Conversaciones en el café
Suena el despertador, hoy es un nuevo día, pero no para Lily. Lily es, o mejor
dicho, era, una dulce chica que vivía en un pequeño pueblo con su familia.
Ojos color café, pelo azabache, despierta con su jersey favorito de color
púrpura, asustada, y con la respiración acelerada se levanta de su cama, siente
que algo ha cambiado.
Su cuerpo está más pesado, le cuesta ponerse en pie y llegar a la puerta de su
habitación, intenta gritar desesperadamente pidiendo ayuda, nadie la escucha.
Su madre entra en la habitación con los ojos llorosos, había llorado hace poco
tiempo atrás, Lily intenta llamarla, pero su madre no la ve ni la oye,
simplemente observa con atención y cariño en los ojos el cuarto de su hija, y
las lágrimas van apareciendo por sus mejillas, abatida, sale del cuarto para
encontrarse con su marido, el padre de Lily. Lily no sabe qué hacer, no sabe
qué es lo que está pasando, pero poco a poco la pesadez y angustia van
desapareciendo de su cuerpo, y al fin llega a salir de su habitación. Escaleras
abajo escucha a sus padres, su madre llora, su padre intenta consolarla, pero
está disgustado, Lily escucha que su padre dice que él tuvo la culpa.
–¿La culpa de qué?–intentó gritar Lily.
–¡Yo tengo la culpa de la muerte de nuestra hija!–gritó el padre como
respondiendo a la pregunta de Lily.–Le animé a que fuese a la ciudad en busca
de trabajo, que en este pueblo no encontraría sus sueños, fue mi culpa, ella no
quería irse... ¡Fue mi culpa que muriera!
–¿Muerta?–pensó Lily–¿Estoy... muerta?
Los mareos se apoderaron de su cabeza, escuchaba distintas voces alejadas, las
de su madre, las de su padre, iban y venían, su madre repetía al padre que no
podía ser su culpa que ese mismo tren se descarrilase, que él no podía haber
hecho nada.
–Ninguno de los dos hubiéramos podido hacer nada. –dijo su madre mirando
el perchero donde siempre solía colgar Lily su abrigo.
–Mamá... Papá…–susurró Lily acercándose a ellos poco a poco,
tambaleándose. Su padre se giró, abrió los ojos, y...
–¡NO!–gritó una voz desconocida.
Y desapareció.
Lily se despertó de nuevo, pero lo ocurrido antes no era un sueño, le lloraban
los ojos, no podía entender nada, tenía miedo, pero poco a poco se fue
sintiendo más a salvo, eran las paredes lo que la protegían. Lily ahora estaba
en una habitación pequeña, con una cama con sábanas de color lila y cómodas,
a su lado, había una enorme lámpara con forma de lirio que desprendía una
preciosa y acogedora luz blanca, pero lo que más le llamaba la atención eran
las paredes, tenían sus colores favoritos combinándolos de la mejor forma
posible, amarillo, púrpura, y verde, y delante de esa combinación de colores, se
encontraban dibujos de flores en las paredes, lirios, eran preciosos, pensó ella.
Lily recordó las palabras de su padre, al parecer, estaba muerta, y había
muerto en un tren, pero no recordaba nada, y cada vez que intentaba recordar
le dolía la cabeza. Hasta que sintió algo, el aroma de su té preferido, el té de
mora, y recordó.
3 días antes
–¡Papá!, pero y, ¿quién va a ayudaros con todas las actividades del hogar?
Si me voy a la ciudad no podré veros apenas los fines de semana. –dijo Lily a
su padre disgustada.
–Nosotros no debemos de ser una carga en tu destino, Lily, todas las cosas
pasan por algo, y a ti te han llamado para que trabajes como ilustradora
porque tienes talento. –resaltó su padre en correspondencia a las quejas de
Lily.
–Y ese talento tiene que ser recompensado con tu bebida favorita, aquí tienes
el té de mora, Lily. –intervino su madre con una taza y una tetera en las
manos.
–Muchas gracias, mamá, huele genial, ojalá nunca se acabase este momento.
–añadió Lily esbozando una leve sonrisa.
–Pero se ha acabado. –dijo su madre, pero ya no era su madre, sino una
sombra negra que se acercaba rápidamente a Lily.
–¡No! –Lily gritó con estupor cerrando los ojos y llorando.
Actualidad
–Ya es suficiente, no puedes recordar tanto de golpe sin haber probado ni una
sola de gota de té, Lily, ¿te encuentras bien? –dijo una voz afable que Lily no
supo identificar. –Me llamo Willow, y como puedes entender por mi nombre,
elegí ser representado por un sauce después de morir. No te preocupes, debes
de estar angustiada, ven, sígueme, te explicaré qué está pasando.
Lily y Willow salieron de la habitación que tanto había fascinado a Lily, y se
dirigieron a un pasillo con incontables cuadros de flores en las paredes,
aunque, algo le decía a Lily que en realidad no eran cuadros de flores, sino de
personas. Al mirar arriba, Lily se sorprendió, no había visto cosa más bonita
que esa, no había techo, todas las paredes subían, todos los cuadros se dirigían
hacía arriba, pero no se podía ver el final de las paredes, solo una mezcla de
colores que combinaban todos entre sí y formaban una especie de energía
vital, era absolutamente precioso.
Al terminar el pasillo, entraron a una sala en la que, esta vez, sí había techo,
era una sala grande, pero no mucho, con luz, pero no mucha, y con personas,
pero tampoco muchas. Las paredes eran de color verde suave que a su vez
combinaba con un verde más oscuro y apagado, pero hacían una mezcla muy
pacífica, y el estampado de la pared estaba formado por hojas de color verde
claro. Willow me seguía con la mirada, y me acompañó mirando las paredes,
sus ojos resaltaban y su mirada expresaba paz.
–Estas paredes... Siempre me han representado. –dijo Willow con voz suave. –
Igual que a ti te representan las paredes de la sala en la que has aparecido.
–¿Me representan? Tal vez por eso las notaba tan familiares. –admitió Lily.
–No te quedes ahí, ven. –dijo Willow mientras conducía a Lily a la barra.
Todo ese lugar parecía ser una cafetería, había un montón de flores de
diferentes tipos en los muebles de madera, y una estantería para cada tipo de
bebida: tés, cafés, batidos... Era impresionante. Lily se sentó en una silla de
madera con un cojín morado, escuchando de fondo una débil pero armoniosa
melodía de jazz.
–Té de mora, ¿verdad? –Preguntó Willow.
Lily asintió. volvió a pensar en lo sucedido antes en la habitación, pensó en la
sombra en la que su madre se había convertido de repente. Lily se estremeció,
y Willow sabía por qué.
–Lily, escúchame. –dijo Willow para captar su atención. –Estás muerta, yo
también, pero necesito que no te alteres, te voy a explicar lo que es este lugar, y
más tarde, trataremos de ordenar tus pensamientos.
Willow comenzó a explicar lo que estaba sucediendo con un aura seria, Lily
notó que ha tenido que explicar lo mismo varias veces a lo largo de su vida, si
es que a eso se le puede llamar vida.
–Estás en la cafetería de las flores, y ese nombre no te sonará extraño después
de haber visto nuestras paredes y decoración. No es una cafetería típica, más
bien, es la cafetería a la que van las almas como tú, que aún muertas, tienen
tareas en el mundo de los vivos. Mi labor y la labor de esta cafetería es que
puedas encontrar cúal es esa tarea y cómo poder realizarla, y para ello, debes
recordar cuál fue tu muerte, ya que tu muerte siempre está vinculada a tu
nombre, y por tanto, a tu flor. La tarea no tiene nada que ver con la vida de los
demás, tu padre y tu madre no están metidos en esto, ahora se culparán por tu
muerte, pero eso es algo pasajero, es misión suya poder llevar a sus hombros
tu muerte. La tarea que tienes que enmendar es sobre ti, sobre tu persona, hay
algo que mientras vivías no hiciste y ese algo es imprescindible, te ha llevado a
la muerte. Durante tu estancia en esta cafetería, podrás resolverlo, y cuando lo
resuelvas, podrás elegir entre dos opciones, la paz, o ser un fantasma que
ronda por el mundo de los vivos para ayudarles y ver cómo es su vida, sin
embargo, ellos no podrán verte ni escucharte. Es duro, lo sé, pero es la opción
que eligen muchos. ¿Tienes alguna duda?
–¿Quiénes son las personas que están en las otras mesas? –preguntó Lily.
–Son almas como tú, están buscando en sus recuerdos cuál es su tarea,
algunos de ellos la están realizando, observa allí. –Willow señaló a un joven
pelirrojo y con pecas que iba con un traje amarillo, no tendrá más de 30 años.
Su mesa, también era amarilla, pero de un tono más suave, y dibujados en ella
se encontraban unos narcisos, iban cambiando la dirección a la que apuntaban
a la vez que el chico cambiaba la expresión de su cara. --Él está representando
a los narcisos, y por esa flor, y por cómo cambia su expresión, parece que su
tarea es sobrellevar su narcisismo, estará tratando de hacer a su corazón sanar
de su propio ego, que fue, probablemente, lo que le hizo morir, es algo duro,
pero lo está consiguiendo. ¿Has escuchado el mito de Narciso y Eco?
Lily negó con la cabeza.
Willow comenzó a narrar:
"Érase una vez, una dulce ninfa llamada Eco, que era muy alegre y
divertida, y entretenía las tardes de Hera, una amiga suya esposa de Zeus,
mientras Hera estaba con Eco, Zeus estaba siéndole infiel a Hera, y cuando
ésta se enteró, su ira recayó en Eco, maldiciéndola dejando solo que al
hablar, repita las últimas palabras que le ha dicho la otra persona. Ante esto,
Eco se escondió en una cueva, horrorizada por todo. A su misma vez, había
un niño que era muy bello, se llama Narciso, hijo de una ninfa que vivía
cerca de la cueva donde habitaba Eco. Este niño, tenía un problema, y es que
había nacido con una maldición, si ese niño veía alguna vez su rostro,
padecería, a lo que su madre intentó ponerle solución alejándolo de los
espejos. Pero un día, Narciso y Eco se encontraron, Eco estaba perdidamente
enamorada de él, pero no podía expresarle sus sentimientos; como era una
ninfa, los animales y la naturaleza le ayudaron a comunicarle su amor a
Narciso, pero éste no reaccionó como ella esperaba. Narciso se rió de ella,
envolviendola en burlas. Ante esto, Eco se fue corriendo a su cueva, y allí,
llorando de pena junto a las rocas, se convirtió en una de ellas. Narciso no
quedó impune al mal que había cometido, y fue conducido por la diosa
Némesis hacia un río, donde se vió su reflejo, y embobado con él, se quedó
plasmado en la tierra hasta morir, de ahí, nacería una flor: el narciso."
–Narciso... Debe de estar pagando toda esa condena intentando descubrir cúal
fue. –añadió Lily observando al chico pelirrojo.
–Así es, pero presiento que pronto llegará el fin de su sufrimiento. –contestó
Willow.
–Willow, ¿cuál es tu historia? –preguntó Lily.
–¿Mi historia? –rió –Mi historia... Nunca pensé que me harían esa pregunta, y
tampoco me la he cuestionado yo, supongo, que a veces, necesitamos a una
persona que no nos conozca para conocernos a nosotros mismos. Creo que mi
historia es leve, yo siempre fui el típico chico que trabajaba en la cafetería de
sus padres, y ahí morí, hubo una explosión, mis padres sobrevivieron porque
estaban fuera, en casa, pero yo me cabree con ellos y fui a la cafetería, era mi
lugar seguro, sin embargo, al encender el butano, no fue seguro para mí. No te
sientas triste, ya enmendé la tarea que tenía pendiente, y pude despedirme
bien de mis padres. La tarea era ayudar a mi corazón a respirar más allá del
humo, y pude hacerlo, iba a encontrar la paz, pero quise ayudar a otros
corazones, como el tuyo, y monté esta cafetería.
–Eres un alma pura, Willow– contestó Lily con una leve sonrisa. –Te lo
agradezco mucho.
–Es hora de que encuentres cúal fue tu muerte, Lily, no tenemos tiempo, hay
algo que no debería de haber pasado, despertaste en el sitio equivocado,
pudiste ver a tus padres unos minutos antes de venir aquí, y seguramente
recuerdes algo de lo que dijeron acerca de tu muerte, pero ese algo te va a
hacer mal, no estaba programado que lo escuchases, y ahora, si no lo
encuentras pronto, te quedarás para siempre como un fantasma.
Lily se entumeció un poco al escuchar lo que decía Willow, pero ya sabía lo que
tenía que hacer. Se dirigió a la mesa más cercana, y ésta se recubrió poco a
poco de los colores que Lily desprendía. Willow le trajo a Lily su té de mora, y
poco a poco Lily se fue adentrando en el aroma y en sus recuerdos.
1 día antes
–No llores, mamá, volveré en una semana, os llamaré todos los días y os
mandaré postales. –dijo Lily a su madre preparando la maleta.
–Tienes que entendernos, estamos preocupados, son 4 horas de viaje en tren,
puede pasar cualquier cosa. –añadió su madre angustiada.
–No nos pongamos en lo peor, todo va a salir bien y Lily llegará sana y salva
a la ciudad. –respondió su padre al ver a su mujer contener las lágrimas.
–¡Venga!, ya es hora de irme, dadme un abrazo antes de que llore yo
también. –dijo Lily a sus padres abriendo los brazos.
Y esas fueron sus últimas palabras.
Cuando Lily subió al tren, se dirigió a su vagón correspondiente y se sentó al
lado de una ventana sin percatarse de que tenía en frente a una niña, no
parecía tener más de 7 años, iba con un vestido rosa y tenía el cabello
marrón claro.
–Hola, soy Lily, ¿Cómo te llamas? –le preguntó Lily a la chica.
–Mi nombre es Rose, y este es Sunny. –respondió la pequeña enseñando a
escondidas lo que parecía ser un cachorrito cría de Golden Retriever. –Mi
mamá me dijo que no podía traer a Sunny al tren, si lo encuentra se lo
llevará, así que no se lo digas a nadie. –susurró Rose llevándose el dedo
anular a los labios simulando silencio.
–¿A dónde vais vosotros, Rose y Sunny? –preguntó Lily.
–Vamos al médico de la ciudad, mi mamá dice que tengo el corazón malito y
me lo tienen que curar. –respondió Rose mientras acariciaba a Sunny.
Lily se quedó callada durante unos segundos pensando en lo que Rose le
había dicho, hasta que por fin pudo articular palabra.
–Seguro que tu corazón se pone como nuevo –dijo Lily sonriendo. –Yo voy a
la academia de artes, ¿sabes?, he conseguido un nuevo trabajo como
ilustradora y la verdad es que estoy un poco asustada. –admitió Lily
jugueteando con sus manos.
–Mi papá siempre dice que para vencer los miedos hay que afrontarlos. –
respondió Rose con esa inocencia en los ojos que tienen los niños.
–Tienes razón, los venceré. –dijo Lily un poco más decidida de sí misma.
–Pero tú ya no puedes enfrentar tus miedos, estás muerta, ¿recuerdas? –dijo
Rose mirando fijamente el paisaje de la ventana mientras su mirada se
oscurecía poco a poco.
Y de repente, se acabó.
En la actualidad.
Willow estaba pendiente de Lily mientras estaba absorta en sus pensamientos,
pero no pudo evitar poner su mirada en una niña que había en una mesa en la
esquina de la cafetería, estaba acompañada de un cachorro, ambos tenían su
propia mesa, la mesa de la pequeña era rosa, del mismo color que su vestido
rosa palo, y su estampado era de puntos blancos con rosas rosas y blancas. La
mesa del perro era pequeña, con colores amarillentos y verdosos, y en el
centro de la mesa estaba dibujado un girasol. Willow nunca había visto
animales que hubieran podido entrar en esa cafetería, y se sorprendió al
observar que el cachorro también estaba absorto en sus recuerdos.
De repente, Narciso, abrió los ojos, le faltaba el aire, a lo que Willow,
corriendo, le llevó un café con leche. Narciso le dió las gracias, y se puso en
pie. Ni Willow ni Narciso mantuvieron una conversación en ese instante, pero
ambos sabían que Narciso tenía que tomar una decisión.
–¿Qué prefieres, Narciso, la paz, o ser un fantasma ayudando y observando a
tus seres queridos? –preguntó Willow.
–Willow, lo que he visto en mis recuerdos ha sido… Ha sido espeluznante, he
tratado de menos a los seres que me rodeaban, he sido egoísta incluso con
quienes más amaba… Me ha costado tanto enmendarlo, me ha costado tanto
echar mi orgullo a un lado… Pero al fin lo he hecho, y me he dado cuenta de
todas las almas bellas que tenía a mi alrededor y no supe valorar, quiero
continuar un rato más con ellas, quiero ayudarlas y observar cómo se superan
a sí mismos. Quiero ser un fantasma. –admitió Narciso con una sonrisa a
punto de llorar.
–Está bien, amigo, acompáñame. –respondió Willow.
Willow condujo a Narciso a un pequeño pasadizo de piedra con tallados
antiguos de flores y árboles. El final del pasadizo era un tobogán de varios
colores, cuando Narciso lo tocó, los colores se convirtieron todos en uno solo,
en un amarillo suave que hizo que le saltaran las lágrimas a Narciso.
–Por aquí es, Narciso, espero que te vaya muy bien, a ti y a todos los que
protejas, buen viaje. –dijo Willow.
Narciso le miró con una sonrisa fiel y alegre, no respondió ni una sola palabra,
pero Willow sabía que era su forma de decir “gracias”.
Al volver a la cafetería, Willow observó que Lily tenía mala cara, lo estaba
pasando mal y cada vez se estaba poniendo más nerviosa. Willow intentó
llamarla, pero Lily no respondía. Empezó a brotar sangre de los ojos cerrados
de Lily y Willow perdió la calma, cada vez estaba más angustiada y balbuceaba
palabras de socorro. Willow no sabía qué hacer más para ayudarla. Hasta que
se percató que detrás suya, estaba la niña que había estado observando antes
junto a su perro.
–Tal vez yo pueda ayudarla. –dijo la niña dirigiéndose a Lily.
Lentamente acercó su mano al rostro de Lily, la acarició y dijo suavemente que
la mejor forma de superar tus miedos es enfrentándolos.
Lily parecía haberse tranquilizado, pero aún fallaba algo, no se despertaba.
–¿¡Por qué no se despierta?! –exclamó Willow angustiado.
–No lo sé, no lo sé, ella murió conmigo, la muerte era lo que la estaba
poniendo tan angustiada antes, pero aún no ha podido enfrentar su miedo.
–¿Murió contigo? –preguntó Willow –¿Hablásteis antes de morir?, a lo mejor
te dijo algo que nos puede ser de vital importancia, recuerda.
–No lo sé, nos presentamos, ella es Lily; yo, Rose; mi perro, Sunny; me
preguntó a dónde iba, y… Ella me dijo que iba a ir a su nuevo trabajo como
ilustradora, pero estaba asustada.
–Tu padre siempre dice que la forma de vencer los miedos es afrontarlos… -
dijo Lily con voz apagada y débil.
Lily les pidió a Willow y a Rose que le dieran una hoja y un lápiz, tenía que
vencer su miedo a no ser suficientemente buena.
Poco a poco, Lily empezó a dibujar, empezó con trazos finos y uniformes,
luego siguió con trazos más cómodos y familiarizados con sus dibujos. Siguió
garabateando hasta poder finalizar el dibujo, era un lirio. Pero no era
cualquier lirio, era un lirio púrpura con hojas largas y verdes protegidas en un
pequeño jarrón amarillo. Lily sabía qué era lo que tenía que hacer con el
dibujo.
–Willow, ¿se puede ser un fantasma y luego volver a esta cafetería? –preguntó
Lily.
–Sí, se podría, pero es muy peligroso, de por medio te puedes encontrar a
todos aquellos fantasmas que nunca quisieron ser fantasmas y rondar en el
mundo de los vivos, pero que no tuvieron opciones para elegir ser un fantasma
o no. Algunos de ellos llevan años allí, podrían hacer todo lo posible para
poder tener posibilidad alguna de encontrar la paz, pueden atacarte, Lily. –
respondió Willow.
–Tengo que correr ese riesgo, es necesario, mis padres necesitan saber que
estoy bien. –admitió Lily.
–Perdonad que os interrumpa, pero Sunny y yo tenemos que irnos, él no
puede acompañarme tanto tiempo y tenemos que buscar la paz. –dijo por lo
bajito Rose.
–Claro, no os preocupéis, allí vais a estar a salvo, tú y Sunny seréis muy felices.
–admitió Willow conduciendo a Rose por una puerta.
Lily y Willow acompañaron a Rose y a su cachorro en un sendero con flores,
riachuelos y pájaros en un cielo azul suave con nubes, de fondo se escuchaba la
melodía de jazz de la cafetería, era precioso.
–Mirad allí, al fondo hay una luz, ¿no? –preguntó Rose.
–Sí, la hay, está más cerca de lo que se ve, no te preocupes, pero te tenemos
que dejar sola para que puedas encontrarla. –contestó Willow.
-Bueno, no pasa nada, no estaré sola, tengo a Sunny conmigo. –dijo la niña
con una sonrisa inocente.
–Espero que seas muy feliz allá donde sea que vayas, Rose, y espero que Sunny
te siga acompañando por mucho tiempo más. –admitió Lily con lágrimas en
los ojos.
La niña se despidió de ambos, y junto con su cachorro, encontró la paz.
–No tenemos tiempo que perder. –le dijo Willow a Lily mientras sostenía su
mano.
Ambos se adentraron en el pasadizo por el cual había conducido antes Willow
a Narciso, y al tocar Lily el tobogán, este se puso de color púrpura, había
llegado la hora de despedirse de sus padres.
–Ten mucho cuidado, Lily, vuelve sana y salva. –dijo Willow angustiado.
–Estoy sintiendo un deja vu ahora mismo. –respondió Lily con una sonrisa.
Lily se subió al tobogán, y se tiró. Al principio se lo pasó bien, era como en un
parque de atracciones, pero luego se encontraba con sombras en el camino,
algunas se acercaban mucho a ella, otras lloraban, gritaban, pedían ayuda,
pero Lily no podía hacer nada. Una de ellas la rozó, pero Lily se apartó
inmediatamente, al ver la sombra, vió que ésta tenía unos ojos traslúcidos, y
lloraba. Cuando Lily finalizó el trayecto, se encontró en su habitación, estaba
igual que estaba cuando dejó el mundo de los vivos. Le costaba andar, como
había experimentado anteriormente, su cuerpo estaba más pesado, respirar
era más difícil, pero poco a poco pudo llegar a la habitación en la que se
encontraban sus padres, en la cocina, estaba más desordenada que de
costumbre, pero su madre estaba frotando la encimera sin parar con un trapo
amarillo, veía en sus ojos la ojeras de haber pasado la noche sin dormir. Por
otro lado, el padre de Lily estaba al lado del microondas, esperando a que se
calentara un plato precocinado del supermercado. Ambos tenían mala cara,
estaban cansados y sus miradas parecían agotadas. Lily se fue acercando poco
a poco a ellos con el dibujo de los lirios en la mano.
–Mamá… Papá… –dijo mientras sollozaba.
En la tele Lily podía escuchar las noticias, hablaban de un tren que se había
descarrilado y había acabado con la vida de 13 pasajeros. Inmediatamente, el
padre apagó el televisor y miró a su mujer. Ambos se echaron a llorar
desconsoladamente. Lily se apresuró a ir con ellos. Abrazándolos, dejó el
dibujo en la encimera. Se mantuvieron abrazados durante unos segundos,
hasta que Lily escuchó una voz que la llamaba, era Willow, tenía que irse. Se
fue separando de ellos, y a su vez, el padre se separaba de la madre. Iban a
seguir con lo que estaban haciendo antes, hasta que su madre se dió cuenta de
que había un dibujo en la encimera.
–Un…Un dibujo. –dijo sollozando a su marido.
–¿Cómo? –respondió el padre confuso.
Al verlo, solo le quedaron una palabra para decir.
–Es Lily. –dijeron ambos con una sonrisa y lágrimas en los ojos.
Lily volvió de pronto a la cafetería, y Willow la estaba esperando con cara
preocupada.
–Aquí estás, menos mal –confesó Willow.
–¿Ha llegado la hora de elegir entre qué es lo que quiero hacer a partir de
ahora? –preguntó Lily.
–Sí, estás preparada para irte de la cafetería. –admitió Willow con aire de
decepción.
–Willow, los momentos que he pasado aquí han sido bonitos, me he sentido en
paz con tu presencia y con las flores y aromas que nos rodean. Mis padres
aprenderán a dejarme ir, mi recuerdo aún les duele, pero poco a poco podrán
soltarlo como una pluma en el viento. No tengo que ser un fantasma para
saber que están bien, lo estarán, estoy segura. Pero tampoco puedo ir a
encontrar la paz en otro lugar más que aquí, contigo. Me gustaría poder
ayudar a las demás almas perdidas que vendrán a la cafetería, y quiero
descubrir la forma de que las almas moribundas como fantasmas que no
tuvieron la opción de elegir su camino puedan encontrar la paz. Quiero
ayudarte, no quiero que pases por todo esto solo al igual que no quisiste tú que
las demás almas pasasen solas este camino tan confuso. –admitió Lily
sonriendo.
–Lily… Si de verdad quieres, podemos hacerlo. Hagámoslo, sé que podremos
lograr que el mayor número posible de almas encuentren la paz. –respondió
Willow a punto de llorar.
–Que así sea. Y ahora, por favor, ¿me podrías poner un té de mora?