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C6Ívi Í7I: Hadas, Asmas Y Jras Una Teoría

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>C6ÍVi Í7i

OVNIS, APARICIONES MARIANAS,


IIIGIOOIS, HADAS, IANIASMAS Y
EXTRAÑAS CRIARJRAS

¿ UNA TEORÍA EXPLICATIVA?


JOSE ANTONIO CARAV@CA

I’' . ? •

1 •!

DISTORSION J,'.P< hir ;..

OVNIS, APARICIONES MARIANAS, BIGFOOTS, HADAS, FANTASMAS


Y EXTRAÑAS CRIATURAS. ¿UNA TEORIA EXPLICATIVA?
¡N -. M
:.'|T Hl

GUANTE BLANCO*
EDITORIAL
Primcm 2019
Priinem reimpresión: junio ¿OÍ 9

ISBN: 2,78-84-18151-07-1

© Del texto: José Antonio Caravaca


© Maquetarión: Editorial Guante Blanco.
© Imagen de cubierta: Octavio Martínez González
© Recursos gráficos interior depositphotos
© Imágenes de interior: José Antonio Caravaca

Editorial Guante Blanco


[Link]
infb@[Link]

Los artículos, textos e imágenes contenidos en esta obra no pueden ser reproducidos sin el permiso ex­
preso de sus autores o propietarios.
' -'F

11.

’!• r

«Conseguir la verdad sobre los "platillos voladores” ha sido extraordinariamente


dificultoso porque el tema engendra automáticamente reacciones instantáneas y
creencias apasionadas. Casi todos mis colegas científicos, lamento decirlo, se han
mofado délos reportes de ovnis, aunque esto constituye una reacción anticientífica
puesto que ninguno de ellos ha estudiado la evidencia- Hasta hace poco tiempo,
mis amigos en ciencias físicas incluso no discutían del tema ovni conmigo. El
tema, de hecho, raramente se presentaba. Mis amigos, obviamente, no podían
entender como yo, un científico, se había podido mezclar con esto de los “platillos
volantes”. Era como si luego de haber sido cantante de opera decidiera probar suerte
cantando en un cabaret. Todo era demasiado embarazoso como para discutirlo en
una conversación rutinaria [...] La cuestión de si existen o no los ovnis no debe ser
, „ f l|'i ' „ .
una batalla de creencias. Debe ser un tema para el sosegado y razonado análisis
científico».

Declaraciones del astrónomo —y asesor en


materia de ovnis para la USAF
Joseph A. Hynek para la revista Saturday Evening Post (1966).
«A un hombre puedes quitarle sus dioses, pero solo para darle otros a cambio»
Ca:«[Link] (The IfndisciivetedSelf, 19SS}
«Los hombres de más amplia mentalidad saben que no hay una distinción clara
entre lo real y lo irreal: que todas las cosas parecen lo que parecen solo en virtud
délos delicados instrumentos psíquico e cada individuo, merced a los
cuales llegamos a conocerlos: pero el i ico materialismo de la mayoría condena
111
como locura los destellos de darivid* e traspasan el el daro
empirismo».
«¡Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros:
lo que sé es que conozco a muchas gentes ¿,
a quienes no conozco!»

Gustavo Adolfo Bécquer (Rima LXXV, 1870)


'■¡’®
1‘
t

y comprensión de mi editor y amigo Oscar Fábrega. Su participación na sido


crucial para que este añorado y complejo proyecto viera la luz... Por ello le estare
1 '■ 'i ' 1 J r'lWl
eternamente agradecido... Tampoco puedo olvidar el titánico esfuerzo realizado por
Alberto Cerezuela al frente de la editorial... ¡¡Muchas gracias a ambos!!
Al investigador y gran estudioso del tema ovni Pablo Vergel por su magnífico
epílogo...
> » • *’ ,|<l|!'¡
A Octavio Martínez, una vez más, por su extraordinaria portada...
Al artista y amigo Marcos Nicieza por sus diseños...
Esta obra tampoco sería la que es, sin la colaboración de mi buen amigo
I 11
Rich Reynolds, destacado y sobresaliente investigador norteamericano y una de
'1 (|| ¡ j'| j. T|.
las personas que más han confiado y defendido la validez de mis estudios y
planteamientos. De hecho, la teoría de la Distorsión, como tal, bajo ese nombre, fue
divulgada por primera vez en 2011 en los Estados Unidos através de sublogThe Ufo
Iconoclast.
Tampoco puedo olvidar la enorme contribución de destacados investigadores
y grandes pensadores ovni cuyos trabajos fueron fundamentales en mis estudios:
Jacques Vallée, Joseph Allen Hynek, Robert Kirk, [Link] Tyrrell, Pierre Guerin,
Ignacio Damaude, Bertrand Méheust, Michael Grosso, Scott Rogo, Carl Jung, Hilary
, ■ J1'’;"'’.-' 'V . ■
Evans, José María Casas-Huget, Carl Raschke, Michel Monnerie, Dennis Stillings,
-1* *'
John Alva Keel y Salvador Freixedo.
Agradecer también a mi querido «hermano» el investigador y filósofo Pedro
wMjW' ■ '-'M
Ledesma su inestimable ayuda con la corrección del borrador... sus aportaciones
siempre me alumbraron en la oscuridad...
• * líUiütl/Uiíl • h j LIA * «W» . *'*
A mis colegas del MDC: Jesús Ortega, David Cuevas y Lourdes Gómez, por
.VjW' rj
aquella inolvidable jornada en Extremadura a la búsqueda de pruebas de la
■’i1''1 ~ •
Distorsión en un expediente X del ejército español...
También agradezco la ayuda que me han brindado innumerables amigos
y compañeros para elaborar esta obra: Juan Acevedo, Néstor Berlanda, Miguel
Pedrero, Luis Mariano Fernández, Débora Goldstern, Andrés Gómez Serrano,
Fernando Hildebrandt, Pedro P. Canto, Manuel Carballal, Bruce Duensing, Patrick
Harpur, Mariano Fernández Urresti, Thanassis Vembos, Albert Rosales, Alejandro
■ ■
Agostinelli, Fede Padial, Barbara Padial, Manolo Aparicio, Antonio Aparicio, José
Manuel Duran Rain, Nel Bazan, Alan Stivelman, Juan Gómez Ruíz, Eduardo de la
Calle, Pablo Vergel, Javier Belmar, Raquel Berenguel, Jorge Sánchez, Daniel Valverde,
Gilles Fernández, Chris Aubeck, Moreno Tambellini, Carlos lurchuk, Alex Chionetti,
José Mana Peláez, Saturnino Mendoza, Frank Suz, Richard Sendra Sáez, Javier Sierra,
Martín Sierra, Pedro M. Fernández, Deest Jiménez, Antonio Luís Moyano, J.J. Benítez,
Javier Resines, Jesús Callejo, Carlos Canales, Joaquín Nogales, Manuel Filpo, Manuel
Osuna, Philip Mantle, Lorenzo Fernández, Rafael Mercado, Santiago Camacho,
Diego Marañen Y Pablo Villarrubia...
A todos y cada uno de mis fieles lectores y amigos, que me han acompañado
en esta mágica travesía a través de mis libros, reportajes, conferencias, entrevistas,
Facebook, blogs, etc... Sus dudas, inquietudes y criticas me ayudaron enormemente
a seguir desarrollando mis ideas
PRÓLOGO DISTORSIONADO

Cada día lo tengo más claro. Los ovnis son, con casi toda probabilidad, el misterio
más grande y apasionante al que nos hemos enfrentado hasta ahora —si dejamos a
un margen la posibilidad de existencia de vida después de la vida y el controvertido
'ih A j ,r-'
y eterno problema de la existencia de los dioses—. Tras más de siete décadas
■\ 'A '■ . • ;t.
desde que el fenómeno eclosionó, justo después de finalizar la Segunda Guerra
Mundial, cuando el terror rojo comenzaba a hacer mella en la conciencia global de
Estados Unidos; tras miles de avistamientos; tras centenares de libros, artículos y
documentales, seguimos sin saber qué son.
Claro, algún lector podría decir: «¿Cómo que no? Sabemos perfectamente lo
1. .’i '• í)l?li X
que son porque sabemos lo que no son. No son aeronaves fabricadas según nuestra
primitiva tecnología, por lo tanto, son naves construidas por seres extraterrestres».
Blanco y en botella. A priori, esta lógica no tenía ninguna falla. Y para mucho
' 111 Iflfl 1h * ' • **'«ti
ufólogos, para la mayoría, si me apuran, esta sigue siendo la explicación más
a 'I| i V, Mi '
aceptada, racional y lógica. Y eso que para poder defender esta idea tenían que
sortear una serie de obstáculos que parecían insalvables. ¿Cómo Io hicieron?
Sencillo: readaptando sus propuestas a las posibles refutaciones o críticas que
fuesen surgiendo. Por ejemplo: ¿por qué no hay fotos buenas de un ovni si son naves
hechas de tuercas y tomillos? Los apologistas de la hipótesis extraterrestre tenían
a su disposición muchas respuestas. Que sí las cámaras no tienen la suficiente
resolución, que si se mueven tan rápido que es imposible captarlos, o, yendo más
allá, que no se les puede fotografiar porque ellos, los aliens, tan listos como tímidos,
han incluido en sus naves sistemas para imposibilitar que sus cacharros espaciales
sean captados.
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Otras cuestiones eran ’1 > peliagudas, pero igualmente encontraban fácil
‘■■Oí,1más n

solución: ¿Por qué no parece haber dos naves iguales? ¿Por qué cada testigo
parece describir un objeto distinto, que solo se parece vagamente a otros? Sencillo,
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dicen. Igual que nosotros tenemos un montón de modelos distintos de vehículos,
B 5'
ellos también. Pero ¿cómo explicar que también exista un catálogo inmenso de
los supuestos tripulantes de estas naves espaciales? Es decir, igual que no hay
dos naves iguales, no hay dos extraterrestres iguales. Sí, se pueden seguir ciertas
tendencias y patrones, pero, si prestamos la necesaria y merecida atención a lo que
dicen los testigos de los casos, comprobaremos con sorpresa que las diferencias
suelen ser más que los parecidos. «Bueno, pero quizás con los seres extraterrestres
¡'
pase como con las especies animales de nuestro planeta, que se cuentan por miles
de millones; o quizás no se trate solo de los habitantes de un planeta, sino que
! y I1!' J||
es posible que estos esquivos visitantes procedan de mundos distintos, de ahí la
inquietantemente amplia gama de tipologías». Es decir, como pueden ver, todo

JM,
es posible dentro de la hipótesis extraterrestre. Aquellos aparatos y sus locos
tripulantes venían from outer space. Incluso esta propuesta, cada vez más cogida
con pinzas, fue capaz de readaptarse a los nuevos problemas que fueron surgiendo
i' ' ’ *• l". |. 1 U ii >
y a los cambios que, inexplicablemente, se dieron en la propia casuística ¿Cómo
explicar que las primeras abducciones no se produjesen hasta pasados varios años
i; i Ws.:

desde el nacimiento de la era moderna de la ufología? ¿Por qué no hay apenas


. ‘‘ W: ......
abducciones hoy en día?
■ MrinCuillPHP''****

Cada vez resultaba más complicado explicar todo esto, aunque siempre había
I ~ J WuL dxJLjil
una respuesta comodín que, como buenos creyentes, los defensores de la HET
podían sacarse de la manga. «Los caminos de los extraterrestres son inescrutables».
Venían del espacio exterior, como le gustaba decir a los americanos. Luego
vinieron las abducciones y el asunto se complicó todavía más, casi tanto como
aumentaban las preguntas sin respuesta. ¿Por qué en vez de manifestarse ante un
granjero de la América profunda para invitarle a panqueques no lo hacían a lo
grande, en mitad de Times Square o frente al Capitolio de Washington? ¿Por qué no
podemos captarlos con nuestra actual tecnología?
Todo esto era muy raro. Pero, ahora bien, si la hipótesis extraterrestre
no explicaba el enigma ovni, ¿cómo explicarlo? Pronto, algunos investigadores
tomaron conciencia de una evidencia indiscutible que debía de tomarse como
punto de partida para una nueva ufología: todo pasaba por el testigo, dado que
las evidencias físicas de los ovnis y sus tripulantes eran, y siguen siendo, tan
escasas como efímeras. El testigo era la clave, como pasa, precisamente, en otros
de los campos de batalla en los que luchamos los buscadores e investigadores
•* . ' * *;• '*

de anomalías. Lo mismo pasa con las apariciones mañanas y los fenómenos


paranormales. De ahí que comenzasen a surgir determinadas voces que intentaron
unificar estas casuísticas mediante una misma explicación, un mismo origen.
Así que no quedaba otra. O los testigos mentían o aquellas experiencias era
fruto de algún tipo de fenómeno que guardaba relación con los estados alterados de
la conciencia de los protagonistas. Y sí, lo reconozco, durante años pensé que solo
había dos opciones: mentira o delirio. Y por este motivo, me alejé...
Hasta que no hace mucho me reencontré con mi vieja pasión perdida tras
•'¿¡’i'A
descubrir las obras de aquellos pioneros que habían renunciado a la hipótesis
extraterrestre (aunque con distintos grados de renuncia) para plantear nuevas
'■C'/t"-
posibilidades que tenían más que ver con el propio testigo y con otras formas de
realidad. Grandes como Jacques Vallée o John KeeL ¿Es posible que todo se deba
a algún tipo de entidad desconocida que se manifiesta en nuestra realidad? ¿Y si
había algo que manipulaba la mente de aquellas personas? Y así fue como llegué al
señor José Antonio Caravaca, investigador ovni, ufólogo, paraufólogo y algecireño.
Ahí es nada. Todo un ilustre representante de un grupo de estudiosos españoles
del fenómeno, entre los que brilla con luz propia, que llevan años investigando en
busca de una posible explicación al misterio con mayúsculas. Cuando le conocí,
estaba centrado en la penúltima mentira relacionada con Roswell, pero ya en aquel
entonces, y antes tropezarme con él en persona —en un hotel rural de Huétor Vega
(Granada)—, comencé a interesarme por algo de lo que no paraba de hablar: la
Teoría de la Distorsión.
Ahora, varios años después, convertidos en amigos, tengo el honor de editar
esta obra —un ano después de cerrar el acuerdo con un brindis de croquetas—, un
voluminoso tratado en el que recoge años de investigaciones y estudios, y en el que
expone, por primera vez, y a lo grande, su ya famosa hipótesis. Ahora le toca a usted,
querido lector, considerar si tiene razón o no, si Caravaca ha sido capaz de explicar
este complicado y escurridizo misterio. Por mi parte, aunque aún quedan algunas
cósicas en el tintero, he de decir que me ha convencido y que, a partir de ahora, nada
.'í'1 'i” '' *
volverá a ser igual en el tema ovni.
Y ya les dejo con él. Prepárense. Este libro tiende a ser tremendamente ameno,
algo que caracteriza la rica pluma de Caravaca, pero a veces se pondrá denso. No es
para menos. Hay mucho que contar, y hay que contarlo bien, pese a quien pese.
P.D.: Gracias, José Antonio, por darme la oportunidad de trabajar contigo en esta
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vastísima obra, casi tan vasta como tú. Te quiero.

Óscar Fábrega
Escritor, editor y amigo

uídi j
INTRODUCCIÓN:
«ESTO NO ES KANSAS, NI SE LE PARECE...»

¿Qué son los ovnis? Esta es probablemente la pregunta más formulada en estas
últimas siete décadas a los entusiastas de los platillos volantes, la interrogante
del millón euros, que dirían algunos. No en vano, centenares de libros y miles
de artículos publicados en más de diez países se amontonan en una interminable
' ''’i'1
torre de Babel sin arrojar luz sobre esta espinosa cuestión. ¿Y cómo es esto posible?
¿Puede una ingente cantidad de información carecer de datos fiables y concretos de
la naturaleza de un fenómeno? O lo que es lo mismo, ¿puede el estudio y análisis de
' . '| ' l’|l
montañas de documentos ovnis conducir a un callejón sin salida? Evidentemente,
‘‘".'ihL ... W
a tenor de los hechos, sí.í. Y es que, en los archivos de los investigadores se
atesoran miles de avistamientos y encuentros cercanos con estas «maquinas» y sus is

«ocupantes» que deberían haber sido suficientes para establecer, al menos, alguna
sólida teoría. Pero esto no ha sucedido. Las incertidumbres prevalecen sobre las
certezas... MiíL ó®'
Aunque frente a esta realidad, incuestionable, se da un hecho singular, casi
paradójico. Aunque nadie ha mostrado jamás un platillo volante y a sus tripulantes
sobre el plato de un informativo de televisión, la mayoría de los investigadores, y la
opinión pública en general, han aceptado la hipótesis extraterrestre (HET) como la
única solución a la ecuación que se nos planteaba desde el cielo. Y todo motivado
única y exclusivamente por una sola sospecha que para estos estudiosos se
transmutó en una rotunda «evidencia empírica» de que la propia «apariencia» del
fenómeno ovni, nos mostraba la respuesta de una forma clara y contundente. Pues
¿qué otra cosa podría causar estos avistamientos? Los informes recopilados por
los ufólogos están repletos de descripciones de vehículos espaciales, humanoides,
escafandras, escalerillas, trenes de aterrizajes, humo, llamaradas, recogida de
muestras y hasta pistolas de rayos... Por tanto, ¿qué duda hay? Los ovnis son
visitantes del espacio estelar por pura y dura deducción...
Basados en esta «aplastante» lógica (¡?) la comunidad ufológica internacional,
durante largas décadas, invirtió ímprobos esfuerzos en demostrar y defender la
HET como la única respuesta válida ante el problema. Aunque lo hiciera a espaldas
de la realidad. Porque hay una cosa clara que esta fuera de cualquier discusión. Hoy
en día, la HET no puede explicar convincentemente el grueso de la «literatura ovni»
acopiada por los investigadores a lo largo y ancho del planeta; innumerables casos,
existencia de platillos volantes de todas las formas y tamaños imaginables, infinita
diversidad morfológica de los supuestos «extraterrestres», comportamientos
absurdos y teatrales de los tripulantes de los ovnis, alteraciones espacio temporales,
fenómenos paranormales, etcétera. Y es que la propia casuística ufológica ha

uililill.
ejercido como la principal «saboteadora» de la HET. El «bombero» pirómano. Ya
que, con el devenir de los años, los informes ovnis han mostrado ser mucho más
confusos y ambiguos de lo que sus pretendidas «apariencias» mostraban en un
principio. Pero, aun conociendo estos episodios y estos aspectos insondables, una
gran parte de la comunidad ufológica no quería dar marcha atrás después de tantos
t| i .
años, defendiendo a capa y espada estas ideas. Extasiados y fascinados ante la HET,
prefirieron seguir defendiendo sus postulados, aunque para ello tuvieran que mirar
para otro lado en determinados momentos. Incluso los ufólogos más obstinados
modificaron o tergiversaron los casos más desestabilizadores para hacerlos encajar
'' 1 ' 1'1 p|l|L . ,
con sus férreos planteamientos. Pero tal y como afirmaba el genial Arthur Conan
Doyle, en boca de su inmortal personaje Sherlock Holmes: «Es un error capital
el teorizar antes de poseer datos. Insensiblemente, uno comienza a deformar los
V, i,i .’|Vt . JJl'I,.,. •Wjp. ‘iWfff ■:
hechos para hacerlos encajar en las teorías en lugar de encajar las teorías en los
hechos». Y salvo honrosas excepciones, una legión de investigadores se ha dejado
•• » djBr mUn
arrastrar por este seductor «tsunami» ideológico, para perpetuar, una y otra vez, los
• •.1,íu|Il|| >, ‘Tí''
mismos errores que han llevado al tema ovni al borde de un abismo insalvable.
Prueba de ello, es que, a lo largo de los años, y viendo la complejidad que
tomaba la cuestión, los ufólogos tuvieron que abrir, aunque fuera a regañadientes,
el abanico de posibilidades a otras explicaciones. Según el ilustre ufólogo sevillano
Ignacio Darnaude, ante las incertidumbres generadas por el fenómeno ovni se
llegaron a plantear hasta más de 300 hipótesis diferentes: desde los idílicos
extraterrestres, hasta visitantes de otras dimensiones, pasando por intraterrestres,
ultraterrestres, viajeros en el tiempo, complejos sistemas de control, animales
i'S®
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pililn lílh*
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desconocidos de la estratosfera, entidades «vam píricas», sondas robots alienígenas,
habitantes de la mítica Atlántida y un largo etcétera. A nuestro entender, esta
increíble ruleta intelectual de posibilidades demuestra una cosa claramente; los
ovnis encierran un secreto mucho más profundo de lo que su «apariencia externa»
nos trasmite. Pero ¿a qué nos enfrentamos? ¿Debemos fiamos de las apariencias?
Me temo que no...
Pese a todo lo dicho, nadie puede negar a estas alturas que los ovnis son reales
e incuestionables, a la par que inexplicables por nuestra ciencia actual. Lo que
y
ocurre es que la no aceptación del paradigma a nivel general viene determinada
porque aún no hemos sido capaces de precisar y concretar a qué nos enfrentamos
realmente. Y es que los ovnis desconciertan a propios y extraños. Y toda esta
confusión se origina porque sus furtivas incursiones parecen moverse entre dos
universos supuestamente antagónicos, el físico y el psíquico, el real y el imaginario.
'liVi1 ''hW’l 11 l'ij®
Y es que los platillos volantes parecen surgir de una dimensión desconocida para
manifestarse en una etérea frontera que se cruza con nuestra realidad, donde lo
tangible y lo quimérico se hacen posible en una mágica conjunción. Como si se
tratara de una alquimia imposible. Y esa, precisamente, es la pista que tenemos
que seguir para esclarecer el enigma. Los ovnis, al igual que el fabuloso reino
descubierto por la joven Dorothy en la novela The Wonderful Wizard of Oz (El
maravilloso Mago de Oz, Lyman Frank Baum, 1900), encierran un secreto oculto
entre falsas «apariencias», «espejismos» y «trucos de magia», y solo atravesando
este hipnótico «velo» llegaremos a desvelar el misterio.
ííir i .hVi
Por lo tanto, tras más de setenta años d.e investigación e interminable
especulación ufológica, es hora de «pesetear» el sistema y ofrecer una nueva
perspectiva sobre este prodigioso fenómeno. Es hora de retomar los viejos
postulados y darles un nuevo enfoque. Una vuelta de tuerca más. Pensando sobre
todo en esos miles de lectores y aficionados que, hoy en día, ya exigen respuestas
concretas. Demandan pasos adelante. Y, bajo esta premisa, se gestó la Teoría de la
Distorsión. Pero vayamos por partes. Por el principio de todo...
Los ovnis siempre me han interesado. No se cómo, ni por qué, pero desde
muy joven el tema me atrapó. Recuerdo que cuando volvía del colegio me
gustaba recortar y coleccionar recortes de prensa que hablaran sobre platillos
hLIjldi I '•
volantes. Tenía una enorme curiosidad por aquellos relatos de personas que
aseguraban haberse topado con una nave extraterrestre y sus ocupantes. Me
'•'04
parecía sencillamente fascinante. Y con los años mi curiosidad no menguó. Yo
diría que fue todo lo contrario. Aumentó de forma gradual hasta convertirse en
una sana obsesión. Por eso no es extraño que con catorce años lo tuviera tan claro.
Mientras mis compañeros de juegos querían ser futbolistas, bomberos o policías, yo
quería ser investigador de ovnis, perseguir aquellas luminarias y toparme con sus
tripulantes. Arrancarles su «secreto» o, al menos, convencerles para que me dejaran
' i J1
| jfl
entrar en una de sus naves. Pues estaba plenamente convencido de que seres Hlll" j^1
extraterrestres habían llegado a la Tierra desde lejanas galaxias. Y casi sin darme II
MM
cuenta me vi envuelto en un sinfín de investigaciones, entrevistando testigos,
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escribiendo artículos y dando conferencias. Pero nunca me desvié de aquella
curiosidad infantil. De mi verdadero objetivo. Encontrar respuestas...
Pero tras leer im libro revelador, Passport to M agonía: From Folclore to Flyirg
Saucers (Pasaporte a M agonía: del folclore a los platillos volantes, 1969), de Jacques
Vallée, en mi mente comenzó a perfilarse una nueva forma de enfocar el paradigma
ovni. Y es que, al ahondar en la materia, comprendí que la problemática ufológica
era mucho más compleja de lo que la hipótesis extraterrestre (HET) nos decía.
Vallée lo había esbozado de forma admirable en su libro y había abierto la caja de
Pandora. Había otras opciones en nuestra búsqueda de respuestas al fenómeno. Y
fruto de mis nuevas inquietudes intelectuales, iniciadas tras aquella prometedora
... . i1
lectura, a principios de los noventa, publiqué en el boletín La Otra Realidad vanos
j
reportajes que dejaron claro mi drástico y casi definitivo distanciamiento de la HET.
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Empezaba a buscar nuevos horizontes. Pero el verdadero punto de «ruptura» con la
mayoría de los planteamientos defendidos por mis colegas de la época, quedó
perfectamente reflejado en un artículo titulado «OVNI: Auge, Caída y
Transformación de un mito moderno» (1997), que causó gran impacto, incluso
entre destacados investigadores como Salvador Freixedo. En dicho escrito comente
a intuir, al igual que otros estudiosos, que el testigo era el factor fundamental para
comprender estas manifestaciones anómalas, que había «algo» que manipulaba la
mente humana. Y a partir de ahí, poco a poco, año tras año, fui desarrollando
progresivamente mis ideas, ampliando y completando los trabajos teóricos de
muchos destacados investigadores. Y fruto de mi interés, escribí más de cien
?'■ i"
reportajes dedicados exclusivamente a exponer mis conjeturas. Y curiosamente, en
i ■ il, !
2011, gracias a la repercusión de algunos artículos publicados en los Estados
Unidos, con la inestimable ayuda del investigador Rich Reynolds, decidí que era el
momento de ponerle un nombre a este nuevo pensamiento ufológico. Y como todo
surgió al otro lado del Atlántico, la patria de los platillos volantes, decidí nombrarla
por primera vez en inglés. Y casi sin pensarlo lo bauticé como La Teoría de la
Distorsión {Distortron Theory). Y de esta forma, tras más de tres décadas de estudio,
se gestó una revolucionaria visión del fenómeno ovni, un proyecto que, en pocos
años, a través de artículos, charlas y entrevistas, provocó gran interés en medio
mundo. De hecho, mis reportajes llegaron desde Estados Unidos hasta España,
logicamente, y después a lugares tan dispares como Japón, Francia, Alemania,
Argentina o Brasil, originando todo tipo de controversias y debates. Incluso
destacados escépticos franceses y norteamericanos dedicaron tiempo y esfuerzo a
contradecir algunas de mis afirmaciones. Esto era un síntoma inequívoco de que
i!|'
mis planteamientos empezaban a calar entre una gran parte de los aficionados e
investigadores del tema ovni.
Y gracias a mi editor de cabecera, Oscar Fábrega, en 2018, publiqué
un libro introductorio a mi universo teórico titulado Encuentros Cercanos con
ovnis ¿Una arquitectura psíquica? Introducción a la Teoría de la Distorsión, que
convocó la atención de multitud de lectores y especialistas, provocando gran
sorpresa y revuelo. Pero el verdadero reto era escribir este libro. Un amplio
Jl’m’l’* ....... /. i?
tratado que pudiera recoger detalladamente horas de infinitas reflexiones y con
el que intentaría diseccionar de forma precisa este evasivo fenómeno, que hasta
la fecha había logrado esquivar cualquier tipo de cartografía. Y, además, para
mayor responsabilidad, tenía que cumplir con todas las expectativas que se habían
creado en torno a mis tesis. Por tanto, no era una tarea sencilla. Nada sencilla.
Pero, tras más de dos años trabajando en este manuscrito, rodeado de móntáñas
de documentos, libros, revistas, añejas fotocopias, cuadernos de campos, casetes.
y demás, conseguí por fin, no sin pocos quebraderos de cabeza —como habrá
adivinado el lector—, dar forma a todos mis pensamientos, incluso a los más
complejos, y transformarlos en este voluminoso libro que tiene entre sus manos.
Una obra nada usual en el mundillo ufológico...
También me gustaría aclarar en este punto, antes de repasar un poco lo que
nos depara esta lectura, que mis investigaciones se han centrado en un campo
muy concreto de estudio, los numerosos e inexplicables encuentros con extrañas
entidades registrados a lo largo de la historia, en los que podemos circunscribir
perfectamente los denominados encuentros cercanos con ovnis. Evidentemente, el
«cajón» desastre en el que se ha convertido la ufología en la actualidad engloba
probablemente muchos enigmas y sucesos misteriosos que nada o poco tienen que
ver con el tema que nos ocupa en este tratado. Por tanto, es importante señalar
que no es el objetivo de este libro, ni lo pretende, explicar todos y cada uno de
los múltiples misterios e incidentes que se han asociado a los ovnis a los largos
de los años: la posible vida en otros planetas, fenómenos lumínicos desconocidos,
posibles tecnologías y experimentaciones terrestres secretas, etcétera. Como dice el
'' pi'ij ■
refrán, eso es «harina de otro costal»...
¿Y qué encontraremos en esta obra?
Nuestro viaje arranca con una exhaustiva y cuidadosa radiografía de la
casuística ufológica como nunca se había acometido. Para ello, a lo largo de los dos
primeros capítulos expondré un buen número de asombrosos incidentes que nos
• 11-¡1
ayudaran a adentramos en el verdadero núcleo del misterio ovni. Y lo haremos sin
perder de vista ninguna de sus interesantes aristas, desde sus aspectos más claros
a los más confusos. Continuaremos en el capítulo 3 con un extenso resumen de la
evolución del pensamiento ovni, desde las primeras e interesantes propuestas de
Cari Jung, hasta los sustanciales avances de especialistas como Jacques Vallée, John
Keel, Michael Grosso, Salvador Freixedo, Joseph A. Hynek, Scott Rogo, Cari Raschke,
Dennis Stillings, Jetóme Clark, Pierre Guerín, G. N. M. Tyrrell, Ignacio Darnaude,
Terence McKenna, entre otros. Y todo, para tener una amplia y objetiva perspectiva
del asunto que estamos analizando.
El capítulo 4 es sustancial para mis ideas, ya que en él remarcaré la
inquietante vinculación de los platillos volantes con otras anomalías insondables
protagonizadas por entidades y criaturas desconocidas. Por estas páginas
desfilarán desde hadas y duendes hasta las visiones de fantasmas, pasando por las
controvertidas apariciones marianas y los avistamientos del famoso Pies Grandes. Y
en el capítulo 5, se mostrará otra sorprendente conexión: la extraordinaria relación
entre la psique y los fenómenos extraños.
Finalmente, a partir del capítulo 6, hasta el décimo, nos introduciremos de
lleno en la Teoría de la Distorsión, documentando a conciencia, todos, y cada uno
de mis planteamientos con claros ejemplos extraídos de la literatura ovni. Creo
que habrá suficiente material como para que los especialistas y aficionados puedan
i j ¡p

utilizarlo en sus futuros estudios o lecturas sobre el tema. Sería una bonita forma
, . . ''I11’' u-'i

de confrontar mis ideas. Y en el último capítulo, quizás el que más meses me


llevó confeccionar, compartiré mis conclusiones finales sobre la génesis y propósito
de este desconcertante fenómeno. Anticipando que esas páginas estarán llenas de
sorpresas... pero, poco más puedo adelantar...
Llegó el momento de empezar nuestro periplo.
Amigo lector, abróchese el cinturón porque comienza un apasionante viaje al
corazón del que se ha considerado, en muchas ocasiones, el mayor enigma de la
ciencia moderna... Y es que, como diría la buena de Dorothy, al lugar que nos
conduce esta aventura no es precisamente «Kansas»... ¿Te atreves?
A MODO DE ENTRADA...
EL AVISTAMIENTO DE KENNETH ARNOLD
LA «CHISPA ADECUADA»

El lejano verano de 1947 reunía todos los ingredientes para convertirse en el


perfecto caldo de cultivo para la «germinación» de uno de los fenómenos más
extraños con el que jamás se haya topado el ser humano desde que puebla este
planeta. No en vano, el mundo acababa de asistir impávido a la finalización de la
Segunda Guerra Mundial, con toda la devastación y horror que había provocado,
pero a su vez, como contrapunto, nuevos aires de esperanza y bienestar soplaban en
todas direcciones, y la humanidad comenzaba a mirar hacia el espacio en busca de
''iÍW'V '
nuevos horizontes...
Y precisamente en ese año, a las puertas de un nuevo y prometedor futuro
para gran parte del planeta, comenzó a especularse con la increíble posibilidad de
que estuviéramos siendo visitados por seres extraterrestres. Pero ¿como se origino
todo? ¿Cómo arranca esta asombrosa historia de los ovnis?

.1 [Link]
El 24 de junio de 1947 es una fecha histórica y casi de culto para'
todos los aficionados a los platillos volantes. Ese día, el piloto civil Kenneth
Arnold (1915-1984), a bordo de una avioneta Callair, colaboraba en las tareas
de búsqueda de un avión militar desaparecido cuando, sobre las 15:00 horas,
observó el vuelo de una formación de nueve aeronaves muy brillantes sobre
el Monte Rainier (Washington). Posteriormente, Arnold relató a los periodistas
que los objetos no eran aviones convencionales, pues carecían de cola y eran
muy planos. Aquellos extraños artefactos, que el piloto de Minnesota no supo
identificar, volaban aproximadamente a una altura de 10000 pies desplazándose a
una velocidad estimada de unas 1500 millas por hora (2400 km/h). El periodista
William Bequette publicó una nota del incidente titulada «Boise Flyer Maintains
He Saw’Em» (East Oregonian, 26/6/1947), donde describía algunos detalles del
avistamiento de Arnold:

Nueve objetos brillantes con forma de «plato» volando a increíble velocidad


a una altura de 3000 metros (10000 pies) fueron reportados ayer (junio 24,
1947) por el piloto Kenneth Arnold en Boise, Idaho quien desestimó especu­
lar acerca del origen de los mismos. Arnold, empleado del Servicio Forestal
de los [Link]. se encontraba abocado a la búsqueda de un aeroplano perdido
cuando observo los misteriosos objetos el día jueves a las 15:00 horas. Los
objetos volaban entre el Monte Rainier y el Monte Adams en el estado de
Washington, según afirmó, y parecían hacerlo en formación. Arnold indicó
haber cronometrado su vuelo y estimó que se desplazaban a una velocidad
de cercana a los 2000 kilómetros (1200 millas) por hora. Interrogado en Ya-
kima (Washington) acerca del suceso manifestó estar perplejo, pero añadió
haber conversado con una persona que no identificó procedente de Ukiah
(California) quien le aseguró haber visto objetos similares el 22 de junio
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sóbrelas montañas de Ukiah. «Pareceimposible—anadió Amold—, pero así
es*. En Washington DC el Departamento de Guerra manifestó no contar con
información acerca del misterioso suceso. Un vocero del Ejército, sorpren­
dido por el reporte de Amold acerca de objetos volando a 2000 kilómetros
(1200 millas) por hora declaró: «Por lo que se ningún objeto vuela tan rá­
pido, a excepción de los cohetes V-2 que lo hacen a una velocidad cercana a
los 6000 kilómetros (3500 millas) por hora y eso es demasiado rápido como
para poder ser vistos».

En un primer instante, y en contra de lo que pudiera parecer, por los efectos que
tendría posteriormente su observación en el imaginario colectivo, Kenneth Amold
nunca pensó que había sido testigo del vuelo de naves procedentes del espacio
exterior (léase extraterrestres), sino que, por el contrario, creía que había sido
testigo del vuelo experimental de algún nuevo prototipo de avión a chorro o misil
de la USAF (United States Air Force ).
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Sin embargo, la Fuerza Aérea Estadounidense, así como otras agencias
gubernamentales implicadas en la investigación del hecho, le comunicaron al
intrigado piloto que en aquellas fechas no se había efectuado en la zona del Monte
Rainier ningún tipo de prueba experimental. Posteriormente, y con la noticia de , 'fiii
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nuevas observaciones, cerca de novecientos avistamientos durante el mes posterior
al relato de Kenneth Arnoid, comenzaron a extenderse las visiones de ovnis por
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todo el planeta... La denominada «era moderna de los platillos volantes» empezaba
a gestarse como un enorme incendio de consecuencias impredecibles. Las noticias
. i.'Idi-Mlró
se agolpaban en las redacciones de los periódicos. Las emisoras de radio rebotaban
las crónicas de un lado a otro del país. En aquellos primeros compases del fenómeno
los reporteros no sabían a qué misterio se enfrentaban. Todo eran dudas ante estas
apariciones. Hay que anotar que hasta el año 19501a hipótesis extraterrestre (HET),
no comenzó a cuajar ante la opinión pública, creyéndose, en un principio, que
quizás los mayores enemigos de los Estados Unidos en aquellas fechas, los rusos,
podrían ser los propietarios de aquellas insólitas y fantásticas aeronaves. Mientras
tanto, los casos ovnis seguían «lloviendo». Un prospector llamado Fred M. Johnson
envió una carta a la USAF (recibida el 22 de agosto de 1947) que parecía confirmar
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el extraño avistamiento de Kenneth Arnold:

Hace poco tiempo vi en un periódico de Portland un articulo que hacia


1 lí¡i
referencia a que los llamados discos voladores tenían una base de verdad. Le
puedo decir que soy un buscador de oro y que estaba en el distrito de monte
Adams el 24 junio, el día que Kenneth Arnold de Boise Idaho afirma que vio
una formación de discos voladores. Y yo vi los mismos objetos volando alre­
dedor de la misma hora. Como tenía un telescopio conmigo en ese momento,
le puedo asegurar que eran reales y que no he visto nada como ellos. No pasa-
ron muy alto sobre donde yo estaba parado en ese momento, probablemente
estaban a 300 metros. Eran redondos, de alrededor de 9 metros de diáme-
tro, puntiagudos en la punta y con forma oval. Con una superficie superior
brillante. No escuché ningún ruido como lo haría un avión. Pero había un
objeto en la cola que parecía una gran manecilla de reloj moviéndose de lado
a lado como una gran brújula. Aceleraron en lo que a mi juicio era la mayor
velocidad que cualquiera haya visto. En la última vista que tuve de los obje­
tos estaban al borde de un banco de nubes.

Cuando se acercaron, Johnson notó que su brújula comenzó a girar


violentamente, hasta que los objetos desaparecieron en la distancia. Entonces la
brújula volvió a la normalidad. El caso fue considerado inexplicado.

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i/ Mí '* ».•**v' •4
En Idaho, el 13 de agosto de 1947, el St. A. C. Urie junto a sus dos hijos, Keith. y
Eílly, de ocho y diez años respectivamente, mientras se encontraban en el Lago Bine
Ranch, en el Cañón Snake River, sobre las 13:00 horas, observaron un extraño objeto
volador de seis metros de largo por tres de alto, que se desplazaba a unos veintidós
metros de altura y a una velocidad aproximada de 1600 km/hora. Los testigos,
interrogados por agentes del FBI, indicaron que el artefacto era de color azul y que
en su parte superior poseía una potente luz roja.
El 24 de mayo 1949, sobre Rogue River (Oregón) se produjo un espectacular
’’ •
avistamiento que hasta la fecha no ha podido ser explicado por las autoridades
1,1 'i''WOV|,v,
norteamericanas. Así figura en un informe oficial del proyecto Blue Book («Libro
Azul»), una comisión de la USAF centrada en el estudio gubernamental de los ovnis:

Un empleado del laboratorio supersónico de una empresa aeronáutica y al­


gunos empleados más del mismo laboratorio, cuando se encontraban junto
al río, a 2 millas y media de su desembocadura, vieron un objeto. Cuando se
le observaba a simple vista, reflejaba la luz del sol. Sin embargo, lo miró luego
con unos prismáticos de ocho aumentos y entonces no producía el destello
(¿tenían filtro los prismáticos?). Era de construcción metálica y fue visto con
el suficiente detenimiento como para observar que su superficie estaba muy
usada. Se movió en un vuelo horizontal a una velocidad gradualmente incre­
mentada, hasta que esta pareció alcanzar la velocidad de un avión a chorro y
el objeto desapareció. No existía ninguna propulsión aparente. El tiempo de
observación fluctuó entre los dos y medio y tres minutos.

Justo un mes más tarde, el 24 de abril de 1949, el comandante Robert B.


McLaughlin, junto con un grupo de ingenieros en White Sands (Nuevo México)
informó de la aparición en el campo de pruebas de un objeto discoidal de al menos
treinta metros de diámetros que se desplazaba a gran. velocidad. McLaughlin dijo
que era un «platillo volador», «una nave espacial de otro planeta». Posteriormente
en Lubbock (Texas), durante los meses de agosto y septiembre, multitud de
personas fueron testigos del paso sobre sus cielos de extrañas formaciones de
luces. Los objetos fueron detectados por el radar volando a 4000 metros de altura
y viajando a una velocidad de 1500 kilómetros por hora. A principios de 1952,
la conocida y respetada revista Life encargó a varios especialistas un reportaje
sobre los platillos volantes, debido a su extraordinario calado en la sociedad
norteamericana en pocos años. Las conclusiones de los expertos elevaron aun
más la incertidumbre sobre este apasionante fenómeno: «estos objetos no pueden
ser explicados por la ciencia actual como fenómenos naturales, sino solo como
artefactos artificiales creados por una inteligencia superior». Para incrementar la
realidad de los platillos volantes, en julio de 1952, se informó de que el aeropuerto
nacional de Washington había detectado el eco de siete objetos desconocidos
'ir1' .
sobrevolando la capital del estado. Desde Maryland se confirmaron las detecciones
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de radar. Inmediatamente se enviaron dos cazas F-94 para interceptar la posible
amenaza enemiga. Pero, en cuanto los aviones militares llegaron a la zona los
misteriosos visitantes, se esfumaron. Los ecos desaparecieron misteriosamente de
las pantallas de radar. Sin embargo, tras el regreso de los aviones a sus bases, los
ovnis volvieron a reaparecer. Aunque la USAF pretendió ocultar el hecho, la prensa
se hizo eco de que los militares habían enviado cazas de combate para interceptar
«platillos volantes». Chambers (ingeniero de radio de la estación de Hyattsville),
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sobre las cinco de la mañana, al abandonar dicha


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instalación
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observó «cinco discos''' *
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enormes dando vueltas en una formación abierta. Se inclinaban hacia arriba y
hacia la izquierda en una ascensión vertical».
El 26 de julio de 1952 los extraños objetos se dejaron captar de nuevo sobre
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los cíelos de Washington. A las 22:30 y a las 24:00 horas partieron dos F-94 para
interceptar a los ovnis. Al igual que lo ocurrido el 19 de julio, dichos artefactos
desaparecieron ante la presencia de los cazas. Pero el enigma no había hecho
más que empezar. Los aviones volvieron a despegar de sus bases y, aunque en
., ...
una ocasión uno de los pilotos divisó «cuatro luces», no pudieron mterceptar ni
identificar al esquivo intruso nocturno. Ante el clamor de la prensa, que quena
conocer que estaba ocurriendo, el propio presidente de los Estados Unidos, Harry
Truman, pidió que se investigara el asunto. El 25 de julio de 1952, un comunicado
oficial declaraba que: «El departamento de defensa ha ordenado a los pilotos de caza
derribar a los ovnis que desobedezcan la orden de aterrizar...».
La explicación oficial fue que los misteriosos ecos habían sido producidos
por una «mversión térmica» que había confundido al radar. O sea, que todo se
trataba de un error. Y, aunque a regañadientes la prensa aceptó la explicación, la
opinión pública no estaba muy conforme con la respuesta de los militares. Ese
mismo año, el capitán Edward J. Ruppelt, al mando del Proyecto Blue Book (ente
1952 y 1954), para sustituir el término «platillo volante», acuñó las famosas
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siglas UFO (Unidentified Flying Object, «objeto volante no identificado», de donde
procede el acrónimo O.V.N.I. en español, que finalmente acabó convirtiéndose en un
término aceptado por la RAE). Mientras tanto, la opinión pública mundial asistía,
entre pasmada y confusa, a la irrupción en los periódicos de noticias referentes
al incipiente fenómeno de los platillos volantes. Y los sucesos comenzaron a
acumularse. El «incendio» mediático se propagaba con inusitada rapidez por todo
el planeta. Los ovnis parecían que habían invadido los cielos. De hecho, Francia,
en el año 1954, sufrió una de las oleadas ovnis más intensas e intrigantes de la
historia.
En marzo de 1966, en Ann Arbor (Michigan) se produjeron una serie de
multitudinarios avistamientos que atrajeron la atención de todo el país. La cosa
empezó el 14 de marzo cuando, desde tres estados, decenas de testigos, incluidos
9 . * * ....
varios oficiales de policía, informaron de la presencia de varios objetos luminosos
1
que evolucionaban cerca del suelo realizando maniobras imposibles para una
aeronave convencional. Un ayudante del Sherift dijo que.' «esos objetos se podían
mover a velocidades increíbles, efectuar giros muy bruscos, bajar y subir». Por
si fuera poco, en los días posteriores, al menos ochenta estudiantes del Hillsdale
vWBSP
College observaron como un objeto resplandeciente proyectaba un haz de luz
sobre una zona pantanosa durante al menos dos horas. Incluso el director local
de Defensa Civil fue testigo, junto a varios policías, de este múltiple avistamiento
que apareció en todos los medios locales. Tal fue la histeria de aquellos días
que, incluso, un coche de policía estuvo involucrado en la persecución de un
ovni. La USAF intentó salir airoso de este escandaloso incidente de la peor

manera posible: planteado una solución hilarante. Los centenares de testigos que
durante aquellas jornadas habían estado presenciando el vuelo de extraños objetos
luminosos, según las autoridades, habían sido testigos de un raro fenómeno
natural denominado «luces del pantano», provocado por los gases emanados de
las ciénagas. Indudablemente, la prensa no creyó en esta ocasión la explicación
oficial y, más que en ningún otro incidente relacionado con los ovnis, quedó
demostrado que el gobierno estaba ocultando algo a sus conciudadanos. Pero los
«No Identificados» seguían con su rutina al margen de la postura oficial...
El 17 de abril de 1966, en Ravenna (Ohio) dos oficiales de policía, Dale
. ?r
Spaur y Wilbur L. Neff, se encontraban haciendo el atestado de un accidente
de tráfico cuando desde la central les alertaron de que un ovni se dirigía hacia
su posición volando a baja altura y les pidieron que intentaran identificarlo. Los
oficiales condujeron hacia el lugar indicado y observaron un objeto brillante a unos
trescientos metros sobre los árboles. Entonces el ovni se encaminó hacia la posición
de los testigos, iluminando toda la carretera. Spaur comunicó por radio a la central
lo que estaba viendo: .hiWN! L •

-—--------------------------- “ ;.cúpula
Tiene unos quince metros de largo, y apenas, puedo distinguir una
o alguna cosa en la parte de arriba, pero esta muy oscuro. La parte de abajo
• riii I.I *1 I ’ i

es verdaderamente brillante: proyecta un rayo de luz que produce una gran


mancha debajo. Es como si estuviese sentado sobre el rayo. Estaba sobre no­
sotros hace un minuto, y estaba iluminado como si fuese de día: nuestros
faros no daban tanta luz como esto. Y no es un helicóptero ni nada parecido:
está perfectamente quieto y solo se oye un zumbido.

En esos momentos, los oficiales de policía emprendieron una frenética


persecución del ovni a más de 150 kilómetros por hora. Otro oficial de policía,
Wayne Huston, de Earl Palestine (Pensilvania), se unió a la persecución del extraño
artefacto. El aeropuerto de Pittsburgh detectó al ovni en las pantallas de radar. Al
final, casi sin gasolina en el depósito, y en compañía de otros agentes de policía,
Spaur vio como la luz se perdía en la lejanía. Ante el conocimiento público de este
incidente, la USAF se limitó a decir que los policías habían perseguido un satélite
de comunicaciones y posteriormente, presos del nerviosismo, al planeta Venus. De
nuevo, aquella respuesta oficial parecía a todas luces insustancial. William Stanton,
congresista por Ohio, no dudó en afirmar que: «Cuando la gente a cargo del
bienestar del pubfico piensa que la gente ya no puede hacerse cargo de la verdad,
la gente, en respuesta, no confiará más en el gobierno». El misterio estaba servido
y durante décadas los platillos volantes asomaron por las páginas de periódicos de
medio mundo.

Por su parte, en España los platillos volantes no tardaron en aparecer. El Diario


de Burgos publicó una noticia el 30 de marzo de 19 50 que guarda ciertas semejanzas
con el avistamiento de Kenneth Amold:

Según los informes que hemos podido recoger, a las 12:15 de la mañana,
exactamente, hallándose en el aeropuerto el comandante jefe del sector
de Villafría, don Esteban Ibarreche y el capitán don Salvador Ruiz Gómez
Hedilla, jefe del servicio de meteorología, acompañados por el encargado
del servicio de teletipos don Francisco Béseos Mombrano, sargento de trans­
misiones el ala volante producía un zumbido perceptible, aunque mucho
menor que el ruido de los aviones. La visión duró tres minutos y el arte­
facto, después de disminuir en velocidad notablemente, desapareció en el
horizonte, internándose en las nubes, en dirección Sur-suroeste. Fíjese, cro­
nometré el tiempo que pude tardar en buscar los prismáticos, exactamente
tardé 3 5 segundos, pues bien, en ese pequeño lapso de tiempo, o sea hasta
que volví a localizarlo, se había desplazado unos 10 Km. lo que, de acuerdo
con los cálculos efectuados con el comandante Jefe de Sector del aeródromo,
señor Ibarreche, hace suponer que llevaría una velocidad d 000 Km.
por hora. Insisto en que todos estos datos no son de rigurosa exactitud, sino
relativo.

Y aunque las autoridades norteamericanas y la comunidad científica en


general siempre han menospreciado y ridiculizado este fenómeno, su repercusión a
nivel mundial está fuera de toda duda... Y las preguntas que surgen son obvias: ¿por
qué tanta gente ha informado de la existencia de platillos volantes? ¿Qué se esconde
verdaderamente detrás de estas misteriosas apariciones?
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CAPÍTULO 1.
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OVNIS: LO QUE PUDO SER Y NO FUE

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El encuentro de Lonnie
Zamora: ¿el caso perfecto?

El mayor Héctor Quintanilla había estado al mando del proyecto estadounidense


más famoso para el estudio de los ovnis, el Proyecto Blue Book (un grupo de
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estudio gubernamental sobre ovnis formado por científicos civiles y militares que
dirigió entre 1963 y 1969), y jamás creyó que tendría que escribir aquellas líneas.
Quintanilla era conocido por sus compañeros, y sobre todo por la prensa, por su
extremada sobriedad y su exacerbado escepticismo a la hora de emitir un juicio
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sobre la problemática de los platillos volantes, a los que nunca consideró, de manera
pública, una cuestión seria o digna de estudio. Pero en su trayectoria al mando
de esta famosa comisión oficial del Gobierno estadounidense para la investigación
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ovni se había topado con un incidente que le había producido verdaderos
quebraderos de cabeza. Y la culpa la tenía el excepcional avistamiento ovni que
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protagonizó un respetado oficial de policía de Nuevo México que, a plena luz del
día y a corta distancia, había podido divisar un extraño objeto y a sus pequeños
tripulantes. Quintanilla escribía, en 1966, en la revista interna de la CIA Estudies in
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Intelligence, en un documento no conocido hasta 1981 merced al acta «Freedom of
Information», que:

No hay duda de que Lonnie Zamora vio un objeto que dejó una honda im­
presión en él. Tampoco puede cuestionarse la credibilidad de Zamora. Es un
oficial de policía serio, un pilar de su iglesia, un hombre versado en reconocer
ji.V Ji1

-'tJi.l. JiiLikUui1
aeronaves en su zona. Esta desconcertado por lo que vio y, francamente, no­
sotros también. Este es el caso mej or documentado que conocemos y todavía
no hemos sido capaces de encontrar el vehículo o cualquier otro estímulo
que atemorizó a Zamora hasta el punto de llevarle al pánico.

¿Pero qué fue lo que ocurrió exactamente? ¿A qué se debía este golpe de timón
en las apreciaciones del mayor Quintanilla sobre un incidente ovni? Todo era fruto
de un solo hombre y una contundente experiencia.
El 24 de abril de 1964, la vida cambió drásticamente para el agente de policía
Lonnie Zamora, de treinta y un años. Sobre las 17:45 horas, Zamora se encontraba
en plena persecución policial de un vehículo que circulaba a gran velocidad por
South Park Street, Socorro (Nuevo México), cuando, de repente, una fuerte
explosión llamó su atención y pudo observar en el cielo una extraña llamarada azul
■W ' ' ivlAUr’ -. ' v®!1 - 'W1 •
en forma de embudo que se perdió tras una colina cercana. Zamora pensó que
quizas un polvorín que había en la zona había estallado. Una vez en el lugar del
. 'h-, , Wl|- . .W
supuesto accidente, se sorprendió al percatarse de la presencia, en medio del
O' .
desierto, y no muy lejos del citado almacén, de un reflejo metálico, que en un
principio pensó que se trataba de un coche volcado. Pero, al ir aproximándose con
su vehículo al lugar, su sorpresa fue en aumento. Aquello no era un coche. Se trataba
un misterioso objeto metálico de forma ovoide, sin ventanas, ni remaches visibles.
En esos momentos, Zamora, que había bajado de su automóvil, estaba a unos
quince metros del artefacto, por lo que su visión era nítida y clara, tan solo separado
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por un pequeño desnivel de unos cinco metros de altura. El policía comprobó que
aquel objeto se apoyaba sobre cuatro patas telescópicas y junto a él había dos
pequeños seres, como «niños o adultos bajos», enfundados en monos blancos.
Según el agente Zamora; la aeronave tenía liria insignia roja muy extraña de unos
setenta y cinco cm de alto (en un primer momento se aseguró que era una flecha
vertical coronada por medio circulo en su parte superior), pero tan pronto como
detectaron su presencia, los insólitos seres saltaron al interior de la aeronave,
mientras se escuchaban dos golpes similares a los producidos por la puerta de un
vehículo blindado. Inmediatamente después, el artefacto despegó, tras escucharse
una nueva explosión, al tiempo que una luz azulada, como una «llama» con los
bordes anaranjados, emergía por la parte inferior del objeto sin emitir humos,
quemando un arbusto cercano que comenzó a arder. El tren de aterrizaje se replegó
en el interior. El testigo observó como el objeto se colocó a la altura del coche (pues
Zamora había estacionado en lo alto de una loma). La aeronave estuvo tan cerca del
testigo que el policía se arrojó al suelo de espaldas y notó, perfectamente, el calor
desprendido por la llamarada central. Momentos después, el extraño «huevo»
’’■''Swíirr • ■ <' ■ • '.F
volador desapareció en dirección oeste sur oeste en completo silencio, volando en
' . ■ v'i,
paralelo al desierto. El investigador Ray Stanford escribía en su libro monográfico
Socorro “Saucer" in a Pentagon Pantry (El escándalo del ovni, 1976): «la “llama” que
cayó en cascada a solo 15 pasos de Zamora se diferenciaba en algo más. Lonnie me
dijo después: “Creí que rebotaría (se desviaría) en el suelo, pero no lo hizo”. De
'Vi WWili'iiÍ!1'1¡ <’• .‘.V
hecho, parecía una ardiente Excalibur que penetrara en las rocas y en la tierra».
Poco después, otros agentes de policía se presentaron en el lugar de los hechos,
ya que Zamora había informado puntualmente por radio de su descubrimiento. El
sargento Sam Chávez pudo constatar la presencia de cuatro huellas rectangulares
jiii/ ■ A]®WffliM1
en la zona donde presuntamente había aterrizado el objeto, y comprobó que
estaban frescas en comparación con la temperatura colindante. Además, fue testigo
de cómo las llamas aún estaban presentes en algunos matorrales. Las cuatro
marcas fueron visibles durante varios días y, según los expertos, fueron provocadas
por un objeto de al menos ocho toneladas de peso. También se encontraron
sobre el terreno pequeñas huellas de los supuestos ocupantes del artefacto. Las
quemaduras halladas en la vegetación de los alrededores revelaron que habían
sido producidas por exposición a altas temperaturas. Por si fueran pocos restos
extraños, había varias rocas de aspecto «burbujeante» y arena vitrificada en la zona
donde Zamora denunció que había visto aparecer la poderosa «llama» del objeto.
Al poco tiempo también se personó en la zona el agente del FBI Arthur
Bymes Jr., que estaba en los alrededores por otras cuestiones y que también
examino el área, informando de que no había huellas que parecieran indicar que
I
’> • d l.'inlUj 1'ilHOHOcli *
se trataba de un montaje. Hay que tener en cuenta que, nada más producirse el
eventual despegue de aquel artefacto, comenzaron a llegar numerosos testigos a
la zona. Quizás ningún otro evento ovni haya contado con semejante despliegue
de observadores tan cualificados en un plazo tan corto de tiempo. Ese mismo día
llegaron a la zona, el sargento Chávez, el oficial de policía Ted Jordán, el sheriff
James Luckie, el agente del FBI Arthur Byrnes, los oficiales de policía Katzlaff y
i ií di;
Bill Pyland, el capitán de la USAF Richard T. Holder, el inspector de ganado Robert
White, el sargento Castle, el teniente coronel Conkey, y, el mayor Mitchell. Todos
pudieron examinar las huellas y el terreno en un plazo de tiempo muy corto.
El suceso fue concienzudamente investigado por la USAF a través del Proyecto
Blue Book, donde participaba el Dr. Joseph Alien Hynek, un reputado astrónomo

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que colaboró largo tiempo con el gobierno estadounidense en el estudio oficial de
los ovnis (Proyecto Sign, 1947-1949; Proyecto Grudge, 1949-1952; y finalmente
en el conocido Proyecto Blue Book, 1952-1969), y además, de forma independiente,
por el capitán Richard T. Holder, jefe del campo de pruebas de White Sands, el
mayor William Connor, de la base de Kirtland, y el agente del FBI Arthur Byrnes Jr.,
llegando, todos, a la misma contundente conclusión: el agente Lonnie Zamora decía
la verdad.
Se cree que, primero el agente Byrnes y después el Capitán Holder, le sugirieron
a Zamora que no hablara públicamente de los humanoides ni revelara el contenido
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exacto del símbolo que había observado en el fuselaje del ovni —de hecho, hay
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certezas de que el símbolo divulgado por la USAF no es el original, ya que Zamora
distinguió, en realidad, un triángulo atravesado por varias líneas paralelas.
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Sam Chávez, que llegó al lugar minutos después de que el artefacto hubiera
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desaparecido en la lejama, comento al ver el estado de nerviosismo de su
compañero: «¿Que ha pasado? ¡¡Ni que hubieras visto al diablo!!».
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El ovni observado por el agente de policía Lonnie

Zamora a plena luz del día. Archivo Carav@ca.

Una Investigación sin precedentes

Como se puede imaginar el lector, desde sus mismos inicios, el conocimiento


público de los hechos ocurridos en la tranquila localidad de Socorro atrajo la
atención de todos los medios de comunicación, además del interés de escépticos
y creyentes en los platillos volantes. La información no podía ser más sugestiva
para ambos bandos. La Fuerza Aérea, el FBI y la policía local implicados en la
investigación de un aterrizaje ovni- Y lo nunca visto hasta la fechau AI parecer,
oficialmente se reconocía, a regañadientes, que el enigmático encuentro no tenía
ninguna explicación y que su principal protagonista Lonnie Zamora no era
un farsante. Por tanto, más que ningún otro episodio relacionado con los no
identificados, el encuentro de Socorro intranquilizó durante largo tiempo a los
escépticos, que se afanaban en intentar encontrar una respuesta racional a tan
llamativo y contrastado fenómeno. Pero los datos hablaban por si solos. La USAF
aportó diferente material documental que descartaba que el testigo hubiera visto
un prototipo experimental secreto de las cercanas bases militares (Holloman,
White Sands o Kirtland). También se eliminó la posibilidad de que todo hubiera
«¿Al
sido provocado por un vehículo de la NASA, que por aquel entonces trabajaba en
los módulos espaciales (LEM) que utilizaría en la conquista de la luna, pero que
aún no eran operativos en aquellas fechas. A su vez, la USAF eliminó un amplio
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abanico de posibilidades: helicóptero con problemas técnicos, cualquier tipo de
globo atmosférico, prueba balística e incluso la probabilidad de que se tratara de
una colosal «broma» perpetrada por un grupo de jóvenes de Socorro para «vengar»
las constantes multas de tráfico que recibían del agente Zamora.
La falta de explicaciones mundanas parecía confirmar la veracidad del relato
del austero policía. Pero los escépticos seguían buscando el talón de Aquiles del
avistamiento de Zamora. El negador profesional Philip Klass, en su libro UFOs
Explained (1974), ofreció una original y descabellada hipótesis ante la falta de
mejores evidencias, ya que no pudo seguir la pista de la presunta «tomadura de
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pelo estudiantil». Para Klass todo se debió a un engaño perpetrado por el policía y el
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alcalde del pueblo, propietario de las tierras donde presuntamente aterrizó el ovni.
Arribos se habían confabulado, según esta disparatada teoría, para atraer el turismo
ala zona y crear un «parque de atracciones». Ni que decir tiene que Klass no acertó,
ni en lo uno, ni en lo otro. Ni se produjo una afluencia masiva de turistas a Socorro,
.H!

ni los terrenos eran propiedad del alcalde.


Otra hipótesis nunca acreditada fue esbozada por el ingeniero Larry Robinson
"V?:. t'i i ... .
de la Universidad de Indiana, que aseguraba haber leído una nota de prensa
comprendida entre los años 1965 y 1967 en la que se citaba el percance sufrido
por unos aventureros que viajaban en globo por todo el territorio de los Estados
Unidos. Al parecer, durante una parada en la citada localidad de Socorro, fueron
confundidos por un agente de la ley con los tripulantes de un «platillo volante»
y, ante el temor de que fueran víctimas de un disparo accidental, huyeron a toda
ii’L-í h• sw
prisa del lugar. Robinson aseguraba sin pudor que el famoso emblema del artefacto
era el logotipo de una empresa editora que subvencionaba el periplo de estos
aviadores. Ni que decir tiene que nada de lo narrado por el ingeniero ha podido ser
comprobado.
Otra idea señalaba que el avistamiento de Zamora estuvo provocado por el
ensayo secreto de un módulo espacial Surveyor de la NASA, que estaban operativos
en la cercana base de White Sands. El capitán James McAndrew aseguró que se
realizaban pruebas secretas en los alrededores ' de Socorro en abril de 1964.
/
Según
■ A1'1

expresó, el módulo se suspendía de un helicóptero


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para
,
sus
-I
desplazamientos, Jl'l'
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lo que pudo confundir a Zamora al ver, solo, el módulo espacial. Sin embargo,
I'1 r- i kir ’ ll'l'1 ' i1 n’ 1

esta hipótesis no se sostiene ni en la forma ni en los detalles, ya que la propia

Jl'l 1 ' J|l ,i- b*' ••


ijl 'iii udi ' li'i Ji íLíiiiiiJillu, iji i'V jil¡ - mili"
MASA negó sil participación en los hechos, y resulta poco convincente que el
experimentado policía no divisara que el módulo estaba colgado de un helicóptero,
ya que m siquiera escuchó su ruido. También algunos estudiosos han culpabilizado
a unos globos experimentales procedentes de la base de Holloman, englobados
en el proyecto secreto Skyhook, aunque sus características externas y, sobre todo,
la visión de los ocupantes no coincide para nada con este tipo de vuelos. Menos
compleja, pero quizás más disparatada fue la suposición de Stuart Campbell que
afirmaba en su pretencioso libro The UFO Mystery Solved (1994) que: «El patrullero
de la Policía Lonnie Zamora informó de un espejismo de "Canopus” en Socorro
(Nuevo México). Todo esto fue causado por una inversión de la temperatura en el
* iLi • *|'i; .
valle del Río Grande, al sur de la ciudad». ¿Provocan los espejismos huellas en el
terreno y queman arbustos?

Pruebas de mucho peso


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Jl'. • J| ¡ . -Z 'ÍflP|l||' -

En su citado libro, Ray Stanford comentaba que en 1975 recibió una carta del
ufólogo Richard Hall, que a su vez le remitía una misiva del Dr. James McDonald,
profesor de física de Atizona (USA) en la que éste le comunicaba que poseía
información procedente de «una mujer que es ahora (1968) química radióloga en 1
el Servicio de Salud Pública de las Vegas (...] (quien) llevó a cabo un análisis especial
de materiales recogidos en aquel lugar de Socorro, y que afirma que, cuando estuvo
■ Ji111 ■ i rl'il! • lílíl í i '
allí la mañana siguiente, había un parche de arena fundida y vuelta a solidificar
(vitrificada) justo debajo del área de aterrizaje. He hablado recientemente con ella,
,«J¡*

aquí en Tucsnn, tanto por teléfono cómo en persona. A poco de finalizar su trabajo
(sobre las muestras de Socorro), se presentaron unos oficiales de la Fuerza Aérea,
se llevaron sus notas y todo el material y le dijeron que no hablara más sobre el
asunto». El físico nuclear Stanton Friedman también pudo dialogar con la química,
confirmando lo narrado al Dr. McDonald. La especialista había trabajado con las
•n* ; • -.Hjl'ifS-fcV í i> !*1'

muestras recibidas al día siguiente del aterrizaje, el 25 de abril de 1964: «Ella


/ -i* .
había analizado los líquidos que emanaban de la planta quemada y las plantas de
mezquite [...] Había materiales orgánicos que no pudo identificar» concluía su carta
el Dr. McDonald. ¿Dónde están estos informes?
Pero hay más pruebas que desaparecen. En el mismo libro, Stanford, que
iWi"
fue enviado a Nuevo México por el N.I.C.A.P (National Investigations Committee
on Aerial Phenomena), detalló el hallazgo de una piedra que al parecer había
sido rozada por una de las patas de la aeronave y que el personal de la USAF
había pasado por alto. El ufólogo remitió la roca al Centro de Vuelos Espaciales
Goddard (Greenbelt, Maryland), dependiente de la NASA, donde se hallaron, al
VW1’
microscopio, algunos restos metálicos que, al ser analizados, demostraron que era
una extraña aleación de hierro y zinc desconocida en la Tierra. Posteriormente, las
.'/[A¡W
valiosas muestras «desaparecieron» misteriosamente de los mismos laboratorios y
i' * iJnolO y kj
el dictamen inicial fue «cambiado» por otro irrelevante.
Prosigamos. Ted Jordán compañero de Zamora, realizó numerosas fotografías
de la zona del aterrizaje minutos después de la partida de la aeronave (un hito en
'l 1
la investigación ufológica), pero el carrete fue «confiscado» por la Fuerza Aérea con
la promesa de una pronta devolución. Nunca se supo que pasó con las fotografías.
AI padecer, tal y corno le comunicaron años después al Dr. Hynek, en 1976,
las imágenes obtenidas por Jordán, habían salido nubladas o veladas, afectadas
tal vez por un campo energético desconocido, quizás radioactivo. La emanación
energética que quedó en el lugar instantes después del despegue del artefacto fue
lo suficientemente potente como para interferir en las fotografías realizadas por
el policía, que al día siguiente no tuvo problemas al utilizar la Polaroid. Avalando
la existencia de una extraña radiación en la zona del aterrizaje, el Dr. Hynek
comentaba en un informe enviado al Dr. Donald H. Menzel y desclasificado en la
década de los setenta, que algunas muestras tomadas en el lugar habían delatado
una radioactividad no habitual. Sobre algunas características físicas de las huellas
. 'i’
dejadas por el supuesto ovni, Ted Jordán comentaba lo siguiente:

No podrán decir que lo que vio Lonnie fue una aeronave de despegue y
aterrizaje vertical, ni un helicóptero, ni ninguna cosa que yo conozca, pues la
llama de aquel maldito artefacto lo único que hizo fue seccionar el arbusto
por la mitad, quemarlo y hacerlo desaparecer limpiamente como si lo hu-
biera rebanado una hoja de fuego.

Además, el ayudante del Sheriff James Lukie, otro compañero de Zamora que
acudió a su llamada, incide en que la quemadura se produjo de arriba a abajo.
Incluso los policías registraron el vehículo de Zamora por si hubiera algún indicio
o restos del fraude perpetrado por su compañero. No encontraron nada. Otro
detalle substancial, para demostrar la extrañeza del caso Socorro, nos lo ofrecen dos
pares de pequeñas huellas circulares aparecidas dentro del rombo que formaban
1 i 'iV jbf¡
las supuestas pisadas dejadas por las cuatro patas del artefacto. Estas marcas,
según todos los especialistas, debieron ser producidas por la escala que utilizaron

ji.’i •
los dós humanoides para su descenso a tierra. La existencia de cuatro marcas
obedecería a un ajuste, tras una primera toma de contacto, para la correcta sujeción,
efectuada de forma mecánica o manual. Pero las huellas de las patas ofrecen mayor
información. EL ufólogo W. T. Powers, que analizó la disposición de las cuatro
marcas del tren de aterrizaje, descubrió que estaban dispuestas en perfecto ángulo
recto, y que incluso la mayor separación del eje de una de las mismas coincidía
con el lugar donde se hallaron las marcas de la escala y las pequeñas pisadas de
los supuestos humanoides. Esto quería decir que la aeronave, inteligentemente,
j. :í|l,
había dispuesto el tren del aterrizaje de tal manera que los ocupantes pudieran
# .1 ,'1 • j j j «
descender cómodamente por una zona más amplia. «El centro de gravedad del
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supuesto vehículo se hallaba situado directamente sobre la zona abrasada» escribía
el ufólogo en 1966 en la prestigiosa revista FlyingSaucer Review. Powers calculó en,
al menos, una tonelada el peso que se debió ejercer por cada soporte en el terreno
para producir las marcas: «esto constituye una rotunda refutación de un posible
engaño, o de lo contrario habría que admitir que se trataba de un bromista no
solo muy listo, si no también extraordinariamente forzudo» concluía su detallado
informe sobre el caso. , Lují1!

Respuesta oficial: no sabemos lo que es

Después de muchas pesquisas, el Proyecto Blue Book admitió el caso como no


identificado, convirtiéndose en el único informe ovni AUTENTIFICADO por el i#
gobierno de los Estados Unidos que engloba aterrizaje, visión de humanoides y
marcas en el terreno. El mayor Héctor Quintanilla, que, recordemos, estuvo al
mando del Blue Book entre 1963 y 1969, y que era celebre por su extremada
sobriedad y exacerbado escepticismo en relación a la problemática ovni, decía que
el avistamiento de Socorro era «el caso mejor documentado de la historia».
En una entrevista para el famoso programa Misterios sin Resolver (1995) el
/ ;r„ . 4::..

capitán Richard T. Holder, uno de los militares involucrados en la investigación


gubernamental del incidente ovni de Socorro, hablo abiertamente de su
participación: ¡ • f I lif l ifi. >'i’ .

Mi primera impresión fue que necesitaba algún tipo de ayuda. Ya sabes, pri-
... '¡i, 'i|íl ., _

meros auxilios, atención o, en el mejor de los casos, protección. Cuanto mas


me metía en ello, menos convencido estaba de qué se trataba de este caso.
Buscamos alrededor para tratar de averiguar si podíamos hallar cualquier
evidencia de algo que nos hiciera creer que aquello era una broma. No encon­
tramos nada. Todo lo que vimos parecía apoyar la historia que contó el oficial
Zamora. Mi impresión tras hablar con él, era que estaba desconcertado. Que­
ría una explicación. Nada de lo que oí más tarde me dio la más ligera pista de
que esto fuera un engaño, o que se preparó para buscar fama o fortuna. Creo
que Lonnie Zamora era un buen policía y un hombre honesto que informó,
de como él se sentía ante algo mucho más allá de su experiencia personal.
¿Era algo terrestre..., extraterrestre? No tengo ni idea».

Incluso, el hijo del Capitán Richard T. Holder, con el que mantuve varios
contactos vía email, me realizó una insólita revelación. Según me confirmó, existe
un informe elaborado por su padre que nunca ha visto la luz, ni ha sido objeto de
ninguna desclasificación. En dicho reporte se encontrarían muchas claves ocultas
de éste célebre suceso. Estas fueron sus palabras: , ’ ‘
— •* Vd».B|KÍ%PT-;- ;• ’’ i -■ ' n;?7x i •* '

Existe un reporte adicional relacionado con mi padre que nunca ha salido


a la superficie. Su informe original y completo, que incluía muchos más
detalles, incluyendo algunos no conocidos por el público, debido a sus su­
periores, nunca ha sido mencionado o visto. El breve informe que hizo, in­
cluido en los casos del Proyecto Blue Book que han sido desclasificados, no
corresponde a este informe del que te hablo. Así que ¿dónde está la copia de
su informe ahora que los registros son públicos?

Y lo mas importante: ¿qué nos puede aclarar del considerado mejor


avistamiento ovni de toda la historia? Richard me aseguró que el incidente no era
ninguna «broma» añadiendo que: «Mi padre siempre hablaba muy bien de Lormie
, . .' ■ ,¡! i1' ■
Zamora, y creía la historia de lo que pasó casi al cien por cien. Mi padre dijo que
l.-T ! ' i"'
no encontró nada... antes, durante o después del avistamiento que lo conectará a
cualquier posible prototipo secreto o proyecto».
sí /•' ,i . ......... ' ■
• l'l'
¿Un caso perfecto o un oasis en medio de un desierto?

La esencia del fenómeno ovni, o sea, la idea que tienen en mente muchos
investigadores y aficionados al tema cuando se habla de esta cuestión, queda
retratada a la perfección en el suceso de Socorro, ya que, en la experiencia de
Zamora encontramos, en un mismo caso, el aterrizaje de un ovni a plena luz del
día, el descenso de sus pequeños ocupantes, una serie de informes oficiales, y, para
mayor credibilidad, la zona queda cubierta de múltiples huellas y rastros. ¿Se puede
pedir más a un incidente ovni? Sin duda, esta «escena» transmitía un mensaje
diáfano y fácil de asimilar para cualquier persona, incluso, sin conocimientos
«J »a:; ■ ’

previos del fenómeno. Y es que, sin mucha imaginación, podríamos interpretar la


narración de Lonnie Zamora como un aterrizaje «alienígena» en toda regla. Una
prueba de que los extraterrestres han puesto un pie sobre la Tierra. Tal y como llegó
a decir el Dr. Hynek en su clásico libro The Hynek UFO Report (El informe Hynek,
1977): «de todos los Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, este es el que con más
• ib. i‘ j’S'

claridad sugiere la presencia de un aparato volador real y concreto, acompañados


de ruidos y propulsión». Entonces, ¿podemos certificar que estamos siendo
visitados por alienígenas? ¿Corresponden los cientos de avistamientos ovnis que
se producen en el mundo a una orquestada exploración extraterrestre de nuestro
planeta?
Pues nos tememos que la cosa es algo más compleja. Y no tendremos que
trasladarnos mucho en el tiempo, con respecto al caso de Socorro, para comprobar
el tremendo revés que nos ofrece el fenómeno ovni para desmoronar todas las
edificaciones teóricas que intentemos plantear sobre su naturaleza...
El encuentro de Gary Wilcox y la
siniestra profecía «marciana»
■ •’ ’ ?: d i

Este suceso, como un guiño del destino, sucedió tan solo unas horas antes del
famoso avistamiento de Lonnie Zamora. Y casualmente fue otro Sheriff, Paul J.
Taylor, del condado de Tioga (Nueva York), quién tuvo que frotarse los ojos para
comprobar que aquel testimonio que le ofrecía un vecino de la zona no se trataba de
un sueño. Frente a Taylor se
■ ■
hallaba un agricultor
p i ri’i‘
llamado Gary Wilcox, de 27 años,
que tenía algo realmente asombroso que contar:

Alrededor de las 10 de la mañana del viernes pasado, 24 de abril de 1964


[varias horas antes del encuentro Sheriff Zamora], estaba abonando uno de
mis campos situados al este de mi casa. El cielo estaba despejado y el sol
brillaba. La tierra estaba seca. Miré hacia lo alto de la colina desde el campo
donde estaba trabajando y advertí un objeto brillante en lo alto de la loma.
De momento pensé que era la nevera abandonada cuya presencia allí yo co-
nocía. Pero al mirar por segunda vez observé que el objeto no parecía ser
tal nevera, sino otra cosa. Entonces empecé a conducir el tractor, con el que
remolcaba el distribuidor del estiércol, loma arriba en dirección al objeto. La
distancia que había desde el pie de la colina, desde el punto donde yo advertí
por primera el objeto, hasta la cúspide de la misma, era de unos ochocientos
metros. Cuando estaba a unos cien metros, pensé que podía ser el depósito de
combustible de un avión, de esos que se llevan bajo las alas. Detuve el tractor
y cubrí a pie los últimos cien metros que aun me separaban del objeto. Lo
primero que advertí fue que no tocaba en el suelo y que era algo mayor que
un automóvil en cuanto a longitud. Era de forma oblonga, como un huevo gi-

uaú, Jd .jB -díliL.- 'láBí ..Jl¿


gante. No mostraba uniones, ni pernos ni nada parecido. Era completamente
liso y tenía color de aluminio. Toqué el objeto y me pareció que el metal era
más duro que el aluminio: no conseguí moverlo. No podría decir si se sos­
tenía sobre patas o flotaba en el aire. Mediría unos seis metros de largo por
1,20 de alto y de 4,50 a 4,80 de ancho. Mientras lo tocaba no percibí la menor
vibración ni sonido, ni tampoco lo noté caliente. Mientras me dedicaba a
examinarlo, dos hombrecitos de una talla que yo calculé en 1,20 salieron
de debajo del objeto. No vi por donde salían. Cada uno de ellos llevaba una
bandeja de poco más de un palmo cuadrado. Era del mismo material que el
objeto y llevaban lo que me pareció terrones». Los seres, que no tenían faccio-
nes en la cabeza, eran más anchos de lo normal y según el Sr. Wilcox carecían
de manos y pies. Iban cubiertos de un traje blanquecido, como de aluminio,
de una sola pieza. Al parecer los pequeños humanoides le hablaban telepáti­
camente, y le comunicaron que: «No te alarmes, ya hemos hablado con gente
otras veces; somos de lo que vosotros llamáis el planeta Marte».

En un principio, Wilcox pensó que alguien estaba intentando gastarle una


broma, pero, tras hablar con ellos, comprendió que aquello era «real». Wilcox dijo
que: «Sus voces no sonaban como una voz que pudiera describir. Podía entender lo
que decían, pero no sabía si hablaban inglés o no».
Los «marcianos» le preguntaron al Sr. Wilcox que hacia allí y mostraron
gran interés en la agricultura, sobre todo en el empleo del abono nitrogenado —
conociendo la superficie del planeta rojo no me extraña—, pidiéndole incluso una
muestra al gentil agricultor, ya que, al parecer, entre otras cosas, «estaban allí para
aprender sobre nuestros materiales orgánicos». Le comentaron que solo podían
venir a la tierra cada dos años y que estaban recorriendo una parte del hemisferio
terrestre. También le informaron de que solo aterrizaban durante las horas diurnas,
ya que su aparato era menos visible ala luz del día, manifestando su sorpresa de que
el agricultor les hubiera descubierto. Wilcox, durante la conversación, les preguntó
a los visitantes si podía ir con ellos, pero estos le dijeron que no, advirtiéndole de
que su atmósfera sería demasiado fina para él. Además, le comentaron que evitaban
a conciencia las áreas congestionadas de la tierra debido a los humos producidos
por los automóviles, ya que aparentemente interferían en el rendimiento de sus
aeronaves. Por ello, los marcianos preferían operar en áreas donde el aire estuviese
más limpio. Tras casi dos horas de amigable y entretenida charla, los marcianos
se despidieron y se introdujeron por debajo de la nave. Tras escucharse un ruido,
«como el de un coche en punto muerto, un zumbido apagado», el aparato se elevó
y, tras deslizarse suavemente sobre el terreno, despareció a cincuenta metros del
testigo. Aquella misma tarde, Gary Wilcox dejó un saco de abono en la colina y al día
siguiente comprobó que había desaparecido...
¿Qué le parece, amigo lector, el contraste con el escueto y sugerente relato de
Lonnie Zamora? Imagino que esta historia le sonará más propia de una novela de
ciencia ficción que de un expediente oficial de la NASA que recogiera el primer
contacto entre humanos y una civilización extraterrestre, ¿no? Pero hay más. Aun
MM-
podemos profundizar hasta los mismísimos abismos del absurdo, al que nos puede
conducir el fenómeno ovni a poco que le dediquemos tiempo a repasar la casuística.
Gary Wilcox aseguró a los periodistas que los pequeños humanoides le hicieron
varias profecías siniestras. Los marcianos, antes de marcharse para sembrar
remolachas en el planeta rojo, le vaticinaron, como agoreros surgidos del espacio
. ■ i"¡>: , ®
profundo, que los astronautas Virgil Gnssom y John Glenn y dos astronautas rusos
iban a morir dentro de un año. Aunque no se cumplió en la fecha expuesta por
Wilcox, Virgil Grissom y otros dos astronautas perecieron en un incendio que
se produjo en la cápsula del Apolo 1 el 27 de enero de 1967. Por su parte, el
astronauta ruso Vladimir M. Komarov murió el 24 de abril de 1967, exactamente
tres años después de la profecía, cuando su cápsula se estrelló contra la tierra al no
desplegarse el paracaídas. Pese a su aparente despropósito, un estudioso de la talla
del psiquiatra Dr. Berthold E. Schwarz consideró que este caso era muy interesante
y, tras entrevistarse con Wilcox el 18 de octubre de 1968, publicó que el testigo era
fiable y estaba vivamente impresionado por su experiencia. Una revisión detallada
del incidente fue publicada en su libro UFO Dynamics (1983).
•• i ' •’ * - ‘

¿Las das caras de una misma moneda?

Podemos imaginar el rostro que se les tuvo que quedar a los investigadores tras
conocer el relato de Gary Wilcox. ¿Descenderían unos «marcianos» de su nave
espacia] para llevarse un saco de abono? ¿Entregarían una funesta profecía a un
agricultor? Realmente aquello era una cosa de locos. En un mismo día, y sin tiempo
para digerir la información, el fenómeno ovni fue capaz de ofrecemos las dos
caras bien diferenciadas de una misma
' ,'d
moneda. Por un lado, teníamos un sólido
encuentro ovni repleto de evidencias físicas y protagonizado por un respetado
i. 'ii. (
oficial de policía, y, por otro lado, en evidente contrapunto, teníamos el testimonio
de un humilde agricultor que conversaba tranquilamente con los tripulantes de un
ovni y les obsequiaba un saco de abono. Pero... ¿es esto posible? ¿Los extraterrestres
escupen profecías y buscan nuevos modelos de cultivos en nuestro planeta?
Probablemente, el lector menos versado en la literatura ovni puede llegar a pensar
que todo esto tiene una fácil y obvia explicación, que el suceso de Zamora obedece
a una realidad y que, por el contrario, la extravagante experiencia que nos relata
Wilcox es una simple invención fruto de la locura o el engaño. Si la estadística fuese
otra, podríamos admitir y abrazar este planteamiento sin mayor problema.
Sin embargo, la realidad es otra bien diferente. Y es así porque, para desgracia
' -.'i'
de los defensores de la HET, los casos que más abundan son los episodios con
, ii/.. ' . HiÍT1 '

las anárquicas y absurdas características del avistamiento de Gary Wilcox. Y


1(J?. 1
curiosamente, para sorpresa del lector, si situáramos la honestidad y credibilidad
del agricultor sobre una balanza, se equilibraría con la de nuestro policía de Socorro.
Pero es que, además, para mayor desconcierto, los casos de aterrizajes ovnis
que encontramos más parecidos al ocurrido en Socorro, o sea, que no contienen
información extra (loca o disparatada), más allá de la simple y pura descripción
de un avistamiento ovni, también contienen componentes desestabilizantes, ya
que la mayoría de los encuentros cercanos solo se parecen entre sí, en su
esqueleto interno, o sea, en los conceptos básicos a desarrollar/representar en
\''r i v

las experiencias, que se modifican a partir de estos tres elementos principales:


¡WjSwfflP1.'
Aterrizaje/Objeto/Humanoides. Y es que este tipo de sucesos, confrontados entre
sí, presentan numerosas y evidentes diferencias, tanto en las formas, tamaños,
colores, características y detalles de las naves como en las de sus ocupantes. Tantas
diferencias entre un incidente y otro invalidan la posibilidad de que estemos ante
ij
el mismo «estimulo visual» o, lo que es lo mismo, que los observadores estén
WÍF ' ' 1,1 . - • '' 'WiM
delante de los mismos extraterrestres y de la misma nave espacial. Las variaciones
que presentan estas observaciones en los archivos de los investigadores son casi
i/.n. * <4-

infinitas, lo que nos indica claramente que el fenómeno ovni se reinicia en cada
1 l,,i'Wti™
avistamiento. Esto es así de asombroso. Prácticamente empezamos de cero cada vez
que entrevistamos a un testigo.
El investigador John Keel ya lo advertía en su magistral libro UFOs: Operation
Trojan Horse (OVNIS: Operación Caballo de Troya, 1970):

Ahora mismo, nuestro catálogo de ovni contiene: cubos voladores, triángu­


los, hexágonos, rosquillas, esferas, objetos con forma de insectos gigantes
de metal y medusas transparentes voladoras. También tenemos 1 >1 1
ovnis
I • '
con
'I'' ■ ‘I' ’" ' '! p li *

ruedas, con alas, con antenas, con cúpulas puntiagudas, otros planos, sin
’i .Vil j/irl’i,'
.I/JÍ
pápulas. Los tenemos de todos los colores del espectro cromático. Los hay
gigantescos, con muchas ventanas, con forma de «puros», echando un fuego
azul de sus colas {...] Se han visto automóviles sin ruedas cruzando carre­
teras desoladas a unos metros del suelo. También han aparecido aviones y
helicópteros, sin ningún tipo de identificación, en las zonas donde trans­
curren oleadas. Tenemos, prácticamente, de todo excepto un modelo básico
con un contorno único que haya aparecido en muchos lugares a lo largo de
los años». Preguntándose si era posible que: «una civilización desconocida,
de enormes proporciones, está realizando un inmenso esfuerzo por fabricar
miles ovnis diferentes y enviarlos todos a nuestro planeta».
Incluso, el hijo del Capitán Richard T. Holder, con el que mantuve varios contac­
tos vía email (2016).
\Han llegado Los extraterrestres
a nuestro planeta?

Evidentemente, si todos los casos ovnis hubieran repetido las características dei
incidente protagonizado por el agente de policia de Socorro, la controversia
ufológica habría sido bien diferente y las discusiones y acalorados debates sobre la
existencia de los ovnis habrían durado muy poco, puesto que el público, los medios
de comunicación y la comunidad científica no habrían tenido más remedio que
■ ’’Ó
prestar atención a este desconcertante fenómeno y rendirse ante la aparente
i'lrj’i'i ' ‘ f'l'r' ,
evidencia de las escenas que estábamos presenciando. Y es que todo apuntaría a que
iiW'ii'1 '' '■ '!ri
estamos siendo visitados por seres extraterrestres procedentes de otros planetas y
estaríamos en presencia del mayor descubrimiento científico de la historia. Pero,
< ;'i|' fe' ti
sin embargo, como el lector habrá advertido por la ausencia de grandilocuentes
titulares en la prensa y la marginalidad de los ovnis en la sociedad, esto no ha
. . . . « .
ocurrido, ni parece que vaya a ocurrir a corto plazo. Entre otras razones porque la
mayoría de los sucesos que recopilan los investigadores en sus archivos, y que se
apilan en interminables torres de «Babel», se encuentran en las antípodas de lo
observado y relatado por Lonnie Zamora. Narraciones extraordinarias y salpicadas
de aspectos absurdos y surrealistas, como la que hemos visto en el caso de los
iflfi
«agricultores marcianos», componen, por regla general, la cotidianidad del grueso
de incidentes ovnis que llegan a manos de los ufólogos. Por lo que la experiencia de
Lonnie Zamora se erige más bien como un oasis en medio del desierto, más que en

‘ Ji í • li’f I'
idMüMlhü h ■ F .
un modelo fijó, como pretenden y desean ciertos estudiosos que quieren trasladar
sus propias creencias sobre los ovnis al público, muy por encima de la verdadera
realidad que se muestra ante sus ojos. Y es que muchos ufólogos, convencidos de la
HET como si se tratase de un dogma de fe, no dudan en mentir, tergiversar o mirar
hacia otro lado cuando ciertos avistamientos parecen contradecir sus postulados. Y
todo porque, desde el mismo arranque de la ufología, un buen nutrido grupo de
investigadores entendieron que habían encontrado la solución al misterio, mucho
antes siquiera de que pudieran recoger suficiente información sobre el fenómeno
como para poder valorar todas las posibilidades y variables. Movidos con el «noble»
propósito de obtener cierto respaldo mediático, social e incluso científico para sus
«heterodoxas» investigaciones, los ufólogos creyeron que la HET era, sin duda, la
respuesta más sensata y juiciosa. Pero realmente los investigadores llegaron a este
razonamiento/conclusión motivados exclusivamente por un sola «evidencia»: «los
ovnis deben ser lo que parecen». 1 1
Aunque quien realmente sentó las bases de la HET en el ideario colectivo fue
el comandante retirado Donald E. Keyhoe, reconvertido a investigador ovni, que
publicó en enero de 1950 un célebre reportaje titulado «The Flying Saucers Are
Real» en la conocida revista TRUE. En las páginas de esta publicación, que fue todo
i1
un éxito de ventas, se leía:

Durante los últimos 175 años, el planeta Tierra ha sido objeto de un examen l/l
sistemático a corta distancia por observadores vivos e inteligentes prove­
nientes de otro planeta [...] Es la opinión de TRUE que los platillos volantes
son reales y que no proceden de ningún enemigo de la Tierra. También es
opinión de TRUE que las Fuerzas Aéreas y el Proyecto Saucer están ha ’ ndo
ira-trabajo importante para salvaguardar la seguridad de los Estados tirados.
Los platillos no son una broma.

Y así nació un binomio casi inquebrantable hasta la fecha: ovnis =±


extraterrestres.
El inigualable investigador sevillano Ignacio Darnaude, en su monumental
reportaje «Hipótesis Explicativas de La Naturaleza, Origen y Propósitos de los
Objetos No Identificados» (1990) lo explicó a la perfección:

La hipótesis extraterrestre es sin duda la más popular de las justificaciones a


la incansable presencia de los O.N.I. en nuestra atmósfera. También es la que
mayor número de adeptos ha reclutado en la comunidad científica y entre el
cuerpo de ufólogos «profesionales». Presupone que estamos ante navios no
terráqueos construidos por seres inteligentes comparables al homo sapiens,
aunque tal vez mucho más avanzados en ingeniería, mecánica y psicología.
Residen en planetas y satélites de naturaleza asimilable a la de la Tierra.
Tanto «ellos» como sus «mansiones y moradas» estarían compuestos de ma­
teria ordinaria perceptible por los sentidos humanos, es decir, su estructura
atómica y molecular sería sólida, física y estrictamente tridimensional.

Sin embargo, el análisis de los encuentros cercanos nos demuestra que la


mayoría de los encuentros cercanos con ovnis, aunque dentro de un «esquema»
básico, tienen una caótica y nada repetitiva «puesta en escena» que muta de forma
admirable, de un caso a otro. No en vano, los ufólogos tardaron algún tiempo en
aceptar este tipo de experiencias más próximas dentro del paradigma debido al
gran número de incongruencias que contenían y su evidente contradicción con los
postulados de la HET. Aunque quizás lo más extraño de todas estas experiencias,
y que de alguna manera apuntaló la veracidad del fenómeno, es que personas
■ t

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sin conocimieritb alguno sobre ovnis pudieran experimentar sucesos análogos en /


Un fenómeno ignorado

Durante años, los investigadores «serios» del fenómeno ovni no querían ni oír
hablar de «aterrizajes» de los presuntos objetos volantes no identificados, y mucho
menos de aterrizajes asociados con la presencia de «ocupantes» o «humanoides».
.»• •- I

El ovni no era más que eso: un objeto «volante» no identificado. Compilaciones


tan rigurosas y excelentes como lo fueron en su día The Ufo Evidente (1967),
a!i'
eliminaban cuidadosamente de la casuística presentada la menor alusión, ni que
fuera indirecta, a posibles «tripulantes» de los ovnis. Y ello a pesar de que, el
fenómeno «humanoide» ya había hecho su irrupción masiva en el campo de la
ufología.

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Como decía el decano de lo ufología en nuestro país, Antonio Ribera en su libro
B
Encuentros con humanoides (1982), en los primeros compases de la investigación del
fenómeno, hasta bien mediados los años sesenta, la mayoría de los ufólogos ponían
en cuarentena los aterrizajes ovnis, pero la súbita aparición de varios sucesos de
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sobrada solvencia y amplia repercusión en los medios de comunicación, como el
aterrizaje de Socorro, dieron un nuevo enfoque y, sobre todo, respetabilidad al
hasta entonces marginal fenómeno de los encuentros cercanos con ovnis. De hecho,
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en 1964 el NICAP (National Investigations Committee on Aerial Phenomena)
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informaba a sus afiliados y lectores de lo siguiente: «¿Hay ocupantes de ovnis? La
controvertida cuestión de si los tripulantes de los OVNIs han aterrizado o no en la
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tierra, y se han enfrentado a seres humanos, es de una complejidad, infinita. En la


actualidad, no hay información suficiente sobre los informes de ocupantes como
para emitir un juicio final sobre su autenticidad, aunque en algunos casos hay
pruebas convincentes que sugieren que, al menos, algunos de los testigos podrían
estar diciendo la verdad sobre tales encuentros. El NICAP no acepta ni rechaza
este tipo de informes. Sin embargo, el NICAP tiene la obligación de investigar los
informes de los ocupantes de la manera más completa y cuidadosa posible, de
reunir la información más precisa y detallada posible, y de revisar estos casos con
la mayor objetividad que se aplicaría al revisar los informes». Pero, realmente, este
inicial escepticismo quería encubrir el desconcierto que producía este particular
fenómeno en muchos ufólogos, pues parecían episodios guionizados por una
mente enloquecida.
Pese a esto, muchos otros investigadores estaban convencidos que los
’‘“■i'i/ iji1/ . ¿
encuentros cercanos de tercer tipo (CEIII), por su evidente proximidad con los
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testigos acabarían por desvelar la naturaleza extraterrestre del fenómeno OVNI. El
ufólogo James McCampbell en su libro Ufology (1973) afirmaba:

La observación de extrañas criaturas de apariencia humana en los alre­


dedores y en el interior de los ovnis es una parte integral de todo el
fenómeno y este aspecto difícilmente puede ser ignorado simplemente por­
que representa un elemento inquietante. De hecho, se puede descubrir que
los casos de humanoides podrían ser la clave de todo el problema. Si bien
las observaciones de los humanoides pueden ser rastreadles perfectamente
atrás en la historia, no fue hasta la era moderna de los ovnis, comenzando
alrededor del año 1947, cuando se empezó a escribir extensamente acerca de
sus encuentros.
,' • , i' \’f . • ; ■ u{ « . .? .• '

Y es que, bajo un planteamiento, aparentemente, lógico, pensaban los ufólogos,


si los platillos volantes eran naves espaciales procedentes de otros planetas, sus
tripulantes, tarde o temprano, acabarían asomando la cabeza para decir «hola,
estamos aquí», «venimos del espacio exterior», «venimos en son de paz». Antonio
Ribera lo dejaba claro: «una lógica elemental nos dice que si el ovni es una
’• • *íí*

supermáquina o una navecilla de exploración [...] puede haber tipos tripulados por
seres vivientes, o por robots biológicos». En su citado libro, el Dr. Hynek definía este
iil' r u'r'b-■'
concepto a la perfección: «Está claro que los Encuentros Cercanos del Tercer Tipo,
encierran ila mayor r ■
fascinación para nosotros, porque expresan con suma nitidez
nuestro temor a lo desconocido, al concepto de otras inteligencias en el espacio y
la posibilidad de contacto inteligente con dichos seres, con todo lo que tal contacto
podría implicar para la raza humana».
En el año 1972, Hynek estableció una clasificación, aceptada por toda la
-
comunidad ufológica mundial, para catalogar los avistamientos ovnis.

-7 I* 1 I V
Los denominados ENCUENTROS CERCANOS DE PRIMER TIPO (CEI):
Aglutinarían la observación de un ovni a menos de 150 metros del testigo, lo
suficientemente cercano como para que no existieran dudas sobre la naturaleza
anómala del objeto observado. Los ENCUENTROS CERCANOS DE SEGUNDO TIPO
(CEU): que recogerían todos los encuentros donde los ovnis hubiesen dejado algún
tipo de evidencia tras su paso: marcas en el suelo, interferencias electromagnéticas,
daños sobre personas o animales, etc.
En los ECII abundan los efectos sobre la materia inerte, la vegetación,
vehículos, aparatos eléctricos, etc. Algunos de estos efectos son; suelo hundido
corno si hubiera soportado una masa pesada, agujeros localizados de bordes
precisos, tierra removida o aparentemente aspirada hacía arriba, desecación o
endurecimiento del terreno, calcinación o deshidratación. de los minerales, plantas
y árboles desojados o retorcidos o arrancados violentamente, vegetación aplastada,
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inclinada o calcinada, llegando a producir una esterilidad duradera del terreno,
fusión de minerales o metales, cristalización de materiales amorfos, índices de
radioactividad anómalos, imantación remanente de objetos férreos, desgaste de
la pintura o de la chapa de los vehículos, alteraciones en el funcionamiento
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de los motores de combustión interna y en los faros de los automóviles,
sobrecalentamiento y deterioro inmediato de las baterías, perturbación en el
funcionamiento de los compases de aviones y barcos, detención de relojes,
desviación de brújulas, alteraciones en los receptores de radio y televisión, cortes de
comente en las instalaciones eléctricas, ondas caloríficas intensas, etc.
Sobre los animales también se han anotado una serie de efectos; quemaduras,
hinchazones, conjuntivitis, cambios en su metabolismo basal, agitación,
1
huida desenfrenada, parálisis, cambios en el comportamiento condicionado,
muerte repentina e inexplicable, dolor y desasosiego en animales domésticos,
silenciamiento de aves,; algunos detectan sensiblemente el lugar del aterrizaje y se
■1 '' ' ■ í'íJmí
resisten acercarse aún días después, mientras casi siempre advierten de los ovnis
antes que el hombre y generalmente reaccionan con extremo temor y nerviosismo.
Los testigos de este tipo de encuentros cercanos experimentan también una
gama muy amplia de efectos: hormigueo en las extremidades hasta llegar incluso
1,1 ''i1'
a provocar la parálisis completa de todo el cuerpo durante un tiempo, irritaciones
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en la piel, cutis anserina (piel de gallina), eccemas y quemaduras de distinta
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intensidad, hinchazón en los ojos, conjuntivitis, ceguera temporal, extremo


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lagrimen^ nánspas; mareos, dolor de cabeza, desmayos, fiebre, sensación extraña
de sequedad en la nariz y la boca, trastornos del sueño, insomnio o somnolencia
posteriores, descenso de la presión sanguínea, descontrol del sistema nervioso
autónomo, reducción del sentido del equilibrio, pérdidas de memoria, pérdida
de apetito, cambios de personalidad, shocks emocionales con psicosis temporales
o permanentes, irritabilidad y depresión mental, fatiga y tensión nerviosa,
revitalización, perdida de motivaciones y desorientación social, sensaciones de
alivio y tranquilidad, sed de nuevos conocimientos, incluso se ha anotado que
algunos testigos ha desarrollado facultades paranormales, etc.
• ü*:• . ____
Y, por último, los más desconcertantes episodios: Los ENCUENTROS
CERCANOS DE TERCER TIPO (CEIII): Aquellos casos en que el testigo haya
observado la presencia de «tripulantes» en el interior del ovni o en sus
inmediaciones.

Aunque originalmente el Dr. Hynek utilizó el término «seres animados»


para evitar identificar las visiones de estas entidades con «extraterrestres» o
«alienígenas» (además de distinguir a los posibles seres físicos de los mecánicos).
Posteriormente, la clasificación se amplió a los Encuentros de IV Tipo para
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incluir a las abducciones, es decir, los presuntos secuestros de seres humanos
por parte de estas entidades. Y, por último, se implantaron los Encuentros de
V Tipo, que englobarían los contactos directos con los tripulantes de los ovnis,
ri •'•'i’li- ll'''
conversaciones o incluso viajes a bordo de sus naves.
i i1 . n i. •. *i i \*1 ii
Hilary Evans, en su, también, imprescindible obra Visions, Apparitions, Alien
Visitors (Visiones, apariciones y visitantes del espacio, 1984) indicaba que la mayoría
de las entidades relacionadas con los ovnis poseían característic de la anatomía
humana al indicar que son «bípedas, tienen cabeza, tronco y extremidades
dispuestos en general como los nuestros: sus caras tienen, en su inmensa mayoría,
los mismos rasgos, dispuestos en la misma configuración». Sobre la aptitud
mostrada por los tripulantes de los ovnis ante la presencia de los eventuales
testigos, en la mayoría de los sucesos, varía entre la sorpresa y la indiferencia,
mostrándose sobre todo muy esquivos y huidizos cuando son descubiertos por los
testigos. Un rasgo característico en el modus operandi de los humanoides es huir a
bordo de sus naves en cuanto «detectan» la presencia humana en la zona. Aunque
hay que señalar que en algunas ocasiones han mostrado un comportamiento
violento y hostil del que también nos ocuparemos en esta obra Sobre las
actividades que llevaban a cabo los humanoides una vez han puesto un pie en
tierra, se podían dividir, básicamente, en tres grandes grupos:

1. La recogida de muestras del entorno: plantas, tierra, piedras.


2. La reparación de la aeronave.
3. La inspección ocular de los alrededores.

Sin embargo, en contra de todos los augurios, la casuística se reveló contra


los pronósticos y los relatos de aterrizajes aportaron, si cabe, mayor misterio y
sobre todo mayor anarquía y absurdo a los avistamientos de ovnis. En este caso, ,i|
la cercanía se transmutó, cual alquimia imposible, en lejanía, ya que los informes
que llegaban a manos de los ufólogos eran todos diferentes y cada uno de ellos
(|j* | fi'lii , •, • ] | 'J 1 Ã

parecían contener detalles únicos y exclusivos que no volvían a repetirse en otro


evento. De la lectura de estos sucesos se deducía que prácticamente existía un tipo
de extraterrestre (en fisionomía) y un platillo volador (en forma y tamaño) por cada
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■A . í

testigo que lo observaba. El estudioso y buen amigo Alex Chionetti insiste en este
m '■ I

crucial aspecto cuando me comentó lo siguiente:


i ;T

El fenómeno humanoide es sin duda uno de los elementos más comple­


jos, aunque personalmente considero que es cuando el «fenómeno» trata
de comunicar o descomunicar en su etapa lúdica o de comportamiento
generalmente irracional (ante nuestro punto de vista de humana lógica).
Analizando, recientemente, medio siglo de ECHI, incluyendo mis casos de
i! ’•■¡•i
campo, encuentro que sin duda casi siempre los casos son diferentes en sus
morfologías e interacciones. Muchos no se diferencian de estados oníricos
o «pesadillas», aunque muchas de estas dejan rastros en el terreno. Muchos
casos, sin ser abducciones propiamente dichas, tienen directamente relación
con estados hipnagógicos de los testigos (casos como el dique La Florida y
el incidente de Petraccini en Argentina). No existen casos que puedan ser
concretos y los humanoides siempre se comportan elusivos, decepcionando
a los testigos. Como en las abducciones, los encuentros con humanoides
• / • • • ll’ *1
también me comienzan a oler a azufre, o sea más conectados con apariciones
de seres demoniacos dimensionales que presuntos astronautas de estrellas
I . I , * ’•
lejanas. Ojalá encontráramos una casuística humanoide que se comportara
como verdaderos tripulantes de aparatos físicos y avanzados. Pero, aunque
pongamos mucho esfuerzo, no los hay. Si nos alejamos del fenómeno, re­
trocediendo a ECII y ECI, el fenómeno adquiere o se cubre de aspecto más
i i■ •;
tecnológico, pero cuanto más nos acercamos, se va desdibujando, pese a sus
apariencias homínidas, no mantiene ese aspecto por largo tiempo, salvo en
el caso de los contactados, que ya es otro tema diferente.
(.‘I1, '-'H [Link] ■’ '
Sobre la visión de estos seres, el ufólogo y experto en encuentros con
humanoides Albert Rosales me indicó que: «al parecer, muchos encuentros con
estas entidades son un poco "ridículos", sin sentido y difíciles de categorizar. Pienso

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uui -.i . .dú luc [Link].. íllÍKi íú •üL. ¡l'u . ..uuA.Ú.'iwUi? hliiíb *
que "elkis", quienes quieran que sean, han estado con nosotros desde hace miles de
anos, algunas veces, interfiriendo en las actividades délos humanos».
Pero sigamos evidenciando cuan compleja puede resultamos la colección de
informes ovnis y cuánto puede distanciarse, en «años luz», de la experiencia
narrada por Lonnie Zamora.
El increíble encuentro de Rowtey
Regis: «hadas», ovnis, y empanadas

El 4 de enero de 1979, en Rowley Regis, cerca de Birmingham en West Midlands


(Gran Bretaña), la Sra. Jean Hingley se despidió de su marido, que marchaba al
trabajo, sobre las 6:00 horas de la mañana, sin prever la extraordinaria experiencia
que le aguardaba. Desde la ventana de la cocina observó una extraña esfera de color
.I' l'1!'
naranja brillante que se materializó por encima de su garaje. En esos instantes
la Sra. Hingley, que se hallaba en la cocina, perdió el conocimiento levemente y,
tras recuperarlo, se percató que tres pequeñas criaturas, como hadas, entraban en
su casa flotando en el aire, emitiendo un zumbido parecido a un «Zee Zee». Se
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trataba de unos seres alados, envueltos en un halo luminoso, ataviados con una
túnica plateada, con seis botones, de 1,10 metros de altura, provistos de cascos
trasparentes, parecidos a una pecera, con una luz en su parte superior. Según la
testigo, las alas eran traslucidas, como de papel, cubiertas de infinidad de puntos
brillantes (como el código Braille) y muy parecidas a las de una mariposa. Sus caras
eran de una tonalidad blanca, con unos ojos grandes y extremadamente oscuros
y pequeñas bocas en forma de ranura, sin nariz u otros rasgos reconocibles. La
Sra. Hingley dijo que sus rostros parecían los de un difunto, inexpresivos en todo
momento. No tenían ni manos ni pies y sus piernas estaban rígidas.
!
Las tres criaturas estaban volando agitadamente alrededor del árbol de
' I'’'/ ■
Navidad del salón, que parecía fascinarles. Según la testigo, sus alas no se batían
como las de las aves, sino que más bien parecían de «adorno», aunque en algunas
ocasiones se plegaban como un acordeón. En esos momentos, la Sra. Hingley
escuchó varias voces masculinas graves que, de forma coral, dijeron: «¿Bien, bien?».
Tras pedirle que se detuvieran, las entidades se comportaron como niños agitados,
saltando varias veces sobre el sofá antes de sentarse. Entonces, la asombrada
mujer les preguntó de dónde procedían. La respuesta no se hizo esperar. De nuevo
respondieron al unísono y, con una voz que parecía proceder del exterior de sus
cuerpos, dijeron: «del cielo». Creyendo que se trataba de ángeles —la testigo era
una devota cristiana— les señaló una imagen de Cristo que había en la pared y
¡J^ 'jTiS ' , .J
les preguntó si Dios les había enviado: «Sabemos todo sobre Jesús; hemos venido
hasta aquí para hablar con la gente, pero ¡la gente no parece estar interesada!».
Los pequeños seres retomaron el vuelo y comenzaron a planear por la habitación
mientras cogían objetos y los examinaban de cerca con detenimiento y curiosidad.
La Sra. Hingley dijo que: «Creo que tenían imanes en sus manos (se refiere a
donde debería tener las manos), ya que mantenían las cosas en el aire cuando las
tocaban». Sin embargo, cuando les preguntó sobre su origen, las criaturas emitieron
un láser desde el casco que le impactó dolorosamente en la frente (la cicatriz
fue visible durante varios meses), causándole una breve parálisis y ceguera —al
parecer, durante la conversación, algunas preguntas que no gustaban a las criaturas
eran respondidas de esta forma—. En la charla, incluso, hablaron de un conocido
cantante británico llamado Tommy Steele.
Una extraña «criatura», mitad hada y mitad «astronauta extraterrestre», protagonizó
la increíble experiencia de Rowley Regis. Archivo Carav@ca.

Desprovista de temor, la testigo les preguntó a sus insólitos invitados si


*.* L Í-' ,-. ’n í' r
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' ' vi-i,
querían algo. De nuevo respondieron como un coro parroquial: «agua, agua, agua».
La anfitriona les sirvió agua junto a un pastel de carne, ofrenda que, por cierto,
ni bebieron ni comieron. El encuentro terminó de forma inesperada, después de
una hora, cuando, tras encenderse un cigarrillo, las criaturas aladas parecieron
asustarse y decidieron marcharse. En esos momentos, la Sra. Hingley escuchó un
fuerte silbido electrónico procedente de la parte trasera de su jardín. Entonces
observó un objeto de forma ovalado de brillante color naranja, de 2,50 m de largo
VlJÍl

aproximadamente, con dos ojos de buey luminiscentes y una estrafalaria antena.


Uh

Las criaturas se dirigieron hacia el artefacto y desaparecieron en un instante. Tras


reponerse de una extraña sensación de cansancio extremo, la Sra. Hingley llamó
por teléfono a la policía local para contar su increíble historia. Según dijo a los
agentes, estaba sin fuerzas y tenía algunas molestias en ojos y oídos. Un medico que
o
la examinó le aconsejó que permaneciera dos semanas en reposo para recuperarse.
Pese a estos contratiempos, la testigo no estaba asustada, sino todo lo contrario;
decía que su encuentro había sido «cálido y feliz, como si hubiera sido bendecida».
Posteriormente, la experiencia se enriqueció con varios detalles extraños. Dos días
después del encuentro, el árbol de Navidad desapareció inexplicablemente. Más
tarde volvió a aparecer en el césped exterior, despedazado y con menos adornos.
-Ir’

Curiosamente, los adornos navideños fueron devueltos de forma [Link]

los siguientes días.


Otro detalle interesante del incidente es que, durante la estancia de las
criaturas aladas en la casa, tanto la radio como la televisión dejaron de funcionar.
Además, se comprobó que algunos de los casetes que fueron tocados por los
pequeños visitantes se borraron inexplicablemente. En el jardín también fue visible
una huella, casi perfecta, de unos 2,50 m de diámetro. Pero quizás el aspecto
más hilarante de toda esta trama es que según apuntó la Sra. Hingley, los tres
humanoides se llevaron las empanadillas...
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Evidentemente este relato es una «patada» a la racionalidad y una zancadilla
a las pretensiones de muchos ufólogos... ¿Dónde queda ahora la coherencia
del metódico avistamiento de Lonnie Zamora? ¿Qué pueden tener en común el
aterrizaje en pleno desierto de un extraño objeto, irnos «marcianos» que buscan
abono y unos minúsculos alienígenas con alas de hadas? ¿Estamos tratando con
fenómenos originados por una misma «fuente» o, por el contrario, son diferentes?
¿A qué diablos nos enfrentamos?
«Trineos» de otros mundos

El 12 de diciembre de 1987, sobre las 10:50 horas, en Malvési, a unos tres


kilómetros de Narbona, G. L., de 40 años, se encontraba por los alrededores de
una fábrica abandonada para buscar leña para una barbacoa. Al llegar a la zona,
se sorprendió de ver seis personas con lo que parecían cuatro «trineos». Los
investigadores Denise Lacanal y Theodore Revel publicaron un reportaje en la
revista Flying Saucer Review (Vol. 33, n9 4) en el que recogieron lo siguiente:

«Cuando llegué a unos dos metros de ellos, no observé nada raro, salvo los ex­
traños “trineos". Trate de iniciar una conversación diciéndoles: "¡Buenos
días! ¡Qué mal tiempo hace hoy!”». Como única respuesta escuchó unos in­
comprensibles murmullos nasales. El testigo insistió y les preguntó: «¿Sois
de por aquí?». Entonces, una de aquellas «personas», de aspecto afeminado,
le dijo dos palabras que no logro entender. G. L. pensaba que le estaban gas­
tando una broma y que incluso podrían ser los actores de una película: «¡Ah,
vaya, es que sois extraterrestres!»; en ese momento uno de los seres se apro­
ximó al testigo, se agacho y dibujó sobre el terreno mojado dos símbolos. Uno
parecía la letra griega «Gamma» y el otro una «C». Y con una voz nasal le dijo
las palabras «cielo» y «demonio». G. L. seguía sin creer demasiado a aquellos
individuos y les preguntó de nuevo: «¿Se está mejor en vuestro planeta?». La
respuesta fue igual de curiosa: «Menos trabajo». La conversación continuó:
«¿Cómo funcionan estas máquinas?» «Por magnetismo... la lluvia nos mo­
lesta... no podemos comunicar con la base». La siguiente pregunta fue repli­
cada de extraña forma: «Así que ustedes son como nosotros... ¿hay atmos­
fera en su planeta?». Entonces, señalándome al primer personaje, la mujer
dijo;.«Siglo Nueve», y luego, indicando el personaje número 5, dijo: «Siglo
Trece». En esos momentos, el ser más adelantado se acercó al testigo y le ex­
tendió la mano diciendo: «Polo ártico». Él testigo no quiso estrechar la mano,
pero impulsado por la curiosidad, se rozó la mano con la suya y notó que su
piel, si era piel, parecía particularmente fría. Durante todo este tiempo, el
testigo había seguido observando a todo el grupo y observó que estaban in­
tercambiando miradas que parecían expresar no solo inquietud, sino
desacuerdo sobre la continuación de este encuentro y, sobre todo, de la con­
versación. Entonces la mujer dijo al testigo: «No nos interesas, pero unos po­
cos humanos se van con nosotros», y entonces apareció a su derecha un sép­
timo individuo, en todos los aspectos similar a los demás. Parecía estar irri­
tado por la situación e incluso algo enfadado. Se dirigió al grupo con una voz
nasal e incomprensible. Parecía estar en una condición física al borde del
trastorno. Inmediatamente se montaron sobre las máquinas que estaban
allí. Sin producir ningún sonido, sin ningún temblor de la hierba, y sin nin­
guna manipulación aparente por parte de los pilotos, las máquinas se eleva­
ron ligeramente». Volando a irnos 3 metros del suelo, los «trineos» desapare­
cieron lentamente a la derecha del testigo. Así describió G. L. a sus visitantes:
«Los seres eran de tipo “asiático”, tenían alrededor de 1,5 m de altura, en los
casos del número 1, 2, 3 y 7 y alrededor de un metro para los otros tres. De
hecho, el testigo dijo que estos últimos podrían haber sido niños. Su piel era
de color tierra y, aparte de algunas líneas horizontales en la esquina inferior
de la nariz, no notó ninguna característica particular en ellos que no fuera de
tipo "humano”. Su vestimenta, de tonalidad oscura, era idéntica para todos
ellos, y consistía en un traje combinado de una sola pieza, prolongado en el
caso de todos excepto el número 1 y 3, por una especie de capucha o cuello
alto bien ajustado. El testigo cree que observó pelo. Los números 2 y 3 de los
personajes parecían ser de tipo femenino, pero esta afirmación se basa solo
en los rasgos más finos de sus rostros».
Por su parte, los «trineos*, que eran de color blanco sucio, medían 1,5 metros
de largo por cuarenta centímetros de altura, y no teman ningún instrumental a ¡.
la vista. Según los investigadores franceses, al poco de desaparecer en la lejanía:
«De repente, el testigo se dio cuenta de un sonido penetrante, difícil de definir y
como si viniera de dentro de su propia cabeza. Fue seguido por una pérdida de
conciencia de su parte, pero curiosamente permaneció de pie. Una vez recobrados
sus sentidos, se sintió perturbado por esta aventura, y regresó a casa sin recoger
leña. El avistamiento duró solo unos minutos y aparte de uno o dos dolores
de espalda recientes, el testigo parece no haber sufrido consecuencias físicas o
mentales». A primeras horas de la tarde regresó en compañía de su hija y halló en la
zona cuatro o cinco huellas redondas de unos diez centímetros de diámetro. ¿Qué es
esto? ¿Un alienígena enfadado con sus subordinados por entablar una conversación
«disparatada» con un terrícola? Seguimos...
■ •*r.. ? •- •; ,r , -.[Link]-

¡Ahora me ves!

Y es que, al margen de estos aspectos disparatados, muchísimos casos ovnis


parecen ocurrir en una «porción» de la realidad que se encuentra velada
para nuestros sentidos cotidianos, como si durante unos instantes mágicos,
mientras ocurren estas experiencias, tuviéramos acceso a una realidad «paralela»
desconocida, pero con un grado de innegable existencia «física» que nos
desconcierta y nos llena de estupor. Con el estudio profundo de los ovnis quedan
patentes una sene de circunstancias que elevan enormemente las interrogantes
sobre este fenómeno. Los ovnis no se ajustan a las leyes de nuestra física y, más
que poseer una alta tecnología, parecen comportarse como «algo» irreal, intangible,
como un sueño, casi mágico. Los ovnis aparecen y desaparecen misteriosamente.
Sus ocupantes pueden atravesar muros y obstáculos. Las luces que emiten parecen
sólidas. El tiempo sufre alteraciones. Pero, quizás, uno de los aspectos más
* ' lililí¡wii
asombrosos anotados ante la presencia de estos fenómenos es que los alrededores
parecen «congelarse», como si de repente todo el entorno estuviese detenido y
•i ¡||l*
aislado por completo del resto del mundo («efecto campana» o «campana de
• - . ■ •’i’lílüOLraiM
silencio»). Incluso parece que nadie más puede acceder, en ese instante, a la
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nueva realidad descubierta por los testigos para compartir esta desconcertante
i
experiencia. Y precisamente, este tipo de etéreos y prodigiosos episodios, cercanos
al misticismo y a las alucinaciones, son los que más aterran a los pocos
que se aproximan al tema ovni.
El ovni estaba flotando sobre dos casas cercanas al

domicilio de la testigo en Málaga. Archivo Carav@ca

Algunos intelectuales y científicos se interesan y muestran desconcierto por


encuentros como el ocurrido en el desierto de Socorro, plagado de huellas,
quemaduras y agentes del FBI, pero huyen como alma que lleva el diablo, cuando
escuchan relatos que parecen «vomitados» por una mente alucinada o enferma.
Porque a eso precisamente, y no a otra cosa, es a lo que más se parecen muchos
encuentros ovnis. Pero, más allá de limitar todo el asunto de los platillos volantes
*. • . iJi 1‘ ‘ . ..: ' .'

al intangible universo de los desórdenes psicológicos,, la problemática ufológica


suscita muchas interrogantes difíciles de solucionar de un simple plumazo. ¿Por
qué gente en todo el mundo experimenta este tipo de experiencias, aunque no
tenga conocimiento de ellas? ¿Son algo más que alucinaciones? ¿Por qué dejan
huellas? ¿A dónde nos conduce todo esto?
Ya nos ocuparemos más adelante de todos estos curiosos y vitales aspectos
del fenómeno ovni. Por el momento seguiremos profundizando en nuestro estudio
- ''i*

con un caso que tuve la oportunidad de investigar personalmente, gracias a una


intervención en el programa de televisión Mis Enigmas Favoritos, que dirigía el
i ■ ,

investigador y entrañable amigo Luis Mariano Fernández. Y es que este suceso


podría enmarcarse perfectamente en un catálogo de rarezas dignas de Charles Fort
—pionero contemporáneo en la recolección de noticias y hechos anómalos.
• ■ ’Al”

La testigo no recuerda la fecha con exactitud, pero cree que fue en 1979 o 1980.
'■('i

Carmen H. tendría unos 37 o 38 años por aquellas fechas y residía en una barriada
de Málaga capital, en la segunda planta de un bloque de edificios. Todo comenzó
sobre las 4:30 horas de la madrugada, cuando un extraño sonido, como un suave
silbido muy penetrante, la despertó. A su lado solo se encontraba su hijo de corta
ifc i)íT!

edad. Se dirigió hacia la ventana y observó una luminosidad procedente del exterior
que se filtraba a través de la persiana. Al asomarse, se quedó estupefacta al ver que,
sobre dos casas próximas a su vivienda, había un enorme objeto circular, de unos
18 o 20 metros de diámetro a unos pocos metros del suelo —todas las medidas han
'Jjnirjl/1

sido calculadas por el autor en el lugar de los hechos con los datos ofrecidos por la
protagonista—. Parecía metálico y de color oscuro. Este artefacto, que le impedía

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, .ulpM-l

ver las viviendas sobre las que estaba flotando, se hallaba a unos 85 metros de
distancia de la testigo. El objeto estaba rodeado de ventanillas alargadas en cuyo
interior se podían distinguir dos siluetas. Curiosamente, la luminosidad de esta
ventana era blanquecina, en contraste con todas las demás que eran amarillentas.
A Carmen le llamó la atención que todo estaba envuelto en un «gran silencio». De
pronto, se abrió una puerta en el artefacto y surgió una rampa de gran tamaño en
dirección al suelo. Por la abertura surgía una luz blanquecina. Entonces, Carmen
'| 11 .un?.''' .

observó a un tercer humanoide que comenzó a descender por la rampa «caminando


como una persona normal», hasta situarse en el mismo borde. El ser era muy alto,
de unos dos metros, delgado y llevaba un traje metalizado muy ajustado, como
el de los submarinistas, que le cubría por completo. El humanoide estuvo irnos
treinta segundos en el borde de la rampa, hasta que regresó caminando hacia el
interior del objeto. En esos momentos, Carmen dice que la rampa se replegó y, de
repente, en un parpadeo, a una inusitada velocidad, toda la escena desapareció de
su vista. La testigo solo acertaba a decirme que aquello se esfumó en un segundo...
El avistamiento había durado unos dos minutos. Carmen me indicó que, aunque
no sabía si tenía alguna relación con estos hechos, «a los pocos días, la casa más
próxima a mi ventana y sobre la que estaba el ovni ardió y el techo se cayó. Se dijo
que fue un fallo eléctrico. Pero lo más extraño es que quince o veinte días más tarde,
la otra casa, también ardió misteriosamente».
¿Una locura verdad? ¿Puede una nave de semejante tamaño aterrizar sobre
la azotea de dos viviendas, casi en medio de la capital malagueña, y pasar
desapercibida para todos los vecinos? Pues esto, ni más ni menos, es lo que
-1
nos ofrece él estudio, sin tapujos y sin censura, de los platillos volantes. Una
autentica batería sin fin de increíbles historias capaces de tumbar al más sensato
y que, sin embargo, se acogen de forma extraordinaria a los mismos patrones que
encontramos en los casos más «serios» y documentados. O lo que es lo mismo,
las descripciones de ambas caras de la moneda suelen ofrecer, prácticamente,
el mismo nivel de evidencias y el mismo grado de respetabilidad en cuanto a
la supuesta honorabilidad de los testigos. Es decir, la credibilidad, en cuanto a
sinceridad de los testimonios, que despiertan ambos extremos, es la misma; lo que
ocurre es que una parte es casi imposible de creer. Pero ¿cómo es esto posible? ¿Se
A '
trata de engaños o efectivamente estos episodios obedecen a eventos reales? ¿Qué se
esconde tras las incursiones de ovnis en nuestro mundo?
Antes de intentar responder en estas interrogantes es obligado seguir
conociendo más datos sobre esta casuística maldita que pocas veces aparecen en los
libros más ortodoxos sobre ufología... Como diría el maestro de ceremonias de un
II, * riVi. WhVli
«freak show» ¡¡Pasen y vean!! La función va a comenzar...
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Ill III
El autor del presente libro en el cruce de calles donde se

situó el ovni, casi en pleno centro de Málaga.


CAPÍTULO 2. 1
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OVNIS: LA CASUISTICA MALDITA

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Camino a la Ciudad Esmeralda

El camino que va a la Ciudad Esmeralda está pavimentado con baldosas ama­


rillas —expresó la Bruja—, de modo que no podrás perderte. Cuando veas a
Oz, no le tengas miedo: cuéntale lo que te ha pasado y pídele que te ayude.
Al igual que la sorprendida Dorothy, la entrada de cualquier neófito al universo
de los ovnis le puede parecer algo tan extraordinario e irracional como le parecía a
la protagonista del El Maravilloso Mago de Oz su irrupción desde Kansas a un mundo
de fantasía y magia. Y en ambos casos debemos de seguir el camino que tenemos
ante nuestros ojos para llegar al desenlace del misterio. Y eso es precisamente lo que
11

vamos a hacer... seguir la calzada de baldosas amarillas para que nos conduzca a
nuestra particular Ciudad Esmeralda o, lo que es lo mismo, al corazón de los plati­
llos volantes...

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7. Sobre rarezas que vemos en los cielos

Al lector no habituado a enfrentarse a la perturbadora literatura ovni le puede


sorprender que una mínima parte de los avistamientos que se han registrado estén
• . ,I I# ,

provocados por objetos en forma de platillo volador o disco, aunque precisamente


estos sean los más divulgados por la prensa, la literatura o el cine. Y es que, entre los
miles de avistamientos ovnis recogidos por todo el planeta, podemos toparnos con
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casi cualquier forma y tamaño que seamos capaces de imaginar para un hipotético
. ■ .'.i , l’l‘

vehículo espacial extraterrestre: naves triangulares, esféricas, planas, cuadradas,


piramidales, alargadas o poliformes han sido observadas sobrevolando nuestros
cielos o tomando tierra en nuestros campos o desiertos. Pero ¿es esto posible? í¡J
¿Puede existir tal variedad de naves extraterrestres visitándonos? Veamos algunos
ejemplos de lo que decimos. Abramos los archivos más desconcertantes.

¿Un Helicóptero Chino No Identificable?

El 15 de julio de 1956 en Nashville, Tennessee, sobre las 13:00 horas, según


registran los archivos del NUFORC (The National UFO Reporting Center), dos
jóvenes de unos once años, mientras se hallaban afanados construyendo una casa
de madera, se toparon con algo asombroso. En un momento dado, uno de ellos
escuchó un fuerte ruido parecido a un gran golpe metálico. Cuando levantaron la

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vista se percataron de la presencia de un objeto en forma de cilindro plateado, de
unos seis metros de largo, que volaba muy cerca de las copas de los árboles. La
parte inferior era parecida a las «patas de un helicóptero». Volaba tan bajo que el
artilugio tocaba las ramas con una «especie de manguera que olía las hojas de los
árboles». Entre las barras observaron unas inscripciones y símbolos que parecían
escritura china. En la parte posterior tenía una llama azul. Parecía volar de árbol en
árbol deteniéndose un poco sobre ellos, mientras los testigos huían escuchando el
z ' *í f # • !’ l' l'•' .
extraño sonido metálico. La escena duró entre tres y cuatro minutos hasta que el
objeto, con algo más de velocidad, se perdió en la distancia ocultado por la arboleda.
Los muchachos corrieron a casa asustados...
Curioso ovni avistado por unos niños en Tennessee. Archivo Marcos Nicieza.

Un «cuadrado» sobre un campo de trigo

El 19 de mayo de 1964, sobre las 7:30 horas en Hubbard, Oregón, el joven Michael
J. Bizon salió de su casa, cuando se percató de que la vaca propiedad de su familia
estaba fuera de su lugar habitual. El animal parecía estar muy nervioso. En esos
momcTi._os, Michas! observó un extrañe artefacto cuadrado de 1,2C metros de
altura a cierta distancia. El objeto era de color plateado y estaba posado sobre
el campo de trigo. Tenía cuatro patas brillantes. Entonces empezó a escuchar un
sonido muy suave y el misterioso «cuadrado» comenzó a elevarse. Al llegar a la
altura de un poste de teléfono, el artefacto salió «disparado como un cohete». Tras
el despegue del objeto, en toda la zona, quedó un intenso olor parecido al gas.
Michael, visiblemente alterado, entró en su domicilio para contarle la
experiencia a su madre. El carpintero que trabajaba en la casa, el Sr. Ray Mortenson,
inspeccionó inmediatamente el campo de trigo. Había una zona aplastada, de
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alrededor de 1,20 metros de diámetro, donde el trigo había sido aplanado hacia
afuera. El área tenía forma de flor. Posteriormente llegó el sheriff Shirlie H.
Davidson, que también comprobó la existencia de las misteriosas huellas. En el
interior «se observaban tres puntos particulares, separados alrededor de noventa
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centímetros». Incluso un oficial de la base de Fuerza Aérea de Adair inspeccionó el
campo, aunque nunca se conocio el resultado de sus pesquisas.
Un extraño artefacto volador observado en Indiana.
Archivo Marcos Nicieza.

Un militar ante una extraña cúpula voladora

Nuestro protagonista no recuerda exactamente la fecha de su encuentro, pero está


casi seguro de que podría haber sido en el verano de 1965. Luis M., que se retiró del
'í ’

ejército siendo capitán de infantería, siempre había mantenido su experiencia en


secreto y jamás la comentó fuera de su estrecho círculo familiar.
Por aquellas lejanas fechas, Luis M. (cuyo verdadero nombre prefiere mantener
en el anonimato) era sargento de infantería y nunca había escuchado o leído nada
relacionado con los ovnis. Era una tarde de julio o agosto, y por petición de un
compañero de armas Juan G., que era muy aficionado a la pintura de paisajes,
decidió mostrarle la hermosa vista del Estrecho de Gibraltar que se divisa desde el
Cerro del Rayo (Algeciras) para que realizara un cuadro. Hacía una tarde esplendida
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y tras varias horas de caminata llegaron a la pequeña cumbre. El cielo estaba


completamente despejado y Gibraltar les observaba desde el fondo de la bahía. En
ese momento, nuestro testigo, hombre sincero y honesto donde los haya, se percató
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de la presencia en el cielo de un extraño artefacto luminoso que, envuelto en mil
colores, se dirigía a tierra lentamente. El silencioso ovni aterrizó a unos doscientos
metros de su posición. Tal y como me confesó: «el objeto apareció de repente,
tomando suelo en el único lugar donde había una zona despoblada de árboles y
IwÉWi''i '¡
rocas, precisamente en la misma cúspide de un pequeño cerro, fue una operación
inteligente». En un principio, a su luminosidad, producida por varios focos de
colores, le impedía apreciar la forma del ovni. «Una vez que tomó tierra, el objeto se
fue haciendo más nítido y pudimos apreciar perfectamente su contorno», aseguró
el militar.
Según el testigo, aquel objeto estaba compuesto por dos partes principales
separadas entre sí. «Por un lado, en la parte superior se hallaba una cúpula achatada
rodeada de una serie de ventanas rectangulares que, imagino, sería el habitáculo
para los pilotos, aunque no vimos a nadie asomado a las ventanas». «Y, por otro
lado —continua el militar con un sentido analítico envidiable— tenía un grueso aro
donde creo que podría estar el sistema de propulsión del objeto; separando ambas
partes podíamos ver unas esferas luminosas. Entrando en detalles, en la cúpula
superior, a través de las ventanas, se podía distinguir una iluminación de color
blanco tenue, pero no pudimos apreciar otros detalles del interior. La cúpula era de
color gris claro y estaba coronada por una antena mediana y tres pequeñas. Desde
la panza de esta cúpula se proyectaban, aproximadamente desde el centro, tres
haces de luz blancos que, pasando por el interior del aro inferior, tocaban el suelo;
posiblemente se trataba del sistema de aterrizaje del objeto, o eso al menos me daba
a mí la impresión».
Entre las dos partes principales del este particular objeto se hallaban, como
suspendidas en el aire, unas seis bolas de luz aproximadamente, que despedían
luminosidad de varios colores llamativos.
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La parte inferior del objeto era un grueso aro de color gris oscuro que poseía
varias «toberas» en forma de semi-anillo unidas a él, que expulsaban una especie de
gas blanquecino que entraba y salía de estas «toberas». Nuestro protagonista tuvo
tiempo de caminar alrededor del objeto, pero manteniendo la distancia, y pudo
observar detalles desde otras perspectivas: «Detrás de este aro, pudimos observar
que había tres «tubos de escapes» en forma de trompeta que despedían unas
« i i11 i h II * u 'i * i
llamas muy extrañas». El ovni podría tener una altura global de unos seis metros
aproximadamente y un grosor de cuatro. Según Luis M., la luminosidad del objeto
no se proyectaba hacía el exterior. Tras unos veinte minutos de observación, el

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aro comenzó a elevarse y casi se unió a la base déla, cúpula, separado solo por un
extraño «cordón» luminoso. Seguidamente, los tres haces de luces comenzaron a
retraerse y el objeto empezó a tomar altura, giró tres o cuatro veces sobre su propio
eje y, tras elevarse un poco más, desapareció velozmente.
Hay que añadir que en ningún momento de la observación se oyeron ruidos
provenientes del objeto.
A pesar de los años trascurridos, el testigo recuerda perfectamente la forma
del objeto, pues realizó una ingeniosa maqueta de lo que aquella tarde de verano
divisó junto a su compañero. Antes de abandonar la casa del testigo, en una de mis
primeras visitas, me dijo: «No voy a decirte que aquel artefacto era extraterrestre,
no lo sé. Lo único que puedo deciros, es que he estado muchos años en el ejército y
ese cacharro no lo tienen ni los rusos ni lo americanos...».

El piloto que «habló» con un «ojo»

Y si el lector cree que estas rarezas volantes no son observadas por los pilotos de
aviones, prepárese para no pestañear. El 4 de noviembre de 1968 el comandante
Juan Ignacio Lorenzo Torres pilotaba un Caravelle IB-249 de la Compañía española
IBERIA hacía Alicante procedente de Londres. Sobre las 18:30 horas, cuando
sobrevolaba Sagunto (Valencia), recibió una orden desde la torre de control de
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Barcelona de bajar desde los 31000 pies a los 28000, ya que de frente venía un
avión de British Caledonia. En esos momentos, de forma imprevista, un miembro
de la tripulación, el copiloto Juan Celdran, observó como una luz se aproximaba a

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gran velocidad en rumbo de colisión. Antes de que pudiesen reaccionar, la extraña
luminaria se detuvo de forma pasmosa a tan solo diez metros del morro de Caravelle
IB-249. Aquel objeto tenía una forma inquietante: parecía un «ojo humano» con
«venas» por las que circulaba una especie de fluido. El comandante describió su
encuentro al periodista JJ. Benítez en su libro Materia Reservada (1993):

Era una luz central, de un tamaño aproximado al de un balón de fútbol, con


una iluminación pulsante cobrizo-azulada. Es difícil explicarlo con palabras.
[...] Tuvimos la sensación de que «respiraba». Era algo vivo. Y a los lados se
distinguían otros dos círculos luminosos, pero más pequeños y del mismo
color. La proximidad era tal que tanto Juan como yo nos vimos parcialmente
iluminados por su resplandor. En el interior del «foco» central observamos
«algo» parecido a «venas», unos conductos por los que circulaba un líquido
o algo similar. En las luces laterales, en cambio, no se apreciaban detalles. Si
tuviera que buscar un ejemplo, me arriesgaría a decir que el círculo mayor
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me recordó un ojo humano.

Durante unos diez minutos aquel «ovni» estuvo jugando frente al avión de
pasajeros y el comandante tuvo la idea de comunicarse con «ellos». En una
entrevista para la revista Tiempo (1991), el comandante expresó lo siguiente:

Al final le perdimos el miedo, cogí el micro y por el canal 21.5, de emergencia


i ’j I'/IIJr
pasé a hablarle en español y en inglés. Por supuesto, no recibimos respuesta,
por lo que establecí un código muy sencillo, el de las luces. Nos quedamos de
piedra cuando aquello se apagaba y encendía estableciendo comunicación.
Estuvimos así diez minutos y contestaron negativamente a la pregunta de si
eran enemigos y si eran de este planeta. De pronto desapareció y se fue como
para Africa. Si no hubiera testigo, también había azafatas, y aportaciones
técnicas de los controles. Es para pensar en la locura...

jiíiiiiijL-hjtüd.
Lógicamente esta «comunicación* interesó vivamente a los militares que
entrevistaron al piloto. No obstante, redactaron un informe muy breve de su
encuentro, donde obviaron detalles esenciales de la experiencia. Ni un solo
comentario para describir la peculiar forma del objeto, así como ninguna
acotación sobre el dialogo mantenido con el «ojo». Además, para mayor descalabro,
los encuestadores oficiales requisaron al piloto una contundente prueba de su
experiencia: los registros del radar, donde se evidenciaban los movimientos
erráticos de los tres ovnis, quedaron impresos en pape] y Lorenzo Torres los tuvo
en su poder hasta que los oficiales que le entrevistaron se los pidieron. «Usted tiene
algo que nos pertenece», le dijeron. Evidentemente, nada de esto se hizo público ni
en el informe, ni en la posterior desclasificación del ejército del aire.
¿Un gigantesco «ojo» volador extraterrestre que se comunica telepáticamente
con un piloto? ¿Pero esto qué es?
Definitivamente, los ovnis encierran una complejidad que va más allá de todo
lo que hemos imaginado... Pero sigamos con nuestro listado.
El piloto Lorenzo Tomes se comunicó «telepáticamente»
con un ovni en forma de ojo humano. Archivo Carevoca.

La «caldera» voladora

Mientras circulaban con su vehículo por Mildura (Australia), en el año 1970, dos
hermanos tuvieron un encuentro cercano con una peculiar maquina voladora.
Todo ocurrió cuando un objeto enorme se elevó por detrás de unos árboles, pasando
a menos de cincuenta metros de distancia de su coche. Aquel objeto era realmente
• • j , ■r'Swí i'
inusitado y tenía forma de extraña campana o caldera. El color del artefacto era gris
y tenía unas luces parpadeantes de color naranja y blanco. L.V., como se identificó
uno de los testigos, comentó a los investigadores que, aunque no podía ver por
debajo del objeto, pudo apreciar el interior a través de las rejillas de su parte inferior.
Parecía tener una luz central tan brillante que podría haber visto hasta «pequeños
insectos que se arrastraran por el suelo». En la rejilla vio también que había
luces que giraban con la base, mientras parpadeaban, de color naranja y negro. Se
alejaron del lugar asustados.
Un ovni en forma de caldera visto en Australia.
Archivo Marcos Nicieza.

Una imagen vale más que mil palabras


2S de octubre 1976. Sobre las 7:05 PM en Evansville, Indiana, seis testigos
Observaron un extraño objeto a unos sesenta o setenta metros de distancia. Üno de
los observadores, Lee Golden, dijo a los investigadores lo siguiente:

No fue una alucinación. Esta cosa venía desde la parte superior derecha de
la casa, y yo aseguraría que estaba a unos treinta o cuarenta metros por en­
cima del tejado. Era rectangular en la parte superior y tenia una gran luz en
la parte inferior. No pude ver cómo era la parte inferior, pero era totalmente
a prueba de ruido (no producía ningún sonido). Tal como lo vimos, parecía
tener el tamaño de un automóvil y fue ganando altura mientras se movía
hacia el norte. Cuando llegó a una altitud más alta, desde la parte inferior del
objeto despidió algo hacia afuera. Más tarde, otra cosa surgió desde el lado.
El objeto llegó desde el sur, y en un principio se dirigía hacia el norte a baja
altura (entre treinta y cuarenta y cinco metros), luego se volvió y comenzó a
moverse hacia el noreste, ganando altura y finalmente, se alejó, hasta tener
el tamaño de una estrella. La duración de todo el avistamiento fue de unos
quince minutos.

La descripción del artefacto es bastante inusual. El objeto en su parte superior


era rectangular, con una abertura o ventana central formada por una malla.
Mediante tres cortos tubos estaba unido a su parte inferior, que estaba formada
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por un cilindro. En el centro de esta pieza surgía una especie de «escape». El objeto
tenía varias luces de color amarillo que luego cambiaron a una tonalidad blanca.
Al principio de la observación, el artefacto se desplazaba lentamente para después
desaparecer en la lejanía a mayor velocidad.

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El militar gaditano observó un ovni que aterrizó a pocos metros de su posición.

Archivo Marcos Nicieza.

Una «lágrima» metálica en Tordesillas

La noche del 1 de octubre de 1977, el pequeño Martín Rodríguez Rodríguez, de


siete años, jugaba con varios amigos en los alrededores del pueblo de Tordesillas
(Valladolid), donde residía. Serían las 22:30 horas cuando, junto a Femando
Carabelos, decidió esconderse en un viejo corral existente en la carretera nacional
122. Antes de entrar en el abandonado recinto, arrojaron varias piedras en su
interior, como hacía por costumbre, para comprobar si había alguien dentro. En
ese momento, un sonido seco y metálico retumbó en el silencio. Habían golpeado
«algo» que no debía estar allí. Los jóvenes, extrañados, entraron en la abandonada
edificación con la intención, ahora, de investigar qué era aquello que había
retumbado en el silencio de la noche. Nada más entrar, se toparon cara a cara con
lo jxiexplicado. A muy poca distancia, a no más de diez metros de los niños, había
un erógm ático objeto metálico en forma de lágrima, muy pronunciado por su parte
superior y de color «gris plomo mate». El artefacto emitía un extraño resplandor
que iluminaba los alrededores. En su parte superior había tres ventanillas en forma
• i-, •
de ojo de buey, de las que brotaba una luz rosa-azulada. A través del marco de las
ventanas se podía percibir el amplio grosor de las paredes. El objeto se apoyaba
sobre tres patas gruesas «parecidas a las torretas de alta tensión». En su parte
central, tal y como me refirió Martín Rodríguez: «había una puerta abierta, como
la de los ascensores, pero sin vértices visibles, en la que solo se veía luz [...] Cuando
lo vimos tuve la impresión de que, cuando nosotros llegamos, los seres de aquel
artefacto estaban a punto de bajar, parece que les interrumpimos». Aquel objeto
según Martín podría tener 2,80 metros de altura y unos dos de ancho.
Los dos chicos estaban atónitos ante la presencia de aquel objeto que emitía
luces de variados colores. En su parte derecha poseía un juego de tubos metálicos,
como escapes, por los que emanaban «gases». También podían oír un ligero sonido
parecido al de una sirena de la policía, pero más grave y lento. Tras unos minutos de
H'l'l Í'iíl h
impávida observación, el objeto comenzó a vibrar y a elevarse lentamente. En ese
momento, del centro del artefacto metálico surgieron cuatro rayos de luz, no más
gruesos que un lápiz, que se proyectaban en varias direcciones. Fatídicamente, uno
de estos haces de luz impactó en el estómago del Martín. El testigo me describió
que aquella luz le atravesó por completo y podía ver, al girarse, como llegaba hasta
el suelo: «estaba paralizado, sentí como un "cinturón" que me apretaba desde la
rodilla hasta el hombro, fue una sensación muy extraña, aunque no sentía, dolor
alguno». Lo más curioso es que su compañero de juegos quiso zafarle de aquella
luz y no podía; la atravesaba con sus manos sin verse afectado. Inmediatamente,
tras cerrarse la puerta, produciendo un sonido «hermético», el objeto comenzó a
elevarse. El tren de aterrizaje se replegó hacia el interior de la nave. Los haces de
luz desparecieron. A unos cuatro o cinco metros, el artefacto voló en diagonal para
perderse en la lejanía. En esos precisos instantes, Martín sintió un intenso mareo
y perdió el conocimiento. Rápidamente, Femando Carabelos avisó a los familiares.
Varios vecinos entraron en el corral y comprobaron que había un fuerte olor a
azufre en todo el lugar. El fotógrafo del pueblo inmortalizó las huellas y todos
los que acudieron hasta allí comprobaron la existencia de estas y de los restos
calcinados que había en su interior. El conocido periodista Eker Jiménez, que fue el
primero en rescatar el caso del olvido, indicó en su clásico libro Enigmas sin Resolver
(1999) que pudo acceder a unas muestras de las huellas y los análisis indicaban que
habían sido sometidas a temperaturas de más de seiscientos grados.
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Martín Rodríguez fue paralizado por un arayos de luz que Le lanzó un extrano
artefacto. Archivo Carav@ca

Un «rectángulo» no identificado

El diseñador Adolfo Arranz recuerda una experiencia que le marcó en su juventud, a


mediados de los años ochenta, en Quintanilla de Arriba (Valladolid). Así lo describió
el propio testigo:

He hecho este dibujo para intentar plasmar lo que vimos mi sobrino Sergio y yo
hace la tira de años; tendríamos entre seis y siete años, o quizás menos, y estábamos
r|¡J
jugando detrás de la casa de Sergio. De repente, nos encontramos en el cielo esa
especie de cubo rectangular, todo negro, ni tenía luces ni nada parecido, parecía
una caja. Estuvimos un rato viéndolo, luego entramos como locos en casa a decir
i
lo que había ahí fuera y nadie nos hizo ningún caso. Cuando salimos, no estaba.
Mi recuerdo es bastante parecido al dibujo: el cielo estaba crepuscular y la cosa, no
sabría decir de qué tamaño podría ser, pero grande sí que era. Juro que vi esto, de
veras.
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2. Humancides:
un catálogo interminable

Con la fisionomía de los ocupantes de los ovnis ocurre lo mismo que con la forma de
las aeronaves. Prácticamente existe un prototipo de extraterrestre por cada testigo
que denuncia la presencia de un humanoide en el entorno de un «platillo volador».
De hecho, el Dr. Joseph Alien Hynek, considerado el padre de la ufología científica,
en su libro The UFO Experience, decía sobre estas experiencias que: «Llegamos al
aspecto más extraño y aparentemente más increíble de toda la fenomenología ovni.
Para ser francos, omitiría de buen grado esta parte si pudiese, sin ofensas para la
integridad científica».
Y es que los relatos sobre la presencia física de enigmáticos humanoides
asociados a _ la visión de
j_ — platillos volantes elevaban notablemente las ¿
los
i

interrogantes en torno a este fenómeno. Y más aún cuando los ufólogos se


afanaban, en vano, en intentar elaborar una tipología de los tripulantes de los no
identificados. Ya que tenemos desde minúsculos tripulantes de varios centímetros
■ . í1'
de altura hasta gigantescos seres, pasando por multitud de características físicas
variable. Ausencia de brazos, cubierto de vello, cabeza desproporcionada, con
un solo ojo o sin facciones, fueron algunas de las particularidades denunciadas
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en infinidad de encuentros cercanos, dificultando sobremanera establecer un
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«retrato robot» de las supuestas entidades «extraterrestres». Además, para mayor
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[Link]'.í 'li’jduA'1' íuíiiiíii!


estrañeza, los comportamientos de los humanoides también eran dispares y
cargados de múltiples componentes absurdos.
Sin duda, estos son dos aspectos complejos del fenómeno ovnis casi imposibles
de casar con la HET. Veamos algunos ejemplos.

Los extraterrestres «vampiros» que temían al sol

José Higgins era topógrafo y el 23 de julio de 1947 estaba trabajando con varios
obreros en las afueras de Bauru, São Paulo (Brasil). De repente, tras escucharse un
sonido muy fuerte, como un silbido agudo, apareció en el cielo un gran objeto
volador, de irnos cuarenta y cinco metros de diámetro y de color gris plomizo, que
tomó tierra a escasos metros del grupo de sorprendidos operarios. El ovni tenía
a su alrededor un anillo que le asemejaba al planeta Saturno. Los compañeros
de Higgins huyeron presas del pánico y solo nuestro protagonista presenció el
descenso de tres seres de más de dos metros de altura que vestían unos trajes
transparentes que les cubrían todo el cuerpo, y que en su interior portaban una
ropa de colores brillantes similar al papel. En sus espaldas, el ingeniero distinguió
que llevaban unas cajas metálicas. Sus cuerpos eran delgados y desproporcionados,
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ya que sus piernas eran muy largas. No tenían ni pelo, ni cejas, y la cabeza y los
ojos eran enormes. Los humanoides quisieron acercarse al testigo, portando un
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«arma» parecida a una tubería, pero parecían «fotosensibles» y evitaban ponerse al
sol. Por ello, Higgins permaneció a la luz del astro rey, evitando las sombras. En ese
momento, los visitantes dibujaron en el suelo ocho círculos y en un lenguaje claro
dijeron a Híggins que él central era «Álamo» y él séptimo «Orque». Posteri ormente
subieron al ovni y partieron a gran velocidad, dejando al topógrafo en tierra.
Algunos investigadores dedujeron que «Álamo» era el Sol y «Orque», Urano, el lugar
de precedencia de los gigantes... Quizás era mucho suponer...

Encuentro en un callejón

El 20 de octubre de 1954, Renzo Pugina, de 37 años, un representante de ventas de


Erba (Como), que estaba trabajando en la localidad de Parravicino (Italia), regresaba
a su domicilio, sobre las 23:00 horas, cuando observó «una extraña luz en un
callejón oscuro por lo general». Al acercarse vio a un extraño ser, de 1,30 metros de
altura, envuelto en una luz difusa. El humanoide dio la vuelta a su lado izquierdo,
con movimiento mecánico. Su cabeza estaba cubierta por un casco. La parte frontal
era transparente y se podía ver la cara, con evidentes rasgos humanos, aunque con
ojos de tipo «mongoloide», gracias a una pequeña luz que había en la parte superior
del casco. El cuerpo se observaba hasta medio torso y los brazos, cubiertos de
escamas de metal, brillaban ligeramente. Las piernas se introducían en un grueso
tubo (como un embudo). Al final del «cono» tenía un largo y delgado «cable» que no
llegaba a tocar un disco, dispuesto en posición horizontal, del tamaño de una rueda
de bicicleta, que tenía en su extremo. El humanoide flotaba a escasos centímetros
del suelo, subido en aquel raro artefacto. En su mano derecha tenía una linterna que
apuntó al testigo, y este, de repente, se encontro paralizado. Renzo Pugina introdujo
su mano en el bolsillo y, al tocar el metal de sus llaves, pudo recuperar un poco

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de movilidad. Quiso acercarse al humanoide y le dijo la palabra «Marte». En esos
momentos, el extraño individuo «hizo una mueca de decepción» y se elevó a un
metro del suelo emitiendo un zumbido. Se alejo del lugar aumentado la velocidad
del artefacto cónico. Durante tres o cuatro días en el sitio del avistamiento fue
visible una rara «mancha» inodora que aumentó espectacularmente su tamaño con
el paso de los días, antes de volver a encoger para, finalmente, desaparecer. Aunque
en el presente incidente no se observó una extraña aeronave asociada al humanoide
—cosa por otro lado muy habitual en la casuística ufológica—, el caso fue reportado
en un año de frenética actividad ovni en Francia e Italia. El pionero investigador
Antonio Ribera, en su clásica obra Encuentros con Humanoides (1982), resaltaba
este fundamental aspecto, que es una de las señas de identidad del fenómeno ovni:
«El encuentro con humanoides puede estar acompañado o no del ovni posado en
el suelo, al lado o en las proximidades. El encuentro de un humanoide aislado
presupone la existencia, más o menos cercana, del vehículo». Sigamos...
Una desconcertante entidad en un callejón en Italia. Archivo Carav@ca.

Encuentros extraños en Brasil


El 15 de enero de 1955, en la revista t? Cruzeiro, se narraron las insólitas
experiencias vividas por dos residentes de Venancio Aires, en el estado de Rio
Grande do Sul (Brasil). Al parecer, el primer incidente reseñado en las páginas del
desaparecido magazín ocurrió el 9 de diciembre 1954, cuando el agricultor Olmiro
Costa e Rosa, en la localidad de Linha Bela Vista, mientras trabajaba en un campo de
frijoles y maíz, escuchó un extraño sonido parecido al de una máquina de coser. Las
ovejas de los alrededores se sobresaltaron, al mismo tiempo que Olmiro se percató
de la presencia de un artefacto brillante, en forma de sombrero, de color crema, de
unos quince metros de diámetro por tres de altura, flotando a un metro del suelo y
envuelto en una nube. El testigo aseguró que fuera del objeto había dos humanoides
examinando una valla de alambre de púas, mientras dentro del ovni pudo observar
a otro ocupante que sobresalía por una abertura. Los seres tenían aspecto humano,
de tamaño mediano, anchos de hombros, con rostros muy pálidos, pelo largo rubio
y ojos rasgados. Además, vestían monos marrones brillantes y zapatos muy raros
sin tacón.
Olmiro estaba como paralizado y comprobó que no podía gritar. La azada cayó
de su mano, pero el humanoide que estaba más cerca del testigo se la entregó,
después de cogerle unas muestras de frijoles y de maíz que sostenía Olmiro en
su otra mano. Como el agricultor vio que algunas ovejas se acercaban, hizo gestos
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al extraño visitante para que cogiera una, aunque el ser negó con la cabeza el
ofrecimiento del testigo, mientras hablaba en un idioma ininteligible. Olmiro no
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recuerda cómo regresaron al artefacto los humanoides, pero de pronto el ovni se


elevó a unos diez metros de altura para desaparecer en dirección al horizonte en

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poços segundos. En la zona quedó durante algún tiempo un olor a «combustión
de carbón». Según los investigadores, el testigo era analfabeto y pensaba que había
sido testigo del aterrizaje de algún tipo de aeronave de una nación extranjera.
Curiosamente, el periodista menciona otro reporte que tuvo lugar el 11 de
diciembre, solo dos días después, protagonizado por otro agricultor, Pedro Morais.
Además, el testigo residía aproximadamente a un kilómetro de la vivienda de
Olmiro da Costa. Todo ocurrió cuando estaba en el interior de su vehículo y
se sorprendió al escuchar sus gallinas asustadas. Mientras se acercaba al lugar,
observó un objeto en forma de platillo que flotaba muy cerca de su posición. El
testigo dijo que el objeto parecía una enorme olla de cobre pulido con una parte
rectangular en su parte superior. Entonces Morais distinguió dos pequenas siluetas
de forma humana moviéndose a través de la plantación de tabaco. Los humanoides
vestían unos grandes trajes amarillos, como sacos, que les cubrían desde los pies
hasta la cabeza, pero no pudo ver detalles de sus rostros. El agricultor, movido por
la curiosidad, intentó acercarse a los seres, pero estos le hicieron señas para que
no se aproximara. Entonces los humanoides recogieron varias plantas de tabaco y
subieron al ovni a gran velocidad. El artefacto se esfumó rápidamente.
Once años después se registró otro caso muy similar. El 26 de octubre de 1965,
en Alto dos Cruzeiros, municipio de Canhotinho, estado de Pernambuco, Brasil, un
mecánico sordo de 56 años llamado José Camilho Filho, mientras caminaba por la
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tarde por un sendero, cerca del cementerio, observó en una curva lo que en un
principio creyó que eran dos niños sentados sobre el tronco de una platanera caída.
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Cuando Camilho les llamó la atención, comprobó que se trataba de dos pequeños
humanoides de entre ochenta y noventa centímetros de altura, que se pusieron, de
pié inmediatamente. El testigo dijo que los seres, de apariencia japonesa, tenían
grandes ojos oblicuos, la tez oscura y que sus rostros estaban muy arrugados y
marcados, como los de los viejos. Tenían la cabeza muy grande en comparación a
sus cuerpos y el pelo de color blanco. Ambos parecían tener manos blancas, o tal vez
guantes blancos, aunque sus pies y sus manos eran más pequeños de lo normal.
Uno de los humanoides vestía una especie de camisa azul y un pantalón que parecía
«verde oliva». En sus pies llevaban calzado como el de los tenistas. Lo curioso es que
la tela de su ropa parecía «tropical» y «brillante», destacando un «cinturón
luminoso», excesivamente ancho, que despedía fuertes resplandores rojos, azules,
amarillos y verdes, «como los destellos de un soplete, tan intenso que no lo podrías
mirar». Uno de los seres tenía una «barba rala» y una «gorra oscura con una visera».
Su compañero tenía la cabeza desnuda y un objeto en forma de tubo hueco de
aproximadamente «cincuenta centímetros de longitud y el grosor de una linterna»
entre el brazo y el cuerpo. Camilho dijo respecto a este ser que «estaba tan
asombrado que parecía que sus ojos iban a salir de sus órbitas», e hizo el gesto de
utilizar el «bastón» contra el testigo. En medio de los dos extraños merodeadores
había un cilindro dispuesto de forma vertical de 1,20 metros de altura y quince
centímetros de diámetro. Los seres parecían no saber cómo actuar ante la presencia
del testigo, ya que se mostraron muy nerviosos y caminaban de forma
desordenada, tropezando torpemente entre ellos. Entonces, uno de los humanoides
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cogió el cilindro sin dificultad aparente, como si fuera muy liviano. Sin embargo,
temeroso de la reacción de los visitantes, José Camilho Filho huyó del lugar, aun
regresó posteriormente para comprobar que los «japoneses» y aquel extraño
Cilindro habían desaparecido. Posteriormente, investigadores de la SBEDV
(Sociedad Brasileña para el Estudio de los Platillos Volantes) descubrieron que esa
misma tarde, a la misma hora, el Sr. Oscar Passos, desde la granja Camboim, a unos
seis kilómetros al norte, y la Sra. Lindinalva, desde la ciudad, habían visto un objeto
luminoso cruzando el cielo de Canhotinho.
José Carrilho Filho se topó con unos pequeños extraterrestres con aspecto
de japoneses que lucían gorras. Archivo Carav@ca.

¿Motoristas de «otros mundos»?

Pero podemos encontrar auténticas rarezas difíciles de encajar en la casuística


ovni que son sistemáticamente ignoradas por los ufólogos más tradicionalistas por
temor a que sus tesis caigan en saco roto. Por ejemplo, el 4 de febrero de 1955,
la Sra. Porta conducía su motocicleta entre las localidades francesas de Ceret y
Boulou, situadas en los Pirineos Orientales, cuando, sobre 19:25 horas, observó en
medio de un viñedo cuatro fuegos azules verdes de forma rectangular, dispuestos
de forma horizontal, con las esquinas redondeadas. La testigo calculó que aquella
extraña estructura podría tener 'una altura de aproximadamente 1,50
.
metros
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sobre
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el nivel del suelo. Cuando aún no había salido de su asombro, cincuenta metros
más adelante, distinguió la presencia de dos humanoides muy altos de pie junto
a la carretera. La Sra. Porta pasó con su moto junto a ellos, pero por la velocidad
no pudo dar ningún detalle de su apariencia. Sin embargo, la experiencia más
«bizarra» y desconcertante protagonizada por la Sra. Porta sucedió al año siguiente,
cuando el 22 de agosto de 1956, sobre las 11:50 horas, informó de un avistamiento
inclasificable. Conduciendo de nuevo su motocicleta, casi por la misma zona, la Sra.
Porta fue adelantada por dos enormes motocicletas niqueladas que se desplazaban
en absoluto silencio. Cada vehículo estaba ocupado por dos pasajeros vestidos con
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un mono beige, parecido a la seda, con botas y cascos muy ajustados al cuerpo.
Los extraños motoristas se detuvieron un poco más adelante, casi bloqueando el
camino. Cuando la testigo paso junto a ellos se percató de que sus rostros estaban
ocultos por unas grandes gafas oscuras que impedían ver cualquier tipo de rasgo
facial. Solo unos diez metros después, la testigo volvió la cabeza, pero los motoristas
habían desaparecido. El caso fue investigado por el ufólogo galo Michel Figuet.

Unos siniestros visitantes nocturnos

El siguiente caso sucedió en Alliance (Ohio) el 25 o 26 de septiembre de 1957


sobre las 00:20 horas. Todo comenzó cuando la Sra. Aellig observó un extraño
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objeto luminoso en el cuadrante noreste del cielo nocturno. Después de ver la «luz
brillante», llamó a su marido, que estaba recostado sobre el sofá escuchando un
partido de béisbol. El objeto procedía de la zona del lago Berlín y del pequeño pueblo
de Limaville. Contemplaron el extraño fenómeno durante unos veinte minutos,
mientras su hija pequeña se escondía asustada bajo la cama. De pronto las luces de
1la---------------________
casa se apagaron.K ir en al domicilio de los Aellig, pero
dirección
El ovni parecía
se detuvo a unos trescientos metros, sobre un campo de maíz que estaba al otro
lado de la carretera. Posteriormente se acercó hasta unos ochenta y tres metros de
distancia de la casa. El objeto era de un color marfil brillante y parecía «una moneda
más gruesa por su parte central». En ese momento, el ovni descendió hasta a una
altura estimada de unos seis metros sobre el maíz, para,justo después, desaparecer
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de repente.
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Aproximadamente, unos diez minutos después de que el objeto se hubiera


esfumado, la familia Aellig vio un grupo de once criaturas de tipo humanoide
en el campo de maíz. El pánico se apodero de los testigos, aunque descartaron
huir del lugar porque su vehículo estaba estacionado en la misma dirección que
los extraños visitantes. Uno de los humanoides se acercó a la casa, mientras sus
compañeros permanecían inmóviles en la lejanía. El perro de la familia pareció
reaccionar tímidamente, cuando este ser se acercó al porche de la vivienda.
Entonces el matrimonio pudo ver claramente al humanoide y escuchar incluso
una «respiración muy pesada», como si tuviera dificultad para respirar en nuestra
atmosfera. La criatura parecía estar enfundada en un traje sólido gris y ajustado
a la piel, similar al traje de un buzo, que le cubría todo el cuerpo excepto la
cara, aunque no pudieron ver si poseía boca o nariz. Los testigos no observaron
«protrusiones antinaturales como tanques de aire o armas de fuego». La altura de la
criatura, que poseía unos hombros muy anchos, fue estimada en unos dos metros.
Tras inspeccionar los alrededores de la vivienda, el humanoide regreso junto a sus
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«compañeros». Entonces todos se giraron y regresaron al interior del campo de
maíz. La experiencia concluyo en ese momento y no observaron nada más, aunque
estuvieron hasta las 6:00 horas vigilando por la ventana.
Otro detalle interesante es que durante el tiempo que duro aquella siniestra
visita, ningún automóvil circuló por la carretera.

El extraterrestre de fuego

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El 20 de septiembre de 1965, sobre las 22:30 horas, en la localidad de Felixstowe
en Suffolk (Inglaterra), ocurrió un incidente ovni difícil de encasillar. Tres amigos
habían detenido su coche para pasar el rato junto a la avenida Walton. De
pronto, sin ninguna explicación, uno de ellos, Michael Johnson, abrió la puerta
del vehículo y se alejó en la oscura noche. Geof&ey Maskey y Mavis Fordyce, los
otros dos, se quedaron algo extrañados, pero no le dieron mayor importancia. A
los pocos minutos oyeron un zumbido y observaron como un objeto naranja, muy
luminoso, de forma oval, y de aproximadamente dos metros de largo, pasaba sobre
el coche bañando todos los alrededores de un brillo naranja. El artefacto se movía
a gran velocidad y desapareció tras unos árboles. Asustados, al ver que su amigo
no llegaba, decidieron buscarlo con el vehículo y lo encontraron tambaleándose
y sosteniendo su cabeza entre sus manos. Michael perdió la conciencia y fue
trasladado a un hospital, donde le diagnosticaron un grave de shock y le curaron
de unas misteriosas heridas, como quemaduras, que tenía en la parte posterior
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del cuello y una contusión por encima de la oreja derecha. Por seguridad, fue
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trasladado al hospital de Ipswich, mejor equipado, donde se recuperó al día
siguiente.
Michael contó entonces que aquella noche estaba obedeciendo a una «fuerza»
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desconocida y apremiante que le dijo que bajara del coche. Cuando había caminado
una distancia, que no supo calcular, se encontró frente a un humanoide con
grandes ojos inclinados y luminosos, rodeado de llamas anaranjadas. Michael
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no recordaba más hasta su llegada al hospital. Mucho tiempo después, recuperó
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algunos recuerdos de su encuentro, añadiendo que vio un brillante objeto de color

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pista anaranjado que aterrizó a unos 2,5 metros de donde él se encontraba. Junto
al artefacto, Michael dijo que había dos humanoides vestidos con trajes del color
del acero, con los brazos extendidos a la altura del pecho, mostrando dedos largos
y puntiagudos. Después de que estos regresaran al interior de la nave, no recuerda
nada más, hasta que despertó en el hospital.

Los alienígenas que cambiaron una rueda

Este increíble suceso ocurrió en el año 1966. Su protagonista, Manuel Jiménez


(nombre ficticio), camionero de profesión, regresaba de un viaje, desde Madrid
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hacia Cádiz, como era habitual, tras entregar una mercancía. Tal y como me narro,
«era de noche y en aquellos momentos me encontraba cruzando el puerto de
Despeñaperros cuando vi unas luces al pasar un puente. Yo pensé que eran tractores
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trabajando de noche». En ese momento se dio cuenta que había pinchado una rueda
y, tras cruzar el puente, se detuvo en el arcén de la carretera. Bajó del camión y se
dispuso a cambiar la rueda. Desde el arcén volvió a contemplar las luces y, antes de
ow
que pudiera sacar el neumático pinchado, vio cómo se le acercaban dos individuos
altos y rubios que vestían unos monos azules ajustados. «Les di las buenas noches y
no recuerdo nada más», me confesó Jiménez. Pero todo cambió al parar para tomar
un café: «Me encontré con un compañero camionero que me preguntó qué hacía
antes parado en la carretera con aquellos dos hombres tan altos y raros». En ese
momento, Jiménez, que no recordaba nada de su experiencia, le dijo que él no había
parado en todo el trayecto y que no sabía de qué le estaba hablando. Su amigo le
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aseguró con tanta firmeza que le había visto con esos hombres cambiando la rueda
del camión que Rodríguez no tuvo mas remedio que ir a comprobarlo. Al llegar
al aparcamiento vieron que el neumático de repuesto estaba pinchado. Pero había
algo muy extraño. Algunos de los tornillos de la rueda cambiada estaban apretados,
al contrario, por la parte más ancha, cosa casi imposible, ya que Jiménez no tenía
una llave en el camión para realizar dicha tarea.
Mientras conducía de regreso a su domicilio, el testigo comenzó a recordar
perfectamente como aquellos dos misteriosos individuos se le acercaron mientras
cambiaba la rueda. Al día siguiente los mecánicos tuvieron serias dificultades para
sacar el neumático.

Un policía secuestrado por alienígenas

El capitán de la comisaría de Ashland (Nebraska) no pudo evitar abrir los ojos


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como platos al leer el informe de la noche anterior de uno de sus policías que decía
textualmente en el encabezamiento: «Vi un platillo volante en el cruce de carreteras
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63 y 6. ¡Créalo o no!».
El protagonista de esta historia es un joven patrullero, de 22 años, llamado
Herbert Schimer, que tuvo un particular encuentro ovni en la madrugada del 3 de
diciembre de 1967. Al parecer, mientras circulaba con su coche patrulla, se topó
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con un extraño objeto ovalado oscuro con una hilera de luces parpadeantes que,
en un primer instante, tomó por un camión mal estacionado. Pero, antes de que
pudiera sacar su libreta de multas, el artefacto se elevo y desapareció en la lejanía.
Sin duda aquello no era un camión, pensó Schimer, que no dudo en comunicarlo
por escrito a sus superiores. Lo más extraño es que el suceso acaeció sobre las dos
de la madrugada y el breve tiempo de la observación no se correspondía a los veinte
minutos que marcaban las manecillas delreloj de Schimer.
A la mañana siguiente, el policía comenzó a sentirse indispuesto y se quejó de
fuertes dolores de cabeza, zumbidos en los oídos e incluso se fijó en que le había
salido un «verdugón» rojo en el cuello. El caso llego a oídos de los encargados del
Informe Condon (una comisión gubernamental para el estudio de los ovnis que
funcionó entre 1967 y 1968), que decidieron investigar el suceso con la intención
de recuperar esos veinte minutos perdidos por el agente. Para ello, el Dr. Leo
Sprinkle, de la Universidad de Wyoming, sometió a hipnosis a Schimer y todos
quedaron sorprendidos por la información que reveló en este estado. Aunque
el contenido de estas sesiones no se hizo público, algunas filtraciones fueron
publicadas por el investigador Eric Norman. Al parecer, el policía, durante su
aproximación al ovni, había sufrido un apagón eléctrico en su vehículo, quedando
totalmente a oscuras y detenido sin posibilidad de arrancar. Del objeto, que tenía í, J ll'll'l .l'llk'I
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forma de balón de rugby con una antena en su parte superior, surgió un humanoide
que se acercó a su posición.
Posteriormente, Eric Norman, autor del libro Gods, Demons, and UFO's (Dioses,
Demonios y ovnis, 1978), sometería a hipnosis al policía, que relató todos
los pormenores de la experiencia. La información que reveló el testigo era
sencillamente impactante. Herbert Schimer afirmó que, tras ver como se elevaba
el ovni, este volvió a tomar tierra al instante, aunque esta vez lo hizo sobre

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1.

un campó alejado de la carretera. El artefacto podría tener linos treinta y seis


metros de largo por seis de alto. En ese momento, aparecieron junto al coche dos
humanoides de alrededor de 1,5 metros de altura, enfundados por completo en
unos trajes ajustados de apariencia metálica, con guantes y botas que eran una
misma prolongación de la vestimenta. En la ropa no se observaban, ni cremalleras,
ni costuras. La zona que cubría la cabeza parecía de mayor grosor que la del resto del
cuerpo. En la parte izquierda del «casco» o capucha, en la oreja, tenían un «aparato
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con una pequeña antena». Los seres tenían un aspecto musculoso y el pecho era
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más ancho de lo normal. En este punto, el testigo observó que lucían un emblema
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en el lado izquierdo del torso que parecía representar una serpiente con alas. El
rostro de los visitantes denotaba facciones humanas, aunque los ojos eran muy
grandes y parecían los de un gato; las cejas se encorvaban hacia arriba y la nariz era
larga y aplastada; los labios apenas eran perceptibles y parecían una fina hendidura.
Presa del pánico, el joven policía quiso sacar su arma reglamentaria, pero comprobó
que estaba inmovilizado. Uno de los humanoides portaba un aparato en la mano
del que empezó a emanar un gas verdoso que envolvió el vehículo en una pesada
niebla. Mientras tanto, el otro ser sacó de una «cartuchera», que tenía a uno de
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los lados de su cinturón, una especie de pistola que lanzó un flash de luz como
un «relámpago brillante» que hizo que el testigo se desmayara momentáneamente.
En esos tensos momentos, otro humanoide le sacó del vehículo agarrándole por el
cuello, justamente por donde le apareció el verdugón rojo.
Entonces, según Schimer, fue conducido al interior del ovni, donde pudo
observar, aparte de un descenso notable en la temperatura, una sala de control

U-hkilL..
ccn unas «computadoras» y unas extrañas sillas en forma de uve. Los ocupantes
eran cuatro humanoides muy similares entre ellos. Le hicieron varias preguntas
telepáticamente: «si era el vigilante de la zona», «si había un depósito de agua» y
«si tenían una central de energía». A continuación, informaron a Schimer de que,
normalmente, solían «recargar» sus naves cogiendo «electricidad de los tendidos
eléctricos». Le mostraron cómo lo hacían. Desde la nave emitieron un haz de luz
azul que impactó en un cable eléctrico cercano, produciendo un gran destello, y
después el haz regresó lentamente. Aturdido, el policía les preguntó si todo aquello
era producto de un sueño, y entonces uno de los humanoides le dio un apretón en
i íii11
el hombro que le hizo comprender a nuestro protagonista que todo era «real». Los
seres le comunicaron que su nave funcionaba con «electromagnetismo reversible».
Junto a esta información técnica, también le hablaron sobre unas bases secretas que
tenían establecidas en varios lugares de la Tierra: en el triángulo de las Bermudas,
en las regiones polares y en las costas argentinas. En una de las pantallas que
había en la sala le mostraron imágenes del lugar del que procedían, una galaxia
O- w
próxima a la nuestra, con un sistema solar compuesto por seis planetas y cuyos
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nombres estaban escritos en un lenguaje que no supo interpretar. También, en la
misma «televisión», mientras uno de los tripulantes manipulaba un computador,
le mostraron una enorme «nave nodriza» de aspecto fusiforme que tenía cuatro
inscripciones sobre su costado. Sobre sus actividades en nuestro planeta le
' • i.t .. •pffUlfi
comunicaron que tomaban muestras de plantas y de terreno durante sus descensos
y que secuestraban personas para realizarle pruebas. Schimer no quiso seguir la
conversación por esos derroteros, no fuera a dar ideas a sus anfitriones.
Uno de los puntos más interesantes de la charla se produjo cuando los
supuestos extraterrestres indicaron al policía que, como medida de protección,
cada vez que tomaban tierra activaban un campo electromagnético que era el que
paralizaba e interfería todos los instrumentales eléctricos, incluido el motor de
los vehículos, y que incluso era capaz de paralizar a las personas que se hallaban
en las inmediaciones. Durante toda la experiencia Schimer, sintió un molesto
«hormigueo» por todo el cuerpo que pudo ser provocado por el citado «campo
electromagnético». Antes de abandonar el ovni, los tripulantes le informaron de
que no recordaría nada de lo que había ocurrido en el interior de la nave y que solo
tendría vagos recuerdos de haber visto el despegue de un extraño artefacto en la
carretera.
Aunque el presente caso fue rechazado visceralmente por los miembros del
Informe Condon, el Dr. Leo Sprinkle, autor de las primeras regresiones, estaba
P:]M -nlbl.

plenamente convencido de que Herbert Schimer decía la verdad. Al poco tiempo,


el agente fue ascendido a capitán, pero duró tan solo dos meses en el cargo, ya que
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apenas se podía concentrar y todo el mundo le preguntaba por su experiencia. Su


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mujer le abandonó e incluso su coche patrulla sufrió un extraño sabotaje.

Humanoides en el lago Ness

El 16 de agosto de 1971, sobre las 8:30 y las 9:30 horas de la mañana, el escritor
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Jan-Ove Sundberg se dirigía al lago Ness, atravesando un bosque donde había una
central eléctrica en construcción, en la bahía de Foyers. Sundberg había tomado
un atajo para llegar más rápido y, de repente, se sorprendió al observar un extraño
objeto, de una tonalidad comprendida entre el color gris y el negro, situado en
un claro del bosque a unos setenta metros de distancia. El artefacto tendría unos
diez metros de largo por cuatro de alto y guardaba cierta similitud con la manija
de una puerta. En esos momentos, de entre los arbustos cercanos, aparecieron en
escena tres individuos, de aproximadamente 1,80 metros de altura, de apariencia
humana, vestidos con trajes de buzos de color gris y un casco en la cabeza. La
zona del rostro presentaba un color blanco. Sundberg pensó en un primer instante
que podían ser trabajadores de la cercana central eléctrica, pero pronto salió de su
error. A través de una puerta o abertura, los tres humanoides accedieron al interior
del objeto. Y al momento, la aeronave despegó de forma lenta y en silencio, y,
tras pasar una colina próxima, pareció descender, probablemente sobre la región
del lago Mhor. Lo curioso es que el testigo portaba sobre su cuello una cámara
fotográfica, pero una extraña parálisis le impidió utilizarla en un primer momento.
Sin embargo, cuando el último de los ufonautas entró en el aparato, Sundberg logró
tomar una instantánea. Al parecer la imagen fue enviada a un grupo ufológico de
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Gotemburgo que la clasificó como «no identificada». Posteriormente, en agosto de
1
1972, la fotografía fue remitida al Dr. James Harder, aunque no pudo determinar
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nada ya que solo se apreciaba vegetación. En ese mismo sentido, los investigadores
que acudieron al lugar de los hechos comprobaron un detalle inexplicable y
desconcertante: por la frondosidad del bosque era muy poco probable que una
aeronave mayor que una «caja de cerillas» hubiera aterrizado en el lugar... Como
veremos a lo largo del presente libro, él fenómeno no parece tener limites para su
manifestación...

Encuentro en la carretera

El 4 de febrero de 1973, en Australia del sur, la pareja formada por Sr. H. y Srta.
E iban conduciendo entre las localidades de Port Pirie y Kimba, sobre las 22:00
horas, cuando observaron una luz roja que estaba a la derecha de la carretera, en
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un claro entre los árboles. En un principio los testigos creyeron que se trataba de
1
una bengala. Sin embargo, al acercarse al lugar, distinguieron la presencia de una
extraña forma rectangular luminosa de color naranja-rojiza de unos tres metros de
alto por cinco de ancho. En su interior pudieron ver la silueta de un hombre de unos
dos metros de altura con un «traje blanco» que le cubría por completo. El ser flotaba
dentro del rectángulo luminoso. Según los testigos, aquel humanoide tenía una
apariencia normal, estaba completamente inmóvil y con los brazos y las piernas
apuntando hacia abajo. La observación apenas duró de dos a tres segundos. El Sr. H.
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aceleró el vehículo para pasar rápidamente ante su extraña visión. La Srta. E, que
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pudo ver el insólito objeto por más tiempo, aseguró a los investigadores que, cuando
miró hacia atrás, parecía que aquella «cosa» había cruzado la carretera.
Cuando llegaron al domicilio de la Srta. E, el padre de ésta pudo comprobar el
estado alterado de los jóvenes, tanto que, por culpa del extremado nerviosismo, el
Sr. H era incapaz encenderse un cigarrillo. Llamaron a la policía y en compañía del

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agente Peter Summertón acudieron al lugar del encuentro sin que pudieran hallar
nada anómalo eln lazona.
En los días posteriores al avistamiento, un camionero, que circulaba por
delante de la pareja, comentó a la policía de Kimba que, circulando por la misma
carretera, había visto una luminosidad parecida a una «puerta de caravana» pero
mucho más alta que una puerta normal. En su interior había una mancha blanca.
No pudo observar más detalles. Por otro lado, un cazador informó de que mientras
iba en su vehículo, a irnos cincuenta y cuatro kilómetros de Kimba, observó justo
al lado de la carretera un rectángulo rojo anaranjado, de unos tres metros de altura
por 1,5 de ancho, flotando a unos sesenta o noventa centímetros del suelo. En
su interior había una «persona» de l.,80 metros de alto, con un «traje espacial»
blanco y con una máscara que le cubría la cabeza y la cara. Su acompañante, que
dormía en esos instantes, despertó para ver la extraña luz, pero no pudo distinguir
al humanoide de su interior. La policía consideró el testimonio como muy fiable.
El caso fue ampliamente investigado por los ufólogos Ray Brooke, Dean Piovesan,
Peter Powell y Keith Basterfield. •' WWJi
'mita.
El oficial Summertón envió un informe a la RAAF que contenía el testimonio
de los jóvenes, un mapa y un boceto de la entidad. La fuerza aerea australiana se
mostró interesada en el expediente y requirió más información al agente. En una
carta fechada el 2 de mayo de 1973, C. J. Odgers, director de relaciones públicas de
la RAAF, comunicaba la opinión del estamento militar sobre el intrigante incidente:
«El equipo de investigación ha sido incapaz de determinar concluyentemente la
causa... una posible causa teórica sería un avistamiento del fenómeno ■ conocido
1 i. ií'i.u; i , ” ■ .1.1 'ti . i. i •

| I WI J 'i 1 s
como ÍGNIS FATUUS —gas metano liberado de la vegetación descompuesta— y
espontáneamente encendió...»
Pese a que en el lugar no había pantanos ni ciénagas o charcas.

El «Spiderman» belga

El 19 de diciembre de 1973 tuvo lugar uno de los incidentes relacionados con


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tripulantes de ovnis más asombrosos de los que se tienen noticias —algo que,
hablando en este campo, es mucho decir—. Ocurrió en Vilvoorde, a doce kilómetros
de Bruselas (Bélgica), cuando el Sr. V. M., de 28 años, se levantó de la cama alrededor
de las 2:00 horas de la madrugada para ir al lavabo, que se hallaba en el exterior de la
vivienda. Al llegar a la cocina, escuchó un ruido procedente del patio de su vivienda,
como si estuvieran golpeando el suelo con «algo metálico». Intrigado, se asomó a
la ventana para comprobar que una extraña luz verdosa irradiaba su jardín, una
luz que al testigo le recordó a la iluminación de un acuario. Y, cuando prestó más
atención, se percató de la presencia de un pequeño humanoide de poco más de
un metro de altura que sostenía una «especie de aspiradora». El ser, que estaba de
lado, vestía un traje muy brillante de una sola pieza, sin botones, ni cremalleras o
bolsillos, tenía una escafandra conectada por un tubo a una «mochila» a su espalda,
que le daba apariencia de astronauta. Portaba un cinturón con una «caja roja
luminosa que brillaba lanzando chispas». Los pantalones estaban recogidos como
los de un jugador de golf y calzaba unas pequeñas botas del mismo color que el traje.
Además, el misterioso intruso emanaba, de arriba abajo, aquella luz verdosa.
Por si fuera poco, para mayor desconcierto del testigo, el humanoide portaba
un utensilio largo parecido a un detector de metales o a una aspiradora, y parecía
estar afanado buscando o recogiendo algo, ya que lo utilizaba sobre un montón de
hojas secas que había apiladas en el patio. El Sr. V. M. iluminó con una linterna
al pequeño «astronauta» con la intención de atraer su atención, pero en ese
momento el humanoide se giró torpemente, volviendo todo su cuerpo de una vez,
como si no pudiera girar la cabeza directamente, o eso al menos pensó el testigo.
Sus movimientos eran torpes y mecánicos. Cuando el testigo le vio el rostro, se
sobresaltó al comprobar que no era un niño disfrazado. El humanoide de tez oscura
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tema las orejas puntiagudas, los ojos amarillos, muy brillantes y ovalados, y carecía
de nariz y boca. Al testigo le llamaron la atención, sobre todo, los ojos, ya que eran
enormes y tenían los bordes verdosos, y las pupilas ovaladas y negras.
Pero lo más desconcertante de la escena es que el misterioso visitante, mientras
miraba al Sr. V. M., levantó su mano y con los dedos hizo la señal de una uve. Aún no
había salido de su perplejidad cuando el pequeño intruso caminó hacia la pared
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trasera del patio y comenzó a subir por ella con gran facilidad, como si el suelo
continuara en vertical, caminando erguido con total tranquilidad y desafiando las
leyes de la gravedad. Al llegar a lo alto del muro, de unos tres metros de altura, el
humanoide hizo el arco completo, balanceándose hacia adelante y el testigo supone
que bajo por el otro lado de la misma forma. Un minuto después, el Sr. V. M. observó
una aureola de luz blanca tras la tapia e inmediatamente un pequeño objeto, de
unos cinco metros de diámetro, con una cúpula de cristal en su parte superior, se
elevó con un ruido apagado y, cuando llegó a unos veinte metros de altura,
„':IX| ..... ...

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desapareció en el cielo a gran velocidad emitiendo un silbido y dejando una estela
luminosa tras de sí. Posteriormente, ante los investigadores del SOBEPS, el testigo
describió detalladamente su visión. El artefacto era de forma discoidal, su parte
inferior era de color rojo claro y tenía tres luces: azul (izquierda), amarilla (centro) y
roja (derecha). Los focos se encendían simultáneamente tres veces seguidas. En su
parte superior había una cúpula de cristal transparente por la que pudo ver al
humanoide sentado. En uno de los bordes del objeto el testigo distinguió una
insignia, un círculo negro cruzado, diagonalmente, por un rayo amarillo más
brillante que la tonalidad anaranjada que cubría al objeto. Tras el avistamiento no
se encontró ninguna huella en la zona. Según relató el Sr. V. M. a los investigadores,
anteriormente había tenido un avistamiento lejano, y en julio de 1974 volvio a
toparse con un ovni, aunque en ninguna de las dos ocasiones observó a los
tripulantes del artefacto. Las pesquisas emprendidas por los ufólogos belgas entre
los vecinos del testigo para intentar recabar más información del caso no dieron
ningún resultado. Parece que aquella visión ocurrió exclusivamente para el
testigo... Y es que este factor es otra inexplicable característica que encontramos
insertada en muchos incidentes ovni. El tiempo parece detenerse e incluso parece
que la vida, fuera de la «burbuja» donde se está produciendo el avistamiento, se
detiene o permanece al margen de estos hechos. Por ejemplo, los vehículos no
circulan por la calle, los vecinos no se ven afectados por los fenómenos, etcétera...
¿Otra locura asociada a los ovnis? Pues sujétense, amigo lector, que vienen curvas...
I
Ante la atónita mirada del testigo el humanoide comenzó a trepar por la

pared hasta desaparecer tras el muro. Archivo Carav@ca.

Ida y vuelta a Hawai en un «zueco»


El 4 de febrero de 1974, sobre las 18:00 horas, en la comunidad de Orillas,
Tenuessee, David Swanner estaba viendo la televisión plácidamente cuando de
repente ésta comenzó a fallar de manera inexplicable. Al salir al jardín de su casa
observó un raro objeto volador, en forma de zueco, con una cúpula cristalina en su
parte superior que flotaba a unos dos metros del suelo. En el interior de la «burbuja
transparente» pudo divisar que había dos humanoides. El ovni estaba inmóvil y
emitía un zumbido. Poseía dos luces en su parte delantera y dos en la trasera que
emanaban una luz blanca suave. En uno de los costados tenía un símbolo en forma
de pipa cruzado por una línea en la cazuela. Swanner contemplaba la escena con
asombro y, tras un silencio, el objeto giró y se marchó en completo sigilo. Cinco días
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después el ovni regresó, y esta vez, tras aterrizar en su jardín, los dos ocupantes,
dos seres de 1,5 metros de altura, le invitaron a realizar un viaje a bordo del
«zueco». Llevaban un mono ajustado de color blanco, tenían barbillas puntiagudas,
frentes muy altas y pequeños ojos, orejas y narices. Swanner dijo que parecían
ancianos. La «excursión» llevó al perplejo testigo hasta las costas de San Francisco
y a sobrevolar las paradisiacas islas Hawai. Por el camino le informaron de que
estaban muy preocupados por «la posible destrucción del sistema solar debido al
uso de las bombas atómicas», además de indicarle que su raza podía vivir entre 125
y 17 5 años. David Swanner regresó a su domicilio tras cuarenta y cinco minutos de
viaje. Posteriormente afirmaría que fue instruido para dar un mensaje a la opinión
Y si piensa ajnúgoldctor,tque después de esta batería de extravagantes sucesos
está «vacunado» para todo, respire hondo antes de leer el siguiente episodio...

El extraterrestre que viajaba en un «sofá»

Ocurrió un día de febrero de 1974 en Eucasssines, Bélgica, cuando la encargada


de una gasolinera, Domenica Delaufe, salió un momento al exterior y se quedó
estupefacta ante una insólita visión. A unos veinte metros de distancia, en
un campo cercano, observó un extraño objeto volador, parecido a un huevo
transparente, cruzado por luces multicolores, con cuatro potentes luces más
grandes en cada extremo. Se desplazaba en total silencio y, aparentemente, no tenía
propulsiones visibles. El artefacto estaba a un metro del suelo aproximadamente.
Pero lo más curioso del incidente es que en su interior había un humanoide de
unos tres metros de altura, aparentemente reclinado sobre un «sofá» marrón. No
había ningún otro instrumental u objeto dentro del artefacto. El ocupante del
objeto estaba estático mirando hacia el frente. Tenía características humanas, y
el pelo corto y oscuro. En ese instante otros tres testigos, Laurent Lejeune y dos
muchachos, Bernard y Jean Claude, salieron de la gasolinera y pudieron ver las
evoluciones del «huevo» y a su recostado «tripulante». Todos aseveraron que la
aeronave se perdió en la lejanía...
Sin duda, estamos comprobando que, dentro de la casuística ovni, el
espectacular apartado de los encuentros cercanos es el que nos ofrece la mayor
cantidad de material desconcertante para el análisis. Y aunque la mayoría de los
ufólogos no recogen o no se hacen eco de este tipo de eventos en sus escritos, eso no
quiere decir, ni mucho menos, que no sucedan. Sigamos avanzando...

Una manera muy cómoda de visitar nuestro planeta. De esta forma fue

observado un presunto «extraterrestre» sobre Bélgica. Archivo Carav@ca.

Un «televisor» por cabeza


En el número 139 de la prestigiosa revista Lamieres dans le Nuit, el investigador
Jean Marie Bígorne recogió los pormenores de un incidente realmente alucinante.
Sucedió en Origny-en-Thierache (Francia) el 28 de febrero de 1974, sobre las
05:30 horas, cuando un testigo, que prefiere guardar el anonimato, se dirigía en
motocicleta a la citada ciudad. De repente, al traspasar las últimas casas de la aldea
de Les Routieres, en una curva que existe antes de un puente que salva el río Thon,
se encontró detenido misteriosamente frente a dos humanoides que sujetaban el
manillar de su moto. El testigo no sabe cómo frenó, pero de repente estaba «cara a
cara» con aquellos dos «cosmonautas» surgidos en la oscuridad de la noche. A unos
treinta y cinco metros de distancia, a la izquierda, el testigo distinguió la presencia
de un objeto oscuro circular sobre el campo. El artefacto no emitía ninguna luz y
se encontraba en completo silencio. Tampoco tenía ventanas y parecía estar posado
en tierra. Según el testigo, aquel objeto podría tener el tamaño de dos vehículos. Los
dos humanoides tenían una altura de 1,70 metros aproximadamente y vestían un
traje oscuro de una pieza, sin bolsillos ni costuras, parecido al de los astronautas.
Ambos llevaban una especie de casco cuadrado sobre la cabeza, con una abertura
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en la zona de la cara, aunque no pudo ver nada a través de ella ya que estaba
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aún más oscura que el resto. Pero quizás el detalle que más llamó la atención
del testigo es que los humanoides portaban enormes guantes de cinco dedos que
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llegaban hasta casi los hombros, «como los guantes usados para la inseminación
artificial del ganado». Entonces, ante la estupefacción de nuestro protagonista, los
dos humanoides con gestos «casi humanos» le dijeron que tenía que «comer algo».
Tras, aparentemente, conversar entre ellos, uno de los seres palpó la espalda de su

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compañero y extrajo un pedazo de algún tipo de sustancia, parecida al chocolate,
de aproximadamente un centímetro cuadrado. Tras ofrecérselo al testigo, le indicó
con otro gesto que se lo comiera- Completamente aterrorizado, el testigo tomó la
sustancia y se lo comió. Era blanda y no sabía a nada. El anónimo informante
indicó a Bigome que los humanoides observaron pacientemente como se comía el
«chocolate». Tras ingerirlo le permitieron que continuara su camino... Se informó
de otros avistamientos ovnis en la zona antes y después de este fantástico
encuentro.
En Origny-en-Thierache (Francia) el 28 de febrero de 1974 un testigo se topó con unos huma-
noides de extrañas cabezas cuadradas con forma de «televisión» Archivo Carav@ca.

El efecto Matrix: la bala «mágica»

El 25 de octubre de 1974, Cari Higdon, de 41 años, había decido ir a cazar al Parque


Nacional de Medicine Bow, en Wyoming (USA), con su amigo Gary Eaton. Por el
camino decidieron parar para auxiliar a un par de cazadores que tenían problemas
con su vehículo. Estos, en agradecimiento, les informaron de un paraje remoto
donde había buena caza. En aquellos instantes Higdon no podía ni imaginar que
aquella conversación cambiaría su vida para siempre al variar su ruta establecida.
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Serían las 16:15 horas cuando Higdon, tras separarse de su compañero, encontró
un grupo de alces en medio de un claro. Tras apuntar con su rifle al macho de mayor
tamaño, apretó el gatillo esperando hacer blanco. Entonces ocurrió lo imposible.
Higdon comprobó pasmado como la bala salía del rifle, a escasa velocidad, sin hacer
el menor ruido, cayendo inexplicablemente a tan solo quince metros de distancia.
Inmediatamente, el testigo sintió como una «campana de silencio» envolvía los
alrededores.

¡No podía creer a mis sentidos! —Dijo Higdon a los investigadores—. En lugar
de una poderosa explosión, la bala de siete milímetros surgió del cañón de ' , | , , jj1

la pistola sin hacer ruido y a cámara lenta. Flotaba como una mariposa [...]
Yo estaba asombrado. Me quedé helado. A mi alrededor había un silencio
doloroso. No se oía ni el canto de un pájaro o el susurro de las hojas en los
árboles cercanos. La única sensación que podía detectar era una sensación

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de hormigueo que se arrastró por mi columna vertebral. Esto es similar a la
sensación que se dan a menudo antes de una feroz tormenta, cuando el aire
está cargado de electricidad estática.

Tras escuchar el chasquido de una rama rompiéndose, el testigo se giró para ver
aparecer un insólito humanoide de 1,80 metros de altura y unos ochenta y un kilos
de peso. Vestía un ajustado traje negro de una sola pieza, con un cinturón metálico
en su cintura y dos bandas que le cruzaban el pecho. Su rostro, de color amarillo, era
bastante peculiar. Sus ojos eran pequeños y de aspecto oriental, carecía de orejas y
la boca no tenía labios. En la boca eran visibles grandes dientes en su parte inferior
y superior. El cabello era muy grueso, puntiagudo y de la frente le surgían dos
antenas. Su rostro no tenía barbilla y simplemente se extendía hasta la base del
cuello. Sus brazos terminaban, uno en un apéndice cónico y el otro, simplemente,
en la manga de forma recta, en vez de manos. El humanoide le dijo, en inglés,
que se llamaba Ausso y le preguntó si tenía hambre. Entregó al testigo cuatro
pastillas, que llegaron hasta el cazador levitando, y le dijo que podrían saciarle el
apetito durante cuatro días. Junto al ser había un artefacto de aspecto transparente
y de forma cuadrangular de 1,50 metros altura por dos de ancho y 1,20 de
fondo. El humanoide le preguntó si quería acompañarle y, antes de que el cazador
le respondiera, le apuntó con su extremidad puntiaguda, teletransportándole de
forma instantánea hasta el interior del cubículo.

Antes de que yo fuera capaz de mover un músculo, me encontré dentro de


este artefacto. Fui de forma instantánea. ¿Cómo pude caber dentro sigue siendo un

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enigma? Deben haberme reducido, esa es la única explicación que parece plausible.„
Yo no me atrevería a decir como lograron esta hazaña.

Desde el interior del objeto, el testigo, Higdon, observó los cinco alces que
previamente había intentado cazar. Según narró a los investigadores, pensaba que
los extraños visitantes le dieron aquellas píldoras para calmar su temor ya que
se sintió, inusualmente, muy relajado y tranquilo en todo momento. Se hallaba
sentado, con las manos inmóviles en los brazos del sillón y tenía un casco parecido
al de los jugadores de fútbol americano, del que surgían cuatro cables, dos de su
parte superior y dos de los lados. Junto al estupefacto cazador estaba Ausoo y
frente a ellos había una especie de consola donde había tres palancas de diferentes
tamaños con letras escritas. Mientras Ausso manipulaba las palancas, le dijo que
viajarían hasta su planeta a una velocidad de «260 kilómetros años luz», según las
mediciones de los visitantes en una unidad de medida diferente a la nuestra. Al
llegar, pudo observar un alto edificio en forma de aguja, parecido al Seattle ' s Space
Needle, pero rodeado de luces muy brillantes que molestaban la visión. Higdon que
tuvo que cubrirse los ojos con sus manos. La nave aterrizó muy cerca de la base de
la torre. Al descender junto a su misterioso acompañante a través de un ascensor,
el cazador observó que, junto al artefacto, había un grupo de cinco personas de
apariencia humana, un hombre canoso de cuarenta o cincuenta años de edad, una
niña de pelo castaño de unos diez años, una chica rubia de unos trece, un joven de
unos diecisiete, con cabello castaño, y otra chica rubia de una edad similar a este
último. Todos estaban vestidos con ropa normal y parecían estar hablando entre sí
tranquilamente. En una habitación, a la que fue conducido Higdon, le sometieron a
Jo que el consideró un examen médico por un «escudo transparente» que surgió de
una pared.
Cuando fue devuelto a la Tierra, Higdon apareció junto a su vehículo, aunque
en aquellos instantes no lo reconocía como de su propiedad. Eran las 23:00 horas
del 26 de octubre. Se hallaba profundamente aturdido y no recordaba claramente
cómo había llegado hasta aquella zona. El testigo utilizó la radio de su camioneta
para pedir ayuda. Las ruedas motrices de su coche estaban hundidas en el barro y
necesito de remolque para salir de aquel carril. Lo más desconcertante es que no
existían huellas de neumáticos en la zona que indicaran cómo el vehículo había
llegado hasta allí. Las autoridades le trasladaron hasta el Carbón County Memorial
Hospital, situado en Rawlins. Debido a su desorientación vagamente pudo recordar
a su esposa Marjery. Los médicos detectaron que el paciente presentaba dolores en
la cabeza, el cuello y los hombros, además de una irritación extrema en los ojos y
quemaduras en la piel. El análisis de sangre indicó que era muy rica en nutrientes
y vitaminas. Incluso unos cálculos renales que padecía el testigo desaparecieron
inexplicablemente, según comentó su médico personal. Así mismo, unas cicatrices
que tenía en los pulmones, consecuencia de una tuberculosis que padeció en 1957,
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habían desaparecido.
La mujer de Higdon indicó que su marido apenas tuvo apetito hasta el día
siguiente por la mañana, aunque se despertó hambriento. Sus compañeros de caza
y su esposa informaron que, mientras le buscaban, habían visto unas extrañas
luces verdes, rojas y blancas por la zona.
Posteriormente, Cari Higdon, que nécesitó de hipnosis para recordar su
experiencia nítidamente, dijo a los investigadores que fue devuelto a la tierra,
según sus deducciones, porque tenía practicada una vasectomía y no interesaba
para los propósitos de los visitantes. Además, entregó la misteriosa bala, que había
conservado en su bolsillo durante toda la experiencia, a los investigadores para su
estudio. Los análisis, encargados por el conocido grupo de investigación ovni APRO
(Aerial Phenomena Research Organization), determinaron que el proyectil había
impactado contra una superficie extremadamente sólida y que el resultado no
podía ser efecto de la colisión con una piedra o un árbol de la zona. En septiembre
de 1978, Cari Higdon fue sometido a la prueba del polígrafo por el Dr. Greenberg,
consultor técnico del departamento de policía de Los Ángeles, junto a su colega el
Dr. Sidney Walter, mediante uno de los aparatos más modernos de la época. El Dr.
Greenberg concluyo al final de las pruebas lo siguiente: «Me veo obligado a admitir
que algo absolutamente fantástico sucedió en la vida de este hombre. Las pruebas
demuestran esto sin lugar a dudas.»
¿Nos queda lugar para la sorpresa a estas alturas de lectura?... Yo apostaría a
que sí.

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y al Igual que ocurre con muchos platillos voladores, tripulantes como los protagonistas de este
caso denunciado por Cari Higdon no vuelven a repetirse Jamás en la casuística. Archivo Carav@ca

Sobre una sola pierna

El 19 de septiembre de 1977, en Paciencia Rio de Janeiro, Antonio Bogado La


Rubia, de treinta y tres años de edad, un conductor de autobuses brasileño,
fue protagonista del caso más asombroso ocurrido en el país carioca. El 19 de
septiembre de 1977, Antonio se dirigía al trabajo a pie, sobre las 2:00 horas de
la mañana, cuando vio un objeto de grandes proporciones cerca de la plaza del
pueblo, sobre el césped de un campo de fútbol. Se trataba de una especie de disco
de aspecto metálico, de tonalidad como el plomo sin brillo, de unos 50 o 60 metros
de diámetro por diez de altura. En su parte superior estaba coronado por una
cúpula de unos siete metros de diámetro. El objeto carecía de ventanas o puerta.
Mientras observaba el disco, que hallaba a unos veinte metros de distancia, se vio
envuelto en un chorro de luz azul cuya procedencia no pudo adivinar y que le
produjo un calambre en la espina dorsal. Quiso escapar, pero comprobó que estaba
frente a unas extrañas criaturas que no sabía de donde habían surgido. Eran unos
seres de aproximadamente 1,50 metros de altura, que se apoyaban en una sola
extremidad, de unos 50 centímetros de longitud y unos 10 o 12 de diámetro, que
parecía artificial y que acababa en un «plato». Su cabeza era de forma elíptica muy
estrecha, de unos treinta centímetros, con una forma parecida a la de un balón
de fútbol americano. En la zona de los ojos parecía tener algo parecido a unas
gafas oscuras. El cuerpo central se asemejaba a un cilindro del que sobresalían dos
largas extremidades, como tentáculos, acabadas en punta. Las criaturas tenían un
color gris opaco y estaban cubiertas con una especie de escamas ásperas. Además,
se movían con agilidad y rodearon al conductor. El testigo no se explica cómo
pudieron pasar a través del alambrado que había en la zona. Los investigadores
brasileños del SBEDV decían que «una de las criaturas sostenía algo parecido a un
instrumento similar a una jeringa, como se verá más tarde. El personaje que se
hallaba a la izquierda y al frente de Antonio se colocó a su lado y le hacía una
señal con los brazos flexibles, hacia el disco. El gesto parecía el de un guardia
de tráfico que, al abrir una vía permitiendo el avance de los vehículos, mueve
característicamente sus brazos».
De una forma que no pudo explicar, Antonio fue conducido al interior del
platillo volante, ya que, cuando una de las criaturas le apuntó con una «jeringuilla»,
pareció atrapado entre paredes invisibles. El testigo indicó que, dentro del disco, las
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paredes del objeto eran transparentes y se podía ver el exterior. Por el movimiento,
Antonio entendió que la nave se estaba desplazando. Entonces surgió de nuevo
la deslumbrante luz, que le trasladó a una nueva escena. Ahora se encontraba en
un salón de entre diez y doce metros de diámetro y unos cuatro de altura. Del
techo plano surgía una fortísima luminosidad. Antonio se encontraba rodeado
por las mismas criaturas que movían constantemente los brazos, brazos que se
asemejaban a «trompas de elefantes». Sobre la delgada cabeza distinguió que
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llevaban una antena de unos veinte centímetros que terminaba en una especie de
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hélice o cuchara. El cuerpo estaba cubierto de escamas. Al menos había veinticuatro


de aquellos individuos en el interior de la estancia. Al golpear las paredes, Antonio
pudo comprobar que no hacían ningún ruido. Según dijo el conductor a los
ufólogos:

El ambiente en el interior del aparato era muy caliente y a Antonio el aire le


parecía enrarecido. Tenía dificultad para respirar y sentía nauseas. Ningún
sonido llegaba a los oídos del testigo, ni tampoco el ruido de sus golpes. Así,
casi fuera de su juicio normal, al soportar aquella pesadilla de la que era
presa, Antonio hizo un gran esfuerzo para gritar o, al menos, oír sus propios
gritos. Para su sorpresa, de repente oyó por primera vez un ruido: sus pro­
pios gritos, a pleno pulmón: «¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren de mí?». El
efecto físico de aquel grito de Antonio, en ese ambiente de silencio, fue algo
espantoso. Con el ruido, todos aquellos seres, reunidos en dos grupos, caye­
ron de espaldas, como derribados por un huracán.

Cuando se reincorporaron, de una forma nada natural, el conductor no pudo


repetir su grito. Entonces, los seres comenzaron a proyectar unas imágenes sobre la
pared desde una mesita que había delante del testigo. Los visitantes manipulaban
unas «jeringuillas» que llevaban colgadas de la cintura y que introducían en la
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mesita. En el extremo de la «trompa», los seres tenían un dedo que les facilitaba
la labor. Antonio dijo que en una de las imágenes en movimiento se veía a si
mismo desnudo mientras los seres lo examinaban y extraían sangre. En otra de
las proyecciones vio una persona sobre un carro tirado por un caballo. Una de las
imágenes más grotescas fue la de un perro que ladraba a uno de los seres y que se
«derretía» poco a poco. También le mostraron un reluciente tren sin ventanillas.
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En casi todas las imágenes aparecía el testigo.


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Tras terminarla proyección, de nuevo, sin saber cómo, Antonio se vio en tierra
firme, a poca distancia de uno de los ocupantes, mientras que el ovni flotaba sobre
los postes de iluminación de la zona. Cuando el disco se alejó a gran velocidad, el
conductor comprobó que su «acompañante» se había esfumado también. Antonio
calculó que estuvo unos treinta minutos en el interior del ovni.
Sin duda, pocos casos ofrecen unos extraterrestres tan singulares
como los observadas en este ¡nádente brasileño. Archivo Carav@ca.

Susto en Japón

Los hechos ocurrieron el 3 de octubre de 1978 cuando, el Sr. Hideichi Amano, de


29 años, radioaficionado, en compañía de su hija Juri, acudió en su automóvil a
una montaña cercana de la ciudad de Sayama, en la Prefectura de Saitama, Japón,
para comunicarse con su hermano que vivía en otra localidad (en la Prefectura de
Yamanashi). La conversación comenzó sobre las 20:50 horas, y una vez concluida,
el testigo fue sorprendido por una extraña luminosidad muy brillante que surgió
en la parte posterior del interior de su vehículo. El brillo era muy intenso, decenas
de veces más potente que una luz fosforescente, pero, curiosamente, la luz no se
dispersaba hacia el exterior a través de las ventanas y solo iluminaba el interior. Al
girarse, Amano comprobó que su hija, que hasta esos momentos se hallaba sentada
a su lado, estaba en el asiento posterior, tumbada y echando espuma por la boca. En
ese mismo instante, el asustado radioaficionado comprobó que un punto luminoso h

de color naranja estaba iluminando su estómago. La luz era provocada por un rayo
luminoso que atravesaba el parabrisas delantero y que procedía de algún punto del
oscuro firmamento. Entonces Amano sintió un objeto metálico que presionaba su
sien derecha, y en el mismo momento divisó, junto a la puerta de su vehículo, casi a
su lado, una extraña silueta.

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Se trataba de un pequeño humancide de cabeza redonda en cuya boda había
un instrumento, parecido a una «pipa», cuyo contacto fue lo que sintió en la
cabeza, a través de la ventanilla abierta. En el interior de su mente el testigo
escuchó una voz que parecía querer comunicarle algo, pero sonaba como una cinta
que fuera reproducida a alta velocidad. Amano dijo que el humanoide, de aspecto
robótico, tenía dos ojos pequeños e inmóviles de color blanco azulado, poseía una
depresión en la frente en forma de triángulo, grandes orejas puntiagudas y carecía
de nariz y cuello. Atemorizado, el testigo intentó huir en su coche, pero al intentar
arrancarlo comprobó que no funcionaba. Mientras en el interior de su cabeza seguía
resonando un extraño mensaje y poco a poco fue perdiendo fuerzas. Después de
unos cuatro o cinco minutos, el misterioso visitante nocturno se fue desvaneciendo
gradualmente hasta que desapareció. Todo volvió a la normalidad, y las extrañas
luminosidades desaparecieron también. El motor, la radio y las luces del coche
volvieron a funcionar. Amano se alejó de la zona a gran velocidad.
Su hija recobró la consciencia para solicitarle un vaso de agua.
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La Pareja Voladora

El 7 de diciembre de 19 78, sobre las 23:45 horas, Alfonso Marinelli viajaba


por Navelli (Abruzzi. Italia), cuando de repente su vehículo se detuvo
inexplicablemente. Al salir del vehículo observó dos luces que volaban juntas,
muy lentamente, en dirección al testigo, y a unos diez o quince metros del suelo.
Al acercarse, comprobó que se trataba de dos «pequeños hombres» con trajes
fluorescentes, parecidos a los de los astronautas, y cascos aplanados plateados.

Los seres volaban en posición vertical. El Sr. Marinelli no pudo oír ningún sonido
de motores o hélices. Los dos humanoides llevaban luces brillantes en el pecho,
que parecían sujetadas con correas sobre sus hombros y por la cintura. Su altura
era aproximadamente entre ochenta y noventa centímetros. En pocos minutos
pasaron cerca de su coche y después cambiaron de dirección y regresaron por donde
vinieron. El testigo comenta que los pequeños hombres no parecieron reaccionar
ante su presencia en la carretera. Posteriormente, el Sr. Marineli pudo reanudar su
viaje como si nada, ya que el coche volvió funcionar.
De nuevo nos encontramos con seres que parecen escapados de las páginas de
un libro de ciencia ficción. Y no abandonamos Italia para hallar otro relato que pone
los pelos de punta a los ufólogos más ortodoxos...
Des pequeñas entidades con trajes fluorescentes sobrevolando una carretera
en Italia. Archivo Carav@ca.

El Humanoide con pies de payaso

En la madrugada del 16 de diciembre de 1978, sobre las 02:30 Horas, la señorita


Daniela Baldassarre observó desde la ventana de su casa en Francavilla (Abruzzi)
un extraño objeto luminoso que, muy despacio, aterrizó cerca de la playa. La joven,
trató de despertar a sus padres, pero estos dormían muy profundamente. Volvió
a la ventana, descubriendo que junto al invernadero situado entre su casa y la
playa había dos pequeños hombres andando de forma muy torpe, casi cojeando.
Baldassarre gritó, pero los humanoides no parecieron percatarse de ello. Los seres,
de apenas un metro de altura, tenían los pies muy grandes y parecidos a los de un
payaso. La cabeza era cuadrada y los hombros eran muy pequeños. Vestían un traje
verde-gris oscuro, que la testigo pudo ver claramente con la ayuda de la luz de la
luna. Los dos pequeños seres caminaron a lo largo del invernadero, uno detrás del
otro, pero siempre dando la espalda a la testigo. Cuando los humanoides pasaron
1
el edificio se dirigieron hacia la playa. De pronto, el objeto luminoso se elevó y
desapareció. Sin duda estos ufonautas llevaban un calzado muy cómodo y práctico
• 1,1
para explorar un planeta desconocido...
La testigo, Daniela Baldassarre, asegura que vio un misterioso visitante nocturno

con «pies de payaso». Archivo Carav@ca.

Agazapados en La oscuridad
Sobre las 23:00 horas del 19 de junio de 1980, en la localidad de Barrancas,
provincia de Santa Fe (Argentina), Antonio Gerardo D’amico, de 45 años, regresaba
a su domicilio después de una reunión cuando, en la intersección con la calle
Firmat, observó dos pequeños humanoides de 1,10 metros de altura parados junto
a la pared de una fábrica de perchas. El testigo se detuvo a unos doce metros de
distancia. Los seres tenían unos cascos con una protuberancia en su zona central,
como una especie de cresta. Sus cabezas eran grandes y los únicos rasgos que
llegó a ver fueron sus enormes ojos «saltones» circulares. Vestían ropas luminosas
ajustadas a sus cuerpos extremadamente atléticos. El testigo afirmó que los trajes
eran parecidos al de los submarinistas, aunque uno era de color aluminio y el otro
rosa pálido. No llevaban ni cinturones ni guantes. Sus botas tenían unos refuerzos
en su parte delantera similar al de los cascos. Los humanoides estaban debajo de
una ventana y parecían observar a Antonio D’Amico. En ese momento, el ser que
vestía de aluminio comenzó a moverse y el testigo comenzó a notar un extraño
malestar en sus ojos. El testigo reemprendió su marcha a mayor velocidad, para
alejarse de la zona. Tras dejar atrás la esquina, Antonio se giró comprobando que a
unos siete metros de distancia le seguía el humanoide plateado y justamente detras
su compañero. Los movimientos de las criaturas eran mecánicos y algo torpes. Tras
ver luz en una casa se encaminó hacia ella para buscar protección, pero al volverse
de nuevo los seres se han desvanecido. Según el testigo no había ningún lugar
donde pudieran haberse escondido. Se habían esfumado.
Al llegar a su domicilio, su esposa, Nélida Jaimes de D’amico, notó la irritación
que presentaba su marido en los ojos además de un extraño comportamiento.
Antonio contó a N olida la insólita persecución que había sufrido. Sus ojos
permanecieron irritados dos días, además tenía una sensación continua de sed, que
le duró también dos días.
Al día siguiente acudió a un médico amigo suyo, el Dr. William E. Martellotto,
que aseguró que el testigo tenía una irritación en los ojos similar a la provocada por
una soldadura eléctrica sin protección. Le recetó unas gotas para los ojos y, además,
debido a su extremado nerviosismo, un sedante.
Los investigadores dieron mucha credibilidad a la experiencia de Antonio. Los
ufólogos Osear Alberto Alemano, con la colaboración de Hugo Carabajal, Carlos
Acosta y Miguel Dionisio destacaron que en la zona del avistamiento había
transformadores de alta tensión, un río (Coronda) y líneas de ferrocarril, elementos
coincidentes en muchos episodios ovni.
Los periódicos de la época se hicieron eco de un incidente similar ocurrido en la
localidad de Gálvez, provincia de Santa Fe, donde un profesor de gimnasia y varios
alumnos observaron desde su camioneta extraños luminosos humanoides junto a
la carretera. También se denunciaron su presencia en la localidad de Rosario, de la
misma provincia argentina.
1

No es «mundo» para viejos

Vamos a concluir este periplo por el increíble mundo de los encuentros cercanos
con un episodio que prácticamente aglutina todos los aspectos que hemos estado
observando en este capítulo. Sobre la 01:00 horas de la madrugada del 12 de
Agosto de 1983, Alfred Burtoo, ex oficial del ejército británico, estaba pescando
tranquilamente en el Canal de Basingstoke (Harnpshire) sin imaginar siquiera la
poca educación y tacto que tienen los «extraterrestres*. Ala citada hora, el testigo
observó como una luz brillante, que procedía de North Town, descendió del cielo y
aterrizó muy cerca de donde se encontraba. En un primer momento, Burtoo pensó
que debía ser un helicóptero de una cercana base aérea militar.
Mientras se servía un té de su termo, su perro Tiny comenzó a ladrar
furiosamente. De las sombras surgieron dos extraños seres, de metro y medio de
altura. Según el testigo, los misteriosos visitantes portaban unos cascos con viseras
negras que impedían ver su rostro y ambos vestían un traje de color verde pálido,
y de un material parecido al plástico, desde la cabeza a los pies, sin costuras ni
cremalleras. Uno de los humanoides, con gestos, levantando y agitando su mano
derecha, le indicó a Burtoo que le siguiera. «Yo tenía 77 años y no tenía mucho que
perder», dijo posteriormente a la prensa el testigo, así que el jubilado, sin temor
alguno, decidió acompañar a la pareja allá donde fueran. Anduvieron en fila por un
sendero. Burtoo iba en medio de los dos humanoides. «Caminamos a lo largo del
camino de cuerda hasta que llegamos a las rejas que existen en el puente del canal»,
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y en ese momento, tal y como describe el testigo, se produjo un hecho insólito: sus
extraños compañeros de viaje pasaron a través de las rejas como un fantasma —
pero del espacio—, atravesándolas limpiamente, mientras que Burtoo, obviamente,
tuvo que saltar el pequeño obstáculo. Entonces, a pocos metros, en una curva hacia
la izquierda, el asombrado jubilado exclamó: «Cristo ¿qué diablos es esto?». Y no
era para menos. Ante él había una enorme maquina, como de aluminio brillante,

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III 'UiitttIlUl; i ':i •v . -iij.i. '• i ■
de tunos catorce metros de largo por 5;J5 metros de altura, rodeado de luces. El tren
de aterrizaje lo conformaban dos patas en forma de «skis». A través de una larga
escalerilla, con una barandilla telescópica, de unos 3,5 metros de longitud, Alfred
Burtoo accedió al interior del objeto, y, como tenía un techo muy bajo, tuvo que
inclinarse Un poco. La sala era de color negro, sin esquinas y de formas suaves. En
la parte derecha se abrió una puerta que le condujo hasta una estancia de forma
octogonal y de aspecto «metálico inacabado». Lo más curioso y desconcertante
de aquella sala, es que «olía un poco a carne en descomposición». «No vi ningún
signo de tuercas o tomillos, ni vi ninguna costura donde se juntaban las partes del
objeto», afirmó Burtoo. «Lo que más me llamó la atención sobre todo era un eje, de
1,20 metros de diámetro, que se alzaba desde el suelo hasta el techo» y que en su
parte derecha tenía «una manija en forma de zeta».
Al lado de esta «columna», en el lado derecho, el testigo distinguió vagamente
que había «dos siluetas similares a los seres que caminaron conmigo a lo largo del
camino». El ex militar fue colocado bajo una luz de color ámbar, que desde la pared
cerca del techo pareció escanear durante unos cinco minutos todo su cuerpo. Y
ahora vienen las curvas del relato. Uno de los humanoides preguntó al testigo ¿cuál
era su edad? Su voz sonaba como una mezcla entre chino y ruso. Cuando el jubilado
respondió que pronto cumpliría los 78 años, el humanoide, sin titubeos, le dijo:
' * /l
«Se puede ir, usted es demasiado viejo y enfermo para nuestros propósitos». Burtoo
abandonó el artefacto algo perplejo y desconcertado por la franqueza de aquellos
extraterrestres. Al volver la cabeza, mientras bajaba por la escalerilla, se fijó que la
parte Superior del artefacto parecía una enorme chimenea y giraba en el sentido
contrario alas agujas del reloj.
Con gran tranquilidad el jubilado regresó a su lugar de pesca donde había
dejado a perro. EL reloj marcaba las 02:00 horas de la madrugada. Sin más, nuestro
protagonista apuró el té, ahora frío, que se había servido una hora antes de su
particular y singular encuentro. «Entonces oí un ruido quejumbroso, como cuando
un generador eléctrico se pone en marcha, y el aparato se elevó para después
desaparecer a una velocidad muy alta». Tal fue la luminosidad que desprendió el
objeto en su despegue que el testigo pudo ver claramente su pequeño flotador de
pesca en mitad del río a 1,80 metros de distancia en plena noche. El testigo siguió
pescando sin temor alguno hasta las 12:30 horas, logrando un botín de nueve
piezas. Curiosamente, sobre las 10:00 horas, Burtoo habló con dos policías que
patrullaban por la zona y les narró que había visto una extraña luz en cielo aquella
madrugada, sin que estos al parecer le dieran mucha importancia a su testimonio.
De regreso a su domicilio, contó su peculiar aventura a su mujer y a un amigo,
aunque en un principio les dijo que solo había visto unas luces en el firmamento,
sin mencionar nada sobre la entrada en la nave o la insólita conversación con los
humanoides.
WWW
Durante los días posteriores a su experiencia, Burtoo experimentó una insólita
pérdida de apetito y peso, así como dificultades para dormir con normalidad.
Estos síntomas remitieron en poco tiempo. Dos días después, Burtoo fue al lugar
del supuesto aterrizaje y encontró una zona en la que el follaje estaba aplastado
y desordenado, pero no se documentaron gráficamente ningún tipo de marcas o
•'I W* i''1' ’W?’ :‘4 !<!•■
h ■ "¡hí “ \™¡!ú .AwA'.h
huellas. Alfred Burtoo falleció el 31 de agosto de 1986. Su esposa Marjorie estaba
convencida de la realidad de la experiencia de su marido, que nunca se retractó de lo
que había vivido aquella madrugada. Alfred Burtoo había servido en el Regimiento
Real de la Reina en 1924 y el Regimiento de Hampshire durante la Segunda Guerra
Mundial. Era conocido por su labor como historiador y también trabajó como
granjero y jardinero.
Una casuística para llegar al mundo de Oz

Es obvio y notorio que esta ráfaga de incidentes que he recogido, sin mucho
esfuerzo, todo hay que decirlo, se alejan extraordinariamente del sobrio y juicioso
episodio vivido por el agente de policía Lonnie Zamora. Pero evadir o desterrar estos
sucesos de la literatura ufológica no hada que estos desaparecieran o, ni mucho
menos, que dejaran de suceder. Y si cree el lector que la infinita versatilidad del
fenómeno es el único punto en contra de la HET, le sorprenderá conocer que, junto
con la masiva y casi interminable recopilación de encuentros cercanos a lo largo y
ancho del planeta —lo que equivaldría a miles de aterrizajes ovnis—, comenzaron
a registrarse un buen número de elementos paranormales, sobrenaturales y
absurdos que irreversiblemente parecían señalar que esto de los ovnis se adentraba
mucho más en el mundo de Oz que en las profundidades del cosmos en busca de
posibles respuestas.
Alteraciones temporales, características fantasmagóricas en los tripulantes de
los ovnis, clarividencia, estrafalarios mensajes telepáticos, poltergeist, y toda una
suerte de fenómenos extraños parecían estar asociados a la visión de los ovnis y sus
ocupantes.
De pronto, surgió un invisible puente que parecía conectar dos orillas,
supuestamente, opuestas. Los investigadores comenzaron a ver que los testigos
ovnis podían sufrir algunos fenómenos encuadrados dentro de la parapsicología.
En un artículo titulado «La hipótesis extraterrestre: Una evaluación científica»,
»' ‘ . rO'w''-
^publicado en UFO Press (julio 1983), él Dr. Hynek dejaba claro [Link]ón sobre
todos estos aspectos inquietantes asociados a las visiones de platillos volantes:

Debemos considerar, entonces, algunos de los aspectos extraños del fenó­


meno ovni, generalmente ignorados en una charla a nivel popular, pero que
deben ser tenido en cuenta si queremos abarcar el fenómeno en su totalidad.
Estos aspectos incluyen cosas ciertamente fantásticas, como la teleporta­
ción, precognición, interacciones psíquicas, curas milagrosas, comunicacio­
nes telepáticas, apariciones no físicas, etc. Tales ocurrencias son reportadas
en algunos casos, y no estaría en concordancia con el espíritu científico si las
descartáramos de antemano en base a prejuicios emocionales pero fáciles de
entender.

El asunto se complicaba de tal forma que, en muchas ocasiones, los relatos


parecían rozar el universo de los trastornos mentales, por lo que la mayoría de los
científicos rehuían, a la carrera, de cualquier vinculación o interés por el fenómeno.
Y todo, movidos por los mismos argumentos que los ufólogos, pero desde el lado
opuesto. Se dejaban engañar por lo que aparentaba el paradigma. Y precisamente,
la imparable irrupción de este batallón de sucesos desgarradores para la razón
dentro de la comunidad ufológica hizo que algunos destacados investigadores se
convirtieran en disidentes de la HET y «dinamitaran» los férreos cimientos de sus
postulados para abrir otras alternativas teóricas alejadas de estos anquilosados
planteamientos...
Una nueva forma de enfocar la ufología comenzaba a despuntar
tímidamente... Los «extraterrestres» parecían tener las horas contadas...
ITALIA: CENNINA
01/MCMENBRE/1954
ITALIA: MACERÁTA
25/OCTUBRE/1954

Ni siquiera en los casos mas análogos encontramos demasiados

puntos en común más allá de las apariencias iniciales. Archivo Carav@ca.


CAPÍTULO 3.
SOS: EL NAUFRAGIO
EXTRATERRESTRE
LOS ENCUENTROS
CERCANOS LLEGARON PARA
DERROCAR EL REINADO ALIENÍGENA

Estoy convencido de que, si los platillos volantes se hubieran mantenido en


el aire, volando de un lado para otro, sorprendiendo a pilotos y espantando
a desprevenidos y honrados ciudadanos de a pie, el fenómeno ovni habna
permanecido impoluto con su halo extraterrestre prácticamente hasta nuestros
días. Pero, sin embargo, para irritación de muchos investigadores, los aterrizajes de
estos «cacharros» tuvieron que estropearlo todo. ¡Y de qué manera! Ya que, en sus
aproximaciones a tierra, y sobre todo en los denominados encuentros cercanos de
tercer tipo, los ovnis desplegaron toda su «artillería» pesada con la única intención
de devastar por completo nuestro concepto inicial sobre lo que podían ser aquellas
«cosas». No hay duda de que los aterrizajes ovnis son los episodios que más datos
nos pueden ofrecer sobre este apasionante enigma. La visión de las aeronaves y sus
ocupantes a solo unas decenas de metros, cuando no, a tan solo un palmo de la
mano de los testigos, ofrecían la oportunidad a los investigadores de obtener una
valiosísima información sobre este fenómeno. Pero, al contrario de lo previsto por
los especialistas, la casuística se rebeló desde sus inicios con el aparente propósito
de acabar con la idea de los visitantes extraterrestres. Se produjo una curiosa
paradoja. Como se dijo anteriormente, la proximidad se convirtió en lejanía y el
y "'té
conocimiento en desconcierto. El propio fenómeno actuaba como un «saboteador»
encubierto para deshacer cualquier argumento o hipótesis que quisiéramos elevar
para su resolución.
De hecho, el notable investigador galo Pierre Guérin sostenía que: «En ufología
se viola cualquiera ley inmediatamente con los avistamientos posteriores». O lo que
es lo mismo, ninguna de las tesis propuestas para verificar el comportamiento del
fenómeno ha soportado el paso del tiempo.
Por ejemplo, el ufólogo Anne Michel, en su libro The Truth About Flying Saucers
(Los misteriosos Platillos Volantes, 1963), planteaba una curiosa hipótesis muy
valorada en su época, las «ortotenias». El investigador galo sostenía que numerosos
avistamientos ovnis que había recogido durante la oleada francesa de 1954 se
desplegaban en una línea recta sobre un mapa. Como si los pilotos de los platillos
volantes hubieran trazado un milimétrico plan matemático para ordenar sus
visitas a nuestro planeta —el investigador Antonio Ribera, entre otros entusiastas
de la idea del francés, trasladó las líneas ortoténicas a nuestro país en su libro El
Gran Enigma de los Platillos Volantes, de 1965— En su citada obra, Aimé Michel
. - . .. WMi
decía lo siguiente: «Todo lo que precede prueba, según parece, que las alineaciones
solo pueden explicarse por la existencia de un fenómeno único, o al menos de un
conjunto de fenómenos regido por una ley única».
Junto a Michel, un pionero de la investigación ovni en España, el gallego
Eduardo Buelta, planteó otra curiosa tesis en su libro Astronaves sobre la Tierra
I
(1955). Para Buelta las oleadas ovnis (concentraciones de avistamientos) se
relacionaban con los años de mayor proximidad de nuestro planeta con Marte.
1 i’l’n'V’’ f’iiJiL.- .‘*v ’¿'Swrlv* iffil
iKín’- •jtj;n .i , jMB'■ «’O"
Suelta señalaba que: «Es forzoso establecer una relación entre los dos hechos, la
relación más lógica y natural, y atenerse a sus consecuencias, nos gusten o ño,
pese a cuanto, a primera vista, parezcan tener de fantásticas. Y la consecuencia
más lógica y natural, inevitablemente, es que han llegado a nosotros astronaves
procedentes del lejano Marte, es ya imposible dudarlo».
Pese al entusiasmo y candidez de Michel, Buelta y otros tantos, todos estos
trabajos teóricos, aunque bien fundados y documentados en su época, tenían
fecha de caducidad. Las ideas sobre «ortotenias» y «oposiciones marcianas» se
encontraron totalmente desbordadas e ineficaces ante la casuística ofrecida por
los ovnis en años posteriores. Las líneas rectas se esfumaron y las aproximaciones
con nuestro vecino Marte no parecía ser tan determinantes para la observación
de ovnis. Y de la misma forma, con los catálogos de humanoides y naves sucedió
un tanto de lo mismo. Existe tal discrepancia en los casos, que es prácticamente
imposible establecer un estereotipo (retrato robot) de los presuntos extraterrestres
que nos visitan o de sus platillos volantes. Confirmando estas premisas, el ufólogo
brasileño Jader U. Pereira realizó un macroestudio sobre los ocupantes de los ovnis
en su clásico libro Tipología dos Humanoides Extraterrestres (1970), donde, más que
unificar el fenómeno, demostró su complejidad a la hora de establecer un orden
o clasificación. Estas fueron algunas de sus conclusiones tras analizar decenas de
encuentros cercanos:

1. En la casi totalidad de los casos, los ocupantes no parecen poseer facultades


superiores a las de los humanos, pero en algunas ocasiones han manifes­
tado dotes sobrehumanas.
' W*'
2. La actitud de los seres es variable, podiendo ser amigable, pasiva u hostil-.

3. Entre todos los tipos de ocupantes, tan diferentes en ocasiones, parece


haber un punto común: la poca predisposición a entrar en contacto con los
terrestres, tanto a nivel oficial como a nivel de masas.

El investigador Víctor Martínez, en un artículo denominado «El


Análisis Morfológico y Estadístico de los Humanoides y sus Implicaciones
Psicológicas» (2011), decía que:

Sin duda, el catálogo de humanoides más famoso es el elaborado por Jader


U. Pereira (1970), quien tras el estudio y depuración de 333 casos sucedidos
hasta 1969, retuvo 230 sucesos para la extracción de información y datos
estadísticos relativos a los seres avistados en las proximidades de un ovni.
Pereira basó su clasificación en tres aspectos: la forma de estas entidades,
la presencia o no de escafandra, y sus características corporales y faciales.
Finalmente, el autor lograba distinguir entre 12 tipos de seres de apariencia
humana, además de contabilizar 6 casos en los cuales los seres avistados no
podían ser catalogados en ninguna de las tipologías anteriores, y 9 sucesos
que englobaban descripciones de seres de apariencia no humana. Además,
por si esto fuera poco, características como el tipo de vestimenta, la altura o
el uso de diferentes armas, servían para distinguir variantes dentro de cada
uno de los 12 tipos.

El investigador y amigo Albert Rosales posee la mayor base de datos sobre


encuentros con humanoides en la actualidad. El autor de esta tremenda labor de
recopilación me comentó que tenía más de 18000 casos almacenados en su archivo,
la mayoría de extrañas entidades o humanoides. Y es que en este interminable

)'i IN

iiiiiiikílikilílljL*
Catálogo podemos observar otro detalle interesante y de suma importancia para
nuestro estudio: además de hacer gala de una fisionomía infinita, los ocupantes
de los platillos volantes disfrutan de un fondo de armario envidiable, ya que
aparecen con diversas formas de escafandras, con un variado equipo de respiración
autónomo, con cascos de todas las formas imaginables, con monos ajustados,
acolchados, de colores, con lucecitas, o con batas, túnicas, chaquetas, además de un
amplio calzado; desde zapatos, botas, deportivas o sandalias.
En fin, ¿es todo esto posible? Aunque la mayoría de los analistas consideran
que esta amplia heterogeneidad, anotada en muchas o en prácticamente todas
■ t •• ••

las facetas del fenómeno (humanoides, naves, vestimentas, utensilios, trenes de


aterrizaje), no puede ajustarse a la HET, hoy en día existen muchos ufólogos que
no lo consideran un aspecto demasiado extraño o absurdo. A modo de ejemplo,
el investigador Antonio Ribera en su libro Encuentros con Humanoides decía lo
siguiente:
Ww1' ■
La diversidad morfológica observada entre los tripulantes (llamados tam­
'l'lí
bién ocupantes) parece postular una diversidad de orígenes, aunque en
nuestro propio planeta, esto no hay que obviarlo, coexisten escandinavos ru-
bios de 2 metros de estatura con pigmeos de piel negra que miden 1'20 me-
tros, y ambos son Homo Sapiens.

Pero lo que el bueno de Antonio Ribera olvidó comentar es que los


Homo Sapiens son todos antropomorfos y comparten, prácticamente, la misma
fisionomía, excepto en las particularidades propias de cada etnia, en el color de la
piel y en el tamaño. Por lo demás, los pigmeos tienen los mismos dedos en la mano
y el mismo número de piernas que un escandinavo o que un señor de Cuenca.
.ni • -ffffroWfffc;,' ■’•■'W
Además, nuestro respetado Antonio Ribera también olvidaba en la exposición de
su planteamiento otro detalle fundamental. Aparte de su heterogéneo aspecto,
los presuntos extraterrestres disponían de un «parque aéreo» casi inagotable.
con vehículos de todas clases y tamaños... Un hangar que haría las delicias del
mismísimo George Lucas, creador de la mítica saga Star Wars.
No obstante, como hemos visto hasta el momento, y como ampliaremos en
próximos capítulos, la fenomenología ufológica nos ofrece una autentica Torre
de Babel indescifrable donde cada «caso» expone algo ininteligible para nuestros
oídos. Cada suceso parece único en su especie. Y eso es una «norma» no escrita
' '’M* .’ i. ’■ • •
que se cumple a rajatabla. El mismo ovni nunca vuelve a aparecerse dos veces. La
totalidad de los extraterrestres y sus naves nunca regresan..., nunca más vuelven a
ser vistos en ninguna otra parte, como si su «vida» fuera efímera..., como la de los
personajes de nuestros sueños, tan reales cuando los «percibimos» y tan quiméricos
cuando despertamos...

1W

En busca de respuestas

Por lo tanto, prácticamente desde los albores de la ufología, el principal motivo


de discusión y polémica dentro de la comunidad de investigadores ha radicado
en la total ausencia de una respuesta coherente que sea capaz de explicar
satisfactoriamente todo el endiablado entramado orquestado por los ovnis. Desde
sus aspectos más claros y nítidos hasta los más confusos y absurdos. Desde
la detección en radar de un objeto «físico», hasta la súbita aparición de una
«monstruosa» entidad en mitad de un bosque. Desde las quemaduras registradas
sobre la vegetación, hasta la vaporosa entidad que traspasa un muro como si fuera
un fantasma Victoriano...
A lo largo de los años, la problemática ovni ha demostrado ser muchísimo
más compleja y, sobre todo, muchísimo más asombrosa, de lo que la simplicidad
esbozada por la HET puede abarcar. Y es que, ante el despliegue de tantos elementos
extraños, incoherentes y hasta ridículos, parecía cada vez más inverosímil que
los cientos de incidentes que se producían cada año estuvieran provocados
por astronautas alienígenas tremendamente avanzados tecnológicamente que
visitaban nuestro planeta con fines científicos, tutelares u de otro orden. Además,
la abundancia de avistamientos ovnis parecía indicar que no había ni un solo lugar
del planeta, por muy recóndito que fuese, que no hubiera recibido la visita de
estos curiosos exploradores intergalácticos, que lo mismo se divertían entregando
«galletas» a un asombrado testigo en Wisconsin, como abofeteaban a un niño
en Cuenca —no se preocupe, amigo lector, ambos episodios desfilaran por estas
páginas—. Sin embargo, pese a que la casuística se había pronunciado de forma
, • , f ■. i . ''

contundente, arrojando suficiente información como para que nos planteáramos


otras alternativas teóricas, los ufólogos más tradicionalistas y obstinados nunca
han querido ver más allá de las tuercas y tornillos de los que supuestamente se
componen una nave «alienígena». Tan confuso e impreciso resultaba el estudio
de los ovnis que el biólogo y ufólogo italiano Mario Cingolani propuso hace
algunos años la «Teoría del Conglomerado» que, según sus palabras, «es la que
iilllllJj' I’’ ' |i ”i|* »* ■ » ».r.« IdTOfflNMWl

mejor encajaba, más que ninguna otra, para explicar la fenomenología ufológica,
■W ' -

considerado a los ovnis como un conjunto de manifestaciones, que tienen varias


posibilidades que no se excluyen entre sí». Según sus postulados los ovnis
aglutinarían varios fenómenos o causas diferentes, por lo que era muy complejo
resolver el problema:

1. Los fenómenos meteorológicos (fenómenos eléctricos y de plasma de la at-


mósfera, los efectos de la refracción, espejismos, nubes de diferentes tipos,
aurora boreal, etc.)

2. Los fenómenos geofísicos (luces sísmicas, etc.).

3. Los fenómenos astronómicos (estrellas y cuerpos celestes no identificados


como tales) el aeronáutico (observación de aviones civiles o militares no
identificados como tal)
í' ir
4. Fenómenos psicológicos (visiones interiores del inconsciente proyectado
fuera por los testigos)

5. Fenómenos sociológicos (la amplia cobertura mediática de las noticias de


avistamientos ovnis provocan «el contagio» a potenciales testigos)
f. c , . .. . -
o. Falsos testimonios y enganos. 1 ., ai,
■ ......

7. Encubrimiento militar (prototipos y experimentaciones secretas encubier-


tas bajo la cortina ovni).
8. Entidades desconocidas (seres de la naturaleza y otro tipo de entidades que
interactúan con el ser humano)

9. Extraterrestres (originado por las manifestaciones físicas de inteligencias


no nativas del planeta Tierra)

.id'h-.L*
La «teoría del conglomerado» asignaba, proporcionalmente, a las
interpretaciones anteriores un espacio justo y complementario: «Los ovnis serían
el resultado de una conjunción de elementos diferentes e independientes que se
combinan en una variedad de formas entre sí».
Para que nos hagamos una idea de lo complejo de la cuestión ufológica, el
investigador Ignacio [Link], en su obra Hipótesis Explicativas de La Naturaleza,
Origen y Propósitos de los Objetos No Identificados, anotaba que se habían
formulado más de 300 hipótesis diferentes para explicar el fenómeno ovni,
desde intraterrestres, atlantes o animales desconocidos hasta viajeros del tiempo,
entidades vampíricas o demonios. Sin duda, un reflejo de que el estudio de la
materia ovni no era tan sencillo como simulaban sus apariencias.
Aunque hay que tener en cuenta, en honor a la verdad, que la gran mayoría de
las tesis que se han propuesto para explicar este paradigma, han sido formuladas
con tan solo un 30% o 40% de la casuística, eligiendo determinados casos, sin
considerar, por desconocimiento o exclusión, el grueso de la literatura ufológica. En
síntesis, la mayoría de las ideas se han elevado ignorando lo que el propio fenómeno
nos decía a través de sus manifestaciones. Sobre todo, a través de sus aspectos más
desconcertantes y descabellados. Y muchos estudiosos empezaron a vislumbrar
que precisamente tras estas rarezas mostradas por los platillos volantes y sus
, '.'i
ocupantes debían de ocultarse las verdaderas claves del paradigma, indicando que
incrustado en el fenómeno había un importante componente psíquico que había
sido desechado hasta la fecha. Pero, por suerte, se avecinaban tiempos de cambios.

* .1 UikuJiL.,. t
Gracias a un auténtico «enfant terrible» de los platillos voladores la revolución
estaba servida...

Ignorando a los extraterrestres

Antes de producirse este hito irrepetible dentro de la investigación ufológica, los


primeros en atisbar el importante componente psicológico dentro del fenómeno
ovni fueron, naturalmente, los estudiosos de la mente. De hecho, el 20 de julio
de 1947 el periódico Asheville Citizen-Times publicó una premonitoria entrevista
titulada «Los psiquiatras ven los platillos volantes como el comienzo de un
folclore», en la que el Dr. J. L. Moreno defendía las amplias repercusiones que
producían estos fenómenos en la psique humana:

Los discos voladores son probablemente el primero de una serie de acertijos


aéreos, con otros por venir, en opinión del Dr. J. L. Moreno, psiquiatra am­
pliamente conocido de Nueva York y creador de la ciencia de la sociometría,
u organización de grupo. El Dr. Moreno cree que no hay duda de que muchos
testigos de platillos volantes realmente han visto lo que ellos describen. No
todos vieron las mismas cosas, pero los observadores son personas perfec­
tamente normales. Todos estaban mirando al nuevo mundo del cielo, nuevo
por lo que los científicos e ingenieros han dicho que pronto estará volando
por ahí. Los hombres han estado viendo cosas como discos voladores desde
•i]... . »fl’K *
hace siglos. Ahora estas apariciones tienen un nuevo significado y algunos
de ellos una nueva peligrosidad.

11
Posteriormente, el genial psicoanalista Cari Jung, en su libro Ein modemer
Mythus: Von Dirigen, die am ffímmel gesehen vserden {Un mito moderno: Sobre cosas
que se ven en el cielo, 1958) dejó escrito, de forma clarividente, ante el pasmo de
propios y extraños, que las manifestaciones ovnis, al margen de su indiscutible
realidad física, la cual no ponía en duda, tenían un trascendental e indiscutible
componente psíquico. En la introducción de su incomprendida, pero magistral
obra, Jung decía:

Se ve algo, pero no se sabe qué. Incluso resulta casi imposible hacerse una
idea correcta de estos objetos, pues no se comportan como cuerpos sino
con la ingravidez de los pensamientos. No ha habido hasta ahora ninguna
prueba indudable de la existencia física de los ovnis excepto en los casos en
que se ha producido un eco en el radar.

Jung estaba convencido de que los ovnis «son vehículos de una representación
espontánea involuntaria, arquetípica —y por decirlo así mitológica— de un
contenido inconsciente, de un rotundum, que expresa la totalidad del individuo [...]
Si un fenómeno físico desconocido fuera la causa superficial de un mito, esto no
desvirtuaría el mito en absoluto».
Antes incluso que Jung, el primer ufólogo que se desmarcó claramente de
la HET fue el extravagante parapsicólogo y ufólogo Meade Layne, prácticamente
’■ ,/í'1
olvidado hoy día, que ya en los años cincuenta promovía la idea que los ovnis
tenían un origen interdimensional (The Ether Ship Mystery and Its Solution, 1950;
The Ether of Space, 1952; The Coming of the Guardians, 1953). Layne pensaba que
los tripulantes de los platillos volantes procedían de una dimensión paralela, de un
lugar al que llamaba «Etheria», y que los «etéreos», sus «fantasmales» habitantes,
solo eran visibles cuando su movimiento atómico era lo suficientemente lento.
Además, afirmaba que las apariciones de estos seres habrían inspirado la mitología
y religiones de nuestro planeta. Los «etéreos* eran mortales a pesar de tener
un alto nivel de avance tecnológico y espiritual. Para Layne, el motivo de sus
visitas era revelar su grandiosa sabiduría a través de individuos con habilidades
psíquicas suficientemente desarrolladas. De hecho, este investigador se basó
para sus conclusiones en los contactos mediúmnicos de Mark Probert. Aunque
naturalmente, en plena efervescencia del fenómeno ovni, la fascinación reinante
por la HET hizo que las ideas de Layne no fueron tomadas en consideración —ni
siquiera en serio—. Antes incluso que Layne, aunque de manera muy superficial
pero intuitiva, como descubrieron los investigadores Curt Collins y Claude
Falkstrom, el periodista radiofónico R. Dewitt Miller, en el periódico San José News
(7 de julio de 1947) afirmaba que «aunque muchos informes de los platillos son,
sin duda, falsos o distorsionados», sin embargo, otros sucesos podrían ser: «1)
Armas militares secretas. 2) Extraterrestres... o 3) De otras dimensiones de tiempo
y espacio».
Pero, realmente, los pilares de la hasta entonces incuestionable e inamovible
HET se vieron resquebrajados por un devastador seísmo llamado Jacques Vallée.
Este notable astrofísico y doctor en informática, con la publicación de su mítico
libro Passport to Magonia: From Folclore to Flying Saucers (Pasaporte a Magonia; del
r l'*'
folclore a los platillos volantes, 1969), sentó las bases para una mejor comprensión
del fenómeno ovni más allá de las referencias establecidas hasta la fecha. Para
Vallée estaba muy claro que el folclore antiguo de muchas culturas, como por
ejemplo las narraciones de encuentros con duendes,, hadas, elfos, e incluso las
apariciones marianas, estaban en sintonía con nuestros modernos avistamientos
ovni- Estas evidentes analogías entre los «anillos de las hadas» y los «nidos» de
platillos volantes —ambos fenómenos hablan de extrañas huellas en la campiña
—, o entre los secuestros de los elfos y las abducciones alienígenas, levantaron
ampollas entre aquellos que habían defendido durante años estoicamente la HET.
Además, para desconcierto generalizado, Vallée estableció que el fenómeno ovni
se adaptaba de forma admirable a la época en la que vivía el ser humano
y se presentaba acorde a los tiempos que corrían, modificando y alterando su
aspecto externo. Definió a este paradigma como una «superinteligencia» (sistema
de control) que de alguna manera «controlaba» o «encauzaba» a la humanidad a
través de sus diferentes apariciones a lo largo de la historia. Comentaba con detalle
la célebre oleada de estrafalarios dirigibles (airships) de finales del siglo xix en
, ■ .'Ma
Estados Unidos, cuando los presuntos «extraterrestres» de hoy se exhibían como
científicos «Victorianos» experimentando novedosos aparatos aéreos desconocidos
hasta entonces —existen centenares de recortes de prensa de la época narrando
¡w1
estos hechos.
En una entrevista concedida a los investigadores José Juan Montejo y David
Cuevas (2014), el estudioso Ignacio Darnaude explicaba de manera brillante la
oleada airship referenciada por Vallée en sus escritos:

La inimaginable oleada de «Airships» desde noviembre de 1896 a abril de


1897, el más espectacular, surrealista y polémico simulacro histriónico or-
questado en el firmamento de este almacén de descerebrados antropomor-
fos llamado tierra, desde los bárbaros tiempos bíblicos. En dicho inverosímil
y monipódico semestre, una fuerza exógena, desconocida y que nunca dio la
cara paseó por la atmósfera un pintoresco catálogo de primitivas aeronaves
con rústicas alas o velas batientes como los pájaros, belices, timones, luces
de posición y carlingas para los pasajeros y tripulantes, que surcaron los
cielos de la Unión (la gran potencia en ciernes y locomotora industrial y eco­
nómica del mundo), con ánimo de que los lugareños se tragaran la innoble
trola de que estaban divisando arriesgados vuelos de prueba de pioneros
ingenios aéreos construidos por geniales inventores americanos que pre­
tendían hacerse millonarios con sus revolucionarios vehículos flotantes. A
partir de mayo de 1897, nunca más se supo del histórico experimento socio­
lógico perpetrado por la farándula exobiológica... hasta junio de 1947. Los
histrionautas nos concedieron una jomada de reflexión... de medio siglo».

En Pasaporte a Magonia, Jacques Vallée, además, vinculaba las manifestaciones


ovnis con otros misteriosos fenómenos que hasta entonces habían pasados
desapercibidos para muchos investigadores:

El mecanismo de las apariciones, desde los tiempos legendarios e históricos


hasta los modernos es siempre el mismo y sigue el modelo de los milagros
religiosos. Varios casos, que llevan el refrendo oficial de la Iglesia Católica
(Fátima, Guadalupe, etc.) no son más en realidad —si aplicamos las defini-
ciones a rajatabla— que fenómenos ovnis en los que el ser asociados con los
mismos ha entregado un mensaje que se refiere a creencias religiosas y no a
fertilizantes o a ingeniería, como en otros casos.

El investigador Pablo Vergel en su magnífico libro La Incógnita ovni (2012)


resumía a la perfección la revolucionaria propuesta de Vallée:
w &

1. A lo largo de la historia existen registros equivalentes de encuentros con


entidades e inteligencias no humanas en distintos confines del planeta de
una manera en la que no se puede aducir la existencia de una contamina-
don cultural.

2. Los encuentros con supuestos extraterrestres o incluso las novedosas áb-


ducdones comparten estructura y multitud de puntos en común con
registros de encuentros con lo insólito de tiempos pretéritos: estados de
conciencia alterada, zumbidos, pérdida de nodón del tiempo, fetichismo
mágico y sobre todo una predominancia absoluta de lo absurdo en las inter­
acciones entre humanos.

3. Lo que antes se interpretaba como aparidones mágicas o religiosas, hoy


se condbe y se enmarca dentro del paradigma científico tecnológico de la
HET.

4. Ambas interacciones son parte de un esquema que no se rige totalmente


bajo nuestras leyes materiales, sino que responde a otras dimensiones que
dejan su impronta en nuestra realidad de una manera muchas veces resi­
dual.

5. Los ovnis junto a las otras entidades no son más que metamorfosis de un
sistema de control de la conciencia humana que escapa a nuestro entendi-
miento humano pero cuyos fogonazos podemos recoger a través de los tes­
timonios ovni o de las mitologías trascendentes.

Incluso en su anterior obra, Challenge to Science: The UFO Enigma (Fenómenos


insólitos del espacio, 1966), escrita junto a su esposa Janine Vallée, se podía anticipar
el vuelco que iban a provocar sus brillantes deducciones:

La teoría extraterrestre no lo explica todo. La existencia de los platillos


volantes como maquinas materiales tripuladas está admitida, sin discusión,
por numerosos partidarios, sobre la base de las descripciones hechas por
algunos testigos, y que aceptan sin ningún control serio. Ahora bien: las in­
formaciones que acabamos de reunir señalan, según nuestra opinión, que,
aunque se admita que las observaciones no son todas explicables a través
de efectos de tipo clásico, y que un fenómeno original se define por sus
características, otra cosa es asimilar este fenómeno a una manifestación «in­
teligente». Es verdad que la ciencia ficción ha preparado las imaginaciones a
la irrupción de aparatos extraterrestres. Pero los «partidarios», partiendo de
la base de estas descripciones, parecen olvidar, algo deprisa, los caracteres de
la mayoría de los informes para fijarse solo en el pequeño número de testi­
monios que parecen ajustarse a sus deseos. De estos deseos a la realidad hay
un largo trecho.

Casi a la par, y siguiendo la estela marcada por el autor de Pasaporte


a Magonia, estudiosos de la talla de John A. Keel, un brillante e irreverente
escritor, periodista y guionista de televisión y radio, contribuyó a desmoronar
definitivamente los pilares de la HET como tínica solución posible al enigma de los
ovnis. Un año más tarde del revuelo organizado por Vallée, apareció en escena el
libro Operation Trojan Horse (OVNIS: Operación Caballo de Troya, 1970), donde el
siempre sarcástico y genial Keel, ampliaba la visión del Fenómeno ovni otorgándole
una mayor transcendencia y comparándolo, como hizo Vallée, con una amplitud
de fenómenos anómalos, aparentemente desconexionados, como la visión de
extraños animales y monstruos (criptozoología). Keel cuestionaba abiertamente a
los ufólogos que pensaban que los ovnis eran «viajeros interplanetarios» al decir en
su citada obra que:
Hoy día es claro que la fuerza que contesta a nuestras plegarias es la misma
que hace que lluevan anchoas del cielo y es la misma que está detrás de
los monstruos marinos y del fenómeno ovni. Distorsiona caprichosamente
nuestro mundo, y la única duda que nos queda es silo hace por aburrimiento
o sencillamente porque está un poco chiflada.

En su memorable libro Strange Creatures From Time and Space (El enigma de
las extrañas criaturas, 1970) Keel insistía en este punto: «Los testimonios sobre
ovnis, actualmente casi abrumadores, indican que todo el fenómeno de los platillos
volantes es una empresa criminal que se aprovecha de nuestra credulidad y
se propone inspirar una creencia enteramente falsa en visitantes extraterrestres
(interplanetarios)». Pablo Vergel exponía los motivos que llevaron a la caída de la
HET:

El problema fundamental de la Hipótesis Extraterrestre es que plantea la


existencia del Fenómeno ovni como algo material y de forma consecuente
propone su estudio desde una perspectiva positivista. Si tenemos en cuenta
los avistamientos y encuentros de los que existe constancia y les sumamos
aquellos que pasan desapercibidos o no son debidamente documentados o
registrados, llegaríamos a la conclusión de que la tierra está siendo visi­
tada de manera masiva por naves extraterrestres que difícilmente podrían
escapar a nuestros sistemas de control: radares, satélites, aviones y, por su­
puesto, los avezados ufólogos.
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* ’

John Keel denunciaba abiertamente la manipulación que efectuaban los.'iT1


ufólogos sobre los casos para hacer más creíble la HET. Pablo Vergel, en su citado
libro, señalaba lo siguiente:
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La aportación de John Keel será de una gran relevancia ya que, desde los
inicios de la ufología, muchos investigadores sesgaban casos donde apare­
cían trazas de otros fenómenos paranormales. Desde la perspectiva de estos

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investigadores, la ufblogía era una ciencia seria, ycomo tal debía obviar este
tipo de manifestaciones que empañaban la respetabilidad de la disciplina.
Lo cierto es que Keel puso en evidencia que él fenómeno ovni no era algo
aséptico ni aislado sino que guardaba relación con mensajes imposibles, apa­
riciones de criaturas, bilocaciones, etc. . . Keel, de hecho, pensaba que todas
las anomalías como las criaturas criptozoológicas, los ovnis, los fantasmas,
los poltergeist, los orbes, los demonios, los ángeles o cualquier entidad mís­
tica o religiosa, están interconectadas entre sí y son manifestaciones de una
misma fuerza cósmica más allá de nuestro control. John Keel incluso iba más
lejos y se atrevía a sustituir el término de extraterrestres por ultraterrestres.
Unas entidades no humanas pertenecientes a otro orden de existencia y por
tanto incomprensibles para nosotros. De hecho, es público y notorio que
John Keel tuvo que abandonar algunas de sus investigaciones porque em­
pezó a experimentar una sucesión de situaciones inexplicables que empeza­
ron a hacer zozobrar su propia cordura.

Y es que, en su libro Our Haunted Planet (1971), Keel había acuñado el término
«ultraterrestres» para definir a las inteligencias que se escudaban tras el fenómeno
ovni. Para el escritor neoyorquino, estábamos frente a las manifestaciones de
unas «entidades» y «fuerzas» que coexisten con nosotros desde los albores de la
humanidad, pero que operan fuera de los límites de nuestro continuo espacio-
tiempo. Estos seres, según Keel, tienen la capacidad de cruzar la frontera que los
separa de nuestra realidad, y además eran capaces de manipular la materia para
cambiar su aspecto y presentar casi cualquier aspecto físico que fuésemos capaces
de imaginar.
Por su parte, el destacado ufólogo Jerome Clark, en su libro The UFO
Encyclopedia, Volume 1: UFOs in the 1980s (1990) decía que Keel era: «un teó
radical que cree que los ovni son “ultraterrestres” en lugar de extraterrestres,
Con eso quiere decir que son fenómenos que cambian de forma desde otro
nivel de existencia. Estos ultraterrestres son básicamente hostiles, o al menos
despectivos para con los seres humanos, y los manipulan en varios aspectos, por
ejemplo, organizando "milagros” que inspiran creencias religiosas infundadas. Los
ultraterrestres y sus secuaces pueden manifestarse como monstruos, personas del
espacio, fantasmas y otras entidades paranormales».
Keel estaba convencido que uno de los principales objetivos de los
ultraterrestres era crear confusión entre los humanos.
A este respecto, Jacques Vallée indicaba en su libro Dimensions: A Casebook of
Alien Contad {Crónicas de Otros Mundos, 1988) lo siguiente:

Los amantes de los platillos voladores piensan que los ovnis son simple-
mente maquinas empleadas por visitantes de otros planetas. Esta creencia
es totalmente ingenua. La explicación es demasiado simplista para dar
cuenta de la diversidad de comportamientos de los ocupantes y de su reía-
ción con los seres humanos. Este concepto tendría como misión la diversión
y el enmascaramiento de la naturaleza real, infinitamente más compleja, de
la tecnología que engendra los avistamientos.

Para concluir de la siguiente forma:

Sus manifestaciones no pueden ser naves espaciales reducidas a tuercas y


tornillos. Los ovnis son manifestaciones físicas imposibles de comprender
fuera de su realidad psíquica y simbólica. No asistimos a una invasión de
seres venidos de otra parte. Se trata de un sistema espiritual que actúa sobre
los humanos y utiliza a los humanos.
Jerome Clark concibió el término «Paraufología^ para referirse a todas estas
nuevas ideas que surgían a raíz de los revolucionarios planteamientos esbozados
por Vallée. En una entrevista realizada por Ariel Rosales y John Simhon, y publicada
en la revista Contactos Extraterrestres (1979), Clark exponía que: «La Paraufología
se basa en la ufología, pero busca ir más allá. Creo que uno de los supuestos
básicos de la Paraufología —termino que obviamente se acuñó sobre la idea de la
parapsicología— es que las cosas no son lo que parecen a primera vista... Cosa
que, naturalmente, los filósofos vienen diciendo desde siempre [...] Los ovnis son
tanto físicos como psicológicos... Ambas cosas. Estamos tratando con algo que está
contra esa compresión denominada sentido común que tenemos del universo».
El investigador Salvador Freixedo, en su clásica e imprescindible obra
Visionarios, místicos y contactos extraterrestres (1981) ahondaba en el vital aspecto
«psíquico» para comprender ciertas experiencias ovnis:

En realidad, se puede decir que todo el fenómeno ovni es distorsionado en i


gran manera. Y esto se agrava aún más, cuando nos damos cuenta, y de ello
vamos teniendo más indicios, de que el fenómeno ovni ya viene intenciona-
damente distorsionado de modo que a nuestra mente le sea imposible llegar
a las verdaderas causas que lo producen. Las aventuras y cosas disparatadas
que con gran frecuencia cuentan los que dicen haber estado en contacto con
los ovnis (y que tanto han ayudado a que mucha gente no crea nada de todo
el fenómeno) no son más que un fruto de esta distorsión a que la mente es
sometida.
El autor del presente libro junto al escritor y exjesufta Salvador Freixedo, uno
de los afólenos más destacados a nivel mundial, durante una reunión para
investigadores del fenómeno ovni celebrada en Granada en el ano 1999.

Y es que, a principios de los setenta del siglo pasado, los ovnis comenzaban
a cobrar una nueva entidad, presentándose ante los ojos de los investigadores
como un fenómeno mucho más vasto e incomprensible, y de repercusiones más
extraordinarias para el ser humano. En la misma década, el investigador Brad
Steiger, con su libro The Gods of Aquarius (1976) se sumaba a la paraufología
y declaraba: «Creo firmemente que todo aquello que hasta el momento hemos
estado denominando naves espaciales son mecanismos multidimensionales o
construcciones psíquicas de nuestros compañeros parafísicos».
Estas nuevas vías de especulación borraban de un plumazo las naves
alienígenas del tablero de trabajo, sustituyéndolas por unas misteriosas entidades
que utilizaban todo tipo de subterfugios y engaños psíquicos para manifestarse
ante los testigos. De hecho, tanto Vallée como Keel, erigidos como los portadores
de la buena nueva, concluían que los ovnis no eran vehículos espaciales sino
algún tipo de «materializaciones temporales» que se alzaban en nuestro mundo
para transmitirnos un mensaje metafísico, a modo del famoso «monolito» de la
novela 2001: A Space Odyssey (2001: Odisea del Espacio, 1968) de Arthur C. Clarke.
Y es que Vallée y otros compañeros creían que estas entidades eran una suerte
de «agitadores» de conciencias que buscaban un fin excelso con sus apariciones,
mientras que John Keel y Salvador Freixedo, por su parte, dudaban seriamente
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de que estas «inteligencias» fuesen del todo positivas para la humanidad y que,
incluso, realizaban estas incursiones en nuestro mundo para«divertirse». .
Pero lo más importante de todas estas nuevas propuestas, es que, por
primera vez, algunos especialistas en ovnis aseguraban que probablemente estas
apariciones no fuesen lo que aparentaban. Y es que este punto puede ser clave para
la resolución del problema como veremos más adelante.
Irreversiblemente, el mundillo ufológico había dado un giro inesperado de
I ólij. I 1 * 1 t r
180 grados. De repente, la creencia en los visitantes del espacio exterior había
sido sustituida por unas irreverentes tesis que hablaban de una siniestra trama
de manipulación por parte de unas ambiguas entidades surgidas de un universo
paralelo u otra dimensión. La cosa definitivamente se complicaba...
De forma magistral, en una entrevista concedida a la periodista Perla González,
y publicada en la revista Contactos Extraterrestres (1979), John Keel dijo que: «Dejan
huellas, pero no son seres físicos». Incluso el doctor Hynek, considerado hasta su
muerte (1986) como la máxima autoridad mundial sobre ovnis, se rendía ante
la evidencia y dudaba abiertamente de la HET, cuando apuntaba en una jugosa
entrevista publicada en el UFO Report en agosto de 1976 que: «Debo decir que la
teoría extraterrestre es ingenua... Debemos tener en cuenta los diversos factores
que indican con mucha claridad un vínculo o al menos un paralelismo con
episodios de naturaleza paranormal». De esta forma el Dr. Hynek se sumaba a
los que pensaban en otras dimensiones o universos paralelos como posible origen
de los ovnis. Incluso teorizaba en dicha entrevista sobre cómo podrían acceder a
nuestra dimensión: «Si tenemos estos universos interconectados las probabilidades
de pasar de uno a otro son muy pequeñas. Pero también puede haber un truco para
hacerlo. El truco de la mente-sobre-la-materia_ Las experiencias extracorpóreas
podrían ser un ejemplo». En otra entrevista publicada en UFO Press (octubre 1982),
titulada «Dr. J. Alien Hynek: el Hombre, el Científico, el Ufólogo» y realizada por
Guillermo Carlos Roncoroni, Hynek decíalo
, |.!f siguiente:
Luego de muchos años de investigación he llegado a la conclusión de que
el tema es mucho más complejo de lo que jamás me hubiera imaginado. El
fenómeno tiene, ciertamente, aspectos físicos (deja huellas en tierra, detiene
motores, causa quemaduras en testigos, es captado por radares, es fotogra-
fiado) pero no podemos dejar de mencionar que existen algunos informes
que mencionan inquietantes aspectos paranormales y psicológicos. En el
CUPOS hemos realizado un acercamiento científico hacia los aspectos físicos
del fenómeno, y tratamos de llegar tan lejos como nos sea posible, pero si las
evidencias nos fuerzan a ello no dejaremos de lado el aspecto paranormal,
sería francamente absurdo seguir un único camino. Realmente no me gusta
hablar demasiado acerca de los aspectos psíquicos del fenómeno, pues la au­
diencia en general tiene cierta (y muchas veces justificada) repulsa por los
términos «psíquico» y «oculto», pero la realidad indica que existen ciertos
aspectos paranormales (ovnis que se materializan y desmaterializan, o que
cambian de forma, o que se fusionan), y esos hechos están ahí y hay que
estudiarlos. No podemos descartarlos simplemente porque no nos gustan, o
porque no podemos comprenderlos.

En esa misma entrevista Hynek exponía tres puntos esenciales que definían la
complejidad del fenómeno:

Existen tres aspectos que realmente son dignos de mencionar y de profun­


dizar en su análisis. Uno de ellos es la velocidad del fenómeno. Los testigos
.i-**” . ÍÍACS'-[Link]

mencionan, casi siempre, que el fenómeno se desplanaba a gran Velocidad,


pero ¿han notado que con esa gran velocidad del parecen ir,a ninguna parte?
Son muy escasos los informes que nos hablan de un ovni que haya sido
observado en una población con un rumbo equis y luego en otra población
que se encontraba precisamente en ese rumbo y es casi imposible encontrar
un informe donde se reúnan tres observaciones consecutivas. El segundo
aspecto inquietante es el hecho de que el fenómeno es percibido por los ra­
dares solamente cuando se desplaza a poca altura, ¿por qué no son captados
en la alta atmosfera o a alturas alejadas de la superficie de la tierra? Y el
tercer aspecto es la corta duración de las manifestaciones y la poca cantidad
de testigos involucrados ¿tiene eso algo que ver con la naturaleza intrínseca
del fenómeno? Ciertamente estos son los aspectos más inquietantes de las
manifestaciones del fenómeno ovni y que lo distinguen claramente de cual­
quier vehículo convencional. Un avión, por ejemplo, puede ser observado
por muchos testigos, por lapsos de tiempos prolongados y a lo largo de toda
su ruta ¿Por qué no ocurre lo mismo con el fenómeno ovni?

En una entrevista concedida al amigo y gran investigador argentino Alex


Chionetti en 1980, el Dr. Hynek dijo que: «Lo más interesante de toda la historia del
fenómeno es que no se manifiesta como un fenómeno ordinario físico. No es como
un avión que va por el cielo. El fenómeno está aquí y luego desaparece... Es como
vivir en el mundo de Alicia en el País de las Maravillas. La teoría extraterrestre es
insuficiente».
Evidentemente, si un personaje de la talla del Dr. Hynek había sucumbido y
aplaudido las ideas de su colega y amigo Jacques Vallée es porque estas respondían
de forma admirable a muchas dudas e interrogantes que el astrónomo arrastraba
desde su temprana colaboración con la USAF en el estudio metódico de los ovnis.
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Ni que decir tiene que muchos investigadores en todo el mundo secundaron
los planteamientos propuestos por la paxaufologia, aunque otro buen numero de
compañeros los miraban con grán desconfianza. En España, por ejemplo, Juan G.
Atienza en su libro La gran manipulación cósmica (1981) decía que «el fenómeno
ovni ha de plantearse, pues, contra todos los intentos que se han hecho y
que se sigan haciendo, como una manifestación radicalmente incomprensible
e inaprehensíble, al menos desde una perspectiva física, corporal. Ni siquiera
se ha podido establecer si tales objetos están compuestos por algún tipo de
materia. Aparentan tenerla muchas veces, surgen a nuestra percepción como naves

metálicas, o plásticas vaya usted a saber, brillantes, con luces muy determinadas de
colores, con unos movimientos precisos, aunque desafían las leyes de la física de la
materia».
Y debido a la complicación en el estudio de los ovnis, los ufólogos tuvieron que
inventar una terminología específica para intentar acotar y definir correctamente
todos estos detalles confusos y absurdos que definían a la paraufología.
La investigadora Jenny Randles hablaba del «factor Oz», «una sensación de
aislamiento sensorial y temporal en la que el testigo siente que el ovni lo succionó
hacia una especie de vacío donde solo él y el fenómeno coexisten». Por su parte,
David M. Jacobs apuntó que en las abducciones muchos testigos experimentaban
extrañas sensaciones y visiones religiosas y/o espirituales a las que denominó
como «teofanías». En su libro Secret Life: Firsthand Accounts of UFO Abductions
(Vida Secreta, 1992), Jacobs mostraba su desconcierto cuando decía que algunos
abducidos «habían sido depositarios de profecías de muertes y destrucción de
nuestra sociedad; algunos pasaron por experiencias religiosas, de naturaleza
cristiana. Había enamoradas de individuos del espado, amables y apuestos.»
En España, a mediados de los años noventa, una treintena de investigadores
ovni, capitaneados por Pedro Valverde Tort y Ramón Navia, del Instituto de
Investigadones y Estudios Exobiológicos (UEE), se reunieron en la dudad de
Valencia para debatir sobre la naturaleza esquiva del fenómeno. Las conclusiones
de esta reunión se expusieron en el denominado Manifiesto del Proyecto Delfos
(1995):

■ El fenómeno ovni es total o parcialmente extraño al problema de la vida


extraterrestre, con la cual se na pretendido casi siempre asociarlo y justifi­
carlo.

• Muchas de las manifestaciones del fenómeno ovni entran en los dominios


de lo parafísico, nivel que por su naturaleza de alto contenido subjetivo
puede escapar al análisis científico convencional.
I1/1

• Amplias redes de investigadores en Europa y América han conseguido


I1!1

reunir suficientes elementos informativos que prueban la pertenencia al


dominio de lo parafísico de muchos de los fenómenos clasificados como
TI- iri'r"'

ovnis.
, Ji' '

• Existe suficiente casuística de fenómenos que hoy se clasifican como ovnis


y que han determinado una protohistoria del fenómeno inscrita en el
marco de las antiguas mitologías y en el origen de religiones hoy institucio­
nalizadas.
• Estas manifestaciones no son mas que una de las múltiples facetas de un
plano de existencia o universo oculto, extraño a nuestro mundo material,
que está sujeto a las leyes del espacio-tiempo.

• Su interferencia en los asuntos humanos debe insertarse en el contexto


de un verdadero complot oculto, orientado posiblemente hacía un nuevo
orden mundial. . .,,} „

• Se puede concluir que el fenómeno ovni y otras manifestaciones inexplica­


bles tienen lugar en el plan de un vasto escenario de engaño.

• Se concluye que este plan o complot ha interferido y sigue interfiriendo en


la normal evolución del hombre y de sus capacidades psíquicas, por medio
de la seducción de banalizar lo oculto, en una estrategia enfocada esencial-
i.'
mente hacia los jóvenes.

• Esta acción abarca la manipulación psíquica, la sugestión mental, los esta­


dos alterados de conciencia, las modificaciones de la personalidad, el con­
trol telepático...

• La continua presencia del fenómeno ovni y su interferencia a lo largo de la


historia es una prueba evidente de la existencia de una intencionalidad y
de una estrategia al servicio de un poder. Contrarrestar la finalidad de esta
acción subversiva que se lleva a cabo tanto a nivel mental como físico, es la
línea de trabajo que proponen desarrollar los miembros comprometidos en
el proyecto Delfos.

Por su parte, desde principios de los noventa, un nutrido grupo de


investigadores argentinos, encuadrados en el CIFO (Círculo de Investigadores del
Fenómeno Ovni) con Juan Acevedo, Diego Villegas y Néstor Berlanda a la cabeza,

klllil
realizaron grandes y destacados progresos en el análisis del fenómeno ovni.
Para estos ufólogos: «Acceder al fenómeno en fui una directa para investigarlo, es
imposible dado la fugacidad del mismo; por lo tanto, el único nexo que nos une con
el fenómeno es el testigo, y a su vez esta manifestación que visualiza dicho testigo
es única e irrepetible, ya que la experiencia es personal, individual, determinando
ello que cada potencial testigo observa y asimila de diferente manera una
experiencia ovni». Por lo que estaban convencidos de que «el verdadero fenómeno,
por sus características, que podemos denominar “puramente informacionales”, no
es abarcable por nuestros sentidos y aparato psíquico al menos en estados de
conciencia ordinarios». Y para ello, crearon el término «That» («Algo») para definir
la verdadera naturaleza de los ovnis:
1,1 . . z •

Para nosotros la manifestación ovni es producto de la interacción de ALGO


de naturaleza desconocida con la conciencia del testigo; no estamos en con­
diciones de poder dilucidar las leyes que gobiernan el fenómeno, pero sí
algunas de las variables que prepara la situación para la posterior mani­
festación ovni; estas variables a nuestro entender están relacionadas con el
testigo y creemos que una situación límite en lo emocional del mismo pude
llegar a ser uno de los detonantes de la experiencia; de allí la importancia
según nuestro criterio de investigar en profundidad el estado emocional del
testigo previo al hecho ovni.

En 1995, los investigadores Jesús Callejo y Carlos Canales plantearon la «Teoría


de la Intrusión» en su libro Seres y lugares en los que usted no cree, la cual postula
que, desde unas dimensiones ignotas, diferentes clases de entidades, catalogadas
como ángeles, demonios, daemones, difuntos, seres elementales y extraterrestres
trataban de comunicarse con el ser humano. Todos estos seres utilizaban un
mismo «medio» o «método», modificando el espacio y el tiempo, para desplazarse
desde sus orígenes hasta nuestra realidad, por lo que, es lógico, según estos
estudiosos, que los fenómenos anómalos compartan tantos rasgos comunes entre
ellos. Callejo y Canales, incluso, postulaban que existían otro tipo de entidades, a
los que denominaban «metamorfos», que podían hacerse «pasar» (disfrazándose)
por cualquiera de las otras categorías de apariciones. Y, además, para terminar,
cada uno de estos seres tema unas intencionalidades bien diferenciadas
■ Jítfj
hacia la humanidad: maléficas, benévolas, curiosas..., hasta la implantación de
determinadas creencias... Como vemos, la propuesta inicial de Vallée se fue
ampliando admirablemente con el paso del tiempo gracias a las contribuciones de

muchos y notorios investigadores...

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JmW* *•1 • ■
•MA
Ovnis: ¿Un sistema de control psíquico controlado
por agentes ultraterrestres?

El estudioso Cari Raschke, en un espléndido artículo denominado «Agentes


•*.’* .• Wi* «Wm* h** *itr •»
ultraterrestres de desconstrucción cultural», e incluido en el libro Cyberbiological
studies of the imagined component in the UFO contact experience (Lo imaginario del
contacto ovni, 1989), compilado por Dennis Stillings, sugería que tras el fenómeno
de los no identificados se encuentran «agentes ultraterrestres de desconstrucción
cultural» que quieren modificar nuestra concepción de la realidad. Para Raschke:
El origen de las visitas e intromisiones de los ovnis puede ¿rastrearse hasta
algún punto «hipendimensional». Y, lo que, es más, es posible que los «visi­
tantes» no estén solo «estudiando» sistemáticamente por curiosidad nues­
tro modo de vida, sino que pueden estar enviando mensajes metódicos para
hacemos claramente conscientes del ámbito en el cual existen y se mueven,
quizás incluso para elevamos hasta éL

Según los planteamientos de Raschke, estas «entidades» utilizarían lo que él


denomina la «desconstrucción cultural» para conducimos hacia una evolución
superior y evitarían de esta forma que nos quedáramos bloqueados o estancados
en un punto del camino. Raschke distingue la importancia entre la palabra
desconstruccion y destrucción, ya que, si esta última es realizada con «naturalidad
y al azar», la primera «sugiere la idea de una secuencia de cambios dirigidos a un fin
último».

El momento de la desconstrucción [aclara Raschke] es aquel en el cual todas


las rígidas bases conceptuales y las metodologías quedan desmanteladas. Es
muy probable que la «misión» de los ovnis no sea la de coronar los esfuer­
zos de nuestra ciencia secular, sino por el contrario anular su arquitectura
misma. El «objetivo» de la desconstrucción, como en la curva recursiva sin
final, no es el logro de alguna finalidad en el plano del conocimiento o de
la conducta, sino que está motivado por una enorme curiosidad que nunca
podrá ser satisfecha [...] El proceso de desconstrucción [prosigue Raschke]
es esencial para la creación de nuevas estructuras de información que nos
permitan examinar porciones del universo hasta ahora inaccesibles a la in­
teligencia humana. Esta constante regeneración de las estructuras de infor­
mación se repite en el desarrollo de la vida en el universo.
En esl^. misma premisa conceptual se manifestaba Terence McKénna, en uña
interesante entrevista realizada por Will Noffke en 1989 y publicada por la revista
Ñ" .... ■ . ' " ;t:..
Review:

El universo no construye formas tan complejas como nosotros sin conser­


varlos en alguna asombrosa y sorpresiva manera que se relaciona con las
intuiciones que tenemos de la experiencia psicodélica. El ovni viene de esta
lóbrega región, más allá del final de la historia, más allá del final de la vida.
Es suprahistórico y supraorganico. Es misterioso, extraño, eriza los pelos. Es
a la vez la apoteosis y la antítesis del viaje del mono hacia la mente. Es la
mente mostrándose así misma [...] El ovni es una idea destinada a confundir
a la ciencia porque la ciencia ha empezado a amenazar tanto la existencia de
la especie humana como la del ecosistema planetario. Este es un momento
en que se hace necesario un shock para la cultura, equivalente a lo que fue
el de la Resurrección para el Imperio Romano. Los mitos que se desarrollan
actualmente son similares a los mitos mesiánicos que precedieron la apari­
ción de Cristo. Son mitos de la intervención de una entidad superinteligente
que proviene de las estrellas para revelar la manera correcta de vivir. El ovni
podría ser un disruptor de la ciencia a través de una serie de demostraciones
dirigidas a convencer a la mayor parte de la humanidad de que el propósito
de la historia es nada menos que la total inmersión en las enseñanzas del
ovni.

Terence McKenna aseguraba en dicha entrevista que:

Los ovnis parecen venir de la eternidad. No vienen de las estrellas a menos


que puedan moverse instantáneamente desde y hacia ellas. Vienen de otra
dimensión: uno casi puede decir que vienen de más allá de la muerte. De
una dimensión totalmente diferente de la nuestra, pero ligada a la psique
l ; ' - ■ ’ '' "

de una manera confusa, alarmante —y çhamániea—, que restaura


la confianza. .

¡Menudo cambio! De la simpleza de la HET se había pasado a todo un


complicado sistema de creencias donde las máquinas de tuercas y tomillos de los
que supuestamente se componían los platillos volantes, se sustituyeron, como por
arte de magia, en un difuso entramado psíquico ideado, por unas inteligencias
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suprahumanas para transportamos más allá de los límites de nuestra propia
conciencia.
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Evidentemente, el pensamiento ovni había cambiado.
Por su parte, el doctor en filosofía Michael Grosso, en un artículo titulado
«Los ovnis y el Mito de la Nueva Era», incluido en el libro de Dennis Stillings,
defendía que: «Tendríamos que buscar los puntos de conexión entre los ovnis y los
otros fenómenos anómalos posiblemente relacionados con ellos: Bigfoot, visiones
de la Virgen, experiencias cercanas a la muerte, "sintonías” y varias cosas más».
Las sugerentes investigaciones de Grosso le llevaron a formular que el fenómeno
ovni y otros fenómenos extraordinarios son manifestaciones de una alteración en
el inconsciente colectivo (una suerte de mente colectiva que contendría todo el
conocimiento humano) de la raza humana:

En mi opinión el fenómeno de los ovnis indica la existencia de algún tipo de


inteligencia que actúa sobre la raza humana. La acción es a la vez mental y fí­
sica. La fuente sigue siendo desconocida [...] No niego que algunos informes
sobre los ovnis sugieren que la inteligencia es extraterrestre. Pero cuando
estudiamos el tema más detenidamente encontramos que gran parte de los
fenómenos pertenecen al reino psíquico y al reino mítico [...] Si los ovnis son
J- ••• ’• # • .■.«••-•y - •' . - ;• •/ , ' Si’e
’,*•■ ■*’ . ' * f>‘ ‘4-? • ’ ’

proyecciones psíquicas, es inevitable que tengan significación colectiva [..J


tanto los ovnis como las entidades sintonizadas con el más allá, y los ángeles
de la guarda, serían parte de un sistema de realidad que nosotros mismos
estamos creando. ¿Pero con qué fin? Podría ser para advertirnos a nosotros,
para enseñamos, para despertar nuestro potencial, para recordamos que
somos los creadores de la realidad, para hacer mutar a nuestras mentes y
nuestros cuerpos, para acelerar nuestra propia evolución.
'' '11:

El escritor John Keel, al igual que Grosso, creía que estábamos etiquetando
diversos fenómenos desconocidos por separado cuando en realidad eran la misma
cosa, lo que nos llevaba lógicamente a una deformación sobre la verdadera
dimensión de estas apariciones. Tal y como expresaba en su libro OVNIS: Operación
Caballo de Troya:

Todas estas fuerzas han existido en nuestro planeta desde siempre, desde
su comienzo (...) Pero nos vemos obligados a volver a explicarlas a cada
generación, pues se manifiestan de maneras distintas. Hoy día, un grupo
de científicos pragmáticos están investigando con toda seriedad a los mons­
truos hirsutos, mientras al propio tiempo desprecian a los investigadores
psíquicos y a los ufólogos entusiastas, e incluso se mofan de ellos. Y aún
hay otros que persiguen fantasmas y poltergeist. Ninguno de estos grupos
parece dispuesto a examinar la evidencia reunida por los otros grupos. Sin
embargo, es probable que todos ellos persigan las mismas fuerzas intangi­
bles. Si queremos efectuar un verdadero progreso, hay que reunir todos estos
estudios, ahora separados.

El papel del inconsciente colectivo


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Apoyados errla. teoría del «inconsciente colectivo» del psicoanalista Cari G. Jung,
varios pensadores ovni, entre los que se encontraba el profesor Grosso, aseguraban
que las observaciones de supuestas naves extraterrestres y sus correspondientes
tripulantes obedecían a interacciones entre la mente del testigo y el inconsciente
colectivo. El Dr. Jung sostenía que, aparte de nuestro inconsciente particular y
privado, compartimos con toda nuestra especie un conjunto de modelos, símbolos
y arquetipos que son reconocibles para toda la humanidad y que están «reunidos»
en una enorme mente planetaria, el inconsciente colectivo. Al igual que nuestro
inconsciente personal trata de ayudamos principalmente a través de los sueños.
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el inconsciente colectivo, que abarca a toda la raza humana, podría auxiliar en un


determinado momento, y bajo unas condiciones específicas, al conjunto de una
sociedad apoyándose en representaciones simbólicas, que tendrían el mismo valor
de las experiencias oníricas.
En el libro Obras completas de C. G. Jung (1968), explicaba qué eran el
inconsciente colectivo y los arquetipos:

Una capa más o menos superficial del inconsciente es indudablemente per­


sonal. Lo llamo el «inconsciente personal». Pero esta capa personal se basa
en una capa más profunda, que no se deriva de la experiencia personal y no
es una adquisición personal, sino que es innata. Esta capa más profunda la
llamo el «inconsciente colectivo». He elegido el término «colectivo» porque
esta parte del inconsciente no es individual sino universal: en contraste con
la psique personal, tiene contenidos y modos de comportamiento que son
más o menos los mismos en todas partes y en todos los individuos.
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.• . , ! •':'•*• 4 ■ ■’> ’<;«i

En su interesantísimo libro Hearing Voices: A Common Human Experience (Oír


voces, 2002), el psicólogo John Watkins matizó el concepto:
’’■''i

Jung llamaba «colectivo» a este nivel del inconsciente porque pensaba que en
su interior encontraríamos las raíces más profundas de las cuales surge, en
última instancia, la experiencia humana: «El inconsciente colectivo se con­
cibe como una extensión del inconsciente personal hacia su base más ancha
y amplia, abarcando contenidos compartidos por la familia, el grupo social,
la tribu, la nación, la raza, y, por último, toda la humanidad. Se puede pensar
que cada nivel del inconsciente se adentra mas profundamente y cobra una
naturaleza más colectiva. La maravilla del inconsciente colectivo es que allí
está todo, todas las leyendas y la historia de la raza humana, sus demonios
no exorcizados y santos beatos, sus misterios y su sabiduría, todos se hallan
en el interior de cada uno de nosotros, un microcosmos dentro de un macro­
cosmos». Jung descubrió que el inconsciente colectivo es rico en imágenes
primordiales a las que llamó arquetipos. Las imágenes arquetípicas pueden
manifestarse en una pluralidad de formas y, cuando lo hacen, son siempre
personificadas. [...] Las imágenes arquetípicas personificadas dan lugar a las
formas básicas que tomaron numerosos dioses y diosas de las religiones, los
héroes y heroínas de la mitología, los personajes buenos y malos de los cuen­
tos de hadas, y las figuras extraordinarias y sorprendentes de los sueños.

Los principales resortes que harían funcionar a dicha mente planetaria serían
los conflictos psicológicos personales de un individuo o los globales de una
sociedad dependiendo, así, de que se manifestara individual o colectivamente. La
comunicación se efectuaría, como se ha expuesto anteriormente, de una forma
codificada, a través de un arquetipo, visión o experiencia mística, que intentaría
hacernos llegar un mensaje que aliviaría dicho desequilibrio o dolencia psíquica.
En el individuo [explicaba él Dr. Jung en su libro The archetypes and tíie callec-
tive unconsdous (1959], los fenómenos de convicciones anormales, visiones^
ilusiones, etc., solo ocurren cuando sufre disociación psíquica, o sea, cuando
hay una escisión entre la actitud consciente y el contenido inconsciente que
se le contrapone. Precisamente porque la mente consciente no está al tanto
de ellos y, por ello, se enfrenta con una situación de la que parece que no hay
salida, estos extraños contenidos no pueden integrarse directamente, pero
se expresan indirectamente, generando de esta manera opiniones, creen­
cias, ilusiones, visiones y demás, de carácter inesperado y aparentemente
inexplicable. [...] Las proyecciones tienen lo que podríamos llamar alcances
diferentes, según surjan de condiciones meramente personales o de condi­
ciones colectivas más profundas. Las represiones personales se manifiestan
en nuestro medio ambiente inmediato. Los contenidos colectivos, como lo
son los conflictos religiosos, filosóficos, políticos y sociales, eligen portado­
res de proyecciones, de un género correspondiente.

Una de estas proyecciones de un género especifico serían los ovnis y sus


respectivos tripulantes, como resultado de la creencia ancestral en dioses-ángeles-
tutores presente en casi todas las culturas de la humanidad, creencia que se habría
«tecnificado», transformándose en algo más asequible para nuestra sociedad,
habituada a un increíble desarrollo tecnológico, en la que la carrera espacial nos
ha hecho imaginar la existencia de civilizaciones extraterrestres súper avanzadas.
Como vimos anteriormente, en su erudito trabajo Sobre cosas que se ven en los
cielos, el Dr. Jung interpretó que los ovnis eran la representación de un arquetipo
fundamental de la humanidad: el mándala, símbolo que abarca la totalidad
psíquica. Por lo tanto, en esta amalgama de idealizaciones humanas que es el
inconsciente colectivo estaría representado el mito extraterrestre, que podría ser
.... •, r • . . . • 5$^ r-*?‘
t • jb . 1 •’ . . • • ' ■

invocado de distintas formas, adecuándose al entorno social y personal del testigo,


lo que explicaría entre otras cosas el porqué de la diversidad en los ocupantes de los
ovnis. Estas manifestaciones habrían ido en aumento debido principalmente a tres
factores:

A. Enfrentamos al final de un milenio, lo que representa un miedo a lo


W/r
desconocido y al cambio.

B. La caída de los valores tradicionales y el ocaso que han tenido ciertos


te
estamentos sociales, científicos, políticos y sobre todo religiosos.

C. El considerable aumento desde finales del siglo xix de la literatura, cine y


folclore alrededor del mito extraterrestre.
Ir* ilíli

O-
El mito extraterrestre habría germinado para suplir la ausencia de tales
elementos y serviría como válvula de ’ escape

para*p*f una
’’h| p^i,'
sociedad
;.i. ’
prodiga en
conflictos mentales como la actual. Sobre los factores físicos que acompañan a las
manifestaciones del inconsciente colectivo, el investigador Salvador Freixedo, en su
libro Visionarios, Místicos y Contactos Extraterrestres opinaba que:
'¡;e-,J|&
De la misma manera que la mente inconsciente de un individuo rige el
funcionamiento de gran parte de su organismo, esta mente colectiva y gi­
gante que se halla difusa y soterrada en todos los individuos del planeta,
rige el funcionamiento de la sociedad humana. La mente inconsciente, tanto
la individual como la colectiva, no solo es inteligente, sino que posee una
gran energía que a veces puede manifestarse en forma física apreciable por
nuestro sentido. Pues bien, si la mente inconsciente privada es capaz de pro-
. ■ \ ■ ■/ ■■ ’ • ■• " ■ '

‘ * 1 • ' ’ * • . . ?

ducir efectos físicos, como los que vemos en los fenómenos de poltergeist, el
inconsciente colectivo es capaz de producir fenómenos físicos que tienen un
r ' , i . ' ,

fin específico para la sociedad. ’ ,

Sobre duendes y extraterrestres

Nuestro admirado Jacques Vallée parecía haber llegado a una conclusión similar
a la del profesor Grosso cuando decía en Pasaporte a Magonia: «También
podríamos imaginar que durante siglos una inteligencia superior ha estado
proyectando en nuestro medio ambiente (elegido por razones solo conocidas por
estas inteligencias), diversos objetos artificiales cuya creación es una forma pura
de arte. Quizás esta inteligencia se divierte con nuestro desconcierto, o tal vez
trata de inculcarnos algún concepto». Vallée utilizaba, a modo de ejemplo, las
visiones, en siglos pasados, de seres elementales, considerados ahora mitológicos,
como gnomos, elfos, duendes, trasgos o hadas. El reverendo Robert Kirk (del
siglo xvn) dedicó parte de su vida a la investigación seria y objetiva de estas
extraños entidades y fruto de ello fue su excelente libro The secret commonwealth
(La Comunidad Secreta, c. 1691).1 El investigador, escritor y amigo Javier Sierra
señalaba en la revista Más Allá (N9 53, 1993) que: «La obra de Kirk, [...] recoge
' .Ir .'I?r
relatos de campesinos escoceses importunados por las apariciones de miembros de
la “comunidad secreta” y a los que ningún avezado lector de cuestiones ufológicas
podrá dejar de encontrar sorprendentes paralelismos con la moderna casuística
ovni». Y así, Jacques Vallée resumía en varios puntos las conclusiones que Kirk

libUi
obtuvo en el siglo xvn de suscerteras investigaciones sobre «elfos y otras criaturas
aereas»: >

1. Poseen una naturaleza intermedia entre la del hombre y la de los án geles.

2. En lo físico tienen cuerpos muy ligeros y «fluidos» comparables a una nube


condensada. Son particularmente visibles al anochecer. Pueden aparecer y
desvanecerse a voluntad.
‘ ' ■'' W'1’’ '''1 '¿
3. En lo intelectual, son inteligentes y curiosos.

4. Cuando los hombres aun no habitaban en la totalidad de la tierra, ellos vi­


vían ya en ella.
''ff? 3K W <'■ > W
5. Sus cuerpos camaleónicos les permiten nadar por el aire con toda su familia
y ajuar. «Aún viven mujeres —escribía el reverendo— que cuentan cómo
fueron raptadas cuando se hallaban de parto para servir de niñeras a los
ñiños de los fairíes (elementales).

Curiosamente, mucho tiempo después, en pleno siglo xx, enmarcados dentro


de las experiencias ovnis, se recogieron multitud de testimonios de mujeres que
afirmaban haber sido llevadas al interior de una nave alienígena para cuidar a niños
híbridos (mitad humanos, mitad extraterrestres). Además, para mayor semejanza
con los fenómenos descritos por los testigos ovni, los seres elementales atacaban
al ganado con unas armas que producían quemaduras, lo que nos recuerda
irremediablemente a las modernas mutilaciones de ganado.
‘ ■ '
•• • •" * j.J . i^ , 1 >,»■•••

La creencia moderna y global en los platillos volantes y sus tripulantes


[sentenciaba Vallée en Pasaporte a Magonia] es idéntica a una creencia anterior en
las hadas. Las «entidades» descritas como pilotos de las naves son indistinguibles
de los elfos, silfos y demiurgos de la Edad Media.

Kirk instaba en su escrito a las altas esferas de la Iglesia a intentar establecer un


. ' 1'¡‘' ■

estrecho y beneficioso contacto con dichos seres (¡?)...


De hecho, el nombre Magonia hacía referencia a una mítica ciudad del folclore
medieval muy real para algunas personas de la época. En su obra Contra insulsam
vulgi opinionem degrandine et tonitruis (del siglo ix), el arzobispo de Lyon Agobardo,
escribía sobre estas creencias: uf 1 'l''* '' ‘.Mr. Wí‘-7‘J"‘ ••

Hemos visto y oído a muchos abrumados por tanta demencia, alienados por
tanta estupidez, que creen y dicen que existe una determinada región, que
llaman Magonia, de la que vienen naves sobre las nubes; los frutos que caen
por el granizo y que se pierden por las tempestades son llevados en ellas a
esta misma región; evidentemente, los navegantes aéreos dan regalos a los
tempestarlos y reciben a cambio los granos y el resto de frutos. Asimismo, se
hallan cegados por tan profunda necedad, al creer que esto puede realizarse,
que hemos visto a varios en una cierta asamblea de hombres exhibir a cuatro
personas atadas, tres hombres y una mujer, como si hubieran caído de estas
mismas naves. Por supuesto, tras estar detenidos con cadenas durante algu­
nos días, finalmente, reunida la asamblea de hombres, los mostraron, como
he dicho, ante nuestra presencia como para lapidarlos.

Lo curioso es que existen diversos reinos celestes en los mitos y folclores de


muchos pueblos de nuestro planeta. Los moqoit eran una tribu que habitaba en
la zona sur de la. región chaqucña, en la República Argentina, antes de la llegada
de los españoles. Sus ancianos eran depositarios de una rica tradición cosmológica
que contemplaba la existencia de un extraño reino llamado Piguim. El astrónomo
y antropólogo Alejandro Martín López, en un amplio trabajo titulado «Las texturas
del cielo. Una aproximación a las topologías moqoit del poder» (2013) decía lo
siguiente al respecto:

El piguim es un mundo simultáneamente similar y diferente al que habitan


los seres humanos. Por una parte, se suele mencionar que «todo lo que hay
abajo, hay arriba», es decir, que en piguim están presentes de igual modo
todas las cosas y especies de la tierra. De modo que los habitantes del cielo
conforman una sociedad humana con el mismo tipo de vínculos que los mo-
qoit tienen entre sí. [...] Los poderosos seres no-humanos que habitan en el
cosmos son excesivos y poseen una gran variedad de regímenes corporales.
Sus características excesivas, inmoderadas (entre las que se incluye muchas
veces la voracidad y peligrosidad) parecen ser consecuencia de su super­
abundancia de potencia y vitalidad. (...) La interacción con estos seres pode­
rosos es imprescindible para los humanos, ya que los dueños son la fuente
de los recursos de los cuales depende la vida humana. Esta interacción debe
estar regulada porque los dueños son excesivos, anómalos y están fuera de
la sociabilidad humana ordinaria. De hecho, algunos moqoit sugieren que
cuando se ve a un poderoso no hay que mirarlo a los ojos ya que si «te mira de
golpe te deja frenado». Los poderosos son inesperados y desconocidos como
los extranjeros que aparecen repentinamente y se comportan de maneras no
esperadas. (...) El piguim, como ámbito particularmente potente, es un es­
cenario de muchas señas para los seres humanos. Ante los cometas u otras
luces poco frecuentes en el cielo, la pregunta habitual que se formulan los
moqoit es «¿de qué son seña?».
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• ■■- •■"'-¿.X •.. • .• ;;.vi
Además, también, encontramos reflejado en este folclore un punto muy
importante para nuestro estudio: que solo determinadas personas podían acceder a
tener contactos con este mundo sobrenatural.

Sin embargo, las experiencias de ciertas personas tienen un rol particular­


mente importante. Los pi’xonaq y pi’xonaxa («chamanes» y «mujeres cha­
manes») son hombres y mujeres llenos de poder, el equivalente humano de
los poderosos no-humanos. Su capacidad de «ver» y «viajar» a través de las
regiones del mundo hace de ellos actores centrales en la lucha por el lide­
razgo y la definición de la identidad.
• • . fF | ’ Hirini I ff | rfpí i * | “ ' * |’|"‘H» • i C •* ’» . i.’t ’
Y es que la existencia de otros «reinos sobrenaturales» o la existencia de
otra «realidad» ha sido objeto de debate durante siglos. En un artículo titulado
«Encuentros Cercanos y Conciencia» (1996), Simón Harvey-Wilson decía que:
111 * * qWj 11 to1 t . A?/ **? 1
La existencia de otros reinos o dimensiones accesibles por la conciencia se
menciona con frecuencia en escritos sobre chamanismo, espiritualismo y
misticismo, así como en la literatura ovni. Cualquier religión con un dios
trascendental seguramente también debe creer en tal reino. ¿Existen tales
reinos, o tal vez son todos aspectos diferentes del mismo reino multifuncio­
nal? ¿Pueden los ovnis y/o los extraterrestres acceder a este reino y, de ser así,
cómo empezamos a investigar el tema? La prueba de tal reino, especialmente
si estaba poblada por seres sensibles, sería uno de los descubrimientos más
grandes en la historia de la ciencia, aparte de facilitar el contacto con alguna
forma de inteligencia extraterrestre. Veamos una breve reseña histórica de
las teorías sobre la existencia de tales reinos. En la antigua Grecia, el filósofo
Platón expuso su «Doctrina de las formas», que afirmaba que todo en la tie­
rra tenía su equivalente espiritual, o Forma, en un reino superior e inmuta­
ble que, aunque invisible para los sentidos, era comprensible por la mente o
el alma, que, como las Formas, son inmortales. El físico Paul Davies a me­
nudo se hace eco de esta idea cuando señala que las leyes de la física y las ma­
temáticas parecen existir independientemente del espacio-tiempo. Desde la
época de Platón, las descripciones de este reino han variado, pero ha perma­
necido invariablemente invisible y aparentemente solo es accesible para la
mayoría de los humanos en circunstancias especiales, corno en trance, du­
rante las ECM, en la muerte o durante un Encuentro cercano. Por ejemplo, el
científico, erudito y místico sueco del siglo xvn, Emanuel Swedenborg, in­
formó que tal reino existía y era accesible a través de la conciencia. A veces
permaneció en trance durante más de 24 horas, afirmando que se estaba co­
municando con sus amigos en este mundo espiritual. Mucho antes de que los
ovnis fueran el tema de la prensa popular, Swedenborg insistió en que dentro
de este reino también se podía interactuar con seres de otros mundos. A
principios de este siglo, el influyente teólogo jesuíta, filósofo y paleontólogo
Pierre Teilhard de Chardin (1955) presentó varias ideas controvertidas que
no fueron bien recibidas por la jerarquía católica. Inventó el término noos-
fera, que era la conciencia equivalente a la biosfera, el reino de todos los seres
vivos en la superficie del planeta. Chardin sugirió que todos los seres vivos
estaban conectados tanto física como psíquicamente y que la conciencia
evolucionaría para volverse cada vez más dominante.

¿Qué hay detrás de los ovnis?

El ufólogo [Link] Vallée, en su libro Crónica de Otros Mundos insistía en aclarar la


verdadera naturaleza de los ovnis:

Los fenómenos funcionan como un sistema operacional de comunicación


simbólica al nivel del globo terrestre. Tienen una interacción con algo per­
teneciente a la raza humana, pero no sabemos qué. Forman parte del medio
:. ,• '.?'■ '-'"■ ' ■ ■ '■'■■•'": ’ , :' V

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■. ... h:: : ’•■ •• • . ... . . V . . . ’” • r‘ .

Ambiente, del sistema de control de la evolución del hombre. Pero sus efec­
tos, en lugar de ser simplemente físicos, se resienten igualmente en nuestras
creenciás. Influyen sobre lo que nosotros llamamos nuestra vida espiritual.
Afectan a nuestra política, a nuestra historia, a nuestra cultura. Son un
rasgo característico de nuestro pasado. Innegablemente son parte de nuestro
acontecer.
«Este control —añadía— ha sido ejercido a través de la historia, y el hecho de
que ahora aparezca bajo forma de visitas espaciales tienen una importancia
secundaria».
$
Vallée resumía en cinco puntos sus brillantes conclusiones:

1. Los ovnis no son, propiamente hablando, ni objetos ni volantes. Se pueden


desmaterializar y violan leyes del movimiento de la manera como los cono­
cemos.

2. Los ovnis han sido vistos durante la historia y siempre han recibido una
explicación en el marco de cada cultura: dioses o viajeros del cosmos. Los
pilotos de las aeronaves de 189 7 declararon: «Venimos de Kansas» o incluso
«Somos de cualquier lugar... pero mañana estaremos en Grecia».

3. De los informes ovni no se desprenden necesariamente visitas del espacio.


Podrían venir del tiempo. Si la conciencia puede manifestarse fuera del
cuerpo, el abanico de hipótesis es aún más vasto.
4. La clave para comprender el fenómeno está en los efectos psíquicos: cam­
bios en la vida del testigo, desarrollo de habilidades.
5. El contacto entre los testigos humanos y el fenómeno ovni se produce
siempre en condiciones controladas por este último. Su característica es un
factor de absurdidad que conduce —a las capas superiores de la sociedad en
cuestión— a rechazar la historia. Los símbolos transmitidos por el encuen-
*• ■■'• .■ ,. I -■ & ''■ . ''■ '•' . ' 'r '■ \ ' ■''' .. ,-rs;

tro son absorbidos a un nivel profundo. El mecanismo de esta resonancia


• ■ *" .¿i ’ * ", ' '' *"•' ¿F •’ ,
entre el símbolo ovni y los arquetipos del inconsciente humano, han sido
demostrados abundantemente por Cari Jung, cuyo libro, Un mito moderno,
hace numerosas referencias a la importancia, vieja como el mundo, que tie­
nen las señales en el cielo.

Salvador Freixedo, lo secundaba cuando nos sugería, en su libro Visionarios,


Místicos y Contactos Extraterrestres, que no perdiéramos el tiempo discutiendo sobre
,la existencia o no de
. .los ovnis:
. M , ■
1 :'k-r

Hoy no se trata de saber si los ovnis son reales o no. Hoy las preguntas que a
propósito de ellos se formulan son mucho más profundas. Hoy se pregunta
uno de qué realidad se trata, porque, debido en gran parte al Fenómeno ovni,
' l'í:
la humanidad ha empezado a caer en la cuenta de que la realidad puede ser
múltiple y de que «nuestra» realidad no es la única «realidad». Hoy ya no
se pregunta uno tanto de dónde vienen, qué son o qué quieren. Hoy empe­
zamos a preocupamos por el enorme impacto que pueden tener y de hecho
están teniendo en la evolución de la humanidad.

Para Freixedo estaba claro que: «Las religiones, todas ellas sin excepción
(las sectas pequeñas y modernas, y las sectas grandes y clásicas), son el gran
instrumento que las “entidades cósmicas” han usado siempre para tenemos
distraídos, con el propósito de que no progresemos y no caigamos en la cuenta de
que ellas son las dueñas del mundo».
En la misma línea, el siempre genial John Keel, en su libro OVNIS: Operación
Caballo de Troya, se desmarcaba definitivamente de los visitantes extraterrestres:
«Abandoné la hipótesis extraterrestre en 1967, cuando mis propias investigaciones
sobre el terreno revelaron una coincidencia sorprendente entre los fenómenos
. ;r" ... -r A»
■;"v? ' ; ?ir'W ■"•.■ '••" ?'■’■..'■■ ' ••
y í;. i . ' ■"■^■. ■ . ' ; ; • ¿ .
psíquicos ylós ovnis. [^JLos objetos y apariciones no provienen necesariamente de
otro planeta y puede .que
_>r- 1
ni siquiera existan como construcciones permanentes de
la materia. Es más probable que veamos lo que queremos ver e interpretamos estas
visiones de acuerdo con nuestras creencias contemporáneas».
En su libro The Eighth Tower (1975), John Keel llevó sus tesis mucho más
lejos y explicó, por ejemplo, de dónde podían surgir criaturas imposibles como el
Bigfbot. Y si Vallée había planteado la opción del «sistema de control», Keel por su
parte, hablaba del «superespectro» para explicar las visiones de ovnis y extrañas
criaturas: ¿'Vriv Z

Resulta más factible pensar que estos no son animales, sino distorsiones de
la realidad, insertadas en nuestro espacio-tiempo por las maliciosas fuerzas
del superespectro. La densidad de algunas de estas criaturas indica que no
son de carne y hueso, sino que están hechas de átomos altamente con­
densados comparables a los del plutonio. Y al igual que el plutonio, metal
radiactivo hecho por el hombre, se deterioran a una tasa sumamente veloz.
El plutonio es muy pesado, y solo se requieren once libras para confeccionar
una bomba atómica. [...] Puesto que las masas energéticas del superespec­
tro pueden alterar sus frecuencias y desplazarse a lo largo del espectro
electromagnético, podemos suponer que también son capaces de manipular
la estructura atómica para internarse a nuestra realidad, creando átomos
compatibles con nuestra estructura atómica. Los antiguos dieron el nom­
bre de transmogrificación a este proceso. Los átomos de mayor peso y más
compactados, con un campo denso de electrones en sus orbitas, disipan su
fuerza con rapidez. El plutonio es un elemento muy poco estable, propenso
a la combustión espontánea. Imaginemos que cuando las energías del su­
perespectro vibren hasta llegar a nuestra realidad, se tornan en átomos de
vida muy corta y densidad inusual. En las primeras etapas de su creación,
.^v
^r- ':'í®ís’■■ '' ^W-?1'' . ■%?:■• ■?. !''"'K.<

los seres [Link]ògiiôcados son relativamente inofensivos, pero cuando


comienza a producirse el deterioro, comienzan a desprender electrones y
radiaciones que causar daño a los seres humanos y animales, en la misma
forma que los platillos voladores hacen daño, J...] Algunos monstruos per­
manecen en nuestro medio por varios días, y son vistos por muchos, antes
de desaparecer por completo. Los animales sufren daños simbólicos durante
este período, ya que los monstruos intentan reponer sus menguantes fuer­
zas con materia terrena de origen animal. Pero llevan las de perder, y el
monstruo acaba derritiéndose, dejando poco más que un terrible olor [...]
En algunos casos, aparecen ovnis sobre los monstruos, disparando haces de
luz sobre ellos. Los monstruos desaparecen, dejando tras de sí un residuo
de carburo de silicio (sic), compuesto cristalino sumamente duro que se ha
recogido en numerosos sitios «en los que ha habido» aterrizajes de ovnis o
manifestaciones de seres monstruosos. Se le confunde a veces con la escoria
normal de una fundición. Lógicamente, es lo único que queda del proceso de
transmogrificación.

Auge, caída y transformación del mito extraterrestre

Todos estos planteamientos teóricos que se han repasado originaron una nueva
y sorprendente manera de enfocar el enigma de los no identificados. Y es que la
denominada paraufología había dejado KO a la hasta entonces imbatible HET. Y
aunque, a duras penas, se pudo levantar de la «lona», la HET nunca volvió a ser la
misma...
El concepto inicial propuesto por los ufólogos de que los ovnis eran
visitantes de otros mundos habitados quedó muy maltrecho. A partir de ese
. V '•

punto de inflexiÓTi, muchos investigadores comenzaron a hablar abiertamente en


■ ■ íyflaM’-' *•'.■• ♦’ • ■ *
sus libros, artículos y conferencias de otras posibilidades, y así, términos como
entidades, seres extradimensionales o universos paralelos comenzaron a hacerse
muy populares. Bajo este nuevo prisma los estudiosos consideraban que los ovnis
podían operar en nuestra «realidad* alterando y manipulando nuestras leyes déla
física y provocando los increíbles resultados que se estaban registrando. Además,
cómo anticipó brillantemente el Dr. Jung mucho tiempo atrás, los defensores de la
paraufología estaban convencidos de que la psique de los testigos jugaba un papel
primordial y desconocido en el desarrollo de estas experiencias, pudiendo incluso
interferir en cómo percibíamos e interpretábamos aquellos fenómenos. Aunque en
primera instancia este revolucionario movimiento «filosófico» en torno a los ovnis
brotó (con ciertos matices) en Estados Unidos, con el paso del tiempo caló y se
desarrolló mejor en el viejo continente, sobre todo en Francia, y, por el contrario,
tras un eufórico inicio se fue deteriorando en su punto de partida. Sobre este hecho,
el ufólogo norteamericano Dennis Stacy, en la obra World Atlas of UFOs (OVNIS: La
respuesta definitiva, 1992) de John Spencer, consideraba que:

América pudiera ser el refugio (si no el último bastión) de la llamada


Hipótesis Extraterrestre. [...] Podría argumentarse que cada lugar y pueblo
no solo tiene los ufólogos que se merece, sino que, además, aparentemente,
el fenómeno reviste rasgos peculiares en cada país. En EE. UU., esos rasgos
propios implican, aparentemente, objetos físicos y fotografiados vistos por
un gran número de testigos como es el caso Gulf Breeze, acompañados por
una oleada de abducciones y cierto olorcillo a animal muerto. (...) Ya se trate
del caso en el que el buscador solo ve lo que quiere ver, o bien los casos se dis­
fracen de broma perversa, el fenómeno permanece sin respuesta.
f " 14M , I 'í'IvHBRp' K ’< • ,'|J^U’’. r
> '■■* ® :W ' ^fe, ■ <&,. ■'■■•®s.■'•?!'?;
- “ 'iíw w • v** •
Y es que la creencia en los extraterrestres había originado tanta atención y
esfuerzo en la comunidad ufológica norteamericana que era muy difícil erradicarla
por completo, y mucho más por unos planteamientos, casi insondables^ que
hacían mucho más difícil que el establishment científico y el público en general
se interesara por los ovnis. Y es que, indudablemente, al margen de otras
consideraciones, la hipótesis de que unos alienígenas llegaran a nuestro planeta
a bordo de sus rutilantes naves espaciales era una idea demasiado seductora
como para dejarse convencer, a las primeras de cambio, por nuevas y complicadas
teorías que muchos ufólogos no comprendían totalmente, todo hay que decirlo.
Y por ello, con los investigadores ovni norteamericanos en cabeza de pelotón, la
HET recuperó algo de aire después de un combate arrollador... Prueba de ello es
que, recientemente en el tiempo, la periodista Leslie Kean en un libro titulado
Ufos: Generáis, Pilots, and Government Officials Go on the Record (OVNIS, 2017)
decía que: «En el cielo del planeta hay objetos materiales y sólidos que parecen
estar bajo control inteligente y son capaces de alcanzar velocidades de miles de
kilómetros por hora, de hacer maniobras y emitir luces que están más allá de la
tecnología conocida actualmente. [...] La hipótesis de que los ovnis tienen un origen
extraterrestre o interdimensional es razonable y debe tenerse en cuenta, dados los
datos que tenemos. Sin embargo, el origen y la naturaleza real de los ovnis no han
sido determinadas todavía por los científicos y siguen siendo desconocidos. »
En su libro Encuentros con Humanoides, Antonio Ribera decía lo siguiente:

Yo he vivido los últimos cuarenta años con apasionamiento, y creo que he


llegado a algunas conclusiones. Como expuse ante los Lores de Inglaterra en
el año 79, hay dos cosas que son incuestionables: En primer lugar, que el
-‘f/, " ^p¡sfe. .......TOSE * •W’^“''iFJh

■ ' ■> w » ■<■ W, '••■•-.. ■'■■•.•' ' .. ’i V1

. ‘A , '• HV , '¡’fe1 .• 4 ' X AL ''’ A- M;',


fenómeno ovni es real. De los miles de observaciones que se han efectuado
a lo largo de éstos cuarenta años, ha quedado un remanente de casos no ex­
plicados, en cuanto a la calidad y solvencia de los testigos, que se sitúa en el
cólico por ciento. A primera vista parece una cifra pequeña, pero como está
calculada sobre miles de observaciones, no resulta tan pequeña, hablamos
de cientos de casos de ovnis observados en el cielo, observados por pilotos
militares, por pilotos civiles. Objetos que no dejan lugar a dudas sobre su
existencia real. La segunda cosa que les dije a los Lores es que, como no pode­
mos tener un ovni en nuestras manos, debemos formular hipótesis. De todas
ellas me quedo con la hipótesis extraterrestre.

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La hipótesis psicosocial: eliminando el factor exógeno de la ecuación

Los efectos provocados por la paraufología llevaron incluso a algunos


investigadores a desmarcarse completamente, no solo de la HET sino de cualquier
atisbo de extrañeza «exógena» en el fenómeno ovni. El destacado ufólogo francés
Michel Monnerie soliviantó los cimientos de la ufología europea con dos libros
de extraordinario calado, que alumbraron la denominada «nueva ufología», ¿Et si
les ovni n'existaient pas? (1977) y Le naufrage des extraterrestres (1979). En ambos
textos abogaba por la naturaleza estrictamente psicológica del fenómeno ovni,
donde los testigos serían víctimas de un «sueño lúcido» que les haría reinterpretar
bajo el «filtro» ufológico estímulos externos completamente identificables, desde
astronómicos (estrellas, planetas, estrellas fugaces) hasta aeronáuticos (aviones,
helicópteros). Y todo ello, motivados e influenciados por la asombrosa y
sugestiva «subcultura» creada por la mitología ovni, que había logrado sincretizar
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perfectamente «lo extraterrestre» con la ciencia ficción y la era espacial Para


Monnerie cuando una persona, conocedora del tema ovni, es incapaz de identificar
un estímulo externo en él cielo, lo reinterpreta, víctima de una poderosa
sugestión psíquica, bajo el paradigma ovni, añadiendo con su imaginación todos
los elementos y características adjudicadas a este fenómeno (que ha conocido
previ a m pnt p en prensa, televisión, cine). En sus propias palabras: «El observador
no entendía la naturaleza de lo que veía [...] A partir del momento en que el
observador acepta la hipótesis ovni, ajusta su visión conforme a lo que se conoce
del fenómeno». Y así se gestó la hipótesis psicosocial. En su segunda incursión
literaria, Monnerie decía que:
La ufología no termina con los ovnis: empieza estudiando Psicología, Socio­
logía, que ambos son campos muy interesantes. La ufología como tal merece
un estudio, no ya histórico, sino también sociológico. Pero atención. Esto no
equivale a decir que no existan seres en otros sistemas planetarios. Lo que
sucede es que ese problema no tiene nada que ver con la ufología. La ufología
está basada en un rumor, en un mito muy ligado a la conquista del espacio
que no tiene ninguna relación con la exobiología. [...] [Añadiendo que:] A.- El
mito extraterrestre, perfectamente creíble, tecnológicamente posible, forma
un cuadro universalmente aceptado. B.- Una observación describe (casi)
siempre una escena o un objeto real, vulgar o extraño, no reconocido, no
identificado. Influenciado por el mito ovni el testigo trasmite su observación
y detalles según su conocimiento consciente o no del fenómeno. A partir de
cierto nivel de extrañeza, de emoción, de angustia, el observador se desliza,
en un segundo, en un estado donde el inconsciente va a ser el maestro que
procede a la elaboración de una escena ovni más o menos alejada de la reali-
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nos encontramos con las alucinaciones
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Siguiendo los pasos de su compatriota, Qaude Maugé decía que el fenómeno
ovni funcionaba como un sistema de creencias. En un artículo para La Nave de
las Locos (N.- 5, noviembre, 2000), Diego Zuñiga hablaba sobre algunos de los
postulados de la hipótesis psicosociak «Thierry Pinvidic hizo un sólido aporte
en este sentido, al demostrar la influencia cultural en la generación del mito de
los ovnis: Investigó y comparó lugares del mundo donde no había penetrado la
psicosis ufológica con otros donde sí lo había hecho; la conclusión fue clara: en
países donde los ovnis no forman parte del constructo cultural, no existen casos de
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avistamientos». || M ■ ’ ¡ imi.< <■’B •-*<*.- ■ ''

Pese al estimulante e importante aporte de Michel Monnerie, existían una serie


de interrogantes a las cuales sus ideas no podían responder de manera convincente:
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1. El desconocimiento de muchos testigos de la casuística ovni, que, pese


a ello, aportaban experiencias similares (en estructura) a las de otras
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personas.

2. Las evidencias físicas y rastros asociados a muchos encuentros ovnis.

3. La existencia de múltiples testigos.

4. Y que, en muchos casos, el estímulo visual que inicia la supuesta


ensoñación propuesta por Monnerie no estaba nada claro. Sobre todo, en
los episodios a corta distancia producidos a plena luz del día, con el
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avistamiento de un objeto y humanoides, donde es más .difícil, por la poca 1


distancia y la propia claridad de la observación, llevarse a equívocos por
referentes mundanos —lo que, por ejemplo, puede suceder en plena noche
con la sola visión de una luz en el cielo.

Una resurrección inesperada

Pese a que la paraufología abrió un horizonte esperanzador para el estudio de los


ovnis, las numerosas hipótesis surgidas de estos pensamientos volvieron a dejar el
asunto en un limbo indeterminado donde todo parecía explicado, pero en realidad
todo quedaba más o menos igual que antes de la «revolución». Y es que muchos
investigadores siguieron defendiendo los viejos postulados, pero disfrazándolos
con los nuevos ropajes ideológicos. Tras admitir el origen extradimensional de los
platillos volantes, un buen grupo de ufólogos creían haber resuelto por fin todos los
cabos sueltos del enigma, ya que bajo el manto de «otras dimensiones» o «universos
paralelos» cabían, al parecer, casi todas las posibilidades.
Ahora se reinterpretaba/explicaba toda la fenomenología extraña asociada
a los ovnis (alteraciones temporales, diferentes tipologías, comportamientos
absurdos) como resultado de los impredecibles efectos colaterales de la entrada
de estos seres en nuestro universo. De esta forma, los hipotéticos visitantes
extraterrestres, «etiquetados» ahora como entidades, sistemas de control,
ultraterrestres o humanos del futuro, se dedicaban a hacer algo muy parecido,
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cuando no lo mismo, de lo que supuestamente hacían los extraterrestres, pero con


un toque «mágico».
El ufólogo Stanton Friedman, en una entrevista personal (2014), me confesó
a
que: «Yo estaría asombrado si los extraterrestres no estuvieran mucho más
avanzados que los terrícolas en hacer uso y en la comprensión de aspectos
paranormales tales como control de la mente, poder atravesar paredes, etc. Un
factor clave es reconocer que el progreso tecnológico está asociado a hacer las cosas
de manera diferente, de una manera impredecible». Mas evidentes aun son las
conclusiones de Antonio Ribera en su libro Encuentros con Humanoides:
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Hay casos en que el humanoide es claramente una teleproyección inmaterial
o un holograma. [...] En estos casos, nos enfrentamos a un aspecto particular
de lo que yo llamo «tecnología cósmica o galáctica». Mediante esta técnica,
hay intrusiones de humanoides en casa habitadas por seres humanos. (O
técnicas de materialización-desmaterialización que se nos escapan). El hard
UFO (ovni solido material), opuesto al soft UFO (ovni blando, inmaterial), se
resuelven así, armónicamente, en una unidad superior, dependiente de un
nivel tecnológico capaz de realizar esto que, en otros tiempos, se hubiera in­
terpretado como algo «mágico» o «milagroso».

Además, imbuidos en un autoengaño flagrante, se permitían corregir a sus


predecesores, tal y como hacía Antonio Ribera, cuando afirmaba que: «La visión
I. I I : '
simplista de pioneros como el mayor Keyhoe, por ejemplo, se armonizaría con
las tendencias modernas, parapsicológicas y ultradimensionales, de un Vallée o
un Keel. La “transmogrificación" de este último no sería más que un logro
tecnológico y “normal"». Así de fácil. Y es que, adjudicando unas propiedades
casi mágicas e incognoscibles a la tecnología de nuestros visitantes espaciales se
abría un puente éntre los viejos postulados y los nuevos, para que todo el asunto
• • • • y • • *

de los ovnis fuera reconducido de nuevo al mismo «redil». Y, por si fuera poco,
este inmovilismo intelectual, tampoco podemos olvidar que también tenemos a
otro grupo nada desdeñable de investigadores que se limitaron a repetir una y
otra vez, como mantras, las conclusiones arrojadas por los años dorados de la
paraufología, rodeados de fotocopias, sin contribuir con ningún avance sustancial
y considerando que estos aportes eran definitivos y casi «sagrados».

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El «no avance» del avance í. -W.


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Aunque pueda parecer lo contrario, la mayoría de los planteamientos teóricos


surgidos al calor de la paraufología apenas lograron aportar luz al principal y
más importante enigma propuesto por el cuerpo fenomenológico de los ovnis
¿Qué eran estas manifestaciones y qué pretendían? Y es que, bajo el indefinido
paraguas del posible origen interdimensional del fenómeno, una de las premisas
de la paraufología, se pretendía explicar de un plumazo el gigantesco galimatías
acopiado por los investigadores a lo largo de las décadas en forma de interminables
y desconcertantes informes de peculiares encuentros con naves desconocidas
(anomalías temporales, comportamientos absurdos, infinitas morfologías). Pero,
evidentemente, como se ha comprobado en capítulos anteriores, la mayoría de
los incidentes con ovnis se rigen por una caótica y absurda puesta en escena
que no puede explicarse tan fácilmente, aunque estos seres procedan de universos
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paralelos o del futuro. Los casos son los que son, independientemente de su

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origen. La casuística sigue siendo una sucesión de relatos sin «pies ni cabeza».
Además, como nota significativa, hay que señalar que el fenómeno no nos trasmite
ningún tipo de conocimiento digno de mención, ni de carácter científico, religioso
o filosófico. Y es que, cuando decimos que muchos incidentes ovnis son absurdos
y que parecen una auténtica locura, no es porque, como defienden algunos
investigadores, los testigos sean incapaces de interpretar un «comportamiento»
que se escapa a nuestro raciocino debido a que son seres que nos llevan años
de «evolución». No nos dejemos engañar por esta premisa ampliamente aceptada.
Estos episodios a los que nos referimos son perfectamente interpretables desde
|.,h Tk ‘i ’

nuestra óptica. Son un «sinsentido» compuesto por una inagotable variación de


elementos visuales y narrativos relacionados con la visitación extraterrestre. No se
puede obviar, tan a la ligera, que estamos enfrentados a un complejo paradigma
de amplias ramificaciones psíquicas, donde el testigo quizás sea la pieza más
importante para comenzar a decodificar esta ecuación.
Y vamos a empezar a descifrar este enigma buscando «fuera» del universo de
los platillos volantes algunas claves para nuestro estudio... Es hora de salir tras la
pista de duendes, fantasmas, bestias peludas y apariciones mañanas...

- Nota del editor: El titulo original completo es The secret commonwealth; or an essay on
the nature and actions of the subterranean (and for the most part) invisible people heretofoir

going under the name of faunes and fairies, or the lyke, among the low country Scots, as they

are described by those who have the second sight; que viene a significar lo siguiente: «La
comunidad Secrctaj o un ensayo sobre la naturaleza y las acciones de la gente subterránea (y
en su mayor parte) invisible que de aquí en adelante vanbajoel nombre de faunas y hadas, o
el lyke, entre los escoceses de los países bajos, como son descritos por aquellos que tienen la
segunda vista».
CAPÍTULO 4: . M1

ENTRE DUENDES,
FANTASMAS, BESTIAS
PELUDAS Y APARICIONES MARIANAS
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tr
FUERA DE NUESTRA REALIDAD

Es curioso, pero los investigadores de anomalías pocas veces sacan las narices de
sus respectivos archivos y carpetas, es decir, de la especialidad que han elegido
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(ufología, parapsicología, criptozoologia, marianología), para leer o interesarse por
U¡sK W ¡fe
lo que recopilan otros estudiosos de lo heterodoxo, que, con el mismo afán y
ahinco, incluso mas que el suyo, buscan y se desesperan por encontrar una solución
al mismo misterio, pero desde ópticas aparentemente enfrentadas. Y es que casi
todos los implicados en estas cuestiones se dejan engañar por las «apariencias»
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de estos fenómenos, que parecen indicar que se hallan ante ecuaciones similares,
pero con diferentes resultados. Pero esto es totalmente incierto. Solo analizando
y revisionando en profundidad los distintos paradigmas asociados a la visión
de enigmáticas «entidades» a lo largo de la historia podremos salir de este
interminable laberinto. Y, aunque destacados investigadores han abierto las
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puertas para esta confrontación definitiva de enigmas, no han llegado al fondo del
asunto, engañados, una vez más, por las apariencias; sin percatarse que más allá de
las analogías evidentes, que tan solo representan las primeras capas del misterio, en
el fondo subyace una de las claves más importantes para comprender el misterio de
los ovnis... lo que nuestros ojos nos ocultan...
7.- VISITANDO EL MUNDO DE LAS HADAS

La primera vez que vi a las hadas muy vividamente yo estaba solo, acostado
en una ladera, en el Condado de Sligo, en el Oeste de Irlanda. Había estado
escuchando música en el aire y lo que parecía ser sonido de campanas, y tra-
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taba de entender estos repiques en los que el viento se entrechocaba en un
argentino sonido musical que se modificaba constantemente. Fue entonces
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Esto se lo relató un testigo al folclorista Walter Evans-Wentz, autor de un libro


titulado The Fairy Faith in Celtic Countries (1911), una obra en la que intentaba
dar una explicación a visiones como esta, donde personas con gran sinceridad
relataban encuentros cercanos con hadas y seres elementales, muy presentes en las
tradiciones celtas. Wentz, que pensaba que estas visiones obedecían a fenómenos
muy reales, exponía que «las hadas son entidades reales, de una naturaleza cuasi-
física, y poseen la capacidad de acción autónoma: sin embargo, su capacidad de
ser percibidas —y tal vez de carácter completamente físico en su existencia—,
depende de algún proceso mental subconsciente por parte del perceptor. Por lo
tanto, se las verá cuando el perceptor se halle en un estado especial de consciencia,
como el sueño, el trance o el éxtasis. En tales estados, el perceptor logró penetrar
en un plano paralelo de la realidad, en el cual se imagina que estas entidades
tienen existencia». Wentz había llegado a unas conclusiones muy interesantes en
su erudito estudio y, aunque no dudaba de la realidad de estas experiencias, sí era
consciente de que se producían en un marco diferente de la percepción humana
normal:

1. El país de las hadas existe en un estado supernormal de la consciencia, en el


que hombres y mujeres, entran temporalmente en sueños, en trances o en
diversos estados de éxtasis. 1■ ,

2. Las hadas existen porque, en todos sus elementos esenciales, parecen ser
iguales a las fuerzas inteligentes que los investigadores psíquicos ahora ya
reconocen, ya sean, pues, unidades colectivas de la consciencia similares a
lo que William James llamó «sustancia del alma», o unidades más indivi­
dualizadas, parecidas a las apariciones verídicas.

•i- .
Wentz había comprobado que muchos de estos relatos de apariciones de seres
mitológicos entraban de lleno en el mundo de lo onírico, aunque él pensaba, al igual
que sus perceptores, que tenían una base real.
Evans-Wentz realizo un amplio trabajo de campo etnográfico, entrevistando a
múltiples testigos de Irlanda, Gales, Escocia, Bretaña y la Isla de Man, que habían
tenido encuentros con hadas. Uno de sus informadores le permitió elaborar una
detallada descripción de estos seres:

Esta gentecilla es magnífica, la mejor que yo conozco. Son muy superiores


a nosotros, y por esto se llaman a sí mismos el Pueblo. No son una clase
trabajadora, sino una clase militar y aristocrática, altos y de noble aparien­
cia. Constituyen una especie distinta intermedia entre la nuestra y la de los
espíritus, según me han confiado. Sus poderes son tremendos... «Podríamos
eliminar a la mitad de la especie humana, pero no queremos hacerlo — dicen
— porque esperamos la salvación». Y yo conocí a un hombre, hace tres o
cuatro años, al que ellos dejaron paralizado. Tienen una vista tan penetrante
que, creo, es capaz de atravesar la tierra. Su voz es cristalina y hablan rápi­
damente, pero con dulzura. El Pueblo vive en el interior de las montañas, en
hermosos castillos, y posee numerosas ramificaciones en otros países, espe­
cialmente en Irlanda. Algunos de ellos viven cerca de Dublín, en el monte
Wicklow. A semejanza de los ejércitos, tienen sus cuarteles y van del uno
al otro. Mi guía e informante me confió en una ocasión que él mandaba un
regimiento. Viajan mucho y pueden aparecer en París, Marsella, Ñapóles, Gé-
nova, Tunn o Dubhn como personas corrientes, y hasta en grupos. Sienten
especial predilección por España, el sur de Francia y la Europa meridional.
El Pueblo demuestra un gran interés por los asuntos de los hombres y siem-
pre se ponen de parte de la justicia y el derecho. A veces pelean entre ellos.
Raptan a personas jóvenes e inteligentes que les interesan. Se apoderan de
ellos en cuerpo y alma y metamorfosean a aquellos en uno de los suyos.
Una vez le pregunté si se hallaban sujetos a la muerte y me contestaron
negativamente, diciendo que se mantenían siempre jóvenes. Cuando alguna
de las personas raptadas por ellos prueba su comida ya no puede regresar.
Nunca comen nada salado, únicamente carne fresca y agua pura para beber.
Se casan y tienen hijos. Y cualquiera de ellos puede contraer matrimonio con
una mujer mortal buena y pura. Pueden aparecerse bajo distintas formas.
Una vez se me apareció uno que apenas tenía un metro de altura y era de
complexión robusta, pero me dijo: «Soy mayor de lo que tú ahora me ves. Po­
demos rejuvenecer a los viejos, empequeñecer a los grandes y engrandecer a
los pequeños».

Wentz anotó un detalle muy interesante en su estudio. Aunque los encuentros


con estos seres eran muy frecuentes a principios del siglo xix, y su tradición
oral conservaba vivo el mito, con la irrupción de la era industrial, o sea, de
la modernidad, estos incidentes fueron desvaneciéndose paulatinamente. Wentz
indicaba que la creencia en las hadas había sido relegada al terreno de los cuentos
populares y leyendas. Este último dato también es vital para nuestras pesquisas.
Parecía que el número de creyentes influía de alguna manera en la existencia del
fenómeno...

La «segunda vista»

Resulta extremadamente curioso que algunos expertos, como Evans-Wentz, para


explicar el fenómeno de las hadas y los seres elementales, hayan llegado a la
conclusión de que la mente de los testigos debe encontrarse en un «estado especial»
para poder observar a estas entidades. Esto es interesante, ya que se establece una
notoria diferencia en lo que respecta a la visión ordinaria de las cosas, admitiendo

que estas manifestaciones se producían dentro de «otro» tipo de «realidad». Wentz
estaba admitiendo que estos seres sobrenaturales, aunque «residían» bajo las
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colinas dentro de hermosos palacios, no eran accesibles para todo el mundo, ya
que no todas las personas eran capaces de verlos. De igual forma, el reverendo
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Robert Kirk, autor del libro La Comunidad Secreta, en el lejano Siglo xvn, también
había comprendido este detalle fundamental, al indicar que los testigos que tenían
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encuentros con hadas y seres elementales poseían un «don», denominado como
«segunda visión», que les permitía entrar en contacto con ellos. Kirk llegó también
a definir la existencia de estas criaturas:

Estos sith ' s o fairies, como sluagmaith o la buena gente, (...) se dice de ellos
que su naturaleza se reparte, a partes iguales, entre la del hombre y la del
ángel (como se pensaba de los daemones de antaño), que su temperamento
es inteligente y solícito, y que sus cuerpos ligeros y cambiantes (como los
denominados astrales), tienen algo de la naturaleza de la nube condensada,
viéndose mejor a la hora del crepúsculo. Estos cuerpos son tan mudables, a
causa de los sutiles que son los espíritus que los animan, que éstos pueden
hacerlos aparecer y desaparecer a voluntad.
.. .. L
Además, añadía que estas visiones eran comunes en muchas partes del mundo.
Dado que en todos los países y épocas han sido referidas historias paralelas de
este oculto pueblo (que no son cuentos de viejas), resulta igual de necesario para
nosotros conocer en extensión sus modos de ser y de vivir.

Y al igual que le ocurrió al bueno de Gary Wilcox con sus visitantes marcianos,
a los seres elementales les gustaba profesar nefastas profecías a los aldeanos: «Estos
seres salen con mucha frecuencia de sus moradas para hacer presagios o escarnio
de los sucesos funestos y trágicos». Pero Kirk insistía en su escrito que solo unas
determinadas personas podían ver estos seres:
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Los hombres que poseen la Segunda Vista superan la visión ordinaria de los
restantes hombres. En algunos se trata de una capacidad innata heredada de
sus ancestros, mientras que los demás la han adquirido como un perfeccio-
namiento artificial de su vista natural.

Y curiosamente, este mismo concepto, aunque, con otras palabras, ha sido


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expuesto para explicar las visiones de ovnis en nuestros tiempos...


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Entre enanos cabezones, «marcianos» y anillos de hadas


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Antonie Leroux de Lincy, en su Livres des Légendes (1836), recogía varios mitos
escandinavos en los que los elfos eran descritos como seres de gran cabeza, piernas
diminutas y brazos desmesurados. Además, eran inteligentes, hermosos, sutiles,
atrevidos, muy inteligentes y tenían cualidades sobrehumanas. Vivían bajo tierra
y gustaban de trabajar los metales para fabricar armas. Y, por si fuera poco, tenían
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una voz dulce y melodiosa. Leroux afirmaba que a estos seres se les atribuía la
creación de los círculos verdes brillantes, llamados «elf- dans», que a veces se veían
en mitad de los prados. «Incluso hoy día, cuando un campesino danés descubre
uno de estos círculos al amanecer, dice que allí han ido los elfos a bailar durante la
noche».
Esta tradición sobre los famosos anillos de las hadas se halla también en el
texto de Wentz, en el que narraba como un campesino y su hija le mostraron uno de
estos supuestos círculos mágicos, mientras le explicaron lo siguiente:

Sí. Las hadas existen, y aquí se las ha visto bailar con frecuencia. La hierba
nunca crece a gran altura en los bordes del anillo, pues solo la más fina y
corta crece en este lugar. En el centro hay un círculo de setas de las hadas, en
las que éstas toman asiento. Son muy menuditas y les deleita cantar y bailar.
Llevan ropa verde y a veces chaquetas y gorros rojos.

El escritor Édouard Brasey, en su libro Nains et gnomes (Enanos y Gnomos,


2000) decía que «en Escocia, \os fairies se consideran enanos peligrosos. Durante las
noches sin Luna se reúnen en el páramo para bailar: La hierba que pisan se marchita
inmediatamente y para siempre».
Es interesante señalar que en los aterrizajes ovnis que se producen sobre
vegetación se registran efectos similares a los descritos por los folcloristas. Los
platillos volantes suelen dejar marcas circulares y anillos de diferentes diámetros,
además de la hierba marchita- Desde el año 1968, el ufólogo Ted Phillips ha
recopilado un amplio muestrario de incidentes ovnis, denominado TRAC AT (Trace
Catalog), que documenta todo tipo de evidencias físicas tras la aparición o aterrizaje
de un ovni. Según Phillips:

El anillo es quizás el tipo más interesante de rastro físico reportado. Los


anillos son encontrados quemados, deprimidos o con plantas o tierra deshi­
dratadas. Varían de 0,58 m a 16,1 m en diámetro, y solo el perímetro exte-
rior o una estrecha banda están dañados. El suelo circundante y central esta
normal.
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Aunque es preciso indicar, como afirma Phillips, que en muchas ocasiones solo
una parte de la vegetación, la que ha estado bajo la superficie del objeto, parece
haberse visto afectada por el fenómeno, ya sea mediante depresión mecánica,
quemadura, desecación o abrasión. En una granja cerca de Delphos, Kansas, el 2 de
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noviembre de 1971 ocurrió un espectacular incidente con reminiscencias al
mundo de las hadas. Ronnie Johnson, un joven de 16 años, estaba cuidando las
ovejas con su perro, cuando alrededor de las 19:00 horas escuchó un ruido sordo. Al
mirar hacia arriba contempló, a unos 22 metros de distancia, un objeto muy
brillante compuesto por muchas luces de colores. La luz era tan intensa que no
podía distinguir la forma del artefacto, aunque pudo comprobar que era pequeño y
tenía forma de «seta». Ronnie dijo a los investigadores que el objeto tenía 2,70
metros de ancho y unos tres metros de altura. Descendió hasta situarse a sesenta
centímetros de la nieve. En ese momento, la parte inferior del artefacto era más
brillante y sonaba como una «lavadora». El perro del testigo estaba inmóvil,
mientras que las ovejas estaban alteradas. Curiosamente se anotó que los animales
tuvieron secuelas tras el incidente: el perro tenía miedo a salir de noche y las ovejas
estuvieron muy nerviosas durante días. Tras unos cinco minutos de observación, y
tras intensificarse de nuevo la luz inferior, el ovni se elevó en su desplazamiento
lateral y estuvo a punto de colisionar con un cobertizo cercano. La luz emitida por
el objeto fue tan brillante que dañó la visión del testigo. Después de que el artefacto
desapareciese en el firmamento, Ronnie y sus padres examinaron la zona donde el
ovni había aterrizado. Estupefactos, hallaron un anillo brillante en el suelo, además
de otras zonas que brillaban en los árboles cercanos. Al tocar las huellas, los padres
de Ronnie Johnson dijeron que estaba fresca y sus dedos se entumecieron durante
varios días. Al día siguiente, un periodista del Delphos Republican dijo que: «Al llegar
a la escena, supe al instante que algo había dejado evidencia de que había estado
allí». Y es que, pese a las lluvias recientes, la zona del anillo estaba seca, sin barro, y
los árboles de los alrededores presentaban daños como si algo hubiera aterrizado
allí. Tiempo después la nieve permanecía en la zona del círculo mientras que la del
l'i' f
exterior se derretía. En su libro Crónica de otros mundos (1988) Jacques Vallée
publicó los resultados de un análisis que había obtenido de unas muestras del
anillo:

La sustancia blanca resultó ser fibras... de naturaleza vegetal y pertenecían


a un organismo del orden de los actinomicetáleos, el cual es un organismo
intermedio entre las bacterias y los hongos. (El biólogo francés que lo identi­
ficó, y que me rogó que no se mencionara su nombre en este libro, determinó
que el organismo pertenecía a la familia de los actinomicetáceos y al género
Nocardia). Tal organismo se encuentra con frecuencia junto con un hongo
•• • -rrí6**”*** •“ ” r’ ■••’•'■ ■ •-- ? -r~r<w<jhW<^.:.>.

del orden de los bacddiomicepeos, que pude emitir luz bajo ciertas condicio­
nes. Dicho hongo puede causar una figura circular, la cual es visible en la su­
perficie del terreno.

Vallée pensaba que el «crecimiento» de este hongo en la zona pudo estar


motivado por la presencia del ovni Por su parte, Ted Phillips llevó a cabo otro
análisis en el año 1999, y la doctora Phyllis Budinger encontró una concentración
inusualmente alta de ácido oxálico. El informe de Budinger incluyó una posible
explicación de la existencia de ácido oxálico en la muestra, ofrecido por su colega, el
Dr. Robert J. Mooney: «El escape de una ionización de baja temperatura o motor de
combustión (cuya fuente de energía era el carbón elemental) podría dejar una alta
concentración del ácido junto con otros ácidos de bajo peso molecular».
Jacques Vallée era un ferviente admirador de las investigaciones de Wentz, y,
como tal, se consideraba un continuador de sus pesquisas, tal y como dejó patente
en Pasaporte a Magonia:

Hemos examinado ya varias historias de secuestros e intentos de secuestros


por los ocupantes de los platillos voladores. Estos episodios son una parte
integral del problema total de los ovnis y no pueden ser resueltos por sepa­
rado. La evidencia histórica, recogida por Wentz, por otra parte, una vez más
apunta en la misma dirección. Este tipo de creencia en las hadas que eran
capaces de llevarse a la gente era muy común y existe todavía en un buen
número de partes del oeste de Irlanda... Las buenas personas son vistas a
menudo allí (señalando a Knoch Magh) en grandes multitudes, jugando a las
escondidas y a la pelota. Y uno ve a menudo entre ellos a los jóvenes y niños
que han sido tomados (énfasis en el original).
-4 •• ' I • '**«’- ’M. - .TTSl^^z "** ■ ' t: r

Évans-Wentz habló coh im sacerdote irlandés que le dijo: «La mente de una
persona que sale del reino de las hadas tiene un espacio en blanco respecto a lo que
ha visto o hecho ahí».
Por tanto, Vallée defendía que la creencia actual en los ovnis era una
persistencia moderna, una transmutación de antiguos mitos reactualizados bajo la
óptica de una sociedad imbuida por la tecnología y la ciencia ficción, en la que era
más «asimilable» el encuentro con irnos hipotéticos astronautas de otro mundo,
al girar con tu automóvil en una curva del camino, que alumbrar con tus faros
j
a un grupo de dulces y delicadas hadas. De hecho, Vallée decía en su libro que
«existían pocos lugares donde se podía ver a las hadas, incluso en Gran Bretaña o
Francia, después del año 1850. Todos los narradores, todos los registros populares,
, i'.' ¡'lulíWhW
coinciden en que, a medida que avanzaba la civilización, las gentes pequeñas se
volvían cada vez más tímidas».
El archivero René-Francois Le Men publicó un libro titulado Traditions
et superstitions de la Basse-Bretagne (1870/1872), en el que recogía viejas
descripciones de una raza objeto de infinitas leyendas, los «enanos»:
■ i"
Los Enanos forman en cierto modo la transición entre el hombre y los seres
sobrenaturales. Al igual que él, nacen y mueren en la tierra, donde viven en
sociedad y bajo la autoridad de un jefe único. Están conformados igual que
los hombres, de los que sin embargo no son sino caricatura. En efecto, sobre
un cuerpo negro, muy pequeño y mal hecho, llevan una cabeza enorme y ho­
rrible, pero están dotados de una fuerza sin límites.
El especialista Édoudar Brasey, en su citada obra, aseguraba que «sea cual sea
su origen, real o sobrenatural, elemental o demoniaco, los enanos fabulosas existen,
con nombres diferentes, en todos los países y todas las culturas».
Y una prueba de esto es que, en lugares muy alejados de Europa, como
México y Guatemala, existen tradiciones casi calcadas sobre la existencia de seres
intermedios entre los humanos y los dioses. La doctora en antropología Nancy
Beatriz Villanueva, en su estudio «La concepción de los aluxes, según nmos
de ascendencia maya yucateca» (2014), describía a los «aluxes», unas criaturas
mitológicas de la cultura maya:

En cuanto a su fisonomía, los describen como niños traviesos con la estatura


de uno de 3 a 4 años de edad, pero con apariencia de adultos o viejos. Para
algunos, llevan barba larga y una corona en la cabeza (Smailus, 1976:219).
Según otros, visten como campesinos mayas; usan alpargatas, sombrero, es­
copeta, tirahule, hacha, coa, machete, y los acompaña un perro (Villa Rojas,
1995:183; De Ángel García, 2007:142). Con relación a su constitución física,
todos los especialistas en el tema concuerdan en que los milperos mayas
conciben a los aluxes como vientos (ik’oob). Por esto mismo, consideran que
es común oírlos por el ruido que hacen mientras trabajan, cuando dejan caer
objetos, o cuando tiran piedras a intrusos que entran al sitio custodiado por
ellos; sin embargo, también se les puede llegar a ver como sombras. Otra
coincidencia es que su función es precisamente cuidar los terrenos en cul­
tivo y los solares de posibles ladrones. Las diferencias más importantes radi­
can en la explicación de quiénes son estos seres diminutos, cuál es su origen
y lugar en la cosmogonía maya, y su relación con los dioses. En la informa­
ción que transmiten e interpretan los mayistas podemos distinguir, aunque
no con toda claridad, dos concepciones. Una de ellas los mira como formas
animadas de los antiguos ídolos mayas creados por h-meno'ob y chilamo’ob
mediante procedimientos mágicos y rituales y con ayuda de los dioses. Estos
especialistas religiosos vertían gotas de su propia sangre en las estatuillas
para hacer visible la energía vital de sus antepasados, y así capturarla en las
estatuillas para dotarlas de vida y poder. Esta operación convertía a los alu-
xes en seres semisagrados, cercanos a los santos de la religión católica; los si­
tuaba entre los antepasados míticos y los dioses».

Estos seres habitaban en el interior de los montes, de noche hacían ruidos, y se


veían sus pisadas sobre el terreno o sus sombras. Villanueva decía que: «Además de
estar en el monte, estos seres también aparecen en casas deshabitadas, y en algunas

habitadas del pueblo. En este caso, se les describe como niños traviesos oue se
divierten importunando a las personas, tirándoles piedras o meciendo sus hamacas
cuando están durmiendo». ' il t' tór1
W'"
Pero si piensa, amigo lector, que no podemos dar una vuelta de tuerca a este
concepto, prepárese para conocer una sugerente y poco divulgada hipótesis que
•'L ¡I ’| l'h l'ítlj:' ' iv 1
pretende explicar las apariciones de difuntos...

■íiV
2.- FANTASMAS, TELEPATÍA Y EL
«MONTADOR ESCÉNICO»

Estaba justamente tratando de incorporarme para quedar casi sentada y re­


costada contra la almohada, sin pensar en otra cosa que en la rutina de las
tareas para el día siguiente, cuando, con asombro mío, vi parado a los pies de
la cama a un caballero que vestía uniforme de los oficiales navales y llevaba
una gorra de marino con visera muy prominente. Por la posición de la luz,
el rostro quedaba en la sombra para mí, lo cual se acentuaba a causa de que
el visitante permanecía con los brazos apoyados en la barra de la cama. Yo
estaba demasiado asombrada para sentir miedo, pero simplemente no com­
prendía qué podía ser aquello.
.... " 7 '’WW
Relatos como este, incluidos en el fantástico y revolucionario libro Apparitions
(Apariciones, 1943), del prominente parapsicólogo George Nugent Merle Tyrrell,
demuestran que las manifestaciones sobrenaturales protagonizadas por extrañas
«entidades» más frecuentes de la historia de la humanidad han sido los fantasmas.
Y es que prácticamente en cualquier cultura del planeta encontramos mitos y
leyendas asociados a la visión de difuntos. «Almas errantes» que han abandonado
por algún momento ese más allá para transmitirnos un mensaje, o, más
habitualmente, simplemente para causar estupor y asombro entre sus familiares o
las personas que los han contemplado vagar de un lado a otro sin aparente rumbo o
propósito... jjú jWúr

■.'ll
Hasta la fecha, la mayoría de los parapsicólogos están convencidos, al igual
que sus homólogos cazadores de platillos volantes, de que solo existe una
teoría plausible para estas manifestaciones. La que el fenómeno aparenta. O sea,
que se trata de los espíritus de los difuntos, que, por infinitas razones, han
interrumpido su tránsito hacia el más allá paraimanifestarse
’-.' ’’i^r
a los seres humanos.
Pero, casualmente, como tantos otros paradigmas extraños que nos rodean, los
fantasmas tienen una capacidad innata para no dejar pruebas de peso sobre su
existencia. Pero, ¿son estas visiones la prueba definitiva de que existe vida después
de la muerte? Aunque para responder a esta pregunta debemos tener en cuenta
ciertos condicionantes teológicos, como por ejemplo la creencia en la persistencia
del alma tras el fallecimiento del cuerpo físico, existen otras posibles respuestas
que podrían arrojar luz a este fenómeno sin tener que recurrir a la metafísica del
espíritu humano.
La parapsicóloga Hebe Novich-Hemández, en un reporte titulado «Fantasmas y
aparecidos» (2000) decía:

Las diversas corrientes espiritualistas mantienen, en líneas generales, que


una contraparte anímica abandona el cuerpo tras la muerte, errando por una
especie de mundo intermedio durante un período de tiempo variable, sin ad­
vertir, por lo general, que son ajenos al mundo físico, y apareciéndose a los
vivos en ciertas circunstancias. Otros pretenden que los fantasmas son una
ilusión o disfraz que adoptan los desencarnados con el fin de manifestarse a
los vivos. Esto explicaría, entre otras cosas, por qué aparecen con el mismo
aspecto y ropas que lo caracterizaban durante la vida: pero esta hipótesis
interesante, como otras propuestas, no ha resistido la validación científica
definitiva, aceptada por todos, por lo cual, en el actual estado del cono-
□miento; las apariciones no bastan por sí solas para sustentar científica­
mente la sobrevivencia después de la muerte. Además, muchos opinan que
ésta difícilmente explicaría las numerosas apariciones de animales domes­
ticados y salvajes, autobuses, automóviles, trenes, barcos y otros muchos
objetos: e incluso las de ejércitos completos, batallas y otros acontecimientos
que surgen ante los testigos de la misma manera, aunque con bastante
menos frecuencia, que las figuras humanas. Sin embargo, estos argumentos
tampoco tienen comprobación científica y solo se trata de una especulación,
por lo que algunos han propuesto que toda esa representación puede ser sim­
plemente la simbologí a habitual en la psiquis humana que produce por ideo-
plastia la representación de lo que se piensa.

'W' ■ 4''
Sobre «marcianos» y «aparecidos»

En su magnífico libro, Tyrrell nos ofrecía una serie de pistas muy interesantes que,
obviamente, son ignoradas en los modernos opúsculos de los parapsicólogos que
prefieren adherirse a la teoría clásica —no les recuerda algo esto—. Pero vayamos
por partes. Tyrrell diseccionaba el fenómeno de las apariciones con maestría y una
de sus principales conclusiones era que los «fantasmas» no son entidades físicas,
aunque se comportaban como si «realmente» lo fueran, imitando a la perfección
el comportamiento de una persona viva. Además, en las conclusiones de Tyrrell
hallamos algunos vínculos muy interesantes con nuestras modernas apariciones
de «marcianos»:

Las pruebas que hacen que nos inclinemos a favor del carácter no físico de las
apariciones provienen de las siguientes circunstancias:
,ir , ■j.'íi 4 4 /
A-Aparecen y desaparecen en habitaciones cerradas con cerrojo [los
extraterrestres pueden acceder al interior de las casas de la misma forma].

B. Se desvanecen mientras se les está observando [otra cualidad de los ovnis y


sus ocupantes].
'/■ .■ ■
.Uüji.-, ’i¿f ’• Y
C. Algunas veces se hacen transparentes y se esfuman gradualmente [en
algunos episodios ovni los testigos hablan de que estas entidades
''W jí';
desaparecen poco a poco, o que se desvanecían cómo la imagen de
un antiguo televisor; este efecto también se anota en las apariciones
marianas]. I,'l
fe 1 *
. . . % ü.1
D. A menudo son vistas u oídas por algunos de los presentes, pero no por todos
‘j'i1'1 i1 ■ 'Nlf 1 ■
[este detalle es, prácticamente, inherente a todas las entidades anómalas,
desde las apariciones de la Virgen hasta un platillo volador].

E. Desaparecen, como si dijéramos, en las paredes y en las puertas cerradas, y


pasan a través de los objetos físicos [otro detalle anotado en encuentros con

'[Link]

En los dos siguientes puntos, sobre todo en el F, encontramos la diferencia clave


entre los alienígenas y los supuestos «prófugos» del más allá, una diferencia que
tiene su lógica, como se verá en próximos capítulos.

1
I
A. Algunas personas han puesto sus manos en ellas, sin conseguir tocarlas,
jr otras han caminado a través de la aparición sin hallar la mínima
resistencia.

A. No dejan huellas físicas de su presencia |con ciertos matices también la


hallamos en el fenómeno ovni!.
• 'ilniB... Jtói- .iM. -afi’. a.

Pero podemos seguir encontrando paralelismos entre los fantasmas de Tyrrell


y los ocupantes de los ovnis. Para el parapsicólogo, el retrato robot de una
«aparición perfecta» sena el siguiente, en comparación con una persona presente:
' Vi-

1. Ambas figuras resaltan en el espacio y aparecen igualmente nítidas, cla­


ras y sólidas (el Fantasma y la Persona). 2. Se puede andar en torno a la
aparición, verla desde cualquier ángulo y distancia, sin descubrir ninguna
diferencia con la persona real. 3. Ambas figuras se verán con la misma
nitidez o dificultad según las condiciones de luminosidad sean buenas o
malas. 4. Las dos oscurecerán o taparán el fondo. 5. Si nos aproximamos a la
aparición, la oiremos respirar y escucharemos el ruido de sus movimientos.
6. Ésta se comportará como si advirtiese nuestra presencia, mirándonos de
un modo natural y volviendo la cabeza para seguir nuestros movimientos. 7.
Podremos sentir su frío contacto si se nos aproxima y ver reflejada su ima­
gen en un espejo. 8. Puede hablarnos e incluso responder a alguna pregunta,
aunque es difícil que mantenga una conversación larga. 9. Si cerramos los
ojos o volvemos la cabeza, dejaremos de verla como ocurriría con la persona
normal. 10. La aparición puede llevar otros accesorios, además de sus ropas,
y estar acompañada por animales y otras figuras humanas. 11. Podemos
verla y oírla recoger un objeto o abrir una puerta, pese a que físicamente
ninguno de estos se haya movido. 12. Si intentamos asirla, puedesucedgr
que la manó pase a través de la misma, sin hallar resistencia, que suframos la
alucinación de tocar su superficie o bien que desaparezca. 13. A veces, la apa­
rición no imita perfectamente el comportamiento de una persona normal, y
hasta puede hacerse ligeramente luminosa. 14. Por el contrario^ la aparición
perfecta no suele causar efectos objetivamente mensurables, ni abre puertas
ni es fotografiada, aunque esta característica, como las anteriores, está su­
jeta a excepciones.

Y es que, como el propio estudioso admitía, este despliegue de detalles era una
forma que tema el fenómeno de demostrar al testigo que era «real», que el difunto
estaba allí presente desplegando su lúgubre mensaje de ultratumba. Según Tyrrell,
los fantasmas eran capaces de reflejarse en los espejos y proyectar sombras; los
objetos tapaban su imagen, eran tridimensionales, se les oía respirar, reaccionaban
ante la presencia de los testigos, eran escuetos cuando hablaban, se comportaban
como si conocieran la estancia, a veces eran luminosos, evitaban ser tocados,
aunque cuando los testigos lo lograban hablaban de un «tacto frió», además, los
animales percibían su presencia normalmente con muestras de temor y al andar
hacían ruido pero no dejaban huellas. Por otro lado, como curiosidad, Tyrrell
apuntaba que, en ocasiones, las apariciones subían y bajaban escaleras imitando
deliberadamente el comportamiento humano. Por si fuera poco, en algunos
sucesos, la aparición podía ir acompañada de objetos (bastón, paraguas), animales
(perro, caballo) incluso de un «escenario» que puede superponerse al entorno real.
Otro detalle que no podemos pasar por alto es que, según el completo estudio de
Tyrrell, las apariciones pueden interaccionar con los objetos que se hallen en su
entorno, aunque lo hacen de forma «teatral», no de forma física; o sea, el testigo
verá como el fantasma coge un cubo o abre una puerta para marcharse^ pero no será
más que una escenificación, la puerta real y el cubo real no se mueven en ningún
momento. Tyrrell quería alejarse en su tratado de las creencias generalizadas
de la época y comenzaba a vislumbrar cuál era su teoría sobre estas masivas
manifestaciones.

La visión «alterada»

Al igual que Evans-Wentz, y nuestros modernos detectives ufologicos, Tyrrell


pronto comprobó que la percepción de estos fenómenos se producía bajo unos
parámetros distintos a los de la visión normal. El conocido filósofo alemán Arthur
Schopenhauer en su Versuch über das Geistersehn und was damit zusammenhangt
{Ensayo sobre las visiones de fantasmas, 1851) decía que:

La creencia en los fantasmas es innata en el hombre: se encuentra, en toda


época y país y quizás, ningún hombre esté libre de ella. [...] En el caso de
que no tengamos experiencia propia sobre este tipo de percepciones, las po­
demos encontrar en los sonámbulos, que sumidos en el sueño perciben el
entorno, y la clarividencia de estos cuando ven lo lejano y lo futuro. Por lo
tanto, mientras se está dormido se pueden intuir imágenes provocadas por
estímulos internos que pueden ser vacías sin relación con el exterior, o sig­
nificativas y que tienen que ver con el mundo exterior, empírico- real, pero
el ojo con el que vemos los sueños puede abrirse en la vigilia. Aquí, dentro de
esta clase de imágenes con significado, intuidas por el órgano de los sueños
y en estado de relativa vigilia, es donde entran las visiones de fantasmas.
[...] La visión alcanza el grado más elevado de verdad objetiva y real, reve-

I '.II Llililliili 1:1, I -lililli Jl.'llll


lando así una forma dé nuestra relación con el mundo exterior totalmente
diferente de la manera física ordinaria. Es realmente un perfecto sueño en la

Por su parte, el psicoanalista Cari G. Jung, en su libro Memo ríes, Dreams,


Reflections (Recuerdos, sueños, pensamientos; 1956) exponía que: «Aun cuando
existen casos perfectamente dignos de crédito, queda en pie la cuestión de si el
fantasma o la voz se identifican con el muerto o son una proyección psíquica, y si la
declaración procede realmente del muerto o quizás se origina en el saber existente
en el inconsciente».
En uno de los casos expuestos en la obra de Tyrrell se describía claramente la
existencia de una visión «sobrenatural» en una mujer que se topó con el fantasma
de su progenitor: «La percipiente, junto con otras dos personas, ve a su padre
montado a caballo y agitando el sombrero. "Cuando mi padre agitaba su sombrero
—dice en su relato— pudo ver claramente la marca de Lincoln y Bennet en su
interior, aunque desde la distancia a que estábamos era completamente imposible
que lo viera”». Además, Tyrrell abundaba en este aspecto, al resaltar que en muchos
sucesos los testigos afirmaban que el rostro del aparecido presentaba mayor grado
de detalles que incluso el recuerdo que tenían en la memoria. A modo de ejemplo
comentaba el incidente de Lady Troubridge, que tuvo una visión de una amiga viva
que se presentó primero en «espíritu» y después en cuerpo físico a una cita. La
asombrada testigo dijo que: «Me di cuenta de que había percibido los detalles de un
modo tal que entonces pensé, y todavía sigo creyéndolo, que excedía mis facultades
visuales normales a esa distancia». Para Tyrrell esto era inequívoco de que la visión
de estas apariciones se producía en un «estado alterado de la conciencia», y que no.
tenía nada que ver con la visión ordinaria de las personas.
Un estado alterado de conciencia es una condición significativamente diferente
al estado de vigilia atenta, es decir, distinta al estado de ondas beta propio de la
fase circadiana en la que estamos despiertos. Esta expresión describe cambios en
' i, "■ ¡foí 1 *.

los estados mentales de un individuo, casi siempre de naturaleza temporal. Existen


muchos fenotipos en el estado de conciencia. Ejemplos claros son el estado de
sueño y el estado de vigilia. Estados alterados que ocurren con frecuencia incluyen:
alienación, alucinación, depresión, eufona, éxtasis, intoxicación psicotropica,
rabia, shock o choque circulatorio, sueños, sueños lúcidos, psicosis, supuestas
premoniciones y percepciones extracorporales. Lo impactante de las tesis de
Tyrrell es que introdujo una serie de conceptos en sus ideas que eran realmente
innovadores para su época. Y lógicamente, como le sucedió a Jacques Vallée, el
parapsicologo no conto con la aprobación y el beneplácito de la mayona de sus
.i41.
colegas, que le veían como alguien que venía a «cambiarlo» todo. Pero ¿cuál era su
Pitó ir/j/WW/1,1 ‘ií! wlli?'1’ *'
hipótesis?

El «productor» y el «montador escénico»

Según los estudios emprendidos por Tyrrell, las apariciones de fantasmas podían
ser el resultado de una compleja comunicación telepática, entre el difunto —
lógicamente antes de fallecer—, y la persona a la que va dirigida el «mensaje», en
este caso el «percipiente» (el observador). Dependiendo de ciertos factores mentales
■* • • '"7 -”1 ;• viN®?*-'**.' “■•"• ■ - ■• ••• i • . ‘ .
. : , • .. . . .* • . j"*',*J

‘ •• / .• w . ;u ' ■’ ’’.í’C
del «pcrcipiente», el «mensaje» podría ser «recibido» casi instantáneamente) al
momento de ser emitido, □, por el contrario, puede tardar días, semanas o meses,
I

Tyrrell explicaba que nuestro cerebro, a nivel inconsciente, posee una serie de
«mecanismos» que son capaces de, no solo captar la emisión de este mensaje
‘ ú- ’e •• uu ,4.
telepático —enviado en un momento tan crítico como el de la previsible muerte
—, sino de reproducirlo mediante un proceso mental que denomino como «drama
'■ ’’Wi ' ' ' ' 1 4 ''
aparicional». Como él mismo explicaba en su extraordinario libro: «La tarea de
construir el drama es cumplida por ciertas porciones de la personalidad que yacen
por debajo del nivel consciente: y es allí donde la idea general y vaga del agente
es desarrollada en toda su complejidad de detalles». O sea, lo que Tyrrell estaba
intentado trasladar a sus lectores es que la impresión telepática original enviada
por el «emisor» (el difunto), o lo que es lo mismo, los «mensajes» tipo «me estoy
muriendo», «quiero que lo sepas», «te quiero» o «no te preocupes», entre otros,
proporcionaba solo un esbozo general y primario del «concepto» que se quena
transmitir—«Voy a morir y quiero que lo sepas»—. Posteriormente, algunas partes
desconocidas de nuestra psique, y concretamente las que Tyrrell denominó como
«el productor» y el «montador escénico», se encargarían de «recoger» este mensaje
y, en base a él, construir toda una experiencia «sobrenatural» que tomaría vida
mediante una imagen externa al observador. El fantasma propiamente dicho.
Tyrrell escribía que: «una aparición es una imagen tridimensional dotada de
movimiento, cuyo creador tiene acceso a una propiedad escénica sin límites». Por
esta cuestión en concreto, a Tyrrell no le sorprendía en absoluto que en algunos
desconcertantes casos se hubiera visto, por ejemplo, al fantasma en el interior de
un carruaje tirado de caballos con todo lujo de detalles, ya que para lá recreación
el «montador escénico» contaba con un ilimitado «almacén» de elementos
escenográficos a su alcance.
Para Tyrrell, el «productor» sería el encargado de recibir el mensaje e idear
: i i* t
todo el «drama aparicional» de la puesta en escena, o sea, cómo se va a
producir la visión del difunto ante los ojos del «percipiente». Posteriormente, el
«montador escénico» daña vida al «guión» del «productor» añadiendo, como se ha
apuntado anteriormente, todos los detalles y elementos visuales necesarios para
conformar la aparición. Tyrrell introducía también el termino «pautas ideativas»,
indicando que las apariciones se comportarían de modo «autómata», aunque con
cierta creatividad, dependiendo de la propia capacidad imaginativa de los sujetos
implicados (el emisor y el receptor). El investigador H. H. Price, en el prólogo del
libro de Tyrrell, indicaba de manera acertada que: «Resulta natural suponer que
estos elementos [el «productor» y el «montador escénico»] actúan también cuando
soñamos, aunque en los sueños normales (esto es, los sueños no telepáticos) el
tema o el motivo no se origina en el exterior, sino que es proporcionado por algún
deseo, temor, etc., inconscientes, que provienen del soñador mismo». Ni que decir
tiene que Tyrrell admitía que estas proyecciones podían ser casi inconfundibles de
la realidad cotidiana, y que incluso podrían ser vistas por otras personas que se
hallaran junto al receptor del «mensaje telepático», produciendo incluso «olores» y
otras sensaciones no físicas en los testigos.
Además, Tyrrell ofrecía una clave importantísima para nuestro estudio:
«La simplicidad del motivo y la complejidad de la expresión parecen ser
las características comunes a las ideas en general», Y esto es perfectamente
extrapolable a otras apariciones misteriosas, incluidas, como no, la de nuestros
modernos ovnis. Tyrrell decía que este tipo de fenómenos se recreaba
admirablemente en los detalles puestos en juego, sin escatimar esfuerzo creativo
en la presentación de una compleja escenografía, como se diría en el lenguaje
cinematográfico, pero, por el contrario, «el productor» otorgaba muy poca
importancia, casi nada, al mensaje que debían trasmitir. Ya que, de manera absurda
e ilógica, parece que no hay un propósito claro en las apariciones más que el
hecho exhibicionista, o, siguiendo el símil cinematográfico, se presta nula atención
al «guión» a representar después de montar un brillante «espectáculo». Pero es
que Tyrrell, sin expresarlo, hacía referencia al inconsciente colectivo, y lo que este
podría aportar a las apariciones y a otros fenómenos semejantes:

Parece como si el tipo más incoherente de apariciones espectrales fuese


debido a pautas ideativas conectadas solo muy vagamente - o quizá sin cone­
xión- con alguna idea de una mente consciente. Uno tiene que preguntarse
si dichas pautas ideativas subconscientemente originadas pueden, en algu­
nos casos, ser colectivas. Si lo fuesen arrojarían luz sobre muchas tradiciones
y leyendas de los tiempos antiguos. La tradición popular habría provisto el
material para que dichas pautas ideativas pudieran formarse.

Las «pautas ideativas» de Tyrrell son un concepto simplemente brillante, ya


que se trataría de un «arquetipo» —información básica reconocible por todo el
mundo—, que podría ser utilizado por cualquier ser humano, y, sobre todo, lo más
importante, podría ser desarrollado de manera independiente con la creatividad
aportada por cada testigo. Su idea conjuga perfectamente con la premisa de
.. ...... — ¡o. .. •

", . . " i

Cari. Jung y su inconsciente colectivo. Pero lo que realmente nos interesa, del
planteamiento de Tyrrell es su aplicación a otros fenómenos desconocidos. Aunque
Tyrrell no creía en la supervivencia del alma, ni en otro tipo de entidades,
su opinión habría cambiado, sin duda, al conocer y documentar las apariciones
modernas de los ovnis. Se nos hace muy complicado imaginar que la mente
humana sea capaz de proyectar este tipo de «imágenes tridimensionales» al
exterior sin la intervención de algún tipo de agente externo desconocido que
participara de forma soterrada de todo este entramado, ya que hay que tener en
cuenta que la existencia de otros paradigmas anómalos de características similares
al apuntando por Tyrrell (seres elementales, animales imposibles, apariciones
mañanas, ovnis), sugiere que debe existir un factor inexplorado que debe sumarse
a esta ecuación. Por ello, es muy factible que esta injerencia externa no identificada,
unida a los conceptos expuestos y desarrollados genialmente por Tyrrell (el
«productor» y el «montador escénico») fuera la encargada, entre otras cosas, de
proporcionar la «energía» necesaria para que este proceso de «recreación de una
realidad ficticia» (una suerte de proyección tridimensional) fuera posible. Y es que,
como ocurre en los incidentes ovnis, y en otro tipo de eventos sobrenaturales, como
por ejemplo las apariciones de la Virgen, encontramos algunas evidencias físicas
■ '¡i',|'1'j11-'1' '' v'1.?''
que parecen señalar que estas proyecciones contienen cierta carga energética que
podría crear «materia» durante unos instantes, y cuyo origen debe rastrearse fuera
del testigo. Pero de esto ya nos ocuparemos a su debido tiempo... Es hora de
sumergirnos en otro enigma...
5.- BIGFOOT:
ENTRE ESLABONES PERDIDOS,
EXTRATERRESTRES Y
ENTES SOBRENATURALES

Era al mismo tiempo mono y hombre. Tenía las piernas más largas que un
hombre estaba erguido y cuando después se alejó caminando, oscilaba los
brazos como un ser humano. El área del pecho y el rostro estaba casi despro-
vista de pelo y el rostro era como el de una persona de color, con la piel casi
negra. Sus palmas eran más claras, casi amarillentas. De hombro a hombro
tema entre 0,90 y 1,2 metros, con enormes músculos y sin cuello. Sus brazos
eran enormes muy músculos, y con dedos largos, tenía unos pechos grandes
y planos que colgaban hasta la zona del ombligo. El pelo de la cabeza era
como el de una mujer que no se lo hubiera lavado en meses. Era ligeramente
gris y parecía tener barro. Sus pies medían unos 35 o 38 centímetros de lar-
gos y eran muy planos y anchos.

Esta fue la descripción que realizaron Charles Jackson y su hijo de una extraña
criatura, de al menos 2,4 metros de altura, que observaron el 12 de junio de 1969,
en Oroville (California), y que al parecer se sintió atraída por el fuego que acaban de
encender cerca de su casa.
Desde hace varias décadas, los investigadores de lo insólito han recopilado
miles de inexplicables avistamientos de grandes primates desconocidos, llamados
popularmente «Bigfoot» o «Sasquatch», en todo el territorio norteamericano. El
mitq, del «Hombre Salvaje» río es nuevo. El 26 de enero de 1869, el périóctico
«Hillsdale Standard», publicó un breve reporte sobre una extraña criatura peluda:

La población de Gallipolis, Ohio, está asombrada por la presencia de un


hombre salvaje que según se afirma vive en los bosques cercanos a la ciu­
dad. Anda desnudo y está cubierto de pelo: su estatura es enorme y sus ojos
comienzan en el fondo de sus órbitas. Un carruaje que transportaba a un
padre con su hija fue atacado por esta criatura hace algunos días. La criatura
se abalanzó sobre el padre, echándolo del carruaje y cayendo sobre él para
rasguñarlo y morderlo como lo haría una bestia salvaje. La contienda entre
ambos fue larga y cruenta, ya que la criatura sujetaba a su victima contra el
lodo, tratando de asfixiarlo. La hija, tratando de salvar la vida de su progeni-
tor, puso fin a la contienda cuando le asestó un golpe a la criatura con una
piedra cerca de la oreja. La criatura se levantó y se internó lentamente en un
matorral cercano.

Según la mayoría de los testimonios, se trataría de grandes homínidos


cubiertos de pelo, de complexión fuerte, con muchas características humanas y
que se muestran en la mayoría de las ocasiones extremadamente esquivos con
las personas. Para la criptozoología no hay duda de que nos encontramos ante
una especie de primate que aún no ha sido catalogado por la ciencia y que está
emparentado con el ser humano. ¿Un eslabón perdido? Otra descripción clásica
del «Bigfoot» la ofrece Donald Hepworth, de 54 años, inspector jefe de la Ontario
Human Society. Mientras circulaba con su vehículo por el Payette National Forest
(Idaho), los faros de su coche iluminaron a dos extrañas criaturas cubiertas de corto
pelo negro, de alrededor de 1,70 metros:
Sus cabezas se asentaban casi directamente sobre unos hombros anchos, los
cráneos eran planos y caían hacia atrás desde unas crestas gruesas hasta una
especie de moño cónico como el principio de la cresta sagital de un gorila.
Sus cuerpos eran desgarbados más que pesados o musculosos, y, quizás por
ello, tuve la impresión de que eran miembros jóvenes de su especie.

Las criaturas cruzaron frente al testigo y se perdieron en el bosque, tras sortear


con gran habilidad un desnivel de 1,80 metros de altura: «Fue una extraordinaria
exhibición de movimiento: estoy convencido de que a cualquier ser humano le sería
imposible repetirla».
La Sra. Louise Baxton, describió con detalle la cabeza de un «Pies Grandes» que
..
observó en North Bonneville (Washington) en agosto de 1970, también desde su
vehículo:

La criatura era de color coco e iba desarreglada y sucia. Tenía un gran puño
sobre la boca. Esta se hallaba parcialmente abierta y vi una hilera de dientes
blancos, cuadrados y grandes. La cabeza era grande y parecía asentada direc­
tamente sobre los hombros. Las orejas no eran visibles por el largo pelo que
tenía. Me pareció que en la cabeza el pelo tendría unos 5 cm de largo. Tenía
una barbilla sobresaliente y la frente hacia atrás. La nariz y el labio superior
tenían menos pelo, y la primera era ancha y con grandes ventanas.

El periódico Sun Gazette, el 30 de octubre de 1973, narró las apariciones de un


«Bigfoot» que solía verse por Morgantown (Pensilvania) asustando a los granjeros y
robando animales de las granjas:

De acuerdo con las declaraciones de quienes le han visto, de casi 2 metros


de altura, y unos 144 kg de peso: suele caminar a cuatro patas, está casi to­
talmente cubierto de pelo, lanza unos gritos fantásticos y hace todo tipo de
gestos. Sus manos y sus pies doblan en tamaño a los de un hombre ordinario
y tiene un aspecto realmente horrible».

Hasta aquí, podría creerse que realmente estamos ante una nueva especie de
homínido..., pero la cosa no es tan sencilla...

La familia Bigfoot: entre hombres lobos, el «mono


mofeta» y el «momo monster»

En determinadas regiones de los Estados Unidos, el «Bigfoot» parece tener unas


características específicas (color del pelaje, altura, complexión, etc.) totalmente
diferentes a las del resto de criaturas avistadas en el país. Como si estos lugares
tuviesen su propio «Pies Grandes» autóctono, aunque, por ejemplo, todos poseen
las mismas extraordinarias facultades para esquivar ser capturado. Y es que este
sustancial e imprescindible detalle, la elusividad, es compartido por todos los
«Bigfoot», tengan el aspecto que tengan..., se aparezcan en Estados Unidos o
Vietnam...
Durante las últimas décadas, en el estado norteamericano de Wisconsin, los
investigadores han podido acumular más de un centenar de informes de personas
que aseguran haberse topado con una enigmática criatura que parece escapada de
un relato de terror. Si no existieran tal cantidad de testimonios sería inconcebible
admitir siquiera la posibilidad de que en los bosques de Wisconsin se pudiera
ocultar lo que los testigos describen como un «hombre lobo». Aunque las primeras
declaraciones de su presencia pueden rastrearse hasta los años treinta, no fue
hasta finales de los ochenta cuando los encuentros se dispararon. La prensa la
denominó como la «Bestia de Bray Road», en referencia a la carretera que ha sido
escenario predilecto para las incursiones de esta tenebrosa criatura. Los testigos
la describen como un ser bípedo, de un 1,80 metros de altura, muy corpulento y
cubierto de un espeso pelaje oscuro (en ocasiones con vetas de color gris o plata). En
reglas generales no diferiría mucho de los supuestos avistamientos del «Bigfoot»,
salvo por unas claras diferencias. Tiene las orejas puntiagudas, hocico, colmillos
prominentes y sus ojos son parecidos a los de un lobo. También se le ha descrito con
tres poderosas garras, con las que incluso ha cazado y despezado animales. Se le ha
visto caminar erguido y también a cuatro patas. Pero al contrario que su pariente
«Bigfoot», el «hombre lobo» de Wisconsin tiene muy mal carácter. Para algunos
criptozoólogos podría tratarse de avistamientos del Bigfoot malinterpretados,
aunque para la investigadora Linda Godfrey, autora de varios libros sobre estas
apariciones, no existen dudas de se trata de otro tipo de animal criptozoológico, con
más semejanzas al mítico licántropo de la literatura.
Uno de los sucesos más escalofriantes sucedió en el año 1972 en el Condado
de Jefferson, cuando la policía recibió una llamada alarmada de un vecino que
había sufrido el ataque de un grotesco ser. Según la investigación efectuada por el
Departamento de Recursos Naturales de Wisconsin, el intruso fue descrito ante las
autoridades como un «gran animal desconocido» que había intentado entrar en la
granja forzando la puerta. El ser medía más de dos metros de altura, estaba cubierto
de largo cabello oscuro, caminaba como un hombre y poseía largos brazos acabados
en garras. A las dos semanas regresó y atacó a uno de los caballos de aquel vecino,
hiriéndole profundamente de hombro a hombro. En su día, los investigadores
desecharon el caso al considerarlo demasiado «violento» para un Bigíooti..
Por su parte, el estado de Florida cuenta con su propia especie de «Pies
Grandes». Allí lo denominan «Mono Mofeta» (Skunk Ape) con relación a su
desagradable y profundo olor corporal Según las descripciones de los lugareños, se
trata de un misterioso animal, de entre 1,80 y dos metros de altura, generalmente
de menor tamaño que el Bigfoot, de largo pelaje de color negro, rojizo o marrón.
Tiene rostro humano, una cabeza grande con grandes ojos brillantes y sin
cuello apreciable, y hombros redondos. Los brazos fueron descritos como largos
y colgados a lo largo del cuerpo. Las principales diferencias con el Pies Grandes
serían: un pelaje mucho más largo, la existencia de un rabo, y, como se aprecia en
las huellas que dejó en el terreno, solo tenia tres dedos en sus pies. Además, en
ocasiones se le ha visto correr utilizando sus cuatro extremidades. Pero su principal
característica es un nauseabundo y penetrante hedor que hace que los testigos
lo huelan mucho antes de verlo. Aunque el Bigfoot también es conocido por su
pestilencia, el Mono Mofeta supera con creces a su pariente.
El Skunk Ape también parece inmune a todos los peligros que le acechen,
pues ha salido ileso de disparos, atropellos y persecuciones policiales. Uno de los
primeros encuentros ocurrió en 195 7, en los Everglades (Florida), cuando dos
cazadores se encontraron en mitad de la noche con un enorme homínido cubierto
de pelo, y con unos grandes ojos brillantes, que se perdió entre la espesura de la
zona. En Misuri, desde principios de los años setenta, se habla de la presencia de una
peluda criatura denominada popularmente como «Momo Monster».
El primer testimonio se remonta al 11 de julio de 1972, cuando Terry y Wally,
dos muchachos de ocho y cinco años respectivamente, en Luisiana, cerca de Marzolf
Hill, sobre las 15:30 horas, informaron de que se habían topado con un misterioso
ser sin cuello, de unos dos metros de altura, de largo pelaje negro y de aspecto
i •5-’

siniestro. La criatura llevaba bajo subrazo un perro muerto ensangrentado. Cuando


su padre, el Sr. Edgar Harrinson, llegó, comprobó que había leves huellas en el
suelo, y que el ramaje tenía restos de un pelaje oscuro. El perro de los niños se
puso enfermo tras el encuentro con la bestia peluda; sus ojos estaban enrojecidos
I ( W'' ’ di1)'

y vomitaba frecuentemente. Varios vecinos también vieron a la horrible' criatura.


'J'1

Se organizó una batida compuesta por varios hombres para intentar capturar al
'/i'1 , Z
monstruo, y llegaron a encontrar un posible refugio que la criatura podría haber
utilizado para dormir. En una de las esquinas había un montón de hojas y restos
que podría ser su cama. Los testigos aseguraron que en la zona había un olor
muy desagradable, y en los alrededores encontraron huellas que, por la dureza
jV .’i ‘ww’ i

del terreno, podrían corresponder a un ser cuyo peso podría rondar los 90 kilos.
■'l'.. 'ÍIÍ! ,

La principal diferencia con el Bigfoot es su larga cabellera, que prácticamente le


cubre todo el rostro, hasta el pecho, y una enorme cabeza en forma de calabaza.
¿Es todo esto posible? ¿Estamos ante la presencia de una amplia fauna de primates
desconocida?
Pero aun podemos añadir un factor más extraño a la ecuación: existen muchos
aspectos de estas manifestaciones que son, cuanto menos, desconcertantes e
inauditas desde el punto de vista zoológico y que, por si fuera poco, las
conectan con otros paradigmas que hemos estudiado. Para empezar, resulta muy
incomprensible, que, pese asus múltiples avistamientos, no se haya podido obtener
ninguna evidencia empírica de la existencia irrefutable de un grato homínido
oculto en los bosques de Estados Unidos, teniendo en cuenta que se han organizado
decenas de expediciones para localizarlo, sin que ninguna de ellas haya obtenido
•w .
resultado alguno. Y, además, numerosos testigos la han emprendido a tiros con el
Bigfoot sin que hasta la fecha se haya encontrado un cadáver, o al menos restos de
> lililí - ■
sangre. Pero existen más elementos realmente asombrosos en el Pies Grandes que
definitivamente dibujan un halo de misterio en torno a este esquivo homínido...
Aunque la mayoría de los criptozoólogos prefieren ignorar o menospreciar
estos incidentes inusuales, probablemente, en el estudio y análisis de estos eventos
puede encontrase la resolución del enigma...
'fW-

«Fantasmas peludos»
¡i'

Cuando se examina detenidamente toda la casuística recogida sobre el Bigfoot se


acredita que las manifestaciones de estas criaturas tienen una importante carga
sobrenatural. De hecho, para comenzar a comprender la verdadera dimensión de
este fenómeno, hay que señalar que la apariencia externa de los Pies Grandes varía,
sustancial e inexplicablemente, de un relato a otro, dándose sucesos de homínidos
de mediana o baja estatura, de 1,60 metros, hasta grandes criaturas de más de
cuatro metros. Además, las características morfológicas de los Bigfoot están lejos
de ser uniformes, ya que también varían de forma notable de un testimonio a otro,
tanto en tamaños de cabeza, como en la forma de las manos, los brazos, los pies, la
espalda o la cola. Por no hablar de las casi,infinitas tonalidades de pelaje observadas
eri estas criaturas (negro, blanco, marrón rojizo, castaño claro, blanco plateado,
gris azulado, tostado, rojo negruzco). Todo esto concuerda con los tipos infinitos
de tripulantes de los ovnis que se han reportado. Ejemplo de esta diversidad
inclasificable, lo encontramos en un episodio ocurrido en Wisconsin a finales de
2005, cuando Mat Wakeley, de 22 años, conducía por White Pigen Road y, a la altura
del cementerio local, observó una criatura erguida entre las tumbas, apoyando el
pie derecho sobre una de ellas. Podría medir alrededor de dos metros de altura,
estaba cubierto de pelo de color «chocolate con leche», excepto en la cara y pecho, y
su cabeza mostraba una gran cabellera «con los pelos de punta». Al joven le pareció
que se trataba de un cavernícola.
Pero la variedad no es la única cualidad extraña otorgada al Bigfoot. Existen
otras «características» de este esquivo «homínido» que lo equiparan directamente
con otras criaturas enigmáticas como el Mothman («el hombre polilla»), los
fantasmas o los tripulantes de los platillos volantes, ya que los investigadores han
comprobado como numerosos relatos describen algunos aspectos sobrenaturales
en los Bigfoot que desde luego no están al alcance de un simple animal. Existen
decenas de personas que han descrito que estas criaturas poseen brillantes ojos
rojos, que son capaces de desvanecerse misteriosamente ante la vista de los
testigos, o que incluso pueden ejercer una inquietante capacidad hipnótica sobre
los eventuales observadores. Janet y Colin Bord, en su detallado libro Alien Animáis
{Los Yeti, 1984), hablaban abiertamente sobre esta irritante cuestión:
En la mayoría de los encuentros con Pies Grandes, los testigos no»ven nada,
que les lleve a pensar que lo que están viendo no sea algo físico al ciento por
ciento. Sin embargo, no es siempre así, pues algunos informes contienen ras­
gos a los que cabría calificar de sobrenaturales.

Entre esos rasgos extraordinarios estaría la capacidad de los Bigfoot para


desaparecer repentinamente de la vista de los testigos. En un articulo titulado
II* í ’" »■ •

«Vanishing Bigfoot and Anecdotal Accounts: Implications and Challenges for


Researchers» (2005), la investigadora Sharon Comet incluyó dos interesantes
eventos en los que los Bigfoot se esfumaron como por arte de magia ante los
asustados testigos. El primero está protagonizado por la Sra. Jertrey; asi lo cuenta
Cornet en su reporte:
' 1' 1 '11 ' ' • •

Después de regresar de una larga caminata, un grupo de excursionistas se


sorprendió cuando observaron un Sasquatch de 2,7 metros de altura que
apareció delante de ellos a corta distancia. Luego, en un abrir y cerrar de ojos,
el Bigfoot desapareció por completo ¡frente a los testigos! Los testigos asegu­
ran que literalmente se ¡desmaterializó! La señora Jeffrey informó que estaba
tan impresionada con lo que vio, que cuando volvieron a casa, ella estuvo
encerrada durante dos semanas. La mujer estaba en tal estado de shock que
no regresó a la zona durante algún tiempo.

El segundo caso ocurrió en el verano de 2000 o 2001, cuando John Bohannon


avistó un Bigfoot en una pequeña cima al lado de una colina situada al oeste de
Three Rivers Campground, al norte de Alamogordo (Nuevo México). El ser, que
parecía una mezcla entre un hombre primitivo y un mono, medía más de 2,4
metros de altura y tenía el cuerpo cubierto de pelo corto de color marrón rojizo. Sus
brazos colgaban hasta las rodillas, que tenía ligeramente flexionadas. La criatura
caminó durante unos treinta metros frente al testigo, hasta que al pasar por
detrás de un árbol desapareció inexplicablemente. Otro incidente parecido ocurrió
en 1974 en Fayette County (Pensilvania), cuando la policía investigó el caso de
una mujer que había disparado en la puerta de su casa a una criatura peluda que
desapareció en mitad de un destello de luz. ¿Estamos de nuevo ante algún tipo
de visión sobrenatural? ¿Son seres físicos o etéreos? ¿Es posible que compartan
características con fantasmas, hadas y extraterrestres?
Y es que existen casos de enormes criaturas peludas que han caminado por
. mi' wW ’' ' '
barrizales sin dejar huellas o, incluso, los eventuales testigos han asegurado que
podía verse a través de ellas como si fueran translúcidas (¿?). Janet y Colín Bord
cuentan en su libro que:

Una criatura que fue vista en Roachdale, Indiana, en 1972 no dejó huellas ni
siquiera en el barro, y una testigo pensó que podía ver a su través [...] Otros
informes extraños describen a un Piesgrandes cambiando de forma; criatu-
ras que llevan esferas luminosas; una atracción por las mujeres y por los
remolques de aluminio; un testigo poseído por un Piesgrandes que se puso a
actuar y emitir sonidos como si fuera uno de ellos; voces desencarnadas; una
sustancia verde y pegajosa encontrada en donde se había visto a una criatura
verdosa de ojos verdes, etc. Esta lista podría continuarse por una página más,
pero individualmente los casos no tienen mucho peso, pues cada rasgo fan­
tástico solo es apoyado por un informe.

Ejemplo de esto último lo hallamos en un caso ocurrido en 1975, cuando un


grupo de personas observaron en Jumonville (Pensilvania) una criatura peluda que
parecía «flotar» más que caminar por el bosque. En esos momentos, una densa
niebla apareció en la zona. Cuando los testigos regresaron más tarde, tanto la
niebla Como el misterioso ser habían desaparecido. Por casos como estos, algunos
investigadores están convencidos de que las visiones de estas criaturas se producen
tras un estado alterado del testigo..., y de nuevo nos hallamos con este sustancial
aspecto...
El investigador Micah Hariks en un artículo denominado «The Weird Outdoors:
Bigfoot High Strangeness» (2011) comentaba lo siguiente:

Entre la literatura dedicada al Bigfoot, también hay informes (aunque, de


nuevo, a menudo descartados por los investigadores más ortodoxos) donde
las personas comienzan a sentirse mareados, desorientados, terriblemente
asustados (a menudo acompañado de parálisis), o incluso experimentan
sensaciones parecidas a «moverse en cámara lenta», mientras observan a
este tipo de criaturas.

A estas misteriosas características habría que sumar que decenas de personas


han llegado a disparar a un Bigfoot sin, al parecer, causarle el más mínimo daño.
Curiosamente esta extraña inmunidad la comparten con los ocupantes de los ovnis,
con los que además guardan otras muchas sospechosas semejanzas.
El destacado investigador John Keel relataba en su famoso Ebro Strange
Creatures From Time and Space (El enigma de las extrañas criaturas, 1970) que,
en ocasiones, la presencia de un Bigfoot podía provocar, incluso, interferencias
eléctricas o fallos en los automóviles, como ocurre en numerosos incidentes ovnis:
«Un ciudadano de Virginia Occidental llamado W. D. "Doc" Priestley afirmaba
que en 1960 un humanoide peludo había estropeado el aparato eléctrico de su
vehículo». Según Keel, el testimonio de Priestley se sumaba a las decenas de relatos
que describían, en aquellas fechas, la presencia de un enorme humanoide peludo de
U-I., • *T •

«enormes ojos rojos que brillaban como bolas de fuego». Tras el encuentro de esta
criatura, debajo del capó del coche de Priestley saltaron chispas y los bornes de su
batería se quemaron por completo.
Por su parte, el investigador Scott Rogo incluía otro incidente similar en su libro
The Haunted Universe: A Psychic Loók atMirades, UFOs and Mysteries ofNature (El
Universo Encantado, 1977):
Ocurrió en Yakima (Washington), el 18 de septiembre de 1966. Ken Petti-
john, al volante de su coche, se vio de repente, a la salida de una curva,
frente a una enorme criatura parecida a un hombre, cubierta por un pelaje
plateado, de pie en medio del camino. Apretó los frenos, y el coche se detuvo.
El aterrado conductor trató frenéticamente de ponerlo de nuevo en marcha.
El vehículo se negó. La figura le siguió cuando Pettijohn logró al fin hace fun­
cionar de nuevo el motor y salió a toda velocidad.

Tampoco podemos olvidar, para añadir mayor enigma al asunto, que no solo
se trata de un fenómeno genuinamente norteamericano, ya que existen muchos
países en el mundo que denuncian la existencia de estas extrañas entidades en
’ ii®' rfft
sus bosques o inhóspitas montañas: Vietnam, Nepal, Canadá, China, Rusia, India,
Mongolia, Australia, entre otros.
También produce dolores de cabeza a los criptozoólogos la extraordinaria
capacidad del Bigfoot para desplazarse de un lugar a otro del extenso continente
norteamericano sin ninguna dificultad, lo que podría indicar tres posibilidades:
i/11'1'' ',1(l

1. Los «Bigfoot» poseen una amplia «familia» diseminada por casi todos los
bosques norteamericanos.
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2. Los «Bigfpot» se trasladan de una forma inexplicable de un lugar a otro.

3. Nos enfrentamos a un fenómeno radicalmente diferente al planteado por


los criptozoólogos. No se trata de un animal ni de una criatura física al uso.

Pero aún podemos añadir un último elemento, que acaba por desestabilizar
nuestra percepción sobre estas apariciones, que parecían originalmente fruto de un
esquivo y tímido animal desconocido. Extraños humanoides peludos, idénticos en
f
todos sus rasgos al Pies Grandes, han sido observados antes, durante o después de
producirse avistamientos de ovnis... Incluso se los ha visto pilotando un platillo
volador —ya hablaremos más delante de este sugerente e interesante aspecto.
Por tanto, la pregunta que debemos formularnos a tenor de estos datos es la
siguiente: ¿nos enfrentamos a un misterio estrictamente zoológico, provocado por
una especie de animal por catalogar o identificar o, por el contrario, nos hallamos
ante un fenómeno «sobrenatural» de difícil clasificación y vinculado a otros
enigmas?
Y es que, al igual que en los anteriores paradigmas reseñados, algunos
estudiosos creen que los avistamientos de Pies Grandes no se producen bajo
la percepción humana ordinaria, ya que incluso existen casos donde estos
seres se han comunicado telepáticamente con los testigos... ¿Encontraremos esta
particular y omnipresente característica en nuestro siguiente paradigma?
, ¡k-pl’ia^ 11

4.- APARICIONES CON «SELLO DIVINO»

Miguel subió corriendo, alborotado, y le dijo a su madre que había visto al


Niño Jesús. Lo describió de muy corta estatura, resplandeciente, con una
mano junto al corazón y la otra, la derecha, sosteniendo «una cosa redonda
l_: I. '
como una pelotica». Se cubría, dijo, con un vestido azul.

Este testimonio, recogido por el periodista Luis de Castresana, fue publicado en


la revista Blanco y Negro el 6 de junio de 1958 bajo el titular «¿Un Lourdes español? 8
niños de Jorcas (Teruel) afirman que se les ha aparecido la Virgen». Algunos de estos
i.f¡
testigos (Eliseo Herrero, Emiliano Edo, Esmeralda, Silvestre Calvo, Rufina Aragón
y Miguel Izquierdo) fueron entrevistados por Castresana y ofrecieron algunos
detalles interesantes de su experiencia. Este es un resumen de sus declaraciones:

—«Miguel —le pregunto— cuando viste al Niño Jesús en la cueva, ¿qué


hiciste?

—Me dio un susto, una cosa rara... Eché a correr.


—¿Y el Niño?
jwár ■4'*'
—Siguió allí, en la cueva. Cuando volvimos ya no estaba.
i'1'' /#' '' ''' '''
Le pregunto qué le gustaría ser. Lo piensa y dice:
—Santo. Bueno, santo o carnicero.
—Silvestre, ¿se mueve la Virgen cuando la veis?
—-¡No! No, señor. Ahora que, cuando vamos hacia ella, se retira y marcha
hacia el fondo de la cueva.
, '' "vrr" •■■ • - ... .r< ■ ..,
•i. *• • ' . ■ ..Vi ! •* *^?S,l?r ■ • - . , '*■
' ..
’¡W-* . n?. • ?•>

—¿Marcha? ¿Con los pies en el suelo?


• A |il * i

—No. No, señor. Como si... como si volara


—¿Se aparece de repente? ¿Cómo se marcha?

—Pues, no se. Se va poco a poco, hasta que ya no la vemos. ¿Sabe usted? Un


día vino con nosotros un señor a la cueva. El no veía a la Virgen y al mover el
brazo la tocó.
—Y ¿qué pasó?

—Nada. Como si hubiera tocado... humo apunta otro vidente.


—Si, si, señor. Como si hubiera tocado humo.
• * ■ ■ í íli¡í¡ '•
-¿Las personas mayores no ven las apariciones?
—No. No, señor. Nunca, Y tampoco todos nosotros. Solo algunos, y no siem­
pre.

Otra de las testigos, Pilarica dice que vio «una señora llena de luz» con «una cosa
asi, muy larga. De color blanco. Blanco y azul». Cuando le pregunto por el rostro de
la «aparición», los niños dijeron que la habían visto pero durante muy poco tiempo:
«La tenía muy delgada, y con ojos grandes. Una tarde vimos seis estrellas: se fueron
cinco y quedó una».

Por su parte, el niño Elíseo Herrero escribió un diario con sus visiones que
recogió Luis Castresana en otro reportaje titulado «¿Un Lourdes español? Nuevos
datos en tomo a las presuntas apariciones en la Cueva de Jorcas» (28 de junio de
1958):

[Link]
n*

Esta tarde, a las cinco y media, he vuelto a ver a la Virgen en la cueva de


San José. Estaba parada, mirando para nosotros, y levantó las manos juntas,
y cuando levanto las manos le noté un instante los ojos y la boca, y desapa­
reció. El Domingo día 8, le vi en el pecho un chispazo de luz. [...] El miércoles
día 11, la vi más pequeña, en el centro de la cueva, cerca del final, que brillaba
mucho {...] El jueves, día 12, igual que ayer, en el mismo sitio: pero hoy en la
orilla del manto de abajo, donde el suelo, de izquierda a derecha, le vi una luz
que le crecía y que parecía un relámpago.
C« entrada de la cueva de 8an José. en cuyo interior, según afirman varios muchachos, se los
han aparecido el Nifio Jesús, San José y, de manera preferente, la Virgen.

Una de las fotografías que recogía la prensa de la época sobre las apariciones ocurridas

en Jorcas (Teruel). (Blancoy Negro. 28 de junio de 1958. Madrid) Archivo Carav@ca


Curiosamente, una vez más, a las primeras de cambio, volvemos a toparnos
con un detallé que hemos visto repetido en los encuentros con seres elementales,
Bigfbot, difuntos y ovnis. La visión ordinaria parece que no es «suficiente» para
contemplar estas «visiones», ya que, como hemos leído, había personas que
permanecían al margen de estas manifestaciones en Teruel. De hecho, más que
en ningún otro de los paradigmas expuestos anteriormente, esta es una de las
principales constantes en las apariciones de la Virgen a lo largo de la historia.
En las famosas apariciones de Fátima (que comenzaron el 13 de mayo de 1917),
protagonizadas por Lucía, de diez años, y sus primos, Francisco, de nueve, y
Jacinta, de siete, se describió este circunstancial dato, tal y como referían Joaquim
Fernandes y Fina d' Armada en su libro El Secreto de Fátima (2007):

La primera y principal cuestión es: ¿por qué estos niños podían verla (a la
Virgen) y no le era posible a ninguno de los miles de testigos potenciales que
estaban presentes en ese mismo momento y lugar? El hecho es que ninguno
de los tres «contactados» vio exactamente lo mismo. Lucía pudo ver la apa­
rición y escucharla y hablar con ella, aparentemente en portugués. Jacinta
la vio y la escuchó, pero el interrogatorio revela que entendió muy poco de
la conversación. Y Francisco, vio a la «Señora» hablar, pero sin mover «Sus
labios».

Juan Martín Velasco, en su libro El fenómeno místico (1999), también dejaba


claro este aspecto en los místicos religiosos de todas las índoles:
Si la mística constituye un fenómeno humano es porque, aunque la realidad
a la que se refiere la palabra —experiencia en lo más íntimo de la persona de
una realidad sobrehumana— excede el campo de lo que se percibe en la vida
ordinaria, se hace presente en el mundo humano través de una serie de ma-
A,' ?l ' • f,

mfestacíones que la convierten en hecho histórico, en magnitud humana. La


primera aproximación al hecho místico nos la ofrecen esos aspectos visibles
que lo hacen presente. Nos detendremos en los dos más importantes: el len-
guaje místico y los fenómenos extraordinarios, corporales y psíquicos —una
especie de lenguaje no verbal— que con mucha frecuencia lo acompaña.
Pero ¿es posible esta increíble analogía entre apariciones aparentemente
antagónicas? Parece claro que las manifestaciones sobrenaturales, cualquiera que
sea su aparente origen, apariencia o mensaje, operan en unos niveles diferentes
de nuestra percepción cotidiana. Recordar, simplemente, para que comprendamos
lo complejo, amplio y diferente que puede ser el asunto de la percepción humana,
que en neurofisiología se denomina sinestesia a la «asimilación conjunta o
fígjg .•[Link]"

interferencia de varios tipos de sensaciones de diferentes sentidos en un mismo


acto perceptivo. Un sinestésico puede, por ejemplo, oír colores, ver sonidos, y
percibir sensaciones gustativas al tocar un objeto con una textura determinada».
r ¡¿'|l i’ rpC'i.f • 'i/1’
••'•i . rp/

En el interior de las apariciones mañanas

Aunque el lector crea que las apariciones de la Virgen son fruto, exclusivamente,
del irracional misticismo y la religiosidad de sus protagonistas, sobre todo niños
y personas de escasa cultura, no es menos cierto que este tipo de encuentros
guardan asombrosos paralelismos con el fenómeno ovni, las visiones de difuntos
o los relatos de hadas y duendes. En algunos documentos originales de las
apariciones de Fátima, consultados por los dos expertos lusos anteriormente
citados, se incluyen informaciones desconcertantes y desconocidas sobre .estas
célebres manifestaciones. Al parecer, dieciocho meses antes del encuentro cón Ia
Virgen, Lucía, acompañada de otros tres niños, había observado «un bulto blanco»
como «una figura envuelta en una sábana blanca», que posteriormente se convirtió,
por obra de la manipulación eclesiástica de la época, en una «Señora muy bella»
que inmovilizó al ganado. Uno de estos testigos dijo a su madre que aquello parecía
«una mujer sin cabeza». Ademas, en sus Memorias (1973), Lucia, la principal
vidente, describió otro misterioso encuentro sucedido probablemente entre los
meses de abril y octubre de 1915:
■i

Acabábamos de empezar a rezar cuando, delante de nuestros ojos, suspen­


dida en el aire sobre un pequeño árbol, apareció una pequeña figura que
parecía una estatua hecha de nieve. Cuando le alcanzaron los rayos del sol,
.,.
pareció hacerse transparente.

Incluso las apariciones posteriores de la Virgen sufrieron modificaciones y


censura antes de ser reveladas al público. Según Fernandes y d ’ Armada:

La «Señora» parecía tener unos quince años, medía un poco más de un metro
de altura y llevaba un sayo blanco que daba luz y dorado, que no llegaba hasta
los pies. La túnica tenía costuras doradas a lo largo y ancho como si estuviera
acolchada. Tenía dos o tres cordones en los puños. No tenía cinto o faja en la
cintura. Estaba cubierta con una capa blanca y llevaba una esfera a la altura
del pecho. Tenía algo en la cabeza que le cubría el cabello y las orejas. Sus ojos
eran negros y tenía una gran belleza, y hablaba sin mover los labios. Tam­
poco movía los pies al desplazarse y descendía hasta el lugar de la aparición
por una rampa luminosa. No se parece a ninguna de las imágenes de Nuestra
Señora o de otras santas que haya visto antes.
COMO O SOL BAILOU
10 MEIO 011 EM FATIM1

[Link]—o m fafwMiarf óratele e dam ctaOHwr m epfaUo


MdM Mrwrr-*^ 4t dnratee«i»> r«4 a IMa, teta qaw <*•
II* M er«M m dMrapraU .i* mm mIhUU 4/k< ral a «fe ratalw li»-
H"rt>lat^e para ur. v .*ár iffarta. O S^b». « íactm <i-r dtaaW da ailai
•e drwNireaawea a faé» qaaafa dr ciwtoao * d» <♦» a atoa m peaa-
dniBA M« Hcard per uriadanar » tai draefo.
• . C dfvefto qor o* naaaoa altea a <ta «oaaee o «.
tafcia a*<» v*raM at<n Mríra« ootoaa «arta*. •
^JWdL^aSar»r.M ínran <w <u< fáotrao» itMemlaer* I
á> ]pan<frra > o-mrlhn'V* ••pee idea lo, vale» en-
írr r».-M r <fe t«Aj o p-wslo d./io ár

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Ql* a Vir-
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Las apariciones marianas de Fátima causaron un gran

revuelo periodístico en su época. Archivo Carav@ca


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Y es que estas raras manifestaciones han acompañado al ser humano desde
.
hace siglos. La autora Sylvie Barbay, en su libro El Cielo en la Tierra (1999), hizo
un repaso histórico de algunas de las más importantes apariciones de la Virgen,
añadiendo unas descripciones, basadas en las exegesis cristianas, sobre cómo se
producen estas manifestaciones y que, sorprendentemente, parecen calcadas de las
opiniones de Evans-Wentz o del Reverendo Kirk:

Esta percepción ¿viene del cuerpo, del espíritu o de la inteligencia? San


Agustín estableció la primera teoría cristiana de los tres generes de visiones:
' L' < ¿i*'11 *
la visión corporal, que equivale a la vista: la visión espiritual, que permite
percibir epifanías, es decir las formas intermedias entre el cielo y la tierra:
y finalmente la visión intelectual, que apunta a la visión de Dios [...] En la
práctica, los visionarios no ven a la Virgen con sus ojos corporales o de su
inteligencia. Ven a la Virgen por medio de ese vínculo común entre Dios y el
hombre que reside en el alma y se llama espíritu. Este espíritu les permite
acceder a ese mundo intermediario entre el cielo y la tierra, que es el de las
apariciones y de las visiones de la Virgen. Los visionarios de María tienen
ojos espirituales [¿la Doble Vista de la que hablaba Kirk?]. El vocabulario de
los relatos visionarios sobre este punto es muy preciso. El alma es transpor­
tada en espíritu: el hombre medieval ve a la Virgen en espíritu: los ojos de
los visionarios son ojos espirituales [...] La Virgen que se aparece, se desplaza
desde la luz increada hasta la luz creada, desde lo invisible hasta lo visible. A
medida que se acerca a la tierra, su luz se hace corpórea. Toma un cuerpo de
luz o un cuerpo espiritual. Cuando vuelve al cielo, el cuerpo de María se «epi-
faniza» hasta perder todo límite corporal, una vez que ha alcanzado los cielos
de los cielos. Entonces desaparece de la vista de los visionarios. Se desvanece.
Pierde toda sustancia. Los hombres solo perciben la Virgen en una dimen-
sión intermedia entre el cielo y la tierra.
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¿Podemos extrapolar esta visión cristiana sobre una indeterminada frontera


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intermedia entre dos mundos, cotí las narradas por los hombres de la Edad Media
que veían a los habitantes de la efímera Magonia, o con las de las miles de
personas que parecen acceder al Más Allá para ver a sus etéreos difuntos, o, para
concluir, con las descripciones de los modernos testigos que afirman haber tenido
encuentros con «vaporosos* seres extraterrestres? ¿Existe una fina barrera en
nuestros sentidos que se erige como la única «frontera» que nos separa de esa otra
realidad desconocida habitada por «seres desconocidos»?
Sigamos avanzando. ¿Qué más elementos desconcertantes y poco divulgados
podemos encontrar en las apariciones marianas que las acercan a otros fenómenos
sobrenaturales? El estudioso William A. Christian Jr., en su libro Apariciones en
Castilla y Cataluña (Siglos XIV-XVI) (1981), hace referencia a una serie de puntos,
poco divulgados por la Iglesia, que arrojan una nueva perspectiva sobre estas
supuestas apariciones divinas. Y es que existen detalles en este tipo de experiencias
que elevan extraordinariamente la incertidumbre sobre sus verdaderos orígenes.
Según describe Christian Jr., en unas apariciones de la Virgen ocurridas en Santa
Gadea del Cid (Burgos), en marzo de 1399, el principal vidente, Pedro García, ante
su poca colaboración con la sagrada aparición, recibió una paliza por parte de unos
fantasmales «monjes» que acompañaban a la Virgen para hacerle entrar en razón.
También refiere un suceso ocurrido en Jaén, el 13 de junio de 1430, en el que varios
testigos describieron a varias entidades irradiando luz cerca de la Iglesia de Santo
Alfonso. Se trataba, según las crónicas de la época, de una extraña procesión
formada por unas «personas "con vestiduras blancas que portaban unas luces muy
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potentes que llegaban hasta casi él cielo: «Muy gran ¡mucha] gente a manera dé
procesión en vestiduras blancas y otros muchos colores y que traían dos
lumbres que alumbraban toda la procesión como si fuera día claro». Uno de estos
testigos fue un vecino de la zona llamado Juan, que fue despertado por una gran
luminosidad cuando dormía en su casa, mientras sus perros ladraban fuertemente
—podría ser perfectamente el preludio de un episodio ovni—. Cuando salió vio una
procesión de seres vestidos de blanco portando «cruces». Junto a ellos había una
«mujer» muy alta, con capa, que «despedía una luz cegadora» y que también
«calentaba». Los legajos del incidente describen también la presencia de un gran
objeto, como un altar reluciente de plata (metálico), junto a los seres. Pero lo curioso
de esta aparición es que detrás de esta comitiva marchaba un ejército «de cientos de
personas armadas [con lanzas ¿?] Y todas vestidas de blanco». Christian Jr. señala
que los relatos aportados por los cuatro testigos, dos hombres y dos mujeres, eran
contradictorios, como si el fenómeno hubiera sido percibido de distinta forma por
cada uno. Además, estos relatos son prácticamente indistinguibles, salvo el barniz
religioso que los acompaña, de los testimonios de personas que han visto danzar a
las hadas o desfilar una procesión de difuntos (Santa Compaña).
Incluso hay incidentes que tuvieron unas nefastas consecuencias para el
testigo. El 3 de agosto de 1458, según recogen las actas de la parroquia de San
Martin de Riner, Jaumet, un niño de 9 o 10 años, aseguró que había visto la
aparición de una «criatura parecida a un niño bello y rubio, que llevaba una
mantilla roja echada sobre su cara». Además, dijo, llevaba en el cuello, según le
pareció, una cruz muy bella. Tras su encuentro, el testigo cayó enfermo y perdía
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frecuentemente el conocimiento. Al poco tiempo, cuatro días después, el 7 de


agosto, el pequeño vidente murió, según su progenitor de «bubones de peste en la
axila derecha», confirmando a las autoridades eclesiásticas que la salud de su hijo
antes de la aparición era normal Todos creían que su muerte estaba relacionada
con la manifestación.
En 1873, entre Rixheim y Habsheim, en las proximidades de Mulhouse (cerca
de Basilea) dos niñas de cinco y seis años, tras orar fuertemente por la recuperación
de su padre enfermo, tuvieron la visión de una hermosa entidad. La imagen
accedió a las peticiones de las jóvenes y, tras curar milagrosamente la pierna de su
progenitor, las multitudes acudían al lugar a venerar a la denominada «Virgen de
I.
la lluvia». Las apariciones provocaron una persecución social y se dijo que en una
ocasión los «Ángeles» hicieron desaparecer «a través del aire» a las videntes para
protegerlas de ser conducidas a prisión. Poco después las niñas murieron de forma
inexplicable.
Mas recientemente en el tiempo, el 15 de noviembre de 1940, en Sussex (Gran
Bretaña), un pastor que cuidaba su rebaño observó una misteriosa línea blanca
que se extendía lentamente en el cielo. De pronto, apareció Jesucristo acompañado
de seis ángeles de grandes alas que tomaron forma ante la atónita mirada del
testigo. El extraño fenómeno duró unos dos minutos y otras personas de la aldea
observaron la aparición celestial. Pocos meses después, el 29 de abril de 1941 un
matrimonio residente en Palmerston Norte (Nueva Zelanda) aseguró que, en mitad
de un cielo despejado, vieron una enorme cruz negra, y una figura, como «Jesús»
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crucificado, en su interior. Realmente es complejo determinar hasta qué puntó


nuestras creencias y fobias nos impiden decodificar correctamente el fenómeno.

En mitad del «camino» hacia ninguna parte

En un magnífico artículo titulado «Toribia del Val y el misterioso caminante


de Casas de Benítez» (2011), William A. Christian Jr. hacía hincapié en unas
apariciones religiosas que no han sido muy divulgadas por el poder religioso. Se
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refería a los misteriosos encuentros producidos en caminos o en cruces de caminos
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entre los testigos y unas extrañas entidades. Tal y como exponía Christian:
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En casi todos estos relatos de apariciones, el encuentro se produce fuera de la
localidad, en un espacio destinado a huertas, ovejas y caminantes, y el men­
saje hace salir al campo a la población con sus imágenes [...] ¿Cómo se extien­
den estas tipologías a lo largo de un periodo de siglos? ¿Qué es lo que vincula
estos lugares y tiempos dispares en un tema de carácter minoritario? Hasta
donde yo sé, el modelo tipológico no está identificado ni ha sido recogido
en la voluminosa literatura piadosa sobre santos, santuarios y milagros. ¿Se
debe esta falta de atención a que esa clase de visiones eran demasiado raras o
muy distantes una de otra en el tiempo y el espacio, o a que las referentes a la
lluvia no solían ser registradas, a diferencia de las relacionadas con la peste?
La gente ve y oye cosas extrañas continuamente: pero ¿cómo es que ven y
oyen otras tan similares? —lo bastante similares como para ser reconocibles,
y con suficientes toques individuales (las habas, la alacena repleta de pan, la
cantarilla llena, la jarra de agua rota, las marcas de una bofetada en la cara)
como para conferirles carácter distintivo.

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En. un artículo de Javier Sánchez Ocaña, publicado en la Estampa en (25 de
mayo de 1935) y titulado «Apariciones en Toledo: Un muchacho de BurguiHos dice
que se le ha aparecido Jesucristo cuatro veces», se narraba el encuentro de un joven
de dieciséis años con un misterioso «forastero»:

No esperaba encontrar a nadie junto a la fuente: pero antes de llegar a ella,


vio que se había equivocado. Una alta figura, erguida y silenciosa, le contem­
plaba atentamente. ¿Era un hombre o una mujer? Desde la distancia a que se
hallaba el muchacho no podía precisarlo. Continúo andando, y entonces
creyó conocer la naturaleza de la inmóvil figura. «Un peregrino», pensó. Y
aunque le pareció extraña la presencia de un forastero en aquella fuente, le­
jos de todo camino, no se inquietó. Tras saludarle el joven, de nombre Fausto,
comprobó que aquella persona: «llevaba un hábito pardo y calzaba sandalias:
tenía la cabeza descubierta y una larga barba gris le caía sobre el pecho. Era
viejo». Tras presagiarle que los trabajadores que excavan un pozo, y para los
que el muchacho iba a recoger agua, pronto la encontrarían se marchó. Esto
ocurrió el 15 de abril de 1935. Al día siguiente, en el mismo lugar, Fausto se
topó con el mismo anciano, aunque esta vez vestía una túnica morada e iba
descalzo. En esta ocasión el misterioso «peregrino» bebió agua que pidió al
joven, y tras repetirle que encontrarían agua en el pozo y pedir a Fausto que
fuera a la iglesia, desspareció de su vista. En el pueblo la noticia de la apari­
ción fue recibida sin mucho entusiasmo. El miércoles de Semana Santa, tras
asistir a misa como había prometido, Fausto volvió a la fuente en compañía
de su hermano menor y un amigo que no creía mucho en su visión. Tras re­
gresar del lugar sin haber presenciado nada, entre las risas y los comentarios
irónicos de sus acompañantes, bruscamente, sin que se supiese de donde le
llegaba, Fausto recibió una bofetada en la mejilla derecha y cayó al suelo sin
conocimiento [...] Cuando después de varios minutos, los obreros del pozo lo­
graron hacer recobrar el conocimiento a Fausto, éste siguió andando. Unos
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cuantos pasos más:allá dei lugar enel que había caído se le apareció otra vez ,
la figura dei peregrino. «Te ha pasado eso —-le dijo al muchacho— por no ir
solo.,.*. EL peregrino desapareció y Fausto regresó a Burguillos. Durante todo
el día llevó en la mejilla derecha la señal de los dedos de la misteriosa apari-
ción, según él, Jesucristo. Asustado Fausto se resistía a salir de casa, pero el
sábado salió para dar de comer al caballo y se encontró nuevo al «peregrino»
inmóvil en medio del camino y tras preguntarle que quería de él, la figura le
dijo que «ya te diré lo que quiero... No me tengas miedo», y desapareció.
Desde entonces no volvió verlo y se mostraba reacio a hablar de sus encuen­
tros: «Era Jesucristo... Era Jesucristo... No puedo hablar más».

Más adelante comprobaremos como los «extraterrestres» también propinan


a
«bofetadas», aunque más livianas, a los testigos. Años atrás de este percance, a
principios de 1931, en un pueblecito de la Mancha, llamado Casas de Benítez, había
ocurrido una historia similar que apenas había tenido repercusión fuera del lugar.
William A. Christian Jr. pudo entrevistar a la nieta de la testigo y así le narró la
historia:

La abuela Toribia era mucho de misa, aunque no beata... Creía mucho en


Dios. No tenía estudios (mi madre y mi padre tampoco). A la abuela Toribia
se le apareció como si fuera Dios, con barbas y pelo largo, y había tanta
sequía, y el de las barbas dijo que sacaran a San Isidro y Santa María de la Ca­
beza, que llovería» [...] Uno de los hombres con quienes hablé dijo tener una
vaga idea de que Toribia tenía algo que ver, mientras que el otro comentó:
«Toribia decía que había visto la Virgen de la Cabeza, y fue ella la que orga­
nizó la procesión». La mujer, que resultó ser la viuda de uno de los nietos
de Toribia, se mostró precisa sobre lo impreciso de la visión: «Toribia cultivó
una huerta con tomates y habas muy cerca del pueblo, en el Camino de San
a ■• .• ■ ■ ■

Clemente. Allí se le apareció un hombre, no se sabe si Dto^Cpstoo un, ángel.


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Era cuando Toribia estaba cogiendo babas. Fue la comidilla del pueblo.
Interesante también una aparición registrada en Jafre (Girona) en 1460, en
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la que un labrador, Miguel Castelló, se topó con un joven caminante vestido


completamente de lana azul, incluido un bonete del mismo color en su cabeza, que
le vaticinó la muerte de un bebé del pueblo.
En su citado artículo William A. Christian Jr. decía:
El ángel/peregrino, el Cristo/forastero, el ángel/joven, son seres ambiguos,
a medias humanos y a medias divinos, mensajeros idóneos para transmitir
órdenes celestiales. Sus visitas a Castilla la Nueva en el tiempo «real» de
1460 en Jafre, y en la década de 1930 en Casas de Benítez y Burguillos, en
las tradiciones orales de Piera y Ayora y en las Tabulaciones de 1727 del pas­
tor Francisco Martínez, son ejemplos de un tipo de narración notablemente
perdurable del que se han servido los españoles para relatar contactos con
el cielo. En otros esquemas aparecen damas luminosas o encantadoras para
impedir la peste, la santa compaña —vista todavía en Galicia—, espectros
que necesitan ayuda para salir del Purgatorio, y, como en casi cualquier lugar
del mundo, los muertos recientes que aportan consuelo y afecto. Según ha
mostrado Natalie Davies, estas narraciones son algo más que relatos folcló­
ricos desencarnados situados más allá del tiempo y espacio: son pautas para
ver, oír y comportarse. Estas pautas resultan a veces más evidentes cuando
la versión de la vida real no concluye del todo como debiera. La «historia»
está constituida por sucesos reconocibles que, una vez reconocidos, son, por
tanto, documentados. Las historias de Toribia y Fausto nos hacen pensar en
el valor de examinar los no sucesos —cosas que, normalmente, no fueron re­
gistradas porque no se amoldan a modelos reconocidos, en las que, por tanto,
«no sucedió nada». 'A ufe ''í\<
Muchos autores han creído ver en los presuntos «prodigios» celestes asociados a las
apariciones marianas modernos fenómenos ovnis, pero descontextualizados por la
época, la incultura y la fe religiosa. Sin embargo, la postura que defiende este libro
es que somos nosotros mismos los que contextualizamos estas manifestaciones en
función de nuestro desarrollo intelectual y tecnológico. Lo que indicaría que no
existe un fenómeno, de los llamados anómalos y que estudiamos en la actualidad,
que prevaleciera sobre los demás en importancia y trascendencia. Aunque ya habrá
tiempo para ocupamos de este sustancial detalle, ahora vamos a repasar algunos
de los elementos que señalan que el fenómeno al que nos enfrentamos utiliza una
«base» de recursos ideográficos extrapolables a otros enigmas.
Conchita González, Jacinta González, Mari Loli Mazón (las tres de doce años) y
Mari Cruz González (de once), jugaban en las cercanías de Garabandal (Cantabria),
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cuando oyeron un sonido atronador parecido a un trueno. Posteriormente, una de
las niñas, Conchita, aseguró que se le apareció un «ángel», descrito en su diario
como «una figura muy bella, con muchos resplandores que no me lastimaban
la vista». El supuesto Ángel, era pequeño, tenía los ojos negros y sus pies eran
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«invisibles». Solo lo veía Conchita. Según la descripción, portaba algo en la mano
que brillaba de forma resplandeciente. Tras unos breves instantes, y sin haber
pronunciado palabra, desapareció misteriosamente. Tras varias visitas del poco
hablador ángel, la Virgen se apareció a las niñas. En su libro dedicado a las
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controvertidas apariciones de Garabandal Se fue con prisas a la montaña (1979),
el padre Ensebio García Pesquera recogía algunos testimonios desconcertantes
asociados a las apariciones que se producían en este pequeño pueblo cántabro. El Sr.
Hiérale dijo que:
Yo no soy quién para decir si los sucesos de Garabandal han sido verdaderos
o han sido falsos: eso es cosa de la Iglesia. Pero yo sí puedo dar testimonio de
lo que he visto, porque seguí con todo interés las cosas que allí ocurrían en
1961 y 1962... Estoque le voy a contar ahora tuvo lugar en 1964, cuando ya
habían acabado las «apariciones» Yo había subido al pueblo y andaba de un
lado para otro, cuando de golpe en un cielo bien claro y despejado, vi irrum­
pir un nublado negro y muy denso, que fue a estacionarse sobre los pinos
[donde sucedían las apariciones]. Yo me quedé mirándolo, extrañadísimo y
sin querer explicarme de dónde había podido salir. El nublado parecía agran­
darse, cada vez más oscuro, amenazador... Lo estaba contemplando, con no
pequeña impresión de mi parte, cuando también de golpe el nublado se abrio
por su mitad, y como si brotara de sus entrañas, apareció allí un pequeño
resplandor, o si quiere, una nubecilla blanca muy luminosa que fue agran­
dándose, agrandándose, hasta engullir o hacer desaparecer al imponente
nublado negro. Durante un tiempo que no puedo precisar, varios minutos,
desde luego, la resplandeciente nuble blanca se mantuvo allí, coronando los
pinos: y repentinamente, inexplicablemente, desapareció, dejando un cielo
tan azul y transparente, como si nada hubiera pasado por él.

Es muy probable, a tenor de los datos, que la experiencia narrada por este
vecino de Garabandal fuera solo percibida por él. De hecho, las cuatro niñas
protagonistas de las visiones narraban encuentros con luminarias y extraños
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resplandores. Incluso él propio padre García Pesquera hablaba en su escrito sobre
cómo pudo ser «entrenada» la percepción de las niñas videntes:
Para este algo se las prepara más directamente el tercer día, 20 de junio
(1961), con el fenómeno de la luz envolvente y cegadora, que les tapa el ca­
mino y las aísla de todo. Su espíritu y sus ojos deben ir estando en forma
para pasar con una especie de fácil naturalidad, del mundo de las realida­
des cotidianas, nada deslumbrantes, a un mundo superior de maravilla y
transparencia.

En el diario de Conchita se leía: I.W»»

El Angel no venía, decidimos ir a la Iglesia y cuando nos levantábamos, pues


estábamos de rodillas, vimos una luz muy resplandeciente que nos rodeaba a
las cuatro y no vimos más que esa luz y gritamos como con miedo. Entonces
desapareció aquel resplandor tan grande y nos fuimos a nuestras casas, pues
eran ya las nueve y media y no fuimos a la Iglesia porque era muy tarde. En
nuestras casas no dijimos nada a nadie.

Francisco Sánchez Ventura y Pascual, en su libro El Interrogante de Garabandal


(1965), ofrecía una explicación para estos fenómenos:
El Ángel preparaba el espíritu de las niñas para las visiones celestiales. Por
eso vieron primero su figura. Después el fuerte resplandor que acompaña a
las visiones... Hasta tenerlas dispuestas a entrar y salir con extraordinaria
frecuencia, como veremos luego, en aquel escenario esplendoroso donde los
personajes celestiales se manifestaban, hablaban y movían.
El autor de presente libro junto al lugar donde las niñas se encontraron

al «ángel» en GarabandaL Archivo Carav@ca

Lo que sí quedó claro es que las niñas estaban en un «estado alterado de


conciencia» cuando entraban en contacto con estas entidades. Se documentó que
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durante los «trances», las cuatro niñas permanecían rígidas como estatuas durante
horas. Se les pinchaba con agujas, incluso, según se dijo que, en los globos oculares,
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sin que las jóvenes salieran de su extraño estado. Ni siquiera una potente luz
incidiendo sobre ellas parecía afectarles. Además, bajo este mismo trance, andaban
de espaldas a gran velocidad sin tropezar ni caerse por las angostas y pedregosas
calles de GarabandaL Algunos vecinos estupefactos ante estas demostraciones de
1
carreras de «cangrejos», tal y como me relataron en el mismo pueblo, decían que
«tenían ojos en los pies». El hermano de Jacinta me contó, en una entrevista
efectuada en Garabandal en 2007, que la gente que se agolpaba alrededor de las
niñas les entregaba diversos objetos, como anillos y medallas, para la que Virgen
los bendijera, y posteriormente ellas los devolvían a sus dueños sin error. Incluso
I. 1 '. 1

me aseguró que eran capaces de descubrir a los sacerdotes que acudían de paisano
al lugar. También me dijo que su hermana le decía que ellas no eran conscientes
del tiempo mientras estaban en trance y que la realidad cotidiana parecía
completamente diferente. Y precisamente, durante una de sus visiones, aseguraron
que al lado de un ángel y a la altura de la Virgen vieron «un ojo de estatura [tamaño]
grande, parecía el ojo de Dios». Las testigos también hablaban de una misteriosa
nube roja que las envolvían, «una estrella luminosa con larga cola».
En un informe del sacerdote José Ramón María Andréu, S.J., se describen estos
fenómenos luminosos:

La luz acompaña a todas las visiones. Es como luz de sol, pero es una luz
diferente. De noche también ven la luz. Esta luz les impide ver las demás
cosas excepto las personas de la visión y a las otras niñas que están también
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participando de la visión. Cuando una niña deja de ver la visión y vuelve a la


normalidad., las que continúan en la visión dejan de verla.

De hecho, la Virgen estaba rodeada de una gran luminosidad.


Otra aparición mariana ocurrida en España, pero menos conocida que la de
Garabandal, también registró un gran número de fenómenos extraños. De nuevo
retomamos la pluma del estudioso William A. Christian Jr. que, en su obra Las
Visiones de Ezkioga. La Segunda Repúblicay el Reino de Cristo (1997), decía que:

El 29 de junio de 1931, dos niños del País Vasco español dijeron haber visto
a la Virgen María. Esta visión inicial condujo a muchas otras más. De hecho,
hubo visiones cada noche durante muchos meses. Alrededor de un millón de
personas acudieron, solo en 1931, al lugar de las apariciones en la pendiente
de una colina junto a Ezkioga y la gente comenzó a tener visiones en una
veintena de localidades diferentes. Hasta las apariciones a los adolescentes
de Medjugorje, en la década de 1980, los videntes de Ezkioga fueron quienes
atrajeron un número de personas mayor que cualquier otra aparición del
mundo católico.

Previamente, habían sucedido otras manifestaciones en otros lugares de


España, como refiere el autor cuando escribe que:

Mendigorría, como Mañeru, era un pueblo devoto cuna de muchas vocacio­


nes religiosas. El 31 de mayo de 1931, las Hijas de María habían asistido a
una misa con una comunión general y sermón pronunciado por un capu­
chino de Sangüesa. Por la tarde, acompañadas por la banda de la ciudad,
llevaron en andas por Mendigorría una imagen de la Virgen. Al atardecer del
jueves 4 de junio, fiesta de Corpus Christi, los sacerdotes del pueblo se ha­
llaban en los confesionarios preparando a los niños para las comuniones del
primer viernes, mientras la banda municipal tocaba en la plaza. El mes de
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junio estaba dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, y.-stt imagen se hallaba en


la iglesia sobre una mesa. Una niña entró en el templo y vio á una señora de
aspecto sobrenatural vestida de luto y arrodillada en un reclinatorio ante el
Sagrado Corazón. Asustada, la niña llamó a sus amigas que se hallaban fuera.
Entró un grupo, vio a la mujer, y fue a comunicárselo a las demás. Acudieron
luego más niñas, entre ellas algunas pequeñas, entraron, no vieron nada y
comenzaron a rezar el rosario. Según una de las niñas, la maestra les había
dicho que debían rezar por España, pues iban por mal camino. Cuando la que
dirigía la oración llegó a la jaculatoria Mater Ama bilis de la letanía, dijo estar
viendo la figura, y entonces, muchas de las demás niñas exclamaron: «¡Mí­
rala!». Algunas observaron al principio una luz brillante sobre la portezuela
del sagrario. Otras vieron solo un resplandor. Otras, incluidas las personas
adultas presentes, no vieron nada.

Y es que, por regla general, trascienden las informaciones más propicias para
la Iglesia en detrimento de las experiencias más extrañas y profanas que suelen ser
censuradas y olvidadas. En Ezkioga hubo visiones que son difíciles de encasillar en
el precepto cristiano, desde brujas volando hasta figuras sin cabeza en la zona de
Zumárraga, de amplia tradición pagana. También se informó de extrañas «bolas de
fuego» sobre el monte de Aitzkorri. En Ormaiztegi, a finales de agosto y principios
de septiembre, se notificó de la presencia de un extraño animal, descrito como un
«mono», junto a un río próximo al taller de carpintería del padre de una de las
niñas testigo del hecho. Al día siguiente vieron como este «mono» se transformaba
en una mujer muy fea. Estas visiones bizarras también se dieron en Ezkioga, donde
un testigo aseguró que vio al mismísimo diablo en la zona: «Era alto y pelirrojo, iba
vestido de negro y tenía dientes largos como los de un lobo. Quise gritar de terror,
pero hice la señal de la cruz y la figura se desvaneció lentamente».
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El periódico El Debate* en su edición del 18 de agosto de 1931 recogía una
aparición ocurrida en Toledo, en el pueblo de Rielves, en el que un fuerte resplandor
precedió la visión de la Virgen vistiendo un manto blanco. La protagonista fue
Teófila, de trece años, que posteriormente, en compañía de su padre, pudo ver con
mayor nitidez a una señora con un manto blanco y un peto negro.
Pero volvamos a Ezkioga, epicentro de unas manifestaciones sin parangón en
la casuística mariana española. Benita Aguirre, una de las múltiples niñas videntes,
explicó su experiencia del 6 de agosto de 193 3 en el citado libro de Christian Jr.:

Primeramente ha aparecido en el firmamento un hueco, luego de ahí ha


salido un gran resplandor que al llegar encima de la cruz [al sitio de las visio-
nes] se ha recogido a los pies de la Virgen, apareciendo Ella vestida con capa
negra y pechero blanco. El niño estaba vestido de blanco, y al momento han
bajado dos Ángeles con cestas de flores en ellas, colocándose a los pies de la
Virgen, uno a cada lado. Al poco rato de estar viendo esto, ha bajado un hom­
bre con capa azul cruzada del hombro derecho hasta el costado izquierdo y
vestido de blanco.

Curiosamente, toda la escena desapareció cuando cada uno de los personajes


retornó al «agujero del firmamento».

Las luces populares...

Y es que ha quedado más que patente que no solo en las apariciones de Ezkioga, sino
en el fenómeno global de las apariciones marianas, las luminarias, los misteriosos
resplandores y las extrañas entidades son los protagonistas indiscutibles. De nuevo
retomamos al erudito Christian Jr. cuando indicaba que «a menudo, las visiones
comenzaban simplemente con la aparición de una luz brillante en algún punto, que
se desarrollaba de forma gradual, evolucionaba y se abría para dar paso aúna figura
humana, casi siempre la Virgen. [...] Algunas personas solo llegan a ver la luz —en
árboles, en una cruz, o, simplemente, en un destello cegador. [...] De manera similar,
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un anciano vidente de origen rural me explico que solía ver algo parecido a una
nube que se abría para dar paso a la Virgen que surgía rodeada de luz».
La vidente de Ezkioga Evarista Galdós afirmó lo siguiente:
—1

Vi una luz en forma de corona que cada vez se agrandaba, pero veía las
puntas y el tronco de los árboles, teniendo, por tanto, unos cuatro metros de
radio dicha corona, no pudiendo distinguir la parte que la luz abarcaba. En
medio de dicha claridad, vi una señora vestida de luto... La cara no la pude
distinguir bien, pues la aparición fue momentánea, y, además, parecía como
si tuviese una especie de cortina de humo delante.

Pero a su vez, de forma desconcertante, estas crónicas, entroncan directamente


con el folclore popular de muchas culturas alejadas del «fervor» e interpretación
religiosa. De hecho, hace algunos años, en la biblioteca de Cádiz, descubrí una
curiosa noticia publicada en el periódico El Contribuyente el 17 de marzo 1897:

Recoge un periódico de Vitoria que los vecinos de Yurre, Antesana, Lipidana


y otros pueblos están sobrecogidos de espanto a causa de una luz miste­
riosa que aparece por las noches en las cercanías de aquellos lugares. Es una
especie de globo luminoso que desprende lucecitas pálidas que vagan por el
aire o se detienen en las puntas de las ramas secas. El globo en cuestión se
distingue a gran distancia y ha sido visto por varias personas. Se dice que
una persona curiosa que salió a la ventana a contemplarlo, hubo de cerrarla
entre las patas del animal. Juliana Expósito, familiar directo de Nicolás, afirmó al
investigador J. J. Benítez en la década de los ochenta, que la «luminaria» golpeo al
testigo haciendo que este cayera de la muía. Sin embargo, fue incapaz de explicar
qué «mano invisible» había sido la causante de la caída. Tras irnos segundos de
intensa angustia y terror, el animal encabritado consiguió zafarse de la «bola
luminosa» y Nicolás, con un gran susto en el cuerpo, consiguió llegar a su domicilio.
Su mujer Estefanía dijo que su rostro «tenía el color de la cera» y que se sentía
indispuesto, por lo que cayo enfermo en la cama.
A los nueve días del inusitado percance, el infortunado testigo murió, a los 3 9
años, entre fuertes dolores y extrañas hemorragias que intentaron ser cauterizadas
por el médico local con un pequeño artilugio (denominado botones de fuego) cuya
punta era de hierro incandescente. Aunque el Dr. Víctor Sánchez Hoyos comentó
que el fallecimiento se debió a una neumonía, los vecinos y familiares estaban
convencidos de que la muerte estaba claramente relacionada con su fatal encuentro
con la luz, ya que hasta ese fatídico día la salud de Nicolás era extraordinaria.
De hecho, en el acta de fallecimiento, redactada por el párroco Vicente González
Montero, no se especifica la causa de muerte: «Sin que se exprese el género de
muerte la papeleta del juzgado», se lee textualmente en el documento recuperado
por el periodista navarro, que publicó en su clásica obra La Quinta Columna (1990).
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Algunos expertos, como el propio J.J. Benítez, afirmaban que el testigo estuvo
expuesto a algún tipo de «radiación ionizante» de «baja frecuencia» que le causó
la muerte. De ahí que presentara lesiones en la piel, lógicamente la zona más
afectada por la poca penetración de las radiaciones emitidas supuestamente por la
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luminaria. Bcnítéz especulaba con la posibilidad de que las lesiones que presentaba
Nicolás se infectaran, provocando Una septicemia y derivando posteriormente
en una bronconeumonía que le llevó a la muerte. De hecho, los vecinos de
Cambroncino aseguraban que a Nicolás se le «heló la sangre» aquella noche. La
inexistencia de confirmación oficial ante un fallecimiento muy común en la época
(neumonía) pudo deberse a la extrañeza de los síntomas cutáneos (quemaduras,
hinchazón, sangrado) que observó el Dr. Sánchez Hoyos en el paciente.
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Pero hay más. Como señala certeramente la investigadora, periodista y amiga
Lourdes Gómez, en su libro Las Hurdes: Frontera con lo Desconocido (2017), en esta
zona concreta de las Hurdes también hallamos una relación entre «la creencia en
las brujas con el fenómeno ovni, ya que también he escuchado que estas mujeres
¡I
pueden manifestarse en forma de luces o resplandores». El periodista David Cuevas,
I
en su libro Ovnis: Paradigma del Absurdo (2017), narraba un caso reciente donde
aún se percibía la pátina de antiguas y ancestrales creencias:

En enero de 2016 me desplacé, junto a mi compañera la periodista Lourdes


Gómez, a Las Hurdes. Esa comarca situada al norte de Cáceres y en la que
los misterios que nos narran muchos de sus vecinos son legión. Y quizá lo
más interesante es que estos se siguen produciendo. Buena muestra de ello
me la brindó Jesús González de Cáceres, hermano del antaño alcalde del
pueblo, quien me contó en su domicilio de Pinofranqueado como, cuando
estaba sentado cerca de su casa tomando el fresco con varios familiares a
las 22:40 del 17 de agosto de 2014, «mi mujer dijo que venía una luz clara,
como un foco muy potente, a lo que yo pensé que podría ser un helicóptero.
El caso es que se acercó poco a poco, muy lentamente, dirección Sur-Norte,
hasta ponerse a unos 1000 metros de altura de nosotros. Aquello no hacía

i1- "1 -tí


ruido alguno. El caso es que se paró durante unos dos minutos y, de repente,
empezó a subir hacia arriba. Totalmente recto, y aquello salió fuera del globo
terrestre ya que se fundió sobre las estrellas y desapareció». Y no fue el
único testigo. Su esposa y su cuñada me confirmaron lo referido por Jesús.
De hecho, según nuestro protagonista, «mi cuñada dijo que aquello era cosa
de brujas, y yo disentí, pero pasé miedo por si aquello nos atacaba de alguna
manera. Creí percibir que su silueta era como escalonada. Nunca vi nada
parecido.

Increíble. Un presunto caso ovni en toda regla relacionado con las brujas, las
cuales se encuentran de forma omnipresente en el folclore hurdano. ¿Casualidad?
No en vano, en el citado libro la investigadora Lourdes Gómez narraba las ricas
tradiciones españolas sobre luces extrañas:
v >.......
En su obra La España Extraña, Javier Sierra y Jesús Callejo bautizan con el
1
nombre de «luces populares» a todas las historias sobre luceros, estrellas
y todo tipo de objetos volantes que aparecen en las crónicas antiguas y
también aquellos que dejan su huella en «santuarios, enclaves geográficos y
blasones cuyas tradiciones, raíces toponímicas o escudos heráldicos alber­
guen luces y estrellas solitarias». Añaden los autores, además, que este nom­
bre, luces populares, resulta adecuado para estos sucesos porque «a fin de
cuentas, siempre ha sido el pueblo el principal afectado por su presencia, al
tiempo que su más fiel reivindicador histórico».

Pero ¿es posible que los modernos extraterrestres tuvieran analogías con las
'( I 11’1' , I» i i 1» rf ! ’• '

visiones de brujas o con los relatos de hadas y duendes? ¿No parece todo fruto de
una mente delirante?
La mezcolanza «imposible»: uno para todos y todos
para uno

Resulta curioso señalar, para concluir este capítulo, que las múltiples apariciones
registradas en Ezkioga abarcaron un amplio espectro de visiones altamente
desconcertantes. Actualmente algún ávido ufólogo, desechando la parte que no le
interesa de estas historias, interpretaría estas visiones de «entidades envueltas en
luminarias y resplandores» como producto de los visitantes del espacio utilizando
su prodigiosa tecnología. Pero no es tan sencillo. Tampoco podemos obviar que
en el fenómeno de Ezkioga se reportaron casos donde se observaron seres que
podrían encajar perfectamente en el folclore antiguo, y que, en otro contexto,
hubiesen derivado en leyendas y cuentos populares alejados del fervor religioso.
Los folcloristas intentarían llevar la harina a su costal. Pero incluso podemos ir
más allá. En Ezkioga y en otras apariciones marianas los videntes han llegado a
ver, antes, durante o después de sus visiones, a familiares difuntos deambulando
por la zona. En su citado libro William A. Christian Jr. comentaba a este respecto
que: «Los difuntos aparecieron en Ezkioga desde los primeros días de las visiones.
Los aparecidos eran casi siempre familiares próximos del vidente». Y tal y como me
refirió el hermano de Jacinta, en Garabandal, las niñas se colocaban en la puerta del
cementerio y parecían gesticular con los difuntos allí presentes.
Esta mezcolanza de conceptos en «apariciones» diferentes han traído de cabeza
a los investigadores y estudiosos. Desde hace varias décadas, multitud de ufólogos
han comparado ciertas descripciones ofrecidas por los videntes marianos con las
Jv aíM ‘adlfflJNV aWÍÍÍj1
descripciones ofrecidas por los modernos testigos ovnis para denunciar que ambos
fenómenos son, en realidad, uno solo. Aunque lo que ignoran estos ufólogos es qué
las visiones de extrañas manifestaciones celestes (luminarias, cometas, columnas
de fuego, dragones, brujas, discos, cruces) han estado presentes a lo largo de la
historia, y que el hombre ha visto y traducido estos prodigios como señales de
la divinidad, mensajes de la madre naturaleza, o como augurios para cosechas,
guerras o reinados. Pero esto no quiere decir que todos estos fenómenos aereos
sean en realidad «platillos volantes» mal descritos por nuestros antepasados.
Simplemente, las anomalías que presenciaban les «ofrecían» ese concreto aspecto
en función, szne qua non, de los pensamientos e ideas presentes en la época de la
manifestación.
De la misma forma, desde los mismos albores de la humanidad se han
registrado miles de asombrosos encuentros con múltiples y diferentes entidades
que parecían indicar que no estábamos solos en este mundo. Dichos seres, en
la mayoría de las ocasiones, se han comunicado de forma ambigua y sin una
intención clara, llenando de asombro y estupor a los desprevenidos testigos. Se los
ha llamado daemones, hadas, demonios, elfos, enanos, ángeles, súcubos y toda una
miríada de nombres para intentar definir a unas criaturas intermedias entre los
hombres y los dioses, o, entre los hombres y un más allá confuso. Unas criaturas tan
reales como vaporosas y tan ciertas como el vago recuerdo de un sueño.
Y es por ello por lo que, en la reciente casuística ufológica, podemos encontrar,
sin mucho esfuerzo, incidentes que sirven de puente con el folclore antiguo, con
esas historias que se contaban al calor de la chimenea. Y seguramente, muchos de
estos episodios contemporáneos, con su patina de modernidad disfrazada de viajes
interestelares, en otro contexto socio/cultural hubieran tenido otra rntéiprétadón
y desarrollo diferente a la visitación extraterrestre.
Veamos algunos ejemplos de cómo lo archivos de los ufólogos no difieren de los
legajos estudiados por los folcloristas e historiadores de antaño.
El 11 de julio de 19 78, sobre las 13:00 horas, dos niños, A. B. (10 años) y F. C. (11
años), en la isla de Ibiza (España), estaban jugando en una finca llamada C an Fita
cuando escucharon un fuerte ruido procedente de una maleza cercana. Entonces
los adolescentes observaron un humanoide de apariencia «robotica» agachado,
como buscando algo en el suelo. Su cabeza era plana y tenía dos antenas que surgían
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de la parte posterior. En lugar de ojos poseía dos rendijas verticales. El cuerpo del
autómata era como el de una persona normal. Al percatarse de la presencia de
los niños, el extraño hombre metálico se reincorporó. Los testigos retrocedieron
unos metros para seguir observando. Desde esta posición distinguieron otra
entidad que surgió de la maleza. En esta ocasión era un «hombre» de más de
dos metros de altura, vestido con una túnica blanca que le cubría la cabeza. Los
adolescentes dijeron que se veían unos mechones pelirrojos bajo la tela, junto a
la cara. A los lados de la túnica había dos líneas verticales negras y tenía una
curiosa «estrella» bordada en el pecho. Los niños también comentaron que vieron
una extraña máquina flotando a menos de un metro del suelo. El luminoso
artefacto tenía forma de huevo y era de color grisáceo. En un instante se elevó,
para quedarse estático sobre unos cables del tendido eléctrico que comenzaron a
vibrar y a curvarse hacia arriba, como atraídos por el objeto. Cuando los testigos
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comprobaron que los seres se dieron cuenta de su presencia, huyeron del lugar,
indicando que una «luz» azul comenzó a perseguirlos durante varios segundos. El »
hermano de uno de los niños asegura que en el lugar de los hechos encontraron
una enorme huella de pie, de talla 50, con tres círculos en su interior. Uno de los
¡i';1 w

círculos estaba dentro de un triángulo. ¿Qué diferencia este caso de las apariciones
mañanas convencionales?
Pero demos otra vuelta de tuerca al asunto. ¿Pueden los Bigfoot entrar y salir
de los ovnis o incluso tripularlos? En el año 1981, en Chile, sucedió un interesante
encuentro cercano con ovnis que define a la perfección lo que intentamos describir
en el presente trabajo, un caso puente entre ambos fenómenos que cumple todos
los requisitos de los avistamientos ovnis, con la particularidad de que el ocupante
del artefacto no era un piloto espacial al uso. El suceso fue protagonizado por el
arquitecto Oscar Zamorro y un juez que no quiso revelar su identidad. Tuvo lugar
en la cordillera de los Andes y así lo narraron los propios protagonistas a los
periodistas:

Cuando nos acercábamos a un claro del bosque, de repente vimos un


vehículo de metal en forma de cigarro con la parte superior plana. Medía
unos doce metros de largo y tres ancho, y estaba a unos 73 metros de dis­
tancia. Al principio pensamos que nos habíamos topado con una instalación
militar. Pero cuando caminamos, dando la vuelta al otro lado de la nave
buscando insignias, nos quedamos impactados al ver a una criatura peluda
de apariencia humana de dos metros de altura. Se podría confundir con un
gorila, excepto de su cuerpo de forma humana y de la cara. Además del pelo
oscuro, la cosa más extraña era que él no tenía ningún cuello discernióle. Por
suerte, la criatura no nos vio, así pues, nos metimos silenciosamente detrás
de unas rocas y arbustos donde mirarnos y nos escondimos por unos 1,5
minutos. La criatura se quedó quieta y no hubo ningún movimiento deM^>; •/ ,.|
de la nave. Finalmente, decidimos acercamos. De repente, una escalera de MÍ
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metal descendió y la criatura comenzó a subirla. En unos segundos, el es­
taba dentro de la nave, que luego comenzó a ascender en silencio. Se levantó
como un helicóptero. Cuando estaba a unos 18 metros del suelo, estábamos
casi cegados por las flagrantes luces blancas, rojas y amarillas que ilumina­
ban al lado de la montaña. Después de unos segundos, la nave desapareció
a una velocidad increíble, dejando solo la vegetación quemada donde había
aterrizado.

Se han descrito los puntos de unión que existen entre las apariciones marianas
y el fenómeno ovni, las visiones de difuntos y las apariciones religiosas, los platillos
..I .'
volantes y los Bigfoot, y ahora, vamos a exponer un ejemplo que une otros dos
mundos asombrosos, los duendes y los ovnis. El 1 de noviembre de 1954, sobre las
6:30 horas, en Cennina (Bucine, Provincia de Arezzo, (Italia), Rossa Lotti Dainelli
(40 años), una mujer que vivía en una tranquila granja a las afueras del pueblo, se
dirigía a pie al cementerio y la iglesia. Llevaba un ramo de claveles para depositarlo
en las tumbas de sus familiares. En un determinado momento, para atravesar una
zona del bosque, se descalzó para no manchar sus zapatos y medias con el fango del
camino. Entonces, al llegar a un pequeño claro entre los árboles, se percató de la
presencia de un extraño objeto que se hallaba sobre la hierba. El artefacto, de unos
dos metros de altura y un metro de diámetro por su parte central, tenía forma de
dos conos unidos por su base, estrechándose por sus bordes puntiagudos, y era de
color marrón —algunas fuentes dicen que estaba recubierto de un material
parecido al cuero—. El objeto tenía una pequeña puerta abierta, y en su interior
Lotti pudo distinguir que había dos pequeñas sñlitas. Entonces, de forma
inesperada, por detrás del artefacto, surgieron dos pequeños humanoides, como
niños, de un metro de altura, dando saltos. Los misteriosos seres vestían un mono
ceñido al cuerpo, con botones brillantes y capa gris, y portaban un casco rojizo con
orejeras. Tenían el pelo negro y, aunque parecían niños, sus caras eran de adultos,
muy risueños, y hablaban en una lengua que la testigo comparó con el chino. Las
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palabras que pronunciaron los seres eran algo parecido a los fonemas: «liu, lai, loi,
lau, loi, lai, liu». Los dos pequeños humanoides se dirigieron a la Sra. Lotti con gran
algarabía y una amplia sonrisa en la cara, y uno de ellos, el que parecía más viejo, le
«robo» varias flores y una de las medias, arrojándolas, después de examinarlas, en
el interior del objeto. En ese momento, uno de los hombrecitos tomó un extraño
artefacto de aspecto cilindrico con la punta redonda y apuntó a la Sra. Lotti, quien
salió corriendo, pensando que la querían fotografiar (sic). Cuando estaba a unos
cien metros de distancia, se giró y pudo comprobar que aquella «cosa» y sus
insólitos tripulantes continuaban allí. No se trataba de una pesadilla. El encuentro
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duró aproximadamente unos diez minutos.
Existen casos ovni como el de Rosa Lottí, ocurrido en Italia en 1954, cuyos

tripulantes parecían más bien personajes de un «cuento» tradicional de hadas y

duendes que de una supuesta visitación extraterrestre. Archivo Carav@ca

El fantástico relato de la Sra. Lotti parecía confirmarse con los testimonios


de varios vecinos que observaron las evoluciones de un extraño objeto en el
aire. Además, se conoció que dos hermanos, Marcello y Ampelio (de 9 y 6 años),
desde la distancia, habían presenciado el encuentro de la Sra. Lotti con los dos
seres —aunque dicho testimonio ha sido cuestionado en investigaciones recientes
—. Los vecinos que se acercaron al lugar del extravagante encuentro, a los treinta
minutos del hecho, contemplaron un profundo agujero en la tierra de unos quince
centímetros y unos diez de diámetro. El orificio también fue visto por el inspector
jefe de carabineros en Ambra, Zulimo Botarelli, que se encontraba de caza en
los alrededores cuando sucedió el incidente. El destacado investigador italiano
Osvaldo Carigi me informó de otros testigos en la zona de Cennina:

Hubo testimonios del albañil Rominaldo Beni, el floricultor Andrea Livi, el


sastre Ouorino Santarelli, el mecánico Pianigini Gino, de Luigi Bianchi, el
operario Marcello Pistocchi y el párroco Nevio Ros si, que declararon, por se­
parado, la noche siguiente del singular encuentro de Lotti, que un objeto bri-
liante desconocido sobrevoló los alrededores de Cennina.

¿Hace siglos no hubieran tomado este encuentro como fruto de una visión de la
comunidad secreta? ¿Alegres hombrecillos con ganas de diversión y tomar el pelo a
las buenas gentes?
Y es que el esquema interno de estas asombrosas historias es básicamente el
mismo. Solo cambia el aspecto externo de la manifestación. Los detalles superfinos.
La imagen que observamos. De la religiosidad y lo sobrenatural pasamos a lo
extraterreno y tecnológico, de lo sagrado a lo espacial. Pero en ambos casos el
mensaje que se trasmite es el mismo. «¡Estamos aquí! ¡Puedes vernos! ¡Tocarnos!
Pero no tenemos nada que contar... No traemos ningún mensaje concreto... ¡Solo
las enormes ganas de exhibirnos! ¡Hablamos, pero no decimos nada!».
Pero, para concluir este apartado, podemos hacer una última pirueta con triple
mortal. ¿Podríamos vincular las visiones de platillos volantes con las observaciones
de difuntos? Aunque esto sí que parece un planteamiento más bien de una novela
de ciencia ficción, es una conjetura que algunos ufólogos consideran como algo
muy probable. El escritor e investigador f. J. Benítez, como vimos en páginas
anteriores, defensor a ultranza de la vía extraterrestre, en una entrevista concedida
a Paula Arenas, para el portal digital 20 Minutos (del 21 de septiembre de 2016),
preguntado sobre qué podrían ser los ovnis dijo:

Tengo sospechas. Mira, se les ve buscar muestras, examinar al ganado, ma­


tarlo, examinar a los humanos, acercarse a coches, barcos... Aparentemente
son científicos, pero yo no me atrevo a decir que son solo científicos. Quizá
están viendo qué pasa aquí. Puede que sea gente que sembró la vida aquí
hace mucho y están viendo cómo va. Pero no sabemos nada exactamente.
Además, seguramente no hay una sola razón. Cuando los astronautas llega­
ron a la luna había varios objetivos, y aquí pasará lo mismo.

Pero, a continuación, añade un dato contradictorio y difícil de encajar en la HET


clásica. Cuando le preguntaron al autor de la exitosa saga Caballo de Troya por la
posible vinculación de los difuntos con el fenómeno ovni respondió lo siguiente:

Sí, es una hipótesis que manejo hace tiempo. Un testigo cuenta cómo aparece
su madre muerta y caminan los dos fuera de la casa a un campo y aparece
un disco de luz y la madre se mete y se va. Podrían ser recogedores de almas.
Cuando hay un terremoto, se ven naves días antes encima del sitio. Saben
que va a haber algo.
En su prppia página web, Benítez respondió a la pregunta de un internsuta
(el 01 de septiembre de 2017) afirmando que: «Cada día estoy más convencido: el
fenómeno Ovni tiene mucho que ver con el Más allá». '^0'

Mucho tiempo antes, el famoso escritor Whitley Strieber, y autor del libro
Communion (1987),- dedicado a su controvertida experiencia de abducción,
afirmaba en una conocida red social, el 6 de julio de 2009, que los «visitantes»
extraterrestres o extradimensionales a veces estaban acompañados por humanos
ya fallecidos. En sus propias palabras: «Es una parte común de las experiencias de
encuentros cercanos con ovnis que las personas vean a difuntos en compañía de los
grises, y por lo general parecen ser tan reales como cualquier otra entidad física».
Personalmente, pude constatar cómo un conocido testigo ovni, del que hablaremos
más adelante, tuvo un encuentro conJiW"'
su abuelo difunto tras estar
■■
frente a un
supuesto tripulante de un No Identificado.
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La mezcolanza es infinita...
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¿Fallo de interpretación o camuflaje psíquico?

La opinión generalizada de la mayoría de estudiosos es que todos estos enigmas que


hemos estado analizando por separado (seres elementales, apariciones religiosas
y extraños homínidos, aunque muestran grandes reservas con el asunto de los
difuntos) serían en realidad manifestaciones de un mismo fenómeno interpretado
de diferente manera. Para algunos ufólogos está claro que todos estos casos son
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avistamíentos ovnis que han sido mal interpretados por los testigos. Para ello se
basarían básicamente en dos corrientes de pensamiento:

1. En determinadas épocas, el testigo, por su condicionamiento cultural,


4

social o religioso, interpretaria el descenso de una «nave espacial» como


un suceso milagroso o de orden sobrenatural al no tener otro marco
referencial con el que compararlo —como si podemos hacer nosotros
actualmente, aseguran estos mismos estudiosos, con nuestra tecnología,
la carrera espacial, o la «ciencia ficción» por ejemplo—.Por ello, en sus
descripciones sobre su experiencia utilizarían elementos mas cercanos a
su vida cotidiana, hablando de hadas y duendes en determinadas épocas
'I

y culturas, o en con «terminología» propias de las creencias cristianas


reinantes según la fecha. Aquí pondríamos de ejemplo el caso de los niños
de Ibiza que se toparon con una entidad encapuchada junto al árbol. Según
algunos ufólogos, en otras épocas y bajo una fuerte influencia religiosa,
los niños protagonistas de esta misma experiencia reinterpretarían los
elementos que componen esta «visión» como una Virgen o un ángel. Al no
disponer de ninguna otra mejor opción informativa con la que comparar
su vivencia, estos jóvenes pensarían que aquellos «mensajeros» deberían
de provenir del «Reino Celestial». De la misma forma, estos estudiosos
están convencidos de que los relatos de seres elementales «bajitos y de
gran cabeza» que secuestraban a las buenas gentes debían de ser nuestros
modernos extraterrestres, haciendo de las suyas en tiempo remotos. Los
investigadores se basan en un simple concepto para explicar sus tesis:
i . * ; W',; 1 .
¿cómo podrían estas personas trasladar la crónica de estos increíbles
u .....' j¡
hechos a sus congéneres? Si apenas disponían de tecnología y aún faltaba
mucho tiempo para el descubrimiento de la electricidad y de los primeros
aparatos voladores, lo más probable, es que un traje espacial y una nave
aterrizando en mitad de un prado les pareciera una cosa casi mágica y
hablaran de un misterioso reino llamado Magonia, enclavado en las nubes
del cielo. Para estos especialistas, el fenómeno ovni —los platillos volantes

y sus ocupantes— nos presenta en la actualidad la verdadera cara de estas
«inteligencias».

2. Por otro lado, otro un buen puñado de estudiosos, con Jacques Vallée
a la cabeza, cree que las «inteligencias» que se manifiestan tras el
fenómeno ovni «adecuarían» o «camuflarían»

su aspecto exterior para
engañar a los testigos y hacerles «creer» en unas manifestaciones
inexistentes (religiosas, espirituales, elementales), para llevar a cabo sus
secretos propósitos. Estos investigadores creen que estas manifestaciones
van cambiando/mutando su apariencia, en función de la época en la que
se manifiesten, para poder arraigar mejor en la memoria colectiva de la
sociedad sin suponer un quebranto demasiado fuerte para las creencias
y conocimientos reinantes. Por ello, en medio de un contexto religioso
pueden utilizar un referente como la Virgen María para aparecerse, o, bajo
las supersticiones locales pueden presentarse como duendes y hadas... Y
todo para ocultar un propósito desconocido que llega hasta nuestros días,
y que según los ufólogos defensores de esta hipótesis podría abarcar desde
la experimentación científica (proyectos de hibridación o reproducción)
hasta la manipulación mental (implantación de creencias y control
mental)...

Pero ¿qué son realmente los ovnis? ¿A dónde nos ha conducido la investigación
de este moderno folclore indistinguible de los paradigmas que se han descrito
en Eneas precedentes? Vamos a cruzar definitivamente el umbral de la «Ciudad
Esmeralda»... y vamos a entrar de lleno en el Mundo de OZ

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------;____________________________________________________________________________________

1 Nota del editor: reeditado recientemente en España dentro del fantásico proyecto de
Reediciones Anómalas. , ...
■ ' {^¿f ... '' ■ • *’ •

;^hL r*:í* T
J.;. '

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..f^liasíi
I Píf? *í‘

CAPITULO 5:
J., ■ Jflii’Tr’1 ... .11 '«• " ” ! :

OVNIS: ENTRE LO ONIRICO


J
LO INCONSCIENTE Y LO REAL

hiíi’n .¿kte 1
PERSIGUIENDO LO INTANGIBLE
J ‘•3
! *. •• <• : z, • ■ ‘ ’ ví®^ ■
• ’ .
; • í4 , ’ * ” ‘¿ ‘^2?» •’ '

Por interesante que pueda ser perderse en cabalas y conjeturas acerca del origen
de estas antiguas creencias, la oportunidad de observar folclore «en gestación»
aún resulta más atractiva para los que se sienten inclinados hacia la investigación
(ovni). Cuando vemos que los rumores modernos parecen conformarse según el
mismo patrón que ha intrigado a generaciones de científicos, teologos y profesores
de literatura, la sensación que se experimenta constituye una mezcla de gratitud y
entusiasmo. Cuando el teléfono suena en la Base Aérea de Wright-Patterson y un
oficial de información local comunica la observación de un automovilista que acaba
de sufrir una «pasada» de lo que él describe como un platillo volante, en realidad
somos testigos de una conjunción verdaderamente única del mundo moderno, con
su tecnología, y de antiguos terrores dotados con todo el poder de su naturaleza
repentina, fugaz e irracional. ¡Qué posición tan privilegiada la nuestra! Ni Wentz
ni Hartland pudieron entrevistar a los individuos que acababan de presenciar el
fenómeno que ellos estudiaban. Casi todos sus interlocutores hablaban de épocas
pretéritas, de cuentos oídos al amor de la lumbre. En cambio, nosotros tenemos la
sensación de que, a poco que nos esforzásemos, podríamos agarrar en plena noche
a esos escurridizos seres. Vamos pisándoles los talones: la atmósfera aún vibra de
excitación, y el olor de azufre aún flota en el aire cuando registramos la historia.

Tal y como expresaba de forma magistral Jacques Vallée en su ineludible


Pasaporte a Magonia, las apariciones de ovnis y sus ocupantes parecían «ecos» de
j? • *’ ; ■ í
otros tiempos reflejados en los «ch arcos» de nuestra modernidad absoluta. Diluidos
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en un espejismo. Como sombras errantes que solo observábamos fugazmente
y que nunca llegaríamos a atrapar, pues pertenecían a un universo intangible
y quimérico- Además, al perseguir a estos «espectros», coetáneos de la bomba
atómica y la era espacial, corríamos el riesgo de caer junto al conejo blanco en
el interior de su psicodélica madriguera y perder nuestra cordura. Y es que para
Vallée estaba claro que nos encontrábamos, en pleno siglo xx, ante los mismos
«resortes» que configuraron y dieron forma al folclore antiguo. ¿Pero es posible este
sincretismo? tití»

En su sobresaliente libro Authors of the Impossible (Autores de lo Imposible,


2011), el profesor de filosofía y pensamiento religioso Jeffrey J. Kripal nos resume
de forma admirable hasta donde nos puede conducir el «pasaporte» expedido por
Vallée, por cierto, a un lugar no muy diferente del País de las Maravillas de Alicia:

Vallée sugiere que los platillos volantes y el folclore tienen algo muy impor­
tante que enseñarnos. Sin embargo, la lección no es sencilla, ya que, aunque
los ovnis siguen siendo reales para Vallée en Pasaporte a Magonia, con toda
probabilidad ya no son extraterrestres y casi seguro que no son literalmente
reales. No son lo que parecen ser. De hecho, con frecuencia los sucesos na­
rrados que han sucedido realmente son por completo absurdos. Decepción y
absurdidad, como insiste Vallée con creciente convencimiento, son parte de
lo que estos fenómenos están comunicando, lo que pretenden enseñamos
sobre la naturaleza de nuestro mundo. Están designados e incluso escenifi­
cados, sugiere Vallée en un interesante planteamiento, para confundirnos,
desconcertarnos y conmocionarnos lanzándonos a otro nivel de consciencia
y cultura, a la manera de las paradojas místicas del Budismo Zen y la Cábala
judía.
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En su libro Challenge ta Science (1966), Vallée escribía: «Lo que tomamos


como una realidad, puede, de hecho, ser una mera apariencia o proyección sobre
la “pantalla” de nuestro mundo espaciotemporal de cuatro dimensiones de una
realidad más fundamental, multidimensional y mucho más compleja». Aunque en
su obra Confrontations (1988) concluía así: «Creo que el fenómeno ovni es uno de
los medios por los que una forma alienígena de inteligencia de una complejidad
increíble se está comunicando con nosotros simbólicamente».
¿ _ 1" i

Damaude, en su reportaje «Hipótesis Explicativas de La Naturaleza, Origen y


Propósitos de los Objetos No Identificados»


'W, w
exponía
'i'p W'
su opinión
"'",l ' .
sobre las ideas
1
de 1

Vallée:

Existe desde siempre un elaborado sistema de control metalógico del planeta


Tierra, que ha intensificado progresivamente su funcionamiento a partir
de la Segunda Guerra Mundial, el gran evento rompedor de tabúes y cor­
sés intelectuales, cuando los viejos mitos se han vuelto inservibles. Este
organismo exógeno de intervención en la sociedad terrestre opera como un
regulador de su desarrollo, e influye de forma subrepticia en la ideología,
valores imperantes y conducta del género humano (...) «Ellos» constituyen
una bomba de relojería social y ejecutan sus papeles cumpliendo un vasto
plan de seducción subliminal. Cuidándose mucho de tomar los conceptos
ideológicos de su propaganda soterrada de los propios arquetipos básicos
del género humano, ya que persiguen impulsar un cambio global hacia la
positividad del comportamiento colectivo. (...) La teoría de que los vehículos
siderales tal vez sean un producto de la mente también ha sido postulada
por J.G. Adams, Alain Gadmer y Jacques Vallée. Según estos investigadores,
no tienen corporeidad y carecen de estructura material. Simplemente son
la proyección de una mera imagen, fabricada desde determinada fuente ex-
tema, que es captada como realidad fáctica por los sentidos del observador.
Podría tratarse de figuras similares a las holográficas, emitidas por medio de
alguna tecnología punta desconocida en la tierra. Lo que el testigo percibe
no es sino una peculiar configuración de energía concentrada y teledirigida,
que se hace visible en sus proximidades. Es «víctima» de un sistema de
transmisión de imágenes a distancia, como si frente a él funcionase un apa­
rato de televisión.
’ * íf ' 4- * ¿te
Además, como exponíamos anteriormente, muchos autores refrendaban en la
idea de que el fenómeno ovni «engañaba» a los testigos con una elaborada puesta en
escena, tal y como decía el investigador Jean Robin:
’’ RjWÍ' ’‘•nj'iPi4 *

Cada una de las manifestaciones de Fenómenos ovnis —las aeronaves de


Estados Unidos en los años 90 del S. XIX, los «aviones misteriosos» de Es-
candinavia en los años 30, los cohetes suecos de 1946, los ovnis de la actual
era espacial— se han adelantado un paso a los avances técnicos de su época.
El núcleo del problema es la proyección de un sistema de creencias falso, un
poco más allá de las creencias existentes.

Patrick Harpur, autor del libro Daimonic Reality: A Field Guide to the Otherworld
{Realidad Daimónica: Una guía de campo para el Otro Mundo, 1995), afirmaba
que: «Los dioses y dáimones, cambian de forma —apareciendo, pongamos, como
alienígenas de otros planetas—, es solo que se han hecho un nuevo traje para
adaptarse a los tiempos».
Miguel Peyro, en su excelente libro ¿OVNIS?Si, pero... (1979) decía que:

El fenómeno ofrece, a pesar de todo, su propia explicación a través de los


tiempos, acorde con el momento cultural y tecnológico de los hombres. Esto
se evidencia con su presencia como magos en la Edad Media, científicos jules-
vemescos en el siglo xix, pilotos de aviones secretos en la década de los treinta
y astronautas del espacio en nuestra llamada «Era espacial» ... El fenómeno
se adapta a cada momento cronológico con un camuflaje perfecto, imposible
de desvelar para un testigo de una época determinada. /

Vallée, Robín y Keel, entre otros, estaban convencidos de que los ovnis no eran
lo que parecían, sino que cambiaban su aspecto externo, de forma deliberada, para
«camuflarse» y ocultar su verdadera naturaleza y propósito. Hace cientos de años
tomaban la apariencia de «dirigibles» y «globos» imposibles, con poleas, fuelles y
cuerdas, y, actualmente, aparentaban ser relucientes y perfectas naves espaciales...
En el libro The raiment of light (Mensajeros de la Luz, 1979) David Tansley
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escribía:

A lo largo de muchos siglos de prácticas espirituales, los maestros del bu­


dismo zen han desarrollado el koan. Este consiste en un recurso para confun­
dir y anular el pensamiento racional del monje que aspira a la sabiduría. El
koan, hay muchos, reviste la forma de una pregunta sin respuesta racional
ni lógica. El más conocido en Occidente es: «Conocemos el sonido de dos
manos: pero ¿cuál es el sonido de una mano al aplaudir?» [...] Si examinamos
de cerca el fenómeno de los ovnis veremos que tiene todas las trazas de un
koan de proporciones cósmicas: donde el absurdo y el hecho real se aúnan
para confusión de los procesos lógicos y racionales tan caros a nuestras men­
tes. Por mucho que trabaje para desentrañar el misterio, el intelecto tiene
que retirarse sin haber obtenido la respuesta correcta.

Para Patrick Harpur, en su citado libro, los ovnis son: «fenómenos naturales
producidos por la necesidad de un equilibrio psíquico: y a nosotros nos toca
reflexionar sobre ellos, mientras ellos nos reflejan a nosotros, con la esperanza
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de cicatrizar cualquier fisura psíquica que nos hostigue». Incluso para las nuevas
generaciones de investigadores, el fenómeno ovni parece plantear una serie de
* ■' ¿ , -ffl
interrogantes difíciles de resolver. El periodista y excelente investigador David
Cuevas en su libro OVNIS: Paradigmas del absurdo (2017) comentaba lo siguiente:

Yo he desarrollado lo que definiría como la conjetura de la confusión. Y digo


conjetura, no teoría, puesto que se trata de un subjetivo juicio u opinión
formado a partir de indicios o datos incompletos o supuestos. Esta conjetura
de la confusión consiste en una premisa muy sencilla: los ovnis, sean lo
que sean y provengan de donde provengan, nos tienen a todos (testigos,
investigadores, divulgadores y estudiosos), lo creamos o no, realmente con­
fundidos. Y no de manera casual, sino causal. Principalmente por la ausencia
de claros patrones para explicar, mínimamente, a que podemos estar enfren­
tándonos.

Y es que, como habrá comprobado con estupefacción el lector no habituado a


estos menesteres, de la chapa y tornillos de los platillos volantes se había pasado
a especular con un fenómeno prácticamente inescrutable que podía mutarse,
además de alterar la conciencia de los testigos expresándose en un complejo
lenguaje metafórico y onírico para buscar nuestra evolución. ¿Y cómo habíamos
llegado a este punto? ¿En qué momento la ufología había pasado a convertirse en un
galimatías intelectual? ¿En un koan cósmico?
El culpable fue el análisis en profundidad de la casuística ovni sin detenerse o
abstraerse en la superficie de lo que el fenómeno nos aparentaba ser. Tal y como
indicaba Ignacio Darnaude, en otro magistral ensayo titulado «El Principio de
Elusividad Cósmica» (2009):
El truco de «hacer sin que lo parezca» y «parecer lo que no se es» conforma
la primera constante a tener en cuenta en la ciencia ufológíca. Su funcio­
namiento es perfecto: no se ha constatado un maldito fallo en cincuenta
años. Sin una sola excepción histórica, todos y cada uno de los incontables
episodios de avistamientos, aterrizajes, huellas y restos sobre el terreno, ufo-
nautas, contactos y abducciones, son dudosos y presentan fallos, elementos
incongruentes y detalles sospechosos que les restan seriedad científica y ve­
rosimilitud ante la opinión pública.

O como exponía el físico, filósofo y humanista argentino Mario Bunge en otro


contexto:

La imagen, demasiado rápida, reemplaza al pensamiento. Y aunque se dice


que una imagen vale por mil palabras, lo cierto es que queda muy poco de
ella, se la olvida con facilidad. La imagen no tiene contenido conceptual.
Puede suscitar ideas en algunos casos, pero es muy superficial. Porque lo que
podemos ver es apenas la piel de las cosas. La mayor parte del mundo está
oculto a la vista, hay que conseguirla, hay que imaginarla, hay que conjetu­
rarla. Y la imagen nos restringe a las apariencias.

Por eso, para los creyentes en ovnis, no existían dudas, tras ver el aspecto del
fenómeno, que nos encontrábamos ante «visitantes del espacio exterior». Y todo
por una sencilla razón. Porque eso es lo que aparentaba la casuística ufológica. Y,
por otro lado, aplicando el mismo precepto, pero desde la orilla contraria, para
el batallón de escépticos el paradigma de los ovnis era un auténtico sinsentido
producto de diversos delirios y engaños sin mayor trascendencia, porque eso
era lo que aparentan muchas de las vivencias narradas por los testigos en sus
aproximaciones al fenómeno.
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t* ' . • • • ■ ;!l ■ .• ■ ! • • •■•
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Pero, seguramente, ni unos ni otros estaban en lo cierto. Las apariencias


embaucaron a ambos bandos. Probablemente la ¿Lave de todo este entramado
estaba en la sutil frontera existente entre las dos acepciones. En un punto
intermedio. El Dr. Scott Rogo en su obra The Haunted Universe: A Psychic Look at
Miracles, UFOs and Mysteries ofNature (El Universo Encantado, 1977) indicaba que
«algo es cierto: los ovnis son el producto o el origen de perturbaciones psíquicas,
ni puramente físicos ni puramente mentales. Se mueven en una zona intermedia».
Aunque en última instancia, Rogo pensaba que todo provenía de la mente, que los
ovnis podrían ser el resultado de un enorme e incontrolable poltergeist.
John Mack, psiquiatra de la Universidad
H" i i* '
de. Harvard,
A1'' ..
conocido por sus
investigaciones en el campo de las abducciones, pensaba que los ovnis procedían
de una compleja realidad radicalmente opuesta a la nuestra. En una entrevista
publicada en Perspectivas PEER N.9 1(1996) decía:

¿Y si el fenómeno fuera sutil, en el sentido de que puede manifestarse en el


mundo físico, por mediación de una fuente que por su propia naturaleza no
puede proporcionar el tipo de evidencia sólida que satisfaga a los escépticos,
para quienes la realidad se limita a la materia? Si es así, ¿no podríamos estar
perdiendo la oportunidad de aprender y crecer como una especie que perma­
nece tan aferrada a la epistemología de la prueba física? ¿Qué pasaría si, en
cambio, reconocemos que el fenómeno de la abducción es intrínsecamente
misterioso y, en última instancia, está más allá de nuestro marco actual de
conocimiento?, ¿qué pasaría si tuviéramos que admitir nuestra perplejidad
ante este misterio?

Pero, si no se trataba de seres extraterrestres ¿significaba esto que habíamos


caído en la sutil trampa de las falsas apariencias? ¿«Algo» o «alguien» nos había
M .J , , .. Jl. z " ... -I, | I
hecho creer en visitantes alienígenas? Y, si esto fuera cierto, ¿para qué? Y sobre todo <
¿Con qué finalidad o propósito? ;
.......... .
t:í;'A'

¿A qué nos enfrentamos?

Pese a que numerosos investigadores siguen defendiendo que la HET es la respuesta


más acertada para explicar el fenómeno ovni, su coherencia ha sido puesta muy
en duda en los últimos años. Y solo despreciando una gran parte del material
informativo acopiado por los ufólogos es posible mantener, hoy en día, que las
visiones de estos artefactos y sus ocupantes pueden estar provocados por la llegada
a nuestro planeta de una tropa de científicos extraterrestres. A mi entender existen
nueve factores claves que debemos tener en cuenta a la hora de analizar este
paradigma:

1. Diversidad infinita en las descripciones de aeronaves. (Ni siquiera en


formas básicas como «platillos» o «esferas» existe unanimidad en tamaños
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o colores).
■píí’ líi'lílli1'

2. Diversidad infinita en las descripciones de humanoides.


.
3. Exclusividad de cada incidente. Sin repetición en la casuística de la mayoría
de los elementos y características observadas.

4. Elementos absurdos (hadas con escafandras, alienígenas cocineros)


■ • • w

5. Características «paranormales» délos incidentes.

6. Ausencia total de evidencias de peso que confirmen la existencia de estas


visitas «extraterrestres»

7. Laño existencia de una trama global que pueda unir todos los incidentes en
una gran historia.

8. Que aparentan ser fenómenos que se mueven entre dos universos


antagónicos, el físico y el psíquico.

9. Informaciones esquivas que no determinan ni el verdadero origen,


naturaleza o propósito de los ocupantes de los ovnis.
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, í.i diiMí

...., V',,,",1'1
La suma de estos factores nos arroja un resultado incierto e inquietante.
¿Cómo es posible todo esto? ¿Qué explicación puede tener la infinita capacidad
del fenómeno para variar de un episodio a otro? ¿Por qué se reinicia en cada
encuentro? ¿Por qué tiene un cariz absurdo e hilarante? ¿Por qué no hemos sido
capaces de obtener una sola prueba irrefutable? ¿Cómo se regula el fenómeno
para mantenerse en la «clandestinidad», pese a sus numerosas apariciones? ¿Cómo
pueden «moverse» entre el universo real y el psíquico?
Si tuviéramos que buscar alguna analogía con algún otro fenómeno conocido
• tulfílítullíI • ‘ 'ifl' 't
la hallaríamos, sin duda, en las extravagantes y también casi infinitas narraciones
del universo onírico. Con los sueños humanos. Aunque, eso sí, antes de continuar,
hay que señalar, que también encontramos notables diferencias entre ambos
fenómenos: • i
•'.í;
.•W|

[Link] encuentros con ovnis y sus ocupantes se producen con, el testigo


«despierto». w

(t t-'W1
2» La «acción» parece que se desarrolla «fuera» de la mente de las personas

3. Los objetos y seres dejan, en ocasiones, huellas en el medioambiente y


secuelas físicas en los testigos y parecen tener una entidad «corpórea».

4. Más de una persona puede percibir la misma experiencia y describir


sustancialmente el mismo fenómeno.

Aunque, en primera instancia, estas diferencias podrían dejar fuera de la


ecuación al testigo, personalmente creo que la participación del ser humano en
.»nvW| " «•
el desarrollo de estas manifestaciones es mucho más importante de lo que se ha
apuntado hasta el momento. La mayoría de los investigadores han relegado el
protagonismo de los eventuales observadores al de mero espectador y cronista.
Pero esto ha sido un grave error que ha obstaculizado e impedido que, junto
al conocimiento de los primeros casos clásicos de la ufología, hayamos podido
avanzar de manera sustancial en la resolución del problema. Y no me refiero
solamente a que nuestra precaria percepción de la realidad pueda ocultar recovecos
desconocidos, como apuntaba acertadamente Darnaude en el artículo señalado «El
Principio De Elusividad Cósmica»:

Resulta que el mundo no es lo que parece. Según múltiples referencias, la


fachada de la realidad no se corresponde ni de lejos con su genuino nournen
ontológico, lo que Kant denominó «la cosa en sí misma». Y los reinos y es-
furas de vida que no percibimos, representan mil veces el infinitésimo uni­
verso tridimensional que entra por los ojos.

El fenómeno ovni aparenta ser algún tipo de proyección que se

nutre del contenido inconsciente de los testigos.

Y es que, al margen de este incontestable hecho, es muy probable, como


anotaba también el investigador sevillano, junto a otros estudiosos, que los ovnis
estén representando una especie de «teatro» delante del espectador humano, para
que este crea y acepte como cierto el contenido ideológico que las «imágenes» le
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están transmitiendo. Delá misma forma que un actor aficionado consigue durante
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un breve espacio de tiempo hacer creer al espectador que, por ejemplo, es él príncipe
Hamlet, cuando en realidad es solo un contable en su vida cotidiana. El investigador
J.H. Bruening, en esta misma línea, decía que:

Los ovnis son fenómenos de naturaleza paranormal controlados por en­


tidades intencionales inteligentes, que consisten, entre otras cosas, en un
complejo despliegue teatral destinado a ser contemplado por espectadores
seleccionados de antemano por ostentar rasgos culturales específicos, con el
propósito de ofrecer un estímulo sensorial manipulador y provocar determi­
nadas reacciones en el observador. [...] Se trata de alguna representación del
tipo: «Véalo usted mismo y luego cuénteselo a otros», un montaje diseñado
para influir en la conducta del colectivo de individuos al que va destinada.

J. J. Benítez, defensor acérrimo de las visitas extraterrestres, en una entrevista


concedida a la revista Año Cero, en octubre de 2016, y preguntado por el periodista
e investigador Miguel Pedrero, decía que:

Tengo la sensación de que esos encuentros cercanos están perfectamente


planificados, hasta el último detalle. Es puro teatro. En ocasiones, los hu-
manoides descienden de sus naves y les dicen algo a los testigos. A veces se
ponen a remover la tierra como si estuviesen recogiendo muestras. Pero mi
opinión es que la auténtica finalidad de esta puesta en escena es que las per­
sonas los vean en acción. ¿Por qué? Quizá únicamente para que ese testigo
acabe relatando su experiencia a un ufólogo o a un periodista, que luego la
dará a conocer. Es una especie de plan de concienciación a largo plazo. La
inteligencia que está detrás de los ovnis piensa y organiza cada avistamiento.
Ninguno o casi ninguno es fruto del azar.
\.... •'■ ' . ■
7

Pero en todo este proceso de engaños y apariencias hay un aspecto vital. A mi


entender, substancial Que es el propio testigo, que de forma inconsciente ofrece a
un agente extemo desconocido, y quizás alejado en naturaleza y propósito de todas
las hipótesis esbozadas hasta la fecha, la información visual que se va a «proyectar»
ante sus ojos. Y es el propio testigo el montador escénico, como sugería Tyrrell,
de ese «teatro», sin que lo sepa o lo advierta en ningún momento. Y es que estas
proyecciones parecen desarrollarse como un «sueño lúcido» ante las mismísimas
narices de los observadores. Jacques Vallée en su Pasaporte a Magonia ya vislumbró
este crucial aspecto cuando escribía:

Existe un fenómeno natural cuyas manifestaciones lindan tanto el límite de


lo físico como de lo mental. Existe un ámbito en el que los sueños humanos
pueden ser aplicados y este es el mecanismo por el que son generados los
eventos como los ovnis, sin la necesidad de que una inteligencia superior
que los ponga en marcha. Esto explicaría la naturaleza escurridiza de las
manifestaciones de los ovnis, el alegado contacto con sus ocupantes y el
hecho de que estos objetos parecen guardar un ritmo correspondiente con
la tecnología humana y utilizar símbolos comunes. (...) También explicaría,
naturalmente, todos los milagros religiosos, así como la aparición de los fan­
tasmas y otros fenómenos llamados supernaturales.

Incluso Michel Monnerie se percató de esta circunstancia en sus


investigaciones: «Solo conozco una situación en la que los sujetos permiten tantas
libertades con las leyes de la física, para transformarse de una cosa a otra, para
multiplicarse y complacerse en toda clase de fantasía: el sueño».
Pero hay que apuntar y dejar muy claro, amigo lector, antes de sumergirnos
definitivamente en nuestra personal interpretación de este apasionante fenómeno,
" '¿í ’ ' 4. ‘ U ,, , \ .’a

que no estamos limitando o circunscribiendo las apariciones ovnis al etéreo e


intangible mundo de las alucinaciones, los sueños, o los trastornos mentales. Ni
mucho menos. Existe un componente anómalo, externo al ser humano, que aún
no se ha podido identificar y que es el detonante de estas experiencias. El notable
ufólogo catalán José María Casas-Huget en su incunable libro Nuevo Universo... La
«Otra» Realidad (1994) indicaba que los avistamientos ovnis «ocurren “como si”
de repente se abriera, ante el Ser Humano, una ventana a una Realidad, Universo,
plano o dimensión, diferentes: es decir "algo” ajeno o extraño a nuestras normas,
pautas o leyes de la Realidad Conocida. [...] Parece como si el (los) testigo (s)
estuviera (n), en muchísimos casos, contemplando o vivenciando un "festival de lo
absurdo”, que podría tener mucho en común con determinadas vivencias propias
de lo onírico (es decir el mundo de los sueños y las ensoñaciones): todo ocurre como
si ante el testigo (s) se estuviera materializando y desarrollando algo perteneciente
a un plano, ámbito o dimensión en alguna manera semejante al de los sueños».
En su Das symbolische Leben (La vida simbólica, 1953), Jung decía que: «Estamos
tan cautivados y enredados en nuestra conciencia subjetiva que hemos olvidado el
hecho ancestral de que Dios habla principalmente a través de sueños y visiones».
Sin duda, existían muchos indicios que apuntaban en la dirección de que un
desconocido fenómeno psíquico, análogo al «onírico» y no identificado aún por
nuestra ciencia, podría estar detrás muchas experiencias ovnis. Pero la cuestión era
determinar si había algún tipo de injerencia externa. ¿Era posible esto? ¿Estamos
siendo manipulados para creer en algo que no existe? O, por el contrario, ¿es
, „", " . . " " ,, . ■"'

algún tipo, de sofisticado mecanismo de camuflaje «tecnológico» de unas entidades


extraterrestres? ‘
El investigador más clarividente para el autor del presente libro, junto a Jacques
Vallée, ha sido el astrofísico galo Pierre Guerin, que, en un brillantísimo reporte
titulado «El problema de la prueba en la Ufología» (1976), afirmaba que:

Una fracción notable de detalles vistos u oídos por los testigos cercanos de
los ovni son un señuelo, como si esos testigos hubieran vivido en el mo­
mento de los acontecimientos, un verdadero sueño lúcido [...J Ese sueño lú­
cido no nace espontáneamente por efecto, por ejemplo, del miedo sentido
por el testigo frente al ovni. [...] Todo ocurre, por el contrario, como si ese
sueño lúcido hubiese sido creado por el ovni (o por la inteligencia que lo
controla) según un programa establecido y por medio de una tecnología que
actúa sobre el cerebro del testigo de una manera que ignoramos, es verdad,
pero que podría emparentarse con la sugestión hipnótica. [...] Así, el sueño
lúcido inducido artificialmente por el ovni utilizaría simultáneamente los
elementos personales extraídos de la mente inconsciente del perceptor, y
otros elementos impuestos por el fenómeno. Estos últimos incluirían todo
lo que podría no haber preexistido en la mente del testigo, como lo son los
pormenores de la estructura del ovni, la morfología de sus ocupantes, etc.,
y de modo parecido, ciertos pormenores físicos absurdos. [...] Vistos de muy
cerca, los ovnis inducen al error. Todo lo que los testigos describen no es ne­
cesariamente falso, pero es difícil de tener en cuenta».

Y en su libro Messengers of Deception: UFO Contacts and Culis (Emisarios del


engaño, 1979), Vallée, cuatro décadas atrás, intuía que la percepción de estos
fenómenos se producía en un estado alterado de conciencia importante:
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| H: . ’ /' ’•• ' , , • \J, , ',•*• ' '»•. •* ili,ii
’ . '•. •.'.‘■•a 5 • • ,. ’ , ; ' .'7^« •

Los inforrr ::.s sobra avistamientos de ovnis recogen toda clase de efectos psi-
cofísicos: alteraciones de la percepción, estados de inconsciencia y bloqueos
mentales. Además, los testigos muestran signos de haber sido sometidos a
sugestión hipnótica. El haber estado expuesto al fenómeno causa una serie
de efectos psicológicos como visiones, alucinaciones y trastornos de la per­
sonalidad a largo plazo.
De forma admirable, muchos años después, Guerin, Vallée y otros ufólogos
cerraban definitivamente el círculo. En plena era de las computadoras, los avances
tecnológicos y la llegada del hombre a Luna, los planteamientos del reverendo
Robert Kirk volvían a cobrar vida ante nuestros estupefactos ojos. Y es que, en otro
. .•,>< ílí ''
contexto sociocultural radicalmente diferente, se volvía a incidir en la cuestión
• '1' I
de que determinadas capacidades ocultas de la percepción humana eran claves
para poder visualizar esa otra «realidad». Pero ahora no nos enfrentábamos a la
«buena gente» con alegres vestidos y bailes embaucadores, sino que de nuestros
cielos descendían «seres extraterrestres» de ropajes metálicos y pistolas de rayos
l'J |>'|H ( '
electrizantes. Y más allá de sus apariencias, cualquiera que fuera su estética, todas
estas manifestaciones anómalas tenían un elemento común: parecían producirse
en una porción de realidad distinta de la cotidiana... Y nuestra mente sufría una
notable alteración ante su presencia... ¿casualidad?
Finalmente, tras su exposición, Pierre Guerin estaba convencido que los ovnis
1,,1 •
eran de procedencia extraterrestre, pero también de que utilizaban algún tipo de
mecanismo tecnológico para camuflar sus apariciones:
:'.. H 1 ,• - .• ' ' ,'i • ,>, ' :?• ■'■•' , " »’.•■.•;_,••
Tengo la debilidad de pensar que es la de seres bien materiales que nos visitan
discretamente, pero de manera eficaz, sin que por esto tenga deseos de adorarlos,
ni espere de ellos que salven a la humanidad... Al rehabilitar la tesis extraterrestre
clásica del origen de los ovnis, tengo conciencia de no alejarme delas disquisiciones
de la astrofísica y la biología

Siguiendo este apunte, se nos viene a la cabeza el interesante pensamiento del


:‘b|
investigador Maxwell Cade, publicado en la revista FlyingSaucer y titulado «Un frió
análisis de las inteligencias extraterrestres» (1967):

Supongamos que ellos tienen un equipo (mecánico o biológico) que puede


rastrear nuestros pensamientos. El vehículo aterriza recibe, de algún grupo
de humanos cercanos, algunos pensamientos y emociones confusas («un
plato volador... miedo...tal vez son gigantes o monstruos peludos...»). Tan
pronto reciben la imagen del pensamiento, ya está en camino. Los observa­
dores humanos se encuentran precisamente ante la clase de extraterrestres
que temían encontrar.

De hecho, el Dr. J. Alien Hynek, en una entrevista concedida a Pamela


Weintraub para la revista OMNI (1985) decía: «Supongamos que una civilización
muy avanzada tiene, como parte de su tecnología cotidiana, la capacidad de
proyectar una forma de pensamiento que, como una imagen holográfica, asume
>!!•' ...
temporalmente la realidad tridimensional».
Todas estas propuestas incidían en la idea de que nuestra percepción
del fenómeno podía estar siendo alterada desde el exterior, o que la misma
«inteligencia» que se nos manifestaba estaba proyectando un «tipo de realidad
falseada» para engañarnos. Incluso, Michel Monnerie, desde su férreo escepticismo
'7r W '■ '• \ ' J

;t j. k jf ■:$ ..i' :!‘''fí-'.. '’ ■’ X'i » ,'!


ante la posibilidad de la existencia de un fenómeno extraño, había admitido que
los testigos sufrían una especie de extraño «trance» que permitía a su inconsciente
’•X?
aflorar de formar vivida y elaborar una fantástica experiencia ovni.
Un caso que investigué a principios de la década de los noventa enlaza
perfectamente con todos estos indicios. ,é

En octubre de 1988, sobre las seis de la mañana el joven Daniel, de veintitrés


años, se dirigía a cazar como tenía costumbre de hacer en compañía de su padre y
de su tío. Recorriendo a pie la carretera antigua de los Barrios (Cádiz), a la altura de
un pequeño polígono industrial, Daniel pudo ver claramente, en un cielo despejado,
un objeto redondo metálico en la lejanía. El artefacto, del color aluminio, tenía en su
periferia luces redondas, rojas y amarillas, que iluminaban hacia abajo formando
un cono de luz. A una velocidad uniforme, el objeto pasó por encima del testigo.
El joven avisó a su padre y a su tío, pero estos, misteriosamente, no pudieron ver
el objeto. Nuestro testigo me hizo especial hincapié en la imposibilidad de que su
padre y su tío no vieran el objeto en cuestión. Momentos más tarde el artefacto
aceleró la marcha y se perdió en la lejanía.
Lo que parece claro es que la percepción humana y los sueños encierran
muchas claves de este fenómeno. Y por ello, antes de seguir profundizando en mi
z
particular tesis, nos detendremos para analizar cómo funcionan los sueños... Un
punto importantísimo para nuestro estudio.

¿Cómo se crean nuestros sueños?


' W» . . . '
• £ •■■ W W- . ? ' ' r
En 2004, un grupo de científicos suizos y británicos realizaron un descubrimiento
' ’ i.' :0¡

sorprendente, como se llegó a afirmar, «sin precedentes» en la cpmunidad
científica internacional. Con esta investigación, realizada por expertos del Hospital
1- ‘ ••

Universitario de Zurich y publicada en la revista Annals of Neurology, se pudo


demostrar que una zona en las profundidades de la parte trasera de nuestro cerebro
, <•

«es la encargada de crear los sueños».


Este descubrimiento fue posible gracias al estudio de una paciente que dejó de
soñar tras sufrir un ataque cerebral. Los científicos suizos y británicos que trataban
a la mujer decidieron monitorear qué parte del cerebro habían sido afectada, para
determinar así la relación con las pérdidas y afecciones sufridas. Tras un periodo
de seis semanas de estudios, llegaron a la conclusión de que la paciente seguía
durmiendo sin problemas con su REM (movimiento rápido de ojos). Ese dato fue
significativo para los expertos, ya que descubrieron que, aunque el acto de soñar
y el descanso con REM ocurren juntos, «son distintas las partes del cerebro que
funcionan en esos dos procesos neurológicos». Los científicos hallaron que la parte
relacionada con el mecanismo de producción de sueños también está vinculada a
la región encargada de los procesos visuales, las emociones, los sentimientos y la
memoria visual —anote todo esto, amigo lector—. El doctor Claudio Bassetti, del
Departamento de Neurología de la Universidad Hospital de Zúrich, escribió en la
",'7..... *..................... ™ ,-tfiiÍír''
publicación: «Logramos hallar la parte exacta del cerebro encargada de los sueños
en un descubrimiento grandioso para la ciencia. [...] Lo que no sabemos aún es cómo
se generan los sueños o qué propósitos fisiológicos podrían tener para su utilidad en
el ser humano. Nuestro hallazgo describe, por primera vez y en detalle, cómo una
■ ; I m ';W
lesión cerebral en una parte trasera de la. corteza estuvo directamente vinculada
con la perdida de los sueños».
El psiquiatra Alian Hobson decía que: «La actividad mental que ocurre en el
, *’ , ■ .“»,.*>* '(a
sueño se caracteriza por una imaginación sensomotora vivida que se experimenta
como si fuera la realidad despierta, a pesar de características cognitivas como la
imposibilidad del tiempo, del lugar, de las personas y de las acciones: emociones,
especialmente el miedo, el regocijo, y la ira, predominan sobre la tristeza, la
vergüenza y la culpabilidad y a veces alcanzan una fuerza suficiente para despertar
al durmiente: la memoria, incluso de los muy vividos, es tenue y tiende a
desvanecerse rápidamente después de despertarse a no ser que se tomen medidas
especiales para retenerla». Aunque Hobson no encontraba nada de extraordinario
en nuestros sueños, más que un mecanismo interno para «reparar el organismo»,
muchos otros especialistas, como el Dr. Cari Jung, defendían, y defienden, que las
experiencias oníricas pueden acercamos a nuestro rico e impredecible inconsciente
y ser una herramienta muy útil para «restablecer nuestro equilibrio psicológico».
Para el psicólogo suizo, el inconsciente está preñado de imágenes, pensamientos e
ideas creativas que no proceden y no han sido recabadas por nuestro consciente,
sino que pertenecen a un inconsciente colectivo. Incluso, planteaba que el
inconsciente puede «anunciarnos» y responder, con criterio y acierto, a ciertos
sucesos o dudas antes de que sucedan en la realidad, ya que puede trabajar de una
forma tan efectiva como nuestro pensamiento normal. En un artículo denominado
«La teoría de los sueños de Cari Gustav Jung» (1990), la psicóloga Úrsula Obers
decía lo siguiente:
Jung creó la expresión de que los sueños son un «ejercicio preliminar o
esbozo», adoptado luego por el adleriano Shulman (19 73). El contenido sim­
bólico es, según Jung, la propuesta de solución de un conflicto. De esta ma­
nera, los sueños pueden ayudar, de forma simbólica, a la mente consciente
a preparar un camino que ya se está dibujando. Los sueños pueden ayudar
a ver las cosas desde otro punto de vista, a complementar la visión parcial y
sesgada que tiene la mente en estado despierto y comparar diferentes puntos
de vista para que la persona después pueda producir un ajuste o rectificación
en estado de vigilia. Para Jung, la función general de los sueños consiste en
intentar restablecer el equilibrio psicológico de la persona y compensar las
deficiencias de su personafidad. Así que, en vez de considerar los sueños un
símbolo como disfraz para otra cosa, Jung piensa que los símbolos se deben
reconocer por tener valor por sí mismos. Los símbolos y las imágenes en
el sueño son el lenguaje natural del inconsciente, y el sueño expresa algo
psíquico que solo puede ser traducido parcialmente en términos racionales.
Jung pone mucho énfasis en los símbolos de carácter universal: sus estudios
de la mitología, de las rehgiones, de las leyendas y de las expresiones cul­
turales le hizo pensar que las temáticas universales encontradas revelan la
existencia, en cada individuo, de una parte, del inconsciente que es común a
toda la humanidad, el «inconsciente colectivo».

La escritora y psicóloga Valeria Sabater, en un artículo titulado «¿Existe el


Inconsciente Colectivo?» (2013), decía que:

Para aceptar la existencia del inconsciente colectivo deberíamos empezar a


creer que la vida, el universo entero es como una materia viva. Samuel Batler
afirmó, por ejemplo, que toda forma de vida tiene una memoria incons­
ciente, afirmando incluso que los propios átomos la tienen. Todo esto ven­
dría a demostrarnos que cuando nacemos llegamos a este mundo con una
especie de memoria base heredada genéticamente desde el origen del ser hu-
,. ■ . ' >'■ ■ ¿ ■■ ' ■ ■ ■

’i' .; ■ • '■ • ■ ' : ■ ■ j,: ■ ■■■

[Link], algo con lo que hemos ido evolucionando generación tras generación ! < >■
guardando de modo inconsciente en nuestra memoria. Todos sentimos las
mismas pulsiones: amor, ira, rabia, miedo... Son emociones muy fuertes que
se instalan en nuestro cuerpo y en el organismo, es algo que todos sabemos
reconocer. Existen por ejemplo tipos de miedo que muchos compartimos por
igual: el miedo a la oscuridad, seguramente por un instinto básico de super­
vivencia, el no poder defendemos... Según Jung, el ser humano suele tener
sueños muy similares, imágenes que solo ascienden durante ese instante en
que estamos sumidos por el mundo onírico donde se perfilan situaciones,
visiones y experiencias que no sabemos muy bien cómo explicar, pero que, a
su vez, suelen repetirse en otras personas y en culturas diferentes.
• • i1 ji ‘ Jm.HHLli1 . '¿l'fj I1' i' J'j’1 lUgi 1,

El Dr. Daniel Wilhelm, siguiendo los postulados de Jung planteaba lo


siguiente en un artículo titulado «Recursos simbólicos oníricos en el proceso de
individuación» (2000):

El sueño es, ante la mirada del ego, un enigma indescifrable, un territorio


confuso y extraño, en el que el soñante, si bien se reconoce a sí mismo
como protagonista, suele sorprenderse de los lugares, objetos, personajes y
situaciones, como así también de sus propios pensamientos, sentimientos y
acciones. A pesar de todos sus logros tecnológicos, el hombre moderno no
parece estar del todo exento de los desafíos que de modo simbólico y metafó­
rico se describen en los antiguos mitos y leyendas. En sus sueños, como en su
vida real, suele enfrentarse a pruebas y situaciones en las que se exige de él
una actitud distinta y trascendente, marcando con ello la posibilidad de dar
un paso fundamental en el camino de su individuación, o en caso contrario,
permanecer en el estancamiento de su situación actual, caracterizada por un
incesante e infructuoso intento de liberación de su ciclo inalterado de repe­
ticiones, prisionero en su propia rueda del «samsara». Es aquí donde, desde
algún lugar de lo más profundo de sí mismo, el símbolo onírico se presenta
• ' ■ ! . - ■ " ’

como Iun' •' •


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recurso
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psíquico que posibilita una oportunidad de trascendencia y
•* . . •'< * . 1 ’

libertad. Él símbolo onírico constituye, así, un importante elemento de cam­


bio y transform ación. .
Por tanto, para Jung y sus seguidores, en nuestra mente se encuentra soterrada
una «biblioteca» de mitos y arquetipos cuya carga emotiva e iconográfica es
reconocible por toda la especie.
Hilary Evans, en su providencial libro Visions, Apparitions, Alien Visitors
(Visiones, apariciones y visitantes del espacio, 1984), incidía sobre los aspectos más
’ **• Á' 1 ¡di* i • ’’* • * 1 í flTirí ' : I '
importantes de las experiencias oníricas:
‘ ■ 1 • > • t’t' * *í *•''*1 jfp»' 1 ■i'/¡itíbifi i• ■ * * '*

Nuestro acto de soñar tiene una función positiva, y nos justifica al tratar a la
experiencia onírica como una actividad «real», y al material onírico, en su
propia modalidad, como real, lo cual nos anima a reconocer los diversos mo­
dos en que la experiencia onírica no está tan alejada del mundo real, como el
hábito, o la ciencia, nos persuadió a pensar. Para empezar, existe el hecho de
que las partes componentes del sueño son tomadas de nuestras vidas diarias
y que el pasado y el presente están inextricablemente mezclados como si el
tiempo no viniera al caso. Pero entonces descubrimos que lo mismo se aplica
al futuro: la precognición de acontecimientos venideros ocurre con tanta
frecuencia en los sueños que solo nuestro rechazo a admitir «lo que el sueño
dijo» como una prueba, nos impide aceptar que el «productor de sueño» pa­
rece capaz de desplazarse tan libremente como lo decida en el tiempo y en el
espacio, con todas las implicancias de esto. [...] Sea lo que lo fuere lo que pro­
voca nuestros sueños, tiene acceso a una gama mucho mayor de material del
que nuestras mentes conscientes parecen disfrutar. [...] Quién o qué es lo que
provoca nuestros sueños deberá ser una consideración supremamente im­
portante. Por lo general, se da por sentado que nuestros sueños se crean en la
mente inconsciente: y, además se supone que esto implica que son creados
por la mente inconsciente. Bien puede ser así, aunque bien haríamos en re­
cordar que la mente inconsciente no es un hecho objetivo, científicamente
observado, sino simplemente un rotulo de algo que creemos que probable­
mente existe. [...] Una clave es patente para todos nosotros: el hecho de que
nuestros sueños son regulados, hasta cierto punto, por factores externos:
nuestro estado mental, nuestra salud, nuestro grado de ansiedad, lo mismo
que los ruidos y otros estímulos sensoriales, las sugestiones de otras perso­
nas —ya sean mediante palabras o pensamientos—, y muchos más. Lo cual
equivale a decir que los acontecimientos externos que ocurren en el mundo
real y ejercen efectos reales están modificando nuestros sueños. [...] Demues-
tra, pues, que lo que produce los sueños sigue con atención, continuamente,
la realidad hasta cuando está ocupado con el trabajo de crear nuestros sue­
ños, y que está preparado para hacer uso de cualquier material que llegue a
nuestras manos, a menudo con maravillosa ingeniosidad. Lo mismo ocurre
con una velocidad que corta el aliento —suministrando un cambio de argu­
mento, con todos los pormenores—para «explicar» plausiblemente el sonido
de un reloj despertador o la sensación de frió que se siente cuando las mantas
se deslizan del lecho.

Como vemos, los sueños son más complejos que un simple procedimiento,
regido por automatismos, para la regeneración de nuestro sistema. La forma
de expresarse de «lo inconsciente» encierra mucha más información de la que
podemos imaginar. Pero ¿es posible que existan áreas de nuestro cerebro, aún
inexploradas por la ciencia, que, al ser activadas, por diversos factores internos o
externos, puedan originar experiencias sobrenaturales? ¿Son los sueños parte de
la clave oculta de los ovnis? ¿Es nuestra percepción un factor imprescindible para
entender estas anomalías?
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El «casco da Dios» |:' • ■ ' ''XT?


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t ”. r\ , • • ... ' • ! í

Dr. Persinger: ¿Sentiste la presencia de algo? .' ' ■

Voluntaria: Sí, hay unas cosas alrededor de mí.

Dr. Persinger: ¿Puedes describirlas?

Voluntaria: No, solo son cuerpos sin nada...están...están ahí relajados.


Dr. Persinger: ¿Cuántos son los que están ahí relajados?

Voluntaria: Umm... (Comienza a contar apuntado con el dedo al aire)

Aunque esta conversación pueda parecer fruto de una investigación vinculada


con alguna aparición fantasmal o sobrenatural, en realidad es 1 el: resultado
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de una
experimentación científica. Desde hace varias décadas, el reputado psicólogo y
neurofisiólogo Michael Persinger ha estado estudiando la estimulación del cerebro
a través de campos electromagnéticos, con la intención de provocar e inducir
todo tipo de experiencias míticas, religiosas, ufológicas y parapsicológicas. El Dr.
Persinger ha diseñado un instrumento, al que ha denominado como el «casco
de Dios», que genera un campo magnético que estimula «el lóbulo temporal»
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del cerebro para obtener «alucinaciones» y «sensaciones». En sus múltiples


experiencias de laboratorio, el Dr. Persinger ha logrado resultados impactantes en
los voluntarios, que han llegado a narrar experiencias casi indistinguibles de las
que cuentan los testigos «reales» de casos y experiencias sobrenaturales. Según
el Dr. Persinger, «eran experiencias como vibraciones, movimientos, experiencias
de salirse del cuerpo, de moverse por túneles, cambio de formas u orificios del
algún tipo, luces brillantes. [...] Cuando aplicamos los campos en una frecuencia
específica, podemos inducir la experiencia de sentir presencias, los voluntaiins
sienten que hay unas entidades cerca de ellos. Creen que hay alguien a su lado».
El Dr. Persinger comprobó que estas «alucinaciones» inducidas de forma artificial
en las personas provocaban que muchos de sus voluntarios tuvieran la sensación
de que junto a ellos había una presencia sobrenatural. Incluso una de las pacientes
creyó ver a su difunta madre que se materializó Érente a ella. Muchas de las
experiencias acumuladas por Persinger narraban visiones que eran idénticas a
las narradas por los místicos o videntes religiosos que tenían encuentros con
Jesús, la Virgen Mana o Mahoma, por ejemplo. Aunque para nuestro estudio, lo
más significativo es que muchos voluntarios que no tenían estas afectividades
o creencias religiosas identificaban estas «presencias» como un familiar difunto
o describían una típica «abducción» (secuestro) extraterrestre. El investigador
argentino Alejandro Agostinelli, en 2002, reflexionaba sobre los descubrimientos
de Persinger en una nota para su web titulada «Dios!»:

Tras escribir en 1987 Neuropsychologicat Base of God Beliefs, comenzó a


aplicar campos electromagnéticos para discernir los patrones que indu­
cen experiencias sensoriales que son atribuidas a «intrusiones que abarcan
desde el rango de Dios a los extraterrestres». Según su teoría, la mayoría de
estas experiencias pudieron ser generadas por «microataques» en el lóbulo
temporal. Estas «minitormentas eléctricas» alterarían el flujo de informa­
ción entre ambos lóbulos temporales, distorsionando la forma en que el
individuo se percibe a sí mismo y el ambiente que lo rodea. Así, esa zona del
cerebro actuaría como caldo de cultivo para alucinaciones particularmente
realistas y otras experiencias «paranormales» causadas por influencias ex­
teriores tan sutiles como el campo magnético terrestre. Para poner a prueba
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i • ‘ '■, ' ^'. ' _ ' • ' : •' '. ,

su teona, Persinger adapto un casco de motociclista; al que le incorporo tres


solenoides (poderosos imanes o bobinas que generan campos electromagné­
ticos cuandb conducen electricidad) a la altura de ambos lóbulos del cerebro.
Así, asegura haber descubierto que —cuando se administran ciertos impül-
sos magnéticos en esa área del cerebro— la actividad eléctrica resultante
produce importantes alucinaciones visuales, auditivas y táctiles.

Otros voluntarios describieron experiencias diferentes, entre ellas la sensa­


ción de flotar, «salir» del cuerpo e incluso de «abducción» por parte de seres
extraterrestres. Su «cobayo» más famoso fue la psicóloga Susan Blackmore,
i*¡ ''Xuqíi' I. l¡. - '

quien participó en un experimento conducido por Persinger y declaró sentir


cómo era «arrebatada» por los hombros por «alguien» en el curso de la se­
sión. Por otra parte, voluntarios acostumbrados a protagonizar experiencias
místicas confiaron que la experiencia les facilitó sensaciones parecidas a las
que solían vivir sin él. Persinger descubrió que podía conseguir diferentes
efectos si variaba la naturaleza del campo electromagnético. El responsable
de las «presencias naturales» es el llamado «pulso Thomas», llamado así en
honor al investigador que lo desarrolló.
Persinger no es teísta. Su preocupación por la neurofisiología de las creen­
cias, explica, surge de su deseo de «contribuir a explicar el fenómeno de la
conciencia y el futuro de la existencia humana». Varias veces destacó que su
objetivo «no es determinar si Dios existe o no» sino en hallar aplicaciones te­
rapéuticas de sus descubrimientos. Por ejemplo, aliviando el sufrimiento de
los enfermos terminales estimulando sus cerebros con campos electromag­
néticos.

Pero lo más curioso de las investigaciones del Dr. Persinger es que muchas
personas podrían estar bajo los efectos de estas influencias electromagnéticas
sin que lo supieran, como, por ejemplo, cuando se encuentran en las cercanías
de un tendido eléctrico o cuando se produce un terremoto, ya que durante
estos movimientos sísmicos se producen campos electromagnéticos que algunas
personas sensibles pueden sentir. Según el Dr. Persinger, estar expuestos a
estos campos sin saberlo puede «producir alucinaciones (fantasmas, encuentros
cercanos del tercer tipo, etc.)». Además, hay otros fenómenos lumínicos naturales
asociados a los terremotos que pueden ayudar a la inspiración de las observaciones
ovnis: «Cuando chocan las placas tectónicas presionan al cuarzo y a otros cristales
en ciertas regiones y por breves periodos. Esto causa que los enlaces atómicos,
al romperse, produzcan plasmas [...] Esta luminosidad rodeada por un intenso
halo electromagnético llega a la superficie terrestre, y es vista por la gente».
En esta misma línea, el científico alemán Dieter Broers sostiene que muchas
más personas de las que pensamos podrían estar influenciadas por estos campos
electromagnéticos, ya que las tormentas solares podrían afectar a gran parte de la
población mundial.
Sin duda los experimentos de Persinger demostraban, en parte, que las ideas
de Tyrrell no iban desencaminadas, al sospechar que nuestra mente era capaz de

producir una fenomenología análoga a la descrita por los partidarios del universo
sobrenatural. Pero, llegados a este punto podemos concebir otro escenario factible
y que puede dar respuestas a muchos misterios que nos rodean y que no pueden ser
aclarados únicamente con participación humana. ¿Podría existir un agente externo
desconocido que provocara o incitara este tipo de experiencias?
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ANOMALIAS: EL PAPEL DE LA PSIQUE

3 : ’ • ;' • t< s •. . ’. :T •«
William A. Christian Jr., en su libro de Ezkioga, opinaba que las apariciones
mañanas: «Forman parte de un modelo reiterado que tiene mucho de conducta
repetitiva o imitativa, debida, al menos en parte, al deseo humano de
trascendencia, en conjunción con ciertos momentos históricos concretos. Sin
entrar en la cuestión de la interpretación divina, el presente libro intenta entender
4011 /ftiwr ■ í111 • W *’ ’
la parte humana de ese modelo». Y es que, para este estudioso, estaba claro
|Jíí, 'O(W' " ■■■ (¿-H J
que, al margen de otras consideraciones, el factor humano era muy importante
en las visiones de la Virgen, siempre asociado a determinadas circunstancias
sociales. Y si, como se ha documentado en el anterior capítulo de este libro, las
manifestaciones de otros fenómenos desconocidos contienen también los mismos
patrones repetitivos e insustanciales que los ovnis y las apariciones mañanas,
podremos llegar a la conclusión de que hemos estado etiquetando las «patas de
un pulpo» por separado, sin entender que todas y cada una de ellas pertenecían
al mismo cuerpo, o sea, al mismo animal. Los parapsicólogos han constatado que,
tras una nítida y a veces lúgubre puesta en escena, los fantasmas no han aportado
fflteiP''’1'® .....
ningún tipo de información que sugiera que realmente proceden del más allá. Tal y
como escribía certeramente Tyrrell:

Las comunicaciones que ostensiblemente procedían de los muertos, dicen,


no han sido nunca convincentes. No han comunicado nada que sea real­
mente valioso, y han sido susceptibles de diferentes explicaciones en las
diferentes épocas, originadas por los dioses o los demonios de Ips grecorro-
manos; por el diablo en la Edad Media, y por seres humanos muertos eñ lós ;t
tiempos modernos. " \!l®

De hecho, Cari Jung escribía, en un libro titulado Recuerdos, sueños,


pensamientos (1964):

La parapsicología descubre una prueba científicamente válida para la vida


que sigue después de la muerte en el hecho de que un muerto se manifiesta
—sea como fantasma, sea por intermedio de una médium— y comunica
cosas que son conocidas exclusivamente por éL Aun cuando existen casos
perfectamente dignos de crédito, queda en pie la cuestión de si el fantasma o
la voz se identifican con el muerto o son una proyección psíquica, y si la de­
claración procede realmente del muerto o quizás se origina en el saber exis­
tente en el inconsciente.
ifeilw. i-. Wfct
De la misma forma, todas las revelaciones obtenidas por las personas que
1 : ‘ Híl'i1 •d’’1 di'
han estado en estrecho vínculo con los tripulantes de los ovnis han resultado
incoherentes o desprovistas de cualquier novedad científica o filosófica reseñable.
Como si todas estas «informaciones» desde el más allá» o desde otros planetas
fueran en realidad deformaciones o distorsiones de conocimientos netamente
humanos, pero representados de forma artificiosa en una pintoresca teatralización
que pretende embaucar a los sentidos. Por eso no nos debería extrañar, aunque
sí resultar extremadamente sospechoso, que los métodos popularizados por los
médiums de finales del siglo xix y principios del siglo xx para contactar con los
«muertos» (la escritura automática, la GUIJA o la propia canalización «espiritual»)
coincidan de forma admirable con los utilizados por los entusiastas de los ovnis
para «comunicarse» con los extraterrestres.
A principios de los años noventa, entrevisté en Algeciras a Eniiçkie JM.»
un sexagenario coleccionista y vendedor de libros que me narró su singular
experiencia con la cuija y los «extraterrestres». Entre el año 1979 y 1980, junto
a varios amigos, estaba practicando con el «tablero» cuando fueron «contactados»
por una entidad que decía venir del espacio exterior. Tras varias sesiones de
comunicación, uno de los presentes solicitó una prueba, y de pronto un extraño ser
se materializó en el interior de la habitación. Según Enrique, era un humanoide alto
y parecía vestido con una «armadura como de la Edad Media». Todos se asustaron y
aquella imagen se esfumó. En otra sesión, el extraterrestre les dijo que podían ir al
faro de Punta Camero, en las afueras de la ciudad, para ver una de las naves a una
hora concreta de la noche. El día de la cita, estaban algo asustados y llegaron tarde.
En el lugar del encuentro, solo encontraron unas extrañas huellas sobre el terreno
que formaban un triángulo...
Pero ¿es esto lógico? ¿Pueden los difuntos y los alienígenas utilizar el mismo
«teléfono» para comunicarse con nosotros? ¿Cómo hemos pasado por alto estas
circunstancias? En realidad, todo parece apuntar a que estos fenómenos, en gran
parte, comparten un elemento vital y esencial: la mente humana. No hay que
olvidar que diversas técnicas de «contacto» con el «más allá» eran utilizadas
en antiguas civilizaciones como la china, la helena o la romana, para obtener
información de los espíritus o de los «dioses». Mas recientemente en el tiempo,
durante la última mitad del siglo xix, los espiritistas las emplearon hasta la
saciedad para comunicarse con los difuntos. Por lo tanto, podríamos decir, que
los «extraterrestres» vinieron a «sustituir» en las sesiones de ouija y en las
canálizaciones (Trances niediúrnnicos) a los desencarnados, daemones, ángeles, y
demás entidades que tan profusamente se habían manifestado hasta entonces.
Aunque, como nota importante y concordante, todos estos seres etéreos, viniesen
de donde viniesen, se denominaran de una forma u otra, no aportaban ninguna
prueba o información trascendente a sus canales.
Pierre Guerin, en su atado reportaje, decía de forma clarividente que:
, ¡ ■JflMJí' ■-írjvw'i : íaH' b'í' h.i

Si examinamos el tenor de esos mensajes dejados por los ocupantes en sus


contactos cercanos, se comprueba que están en estrecha relación con las
preocupaciones presentes de los que los reciben. ¿El testigo es agricultor? El
ufonauta le hablará de abonos, desenterrará ante sus ojos plantas para lie-
. . ¡I'
varias sin ninguna preocupación a su artefacto; señalará eventualmente al
testigo que viene del planeta Marte, a fin de estudiar la agricultura terres­
tre... Hasta el día de hoy, en que los astronautas establezcan que Marte no
abriga ninguna forma de vida superior ¡y el ufonauta ya no dirá que viene de
Marte, sino de otro sistema planetario! ¿El testigo es mecánico? El ufonauta
se le aparecerá con una llave inglesa en la mano. [...] En fin, ¿el testigo tiene
preocupaciones religiosas? El ufonauta podrá revestir el aspecto de un ángel
deslumbrante cuando no el de una señora deslumbrante.

Del mismo modo, John Keel en un artículo denominado «Los mundos paralelos
y la realidad ovni» (1980), publicado en la revista Contactos extraterrestres, decía
que: «El fenómeno ovni a menudo es reflectivo; esto es, las manifestaciones que
observamos parecen estar deliberadamente diseñadas y ajustadas a las creencias
individuales y las actitudes mentales de los testigos. Los objetos y sus ocupantes
parecen ser capaces de adoptar una multitud de formas, y los contactados
generalmente reciben información que se adapta a sus propias creencias». Como si
esas «entidades» no pudieran aportar nada de su propia «cosecha» y tuvieran que
«jugar» con los elementos que los propios testigos pueden poner sóbrela «mesa»: su
inconsciente.
Y es que una de las claves más asombrosas de las apariciones de los ovnis y sus
tripulantes, aplicable a las demás manifestaciones, es que parecen ser fenómenos
de características únicas y exclusivas para cada testigo, lo que implicaría una
participación y manipulación de la psique humana, y por tanto, en su extensa
mayoría, son intransferibles o confrontables con otras vivencias, repitiéndose solo
los patrones básicos de cada experiencia (nave, descenso y humanoide), pero
repletos de ricas diferencias en matices y rasgos generales. Ha quedado claro que
los incidentes registrados por los ufólogos no parecen tener una continuidad en
el espacio y en el tiempo que demostrara la existencia de un único y tangible
fenómeno homogéneo. No podemos seguir su línea argumentai más allá de las
• • _ ....
apariencias que nos confrontan durante un breve espacio de tiempo. Ni siquiera en
pequenas ciudades y pueblos donde se han dado varios eventos ovni en el tiempo
son similares.
El investigador Joshua Cutchin en esta misma línea exponía en su libro A trojan
feast: The Food and Drink Offerings of Aliens, Faeries, and Sasquatch (JJn Banquete
Troyano, 2016), que:

«La misma descripción de un caso (de un caso ovni) rara vez aparece de
nuevo en otro informe —escribió en 1970 el desaparecido John Keel—. Las
descripciones son tan variadas como los propios informes. Las correlaciones
son difíciles». De hecho, es imposible sacar conclusiones sólidas y seguras
con ningún fenómeno forteano: cien investigadores diferentes llegarían a
cien conclusiones diferentes. [„.] No hay conclusiones que puedan sacarse,
solo pueden establecerse conexiones.

¿Pero cuál es el desencadenante de todas estas experiencias? ¿Existe un factor


exógeno a los testigos? ¿A dónde nos conducen estas pesquisas?
Iw
CAPITULO 6:
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LA TEORIA DE LA DISTORSION:
UNA ARQUITECTURA «PSÍQUICA»
DESCONOCIDA TRAS LOS OVNIS
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LA TEORIA DE LA DISTORSION

A lo largo de los capítulos precedentes se ha allanado el camino para explicar


al lector que es la Teoría de Distorsión (TD). Aunque nos vamos a referir, casi
exclusivamente al tema ovni, asunto al que he dedicado más de treinta años de
ininterrumpida investigación, obviamente este planteamiento puede adaptarse a
la perfección a todos los enigmas que les he ido citando a lo largo del presente
libro —y a alguno que habrá quedado en el tintero—. Además, es importante
reseñar que mis estudios están basados y desarrollados a raíz del análisis de los
múltiples y acertados trabajos teóricos de muchos estudiosos notables, sin cuya
aportación jamás hubiéramos llegado a este punto en el que nos encontramos. Y es
que mi punto de partida es muy similar al descrito por John Keel en su libro The
Mothman Prophecies (Mothman: La última profecía, 1975): «Ya no estoy interesado
particularmente en las manifestaciones del fenómeno. Estoy persiguiendo las
fuentes del fenómeno mismo. Para ello, me he divorciado objetivamente de todos
h? iJir ¡Ir*i
los marcos de referencia más difundidos».
Y, además, seguí al pie de la letra el consejo de Sherlock Holmes: «Nunca confíe
' 'l'i
en las impresiones generales, amigo, concéntrese en los detalles».
Bajo estas únicas premisas, realicé un examen pormenorizado de más de
mil encuentros cercanos con ovnis con la esperanza de encontrar alguna clave
desconocida hasta la fecha. Y fruto de este amplio estudio he podido documentar
un desconcertante proceso psíquico que puede dar origen y forma a los encuentros
cercanos con ovnis^ Mis, ideas ofrecen una nueva y detallada perspectiva sobre estos
.i. .. ‘i4; .• p. .
fenómenos ampliando, como digo, todos los estudios establecidos hasta la fecha.
Y, por primera vez, una hipótesis ufológica está sustentada por un buen
número de evidencias. De hecho, el propio Jacques Vallée, en una comunicación
personal (24 de julio de 2015) me decía: «Creo que sus ideas son importantes. Varios
autores han planteado la cuestión antes, incluido yo, pero la nueva documentación
que está usted aportando es muy convincente». Por su parte, el investigador Alex
Chionetti decía que: «Caravaca ha desarrollado una detallada teoría de cómo el
ir.1

fenómeno ovni afecta y manipula la conciencia y el inconsciente de los testigos


' 1,1.^!.'';íl

como ningún otro investigador lo ha hecho. A diferencia de otros, desafía


brillantemente a las ufologías tradicionales diseccionando casos y, en cierta forma,
renovando lo que siempre nos decía el Dr. Hynek: “El ovni es el testigo”».
En primer lugar, hay que aclarar, pues es una cuestión que ha sido objeto de
continuos debates y confrontación durante años cuando he hablado o escrito sobre
mis ideas en público, que la Teoría de la Distorsión no defiende que el fenómeno
ovni tenga un origen puramente psicológico o sociológico. Todo lo contrario. De
hecho, mi planteamiento, prácticamente, no resta un ápice al aspecto sobrenatural
de los platillos volantes, aunque su punto fundamental es la reinterpretación de lo
que «vemos» y «por qué lo vemos». Como decía brillantemente Cari Jung en su obra
Sobre Cosas que se ven en los cielos:

Cuanto más se prolongaba la incertidumbre, tanto más probable se hacía la


posibilidad de que el fenómeno, evidentemente complicado, poseyera junto
a un posible fundamento físico también un esencial componente psíquico.
Esto no debe sorprender por cuanto se trata de un fenómeno aparentemente
físico que se caracteriza, en un sentido, por sus frecuentes apariciones,
otro, por sil carácter extraño y desconocido, que hasta contradice su natura­
leza física- Semejante objeto excita, como ningún otro, la fantasía consciente
e inconsciente, proceso en el cual la primera elabora conjeturas especula­
tivas y cuentos falsos, y la segunda, el fondo mitológico que corresponde
a estas inquietantes observaciones. De ello nace una situación en la cual a
menudo no se sabe, ni aun empleando la mejor voluntad, si una percepción
primaria lleva a su zaga un fantasma o si, inversamente, una fantasía pri­
maria, que se prepara en el inconsciente, asalta a la conciencia con ilusiones
y visiones. El material que conozco hasta ahora, es decir, que he ido exami-
'.II I'-' ■1.
nando en el curso de una década, justifica las dos maneras de pensar: en un
caso un proceso objetivo real, es decir, físico, constituye el terreno del mito
que lo acompaña. En otro un arquetipo engendra la visión correspondiente.

Esta cuestión es la primordial para nuestro estudio. La base «física» del


fenómeno ovni no puede de ninguna manera excluir ni nublar la existencia de
una incuestionable realidad psíquica inmersa en este paradigma, y que quizás
sea el verdadero origen de esa otra realidad tangible y no al revés. Por tanto,
podemos desterrar de inicio, y como carta de presentación para nuestra teoría,
la idea planteada por la HET (y otras) de que el fenómeno ovni existe, como tal,
al margen de nuestra existencia o participación. Y es que, como han advertido
numerosos investigadores, si mañana mismo aterrizara una nave extraterrestre
en mitad de un estadio de fútbol y sus tripulantes descendieran a tierra con la
mano alzada y saludando al personal, nos sería igual de complejo, al igual que hoy,
explicar convenientemente la enorme casuística ufológica acopiada en los últimos
setenta años, ya que los encuentros cercanos con ovnis han esbozado un paradigma
tan complejo y difuso, que, probablemente, ni siquiera esta imaginada y añorada
pública visita interestelar, conseguiría resolver el enorme rompecabezas alque nos
hemos enfrentado durante décadas. Es muy posible que estos incidentes que hemos
etiquetado de manera superficial, guiados exclusivamente por las apariencias,
como visitas extraterrestres, obedezcan en realidad a otro tipo de fenómeno. Por
tanto, que exista vida extraterrestre ahí afuera, o que, incluso, lleguen a contactar
en el futuro con nosotros, poco o nada tiene que ver con la materia que ha estudiado
laufología.
Y una última aclaración sobre el uso del termino «teona» en lugar de
«hipótesis», algo que también ha sido objeto de algún debate menor por parte de
algunos indocumentados. El diccionario de la Real Academia Española de la lengua
* '■ *'* * , 1111

define «teoría» del siguiente modo:

1. f. Conocimiento especulativo considerado con independencia de toda


aplicación.

2. f. Serie de las leyes que sirven para relacionar determinado orden de


fenómenos. W ¡mf!
¡ I l¡,

3. f. Hipótesis cuyas consecuencias se aplican a toda una ciencia o a parte muy


importante de ella.

4. f. Entre los antiguos griegos, procesión religiosa.

Nada más que decir.


Al margen de estas disquisiciones, es hora de desgranar, por fin, punto por
punto, los planteamientos de la Teoría de la Distorsión.
r • ' “*r

EL agerte externo

¿Quién está detrás del fenómeno ovni? Para empezar, hay que dejar claro que nos
hallamos ante un fenómeno real, desconocido e inexplicado por nuestra ciencia.
Sobre todo, existen cuatro puntos que nos indican la verdadera dimensión de este
enigma:

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1. La universalidad de las experiencias y su efecto en personas de toda índole


y cultura.

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2. La existencia de incidentes narrados por testigos desconocedores del
paradigma pero que, inexplicablemente, se ajustan a los patrones
establecidos por el propio fenómeno. ;1'1 ■ v/flw/í’n''' ■ ‘Vi1.1»• ’ ’

3. Que las experiencias puedan ser observadas por vanos testigos


conjuntamente o de forma independiente.
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4. La existencia de pruebas físicas asociadas a las experiencias: huellas,
rastros, quemaduras, etc.

Evidentemente, mis planteamientos están muy alejados de la HET y de los


pretendidos visitantes alienígenas, y por ello he establecido el término «agente
externo» (AE) para definir de forma genérica y sin limitaciones al responsable
de este tipo de manifestaciones. Sin duda, a lo largo de los siglos, bajo diversas
* l’jfr p

etiquetas, el ser humano ha sido testigo de diversos encuentros con criaturas


y seres desconocidos (daemones, ángeles, hadas, demonios, extraterrestres) que
tienen algo en común: son tremendamente esquivos y poco dados a revelar su
verdadera naturaleza y procedencia, además de ser efímeros. Pero lo más extraño es
que todos estos encuentros parecen ocurrir fuera de nuestra percepción ordinaria.
Personalmente, estoy convencido que el AE sirve como catalizador para que nuestra
psique pueda acceder a tener esporádicos «contactos» con porciones desconocidas
de nuestra realidad —quizas otras dimensiones—, aunque en última instancia
nada de lo observado respondería a una realidad empírica —tal y como nosotros
la concebimos—. El AE también podría ser algún tipo de «entidad» energética,
que necesitaría de las creencias humanas, o de la propia interacción con las
personas, para «subsistir», pero, incluso, estas manifestaciones podrían ocultar
algún tipo de proceso psíquico desconocido vinculado con el inconsciente colectivo
de Jung. Hay que tener en cuenta que, probablemente, de añejos paradigmas
reactualizados brotó el tema de los «visitantes extraterrestres», enmarcados en
una época muy determinada y como sustitutos naturales en nuestro particular
altar de los arcaicos «dioses» y las desfasadas «entidades» sobrenaturales que
siempre nos han acompañado. Por lo tanto, creo que los ovnis, ante todo, son un
fenómeno «psicodimensional» que en determinadas circunstancias interacciona
con nuestro medio físico produciendo un amplio espectro de repercusiones
altamente maleables debido a nuestra participación inconsciente—por su evidente
importancia, en el capítulo final del presente libro ampliaremos esta definición
sobre nuestro misterioso agente «distorsionador».
Pero ¿cómo se origina todo? Comencemos por el principio...
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La conexión cctí el agente externo "

Por conjunciones que aún no están claras, el AE, en un determinado momento, casi
siempre en la soledad del testigo —aunque puede estar acompañado—, es capaz de
«conectar» con la psique del observador y extraer variado «material» intelectual —
que se encuentra insertado en los hobbies, la cultura, el cine, la Hteratura, etc.—,
con el propósito de fabricar/aparentar, en el caso que nos ocupa en el presente libro,
una experiencia de «visitación alienígena ficticia», compuesta a rasgos generales
por el aterrizaje de un vehículo volador y la salida de sus ocupantes al exterior.
H H, ' ¿y
La información para la elaboración de esta escenografía parte, generalmente,
de una sola persona, pero sus acompañantes, si los tiene, pueden observar sin
problema esta proyección —incluso gente que esté alejada—, aunque no participen
en ningún momento de su «creación». También es probable que no todos los
presentes perciban el fenómeno de la misma forma. Y es que la proyección
puede estar situada en una delgada «frontera» ubicada entre nuestra realidad y
otras «dimensiones» —ver último capítulo—. Tampoco podemos descartar que en
determinados casos el AE, por las características de los testigos, pueda utilizar
información de dos o más personas.
Pero ¿qué hace exactamente el AE con la información que «toma prestada» de
nuestro inconsciente?

La distorsión proyectada
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Tras obtener cuantos detalles ilustrativos e ideográficos deí inconsciente del
testigo necesite para su propósito fabulativo, el AE proyecta una «imagen
tridimensional» (que en ocasiones puede contener materia, producir huellas,
quemaduras, etc.) para hacer creer al observador (u observadores) que está
presenciando, in situ, el desembarco de una aeronave extraterrestre. Esta
proyección, que en realidad es una imagen volumétrica indistinguible de la
realidad, puede ser observada por más personas y se comporta como si realmente
estuvieran allí presentes todos los elementos puestos en juego: humanoides,
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nave, luces, etc. Además, hay que tener en cuenta que el AE no solo rastrea en
nuestro inconsciente elementos de la ciencia ficción, la astronáutica o los cómics,
para conformar su aparición, o sea, elementos directamente relacionados con los
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viajes espaciales o los extraterrestres, lo que sería una obviedad, sino que puede
incluir otras muchas imágenes y conceptos mundanos ajenos a esta temática para
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convertirlos en piezas fundamentales de la experiencia. Aunque la clave principal


es que todo este material es proyectado de forma distorsionada, cambiando formas,
colores y tamaños para que el testigo no pueda reconocer que procede de su
propia psique. Hay que tener en cuenta que tras «sintonizar» con la mente de un
potencial observador, el AE puede tomar de su inconsciente una amplia gama de
imaginería, desde la forma específica de un cohete que vio en un programa de
televisión, el casco que esta persona utiliza diariamente en su motocicleta, una
llamativa indumentaria de una ilustración que ojeó en una revista o una simple
tinaja que adorna su casa desde hace muchos años. Por tanto, el contenido psíquico
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no relacionado ccn Ia «ciencia ficción» ni con los «extraterrestres» también és un


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recurso para este AE. ¿
Además, la propia personalidad del testigo (sus miedos, Valores, anhelos,
inquietudes, inteligencia, etc.) se puede ver reflejada en la experiencia qué va
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a acontecer ante sus ojos, sobre todo en el desarrollo del encuentro. Todo este

«material» es recogido por el AE y proyectado, tras el proceso de «distorsión» —
en una acción conjunta del testigo y el AE—, en una «imagen tridimensional» que
se comporta, ante los asombrados ojosi
del observador,
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como una «película». Pues
la vivida escena recreará a la perfección un hipotético aterrizaje de un ovni, pero
conteniendo en su «estética» los componentes «tomados» de la psique del testigo,
aunque, como se ha argumentado, de forma distorsionada (modificada/alterada)
para que sean irreconocibles para el testigo. Este aspecto, que da nombre a mi
teoría, es fundamental para entender mis planteamientos.
Aunque el «atrezo» y los «personajes» de la escenografía surgen de la psique
del testigo, son proyectados de forma distorsionada para que este no los reconozca.
De esta forma, por ejemplo, el protagonista de un encuentro puede ver un ovni
con la forma «distorsionada» del cohete que vio en la televisión, los humanoides
pueden portar un tipo de escafandra «distorsionada» a partir del casco de su propia
motocicleta, o, vistiendo una indumentaria estrafalaria que observó en una revista
—a veces solo encontramos un detalle distorsionado claramente, pero pueden
ser varios, como en este ejemplo—. Y es que podemos encontrar sin dificultad
estos «aportes» humanos insertados en las experiencias ovnis, «revisionados»
como supuestos elementos vanguardistas y de origen extraterrestre. Además, si
se trata de li^proyeaãón, como tal puede sufrir alteraciones y variaciones en su
aspecto —-fluctuaciones—, lo que explicaría otra de las circunstancias anómalas
del fenómeno: las habituales transformaciones de los ovnis, que, de ser meros
objetos de luz en la distancia, se transforman en complejas «aeronaves» sólidas en
las cercanias, o en artefactos aparentemente físicos que varían su aspecto de un
momento a otro. Todo esto puede ser fruto de un proceso psíquico de construcción
mental externa que provoca que la «visión» no sea un modelo fijo, y que la
proyección pueda mutar a medida que avanza la experiencia, y a medida que
el propio testigo interactua con el AE. Además, debemos tener en cuenta que si
.
superponemos dos realidades diferentes podemos alumbrar fenómenos de difícil
encasillamiento.
Pero veamos algunos ejemplos de cómo elementos «mundanos» son insertados
en el interior de los encuentros cercanos con ovnis. El investigador Pablo
Villarrubia investigó un supuesto caso de abducción ocurrido en el año 1931 en
Campinas, Sao Paulo (Brasil), que publicó en la revista Más Allá (diciembre 2014)
en un artículo titulado «No sé cuánto tiempo estuve allí». Su protagonista, José
Florencio, de nueve años en la época del incidente, describió como un humanoide
de pequeña estatura le condujo al interior de un platillo volador. En su interior
el testigo informó a Villarrubia que: «Aquel hombre cerró la puerta por donde
habíamos entrado girando una especie de rueda de metal, como las de los
submarinos o escotillas de los barcos». Probablemente, este engranaje tan terrícola
para abrir y cerrar una puerta fue aportado por el propio testigo; y, si recuerdan el
incidente del exmilitar Alfred Burtoo, el ovni que observó tenía un tren de aterrizaje
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en forma de patín, muy similar al de un helicóptero. Y en el caso de la Stá- Lotti, que
vimos en páginas anteriores, el artefacto tenía notables semejanzas con las estufas
y cocinas de leña y carbón qtle se utilizaban en aquellos años. Incluso la piiértezuela
de este tipo de braseros es similar a la portezuela del ovni, tal y como se observa en
los dibujos que se realizaron en la época del avistamiento.
Jacques Vallée relató este otro interesante incidente en Pasaporte a Magonia:
El 6 de noviembre de 1957, un muchacho de 12 años, Everett Clark, de
i
Dante, en Tennessee, abrió la puerta de su casa para dejar salir a su perro
Frisky. Vio entonces un objeto extraño en un campo, a cosa de cien metros de
la casa. Pensó que estaba soñando y volvió a entrar. Cuando veinte minutos
después llamó a su perro, descubrió que el objeto aún seguía allí y que Frisky
estaba a su lado, con varios otros perros de la vecindad. Junto al objeto esta­
ban también dos hombres y dos mujeres vestidos con ropas normales. Uno
de los hombres trató varias veces de capturar a Frisky y después a otro perro,
pero tuvo que dejarlos, pues los canes parecían dispuestos a morderle. Eve­
rett se dedicó a observar a los extraños personajes, que hablaban entre ellos
«como los soldados alemanes que había visto en el cine»: después los vio
penetrar en el objeto atravesando limpiamente sus paredes, y después éste
se elevó verticalmente sin el menor ruido. Era oblongo y de «ningún color
particular».

Posteriormente los periodistas que acudieron a la zona encontraron una huella


elíptica sobre el terreno de 1,5 metros por 7,30 metros.
Es evidente que el propio testigo ofrece el referente para la creación de su
experiencia. No había que buscar demasiado lejos para resolver este incidente. Los
humanoides se comportaban y hablaban como los personajes que el niño había
visto en tina rediente película.
Y un último ejemplo. El 1 de julio de 1953 el pequeño pueblo de Villares
del Saz (Cuenca) salió de su apacible anonimato en la prensa española. Un joven
pastor, Máximo Muñoz Hemaiz, de trece años, se encontró con unos pequeños
y díscolos tripulantes de un particular «platillo volador». Mientras se encontraba
cuidando su rebaño de vacas, sobre las 14:00 horas, escuchó tras de él un fuerte
silbido, semejante al ruido que provocaría un gran globo al desinflarse. Tras darse
la vuelta, se encontró, a escasos cuatro metros de su posición, con algo asombroso
que el testigo definió a la prensa como una reluciente «tinaja con cuatro patas» de
color amarillo (quizás metálico). Asombrado estaba el pastor cuando del artefacto,
de 1,30 metros de altura por 30 cm de ancho, salieron tres individuos de unos
65 cm de altura, a través de una puerta que había en la parte superior de la
tinaja. Los seres, «tietes» (enanos), en palabras del testigo, tenían la tez amarilla,
los ojos rasgados y vestían un mono azulado, brillante, y en la cabeza llevaban
unas «gorras» con las viseras chatas. Los hombrecillos hablaban en un idioma
ininteligible para el asustado pastor, que vio cómo los seres le rodearon para que
uno de ellos le «propinara» una suave bofetada con su mano «helada y reluciente».
Acto seguido, y sin terciar más palabra, los «simpáticos tietes», ayudados por una
pieza que había en el artefacto, se encaramaron con agilidad al interior de la
aeronave dando saltos. Máximo observó que los tripulantes poseían en su brazo
derecho una chapa redonda (quizás un emblema o símbolo que no distinguió). En
medio del estremecedor silbido, la tinaja inició el vuelo, aumentando notablemente
su resplandor, mientras el testigo, aterrorizado, emprendió la huida. El comandante
del puesto de la Guardia Civil acudió al lugar, y encontró cuatro huellas de unos
5 cm de profundidad, y 2,5 cm de diámetro. Las marcas formaban un cuadrado
perfecto de 36 cm de lado. Los investigadores hablaron con más testigos que vieron
un raro artefacto volador pequeño en las fechas del incidente del joven pastor. Junto
al periodista y gran investigador Jesús Ortega pude comprobar sin dificultad que en
aquella zona de Cuenca era muy habitual ver «tinajas» por todas partes, incluso de
manera decorativa. Además, el brillo del objeto era similar al de las torretas de alta
tensión que había en la zona.

Sin duda, las cocinas y fogones de leña o carbón de mediados de los años cincuenta eran muy

parecidos al artefacto observado por Rosa Lotti. Y es que el paradigma ovni no solo se nutre de

la ciencia ficción, los viajes espaciales y la propia información originada por los platillos volantes,
sino que cualquier elemento es susceptible de ser utilizado por el agente extemo para plasmarlo/

integrarte en la «proyección». Archivo Carav@ca.

El testigo como cocreador e intérprete de las


experiencias inusuales

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El testigo no es un mero espectador independiente de cuanto sucede, como
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sostienen los defensores de la HET. No nos hallamos ante un individuo que, por
ejemplo, nos describe el paso de un automóvil frente a su ventana. Según la TD,
la participación de los observadores determina, por su importante implicación
psíquica, el resultado final de su experiencia. El testigo se convierte en «cocreador»
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de sus propias experiencias anómalas al incorporar material inconsciente propio
en la construcción estética de las mismas. Y es que el observador sería, entre otras
funciones, el encargado de «interpretar» y «descifrar» la «identidad» del fenómeno
(entidades) percibido. O sea, su participación en la conformación de estos
paradigmas puede concretar que se halle frente a una visión mariana, un encuentro
con un ovni o un contacto con un fallecido. Además, posiblemente, el testigo
también es el responsable de otros muchos aspectos colaterales de su experiencia...
Incluido los aspectos físicos... Mr

La superioridad de la imagen sobre el contenido


Es un hecho constatado y documentado, aunque pasado por alto en la mayoría
de los informes redactados por los investigadores, que los encuentros con ovnis
destacan sobre todo por la puesta en escena (la estética) más que sobre cualquier
otro elemento expuesto. Es indudable que tenemos experiencias repletas de
detalles deslumbrantes, fascinantes y visualmente impactantes, desde fantásticas
aeronaves atiborradas de luces de colores, ventanillas, escalerillas, antenas, etc.;
hasta tripulantes pertrechados con armas, cascos o equipos de respiración
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autónoma; pero, por el contrario, estas manifestaciones están totalmente
desprovistas de contenido. Cuando las entidades se comunican con nosotros, no
obtenemos datos que sean de interés, no existe un mensaje o una información que
sea mínimamente proporcional al espectacular despliegue visual efectuado ante
los ojos del testigo. Es como si todo el esfuerzo e interés de estos paradigmas
se concentraran en un único y exclusivo objetivo: fabricar una escenificación
apabullante. Las apariciones anómalas en todos sus contextos carecen de valor
informativo o explicativo sobre su propia naturaleza o intencionalidad. O lo que es
lo mismo, después de su marcha, no tenemos datos fehacientes o contrastables del
fenómeno por «boca» de sus protagonistas.
CARACTERISTICAS DE LA PROYECCION

Curiosamente el contenido visual de los encuentros con ovnis es muy superior al

contenido informativo... Como si toda la importancia de las experiencias radicara

en su parte escenográfica sin prestar atención al guión. Archivo Carav@ca.

El «origen» narrativo de la proyección

Pero ¿cómo puede una persona sin conocimiento previo sobre el fenómeno
ovni ser testigo del aterrizaje de un platillo volador? Y ¿cómo es posible qué
testigos sin información cultural relevante sobre ciencia ficción o naves espaciales
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experimenten estos encuentros? Este, sin duda, uno de los aspectos fundamentales
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del enigma ovni, que desconcierta a propios y extraños. Personas sin interés, ni
información sobre estas cuestiones, pueden ser protagonistas de tina experiencia
ufológica con rasgos comunes con otros episodios. Lo que, de alguna manera,
invalida la tesis psicosocial —al menos en su aspecto meramente psicológico—,
los trastornos mentales o la fantasía. Y es que el AE construye visualmente la
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proyección con la información rescatada del inconsciente de los testigos, pero la
imposición del esquema básico que se va a representar, en este caso la visitación
extraterrestre —como podría ser el encuentro con un fantasma o un duende—,
puede tener cinco orígenes posibles:

1. Una imposición del AE, que deliberadamente quiere extender una falsa
creencia en un determinado paradigma.

2. Este operador sin identificar podría utilizar determinadas creencias


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latentes en la sociedad para desarrollar su «escenografía».

3. De las creencias del testigo. Bajo la influencia del AE, la propia psique
del observador puede elegir de forma inconsciente experimentar un
encuentro cercano con un ovni al percibir que está sufriendo una situación
anómala. Una simple luz en el cielo puede ser el detonante o el preámbulo
de diversas experiencias «sobrenaturales», desde el encuentro con un
platillo volador hasta la visión de un coro de alegres duendes bailando en el
bosque... El AE solo necesita que el testigo decida, de forma inconsciente,
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cual es la «procedencia» de aquella luminaria y cómo ya a moldear su


experiencia...
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4. Del inmenso banco de datos que conforma el inconsciente colectivo. El AE,
tras sintonizar con la psique del testigo, seria capaz, a su vez, de conectarlo
con esta poderosa mente universal que abarcaría a todo el género humano.

5. De lo que denomino como un «campo mental» creado por las diferentes y


amplias creencias generadas en torno a los ovnis, y a los que los diferentes
testigos podrían «acceder», de forma inconsciente, en el mismo momento
que se produce el contacto. Sería una especie de «banco de información
mental» mantenido y alimentado en el tiempo tanto por la acción del
AE como por las propias interacciones de los testigos con el fenómeno;
lo que daría lugar a un especifico universo mitológico y arquetípico en
tomo a una determinada creencia; en el caso que nos ocupa, los ovnis.
Pero, realmente, existirían diversos campos mentales, como hemos visto
en el presente estudio, desde las apariciones mañanas hasta la visión
de extrañas criaturas peludas. Por ejemplo, el campo mental de los
seres elementales, al no ser mantenido a lo largo del tiempo, ha podido
desaparecer de este imaginario humano, y aunque una persona en la
actualidad pudiera ver un hada, por su propia creencia en estas entidades,
sería más difícil que alguien sin conocimientos previos pudiera acceder a
esta «información» sino es mantenida en uno de estos campos mentales.
Tampoco se puede descartar que la «fortaleza» de un determinado «campo
mental» permita al AE cierta independencia para manifestarse y actuar
con cierta «libertad». Además, personas «creyentes» én algunas de estas
manifestaciones podrían interactuar con estos «campos mentales», en
otros niveles diferentes a los de los testigos, y experimentar una serie de
secuelas como curaciones, extraños sueños, clarividencia, etc.

Por lo que es muy factible, a tenor de estos datos, que testigos sin conocimiento
ufológico alguno puedan «acceder» sin mayor problema a tener este tipo de
experiencias con elementos básicos que podremos encontrar o rastrear en otros
eventos. Y este aspecto es uno de los factores más identificativos y desconcertantes
El ovni observado por Jan Wolski. Otra rareza en la enorme casuística ufologica.
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Archivo Carav@ca y Marcos Nicieza. ¿v j?

Veamos un ejemplo. Nuestro siguiente testigo, tal y como comprobaron los


investigadores del caso, no tenía ni televisión, ni radio y desconocía por completo la
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existencia de los ovnis. Pero eso no fue obstáculo alguno para que protagonizara
una experiencia ufologica análoga a la de cientos de personas. El 10 de mayo de
1978, sobre las 7:20 horas, Jan Wolski, de 71 años, conducía su carreta por un
bosque cerca de su pueblo en Emilcin (Polonia), cuando de pronto, en mitad el
camino, observó dos pequeños humanoides de alrededor de 1,5 metros. Vestían
trajes oscuros ajustados con capucha. Según el testigo, ambos se movían con
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torpeza y separando mucho las piernas. Al llegar a su altura, los seres saltaron a
ambos lados de su carreta con gran agilidad, inmediatamente notó un peso atrás, y
comprobó que se habían subido a la parte trasera de su vehículo. Los dos iban
sentados. Ambos hablaban entre ellos en un idioma incomprensible, como
«chillidos y sonidos muy agudos, similares a las palomas y las risas de las hienas».
Wolski dijo al investigador polaco N. Pszekroj que sonaban algo así como «ta tat ta».
Entonces el testigo observó mejor a sus extraños pasajeros. En una declaración que
hizo, dijo que: «vestían con trajes ajustados negruzcos, solo la cara y las manos
estaban descubiertas. Pensé que podrían ser chinos, pero no pregunté. Sus piernas
colgaban fuera de la carreta y era obvio que tenían zapatos raros del mismo color
que el resto de la ropa, pero la parte delantera tenía forma de aleta. También tenían
entre sus dedos una pequeña membrana desde la base hasta el final de la primera
articulación del dedo. No entendí nada de lo que decían..., como que “gorjeaban”
entre ellos». De aquel objeto descendió una especie de ascensor sustentado por
cuatro cables. El caballo parecía intranquilo por la presencia de aquellos seres. Uno
de los humanoides invitó a Wolski a subir con gestos. Cuando llegaron al objeto, el
testigo comprobó que en el interior había dos seres más. En su interior, el objeto
tenía una estancia rectangular, oscura, sin muebles, y su única fuente de
iluminación era la puerta abierta. Las paredes y el suelo parecían de vidrio. Wolski
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solo llego a ver unos pequeños bancos negros atados a las paredes con cables de 60
centímetros (dos cables por asiento). Junto a la puerta había una docena de cuervos
o grajillas que, aunque estaban vivos, parecían algo paralizados. El testigo dijo que
«teman las caras verdes oscuras y llevaban trajes negros/grises ajustados que
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cubrían todo el cuerpo, y no había botones o cremalleras. Tenían los ojos inclinados
y una boca que asemejaba a una delgada línea incolora. Cada uno de los dedos fue
rodeado por una membrana. Hablaron entre sí en un idioma desconocido». Tras
indicarle que se desnudara por completo, le «examinaron» golpeando
repetidamente dos platos alrededor de su cuerpo. Uno de los seres introdujo una
varilla negra en uno de los agujeros que tenía uno de los platos y parecía ajustarlo.
Los humanoides comieron algo parecido a un trozo de hielo, pero Wolski rechazó
probarlo. Tras este «reconocimiento», le invitaron a salir del objeto. Wolski se
inclinó en forma de despedida, y los seres le imitaron. Cuando llegó a su casa, en
compañía de sus hijos y algunos vecinos, volvieron al lugar, pero solo pudieron
comprobar la existencia en la zona de las extrañas pisadas de los humanoides.
Según los investigadores polacos, aquella misma mañana, un niño de cinco
años vio un extraño objeto, con una escotilla en su parte inferior, volando
a baja altura sobre el pueblo dé Emilcin, un objeto que describió como un
«autobús volador». Poco después de pasar por el pueblo, él artefacto aceleró,
mientras se escuchaba un fuerte «trueno». Curiosamente, unos minutos antes de
que Jan Wolski contara su experiencia, algunos vecinos de la zona escucharon
un estruendo espantoso procedente del subsuelo. ¿Extraterrestres que se suben
de un salto a una carreta? ¿Un ovni con columnas giratorias? El fenómeno
ovni es impredecible y se desarrolla de forma pasmosa siguiendo los dictámenes
silenciosos del inconsciente de los testigos.

El «esqueleto» de la proyección: casos únicos


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Independientemente de la «fuente» que produzca que una persona sea


protagonista de un incidente ovni, porque incluso puede surgir de una
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mezcla de los puntos antes expuestos, está demostrado que, más allá de la
esencia que componen estos sucesos (aterrizaje de un objeto y desembarco
de humanoides), todos los elementos que se observan (aspecto de la nave,
fisionomía de los ocupantes e incluso su comportamiento) están sujetos a una
amplia «maleabilidad», ya que son recreados a partir de la información aportada
exclusivamente por el testigo. Por tanto, los eventos ovnis son imprevisibles más
allá de su esqueleto básico. Alguien verá «algo» en el cielo que aterrizará y
descenderán sus ocupantes, pero poco más se podrá anticipar, ya que el contenido
de las experiencias será «estéticamente» diferente de un relato a otro. Además, hay
que dejar claro que el AE no solo se nutre, como se ya comenté, del contenido
psíquico relacionado con la ciencia ficción y la temática «extraterrestre» (que es
una obviedad), sino que cualquier material contenido en la mente del testigo
puede ser moldeado, distorsionado e incrustado en estas vivencias para «erigir»
un determinado y personalísimo platillo volador o «cincelar» la morfología de
un característico e irrepetible ufonauta. La estructura psíquica construida para la
ocasión puede surgir de un simple intercambio de preguntas/respuestas con el AE,
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que son «proyectadas» por el propio testigo, de forma inconsciente, para conformar
la proyección: ¿Qué es esa luz? ¿Es un platillo volante? ¿Aterrizará? ¿Va a bajar
alguien o «algo»? ¿Cómo lo hará? ¿Cómo son? ¿Qué intenciones tienen? ¿Me harán
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daño? Y, dependiendo de las preguntas formuladas, obtendremos los «patrones»
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para configurar, en connivencia con el AE, un encuentro con un hada, un fantasma
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o un marciano. Un ejemplo: es como si centenares de pintores, con diferentes
estilos pictóricos (cubismo, expresionismo, surrealismo, abstracción lírica),
representaran, con total libertad, sobre un lienzo el mismo «objeto». Obviamente,
los resultados podrían ser dispares, e incluso incomprensibles, dependiendo de la
creatividad/genialidad/estilo de cada artista. Y es que los encuentros con este AE
nos sitúan ante un boceto en blanco a desarrollar...
Entonces, si estamos ante una «proyección» ¿qué papel juegan los humanoides
asociados a estos fenómenos? ¿Podemos considerarlos entidades independientes y
con autonomía? ¿Son los creadores de la experiencia?
Los encuentros cercanos con ovnis presentan un esquema básico

que esta sujeto a infinitas variantes, tan diferentes como lo son un


testigo de otro. Archivo Carav@ca.

Por tanto, el error ha sido analizar y comparar en su conjunto la casuística ovni,


lo que a todas luces nos presenta episodios absurdos, carentes de lógica y conexión,
ya que el verdadero significado de estas experiencias solo se puede interpretar/
decodificar a nivel individual, caso a caso, teniendo en cuenta las preferencias,
intereses y cultura del testigo. Solo entendiendo que son vivencias globales, pero
subjetivizadas por la participación activa de la psique de cada testigo, despojaremos
de todo misterio estos encuentros.

Los ocupantes

Pese a su aparente autonomía como entes independientes e inteligentes, los


ocupantes de los ovnis (y todas las demás entidades anómalas en general) están
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«constituidos» de la misma «materia psíquica» que los aparatos que pilotand o sea,
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son un elemento más del atrezo que compone esta proyección, carentes de mayor
significación o relevancia, más que aparentar lo que no son, supuestos «astronautas
de otros planetas». O lo que es lo mismo, los tripulantes de los platillos volantes
no son los «sujetos» o inteligencias causantes del fenómeno percibido, de la misma
manera que la Virgen no se aparece a unos pastorcillos, ni una criatura peluda
desconocida habita escondida en los bosques de Norteamérica. Como parte de la
proyección, todas estas criaturas, divinidades y monstruos, son tan solo una parte
más de este engranaje que compone la «ficción» emitida por el AE con el propósito
de escenificar una determinada escenografía. Tienen la misma «naturaleza» que
la nave, aunque cumplen con una función distinta. Por tanto, podríamos decir,
que la «puerta» de un platillo volador y sus ocupantes son esencialmente parte de
un mismo conjunto, aunque, como digo, cada «parte» cumple una función en la
proyección.
Además, si nos fijamos, los tripulantes de los ovnis se comportan de forma
fría, absurda y aparentemente sin ningún tipo de sentimientos o emociones. De
nuevo, encontramos que a lo que más se asemejan estos «seres» son a los personajes
nebulosos de nuestras propias experiencias oníricas. Y es que los personajes y
criaturas de nuestros sueños no son, aunque lo aparenten a la perfección, seres
«vivos». Estos personajes, aunque interactúen y se comuniquen con nosotros, no
dejan de ser partes activas de nuestro inconsciente «transformadas» en aparentes
entidades autónomas. En su citado libro, John Watkins decía que: «A veces los
sueños se parecen a obras de teatro, porque en ellos suele participar un "elenco"
de personajes, cada uno de los cuales tiene una “parte”: “Aparecen los actores,
se distribuyen los roles; de éstos, la persona que sueña toma solo uno que se
conecta con su propia personalidad. Los demas actores le son totalmente extraños,
si bien ellos y sus acciones son también producto de la fantasía del que sueña.
Oímos hablar a otras personas en lengua extranjera, admiramos el talento de un
gran orador, nos sorprendemos con la profunda sabiduría de un profesor que nos
explica cosas de las que no recordamos haber oído hablar’’». De la misma manera,
el AE compone estos «personajes», con la ayuda indispensable de los testigos, para
convertirlos en meros pero complejos vehículos de expresión arquetípica.
• I •l|' ' i'1 '' * 1
Por tanto, si estamos tratando ante algún tipo de proyección, también
..i ’* ’ni i; 'ú '*
explicaríamos la aparente «inmunidad» que presentan todas las entidades y
criaturas sobrenaturales a ser heridos por los humanos. Y otro punto interesante
que no podemos obviar es que obviar que muchos de estos seres que salen a
nuestro encuentro, en cualquier ámbito de las apariciones, aparecen y desaparecen
hPrfr''1'
de forma gradual y son percibidos por solo unas pocas personas de un amplio grupo
de posibles testigos. Como señaló Tyrrell en su citado libro sobre las apariciones
de «difuntos»: «algunas veces se hacen transparentes y se esfuman gradualmente»
y «a menudo son vistas u oídas por algunos de los presentes, pero no por todos».
Retengamos estos puntos en nuestra mente para los próximos capítulos.
Pero ¿cómo se crea esta proyección?

Creación mental compartida


Tras obtener la ¿hformación de nuestro inconsciente, el AE pone en marcha un
mecanismo psíquico que he denominado «Creación Mental Compartida» (CMC),
donde los conceptos (imágenes, sensaciones, etc.) que se van a utilizar para
conformar la proyección son «mezclados» y «distorsionados» mediante un proceso
imaginativo/creativo homólogo al de nuestros sueños, donde el absurdo es una
etiqueta de identidad. Una autentica «arquitectura psíquica» expresada en Un
lenguaje metafórico e ideográfico erigida expresamente para ese preciso momento.
Por tanto, una de las principales reivindicaciones de la TD es que, aunque nos
enfrentamos a un fenómeno de carácter global, que puede producirse en cualquier
parte del mundo, su contenido es netamente personal e intransferible, sin
extrapolación, más allá de las comparativas básicas, con otros incidentes ovnis. Y es
que cada suceso ovni es único, y su único y exclusivo objetivo es interaccionar con el
observador en un complejo sistema de imágenes y sensaciones «retroalimentadas»
desde el propio inconsciente del testigo. Así es entendióle que las descripciones
de los ocupantes de los platillos volantes, así como las de las propias aeronaves,
contengan matices tan dispares y diferentes, en tamaño, colores y formas, de
un suceso a otro, imposibles de confrontar y etiquetar, y que confluyen en un
alocado e interminable listado de presuntos alienígenas y naves espaciales; ya que
nos enfrentamos, como anunciamos, a un proceso psíquico altamente «creativo»,
prácticamente infinito en resultados y variantes posibles, determinado por la
participación de la psique de los observadores, como componentes singulares,
impredecibles e irrepetibles, donde los «elementos a desarrollar», sugeridos por
el AE, en el caso que nos ocupa «visitante extraterrestre» y «platillo volador»,
pueden sufrir todo tipa de variaciones, combinaciones y alteraciones tipológicas,
morfológicas o anatómicas en base a la información inconsciente de los testigos.
Tal y como expresaba Cari Jung, en su libra Aspectos generales de la psicología
del sueño (1928), «todo en la creación es esencialmente subjetivo y el sueño es
un teatro donde el soñador es a la vez escenario, actor, gerente, autor, público y
crítico». Pero teniendo en cuenta que, en última instancia, quien realmente «tutela»
y «censura» la información que se vierte en el encuentro cercano es el AE, de otra
forma, muchos más elementos oníricos, absurdos y desestabilizadores se darían
cita en las experiencias, haciéndoles perder toda credibilidad —aunque quiza estas
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experiencias sí ocurren y son rechazadas por los investigadores al considerarlas
* i
como productos de delirios o alucinaciones—. Si la creación mental compartida no
estuviera bajo la dirección, aunque sea sutil, del AE, en más de un incidente nos
hubiéramos topado con el Pato Donald bajando alegremente por la rampa de un
platillo volador...
Un ejemplo. El 23 de octubre de 1965, sobre las 19:15 horas, el locutor de radio
James F. Townsend, de diecinueve años, circulaba a unos seis kilómetros de Long
Prairie (Minnesota), cuando de repente, al girar una curva, el motor y los faros de su
automóvil se apagaron. Frente al coche, a unos seis metros de distancia, Townsend
observó estupefacto, en mitad de la carretera, un extraño artefacto en forma de
cohete, de color plateado, que desprendía una gran luminosidad «tan brillante
como la luz del sol». El objeto tenía unos 9 o 12 metros de altura, 3 metros de ancho
y estaba apoyado sobre unas aletas. El testigo se bajó del vehículo con la intención
de empujar el coche contra el «cohete» y derribarlo, pat a obtener una prueba de su
experiencia. En ese preciso momento, de la parte trasera del objeto surgieron tres
diminutas entidades. Los estrafalarios «tripulantes», de unos quince centímetros
de altura, parecían latas de cerveza, de un color oscuro o marrón, y sus piernas
tenían forma de aletas. Cuando caminaban lo hacían sobre sus dos patas, pero al
detenerse* surgió de su espalda una tercera «pierna» que les servía de apoyo y
estabilidad. En su parte superior tenían tres brazos delgados como cerillas. Según
Townsend estuvo frente a los «seres» unos tres minutos, sin que nadie se moviera.
No distinguió ningún rasgo facial en las criaturas, aunque asegura que: «creo que
me estaban mirando». Tampoco escuchó ningún tipo de ruido. Posteriormente, las
«latas» regresaron al objeto y el «cohete» luminoso comenzó a despegar
lentamente, mientras el locutor escuchaba un zumbido. Cuando el objeto estaba a
cierta altura, quizás unos 500 metros, se apagó la luz brillante, mientras las luces y
el motor del automóvil comenzaron a funcionar de nuevo. Más tarde, en compañía
del sheriff Lavem Lubitz, acudió a la zona y encontraron tres líneas sobre el asfalto
de una sustancia aceitosa. El oficial de policía Jim Bain recuerda que Townsend
acudió a la comisaria asustado y tembloroso, además de confirmar a los
investigadores que el testigo era una persona de buena reputación y que no bebía...
Al parecer, dos cazadores confirmaron, en parte, el encuentro del joven locutor de
radio, al asegurar que sobre esa hora observaron un objeto brillante en la zona. En
1969 el joven fue interrogado por un oficial de la Fuerza Aérea, determinando que
su visión tenía unas causas psicológicas, aunque desde el proyecto Blue Book se
afirmó que oficialmente no se había realizado ninguna investigación del caso. Por
su parte, el Dr. Joseph Alien Hynek, consultor de la USAF para analizar los informes
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ovnis, recibió una carta dél testigo, aunque tampoco profundizó en el curioso
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encuentro. No obstante, las autoridades comunicaron que esa noche fió hubo
ninguna detección de radar anómala. Tanto la forma del «platillo volador» como la
de sus ocupantes tienen unas características nunca antes observadas en otro
episodio ovni En la observación de Townsend, el típico «disco» había sido
«sustituido» por un «cohete» más propio de los films y literatura de ciencia ficción
de la década de los 40 y 50, y los supuestos tripulantes extraterrestres tenían la
• • ‘i* v*í ’lAUdüüüft *
apariencia de «latas de cerveza». Estas «rarezas» ufológicas parecen provenir del
inconsciente del joven testigo, que incorporó todos estos elementos bizarros a su
encuentro cercano, bajo la «dirección» y «tutela» del AE, convirtiendo su
experiencia en algo singular, producto de su particular e intransferible
interactividad con el AE. La extravagante y amplísima casuística ovni está repleta
de este tipo de incidentes, considerados enigmas insondables por los investigadores
ante la imposibilidad, hasta la fecha, de etiquetarlos, confrontarlos o clasificarlos
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convenientemente. ¡i J íP

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La interacción con el agente externo

En ningún momento del encuentro el observador es consciente de que su psique


ha sido abordada por un AE, de la misma manera que ignora que muchos de
los «elementos» de la «escena» que contempla (forma de la nave, morfología de
los seres, comportamiento, detalles especiales, etc.) han sido «desenterrados» de
su propio inconsciente e incorporados a la proyección de forma «distorsionada»
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para que no sean reconocibles. Además, esta simbiosis mental en la elaboración


de las experiencias explicaría por qué en muchos incidentes los testigos tienen la
sensación de que el fenómeno observado, o sea, la proyección, parece reaccionar y
.................... . 'l‘‘l -.‘lili,
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obedecer a sus propios pensamientos de forma inmediata, como si «algo» estuviera


«leyendo su mente». A veces los ovnis se acercan y se alejan, aparentemente, a
«voluntad» de los observadores, y en otras, los ocupantes, «intuyendo» el miedo
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del testigo, huyen de la escena. Los investigadores siempre han creído que esto se
producía por algún tipo de «vinculo» mental o telepático con el fenómeno, pero a
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tenor de estas investigaciones, es más probable que todo esto sea fruto del proceso
que crea la proyección, y que obedece en cierta medida al propio observador.
Además, este hecho también explicaría por qué en muchos casos la comunicación
mental con la mayoría de los seres que descienden de los platillos se produce de
forma telepática, aunque los supuestos extraterrestres sean capaces de hablar con
normalidad. Y es que todo parece indicar que las experiencias se originan a nivel
psíquico.
Un ejemplo. En compañía del veterano y querido ufólogo Andrés Gómez
Serrano pude investigar un desconcertante encuentro ovni. Nuestro interlocutor,
Héctor Linares, no recordaba la fecha del suceso, pero estaba seguro de que no
podría andar muy lejos de los años 1958 o 1959. Por aquellas lejanas fechas, Héctor
tenía unos 26 años y frecuentaba la antigua carretera comarcal C-341, que unía la
Bahía de Algeciras con Ronda, para ir de caza (sobre todo las madrugadas del
domingo; de 3 a 9 de la mañana). En aquella ocasión iba acompañado de su primera
mujer, su padre y un amigo de la familia y se dirigía en dirección a la citada ciudad
para cazar desde su vehículo utilizando un potente foco. La carretera era estrecha y
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los focos del vehículo eran lo único que podía romper aquella oscuridad
impenetrable. Cuando se encontraban a la altura de las cuevas del Becerro,
observaron una luz en la carretera que, en un principio, identificaron como ...M|

perteneciente la Guardia Civil—añadir que, en aquella época, según nos comentó el


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testigo, podían completar el trayecto sin cruzarse con ningún otro vehículo—. A
medida que se iban aproximando, comprobaron que aquella luminaria no
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pertenecía a ningún vehículo conocido. Héctor nos contó que: «Realmente aquello
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no era otro vehículo, desprendía una luz rojiza, parecida a la brasa del carbón que
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iluminaba los alrededores con esa tonalidad; el objeto tenía forma de plato
invertido, aunque más ancho, con una cúpula en su parte superior; no podíamos
apreciar detalles porque la luz lo ocupaba todo, pero sí que vimos que ocupaba
prácticamente todo el camino y que su altura era algo mayor que la de un coche —
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la carretera tiene un ancho de unos 7 metros aproximadamente —. Nos detuvimos
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a unos 200 metros del ovni, sin apagar el motor del vehículo, y, tras unos minutos
de observación, decidimos acercarnos lentamente con el coche hasta donde estaba
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aquello». Cuando los testigos realizaron la aproximación, el misterioso objeto
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comenzó a elevarse lentamente, sin emitir ningún ruido, ni provocar ningún efecto
apreciable sobre el vehículo. Héctor nos indicó que: «El objeto se levantó de la
carretera y se elevó a una considerable altura (1000 o 1500 metros) para
posteriormente volver a aterrizar justamente detrás de nosotros, otra vez en mitad
de la calzada y casi a la misma distancia que antes». Héctor confesó que «aquello
parecía que nos leía la mente, actuaba antes que nosotros». Pero nuestros testigos
querían llegar hasta el fondo de la cuestión y no se amedrentaron ante tal evasiva.
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«Decidimos darla vuelta y acercamos de nuevo al ovni», aseguró elfestigo^ Cuando
intentaron realizar esta operación, el artefacto se elevó y, posteriormente,
describiendo un rápido zigzag en el aire, desaparead a gran velocidad en el
firmamento, haciendo que su luminosidad disminuyera hasta convertirse en un
pequeño punto en el cielo estrellado.
En el libro Earthmind: Comunicating with the Living World of Gaia (Gaia: La
tierra inteligente, 1991), Paul Devereux, John Steele y David Kubrin muestran varios
ejemplos curiosos de como los ovnis pueden «leer» la mente de los testigos:
Dos geólogos que persiguieron dos luces de un extremo a otro de Mitchell
Fiat, cerca de Marfa, Texas, se llevaron la impresión de que las bolas lumi­
nosas jugaban al «tú la llevas» con ellos. En su estudio de los fenómenos de
Unita, el biólogo Frank Salisbury hizo constar que «muchos testigos tenían
la impresión de que los ovni reaccionaban a lo que ellos hacían o incluso a
lo que pensaban» (...) Miembros del equipo de Hessdalen dijeron a Devereux
que estaban convencidos de que cierto porcentaje de las luces que habían
visto eran capaces de responder a pensamientos, comentarios en susurros
entre miembros del equipo o gestos leves (tales como levantar una cámara).

Pero, si se trata de una proyección, ¿cómo se originan los comportamientos o


reacciones de los ocupantes de los ovnis con/para los testigos?

El desarrollo general de la proyección, los comportamientos de los


ocupantes y la interacción con el fenómeno
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Una vez conformado el escenario y los personajes de la «trama» (el platillo volador
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y sus ocupantes), la forma de interactuar del testigo con esta escena proyectada
tendrá mucho que ver con su personalidad o con sus deseos inconscientes. Estos
factores psíquicos internos del observador, y no el fenómeno en sí, determinaran,
entre otras cosas, la acción a desarrollar, o, por ejemplo, la aptitud de los
pretendidos extraterrestres (incidiremos sobre esta cuestión más adelante). O sea,
nuestro inconsciente establecerá como se comportara esta proyección ante nuestra
presencia, de la misma forma que los sueños agradables o las pesadillas más
horrendas se presentan ante nosotros siguiendo la batuta de nuestra psique. Por
tanto, nuestra «injerencia» inconsciente en la elaboración de las experiencias ovnis
será la causante de que, entre otras cosas: "H,1 ■

A. Nos hallemos ante un encuentro próximo o lejano con los tripulantes del
artefacto.
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B. Que sea un encuentro tranquilizante o terrorífico.
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C. Que el testigo se decida o no, a penetrar en el interior del platillo volante.

El proceso originado por el AE para la «fabricación» de los encuentros cercanos


surge de un modelo básicamente calcado al de los sueños humanos, en el que
hallamos personas que no tienen miedo ante determinadas circunstancias y otras
que, por el contrario, se despiertan sobresaltadas ante los mismos estímulos.
Por tanto, las acciones de estos seres sobrenaturales vendrán determinadas por
un desconcertante proceso psíquico de retroalimentación entre el testigo y el

Mil,,.
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fenómeno. Y de nuevo, estamos casi seguros de que nada de íó observado está
planeado con anterioridad, aunque probablemente el AE tenga cierto control sobre
lo desarrollado en este proceso.
El periodista y ufólogo peruano Rafael Mercado me puso en conocimiento de un
increíble incidente que permaneció mas de 4 décadas en el olvido. Y es que, Mercado
consiguió entrevistar a los dos únicos testigos que continúan con vida. El suceso
ocurrió el sábado 18 de noviembre de 1977 cuando 4 amigos acudieron a pescar,
como tenían costumbre de hacer, a la solitaria playa de Yanyarina (Arequipa, Perú).
El grupo lo formaban 4 compañeros mineros Francisco Rodríguez, Ricardo
Palomino, Benjamín Mardini, Mario Cueto y su hijo. Sobre la 1:30 horas, al poco de
estar en la zona, divisaron tres «platos» metálicos en el cielo con luces en su
periferia de varios colores, que giraban sin parar. Destacaban sobre todo las luces
amarillas y rojas. Los objetos estaban muy juntos. En ese momento, Mario les hizo
señales luminosas con una linterna, y los objetos se detuvieron, aunque las luces de
alrededor seguían girando. A continuación, los 3 «platos» descendieron lentamente
hasta que se introdujeron en el océano. El cielo estaba completamente despejado y
pudieron observar a la perfección toda la escena. Lo curioso es que Francisco
llevaba siempre consigo una cámara fotográfica pero aquella noche no la había
cogido. Ricardo dijo que se preguntaron ¿qué podría ser aquello? y Mario sin
titubear respondió que eran «platillos volantes». Aunque extrañados, continuaron
pescando con total normalidad. Sobre las 5:00 horas, se desplazaron hacia otra
parte de la playa para ver si había mas pesca. Al poco tiempo, cansados, se quedaron
dormidos. En un momento dado, Benjamín se despertó y observó un extraño objeto
;■'.’í1!''. ?.!.;■.; '!hd:i. •

..........................................................

en la orilla. Ricardo recordaba ese momento ante el micrófono de Rafael Mercado,


cuando Benj amín, dijo de repente despertando a todo el grupo: «¿Qué es eso Mario?
¿Ha venido el ejército?». Ante el asombro de los pescadores, a unos 50 o 70 metros
de distancia aproximadamente, junto a la orilla había aparecido un artefacto
plateado parecido a una «tanqueta» militar. Con el reflejo de las olas del mar el
objeto brillaba en la oscuridad de la noche. Movido por la curiosidad Mario decidió
investigar, pese a que su compañero Francisco le dijo que: «es peligroso puede ser de
otro planeta». Entonces, cuando Mario decidió aproximarse al misterioso
«vehículo», los pescadores comprobaron que, dentro del mar, a no mucha distancia,
había tres humanoides de gran estatura. Ricardo Palomino que en la actualidad
tiene 75 años, dijo que eran: «hombres gigantes». Los visitantes parecían
completamente humanos, aunque su altura era considerable. Vestían unos monos
plateados brillantes que les cubría todo el cuerpo. Llevaban botas y guantes. Eran
delgados. Según Ricardo: «no les pudimos ver el rostro, todo era plateado (...)
caminaban como robots». Lo más curioso, es que, por sus gestos, con los brazos en
alto, parecían estar pescando en la zona, aunque no llevaban nada en las manos. Los
testigos aseguran que incluso se escuchaba un sonido (silbido) parecido al que se
realiza cuando se lanza el anzuelo al mar con una caña, aunque todos coincidían en
que no tenían ningún utensilio de pesca entre las manos. Solo gesticulaban. Ricardo
dice que, en ocasiones, las olas les golpeaban con violencia en el pecho, pero los
humanoides parecían no inmutarse. Ni siquiera se movían. Cuando alguno de estos
seres caminó fuera del agua, sobre la arena mojada, según Ricardo parecía que
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desprendían humo por los pies, pero el hijo de Cueto afirmó que la arena «hervía»
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como en «pequeñas erupciones».
Pese a la sorpresa generalizada del resto del grupo de pescadores, Mario Cueto
continuó con su idea de acercarse a la tanqueta para verla mejor. Y es que, según
Ricardo, su amigo no se amedrentaba con facilidad. Por el camino, uno de los
humanoides se giró hacia el valeroso minero y con la cabeza gesticulaba de lado a
lado (negando), como indicándole que no se acercara al artefacto. Sin embargo,
Mario prosiguió su marcha hacia la tanqueta sin temor alguno. Cuando se hallaba a
pocos metros comprobó que, en su interior, había un cuarto humanoide sentado
comiendo una especie de «tortillas» de color melón. La comida estaba sobre una
«mesa». La escena fue contemplada a través de una de las ventanillas del objeto. El
tripulante de la tanqueta colocaba algunos restos de las «tortillas» junto a la
ventanilla, por lo que Mario se acercó, cogió un trozo y lo ingirió. En ese momento
sintió unas fuertes nauseas que le hizo vomitar sobre la arena. Regresó entre
dolores junto a sus compañeros, y entonces ocurrió algo sorprendente. Todo el
grupo se quedó dormido de repente. Y aunque no saben explicar cómo ocurrió,
Ricardo relató que de pronto se sintieron cansados y se quedaron profundamente
dormidos. Cuando se despertaron, tanto la tanqueta como los humanoides habían
desaparecido por completo. Entonces todos se acercaron a la orilla, pues la marea
estaba muy baja, para comprobar si había huellas en la zona. Pero
inexplicablemente no encontraron ningún rastro, ni de las pisadas de los gigantes,
ni del misterioso vehículo. Nada. Según confesó Ricardo a Mercado aquel artefacto
era una especie de «tanqueta» plateada, muy similar a la que utilizan los militares,
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hermética, con ventanillas, aparentemente sin ruedas, y podría medir unos 2


metros de altura por 3 o 4 metros de largo. Se da la circunstancia que Mario Cueto
sufría frecuentes dolores por una ulcera de estómago, pero a los 5 o 6 meses del
encuentro, tras comer aquella misteriosa «tortilla» dejó de tener dolencias. Su
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médico no se explicaba esta repentina curación. Según Ricardo el periódico peruano


«Ultima hora» pubhcó en aquellas fechas una breve noticia unos pescadores de
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Huacho vieron gigantes plateados. Los protagonistas de esta singular historia


siempre permanecieron en silencio. Evidentemente está claro que el contenido
desarrollado en esta experiencia esta relacionado directamente con la psique de
alguno de los testigos presentes. Los humanoides estaban «pescando» sin cañas,
incluso haciendo gestos, y comiendo «tortillas» de color verde (en Perú las tortillas
se hacen con diferentes verduras). Por tanto, si nadie mas ha visto jamás otro
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humanoide pescando en la playa, es obvio que esta puesta en escena tiene un
carácter privativo e intransferible.

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Los humanoides observados en la playa de Yanyarina (Perú) al igual que los
testigos, parecían pescar, pero sin utilizar cañas. Archivo Carav@ca

El periódico Diario de Cádiz recogió una singular historia el 5 de agosto de 1982.


Al parecer, un ganadero de nombre A. M., mientras circulaba en su motocicleta
por la carretera comarcal hacia Medina Sidonia, vio como su vehículo se detuvo de
forma misteriosa. Frente al testigo, a unos cien metros de distancia, había un objeto
que, en un principio, el ganadero pensó que se trataba de un camión cisterna. A
unos 30 metros del artefacto, observó la presencia de dos seres de gran estatura
que vestían trajes de aspecto metalizado con grandes escafandras sobreda cabeza.
Uno de estos humanoides estaba en mitad de la carretera y el otro, próximo a una
alambrada, estaba observando al ganado que había en la zona. En ese momento,
ambos seres se dirigieron hacia el objeto «caminando como los astronautas en
la Luna». Tras introducirse en su interior, el ovni despegó en total silencio,
desapareciendo en dirección norte. En el lugar apareció una zona de pasto aplastada
de unos doce metros de diámetro. Evidentemente, en este caso, el testigo «induce»,
de forma inconsciente, por su conocimiento previo, que los tripulantes del ovni
■ ifi’í . .
se comporten y presenten como nuestros propios astronautas, sin aproximación o
••• M
contacto alguno.
Pero veamos a continuación, de forma detenida, cuáles son los modelos de
conducta propuestos por el AE, desarrollados de diferente manera por los testigos.

Los arquetipos básicos reconocibles

Casi todos los encuentros cercanos con ovnis contienen tres modelos básicos de
conducta arquetípica que son efectuadas por los tripulantes de los ovnis en sus
descensos de los platillos volantes. Los llamados Arquetipos Básicos Reconocibles
(ABR) son acciones muy definidas y perfectamente reconocibles por los
observadores, aunque se encuentren insertadas en una situación pretendidamente
anómala. Probablemente, estas situaciones surjan del inconsciente de los testigos,
o incluso pueden ser «sugeridas» por el AE como una obviedad del supuesto
comportamiento que debería tener un supuesto astronauta extraterrestre de
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exploración en nuestro planeta.


...... ......... .. . arquetipo es un «elemento
El • que permite'¡FÍ,I
explicar la generación de una serie de imágenes mentales que son desarrolladas
de forma muy similar por diferentes personas de diferentes culturas». Por ello,
en la mayoría de los encuentros cercanos se informa de que los ocupantes de
los platillos voladores, independientemente de su aspecto externo, que puede ser
radicalmente diferente de un incidente a otro, presentan unos mismos patrones de
comportamiento. La casuística es muy clara en esta circunstancia. Los supuestos
«alienígenas» suelen dedicarse, básicamente a tres acciones «universales» cuando
estiran las piernas al bajar de un ovni ’3
’íífj'"

1. A explorar o inspeccionar los alrededores de la zona del aterrizaje. Y


no lo hacen con la ayuda de ninguna maquina o aparato tecnológico.
Simplemente parecen mirar los alrededores con una curiosidad humana,
con los mismos gestos que haría un turista al ver por primera vez un lugar
al bajar de su automóvil.

2. A la recogida de muestras del terreno o del entorno. Y tampoco para


esta ocasión los hipotéticos extraterrestres están auxiliados por ninguna
maquinaria extraordinaria o desconocida para los testigos. Pues, cuando
no utilizan sus propias manos, utilizan una pala y un saco para tomar
muestras de tierra, rama o rocas.

3. A la reparación de la aeronave. Y, aunque parezca increíble, los ocupantes


de los ovnis aterrizan en muchas ocasiones para reparar su nave. Y para
ello utilizan herramieiitas y procedimientos reconocibles para los testigos.
Desde llaves inglesas o máquinas de soldar, hasta sus propias manos.

Estos tres puntos son muy significativos para nuestro estudio, ya que todos
los tripulantes de los ovnis, sea cual sea su aspecto físico, sea cual sea su altura o
número de extremidades, se comportaban, en esencia, de la misma forma. Además,
todas estas acciones son extrapolables a un hipotético explorador/astronauta
terráqueo, de ahí que cumplan a la perfección su misión de integrar conceptos
humanos en unas experiencias sobrenaturales. ¿Qué otra cosa puede hacer un
extraterrestre al bajar de un platillo volador? Probablemente, la capacidad creativa
aportada por el testigo a la hora de la elaboración de la «proyección» sea la que
determine la acción que van a ejecutar los ocupantes de los platillos volantes.
Además, estos tres comportamientos arquetípicos suelen ir acompañados de
una gesticulación de sorpresa, por parte de los «extraterrestres», al detectar la
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presencia de los eventuales testigos, como si no los esperasen allí. Lo que se traduce
en que muchos informes se diga que los tripulantes de los ovnis se muestran
«asombrados» o «incómodos» ante la «inesperada» presencia humana, lo que les
lleva a huir inmediatamente del lugar. Esta acción, descrita hasta la saciedad en los
archivos de los investigadores, plantea un serio debate entre los creyentes de la HET,
ya que, si siguiéramos el planteamiento de la visitación alienígena, esto quiere decir
que los ocupantes de los ovnis desconocen, demostrando gran ineptitud, que están
aterrizando al lado o en mitad de una carretera transitada, junto a una vivienda, o
colindando con cualquier tipo de actividad humana. ¿No poseen medios técnicos
para detectar y evitar la presencia de curiosos si quieren ocultar su presencia a los
humanos? Como decía con cierto sarcasmo el genial Dr. Hynek:

Parece casi evidente que las posibilidades de ver un ovni son mayores si se
conduce un vehículo que si se está solo en un campo abierto. En un caso tras
otro, los informes contienen la frase "al trasponer una curva del camino" Si
bien estos objetos no están siempre detenidos en el camino, parecen estarlo
con bastante frecuencia. Hay que preguntarse por qué, cuando hay campo
abierto a cada lado del camino.

Por lo que, a la luz de la TD, la «huida» es un simple recurso «onírico» —muy


■ WS • 'l 1 ' a
común, por cierto—, donde el soñador casi siempre rehúye el enfrentamiento con
sus miedos o «demonios», aunque aquí ocurre a la inversa: son los «monstruos» los
que huyen más frecuentemente del testigo.
Pero ¿cuál es la función de estos arquetipos? ¿Por qué se dedicarían los
ufonautas a «reparar» un ovni delante de los testigos? ¿Por qué cogerían muestras
del terreno con una pala y un saco? ¿Por qué haría como si estuvieran pescando?
Si consideramos que estas acciones son sugeridas por el AE en sintonía
con la psique de los testigos, entenderíamos que son comportamientos
«humanos» inducidos por los propios observadores. De la misma manera que
nosotros decretamos la acción de los personajes de nuestros sueños y nos
parecen totalmente impredecibles e independientes. Aunque pueda parecer una
circunstancia sin importancia, con estas «acciones», el testigo piensa, de forma
inconsciente, que «domina» (controla), en cierta medida, su observación, al ser
capaz de identificar «comportamientos» y «acciones» completamente normales
en los supuestos visitantes extraterrestres, que ante sus ojos se comportan como
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lo haría cualquier persona que, por ejemplo, hubiera sufrido un percance con su
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vehículo en carretera. "j


Y es que, incrustar «conceptos» ordinarios en una experiencia sobrenatural, y
a veces terrorífica, consigue que el testigo esté más relajado o calmado dentro de
un evidente estado de excitación. Es por ello por lo que una de las «coartadas»
más frecuentes (preferidas) utilizadas por los tripulantes de los ovnis durante los
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encuentros cercanos son las averías de sus aparatos. Cualquier testigo reconoce,
ante la teatralidad de la situación, que el aterrizaje se debe a algún tipo de fallo
en la aeronave y que sus tripulantes proceden a repararlo tranquilamente. Y todo
esto delata de nuevo la participación encubierta de la psique de los testigos en la
elaboración de estas experiencias:

1. Porque se trataría de un concepto humano reconocible y asimilable (una


avería en carretera) dentro de una experiencia sobrenatural (arquetipo
colectivo universal).

2. Porque los humanoides, de forma sorprendente, se comportan y utilizan


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herramientas y procedimientos humanos en sus trabajos de reparación.
A'' JllF '¡¡rfr

O lo que es lo mismo, un supuesto fenómeno totalmente exógeno al ser


humano, como la visita de una civilización altamente tecnificada, debería de ser
casi irreconocible por nuestra especie, y no que, por el contrario, hallamos con
facilidad gran cantidad de conceptos y elementos visuales, incluso mundanos,
sincrónicos todos ellos con nuestra civilización y desarrollo. El investigador Jader U.
Pereira, en su monográfico dedicado a los «humanoides», incidía en este aspecto, al
parecer, sin entender completamente su trascendencia: «Los ocupantes de los ovnis
tienen un comportamiento social que se puede relacionar con el nuestro».

Los supuestos extraterrestres se dedicaron a reparar el ovni tranquilamente


ante la atónita mirada de las testigos en Nueva York. Incluso sacaron el

«motor» del artefacto. (Estados Unidos). Archivo Carav@ca.

Veamos un ejemplo: la noche del 23 de noviembre de 1964, en New Berlín


(Nueva York), la Sra. Marianne observó el descenso de una luz. Con ayuda de unos
prismáticos, comprobó que era un objeto muy brillante que se apoyaba en varias
patas. La luz surgía por debajo del artefacto, iluminando el suelo más de tres metros
alrededor. No pudo concretar la forma del ovni. En compañía de su suegra,la testigo
vio como había cinco o seis humanoides trabajando en la reparación del objetó.
Tenían una altura entre dos metros y 2,5 metros de altura. Llevaban unos trajes
parecidos al de los buceadores, aunque de color oscuro. Las manos se veían más
claras. Los tripulantes del brillante artefacto llevaban cajas de herramientas.
Marianne dijo que: «Ellos trabajaban en aquel vehículo, exactamente igual que yo
he visto a mi padre trabajar en la maquinaria de la granja. Tenían llaves inglesas y
destornilladores y todo tipo de herramientas como las que se utilizan para reparar
una maquinaria averiada». En el suelo había un gran objeto parecido a un motor o
un generador. La testigo señaló que trabajaban con los mismos movimientos que lo
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haría un mecánico terrestre: de rodillas, tirados en el suelo, apoyados en los codos,
etc. Entonces, en ese momento, las mujeres observaron el descenso de otro ovni que
aterrizó justo al lado. De ese objeto descendieron cuatro o cinco humanoides para
ayudar en las tareas de reparación. Entraban y salían de los artefactos
constantemente, portando todo tipo de herramientas. Cortaron un largo cable en
varias secciones iguales. Cuando intentaron introducir el «motor» por debajo del
ovni, este no encajaba por algún motivo. Tras intentarlo en cuatro ocasiones, al
final, tras mucho esfuerzo, lograron introducirlo en el artefacto. Recogieron todas
las herramientas y las tripulaciones volvieron a sus respectivas aeronaves. A las
4:55 horas de la mañana, el primer objeto despegó perdiéndose en la lejanía. Tan
solo un minuto después, el segundo ovni despegó. Al día siguiente Marianne, en
compañía de Richard, su marido, que la noche anterior estuvo de caza con su padre,
inspeccionó la zona del aterrizaje. Encontraron tres huellas de forma irregular de
unos 45,5 centímetros de profundidad. Algo muy pesado las había provocado.
Marrarme localizó un trozo de cable, de unos 2,5 centímetros de diámetro, envuelto
en un material parecido al papel. El cable era semejante al aluminio, pero no tenía
las cualidades concretas de ese metal. Al regresar a casa, la madre de Richard guardó
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cuidadosamente el trozo de cable, pero cuando los investigadores acudieron al


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lugar, este había desaparecido de forma inexplicable.


No dudo que en algunos casos asociados al fenómeno de la Distorsión la
materia creada para tal encuentro perdure más allá de la presencia de las entidades
en el lugar de la aparición. Se trataría de una «materia efímera» cuya subsistencia,
por regla general, no se prolongaría durante mucho tiempo después de su creación,
desapareciendo sin dejar huellas —fenómeno observado por ejemplo en las «lluvias
de Cabello de Angel», presentes en algunos encuentros ovnis, e incluso en la
aparición de la Virgen de Fátima, donde cayó del cielo una sustancia igual de volátil.
En el presente caso encontramos dos de las principales propuestas expuestas
por la TD: la identificación de un arquetipo universal (la reparación de un
vehículo) y la aportación psíquica de la testigo, al incorporar las herramientas y
procedimientos humanos que observaría de joven en la granja de su padre, que
en algunas ocasiones probablemente contaría con la ayuda de varios vecinos en
las tareas de reparación de motores de maquinaria o de generadores eléctricos —
en aquellas fechas, los años sesenta, pocas mujeres estarían familiarizadas con las
herramientas como lo estaba nuestra testigo—. También observamos el rasgo muy
«humano» de fallar en varias ocasiones en la maniobra de encajar el supuesto
• * • . »■.•• • • . I • • ••

motor en el artefacto por parte de los humanoides, que parte de una preirúsa muy
terrícola: «desmontar» algo es más fácil que volver a «montarlo». La interacción del
AE con nuestra psique consigue que la «película» de la reparación extraterrestre
sea producto y resultado de la simbiosis perfecta de arquetipos identíficables
(inherentes a todos los seres humanos) y la evidente distorsión de recuerdos,
imaginación y conocimientos propios de cada persona.
En la casuística encontramos algunas interesantes variaciones sobre el
arquetipo «mecánicos extraterrestres». Por ejemplo, el 9 de octubre de 1954, año

muy productivo para los ufólogos, un delineante llamado Willi Hoge, en Rinkerode
(Alemania), fue testigo del aterrizaje junto a la carretera de un objeto en forma de
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puro. Del ovni descendieron rápidamente cuatro seres de 1,20 metros de altura, de
grandes cabezas, y cortas y delgadas piernas, que, según Hoge, iban embutidos en
trajes de «caucho». Los seres comenzaron, ante la atónita mirada del delineante, a
reparar el artefacto. En febrero de 1977, en Montana, la Sra. Nielson y una amiga
observaron, de madrugada, un objeto alargado con una cúpula y una plataforma
circundante en la parte inferior. El ovni estaba siendo reparado, sobre el río, con
un instrumento que provocaba chispas como las de las soldaduras. Lo humanoides
median 1,70 metros, iban vestidos como los esquiadores y su forma de andar y
L
trabajar eran completamente normales. Las dos amigas señalaron que no sintieron
miedo en ningún momento.
Que la mente de los testigos, por la acción directa o no de ese AE, incluya
estos aspectos reconocibles induce a que las experiencias no se vivan de forma
excesivamente traumática. Los comportamientos «humanos» expresados en unos
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supuestos visitantes de las estrellas nos pueden, en cierta medida, reconfortar,
tranquilizar, al hacemos ver que son reflejos de nosotros mismos y, por tanto,
esos misteriosos seres dejan de ser tan amenazadores o desconocidos, y los
humanizamos un poco. Antonio Ribera en su libro Platillos Volantes en Iberoamérica
y España (1968), recogía un suceso que demuestra hasta qué punto somos tan
«similares» a los supuestos extraterrestres a la hora de «examinar» un «vehículo»
en busca de averías: ’ Ixi ■■! í*' 1
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El ingeniero Madeleto, que reside en San Salvador, la capital del pequeño Es-
tado de la América Central, se hallaba recorriendo en automóvil la noche del
23 de noviembre de 1958, la carretera que une Cojutepeque a Zacatecoluca.
La noche era lluviosa y a las 23:35 tuvo que frenar bruscamente, cuando
el automóvil atropelló un bidón de gasolina que quedó incrustado bajo el
cárter. Madeleto se apeó, sacó unas herramientas y se dispuso a quitar el
obstáculo, viendo entonces un disco volante posado sobre el terreno y per­
fectamente iluminado por los faros de su automóvil. El disco tenía forma de
campana, parecía medir unos 12 o 13 metros de diámetro y se encontraba a
unos 30 metros del testigo. Entonces reparó en una figura humana, de una
estatura superior a los 2 metros y que vestía una especie de mono azul, con
la cabeza al parecer descubierta, y entregado a la tarea de examinar el borde
el disco, que golpeaba suavemente, de vez en cuando, con un instrumento
metálico.

Tras despegar el objeto el testigo encontró «tres hoyos semiesféricos impresos


en la tierra húmeda, dispuestos según los vértices de un triángulo equilátero.
Descubrió también las huellas del “piloto”, que se habían llenado de agua. Las
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huellas eran más profundas que las producidas por el propió Madeleto, lo cual
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parecía demostrar que el peso de aquel ser era superior al suyo».
¿Un extraterrestre examinando a «golpecitos» el fuselaje de una nave espacial
en busca de averías? ¿Existe una conducta más humana?
Todo ha sido tan evidente, como diría Sherlock Holanes, que nos ha pasado
completamente desapercibido...

Otros comportamientos . ■ ... .


■ ■ «te

Tampoco hay que olvidar, pues así nos lo dicta la casuística, que hay decenas de
encuentros cercanos en los que los ufonautas han mostrado acciones diferentes a
las que se han enunciado —aunque también podría interpretarse como fruto de
una ampliación o «desarrollo» particular de los arquetipos descritos en el punto
anterior—. O sea, que tras inspeccionar el testigo piensa que van a hablar con él
o que van a intentar robarle una gallina. Y es que muchos testigos han narrado
que los ocupantes de los ovnis, tras bajar de sus naves, se prestan a todo tipo
de actividades: desde «dialogar», atrapar animales, invitar al testigo a dar una
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vuelta en su platillo volante, a cosas menos edificantes, como «atacar» o «golpear»,
intentar o lograr «secuestrar» a los testigos, etc. Pero desde la TD todos estos
comportamientos pueden explicarse como producto de una interacción inducida
por el potencial creativo y psicológico de cada testigo, pues cada observador,
dependiendo de múltiples factores internos, desarrolla la acción de una manera
u otra. Por tanto, los miedos, la curiosidad, la valentía, e incluso la imprudencia,
pueden determinar el contenido de una experiencia ovni. No en vano, Baraey Mili,
el célebre abducido, nada más aproximarse al platillo volador, y antes de que los
humanoides actuasen de alguna forma, ya temía claramente ser secuestrado por
sus tripulantes y huyó despavorido del lugar avisando a su mujer. Incluso en un
principio, antes de saber a qué se enfrentaba, solo ante la presencia del objeto
luminoso, temía ser robado. Y curiosamente, Sudamérica ha registrado un amplio
abanico de casos donde los ocupantes de los ovnis han tenido comportamientos
muy hostiles con los testigos, en mayor número que, por ejemplo, Europa o
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Norteamérica. Pero veamos dos ejemplos donde probablemente la interacción de
los testigos con el fenómeno determina el contenido de las experiencias.
El investigador Pablo Villarrubia, en un artículo titulado «Ovnis en Venezuela:
el extraño caso Petare» (2014), nos narra este episodio:

En la madrugada del 29 de noviembre de 1954, el cubano Gustavo González


y su ayudante, el caraqueño José Ponce —ambos repartidores—, habían pa­
rado en la puerta de la Industria Nacional de Embutidos Schefer para cargar
su camioneta de género, como solían hacer cada madrugada. De pronto, la
calle Buena Vista, que estaba totalmente oscura, se iluminó de forma sorpre­
siva como si fuera pleno día. González paró el vehículo y ambos amigos vie­
ron que la fuente de aquella luz era un objeto esférico. Estaba flotando a es­
casa altura en medio de la vía. Inmediatamente, observaron cómo una cria­
tura peluda y parecida a un mono, que llevaba un casco redondo que dejaba
entrever dos pequeños ojos brillantes, se acercaba a ellos. Casi de forma ins­
tintiva, Gustavo avanzó hacia el pequeño monstruo y lo agarró fuertemente
con la intención de capturarlo e introducirlo en la camioneta. Hombre y en­
tidad desconocida forcejearon durante algunos segundos, pero aquél ex­
traño ser logró escapar saltando como un gato y apartándose de su agresor.
Sin embargo, en vez de huir, la criatura se abalanzó sobre Gustavo González,
que sacó de su bolsillo un cuchillo e intentó clavárselo. Pero el arma resbaló
sobre su dorso velludo y duro como el acero. Entonces, del interior del objeto
volador, que seguía flotando en medio de la calle, saltaron dos humanoides
semejantes al primero, acercándose a ambos «contendientes», posiblemente
para ayudar a su compañero en apuros. En ese instante el transportista cu­
bano se dio cuenta de la locura que había cometido. Además, la entidad que
había intentado capturar tenía unas afiladas garras en cada uno de los cuatro
dedos de sus manos, con las cuales habría podido rasgarle las carnes fácil­
mente. Mientras tanto, José Ponce, que permanecía aterrado en el interior del
vehículo, se armó de valor y decidió salir. No tardó en contemplar una cuarta
criatura que subía corriendo una cuesta, cargando entre sus manos un mon­
tón de tierra. El humanoide se dirigió hacia la esfera brillante y dio un salto
de casi dos metros de altura, como si de un felino se tratara, para introducirse
en una abertura situada en la parte superior de la nave. Cuando la totalidad
de pequeños monstruos consiguió ponerse a salvo dentro de la esfera vo­
lante, uno de ellos se asomó por la oquedad y apuntó a los dos horrorizados
hombres con un tubo largo y brillante. Gustavo González y José Ponce sintie­
ron una vibración que sacudió sus cuerpos y, acto seguido, se quedaron to­
talmente paralizados, lo que no les impidió ver cómo la criatura desaparecía
en el interior de la escotilla de la nave. Segundos después, el objeto volador se
elevó en el cielo nocturno y desapareció en la negrura, convirtiéndose en una
estrella muy brillante. Ambos repartidores huyeron a la carrera, refugián­
dose en el edificio de la Inspectoría del Tránsito de Petare, situada en la
misma calle donde había tenido lugar el desconcertante acontecimiento.
Luego de tomar un poco de agua y recuperar energías, González narró lo ocu­
rrido a los fiscales de guardia: Manuel Moreno y E. Domínguez. Más tarde,
ambos juristas declararían que los testigos entraron en la Inspectoría a las
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dos y media de la mañana, añadiendo que no estaban ¿bríos ni presentaban


síntomas de enajenación mentaL . ■•.
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¿Pequeños monstruos que no amedrantan a los testigos? ¿Combate cuerpo a


cuerpo? Sin duda, la gallardía de los testigos induce a que los elementos puestos
enjuego por el AE, unas pequeñas criaturas peludas, deriven en una trama propia
de una novela de ciencia ficción. También hubiera sido interesante comprobar, a
través de una amplia entrevista con el testigo, por qué las criaturas tenían ese
aspecto concreto, el de un «mono». Quizás el testigo había estado recientemente en
un circo o había visto una película donde aparecía este tipo de animales.
Nuestro siguiente ejemplo nos ofrece otra arista del fenómeno. El 16 de mayo
il

de 1979, en la ciudad de Baependi, situada en Minas Gerais (Brasil), a unos 300


kilómetros de la capital, Arlindo Gabriel dos Santos se hallaba de caza con dos
amigos por la zona, a unos seis kilómetros de su granja. Serían las 10:30 horas
cuando decidieron separarse, y al poco de iniciar el trayecto en solitario, Arlindo
observó el descenso de un artefacto a poca distancia de donde se encontraba.
Movido por la curiosidad, el cazador anduvo unos metros para observar mejor aquel
aparato. Tras aproximarse, Arlindo comprobó que se trataba de un objeto cilindrico,
de irnos 50 centímetros de ancho por un 150 cm de alto, redondeado y oscuro por la
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parte inferior y coronado por una esfera con luces blanca y roja. Como llevaba una
cámara fotográfica en su bolso, logró inmortalizar aquel pequeño ovni, pero este
desapareció inexplicablemente en un parpadeo. No recuperado del sobresalto, de
pronto del cielo descendió otro raro artilugio de forma indescriptible que aterrizó
muy cerca del primero. Era ovalado y en su parte inferior tenía forma como de
empuñadurade espada, y en su parte superior tenía algo que se parecía a una hélice.
Arlindo volvió a utilizar su cámara fotográfica. En ese momento el objeto comenzó
a emitir un extraño sonido y una niebla envolvió toda la escena haciendo
desaparecer al enigmático y estrafalario «helicóptero». Nuestro testigo comenzó a
caminar, absorto por todo lo que había presenciado, pero consciente que tenía
varias fotografías para confirmar su insólita experiencia a sus amigos. Pero la cosa
aún no había acabado. Ni mucho menos. Un tercer objeto descendió a tierra. En esta
ocasión era una especie de «barril» de un metro de altura y con rayas verticales de
color blanco y rojo. En su parte superior Arlindo observó que tenía también algún
tipo de hélice. Sacó de nuevo su cámara y volvió a retratar aquel artilugio. De nuevo
el objeto desapareció misteriosamente, ante la mirada del atónito cazador. Arlindo
caminó en dirección al lugar donde había estado estacionado el «barril» con la
intención de ver si había algo en la zona. Entonces, de repente, un enorme objeto en
forma de «huevo» de color blanco aterrizó muy cerca del testigo, tanto que casi
podía tocarlo. Arlindo vio que se trataba de un objeto de unos diez metros de
diámetro por unos ocho de altura que emitía el mismo sonido de un coche con el
«motor ahogado». Antes de tocar suelo salieron cuatro patas en forma de te
invertida, de unos 6 o 7 centímetros de anchura. Arlindo volvió a sacar por enésima
vez su cámara fotográfica, pero esta vez un rayo de luz proveniente del objeto le cegó
y le impidió tomar la instantánea. Un nuevo rayo emergió del «huevo» y paralizó a
nuestro fotógrafo. Del artefacto descendieron dos ocupantes de apariencia
humana. Llevaban unos monos oscuros (algunos investigadores hablan de
«gabardinas») que les cubría todo el cuerpo, con guantes y unas escafandras con
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cristales trasparentes en el rostro, muy parecidas a las que utilizan los astronautas. Á

Ambos seres Le sujetaron, cada uno por un lado. Entonces, temiéndose lo peor, el
testigo completamente aterrorizado, gritó que lo soltaran, pero uno de los
humanoides intentó tranquilizarle diciéndole: «en nombre de Dios, todos somos
hermanos». Y aunque el cazador vio cómo se movían los labios del ufonauta, dijo
que la voz parecía provenir no de la boca de los seres, sino de una caja que tenían en
la espalda. «Nosotros no hacemos daño a nadie, nosotros solo deseamos
información», añadió el otro acompañante. Todo esto ocurrió mientras se dirigían
con el testigo hacia la nave, y se detuvieron junto a la puerta, donde había una
escalera de cuatro peldaños y un tercer humanoide. Le preguntaron «si no había
visto un dispositivo que habían enviado a tierra», al que se referían como «zurea»,
pero no entendió exactamente a que se referían. Aquellos seres le respondieron que
se trataba de un mecanismo que les permitiría buscar a otros extraterrestres que
estuvieran en nuestro planeta. Con parsimonia, le introdujeron en el interior del
objeto, y Arlindo notó que la temperatura era más baja que en el exterior, parecía
que tenían «aire acondicionado». Toda la estancia olía como a «polvo». Dentro de la
nave había tres seres más, todos con la misma vestimenta espacial, y uno de ellos
era una mujer. Dos de los tripulantes se sentaron inmediatamente en unos sillones
frente a unos mandos que parecían una «máquina de escribir», ya que los
movimientos de las manos de seres eran como los de un mecanógrafo. Arlindo
contemplaba la escena con fascinación, mientras los humanoides conversaban
entre ellos, y en alguna ocasión «tropezaban» con sus «cascos». De pronto apareció
una mujer joven, sin protección alguna, y pudo verle perfectamente su rostro y sus
cabellas. Era rubia, de cara rosada y utilizaba un dispositivo en eloídoparecido airn
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teléfono. Hablo con sus compañeros y Arlindo no comprendió nada de lo que
decían. Se acercaron a una «especie de refrigerador» del que tomaron una especie de
«vara» larga, mientras uno de los humanoides tocaba unos botones del aparato.
Entonces se iluminó una pantalla y la ocupante femenina le señaló con la «vara»
unas imágenes que comenzaron a proyectarse. Comenzó a explicarle detalles de su
civilización y cómo habían podido lograr vencer las fabulosas distancias estelares.
El pobre Arlindo poco entendía de todo aquello y tampoco quiso importunar a la
improvisada «profesora». Otro de los seres se quitó el casco y el testigo comprobó
que eran muy parecidos a nosotros, con el cabello muy corto, aunque la frente era
algo distinta y los labios de la boca eran muy finos. «Estamos hechos de la misma
sustancia y la misma sangre», pronunció otro de los seres mientras le conducían al
exterior. Le dijeron también que se «protegiera la vista, ya que el objeto tenía un
dispositivo que impedía mirarlo». Arlindo hizo caso de la recomendación y
abandonó la nave sin volver la vista. Caminó un buen rato hasta que se encontró
con sus amigos. El testigo tenía una extraña sensación en el cuerpo, un ojo
hinchado, náuseas y un punto en el brazo que le desapareció a los pocos días. Solo
portaba su escopeta. Todas sus pertenencias se quedaron en el lugar del encuentro
y al volver pudieron ver unas marcas profundas en el terreno, supuestamente
provocadas por el tren de aterrizaje del artefacto. La noticia sobre su encuentro
corrió como la pólvora y el investigador brasileño Ubirajara Franco Rodríguez entró
en contacto con Arlindo Gabriel dos Santos veintiocho días después de los hechos.
Juntos acudieron al lugar y pudieron sacar moldes de escayola de las huellas,
además de hallar las pertenencias del testigo. Lo curioso es que su bolso (zurrón)
tenía unas extrañas inscripciones. Lamentablemente para Arlindo, la cámara
fotográfica fue dañada cuando recibió el impacto de la «luz» y Sólo se recuperó una
foto de la niebla o humo que rodeaba al segundo artefacto. El ufólogo Ubirajara
Franco comprobó que la placa interna estaba quemada y cubierta de hollín. La
única «prueba» que aportó fueron las enigmáticas inscripciones del bolso.
Pero ¿qué pasa con la información que recibimos de estas entidades? ¿Hemos
logrado obtener algún adelanto tecnológico, científico o filosófico del contacto con
estas entidades? «M

Los mensajes de los ocupantes


I: lílíh'

Los tripulantes de los ovnis han dado toda clase de mensajes a los testigos a lo largo
de las décadas. Aunque prácticamente ninguna de estas informaciones concuerda
entre sí, demostrando que cada testigo es depositario de un mensaje sin par, en el
que no coinciden, por ejemplo, ni el lugar de procedencia de los «extraterrestres», ni
su sistema de propulsión, ni otros detalles técnicos o específicos de su civilización.
Salvo en datos muy concretos y manidos, como el «fin del mundo», las «guerras
nucleares» o el «desprecio humano por la naturaleza», las comunicaciones surgidas
de los ocupantes de los platillos volantes son «narraciones» que no vuelven a
repetirse jamás. Y es que resulta extraño que las advertencias de los «hermanos
cósmicos» durante décadas se centraran en el peligro de una guerra atómica y
obviaran futuribles problemas más concretos, como el calentamiento global o los
1

vertidos de plásticos en el mar. Lo que demuestra una vez más que la información
manejada por el fenómeno es sincrónica a la época de las manifestaciones, o sea, los
extraterrestres «hablaban» sobre el patente miedo existente en medio mundo a un
enfrentamiento nuclear entre Estados Unidos y la URSS.
Pero examinemos las comunicaciones fuera del ámbito contactista. Dos
ejemplos. Recordamos uno de los casos mas interesantes del libro .El capitán de la
comisaría de Ashland (Nebraska) no pudo evitar abrir los ojos como platos al leer
el informe que la noche anterior uno de sus policías había redactado. No en vano,
el encabezamiento del texto decía: «Vi un platillo volante en el cruce de carreteras
63 y 6 ¡Créalo o no!». El protagonista de la historia era un joven patrullero, de
vemtidós años, llamado Herbert Schirmer, que tuvo un particular encuentro ovni
en la madrugada del 3 de diciembre de 1967. Al parecer, mientras circulaba con su
coche patrulla, se topó con un extraño objeto ovalado oscuro con una hilera de luces
parpadeantes que, en un primer instante, tomó por un camión mal estacionado.
Pero antes de que pudiera sacar su libreta de multas, el artefacto se elevo y
desapareció en la lejanía. Sin duda aquello no era un camión, pensó Schirmer, que
no dudo en comunicarlo por escrito a sus superiores. Lo más extraño es que el
suceso acaeció sobre las dos de la madrugada y el breve tiempo de la observación
no se correspondía a los veinte minutos que marcaban las manecillas del reloj de
Schirmer. A la mañana siguiente, el policía comenzó a sentirse indispuesto y se
quejó de fuertes dolores de cabeza, zumbidos en los oídos e incluso se fijó en que le
había salido un «hematoma» rojo en el cuello. El caso llego a oídos de los encargados
del Informe Condon, que decidieron investigar el suceso con la intención de
recuperar esos veinte minutos perdidos por el agente. Para ello, él Dr. Leo SprinMé,
de la Universidad de Wyoming, sometió a hipnosis a Schirmer y todos quedaron
sorprendidos por la información que reveló en ese estado. Aunque el contenido
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de estas sesiones no se hizo público, algunas filtraciones fueron publicadas por

había sufrido un apagón eléctrico en su vehículo, quedando totalmente a oscuras y


detenido sin posibilidad de arrancar. Del objeto, que tenía forma de balón de rugby,
con una antena en su parte superior, surgió un humanoide que se acerco a su
posición.

Posteriormente, el propio Eric Norman, autor del libro Dioses, Demonios y ovnis,
' •' í’^MmÍÍÍwMO^i '
sometería a hipnosis al policía, relatando todos los pormenores de la experiencia en
su citada obra. La información que reveló el testigo era sencillamente impactante.
Herbert Schirmer dijo que, tras ver como se elevaba el ovni, este volvió a tomar
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tierra al instante, aunque esta vez lo hizo sobre un campo alejado de la carretera. El
artefacto podría tener unos 36 metros de largo por 6 de altura. De pronto, junto al
coche, aparecieron dos humanoides, de cerca de 1,5 metros de altura, enfundados
en unos trajes ajustados de apariencia metálica, con guantes y botas que eran una
prolongación de la vestimenta. El mono era de una sola pieza y no se observaban ni
cremalleras, ni costuras, aunque en la zona de la cabeza parecía de mayor grosor que
en el resto del cuerpo. En la parte izquierda del «casco» o capucha descubierta, sobre
la oreja, tenían un «aparato con una pequeña antena». Aquellos seres eran de
aspecto musculoso y el pecho era más ancho de lo normal. En este punto, el testigo
observó que los ocupantes del ovni lucían un emblema en el lado izquierdo del torso
formado por una serpiente con alas. Él rostro de los visitantes, descubierto ante
Schirmer, denotaba facciones humanas, aunque los ojos eran muy grandes y
parecían los de un gato. Las cejas se encorvaban hacia arriba y la nariz era larga y
aplastada. Los labios apenas eran perceptibles y parecían una fina hendidura. Presa
del pánico, el joven policía quiso sacar su arma reglamentaria, pero de pronto se vio
inmovilizado. Uno de los seres portaba un aparato en la mano del que empezó a
emanar un gas verdoso que envolvió el vehículo en una pesada
X- niebla. Mientras
: “[Link]’Jr iu! * * ir
tanto, el otro humanoide sacó de una «cartuchera» queI ll'[Link]
tenía
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a'l'.'iuno
1''
de los lados de
■ 11 ■' ■

su cinturón una especie de pistola que lanzó un flash de luz, como un «relámpago
brillante», que hizo que el testigo se desmayara momentáneamente. En esos tensos
momentos, otro ser le sacó del vehículo agarrándole por el cuello, justamente por
donde le apareció el «hematoma» rojo. Entonces le condujeron al interior del ovni
11 l; 1-ÍniJiflti * j ¡.¡ji*
donde pudo observar, aparte de un descenso notable en la temperatura, una sala de
control con unas «computadoras» y unas extrañas sillas en forma de uve. Los
ocupantes eran cuatro humanoides, muy parecidos entre ellos, que le realizaron
varias preguntas de forma telepática: «si era el vigilante de la zona», «si había un
depósito de agua» y «si tenían una central de energía». A Schirmer le informaron de
que normalmente suelen «recargar» sus naves tomando la «electricidad de los
tendidos eléctricos». A continuación, le mostraron cómo lo hacían. Desde la nave
emitieron un haz de luz azul que impactó en un cable eléctrico cercano produciendo
un gran destello, después el haz regresó lentamente. Aturdido, el policía les
preguntó si todo aquello era producto de un sueño, y uno de los humanoides le dio
un apretón en el hombro que le hizo comprender a nuestro protagonista que todo
era «real». Los seres también le informaron de que su nave funcionaba con
«electromagnetismo reversible». También le hablaron de las bases secretas que
tenían establecidas en la Tierra y le contaron dónde estaban situadas: en el
Triángulo de las Bermudas, en las regiones polares y en las costas de Argentina. En
una de las pantallas que había en la sal del lugar del que
procedían, y así el policía supo que proven una galaxia pro: a la nuestra,
compuesta planetas cuyos nombres estaban os en un lenguaje que no supo
■i.
interpretar. También, en la misma «televisión», mientras uno de los tripulantes
manipulaba un computador, le mostraron una enorme «nave nodriza» de aspecto
fusiforme que tenía cuatro inscripciones sobre su costado. Sobre sus actividades en
nuestro planeta le comunicaron que tomaban muestras de plantas y de terreno en
sus descensos y que también secuestraban personas para realizarle pruebas.
Schirmer no quiso seguir la conversación por esos derroteros, no fuera a dar ideas a
sus anfitriones. Uno de los puntos más interesantes de la charla se produjo cuando
indicaron al policía que, como medida de protección, cada vez que tomaban tierra
activaban un campo electromagnético, que era el que paralizaba e interfería todos
los instrumentales eléctricos, incluido el motor de los vehículos, y que incluso
paralizaba a las personas que se hallaran en las inmediaciones. Durante toda la
experiencia, Schirmer indicó que sitió un molesto «hormigueo» por todo el cuerpo
que pudo ser provocado por el citado «campo electromagnético». Antes de
abandonar el ovni, los tripulantes le informaron al joven de que no recordaría nada
de lo que había ocurrido en el interior de la nave, y que solo tendría vagos recuerdos
de haber visto el despegue de un extraño artefacto en la carretera. Aunque el
presente caso fue rechazado visceralmente por los miembros el Informe Cordon, el
Dr. Leo Sprinkle, autor de las primeras regresiones, estaba convencido de que
Herbert Schirmer decía la verdad. Al poco tiempo fue ascendido a capitán de
* ' * :’!1

policía, pero apenas duró dos meses en el cargo, ya que apenas se podía concentrar
y todo el mundo le preguntaba por su experiencia. Su mujer le abandonó al poco
tiempo, e incluso su coche patrulla sufrió un extraño sabotaje.
Y así queda claro que los factores internos del testigo nos van a indicar
cómo se va a comportar el paradigma, presentado seres agresivos o entidades
comunicativas y pacificas que nos cuentan «mil y una historias». Y es que el
supuesto contenido «intelectual» de los encuentros cercanos con ovnis es tan
dispar y alucinante como el resto de los factores que conforman estas experiencias.
Las conversaciones con los ufonautas no tienen desperdicio.
'I111' . .
Una vuelta de tuerca más. En la mañana del 26 o el 27 de septiembre de 1968 el
Sr. Schneider Henrique, de 60 años, químico industrial, residente en Vila Baumer,
cerca de Joinville (Estado de Santa Catarina, Brasil), fue a comprobar el fuego del
horno de cerámica que había junto a su propiedad. Mientras se encendía un
cigarrillo, se percató de la presencia de un extraño objeto a unos cinco metros de
distancia. El testigo estaba paralizado y no podía moverse. El artefacto tenía forma
cónica, y medía alrededor de cuatro metros de altura y 2,50 de diámetro en su base.
Schneider dijo a los investigadores que el objeto estaba posado sobre tres patas de
unos 80 cm, y que desde su base emitía una fuerte luz que iluminaba el suelo.
Entonces divisó una entrada rectangular de la que surgía «una especie de cinta
transportadora» que no llegaba a tocar tierra. Sobre esta «rampa» había dos

criaturas rectangulares de 1,50 metros de altura por 0,50 de ancho». Schneider
preguntó qué hacían allí y mentalmente comenzó a recibir respuestas a sus
interrogantes. Las criaturas le informaron de que estaban comprobando la causa
del calor y del humo que habían detectado en aquel lugar. El testigo dijo a los
investigadores que horas antes había quemado algunos neumáticos viejos,
provocando un gran calor y una gran humareda oscura. Durante alrededor de diez
minutos el ingeniero recibió varias respuestas, supuestamente de la criatura mas
cercana a su posición. El insólito humanoide, a la pregunta de como se
alimentaban, dijo que se nutrían por «impregnación. Dieta natural Energía. No
como vosotros». Sobre la propulsión de su nave, indicaron que por «atracción,
36000 o 360000 revoluciones por segundo». Afirmó que procedían de una estrella
cuyo nombre no recordaba, pero que sonaba como «MERS». «Estaban gobernados
por un jefe y cada uno tenía una función específica, como el ocupante que estaba

dentro de la máquina y no podía salir de allí.» Viajaban en una determinada ruta,
pero salieron de la misma para comprobar cuál era la causa de aquel extremo calor
en la Tierra. Prometió volver y establecer nuevos contactos. Schneider dijo que no
" , 'íWÍVr
podía retirar la mirada de la criatura mientras duró la «conversación». De pronto, la
plataforma se recogió en completo silencio, mientras los «rectángulos» volvían a su
interior. Aunque en esos momentos el testigo recobró la movilidad, lo hacía
siempre manteniendo la misma distancia con la plataforma. El misterioso «cono»
era de color gris aluminio y tenía tres luces azules circulares. Aunque el ingeniero
especificó que no eran ventanas, a través de una de ellas podía observar a las
criaturas, incluso a la que permaneció siempre en su interior. Cuando la rampa
terminó de replegarse, la puerta se cerró emitiendo un ligero mido, como una
«chispa eléctrica^ seguido de un sonido parecido a la puerta de tina nevera.
Inmediatamente el objeto se elevó rápidamente de forma vertical, mientras emitía
un «silbido agudo» parecido aun taladro eléctrico. A cierta altura, el testigo observó
que en la base del artefacto había una intensa luz azul, como la emitida por un
equipo de soldadura, y algo parecido a anillos concéntricos, también de tonalidad
azul, que parecían girar. Tras elevarse unos diez metros, se inclino hacia el sur,
» > ¿i
desapareciendo rápidamente. El artefacto dejó una estela de condensación de
vapor, parecida a las aeronaves de reacción, y el testigo notó un potente efecto de
aspiración de aire que le desplazó hacia adelante. Cuando Schneider se acercó al
lugar donde había estado posado el objeto, notó un fuerte olor a «queroseno»
quemado y un fuerte calor. Al día siguiente el ingeniero examinó el área,
Jili'i I l'll'Jí’í 'íhWÍri
encontrando un círculo de hierba quemada de unos 65 cm de diámetro. En el
interior de esta huella había un pequeño agujero circular (concéntrico) de unos 10
centímetros. Los investigadores brasileños del SBEDV (Sociedad Brasileña de
ijjf ’ras
Estudio de Discos Voladores) encontraron tres marcas de unos 10 centímetros de
diámetro provocados por las supuestas patas del artefacto. Curiosamente 8 o 10
baldosas de cerámica del techo más próximo a la zona de aterrizaje del ovni estaban
desplazadas, como si hubieran sido levantadas por el efecto de «aspiración»
provocado por el «cono». Incluso un viejo camión presentó varias averías al día
siguiente: la batería, la dinamo, el sistema de arranque y el distribuidor no
funcionaron. Tres o cuatro días después del incidente, el Dr. Udo Schmidt, abogado
en Joinville, en compañía Kari Silva y Paul Mertens, entrevistó al testigo y tomó
\l I •'* 4

fotografías del lugar. Schmidt pudo comprobar la existencia de las huellas y el


penetrante olor a quemado que había en la zona, que perduro durante cuatro 0
cinco meses. Incluso en el año 1973, cinco anos después de los hechos, la hierba no
había crecido en el interior del círculo, aunque algunas matas de hierba crecían a su
alrededor. Posteriormente, según relató Schneider, alrededor de cinco meses más
tarde, sintió que debía salir de su casa y observó un extraño objeto luminoso
cruzando el firmamento. Junto al testigo se hallaba su hijo Amaury, la Sra. María
Carvalho y su marido. El investigador Carlos Alberto Varassin, que realizo una
exhaustiva investigación cinco años después, señaló que el testigo era una persona
muy respetable en su comunidad y no encontró ninguna fisura en su testimonio.
En este caso podemos vislumbrar que la forma del ovni y sus tripulantes son
una distorsión de unos elementos muy conocidos por el testigo. La nave sería
una especie de «horno de cerámica», de cuyo interior, a través de una «cinta
transportadora», surgen unas piezas rectangulares que se asemejan a grandes
ladrillos o losas. Y por supuesto, estos singulares ufonautas y su particular mensaje
no volvieron a aparecer en las páginas de ningún otro informe ovni.
Tal y como han expresado Jung, Tyrrell o Vallée, el contenido de las
«conversaciones» con las entidades sobrenaturales en cualquier formato (hadas,
duendes, fantasmas, apariciones marianas, etc.) no ha ofrecido ningún material
más allá del esperado de un conocimiento humano «distorsionado». Ningún testigo
ha recibido ninguna información de la que previamente no tuviese conocimiento
o fuese capaz de modificar con el material disponible en su propio inconsciente.
La TD deja claro que el AE no quiere transmitir ningún tipo de mensaje de
cualquier índole, más allá de inanejar el lenguaje y las imágenes inconscientes de
los testigos de una forma ideográfica/onírica. Y esto ocurre porque no es la función
ni el objetivo del AE transmitir ningún mensaje (científico, religioso, metafísico,
filosófico) a los observadores. De lo contrario, hace ya muchas décadas que
hubiéramos decodificado el contenido de estas apariciones...
Además, el AE tampoco intercede, de forma voluntaria o premeditada, en las
. ■ ,z *T it hi *»* i • ‘i • Vi >■
actividades humanas, como veremos en el último capítulo. Pero entonces, ¿cómo
podemos interpretar los mensajes recibidos hasta la fecha por parte de estas
«entidades»? ¿Cuál es su verdadero origen? Profundicemos en esta cuestión con dos
ejemplos que clarificarán nuestras ideas.
El 8 junio de 1994, en Algeciras (Cádiz), investigué un caso en el que el testigo,
tras observar una extraña luz en el firmamento que lanzaba destellos hacia abajo,
z- . , ’í’l ' >
tuvo una irrefrenable «obsesión» por escribir un libro que, según decía, con gran
entusiasmo, revolucionaria a la sociedad de nuestro mundo por sus revolucionarias
ideas políticas y sociales. Pensaba que aquel objeto había «despertado» algo en su
mente. Evidentemente, no llegó a culminar su obra, ya que nuestro protagonista,
aunque lo deseaba de forma irresistible, no estaba preparado intelectualmente
para emprender este «proyecto» que surgió en su mente. Pero de la misma
forma, podríamos preguntarnos: ¿qué hubiera ocurrido si el testigo hubiera
tenido ese potencial para escribir un libro? ¿Hubiéramos achacado las propuestas
de esta obra a la intervención o a la influencia «extraterrestre»? Pues tenemos
otro ejemplo que corrobora mis tesis. Eduardo Pons Prades era un reconocido
historiador que no tenía ningún vínculo con los ovnis hasta que fue protagonista
'y ..'jr

de tina extraordinaria experiencia el 31 de agosto de 1981. Mientras conducía su


automóvil desde Prats de Molió, rumbo a Perpiñán por un camino rural, yip una
extraña luminosidad y, según narró en suHbro El mensaje dé otros mundos (1982), le
pasó lo siguiente: . • ' t....

Me encaminé hacia el lugar de donde parecía brotar aquella luz, con paso
lento, pero resuelto, sin abandonar el camino, aunque muy pronto pude
darme cuenta de que la iluminación procedía del interior del bosquecillo.
Tardé poco más de un minuto en llegar a las lindes de un prado, que era
donde nacía la luz, y desde allí empecé a distinguir la silueta de una enorme
nave espacial. De unos 50 a 75 metros de anchura. La luz salía de la parte de
"";N
arriba y de la parte baja de la nave. Así que salté del camino al prado y me
r '1 n!i¡:
quedé como encantado durante unos segundos. Al tiempo que los dos an-
chos haces de luz se apagaban lentamente, oí una voz —en correcto caste-
llano, con un tono cantarín, algo musical— que me dijo: «No temas. Acércate,
por favor». Entonces, con la mayor naturalidad del mundo, me acerqué a la
nave, cuya base estaba ahora iluminada por un potente foco de luz blanca y
rosa, que salía por una puerta abierta en su «bajo vientre», de la que no tardó
en salir una especie de rampa. Me dirigí hacia allí y apenas llegué al pie de la
«escalerilla» me detuve y alcé la vista, percibiendo en la puerta una forma
corporal alta, envuelta por una especie de halo multicolor. En el acto volví a
oír la voz: «No temas. Sube a nuestra nave, que deseamos hablar contigo». La
rampilla mecánica me subió hasta arriba, hasta la puerta, que estaría situada
a unos 4 o 5 metros del suelo. Antes había podido ver que la nave estaba po­
sada sobre cuatro patas, que parecían estar articuladas tubularmente. Por lo
que yo podía percibir, la nave era de un color metalizado, más bien oscuro. Al
franquear la entrada la voz me dijo: «¡Bienvenido a bordo de la nave Luz del
Cosmos!». Y con un ademán suave, de los tres que me estaban esperando, el
más cercano a mí —que luego resultó ser una fémina— me indicó unos

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asientos en^1 centro de aquella inmensa sala, chocados $ti^yjiQa tuna mesa
de forma ovalada. La primera impresión que tuve, que me «golpeó», ante Ja
blancura de todo aquello, es que se trataba de un aparato de materia plástica.
Ahora, al verlos desplazarse a mi lado, ya podía hablar de cuerpos humanos,
puesto que, por lo menos, tenían un torso, una cabeza, dos brazos y dos pier­
nas. Iban vestidos con una especie de mono blanco, muy ajustado al cuerpo,
y calzados con unas botas —también blancas— que parecían ser de lona.
Nunca observé en su atuendo la menor arruga o pliegue. En el pecho, a la al­
tura del corazón, llevaban un emblema en cuyo centro había un círculo, un
ojo resplandeciente, multicolor y multiprisma, que no cesó de centellar un
solo instante, y en el que, a menudo, quedaría clavada mi mirada. A lo lejos, a
unos 6 o 7 metros, al fondo de la sala, a mi derecha, percibí a 4 tripulantes
más, que se movían frente a una gran pantalla, en la que no cesaban de en­
cenderse y apagarse lucecillas de todos los colores, como si estuvieran maní-
1 Ui’i <
pulando botones en aquel inmenso «tablero de mandos» que se encontraba
al pie de la pantalla luminosa. Más tarde, uno de ellos se reunió con nosotros
en la mesa, en tomo a la cual llevábamos ya un buen rato sentados y silencio­
sos. Ellos, al sentarse, se habían quedado inmóviles, como estatuas. No diré
que «mirándome» —los tenía a 2 o 3 metros de distancia—, porque el halo
aquel me impedía ver sus ojos —que luego descubriría—: apenas si veía el
contorno de su cara, ya que llevaban puesto un pequeño casco. Fue sin duda
un compás de «aclimatación». Lo sentí como si me hubiesen estado di­
ciendo: «Ten la certeza de que aquí, entre nosotros, te vas a sentir como en tu
propia casa». Y para ello, como es natural, el mejor camino era el de dejarme
mirar, y observar y tratar de captar todo lo que me rodeaba. Una de las cosas
que me llamó más la atención fue el silencio que reinaba en el recinto. De vez
en cuando fijaba mi mirada en los cuatro tripulantes que se andaban atarea­
dos ante la gran pantalla luminosa. Se movían y gesticulaban —esto sería la
tónica general en todos los tripulantes mientras conviví con ellos— con len-
títucL Parecían personajes de una película proyectada a cámara lenta. Tam­
bién observé con mucha atención la mesa que tenía delante. Y, como él orgu­
llo terrestre todavía era de rigor, en todo momento me esforzaba por compa­
rar lo que veía con lo que podía ser su equivalente en la Tierra. La mesa se
parecía a esas que vemos en los estudios de radio, con varias manecillas, y del
centro emergían unas pantallas escairtoteables, en una de las cuales yo po-
dría admirar varios documentales que trataban , entre otras Cosas, de sus vía­
jes, de las recepciones que les habían reservado las poblaciones de los plane-
limi­
tas visitados, de fiestas populares, de zambullidos de mini-platillos en los
mares, y vanos episodios mas, la mayoría de las veces con gentes extraterres­
tres y otras con terráqueos como principales protagonistas.
Si el lector ha hecho los deberes mientras
■lílpl
leía este
‘'"’i í
podrá
libro,i i ‘itólfíví adivinar
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perfectamente el contenido de la conversación con los ocupantes del platillo


volador. Para un anarquista como Pons Prades, aquellos seres estaban en sintonía
con sus pensamientos políticos: hablaban de la «fraternidad universal», de las
«injusticias sociales», del «compañerismo» como una de las claves de la vida social,
«del amor libre», de que «la comunidad tiene que respetar siempre los deseos
íntimos de las personas». De hecho, las declaraciones de los extraterrestres eran
tan parecidas a los pensamientos de Pons Prades que éste tuvo que desmentir
categóricamente que su manuscrito se tratara de una novela para exponer sus
ideales políticos de una sociedad perfecta. No obstante, había algunos conceptos
políticos que enojaron al republicano, como cuando los ocupantes de aquel platillo
volador le dijeron que los reyes de España «están llamados a desempeñar un papel
mucho más importante que el actual». Sin duda, es notable y desconcertante que
los extraterrestres conozcan a los Borbones y su papel en la sociedad española.
Además, para reforzar la TD, es curioso señalar que cuando le dijeron al historiador
que le iban a entregar un extenso y valiosa mensaje para la humanidad, este
contestó que iba a regresar a su vehículo para coger papel y pluma para tomar
li 'ttX. ' ” 1 a Í1L-. • í ’ ' 16 ** —ua . .

buena nota de todo, pero los extraterrestres le comunicaron: «No, no es necesario.


El mensaj e te lo vamos a grabar en la mente. Si accedes a ello, naturalmente». Si esto


fuera cierto, que evidentemente no lo es, ¿por qué no transmiten (graban) mensajes
-
complejos y extensos por ejemplo en una persona con apenas bagaje cultural o
informativo? Por una sencilla razón. Porque el AE se limita a «potenciar» lo que
existe en el interior del testigo.
En 1995, Pons Prades fue entrevistado para el suplemento dominical de El
Observador, y, cuando le preguntaron si había vuelto a contactar con aquellos
seres, dijo: «Sí, muchas veces, pero solo cuando duermo: se comunican mediante
los sueños». Esto último si nos parece una pista interesante que se analizará
más adelante. Pero no debemos olvidar las repercusiones psicológicas de muchos
avistamientos inusuales, aunque nada sobrenaturales, en los testigos, tal y como
me señaló Chris Aubeck:

Muchas personas entraban en pánico y temían la intervención de Dios


cuando veían cualquier actividad inusual en el cielo, desde eclipses del sol y
lluvias de meteoros, hasta luces anómalas y nubes brillantes. Estos pánicos
eran de corta duración, pero fueron momentos memorables para los testi­
gos, que a veces luego incorporaban estas experiencias en sus mitologías
personales. No olvidemos que esto no sucedía solamente en épocas históri­
cas. En 19 57, la exitosa estrella de Rock and Roll Little Richard sorprendió al
mundo entero cuando anunció que iba a dejar atrás la música para estudiar
la Biblia. La razón: el 4 de octubre, durante un vuelo, vio una bola de fuego
atravesar el cielo... y llegó a la conclusión de que los ángeles estaban •prote­
giendo el avión. Es posible que lo que viera fuese el lanzamiento del Sputnik.

Pero sigamos con nuestra investigación de la información vertida desde el


«otro lado», ya que, incluso, podemos encontrar referencias antiguas sobre esta
«retroalimentación» informativa que se/ ice tras un contacto con supuestas
extrañas entidades. ’ V'Ji"
Martes, 2 de noviembre de 1896. «Tras varios síntomas característicos de
salida hacia Marte... Héléne cae en un profundo sueño... Léopold nos informa
. , i. i/m,./'

de que ya está de camino hacia Marte y que una vez allí se comunica con los
Marcianos aunque nunca haya aprendido la lengua: él no nos va a poder traducir el
Marciano, al serle imposible; la traducción será hecha por Esenale, que ahora está
desencarnado en el espacio, pero que ha vivido hace poco en Marte y también la
Tierra, lo que le permite actuar de intérprete...»
- ''iití
Este sorprendente texto pertenece al libro Des Indes á la planéte Mars, étude
sur un cas de somnambulisme avec glossolalie (1899) que detalla las experiencias e
investigaciones del profesor en psicología de la Universidad de Ginebra, Théodore
' 1 ■ i| , •
Flournoy (1854-1920), durante los cinco años que paso asistiendo a las sesiones
espiritistas de Héléne Smith, seudónimo de Catalina Müller (1861-1929). Smith
era una médium que recibía mensajes espirituales a través de medios visuales y
auditivos, así como mediante golpes en la mesa, de su espíritu guía y protector,
llamado Leopold, que era una reencarnación de Joseph Balsamo, médico y amante
de María Antonieta. El profesor Flournoy estudió a Smith y escribió acerca de las
diferentes «reencarnaciones» que se comunicaban con ella, como Simandini, una
*’■ •’t ■•."‘i-’•• • '•twíw^w.w • . " * .' • "■* • *»>*= "i •‘‘[Link]•-•• . «u ? ^i

princesa india, o la mismísima María Antonieta. Sin embargo, lo mas interesante


de su investigación fueron unas supuestas comunicaciones con los habitantes del
planeta Marte. Su llegada es descrita así en la obra:
• lú1 •ilv ' *' lili ’’ . •
Smith percibió, a lo lejos y a gran altura, una luz brillante. Entonces sintió
un temblor que casi hizo que su corazón dejara de latir, después de lo cual
le pareció como si su cabeza estuviera vacía y como si ya no estuviera en su
cuerpo. Se encontró en una densa niebla, que cambió sucesivamente de azul
a rosa vivo, a gris, y luego a negro; flotando, dice: «y la mesa», sosteniéndose
sobre una pierna, parecía expresar un movimiento flotante muy curioso.
Entonces vio una estrella, cada vez más grande, siempre más grande. [...]
«¿Sobre qué estoy caminando?», pregunta ella. Y la mesa responde: «Sobre
un mundo-Marte». Entonces Héléne comenzó a realizar una descripción de
todas las cosas extrañas que se presentaron ante su vista, y le causó tanto
sorpresa como diversión. Carruajes sin caballos ni ruedas, que emitían chis­
pas mientras se deslizaban; casas con fuentes en el tejado.

Smith no solo estaba convencida de que había contactado con los marcianos,
sino de que era capaz de hablar y escribir con facilidad con el mismo idioma y
lenguaje de los habitantes del planeta rojo. Tal y como pudo comprobar Flournoy,
la médium pronunciaba con seguridad el extraño dialecto marciano, además de
reproducir, con su puño y letra, mensajes con la escritura «extraterrestre». En sus
visiones de Marte, la médium describía un mundo poblado por humanoides de
características asiáticas en el que todos llevaban el mismo traje, compuesto por un
pantalón muy amplio y una larga blusa, apretada a la cintura y repleta de varios
diseños. Smith dijo que uno de los marcianos, un tal Astané, le mostró un animal
grotesco cuya cabeza parecía una «col» con un ojo verde. Esta criatura poseía varios
pares de patas y, además de atrapar objetos, eran capaces de mecanografiar textos
(¿I). Según la vidente, poseían la «inteligencia del perro con la estupidez de un
loro». En una ocasión, Smith describió el encuentro con un marciano que operaba
una extraña máquina: «En el puente había un hombre de tez oscura (Astané), que
llevaba en sus manos un instrumento que parecía en cierta forma una linterna de
carruaje que, presionada, emitía llamas, y que parecía ser una máquina voladora».
'| i.I' ' 1 *|J í J' i 11 1

Smith también tenía visiones durante el día de encuentros con diferentes


marcianos en los lugares más insospechados. También, en sus numerosas sesiones,
Smith habló de los «ultra marcianos», más bajitos que sus familiares, algunos
casi minúsculos, que vivían en casas planas. La descripción de estos seres parecía
calcada de otros tiempos:

Los hombres, con los brazos y los cuerpos desnudos, tenían como única ropa
una especie de falda que llegaba hasta la cintura, sostenida por una especie
de tirantes arrojados sobre los hombros; eran aparentemente muy fuertes,
de unos 7 centímetros de alto por 14 centímetros de ancho y, tenían ojos
muy pequeños, bocas inmensas, narices como frijoles.

Las conclusiones finales del estudio de Flournoy no gustaron a los


simpatizantes de la vidente. El profesor de psicología, tras cinco años analizando
con detalle los trances y los documentos obtenidos por la médium, llegó al
dictamen que la Sra. Smith tenía una «brillante fantasía subliminal» y que su
subconsciente era el autor de toda la trama. Para Flournoy, el supuesto lenguaje
marciano era tan solo una imitación pueril de la lengua francesa surgida de
las profundidades inconscientes de la vidente. Además, un experto en sánscrito
declaró que el 98% de las palabras que utilizaban eran reconocibles de otras
lenguas conocidas. No en vano, a la Sra. Smith le encantaba aprender otras lenguas,
afición que heredó de su padre que hablaba fluidamente varios idiomas. Pesé a este
dictamen, Floumoy no pudo emitir ningún juicio sobre los numerosos fenómenos
sobrenaturales que se producían durante las sesiones, de los que él mismo fue
testigo y a los que no encontro ninguna explicación:

El piano sonó varias veces bajo el toque de los espíritus favoritos desencar­
nados del grupo; lo mismo sucedió con un violín y con una campana. Una
vez también oímos sonidos metálicos que parecían venir de una pequeña
caja de música, aunque no había ninguna en la habitación. En cuanto a las
peticiones, siempre recibidas con deleite por los miembros del grupo, que
siempre las desean ansiosamente y se las piden sus amigos espirituales, eran
bastante frecuentes y variadas. En pleno invierno las rosas se derramaban
sobre la mesa, puñados de violetas, rosas, lilas blancas, etc., también ramas
verdes: entre otras cosas, había una hoja de hiedra que tenía grabada en
letras, como por una máquina de puncionar, el nombre de uno de los prin­
cipales desencarnados. [...] Se obtuvieron conchas de mar que aún brillaban
y estaban cubiertas de arena, monedas chinas, un pequeño jarrón con agua,
en el que había una magnífica rosa, etc. [...] El desplazamiento, sin contacto y
en ausencia de todos los procesos mecánicos conocidos, de objetos situados a
distancia (telequinesis) es muy extraño.

Además, Helene Smith tenía la facultad de encontrar objetos perdidos y podía


predecir el futuro. En su libro, el profesor Flournoy escribió que, durante la primera
sesión, Smith le dio información exacta sobre algunos aspectos de su vida: «¿De
dónde obtuvo la médium, a quien nunca había visto antes, el conocimiento de
acontecimientos que pertenecen a un pasado remoto, de índole privada y
completamente desconocidos para cualquier persona viva?». En sus conclusiones,
el profesor admitía que: «Desde el punto de vista fisiológico, es evidente que la Sra.
Srnith, como es sin duda cierto en todos los médiums, presenta durante sus
visiones y sonambulismos una plenitud de perturbaciones de motilidad [facultad
de moverse que tiene la materia viva como respuesta a ciertos estímulos] y
sensibilidad, de la que parece estar completamente libre en su estado normal». Para
añadir: «Frente al punto de vista psicológico, el caso de la Sra. Smith, aunque
demasiado complejo para ser reducido a una sola fórmula, es explicable a grosso
modo por algún principio reconocido, cuya acción sucesiva o concurrente ha
engendrado sus múltiples fenómenos. Está, en primer lugar, la influencia, tan a
menudo verificada, de los choques emocionales y de ciertos traumatismos
psíquicos sobre la disociación mental». Y en cuanto a lo sobrenatural, el profesor
. u ■ i
afirmaba: «Creo que en realidad he encontrado una pequeña telequinesis y
telepatía. En cuanto a la lucidez y los mensajes espiritistas, solo he encontrado
algunas reconstrucciones brillantes, que la imaginación hipnoide, ayudada por la
memoria latente, sobresale en la fabricación en el caso de los médiums. No me quejo
de esto, pues para la psicología, que no está especialmente enamorada de lo
maravilloso, estas imitaciones admirablemente exitosas son también interesantes
e instructivas a causa de la luz que arrojan del funcionamiento interior de nuestras
facultades». Pero sin duda el aspecto más premonitorio para nuestro trabajo fueron
las palabras de Flournoy cuando decía: «Es realmente insultante que los fenómenos
de los sueños sean tan poco observados o tan mal entendidos (no lo digo por los
psicólogos, sino por el público en general, que se enorgullece de su psicología), ya
que el sueño es el prototipo de mensajes espiritistas, y contiene la clave para la
explicación»-jÜe los fenómenos mediúmnicos». Sin duda, no es fruto del azar que
numerosos estudiosos enfrentados ante los contactos con lo sobrenatural recurran
a la explicación onírica. Evidentemente, estamos tratando con un fenómeno que se
retroalimenta de nuestro propio inconsciente, pero no solo a nivel estético (para
obtener un banco de imágenes), o a nivel intelectual (para obtener un Contenido
informativo), sino que también se nutre de nuestras sensaciones, miedos y anhelos
'fÁ'.''i';' '“«!-iWrH

para edificar estas manifestaciones ante nuestros ojos. Y aunque hasta el momento
los ufólogos han considerado el paradigma ovni como algo totalmente externo a la
mente humana, deberían de reconsiderar sus planteamientos, cuando no
demolerlos por completo, si quieren llegar al núcleo del problema.
En su libro £7 Enigma de las extrañas criaturas, John Keel ya lo decía de forma
admirable:

Los más espantosos de todos los monstruos pueden habitar en los rincones
oscuros de nuestras mentes, esperando el momento que los soltemos por
obra de la fe que profesamos y de nuestra credulidad. El fenómeno se ali­
menta del miedo y la fe: a veces nos destruye por completo, y otras veces nos
eleva y nos introducen en el laberinto de las frecuencias electromagnéticas
que forman una cortina entre nosotros y otra realidad no percibida. De vez
en cuando, los jocosos habitantes de ese otro mundo cruzan a través de la
cortina en las áreas que nosotros llamamos «ventana» y nos siguen y ace­
chan para beberse nuestra sangre y crear toda una suerte de creencias malig­
nas y concepciones falsas y nocivas en nuestras débiles mentes terrenas.

El rayo de luz
AI contrarío de otros elementos, existe un factor que encontramos repetidohasta
la saciedad en multitud de encuentros cercanos con ovnis. Casi todos los ocupantes
de los platillos volantes, sea cual sea su aspecto físico, y esto debe de alertar
nuestras sospechas, portan en sus manos objetos descritos como armas, bolas,
«palos» o focos, que desprenden una potente luz para inmovilizar o amedrentar al
desprevenido testigo. Esto, deslumbrar a los testigos, es casi una acción fija, casi
por mandato divino, para los extraterrestres en sus descensos. Pero lo curioso para
nuestro estudio es que esta acción es realizada por cualquier tipo de alienígena que
se precie, bajito, alto, regordete, peludo o calvo. Todos los ocupantes de los ovnis
han elegido el mismo método o arma disuasoria: el rayo de luz.
Un ejemplo: el 1 de julio de 1965, el turno le tocó al granjero Maurice
Masse, en Valensole (Francia). Se encontraba por la mañana temprano trabajando
en el campo cuando observó cómo, cerca de él, aterrizaba un extraño objeto no
mayor que un coche, ovalado y con una pequeña bóveda trasparente en su parte
superior, que, a su paso, producía un ligero zumbido. El ovni se sostenía sobre
seis puntas que sobresalían de una pata central. De este objeto bajaron dos seres
de no más de un metro de altura, que parecían examinar las plantas colindantes.
Al aproximarse a donde se encontraban, Maurice comprobó que no se trataba de
niños, como pensó en un principio, si no que eran dos «hombrecillos» con grandes
cabezas desprovistas de pelo, ojos rasgados y carentes de labios. Ambos vestían
un uniforme verdoso ajustado al cuerpo. Uno de estos seres, al percatarse de la
cercanía del granjero, lanzó un rayo de luz a través de un tubo que cogió de su
cinturón, que le paralizó de forma instantánea. Los humanoides emitían sonidos
guturales mientras observaban al granjero, que no sintió miedo alguno. Momentos
después, los «hombrecillos», a través de una escotilla, embarcaron en su nave y, tras
escucharse un zumbido, desaparecieron rápidamente en el cielo. Maurice recuperó
la movilidad quince minutos después de que el ovni se hubiese esfumado.
El 14 de febrero de 1975, en Petite lie, en I a Reunión (Francia), el
carnicero Antoine Severin, de 21 años, regresaba de su a casa, al mediodía,
cuando escucho un ruido parecido a un «bip-bip-bip». ente, esa noche
había tenido unos extraños sueños en los que había escuchado un sonido igual.
Al llegar a un campo de maíz, siguiendo el sonido para averiguar de qué se
trataba, observó un disco metálico con una cúpula, como un coche grande, de
irnos dos metros de altura y 3,5 de diámetro. Aquello estaba suspendido a unos
45 centímetros del terreno. El testigo sintió un calor intenso y notó que no podía
moverse. Una escalera, desplegada en un ángulo de 45 grados, apareció, pero no
llegó a tocar el suelo. Bajaron tres pequeños humanoides, de entre 90 cm y 1,22
metros, con «trajes espaciales» muy brillantes, parecidos al «hombre de Michelin».
Portaban cascos y a cada lado tenían antenas. El testigo señalo que se movieron
con más agilidad al bajar por la escalera que sobre el terreno. El primer «ser»
que descendió llevaba una especie de vara larga con la que rascaba el suelo.
El segundo llevaba una bolsa como para recoger muestras. Un cuarto tripulante
estaba en el interior del disco, y al descubrir al Sr. Severin le «disparó» un rayo
de luz muy brillante, que le tumbó en el suelo. Los tres humanoides regresaron
inmediatamente al objeto, que se elevó tras emitir un ruido silbante. Tras su
observación, el testigo sufrió diversas dolencias físicas. Perdió la vista y el habla,
y estuvo unos cinco días en un estado parecido al semi-coma. Cuando intentaba
contar su encuentro a la policía, perdió el conocimiento.
¿Es posible que casi todos los tripulantes de los ovnis sean aficionados a
deslumbrar o paralizar a los testigos con haces de luz? Incluso los platillos
volantes están equipados con esta suerte dé; omnipresente arma luminosa. El
notable investigador Donald Keyhoe, en su obra Aliens from Space: The Real Story
of Unidentífied Flying Objects (Los desconocidos del espacio, 1974), narraba un
’ r 141* i .• I f I i i !• 1 11 • 4
sorprendente episodio:
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El testigo de este inusitado encuentro con un ovni fue James W. Flynn, ran­
chero y entrenador de perros que vivía en Fort Myers, Florida. La noche del
14 de marzo de 1965, Flynn estaba acampado en los Everglades. Ya había pa­
sado la medianoche cuando vio un objeto brillante e iluminado que descen­
día a un par de kilómetros de distancia. Creyendo que debía de ser un avión
con problemas, puso en marcha su vehículo de los pantanos y fue hacia la
luz, que era visible a través de los árboles. A medio kilómetro de distancia,
abandonó el vehículo y siguió a pie. Al ir acercándose, Flynn vio que el objeto
no era un avión, sino una gran máquina en forma de cono que flotaba silen­
ciosamente a poca distancia del suelo. Tenía unos 25 metros de diámetro y
unos 10 o 15 metros de altura. Se podían ver cuatro hileras de ojos de buey o
ventanillas, a través de las cuales surgía una luz amarillenta. Cuando Flynn
se acercó, escuchó un sonido zumbante, pero no pudo ver ni equipo ni ocu­
pantes, pues parecía haber un panel o pared justo detrás de las ventanillas.
Al cabo de varios minutos, Flynn comenzó a aproximarse al ovni. Mientras
se adentraba en el círculo de luz, alzó una mano, pretendiendo que esto fuera
un gesto amistoso, por si estaba siendo observado. Instantáneamente, un es­
trecho haz de luz centelleó procedente de una de las ventanillas bajas. Le dio
de lleno en la frente, derribándolo por tierra, inconsciente. Cuando despertó,
horas más tarde, estaba parcialmente ciego. Tenía un doloroso hematoma
allí donde el rayo de luz le había alcanzado. El ovni se había ido, pero se veía
un área chamuscada donde había estado flotando. Y también habían ardido
las copas de los árboles más cercanos. Flynn consiguió regresar a Fort Myers,
donde pasó cinco días en un hospital. Además del golpe en la frente y la
pérdida de visión, se descubrió que sufría una merma en los reflejos de los
músculos involuntarios y los tendones. El área chamuscada fue hallada tal
como fue descrita por Flynn. Y también las copas de los árboles incendiadas,
que se hallaban de diez a doce metros del suelo. También fueron descubier­
tas marcas de raspaduras en varios troncos de árboles, lo que indicaba que
un objeto pesado los había rozado al descender.

Desde muy antiguo, las apariciones de toda índole han portado objetos
luminosos, desde espadas, crucifijos, esferas, etc., por lo que es muy probable que
en un contexto tecnológico/espacial se «reinterprete» y se crea que estos seres
' 'l''

deben de portar «pistolas» o «artefactos» que desprendan rayos de luz; de hecho,


la ciencia ficción anterior al año 1947 ya ilustraba todos estos conceptos de forma
maravillosa, con armas, cubos y bolas de las que emanaban terroríficos hace de luz.
Pero ¿qué sucede con la proyección cuando termina la experiencia ovni?

¿Cómo concluyen las experiencias?

Es obvio, que, al tratarse de una proyección «fabricada» en el mismo momento de


la conexión con el AE, nada de lo sucedido durante la experiencia ovni obedece a
una realidad empírica, ni tiene una continuidad física en nuestro universo después
de que el encuentro haya concluido. O sea, los humanoides, la nave y las acciones
registradas en una experiencia ufblógica no tienen una existencia real, más allá dé
su efímera presencia durante la proyección ante los testigos. Y, por tanto, nada de
lo reportado volverá a repetirse en otro evento ovni. Sencillamente porque nada de
lo representado existe fuera de la ilusión creada para la momentánea ocasión. Y
en un próximo encuentro ovni, al cambiar la «fuente» (el testigo) de donde surgen
los principales elementos estéticos que conforman la proyección, la experiencia
se reinicia casi desde cero. Y es que los investigadores solo podemos estudiar el
«durante», ya que el «antes» y el «después» a la proyección, simplemente, no

existen. Los encuentros con ovnis se desarrollan como una «película» proyectada
ante los ojos de los espectadores (observadores). Y al igual que los personajes de
un film, los seres presenciados durante un aterrizaje ovni, no tienen prolongación
física cuando la película (experiencia) concluye, teniendo siempre en cuenta que
toda la «representación» que se produce ante el testigo ha sido creada en el preciso
momento del encuentro.
Hasta la fecha no hemos podido establecer muchas conjeturas sólidas sobre
i'i'í1'
los ovnis porque su actuación es espontánea, no premeditada, y orquestada en
realidad, no por el propio fenómeno, sino por cada testigo que interacciona con el
AE. Ya que, en contra de los postulados clásicos, no existe nada antes de la irrupción
-'I0I ftfe1'1’ .
de un platillo volador y sus ocupantes. Ni platillo, ni tripulantes. Todo se «crea»
y se «proyecta» en el mismo momento de la conjunción de la psique humana con
este AE, desde la estética de los presuntos alienígenas hasta su comportamiento.
Todo es «fabricado» en el preciso momento de la observación, a tiempo real, para no
volver a repetirse jamás en otro evento ovni.
En cada episodio ufológico asistimos al reinicio del concepto «visitación
extraterrestre* bajo la particular «óptica» de cada testigo que modifica hasta
el infinito el esqueleto interno que define este paradigma (nave extraterrestre
y ocupante). Por tanto, los encuentros cercanos con ovnis son fenómenos
imprevisibles.
A este respecto, durante una comunicación personal con el investigador
. .
Jacques Vallée (17 de marzo de 2015), tras mostrarle algunos de mis
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descubrimientos, señaló que: «Sus observaciones son muy relevantes: todo



funciona como si- el fenómeno
> (1) hubiera seleccionado a sus observadores y (2)
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se muestra de acuerdo con los elementos ya presentes en su entorno, o en su
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conciencia —al menos en los casos de encuentros cercanos—. Esto tiene enormes
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implicaciones, ya que limita en gran medida el tipo de análisis que se puede hacer.»
■'WiV
Vallée está convencido de que detrás de estas proyecciones se oculta algún tipo de
mecanismo tecnológico que es el causante de estos fenómenos. Además, defiende
que estas apariciones están orquestadas por una «macrointeligencia» que quiere
ti
manipularnos. Pero, personalmente, creo que todo es mucho más «simple» de lo
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que parece. Seguiremos abordando este aspecto más adelante. Ahora vamos a tratar
uno de los aspectos claves del fenómeno...
En los encuentros ovni no existe ni el antes ni el después. Las experiencias solo

tienen «vida» durante su proyección ante el testigo. Archivo Carav@ca.

Exclusividad

Los encuentros con platillos volantes son fenómenos de características únicas y


exclusivas «creadas» por el propio testigo, bajo la influencia del AE, y, por lo tanto,
en su inmensa mayoría, son intransferibles o confrontables con otras vivencias,
repitiéndose solo los modelos básicos de cada experiencia. Y es por eso, única y
exclusivamente, que ha sido imposible hallar un patrón común o una estructura
sólida que pudiera conectar al menos una docena de casos y plantear una sólida
hipótesis sobre estas apariciones. Cada incidente presenta nuevos y desconocidos
elementos que conforman un nuevo universo que interpretar para el investigador.
No obstante, los ufólogos han ignorado durante décadas estos hechos irrefutables y
no han sabido vislumbrar el contundente mensaje que transmitía la exclusividad
de cada episodio ovni. Es inadmisible que no se hayan detenido a pensar por un
momento que este era un factor incompatible con sus planteamientos (HET). Con la
vista puesta sobre la casuística, era un auténtico disparate que existiesen tantas
variables en los encuentros cercanos con platillos volantes y sus ocupantes. Lo
lógico es que hubiésemos tomado esto como una señal inequívoca de que nos
enfrentábamos a un paradigma radicalmente distinto de cuanto habíamos
supuesto hasta la fecha. Y es que el fenómeno se reinicia en cada avistamiento,
ofreciéndonos nuevas variantes nunca vistas o registradas en la casuística ovni. El
gran error de muchos ufólogos ha sido pensar que se enfrentaban a un fenómeno
homogéneo y que para su resolución debían de juntar todas las piezas del puzle y
extraer una única y definitiva respuesta. Esto, sin duda, ha sido uno de los
primordiales factores que ha impedido el avance de las investigaciones en esta
materia. Aunque, como decimos, el paradigma ovni es de alcance global, por el
contrario, su desarrollo e interpretación es estrictamente de carácter individual y
hasta cierto punto subjetivo. Es como si hubiéramos intentado comprender o
descifrar el conjunto de mil sueños, de mil personas diferentes, pensado que todos
obedecían a una misma causa. O lo que es lo mismo, presuponiendo que todos estos
sueños procedían de una misma fuente común que se comunicaba con los mil
durmientes para enviar un mismo y único mensaje. En nuestra alocada carrera por
obtener patrones comunes o una explicación global a esta ingente cantidad de
sueños, extraeríamos tantos elementos diferentes y dispares que convertiría
nuestra tarea en una misión imposible. Transformaríamos de manera irreversible
experiencias puramente subjetivas (con algunos nexos de unión entre ellas) en
complejos sistemas de creencias. Además, para mayor confusión, como ocurre con
d estudio de los ovnis, esté análisis nos llevana a formular multitud de preguntas y
teorías que no tienen respuesta porque no nos enfrentamos a una gran y única
cuestión.
Por tanto, la cuestión es que, hasta el momento, no hemos realizado las
preguntas adecuadas. z ,?
Tal y como defendía Cari Jung, en su libro Approaching the unconscious (1978),
el mensaje de los sueños va dirigido de forma exclusiva al soñante, con elementos
privativos e imágenes inherentes a su universo mental individual, aunque
pudiendo, en ocasiones, compartir arquetipos universales de nuestra especie. Jung
decía: «Aprendan todo cuanto puedan acerca del simbolismo: luego, olviden todo
cuando estén analizando un sueño». Pues esto mismo deberíamos haber aplicado al
estudio de los ovnis.
Un ejemplo. En mayo de 1973, alrededor de las 16:00 horas, dos niños (niño y
niña) de siete años estaban en Lake Common, Sandown (Isla de Wight, Reino
Unido), caminando por un campo de golf, cuando oyeron un ruido similar al de una
sirena de ambulancia. Mientras seguían el sonido a lo largo de un seto que conducía
a un campo pantanoso adyacente al aeropuerto de Sandown, el ruido se detuvo. Al
cruzar una pasarela que había en un arroyo, vieron una mano con un guante azul, y
poco a poco, empezó a aparecer una extraña silueta. Se trataba de un estrafalario
humanoide de unos dos metros de altura, sin cuello, con un sombrero amarillo
puntiagudo y con dos antenas de madera unidas a una túnica verde. Su cara, de tez
blanca, tenía triángulos en vez de ojos, marcas circulares en sus mejillas, un
cuadrado marrón como nariz y labios amarillos inmóviles. Su pelo era de color rojo.
Tenía solo tres dedos en cada mano (con guantes) y tres dedos en sus pies blancos.
Lamas de madera sobresalían de sus mangas y pantalones blancos. El ser sostenía
un libro, que se le cayó accidentalmente al agua. Tras recuperarlo, el ser se dirigió
hacia una «cabaña metálica» sin ventanas. Al abandonar la zona, los niños
escucharon de nuevo el ruido y el humanoide volvió a aparecer en la lejanía, a unos
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cincuenta metros de distancia. Lo curioso es que el humanoide llevaba en la mano


un micrófono, unido por un cable a un aparato, por el que habló una vez se detuvo
el sonido. Con perfecta claridad, como si estuvieran al lado, los niños escucharon:
«¿Sigues aquí?». El ser recogió un cuaderno y escribió: «Hola, y soy todos los colores,
Sam». Las palabras fueron señaladas a la niña, ya que■'V'-
no estaban escritas en una
secuencia convencional. Cuando los niños se acercaron, descubrieron que el
humanoide podía ser escuchado sin la ayuda del micrófono. Su boca estaba inmóvil
y su discurso no estaba nada claro. Los niños perdieron todo temor y comenzaron a
hacerle preguntas. Le preguntaron por su ropa, que estaba rasgada, y el ser dijo que
era la única ropa que podía usar. Debido a sus extrañas características, y a su piel,
vi ' ‘nWltói
blanca como el papel, los niños le preguntaron si era realmente humano; sonrió
entre dientes y dijo: «no». Luego preguntaron si era un fantasma. Vagamente
respondió: «bien, en realidad no, pero estoy en una extraña situación». Cuando le
insistieron en definir qué era, el humanoide solo dijo: «ya sabes». En esos
momentos, el ser invitó a los niños a entrar en la misteriosa «cabaña». Tenía en su
interior dos niveles. En el nivel inferior había un fondo de pantalla verde azulado
cubierto con un patrón de esferas. Además, tenía un calentador eléctrico y algunos
muebles de madera muy básicos. El nivel superior era menos espacioso y contaba
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con un suelo metálico. El visitante les dijo que se alimentaba de unas bayas que
había recolectado a última hora de la tarde y que bebía agua del río una vez
limpiada. También les comentó que tenía un campamento o una base en tierra
firme. En esos instantes, el humanoide pareció hacer algún tipo de magia ante los
niños. Cogió una baya y, tras quitarse el sombrero, la depositó sobre una de sus
orejas redondas y blancas, luego empujó hacia adelante la cabeza, haciendo que la
baya desapareciera y reapareciera en uno de sus ojos triangulares. Después de
i
repetir el movimiento de la cabeza, la baya llegó a su boca. Tras media hora de
encuentro, se despidieron y los niños regresaron a su casa. Según dijeron a sus
familiares, habían visto un fantasma. Los investigadores comprobaron que nadie
de los alrededores, incluido dos obreros que estaban en la zona, notó nada extraño.
El caso fue publicado en el BUFORA Journal (Vol. 6, No: 5, 1978). Este «fantástico»
relato demuestra que la interacción del AE con la psique de un niño puede derivar
en experiencias difícilmente aceptables por los investigadores ortodoxos, ya que su
amplio universo imaginativo puede causar todo tipo de «distorsiones» en sus
encuentros, incluido que los tripulantes de los platillos volantes hagan magia. En
este incidente vemos que el humanoide es descrito como un ser estrafalario, como
una loca mezcla entre un extraterrestre, un payaso y un duende. Su apariencia era
del todo inusual, incluso para un «alienígena», ya que vestía un estrafalario
sombrero, tenía una cara como de muñeco, con un micrófono en la mano (como si
fuera un juguete) y, para mayor desconcierto, realizaba trucos de magia —aunque
para justificar este detalle, los ufólogos británicos, haciendo gala de una infinita
imaginación, se preguntaban si este misterioso visitante era realmente «un tipo de
robot biológico que utilizaba este proceso para verificar la calidad de la baya*- -. Y
por supuesto, nunca más supimos de este particular «fantasma* que apareció en un
campo de golf.

Estrafalario «extraterrestre» observado por los niños en la Isla de Wight, Reino Unido.

Incluso parece llevar en la mano una especie de «karaoke» espacial. Archivo Carav@ca
El referente personal

De toda la información inconsciente proporcionada por el testigo para la «creación»


de su experiencia, casi siempre existe un determinado detalle o elemento que
sobresale sobre el resto de forma llamativa, y que, obviamente, jamás volveremos
a hallar repetido o insertado en otro testimonio. En ocasiones se trata de un
particular objeto que poseen los humanoides, o una insólita escritura, o un símbolo
o dibujo observado en el interior del ovni o en el uniforme de los ocupantes; aunque
también podemos encontrar que un testigo describa un especifico y nada usual
casco, o un raro tren de aterrizaje...
Es este particular detalle el que, con bastante probabilidad, podemos rastrear
con mayor facilidad en la psique del observador. Un ejemplo. Si recordamos el caso
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del niño de Tordesillas, que narramos en el segundo capítulo, es muy evidente que
la descripción del ovni es muy detallada e insólita: una «lágrima metálica». De
hecho, no la hemos vuelto a encontrar repetida en ningún otro evento ufológico.
Es más, cuando le pregunté por la forma concreta del artefacto al testigo, Martín
incidía sobre todo en un aspecto concreto, en lo puntiaguda de su terminación
superior y su aspecto metálico. Curiosamente en el pueblo de Tordesillas se
realizaba desde hace décadas el polémico festival del «Toro de la Vega», un evento
taurino de origen medieval que se celebraba el martes de la segunda o tercera
semana de septiembre como parte de las fiestas de Nuestra Señora la Virgen de la
Peña. Esta celebración consiste en la caza o persecución de un toro por decenas de
picadores y lanceros. Pues bien, las lanzas utilizadas por los participantes en este
acto se parecen extraordinariamente al ovni avistado por Martín, por lo que es muy
probable que el AE utilizase este contenido del inconsciente del joven, que estaría
muy presente en su psique, para conformar la apariencia externa del ovni. Además,
para mayor hincapié de este aspecto, las fiestas se celebraron pocos días antes del
suceso. : •*'!Á
Otro ejemplo. La conocida abducáda Betty Hill aseguraba, allá por la década
*i. J| 1/iUMíi■'i■1 ■ ¡ iX't T'iiii'L 'ii1 u
de los sesenta del siglo pasado, que fue secuestrada por unos alienígenas que la
condujeron, junto a su marido, al interior de un platillo volador. Su interesante
in­
experiencia era muy abundante en todo tipo de detalles. Sin embargo, existía un
elemento que destacaba sobremanera en el conjunto. Según narró la propia Betty,
uno de los ocupantes del ovni le mostro un «mapa estelar» en el que se incluían
rutas comerciales y de exploración. Posteriormente, Betty fue capaz de dibujar
dicho mapa bajo hipnosis. Durante décadas, este asunto fue objeto de mil y un
debates e interpretaciones. Y claro está, nunca más volvimos a tener noticias de
I ! '

ese mapa en otro encuentro. Nadie más tuvo la oportunidad de contemplarlo. Pero,
gracias a la colaboración del investigador Rich Reynolds, pude comprobar que la
supuesta carta estelar era una clara distorsión mental de un mapa del desembarco
de Normandía que estaba expuesto en un lugar que frecuentaba Betty —por la
importancia del caso volveremos a retomarlo ampliamente en el capítulo 9—.
Ambas «cartografías» coincidían a la perfección. Por tanto, es más que obvio, que,
a poco que los investigadores se hubieran esforzado en buscar el rastro de estos
detalles en la vida o psique de los testigos, los hubieran encontrado sin problemas.
También habría que añadir que no solo se puede rastrear el aspecto visual de los
encuentros, sino que un específico comportamiento de los ocupantes de los ovnis
puede ser otro reflejo en la psique de los testigos, como hemos visto en el episodio
de New Berlín y los «mecánicos» extraterrestres.
Pero, si estamos enfrentados a algún tipo de proyección ¿cómo es qué los ovnis
dejan huellas, provocan daños en los testigos o se detectan en las pantallas de un
radar? ¿Cómo explicaría esto la TD?

Las lanzas que se utilizan en el polémico festejo del Toro de la Vega son casi

idénticas al objeto observado por Martín Rodríguez. Archivo Carav@ca.

La tangibilidad del fenómeno, la «realidad» física de los ovnis

Según la TD las proyecciones pueden ser «tangibles» de dos formas:


■ •'’-rWWr* •> '■'■■ • '*. •***•«* “■ - ;• - r-^‘-••.i.;”'"’’-'• .- ••■■i'-

1. De forma subjetiva, el testigo toca y evidencia la «realidad» de la nave y sus


tripulantes mediante sus sentidos (tacto, olfato y oído), pero solo se trata
de un engaño sensorial creado por su interacción con el AE, que le hace
percibir todos los estímulos presentes como físicos cuando realmente no lo
son —y por eso no hallamos ningún tipo de rastros físicos de este tipo de
experiencias. . •ii¡íIíh ¡vmH

2. El AE en ocasiones, ya sea por la «energía» implicada en la creación de


la proyección o por el potencial individual de cada testigo, puede otorgar
momentánea realidad tangible a las imágenes, que pueden interaccionar
con el observador y el medio y dejar diferentes secuelas, marcas o huellas
perdurables una vez acabado el fenómeno. —Ver último capítulo.

Si estamos ante algún tipo de proyección desconocida, esto explicaría por


qué las huellas y restos provocados por el fenómeno ovni presentan tantas
anomalías, ya que uno de los rasgos más curiosos de los aterrizajes ovnis es que,
independientemente de la dureza del terreno, las marcas de las pisadas o el tren
de aterrizaje se registran en algunos incidentes y en otros no, sin que parezca
que exista ningún tipo de explicación para esto. Por tanto, la presencia de rastros
y huellas tras el aterrizaje de un platillo volador debe de obedecer a causas más
complejas que la propia presencia del fenómeno sobre el terreno. De lo contrario, en
casos con superficies similares y naves del mismo tamaño deberíamos encontrar
siempre marcas. Pero esto no sucede. El paradigma ovni no se comporta como un
fenómeno físico usual. En cambio, si estuviéramos ante algún tipo de proyección,
podríamos entender un buen número de extrañezas asociadas a los encuentros
cercanos con ovnis ya que, además, estaríamos en presencia de un fenómeno que se
proyecta desde una realidad que se superpone, momentáneamente, a la nuestra:

1. Los ovnis puedan desplazarse o atravesar la vegetación o los cables de alta


tensión sin producir ruidos, impactos o roturas.
rW1 •••Ir
2. La aparición de restos, zonas quemadas o afectadas de distinta manera por
el aterrizaje de un platillo volador en determinados casos y en otros no,
pese a estar enjuego los mismos factores condicionantes.

3. Que el número de huellas halladas en el terreno sea insuficiente o



inexplicable para el fenómeno observado. Por ejemplo, que aparezcan solo
unas pocas pisadas de los ocupantes en la zona, o que no haya restos de
algunas de las acciones de artefacto.

4. La inmaterialidad presentada en múltiples casos por los humanoides,


capaces de atravesar paredes o cercados sin problemas.

5. El silencio generalizado de muchas experiencias.


W ll VÍlflll! ’
6. Que aparezcan o desparezcan a voluntad en un instante, sin aparente
desplazamiento. Además, en muchas ocasiones, los ovnis o sus ocupantes,
juntos o por separado, simplemente aparecen en un determinado lugar y
después se esfuman en el aire; ni vuelan, ni aterrizan, ni despegan.
Un ejemplo. Él 1 de julio de 1979, en Sangonera la Verde (Murcia), vados
adolescentes, tras ver el descenso de un ovni en mitad del campo, se toparon con
un humanoide gigante. En el lugar del encuentro los investigadores encontraron
hierba aplastada, dos huellas de pie y tres marcas muy profundas en el terreno,
ocasionadas supuestamente por las «patas» del artefacto. Estas tres huellas, según
el investigador Jesús Sánchez, estaban dispuestas formando un triángulo isósceles,
lo que demostraba que el objeto se había adaptado al desnivel del terreno para
mantener la horizontalidad del interior del artefacto. Por otra parte, una de las
huellas del pie del supuesto humanoide medía 38 centímetros de largo y 14
centímetros de ancho. Además, constataron que la marca era muy profunda, lo que
evidenciaba que aquel ser debía de ser muy pesado. Se encontró otra pisada parcial
(en oblicuo a la primera), pero, inexplicablemente, no se documentaron más huellas
ni marcas en un supuesto trayecto de más de más 400 metros de ida y vuelta —¡más
de 800 metros y solo una huella perfecta!—. Esto obviamente, es poco probable,
casi imposible, si estuviéramos ante un fenómeno solo de origen físico. Por tanto,
insistimos, los rastros y huellas encontrados tras un evento ovni, más que delatar
la presencia incuestionable del fenómeno observado, aportan solo un detalle físico
a toda la experiencia para que se distinga de lo puramente mental. Curiosamente,
los avistamientos de Bigfoot, de los que hay registrados varios miles de incidentes
(más de 5000 solo en Estados Unidos), también aportan diversas extrañezas en sus
rastros. Al igual que los ocupantes de los ovnis, estos enormes homínidos suelen
ser muy parcos en dejar huellas y, cuando las dejan, en un momento dado, y
cuando se las sigue, suelen desaparecer de repente del camino, como si ?a criatura
simplemente se hubiera esfumado o hubiese salido volando.

La materia efímera
’•Id

La TD defiende que las proyecciones creadas por el AE pueden contener «materia


efímera», lo que hace que los elementos proyectados, en ciertas ocasiones, tengan
corporeidad y puedan producir huellas, quemaduras o pisadas, entre otros posibles
rastros físicos. Y es que hay que resaltar que la proyección es indistinguible
de la realidad que la arropa. Además, esta imagen creada por el AE puede ser
observada por mas personas y se comporta como si realmente una nave espacial
hubiera tomado tierra. Incluso el testigo, a veces, puede tocar los elementos de
la escena proyectada. Tyrrell explicaba así en su libro como podrían funcionar
las proyecciones emitidas por nuestro cerebro: «Un universo "percibido” sería
indistinguible del espacio físico, en cuanto al hipotético observador de dicho
# A! '.^1/
espacio concierne. Y cualquier universo existente en ese espacio “percibido”
parecería tan real a un observador situado en él como nuestro propio universo
J'l.1 ’lilíll11 Jlftl
físico lo es para nosotros».
El análisis de la casuística es claro en este aspecto. A tenor de los datos
conseguidos, en muchos casos, los ovnis y sus ocupantes carecen totalmente de
materia y es por ello por lo que se registran muchísimos efectos desconcertantes
e «inexplicables»: el aterrizaje no deja huellas, la nave atraviesa objetos (árboles
o postes del tendido eléctrico) sin producir ruidos o movimientos, se registran
muy pocas marcas sobre el terreno, puede detectarse o no en los radares... Pero
en cambio, en otros eventos es capaz de dejar quemaduras, hoyos, manchas o
pisadas tras su paso. Esto afianza la idea en los testigos y estudiosos de que estos
incidentes son reales y ajenos a la mente de los testigos. Aunque, eso sí, los vestigios
dejados por nuestros escurridizos «visitantes» son de tal sutileza que hacen que
sus incursiones en nuestra realidad cotidiana sigan siendo enigmas insondables y
difíciles de creer para una mayoría de la población. Pero bajo el prisma de la TD
estas evidencias físicas adquieren un valor radicalmente diferente al expuesto por
los defensores de la HET. La Distorsión establece que estas proyecciones pueden
contener «materia efímera», lo que permitiría a los testigos interactuar físicamente
con la proyección. Incluso podría otorgar esta supuesta corporeidad al fenómeno
solo durante algunos momentos de la experiencia. Y es que no podemos pasar por
alto que estas proyecciones se produzcan en una conjunción de «realidades» que
pueden aglutinar propiedades físicas y psíquicas desconocidas —ver capítulo final.

El verdadero «origen» de las huellas

Pero lo más interesante, desde el punto de vista de la TD, es que las supuestas
huellas físicas dejadas sobre el terreno después de un aterrizaje ovni, no dejan
de ser distorsiones de conceptos perfectamente reconocibles por los testigos o los
propios investigadores, incluso antes de estos se hayan producido: pisadas, hierba
aplastada, quemaduras, restos metálicos, orificios en la tierra, manchas de «aceite»,
radiactividad. Todo más que previsible.
Dos ejemplos. „ ■ •' ’ j',ú.'?
•1 4' '
Poco después de las 21:00 horas del 4 de enero de 1954, una máquina
redonda y brillante, procedente del sur, aterrizó en el aeropuerto de Marignane,
en el departamento de Bouches-du-Rhóne (Francia). Había un solo testigo sobre el
terreno. La máquina desapareció mientras él telefoneaba a la torre de control. En un
examen cuidadoso de la pista, al día siguiente, se descubrieron unas cuantas piezas
de chatarra. El relato del testigo fue confirmado por el de un habitante de Marsella,
Arles, que mientras conducía hacia su ciudad, observó una bola grande y redonda,
de color rojizo y brillante en el cielo, sobre las 22:45 horas.
Ese mismo año, casi concluyendo, el 6 de diciembre, Juan Martínez Portóles se
dirigía en bicicleta a su trabajo, ubicado en Irún, desde su domicilio en Rentería. En
i ' ■’ 1 1 * **

el trayecto, sobre las 7:25 horas, en mitad de una mañana lluviosa, observó una
extraña maquina luminosa que descendía desde el cielo. Tenía un brillo
extraordinario que impedía ver su forma. Al tomar tierra, en el borde de la
carretera, disminuyó su luminosidad y ante el testigo apareció un artefacto en
forma de paralelepípedo, de unos cuatro metros de base, tres metros de altura y seis
metros de profundidad. Juan Martínez siguió de largo y regresó al lugar horas
.’iidli1 iiiiiiiij 'i¡i i Alió' ,f
después en compañía de su padre. En el terreno encontraron una misteriosa huella
rectangular de cuatro metros por seis, donde la hierba estaba aplastada. Alrededor
de esta gran marca había diez o doce huellas de pisadas de calzado perfectamente
marcadas en el fango. Las huellas podían corresponder a un pie del número 44. Los
testigos descubrieron también varias piezas metálicas grasicntas y un extraño
muelle de unos veinte centímetros de largo y cinco de ancho, que podía estirarse sin
dificultad hasta leas dos metros. ¿Manchas de aceite? ¿Muelles? ¿Restos metálicos?
¿Acaso las naves extraterrestres son una chapuza volante? ¿Es esto lógico? Pero aún
podemos hacemos preguntas más incomodas... ¿Por qué no se han encontrado
evidencias de otro tipo, difíciles de encasillar en nuestros parámetros mentales o
científicos? Por ejemplo, ¿por qué ningún platillo volador, en su fase de despegue,
ha transformado los alrededores a una tonalidad azulada, árboles, tierra y hierbas
incluidas? Si nos enfrentamos a una tecnología alienígena casi inimaginable por
nuestra ciencia, al interactuar en nuestra atmosfera, quizás estas «naves» podrían
provocar todo tipo de efectos, desde «trasmutar» piedras en diamantes, hasta
provocar una lluvia en un lugar desértico... Pero nada de esto se ha dado,
sencillamente por una razón. Porque nadie lo ha «imaginado» como una «cosa
•'(’PflJ1 . l-’l1I 1'

lógica» y «probable» que deba de producirse tras el aterrizaje de un platillo volador.


Y como esta información no existe tácitamente en el conocimiento inconsciente
que el AE extrae de la psique del testigo, en el momento que se produce la
«comunicación», no puede representarla en su efímera proyección. No debemos
olvidar que la imagen que se transmite intenta simular una supuesta visitación
extraterrestre, pero siempre, tal y como nosotros la suponemos, bajo conceptos
netamente humanos, aunque estos sean imaginarios.
Pero, por el contrario, los testigos y los investigadores sí ven «lógico» —
y toma el cariz de gran absurdo y «teatro»— que los ovnis dejen tras su paso
una vulgar mancha de aceite o se le caigan un par de tornillos. Por tanto, tal
y como postula la TD, nada de lo presentado ante los ojos de los eventuales
testigos es totalmente desconocido por este. Al igual que un hombre del medievo
jamás hubiera concebido que un medio de transporte provocase humo, llamas o
explosiones. Por lo que, desde nuestra óptica actual es «sensato» y «concebible» que
una nave espacial alienígena, aunque sea capaz de cruzar las enormes distancias
estelares en fracciones de segundos o pueda provenir de un universo paralelo
desconocido, debe de tener un «tubo de escape» casi por mandato divino... quemar
la vegetación, soltar un chorro de aceite y provocar radiactividad. Y así, de esta
simple y contundente manera, el AE provee a los observadores y a los eventuales
investigadores de todo el «material» que ellos mismos esperan encontrar tras el
aterrizaje de una nave extraterrestre. Incluso algunos de estos «restos» podrían
permanecer después del encuentro para desaparecer de forma misteriosa a los
días, semanas, meses o anos, o, por el contrano, como sucede en pocas ocasiones,
permanecer para siempre, como sucede, por ejemplo, con las «tortas» que le
regalaron al bueno de Simonton unos extraterrestres. iWrl

La elusividad fotográfica W

Otra gran interrogante del fenómeno ovni es su eficaz e impecable capacidad para
eludir ser inmortalizado por una cámara fotográfica (o cualquier otro medio de
reproducción), teniendo en cuenta que se han registrado miles de avistamientos
y encuentros cercanos en todo el mundo. Además, esta cualidad parece que es
compartida por fantasmas, gigantes peludos y apariciones mañanas. Si estamos
en lo cierto, el germen mismo de estas experiencias, la mente del testigo en
conjunción con un AE tendría la explicación al enigma, ya que el control
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desarrollado por este desconocido «invasor mental» sobre nuestra psique, baña
que mantuviera el control en todo momento de nuestra capacidad de reacción o
discernimiento. Tampoco se puede descartar que el «estado alterado de conciencia»
* ’ fl1 '[Link] 1¡¿j «i, I
al que son inducidos algunos testigos puede hacer que nuestro poder de tomar
decisiones estuviera menguado o anulado de forma parcial. O que simplemente
esta «realidad» manifestada no puede ser captada por los medios técnicos de los
que disponemos.

Efectos fisiológicos sobre los testigos


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¿Y qué ocurre con las lesiones producidas sobre los testigos? En mi libro OVNIS: Las
50 mejores evidencias, expuse lo siguiente:
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Durante años los investigadores han recopilado una serie, bien definida,
de síntomas y lesiones producidas tras un encuentro cercano con un ovni.
Cuando una persona interacciona en los alrededores de uno de estos obje-
tos o sus tripulantes suele sufrir algunas de estas secuelas físicas: parálisis
total o parcial del cuerpo (normalmente sin perder la consciencia y de forma
momentánea, tras recibir el impacto de un rayo de luz), mareos, sensación
de hormigueo, desmayos, descargas eléctricas, calor extremo, percepción de
olores y de sonidos/voces inusuales. Inmediatamente después del encuentro
pueden aparecer algunos de estos síntomas, que al igual que los anteriores
suelen tener un carácter temporal (aunque no siempre): náuseas, vómitos,
dolor de cabeza, sensación de calor que en ocasiones puede ser extrema, ce­
guera temporal, conjuntivitis, irritación de los ojos, quemaduras, eccemas,
alteraciones del sueño (somnolencia, insomnio, etc.), ansiedad, o pérdida dé
apetito.
”’4 1

¿Todos estos efectos podrían ser provocados por la interacción con un AE


desconocido? No debemos olvidar, en este punto, que nuestra ciencia médica ha
descubierto que las enfermedades psicosomáticas (inducidas por la mente) son
más numerosas de las que se creía hace décadas: «Dificultad para dormir, rigidez
por la mañana, ansiedad, dolores de cabeza, mareos, ceguera, visión doble, afonía,
vértigos, desmayos, náuseas, sensación de hormigueo o adormecimiento en las
manos y los pies, parálisis musculares, taquicardias, falta de memoria o dificultad
para concentrarse, enfermedades de la piel (psoriasis, vitÍligo), cansancio, etc.»
Ademas, en pacientes diagnosticados con el síndrome del «trastorno de la
personalidad múltiple», que origina la existencia de múltiples personalidades
en un mismo individuo, se ha demostrado, no solo la abismal diferencia en
el comportamiento de la persona cuando se encuentra bajo el «dominio» de
determinada personalidad (en gestos, formas de expresarse, cultura, tipo de voz.),
sino que a nivel físico también experimenta evidentes discrepancias (como si
realmente fueran personas diferentes). Los especialistas han comprobado que estos
pacientes pueden presentar características cuantificables muy diferentes cuando
se hallan bajo la «influencia» de estos «alter egos», desde diferencias en las ondas
cerebrales o en la sensibilidad ante las drogas, las bebidas y los medicamentos,
hasta ignorar enfermedades como el asma y determinadas alergias, la agudeza
visual (prescindir de las gafas), la tolerancia al dolor e, inclusive, según qué
personalidad tome el mando del consciente de la persona, ser diestro o zurdo.
Por tanto, la interacción con este operador ignoto que manipula nuestra mente
podría ser el origen de infinidad de secuelas para nuestro organismo. Si el testigo
cree, de forma inconsciente, imbuido por sus creencias o miedos, que aquel objeto
puede dañarle, quemarle o cegarle, por ejemplo, es probable que el observador se
vea afectado por estas acciones —también puede ocurrir lo contrario y sanarse de
alguna enfermedad o dolencia—. Pero esto ocurre solo si la energía implicada en
la proyección, fruto exclusivo de la conjunción del AE y el propio testigo, es lo
di­
suficiente poderosa para ello. Y es que, a tenor del análisis profundo de la casuística
ovni, podemos deducir que, aunque encontremos circunstancias similares entre
los incidentes, los resultados son siempre diferentes. Y, lógicamente, el elemento
fc . . .
que siempre cambia, en todos los casos, es el testigo, cuyo potencial (unido quizas
'■J :

a otros factores) puede derivar, no solo en experiencias únicas y exclusivas, sino


en que estas sean más «energéticas» que otras. Y todo, de modo bastante probable,
I

por la intensidad de las capacidades psíquicas de cada observador. Además, este


desconocido vínculo con el AE puede activar enfermedades latentes o acelerar
determinadas patologías, sin que en realidad estas sean creadas u originadas por
el propio fenómeno, sino que simplemente son activadas (epifenómeno). Recordad,
por ejemplo, que el testigo ovni de Tordesillas, a raíz de su experiencia, tuvo serios
problemas de salud y que los médicos no acertaban a diagnosticar su origen ni sus
causas. Dolores de cabeza, perdida de la visión del ojo derecho, vómitos y mareos
se volvieron cotidianos en la vida de un niño, hasta entonces, perfectamente sano.
Y las visitas se sucedían al hospital. Tal y como narraba Iker Jiménez en su citado
libro:
Las primeras óbservacionesmédicas realizadas por los médicos de Torde-
sillas no logran averiguar el motivo de su estado, por lo que se le ingresa
en el hospital Onésimo Redondo de Valladolid. En un primer momento, los
doctores Blanco, Llórente y Medrano consideran que la recuperación puede
efectuarse en el domicilio, pero el agravamiento progresivo de las dolen­
cias, la perdida de visión y los vómitos constantes, hacen que finalmente el
«Niño de Tordesillas» pase a quirófano y se le efectué la primera operación.
En los informes médicos a los que he tenido acceso no se deja lugar a la
duda. La gravedad es extrema y las intervenciones quirúrgicas se suceden
una detrás de otra. El doctor Martínez Portillo, jefe clínico de neurocirugía,
deja plasmado en el historial médico que Martín ingresa en estado de coma.
Es el inicio de un calvario que nadie esperaba en un muchacho que hasta el
momento había disfrutado de una salud a prueba de bomba. Con tan solo
siete años, Martín Rodríguez sufrirá en su cuerpo varias operaciones a vida
o muerte. Gracias al buen hacer de los doctores Martínez Portillo y Jesús
Estévez, se salva la vida del muchacho, pero las «recaídas» constantes hacen
que se convierta en triste rutina el observar al chico ingresando de nuevo en
estado de coma por los pasillos del hospital. Precisamente el doctor Estévez,
totalmente destrozado, declaró a los padres de Martín en una de las operacio­
nes su casi seguridad de que sería imposible sacarlo con vida del quirófano.
[...] En este rosario de dramáticas operaciones, el cuerpo de Martín comenzó a
verse surcado por decenas de costuras y cicatrices. El cráneo, abierto en trece
ocasiones por el modo de trepanación, y un sistema valvular, colocado tras
advertirse «estenosis a nivel del acueducto en su tercio superior», convierten
su cuerpo en un lugar marcado por los bisturíes. Posteriormente se le harán
pruebas diversas, como la implantación de una válvula artificial «Shunt» —
intervención obligada por el extraño desarrollo prematuro que habían su­
frido algunas partes del cuerpo— o la inclusión de aire a través de vía lum­
bar. A pesar de todo, las cefaleas, la pérdida de visión y los vómitos volvían
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.. ’ '.. . , . '.■ ',


a sorprender al chico en cualquier lugar transcurrido un periodo de tiempo,
haciéndose inevitables nuevas intervenciones para revisar todo el sistema
valvular.

Por fortuna, en la actualidad Martín Rodríguez tiene una vida completamente


normal. Quien no tuvo la misma suerte fue un vecino de una localidad cercana que
aparentemente falleció tras su encuentro con un ovni.
1 J'■ U?'

El 17 de julio de 1975, Emiliano Velasco, de 49 años, trabajaba con su tractor


en una pequeña parcela de Pedrosa del Rey (Valladolid), cuando fue sorprendido
por un estrafalario artefacto que comenzó a dar vueltas a su alrededor. En un
momento dado, del objeto surgió un fogonazo que, según el testigo, fue una especie
de «disparo» que impactó en el cristal delantero de su vehículo. Tras huir de la zona,
comenzaron los drásticos cambios en su salud. El grupo de investigación Charles
‘dlwBlíi -i. 'TWbW’’
Fort entrevistó al testigo anotando que: «Tras la observación, relatan los familiares
que notaron en él un cambio de carácter que les llamó la atención: estaba inquieto,
preocupado, tenía menos interés en el trabajo e incluso miedo de volver a la zona
de los hechos. Aquejado por diversas molestias —cuya objetivación e informe nos
fue proporcionado por el facultativo correspondiente—, centradas en una pérdida
de visión y de oído, determinó la solicitud y posterior concesión de baja por
enfermedad». El investigador Ángel del Pozo de Pablos, autor del libro La cripta
sellada (2007) añadió que:
«En los reconocimientos médicos que se le realizaron posteriormente se le
apreció sordera, visión doble, disminución de la amplitud del campo visual
y hemiplejía izquierda (parálisis casi total de una parte del cuerpo). Estas
lesiones se fueron agravando con el paso del tiempo hasta que al final llegó

1
su trágico desenlace: Emiliano falleció el día 8 de junio de 1978. EL diagnos­
tico era claro: ,fUn tumor cerebral progresivo complicado con úna artrosis
cervical». El testigo falleció casi 34 meses después de su inquietante encuen­
tro. Su esposa y familia estaba convencida que la muerte de Emiliano estaba
relacionada con aquel furtivo y extraño encuentro. El investigador Federico
Acosta Noriega, en su libro Ovnis sobre Zamora (2003), narraba su entrevista
con Leonor, la esposa del tractorista, y la impresión general de la familia
sobre este trágico desenlace: «Desde aquel día nunca estuvo bueno —nos dijo
su mujer—. Primero fue la vista, luego el oído, luego una artrosis en la cerviz,
luego la parálisis y luego el tumor en el cerebro. [...] La madre, con sus lagri-
mas, nos dice: lo mató aquel aparato’1. Todos lo confirman. Su padre y su tía
asienten. No cabe duda de que en su fuero interno están convencidos de que
el encuentro con el ovni influyó notablemente en él.»

Probablemente, ambos testigos vieron «activadas» sus enfermedades a raíz de


sus experiencias. Y es que aún desconocemos por completo los diferentes efectos
*Y’rW,
(positivos/negativos) que pueden desarrollarse tras entrar en contacto con el AE.
De la misma forma, hay personas que se han curado «milagrosamente» de una
dolencia o enfermedad después de un encuentro cercano con ovni.
La madrugada del 19 de marzo de 1997, sobre las 2:50 horas, dos policías
locales, Manuel Delgado y Manuel Caballero, patrullaban por el municipio de La
Escala (Girona) cuando tuvieron un singular encuentro con un ovni. Iker Jiménez
lo narra en su libro Encuentros (2002). Cuando el coche patrulla llegó a un
cruce de caminos, observaron un extraño artefacto que se situó justo enfrente de
los agentes, iluminándolo todo con un fulgor amarillo-anaranjado. Los testigos
aseguraron que no se oía el viento azotando las ramas de los árboles y que había
un silencio total. Entonces, el oficial Manuel Caballero quiso dar marcha atrás con
su vehículo, pero la palanca de cambios estaba bloqueada. En ese momento, sú
compañero. Delgado, salió del coche con la intención de fotografiar el ovni, petó de
pronto sucedió algo inquietante. En el interior de la esfera había algo. Se trataba
de un humanoide de largos brazos delgados que parecía una sombra estática.
Según Caballero, el humanoide «estaba estático, con los brazos separados, como en
postura desafiante, como si fuese a sacar un arma». Del ovni surgió un destello rojo
que aturdió a Delgado y le hizo caer al suelo. El ovni se alejó rápidamente de la zona.
Las consecuencias de su encuentro fueron diferentes para ambos policías. Delgado,
tal y como explicó Iker en un artículo para la revista Enigmas (año III, n- 7) titulado
«Gerona: Dos policías frente a un ser de cuatro metros» (1997), tuvo molestias
en el ojo derecho y pérdida de visión. Al parecer Delgado, tenía antecedentes de
hipertensión y probablemente este avistamiento pudo desencadenar una patología
B' 4. w
ocular. Por otra parte, Iker Jiménez aseguraba que Caballero, que padecía «diversas
afecciones coronarias graves», experimentó una gran mejoría y una vitalidad
inusual, que le hizo recuperarse también de algunas lesiones que arrastraba desde
hacía tiempo. Hay que anotar para concluir, que Delgado estuvo más expuesto
al fenómeno al bajar del vehículo. Respecto a las curaciones en otros contextos
anómalos, como, por ejemplo, las apariciones marianas, estás pueden ser debidas a
una fuerte sugestión, o a una conexión con el «campo mental» creado por el AE...

Los efectos electromagnéticos


I

¿Y cómo explicaría la TD las alteraciones electromagnéticas y fallos registrados


sobre vehículoSj. aparatos de televisión, radios o reloj es? í

Los primeros efectos «electromagnéticos» de cierta importancia se


comenzaron a registrar en la famosa oleada ovni de 1954 en Francia. El periódico
Le Lorrain (09 de octubre de 1954) fue explícito en su portada al anunciar que «Los
platillos volantes ... ahora paran coches». Y es que uno de los primeros casos en los
.y- • ■»' ¿T'

que la proximidad de un ovni interfiere en el motor de un vehículo fue narrado por


Aimé Michel en su clásica obra Mystérieux objects célestes (Los misteriosos platillos
volantes, 1958). Ocurrió el 7 de octubre de 1954 sobre las 6:20 horas. Asi lo relataba
el investigador galo: «El señor Alexandre Tremblay viajaba en su camión sobre
un pequeño camino al este de la nacional 138 Le Man-Alecon. [...] Cerca de Saint-
jean-d' Assé subió por una cuesta y su motor funcionaba con toda su potencia,
rápidamente, cuando de improviso se atascó y los faros se apagaron. Sorprendido,
el Sr. Temblay frenó, desembragó y accionó el acelerador. En vano: el motor no
funcionaba». Al bajar de su vehículo observó una potente luz azulada que volaba
en su dirección. Tras subir de nuevo al camión, este funcionó a la perfección. Es
más, en el mes de octubre de 1954 se registraron varios casos similares en los
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que la presencia de un ovni interfirió en el motor de los vehículos de los testigos.
Posteriormente, centenares de avistamientos en todo el mundo incidían en este
aspecto, los platillos volantes interferían de alguna manera en los motores y
aparatos eléctricos.
Pero lo más delatador para nuestro estudio, es que estos efectos no se registran
en el grueso de la casuística ovni, pese a que tengamos los mismos elementos
sobre el terreno (como ocurre con las huellas): distancia del objeto con respetó
* -*» '' 0
al testigo, ser irradiados por una luz, etc. Por lo que esto parece indicar de forma
clara que estas «secuelas» deben tener un origen diferente a la mera manifestación
o presencia sirte qua non del fenómeno ante el testigo, ya que, de lo contrario, se
registrarían en todas y cada una de las apariciones de los No identificados. Además,
en algunos casos, aunque un coche, una radio, o una televisión, por ejemplo, se
vean afectados por la presencia de un ovni, otros aparatos eléctricos del entorno, o
del propio vehículo, no se ven afectados, como si la «fuerza» intromisora fuera solo
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focalizada en determinados puntos, o no actuara de forma global. Hay incidentes
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en los que el motor y las luces de un coche se han detenido misteriosamente ante
la cercanía de un platillo volador, pero, sin embargo, las luces de las farolas no se
han visto afectadas... Y si recuerdan el avistamiento de Fred M. Johnson (1949), su
brújula sufrió alteraciones con los objetos a unos trescientos metros de distancia.
Además, en el anterior caso francés, Aimé Michel ya se percataba de ciertos
componentes extraños, cuando describe que el testigo: «descendió del vehículo
para verificar la falla, llevando su linterna en la mano. Detalle curioso, la linterna
eléctrica funcionaba, en tanto que los faros estaban apagados».
Bajo nuestra perspectiva, estas «alteraciones», adjudicadas hasta la fecha a
los efectos de la «fuente propulsora» de los ovnis o a los efectos derivados de
la irrupción de estas inteligencias desde «otras dimensiones», pueden tener dos
orígenes:
1. Pueden ser consecuencia de la «energía» emanada, en determinadas
ocasiones, por la «proyección», influenciada por el «potencial psíquico»
de los testigos. Hay que tener en cuenta que, como estos efectos no se
registran en todos los casos, es muy posible que la participación de los
testigos determine la presencia de este factor (como que un ovni detenga
el motor de su coche, por ejemplo). Ya que el «potencial» de algunos
observadores no solo afectaría a la riqueza visual e intelectual de la
escenografía puesta en funcionamiento por el AE, sino que podría provocar
un mayor Hay que tener en número de fenomenología física (apagones,
interferencias en radios y televisiones, etc.). También hay que señalar
que algunos testigos, de manera inconsciente, pueden pensar que estos
artefactos y sus ocupantes pueden provocar estos efectos. Incluso ser fruto
de un «campo mental» específico.

2. El AE puede interaccionar «físicamente» con nuestro medio a voluntad, lo


que podría provocar, además de la aparición de huellas o restos, diferentes
efectos tangibles sobre el testigo y/o los alrededores.

Tampoco se puede descartar, y esto es interesante de anotar, que muchos


de estos «efectos», en determinados casos, se provoquen solo a nivel mental y
no tuviesen una realidad empírica. Y es que parece claro que el contacto con
el AE provoca un «estado alterado de conciencia» en los testigos, lo que daría
explicación a muchísimas de las inexplicables circunstancias que rodean a veces las
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1 • i rüí • '* '

experiencias ovnis. Los observadores serian incapaces de distinguir la realidad que


lo rodea, de esa proyección insertada en su mente y pensaría que su coche se ha
detenido dé forma inexplicable, o que las farolas, por ejemplo, se han apagado. Pero
sigamos profundizando en el carácter psíquico de los encuentros ufológicos.. .

El testigo como elemento diferencial

Si analizamos las variantes que presentan los casos ovnis en todos sus aspectos
(efectos físicos, mensajes, apariencia, tipología, etc.), comprobaremos que el único
elemento que en esta ecuación varía siempre es el testigo. Siempre cambia. Siempre
es distinto de un suceso a otro. Sin embargo, el factor anómalo detonador es el
mismo en todos los episodios, o sea, el referido AE. Por lo que es muy posible que
la participación de determinados testigos decrete, en ocasiones, y entre otras cosas,
la presencia de elementos físicos como las «interferencias electromagnéticas»,
«las huellas», «las quemaduras», etc. O el desarrollo del propio encuentro, el
«comportamiento de los ocupantes», el «tipo de mensajes que va a recibir», etc. Esta
es una de las claves fundamentales de nuestro estudio; el testigo es la gota de color
que cambia la tonalidad del agua. De lo contrario, la uniformidad de los episodios
ovnis sería mayor y existiría una trama global fácil de rastrear. Por tanto, este
enfoque demostraría que detrás de muchos efectos registrados en los encuentros
cercanos estaría la interacción del propio testigo con el paradigma y no la influencia
o voluntad directa del propio fenómeno. De este modo, la confusión generalizada
que rodea a las manifestaciones ovnis, sobre todo en el intento de entender
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su significación. y propósito, viene otorgada por esta particular singularidad: el
paradigma se «expresa» a través de múltiples canales o vehículos, los observadores,
y cada uno confiere un nuevo matiz al enigma, otorgándole un carácter privativo ¡
que, evidentemente, no puede encontrar paralelismo en Otro episodio ufblógico.

* v. . ”1- •
La memoria alterada

A veces los recuerdos de estas experiencias son ambiguos, confusos e incluso, en


ocasiones, son «borrados» por completo de la memoria de los testigos. Aunque
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se han planteado varias hipótesis para explicar este hecho, en realidad no están
nada claros los motivos que llevan a esta selectiva «perturbación» que se produce
1 r' ‘
en la memoria. Aunque en algunos casos, este «lapsus» en los recuerdos podría
explicarse como fruto de la tensión y ansiedad (estrés postraumático, TEPT)
provocada por la aparición, en otros sucesos parece obedecer a un acto deliberado
por parte del propio fenómeno. Desde la TD se plantea que pueden existir
dos formas completamente diferentes de asimilar la «información» que se está
recibiendo durante los encuentros cercanos con ovnis:

1. Consciente: los encuentros producen una «memoria» esencialmente visual


sobre lo ocurrido. En la cual están contenidos todos los detalles estéticos y
narrativos de la experiencia.

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2. Inconsciente. Pero quizás la «información» más importante de este


fenómeno se transmita directamente al inconsciente, en paralelo a la
percepción del suceso.

Por tanto, esto indicaría que la significación de las experiencias anómalas


podría tener una doble intencionalidad, la que «percibimos» y la que se «incrusta»
a nivel inconsciente. De hecho, la hipnosis, que se suele aplicar para este tipo
de incidentes, no solo recuperaría fragmentos olvidados del encuentro, sino que,
a su vez, podría recuperar o potenciar otros aspectos mas trascendentales o
paranormales que han quedado «grabados» en la conciencia de los testigos. Por
tanto, las regresiones no serían solo un medio para «recuperar» detalles de la
memoria (tal y como lo entendemos), sino que además podría ayudar a entender
(potenciar) más profundamente el fenómeno ovni. Ya que los testigos, bajo este
«trance», están más abiertos a percibir o incluso a entrar en contacto, de nuevo,
con esa realidad manifestada durante el encuentro, y a percibir a nivel «emocional»,
«psíquico» o «espiritual» otra información diferente a la que nos trasmiten los
sentidos ordinarios.
Un ejemplo. Juan Oscar Pérez, protagonizó una increíble experiencia ovni en su
niñez (con doce años), tras entrar al interior de un platillo volador e interactuar con
sus tripulantes, descritos como unos seres muy altos, vestidos con ropas brillantes,
de largos guantes y cubiertos por unas máscaras de las que surgía un largo tubo
de varios metros de longitud. Este episodio ocurrió el 6 de septiembre de 1978,
en Venado Tuerto, al sudeste de la provincia de Santa Fe (Argentina). Pues bien,
muchas décadas de-pués, durante la realización del documental Testigo de olio
mundo, dirigido por Alan Stivelman (2018), el investigador y psiquiatra Néstor
Berlanda le sometió a una regresión hipnótica con la intención de rememorar con
detalle aquel incidente, y de forma sorpresiva, el testigo aportó nueva información
desconocida para los participantes. Juan Oscar Pérez, en un momento de la sesión,
mientras describía su encuentro con los alienígenas, con que cuando le cogieron
por el brazo sufrió una especie de epifanía mística. De pronto, se vio «volando» a
través de las estrellas, en una especie de «viaje astral» por el espacio. Su visión le
llevó hasta un lugar donde se reencontró con su abuelo fallecido y se fundieron
, . .. . ..... -
en un abrazo. Aquello fue una impactante experiencia espiritual que transformo
por completo el sentido de aquel encuentro. Y es que esta «información» le sirvió
al testigo para reencontrarse con sus orígenes guaraníes y comprender desde otra
óptica, la chamánica, aquel desconcertante episodio de su infancia. Y después
de casi cuatro décadas, Juan Oscar Pérez halló la paz interior que tanto ansiaba
después de años de incomprensión y miedos. Y es que muchos testigos, bajo
hipnosis han logrado volver a contactar con este fenómeno en unos niveles más
próximos al misticismo chamánico, religioso o espiritual que al puramente descrito
en la casuística ovni. El psicólogo e investigador Leo Sprinkle propuso en su día
una teoría llamada «Cosmic Consciousness Conditioning», después de constatar
que numerosos testigos que habían tenido un encuentro muy próximo con ovnis
experimentaban una «apertura» de conciencia que les hacía preocuparse por
cuestiones metafísicas que antes les eran indiferentes o desconocidas.
Humanoide y robot observado por el joven Juan Oscar Pérez. El ser tenía un enorme guante que

le cubría casi todo el brazo, similar quizás al que utilizan en algunas tareas del campo o ganade­

ría. Archivo Carav@ca

El efecto «campana»
Muchos testigos describen que, mientras contemplaban el descenso o aterrizaje
de un ovni, una inexplicable «campana de silencio» parecía envolver todos* los
alrededores y que eran incapaces de escuchar el más mínimo sonido (ruidos de
la vegetación, animales, viento, etc.). Además, si el encuentro se producía en las
cercanías de una carretera, ningún otro vehículo o persona circulaba por la zona,
hasta que el ovni desaparecía de la vista de los observadores. Era como si el mundo
•I-Id . ,' • •,( •
externo hubiese «desaparecido» —al igual que mientras dormimos o estamos en
un estado alterado de conciencia—. El 26 de agosto de 1966, el ginecólogo Juan
José Rivera circulaba con su motocicleta por el Faro de Punta Carnero, en las
afueras de Algeciras (Cádiz), cuando le sorprendió un rotundo silencio que afectó
a toda la zona. No se escuchaba nada. Momentos después, un extraño humanoide
saltarín le salió al paso. No muy lejos de allí, Juan González Santos, el 12 de
marzo de 1981, observó un ovni mientras que ningún otro vehículo circulaba
por la N-340, una de las más transitadas de la zona —volveremos más adelante
con este incidente—. Esto evidenciaría que este tipo de manifestaciones, lejos de
ser encasillables en una realidad ortodoxa, estarían sujetas a parámetros espacio/
temporales/psicológicos aún desconocidos por nuestra ciencia. Pero ¿cómo es esto
posible? ¿Se encuentra el testigo en un estado alterado de conciencia? ¿Ingresa en
una dimensión desconocida? ¿Cómo se produce exactamente la observación de este
tipo de fenómenos?
El autor del presente libro junto al investigador Pablo Vi Marrubia y Juan González

Santos en el lugar del avistamiento. Archivo Carav@ca.

Las anomalías de la percepción


Otro de los aspectos más confusos y desconcertantes de los encuentros coreanos
con ovnis lo representa la percepción «sobrenatural» registrada en algunos
incidentes. Además, la percepción de estos fenómenos también parece regirse bajo
extraños condicionantes alejados de nuestra normal cotidianidad. Los estudiosos
han anotado que en multitud de encuentros ovni, la distancia y el entorno no
parecen ofrecer ningún impedimento para que el testigo sea capaz de distinguir,
de manera asombrosa, un buen número de detalles de su experiencia. Ni los
obstáculos, ni la oscuridad, ni la lejanía con el fenómeno, por ejemplo, dificultan o
entorpecen la percepción del testigo. Además, para añadir mayor extrañeza, si cabe,
' . • ¿i' 1’’ i i

parece que el episodio se graba a fuego en la mente del observador, permitiendo que
recuerde ínfimos detalles con una exactitud pasmosa.
Cómo postula la TD, la participación de la mente del testigo es esencial e
ineludible en la «fabricación» de las experiencias de encuentros cercanos con ovnis.
Esta implicación se determina, principalmente, en dos factores que afectan de
forma directa al paradigma percibido:
1. - Biblioteca psíquica. Como «fuente de documentación», de la cual un AE
desconocido extrae la «información» que va a utilizar para la escenificación de un
«ficticio» contacto con «seres extraterrestres».
2. - Punto de conexión. La interacción psíquica con el AE implica que el
verdadero «Big Bang» de los encuentros cercanos con ovnis es la mente del
testigo, y, por tanto, aunque exista un «estímulo» externo «real» (la proyección
tridimensional), el «estímulo» neuronal para registrar esta escena no se produce
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a través de lo? rjervios del ojo, ¡sino que, más probablemente, la propia mente del ‘'.
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Por tanto, esto último explicaría por qué algunos testigos son capaces de >
recordar muchos detalles de su experiencia (aunque esta fuese muy breve en el
tiempo), ya que la «imprimación» de la memoria se produce directamente sobre el
cerebro del observador (a nivel neurológico). Este efecto puede ser el resultado de la
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sintonización (comunicación o transferencia de datos) entre ambos participantes
en la construcción de la experiencia anómala (la psique humana y el AE).
Veamos un ejemplo: El 30 de diciembre de 1972, en Tres Arroyos, a 500
kilómetros de Buenos Aires (Argentina), sobre las 22:30 horas, el Sr. Ventura
Maceiras, de 73 años, estaba tranquilamente tomando una bebida en el exterior de
su vivienda, junto al fuego y sus animales de compañía, un perro y una gata con sus
crías pequeñas. De pronto, su radio comenzó a tener interferencias, hasta que dejó
de funcionar. Entonces escuchó un fuerte ruido, como un enjambre de abejas, que
cada vez elevaba su potencia. El testigo observó una potente luz que emanaba de un
objeto de unos veinte o veinticinco metros de diámetro con forma de disco de color
rojo/anaranjado. El artefacto flotaba, a unos diez o veinte metros del suelo, junto
a unos eucaliptos. En la parte superior del disco había una cúpula muy luminosa
con ventanillas. El objeto emitía chispas de su parte inferior. En poco tiempo, el
ovni se inclinó en dirección al testigo. En una de las ventanillas, Ventura Maceiras
observó un humanoide con una escafandra que parecía la de un buzo. Llevaba un
traje inflado de color gris oscuro —tenía cierta similitud con el famoso muñeco de
Michelin—. De la parte superior de la escafandra surgía un tubo que se unía a una
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especie de «paracaídas» que tenia en la espalda. Detrás de este humanoide había


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otro ser que miraba por encima del hombrode su compañero. Ambos tenían los ojos j

rasgadas. La boca era una simple línea, y no recuerda nada de la nariz o las orejas.
En el fondo de la habitación, Maceiras distinguió perfectamente un emblema
representado en el interior de una bandera que había en la pared. En dicho emblema
había dibujado un «caballito de mar» con una «corona» en la cabeza, y a la derecha
tenía varios signos que no reconoció. La mitad superior del emblema era de color
celeste, y la parte inferior de color oro. El testigo
'
también dijo a los investigadores
i’ FJf ''¡i .

que dentro de la habitación había una cantidad impresionante de instrumentos


y «relojes». Entonces el platillo volador emitió un haz de luz muy potente que
cegó a Maceiras. Su gata, que también estaba dentro de la luz, desapareció
inmediatamente. El artefacto cambió de color, de rojo/anaranjado hasta un azul/
verdoso y comenzó a desplazarse hasta que se perdió en la lejanía. La experiencia
duró aproximadamente veinte segundos. La gata apareció el 16 de febrero de 1973,
un mes y medio después, con «quemaduras» en su pelo y muy asustada. Al parecer,
poco tiempo después, el perro y la gata murieron.
Durante la experiencia, el testigo notó una extraña sensación de hormigueo
en las piernas. Después del encuentro, el investigador Pedro Romaniuk entrevistó
a Maceiras, y este le contó los síntomas físicos que sufrió a posteriori: dolores de
cabeza, diarreas, náuseas, caída de cabello, problemas para hablar, ojos irritados
(surgían extrañas lágrimas, con hilos muy finos, en su interior, como cabellos, de
dos a tres centímetros de largo). Aunque tiempo después su vista mejoró mucho
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1 ’
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y dejo de utilizar j i,, posteriormente volvió a perder visión, como comprobo el


investigador Roberto Banchs.
Más tarde, el 24 de febrero de 1973, Ventura Maceiras dijo que volvió a ver a los
tripulantes del ovni (aunque no su nave). Fue en el interior de su casa. Era un
humanoide de estatura alta, cabellos ondulados, ojos rasgados, que vestía un traje
de una sola pieza. Tenía un cinturón con una pequeña caja con botones. El ser dijo
llamarse «Amoil» y procedía del planeta Prunio, ubicado en el centro de la Vía
Láctea. Tras una larga conversación, en la que hablaron de diferentes cuestiones,
desde la propulsión de las naves hasta la religión que practicaban en Prunio, el
extraterrestre apretó un botón de la caja y desapareció, desde los pies hasta la
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cabeza, en un instante. Ventura Maceiras prácticamente era analfabeto, vivía


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aislado y no tenía televisión. Jamás había ido al cine y no conocía nada referente al
fenómeno ovni. Los investigadores estaban asombrados, por la capacidad de
Maceiras, en tan solo 20 segundos, de memorizar mucha información (y más aun
en el contexto de una situación anómala) sobre el aspecto del platillo volador, sus
ocupantes y el interior del artefacto (incluidos colores y sonidos). Aunque quizás el
pintoresco emblema con el caballito de mar puede tener un origen en los años que
pasó Ventura Maceiras trabajando en un barco navegando por toda Sudamérica y
Europa, además de aportar el detalle del traje de buzo —hubiera sido interesante
interrogar a Maceiras sobre todas estas cuestiones para delimitar correctamente el
origen de estas imágenes—. Otro detalle curioso de su relato es que a la distancia y
posición a la que se encontraba del artefacto fuese capaz de observar que el tubo de
la escafandra se unía con el «paracaídas», ya que físicamente era imposible que
pudiera veri o. A no ser que admitamos, como defiende la TD, que la «visión» se
produce directamente en él cerebro como los sueños y las alucinaciones —
independientemente de que pueda tener también una consistencia externa—y, por
tanto, la vista humana no estaría limitada a los condicionantes habituales
(oscuridad, reflejos, obstáculos, etc.). En los sueños podemos ver de una manera
«inexplicable» objetos minúsculos o cosas en la distancia, que aparecen claras, o
■a
incluso percibir con claridad objetos y personas que están detras de nosotros.
Curiosamente, en su documentado libro Apariciones, el parapsicologo George N. M.
Tyrrell señalaba este mismo hecho. En decenas de encuentros con fantasmas, la
percepción de los testigos sufría extrañas anomalías muy similares a las anotadas
en los observadores ovnis en la actualidad. Y es que muchas de las personas
entrevistadas por Tyrrell eran capaces de distinguir minúsculos detalles a decenas
de metros de distancia, como vimos en el suceso en el que una mujer logró ver hasta
la «etiqueta» del sombrero que portaba su difunto padre en la mano. En otro de los
casos incluidos en el libro se narra como una testigo, que se encontraba en un
teatro, observó el fantasma de su difunto tío de forma nítida y compacta (sin
transparencias), y, no obstante, de forma inexplicable, podía ver la orquesta que se
hallaba detrás, y de forma clara. Y en el fenómeno ovni también hallamos estas
circunstancias anómalas pero adaptadas a un aparentemente «nuevo» paradigma.
El veterano investigador Andrés Gómez Serrano tuvo una interesante experiencia el
17 junio de 1949 mientras realizaba el servicio militar en la Almoraima (San Roque,
Cádiz). Así lo narró en su libro OVNIS, 50 años de investigación en el Campo de
Gibraltar (2000):
Se hizo un silencio absoluto que, incluso, llamó mi atención. Entonces veo
venir, a lo lejos, una luz muy rara, muy extraña. Pensé, inicialmente, que po­
día ser una moto o un coche, aunque el tráfico por allí era, en aquellos tiem­
pos muy escaso. De pronto, aquella luz qüe venía pot el centro de la carretera,
se parte en dos. Eran blancas y, en el centro, una especie de aureola anaran­
jada. Se van acercando, poco a poco, a un metro, más o menos, del suelo, ha­
cia el lugar donde yo estaba y al llegar, a unos doscientos metros de distancia,
a mí me entró un pánico tremendo, me entró miedo al ver el comporta­
miento de aquellas luces que no paraban de unirse, para formar una sola o
volver a separarse, en dos. Yo no perdí la noción del tiempo, me daba cuenta
de todo lo que estaba pasando, pero no me podía mover. Ni brazos, m piernas,
ni nada... De pronto todo se vuelve de un color verde esmeralda, muy ver-
''V' ’i? , .u,
doso y me doy cuenta que puedo ver a través de los árboles que se habían he­
cho como de «cristal». Miro de reojo a la pared cercana de la gasolinera y,
también, era de cristal, es decir, se había vuelto transparente, pudiendo ver
las dos camas que teníamos dentro, donde dormíamos Francisco y yo, la co-
cinita, las sillas... Todo, desde fuera, a través del muro, se veía perfectamente.
Cuando aquello llegó a situarse a unos diez o doce metros de mí, el mosque-
tón se me resbaló y se cayó, disparándose. Yo no oí el disparo de aquel Máu-
ser, modelo 1928, con un peso de ocho kilos, que te aseguro daba un buen
estampido. Solo vi la llamarada del cañón. Yo estaba quieto, repito que no po­
día moverme en absoluto, cuando empecé a ver una gran cantidad de luceci-
tas; era una feria de luces de muchos colores. Las dos luces, convertidas en
una sola, llega muy cerca de mí, a unos dos metros de distancia, y se detiene.
Cuando lo hace, la piedra, sobre la que estaba sentado, «subió», levitó, cerca
de un metro y yo, paralizado, encima de ella. Repito que aquella gran piedra,
conmigo encima, salió disparada hacía arriba. En ese momento se abrió, en
el cielo, en las nubes, un hueco completamente redondo, por el que yo veía
las estrellas y por donde se alejó aquella luz, hasta que la perdí de vista. Al
instante cayó, de repente, al suelo, la piedra y mis posaderas sufrieron un
buen golpe, recuperando, entonces, la movilidad». En una de las múltiples
entrevistas que mantuve con Andrés Gómez Serrano, me hizo especial hin­
capié en la extraña percepción que tuvo aquella tarde: «era increíble, podía
ver perfectamente a través del muro de ladrillos de la garita, parecía de cris-
tal: las literas, la mesa, nuestras cosas, podía verlo todo a través de la pared...
y los arboles eran transparentes. [. .¿1 Pero todo terminó cuando aquello, la
luz, se fue para arriba».

Curiosamente, la vidente Loli de Garabandal afirmaba en el libro Se fue con


prisas a la montaña que: «Cuando veo a la Virgen, no veo el techo de mi casa: ¡la veo
a Ella!, rodeada de una gran luz».
La TD resolvería el enigma de estas y otras percepciones asombrosas que,
incluso, posibilitan a los testigos poder ver a través de los objetos sólidos. Y, sobre
todo, explicaría por qué muchos detalles serían recordados sin dificultad, ya que la
estimulación neuronal, al producirse directamente sobre el cerebro, facilitaría de
• • • • • • •
manera extraordinaria la asimilación y el recuerdo, al margen de las circunstancias
que rodeen la observación (distancia, oscuridad, obstáculos, etc.). Y todo producto
de fusionar dos «realidades», la ordinaria y la «sobrenatural», en una sola y en un
«limbo» indeterminado que podría dar paso a toda una suerte de anomalías de la
percepción. Además, no debemos olvidar que es muy probable que los testigos se
hallen en un estado alterado de conciencia.

Anomalías temporales
En algunos incidentes ovnis, los potenciales testigos tambiénhan relatado que han
sufrido notables alteraciones temporales. O sea, muchos observadores señalan qué
el tiempo transcurrió de forma anómala ante la presencia de estos objetos y sus
tripulantes. Normalmente, los testigos aseguran que el tiempo pasó más lento, y
que lo que para ellos fueron tan solo uno minutos, en realidad, eran muchos más.
A veces, en menor cuantía, se describe un fenómeno inverso. El testigo cree que ha
transcurrido mucho tiempo, y después comprueba que han sido menos minutos

de lo que estimaba. Sin embargo, la única «evidencia» palpable de estas sugerentes
anomalías acopiadas por los investigadores es que, en ocasiones, los relojes de los
testigos se detienen o presentan alteraciones en su señalización horaria.
Para explicar este fenómeno temporal, los ufólogos han planteado,
básicamente, dos posibilidades:

1 - Los ovnis proceden de otras dimensiones y su entrada en nuestra realidad


provoca todas estas anomalías. •’.V. : I-Mrlll

2. Los campos «energéticos» que envuelven a los ovnis, producidos por su


f

fuente propulsora, es la causante de estos efectos.

Pero según la TD, la denominada «campana de silencio», en la que también


se circunscribiría este fenómeno, sería un efecto producido, en ocasiones, por la
«simbiosis» entre la mente del testigo y el AE, que podría provocar un estado
alterado de conciencia en el observador, desencadenando una amplia cadena de
anomalías de la percepción al conectarle con una realidad desconocida. Y es que
muchos testigos describen el sonido producido por los ovnis (y otras ariciones
'tí.

anómalas), como zumbidos o silbidos, lo que de alguna manera también podría set
consecuencia del estado mental provocado en los sujetos.
Insistimos una vez más: la TD señala que la «creación» de los encuentros
cercanos con ovnis se produce por un mecanismo similar a los desplegados
durante el sueño. Y curiosamente, en este estado onírico, la mente humana
experimenta unas curiosas cualidades temporales. Por ejemplo, durante el sueño,
la mente humana es capaz de incorporar a una velocidad vertiginosa ruidos y
olores externos, producidos inmediatamente antes de despertarnos, e integrarlos
en los sueños en imágenes o acciones. Por tanto, en esa asombrosa capacidad
mental a ,las claves
- - una de
. i estaña , . decodificar estos episodios. Hay que tener
para
'■'V . . ,
en cuenta que, durante la «ejecución» de estas experiencias, la mente humana
estaría imbuida en una especie de «trance», consecuencia de su conexión con el
AE, que podría dar luz a los fenómenos inexplicados reportados por los ufólogos
—anotar que este estado no es buscado, ni consentido, y ni siquiera advertido
por el propio testigo—. Sobre todo, daría respuestas a muchas de las anomalías
de la percepción descritas en las visiones de ovnis: retención de ciertos detalles,
agudeza visual, observación de detalles ocultos a la vista, alteraciones temporales,
ausencia de sonidos, olores extraños, etc. Y, como estos efectos no son anotados
en todos los sucesos, es obvio que la «implicación psíquica» de cada testigo, una
vez más, determinará el grado de acceso que tenga a ese estado de conciencia.
Evidentemente, a mayor «conexión» con el AE, mayor será la proximidad con el
fenómeno y la interacción con la proyección y las posibilidades de sufrir estas
alteraciones...
Además, nuestra ciencia ha descrito que en los estados alterados de condendá
la mente humana tiene acceso a informaciones vedadas a nuestro consciente. De
hecho, se puede acceder de forma plena al inconsciente personal y probablemente
al colectivo, además de estar expuestos a experimentar experiencias místicas o
religiosas, con un lenguaje más propio del universo onírico y arquetípico que al de
nuestra realidad cotidiana. El conocido psicólogo Stanley Krippner en su obra Psi
and áltered States: altemative explanations (1986) deda sobre los estados alterados
. . . . . . *
de conciencia lo siguiente: V !
I

Se presentan con un umbral sensorial reducido y un abandono de las


maneras habituales de percepción externa e interna. Pueden produdrse es­
pontáneamente o ser provocados por hipnosis o sobreestímulos sensoriales.
Frecuentemente, son el resultado del uso experimental de drogas y plantas
psicodélicas. En este caso, se presentan estados progresivos en cuatro niveles
diferentes: a) A nivel sensorial, aparecen alteraciones de espacio, tiempo e
imagen del propio cuerpo, b) A nivel recolectivo-analítico, las nuevas ideas
y pensamientos emergen relacionándose con la psicodinámica o concep­
ción del mundo y del papel que desempeña el sujeto dentro de él. c) A
nivel simbólico, se presenta una identificación con los personajes históricos
o legendarios, o con símbolos míticos y arquetípicos. d) A nivel integral, al
que llegan relativamente pocos individuos, existe una experiencia mística
de la presencia de Dios (o del Yo Superior) o en la que el individuo tiene la
impresión subjetiva de estarse disolviendo en un campo de energía a nivel
universal.

Efectos «colaterales»
Después de su encuentro, Ventura Maceiras comenzó a hablar de diversas materias
(sobre el universo, el funcionamiento de tos platillos volantes, filosofía, etc.).
Probablemente, «efectos colaterales» de la interacción con el AE, que durante la
experiencia conecta con el cerebro el testigo, lo que puede derivar en multitud
de fenómenos psíquicos (como las alucinaciones) que pueden desarrollarse a
posteriori. Esta «confusión» o «desconcierto» mental, provocado por la injerencia

de un factor externo en nuestra mente, explicaría las «extravagantes» y a veces
«demenciales» afirmaciones de algunos testigos tras sus encuentros cercanos o
experiencias ovnis. Además, seguramente, este epifenómeno (fenómeno accesorio
que acompaña al fenómeno principal y que no tiene influencia sobre el) estaña
detrás de las supuestas facultades paranormales de la que han hecho gala algunos
testigos después de su encuentro con un ovni. Todo esto es fruto de potenciar o
activar algunas facultades latentes en la psique de los observadores, que, aunque
estén presentes en todos los seres humanos, solo se activarían en determinados
sujetos. Pero, eso sí, en realidad, el AE no puede otorgar o incrementar nada que
, .IMíí
no esté presente en la mente de los testigos. Por eso encontramos estos efectos
solo en algunas y muy determinadas personas. Héctor, que a finales de los años
cincuenta, como vimos anteriormente, tuvo un encuentro con un «ovni» que
parecía «leerle» la mente, nos narró otro episodio ocurrido en las mismas fechas
y en la misma carretera, y casi a la misma hora. Según nos contó el testigo, en
esta ocasión iba acompañado por su mujer y dos amigos belgas cuando, de pronto,
en mitad de la solitaria y oscura carretera, se toparon con un extraño ciclista
que vestía completamente de negro. Héctor nos dijo que: «circulaba en dirección
contraria, pegado á la derecha: de la calzada, tenía una larga [Link] resaltaba en
la oscuridad, llevaba una bicicleta negra mate sin luces de ningún tipo». Cuando
se acercaron, comprobaron que era una persona que parecía rondar los cincuenta
años, aunque nuestro testigo especifica que no lo lograron ver con claridad. En
esos momentos, cuando el misterioso el ciclista llegó a la altura del conductor,
desapareció de repente. Por más que lo buscaron con su potente foco (que utilizaban
para cazar) no lograron dar con éL No existían ni veredas ni caminos adyacentes a la
carretera principal. Simplemente, se había esfumado.
Aunque hasta la fecha estos episodios eran incompresibles, bajo las premisas
•Sfc ,ií»! r ,
de la distorsión son lógicos y fruto de un portentoso fenómeno psíquico de
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consecuencias impredecibles... reír!.

Fenómenos paranormales o w

Muchos ufólogos han señalado que, con frecuencia, algunos testigos ovnis suelen
tener una vida marcada por el misterio. Además de tener más avistamientos
a lo largo de su vida, algunos individuos han llegado incluso a protagonizar y
padecer diversos fenómenos paranormales (poltergeist, aparición de fantasmas,
etc.). El Dr. Scott Rogo, en su interesante libro El universo encantado, vinculaba
las apariciones ovnis con los poltergeists y narraba los múltiples encuentros de
una familia con extrañas luces y platillos volantes: «Los ovnis acabaron por
centrarse en el domicilio de la señora D.J. Según el testimonio del hijo de ésta,
Billy, un disco aéreo se alzó del suelo solo a dos metros de la casa y se
esfumó cuando unos investigadores de- la policía llamaron a la puerta. Durante
esta fase de la invasión, comenzaron las diabluras propias de los poltergeists».
Scott Rogo decía que: «Algunas personas descubren los ovnis después de recibir
impresiones extrasensoriales indicándoles hacia dónde mirar o cuando han de
....
esperar la aparición. Los testigos señalan a veces perturbaciones psicocinéticas
en sus hogares o el hecho de haberse convertido en centro de una actividad a
gran escala de los poltergeists. En otras ocasiones, descubren que se han curado
milagrosamente de problemas físicos, incluso de enfermedades degenerativas». Y
es que la casuística está repleta de sobrecogedores episodios paranormales sufridos
por los testigos ovnis en sus casas, desde extraños ruidos a inexplicables incendios
o interferencias en los aparatos eléctricos. Por si fuera poco, otras personas que han
tenido encuentros con platillos voladores aseguran haber desarrollado supuestas
facultades psíquicas (clarividencia, telepatía, simulcognición, precognición,
sanación, experiencias extracorpóreas, etc.). También es frecuente que los
investigadores encuentren sucesos en los que los testigos sueñan o tienen
desconcertantes presagios sobre lo que va a ocurrir. Si recuerdan el encuentro de
Antoine Severin, estuvo precedido por un inusual sueño con «uvas» del testigo y un
extraño sonido constante en su oído. En su libro The Invisible College (1975), el Dr.
Jacques Vallée decía que:

En los años recientes, la inclusión de factores paranormales en el relato


de encuentros cercanos con los ovnis parece haberse convertido en la regla
antes que en la excepción, y muchos investigadores encaran difícilmente
este aspecto de los casos. Tales hechos asumen a veces la forma de «coinci­
dencias inexplicables» de escasa importancia. Por ejemplo, un hombre tuvo
un sueño previo a un avistamiento o escuchó un golpe en la puerta y la abrió
para encontrarse que no había nadie ante ella, como le sucedió a un policía
que, según informó algo más tarde, fue paralizado por los dos ocupantes
de una nave aérea (desconocida). Otras veces, el hecho resulta más signifi­
cativo. Un cierto número de testigos, por ejemplo, afirmó haber percibido
«mensajes» muy claros en su cerebro, lo que interpretaron como indicativo
de una capacidad telepática por parte de los ocupantes del ovni.

Por ejemplo, Juan Oscar Perez, tras su experiencia ovni, decía que tema sueños
«proféticos» que, sobre todo, le vaticinaban malos augurios, como la muerte de
personas de su alrededor. Otro ejemplo: Manuel Jiménez, cuyo caso se desgranó en
el capitulo 2, poco tiempo después de su experiencia, una manana, mientras
conducía su camión, se asombró al ver como la imagen de la Virgen se le apareció
reflejada en el retrovisor derecho. Aquella imagen le sonrió. Momentos después
tuvo un grave accidente del que salió con vida. El testigo cree que la Virgen le avisó
de la tragedia. Pero hay episodios más desconcertantes aún. El 25 de abril de 1977,
una patrulla del ejército chileno vivió uno de los encuentros ovnis más conocidos
de toda Sudamérica, un caso que intrigó al mismísimo Pinochet. Al mando de la
citada patrulla se encontraba el cabo Armando Valdés Garrido, y junto a él los
soldados Humberto Rojas Bell, Iván Robles Riera, Germán Riquelme Valle, Raúl
Salinas, Pedro Rosales, Juan Reyes, y Julio E. Rojas Suárez. El grupo estaba acampado
en la Pampa de la Llumasca, a pocos kilómetros de la frontera con Bolivia, a unos
300 kilómetros de la ciudad de Arica (la localidad más cercana era Putre). La noche
era muy fría, 15Q bajo cero. Los militares estaban reunidos al calor de una fogata.
Serían alrededor de las 04:25 horas cuando uno de los soldados de guardia, Pedro
Rosales, se acercó alarmado al grupo para indicar que una extraña luz se desplazaba
en el cielo a baja altura. En los alrededores había una extraña niebla. Cuando se
personaron en el lugar comprobaron que se trataba de dos luces que iluminaban
todo a su paso. Una de estas luminarias, con dos luces rojas én su parte delantera, y
de unos veinticinco metros de diámetro, tomo tierra, a irnos quinientos metros de
distancia, tras una colina cercana. Un enorme resplandor era visible desde la
posición de los militares. En aquellos angustiosos momentos, el cabo Valdes decidió
ir a investigar y se separo del grupo. Aunque sus subordinados estaban
preocupados, acataron la orden. Tras quince minutos angustiosos, el cabo aparece
de repente. Antes de que los soldados pudieran reaccionar, entre risas, Valdés dice
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una frase que dejó petrificados a los soldados: «¡Ustedes no saben quiénes somos, ni
de dónde venimos, pronto volveremos!». Tras pronunciar estas desconcertantes
palabras, el militar se desmayó. Sus compañeros no acertaban a comprender que es
lo que ocurría. Sobre las 07:00 horas el cabo recobró el conocimiento, pero se
• ’ TWÍldf'’- 1 . ‘ ! ‘ '!l

mostraba totalmente aturdido y balbuceaba palabras sin sentido, pero haciendo


constantes referencias a la luz que acababan de presenciar. Para mayor
desconcierto, el cabo presentaba una barba crecida, de unos cinco días, cuando
instantes antes de la desaparición estaba perfectamente afeitado. Además, su reloj
de pulsera se encontraba detenido y adelantado cinco días. Pues bien, según me
relató el investigador chileno Patricio Abulesme, autor de un documentado libro
dedicado íntegramente al caso Valdés, titulado La noche de los centinelas (2010),
Valdés fue protagonista de un hecho sobrecogedor:
Durante la sesión de hipnosis (solo sabemos de una, a la que se sometió en
1999), Valdés habría relatado que, al separarse de los conscriptos, se acercó
al ovni que tenían enfrente y que entró al objeto «por un costado». El interior
estaba iluminado de rojo y ahí el cabo habría visto a dos o tres personas «con
cascos de piloto». Cuando estaba relatando esa parte de su experiencia bajo
hipnosis, tres testigos aseguran que Valdés se elevó desde la cama donde es­
taba tendido, levitando a unos quince centímetros. Uno de los participantes
pasó su mano por debajo del ex cabo, confirmando que estaba flotando en
el aire. Ante esta situación, profirió algunas exclamaciones, que aparente­
mente fueron oídas por Valdés, quien salió repentinamente del trance y cayó
a la cama «como un saco de papas». El hombre estaba muy asustado y tuvie-
ron que calmarlo. Ese fue el fin de la hipnosis y, hasta donde sabemos,
repitieron la experiencia.
El 25 de junio de 1959, el reverendo William Gilí, destinado en una misión en
Papúa Nueva Guinea, escribía una misiva a un amigo para trasladarle su escéptica
opinión sobre el fenómeno ovni, sin saber en aquel instante que a la noche siguiente
cambiaría radicalmente de postura:
i» Irln’lfJíJl

Querido David, la vida es extraña, ¿no? Ayer te escribí una carta (que todavía
tengo la intención de enviarte) expresando opiniones sobre los ovnis. Ahora,
menos de veinticuatro horas después, he cambiado un poco mi punto de
vista. Anoche, en Boianai, pasamos cerca de cuatro horas de actividad ovni, y
no cabe duda de que son manejados por seres de algún tipo. En ocasiones fue
absolutamente impresionante.
i iji i • r’W'h
Y al día siguiente, según las notas del reverendo, sobre las 18:45 horas, al salir
del comedor observó una luz blanca brillante en el cielo que se acercaba hasta la
misión, flotando a unos cien metros del suelo. Se trataba de un objeto en forma de
disco, aparentemente sólido y circular, con una base amplia y una cubierta superior
más estrecha. El objeto parecía tener cuatro «patas» en su paite inferior. También
parecía tener cuatro ranuras verticales en el costado, que aparentaban brillar un
poco más que el resto. A intervalos de tiempo, él artefacto emitía un haz de luz
azul que brillaba hacia el cielo en un ángulo de aproximadamente 45 grados. En ese
momento, sobre la cubierta del objeto, aparecieron cuatro humanoides que, según
el religioso, reflejan una luz que emanaba de todo el artefacto. El ovni fue visible
hasta aproximadamente las 19:30, cuando ascendió a las nubes y desapareció. Más
tarde, sobre las 20:30, aparecieron varios objetos más pequeños en el cielo, y vemte
minutos después regresaron junto al objeto de mayor tamaño. El avistamiento duro
alrededor de cuatro horas, hasta las 22:50, cuando las nubes impidieron seguir
contemplando las luces. A la noche siguiente, sobre las 18:00 horas, el ovni volvió a
aparecer. Más de 30 personas, entre ellas el propio Gilí, los maestros Steven Gilí Moi,
Ananias Rarata, y la Sra. Nessle Moi, fueron testigos de esta nueva aparición. Así lo
ííifM'ív
narró el reverendo Gilí:

Aunque el sol ya se había puesto, todavía había bastante claridad durante los
siguientes quince minutos. Vimos aparecer cuatro figuras, sin duda que son
humanos. (...) Dos de las figuras parecían estar haciendo algo cerca del cen­
tro de la plataforma, de vez en cuando se inclinaban y levantaban los brazos
como si ajustaran o «configuraran» algo (no visible). Una figura parecía estar
de pie mirándonos (un grupo de alrededor de una docena). Extendí mi brazo
sobre mi cabeza y saludé. Para nuestra sorpresa, la figura hizo lo mismo.
Ananias agitó ambos brazos sobre su cabeza y luego las dos figuras externas
hicieron lo mismo. Ananias y yo comenzamos a agitar nuestros brazos y los
cuatro ahora parecían saludarnos. No parecía haber ninguna duda de que
1

nuestros movimientos fueron respondidos. Todos los muchachos de la mi­


sión hicieron jaleos audibles (de alegría o sorpresa, tal vez ambos). Cuando la
oscuridad comenzó a acercarse, envié a Eñe Kodawara a buscar una linterna
y dirigí una serie de largos disparos hacia el ovni. Después de un minuto o
dos de esto, el ovni aparentemente respondió haciendo varios movimientos
vacilantes hacia
t
adelante
,
y hacia atrás. Se
OhPfeii'sr
----
el saludo con nosotros
y esto siguió con mas destellos de linterna, lúe el ovni comenzó lenta-
mente a hacerse más grande, aparentemente viniendo en nuestra dirección.
Cesó después de quizás medio minuto y no llegó más allá. Después de otros
dos o tres minutos, las figuras aparentemente perdieron interés en noso-
tros porque desaparecieron «debajo» de la cubierta. A las 18:15 aparecieron
dos figuras para continuar con lo que sea que estuvieran haciendo antes de
la interrupción. El foco azul se encendió durante unos segundos dos veces
seguidas.

Pero hay detalles pocos conocidos de este célebre incidente. Mientras tomaba
café con el reverendo Gilí, el investigador Jacques Vallée, tal y como narra en su
libro Forbidden Science - Volume two (2008), le preguntó:
■ W'
«¿Alguna vez soñaste con
el incidente de 1959?»; el testigo respondió: «Es curioso que lo preguntes. Pocas
personas preguntan sobre estos detalles. Sueño con algo que sucedió una hora
después de que el objeto desapareció». Vallée cuenta que: «Escuchó una explosión
justo en el exterior del edificio de la Misión, en Boainai: se le erizó el pelo.
Ese es el momento al que siempre vuelve en sus sueños, me dijo, en lugar del
avistamiento en sí». Además, William Gilí le contó a Vallée que algunas noches
antes del avistamiento escuchó como llamaban a la puerta de la iglesia, pero al
abrir no encontró a nadie. Curiosamente, tal y como refiere Vallée, sobre el conocido
abducido Herb Schirmer: «Hay varias cosas interesantes que señalar en relación
con el caso. En primer lugar, alguien había llamado a la puerta de Schirmer sobre las
10:45 de la mañana de ese día. El perro corrió hacia la puerta y Schirmer la abrió».
Los ufólogos Joaquín Mateos Nogales y Manuel Filpo, investigaron un curioso
suceso que tuvo lugar en el Pantano del Pintado (Sevilla) en el año 1956, en el que el
testigo creyó haber desarrollado un extraño «( ras su encuentro ovni:

Un muchacho de 18 años se encontráb una pequeña ensenada del re-


'’ ohhh
ferido embalse cuando vio, a unos 10 metros ssobre 4 la superficie del agua y
a 40 metros de distancia desde donde se encontraba, un objeto parecido a
un gran diábolo, de color semejante al mercurio, uniforme, sin ventanas ni
nada que resaltase. Estuvo observándolo durante unos 20 minutos al cabo de
los cuales emprendió una fulgurante subida sin hacer el menor ruido y solo
dejando un tenue humo blanco. Mientras estuvo sobre el pantano observo en
la superficie del agua unas olitas. Al poco tiempo comenzó a tener precogni-
ciones que, si bien al principio eran triviales, derivaron hacia asuntos serios.
Un día vio mentalmente a sus hermanas de luto por el fallecimiento de su
madre, y a los pocos días falleció. Creyó comprobar que la manera de quitarse
tal problema era el de fumar compulsivamente, asegurando que cuando de­
jaba de hacerlo se activaban sus dotes paranormales.

Hasta la fecha, como bien decía Vallée, los investigadores más ortodoxos
intentaban encajar a duras penas estos sucesos paranormales dentro del marco
extraterrestre. ¿Cómo era posible que la visión de un platillo volador derivara en
estos extraños sucesos? ¿Naves extraterrestres produciendo ruidos bajo la cama
de los testigos? ¿Interfiriendo en los sueños? ¿Llamando a la puerta para después
esconderse?
De lo Que no cabe duda es que la interacción de los testigos con el AE puede
abrir un abanico insospechado de posibilidades. Esto nos llevaría a plantear dos
sugerentes hipótesis:

A. El contacto con el AE puede activar en determinados individuos facultades


psíquicas latentes.
í'iii’qp11
B. El acceso a esta nueva realidad cognitiva j la activación de
estas nuevas capacidades mentales.

Además, es posible que el testigo, después de su experiencia, tenga una «llave»


para acceder a estos estadios mentales que les permite experimentar mas hechos
anómalos. De hecho, muchos testigos ovnis han señalado que los sueños se
•<W‘ íífir
convierten en un «canal» de comunicación con esta nueva realidad. No debemos
V1'1!
olvidar que la literatura ovni está repleta de sueños proféticos que anticipan
a los testigos, de manera inexplicable, sus posteriores encuentros con los No
Identificados. Por lo que, según la TD, no sería nada extraño hallar fenómenos
parapsíquicos (telepatía, clarividencia, precognición, viaje astral, poltergeist, etc.)
insertados en algunos incidentes ufológicos (sobre todos en los encuentros
cercanos), ya que serían resultado (incluso colaterales) de la interacción psíquica
entre los testigos y el agente externo en la creación conjunta de estas experiencias
(en el último capítulo ampliaremos aún más este aspecto). No son una equis que
sumar al enigma, sino una consecuencia de esta conexión mental, al igual que
muchos otros aspectos desconcertantes del fenómeno

A
¿Por qué hay tantos casos?

La TD también explicaría otra incoherencia importante de los ovnis: la vasta


presencia de «platillos volantes» en casi cualquier parte del mundo. En España,
por ejemplo, es raro el pueblo que no cuente entre sus vecinos con alguna
persona que haya presenciado el vuelo o el descenso de un ovni, pero ¿es esto
estadísticamente posible o sensato? Probablemente estamos frente a un fenómeno
que no necesita desplazarse por el aire, sino que, por el contrano, puede ser

«sintonizado» desde cualquier lugar del planeta para manifestarse. Es probable
que nuestra psique sea la «puerta» para acceder a esta realidad desconocida a
la que nos «conecta» el fenómeno ovni. Por tanto, si estamos enfrentados a un
paradigma de orden psíquico «inducido», podría tener una extensión/propagadón
mayor que si se tratara de la pura observación de unas supuestas naves de tuercas
y tornillos que descienden por doquier en infinitos lugares de todo el planeta.
Además, es factible que estas manifestaciones, en muchas ocasiones, solo sean
; i1 i ••lili , •.
percibidas por el observador, y es por ello que las personas de su alrededor no
son testigos de estos fenómenos, cuando la lógica dicta que debieron presenciarlo
(ver capítulo final). Es muy posible que muchos incidentes ovnis solo tengan una
realidad física aparente, motivada por la propia percepción del fenómeno en una
visión privada, indistinguible de la realidad ordinaria para el testigo. Por cierto,
se trata de un fenómeno del que han informado durante siglos, por ejemplo,
místicos y chamanes. Si recordamos el caso ocurrido en Vilvoorde (Bélgica), en el
que el ufonauta trepó por la pared, los investigadores del SOBEPS fueron incapaces
de encontrar un testimonio que apoyara el relato del testigo^ pese a que la
urbanización era amplia y las casas estaban todas prácticamente juntas. Incluso el
suceso que investigué en Málaga es del todo increíble si pensamos en fenómenos
estrictamente físicos. ¿Puede un enorme ovni dejarse ver en mitad de una gran
ciudad a pocos metros del techo de las viviendas? El investigador Phihppe Solal,
en un interesantísimo reportaje titulado «Les RR3 et leur fonction miroir» (21 de
agosto de 2015), sostenía que:

Lo mas extraordinario, desde un punto de vista físico t •sta vez, es que este
proceso conduce a una materialización real del fenómeno observado, ya que
el ovni o los personajes que salen, si aparecen en la psique humana, poseen
un carácter material innegable generado por una conciencia exogena. Y este
último punto solo es posible porque toda la realidad percibida es, en verdad,
de naturaleza psíquica o, lo que es lo mismo, porque los objetos materiales
provienen del juego de la conciencia y la información.

Tampoco podemos descartar que exista una especie de «efecto llamada» a esta
enorme «red» psíquica/interactiva que nos rodea y que se retroalimenta de nuestro
inconsciente. Por ejemplo, la noche antes del encuentro de la Sra. Lotti, en su casa,
estuvieron hablando sobre los platillos volantes, un asunto que en aquellos días era
de gran popularidad debido a una intensa oleada de avistamientos que se estaba
produciendo por toda Italia. ¿Pudo esta conversación impresionar de tal manera a
Rossa Lotti para «provocar» su experiencia»? Además, tampoco podemos descartar
que determinados eventos provoquen una posterior acumulación de casos en
determinadas zonas y durante determinadas épocas, como si algunas fisuras con
esta realidad desconocida pudieran ser invocadas más fácilmente en algunos
lugares por la repercusión o extensión de estas creencias.

¿Por qué se manifiesta (elige) el «agente externo»


a determinadas personas?
/■•I'.v! ■ ? ■■■

Sin duda esta es una de las preguntas más complejas y recurrentes que nos
• *

plantea el fenómeno ovni. ¿Qué es lo que hace que algunos individuos sean
, .
protagonistas de estas experiencias anómalas? -i i j
¿Son especiales, elegidos o meros
observadores casuales? Algunos investigadores han señalado que muchos testigos
de anomalías parecen compartir un perfil común, que puede incluir algunos de
estos aspectos. El ya clásico TEPT (trastorno de estrés postraumático), que padecen
personalidades propensas a la fantasía, con altas habilidades para la visualization
creativa o facilidad a la disociación hipnótica. También se ha anotado que, algunos
observadores ovni, desde muy jóvenes, afirman poseer capacidades psíquicas como
la telepatía, clarividencia o los sueños lúcidos. Tampoco es inusual que muchos
testigos denuncien haber experimentado alguna otra experiencia paranormal
(fantasmas, poltergeist) a lo largo de su vida. También es posible que algunas
determinadas y desconocidas circunstancias psicológicas permitan a algunos
testigos acceder con mayor facilidad, y de forma involuntaria, a esta gigantesca
«red» donde «habita» el AE. El aislamiento del testigo, el silencio, el estrés, varios
trastornos físicos o psíquicos y la gesta de algunas sustancias médicas o drogas
pueden posibilitar una mayor probabilidad de contactar con este AE. Además,
no podemos descartar por completo que él AE actué de forma independiente en
determinadas ocasiones y promueva de forma «deliberada» éstos fenómenos, ya
sea por la facilidad de acceder a determinados testigos o por la propia singularidad,
de la zona (sobre todo por las alteraciones de los campos electromagnéticos),
que posibilita su irrupción en nuestra realidad. Incluso pueden existir «efectos
vi-' 1 "1 ¡"i ' • ' ’* ■
llamadas» que los propician y ejercen como «puertas» de entrada, como pueden
ser las creencias latentes en determinados lugares, el estado mental de ciertos
individuos, las alteraciones electromagnéticas, etc.
.... "-w..,.

¡Jb'l

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La creatividad onírica y el factor absurdo
e., ww ■ ¡vKirÍ’
....
Ya se ha definido la importancia de la CMC para la gestación de los encuentros
cercanos con ovnis, donde converge la acción conjunta de un AE y la psique
de los testigos. Pero el proceso que da «vida» a estas proyecciones se denomina
«creatividad onírica», ya que el principal «motor» que genera y proyecta estas
experiencias obedece a unas premisas muy similares a las encargadas de «fabricar»
nuestros sueños. Este singular proceso daría explicación a uno de los mayores, si no
el mayor, enigmas asociados a los encuentros cercanos con ovnis: el factor absurdo
(infinitas fisionomías, extravagantes comportamientos, conversaciones ridiculas,
etc.). Hasta la fecha, la mayoría de los investigadores están convencidos que todos
esos detalles incoherentes que encontramos insertados en las experiencias ovnis
tenían como objetivo restar credibilidad al fenómeno de cara a la opinión pública.
Un ejemplo. El 6 de noviembre de 19 57 ocurrió un caso que fácilmente acabaría en
la papelera de muchos investigadores. De nuevo retomamos la excelente pluma de
Jacques Vallée, en su libro más conocido, para conocer un suceso que no sabemos
exactamente cómo encajar:

John Trasco salió a dar de comer a su perro y vio un objetó brillante de


forma ovalada suspendido en el aire frente a su granen al instante si
guíente se dio de manos a boca con un ser de un metro i , «de cara
color de masilla y grandes ojos de rana», auien le diio er zlés macarro-
e <. j i ' * ¿ 'I
nico: «!Somos gente de paz: solo queremos su perro». Trascc do a freír
espárragos al extraño individuo. Este huyo corriendo y, momc i después,
su maquina despegó verticalmente. Parece ser que la esposa de Trasco pudo
•»' ll '■ I.'í, ' 'I

observar el objeto desde la casa, pero no así al pequeño ser. Dijo, además, que
cuando su marido trató de agarrar al hombrecito, éste escapó, pero le dejó «¿'I'1 •

un polvo verde en la muñeca, que desapareció al lavarse las manos. Al día si­
guiente observó la presencia del mismo polvo en sus uñas. El ufonauta vestía
un traje verde de botones brillantes, se tocaba con una especie de boina de
punto, y calzaba guantes con un punto brillante en la punta de cada dedo,
según Coral Lorenzen.

En la zona se hallaron extraños restos sin identificar. ¿Cruzarían media galaxia


unos extraterrestres para decir a un humano: «Somos gente de paz: solo queremos
su perro»? ¿Qué científico se sentaría a discutir sobre la veracidad de este incidente
en un plato de televisión o en un foro académico?
Y qué pensar del siguiente incidente protagonizado por un jubilado en el
pequeño condado de Mitchell, en Georgia (Estados Unidos). El 6 de agosto de 1977,
sobre las 10:30, Tom Dawson, de 63 años, salió de su casa en compañía de sus dos
perros cuando, tras atravesar un campo donde pastaban un numeroso rebaño de
vacas, se topo con un platillo volador del que descendieron vascos humanoides. El
primero en salir de la nave fue el «jefe», que pareció comprobar la dureza del terreno
antes de que sus compañeros desembarcaran. Dos humanoides se quedaron
vigilando la puerta. Había hombres y mujeres en la tripulación. Dos de ellos, una
mujer y un hombre, estaban desnudos y carecían completamente de vello. Las
angelados». Los seres tenían la piel
vacas, los perros y el propio testigo quedaron «congelados».
□das y nariz
blanca como «sacos de harina», orejas puntiagudas nam respingona, sin cuello.
Los otros misteriosos visitantes vestían trajes «hermosos», ajustados y de dos
piezas, de un material reluciente de una tonalidad verde azulado; los dos sexos
vestían igual y tenían zapatos «sedosos» con las puntas dirigidas hacia arriba. Sin
decir palabra, el que Dawson consideraba el «jefe» colocó un extraño dispositivo con
forma de casco semicircular en su cabeza. Este artefacto tenía varios indicadores,
ir­
como relojes con luces circulares y cables conectados a un dispositivo similar a un
gran aro que colocaron sobre su cabeza. Le bajaron los pantalones y tras subirle la
camisa procedieron a examinarlo, moviendo el aro de arriba abajo. A su vez le
colocaron pequeñas ventosas de color naranja luminoso en varias partes del
cuerpo. Parecían estar atentos a las lecturas de los marcadores. Entonces, casi al
final del «examen médico», escuchó una fuerte voz humana, desde el interior del
platillo volador que grito tres o cuatro veces: «¡Soy Jimmy Hoffal». La voz se
interrumpió como si una mano la hubiera acallado de repente. En ese momento, los
seres se alejaron unos tres metros del testigo y parecieron hablar en voz baja. Según
Dawson, tenían voces agudas y chillonas. Aunque el testigo no entendía su
lenguaje, creyó escuchar la palabra «Júpiter». El jubilado pensó que si hubiera sido

1 •

'■

vJiüiíi'L Lililí. J. 1 'i' 1


más joven le habrían secuestrado. Entonces el«jefe» le pasó la mano por el pecho, a
modo de despedida, y en un momento todos los seres regresaron á la nave y se
marcharon. Solo cuando el platillo desapareció de su vista, Dawsony los animales
recobraron la movilidad. Asustado, acudió a casa de una vecina, que pensó que le
había mordido una serpiente venenosa. En el hospital confirmaron que estaba
aturdido mental y físicamente. Al poco tiempo, el testigo y sus vecinos Jimmy y
Linda Kolbie informaron que varios investigadores del MUFOC examinaron la zona
del aterrizaje. Uno de ellos dijo que era del condado de Masón, en Georgia. Tomaron
muestras del terreno y realizaron mediciones de radiación. Lo curioso es que, según
Kolbie, no parecían nativos de Georgia, ya que afirmó que tenían la piel de color
oliva y una mirada extraña —¿hombres de negro?—. El testigo gozaba de gran
credibilidad en su comunidad. Lo más sorprendente y absurdo de la historia es que
Jimmy Hoffa era un famoso sindicalista norteamericano vinculado a la mafia que
desapareció dos años antes del incidente. ¿Cómo podemos explicar este caso ante
un gran jurado? ¿Un mañoso a bordo de un platillo volador? ¿Puede haber algo más
absurdo en un relato de supuestos visitantes extraterrestres?

•K
La casuística ovni está repleta de incidentes absurdos como el vivido por Tom Dawson, que vio

extraterrestres desnudos, además de escuchar como desde el interior de la nave alguien gritaba

«¡Soy Jimmy Hoffa!», un conocido sindicalista asociado a la mafia que había desparecido dos

años atrás de su experiencia. Archivo Carav@ca.

Durante décadas, diversos investigadores han otorgado una gran relevancia a

ciertos aspectos incoherentes que presenta el fenómeno de los No identificados,

que han sido etiquetados/clasificados bajo la incógnita del «elemento absurdo». Y

todo para intentar justificar los condicionantes ilógicos e irracionales que rodean

las experiencias de encuentros cercanos con los tripulantes de los platillos volantes.
El propio Jacques Vallée, en su libro Crónica de Otros Mundos, decía $ue: «El
fenómeno ovni nos deja indicios que parecen todavía más absurdos que los relatos
de los testigos, lo que es perfectamente desesperante. El fenómeno niéga su ptopía
existencia». Y es que para Vallée, y para otro buen puñado de ufólogos, el factor
absurdo que registramos en una gran mayoría de episodios ufológicos sería algo así
como un sistema de «autodefensa» del propio fenómeno para que las narraciones
de los testigos no fuesen creídas por un amplio sector de la población, y muchísimo
menos por la comunidad científica. El ilustre pensador Ignacio Darnaude defendía
que el factor absurdo era parte de una especie de «teatro cósmico» orquestado por
los tripulantes de los ovnis para introducir deliberadamente en las experiencias
aspectos y comportamientos incomprensibles y estrafalarios. En la citada
entrevista a Cuevas y Montejo, Darnaude exponía que:
El plan de los exonautas consiste en desplegar un maquiavélico teatro
educativo en los cielos —a largo plazo de cincuenta o cien años— como en­
señanza pedagógica capaz de condicionar poco a poco la mentalidad de la
población en un sentido opuesto al egocentrismo y a la barbarie de la vio­
lencia y la amoralidad. Son coreógrafos que escenifican dramas aéreos con
ánimo de disuadirnos de nuestra locura y que finalmente entremos en razón.
Nos están amaestrando sin prisas para llevarnos con suavidad al huerto de
la positividad. Y llevan a cabo semejante campaña civilizadora mediante un
sofisticado tinglado de disimulo, permanecer ocultos, crear contradicciones
y pistas falsas, amén de borrar las pruebas e indicios de su intervención.

En su citado artículo «Hipótesis explicativas de la naturaleza, origen


y propósitos de los Objetos No Identificados», Darnaude decía que: «Los
merodeadores de la atmósfera serían dispositivos capaces de originar una
deformación progresista en la estructura de realidad del espectador, cotí el
proposito deliberado de proyectar imágenes y representar pantomimas docentes,
parafemalia histriónica orquestada a modo de un gigantesco drama teatral Úna
suerte de escenificaciones pedagógicas diseñadas con miras de mejorar nuestro
acervo de creencias e ideas preconcebidas y elevar al mismo tiempo la calidad y
el nivel de conciencia del homo sapiens». Y es que, para muchos investigadores,
el aspecto absurdo de los ovnis era una suerte de «marchamo» de autenticidad
del propio fenómeno, una forma de manipular a la humanidad medíante un
comportamiento ilógico y confuso. Por su parte, el periodista y amigo David
Cuevas me habló en una ocasión de su particular idea de este concepto, lo que
él denomina «los absurtipos»: «Los “absurtipos" hacen alusión a un término que
resume lo que yo mismo denomino como arquetipos de lo absurdo, que vendrían a
recopilar aquellos extraños o surrealistas comportamientos, a veces antagónicos o
ÍV ’ IpM ¡ Ú| i| R|| p • ' 'l::
contradictorios, que en una mayoría de ocasiones muestran los fenómenos ovni».
Para Cuevas, podríamos estar ante diferentes fenómenos:

El rotundo silencio que suele acompañar a un importante número de avista-


mientos, a la par que el desagradable ruido o zumbido que esos presuntos ob­
jetos volantes desprenden ante los testigos. ¿En qué quedamos? ¿O es que
quizá, y solo quizá, estemos ante fenómenos de procedencia diferente? O el
curioso hecho de que muchos de esos encuentros con lo desconocido tengan
lugar en oscuras carreteras secundarias y sean avistados por un solo testigo,
mientras que en otros casos son incluso centenares de ellos los protagonistas
de tales encuentros. Es decir, por un lado, pareciese que aquello, sea lo que
sea, pretendiese manifestarse como una suerte de teatro del absurdo ante un
solo testigo para que este lo contemple, pero en otras ocasiones se manifies­
ten ante una multitud. A veces se presenta tomo algo parafísicd, y en otras
reflejado en los radares. Los testigos tienden a denominar el conjunto de fe­
nómenos que conocemos como ovni de diversas formas, algunas instigadas
por sus propias creencias religiosas, tal y como ddéfflíos” voladores, platillos
volantes, brujas, apariciones mañanas, calaveras de fuego, luces que forman
una cruz de Caravaca en el cielo. Lo que a priori es un avístamlento ovni, de-
, 1,1 i ' 4'-li'*' Wl’! jl) r
riva y desemboca como algo diferente en función de una interpretación reli-
giosa. Algunos de esos avistamientos vienen acompañados, a posteriori, de
fenómenos de tipo poltergeist que son vividos intensamente por el testigo.
Otras experiencias ovnis desembocan en episodios de "Contactismo”. Lo que
para muchos sería fruto de la imaginación del testigo, una histeria colectiva
(en caso de que los ovnis sean observados por un grupo numeroso de perso­
nas) o una suerte de inconsciente colectivo: produce en ocasiones una serie
de efectos físicos o electromagnéticos en enseres como farolas, televisiones
o vehículos. En ciertos lugares concretos, exponiendo aquí como ejemplo la
casuística recogida a lo largo de la comarca hurdana (y alrededores), consi­
dero un hecho llamativo la gran cantidad de casos recopilados en un puñado
ll
de kilómetros cuadrados. No estando ello exento de las pertinentes interpre­
taciones de tipo sociológico, sugestivo o arquetípico que, para tratar de sacar
conclusiones al respecto, se pudieran manejar. Y es que la cosa no se queda
solo sobre nuestras cabezas, apareciendo en los cielos, sino que los llamados
OSNIS entran y salen a sus anchas de pantanos u océanos, y hasta hacen her­
vir parte del mar según numerosos testigos, incluyendo “absurtipos” como
un no desplazamiento de agua cuando una presunta masa esférica entra en
el océano. De hecho, hay quien creerá que los fenómenos ovnis podrían tra­
tarse de una especie de holografía o proyección ficticia. Pero la ficción “holo-
gráfica" no interfiere físicamente con coches, farolas... o nosotros mismos,
ni mucho menos dispara a tractoristas pucelanos como Emiliano Velasco».

¿O tal vez sí? ...


Si aceptamos las premisas de Valles sobre el factor absurdo, estaríamos
admitiendo tácitamente que las «inteligencias» que manejan el fenómeno ovni
deberían de conocer a la perfección la diferencia entre el concepto lógico y absurdo
de los humanos para elegir determinados comportamientós O situaciones
... .
«ridiculas» y «representarlas» o «teatralizarlas» ante los testigos. Pero, a mi
entender, casi todas las suposiciones que se han elevado sobre el factor absurdo
están equivocadas. No estamos ante un «teatro» ejecutado por unas inteligencias
desconocidas para manipulamos. Si admitimos todas estas premisas, estamos
añadiendo una incógnita a la ecuación que sencillamente desvirtua el resultado. Y
es que las ideas generadas en tomo a esta cuestión han complicado tanto nuestra
percepción del paradigma ovni que nos han enredado en un debate estéril y casi sin
sentido. En realidad, todas estas características absurdas pueden ser el resultado,
simplemente, del proceso psíquico que crea las propias experiencias. Un
mecanismo, por cierto, muy similar al de nuestros sueños. Los expertos creen que
durante el sueño se desactivan las zonas del cerebro pertenecientes a los lóbulos
frontales, justamente las encargadas del raciocinio, y es por ello que estas
experiencias pueden parecemos normales mientras dormimos, pero, en cuanto
despertamos, comprobamos lo absurdo y lo extraño de muchas de las partes que
componen nuestros sueños (que no son más que expresiones del inconsciente). El
Dr. Helios Jaime en un interesante artículo denominado «Psicofisiología e
ideosemántica del sueño» (2009) escribía sobre la caótica estructura de las
experiencias oníricas: «En el sueño se producen las escenas que se desarrollan en un
tiempo en el que la sucesión es totalmente trastornada y en un espacio cuyas
dimensiones son completamente transformadas. De alguna manera, es lo que
sucede en el teatro y, sobre todo, en el cine». Por su parte, el Dr. Sigmund Freud
> ¿1>)
argumentaba que las experiencias oníricas son representaciones simbólicas de
deseos que han sido reprimidos a nivel consciente. Algunos de estos deseos se
manifiestan durante el sueño utilizando para ello un lenguaje «extraño y absurdo»
que oculta su verdadero significado. El médico austríaco estaba convencido de que
el sueno, pese a expresarse en un lenguaje irracional y aparentemente
incomprensible, tenia un sentido y una finalidad. El sueño debe interpretarse como
la realización simbólica (disfrazada) de deseos reprimidos del inconsciente
-
privativo del individuo. Freud identificó y enumeró una serie de características del
psiquismo inconsciente que no se dan en el consciente:
1.- Pueden coexistir impulsos o ideas incompatibles entre sí sin que
parezcan contradecirse. 2.- El significado puede fácilmente desplazarse de
una imagen a otra. 3.- Múltiples significados distintos pueden combinarse
en una sola imagen. 4.- Los procesos inconscientes son atemporales. Las
ideas no están ordenadas cronológicamente ni son alteradas por el paso del
tiempo. 5.- Lo Inconsciente no responde a la realidad externa, sino que re­
presenta la realidad psíquica interna. 6.- Los procesos de pensamiento de lo
Inconsciente están determinados en parte por la interacción de fuerzas ines­
tables y emocionales que se hallan en pugna entre sí (psicodinámica).

Aunque nos hallemos ante unas experiencias radicalmente distintas (en


origen, propósito y finalidad) a las de nuestros sueños, la proyección creada por
el AE se produce mediante un proceso denominado «creatividad onírica», que
sería el causante de que muchos episodios ovnis tengan esa pátina desconcertante

muKÍlUl'
y absurda. Es una consecuencia de la interacción de nuestra psique con este
fenómeno. De ahí que, bajo la perspectiva de la TD, ^factor absurdo pierda
totalmente su halo de misterio inconmensurable y metafísico, dejando de ser
una «equis» que sumar en la ecuacion/ para convertirse simplemente en un
«efecto» (incluso un epifenómeno) de la interacción del AE y la mente humana.
La propia mecánica intema de este tipo de experiencias (las proyecciones), lleva
inherente la incorporación de estos elementos absurdos e incoherentes, fruto
de la participación inconsciente de los testigos, quizás en un estado alterado
de conciencia que inhibe ciertas partes de nuestro cerebro, y, por tanto,
añadiendo escenas absurdas y ridiculas, en ocasiones fruto exclusivamente de
nuestra participación y no de una acción deliberada por parte del fenómeno.
l(j Wíl/SWlMiM
Los encuentros con ovnis serían una mezcla de «realidad» y «ensoñación» que
induciría a que el observador se sintiera literalmente «arrebatado» por su visión,
como los antiguos místicos y chamanes, con lo que comparten tantas cosas
y donde lo «espiritual» prevalece sobre lo material. Además, en muy probable
que nuestra «visión» de estos fenómenos obedezca realmente a una percepción
«distorsionada» de esa «otra» realidad a la que nos conecta el AE, y debido a que
nuestra participación es sorpresiva, incita a que nuestros propios «filtros» mentales
(miedos, angustias, fantasías, esperanzas, deseos, etc.) provoquen sustanciales
modificaciones de esa información cognitiva a la que accedemos. O lo que es lo
mismo: nuestra mente ejerce de notable interferencia para acceder a este nuevo
estadio de información psíquica y solo somos capaces de atravesar las primeras
capas y quedar atrapados por esas «interferencias».
Por tanto, no estamos ante una maniobra deliberada del fenómeno para
presentarse de determinada manera ilógica ante los testigos, sino que la propia
participación de los observadores determina estos hilarantes conceptos. El «teatro»
*
es consecuencia de nuestra interacción. il!¡Y es que este tipo de experiencias
anómalas, de las que son testigos miles de personas en todo el mundo, podrían
enmarcarse perfectamente, por su similitud, en los psicodramas desarrollados
por la psique humana durante la etapa del sueño, ya que parece que el AE
.. , . > .w ■ r '
intenta «transmitir» un complejo mensaje a través de imágenes y sensaciones.
Por lo que estos detalles absurdos carecen totalmente de significación especial o
transcendental, más allá del valor creativo/artístico expresado en una «proyección
holográfica» que parece fluctuar en un proceso muy similar a la de los sueños en
■óíWi i/ifiíffl ’r1 ■
su desarrollo y puesta en escena. Aunque eso sí, con unos propósitos y finalidad
totalmente desconocidos. En su libro El Hombre y sus símbolos (1964), Cari Jung
decía:

El sueño no es nada parecido a una historia contada por la mente consciente.


En la vida diaria se piensa lo que se desea decir, se escogen las formas más efi­
caces para decirlo y se intenta que los comentarios tengan coherencia lógica.
Por ejemplo, una persona culta tratará de evitar el empleo de una metáfora
confusa porque daría una impresión equivoca de su punto de vista. Pero
los sueños tienen una estructura diferente. Imágenes que parecen contra­
dictorias y ridiculas se apiñan sobre el soñante, se pierde el normal sentido
del tiempo y las cosas corrientes pueden asumir un aspecto fascinante o
amenazador. Puede parecer extraño que el inconsciente ordene su material
de manera tan diferente a la forma, tan disciplinada en apariencia, que pode-
mos imponer a nuestros pensamientos en la vida despierta imágenes
producidas en sueños son mucho más pintorescas y vivaces.
Por tanto, los encuentros cercanos con ovnis, al igual que el mundo onírico,
■1 A 'iiSii ■í’w 'lú'i'
poseen características propias e intransferibles de los testigos, fruto de la
inmersión en un desconcertante océano «psíquico» que se decodifica o presenta en
función de la interacción personal de cada individuo, por lo que estas experiencias,
•i ' ' '•Myw '
descritas o narradas fuera del contexto individual, adquieren esa atmosfera de
absurdez. De hecho, como hemos visto, los sueños se expresan en un lenguaje
de simbolismos y arquetipos que «escapan» aparentemente de nuestra razón. No
obstante, hay que señalar que el AE ayuda a mantener una cierta estructura
«coherente» en el resultado final de la experiencia (la visitación extraterrestre),
evitando la implicación de demasiados elementos ciertamente extravagantes y
«anacrónicos», por ejemplo, que en el interior del ovni el testigo observe a su suegro
o al pato Donald (aunque probablemente esto no sea algo infalible). Además, el AE
incorpora a la proyección ciertos elementos comunes, en una estructura interna,
que son desconocidos por la mayoría de los testigos y que se repiten a lo largo y
ancho del planeta.
Un último ejemplo. En Tbilisi, Georgia (URSS), encontramos un caso realmente
curioso. En febrero de 1978, una noche, el capitán de la milicia Avtandil
Bukhrashvili despertó aquejado de un terrible dolor de muelas. Al mirar por la
ventana vio el vuelo de un gran objeto luminoso que desapareció detrás de las
montañas. Asombrado, el militar salió a su terraza y de repente, vio el descenso de
lo que en primer momento tomó por dos enormes «pájaros negros». Al aproximarse
a su posición, Bukhrashvili comprobó qué naposeían alas y en realidad eran dos
humanoides, uno de los cuales medía unos dos metros de altura! siendo su
«compañero» de menor tamaño. Ambos vestían trajes ajustados de color oscuro y
cascos. Los cascos tenían unas extensiones con uhabola en sus extremos y parecían
vibrar. En la zona de los ojos y la nariz tenía una abertura rectangular por donde el
testigo observo unos grandes ojos de rana sin pestañas. Había otra rendija
rectangular en el área del pecho. Sobre los hombros había unas protuberancias. En
aquel momento, los visitantes entablaron una conversación telepática con el
testigo en su idioma natal, en un georgiano «refinado». Bukhrashvili estaba
convencido de que se trataba de seres extraterrestres. Le propusieron al testigo
.WSA ■ i i'-.-"!'■ •
volar con ellos, pero el militar denegó cortésmente la oferta, argumentando que
estaba enfermo del corazón. Entonces, de forma sorpresiva, uno de los humanoides
sacó una píldora en forma de «dado» e insistió para que el testigo se la tragara.
Aunque Bukhrashvili se negó en un principio, no tuvo más remedio que tomar
aquella «píldora» ante la insistente petición del humanoide. Tras ingerirla, el
testigo escuchó un sonido, como un chirrido, que parecía una señal para que sus
interlocutores regresasen, e inmediatamente ambos seres despegaron de forma
vertical, emitiendo un silbido suave. Los humanoides se dirigieron en dirección a
las montañas, donde al parecer el objeto luminoso que había descendido. El
siguiente recuerdo de Bukhrashvili fue despertar en la cama sin saber cómo había
llegado hasta allí. ¿Extraterrestres voladores con cascos como lámparas
«victorianas»? ¿Invitando al testigo a volar con ellos? ¿Intentando curar su dolencia
con una pastilla «marciana»? Casos como este son lo que elevaban, hasta la fecha, el
factor absurdo hasta los límites de lo incognoscible según algunos investigadores.
Pero tras esta bizarra experiencia no se esconde nada extraordinario. Como se ha
desarrollado en este presente apartado, estaríamos ante un complejo proceso
denominado creación onírica producido por la unión de la psique del testigo y un
AE que elaboran una alucinante «historia» fabricada exprofeso para ese instante y
ese momento en particular. Sin duda, la enfermedad del testigo hace que surja el
amable ofrecimiento por parte de los humanoides (seguramente nacidos de un
recuerdo del militar) de un «medicamento», en lo que podríamos catalogar sin
1
problemas como una breve trama onírica. Y, por tanto, concluimos de forma
categórica que el factor absurdo es una simple construcción quimérica idealizada
por los estudiosos ovni al desconocer que los procesos mentales envueltos en la
. ... , . .. . . Wrií'. . , .
creación o decodiíicacion de estos episodios manejan el mismo «lenguaje» de los
sueños. Hemos estado analizando los engranajes del reloj, desconociendo que la
única forma de conocer la hora era observar las manecillas. Por tanto, el error ha
sido analizar y comparar en su conjunto la casuística ovni, lo que a todas luces nos
. íWlj ’ii

presenta episodios absurdos, carentes de lógica y conexión, ya que el verdadero


significado de estas experiencias solo se puede interpretar/decodificar a nivel
individual, caso a caso, teniendo en cuenta las preferencias, estudios, hobbies,
intereses, cultura, etc. del testigo. Solo entendiendo y asumiendo que son vivencias
de carácter global, pero subjetivizadas por la participación activa de la psique de
cada testigo despojaremos de todo misterio estos encuentros.

‘'•itór'f'í
El boceto en blanco o la indefinición del fenómeno
Es muy probable que, en su génesis, muchos encuentros anómalos, en cualquiera de
sus categorías, partan de una base «ideográfica» aún no definida totalmente, que
puede derivar, según s< ! tercie, en un episodio ufológico, paranormal,
criptozoológico o mariano, en función de la interpretación/infiuencia del testigo
---------. cuando
sobre/en lo percibido. Todo comienza _.
, el, potencial ol . ryajoj. observa que

algo extraño va a suceder trí ls sintonizar con el AE. En esos mom<


■ ".y . .<¿[Link] .

un boceto en blanco. El inici o de la experiencia puede ser simplemente una extraña


luz, una sombra o incluso una sensación de inquietud, temor o escalofrío. Y es en
ese preciso instante cuando en un fulminante intercambio de preguntas y
respuestas con el AE brota todo el suceso: ¿Qué está pasando? ¿Qué origina este
silencio? ¿Estoy solo? ¿Qué es esa luz? ¿Son espíritus del más allá? ¿Mi abuelo? ¿Un
-
platillo volador? ¿Un ángel del cielo? ¿Una horrenda criatura? ¿La Virgen María?
Esta interacción surge del propio inconsciente del testigo o, incluso, puede estar
influenciada por un determinado «campo mental». Las respuestas a estas dudas,
•i • WlrrJí •• ' ll ■ ¡ 1 r I

emitidas de forma automática, comienzan a edificar, a medida, una particular e


intransferible experiencia «sobrenatural». Por ese motivo, muchos sucesos
anómalos son incompletos, imprecisos o no tienen sentido, debido a que la
«construcción» es muy flexible en su fase de elaboración. Por ese motivo se
reportan muchos casos de visión de humanoides o entidades errantes y solitarios
sin asociación a un «vehículo espacial» o a una clasificación establecida. Como si el
testigo, tras la conexión con el AE, fuera incapaz de encauzar esta experiencia hacía
ninguna parte. Y es que el AE no tiene ningún interés específico en promover
determinadas experiencias o mensajes, más allá de lo que pueda desarrollar o crear
1 iJi LiJí nil t

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— ■ t'i' .d i 'lid. ^i*-i ,1 i i < Ikl ■ lll uIIl' ih-IiIAUíIi ' Lililí
el propio testigo en base a ciertos elementos puestos en fundonamiento. Pof tanto,
si la psique del observador es demasiado caótica o imprecisa ala hora de elaborarla
«proyección», es probable que el resultado sea impredecible e inclasificable. Así,
ante el mismo estímulo de ver una extraña luz en el cielo, visualizar una vaga
entidad entre las sombras o sentir extraña Sensadón, el testigo puede determinar
de forma inconsdente hacia dónde va a ir encaminada su experiencia: hacia el
' ’ ’V ' X,: ■! \ á
territorio de los ovnis, de los fantasmas o de las apariciones marianas, por ejemplo.
O, por el contrario, bajo una «caótica batuta», originando incidentes asombrosos
hasta para el investigador más versado. re,

íWwii
Dos ejemplos.
El 4 de Junio de 1970, Evilliers, una localidad francesa con rica tradición
ufológica fue el escenario de una desconcertante e inaudita experiencia anómala
que más bien parece extraída de otros tiempos. Sobre las 14:45 horas, Marie, de diez
años, estaba jugando en la calle frente a la Mansión Labat (una casa abandonada
utilizada como almacén y establo), cuando observó a través de una ventana del
segundo piso una extraña persona del tamaño de un niño y con un estómago
abultado. Inmediatamente, Marie llamó a otros niños, que decidieron entrar en la
casa para investigar quién era aquel raro personaje. Noel, de doce años, dirigía al
grupo. Cuando deambulaban por la vivienda, Noel vio un pequeño humanoide de
algo más de un metro de altura, con un suéter de color rojo con rayas diagonales, un
zurrón negro que le cruzaba el pecho y un cinturón del mismo color en la cintura. El
pequeño ser corrió por las escaleras y salió por la puerta del establo como huyendo
de la presencia de los niños. Sobre las 18:30 horas, Bertrand de diez años, estaba en
los alrededores de la mansión Labat, cuando observó otropequeño hurnanoide de
105 cm de altura muy similar al descrito por Noel. El diminuto intruso corrió detrás
de la casa. Poco después, Noel, Simón y Bartolomé, observaren! como un animal
largo gris, al que describieron como un «perro», realizaba un salto prodigioso,
atravesando la ventana del segundo piso (a unos 6,5 metros de altura), haciéndola
añicos, y llegar al suelo a unos doce metros de la mansión. En el terreno dejó huellas
«como las de un ternero». En ese momento, otro pequeño visitante, desde el
granero, realizo un chasquido con sus dedos para, al parecer, llamar al «perro».
Cuando el extraño animal se acercó hasta donde se encontraba el humanoide, este
le colocó una gruesa correa alrededor del cuello. Entonces aparecieron otros tres
'I '-'v
seres iguales, excepto uno que no tenía el estómago protuberante. Llevaban
sombreros negros puntiagudos. Los cuatro seres, incluido el «perro» atado,
comenzaron a correr muy rápido por la carretera, alejándose del pueblo en
dirección a Longeville. Los niños aseguraron que las criaturas parecían flotar,
mientras que el «perro» corría normalmente por el terreno. Justo en ese momento
dos camiones aparecieron por la carretera y el misterioso grupo se escondió en el
bosque. Los niños dijeron posteriormente que los hombrecitos parecían «pequeños
gendarmes». Uno de los testigos era el hijo del maestro del pueblo, y éste hizo que
los siete niños (de entre nueve y doce años), por separado, dibujaran y contaran su
experiencia. El profesor quedó muy sorprendido ante la gran semejanza de los
hechos relatados. Al día siguiente, el facultativo pudo observar las huellas del
«perro» en la zona, que eran enormes y se asemejaban a las de un becerro o un
hipopótamo. Seis días más tarde, el 10 de junio, sobre las 3:00 horas, la casa Labat
ardió violentamente hasta los cimientos. Nunca se desabrieron las causas del
siniestro.
Veamos otro incidente curiosísimo. Una tarde de veram» de 1957 o 1958, el
1* V1'
joven Jean Marc Levesque estaba explorando los bosques cercanos a su casa en
Cadillac, Quebec (Canadá), cuando tuvo un encuentro realmente desconcertante y
difícil de clasificar. Estaba cerca de un risco, rodeado de árboles, cuando escuchó a
varias personas hablar. Movido por la curiosidad, ya que la zona siempre se hallaba
desierta, se dirigió hacia el lugar donde había escuchado las voces. Al otro lado del
barranco, Levesque observó a dos hombres que parecían discutir alterados. Según
confesó el joven al investigador y amigo Donald Cyr, aquellas personas hablaban
'■•¡i '*!’! h. ■

en un idioma que no era ni francés ni inglés. Además, para mayor desconcierto del
testigo, iban vestidos de una forma extraña, como si fueran disfrazados. Llevaban
i
«túnicas blancas que acababan en una especie de falda con un cinturón» y en
los pies calzaban sandalias cuyos cordones se cruzaban en sus piernas hasta las
rodillas. Sobre sus cabezas portaban unas «gorras de metal de plata» que brillaban
con el sol. Pero quizás el detalle que más asustó al joven fue que los hombres tenían
espadas colgadas de sus cinturones. Temiendo que lo descubrieran, Levesque
retrocedió lentamente, pero de forma involuntaria hizo ruido, cosa que atrajo la
atención de los misteriosos merodeadores. Asustado, corrió hacia su domicilio y le
contó a su madre su increíble aventura. Naturalmente, no le creyeron, aunque él
estaba seguro de que había sido una experiencia real y aterradora. El testigo dijo que
«nunca había visto a un hombre como esos antes, yo supe cómo eran los soldados
romanos años después, al ver una película sobre Jesús».
Es probable que en ambos sucesos la interacción del AE con la impredecible
psique de un niño produjera experiencias realmente desconcertantes y que muchos
h, ' ' j' '¿y ,
investigadores enviarían a la trituradora sin esfuerzo... Pero las preguntas que
; I;».
surgen de este planteamiento son amplias: ¿cuántos casos originados por una
evidente puesta en escena bizarra y esperpéntica, o demasiado mundana, son
rechazados por los ufólogos a tenor de estos datos? ¿Cuántos incidentes han sido
desarrollados fuera de la estructura «ortodoxa» de los encuentros cercanos u otra
r i > M i
fenomenología conocida? Si, como creo, se trata de unas creaciones que rayan lo
«artístico» y lo «surrealista», expresado además en un lenguaje ideográfico y
arquetípico, es muy factible que a veces el resultado final no encaje con ningún
patrón establecido, ni por los ufólogos, ni por los parapsicólogos, ni por los
criptozoólogos. Un ejemplo. La madrugada del 20 de marzo de 1974, Cristóbal
Muñoz Romero, chofer del presidente de la diputación de Cádiz, se llevó el susto de
su vida. Según me narró el propio protagonista, sobre las 4 de la madrugada
regresaba de dejar a su jefe, el Sr. Antonio Barbadillo, en su domicilio, cuando de
pronto una espesa niebla le salió al paso. Era tan espesa que tuvo que disminuir
considerablemente la velocidad. En ese momento, tal y como refiere el testigo: «Iba
por la carretera de Sanlúcar de Barrameda hacia el Puerto de Santa María, sobre el
cruce que hay en la carretera de Rota hacia Jerez, y a unos 20 o 30 metros sobre la
parte derecha de la cuneta, vi una figura como la de una persona. En principio, a mí
me pareció que era una persona porque le había visto bien las piernas y vestía con
pantalones, pero taly como me iba acercando salió de esa figura un resplandor muy
grande de la cintura hacia arriba». Esto sucedió cuando lo tuvo a la altura de la
ventanilla del copiloto, y la luminosidad fue tan extraordinaria que lo iluminó todo
JÍJ

idía y parecía sujetado por una


como si fuera de día. El vehículo oficial no le res
™W®i®lí iiJi?-' .mí'.

«fuerza invisible» que lo zarandeaba de un lado a otro. uando recuperó la


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movilidad, Cristóbal asegura que: «Escuché un ruido y en esos móntente tuve la


clara sensación de que esa "cosa” se había subido a mi coche, por la parte < atrás».
I 1 !f" I ■
Al mirar hacia atrás, girando la cabeza, casi se salió de la carretera. Mientras se
alejaba de la zona volvió la mirada varias veces, pero no había rastro de la luz ni del
misterioso visitante. Al día siguiente, la puesta en marcha del SEAT 1500 dejo de
'i'i||' ■ 'i i .'ij,,.

funcionar. A los pocos días del suceso, mientras circulaba por la misma carretera a
plena luz del día, con la esperanza de ver algo que pudiera indicarle la naturaleza de
su experiencia, tuvo un último sobresalto: «Iba muy despacio por la zona,
■ IrW&i
por si
había un cartel, o un poste que me pudiera haber confundido, pero allí no había
nada..., pero de pronto, cuando pasé justo por el mismo lugar, e iba muy despacio,
el capó de mi coche se levantó de forma muy brusca, tuve que frenar porque no veía
la carretera y otro coche casi me colisiona por detrás». Cristóbal me señaló que el
capó de su vehículo se levantaba al contrario y por tanto es muy complicado que se
alzara de aquella forma... ¿Qué era aquél ser luminoso? ¿Un fantasma? ¿Un
extraterrestre? ¿Una virgen? El testigo no tiene ni idea. Tampoco podemos
descartar la posibilidad de que el AE, auxiliado por un determinado «campo
mental», tenga cierta autonomía para imponer ciertas categorías. Por su interés
volveremos a incidir sobre el concepto «boceto en blanco» en el siguiente capítulo.
¿Quién origsna realmente el contenido de La «proyección»?

Bajo el marco de la TD la información incluida en las edece a cuatro


/Wiiíir1’
puntos básicos:

A. Ningún testigo verá ni accederá a nin ue: no que se halle


latente en su inconsciente en el momento o».

B. Que no sea capaz de imaginar.

C. O que no podamos rastrear en el imaginario popular (inconsciente


colectivo).
e
D. La posible existencia de los «campos mentales»

•I •
Y es que, el AE es fundamentalmente «neutro» en sus aportaciones, o sea,
sin una intencionalidad prefijada, tal y como se había creído hasta el momento
(léase, manipulación, experimentación, etc.). Ya que estas experiencias, como se
W'1»
ha desarrollado en puntos anteriores, son fruto de un complejo proceso psíquico
de «retroalimentación» entre el fenómeno y los testigos. Y es por esta sencilla
razón que las experiencias ovnis serán siempre sincrónicas con la época de la
manifestación, y no hay que buscar más allá, ni teorizar sobre «inteligentes»
camuflajes o excelsos «sistemas de control». Siguiendo este planteamiento
• i j h
podríamos encontrar a una persona en el siglo pasado que nos aportara
. !i"l. ■ J’lw Ííl i*i1
muchos detalles de una experiencia sobrenatural, por su capacidad intrínseca de
interaccionar con el AE, debido a su rico bagaje mformativo/imaginatívo personal,
y, por el contrario, actualmente podemos topamos Con un testigo que describa una
• . $i.i1 >■ uttl iib' ' | U‘ id
observación ovni muy parca en detalles. Todo depende del observador. Repetimos.
Todo. Lo que no se puede hallar o rastrear en la psique de los testigos nunca será
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visualizado en un encuentro urológico.
Dos ejemplos.
Curiosamente, la historia de Kenneth Arnold no era totalmente desconocida
para la prensa norteamericana. El periódico Denison Daily News recogía una insólita
. . . ' 'W,\ .
noticia, en el lejano 2 5 de enero de 18 78, titulada «Un Fenómeno Extraño», que mas
bien parecía coetánea de 1947:

Gracias al Sr. John Martin, un agricultor que vive a unos seis kilómetros al sur
de esta ciudad, nos enteramos de la siguiente extraña historia: el martes por
la mañana, mientras cazaba, su atención se dirigió hacia un objeto oscuro
en lo alto de los cielos, de forma peculiar. La velocidad con la que el objeto
parecía acercarse a él llamó su atención y agudizó la vista para ver su forma.
Cuando lo vio por primera vez, parecía tener el tamaño de una naranja, pero
siguió creciendo en tamaño. Después de mirarlo durante algún tiempo, el
señor Martin se quedó ciego y dejó de mirarlo por un tiempo para descan­
sar sus ojos. Cuando volvió a mirarlo, el objeto estaba casi sobre su cabeza,
había aumentado considerablemente de tamaño y parecía estar pasando por
el cielo a una velocidad maravillosa. Cuando estaba sobre él era aproxima­
damente del tamaño de un platillo grande y era evidente que estaba a gran
altura. Sr. Martin pensó que se parecía, a un globo. Se fue tan rápido como
había llegado y pronto se perdió a la vista en lo alto del cielo. El Sr. Martin
es un caballero de veracidad indudable y este extraño suceso, si no fuera un
globo, merece la atención de nuestros científicos.
j/l^l 1K ! ■' » iPÍPllM'
Mas extraña es nuestra siguiente crónica. El granjero Tilomas loman y su hijo
regresaban a casa desde Taylorsville (Ohio), cúando cerca de Zanesville observaron
una extraña luz en el cielo. Aunque el caso ocurrió a mediados de marzo, se hizo
público en una carta publicada en el New York Herald el 8 de abril de 1873:

Aterrizó en la carretera con un golpe a poca distancia de ellos. El objeto


ardiente parpadeó y brilló durante un momento, y luego se desvaneció en
la oscuridad, cuando salió de él un hombre vestido con un traje completa-
mente negro y con una linterna en la mano. El hombre camino unos pasos
y se metió en un carrito, cuya presencia ni el Sr. Inman ni su hijo habían
notado antes. Ningún caballo estaba conectado a este vehículo sobrenatural,
pero en cuanto el hombre hubo tomado su asiento empezó a moverse, sm
hacer ruido, pero con gran velocidad, a lo largo de la carretera, y así continúo
haciéndolo hasta llegar a una pronunciada quebrada, donde desapareció. El
carrito, el hombre y la linterna de repente desaparecieron tan misteriosa­
mente como habían venido.

Sin duda este espectacular suceso, rescatado del olvido por el investigador
y amigo Chris Aubeck, es uno de los antecedentes históricos que tiene mayor
.1 lp®'íri ■
semejanza con nuestros modernos platillos volantes. Pero ¿por qué no hallamos
más sucesos de este tipo en las hemerotecas o bibliografías, que podrían confirmar
las visitas extraterrestres en la tierra desde hace siglos? Por una sola y exclusiva
'1111 d'h'W'hi111 !‘'ií
razón. La «creatividad» de los testigos, durante el proceso de elaboración de
esta «entelequia», es la que otorga los detalles a los incidentes y, por tanto, si
el concepto «extraterrestre» o «nave espacial» no se encuentra presente en el
ideario de la época, ni existía información visual ni oral a desarrollar en este
sentido, difícilmente lo podremos hallar representado en la proyección. Creo que
si se hubieran estudiado en la fecha del suceso las aficiones y coñpciirüentos
del testigo o su hijo nos hubiéramos llevado una sorpresa sobré los resortes que
pudieron originar este encuentro. De hecho, el propio Aúbeck, en el libro Hay
Otros Mundos (2013), decía que: «Los testimonios históricos de ovnis que describan
....... •l: • t mímM
entidades son una rareza. Por lo general, se encuentran informes de objetos
voladores extraños —una luz en el cielo, un dirigible, un anillo de fuego— o de
un misterioso ser con atuendo extraño, posiblemente con rasgos físicos de otro
mundo, como ojos rojos brillantes o una estatura anormal». Pero, curiosamente,
'.'L
como describe Aubeck, en muy pocas ocasiones coincidían ambos aspectos. Esto
, . . . . . . . ^iii . W..
demostraría que las experiencias ovnis, sobre todo los encuentros cercanos, surgen
a partir de determinadas creencias latentes en la actual sociedad humana y del
posterior desarrollo unilateral de las mismas. Además, el testigo no tiene por qué
ser conocedor directamente de la existencia de estas creencias, sino que el propio
inconsciente colectivo humano podría ejercer de fuente de información para el
AE. Curiosamente, incluso dentro del estudio de los místicos religiosos se ha
encontrado este particular hecho. Juan Martín Velasco decía en su libro lo siguiente:

En efecto, es posible que en la producción de las visiones que han tenido


numerosos sujetos religiosos su psiquismo funcione siguiendo las mismas
leyes que rigen la producción de alucinaciones o la de los sueños. Pero esta
explicación psicológica del fenómeno no excluye que en su último origen
haya actuado el contacto, la presencia o la revelación de Dios en la concien­
cia de ese sujeto, contacto y presencia que precisamente por ser de Dios no
se deja captar por los instrumentos y los métodos de la ciencia. De hecho,
no dejan de ser elocuentes los datos que estudios recientes ponen de relieve
como son el hecho de que las visiones y apariciones se produzcan en conste-
laciones que se corresponden con épocas históricas, o qué en sus visiones los
sujetos que las padecen reproduzcan imágenes de su entorno y con las que
están familiarizados, o qué el contenido reproduzca leyendas de cuya falta de
fundamento histórico hoy se esta seguro, etc.

Una vez más se demuestra que hemos estado enfrentados a un mismo


fenómeno, pero enclaustrado en diferentes percepciones. O lo que es lo
mismo, atrapado en icontextos socioculturales/mitológicos/religiosos/folclóricos
diferentes. Por ejemplo, a quienes vean en las pretendidas abducciones
.
extraterrestres un fenómeno contemporáneo le resultara curioso conocer que
desde hace siglos se mencionan la existencia de extraños seres que «mortifican» a
sus víctimas. En su libro Le charnanisme et les techniques archaiques de l'extase (El
chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, 1951), Mircea Eliade expuso que:

Se ve que tras el éxtasis iniciático aparecen determinados temas ejemplares:


el novicio encuentra muchas figuras divinas (la Dama de las Aguas, el Señor
de los Infiernos, la Dama de los Animales), antes de ser conducido por sus
guías animales al Centro del Mundo, en la cima de la Montaña Cósmica,
donde están el Árbol del Mundo y el Señor Universal; recibe del Árbol Cós­
mico y de parte del propio Señor, madera para construirse un tambor; unos
seres semidemoniacos le revelan la condición y el tratamiento de todas las
enfermedades, y, por último, otros seres demoniacos le cortan el cuerpo en
pedazos que ponen a cocer y sustituyen algunos de sus órganos por otros
mejores. [...] Es bastante estrecha la analogía entre las iniciaciones de los cha­
manes siberianos y las de los hombres-médico de Australia. Tanto en uno
como en otro caso, el candidato sufre, de manos de unos seres semi-divinos o
de los antepasados, una operación que abarca el despedazamiento del cuerpo
y la renovación de los órganos internos y de los huesos. En ambos casos, esta
operación se efectúa en un «infierno» o lleva aparejado un descenso a los
Infiéraos. En lo que respecta a los trozos de cuarzo u otros objetos mágicos
que se supone que los espíritus introducen en el cuerpo del candidato austra­
liano, es práctica que tiene mínimaimportancia en Siberia. En efecto y como
se ha visto, solo raramente se alude a pedazos de hierro y otros objetos que
se ponen a fundir en la misma caldera donde se han echado los huesos y la
carne del futuro chamán. 11 .
La conocida Santa Teresa de Jesús (1515-1582) relató un encuentro con un
misterioso ángel: I ■

Vi a mi lado a un ángel que se hallaba a mi izquierda, en forma humana.


Confieso que no estoy acostumbrada a ver tales cosas, excepto en muy raras
ocasiones. Aunque con frecuencia me acontece ver a los ángeles, se trata de
visiones intelectuales, como las que he referido más arriba... El ángel era de
corta estatura y muy hermoso; su rostro estaba encendido como si fuese uno
de los ángeles más altos que son todo fuego. Debía ser uno de los que llama­
mos querubines... Llevaba en la mano una larga espada de oro, cuya punta
parecía un ascua encendida. Me parecía que por momentos hundía la espada
en mi corazón y me traspasaba las entrañas y, cuando sacaba la espada, me
parecía que las entrañas se me escapaban con ella y me sentía arder en el más
grande amor de Dios. El dolor era tan intenso, que me hacía gemir, pero al
mismo tiempo, la dulcedumbre de aquella pena excesiva era tan extraordi­
naria, que no hubiese yo querido verme libre de ella.

Y es que la existencia de seres celestiales y demonios siempre ha estado muy


presente en la religión católica, el Dr. Frederik Koning, en su obra Incubes et sucubes
(Jncubusy sucubus; El Diablo y el sexo, 1977), decía que:

El II Concilio de Nicea (año 787), que trató también de este problema, llegó
a la siguiente conclusión: «En lo que atañe a los ángeles y arcángeles y sus
poderes, a los que debemos añadir nuestra propia alma, la Iglesia católica es
en verdad de la opinión que se trata de inteligencias, pero que no carecen
enteramente de cuerpo y órganos délos sentidos». Por el contrario, Ja Iglesia
les atribuye un cuerpo sutil etéreo o ígneo, en concordancia con lo que está
escrito: Hace a sus ángeles ángeles-espíritus y a sus mensajeros un fuego
brillante... «Aunque no son corporales del mismo modo que nosotros, que es­
tamos hechos de los cuatro elementos, es imposible decir que los ángeles, los
demonios y las almas son incorporales; pues han sido observados muchas
veces, en su propio cuerpo, por aquellos a los que Dios ha abierto los ojos».
Probablemente estamos asistiendo a reactualizaciones de «visiones» que han
acompañado al ser humano desde antaño, y que recogen y expresan, en definitiva,
sus propios miedos, deseos o aspiraciones ante esa «otra realidad» manifestada
ante ellos.

m
Fenómenos «endémicos»

Es también interesante señalar que a veces en los encuentros cercanos con ovnis
hallamos detalles y rasgos muy característicos y propios de una determinada
región, pertenecientes a la cultura, idiosincrasia o tradición local, lo que apuntaría,
una vez más a una evidente implicación psicológica en la construcción de los casos,
ya que otra de las características de las experiencias ovnis es que se desarrollan
como fenómenos «endémicos». Recordamos las palabras de Dennis Stacy, cuando
decía que cada país parecía desarrollar concretos y singulares episodios ufológicos
que no son extrapolables a otros lugares. Un ejemplo. El investigador neoyorquino
Budd Hopkins «revolucionó» la ufblogía norteamericana con un best sellers
llamado Intruders (1987), dedicado monográficamente al asunto de las
controvertidas abducciones alienígenas —para más información ver mi libro
OVNIS: las operaciones secretas de la CIA, 2017—. Tal fue el impacto de sus obras, y
de otras que surgieron al calor de las aportaciones de Hopkins (como Communion,
de Whitley Strieber, 1987), que en muy poco tiempo los casos de secuestros
extraterrestres se «multiplicaron» de forma exponencial en los Estados Unidos,
convirtiéndose en un tema recurrente de tertulias radiofónicas y televisivas en
horarios de máxima audiencia. Y debido a esta sobreexposición mediática (que
avala a la TD), los pequeños alienígenas grises de cabeza abultada y grandes ojos
negros, que, todo hay que decirlo, compartían instrumental y mobiliario con los
hospitales terrícolas, comenzaron a desplazar a casi todos los demás ocupantes de
los platillos volantes, evidenciando un impresionante «efecto contagio» como
pocas veces se ha visto dentro de la propia casuística ovni. Las escafandras, los
equipos de respiración autónoma, los trajes de «astronautas» y hasta las pistolas de
rayos comenzaron a desaparecer de los informes ovnis. Incluso se acorto la
distancia con el fenómeno. Ya no hacía falta buscar los encuentros en el desierto o
en las carreteras aisladas. Los ovnis «echaban abajo» las puertas de los dormitorios
para secuestrar a los testigos. Cómo los súcubos e íncubos del medievo (demonios
masculinos y femeninos, respectivamente, que copulan con los testigos en las
habitaciones), los pretendidos extraterrestres atravesaban paredes y ventanas para
i I
conducir a las personas a una mesa de quirófano e incluso para mantener
relaciones sexuales. Pero, curiosamente, fuera de Norteamérica, donde se estuvo
"‘f. ilW ifll: Jf' ijJHl.'.’

'OÍL
iJdiíiÂKk [Link]íi
menos expuesto al contagio, se contabilizaron muy pocas abducciones de este tipo
concreto de extraterrestres macrocéfalos. De la misma, forma, podríamos indicar
que el país donde se han observado más «humanoides» con la apariencia del
famoso muñeco Michelin (Bibendum) es Francia, lugar de donde es originaria la
marca de neumáticos y donde, lógicamente, estaría más presente este iconográfico
logotipo. De hecho, de diecinueve incidentes protagonizados por ocupantes de
ovnis parecidos a Bibendum, que recopilé para un estudio, ocho de estos casos
ocurrieron sobre territorio francés, dos en la vecina Bélgica, además de dos sucesos
registrados en España, en una época de expansión de la marca francesa en nuestro
EL logotipo de Michelin, el famoso Bibendum, és conocido a nivel mundial. Y es por ella que
deberíamos encontrarlo en las descripciones de muchos ocupantes ovni. Y concretamente, esto
ocurre con mayor frecuencia en Francia, de donde es originaria la marca de neumáticos. Pero cu­
riosamente, en cada incidente es diferente, en altura, tamaño, color, etc. Archivo Carav@ca.

El inconsciente colectivo y la ciencia ficción


* I ó

Algunos investigadores han. señalado las indiscutibles y sospechosas sem<


muchos relatos de ciencia de ficción con los modernos testimonios ovnis. Y es que,
mucho antes de que los «platillos volantes» aparecieran sobre nuestras cabezas,
diversas obras literarias y artísticas ya plasmaban en sus páginas escenas y motivos
relacionados con los ovnis. Pero ¿cómo es posible que la ciencia ficción presagiara
los encuentros cercanos con extraterrestres con años de antelación? Si la literatura
fantástica, recogía, incluso con dibujos, muchos de los aspectos que presenta y
• 'MlWii ''i

caracteriza al fenómeno ovni en la actualidad, esto vendría a demostrar que las


pretendidas visitas alienígenas esconden una naturaleza y un propósito totalmente
opuesto a las vías propuestas por los defensores de la HET. El primer investigador
que vislumbró estas coincidencias fue Bertrand Méheust, que en 1974 encontró
casualmente una novela de ciencia ficción llamada La Roue fulgurante («La Rueda
fulgurante»), de Jean de la Hire, en la que unos cuantos personajes eran arrastrados
por un «rayo de luz» al interior de una esfera que desprendía un zumbido. Los
protagonistas del texto despertaban en una habitación ampliamente iluminada.
Méheust se sorprendió de que dicha novela, que parecía relatar una experiencia
ovni en toda regla, hubiera sido escrita en 19 OS. Para mayor asombro del galo,
comprobó que varias obras de ciencia ficción publicadas antes de la irrupción
mediática de los platillos volantes contéman mucha información sobre este
paradigmático fenómeno. Seres macrocéfalos, secuestros, esferas luminosas,
platillos volantes, armas de luz, experimentos médicos, encuentros cercanos,
aparecían con asiduidad en los contenidos de los autores de ciencia ficción. En su
'' ¡ líH; i|j

libro Science Fiction et Soucoupes Volantes (1978), Méheust desarrolló ampliamente


1
su tesis para desconcierto de muchos ufólogos, al señalar que las modernas
visiones de platillos volantes eran simplemente actualizaciones de mitos antiguos.
El investigador Sergio Sánchez, en la revista La Nave de los locos (2002), en un
artículo denominado «Un etnólogo a bordo de un platillo volante (notas de un
lector cautivo)» definió el libro de Méheust como «uno de los textos más influyentes
de la nueva ufología europea. ¿La razón del suceso? Méheust había logrado
documentar, en impresionante despliegue, la evidencia de que los escenarios
ovnísticos posteriores a 1947 habían sido desarrollados por la ciencia ficción de la
primera mitad del siglo XX. Los paralelismos eran estremecedores, sobre todo
considerando que la literatura usada por Méheust era de autores poco conocidos,
con ediciones en oscuras revistas cuya memoria se perdía en la vorágine de la
cultura de masas. Nuestro autor, entonces adscrito a la paraufología de Vallée y
Vieroudy (con reservas), sugirió la idea de un "banco de imágenes" primordial, que
habría alimentado tanto a la ciencia ficción como a la imaginería ufológica».
Siguiendo el sendero marcado por Méheust el investigador Thomas E. Bullard
expresó lo siguiente:
H. G. Wells, en La guerra de ios mundos (1897) hizo una contribución perti­
nente cuando agregó una perspectiva evolutiva á los marcianos y agrandó
su cerebro a expensas de su cuerpo. Una cabeza grande, ojos sin cejas y
una piel sin vello, combinados cóñ un frágil cuerpo pequeño, igualan a
los alienígenas de las historias de abducción con los alienígenas avanzados
evolutivamente de la ficción imaginativa. Wells también especuló respecto
a que el sistema digestivo de los marcianos se había atrofiado tanto que
recibían los nutrientes directamente de la sangre de los animales inferiores,
lo que recuerdan los rumores más espeluznantes de lo que son, en realidad,
las abducciones. Muchas películas de ciencia ficción de los años 50 prestaron
#
inmediatez visual a los temas e imágenes que más# tarden habrían
* de apare-
cer en los informes de abducción. En This ísland Earth (1955) unos seres hu-
manos capturados por alienígenas colaboran en un proyecto para salvar un
planeta devastado y asediado. Los invasores de Earth Versus The Flying Saucers
(1956), son frágiles humanoides que ya han perdido su planeta y buscan un
nuevo hogar en la tierra. Llevan a los cautivos hacia una gran habitación
circular con cúpula dentro de la nave y roban sus pensamientos mediante
un aparato suspendido del techo. Los Invasores de Marte (19 53) hacen tú­
neles subterráneos e insertan un electrodo en la nuca de cada cautivo que
entonces obedece las ordenes marcianas. La mayor parte de los paralelismos
quizás aparecen en KHlers from Space (1953). Aquí, un piloto muerto en un
accidente de aviación se encuentra a sí mismo en una sala de operaciones
subterráneas con su corazón colgado por encima de él, mientras unos seres
extraños lo reviven con una cirugía que no deja cicatrices. Tienen ojos pro­
tuberantes y llevan uniformes oscuros pegados al cuerpo. Comunicándose
por telepatía, el jefe muestra al piloto la escena de la destrucción del planeta
original de los alienígenas y les revela cómo van a salir de sus túneles para
invadir la tierra: entonces bloquean la memoria del humano mediante hip­
nosis y le implantan órdenes para que haga un sabotaje. Estos pocos ejem-
píos demuestran que los motivos de abducción circulaban ampliamente en i
la cultura popular años antes de que aparecieran los primeros informes de i
abducción. B
t
Imagen del año 1943. Revista Amazir^ Stories. Un autentico platillo volador
antes de la era moderna de los ovnis.

Por ejemplo, en un número de la revista Amazing Stories del año 1943 aparece
i ,l|i 11* . ’ ¿i]
una sorprendente ilustración de unI platillo volador'j"en■' ’ toda
¡í , !• <11!. • •
regla.
' J, *11* ■
Anteriormente,
André Galland había realizado para Sciences et Voyages, en 1925, Unos dibujos de
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unas aeronaves con la forma de dos platillos superpuestos. Pero hay mucho más.
, , , • 1 i< ;
En uno de los
Ji
números de la revista
i
Astouding
v 1
del año 1935 aparece
StoriesW •
una
ilustración de varios seres de grandes ojos y abultadas cabezas que examinan a una
mujer en una camilla en el interior de una misteriosa habitación iluminada por un
potente foco de luz. En ese mismo sentido, en la revista ThriHing Wonder Stories,
en 1943, se representó una abducción alienígena que guardaba extraordinarias
semejanzas con el episodio vivido por el famoso matrimonio Hill (1961). Además,
una de las acciones favoritas de los ocupantes de los ovnis, utilizar un «rayo de
luz» contra los testigos, aparece reflejada en varias obras de ciencia ficción. En
:'i;- ^WPtrii’7- ■ i;
Captain Future, de 1942, un personaje utiliza un «arma eléctrica» que inmoviliza
a un marciano. Los rayos de luz como armas también aparecen en otra evocadora
ilustración de la revista Amazing Stories (de 1939).
*» ’• i 'r-Ji lU •. i • ' :* *
Imagen del año 1939. Revista Amazing Stories. El rayo láser esta presente en el

imaginario colectivo como una poderosa arma en manos de «alienígenas».

Pero encontramos más paralelismos asombrosos. Méheust señalaba que

la novela del genial escritor galo Julio Verne Robur-le-Conquérant (Robur, el

Conquistador, 1886), contiene mucha información sobre la misteriosa oleada

«ovni» que sacudió a los Estados Unidos entre 1896 y 1 897, que originó miles de

reportes de prensa. Durante varios meses se observaron unos extraños artefactos

voladores (bautizados por la prensa como Air-Ships) que parecían rudimentarias

aeronaves fabricadas en un granero por un anónimo inventor. Nunca se encontró


una explicación para estos masivos avistamicntos. Tanto me fascinó este particular
asunto que durante casi una década en la elaboración de un libro
monográfico titulado La última profecía de o Veme (2007), en el que expuse
las enormes coincidencias entre esta novela del genio
° ’ih
francés, las Air-Ships y los
, • i j i- "• *
modernos ovnis. Estas son algunas de las mas sorprendentes:

1. La última ciudad visitada por el Albatros, la na voladora ideada por


Veme, es Sacramento, ciudad que da el pistoletaz< salida a la oleada Air-
Ship, además de coincidir tanto la hora como el monumento sobrevolado
por ambas aeronaves.

2. En la novela del galo la prensa se ocupa de plasmar los continuos avista-


,|| : [h ■’ •!, !5ltj|‘l|: "’MHi
mientos del Albatros; diez años después, los periódicos de Estados Unidos
se volcaron con los misteriosos fenómenos de la aeronave fantasma.

3. Los astrónomos y sabios preocupados en la novela de Veme por la natu-


raleza del Albatros tienen su perfecto reflejo en la oleada, con la continua
opinión de los expertos en astronomía sobre el origen y naturaleza de la
Air-Ship.

4. Los tripulantes del Albatros pescan para aprovisionarse de alimentos en los


ríos y mares. Varios testigos observaron a la Air-Ship cerca de un río y a sus
ocupantes pescando tranquilamente.

5. El ingeniero Robur, personaje inventando por Verne, prueba la potencia de


su máquina rebasando a un tren a toda velocidad. En varias ocasiones, du­
rante la frenética oleada, la Air-Ship fue observada rebasando a un ferroca-
rril velozmente.
6. El Albatros es reparado por los tripulantes tras una leve avería. La Air-Ship
es descubierta en tareas de reparación en multitud de sucesos recogidos
por los periódicos. '..... .
7. 7.- Al igual que la acción de la pesca, la obtención de agua por parte de los
tripulantes del Albatros es repetida por los misteriosos ocupantes de la Air-'
SHp.
8. Desde el Albatros se lanzan mensajes unidos a objetos. Una vez mas, du-
W * ’ ’’wJk" 11
rante la oleada este hecho es repetido con exactitud.
9. El Albatros llevaba dos potentes focos para iluminar desde el cielo a tierra.
La Air-Ship también fue vista con luces iluminando y asustando a los pre­
sentes...

En su Ebro Visions, Apparitions, and Alien Visitors: A Comparative Study of the


Entity Enigma, From Ancient Astronauts to Modern Ufonauts {Visiones, apariciones
y visitantes del espacio, 1986), Hilary Evans manifestaba que «los hallazgos de
. 1 •. . ’» i ...ill l,lí

Méheust se explican con más facilidad si formulamos la hipótesis de que tanto


los autores de obras de ciencia ficción como los testigos “verdaderos" obtienen su
material de una fuente común, lo cual nos retrae una vez más a la hipótesis del
“banco de imágenes" y a la idea de un inconsciente colectivo». Y está claro que, si
la TD está en lo cierto, las «fuentes» culturales con mayor carga iconográfica de los
últimos tiempos han sido sin duda la televisión y el cine.
iiI.í,'1’ . .. I'N»I. * .
Y tenemos incluso ejemplos que demuestran que el fenómeno ovni precedió a
la creación artística. En el siguiente caso que vamos a exponer, ocurrido en Italia en
1951, aunque divulgado en el año 1978, comprobaremos como muchas de las
Jill ‘ ’

i ift1* d’M N
* ii? • >..«■ .i, h, ijidri-. iduluíZ-' pudLltki
i H

características observadas en los presimtos alieTiígenas fueron plasmadas con


anterioridad en la portada de una revísta de ciencia ficción estadounidense
publicada en noviembre de 1957 (Amazing Science Fictíon Stories. Volumen 33,
número 11). Sin tener, aparentemente, conexión un hecho con otro, las semejanzas
son notables, lo que explicaría que en la imaginación colectiva estarían contenidos
todos los «ingredientes» de ciencia ficción necesarios para que brotaran este tipo de
encuentros en un sentido u otro. En Voghenza (Voghiera, Ferrara), el 14 de agosto
-
de 1951, sobre las 13:00 horas, H. B., agricultor y albañil de 57 años, realizaba un
trabajo de mantenimiento en el cementerio local cuando sintió una intensa ola de
calor en su espalda, a la vez que escuchaba un extraño ruido. Al darse la vuelta pudo
observar una enorme mancha que caía del cielo. Se trataba de un objeto metálico
resplandeciente de unos seis metros de diámetro. El artefacto tenía forma alargada,
y en la parte superior había una cúpula con varias aletas verticales, en las que había
varias ventanas redondas de color azul. En su centro pudo ver una especie de anillo
que giraba con la cúpula. La parte inferior tenía la forma aproximada de un embudo
y estaba inmóvil. A poca velocidad, el artefacto aterrizó a unos cincuenta metros
del testigo, apoyado en tres patas telescópicas que surgieron de la base del objeto.
En ese momento se abrieron dos puertas laterales y salieron dos escaleras.
Inmediatamente desembarcaron seis humanoides de 1,20 metros de altura.
Vestían brillantes trajes blancos de una sola pieza con unas botas que les llegaban
hasta las rodillas. En la cintura portaban un cinturón con unas «lentes alargadas»
de color verde. En la cabeza llevaban un casco de material transparente del que
sobresalían tres antenas finas, dos a cada lado y una en el centro. Sobre la espalda

JáAl Mülái.. I JLlüb l ú,klíl'


tenían un depósito del que surgía un tubo que se unía alcasco pe r debajo de la
barbilla. Los brazos de los humanoides eran muy largos en relación al cuerpo.
Llevaban un objeto alargado en las manos que parecía [e arma parecida
..i lis ' I HW W "'illpxi» IU

a una «escopeta». Cuando se aproximaron al testigo, hasta unos cinco metros de


distancia, este pudo observar más detalles del rostro délo s. Sus rasgos faciales
eran de aspecto simiesco, tenían la cabeza alargada, los p os salientes, los ojos
redondos y azules, y la piel blanca, y el que parecía «jefe» del grupo llevaba una
barba de color roja. El resto de la cabeza estaba cubierta por un material ajustado de
•i ! $|i| hi Pi

color oscuro. Uno de los humanoides apuntó su «arma» contra el testigo y disparó
una especie de flash luminoso. H.B. tenía tanto miedo que no intento huir, aunque
el «disparo» no le causo ningún daño aparente. En ese momento, el «jefe» le hizo un
gesto amigable con la mano, el testigo le devolvió el saludo y el humanoide asintió
con la cabeza. De repente, todos los humanoides retornaron a la aeronave. Una
llama de color rosa surgió del embudo inferior, el objeto se elevó verticalmente a
gran velocidad, y en dos segundos estaba fuera de la vista. Un trabajador del
cementerio observó el vuelo de una luz cegadora. Sobre el terreno quedaron marcas
del aterrizaje, un círculo de hierba quemada y suelo desprovisto de vegetación de
unos 7 m de diámetro. Y es que, como afirmó el investigador Martin S. Kottmeyer,
en un artículo denominado «Nada predispuestos. El trasfondo cultural de los
informes de abducciones» (2012), «si el fenómeno ovni es de origen cultural, uno
esperaría poder reconocer antecedentes culturales en sus principales
características. Los auténticos extraterrestres, sin embargo, tendrían que ser
independientes de cualquier cultura y, si son recién llegados, sus características
deberían mostrar unía discontinuidad con el pasado». 0 sea, que si realmente
estuviéramos delante de una civilización extraterrestre, con millones años de
evolución por encima de la nuestra, sus actos deberían de ser casi irreconocibles
para nuestra especie. De la misma i bre del siglo XIX no podría
que un astronauta está
utilizando una cámara fotográfica.

. !i í

¡w
Incluso hay casos muy curiosos, en los que la descripción de los ocupantes de un ovni

coincide con dibujos de ciencia ficción realizados en años posteriores, aunque no hubiera

forma de que el artista conociera el incidente. En Italia tuvo lugar un aterrizaje ovni en

1951, pero no fue divulgado hasta año 1978, no obstante, en la portada de una revista

de ciencia ficción estadounidense publicada en noviembre de 1957 Science


Fiction Stories. Volumen 33, número 11) aparecía un «astronauta» muy parecido al
, • I
supuesto extraterrestre italiano. Basado en el archivo de Moreno Tambellini.

11.

Los animales y la Distorsión

Es indiscutible que los animales (perros, caballos, pájaros, etc.) parecen


incluso antes de su aparición, ante la presencia de los platillos volantes. Los
investigadores han anotado que los animales suelen reaccionar con miedo,
agresividad o nerviosismo ante lo desconocido. Pero ¿cómo explicaría esto la TD?
■h.,,
¿Pueden los animales percibir estas proyecciones? ¿Cómo pueden intuir estos
fenómenos?
'h
1. De forma visual. Nada impediría que los animales pudieran observar
i."':
la proyección como si realmente se tratara de algo «real», aunque
evidentemente intuyan que no se trata de algo «cotidiano», por lo que
su comportamiento, en la mayoría de ocasiones, es asustadizo, y algunas
Vii1 - 'v
veces se dice que es extremadamente agresivo.

2. De forma «clarividente». Algunos animales, sobre todo los perros, pueden


«intuir» momentos antes del contacto la presencia del AE en el «ambiente».
Tanto si se trata de platillos volantes, Pies Grandes o fantasmas, parece ser
que el «sexto sentido» de los perros les avisa antes que a los seres humanos
de la situación.

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¿Por qué no hay contactos masivos?

Sin duda esta es una de las preguntas más repetidas y enigmáticas del fenómeno.
¿Por qué no se producen avistamientos multitudinarios, como por ejemplo el
aterrizaje de un platillo volante en mitad de un campo de fútbol o en el jardín de
la Casa Blanca? ¿Por que nos encontramos siempre con contactos furtivos con una
i|l.
sola persona o, a veces, unos pocos testigos en la más completa soledad?
Puede haber dos factores desde el punto de vista de la TD que explicarían este
fundamental aspecto del fenómeno ovni, sin contar que pudiera ser, simplemente,
una forma deliberada y premeditada de actuación.
; * wV " AIIhW:-
1. Que la aglomeración de gente produzca una amplia «interferencia»
psíquica en la incursión del AE, lo que haría que su manifestación
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no pudiera ser percibida por todo el mundo de la misma forma, o,
lj.1| i 'I
simplemente, que tal cantidad de testigos dificultara la acción de crear la
proyección.
u , 1t, [ U i. i’ !
2. La irrupción del AE ante una amplia audiencia, podría crear
«perturbaciones psíquicas» más generalizadas que se alejarían de los
propósitos originales del AE.

Cuando «falla» la Distorsión


Si, como se ha descrito en el presente capítulo, estamos ante un proceso
psíquico altamente creativo, impredecible e instantáneo, es muy probable, que
este fenómeno haya errado en su propósito en numerosas: ocasiones. Aunque
ciertamente solo se trataría de «errores» bajo nuestro punto cíe vista, ya que estos
«fallos» del sistema crearían eventos inclasificables para nuestros archiveros, que
se venan totalmente incapacitados a la hora de catalogar algunas manifestaciones
del AE correctamente en algún marco referencial establecido (ovnis, apariciones
marianas, fantasmas, criptozoología). Y es que es un hecho constatado que los
investigadores de todos los campos de estudio de las anomalías se han topado con
,. ,, , , .hFW..' ..
multitud de casos, que, aunque reunen aparentemente los mismos requisitos que
los incidentes «canónicos», en cuanto a credibilidad u honestidad de los testigos,
los contenidos de los mismos son totalmente ridículos, extravagantes, fuera de
lugar o, simplemente, increíbles. Por ejemplo, hay testigos que han visto «coches»
’I L i r$í * ' | *
volando, estrafalarios humanoides deambulando por carreteras, criaturas en mitad
j||tf !r. .-I Il!¡l ■ lililí 4'
de una ciudad, o se han topado con un Bigfoot que sabe utilizar la telepatía. En

definitiva, hay episodios anómalos que no encajan en ninguna parte y, de forma

inevitable, todos estos incidentes son tomados como engaños o resultados de

algún trastorno mental —y no dudamos que en algunos casos sea así—, pero es

también muy factible que estos sucesos obedezcan realmente a una interacción

descontrolada con el AE. Si ya de por sí, los casos ovnis canónicos son difíciles
¡ó ■ -I'1 i1
de creer, debido a todos los factores que se han mencionado anteriormente, hay

que imaginarse la reacción de los investigadores ante eventos apócrifos donde


Ia «creatividad» de los testigos ha sido tan surrealista, que ha dado a luz una
experiencia sorprendente y poco común por lo inusual.
Tampoco podemos descartar, como desarrollaremos en el ultimo capítulo
del libro, que el AE opere en otros campos psíquicos totalmente
diferentes a los expuestos hasta el momento. Veamos algunos ejemplos de
■ '«hT WK'>
distorsión «descontrolada». La investigadora gaditana María del Carmen Muñoz,
.....
perteneciente al desaparecido Grupo 7, condujo las pesquisas de un curioso caso
., „ ... , - . . 3 , ' ...
ocurrido en Ceuta que probablemente nunca ocuparía las paginas de un libro de
,
ovnis o de cualquier otro campo de las anomalías. En su grata compama pude
entrevistar al protagonista de la historia. Todo ocurrió una noche de verano de
1994, durante la cual Javier M. y varios amigos habían decidido ir de acampada a
una playa cercana a su localidad. Subiendo una de las lomas junto al campamento
se percataron de que «algo» ascendía rápidamente en paralelo a ellos, agitando
la vegetación del contorno. En un principio pensaron que podría tratarse de un
conejo y no quisieron darle mayor importancia al asunto. Al llegar a la cima,
los jóvenes observaron una pequeña sombra frente a ellos que no pudieron
identificar. Javier M., movido por la curiosidad, alumbró con su linterna la zona
donde se hallaba la forma oscura. Ante su sorpresa, de pronto, la sombra se
transformó rápidamente. Según me confesó el testigo, «aquella sombra se había
convertido en un enorme rectángulo celeste de al menos tres metros de altura». Al
.... *
instante, aquella cosa volvió a su forma primitiva, reduciendo espectacularmente
su tamaño y convirtiéndose de nuevo en una sombra amorfa. El grupo de amigos
huyó despavorido del lugar, mientras escuchaban como «aquello» también bajaba
. uhviir”

paralela a ellos. Al llegar al campamento comprobaron que la sombra había


desaparecido misteriosamente y no volvieron a ver nada extraño en toda la noche.
El siguiente caso se halla en los archivos del «S.U.F.» (Sezione Üfologica
tó’i ‘I-i. i' ‘'•í'ljftWllh ÍU1>1Ü¡ -

Florentina) y no es menos sorprendente. En julio de 1966, sobre las 13:30 horas,


I-*:... ’

Giusepe Cavenaghi estaba pescando en el arroyo Adda, que se encuentra cerca de


la ciudad de Lombardía (Italia), cuando observó a unos setenta metros de altura
un objeto metálico en forma de disco que volaba a unos cuarenta kilómetros por
hora. Voló lentamente sobre el río y desapareció en la lejanía. Entonces, Cavenaghi
escucho una voz fuerte detras de el preguntándole que había visto; la pregunta
'■ ’"''''s, ’ ''I|, W
se repitió nuevamente y en ese momento el testigo respondió que no sabía. Al
girarse se topó con una figura humana muy alta, con facciones pálidas que se
encontraba muy cerca del testigo. El misterioso visitante llevaba una camisa gris
con un chaleco oscuro y lo que parecían ser mangas «anticuadas», estrechas en las
muñecas y anchas en el antebrazo, que parecían del siglo XVI. Según Cavenaghi,
sobre la cabeza llevaba una boina negra ajustada como el gorro que utiliza el papa de
Roma. También llevaba unos pantalones a rayas con un cinturón, además de unas
zapatillas negras. El humanoide se dio la vuelta y desapareció entre los arbustos.
Sin duda, pocos testigos imaginarían a un «extraterrestre» vestido de esa guisa.
Seguimos. .;-U*!*’
Mi colega Albert Rosales me habló de otro suceso realmente curioso publicado
en la revista LTO Contactee (N9 99, invierno de 1987) por el investigador Shimizu
i4 l^i'l4 íl'4T • ul
Minami. Ocurrió una madrugada, sobre las 3:00 horas, del mes de junio de 1979,
i i' ' ii’i lili * . t IL’IWll I

cerca de la ciudad de Gotemba, situada en la prefectura de Shizuoka (Japón), cuando


dos amigos, el Sr. M., de cuarenta y un años, y su amigo, el Sr. S., de sesenta y siete,
se dirigían a pescar a Numazu. Esa noche habían tomado un atajo y circulaban por
una carretera que los llevaba hacia el sur hasta la ruta 13 8. Al entrar en este camino,
por el retrovisor, el Sr. M. divisó como un coche se acercaba a gran velocidad. En
.... b&l 1 ‘
poco tiempo se situó a la altura del coche de los testigos y comenzó a adelantarles.
• > ■ ' I i. 1 [Link] / ¡uj.. j

Lo extraño es que parecía estar haciéndolo por fuera del carril, o sea, atravesando
árboles y matorrales. El vehículo era de color blanquecino y, durante los segundos
MHlí.

que permaneció en paralelo al coche del Sr. M, los testigos se percataron de que
estaba conducido por dos ocupantes, varones y vestidos de negro. Cuando aún no
habían salido de su asombro, el «coche» comenzó a «subir» por las laderas de la
- « . •. ’Mil- ’ ' •!’ ’
montaña, subiendo suavemente a través de los árboles con sus faros encendidos.
Ambos testigos pudieron ver un escape blanquecino saliendo de la parte trasera de
este «pseudoautomóvil». Entonces el coche aceleró y se elevó, volando por encima
de la montaña, desapareciendo en la lejanía tras dejar un rastro de humo blanco.
El vehículo misterioso parecía un Nissan 510 sedán blanco. Mas tarde, ambos
" Mu

pescadores observaron un «cuerpo luminoso brillante de aproximadamente un


cuarto del tamaño de la luna llena, flotando a una sexta parte de la altura del Monte
Fuji. Brillaba intensamente con un color naranja, y parecía fluctuar».
Pero este tipo de episodios no son únicos; lo que ocurre es que rara vez son
publicados por los investigadores. Y para concluir, recojo un sorprendente relato
que el investigador y amigo Javier Resines recoge en un artículo denominado
I I ' 1 • I 11

«Encuentro con un árbol andante en Oregón» (18 de julio de 2018):


El taso que hoy contamos sucedió,a principios délos años noventa del siglo
pasado, en una zona boscosa de Oregón, Estados Unidos. Üíí[Link], du rante
una acampada, uno de los excursionistas
i 1
—de nombre
/•'41* 'HllÚllít 1 '
Michael— vio
.0i '
lo1 que
describe como un hombre-árbol andante. Este es el relato que Rucaba dé hacer
público su protagonista: «A principios de los años noventa, fui con un grupo
.
a Silver Falls Springs en Oregón. Una noche, después de la cena, fui a dar un
paseo para encontrar un lugar despejado donde poder ver las estrellas. Des-
pues de unos 20 minutos de estar sentado en silencio y contemplar el cielo y
las estrellas, una brisa sopló e hizo crujir todos los árboles y ramas alrededor
del claro. Mientras el viento sacudía suavemente los árboles, vi de reojo algo
que llamó mi atención. Miré a mi derecha y allí estaba. Por solo un segundo o
dos, vi lo que podría describirse como un árbol que caminaba. En esa época,
comenzaba a apreciar los libros, pero no había leído nada aparte de cómics o
revistas. Hoy, describiría lo que vi como parecido a un “Ent”, el personaje de
El Señor de los Anillos, aunque con ciertas diferencias. Lo que vi tenía la cabeza
más redonda y un cuello bien definido unido a los hombros. Sus extremida­
des eran largas y delgadas. Probablemente podría tocar el suelo si simple­
mente relajara sus brazos hacia abajo. No parecía haber una distinción o se­
paración entre el torso y la zona de la cadera. Las piernas parecían un par de
troncos articulados sin pies distinguibles. Tenía parches de musgo que cu­
brían aleatoriamente su torso y piernas y medía unos seis metros de altura.
Además, estaba sosteniendo lo que podría describirse como un largo palo de
béisbol en su mano derecha que sobresalía sobre su hombro. Cuando volví la
cabeza para ver lo que me llamó la atención mientras soplaba el viento, le vi
dar tres largos y deliberados pasos en un lugar donde el claro se unía a los ár­
boles. Me recorrió un escalofrío por la espina dorsal y me quedé congelado
por lo que pareció una eternidad cuando, durante un instante, parecía que
volvía la cabeza y miraba hacia mí, hacia dónde estaba sentado, cuando daba
su tercer paso y volvía a entrar en el bosque. Me quedé allí por otros diez mi-
ñutos sintiéndome congelado, revisando lo que acababa de ver. Üna vez que
desapareció esa sensación de congelación, me puse de pié y volví ala cabaña
en la que nos quedábamos el grupo tan rápido como pude. Solo le conté a una
persona lo que vi, aunque no pareció darle mucha credibilidad”. Hasta aquí
‘ k •! > '"1114 -
el relato del asustado Michael, una historia que enlaza tanto con los Clasicos
: ' i

encuentros con árboles devoradores de hombres como con la existencia real


de especies que son capaces de desplazarse, aunque, evidentemente, de
modo mucho más lento.
¿Arboles que caminan? ¿Coches que vuelan? ¿Extraterrestres vxntqge?
— w '"i" • z
¿Pequeñas sombras que se transforman en polígonos gigantes? ¿Donde encajamos
todos estos casos? En el próximo capítulo se abordarán todos estos aspectos

"'Uii.1
4w¡i|

¿Por qué no hay casos en la actualidad?

Sin duda, esta es otra de las preguntas más reiteradas: ¿por qué ya no hay tantos
avistamientos ovnis como en décadas pasadas? ¿Por qué no hay aterrizajes ovnis?
¿Dónde se han metido los platillos volantes y sus ocupantes? Y es que la casuística
ufológica ha descendido de forma exponencial desde finales de los años noventa
hasta prácticamente desaparecer hoy día en países de amplia «tradición» como
España, Francia, Italia, Estados Unidos, Gran Bretaña, Argentina o Brasil. Ante
esta misma cuestión, el ufólogo Stanton Friedman me respondió durante una
entrevista (2014): «Yo presiento que los extraterrestres ya han aprendido mucho».
Como dando a entender que la época dorada de los encuentros cercanos había
tenido su función específica para estos visitantes estelares, y que ahora habían
■•A' '

■ ■ . . ih'lu j, . . 'tiliiÜlJ ‘ iintuMlhi 1


decidido tener un papel más vigilante y merlos intervencionista?.. Sin embargo, tas
•’’•i'.JV ”l'’í • .
causas pueden ser otras bien distintas. Como apuntaban algunos folkloristas! épsus
respectivos estudios, la irrupción de la modernidad «aleja» a estas manifestaciones
por completo de nuestro lado. Y quizás la no «alimentación» de ésos «campos
mentales» a los que aludíamos anteriormente, han hecho que estos fenómenos
dejen de producirse de una manera tan abierta y que los «puentes* entre ambas
realidades sean más complejos de establecer. De hecho, la única anomalía de este
■ WT w*'-
tipo que persiste estoicamente el paso del tiempo es la visión de fantasmas. Cosa
lógica, ya que la creencia en la persistencia del alma sigue estando muy presente.
Olii

La Teoría de la Distorsión a la práctica

Para terminar este capítulo, vamos a examinar un caso ovni ocurrido en Italia
teniendo en cuenta todos los preceptos que se han expuesto sobre la TD. La Sra.
Lorenza Maltoni, de 69 años, residía en la población de Ravenna (Emilia-Romagna)
cuando, la noche del 3 de septiembre 1976, tuvo una peculiar experiencia. Estaba
en la cama cuando, sobre la 01:00 horas, escuchó un ruido que procedía del exterior,
algo así como el graznido de un pájaro —en ese preciso instante el AE ya había
conectado con la psique de la testigo y estaba extrayendo información de su
inconsciente para conformar todo el episodio—. La mujer se levantó y miró en
todas las habitaciones de la casa, pero no encontró nada extraño. Al mirar por la
ventana, observó en el patio, entre dos casas, a unos veinte metros de distancia, un
extraño objeto ovoide, resplandeciente y de color rosa violáceo. Tenía tres metros de
diámetro y dos de altura y todo el conjunto flotaba a escasamente íCti metro del
suelo. Junto al artefacto había cuatro o cinco esferas luminosas. Cuando jóniió con
más detenimiento, la Sra. Maltoni se percató de que en la calle había un humanoide,
:’-W'

de aproximadamente 1,75 metros de altura, que parecía llevar en la cabeza tul casco
de estilo «romano» con una protuberancia central parecida a un clavo. Su rostro era
liso. Pero lo más curioso es que aquel ser iba vestido como si fuera un «soldado
-
romano». La testigo solo podía ver desde el abdomen hacia arriba, por lo que no
pudo ver las piernas del humanoide. El ser caminaba por la entrada del patio, con la
cabeza ligeramente inclinada hacia el suelo, los brazos pegados al cuerpo y con un
Wr1 1
estilo marcial. La Sra. Maltoni se dirigió hacia otra de las ventanas de su casa con la
esperanza de ver mejor al humanoide, pero descubrió que no era posible. Al regresar
Ir £ülüi.<
al primer punto de observación comprobó que el ser había desaparecido y vio como
el extraño objeto despegaba lentamente para perderse en la lejanía. La testigo
también dijo a los investigadores que el visitante parecía «inmaterial» y
z: 1 'i 'ti

«vaporoso». ¿Cómo leemos/interpretamos este caso después de todo lo leído en el


presente capítulo? Lo primero que tenemos que resaltar es la vestimenta y
apariencia del supuesto «extraterrestre». Sin duda, esto es clave en la experiencia.
La testigo vive en Italia y, curiosamente, su visitante espacial parece un soldado
romano, por otro lado, algo muy lógico, ya que esta estética estaría muy presente en
la psique de Maltoni. Además, para mayor evidencia de la implicación psíquica de la
testigo, este ser caminaba como un soldado. Maltoni dijo que no podía ver los pies
del humanoide, rasgo muy característico de las apariciones de entidades religiosas
y difuntos, cuyos pies aparecen difuminados en muchas ocasiones. Que ninguna
otra persona o vecino fuera testigo de la aparición; «proyecci.ó o» podría
"¿V ■ írfev « • ' i'" ' •

estar recreada, exclusivamente, para la percepción dé la testigo. Y por supuesto, este


tipo de episodios no dejan ningún tipo de evidencia o rastro tras su paso. En el
momento en que la conjunción AE/testigo se interrumpe/finaliza, todo se evapora
como si nunca hubiera existido —de hecho, nunca ha existido antes, ni existirá
después del encuentro—. Y por mucho que nos esforcemos en rastrear la casuística
ovni, nunca mas nos volveremos a topar con este «legionario del espacio». Por su
importancia para comprender la TD, en el capítulo 9 decodificaremos, junto al
lector, un buen número de incidentes ovnis bajo la lupa de la «distorsión».
Indudablemente, no puede ser más delatador para nuestro estudio que el único tripulante de un
ovni descrito como un antiguo soldado romano se haya producido en Italia. A la izquierda imagen
•• ’I

Basado én el archivo de Mo- *


reno Tambellinl |

i
CAPÍTULO 7:
LAS CLAVES OCULTAS DEL
FENOMENO OVNI
LO INEFABLE SE HACE
'
REALIDAD
Áa.-,.'"' ’’W. '
Wv- y,/
fe1 ..iiiíi: «i.

Nunca olvidaré la impresión que experimenté: un miedo mórbido increíble,


desnaturalizado. No venia de mi: parecía emitido por la forma vislumbrada,
como si quisiera neutralizarme. Nunca había sentido esto antes. Tuve aque­
lla sensación durante unos tres segundos, el tiempo que duró mi visión.
*
La naturaleza parecía muerta, como congelada alrededor de aquella «cosa».
Daba la impresión de que aquel ser ejercía un poder extraordinario sobre
, - i j i r • i i ju ‘‘a
todo lo que le rodeaba, ya fuese un ser animado o plantas. Todo se encon-
pi id 111/1 i :!i i.1,
traba reducido al mismo nivel, es decir, congelado, repito.

De esta manera describió su particular encuentro con un extraño tripulante


de un ovni, el 9 de agosto 1972, un profesor de música de Saint-Jean-du-Gard
.i,? ! "hl

(Francia). Sin duda, sus palabras nos indican de forma evidente que la percepción
de estas manifestaciones se produce bajo una intensidad emocional mucho mayor
de la esperada de un fenómeno estrictamente físico, por muy sorprendente y
iií

desconcertante que este sea.


i» 'ii hi * -• • ! Hr

En un caso que pude investigar personalmente encontré estos mismos resortes


psicológicos. El suceso tuvo lugar entre los años 1982 y 1983, y su protagonista,
José María M., tendría entonces unos treinta años. En aquellas fechas había
escuchado hablar de un avistamiento ovni que se había producido el día anterior en ■ |\¡ :;l

la zona del Vertedero del Cobre, en las afueras de Algeciras (Cádiz), y movido por la
curiosidad, llegada la noche, consiguió convencer a regañadientes a un amigo suyo
para acudir al lugar, esperanzado en poder ver «algo». Esta persona era Francisco L.,
un psicólogo de cincuenta años que se animó a participar en la intrépida
«excursión» en busca de ovnis. A última hora se unieron tres jóvenes más, que
11 i ■ V*"

fueron con ellos 4, en el Seat 850 Especial propiedad de José María. Aquella noche
hacía, según el testigo, «un tiempo de perros», ya que la lluvia caía con fuerza y el
, . ’ ’’ íii i> •
• • '|' ’ **• | * I, I' I ¡ .-f | , | '*

cielo estaba totalmente cubierto de nubes. En aquel viejo auto anduvieron por los
maltrechos carriles que dan acceso, entre otros lugares a un campo de tiro de
propiedad militar y a un riachuelo. Tras un dificultoso y sinuoso trayecto, al dar
una curva cerrada, se toparon con lo que a primera vista le pareció a José Mana un

rayo de la tormenta entre la vegetación. Al momento se dieron cuenta de que, en


lili
realidad, el reflejo lo había producido un extraño objeto metálico que se hallaba
«posado» delante de los árboles. La forma del supuesto ovni era semejante a una
media cúpula, como un «gajo de naranja», que presentaba un ligero achatamiento
en su parte superior. Siempre desde el interior del vehículo, los sorprendidos
testigos, observaron que el ovni poseía en toda su periferia (cerca del extremo
externo) pequeños puntos de luz separados entre sí por no mucha distancia. Todas
las luces del semicírculo eran de color verde, exceptuando las de la base, que eran
rojas. El testigo puntualizó que las luces no eran focos que alumbraran hacia el
exterior, sino que más bien eran puntos de luminosos sin destellos ni
intermitencias. Calculó que la distancia entre el coche y el objeto no superaría los
200 metros. Aunque no pudo especificar su color, ni si este se encontraba sobre el
suelo o si estaba algo elevado. En esos momentos, José María notó una fuerte
sensación negativa que, según él, provenía del ovni. Era una emoción muy extraña
que le llenó de pavor. Debido a esto no estuvieron más de un minuto frente al objeto
y se alejaron inmediatamente de la zona. Ya lejos del Lugar del «aterrizaje» se
pararon para fumar y así poder relajarse, mientras pensaban qué podrían ver si la
• 12
3•!' *’ • i
«nave» despegaba del lugar. Después de dos horas de espera, uno de los jóvenes paró
ver al ovni elevarse, pero sus compañeros solo pudieron ver una luz moviéndose
por el firmamento. José María me aseguró que estaba seguro de que aquel objeto,
fuese lo que fuese, irradiaba aquella sensación de negatividad.
El Dr. Kenneth Ring en su interesante libro The Omega Project: Near-Death
Experiences, Ufo Encounters, and Mind at Large (El Proyecto Omega, 1995), decía que
determinadas experiencias ovnis «producen emociones extremas y provoca, o bien
una fascinación parecida a un trance, o bien un terror paralizante. En cualquier
caso, el testigo se mantiene virtualmente hechizado en garras de un espectáculo
verdaderamente pasmoso y que detiene la mente». Y es que, muchas apariciones de
ovnis, sobre todo los encuentros cercanos, están más próximos a ser considerados
como epifanías o experiencias místicas que simples avistamientos de «maquinas»
de chapa y tornillos que levantan polvo al despegar. Tan solo se diferencian de las
narraciones de santos, chamanes, brujos o místicos, en tres sustanciales aspectos:

1. Su indefinición. No parecen tener un objetivo claro más que el mero hecho

exhibicionista de su presencia.

2. Su componente «tecnológico».

3. Su «apariencia» de ser fenómenos físicos «reales» e «independientes» al

testigo.
Por tanto, a tenor de estas semejanzas con otros paradigmas debemos reevaluax
la participación de la psique humana en estas manifestaciones...

"Mi
COMO SE ORIGINAN LAS
EXPERIENCIAS INUSUALES

En el capítulo 4 se analizaron todas las circunstancias que ¡i las


. ■ ■ a ■ SL i
apariciones ae ovnis, vírgenes y demas fauna insólita que sale
en mitad del camino, anotándose los puntos que teman en común. La mayoría
de incidentes suelen comenzar de una manera confusa para después desarrollarse
con mayor grado de detalles. Y todo para poder «encasillarse» en un determinado
patrón sobrenatural, paranormal, ufológico, mañano, criptozoológico, etc. Por ello,
no es nada raro, ni infrecuente que en muchas ocasiones los primeros testimonios
. . . ■ 'v-"11
ofrecidos por los testigos de lo inexplicable sean ambiguos, borrosos e imprecisos,
S'
a la par que muy análogos entre ellos, como si el AE estuviera tomando un
primer «contacto» con la mente de los observadores y obteniendo las primeras
informaciones que va a desarrollar a continuación en función de las creencias y el
contenido informativo de los propios testigos.
b • . •* *L ILI |t |||LI ’’L*. • •/

Por tanto, la primera clave que extraemos de la TD es que el contenido de las


experiencias anómalas, cualquiera que sea su naturaleza, no está prefijado ni existe
antes de que se haga «realidad» frente a los ojos del testigo a través de una
WiwlOli
proyección. Todo nace y se origina en el justo y preciso momento de la conexión
«mental» establecida entre el AE y la «psique» del testigo. Todo es fruto de un
I. • I
proceso altamente creativo, y vertiginoso en su realización, que concluye por
completo una vez haya desaparecido el motivo aparicional (ovni, Virgen, fantasma,
hada) de la vista de los testigos. A modo de ejemplo, durante las primeras
apariciones de Ezkioga, que comenzaron el 30 de junio de 1931:, los dos
protagonistas, los hermanos Antonia y Andrés (de l^,;y 7 años respectivamente),
solo informaron que vieron una extraña aparición de un ser luminoso junto a unos
. ‘ÍiIIhUIiÜIiIhI ,
árboles. Posteriormente, con los primeros rumores sobre las apariciones y su
posible relación con la Virgen, comenzó a decirse que los diferentes testigos estaban
en presencia de la divinidad. Pero es muy probable que las creencias religiosas
diesen cuerpo y nombre a estas experiencias y a su posterior desarrollo con el
' '' 'll’Slir !!‘P
beneplácito del AE, que solo se dejó «arrastrar» por las creencias de los propios
lugareños. Y aunque los fenómenos luminosos asociados a los enigmáticos
episodios marranos en su conjunto sean muy semejantes a los referidos por los
testigos ovnis, estos tienen una entidad propia y una funcionalidad especifica
dentro de este tipo de experiencias. De hecho, la aparición de luces, luminarias y
seres extraños en los cielos son descritos desde tiempos inmemoriales sin que para
nada haya que buscarles una interpretación moderna como naves espaciales. Chris
Aubeck, uno de los mayores expertos mundiales en fenómenos anómalos en la
antigüedad, expuso al autor del presente libro lo siguiente: «Los principales
componentes de los modernos informes de ovnis se pueden encontrar en
avistamientos antiguos e históricos. No ha habido interrupción alguna, ni casi una
evolución. Poco ha cambiado». Y es que el hombre siempre ha mirado hacia el
firmamento con la esperanza de obtener respuestas transcendentales a su
existencia. Para Aubeck mirar al cielo «es casi instintivo. Probablemente se debe a
que el cielo es un lienzo en blanco y cuando pensamos de una manera profunda o
abstracta, preferimos despejar la vista de todo obstáculo. Lo mismo se puede decir
de cenarse los ojos para crear un telón de fondo negro que sirve de "espacio
interior". Al mirar la "nada" liberamos la corteza visual para aumentar
temporalmente nuestra capacidad de procesamiento abstracta. Si observas a los
niños o adultos cuando resuelven mentalmente un rompecabezas, tienden a ■..... L» .. .

levantar los ojos hacia arriba por unos instantes». Sobre la visión de extraños
humanoides el experto me aseguró que: «Ha sido común documentar
observaciones de criaturas misteriosas a lo largo de la historia. Muy raramente se
las asociaban con vehículos porque no se consideraba que necesitaban carros o
'■ij" , -. 'lllWUirr: . .... . , ...

globos para trasladarse». Y así volvemos al punto crucial de nuestra investigación:


si nadie pensaba que estos seres sobrenaturales que irrumpían en nuestro medio
necesitaban de la ayuda de un vehículo (terrestre o aéreo), nadie era capaz de verlo/
proyectarlo (imaginarlo), ya que, al no existir contenido informativo a este respecto
en el inconsciente de los testigos, el AE no lo podía incluir en las experiencias. Así
de fácil. Solo cuando los humanos comenzamos a pensar que quizás estas entidades
necesitaban de algún tipo de transporte para llegar hasta nosotros desde su lugar de
origen, comenzamos a incluirlos en nuestras experiencias (por mediación del AE).
Y es que desde la TD no existe un fenómeno extraño que englobe a los demás o

a algunos de ellos. Todos son partes esenciales de un mismo paradigma indefinido

hasta el momento. Por tanto, es una falacia y un error de bulto considerar que los

testigos de encuentros con la Virgen María están malinterpretando el contenido


», h I» . »ji •!* “ -i- \ «¡ i

de sus experiencias y describiendo bajo la ceguera religiosa a los tripulantes de un

ovni. Tyrrell se preguntaba en su imprescindible libro:

••lÚb l,J|’* ■ '


¿Por qué llevan ropa los espectros? En realidad, si quien hace la pregunta
ha examinado los datos, podría también preguntar por qué los espectros van
acompañados a veces por caballos, carros y otros elementos aparentemente físicos.
La teoría se resuelve con bastante facilidad a este problema. Los vestidos, así
como caballos, carros, etc., son de carácter tan alucinátorio como el espectro
. ' - -
mismo. Están allí porque así lo requiere el tema o motivo de drama apancional,
. . como podría
exactamente ,, aparecer en un ái si. el, ,idrama
w'sueno 3t WWl del onírico asi,,lo
exigiera.
-i!
lili
.' w w ‘wwSW
Y es por esta razón que el AE añade cuantos detalles sean necesarios,
...
siempre teniendo en cuenta el contenido informativo de los testigos, para que su
manifestación se englobe en un determinado y concreto espectro dentro del amplio
campo de los fenómenos sobrenaturales. Por tanto, en un inicio, la experiencia que
va a acontecer puede estar abierta a muchas modificaciones, ya que el AE no tendría
'iiij,'’ ■ ¡¡¡¡' ■':
predilección, ni interés alguno, para elegir una forma u otra determinada, más que
la que aportarían las creencias o informaciones de los sujetos con los que «conecta».
Evidentemente, algunos entornos sociales son más propicios para la irrupción de
un animal peludo que para una aparición celestial. Los testigos y el medio influyen
determinantemente en estas cuestiones, tanto por las creencias e informaciones
propias como por la carga iconográfica del sitio. Profundicemos en esta cuestión.
Además, no es casualidad que el fenómeno sobrenatural más complejo en detalles y
puesta en escena, nuestros platillos volantes, el último en aparecer en esta cadena,
coincida con la mayor expansión tecnológica e intelectual del ser humano...
LAS APARICIONES MARIANAS Y EL
FALSO MITO DE LA SUPREMACÍA OVNI • ■ • ,.•< ... . •• •‘T* •

Ha transcurrido más de un siglo desde que la famosa «danza solar» ocurrida en


-... , -
Fatima (Portugal) dejara ....
atónitos a miles de personas congregadas en tomo a .las
visiones mañanas de unos humildes pastorcillos. Aquel 13 de octubre de 1917,
en Cova de Ina (Lema, Portugal), se reunieron mas de 70000 fieles y curiosos a
la espera de que se produjera el tan anunciado milagro. El periodista Avelino de
Almeida escnbio en su día lo siguiente-
Ilhllini
..............
Ante los ojos asombrados de la multitud, cuyo aspecto era bíblico, de pie, ca­
bezas sin sombreros, mirando con atención el cielo, el sol tembló, hizo increí-
bles movimientos repentinos fuera de cualquier ley cósmica, el sol «bailó»,
según la expresión de la gente.

Y es que, según algunas crónicas, aquel día, el sol se transformó en un disco


plateado (algunos hablan de una rueda de fuego) que se descolgó del cielo para
dirigirse a tierra lanzando rayos de todos los colores. Almeida en su artículo «¡Cosas
espantosas! Cómo bailó el Sol a mediodía en Fátima» (15 de octubre de 1917) lo
describió así: «Se ve a toda la inmensa multitud volverse para el Sol, que se muestra
libre de nubes, en el cénit. El astro recuerda una placa de plata mate y es posible
i '■' " ' "
mirar el disco sin el mínimo esfuerzo. No quema no ciega. Se diría que se estaba
produciendo un eclipse». Decenas de testigos dijeron que todos los colores del
arcoíris se vieron reflejados en las personas y en los objetos cuando el misterioso

n'n’iS
disco se aproximó a tierra- Curiosamente, una vez que finalizó el fenómeno, algunas
personas que estaban mojadas por la fuerte lluvia de unos minutos atrás,
aparecieron totalmente secas. Incluso los charcos y el barro del suelo se secaron de
formar inexplicable. Algunos de los presentes afirmaron que notaron una ola de
calor procedente del «sol» cuando se les acercó. Se da la circunstancia de que antes
de este baile solar, tal y como refiere el periódico A Voz (16 de mayo de 19 5 7), Gloria,
la hermana de Lucia, dijo que: «Una especie de nubecita de humo caminaba
i» - ,
derechita, paralelamente a la tierra». Y una vez más anotamos un detalle vital para
nuestro estudio. Durante el «milagro» del Sol, los testigos en Fatima parecían estar
en un estado alterado de conciencia, ya que el fenómeno divisado parecía ser
descrito de distinta forma y hubo muchas personas que no vieron nada. La prensa
de la época habló naturalmente de «sugestión» e «histeria» para explicar estar
> '!1|Í .ÍW’1' M 9 -í''- "
visiones. El Diario de Noticias, en un artículo titulado «El “milagro” de Fátima» (15
de octubre de 1917) afirmaba que: «La sugestión se apoderó inmediatamente de
aquellos millares de creyentes y curiosos, [...] oímos a algunas que les pareció ver el
, "«ju,.. "'Ir' '’ü’i • ’ ■
Sol abandonar su ficticia órbita, romper las nubes y descender en el horizonte. La
sugestión de estos videntes se extendía a otros a quienes ellos explicaban el
fenómeno, y por este motivo, muchos exclamaron que el astro rey vendría a
precipitarse contra el suelo». Incluso un mes antes, el 13 de septiembre de 1917,
miles de personas (30000 según algunas fuentes) se congregaron en torno a Lucia
y sus primos con la esperanza de poder ver a la Virgen. En un determinado
momento, mucha gente observó un extraño globo luminoso que apareció en el cielo
y que aterrizó sobre el árbol de las visiones. El padre João Quaresma, que llegaría ser
el Vicario General de Leiría, se encontraba en el lugar y afirmó lo Siguiente:
En el cielo azul no había ni una nube. También yo levanto los ojos y me pongo
a escudriñar la amplitud del cielo, para ver lo que los otros ojos más felices,
antes que yo, contemplaron. Con gran admiración veo clara y distintamente
un globo luminoso que se movía del Naciente al Occidente, deslizando lento
y majestuosamente a través del espacio. El globo entonces comenzó a apro­
ximarse de la encina de la aparición. En ese entonces el brillo del sol dismi-;
nuyó, la atmosfera se tornó amarillo dorado, como en las otras ocasiones.
Algunas personas aún relataron ser capaces de distinguir las estrellas en el
cielo.

Sin embargo, Lucia fue la única persona que vio como desde el interior de esta
esfera luminosa surgía la Virgen. Posteriormente, el padre Quaresma describió otro
extraño fenómeno que se produjo alrededor de los niños mientras se producía el
contacto «celestial»: x• '-'ww
•kíai -im
Una nube de aspecto agradable se formó alrededor del arco rústico, más alto
que el tocón del árbol. Levantándose del suelo, creció e hinchó y subió en
el aire hasta unos cinco o seis metros de altura; después desapareció como
humo que se disipa con el viento.

Una vez concluida la comunicación, el globo luminoso ascendió a los cielos, al


>1 > i 11 '« 1

mismo tiempo que comenzaron a llover «petalos» blancos que se desvanecían antes
, .l(

de tocar el suelo. El padre Quaresma realizó una descripción del globo luminoso que
haría las delicias de los ufólogos mucho tiempo después: «a nosotros solo nos fue
dado poder ver el vehículo, si se puede decir, que la había transportado desde el cielo
a la inhóspita sierra de Aire».
En su libro La Virgen de Fátima (1975), C. Barthas también definió de forma
muy curiosa el «transporte» aéreo de la Virgen:

Algunos relatos concretan que el globo luminoso tenía forma oval, con la
parte más ancha dirigida hada abajo. :os lo vieron, unánime-
mente, tuvieron la impresión como los do edesiásticos de que era
una especie de aeroplano celestial que llevaba a la Madre de Dios al lugar de
la cita prometida a los pastordllos y luego volvía al cielo.

Y nuevo, en esta ocasión, multitud de personas, creyentes y no creyentes,


■'I iK.
fueron incapaces de perdbir la presencia de este globo luminoso ni de cualquier
otro prodigio. Pero la pregunta mas importante sena: ¿por que necesitaría un
«vehículo» la Virgen para llegar hasta los niños? ¿Se trataría de una nave espacial?
¿Un platillo volante? Pero es que, además, una vez más, leemos que en una aparición
de una extraña entidad los testigos aseguran que la Virgen de Fátima, tal y como
'r®11 «F .• '
recoge el padre Formigão en sus primeros escritos, desaparecía gradualmente desde
la cabeza hasta los pies...

,tí?

• ÍWílíPvV.-
¿Es este el verdadero aspecto de la aparición de Fátirna? Archivo Carav@ca.

Fenómenos tan espectaculares como estos, y con claras reminiscencias


a nuestros modernos ovnis, convencieron a multitud de investigadores
contemporáneos de que las supuestas manifestaciones de la Virgen podrían
enmarcarse dentro del paradigma ufológico. Además, para estos estudiosos no
había dudas de que los «globos luminosos» y la danza solar fue provocada, en
realidad, por la observación de un platillo volador que atemorizó a útfi humilde
público incapaz de descifrar aquello que se presentaba ante sus narices. De la
misma manera, deducían (interpretaban) que4ás ' ’ s o esferas
luminosas de las que descendía la Virgen escondían i encuentro
SH^^jiUnos
cercano con una nave «extraterrestre» y sus ocupantes, n
,, . 'O'. . 'lili . ÜIW . w
pastorcillos que apenas podían siquiera imaginar la trascendencia de ones.
Además, para mayor confusión, sus narraciones fueron ocultadas y s:
por la Iglesia, que se limitó a presentar ante la opinión pública una imagen
edulcorada (léase rehgiosa) de lo que había ocurrido en aquella apartada región
lusa. De hecho, los religiosos hicieron una «poda» del relato oficial de la misma
■i '■ Hlliliyiiiij; . , »
manera que actualmente los ufólogos «adelgazan» los testimonios sobre algunos
‘•■ ¡ll! "i ” • .. t
encuentros ovnis para encajarlos en sus doctrinas. No obstante, esto no impidió
que, en una revisión actualizada de los acontecimientos, con la casuística ovni en
la mano, muchos ufólogos reinterpretarán los acontecimientos de 1917 como la
observación de un humanoide asociado a una nave desconocida. Tal y como decía el
investigador y buen amigo Miguel Pedrero, en un artículo para la revista Año/Cero
titulado «Apariciones marianas: la conexión ovni» (2011):

Si una persona cree a pies juntillas que la Virgen se aparece en algunos


lugares del mundo, y contempla una luz voladora con alguien de aspecto hu­
manoide en su interior, probablemente interprete que ha visto a la Madre de
Dios. Pero si quien observa ese mismo fenómeno es un creyente en los ovnis,
posiblemente concluya que ha avistado una nave extraterrestre. Y si se trata
de un espiritista, lo más lógico es que piense en un guía del «otro lado». La
disquisición anterior viene a cuento porque son muchos los casos de apari­
ciones manarías —algunos tan conocidos como Fátima, Lourdes o La Salette
— que bien podrían pasar por modernos encuentros cercanos o contactos
con los tripulantes de los ovnis. Sin embargo, en dichos episodios —y en
otros muchos-la intervención de algunos sacerdotes o import s jerarcas
de la Iglesia católica acaba provocando que tales sucesos an talos sean in­
terpretados por los propios testigos y la opinión pública conr > apariciones de
jnNBL ¡H!h • /
la Virgen. Ahora bien, debemos tener en cuenta un otro aspecto incluso mas
desestabilizador: muchos tenemos la casi seguridad de que la «inteligencia»
que se encuentra detras de esta clase de fenómenos toma diferentes aspectos
dependiendo de la época y de las personas a las que se presenta, pues en el
fondo no existen tantas diferencias entre ciertas experiencias de contacto
ovni y otras de comunicación con seres celestiales.
Considerar las apariciones mañanas como simples avistamientos ovni es
demasiado sencillo. Para empezar, los mensajes y los contenidos de las experiencias
se enmarcan por regla general dentro de los «parámetros» establecidos por la fe
cristiana, por tanto, si fuesen provocados por los ocupantes de los platillos volantes,
existiría una clara intencionalidad por parte de estos de ejercer una manipulación
sobre determinados sectores de la población. Pero existe un problema añadido a
este planteamiento: si asumimos que los «extraterrestres» buscaban algún tipo de
manipulación social, nos preguntamos ¿por qué serían tan torpes a la hora de
ocultar completamente su presencia tras estos fenómenos?, ya que es obvio que
fueron descubiertos por los hábiles ufólogos años después. ¿Sería esto posible?
¿«Extraterrestres» haciéndose pasar por personajes bíblicos, pero utilizando una
puesta en escena que no pasaría desapercibida para los investigadores del
futuro? Pero incluso podemos ir más lejos. ¿Por qué estas experiencias místicas/
religiosas son igual dé imprecisas y vagas que los encuentros ovnis, y ambas solo
logran convencer a los más apasionados creyentes? Si estas entidades quisieran
i- .1.. j i*
manipulamos de forma abierta, ¿por qué no se presentan de forma más ostensible
y concreta? ¿No estaríamos, por el contrario, en presencia de un mismo tipo de
• ’Írttí’ » T . Ó:’,'
fenómeno, que nosotros mismos moldeamos (de forma inconsciente) en base a
nuestras propias creencias? WK-
Desde ,
, mi. óptica, , tanto una cuestión
no sena . - sino queilfe
wK1 jde interpretación, mas
bien nos enfrentamos a un paradigma altamente «maleable» y abierto a profundas
modificaciones tras su contacto con la psique de los testigos, aunque comparta
rasgos comunes con otros fenómenos sobrenaturales. Por ejemplo, en septiembre
de 1964, Esteban, un buzo gaditano de 28 años que residía en la localidad de Tarifa,
de regreso a su domicilio situado en una zona llamada el Tejar, en mitad del campo,
se topó con un gigantesco humanoide de al menos tres metros de altura, vestido
con un traje ceñido, cubierto de escamas y con los brazos pegados al cuerpo. Ante
esta insólita aparición, el testigo reaccionó con tranquilidad, e incluso se produjo
una desconcertante conversación: «¿Hay fábricas de pescado?», pregunto el ser.
«No, eso está en el pueblo», respondió el testigo». «Chico, pero ¿tu eres de por aquí?»,
replicó el humanoide; «Soy de El Tejar y todas las noches paso por aquí», respondió.
Tras un rato en silencio, Esteban regresó a su casa y allí un pánico atroz se apoderó
de él. Sin duda, este encuentro, en otro contexto temporal o cultural, hubiera sido
considerado una señal del cielo. Pero no por su interpretación subjetiva, sino por la
decodificación y desarrollo del fenómeno bajo la influencia de los testigos.
Humanoide observado por Esteban en Tarifa. En rrtüdháS ocasiones la visión aislada de una
entidad es enmarcada dentro de un determinado paradigma en función dé los elementos cultu-
rales reinantes en la zona.
fililí™'
Archivo Carav@ca
’"..ó'l... '

En el siguiente ejemplo se evidencia que ante unos «elementos» similares a los


expuestos en las apariciones mañanas podemos obtener un resultado visual m ente
diferente por esta forma de interactuar con el fenómeno. A finales de agosto de
1968, un grupo de seis niños, con edades comprendidas entre los 7 y los 15
años, mientras jugaban cerca del cementerio de la ciudad de Coleraine (Canadá),
fueron protagonistas de un asombroso encuentro cercano. La prensa de la época lo
„ .. ■■-ññ ;-

reflejo asi, en un reportaje titulado «A “Martien” pres a Coleraine cemetery?» (The


Mhmi
Sherbrooke Tribune, 4 de septiembre de 1968):

El primero en ver estos fenómenos fue el joven Denis Bogus, de 7 años


de edad. Era la noche del jueves pasado, mientras el niño jugaba en los
«Boyboys» con sus amigos. Inmediatamente contó el extraño espectáculo
que acababa de presenciar, pero esperó a que reapareciera. En los días si­
guientes, viernes, sábado y domingo, los mismos visitantes misteriosos, que
llamamos «marcianos», volvieron a aparecerse al grupo del joven Bogus
entre las 4:00 y las 6:30 pm. Denis Bogus, sus hermanos Michel y André, su
tío Georges Bogus, de 15 años, así como Normand Daigle y Luc Cadorette,
dicen que no han sido víctimas de alucinaciones. Su versión de los hechos
es idéntica. Repiten que, efectivamente, han visto a un hombre enano de
aproximadamente 1,20 metros de altura, calvo, sin camisa y con una larga
barba negra y peluda, de pie en lo alto de la roca que domina el cementerio.
Especifican que la piel del misterioso visitante era roja y dura, como la de un
lagarto. El «marciano», como lo denominaban, desapareció como por arte de
magia en el momento más inesperado. La historia de los niños se completa,
ya que afirmaron escuchar rugidos □ ruidos confusos en úna excavación al
pie de la roca. Finalmente, para completar el fenómeno, se vio;t«Étespecie de
«platillo». El artefacto, de unos 9 metros de diáníétro, era azul, blancoyrojo,
y dejó escapar un largo rastro de humo. Cada vez que' 'un, parecía bajar
para aterrizar detrás de la ahora famosa roca.
Los jóvenes añadieron que no podían ver los pies del «marciano» y que este
desaparecía de repente, por lo que algunos investigadores dijeron que podría
tratarse de algún tipo de proyección. Incluso, en la Codosera, muchos años después
de las apariciones, el ufólogo Vicente Juan Ballester Olmos, en su libro OVNIS: El
fenómeno aterrizaje (1978), recogió la historia de dos obreros forestales que el 22
de marzo de 1968 fueron sorprendidos por una extraña luminaria «que bajó a tan
corta distancia, que intentaron ahuyentarla a pedradas. Entonces, el objeto emitió
un fogonazo deslumbrador, que los cegó, los asustó y los hizo huir.
Por tanto, tal y como se ha argumentado a lo largo de las páginas del presente
libro, es un craso error considerar que el fenómeno ovni engloba a las apariciones
mañanas y no al contrario, por ejemplo. De hecho, bajo la premisa de la TD, ningún
paradigma anómalo prevalece sobre otro en importancia. No existe un fenómeno
genuino que se esconda tras otros subterfugios. Ni tampoco existen diversos
enigmas que provienen de diferentes orígenes. La conclusión que extraemos es
clara. Contundente. Lo ocurrido en Fátima no es sinónimo, ni mucho menos, de
un episodio ufológico soterrado. Y es que hay que dejar claro que las apariciones
mañanas no son encuentros con ovnis y sus ocupantes mal interpretados. Nos
hallamos simplemente ante la manifestación de un fenómeno desconocido, de
origen psíquico, que fue transmutándose a medida que la intelectualidad de los

aWIlI
propios testigos, en sintonía con un AE, comenzaron a ■ •influir éh su aspecto e
interpretación. Y solo la fe conjunta de los miles de personas, o sea la fuerte creencia
popular en estas apariciones, hizo posible que se produjera el «milagro del Sol» —si
realmente ocurrió. ■ iw
¿;ip X
Y hoy día, nosotros hemos caído en la misma trampa que aquellos inocentes
Wi1 jtt •
pastorcillos, al «modificar» estas manifestaciones desconocidas bajo el paraguas
'isr ¡iK
ufológico. El fenómeno al que nos enfrentamos utiliza una serie de recursos
tremendamente flexibles: aparición de entidades, fenómenos aereos, luces,
. , . -r'
mensajes... Engranajes mitológicos universales que el fenómeno pone a nuestra
disposición para que nosotros mismos los modifiquemos (de forma inconsciente)
para hacerlos encajar de forma admirable con nuestro sistema de creencias y
nuestra propia información psíquica. Un ejemplo. Alexander un médico ruso
afincado en España, me contó un incidente que vivió en la escuela de marineros
*s*
de Tolbosk en diciembre de 1972. Formaba en el patio junto a 200 compañeros
cuando, sobre las 22:00 horas, observaron un enorme globo en llamas con siluetas
«humanas» en su interior. Tras unos instantes, el objeto comenzó a achatarse hasta
convertirse en una delgada línea roja intensa. Posteriormente se transformó en
un punto luminoso que acabó confundiéndose con las estrellas del firmamento.
Por tanto, como vemos, estos paradigmas tienen un amplio y diverso espectro de
actuación. Pero ahondemos en esta cuestión...
EL «BOCETO» ABIERTO

El 24 de junio de 1981, dos adolescentes, Ivanka Ivankovic y Migaría Dragicevic,


mientras paseaban tranquilamente por una colina cercana a su aldea en Bijakovici
(en la antigua Yugoslavia, actualmente Bosnia y Herzegovina), se toparon con una
imprecisa silueta de color gris cuyo rostro irradiaba luz. El humanoide flotaba a
unos treinta centímetros del suelo. Tras llegar a su casa contaron a sus familiares
. ...
y amigos su extraño encuentro. Nadie sabía exactamente qué había pasado. No
obstante, una amiga de las jóvenes dijo en un principio que aquello podna tener
relación con los «platillos volantes», pero nadie pareció creer en esta posibilidad.
Y es que, si nos fijamos, esta aparición inicial de una «entidad» flotando sobre
un monte, muy parca en detalles, es un simple «esbozo» en un papel en blanco
que podría encajar perfectamente en varias fenomenologías diferentes (fantasmas,
ovnis). Pero, siguiendo la premisa de la TD, podemos comprender mejor estos
aspectos, ya que el AE, tras contactar con la mente de la testigo, decide finalmente
que las creencias religiosas latentes de la zona, y que comenzaron a señalar la
divinidad de la imagen, determinen en qué lugar de las anomalías ajustar este
episodio. Y de esta forma, ni más ni menos, se gestaron las conocidas y polémicas
. ( 'IIJ1’
apariciones de la Virgen de Medjugorje. Y, como en tantos otros episodios que
hemos repasado en páginas anteriores, cuando los adolescentes regresaron a la
colina de Medjugorje para reencontrarse con aquella entidad, solo los jóvenes
podían ver a la celestial entidad
luminosa.
Pero aún podemos ahondar más en rto qué estamos
exponiendo, «la página en blanco». Es en muchísimas
i'*. ¡Jipi

célebres apariciones mañanas los primeros contactos izadas por los


testigos son mucho más indeterminadas de lo que
posteriori.
Es interesante recordar que las primeras visiones de Lucia, la famosísima
vidente de Fatima, hablaba de un fugaz encuentro con una misteriosa entidad sin
cabeza envuelta en una especie de sabana (¿!). En su libro Fátima or World Suicide
(19 5 2), el obispo McGrath aseguraba que:
Al mediodía de este día, así comienza la historia, los niños habían dicho
su rosario, según la piadosa costumbre de la pequeña aldea. Durante esta
recitación, se sorprendieron al ver «una formación de nubes extrañas» en el
valle de abajo. La nube era de una blancura más que ordinaria, medio trans­
parente, y tenía el contorno exacto de una forma humana perfectamente
proporcionada. Por unos momentos, mientras los niños miraban con curio­
sidad la nube o se miraban, la nube se aferraba al follaje verde del valle. Eso
fue todo. Cuando ella miró hacia atrás, se había ido. Dos veces ese mismo
año, bajo exactamente las mismas circunstancias, el fenómeno se repitió.
i h i S Á '1'
Lucia también contaba que un día en 1916 se habían encontrado con un joven
1

que surgió de un resplandor, casi transparente y sin alas, que se presentó a los
tres niños como «el ángel de la paz». Además, según algunos de los presentes en
la segunda aparición de la Virgen en Fátima, el 13 de julio de 1917, se escuchó un
ruido como el «zumbido de las abejas» y una [Link] «explosión* al final. Y es que
las apariciones marianas están repletas de hechos incongruentes. ¿Ó éÉf posible que
la mismísima Virgen Mana provoque el pánico en quienes la contemr
Por mucho que la iglesia católica haya dulcificado suprimiera <
■’■■J.k: y!.: .

el 11 de febrero de 1859. la también afamada vidente


:
de Le
-’f.. .... .........

Bernadette Soubirous (14 años), intentó gritar asustada, aunque no as su


pnmer cara a cara con una extraña entidad luminosa en el interior de una gruta. En
. . . .
un principio, ni la propia Bernadette pudo identificar con precisión «aquello» que se
manifestaba ante ella en medio de una potente luminosidad. Según dijo, se trataba
de una pequeña entidad brillante, vestida con un traje ceñido y un cinturón azul,
rodeada de luz en medio de la oscuridad de la oquedad. Francois Trochu, en su libro
Saint Bernadette Soubirous, 1844-1879 (1957), describía este momento:

En la abertura de una roca, llamada cueva de Masse-Vieille, vi a una joven.


Creyendo engañarme, me restregué los ojos: pero alzándolos, vi de nuevo a la
joven, que me sonreía y me hacía señas de que me acercase. La mujer vestía
túnica blanca con un velo que le cubría la cabeza y llegaba hasta los pies,
sobre cada uno de los cuales tenía una rosa amarilla, del mismo color que
las cuentas de su rosario. El ceñidor de la túnica era azul. (...) Tuve miedo.
Después vi que la joven seguía sonriendo. Eché mano al bolsillo para coger
el rosario que siempre llevo conmigo y se me cayó al suelo. Me temblaba la
mano. Me arrodillé. Vi que la joven se santiguaba... Hice la señal de la cruz y
recé con la joven (...) Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez.

En el libro Apariciones y mensajes de la Santísima Virgen (1954), Joseph Goubert


y León Cristiani afirman que una extraña nube de color «oro» surgió de la gruta
antes de que apareciera la visión. Además, señalan que ,Jgu joven Btirnadettc sufrió
una parálisis en su brazo derecho.
Y al parecer, no fue hasta la decimosexta (¡?) aparición cuando la entidad se
identificó como «La Inmaculada Concepción». De hecho, la vidente Se refena a
...
la misteriosa dama como «aquero» (aquello) ante falta de explicación. Y como
’’ ■ ••
con a a la Virgen cuando se
hallaba acompañada de otras personas —por ejemplo, al día siguiente acudió en
compañía de diez o doce compañeras de colegio, pero so] o la vidente logro ver la
. ..
aparición.
De la misma forma, los videntes de «La Saleta» (Francia) estaban algo
perturbados tras su primer encuentro. Asi lo recoge Florencio Sanz en un libro
z / .
titulado Aparición de la Virgen Santísima (1868). Todo comenzó el 19 de septiembre
de 1846 cuando Mélanie Calvat, de catorce años, y Maximino Giraud, de once años,
dijeron que se habían dormido mientras cuidaban unas vacas y que tras despertar
comprobaron que los animales habían desaparecido. Mientras los buscaban, Calvat
afirmó que: «he visto una claridad como el sol, todavía más brillante. [...] Entonces
hemos visto una Señora en la claridad: estaba asentada y con la cabeza entre las
manos: hemos tenido miedo». Pero lo más curioso es como describe que levitaba y
desapareció esta «mujer luminosa»;

Después ella ha subido hasta el paraje adonde nosotros habíamos ido para
ver las vacas. No tocaba la yerba, andaba sobre ella; la he seguido con Maxi­
mino, yo he pasado adelante de la Señora, y Maximino un poco al costado a
dos o tres pasos; y luego esta hermosa Señora se ha levantado un poco en alto
(Mélanie hace una señal elevando la mano para marcar como un metro desde
el suelo,) luego ella ha mirado al cielo, luego a la tierra, y luego no he visto
la cabeza, luego no he visto los brazos, y luego tampoco los pies; no he visto
más que una claridad en el aire; después
U
la claridad
'M* lil-*'’’ •
ha desaparecido.
’I I ' ‘
. i ,p íjuL* i' ’ ' * I ' ’ '
La descripción concuerda a la perfección coní ■ él modo en que aparecen y
desaparecen muchas de las misteriosas entidadeScon las que nos topamos en otro
tipo de relatos, o sea, de arriba abajo, o de abajo arriba como si tratara de una
«imagen proyectada» (ya lo vimos en el caso de Ventura Maceiras). Para mayor
grado de incertidumbre, la niña creía que aquella «señora» era una especie de

«santa*, k
aunque no estaba nada I , , , ,, . . . .
a segura sobre lo que le había intentado comunicar.
En Garabandal, una pequeña entidad luminosa precedió la posterior aparición
de la Virgen. ¿Por qué tanta imprecisión? ¿Por qué la Virgen necesitaría tantas
apariciones para identificarse correctamente? Y seguimos con mas encuentros
indefinidos.
El 9 de octubre de 1859, en Red River, Wisconsin (EE. UU), Adele Brice, de
28 años, mientras caminaba cerca de su casa vio una hermosa dama vestida de
blanco con un cinturón amarillo alrededor de su cintura. Tenía una corona de
estrellas alrededor de su cabeza y su pelo largo y ondulado le caía suelto sobre los
hombros. Desprendía una luz tan fuerte que Adele apenas podía mirar su rostro.
La testigo cayó de rodillas mientras la imagen desaparecía dejando un rastro de
humo. Tan vago fue aquel primer contacto que los familiares de la joven pensaban
que se trataba de un alma en pena. Como en la mayoría de los casos descritos con
anterioridad, de forma «milagrosa», y un tiempo más tarde, la aparición decidió
identificarse como la «Virgen María», pero, ¿por qué no lo hizo desde un inicio? ¿Por
qué tantas imprecisiones?
-*• rtVfi»

El martes 17 de enero de 1871, sobre las 18:00 horas, en Pontmain (Francia),


Eugenio Barbadette, de doce años de edad, salía del establo de su familia cuando vio
en el cielo una hermosa «señora» flotando en él aire a unos 6 metros por encima de
los techos. La aparición llevaba una larga capá azul‘adornada con estrellas doradas,
i B¡¡ ' ; -
un velo negro y una corona dorada de unos veinte centímetros de diámetro con una
línea roja en el centro; además, calzaba unos zapatos azules y sus manos estaban
extendidas hacia los costados. Eugenio se quedó mirándola con asombro durante
unos quince minutos. Cuando su padre y su hermano de diez años, José, llegaron al
lugar, solo el niño llegó a ver la aparición. Por el contrario, Eugenio, el padre, solo
lograba ver tres estrellas brillantes formando un triángulo en el cielo. Fue su madre,
Victoria, la que sugirió, a falta de mayor información, que aquella «señora» debía
ser la Virgen. En postenores apanciones solo un grupo de runos pudo ver la imagen
; • i' í’¡ : .¡[Link] !.. i ; ÍJ
entre las decenas de adultos que se congregaron para intentar verla.
El 27 de junio de 1877, en el pueblo de Gietrzwa (Polonia), Szafrinska Justine,
de trece años, caminaba de regreso a su casa junto a su madre cuando vio una
luz blanca al lado de unos arces situado un centenar de metros más adelante. Al
contemplar con atención la luz, se percató de que aumentaba de tamaño y tomaba
forma humana. La testigo, asustada, quiso gritar, pero no podía. Algo se lo impedía.
Su madre y el cura del pueblo, que casualmente pasaba por la zona, no lograron ver
nada. Nadie pareció darle importancia al relato de la niña hasta que, tras acudir a la
zona al día siguiente, comenzó el culto mariano.
En las apariciones de la Codosera en 194 5 —que veremos en breve—, la
niña Marcelina vio un bulto negro (¡!) sobre un árbol y echó correr a su casa
presa del pánico. Más recientemente en el tiempo, el 5 de agosto de 1990, en
el pequeño pueblo de Litmanova (Eslovenia), tres niños, Ivetka Korcakova (once
’,4 o' I’-11 • •
años), Catherine Ceselkovi (doce años) y Mitko Ceselkovi (nueve años), estaban
jugando en un monte cuando oyeron unos extraños ruidos en el bosque. Asustados,
se refugiaron en un establo. Entonces escucharon algunos golpes en el exterior,
como si una «lata» golpeara la puerta, además de unos sonidos como de maderas
" 'Tl",
que se rompían violentamente contra una piedra. De pronto, una luz apareció en
la habitación y los niños pensaron que provenía del sol entrando desde la ventana.
Pero antes de que pudieran comprobarlo, de la luminosidad surgió una entidad. Los
jóvenes quedaron atónitos y huyeron despavoridos del lugar. Más tarde, durante
el mes de agosto, los niños volvieron a ver a la «Virgen María» surgiendo entre la
niebla.
Pero lo más curioso de todo este asunto es que podemos hallar equivalencias
en todos los sentidos entre fenómenos de índole sobrenatural. Encuentros ovnis
que parecen experiencias marianas, como el suceso de los niños de Ibiza, y sucesos
marianos que parecen tener la misma textura de nuestros encuentros cercanos
con platillos volantes, pero revestidos por las creencias religiosas. En esta ocasión
debemos saltar el charco para seguir la pista de un nuevo suceso. El Dr. Sebastián
Fausto Barrera de Faria era una persona muy respetada en su región, ya que
incluso ejerció de diputado en Rio de Janeiro durante dos mandatos. Aunque tenía
creencias católicas, nuestro protagonista no era muy practicante. Pero todo cambió
el 9 de mayo de 1968. El doctor Faria estaba en su hacienda de Coqueiro, situada
cerca de Natividad (ciudad del extremo norte del Estado de Río de Janeiro), en
compañía de sus hijos Rónaldo y Roberto, cuando notó liria, sensación extraña de
frió intenso (efecto que suele preceder la aparición de un fantasma) al mismo
tiempo que frente a él apareció una figura femenina. Aterrorizado, el testigo huyó
de la zona. Y preocupado por su estado mental, pensando que era objeto de
alucinaciones, se puso en contacto con un psiquiatra, el Dr. Jurandyr Manfredim,
a quien narró el extraordinario acontecimiento, aunque el facultativo no detectó
ninguna enfermedad o dolencia. El 17 de mayo de 1967, el Dr. Faria regresó al lugar
-
acompañado de su esposa y dos amigos. En un momento dado volvió a sentir la
gélida sensación en su cuerpo y la extraña silueta se hizo visible de nuevo ante los
atónitos ojos del testigo. En esta ocasión pudo apreciar que se trataba de una mujer.
O ' , T—v r, - 1 • • . 1_ aO

Según el Dr. Fana, la «mujer» parecía de «carne y hueso», según sus propias palabras
la imagen era:

Nítida e inconfundible de una persona humana vista a corta distancia. La


miraba fijamente. Su postura era erecta, con las manos juntas por encima
de la cintura y los pies descalzos dentro del lecho del regado de agua. Las
manos y los pies eran dorados. Vestía una túnica que la cubría por completo,
de mangas largas, y de tejido grueso y de apariencia primitiva, gris-azulado
claro, y un manto igual en la cabeza. Era alta y delgada, aparentaba cuarenta
y pocos años. Piel pálida, cara oval y bonita, con una expresión acogedora y
santa. Ojos grandes, bien separados uno del otro, marrón claro, siendo del
mismo color que los cabellos. Su voz era suave, en un portugués perfecto.
Sonrió una vez en la primera aparición y se volvió triste en la cuarta, al dictar
la siguiente frase: «Que se conserve mi templo siempre abierto, intransitable
e inviolable».
O dr. FauMo dr Farm, médico r (n/cndriro <lr Na­
tividade de GiraxigoLi. Eat*dk> do Rio, (oi o eleito
dr X<>*^i Senhora para divulgjor tt tua mcns-aprii
â Igreja e a todo* <>e mtvim dr Dctwu A oirtinji^íjn
NOSSA
SENHORA
advrrie contra o <m1í<k u violência, 41 iiiípi«dud«. (>
dr. Fausto guarda unm obaervaráo mu reta que diviih
gará ou nâo, couíonnc* o seu própriv crildrio»
M
La experiencia del Dr. Sebastián Fausto Barrera de Faria aglutinaba
todo tipo de fenómenos extraños.

Y una vez más, en un episodio mañano, como uná constante invariable,


ninguno de los presentes logró ver nada, pese a que el Dr. Faria insistía en la
presencia física de la «mujer» y señalaba con la mano el lugar donde se hallaba
i
. W. .
la 11 ji
i’i. ,wiU’ .c‘ •
aparición. La esposa y los amigos no lograban ver nada.
l|V
Impresionado por aquello,
volvió a visitar al psiquiatra, que no logró hallar ninguna anomalía en el estado
de salud del médico. En la tercera aparición, el 12 de julio de ese mismo ano, en
compañía de su esposa, María Elisa, el médico Walter Nováis, los granjeros Waldir
Carvalho y Bartholomeu Barra y su administrador, la «entidad» hizo aparecer una
extraña piedra, denominada Cefa, en la mano del testigo. Al parecer, todos los allí
presentes vieron como se materializaba de la nada. En esta ocasión, la figura se
1 ..I’ ’

presentó, por fin, después de atemorizar al testigo en las dos ocasiones anteriores,
como la Virgen, aunque su apariencia física, según la propia descripción y dibujos
del testigo, se asemejaba más a los tripulantes de un ovni que a la conocida figura
religiosa. La piedra fue llevada para su análisis a la Casa Stern en Río de Janeiro.
En enero, la división de geología y mineralogía del ministerio de minas y energía
emitió un informe en el que indicaban que se trataba de una «hematita», un
mineral de hierro abundante en Minas y en el centro-norte del país, pero no en la
zona de Natividad. En otras apariciones la «Virgen» entregó diversos mensajes al
doctor, además de solicitarle la creación de un templo para custodiar la piedra, que,
según decía, provocaba curaciones en contacto con el agua. Las multitudes que se
congregaban en la zona avistaron un día una nube oscura, aislada en el cielo claro,

Iinh ■ Mvllllh'l U»*.U ‘lil. I ■IhJ' íhw-’i.


II!:-*

que se dirigió hacia el lugar de peregrinación pata dejar caer unaíiid'fifériosa ncbima
seguida de un viento, lo que causó gran emoción en todos los presentéis.
Como vemos, es un dato repetitivo y significativo en este tipo de eventos
sobrenaturales que los primeros contactos con los testigos no sean denmtonos
J 1 ■ • - w-. '¡¡¡fe - _ , _
de la experiencia, como si en realidad hubiera una primera toma de «contacto»
para desarrollar posteriormente las vivencias. Esto es una prueba de que las
• • • z " '«iilíft»'
experiencias mañanas o ufológicas son maleables y no tienen una estructura
delimitada hasta que no se produce la sintonización entre el AE y la psique de
los testigos. Por ejemplo, el veterano investigador Manuel Filpo recogió un evento
ocurrido en El Pedroso (Sevilla) en 1976, en el que observamos como la inicial
observación de un ser luminoso levitando en el aire es incorporado al enigma ovni
y no al religioso, porque los testigos lograron ver un platillo volador:

Cuatro amigos, tres policías nacionales y un profesor de EGB, salieron para


cazar en el municipio de la referida población. Cuando llegaban en el au­
tomóvil a sus cercanías, a unos cien metros, a la salida de una curva,
divisaron un ser de aspecto humano, de unos dos metros de altura y sus­
pendido a medio metro del suelo. Aminoraron la velocidad, observándolo
a corta distancia. Llevaba un traje blanco, brillante. No pudieron observar
sus rasgos faciales. Le vieron un cinturón blanco en cuyo centro, en el
lugar de la hebilla, lucía una luz rectangular. A unos cien metros pararon el
coche, introduciéndolo en un camino. No sabían qué hacer. En plenas deli­
beraciones vieron por el espejo retrovisor una luminosidad: se trataba de un
enorme objeto, posado en tierra, en forma de lenteja que proyectaba una luz
uniforme y opaca. Por unanimidad, llenos de miedo, decidieron continuar
hacia el Pedroso, dando un rodeo hasta llegar a Sevilla y suspendiendo su
proyectada cacería.
De la misma forma, observamos que mucho tiempo después, en lüs UGU*< U»

donde se observan «procesiones» de entidades, que en la antigüedad eran


enmarcadas en el asunto de las «ánimas en pena» o en lo estrictamente religioso,
como vimos en el caso de Santa Gadea del Cid (1399), el «paradigma» parece
reactualizarse «jugando» con los mismos principios. El 28 de agosto de 1978, sobre
las 02:15 horas, en Chieti, en Abrazos (Italia), el Sr. Amerigo Rocci se dirigía a su
trabajo en un homo cuando su vehículo sufrió una avería. No obstante, como el
, , . /„ > , ,,
camino que le quedaba era en pendiente, pudo llegar sin mas problemas. Entonces,
' tiiii'l1' "■•iii'i- "v ■!l,i
al bajarse del coche, vio una enorme luz muy densa, detrás de una iglesia, que lo
n K r ., .O1'1' . . A .
iluminaba todo. En esos momentos, ante sus ojos apareció una comitiva de cinco
extraños seres que caminaban en fila. Según Rocci, aquellos individuos tenían la
.... t *• úp .
altura de un niño de ocho años y caminaban sincronizados. Lo más desconcertante
, , _ ... , , ,
es que parecían tener los pies atados y notaban a unos veinticinco centímetros del
suelo. Llevaban un traje de buceo ajustado de color gris que los cubría por completo,
. 'iiillhl'’' ", 1 ;
con una gran capucha con una especie de antena que parecía un embudo. El último
de los seres portaba una especie de pala. La procesión estaba a unos cincuenta
’• L ' ' |i ,k I, : j 'i "
metros del testigo y se perdió detrás de la pared de la iglesia.

Encuentro cercano en Zeitun: la aparición mariana


mas asombrosa
■ ’;.w'i||i

\¡l W|.B ílli ffll M il III* I1I I k' WI il l 11


En el Cairo (Egipto) tuvo lugar una de las apariciones mañanas más extrañas de
■|
todos los tiempos. De hecho, el exjesuita Salvador Freixedo, un gran experto en
’ l'ill|íl,i "i %l¡riíl1 i lili1 '
esta cuestión afirmó en un artículo publicado en la revis ñas, titulado «Las
asombrosas apariciones de Zeitun» (1995), lo siguiente: «De entre los cientos dé
« "'.'"'/vi t '’1 •
apariciones llamadas “marianas" de nuestros días, en la de Zeitun se dan un
cúmulo de circunstancias que ayudan mucho a conocer el tra hdo del fenómeno
y sobre todo a relacionarlo con otros hechos misteriosos aparentemente nada
tienen que ver con las apariciones y que, sin embargo, broi an de la misma raíz»,
, .. 'i 'fe .41 ip.
Todo comenzó el 2 de abril de 1968, sobre las 21:00 horas, <______________
liando dos mecánicos
que trabajaban frente a la Iglesia de Santa María de El-Zeitoun observaron a una
mujer con vestidos blancos junto a las cúpulas del edificio, sujetando la cruz
que allí se erigía. Creyendo que se trataba de una monja que iba a suicidarse,
llamaron inmediatamente a la policía. En esos momentos se hallaban en el garaje
.i. i
Farouk Mohammed Atwa (conductor), Hussein Awwad (mecánico), Abd-el-Aziz-Ali
HÍSS" ■
(guardián), Mahmoun Afifi (conductor) y Yacout Ali, todos musulmanes. En poco
tiempo gran cantidad de curiosos se reunieron en tomo a aquella manifestación,
ai,. •; ■ ‘i
cuyas ropas, ahora, irradiaban una extraña luz. La «monja» desapareció de repente.
La misteriosa aparición volvió al tejado de la iglesia el 9 de abril. El padre
Constantin Moussa aseguró que vio «un busto y después un cuerpo luminoso
dorado». Su testimonio demuestra que la Virgen aparecía de forma poco usual: «La
siguiente noche, las religiosas de una escuela vecina y mi hijo mayor (estudiante
de ingeniera) me dijeron que una vez más habían visto a la Santísima Virgen. Corrí
a la plaza y vi la aparición, esta vez en forma de busto en una de las aberturas
de la cúpula en el lado noreste de la iglesia». Muchas personas fueron testigo de
la presencia de una entidad luminosa sobre la iglesia copta. Era frecuente que
apareciese en un lugar determinado del tejado y perteneciese allí durante un
tiempo, para después desaparecer y aparecer al pódci rato en la otra parte de la
■ *' 'L'lui
iglesia. Por regla general era descrita como una silueta luminosa cuyos ojos no
eran visibles, aunque los testigos aseguraban que podían ver su expresión, triste
o alegre según la ocasión. Lo más llamativo era que su cabeza estaba rodeada
i' 'tí1!®.
por una extraña aureola luminosa de color blanco. Sus vestimentas cambiaban
frecuentemente de aspecto y se la describió con un traje traslucido, blanco
,
brillante, azul, e, incluso plateado, con o sin cinturón, con o sin velo. La aparición se
*•. .W
movía como un «robot», se desplazaba de forma lateral, flotando, y no se le veían los
pies. En una ocasión «adoptó la forma de una gran bola de luz y solo se le veía medio
i
cuerpo, como si fuese una pintura sin relieve»; posteriormente, aquella imagen se
fue elevando en el aire hasta disolverse en el resplandor de la luna que brillaba por
encima de la iglesia. Las apariciones se sucedieron un día tras otro con pasmosa
repetición atrayendo a gran cantidad de púbbco.
‘I* UlM|'l||||ill’ \ ll¡:
En su libro Las apariciones de la Virgen (1993), Annete Colín Simard escribió:

María se apareció frecuentemente (no todas las noches) en las cúpulas de la


iglesia de Zeitun en el Cairo a partir de abril de 1968 hasta julio de 1969.
Y hasta 1970 en escasas ocasiones. En la primera época lo hacía todas las
noches. Un mes después, una o dos veces por semana de forma irregular: es
decir, de repente tres noches seguidas y luego, cada dos o tres días. La dura­
ción de las apariciones no obedecía a ninguna regla. La más larga tuvo lugar
en la noche del 8 de junio de 1968, cuando María se quedó con la gente desde
las nueve de la noche hasta las cuatro de la mañana.
• III

I'U'.1'* •’ 1 i>*[| ' I

Según los testimonios de la época, diferentes e inexplicables fenómenos


„,r , „t . ' ' ' ■

luminosos precedían a la aparición de la imagen sobré la iglesia- Desde uri1 «globo


luminoso», relámpagos blancos o palomas luminosas que no batían lístalas, hasta
1i 'WS&ii
lluvias de «diamantes», fueron descritas por los múltiples testigos. Sobre las
íl
misteriosas palomas se dijo casi de todo: «Eran luminosas», «volaban a gran
velocidad», «nunca movían las alas cuando volaban», «aparecían y reaparecían
repentinamente, como si fueran palomas pero mas grandes», «en ocasiones se
convertían en puntos de luz», «volaban siempre en formación, como una
, _ . , . , / ' !'dÉ,u,i¡h

escuadrilla: a veces tnangularmente y alguna vez en cruz», «en una ocasión, se


.
presentaron ellas solas sin la aparición», «nunca se posaban y estaban en perpetuo
> Mili SülhiiHi

movimiento y se las veía desintegrarse en el aire como si fuesen de vapor». El


periodista Michel Nil, en su libro Les apparitions de la Vierge en Egypte 1968-1969
(1978), recogió el testimonio del Sr. Goubran, que añadía otro factor
desconcertante a las apariciones: «Una noche, mientras estábamos esperando, vi
una enorme bola roja de alrededor de un metro de diámetro, después vimos una luz
blanca y se apareció la Santísima Virgen [...] Brillaba como los diamantes. Había
mucha luz». Su hija Viviane indicó que «una noche del mes de agosto, no recuerdo
la fecha exacta, una gran bola luminosa de color rojo apareció encima de la iglesia.
Salía de un rastro de luz que poco a poco tomó la forma de la Santísima Virgen». Los
testigos afirmaban que el «globo luminoso» era tan deslumbrante que hacían falta
varios minutos para que la vista se acostumbrara a su presencia. A veces, para
asombro de los presentes, la imagen surgía despacio del interior de las cúpulas,
contagiando con su luminosidad, a modo de extraño resplandor fulgurante, a todo

iíl.
el tejado. En su libro Our Lady vetums to Egypt (1969), Jerome Palmer informó que
«la cúpula grande de la iglesia a veces estaba iluminada por las luces celestiales, y
en una ocasión, como lo describió el obispo Samuel, la luz que brotó de debajo de
una de las cúpulas más pequeñas cubrió de luz gradualmente a toda la iglesia». Por
parte, Michel Nil, recogía el testimonio de Raga! Louis, que vio la iglesia iluminada
desde arriba como si fuera una luz fluorescente. Aunque los testigos decían que la
imagen era tridimensional, insistían en que sus movimientos eran mas bien
' i” -lí
mecánicos y parecía flotar sobre la superficie. La Sra. Claire Choukri dijo que «la
"V.’"'I1'•"’’•I'IW r •!

Virgen estaba quieta como una estatua». Durante sus apariciones, la Virgen
, . ílfe,,' , ...... .. '' '''"i :■ ' ■ .....

saludada a los presentes, se arrodillaba y parecía interaccionar de alguna manera


con el público. Y casi siempre la imagen desaparecía poco a poco de la vista de los
presentes. Nunca pronunció ningún mensaje o palabra.

iitiuimnnih;
Impresionante fotografía de la supuesta aparición dp Zeítun. Ño todos loS testigos
presentes eran capaces de ver a la supuesta virgen. Archivo Carav@ca.
'• • lilr ' «Ut ’’ 1

Se tomaron varias fotografías de la imagen, aunque su extremada luminosidad


y la cortina de humo que la rodeaba en ocasiones dificultaban mucho que se la
pudiera inmortalizar. El obispo Amba Gregorios fue otro de los testigos de estas
' < ....
manifestaciones:
Alrededor de las 21:00 o 21:30 horas, una luz apareció en el centro de la
ventana de la pequeña cúpula nororiental. La luz tomó la forma de un globo
que se elevaba y descendía, luego muy lentamente salió por el arco de la ven­
tana y tomó la forma de la Virgen María. A veces, parecía feliz y sonriente,
pero otras veces, triste, pero siempre benévola. Luego volvió a la cúpula y su
forma se convirtió en la de una bola de luz que gradualmente se derritió en
la oscuridad. Después de unos diez minutos, el ciclo se repitió. Asistí varias
veces a esto entre las 22:00 horas y las 3:30 horas, con un intervalo de diez
minutos. Cuando desapareció bajo una de las cúpulas y la oscuridad había
regresado, aparecía bajo otra cúpula o sobre la entrada del pequeño patio...
Sus rasgos no se podían distinguir, pero el contorno era el de una silueta muy
bonita. El humo del incienso, muy brillante, salió de la cúpula principal en
cantidades increíbles. La nube era de unos diez o veinte metros o más. Era de
color rojo oscuro. No había otra nube en el cielo que la de la cúpula. Tomó la
forma de la Virgen, mientras que las estrellas aparecieron y desaparecieron
sobre la iglesia.

La revista Le monde copte (1976) recogió uno de los testimonios más bizarros,
emitido por una profesora de arte llamada Sophie Habib Guirguis, que describió
como apareció la Virgen en una ocasión:
.. . ,..... - ... • t •< -’nru ‘tifl*»*'* • ‘"-i.,* • —**••*-_

• • . • .01 " • .

Creí que era una barra de metal erigida en él techo y fuertemente iluminad a.
Esta luz blanca se desprendió del techo al elevarse en el aire y sus dos extre­
midades superiores e inferiores comenzaron á desvanecerse y se tomaron
rosadas. En la parte inferior, que se tomó rosada, aparecieron gradualmente
los pies y la parte superior de la figura de la Santísima Virgen. Entonces pu­
dimos ver al niño Jesús acostado en el hueco del brazo izquierdo de su madre,
que lo cubría con su brazo derecho. La vestimenta de la Virgen era lo sufi-
ñentemente corta para mostrar los pies y la parte inferior de las piernas. La
cara, sonriente y mirando a la multitud con amabilidad, era particularmente
joven. Le hubiéramos dado 14 años. Toda la silueta giraba a la derecha y a
la izquierda con gracia y delicadeza, como si quisiera presentarse a todo el
público que rodeaba la iglesia por todos lados. Su cabeza estaba cubierta con
un velo blanco plateado, ligeramente azul azulado, muy bordado en todos los
extremos. A medida que la silueta se movía, el ligero velo se levantaba por el
movimiento y el viento lo inflaba.
Michel Nil también narró la visión de Teresa Gadallah, que vio una gran bola
roja en el cielo antes de la aparición de la Virgen. Lo curioso es que la imagen surgió
de la esfera, formándose a partir de una luz blanca. Sin duda, es muy curioso que
la Virgen surja de cuerpos luminosos, adquiera su forma poco a poco y sea capaz de
atravesar cuerpos sólidos.
Por otra parte, se anotaron gran cantidad de fenómenos anómalos asociados
a la extraña aparición: olor a incienso, lluvias luminosas, iluminación de la cruz y
cúpulas de la iglesia con un extraño resplandor, flash luminosos, aparición de una
cruz brillante, nubes luminosas, humo violeta, vuelo de palomas luminosas (dos,
tres, seis o más) que a veces se quedaban estáticas en el aíre o volaban en formación
triangular, en cruz o en paralelo, etc. Además, durante muchas de las apariciones,
una extraña bruma descendía sobre los presentes. A veces aparecía acompañada del
niño Jesús y en un par de ocasiones junto a San José. El 13 de abril de 1968, cien
personas vieron una gran luminosidad, «como el sol», de color naranja, y después
vieron salir a la Virgen con el niño Jesús de detrás de una cupula. En esta ocasión,
la imagen, que parecía una estatua, estaba llena de luminosidad y portaba un
cinturón azul. Una noche, la imagen se desplazó flotando desde el techo de la iglesia
hasta un árbol cercano. Cuando la Virgen se situó sobre el árbol, este se iluminó
como si estuviera compuesto por cientos de diamantes. Sus hojas centelleaban a
|lt„ i| (-
sus pies. La Sra. Rodolphe Louis, que presenció el hecho, aseguró que sobre el tejado
.i " •ir" '
de la iglesia la imagen estaba vestida de blanco, pero que al situarse sobre el árbol
su traje se tomó azul. Algunas noches se reunían hasta cien mil personas para
presenciar las apariciones, de las que, se asegura, fue testigo el mismo presidente
de Egipto, Gamal Abdel Nasser. El obispo Amba Athanasios, de la diócesis de Beni
Souley, fue otro espectador de las impresionantes manifestaciones. La noche del
29 al 30 de abril, según declararía posteriormente: «A las 2:45 a.m. apareció la
Santísima Virgen y toda la multitud pudo verla. Parecía una estatua fosforescente.
Después de un breve momento, la aparición desapareció para reaparecer a las 4 en
punto y fue visible hasta las 5 en punto. Mientras tanto, la Virgen se movió hacia el
oeste, a veces extendiendo su mano en un gesto de bendición y, a veces, inclinando
la cabeza. Un halo de luz rodeaba su cabeza. También había algunas formas
luminosas, ligeramente azuladas, parecidas a estrellas. La escena fue conmovedora
y magnífica». Esta fue su visión a las 3:45 horas: «Estaba a unos 5 o 6 metros por
encima de la cúpula, en lo alto del cielo, en forma completa, como una estatua
fosforescente, pero no tan rígida como una estatua. Hubo movimiento, del cuerpo
y la ropa».
Coptos, cristianos y musulmanes fueron testigos por igual y sin distinción de
. -r. ai *
las apariciones y prodigios de Zeitun. La Sra. Berlanti K. Louis le dijo a Michel Nil
, p; X -.W'¿i J,'. ■
que antes de la irrupción de la Virgen veían una luz amarilla. Además, en una
■? , ,
ocasión que fue vista con el niño Jesús en brazos, la imagen aparecía y desaparecía,
durante algunos instantes. Las autoridades egipcias, ante la magnitud y descaro
de las apariciones, creyeron que se trataba de algún tipo de engano o artificio.
Se rastrearon más de veinticuatro kilómetros alrededor de la iglesia sin encontrar
li 1
ninguna pista. Algunos escépticos denunciaron que todo podía ser producto de
algún tipo de proyección cinematográfica realizada desde una palmera cercana.
Pero ni el corte de la palmera, ni el apagado del suministro eléctrico de toda la zona,
impidieron que las apariciones se siguieran sucediendo. Además, pude comprobar
personalmente, en un viaje que realicé a Egipto en 2008, que el tejado de Zeitun se
, -lií .11 1
hallaba a pocos metros del suelo y, por lo tanto, había poco margen para producir
algún tipo de engaño.
El autor en el lugar de las apariciones en Zeitun. Lo que más sorprende es la poca

distancia que había entre la aparición y el público presente. Archivo Carav@ca.

En Zeitun, al igual que en otros enclaves marianos, también se produjeron

supuestas curaciones milagrosas. Una de estas sanaciones fue la narrada por

Farouk Mohammed Ata, quien dijo curarse de forma inexplicable de una gangrena

de la que iba a ser operado tras ver a la Virgen. No fue la única curación denunciada.

En su citado artículo, Freixedo escribió:

Entre la gran multitud de asistentes hubo muchas curaciones inexplicables


que se atribuyeron a la aparición. Las autoridades eclesiásticas instituyeron
un Comité Médico Papal, dirigido por el doctor Shafik Abdel-Malek, poseedor
de abundante material sobre los exámenes practicados a las personas que
decían haber sido curadas repentinamente de graves enfermedades. Los be-
noticiados con estas curaciones no solo eran los miembros de la iglesia copia,
sino también los musulmanes que acudían en grari número cada noche. Los
hechos tuvieron tal notoriedad que las autoridades nacionales sé interesa­
ron por ellos y el Ministerio encargado de promover el turismo hizo circular
por todas las cancillerías del mundo un escrito en el que se informaba sobre
lo que estaba ocurriendo en Zeitun y se animaba a cónsules y embajadores a
que lo usasen para promover el turismo.
, . , . 1® Hllft
Ante la repercusión que provocaron estos acontecimientos se organizaron
vanas investigaciones oficiales por parte de la iglesia copta y del gobierno egipcio
para verificar las apariciones. Así lo cuenta en su libro La Vierge de l’Egypte (2004) el
padre Francois Bruñe:
Se formó formalmente una comisión de investigación civil integrada por el
Gobernador de la Ciudad de El Cairo, el Coronel Saad Zayed, Director de Se-
guridad Nacional, Mahmoud el Sebai, algunos ingenieros y miembros de la
jerarquía de la Iglesia Ortodoxa Copta. Hubo otro informe publicado por el
Director de Información en nombre del Ministro de Turismo, confirmando el
testimonio de los trabajadores, y señalando hasta 27 apariciones de la Virgen
desde el 2 de abril hasta la fecha del informe. Aquí hay un extracto: «Se ha
llevado a cabo una investigación oficial, cuya conclusión es que la aparición
de la Santísima Virgen María en la iglesia de Zeitun, en un cuerpo claro y lu­
minoso, vista por todos los presentes, cristianos o musulmanes, es un hecho
innegable».

El 23 de abril de 1968, Cirilo VI, papa de Alejandría y patriarca de la Predicación


I' I’1- 1 lll ¡ll‘ .
de San Marcos, estableció una comisión oficial para estudiar estos fenómenos. Esta
‘i li'N’ h Iíip i- il r'» Ir M *
«delegación provisional» estaba compuesta por el padre Guirguis Matta, director
general de la oficina del papa, el padre Hanna Abdel-Messih, miembro de la
comisión de asuntos eclesiásticos, y el padre Benjamín Kamel, secretario privado
del santo padre. La declaración oficial dé Cirilo VI, del 5 de mayo de 1968, fue
publicada en los principales medios de prensa egipcios y extranjeros:
La Sede patriarcal declara con una fe incompleta, una gran alegría y humilde
gratitud al Todopoderoso, que la Bienaventurada Virgen Mana se apareció
varias veces bajo formas definidas e innegables, durante varias noches y pe­
riodos distintos, llegando a sobrepasar las dos horas, desde el 2 de abril de
1968 hasta el día de hoy, por encima de la Iglesia Copta de Zeitun en el Cairo
en la carretera de Matarieh, donde la Santa Familia pasó durante su estancia
en Egipto, tal como lo indica la tradición. Esperamos que esta bendición sea
un signo de paz para el mundo y un presagio de prosperidad para nuestro
país amado y bendito.
•ilu. i

La comisión de la iglesia copta recogía el intento del obispo Amba Athanasios


de subir al tejado de la iglesia para descubrir qué era aquella imagen. Según
recogieron las actas, el religioso colocó una escalera en los laterales del edificio
para encaramarse a la parte superior. Así lo narró: «Empecé a subir y, recuerdo,
que mientras me detenía en la escalera, miré al techo de la iglesia y recé para que
la gente de la calle no me vieran. Entonces me sacudieron. Me aferré a la escalera,
pero la escalera comenzó a temblar conmigo y me estremecí. Comprendí que algo
extraordinario estaba sucediendo». El obispo desistió de su exploración.
Curiosamente, tiempo antes de las espectaculares apariciones, según se
desprende de las investigaciones efectuadas por Francois Bruñe, en la iglesia de
Zeitun se registró un episodio sobrenatural. El hijo del padre Constantino se lo
narró al autor francés:
•tjiliil i

• I ' InV’* llllliji' ■ •

Nací en la iglesia en 1953. Mi padre vivía allí y su trabajó consistía en hacer


el pan sagrado, limpiar el lugar, etc. Egipto estaba en guer o el pais
estaba sumido en la oscuridad debido etilos aviones. A pri cipiós de agosto,
- /
el jueves de la fiesta de laAscensión, alas 22 horas, todalai sia sé iluminó
■ "'í'''1 iiHitjSP • k i’* I

repentinamente, pero solo el interior. Incluso las ventanas c ¡nil­


tadas de azul por la guerra, también estaban cubiertas de luz. s'se
reunieron con la policía y la defensa civil y comenzaron a insultar a los cris­
tianos. Creían que estas luces eran una señal que la iglesia quería dar para
ayudar a los aviones judíos... Algunos saltaron dentro de la iglesia. Mi padre
cogió las llaves y le abrió la puerta a otros que entraron corriendo: toda la luz
de la iglesia estaba encendida. Corrieron a desconectarlo, pero finalmente se
dieron cuenta, al ver los fusibles, que no era posible. No se había encendido
nada, no había fuente de electricidad, ni electricidad. [...] Buscaron por toda
la iglesia alguna persona escondida, judíos... Estaban furiosos... Entonces,
toda la luz, repentinamente, se unió a las lámparas de araña y se convirtió
en una columna de luz en la cúpula. Esto era una señal de Dios anunciando
lo que sucedería unos meses después. Esta columna de luz estaba dentro de
la iglesia. Bueno, yo estaba allí. En ese momento, estaba en tercer grado y vi
todo esto con mis propios ojos.

Las conclusiones de Salvador Freixedo sobre estas increíbles apariciones son


contundentes:

Además de aproximarnos a la fenomenología paranormal, las apariciones de


Zeitun nos introducen de lleno en el fenómeno ovni. A pesar de la resisten­
cia de los ufólogos «serios» cada vez es mayor el número de investigadores
que van cayendo en la cuenta de que las llamadas «apariciones mañanas»
y el fenómeno de los ovnis están estrechamente relacionados, si es que
no son la misma cosa. A mi entender son dos disfraces diferentes de una
misma realidad o, dicho en otras palabras, dos estrategias distintas usadas
por inteligencias extrahumanas que pretenden álgido la semirtáciona) raza
humana. En la manera de presentarse la ¿Virgen» éhZeitun, al igual que
en muchas otras apariciones, hay gran número de similitudes con las ma­
nifestaciones de ovnis: su relación con las nubes,¿el balanceo de éstas sobre
• « > •■ -i i* ; ‘11' . - / j
el techo de la iglesia tan característico de los ovnis, su aparición y dfesapa-
rición repentinas, su manera de elevarse y perderse en el cielo en ocasiones»,
i"- ¡ * •
su
-
luminosidad,
-i
su • capacidad
- *
para realizar curaciones,
.... .
la manerailfe
rebotica
. -i

de moverse, la aparición, que tan notoria ha sido en algunos ovnmautas, la


emisión de fuertes olores, su preferencia por las horas nocturnas, su horario
errático y su falta de puntualidad en acudir a las citas con los contactados
(que en este caso eran todos los habitantes de El Cairo), su cohorte de luces
en tomo a la figura central y los fogonazos que a veces precedían su lie-
gada, etcétera. Comprendo que unificar dos fenómenos tan aparentemente
diferentes resulta muy difícil, pero esta es la conclusión a que irremedia­
blemente se llega cuando uno conoce la abundantísima casuística de ambas
fenomenologías. Aunque a muchos les pese, en las apariciones de todas las
religiones y en concreto en las «marianas», no es «la Virgen» la que se apa­
rece (y por supuesto tampoco Satanás como quiere el jesuíta P. Wavszawski).
Camuflados como los personajes de las creencias de cada pueblo son otros,
los habitantes cósmicos, los que proporcionan el «show» y se divierten con
nuestra ingenuidad.

En su citado libro, Francois Bruñe nos añade el factor que faltaba para
encajar definitivamente esta historia en los planteamientos de la TD: «Una de las
características de estas apariciones, no solo en Zeitun sino también en otros lugares
donde se manifestó la Virgen en Egipto, es que todos la vieron de una manera muy
personalizada. Algunas personas no la vieron al principio, mientras que la gente a
su alrededor parecía verla». Una vez más, la percepción juega un papel vital. Y en
este suceso queda patente que a veces, el AE, bajo conjunciones desconocidas, és
capaz manifestarse de una forma más amplia, ante más personas, pero siempre,
. 1¡ÜU‘ ‘i’”'
manteniendo los mismos niveles informativos.

¿Ovnis en Medjugorje?

A raíz de los primeros encuentros ocurridos



en la antigua Yugoslavia,
lllilllv lüiljlp W'■ "¡¡¡1^
los videntes
..

fueron avisados por una extraña luz que volaba sobre el monte para anunciarles
la llegada de la Virgen. Curiosamente, estos fenómenos lumínicos podían ser
observados por más gente del pueblo, pero solo los jóvenes veían y conversaban
con la Virgen. Los videntes describieron que la Virgen llevaba ropajes brillantes y
dorados, y que una extraña luz solía anteceder a su irrupción. Rene Laurentm y
Ljudevit Rupcic, en su libro Apariciones de la Virgen en Medjugorje (1987), decían
Hr-Sl. Il|!
que «los videntes se asombran de que quienes les rodean no vean ni escuchen a la

aparición. Ellos la perciben como una persona perfectamente real, en un espacio

con tres dimensiones. Piensan que la ven y la tocan». De forma significativa, los

autores del libro dicen que «piensan» (¡?) que la ven y la tocan...
En Medjugorje se han producido gran cantidad de fenómenos extraños, en

palabras de los citados estudiosos:


I»’’ V1' ' 1
El 2 de agosto de 1981 ocurrió un fenómeno solar. Al atardecer pareció que
el Sol giraba alrededor de su eje, dando la sensación que se acercaba y se ale­
jaba de quienes lo estaban observando. [...] Instantes después se vio un gran
corazón y debajo otros seis pequeños (tantos como los videntes). Poco des-
pues descendió una nube luminosa encima de la colina dé las apariciones.
[...] Sobre la colina deKrizevac áp^qió'jimalíE erí^lipa de cdíiimna. Son
numerosos los testigos que, desde aldeas alejadas, especialmente Miletin a,
Citluk o Gradina, han visto una mujer encima de la columna de Krizevac. La
duración del fenómeno se ha prolongado desde unos minutos a media hora.
[...] Afínales del mes de octubre de 1981, en el lugar en que ocurno la primera
aparición, surgió de repente una gran llama, que duró 15 o 20 minutos. Va­
rios centenares de personas la observaron.
El 5 de septiembre apareció un «globo oscuro» en cuya parte superior había una
silueta brillante.

Aterrizaje mariano en Umbe

Probablemente, existen un buen numero de casos cuyos primeros contactos con la


supuesta Virgen han sido reinterpretados de tal manera, bajo el paraguas religioso,
que se nos impide conocer exactamente sus originarios detalles. No obstante, una
lectura sosegada de los relatos de los videntes puede ayudarnos a descubrir parte de
esa realidad encubierta. Un ejemplo. Sobre las doce de la noche del 25 de marzo de
1941, en Umbe (Bilbao), Felisa estaba en su casa esperando la llegada de su marido
cuando, a través de la ventana, observó un gran resplandor que bajaba del cielo. En
el libro Y el agua seguirá curando (1973), Francisco Sánchez Ventura y Pascual narra
la visión: «Yo terriblemente asustada, no sabía qué hacer ni qué pensar. Me
preguntaba aterrada de qué o de dónde procedía aquella inmensa luz. [...] Pero vi
que descendía también un bulto oscuro envuelto en una nube clara. No aprecié
silueta alguna. Luego desapareció la luminodáad». Según’Felisa, en éso momento

llamaron a la puerta con unos golpes suaves*pero al abrirla no encontró a nadie.


Este hecho se repitió de nuevo y la testigo decidió dejarla puerta abierta. Entonces,
al entrar en la cocina, vio «en un rincón de la casa a la Virgen vestida de la Dolorosa
sobre una silla de rodillas y acompañada de dos candelabros con sus velas. Traía un
libro cerrado en la mano. Vestía de negro, con una toca que llegaba a los hombros y
caía hacia atrás hasta media espalda». Aunque esto es lo que Felisa conto a
posteriori, logicamente para encauzar sus visiones en el orbitario cristiano, en un
principio, por sus propias palabras, intuimos que su visitante nocturno le produjo
cierta congoja. De hecho, Ventura y Pascual escribía que la testigo sintió pánico ante
...
su desconcertante aparición y que, de hecho, no quería quedarse sola en casa. Un
año después de este encuentro, Felisa se topó con un pequeño ángel que flotaba
sobre las ramas de un árbol y que tenía un punto de luz sobre sus pies. Y solo a partir
.. .
del año 1968 la Virgen se le volvió a aparecer, en repetidas ocasiones, para darle
varios mensajes. En una ocasión, el 19 de abril de 1969, sóbrelas 21:30 horas, Felisa
vio descender una nube blanca del cielo que llegó hasta el suelo, «aterrizando»
sobre una pequeña plantación de perejil, en cuyo interior se encontraba la Virgen.
La aparición salió de la nube y ando unos pocos pasos. «Al día siguiente volvieron al
lugar donde se cría el perejil y comprobaron con asombro que estaba
completamente seco y revestido de una especie de polvillo blanco que cubría las
hojas y penetraba hasta el fondo, como si se tratara de un ácido que hubiera entrado
y quemado la planta hasta la misma raíz». La Virgen también deja marcas de
aterrizaje. El 23 de mayo de 1969 Felisa se encontró a la misteriosa dama de negro
• L,

junta a un pozo y comprobó que un mimbre que había pisado también apareci ó con
el enigmático polvillo blanco; parecía estar «cocido». Lá Virgen no habló hasta esta
■'i lu"'"1 i 1 ' i ' te*

tercera ocasión. Curiosamente, al igual qué ocurre en otras manifestaciones


anómalas, la testigo informó que ese mismo día, antes de encontrarse a la Virgen,
. lililí I- >
tuvo un encuentro desconcertante con un animal desconocido: «Lo describe como
“ ..
de cuarenta centímetros de largo, de cuerpo grueso y pelo color marrón. “La cara no
era ni de perro ni de gato. La boca grande, mucho más ancha que larga. Los ojos
grandes y redondos. Se paro mirándome unos instantes y después desapareció en la
maleza”». Su hija Feli, (que tenía siete años en aquel momento), ciega de
nacimiento, llegó incluso a estrechar la pequeña mano helada (extremadamente
fría) de un ángel, como ella misma me contó durante una entrevista personal
realizada en el lugar de las apariciones en 2007. Inés, otra de sus hijas, con la que
también pude entrevistarme, me explicó que su madre les permitió ver uno de sus
encuentros con el ángel, junto a otros familiares. Sucedió el 9 de agosto de 1969,
alrededor de las 22:00 horas, cuando, según sus propias palabras, vieron el
descenso de una luz amarillenta, sin sombras, que parecía estar «viva», en dirección
a su madre. Esta luminaria lo iluminaba todo como si fuera de día, hasta
prácticamente unos cien metros de distancia. En ese momento vieron que junto a la
luz había un ángel, de unos ochenta centímetros, flotando en el aire. Su madre se
acercó a este ser luminoso, que le extendió los brazos. El avistamiento pareció durar
un instante, según la percepción de la testigo, pero, estupefacta, comprobó que, en
realidad, habían transcurrido unos veinte minutos. Lo curioso de estas
experiencias es que ambas hermanas aseguran que la tradición oral de la zona del
monte Umbe recoge, desde mucho antes de la experieiicia dé su progenitura,
|i&l 'l,!' . '.i:,. ,1 .1
multitud de relatos de extraños y erráticos encuentros con lumiñarias que
deambulaban, de noche, por los caminos, a poca altura, causando asombro y
estupor entre los vecinos. De hecho, en la década de los setenta, el Monte Umbe se
W. íkw
hizo muy conocido por las frecuentes apariciones de misteriosas luces y
'"W?' '‘S.iíllr ""O
resplandores desconocidos en sus alrededores. Algunos, incluso, decían que eran
ovnis. El investigador escéptico Juan Carlos Vitorio, en un artículo denominado «El
influjo de los astros» (2007), escribía que: ' iMkj

■% o •
Llegamos al año 1976 y la oleada ovni sobre el País Vasco seguía siendo
intensa, alimentada principalmente por las noticias que publicaba la prensa
local. El diario que más se esmeraba en esa tarea era La Gaceta del Norte, que
el día 5 de febrero de 1976 informaba de una observación sobre el monte
Umbe. El citado monte, ubicado cerca de Bilbao (Vizcaya), era por esa época
l|l| |3i> l-
uno de los lugares predilectos de los grupos contactistas para sus visuali-
zaciones de las «naves extraterrestres», previa cita, y sus «contactos» con
los ocupantes. También, dicho lugar suele ser, en la actualidad, punto de
reunión de los buscadores de ovnis en las diferentes alertas que se organizan.
¡ ■ 1

! ’ • . . * r , (idb • . u| . ' .
En estos tres últimos ejemplos de apariciones marianas, Zeitun, Medjugorje
y Umbe, (aunque podríamos enumerar muchos más), queda claro que este
paradigma con tintes religiosos tiene una identidad «propia* al margen de su mas
que supuesto encasillamiento dentro del fenómeno ovni. Los prodigios celestes
y la visión de extrañas entidades no son recursos escenográficos exclusivos de
los «extraterrestres», y a lo largo de la historia, tal y como ha quedado patente
por las hemerotecas y las bibliotecas, el hombre siempre ha narrado visiones
'lili)1’ ,
sobrenaturales que nada tienen que ver con la visitación alienígena. Solo desde que
este fenómeno adoptó la «forma» que nos ocupa en este libro, la de hipotéticas
civilizaciones procedentes de otros mundos habitados, es cuando hemos querido
reinterpretar e introducir en un mismo saco todos estos testimonios y hechos,
1 '■>!
como si hasta la fecha hubiéramos estado engañados, y solo en este preciso
momento, cuando nos topamos con los platillos volantes, hemos sido conscientes
de la realidad que se nos ocultaba bajo diferentes disfraces. Pero realmente,
tanto las apariciones marianas como el fenómeno ovni son engranajes de la
misma maquinaria psíquica que ha estado proyectando ante los asombrados
ojos de los testigos una escenificación acorde a sus propios deseos y anhelos;
compartiendo siempre elementos comunes: luminarias, humanoides, huellas,
mensajes telepáticos, presagios, etcétera. El AE es capaz, tras haber sintonizado
con la mente de los observadores, de desarrollar las experiencias en un sentido o
en otro, dependiendo de lo que el testigo pueda llegar a imaginar en ese mismo
momento.
..¡ • f "

Y eso que, hasta la fecha, la mayoría de los est ieraban que


las apariciones marranas podían ser consideradas como ex cercanos con
ovnis, por tres razones:

• ; i,.>. ysía. Wi M
1. Por un eficaz camuflaje de las entidades aterrestres, con unos
propósitos difusos, desde el control psicos asta el «vampirismo»
di­
psíquico defendido por Salvador Freixedo.
ÜBE

• i uu 10^ ' ■ibw


2. Por el propio desconocimiento de los testigos, al no saber interpretar lo que
¡hms íhíí
están viendo.

3. Por la manipulación eclesiástica que deformaba los verdaderos hechos. O


sea, el aterrizaje de un platillo volador, se transformaba, bajo el prisma
¡
religioso, en un descenso glorioso de la Virgen María.

Pero las similitudes entre ambos fenómenos no deben ser consideradas como
Slb:
una prueba inequívoca de la existencia de un solo paradigma que engloba al otro.
Esto solo probaría que nos hallamos ante un mismo «estimulo» psíquico que
puede ser interpretado y modificado en muchas direcciones, partiendo de una
determinada creencia, pero que se sustenta en los mismos recursos ideográficos.
De hecho, la Virgen es igual de imprecisa o pueril en sus mensajes que los
extraterrestres o los difuntos. Las evidencias que obtenemos tras el aterrizaje de
un ovni son de la misma volatilidad que las que encontramos en una casa visitada
por un fantasma, o, por ejemplo, en el árbol donde se ha encaramado la aparición
mañana. Pero ¿qué ocurre cuando dos paradigmas se cruzan de forma inequívoca?
•’ *’ ' i” . 'l. ■’ .
" H h'. ¡ ' ' "* ' h»
Veamos la asombrosa conexión entre los platillos yolántes ,'y lóS gigantes peludos
j
que supuestamente pululan por nuestros boques... ,.

1 "4 „l. ?>|


w,

¿Un Bigfoot a los mandos de un ovni? ”Rk

Probablemente, el siguiente suceso que vamos a narrar ni siquiera sería incluido en


el cuaderno de campo de los criptozoólogos, al considerarlo una autentica herejía
para sus creencias. Por su parte, el protagonista de la experiencia jamás hubiera
imaginado que se toparía con un platillo volador tripulado por un piloto tan
«primitivo». Sobre las 22:30 horas del 2 de diciembre de 1974, cerca de Frederic en
< * -unGílití' ,r*“
Polk County (Wisconsin), el Sr. William Bozak, un agricultor de 68 años, circulaba
tranquilamente con su vehículo cuando, en mitad de una densa niebla, estuvo a
punto de colisionar con una extraña máquina, en forma de campana, de entre 2,5
o tres metros de altura, que le salió al paso. El artefacto, que flotaba muy cerca del
suelo, no poseía ningún tipo de iluminación y estaba casi envuelto por la niebla.
En su parte visible observó una abertura transparente que se había iluminado con

los faros de su coche. En el interior había una criatura delgada y de tonalidad

oscura, a excepción de su rostro. Tenía mucho vello por todo el cuerpo, un vello

erizado de unos siete centímetros de largo, pero carecía de barba. Sus orejas eran

grandes, como las de una ternera, sus ojos eran protuberantes y su piel era de color

marrón rojiza. Tenía un aspecto espantoso, la cara era chata y al testigo le recordó

inmediatamente al Bigfoot. «La criatura levantó sus brazos por encima de su cabeza

y, por su expresión, tenía el mismo miedo que yo», diría Bosak a los investigadores.
Parecía que iba vestido con un traje similar al de los submarinistas^ sin costuras
,,iii . 4-¡or i?"
visibles, aunque no sabría especificar si el pelo era de la criatura o si se trataba de
algún tipo de abrigo. Cuando el vehículo del testigo se alejó, el granjero escuchó un
ruido de ramas golpeando su coche. En esos momentos el testigo aseguró que los
> • “p • j 't. • ;íf{l ¿te JL > ÍP!,;h’ ¿jF '
faros de su vehículo se debilitaron de forma considerable. Según algunas fuentes, al
i J¡, ¡|í ''y» ■ J
día siguiente el agricultor encontró en la zona una huella de 1,80 metros donde la
hierba aparecía aplastada.
,, !|^ -ji. ' i! 1..
■h h

Un caso parecido: el incidente de la isla Presque. El 31 de julio de 1966, en la


Isla Presque, en la orilla del lago Erie, Betty Jean Klem, Anita Haifley y los hermanos
Haifley, pasaban una tranquila jomada hasta que su coche quedó atascado en la
" ''i!''11"',.
arena. Uno de los jóvenes fue en busca de ayuda, mientras que sus amigos se
ijn- "[Link] . .jr|:.|. ri¡
quedaron en la zona. Entonces contemplaron una extraña luz «metálica» en el
II

cielo que descendía lentamente. Cuando dos agentes de pohcía se personaron en el


-I :>tl ■ ijl-j |||, j

lugar para socorrer a los jóvenes, estos les contaron la historia del misterioso ovni

que había aterrizado en las cercanías. Mientras fueron a investigar, en compañía

de los dos hermanos, las dos chicas del grupo se quedaron en el coche. Al

regresar, las muchachas informaron de que una criatura muy similar al Bigfoot, de

aproximadamente 1,80 metros de altura, se había acercado al vehículo y lo había

arañado. Tras tocar la bocina y encender las luces, el ser salió huyendo hacia el

bosque. Al día siguiente, la policía encontró extrañas huellas de tres dedos en la

arena alrededor del vehículo y los arañazos delatados por la testigo. Lo más curioso

de este episodio, como veremos más adelante, es que fue el detonante de una serie

de extravagantes encuentros con lo imposible.


Desembarco espacial de un Bigfoot.
" • : ""t. .i-
iutual
El investigador Stan Gordon, en un congreso celebrado por el MUFON (Mutual
UFO NetWork) en Pensilvania, en 1974, narró un interesante suceso. Al parecer, en
1973, el «Westmoreland County UFO Control Center» recibió una llamada anónima
donde les informaban de que tres mujeres que iban en un coche, circulando por
un bosque cercano a Penn (Pensilvania), contemplaron el aterrizaje de un gran
ovni de forma rectangular y apariencia metálica. Poco después vieron como se
abrió una puerta en el objeto y se desplegó una rampa. Del ovni surgieron varias
criaturas peludas de dos metros de altura que se introdujeron en el bosque. Lo
, - . ., W ■ iiUiIÉbi,. . L , .
mas curioso de este incidente es que ocurno en septiembre, y durante el mes de
octubre se recopilaron al menos tres incidentes similares de encuentros con ovnis
y criaturas peludas. En Galveston, un hombre que estaba pescando declaró que,
al atardecer, había visto una extraña criatura peluda que corría de forma extraña.
Posteriormente divisó como desde el interior del bosque despegaba un objeto de
color bronce. El 21 de ese mismo mes, una mujer de Cincinnati (Ohio) se despertó
sobre las 2:30 horas de la madrugada observando varias luces que volaban a baja
altura sobre el terreno. En el interior de una de estas campanas luminosas, de unos
dos metros de diámetro, la testigo aseguró que vio «una criatura con forma de
mono, gris, sin cuello y con una cabeza con un hocico». El ser movía los brazos hacia
arriba y abajo, rígidamente. El tercer incidente ocurrido tras la llamada de teléfono
merece un capítulo aparte...
Inmune a los disparos
•ujli' •}

Sucedió en Greensburg, Pen silvania (Estados Unidos), el 25 bré!||ll9,.^Uis

granjero de nombre Stephen Polasky, junto a quince testigos, contempló como una
misteriosa esfera brillante de color rojizo aterrizaba en L «imidades. Junto a
dos niños, Polasky se acercó a investigar al lugar donde se h aba la 1 [adamas
¡Mi; W.L
llegar, observaron a dos seres de más de dos metros de altura, totalmente cubiertos
■» ¿ ,
de pelo y con dos grandes ojos amarillos verdosos. En el ambiente había un
desagradable olor parecido a «goma quemada». Los gigantes peludos se acercaron
hacia los testigos. Según dijo posteriormente el granjero, los seres emitían unos
extraños ruidos, semejantes al llanto de un bebé. Asustado, Polasky disparó sobre
las criaturas, pero no parecía que les afectara. En ese momento, las luces del ovni se
apagaron y las criaturas desaparecieron en dirección al bosque.
Cuarenta y cinco minutos después, en compañía del agente de policía Byrne,
Stephen Polasky regresó a la zona. Encontraron que en el lugar en que había
estado posado el ovni había un «anillo con una sustancia blanca fosforescente»
que resaltaba en la oscuridad. Entonces oyeron unos ruidos, como si algo enorme
se desplazara por el interior de la maleza del bosque. El sonido parecía seguir
los movimientos de los testigos y desapareció de repente. Durante algún tiempo,
después de esta insólita experiencia, los animales rehuían a aproximarse al lugar
del supuesto aterrizaje.
Il ir
El 27 de septiembre de 1973, en el condado de Beaver (Pensilvania), dos
• • . . ■ ■' ' 1 n
mujeres vieron una enorme criatura cubierta de pelo blanco, de aproximadamente
'' I1
2,4 metros de altura y con los ojos rojos, atravesando un camino en el bosque.
Lo más extraño es que en su mano parecía llevar una pequeña esfera brillante.
Posteriormente, las testigos observaron un objeto luminoso que sobrevolaba el
bosque, iluminándolo a su paso con un foco. Curiosamente, él 25 octubre de
1973, en Uniontown (Pensilvania), George K. mientras conducía en dirección a una
granja en compañía de varias personas, observó un extraño artefacto luminoso
que parecía tomar tierra en las proximidades. Cuando llegaron a la zona divisaron
un enorme objeto de apariencia metálica sobre el terreno. La sorpresa del grupo
fue mayúscula cuando del ovni surgieron dos humanoides cubiertos de pelo gns
oscuro y largos brazos. Uno de los seres, el más alto, podía medir alrededor de los
tres metros de altura. Según los testigos, las criaturas emitían un gruñido parecido
j!lh‘ .‘ ¡jllllj,
al llanto de un bebé. También informaron de que en toda la zona había un olor
muy desagradable. George disparó con su rifle, pero los humanoides no se vieron
afectados. El vehículo sufrió algunos problemas con la luces mientras estuvieron
en presencia de aquellas criaturas. Posteriormente, también los testigos sufrieron
algunas secuelas físicas tras el encuentro.
Existen decenas de avistamientos clásicos del Bigfoot en los que los disparos
efectuados con todo tipo de armas no parecen causarles daño. En octubre de 1980,
en Masón County (Kentucky), la familia Fulton avistó un enorme Sasquatch de más
de dos metros de altura y de color blanco. Charles Fulton le disparó dos veces a
quemarropa sin producirle ningún efecto: «Se que no fallé el tiro, pero la criatura
ni siquiera vaciló o hizo algún sonido. Simplemente se quedó allí un momento».
¿Cómo puede ser inmune un animal a los disparos? Parece que esta cuestión
preocupa muy poco a los criptozoólogos, que deben pensar
«Bigfoot» debe llevar un chaleco antibalas

Luces en el bosque

Uno de los últimos sucesos de estas características o s en jos Estados Unidos


fue descrito por los investigadores Janet y Colin Bord en su citado libro:

En el verano de 1981 los ocupantes de una propiedad rural en Rome (Ohio)


vieron unas criaturas altas, peludas y de ojos rojizos cerca de la casa en el
bosque. En un encuentro ocurrido el 25 de junio, dispararon a una de las
criaturas directamente entre los ojos con una escopeta, pero escapó antes de
que pudiera disparar por segunda vez. A la noche siguiente, el mismo testigo
vio a la criatura y afirma que le golpeó con su linterna. Estaba de pie junto a
una grúa y por eso pudo determinar posteriormente que medía 2,9 metros
de altura. Su largo pelo era negro o castaños• -i oscuro.
•.
Tenía la nariz grande y plana, y ojos grandes y de brillo rojizo. Se produjeron
muchos avistamientos más, pero fracasaron todos los intentos de disparar y
envenenar a las criaturas. Los investigadores encontraron huellas circulares de 17
cm de ancho y 20 de largo, con «extensiones semejantes a tres dedos». También
se encontraron huellas de cinco dedos. Durante los acontecimientos, el bosque se
iluminaba con una luz «tan brillante como la del día» sin ninguna razón para ello.
Se veían esferas luminosas y, en una ocasión en que un objeto volaba por encima
de un testigo, le disparó, escuchándose como la bala golpeaba en algo que sonaba a
cristal. i, ’luí 1.1, % '
ni
’VI'
.... ...... !«!!“

El Pies Grandes y los cuatreros del espacio


i,- '• . • i*-1!
¡II' ,|l•’!* , ,• * i '
La investigadora Linda Moulton Howe incluye un polémído caso en su libro
Glimpses of Other Realities: Facts and Eyewitnesses Vol. 1 (1997). Se trata de un
'i
episodio ocurrido en Mount Vemon, Missouri, en una mañana de julio de 1983.
, 'WWl' ' '
Según relata Moulton, Ron y Paula Watson se sorprendieron al observar unos
brillantes destellos de color plata enfrente de su casa de campo. Con ayuda de unos
• • • r ' "¡i"' ¡lÚ » 1 ’íi»
prismáticos, el matrimonio comprobó que sobre el terreno había dos pequeños
seres enfundados en ropas plateadas que estaban junto a una vaca que estaba
recostada sin moverse. Los humanoides pasaban sus manos sobre el animal y, de
, _ ¡¡(lili/1
repente, la vaca comenzó a flotar. Entonces los seres se dirigieron hacia una extraña
nave en forma de cono que estaba en el fondo de la escena. Ron le comentó a la
ufóloga que el ovni era casi invisible «porque su superficie era como un espejo y
reflejaba todas las hojas, hierba y cielo como perfecto camuflaje». El objeto tenía
l|||¡:Í I l-Hi!

abierta una oscura portezuela y había desplegado una rampa. En ese momento,
los Watson aseguran que vieron en su interior un humanoide de gran altura, con
aspecto de lagarto, los ojos rasgados y las pupilas verticales similares a los de una
«serpiente o cocodrilo». Pero lo más insólito de esta pintoresca experiencia es que
los testigos dijeron que al otro lado de la nave vieron una criatura aún más alta que
parecía un «Bigfoot» de ojos verdes y pupilas verticales. Cuando la vaca entró en la
nave, el objeto despegó a gran velocidad...
Este caso guarda cierta similitud con un incidente narrado por el investigador
Peter Guttilla durante una entrevista para el portal Bigfoot Encounters (1996):
Ocurrió cerca de Seattle, fin Washington, en el año 1980. Había, ido a liña
zona rural al este de Seattle, donde todos Ids indicios de éstas ¿pariciones
estaban presentes: se escuchaban extraños ruidos en la noche, los anima­
les eran presa del pánico, había malos olores, gritos agudos en el bosque
de noche, se encontraron cinco grandes huellas de cuatro dedos, etc. Entre-
visté a un vecino de la zona que me dijo que había sufrido una inquietante
.¡V' •’* '• , ■' Mili"

sorpresa, después de buscar ayuda en un médico hipnotizador, para que


le ayudara con los dolores de cabeza. Bajo hipnosis, este hombre dijo que
vio dos humanoides descendiendo de un enorme ovni en forma de disco,
dirigiéndose al bosque seguidos por una criatura muy alta cubierta de pelo
y de aspecto simiesco, que parecía subordinada a ellos. Durante las sema­
nas anteriores a esta experiencia, el testigo manifestaba que a menudo se
despertaba en mitad de la noche por un ruido muy fuerte que provenía del
-
cielo, por encima de los árboles próximos a su casa. Los vecinos también es-
, . , _ , , «’ Mll’i , _ , .
cucharon este sonido, que fue grabado en cinta, y en una de las grabaciones
se escuchaba un grito agudo, como un lamento.

El sábado, 27 de agosto de 1976, el investigador Richard Bonenfant recibió


IIHIíWiiillh........... .
dos llamadas de teléfono del oficial de policía Brian Gosselin comentándole unos
extraños incidentes. El oficial le informó de que en la zona de Whitehall (Nueva
York) se habían registrado avistamientos de ovnis y que, cuando se encontraba
patrullando, se topó, a tan solo seis metros de distancia, con una criatura peluda.
El extraño ser era inusualmente alto, de pie, y debería pesar alrededor de 160
kilogramos. Además, tenía grandes ojos rojos, largos brazos y estaba cubierto de
pelo marrón oscuro. Cuando fue iluminado por las luces del coche, la criatura gritó
como una «mujer» y huyó hacía el bosque. El mismo ser fue observado por otro
oficial de policía y varios soldados. Este incidente era solo uno de los múltijáíés casos
ocurridos en aquella área que relacionaban al Bigfoot con los ovnis. .
. y&uW*’ • ‘‘¡iiUdiite •; 1 i! h’ a
i .Hv* ' t Hil. :n! ¿linilLlr»! ir Hi'«

La opinión de los Criptozoólogos


,11!

Sin embargo, pese a todo lo expuesto anteriormente, la mayoría de los


criptozoólogos son reacios a admitir la existencia de fenómenos paranormales
'.r'' W‘ iltillli'
o sobrenaturales vinculados a los «Bigfoot», y mucho menos la probabilidad de
i ■ j . -. *>■ . JPL . .
que esten relacionados con los ovnis. De hecho, reconocidos cnptozoologos, como
Loren Coleman, rehúyen de este tipo de afirmaciones, adjudicándolas a meras
especulaciones sin fundamento basadas en experiencias residuales (de hecho,
no contestó a mis preguntas sobre esta cuestión). Javier Resines, periodista
11 l|¡ i
especializado en criptozoología y uno de los mayores expertos de nuestro país, me
explicó su punto de vista sobre estas cuestiones:

En cuanto a los casos en los que Bigfoot se presenta no como un mero


«animal», sino como un ser dotado de ciertas características paranormales,
considero que la explicación más usual (habría que estudiar cada caso de
un modo más profundo) podría llevarnos a pensar que el testigo o testigos
han sufrido un error de percepción. Me explico. El punto de vista desde el
que me acerco a la criptozoología en general y al Bigfoot en particular es
el más cercano posible a la biología pura y dura. Considero que existe una
pequeña posibilidad por la cual hombres salvajes —o como queramos lla­
marles— hayan podido sobrevivir hasta nuestros días. Pero serían eso, un
eslabón perdido, una reminiscencia de otra época o un modelo evolutivo
desconocido por nosotros y que ha dado lugar a otra humanidad. Pero nada
paranormal. Aun así, hay testigos que fie que han tenido encuentros
•a • WjiE'' ja . *' i ; •l-r
con seres peludos con ojos brillantes, cap ladea hipnóticas o.áj Sotras
características extraordinarias. ¿Cómo puede ser? ¿Mienten? ¡Se ente,
no. Para explicarlo habría que considerar condiciones en las que se pro-
/ ¡i’! 'mhU ■1'1IIH
duce la experiencia que esta teniendo dicho testigo. Se trata de un encuentro
con algo nuevo, totalmente ajeno a lo que conoce, súbito, y a ló que su cere-
bro debe encontrar un acomodo. El testigo sufre un estres importante y en
estas situaciones puede ser difícil precisar lo que se está presenciando. En
resumen, opino que la existencia de Bigfoot —al menos, en algunas de sus
diferentes variedades locales—pudiera ser real, pero que es ajena a cualquier
consideración paranormal o fantástica en cuanto a sus características físicas
o de comportamiento.
Respecto a la vinculación con los ovnis Resines admitía ciertas
incertidumbres: ,w M»
En mi opinión, hay que partir de reconocer que nos encontramos ante dos fe­
nómenos muy complejos y que manejan características tanto de la realidad
como de la ficción, pues no hay que olvidar que, tras muchos años de estudio,
hemos sido incapaces de demostrar su existencia. Salvando este obstáculo,
y dando por sentado que las dos realidades existen —con su comprensi­
ble cautela—, opino que existe una relación entre la ufología y el Bigfoot.
No creo que formen parte del mismo asunto, que uno sea una extensión o
consecuencia del otro, aunque se han reportado algunos casos de tripulantes
«peludos» e incluso se han observado Bigfoots entrando y saliendo de extra­
ños aparatos voladores. Creo que hablamos del interés que estas entidades
extraterrestres pudieran mostrar hacia lo que ocurre en nuestro planeta. Y
qué duda cabe que la existencia de Bigfoot tiene que llamar su atención. Es
decir, la presencia de Bigfoot en casos ovni se debería a la investigación por
•IV.

parte de estos seres ajenos a nuestro mundo de una dé las i curio*


sas y desconocidas de nuestra naturaleza.

•|i

¿De dónde vienen?


?. .-ni

Pese al escepticismo mostrado por cierto sector


Coleman a la cabeza, ante la posibilidad de que el Bigfoot esté vinculado con
;‘'W WB*
los ovnis o con fenómenos paranormales, lo cierto es que los relatos que
•¡w 'iilÉ'-
señalan estas conexiones gozan de la misma credibilidad que el resto de los
¿11
testimonios (o al menos presentan las mismas exiguas evidencias, que no es
. , . .... ...
poco). Es mas, las propias investigaciones en torno ai!-''esta misteriosa
1
criatura
.

parecen indicar que existe una gran cantidad de componentes desconcertantes


que difícilmente podrían explicarse como el resultado de la interacción de los
testigos con un «animal desconocido» difícil de atrapar, por mucha inteligencia
que presupongamos al Bigfoot. De hecho, la extraordinaria habilidad que presentan
la mayoría de las criaturas criptozoológicas (Bigfoot, Nessi, Yeti) para evitar ser
atrapadas, o simplemente fotografiadas, demuestra que nos hallamos ante un
fenómeno que va más allá de lo estrictamente biológico para adentrarse en el
resbaladizo mundo de los fenómenos inexplicables. Ahondando en esta cuestión,
el reconocido investigador Nick Redfern, en un artículo titulado «Monsters and
Proof» (2011), insistía en esta esencial cuestión: «No importa si la ubicación se
encuentra en los enormes bosques del noroeste del Pacífico, las aguas salvajes
de Escocia, el Himalaya, el Yunque, en la selva tropical de Puerto Rico, o en las
profundidades de los océanos, la historia ha demostrado que todos y Cada uno
**' • 1 ril " i*
de los intentos de obtener una evidencia física dé Iéís animales de^coricxüdos
ha terminado en nada más que en un completo fracaso». Por tantój rjo es
tan sencillo suprimir el componente paranormal y ufológico de las apariciones
criptozoologicas. Mas aun, cuando después de miles de avistamientos, mas de tres
mil según algunas fuentes (Joshua Stevens), jamás se han podido seguir las huellas
de un Bigfoot a ninguna parte ni se ha encontrado la lógica y necesaria cantidad
de restos de pelaje que debería existir a tenor de los cientos de incidentes donde se
• ’’ •|,4'|||W , llir‘ "hl
ha visto a estas criaturas caminando o corriendo entre la vegetación, rompiendo
ramas y moviéndose abruptamente entre la maleza.
iir. .
o
ííiP......... ,
El investigador Stan Gordon, en una entrevista titulada «Bigfoot and UFOs: The
connection» (2012), para el portal [Link], expresó su opinión sobre las extrañas
huellas asociadas al Bigfoot: «Nuestros investigadores han estado en varios lugares
"HiltOill .liil lilli’llh;

y han observado rastros de huellas, que de repente, se detenían cuando debería


¡i
haber habido más huellas». Como si el animal se hubiera desvanecido o hubiera
salido volando. E incluso, para mayor misterio, en muchos incidentes, no se han
hallado huellas en terrenos favorables para que hubiesen aparecido. Por ejemplo,
el 23 de agosto de 1982, en Ellington, Connecticut, dos granjeros, John Fuller y
David Buckley, salieron de noche a comprobar el estado de las vacas porque llovía
mucho. De pronto, cuando se acercaron, vieron una extraña criatura cubierta de
pelos, de 1,80 metros aproximadamente de altura, que estaba sentada observando
al ganado. Los testigos huyeron y llamaron inmediatamente a la policía. Cuando
los oficiales de policía llegaron a la granja fueron incapaces de encontrar huellas
-Ml-

• k>- d M 1 • lA r '■
en el suelo mojado. Y, por si fuera poco, ningunade las centenares de expediciones
:W' " ¡|T íL
organizadas para intentar atrapar un. Bigfoot, o al menos documentar sil existencia,
• ’ %’ ,¡. V'iilllli * ’• 1I-
han dado resultado alguno, pese a utilizar todo tipo de tecnologías y recursos
humanos. Nada. Es como si cuando el Bigfoot no fuese observado por los testigos
paseando por el bosque, sencillamente, dejará de existir en nuestra realidad. No
obstante, pese a la existencia de serios indicios de alta extrañeza en torno a lo que se
presupone es un simple «animal», la mayoría de los criptozoólogos han optado por
1' ' id*' il
eliminar de sus informes todos los elementos que resultan extremadamente raros,
o los han desechado como casos «inclasificables». *jl

%¡||- ¡jí'IIR'
Aunque, por su parte, los ufólogos no han actuado de mejor manera, ya que
tampoco han querido entrar a valorar muy profundamente esta posible conexión,
al temer que reste credibilidad a ambos fenómenos por igual, ya que los ufólogos
son conscientes que al complejo y confuso fenómeno ovni habría que sumar una
nueva y desconcertante incógnita de difícil solución. ¿Qué puede hacer un Bigfoot
a bordo de un ovni? ¿Se trata de un ser extraterrestre? ¿Un experimento biológico?
¿Una mascota? ¿Una nueva incoherencia en torno a los ovnis?
Sin duda la relación del Pies Grandes con los platillos volantes representa una
combinación que no es cómoda para ninguna de las partes implicadas, ya que a
los criptozoólogos les molesta igualmente explicar que diantres hace un «eslabón
perdido» de la especie humana viajando en el interior de un ovni...
Sin embargo, probablemente, la censura de estos datos e incidentes
imposibilita que tengamos acceso a informaciones vitales para comprender la
complejidad del Bigfoot y del propio fenómeno ovni. Los investigadores Tom

■IhiíllAlní.ljl
Burnette y Rob Riggs lb denunciaban abiertameft^ép. ün artículo titulado «The
Bigfbot-UFO Connection» (2014): . 41:;,’Wk'.f.i! ;i
ii utf i''' i >■ -

En nuestro nuevo libro, Bigfoot Exploring the Myth and Discovering the Truth
(2014), no pretendemos haber resuelto el misterio del Bigfoot. Solo indica-
mos que tenemos evidencias que sugieren enérgicamente la presencia ge-
neralizada de un primate, grande y peludo no descubierto oficialmente en
el sur de los Estados Unidos. Más allá de eso, anotamos una serie de otros
fenómenos extraños asociados con muchos avistamientos de Bigfoot, que
. . . . W W 7 .
incluyen misteriosas luces en los informes. De hecho, lo que distingue a
nuestro trabajo, al de otros investigadores, es que en gran medida se tiene
en cuenta la actividad paranormal que parece rodear a estas criaturas y las
zonas donde se divisan. La mayona de los investigadores son reacios a hacer
esto.
Y es evidente porqué lo hacen. La inclusión de aspectos sobrenaturales
y ufológicos en los informes de encuentros con el Pies Grandes provoca un
rechazo aún mayor en la comunidad científica de lo que provoca de por sí la
hipotética existencia de un gran homínido desconocido escondido en los bosques
de Norteamérica. Por lo que no sería descabellado pensar que los criptozoólogos
obviaran a conciencia este tipo de sucesos al considerarlos una herejía alejada de
sus estereotipos más clásicos y «racionales».
Aunque la vinculación de los No Identificados con el Bigfoot es rehusada por
la mayoría de los criptozoólogos, el investigador Stan Gordon, que investigó en
profundidad el incidente de Polasky en 1973, escribió en un reporte titulado «25th
Anniversary Of Truly Scary Pennsylvania UFO Encounter» (1998):
La mayoría de los avistamientps de Bigfoot ■fao tienen j íguna relación
con informes sobre ovnis. Pero aquí, en Pensilvania se invO__ ¿aron alguríós
casos en los que ambos fenómenos fueron vistos al mismo tiempo. En otros
sucesos, después de que se informara de la presencia de un ovni, se recogían
informes de Bigfoot en esa zona, o viceversa. Lo que allí existió es una asocia-'
ción entre las dos anomalías, algo que queda abierto a la especulación. Debo
subrayar que estos casos son históricamente poco frecuentes, pero algunos
están muy bien documentados. Esa fue mi posición como investigador, reco­
pilar todos los datos y presentar la información sin esconder los hechos que
fueron descubiertos pensando que causaría controversia entre los cnptozoo-
, , - . , ? 4111!" . .¡ir. *3
logos y los investigadores ovni, ya que estos tienen sus propias teorías en
cuanto a lo que estos fenómenos representan.
4 .', 11. '.iiM 'ií '■ siIOIkS II11 ” W"
¡|líl' . jil|'
Y es que el propio Stan Gordon comprobó que la presencia de ovnis y otras
circunstancias extrañas estuvieron presentes durante el incidente de Polasky, lo
que indiscutiblemente arroja muchas incertidumbres sobre las apariciones del
Bigfoot:

El testigo principal, un individuo bastante corpulento, mientras estaba


siendo interrogado, repentinamente comenzó a gruñir, empujando a su
padre, y a mi asistente George Lutz, contra el suelo. El hombre corrió por el
campo gruñendo como un animal y gritando de una forma casi inhumana.
Su propio perro intentó atacarle, pero al acercarse huyó lloriqueando. De re­
pente, el hombre se desmayó en el suelo. Entonces dos de los miembros de
mi equipo comenzaron a quejarse, porque estaban teniendo dificultad para
respirar. De repente el aire se impregnó de un fuerte olor que solo puede des­
cribirse como de huevos podridos. Cuando el hombre salió de lo que parecía
ser un estado de trance, empezó a hablar de visiones sobre el fin del mundo...
Pero existen casos aún más difíciles de explicar. El 26 de noviembre 19 7^ sobre
’’jj :
las 01:00 horas de la madrugada, una pareja se hallaba e^iél interior de un Vehículo
a un lado de la carretera de Canourge, entre las localidadíes francesas de Mairieux y
Maubeuge. De pronto observaron como un objeto metálico de color blanco
descendía del cielo. Se trataba de un artefacto semiesférico de unos quince metros
. i]1"’ <
de diámetro que aterrizó sobre un campo nevado que se hallaba a unos noventa
metros de los testigos. Entonces se abrió una abertura oscura en el objeto por la que
o" blMrí'
descendieron varios humanoides de diferentes aspectos. Según describió la pareja a
los investigadores Joel Mesnard y Jean Marie Bigorne, los tres primeros ocupantes
que aparecieron por la puerta eran pequeños, de 1,20 metros de altura y con
grandes cabezas. Los humanoides tenían los ojos saltones de color blanco, agujeros
por nariz, bocas estrechas, y sus mejillas eran abultadas. Además, sus brazos eran
largos. Iban vestidos con unos trajes ajustados de una sola pieza y de apariencia
metálica. Sobre uno de los costados, los pequeños seres llevaban una caja oscura, de
unos quince centímetros, que sobre su parte superior tenia una pantalla circular
luminosa de color blanco. Según los testigos, «caminaron despacio, con pequeños
pasos rígidos, y se separaron como si buscaran algo». Se acercaron a la carretera
hasta situarse a unos quince metros de ellos. Lo curioso es que, detrás de estos
humanoides, del objeto surgieron dos seres de aspecto humano, de alrededor de
1,95 metros de altura. Tenían la tez clara y el cabello rubio hasta los hombros.
ti ,M
Estaban vestidos de la misma forma que sus pequeños compañeros., Los testigos
dijeron que cerca de la puerta había una figura agachada, con largos brazos y,
aparentemente, totalmente cubierta de piel oscura. Aquella extraña criatura «se
asemejaba a un oso o a un gran simio». Tras litios diez minutos dteóítservación, los
pequeños seres comenzaron a acercarse al coche de los testigos; en ese. flXdmcnto la
mujer se asustó y corrió fuera del mismo. Su pareja explicó que los humanóides sé
quedaron quietos, probablemente ante la reacción de la testigo o el portazo que dio
en el coche. Y en orden inverso a su aparición, el hombre simio, los dos humanoides
y los tres pequeños seres retornaron rápidamente al artefacto. Los testigos indican
que los diminutos ocupantes caminaban dando «largos y rápidos pasos» y parecía
como si «flotaran sobre el terreno». Cuando la estrafalaria tripulación se introdujo
en el objeto, la abertura oscura desapareció, la aeronave adquirió un color metálico
brillante y comenzó a elevarse. Cuando llegó a unos nueve metros de altura, salió
disparado hacia el oeste, pasando sucesivamente del naranja luminoso, al azulado y
rojizo hasta convertirse en un punto en el firmamento. Los testigos no buscaron
rastros en la nieve. Curiosamente, en el jardín de su vivienda, situada a 1600 metros
de distancia, la Sra. Michel y sus hijos hallaron por la mañana unas extrañas marcas
en la nieve que podrían estar relacionadas con este incidente.
No hay dudas de que muy pocos investigadores se atreverían a incluir en su
catálogo, libro o artículo sobre el Bigfoot incidentes desestabilizadores como estos,
que son capaces de volar por los aires cualquier planteamiento sensato sobre el
origen de este gigante peludo. Sin embargo, John Keel fue pionero en ver más allá
que el resto de sus colegas, cuando en su citada obra, incluyó un evento que rebasa
los límites de la imaginación y la cordura:

Cuando fuimos a Erie a investigar [el caso de los chicos atascados en la


arena], encontramos una curiosa nota en los archivos de la policía. Una
mujer les había telefoneado para darle parte de otra aparición de un mons-
■''V|!l'W,lihl|l|i!l iW' r, h 'i
truo. Ésta había tenido lugar én la «talle West Third, en frente del puerto de
Erie y exactamente al otro lado de la isla de Presque. La mujer, MrS. Julie
Helwig, nos dijo que la habían despertado los ladridos de los perros a las 5:30
horas de la madrugada del miércoles 3 de agosto de 1966, y al mirar por la
ventana vio un ser de forma humana que mediría 1,70 metros de estatura.
.i. | ,;á’, ’j’* i. dJt'' *’ 'yi- I1
Dijo que iba vestido con una chaqueta amarilla y unos pantalones del mismo
a ' •••* • j 1 ll» I I I
color, sin que se les notara bolsillos, cinturones u otros detalles particulares
cualesquiera. Dijo que tenía la cabeza grande, en forma de luna, y, que, vista
' 1 'l i .i ' ' 1 .¿’IP
de costado, la parte posterior parecía plana. Esta cabeza estaba cubierta de
pelo disperso castaño... de un castaño terroso. La criatura tenía unos hom­
bros muy grandes y un tipo esbelto. Se movía con unos gestos rígidos, mecá­
nicos, como a sacudidas, conservando los brazos pegados a los costados, sin
moverlos nada en absoluto. Las piernas no se doblaban por las rodillas. «Se
movían —explicó Mrs. Helwig— como un juguete mecánico, de esos que se
les da cuerda». Los perros de la población le ladraban a los tobillos, pero la
criatura no les hacía caso. La visión de esta criatura atemorizó a la testigo,
la cual despertó a su esposo. Este miró por la ventana, pero como no llevaba
gafas, dijo que solo veía «una cosa en movimiento». La criatura apareció al
otro lado de los Depósitos de Almacenamiento de la United Oil y desapareció
rápidamente de la vista. Otra mujer de aquel sector vio una criatura similar
aquella misma semana. Esta mujer, que quiere permanecer en el anonimato,
dijo que bajaba en coche por la calle Third muy avanzada la noche cuando vio
un extraño ser. Ella paró el coche, la criatura se acercó, «dio unos golpes en la
capota» y luego se hundió en la oscuridad.
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• '1"‘: ; h u1"1' '1'1 "

Un nuevo eslabón de la misma cadena


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Obviamente, a tenor dé estas conclusiones, no existe ningún animal desconocido
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campando a sus anchas por los frondosos bosques de Norteamérica, del rnismo
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modo que, muy posiblemente, los encuentros, con óvnis tampoco obedecen a la
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presencia en nuestro planeta de seres extraterrestres. Y es qué en él presente
libro ha quedado evidenciado que los avistamientos del Bigfoot, lejos de ser un
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fenómeno homogéneo y circunscrito solo al posible ámbito zoológico, se erigen
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como un auténtico enigma sobrenatural rico en matices y detalles inexplicables.
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Todo es mito de un complejo sistema de proyección psíquica orquestado por un
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AE que se nutre de nuestras propias creencias, miedos y anhelos para elaborar
un artificioso universo repleto de seres imposibles. En el caso que nos ocupa, las
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ancestrales creencias en la existencia de hombres salvajes, monstruos y criaturas
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desconocidas en los bosques, son utilizados por este AE para la elaboración del
moderno mito del Bigfoot, cuyo contenido iconográfico reactualiza antiguos y
profundos terrores atávicos.
1| «lU.1 <|lh ' T
Pero, como señalamos reiteradamente, estas «puestas en escenas» pueden

incluir desde encuentros con ovnis y sus tripulantes hasta «Bestias peludas»,

pasando por apariciones marianas y fantasmas. Todos estos paradigmas se

caracterizan por ser fenómenos muy variables, que, aun conservando asombrosos

elementos comunes, se desarrollan de forma independiente y con características

inherentes e intransferibles, aportadas por la participación inconsciente de cada

testigo. Lo que explicaría la enorme diversidad en apariencia, tamaños y colores,

delatada en los avistamientos del Bigfoot. Además, es importante reseñar, que

la permanencia física de estas «criaturas» en nuestro universo, se limitaría solo


• ■ ‘ .,T ’ - .1 ■
y exclusivamente al momento exacto de la «proyección trídlmepisiüBál*, cuando
transitoriamente cobran «vida* para cumplir supropó[Link] lo que obviamente,
por ejemplo, sería imposible hallar el escondrijo del Bigfoot, ya que nada de lo
recreado después de la finalización de la experiencia subsiste.
Aunque el AE es capaz de otorgar materia a sus manifestaciones, éste añadido
físico y tangible, expuesto ante los ojos del testigo, por ejemplo, en forma de
.pifó '¡F-
huellas sobre el barro, o la imponente e «incuestionable* presencia del Bigfoot
al romper ramas durante sus desplazamientos, solo son un refuerzo psicológico,
--'p- i'-
utilizado como mero attrezzo para crear una «representación» perfecta para
■ ••j'P1'. ¿ir ¿r
perpetuar un sutil engaño. De esta forma, aunque encontremos pisadas profundas
del Bigfoot, estas no nos llevarán a ninguna parte, y, del mismo modo, aunque
hallemos restos extraños después de un aterrizaje ovni, estos no resultarán nada de
extraordinarios o anómalos. Este agente desconocido, en conjunción con nuestra
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mente, distorsiona caprichosamente el contenido de las experiencias anómalas
en función de las capacidades de cada testigo para perpetuar unos determinados
mitos.

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'I:. ’»•

EN EL LIMBO DE LO PERDIDO
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''¡'h, i.| 'll". M / #

Pero, de la misma forma que en multitud de ocasiones la simbiosis AE/


testigo da como resultado una experiencia perfectamente encasillable por los
investigadores, en ocasiones, estos procesos altamente creativos, y hasta cierto
punto impredecibles, ofrecen bizarros encuentros con entidades que se quedan
en un «limbo» indeterminado, en la intangible frontera entre varios tipos
de fenomenologías, sin que los investigadores puedan catalogarlas en ninguna
tipología concreta (como por ejemplo ocurre, cuando se mezclan fenómenos como
. ... ílüli _¡||i| 'i HhJIÍ! , . _
el Bigfoot y los ovnis). Y esto ocurre principalmente por la carencia de información
que ofrecen estas visiones a sus respectivos testigos, lo que imposibilita su
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«correcta» tipificación. Además, por razones que se nos escapan, en muchas
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ocasiones no se producen ulteriores encuentros que puedan ayudar a su correcta
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«ubicación». Nos encontramos ante un único y aislado avistamiento que no
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podemos decodificar por completo.
Veamos algunos ejemplos. En junio de 193 7, la niña Lyudmila Fedosovna
Chepik, de siete años, en Chashniki (Bielorrusia), tuvo un asombroso encuentro al
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lado del río Ula. Pese a que su madre estaba convencida de que vio algo «celestial»,
no parece que el asunto trascendiera más allá del ámbito familiar. Así lo describe el
investigador ruso M. Gershtein:

Sobre las 11 en punto de la mañana, estaba trabajando con las vacas en un


prado y recogiendo flores. De repente, vi que, de arriba hacia abajo en silen-
do sin paracaídas, descendía un «hombre». Cuando aterrizó estaba a unos
1,5 o 2 metros de distancia. Su altura era menor al de una persona normal.
Tenía alrededor de 1 O 2 cabezas más de alto que yo, algo así Como unos
110 o 130 cm, de complexión atlética, con un ensanchamiento muy fuerte
desde los hombros hacia arriba, y con una cabeza desproporcionadamente
grande. Tenía una cintura estrecha, y en los pies tenía una especie de botas
de color oscuro que se extienden como los pantalones, a partir de las rodillas.
Los pantalones eran de color rojo. Llevaba una ropa ceñida de color oscuro.
En la cabeza tenía un casco, como el de los guerreros rusos con Shishak, de
forma alargada y cónica. Su rostro era rojizo, y en los ojos tenía algo así como
unas gafas o una visera transparente. Se quedó conmigo durante aproxima­
damente un minuto. Estaba de rodillas, se descubrió la visera transparente,
£
esbozó una amplia sonrisa, miró a su alrededor, acarició la hierba, y luego, de
nuevo, por un tiempo, me miró. En sus manos tenía un objeto ovalado. Luego
hizo un gesto con ambas manos, sin soltar aquel artefacto, y en completo

una altura de unos 50 o 100 metros, parece que se encogió sobre sí mismo y
pareció disolverse en el aire. Ese mismo día se lo conté a mi madre. Ella dijo:
«Tienes que estar feliz porque has visto algo de Dios».

Hasta donde podemos deducir, este caso podría corresponder a cualquier

clasificación..., desde un supuesto ángel, un duende o un extraterrestre. J.J. Benítez

en su mítico libro La Quinta Columna (1990) recoge dos claros ejemplos de toda

esta argumentación. El primero ocurrió el 19 de marzo de 1967, cuando un pastor

llamado Hilario, en compañía de un muchacho de nombre Fernando, mientras iban

a cuidar de un rebaño de ovejas en Villablanca (Huelva), vio una extraña y potente

luminaria a lo lejos a poca distancia del suelo muy cerca de una cuadra que había

en la zona. Al poco tiempo observaron que la «luz» la portaba una persona que
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iluminaba los alrededores don gran claridad- Entonces, ante los atónitos ojos de
los testigos, aquella «persona» comenzó a volar para aparentemente caet tras un
barranco cercano. Los testigos se acercaron al lugar, pero, antes de llegar, vieron
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como el extraño ser despegaba de nuevo junto a la luminaria. Tras un corto vuelo,
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tomó tierra una vez más, pero tras unos minutos, volvió al mismo punto para
despegar y desaparecer en la lejanía. ¿Una entidad portando una luz y volando
por el campo? Sin duda los testigos nunca podrán borrar este recuerdo de su
mente, aunque no supieran exactamente que es lo que vieron y, sobre todo lo mas
-
importante: ¿por que? y ¿con que mtención lo vieron? El siguiente ejemplo también
,l'1 -Wk óWt,.
fue narrado por Benítez en su citada obra. En Garganta la Olla (Extremadura) en
octubre de 1934, Elvira y su marido, en compañía de otros labriegos, trabajaban en
una finca conocida como Las Majaillas, cuando la mujer sintió una presencia junto
a ella. Al levantar la cabeza se topó, a pocos metros, con un pequeño humanoide
resplandeciente con los brazos extendidos de pie sobre una esfera luminosa. Nadie
más veía aquella aparición. Vestía ropa ceñida y una especie de «blusa» de color
rojo. Sin salir de su admiración, Elvira se acercó a la visión, pero esta desapareció
de repente, mientras sentía que su nieto, que estaba a punto de nacer, estaba ya en
el mundo. Al llegar al pueblo comprobaron que la «profecía» era cierta y llamaron
al niño Ángel. Aunque, al parecer, la testigo decía que aquel ser era como un «niño
Jesús», probablemente fue un modo de justificar, a falta de otro marco referencial,
i. • ú’1’ ¡••V
su insólita visión ante sus familiares. Pero sigamos.
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El 3 de agosto de 1977, sobre las 19:30 horas ocurrió una experiencia
inverosímil en la aldea La Escalada (Almonaster la Real, Huelva). Este suceso,

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investigado por Joaquín Mateos, Antonio Moya y Manuel Filpo, por muy poco se
íaaML V'hk .
salvó de aparecer en los documentos parroquiales de alguna igltisia de la zonas

Ceferina Vargas Martín, 20 anos, soltera, iba a visitar a su abuela residente eri
una aldea cercana caminando por unos senderos bordeados por un arroyo.
De repente recibió un reflejo en los ojos procedente del arroyuelo. Creyó que
se trataba de algún espejo o trozo de cristal situado en la orilla, un impulso
instintivo hizo que acelerara su marcha, pero notó que algo la frenaba. Des-
pues de recorrer unos 2 0 metros recibió otro fogonazo, blanco, del tamaño de
un faro de bicicleta, muy molesto. Presa del nerviosismo sintió que sus fuer­
zas le fallaban. Cuando el foco se apagó, observó dos figuras a unos 4 metros,
ambas de pie, sobre el sendero. Una de ellas era una mujer muy alta, de unos
2 metros: de cabello largo, hasta la cintura y de color platino: de ojos grandes
y cejas arqueadas: sin nariz o solo dos orificios: en la boca distinguió una
línea que se movía, sin abrirse, dando la impresión de querer hablar mien­
tras gesticulaba con sus brazos. Vestía túnica larga de color verde oscuro,
destellante, como hecha de pequeñas lucecitas, con una apertura superior
redonda que le llegaba de hombro a hombro, de anchas mangas. Tampoco
llegó a observar si tenía pies. El pecho era plano. El hombre presentaba las
mismas facciones y permaneció inmóvil. Su cabello era corto y algo albo­
rotado; llevaba una túnica más estrecha que le llega hasta las rodillas, de
color marrón claro, con destellos; su altura era ligeramente inferior, de 1,70
metros. Ceferina calificó las caras de repelentes, de color amarillo limón.
Aturdida, perdió el sentido poco después de sentarse sobre una piedra. No
percibió ruidos, ni olores. Lo seres permanecieron indiferentes a la presencia
de la testigo. Al regresar a su aldea reparó en la pérdida del carnet de identi­
dad y de la coronita del reloj. La guardia civil rastreó la zona y solo encontró
algunos billetes de autobús pertenecientes a la joven. Esa noche se despertó
sobresaltada soñando con bichos. El tiempo aproximado en que estuvo sin
conocimiento fue de una media hora.
W.

¿Dónde encasillamos esta observación? ¿Qué sentido Jienef ¿Seres, quó!


aparecen en mitad de la noche para nada? ... Se marchito dej imo única
prueba de su paso, un halo de incredulidad...
... jJlhMl’' j Á
Para finalizar nuestro periplo de rarezas inconclusas, el investigador y buen
amigo chileno Patricio Abulesme, en un reportaje titulado «Fatuna: Encuentros
cercanos... ¿Pero de qué tipo?» (2004) exponía otro curiosísimo suceso:
_.rf ... . '* # sÍÍíLí
Existe un caso chileno que, por sus circunstancias y características, tiene
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'"Hliii
un cierto parecido a las manifestaciones de Pítima, guardando las propor­
ciones, claro está. Ocurrió el domingo 9 de noviembre de 1968 en el barrio
capitalino de El Salto y sus protagonistas fueron las hermanas Afrodit y
Eugenia Lovazzano El-Far, de 12 y 9 años, respectivamente. Según lo publi­
cado por El Mercurio, 2 días después del suceso, a las 23:30 horas del domingo
en cuestión, cuando se encontraban jugando en la puerta de su casa, las pe-
queñas vieron de pronto «una gran bola de fuego que venía de los cerros y
que llegaba hasta frente a la puerta de su casa». La primera en percatarse del
fenómeno fue Afrodit, quien le avisó a su hermana. «Estaba en la puerta de la
casa, con la bicicleta, cuando una luz roja se asomó en el cerro. Era como una
estrella incandescente que brillaba con gran intensidad. Era una luz como
gelatinosa que de roja se cambió en verde claro. Dentro de la bola había una
mujercita que tenía una gran boca, la que movía mucho... No tenía sino esa
boca que nos llamaba y unas orejas puntiagudas, como las de los duendes»,
relató Afrodit a El Mercurio (...) Posteriormente, Afrodit y Eugenia afirmaron
que «la mujercita» se acercó a Afrodit y que cuando la niña quiso huir, fue
sujetada «por una especie de fuerza o ventosa» que le levantó la blusa y la
sostuvo en el aire. Las niñas agregaron que «la fuerza» las soltó cuando lle­
garon a la puerta de la cocina, pero Afrodit quedó con dolor de oídos y en su
cintura, donde sufrió rasguños, además de una afonía que aún la aquejaba
• *•- rw ••v”„•;• ”• vin’ *:7*. ,Hrc; •
99 ’‘

cuando conversó cota £7 Mercurio. El periódico logró determin ar qué otra nifi a
de 12 años, Mónica Patricia Lagos, también vio la aparición:, que describió
como «una bola de fuego, como "una pompa iluminada”, que se movía para
todos lados y (que) después desapareció como si hubiera estallado».

Sin mucha dificultad, algunos de estos relatos podrían haber engrosado los
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archivos eclesiásticos sobre apariciones mañanas si los testigos hubieran otorgado
mayor énfasis religioso a sus visiones o si estas se hubieran reproducido bajo otro
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contexto cultural. Pero ¿por qué existen apariciones sin significación alguna? De
nuevo comprobamos que en estos asuntos todo es más relativo de lo que parece y
que el testigo se erige como la pieza fundamental de este rompecabezas. Y es que,
probablemente, más allá del artificio, el AE utiliza una suerte de fenomenología
. . Wp
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similar a desarrollar por los propios testigos. La casuística ufológica puede
H!s '
ofrecemos grandes e inesperadas sorpresas a este respecto.
Comparativa del humanoide divisado en Canadá, y el supuesto ángel luminoso que se presentó

en Garabandal. En ambos casos, los testigos fueron incapaces de ver las piernas de la entidad

(cosa muy común en encuentros con fantasmas), y ambos desaparecieron de repente .. Archivo

Carav@ca.
I.
Sagrado Corazón No Identificado

Indudablemente la acción del AE, en conjunción con los testigos, puede brindar
en muchas ocasiones incidentes que se salgan de los convencionalismos típicos
que nos ofrece la literatura ovni. Al tratarse de un proceso altamente creativo
e imprevisible, es muy probable que muchos investigadores hayan rechazado
algunos casos por considerarlos realmente increíbles, pero en el fondo no existe
N|||i ’ílniii’ ■
diferencia alguna con los casos considerados «ortodoxos». En 2001, junto al
periodista y entrañable amigo Luis Mariano Fernández, compañero en mil y una
aventuras, investigue un suceso singular donde los haya. José F., de 48 anos, nos
¿ ‘ í
relató que, a finales de enero o principios de febrero de 2001, observó, sobre las
22:45 aproximadamente, a las afueras de San Fernando (Cádiz), muy cerca de donde
residía, una extraña luz blanca que sobrevolaba unos tendidos eléctricos que había
en la zona. Se trataba de un objeto luminoso en forma de dos platos superpuestos
que iluminaba hacia abajo el terreno. El testigo calculó que aquel artefacto podía
tener el tamaño de un helicóptero. Los avistamientos no terminaron ahí. A
mediados de agosto del año 2000, en compañía de su hija, Jennifer, de trece años,
observó por detrás del acuartelamiento de Campo Soto un artefacto volador en
forma de enorme «corazón». El dibujo realizado por el testigo no dejaba lugar a las
dudas. Aquel ovni, de apariencia metálica y con luces de colores, tenía la forma de
un «sagrado corazón de Jesús», alas incluidas (¿!). Y es que nuestro protagonista
tenía fuertes convicciones religiosas cristianas.
Solo entendiendo las premisas de la TD podemos explicar estos eventos...
Los testigos observaron un extraño objeto volador que se asemejaba a un enorme sagrado cora­
zón de Jesús... Archivo Carav@ca
LO QUE EL OJO NO VE

En la Codosera (Badajoz), en el año 1945, se produjeron unas extrañas apariciones.


Sobre las 15:00 horas del 27 de mayo de 1945, la niña celina Barroso Expósito,
de diez años, y su prima Agustina González caminaban hacia el caserío próximo
del Marco, cuando, al cruzar el paraje denominado Chandavila, observo un «oscuro
‘i’ W"‘ 'Hit 1!>
_ ... 4,;.
bulto* sobre un castaño, distante unos sesenta metros, a la derecha del camino.
A
Aunque no V MI’
hizo mucho caso a este «cosa», al1 regresar, Marcelina U'
comprobo que
aquello seguía allí. Según algunas versiones, la testigo quedó inmovilizada hasta
que la imagen desapareció, y después huyó a su casa presa del pánico. Su compañera
no logró ver nada. Una vez más, tenemos un impreciso relato que posteriormente
se convierte, casi por arte de magia, en una aparición mariana. Y de nuevo, algunas
personas, incluida la propia Marcelina Barroso eran incapaces de ver a la Virgen en
ocasiones, mientras otras testigos si podían. En el libro Los prodigios de la Codosera
(1945), su autor, José de la Cueva, expone más detalles sobre esta interesante
aparición, en boca de Marcelina: «Salió una nube del cielo, que se abrió, y quedó la
Virgen sobre lo azul. Fue bajando hasta ponerse delante del castaño, [...] va bajando
hasta quedarse a muy poca altura de la tierra. Casi siempre aparece de perfil, y luego
va volviendo su cara». Otra testigo, Dolores Lucio Matador, también pudo ver a la
Virgen. Así lo contaba De la Cueva: «Vio que abría una nube y que sobre el azul del
cielo que quedó descubierto vio como una cosa oscura alargada hacía abajo. Poco
' 'i'ii'Ñk ,1 ir Jt'ív1''1./'
a poco aquello se fue definiendo hasta que pudo apreciar que era un manto. Fue

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lílílAh llííuljlk ¡ ikíi
o ermita. Más extraño aún es el caso de varios niños que vieron a la Virgen sobre
un castaño emitiendo resplandores. Algunos de los muchachos se desmayaron ante
• •
esta visión. Los gritos de los testigos alertaron a José Margullón Gobella, de 32 años,
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que trabajaba en las cercanías: «Al llegar como a 10 metros del grupo, sin que nadie
le indicara la dirección, miró hacia el castaño y vio perfectamente y sin genero de
duda ni posibilidad de ilusión la misma imagen que los cabrerillos estaban viendo
desde hacia más de un cuarto de hora. Continuó acercándose y quiso rebasar el sitio
en el que los niños atendían a sus compañeros caídos, y apenas había andado unos
' 'Win
pasos en dirección al árbol, desapareció momentáneamente para el la visión, que
para los niños persistía. Volvió sobre sus pasos y al quedar de nuevo a la misma
distancia que los niños, vio nuevamente la aparición unos minutos más, hasta que
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desapareció de la vista de todos». La visión solo era perceptible a cierta distancia.
Curiosamente, en un conocido e interesantísimo aterrizaje ovni, que investigué
en Jaén en la década de los noventa, pude anotar «efectos visuales» calcados de los
recogidos en la Codosera, que ponen de manifiesto una vez más que la percepción e
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influencia de los testigos es vital para comprender el origen de estas
manifestaciones. Dionisio Ávila, de 66 años, había salido de su casa alrededor de las
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11:30 de la mañana para dar su acostumbrado paseo por los montes cercanos a su
domicilio, en compañía de su inseparable perrita Linda. Los Villares era un
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tranquilo pueblo de Jaén donde nunca ocurría nada especial, o al menos eso creía
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todo el mundo. Pero todo iba a cambiar aquel caluroso 16 de julio de 1996, sobre
todo para nuestro apacible jubilado. Dionisio comenzó a adentrarse por senderos
que conocía a la perfección para llegar hasta un pequeño llano, donde había una

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encina, en laque se sentaba normalmente al fresco. El reloj marcaba las 12:00 de la
mañana. Antes de llegar al citado claro, observó que su perra Linda se había
detenido en el camino. En ese momento, Dionisio se percató de que frente a él había
un extraño objeto que nunca había visto. Según me dijo, en una de mis múltiples
_ 1 '' A . . .
entrevistas, era «algo» metálico con una forma parecida a una campana achatada.
A; a,’ , ■

El testigo creyó que se trataba de algún tipo de artefacto dél ICONA para recoger
basura, por lo que decidió acercarse sin miedo. El objeto medía aproximadamente
tres metros de diámetro por 1,5 metros de altura, poseía cuatro ventanillas oscuras
con forma de ojo de buey a su alrededor, y era de un color gris claro y muy brillante.
Dionisio dio una vuelta alrededor del artefacto, comprobando que tenía unos
extraños símbolos en su superficie, como palos y ceros, y de pronto, al girar, se topo
cara a cara con tres humanoides que parecían haber salido de la nada. Los tres seres
¡lili'' . í'Plli'í^1 '"íi
estaban enfundados en unos ajustados monos, del mismo color del objeto, que les
cubrían todo el cuerpo, exceptuando el rostro y las manos. Por la forma del cuerpo,
que se adivinaba claramente, dedujo que eran dos mujeres y un hombre de
apariencia totalmente humana. Los tres misteriosos visitantes poseían rasgos
asiáticos, con ojos rasgados y tez clara, y eran muy bellos. Medirían alrededor del
metro setenta y las dos mujeres se hallaban por delante del hombre. Dionisio creyó
que habían salido del objeto (aunque no llegó a ver puertas ni nada que indicara la
presencia de una abertura en la campana) y que eran «científicos» de algún tipo. Sin
mediar palabra, una de las dos mujeres alzo las manos mostrándole las palmas,
mientras que su compañera, que se hallaba un poco más atrás, señalaba con el brazo
derecho a nuestro sorprendido testigo. El único hombre del grupo se giró a un lado,
como para inclinarse, y pareció desaparecer durante unos instantes. Entonces, en
* * . f '• ’ • ,I

esos preciados momentos, sin que Dionisio supiese a ciencia cierta de dónde
provino, un pequeño haz de luz surgió hacia él y dejó, tras una momentánea
luminosidad, varias piedras a sus pies. Cuando el testigo levanto la vista, ni el
bii!i.. «.Si., ! 1 ,i ‘¡.
• ■ ■ a 'x' " i! f: 'i r:
objeto, ni sus tres misteriosos «científicos» se hall; en el lugar. Simplemente se
habían esfumado. Un detalle que no puede aseverar Dionisio es que creyó ver unos
finos cables, como telas de araña, casi invisibles para el ojo humano, que unían al
artefacto con una torreta de alta tensión próxima al llano del aterrizaje. Pero lo más
' ■ ■. ’■-•■••¡k ...
bizarro de este encuentro, tal y como me narró el propio Dionisio, es que los seres
desaparecían durante fracciones de segundos, cuando se movían, y que, en
determinados momentos, si retrocedía su posición, todo el conjunto desaparecía de
la vista, y no volvía a aparecer hasta que avanzaba un paso.
Dionisio Avila tuvo un misterioso encuentro con un artefacto y sus tripulantes, que, en

algunos instantes, desaparecían por completo de su vista. Archivo Carav@ca.

Pero este no fue el único fenómeno extraño asociado a la percepción que vivió

el testigo. Según me narró, a primeros de junio de 1998, mientras caminaba por

las veredas colindantes al casco urbano, cerca del lugar del avistarniento, quedó

estupefacto al comprobar como e] paisaje de su alrededor se transmutaba de forma

inexplicable en una zona de Palma de Mallorca que conoció durante un viaje.


■ ........

Dionisio me confesó que aquella visión parecía com ula proyectada sobre,
el fondo, ya que a los márgenes de esta podíá s ndo los detalles de la
serranía de su pueblo. Tan nítida era aquella «proyei jh» o «visión» que podía
ver a gente trabajando la tierra de na forma que la veía durante su viaje a
la citada isla. Aquello, fuese lo que turó unos quince minutos. Además, por
si fuera poco, Dionisio me narró que el 7 de may 005, por la manana, había
vuelto a ver la misteriosa nave y a sus tripulantes, pero se percato de que el campo
del fondo no era el mismo, por lo que pensó que se trataba de una «proyección»,
una «película» que ellos le pusieron para que la viera. Cuando se acercó a la escena,
esta desapareció. Posteriormente vio una extraña luz en el cielo. En el lugar había
una persona trabajando en el campo, que permaneció completamente ajena a todo
cuanto había ocurrido.
¿Cuántos detalles como estos serán borrados de un plumazo de los encuentros
ovnis por los investigadores al considerarlos alucinaciones o engaños posteriores?
Además, se da la circunstancia de que en los Villares existe una tradición
mariana muy curiosa. Tal y como narra en una breve crónica el estudioso Alvaro
Luque Lomas, todo sucedió durante la Guerra Civil:

El pueblo pasaba por uno de sus peores momentos, la guerra se cobraba


muchas muertes y a diario se producían enfrentamientos inútiles y sin sen­
tido. El miedo reinaba en las calles, la gente vivía en una tensión imperante
de aquellos años. De hecho, algunas mujeres beatas tuvieron que optar por
rezar en sus casas, en lugar de acudir a la Iglesia, con tal de evitar cualquier
conflicto. Fue Eufrasia, una de estas mujeres devotas que había decidido no
acudir a misa hasta que la guerra acabase, a la que le ocurrió algo asombroso.
Ella cada día bajaba hasta el huerto que había tras su casa, y allí acostum-
braba a rezar sus oraciones mientras la situación no se solventaba Pidiendo
en cada una de ellas que esta guerra terminase ptónto. Una farde, bajó como
de costumbre a sil huerto, y allí éntre los granados y lilós se áfrodíMó sobre la
tierra, cerró los ojos, y comenzó sus oraciones. Entoncesémpezó á escuchar
como alguien la llamaba por sü nombre, cuando abrió los ojos vio que la
Virgen María se había presentado ante ella en su huerto, la mujer no sabía
qué hacer, ni qué decir... pero antes de que pudiese soltar palabra, la Vir-
’i¡ |¡||¡ !IIIl Üfi1 Jllj. U
gen habló: «Pide para comprar las campanas de la Iglesia, que hace mucho
tiempo que no puedo oírlas». Tras esa enigmática frase, la Madre de Dios
desapareció tan fugazmente como había venido. [...] Cuando finalmente fue-
ron colocadas en el campanario, y sonaron con fuerza por primera vez desde
hacía tantos años, la guerra acabó como si de un milagro se tratara. Ese
mismo día la Guerra Civil terminó.
Mas recientemente en el tiempo, en 1987, otra vecina de los Villares, Flora Ruíz,
tuvo una visión mariana: «Yo estaba cosiendo, después de comer, en una habitación
'llii ¡lilli " lllii ' -ilk ' ..
donde nos reuníamos todas mis hermanas y mi madre. Allí también rezábamos,
en un momento dado observé que unas flores, que estaban en un pequeño altar, se
movían y no corría aire ninguno. Una vez que subí la mirada contemplé un gran
resplandor y la imagen de la Virgen, con una túnica azul y una especie de manto
rústico blanco en la cabeza». Solo Flora pudo ver la aparición; sus hermanas solo
vieron el extraño movimiento de las flores. En una de las apariciones, la Virgen le
comunicó que tenía que subir a la cueva del Contadero el día 9 de cada mes para
recoger agua de una fuente que existe en la zona. Tal y como dijo Flora: «Ese primer
'.i'1 íii í.íP'í uF
día nueve íbamos unas doce personas y nos paramos en la fuente. En un momento
jj 'P I lí‘ P L1 |iiÍ'' j
dado observé una luz azul muy fuerte y apareció la Virgen, la misma que había
visto en mi casa, pero más grande. Me dijo que era la Inmaculada Concepción y que
pidiera por la paz del mundo». .’’IIK?

¿Es posible que este pueblo d tención páralos extraterrestres


y las apariciones religiosas?
•ír

íi- •

LA ÍNTERP^I^C^

Como se dijo en páginas anteriores, hasta la fecha, los iinvestigadores barajaban


...... . para explicar
. posibilidades
dos .
.. ,las «semejanzas» >B !i.
de rmich<los fenómenos anómalos
y, además, explicar de camino algunos de los aspectos más incoherentes de estas
manifestaciones, como la diversidad de ocupantes o el factor absurdo:
"iL ■Bíl. « h; "
1. Error de interpretación. O sea, que el contenido de las experiencias es
u,|ii -iliiliÜL i
siempre el mismo, invariable en el transcurso de los años, por ejemplo, una
'’♦iiiS'- ! •!íMli ■
nave espacial y el desembarco de sus tripulantes, pero la descripción del
... .
testigo estará influenciada por sus conocimientos o creencias religiosas.
De esta forma, el platillo volador será descrito como un «carro celestial»,
y sus ocupantes serán interpretados como seres angelicales, santos, o la
mismísima Virgen. Las apreciaciones erróneas de los testigos añadirían
muchos aspectos incongruentes al fenómeno.

2. Camuflaje. Esta postura defiende que las entidades o inteligencias que


se escudan detrás del fenómeno ovni, por propósitos no esclarecidos,
se dedican a engañar o manipular a los testigos haciéndoles creer
determinadas cosas. Aunque otros estudiosos hablan básicamente de
«engaños sensoriales» provocados por los campos magnéticos o energías
utilizadas por los ovnis y nuestra incapacidad de percibir correctamente el
paradigma.
•i*!::

Pero alahiz de la TD, estas [Link] obedecerían a otra razón. Al


encontramos ante un proceso psíqi
estas proyecciones pueden moverse i' entaciones,
basadas, eso sí, prácticamente en C es (seres
sobrenaturales, luminarias, mensajes ambiguos, fugack encuentros). Ya
se ha descrito anteriormente que no existe ni una intei
___ ■|p'id
prefijado en las manifestaciones y los prodigios que observamos, más que el
hecho de «representar» una escenificación basada en unas determinadas creencias,
aparentando lo que no se es. Así, por ejemplo, la poca fe actual en la existencia
de las hadas y seres elementales y su natural ausencia en nuestro banco de
imágenes habría llevado a que este tipo de relatos haya casi desaparecido de
nuestros archivos. No obstante, una sola mente podría hacer revivir estos episodios,
independientemente del lugar y la época, si en su inconsciente estuviese presente
este factor en el momento de su contacto con el AE. Personalmente pude investigar
un caso que corrobora este hecho.
Ellen residía en una antigua fortificación militar que su padre había restaurado
en las afueras de la ciudad. Aquella tarde había recibido, como era habitual, la visita
de su prometido y ambos hablaron plácidamente en la entrada de la casa, hasta
que llegó el momento de la despedida. Pocos momentos después de su partida,
Ellen comprobó que justo donde acababa la luz que proyectaba la vivienda, a
través de la puerta abierta, a unos pocos metros de distancia, había una pequeña
criatura que la miraba fijamente. La testigo se sorprendió al comprobar que se
trataba de una especie de duendecillo, de unos treinta o cuarenta centímetros que
altura, muy sonriente, que en su cabeza llevaba un sombrero estrecho' con una
forma puntiaguda en la parte frontal. Ellen está segura de lo que vio y de que
" "7
aquel misterioso visitante nocturno la miraba fijamente. A los pocos segundos
desapareció de su vista. Nunca más volvió a verlo. Sin duda este relato parece de
siglos pasados, pero ocurrió en la ciudad de Ceuta a principios de los años sesenta.
Del mismo modo, en Gran Bretaña ocurrió un caso que acarreó verdaderos
■. '¡ir"
quebraderos de cabeza a los investigadores. Sucedió el 28 de enero en 1967, sobre
las 12:45 horas, a varios niños, entre los que se encontraban, Alex Butler, Tony
Banks, Terry Cahill, Colin Lonsdale y David Inglis, con edades comprendidas entre
los 10 y 11 años, mientras jugaban cerca de una zona boscosa en el Valle del Dell, en
la localidad de Studham (Gran Bretaña). Durante toda la mañana estuvo lloviendo,
pero en esos momentos el cielo estaba despejado. De repente, los jóvenes
observaron un destello, parecido al de un rayo que cayó muy cerca de donde se
encontraban. Alex Butler, que se hallaba más adelantado que sus compañeros, se
sorprendió al ver una silueta azul al otro lado del rio, a unos veinte metros de
distancia. Cuando el grupo de niños se reunió, comprobaron que se trataba de un
pequeño «hombrecito vestido de azul» de aproximadamente un metro de altura. No
obstante, los escolares pudieron observar que llevaba un sombrero estilo bombín,
sin alas, que le daba una altura total de 1,60 metros. El cuerpo en general era de una
tonalidad gris oscuro/azulada y resplandecía de tal manera que oscurecía el
contorno y los detalles del diminuto e inesperado visitante. Pese a esto, los niños
pudieron apreciar algunos detalles de la cara, pues dijeron que el pequeño ser tenía
dos ojos redondos, un triángulo plano a modo de nariz y una barba azul que se
dividía en dos partes al llegar a la zona del pecho. Los brazos eran cortos y no sé
movieron en ningún momento. Los pies apenas eran visibles. Llevaba un cinturón
ancho de color negro, en el que destacaba una caja negra de quince centímetros
aproximadamente. En esos momentos, la figura pareció emitir una especie de
■■ h,„ ' t

niebla de color amarillo-azul, como una «nube de humo», que se desplazo hacia los
testigos, e inmediatamente, el «Hombrecito de Azul» desapareció de la vista de los
niños. Posteriormente, los jóvenes informaron que el misterioso personaje volvió a
aparecer y desaparecer, al menos en cuatro ocasiones, a la vez que escucharon un
extraño balbuceo entre los matorrales. Por desgracia, la hora de ingreso a la escuela,
a las 14:00 horas, les impidió quedarse en la zona investigando aquel interesante
'S:. i; '• . :?! - ül> ■ .....
misterio. Nada más entrar en el aula, su profesora, la Srta. Newcomb, se percató en
-'íini pitó " -L
seguida del estado de excitación de los niños y les preguntó qué ocurría. Aunque al
principio no quisieron contarle lo que había pasado, al final y por separado, todos
los niños contaron la misma historia de su extraño encuentro. El 3 de marzo de
' "’l;;
1967, el Boletín de Dunstable publicó un pequeño artículo con el relato de los niños,
'.i* •¡í ■ ’
y algunos ufólogos como Bryan Winder, Charles Bowen, Gordon Creighton se
interesaron por el incidente. Al parecer, la investigación reveló que hubo
avistamientos de ovnis en la zona en los meses que siguieron a la aparición del
«Hombrecito de Azul». Algunas fuentes indicaron que se informó de dos aterrizajes
ovnis en la misma zona donde los niños habían tenido su encuentro, aunque nada
de esto se confirmó. Los ufólogos sugirieron que los niños habían tenido un
encuentro cercano con un ser extraterrestre, que llevaba un casco, y que la barba
«bifurcada», era en realidad un aparato de respiración autónomo. Además,
pensaban que el cuadrado del cintiuóri
Probablemente estas deducciones surgían
investigadores por encajar perfectamente el caso en s sobre
astronautas extraterrestres que de los propios hechos relatados por los escolares.
Por tanto, las manifestaciones de seres elementales pueden seguir
produciéndose; el problema es que la gente debe «creer» que esto puede suceder. Sin
ir más lejos, la propia tradición popular asegura que «si se deja de creer en las hadas
estas desaparecen». Y esto sería extensible a todo el fenómeno aparicionista. Sin
luí'
creencias no existe la «magia» que sustentan estas manifestaciones
,■’ Pili» ’I** IIP ÜB‘ '
Sobre el poder de los pensamientos, el siempre insolente John Keel escribía en
fflluHÍll- i|!Í¡i j!¡mlWWwwl¡íi^tÍ ifl
su libro Mothman: La última profecía:
Hay una casa vieja en una calle bordeada de árboles en el Greenwich Village
de Nueva York que alberga a un fantasma extraño. Hans Holzer y otros caza­
dores de fantasmas han incluido dicha casa en sus catálogos de lugares em­
brujados. El espectro ha sido visto por varias personas en años recientes.
Viste una capa larga y negra y lleva un sombrero de ala ancha con la cual cu­
bre sus ojos mientas recorre furtivamente las habitaciones. Algunos parapsi­
cólogos autoproclamados han tejido todo tipo de fantasías alrededor de la
aparición. Obviamente, se trataba de un espía durante la guerra revoluciona­
ria que había sido atrapado y asesinado en la antigua vivienda. Pero esperen.
Este fantasma podría no ser miembro del club de las almas en pena. No hubo
reportes de espectros hasta hace aproximadamente veinte años, luego de
que el escritor Walter Gibson dejara la casa. Él era, y es, un autor extraordi­
nariamente prolífico. Durante años escribió prácticamente una novela com­
pleta por mes, y muchas de esas novelas fueron escritas en la casa de Green­
wich Village. Todas ellas estaban centradas en un personaje espectacular-
‘I

mente exitoso que Gibsóíi creara, en. Ja década de los 3O,láíJémesís délamal­
dad conocida como La Sombra. Si hárileído algunas de íasnovelas de La
Sombra, sabrán que era afecto a merodear por callejones oscuros vestido con
una capa negra y un sombrero de ala ancha. ¿Por qué un espectro similar a La
Sombra aparecería repentinamente en una casa antigua? ¿Podría ser algún
tipo de residuo de la muy poderosa mente de Walter Gibson? Sabemos que
hay personas que pueden mover objetos e incluso doblar cucharas y llaves
solamente con el poder de sus mentes. La telepatía es ahora un fenómeno
probado y verificado. Alrededor de un 10 % de la población tiene la habilidad
de ver por encima o por debajo del espectro visible de la luz. Pueden ver ra-
diaciones e incluso objetos invisibles para el resto de nosotros. La gente que
ve fantasmas o a La Sombra vagabunda, posee dichas habilidades. Atisban
l.|
formas que siempre han estado allí presentes a nuestro alrededor, como las
ondas radiales, y cuando ciertas condiciones están dadas, pueden advertirlas
claramente. Los tibetanos creen que la mente humana avanzada puede
transformar esas energías invisibles en formas visibles llamadas tulpas, o
proyecciones mentales. La tremenda concentración de Walter Gibson en sus
novelas de La Sombra ¿habrá traído a la existencia inadvertidamente a un
tulpa? Los lectores de literatura ocultista saben que hay casos de apariciones
de fantasmas en determinados lugares que año tras año, siglo tras siglo, pa­
recen realizar indefinidamente las mismas actividades sin sentido. Constru­
yan una casa en ese sitio y el fantasma traspasará puertas cerradas y paredes
para seguir con sus asuntos programados. ¿Podrían estos espectros ser real­
mente tulpas, residuos de mentes poderosas, como el fantasma con som­
brero de ala ancha? Ahora consideremos esto: la actividad ovni se concentra
en las mismas áreas año tras año. En el Valle del Ohio muestran cierta prefe-
rencia por los montículos de tribus nativas pretéritas que hay en la zona.
¿Podrían los ovnis ser meros tulpas condenados a maniobrar absurdamente
por los cielos nocturnos creados por un pueblo ya olvidado?
Pero al margen de la influencia y poder de Wji hrcencias, que son
imprescindibles y vitales para la elaboración y desarrollo del fenómeno ovni, lo
esencial del paradigma al que nos enfrentamos es el aspecto o forma que toman
estas manifestaciones. Y volvemos al recurso de las apariencias. En la citada
entrevista para la revista Contactos Extraterrestres, Jerome Clark decía: «En todo el
lili!-
fenómeno de los ovnis hay una apariencia de inteligencia. Todo lo que digamos
al respecto tiene que estar antecedido por la observación de que se trata de una
rt r*
za-ta zaw rwvArxn zloníw nnP’ TVsz-l za Iza /Alio ZAzI rloTlT PC* * T .3

■ l|ll| ' i '• I, ' H!.’ í'

Por tanto, está claro que se ha perdido demasiado tiempo buscando


conclusiones donde no las hay. Y es que, al analizar los encuentros cercanos con
ovnis pensando que detrás subyacía un gran y desconocido fenómeno homogéneo,
se han elevado multitud de ideas e hipótesis que carecen de sentido. Y volvemos al
símil de los sueños. La interpretación de los sueños (al igual que la de los casos
ovnis) ha de realizarse a nivel individual, y aunque, como ocurre con los incidentes
ufológicos, existen una serie de arquetipos (elementos) comunes a la especie, sería
una pérdida de tiempo y esfuerzo sacar conclusiones generales teorizando que los
sueños son emitidos desde una fuente externa al ser humano para que sean
percibidos por los durmientes. Pues esto mismo ha ocurrido con los encuentros
cercanos con ovnis. Al intentar unificar el fenómeno, especulando que estaban
originados por la visión de algún tipo de inteligencia externa al ser humano que
intentaba «comunicarse» con nosotros, se han elevado tantas posibilidades teóricas
que hacen que la resolución del enigma se encuentre en el punto actual de
incertidumbre. Puesto que son tantos los conceptos puestos MiSüegü por este
/ . ¡'¡yKg.
desconcertante fenómeno, como innumerables son los testigos que han
contribuido a enriquecerlo «intelectualmente», que, evidentemente, la ecuación
•■■■■•i ííj!i|í','íi'" -iu . úg
resultante de intentar establecer o buscar una pauta común hace que resiilte
imposible saber a qué nos enfrentamos. Y es que hay■ que dejar claro que los
encuentros cercanos con ovnis no poseen continuidad alguna. No existe un hilo
conductor. No obedecen a una trama que podamos seguir o rastrear en el tiempo o
en el espacio, creando una gran historia. Son episodios aislados y esporádicos,
únicos e intransferibles, que surgen en un determinado momento y bajo unas
conjunciones indescifrables hasta la fecha, pero que desaparecen en el mismo
instante que acaba la experiencia para no repetirse jamás ni continuar en otro
evento. Pese a tener miles de casos a nuestra disposición, prevalecen de forma
alarmante las diferencias sobre las semejanzas entre avistamientos. Es totalmente
inexplicable que los defensores de la HET no hayan encontrado sumamente
extraño que los detalles de un determinado ovni (su tren de aterrizaje, sus
ventanas, su puerta) no se encuentren repetidos en otro suceso; y que la descripción
de los platillos volantes varíe de forma y tamaño tan alarmantemente de un
episodio a otro, y que no exista más hilo conductor en toda esta alocada trama que
el propio trasfondo del fenómeno, o sea, que son hipotéticos visitantes del espacio
y que viajan en naves espaciales. Todo lo demás, es susceptible de ser modificable
hasta el infinito. Y curiosamente, tal y como indicaba en su libro Frederik Koning,
también es casi imposible hacer un retrato robot del diablo: «Esto quiere decir que
el aspecto morfológico no podía llevar a más definición que la de la variabilidad del
. ,g.;
aspecto de Satán* de los íncubos y de los súcúbos, sin que se pudiera comprobar
ninguna regularidad en los cambios. Los demonólogos ño podían hallar línea
alguna en ninguna parte. Se enfrentaban siempre con la arbitrariedad total de los

espíritus malignos. Y la única conclusión exacta, en la que todos coincidieron, era
su convicción de que Dios, en su misericordia, no permitía nunca que Satan
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adoptara una forma de imitación perfecta. Siempre debía existir alguna


.. ' ...
deformidad que permitiera reconocer la impostura del Maligno y sus servidores».
■ /■ ■' ' ‘'"l'ih; ’..un
Y en este amplio y desconcertante universo de «imprecisiones», los tripulantes
1
de los ovnis jamás han ofrecido ninguna información que haya podido ser
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completada ni en tan solo dos eventos diferentes. Por ejemplo, los ocupantes de un
' ... ' "l11'- -ó*’'*’.'.

ovni nunca han comentado a un testigo: «mira, hace unas semanas aterrizamos
en un pequeño pueblo de Wisconsin y le regalamos unas galletas a un simpático
humano». Es más, incluso en aterrizajes ovnis ocurridos muy próximos en el
tiempo y en el espacio, jamás se han repetido patrones. Es como si cada experiencia
ovni fuera distinta, nueva y original, conservando solo el trasfondo común. Del
mismo modo, cuando los ocupantes de los platillos volantes han hablado con los
testigos, han enumerado un sinfín de orígenes diferentes y disparatados, lo que
incide sobre el hecho de que nos encontramos, inequívocamente, ante episodios
aislados sin relación alguna entre sí. Los supuestos extraterrestres han «revelado»
que provienen, prácticamente, de todos los planetas de nuestro sistema solar, o
de múltiples constelaciones, diversas estrellas, e incluso, de planetas de nombres

impronunciables. Pero también han dejado la puerta abierta a orígenes más


insospechados.
‘‘h^Í’Íí’H

, ,........ .
Veamos dos ejemplos dispares que ejemplifican a la perfección cuanto se ha
• ihua. *’ ib ’l'í ikíilll' -íb'l
expuesto. El primer caso me fue enviado por un buen colega británico, Philip
Mantle. La noche del 8 de febrero de 1985, David Thomas, de 19 años, regresaba a
•* jifetí-fe *' J «¿¿i '
pie a su domicilio en Pwllheli (Norte de Gales), que se hallaba a unos cuatro
kilómetros del pueblo. En un momento dado, el joven se percató de que etí la zona
reinaba un silencio absoluto. No se escuchaba ningún tipo de ruido. Entonces creyó
percibir el ligero zumbido de un generador de electricidad, aunque Thomas sabia
que en aquel camino no existía ningún tipo de instalación. El joven se dirigió hacia
«'fflll'® -a • Ai¡
aquel zumbido para descubrir un extraño objeto oscuro que flotaba a unos setenta
y cinco centímetros sobre el campo. El testigo calculó que aquel artefacto tenía
unos 7,5 metros de ancho y unos seis metros de altura. Thomas no podía ver
ninguna iluminación, pero el objeto parecía tener un resplandor opaco, casi
apagado, fluorescente. En esos momentos, el testigo se percató de la presencia de
varias pequeñas figuras humanoides que se dirigían hacia su posición. Thomas
intentó huir, pero de pronto sintió que le agarraban por el brazo y lo dirigían hacia
la nave: «Me hablaron, pero no como una persona que habla [...] Era como si
estuvieran hablando conmigo en mi cabeza. Estaban diciendo que estaba bien,
estás bien». El testigo flotaba hacia el objeto, aunque no recuerda cómo llegó a
entrar. De pronto se vio desnudo en su interior. Allí pudo ver nítidamente a sus
captores. Llevaban unos extraños cascos de forma octogonal. En el lugar donde
debían de tener los ojos, Thomas vio dos tenues luces. Llevaban unos trajes grises
con cinturones de color dorado y correas parecidas a los tirantes. Las botas les
llegaban hasta la rodilla y, al igual que los guantes, eran de color negro.

'ilÁltlihiU
Obsei-vándolos mientras le conducían a la nave, él testigo pensó que le recordaban
algo que había visto en el pasado, entonces, de pfbnto surque eran muy parecidos
a los robots de las películas de ciencia ficción de los años cincuenta. Tal vez fue por
la forma en que movían los brazos y las piernas de una■‘manera
í:
rapiday estilizada,
Thomas calcula que estuvo solo en esa habitación durante unos quince minutos.
Estaba convencido de que estaba bajo la observación de sus captores. Tenía la

sensación de que aquellos seres le hablaban constantemente a través de su mente.
I;ihi Ijiiiií ’’’Wltóiiu íl
Entonces el joven fue conducido a una sala de control, donde había tres o cuatro
consolas de televisión. Los humanoides le dijeron que había sido descontaminado y
preparado para un «cambio de tiempo». El artefacto despego sin sensación de
movimiento. «Yo estaba sentado allí viendo en una gran pantalla los planetas que
pasaban, Júpiter, Saturno y más allá de Plutón, donde el objeto se introdujo en una
nave nodriza». Allí Thomas fue sometido a un examen médico. «Me revisaron todo,
pero parecían reflexionar sobre mis partes íntimas durante un tiempo. No sé si
ú ' ■ ‘Hlí iíl “M. i, IN, :
estaban tratando de averiguar si yo era hombre o mujer». Entonces uno de los seres
le dijo si ¿«podrían tener permiso para quitarle los ojos para un examen más
profundo»? Lógicamente Thomas se negó. Los humanoides incluso escucharon
una cinta de casete que portaba en uno de sus bolsillos. Los misteriosos visitantes
le dijeron, siempre telepáticamente, que procedían de un planeta más allá de la
constelación de Lyra, que respiraban un oxigeno más puro que el contaminado de
la Tierra, que tenían una base temporal establecida en Groenlandia y que se habían
visto obligados a destruir una serie de bases que habían existido en la Luna para
evitar su descubrimiento. Le preguntaron a Thomas por los Estados Unidos y la
NASA y le comentaron que habían capturado una nave espacial Voyager para su
análisis. Su veredicto fue que era «muy primitiva». El testigo no tiene claro en qué
punto fae llevado de nuevo a la nave, pero de repente se encontró en el campo de
regreso a su casa. Thomas dijo que tenia una sensación de mareo después de dejar
la nave alienígena, seguido de una sensación «flotante», que asumió que podría
haber sido causada por respirar una atmósfera más rica en oxígeno. Un coche de
: V ¡ii«.. »«■ f j .
policía se lo encontró en la carretera y los oficiales pensaron que estaba bebido o
drogado. Tras comprobar que tan solo era un malestar físico lo que aquejaba al
r rhi>i ▼ -i W X ,¡L , a
joven, decidieron llevarlo hasta su casa. Thomas dijo que tenia mas de una hora de
... . „ ilij W'JlHi <j¡, . .
tiempo perdido en aquel trayecto. En su domicilio el testigo sintió un gran pánico
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por la experiencia vivida. A raíz de esa noche, sus padres comprobaron que el joven
X \.^lri>|||ili A;--1!*lf i!¡!’ i!' : :i¡i
tenía constantes pesadillas nocturnas que lo despertaban sobresaltado de manera
alarmante. Nunca quiso hacer publicidad de su vivencia y los investigadores que le
entrevistaron, en su fecha, decían que David era brillante y sereno, que no tenía
Xi, '!'i 11 '
ningún interés en los ovnis y que parecía que no había leído nada sobre el tema.
David Thomas pensaba que aquellos seres iban a volver. Tras sobreponerse a sus
pesadillas, el testigo no quiso volver a ser entrevistado o a narrar lo que le había
ocurrido.
El joven David Thomas fue secuestrado por unos

insólitos visitantes. Archivo Philip Mantle

En el segundo ejemplo hallamos una vuelta de tuerca imprevisible sobre los

supuestos orígenes de nuestros visitantes. El 18 de diciembre de 1977 ocurrió un

caso verdaderamente desconcertante en este sentido. El protagonista fue Miguel

Herrero Sierra que, mientras conducía su furgoneta en dirección al pantano de

Buendía (Tendilla, Guadalajara), sufrió una avería en su vehículo que le obligó a


permanecer toda la noche en la zona. El testigo dijo a los periodistas del Diario
Pueblo lo siguiente:

«Había nubes bajas, salí un m el coche y oí que me llamaban: "¡Oiga,


el de la furgoneta!”; distinguí a negra a unos cincuenta metros de
mí, sospechando que pudiera tra! de algún camionero con su vehículo
atascado o algo así —se que ahí no existe ninguna construcción—, me acer-
qué después de cerrar mi coche. En ese momento vi a un hombre que iba
, ,. ...
con un buzo, un mono blanco, que en principio a mi me pareció como un
mecánico, el cual dijo que le acompañara». Entonces comenzó a percibir un
olor muy fuerte, que le provocó náuseas y mareos. Aquel hombre le condujo
hasta un enorme objeto con forma de sombrero. En el interior de la nave,
había 16 tripulantes «de aspecto igual al nuestro: tanto que vestidos con
nuestras ropas, hubieran pasado desapercibidos entre nosotros. Vestían un
mono de color blanco, con una única excepción de uno de ellos, que, sobre la
parte superior izquierda del mismo, en el pecho, llevaba un círculo rojo. Todo
el tiempo aquella forma de diálogo inaudible —ya que en ningún momento
noté que movieran los labios— la mantuve con ese hombre que parecía que
fuera el jefe, y que para mí se identificó como Mayor Martins, el cual me ex­
plicó que sus naves se materializaban y desmaterializaba a su gusto. Que su
nave era de tipo exploradora y que había más en diversas partes, las cuales
tendrían que volver más tarde a un punto determinado, donde les esperaba
una nave base (nodriza), que le devolvería a su lugar de origen. Para su de­
fensa, podían crear un campo magnético de 15 o 20 metros alrededor de la
nave, para evitar posibles ataques”».

El Sr. Herrero Sierra quedó sorprendido al observar que uno de los tripulantes
de aquel objeto era idéntico a él, un doble perfecto: «Estaba sentado de espaldas
—relató bajo hipnosis Herrero Sierra—, giró su asiento de los mandos y se quedó
mirándome. Entonces, como di un giran susto. Mi primera
ón de encontrarme
reacción (bueno, me dio la impresión ( ante un espejo) fue La dé
..... ...
acercarme a él. Y entonces fue cuando nclo me dejaron ir, [...] porque me dijeron

que no podíamos entrar en conta< to, ya que él era algo así como mi negativo.
Era exactamente igual que yo, a excepción de la cica □ en la mejilla
izquierda: él la tenía en la derecha. {...] Me dieron a ente :ación —
continúa con su narración Herrero Sierra— que ellos y nosotros somos paralelos.
■j
El ejemplo fue el de la fotografía: nosotros somos el positivo y ellos el negativo o
viceversa. Haciendo hincapié en que cualquier cosa que nosotros hiciésemos, a ellos
‘ ® ¡i¿ = - Üi i,;i '■
les repercutiría, y que, si uno de nosotros moría por cualquier cosa, su negativo (por
seguir llamándole así) también fallecía». Los humanoides le dijeron que llevaban
tres mil años visitando la Tierra y que habían descubierto la ruta de casualidad.
Como vemos, profundizar en casos como estos nos llevaría a la teorización
infinita, cuando, de alguna forma, la propia información que nos facilita el testigo
nos está indicando que estamos ante un proceso psíquico parecido al de los sueños,
donde prácticamente cualquier cosa, por absurda que parezca, es posible. Por tanto,
todas las especulaciones que han surgido al calor de considerar estos fenómenos
como algo aislado e independiente de los observadores nos han conducido al
callejón sin salida en el que nos encontramos actualmente en el panorama
ufológico; a que todo parezca fruto de una mente «psicótica» que atiborra los
archivos de sucesos delirantes e inclasificables con la única intención de crear el
rompecabezas perfecto. El misterio insoluble.
En su libro Mensajeros de la Luz David Tansley describía a lá perfección esta
situación:

No importan de donde vengan: el caso es que indudablemente, cuanto más


se estudia el tema de los ovnis, más descabellado parece. Aparentemente,
cualquier teoría sobre ellos encuentra prueba que la respalda: pero las
conclusiones que puede sacar una mente abierta surgen y se retraen a sor-
préndente velocidad. Durante un momento parece claro que los ovnis son
simplemente artefactos mecánicos de otros planetas, hechos probablemente
con aleaciones desconocidas para el hombre; al siguiente parece igualmente
posible que sean formas de energía guiadas por el proceso mental de sus tri­
pulantes. Es prácticamente imposible llegar a una conclusión concreta sobre
ellos. Sin embargo, hay un factor que se mantiene, y es la intensa sensación
; I |>:i

de misterio e irrealidad que penetra todos los aspectos de la experiencia con


ovnis. Ilfi

• ili, ..Á‘l
LEPUFOLOGIA: OVNIS,
CONEJOS Y UNIVERSOS CUANTICOS
■ n '-l ...lliliiillillIlliB fcr"1

El 14 de noviembre de 1954, en la isla de Ortonovo (La Spezia), en e! norte de Italia,


Amengo Lorenzini, un agricultor de 48 años se encontraba en su granja cuando
escuchó un misterioso sonido parecido al vuelo de las golondrinas. Al mirar hacia el
cielo observó un extraño artefacto resplandeciente que casi le cegaba. Al descender
y disminuir su luminosidad, comprobó que se trataba de un objeto en forma de
cigarro que aterrizo en el jardín de su casa. A traves de una puerta lateral de la
enigmática aeronave, que despedía un halo luminoso, descendieron tres pequenos
humanoides vestidos con ropas metálicas parecidas a trajes de buceo. Los seres se
detuvieron ante la jaula de los conejos mientras se comunican entre sí emitiendo
*;: lililí''
extraños ruidos. El testigo pensó que iban a robarle y decidió ir a su casa en busca de
una escopeta, dispuesto a repeler la intrusión de los misteriosos visitantes. Cuando
apuntó a los humanoides, el arma se atascó y se hizo tan pesada que tuvo que
dejarla caer. El agricultor sintió que estaba paralizado y que no podía moverse. En
ese momento los pequeños seres cogieron todos los conejos y regresaron a su nave.
El objeto despegó en total silencio dejando tras de sí una estela luminosa. Entonces
el testigo recobró la movilidad, pero no tuvo tiempo de utilizar su escopeta ya que
el artefacto estaba lejos de su alcance. Los «extraterrestres» le robaron doce conejos
y una jaula... ¿Es posible sacar alguna conclusión para nuestro estudio sobre el
interés de los tripulantes de los platillos volantes por secuestrar conejos?
Robert Anton Wilson,, también conocido como [Link], fue un novelista
estadounidense, además de ensayista, psicólogo, ocultista e investigador de teorías
........ ’i’"
conspiratorias. En su libro Quantuum Psychology, Hovj Brain Software Programs You
and Your World (1990) decía:

La criptozoología trata de (a) animales cuya exi haber sido


probada ni refutada (por ejemplo, la serpie s gigantes que juest ámente
. —— «

viven en el Lago Ness, el Lago Champlain, etc.; el Yeti; el Abominable Hombre


iih
de las Nieves del Himalaya, etc.) y (b) de animales avistados en lugares donde
no se los espera (el león de la montaña de Surrey, Inglaterra: los canguros de
Chicago: los cocodrilos de las alcantarillas de Nueva York, etc.). Aquellos que
«saben» como juzgar dichos datos no están al tanto de la neurociencia; aque-
i¡l|
líos que más saben de neurociencia muestran el mayor agnosticismo sobre
estos bichos y también tienen la mayor falta de voluntad de juzgarlos.
La lepufología concierne a los avistamientos de ovnis en los que los conejos
juegan un rol importante —y normalmente muy misterioso (algunos casos,
tanto de criptozoología como de lepufología aparecen en mi libro La Nueva
Inquisición, 1987). De nuevo, aquellos que «creen» que la lepufología no
pueden aportar datos útiles, normalmente no saben nada en absoluto de
neurociencia. Los casos en los que granjeros aseguran que unos ovnis les ro­
baron sus conejos constituyen una arena ideal en la que probar la Psicología
Cuántica Transaccional contra las prematuras certidumbres de los Creyen­
tes Dogmáticos y de los Negadores Dogmáticos.

Los Sistemas de Desinformación consisten en elaborados engaños, construi­


dos por agencias de inteligencia como la CIA, KGB o la MIS de Inglaterra,
en los que una historia falsa, al ser creada, tiene dentro de si un segundo
engaño, disfrazado para parecer «la verdad oculta» para cualquier rival sos­
pechoso que logre cavar bajo la superficie exitosamente. Desde que los Sis-
.n ' .. . jJ* •/! jlJ I'*
temas de Desinformación se han multiplidado cómo bacterias en nuestro
mundo cada vez más clandestino, cualquier psicólogo de la percepción que
analice la política moderna reconocerá que la lógica cuántica, la teona de
la probabilidad y fuertes dosis de zeteticismo son las mejores herramientas
para emplear al estimar si el Presidente acaba de decir otra exorbitante gran
mentira o si acaba de pronunciar la verdad por una vez. Después de todo,
incluso aquellos que crean los Sistemas de Desinformación se han tragado
ellos mismos los Sistemas de Desinformación diseñados por sus rivales.
Como dijo una vez Henry Kissinger, «cualquiera en Washington que no sea
paranoico debe de estar loco».
-II f < Xjiill....
Al tratar con la criptozoología, la lepufología, los Sistemas de Desinforma­
ción y la Mecánica Cuántica, eventualmente se siente que se ha llegado cerca
del sinsentido total, un defecto básico de la mente humana (¿o del Universo?)
o alguna fuga mental similar a la esquizofrenia o el solipsismo. Sin embargo,
como nuestra ilustración del principio demuestra y veremos una y otra vez,
las percepciones ordinarias de personas ordinarias contienen tanta «rareza»
y misterio como todas estas Ciencias Ocultas juntas. De este modo trataré
de demostrar que las leyes del mundo subatómico y las leyes de la «mente»
humana (o sistema nervioso) son paralelas entre sí, precisa, exquisita y ele­
gantemente, hasta los más ínfimos detalles. El estudiante de la percepción
humana, y de cómo la inferencia deriva de la percepción, no encontrará sor­
presas en la presuntamente alucinante teoría cuántica. Vivimos en medio
de la incertidumbre cuántica toda nuestra vida, pero usualmente logramos
ignorar esto: las y los psicólogos transaccionales se han visto forzados a
confrontarlo directamente. Este paralelismo entre la Física y Psicología no
debería causar gran sorpresa. El sistema nervioso humano, después de todo
—o la «mente» en lenguaje precientífico— creó la ciencia moderna, inclu­
yendo la física y la matemática cuántica. Uno puede encontrar la genialidad
y los defectos de la mente humana en sus creaciones, eortjlo se encuentra la
autobiografía del artista en la obra de arte. 1 ¡
1¡ & ¡fe < v- " l •

[...] La resistencia a nueva información, sin embargo, tiene un fuerte ci­


miento neurológico en todos los animales, como indican varios estudios
de impresión y condicionamiento. La mayoría de animales, incluyendo a la
mayoría de primates domesticados (humanos), muestran una impactante
, i_-vj j j •
habilidad de «ignorar» •
ciertos tipos,, Si! Jfc —las que no
de información 11 1 ’
«encajan»
en su túnel de realidad impreso/condicionado —. Generalmente llamamos
a esto «conservadurismo» o «estupidez», pero aparece en todas partes del
espectro político y en sociedades aprendidas, así como en el Ku Klux Klan.
Para el psicólogo transaccional, y aún más para el psicólogo cuántico, algo
tan absurdo como la lepufología contiene muchas pistas sobre cómo los hu­
manos procesarán o no, nueva información. Por ejemplo, en la Flying Saucer
Review de noviembre de 1978, página 17, se puede encontrar un reporte de
un ovni que robó todos los conejos de la conejera de un granjero. Verdadero
TH|IÍ|’ 1 * ¿r í
o falso, o lo que sea, este reporte contiene alta información, porque la ma­
yoría de nosotros no hemos escuchado de ovnis que secuestren conejos. La
señal tiene alta imprevisibilidad. En UFO Phenomena and B.S., editada por
Haines, página 83: un encuentro cercano en donde el «piloto» se veía como
un conejo gigante. El contenido de la información dio un salto cuántico.
¿Dos historias ovnis/conejos? Pero la Red Mutua de Observación del Conejo
de Pascua, RMOCP (una rama de la menos bizarra Red Mutua de Ovnis, o RM
OVNI) tiene docenas de estas historias en sus archivos. (También poseen,
como lo habrá adivinado, un extraño sentido del humor.). Tómese esto como
una deliciosa extravagancia o sinsentido siniestro, archívelo como quiera de
acuerdo a su propio túnel de realidad, pero nuestro banco de información se
ha hecho más rico. Docenas de historias ovni/conejo indican algo sobre los
ovnis, o algo sobre la psicología humana, algo nunca antes sospechado. Si
el lector tiene una reacción estadísticamente normal a estos datos, entonces
nr,

entenderá mejor cómo los grupos que le disgu ÜHi^gnorar» o resistir


la información que parece tan importante para

Basándose en este atractivo


■ uSiiiiiiidJírffll»:l
4 .■ .JSSrF
;planteamiento, aunque . i el«
sin pretenderlo,
investigador Joshua Cutchin llegó a la conclusión de que los numeroso» incidentes
ovnis donde los ufonautas habían ofrecido algún tipo
"WWih*
los testigos deberían de contener alguna clave oculta de fenómeno. O sea, Cutchin
no se dejaba arrastrar por la primera «mentira» (los encuentros cercanos), pero
sucumbía ante la otra «falsedad» Ha comida y bebida), que parece la verdad
escondida, a la que aludía Antón Wilson. En su libro Un banquete troyano (2016)
Cutchin defendía, con una amplia batería de sucesos, que los encuentros con
extraterrestres, seres elementales y Bigfoots tenían, en ocasiones, este aspecto en
común de la «ofrenda de comida», y, por tanto, estudiando este «factor», era muy
probable que se llegara a algún tipo de conclusión o avance en el estudio de
'‘’Wíih
estos paradigmas. Tras repasar decenas de incidentes, sus conclusiones eran las
siguientes:

Las inteligencias extraterrestres, espirituales o interdimensionales que exis­


ten en otros puntos pueden interactuar con los seres humanos alterando
químicamente algunos compuestos (como la DMT) en el cerebro, lo que lleva
a estados alterados de conciencia. Con el fin de facilitar estos cambios quí­
micos a nivel neuronal, estas entidades recurren a menudo a proyectar en
los humanos con los que contactan un rico simbolismo relacionado con la
comida y la bebida, y ofrecen «espejismos de alimentos» que provocan un
cambio en la conciencia del observador.
Cutchin estaba convencido que lias entidades
testigos para producir algún tipo de efecto «placeo*,.ya que rcconodh que a veces
no se trataba de «algo» material quedos conduj ¡estado alterado en el cual
podían desarrollarse estas experiencias.
Pero quizás, sin pretenderlo, Cutchin ofrecía as clave! libro que
_ ., nfij '
concuerdan a la perfección con la TD, al escribir: «Quizá el
estas entidades al ofrecer alimentos forme parte de su esfuerzo por minimizar el
lipIMr i' nllnitfe ■

impacto del encuentro con lo desconocido». Además, ¡cía que «en realidad es
bastante sorprendente que no haya más casos en los que se detallen alimentos
que no tengan nada que ver con los terrestres. Uno pensaría que cualquier cosa
que se coma en un reino extraterrestre sería tan completamente extraña como
I
para desafiar la comparación con cualquier alimento de una dieta humana y, sin
embargo, la mayoría de los alimentos ofrecidos parecen muy convencionales».
Y ¿por qué ocurre esto? Sencillamente porque todo el contenido de la
experiencia surge de forma distorsionada de la mente de los testigos, y la comida
(comer y beber) es un concepto muy presente en nuestra vida cotidiana y, por tanto,
es lógico que se refleje en muchas vivencias a través de alimentos perfectamente
identificables. Por lógica, si nuestro planteamiento es cierto, se puede dar este
hecho en sentido inverso, o sea, que sean las propias entidades las que nos soliciten
a nosotros bebidas o comidas. Veamos dos ejemplos. El 23 de marzo de 1980, en
Butzbach, Hessenn (Alemania), sobre las 03:20 de la madrugada, los ladridos de los
perros despertaron a Robert Linkemann, guarda de un albergue forestal. Cuando se
dirigió a la puerta para comprobar qué sucedía, se encontró a dos hombres vestidos
con trajes plateados. Antes de que pudiera rea tantos le pidieron un
vaso de agua en un perfecto alemán. Linkema ató de que los hombres
eran casi idénticos, Como si fueran hermanos gemí Tenían la piel bronceada,
cabello oscuro y la cabeza descubierta, sin go ibrigo. El guarda los invito a
pasar hasta la sala comedor y les pidió que esperaran junto al mostrador. Entonces,
''liiiiiíMíi
mientras buscaba el agua, se sorprendió al escucharlos hablar en una lengua
desconocida. Momentos después les sirvió agua embotellada. Aunque al parecer no
llegaron a beber, los extraños visitantes nocturnos le dieron las gracias al guarda
.
y prometieron regresar en cuatro semanas o 1 cuatro
1 • •
meses. Cuando se dirigieron
iii’ ’' áiiii|i"?i i wW
al exterior, el testigo observó que en un claro del bosque cercano a la vivienda
había un enorme objeto alargado en forma de disco que brillaba con una luz
A;..' '"ííllji' ■'ilílrt’W'ii 1
deslumbrante. Linkemann se sorprendió al observar el artefacto e inmediatamente
llamó por teléfono a la policía. Cuando regresó al exterior, observó que el objeto se
elevaba en vertical, emitiendo un leve zumbido para desaparecer a gran velocidad.
Cinco minutos después, los agentes de policía Wilfried Weinmann y Klaus Mákel
evidenciaron que el guarda parecía una persona sensata, aunque informaron que se
distraía con facilidad.
El otro ejemplo sucedió en España. Tal y como me relata el investigador y amigo
Jorge Sánchez, autor del libro Contacto entre dos mundos (2013), esta extraordinaria
historia:

Tuvo Jugaren el verano de 1947 en Jumilla, provincia de Murcia, más concre­


tamente en una pequeña casita ubicada en el paraje de «La Jimena», cuando
Próspera Muñoz contaba tan solo con siete años de edad, estando en compa­
ñía de su hermana Anita, de once, y su tío Juan, tío por parte de padre, quie-
nes, en parte, también fueron tésj lio suc iñ*í

sólito tuvo lugar,


. por primera vez,. que e] contac áe repitió ^edades y
ocasioness diferentes a lo largo desii¡Sida, una c í mar ana de aquel
rano. El tío Juan se había ai o para al
cuando, de repente, Anita advirtió, a través de una de las ventanas de la casa,
algo extraño en la distancia. Un objeto de aspecto metálico y forma discoidal
se hallaba estático y silencioso sobre la copa de los árboles, a escasos doscien-
tos metros al final del camino que llevaba hasta la propiedad. El reflejo de los
rayos del sol sobre el mismo lo convertía en todo un espectáculo visuaL Entre
empujones y una gran excitación, las dos hermanas pudieron contemplarlo
con todo lujo de detalle mientras se preguntaban qué podía ser aquello. De
repente, el artefacto descendió levemente situándose a ras de suelo y co­
menzó a tomar velocidad por entre los viñedos, sorteándolos con gran agili­
dad, hasta situarse, en un abrir y cerrar de ojos, delante del ventanuco donde
ellas se encontraban sin hacer el más mínimo ruido. Aquel disco de metal
pulido tenía en su parte más alta una especie de cúpula de cristal, de la que
emergieron dos «personas» de extraña apariencia con una estatura similar a
la de un niño. Sus vestimentas se reducían a un mono gris sin costuras ce­
ñido al cuerpo, una especie de «pecera» sobre sus cabezas, que por otro lado
eran muy voluminosas, y unos ojos grandes y almendrados. De entre todo
aquello llamaba poderosamente la atención el impactante tamaño del iris de
sus ojos. «¡Cierra la ventana!, ¡cierra la ventana!, ¡cierra la ventana!», le repe­
tía asustada una y otra vez Anita a su hermana. Próspera, por el contrario,
casi hipnotizada, ansiaba continuar observando la peculiar escena. «Re­
cuerdo que en ese momento de excitación sentí como si algo me diese un leve
empujoncito hacia atrás, transmitiéndome a la vez la sensación de calma».
En un momento dado, un claro pitido discontinuo que provenía del exterior
se hizo audible: (bip,bip,bip). Para cuando quisieron reaccionar, los dos seres
se encontraban ya en el interior de la casita, solicitándoles un vaso de agua.
Ciñéndonos al testimonio que en repetidas y diferentes ocasiones las herma­
nas me transmitieron, cara acara y en el lugar exacto donde la experiencia
tuvo lugar, ambas coincidieron en un detalle muy particular: «Ciertamente
aquella situación fue de lo más surrealista- Por sí mismo, el hecho de que dos
desconocidos entrasen sin permiso tendría que haber sido motivo de sobra
para entrar en pánico, pero, lo cierto es que no fue así. Por el contrario, y
no encuentro mejor forma de contarlo, nació en las dos una extraña sensa­
ción de "familiaridad” hacia ellos. Era "como si los conociésemos de toda la
vida”». Sin mediar palabras previas en el encuentro, aquellos seres solicita­
ron a las niñas un vaso de agua. Este detalle tan particular ha llevado a las
hermanas, durante todos estos años, a pensar que: «Sencillamente fue una
excusa para entablar conversación, ya que hicieron ademán de beber, pero no
lo hicieron. A continuación, nos propusieron participar en un experimento
de tipo altruista. Tras una breve conversación entre ellos finalmente se de-
cantaron por mí, quedando Anita desde ese momento a un lado. Después de
curiosear por la casa unos fugaces minutos, se marcharon con la misma agi­
lidad que cuando llegaron. En un abrir y cerrar de ojos volvieron al interior
de aquel aparato, que desapareció tras un fogonazo de luz intensísimo entre
las nubes a una velocidad que no sabría describir con palabras. Segundos
después apareció corriendo y envuelto en sudor el tío Juan. Estaba asustadí­
simo porque pensó que eso que él también había visto en el cielo, junto con
el fogonazo de luz, era una avioneta que se había estrellado contra el alero de
la casa».
Este testimonio fue recogido en su día por J.J Benítez. Treinta años más
tarde, cuando nuestra protagonista disfrutaba de una vida absoluta y ro­
tundamente normal y satisfactoria, se cumplía algo que aquellos seres le hi­
cieron llegar en su momento: Próspera comenzaría a recordar lo sucedido a
cuenta gotas hasta alcanzar en su mente la vivencia completa.
Como vemos, que los pi«SuÉ¡|^fc pidan ún vááo de agua

implicaría dos conceptos: ' ■ .Jii'j:

* i iní Híiill * 'lUilki*


1. Que tienen un organismo parecido al humano

2. Que saben pedir «un vaso de agua» y entiende la «carga» axquetípica de esta
t '■ ?r 1 ÍW'' y i,
acción. AwJi h

Pero esto es más extraño de lo que parece. Al margen de cuestiones fisiológicas,


este detalle podría ser delatador de la existencia de factores psicológicos soterrados
iShijr /i >O.,
en la construcción de los encuentros cercanos. El investigador Jorge Sánchez me
planteaba su opinión sobre esta circunstancia:
1 r? 1 -
La casuística ufológica está repleta de detalles «rocambolescos» como este.
Jeringuillas hipoalergénicas, material quirúrgico como tijeras o bisturis, es­
calerillas de mano para acceder al aparato y un larguísimo etcétera. Aquí sur­
gen diferentes hipótesis y planteamientos. Lo cierto es que tocamos un fenó­
meno extremadamente complejo como para poder decantarnos hacia una u
otra opción, a la hora de tratar de «concluir» sobre todo ello. Tergiversación
de los recuerdos, fantasía, influencia de nuestro propio contexto cultural...
Quién sabe. A título personal, tan solo puedo decir que, curiosamente, este
tipo de «detalles» se dan curiosamente en muchos casos. Detalles que, de
repente, nos sorprenden por el «surrealismo» que conllevan, dentro de una
situación ya de por sí difícil de encajar. Seguro que usted mismo, querido
lector, se estará haciendo la misma pregunta que nos hemos replanteado los
investigadores en este y en otros casos: ¿qué sentido tiene atravesar el uni­
verso para terminar pidiendo un vaso de agua a un par de niñas en mitad de
la nada? Quizás, esa «teatralidad» que caracteriza al propio fenómeno ovni
.... .
■ güiK <

de la que se ha hablado en infinidad d


• «IL . ..?»i ‘I
L» parahaccr-
nos a los humanos «más cómodo el ej lamente, esos
elementos y situaciones doblemente i ten parte de algo
que jamás alcanzaremos a comprender.

Nuestra tesis comienza a dar forma a estos «surrealistas». Y es que es


|í w*
muy significativo, para nuestro particular es je ni las pequeñas entidades
aladas de la Sra. Hingley, ni los visitantes del guarda alemán, ni los humanoides
de Prospera Muñoz, llegaran a probar siquiera el agua que habían solicitado. Por
tanto, son solo fragmentos ideativos de una experiencia cuyo único proposito es el
de contextualizar una narración sobrenatural con conceptos mundanos ofrecidos
por nuestra psique de manera inconsciente, igual que hace durante el sueno, en un
perfecto mecanismo psíquico de retroalimentación.
i& hi'
DE LA COMIDA LA
ESCRITURA ALIENÍGENA

De la misma manera que Cutchin, hace algunas décadas realicé una investigación
comparativa sobre las diversas «escrituras», «signos» y «emblemas» observados
en el interior de los platillos volantes, en su extenor, o en el equipamiento
1/W H
(cascos, uniformes, etc.) de los «alienígenas». Tras recabar decenas de casos,
, , . -'»• itf %!. ' : 1 • Ir
intui rapidamente que estaba en un callejón sin salida. De nuevo, no había
hilo conductor que pudiese conectar todas estas historias. Y aunque podría
haber elevado algunas sugestivas ideas teóricas sobre las presuntas «escrituras
extraterrestres», sabía a la perfección que estas conclusiones solo valdrían para
enmarañar más la cuestión y seguir sumando más interrogantes al problema. Y es
que, precisamente, añadir factores a la ecuación ovni es la causa de que el fenómeno
resulte prácticamente indescifrable y aparente ante nuestros sorprendidos ojos una
extrema e inalcanzable complejidad, adjudicable solo a una «super inteligencia» o
a un complejo «sistema de control» que no podemos ni comprender, ni abarcar
con nuestro tosco y primitivo discernimiento. Pero si quitamos todas esas capas
supérfluas añadidas al problema ovni, eliminando todos los factores resultantes
de una teorización excesiva e imaginativa, podremos encontrar la síntesis del
fenómeno que, aunque igualmente desconocida, seria mucho más simple de lo
que nos «aparenta». Esto nos permitiría estrechar el lazo alrededor de la intrigante
•; ?• ’ ?*/•;! ”!í» v.y . ’

cuestión que nos ocupa durante largas décadas en una interminable batalla
intelectual. Y una de estas «capas» engaños ases ladiferenciación de los fenómenos.
LAS CLAVES DE LAS
APARICIONES SOBRENATURALES

... ,
Hemos puesto tanta atención y entusiasmo en el estudio de los platillos volantes
que esto ha impedido que seamos totalmente conscientes de las propias pistas
v
que nos ofrecía el paradigma fuera del camino que habíamos emprendido. Si nos
enfrentáramos a un solo fenómeno desconocido, protagonizado por extraños seres,
■ll0

la cosa sería sustancialmente diferente. Muy diferente. Sin embargo, existen tantos
enigmas relacionados con la aparición de diferentes entidades y criaturas a lo
largo de la historia que deberíamos pensar detenidamente sobre qué o quién causa
. .
realmente estas manifestaciones. Además, los paralelismos son tan evidentes que
, • Í I
delatan que esta misteriosa «causa» puede tener un mismo y único origen, pero,
a su vez diferentes «ramificaciones» o formas de actuar. Las conexiones existentes
. . '' ■, ■ .

entre toda esta «fauna» sobrenatural han sido descritas a lo largo de los capítulos
'' ■■

precedentes, y sin duda ofrecen un marco teórico que gravita en torno a las
conclusiones expuestas por la TD.

'l " ’ 1

1.- La visión alterada. Todas las observaciones de entidades extrañas parecen


estar asociadas con un tipo de visión alterada (estado alterado de conciencia), como
si la percepción de estos fenómenos no fuera la misma que cuando observamos
nuestra realidad cotidiana. A veces los estudiosos recurren a los sueños para
encontrar un marco referencial similar al que describen los testigos de las
anomalías- Que una persona que denuncie la ápariaón de una Virgen o de un
extraterrestre e informe de las mismas alteraciones perceptivas es simplemente
alucinante. Y mas increíble aun es que en algunos encuentros con el Pies
Grandes hallemos estos mismos modelos de extraña cognición; no én vano, los
investigadores Janet y Colind Bord, en su citado libro, afirmaban que estos seres
tenían «rasgos sobrenaturales». Además, al igual que ocurre con los avistamientos
de platillos volantes, las apariciones mañanas y las visiones de seres elementales,
por ejemplo, la inexplicable presencia de grandes y desconocidos homínidos ha sido
denunciada en diversas partes del mundo.

2.- La estructura basica. Todas las anomalías, sin excepción, están compuestas
por un «esqueleto intemo» que estructura la narrativa de casi la mayoría de las
■ 'Myin t*- w oii
experiencias. Por ejemplo, en los casos ovnis, el testigo informará:

"i,, • ' W
”1. Que ha visto «algo» volar en cielo. i»

2. Después, que ese «algo» ha tomado tierra

3. Que de ese «algo» han descendido unos seres.

!i Ifrjikx'ij' r!1”;’1 kWK1 ' J


Pero, incomprensiblemente, estos aspectos, que deberían tener una mayor
homogeneidad, son altamente maleables y en cada caso los elementos «algo» y
«seres» son asombrosamente distintos en tamaño, formas y colores. Y esto se ha
constatado de una manera abrumadora y delatora.
5.- Casos únicos. Aunque exista un «esqueleto interno» que vertebra las
experiencias, estas se desarrollarán de forma individual e imprevisible sin
compartir más detalles entre ellas, más allá de los grandes rasgos, tanto en las
apariencias de las entidades observadas corii|fe^JLos ní^E^ajes. Lo que demuestra
que nada de lo observado tiene una continuidad física en nuestro universo. Solo
existe el «durante»; ni el «antes» y ni el «después» de las experiencias puede
ser rastreado porque sencillamente no existe nada antes de su «exhibición» ante
. ,
.los observadores. , , ít. . W® - , >
De hecho, en las apariciones mañanas, un fenómeno que sena
menos dado a estas vanaciones, encontramos estas mismas pautas. Los testigos
describen «señoras» (entidades) de todo tipo con todo tipo de nombres, irradiando
luz, descendiendo de una nube, surgiendo de una cueva, con mantos de diferentes
colores, estatura variada, con o sin coronas, con espadas en la mano o rodeadas de
una bola de luz. De la misma forma, los Pies grandes tienen pelajes de todo tipo, de
diferentes colores, además de presentar todos los tamaños imaginables.
Todos los casos tienen aspectos únicos e irrepetibles.
Aunque también podemos hallar aspectos mundanos en estos casos no
definidos. Un ejemplo: el 1 de diciembre de 1977, Emilio Ruiz Orive, de 28 años,
dormía plácidamente en su domicilio en Puente San Miguel (Santander) cuando
un fuerte resplandor, como la luz del sol, le despertó. En un principio el testigo
pensó que había amanecido, pero inmediatamente se percató que eran las 4:50
horas aproximadamente. Por lo tanto, aquella extraordinaria luminosidad no era el
sol. Entonces, para su sorpresa, vio la cabeza de alguien a través de su ventana. Se
trataba de un rostro humano, de tez blanca, aunque de casi el doble de tamaño que
el de una persona. Tenía el pelo blanco, largas patillas; bigote y perilla. Lo extraño
de la situación era que la habitación de Emilio estaba situada en una segunda
..
planta, y, por tanto, la altura de aquel «humanoide» era de al menos cuatro metros.
Según el testigo llevaba puesto una especie de casaca al estilo militar. El misterioso
ser miraba los alrededores y giraba lentamente la cabeza. Tras unos minutos,
Emilio, presa del pánico, se escondió debajo de la manta. Cuando llamo a su
hermano Cristóbal, el «gigante» había desaparecido, aunque pudo ver un extraño
resplandor en la zona. Otros vecinos de la localidad también fueron testigos de este
l¡|! Ilí!'' , V
inesperado «amanecer» en plena madrugada. El periodista y amigo Juan Gómez
Ruiz, presentador y director del programa Nueva Dimensión, que entrevisto en
... t ..... ........ •!.. , . . , ,, ,
vanas ocasiones a Emilio, me aseguro que, aunque muchos investigadores habían

adornado la experiencia de Puente San Miguel para que pareciera mucho más
'lr ■'
extraña, era obvio que el rostro del «humanoide» era demasiado humano. Incluso

su vestimenta era de lo más normal. Curiosamente, desde un primer momento,

el aspecto de este singular humanoide me recordó a los cabezudos de los desfiles

de los pueblos y ciudades. Y en la cercana localidad de Torrelavega existía una

celebración en la que los gigantes de «cartón piedra» eran los protagonistas. Y la

pregunta que nos surge es lógica. ¿Tenía en mente estos «cabezudos» Emilio el día

de su experiencia? No obstante, este «gigante» no ha vuelto a merodear ninguna

otra casa en ninguna otra parte del mundo.

4.- Historias no conectadas. No se puede conectar la casuística de estas


anomalías en una historia global que nos sugiera que estamos ante el contacto con
unas mismas entidades. Los «personajes» y las «narraciones» demuestran que estas
experiencias no están conectadas entre sí, más allá de ese «esqúeletó interno». En
las apariencias, todos los incidentes se desarrollan como historias independientes.
Ningún caso ha ofrecido jamás evidencias de que una misma entidad (con el mismo
i'' ' Jí[Link]' ‘l ; . . IIH ,

nombre y apariencia) se haya aparecido a dos testigos distintos. Y, sobre todo, la


información ofrecida por las entidades, incluso sin tener en cuenta similitudes
físicas, no tienen ninguna continuidad en otro evento. Ñi siquiera la Virgen hace
alusiones rastreables a lo largo de la [Link] -W.,,.

5.- Detalles irrepetibles. Como decía el inmortal Sherlock Holmes, «la


singularidad es, casi invariablemente, una pista». Y así es nuestra investigación:
las características únicas y exclusivas de cada experiencia parecen indicar que la
participación de los testigos no se limita al mero rol de espectador. Aunque los casos
contengan elementos comunes, que son más propios del contenido «mitológico»
asociado a cada entidad (fenómeno), los rasgos y detalles de un encuentro anómalo
no encontrará replica en otro suceso de las mismas características. Así mismo en
muchas experiencias ovni existe un detalle en particular que, por su importancia
y singularidad, probablemente sea el más fácil de rastrear y localizar en la
psique de los testigos. Un emblema observado en el interior de la nave o una
peculiar característica morfológica de los humanoides pueden ser delatores de la
I\l l‘ | * l’j ||( : ¡'i

información inconsciente puesta en juego por el testigo.

. u ’1 '¡.'i. ih 'i .
- Ausencia de pruebas. Casi todos los estudiosos de las apariciones mañanas
6.
han encontrado las mismas dificultades para probar su existencia o realidad
empírica, que los parapsicólogos, para demostrar la presencia de los fantasmas
ii
entre nosotros, o los ufólogos, para«capturar» un «extraterrestre», o, para concluir,
los criptozoólogos, para hallar los huesos de un yeti o «arponear» al monstruo del
# ........... ' < , i ■

lago Ness. Ademas, toda la información obtenida a traves de las distintas entidades
jamás ha aportado una información relevante o desconocida por el género humano.
¿Puede ser esto posible? ¿Todos los estudiosos de estas anomalías se pueden hallar

en el mismo callejón sin salida después de arduas décadas de investigación y


seguimiento de sus respectivos fenómenos? Al menos, por alguno de ellos se podría
haber conseguido un avance importante en comparación con sus compañeros. Pero
esto no ha sucedido. Los archivos de los diferentes «notarios» de esa «otra realidad
oculta», aunque atiborrados de casos, son eximios en evidencias y en respuestas.
Muchos indicios interesantes, pero ninguna prueba de peso que haga que la
comunidad científica doblegue su brazo ante la existencia del Yeti, los difuntos, las
hadas o los extraterrestres.

-
7. El absurdo. Todas las experiencias anómalas tienen un denominador

común. El absurdo, la alta extrañeza e incluso, por qué no decirlo, la locura. Los

encuentros con extrañas entidades están repletos de elementos ilógicos y carentes

de sentido. Y es que, cuando estos seres, en cualquiera de sus acepciones, ha

comunicado algún tipo de mensaje a los testigos, este ha carecido por completo de

trascendencia o de información científica que se haya podido contrastar de forma

fehaciente. Las comunicaciones son muy imprecisas y no ayudar a esclarecer o

delimitar la verdadera naturaleza, origen y propósito de estas manifestaciones.

< Irlíab' .Mil till' ' i -lilil-. •hdc’xl


Wlf .

8.- La imagen. Todos los fenómenos reseñados tienen una puesta en escena
sublime, repleta de «efectos especiales», en el caso de los ovnis y en el de los
'
seres ’luminosos ...................
o las apariciones .. ijoguiahíertos a los testigos.
Alucinados. Sin embargo, estas « i a la altura, ni muchísimo
menos, del contenido «intelectual»/* 70» de sus manifestaciones. Por
tanto, una clave para tener en cuenta es «imagen» de estos paradigmas
prevalece sobre cualquier otro aspecto que extraer de los mismos.

9.- Medio físicos y medio psíquicos. De una manera u otra se ha documentado


por los distintos especialistas que estas experiencias tienen una importante parte
«espiritual», como si estos fenómenos fueran mitad físicos y mitad psíquicos.
Como si los testigos accedieran, durante unos instantes, a una realidad ampliada
desconocida. 'íillilj;

Todas están conexiones nos indican que con bastante probabilidad estamos
enfrentados a un mismo fenómeno que tiene diversas formas de «expresarse»
a través de nuestra propia percepción/interacción. Todo el contenido de las
experiencias parece partir de material humano, lo que revelaría que la

vital o fundacional de estos contactos con esa otra realidad manifestada. En su libro
The Mythic Dimensión: Selected Essays (1959-1987) (La Dimensión Mítica, 1993),
Joseph Campbell decía que:
H estudio comparado de las mitologías nos impone una visión unitaria de la
historia cultural de la humanidad, pues hallamos que temas como el robo del
fuego de los dioses, el diluvio, el reino de los muertos, la virgen que da a luz
y la resurrección del héroe aparecen en todo el mundo, cada vez eh nuevas
combinaciones, aunque sus elementos, como los de un caleidoscopio, son
fcdlhjh.
i¡¡ü>inillllii:ü:

...

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CAPITULO 8-
CUANDO LOS PLATLLOS
VOLANTES VENIAN DE R(j

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RUSIA: ¿LA MADRE
PATRIA DE LOS OVNIS?
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‘luí,

. . . , -a , W1
En el mismo nacimiento del fenómeno ovni podemos encontrar una clave oculta
■ Wfe • -

que ha pasado desapercibida para la mayoría de los investigadores. Y es que


hay un interesantísimo detalle en la experiencia de Kenneth Amold que ha sido
objeto de múltiples debates y controversias, y que puede ayudamos a comprender
* •' ^’ÜnwK "’•llu1»? 1 * 11 UiJlu|jh- ”»l:

la verdadera dimensión del problema que afrontamos. ¿Cuál era la forma de los
objetos avistados aquella tarde? Pese a que el término «platillo volador» apareció
casi de inmediato asociado a estas apariciones, su ongen encierra otro misterio, ya
que los artefactos observado por el piloto tenían, en realidad, forma de media luna.
La primera vez que se utilizó el término platillo volador fue en una nota firmada
por una agencia de prensa el 26 de junio de 1947 y muchos investigadores piensan
que fue acuñado por el periodista William Bequette. Aunque la verdad es bien
distinta. Como ha demostrado el investigador Martin Shough, en un documentado
trabajo titulado «The Singular Adventure of Mr. Kenneth Arnold» (2010), que
conocí gracias al estudioso y amigo Chris Aubeck, fue el propio Kenneth Arnold,
aunque casi sin pretenderlo, el que llegó a utilizar en algunos momentos la palabra
11 *' v '*- h i| ||-'[Link]’ i. •IHH' ’

«platillo» para describir la forma de los artefactos, aunque no fuera el termino . i h '* ’ i) I' ' ’H-ll' i'' ||, '• "

más preciso. Incluso Bequette ha manifestado en varias ocasiones que él no fue el


inventor de la famosa palabra, aunque sus reportes fueran la fuente de inspiración
para dicho termino. Pero hay más. En su día, Kenneth Arnold también renegó de
los «platillos volantes». En una entrevista concedida a Ed Murrow el 7 dé abril de
1950, Arnold dijo que los periodistas habían confundido su explicación de cómo se
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desplazaban los objetos en el cielo con su aspecto. Explicó que se movía como una
•' . ,¡ I 1 • i¡!’? PW'í!' r • j 1
piedra plana o un plato lanzado sobre la superficie del mar, añadiendo que tenían
forma de «ala volante». Sin duda otro misterio asociado a los oVnis.
Pero lo más desconcertante del incidente de Arnold es que, aunque el piloto
M
aseguroA observar
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objetos en rÜL
unos' át JP «murciélagos» o «media
forma de «boomerang», ,r
ir-'
luna», muy planos, sin cúpulas, la mayoría de los avistamientos que continuaron a
su relato describían, sobre todo, artefactos en forma de platos, los archiconocidos
«platillos voladores», y además con ostensibles cúpulas.
. „ ÍW ;.W M liU-
Este detalle es sumamente interesante para nuestro presente estudio.
En una entrevista emitida el 7 de abril de 1950 y realizada por el periodista
radiofónico Edward R. Murrow, Kenneth Arnold aclaraba el error de los periodistas
al describir su experiencia: «Estos objetos más o menos volaban como si [...] yo
diría que, saltaban como sobre las olas del mar. [...] La mayoría de los periódicos
entendieron mal. [...] Dijeron que yo dije que tenían forma de platillo cuando dije
que volaban como un platillo». Aunque, curiosamente, el 27 de junio de 1947,
un teletipo emitido desde Pendlenton (Oregón) recogía la información de forma
correcta: «Kenneth Arnold, un veterano piloto e ingeniero de control de incendios,
se aferró tenazmente a su historia de que vio nueve aviones con forma de media
luna brillantes o misiles no tripulados volando en formación a una velocidad de
por lo menos 1200 millas por hora sobre el monte». Pese a esto, la mayoría de
los ufólogos perpetuaron, erróneamente, la imagen iconográfica de que el famoso
piloto había avistado nueve platillos volantes sobre el monte Rainer, afianzando
• •' r ,
así la creencia popular, imparable con. la ayuda del cine y la ciencia ficción,
de que estábamos siendo visitados por platillos voladores tripulados por seres
extraterrestres. ■. 'WbLi '
■'i, ¡ • i. 11'* *
Sin embargo, de manera inequívoca, todo parece señalar que, eñ junio de 1947,
a raíz del encuentro de Arnold, se puso en funcionamiento algún tipo de gigantesco
n i?-‘’V *
«resorte» psíquico desconocido, potenciado por un AE, que hizo que miles de
personas en todo el mundo observaran «platillos volantes», aunque realmente esto
i .
no fuera lo que viera Kenneth Arnold. Incluso, como defienden los escépticos, si el
piloto hubiese visto una flota de aviones experimentales, una bandada de pelicanos
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o un simple espejismo, la repercusión de su avistamiento sobrepasa cualquier tipo
" 'iifchr WfóiíH’^',|i
de histeria colectiva registrada hasta la fecha. El reclamo de los periódicos era
claro. Extraños «platillos volantes» surcaban los cielos (aunque en realidad fuesen
aparatos en forma de «media luna»). Pero el público, independientemente de la
realidad del estímulo original, empezó a informar masivamente sobre la irrupción
de discos voladores. Quizás este sorprendente hecho, de que los testigos vean lo que
creen que «existe» en vez de lo que «existe» o lo que se «vio» realmente, sea una de
las pruebas más evidentes y notorias de que dentro del fenómeno ovni se hallan
insertadas profundas y desconcertantes huellas psíquicas. A todo esto, hay que
sumar una serie de factores que se congregaron después de la devastadora Segunda
Guerra Mundial, como el miedo a una contienda nuclear, la caída de ciertos valores
religiosos y políticos, el auge de la ciencia ficción y un cierto aire de progreso

ííMiIÍÍMiJj •
imparable, que pudo crear el perfecto caldo de cultivo para la gestación y expansión
de este mito moderno: la visitación alienígCri

Bomberos y «alas volantes»

Pero podemos ir más allá para buscar las raíces del avistamiento de Kenneth
Arnold. El piloto era propietario de una pequeña compañía dedicada a la extinción
de incendios llamada Great Western Fire Control Supply, y es muy probable que
hubiera leído la conocida revista Popular Science, que en su numero de enero de
1947 ofrecía un reporte ilustrado en portada que estaba dedicado a las «nuevas
maquinarias contra incendios». En el interior también había vanos sugerentes
artículos sobre aviones y otras cuestiones relacionadas con la aviación que
pudieron llamar la atención de Kenneth Arnold para hojear o comprar el magazín.
Pero lo más importante es una impresionante fotografía a color del prototipo de
ala volante XB-35, un avión futurista para la época, incluida en la revista. Dicha
imagen, que guarda extraordinarias semejanzas con los objetos divisados sobre
el monte Rainer, pudieron llamar poderosamente la atención del piloto y quedar
grabada en su memoria. ¿Fueron los objetos vistos por Kenneth Arnold una
distorsión de esta aeronave militar secreta?
Aunque esto es probable, de lo que no cabe duda, y es un paradigma
en sí mismo, es que la mayoría de los testigos posteriores a Kenneth Arnold,
influenciados por los titulares de prensa de los primeros años, haciendo referencia
‘v •|'li r'i rl: il l * lili
a platillos o discos voladores, observaron un fenómeno que no tuvo inconvenientes
ni reparos en mutar su forma extema, dfc ala volante a platillo volador, debido a que
principalmente se nutre del inconsciente de los testigos sus creencias y anhelos.
Pero lo curioso de esta trama, es que, en algunos momentos,la hipótesis sobre
el origen terrestre de los ovnis se solapó con la idea extraterrena. Es probable
que, por las dudas y creencias de algunas personas, el./UE, ea algunas momentos,
decidiera incluir una variable en las observaciones que no terminó de cuajar en el
inconsciente colectivo. Un sub-fenómeno dentro de los encuentros cercanos que
incidía en la posible procedencia «terrestre» de los platillos volantes. Otra evidencia
más de la implicación de factores psicológicos en el desarrollo del problema ovni...

■■
COMUNISTAS NÓ IDENTIFICADOS?

Es evidente que. a lo largo de los años, el fenómeno ovni ha presentado numerosas


■w wifc
variaciones en la tipología de las naves y en el aspecto y vestimentas de sus
tripulantes, demostrando una evolución de sus manifestaciones, en paralelo al
desarrollo de nuestra tecnología, cultura y civilización. Está claro que la casuística
. , . . . . Kit J>í, .. .
de los primeros anos de investigación es muy distinta de la recopilada en décadas
posteriores. Por ejemplo, a partir de la década de los sesenta, los tripulantes de
ovnis descritos con escafandras y equipos de respiración autónoma disminuyeron
considerablemente, hasta prácticamente desaparecer en los años noventa,
coincidiendo, de forma sospechosa, con la creencia generalizada de que estos
mecanismos estaban «desfasados», por lo que era lógico que desaparecieran de la
mente colectiva de los testigos. De igual forma, en los primeros años de divulgación
del tema, la idea de que los platillos volantes pudieran ser un arma secreta de una
potencia terrestre pudo hacer que la imaginería humana contemplara este hecho
en algunos encuentros cercanos con ovnis y que los pilotos de estas naves fueran
&
descritos como humanos, portando incluso prismáticos y pistolas. Esto sería una
prueba de que el AE no da mayor importancia a una máscara o disfraz sobre otro,
más allá, de ofrecer un rico contenido arquetípico capaz de inspirar y promover
creencias...
Veamos varios ejemplos ilustrativos de cuanto decimos:
>??■ i»'.’’

... J' rJÜií ' ¡8M*


El Encuentro de Linke (
.1. •» n i; • • ,

El 17 de junio de 1950, Oscar Linke de!;cuarenta y ochó años, y su hija Gabriel,


de once, regresaban de noche por un solitario camino a la ciudaddeHasselbach,
situada en la Alemania Oriental (controlada por la URSS). De pronto, una de las
ruedas de su motocicleta «NSU» pinchó. En esos momentos, mientras su padre
arreglaba la avena, la joven creyó ver a una distancia de 140 metros, dentro del
bosque, a dos ciervos. Cuando el Sr. Linke se aproximó a la zona, hasta unos diez
metros de distancia, comprobó que no eran animales. Se trataba de dos personas, de
aproximadamente 1,20 metros de altura, con vestimentas de abrigo parecidas a las
que se utilizan en las regiones polares. Según el testigo, aquellas prendas estaban
elaboradas con una sustancia brillante y de aspecto metálica. Aquellos humanoides
se movían como los osos. Uno de los seres tenía una luz intermitente en el pecho,
descrita en algunos reportes como una caja luminosa. Parecían examinar el terreno,
y uno de ellos se inclinaba como para recoger algo del suelo. La sorpresa de Linke
fue en aumento, al comprobar que, junto a los dos humanoides, había un extraño
objeto circular, de color rosa, con un diámetro aproximado de unos quince metros.
En su periferia tenía dos hileras de ranuras de treinta centímetros de diámetro,
separadas entre sí por unos cuarenta y cinco. En su parte superior, en el centro,
sobresalía una torre cilindrica de color negra de unos tres metros de altura.
Mientras Gabriel hablaba con su padre, los dos humanoides parecieron detectar su
presencia e inmediatamente se introdujeron por un lateral en el interior del objeto.
En ese momento el cilindro comenzó a descender y apareció por debajo, elevando
el cuerpo principal del artefacto. Entonces el objeto comenzó a¡ Vibrar. Los agujeros
.• r ’
brillaron y el borde empezó a girar. «Debido al efecto arremolinado de los gases de
escape brillantes, tuve la impresión de que todo me daba vueltas como un trompo»,
.... : 'rf' «Jr $?■ i > ’' .
aseguró posteriormente Lirike a la prensa en un artículo publicado por el Nacht-
. , ,,, nnr" 'I
Depesche (1952). Una vez que el artefacto despegó del s 3, la torre cilindrica se
É ■ • BlW1 í1 í w <, r ■ .
desplegó de nuevo en su parte superior. w nii. i’»
ihMl- '#■ 'ni"' *«", iiiií.
Los testigos escucharon un sonido silbante, parecido al ruido que hace una
bomba al caer, pero algo mas suave, mientras que, de las entrañas del casco, a lo
largo del borde, surgían unas llamaradas rojas y verdes, como las producidas por
una propulsión a chorro. Después de ganar algo de altura, el artefacto se alejó en
paralelo al suelo. «Se movió más rápido que cualquier avión de combate que haya
. ú'ifc ' '.¡i!1. !•: ? 'i
visto e hizo un sonido como un rugido terrible». El objeto voló en la dirección
de la población de Stockheim. Un pastor llamado Georg Derbost, a una distancia
de una milla o milla y media, afirmó a la prensa que había visto sobre aquel
lugar «un cometa que había rebotado en la tierra». Un trabajador anónimo de un
aserradero cercano lo describió como un «cometa» que volaba bajo. Cuando Linke
examinó el lugar del aterrizaje encontró una depresión recién hecha en la tierra
que probablemente había sido realizada por la torre al elevar el objeto. En una
zona cercana al incidente apareció una porción de terreno con el grano aplastado
de forma extraña, quizás por efecto de la propulsión del objeto. El testigo dijo a
la prensa que nunca había oído hablar de los platillos volantes hasta que escapó
de la Alemania Oriental. Siempre había pensado que aquel artefacto podía ser
' 1 I ■ i i. . ¿
de fabricación rusa y temió desde un principio las represalias de los militares
por haber presenciadlo un ensayo secreto de algún tipo de aeronave. Oskar Linkc
realizó una declaración jurada ante un notario el 1 de julio de 1952. La CIA estaba
muy preocupada por este incidente, ya que sospechaba que podía tratarse de un
novedoso y desconocido prototipo soviético.

Los testigos se toparon con este raro objeto y sus no menos extraños «pilotos»

en la Alemania Oriental. Archivo Carav@ca.

De hecho, la propia apariencia del objeto, así como las vestimentas de sus

pilotos, podía hacer creer a cualquiera que escuchara la historia que se trataba

de un prototipo de origen soviético. La propulsión a chorro, con llamas y ruidos,


una tecnología evidentemente rudimentaria para úna pretendida nave espacial:
alienígena revela que los elementos utilizados pata fabricación de laexperiencia
partieron de la psique del testigo. Él escenario del avistamiento mas que
UUDBfl ■ ¡iiib
„encia rusa
propicio para ello: la Alemania del Este, donde la opresora pres<
intimidaba a todos sus habitantes.

Un «extraterrestre» con revolver


ffi

En plena efervescencia de la oleada ovni en Francia en 1954 se produjo uno de los


incidentes más extraños y desconcertantes de los que se tiene noticia en territorio
Éi1-' 41üilíí '■
francés. Ocurrió el 20 de octubre de 1954 en Raon-1' Etape (Vosgos), cuando Lazlo
Ujvari, un antiguo legionario de origen checoslovaco, se dirigía a su lugar de trabajo
* . Sli, ’I;.
en la Empresa Deray desde su granja en Le las. Iba en bicicleta, cuando el mal estado
de la carretera le obligó a ir caminando. Eran las 2:30 horas, aproximadamente,
cuando en mitad de su camino surgió de las sombras del bosque un hombre con un
revolver en la mano que le hacía señales para que se detuviese. Se trataba de una
persona de apariencia normal, corpulenta, de 1,65 metros de altura, que llevaba
una especie de «gorro con orejeras de paño» (¿casco?), un blusón de cuello abierto
forrado de piel, un pantalón de tela y botas. El testigo se sintió intimidado por
la pistola, pero no estaba realmente asustado —no en vano había sido militar y
había vivido situaciones dramáticas—. El extraño hombre armado le habló, pero, el
testigo no le pudo entender. Ujvari no llegaba a comprender ni identificar el idioma,
pese a que el sujeto le continuó hablando con total normalidad. Entonces Ujvari
probó a expresarse en ruso —hablaba var idiomas— y el desconocido parece
que le comprendió. En ese instante, ÉL soliJ io y misterioso caminante le realizó
Ifflihlr
varias preguntas en la lengua de Rasputín: de me encuentro? ¿En España o en
Italia? Cuando fue informado de que estaba conocido le preguntó a
cuántos kilómetros de la frontera alemana se ene ígo le contestó
que «está a 100 kilómetros del Rin, en línea re
Entonces el individuo le preguntó la h , y Lazlo le dijo que eran las 2:30
'¡k?' |r
de la madrugada. El hombre sacó un reloj del bolsillo y le contestó: «Mientes. Son
las cuatro» —en Moscú habría tenido tres horas más—. Y continuó el «absurdo»
interrogatorio: «¿A que distancia y en que dirección se encuentra Marsella?»
parecer pronunció mal el nombre de la ciudad y quizás se refería a otro lugar.
En la oscuridad de la noche, Lazlo Ujvari pudo ver un misterioso objeto oculto entre los árboles,

mientras un misterioso aviador le apuntaba con un revolver. Archivo Carav@ca.

Detuvieron e) dialogo, y el misterioso individuo, sin apartar el revólver, le pidió

a Ujvari que caminase hacia delante. El testigo describió a la prensa que pudo

escuchar perfectamente el ruido de las pisadas de su interlocutor: «Las suelas de


lOv-- • - - • i • •'¿•’”‘’7 ;• ’bf

las botas resonaban en . —- a». A tíh lado de la carretera, el


testigo pudo observar, vagamente, úh objete o¡ ro que le pareció, en un principio,
un coche o una furgoneta. Pero al s _ percató de que se trataba de un
enorme artefacto de unos seis metros de diá 2S de altura, compuesto por
dos platos superpuestos de color gris oscuro y con una cúp la parte superior,
Sobre la cúpula había una antena en forma de «sacacorchos» e detenerse
porque el «piloto ruso» le intimidó apuntándole con la pistola. Ambos anduvieron
unos treinta metros más, y entonces el hombre le dijo: «¡Y ahora adiós!».
Ujvari montó en su bicicleta, y a unos doscientos metros, casi a la entrada
del pueblo, se detuvo para mirar atrás. Entonces observó una luz vertical muy
potente que surgía del bosque, y a continuación escuchó un ruido parecido al
de una «máquina de coser», como un silbido, y al momento, distinguió en la
oscuridad de la noche como el artefacto se elevaba, sin luces, y como, tras ascender
verticalmente, se alejaba en diagonal.
Lazlo regresó al lugar del aterrizaje y, con ayuda de un mechero, buscó, en vano,
restos o huellas del artefacto.
Posteriormente Ujvari fue interrogado por la gendarmería y al parecer
no encontraron fallos ni fisuras en su testimonio. El jefe de policía de la
Renseignements Généraux de Epinal, el Sr. Moleur, fue acompañado por dos
inspectores, que no lograron encontrar indicios de que el asunto fuera producto
de un engaño. Sin duda, el lector podrá encontrar pocos casos tan extravagantes y
delirantes en la literatura ovni.
-Q’linrp' •tyijif

’•j’vnji1, 1
Algunos investigadores, como Miohel Corrouges (Aparecen los Marcianos, 1963)
opinan que «no puede descartarse la hipótesis de un belicóptearp ruso extraviado».
Aunque hay que anotar, en contra de las apreciaciones de Carrouges, que el
testigo no recuerda haber visto hélices y que la forma del objeto no parece encajar
W'B.
con la descripción de un helicóptero, y si más bien con el típico «platillo volante».
Ademas de resultar muy extraño que, precisamente, en su aterrizaje de emergencia,
el piloto ruso extraviado hubiese tenido la fortuna de encontrar un «trances» en
una pequeña región (aproximadamente 7000 habitantes) que hablase su idioma. Y
también tenemos el extraño detalle del inexplicable dialecto que utilizó el supuesto
«militar ruso» que no pudo ser comprendido por el testigo pese a conocer vanos
idiomas. Como tampoco parece comprensible que el piloto se sintiese muy molesto
Til
por el aparente cambio de horas, a no ser que realmente hubiera pilotado su
helicóptero sin rumbo durante un largo tiempo.
Y también es muy reseñable, para nuestro particular estudio y enfoque, que
fuera Lazlo Ujvari el primero en utilizar el ruso. ¿Qué paso realmente? ¿Se trataba de
un prototipo de avión o helicóptero ruso? ¿Un piloto «ruso» despistado que aterrizó
donde pudo en busca de ayuda... o una «broma» de los ocupantes de los platillos
volantes en mitad de la oleada ovni más espectacular ocurrida en Europa?
De nuevo parece que el testigo «influye» de manera incuestionable en su
experiencia de encuentro cercano con la tripulación de un No Identificado.
El «fenómeno desconocido» que se manifiesta ante el testigo utiliza la propia
psique de Ujvari para «recrear» (confeccionar) el encuentro de un «piloto
militar extraviado» y distorsionar la «realidad» ante sus ojos. Hay aspectos

¿.llkiulilli [Link] iwiiiilijl i biii


. ............. 7— •' .......... ”.................................................................................. '

muy sospechosos éüi sú encuentro que delatan esta «manipulación mental» —


x 1IT.
representación teatral por parte de un AE sin identificar— El testigo era un militar
jíj;.

retirado y se enfrentó aun hombre armado en plena nodh ía estarhabituado


L 4i
a la tensión y al peligro —otro testigo, seguramente, no dera i ¡ac< hado de la
misma forma ante la amenazadora presencia de un desconocido armado en plena
, O h. ■■ _ -
madrugada—. Ujvari conocía varios idiomas y pudo entrevistarse tranquilamente
con el piloto en ruso, aunque Lazlo tomó la iniciativa de utilizar este idioma, lo que
> ;|W
K ■':
implica una interacción previa por parte de la mente del testigo. La experiencia
ocurre en un contexto «militar» que hubiera podido estar en el «imaginario» del
exlegionario (proyectado), y que es utilizado (captado y distorsionado) por este
AE para conformar la experiencia, completándola y adornándola con los detalles
aportados por la psique del testigo (enviados inconscientemente), aunque el AE
aportase ciertos elementos comunes a otro tipo de encuentros cercanos con
supuestos seres extraterrestre (ovni forma de platillo, encuentro en mitad de un
camino, luces, etc.). De ahí que, en multitud de experiencias con humanoides,
radicalmente diferentes en aspecto físico, se mantengan de forma inexplicable
los mismos comportamientos (reparación de la nave, inspección del terreno,
deslumbrar a los testigos, aterrizar en mitad de la carretera). Pero sigamos
explorando la vía de la hipótesis de los prototipos terrestres...

¿Un piloto de pruebas de otro mundo?


El 20 de julio de 1965, sobre las 08;3ü horas, Ramón Ei Í0 Pereyra, dentreinta
y ocho años, conducía su furgoneta por El Monte de los i (Villa la Florida), a
'dm! ( ■'•d¡|

18 kilómetros de la Capital Federal; llovía ligeramerife /ó


¡W
unextraño
paracaídas luminoso que descendía del cielo. Detuv ó unos
seiscientos metros en dirección al lugar donde ha descendido el obj
• fe
...... * _
Al llegar al bosque se encontró con un artefacto de forma ovoide, de unos dos
metros de diámetro, con su parte superior conformada por una cúpula
transparente de un material parecido al «plástico». El objeto carecía de alas y hélices
. u - v •• , 1 ■ C J
y no presentaba ni remaches ni juntas. La parte inferior tema apariencia de ser de
" '¡i: , ,
acero, y el testigo observó dos escapes en los costados. El Sr. Pereyra se percato de
que la parte superior del artefacto era la cabina de mando de la aeronave y tenía dos
asientos anatómicos colocados espalda contra espalda, frente a los cuales había
unos tableros con múltiples luces de colores verdes, amarillas y rojas. En uno de los
asientos había un humanoide vestido con un mono ajustado de color gris plomo y
con una capucha en la cabeza. El tripulante pareció no darse cuenta de la presencia
del testigo, que pudo observar detenidamente el aparato, que se sostenía sobre dos
patas. El Sr. Pereyra caminó unos cinco metros hacia el interior del bosque y, a una
distancia de 30 metros de la aeronave, distinguió a otro tripulante vestido de la
misma forma que su compañero, pero con la capucha sobre la espalda. Tenía entre
1,75 y 1,80 metros de altura y estaba parado junto a un árbol mirando hacia el cielo,
mientras en su mano derecha sostenía un papel. De su cuello colgaban unos
prismáticos de gran tamaño, y de su pierna derecha, una cartuchera de aspecto
militar. Llevaba un cinturón con hebilla plateada y botas cortas, posiblemente de
cuero. Era rubio, peinada hacia atrás, Atenía la cara totalmente normal, con rasgos
,,v' j
más fuertes que los comunes. Sin itoqr aparente, el testigo caminó hacia el
humanoide, que se percató de la presencia de Ramón Pereyra, y se dirigió
rápidamente hacia él. Cuando se cruzaron, a unos dos metros de distancia, Pereyra
le preguntó si necesitaban algo, ya que pensaba que su aeronave estaba averiada. El
humanoide no respondió, aunque el testigo intuyó por su cara que podía estar
¡ir 1i ‘1''’'tílljji

enfadado por su presencia en la zona, y se encaminó sin decir palabra hacia el


objeto. Con su mano tocó la cúpula transparente y esta se levanto. Se sentó en el
asiento y la pequeña aeronave hizo un ligero sonido, parecido a una soldadura
autógena, proveniente de las dos toberas de los costados. Se elevó lentamente de
! WttK
forma vertical, mientras las patas se replegaban y se detuvo a unos veinte metros de
altura por encima de las copas de los árboles. Posteriormente, se elevó a gran
velocidad, como un meteoro. Al igual que Oscar Linke, Pereyra sostiene que aquella
aeronave era un ingenio terrestre en prueba, y que, por la apariencia de sus
tripulantes, debían ser rusos. Incluso en entrevistas realizadas recientemente
(2001), ya con 72 años, Ramón Pereyra está convencido de que su encuentro
cercano estuvo protagonizado por una aeronave secreta de procedencia humana.
Según Ramón Eduardo Pereyra, el piloto de aquel artefacto era completamente humano y su

nave parecía algún tipo de prototipo «terrestre». Archivo Carav@ca y Marcos Nicieza.

La ballena metálica que se tragó al «Joñas» ufonauta

El ingeniero electrónico William «Eddie» Laxton, de 56 años, en Temple,

Oklahoma, fue protagonista de un singular y espectacular encuentro con lo

desconocido en plena carretera. Todo comenzó sobre las 5:30 horas de la

madrugada del 23 de marzo de 1966, en un tramo de la autopista 70, entre


... • ■ ; • • ••;., iih" , «MI!;.' ’ SfiHi’' '
(P,r Jjl”’ jjjr ¿ ••
Oklahoma y Texas, cuando el Sr. Laxton conducía rutinariamente en dirección a su
trabajo como profesor en la Base Sheppard de la Fuerza Aérea (V7i chita Falla, iTexas)!.
En un momento determinado el testigo se sorprendió al ver una gran luminosidad
sobre el asfalto y antes de que pudiera aventurar de qué se trataba, frente a su
vehículo, observó una extraña maquina alargada, atravesada en el camino en un
ángulo de 45 grados, que le impedía el paso. El raro artefacto parecía estar
compuesto de aluminio y podría tener unos 22 metros de largo por 2,5 metros de
alto y 3,5 de ancho. En su costado tenía una ventanilla en forma de ojo de buey, se
apoyaba sobre cuatro patas, y en su parte superior se distinguía una antena, de
unos dos metros, doblada hacia atrás. Lo más curioso de la aeronave es que tema
forma de pez, dividido en cuatro secciones iguales. El testigo detuvo su furgoneta a
unos noventa metros de su posición y se aproximó a pie hasta unos cincuenta
metros del objeto. La extrema luminosidad del fenómeno le permitió ver toda la
escena con diáfana claridad. «Había cuatro luces muy brillantes en ambos lados [...]
brillo suficiente para que un hombre pueda leer un periódico a una milla de
distancia», confirmaría el Sr. Laxton posteriormente al periodista Paul Harvey y al
ufólogo Hayden Hewes. Aquella cosa parecía estar iluminada por dentro y «tenía
una burbuja de plástico en la parte delantera, de un metro de diámetro, y se podía
ver la luz a través de él». El testigo comentó que era similar a la carlinga de un avión
B-26. En su parte posterior tenía una estructura horizontal de unos 76 cm de largo,
como una «especie de estabilizador de cola». En el lateral de la aeronave había unos
números y letras pintados en negro de forma vertical y una «ventana oscura
circular». Laxton creyó que se trataba de las iniciales TL y los numero 47 (o 41) y 68.
„ I' a ‘
En la parte inferior del objeto distinguió una compuerta de unos 120 cm de alto y
60 de ancho. La escotilla estaba abierta y sáha una luz blanca de su interior. Pero las
sorpresas iban en aumento: bajo el artefacto, el testigo distinguió uná silueta de una
persona que parecía estar atareada en funciones de reparación de la pintoresca
. Ai . :■
aeronave y que se ayudaba de «algo» parecido a una linterna. El humanoide se
percato de la presencia de Laxton y subió al interior del objeto a través de una
escalerilla corta que había bajo la compuerta.
4 '!* ‘ I’ ■ 1 ( I® :í !

Preguntado por los ufólogos sobre el aspecto del supuesto piloto del ovni, el
ingeniero afirmó que tenía una altura de 1,5 metros y unos ochenta kilos de peso,
lo que le otorgaba cierta robustez. Incluso con una memoria prodigiosa, que según

sus conocidos era asombrosa, el electricista
■ !,l!
se' aventuró
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a
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decir
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que el individuo
podía tener una edad estimada entre 30 o 35 años. Jacques Vallée me contó
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personalmente lo siguiente: «Cuando hablé con Laxton, le pregunté si el piloto


‘t i|h' i;!lj 1 ‘Hi
realmente se veía como un humano normal y él dijo, "yo lo reconocería mañana si
lo viera en el centro de una ciudad"».
William Laxton vio un objeto casi idéntico a los aviones y helicópteros militares que

normalmente observaba en la base aérea donde trabajaba. Archivo Carav@ca.

Laxton dijo que el humanoide: «Vestía un traje de dos piezas de color verde

como un uniforme militar, con una gorra. Creo que tenía tres franjas por encima y

tres por debajo de su manga (como los galones de un sargento mayor). Las bandas

estaban en un arco y por debajo de las rayas se encuentran en una V de forma más

amplia».
Cuando la puerta se cerró, el sonido que produjo file golpeando
metal»; instantes después, Laxton escui > a un taladro
funcionando a gran velocidad, y en ese «ballena» metálica se
elevó del suelo a unos 15,5 metros de alto y desapareció a gran velocidad, a unos
setecientos kilómetros por hora, hacia el o Rojo. Cuando la máquina despegó,
Laxton sintió electricidad estática en el aíre, «el pelo en la parte posterior del cuello
y mis manos se erizaron».
ír1
Tras la partida del extraño «pez» metálico, con el tripulante en su vientre, el
testigo condujo durante algo más de kilómetro y medio hasta que se encontró con
un camión cisterna estacionado al lado de la carretera. Su conductor, Anderson
C.W., de Snyder, Oklahoma, le aseguró haber visto a través del espejo retrovisor una
luz en dirección al citado río. Curiosamente, mientras duró la experiencia, ningún
vehículo transitó por la carretera, teniendo en cuenta que el tamaño de la aeronave
impedía la circulación por aquel tramo y que cualquier coche que hubiera circulado
por la zona tendría que haberse detenido obligatoriamente.
Días después, tras conocerse su experiencia a través del periódico local, fue
entrevistado por científicos de la Universidad Northwestern, del Instituto de Física
Atmosférica y de la propia Fuerza Aérea de los [Link]. «Fui entrevistado por 25
o 30 personas, [...] hubo generales, mayores, capitanes, sargentos, secretarios y
taquígrafos. Me hicieron hacer dibujos del objeto y decir todo lo que sabía acerca de
él. Todo era unilateral. Preguntaban y yo contestaba». El electricista confesó a los
investigadores que los mandos de la USAF estaban muy molestos de que hubiera
acudido a la prensa antes que a ellos para hablar del incidente.
í.'LL-
r 11| * ’

•TU . .. iih’lV.v. iíi/lH.íi -dtfuukl. 111 .llAiÜ. T


Tras presentar un completo infortfíe en la propia base dandetrabajaba dando
clases, un coronel, acompañado de varios oficiales, lipidió que los condujera al
lugar exacto del avistamiento. «Estuvimos minutos. Respondí
a más preguntas mientras que varios hombres registraron la zqna. Me dio la
impresión de que sabían lo que estaban haciendo». «Anotaremos quee usted vio un
MffiE ' hp Í,¡::
helicóptero», le dijo tajantemente uno de los oficiales. Aunque posteriormente la
'SPi1 '
- * W -> '• i ilrt'
USAF comunico que «se estableció contacto con diversas organizaciones en torno a
■ ' ’|r¡l|lÍÍi • :;;!T i
la zona de Temple para identificar una posible experimentación o posibles aviones
convencionales. Todos los intentos en ese sentido resultaron infructuosos ya que
no había ningún avión en la zona en el momento del avistamiento. Aunque hay
numerosos helicópteros y otros aviones experimentales en la zona, no los había en
la fecha del 23 de marzo de 1966». Y para mayor curiosidad, en el listado oficial
elaborado por el proyecto Blue Book el caso está registrado oficialmente como:
«DESCONOCIDO».
Leemos un resumen del mismo redactado por oficiales de la USAF que solo
difería en algunas medidas de lo narrado a los reporteros e investigadores civiles:

23 de marzo de 1966. Temple, Oklahoma. 5:05 mañana. El instructor... Eddie


Laxton de la Sheppard AFB, cuando conducía W en los E.E.U.U. Autopista
70, se encontró el camino bloqueado por un avión en forma de pez aterri­
zado en el camino, cerca de 23 metros de largo, casi 25 metros de alto, 3 5
metros de ancho, con una burbuja del plexiglás en su parte superior, con
luces brillantes adelante y en popa. Laxton paró su coche a unos 91 metros
del artefacto. Caminó hacia el objeto hasta unos 15,5 metros de distancia,
observando unas letras a su lado ¿TLA138? o TLA738? o ¿TL 4768?. Él vio a
un ¿hombre? con un sombrero de béisbol, que subía al objeto por una escala,
...... !
después inmediatamente el objetó emitió un sonido parecido a un silbido o
a un taladró y se dirigió al SE aproximadamente a 700 mpb [1100 km por
hora] Ningún rastro del aterrizaje. Laxton encontró otro testigo C. W. Ander-
... ■'•w;
son a una milla.
4>U. .'V., ■■■ •
Es probable que William Laxton se aproximara al artefacto hasta una
distancia próxima a los quince metros señalados por los encuestadores oficiales,
de lo contrario es difícil de concebir que el testigo, a cincuenta metros, tal y
.
como señalan los diferentes ufólogos que han escrito sobre el incidente, pudiera
. .
,. . , , „ , "U'IIV . .. Bm- ." '•'••!>_ ...... . „
distinguir tantos y tan claros detalles de la aeronave y su tripulante, del que llego
’hV.'í’Í í... . 1»..
a ver incluso las bandas que tenía en el «traje» a modo de «galones». También es
reseñable como el objeto, tras elevarse, partiese a una gran velocidad estimada en
más de mil kilómetros por hora. Dicho detalle es sustancial, ya que dicha celeridad
en su alejamiento descartaría que se tratara de un prototipo de gran helicóptero de
transporte en fase de experimentación o que se tratara de algún tipo de dirigible.

Un extraño precedente

Un año antes se produjo un caso muy similar. Ocurrió en la ciudad de Poast

(Ohio) el 4 de octubre de 1965, cuando sobre las 18:45 horas, la señora Helen

Tucker y tres muchachas, mientras circulaban en su vehículo por los alrededores

de la ciudad, observaron un objeto brillante en el cielo, un objeto de color rojo

y blanco intermitente que desprendía unas chispas de color apagado. Desde el

automóvil, la señora Tucker vio como el ovni aterrizaba más allá de Carmody Blvd.,
en la depresión del río. Posteriormente, el extraño ovni despegó verticalmente en
dirección al aeropuerto y su aspecto luminoso recordó a la testigo «al de un árbol de
1 ’ hriíii ■
navidad».

La descripción más detallada de la aeronave se produjo en esos momentos,


cuando se presentó ante los testigos como un objeto de color rojo «como el hierro
■! ■ ■ ' ‘Jillkl;, , _ _
fundido», con alas iluminadas que sobresalían del fuselaje y una bóveda, a modo
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de carlinga trasparente, en su parte superior. «Funcionaba como un helicóptero,
sin embargo poseía gran velocidad», apuntó la testigo. El sargento David Moody,
, , , ■ , , , . , 3
de la Base de Wnght Patterson, no logro identificar la aeronave observada por
..........................! , !| ¡i
las mujeres, aunque descubrió otro testimonio del mismo día protagonizado por
un piloto. La jefatura de policía confirmó la existencia de otras personas que
habían denunciado la presencia de una extraña luz en el cielo. Preguntado por la
prensa local sobre las pesquisas oficiales sobre ovnis en el país, el militar indicó
que en el año 1965 la USAF había recopilado setecientos informes, de los cuales
quince permanecían inidentificables. Por cierto, los oficiales del Blue Book que
l,!i jü|í ‘"l "¡■''¡i1 “i- ,|
investigaron este particular incidente extraviaron los informes.

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Las «Naciones Unidas» del espacio

Ocho años antes del avistamiento de William Laxton, en noviembre de 1957, se


ni-1 iv'i 1 tl’> a*
produjo un interesante caso que guarda algunas similitudes con el reportado por el
. 1
ingeniero electrónico. De nuevo, encontramos la descripción de un ovni luminoso

en mitad de la carretera y la observación de letras y números en el fuselaje. Nuestro

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din.. bVní i ‘‘iImIíIi Ikh.l iLWlüii ..'ihlilll 1..M1U1 H l/.’l •-lüWk
protagonista, Haskell Raper, conducía tranquilamente hacíais*! casa durante una
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noche lluviosa cuando frente a él divisó uña luz sobre la carretera que pensó que
podría tratarse de un camión cruzado en el camino. De repente, de aquella «cosa»
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surgió un potente haz de luz que detuvo bruscamente el coche del testigo a unos
•i
cinco metros de la escena. Entonces Haskell comprobó que aquello no era un
, hÓ1 ,. ,
camión: se trataba de un objeto ovalado de color verde, como un vehículo militar,
de unos cinco metros de largo por tres de ancho. Para mayor sorpresa del testigo,
el artefacto tenía en el fuselaje inscritas las letras u y ene seguidas de algunos
números que no pudo recordar. Entusiasmado estaba el bueno de Raper observando
|
la escena cuando una intensa ola de calor llegó procedente del objeto y el coche
comenzó a arder con rapidez. Presa del pánico, salió despavorido mientras su Ford
de 1956 era pasto de las llamas. En ese momento el ovni se elevó emitiendo un
sonido parecido al de un motor diesel. Haskell Raper corrió más de dos kilómetros
hasta que llegó a la ciudad para relatar su traumática experiencia. El único vestigio
que hallaron de la misma fue su coche calcinado en mitad de la carretera.

Pocos sucesos como el vivido por el Sr. Laxton ponen de manifiesto la

extraordinaria capacidad que posee el fenómeno ovni para recrear y «poner en

escena» una mezcolanza de símbolos perfectamente identificables y, sobre todo,

asimilables por el testigo dentro de un contexto anómalo. Desde la indumentaria

militar del ocupante del artefacto, gorra incluida y galones, pasando por las

siglas y números divisados en el lateral del ovni (que serían una distorsión

de la palabra USAF), que para mayor similitud con las aeronaves militares se
. . ' A t .', ■
encontraba formada por la unión de diferentes secciones. Todos estos elementos
eran extremadamente familiares para el testigo, acostumbrado a trabajar en un
entorno militar. Incluso la labor de inspección dé la aeronave perpetrada por el
misterioso piloto «enmascara» una operación muy humana de «reparación» de
avería en carretera linterna en mano. Keel en su libro OVNI: Operación Caballo
de Troya confirmaba este hecho: «Estos objetos escogen con mayor frecuencia
aparecer en formas que pueden ser fácilmente aceptadas y explicadas a nuestra
propia satisfacaon».
No deja de ser curioso que el amplio conocimiento del testigo sobre enseres
y aeronaves militares se halle representado en su experiencia de una manera tan
diáfana, como si su propia «imaginación» hubiera contribuido en la elaboración del
insólito encuentro añadiendo estos particulares elementos castrenses. Tampoco
debe olvidarse que la experiencia parece transcurrir en una «porción» de realidad
alejada de la cotidianidad, ya que durante la inspección de Laxton ningún otro
vehículo interrumpió su labor, como si una «burbuja invisible» hubiera arrancado
toda la escena de nuestro espacio y tiempo otorgándole un aire onírico y propio de
manifestaciones místicas.
LA VICTORIA

EL IMAGINARIO»

' .. W...
Estos casos demuestran que el fenómeno o sea el AE, utiliza los recursos
inconscientes del testigo para conformar la experiencia y representar el encuentro
cercano de determinada forma, en relación clara y evidente con la capacidad
«creativa» del observador, aunque bajo supervisión y control del AE. La opción
«extraterrestre» germinó por encima de las demás propuestas en el ideario
humano, aunque esto no puede impedir que sigamos acopiando casos que
deambulen por esta fina frontera. Por tanto, no estaríamos ante un inteligente y
manipulador «sistema de control» que determina su aspecto externo en función
de la época en la que se manifiesta al ser humano, como defienden algunos
investigadores que ocurrió durante la interesante oleada Air-Ship (1896/1897),
sino que, simplemente, nos hallamos ante un «fenómeno» que puede comunicarse
•i, ’j|i| i ,<!|( tu f«|íi itUgiaMb
con la psique de los testigos y, en función de un determinado concepto (visitación
extraterrestre, aparición mariana, criatura criptozoológica, etc.), es capaz de
recrear (adecuar) una escena y ponerla en funcionamiento en una compleja
proyección holográfica que puede tener consistencia física, como si se tratara de
una representación teatral con ligeros toques oníricos.
I

Es muy factible que el contenido de los encuentros cercanos (tipo de platillo


volador, aspecto de los tripulantes, comportamiento de los humaiíoides) no esté
premeditado con antelación antes de producirse el contacto entre el testigo y el
■ - ■ < .'¡i, ’ i
AE. El desarrollo de La experiencia se «improvisa» en función de la creatividad del

observador, minuto a minuto, siendo el esquema de la vivencia variable y relativa a
. ... . „ . .„ .. ' . „ . . -lili TÍ ■ ' ..... «a
la reacción inconsciente del testigo. Y, por tanto, bajo esta premisa es muy posible
¡I .

que la fuerte carga iconográfica y mitológica de una posible naturaleza alienígena


.¡|, jP ’’¡i' lililí!

del fenómeno, auspiciada por los medios de comunicación, los investigadores y el


cine, venció a la «posibilidad» de que se tratase de prototipos secretos soviéticos.
John Keel llego a unas conclusiones similares cuando expuso, en una entrevista
-lilh
concedida a Glenn McWane y David Grahamy publicada en The new ufo sightings
[Link]||| 4 W'¡ .. :,i< ■
(1973), lo siguiente:

Lo que hemos tenido en los últimos veinticinco años es un gran movimiento


de propaganda diseñado para crear un completo marco de referencia para
estas manifestaciones. Un marco de referencia que podría usarse para
ocultar y ocultar lo que realmente está sucediendo. Si no hubiera sido por
un puñado relativamente pequeño de entusiastas en los extraterrestres, el
concepto de ovnis del espacio exterior no se habría extendido y las inteli­
gencias detrás de los ovnis tendrían que haber encontrado algo más. Pero la
propaganda sobre las visitas del espacio exterior se hizo muy popular y tene­
mos millones de personas que aceptan a los visitantes extraterrestres como
la explicación de las luces que se están viendo en el cielo. Estas luces ovnis
están apareciendo simultáneamente en miles de lugares en todo el país. Si
fuera realmente una invasión desde el espacio exterior, ¡sería enorme!
Aunque estos ejemplos son ilustrativos dé lo que la TD puede aportar al
esclarecimiento del fenómeno oynii-en;’^ Capitulo vamos a confrontar
■‘ «A'[Link]- . ' «/r > X* > * • «
LAS EVIDENCIAS DE
LA DISTORSIÓN
’M'i*
LAS CLAVES SOTERRADAS

•v*'' iltil v *•
Los interrogantes que se plantean alrededor de los encuentros cercanos con
ovnis son innumerables, como hemos visto. Muy lejos de presentarse como un
fenómeno homogéneo, coherente y cuantificable, las experiencias de proximidad
con los tripulantes de los No Identificados nos acercan hacia un universo efímero y
, ''lili1'
etéreo, donde las barreras de nuestra realidad parecen desvanecerse por completo,
.■üiijiiyiih .
indicando, entre otras cosas, que nos enfrentamos a un paradigma mucho más
complejo que la posibilidad, simplista, que plantea la HET. Como se ha señalado
repetidas veces a lo largo del libro, una de las mayores rarezas que presenta
el análisis profundo de la enorme casuística ufológica recopilada en las últimas
décadas la encontramos personificada en la variopinta y casi infinita tipología de
humanoides observados en los alrededores de los platillos volantes. A nadie se le
escapa que resulta imposible, según la estadística, y sensatamente incomprensible
que seamos visitados por una amalgama tan amplia de seres extraterrestres, en
la que cualquier rasgo físico que el lector pueda imaginar ha sido observado
«incrustado» en la fisionomía de los supuestos tripulantes de un No Identificado. Y
es que, en cuanto al tamaño, por ejemplo, los encontrábamos de todas las medidas
posibles, desde apenas unos centímetros hasta varios metros de altura. De la misma
manera, sus facciones contemplaban todas las modificaciones concebibles por un
escritor de ciencia ficción: con uno o dos ojos, grandes o pequeños, con o sin nariz,
con nariz puntiaguda o achatada, con cabellera o totalmente calvos... Y con sus
extremidades ocurre lo mismo: han sido vistos «extraterrestre.';» con brazos largos
y delgados, cortos y gruesos, sin dedos, con diferentes números de dedos y con
garras o pinzas en vez de manos. ¡. ...
No obstante, en casi todos los casos, al unísono, obedeciendo unos
■j y.. y '.ljij"’' ...... .... , ,,
esquemas internos cifrados, los humanoides muestran unos comportamientos
muy similares, como si realmente lo único que variara o se modificara en las
experiencias de proximidad con los ovnis fueran los «supérfluos» elementos
externos que la componen, o sea, el aspecto de los tripulantes y su artefacto
volador, y nunca la raíz interna del fenómeno. Si estamos en lo cierto, nada
de lo visualizado en los encuentros cercanos es desconocido por completo
; •líyíjki’ - • *
por el propio observador. Pero al encontrarse «frente a frente» con imágenes
contenidas en su inconsciente, pero «representadas» de forma «distorsionada»
en un proceso creativo muy similar al onírico, donde lo abstracto puede ocultar
un lenguaje de imágenes y sensaciones, y dirigidas por este AE, el testigo es
incapaz de identificarlas como suyas, sobre todo por desconocer estos mecanismos
de ejecución y pensar que se halla ante un fenómeno externo de procedencia
desconocida y ajeno, en existencia, a su presencia o interacción como observador.
Por ello, las «fuentes» culturales con mayor carga iconográfica (aportadas por
la televisión, el cine, la literatura, el comic, etc.) deberían ser las que mayor
información visual han aportado a los eventuales testigos ovnis. Por tanto, si
los planteamientos que se han sugerido en el presente libro son los responsables
de los llamados encuentros cercanos con ovnis, deberíamos hallar en la extensa
bibliografía ufológica la presencia indefectible de esta influencia cultural (aunque
no sería las única, mayoritaria), en la gestación de muchos encuentros
cercanos. Pero sobre todo será interesante comprobar si los detalles más exclusivos
de cada experiencia, o sea, esos elementos que no volvemos a encontrar nunca
repetidos en otro episodio ovni y que delatan con mayor fuerza la «intromisión»
personal del observador en la creación de la experien» rastreábles y
detectables en la psique de los testigos.
En este capítulo el lector podrá poner a prueba todos los argumentos
esgrimidos por la TD.
Veamos si esto es posible...
T” ' ......

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1 • ><l ’lil.* * li -I >,llll

CASO NÚMERO 1: .
«Houston tenemos un problema»

El 12 de marzo de 1981 la 'vida iba a cambiar bruscamente para Juan González


Santos, a sus 42 años de edad. No podía imaginar este afable funcionario gaditano
que aquella mañana iba a encontrase de bruces con unos «curiosos y nada sociables
astronautas americanos». Sobre las diez y cuarenta minutos conducía su furgoneta
Ebro por la nacional 340 en dirección a Pelayo, una barriada situada a las afueras de
Algeciras (Cádiz), cuando vio a un lado de la carretera un «llamativo» resplandor
que llamó su atención. En un principio pensó que eran las luces de una ambulancia
‘‘¿■''i ■

y que se había producido un accidente de tráfico al margen de la calzada, aunque


bien entrado en el campo. A escasos metros del supuesto incidente se hallaban unos
repetidores utilizados por radio y televisión. Nuestro protagonista detuvo su
vehículo movido por la curiosidad, y al ir acercándose a pie a la escena comprobó
que aquello no era producto de un percance como había imaginado. Frente a él, a
menos de veinticinco metros de distancia, protegido de la carretera por una hilera
de eucaliptos, se hallaba un objeto resplandeciente, en forma de cúpula, de unos
cuatro metros de diámetro y dos de altura, (aunque con las patas podía medir casi
cuatro metros), y con cinco ventanas circulares en su parte delantera, siendo mayor
la del centro (50 cm aprox.), que parecía girar en el sentido contrario de las agujas
del reloj. El intrépido algecireño anduvo en dirección al extraño artefacto y por el
camino pensó que tal vez podría tratarse de un módulo espacial aniericano con
' I' i •<

problemas, y, ni corto ni perezoso, decidió que podría saludar á los astronautas.


«Que noticia para contar en el pueblo —seguía cavilando—\ un encuentro con el
mismísimo Apolo XI y sus tripulantes». Sin embargo, a pocos metros del objeto, se
serenó un poco y decidió contemplarlo detenidamente, parapetado tras un
•, . .. ¿¡¡s j i* • '-íf '¡(¡i
pequeño múrete de piedras. «El cacharro [comentó Juan González al añorado
% 1 A
investigador Gómez Serrano en una de las primeras entrevistas que le concedió] se
«'V '
apoyaba en unos soportes que parecían metálicos y telescópicos de mayor a menor
i:i!| t
rematando estos en unos pies o base en forma de cuenco. Todo ello —prosigue el
testigo— era perfectamente visible desde donde yo me encontraba, que sería a unos
quince o veinte metros del objeto ese posado en tierra. El color de este era gris
metalizado como el aluminio bruñido. Aquel cacharro no tema junturas ni tornillos
o cualquier otra cosa que me fuera familiar. Aquello era un todo. Se veía compacto y
sólido, era increíble, allí en mitad del campo y a plena luz del día».
I
Ovni observado por Juan González Santos. Archivo Gómez Serrano. Archivo Gómez Serrano.

«En el costado —continua con su relato— izquierdo se observaba un escudo o

emblema de color negro, aunque no puedo acordarme qué podía representar. Lo

único que sé es que jamás había visto cosa igual en algún otro cacharro o vehículo

que se le parecieran (el símbolo tiene semejanza con una cruz garuada achatada)».
•w : i.. : l(;;: pi|¡¡sr
.’ 'l¡* *.• 'i : ' .

.lili*1
.■ . ’11 . '
A través de las ventanillas, nuestro testigo se percató de la existencia de varios seres
'..... "" ■ r 7' '/ .i'1

en el interior de la nave:
Solo podía verlos del pecho para arriba ya q nillas tapaban el
resto del cuerpo, por lo que no pude verles las bre la cabeza les
veía yo que llevaban un casco ajustado a la cido al que usan los
submarinistas, y lo más curioso de todo ello, era que por la parte de la cara
tenían como un cristal transparente pero amoldado al rostro y destacando
"'lii1’’-' ‘I z

los rasgos de estos... El traje era de color marrón. [...] Intente saltar la tapia
de piedras y alambres de espinos allí existente que, como usted sabe, sirven
para separar las lindes y parcelaciones del campo, cuando de pronto de una
de las antenas laterales de esta máquina salió una «yampá» de luz [se refiere
a un haz de luz de apariencia solida] que me hizo detenerme en contra de mi
voluntad. Intenté repetir la operación [el amigo Juan González no se achanta
fácilmente] y de la otra antena salió otra «yampá» de luz que me hizo llorar,
lagrimeándome mucho los ojos, y ver lucecitas de colores por todas partes
además de producirme un fuerte dolor en la parte central de mi frente. Pero
lo más extraño —continua Juan— era que no podía moverme para ningún
sitio (se repite de nuevo la paralización), aunque los brazos yo los movía. De
manera que me quedé quieto porque me parecía que los sujetos que yo veía
dentro de aquella máquina no querían que me acercara.

Los «americanos», cuatro o cinco, según Juan González, parecían conversar


entre ellos mientras no dejaban de mirarle. El humanoide que se hallaba en el
centro, justo en la ventanilla de mayor tamaño, fue el sujeto que mejor observó
nuestro testigo, pues en todo momento estuvo frente a él; parecía llevar unas
«orejeras parecidas a unos auriculares». Aunque parezca inaudito, nuestro testigo
no pensó en aquellos momentos que se hallaba ante algo extrahumano. Tras
unos quince ó veinte minutos de observación, las patas y la escalerilla central se
4 '• dllllí/ 'lL ' lüí li
replegaron y el objeto, tras unos instantes estático én el aíre, comenzó a elevarse:
«El cacharro aquel era totalmente silencioso pues estuve frente a él unos doce
minutos y no escuche nada de ruidos. Sin embargo, añade, Cuando el objeto empezó
a trepidar (en el momento del despegue) con movimientos ondulantes, parecía que
emitiera un silbido, como de aire comprimido, acompañado de una fuerte manga
•.y ■
de aire absorbente que dejo un fuerte olor como a electricidad quemada (¿ozono?)
•.iC: ■ '•
que no sabna explicar muy bien». Juan González añadió un detalle muy importante
•i <íl'r
que me corroboró en una entrevista personal que mantuve con él a mediados de
los años noventa: «Durante el tiempo que estuve junto a la empalizada no escuche
ningún ruido. Ni del artefacto aquel, ni de los coches circulando por la carretera
general 340. A pesar de tener la carretera a unos treinta metros, no escuche ningún
ruido, pero tampoco vi pasar coche alguno, ni para Algeciras, ni para Tarifa. Aquello
sí que era extraño. El silencio que yo notaba era impresionante. No se movían ni
las ramas de los árboles ni las hojas tampoco». Este dato hay que tenerlo muy en
cuenta, ya que la carretera general Cádiz-Algeciras es de las más transitadas de la
comarca. Gómez Serrano mostró al testigo gran cantidad de fotografías y dibujos de
ovnis para que éste intentara identificar el objeto que observó.
Gómez Serrano y J.J. Benítez encontraron tres huellas en el terreno, y en su
interior había algunas hojas doblabas que presentaban, aparentemente, la forma de
la base redondeada de las patas.
Como vemos, este incidente cumple a la perfección el estereotipo de los

encuentros cercanos y en él, hallamos muchos de los elementos puestos en


funcionamiento por el fenómeno ovni:

1. Aterrizaje de un Artefacto.

2. Visión de humanoides.

3. Descripción de fenómenos inusuales asociados a la observación del objeto:


campana de silencio y aislamiento del entorno (carretera sin circulación).

4. Detalle exclusivo en forma de símbolo parecido a una esvástica.

5. Huellas sobre el terreno.


Él ovni observado poíJuan Gorl?ález Santos es una clara «distorsión» deí
módulo lunar Eagle. Semanas antes de su encuentro había visto un amplio
documental en televisión. Archivo Carav(fi)ca.

Los rastros de la Distorsión: Siguiendo las premisas analíticas de TD, podemos


rastrear el contenido inconsciente que el AE encontró en la psique del testigo para
elaborar y construir su experiencia. El propio protagonista de esta historia aseguró
al autor del presente libro que, semanas antes de su encuentro, había visto un
documental en televisión sobre la llegada del hombre a la Luna. De hecho, no hay
que olvidar que Juan González Santos identificó en un primer momento el objeto
como una aeronave estadounidense. Y, casualmente, todos los elementos descritos
en el ovni parecen coincidir con los del módulo espacial de la NASA Eagle. Incluso la
forma de «cuenco» de la base de las patas del artefacto parece ser una «distorsión»
de las «patas» del módulo de la NASA.
Pero hay más. Juan González Santos destacó que el ovni tenía en su parte
superior dos protuberancias que lanzaban destellos muy parecidos a las luces de
emergencia de una ambulancia. Curiosamente, el testigo era voluntario en la Cruz
Roja y frecuentemente ayudaba en tareas de auxilio y apoyo al cuerpo de bomberos,
policía y ambulancias de su localidad. Por tanto, estaba más que habituado a
presenciar este tipo de dispositivos luminosos. Además, Santos aseguró que los
humanoides iban enfundados en un traje que les cubría incluso la cabeza, en los
que destacaban unas protuberancias que parecían «auriculares». Todo igual que los
trajes espaciales de los astronautas norteamericanos.
Pero quizás el detalle más llamativo de toda la experiencia sea el misterioso
símbolo observado en el fuselaje del objeto. Lo que denominábamos como él
«referente personal», o sea, un elemento exclusivo e irrepetible en otro evento ovni,
que sería más fácil de detectar en el inconsciente del testigo. ¿Sería esto posible en
este caso? Pues sí. El testigo era un gran aficionado a la Segunda Guerra Mundial, y
concretamente al bando nazi, por lo que no sería muy extraño que tuviera presente,
en el momento de su experiencia, el símbolo más representativo de dicho conflicto:
la esvástica.
Tampoco es nada extraño que el módulo espacial norteamericano aparezca en
su experiencia, ya que es, sin duda, un potente icono de los viajes espaciales. De
hecho, muchos ovnis tienen evidentes semejanzas con el módulo espacial. Incluso,
como apuntábamos anteriormente, podemos encontrar «fallos» en la distorsión
que no terminaron de enmascarar a la aeronave terrestre. Aunque, a fuerza de
ser sincero, no hubiera esperado jamás una confirmación de esta índole para mis
planteamientos. En la entrevista ofrecida a Glenn McWane y David Graham, John
Keel narraba un extraño episodio ovni que el mismo se resistió a publicar: «Hace
unos años hablé con dos jóvenes que habían visto un objeto en un campo que
se parecía exactamente a uno de nuestros módulos espaciales y tenía impresa las
siglas de «Fuerza Aérea de [Link].» en los costados. Pero, por supuesto, uno de
nuestros módulos espaciales no va a estar sobrevolando un campo de Nueva Jersey.
Nunca escribí sobre esto, porque incluso los aficionados a los ovnis no lo creerían».
Esto suscita una interrogante de vital importancia. ¿Cuántos casos ovnis no habrán
trascendido al gran público porque contenían aspectos demasiados terrestres?
Ovnis en forma de avión, helicóptero, o camión. Y es que es muy probable que
en muchas ocasiones el AE no consiga totalmente sus objetivos y los elementos
a distorsionar mantengan casi su estructura original, lo que consigue que estos
testimonios sean tomados por engaños o delirios.

El tren de aterrizaje del objeto era muy similar al del modulo Eagle. Archivo Carav@ca.
:-i /|iínirT’

■ ■ irK.
'i u:1.
CASO NÚMERO 2:
Un ejército alienígena en una finca sevillana
,p- Uisl ’,

Una noche de septiembre de 1971, Juan Rodríguez Domín años.


vigilaba una finca de melones, propiedad de un teniente general de infantería,
■ • ■! 'I! ' :i
llamada «Los Lunarejos» en Aznalcóllar (Sevilla). Sobre las 22:00 horas, Juan llegó
muy nervioso y asustado al pueblo contando que «algo» muy grande, parecido a un
autobús luminoso, había aterrizado en el campo y que había visto descender a unos
I:
misteriosos humanoides. En el libro 100000 kilómetros tras los ovnis (1978), de JJ.
Benítez, Juan Rodríguez afirmaba que: «Aquello se "aposó” como a 200 metros, no
más de un servidor. Antes de que diera un solo paso vi salir del “viajero” (como
se referían en el pueblo al autobús), en fila, como en los colegios, entre 50 y 60
hombrecitos». Los humanoides eran de pequeña estatura y estaban uniformados
con un traje de color azul. Tenían «viseras» o «algo» que les cubría la cara.
Avanzaban en perfecta formación, en dos filas, como un pequeño ejército. Iban en
dirección a un pozo artesiano. El testigo se percató que cinco o seis humanoides
quedaron vigilando junto al artefacto. Entonces aquellos seres le alumbraron varias
veces con un foco. El testigo huyó.
Los rastros de la Distorsión: En este incidente hallamos varias pistas que nos
pueden ayudar a reinterpretar esta experiencia bajo la lupa de la TD. En primer
lugar, el evidente trasfondo «militar» incrustado en el incidente debía tener un
claro origen. De hecho, el testigo trabajaba para un militar y en su relato hacía
, p • - II 1' •• ' • •” •
constantes referencias al estamento castrense, incluyendo que en un principio
pensó que aquello podría ser una operación militar para dar un gólpe de estado
en España. De ahí que los humanoides se comportaran y vistieran como soldados.
Además, en el propio relato de Juan podemos encontrar la posible «fuente» psíquica
para elaborar toda la escena de los cincuenta «soldados»: el testigo se refiere a un
i' H' ■■ * ti* '■
autobús que ve con frecuencia en el pueblo. No deja de ser sospechoso para nuestro
i:-,]!.. , [Link]'
estudio que el objeto tuviese dos puertas como un autobús y que los humanoides
r .
bajasen «en fila, como en los colegios», según las propias palabras del guarda.
Aquí queda patente que el AE, cuando conectó con la mente del testigo, obtuvo
los detalles del autobús y algunos datos generales
I’ * ■ !l!
sobre militares, y que la propia
«creatividad onírica» del testigo, ante el inminente aterrizaje de un objeto de forma
alargada, comenzó a «elaborar» de forma inconsciente la construcción mental de su
•■■■; i: ,||4lili!1 li:
experiencia. De esta forma, el aporte principal del guarda es que el artefacto volador
! ;»|U 1 1 “;i iS?
estaba tripulado por un ejército de extraños••''"I
humanoides,
>■ _ .i,,
que incluso descienden
en perfecta formación castrense en labores de inspección. Y, para culminar la
vivencia, el AE incluye el omnipresente «detalle» del «arma de luz» disuasoria.
CASO NUMERO 3:
Buzos y rayos pa¡j&Í2;aiités

El 15 de mayo de 1955, en Dinan (Francia), sobre las 00:15 horas, el Sr. Droguet,
. a su 4
regresaba - r en la universidad, cuando, al entrar en el, patio,
domicilio t. un rayo

de luz azul verdosa le impacto en la cara. Entonces observó un enorme platillo de


. iQtau
doce metros de diámetro. Droguet vio dos seres con un traje de buzo de color gns
metalizado, parecidos al muñeco de Michelin. Teman un casco muy grueso, guantes
y una pequeña caja negra en el vientre. Uno de los humanoides recogía «piedras»
del camino de grava, mientras su compañero inspeccionaba los alrededores.
Droguet dijo que en el interior había quizás un tercer tripulante que le vigilaba con
el «proyector de luz». Entonces los dos humanoides se introdujeron en el artefacto
por un agujero negro central. En completo silencio, el ovni se elevó y desapareció.
Los rastros de la Distorsión: En este suceso comprobamos las semejanzas con el
caso español ocurrido en Sevilla. Tenemos un desembarco de extraterrestres para
inspeccionar el terreno y un tercero que queda en la nave para «vigilar» con la luz
«paralizante». En ambos casos acreditamos que, aunque el AE aporta un esqueleto
común (aterrizaje ovni, inspección de terreno y luces paralizantes), es el testigo los
utiliza y los desarrolla con su propia creatividad onírica, otorgándoles una pátina de
•Ib •
exclusividad. Por ejemplo, Juan Rodríguez imprimió a su encuentro el «contenido»
militar, incorporando un «batallón» de pequeños humanoides y un aspecto de
autobús al platillo volador. Por su parte, Droguet, observó a unos humanoides
parecidos al famoso Bíbendum, el muñeco Michelin de la firma francesa de
” |l /• ’ [i?'- -¿ * - .. ..
neumáticos, una imagen que estaría muy presente en el inconsciente de cualquier
galo. Y aquí encontramos un referente cultural importante: numerosos tripulantes
de los ovnis han presentado un aspecto muy parecido al muñeco de Michelin, y
muchos de estos casos han ocurrido en territorio galo.

.til:

• 1)1.

II.
,rtó.

<
EL testigo vio un humanoide idéntico al famoso Bibendum. Y( como en tantos
■ ■ '■

otros casos, por enésima vez. Los «extraterrestres» aparecen tomando muestras
.I|« '1 ■ ,1 "
r ! •i
del terreno ¿Cuantas veces necesitan hacerlo? Archivo Carav@ca.

II
CASO NUMERO 4:
Encuentro desconcertante en Brasil

El 2 de octubre de 1968, en la ciudad de Lins (Brasil), Toribio Pereira, de 41 años,


trabajaba con su tractor, cuando, sobre las 06:00 horas de la mañana, observó un
extraño artefacto que flotaba a poca distancia del suelo. Pereira dijo que tenía forma
oval, color dorado y una cúpula transparente. En ese momento, descubrió que había
cuatro seres, de 1,60 metros de altura, de apariencia humana. Los humanoides eran
casi idénticos, muy bellos y con rostros parecidos a los de los niños. Vestían una
túnica azul con una «especie de falda roja» y calzaban sandalias marrones con tiras
enrolladas hasta casi la rodilla. Uno de los humanoides estaba dentro del objeto y
portaba una especie de «taladro eléctrico» que parecía algún tipo de arma. El resto
de los seres estaba examinando los alrededores de la aeronave y uno de ellos cavaba
en el suelo con una «pala de plata». El tripulante que vigilaba al testigo le «disparó»
una bola luminosa que le impactó en el estómago. El testigo sintió un agudo dolor
en el vientre que le paralizó por completo. Los seres retornaron al artefacto, que
desapareció velozmente.
Sin duda, un piloto poco usual para una nave espacial y más idóneo

para el carnaval brasileño. Archivo Carav@ca.

Los rastros de la Distorsión: Aunque la apariencia de los humanoides es


radicalmente distinta a las anotadas en anteriores incidentes, evidenciamos con
asombro como el hilo conductor principal de la trama (el esqueleto) sigue teniendo
presente los mismos «componente»: aterrizaje, inspección del terreno y utilización
de «rayos paralizantes». Sin duda* la absurda vestimenta de los tripulantes,
incluyendo las «sandalias romanas», obedece a un aporte personalísimo «añadido»
por la psique del testigo. La composición de dicha indumentaria (túnica, falda
y sandalias) es relativamente frecuente en los disfraces del popular carnaval
• ’ ", • V " -U ■■' ‘'Vi/..sj.t• •
brasileño. No puede existir un detalle más incongruente en un supuesto encuentro
con seres extraterrestres que los ocupantes vayan calzados de una manera tan
- • . ".. - „ li"r,,/
desatinada y nada futurista. Este particular detalle absurdo, que causaría dolor
cabeza al más versado en cuestiones ufológicas, no deja de ser un mero aspecto
circunstancial de la experiencia, resultado de la interacción de la mente humana
en la «construcción» de toda la escena. Por otra parte, el detalle de la pala, asi como
I--, '• .... ,11!;

el estudio de los alrededores, es un claro ejemplo de arquetipo básico reconocible,


ya que esta herramienta ilustra a la perfección al testigo sobre las intenciones de
...r .■

los visitantes. Además, la presencia de la figura del «vigilante armado» ofrece una
interesante pista de la presencia e interacción de un AE en los avistamientos, que
repite ciertas pautas y comportamientos en sus «proyecciones tridimensionales»
■ :,Hj¡ "■■■ ■ •• ' ; -

a modo de sutiles esbozos de «guiones» a completar y desarrollar por el propio

observador.
CASO NÚMERO 5;
La «cafetera» del esp^|. .

El 9 de enero 1976, sobre las 19:15 horas aproxima, 1 Sr. Jean Dolecki
, , fwp SL-.......
conducía su vehículo por la D71, en dirección a Pont en Royans (Francia), cuando
en el camino a St. Just de Claix observó un objeto brillante de forma esférica. El
artefacto luminoso comenzó a descender en la dirección del testigo, adquiriendo
, ....., „ . w. ,.S ., fc , c
una tonalidad blanca. Pensando que podía colisionar contra aquella cosa, el Sr.
Jacques detuvo su coche. La misteriosa aeronave tomo tierra a unos setenta metros.
Entonces pudo observar aquella cosa perfectamente: se trataba de un objeto que
parecía fabricado de acero inoxidable y estaba compuesto de conos truncados, de
diferentes tamaños y unidos por su parte más estrecha. El raro artefacto tenía una
altura de diez o quince metros y en su parte superior tenía tres luces de colores (rojo,
blanco, beige). En los lados el testigo pudo ver dos elementos vibrantes similares a
una hélice en rotación, y en su parte superior un suplemento que parecía a vibrar
de la misma manera. En la zona central el testigo observó una puerta, y debajo de
ella tres líneas horizontales oscuras. Desde la parte inferior del objeto, que estaba
flotando a un metro por encima del suelo, surgió un extraordinario resplandor
que iluminó los alrededores. De repente, la puerta se abrió y el Sr. Jacques observó
tres indescriptibles «criaturas» de apariencia robótica. Y sin saber cómo, estas
descendieron a tierra. Los extraños tripulantes del artefacto median entre dos y dos
•n»Hj

metros y medio de altura, y tenían una extraña cabeza, piernas muy cortas y unos
brazos telescópicos que llegan hasta el suelo.
Los tres seres se desplazaron por la zona iluminada, palpando el suelo con sus
largas extremidades, durante unos cí “"'
linutos, p Mates*
al objeto, que apagó todas sus luces, excepto la luz b centro. El artefacto
ascendió en ángulo y se alejó en dirección a la loi dad de St. Jean en Royans.
Los habitantes de una finca ubicada a unos dosc itos me ir de la
.. al
observación denunciaron extrañas interferencias en la tel mismo tiempo
que se producía el supuesto encuentro. Ese mismo día, otra persona afirmó haber
observado una curiosa luz sobre Léoncel.

■Ü


Los ocupantes del ovni divisado por Jean Dolecki tienen una gran semejanza

con un prototipo de traje espacial. Archivo Carav@ca.

Los rastros de la Distorsión: Puesto que no existe documentación de un suceso

similar o análogo en la literatura ufológica, debemos suponer que el presente

incidente debe tener un importante aporte psicológico aportado por el testigo de

forma inconsciente. Es evidente, bajo la luz de la TD, que tanto la forma del

artefacto como la tripulación parece tener el mismo «origen»: unas determinadas


y definidas formas geométricas que, por alguna razón, estaban latentes en la
psique del testigo en el momento preciso del encuentro cercano. Cuando el AE
' ? '! 'Í!h iirt ’ ' ■ i
«sintoniza» con la mente del observador, «recupera» estos conceptos concretos
(figuras geométricas) y los utiliza para «r entar» la forma del ovni e incluso la
de los tripulantes roboticos, como ocurre en < undo de los sueños, donde nuestro
subconsciente utiliza para la construcción de míricas recursos
■ "ly1 a -I!* '[
y conceptos totalmente incoherentes, pero que son importantes en la estructura
' ¡ámi'' aP' ii1'' 'i? 1
interna de los psicodramas que desarrollamos mientras dormimos. Curiosamente,
en la prensa de los años sesenta y setenta se recogían artículos donde se
presentaban diseños de modelos de trajes espaciales que podrían utilizar nuestros
astronautas. De esta forma, por ejemplo, la famosa revista LIFE recogió algunos
prototipos de la Grumman American, que fabricaba cohetes y aeronaves espaciales,
que presentaban algunos trajes bastantes bizarros, más sugerentes que efectivos
seguramente. Robert Morris, de Republic Aviation, diseño un traje espacial muy
i -Wj¡ , ||||¡ ¿j jlljíí jjfc

similar al aspecto de los robots observados por el testigo. ¿Es posible que el Sr.
Dolecki hubiera visto estas imágenes y el AE las hubiera recuperado de forma
distorsionada? Solo una investigación más profunda siguiendo los parámetros de la
TD podría aclarar este extremo.
‘ . 1 -j”. 1 J. ¿
SO3JEH ôAiq^jy ippuhui jap b^ed aqo ^unGuiy uaopeAjasqo seui Bjqnu lUAoompsui oijq
Los jóvenes de Sangonera la Verde describieron al supuesto extraterrestre

como un «motorista» espacial. Archivo Carav@ca.


El 1 de julio de 1979, en Sangonera la Verde (Murcia), cuatro jóvenes (Gínes
Jiménez, de dieciocho años; Jesús GregorioBálleister, de diecisiete; Antonio Guirao,
■.'i.'< ......... _
de dieciséis; y José Carrillo, de cator
terrorífico encuentro con un humano: noche habían ido en sus
motocicletas al bosque con la intención de émidos aros. Cuando llegaron
al lugar, vieron sobre «El Cabezo Colorao», un monte p __ , extraña luz que
.bajaba , , cielo.
- . del - , _ Era una ..... '
luminaria circular muy brillante y di,le color blanco que
■ , ■ 1 ':í' 1 . ,
alumbraba todo alrededor. Tenía el tamaño aproximado de un coche y aterrizo
a unos quinientos metros de donde estaban los jóvenes. Con la luz delantera
de la moto le hicieron señales, que fueron respondidas por aquella «cosa» con
intermitencias luminosas. Después de varios minutos de observación, los testigos
"llllril;,
escucharon un ruido de pasos y matorrales en movimiento y vieron surgir
entre las sombras de la noche un gigantesco humanoide que andaba de forma

desgarbada y pausada. Según dijeron a la prensa en 1979, el ser, de dos metros
y medio aproximadamente, llevaba «una especie de gabardina, algo plastificada,
con cremallera y bolsillos con líneas en el pecho y una especie de careta o casco
cuadrado en la cabeza». Andaba muy despacio; los testigos decían que su caminar
era «parecido al de un gorila o un monstruo de las películas»
'11 , 1

Ginés Jiménez dijo que el «gigante» hablaba en un idioma que no podían


i
comprender. Asustados, los cuatro jovenes huyeron en dirección al pueblo. Algunos
vecinos vieron la luz despegar del monte y alejarse en la distancia, por lo que no
dudaron del testimonio de los jóvenes.
‘‘¿Ir $ ¿fe ey< »«• ; ilifliLfflW WmMHRi
•’ --tV vni V- flnWiifflHm ;W nfflp. Ilwr
Los rastros de la Distorsión: ¿Qué es Jo primero que llama la atención de
este encuentro? El ocupante del ovni estaba vestido como un motorista y su
comportamiento, en plena noche, era parecido al de un personaje de tina película
de terror. De hecho, los testigos describieron los movimientos del humanoide
como los de un monstruo de ficción. Pero lo más delatador de la participación
' ilhiliuüiidi.. i
inconsciente de los jóvenes en la elaboración del incidente es, sin duda, la
■ W’I|EW
indumentaria del ufonauta. Con la visera oscura en el casco y la indumentaria
«plastificada» ajustada, con cremalleras y bolsillos en la «chaqueta», parecía mas
bien un aficionado a las Harley Davidson que un astronauta. Y es que precisamente,
la mayoría de las descripciones de los uniformes de los supuestos extraterrestres
destacan por carecer por completo de botones, costuras, uniones y sobre todo
cualquier tipo de cremallera, cosa que obviamente no ocurre en este particular
incidente. Además, la ropa «plastificada» estaba de moda en la época de la
aparición.
Por tanto, de nuevo, nos encontramos ante un episodio de distorsión donde
Í¡li¡. " '* ... t’*’

el humanoide en concreto es «construcción» de la psique de uno de los jóvenes,


y el resto de las evidencias y elementos del caso (frecuente de otros encuentros
cercanos) producto del AE. Además, como decíamos anteriormente, la aparición de
tan escasas huellas delata que la «aparición» apenas tuvo corporeidad durante unos
i ib'I* ,. Il:M
efímeros instantes para dejar su impronta en el terreno a modo de «soy real»...
«Pero, no demasiado», añadiríamos.
Í-.

Invito al lector a buscar otro «motorista espacial»con cremalleras y bolsillos en


la extensa casuística humanoide; segura^eiiteno la hallará... Pero si encontradlos
innegables efectos de la TD apoco que se esfuerce en buscar...
CASO NÚMERO?:
El ingeniero y sus «colegas» del espacio exterior
•¡i

En la primavera de 195 2, el ingeniero británico Harry Mallard, de treinta y dos años,


"■ 'Ib!. ij
trabajaba en la compañía British Reostatic, en Sudáfrica. Aquel día conducía su
automóvil por una carretera cercana a la montaña de Drakenstein (a unos cuarenta
km de Ciudad del Cabo), cuando, sobre las 23:15 horas, observó un «hombre», que
surgió de la oscuridad haciendo señales para que se detuviera. El extraño viandante
, , . , , . v W. ,
le pregunto si tema agua, ya que la necesitaba urgentemente porque había sufrido
un pequeño accidente. Mallard le dijo que cerca de allí había un pequeño río y se
ofreció a llevarlo en su coche. El «hombre» hablaba en un inglés muy raro (como un
profesor). Cuando llegaron al riachuelo, limpiaron una lata de aceite entre los dos y
la llenaron de agua. Entonces, el misterioso «hombre» le dijo a Mallard que lo llevara
al mismo lugar donde le había encontrado. Cuando llegaron, el testigo vio que, en
la zona más oscura, a unos cien metros de la carretera, había un extraño objeto
en forma de disco, de unos quince metros de diámetro y unos cuatro de altura. Se
observaba luz en la parte inferior. El «hombre» lo invitó a subir y llegaron a una sala
muy iluminada (aunque el testigo no veía de donde surgía la luz, quizás de la pared).
La sala tenía sillones de cuero alrededor de toda la habitación y muchas ventanas
rectangulares con las esquinas redondeadas (aunque la luz no salía al exterior).
También había tres «hombres», casi idénticos a su interlocutor, que atendían a
otro individuo que estaba tumbado (aparentemente herido). Mallard le dijo que
podía ir al pueblo y traer un médico, pero el «hombre» sé negó tajantemente.
Dijo que habían tenido un accidente al'éiifeir en la atmosfera que una de las
ventanas se había roto (aunque el testigo no observó ninguna ventana rota). Los
^Ldsrasgos eran
completamente normales, a excepción del pelo, que flor gris, idéntico en los
cinco «hombres». El interlocutor de Mallard era el más corpulento y el mas viejo.
V X » 1 X ífe > t!W S® ■ ,-A c, X X
Vestían una bata de laboratorio de color beige y parecían «científicos». El «hombre»
le dio la lata con agua a sus compañeros, pero no permitió que el testigo se acercara
a ellos.
A continuación, el «hombre» le preguntó si quería conocer alguna cosa sobre
ellos. El ingeniero le preguntó inmediatamente sobre el funcionamiento de aquella
nave. Entonces se dirigieron al centro de la sala, donde había ocho palancas
parecidas a las utilizadas en el ferrocarril, dispuestas en dos hileras y de un metro
de altura —detrás había una mesa—. El «hombre» le dijo que con esas palancas
manejaban el artefacto. Mallard le preguntó por los motores, pero el «hombre»
le dijo que funcionaba con otro tipo de sistema sin motores y que vencían la
gravedad con la ayuda de un «liquido muy pesado» que circulaba por el interior de
un tubo creando un «efecto electromagnético», una especie de «imán liquido» que
podía anular la fuerza de la gravedad. Todo lo controlaban con las rudimentarias
palancas. También dijo que no utilizaban ningún método de navegación, sino que lo
hacían a «ojo», como se hacía en los barcos o los automóviles. Preguntado sobre su
procedencia, no quiso aclarar el origen y se limitó a decir que venían de las estrellas.
Mallard, preocupado por el tripulante herido, insistió en que podía ir a buscar al
médico, pero, otra vez, el «¿hombre» se negó ylo condujo hasta el exterior de objeto.
La experiencia duro aproximadamente cuarenta y cinco minutos.
Al día siguiente fue al lugar y encontró cuatro huellas en la zona.
Los rastros de la Distorsión: En este incidente comprobamos como un ingeniero
, ’■ " ■ ■ ..... 'z . ■ . .

tuvo un encuentro cercano con unos «colegas» científicos del espacio extenor
. . "iiSr'............................................................ .......

con batas y pelo «canoso» —aspecto de científicos—, que incluía la utilización


del arquetipo del «accidente en carretera», pidiendo agua, para que la entrada en
Hita
escena de los «actores», se produzca a través de un hecho reconocible y asimilable
por la psique del testigo (prestar ayuda). Después, en el interior del artefacto,
nuestro testigo comprueba que para controlar una nave espacial no utilizan ningún
i’
método innovador ni desconocido, ni futurista para la década de los cincuenta
.. <%, " "’Hltlho;,
(ordenadores táctiles, control de voz), sino que, por el contrario, utilizan un método
".i" .
bastante anticuado y tosco, accionando manualmente varias palancas. Dichas
••lililí.» -: "••hiliii [Link] iti¡
■■ ............... : ' "!lk '
palancas se asemejan sospechosamente a las utilizadas en los ferrocarriles, que
*•*lhq * •. •••, "I 1
incluso se disponían en ocasiones frente a las ventanas de la estación. Incluso el
dibujo que realiza el ingeniero del interior del ovni se asemeja más a un vagón
de tren con las ventanillas rectangulares que a una nave espacial. Además, la
disposición de los sillones en el interior del ovni recuerda a la sala de espera de una
estación de tren o aeropuerto.
¿Puede ser casualidad que un ingeniero, especialista en instrumentación,
observe en el interior de un ovni, precisamente, palancas?
1 . ■"' ... i i: ... '!• i'. ' ..
Además, su interlocutor solo quería hablar de motores y palancas (relacionadas
• / • ‘P '
con la profesión del testigo), y no mostró interés, por ejemplo, en hablar sobre

ákAUlll.'i» di idkMiJlíj' ' ->htíMÍ


el lugar de origen de la tripulación. De huevo se comprueba que los elementos y
circunstancias que rodean un encuentro cercano con un ovni están influenciados
directamente por la psique del testigo y, sobre todo, por c caimiento implícito
•. . 1! Jlilíi i 7'"

(tecnología) de la época en la que se pn a no puede


comprenderse que los tripulantes de una r __ su método
de navegación por el infinito espacio sea a «ojo», n tipo de sistema de
navegación o de control automático por ordenai cías a mapas).

Ni siquiera la función de «piloto automático». Po ddenciado que


¡¡fe’ < 1:

la construcción de las experiencias se basa en de los testigos y que


■'u' i ir lil¡ii¡ip ;
solo ofrecen información distorsionada fde sus propios
r r «conocimientos». En esta
ocasión no recurren a los símbolos inconscientes de la ciencia ficción, sino que
los tripulantes
- del ovni se presentan como «colegas» científicos en apuros ante un
ingeniero terrestre.
CASON RO8:
El encuentro de Joe Simoritón: plati Jantes,
turistas italianos y tortas cós

r ■ áraffiK. :
El 18 de abril de 1961, en Eagle River (Wisconsin), Joe Simonton, de sesenta años,
!' 'O' 'Wlliiih
que vivía solo en una granja en las afueras de la ciudad, tuvo un encuentro muy
singular con unos particulares «extraterrestres» amantes de la cocina. Sobre las
11:00 horas de la mañana, nuestro protagonista desayunaba plácidamente cuando
*

escuchó un extraño ruido parecido «al de un neumático con protuberancias sobre


un pavimento húmedo». Inmediatamente, a través de la ventana, el testigo observó
el aterrizaje de un objeto metálico en su patio. Se trataba de un artefacto cromado,
extremadamente brillante, de nueve metros de diámetro y 3,5 de altura. Tenía una
W i ,

forma que se asemejaba a dos tazones invertidos y unos «tubos de escape» por toda
su parte central. El objeto no llego a tocar el suelo y se mantenía flotando a escasos
centímetros del mismo. El testigo se aproximó al artefacto y de pronto se abrió una
compuerta. En el interior del ovni, observó a tres tripulantes de tez oscura, pelo
negro y de entre veinticinco y treinta años de edad. Tenían una altura de un metro
y medio y un peso de unos 50 kilos. Usaban trajes negros o azul marino, con camisa
de cuello de tortuga y cascos de tela. Simonton dijo a la prensa que estaban bien
afeitados y que parecían «de ascendencia italiana». Uno de los ocupantes le entregó
al testigo una jarra «metálica» con dos asas, que parecía estar hecha del mismo
• '''i1’’.' i? i . . - JlhljLB
material que la nave, indicándole con gestos que necesitaban agua para beber. Para

Mii
ello el humanoide se llevábala jarra a láboca imitando que bebía de ella. Comobuen
anfitrión, Simonton accedió a la petición y fue a llenar la jarra de agua, que pesaba
mas que el aluminio y menos que el acero, a su casa. El testigo dijo que «era una cosa
hermosa, una jarra termo como una botella, pero muy diferente a cualquier jarra
que he visto aquí». Al volver observó que en el interior del artefacto había un
tripulante ocupado en una parrilla de cocina haciendo «tortas» (nuestros colegas
anglosajones utilizan el termino pancakes, aunque en realidad era una especie de
« jiiiin d'¡ n- ■1,1 ‘|¡,í,i
«tortita» o «galleta»). No vio fuego en la parrilla. Cuando le entregó la jarra,
Simonton tuvo que apoyarse en el objeto. El interior del•Hlliii
artefacto
■ i
era de color negro
1 ¡i1?.,
mate y había tres «tableros de instrumentos» parecidos al hierro forjado. El testigo
dice que escuchó un suave ruido parecido al de un generador eléctrico. Simonton,
con gestos, pidió tortas a los «italianos». El «cocinero», que tenia rayas rojas en los
pi-; 'H<<
pantalones, le entrego cuatro tortas, aún calientes, de unos siete centímetros y

medio de diámetro y con pequeños orificios. Este humanoide le tocó ligeramente la

frente a Simonton en un gesto de agradecimiento por su colaboración, o al menos

así lo interpretó el testigo. «Por último [escribe Jacques Vallée en su libro Pasaporte

a Magonia— el individuo más próximo al testigo aseguró una especie de cinturón a

un gancho que llevaba a su traje y cerró tan perfectamente la escotilla que a

Simonton le costó trabajo distinguir su contorno». Inmediatamente la maquina se

elevó, en un ángulo de 45 grados, a seis metros de altura sobre el suelo y se alejó a

gran velocidad hacia el sur, provocando que las copas de unos pinos cercanos se

doblaran, pero sin provocar ningún tipo de rastro visible sobre ellos. La experiencia

duró cinco minutos en total. Simonton comió una de las tortas en aras de la ciencia
J
• i!»- •'¡'■•■lil- >•.
'•"'''•¿a "'ik Mb.
y dijo a los periodistas que «sabía a cartón»<rEn la revista Saucer JRevíew
(1962), así como en. una entrevista para televisión, dijo que ]os seres poseían una
muy profunda y penetrante,
™iada '' ' ' w w fflgos ■' tíé*npo
-------
directamente a los- ojos. Este detalle de la «mirada prófund; es sustancial para la
., , , , . . . ....Jjk.
«veracidad» de la experiencia, ya que posteriormente sena un reí

ite en muchos
a

Kj ’W 'üiiiiiiiiiiiie j- j
encuentros cercanos registrados en el mundo, sobre todo en los episodios de
•# • '¡llilliilil.. nhihlXi
J Uli'1 . III1 illlllllk
'
abducción. Simonton entregó una de las tortas al juez del condado de Vilas Frank
Carter, que era un declarado entusiasta de los ovnis y miembro del NICAP, pero al
parecer la famosa agrupación no tomo demasiado en seno el asunto.
El policía Schroeder, que conocía a Simonton desde hacía quince años, afirmó
que «obviamente creía en la verdad de lo que decía». La USAF investigo el asunto,
analizando una de las tortas en el US Departament of Health, Education and Wefare
' s Food and Drug Laboratory. El resultado fue el siguiente: «Grasa hidrogenada,
almidón, trigo sarraceno, soja y salvado de trigo. Las bacterias y las lecturas de
radiación eran normales para este material. Química, infrarrojo y otros ensayos
de tipo destructivo se ejecutan en este material... Un pancake ordinario de origen
terrestre».
Aunque Loren Coleman señalaba en un artículo titulado «High Strangeness:
Space Pancakes» (2008) que el investigador Ray Rath exponía que «se rumorea, sin
embargo, que el trigo en el pancake era de un tipo desconocido», en el informe de la
USAF se especificaba que Joe Simonton respondió «a las preguntas directamente, no
se contradice, insistió en que los hechos son exactamente como él dijo y se negó a
aceptar los adornos o modificaciones. Dijo que estaba seguro de que no le creerían,

. [Link].'l-
, ■ * • •* '
mi . I

pero que no le importaba. Dijo simplemente ijue sucedió esto y eso fue todo».
Además, la USAF indicó que el suceso no tenía explicación.
Por su parte el investigador John Keel,,!¿in,su JímxF OVNI: Operación Caballo
de Troya, comentaba que «alrededor de ese mismo tiempo, un agente de seguros
' 1 1'‘|1 : :
llamado Borgo Savmo estaba conduciendo a lo largo de la carretera 70, a unos 600
metros de la granja de Simonton, cuando vio lo que más tarde describió como un
wparalelo a la carretera».
platillo que se elevó en diagonal en el aire y volaba
Un detalle interesante del análisis practicado a la galleta indicaba que no
: 'JlW, *
contenía sal. Jacques Vallée, en Pasaporte a M agonía, comparaba este «regalo
culinario» con los alimentos de las hadas que nunca debían contener sal. El Dr.
Joseph Alien Hynek, junto al mayor Robert Friend, aseguró que el testigo decía
la verdad, pero que todo era producto de una «ensoñación» lúcida mientras se
preparaba el desayuno. Simontón se arrepintió de contar su experiencia al público,
ya que sufrió continuas burlas y bromas de sus vecinos y de la prensa.
El paradero de las misteriosas tortas: 1.- Ingerida por Simonton. 2.- Entregada
al NICAP. 3.- Entregada a la USAF (Expuesta en la Base de la Fuerza Aérea Wright-
Patterson). 4.- En poder del propio Simonton (Aunque al parecer ésta última acabó
en manos del investigador Barry Greenwood).
Los rastros de la Distorsión: Estoy de acuerdo, en parte, con el planteamiento
del Dr. Hynek, que afirmó que el testigo tuvo una «experiencia cercana al estado
onírico», pero indudablemente su encuentro tenía un carácter «físico», «real» y
tangible, originado por un AE en comunicación con la mente de Simonton. La
. |jF ’ , luil W «Wj, ■
información contenida en la psique del testigo fue utilizada para añadir (sumar)
• ■H lili ll"'1
elementos cotidianos al supuesto aterrizaje de un ovni. Resulta especialmente
extraño que una W
además de estar tripulada por «turistas italianos» que regalan tórtas y tienen
jarras de agua. Sin duda, todos estos aspectos mundanos son el resultado de
un complejo sistema de retroalimentación entre el fenómeno y la psique de
Simonton. Es recurrente que en multitud de incidentes con los tripulantes de
inil ® ¡fe.
los platillos volantes estos pidan agua a los sorprendidos testigos. De alguna
forma, este «arquetipo» tranquiliza a los observadores que dentro de un contexto
' u, . ... ........ _.
extraordinario son capaces de reconocer comportamientos, objetos y acciones
'■ • i|lll||fe . . ¡t..
completamente terrestres. Además, Simonton había trabajado de fontanero y es
muy «sospechoso» que el ovni estuviera rodeado de tubos. Por otro lado, si nos
fijamos, el artefacto parecía un «remolque» de esos típicos en los que se preparan
comidas rápidas, tan habituales en los Estados Unidos, más que una nave espacial...
Si los sueños normales suelen tener aspectos y elementos inexplicables,
absurdos y difíciles de entender, hay que imaginar el resultado de la unión
del inconsciente de un testigo y la manipulación de un agente desconocido en
naturaleza y propósito. Cuando se produjo el aterrizaje ovni de Eagle River, el AE
sintonizó el inconsciente de Simonton, y este, seguramente, hubiera deseado un
encuentro con gente normal, hospitalaria, que cocina en su nave espacial tortas
para desayunar como cualquier vecino. Este mismo detalle, las tortas, sustancial
en la experiencia, imposibilita que mucha gente crea en el testimonio de Simonton.
Las risas y la incredulidad están garantizadas.

[Link]» tdh
♦ • • '• . .•
Por tanto, la «distorsión» conlleva asociada una inherente capacidad de
absurdo e imaginario imposible (seña de identidad de muchos encuentros con
ovnis) que permite que el fenómeno 'entre 1q real y lo extraordinario,
entre la vigilia y el sueño. Las tortas no tenían nada de especial, no tenían trigo
'! fit
de Urano o Saturno, sin embargo, analizando en su interior nos daremos cuenta de
que son producto de una distorsión de nuestra realidad y que conllevan, junto a sus
ingredientes mundanos, un mensaje sublinúnal más importante y trai nte.

fe

4.

'1$
CASO NÚMERO 9:
Encuentro con el muñeco de Micheliri
. '"'Wv'Mfc W:
..k I .. .
El 14 de marzo de 1974, el matrimonio Corell circulaba tranquilamente por
Marines, Valencia (España), cuando, minutos antes de las 22:00 horas, detuvieron
su vehículo en un stop para incorporarse a otra carretera. En ese momento, Carmen
observó una extraña luz blanca/rosada ovalada que desapareció al poco tiempo.
Emprendieron de nuevo la marcha y a unos cien o doscientos metros observaron
íllllll: Litón.-
un torbellino de polvo elevándose desde el suelo. El pequeño «tomado» estaba a un
metro del suelo, muy próximo a la carretera y se desplazaba en la misma dirección
que el coche de los testigos. Con las luces del vehículo observaron perfectamente
que dentro del torbellino había una figura. Se trataba de un humanoide muy alto,
con los brazos y piernas pegadas al cuerpo, lo que le daba una apariencia de
columna. Vestía un traje muy ajustado de una sola pieza, de color oscuro y brillante.
Los brazos de aquel ser estaban completamente pegados al cuerpo y no los movió
en ningún momento. Los puños los mantenía cerrados. El cuello era delgado y
la cabeza era pequeña en comparación con el resto del cuerpo. La cara era lisa,
y en la frente, a cada lado, «sobresalían dos luces pequeñas». Vicente dijo que el
traje, por la parte del tórax y los brazos, era muy similar al «hombre de Michelin».
Cuando el vehículo se puso al lado, el humanoide hizo un giro, tocó el suelo y se
quedó completamente firme (como un soldado). En ese instante, las luces del coche
■'' . "i4, t i4'i . iL'i'j
se apagaron inexplicablemente. Esto ocurrió al mismo tiempo que las luces de la
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cabeza del humanoide se apagaban. Entonces el automóvil comenzó a echar humo
por la zona del motor. El humanoide miraba hacia los testigos. Vicente, nervioso y
con miedo, se alejó del lugar hasta que dejaron de ver al misterioso visitante. Más
adelante fueron ayudados por otros vehículos, pero ninguno de ellos había visto
* * U’’I !í' '.ii (.i ‘1! • Y’' i
al humanoide. Cuando el matrimonio Corell llevó el coche al taller, los mecánicos
comprobaron que el cable que une el interruptor con el faro delantero izquierdo
estaba completamente quemado (alrededor de un metro de cable).
Los rastros de la Distorsión: Dos detalles llaman poderosamente la atención
en este encuentro. La apariencia del humanoide y su postura estática y rígida. El
aspecto es similar al muñeco Michelin, al que casi siempre se le representa con los
..... !- a. • :ji «¡' ; . u ’'W I "•’•i'lfl" ...
brazos pegados al cuerpo. También este particular detalle pudo estar influenciado
’ ‘ h|t. |¿ ,[|| ¡hb I- '
(distorsionado) por los testigos, ya que regresaban a su domicilio después de asistir
a la ceremonia de jura de bandera de su hijo, que cursaba el servicio mifitar
obligatorio. Y es el propio Vicente quién explica que el humanoide parecía un
militar en posición de firme cuando surgió del torbellino. Todos estos elementos
estarían latentes en la mente de uno de los testigos (muñeco Michelin, militares,
tomado) antes del encuentro y pudieron ser plasmados en la proyección.
-• •*-' Jt.r—1.; • .-71 “<’l{ ■ H^^pr-’Tí'c’ -*•«»*{.*• ■í*«v-IK'-T» - —

CASO NÚMERO 10:


Cuando la Distorsión se topó con «Star Wars»

El 25 de julio de 1979, un agricultor llamado Federico Ibáñez, de 54 años, sobre las. .


11:30 horas, conducía su Renault-6 por las afueras del pueblo de Turís (Valencia) en
dirección a su viñedo (situado a unos 4 km). En un primer momento observó un
reflejo en tierra que le pareció producido por otro vehículo estacionado en el lugar,
pero al aproximarse, a unos cuatro metros de distancia, comprobó que se trataba de
'Hlll 1
un objeto en forma de «medio huevo», de color blanco, de base plana y apoyado
sobre el terreno en dos «patas». Las dimensiones del extraño artefacto según el
testigo eran de 2,5 metros alto, de los que treinta centímetros correspondían a las
HHJ
patas, y lo mismo de ancho. Tal y como relató al investigador Vicente Juan Ballester
Olmos, en un detallado artículo denominado «¿Imaginación o Realidad? El
aterrizaje de Turís» (2010): «Era una cosa metálica muy brillante, de un blanco muy
fuerte que nunca había visto». Sin embargo, las sorpresas no habían concluido para
1 ' ''Hií -i __.|ii|||lUi|ii !
el estupefacto agricultor. De pronto, de un algarrobo cercano, a unos once metros
del objeto, surgieron dos pequeños humanoides de entre ochenta y cien
centímetros de altura. Se desplazan rápidamente, uno detrás del otro, ofreciendo su
perfil al testigo. Ballester Olmos indica que «Federico Ibáñez pudo distinguir que
iban ataviados con una vestimenta blanca que parecía estar “hinchada de aire" y
que salía de la frente de aquellos seres y llegaba casi hasta el suelo, dejando al
descubierto unos pies pequeños y oscuros. Sus brazos eran cortos, estaban doblados

___
y pegados al cuerpo y terminaban en unas manos oscuras. El único detalle de los
rostros que pudo observar fueron unos tubos negros que sobresalían de ellos, de
unos 7 u 8 cm de largo, parecidos a "las gafas que se usan para soldar, pero más
largos**». Tras introducirse en el objeto, este ascendió rápidamente (con una
inclinación de 260 grados), mientras levantaba un gran torbellino de viento en
•IJ:
total silencio. Posteriormente, los investigadores hallaron en la zona del supuesto
aterrizaje cuatro huellas que formaban un rectángulo perfecto de 176 x 130 cm.
Ballester Olmos indicó que «aparentemente, la estructura de cada una de ellas era
■lj|: ... ... 'l|h Jh. -T.

una circunferencia de 8 cm de diámetro cuyo interior estaba integrado por 8


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casquetes esféricos de unos 2,25 cm de diámetro que, a su vez, rodeaban


. . . Í ..|P •/ t
simétricamente un casquete central, también circular, de unos 3,5 cm de diámetro.
'I|H. II I .l!Í:,l|k ’

La profundidad de las marcas de los casquetes variaba: el central se hundía en el


terreno de 9 a 14 mm, los más pequeños mucho menos. Mediante un penetrómetro
manual se estimó —probablemente con bastante margen de error, dado lo
. llhi' -W ; -‘¡fe
rudimentario del sistema— que el objeto que había producido esas marcas había
ejercido una fuerza de 4 toneladas».
Y si usted, amigo lector, cree que estos ocupantes que han desfilado en los
.mi
últimos sucesos eran realmente extravagantes, nuestro siguiente incidente no se
'[ll’H -Bt $
queda corto...
El ser descrito por Federico Ibáñez tenía semejanzas con los moradores

de las arenas de la película Star Wars Archivo Carav@ca,


Los rastros de la Distorsión: Sin duda el caso contiene ingredientes que lo
hacen únicos en la casuística ovni. Aunque lo que más llama la atención es la
apariencia de los humanoides. Curiosamente, con ciertas semejanzas con algunos
- • [Link]íiííi¡i, ' ‘
de los personajes que aparecen en la célebre película Star Wars (La guerra de
las galaxias, 1977). Los propios implicados en la investigación del caso notaron
esta semejanza, atribuyéndola a una probable fabulación/ensoñación por parte del
testigo. Ballester Olmos incluía el siguiente comentario en su reportaje sobre el
caso: «El estudioso malagueño Luis R. González basa su crítica de este caso en la
. ., "ife1 '
descripción de los seres, que, según explica, recuerdan una mezcla de caracteres de
personajes de La guerra de las galaxias: el tamaño de los jawas, las protuberantes

gafas de los moradores de las arenas y una combinación de ambos en la vestimenta.
El filme se estrenó dos años antes del avistamiento que nos ocupa». Ampliando esta
información, el propio Ballester Olmos me indicó personalmente (2015) que «de
mis entrevistas con el deduje que no era hombre de ir al eme, pero nunca se sabe
si pudo haber visto fugazmente algo en televisión o en alguna revista y haberlo
registrado, a pesar de que es un hombre de campo totalmente volcado en sus
tierras. Yo estoy convencido de que el aterrizaje solo ocurrió en su cabeza: quizás si
en 1979, además de la extensa investigación que hicimos, lo hubiéramos sometido
a la consulta de un psicólogo o psiquiatra, eso hubiera arrojado luz; ahora, ya es
imposible».
Sin embargo, bajo el enfoque de la TD, donde se establece que los contenidos
inconscientes de los testigos (cultura, estudios, hobbies) son utilizados por un
AE desconocido para crear una puesta en escena de visitación extraterrestre, este
suceso adquiere otro cariz. Probablemente, en la imaginación del testigo quedo
latente algunas de las impactantes imágenes de la película Star Wars (un auténtico
fenómeno social y mediático de la época), sobre todo la de algunas de sus criaturas
fantásticas, como los Jawas y los Tusken (los moradores de las arenas), que
”¡|l . . • ’ ' ‘ I • ,
... * 1 »Í3‘ ...

contienen muchos de los elementos descritos por el agricultor. Pequeños seres,


* 1 ■ ’ 11 ' •

capuchas, movimientos rápidos, «gafas protuberantes», todas estas características


• 4 ‘ ”| “«i» • • . • ’

fueron «rescatadas» por el AE del inconsciente del testigo para construir un


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encuentro cercano con rasgos únicos, exclusivos e intransferibles. Por tanto, los
. Il( t .J j

humanoides observados por el Sr. Ibáñez no serían más que el efecto y resultado
de una «proyección distorsionada» de algunas de las criaturas del universo
h-v •; .• - ..tr ..

Star Wars dentro de un contexto ufológico, fruto de una época de numerosos


’ • f»*r

incidentes relacionados con los ovnis, expuestos frecuentemente en los medios de


comunicación. Aunque, al contrario que sus homónimos cinematográficos, estos
humanoides vinieron de una galaxia muy, muy, muy cercana...
Y no es el único ejemplo donde la ciencia ficción encontró un hueco en la
" -ilHllíVh ■■ ' '
casuística ufológica. • h"
CASO NÚMERO 11:
El incidente de Johnny Sands

El 23 de enero de 1973, sobre las 22:30 horas, mientras Johnny Sands (treinta
4 'M1' "fe;
años), un incipiente cantante de música country, circulaba por la Blue Diamond a
unos 35 kilómetros de las Vegas (Nevada), tuvo un particular encuentro cercano
con unos supuestos seres de aspecto anfibio. En un momento dado,
" i , el testigo
¿Iü-

r 'lúni^hi r. :
observó una insólita aeronave en el cielo que parecía seguirle. Al poco tiempo, su
coche se detuvo inexplicablemente. Entonces, mientras intentaba reparar la avena,
Sands distinguió que, sobre su cabeza, a unos trescientos metros de altura, se había
situado aquel misterioso objeto. Entonces pudo distinguirlo con mayor nitidez. Se
trataba de un artefacto en forma de dirigible, de unos dieciocho metros de largo,
que se desplazó hacia una zona montañosa. Era de color naranja «oxidado», con dos
luces blancas en sus extremos, ventanillas circulares y un anillo que lo rodeaba por
su parte central. Al poco tiempo, el testigo observó que dos extraños humanoides se
acercaban a su coche. Estaba paralizado. Los seres, de alrededor de 1,80 metros de
altura, vestían trajes «plateados», sin ningún tipo de costuras, eran calvos y pálidos,
carecían de vello en las cejas y tenían ojos muy pequeños. Tampoco tenían orejas y
parecían musculosos. Uno de ellos se situó a menos de un metro del testigo. Según
Sands:

Tenían ojos saltones, la boca muy pequeña y arrugada, como la de un


hombre sin dientes, y tenían la nariz larga y ancha, se veía como algo que

1 ’M¡i
sobresalía a cada lado de la cara. Uno de ellos comenzó a hablar, pero no lo
hacía con la boca, entonces le pregunté: ¿De dónde son ustedes?, él contesto:
«De allá arriba». Me hicieron preguntas. (...) Entonces uno délos humanoides
sacó una bola, que tenía el tamaño de un pomelo, de (¡olor plateado, y mien­
tras la sostenía en la mano aumentó hasta tener el tamaño de una pelota
de baloncesto. Entonces me dijo: «Usted ve, las explosiones nucleares están
causando un problema en el sistema solar. Estas cosas que ustedes están
haciendo estallar en la tierra, están causando problemas no solo para usted,
sino para nosotros, y no podemos continuar con este tipo de cosas, ya que se
va a alterar el equilibrio de todo lo que nos proponemos para el futuro». (...)
Luego dijeron: «Nos vamos, pero nos veremos pronto», se dieron la vuelta y
se fueron. Un rayo de luz apareció y ellos desaparecieron.
El testigo dijo que la voz de los humanoides «sonaba» como una llamada de
teléfono lejana y que parecía surgir de un dispositivo de su cinturón. Además,
dijo que las protuberancias móviles de sus cuellos parecían «branquias» de
peces. Johnny Sands aseguró a los investigadores que, a petición de sus extraños
visitantes, una parte de la experiencia la mantiene en secreto. El testigo fue
sometido por Robert L. Nolen a la prueba del polígrafo, determinándose que el
sujeto parecía decir la verdad.
Los rastros de la Distorsión: Curiosamente, en un episodio de la famosa serie
de ciencia ficción, fantasía y terror The Twilight Zone (Dimensión desconocida), muy
popular en los Estados Unidos entre 1959 y 19 64, titulado To Serve Man (emitido
en el año 1962), se narraba la historia de un «extraterrestre» proveniente del
planeta Kanamit que llegaba a la Tierra para advertir a las autoridades del peligro
de las actividades atómicas emprendidas por los seres humanos... Y, para mayor
perplejidad, el parecido entre el alienígena de la ficción y los extraterrestres de
Sands es más que evidente... Pero en esta mítica serie televisiva podemos encontrar
más ejemplos de «personajes ficticios» que se han escapado de la pequeña pantalla
para materializarse en una experiencia ovni...

La semejanza del humanoide observado por Johnny Sands con el protagonista


de la serie de televisión es notoria.
,i « «MV«

CASO NÚMERO 12:


Humanoides en mitad de la carretera

En una tarde de junio o julio de 1972, en Deming, Nuevo México (USA), la Sra.
Hilda McAfee y su madre, conducían en dirección a Las Cruces, cuando, a unos 37
kilómetros al este de Deming, se sorprendieron al ver un rayo de luz cegador de
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frente que surgía del centro de la carretera. Al aproximarse distinguieron dentro
de la potente luz dos figuras de altura media que vestían un mono azul pálido
muy abultado, con cinturones anchos, guantes, además de botas oscuras. En la
ll'1' * ’'lililí! '!!]!*
cabeza llevaban un casco con el visor oscuro. Los humanoides no se alertaron
por la presencia de las mujeres. Parecían estar «reparando» o «trabajando» debajo
de un artefacto que emitía una luz azul, mientras hablaban el uno con el otro.
Parecían rígidos en sus movimientos. El investigador Morris Patti señaló que las
¡j;
mujeres suponen que pasaron con su vehículo por debajo del objeto, ya que este se
encontraba en mitad carretera. Patti también especula que la «luz» del artefacto fue
utilizada para evitar una colisión del coche de las testigos con la aeronave. Las dos
mujeres sufrieron varios malestares después de su encuentro: sensación de ardor y
dolor agudo en el pecho y los brazos. Curiosamente, el esposo de la Sra. McAfee es
hermano de Mike Rogers, uno de los testigos del célebre caso de Travis Walton...
Los rastros de la Distorsión: De nuevo recurrimos a la serie The Twilight Zone.
En un episodio emitido en el año 1960 aparecen unos astronautas humanos con
trajes espaciales muy parecidos a los observados en los supuestos alienígenas del
incidente de Nuevo México. Incluso antes, en la rara película Cat-Women of the
Moon, de 1953, aparecen unos uniformes con escafandras casi idénticos a los de
la serie televisiva. Aunque tampoco podemos descartar que estemos frente a la
distorsión de los trajes espaciales utilizados por los astronautas norteamericanos.
—iwmr.FÍKF’f'-n...... .

CASO NÚMERO 13:


El monstruo espacial de Kofu
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■ • 'te te.;S.A..¿.

El 23 de febrero de 1975, sobre las 19:00 horas, dos niños de una escuela primaria
llamados Masato Kawano y Katsuhiro Yamahata, de siete años, estaban patinando
cerca de Hinode en Kamimachi, en la ciudad de Kofu (Japón), cuando observaron
. '¿lii ''' i'itf ‘ • w 'A't
dos objetos brillantes de color naranja que evolucionaban en el cielo. Una de estas
luminarias comenzó a descender lentamente hasta aterrizar detras de un viñedo
cercano. Los testigos dijeron que la extraña luz emitía un sonido parecido al de una
cámara fotográfica —otros autores afirman que era un ruido similar al de un
contador Geiger—. Movidos por la curiosidad, los niños corrieron hacia el lugar
donde habían visto tomar tierra a la misteriosa bola anaranjada. Cuando llegaron
encontraron un platillo volador de unos cinco metros de diámetro y unos dos
metros y medio de altura. El enorme disco, de aspecto metálico, tenía «tres patas en

forma de bolas» y sobre su superficie delantera destacaban unos «caracteres o
signos extraños», quizás cuatro, en relieve. En ese momento se abrió una escotilla
en uno de los lados y una escalera se desplegó hasta el suelo. Inmediatamente, ante
el estupor de los jóvenes, descendió una criatura de horrendo aspecto. Su rostro era
de color marrón oscuro y cubierto de arrugas gruesas, y no tenía ojos. En su cabeza
destacaban dos grandes orejas puntiagudas y tres enormes colmillos, de cinco o
siete centímetros de largo, aunque no se apreciaba la boca. Según describieron con
detalle Kawano y Yamahata, se trataba de un ser humanoide, de 1,3 metros de

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altura, vestido con un uniforme metálico muy brillante. Sus manos tenían cuatro
dedos y los pies terminaban en dos «protuberancias». Sobre el hombro izquierdo
llevaba colgada un arma parecida a un «rifle». El grotesco visitante parecía
inspeccionar los alrededores sin prestar atención a los asombrados testigos. Desde
la distancia, los niños pudieron ver que dentro del artefacto había otro ocupante, de
menor tamaño que su compañero, que estaba junto a unas consolas llenas de
botones. Sin embargo, en un momento dado, el ser que caminaba por el exterior se
acercó rápidamente a Yamahata, dándole dos palmaditas en el hombro. El
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humanoide hablaba en un extraño idioma, parecido al sonido de una cinta de casete
_ ‘ife . i
escuchada hacia atrás. El joven cayó al suelo, según su compañero, debido al atroz
'!■ ... '!" 'iMi.
miedo que sintió al ver que el monstruo espacial estaba junto a él. Kawano
reacciono rapidamente, ayudo a su amigo a reincorporase y ambos huyeron del
lugar. Al llegar a su casa, asustados y muy nerviosos, los niños narraron su
terrorífico encuentro a sus familiares. Intrigadas por la sorprendente historia, las
madres de los menores decidieron ir al viñedo para comprobar el testimonio de los
colegiales. Según comentó la prensa, las mujeres pudieron ver, durante al menos
cinco minutos, una deslumbrante luz naranja intermitente sobre el viñedo.
Yamahata y Kawano querían acercarse al lugar, pero antes del que el grupo
decidiera aproximarse se produjo un estallido de luz muy potente y el artefacto voló
hacia arriba despareciendo velozmente en el cielo. Muchos otros testigos fueron
localizados por un periodista local, Yamanashi Nichi-Nichi Shimbun, del Daily
News, que confirmaron la presencia de extrañas luces en la zona. Cuando la noticia

fue conocida en la escuela de los niños, varios funcionarios del centro Yamashiro
acudieron al lugar del supuesto aterrizaje para investigar. Allí encontraron dos
postes de hormigón rotos y desplazados de forma violenta y varias huellas extrañas
en la tierra que parecían indicar que algo grande había estado en la zona. Además,
para corroborar el testimonio de los estudiantes, uno de los profesores dijo haber
detectado radiactividad dentro de una zona circular que había sobre el terreno. El
. ¡IV "í1” ‘'H** •l’’ ... .u, .

investigador Masaru Morí destacó dos puntos fundamentales del incidente, la


sorprendente consistencia del relato de los jóvenes, ratificada por el director del
centro Nobuyoshi Kaneko, y las extraordinarias huellas y marcas que habían
aparecido en los viñedos.
4 • ’l • ‘ll’ • i • .«pi .h|„.

Los rastros de la Distorsión: Ya en su día, el investigador Bintarou Yamaguchi


señaló el extraordinario parecido de la monstruosa entidad avistada por los
niños con un personaje televisivo muy célebre en Japón desde 1967, llamado,
precisamente, Alien Hook («garfio alienígena»), que apareció por primera vez en
,t. ÍP’li» i!'-'- Hip,

el capítulo 47 de la serie Ut Urutora Sebun (Ultraseven). Además, tanto en la serie


televisiva como en algunos juguetes de la época, varios monstruos y personajes
infantiles eran representados con enormes colmillos. También es interesante
reseñar que en un episodio de la serie Outers Limits, emitido en el año 1964, y
titulado Keeper of the Purple Twilight, los protagonistas eran unos extraterrestres
muy parecidos también al visitante japonés sin ojos... Sigamos con la ciencia
ficción...
Los extraterrestres observados por los niños japoneses teman un gran parecido

con un personaje televisivo de la época.


• -..W.•■***•’¡it.7 ;Wi • ..-w- * . - <■ -r . . - .< :. r 'V‘*l

CASO NUMERO 14:


El retomo de Kronos. .,.

E1 29 de marzo de 1966, un adolescente de Hampton Falls (New Hampshire)


observo un raro ovni muy cerca de su domicilio. Benjamín Brackett, de diez anos
J . ...... ..... .. ' J
de edad, estaba paseando con su perro por un bosque cercano a su casa cuando
observó un objeto metálico sobre una colina. En un primer momento, el niño pensó
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que se trataba de algún tipo de antena que se había caído en las ramas de un árbol.
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Sin embargo, cuando se aproximó a la zona, comprobó que el radiante artefacto de
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aspecto cuadrangular tema una antena de unos treinta centímetros. El objeto tema
forma de ele de color gris parduzco luminoso y tenía un tamaño aproximado de
1,52 metros de largo y un metro de altura. Su textura exterior parecía de «corcho».
En su base había una cúpula de color marrón, de aspecto metálico y de unos
sesenta centímetros de diámetro. El testigo estaba a unos veintidós metros de la
escena y también pudo distinguir que el objeto estaba posado en tierra con la ayuda
de un «trípode», y que las patas eran de color plata mate y tenían unos treinta
centímetros de altura. El testigo observó tres pequeñas rendijas oscuras. En ese
momento una ráfaga de aire, procedente del artefacto, levantó varias hojas de pino
■ii i11,
de las inmediaciones. Brackett escuchó un sonido de bajo tono mientras el artilugio
se elevó entre quince y treinta centímetros del terreno. A continuación, la extraña
aeronave se inmovilizó en el aire, girando hacia la derecha con gran precisión, como
si fuera teledirigido. Pese a la extrañeza del suceso, el joven pensaba que podía ser
un artilugio de la USAF parecido a un hovercraft. El objeto emitía sonidos parecidos
a descargas eléctricas. Tras una nueva ráfaga de viento el artefacto se elevó a tres
metros de altura, se desplazó siete metros en dirección sur-este, giró a la derecha
sesenta grados y salió disparado a gran velocidad hacia el cielo. Posteriormente se
comprobó que en el terreno había huellas que parecían indicar que un objeto había
aterrizado en la zona. La medición y estudio de las marcas indicó que estaban
situadas en el hipotético centro de equilibrio del artefacto...

Comparativa del pequeño ovni observado por Benjamín Brackett y la nave cinematográfica.

Los rastros de la Distorsión: En 1957 se estrenó en Estados Unidos una


película de ciencia ficción titulada Kronos. El argumento era sencillo: un extraño
asteroide, que alberga en su interior un no menos enigmático gigantesco robot
extraterrestre de aspecto cuadrangular, se estrella en el océano. Las similitudes
del ovni observado por el testigo y el robot Kronos son evidentes. Asimismo, las
descargas eléctricas emitidas por el pequeño artefacto están muy presentes en la
película de ciencia ficción. Tampoco debe descartarse que otros elementos ideativos
intervinieran en la creación de esta experiencia, como, por ejemplo, algunos
juguetes populares de la época que se basaban en construcciones por piezas, o que
el joven testigo hubiera leído o visto algún reporte en prensa o televisión sobre
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aerodeslizadores. Resulta cuanto menos curioso que un adolescente de diez años


“‘M'i .............. >lrht .u p,., »

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utilizara como símil para describir el artefacto este tipo de vehículos militares, ya
que hubiera sido más lógico, ateniéndonos a su edad, que utilizara ejemplos de la
ciencia ficción más acorde con las aficiones y conocimientos de un testigo de esa
edad.
Es obligado señalar en este punto que todas estas «coincidencias» televisivas y
cinematográficas, hasta la fecha, eran esgrimidas por algunos investigadores para
evidenciar y certificar, de manera unánime, la falsedad de los casos, pero bajo la
perspectiva de la TD, descubrimos la verdadera dimensión de estas similitudes...

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CASO NUMERO 15:
Encuentro en Trípoli

‘ • 1 ■ u •• |1£7 i iPsíi^UrPhn*' ti

Sobre las 3:00 horas de la madrugada del 25 de octubre de 1954, Carmelo Papotto
estaba inspeccionando los terrenos de su empresa agrícola italiana con sede en
Trípoli (Libia) cuando en un momento dado vio descender del cielo un extraño
artefacto en completo silencio. Se trataba de un objeto en forma de huevo, de unos
cinco metros de largo por tres de alto, cuya parte inferior era de metal como de
aluminio y la superior de un material transparente. El lado trasero, según el testigo,
«tenía la forma aerodinámica de un automóvil, con una cola que probablemente
funciona como el plano de un timón». La cúpula «cristalina» estaba fuertemente
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iluminada por una luminosidad blanca que irradiaba los alrededores hasta los
cuatro metros. El ovni tenía dos luces a los lados y lo que parecían antenas, una en la
parte delantera y otra en la trasera. También tenía dos tubos cónicos, que al testigo
le parecieron armas, en su parte delantera. En un principio, el ingeniero italiano
pensó que podría tratarse de un helicóptero militar norteamericano en apuros o
incluso un prototipo secreto.
Según Carmelo Papotto, el objeto desplegó su tren de aterrizaje mientras
escuchaba un sonido similar a un compresor de los que se utilizan para inflar las
ruedas. De hecho, las patas del artefacto consistían en seis ruedas. Cuando el ovni
tomó tierra sobre un campo arado, a unos diez metros de distancia del testigo, el Sr.
Papotto vio en su centro una escalerilla y pudo apreciar en el interior del artefacto
a seis humanoides que se movían lentamente, vestían ropas amarillas y llevaban
mascaras como de gas. En aquellos momentos seguía pensado que eran militares
estadounidenses. Uno de los tripulantes se quitó la máscara durante unos instantes
y su rostro era completamente normal y humano. Cuando el testigo puso su mano
en la escalerilla para ascender, una fuerte descarga eléctrica le hizo retroceder. Úno
de los seres le indicó que no avanzará. El testigo estaba algo aturdido. La tripulación
parecía estar ocupada en el interior del artefacto. El Sr. Papotto dice que dentro
del artefacto había algunas sillas, mesas y un aparato de radio operado por un
humanoide que llevaba unos «auriculares» de los que surgían numerosos cables.
Momentos después, uno de los seres pulsó un botón y un artilugio mecánico en
forma de campana cayó junto a una de las ruedas y procedió a remplazaría por
otra. Después de unos veinte minutos, el ovni se elevó a unos cincuenta metros sin
hacer ruido, para posteriormente desaparecer a gran velocidad hacia el este. Los
investigadores encontraron en el terreno marcas rectangulares de diez centímetros
de ancho muy parecidas a unos neumáticos normales. Según la disposición de las
huellas, las ruedas del objeto estaban dispuestas en parejas de dos y separadas por
unos diez centímetros. También se encontró una sustancia azul que se mandó a
analizar, pero los resultados nunca se hicieron públicos. Según los investigadores,
Carmelo Papotto no tenía conocimientos previos sobre el fenómeno ovni y por ello
se acercó sin temor al artefacto, pensando que podría tratarse de una aeronave
humana.
Los rastros de la Distorsión: Este incidente es otro claro ejemplo de que
determinados elementos mundanos y ordinarios conocidos por el testigo pueden
transformarse, por la interacción con un AE desconocido, en componentes
sobrenaturales insertados en una sorprendente experiencia ovni. De hecho, el
artefacto observado por el italiano se asemejaba mucho a un helicóptero militar,
con unas protuberancias similares a «ametralladoras», y sus tripulantes parecían
soldados, con máscaras de gas incluidas. Todos estos componentes pudieron estar
i<. i *■ • ;>•!>,. 1 ir .

latentes en la mente del testigo, habituado a ver despliegues militares en Libia.


Y es que los casos de ovnis sin mucha «distorsión» son mas habituales de lo que
' ‘ 'Jf h ‘pi*'

parece. Lo que ocurre es que, como advertimos, los ufólogos los suelen omitir
•111
de sus estadísticas al considerarlos como productos de engaños o alucinaciones.
Los investigadores David Clarke y Nigel Watson reportaron uno de estos sucesos
difíciles de encasillar. Ocurrió en Barnehurst, (Kent, Inglaterra) el 26 de julio de
1978. Su protagonista, la Sra. Clark, trabajaba en su jardín por la tarde cuando
observó de repente un misterioso «helicóptero» que flotaba a pocos metros sobre
su cabeza. A través de las ventanillas delanteras vio que había dos personas en su
interior. Una de ellas la miraba fijamente. Regresó a su casa asustada y al girarse
descubrió que aquella aeronave había desaparecido por completo. El extraño
helicóptero no tenía ni marcas exteriores ni tren de aterrizaje. Además, aquel objeto
era silencioso y sus hipotéticas «hélices» no producían ninguna corriente de aire.
Por lo que es muy factible que este artefacto careciera de aspas.
El ovni observado en Trípoli es una evidente «distorsión» de un helicóptero. Y su tripulante tam

bien tenía extraordinarias características humanas. Archivo Carav@ca.


CASO NUMERO 16:
Electrodoméstico No Identificado
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19 de enero de 1967. En Dunbar, West a, sobre las 9:05 horas, Tad Jones, el
un W®'1'
______________________________________
dueño de una tienda de electrodomésti , circulaba con su vehículo por la Ruta
'lililí*:,i .. '¡Pi
■ ' • ll'lflímí' ’ J |l ü1
64 cuando observó algo en mitad de la carretera. Al acercarse comprobó que se
¿ i Uí
trataba de una esfera metálica, de unos 7,5 metros de diámetro, con dos antenas
y una pequeña ventamta de unos veintidós centímetros. El artefacto flotaba a
1,20 metros sobre el terreno, casi impidiéndole el paso. Cuando el vehículo del
testigo se aproximó a la misteriosa esfera, a unos noventa centímetros de distancia,
esta despegó a gran velocidad. Según la descripción facilitada por el testigo, el
•'"iítt ..
objeto, que parecía de aluminio, tenía cuatro patas acabadas en algo parecido a
«ruedas». En su parte inferior sobresalía una hélice que comenzó a girar a mayor
velocidad en el momento del despegue. El avistamiento duró unos dos minutos
aproximadamente. Tad denunció lo sucedido ante la policía y la prensa local se hizo
eco del extraño episodio. Al día siguiente de conocerse los hechos, el testigo recibió
una extraña nota anónima en su domicilio que decía: «Sabemos lo que has visto y
sabemos que usted ha hablado. Será mejor que mantenga la boca cerrada».
Los rastros de la Distorsión: De nuevo un incidente ovni muestra semejanzas
entre la profesión del testigo y el fenómeno percibido. Resulta curioso y delatador
que un electrónico haya tenido un encuentro cercano con un ovni que más
bien parece un compendio de multitud de aparatos eléctricos, con antenas y
ruedas incluidas, que una nave extraterrestre. De la misma manera, comprobamos

que la presunta nave espacial tiene sorprendentes analogías con los satélites

norteamericanos (Vanguard 1) y soviéticos (Sputnik, Cosmos) de la época, que

aparecían regularmente en las revistas y periódicos...

El pequeño ovni avistado por Tad Jones es una suerte de mezcolanza entre un satélite

(en la imagen el Vanguard 1 de 1958) y varios aparatos electrónicos humanos.


CASO NÚMERO 17:
¿«Predicadores» del espacio?
■'"'J.

A veces, rastrear los orígenes de la Distorsión en un encuentro cercano con ovnis


,r iiíihHpF ■'¿.fitllilliIrúL *r
puede ser tan sencillo como prestar especial atención a los detalles. El 18 de
octubre de 1973, Paul Brown, un predicador y vendedor de automóviles, circulaba
en su coche cerca de Danielsville (Georgia, EE. UU.) cuando de repente su radio
dejó de funcionar. El testigo dijo que un objeto luminoso irrumpió en el cielo de
repente: «Todo se iluminó. [...] Yo podía ver el camino y los campos alumbrados a
mi alrededor. Mi primera impresión fue que se trataba de un pequeño avión que
intentaba aterrizar».
Tras sobrevolar su coche, el artefacto aterrizó cerca
■■■
de la carretera. Aquel objeto
tenía alrededor de 1,80 metros de alto y 4,5 metros de diámetro. El testigo, que
había frenado su coche bruscamente, salió parcialmente del vehículo. El artefacto
emitía una gran luminosidad, y aunque el Sr. Brown no podía ver detalles, sí pudo
distinguir un tren de aterrizaje en su parte inferior. Entonces, de alguna parte,
surgieron dos seres que vestían trajes plateados holgados que les cubrían hasta las
muñecas y la cintura. En su parte inferior llevaban unos pantalones ajustados. Las
manos estaban cubiertas con guantes blancos. El cuello del traje era ajustado como
la vestimenta de un sacerdote. Por su forma brusca de aparecer en escena, el testigo
dijo que parecía «como si fueran a sacar un arma y dispararla». Los humanoides
se movían de forma muy pesada. «Calculé que tenían de 1,20 a 1,50 metros de
altura», afirmó Brown, «Comenzaron a caminar hacia mi, muy despacio». El testigo
indicó que la cara de los seres era rojiza y que, donde deberían tener los ojos, tenían
unas protuberancias como orejas. El cabello era como de algodón. Paul Brown
indicó que quizás portaran algún tipo de máscara. Los extraños visitantes estaban
a unos cuarenta y cinco metros de distancia. El asustado testigo, al comprobar
que los seres se aproximaban, decidió sacar su arma. Entonces, inmediatamente,
los humanoides dieron la vuelta y regresaron al luminoso artefacto. Momentos
después, las luces del ovni se apagaron y el aparato despegó en ángulo, emitiendo
I ' Ó 1 " ‘ ‘ü >
un sonido parecido al estruendo de un «estadio de fútbol». Brown informo de
su avistamiento a la policía. Al día siguiente, los agentes que acudieron al lugar
encontraron las marcas de frenado de los neumáticos, así como una zona cercana a
la carretera donde la hierba estaba aplastada.
Los rastros de la Distorsión: Fijémonos en la indumentaria, una vez más, de
los ocupantes de un ovni. ¿Es coincidencia que un predicador se tope con unos
extraterrestres vestidos como frailes? Además, estos humanoides se comportaban
de manera amenazadora contra un testigo que, casualmente, portaba un arma en
su vehículo. Sin duda, las acciones de los tripulantes de los ovnis, y no solo su
apariencia, vienen determinada por la influencia psíquica del testigo. El miedo de
los observadores provocará experiencias terroríficas; la curiosidad, encuentros más
amables, y la violencia engendrará experiencias más violentas...
CASO NUMERO 18:
Satélites No Identificados

Goffstown, a ocho kilómetros al oeste de Manchester (New Hampshire), sobre las


2:45 horas, cuando, circulando por la carretera 114, observó una luz brillante en
f ...... .................. . ,
la lejanía. Al principio la luminaria era de color amarilla, pero luego comenzó
a cambiar a los colores rojos, azules y verdes. La testigo pensaba que podía ser
un planeta o una estrella. Pero, tras recorrer varios kilómetros, comprobó que
.
la luz aumentaba su brillo de forma considerable. Sin embargo, al poco tiempo
desapareció para reaparecer en varias ocasiones a lo largo del trayecto. En una de
m... fililí".
estas apariciones, el objeto estaba tan próximo a Lyndia que pudo observar muchos
detalles desconcertantes del mismo. Se trataba de un globo de oro, anaranjado,
.. , , ,¡
cubierto en toda su superficie por hexágonos, como un panal de abejas, En su parte
frontal izquierda superior tenía una ventana oval. Los destellos rojos, verdes y
azules que había distinguido con anterioridad procedían de algún lugar cercano al
centro del objeto. El artefacto dorado producía un sonido agudo. La testigo aseguró
que aquello parecía controlar sus acciones y obligarla a continuar hacia él. Cuando
Lyndia se aproximó a tan solo a unos treinta metros de distancia, observó una
figura en la ventana. Se trataba de una pequeña figura humanoide de pie detrás
de una consola de mando. El fondo era de color blanco. El ser tenía una cabeza
redondeada, el rostro arrugado, de color grisáceo, como la piel de un elefante, y una
rendija por boca. Sus ojos eran grandes y con pupilas oscuras de aspecto hipnótico.
El cuerpo era más oscuro que su rostro. La testigo indicó a los investigadores que
aquella criatura le envió un mensaje telepático para qtíe no tuviera miedo, aunque
pareció no surtir efecto, ya que Lyndia estaba átem a ante la presencia de
aquel extraño globo. ■.. ' W
De alguna manera, ella pudo frenar su automóvil, saliendo de su letargo, cerca
W
de la entrada de una casa, justo al pasar un cementerio. La testigo salió corriendo
para pedir auxilio mientras seguía oyendo el zumbido del artefacto. Cuando el
• - - »
matrimonio Beaudoin se despertó, ante los reiterados golpes en la puerta de su
cocina, se encontraron a una mujer asustada que se tapaba los oídos. Llamaron a la
policía que acudió al lugar, certificando el evidente estado alterado de la testigo.
Los rastros de la Distorsión: En este encuentro resalta la apariencia del ovni.
Y curiosamente, el objeto observado por Lyndia guarda un enorme parecido a un
satélite norteamericano de 1960, compuesto por hexágonos y con un diámetro
de treinta metros, que apareció en varias revistas. Pero existen más posibles
coincidencias curiosas. En la clásica película de ciencia ficción It Carne from Outer
Space (1953), un terrorífico alienígena, de horrible aspecto, llega a nuestro planeta
a bordo de un artefacto con un fuselaje repleto de hexágonos... ¿Se encuentran en
estas imágenes el origen de la presente experiencia? Probablemente si... Cuando
el AE desconocido entró en comunicación mental con la testigo obtuvo esta
información concreta sobre la apariencia de la nave y la «distorsiono» de tal manera
que emergía en la noche oscura como algo totalmente desconocido para Lyndia.
Ovni avistado por Lyndia Morel pudo tener dos daras referencias: se asemeja
a un satélite de la NASA de la época y, también guarda gran parecido a la nave
espacial mostrada en la película «It Came from Outer Space» (1953).
CASO NUMERO 19:
La «cabina» voladora

En diciembre de 1977 se produjo un incidente ovni, protagonizado por dos niños,


en Bilbao. El investigador J. J. Bemtez entrevisto a los jóvenes testigos, que le
narraron como una noche de diciembre de 1977 observaron en un solar cercano a
.......
sus domicilios un extraño suceso. Todo comenzó cuando escucharon un ruido muy
. 1 ■ 1 J * ' j"'1 J
raro y notaron la presencia, en la zona, de una especie de «cabina de telefono» de
unos tres metros de altura, con una luz blanca y roja a todo su alrededor. Benítez
calculó que los niños estaban a unos veinticinco y treinta metros de aquel artefacto.
En esos momentos se abrió una puerta ovalada y del objeto descendieron dos
«hombres» muy altos, como «jugadores de baloncesto». Los testigos aseguran que
los humanoides medían más de dos metros de altura y vestían unos trajes parecidos
a los de un submarinista, de color negro, que les cubría casi por completo. Más
arriba de la cintura llevaban un cinturón brillante y la cara la tenían cubierta por el
mismo traje. Lo más curioso es que los niños dijeron que ambos seres tenían unos
«ojos blancos como diamantes». Ambos individuos se movían de forma lenta y se
dirigieron hacia una pared cercana que tocaron durante un rato para retroceder a
continuación. «Cuando estaban a unos diez metros de la pared se volvieron hacia
esta y uno de ellos sacó un aparato de una funda... Acto seguido se produjo un ruido
extraño, como el que produce un muelle, y vimos salir un rayo de color verde oscuro
que llegó hasta la tapia. Y así permaneció esa luz durante un rato», según relataron
los testigos en un reporte publicado en la Gaceta del Norte por Benítez el 5 de enero
de 1978, titulado «¿Descenso de un ovni?». La experiencia concluyó cuando «les
vimos regresar hacia la "cabina”. Uno de ellos se introdujo en la misma y el segundo
permaneció unos instantes como vigilando. Después se metió en la "cabina”... Pero
■ ,l,Íikni • 'í"U® "T-11.'1

nosotros ya no vimos más. Salimos hacia casa».


Los rastros de la Distorsión: De nuevo, una vez más, en un episodio ovni
” *1:1 1W' * w rt

protagonizado por niños encontramos que los presuntos extraterrestres portan un


objeto a modo de pistola de rayos. Aunque en el presente suceso lo más llamativo
es que la descripción de los humanoides encaja a la perfección con el convulso
contexto social y político de la época, donde la presencia de los cuerpos de
segundad del estado estaba muy presente en la sociedad vasca. De hecho, el dibujo
■'HiiWíh ■ ' W1' , e : •
que acompañaba el reporte de Benítez se asemeja a un policía o guardia civil con
pasamontañas más que a un visitante de las estrellas.
Los humanoides de gran talla estaban completamente vestidos de

negro y parecían portar algún tipo de «arma».

Archivo Carav@ca
CASO NÚMERO 20:
La abducción de los Hill: entre nazis, mapas estelares
y pruebas de embarazo ■'i>t

iiii'11'' *• *
Sin duda, pocos casos dentro de la fenomenología ovni han creado tanta «escuela»
como el pretendido secuestro de Betty (Eunice Elizabeth Barrett Hill) y Barney
Hill. El peculiar matrimonio, casi sin pretenderlo, «dio a luz» al paradigma
de las supuestas experiencias de abducción alienígenas aportando una sene de
. . , , . . , .'I J
componentes que se «repetirían» hasta la saciedad en muchos lugares del mundo,
pero sobre todo en los Estados Unidos, patria por excelencia de los secuestros
extraterrestres.
IÍÉiylíl®l®n!Í^r

En la madrugada del 19 al 20 de septiembre de 1961, los Hill iban a ser


protagonistas de lo que sería un hito en la ufología moderna. Cuando regresaban
de unas plácidas vacaciones en Canadá, el matrimonio formado por Barney (un
afroamericano) y Betty Hill (una mujer blanca), fueron, al parecer, secuestrados por
los tripulantes de un ovni. Cuando tuvo lugar este inquietante incidente, los Hill no
pudieron recordar nada, excepto la observación de una extraña aeronave luminosa
que se posó cerca de ellos, en la cual, según comentaron, pudieron distinguir a
varios seres.
El investigador John G. Fuller, autor del best-seller dedicado al caso The
Interrupted Journey: Two Lost Hours «Aboard a Flying Saucer» (El Viaje Interrumpido;

'í'lllilíMlÜm
Deshoras olvidadas a bordo de un platillo volante, 1966), comentabais detalles del
encuentro con el ovni:
En tanto Bamey miraba a través de los prismáticos el enorme objeto —su
diámetro tenía la misma anchura que la distancia entre dos, de los postes del
teléfono a lo largo de la carretera— dio silenciosamente una vuelta completa
sobre la carretera, quedando solo a unos treinta metros de distancia de ellos.
La doble hilera de ventanas de aquel objeto era ahora perfectamente visible.
[...] Bamey estaba muy asustado, pero, sin saber por que, cruzo la carretera,
se adentró luego por el campo y avanzó directamente hacia el objeto. Ahora,
el enorme disco estaba inclinado en ángulo hacia Bamey: dos proyecciones,
semejantes a aletas de pez, salían por ambos lados, y tenían luces rojas en
los extremos. Las ventanas parecían convexas y se extendían en torno al
perímetro del disco grueso y en forma de torta. Seguía sin oírse el menor
ruido. Lleno de agitación, pero poseído todavía de un irresistible impulso de
acercarse más y más al vehículo, Barney continuó avanzando por el campo,
llegando a solo quince metros de distancia del objeto, que había descendido
hasta la altura de las copas de los árboles. Barney no calculó su tamaño, pero
se dijo que era tan grande como un avión de pasajeros de propulsión a chorro,
o mayor quizá. [...] Detrás de las ventanas, Bamey ve las figuras: por lo menos
media docena de seres vivos. Parecían estar apoyados contra las ventanas
transparentes, mientras el objeto descendía hacia él. Estaban agrupados, mi­
rándole. Advirtió vagamente que iban de uniforme. Betty, a casi sesenta me­
tros de distancia, le gritaba desde el coche, pero Barney no recuerda haberla
oído.

En un principio creyeron que su avistamiento había concluido con aquel susto


sin embargo solo era el principio...
Mucho tiempo después, y a raíz de unas pesadillas de la señora Hill, acudieron
a su médico, el Dr. Duncan Stephens, que a su vez solicitó la cooperación del
psiquiatra, neurólogo e hipnólogo Benjamín Simons. Fue en ese momento cuando
Betty recordó, gracias a la hipnosis, toda la,tn rienda que habían
vivido aquella madrugada, cuando el interior del ovni
por varios humanoides, no muy altos, de j js, sin labios y que vestían
¡fe' ■'l
uniformes al estilo nazi. «Parece un nazi alem amey—. Es un nazi
(...] ¿Llevaba un uniforme? —Pregunta el doctor í ] Tenía una bufanda
izquierdo
negra arrollada al cuello, que le caía sobre el hoi_______ x-------- [...] los ojos eran
oblicuos. Pero no como los de los chinos». Bajo sugestión hipnótica, tanto Betty
como su marido, por separado, relataron una coherente historia que asombro a los
doctores que le atendían, que no sabían exactamente a qué se enfrentaban. Según
la información revelada bajo hipnosis, el matrimonio fue sometido a un profundo
examen médico en el interior del ovni. Betty explicó que este chequeo se realizó
en una gran habitación iluminada por todos lados (techo, suelo, paredes) con una
camilla en el centro.

Al entrar en esa habitación —afirmaba Betty— vienen con un hombre que


habla inglés. Se queda por un minuto, no sé quiénes son: creo que tal vez
sea la tripulación... y entra otro hombre. No lo he visto antes. Creo que es
un médico. Traen la máquina... es algo parecido a un microscopio, pero un
microscopio con gran lente. Me dio la idea de que estaban tomando una foto­
grafía de mi piel. Luego toman algo similar a un abrecartas, pero no lo era, y
raparon mi brazo aquí... había como un trozo de celofán o plástico, o algo así,
ellos rasparon y colocaron lo que sacaron en ese plástico.
Para los ufólogos que creen a pies juntillas en el relato del matrinhonio, el
siguiente episodio que relata la Sra. Hill representa una clara prueba de la Realidad
del caso, pues se describe una prueba médica desconocida en la fecha. Esto fue lo
que dijo Betty:
Id 'M * ’Mi,. * ’S >

¡Y ahora dice que quiere pincharme el ombligo! Que no es más que un experi­
mento. Y me echo a llorar y le digo: «Me duele, me duele, ¡sáquela, sáquelal».
Y el jefe, el que parece mandar, me tapa los ojos con la mano y me dice que
todo irá bien, que no sentiré nada. Y el dolor desaparece, pero todavía me
escuece donde me pincharon con la aguja. [...] Y yo le pregunté al jefe: «¿Por
que me metieron la aguja por el ombligo?» Y el me dijo que era para compro­
bar si estaba embarazada».
_ *’l| * íllpl «HÍkB 4 • • T. ’
Al parecer, esta «prueba» se asemeja la ovaroscopia, una técnica ginecológica
desconocida en 1961 que consistía en introducir una aguja por el ombligo de la
paciente para saber si se encontraba embarazada.
Mientras tanto, Bamey Hill, en otra habitación del ovni, también estaba siendo
examinado a conciencia.

Podía sentir cómo me revisaban con sus manos... Miraron mi espalda, y los
podía sentir tocando mi piel..., como si estuvieran contando mi columna
vertebral... y luego me dieron vuelta, y de nuevo me revisaron. Me abrieron la
boca, y yo podía sentir dos dedos que la cerraban. Después oí como si vinie­
ran más hombres, y los podía sentir que se desplazaban por el costado de la
mesa en que yo me encontraba. Algo me raspó con suavidad, como un palito
contra mi brazo izquierdo. Y luego esos hombres se fueron. Al rato volvieron,
me pusieron los zapatos, y pude bajar de la mesa. Pienso que me sentí bien
porque supe que había terminado... Bajé por la rampa y abrí mis ojos y seguí

’in¿‘ fflli fli 1 a líl


caminando. Vi mi auto... y Betty venía caminando por la carretera, y luego
abrió la puerta.
t,

Aún con el dolor en el vientre, Betty, con gran sentido común, teniendo en
cuenta la angustiosa situación en la que se encontraba, piensa que debe conseguir
por todos los medios una prueba que confirmara al mundo la existencia de los
ovnis, y para ello aprovecha un momento que tiene a solas con uno de los
tripulantes para conseguir una «evidencia»: ' ,
Le dije que aquello había sido una experiencia para mí. Que nadie me creería
jamás si lo contaba. [...] Y que yo lo que necesitaba era una prueba de que todo
aquello había ocurrido de verdad. Y el jefe se echó a reír y me preguntó qué
clase de prueba quería. Qué me gustaría llevarme. Y le dije: Algo que pudiera
llevarme y ensenar a la gente porque, entonces, me creerían. Y me dijo que
mirara y viera si encontraba algo de mi gusto. Y miré... No había muchas
cosas en aquel cuarto... Pero vi un libro en el armario. Un libro bastante
grueso. Entonces, cogí el libro y le dije: ¿puedo llevarme esto? Y él me dijo
que hojease el libro, y yo lo hice. Tenía páginas y estaban escritas. Pero la
escritura era completamente distinta de todas las que conozco. Parecía casi
como... no sé... la escritura no cruzaba la página, iba de arriba abajo. [...] Te­
nían algunos puntos, tenían líneas rectas y líneas curvas. Y el jefe se echó a
reír y me preguntó si me creía capaz de leer aquello. Y yo le dije que no. Él se
echó a reír de nuevo y yo le dije que no me importaba porque no quería lle­
vármelo para leerlo, si no para que me sirviera de prueba de lo que me había
ocurrido, y el, entonces me dijo que bueno, que me lo llevara. Y yo lo cogí y
quedé encantada. La verdad, aquello era más de lo que yo había esperado. Y
yo estaba allí, diciéndole que nunca había visto nada parecido a aquel libro y
que estaba contentísima de que me lo hubiera dado.
.... JMuiffli1,
En ese instante se produjo el episodio más divulgado y polémico de la
experiencia de los Hill, y el que más ríos de tinta ha hecho verter, Betty le preguntó
a sus captores por su lugar de procedencia y el «jefe» le mostró üh mapa:

Y él fue al otro extremo del cuarto, a la mesa, e hizo algo: abrió algo que no
era un cajón [...] y el metal de la pared se abrió y sacó un mapa y me preguntó
si había visto yo alguna vez un mapa como aquel. Y yo cruce el cuarto y me
incline sobre la mesa. Y lo miré. Y era un mapa, un mapa oblongo. No era
cuadrado. Era mucho más ancho que largo. Y había muchos puntos en él. Es-
taban esparcidos por toda su superficie. Algunos eran pequeños como pun-
zadas de alfiler. Y otros eran del tamaño de una moneda pequeña. Y había
líneas, había líneas en algunos de los puntos. Eran líneas curvas que unían
un punto con otro. Y había un gran círculo y muchas líneas que salían de él.
Muchas líneas iban a otro círculo situado muy cerca, pero no tan grande. Y
estas líneas eran gruesas. Y yo le pregunté qué querían decir y él me dijo que
las líneas gruesas eran rutas comerciales y, luego, las otras líneas eran rutas
hacia lugares a donde iban de cuando en cuando. Y me dijo también que las
líneas de puntos seguidos eran rutas de expediciones.

Betty volvió a preguntarle por su lugar de procedencia y de nuevo el


alienígena evitó la respuesta, argumentando que no entendería el mapa. Y
cuando la conversación se hallaba en su punto más álgido e interesante, algunos
humanoides irrumpieron en la sala sobresaltados y comentaron algo con el «jefe».
A continuación trataron de sacarle los dientes a Betty, y esta, molesta, les pregunto
qué hacían. Al parecer Barney los tenía postizos y creían que los de la mujer
también los eran.
Entre risas, Betty les expuso que su marido había perdido los dientes naturales
en un accidente y que por eso llevaba una dentadura postiza. También les
explicó que, con los años, los seres humanos pierden a veces los dientes, pero los
«extraterrestres» no parecieron comprender el concepto de tiempo y longevidad.
La experiencia llegó a su fin y les acompañaron a la salida. Betty se aferró al
libro, pensando que lleva consigo una prueba irrefutable.
Estamos otra vez en el pasillo. Barney está detrás de mí y tiene los ojos
cerrados: y un hombre a cada lado. Y cuando yo ya empiezo a bajar la rampa,
vanos de los hombres, no el jefe, sino algunos de los otros,
. __
se ponen a hablar.
. mAiuUi 1 - r
No se lo que están diciendo, pero parecen muy excitados. Y entonces el jete se
me acerca y me quita el libro.
[Link]í'Hi’i»'-1 ■ pi
Betty se puso muy furiosa y gritó al «jefe» que le prometió el libro como prueba.
«Si, ya sé Y precisamente porque es una prueba los otros no quieren. Quieren
que olviden lo que ha ocurrido, que lo olviden por completo».
Ya desde el interior del automóvil el matrimonio observó como el ovni,
il'lllii: Iltyfy h
del tamaño de la luna llena, se elevaba majestuosamente, despidiendo una gran
luminosidad anaranjada y girando como una pelota, para desaparecer en la
lejanía...
Bajo hipnosis, Betty Hill fue capaz de dibujar el mapa estelar que había
contemplado en el interior del ovni. A raíz de ese momento, los esfuerzos de los
partidarios de la HET se concentraron en intentar identificar y trasladar a un
mapa astronómico las presuntas «estrellas» del mapa alienígena, para demostrar la
realidad de este tipo de experiencias.
Por
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descontando, no faltaron las iniciativas para intentar descifrar el contenido
* .............. " 1 .»••!• r- •• •

del famoso plano estelar, pero, en una primera aproximación, ninguno de los
.$‘1*1’’

investigadores ni agrupaciones ufológicas que lo intentaron pudieron encontrar


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paralelismo alguno con las estrellas y constelaciones que conocemos enla Tierra.
Fue una profesora de Ohio, Maijorie Fish, quien tuvo la ocurrencia de colgar
del techo los «puntos» del mapa para intentar verlo desde otra perspectiva, como
hubieran hecho hipotéticamente los extraterrestres que lo hubieran trazado desde
su lugar de origen y no desde nuestro planeta. Con un planteamiento mas que
lógico, la profesora tardó bastante tiempo (entre 1966 y 1972) en encontrar un
patrón de estrellas que se asemejaran a los puntos garabateados por Betty durante
las sesiones de hipnosis. Pero al final lo consiguió. Estaba segura de que el mapa
correspondía a la constelación de Retícula, una pequeña constelación solo visible
desde el hemisferio sur en la que destacan dos estrellas, Zeta 1 y Zeta 2, situadas
a 37 años luz de nuestro planeta. La profesora estaba convencida de que en el año
1964 (fecha de la regresión y obtención del mapa) nadie tenía ese conocimiento
astronómico, por la tanto, la fuente de la información debían ser los tripulantes de
una nave extraterrestre, como defendían los Hill. Tan impactante fue la publicación
del hallazgo en su día (1975) que el físico nuclear y ufólogo Stanton Friedman
reclamó, con excesiva fe, para la profesora un «premio» de 50000 dólares que
otorgaba la revista The National Enquirer a cualquier persona que aportara una
prueba sólida de la realidad de los ovnis.
No obstante, algunas voces críticas han demostrado que con un poco de tiempo
se pueden encontrar paralelismos con otras estrellas del firmamento. Incluso el
conocido divulgador científico Cari Sagan, decía que «si tenemos la intención de
encontrar una correlación entre los dos mapas "el de Betty y el de Mavorte"
seleccionando a su voluntad elementos de cada tino e ignorando otros, siempre
tendremos éxito».
Hay que tener en cuenta, en detrimento de la buena voluntad de Marjorie
Fish, que el mapa original de Betty Hill lo componían veintiséis puntos y que la
' ' (l¡|| I !||I

profesora solo encontro quince referencias en su mapa, por lo que faltaban, para ser
una confirmación 100% fiable, la correspondencia de esos once puntos restantes.
Incluso escépticos a ultranza, como Robert Sheaffer, aseguraban que existían
mapas más certeros que los de la profesora de Ohio.

La segunda supuesta identificación del mapa estelar de Betty Hill fue propuesta
por Charles W. Atterberg—leemos en su libro Veredicto ovni (1986)—.
Este computó la trayectoria por ciertos grupos de estrellas cuando son vistas
desde diversas perspectivas en el espacio. Después de mucho trabajo, Atter-
berg descubrió que existe un punto en el espacio, a lo largo del límite sur
de la constelación de Ofiuco, desde el cual las estrellas en la vecindad del
sol parecen corresponder casi exactamente con el esquema del boceto Hill.
El mapa Atterberg se ajusta al boceto con mucha más precisión que el mapa
Fish, e identificar 25 de las 26 estrellas Hill, en lugar de solo 15. Atterberg
tampoco se limitó únicamente a las estrellas capaces de tener vida. Comenzó
por representar todas las estrellas vecinas al sol, lo que hace más notable
el hecho de que la mayoría de las estrellas supuestamente visitadas por los
alienígenas (de acuerdo con este mapa) sean muy favorables para el man­
tenimiento de la vida. De las once estrellas que podrían haber visitado los
extraterrestres (sin contar el sol), siete de ellas figuran en la lista de estudio
•• • ■ . . • . , •
‘ ’ ¡ Mí

de la RAM Corporation por Stephen H. Dole, como estrellas quepodrían tener-


planetas habitables. (¡No es un porcentaje muy bajo de estrellas elegidas al
azar en las vecindades del sol!).
Incluso es más sorprendente el hecho de que las tres estrellas que forman
el corazón del mapa Atterberg —Epsilon Eridani, Epsilon Indi y Tau Ceti—,
conectadas por líneas que representan las supuestas rutas principales de los
ufonautas, hayan sido descritas por Cari Sagan como (las tres estrellas más
cercanas con interés biológico potencial). Sin duda, esto es mucho más des-
tacable que cualquier evidencia a favor del mapa Fish.

Mas recientemente en el tiempo, el astrónomo Brett Holman publicó un


articulo en noviembre de 2008 en la revista Fortean Times, indicando que el
trabajo de Fish carece de rigurosidad en nuestra fecha. Holman afirma que dos
de los puntos del mapa de la profesora han terminado siendo identificados como
estrellas variables (54 y Piscium 107), otros dos forman parte de sistemas estelares
múltiples, y otros dos (Gliese 67 y TAU) están tan separados del resto que no
podrían formar parte del mapa observado por la Sra. Hill. Holman demuestra que,
de los quince aciertos planteados por Fish en su conocido trabajo, al menos seis son
insostenibles hoy día. Después de invalidar la información astronómica del famoso
mapa, quizás podamos ofrecer una nueva y revolucionaria interpretación sobre el
«origen» y verdadera «naturaleza» de la carta estelar... Pero será más adelante...
Los rastros de la Distorsión: El Dr. Simón pensaba, tras analizar las regresiones
de los Hill, que «mucho de lo revelado se parecía a otras revelaciones de tipo
onírico». No puedo estar más de acuerdo con las apreciaciones el doctor. Pero
insisto una vez más: no podemos delimitar ni reducir la trascendencia del
fenómeno ovni al universo puramente mental o quimérico de las ensoñaciones,
alucinaciones o trastornos mentales, ya que en estas experiencias participa un
AE que construye y edifica sus elaboradas proyecciones don el material psíquico
'A !-í'lÜt
aportado por los testigos.
Ateniéndonos a estos preceptos, podemos analizar la abducción de los Hill y
presentar un nuevo enfoque que nos ayude a comprender muchos de sus aspectos.
Para comenzar, hay que señalar, tal y como informa John Fuller en su libro, que
Bamey era un «entusiasta observador de aeroplanos». Por tanto, encontramos un
claro referente para que el AE pudiera «construir» el platillo volante en base a los
conocimientos aeronáuticos del marido de Betty. De hecho, en algunos párrafos del
citado libro se lee lo siguiente: «Con ayuda de los gemelos, Barney distinguía ahora
una sombra parecida al fuselaje de un avión, aunque no tenía alas». Incluso en
una ocasión, según contó, un reactor militar pasó a muy baja altura sobre Bamey,
causándole una gran impresión, y así lo expresó bajo hipnosis: «Estoy pensando en
bañarme en French Creek, con mis dos hijos. Y este avión me pasa por encima y se
nos echa encima y para a unos centímetros de altura sobre el parque del estado». El
propio John Fuller no puede evitar realizar el siguiente comentario, que de alguna
manera confirma la veracidad de mis ideas: «El movimiento del objeto en el cielo
recordó a Barney un incidente semejante, que le había ocurrido hacía algún tiempo
con un avión, que le produjo honda impresión. Es interesante comprobar cómo se
relacionan las reminiscencias y cómo conservan la claridad y la viveza, a pesar del
tiempo transcurrido». Hay que recordar que precisamente Barney fue el que más
detalle dio de la misteriosa aeronave.
Sin embargo, más interesante que la apariencia externa del ovni es el aspecto
de los tripulantes. Bamey afirmó, bajo hipnosis dellDr. Benjamín Simón, que «parece
un nazi [...] tenía una bufanda negra arrollada al cuello, que le caía sobre el hombro
izquierdo». Está claro que no se trata solo de una simple alusión a que vestían
un tipo de uniforme militar, sino que Bamey los comparó exph'citamente con las
vestimentas de los soldados nazis; de hecho, él estuvo en el ejército y combatió
en la Segunda Guerra Mundial. Insistiendo en esta cuestión Bamey, añade que el
«jefe» de los humanoides era diferente: «Su vestido era distinto del de los otros.
Y me acordé de la Flota y de los submarinos, y pensé que los que se apartaron
hacia el fondo iban de azul, pero este otro llevaba una guerrera negra brillante y se
tocaba con un gorro». Tampoco podemos olvidar
:illhb|h
Bamey
que!|íWIHr
estuvo en el ejército
durante tres años (durante la guerra) como conductor de camiones, aunque, tras
ser herido en un accidente con una granada en un campo de tiro, fue dado de baja
honorablemente en el año 1943.
Por su parte, Betty nos añade otro detalle que apunta a la integración y
distorsión de elementos ya conocidos por la testigo en su experiencia cuando
describe a los humanoides: «En cierto modo tenían aspecto de mongoloides. Yo
estaba comparándole mentalmente con un caso en el que me había ocupado
últimamente, un chico mongoloide: ese tipo de cara redonda y frente ancha, algo
basto. Su piel parecía de un gris azulado, pero probablemente era algo más blanco.
Sus ojos se movían y tenían pupila. [...] Me recordaban los ojos de los gatos». En
una especie de diario que realizó sobre los sueños relacionados con su experiencia,
Betty llego a escribir sobre la apariencia de los humanoides: «Medirían de metro
cincuenta a metro sesenta y cinco. Tienen el pecho más ancho que nosotros:
sus narices son más grandes (quiere decir más larga) que las humabais normales,
aunque he visto a gente con narices como la de estos hombres: Jimmy Durante, por
ejemplo*. •[Link],.
- i 'íifW1 •
No cabe duda de que la descripción ofrecida por Betty sobre los humanoides es
muy singular, sobre todo en el detalle de la nariz, que incluso compara con la de un
célebre actor y cantante norteamericano de la época, Jimmy Durante. De la misma
forma, su marido realizo continuas referencias a uniformes militares, bufandas y
M‘l|1' > ,<> mui.
gorras. Una vez más se evidencia que el AE es capaz de construir una elaborada
proyección en base a los recuerdos cotidianos de los testigos, fusionando y
distorsionado la información para conformar un encuentro ovni. Pero podemos
ahondar más en esta cuestión. Para encontrar antecedentes «iconográficos» que
pudieran haber contribuido o influenciado en la «elaboración» compartida de la
experiencia de los Hill, resultado como decimos de la «interacción mental» de los
testigos con un ignoto AE que construye las experiencias en base a la información
contenida en el inconsciente de los testigos, hay que tener en cuenta que en el
capítulo 30 de la serie The Twilight Zone, muy popular en los Estados Unidos como
vimos, titulado Hocus-Pocus and Frisby (emitido el 13 de abril de 1962), se narraba
el intento de secuestro de una persona por parte de unos seres extraterrestres que
se disfrazan de humanos para pasar desapercibidos. El aspecto de los alienígenas
televisivos era muy semejante a los extraterrestres que los Hill describieron bajo
hipnosis en febrero de 1964. Incluso podemos hallar más referentes televisivos que
indicarían que la experiencia de los Hill, pese a tener un innegable e incuestionable
«Y-**- • ■* ' ,i .. r, . 1 • '*. ’ ■*”*“ ’ - ♦ - ; •*• . , »»..•’

* ■ •

componente anómalo e inexplicable, aunque no extraterrestre, tiene sus raíces en


un fenómeno psíquico desconocido orquestado y dirigido por un AE no
identificado. El investigador Martin Kottmeyer también encontró sugerentes
parecidos entre los supuestos humanoides que secuestraron al matrimonio Hill y
*' '• i ' 1

un extraterrestre que apareció en un episodio de la serie de televisión de ciencia


1 ll t
ficción The Outer Limits (1963/65) titulado The Shield Bellero, que fue emitido tan
solo dos semanas antes de que los Hill comenzaran sus sesiones de hipnosis en
1964. Además, en dicho episodio se hacía referencia a un punto clave de casi todos
los incidentes de abducción que se sucedieron a este incidente y que Barney puso de
«moda»: durante una de las regresiones dijo que los seres «no me hablan, solo
, | iH I ii l: .1 • . ,

hablan los ojos». Curiosamente, como les comentaba, en la serie uno de los
IP -l|f. n-, W

extraterrestres decía: «En todos los universos, todo aquél que tiene ojos, habla a
través de ellos». Es muy probable que el «origen» de los alienígenas de los Hill, al
•’UH ll'üili
igual que su famoso mapa estelar, se encontrara latente en su inconsciente en el
momento en el que se produjo la «comunicación» con ese AE indeterminado.
Los extraterrestres que secuestraron a los Hit! son idénticos a los seres aparecidos

en un capítulo de la famosa serie The Twilight Zone.

Pero antes de llegar al punto clave de este episodio, sigamos la pista de los

nazis. Otro de los aspectos más comentados por los investigadores para demostrar

la autenticidad del caso es la supuesta prueba de embarazo a la que es sometida

Betty, la ovaroscopia, una técnica no conocida en la época. Sin embargo, si,

como queremos demostrar, los encuentros cercanos y las abducciones desarrollan

patrones de funcionamiento similares a las experiencias oníricas, determinadas

informaciones pueden transformarse a nivel inconsciente, presentándose de forma


velada. En los campos de concentración nazis, durante la Segunda Guerra Mundial,
los médicos alemanes realizaron todo tipo de experimentos sobre los prisioneros.

ginecología, derivó en la creación de un :método de interrupción del embarazo. Se


,‘V'
---------------
trataba de la «infección salina», una técnica j---- u-ji—
que consiste en —
intr qí aguja de

una inyección en el abdomen, sustituyendo el líquido amniótico .solución


salina concentrada que intoxica mortalmente al feto.
¿Conocía estos datos Betty Hill y transformó la letal aguja del at én ima
■•nl*ii. •I1’ . . •

simple prueba de embarazo? La testigo trabajaba como asistenta social y es muy


probable que conociera estos métodos abortivos o que, simplemente, hubiera leído,
comentando o visto algo parecido en televisión. Además, se da la circunstancia
■'7.' W
que Betty no podía tener hijos y, a nivel inconsciente, este tipo de información es
importante para desarrollar en un psicodrama.
Hay que añadir que Bamey, muy poco tiempo antes de su experiencia, había
estado en el médico por un problema de úlcera y se había sometido a rayos X, por
lo que las pruebas médicas estaban muy «frescas» en la memoria del matrimonio.
....... l'lilliiN

A igual que Betty, Barney también hizo una referencia a que los «extraterrestres»
durante la exploración le tocan la zona del abdomen: «Estaba echado en la mesa y
me pareció que alguien estaba tocándome la ingle con una taza y, de pronto, paró».
Si la distorsión está en lo cierto, el inconsciente del testigo es utilizado a
forma de biblioteca por un operador externo para conformar todos los detalles
y elementos de la escenificación de un encuentro cercano con supuestos seres
extraterrestres. Ya que resulta poco probable que una civilización alienígena
avanzada necesite un método tan invasivo y «primitivo» como la introducción de
una aguja en el abdomen de una mujer para saber si está embarazada cuando a día
de hoy nuestra tecnología dispone de medios más efectivos.
Los Hill aseguraron que fueron conducidos a bordo del «platillo volante»
sujetados por los humanoides. Durante la hipnosis, Bamey induce en su respuesta
el verdadero origen (psíquico) de dicha «idea»: «Me están ayudando. Y estoy
pensando en una película que vi hace muchos años y a este hombre le llevan a la
silla eléctrica Y pienso en esto y pienso en que yo estoy en la misma situación que
aquel hombre. [...] Tengo la impresión de estar soñando». De nuevo, encontramos
referentes mentales en Bamey que fueron utilizados para «crear» su célebre
episodio de abducción. Pero hay mas ejemplos.
Cuando Betty relata el episodio del libro «alienígena» que quiso traerse de
«recuerdo», esta comenta que «la escritura era completamente distinta de todas
las que conozco. Parecía casi como... no se... la escritura no cruzaba la pagina, iba
i«hj i iMiniHl’
de arriba abajo». Pero, sin embargo, si analizamos detenidamente su testimonio,
encontramos la respuesta oculta entre sus propias palabras: «Aunque he visto
escritura japonesa, esta escritura era de líneas muy claramente delineadas, y
algunas eran muy finas, otras, regular, y otras, muy gruesas». Durante la hipnosis,
el Dr. Simón le preguntó: «¿Qué idiomas conoce usted cuya escritura vaya de
arriba abajo? "Conocer, no conozco ninguno —responde Betty—, pero reconozco
la escritura, aunque no sé leerla: japonés"». Ella afirma sin tapujos que conoce
el japonés y, «curiosamente», lo que ve en las páginas del libro «extraterrestre»,
es precisamente una escritura vertical parecida al japonés, como haría nuestro
cerebro en un sueño, modificar o distorsionar recuerdos conocidos.
Pero quizás el aspecto más asombroso y desconcertante de la experiencia
. ''' ,i .lüJjjWnii,, ii,e

de los Hill era el famoso mapa estelar. Las investigaciones emprendidas para
su resolución no habían sido las adecuadas. Más que esforzarnos en intentar
identificar las supuestas estrellas representas en el supuesto mapa debimos

hacemos las preguntas correctas. ¿Por qué un mapa enrollado? ¿Guardado en un
cajón? ¿No había un medio mas sofisticado para almacenar esta información en
una nave espacial que atraviesa el vasto espacio sideral? La clave para resolver este
enigma fue descubierta gracias a la ayuda prestada por el brillante investigador
norteamericano y buen amigo Rich Reynolds, quién se percató de que en el salón del
hotel Rockingham (New Hampshire), donde los Hill se reunían con los miembros
del NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color), sobre
la pared, había colgado un cuadro con un mapa de la Segunda Guerra Mundial,
concretamente del célebre desembarco de Normandía. Si observamos el mapa, nos
daremos cuenta de que tiene muchos puntos en común con el supuesto plano
estelar que la testigo vio en el interior de la nave. Lo más llamativo entre ambos
diseños son los dos «puntos» que se conectan con varias líneas y que tienen
varias ramificaciones en los extremos. Personalmente comprobé que, incluso si
superponemos ambas imágenes, la inclinación de ambas «cartografías» coinciden
de manera asombrosa. El mapa estelar parece, por tanto, solo una «modificación»,
fruto de una distorsión «mental» del plano militar, como si fuera recordado y
representado durante un sueño, pero que es reproducido en otro contexto y con

.ItllUlli'.'dLUUk.J
otro significado. No en vano, Betty dijo: «Y puso el mapa... el mapa enrollado...
lo puso en el lugar de la pared metálica de donde lo había sacado [...] le pregunté
si quería volver a desenrollar el mapa». ¿Por qué no utilizaron los alienígenas un
ordenador táctil plano, por ejemplo? Eso sí sería revolucionario en el lejano 1961.
O incluso una holografía proyectada en el aire tendría un aspecto más futurista y
vanguardista que un simple mapa enrollado. Pero ¿un simple «papel» desplegado
en una mesa? Esto lo podría haber «imaginado» cualquier persona en los años
sesenta. Además, el matrimonio Hill, durante la preparación del viaje, consultaron
repetidas veces los mapas de carreteras, que están compuestos precisamente ae
líneas y puntos
~n*>........ .

El mapa estelar observado por Betty tiene Un asombroso


parecido con un mapa militar del desembarco de Normandía.

Por tanto, está claro que si analizamos el testimonio ofrecido por los Hill
encontraremos muchos indicios de que su e> ncia fue conformada (fabricada)
", W .
con el material psíquico de su propii te y que," con ayuda del AE,
ii» illilll1, '■ ¡ffl?'
este fae proyectado al exterior para crear, ndo los patrones del sueno,
su particular e intransferible vivencia de secuestro con alienígenas. No estamos
. , , . , -
hablando de una simple alucinación. Estamos ante una perfecta proyección,
/-.uillu...................... ''f _

incitada por un operador externo sin identificar, que es capaz de «materializar»


toda esta escenificación, como si tratara de una gigantesca representación teatral.
J. Dermis Robinson en un reporte titulado «The UFO Romance of Betty and Barney
Hill» (2008), hablaba de un aspecto poco divulgado de incidente y que demuestra
la complejidad del mismo: «La repentina muerte de Barney por una hemorragia
cerebral devastó a Betty. Su amiga de la universidad y su amiga de toda la vida,
la Dra. Mary Ann Franklin, sugiere que Betty nunca dejó de llorar por su alma
gemela. La sobrina de Betty y Barney Hill, Kathleen Marden, ofrece una anécdota
contundente en su nuevo libro Captured! The Betty and Barney Hill UFO Experience,
escrito con el experto en ovnis Stanton Friedman. Marden recuerda la primera vez
que Betty salió de su casa después del funeral de Barney. Betty se detuvo en la Ruta
125 alrededor de las 9 pm y salió del automóvil para examinar un ovni que se cernía
sobre las líneas eléctricas cercanas. Supuso, según Marden, que los extraterrestres
dentro de la nave sentían "curiosidad" por la muerte de Barney. “Cuando [Betty]

[Link]úlUUl!
señaló en dirección a la tumba de Barney", escribe Marden, “la nave se balanceó
hacia adelante y hacia atrás tres o cuatro veces, y cruzó la carretera”».
El propio Dr. Benjamín Simón enlazaba con la TD sin saberlo, claro, cuando
exponía en su informe que: «Se podía deducir la posibilidad que los Hill hubiesen
sufrido una experiencia real con n fenómeno real musitado, alguna aparición
que estimulase en ellos dos ciertas encías
i, 4.
ocionales». Al fin y al cabo, eso
es la distorsión: una «comunicación» no verbal
en arquetipos y sensaciones, que nos enfrenta aun « so mental» desconocido
y apasionante...

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CAPITULO 10
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LA ECUACION . •ll: lllll

DE LA DISTORSION
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Lo más relevante de nuestra tesis ■p puáaa icada con la casuística
sobre la mesa. Con un sencillo ejerc po iprobar hasta qué punto la
implicación del testigo puede ser detectada.

1.- La ecuación

La TD establece que, conociendo información de solo una de las dos partes que
conforman este tipo de vivencias (A.- el testigo o B.- La experiencia ovni), podemos
descubrir elementos de la otra parte de forma precisa y desconcertante, lo que
demostraría que se trata de un fenómeno de «creación mental compartida» entre la
psique humana y un AE, en cierto modo predecible.
Parte A: Si conocemos datos del testigo, por ejemplo, que tiene conocimientos
sobre una determinada área (aficionado a la egiptología, electrónica, armas, ciencia
ficción, política, etc.), es probable que este material se vea reflejado en su supuesto
encuentro cercano con extraterrestres. Por tanto, antes siquiera de conocer los
detalles de su experiencia, podemos intuir o predecir algunos elementos de su
encuentro.
Parte B: Si por el contario nos ofrecen datos de la experiencia, por ejemplo,
si leemos en un informe que el ovni tenía forma de helicóptero, es muy probable
que el testigo tenga algún tipo de relación o conocimiento sobre esta materia (ser
militar, vivir cerca de una base aerea, aficionado a las cuestiones militares, a la
aviación, o ser incluso piloto), como ocurrió de forma gráfica en el casó de Willian
Laxton.
De hecho, para certificar la conexión mental soterrada en los casos ovnis
hay algunos ejemplos muy llamativos que por ser tan evidentes han pasado
desapercibidos. Es curioso, como indicábamos en el capítulo 6, que la mayoría
<*•.. B ^ílKS
de incidentes registrados de «humanoides» parecidos al «muñeco de Michelin»
hayan ocurrido inevitablemente sobre territorio francés, de donde es originaria la
famosa marca de neumáticos y donde estaría más presente el icónico logotipo en el
inconsciente de los testigos. Incluso hay dos sucesos ocurridos en la pequeña Isla
de Reunión, un protectorado francés. Y tampoco es un detalle casual que muchos
ocupantes de ovnis observados por niños porten pistolas y armas, elementos muy
latentes en el imaginario infantil.
Y siguiendo estas premisas, preguntamos al lector: ¿qué tipo de encuentro
ovni tendría un estudiante de arte que residiera en una ciudad de nombre griego
enclavada en los Estados Unidos? ¿Estarían implicados sus estudios de arte o la
influencia de Grecia, o ambos? Piénselo un momento antes de continuar la lectura.
El 20 de octubre de 1973, alrededor de las 02:00 horas, en Atenas (Georgia), Mars
Walker, un estudiante de arte de la universidad, de veinte años, que vivía en un
apartamento cerca de Ariporo Road, escuchó un extraño «sonido agudo, como una
sirena», seguido de un «resplandor parecido al de la esfera de un reloj». Al asomarse
al exterior, observó un artefacto redondo con un diámetro aproximado de entre
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,, «.iRr .¡..ui.. - ■ ••*•/ ■■
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tres y cinco metros que descendió a ur atros dc distancia dei


testigo. El sonido aumentó de intensida ¡rizó a formarse dentro
del objeto, dando como resultado «un > a los humanos» bañado por
«un campo eléctrico» de color verde. Lo es que la cabeza estaba rodeada
de tentáculos y las manos teman menos ico dedos. Al testigo le pareció que
aquello era parecido a un holograma. raño para mí es la poca atención
que me prestó, no tenía ningún interés en comunicarse conmigo o amenazarme o
cualquier otra actividad, aparte de observar». La criatura volvió a entrar en el ovni y
despegó media hora después de llegar. ¿Una medusa contemporánea descendiendo
de un ovni sin petrificar a sus observadores? Sin duda, se han pasado muy por
. "Ilh. . .
alto todas estas descripciones que son, sin duda, indicativas de una particularísima
influencia local en los avistamientos. Y también es cierto que muchos testimonios
hablen de «proyecciones» u «holografías». La misma «ecuación» se podría aplicar
con los contenidos informativos de los encuentros cercanos. Si conocemos sobre
que conversaron los «extraterrestres» podremos intuir, sin mucha dificultad, los
conocimientos o intereses de los testigos...

2.- El detalle

De manera inevitable, en casi todos los encuentros cercanos con ovnis, hallaremos
algún detalle o elemento significativamente diferente de cuanto hayamos oído
o recogido en otro incidente. Esta circunstancia, más que ninguna otra, es la
que más claramente nos señala que el origen de ese particular fragmento de
la experiencia se encuentra insertado en la ; .dé los testigos antes de sai
•hV-1'i’íh «'
encuentro. Para validar aún más nuestro piar tí, la TD no se basa en todo
el contenido estético observado por los tes tros cercanos (aunque
podría hacerlo) para buscar las equivalencia ía relativamente sencillo
encontrar alguna coincidencia visual, teniend< ihta que la mayoría de los
observadores han visto películas de ciencia fi cohetes, ventanas circulares,
cascos, luces, series de TV, etc. Por el con TD hace especial hincapié en
unos determinados elementos de la narració: e son exclusivos y distintivos, y
'Wp ............
que la hacen radicalmente diferente de cualquier otro evento ovni que hayamos
registrado en la casuística. Como, por ejemplo, el mapa estelar de Betty Hill,
las ideas políticas de Pons Prades (que veremos más adelante), la incipiente jura
de bandera del hijo del matrimonio Corell, los «astronautas» y la «esvástica» de
Juan González Santos, el ejército de humanoides de Sevilla, etc. Hablamos de
componentes lo suficientemente específicos y concretos como para achacarlos a
una mera casualidad de que se encuentren en el banco de memoria de los testigos.

/I la búsqueda de la distorsión...
Vamos a exponer dos ejemplos donde conseguí encontrar los «resortes» que
sirvieron de base para la creación de la experiencia. En ambas entrevistas tuve
la fortuna de ir acompañado de compañeros de investigación que asistieron
impávidos a la ratificación de mis conclusiones teóricas.
La «Pirámide Voladora». Junto al reportero, escritor y amigo Miguel Pedrero,
me dispuse a entrevistar a una testigo que afirmaba a haber tenido un encuentro

iKlHUüdltitiri. . [Link]., . ¡I, . .nuuUlllul<-<


cercano con un ovni en forma ¿Le pirámide, al que yo había entrevistado
[Link] ¿ó ' ' '

anteriormente, a finales de 1997. Antes de encontrarnos con Maribel D., sugerí


a Pedrero que, a mi entender, el rasgo más llamativo de su experiencia era la
forma piramidal del objeto, muy poco común en la literatura ovni, y que por ahí
deberíamos buscar la clave de la TD. La
' « í 'í Jf f' *• á
testigo narró su
nos’............... encuentro:
¿ f $
; ? ’ ■■■■* “ ’ " -|J||¡ • ..
[líl?
i’l ¡i'r ' .ülp! 'l’l'i .¡i| I 'l‘j
El 25 de septiembre de 1995 volvía de Sevilla rumbo a San Roque con mi
hermana (32 años) y mis dos hijas pequeñas que contaban por entonces diez
y once anos. Conducía yo, normalmente tardó dos horas en hacer el trayecto,
pues lo tenía bien calculado [hay que aclarar que Maribel hacia el recorrido
habitualmente debido a una enfermedad de su hija menor, que la obligaba a
■h*’ i ’tu» ■!
visitar un especialista en la capital andaluza], A las 22:25 salimos de Sevilla;
veníamos despacio por la autopista, y al salir de ella tomamos la carretera
de Jerez (C-440), y de golpe miramos al cielo y vimos cuatro luces o focos
juntos formando un rectángulo. Estaban a la altura de las estrellas, lejos de
los montes, por lo que pensé que no podían ser antenas de televisión o radio.
Entonces le pregunte a mi hermana qué podría ser aquello, pero ella estaba
igual de asombrada que yo. Mis niñas venían dormidas. Las luces las vimos
durante cerca de veinte kilómetros, desde la salida de la autopista de Jerez
hasta el cruce con Paterna [indicar que en dicho cruce se puede tomar di­
rección también a Puerto Real, pero en sentido contrario al de Paterna]. [...]
Veníamos despacito observando las luces, y al llegar justo al cruce donde se
encuentra la venta del Pedroso, el «cacharro» se me vino encima en décimas
de segundo. Era impresionante. No tuvimos tiempo de reaccionar, creimos
que iba a estrellarse contra el coche. Estaba a nuestra izquierda, hacia el lado
de la venta, y se nos echó encima de repente. Venía hacia el lado del conduc­
tor donde yo me encontraba; para mí que nos mataba, comenzamos a gritar
y las niñas se despertaron, pero a pocos metros de llegar al coche el cacharro
fue bajando su velocidad. Paré el coche y me bajé; en ese momento el cacha-
rro pasaba por encima de mí a tinos si g.U ocho metros de altura. Maribel
había detenido el vehículo junto a ja quena isleta que permite efectuar
el- giro
- ,hacia Paterna. r?
Era un rombo p ecto, enorme, las cuatro luces que
veíamos en el cielo eran los cuatro véi :es del rombo. Era grandísimo y la
.: gií ■.
base era de color blanco brillante. De ¡ mto todo se ilumino como si fuera
de día, era una luz blanca muy fuerte pt i no deslumbrante, sino fina. Pasaba
por encima de mí lentamente; yo creía que se iba a alejar, pero se detuvo a
mi derecha, a pocos metros del coche. Se quedó suspendido a un metro del
suelo. Entonces vi que se trataba de una pirámide achatada. Eso ocurrió más
o menos a las 23:14 de la noche.
■illit . '111;,.

Maribel nos señaló que las aristas de la pirámide estaban formadas por decenas
de lucecitas de colores, dispuestas desde la base hasta la «cúspide», teniendo en
........ ■
su vértice superior una luz de mayor tamaño de color rojo. Ella podía ver desde
su posición dos aristas y tres caras de la pirámide, pero no podía recordar detalle
alguno de las paredes, aunque le parecieron, eso sí, oscuras. Las luces de los vértices
inferiores eran de mayor tamaño y de color amarillo. La base del ovni desprendía
tal luminosidad que, según Maribel, todo se iluminó como si fuera de día. Por
otro lado, el extraño objeto no emitía ruido alguno, detalle este que desconcertó
a la testigo, que no podía imaginar que algo de tales proporciones no produjera
ningún tipo de sonido. En esos momentos, un camión que iba dirección a Jerez
aceleró bruscamente al llegar a la altura de los testigos, «parecía que tuviera miedo
de aquello», nos señala Maribel. Nuestra testigo, impertérrita, seguía observando
detenidamente a la pirámide, cuando los llantos histéricos de sus acompañantes le
obligaron a introducirse en el coche para poner pies en polvorosa...
El investigador gaditano,
en el lugar donde lá «p
del terreni
,|i|

A los pocos segundos de intr el vehículo, la pirám ! se elevó un


poco y se dejó «caer» hacia ade í (en el sentido que iba el vehículo de los
testigos), formando un ángulo de 9O9 grados con la base y el suelo, alegándose
velozmente en dirección a la bahía de Algeciras. Maribel nos comenta que, al poco
de introducirse en el coche, sintió como parte de su cuerpo quedó ligeramente
adormilado: «Noté como si me durmieran toda la parte izquierda del cuerpo, como
■ -•
. relajado».
si te tomaras un sedante y te quedaras muy j!
Curiosamente, cuando la «pirámide voladora» estaba casi en el suelo, ninguna
de las dos niñas miró al objeto, ya que, presas del pánico, prestaban toda su atención
en su madre que se había bajado del vehículo. La mayor de sus hijas aún recuerda
perfectamente este hecho: «Primero vimos "cuatro estrellas” en línea “muy gordas”
y mi tía dijo que era una antena, pero para quitarse el miedo, porque mi madre decía
que estaban lejos del monte. Entonces me quedé más o menos dormida escuchando
a mi madre y a mi tía hablar de las luces, y de repente noté que el coche se paró y
mi tía comenzó a gritar; mi madre había salido del coche y empecé a preguntar qué
pasaba. Decían que la luz había bajado, nosotras llorábamos y gritábamos para que
se metiera para adentro, teníamos mucho miedo, cuando se metió, mi madre nos
dijo que miráramos y vimos un rombo de luces, una de ellas era roja las demás
como blanquecinas y se fueron para enfrente (dirección a la Bahía)...».
Todo parecía que había acabado y los'Únicos empezaron a serenarse dentro
del vehículo, pero la noche aun reservaba áá sorpresas para las cuatro viajeras.
Según nos dijo MaribeL «A los pocos rr
«1Í-. '• • * 1 j. '?’3Ínl

—continúa con su relato Maribel— apareció por detras d M&bdie "especie


de bola de discoteca” plateada que daba unos destellos vi des, que comenzó a
seguirnos. Mis niñas y mi hermana pudieron verla perfectamente, tema un metro
de diámetro».
Desde que la esfera comenzó a perseguirlas, el coche «aminoró»
inexplicablemente su velocidad. El Ford Orion 1600 de gasolina propiedad de la
testigo parecía retenido, no pudiendo superar los 30 km/h. «El coche se retema —
nos explica Maribel—, como si no andara nada, parecía que ‘‘aquello’’ nos tiraba para
atrás». Sin embargo, el dato más inverosímil e increíble de este singular episodio
sea que varios vehículos que se cruzaron con ellas (e incluso que la adelantaron) no
parecieron percatarse del extraño objeto que las perseguía, y que no obstante las
cuatro mujeres podían ver. Su hija mayor nos confirma esta circunstancia cuando
nos dice: «Nos poma los pelos de punta, era muy raro, daba unos destellos verdes
y amarillos... era muy brillante». Hay que añadir que la carretera que une Jerez y
Los Barrios es bastante transitada a todas horas, principalmente por tráfico pesado.
Aquel fenómeno parecía «existir» solo para las testigos
La esfera los persiguió durante diez o doce kilómetros, hasta que desapareció
misteriosamente, pero el coche continuó «retenido» hasta la Venta del Frenazo (a
unos 67 km de la Venta del Pedroso y a pocos de la localidad de Los Barrios). Se da la
circunstancia que la hermana de Maribel estuvo observando «una luz blanca muy
potente entre los árboles» desde que dej £r la pirámide hasta que éiÍ|!;¡[Link]
comenzó a funcionar normalmente. Dic olo la observó la hermana, yaque
se veía a la derecha de la carretera, aunqu jel en el último momento advirtió
«un extraño resplandor al dar una curva on a su destino en San Roque a
las 00:27, invirtiendo casi el mismo tiempo que de costumbre, cosa imposible, ya
que como la misma testigo nos apunta, «estuvimos parados unos cuantos minutos,
y durante parte del camino (67 km) tuvimos que ir muy despacio, en primera y
segunda». Por lo tanto, haciendo un poco de cálculo, nuestros testigos ganaron algo
más de una hora de tiempo.
Una vez concluida la entrevista, no tardé mucho tiempo, ante el asombro
-
de Miguel Pedrero, en encontrar el «enlace» con mi teoría. Preguntada sobre la
particular forma del objeto (muy poco común en la literatura ovni), Maribel no
dudo en decir que desde muy pequeña era una gran aficionada a la egiptología y
que le encantaban sobremanera las pirámides. Además, es claro que las testigos
sufrieron algún tipo de «estado alterado de conciencia» aquella noche, ya que solo
ellas parecían observar los extraños fenómenos luminosos que se produjeron de
regreso a su domicilio...
EL «Gigante Verde». En compañía de mis colegas David Cuevas, Jesús Ortega
y Lourdes Gómez, me dispuse a entrevistar a José Manuel Trejo, protagonista
de uno de los más intrigantes y espectaculares expedientes ovnis ocurridos en
una instalación militar en España y objeto de una investigación oficial. Mientras
nos dirigíamos hacia el lugar de la entrevista, que fue gestionada por Lourdes,
determinamos que, obviamente, el punto más interesante de la experiencia de
«’ IP » I.

Trejo era Ia descripción del htimanoide que avistó aquella noche, el denominado
«gigante verde». Todos coincidíamos en que, si la TD estaba en 10 cierto, en la
mente del testigo debía de existir un referente para lo esta
. , _ , ...
particular forma de un humanoide extraterrestre..,
dHWIl
Pero conozcamos primero que fue lo vivió Trejo aquella madrugada. El 12 de
noviembre de 1976, en la base aérea de Talavera la Real (Badajoz), sobre las 01:45
horas, dos soldados, José Manuel Trejo y Juan Carrizosa, se encontraban haciendo
una rutinaria guardia en sus garitas situadas en la zona de combustible. Todo
cambió cuando comenzaron a escuchar un extraño ruido parecido a interferencias
radiofónicas, que poco a poco se fue haciendo más intenso, transformándose en un
. un? "
silbido agudo bastante molesto. Durante cinco minutos estuvieron oyendo aquel
diabólico ruido. El teléfono dejó de funcionar a la vez que la corriente eléctrica de la
zona. Extrañados, lo primero que pensaron ambos soldados es que alguien había
podido penetrar en el recinto militar. Así que decidieron patrullar por si detectaban
algo anómalo. Ambos tenían sus subfusiles-Z6 2 cargados y listos para entrar en
combate. Pero antes de que pudieran siquiera dar un par de pasos, el molesto ruido
se hizo de nuevo presente en mitad de la oscuridad de la noche, rasgando sus
tímpanos. Ninguno fue capaz de localizar de dónde procedía. Después de cinco
minutos, el sonido cesó repentinamente, a la vez que un extraño resplandor,
parecido al de una bengala, les iluminó por encima de ellos durante unos veinte
segundos. En ese momento se presentó en la zona el soldado José Hidalgo, que
también había observado el misterioso fogonazo, con un perro pastor alemán.
Convencidos ya de que algo raro sucedía en el interior del perímetro militar, los
soldados avisaron por radio^Wéfo^ de guardia para qué se personara en el
lugar. El cabo Pavón ordenó una minu ciosa inspección de los alrededores en busca
de presuntos intrusos. Los tres soldados, y el perro, recorrieron el muro que
’W :■ 4 *

separaba la base de la carretera cercana. El pastor alemán no daba señales de


inquietud. Pero, tras avanzar unos trescientos metros aproximadamente, sintieron
un repentino remolino de viento, mientras escucharon como se rompía la rama de
.... W
un eucalipto cercano. Tras soltar el perro para que reconociera la zona en la
,
oscuridad, este volvio, sin aparentemente haber detectado ninguna amenaza, pero
......................................................................................................................t

los soldados se extrañaron al comprobar que el pastor alemán parecía estar


mareado. Tras enviarlo a inspeccionar en varias ocasiones, el perro repetía la
misma acción. Los soldados no paraban de gritar «¡alto!» a quién pudiera
¡,V W
esconderse entre las sombras. Pero nada parecía presagiar lo que allí iba a pasar. A
cada regreso, el animal parecía estar notablemente mareado. Entonces, en una de
las vueltas del pastor alemán, este comenzó a girar alrededor de los soldados, una
señal inequívoca de que algo ocurría. En ese instante, Trejo sintió un escalofrió
eléctrico. «Alguien» o «algo» se había situado tras ellos. Al volverse descubrieron
que a unos quince metros de distancia había aparecido una siniestra figura verdosa
resplandeciente formada por centenares de puntos de luz, de unos tres metros de
altura, flotando a unos cincuenta centímetros del suelo. Tenía una especie de casco
en su pequeña cabeza y mostraba unos largos brazos abiertos en cruz. Su cuerpo era
grueso y las manos y las piernas no eran visibles. «Aquella figura toda luminosa
parecía formada por pequeños puntitos. En los bordes de esta, estos puntos
luminosos eran más intensos. La cabeza era pequeña, y como si estuviera cubierta
por una especie de casco... los brazos eran largos y1 el cuerpo grueso», narraron los
testigos al periodista J.J. Benítez en su obra clasica OVNI: Los tripulantes no
identificados (2000). Presa del pánico, Trejo intentó disparar su arma, pero estaba
agarrotado. Trejo nos dijo que en ese momento el «gigante verde» había juntado los
brazos de manera perpendicular al cuerpo y en dirección hacia él. «Cuando juntó los
brazos sentí como si me clavaran un hierro incandescente en la zona del esternón.
> . ' , Mi''1"'"

Caí al suelo en posición fetal, con el arma entre las piernas. Además, perdí la visión
' ’ - .. ’
y tampoco era capaz de levantarme, tenía la sensación de que el cuerpo me pesaba
‘ • l|| H’ ' |’ f.‘

mucho». Entonces sintió un profundo mareo y cayó al suelo desplomado. Sus


uíllill ||¡ir"r i’ I'... .
compañeros no dieron tregua. Las ametralladoras comenzaron a escupir una letal
lluvia de balas. Los dos cargadores (de cuarenta proyectiles) se vaciaron en
_ , i ., 1 ’’ tl,

dirección a la extraña entidad que desapareció tras un fogonazo parecido al del


«flash» de una cámara fotográfica. José Manuel Trejo nos dijo que aquel ser le salvó
la vida: «Cuando estaba en el suelo sentí cómo me rozaba el pelo una de las balas de
mis compañeros. Creo que el ser sabía lo que iba a pasar y se anticipó. Caí al suelo
porque, de lo contrario, me podrían haber matado».

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, Jlüi'li. Jík. ■
cincuenta soldados registraron a concienci; igar de los hechos. Pipnto se dieron
cuenta de un detalle inquietante a todas luces inexplicable: no encontraron ni el
menor rastro de los casquillos ni de los impactos de balas. Por lógica, si algunos
de ellos no hubiesen acertado en su objetivo, el misterioso intruso verde, deberían
estar alojados en la tapia que tenía detrás. Nada. Ni el menor vestigio de lo que pudo
haber sucedido allí. Parecía que todo se había evaporado, que todo había sido una
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ilusión. Sin embargo, los oficiales de la base habían comprobado previamente que
, 1 ’¡I'11 ' l| ' ’''püP

las armas habían sido disparadas... En algún lugar debían estar aquellas evidencias,
pero ¿dónde? , W Jr
A los pocos días, José Manuel Trejo tuvo problemas de visión (ceguera) y
se desmayó mientras estaba en el comedor de la base. El militar fue ingresado
inmediatamente en el Hospital del Aire en Madrid. Los médicos le indicaron
que tenía un «desajuste nervioso». Trejo sufría extrañas convulsiones, pérdida de
visión y fuertes dolores de cabeza. Tras aquellos días de 1977 el soldado nunca más
i'IHillliillliih.
tuvo esas extrañas dolencias. Curiosamente, según nos narró el testigo, durante
uno de los misteriosos «comas» que padeció en el hospital vivió un encuentro con
su abuelo difunto. Fue una especie de viaje astral y, tras ver una luz en cielo oscuro,
y sin sensación alguna de movimiento, aquella luminosidad se le aproximó y su
abuelo salió a recibirle. Estaba en una extraña estancia rodeado de personas, pero
apenas recordaba nada más.
Ante la mirada de mis compañeros procedí a buscar la clave que apoyara mis
tesis. Y ante mi sorpresa, y la sonrisa picara de David Cuevas (el más escéptico del
grupo a mis ideas), parecía que no existía un referente inconsciente en la mente
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de Trejo para la «elaboración» de su particular «gigante verde». A priori, no era
lector de los cómics del increíble Hulk ni parecía que en días anteriores hubiera
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visto ninguna imagen evocadora para su encuentro, ni en la tele, ni en el cine.
Aunque estaba a punto de darme por vencido, la clave apareció de repente de forma
inesperada. Preguntado sobre algo que le recordara la extraña fosforescencia verde

—que, según expresó, emanaba de infinidad de puntos del humanoide, otro rasgo
sin duda muy específico de su experiencia—, Trejo dijo que era «muy parecida»,
«casi idéntica», «al fósforo verde» que veía de pequeño desprenderse de los
pescados cocinados en familia —hace referencia a un extraño fenómeno lumínico
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provocado por la presencia de fósforo en los peces—. Tal y como nos dijo, «yo
me quedaba mirando aquella fosforescencia verde en la oscuridad embobado»; lo
curioso es algo de lo que se percató certeramente el periodista e investigador Jesús
Ortega: Trejo veía reflejada esta luminiscencia en pequeños puntos brillantes sobre
las escamas, como el traje del gigante verde... ¿Casualidad que años después se
topara con un humanoide fosforescente verde? David Cuevas frunció el ceño...
Pistola de rayos: ¿Juegos de niños? También es bastante delatador que gran
cantidad de sucesos ovnis narrados por niños y adolescentes incluyan el detalle de
que los humanoides llevaban «pistolas o armas de rayos». Esto, sin duda, puede ser
otro claro indicador de que la mente humana está detrás de la composición de estas
pretendidas escenas de visitación extraterrestre. Veamos algunos ejemplos. Los
ufólogos galos Henri Julien y Michel Figuet entrevistaron a Frank N., que tuvo un
peculiar encuentro cercano en la primavera de 1965 con un pequeño
«extraterrestre» armado. El testigo contaba por entonces con doce años y conducía

dh
en bicicleta por Sorgues (Vaucluse, Francia), ¡sobre las 16100 horas, cerca de un
bosque, cuando observó un pequeño humanoide de cincuenta centímetros de alto,
vestido desde los pies hasta la cabeza con un traje muy brillante. Su cabeza tenía
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forma de huevo, con ojos muy grandes, su boca era fina y no tenía orejas. Cuando el
testigo se acercó, el ser se quedó inmóvil durante unos segundos. El humanoide
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caminaba levantando mucho los pies, como si saltara, emitiendo unos sonidos
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como «hic... hic...». Corría hacia adelante y el niño lo persiguió durante vanos
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metros. De pronto el humanoide se dio la vuelta, saludo al testigo con la mano y le
ordenó que se detuviera. Pero Frank se acercó y, haciendo gala de gran valentía, le
puso la mano en el corazón y le repitió varias veces las palabras «mi amigo». El
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pequeño ser no pareció entender el gesto y, aparentemente asustado, dio un paso
ni i|i
hacia atrás. En esos momentos, el testigo dijo que observó un extraño artefacto
posado sobre el terreno, que parecía construido de un material «flexible». El objeto
se parecía vagamente a una gran caja de fósforos con las esquinas muy
redondeadas, tema tres metros de largo, un metro de alto y unos ochenta
centímetros de fondo. En su parte superior tenía una «cabaña» redonda que brillaba
como un tubo fluorescente. Entonces Frank tuvo la ocurrencia de atrapar al
«visitante», pero este sacó un «arma» con forma de secador de pelo y, al apuntar al
testigo, este perdió el equilibrio y quedó paralizado. Según indicó Frank a los
investigadores, en el lugar también había un hombre que estaba inmóvil. El ser
aprovechó esta circunstancia para subir al artefacto, y la parte superior del objeto
se «abombó» ligeramente. El artefacto se encontraba en un lugar muy estrecho del
bosque y, cuando se elevó, pasó entre los árboles sin tocar ni romper nada, y sin
hacer ningún tipo de ruido. Despegó unos metros del suelo, se desplazó unos treinta
metros y aterrizó en un prado cercano. Un campesino y un conductor de un
vehículo que estaban cerca de la escena vieron volar el objeto en ángulo, con un
ligero silbido. El interior de la aeronave estaba iluminado y los testigos observaron
que en su interior había al menos tres humanoides. En poco tiempo el niño pudo
mover sus músculos, al igual que el hombre. Frank fue interrogado en la
gendarmería de Sorgues.
Los niños suelen describir a los tripulantes de los ovnis portando
armas como ocurrió en este caso francés. Archivo Carav(5ka.

Es obvio que estos relatos, a tenor de la TD, adquieren una nueva y más
profunda dimensión. Y es que, hasta la fecha, hemos pasado por alto lo evidente:
que muchos testimonios parecían sin duda ser fruto de la ferviente imaginación
de un runo —aunque muchos investigadores no lo querían vernalizar por temor
a tener que reconocer que eran casos falsos—. El investigador Ahmad Jamaludm
recopiló para la revista MUFON UFO Journal, (n- 141, 1979), varios interesantes
incidentes ovnis ocurridos en Malasia. Uno de los más curiosos se refiere a un
encuentro cercano que se produjo el 19 de agosto de 1970, cerca del patio de la
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Escuela Primaria de Stowell en Bukit Mertajam. Los testigos presenciales, todos
niños, afirmaron que vieron a cinco diminutos humanoides, de ocho centímetros
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de altura, que descendieron caminando de forma militar por la pasarela de un

minúsculo «platillo volador» que había tomado tierra en el patio del colegio. Cuatro

de los seres llevaban uniformes azules idénticos con escafandras, mientras que el

quinto, que parecía estar al mando, vestía una túnica de color amarillo brillante

decorado con estrellas y tenía un par de «cuernos» o antenas en la cabeza. Al

principio, las extrañas entidades parecían ignorar a los espectadores y procedieron

a subir a un árbol cercano, donde erigieron un pequeño artefacto con una «antena».

El propósito de este dispositivo no se conoce, ni siquiera hay información sobre si

fue recuperado posteriormente por los testigos.

En muy poco tiempo, un grupo de seis chicos avanzaron sobre los inesperados

«visitantes». El más valiente del grupo, K. Wigneswaran, intentó agarrar al líder,


que vestía de forma llamativa, pero las soldados astronautas se apresuraron a
defenderse y no dudaron en usar sus «pistolas láser» y abrir fuego contra los
niños curiosos. Los jóvenes corrieron presas del pánico y, una vez que el alboroto
se calmó, Wigneswaran descubrió una cicatriz en el muslo donde había sido
«golpeado» por la pistola láser. Pero quizás uno de los episodios más espectaculares
protagonizados por niños fue reportado por los ufólogos británicos Jenny Randles
y Paul Whetnall. Se trata de las increíbles experiencias narradas por los hermanos
Sunderland que, en distintas fechas, fueron capaces de experimentar encuentros
cercanos muy similares, aunque con notables diferencias, que quizas tengan
r • y gustos
ongen en ilas preferencias - de
4. propios j ■- -
un runo a
o una nina.u Aunque hay
que destacar que en ambos incidentes los tripulantes de los ovnis tuvieron unos
comportamientos que pueden ser comparables a juegos de niños. Incluso en el
caso de Darren Sunderland, los extraños humanoides manifestaban abiertamente
conductas infantiles, demostrando alegría o enfado exacerbado en función de si
eran capaces de llevar a cabo su tarea de forma correcta. Pero comencemos por el
principio. En julio de 1976, Gaynor (nueve años) y su hermano Darren Sunderland
(ocho) tuvieron varios encuentros cercanos a escasa distancia de su domicilio, en
el pueblo de Oakenholt, en el galés condado de Clwyd. El primer incidente ocurrió
a media tarde, justo después de las vacaciones escolares. Darren caminaba por
Coed-On Road cuando observó un resplandor metálico en un campo cercano. El
niño se acercó para comprobar que se trataba de un objeto plateado con forma
de «campana» y con múltiples pequeñas ventanas cuadradas cubriendo toda su
superficie. El raro artefacto se sostenía sobre cuatro patas altas y en uno de sus
extremos tenía un «escape» parecido al de los aviónéa?M reacción con una aleta
caudal En el centro de la cúpula, uno de los cuadrados tenía tina cruz, y en la parte
superior había una especie de periscopio. El testigo también observó una linea
negra con unos símbolos extraños. Del artefacto surgían cinco o seis cables unidos
aúnas «estacas finas» clavadas en el suelo, de unos noventa centímetros de altura,
que teman unas bombillas azules en su extremo superior.
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Junto al artefacto había cinco o seis «pequeños hombres» que andaban como
lisiados y parecían muy enojados y molestos. Los humanoides tenían una altura de
un metro y medio y parecían completamente normales, de no ser porque teman
cuerpos angulares y unos pocos mechones de pelo en la cabeza hacia arriba... y
'.
cuatro dedos en cada mano. Por otro lado, llevaban un traje ajustado de color
plata en su parte superior y unos pantalones verdes; y armas que tenían botones.
El testigo comprobó que al pulsar un botón azul lanzaban un rayo rojo. Además,
los humanoides disparaban contra las «bombillas», parecían estar tratando de
destruirlas, romperlas o apagarlas, pero, al no conseguirlo, se enfadaban y saltaban
enfurecidos. Uno de los «hombrecitos» se enfadó tanto que golpeó una «lámpara»
con la culata de la pistola hasta que esta se apagó, entonces se mostró muy feliz
y sus «compañeros» hicieron lo mismo. Solo dejaron una bombilla funcionando.
De pronto, por una rampa central del objeto, bajó una extraña criatura parecida
a un dinosaurio, con un cuerpo verde y el cuello rojo, aunque en lugar de orejas
tenía unas «mejillas flexibles». Uno de los humanoides hizo un gruñido y el animal
regreso al artefacto. En ese momento Darren observó un ser distinto a los demás:
tenía apariencia humana, con una camisa blanca, cinco dedos, cara rosada y mucho

. -I 'llÍ!
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• • ,/ • ' oi'i t|i •• <

pelo. Se introdujo en el artefacto y paiecí^tener problemas con los controles de la


aeronave. El hombre miró una fotografía que había enla pared, que, extrañamente,
se parecía al vecino del testigo. Darrén señaló a los investigadores un curioso
fenómeno: en el interior del objeto todo parecía mas pequeño que en el extenor;
por ejemplo, las ventanas medían unos noventa centímetros, pero cuando los
humanoides estaban fuera parecían más grandes. La observación terminó cuando,
•l'Úi

en un momento dado, todos los hombres corrieron al interior de la nave y Darren


decidió regresar a su casa sin comentar nada de lo había visto. Esa misma noche,
desde su dormitorio, el testigo afirmó que vio despegar la nave con solo la cruz
iluminada.
La observación de su hermana Gaynor ocurrió un sábado de julio de 1976 sobre
■ "lil­

las 13:50 horas, en un lugar diferente de la Coed-On Road, cuando circulaba en


|¡P!!:. .... „ ' : ",
bicicleta por una zona aislada. De pronto, al igual que a su hermano, un destello
metálico atrajo su atención. Procedía de un campo que estaba más abajo, y ella pudo
observarlo todo escondida detrás de un seto, a unos dieciocho metros de distancia.
Vio un objeto alargado, como un cigarro plateado, de unos diez metros de largo y
tres de altura, desde la base hasta una caja roja que había en su parte superior.
Gaynor pensó que era una atracción de un carnaval o una carroza de un desfile
y miró muy atenta. Entonces apareció en escena un humanoide, de 1,60 metros
de altura, muy delgado y con el torso angular. Caminaba de forma muy torpe,
sus rodillas estaban situadas más abajo de lo normal y sus codos también eran
diferentes a los nuestros. Su cara era delgada y larga y terr iblemente pálida, con ojos
blancos grandes y redondos y con un pequeño punto rosa en el centro, la nariz era
’,1* u* •!(

rechoncha y plana y la boca apenas era una rendija con muchos dientes blancos. Eli
la cabeza solo tenía unos pocos mechones de cabello de color arena. En las manos
tenía tres dedos muy puntiagudos y un pulgar «tambaleante». EL humanoide
llevaba un traje de una sola pieza, sin cremalleras, desde los pies hasta la cabeza,
una camisa sin mangas, y un casco con una burbuja de cristal en su parte frontal,
del que surgía un tubo que se unía a un objeto que llevaba en la espalda en forma
de corazón. Llevaba botas como las de los buzos, de suelas gruesas y plateadas. En
-
su mano izquierda portaba una pistola muy simple, «en forma de L», con un botón
en forma de media luna que servía para disparar. El humanoide estaba apuntando
i n>':- i ■' "

al suelo y al apretar el «gatillo/botón», surgió de la pistola un rayo rojo ondulado.


La luz emitida se movía de forma muy lenta. El disparo hizo un agujero en el suelo
del tamaño de una taza. El humanoide se agachó para tocarlo. Caminó por los
alrededores del artefacto y realizó seis disparos iguales al anterior. Repitiendo los
mismos movimientos. Randles y Whetnall señalan que: «En cada caso, el suelo se
había derretido, dejándolo sin pasto, solo un agujero. Gaynor observó durante diez
o quince minutos, y se sentía incómoda y asustada».
En ese momento, Gaynor hizo un pequeño ruido y el humanoide, que solo
estaba a tres metros de ella, la descubrió. Cuando la miró, la niña sintió un frió
interior y momentáneamente se sintió mareada. En ese preciso momento, un
mensaje telepático acudió a su mente. El humanoide sabía que era solo una niña
y que no podía causarle ningún daño. Por tanto, el ser continuó con su tarea,
i'l||i¡. .i1 .
haciendo agujeros tranquilamente, aunque de vez en cuando miraba a la testigo,
que volvía a sentir los mismos síntomas físicos, frío y mareo. A continuación,
descendió del objeto otro humanoide, desque, por sus formas, Gay ñor dijo que era
> ■ < Wíé m
una mujer, aunque algo más baja de estatura, pero vestida de la misma forma. La
niña escuchó sonidos parecidos a los lamentos'Wfai
de un perro." En
’--
su cintura
, -a
portaba
un cuchillo dentado, aunque no vio cómo se sujetaba ya que no llevaba cinturón. El
humanoide se agachó sobre los agujeros y comenzó a rasparlos. La mujer también
miraba a la niña. Parecía muy enfadada por su presencia, provocándole los mismos
síntomas que su compañero. Tras unos treinta minutos de observación, Gaynor
volvio a escuchar un «ligero gemido» y la mujer, al mismo tiempo, levanto la vista
' ''■o"";, ■ ,u i...

hacia el sol. Luego se dirigió hacia el artefacto, ambos humanoides subieron a su


interior y la «caja» de su parte superior comenzó a pulsar con una intensa luz rojiza.
' 'I II ' 1 l ::’
Entonces la niña huyó a la carrera, causándose un corte en la rodilla que su madre
r..
recordaba perfectamente cuando fue entrevistada por los investigadores. Mientras
se alejaba de la zona en la bicicleta, Gaynor escuchó un zumbido tenue, a la vez
que el artefacto se elevaba hacia las nubes. Al día siguiente, fue junto a su hermano
Darren al lugar del encuentro y descubrieron una mancha ovalada teñida de plata,
pero los agujeros ya no estaban allí. El caso fue dado a conocer por un investigador
local Sr. Terry Bais e incluso se realizó un detallado informe para BUFORA (British
UFO Research Association). Todos los investigadores implicados en la investigación
destacaron la credibilidad de los jóvenes testigos.
Estos incidentes protagonizados por niños contienen elementos muy
interesantes para nuestra investigación. Jóvenes testigos de diferentes culturas y
países son capaces de observar fenómenos similares en los que los tripulantes de
"in'l’i'1 , II "l'” "|h,.

los ovnis son descritos como de pequeña estatura y portando armas, aunque cada

lllí'-iliJli.
incidente tenga sus propias «señas de identidad». Dartèn átfdferland describe que el
ovni «tenía un "escape” parecido al de los aviones a reacción», incorporando de esta
forma «tecnología» humana a la supuesta nave extraterrestre. Por su parte Frank N.
• j'... , .1 ■yu|k|>|Í|Wtt^íU* Ij* '''í”, •' •“

dijo a los investigadores que «el artefacto se encontraba en un lugar muy estrecho
del bosque, y cuando se elevó pasó entre los árboles sin tocar ni romper nada, y
sin hacer ningún tipo de ruido», lo que de alguna manera indicaba que la «visión»
no tenía entidad física, aunque pudiera ser observada por testigos independientes.
En este sentido, es reseñable que Darren dijera que «en el interior del objeto
todo parecía más pequeño que en el exterior, dentro de artefacto las ventanas
medían 90 centímetros, pero cuando los humanoides estaban fuera parecían más
grandes», evidenciando que la escena se desarrollaba con evidentes «anomalías» de
w
percepción.
Asimismo, tal y como postula la TD, la inclusión de detalles «ordinarios»
suele ser usual en este tipo de experiencias, aunque dichos elementos son objeto
de gran controversia por parte de los investigadores, al considerarlos un gran
enigma dentro del misterio de los ovnis. Pero bajo nuestro prisma, como vimos
en páginas precedentes, el factor absurdo, patente en la mayoría de los encuentros
cercanos, no es más que un «efecto» fruto del proceso originado por la interacción
(comunicación) del AE y la psique del testigo, donde se incorporan «ingredientes»
inconscientes del testigo a la trama de la supuesta visitación alienígena. De ahí
que Darren afirmara que uno de los humanoides, al entrar en el artefacto, «miró
una fotografía que había en la pared, que, extrañamente, se parecía al vecino del
testigo». Este dato podría invalidar todo el relato, ante el pasmo que causaría entre
los investigadores, pero no es menos cierto que, en menor o mayor medida, todos

los incidentes ovnis tienen una indiscutible pátina de absurdo.


.1

¿QUIÉN O QUÉ ES EL
AGENTE EXTERNO?
LO QUE LA «RAZON» NOS OCULTA

Verás, Oz es un Gran Mago y puede adoptar la forma qüe desee, de modo que algunos
dicen que parece un pajaro, otros afirman que es como un elefante y los demas que tiene
la forma de un gato. Para otros es un hermoso duende o trasgo o cualquier otra cosa...
Pero ningún ser viviente podna decir quien es el verdadero Oz cuando adopta su forma
natural. '

x • • l;irb : •i'?1'
Sin duda, este párrafo del libro El Maravilloso Mago de Oz podría resumir a la
perfección todas las interrogantes establecidas sobre el efímero y elusivo origen
de los platillos volantes. Pues estamos ante un paradigma altamente maleable y
esquivo que, aparentemente, evade a conciencia manifestarse de una forma clara,
contundente y concisa. Y este punto es esencial para nuestro estudio. El AE
desarrolla sus proyecciones y acciones en lo que podríamos denominar como una
acción encubierta que actúa principalmente sobre un reducido grupo de personas,
preferiblemente un solo testigo, evitando grandes núcleos de masas humanas. A
lo largo de los años, su actividad ha ido decreciendo, y actualmente, por razones
incomprensibles, su presencia es casi anecdótica en comparación con los años
dorados de la ufología. Aunque quizás este hecho tenga alguna relación, como
vimos anteriormente, con un antiguo mito asociado a los seres elementales. Según
decían las crónicas, la persistencia de las hadas y demás criaturas mágicas estaba
supeditada a que los lugareños siguieran creyendo en ellas... La fuerza mental

■JulUÁÚiii.
<1 , ’• I «

les daba el hálito de vida, y, por el contrario,' lal falta de fe las condenaba a la
1 Ar I»
, . • ■■ /■-»’’ áfiis ...;?!!• ;rf !*
desaparición..-.
Pero la pregunta clave es: ¿quién o qué es el AE? ¿Quién es el promotor oculto de
ila mayoría
• j ...
de experiencias . j.
inusuales r. . j el, ser khumano a ,lo
a las que se iha enfrentado
largo de la historia? ¿Qué es lo que busca? ¿Qué pretende? ¿Cuál es su objetivo?
Llegados a este punto, está claro, amigo lector, que no estamos ante la visita de
una/s civihzación/es extraterrestre/s, ni estamos enfrentados a un complejo
sistema de control inteligente que intenta promover algún tipo de cambio en la
/‘•••y .1-, ■

sociedad humana, como señalaban Jacques Vallée y otros autores. De hecho, la


existencia de vida extraterrestre en el universo, e incluso la posible visita a nuestro
planeta de visitantes alienígenas, es un paradigma que poco o nada tiene que ver
con las montañas de informes que han recopilado los investigadores ovnis a lo largo
de los años. Y es que los incidentes que componen la casuística ufológica obedecen
a otra causa. A nuestro entender, como primeros rasgos a destacar, los cuales
ampliaremos al final del presente capítulo, el AE, o el factor desencadenante de
estas experiencias, puede ser algún tipo de entidad (en su más amplio concepto)
que necesitaría de las creencias humanas o de la propia interacción con las personas
para «subsistir»; pero, incluso, puede ocultar, simplemente, un proceso psíquico
desconocido, con cierta autonomía limitada, vinculado con el inconsciente
viii'V'iii' **■ íiHii..-
colectivo descrito por el genial Cari Jung. No estamos necesariamente ante unos
«seres inteligentes» con intenciones ocultas que pretenden transmitirnos algún
mensaje o manipularnos, por ejemplo. Estamos hablando de algo radicalmente
diferente. De algo vinculado a la psique de la colectividad humana. De algo que se
manifiesta y se expresa con nuestra propia in jrmacion inconsciente y que, mucho
antes de presentarse como astronautas ext ^terrestres, ló hizo utilizando otros
* ■ ‘tIBí
ideogramas (dioses, angeles, daemones, ha as, duendes!) Los ocupantes de los
? • '11 ■ ' ’ WlwTO
ovnis. como las personas, familiares, amigos, incluso los monstruos, que
___ ,
encontramos
„ iM. . JK
en nuestras experiencias oníricas, se comportan de una forma
«automática». Como si no terminaran de «encajar» en un mal guión
cinematográfico. Los ufonautas son apáticos, fríos, robóticos y carentes de
cualquier sentimiento, y, por supuesto, sus conversaciones y mensajes no se alejan
de los «delirios» narrados por un esquizofrénico o por un personaje de nuestros
sueños nocturnos. Estas entidades que han ilusionado a los investigadores ovnis no
. . ' ,!W .'M'r '
poseen una existencia real, sino que son solo una parte más del «atrezo» que
compone la escena que se está recreando ante los ojos del testigo. Muy
probablemente, los ocupantes de los platillos
ijlIH'i
volantes
illl”’ ‘V'iiiph
tienen un valor noumenal
que va más allá de nuestra percepción y conocimiento actual. Están integrados en
una experiencia que quiere transmitir un mensaje más allá de todo lo referenciado
en nuestro mundo físico...
Es muy factible que el AE sea el promotor soterrado de muchos mitos y
folclores presentes en la historia y que haya utilizado diferentes «máscaras» y
«ropajes» para presentarse a la humanidad a lo largo de los siglos. Pero no porque
el fenómeno mutara o se camuflara a conciencia para ocultarse. No estamos en
presencia de una hábil y grandiosa manipulación psíquica, como han propuesto
algunos investigadores, sino que, al utilizar los contenidos inconscientes de los
testigos, es obvio, y no puede ser de otra manera, que las manifestaciones
(proyecciones) del AE tienen, que ser obligatoriamente sincrónicas o paralelas a los
intereses, pensamientos y avances de la época. Un perfecto espejo socio/culturaL
Tampoco podemos descartar que en algunas ocasiones el AE se limite a utilizar y
potenciar creencias latentes en la sociedad para su propio «beneficio». Por ello,son
notorios los cambios producidos por las entidades y entes que se han manifestado
al ser humano desde tiempos inmemoriales, desde dáimones, brujas, diablos o
ángeles, hasta monstruos, hadas, duendes, trasgos o enanos. Posiblemente, el AE se
comunica mediante la elaboración de una proyección, pero somos nosotros mismos,
con nuestra participación inconsciente, los que vamos moldeando y enriqueciendo
, ■■' ’ ’'i"' ^li­

las experiencias en función de nuestro bagaje cultural, social, religioso, filosófico y


científico. Todo ello genera un enorme «mito», que, dependiendo de su difusión,
puede ser reproducido a lo largo y ancho del planeta como si de una enfermedad
contagiosa se tratase. Como decía John Keel, en un reportaje titulado «Los mundos
paralelos y la realidad ovni», publicado en la revista Contactos extraterrestres (n°
102, 1980):
Nuestra primera conclusión es que los ovnis se originan más allá de nuestro
concepto del tiempo. La segunda conclusión es que su fuente posee el total
conocimiento de los sucesos humanos hasta incluso de nuestras vidas indi­
viduales. Como el tiempo y espacio no son absolutos, aun cuando a nosotros
nos lo parezcan, estas dos conclusiones resultan aceptables. [...] El fenómeno
ovni a menudo es reflectivo: esto es, las manifestaciones que observamos
parecen estar deliberadamente diseñadas y ajustadas a las creencias indivi­
duales y las actitudes mentales de los testigos. Los objetos y sus ocupantes
parecen ser capaces de adoptar una multitud de formas, y los contactados
generalmente reciben información que se adapta a sus propias creencias.
Jacques Vallée, en una comunicaciónpersonal (él117 de marzo de 2015), se
mostraba convencido de que el fenómeno se comportaba dé la forma descrita en
mis estudios, pero, al igual que eli^. Hynek y Guerin, me dijo que, quizás, estas
proyecciones podrían ser fruto de una alta tecnología que utilizaba algún tipo de
_ - • JMéLi -j * i 4.

«proyector» para recrear estas apariciones con fines desconocidos ante los testigos.

Estoy de acuerdo con usted en que se trata de algún tipo de proyección que se
asemeja a una avanzada forma de cine de realidad virtual, conteniendo imágenes
del imaginario del colectivo (o personal) inconsciente. Pero el cine también tiene una
verdadera tecnología física detras de el, ya que el espectador
¡illi
nunca ve los proyectores,
las luces o la cinta de película. ‘
üilV

Y aunque sugerente, por la posible vinculación (resurrección) con la HET,


í'lb’'1- J ,ll<’
personalmente, tras analizar en detalle la casuística ufológica, estoy en desacuerdo
con el autor de Pasaporte a Magonia. Las experiencias ovni, una vez despojadas de
su artificialidad y grandilocuencia, de su supuesta tecnología y sus hipnóticas luces
de colores, se presentan como un incomprensible fenómeno de carácter psíquico
asociado al testigo de una forma tan íntima y personal, que no podemos descartar
su estrecha relación con la amplia gama de visiones místicas y sobrenaturales
registradas a lo largo de la historia y en diferentes contextos (incluidos los
desórdenes mentales). Pese a toda la suerte de entidades, seres y dioses que se han
comunicado con el ser humano, el bagaje informativo que hemos obtenido de estos
contactos es más bien eximio y ridículo. Nada sabemos, a ciencia cierta, después de
siglos de estudio y debates, de ese «Más Allá», de esos «paraísos celestiales» o de esos
mundos «extraterrestres». Por tanto,.éiH^Üyi-jprobable que los llamados encuentros
cercanos con ovnis obedezcan en realidad, a una gigantesca arquitectura psíquica,
Í: . .H-'Í" . ' A.. . u- h/ J1 'V'¡r ’• *

una «actualización» (fruto de la era espacial y la ciencia ficción) de antiguos mitos


y crónicas que describen encuentros con una vasta legión de seres y entidades
sobrenaturales. El contacto con un agente externo permite a los observadores
acceder una realidad mental/física más allá de nuestra visión newtoniana del
universo, pero que, en ultima instancia, tiene un caracter y una significación
estrictamente individual.
Estamos en presencia de «tecnificadas» reactualizaciones de lo que antano se
, - ,
denominaban - . ..... . . .
visiones, viajes chámameos o éxtasis religiosos.
Los antropólogos Jacques Galinier y Michel Perrin, en su libro Chamanismo en
"ij[
Latinoamérica (1995), definían a la perfección el chamanismo:

Con el nombre de chamanismo se designa a un conjunto de concepciones


y de prácticas cuyo propósito es, sobre todo, interpretar, prevenir o tratar
los infortunios: hambres, catástrofes naturales, enfermedades, etc. El cha­
manismo es un sistema que se funda en una teoría de la comunicación
que se lleva a cabo entre el otro mundo, «un espacio sagrado» (o «sobre­
natural») —descrito en parte por los mitos— y el mundo de aquí, el de los
hombres comunes, que, por otra parte, se haya sometido a ese otro mundo.
La comunicación se establece por intermedio de un personaje socialmente
reconocido a quien se le designa con el nombre de chamán que sabe convocar
y dominar a voluntad a las entidades relevantes del espacio sagrado, gene­
ralmente calificadas de «auxiliares», de «aliados», de «protectores» o de «es­
píritus auxiliares». En resumen, el chamanismo es una representación del
mundo y del hombre, definida por una función, la del chamán.
En un artículo denominado «Viajes místicos del chamanismo» (2009), Florian
,i«|b
Tubero propuso lo siguiente:
Mircea Eliade, investigador rumano que realizó la primera recopilación sobre
el chamanismo, y cuyos libros son textos clásicos obligados para su estudio,
' > ** j Bl '** lililí * * P’ •
A
define al chamanismo como la técnica del éxtasis o trance, y al chaman
como el gran especialista que tiene la capacidad de realizar viajes a la re­
gión de los espíritus y desde allí puede armonizar la realidad. El éxtasis
chamanico, al igual que el de ciertas tradiciones religiosas, como el samadhi
budista, el fana sufí y el estado beatífico cristiano, es un estado de transporte
a mundos místicos para encontrarse supuestamente con espíritus, dioses o
demonios, incluye fenómenos clarividentes como voces y visiones, que faci­
litan la orientación o información para alguna curación, para el crecimiento
espiritual o la solidaridad en la comunidad.
Por su parte, el antropólogo Michael Harner publicó un artículo titulado
«El chamanismo y la curación» (2011), en el que explicaba como los antiguos
chamanes eran capaces de entrar en una realidad «no ordinaria» gracias a
los estados alterados de conciencia: «La realidad ordinaria es algo en lo que
virtualmente todo el mundo puede estar de acuerdo. La realidad no ordinaria
es muy específica de cada persona. La información obtenida de la realidad no
ordinaria está hecha a medida del individuo. Puede ser que otras personas no
la perciban en absoluto, al contrario que la información obtenida en la realidad
ordinaria, de la cual todos obtienen la misma información». Aunque Harner habla
de un acceso a otra realidad, también expone, claramente, que esto se realiza
mediante un lenguaje personal e intransferible que solo sabe interpretar el propio
chamán. '!|i-S-i!
El conocido psicólogo Stanley Krippner, mi uñarticulo denominado «El
i j .
Chamanismo y los estados alterados de la conciencia» (2014), narraba
experiencias del antropólogo Philippe Descola entre los achuar jíbaros del
Amazonas ecuatoriano: '«
i' lülliwVlw 111

Los chamanes le contaron que los sueños hacía osible superar las
Ww'' ''
limitaciones del lenguaje. Los sueños permitían a lo s entrar en el
«mundo de los espíritus». Una vez en él, se comunican con aquellos «espíri­
tus» que no emplean el lenguaje humano. En los sueños, esos «espíritus» se
comunican por medio de imágenes que los humanos somos capaces de en-
rt¡i"1 . u
tender. Algunos sueños se interpretan literalmente,
lll'Vi'ilhl
y otros
i i '
mediante
r.¡
simbo-
los y metáforas. Aun así, los símbolos y metáforas son fáciles de comprender
porque están relacionados con los mitos de la tribu. Así, para los jíbaros
existe una estrecha relación entre los mitos y los sueños. Descola observó
' -'i ■
que los sueños de los jíbaros revelaban una forma de lógica que depende de
• • •
un sistema de relaciones. Una imagen onírica no se puede entender indiso-
ciablemente de su contexto espiritual o social.

Y es que, posiblemente, los chamanes de las diferentes culturas, fueran los


primeros humanos en conocer el potencial que ofrecía la mente para acceder a esa
otra realidad y obtener información.
En un artículo denominado «El Chamán guaraní como agente
intercultural» (1977), Miguel A. Bartolomé documentaba la relación del pueblo
guaraní, que se extiende por varias regiones de Sudamérica, con los sueños y la
importancia que los chamanes de las tribus de este pueblo daban a las experiencias
oníricas para conocer el futuro o para contactar con seres espirituales. En su citado
’l . Il| 'li *.'li 4'|i¡|i rTillj
escrito, Bartolomé expresaba lo siguiente:
Algunos de los autores que se han ocupado del pensamiento mítico atri­
buyen en este pensamiento una continuidad exagerada â íós estados de
sueño y vigilia, sosteniendo en oportunidades que el indígena ño establece
diferencia entre ellos. Sin embargo, los guaraníes dividen muy claramente
dichos estados, incluso esta división favorecé al sueno, el que es considerado
más confiable que la vela. El sueño representa la garantía de verdad pro­
porcionada por la divinidad y por el contacto de las almas del hombre con
la sabiduría de los muertos; en cambio, la vida consciente se ubica en un
campo más aleatorio. La diferencia fundamental entre sueño y vigilia se es-

tablece en base a una distinta calificación de los tiempos durante los cuales
transcurren ambos: el tiempo del sueño es un tiempo sagrado, al igual que el
tiempo del mito o el tiempo del rito, en cambio, la vida consciente se ubica en
un tiempo profano en el que hay periódicas irrupciones del tiempo sagrado
expresadas por el ritual, la narración mítica y el sueño. La oposición entre
consciente profano y onírico-sagrado aparece con toda claridad en el caso del
chamán-guaraní, el que, para dar un veredicto, elegir una terapia curativa,
tomar una decisión, etc., debe recurrir al sueño como único medio de reen­
contrarse con los espíritus auxiliares que le proporcionaron la revelación y
con los que buscará la solución para sus problemas.

Harvey-Wilson también señalaba la relación de los ovnis y las experiencias


chamánicas:

El investigador australiano de ovnis Bill Chalker llevó a sus lectores a una


visita guiada de reinos chamánicos de otro mundo, especialmente el «reino
imaginal», un término acuñado por el erudito islámico francés Henry Cor-
bin. Este reino tiene todo tipo de habitantes que pueden interactuar con hu­
manos, ya sean invitados o no invitados. Chalker señala las similitudes entre
los encuentros cercanos y las iniciaciones chamánicas, lo que puede resultar
en que sus participantes desarrollen habilidades paranormales. Es impor-
1 r r ‘r

.1' • II ' . ,» '


. i»
tante darse cuenta de que lo que 'Se,ífiíüigí< IjáJgüilos de los habitantes
de este otro reino, aunque normalmente no áqr síbles, a menos que uno se
encuentre en un estado alterado de con O ciertas circunstancias,
parecen tener la capacidad de materializar él espacio-tiempo y actuar
como seres físicos con poderes paranorma ¡, Es este doble papel el que los
hace tan extraños e interesantes.
.................
También hay que destacar que los chamanes de Siberia, México o Australia,
. . ,
aunque narran vivencias «espirituales» .
similares con eli/i,' ,
mas alia y sus moradores,
le otorgan ciertas características exclusivas y endémicas, aunque se mantenga una
estructura basica común, en este caso: comunicaciones con «remos ocultos», seres
sobrenaturales, etc. Todos los elementos, una vez más están sujetos a infinitas
ii£
variables. •»» »o

Sin duda las semejanzas entre estas visiones chamánicas y los encuentros
con ovnis son asombrosas. Hay que tener en cuenta, como punto vital de
nuestras investigaciones, que, en la mayoría de ocasiones, las visiones y contactos
con estos «reinos invisibles» y sus «moradores» de los ritos chamánicos no se
realizaba de forma física, sino que los diferentes «iniciados» lo hacían a través
de trances, sueños o visiones, incluyendo experiencias cercanas a la muerte, en
lo que podría definirse como un amplio espectro de estados mentales alterados.
Por lo que, más que viajes o encuentros físicos, estas experiencias eran potentes
•", 1 ’[Link] ’¡ *1 ,

vivencias psíquicas para sus protagonistas. Aunque la mayoría de los expertos


asumen que los mitos que crearon estos chamanes fueron producto estrictamente
de su fértil imaginación, inspirada en ocasiones por las drogas y otros ritos
inductores de estados alterados de conciencia, para explicar la realidad más
inmediata a sus• congéneres, n,o es

menos cierto que muchos
fe
otros ' estudiosos
.............

señalan la existencia de fenómenos extraños (curaciones inexplicables, telepatía,


clarividenda, contactos con entidades, sabiduría «mágica», etc.) asociados a estos
> # ■■ ■ ,,V '’’íllfc i
accesos a un más allá desconocído. ;11 .. '
v. * ..'Ww
Lo mismo ocurre en nuestro campo de estudio: mientras algunos especialistas
creen que todo el fenómeno de los ovnis se puede circunscribir al mundo de la
fantasía, o que son engaños y delirios, otros están convenddos de que son reales
...
y de que hay algo más tras estas manifestaciones. Pero lo más sorprendente es
que, como ha quedado comprobado en el presente estudio, muchos testigos ovnis,
y de otros paradigmas, parecen entrar en una especie de trance mientras están en
presencia de estos objetos y sus ocupantes. Y es que el contacto con el AE provoca un
estado alterado de conciencia en los observadores, que podría explicar muchísimas
de las inexplicables circunstancias que rodean a veces los encuentros cercanos
(aislamiento sensorial, disfunciones del tiempo, percepción sobrenatural, etc.). La
fusión del universo mental y el físico induciría al testigo a sentirse «abstraído»
de nuestra realidad, como describen los místicos, los chamanes y los profetas, con
los que, como decíamos en páginas anteriores, comparten tantas cosas —en los
sueños, como en muchas experiencias anómalas, se pasa de una acción a otra sin
transición, y se registran notables alteraciones temporales, además de tener un
carácter ostensiblemente absurdo.
«w ll"’ l|;
En un caso que investigué, ocurrido en 1920 en el pequeño pueblo de Prado
del Rey (Cádiz), podemos anotar algunos de estos efectos. La protagonista, Carmen
N., tenía siete años y, junto a otros niños, dormía en un caserío mientras sus

ir. '<.
■-IW-

• 4' Vr iai’•

progenitores se ocupaban de las faena»! ^el csttnjpo. Una de las noches, junto a
lo que parecía un derruido torreón que había junto a la casa, Carmen observó
"T
una extraña silueta encapuchada que ella pensó que se trataba de un monje que
se encontraba en la zona. Sin embargo, al hablar con sus compañeros de juego,
comprobó estupefacta que ninguno de los demás niños presentes era capaz de ver
aquella figura que caminaba entre las ruir de la construcción. La «aparición» solo
p>l -i.

era visible para ella. Sin duda, Carmen irrumpió de alguna manera en esa «otra»
realidad. ..h: ’C-”11’
El Dr. Ring había llegado a unas
La estructura misma de estas historias de ovnis recuerda por sí sola otras
formas de la narración con la que ya estamos familiarizados. [...] ¿Acaso
estoy sugiriendo entonces que estos relatos sobre ovnis no son mas que sue­
ños que pueden ocurrir en estado de vigilia? Parecen, más bien, sueños den­
tro de los que uno ha despertado y que, de alguna manera desconocida, han
II ll iflill

llegado a interpenetrar en la realidad ordinaria, dando como resultado un


cierto tipo de doble visión que, eventualmente, regresa a la normalidad. Pero
si es algún tipo de sueño, está lejos de ser como aquellos con los que estamos
familiarizados, porque entonces al menos tendría que ser cierta especie de
sueño colectivo, ya que mucha gente está informando sobre encuentros si­
milares y similarmente extravagantes.

Aunque, como defiende la TD, no debemos confundir la extensión del


fenómeno, que indudablemente es global, con su interpretación, que es individual.
Ihii 'iilí Wif TÍl
Bajo mis premisas las experiencias OVNI son, ante todo, de carácter personal e
intransferible... ■.■.í[Link] '

i ..liiiiiLilühiHít; i
LA VERDAD TRASEL <&HTO»

Una de las más famosas visiones celestes de la antigüedad la encontramos reflejada


en el Antiguo Testamento con el testimonio del profeta Ezequiel:
' ‘ . i'i®'"
Y aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que,
estando yo en medio de los cautivos, junto al río Quebar, los cielos se abrie-
ron y vi visiones de Dios Y miré, y he aquí, un viento tempestuoso venia
del norte, una gran nube y un fuego relampagueante, y alrededor de él un
1,1 'J1'-
resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como de ámbar, y en medio
de ella, la figura de cuatro seres vivientes. Y esta era su apariencia: había en
ellos semejanza de hombre (Ezequiel 1,1-4).

Y de forma admirable para nuestras tesis, también se señala en el Antiguo


Testamento que la contemplación de estos fenómenos estaba vedada para algunos
mortales:

Alcé los ojos y miré, y he aquí, había un hombre vestido de lino, cuya cintura
estaba ceñida con un cinturón de oro puro de Ufaz. Su cuerpo era como de
berilo, su rostro tenía la apariencia de un relámpago, sus ojos eran como
antorchas de fuego, sus brazos y pies como el brillo del bronce bruñido, y el
sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Y solo yo, Daniel,
vi la visión; los hombres que estaban conmigo no vieron la visión, pero un
gran terror cayó sobre ellos y huyeron a esconderse. Quedé, pues, yo solo, y
vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en
desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. Pero oí el sonido de sus palabras; y
al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con.
mi rostro en tierra (Daniel 10f 5. y ss.).

Según Carl Jung, los dioses de la antigüedad son parte de una inmensa
constelación psíquica, un hábitat mental que se manifiesta de forma simbólica y
evoluciona con el paso del tiempo, modificando la forma en la que es percibido,
aunque jamás varía su contenido interno. Joseph Campbell, experto mundial en
mitología, en su libro Myths to Live By (Los Mitos. Su impacto en el mundo actual,
decía que: «Los mitos, por así decirlo, son
1972) privados».
mitos Ásueños públicos: los sueños son
_

El psicoterapeuta Ira Progoff en libro Jung's Psychology and Its Social Meaning:
An Integrative Statement of C. G. Jung's Psychological Theories and an Interpretation
of Their Significance (La psicología de Jungy su significación social, 196 7) decía:

Según Jung, los arquetipos o imágenes primordiales son formas o imágenes


colectivas que se dan en toda la tierra como elementos constitutivos de los
mitos y, al mismo tiempo, como productos autóctonos e individuales de ori­
gen inconsciente. Son patrones de formación de símbolos que se repiten a lo
largo de la historia y las culturas, en la humanidad entera, y a través de ellos
buscan expresión las energías psíquicas. Los arquetipos en sí mismos son
inaccesibles: los llegamos a conocer, y nunca totalmente, porque se materia­
lizan en símbolos concretos. Su carácter primordial no alude solo a que son
muy antiguas en la historia del hombre, sino que pueden generarse en cual­
quier otro periodo histórico, incluso en el actual. Los arquetipos no son ideas
innatas heredadas tal cual, sino formas, tendencias, patrones que subyacen
a la formación de símbolos. Ejemplos: el arquetipo del niño milagroso (por
ejemplo, Cristo, Hermes, Zeus, etc.), el arquetipo de la madre universal (por
ejemplo, la madre naturaleza, la «abuela» en ciertos indios, o el principio fe-
menino de las religiones orie él arquetipo del héroe* él arquetipo de la
conservación (el fuego etemán vivo de Heráclito o et iopio de con-
servación de la física), etc. En tas ocasiones (por ejemplo, éfi los mitos y
los sueños), el individuo pue a la superficie estos arquetipos.
i M ü'M kR M“l

El filósofo Rodolfo Wenger C. artículo til «Mito y Filosofía» (2012)


exponía:

Los mitos no son dogmáticos e inmutables, sino que son más bien fluidos
• . » - ¿ -
e interpretables. No existen en un vacío: al contrario, capturan el espíritu
y las inquietudes del tiempo y lugar en donde han surgido. Los mitos son
síntomas precisos de las culturas: reflejo claro de los más grandes sueños y
ambiciones de las sociedades. Un mito es un contenedor capaz de albergar la
idiosincrasia de un pueblo entero. Entre otras, la función de los mitos en las
sociedades es la de transmitir con éxito sus valores y creencias más repre-
sentativos. Por medio de potentes alegorías e historias empáticas, los mitos
se valen de artilugios narrativos para proyectar aquello que es importante y
define a un colectivo de personas. La base del mito nunca es su historia per
se. El componente fundamental del mito son los valores y creencias que am­
biciona transmitir, y que a su vez existen de manera previa en la sociedad.
El mito toma valores y creencias predeterminadas que definen a la sociedad
como tal, o a ciertos grupos sociales, y los regresa en forma de atractivas his­
torias con el afán de reafirmarlos y hacerlos asequibles para los individuos.
De esta manera, un verdadero mito nunca es una historia arbitraria, basada
en la simple ocurrencia de autor. Se trata del resultado de un discurso ya
existente, contenido en una historia. El verdadero mito siempre es creíble y
relevante, puesto que su origen está cifrado en lo que cree la gente y es rele­
vante para ella.
La experta Leticia Ybarra, en un artículo denominado «Jpseph Campbell y el
poder del Mito» (2017), disertaba sobre la potencialidad de losmitos y su inserción
soterrada en la sociedad moderna: 1
Podríamos pensar que a día de hoy los mitos constituyen una mera cu­
riosidad, un objeto arqueológico que atrae la atención de un puñado de
*
estudiosos y que adoptó esa condición de pieza de museo con la llegada de
la ciencia moderna. Sin embargo, aunque sintamos que aquellos dioses de la
antigüedad no tienen nada que ver con nosotros, seguimos empapados de
su influencia. Por un lado, la variada tradición mitológica ha ido moldeando
nuestra concepción de la realidad y, por tanto, nuestra interacción con esta.
Por otro, los mitos siguen actualizándose camuflados
lllll
bajo diversos envolto-
rios e influyendo en el inconsciente colectivo.
TiULlW' i.
Mil'/ ’ lililí!'' ■ " ‘ ‘ l'ij,

En su libro The Hero vñth a Thousand Faces (El héroe de las mil caras, 1949),
Campbell concluía que:

Las verdades contenidas en las doctrinas religiosas aparecen tan deforma­


das y tan sistemáticamente disfrazadas —escribe Sigmund Freud— que la
inmensa mayoría de los hombres no pueden reconocerlas como tales. Es lo
mismo que cuando contamos a los niños que la cigüeña trae a los recién naci­
dos. También les decimos la verdad, disimulándola con un ropaje simbólico,
pues sabemos lo que aquella gran ave significa. Pero el niño no lo sabe: se da
cuenta únicamente de que se le oculta algo, se considera engañado, y ya sa­
bemos que de esta temprana impresión nace, en muchos casos, una general
desconfianza contra los mayores y una oposición hostil a ellos. Hemos lle­
gado a la convicción de que es mejor prescindir de estas veladuras simbólicas
de la verdad y no negar al niño el conocimiento de las circunstancias reales,
en una medida proporcional a su nivel intelectual.
* 111) 1 .M * M t||*

Para Campbell los mitos eran depositarais de una información vital para la
sociedad y el individuó:

La finalidad del presente libro es descubrir algunas verdades qttehan estado


escondidas bajo las figuras de la religión y de la mitología: el método a seguir
será comparar una multitud de ejemplos bastante sencillos y dejar que el an­
tiguo significado se haga aparente por sí mismo. Los viejos maestros sabían
lo que decían. En cuanto hayamos aprendido a leer su lenguaje simbólico, no
requiere más talento que el de un recopilador el dejar que se escuche su ense-
fianza. Primero debemos aprender la gramática de los símbolos y como llave
de este misterio no conozco mejor instrumento moderno que el psicoanáli­
sis. Sin aceptar al psicoanálisis como la última palabra en la materia, puede
servir como método de aproximación a ella. El segundo paso sera reunir un
grupo de mitos y cuentos populares de todas partes del mundo y dejar que
los símbolos hablen por sí mismos. Los paralelos se harán inmediatamente
aparentes, y se ha de desarrollar una constante vasta y asombrosa de las ver­
dades básicas que el hombre ha vivido en los milenios de su residencia en el
planeta.
• *’ 'WfflP ■lliillllih ii ‘l fe

Campbell también reconocía la universalidad de los mitos:

En todo el mundo habitado, en todos los tiempos y en todas las circuns­


tancias, han florecido los mitos del hombre: han sido la inspiración viva de
todo lo que haya podido surgir de las actividades del cuerpo y de la mente
humanos. No sería exagerado decir que el mito es la entrada secreta, por la
cual las inagotables energías del cosmos se vierten sobre las manifestaciones
culturales humanas. Las religiones, las filosofías, las artes, las formas socia­
les del hombre primitivo e histórico, los primeros descubrimientos, cientí­
ficos y tecnológicos, las propias visiones que atormentan el sueño, emanan
del fundamental anillo mágico del mito.
Y al igual que Jung, Campbell creía en nuestro inconsciente encerraba muchas
' •' .iiv'. ■' ,i

claves desconocidas:
, 4* * ' •
El inconsciente manda a la mente toda clase de brumas, seres extraños, te-
ñores e imágenes engañosas,
..
...
ya sea
.
en ./•sueños,
íl ’ ’ ¡;p ■*
a"la-1 luz del
’ - ■
día o de la locura,
*

porque el reino de los humanos oculta, bajo el suelo del pequeño compartí-
miento relativamente claro que llamamos conciencia, insospechadas cuevas
de Aladino. No hay en ellas solamente joyas, sino peligrosos genios: fuerzas
psicológicas inconvenientes o reprimidas que no hemos pensado o que no
nos hemos atrevido a integrar a nuestras vidas, y que pueden permanecer
imperceptibles.

Y es que la mente humana es capaz, de forma voluntaria, a través de los ritos


que describen las diversas tradiciones chamánicas, entre otros métodos, de alcanzar
un grado de conciencia diferente a la del estado normal, que le permite conectar
con la génesis de muchos mitos. En definitiva, sintonizar con una nueva concepción
de la realidad, donde lo onírico y lo físico se fusionan con las sensaciones y los
pensamientos, y lo real abraza a lo etéreo. Y es, en ese preciso estado mental donde
los iniciados pueden acceder a un nuevo grado de información del universo y de las
propias capacidades desconocidas de la psique. Así pues, es muy probable que un
AE desconocido sea capaz de utilizar estos mismos «resortes» y «engranajes» para
manifestarse al ser humano de una forma escenográfica, pero siempre utilizando la
misma base: la mente de los testigos.
íX-i’ ••?»*

¿DE DONDE PROCEDE EL AGENTE EXTERNO?

Quizás esta es una de las preguntas más iri s y sugerentes de nuestro


estudio. Los ovnis no vienen de ninguna parte aterrizar ante nuestras narices.
Nuestra mente es la «puerta» que utiliza el AE para acceder a nuestro mundo. Por
eso encontramos apariciones de toda índole en cualquier parte del planeta. El AE
no necesita desplazarse para llegar a los lugares donde se encuentran los testigos.
Simplemente, nosotros sintonizamos determinada «frecuencia» que nos permite
acceder a la realidad que nuestros sentidos comunes nos velan. Tal y como expone
Miguel Angel Rodríguez-Reselló Martínez, en su web Mental:

El cerebro no distingue entre lo real y lo imaginado. El cerebro no conoce el


origen de las imágenes porque proceden de un nivel superior. Los circuitos
cerebrales implicados son los mismos. En neurología se ha comprobado que
cuando vemos un determinado objeto aparece actividad en ciertas partes de
nuestro cerebro, pero cuando imaginamos el objeto con los ojos cerrados, la
actividad cerebral es idéntica, las mismas redes neuronales están implica­
das. Tampoco la mente distingue lo real de lo imaginado. Razonamos con
lo imaginario de la misma forma que con lo real. Los filósofos lo denomi­
nan «código común». Otro ejemplo son las neuronas espejo, que se activan
cuando observamos una acción, exactamente igual que cuando somos los
ejecutores de dicha acción. Y esto es así porque: 1) Lo real es una forma de
imaginación, una imaginación inducida o exógena, frente a la imaginación
interna o endógena; 2) La imaginación es el soporte de la conciencia.
El filósofo Henry Corbin, en su hbroMurtdus Imaginalis orthe Imagina! and Che
Imaginary (1972) hablaba sobre la fuerza de las «visiones»:
’ ^..1™'®™•• ••*’ Viw^’ '* -

Debe entenderse que el mundo que estos (los visionarios} han explorado es
perfectamente real. Su realidad es más irrefutable y más coherente que la
del mundo empírico, donde «la realidad» es percibida por los sentidos. Al
regresar, los testigos de este mundo son perfectamente conscientes de haber
estado en «otro lugar», no son meramente esquizofrénicos. Ese mundo se
oculta tras el acto mismo de la percepción sensorial y hay que buscarlo por
debajo de su aparente certeza objetiva. Por esa razón, definitivamente no po-
demos calificarlo como imaginario en el sentido corriente de esta palabra, es
decir irreal o no existente. 1

Pero ¿puede existir una dimensión desconocida a la que nuestra mente pueda
acceder bajo determinadas circunstancias? Roselló especulaba que:

El filósofo francés Henri Corbin, gran estudioso de los textos árabes y persas,
experto en sufismo y misticismo persa, ha trasladado a Occidente el con­
cepto islámico de mundo imaginal. Es un mundo intermedio entre el mundo
espiritual y el mundo material, como en la cosmología neoplatónica. Este
mundo intermedio tiene su propia topografía consistente. Está influenciado
constantemente por los dos mundos extremos: el físico y el espiritual. Este
reino se comunica con los seres humanos mediante imágenes. Es el mundo
donde moran los arquetipos, en donde suceden los saltos creativos y sincro­
nísticos, y en donde suceden las experiencias trascendentales. Es un mundo
habitado por seres (dioses, ángeles y dáimones) que actúan corno mediado­
res entre el mundo espiritual y la humanidad. El mundo imaginal es más real
que el físico porque es un mundo superior al mundo material. Lo imaginal es
lo que los teósofos del Islam designan como «octavo clima» (los 7 climas se
refieren a la geografía tradicional) o «Na-koja-Abad», expresión persa que

•i " Hi- i ‘li '• .■ Jiii'll*‘UiÁiliiiJlii *ii Ja


significa «la tierra de ningunM^^rte*- El organo qué percibe esta realidad es
la conciencia imaginativa o la imaginación cognitiva. ¿© imagina] es un lu-
gar donde están todas las cosas,, pero no es un lugar concreto. Es un mundo
interior, más allá de la realidad e íS un mundo superior que tiene ex-
tensión, dimensiones, formas y colores. Es un mundo intermedio inmate-
i*.
rial, de cuerpos sutiles, pero perceptible. Corbin está en la línea de los segui-
dores de Platón, incluyendo a Plotino, Támblico, Ficino, Jung y Hillman. To-
, ....
dos ellos creían en el alma del mundo. Corbin distingue entre lo imaginario
y lo imagina!. Lo imaginario son las fantasías que reducimos en el estado de
vigilia; es lo opuesto a lo real, es decir, lo irreal o utópico (lo que no tiene lo­
calización). En cambio, lo imaginal son los contenidos del Mundus Imagina-
lis, que son contenidos reales. Corbin también utilizó la expresión «imagina-
H'1 .. Jl!®'... ",
ción activa». La pudo haber tomado de Jung o haberla acunado de manera
simultánea- Para Corbin, la imaginación activa es un método de acceso, per­
cepción y exploración del mundo imaginal. Es la vía para viajar a otras di­
mensiones y realidades superiores de forma instantánea, pues la imagina­
ción no está restringida por el espacio o el tiempo. La imaginación activa
conecta los mundos objetivo y subjetivo, lo literal y lo espiritual. «La imagi­
nación activa no es una teoría, es una iniciación a la visión». Mediante la
imaginación activa es posible producir cambios en el mundo físico. Lo que
llamamos «milagro» es el resultado de traer el poder espiritual al mundo ma­
terial, trascendiendo las relaciones causa-efecto.

Para Roselló, al igual que para otros estudiosos, no hay dudas que nuestra
mente alberga un potencial desconocido:

La imaginación tiene un enorme poder. Todo lo que imaginamos tiende a


realizarse, pues la imaginación está en un nivel superior al mundo físico y al
mental. Esto explica que los memes (los genes mentales) sean factores repli­
cantes de transmisión cultural. Los memes se transmiten por la imaginación
y se reflejan o manifiestan en la mente. La imaginación es muy poderosa
porque proviene del plano más elevado del ser, pudiendó afectar a los planos
inferiores (mente consciente, mente subconsciente, sentimientos e incluso
nivel físico). No es correcto hablar del «poder del pensamiento*. El verdadero
poder reside en la imaginación. Cuando nos enfocamos en algo mediante
la imaginación, estamos favoreciendo que se manifieste. La imaginación
es la herramienta a utilizar para que se m¡ esten (o «despierten») las
posibilidades ya existentes (inmanifestadas o «dormidas») del inconsciente
colectivo. Imaginar algo es invocar su manifestación. Como podemos acce­
der a la fuente ilimitada de posibilidades, podemos decir que somos seres
ilimitados. El límite es nuestra imaginación. Con la imaginación podríamos
hacer milagros como: generar nuevas realidades alternativas, hablar lenguas
extranjeras, obtener cualquier conocimiento que deseemos, producir feno-
menos parapsicológicos como telepatía, telequinesis, visión remota, etc.
■■■ . . -'Wf -
Según mis planteamientos, en este «Mundus Imaginalis», en ese especial estado
mental, existe o se puede haber forjado una entidad con cierta independencia
y cierto grado de inteligencia que se manifiesta a los seres humanos a través
de las denominadas experiencias anómalas. Este misterioso AE actúa como un
psicodélico «cicerone» conduciéndonos por las vastas regiones desconocidas de la
percepción humana...
Pero ¿cuál es la verdadera capacidad o potencial de este AE?
¿EL AGIgggTERNO

Otro apunte diferencial de mis ideas con las tesis contempladas hasta el momento
por la mayoría de los estudiosos. A nuestro entender, el fenómeno ovni es
«esencialmente» neutro y no influye de forma soterrada o directa en la humanidad
para realizar grandes cambios sociales. Es decir, el AE no busca un proposito
concreto como el que solemos adjudicarle desde nuestra óptica (manipulador,
invasivo, informativo, etc.). El AE no pretende transmitimos ningún mensaje o
conocimiento, más allá del ideograma expresado en su manifestación, que está
■"'l!
compuesto básicamente por material inconsciente del propio testigo. Por tanto,
la importancia o trascendencia del «mensaje radica» casi exclusivamente en el
potencial psíquico del observador y en la posibilidad de atisbar la nueva realidad
que se presenta ante sus ojos. Estamos en presencia de un asombroso fenómeno
de repercusiones psíquicas que se retroalimenta de todo el vasto y rico universo
inconsciente personal para mostrarse ante los testigos. Todo el contenido visual e
informativo al que accedemos durante estas experiencias es fruto de este proceso
distorsionador que nos abre las puertas a un nuevo modo de entender la psique
humana. El AE, aunque aparente lo contrario, no pretende bajo ningún concepto la
transmisión de ningún mensaje de carácter científico, religioso o filosófico, más allá
de los conceptos desarrollados por el propio ser humano. Si en algún caso concreto,
los visitantes han «intercedido» o «comunicado» algún tipo de información que ha
interferido de forma notable en el devenir dd testigo y sil entorno, es porque esta
información ya se encontraba soterrada en el inconsciente de la persona afectada
por el contacto. De hecho, en la mayoría'de las ocasiones, la influencia de este tipo
de experiencias en la vida de los observadores es más bien supérflua y carente
de significación especial, más allá de presentar un amplio terreno psíquico por
explorar. Y todo porque probablemente estamos fabricando y añadiendo «capas»
que nos impiden ver el fondo de la cuestión. iw|»i

Veamos un ejemplo. A petición del autor del libro, la investigadora y


escritora Lourdes Gómez realizó una exhaustiva crónica
,. ..
l|lí’
sobre unos extraordinarios
‘Wi ■ ■ laiwrconquista española de America, que
acontecimientos ocurridos durante
podrían evidenciar una supuesta injerencia por parte del fenómeno que venimos
estudiando por favorecer a un determinado bando en un conflicto. Pero ¿es esto
posible? Veámoslo:
Pedro de Valdivia, oriundo del municipio pacense de Villanueva de la Serena,
fue uno de los muchos conquistadores extremeños que observaron extraños
prodigios durante la conquista de América, dejándolo por escrito tanto en
sus cartas como en los textos elaborados por los cronistas que les acompaña­
ban. En el transcurso de la conquista de Chile, empresa que lideró Valdivia a
partir de 1540, se dieron, según los castellanos, insólitas apariciones que in­
clinaron la balanza de la victoria hacia la corona española. Uno de esos suce­
sos tuvo lugar durante la batalla que dio origen a la fundación de Santiago de
Chile. En el capítulo X de la obra Crónica del Reino de Chile, de Pedro Mariño de
Lobera, podemos leer: «Estando, pues, la falla en su mayor furia al tiempo
que los indios iban acometiendo con mayores bríos para beber la sangre a los
cristianos; cuando se iban abalanzando a ellos para ejecutar su coraje con de­
nuedo; cuando tenían ya la suya sobre el hito y a toda priesa iban blandiendo

Jlii.ÍLÍ
las lanzas y levantando los brazos para descargarlas con ímpetu en los cris­
tianos; cuando con el aspirar de lai ^victoria iban triunfando con estrépito y
alaridos, veis aquí, cuando de repente (caso memorable) todos los bárbaros a
una vuelven furiosamente las espaldas y dan a correr como gamos por el
campo raso a ruin el postrero, desapareciendo súbitamente a huir todos del
que súbitamente se les había aparecido, dejando a los cristianos suspensos, y
yo ahora hasta el capítulo siguiente». Lo que dice el cronista es que cuando
los indígenas tenían la batalla resuelta y a los castellanos acorralados, de re-
pente abandonan la lucha y corren despavoridos. ¿Qué pudo haber ocurrido
para que se retiraran cuando estaba asegurada la victoria? Según continua
relatando Pedro Marino de Lobera, fue tan insólita la acción de los indígenas
que los castellanos decidieron llevar a cabo una investigación. En palabras de
Mariño de Lobera, «habiendo todos respirado un rato del cansancio de la re­
friega mandó el general traer ante sí algunos de los indios que en ella habían
sido presos, y los examinó haciendo escrutinio de las causas porque habían
tan repentinamente desamparado el campo. A lo que respondieron que es­
tando en su mayor coraje y certidumbre de su victoria, vieron venir por el
aire un cristiano en un caballo blanco con la espada en la mano desenvai­
nada, amenazando al bando índico, y haciendo tan grande estrago en él,
tanto que se quedaron todos pasmados y despavoridos, dejando caer las ar­
mas de las manos no fueron señores de sí, ni tuvieron sentido para otra cosa
más de dar a huir desatinados sin ver por dónde, por haber visto cosa lla­
mada en su lengua pesimando, que quiere decir nunca vista. Y preguntándo­
les el general cuál de aquellos españoles que allí están era el que habían visto
en el aire, clavaron ellos los ojos en todos los presentes mirándoles con
grande atención a todos, y en particular a los más lúcidos y señalados, [...] y
habiéndolos mirado muy despacio en particular a cada uno se sonrieron los
bárbaros como haciendo burla de todos ellos respecto de aquel que habían
visto, y así lo dijeron por palabras expresas certificando que era hombre muy
superior a todos ellos y que había Hecho trias que todos ellos juntos. Oyendo
tales palabras y viendo tales ademanes, reconociéronlos cristianos ser el glo­
rioso Santiago el que había de socorro, y para certificarse más en ello... bár­
baros de los de la batalla tomando... a cada uno de por sí, lo cual hizo el gene­
ral con gran recato y diligencia, y halló ser todos contestes en lo que se ha
dicho, sin haber indio que discrepase, por lo cual tuvieron por cierta resolu­
ción haber sido el glorioso apóstol. Coligiese también por los efectos, pues
habiendo sido los bárbaros más de veinte mil, y tan esforzados y briosos, y
los cristianos tan pocos que para cada uno había más de doscientos contra­
rios, con todo eso no murió ningún cristiano, estando el campo tinto en san­
gre de los enemigos. Y con esta resolución tomaron de nuevo a dar gracias a
-
Dios, y su santo apóstol que con tan benigno p... nos había amparado al
punto de la necesidad más urgente, y, así lo llamaron todos por muy particu­
lar abogado suyo y Patrón del pueblo, conformándose los votos sin excep­
ción en que el pueblo, cuya... intentaba tuviese el apellido de este glorioso
apóstol: con cuya... pusieron luego mano en la obra a los doce días del mes de
febrero de mil y quinientos y cuarenta y uno».
Un misterioso caballero surgido de entre las nubes, según este relato, ate­
morizó a los indígenas, provocó que sus armas se cayeran de las manos de
forma inexplicable y permitió que los de Valdivia salieran indemnes de un
hostil encuentro en el que, claramente, estaban en inferioridad numérica.
Los españoles dieron por hecho, tras interrogar a los vencidos, que se trataba
del apóstol Santiago, quien ha recibido a lo largo de la historia apodos como
«mataindios» o «matamoros» por esas supuestas apariciones que se le atri­
buyeron durante la Reconquista española y durante la conquista de América
y que tan representadas han sido en nuestro arte religioso. Sin embargo,
pocos recuerdan que el nombre de la capital de Chile es «Santiago» por este
misterioso encuentro. ...'-ijn, l||i.
Los prodigios no terminaron ahí: es más, acompañaron a Pedro de Valdivia
en una de las regiones más inhóspitas dél territorio chileno: la Araücania. En
una carta a sus apoderados en la Corte, fechada el 15 déécttibre de 1550 ,
el conquistador expone: «Informar asimismo de la buena tierra ques ésta,
de buen temple, fructífera e abundosa e de sementera es dé mucha madera
e todo lo demás ques menester e se requiere para ser poblada e perpetuada
de nosotros, e con razón, porque paresce tenerla nuestro Dios de su mano
y servirse de nosotros en la conquista e perpetuación della, pues dicen los
indios naturales quel día que llegaron a vista deste fuerte cayó entre ellos un
hombre viejo, vestido de blanco en un caballo blanco e que les dijo: "Huid
todos, que os matarán estos cristianos” e así huyeron; e tres días antes, al
pasar del río grande para acá, dijeron haber caído del cielo una señora muy
hermosa en medio dellos, también vestida de blanco, e que les dijo: "No vais
a pelear con esos cristianos, que son valientes e os mataran ; e ida de allí tan
buena visión, vino el diablo su patrón e les dijo que se juntasen muchos e
viniesen a nosotros, que, en viendo tantos, nos caeríamos muertos de miedo,
e que también él vernía; y con esto llegaron a vista de nuestro fuerte. Llaman
a nuestros caballos hueques, y a nosotros ingas, que quiere decir ovejas de
inga. Hasta hoy no han hecho más juntas para contra nosotros».

Pedro de Valdivia narra, tanto a sus contactos en la corte como al propio Em­
perador Carlos V en otras cartas, la aparición a los indígenas de un hombre
vestido de blanco, con un caballo del mismo color, que les animó a no pelear
contra los recién llegados: de la aparición de alguna suerte de objeto caído del
cielo en el que viajaba una señora, también luciendo ropajes blancos, que les
ofreció el mismo consejo: y, más tarde, de la aparición de otro ser, que Valdi­
via identifica con «el diablo», que les dijo todo lo contrario.

El investigador Andreas Faber Kaiser, en un artículo titulado «la Conquista


programada» (1992) escribía:
El extremeño Pedro de Valdivia relata lo siguiente en carta dirigida a Carlos I
de España y V de Alemania, y refiriéndose a un ataque de los nativos contra
su fuerte establecido en lo que hoy es tierra chilena, en el año 1541: «Dixe-
ron más: que tres días antes, pasado el río Biubiú para venir sobre nosotros,
cayó una cometa entre ellos, un sábado a medio día, y desde el fuerte donde
estábamos la vieron muchos cristianos ir para allá con muy mayor resplan­
dor que otras cometas salir, e que caída, salió
i- della una señora muy hermosa,
vestida también de blanco, y que les dixo: Serví a los cristianos, y no vais
jiinluw' ..
contra ellos, porque son muy valientes y os matarán a todos. E como se fue
de entre ellos, vino el diablo, su patrón, y los acabdilló, diciéndoles que se
juntasen muy gran multitud de gente, y que él vendría con ellos, porque en
viendo nosotros tantos juntos, nos caeríamos muertos de miedo».

¿Un objeto fulgurante caído del cielo del que desciende una extraña mujer para
pedir la rendición ante un conflicto armado? ¿Apariciones celestiales, espada en
l|,;' . Y ir ' v
mano, para amedrentar a uno de los bandos en la batalla? Sin duda, muchos lectores
y estudiosos verán en esta acción un premeditado y descarado intento por parte del
fenómeno, o las inteligencias que lo controlan, para interceder en las actividades
humanas con propósitos que ni siquiera podríamos aventurar. Sin embargo, si la TD
está en lo cierto, esto sería resultado simplemente de la interactividad del AE con el
testigo, que puede ofrecer derivaciones inciertas e impredecibles de su contacto.
Por tanto, no es descabellado pensar que cuando se produjo la inicial «conexión»
entre el AE y el aborigen, este tuviera en mente el creciente temor por su
enfrentamiento con las tropas españolas, y su particular miedo a perder su hogar y
familia. Lo que hizo posible que el «mensaje» de la entidad surgida de la «luz»
tuviera relación directa con el futuro conflicto y le «sugiriera» que se «rindieran».
Pero esto solo obedecía a miedos internos. Este planteamiento es más lógico que la
interferencia en asuntos humanos por parte de inteligencias ó entidades
extrahumanas, ya que en otros conflictos de mayor importancia, envergadura y
repercusión no se han dado estas injerencias. Para entender mejor este concepto,
vamos a exponer un sencillo ejemplo alejado por completo del mundo de los ovnis,
donde se verá reflejada la importancia del factor humano en esta ecuación. A
. . . . , „ . JK.. , ■-üfe, . ... _ ,
principios de los noventa se formo unas de las bandas de rock mas importantes de
.
los últimos tiempos, Oasis. Los integrantes originales eran los hermanos Liam y
, ' "i1" ,
Noel Gallagher, Paul Arthurs, Paul McGuigan y Tony McCarrol. Cuando todavía eran
un grupo muy poco conocido, y tocaban en pequeños clubs, fueron descubiertos
casualmente por Alan Mac Gee, un productor musical de la compañía discográfica
Creation Records. Tras ficharlos aquella misma noche, en los estudios de Mac Gee
dieron forma al disco Definitely Maybe que vendió más de quince millones de
copias. Pues bien, Oasis representaría en nuestra teoría al testigo, con todo su
potencial latente, y el productor discográfico al misterioso AE. Si los componentes
de Oasis no hubieran tenido talento a raudales, por mucho que el productor hubiera
puesto de su parte, no habría logrado conducirlos a la fama mundial ya que Mac Gee
ni canta ni compone por ellos. Por tanto, es indiscutible que pese a la importante e
imprescindible función del AE en la creación de las experiencias sobrenaturales
(como lo haría en nuestro ejemplo anterior un buen productor musical), la
participación del testigo (del artista) es la clave primordial e ineludible de todo el
asunto. El AE solo potencia el contenido inconsciente de los testigos y, dependiendo
de lo que este pueda aportar, dará forma a una experiencia de mayor o menor
trascendencia. Por tanto, no podemos esperar que estas «entidades» entreguen,
como se dijo en capítulos precedentes, ningún tipo de información filosófica,
■•¡’•i1' •'* 'ijr.' • '* • .•< • •
espiritual, científica o religiosa, que no sea conocida por el testigo o el género
■ * ■ ,■ ■■ ■
humano —aunque, eso sí, de forma distorsionada para que parezca otra «cosa» en
apariencia. ■
Curiosamente, a lo largo de la historia, las tradiciones de diferentes pueblos
y culturas nos hablan de una misteriosa «entidad» que parece no ibuscar
_ - nada en
ilfflS''"-. ni!!
concreto con sus manifestaciones..., mas que ^«Sion y sembrar el caos... Sin
duda, guarda gran semejanza con nuestros estudios.

lili
«TRICKSTER», EL GRAN EMBAUCADOR
r .... .. r ■

El AE tiene ciertas connotaciones que podrían vincularlo a un singular «personaje»


mitológico presente en multitud de culturas, religiones y folclores diferentes: el
trickster. La tradición asegura que es una entidad camaleónica que puede adoptar
cualquier forma o tamaño y que puede presentarse en forma de hombre, dios,
criatura mágica o animal. De hecho, se afirma que los tricksters son maestros
del disfraz, con grandes habilidades mágicas que les permiten cambiar de una
forma a otra de manera inmediata. Aunque lo que mas los asemeja a nuestro AE
es su afición por el engaño, los trucos, el absurdo y la irreverencia. Incluso en
. ni'i; jS' -i*1*
. .
algunas tradiciones se indicaba que el trickster era algo idiota y que nadie sabía
* -'.w "
interpretarlo. Las bromas y las risas también son un elemento presente en las
narraciones sobre el trickster. Alejandro Martínez G., en un artículo titulado «La
mitología del trickster y la desobediencia divina» (2014), decía:

El trickster es aquel que engaña, el embaucador, el estafador, pero también


el bromista, el que provoca y subvierte el orden, el que trafica con travesuras
y se mueve en la sombra, el que tiene la picardía y la astucia para trans­
formarse —y así alterar la conciencia de aquello con lo que interactúa—.
Quizás no haya ningún otro personaje mitológico y arquetípico tan emble­
mático para las culturas chamánicas (o las religiones de la naturaleza) como
el trickster (una palabra que, ciertamente, no tiene traducción al español, y
esto es parte de su esencia: lo enigmático, lo paradójico, lo indefinible) [...] La
cosmovisión sobre la que se erige la figura del trickster como un arquetipo
(los arquetipos son dioses que se difunden en el tiempo y son parte también
de la psique, asociados a una cierta emoción) es la de un arraigo a la natura-
r<.k • '* •»’>!• ' 1 “’'i • • ■

leza: la sede de lo divino. H trickster toma una cualidad fundamental de la


naturaleza (que es la imagen de la divinidad): la habilidad de transformarse
y de ocultarse. Observando la naturaleza, el hombre antiguo entendió que
todo es cambio, que todo fluye: el trickster es dios, es un animal y es un
hombre y es capaz de convertirse en rio, en árbol, en estrella o en otro animal
y alterar la naturaleza como si toda ella fuera su teatro, en una dinámica
metamórfica en continuo movimiento. Por esto, la esencia del trickster es la
transformación (y no es extraño que en culturas indígenas chamanicas sur­
giera con tanta frecuencia el motivo del tótem y el nagual) [...] El trickster,
como sugiere Campbell, está presente en todos lados en donde existe el des­
orden —como la sombra de Dios o la carta del Tarot del Loco—. Está ahí para
ejercer el contrapunto y hacer interesante la historia, mostrando que hay
algo más, que el misterio es mucho más profundo de lo que creemos —how
deep the rabbithole goes—; su labor es la de oponerse al orden con una energía
rebelde y provocar la fricción creativa. ...............■ '■

¿Son las manifestaciones de ovnis el resultado de una broma por parte de una
entidad amante de la burla y la farándula o nos estamos enfrentado a otra cosa?
LOS SUEÑOS: ¿LA CLAVE OCULTA DE LOS j. u i. ii...(IUl. ...i.i [Link]'.tíi -

ENCUENTROS CERCANOS (

Nuestro cerebro sigue siendo un gran desconocidi :o universo


onírico es un terreno básicamente inexplorado. Y en su obra
El significado de la psicología para el hombre moderno (1934): «El sueño es la pequeña
>
puerta escondida en el santuario más profundo e intimo del alma, que se abre a
esa noche cósmica primitiva que fue el alma mucho antes de que existiera el ego
consciente y será mucho más allá de lo que un ego consciente podría alcanzar».
En el libro publicado por la Universidad de Granada Rompecabezas del cerebro: la
Conciencia (2007) se comenta lo siguiente:

Los sueños MOR (etapa de sueño superficial) están considerados como una
locura transitoria. Cuando Hobson decidió aplicar un examen mental psi­
quiátrico a los sueños, para evaluar las funciones cognitivas en ellos, esto es,
para analizar su formato en lugar de interpretar su contenido, descubrió que
el resultado de la prueba era el diagnóstico de delirio orgánico, algo así como
una borrachera nocturna. Descubrió que todos los sueños MOR tienen en
común mostrar imágenes visuales estrafalarias alucinatórias: inconstancia
de tiempo, espacio y persona: contenido ilógico y desobediencia a las leyes
naturales: desorientación atencional: confabulaciones: aceptación acrítica:
amnesia y abundantes emociones. Estas alteraciones cognitivas se deben a
la rotura de un equilibrio bioquímico durante el sueño. Durante la fase MOR
del sueño los niveles de aminas (norepinefrina, dopamina y serotonina) dis­
minuyen y los del sistema colinérgico aumentan. Durante la vigilia ocurre

iiudlULbi u .JlllJK IIúmi


al revés. Es decir, de día el cerebrode las
aminas que inhiben a la acetilcolina, pero enla fase mente cae
exclusivamente bajo la influencda inodulatoria ‘ " 1 ’ Jí.__2_
formación reticular del tallo cerebral, por la perdida de la inhibición ami-
nérgica: el equilibrio químico se rompe. Las aminas cumplen fundones de
. + V, a
orientar la atención, controlar el pensamiento y aprender.

¿Podría ser el estado de sueño superficial el estado al que nos induce el AE y


que nos permite acceder a esa otra realidad? ¿Es la creatividad onírica resultado de
este estado mental? ¿Y es por ello por lo que encontramos tantas semejanzas entre
las experiencias ovnis y el universo de los sueños? Y es que es muy probable que
la sintonización con el AE permita a nuestra mente entrar en un estado alterado
de conciencia, similar al onírico, donde el AE encuentra el lenguaje apropiado
para expresarse fuera de nuestra psique, pero bajo condiciones análogas al sueño.
No estaríamos propiamente ni despiertos ni dormidos. El tiempo sería relativo y
nuestra percepción podría estar abierta a un mundo quimérico indescriptible. ¿No
es esto lo que refieren los místicos de todos los tiempos?
Según un estudio realizado por especialistas del Dream and Nightmare
Laboratory de Canadá (2006), la memoria sigue activa durante la fase del sueño
y es fundamental en la formación de las experiencias oníricas. De hecho, los
mecanismos que nos permiten construir dichas imágenes están relacionados con la
actividad del hipocampo, que es un área del cerebro localizada debajo de la corteza
cerebral y que desempeña un importante papel en nuestros recuerdos (durante la
vigilia). Por tanto, es obvio que los sueños están vinculados a nuestra memoria,
pues los recuerdos reaparecen en ellos durante el proceso de «almacenamiento», es
•*r.

decir, cuando se trasladan de una regióricerebral a otra, antes de ser archivados de


forma permanente. Y no solo, pues se ha constatado que dormir impulsa nuestra
accesibilidad a esas memorias formadas, incluso en situaciones de estrés cognitivo.
Estos estudios han demostrado que la consciencia no duerme mientras se
sueña, ya que la actividad cerebral registrada es similar a la de la vigilia. Esto
también podría demostrar que en el estado de sueño superficial nuestra mente
podría seguir funcionando de forma activa como si estuviera despierta, haciendo
posible que nos moviéramos y reaccionáramos como durante la plena consciencia.
¿Es quizas esto lo que experimentamos cuando el AE nos induce en un trance
desconocido? El músico y estudioso de las religiones orientales Eduardo de la
Calle me expreso su opinión sobre mis tesis: «Estoy muy de acuerdo con tus
apreciaciones; esto que estudias puede ser algún tipo de proceso onírico que ocurre
en otra dimensión, donde no hay nada físico y donde todo sucede a nivel mental, y
donde existe una réplica de nuestra realidad» Veamos, en un último ejemplo, hasta
donde nos puede conducir el estudio de los ovnis...
En el periódico El País, Estefanía Grijota publicó un interesante artículo
titulado «Neurólogos descubren el lugar del cerebro donde se fabrican los
sueños» (12 de enero de 2018), en el que se recogían los últimos descubrimientos
en torno al sueño:

El universo de los sueños es, cuanto menos, fascinante. En parte porque los
enigmas que se esconde detrás de algo, en apariencia, tan trivial como la ac­
ción de soñar, supone para muchos un antes y un después en sus vidas. Ya
Paul McCartney aseguraba en 1980 que, gracias a un sueño, se despertó con
•Á'C Wiw'i v*’

[Link] . .‘h’iiíV-. • . íiUliflUL*.** 'íi.'VnMhl ‘ IhnAillll.


la melodía de Yesterdáy en la cabeza o el médipbcanadiensc Frederik Grant,
que soñó con el experimento que supondría tino dé los descubrimientos mé­
dicos más grandes de la historia, la insulina. Sueños creativos, de laborato­
rio...soñar, sí, pero ¿dónde y por qué se originan nuestros sueños? Un grupo
de neurocientíficos de Estados Unidos, Italia y Suiza ha descubierto que el
sueño tiene su propia fuente autónoma: la denominada zona caliente o hot
zone, en la que la actividad del cerebro es diferente al sueño REM (Rapid Eye
Movement), estado en el que el cuerpo duerme, pero el cerebro continúa en
actividad, y al resto de los estados no REM. Los expertos fijaron electrodos en
la cabeza de 32 voluntarios mientras dormían y les despertaron en varias
til!1
ocasiones durante la noche. Se centraron en un grupo de siete personas a las
que se les despertó 10 veces y se les entrenó para que recordaran la última
imagen vital de sus sueños. Ésta hot zone está asociada al hecho de recordar
1 :
el sueño de una manera consciente, lo que hace que el estudio sea muy rele­
vante para José Luis Trejo, neurocientífico del Instituto Cajal (CSIC) y vice­
presidente del Consejo Español del Cerebro: «Un avance considerable en
nuestra comprensión del cerebro ya que se incrementa nuestra capacidad de
analizar conscientemente los sueños de una persona». ¿Realidad o tan solo
sueños? En la etapa final del estudio, los neurólogos ahondaron en el tema de
la consciencia y descubrieron que, para el cerebro, un sueño es una experien­
cia real y no algo inventado. «Un área del cerebro que se vuelve muy activa
cuando se comienza a soñar, experiencias en las que la conciencia también
está activa», explica Francesca Siclari, neuróloga del Hospital Universitario
de Lausana (CHUV) y una de las pioneras de la investigación. La hot zone se
encuentra en encima de la nuca y está ocupada por el 9 5 % de toda la fase rem
y el 71% de la no REM. Horas y horas de sueños de los que solo recordamos
apenas unos minutos y que quizás con este nuevo avance se pueda descubrir
cómo recordar mejor. Trejo afirma que algunos sueños están tan cerca de la
realidad cotidiana que son como una extensión de los pensamientos despier-
tos: «Muchas ideas pueden el a nú­
meros artistas o inventores». A partir de esta investigación, los caminos que
se ramifican son al menos tres: el imaginativo, uno neurológico y otro limí­
trofe con la filosofía. Según J. Alian Hobson, psiquiatra y uno de los investi­
gadores más importantes del sueño, argumenta que no solo el sueño tiene
un significado, sino que es el fundamento de todo significado posible. Pero
¿cuál es ese significado? Para Hobson, «una actividad mental que se caracte-
riza por una imaginación sensomotora vivida y que se experimenta como si
fuera la realidad despierta». En pocas palabras, si se sueña algo sobre un pro-
yecto en el que se trabaja, se recuerda y parece una buena idea o acción o es
.1

algo positivo, adelante con ello. «El cerebro compone secuencias complejas a
partir de los elementos que ya conoce y las inventa "casi’* al azar, y algunas
pueden ser tan verosímiles, que, por una cuestión de probabilidades elemen­
tales, pueden convertirse en reales», explica Trejo.
No cabe duda de que el estado emocional de una persona es muy importante
y significativo a la hora de soñar. Y es que, la neurociencia propone que el
cerebro despierto lo que hace es construir una imagen de la realidad que
percibe a base de pequeñas unidades de información. «El cerebro almacena
cómo camina una persona, cómo mira, cómo habla, y luego el cerebro, so­
ñando, mezcla esas unidades de información, casi al azar, para generar imá­
genes coherentes compuestas por miles de estas piezas verosímiles, pero,
una escena que, en realidad, nunca ha existido, afirma Trejo. Para el experto,
aquellas vivencias con un alto componente emocional tienen una mayor
probabilidad de aparecer en sueños. «Soñamos con más frecuencia con cosas
que nos preocupan, nos ilusionan etc.», concluye.

Desde luego, todo un mundo fascinante, así que, sueñe e intente recordar.
II ’’ '

Y para concluir, rescatamos un trabajo del filósofo y escritor Luis Racionero en


un artículo titulado «El átomo y el sueño» ide describía las similitudes
MlP' ..'•'P.’IF

de los descubrimientos de la física con el mundo le» del inconsciente:


Curiosamente si nos fijamos en la estructura formal del inconsciente, tal
como Freud la ha tipificado por su análisis de sueños, alucinaciones y fenó­
menos parecidos, no podemos evitar so _ ' mos ante la increíble seme­
janza entre ciertos aspectos de la psicología del subconsciente y la estructura
del mundo subatómico. La disolución del principio de causalidad es común
a los sueños y al átomo. En sueños volamos fuera de espacio, tiempo, causa y
efecto y lo absurdo parece plausible. Exactamente lo mismo sucede con las
partículas en el mundo subatómico: hay electrones con tiempo negativo, es
decir, que vienen del futuro, según dedujo Feynman, y hay partículas melli-
zas, según comprobó J. S. Bell, que quedan afectadas instantáneamente y a
distancia por lo que le sucede a la otra. Los experimentos de Thomson hicie­
ron pasar, aparentemente, un electrón por dos agujeros al mismo tiempo (so­
bre lo cual comentó sir Cyril Burt: «Es más de lo que puede hacer un espí­
ritu»), En esta segunda mitad del siglo la evolución de la física toma un giro
todavía más surrealista: John A. Wheeler, de Princeton, propone la existen­
cia de agujeros negros, hipotéticos pozos en el espacio intergaláctico donde
la masa de una estrella apagada, que ha sufrido colapso gravitacional, se pre­
cipita a la velocidad de la luz, desapareciendo de nuestro universo. En estos
apocalípticos sumideros del espacio, las ecuaciones de la teoría de la relativi­
dad generalizada deducen que la curvatura del espacio se hace infinita, el
tiempo se para y las leyes de la física se invalidan. La malla de incompatibili­
dades a la razón aristotélica que se da en los sueños resulta ser la más pura
normalidad en los procesos subatómicos y galácticos. Lo que la física mo­
derna ha revelado, pero la sociedad aún no ha mentalizado, es que en el nivel
submicroscópico los criterios de realidad son fundamentalmente diferentes
de los que aplicamos en nuestro nivel —dentro del átomo nuestros concep­
tos de espacio, tiempo, materia y causa no son válidos y la física se convierte
en metafísica con un inesperado sabor a misticismo—. La dicotomía cuerpo-
espíritu es exactamente tan real y verosímil, o irreal y absurda, como la dico­
tomía, observada en el laboratorio, materia-onda. La física subatómica se
mueve hacia el mismo sistema de categorías no espaciales, no temporales y
no causales que el psicoanálisis descubre en el estudio del subconsciente. El
W1?1 , ' •••• .. ■
modelo del universo que se tenía en el siglo XIX está anticuado y, dado que la
• / • ■ .i :l ’ j

mismísima materia ha sido desmaterializada, el materialismo ya no puede


considerarse como, una filosofía científica. [...] Cuando la sociedad com-
prenda que el atomo es como el sueno y que el mundo se mueve fuera de las
leyes del racionalismo cartesiano, que el umverso se parece mas a un gran
pensamiento que a una gran máquina de relojería, como han intuido los poe­
tas y están descubriendo ahora los científicos, entonces, realmente entonces,
estaremos todos en la Luna.
UN «DETONADOR»
MENTAL NO IDENTIFICADO

En un artículo publicado en su blog The UFO Conjetu «José Antonio


Caravaca’s (Brilliant) Distortion Theory» (201 7), el aut ro investigador
Rich Reynolds, tras estudiar a fondo mis ideas, ex r exegesis sobre
Jill

Aunque el agente externo de José es comparado por algunos al «mecanismo


de control» de Jacques Vallée o al inconsciente (colectivo) de Jung, es mati­
zado hasta el punto de que abre la puerta a una posibilidad que tiene grandes
ramificaciones. José ha explicado que su agente externo trabaja exclusiva­
mente en el perceptor, la persona que tiene un evento ovni (o avistamiento).
, , ■ tw" . . '
Es decir, el agente externo proporciona una experiencia que no es generali-
”1
zada, sino que se aplica solo a la persona que tiene la vivencia. Cada persona
tiene un residuo de material en su armario inconsciente, el banco de memo­
ria de la mente. El agente externo extrae material de ese armario, de ese
banco de memoria, para crear un escenario que se convierte en la experien­
cia ovni. [...] Me he preguntado, y he notado el asombro (en otros lugares),
sobre qué o quién puede ser ese agente externo. ¿Es Dios? ¿Es ese desprecia­
ble meme, el Trickster (un concepto que odio)? ¿Es la incursión de un orde­
nador omnipotente que inyecta imágenes en nuestras mentes, a través de
ella, o es una simulación de matriz? ¿Es un engaño gubernamental / militar
(similar a lo sucedido a Vilas Boas en Brasil o Arthur Bryant en Inglaterra)?
No creo que sea ninguna de esas cosas. Creo que el agente externo de José Ca­
rayaca es un proceso neurológico o psicológico desconocido (hasta ahora)
que es incontrolable, pero desconoc JT-
gos). El agente externo dejóse es un
fecto biológico que se aplica a otraiL___________.............................. . ......
natorias, (...] En todos los ejemplos que el investigador Caravaca ha ofrecido,
hay una conexión innegable a la memoria o a la condición mental de una
persona antes de su experiencia, y esa conexión es tangible, en la medida en
que un evento neurológico o psicológico puede decirse que es tangible.
Freud, Jung y otros psicólogos, junto con algunos neurólogos, como el gran
Oliver Sacks, han demostrado que tales eventos descritos por José y perti-
nentes al tema ovni son reales, en el sentido de que su realidad es un hecho
cierto para las personas agraviadas por el fallo mental, un mal funciona-
miento neurologico o psicológico. ¿Es el agente externo un defecto genético?
Quizás. ¿Es un grupo defectuoso de neuronas cerebrales, como el que aflige a
las personas que se dice que son esquizofrénicas? Quizás. Lo que el investiga­
dor Caravaca ha proporcionado es un cuerpo de material que, si bien se aplica
a los ovnis, a un determinado sector, también podría aplicarse al mundo de
la enfermedad mental, de manera genérica. José Caravaca se ha topado con
una explicación de muchos informes ovnis existentes en la literatura, y algo
más, mucho más, creo.

Aunque convencido de mis planteamientos sobre la existencia de un


mecanismo «psicológico» que utiliza el inconsciente de los testigos para la
elaboración de los encuentros cercanos con ovnis, en su escrito, Reynolds se
mostraba algo escéptico ante la posibilidad de la participación de un AE ajeno al
ser humano. Indudablemente, este tipo de experiencias podrían ser indistinguibles
de un proceso mental absolutorio que hubiera cobrado cierta independencia del
consciente, pero, tal como le hice saber a Reynolds, existen cuatro aspectos
1• •
fundamentales que me llevan acensar que esté singular m
detonado por un AE: .4

.... .1 .
1. Su manifiesta capacidad elusiva■ para evitar dejar cualquier
■ ro fiable de
.. . ., " , /.. . g, M-
su existencia, presentándose de forma ambigua, efímera da.

2. Su interacción física con el medio (huellas, rast fruto de la


SI ií
participación de un AE que sería capaz de catali ciertas energías para
r __ - 9 B ¡11»,_ . iifi'l»
transformarlas en materia durante un breve periodo de tiempo.

3. La existencia de un mismo «esqueleto» estructural narrativo/ideográfico


,,:í
en las diferentes manifestaciones, que indicarían la presencia de un
factor común en todos los encuentros que mantiene el cuerpo estructural
fenomenológico de las experiencias.

4. Que el modo de expresión de este fenómeno sea precisamente una


proyección tridimensional externa al testigo que puede ser observada por
más personas. ’111

A raíz de esta confrontación teórica, Reynolds publicó otro reporte titulado


Let’s Take Jose Caravaca’s "Distortion Theory” One Step Further» (2017):

He postulado en alguna ocasión que el agente externo de José es un capricho


neurológico o psicológico que causa el escenario del encuentro cercano, pero
podemos conceder que el agente externo de José, en efecto, sea una construc­
ción real que existe en el medio fuera de la psique de quienes han tenido un
extraño encuentro ovni con seres, que, aparentemente, según José, es capaz
de «construir» una extraña viven cía con ayuda de uiia fuerza «real» y formi­
dable a tener en cuenta. He intentado plantéar aquí (y en otros lugares) que
el «instinto» es un eufemismo utilizado por los psicólogos (y científlcqs} ge­
neralmente para describir un tipo de proceso de pensamiento, que crpeo, po­
seen tanto los vertebrados, invertebrados y'imSra'Wpo de criaturas vivientes,
incluso las plantas: es decir, todo tipo de criaturas. Todos tienen inteligencia
(junto con el sentido de existencia). Supongamos que el agente externo de
José (tal vez incluso existen muchos «agentes externos») operan dentro de
los límites de la realidad que todos conocemos en la tierra. Y el agente ex­
terno (que algunos pueden llamar Dios, o ese epíteto lamentable, el Tricks-
ter) interactúa con los seres vivos, de forma parasitaria, solo por diversión o
por alguna finalidad. ¿Esto explicaría por qué alguien como Bach o Mozart o
Beethoven o Shakespeare o los escritores bíblicos o Leonardo, Picasso o Andy
Warhol fueron capaces de crear sus obras de arte, música y drama? Es decir,
¿los genios tienen ayuda de un agente externo, que les ayudó a forjar sus
creaciones desde el residuo de sus mentes y experiencias? Entonces, si un
agente externo puede desarrollar escenarios ovnis, un agente externo (o
«agentes») podría ser el productor o catalizador para todas las empresas
creativas de la humanidad. Un agente externo no se limitaría a ofrecer un es­
cenario ficticio ovni. ¿Eso sería una pérdida para tal capacidad o habilidades,
o no? Aunque soy partidario de la «Teoría» de José, (o «Sistema de Control» de
Vallée), creo que solo la fabricación de una experiencia ovni para los testigos
ovni es una perversión sin sentido de un gran poder, una anulación de una
capacidad para moldear a la humanidad al antojo de algo aparentemente
loco, el agente externo de José. Un agente externo que juega con las mentes
de los seres humanos es un extraño giro de la idea religiosa de un ser satánico
que hace que hombres y mujeres cometan actos terribles. ¿Esquizofrénicos,
son torturados por un agente externo (o agentes)? Es otra posibilidad dentro
de la magnífica teoría de José. ¿Por qué limitar lá teoría de la distorsión solo
a los encuentros de UFO? í,

Hace algunos años investigue! ' un desconcertante suceso qúe aglutina


bT'pt1'
prácticamente todos los factores que se han analizado en el presente libro,y que, de
" lilla " ...
alguna manera, entronca también con los postulados defendidos por Reynolds. Y es
que, en muchas ocasiones, comprobamos, ante la descripción de estos fenómenos,
lo complejo que puede ser diferenciar nuestra realidad cotidiana del quimérico
universo que nos dibujan estas visiones. Aunque en una primera lectura las
experiencias religiosas de la testigo pueden ser achacables a algún tipo de trastorno
mental, la extraordinaria similitud de su experiencia ovni con otros episodios
ocurridos en el mundo, ignorados por la protagomsta, nos indica claramente que
estamos ante algo que trasciende lo meramente psicológico. Sin duda, esto es
indicativo de la existencia de un factor desencadenante desconocido que es en
•y*- . ’W'
última instancia el que sumerge a las personas en estos «viajes» hacia otra realidad.
Pero conozcamos esta experiencia. Los primeros hechos extraños en la vida de
nuestra testigo, la Sra. García, ocurrieron en el año 1972, cuando dio a luz a su
primogénita en un hospital de Cádiz y quedó gravemente enferma. Como era una
devota creyente cristiana rogó a Dios por su vida. Según me narró, en la misma
habitación del hospital se le apareció una misteriosa mujer que ella identificó con
una santa. Esta «mujer» le dijo que la curaría, pero que, a cambio, como
agradecimiento, debería ponerle su nombre a su hija, Gema. Durante la aparición,
la testigo notó un fuerte olor a rosas, que posteriormente sus familiares pudieron
corroborar extrañados. Cuando la Sra. García le explicó a su madre la visita de la
misteriosa santa, que identificó posteriormente corrió santa Gemma de Galgam,
esta creyó que deliraba porque su estado de salud era mu^grave^E^ después, la
testigo se recuperó milagrosamente, sorprendiendo al equipo médico que la
atendía, no siendo necesario aplicarle el tratamiento previsto. A partir de entonces
la vida para la Sra. García cambio drásticamente y tuvo múltiples apariciones de
diversos santos y santas en su domicilio de Algeciras. Incluso, narraba que un
misterioso buda se le aparecía por las noches para aconsejarla, al estilo de los guías
espirituales. Este personaje rechoncho hacia acto de presencia siempre que la
:í:m¡ÍW«: ''®8Wuí’'’ " ' " "ü jiÍlIW'1-'
testigo requería su presencia. Sus visiones dieron un cambio drástico cuando, a
principios del año 1990 o 1991, recibió la visita de unos misteriosos seres en el
salón de su casa. Según me dijo, mientras planchaba tranquilamente pensando en
sus quehaceres diarios, de pronto, se percató que en el sofá había tres «enanitos»
sentados con los pies colgando. Al parecer, de la nada, habían aparecido tres
pequeños seres de complexión delgada y voluminosa cabeza con grandes ojos
hJiípb.
rasgados negros. Vestían un traje ajustado azul, con dos extrañas hebillas grandes
una en cada pecho. A la testigo no le impresionó demasiado la visión de estos
humanoides porque balanceaban los pies como si fueran «niños jugando» y eso le
pareció divertido. Aunque ella supo al instante que se trataba de seres
extraterrestres. Según la testigo, aquellos humanoides venían a comunicarle que,
ella, tenía una importante misión que cumplir en la Tierra. También le dijeron el
nombre del planeta del que procedían, pero la testigo no lo recordaba.
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de estrellas que ellos conocían, no lós rectierdo. [...] Me dijeron que, póf ejemplo,
uno de ellos tenía 180 años que en la Tierra equivaldría a unos quince años. Me
preguntaron si tenía miedo, y yo les dije que un poco, [...] aunque nos yes ahora
asi de pequemtos, tenemos la facultad de cuando queremos, transformamos e ir
con los humanos por la calle, somos muy altos, incluso mas altos que vosotros».
También le dijeron que ellos comían en base a lo que plantaban.
A lo largo de la charla le dieron una «formula» para curar el cáncer compuesta
por ingredientes tan comunes como el vinagre, sal, limón y otro componente que
tampoco acertaba a recordar. En un momento dado, la Sra. García les dijo que no
podía entretenerse porque eran las cuatro de la tarde y tenía que recoger a su
•O n!^-
hija. Entonces uno de los seres le dijo que no se preocupara, que mientras ellos
..
estuvieran allí, el tiempo no transcurriría. Entonces la testigo miró el reloj del salón
comprobando que estaba detenido. La Sra. García dijo que los movimientos de los
seres eran muy lentos. En esos momentos, ocurrió el episodio más extraño de toda
la experiencia, que guarda enormes semejanzas con las visiones de los místicos y
chamanes: «Yo lo que sé es que hubo un lapsus, por decirlo de alguna manera, en
que yo subí para arriba y bajé. Yo me quedé aquí (mi cuerpo), pero yo sentía que
subía hacia arriba [...] Estaba en un sitio donde había unas paredes que transpiraban
luz, era una habitación muy grande y esa pared estaba iluminada. Yo les dije que
tenía mucho miedo y me dijeron que no querían hacerme sufrir. Yo quería volver,
esas fueron mis palabras. Y uno de ellos, que parecía el más mayor, con el pelo muy
blanco me dijo: “No, esa señora todavía no está preparada" y me devolvieron a mi
casa. Cuando llegué aquí, estaban otra vez sentados en el sofá. Entonces me dijeron
■UÚui^i lili

que se marchaban». La testigo quiso acompañarlos hasta laí puerta, pero uno de los
seres sonrió y le dijo que se marcharían tal y como habíanvenido. Entonces, como sí
gradualmente^LáS agujas

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La Sra. García me contó que su menos
paranormales en la casa, como ruidos, movimientos de o
-
Sin duda, episodios como estos, preñados de interrogantes insolubles para
,,|,t 1*
los investigadores ortodoxos, pocas veces aparecen en los textos ufológicos.
Como el singular episodio ovni que me narro Albert Rosales, donde de nuevo,
los «alienígenas», los difuntos y los fenómenos paranormales parecen un todo.3
. .
Ocurrió en Plumstead Common, Londres (Gran Bretaña), el 17 de julio de 1978,
":W ’''Cp1'1'
sobre las 19:45 horas. La Sra. Mary estaba paseando a su perro acompañada de
sus dos hijas. Cruzaban por un pequeño estanque artificial, mientras los niños y
el perro corrían adelante. Mary decidió sentarse un rato en la hierba cerca de un
pequeño bosquecillo de árboles. De repente, Mary observó una gran bola de luz
Olí!""

naranja que descendía del cielo hasta aterrizar frente al bosque. Al estar a tan solo
unos metros de ella, María se asustó y más aún cuando dos pequeños hombres
salieron del objeto en su dirección. En ese momento, mirando hacia un lado, vio
a su padre sentado en el suelo junto a ella. ¡Su padre llevaba muerto seis años!
Mientras los humanoides se acercaban, ella vio que eran bastante pequeños, de
noventa centímetros a 1,20 metros, vestidos como chóferes, con gorras de pico y
uniformes de color dorado, y con unos extraños dispositivos en la parte delantera.
Intentaron hablar con ella, pero la testigo se desmayó. Lo siguiente que ella
recuerda es ver a su esposo agachándose ansiosamente sobre ella; él y los ñiños la
habían estado buscando al ver que no aparecía por ninguna parte. La llevarán al
hospital Allí, Mary permaneció varias semanas, siendo tratada en primer lugar por
una conmoción severa, para luego ser atendida por un psiquiatra. Al principio no
- A1 ...

pudo ver nada durante tres meses, tenía un sarpiillido en la cara y los brazos y todas
, ... n

las partes descubiertas de su cuerpo. Según cont;aba, a medida que aquellos seres se
acercaban a ella, había sentido como toda la energía se escapaba.
A partir de ese día, la familia sufrió toda clase de experiencias paranormales
en su domicilio, incluido una voz desconocida que llamaba constantemente a la
Sra. Mary por su nombre. Los psiquiatras que atendieron a la testigo no detectaron
ninguna enfermedad psíquica y terminaron admitiendo que ella sentía que toda
•jrtlP - i i jj ’s •
aquella experiencia había sido real.
De nuevo, encontramos como las experiencias ovnis contienen detalles que por
•i'ipt . f,n.1
lo general son obviados y marginados por el grueso de la comunidad ufológica.
De hecho, John Keel, en su columna de opinión de la revista Saga (marzo
1976), denunciaba que «un psiquiatra neoyorquino me preguntó en una ocasión
si alguna vez había oído hablar de personas fallecidas que aparecían junto a los
platillos voladores. Me contó cómo un joven paciente, un adolescente, afirmó haber
presenciado un aterrizaje de un ovni y se asombró al ver a su difunto padre salir
‘‘ 'hili ;dÍlA’lÍllk rli vid
• " I,
del objeto. El psiquiatra no sabía nada sobre ovnis y asumió que todo el asunto no
era más que una fantasía infantil. En realidad, sin embargo, ha habido cientos de
reportes similares, aunque generalmente son ignorados por los creyentes de núcleo
duro en naves espaciales extraterrestres». Whitley Strieber y su mujer, Anne,
trabajando con un amplio número de supuestos abducidos, ban confirmado que
los testimonios que aseguran han visto a difuntos (familiares y amigos) junto a los
extraterrestres son más comunes délo quelosufólogos admiten. De hecho, Strieber
siempre ha defendido que estas experiencias están vinculadas con el alma humana
y su trascendencia va mucho mas allá de la visitación extraterrestre.
En opinión del investigador Josep Guijarro, autor del libro Infiltrados (1994):
A A
«Podría decirse que las experiencias están más próximas al éxtasis místico
que a cualquier otra clasificación. Precisamente, debido a que las Experiencias
de Visitantes de Dormitorio, incluyen factores mentales, sujetos, por supuesto,
a influencia personal y cultural, así como propiedades físicas que han sido
!W.
observadas y registradas, no existe un sistema de conocimiento capaz de
comprenderlas totalmente». En su libro El Proyecto Omega, el Dr. Kenneth Ring
encontró, ante el pasmo de los ufólogos ortodoxos, extraordinarias semejanzas
entre las Experiencias Cercanas a la Muerte (tan presentes en los cultos
chamánicos) y los incidentes ovnis: encuentros con entidades, luminarias, flotar
hacia una luz, cambios en la conciencia, patrones similares en los testigos, etc.
Kenneth Ring estaba convencido de que estas experiencias sobrenaturales se
originaban influenciados por un estado alterado de conciencia:

Una historia de abuso infantil y trauma juega un papel etiológico cen­


tral en promover la sensibilidad a experiencias cercanas a la muerte y el
avistamiento de ovnis... Crecer bajo ciertas condiciones parece estimular
el desarrollo de una respuesta disociativa como mecanismo psicológico de
defensa... Al hacer esto «sintonizando hacia afuera» ~~y esta es mi ter­
cera asunción— un sujeto tiene mayores posibilidades de sintonizar otras
realidades en virtud de su estado disociativo, puede temporalmente sentí rse
seguro sin importar lo que le está sucediendo a/áü cuerpo. De esta forma, la
disociación fomentaría directamente un acceso relativamente fácil a reali­
dades alternas no ordinarias». Para concluir diciendo que «los encuentros
extraordinarios —ya sean con ovnis, E
de los misterios del universo trascendente y de nosotros mismos son enig­
mas afines a lo que es un koan. Un koan —el término viene del budismo Zen
— es un acertijo que parece tener la forma de una pregunta. El más conocido
de ellos en Occidente es «¿Cuál es el sonido de una mano aplaudiendo?»
Aunque esté presentado en forma de pregunta, un koan en realidad está di-
ngido a dejar perplejo al discípulo, a frustrar su intelecto racional, a forzarlo
a abrirse camino hacia un modo totalmente nuevo de comprensión y even­
tualmente a darse cuenta de qué él y el universo son: ¿qué?

¿Son los ovnis un «enredo» psíquico»? ¿Un acertijo sin respuestas? ¿Una
ecuación sin respuesta? Y es que, si nos negamos a aceptar la existencia de
un componente psíquico implicado en la formación de los eventos ufológicos,
estaremos condenados a vagar eternamente por un mar de incertidumbres. Jamás
resolveremos el enigma, pues las dudas se irán acumulando hasta formar una
interminable Torre de Babel.
Una muestra. En el capítulo 5 hablábamos de que los supuestos
«extraterrestres» utilizaban en ocasiones la ouija y otros medios más propios de
los médiums de finales del siglo xix, para comunicarse con los seres humanos. Y
este simple hecho, cargado de extrañeza y absurdo, no ha planteado casi ningún
debate serio en la comunidad ufológica. ¿Pero cómo es esto posible? ¿Visionarios
religiosos, chamanes, brujos y médiums de todas las culturas y épocas utilizando
los mismos canales (medios) para comunicarse con diferente «gente» que habita
en un más allá indeterminado? ¿No es más probable que estemos tratando con el
mismo fenómeno, pero «distorsionado» por nuestra propia mente? ¿Y solo, nuestra
participación determinará muchas de las características de este paradigma?
i
DE GANÍMEDES HASTA CADIZ

Hacia las 4:55 horas del 29 de agosto de 1993, tres jóvenes gaditanos decidieron
descansar tras varias horas conduciendo sin detenerse después de un largo viaje.
Para ello, condujeron el todoterreno en el que viajaban por un carril poco transitado
'i'1.,' . .•iij,- . .

de un coto privado de caza que había junto a la carretera de Medina Sidonia. A los
pocos minutos de estar en la zona, todos vieron una potente luz que apareció en el
firmamento. Era del tamaño de Venus y se encontraba estática. De pronto, aquella
luminaria aumento considerablemente su tamaño hasta alcanzar las proporciones
de la luna llena. Uno de los testigos, Abelardo G. me narró el hecho: «Era extraño,
una luz enorme. Por el borde tenía el color de las soldaduras oxiacetilenas y en
el interior era como anaranjado. De pronto, comenzó a lanzar fuertes destellos
luminosos y empezó a moverse. Lo vimos durante algún tiempo y al poco rato se
estabilizó, hasta que por nuestra derecha vimos las luces de un avión que venía
'l'1' Wl i.
muy rápido en dirección al ovni. Pensamos que era un caza militar, tanto por su
tamaño como por su rapidez. Antes de llegar hasta donde estaba la luz, esta se
perdió de vista a gran velocidad dejando un rastro luminoso en el firmamento».
Para dos de estos jóvenes aquel avistamiento supuso su primera experiencia con
un ovni. Sin embargo, lo que ambos desconocían es que para su otro compañero
de viaje, Ángel N., aquello era tan solo un incidente más. Desde hacía muchos años
guardaba un secreto y gracias a este encuentro, tras ponerse en contacto con los
investigadores Francisco Cabrera y Pilar Galvín, editores por entonces del mítico
boletín Investigación, pudimos conocer todos los pormenores ;de sus anteriores
episodiosufologicos. ;.||UWW' 7,^.

Desde finales de los


’ <?j. “
setenta hasta bien entrados
.. - ¡ yViollllUM. ,(1 i i .’-
los ochenta,
• ■ •• "
r
el movimiento
contactista (los contactados son personas que aseguran estar en comunicación <8qrf
los extraterrestres) experimentó en nuestro país im auge espectacular, sin
parangón hasta el presente. Y todo, debido a la amplia repercusión que tuvo el libro
de J. J. Benítez OVNIS, S.O.S a la humanidad, donde se relataba las increíbles
experiencias de un grupo de jovenes peruanos que logro establecer comunicación
con unos supuestos seres procedentes de Ganímedes. Multitud de aficionados y
entusiastas en los platillos volantes, embargados por el entusiasmo, intentaron
imitar a los protagonistas del libro de Benítez. Y lo más curioso, es que, afectados
por un contagio «psíquico» sin precedentes, accionando un resorte parecido al que
activó Kenneth Arnold con su relato, muchos de estos grupos de contactados
españoles lograron emular, en parte, muchos de los resultados obtenidos por los
peruanos. Uno de estos grupos, mantenidos casi en secreto, fue el que varios
universitarios y personas de alto nivel intelectual crearon en la capital gaditana,
sobre el año 1979, bajo el nombre de ZORA. Tras varios meses practicando la ouija,
entablaron contacto con unos supuestos extraterrestres que, entre otros mensajes,
les dieron uno que les dejó estupefactos. Al parecer, recibieron «ordenes» para ir a
un punto concreto de la capital gaditana y buscar a tres jóvenes que se reunían allí
todas las noches, con la intención de que se unieran a grupo. La idea parecía
descabellada, pero hasta la fecha los integrantes del grupo habían seguido a pies
juntiñas todos los mandatos de sus supuestos instructores galácticos. En dicho
lugar, señalado por la cuija, encontraron a Ángel N. a su primo EügÊit^^y Pèdro G.
de apenas catorce años y que nada sabían sobre el tema ovni. Una vez puestos al
corriente del contenido del mensaje, y atraídos lógicamente por el contacto
«extraterrestre», los jóvenes gaditanos crearon su propio grupo bajo el
asesoramiento de ZORA. Mediante la escritura automática, Pedro G. comenzó a
canalizar una ingente cantidad de información sobre los supuestos habitantes de la
.... — ■ .W'
luna de Júpiter a través de los guías Oxalc, Olfelt y Temal (los mismos «nombres»
.... , , . : ■ 11
que aparecen en el libro de Berutez). Y al poco tiempo, como era de esperar, llegaron
los avistamientos ovnis previa cita, donde tras recibir una fecha, hora y lugar, los
jóvenes confirmaban que lo que decían los mensajes era «real». Los ovnis acudían
,j-r Jiilír11 .

puntuales a la cita. Pero lo más interesante de todo este caso es que Ángel N., con el
que he mantenido frecuentes entrevistas a lo largo del tiempo, nunca llegó a creerse
del todo aquellas intrigantes experiencias vividas en su adolescencia; de hecho,
actualmente no tiene ningún vínculo con el tema... Solo quería respuestas.
Tal y como me dijo en una entrevista en el verano de 2002: «Te puedo
asegurar que algo raro nos ocurrió. Con catorce años todo se ve distinto. Lo que
antes nos parecía de lo más normal del mundo hoy día lo observó con perplejidad
y aun no puedo creer que viviera todas aquellas experiencias. Los avistamientos
que teníamos eran asombrosos, recuerdo que mi amigo Pedro G. recibía las
comunicaciones y que una vez en el lugar, veíamos las luces en la dirección y la hora
señalada por los supuestos extraterrestres. Casi siempre nos íbamos de acampada
por la zona de los Llanos, en la sierra cercana al Bosque (Cádiz) y teníamos
confirmación visual».
Pero una de las experiencias más impactantes fue la que vivió nuestro testigo
, ' " • '''VC
en la soledad de la noche: '
■ ' ‘"'‘wL*
La cosa empezó bien. A la zona donde acampábamos frecuentemente, y a
la que por cierto no acudía casi nadie, acudieron unos excursionistas, de
repente, a bordo de un autobús que hicieron peligrar nuestra noche de con-
tacto. Montaron sus casetas y nos extraño mucho, puesto que nuestros guias
nos habían comunicado que estaríamos solos en el lugar. Realizamos una
psicografía dentro de la caseta y nos confirmaron que dentro de pocos minu­
tos nos quedaríamos solos. No salíamos de nuestro asombro por la rotunda
afirmación de los supuestos extraterrestres, cuando a la carrera todos los
excursionistas, sin saber cómo ni por qué, abandonaron presurosamente el
lugar. Fue increíble. Pero ahí no acabó nuestros sobresaltos. De vez en cuando
nos ponían pruebas. Nos hacían caminar solos por el campo de madrugada
durante horas, para según ellos, fortalecernos psíquicamente para futuros
encuentros cercanos con los guías. Y dentro de la caseta, nuevamente me­
diante la escritura automática que recibía Pedro, nos facilitaron un mapa,
dibujado también por el mismo sistema, en el cual se nos decía que yo debía
acudir a determinados lugares durante aquella noche. Así lo hicimos. Sobre
las 00:00 horas emprendí el camino que me indicaba el mapa y me senté en
una especie de pozo (que según los guías era de origen romano) que jamás
había visto anteriormente. A las cinco de la mañana, harto de esperar sin que
sucediera nada, decidí volver a la tienda de campaña junto a mis amigos. De
vuelta, subiendo una colina, me llevé un susto de muerte. Junto a un árbol,
justo detrás de él, pude ver una silueta enorme, de al menos tres metros de
altura, con una especie de túnica azul. No sé de dónde saqué las fuerzas y el
valor, pero traté de acercarme para ver mejor la figura que se adivinaba tras
el árbol, pero una potente luz salida de allí, me cegó por completo. Esto fue
demasiado y salí corriendo para la caseta, despertando a mis compañeros.
-jHiiiw :«¡;v

Pero los encuentros no acabaron ahí. .iu' 1


,. ” lll'1 ' - | 'i!. * . i: iixíí’í* l¡<* »(!- I

Casi al final de la existencia del grupo, al que se■ había¡;p^á^:e^enriaiio de


Pedro, Paco G., manteníamos contactos en el ático que tenían estos herma­
nos en la calle Isabel La Católica. Pues bien, en una ocasión que realizaban
el contacto ellos tres dentro de una habitación, íes comunicaron que iban a
.
tener ’iiC de
una aparición allí mismo , .los guias. No creyeron jdeli*todo
j n
aquello,
pero poco a poco vieron como '
se formaron
■ ’ "'HlUwV' íllw
dos gigantescas figuras, como
" L ' ' n"

dentro de un humo, que casi llegaban al techo (270 cm). Fijaros si eran altos
que mi primo me advirtió que los seres tenían la cabeza ligeramente incli­
nada para poder estar allí de pie junto a ellos. Vestían túnicas de color malva
(violeta) y parecían estar observando a mis amigos. Os puedo asegurar que
salieron de la habitación blancos como la cal, con el miedo en el cuerpo.
Además, el perro que teníamos, un setter irlandés, que se encontraba en la
habitación con ellos, salió despavorido y tardamos tres días en encontrarlo
en la calle. Me dijeron que las entidades parecían ser algún tipo de proyec­
ción, ya que creían que físicamente no habían podido estar allí. Días después
se confirmó este detalle en una comunicación indicando que la presencia
física de un guía podía perjudicar seriamente nuestra salud, por cuestiones
energéticas que no llegamos a comprender. Pero curiosamente, a raíz de ex­
periencias como esta, el grupo comenzó a desmoronarse, sobre todo porque
los guías nos pedían que nos comprometiéramos más con su «causa» y nos
dedicáramos a difundir los mensajes por todas partes. Eso fue demasiado
para cuatro chavales que no se terminaban de creer nada y que veían que
todo aquello era muy extraño. Además, en aquella época el tema era casi des­
conocido y la gente no hablaba con la normalidad de la actualidad. No que­
ríamos que nos tomaran por locos. Creo que todo pasó a lo largo de tres años,
y hoy día ni mi primo ni los demás quieren saber nada de nada del tema.

LÜIÍh/.
.V . . ■
A1’/ • •
' ■‘¡¡ÜkUii " d*

Pero estos sucesos no son únicos. El periodista 9 investigador Luis Mariano


Fernández, en su adolescencia, vivió un caso similar. Así me lo Contó:
i» , jl¿ a» ' *' ■ J'S :*

Hay una noche de mi vida que jamás olvidaré, la del 17 de octubre de 1986.
Tenía catorce años, y siete días antes, realizaba mi primera sesión de ouija
con tres amigos del instituto. La historia es larga, intensa, apasionante, y
créanme, totalmente cierta. El llamado «telégrafo de los muertos» nos puso
en contacto con un ser que decía provenir de Ganímedes, una de las lunas de
Júpiter. Nosotros, adolescentes de catorce años, no temamos ni remota idea.
Una comunicación a través del mágico tablero que nos llevó a una cita, siete
1 nli'l'1 1 ■ *pfu' ' .i i'lily*’
noches después, a la Sierra de Mijas (Málaga) aquella fría noche de octubre.
¿Vimos algo? Sí, lo vimos. Una enorme esfera de luz que surgió de la nada
frente a la gran montaña. Ésta se iba desplazando hacia el mar muy despa­
cio, y de dentro de ella, aparecieron otras más pequeñas que «jugaban» en
torno a la principal. ¿Nave nodriza? Pudiera ser. La visión de aquellas luces-
objetos duró unos quince minutos. La gran esfera de luz blanca se detuvo
sobre el mar Mediterráneo, entonces las pequeñas se introdujeron dentro
del gran orbe, y como si la succionaran desde arriba, la luz desapareció.
Cuatro años después, cuando comenzara mi trayectoria como periodista e
investigador, conocería más detalles del suceso, recopilando expedientes po­
liciales, testimonios de agentes de policía, radaristas de la torre de control
del aeropuerto de Málaga y un piloto de las líneas Aviaco que en aquel mo­
mento iba a tomar tierra en el aeropuerto malagueño. Así rezaba el informe
elaborado por la policía nacional y así, de esta forma, describía al misterioso
intruso: «{Era] un objeto esférico, muy luminoso, que cruzaba el espacio, a
una velocidad aproximada a la apreciada en un avión de pasajeros [...] Era de
mayor proporción que la visión que ofrece el Sol, más del doble, con un color
blanco brillante, enormemente resplandeciente. Dejaba una estela, de un ki­
lómetro, aproximadamente, de larga, que parecía fuego, con sus extremos
anaranjados, rojo y amarillo. Precedían a este artefacto una serie de puntos
luminosos, muy brillantes, de varioscolores, que se movían continuamente,
pero sin separarse el objeto».

A estas alturas, pocos lectores negaran que la complejidad de la casuística


ufológica va mucho más allá, prácticam e hasta el infinito, de lo que podrían
..
haber imaginado al principio de este da ahc el sobrio relato

de Lonnie Zamora, pues fantasmas, ------- „ es, ------------


extrañas
criaturas y fenómenos de toda índole han ido desfilando de la mano de los ovnis por
'"W'ipi, ‘‘’'lO'úlhu' . j

las páginas de este libro portando un mensaje encriptado

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UN PUNTO Y SEGUIDO »

' ' ¡'t" ‘t W

Por tanto, es muy factible que lo que hem estado catalogando hasta él presente
„ . . Tí, [Link]
día como testimonios confiables de una p senda alienígena en nuestro planeta^
obedezca, en realidad, a otro tipo de fenómeno más relacionado con La percepción
humana de otras «realidades» que con la existencia de unos hipotéticos viajeros
espaciales. Sobre las conjunciones que deben darse para que el ser humano acceda
■ .'7;
a estas realidades solo podemos especular, ya que se ha anotado que existe cierta
.„ . ... . ,, . J. . J . . . ...
intencionalidad en el fenómeno por determinadas circunstancias de soledad y
aislamiento del testigo, y sobre todo evasivas, para no manifestarse de forma más
amplia, aparte de otros contextos y escenarios propuestos por especialistas como
Michael Persinger (campos electromagnéticos, fallas geológicas, etc.).
Por lo que las preguntas que suscitan estas ideas son muy amplias: ¿Poseemos
niveles de conciencia inexplorados por la ciencia que nos permiten acceder a un
complejo «mundo psíquico» donde germinan, entre otras cosas, todos nuestros
mitos ancestrales? ¿Existe un «agente externo», con cierta independencia, que
ejerce como maestro de ceremonias para unir estos dos universos, el mental y el
A'! 7
físico? ¿Es posible que la fuerza mental conjunta de la humanidad haya creado un
gran ente psíquico desconocido con cierta autonomía propia que nos enlaza con
todo el universo? ¿Estamos interactuando desde hace siglos, de forma accidental y
no controlada, solamente con las «interferencias» que provocan nuestros sentidos
al acceder a esta realidad de forma descontrolada? ¿Es posible que los chamanes y
otros iniciados puedan acceder de forma voluntaria a esa inexplorada dimensión
fl..

de la «conciencia universal»? ¿Es posible que la energía implicada en estas


comunicaciones, en ocasiones, haga que ambos universos se superpongan y dejen
huellas? ¿La «visión» y el mundo real piieden solaparse para crear una realidad»
alternativa? ¿La «visión» a la que accedemos cobra realidad durante el tiempo que
* •' & L • ij ’ ’ i
... • ‘MlHrúVi * ■' •• r

duran estas experiencias?


La psicóloga Barbara Engler, en su libro Personality Theories: An Introduction
(Introducción a las teorías de la personalidad. 1996) exponía:

Dentro del inconsciente colectivo se encuentran, según Jung, los arquetipos


... „ . ; \ .
o imágenes primordiales. Un arquetipo es una forma de pensamiento um-
versal o predisposición a responder ante el mundo de ciertas maneras (Jung,
1936). La palabra «predisposición» enfatiza potencialidades. Los arquetipos
no pueden ser conocidos o descritos por completo pues nunca entran por
entero en la conciencia. Se nos presentan en forma pictórica, personificada o
simbolizada y pueden penetrar en la conciencia por medio de mitos, sueños,
arte, rituales y síntomas. Es útil estar en contacto con ellos porque nos llevan
más allá del desarrollo de nuestras potencialidades individuales y nos incor­
poran en el proceso cósmico eterno. Jung indicó (1954): «El arquetipo es una
especie de predisposición para producir una y otra vez las mismas ideas mí­
ticas o ideas similares».

Además, en numerosos escritos ocultistas encontramos indicios de que


estos «nigromantes» estaban estudiando y analizando fenómenos análogos a los
reseñados en las páginas de este libro. De hecho, Kenneth Grant, discípulo del
célebre mago británico Aleister Crowley, en su obra Cults of the Shadow (Cultos en la
sombra, 1975), decía:
...... . ■ ...Y- . . •• ’ U 4. Minx-nria;'• -4 •

En todas las formas de magia, lá imagmación es el factor más importante. Si


esta perfectamente entrenada, es capaz de visualización vivida y prolongada
que se hace creativa solo después de periodos de intensa disciplina mágica
[...] Es como si el mago sueña mientras esta despierto; con objeto de alcan­
zar esto no solo tiene que funcionar eri dos mundos simultáneamente, sino
también «entre» estos mundos, conduciendo las energías sutiles del plano
astral a la atmosfera más densa de la consciencia mundana, donde la imagen
J , - J i . . J.
del sueno: puede congelarse y manifestarse en el ambiente físico inmediato
del operador. Las energías radioactivas liberadas por el operador, usando
la Corriente Ofidiana, son tan potentes que cuando están funcionando pie- *
namente en su capacidad mágica, poca gente puede soportar su presencia
física.

Además, consideraban que la consciencia humana contenía el acceso a otros


«mundos» y otros «universos»...
Por su parte, Terence Mckenna, en su libro Oversoul Takes Shape in a Archetypal
Ufo (1987), había llegado a otra curiosa conclusión:

El extraterrestre es la Superalma humana en su expresión general y particu­


lar en el planeta [...] La Superalma es cierto tipo de campo generado por los
seres humanos pero que no está bajo el control de ninguna institución, go­
bierno o religión. En realidad, es la forma de vida más inteligente del planeta,
regula la cultura humana mediante la liberación de ideas, desde la eternidad
hacía el continuum de la historia. El ovni es una idea destinada a confundir a
la ciencia porque la ciencia ha empezado a amenazar tanto la existencia de
la especie humana como la del ecosistema planetario. Este es un momento
en que se hace necesario un shock para la cultura, equivalente a lo que fue
el de la Resurrección para el Imperio romano. Los mitos que se desarrollan
actualmente son similares a los mitos mesiánicos que precedieron a la apari­
ción de Cristo. Son mitos de la intervención de una entidad superinteligente
que proviene de las estrellas para re velar la manera correcta de vivir. El ovni
podría ser un disruptor de la ciencia a través de una serie de demostraciones
dirigidas a convencer a la mayor parte de la humanidad de que el propósito
! 1
'III • l* 1’ ...
de la historia es nada menos que la total inmersión en las enseñanzas del
i
"íil. • ,PI* .ufe* ,'pb!. '• .ú
ovni Una vez que este mensaje fuera arrojado a todo el mundo por medio
de la trasmisión por televisión, el ovni podría simplemente desaparecer.
Siguiendo la estela de esa partida podría aparecer un tipo de histeria de
abandono similar a la que inundó las comunidades cristianas después de la
Resurrección. Cesana el desarrollo de la ciencia La religión ovni-orientada
corponzana un arquetipo de enorme poder, capaz de mantener el dominio
del mismo modo que el cristianismo, que detuvo el desarrollo de la ciencia
por mil años.

Y es que seguramente Reynolds tenga razón. Las manifestaciones ovnis,


mañanas o criptozoológicas, quizás solo sean el eslabón más visible de las
incursiones de este AE, que puede operar en otras muchas facetas de la vida
humana sin que apenas nos demos cuenta... La creatividad, la genialidad, los
''lij,/ 'uní •
estados alterados de conciencia e incluso algunos de los considerados trastornos
psíquicos podrían tener relación con esa otra «realidad» a la que nos «enchufa»
un ignoto AE. Estamos ante fenómenos mitad psíquicos y mitad físicos que se
comportan de idéntica manera que los «fantasmas», que lo mismo tiran un vaso
de agua al suelo, como atraviesan una pared. Hasta la fecha no hemos podido
1|i I i'-., h. ¡i '*
establecer muchas conjeturas sólidas sobre los ovnis porque su actuación es
espontanea, no premeditada, y orquestada realmente, no por el propio paradigma
con un explícito propósito, sino por cada testigo que interacciona con el AE.
Incluso el amplio y desconcertante universo de «escuchar Voces», un fenómeno
que ha acompañado al ser humano desde los albores de la historia y que
provoca diferentes enfoques por parte de la psiquiatría, podría estar conectado
. ■ Ir: • a>.1 l|i i|| * * »i * ‘

con este «ente psíquico». Ya que miles de personas que han experimentado
este paradigmático fenómeno aseguran que entran en contacto con diferentes
entidades, desde difuntos, seres espirituales o demomos, hasta extraterrestres que
le «susurran» al oído todo tipo de informaciones. Y es que la «estructura» de dichas
experiencias se rige por patrones similares al de las anomalías en general-
LAS CAPACIDADES QUE NOS
DEJAMOS EN EL CAMINO
l'»1' -»......... ollJ Jt . , . , . ¡o

Hasta hace poco creíamos que nuestro o lo componían tres


dimensiones espaciales (anchura, altura y profundidad) más una cuarta temporal
Sm embargo, los últimos estudios teóricos en este campo apuntan, que, al menos,
pueden existir once dimensiones que no conocemos. ¿Proviene el AE de algunas de
. >• w ?w-
estas dimensiones desconocidas? De hecho, el profesor de matemáticas y
..%
astronomía de la Queen Mary University of London Bernard Carr cree que hay
dimensiones insondables que están relacionadas con nuestra conciencia y que
H1' W.

nuestra mente puede interaccionar con ellas en determinadas ocasiones. Según


Carr, estos accesos podrían explicar muchos de los considerados fenómenos
paranormales. Todo esto no debería de extrañarnos, ya que incluso en nuestra
realidad cotidiana existen «cosas» que nos pasan desapercibidas al no ser
percibidas con nuestros sentidos ordinarios. Por ejemplo, no podemos ver las ondas
de radio, pero sí podemos sintonizarlas con aparatos y decodificarlas. De la misma
'■i,V'< ■ y. «•
forma, muchas aves y algunas tortugas marinas son capaces de detectar el campo
magnético de la Tierra para orientarse y poder llevar a cabo sus largos viajes
migratorios sin perderse. Pese a que aún no se conocen los mecanismos exactos con
los cuales las aves pueden trazar sus largos trayectos, lo que sí se sabe es que
muchos de estos animales utilizan una proteína sensible a la luz, llamada
criptocromo (CRY), que se cree juega un papel esencial en la capacidad de detectar el
campo magnético de la Tierra, la llamada magnetorrecepción. Hasta hace poço
" V’ * }
tiempo, se pensaba que los seres humanos caxedMüpi. ¡déi la capacidad, natural dé
detección magnética. Sin embargo, en 2Q|l|te|^hiela Médica de la Universidad de
Massachusetts descubrió que el ojo humano contiene un compuesto sensible a la
luz, una proteína llamada hCRY2. Para comprobar si esta proteína tenía una
capacidad magnética sensorial, el profesor de Neurociencia Steven Reppert, el
W* , .j.
estudiante graduado Lauren Foley, y, el profesor asistente de Biología y
Biotecnología en el Worcester Polytechmc Institute Robert Gegear, la implantaron
en la mosca drosophila con resultados positivos. Los insectos tratados fueron
capaces de detectar y responder a un campo magnético generado por una bobina
eléctrica y lo hacen de una manera dependiente de la luz. Por tanto, tras esta
comprobación científica la pregunta era obvia: ¿tenía el ser humano la capacidad de
percibir el magnetismo del planeta y otro tipo de alteraciones, pero ha «perdido» la
capacidad para decodificar esta información? Además, ahondando en esta
posibilidad, es curioso que un pequeño hueso de la nariz humana, el hueso
etmoides, que se sitúa entre las órbitas de nuestros ojos, sea un pequeño depósito de
magnetita, como el que poseen algunas aves migratorias en sus picos. La magnetita
es un mineral común en la naturaleza que resulta ser el mineral con mayores
propiedades magnéticas de todos los que existen debido a su peculiar configuración
electrónica. Los investigadores también sugieren que, puesto que los criptocromos
han sido conservados en gran medida a lo largo de la evolución, todos los
organismos biológicos podrían tener la capacidad de detectar campos
electromagnéticos, incluso si no los utilizan. Un grupo de expertos del Instituto
Max Planck para la Investigación del Cerebro en Frankfurt (Alemania), descubrió
que algunos mamíferos, como perros y monos, también poseen unos receptores
electromagnéticos más allá del espectro de la luz visible. Por tanto, las preguntas
que surgen de estas nuevas investigaciones son amplias y sugerentes. ¿Tenían
nuestros antepasados la capacidad de ver los campos magnéticos de la tierra?
: ; fe * , .
¿Podían detectar otro tipo de anomalías electromagnéticas? ¿Erigieron los
■ , ", ■ 5 - ■ I s
monumentos megalíticos en lugares considerados de «poder»? ¿Eran estos lugares
«puertas naturales» para acceder a otras realidades de la percepción?
S ,
En la revista Flying Saucer Review, en un artículo denominado «Correlaciones
temporales entre perturbaciones geomagnéticas y relatos de testigos oculares de
objetos volantes no identificados» (1974), el investigador C. Pahler detallaba que
parecía existir una relación entre las perturbaciones geomagnéticas y la aparición
Ib
,, l¡ ‘•!l .
Í”':- 1 j
de ovnis. Del mismo modo, W. G. Roll, de la Psychical Research Foundation de
Durham (Carolina del Norte) también señaló la correlación entre perturbaciones
magnéticas y los fenómenos poltergeists.
SOMOS UNA «PUERTA»
HACIA ALGUNA PARTE...

Estamos convencidos que nuestro AE se encuentra en todas pa como una


enorme «red* que lo engloba todo. No hace falta buscarlo; nay que
«sintonizarlo* con nuestra psique correctamente, quizás ayudado
JL casiones
, . , ,. ¡MI' i»
por ciertas perturbaciones electromagnéticas. Y es que nuestro cere produce
impulsos eléctricos que viajan a través de nuestras neuronas, que tienen la
capacidad de comunicarse con precisión, rapidez y a larga distancia con otras
células, ya sean nerviosas, musculares o glandulares. La conexión entre una
neurona y otra se denomina sinapsis. Dependiendo de la intensidad de esa
frecuencia —es decir, del tiempo que pasa entre los momentos en los que muchas
.... ■'<
neuronas disparan señales eléctricas a la vez—, nuestro cerebro puede producir
desde las denominadas ondas Delta hasta las llamadas ondas Gamma, que según
los expertos son reflejo de una alta actividad cerebral, que algunos especialistas han
equiparado con estados de relajación extremo, como por ejemplo, la que presentan
los estudios realizados sobre los monjes budistas mientras meditan o estados de
gran lucidez mental.
Existen cinco tipos principales de ondas cerebrales: Alfa, Beta, Theta, Delta
y Gamma. Sabemos que los diferentes patrones de ondas cerebrales están
relacionados con diferentes estados de conciencia, tales como concentración
intensa, estado de alerta (despierto), sueño profundo, sueños vividos, somnolencia,
relajación, hipnosis, estados alterados de conciencia, etc.
Las ondas Delta son más lentas, pero más fuertes/ con baja frecuencia y
¡fe *
profundamente penetrantes (de 0,1 a 4 Hz). Surgen en la meditación profunda y
en el descanso fisiológico sin sueños, y suspenden la conciencia externa. Aquí se
estimula el restablecimiento de la salud, por eso el sueno reparador prorundo es tan
esencial para los procesos de curación.
Las ondas Theta (de 5 a 8 Hz) se producen durante el sueño y son dominantes
en la meditación profunda. Son nuestra puerta de acceso al aprendizaje, la memoria
y la intuición. En este estado de penumbra, nuestros sentidos se retiran del mundo
externo y se enfocan en las señales que se originan desde adentro, en donde
guardamos nuestros «secretos», miedos profundos y hasta pesadillas.
Las ondas Alfa (de 9 a 14 Hz) facilitan la coordinación mental, el aprendizaje, la
calma y el estado de alerta. Se producen durante los pensamientos que fluyen en el
silencio, así como en algunos estados meditativos.
Las ondas Beta (de 15 a 40 Hz) se manifiestan en el estado común ordinario
cuando estamos despiertos y pueden asociarse a los pensamientos comunes, el
trabajo y la resolución de problemas. De manera que dominan nuestro estado de
vigilia, cuando la atención se dirige hacia las tareas cognitivas y al mundo exterior,
y pueden implicar un pensamiento altamente complejo, integrando nuevas
experiencias, y pueden contener alta emotividad o ansiedad.
[Link] ondas Gamma (de 40 a 100 Hz) son las máá rápidas y de más alta
frecuencia, y pueden incluir destellos de brillantez y repentinas experiencias de
...r."’u .
percepción/intuición y momentos de extrema atención, concentración y lucidez.
""" 1 - ■ ■ ■

Los especialistas creen que existe claves que permiten que un campo
electromagnético afecte a nuestro ce ■ que tenga una intensidad umbral
; ‘i • •• sr: ■ ‘ . '_ ■
y B - que se aplique durante algún ti Lemas, [ue sus efectos son
reversibles una vez ha sido retirada esta uencia. I
del MIT, encabezados por la Dr. Rebecca Saxe (2010), han demostrado que pueden
influir en los juicios morales emitidos por una persona, al interferir la actividad
cerebral en una región especifica del cerebro, haciendo que no esten claros los
limites entre lo correcto y lo incorrecto. Por su parte, el catedrático de neurología
de la Universidad de Harvard y director del centro de estimulación cerebral del
„S';
Beth Israel Deaconess Medical Center Alvaro Pascual-Leone (2006), asegura que,
con la aplicación de campos electromagnéticos sobre el cerebro, en un futuro no
muy lejano, quizás seamos capaces de aumentar la fluidez de palabra, aumentar el
pensamiento y potenciar las capacidades artísticas de cualquier persona. Por tanto,
a tenor de estos asombrosos estudios, comprobamos que incluso nuestros juicios
de valor pueden verse afectados por la acción electromagnética en nuestro cerebro,
además de poder potenciar capacidades intelectuales. Y como vimos, en el capítulo
5, la exposición a estos campos también puede provocar extraños y sobrecogedores
efectos sobre la psique humana. Recordar que muchos de los voluntarios del
profesor Michael Persinger dijeron que cuando se colocaban el «casco de Dios» eran
capaces de experimentar vivencias calcadas de las experiencias «sobrenaturales»,
desde una conexión con Dios o sentir la presencia de extraños seres a su alrededor,
hasta sensaciones extracorpóreas. Por lo que es muy probable que en determinadas
circunstancias nuestro cerebro pueda acceder, por un determinádo estado mental
j.
o mediante un campo< - • J inducido,
electromagnético -J ao si de conciencia o
BESfâ....
percepción de la realidad que nos rodea. .M

Quizas, a veces, el AE busque de forma premeditan el contacto, y en otras


ocasiones, quizás, sean los propios testigos los que acceden a estos estadios de
MSI'''
conciencia. Aunque seguramente solo estamos presenciando las interferencias que
provoca nuestra mente al mteraccionar de forma inconsciente con el AE, lo que
provoca que seamos los «creadores» de casi la totalidad del contenido visual de las
experiencias. Y este simple hecho nos impide conocer en profundidad el verdadero
,;í%.
significado de estos «accesos» a esa «otra» realidad ampliada. Por tanto, en última
, . , , . i' , .
instancia, es la psique de los testigos el principal «motor» de las experiencias
anómalas.
'ií- •■iüil111.
Las creencias juegan también un papel fundamental en la irrupción de este
:■

nuevo paradigma psíquico, no tanto, quizás, por la fuerza de las mismas, entendida
por el número de personas que cree en una determinada cosa, sino porque esa
«fuerza mental» sea emitida en una concreta y específica «frecuencia». Por lo
que nosotros somos la «puerta» hacia esa otra desconocida «realidad». Es muy
posible que estemos asistiendo a esporádicos y «descontrolados» contactos o
intromisiones con otras dimensiones psíquicas.
Y es que hay un punto que no podemos pasar por alto para nuestro estudio:
una gran cantidad de personas han experimentado experiencias muy similares a

. i.l lilÁliÜil,
las referidas por los testigos ovni o de cualquier otro ámbito de las anomalías fuera
de cualquier contexto sobrenatural, o sea, bajo la influencia de drogas, campos
electromagnéticos inducidos, trastornos psíquicos, estres, hipnosis, estados

alterados de conciencia, hipnosis, etc. Y es que algunas personas que han sufrido
algunos de estos estados han descrito escenarios y efectos casi idénticos a los
narrados por los testigos de anomalías, desde parálisis, cambios de temperatura,
presencia de entidades, visiones de luces, mensajes o apariciones de difuntos, hasta
escalofríos, atravesar túneles, escuchar voces, etc. Lo que indicaría que en nuestro
- - - ’
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‘ Vil. ,1)7»'. '
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cerebro existen, en estado latente, todos los «resortes» y «engranajes» necesarios
, 1 «, .1 ,1; fe U V r
para establecer estos contactos sobrenaturales. Por tanto, es muy factible que en
«comunicación» con un AE desconocido nuestra psique sea capaz de activar estos
mecanismos «correctamente» y establecer un puente con esa «otra» realidad. Como
j
si nuestra psique contuviera en su interior la «llave» para acceder a este vasto
universo psíquico del que forma parte sin saberlo conscientemente.
1 fu.
Y esto nos lleva al último peldaño de nuestra investigación... desenmascarar al
* I1" "I ' '■ ■
«agente externo»...
EL CONSCIENTE COLECTIVO: ¿UNA
IDENTIDAD PARA EL AGENTE EXTERNO?
" ' • ’’ ••¡¡¡¡i • ■ ■ ' ’ ■ i? i '

'O, -IMMMm» ■••''¡•rilQliiiic '


Nuestros estudios han demostrado que la «inteligencia» implicada en los
encuentros cercanos con ovnis es muy básica y que, probablemente, este «agente
wfc'' illllIlHi1*
externo» no pretende comunicar ni trasladar ningún tipo de mensaje filosófico,
;«!' 'iW1 ..
tecnológico o espiritual, que sea totalmente desconocido por el ser humano,
entendiéndolo como proveniente de otra civilización o forma de vida inteligente.
■ •
Siempre nos hallamos en una delicada «frontera» donde el supuesto conocimiento
vertido desde el más allá, en cualquiera de sus acepciones (extraterrestre, celestial,
sobrenatural), no deja de manifestarse como «distorsiones» de informaciones
humanas expuestas y mezcladas en una parafernalia supuestamente trascendental
o paranormal. Y es que lo visual siempre ha prevalecido en estas experiencias sobre
el contenido intelectual La puesta en escena siempre ha sido superior al «guión»
que nos trasmite la historia. Nunca las informaciones ofrecidas por las entidades
desconocidas han aportado alguna aclaración sobre su procedencia o intenciones.
Además, estaba claro que existía un estrecho vínculo entre este misterioso «agente
externo» y la psique de los observadores, en una fluida e íntima «comunicación»
que se retroalimentaba de conceptos humanos para insertarlos en una supuesta
escenografía «espacial» y «tecnológica» que se plasmaba, en forma de proyección,
ante los ojos de los testigos. Todas estas circunstancias me han llevado a pensar
que el «agente externo» parece actuar como el «inconsciente colectivo» de Cari
Jung, pero con cierta autonomía e inteligencia. Y estoy convencido de esto porque
los encuentros cercanos con ovnis están más próximos al inconmensurable Universo
onírico y a las experiencias místicas, más que a cualquier otra cosa que hayamos
planteado hasta el momento. Ya que este tipo de «visiones», que hemos catalogado
como contactos con civilizaciones extraterrestres, tienen un carácter privativo que
las une al testigo de una forma tan intima y personal que no podemos pasar por alto
'¡li’h,
este sustancial punto.
H J 1((| 4 ¿ . <
Además, como se ha constatado, el núcleo de la literatura ufológica está repleto
. . .. «
de incidentes ovnis que nunca mas vuelven a repetirse en ninguna otra parte del
mundo. Y esto es un indicador de que las respuestas a este enigma están mas
cercanas al observador de lo que habíamos intuido hasta el momento. Y tras años
1? ■ ¡ii, ! .
de análisis de la compleja casuística ufológica, he determinado que este «agente
i" 'I 1' ,
externo» puede ser un indicativo de la existencia de un enorme «ente psíquico»
' '•Éif
desconocido hasta el momento, y que, quizás, ¿por qué no? ha podido surgir del
mismo inconsciente colectivo —aunque no descartó otro origen—. Y es que es
muy posible que el inconsciente colectivo, con todo su potencial evidente, haya
sufrido una «escisión» para dar origen a una especie de «consciente colectivo» —
también podríamos utilizar el término «consciencia colectiva»— que, con su propia
inteligencia y modus operandi, a veces puede comunicarse con la humanidad.
V 0 '|J| I. li h I; I. • I
Los encuentros cercanos con ovnis son conexiones esporádicas y no controladas con otro tipo

de realidad donde nuestra mente juega un papel primordial a la hora de registrar y percibir el
fenómeno. Por tanto no es descabellado pensar que puede existir un vínculo «natural» entre el

agente externo y la psique humana ¿«el consciente colectivo»?

Los ufólogos siempre han considerado que el causante del fenómeno ovni
debía de ser una civilización extraterrestre, un sistema de control o alguna
clase de inteligencia interdimensional, pero quizás estemos en presencia de
otra cosa radicalmente distinta. Tal vez sea algún tipo de «proceso psíquico
inmersivo interactivo» mediante el cual nuestra psique entra en contacto con
porciones desconocidas de la realidadque pueden retroalimentarse de nuestro
propio inconsciente. Quizás, como dicen los orientalistas, el truco, nO tan sencillo,
".'"■¿fe
para trascender nuestra conciencia ordinaria a estados mas elevados, sin sufrir
.'.A ■' '

«perturbaciones», es dejar la mente completamente en «blanco», |¡(¡líjiij'

El «consciente colectivo» produciría «algoritmos psicodélicos» no controlados,


. .. . MW . ,
ni prefijados, cuyo proposito sena la comunicación «subjetiva» con la psique
, , , • , «F . 'r'"
humana, mas allá de los parámetros de las «leyes físicas». Su lógica y puesta
. ' ' ’"fe i - j
en escena, como cualquier proceso mental, podría estar completamente alejada
de nuestra comprensión actual y su propósito podría ser exponer una nueva
concepción de la realidad, el pensamiento, las ideas, la creatividad, los mitos,
etc. La pura evolución «espiritual». Y es que, probablemente, este «consciente
colectivo», que no deja de ser un alter ego de la psique humana colectiva, ha
podido recibir diferentes nombres: «Daemones», «ángeles», «demonios», «Apus»,
«espíritus», «hadas», etc. Este «ente» es el causante de un amplio abanico de
percepciones y alteraciones psíquicas desconocidas, incluidas varias catalogadas
como enfermedades psíquicas, algunas de las cuales están muy alejadas de lo que
denominamos, genéricamente, como el universo de las anomalías. Este «consciente
colectivo», es un disruptor metafuncional que conecta de forma individual a los
testigos con una vasta dimensión psíquica, donde el conocimiento supremo, la
creatividad e incluso la clarividencia y las facultades extrasensoriales parecen no
tener límites de expresión. Pura metafísica. De ahí que los «chamanes» accedan a
una comprensión que va más allá de todo lo «conocido».
Al genial psicoanalista Cari Jung no le tembló el pulso al ¡Señalar qué .muchas
de sus ideas y conocimientos fueron adquiridas tras conversaciones con nebulosos
personajes surgidos de su propia psique durante los sueños. En su libro#ecuerdos,
sueños, pensamientos decía: . fií . i,
•.. C : Sár '■•llwt
Filemón y otras figuras de mis fantasías me dieron a saber el conocimiento
crucial de que nay cosas en la psique que yo no produzco, sino que se pro-
ducen a sí mismas y tienen su propia vida. Filemón representaba una fuerza
que no era yo mismo. En mis fantasías tuve conversaciones con él, y el dijo
cosas que yo no había pensado de manera consciente. Porque observé con
claridad que era él quien hablaba, y no yo. [...] Psicológicamente, Filemón
representaba un conocimiento superior. Para mi era una figura misteriosa.
En ocasiones me parecía muy real, como si fuera una personalidad viviente.
Paseaba con él jardín arriba y abajo, y fue para mí lo que los indios llaman un
guru.
'*•; • ' ■ ‘¡i
Aunque probablemente lo inesperado y fortuito de muchos de estos
«fenómenos», en cualquiera de sus ramificaciones (Vírgenes, Bigfoot, fantasmas,
■In jhiii,;
extraterrestres, etc.), hacen que los testigos de las anomalías no sean
verdaderamente conscientes de su «entrada» en este asombroso universo psíquico.
Además, este «consciente colectivo», dependiendo del potencial individual de
cada observador, es capaz de desarrollar diferentes formas de interactuar con
las personas y el medio. De esta manera completamos el círculo. La psique
‘ '• 'M. ’liíii.''!'* .
humana, en su conjunto, ha «producido» el inconsciente colectivo y en un nada
extraño proceso psíquico, ha nacido un nuevo «ente» independiente e inteligente
que, en determinadas circunstancias, conecta con los testigos en un interminable
«contacto» que persigue a la humanidad a lo largo de los siglos, abriendo «puertas»
hacia percepciones desconocidas. Desde la bíúsqueda personal emprendida por los
«chamanes» buceando en los confine! encáa global, hasta las apariciones
intermitentes y esporádicas de extr; r entidades en mitad de un camino.
. ..
El particular «big bang» de este «u co» habría que rastrearlo hasta
los primeros antepasados del hombre fueron capaces de pintar en el interior
de cuevas y refugios, demostrando un conocimiento que trascendía lo puramente
biológico y dando lugar a creencias, religiosidad, ritos, mitologías y simbologia. En
ese momento germinó el concepto «trascendental» en los homínidos. Lo sagrado, lo
'life
mágico y lo espiritual alumbraban al alma humana por primera vez.
El Dr. Lewis-Williams en su libro The Mind in the Cave: Consciousness and the
Origins of Art (La mente en la caverna, 2002) lo explicaba magistralmente:

A mi modo de ver, no existe un enigma arqueológico mayor que el arte subte­


rráneo de la Europa Occidental del Paleolítico Superior. Todo aquel que se ha
agachado y se ha arrastrado bajo tierra a lo largo de un estrecho pasaje com­
pletamente oscuro durante más de un kilómetro, se ha deslizado por bancos
de fango y ha vadeado oscuros lagos y ríos ocultos para enfrentarse, al final
de tan arriesgado viaje, con una pintura de un mamut lanudo extinguido o
de un poderoso bisonte encorvado, jamás volverá a ser el mismo. Cubierto
de barro y exhausto, el explorador estará contemplando la ilimitada térra in­
cógnita de la mente humana.

No en vano, muchos expertos creen que en aquellas cuevas surgió y comenzó


a evolucionar el ser humano tal y como ahora lo concebimos. Con toda su
complejidad psíquica y su capacidad de hacerse grandes preguntas metafísicas.
Expertos como Terence Mckenna defendían que el consumo de ciertas plantas
alucinógenas, compuestas por sustanriascomq la psilocibina, la dimetiltriptamina
(DMT) y la harmalina podrían haber sido los factores químicos, incluidos en la
dieta de los «proto-sapiens», que facilitaron el surgimiento de la reflexión en el ser

human°' ' f iÜMfc


Hay que tener en cuenta que nuestro cerebro es capaz de producir una poderosa
droga denominada dimetiltriptamina que también se halla en algunas plantas y
que ha sido utilizada durante siglos por los chamanes para realizar viajes al más
allá y entablar contacto con los dioses. Algunos especialistas especulan que nuestro
organismo genera DMT en pequeñas cantidades durante nuestra gestación, las
etapas del sueño y cuando nos hallamos al borde de la muerte. El consumo de DMT,
como han demostrado numerosos experimentos, provoca múltiples y estrafalarios
«contactos» con diversas entidades (extraterrestres, inteligencias dimensionales,
hadas, ángeles, duendes, demonios, dioses, etc.) y es capaz de replicar a la
ij|i. -‘I
perfección muchas de las consideradas visiones anómalas, incluidos los viajes
'iiííhiiWi . ' T';
astrales. De hecho, muchas de las personas que han experimentado con la DMT
han descrito su inmersión en universos desconocidos donde han tenido acceso a
diferentes informaciones. Las criaturas observadas bajo la influencia de la DMT
se comunican de forma telepática con los sujetos y son consideradas «reales» por
quienes se las encuentran en este particular estado. El científico Rick Strassman,
que realizó diversas investigaciones con la DMT, describía en su libro DMT: The
Spirit Molecule: A Doctor's Revolutionary Research into the Biology of Near-Death and

Mystical Experiences (DMT, la molécula espiritual, 2014) algunos de los insólitos

encuentros que habían tenido sus pacientes:


'i

Estaba en un vacío oscuro. De pronto, aparecieron tinos seres. Estaban


encubiertos, como siluetas. Estaban felices de verme. Me indicaron que ha­
i
!
bían tenido contacto conmigo, como individuo, antes. Carecían estar muy
I
complacidos de que hubiéramos descubierto esta tecnología. (...) Me dijeron
que había muchas cosas que ellos podrían compartir con nosotros cuando
t
aprendiéramos cómo> *• -
extender más este contacto. [...] Pensaba1 que la única
I

I manera de contactarlos era con luces brillantes y platillos voladores en el


I espacio exterior. Nunca se me ocurrió que realmente podríamos encontrar-
i
los en nuestro propio espacio interior. Yo pensaba que las únicas cosas que
podríamos encontrar allí dentro eran nuestra propia esfera de arquetipos
y mitología. Esperaba encontrar guías espirituales y ángeles, no formas de
vida alienígenas.
Algunos expertos están convencidos de que las entidades observadas durante
estas experiencias «habitan» en nuestro interior, como una especie de arquetipos
genéticos, y que la DMT puede ser la llave que permite acceder a su encuentro.
El estudioso Alan Meller, en un artículo titulado «Los misteriosos entes de la

dimensión DMT» (2016) decía:

Strassman considera al DMT un modelador del alma e insiste en que la


apertura del tercer ojo o del séptimo chakra no son otra cosa que liberación
endógena de DMT desde la glándula pineal. Incluso eso sería, precisamente,
lo que habrían experimentado los profetas bíblicos: la imagen del Apoca­
lipsis no sería más que un mal viaje en DMT. Por eso Strassman lo bautiza
como la molécula del espíritu, no porque sea espiritual por sí misma, sino
en cuanto herramienta o vehicula de acceso al infinito: Imaginémosla como
un remolcador, una carroza, un explorador montado a caballo, algún objeto
al que podamos enlazar nuestra conciencia. Nos empuja hacia mundos que
solo ella conoce. Tenemos que aguantarnos firmemente y debemos estar
t’ . '• i í. i •». • ’**:<!

,.t ’a1' •• ■
preparados, pues los reinos espirituales incluyen elementos del cielo y del
infierno, de fantasía y pesadilla. Aunque la función de la molécula del espí­
ritu nos parezca angelical, nada nos garantiza que no se tome demoníaca.
'.litio'‘wkillui ¿ . "• ieu’r

El escritor Whitley Strieber, en el prólogo del libro de Ring sobre Experiencias


Cercanas a la muerte y abducciones, decía:

tural, probablemente de naturaleza electromagnética, y que las formas que


adopta dependen de la que se encuentran inmersos los individuos afectados
[...] Solo puedo decir que, si los alienígenas están aquí, entonces han apren-
dido a imitar la mente interna del hombre. Lo fascinante de la experiencia, y
''¡i?
su importancia, es que, probablemente es la fuente primaria de todos los fe­
nómenos de aparición, desde las visiones religiosas hasta los encuentros con
ovnis, las experiencias cercanas a la muerte, los fantasmas, los poltergeist y
cosas por el estilo.

Por tanto, es posible que un potente «ente psíquico» surgido de las «entrañas»
de la colectividad psíquica humana esté utilizando, precisamente, todo este tipo de
resortes, arquetipos, símbolos atávicos, etc., para mostrarnos cómo «viajar» a las
profundidades de la conciencia universal en busca de nuestra verdadera identidad
y dimensión como seres humanos. Pero las «interferencias» y el «ruido» ejercido
por nuestra psique, que evidentemente no puede tener la serenidad suficiente
como para interaccionar de forma adecuada y pausada con este paradigma,
nos imposibilita conocer la realidad que nos acecha. Aunque también es cierto
que nuestra actual civilización, la más «alienada» y tecnológica de la historia,
probablemente nos está alejando irreversiblemente de estos fortuitos contactos.
Y llegados a este punto, nuestra última reflexión puede aportar ese último
impulso que nos deje ver más allá de las apariencias y nos muestre, por fin, la
esencia oculta tras todas estas experiencias anómalas...
' u.--i •• ■

</Af NUEVO CONCEPTO DESALMAD»


■• •Ilí|

'■ •■’ ^¿irrlW,' .& X,-I■■■.•■>'>• .'f'í •'

Para entender estos paradigmas debemos desprendemos de nuestra visión


cartesiana del mundo. Este libro demuestra que existen «realidades» que no
percibimos en nuestro estado ordinario de conciencia, y de las que se na informado
ampliamente a lo largo de la historia. De eso, creo, hay pocas dudas. Diferentes
entidades y criaturas parecen surgir de la nada para mostramos la existencia
de resquicios desconocidos de nuestra realidad. De la misma forma, todos los
estudiosos parecen tener claro que para acceder a estas «realidades» nuestra mente
precisa de un específico «estado de conciencia», para poder penetrar, cual «nave
exploradora», en los confines de un ciclópeo universo psíquico. Y es por ello que
debemos revaluar profundamente todos nuestros preceptos sobre la realidad que
!ii'¡' IO
nos rodea y como la percibimos.
En un interesante reportaje titulado «Cosmic Consciousness, Reality (and
UFOs)» (2018), mi colega Rich Reynolds decía:

La obra maestra de Maurice Bucke, Cosmic Consciousness: ,4 Study in the Evo-


lution of the Human Mind (EP Dutton and Company, Inc. NY, 1901/1923), es
y ha sido un trabajo fundamental para mí. Bucke les dice a sus lectores, en
la primera parte, en Primeras Palabras, que la Conciencia Cósmica es «una
forma más elevada de conciencia que la que posee el hombre común» [...]
Y lo que propuso en 1901 fue que ciertas personas habían experimentado,
en algún momento de su vida, una visión o episodio que les mostraba una
realidad más allá de la realidad «ordinaria» que llamamos vida [...] Al parecer,
algunas personas tienen la oportunidad de ver otro tipo de realidad, una que
Bucke y otros (Platón, entre ellos) ofrecen como una experiencia que propor­
ciona una visión profunda de la realidad real que abarca nuestra existencia.

Y todo esto nos lleva a plantear que, muy probablemente, nos encontramos
en una realidad («realidad A»), que a su vez es solo una pequeña porción de una
.<i( • -Wm >• ’SiSimBí' u " rtl*
realidad mucho más extensa y compleja, a la que denominaremos «realidad B», que
... . • .. '
no percibimos, m conocemos, compuesta por dimensiones y espacios ignotos.
Pero hay que dejar claro que nosotros estamos integrados en el seno de esa
«realidad B». Y es que esta «realidad B» no se comporta ni se percibe de la misma
, , , t .. .
manera que la nuestra, ya que sus leyes y reglas probablemente esten mas cerca del
remo psíquico que del físico, además todo este universo, puede ser «alterado» con
nuestra sola presencia.
Y es precisamente en esa elástica «realidad B», de límites indefinidos y
confusos, donde se encuentra nuestro misterioso agente extemo. Cuando este
«ente» entra en contacto/comunicación con nuestra psique, se fabrica una
proyección (una especie de apertura dimensional) frente a los ojos del testigo
que realmente se está originando entre ambas realidades, en lo que podríamos
denominar una zona «fronteriza» (quizás el famoso efecto campana anotado en
tantos encuentros anómalos). Los engranajes internos de esta unión se presentan
como un «escenario» indistinguible de nuestra realidad, compuesto por trozos
de ambos universos. Esta superposición conjuga y mezcla la realidad con lo
imaginal, lo inaprensible con lo tangible y lo quimérico con lo material,
configurando unas sugerentes construcciones psíquicas que eligen aleatoriamente
y de forma creativa componentes de la mitología, el folclore, los arquetipos
y la cultura humana. Y todo porque la psique humana no puede evitar que
su propio conocimiento inconsciente esté presente en lo «visualizado» durante
estos contactos «extradimensionales». Por lo que el comportamiento# desarrollo
del contenido de esta proyección (el encuentro con un ovni ^T sus ocupantes, por
ejemplo) sería extremadamente ambiguo y desconcertante, medio físico y medio
psíquico, medio real e irreal, ya que la «imagen» contendría elementos y engranajes
de un amplio espectro de la realidad (de la conocida y de la oculta). Es como si
.. . , ’'Wllhk , , ''lililí! ... .
estuviéramos en presencia, durante unos momentos, de una fugaz «nueva realidad
cognitiva» que está compuesta por una «superposición» de ambas realidades (A
+B), produciendo una increíble e impredecible mezcolanza fenomenológica en
las que estarían presentes las principales características de ambas realidades. De
esta forma, obtendríamos incidentes ovnis con alteraciones temporales, efectos
i

electromagnéticos, fenómenos paranormales, percepciones anómalas, huellas


sobre el terreno, telepatía, clarividencia, precognición, etc., todo mezclado y
expuesto en una aparente escenificación sin sentido. «Extasiando» y «colapsando»
nuestros sentidos.
Pero ¿dónde se producen estos fenómenos? Realmente el aterrizaje de un
ovni no estaría sucediendo exclusivamente en el marco de nuestra «realidad A».
Estaríamos situados en un limbo indeterminado. Sobre un «puente cuántico». En
una frontera intermedia entre dos realidades que nos permite, bajo un determinado
estadio mental, acceder a una vasta información del universo. Y probablemente esta
proyección se sustenta y se manifiesta, en gran parte, a través del pensamiento
humano. Al tratarse de una especie de «superposición» estaríamos percibiendo,
quizás de forma aleatoria, fragmentos de la «realidad B», que ál concluir el
encuentro desaparecerían por completó sin dejar rastro. Sólo aquello que se
hubiera «gestado» sobre la «realidad A» podría, de alguna manera, permanecer
y ser cuantincado posteriormente, ya que este paradigma no se manifiesta con
rotundidad en ninguna de ambas realidades; de lo contrario, los encuentros ovnis
serian episodios puramente físicos o psíquicos, pero no ambos conexionados ni
presentando tantas alteraciones y diferencias. Es como si esta nueva «realidad»
.W"
que se crea momentáneamente durante los encuentros con ovnis, contuviera
componentes de ambos universos en una elaborada puesta en escena, sin poder
concretar del todo una realidad contundente (al menos como la entendemos y
percibimos desde nuestra «realidad A»). Como si los testigos se hallaran en una
delgada línea entre ambas realidades sin poder llegar claramente a discernir el
verdadero contenido de la «realidad B», y solo producir, por nuestra interacción
psíquica, ciertas «interferencias» involuntarias y no controladas que se concretan
en una proyección «visual creativa», imprevisible en resultados visuales, que a
duras penas se mantiene «estable» en nuestra realidad. Es como si una persona se
introdujera en un lago con la esperanza de ver, a través de sus aguas cristalinas, el
fondo. Con solo avanzar produciría una serie de perturbaciones sobre la superficie
del lago que le impedirían ver con claridad lo que pisan sus pies. Y en el caso que nos
ocupa, los ovnis, entramos de forma tan «descontrolada» que desplazamos incluso
el barro del fondo, lo que dificulta aún más la visión.
De alguna manera, el estado mental de los testigos, y quizás algunos
elementos exógenos, influye para que el AE pueda establecer este «puente

.1' ji’i. . .. I'iu . - iJlllli 'irlíl. ■> 'Jlliüi hwili "jiuiii,


cuántico» de comunicación. Aunque hasta el momento, solo llegarnos a cruzar
hasta la mitad de esta construcción, ya qüe nuestra propia psique,, con toda su
. p ’Ml •|hÀ)à|uu. 1 ' -«v
voluminosa información almacenada, interfiere, como decimos, en la percepción,
interpretación y traducción de esta realidad mediante un complejo proceso de
retroalimentación psíquica, puesto que lo estamos observando es una especie de
construcción mental instantánea, fruto de nuestra intromisión. Y es que el acceso
a este nuevo estadio de cognición es altamente maleable y la propia esencia de
este universo es tan volátil y flexible que edifica «diferentes capas» que son muy
complejas de atravesar, y que, en definitiva, nos impiden apreciar la verdadera
w®’ i:,i' ‘¡i ' liiWfc

naturaleza de estas experiencias. Quizás estamos frente a un simple problema de


comprensión, o de decodificación cognitiva, que nos imposibilita acceder a esta
realidad ampliada. Nuestra psique provoca una interferencia «insalvable». Nos
impide la lectura definitiva del fenómeno, quizás, un manual para comprender el
funcionamiento del universo.
Y es que, no podemos obviar, que esta realidad es permeable a nuestra
interacción de una forma que ni siquiera podemos imaginar. Por tanto, mientras se
produce la experiencia ovni, los «efectos» de esta proyección se están «repartiendo»
entre ambas realidades (A) y (B). Por lo que, en ocasiones, los encuentros ovnis
contendrán materia y en otros no, dependiendo exclusivamente de la interacción de
cada testigo (potencial) y de la capacidad que tenga de «arrastrar» o «materializar»
la nueva realidad creada y manifestada (A+B) hacia la nuestra (A). Es como si la
participación humana fuera la que determinara, en gran medida, la «solidificación»
del fenómeno percibido, o de algunas partes del mismo sobre nuestra realidad.

.. i, . • i. ..í[Link] .. li . dlááb-
' ' >. .. . >x. . ¿ ,
De la misma manera, las huellas físicas y rastros halladas tras etiaterrizaje de
un ovni podrán contener una amplia garría de matices, ya que, al no ser producidos
realmente por un fenómeno enteramente físico, como los que Operan en nuestra
realidad, están sujetos a todo tipo de anomalías. O sea, podríamos eiicontrar pocas
pisadas de los humanoides en su descenso, otras marcas sencillamente no
existirían o, por el contrario, en el despegue del ovni, ? podría atravesar la
vegetación como si fuera una aparición fantasmal, pese a que hundió su tren de
aterrizaje en la arena. Además de provocar todo tipo de diferentes efectos y secuelas
, , . . . fe "fe! .
sobre la matena y los organismos vivos. Del mismo modo, los testigos también
podrían activar sus facultades psíquicas mientras se hallan en esta frontera, y
retenerlas una vez concluida la experiencia. Si, por el contrario, la proyección, la
«creación» de esta nueva realidad (A+B), se «fragmenta» mayoritariamente hacia la
«realidad B», es muy probable que sean episodios de un amplio espectro psíquico y
sin ninguna evidencia física (ya que desaparece cualquier rastro). Como si todo
hubiera sido producto de un mal sueño. Una experiencia mística en toda regla. Por
lo que la teoría de la Distorsión establece que estamos enfrentados a un paradigma
cognitivo proyectado desde una realidad desconocida (B) en la cual nos hallamos
insertados, aunque no logremos percibirla. Pero a veces se producen estos
«contactos» esporádicos e imprevistos que abren una «fisura» que nos permite
atisbar este amplio universo psíquico de amplias repercusiones. Esta nueva
realidad (A + B) emana de una notable conjunción de fenómenos «intangibles» que
fabrican una compleja «arquitectura psíquica» en la que nuestra psique es la
encargada de decodificar la información. Lo que habría que discernir
correctamente Gfs sí nuestra percepción es provocada o dirigida, en parte, por e^tei
AE, o si por el contrario este solo ejerce de «puente» para conectar ambas realidades.
■ ’ i » tí • ' lí • • lit

Tampoco podemos descartar que los contactos con el AE generen, como vimos en el
capítulo 6, un específico «campo mental» en esa denominada «zona fronteriza» que
permanece latente durante un tiempo en el lugar. Por lo que otros testigos que
ingresaran en este «limbo», penetrarían sin darse cuenta, a su vez, en este «campo
mental» y podrían acceder, inconscientemente,WE*
a parte1' de ese contenido visual/
narrativo, desarrollando sus propias experiencias en función de la información
«recibida» de ese «campo mental». Esto explicaría por qué testigos sin
, ■ A ■ í ü • .
conocimiento previo de estos fenómenos pueden experimentar experiencias tan
. . - - t
similares, ya que existirían diferentes «campos mentales» (ovnis, fantasmas,
Bigfoot, etc.) que en determinadas épocas o regiones cobrarían mayor presencia.
■'Iil'1* lllil

La existencia de estos «campos de creencias» también explicaría por qué


ciertos encuentros sobrenaturales, como por ejemplo los avistamientos de
hadas y duendes, han desaparecido prácticamente en nuestros días. Porque,
evidentemente, estos «campos mentales» no han sido sostenidos en el tiempo
por la «fuerza» de las creencias y es más complejo «reactivarlos», aunque, eso sí,
individualmente una persona que creyera con firmeza en esta posibilidad, o sea,
que puede encontrarse con un gnomo en mitad del campo, podría visualizarlo
en su particular proyección, e impulsar ligeramente de nuevo, ese determinado
«campo mental». Y es posible que, en determinadas partes del mundo, por las
creencias o el folclore local, existan fuertes «campos mentales» endémicos que no
se repiten en otros lugares y que actúan como una suerte de «contagio local». Hay
que tener en cuenta, qpe la enorme repercusiórimediá
ovni en sus primeros años pudo contribuir á que est<
platillos volantes) se extendiera por todo el mundo con
inusitada, convirtiéndose en uno de los paradigmas
• ■ •’"■ur'iii1!'
tiempos. De hecho, otra de las anomalías con mayor presencia en todas las culturas
y sociedades humanas, los encuentros con difuntos, se puede deber a la aceptada
y generalizada creencia en la persistencia del alma tras la muerte. Y tampoco
podemos descartar, que la «fuerza» de algunos estos «campos mentales» posibilite
y permita cierta acción independiente del AE para interactuar con los testigos.
Por tanto, las entidades que nos salen al paso, cualquiera que sea su
' '¡i.
«ropaje», son manifestaciones y expresiones de este fenómeno «psicodimensional»
que «elige», según la ocasión, determinados «roles» («campos mentales») para
transmitir su «mensaje» de manera creativa e imprevisible en cada evento.
Hay que recordar que Mircea Eliade, en su libro El Chamanismo y las técnicas
arcaicas del éxtasis (1951) afirmaba que «la técnica chamánica por excelencia
consiste en el paso de una región cósmica a otra: de la Tierra al Cielo, o de la
Tierra a los infiernos. El chamán conoce el misterio de la ruptura de niveles. Esta
comunicación entre las zonas cósmicas se ha hecho posible gracias a la propia
estructura del universo. El universo, en efecto, se concibe, grosso modo, como
constituido por tres regiones (Cielo, Tierra e Inframundo), unidas entre sí por un
eje central (Axis mundi). [...] Este eje pasa por una abertura, por un agujero, y por
este agujero los dioses descienden a la tierra y los muertos bajan a las regiones
subterráneas; así mismo, por él, el alma del chamán en éxtasis puede subir o bajar
durante sus viajes». ¿Se refiere este estudioso del chamanistrEIóa nuestro «puente»
invisible que conecta diferentes Universos?
A tenor de todas estas informaciones, es probable que en determinadas
circunstancias nuestra psique pueda ser «arrastrada» por un desconocido agente
extemo hasta porciones desconocidas de nuestra propia conciencia que nos
conectan con ese otro universo invisible. Esta int :ión provoca un «tsunami
psíquico» que nos sumerge, embriagando nuestros sentidos, en una realidad más
alia de todo lo conocido. Y es que, según la TD, el AE nos situana sobre el
«puente» que nos conecta con la «realidad B», y probablemente, nuestra psique,
cual gota de agua, posee muchas otras formas para «fundirse» con este inexplorado
«océano» (trastornos psíquicos, estados alterados de conciencia, drogas, hipnosis,
‘■wy '-‘fe,. .,
viajes chamánicos, creatividad, etc.). Aunque en todos estos casos, la «conexión»
■r-;.
con la «realidad B» ser realiza directamente, sin la participación de nuestro
misterioso operador (aunque podamos toparnos con él), y es por ello que, al
!'!|o , . ,
no estar situados en una zona fronteriza, la mayoría de estas experiencias
carecen de cualquier tipo de entidad física, como las narradas durante siglos por
personas que han accedido a esos otros planos de conciencia, como lo contactos
con Filemón, el «amigo» onírico de Cari Jung, ya que, evidentemente, sería más
complejo «arrastrar» partes de estas «visiones» a nuestra realidad. En su obra
El fenómeno Místico, Juan Martín Velasco decía que algunos místicos originaban

una gran cantidad de inexplicables fenómenos físicos a su alrededor como:


«fenómenos luminosos, telekinesia, hipertermia, bilocación, emisión de sustancias
heterogéneas: olores especiales, lágrimas y sangre procedentes de imágenes,
. .... '

Incluso algunos denominados trastornos psíquicos podrían obedecer a


' hl A •

accidentales accesos no controlados con esta realidad, lo que conlleva que


muchas personas prácticamente enloquezcan o se muestren confusas al no poder
comprender exactamente el universo que se «abre» ante su mente. Y está claro
que algunos testigos después de su experiencia logran volver a conectar con esta
,uh|. .

realidad ampliada, al parecer sin ayuda de este AE, como por ejemplo durante las
etapas de sueño u otros estados alterados de conciencia, y continúan provocando
diferentes interacciones o comunicaciones con este universo desconocido. Y es
que los sueños, o más bien el estado mental que provocan en nuestra psique, se
.... -y

han mostrado a lo largo de la historia como un efectivo «teléfono» para contactar


con estas otras realidades. De hecho, muchos testigos de anomalías han tenido
sueños premonitorios antes de sus encuentros o han experimentado clarividentes
o extrañas experiencias oníricas después de sus contactos. El mejor símil sena
comparar nuestra psique con un receptor radio; solo sintonizando adecuadamente
el «dial» podremos escuchar las diferentes emisoras. De lo contrario, solo
percibiremos ruido o interferencias.
Los ufólogos siempre han considerado que el causante del fenómeno ovni debía
de ser o una civilización extraterrestre o un sistema de control, o alguna clase
de inteligencia, o seres interdimensionales... Pero quizás estemos en presencia
de otra cosa radicalmente diferente. Tal vez el AE sea algún tipo de «proceso
psíquico inmersivo interactivo» (¿consciente colectivo? ¿Una suerte de «guía»?) por
el cual nuestra psi que entra en contacto conpoicipnes desconocidas dé la realidad
que pueden retroalimentarse con nuestro propiodnconsciente y tnanifes Larse con
cierta autonomía. Quizás, como dicen los orientalistas, el truco, rio tan sencillo,
ar wEii'iiiti'iiji";
para trascender nuestra conciencia ordinaria a estados mas elevados, sin sufrir
«perturbaciones», consiste en dejar la mente completamente en «blanco». De
a
esa forma podremos acceder a la verdadera información que subyace trasí estas
manifestaciones, sin ruidos, ni interferencias. A la «esencia» que solo a veces
atisbamos esporádicamente en algunos contactos con esa «otra realidad».
Por ello, estoy convencido de que durante siglos hemos estado expuestos a
nuestros propios monstruos, demonios y salvadores, en un interminable «bucle»
psíquico que nos ha impedido ver que éramos coparticipes y piezas fundamentales
de una nueva «realidad» manifestada ante nuestros ojos y construida con la
misma volátil materia de la que se componen los mitos ancestrales. Cuando
un «extraterrestre» surgía con paso firme del interior de un platillo volador, o
cuando un «hada» atravesaba con sutileza la maleza del bosque, lo hacían, en
realidad, desde algún lugar recóndito de nuestra psique, llevando bajo el brazo un
encriptado mensaje surgido de la interacción con una arrolladora «fuerza» psíquica
desconocida. Sea cual sea la identidad de ese AE o factor desencadenante, hasta la
fecha solo hemos analizado y decodificado parcialmente los efectos de su puesta
en escena en nuestra realidad. 0 sea, las interferencias «visuales» provocadas por
nuestra incapacidad de ver más allá de su significación visual y arquetípica. Y es
que, probablemente, perdidos en cualquier rincón de nuestro planeta, chamanes y
místicos de todas las índoles y culturas han llegado mucho más lejos que cualquiera
de nosotros en esclarecer, comprender y experimentar la verdad intrínseca de estos
paradigmas vinculados a la conciencia humana...

Los encuentros cercanos con ovnis se producen en una zona fronteriza entre nuestra realidad
(A) y una realidad ampliada (B) en la que nos hallamos insertados. Estamos en presencia

de un fenómeno «psicodimensional» y altamente maleable por la interacción psíquica


entre los testigos y un agente externo desconocido. Estas manifestaciones se originan en
una zona limítrofe, por lo que contendrán componentes de ambos universos yuxtapuestos
i
momentáneamente (el físico y el parafísico), y solo en algunas ocasiones quedarán
rastros en nuestra realidad cuando la interacción con el fenómeno sea Lo suficientemente
POST SCRIPTUM: DE SOCORRO A
CUENCA POR LA TANGENTE PSÍQUICA

Ni un inspiradísimo guionista de Hollywood sería capaz de ofrecer semejante


i®;"
vuelta de tuerca. Sin embargo, el fenómeno ovni lo logra sin despeinarse. Había
■ íi'ih j¡ ijifiííiii ¡&i¡ji|É
pasado un mes justo del décimo aniversario del famoso incidente de Socorro. El

mismo día que Lonnie Zamora divisó aquel raro artefacto, un 24, pero en esta
ocasión de un mes de mayo de 1974, el bueno de Demetrio Carrascosa, de 53 anos,
*" ^ff¡. J*h|,•
un honrado empleado de un matadero de Cuenca, se iba a llevar el susto de su vida.
Serían las 11.00 horas de la mañana cuando circulaba por las cercanías del río Rus
San Clemente en su motocicleta, con la intención de agarrar un buen manojo de
espárragos trigueros. Al igual que Lonnie Zamora, Demetrio llevaba sus gafas de sol
puestas. De pronto, y sin preámbulo alguno, frente a su posición apareció un
■ihin V l||í,
extraño objeto posado sobre el terreno. En un principio, como el agente de policía de
Nuevo México, Demetrio no pensó que aquello era nada del otro mundo, pues creyó
que se trataba de alguna maquinaria del campo abandonada en la zona. Pero al
acercarse comprendió que aquello no era ni una trilladora ni una segadora. Aquello
era lo más raro que había visto en su vida. Se trataba de un artefacto con forma
esférica de color verde oscuro, de unos cuatro metros de longitud y unos tres de
altura. Según Demetrio, aquello se sostenía sobre cuatro patas de unos quince
'(Ni h I. I.' i ' \. i|l I¡’ •!
centímetros de ancho y unos dos metros de longitud. El testigo dijo que en su parte
. z w WR Wita
central tenía varias pequeñas «ventanillas», seis o siete, como de metal pintadas de

'iidLUkll llAUMii
blanco, con un borde de color negro. En su parte inferior centra^ él objetoteñía una
especie de «tobera». De la impresión, nuestro intrépido protagonista se cayóde su
motocicleta. Curiosamente, su homonimo del otro lado del Atlántico también
acabó con sus huesos por el suelo. Aunque, por este leve percance, Demetrio no
desistió en averiguar quñe«diantres» era aquello. Cuando se acercó al «cacharro»
para observarlo mejor, a unos setenta metros de distancia, de repente, sintió un
estrépito tremendo y el aparato se elevó rápidamente mientras saltaban piedras y
tierra por todos lados. El tren de aterrizaje se replegó, y nuestro testigo pudo
apreciar cuatro «chorros» de humo que emergían de la aeronave. Las ventanillas
. ''lililí''i- . yi|¡„
giraban velozmente. Demetrio aseguró al investigador Enrique Villagrasa que
sintió un fuerte olor a azufre en toda la zona. El testigo informó que en la lejanía se
escuchaba como un avión a reacción. Desapareció al poco tiempo. Inmediatamente
Demetrio encontró a un pastor al que narró su increíble historia. Cuando llegaron al
lugar, media hora después, comprobaron cómo de los cuatro hoyos que había
■ i ,
dejado el objeto en el terreno aún salía humo. Ambos evidenciaron que tenían una
profundidad de más de un metro. La Guardia Civil inspeccionó en compañía de
Demetrio el lugar. Por su parte, un enólogo que trabajaba en una fábrica del pueblo
dijo a los investigadores que en la zona donde supuestamente había aterrizado el
objeto había una porción de terreno de un metro de diámetro, aproximadamente,
donde la vegetación estaba totalmente seca. Además, se percató que dos de las
cuatro huellas tenían veinte y veinticinco centímetros respectivamente de
diámetro y estaban separadas por unos cincuenta centímetros. Las otras dos
huellas tenían diez centímetros de diámetro y estaban distanciados por un metro y
medio; pero lo más curioso es que tenían una profundidad Superior a un metro.
Cada uno de los agujeros mayores tenía a su vez tres orificios de tres centímetros
bastante profundos. Todos los orificios tenían las paredes calcinadas. Los análisis
• lili * ”
'• ím ’ 'Híiiüp .<
de laboratorio no detectaron radiación e indicaron que las muestras de tierra
obtenida en las huellas habían sido sometidas a «un foco de calor de alta
temperatura de 2000 a 3000 °C».
De forma pasmosa, el fenómeno al que nos enfrentamos era capaz de
'II
ofrecemos una versión suigeneris del incidente de Socorro en un lugar tan alejado
" '"i''1'
y dispar como la Cuenca de la España de los años setenta. Sin duda, si intentáramos
establecer paralelismos con el suceso estadounidense, perderíamos nuestro tiempo
y acabaríamos dando vueltas en círculo de forma infinita. Pero, aunque estoy
seguro que no nos hallamos ante el mismo objeto, ni ante sus mismos tripulantes,
como defendería la ufología clásica, esa de las tuercas y tornillos, paradójicamente
r ' hii.
también estoy convencido de que ambas «visiones» surgen del mismo rincón
olvidado de nuestra mente..., del mismo lugar donde se agolpan nuestros sueños
' .i , ”'>lf k..
y pesadillas..., detonados por un misterioso agente desconocido que quizás, como
decía el genial John Keel, tiene un agudo y singular sentido del humor que,
nosotros, pobres mortales, no sabemos apreciar... ¿Quién sabe?
El ovni guarda ciertas similitudes con el objeto divisado por Lonnie Zamora. Archivo Marcos

Nicieza.
LOS HOMBRES DE NEGRO QUE
UNA REVISION DEL ENCUENTRO
DE ALBERT K. BENDER

' Iri 1 '■ "


Resulta cuanto menos paradójico que la mayor popularidad de los Hombres de
Negro (Men in Black, MIB), los enigmáticos silenciadores del fenómeno ovni,
fuera alcanzada a través del éxito mundial de la película Men In Black de
1997 protagonizada por Will Smith y Tommy Lee Jones. Y decimos esto porque
precisamente la raíz de este misterio pudo nacer de otra película menos conocida
$
y que pudo contribuir a la gestación de este siniestro mito asociado a los
¡HÍm: ''
'Oiíi'r
platillos volantes. El primer supuesto encuentro con unos amenazadores hombres
de negro fue protagonizado por un excéntrico investigador ovm que se retiro
de la divulgación precisamente tras vivir una aterradora experiencia con estos
visitantes. Su estrafalaria historia sirvió de inspiración para la gestación de una
particular teoría de la conspiración dentro del universo de los platillos volantes,
donde se decía que unas extrañas entidades al servicio de los ocupantes de los ovnis
eran enviadas a la Tierra para amedrentar a los investigadores y testigos, con la
clara intención de mantener en secreto ciertas reveladoras informaciones sobre los
No identificados. Así comenzó todo.
En 19 52, el ufólogo Albert K. Bender, de treinta y un años, fundó la modesta
organización Office Internacional Flying Saucer Burean (IFSB), que editaba una
revista titulada Space Review, y donde sus afiliados podían participar enviando sus
I, V¡|!
investigaciones. En octubre de 19 53, cuando el grupo tenía más de mil quinientos
adscritos, en las páginas de la citada publicación Bender anundÓ^flieuna «fuente»
que el IFSB consideraba muy confiable le había proj do iriformación para
resolver el enigma de los platillos voladores. Sin eníb latán anunciada solución
no llegó a editarse. En su lugar, en noviembre, una desconcertante nota anunciaba
,¡. .ít­
alos suscriptores que:
El misterio de los platillos volantes ha dejado de serlo. La fuente ya se conoce,
pero toda la información al respecto se mantiene en secreto por ordenes su-
penores. Nos gustaría publicar la historia completa en la Space Review, pero
debido a la naturaleza de la información, sentimos mucho haber sido acon­
sejados de lo contrario.
-
Además, la nota terminaba de la siguiente forma: «Recomendamos a
quienes trabajan en actividades relacionadas con los platillos volantes sean muy
cautelosos».
Poco tiempo después, Bender canceló las actividades de su asociación y la
edición de la revista. En una entrevista concedida a un periódico local contó los
, i >ÍI I lii W-' * H
verdaderos motivos de ésta inexplicable cancelación. Al parecer, tal y como narró
el investigador a los periodistas, había recibido la visita de «tres hombres vestidos
con trajes oscuros» que le habían «ordenado enfáticamente» que detuviera la
publicación del material sobre los platillos volantes. Bender aseguraba que había
recibido «un susto de muerte» y que de la impresión estuvo dos días sin comer. Ni
siquiera los más allegados a Bender consiguieron arrancarle más información sobre
lo ocurrido.
Sin embargo, en 1963, una década después, Albert K. Bender publicó un
inclasificable libro titulado Flying Saucers and the Three Men In Black, en el que
supuestamente recogía todos los acontecimientos vividos a d$ SU encuentro
con los hombres de negro. El ufólogo decía que los tres desconocidos que lo
........................ ., ,
visitaron en su dormitorio iban vestidos ‘ de forma' FaJes negros,
sombreros, corbatas, guantes, zapatos y camisa blan abres estaban
rodeados de un enigmático resplandor azul claro. Sus intimidantes y amenazadores
ojos brillaban como pequeñas bombillas. La inquietante escena iba acompañada de
un olor a azufre. Los inquietantes visitantes se comunicaban mediante la telepatía
y advirtieron al investigador de que no publicara la verdad sobre los ovnis, e
incluso le ampliaron sus conocimientos sobre el tema. Así llego a conocer que los
extraterrestres habían llegado a la Tierra para «depurar» el agua del mar. Bender
. ....... 4|tóy
también narraba que había visto, en otra ocasión, «tres hermosas mujeres, vestidas
con ceñidos uniformes blancos» que al igual que sus compañeros de oscuro, tenían
los ojos brillantes. El libro contiene situaciones delirantes que parecen extraídas de
un relato de terror o ciencia ficción. Contactos telepáticos, encuentros con criaturas
monstruosas en la sala de un cine, o incluso la existencia de una base extraterrestre
en el Ártico, se dan cita en el extravagante diario de Bender, tan fantástico como
poco creíble. Pero lo más extraño de esta rocambolesca historia es que el conocido
y polémico ufólogo que dio origen a los siniestros encuentros con los hombres de
negro pudo crear una historia ficticia basada en su amplio conocimiento sobre el
cine de ciencia ficción. Aunque hay quienes, por el contrario, piensan que, tras un
encuentro real y tremendamente perturbador, Bender ya no volvió a ser el mismo e
ideó todas estas patrañas...
LA CONEXION GUBERNAMENTAL

Pese a todo lo dicho, algunos investigadores como Michael D. Swords creen que
puede haber algo de realidad en la insólita experiencia narrada por Bender, que
después ha sido magnificada y desvirtuada hasta límites insospechados. Al parecer,
el grupo de Bender estuvo implicado en la investigación de un caso ovni donde se
recogieron pruebas físicas. Sucedió el 19 de agosto de 1953, cuando sobre las 21:00
horas los vecinos de New Haven, Connecticut, escucharon una explosión y
•;|!| | b f .
observaron como una «bola de fuego» volaba al nivel de los árboles. Esta luminaria
impactó contra un letrero de metal que había en las inmediaciones, para
desaparecer en la lejanía. El primero en llegar al lugar fue C. Roberts, miembro del
IFSB, que pudo recoger muestras del supuesto ovni. La prueba fue enviada al
coronel Robert B. Emerson, un físico que residía en Luisiana, que era miembro de la
reserva del Ejército de [Link]. y que colaboraba con el grupo de ufólogos de Bender.
Emerson le dijo a Roberts que se pondría en contacto con algunos amigos que
trabajaban en el centro de investigación atómica de Oak Ridge, Tennessee. Aunque
nunca se llegó a obtener respuestas por este medio. Otro análisis organizado por el
grupo APRO determinó que, principalmente, aquella escoria estaba compuesta de
cobre y óxido de cobre. Este análisis, unido a la irregular trayectoria de la bola de
fuego, eliminó la posibilidad de que se tratase de un meteorito. Así, el investigador
Michael D. Swords propuso que, probablemente, Roberts recuperó restos de una
prueba balística de la Marina de los Estados Unidos, atrayendo la atención de las
M..........|IM i. -i .‘•t“ . '! V-.
•i ,i>Gi . •• . •
autoridades hacia la agrupación de Bender, Idque pudo motivar que el investigador
pudiera ser visitado por varios agentes d^L gobierno de incógnito para que
mantuviera en secreto estas investigaciones y cesaran sus publicaciones. Además,
Swords señala que otro de los proyectos que quería emprender el IFSB, con sus
asociados en Australia y Nueva Zelanda, consistía en inte] ir trazar trayectorias de
vuelo de los platillos volantes. Estos estudios pudieron reocupar también a las
agencias de inteligencia norteamericanas, que temía que esta información
incluyera sus vuelos militares y que la revista de Bender sirviera de información al
bloque soviético, en plena guerra fría, sobre actividades del ejército
estadounidense. Posteriormente, para justificar su silencio obligado por las
autoridades, Albert K. Bender dio rienda suelta a su imaginación, influenciado por
su fascinación por la ciencia ficción y creó toda la fábula de su encuentro con los
tres hombres de negro como perfecta coartada para su retirada de la vida publica...
Aunque probablemente nunca conozcamos con exactitud la verdadera naturaleza
de los hechos acaecidos en aquellas fechas...

jiiiiJAúlÚúí •
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. •. *. •’ ’*!•- ••• .! !k

ALbert K. Benderel inspirador de las historias de los Hombres de Negro. Aunque la mayoría
de los investigadores dudan de La realidad completa de su experiencia, es obvio que su
relato sirvió de inspiración parala: creación de un nuevo mito dentro de los ovnis.
I

FRITZ LANG EL GENIO DEL


EXPRESIONISMO ALEMÁN Y LOS
f i jt r-r ji o iw'id'M i

El investigador Rich Reynolds descubrió que la película Liliom (1934), obra menor
,, . . £• . ■

del gran cineasta Fritz Lang, en la que el protagonista es conducido al cielo por dos
«nombres de negro» alados, pudo ser la fuente de inspiración para la tremebunda
trama de Bender. El ufologo era un reconocido entusiasta del cine fantástico y
1■
es plausible que hubiera visto el film del director alemán y que este hubiera
servido de apoyo «intelectual» para «inventar» la visita de los tres desconocidos
que le intimidaron para que no publicara sus investigaciones. Tal y como señala el
investigador Nick Redfern: «Bender tema un gran interés en el cine, y, además, en
los años 70, jugó un papel importante en ayudar a preservar la obra del compositor
cinematográfico Max Steiner. Waxman (quien hizo la música para la película de
1934) trabajaba con Steiner en Warner Brothers en la década de 1940. Así que hay
(en forma indirecta) una conexión de Bender allí también. Puesto que Bender ya
estaba trabajando sobre Steiner en la década de 1940 y Franz Waxman (quien hizo
la música para la película Liliom) y Steiner trabajaron con Waxman, lo que hace
bastante probable que Bender viera la película. Además de esto, Bender estaba tan
impresionado por la labor de Steiner que también fundó la sociedad de música
de Max Steiner, demostrando que sabía mucho de Steiner —y tal vez, también de

Mnli'blNi'hlbllrli
Waxman, dado su trabajo y colaboraaóñpara Warner Bross—*-P©r tanto, es muy
probable que, por razones que solo conocía el propio Beg(ld@r> decidió cancelar su
organización ufológica e inventar la irrupción en su dé los hombres de negro,
esperanzado quizás obtener mayor reputación, c:
investigadores señalan que quizás una de estas causas n
orden económica, ya que las cuotas de sus asociados
Pero al margen de estas especulaciones, lo que"U lilies la fábula
de Albert K. Bender, con o sin parte de verdad, caló en la comunidad ufológica
americana, provocando que otras personas tuvieran encuentros con enigmáticos
¡Jili '!!?:: .n
hombres de negro. Un claro ejemplo de ello fue la experiencia del Dr. Herbert
Wfe- ■!|*i¡feu.‘ 3''
Hopkins, que, durante la investigación de un abducido en 1976, en Mame, tuvo
S8- 'íSfe ■ ., JjáK--
una aterradora visita nocturna. Hopkins dijo que a su casa acudió un hombre que
«vestía con un traje completamente negro, perfectamente planchado, con la raya
' • "''■'iiiOf . 'i-ii ;h-i'
del pantalón también perfecta, con sombrero y zapatos también negros, pero la
camisa era de un blanco inmaculado. Por su aspecto creía que era el empleado de
una funeraria. Al quitarse el sombrero vi que era completamente calvo y que no
tenía ni cejas ni pestañas. Su palidez era cadavérica, y durante la conversación, se
frotó los labios que eran de color rojo brillante con los guantes, llevándose con
ellos el color, igual que si los llevase pintados». El extraño visitante le recomendó
que destruyera todas las grabaciones que había efectuado sobre el caso y que
mantuviera en secreto todos los datos obtenidos. La «semilla» plantada por Bender
había dado sus frutos.
en su interior un importante y trascendental componente mental que da origen
a este tipo de experiencias que hemos catalogado, erróneamente, como visitas
extraterrestres. Un AE desconocido sintoniza con la mente de los testigos y obtiene

el material «visual» necesario para conformar su experiencia (detalles, apariencia,


colores, etc.). Aunque en el caso de Albert K. Bender este por determinar si
hubo algún componente anómalo en su encuentro, lo que es indudable es que su
contribución «iconográfica» al paradigma ovni, que se introdujo en el inconsciente
de multitud de estudiosos y aficionados, dio origen durante un tiempo muy breve a
'W "’'wb'
un subgénero ufológico oscuro y tenebroso, desconocido hasta la fecha...

A'
personajes de ficción son evidentes... trajes oscuros, sombreros, palidez, etc.
, -ü üi- <’ . , ,¡,’L

LA PARADOJA DE HYNEK. EL VIAJE


INICIÁTICO: DE LAS «TUERCAS Y
TORNILLOS» HASTA EL INFINITO
Cómo evidencia de la complejidad que acarrea el estudio de los platillos volantes,
desde hace décadas se ha observado un curioso efecto que muchos de lóS estudiosos
que se aproximan a este paradigma han experimentado en sus propias carnes y
que afecta principalmente a la progresiva evolución de sus creencias a medida
que va profundizando en el conocimiento intrínseco de los ovnis. Esta peculiar
transformación, que hace algunos años (2014) denominé la Paradoja de Hynek,
' ■ i

puede encerrar otra clave soterrada de este enigma universal



Para escenificar los cambios que acontecen en una persona que comienza a
. • podemos
interesarse por los ovnis . , Í
citar el, ejemplo del, celebre , „
u astrónomo Josep

Alien Hynek, una de las mayores autoridades en materia ovni que han existido.

1.- ESCEPTICISMO: LA NEGACION POR EL i

DESCONOCIMIENTO

Para la mayoría de las personas que desconocen por completo la ingente casuística
i Hl|| lili - 'lii '■
producida por los «platillos volantes» y sus díscolos «tripulantes», el asunto de
los ovnis les parece una autentica falacia producto de malinterpretaciones y
alucinaciones. O lo que es lo mismo, una materia carente de cualquier interés
científico. Uno de estos escépticos redomados era el Dr. Joseph Alien Hynek, un
reputado astrónomo y profesor de la North-Western University, director adjunto
del Smithsonian Astrophysical Observatory y director del Centro de Investigación
Astronómica Lindheimer, al que las primeras noticias sobre la irrupción de los
platillos voladores le parecían poco menos que irrelevantes. De hecho, sin tener

hli'j .'lí AiAiAXu'1** Aà» j- ij'


ningún dato sobre este incipiente fenómeno en sus manos, el Dr. Hynek fue
entrevistado por el periódico The Columbus Citizen, el 6 de júlia de 1947, para que
diera su opinión tras conocerse la famosa experiencia de Kenneth Arnold (del 24
de junio de 1947) y el revuelo suscitado en todo él territorio norteamericano por la
aparición de decenas de «platillos voladores».
i'l’
■ sr
posición al respecto estaba clara
desde el titular de la nota de prensa:
'■ Mi' ■ • mi
Científico asegura que los Discos Voladores probablemente no proceden del
espacio. Los misteriosos discos volantes que se asegura han sido vistos por
todos los Estados Unidos probablemente no son objetos procedentes del es-
pació exterior. [...] El profesor Hynek insistió una vez más en que no podía
' .IM '!W®
hablar de forma oficial sobre la validez de los informes sobre discos volado­
res hasta que disponga de pruebas definitivas de que son reales, no meros
productos de mentes imaginativas ''‘“hiiL

El Dr. Hynek era un renombrado profesor cuando fue «reclutado» por la


l'i '’'¡lili' II: Hl MÍ 'Ill -•>.
-lili i'IÍIíe-W*’’’- ■W’IF’’ rU
USAF para colaborar en diversos proyectos dedicados al estudio oficial de los
ovnis: Project Sign (1947/1949), Project Grudge (1949/1952) y Project Blue Book
(1952/1969). En su papel de asesor científico, el Dr. Hynek mostró una inflexible
postura escéptica. De hecho, sus siempre negativas conclusiones sobre cualquier
incidente ovni que investigaba le hicieron ganarse, por parte de la prensa, el
I. ■ H : I I
apelativo del «Dr. No». En un artículo titulado «Historia de la Investigación ovni:
¿Son reales los platillos voladores?», publicado en el Saturday Evening Post en
1966, Hynek realizaba un repaso de su trayectoria al frente de las comisiones
gubernamentales dedicadas a esclarecer el tema ovni:
En 1948, cuando por primera vez oí hablar de ovnis, pensé que eran abso­
lutas tonterías, como cualquier científico lo hubiese hechd. La mayor parte
de los primeros reportes eran demasiado vagos: «Cuando entré al cuarto
de baño y miré a través de la ventana vi una luz brillante en el cíelo. Se
movía hacia arriba, hacia abajo y hacia losi costados. Cuando volví a mirar
ya se había ido». En aquella época yo era director del Observatorio de la
Universidad Estatal de Ohio en Columbus. Un día tuve una visita de varios
hombres del centro técnico de la base Wright-Patterson de la Fuerza Aérea,
que quedaba a solo 97 kilómetros de distancia de Dayton. Con cierta ver-
güenza obvia, los hombres tocaron el tema de los «platillos voladores» y me
preguntaron si podría servir como consultor en la materia para la Fuerza
Aerea. El trabajo me pareció que no iba a tomar mucho tiempo, asi que
accedí. Cuando comencé a repasar casos, asumí que había una explicación
natural para todos los avistamientos, o por lo menos la habría si lográbamos
encontrar las piezas faltantes del enigma. Es por eso que, generalmente, sus­
cribí a la opinión de la Fuerza Aérea, que sostenía que los avistamientos eran
el resultado de interpretaciones erróneas, engaños o alucinaciones.
Su estrecha colaboración en la investigación oficial sufrió un punto de no
retorno cuando la USAF, que le había nombrado asesor del proyecto Blue Book, le
envió a Michigan para explicar unos multitudinarios avistamientos ovnis que se
habían producidos en la zona, y que incluso habían sido observados por oficiales
de policía. Precisamente sobre el pantano de Dexter había ocurrido un interesante
encuentro, protagonizado por la familia Mannors y varios oficiales de pohcía que
lograron observar las evoluciones de un extraño objeto luminoso. Presionado ante
las múltiples denuncias y peticiones de los medios de comunicación, la USAF
decidió emitir un comunicado. El elegido fue el Dr. Hynek, que en una famosísima
declaración de prensa efectuada el 25 de marzo en eLClub dé Prensa dé Detroit,
aseguró de forma tajante que: «Un sombrío pantano es el lugar más impropio
para ser visitado por seres del espacio exterior. No es un lugar que un helicóptero
sobrevolaría durante varias horas, ni en el que fuera probado un silencioso
ingenio secreto». Para el astrónomo, el escándalo provocado por aquellas luces
tenía una explicación perfectamente natural, el gas de los pantanos, «los cuales
• n
generan metano, que se inflaman ali'-'1
entrar •
deli aire».
en contacto con el oxigeno j
Evidentemente, esta explicación tan poco convincente, a tenor de la magnitud
y complejidad de los avistamientos, causo una ola de indignación popular
irrefrenable que llevó a un ridiculizado Dr. Hynek, al conocer todos los hechos, a
desmarcarse de la postura oficial. El «agnóstico» K Hynek había visto por fin la
Dr.; |hl
luz... ¡.pfr
A
ELDr. Joseph Alien Hynek, considerado .padre de la úfología científica, pasó de.s&lf
un declarado escéptico a defender la autenticidad del fenómeno OVNI.

- LA CONVERSIÓN
2.

Tras conocer de primera mano muchos informes de platillos volantes que resistían
. ....................... v íjfe , . jfe, t .
una explicación convencional y que estaban perfectamente documentados, como
el suceso de Socorro (Nuevo México), el Dr. Hynek, al igual que hacen muchos
1,11.:: .
aficionados al introducirse en la literatura ufológica, abrazó de forma entusiasta
la posibilidad de que existiera un fenómeno desconocido y de gran importancia
tras los ovnis. Probablemente, la tesis de los visitantes alienígenas podría ser una
explicación sensata, debió musitar Hynek en más de una ocasión. De esta forma, el
otrora escéptico comenzó a denunciar de forma abierta la postura negacionista de
la USAF. En la citada entrevista explicó cómo fue su famosa «conversión»:

Durante los años siguientes, no tuve problemas en explicar o descartar la


mayoría de los casos que me eran asignados, pero algunos de ellos eran
lo suficientemente desconcertantes como para sorprenderme (casos que la
Fuerza Aérea más tarde referenciaria como «no identificados»). Déjenme en­
fatizar el siguiente punto: la Fuerza Aérea impuso su propio pensamiento
en cada caso: yo solo aporté mi opinión. Pronto encontré que la Fuerza
Aérea mostraba una tendencia a aumentar sus explicaciones preliminares
mientras compilaba sus resúmenes anuales: un «posible» avión se convir­
tió a menudo en «probable» avión. Me hacían recordar la leyenda griega de
Procrustes, quien trató de meter a todos los hombres en la misma cama. Si
eran demasiado largos, les recortaba él sobrante, y si eran muy cortos, los
estiraba. ■

En su libro El Informe Hynek (1977), dictó una sentencia que casi todos los
«creyentes» en los ovnis han utilizado alguna vez en su vida ante un comentario
escéptico o jocoso cuestionando la realidad de los ovnis:
Mi transformación fue gradual, pero a finales de los 60 fue completa. Hoy día
no emplearía un instante más en materia de ovnis si no creyera seriamente
, l|¡,ñ’ 1 1 'i11' ■ "
que el fenómeno es real y que los esfuerzos para su estudio y comprensión,
y eventualmente para su solución, podrían tener un profundo efecto —quizá
incluso podría ser el punto de partida de una revolución en el concepto hu­
mano del universo. •'Il’ih- r- .. Wk- ...
Ese mismo año, en la revista Newsweek, afirmó que: «No tengo la certeza de
•i* . •
que la tierra sea visitada por seres extraterrestres, pero creo firmemente que esa
, ’Híí , ‘Mi: ' i ’ W’ (
realidad figura entre los hechos posibles. Sería provinciano que los terráqueos
nos consideráramos los únicos seres inteligentes del Universo. ¿Cómo habrían
z ' 11 1 1 I 1 , I.
reaccionado nuestros abuelos si hubieran oído hablar de energía nuclear en 1866?».
Sin embargo, su recién inaugurada postura pronto sufrió de importantes fisuras
que le condujeron a replantearse su nueva creencia...

i,l 1

3.- EL VIAJE SIN RETORNO


'• I ’ .J , I

Si el aficionado convencido profundiza en la lectura o investigación del fenómeno


ovni se topará con una nueva e incuestionable «realidad» ante sus ojos. Los platillos
volantes no son lo que parecen. Un exhaustivo estudio y análisis, sin prejuicios
ni obsesiones, de la «tonelada» deínformes ovnis existentes .eíl él mundo nos
demostraran que tras la aparente incuestionable y casi dogmática «HET» subyace
un paradigma mucho mas complejo y misterioso. Y como no podía ser de otra
forma, nuestro protagonista, el Dr. Hynek pronto, muy pronto, descubrió que no

todo eran «extraterrestres» tras los ovnis. Ante las Naciones Unidas, el Dr. Hynek
efectuó el siguiente discurso el 2 7 de noviembre de 1978:
Existe un fenómeno global cuyo alcance y enfoque no es generalmente
reconocido. Es un fenómeno tan extraño y foráneo a nuestro modo de
pensamiento terrestre diario que frecuentemente se encuentra con ridículo
y desdén por personas y organizaciones que no están familiarizadas con los
hechos. [...] Me refiero, por supuesto, al fenómeno de los ovnis... Objetos Vola­
dores No Identificados... Que quisiera definir aquí simplemente como «cual­
quier avistamiento aéreo o desde la superficie, o registro instrumental (ej.,
radar, fotografía, etc.) que permanece inexplicado por métodos convencio­
nales incluso después de un análisis competente por personas calificadas».
Tenemos en registro muchas decenas de miles de reportes ovni [...] incluyen
relatos extremadamente intrigantes y provocativos de eventos extraños ex­
perimentados por personas de gran reputación..., eventos que bien pueden
señalar la necesidad de un cambio en algunos de estos conceptos. [...] Sr.
Secretario, yo no siempre he sido de la opinión de que los ovnis eran dignos
de estudio científico serio. Comencé mi trabajo como un Consultor Científico
para la Fuerza Aérea de E.U. como un escéptico abierto, con la firme creencia
de que estamos tratando con una aberración mental y una molestia pública.
Solo al enfrentar hechos y datos testarudos similares a los estudiados por
la comisión francesa [...] me he visto forzado a cambiar mi opinión. [...] El
fenómeno ovni, según ha sido estudiado por mis colegas y por mí mismo,
indica la acción de una forma de inteligencia..., pero, de dónde proviene esa
inteligencia, si realmente es extraterrestre, o siindicauna realidad superior
que aún no ha sido reconocida por la ciencia, O lílcluso si es de algún modo,
u otro, una manifestación psíquica de nuestra propia inteligen :ia> es la pre-
gunta.
íhiiIKi' ’iÍIWIh* ’fllKi

En una entrevista publicada en la revista UFO Report (agosto 1976), Hynek


- !i' , . . ■

afirmaba que: «Últimamente he ido desechando, cada vez más, la idea de que los
ovnis sean naves espaciales “con pelos y señales" de otros mundos. Simplemente,
‘¡''¡lililí

existen demasiadas cosas que contradicen dicha teona... Parece ridiculo que
una superinteligencia viajase inmensas distancias para hacer cosas relativamente
estúpidas como detener coches, recoger muestras del suelo y asustar a la gente
[...] Debo decir que la teoría Extraterrestre es ingenua... Debemos tener en cuenta
los diversos factores que indican con mucha claridad un vínculo o al menos
un paralelismo con episodios de naturaleza paranormal». En una intervención
radiofónica en la emisora Radio Monte Cario en Uruguay (1982), Hynek confesaba
que: «No hay duda de que el fenómeno ovni exhibe inteligencia. Aunque
yo, sencillamente, no sé de dónde proviene esa inteligencia. Puede venir de
grandísimas distancias, y también puede ser que venga de un lugar más cercano, de
una realidad paralela». En una entrevista concedida al investigador argentino Alex
Chionetti en 1980, Hynek dijo:

Lo más interesante de toda la historia del fenómeno es que no se manifiesta


como un fenómeno ordinario físico. No es como un avión que va por el cielo.
El fenómeno está aquí y luego desaparece. Es como vivir en el mundo de
Alicia en el País de las Maravillas. La teoría extraterrestre es insuficiente para
explicar los cambios de forma, ni que conocer qué tipo de caso va a suceder
q casos que no pueden explicarse por
de antemano, o las teletransportacione^
la interacción de una inteligencia supcrl°
EN LAS FRONTERAS DE NINGUNA PARTE
V 'jj |\ ’ .«• " •' ■

Como se ha anotado el pensamiento ufológico a sante


evolución a medida que profundizamos en la casuística, devorando libros e
...... '“MiWBlfe'1,
informes, lo que nos lleva a hacernos cada vez más y más profundas preguntas
sobre el verdadero origen de estas manifestaciones. Nuestro camino comienza
desde el escepticismo a la aceptación del paradigma, celebrando la «comunión»
• -
con la HET, hasta admitir, como último peldaño en nuestro ascenso en este viaje
a las alturas insondables de una realidad desconocida, que esta tesis, aunque
ampliamente admitida y divulgada por los que no han pasado de la «conversión»,
no puede ni de lejos explicar de manera convincente la totalidad de la casuística
ovni registrada hasta nuestros días. En síntesis, la «Paradoja de Hynek» defiende
que, a mayor conocimiento y comprensión de la temática ufológica, mayor es el
número de cuestiones que nos planteamos sobre la intrínseca naturaleza de los No
tu
identificados y sus ocupantes y más nos alejamos de la HET.
,4'
.•? .v-
EPÍLOGO

Cualquier persona mínimamente interesada en el fenómeno de los «no


identificados» ha debido oír hablar, de un tiempo a esta parte, de la irrupción de
un novedoso planteamiento que aspiraba a resolver, esta vez sí, la incógnita ovni.
«Hi,.?
Esta propuesta, esta distorsión del paradigma imperante, no venía ni de Estados
Unidos, indiscutible cuna del fenómeno, ni tampoco de Francia, posiblemente la
escuela ufológica más influyente, sino de un rincón de España donde un infatigable
Wiih"
investigador con más de treinta años de experiencia en la investigación de campo
y en el análisis del fenómeno ha decidido condensar todo su conocimiento en este
libro tan apasionante como bien argumentado. Nos referimos, como no, a José
Antonio Caravaca y su Teoría de la Distorsión.
Yo, no solo como aficionado al fenómeno, sino también como investigador —
íiiwklí
1CWW %' W'
aunque sea parapetado bajo el confort de la mesa camilla de ufólogo de salón—,
’ii 'll ''iJfe li Ti1 ' ' lt uíf lÍf’
tenía enormes ganas de leer este trabajo, del que ya tuvimos un anticipo con su
anterior obra Encuentros cercanos con ovnis. Una arquitectura psíquica desconocida.

• .'lAUilnJ UiAiAiikaliiii'.i ‘j/ii'iiLi


Introducción a la teoría de la distorsión, publicado en la coleeni ón El Círculo del
Misterio, de la Editorial Guante Blanco. Lo que no sabía es que, pór azares del
destino, iba a acabar teniendo el privilegió de escribir su epílogo. Es probable qué
haya autores mucho más mediáticos, 0 de mayor calado, que podrían haberle dado
a este libro el impulso editorial que, sin duda, merece, pero en el fondo entendí
por que José Antonio me ofreció escribir un texto para cerrar su libro. Ambos
podemos no estar de acuerdo en algunas cosas, pero hablamos el mismo idioma. A
. I» afc \
ambos nos fascina el fenómeno ovni, pero estamos cansados de que nos cuenten :\
siempre la misma historia. Ambos estamos convencidos de que estamos ante un
fenómeno real, pero creemos que se debe hacer el esfuerzo de reflejar su particular
«realidad» sin miopías y sesgos. Y lo más importante: ambos entendemos que se
debe revolucionar la forma en la que se investiga este fenómeno. O cambiamos las
preguntas que, como investigadores, formulamos, o simplemente las respuestas
que vamos a obtener, una y otra vez, serán irrelevantes.
El volumen que tenéis entre las manos, el cual espero que, si habéis llegado
hasta aquí, habréis devorado con fruición, es un libro importante por diversas
razones. En primer lugar, José Antonio Caravaca evidencia un problema en el seno
de la ufología tradicional. Aupado en los hombros de gigantes de la paraufología
como Vallée, Keel, Jung, Monnerie o Freixedo, Caravaca pone de manifiesto que el
imperante paradigma de la hipótesis extraterrestre sencillamente no se sostiene.
A través de varios capítulos profusamente documentados, plagados de citas de
terceros y reflejando distintos casos tanto de la literatura ufológica como de
cosecha propia, nos demuestra lo que es obvio. No parece en absoluto probable
que detrás del fenómeno ovni en su conjunto se escondaun elenco de distintas
civilizaciones extraterrestre. No solo por la ausencia de pruebas en ese sentido,
sino porque, como el autor nos demuestra conceptual y filosóficamente, estamos
definitivamente ante otra cosa: un fenómeno tan complejo como poliédrico
enraizado en la experiencia humana y que, en definitiva, es mucho más interesante
y fascinante que una simple visita de unos náufragos del cosmos.
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Hasta aquí podríamos afirmar que estamos ante un libro interesante, pero no
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revolucionario. Son muchos, como hemos comentado, los que han cuestionado la
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hipótesis extraterrestre. Sin embargo, José Antonio Caravaca no se queda ahí y va


mucho mas lejos. Tras esa primera parte donde se recogen las claves del fenómeno,

en la que demuestra como hasta ahora la ufología tradicional nunca ha sido capaz
de abordar el fenómeno en sus justos términos, el autor decide proponemos una
sene de audaces e imaginativas hipótesis de cosecha propia para desentrañar que
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puede haber detrás del fenómeno ovni.


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Según Caravaca, las experiencias ovni, y en particular los encuentros cercanos,
son la consecuencia de nuestra interacción con una suerte de entidad metafísica,
calificada por el autor como Agente Externo (AE), que proyecta y genera unas
experiencias de realidad aumentada donde confluyen lo físico y lo psíquico y que
conforman lo que siempre se han considerado episodios ovni o paranormales.
Desde la perspectiva del autor, el testigo ya no es tal, sino que es co-creador de los
contenidos y, de hecho, sus recuerdos, sus experiencias o su cultura son la materia
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prima para la distorsión y escenificación de este AE.


Quien espere o ansíe una respuesta «perfecta*, como ese flamante platillo
volante de tuercas y tomillos que aterriza en el jardín de la Casa Blanca, puede
que acabe algo frustrado con todo lo que aporta Caravaca, que es mucho. No
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existe una solución en ufología que nos sirva para explicar de manera universal
todos los casos habidos y por haber. Quizá porque, como el propio autor señala,

ha operado una dinámica de aglomeración, donde bajo la etiqueta «ovni» ya tiene
cabida prácticamente todo: un avistamiento aeronáutico, una señal de radar, los
rastros de una criatura esquiva, secretos militares o, ¿por que no?, hasta una
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visita extraterrestre. Este «cajón desastre» (sic) impide elaborar una explicación
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coherente y elegante para el amplio, casi infinito, abanico de casuística recogida.
Pero si el autor está en lo cierto, su teoría no solo serviría para explicar
un avistamiento ovni o un encuentro de tercer tipo, sino también todo tipo
de encuentros cercanos y fenomenología paranormal, desde el avistamiento de
criaturas imposibles, a apariciones fantasmales o viajes astrales.
Pero también a muchos quizá les desanime precisamente esto; que el autor
acaba vinculando la fenomenología asociada a lo ovni a un novedoso concepto
de arquitectura psíquica en la que acaban confluyendo distintos factores. Por
supuesto, Caravaca no afirma que estemos ante un fenómeno exclusivamente
psicológico, como algunos podrían llegar a pensar, sino ante una interrelación con
algo exógeno que se nutre de contenidos psicológicos, sociales y simbólicos para
conformar este tipo de escenarios de hiperreales, con sus extravagantes actores y su
psicodélico atrezo, que muchas veces acaba desbordando a nuestra realidad de una
manera sutil, evanescente y fungible.
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Hay una cosa que debo puntualizar. Personalmente siempre he critiéado los
libros que recurren mucho al relato de casos ovni oparanormales. ¿Por qué? A
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todos nos fascina una historia de encuentro con humanoides, pero en la literatura
ufológica se ha abusado mucho de este recurso. Los cientos y cientos de páginas
dedicados a describir testimonios de avistamientos de ovnis y encuentros cercanos,
al final, solo dejan un rastro tan confuso como unas marcas de quemadura en
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un prado. No obstante, el libro de Caravaca es un compendio enciclopédico de
casos, pero, a diferencia de otras obras, se utiliza el caso no solo para maravillarse
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ante el relato, smo para poner de manifiesto aspectos relevantes que luego acaba
cristalizando en su planteamiento teórico. En particular, cuando comienza a
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desentrañar los vericuetos de la dinámica de generación de «rupturas» que según
el autor hay detrás de los casos ovni, se dedica a analizar varios casos, tratando de
demostrar a través de ellos cómo opera el fenómeno de manera concreta. Además,
el autor se detiene en ciertas tipologías de casos muy vinculadas al fenómeno,
como pueden ser las apariciones marianas o los encuentros con entidades como los
Bigfoot o los Hombres de Negro, para analizar en profundidad sus paralelismos con
la fenomenología ovni en particular y lo paranormal en general, lo cual da a su obra
una gran amplitud.
La combinación de planteamientos teóricos, bien documentados en el trabajo
de terceros, con la revisión de casos establecidos y con el afán de querer construir
una teoría que resuelva todo lo anterior, hacen que Distorsión sea una rara avis, pero
sobre todo, para mí, lo más importante es que la convierte en una obra rigurosa y
ambiciosa que no aspira a celebrar lo extravagante y absurdo del fenómeno ovni,
aunque es en cierta manera inevitable, sino que se adentra hasta lá esen cia dél
mismo para tratar de explicar que puede haber detrás de las esquivas luces en
el cielo, o de los desconcertantes humanoides que descienden de escalerillas para
arrearnos un bofetón o pedimos un vaso de agua.
Como ya hemos dicho, Caravaca no es el uní en elaborar
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una teoría que trate de solucionar «el gran enigma» de los ovnis, pero su trabajo
es una invitación a que la comunidad científica o ufológica analice, critique, refute
y/o valide su teoría. Es así como avanza la ciencia y el conocimiento. Caravaca
ha hecho un gran trabajo, pero también es cierto que sus medios materiales son
limitados y, esto no es una crítica sino un elogio, quedan muchos pasos por dar,
sobre todo en un plano experimental. Desde mi punto de vista, esta obra no es
una estación-término, es un punto de partida al que se deberían sumar distintos
investigadores con el fin de alcanzar determinada masa crítica. Caravaca hace una
exposición brillante y bien documentada, con la que lanza una serie de hipótesis
que deben ser reconfirmadas de manera empírica. Es decir, es necesario reinventar
la ufología, fundirla con la psicología experimental, la antropología, la sociología
y la neurología. ¿Podemos tener evidencias de esa arquitectura psíquica de la
que habla Caravaca? ¿Qué le ocurre a nuestro cerebro cuando entra en ese bucle
psíquico? ¿Se pueden hablar de huellas físicas del fenómeno de verdad? ¿Se puede
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observar las injerencias de ese Agente Externo? ¿Existe un patrón de experiencia a
nivel fisiológico o psicológico?
Se abren decenas de cuestiones, pero como digo, su demostración trasciende
a la figura de un único investigador. Si se quiere hacer avanzar el estudio del
fenómeno se requiere el interés de una comunidad que se ít-t pirque en reinventar,
en primer lugar, el objeto de nuestro estudio^ ei! segundo lugar, qtté metodología
queremos aplicar. Y como hemos dicho, debemos abrir estudio del fenómeno ovni,
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desmarcarlo de lo que se considera estrictamente ufología y abrirlo a la implicación
de otras disciplinas, pero, eso sí es innegociable, plegándonos a las rígidas reglas del
juego de las distintas áreas de conocimiento. Es decir, la ufología, probablemente,
si queremos que avance, puede que incluso esté condenada a desaparecer como
disciplina formal y se disgregue en el objeto de estudio de otras ciencias mas o
menos empíricas, pero sí sujetas a unas metodologías y prácticas establecidas.
Al igual que hizo John Keel, Caravaca nos insinúa que la principal nemesis de
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ia ufología no sea probablemente ni el establíshment científico, el cual tiene pocos
argumentos para sentirse amenazado por nuestras disquisiciones, o los pérfidos
gobiernos, que probablemente tampoco tienen ni idea de que atraviesa nuestros
cielos o visita nuestros dormitorios, sino la propia comunidad de ufólogos, que
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en gran parte sigue encallada en un paradigma que no ha logrado evolucionar ni
hacer progresar el conocimiento. Y es importante decir que José Antonio Caravaca
no es una persona en absoluto sospechosa de negacionista, o a la que no le
parezca real o relevante el fenómeno; décadas de investigación incesante le avalan,
y por eso entiende como pocos que, si queremos que el fenómeno deje de ser
un simple rumor, es necesario revolucionar la manera de abordar su estudio y
análisis. E insisto, no se trata del enésimo llamamiento victimista, reclamando
que la Ciencia (con mayúsculas) se ocupe del estudio del fenómeno, sino que,
en un primer lugar, los que nos consideramos investigadores del tema debemos

uli
replanteamos el análisis del fenómeno de una ttianeiaii abierta y consistente que
permita tender puentes con otras disciplinas ya consolidadas. No hay otra. Es eso o
lamarginahdad. F
Cuando uno acaba el libro Distorsión le invade cierto tipo de euforia. Uno
tiene la sensación de que por fin este pueda ser ese libro que catalice el
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cambio o la transformación que algunos reclamamos respecto al estudio de los
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no identificados. Pero, querido amigo Caravaca, permíteme que te diga que, pese
a tu estupendo trabajo, mucho me temo que no va a ser asi. La hipótesis

extraterrestre, el irresistible mito moderno por excelencia, es demasiado potente...
A la cultura popular me remito. Han pasado ya décadas desde que algunos pioneros
advirtieron que lo ovni tiene poco o nada que ver con seres extraterrestres; se han
publicado decenas de libros, ensayos y trabajos reflexionando sobre la multitud
de contradicciones del paradigma extraterrestre (y sus variantes crononautas o
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dimensionales, no lo olvidemos), y aun así, hoy, la gente, cuando que oye la
palabra «ovni», sigue evocando una espectacular nave espacial tripulada por seres
extraterrestres que vienen a salvarnos, redimirnos o condenarnos. Lo simbólico
prevalece sobre lo racional. Quizá sea así porque hasta ahora no hemos sido capaces
de articular teorías alternativas lo suficientemente comprensibles, coherentes y
atractivas para que la gente decida pensar lo ovni de otra manera y mientras tanto
prefieren seguir soñando.
Esperemos que este libro sea un paso en esa dirección de desarrollar una
disciplina, quizá todavía por inventar, que nos ayude a desvelar que hay detrás
del velo ovni. Sería imperdonable desperdiciar la oportunidad que nos ofrece este
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apasionante fenómeno de entender mejor al ser humanaba la sociedad y, si me
apuran, hasta nuestra definición de la realidad.
Nos veremos pronto, señor Carayaca, queda mucho'hacer.
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Alicante, febrero de 2019
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