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Formación Inicial de Docentes Noveles

Este documento analiza las opiniones de profesores principiantes sobre su formación inicial. La formación de docentes ha sido una preocupación clave de las políticas educativas nacionales en los últimos 30 años a medida que se realizaron reformas del sistema educativo. El documento presenta las políticas de formación de docentes en Argentina en las últimas décadas y analiza las perspectivas de profesores recién graduados sobre lo que aprendieron y lo que necesitan para enseñar de manera efectiva.
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Formación Inicial de Docentes Noveles

Este documento analiza las opiniones de profesores principiantes sobre su formación inicial. La formación de docentes ha sido una preocupación clave de las políticas educativas nacionales en los últimos 30 años a medida que se realizaron reformas del sistema educativo. El documento presenta las políticas de formación de docentes en Argentina en las últimas décadas y analiza las perspectivas de profesores recién graduados sobre lo que aprendieron y lo que necesitan para enseñar de manera efectiva.
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Raúl A.

Menghini

Los profesores principiantes frente a su


formación inicial: entre la información y la
construcción de herramientas intelectuales
para enseñar
Raúl A. Menghini
Aceptado Mayo 2015

Resumen

La formación inicial de los docentes ha sido una preocupación fundamental de


las políticas educativas nacionales en los últimos treinta años, a la par que se
fueron produciendo reformas del sistema educativo. Lo mismo ha sucedido en el
ámbito internacional y esto ha sido objeto de múltiples investigaciones.

En este artículo se hace una presentación de las políticas que se han diseñado
en el orden nacional para la formación de los docentes, con algún detalle de
las políticas propias de los 90 y de las derivadas de la sanción de la Ley de
Educación Nacional en 2006. Sobre la base de estas consideraciones, luego se
analizan las opiniones de profesores principiantes para nivel secundario acerca
de lo que ha sido su formación inicial.

Hay que señalar que el análisis se basa en información de profesores de Letras,


Historia y Filosofía que se encuentran transitando sus primeros años en la
docencia y que se han formado en la Universidad Nacional del Sur durante
la última década. A lo largo de artículo se destaca el carácter situado de la
investigación, para advertir acerca del problema de generalización del análisis.

Palabras claves: formación inicial de docentes – docentes principiantes –


profesores noveles

Polifonías Revista de Educación - Año IV - Nº 6 -2015 - pp 103-126 103


Los profesores principiantes frente a su formación inicial: entre la información y la construcción de
herramientas intelectuales para enseñar

Abstract

Initial teacher training has been a main priority of the national educational
policies in the last thirty years, while changes in the educational system were
being made. The same has happened in the international scene and this has been
subject to extensive research.

This paper introduces the policies that have been designed at a national level for
teacher training, with some details of the policies that were typical of the 90s and
the ones derived from the approval of the National Education Law in 2006. On
this basis, we will analyze the opinions of beginner secondary-school teachers as
regards their initial training.

It should be noted that the analysis is based on Language, History and Philosophy
profesors in the first years of their teaching career and who have been trained
at Universidad Nacional del Sur in the last decade. Throughout the article, we
highlight the sited of this research, in order to warn about the problem of analysis
generalization.

Keys words: Initial teacher training – beginner teachers – new professor

Introducción

Pasan los años, las décadas, y persiste la preocupación por la formación inicial
de los docentes, tanto para los funcionarios que diseñan las políticas para el
sector, los que dirigen las instituciones de formación y las del resto del sistema
educativo, como para los que nos dedicamos a formar a las nuevas generaciones e
investigamos al respecto. Acaso la dinámica social, cultural, política, tecnológica,
nos coloque siempre ante un tema y problema que se mueve al mismo ritmo y
que, cuando parece que se van logrando determinadas cuestiones, o se avanza en
alguna línea, nuevamente resulta necesario repensar hacia dónde se está yendo.

No se está diciendo nada demasiado nuevo, atento que ya en siglo XIX existía
esta preocupación que llevó a la creación de la Escuela Normal de Paraná en

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1870, cuestión que luego se replicó a lo largo del territorio. Lo mismo se reeditó
en distintos momentos históricos y con distintos gobiernos, tanto democráticos
como dictatoriales, de manera que esto vuelve a ser un tema central en 1983 con
el retorno a la vida democrática, dado que no se puede separar la formación de
los docentes del proyecto de país, el modelo de Estado y la forma de gobierno.

En los últimos años el debate ha estado atravesado por las prescripciones de la


Ley de Educación Nacional 26.206/06 al respecto y las resoluciones derivadas de
ella que afectan en mayor o medida la formación inicial y continua. Además, en
el caso de la formación universitaria, también estamos asistiendo a movimientos
que tal vez en el corto plazo comiencen a plasmarse en nuevas regulaciones
que implicarán modificaciones de los diseños curriculares con motivo de los
procesos de acreditación, tal como señala la Resolución ME 50/10, que incluye
al título de profesor universitario en la nómina del Artículo 43 de la Ley de
Educación Superior.

Ciertamente que no se trata únicamente de una discusión curricular, como si


fuera una cuestión meramente técnica. La discusión de fondo es política,
epistemológica, sociológica, porque en ella está nada menos que el debate de
qué docentes formar, para qué escuelas, para qué tipo de educación, para qué
sociedad, con qué finalidad, con qué orientación. Vale decir, cuando se piensa en
formar docentes, se disparan una serie de reflexiones que impactan en el conjunto
del sistema de educativo, así como en lo social y lo político.

En este artículo se recogen y analizan opiniones de profesores principiantes de


nivel secundario acerca de lo que ha sido su formación inicial en la universidad.
La información ha sido recogida por medio de entrevistas a profesores de Historia,
Letras y Filosofía, egresados entre los años 2008 y 2012 de profesorados del
Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur y la temática
forma parte de un proyecto de investigación que venimos desarrollando desde
hace algunos años1. De allí que primeramente se presentarán algunas reflexiones
acerca de la formación inicial y luego se realizará un análisis acerca de cómo los
mismos principiantes perciben esa formación, cuestión que resulta fundamental

1  “Profesores principiantes para el nivel secundario: prácticas, trayectorias y desarrollo profesional”.


Director: Raúl Menghini, Co-directora: Marta Negrin. Subsidiado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología
de la Universidad Nacional del Sur.

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Los profesores principiantes frente a su formación inicial: entre la información y la construcción de
herramientas intelectuales para enseñar

para pensar los procesos formativos y las eventuales modificaciones que se


realicen en el corto o mediano plazo.

Algunas consideraciones acerca de la formación inicial de los docentes

La relación entre formación inicial y formación continua resulta en la actualidad


casi insoslayable. Focalizar en una de ellas remite, casi necesariamente, a analizar
la otra. Esta situación de continuum en que se inscribe la formación de docentes
se advierte aún más en los primeros años de ejercicio laboral, es decir en el caso
de los principiantes, que van dejando la formación inicial y comienza acciones
de formación continua2 .

La formación inicial empieza mucho antes del ingreso a una carrera de grado,
ya que nuestro paso por los niveles educativos en el rol de alumnos va dejando
“marcas”, formas de actuar y entender, estilos, que saldrán a la luz o reaparecerán
al momento de resolver situaciones de distinta índole.

Convertirse en profesor es un largo proceso. A las instituciones de


formación inicial del profesorado llegan candidatos que no son “va-
sos vacíos”. [...] Las miles de horas de observación como estudiantes
contribuyen a configurar un sistema de creencias hacia la enseñanza
que los aspirantes a profesores tienen y que les ayudan a interpretar
sus experiencias en la formación (Marcelo, 2009: 10).

Resulta necesario realizar alguna breve referencia a las regulaciones de la


formación inicial de los docentes en las últimas décadas, antes de pasar a analizar
las opiniones de los profesores principiantes.

En la Argentina de los 90, en el marco de las políticas que respondieron al


modelo neoliberal-neoconservador (Rigal, 2004), con una reconfiguración
del Estado a partir de la asunción de nuevos roles como evaluador, regulador-

2  Muchas veces estos procesos se dan en simultáneo. La ansiedad por sumar puntaje en los listados de
ingreso a la docencia en el ámbito público, suele llevar a los estudiantes en formación inicial a tomar
cursos propios de la formación continua.

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desregulador (Ball, 2012) que implicaron su ajuste estructural (Grassi, Hintze y


Neufeld, 1994; Hintze, 2007), las resoluciones emanadas del Consejo Federal de
Educación con motivo de la Ley Federal de Educación N° 24.195/93 –conocidas
como documentos A3, A9, A11, A14– avanzaron en la organización institucional
de las instituciones de formación de docentes, dieron forma a la Red Federal
de Formación Docente Continua, prescribieron las funciones de los institutos
superiores –entre ellas la investigación–, fijaron los criterios para la evaluación
y acreditación de las instituciones, entre otras.

En esta línea, hay que destacar lo que fueron los Contenidos Básicos Comunes
(CBC) para la formación de docentes (Resolución 53/96 del Consejo Federal),
que se elaboraron con posterioridad a los CBC para nivel inicial, primario y
polimodal. Si bien el documento apuntó a la formación para docentes de
nivel inicial, EGB1 y EGB23 , las orientaciones de la formación pedagógica
se extendieron también a la formación de docentes para secundario (en ese
momento polimodal). Se organizó considerando tres campos de formación: la
general pedagógica, la especializada por niveles y regímenes especiales y la de
orientación. Estos contenidos fueron la base para los diseños curriculares de las
jurisdicciones y también para las universidades, al menos en lo referido al campo
de la formación pedagógica, en el caso de las universidades, aunque muchas de
ellas no cambiaron sus planes de estudio y, por lo tanto, no consideraron ni los
campos ni los temas sugeridos al interior de cada uno.

Mucho se ha escrito acerca de la orientación de la llamada “transformación


educativa” de los 90 y su impacto en la formación de los docentes (Vior
y Misuraca, 1998; Vior y Misuraca, 1999; Misuraca, 2004; Misuraca y
Menghini, 2009; Feldfeber, 2010; Misuraca y Menghini, 2010). En general
fue una política de corte tecnocrático y conservadora, que se revistió
discursivamente de una concepción teórica progresista y crítica, pero que,
en los hechos, fue en sentido contrario. Los contenidos para la formación de
los docentes estuvieron pensados para que los futuros docentes aprendieran
a enseñar los CBC en la escuela, es decir, que se limitaran a aprender lo que
deberían enseñar. De esta manera, se consideró a los profesores como meros

3  Hay que aclarar que nunca se elaboró un documento que estuviera dirigido a la formación de docentes
para polimodal ni EGB3, si bien el campo de la formación general pedagógica estaba destinado a la
formación para todos los niveles del sistema.

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ejecutores (Ball y Youdell, 2007), y esto actuó como un modo de garantizar


que la reforma llegara a las escuelas y sus aulas. Los docentes, en esta visión
instrumental, debían aprender, simple y solamente, lo que tenían que enseñar
en la escuela (González Faraco, 2000), porque no les correspondería tomar
decisiones ni fundamentarlas4 . Resultaban ser meros aplicadores de diseños
curriculares pensados y decididos centralizadamente.

En esta última década, las políticas para la formación de los docentes han
sido asumidas por el Instituto Nacional de Formación Docente (INFD), creado
por la Ley de Educación Nacional N° 26.206/06. Este Instituto5 es un órgano
desconcentrado, dependiente del Ministerio de Educación y se le asignan como
responsabilidades: planificar y ejecutar políticas de “articulación” del “sistema
de formación docente inicial y continua”6; impulsar políticas de fortalecimiento
de las relaciones entre el sistema de formación y el resto del sistema; aplicar
regulaciones sobre evaluación, acreditación de instituciones y carreras, validez
nacional de los títulos; coordinar acciones de seguimiento y evaluación de las
políticas; desarrollar programas y materiales para la formación docente inicial,
entre otras.

4  En opinión de Ball y Youdell (2007), esto puede verse como consecuencia de los procesos de
privatización en educación (formas encubiertas), que postulan al docente como un técnico.
5  Para un análisis más detallado de este Instituto se puede consultar:
- Menghini, Raúl (2009) “Nuevas regulaciones para la formación de docentes en la Argentina (2004-
2008)”. En Vior, S., Misuraca, M.R. y Más Rocha, S. (comps.) La formación de docentes, ¿qué cambió
después de los ´90 en las políticas, los currículos y las instituciones? Ediciones Baudino, Buenos Aires.
- Menghini, Raúl (2013) “Formación de docentes: cuando las políticas se revisten de pretendida
neutralidad”. Revista Actas Pedagógicas, Año 8, N° 5. Facultad de Ciencias de la Educación de la
Universidad Nacional del Comahue.
6  Un comentario sobre los encomillados. En primer lugar, la articulación: la Ley hace responsable al
INFD de articular lo que no está articulado, básicamente porque las instituciones encargadas de formar
docentes son los institutos superiores y las universidades que, si bien tienen un marco legislativo común
como es la Ley de Educación Superior, a su vez reconocen tradiciones, identidades y rutinas muy distintas
y, además, unas cuentan con autonomía por la Constitución Nacional y dependen del Estado Nacional
mientras los institutos no son autónomos (salvo algún caso excepcional, como el Joaquín V. González)
y dependen de las respectivas provincias. En segundo lugar, se menciona “el sistema de formación
docente”, que nunca existió ni existe, por lo cual puede ser considerado una entelequia, porque carece de
fundamento histórico. En la misma línea se explaya uno de los anexos de la Resolución CFE 30/07, al
plantear la institucionalidad del sistema de formación docente. Ya en 1997 Diker y Terigi advertían acerca
de la dificultad de hablar de un subsistema de formación docente, cuestión que sigue resultando válida a
pesar de nuevos marcos legales y regulaciones de todo tipo.

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En referencia a la función que cumple el INFD, Misuraca afirma: “… este


papel, asimilable al de un patrón de unidad nacional frente a la fragmentación
y la dispersión heredada, supondría superar la histórica desarticulación entre
instituciones que ofrecen carreras docentes” (2009: 161).

Hay que reconocer que el Instituto ha resultado ser muy activo en términos de
generación de regulaciones. Todas sus iniciativas son tratadas en el ámbito del
Consejo Federal de Educación que las legaliza en forma de resoluciones. Es así
como se han emitido un gran número desde su creación, todas ellas con un sesgo
fuertemente burocrático y tecnicista, con la pretensión de unificar la formación
de los docentes, al menos en los institutos superiores provinciales. Las acciones
de este organismo pueden ser entendidas en los principios de la “nueva gestión
pública” (Rizvi y Lingard, 2013), en tanto se trasladan los procesos de gestión y
control propios del ámbito privado al público.

Entre sus resoluciones se destaca la CFE 24/07 que aprobó los “Lineamientos
Curriculares para la formación docente inicial” y que, de manera similar a lo
sucedido en los 90 con los CBC, deben ser tenidos en cuenta por las provincias
para los diseños curriculares y también por las universidades. Sin embargo,
en general en el ámbito universitario se puede observar bastante resistencia
a trasladar sus decisiones a las carreras universitarias, máxime cuando las
unidades académicas universitarias se encuentran en proceso de elaboración de
los estándares para la acreditación de los profesorados. De todas maneras, la
organización de la formación inicial que se plantea en los debates y documentos
de la Asociación de Facultades de Humanidades y Educación (ANFHE) no dista
demasiado de lo prescripto en la resolución CFE 24/07, dado que en general
mantiene la noción de campo, con algunas particularidades con respecto a la
cantidad de campos formativos y lo que contiene cada uno. Más allá de lo que
terminen siendo los estándares, lo cierto es que en las discusiones siguen estando
presentes dos tipos de tensiones:

- unas más específicas relativas a la formación, y allí aparecen algunas


clásicas como la relación entre teoría y práctica, entre lo disciplinar y
lo pedagógico (Davini, 1995), que atraviesan los campos y, a su vez,
complejizan al interior de cada uno de ellos.

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- Otras de tipo macro, que dan cuenta del juego del poder entre los
organismos y jurisdicciones que entienden o están relacionados con la
formación docente: los propios universitarios: universidades, Secretaría
de Políticas Universitarias, Consejo Interuniversitario Nacional, Consejo
de Universidades, y los específicos de la formación docente como son
los institutos superiores provinciales, el INFD, el Consejo Federal de
Educación.

En lo que respecta a la formación universitaria de profesores, existe en general


bastante acuerdo en considerar que responde a una tradición fuertemente
académica (Davini, 1995; Mollis, 2009). En la investigación realizada por
Mollis en distintas carreras de profesorado de universidades, pudo advertir dos
situaciones que caracterizan a este tipo de formación en estas instituciones. Por
un lado, que se le otorga “un papel protagónico a la investigación para mantener
la excelencia académica en la transmisión de conocimientos” y, por el otro,
existe un “reconocimiento generalizado de la falta de valoración institucional
hacia los espacios para la práctica de la enseñanza…las prácticas de la enseñanza
constituyen el punto débil” (2004: 10). Esta misma tensión es reconocida por
los profesores principiantes que se han entrevistado: al tiempo que valoran la
formación académica que han recibido en la universidad, también denuncian la
falta de contacto con la realidad de las escuelas secundarias y la distancia que
existe entre ambas instituciones.

A continuación se analizan las opiniones de los principiantes sobre la formación


inicial que han recibido en la Universidad Nacional del Sur, cuestión que tal vez
pueda estar en concordancia con lo que sucede en otras universidades nacionales.

Los profesores principiantes y la formación inicial

Una vez que el/la alumno/a culmina el recorrido de la formación inicial, comienza
para los docentes el proceso de formación continua en condición de iniciado
(Alliaud y Antelo, 2009). En ese momento de la carrera docente se cruzan, por un
lado, las incertidumbres y, por otro, las expectativas, pero sin duda los comienzos
son momentos de aprendizajes claves para el posterior desarrollo y permanencia
en el sistema educativo, máxime en el contexto actual de constantes cambios
sociales, políticos, culturales, económicos, legales.

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Debido a estas cuestiones, se hace necesario plantear, aunque sea someramente,


a quiénes consideramos docentes principiantes. En términos sencillos, el docente
principiante es aquel que tiene menos de cinco años en el ejercicio de la docencia
(Marcelo, 2008). Lea Vezub problematiza el inicio en la docencia y lo considera
como una etapa particular por diversos motivos:

…por los desafíos y problemas que enfrentan los principiantes; por


las inseguridades y temores propios de los comienzos, la falta de ex-
periencia en el rol; por la responsabilidad que significa estar al frente
de un salón de clases a cargo de un grupo de alumnos a los cuales
hay que enseñar, incluir y desarrollar; por el desajuste que se produce
entre los esquemas teóricos e ideales aprendidos en las instituciones
y el funcionamiento complejo, a veces vertiginoso y caótico, de la
realidad escolar (Vezub, 2010: 24).

Es posible que los profesores principiantes no logren formarse una idea acabada
de lo que les ha brindado la formación inicial, y quizás esto se alcance con
el paso de los años. Lo súbito con que suelen darse las primeras experiencias,
hace que los noveles busquen soluciones rápidas a los problemas que plantea la
práctica docente, en general de corte instrumental y, en este sentido, puede ser
que la formación recibida no les haya proporcionado un bagaje de instrumentos
“todo terreno”, que puedan ser aplicados en cualquier situación. En esta búsqueda
puede suceder que tal vez se dejen de lado aquellas cuestiones formativas más
amplias o generales, de construcción de actitudes ante el conocimiento, de la
apropiación de herramientas para el estudio sistemático, de la búsqueda de
fundamentos teóricos, de la justificación del hacer, de generación de hábitos de
trabajo intelectual, para ir detrás de soluciones inmediatas.

Estas consideraciones no quieren opacar ni minimizar lo que sienten y expresan


los profesores noveles, dado que todos hemos pasado por momentos de iniciación
y conocemos cómo se viven esas primeras prácticas. Además, porque las nuevas
generaciones se encuentran con situaciones sociales y escolares muy distintas a
las que existían hace algunas décadas.

De allí que la voz de los profesores principiantes acerca de la formación inicial


resulta privilegiada porque, entre otras cosas, permite revisar y replantear las

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políticas, los diseños curriculares, la relación y articulación entre la teoría y


la práctica, así como también las políticas y procesos de formación continua y
desarrollo profesional. Esa voz se recoge aquí a partir de las valoraciones suscintas
manifestadas en las encuestas que respondieron y que se tratarán en un primer
momento, así como de expresiones más extendidas vertidas en las entrevistas
que serán analizadas en segundo término7. Hay que advertir que sus respuestas
están marcadas por lo que implican estos primeros años de inserción laboral,
donde se ha tomado algo de distancia de la institución formadora. Es posible que
si se les hubiera preguntado lo mismo estando todavía en la universidad o bien
si lo volviésemos a pregunta de aquí a cinco, diez o quince años, sus respuestas
podrían ser totalmente distintas. Por otra parte, son opiniones de profesores de
Letras, Historia y Filosofía para nivel secundario, egresados de la UNS en Bahía
Blanca en los últimos años. Valga esta reiteración para destacar que se trata
de una investigación situada (Menghini, 2015), que no pretende generalizar
resultados sino comprender lo particular. Al respecto, se puede coincidir con
Sandoval cuando afirma que la investigación siempre se encuentra atravesada
por variables contextuales porque “no existiría la posibilidad de conocer desde
ninguna parte, siempre lo haríamos desde un cuerpo, un tiempo y un lugar”
(Sandoval, 2013: 37).

Realizadas estas consideraciones, entre las cosas que los profesores principiantes
valoran como excelentes de su formación inicial figuran: los hábitos de estudio
adquiridos, las herramientas para la búsqueda y selección de bibliografía, el
estudio en grupos8 , y las materias disciplinares en el caso de los profesores de
Historia. La formación teórica es valorada mayormente como excelente o muy
buena, siendo menor la valoración “buena”. Estas valoraciones están en sintonía
con la representación que existe sobre la formación universitaria, en el hecho
de presentarse como fuerte en lo académico, exigente, de formación de hábitos
sistemáticos para el estudio y la investigación. Aquí hay que tener en cuenta que
en la Universidad Nacional del Sur la formación de profesores y licenciados
comparte prácticamente la mayoría de las materias disciplinares y en éstas, en

7  Este análisis se realiza básicamente sobre la información de los cuestionarios (que suponían respuestas
según categorías preestablecidas) y las entrevistas realizadas a profesores principiantes egresados de
la Universidad Nacional del Sur, en las disciplinas Historia, Letras y Filosofía. Se administraron seis
entrevistas a cada grupo disciplinar.
8  Aquí se destacan fuertemente los graduados de Historia, mientras que los de Letras y Filosofía valoran
este aspecto como “muy bueno” o “bueno”.

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general, el énfasis está puesto en el perfil de los licenciados y su formación para


la investigación.

En tanto, la valoración “muy buena” está distribuida más equitativamente: se


destacan por igual las materias pedagógicas y las disciplinares9, la residencia
(práctica) y el contacto directo con los profesores. En el caso de lo que aporta la
residencia a la formación, podemos distinguir: los docentes nóveles de Historia
la valoran mayoritariamente como muy buena y luego como excelente y buena.
Los de Filosofía casi por igual entre excelente y muy buena; y los de Letras se
distribuyen por igual los que la señalan como excelente, muy buena y buena. Las
materias pedagógicas en general concentran su valoración entre muy buenas y
buenas.

Las pocas valoraciones negativas (regular) aparecen en el caso de las materias de


los primeros años (para Letras e Historia) y en los trabajos prácticos (especialmente
para los de Letras). Quizás esto se pueda deber al sentido introductorio de estas
materias y la distancia entre las expectativas con que llegan a la universidad y lo
que se encuentran.

Los entrevistados se explayan sobre la formación inicial y entonces aparecen


otras aristas de la misma. En general, también la valoración sobre la formación
inicial resulta bastante positiva, fundamentalmente en lo relativo a lo disciplinar.
Esa valoración es un poco más baja para la formación pedagógica, a la que ven
distanciada de las situaciones reales con las que se encuentran al trabajar. Esto
se expresa en la tradicional escisión entre teoría y práctica10 , destacando que esta
última resulta escasa para enfrentar las primeras experiencias laborales, máxime
que las prácticas se encuentran solo en el último año de los respectivos planes
de estudio. A pesar de esto, lo cierto es que consideran que han tenido una buena
formación. Esta situación no está en línea con lo que afirma Flores para el caso
de Portugal –y que posiblemente sea la situación de otros países–:

9  Sin distinguir tipos de materias, una encuestada dice: “una crítica: casi ninguno de nuestros profesores
universitarios pisa una escuela real en décadas, es como formarse en medicina con médicos que hace años
que no ven un enfermo ni un hospital” (Letras).
10  Resulta importante señalar que el reclamo por la articulación entre la teoría y la práctica se le formula
solamente a las materias pedagógicas, y no a las de la propia disciplina. Parecería que la materias
disciplinares no tuviesen responsabilidad por generar instancias de articulación y prácticas de enseñanza
en la universidad que estén en línea con articularse con la práctica de las escuelas.

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Los profesores principiantes frente a su formación inicial: entre la información y la construcción de
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De una forma general, la evaluación que hacen de la formación es ne-


gativa, refiriéndose al clásico y ampliamente divulgado desfase entre
teoría y práctica (Flores, 2000; Hauge, 2000; Hobson y Tomlinson,
2001) y la inadecuada preparación para lidiar con la compleja y exi-
gente naturaleza de sus actividades diarias y en el aula (2008: 66).

Algunas de sus opiniones, como se dijo, rescatan la formación teórica, aunque


también señalan algunos problemas en ciertas áreas de conocimiento:

Nos ha dado un buen marco teórico como para tratar cuestiones li-
terarias, resolver situaciones didácticas que se nos plantean en la
cotidianeidad del aula (L2)11 .
Fue muy buena en algunos aspectos, en algunas materias fue muy
exigente, pero es esa exigencia que nos fortalece y nos permite ser
mejor y aprender más y apropiarse de ese conocimiento, otras mate-
rias más flojitas. La filosofía es tan amplia y siempre se hacen recor-
tes, hay un montón de cosas que no vimos…ni hablar de la filosofía
más contemporánea nada, no vi casi nada (F1).
Positiva la formación profesional, tanto desde el marco teórico que
me dotó de lenguaje filosófico, bien técnico, específico de la carrera,
como de la parte práctica (F3).
Tuvimos una formación muy académica filosófica en cuanto a todo lo
que pensaron los otros filósofos, no tanto de cuestionar, de filosofar,
de indagar (F1).

En línea con este último cuestionamiento, otros reconocen ciertas faltas o lagunas
de la formación teórica:

Hay poco análisis… Nos está faltando una conexión bastante impor-
tante con el afuera de la Universidad (H1).

11  A partir de aquí, las expresiones textuales de los principiantes se identificarán con la letra de la
respectiva disciplina (L: Letras; H: Historia; F: Filosofía) y se expresará en cursiva, para distinguirla de
las citas de referencias bibliográficas.

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En la carrera no vemos Foucault, no vemos Adorno, no vemos Ben-


jamin, y eso creo que es una deficiencia a nivel teórico importante
(H3).

En general existe un debate que atraviesa a estudiantes y profesores y, en este


caso, a los profesores principiantes: los que requieren que la universidad enseñe
todo, o al menos aquello que tendrán que enseñar en la educación secundaria12;
y aquellos que consideran que en la formación inicial no se puede enseñar todo,
sino dar las principales orientaciones y brindar herramientas para que luego cada
uno se continúe formando. Esta última posición rescata la continua actualización
de los conocimientos, así como las múltiples fuentes de acceso a la información
que existen en la actualidad, por lo que en la formación habría que privilegiar
menos información y más formación (Souto, 2011; Bonino y Codecido, 2014),
fundamentalmente aquella que promueve habilidades de trabajo intelectual en
sus diferentes facetas.

Así, mientras algunos de los entrevistados señalan que se encuentran con que
los diseños curriculares para nivel secundario prevén contenidos que ellos no
han estudiado en la universidad y reclaman una adecuación entre lo se aprende
en la formación y lo que tendrán que enseñar, otros consideran que a pesar de
ello cuentan con suficientes herramientas para hacer frente a la enseñanza en el
nivel secundario. Los siguientes testimonios dan muestras de este debate entre
posiciones:

Hay una distancia muy grande entre lo que se enseña en la univer-


sidad y lo que uno después tiene que enseñar…las escuelas piden
trabajar más con procesos, con conceptos, y uno hace [en la univer-
sidad] una lectura más hechológica de la historia (H4).
Me sirvió como herramienta para poder seguir buscando, para
afrontar lo que venía después, o sea como herramienta de búsqueda y
de poder resolver situaciones que no se me habían dado en la carrera
(L3).

12  Esta postura parece encuadrarse en lo que plantean Luengo Navas y Saura (2013), en el sentido de
que el control ideológico que se realiza mediante la prescripción de contenidos que se deben aprender es
una consecuencia también de los mecanismos encubiertos de privatización que se instalan en la educación
pública.

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Los profesores principiantes frente a su formación inicial: entre la información y la construcción de
herramientas intelectuales para enseñar

La formación creo que te da un timming de lectura que es alucinan-


te, te da herramientas para que vos puedas escribir, para poner tus
ideas, tus escritos, que también es alucinante (H1).
La universidad te forma como un gran autodidacta, en este sentido le
estoy sumamente agradecida. Hoy yo creo que me siento con la capa-
cidad de poder resolver un montón de situaciones desde lo teórico, de
mejor manera que gente que por allí proviene de otra formación (H1).
Nos ayudó bastante para dar clases el buscar distintas posturas de
autores; en eso estamos muy bien preparados…nos faltó más cono-
cer los diseños curriculares y también la historia mundial reciente,
temas actuales. Nos tuvimos que poner a estudiar de cero (H2).

En algún sentido, daría la impresión de que la sólida formación teórica que


brinda la universidad parece volverse en contra en algunos casos, o que podría
generar efectos no deseados:

En realidad uno sale de la universidad con una postura académica


tan fuerte que cuando te encontrás en la realidad es difícil salirse de
ese molde (L3).
Están un poco distanciados los contenidos y la manera de trabajar
y el mundo en el que te metés, de la realidad que después vos ves en
las escuelas y cómo están encaradas las materias que vos podés dar
en las escuelas (E4).

La formación pedagógica también es considerada en general como buena, aunque


se le reclama mayor cercanía a las situaciones reales que luego encontrarán al
momento de trabajar.

La formación pedagógica me pareció interesante, sobre todo con el


tiempo me ha pasado de acordarme de situaciones y me daba cuenta
que era algún ejemplo que había leído en algún texto en alguna ma-
teria pedagógica o cuestiones que salían en las clases, sobre todo en
la didáctica de la literatura (L4).

116 Polifonías Revista de Educación - Año IV - Nº 6 -2015 - pp 103-126


Raúl A. Menghini

Me marcó la distancia entre teoría y práctica, especialmente en lo


que se refiere a las materias pedagógicas. Yo aprendí mucho de ellas,
no lo niego, pero creo que perdían de vista la realidad del aula, y las
situaciones analizadas en clase, siempre tendían a lo ideal o, por lo
menos, sin mayores dificultades” (L6).

A veces los estudiantes y los principiantes parecen reclamar el desarrollo de una


casuística concreta de lo que encontrarán en la práctica laboral en las escuelas,
como si esos casos fueran garantía para enfrentar la realidad. Esto puede dar
cuenta de que esperan encontrar una práctica poco dinámica, estática, donde
siempre sucede lo mismo, sin considerar que la realidad escolar es absolutamente
cambiante, imprevisible, inagotable en sus posibilidades, conflictos y problemas,
y que, por lo tanto, no es posible encapsularla en casos de todo tipo que logren
dar cuenta de esa riqueza, dinamicidad y conflictividad.

Algunos principiantes de nuestra universidad denuncian que haya una sola


instancia de práctica y ubicada en el último año de la carrera, en línea con una
visión aplicacionista de la práctica (Davini, 1995). Esta práctica suele tomarse
como un momento para “probarse”, para reafirmar la elección profesional y darse
cuenta de si realmente pueden llevar adelante una clase, y esto sucede cuando ya
su formación está jugada, es decir al final de la carrera.

Me hubiera gustado tener más prácticas desde el inicio de la ca-


rrera, porque cuando entré a trabajar no tenía el título, pero me
encontré en la mitad de la carrera sin experiencia ni observación
de la escuela real, porque uno sale de la universidad, de un mundo
ideal yo fui a una escuela periférica, donde había otra realidad
social (L1)
Me hubiese gustado tener prácticas o situaciones más vinculadas a
la realidad cotidiana de los colegios, más instancias de prácticas,
de experiencias, de observaciones, algún ejemplo más cercano a la
realidad, (L6).
Yo me encontré teniendo por suerte la posibilidad de trabajar, pero
las prácticas están en el último año y el primer contacto que uno

Polifonías Revista de Educación - Año IV - Nº 6 -2015 - pp 103-126 117


Los profesores principiantes frente a su formación inicial: entre la información y la construcción de
herramientas intelectuales para enseñar

tiene con una escuela es precisamente en la práctica o en didáctica


que hacés alguna observación (F2.).
Esto de tener que ir a hacer observaciones y dar clase…creo que
estaría bueno que las observaciones sean desde antes de tener la
práctica (F3).

En relación con esta distancia con la realidad, tres de los principiantes de Historia
reconocen haber transitado importantes “crisis vocacionales”, por el aislamiento
que habían sufrido durante la formación. Lo expresan como “choque”,
“darse contra la pared”, tal como sostienen algunos autores (Veenman, 1984;
Marcelo, 2008b, 2009a). Dos de las entrevistadas admiten que esas crisis las
llevó a volver llorando de las escuelas, por la situación con que se encontraban
en ellas -fundamentalmente desde el punto de vista social-, la cual resultaba
absolutamente distinta de la vivida como alumnas, es decir de sus biografías
escolares13. El testimonio de una de ellas fue el más significativo de esta situación
y resulta elocuente14:

El tema era el choque tremendo con el recuerdo que yo tenía de la


escuela. Mi experiencia de alumna y la idea que tenía de la escuela
secundaria… me encantaba, yo quería volver a la escuela… Llegué
a sentir un rechazo a la escuela que si me llamaban por teléfono y mi
mamá me decía ‘te llaman de la escuela’, me agarraba unos nervios,
pánico… (E2).

En el caso de los que trabajan anticipadamente a la graduación, que son


fundamentalmente los profesores de Letras, se observa que en cierto sentido
suplen aquellas cuestiones que la formación no les brinda.

13  Como señala Torres Santomé (2001), muchas veces los profesores deben trabajar con alumnado que
no proceden de sus mismos grupos culturales. Si así fuera, podrían conectar más fácilmente con aquellos
con quienes comparte origen y cultura.
14  La entrevistada se emocionó y dejó caer sus lágrimas durante la entrevista, al recordar las situaciones
que ha vivido, lo que da una pauta de lo importante que puede haber sido la crisis y como la evocación
del recuerdo revive la misma.

118 Polifonías Revista de Educación - Año IV - Nº 6 -2015 - pp 103-126


Raúl A. Menghini

Necesitaba trabajar y también me gustó por el hecho de bajar la


carrera a la realidad. Me gustó mucho, me acercó mucho a lo real,
porque Letras es una carrera que te lleva un poco a otro nivel, que
cuando uno va a la escuela es otro mundo, entonces y me conectó
más…(L1)
Yo estoy convencido de que hice bien en el sentido de que empecé
con un cursito nada más, que era incluso lo único que podía tomar…
(L5).

No se puede desconocer que esta opción de trabajar durante los estudios incide
fuertemente en la duración de los estudios (Negrin y Bonino, 2015)15 , además
de otras variables como la casi inexistente posibilidad de “promocionar”
materias.

Los motivos para trabajar anticipadamente son varios: en muchos de ellos es


por necesidad económica. Esta situación genera un circuito por el cual, frente
a la duración real que les demanda la carrera y la imposibilidad de sus familias
de seguir sosteniendo sus estudios, comienzan a trabajar en la docencia; con
el trabajo, se retrasa aún más la finalización de la carrera. Otros lo consideran
como una experiencia y entrenamiento e incluso una principiante considera
que el trabajo le permitió “reformular el lugar de la academia” (L1), en clara
alusión a la academia universitaria que parece vivir al margen de la realidad
(Diéz Gutiérrez et al, 2014)16 . Algunos de sus testimonios al respecto son:

Fue como un entrenamiento, está bueno porque si hubiera te-


nido la posibilidad por ejemplo de recibirme sin trabajar y ya
entrar al ruedo creo que no me hubiera dado el cuero realmente
(L5).

15  Las autoras destacan que en la UNS, en 2009, el promedio para la finalización de la carrera de Profesorado
en Letras era de 10.62 años, frente a casi 8 años en el caso de Historia y Filosofía. Hay que tener en cuenta
que todas ellas son carreras de 5 años.
16  A partir de la investigación acerca de formación docente inicial en la universidad, los autores refieren
a la institución como una “torre de marfil”, y señalan que en esa formación se transmiten contenidos “…
cuya selección y deter­minación vienen ya legitimadas por el ámbito científico. Son parte del canon académico,
del “sentido común” universitario, se consideran como saberes técnicos y “científicos”… (Diéz Gutiérrez et al,
2014: 4).

Polifonías Revista de Educación - Año IV - Nº 6 -2015 - pp 103-126 119


Los profesores principiantes frente a su formación inicial: entre la información y la construcción de
herramientas intelectuales para enseñar

Fue muy raro porque para mí fue medio experimental esa primera
vez y después la práctica ¿No? Fue como tener dos residencias.
(F4)

Se destaca la valoración de una entrevistada acerca de lo que significó para ella


la posibilidad de trabajar durante la formación inicial, en términos de haber
resultado fundamental para darle sentido a la carrera y ser un impulso para
terminarla, así como que el hecho de tener que enseñar en la escuela le imprimió
una nueva dinámica a sus aprendizajes.

Ese contacto me hizo bien para seguir estudiando Creo que fue uno
de los factores por los cuales terminé la carrera de hecho. Otra cosa
que también me sirvió es que cuando uno tiene que enseñar aprende
distinto, porque cuando uno tiene que enseñar algo tiene que ver los
procesos por los cuales uno aprendió y eso hace que uno aprenda
mejor también y eso cambió toda mi carrera (L1).

Acerca de esta situación de ser estudiantes y profesores al mismo tiempo, Negrin


y Bonino (2015) han indagado la misma a través de entrevistas y resumen los
efectos que le atribuyen los principiantes:

a. El desarrollo de una actitud crítica respecto de las clases universitarias, lo que


lleva a una mejor apropiación de los conceptos y textos, o bien “leer con ojos de
docentes”.
b. La ponderación de algunos aspectos inherentes al quehacer docente que hasta la
instancia laboral aparecía invisibilizada.
c. Un estado de alerta respecto de las dificultades que pueden experimentar
los alumnos de la escuela secundaria, al vivir ellos mismos la situación de ser
estudiantes en la universidad.
d. Un impacto importante en el momento de la residencia (practicum), dado que
se sienten más seguros, tienen experiencia en el manejo de los tiempos y de los
grupos y sus posibles reacciones.

120 Polifonías Revista de Educación - Año IV - Nº 6 -2015 - pp 103-126


Raúl A. Menghini

Tardif denomina experienciales a aquellos saberes “actualizados, adquiridos y


necesarios en el ámbito de la práctica de la profesión y que no provienen de
las instituciones de formación ni de los currículos” (2009: 37). Según Negrin y
Bonino “esto implica que la práctica profesional no es meramente un escenario
de “aplicación” de saberes producidos por otros o aprendidos en las instituciones
de formación…” (2015: 149). Es casualmente esta incorporación anticipada al
ámbito del trabajo docente lo que permite a los principiantes (básicamente de
Letras) construir saberes experienciales en contextos reales.

Sobre este tema de la inserción anticipada se puede adherir al interrogante que


se plantean las autoras, en el sentido de si es posible considerar principiantes a
quienes, cuando se gradúan, ya llevan varios años ejerciendo la docencia. Esta
situación, sin duda, pone en jaque las definiciones y las reflexiones de muchas
de las investigaciones en el ámbito nacional e internacional, y aquí reside,
casualmente, la necesidad de realizar investigaciones situadas, en coordenadas
espacio-temporales, que buscan comprender las situaciones particulares y no
pretenden generalizar o universalizar sus resultados.

Para seguir pensando

Tal como se planteó en la introducción, los problemas relativos a la formación


inicial de los docentes representan un desafío permanente. Esto debería ser
aún más desafiante para las instituciones universitarias, en tanto generadoras
y difusoras de conocimiento, sin embargo se puede observar que los debates
relativos a la formación de docentes en ellas muchas veces está ausente o bien se
lo subsume en otro tipo de formación, como puede ser la de licenciados en una
disciplina.

En este último apartado no se presentan conclusiones sino algunas conside-


raciones que surgen de la reflexión y análisis sobre la particularidad de la
formación inicial de profesores para nivel secundario, que se han formado en
la Universidad Nacional del Sur en la última década. Se reiteran estas coor-
denadas espacio-temporales para enfatizar que se trata de una investigación
situada, sin pretensiones de generalización al universo nacional de profesores
ni a los formados en universidades.

Polifonías Revista de Educación - Año IV - Nº 6 -2015 - pp 103-126 121


Los profesores principiantes frente a su formación inicial: entre la información y la construcción de
herramientas intelectuales para enseñar

Algunas de las cuestiones que surgen de la investigación son:


- En general los profesores principiantes manifiestan una valoración positiva
acerca de su formación inicial. En ella se destaca un mayor énfasis en la
formación disciplinar que en la pedagógica.
- Algunos señalan ciertas lagunas o falencias de la formación, como son:
falta de desarrollo de algunas temáticas y autores de la disciplina de
formación (Historia, Letras, Filosofía), distancia con la realidad social en
general y escolar en particular, desarticulación entre teoría y práctica.
- Se plantean distintas posturas acerca de la tensión entre la información
que les aportaron las distintas materias de la carrera de grado y la
formación; es decir, el aprender lo que tendrán que enseñar en las escuelas
o bien construir herramientas intelectuales para poder hacer frente a las
imprevisibles situaciones escolares.
- Los profesores principiantes en general relacionan las exigencias de
la práctica docente en las escuelas con la formación que les ofrece las
materias “pedagógicas”, cosa que no demandan tan enfáticamente de las
materias disciplinares.
- Si bien los principiantes ponen en tensión la formación universitaria con
la realidad en general y la escolar en particular, no manifiestan reflexiones
de índole más político sino que se remiten a la “utilidad” de la formación
que les ha brindado la institución universitaria.

Seguramente no son cuestiones absolutamente propias de la realidad estudiada,


sino que es posible que algunas de ellas también se encuentren con principiantes
de otras latitudes nacionales. Sin embargo, ellas resultan válidas para pensar
y hacer partícipe a la institución formadora de la percepción que tienen los
principiantes acerca de su formación inicial, máxime cuando se avecinan
tiempos de reforma de la formación con motivo de los procesos de acreditación
de los profesorados; reformas que no serán de índole únicamente instrumental
sino fundamentalmente políticas, donde lo curricular se ponga en diálogo con
los objetivos de la formación, un determinado modelo de país, de sociedad, de
educación y en ese contexto se debata la función de las universidades y su aporte

122 Polifonías Revista de Educación - Año IV - Nº 6 -2015 - pp 103-126


Raúl A. Menghini

a la formación de los profesores para los distintos niveles de la enseñanza, así


como al acompañamiento de ellos en sus primeros desempeños laborales.

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