la revelación de Dios a los hombres. A través de su encarnación, vida, muerte y resurrección, Jesús revela completamente el misterio de Dios y establece la continuidad entre Dios y la humanidad. 2) Jesús revela a Dios no solo con sus palabras sino también a través de sus acciones y toda su persona. Su muerte en la cruz es la máxima revelación del amor infinito de Dios por la humanidad. 3) En Jesús se manifiesta plenamente el m

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Jesús: Mediador y Plenitud de Revelación

1) Jesús es la plenitud y culminación de la revelación de Dios a los hombres. A través de su encarnación, vida, muerte y resurrección, Jesús revela completamente el misterio de Dios y establece la continuidad entre Dios y la humanidad. 2) Jesús revela a Dios no solo con sus palabras sino también a través de sus acciones y toda su persona. Su muerte en la cruz es la máxima revelación del amor infinito de Dios por la humanidad. 3) En Jesús se manifiesta plenamente el m

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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA Introducción a la Teología

Apuntes de clase
Prof. P. Julián Ces

Unidad 2.3. Jesucristo, mediador y plenitud de la Revelación

La Palabra de Dios nos enseña:

“Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y
de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó
heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo.”
Hebros 1,1-2.

La Iglesia, como maestra nos dice:

4. Después que Dios habló muchas veces y de muchas maneras por los Profetas, "últimamente, en estos días,
nos habló por su Hijo". Pues envió a su Hijo, es decir, al Verbo eterno, que ilumina a todos los hombres, para
que viviera entre ellos y les manifestara los secretos de Dios; Jesucristo, pues, el Verbo hecho carne, "hombre
enviado, a los hombres", "habla palabras de Dios" y lleva a cabo la obra de la salvación que el Padre le confió.
Por tanto, Jesucristo -ver al cual es ver al Padre-, con su total presencia y manifestación personal, con palabras
y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente,
con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios
con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna.

La economía cristiana, por tanto, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará, y no hay que esperar ya ninguna
revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo (cf. 1 Tim., 6,14; Tit., 2,13).

Constitución Dogmática Dei Verbum sobre la Revelación Divina, Concilio Vaticano II.

La teología afirma

La larga relación de Dios con el pueblo de Israel que vimos la clase pasada actualiza permanentemente
el anuncio y la promesa de una relación más clara y estrecha a través del Mesías y Salvador: Jesús, hjo eterno
de Dios. Por tanto, hablamos de una continuidad entre la antiuga y la nueva manifestación de Dios. Por eso,
para la fe cristiana el acontecimiento histórico de Jesús de Nazareth es el lugar de la definitiva y plena
manifestación de Dios. Jesús es la Palabra que, salida del seno del Padre, se ha hecho hombre para darnos a
conocer la intimidad de Dios.
En Jesucristo, Dios se hace Palabra y se revela de otra manera: yendo al encuentro del ser humano y
esperando una respuseta por parte del ser humano. Jesús no es sólo una palabra descriptiva (dice algo de Dios)
sino performativa, es decir, llama a una relación en que Dios y el ser humano están mutuamente implicados.
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Apuntes de clase
Prof. P. Julián Ces

Este Hijo, es enviado a los hombres para vivir entre ellos y manfiestarles los secretos de Dios. Habla
palabras de Dios y lleva a cabo la obra de la salvación. A través de su vida, de sus palabras y obras, y sobre
todo, de su muerte y resurrección, y del envío del Espíritu Santo, Cristo completa la revelación y confirma la
salvación del pecado y de la muerte.

1. JESÚS, MEDIADOR Y PLENITUD DE LA REVELACIÓN DE DIOS: forma y contenido


¿Porqué Jesús es mediador? Sabemos que Jesús es hombre y Dios, por tanto, por su relación con Dios
y por ser uno de los nuestros, es quién puede “mediar” entre Dios y los hombres. De este modo Cristo estableció
la continuidad entre Dios y los hombres y hace que la revelación, siendo realidad divina, venga determinada por
su destinación humana; es decir, tenga lugar de manera tal que sea comprensible para el hombre al que va
destinada. Se trata de la forma de la revelación
¿Porqué es la plenitud de la revelación? Porque es la máxima auto-comunicación de Dios a los hombres,
el contenido de su revelación que escapa permanentemente a toda pretensión humana de alcanzarla por sí
misma.
En el evangelio de Juan encontramos afirmaciones como éstas: “Si me conocieran a mí, conocerían
también a mi Padre” (Jn 8, 25); o “el Padre y yo somos una misma cosa” (Jn 10,30); o finalmente, “quién ve a mí
ve al Padre” (Jn 14,9). En estos textos vemos clararamente la relación entre Jesús y el Padre, y descubrimos
que para conocer al Padrre, Jesús es el camino.
Si bien como hemos visto, Dios se dio a conocer en la historia de la Salvación, a través de distintas
mediaciones (Abraham, Moisés, etc.) en Jesús encontramos al perfecto mediador, porque como ya hemos
afirmado, es tanto hombre como Dios.
Gracias a que “El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1,14) la revelación de Dios alcanzó la
plasmación más clara y perfecta. La encarnación es el punto crucial donde lo divino y lo humano se articulan de
una manera inseparable y así lo visible y percetible de Jesús remite necesariamente al misterio de su unión con
el Padre. Por eso ver a Cristo es ver al Padre, sus palabras son las palabras de Dios. En consecuencia en el
encuentro con Jesús el hombre se encuentra con el Padre. Por eso en Jesús culmina toda la revelación de Dios.

a. ¿Cómo revela Jesús?


En la Constitución Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual (Concilio Vaticano II) encontramos
la siguiente afirmación:
“El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre,
pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen
María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado.” (GS
22)
Jesús revela al Padre no solo con sus palabras (enseñanzas, sermones, etc) sino también con sus gestos
(obras, milagros, curaciones, etc.). Toda su persona (presencia, manifesetaciones, acciones), así como todos
los acontecimientos de su vida (nacimiento, bautismo, transfiguración, muerte y resurreción) son reveladores.
Son manifestaciones que desvelan uno u otro aspecto del misterio de Dios. Por eso Jesus es compendio y
plenitud de la revelación.
La revelación salvífica de Dios tiene su momento culminante en la muerte y resurrección de Jesucristo.
Frente a esto surge el problema de cómo es posible que haya una revelación de Dios en lo mas opuesto a Dios,
como es la humillación, la debilidad y el sufrimiento. ¿Cómo puede ser reveladora la muerte de Jesús? La
respuesta afecta a la misma concepción crstiana de Dios, que se muestra muy diferente de la judía de las otras
religiones, para las que Dios no puede sufrir.
El Misterio Pascual (paso de la muerte a la Vida) constituye el momento cumbre de la revelación divina.
Es justamente aquí, en este anonadamiento donde se manifiesta el poder de Dios, que es tan grande que puede
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hacerse pequeño, bajo e insignificante, llegar incluso a la muerte, y vencerla. Dios es más poderoso que el poder
de la muerte. De este modo, se puede entender que Dios muestra su poder en la humillación y en la impotencia.
Pero en la Cruz no se manifiesta simplemente el poder de Dios que vence a la muerte, sino sobre todo el
poder del amor a los hombres. En la Cruz, Dios revela que asume el destino del hombre hasta las últimas
consecuencias. El sentido de la Cruz y de la muerte de Cristo se desvela como la revelación radical e irrevocable
de que Dios es amor, amor más fuerte que el pecado y que la muerte, amor que ante el mal se convierte en
misericordia. La Cruz es el exxtremo al que puede llegar Dios en su amor difusivo. Dios no sufre por deficiencia,
sino que siendo la omnipotenica del amor, puede realizar la immpotencia del amor, puede entrar en el sufrimiento
y en la muerte sin sucumbir en ellos. De este modo, Dios asume la condición humana, el destino del hombre
hasta las últimas consecuencias. La Cruz revela a Dios al poner de relieve hasta qué punto el Hijo de Dios ha
aceptado, al hacerse hombre entre los hombres, la existencia humana sometida a la muerte, y hasta dónde llega
su solidaridad con la humanidad, y en último término, hasta qué punto Dios ama al hombre.
Por tanto, Jesús nace para dar la vida por nosotros:. La resurreción da plenitud de sentido revelador la
encarnación y muerte con las que forman una unidad de misterio.

b. Jesús revela el misterio del hombre


Volvamos al Concilio Vaticano II, en la constitución Gaudim et Spes encontramos lo siguiente:
“ En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. (…) Cristo (…) en la
misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le
descubre la sublimidad de su vocación”. (GS 22)
Toda la vida de Jesús tiene un punto en común: el amor. En cada acción, en cada enseñanza, en cada
actitud nos muestra el que la belleza de la vida está en vivirla no para sí mismo, sino para los demás. Jesús, por
nosotros, ha vivido su vida. Nuestra vocación última está llamada a vivirla del mismo modo: amar al prójimo, en
el cual descubrimos y encontramos al mismo Dios.
En definitiva, Cristo se muestra como el camino, no solo hacia Dios, sino también hacia el hombre.
Correlativamente, el hombre es tambien camino hacia Cristo.

2. REVELACIÓN PLENA Y DEFINITVA


“Dios al darnos a su Hijo, su Palabra, ha quedado como mudo, y no tiene más que hablar” (San Juan de
la Cruz). Esta afirmación metafórica nos permite entender que, en cuanto revelación de Dios plena y definitiva, -
no transitoria ni imperfecta- la economía cristiana encierra toda la verdad y santidad que Dios quiso manifestar
a los hombres. Por eso, no esperamos ninguna revelación pública que complete o perfeccione a la recibida por
Cristo en el Espíritu Santo. Dios, todo lo que tenía para revelarnos, lo ha llevado a su plenitud en su Hijo.
Ahora bien, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada, por tanto,
corresponde a la fe cristiana coprender gradualmente su contenido en el transcurso de los siglos. Toda la Iglesia,
asistidad por el Espíritu Santo, está llamada a bucear en el misterio de Dios revelado en Jesús, para profundizar
el misterio de nuestra fe. De este modo, se da una comprensión mayor de la fe en los creyentes y no una novedad
en el contenido de la misma.

a. Revelaciones privadas
Por otro lado, a lo largo de los siglos se han dado revelaciones “privadas”, muchas de ellas reconocidas
por la Iglesia. Sin embargo, no pertenencen al depósito de la fe (verdades a ser creidas por todo creyente). Es
decir, su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla
más plenamente en una cierta época de la historia.
Podemos pensar tres situaciones que se pueden dar frente a las revelaciones privadas:
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1. Aprobadas por la Iglesia encontramos los mensajes de la Nuestra Señora en Fátima, en Lourdes,
en Guadalupe, la Medalla Milagrosa.
2. Todavía no aprobadas por la Iglesia y eso no signficia que sean contrarias a la fe. Entre ellas los
mensajes de Ntra. Sra. del Rosario de San Nicolás a las Sra. Gladys, la Virgen del Cerro.
3. Reprobadas ya que atentan contra la fe de los creyentes.

¿Qué se tiene en cuenta para discernir las revelaciones privadas?


La Congregación para la Doctrina de la Fe, ha elaborado las normas necesarias para llevar adelante frente
a una revelación privada. Se trata de un proceso de tres fases que una autoridad legítima de la Iglesia debe
seguir para llegar a una decisión referente a alegatos sobre apariciones o revelaciones privadas.
o En primer lugar, la probable existencia de una aparición o revelación debe juzgarse "de acuerdo
a criterios positivos y negativos". Esta investigación puede incluir una evaluación de las
"cualidades personales" de los posibles videntes, así como de su "equilibrio psicológico,
honestidad y rectitud en la vida moral, sinceridad y docilidad habitual hacia la autoridad
eclesiástica, la capacidad de volver a un régimen normal de una vida de fe, etc.".
Cualquier posible revelación auténtica también tiene que ser "de una verdad teológica, acorde con
la doctrina espiritual e inmune al error" y debe generar "una devoción saludable con constante y
abundante fruto" como "el espíritu de oración, conversión, testimonios de caridad, etc.".
o En segundo lugar, si las autoridades eclesiásticas locales llegan a una primera conclusión
favorable, pueden permitir cierta devoción pública mientras prosiguen "observando esto con gran
prudencia".
o En tercer lugar, debe llegarse a un juicio definitivo "a la luz del tiempo transcurrido y la
experiencia" considerando particularmente "la fecundidad del fruto spiritual generado por esta
nueva devoción".
Es importante saber que que, a diferencia de las revelaciones públicas, los católicos no están obligados a
aceptar la veracidad o contenido de las revelaciones privadas, ni siquiera aquellas que han sido aprobadas por
la autoridad eclesial competente.
La aprobación eclesiástica "esencialmente significa que su mensaje no contiene nada contrario a la fe y
la moral". Sin embargo, añade, esas revelaciones privadas pueden tener "cierto carácter profético" y pueden
además "introducir nuevos énfasis, alentar nuevas formas de piedad o profundizar algunas ya existentes".
En síntesis, tres elementos pueden ayudarnos a discernir la veracidad o no de una revelación:
• el mensaje: de esperanza o de temor y miedo.
• el instrumento-vidente: personas que huyen de la fama, de la estima, que incluso se esconden cuando
alguien va a preguntar por los "afortunados" que han visto a la Virgen. Si analizamos a los "videntes" de
hoy, estos recorren todo el mundo, aparecen en todos los medios de comunicación social, dan
conferencias, asisten a congresos, etc.
• los frutos: conversión, paz o nredos, líos, problemas de todo tipo, hasta muchas veces enfrentamientos.

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