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Portadilla

Legales

Dedicatoria

Capítulo 1. Historia de la interpretación y del análisis de los sueños

Capítulo 2. Oniromancia: adivinación a través de la interpretación de los sueños

Capítulo 3. Mecanismos psicofisiológicos y psicológicos del soñar

Capítulo 4. Los sueños a la luz de la Psicología moderna

Capítulo 5. La función de los sueños según la psicología junguiana

Capítulo 6. Los sueños no compensatorios en la psicología junguiana

Capítulo 7. Guía de símbolos oníricos

M
N

Acerca de las pesadillas

Bibliografía

Acerca de Juan Campodónico


 
 
  
Las Heras, Antonio
Sueños : el lenguaje onírico develado . - 1a ed. - Buenos Aires : Alhue, 2013.
E-Book.

ISBN 978-987-1260-25-6

1. Sueños. I. Título
CDD 130  

© 2005, Antonio Las Heras


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Sueños: el lenguaje onírico develado
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ISBN edición digital (ePub): 978-987-1260-25-6
SUEÑOS
El lenguaje onírico develado

Antonio Las Heras


El autor agradece la desinteresada colaboración de la licenciada Silvina Laura Mazal, así como
la permanente asistencia de Karina Verónica Pérez y Viviana Griselda del Río.

“Un sueño no comprendido es como una carta que no ha sido abierta”.


El Talmud
Capítulo 1
Historia de la interpretación y del análisis de los
sueños

          
Un paseo por la Antigüedad
Desde la Antigüedad, el hombre ha estado preocupado por descifrar el

significado de sus sueños. Esta necesidad de comprender el mensaje oculto


detrás de ellos lo ha llevado por múltiples caminos, desde la creencia de que
eran las voces de los dioses las que hablaban, hasta la concepción actual del
sueño como formación del inconsciente, es decir, como un producto del
psíquismo humano.
Así es como encontramos ya en los sumerios la creencia en el origen
divino de los sueños; incluso existía una casta sacerdotal, los Ensi,
especializada en la interpretación de los mismos.
En las civilizaciones posteriores que poblaron la Mesopotamia, como
los asirios y los babilónicos, los sueños eran considerados revelaciones de
la voluntad divina o demoníaca, y los sacerdotes Shabru eran los
encargados de comunicar cuál era el mensaje que deseaban transmitir.
Como lo atestiguan los famosos sueños del Faraón recogidos en la
Biblia e interpretados por José, también en el antiguo Egipto los sueños
eran un elemento importante en el conjunto de sus creencias. En las
Enseñanzas para Merikare, obra fechada hacia el 2100 a.J., el autor, de
nombre desconocido, sostiene que los sueños son enviados por los dioses
para conocer el futuro. Pero también a través de los sueños se recibía
valiosa información acerca del tratamiento de las enfermedades,
advertencias sobre posibles peligros y consejos o respuestas a las preguntas
del soñador.
De los egipcios se conserva lo que podemos considerar el primer tratado
sobre los sueños de la Historia, pues en el valioso papiro Chester Beatty III
que data de 1350 a.J., aunque probablemente es una recopilación de textos
más antiguos, se incluye una larga serie de sueños, hasta 108, con sus
respectivas interpretaciones. Del análisis del texto se desprende que el
método interpretativo de los antiguos egipcios era muy mecánico, es decir, a
cada imagen onírica correspondía un determinado significado, sin embargo
tal clave interpretativa podía estar basada en un juego de palabras o en una
inversión del sentido.
La Grecia antigua recogió todas estas influencias culturales. Es
Heráclito de Éfeso el primer autor en el que centraremos nuestra atención.
Según su concepción, para la mayoría de los hombres, ignorantes del
Logos, permanece oculto cuanto hacen en la vigilia del mismo modo que no
son conscientes de lo que hacen cuando están durmiendo. La mayoría de los
hombres vive como si tuviera un entendimiento particular, por eso aún en la
vigilia el común de los mortales vive “dormido”. Por lo tanto los que
duermen, al soñar viven en un mundo privado regido por un Logos
particular y engañoso, aunque sin saberlo colaboran con el Logos universal,
que se olvida mientras se sueña, lo cual provoca la caída en un estado de
irracionalidad del que se sale al despertar, momento en el que se recupera la
razón.
Esta concepción elemental que ilustra Heráclito, por la que el hombre
que sueña se retira del mundo común y habita un mundo propio,
eminentemente subjetivo, tardó muchísimo tiempo en ser aceptada, hasta la
aparición de Sigmund Freud en el panorama científico. De tal forma que la
historia de la onirología no es sino un inmenso rodeo para volver a estos
primordiales planteamientos que expuso Heráclito. Los hombres se las
ingeniaron a lo largo de los siglos para una y otra vez poner en el afuera
aquello que no procede sino de las profundidades de su propia intimidad,
atribuyendo el origen de los sueños a los dioses, los demonios, las
emanaciones de los objetos, los estímulos externos provenientes del medio,
los influjos de los cuerpos celestes o los estímulos procedentes del interior
del propio cuerpo, todo, cualquier cosa, antes que admitir que los sueños
provienen del interior de nuestras escabrosas y desconocidas mentes. Por
otra parte no podemos sino quedarnos pasmados de la perspicacia y
previsión psicoanalítica de Heráclito al considerar a la mayoría de los
hombres, aún en la vigilia, como hombres “dormidos”, es decir,
inconscientes.
Según la tradición, tal como aparece reflejada en toda la obra de
Homero, los antiguos griegos distinguían dos tipos de sueños: los valiosos y
significativos y los engañosos o no significativos, según procedieran a
través de la puerta del cuerno o de la de marfil. Los antiguos griegos creían,
pues, en el origen divino de los sueños y en su capacidad mántica.
La personalización mítica del sueño era llamada Hipno, hijo de la
Noche y del Erebo, nombre con el que se conocía a las Tinieblas Infernales.
Era hermano gemelo de Tánatos, la Muerte, con el que aparecía iconizado,
aunque en pocas ocasiones, representando una singular dualidad, entre lo
sobrenatural y lo natural (lo natural es la Muerte, reverso negativo de la
Vida, y lo sobrenatural el Sueño, que es un borde confuso entre la vida y la
muerte, y donde se produce, entre otras cosas, como una manifestación
prodigiosa, el anuncio profético del porvenir).
Junto a esta línea de pensamiento místico, religioso o esotérico en
relación con los sueños, que se mantuvo en el tiempo y fue posteriormente
recogida y continuada por los estoicos y más tarde por los peripatéticos,
apareció por primera vez en la Historia otra concepción mucho más natural
y racional sobre los sueños.
Alejandro Magno representa un ejemplo de la importancia que se le
daba a la interpretación de los sueños en la toma de decisiones. Durante el
asedio a la ciudad fenicia de Tiro, en el año 332 a.J., soñó con un sátiro
danzando sobre un escudo. Su interpretador de sueños, Aristandro,
reconoció este sueño como un hábil juego de palabras: satyros (“sátiro” en
griego), podía ser tomado como sa Tyros, cuyo significado sería “Tiro es
tuyo”. Alejandro prosiguió la campaña y conquistó la ciudad.
Probablemente corresponda a Demócrito, natural de Abdera, el mérito
de ser el pensador con el que se inaugura para el hombre la posibilidad de
concebir los sueños como un fenómeno natural y abordar con cierta
racionalidad lo onírico. En efecto, Demócrito en consonancia con su teoría
general del conocimiento propone por vez primera una explicación
“natural” del origen de los sueños.
De acuerdo con dicha teoría todos los objetos están formados por
átomos y emiten de continuo imágenes (eidolas) de sí mismos, gracias al
flujo de átomos que de ellos se desprende. Estas imágenes penetran en el
cuerpo a través de los poros y de allí pasan al alma donde se constituyen en
imágenes de los objetos. He aquí la razón por la cual soñamos, pues
mientras dormimos las imágenes o ídolos de las cosas siguen penetrando en
nuestros cuerpos y poniéndose en contacto con nuestras almas. Estos ídolos
no solo llevan consigo el retrato fiel de los objetos sino que también
reproducen los movimientos anímicos, los hábitos y las pasiones de
aquellos a quienes representan. Los mismos dioses no son sino ídolos
desprendidos de los cuerpos y de las almas de los mejores hombres.
En Demócrito encontramos por primera vez una teoría de los sueños
que no solo se presenta como directa y necesaria, consecuencia de la teoría
del conocimiento, sino que posee la suficiente elasticidad y amplitud como
para dar razón de los diversos fenómenos oníricos y su complejo
mecanismo. Se trata de una teoría estrictamente materialista y mecanicista
que satisface sin embargo la opinión tan común en la Antigüedad sobre el
carácter adivinatorio de los sueños y sobre la intervención de dioses y
demonios. Demócrito supo hacerles un lugar a la mántica y a la teología sin
necesidad de renunciar a su naturalismo o de admitir tradiciones
mitológicas o cuentos fantásticos.
En una posición intermedia respecto de las dos anteriores, ciertamente
ambivalente, se sitúa el pensamiento de Hipócrates quien, si bien admite la
procedencia divina de algunos sueños, no deja de advertir su contenido
semiológico donde los sueños pasan a ser objeto de una alta estima gracias
a su valor diagnóstico. Así es posible encontrar en el Corpus Hipocraticum
—apéndice al Tratado sobre la Dieta— un pequeño escrito Sobre los
sueños en el que el autor, aunque sin rechazar expresamente las prácticas
habituales en relación con las enfermedades y los sueños, advierte que: “En
cuanto a todos los sueños que son divinos y que anuncian bienes o males,
hay personas que tienen el arte de interpretarlos. También aquellos en los
que el alma indica de antemano los padecimientos del cuerpo, también esos
los juzgan y unas veces se equivocan y otras aciertan y en ninguno de los
casos conocen el porqué de lo que sucede, ni cuando aciertan ni cuando se
equivocan, sino que dan consejos a fin de precaverse de que no ocurra
algún daño. Mas no enseñan cómo hay que precaverse sino que
recomiendan rezar a los dioses. Cierto que es bueno invocar a los dioses,
pero conviene invocar a los dioses y ayudarse a sí mismo”.
Con Platón se introduce en la Historia una nueva concepción de los
sueños pues al considerarlos como uno de los caminos que permiten el
acceso al conocimiento los dota de una función epistemológica.
En la misma línea de Demócrito se sitúa el pensamiento de Aristóteles,
que es el autor de la obra más importante sobre los sueños que produjo la
Grecia clásica. En su Parva Naturalis podemos encontrar tres escritos
consagrados al tema. El primero dedicado al estudio del fenómeno del
dormir, el segundo a los sueños y el tercero a la adivinación a través de
estos. Sus planteamientos son puramente fisiológicos; descarta, pero sin la
suficiente contundencia, el origen divino de los mismos y atribuye su causa
a las facultades propias del alma del soñador. Por lo tanto se puede afirmar
que a partir de Aristóteles los sueños ingresan en el campo de la Psicología.
Aristóteles no rechaza la adivinación a través de los sueños sino que la
explica por medios lógicos y naturales pues considera que en unos casos los
sueños pueden muy bien ser causa de los acontecimientos futuros, y en
otros pueden ser señales de procesos que ya se han puesto en acción, al
tiempo que afirma que en la mayoría de los casos las predicciones son puras
coincidencias.
Toda esta rica tradición onirológica culmina en la figura y obra de
Artemidoro de Daldis. Este autor, natural de Éfeso, escribió un tratado
llamado Onirocrítica dividido en cinco libros, que representa un auténtico
compendio teórico-práctico del saber de la época.
Artemidoro de Daldis, nacido a comienzos del siglo II, basándose en
una extensa tradición hermenéutica del mundo griego, difundió una
clasificación de los sueños que se impondría hasta el siglo XIX. El método
expuesto por Artemidoro en su tratado tomaba en consideración no solo el
contenido del sueño sino también el carácter y circunstancias de quien lo
había soñado: hombre o mujer, persona importante o simple esclavo. Sus
teorías se difundirían en la Edad Media latina y europea gracias al
comentario compuesto por Macrobio en su texto Somnium Scipionis sobre
la clasificación de Artemidoro, que Cicerón incorporó en su De República.
Falsos y auténticos, creíbles o engañosos, los sueños se clasificaban,
según Artemidoro, en dos tipos, de acuerdo a la posibilidad de aplicar o no
sobre ellos el arte de la adivinación. A su vez, a los sueños que predecían el
futuro los dividía en tres clases: el sueño enigmático, en griego oneiros, en
latín somnium; la visión profética, en griego horama, en latín visio; y el
sueño oracular, en griego chrematismos, en latín oraculum. A los sueños
que carecían de significación profética los dividía en pesadilla, en griego
enhypnion, en latín insomnium; y aparición, en griego phantasma, que
Cicerón llama visum. Los antiguos entendían que las pesadillas se
originaban en ansiedades diurnas que perturbaban la mente de quienes
soñaban. Los tres primeros tipos, en cambio, eran considerados importantes
porque permitían prever incidentes de la vida de un individuo, es decir, que
sobre ellos se practicaba el arte de la adivinación.
Artemidoro es un autor clave en la historia de la onirología y de la
oniromancia, no solo porque es el único del que se conserva una valiosísima
y voluminosa obra sino también, y sobre todo, porque fue el primero, o al
menos del que se tenga constancia, en abandonar el primitivo método de
interpretación, consistente en sustituir cada elemento del sueño según una
clave simbólica predeterminada e introducir como factores fundamentales
para la interpretación ciertas características del soñador y sus
circunstancias.
La civilización romana fue ante todo una sociedad ecléctica que supo
absorber las influencias culturales de los diferentes pueblos que habitaban
su vasto imperio. En relación con los sueños se puede decir que en líneas
generales continuaron las diferentes tradiciones clásicas. Ya en el 291 a.J. se
inauguró en la Ínsula Tiberina un templo consagrado a Asclepio (Esculapio
para los romanos). Esto demuestra que en Roma se continuó practicando la
incubación de sueños y la adivinación estuvo a cargo de un cuerpo
sacerdotal dedicado a ello, los Necori.
Dos de los más célebres momentos de la vida de Julio César —el cruce
del Rubicón y su muerte— estuvieron signados por los sueños. Veremos
cómo la buena fortuna le acompañó cuando interpretó correctamente uno y
cómo la muerte lo encontró cuando hizo caso omiso de otro. En el primer
momento, cuando se hallaba aún en las Galias, soñó que se acostaba con su
propia madre. La visión de ese incesto le dio valor —después de una
semana de tergiversaciones— para cruzar el río, lanzar sus legiones sobre
Roma y entrar en ella sin hallar resistencia alguna. ¿Cómo fue posible esto?
En aquel entonces los augures, que eran quienes interpretaban los sueños,
consideraron el incesto como buena señal para la posesión de la tierra,
puesto que la madre del sueño de Julio César no era otra que la Madre de
Roma.
Por desgracia, años después, ya Emperador de Roma, hizo caso omiso
del sueño que tuvo Calpurnia, su mujer. Esta había soñado que lo alzaba en
sus brazos, acuchillado y sangrante. También ignoró otros avisos acerca de
la conspiración que finalmente lo asesinó.
Sin embargo, respecto de la onirología y la oniromancia los romanos no
produjeron ningún avance sustancial, pero podemos resaltar que algunos de
sus más brillantes intelectuales adoptaron posiciones cada vez más
racionalistas y escépticas. El exponente más notable de esta corriente fue
Cicerón que escribió un tratado sobre los diferentes métodos de adivinación
titulado De Divinatione en el que se conmina a desechar tales prácticas.
Entre los romanos encontramos a los primeros cristianos que escribieron
sobre los sueños. Uno de ellos fue Tertuliano, que en su obra De Anima nos
ofrece una verdadera teología del sueño y desarrolla la idea de que los
sueños son uno de los caminos para acceder al conocimiento de Dios. Por
otra parte es el primero que introduce en la génesis de los sueños la figura
del Diablo, lo que permite dar una explicación más dinámica a la
bipolaridad tan habitual que encontramos en los mismos.
Un exponente importante de Alejandría fue Sinesio de Cirene, discípulo
de Hipatia, la última directora de la famosa Biblioteca de Alejandría, quien
escribió un pequeño tratado Sobre los Sueños. Siguiendo la vía abierta por
Artemidoro en relación con la personalización de la interpretación onírica,
Sinesio la profundizó al subrayar la absoluta subjetividad de los sueños,
convirtiendo al soñador en el instrumento privilegiado para acceder a una
correcta interpretación, lo cual anticipa en cierto sentido, el método
freudiano de la asociación libre.

De la Edad Media
Con la caída del Imperio Romano y la cristianización de Occidente, las
prácticas

paganas —entre las que se encontraba la interpretación de los sueños—


fueron perseguidas o proscriptas, por lo que su interés sufrió un fuerte
retroceso.
A pesar de todo, en la Alta Edad Media se mantuvo arraigada la
creencia popular en el valor oracular de los sueños, y la antigua distinción
entre sueños verdaderos y sueños falsos se cambió, bajo el influjo de la
nueva religión imperante, por la de sueños divinos y sueños diabólicos.
Por otra parte el Neoplatonismo había favorecido la regresión al
misticismo primitivo y los sueños conservaron su función epistemológica
en tanto vía de conocimiento. Todo ello produjo un fenómeno de
“aristocratización” del sueño, es decir que se privilegiaban los sueños de los
grandes hombres y se despreciaba el soñar del hombre común. Un
representante de esta época fue Macrobio, que desarrolló una jerarquía entre
los soñadores, de forma tal que solo se deben considerar los sueños de las
personas ilustres o que poseían autoridad. Esta actitud tuvo su contrapartida
en la posterior “laicización” de los sueños que se produce en la Baja Edad
Media como producto del surgimiento de una cierta inversión del orden
social que permitió que se atenuara la rígida y estricta jerarquización
anterior.
Por otra parte, San Agustín también se ocupó de los sueños. Según su
concepción tenían origen divino y sostenía que Dios se sirve de las
imágenes oníricas para revelarle al hombre temas que necesita conocer.
Como representante de la Baja Edad Media está Santo Tomás de
Aquino, quien se preocupó en determinar cuáles eran las causas de los
sueños, ya que sabiendo esto se podían distinguir los sueños realmente
proféticos y los que eran producto de la imaginación del soñador.
El Renacimiento trajo consigo una concepción más humanista e
individualista del hombre y ello permitió, por un tiempo, un resurgir del
interés por los sueños que tuvo su manifestación en todos los ámbitos de la
vida cultural.
Jerónimo Cardano, prototipo del hombre culto renacentista, matemático,
filósofo y médico, escribió el Libro de los Sueños, que es la obra más
importante respecto de la interpretación onírica que se escribió desde los
tiempos de Artemidoro. Para Cardano el arte de la interpretación es
perfectamente natural y para ejercitarlo es preciso poseer el conocimiento
necesario y ciertas cualidades que tienen solamente los sabios.
Al igual que Artemidoro, a Cardano solo le interesan los sueños en tanto
y en cuanto son un instrumento para predecir el futuro. Estos tienen causas
precisas que pueden ser corpóreas o incorpóreas. Las corpóreas pueden ser
«nuevas» (producidas por efecto de alimentos y bebidas), o “ya existentes”
(por efecto de los humores del cuerpo); y las incorpóreas están regidas por
los afectos, las preocupaciones, los pensamientos, los recuerdos, o por una
causa superior en la que intervienen los cuerpos celestes. Estos últimos
sueños son los que conducen a la predicción. Cardano toma en cuenta la
subjetividad del soñador a la hora de realizar la interpretación y advierte
sobre los múltiples significados que puede tener un sueño.

Del Renacimiento a nuestros días


El Renacimiento trajo consigo no solo este resurgir de la onirología sino

también, con Kepler y Copérnico, los primeros vestigios de los


fundamentos de la ciencia y así, con el paso del tiempo, las concepciones
sobre los sueños fueron derivando hacia posiciones cada vez más
racionalistas y como consecuencia, el escepticismo en relación con el valor
de los sueños fue aumentando paulatinamente. Esta nueva orientación que
adquiere el pensamiento sobre los sueños se concreta en el siglo XVII y
perdurará durante los siglos posteriores.
Muchos ilustres pensadores y filósofos del siglo XVII, como Hobbes,
Leibnitz, Descartes y Pascal utilizaron los sueños como tema de sus
reflexiones filosóficas.
Descartes sostuvo que los sueños no pueden ser puestos con relación al
curso de la vida despierta. Esta concepción cartesiana supuso, sin duda, un
inexpugnable obstáculo para poder apreciar el contenido psicológico de los
sueños.
Esta posición culmina en el siglo XVIII con la Ilustración. Para Kant los
sueños carecen de todo valor, se producen en un estado de semivigilia y son
una mezcla de percepciones y fantasías. Su posición se sintetiza en el aserto
de que: “los sueños tienen su base en los desórdenes estomacales”.
Con el Romanticismo resurgió fugazmente el interés por los sueños; los
románticos pusieron en tela de juicio las ideas ilustradas sobre el sueño y
recalcaron sus potencialidades creativas y su participación en el
descubrimiento de nuevas realidades. Esto queda claramente expresado en
la obra de Goethe, quien incorpora en sus escritos la dimensión altamente
subjetiva de los sueños.
Durante el siglo XIX los sueños fueron objeto de interés y estudio por
parte de científicos y filósofos que mantuvieron en líneas generales la
actitud de sus predecesores, tales como Schopenhauer, Emerson, Nietzsche
y Bergson.
Para Nietzsche los sueños no son más que la interpretación,
completamente arbitraria por parte de la conciencia, de las irritaciones
nerviosas. De esta forma se despojó a los sueños de su contenido
psicológico y, por lo tanto de cualquier posible interpretación.
Este modo de pensar cambia con la publicación de Die Traumdeutung
(La interpretación de los sueños) de Sigmund Freud en el año 1900. En esta
obra los sueños recuperan el lugar de privilegio que les corresponde dentro
del contexto de la vida psíquica. La importancia del pensamiento freudiano
y la influencia que ha tenido en todos los ámbitos del saber y la cultura a lo
largo del siglo XX ha sido amplia y reconocida.
Otro valioso exponente del siglo XX fue Carl Gustav Jung. Uno de los
elementos más peculiares de la teoría de los sueños de Jung es su hipótesis
de que algunas imágenes oníricas derivan de contenidos colectivos o
arquetípicos más que de las experiencias personales del sujeto que sueña.
Jung hace una distinción entre los sueños compensatorios —que tienen la
función de llevar equilibrio al aparato psíquico con el fin de alcanzar la
integridad— y los no compensatorios, que pueden ser anticipatorios,
traumáticos, extrasensoriales y proféticos.
En los primeros años de la segunda mitad del siglo XX se produjo el
descubrimiento científico más importante de la historia de los sueños: el
sueño REM (Rapid Eyes Movement) y el ciclo del sueño, que atrajo la
atención de los investigadores, produjo una gran cantidad de publicaciones
científicas sobre el tema y la implantación de los llamados “laboratorios del
sueño”.
Sin embargo, lo que comenzó siendo un descubrimiento espectacular y
el avance más prometedor en cuanto al estudio de los sueños se refiere,
pronto fue derivando hacia el estudio del fenómeno del dormir y sus
diversas patologías hasta el punto de que hoy en día en los países más
avanzados, los nuevos conocimientos adquiridos han acabado por
constituirse en una nueva especialidad médica: la Medicina del Sueño
(Sleep Medicine). Como consecuencia de ello, en las últimas décadas, el
estudio de los sueños, aunque sin llegar a desaparecer, ha vuelto a sumirse
en un profundo letargo.
Hemos visto a través de este recorrido histórico, el interés que los
sueños han despertado en el hombre en diferentes épocas y culturas y cómo
ha ido variando la concepción del sueño y su interpretación.
Transcribo, a continuación, algunas citas recogidas de distintas épocas y
culturas sobre el origen, naturaleza y valor de los sueños.
Dice un texto demótico: “El Dios creó el sueño para indicar el camino
del durmiente cuyos ojos están en la oscuridad”.
En el Kurdistán iraní se dice: “El sueño permite una nueva toma de
conciencia, uno puede convertirse por él, en otra persona”.
El budismo enseña: “Hay sueños provocados que permiten conocer los
pliegues más recónditos del alma”.
Platón afirma: “Genios extendidos por las regiones etéreas vienen a
posarse cerca de nosotros para imprimir en nuestras almas ideas desasidas
de los sentidos y transmitirnos las órdenes de Dios”.
Artemidoro de Éfeso dijo: “Soñar es un movimiento o una
conformación del alma, que bajo los aspectos más diversos, anuncia los
bienes o los males”.
En el Islam: “El sueño es una conversación entre el hombre y su Dios”.
Para Filón de Alejandría: “Existen sueños cuyas imágenes son
comunicadas por la Divinidad, principio de su movimiento; hay otros que
nacen de una colaboración del Alma del Universo con nuestro pensamiento,
de suerte que ésta llega a ser capaz de predecir el futuro; y otros, en fin, que
surgen del propio movimiento del alma, cuyo entusiasmo aumenta la
facultad de previsión, haciéndola igualmente capaz de predecir el futuro”.
Homero decía que: “El sueño lo envía, o bien Apolo, Zeus o Cronos”.
Para concluir, es conveniente enfatizar el papel fundamental que los
sueños han tenido en la constitución y el desarrollo de la cultura a lo largo
de la Historia. Y este rol primordial continuará en tiempos venideros, dado
que es uno de los fenómenos psíquicos más interesantes para analizar.
Capítulo 2
Oniromancia: adivinación a través de la
interpretación de los sueños

          
El sueño del Faraón
Oniromancia (del griego oneiro, que significa “sueño”), es el término con el

cual se denomina a la interpretación de los sueños.


En el capítulo anterior vimos la importancia fundamental que la
oniromancia ha tenido desde tiempos remotos.
En Egipto los faraones consultaban a los sacerdotes y magos sobre los
mensajes ocultos en sus sueños antes de tomar cualquier decisión de la que
dependieran los asuntos públicos. Se consideraba que los dioses
comunicaban por medio de ellos los acontecimientos que iban a suceder y
advertían sobre los peligros que corrían para que pudieran evitarlos.
A tal punto este tema era considerado primordial, que en la Biblia el
Antiguo Testamento dejó constancia de uno de los momentos clave de la
historia de Egipto y del pueblo judío a través de la interpretación del sueño
del Faraón por parte de Iosef (José). Por dos años consecutivos, el Faraón
había tenido sueños extraños cada noche pero no podía recordarlos cuando
despertaba. Cuando llegó el momento de liberar a Iosef, hijo de Jacob —
esclavo hebreo que se encontraba en cautiverio y que había sido vendido
por sus propios hermanos— el Faraón despertó en la mañana y recordó el
sueño claramente. La noche del sueño del Faraón era la noche de Rosh
Hashaná, cuando Hashem (Dios) decide la suerte del mundo entero y
decreta la escasez o la abundancia para cada país.
El Faraón soñó que estaba parado al borde del Nilo y veía siete vacas
gordas salir del río y pastar en los campos. A continuación, otras siete vacas
emergían, más flacas y demacradas que cualquiera que hubiese visto antes.
Las siete vacas flacas devoraron a las siete vacas gordas pero siguieron tan
demacradas como lo habían estado antes. El Faraón despertó. Volvió a
dormirse y tuvo un segundo sueño similar: siete espigas gordas crecieron de
un tallo y fueron devoradas por siete espigas flacas y azotadas por el viento.
Luego el Faraón soñó la interpretación de este sueño, pero no pudo
recordarla. El Faraón despertó muy perturbado porque había olvidado el
significado de sus sueños. Convocó a sus magos y adivinos y les pidió una
explicación.
El primer mago ofreció la siguiente interpretación: “Las siete vacas
gordas representan a siete hijas que nacerán de ti. El hecho que las siete
vacas flacas las devoraron simboliza que morirán durante tu vida”.
El Faraón no estaba satisfecho. Al consultar al segundo mago, éste
interpretó el sueño de las espigas gordas como siete reinos que conquistaría.
Y las espigas flacas representaban la rebelión que surgiría posteriormente.
Pero el Faraón tampoco quedó conforme con esta interpretación.
Entonces ordenó que se presentaran ante él todos aquellos que poseyeran la
habilidad de interpretar sueños. Los que eludieran esa obligación serían
condenados a muerte, y recompensaría generosamente a quien revelara el
verdadero significado de sus sueños.
Gran cantidad de astrólogos y magos egipcios se presentaron en el
palacio ofreciendo un sinnúmero de interpretaciones. Pero ninguna logró
satisfacer al Faraón.
Cuenta la Biblia que Hashem obstruyó la sabiduría de todos los magos y
astrólogos del reino, a fin de que Iosef fuera el que ofreciera la verdadera
interpretación y se convirtiera en gobernante. Por ello, Hashem hizo que
convocaran a Iosef después de que todos los demás hubieran ofrecido sus
conocimientos. Si Iosef hubiese interpretado el sueño del Faraón al
comienzo, los magos le hubieran reclamado por no darles la oportunidad de
interpretar lo mismo que él.
El escanciador principal (ministro de la bebida) recordó las habilidades
de Iosef, pero en un primer momento decidió ocultarlas. Luego, viendo que
la intranquilidad del Faraón era tal que podía llevarlo a la locura y a la
muerte, temió por la continuidad en su puesto ante un nuevo gobernante y
tomó la decisión de contarle al Faraón sobre Iosef. El escanciador tenía una
deuda de gratitud con Iosef por unos sueños que éste le había interpretado
cierta vez en que estuvieron juntos en prisión. Como los egipcios creían que
los sueños se hacían realidad sólo si eran bien interpretados, el escanciador
debía la concreción de los suyos a la gran habilidad de este joven esclavo
hebreo.
El Faraón mandó llamar entonces a Iosef. Cuando se presentó ante él, el
monarca lo puso a prueba narrándole un sueño inventado. Iosef le respondió
que ese no había sido su verdadero sueño. No satisfecho con esto, el Faraón
le describió su sueño modificando algunos detalles que fueron corregidos
por Iosef. Sorprendido, el egipcio le preguntó cómo era posible que
conociera su sueño con tanta exactitud, a lo que Iosef respondió que lo
sabía por inspiración divina.
La interpretación que hizo Iosef del sueño del Faraón fue la siguiente:
las siete vacas gordas y las siete espigas buenas significan lo mismo, son
siete años de abundancia que Hashem traería a Egipto; y las siete vacas
flacas junto a las siete espigas flacas representan siete años de hambre que
seguirían a los de abundancia. Las vacas flacas se tragaron a las vacas
gordas y las espigas flacas devoraron a las espigas gordas como señal de
que el hambre sucederá repentinamente, dominando la Tierra con tanta
vehemencia que los años de abundancia serían olvidados inmediatamente.
Los sueños fueron dos para enfatizar que Hashem cumpliría con esto muy
pronto.
Una vez concluida su interpretación, Iosef le dijo al Faraón lo que debía
hacer para salvarse de los años de hambre. Le indicó que debía poner a un
hombre sabio y comprensivo para hacerse cargo de Egipto y designar
oficiales para recoger una quinta parte de la producción de los años de
abundancia y almacenarla en sus depósitos para ser utilizada en los años de
escasez con el objeto de que el país no muriera de hambre.
Ante esta revelación, el Faraón quedó completamente satisfecho ya que
coincidía exactamente con la interpretación que él mismo había soñado y
olvidado y que recordó ni bien Iosef concluyó con la suya.
Así fue entonces que el Faraón designó a Iosef como virrey y como
encargado de resguardar el almacenamiento de cereales para los años de
pobreza ya que consideró que no podía haber en todo Egipto un hombre
más sabio que él.
El sueño del Faraón es un ejemplo de la importancia vital que tenía la
oniromancia para los pueblos de la Antigüedad, a tal punto que en este caso,
gracias a ella, un esclavo hebreo logró gobernar Egipto.

El mensaje de los sueños en la vida del pueblo hebreo


Esta no es la única narración que podemos encontrar en el Antiguo
Testamento sobre los sueños. El pueblo judío se ocupó de ellos en varios
momentos de su historia.
En el Libro de Daniel figura una historia dramática, referida a un sueño
de Nabucodonosor, rey de Babilonia. El rey despertó una mañana seguro de
haber tenido un sueño, pero incapaz de recordarlo. Con la seguridad de que
era de origen divino, llamó a sus sabios para que le contasen el sueño y su
significado. Insistieron en que no podían saber cuál había sido el sueño,
pero Nabucodonosor los amenazó con la muerte si fracasaban.
Daniel, famoso por su conocimiento de visiones y sueños, salvó la
situación. Rogó para que Dios le revelara el sueño, y esa noche tuvo una
visión. Vio una imagen con la cabeza de oro, el pecho y los brazos de plata,
el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies parte de
hierro y parte de arcilla. La imagen fue destruida por una roca, que se
convirtió en una montaña y cubrió toda la Tierra. El rey reconoció su sueño,
y Daniel lo interpretó así: la cabeza de oro representaba el gobierno del rey,
y las otras partes de la imagen el declive del reinado bajo los sucesivos
gobiernos, finalizando con su destrucción. El reinado siguiente sería
establecido por Dios y ya no tendría fin. El rey rindió tributo a Daniel y lo
ascendió a un alto cargo.
El patriarca del Antiguo Testamento, Jacob, cuando huía de su
sanguinario hermano Esaú (a quien había engañado acerca de su
primogenitura), durmió en el desierto y tuvo el siguiente sueño: vio una
escala tendida desde la tierra al cielo, por la que los ángeles del Señor
subían y bajaban, mientras él permanecía en lo alto.
Dios le dijo a Jacob que la tierra en la que yacía sería para él, y le
prometió: “De aquí y de ti surgirán todas las familias de la Tierra”. El sueño
inspiró pánico a Jacob, pero luego se convirtió en realidad, pues él fue el
antecesor de todas las tribus de Israel.
Sin embargo, el pueblo hebreo reconoce que no todos los sueños son
reales. El profeta Zejariá (Zacarías) adelanta que “los sueños en vano
hablan”. Incluso sobre los sueños verdaderos, el Talmud en Berajot 55
comenta: “así como es imposible que el trigo no tenga paja, también es
imposible que el sueño no tenga cosas sin sentido”. En la jurisprudencia
(Shulján Aruj Simán 220) está determinado que quien tuvo un mal sueño y
está preocupado por su contenido, debe hacer Hatabat Jalom, o sea leer un
texto preestablecido por los Sabios delante de tres personas que lo aprecien,
y que confirmen que el sueño fue bueno y que solo traerá alegría. Otra de
las salidas posibles para el mal sueño es el ayuno. Asimismo, muchos
Sabios dictaminaron leyes haciendo Sheelat Jalom; luego de toda una
preparación que realizaban, recibían la respuesta celestial que necesitaban
por medio del sueño.
El libro Nishmat Jaim divide a los sueños en tres clases. La primera de
ellas comprende al sueño natural, que proviene de las condiciones físicas en
las que se encuentre el cuerpo de la persona. Por ejemplo, si el cuerpo por
algún motivo está con una temperatura elevada, podrá soñar con que se está
calentando al lado de un fuego. Si por el contrario está frío, podrá soñar con
nieve, lluvia u otros fenómenos similares que coincidan con su estado.
Estos sueños no tienen ningún tipo de valor y no son reales. Dentro de este
grupo se incluyen también los sueños que se originan en los pensamientos
que la persona tuvo durante el día. El Talmud en Berajot 56 comenta que el
César le dijo a Ribi Iehoshua bar Janania: “¡Ya que ustedes son tan sabios,
dime qué soñaré esta noche!”. El Rab le respondió: “Soñarás que los persas
te llevan cautivo, que deberás servirlos y que pastorearás cerdos con un
bastón de oro”. El César durante todo el día se quedó pensando en ese
sueño tan extraño que tendría y finalmente lo soñó. Este sueño está
originado en los pensamientos de la persona y por eso no tendría valor
alguno. Lo que plantean en estos casos es que en el sueño “los vapores del
estómago suben al cerebro y se mezclan con los pensamientos” que, a su
vez, se reflejan en el sueño. De esta forma, la persona sueña con todo lo que
pensó durante el día: visitar otros países, realizar un gran negocio, o
cualquier otra cosa que haya pasado por su mente en estado de vigilia. Es
más, también afirma que se puede soñar con aquello que se ha olvidado y
que se encuentra en las profundidades de la mente.
La segunda clase de sueños comprende a los que surgen de la
Providencia Divina. Se trata de sueños verdaderos que sueñan los Sadikim
(personas justas) o aquellos que, a pesar de no serlo, pueden beneficiar a
otra persona. Un claro ejemplo de esto es el sueño que tuvo Abimelej, rey
de Guerar. Abimelej soñó que moriría por haber tomado a Sara creyendo
que era la hermana de Abraham Abinu, mientras que en realidad era la
esposa. De esta manera, Abimelej no se acercó a Sara (Bereshit 20).
Estos sueños son considerados verdaderos ya que Dios los envía para
prevenir algún suceso y para que la persona tome conciencia del peligro al
que se enfrenta y que así no ocurra lo que el sueño previamente advirtió.
El tercer tipo de sueños se refiere al sueño profético, es decir, al de
aquellos profetas verdaderos a los que Dios les revela sus secretos por este
medio, como los de Iaacob Abinu, del rey Salomón y Daniel, de los que
habla el Antiguo Testamento. Al tener estos sueños el profeta sabe de
inmediato que provienen de Dios y que se trata de una profecía.
El Talmud dedica varias páginas a dar explicaciones de los distintos
sueños y menciona el motivo de cada interpretación. Soñar, por ejemplo,
con un elefante significa que sucederá alguna maravilla ya que el término
pil (“elefante”) proviene de la raíz pele (“maravilla”). Y así, sucesivamente,
se incluyen las interpretaciones por soñar con un burro, gato, caballo
blanco, camello, duelo, trigo, viñas, higos, aceitunas, aceite, dátiles, patos,
gallos, huevos, etc. Más aún, se dan algunas reglas como por ejemplo: “el
sueño que no se interpreta es como una carta que no se abre” y “todos los
sueños dependen de la boca”, o sea, de la interpretación que se les otorgue.
El Talmud también menciona a un intérprete de sueños llamado Bar
Hadia que daba buenas interpretaciones a quien le pagaba por descifrarlos y
malas a quien no lo hacía. Sucedió que Rabá y Abaie tenían sueños
similares, como Abaie le pagaba, Bar Hadia le interpretaba el sueño para
bien; en cambio, a Rabá —a pesar de tratarse del mismo sueño— se lo
interpretaba negativamente. Cuando ambos soñaron con el versículo de
Kohelet 9: “ve a comer con alegría tu pan”, Bar Hadia le dijo a Abaie que
sus negocios fructificarían y podría comer y beber con alegría y
tranquilidad. En cambio, a Rabá le dijo que sus negocios fracasarían y que
el versículo solo intentaba alivianarle el sufrimiento. Todas las
interpretaciones de Bar Hadia se cumplían a la perfección. Cuando Rabá
soñó que la puerta de su casa se caía, Bar Hadia le dijo que significaba que
su esposa —cuidadora del hogar— moriría. Al poco tiempo la mujer
falleció. Finalmente, Rabá comenzó a pagarle a Bar Hadia para que le
interpretara los sueños y a partir de ese instante las interpretaciones fueron
positivas y se cumplieron en la realidad. Transcurrido un tiempo, en una
oportunidad en la que se le cayó un libro a Bar Hadia, Rabá observó que en
él estaba escrito que los sueños dependen de la interpretación que se les dé.
Rabá se dio cuenta de que todas las desgracias que le habían sucedido
habían sido provocadas por Bar Hadia y sus interpretaciones. Entonces le
dijo que lo perdonaba por todo menos por la muerte de su esposa, y rezó
para que Bar Hadia cayera en manos del rey y que este no se apiadara de él.
Bar Hadia optó por el destierro para recibir perdón por sus pecados. Pero
esto no le dio resultado, ya que finalmente murió terriblemente en manos
del reinado y su cuerpo fue cortado en dos partes.

En síntesis, en la Antigüedad la interpretación de los sueños


representaba una práctica primordial y necesaria. Tal es así que dieciséis
capítulos del Antiguo Testamento y cuatro o cinco del Nuevo Testamento
están dedicados al análisis de los sueños. La Biblia misma no oculta la
verdadera importancia de los misterios oníricos.
Persas, caldeos, árabes, egipcios, griegos y romanos se apresuraban a
analizar sus mensajes oníricos tratando de rescatar advertencias, y muchos
de los conocimientos que nos legaron fueron producto de la interpretación
de sus sueños.
Posteriormente, científicos de la talla de Pascal o Kepler admitieron que
algunas de sus ecuaciones filosóficas habían sido concebidas en sueños.
Existen casos concretos de matemáticos que redactaron fórmulas precisas
en estado de sonambulismo, personalidades que tuvieron en sueños el
mensaje de un proyecto que resultó positivo y músicos que compusieron
hermosas melodías luego de habérseles revelado en sus sueños.
Capítulo 3
Mecanismos psicofisiológicos y psicológicos del
soñar

          
Dormir y soñar
En la vigilia desplegamos una gran actividad física y mental con su

consecuente gasto de energía. Dormir nos asegura la recuperación de esa


energía perdida.
Cuando se está durmiendo se producen en el organismo una serie de
cambios, provocados por el descanso y la relajación. Así, es frecuente
presentar al principio del sueño contracciones musculares en las
extremidades o en todo el cuerpo, que indican que la persona ya está
dormida.
Asimismo, aproximadamente a los noventa minutos de sueño, se
producen rápidos movimientos oculares que indican que se está soñando.
Teniendo en cuenta estos cambios físicos, se pueden establecer una serie de
etapas en el sueño.
La primera fase que atraviesa una persona al dormir es la denominada
de sueño ligero, en la cual se es capaz de percibir casi la totalidad de
estímulos auditivos y táctiles del entorno. Haciendo controles de la
actividad eléctrica cerebral mediante electroencefalograma, se puede
observar que en la fase I la actividad cerebral combina el patrón alfa (más
cercano al estado de vigilia) con el theta de baja amplitud (que corresponde
a un estado más profundo que el anterior). Durante esta etapa la acción
reparadora o de descanso es poco efectiva, aunque se pueda constatar que la
actividad muscular se encuentre relajada y que se produzcan abundantes
movimientos oculares. A veces se producen ensoñaciones cortas y muy
vívidas. Este estado se llama hipnagógico, palabra que proviene del griego
y que significa “entrar en sueño”. Fisiológicamente es un paso intermedio
entre la vigilia y el sueño, así que podría incluirse dentro del estado de
vigilia, que de este modo se subdividiría en dos etapas: la vigilia y la fase I.
Esta etapa comprende un 5% del tiempo total de sueño.
Las fases segunda y tercera son las que dan lugar al bloqueo de la
capacidad de percibir estímulos. En la segunda etapa, el sistema nervioso
bloquea las vías de acceso de la información sensorial a nivel del tálamo, lo
cual significa que se produce una especie de desconexión con el entorno. Ya
en este período, el sueño comienza a ser parcialmente reparador, aunque no
se conseguirá un descanso completo si se interrumpe en esta fase. Además,
se puede observar que desaparecen los movimientos oculares y que los
músculos se relajan aún más. En esta fase II de sueño, la actividad cerebral
es predominantemente theta, aunque aparecen algunas salvas de ondas delta
(que corresponden a un estado más profundo de relajación), y ocupa más de
50 % del tiempo correspondiente al sueño de un adulto.
La fase III supone un sueño mucho más profundo, por lo que el bloqueo
sensorial aumenta considerablemente. Aparece unos veinte o treinta
minutos después de comenzar a dormir y es imprescindible para alcanzar un
descanso óptimo; si se interrumpe, la persona se sentirá desorientada y
confusa. Durante este período, los músculos están más relajados y no se
producen movimientos oculares. En esta fase III la actividad cerebral es
preferentemente delta (que implica un estado de relajación aún más
profundo que el anterior), aunque con presencia de actividad theta.
La cuarta fase del sueño es en la que se encuentra mayor plenitud y
profundidad. Aquí la actividad cerebral es bastante más lenta. Esta etapa
también debe ser completada para conseguir un descanso total, ya que en
ella los músculos se encuentran en total relajación y se segrega la hormona
del crecimiento que permite que el cuerpo se reponga de su desgaste. Es
posible que empiecen a aparecer sueños durante la fase IV, aunque no es lo
más frecuente. En el caso de que se presenten serán en forma de imágenes,
figuras o simplemente luces, pero no en forma narrativa. Predomina la
actividad delta debido a que los músculos se encuentran mucho más
relajados. Las alteraciones en esta etapa producen lo que comúnmente
llamamos sonambulismo.
Los sueños en forma de narración aparecen en la quinta fase, que ha
sido denominada como fase MOR (Movimiento Ocular Rápido), también
llamada REM (en inglés). En ella, la actividad eléctrica cerebral es rápida
(por eso se registran mayoritariamente ondas theta de baja amplitud con
ráfagas de actividad beta), la frecuencia cardíaca y respiratoria suele ser
irregular, pero la actividad muscular es nula, motivo por el cual no se
ejecutan las acciones que se están soñando. Cuando se producen
alteraciones en esta fase se sufren pesadillas o parálisis del sueño.
Es importante señalar que los ciclos dormir-soñar son diferentes en un
bebé que en un adulto. Un recién nacido presenta períodos MOR el 50% del
tiempo que duerme; mientras que en un adulto joven estaríamos hablando
del 29% de dichos períodos. Por otra parte, se ha visto que los ancianos
presentan muy de vez en cuando períodos MOR mientras duermen, al
mismo tiempo que su cerebro presenta fallas en el proceso normal de
renovación celular. Las personas con deficiencias mentales también
presentan pocos períodos MOR, y está establecido que éstos son de crucial
importancia para mantener el estado adecuado de las funciones mentales
tales como el recuerdo, el aprendizaje y el pensamiento.
Incluso está demostrado que la falta de sueño puede interrumpir el
crecimiento de un niño. Es por ello que se considera como función del
sueño de los períodos MOR el renovar los tejidos corporales en general,
siendo así importante para el crecimiento.
El psicofisiólogo argentino Prof. Dr. Eduardo Mas Colombo (decano de
Biología, Área Humanística de la Universidad Argentina John F. Kennedy
con quien hemos realizado, junto a la Lic. Silvina L. Mazal, diversos
trabajos experimentales) afirma que las cinco fases del sueño pueden
dividirse en dos grupos: el primero dura setenta minutos aproximadamente
y corresponde al descanso y la recuperación física, y el segundo (de veinte
minutos de duración aproximada) es en el que se producen las alucinaciones
oníricas. Respecto de este último agrega que el cerebro segrega ciertas
sustancias que provocan una especie de parálisis fisiológica en el durmiente
con el objeto de que no se haga daño mientras sueña. Debido al contraste
que se observa entre la atonía o parálisis muscular y la gran actividad del
cerebro, a este sueño se lo llama paradojal.
Mas Colombo señala también que las interrupciones en el sueño
paradojal producirán un aumento de éste durante las noches siguientes. A lo
que podemos agregar que si se nos impide terminar nuestros sueños,
durante los estados de vigilia nos entregaremos a un pensamiento de tipo
onírico.
Se sabe a ciencia cierta que en el curso de una noche soñamos varias
veces, ya que este ciclo de cinco fases se repite durante todo el tiempo en
que estamos dormidos.
El soñar es un acto que debe ser diferenciado de su contenido: el sueño.
Soñar, como vimos, es un proceso fisiológico. El sueño, en cambio, es un
producto del acto de soñar cuyo contenido (imágenes, historias, emociones
y pensamientos) es netamente psicológico.
Dormir viene del latín dormire y se define como estar en un reposo
consistente en la inacción o suspensión de los sentidos así como de todo
movimiento voluntario. El acto de dormir es catalogado como reparador del
cuerpo y la mente. Establece un equilibrio homeostático de fundamental
importancia en el organismo y representa un trabajo activo. Además de ser
un proceso instintivo, podemos considerar el dormir como una necesidad
fisiológica y psicológica en la cual se establecen fases dentro de las cuales
se produce el acto de soñar.

Sueños que se recuerdan y sueños que se olvidan


El soñar es una actividad cerebral indispensable para la vida y para
conservar

una buena salud, es tan vital que se lo considera incluso más importante que
el dormir. Se ha comprobado que la carencia del soñar provoca conductas
psicóticas como alucinaciones, delirios y un alto grado de ansiedad, entre
otras.
Debido al bloqueo sensorial y de motilidad voluntaria que se produce
mientras dormimos, la psiquis descarga —en el acto de soñar— su energía
sensorial a través de los sueños. Esto quiere decir que al reducirse el
contacto con el mundo externo en cuanto a la actividad muscular y la
perceptiva, la actividad psíquica interna se favorece.
Sin embargo, hay momentos en que los estímulos externos —
producidos mientras dormimos— pueden ser incorporados a nuestros
sueños. Tal sería el caso, por ejemplo, del sonido del despertador (que
puede aparecer como el zumbido de un insecto); la baja temperatura (que
podría evocar un paisaje invernal); e incluso se sabe que los niños que se
orinan en la cama suelen soñar que están nadando sumergidos en un lago o
en una piscina. Lo mismo puede suceder con aromas, música y otras
impresiones sensoriales. Lo importante es ver cómo son asimilados estos
estímulos externos en el sueño, ya que este modo particular de ser
incorporados va a variar de acuerdo con la personalidad del que sueña y con
lo que necesite soñar. Esto va a ofrecer una rica información acerca de los
procesos intelectuales, emocionales, motrices, instintivos y sexuales de la
persona.
Pero no siempre el ser humano se encuentra en condiciones de recordar
por completo el episodio que constituye su sueño, sino que generalmente
recuerda una parte del mismo, en el mejor de los casos. Esto se debe al
papel de la censura que aparece apenas despertamos como mecanismo de
defensa frente a los fuertes estímulos que pueden haber sido vivenciados en
el sueño. Esto es debido a que los sueños son una manifestación del
inconsciente, su contenido es una expresión de aquello que está más allá de
la conciencia y que solo puede ser accesible a ésta a través de su
interpretación. Los sueños son, entonces, una manera de expresar aquello
que no se manifiesta de manera consciente.
Algunos sueños pueden estar dotados de una gran carga afectiva que si
surgiera a la conciencia sin ningún tipo de censura podría provocar un
estallido emocional insoportable.
Los sueños, en este sentido, constituyen realmente escenas que expresan
el drama íntimo del inconsciente, aquello en lo que no podemos pensar en
estado de vigilia y que se nos revela en el acto de soñar.

Diferentes tipos de sueños


Sabemos que la vida diaria está llena de obstáculos y de deseos
insatisfechos. Los sueños intentan dar un equilibrio —aunque sea parcial—
somática y psicológicamente. Lo que se busca a través de algunos sueños
sería entonces la gratificación de ciertos deseos por vía de la fantasía.
Frederik van Eeden denominó sueño lúcido, a aquel durante el cual el
soñador se da cuenta de que lo que está experimentando en ese momento no
ocurre en la realidad física. A veces la lucidez se desencadena porque lo
que se está soñando es algo imposible o improbable, como por ejemplo
encontrarse con un familiar muerto. También esto puede ocurrir al querer
escapar de una pesadilla. Esta claridad mental permite que se pueda soñar
sabiendo que no existe peligro real, por lo tanto lo que se percibe es una
gran sensación de libertad y alivio.
Estos sueños pueden ser de tres clases:
DILD: Dream induced lucid dreams, ocurren cuando el soñador se vuelve
lúcido de repente, dentro de un sueño.

WILD: Wake induced lucid dreams, cuando el soñador entra directamente


en el sueño MOR desde la vigilia con continuidad de conciencia.

OBE: Out of body experience o viajes astrales, comparten muchas


características con los WILD. Ambos se producen en una entrada directa al
sueño MOR, desde el estado despierto. En el OBE el soñador cree que está
despierto, mientras que en el sueño lúcido WILD sabe que está dormido.
Ya vimos algunos de los motivos por los que, en general, los sueños
tienden a ser olvidados o, a lo sumo, sólo puede evocarse una parte de ellos.
Los sueños lúcidos, en cambio, tienen la particularidad de que pueden ser
recordados en su mayor parte y a veces en su totalidad. Psicológicamente
hablando podemos inferir que en este caso la censura no sería necesaria al
tener conciencia todo el tiempo de que lo experimentado es solo un sueño.
Ahora bien, ¿qué sucede en el caso de las pesadillas? Algunos factores
que parecen producir pesadillas son: la fiebre, la tensión causada por
situaciones difíciles o de cambio, los acontecimientos traumáticos del
pasado, etc. Son sueños terroríficos en los que los peores miedos cobran
vida y 30 al 50% de los adultos los experimentan ocasionalmente. En las
pesadillas vemos convertidos nuestros más antiguos temores en realidad,
pero muchas veces no comprendemos el significado de ese sueño tan
perturbador porque las imágenes se nos presentan como representaciones
desconocidas o porque nuestro psiquismo se resiste a darle un sentido a esas
escenas terroríficas.

Carl G. Jung y la interpretación de los sueños


La interpretación de los sueños se hace necesaria porque en estos el
individuo

plasma en forma de símbolos lo que es, cómo piensa, qué imagen tiene de sí
mismo, lo que desea y no se atreve a manifestar, y algunas veces hasta lo
que debe hacer. En muchos casos, los sueños aportan soluciones al soñante.
Actualmente los sueños ocupan un lugar privilegiado en la Psicología,
ya que son una vía de acceso fundamental para el conocimiento del ser
humano, teniendo en cuenta que lo que se manifiesta en ellos es el
inconsciente mismo.
El Prof. Dr. Vicente Rubino —presidente de la Asociación Junguiana
Argentina— nos recuerda que Carl Gustav Jung expresó el rol primordial
de los sueños de la siguiente manera: “La conciencia es intermitente,
interrumpida (...) en el fondo hay pocos momentos en los que realmente se
está consciente (...) el inconsciente, en cambio, es un estado constante,
duradero (...) Mientras escuchamos, hablamos, leemos, nuestro inconsciente
sigue funcionando aunque nosotros no notemos nada. Puede demostrarse
que el inconsciente teje perpetuamente un vasto sueño que, imperturbable,
sigue su camino por debajo de la conciencia, emergiendo por la noche en
los sueños, y a veces durante el día”.
Capítulo 4
Los sueños a la luz de la Psicología moderna

          
Sigmund Freud y el sentido de los sueños
La mayoría de las teorías actuales sobre la interpretación de los sueños se

originaron en alguna de las tres escuelas principales: la freudiana, la


junguiana o la existencialista.
Sigmund Freud fue sin duda uno de los personajes más influyentes en el
pensamiento científico del siglo XX. Creador del Psicoanálisis, con la
conceptualización del inconsciente transformó la forma en que hasta ese
momento se estudiaba la mente humana. Uno de los descubrimientos más
importantes del neurólogo vienés fue que las emociones ocultas en el
inconsciente surgen a la conciencia durante los sueños, y que recordar
fragmentos de éstos ayuda a desentrañarlas.
En su obra más conocida La interpretación de los sueños (1900), Freud
utiliza sus propios sueños como ejemplo para demostrar su teoría sobre la
psicología de los sueños.
Básicamente lo que Freud plantea es que todo sueño es interpretable, es
decir, que se le puede encontrar un sentido. Y ese sentido siempre tiene que
ver con la realización de un deseo, que generalmente responde a un deseo
sexual reprimido. El deseo, entonces, es el estímulo del sueño y el
contenido del mismo es la realización alucinatoria del deseo.
Freud consideraba a la interpretación de los sueños como el camino
hacia el conocimiento de las actividades del inconsciente. Para él todo lo
que se halla en el inconsciente alguna vez fue consciente y sufrió en algún
momento los efectos de la represión.
Con respecto a los sueños, hace una distinción entre el contenido
manifiesto (las imágenes oníricas tal como se presentan en el sueño, lo que
se relata del mismo) y el contenido latente (ideas oníricas que hay por
debajo de estas imágenes, lo que está oculto y hay que descubrir). Y afirma
que las ideas oníricas latentes son las que otorgan significado al sueño. A
éstas se llega a través del método de asociación libre, es decir que el
soñante debe asociar libremente las ideas que se le ocurren acerca de las
imágenes manifiestas del sueño. Así se llega a establecer cuál es el deseo
que se intenta realizar. Pero además de lo que el soñante exprese, Freud
plantea un simbolismo en el sueño que debe ser utilizado para una completa
interpretación.
El deseo aparece disfrazado en el aspecto manifiesto del sueño, en lo
efectivamente soñado, proceso denominado deformación onírica. Freud se
pregunta por qué tiene que haber una deformación, ya que podría haber
ocurrido que el sueño expresara el deseo en forma directa. Esta
deformación es intencional y se debe a la censura que el sujeto ejerce contra
la libre expresión de deseos. La censura se aplica sobre toda idea que el
sujeto reconoce como reprimible e indecente desde el punto de vista ético,
estético y social. Es por esta deformación que las imágenes oníricas
aparecen sustituyendo las ideas originales por medio de símbolos. A partir
de este concepto es que Freud llega a la siguiente conclusión: los sueños
son realizaciones disfrazadas de deseos reprimidos. El deseo nace como
consecuencia de una vivencia de satisfacción del aparato psíquico, es deseo
de repetición de esa vivencia. Será el que pondrá en funcionamiento al
aparato psíquico.
Ahora bien, ¿cómo se llega al contenido manifiesto del sueño? ¿Cuál es
el mecanismo que permite crear la simbología onírica partiendo de los
deseos inconscientes reprimidos? A este proceso se lo llama elaboración
onírica.
La elaboración onírica es, entonces, la transformación del contenido
latente en contenido manifiesto. La interpretación de los sueños es, por su
parte, todo lo contrario: inferir a partir del contenido manifiesto, las ideas
latentes correspondientes.
Antes de continuar con el proceso de elaboración onírica, veremos
cuáles son, según Freud, las fuentes de donde los sueños extraen su material
para construir el contenido manifiesto:
• Lo reciente y lo indiferente: lo reciente tiene que ver con los llamados
restos diurnos, que son las experiencias del día anterior. Sin embargo el
sueño no toma todas esas experiencias, sino solo aquellas que nos resultan
indiferentes o secundarias en estado de vigilia. Aunque parezcan poco
importantes, este contenido manifiesto remite siempre a algo sumamente
importante en el nivel latente.
• Experiencias infantiles: el sueño puede surgir de impresiones infantiles
que en nuestra vida despierta hemos olvidado. A veces estas impresiones se
presentan solo como una alusión, y se llega a desarrollarlas y completarlas
por medio de la interpretación. Los sueños, en estos casos, pueden estar
respondiendo a un deseo primordial de la infancia.
• Fuentes somáticas: los estímulos somáticos pueden ser placenteros o
displacenteros y generan en el sueño una escena como producto psíquico
(por ejemplo la sensación de frío puede ser evocada en una imagen de un
paisaje nevado); y también sucede al revés: un contenido psíquico
reprimido puede ser sustituido por una experiencia somática (por ejemplo la
sobreprotección materna puede manifestarse como asfixia orgánica).
• Fuentes comunes a todo el género humano (sueños típicos): Freud llega
a la conclusión de que parece haber una fuente común a todos los seres
humanos en determinados sueños a los que llama típicos porque solemos
tenerlos todos alguna vez en la vida (por ejemplo el de sentir vergüenza
ante la propia desnudez, el sueño de volar, el de la muerte de seres queridos,
etc.).
De vuelta en el tema de la elaboración onírica, debemos recordar que
consiste en el proceso según el cual las ideas latentes son disfrazadas o
transformadas en el contenido manifiesto. Para que esto suceda, Freud dice
que actúan cuatro mecanismos:
1. Condensación: es el mecanismo que permite que varias ideas latentes se
presenten en un mismo contenido manifiesto. Esto explica por qué lo
amplio de lo latente puede expresarse en la brevedad de un sueño.
2. Desplazamiento: es la representación de una idea latente por medio de
contenidos manifiestos que parecen no tener ninguna relación con ella. Esto
sucede porque se despoja al contenido latente de su intensidad y se lo
desplaza a otros contenidos menos valiosos, que pasan al contenido
manifiesto.
3. Simbolización: consiste en el empleo de símbolos para expresar lo
latente.
4. Elaboración secundaria: es el mecanismo que le da una apariencia
lógica al sueño para que no sea incoherente, por lo tanto lo disfraza aún
más.
Junto a estos mecanismos actúa la representabilidad, esto significa que
ideas abstractas como son las ideas latentes puedan ser expresadas mediante
imágenes visuales o acústicas, es decir que se traducen en lo manifiesto
como expresiones plásticas y concretas.
En todo este proceso de elaboración del sueño interviene la censura, y
estos mecanismos surgen justamente con el objeto de sustraerse a su
influencia. Freud afirma que la única forma de que una idea latente logre
evadir el efecto de la censura para expresarse en el sueño, es sometiéndose
a estos cuatro mecanismos que la “disfrazan” y transforman en el contenido
manifiesto.
Para explicar la psicología de los procesos oníricos, Freud plantea, en
primer lugar, que el olvido de los sueños se debe al papel de la censura en el
estado de vigilia. Por el contrario, el estado de reposo favorece la aparición
de los sueños porque actúan los mecanismos de la elaboración onírica que
la evaden.
Otra característica de los sueños es la regresión. En el estado de vigilia
vamos desde la huella mnémica (aquello que ha sido grabado en la
memoria) hacia el polo motor (acción). En el sueño ocurre lo opuesto,
vamos desde el polo motor hacia la huella mnémica. Esto quiere decir que
la excitación transita hacia el extremo sensible del aparato psíquico hasta
llegar al sistema de las percepciones produciendo alucinaciones. Algo
similar ocurre cuando queremos recordar algo, hacemos una regresión hacia
la huella mnémica en donde está inscripto ese recuerdo.
Ya vimos la característica principal del sueño que es la realización de
deseos. Un deseo consciente insatisfecho no basta para producir un sueño,
este tiene que despertar un deseo inconsciente afín que refuerce su energía.
Este deseo inconsciente es siempre un deseo infantil.
Para Freud la función del sueño es preservar el dormir. Pero puede
suceder que un sueño sea muy intenso y perturbe el proceso del dormir.
Esto es lo que sucede generalmente con los sueños de angustia.
Una característica que también posee el sueño es que está regido por lo
que en Psicoanálisis se denomina proceso primario. Se llama así porque se
encuentra desde el comienzo de la vida psíquica y porque es el más
importante. Se lo diferencia del proceso secundario que es el que dirige el
pensamiento lógico de la vigilia y que va desarrollándose en forma
paulatina con el fin de coartar o someter a los procesos primarios para
dominarlos. Los procesos primario y secundario son dos formas de
derivación de la excitación. En el primero la excitación surge desde el
inconsciente, y en el caso del segundo, desde el sistema llamado
preconsciente (que tiene acceso directo a la conciencia, sin censura y posee
la llave de entrada a la motilidad voluntaria).
El sueño es, entonces, una formación de compromiso: sirve de válvula
de escape al inconsciente al tiempo que preserva el descanso para el
preconsciente. Pero a veces este compromiso fracasa y se produce el sueño
de angustia que provoca el despertar. En el sueño de angustia no se logra
una deformación suficiente del contenido latente y lo que surge en el sueño
se vivencia como una amenaza para el aparato psíquico.
En síntesis, la fuerza impulsora del sueño proviene del inconsciente
porque responde a la necesidad de satisfacer un deseo sexual reprimido.
Esta fuerza posee un carácter regresivo (va desde el polo motor al sensible y
produce las alucinaciones oníricas) posibilitado por el estado de reposo que
crea un apartamiento del mundo exterior. Para lograr esta realización de
deseos en el sueño, se aplican los cuatro mecanismos de la elaboración
onírica que disfrazan el contenido latente (inconsciente) de modo tal que lo
transforman en contenido manifiesto, más tolerable para la censura propia
del aparato psíquico. Esta censura es la causante del olvido de los sueños en
estado de vigilia.
Para acceder a la comprensión del contenido latente se efectúa el
camino inverso al de la elaboración onírica. Este camino lo constituye la
interpretación, basada en la asociación libre de ideas por parte del soñante y
el conocimiento de los símbolos del sueño por parte del interpretador.

Carl G. Jung: arquetipos y sueños


Cuando Carl Gustav Jung (creador de la Psicología Analítica) leyó La

Interpretación de los sueños de Freud, el mismo año de su publicación


(1900), comenzó una correspondencia con él que se prolongaría por siete
años. Pero sus diferencias conceptuales se fueron acrecentando hasta
producir un distanciamiento definitivo entre ambos.
Una de estas diferencias es que para Freud todo lo que se encuentra en
el inconsciente alguna vez fue consciente y luego reprimido. Para Jung, en
cambio, en el inconsciente hay varios contenidos: lo que fue consciente y
posteriormente reprimido, percepciones subliminales, reminiscencias poco
importantes como para ser recordadas (preconsciente freudiano), que
constituyen el inconsciente personal; y un contenido que surge de manera
independiente que es el inconsciente colectivo. Este último es un estrato
común a todos los seres humanos y contiene “arquetipos” (término tomado
de Platón) o “imágenes primordiales” que son símbolos ancestrales,
pensamientos, sentimientos y memorias, reconocidos por toda la
humanidad. La mitología puede considerarse —según esta concepción—
como una proyección del inconsciente colectivo.
Para Jung algunas imágenes oníricas derivan de contenidos arquetípicos
más que de experiencias personales del que sueña. Estos son los llamados
sueños arquetípicos conocidos por los pueblos prealfabetos como los
“grandes sueños”.
Otra de las discrepancias entre Freud y Jung consiste en qué es o qué se
interpreta en un sueño. Como ya vimos, para Freud el significado de un
sueño reside en el contenido latente. Jung, por el contrario, planteó que lo
que se debe interpretar es el contenido manifiesto, las imágenes mismas del
sueño, porque insistía en el concepto de que el sueño no es un disfraz.
Freud sostenía que la interpretación del sueño era el camino para el
conocimiento de las actividades del inconsciente; mientras que Jung
sostuvo la hipótesis de que el complejo es el verdadero camino hacia el
inconsciente y el que “fabrica” los sueños y los síntomas. Definido como la
agrupación de elementos psíquicos alrededor de contenidos de tono
emocional, el complejo aparece como incompatible con la actitud normal de
la conciencia. Es de naturaleza inconsciente, se maneja en forma autónoma,
produce perturbaciones en la memoria e influye sobre el lenguaje y la
acción.
Jung consideraba que a partir de la interpretación de los sueños se puede
acceder a un autoconocimiento más profundo; y al integrar lo consciente y
lo inconsciente se amplía el horizonte mental, se despiertan las cualidades
latentes y la personalidad puede desarrollarse de manera más completa
adquiriendo una mayor madurez emocional.
Las imágenes que se presentan en los sueños arquetípicos o grandes
sueños, y que proceden del inconsciente colectivo, pueden parecer grotescas
e incluir objetos y figuras desconocidas en la vida cotidiana que poseen
gran fuerza y potencia como dioses y demonios, dragones, tesoros
escondidos, guerreros, máscaras extrañas, etc. Estas imágenes tienden a
relacionarse con temas mitológicos y religiosos. Otras veces las imágenes
no son tan imponentes pero tienen la característica de que se reiteran en
varios sueños, como puede ser soñar con agua, con un anciano sabio, con
un niño o con la madre.
Los sueños arquetípicos se presentan sobre todo en momentos de
enormes cambios y de gran tensión psíquica, cuando no están en juego solo
los intereses privados y personales, sino cuando se está frente a los
problemas fundamentales humanos; así el hombre en sueños encuentra
imágenes que lo pondrán de frente a la propia personalidad y al propio
desarrollo o a las innumerables dificultades de la existencia, muchas veces
mostrándole un camino.
A través de su experiencia, Jung indica que los sueños arquetípicos
suelen presentarse en coyunturas importantes de la vida de una persona:
durante la primera infancia (especialmente entre los 3 y 6 años); en la
pubertad; al comienzo de la adultez; al principio de la segunda mitad de la
vida (entre los 35 y 40 años); en el climaterio; antes de la muerte; y en
momentos de crisis.
Este tipo de sueños suele aumentar su frecuencia poco antes de
desencadenarse una psicosis o una fuerte neurosis, o bien pueden ser la
causa de estos estados como por ejemplo en un ataque de esquizofrenia,
cuando el que sueña se identifica con los contenidos inconscientes y luego
se siente poseído por ellos.
El análisis de los sueños arquetípicos puede tener mayores efectos
terapéuticos que el de los sueños no arquetípicos porque sacan al sujeto de
su aislamiento respecto de otros seres humanos y porque, al poseer un
contenido inconsciente, contribuye a integrar su psiquismo.
Sin embargo, las imágenes arquetípicas pueden tener también efectos
negativos si no se comprenden adecuadamente, ya que se corre el peligro de
que el sujeto se vea poseído por ellas.

La naturaleza de los sueños


Jung coincidía con Freud en que los sueños son generados por una actividad
psíquica inconsciente, pero difería en cuanto a la interpretación de las
imágenes oníricas porque tenían diferentes concepciones del inconsciente.
Como ya vimos, para Jung no solo el contenido reprimido (percepciones,
pensamientos, valores, emociones) forma parte del contenido inconsciente.
Jung formuló la hipótesis de que todo contenido psíquico tiene sus raíces en
el inconsciente colectivo, incluidos los sueños. Esta hipótesis está basada en
el supuesto de que toda conducta y modos de percibir la experiencia se
hallan en estado potencial dentro de la persona antes de que se tornen
reales. Si esto es así, entonces los sueños no son realizaciones de deseos
inconscientes como afirmaba Freud. Al ser un producto del inconsciente
colectivo poseen una objetividad que provee lo que el psiquismo necesita
para mantenerse en equilibrio, más allá de los deseos conscientes o
inconscientes.
No se sabe exactamente de qué manera los contenidos inconscientes se
traducen en sueños ni mediante qué proceso un sueño ingresa a la
conciencia. Jung supuso que una parte de la conciencia permanece durante
el estado onírico, y sería por este hecho que el sujeto puede reconocerse en
un sueño como él mismo o en forma de contenidos emocionales.
Los sueños se diferencian del contenido consciente por su falta de
coherencia lógica y su irracionalidad, debido a que no están sujetos a
limitaciones físicas ni temporales. Es por eso que a veces el pasado, el
presente y el futuro aparecen fusionados en el sueño.
A pesar de poseer estas características similares a las de los contenidos
mentales psicóticos, los sueños no son patológicos, sino, por el contrario,
son necesarios para el equilibrio de la psiquis.

Fuentes de las imágenes oníricas


Jung restó importancia a los estímulos somáticos como fuentes de las
imágenes oníricas y sostuvo que son determinadas psíquicamente.
Dement y Wolpert realizaron estudios psicofisiológicos en 1958
sometiendo a los sujetos a estímulos visuales, sonoros y táctiles durante el
dormir no MOR y MOR y llegaron a la conclusión de que no tenían efectos
pronunciados en los sueños que se desarrollaban. Con esto confirmaron la
conclusión de Jung.
Carl G. Jung sí consideró importante el ambiente cotidiano como uno de
los estímulos físicos durante el sueño, en especial el referido a la ocupación
del sujeto. Un músico, por ejemplo, puede soñar que toca un instrumento;
un científico, que su sueño transcurre en un laboratorio, etc.
Las percepciones subliminales son otras de las fuentes de las imágenes
oníricas. Éstas incluyen ideas y sentimientos oníricos y percepciones
sensoriales muy débiles que no alcanzan a llegar a la conciencia cognitiva.
Como ejemplo de esto, Jung relata el sueño de un hombre de negocios al
que le habían hecho una propuesta comercial que aparentaba ser honorable.
En el sueño veía que tenía las manos y los antebrazos cubiertos de cieno
negro. Luego de un tiempo se enteró de que la transacción había sido
fraudulenta. Jung consideró que, probablemente, este hombre había
percibido subliminalmente la deshonestidad de la persona con la que había
tratado por algún detalle de su comportamiento. Pero esta percepción fue
tan débil que no pudo admitirla en su conciencia, pero sí se reflejó en su
sueño.
También aparecen frecuentemente en los sueños como imágenes
oníricas los recuerdos de experiencias pasadas. Estos recuerdos pueden
haber sido conscientes alguna vez y luego reprimidos como, por ejemplo,
recuerdos de la infancia; o pueden ser recuerdos perfectamente accesibles
para la conciencia pero que refieren a hechos traumáticos, como pueden ser
experiencias en una guerra, un accidente, la agonía de algún familiar, etc.
Éstos últimos suelen repetirse en una serie de sueños durante un lapso
prolongado de tiempo.
Además de todas estas fuentes referidas al ambiente y a las experiencias
personales del sujeto que sueña, existe otra —que ya mencionamos— que
posee una creatividad ilimitada, que es el inconsciente colectivo. Ya
expresamos que para Jung el inconsciente colectivo es la fuente de todo el
material psíquico. En lo que se refiere a las imágenes oníricas, refleja toda
la experiencia humana, más allá de la época histórica en la que se viva y
brinda un material muy rico para comprender la conducta del ser humano
en general.

Mecanismos que gobiernan el sueño


A diferencia de Freud, que consideraba esenciales a los mecanismos de
elaboración onírica, Jung no les dio mayor trascendencia, aunque admitió
que existen. Incluyó seis mecanismos para forjar el lenguaje onírico:
contaminación, condensación, duplicación o multiplicación, concretización,
dramatización y mecanismos arcaicos.
1. Contaminación: se refiere a relacionar entre sí objetos e ideas que, en
apariencia, no tienen conexión. Esto se produce mediante una cadena de
asociaciones que es posibilitada por el relajamiento de las limitaciones de la
conciencia en el estado de dormir.
2. Condensación: además de conectar objetos e ideas sin relación aparente,
también los combina para darle mayor significado emocional al sueño.
3. Duplicación o multiplicación: ocurre lo opuesto a la condensación. Una
misma imagen se repite o aparece en forma doble. Esto puede ser para darle
mayor énfasis al sueño o para indicar dualidad o aspectos diferentes del
mismo problema.
4. Concretización: es el uso del lenguaje figurativo incluso para representar
en forma personificada a los complejos.
5. Dramatización: es la expresión en forma de relato de un contenido
inconsciente.
6. Mecanismos arcaicos: traducen el contenido inconsciente en formas
arquetípicas.

El lenguaje simbólico de los sueños


Jung plantea que el lenguaje onírico es muy variado, generalmente no
verbal, y que puede incluir el lenguaje figurativo (figuras que se utilizan en
el habla), juegos de palabras, metáforas, imágenes fantásticas,
exageraciones, y figuras pertenecientes al lenguaje mitológico.
Es muy común soñar con animales que representan atributos de algunas
personas, por ejemplo el zorro correspondería a la astucia, el león como rey
de la selva sería el poder, y así con tantos otros. Estas serían imágenes
figurativas.
Las metáforas pueden estar indicando, mediante imágenes concretas,
ideas abstractas. Un ejemplo de esto puede ser soñar que se está sujetado
con lazos que no le permiten a uno moverse. Esto aludiría a la fuerte
represión a la que se está sujeto en realidad.
Las imágenes fantásticas pueden ir desde figuras diabólicas hasta seres
totalmente inexistentes con los más variados atributos. Estas creaciones son
posibles gracias a que no intervienen las limitaciones de la mente
consciente.
Otra característica de los sueños a tener en cuenta es la presencia o
ausencia de colores. Jung manifestó que los sueños que se recuerdan en
colores son los que poseen una gran carga emocional. También lo atribuyó a
la relación entre la conciencia y el inconsciente. Cuando se produce un
acercamiento del inconsciente a la conciencia o viceversa, esto se expresa
mediante el colorido de las imágenes oníricas. Y cuando no entran en
contacto porque la conciencia se muestra neutral frente a las
manifestaciones del inconsciente, los sueños serán sin color, en blanco y
negro o a lo sumo en un tono sepia.
Si aparecen figuras mitológicas en los sueños, estas corresponderían a
metáforas de seres o hechos que han existido tiempo atrás pero cuyo
mensaje central está siempre vigente y tienen como objetivo conectar
pensamientos o ideas actuales con formas y expresiones primitivas que se
han vuelto atemporales. Así, un tren puede estar representado por un
dragón, un avión por un águila, una inyección por la mitológica mordedura
de una serpiente, etc.

Estructura general de los sueños


• Jung describe la estructura de los sueños como “un drama desarrollado en
el propio escenario individual”. Si bien reconoce que en algunos casos los
sueños se presentan como fragmentos, afirma que en general son
narraciones similares a un cuento que poseen una estructura con partes bien
definidas.

• La primera parte del relato de un sueño es la exposición, que incluye la


especificación del lugar o ambiente, la descripción de los protagonistas o
dramatis personae, y la situación inicial del sujeto.

• La segunda parte es la que muestra el desarrollo del argumento.

• La tercera fase es la culminación (peripeteia), durante la cual sucede un


cambio rotundo o se llega a algo decisivo.

• La cuarta etapa es la de resolución (lysis). Allí finaliza el relato del sueño.

Sin embargo, Jung sostiene que no basta con conocer el relato de un


sueño para poder interpretarlo cabalmente, y dice que su simbolismo debe
ser traducido, para lo cual se debe “amplificar” cada imagen y así poder
aumentar el caudal de información. Esta amplificación se realiza mediante
el material de asociaciones personales, hechos referentes al medio y
analogías con otros sueños pasados.
En los sueños arquetípicos, en cambio, las imágenes oníricas ya se
muestran amplificadas por los paralelos arquetípicos.

En el principio de este capítulo, se mencionó a la escuela existencialista


como una de las principales en las que se basan las teorías actuales sobre la
interpretación de los sueños. Esta escuela o corriente existencial-
fenomenológica no postula un contenido inconsciente y en esto difiere tanto
de Freud como de Jung. Sin embargo parece estar más cerca de lo postulado
por Jung en el sentido de que sus interpretaciones de los sueños se basan en
el contenido manifiesto de éstos. Los principales exponentes de esta escuela
psicológica son Medard Boss, Leopold Caligor, Rollo May y Fritz Perls.
Capítulo 5
La función de los sueños según la psicología
junguiana

          
La teoría junguiana
La función de los sueños en la teoría junguiana está inserta en la concepción

de la psique como una estructura dinámica y global, en la cual la conciencia


y el inconsciente mantienen una relación de reciprocidad. Es por esto que la
principal función del sueño es la de compensación.
Esto significa que el inconsciente a través del sueño, aporta a la
conciencia, y le incorpora, todos aquellos elementos que han sido
reprimidos u omitidos y que contribuyen a mantener el equilibrio de la
psique. Esta modificación de la conciencia es deliberada y se efectúa para
corregir una actitud unilateral de la mente consciente.
Esta función de compensación facilita que se produzca el mecanismo de
autorregulación de la psique, poniendo al inconsciente en relación con la
conciencia y permitiendo alcanzar el equilibrio y la integridad psíquica.
Con esto se apunta a alcanzar la totalidad, la integración, el “sí mismo”,
como lo denominaba Jung, para lo cual esta función de compensación es
primordial.
A diferencia de lo planteado por Freud en el sentido del deseo realizado
en el sueño, Jung plantea que el material que proporciona el inconsciente a
veces puede ser doloroso o desagradable. Esto sucede porque le muestra al
sujeto aquellos aspectos de su vida que están mal y que no ha logrado
admitir a nivel consciente.

Esquema general de la interpretación de los


sueños
Los sueños expresan la realidad interior tal como es, y eso puede a veces no

gustarnos. Lo importante es prestar atención a los mensajes que el


inconsciente nos envía en los sueños porque forman parte de nuestra
realidad, y negarlos o reprimirlos solo traería efectos negativos en el futuro.
Haciendo una analogía con el cuerpo, sería lo mismo si desatendiéramos un
síntoma de dolor o de fiebre alta; pronto tendríamos una enfermedad o una
infección mucho más grave. Es por eso que la interpretación de los sueños
se hace necesaria, porque tiene efectos terapéuticos muy importantes como
la comprensión de la base de las emociones, cambios fundamentales de
actitud, aceptación de aspectos rechazados de la personalidad, y contribuye
al proceso de individuación.
La mayor parte de los sueños son compensatorios. Pero existen otros,
menos frecuentes, que son no compensatorios. Sobre ellos volveremos más
adelante.
Antes de pasar a ver cuáles son los pasos a seguir en la interpretación de
los sueños, veremos con detalle en qué consiste el contexto onírico que
permite traducir el simbolismo del sueño.
Ya vimos que no basta con conocer el texto de un sueño, sino que es
necesario amplificar cada imagen onírica. Es por esta razón que deben ser
enriquecidas mediante asociaciones y analogías hasta amplificarlas lo
suficiente como para que adquieran un sentido inteligible.
Algunas imágenes oníricas ya han sido relativamente amplificadas por
paralelos arquetípicos, esto significa que se buscaron amplificaciones en la
mitología, la arqueología, la historia de las religiones, los tratados de
alquimia, los rituales de los pueblos prealfabetos y todas las ramas de las
ciencias humanísticas. A través del bagaje de conocimientos del
interpretador, este podrá saber cuál es el paralelo arquetípico que le
corresponde a una imagen onírica haciendo una exhaustiva investigación.
Sin embargo, hay sueños en los que las imágenes oníricas deben ser
amplificadas mediante las propias experiencias personales del sujeto que
sueña, datos sobre su ambiente y otros sueños que haya tenido. Para Jung
las asociaciones personales son fundamentales a la hora de interpretar un
sueño. El método para realizar estas asociaciones difiere del de asociación
libre de Freud en el que se avanza apartándose de la imagen onírica. Jung
describe un círculo metafórico en torno a la misma imagen contemplándola
desde todos los lados posibles, sin alejarse de ella.
Para completar el proceso de amplificación se debe obtener información
acerca del ambiente del sujeto, que a veces puede no ser consciente para el
mismo, para lo cual interviene el interpretador.
Antes de amplificar con paralelos arquetípicos se debe indagar todas las
posibilidades de asociaciones personales para que la interpretación no
resulte distorsionada.
Es de suma importancia, dentro del contexto onírico, tener en cuenta la
situación consciente del sujeto. Esta situación se refiere a los sucesos de la
vida del soñante ocurridos uno o dos días antes de producirse el sueño —y a
veces incluso varias semanas o meses— que puedan estar ejerciendo un
efecto importante en la producción del mismo. Estos sucesos conllevan sus
correspondientes emociones, pensamientos, temores, conflictos y
esperanzas de la vida del soñante mientras está despierto.

La interpretación junguiana de los sueños


Según Jung, los pasos necesarios para realizar una interpretación consisten
en:

1) Enunciar el texto del sueño y examinarlo en toda su estructura. Puede


suceder que al narrar un sueño el sujeto presente dificultades: por ejemplo
dudar si lo que refiere es todo el sueño o solo una parte de éste. Existen dos
tipos de fenómenos que pueden alterar o modificar el contenido de un
sueño: a) que las primeras imágenes vistas al despertar se entremezclen con
las del sueño, lo cual Jung consideraba importante también porque en este
proceso interviene el inconsciente; y b) el sujeto puede agregar material
cuando relata su sueño, por lo que el intérprete a veces no puede saber qué
partes provienen del inconsciente y cuáles no (esto se puede evitar
escribiendo el sueño inmediatamente después de despertar). Otras veces el
sueño puede ser muy ambiguo y el soñante no estar seguro de cómo fue
realmente. En este caso resulta útil preguntar al soñante cuáles son sus
sensaciones respecto del sueño.

Recordemos que el sueño en su estructura presenta una exposición, un


desarrollo, una culminación y una resolución.
2) Ver cuál es la situación en la que tiene lugar el sueño, es decir, su
contexto que, como ya vimos, se compone de: amplificaciones de las
imágenes oníricas (asociaciones personales, información sobre el ambiente
del soñante, o paralelos arquetípicos); temas que interrelacionan las
amplificaciones (comunes en las amplificaciones de varias imágenes
oníricas); la situación consciente del sujeto (inmediata y a largo plazo); y la
serie onírica en la que se da un sueño específico. Una serie onírica es
aquella en la que sueños anteriores y/o posteriores al que se está analizando
presentan semejanzas en cuanto a temas, imágenes, amplificaciones y
situación consciente. Estos factores comunes que relacionan a los sueños
son los que se tienen en cuenta para determinar si un sueño pertenece o no a
una determinada serie onírica. Esta serie ayuda a identificar temas
importantes; demarca unidades oníricas (puntos de mayor relevancia);
muestra las variaciones que pueden presentarse en torno a un tema común;
permite que se complete un sueño que se recuerda en forma fragmentada; y
refleja el proceso de individuación del desarrollo psicológico del individuo.

3) Tener una actitud apropiada para interpretar un sueño, que consiste en:
no dar nada por sentado respecto del significado de un sueño; recordar que
el sueño no es un disfraz sino una serie de hechos psíquicos; no esperar que
el sueño sea siempre un indicador o un “guía” que le diga al sujeto lo que
debe hacer; tener en cuenta las características de personalidad tanto del
sujeto que sueña como del interpretador.

4) Caracterizar las imágenes oníricas como objetivas o subjetivas (son


objetivas cuando se presentan representando a la imagen real tal cual es, son
subjetivas cuando representan una parte de la personalidad del soñante).

5) Tener en cuenta la función compensatoria del sueño:


• Identificar a qué complejo o problema se refiere el sueño.
• Evaluar la correspondiente situación consciente del soñante (si la actitud
consciente es adecuada para enfrentar la realidad).
• Evaluar, de acuerdo con las imágenes oníricas y con la evolución psíquica
del soñante, si se hace necesaria una caracterización reductiva o
constructiva. Algunos sueños pueden compensar en forma negativa
(reductiva) y otros en forma positiva (constructiva). La interpretación
reductiva sería necesaria en el caso de tener que tomar conciencia de las
ilusiones, ficciones y actitudes exageradas del sujeto cuando su evolución
interior no siguió el ritmo de sus logros exteriores, o cuando se precise un
estudio de hechos y fantasías infantiles. La interpretación constructiva, en
cambio, agrega a la mente consciente aquel material reprimido u olvidado
que va a fortalecerla y a ayudarla a desarrollarse. Se decide por una u otra
forma de interpretación de acuerdo con la índole del material con que se
cuenta, el nivel de desarrollo psíquico del sujeto y el criterio del
interpretador sobre lo necesario para el soñante en ese momento.
• Determinar si el sueño es compensatorio al confirmar o modificar la
situación consciente del sujeto, o si se trata de un sueño no compensatorio
(anticipatorio, traumático, extrasensorial, paralelo, profético).

6) Realizar la interpretación propiamente dicha traduciendo el lenguaje del


sueño en relación con la situación consciente del soñante; verificarla
comparándola con otros sueños de una serie onírica, si fuese necesario; y
enunciar la interpretación.

7) Verificar la interpretación (ver si resulta aceptable para el sujeto; si actúa


en su beneficio; si no resulta desmentida por sueños posteriores; y si los
hechos que predice la interpretación ocurren en la vida real del sujeto).

Serie onírica
A la hora de realizar la interpretación de un sueño, es importante determinar
si corresponde a una serie onírica. Respecto de esto, hay que aclarar que a
veces puede suceder que veamos que esa serie no está determinada por una
cantidad sucesiva de sueños sino por su contenido. Estaría formada,
entonces, por reiteraciones de un mismo sueño.
Según Jung, estos sueños que se repiten pueden tener tres finalidades:

• Compensación. Se diferencia de la función de compensación que se da en


un único sueño solamente por el hecho de ser persistente. Este tipo de sueño
deja de darse una vez que ha sido comprendido.

• Presentar una situación traumática para el sujeto. Los sueños traumáticos


dejan de repetirse una vez que el trauma es asimilado.

• Anticipar un suceso importante para el desarrollo del propio psiquismo.

Estos sueños suelen darse con frecuencia en la infancia. En la edad adulta


es raro que aparezcan.
Otra posibilidad que se da más a menudo que los sueños reiterados son
los temas reiterados en los sueños. Estos temas que se repiten parecen tener
la finalidad de dar el suficiente énfasis a la cuestión como para que el sujeto
logre verla claramente y, de ese modo, aceptarla en su conciencia.
Otro de los fines que posee una serie onírica con un tema reiterado es el
de revelar o pronosticar un cambio de actitud del sujeto o de alguna
característica de su personalidad.
A veces puede suceder que el primer sueño de una serie resulte
incomprensible y que logre entenderse a partir de los sueños posteriores.
Esto quiere decir que los sueños se amplifican unos con otros dando
significados como lo hacen los mitos cuando amplifican un sueño.
Además de los sueños y los temas reiterados también podemos
encontrar una serie de sueños que se relacionan entre sí porque hacen
referencia a un mismo problema particular en la vida del sujeto. En este
caso la serie muestra el problema desde distintos puntos de vista o conduce
al sujeto hacia alguna dirección definida que requiere su desarrollo
psicológico, es decir que el problema o conflicto estaría estimulando este
desarrollo e indicando su camino.
Si bien la consideración de la serie onírica es muy útil en el proceso de
la interpretación de los sueños, a veces puede presentar complicaciones.
Por ejemplo, puede suceder que la correcta interpretación de un sueño
pueda modificar el contenido de los sueños posteriores al contribuir al
desarrollo psicológico. Y si la interpretación fuese incorrecta, provocaría el
surgimiento de sueños que corrigieran esta mala interpretación. Por eso, uno
de los métodos para verificar la interpretación de un sueño es a través de los
sueños posteriores.
Otra complicación puede aparecer cuando alguien sueña el sueño de
otra persona. Esto no es algo habitual y se ve raramente, pero es una
posibilidad. Este tipo de fenómeno se descubre generalmente al analizar una
serie de sueños en la que alguno resulta extraño entre los propios del sujeto
o porque se interpreta mejor en relación con un tercero que con el sujeto
mismo.
Esa tercera persona puede ser alguien que está ejerciendo una fuerte
influencia psicológica en la vida del sujeto; alguien con quien el soñante
mantiene una relación muy estrecha e intensa; o alguna persona que se
encuentra en una situación difícil y con quien el sujeto tiene gran empatía y
por quien gasta mucha energía psíquica.
Este tipo de sueños “de otra persona” suele darse muchas veces en los
niños. Jung estudió este fenómeno analizando sueños de niños que poseían
un tono “adulto”. Y llegó a la conclusión de que —si bien ese tono era parte
del reflejo de su carácter arquetípico— estaban determinados psíquicamente
por los problemas de sus progenitores. Esto quiere decir que cuando el
sueño de un niño no es simple, “infantil” y comprensible, y presenta, en
cambio, un contenido ajeno a su etapa de desarrollo, es porque está
reflejando los problemas de los padres.
Para completar el esquema de la interpretación de los sueños falta
aclarar que para Jung cuantos más datos se obtengan de parte del soñante,
mejores probabilidades habrá de realizar una correcta interpretación. Y
advierte sobre la tentación de expresar el significado de un sueño que
parece ser muy claro sin antes recoger otro material significativo (como las
amplificaciones, por ejemplo), porque se correría el riesgo de imponer ideas
preconcebidas y de hacer una interpretación parcial o incompleta. Es decir,
que para Jung se deben evitar supuestos teóricos en la interpretación.
Jung, al igual que Freud, sostenía que las imágenes oníricas constituyen
símbolos, pero ambos diferían en la manera en que aplicaban este término.
Para Freud, a cada imagen le correspondía un significado fijo y
específico. Jung, en cambio, buscaba un significado que concordara con la
experiencia del soñante y que estuviera más allá de su apariencia inmediata.
Sin embargo, admitió que hay símbolos culturales que pueden transmitir un
significado relativamente fijo, cuya esencia no cambia al intentar
modificarlo mediante las amplificaciones personales o la situación
consciente del sujeto.
Jung destaca, permanentemente, que al abordar la interpretación hay
que tener en cuenta que el sueño no es un disfraz, ya que las imágenes
oníricas expresan por sí mismas lo que el sueño en su totalidad quiere
significar porque son hechos psíquicos que no reflejan ningún contenido
latente. Esta es una premisa indispensable.
Otra consideración a tener en cuenta es que el sueño puede llegar a
transmitir al soñante un consejo implícito de qué le conviene hacer, o puede
presentarle distintas opciones para resolver determinados problemas o
conflictos, pero es la conciencia la única encargada de la toma de decisiones
y de elegir el camino a seguir. Muy rara vez puede ocurrir que un sueño
imparta directivas explícitas, indicando un determinado curso para actuar.
El proceso de interpretación de los sueños se ve influido necesariamente
por la personalidad del intérprete y del sujeto que sueña. El intérprete,
además de cuidarse de las ideas preconcebidas, debe estar atento a que no
surjan sus tendencias psicológicas. Esto quiere decir que no debe dejarse
llevar por sus prejuicios.
El interpretador debe asignarle significados a los sueños y para esto es
preciso que lo haga por medio de la intuición, el pensamiento, la sensación
y el sentimiento; esto quiere decir que debe participar de este proceso como
persona total y no solo desde los conocimientos que posee. La intuición
puede brindar posibilidades de interpretación y las otras tres funciones
psicológicas mencionadas se necesitan para verificar las interpretaciones
planteadas.
En ese sentido podemos afirmar que la sensación proporciona
amplificaciones y luego verifica la interpretación comparándola con las
imágenes oníricas originarias; el pensamiento permite analizar cada parte
del sueño y verificar si la interpretación puede deducirse, razonablemente, a
partir de su contexto; el sentimiento interviene en la elección de los
enfoques, reductivo o contructivo, para evaluar las amplificaciones respecto
de las imágenes oníricas y a la interpretación respecto de la situación
consciente del sujeto.
Es fundamental para que todo esto suceda, que se genere una buena
empatía del intérprete con el soñante, que consiste en la capacidad de
percibir las emociones que el sueño despierta en el sujeto manteniendo una
postura objetiva, es decir, que quien interpreta no debe dejarse llevar por
sus propias emociones en el sentido de aplicar sus propias amplificaciones
personales o de ir más allá de lo que resulte útil para el soñante.
Se puede decir, entonces, que la interpretación de los sueños en la teoría
junguiana se basa en un proceso dialéctico entre las personalidades del
interpretador y el sujeto que sueña, desarrollándose a partir de una reflexión
conjunta.
Capítulo 6
Los sueños no compensatorios en la psicología
junguiana

          
Los sueños no compensatorios
Como ya hemos visto, Jung consideraba que la mayoría de los sueños
tenían

una función compensatoria. Esta función es la que permite que la


conciencia entre en relación con el inconsciente y es un elemento que
posibilita la autorregulación de la psique.
En Energética psíquica y esencia del sueño (1920) Jung explica que:
“Todos los sueños tienen una relación compensatoria con los datos
conscientes, pero tal función compensatoria no aparece en todos los sueños
tan claramente (...) Si bien el sueño contribuye a la regulación psíquica
espontánea del individuo reuniendo automáticamente todo lo que ha sido
reprimido, descuidado, ignorado, su capacidad compensadora a menudo no
resulta tan clara”. Posteriormente, Jung introdujo modificaciones en la
descripción.
Es importante detenernos en el punto en que Jung menciona que hay
sueños en los que no se ve “tan claramente” la función compensatoria,
porque es a raíz de esto que establece la existencia de los sueños no
compensatorios.
Este tipo de sueños no fue trabajado por ningún autor anterior a Jung tan
detalladamente como lo hizo él. En Consideraciones generales sobre la
psicología del sueño, Jung agrupa a los sueños no compensatorios en
prospectivos, reactivos, telepáticos y proféticos. Sin embargo, no produce
una clasificación propiamente dicha, porque su objetivo principal en esta
obra era explicar solamente su punto de vista sobre la psicología de los
sueños.

La clasificación de los sueños


La clasificación de los sueños no compensatorios es producto de la labor de

los discípulos directos de Jung y otros seguidores, más que fruto de su


producción personal.
Los sueños no compensatorios se clasifican usualmente en
anticipatorios (a los que primeramente se llamó prospectivos), traumáticos
(reactivos), extrasensoriales (en un principio solamente denominados
telepáticos) y proféticos. Como escribí en mi libro Psicología Junguiana
(Editorial Trama, 2003), es necesario agregar a esta clasificación los sueños
paralelos, que fueron mencionados por Jung en su correspondencia.

Sueños anticipatorios
De los no compensatorios, estos son los sueños que ocurren con más
frecuencia. Según Jung, este tipo de sueños “preparan, anuncian o advierten
acerca de determinadas situaciones, a menudo mucho antes de que sucedan
en realidad. Ello no entraña, necesariamente, un milagro o premonición. La
mayoría de las crisis (...) incuban largamente (en lo inconsciente)”. Por lo
tanto, el sueño anticipatorio “es el resultado de la fusión de (...)
percepciones, pensamientos y sentimientos subliminales (…) constituyen
una mera combinación anticipatoria de probabilidades que pueden coincidir
con el auténtico curso de los hechos, aunque no necesariamente (...)
coinciden en cada detalle”.
El contenido de los sueños anticipatorios suele revelar mejor el estado
de ánimo del sujeto antes que los hechos objetivos que pueden estar por
sucederle en su relación con el mundo exterior. Este tipo de sueño parece
aprovechar la capacidad del inconsciente para llevar al soñante una luz que,
desde la conciencia, es incapaz de hallar. Nada hay de mágico, divino o
diabólico en esto. El material onírico anticipatorio es el resultado de un
análisis inconsciente minucioso de lo que ya ha ocurrido en la vida del
sujeto, por lo que —a partir de allí— puede inferirse lo que habrá de
acontecerle.
La conciencia suele tener lo que podríamos llamar una “ceguera típica”
que le impide ser clarividente en el sentido literal del término: ver con toda
la claridad necesaria lo que está exponiéndose así como tener en cuenta las
situaciones que su presente le está provocando y sus desencadenamientos
futuros. Por prejuicios, miedos, experiencias familiares o sociales
acumuladas, el sujeto actúa conscientemente en una forma gravosa para su
conveniencia. En cambio, el análisis de un sueño puede permitirle encontrar
la clave de su error y modificar el rumbo de su vida provechosamente. Pero,
como ya señalamos, el material onírico no suele presentarse totalmente al
descubierto. Lo que emerge suele ser el estado de ánimo, siendo necesario
indagar con qué situación del mundo exterior están vinculados los datos
rescatados.
Sobre este tipo de sueños Jung dejó sentado en su trabajo publicado en
1920 que “la función prospectiva (...) es una anticipación de las futuras
acciones conscientes, que se presenta en lo inconsciente algo así como un
ensayo previo, o como un esbozo o plan proyectado con antelación. Su
contenido simbólico es, en ocasiones, el bosquejo de la solución de un
conflicto (…) La realidad de tales sueños prospectivos no puede negarse.
Sería injustificado llamarles proféticos, pues en el fondo son tan poco
proféticos como un pronóstico médico o meteorológico. Se trata solo de un
previo cálculo de probabilidades que, por cierto, puede concordar
eventualmente con el curso real de los hechos, pero no debe concordar
necesariamente, ni coincidir en todos sus detalles (...) Los pronósticos de la
función prospectiva del sueño son a menudo francamente superiores a las
conjeturas conscientes, y no es de extrañarse, puesto que el sueño proviene
de una fusión de elementos infraconscientes, o combinación de todas las
percepciones, ideas y sentimientos que por su escaso relieve han escapado a
la conciencia. Además el sueño dispone de huellas mnemónicas
subliminales que no podrían influir con eficacia en la vida consciente. Por
eso el sueño se encuentra en una situación mucho más favorable que la
conciencia, a los efectos de un pronóstico”.

Sueños traumáticos
En 1920 Jung escribió que los sueños reactivos son aquellos “en los que
ciertos hechos objetivos han creado un trauma psíquico, cuya configuración
no es puramente psíquica, sino que al mismo tiempo indica una lesión física
del sistema nervioso”. Con el tiempo este tipo de producción onírica fue
conocida como sueños traumáticos. Son los que traen “a la memoria una
situación amenazadora para la vida humana, como una guerra o catástrofe
natural, o reflejan condiciones físicas patológicas, por ejemplo, un fuerte
dolor. Se trata de un sueño reiterado. No es compensatorio porque no
guarda relación con la situación consciente del sujeto (salvo en lo que atañe
a su preocupación por la experiencia traumática) y la asimilación consciente
del fragmento (de la psique), reproducido por el sueño, no pone fin a la
perturbación que determinó el sueño”. Jung explica que “no todos los
sueños reiterados que rememoran experiencias cargadas de emoción son
traumáticos. Para que un sueño pueda calificarse de tal, su significatividad
debe radicar exclusivamente en el hecho de revivir una experiencia real (…)
Los sueños no traumáticos dejan de repetirse una vez que se los ha
interpretado correctamente. Los auténticos sueños traumáticos no son
perturbados por el análisis; siguen repitiéndose hasta que el efecto
emocional del trauma haya disminuido en medida suficiente”.

Sueños extrasensoriales
En sus trabajos iniciales, Jung señala solamente que “los fenómenos
telepáticos también ejercen su influencia sobre los sueños”. De acuerdo con
su experiencia y con exploraciones particulares realizadas en diferentes
comunidades, concluye que existen personas que tienen la particularidad de
ser receptivas y que por esa razón tienen sueños telepáticos frecuentemente.
Y agrega: “He tenido oportunidad de analizar con bastante frecuencia
sueños telepáticos, cuya significación telepática en muchos de ellos era aún
desconocida en el momento del análisis (…) En general la literatura solo
menciona aquellos sueños telepáticos que anticipan por telepatía en el
tiempo y en el espacio, un acontecimiento particularmente afectivo; en
consecuencia, se citan solo aquellos sueños cuyo asunto posee importancia
en la esfera emocional humana (por ejemplo, un deceso) que explica, o al
menos ayuda a comprender, la premonición o la captación a distancia. Los
sueños telepáticos que me fue dado observar correspondían en su mayor
parte a este tipo”.
Por generalización, este tipo de material onírico terminó siendo llamado
sueños extrasensoriales y los discípulos de Jung convinieron en dividirlos
en dos tipos: telepáticos y precognitivos. Así lo ha hecho Mary Ann
Mattoon, por ejemplo. A mi entender corresponde agregar otro subtipo: los
sueños clarividentes. Lo que, inclusive, permite explicar algunos casos de
déjà vu donde la paramnesia no puede invocarse como causa. Al respecto,
Aniela Jaffé —discípula y última secretaria privada de Jung— señala “que
la conocida sensación de lo ya visto pudiera tener su origen precisamente en
un sueño precognitivo que ha sido olvidado”. Se trata de una referencia
incompleta. Porque la sensación de lo ya visto también puede surgir a raíz
de un sueño clarividente que el sujeto no recuerda pero que, al estar
físicamente por primera vez en el lugar descubierto mediante el sueño, el
inconsciente transmite el dato a la conciencia no como si se tratara de un
contenido onírico, sino como si se tratara de un recuerdo perceptivo,
objetivo y concreto, vivido con anterioridad.
Tales imprecisiones, que hallamos tanto en Jung como en Mattoon y
Jaffé, se deben, seguramente, a su desconocimiento de la Parapsicología.
Esta ciencia divide a los fenómenos extrasensoriales en tres tipos: telepatía,
que es la transmisión o captación de un contenido mental sin que en esa
captación intervenga ninguno de los cinco sentidos, así como tampoco
atraviesan la esfera de lo consciente como sucede en la percepción
subliminal. Clarividencia es, en cambio, el conocimiento cierto de un hecho
contemporáneo cuya adquisición hubiera sido imposible de conseguir
mediante la intervención de los cinco sentidos. Pongamos como ejemplo el
caso de Emmanuel Swedenborg (1688-1772) —científico y filósofo sueco,
autor de un gran número de obras religiosas— que describió, por captación
extrasensorial, el incendio que ocurría en Estocolmo, mientras estaba a
decenas de kilómetros del lugar.
Precognición, es el conocimiento cierto de un hecho futuro al que no
puede accederse por razonamiento, ni aún en sus formas de deducción o
inferencia lógica.
Cabe dejar sentado que lo extrasensorial propiamente dicho es algo
único. De allí que la sabiduría popular esté en lo correcto al señalar la
existencia de un “sexto sentido”. Es la ciencia parapsicológica la que, a
efecto de un mejor entendimiento, divide a este “sexto sentido” o captación
extrasensorial en las tres modalidades señaladas (clarividencia, telepatía y
precognición). Pero, insisto, solo se trata de formas diferentes de
manifestación de una misma causa.
Durante un tiempo, Jung entendió que los sueños extrasensoriales
estaban motivados en el acceso que el psiquismo tendría a otras vías de
conocimiento, como pueden serlo las parapsicológicas. Sin embargo no fue
proclive a aceptar rápidamente tal explicación sin un previo análisis
profundo de cada sueño en el que tal intervención pudiera sospecharse.
Comprendió que, en algunos materiales, la causa podría ser la criptomnesia,
recuerdos que el sujeto no reconoce como parte de su experiencia real o
bien de procesos psíquicos paralelos. También hay material onírico
confundible con sueños extrasensoriales, producido por situaciones
paramnésicas.
Hacia el fin de su vida, Jung propuso otro camino explicativo al que
denominó sincronicidad, prefiriéndolo antes de aceptar que se debían a
facultades psíquicas supranormales. A la sincronicidad dedicó varios
capítulos de su libro La Interpretación de la Naturaleza y la Psique donde
aprovecha los resultados de las investigaciones parapsicológicas realizadas
por Joseph Banks Rhine en la Universidad de Duke, en la ciudad de Dirham
(Carolina del Norte, Estados Unidos).
En ese texto señala que “el principio de sincronicidad (es) la
coincidencia cronológica de dos o más acontecimientos que no están
relacionados entre sí por un nexo causal y cuyos contenidos, por lo que
respecta a su significado, son iguales o semejantes”. Tales propuestas son
fruto de investigaciones realizadas en la década del cincuenta.
Todo este material debe ser revisado a la luz de los nuevos hallazgos
producidos tanto en la investigación parapsicológica como en la Física
intraatómica y la Neuroquímica, que, en gran medida, pueden estar en
condiciones de aportar nuevos y reveladores datos. En Parapsicología, por
ejemplo, hay valiosos resultados de experimentos, como los realizados en el
Maimonides Dream Laboratory de Brooklyn (Nueva York), donde se pide
al sujeto que sueñe con determinadas imágenes o figuras —que no conoce
— pero que mientras él duerme otra persona, a la distancia, estará mirando.
Se trata de un experimento de percepción extrasensorial general (donde
puede intervenir tanto la telepatía como la clarividencia) que, en muchas
ocasiones, produjo coincidencias más allá de lo esperable por mero azar.
Signo inequívoco de que una variable específica (la función extrasensorial)
estaba interviniendo. Estos trabajos fueron, inclusive, objeto de críticos
análisis.
Los parapsicólogos Montagne Ullman y Stanley Krippner son
especialistas en investigaciones sobre las relaciones entre fenómenos
extrasensoriales y sueños, y en varias publicaciones han efectuado sus
conclusiones al respecto.

Sueños proféticos
Los sueños proféticos también son de naturaleza extrasensorial y como
refieren únicamente acontecimientos futuros, corresponden a la modalidad
precognitiva dentro de la ya mencionada clasificación parapsicológica de
fenómenos extrasensoriales.
Este tipo de sueños no trata de hechos personales, sino que el material
versa sobre una o más situaciones externas que incumben a grupos de
personas e, incluso, hasta toda una comunidad (por ejemplo el caso de un
miembro de una tribu que sueña sobre lo que ocurrirá en la próxima
temporada de caza, hecho esencial para la supervivencia de su pueblo).
Desde hace muchísimo tiempo, diversas civilizaciones tuvieron en
cuenta los sueños como herramienta para prevenir hechos futuros no
deseables. En América precolombina era parte de la costumbre azteca
interesarse por los sueños del pueblo en épocas en que los tonalpouhque
(astrólogos) anunciaban peligros. Así, a comienzos del siglo XVI el
emperador Moctezuma, el Chico, dio órdenes de que los sacerdotes, los
ancianos, las mujeres y los calpixquis o mayordomos provinciales le
informaran de todos los sueños que soñasen en sus dominios. Como
consecuencia, pronto fueron llegando uno tras otro sueños de mal agüero y
el emperador condenó a muerte a los que los habían soñado.
Los sueños que Carl Gustav Jung clasificó como proféticos no pueden
producirse con demasiada frecuencia. Además, debe tenerse en cuenta que,
para poder asegurar que lo analizado es un sueño profético, lo anunciado
tiene que haber tenido, posteriormente, cumplimiento efectivo.

Sueños paralelos
Aunque no suelen ser presentados dentro de la clasificación junguiana de
sueños no compensatorios y, en general, se los ignora, hay otro tipo de
material onírico bautizado por Jung como sueños paralelos. Ocurren cuando
el mismo sueño tiene lugar en dos o más personas y una de ellas está
directamente implicada con el tema onírico. Para explicar las razones de
este tipo de hechos, donde dos o más personas sueñan lo mismo, en forma
simultánea o con breve diferencia, Jung recurre a la intervención de fuerzas
surgidas desde lo inconsciente colectivo. Serían casos en los que el eje de
tan particular situación es un arquetipo, el cual estaría actuando como
agente “transmisor” desde el psiquismo del soñante, implicando a los
demás.
En todo este proceso no hay —según el pensamiento junguiano—
intervención de fenómeno parapsicológico alguno. Únicamente interviene
lo psíquico. Al respecto conviene recordar que Jung, en algunos escritos,
describe la existencia de algo que denominó arquetipo psicoideo. Al utilizar
esta expresión, se refiere a una figura con características psíquicas
(inmateriales) pero con manifestaciones físicas, a la vez, en el mundo
exterior. Podríamos entender que, en cierta forma, se trata de una
manifestación del psiquismo profundo, de tan intensa carga energética, que
resulta capaz de realizar determinadas formas de concreción física.
Jung se preocupó por dejar constancia de que lo psicoideo no debe ser
confundido con manifestaciones, imágenes o contenidos arquetípicos.
Solamente al “arquetipo en sí mismo” puede considerárselo dotado de tal
característica psicoidea. Y al referirse al “arquetipo en sí mismo”, se da a
entender que es la “magnitud incognoscible” que pertenece a la esfera de lo
que la psicología junguiana denomina lo inconsciente colectivo; una fuerza
no personal, inscripta como esencia en el ser humano. Solo lo psicoideo
contaría con la energía necesaria para generar hechos de sincronicidad entre
los que se hallarían los sueños paralelos. Con lo cual podemos inferir que
tal simultaneidad onírica en diferentes sujetos sería explicable igualmente
por acción telepática, especialmente si el tema sobre el que gira lo soñado
afecta a todo el grupo de soñantes.
Capítulo 7
Guía de símbolos oníricos

          
Los símbolos más frecuentes
Exclamaba Platón hace ya más de dos mil años: “Dioses sois y lo habéis

olvidado. Triste condición la del hombre que, siendo inmortal, se siente


mortal y vive atrapado y sediento de sombras que consumen su existencia
sin atreverse a lograr la libertad de romper esa puerta falsa de papel que le
limita. En nuestro interior hay una luz, la conciencia, que nos puede guiar
fuera de la caverna de engaños en que vivimos y nos debatimos, tomando
por realidad sombras chinescas”.
Siguiendo a Platón, y considerando todo lo expresado en este libro
sobre la interpretación de los sueños, estamos en condiciones de afirmar
que poseemos una sabiduría, a veces oculta, que de estar a nuestra
disposición nos permitiría volver a ser esos “dioses” que alguna vez fuimos.
Para alcanzar esta “iluminación”, un paso imprescindible es el de
comprender, asimilar, aceptar y transmutar nuestra parte sombría, aquello
que solo nos es asequible a través de los sueños, verdaderos mensajeros de
nuestro “mundo interior”.
Y, para lograrlo, debemos tener la suficiente disciplina para llegar hasta
el fondo de nosotros mismos, emprendiendo un viaje que no siempre resulta
grato, que tiene sus dificultades, pero del que obtendremos aquello que nos
permitirá integrar nuestra mente y nuestro cuerpo como si renaciéramos en
hombres nuevos.
Es por esto que a continuación ofreceré una especie de guía para la
correcta interpretación de los sueños. En ella podrán encontrar los
simbolismos más frecuentes que aparecen en los sueños y que —si bien
siempre hay que tomar en consideración la situación personal de cada
soñante— tienen la característica de poseer un significado que puede ser
generalizado y aplicado a cada sueño en particular.
Esta descripción estará ordenada alfabéticamente para facilitar su
localización a la hora de hacer la consulta.
A
Abismo
Si se está en la cima del abismo significa que hay latente un gran peligro,
deben extremarse las precauciones; si se está en el fondo del abismo, el
peligro es vital, el inconsciente avisa angustiosamente el drama que se
avecina; ver a otro en el abismo indica que la situación de quien es visto es
catastrófica.

Abuelos
Soñar con los propios abuelos es un indicador de la necesidad de
reencontrar las raíces de la existencia, de recuperar algo de lo que ellos eran
portadores (por ejemplo, su sabiduría), o un intento de volver a la época en
que éramos protegidos por ellos.

Agua
Es un símbolo arquetípico que se encuentra representado en todas las
culturas. Es un símbolo del inconsciente por excelencia, el agua sugiere las
profundidades de la mente.
Es también símbolo de la vida del soñador, se puede decir que sin agua
no hay vida. El agua es creadora y conserva la vida y como símbolo onírico
implica que hay algo del orden de la vida que se está gestando, ya sea un
proyecto, una actitud, una toma de conciencia o una vida en sí misma.
Los sueños de agua nos llevan a nuestro mundo inconsciente, a nuestras
profundidades, nos conectan con nuestras emociones que varían de acuerdo
cómo se presente la imagen del agua: si está tranquila y limpia, agitada o
sucia, o inmóvil y estancada.
En nuestros sueños se asocia con los estados de ánimo y el fluir de la
energía emocional. El inconsciente nos está diciendo que el soñador debería
escuchar más atentamente la propia voz interior que le está anunciando
algunas de las cuestiones planteadas.
La inmersión en el agua simboliza el regreso al útero materno donde se
puede encontrar paz, seguridad y la fuente de la propia vida.

Amigo
Cuando soñamos con un amigo debemos recordar qué características de
este se resaltan en el sueño, ya que aluden a partes de nuestra personalidad
que estamos proyectando en esa otra persona. El inconsciente estaría
mostrándonos aquello que vemos en nosotros mismos pero que por alguna
razón tenemos la necesidad de verlo en el otro. Generalmente se elige la
figura de un amigo ya que es un ser cercano en quien se pueden depositar
emociones y afectos.

Ánima y ánimus
Jung determinó que cada uno de nosotros lleva consigo tanto cualidades
masculinas como femeninas, que, conjuntamente, abarcan nuestra totalidad,
es decir, la totalidad de lo que somos. El ánima es el arquetipo de un
hombre que representa su alter ego femenino. Es la personificación de las
cualidades femeninas en la psiquis de un hombre. Dentro de estas
cualidades están la receptividad, la intuición, la compasión, la
irracionalidad y la profundidad emocional. El ánima ha sido descripta como
productora de estados de ánimo, mientras que el ánimus es productor de
opiniones.
Cuando un hombre sueña con la representación de una mujer y siente
una fuerte respuesta emocional hacia ella, quizás haya encontrado su ánima.
En su aspecto positivo, el ánima puede aparecer como una niña, ángel,
diosa, etc. En su aspecto negativo, como bruja o una mujer seductora. Soñar
con el ánima puede significar que el soñante necesita integrar los aspectos
femeninos de sí mismo. Si siente temor por ella, podría reflejar la
incapacidad actual de enfrentar su lado femenino. Por otra parte, si se está
demasiado atraído hacia la propia ánima, entonces podría proyectar sus
cualidades en otras mujeres que conozca en su vida diaria, estableciendo
expectativas irreales. También podría reflejar la tendencia actual a ser
demasiado temperamental e irracional.
Por su parte, el ánimus es el arquetipo de una mujer que representa su
alter ego masculino. Es la personificación de las cualidades masculinas en
la psiquis de una mujer. Estas cualidades podrían incluir la racionalidad,
autoridad, objetividad, iniciativa, valor, convicción, acción, agresión y
brutalidad.
Cuando una mujer sueña con la representación de un hombre y en su
sueño da una fuerte respuesta emocional hacia él, también, como en el caso
del ánima, significa que quizás haya encontrado su ánimus. En su aspecto
positivo, el ánimus puede aparecer representado como padre o figura
autoritaria. En su aspecto negativo, puede representar un asesino, un
violador, etc. Este tipo de sueño, puede significar que esa persona necesita
integrar los aspectos masculinos de sí misma. El temor frente a él puede
reflejar la incapacidad actual de enfrentar su lado masculino. Y si se siente
muy atraída hacia su ánimus, entonces podría proyectar las cualidades de
ese hombre en otros que conozca en su vida cotidiana estableciendo
expectativas poco realistas. También puede estar reflejando una tendencia a
ser demasiado obstinada en sus opiniones y agresiva.
Aprendiendo y abrazando la representación arquetípica del sexo opuesto
dentro de uno mismo, éste nos prepara mejor para entender la naturaleza del
otro sexo.

Araña
La araña habitualmente infunde temor y aparece en nuestros sueños con dos
posibles significados. Por un lado la araña es hábil y teje su telaraña como
un artista produce su obra, en este sentido simboliza creación. Por otra
parte, su obra impresiona y suscita temor porque está hecha para atrapar a la
presa, en este caso significaría destino.
Las arañas, por lo tanto, están conectadas con los dioses que tejen y
hacen girar el destino humano.
La araña se ha asociado a las diosas de la muerte porque en algunas
especies mata y devora a su compañero.
Cuando las arañas a menudo se ven colocadas en el centro de su tela, se
han ligado al centro de la introversión y de uno mismo.
Algunas culturas relacionan a la araña con el alma. La araña se ha
conocido como la encargada de escoltar el alma a la vida futura, de este
modo se la considera un intermediario entre el mundo terrenal y el divino.
También tiene la capacidad de crear, es agresiva, esta asociada con la
madre devoradora que consume a sus crías con su carácter posesivo o su
capacidad de culpabilizar; tejedora de redes para atrapar a otros, es un
símbolo general de la vida y sus complejidades.
Árbol
El árbol representa los procesos de la vida: crecimiento, muerte y
regeneración. Debido a esta última cualidad, los árboles caducos son
símbolos de resurrección e inmortalidad.
En la Biblia, el Árbol de la Vida es una metáfora de la inmortalidad,
mientras que el Árbol del Conocimiento representa la pérdida de la
inocencia humana y nuestra separación de la naturaleza.
Las distintas partes de los árboles simbolizan la unión entre los reinos
bajos, medios y altos: la raíz representa el mundo subterráneo y el
inconsciente, el tronco representa el mundo material y el ego mientras que
la parte superior y las ramas representan una conciencia más elevada. Las
ramas que se extienden sugieren evolución, diversidad y familia.
Un sueño donde aparecen árboles podría señalar un nuevo crecimiento
en la vida del soñante.
Habría que preguntarse qué parte del árbol sobresalía más en el sueño.
Las ramas podrían representar los sentimientos hacia la familia o la
“ramificación” de algo que se ha emprendido.
La parte más alta del follaje, como también cualquier ave que se
cuelgue de las hojas, podría representar las aspiraciones o los sueños.
Las raíces están relacionadas con el pasado y con el inconsciente.
Soñar con un árbol invertido, con sus raíces hacia el cielo, podría
simbolizar el aprendizaje de una sabiduría secreta o la confrontación con los
pensamientos y sentimientos inconscientes.

Automóvil
El soñar con un automóvil está ligado a la percepción del control que
logramos ejercitar en nosotros mismos. Esto es así porque el automóvil ha
asumido para los hombres un significado cada vez más importante, es casi
una extensión de la persona, es en parte un instrumento de su autonomía,
permite que se desplace donde quiera y en cualquier momento y sobre todo
es un símbolo de libertad e independencia que evita que debamos “hacernos
conducir” por otros. Por lo tanto, en sueños, la imposibilidad o la dificultad
de controlar el vehículo representa el temor de no lograr control sobre uno
mismo, de no ser capaz de frenar las emociones.
El control que ejercemos sobre nuestros instintos y emociones a veces
es tan desmedido que el sueño crea una situación en la que este control se
pierde para que la energía psíquica reprimida pueda ser liberada.
Resulta evidente por lo expuesto, que el automóvil es un típico símbolo
fálico.
B
Baño, lavado, limpieza con agua
El baño y el lavado son considerados actos de purificación desde épocas
antiguas para las religiones. El ritual del bautismo, por ejemplo, está basado
en la creencia popular de que el agua es fuente de una pureza tal, que sus
efectos neutralizan y rechazan al demonio y los maleficios.
En la Biblia podemos encontrar que el Diluvio Universal y el Arca de
Noé representan la metáfora de un bautismo a gran escala, en donde toda
una sociedad lava sus pecados, por eso se salvan los inocentes y puros.
El cristianismo, el judaísmo, el budismo, el hinduismo y el islamismo,
tienen en común esta convicción purificadora.
En la Edad Media los caballeros se sumergían en el agua como ritual de
iniciación y los antiguos griegos lavaban las estatuas de sus dioses y diosas.
Asimismo, Poncio Pilatos lavó sus manos como ritual de purificación con el
propósito de negar su responsabilidad por la crucifixión de Jesús y así
quedar librado de toda culpa.
Cuando en un sueño aparece la imagen del lavado o del baño propio,
debemos preguntarnos si responde a una necesidad de purificarnos, de
absolvernos de alguna culpa, de renovar nuestra vida, de encontrar un
medio que nos dé seguridad, de iniciar algo nuevo, o si lo que representa es
la necesidad de liberarnos de algo sucio que sentimos llevar dentro.

Beber
Cuando en un sueño se presenta la necesidad de beber, así como el hambre,
indica deseos sexuales insatisfechos. El acto de beber o de comer sería un
intento de saciar esa necesidad bajo la forma de otra, e indicaría una lucha
interior debido al conflicto generado por la insatisfacción. También puede
significar la necesidad de incorporar algo que está faltando, generalmente, a
nivel afectivo.

Bosque
El bosque es una representación del inconsciente; si se presenta con
animales feroces y peligrosos que acechan amenazantes, es que estamos
frente al temor que ocasiona el desconocimiento, a nivel consciente, de los
instintos que se ocultan a nivel inconsciente.
El bosque representa, entonces, la vida inconsciente.
En el bosque del inconsciente podemos encontrar cualquier tipo de
animal, así como el bosque primitivo de nuestro inconsciente alberga
cualquier tipo de instinto. Nuestro bosque interior encierra y cuida todo lo
que nuestra conciencia no ha logrado conocer aún.
Salir del bosque significa haber recorrido un camino de
autoconocimiento, haber revelado algún enigma del inconsciente, haber
llegado a una situación más consciente.
Explorar las profundidades del bosque, abrirse paso entre ramas y hojas,
tiene más bien el significado de atravesar la naturaleza primitiva para lograr
una existencia más consciente. Ir en busca de frutos significa ir a explorar
nuestro inconsciente en la búsqueda de riquezas escondidas. Además, indica
que se debe buscar interiormente, en lo más profundo de la mente, alguna
respuesta a una situación consciente.
C
Caballo
El caballo es símbolo de fuerza, vitalidad y energía. En distintas tradiciones
el caballo tenía poderes de adivinación y se lo relacionaba también con la
iluminación. Por eso se dice que Buda abandonó su vida mundana sobre el
lomo de un caballo blanco.
La tradición islámica, por ejemplo, lo relaciona con la felicidad, la
riqueza y con el profeta.
Cuando se sueña con un caballo y este es fuerte, imponente y enérgico,
puede estar representando a la figura paterna, a la necesidad de protección y
guía espiritual. Igualmente, está mostrando cuáles son los sentimientos del
soñante con respecto a su energía y sexualidad.
Si en el sueño uno controla al caballo, sugiere que hay dificultades con
las necesidades instintivas; y si el caso es que el caballo arrastra al soñante,
entonces estaría indicando la necesidad de soltar el control de una situación
o de dejarse llevar por un instinto.
Si el caballo se ve cansado o enfermo, habría que poner atención en la
salud física y psicológica de quien está soñando. Y si, por el contrario, el
caballo goza de buena salud y está siendo cabalgado por el soñante, indica
que se tiene suficiente fuerza y autocontrol como para sobrellevar los
posibles conflictos de la vida diaria.

Cabello
El cabello representa la fuerza y el poder personal. El corte o la pérdida de
cabello significan un debilitamiento de las fuerzas del sujeto. Un ejemplo es
el de la historia de Sansón, quien perdió todo su poder y su fuerza cuando
Dalila cortó su cabello.
Antiguamente se creía que el crecimiento del cabello era signo de
fortaleza, por eso a los niños no se lo cortaban durante largos períodos de
tiempo.
Rapar el cabello también marca una transición ritualista o de iniciación,
por eso es que budistas, ascetas, sacerdotes y monjes afeitan su cabeza
como ofrenda al hacer sus votos de pobreza y obediencia.
El cabello ha representado desde épocas remotas la protección tanto de
agentes externos como del frío y de las miradas de los otros.
El cabello también ha sido un símbolo de libertad y estatus social. Es así
como a los prisioneros y esclavos se les rapaba la cabeza para indicar su
baja condición social. Las mujeres que entraban a un convento y los
hombres que se convertían en soldados, también cortaban sus cabellos o
afeitaban sus cabezas.
Algunos mitos con respecto a las diosas madre como Isis, Cybele y Kali
cuentan que estas deidades podían dominar el clima cuando soltaban sus
trenzas y dejaban sus cabellos al aire.
Incluso para la religión cristiana el cabello podía atraer espíritus
malignos, por eso se obligaba a las mujeres a entrar a la iglesia con la
cabeza cubierta.
Cuando un samurai pierde la pelea y su contrincante corta su cabello,
esto simboliza una caída en el deshonor y la desgracia.
Todas estas referencias míticas e históricas justifican por qué el cabello
en nuestros sueños simboliza fuerza y protección. Y habría que preguntarse
al soñar con cabello si se está atravesando por alguna crisis en la que el
soñante se sienta fuerte o debilitado, si apunta a un cambio en su posición
social o si señala su necesidad de protección.

Caída
Este tipo de sueño es más común en la infancia que en la vida adulta porque
la caída refleja la propia vulnerabilidad, y los niños se sienten muy
vulnerables frente a un mundo que van conociendo de a poco. Pero también
nos sucede de adultos, cuando las circunstancias cambian y debemos
adaptarnos a algo inesperado.
Este sueño suele darse en períodos de transición, cuando sentimos una
gran inseguridad sobre cómo actuar frente a una situación nueva o cuando
desconocemos lo que va a suceder.
Denota el temor a perder algo, que puede ser prestigio, autoestima,
dinero, amistades, pareja, etc., y son más frecuentes en hombres que en
mujeres, porque el temor a la pérdida material, aflige más al hombre quien
culturalmente debe ser el sostén de la casa, e implica una pérdida de su
virilidad.
Generalmente la imagen que se presenta es la de la caída propia o de
otra persona (que simboliza al soñante), o simplemente se trata del miedo a
caer; pero en cualquiera de estos casos, se sienten emociones intensas que
incluyen pánico, confusión, miedo, incertidumbre, terror, y a veces una gran
resignación ante el destino inevitable que implica la caída.
Los sueños sobre caídas —en especial si se repiten— son señales claras
de que se debe tomar las riendas de alguna situación, aumentar la
autoestima, buscar nuevas soluciones para conflictos ya existentes y
procurar la ayuda y contención necesaria para no sentirse tan solo e
impotente frente a lo que se está viviendo o lo que está por venir.

Casa
La casa está asociada a la idea de protección, al útero, lo femenino, lo que
nos contiene. También es un símbolo de uno mismo y de la propia
percepción.
La casa en el sueño es una representación del mismo soñante y en ella
se funden los diversos contenidos de su vida psíquica. La casa anuncia
cómo se siente realmente quien está soñando: una casa espaciosa, bien
mantenida y decorada indica una situación interior serena con un gran
espacio vital, amplia posibilidad de comunicación y de acoger nuevas
experiencias; si está vacía o con habitaciones sin habitar, es señal de que
hay algo que está faltando en la vida del soñante, hay un vacío en su
estructura psíquica y puede estar anunciando una patología; una casa nueva
sería el símbolo de una nueva vida; y una casa habitada en el pasado estaría
mostrando la necesidad de refugiarse en una situación anterior, en los
afectos del pasado o que hay que buscar algo en el pasado que es necesario
para el presente.
Cuando el soñante se encuentra en una situación límite o muy
conflictiva y sueña que se refugia en una casa, significa que busca regresar
al útero materno donde no existía peligro y estaba protegido de todo lo
adverso.

Colores
Generalmente se sueña en colores pero rara vez se recuerdan, salvo que
hayan tenido una preponderancia suficiente. El color se presenta para darle
mayor énfasis a la emoción a la que está ligado, y en eso radica su
importancia. Por eso se deben tener en cuenta los colores que han dejado
una fuerte impresión en el soñante y que son los que generalmente se
recuerdan bien.
A veces los colores aparecen con muchas combinaciones, por lo que
conviene primero analizar su significado individual y luego dentro del
contexto del sueño.
A continuación se incluye un listado de los colores, de los temas y
emociones a los que hacen alusión:
Amarillo: simboliza equilibrio físico y psíquico.
Azul: es símbolo de armonía, serenidad, frialdad y claridad. Si es un azul
oscuro indica prudencia.
Beige: casi siempre indica neutralidad. No suele sobresalir en el sueño.
Blanco: sugiere pureza, salud, perfección.
Blanco y negro: cuando los colores blanco y negro se presentan juntos,
como por ejemplo en un mosaico, un tablero de ajedrez, una pareja de
novios (vestido de novia y traje), objetos con franjas negras y blancas, etc.,
lo que están indicando es un cambio decisivo en la vida del soñante,
generalmente de los problemas (negro) a las soluciones (blanco), aunque
puede suceder que sea lo contrario, que haya más extensión de negro que de
blanco, lo que estaría representando un empeoramiento de los problemas.
Colores pálidos o pastel: cuando cualquier color se presenta en esta
tonalidad indica salud, armonía, equilibrio psíquico y físico.
Dorado: habla de esplendor, salud y abundancia, tanto material como
afectiva.
Gris: sugiere enfermedad, melancolía, prudencia, severidad y estaría
indicando un estado depresivo.
Marrón: sugiere problemas inmediatos, enfermedad, severidad, bajeza, y
también puede indicar prudencia.
Morado: hace referencia a la curación o a la nobleza de espíritu.
Naranja: indica fuerza física, cambio en el enfoque de la vida, o puede
estar mostrando una depresión.
Negro: sugiere problemas. También anuncia una muerte, pero que no tiene
que ser física necesariamente, puede ser la muerte de una situación, de una
conducta, de un estilo de vida, de una relación, depende del resto del sueño.
Muchas veces esa muerte supone el fin de algo que se está esperando que
termine.
Plateado: como el dorado sugiere riqueza y abundancia en todos los
órdenes de la vida.
Rojo: simboliza el amor, la ira y las pasiones. Si es un rojo fluido, se trata
de amor y vida. Si es un rojo estático, implica ira. También puede estar
anunciando un peligro inminente.
Rosa: simboliza la salud, el equilibrio emocional y físico, la niñez o una
forma de amor inocente.
Verde: es símbolo de la vida, de la salud, de un equilibrio físico y psíquico,
de desarrollo, de dinero y de abundancia.

Copa
La copa es un símbolo femenino, representa el útero, la matriz, la
receptividad, la fecundidad. Es un clásico símbolo freudiano de la
sexualidad femenina.
El ritual de la Eucaristía para el cristianismo, beber la sangre de Cristo
depositada en una copa, simboliza una promesa de vida eterna, por lo que la
copa es también una representación de la inmortalidad.
La búsqueda del Santo Grial, entendido como el Cáliz Sagrado, iniciada
por los Caballeros Templarios, se convirtió en la búsqueda simbólica de la
salvación y la inmortalidad.
Para Jung el grial mantiene el simbolismo femenino de ser receptáculo
pero incluye a la vez al dador. Por eso es que relacionó la búsqueda del grial
con “la integridad interna que los hombres han estado buscando siempre”.
En el sueño, la copa simboliza lo femenino, la transformación, la
búsqueda de la inmortalidad, la necesidad de integración de lo inconsciente
y lo consciente y muestra el camino al proceso de individuación.
D
Desierto
Soñar que se está en un desierto indica una profunda soledad. Esta soledad
puede manifestarse con sentimientos de desazón, melancolía, angustia, lo
que indicaría el estado de indefensión y vulnerabilidad en el que se halla el
soñante; o puede estar acompañada de sentimientos de serenidad, placidez,
comodidad y sosiego, lo cual estaría manifestando la necesidad de estar
solo, de recluirse de los problemas o de alejarse un tiempo de la vida
cotidiana.

Desnudez
El sueño de estar desnudo en público suele estar acompañado por
sentimientos de angustia y vergüenza, que continúan aún cuando el soñante
despierta, y suelen repetirse varias veces.
Lo que está expresando esta imagen onírica es el estado de
vulnerabilidad en el que se halla el soñante o el miedo a ser vulnerable.
El estar expuesto a las miradas ajenas sin vestimenta, mostrándose al
mundo sin esconder nada, es un indicador del temor a ser visto tal cual es y
a que descubran las verdaderas intenciones del soñante.

Dientes
Los dientes tienen dos funciones, la de morder y la de masticar, y están
ligados al proceso de nutrición, uno de los instintos básicos del individuo.
El acto de morder, en los sueños, tiene un profundo significado sexual,
se “muerde” a la presa para capturarla y poseerla, se quisiera poder “comer”
al otro por amor.
Cuando se muerde o se mastica uno se adueña de algo del mundo
externo para asimilarlo al propio cuerpo. Esto puede ser una búsqueda de
energía física, psíquica o sexual. Por eso, soñar que se caen los dientes es
una demostración de la pérdida de energía del soñante, de su imposibilidad
de sostenerse y de conservarse “entero” frente a las dificultades o a una
situación en particular; también su incapacidad de aferrarse a la vida frente
a la adversidad.
En muchos hombres, soñar con dientes que se caen está indicando su
miedo a la impotencia sexual y a la imposibilidad de poseer al otro, al
tiempo que anuncia una pérdida efectiva de energía sexual.
Soñar con dientes es muy frecuente y su significado va a variar de
acuerdo con el contexto del sueño y, sobre todo, con relación a los
sentimientos y emociones que susciten en el soñante.
Además de los ya descriptos, algunos significados posibles son los
siguientes:
— Como los dientes perduran más que los huesos, pueden estar indicando
resistencia.
— También son un símbolo de poder personal.
— Cuando en el sueño aparecen solo los dientes delanteros, están aludiendo
a la imagen pública y sus responsabilidades.
— Dientes nuevos sugieren nuevos intereses.
— Cuando se sueña que los dientes que se caen son reemplazados por otros,
es una señal de que el soñante se encuentra en un proceso de maduración,
de cambio y transformación.

Dinero
El dinero es siempre un símbolo de poder, tanto en la vida diaria como en
los sueños. Es el elemento que permite “obtener lo que uno quiere” y
“sostener lo que uno tiene”.
Por eso es que el dinero es un símbolo fálico.
En el hombre, soñar con dinero representa su propia virilidad y poder.
Cuando hay abundancia, significa que posee gran capacidad de solucionar
problemas y conflictos. Cuando se sueña con pérdida de dinero, representa
los sentimientos de impotencia del soñante, pérdida de poder, indefensión y
pérdida de la virilidad.
En la mujer, siempre tiene un alto contenido sexual, y depende del
contenido del resto del sueño, puede estar sugiriendo que se trata de una
mujer fálica.

Dormitorio
Soñar que se está en el dormitorio alude —al igual que en el caso de la casa
— a la idea de protección, de lo femenino y lo que nos contiene.
Por ser un lugar muy íntimo, representa los sentimientos y emociones
más profundos del soñante.
También puede estar señalando la necesidad de refugio y contención
frente a una situación determinada.
E
Embarazo
El embarazo en sí mismo es un símbolo de transformación física y psíquica.
Implica un próximo nacimiento, algo se está gestando y esto conlleva una
gran expectativa.
Los sueños sobre embarazos y nacimientos pueden presentarse en
cualquier momento de la vida, incluso los hombres también pueden
tenerlos.
Soñar con este tema refleja que se están generando cambios importantes
y trascendentales en el soñante y es un símbolo de que algo nuevo aparece,
o está por surgir en su vida. También es el resultado de alguna expectativa
importante que puede tener quien sueña en ese momento.
Estos sueños se presentan frecuentemente en períodos de transición de
la vida, cuando se está pasando de una etapa vital a otra.
Su significado es muy importante y generalmente tienen una
connotación positiva y los sentimientos y emociones que lo acompañan son
de expectación, plenitud y alegría, aunque también puede estar presente
algo de ansiedad.
A veces estos sueños tienen relación con experiencias vividas realmente
y repiten lo que se ha sentido en esas oportunidades.
El embarazo en los sueños acerca al soñante a su inconsciente,
haciéndole descubrir su capacidad creadora, de supervivencia, y de
protección.
Representa también un renacer, la gestación de nuevos proyectos, el
inminente nacimiento de algo nuevo, la posibilidad de concretar ideas en el
futuro, y la existencia de un gran caudal creativo.
Podemos afirmar, luego de años de investigación, que este tipo de sueño
en algunas mujeres indica la existencia de un embarazo real que todavía no
fue anunciado, y en otras, el profundo deseo de ser madres.

Escalera
La escalera es un símbolo de la conexión que hay entre lo inconsciente y la
conciencia. Si bien el inconsciente no está ubicado por debajo de la
conciencia, generalmente es considerado como un mundo “subterráneo”; y
la conciencia como lo que está en la superficie.
Por eso, al soñar que se baja una escalera, se está representando el
descenso al terreno de lo inconsciente, quizás se esté necesitando buscar
“allí” lo que hace falta para resolver determinada situación vivida por el
soñante.
Si, por el contrario, se sueña que la escalera asciende, puede indicar el
regreso a la conciencia de algo que se había mantenido en la esfera de lo
inconsciente.
Muchas veces, en algunos estados patológicos, por ejemplo, soñar que
se asciende una escalera significa que se está logrando salir de las
profundidades de una depresión. Y si se sueña, en cambio, que se desciende
y que está oscuro y sombrío, podría estar indicando la entrada a un estado
depresivo.

Espejo
El espejo y la imagen que este refleja son símbolos de la unidad, de la
integración física y psíquica, del auto conocimiento, del auto
descubrimiento, de la capacidad de diferenciación entre el sujeto y el
objeto, de la posibilidad de reconocerse y de aceptarse y de la
representación del propio ego.
El espejo ha sido objeto de formación de mitos y leyendas.
En muchas tradiciones el espejo posee cualidades mágicas, tiene el
poder de “captar” el alma de quien se refleja en él, y es el portal hacia otros
mundos. Estas cualidades han sido retratadas en muchos cuentos: la
madrastra malvada de Blancanieves consulta a su espejo mágico quién es la
mujer más hermosa de todo el reino y es el mismo espejo quien le dice
dónde está escondida; y en Alicia a través del Espejo Mágico, de Lewis
Carrol, también se muestra el poder de los espejos de conducir hacia
mundos desconocidos. Asimismo podemos hacer referencia al mito de
Narciso: su reflejo en el agua simboliza la trampa de la vanidad y el ego.
La Luna para algunos, también es considerada un espejo porque refleja
la luz del Sol.
Cuando alguien sueña con espejos debe preguntarse qué aspecto de sí
mismo reflejaba el sueño; si se estaba pidiendo de alguna forma que se
mostrara la verdadera cara de uno mismo; si la imagen reflejada era
verdadera o falsa, reconfortante o aterradora; si fue un sueño contemplativo
o en el que el soñante participaba activamente; si el espejo mostró alguna
característica en particular de uno mismo o de otra persona; si ese espejo
estaba mostrando alguna imagen del futuro.
De acuerdo cómo se respondan estos interrogantes se puede establecer
qué es lo que el espejo está simbolizando. Puede ser que esté anunciando un
hecho futuro, o que nos esté indicando a qué situación debemos prestarle
atención o a qué parte de nuestra personalidad, qué imagen tenemos de
nosotros mismos, qué conductas debemos reafirmar o corregir, o cómo
creemos que nos ven los demás.

Estrellas
Las estrellas son consideradas desde épocas remotas como símbolos de
guía, orientación y esperanza porque son las que iluminan el cielo
ofreciendo una luz en la oscuridad nocturna, que puede estar representada
por la oscuridad del alma, de lo inconsciente, de lo desconocido.
Muchas constelaciones son reflejos de mitos y deidades, razón por la
cual se ha considerado durante mucho tiempo que las estrellas influían en la
vida humana.
Las estrellas fugaces, por su parte, eran consideradas proféticas.
En algunas culturas, las estrellas representaban a los difuntos que, desde
el cielo, iluminaban la noche.
Como están sobre nosotros, simbolizan la fama, los grandes ideales y la
constancia.
Las estrellas en los sueños pueden estar sirviendo de guía en alguna
situación “oscura”, o indicando la necesidad de encontrar un guía; pueden
estar representando los altos ideales del soñante; reflejando que el soñante
ha alcanzado el éxito; indicando un camino para la concreción de las
aspiraciones; expresando sentimientos esperanzadores; o mostrando que se
debe ser constante para llegar a algún objetivo.

Excremento
A nivel consciente el excremento da la idea de algo repugnante, pero a nivel
inconsciente su significado es muy distinto.
El excremento, para el niño, es su primera creación, el primer producto
propio que puede retener o expulsar a voluntad, por eso es un elemento muy
valioso para él en la denominada “etapa anal”; el excremento para el niño es
su tesoro. Asimismo, el estiércol es utilizado como abono para hacer que la
tierra sea más fértil, y, por lo tanto está relacionado con el crecimiento y con
la generación de una nueva vida.
Es por estas razones que la presencia de excrementos en los sueños
tiene que ver con la riqueza, el dinero y la prosperidad.
Puede suceder que en el sueño el excremento también simbolice algo
que ha perdido su valor, todo depende del contexto en el que la imagen esté
inserta.
F
Flores
Las flores representan el ciclo de la vida: nacimiento, crecimiento, muerte y
renacimiento. Debido a que también simbolizan lo fugaz, efímero y lo breve
de la vida, se utilizan en los funerales para recordar que a pesar de que la
vida terminó, existe la esperanza de renacer.
Por su forma de cáliz y su belleza están asociadas al principio femenino,
cuya característica distintiva es la receptividad.
Cuando se sueña con flores, se debe prestar atención a las emociones
que acompañan a esta imagen onírica; si se siente alegría, representan
esperanza y desarrollo; si se asocian con un funeral o están marchitas,
significa que algo está llegando a su fin, que una situación ha empeorado, o
puede ser una señal de enfermedad, generalmente física. Si la flor que
aparece en el sueño se muestra abierta y receptiva, es un símbolo de los
genitales femeninos. Y si posee dientes o intenta devorar al soñante,
representa a una madre castradora o devoradora.
También puede estar anunciando el florecimiento de una nueva vida,
actitud o proyecto.

Fuego
El fuego se asocia al calor, a la luz, a las pasiones, al corazón y a la ira.
También es asociado a la regeneración cuando consume lo viejo dando paso
a lo nuevo. En ese sentido simboliza la vida eterna, representada por la
llama eterna usada en algunas conmemoraciones.
Junto al aire, el agua y la tierra, el fuego es uno de los cuatro elementos
arquetípicos del Universo, y, a diferencia de los otros, es el único en el cual
no puede existir vida. Por eso se lo ha ligado a seres y deidades míticas. Un
ejemplo es el ave Fénix, que se auto destruye en una pira hecha por él
mismo para renacer de sus propias cenizas, lo cual representa la auto
renovación, el renacimiento y la juventud eterna. Por otro lado se lo liga al
diablo y a los fuegos del infierno, simbolizando destrucción y sufrimiento.
El «bautismo de fuego», implica el paso por una situación dolorosa e
insoportable, que deja una “marca a fuego” en el individuo, pero que le
permite ser más fuerte y tolerante, esto representaría una especie de camino
iniciático.
Su simbolismo es ambivalente, porque por un lado alude a la pasión, al
amor ardoroso, a la energía, a la renovación y la purificación; y por otro, a
la destrucción, el sufrimiento, la ira y el peligro.
A veces, soñar con fuego revela cómo se manifiesta la energía psíquica.
Si se sueña con incendios, es una señal de alarma de que existe algo
destructivo en el soñante que se está nutriendo de sus energías psíquicas,
que tal vez esté consumiendo su salud física y psíquica y que escapa
totalmente a su control. Es una advertencia a la que hay que prestar
atención y buscar ayuda profesional en forma inmediata.
Al soñar con fuego hay que preguntarse si se contuvo o estaba fuera de
control; con qué sentimientos consumía al soñante: amor, culpa o rabia; si
indicaba un medio de regeneración o purificación; si el fuego y el resto del
sueño tienen que ver con alguna conducta o actitud del soñante que deba ser
destruida y transformada; si se está viviendo algún conflicto que se escapa
de control; y, por supuesto, en qué contexto se da la imagen onírica.
G
Gato
Es la representación típica de la feminidad porque simboliza la sensualidad,
la irracionalidad y la impulsividad. También es símbolo de independencia,
intuición y traición.
El gato simboliza al mismo soñante, y de acuerdo qué cualidades estén
siendo resaltadas en el sueño, podría indicar aspectos rechazados o
valorados de sí mismo, depende del contexto y los afectos que lo
acompañen.
Como se lo asocia con la noche y el misterio, en algunas ocasiones
puede indicar que hay algo oscuro en la vida de quien está soñando que es
necesario esclarecer.
El gato fue considerado un animal sagrado por los egipcios y se le
atribuían poderes, por lo que era respetado y venerado. Por eso en algunos
sueños su imagen puede estar representando altos ideales y grandes
proyectos.
Los gatos pequeños simbolizan a los niños, el mundo infantil o
características infantiles del soñante.

Gruta
Las cuevas se asocian con la vida y la muerte. Simbolizan a la matriz de la
tierra que da la vida y, a su vez, el lugar en donde descansan los muertos.
Además, la cueva o la gruta es símbolo de refugio, por lo que en los
sueños suele indicar la necesidad de protección, de regresar al vientre
materno.
Simboliza también al inconsciente como lugar en donde se esconden (de
la conciencia), los instintos.
H
Hermano
El hermano tiene un simbolismo semejante al del amigo, es una figura lo
suficientemente cercana como para permitir proyectar en ella los aspectos
de la propia personalidad que no son aceptados por el mismo soñante o con
los que tiene dificultades. Suele aparecer también como portador de buenas
cualidades, que serían aquellas que el soñante desea adquirir.

Huracán
En un huracán tres de los cuatro elementos tradicionales: fuego (rayos), aire
(viento), agua (lluvia), arremeten contra la tierra (soñante). Esto significa
que existe una situación inesperada, confusa o conflictiva, que está
poniendo a prueba al soñante y por la cual se siente desbordado.
J
Jardín
Uno de los nombres que da la Biblia al Paraíso es “El Jardín del Edén”, y
los musulmanes llaman a Alá “El Jardinero”. Esto significa que el jardín ha
representado siempre el lugar de mayor armonía espiritual, el sitio en el que
mora la divinidad.
Recuperar el paraíso perdido alude a la necesidad de restaurar la propia
vida, resolver conflictos, y alcanzar la salud física y psíquica ideal.
El jardín en los sueños es símbolo de fertilidad, belleza, orden,
crecimiento y armonía. Es una especie de santuario que ofrece seguridad y
refugio.
Representa el “jardín interior”, la vida psíquica, refleja los sentimientos
que el soñante tiene respecto de algo que está cultivando en su vida, y
muestra lo que está creciendo en su interior.
También simboliza al órgano sexual femenino, con su capacidad de dar
vida y propiciar el crecimiento. En ese sentido indica capacidad creadora.
Volviendo al Jardín del Edén, fue el lugar en el que Adán y Eva
cometieron el primer pecado capital al comer el fruto prohibido, que está
aludiendo a su primer acto sexual. Por eso el jardín en los sueños también
tiene connotaciones sexuales.
De acuerdo con las condiciones en que se encuentre el jardín, éstas van
a indicar qué imagen se tiene de la propia vida, de la propia creatividad y
del aspecto sexual. Puede ser que el jardín aparezca en estado salvaje,
ordenado, estructurado, lozano, marchito, si es un lugar de refugio, etc.
L
Luna
La Luna es un símbolo femenino que se opone al Sol (masculino).
Alude a la madre, a lo oculto, a lo profundo del inconsciente, de
acuerdo con el contexto del sueño.
Sirve de espejo al Sol porque refleja su luz, pero también tiene una cara
oculta, por lo que simboliza lo oculto y lo que debe develarse, lo femenino
y lo masculino como opuestos complementarios. Si un hombre sueña con la
Luna puede representar sus aspectos femeninos; y si el sueño lo tiene una
mujer, sus aspectos masculinos.
M
Madre
La madre representa la fertilidad, la nutrición y el nacimiento. Cobija,
alimenta y protege, pero también ahoga y asfixia, por lo que representa la
destrucción, la desintegración y la muerte.
Muchas de las diosas de las culturas antiguas fueron diosas madres,
como es el caso de la diosa egipcia Isis y la diosa asiria Ishtar. A menudo se
las relacionaba con animales como a Nut, la diosa egipcia del cielo,
representada por una puerca alimentando a su cría.
Psicológicamente la madre está asociada a los instintos y las emociones.
El arquetipo de la Gran Madre, es la personificación del misterio y el poder
femenino, que se puede manifestar en la naturaleza humana como
protección y alimento; a través de símbolos como la tierra, el mar, la cueva,
la osa, la loba, la Luna, la flor y algunos tipos de embarcaciones; e incluso a
través de la propia madre.
Cuando aparece en un sueño hay que preguntarse si era la imagen de la
propia madre, de la madre de otra persona, una manifestación arquetípica, si
era protectora o asfixiante, si está indicando la necesidad de ser madre, o si
refiere a algún proyecto que se está gestando.

Mar
El mar, como los sueños de agua, apuntan al mundo inconsciente, a lo que
está en lo profundo de la psiquis, a los instintos y emociones ocultas, por
ser reservorio de tesoros escondidos como morada de seres que se ocultan
en las tinieblas.
Representa también el origen de la vida, y por eso se lo relaciona con la
madre, siendo tanto un símbolo de potencia vital como de abismo que traga,
ahoga y asfixia.
Se debe tener en cuenta en el sueño el tamaño del mar y su profundidad,
si está calmo o agitado, si está limpio o sucio. Todo ello dará una idea de lo
que esta imagen onírica quiere transmitir acerca de lo inconsciente, del
estado del psiquismo profundo y de la energía vital.
Máscara
En las culturas más antiguas las máscaras representaban espíritus o
entidades que transferían sus poderes a quienes las usaran. También se
utilizaban con propósitos teatrales, rituales y funerarios, y permitían asumir
las características de un personaje, dios, demonio o tótem.
La máscara posibilita que quien la usa pueda adoptar otra cara, otros
rasgos de personalidad y pueda cumplir otro rol.
La máscara tiene que ver con la identidad, y simboliza aquello que se
quiere mostrar y lo que se quiere ocultar de uno mismo.
Simboliza el ego, la identidad, la hipocresía, la falsedad, la apariencia,
el rol y la transformación, de acuerdo cómo se presente en el sueño.

Montaña
La montaña es un símbolo del contacto entre el cielo, la tierra y el mundo
subterráneo. En muchas civilizaciones antiguas las montañas eran las
moradas de los dioses y en ellas se hacían sacrificios.
Subir una montaña representa la búsqueda de crecimiento espiritual y el
querer alcanzar grandes ideales.
Como se mantienen inmóviles y poseen la característica de ser estables
y relativamente invariables, son un símbolo de perdurabilidad, terquedad y
constancia. También pueden aludir a grandes obstáculos que se presentan en
el camino.
Hay que tener en cuenta si en el sueño la montaña aparece para que el
soñante la suba, si aparece como un escollo, o si solo se muestra para ser
observada.
Muchas veces puede estar indicando la necesidad del soñante de
adquirir seguridad y constancia cuando atraviesa situaciones difíciles.
N
Niño
Soñar con un niño es la representación de una nueva vida, de nuevos
proyectos y potencialidades, de algo que se está gestando. También puede
estar mostrando una parte de la personalidad del soñante que se encuentra
debilitada o un aspecto de su vida que hay que desarrollar.
Es un símbolo ambivalente; por un lado significa inocencia,
simplicidad, curiosidad, pureza e instinto; y por otro, impotencia,
incapacidad, dependencia, inmadurez e irresponsabilidad.
Como figura arquetípica, el niño a veces aparece representado por el
niño Jesús, Moisés o Buda, quienes nacieron bajo circunstancias inusuales y
fueron expuestos desde edad temprana a la adversidad.
El arquetipo del niño también está relacionado con la vulnerabilidad que
se experimenta al explorar la propia potencialidad.
Jung decía que este arquetipo “siempre presagia el futuro y lleva
consigo el origen de nuestro propio final”, por lo cual también personifica
la idea del destino.
Ante la presencia de esta imagen onírica cabe preguntarse si el soñante
se está comportando en algún ámbito de su vida en forma infantil; si el
comportamiento del niño era curioso e inocente o demandante y
dependiente; o si está representando nuevas oportunidades que aún no han
sido captadas conscientemente por el soñante.
O
Ojos
Los ojos, para la cultura egipcia, eran los órganos de la luz y los que abrían
paso al nacimiento del mundo. Y los griegos atribuían a la vista el primer
lugar del conocimiento.
La vista, mucho antes que el tacto y el olfato, es nuestro primer
instrumento de conocimiento, nos permite descubrir el mundo que nos
rodea y conectarnos con los demás. Asimismo, el dicho que afirma que los
ojos son el espejo del alma, quiere decir que revelan todo tipo de
emociones, y proporcionan indicios acerca de la honestidad, el carácter y la
sinceridad.
El llamado “tercer ojo”, representa la capacidad intuitiva y la mirada
que se tiene de uno mismo.
Soñar con ojos o con la vista, evoca la percepción de uno mismo y del
mundo que nos rodea.
La imposibilidad de ver, estar ciego, con los ojos tapados o no lograr ver
con claridad, indica la pérdida de entendimiento de las reglas de nuestro
mundo, comunica la dificultad de escoger la manera correcta de enfrentar
alguna situación en particular, y simboliza que hay algo que no queremos
ver porque nos infunde temor o porque no nos sentimos preparados para
enfrentarlo.
P
Padre
Soñar con el padre es muy frecuente en la infancia, y va desapareciendo con
los años hasta reaparecer en momentos de dificultad en la vida adulta
simbolizando los conflictos con el mundo externo y con las relaciones
intelectuales.
El padre se asocia al principio masculino y a lo consciente,
representando el dominio y el control. Representa el mundo de las
prohibiciones y los mandatos, es quien frena u obstaculiza la libertad y la
rebelión de los instintos.
Soñar con el propio padre puede aludir a los sentimientos que inspira, a
lo que el soñante siente por él o a cualquier aspecto de la relación entre
ambos.
Pero hay que tener en cuenta que tal vez el sueño no se refiera al padre
real y biológico, sino al arquetipo paterno, uno de los más poderosos
símbolos de poder y orden. El padre representa la autoridad final, la ley y el
orden.
Muchas mujeres sueñan con el padre cuando toman conciencia de sus
impulsos sexuales, y él estaría representando sus sentimientos de culpa. El
complejo paterno puede tener una fuerte implicancia en el inconsciente de
una mujer. El primer hombre que conoce es su padre, y dependiendo de
cómo haya sido su relación con él, va a ser la forma en que pueda
relacionarse con otros hombres y con su propio lado masculino.
La relación de un niño o una niña con su padre y su separación de él
desempeñan un papel fundamental en su desarrollo como hombre o mujer.
El padre simboliza la procreación, el dominio, la autoridad civil y
moral, la razón, la ley y la guerra. Como símbolo masculino, el padre se
conecta al Sol, a los elementos de aire, de fuego y al rayo.
La imagen onírica del padre se relaciona con la autoridad, la lógica y el
conocimiento.
El padre positivo es el sabio, protector y juez.
El padre negativo es el que desalienta la independencia, el tirano, el que
somete y exige sumisión.
Psicológicamente, la única manera para que un individuo logre su
autonomía e independencia es moverse, simbólicamente, lejos de la
influencia de los aspectos negativos del padre.

Perro
El perro es considerado un compañero fiel del hombre, y como tal,
representa la amistad y la fidelidad. Pero también puede tratarse de un perro
feroz, en ese caso estaría simbolizando a los instintos, a lo inconsciente.
El perro muchas veces puede representar al mismo soñante, por eso
habría que ver cuáles son las características que posee en el sueño, y en qué
situación se lo inserta.
Cuando en el sueño aparece el soñante luchando contra perros feroces,
estaría indicando el temor ante una prueba difícil de superar, la angustia
ante posibles asaltos sexuales, la lucha con los propios instintos reprimidos
que pujan por salir, o los miedos que se derivan de las presiones recibidas
del entorno.
Cuando un perro aparece frente a un peligro, indica generalmente que se
está ante una relación afectiva que es nociva para el soñante.
Cuando la imagen del perro, en el sueño, aparece al lado del soñante
brindando compañía y protección, indica claramente la necesidad de
sentirse amado, de amar y de establecer una relación afectiva sólida y
permanente.

Puente
Un puente es un medio que sirve para comunicar dos lugares separados y
permite pasar de uno a otro. Generalmente atraviesa algo: un río, una vía
férrea, un lago que separa dos islas. Otorga la posibilidad de salvar un
obstáculo. Y tiene la característica de ser un lugar de paso, de tránsito.
En algunas culturas antiguas el puente representaba un medio de
comunicación entre la vida y la muerte, entre el cielo y el infierno. Incluso
al arco iris se lo consideraba un puente celestial, una conexión entre la tierra
y el cielo.
Un puente, entonces, simboliza que se está en un período de transición,
o frente a un cambio importante.
Como conectores, los puentes aluden a transiciones entre estados de
conciencia, etapas o cambios en la vida y el pasaje de lo desconocido a lo
conocido, del pasado al presente o del presente al futuro, de lo viejo a lo
nuevo.
También simboliza el camino para superar alguna dificultad por la que
atraviesa el soñante o el triunfo sobre algún obstáculo que se le ha
presentado.
El puente también indica la necesidad de superar una adversidad o de
tomar una decisión importante.
Hay que considerar cómo es el puente que se presenta en el sueño, si es
fuerte y firme, si es ruinoso y frágil, si se logra cruzar o no, y si se sintió
temor al cruzarlo.
El grado de fortaleza del puente representa cuán fuerte es la conexión
que tiene el soñante con los avatares de su vida o el grado de dificultad que
posee para enfrentarse con un momento de transición actual.

Puertas
Las puertas en los sueños simbolizan los pasos hacia cambios importantes.
Indican el camino hacia la resolución de problemas, y conectan un
momento de nuestra vida con otro.
Representan oportunidades que están próximas o que ya están frente al
soñante.
Si la puerta aparece abierta indica que la oportunidad está frente a él, o
que se encuentra en el umbral de un cambio en su vida que le va a permitir
dejar atrás situaciones viejas y que ya no sirven.
Cuando la puerta está cerrada alude a las dificultades que tiene el
soñante para enfrentar nuevas situaciones.
R
Río
El río generalmente nace en la montaña, desciende sinuoso por llanuras y
valles hasta desembocar en el mar, representando la propia existencia. El
fluir de sus aguas se relaciona con el fluir de la vida y las generaciones
pasadas y futuras.
Cuando el río fluye, significa que una corriente de energía fluye en el
soñante, y cuando se ve ese fluir desde lejos puede estar reflejando una
pérdida de energía o sentimientos que no sabe aprovechar.
El nadar contra la corriente de un río simboliza un intento por regresar
al útero materno, o el estar yendo en contra de la propia naturaleza o puede
ser también un signo de resistencia en medio de las situaciones que presenta
la vida.
En la mitología, los ríos aparecen a veces como límites entre una vida y
otra o entre la vida y la muerte. Es por esto que también pueden simbolizar
el pasaje de un estado a otro, un momento de transición en la vida del
soñante o un momento de cambio.
El río simboliza movimiento, cambio, fluidez y alude al paso del
tiempo. Como símbolo de éste último, puede estar anunciando
irrevocabilidad y pérdida.
Cuando el río aparece desembocando en el mar, indica confluencia; la
unión del individuo con sus ideales más altos; la llegada del éxito,
largamente esperado; y muestra que el soñante está en pleno proceso de
transformación.
Hay que considerar, en el caso de haber cruzado un río en el sueño, si se
hizo o no con dificultad, lo cual daría una pauta de cómo se está viviendo
algún período de transición.
Un río inmóvil o estancado puede representar un estancamiento en la
propia vida.
Un río desbordado o muy crecido, es una expresión del propio caudal
inconsciente que puja por abrirse paso a la conciencia. Y un río con una
fuerte corriente indica que los instintos pueden llegar a arrastrar y escapar
del control del soñante si no los reconoce y les da un cauce para que no
interfieran con su vida diaria.
S
Sangre
La sangre es símbolo de fuerza vital, de las emociones y de las pasiones.
Cuando antiguamente se hacían sacrificios, lo que se ofrecía a los dioses
era la sangre de la víctima, que les servía de alimento vital. Incluso en la
religión católica el beber la “sangre de Cristo” en el sacramento de la
Eucaristía simboliza el nutrirnos de su energía.
Jung afirma que cuando en sueños “entra en juego la sangre, la situación
es seria y el engaño representado por excusas, ya ha madurado”. Esto
significa que a través de la imagen de la sangre el inconsciente revela una
situación interior difícil, un sufrimiento intenso pero aún desconocido por la
conciencia.
La sangre menstrual alude a la fertilidad y la sabiduría.
Por ser la sangre de color rojo, incluye las características de ese color en
cuanto alude a las pasiones y, a veces, al peligro.

Serpiente
La serpiente es uno de los símbolos más importantes de lo inconsciente.
Evoca el encuentro con las fuerzas de la tierra y su significado ha
jugado un papel muy importante en muchas tradiciones culturales. Se asocia
con la creación, la sanación, la maldad, el renacimiento y la naturaleza
primitiva.
El ouroborus (anillo que representa a una serpiente mordiéndose la
cola), o la serpiente, simboliza el permanente ciclo de creación y
destrucción. El símbolo del caduceo (dos serpientes entrelazadas alrededor
de un bastón) era el emblema de la sanación en la antigua Grecia y la
Mesopotamia, y permanece como símbolo moderno de la medicina.
La asociación de la serpiente con la maldad surge de la tradición
judeocristiana, a través de la historia de la serpiente en el Jardín del Edén
que representaba la tentación y la peligrosa sabiduría.
Como las serpientes cambian su piel, ello se asocia con la muerte, el
renacimiento y la transmutación.
Psicológicamente, las serpientes representan el lado oscuro de la psique,
entendiendo por éste a lo inconsciente.
La parte menos evolucionada del cerebro humano que los científicos
llaman reptilian, se identifica con nuestros comportamientos más
primitivos. Se manifiesta cuando se pierde la razón y se emplea la agresión.
Una multitud de serpientes en un sueño estaría representando un estado
de confusión emocional del soñante.
La imagen onírica de la serpiente puede indicar una necesidad de los
instintos de manifestarse de alguna manera y que existe en el soñante una
gran tensión psíquica que, probablemente, esté apareciendo como agresión
en la vida diaria.

Sexo
El sueño puramente sexual, que lleva al orgasmo y a la eyaculación, es muy
común en la adolescencia y también se da en adultos con carencia de
actividad sexual.
Estos sueños dan una pauta de cómo se formaron las creencias acerca de
la sexualidad.
La fantasía sexual más corriente es la de verse con una pareja distinta a
la habitual, que tiene la característica de aumentar nuestra autoestima y
elevar la propia excitación sexual. En el sueño, esta figura puede aparecer
como el hombre o mujer ideal, o como alguien que causa rechazo o
repugnancia. Esto sucede así, porque en realidad el partenaire del acto
sexual en los sueños es, nada más ni nada menos, que una proyección de
una parte de nosotros mismos, y puede ser aquello que valoramos o lo que
rechazamos en nosotros.
Lo que aparece es el ánima o ánimus de la persona que sueña, depende
si es hombre o mujer. Esa figura en los sueños va a suscitar determinados
sentimientos o emociones de acuerdo con la medida en que se acepte o no
esa parte sexual opuesta de la personalidad.
Estos sueños son reveladores en el sentido de que muestran claramente
lo que se necesita a nivel sexual o las dificultades que se presentan en ese
plano en la vida diaria.
Muchas veces la figura que aparece en los sueños como coprotagonista
del acto sexual es un ideal, es aquella persona a la que se espera y ansía
encontrar. Una vez que el soñante pueda reconocer que esa es una parte de
sí mismo, le será más sencillo obtener la satisfacción sexual que necesita en
su vida de vigilia porque podrá construir relaciones afectivas más sanas.
La represión del deseo sexual que da lugar a inhibiciones y prejuicios,
muchas veces produce este tipo de sueños como necesidad de descarga de la
energía sexual contenida.

Sombra
La sombra se produce cuando se obstruye la luz y, por lo tanto, se la
relaciona con la oscuridad. En muchas culturas primitivas se creía que la
sombra era el alma o un doble de aquél que la proyectaba. Incluso se creía
que al morir, el alma dejaba el cuerpo a través de la sombra. Esta referencia
a la sombra en relación con la muerte y con la oscuridad se confirma en el
folklore popular con la creencia de que los hombres y los animales que se
unían al demonio y a la maldad quedaban sin sombra porque vendían su
alma.
La sombra arquetípica de Jung se refiere al lado oscuro de la psiquis,
son los aspectos inaceptables y rechazados de uno mismo y es todo aquello
que el individuo rechaza a la hora de reconocerse a sí mismo. Usualmente,
cuando la sombra emerge, se expresa con malos comportamientos, errores
repetidos, lamentos, prejuicios y juicios equivocados. La sombra representa
a aquellas partes de uno mismo que se prefiere mantener ocultas.
Se puede hacer referencia a una “sombra personal” y una “sombra
arquetípica”. Ambas conforman una sola que es nuestra “sombra
particular”.
La evidencia de una sombra personal aparece cuando hacemos
referencia a ella para indicar los aspectos indeseables que hemos reprimido
porque todavía no llegamos a aceptarlos como propios. Es la faceta de la
sombra que creamos nosotros mismos durante nuestra vida.
La sombra arquetípica, en cambio, es la parte inferior de la
personalidad. Tiene relación con aquella instancia que nos vincula a lo
zoológico. Jung gustaba referirse a la sombra llamándola “la cola del
saurio”, a causa de que representa la parte animal que permanece en
nosotros.
La sombra puede estar simbolizada por una imagen demoníaca, una
bruja, una mujer anciana y fea, una mujer sucia, encorvada, trabajando
generalmente en una habitación a oscuras sobre un caldero. Esa es la
imagen arquetípica de la bruja. Y es la imagen con la que en otros tiempos
los padres atormentaban a sus hijos, porque daba miedo, justamente, al
simbolizar todo lo malo, feo y desarmónico que habita en el psiquismo
humano. Esa mujer es la sombra tal como la sentimos: fea, sucia y
retorcida. Así como lo son ciertos aspectos que conviven en y con nosotros.
La bruja inspira temor porque si obtiene sus deseos (si la sombra triunfa)
uno queda a merced de ella.
En sueños, la presencia de la sombra puede presentarse con la imagen
de una persona muy inferior o primitiva y dotada de características
desagradables. Cuando alguien relata que ha soñado con un individuo
parecido a él, pero más chiquito, encorvado, generalmente oscuro, de
mirada que asusta, con dedos terminados en garras, probablemente no ha
hecho más que tener una visión onírica de su propia sombra, de la
contraparte negativa.
El proceso de individualización —explica Jung— exige del sujeto un
fluido diálogo con la sombra. Reprimirla no tiene sentido porque es
sumamente poderosa. Y cuando ya no hay en la psique energía suficiente
para seguir conteniéndola hace una violenta irrupción en la conciencia y
hace que el individuo actúe instintivamente como un animal o el famoso
personaje de Stevenson, Mr. Hyde.
Hall y Norby definen al arquetipo de la sombra de la siguiente manera:
“Contiene más elementos de la naturaleza animal básica del hombre que
cualquier otro arquetipo. Debido a sus profundas raíces en la historia
evolucionaria, es quizás el más poderoso y potencialmente el más peligroso
de todos los arquetipos. Es la fuente de todo lo que es mejor y peor del
hombre, especialmente en sus relaciones con los demás individuos del
mismo sexo”. En efecto, la sombra está, también, vinculada a la relación
entre individuos de un mismo sexo. Quien no ha incorporado
armónicamente su sombra tendrá dificultades en la relación con individuos
de su mismo sexo exhibiendo conductas ásperas, rudimentarias, tajantes y
llenas de dolor. Tanto es así que las experiencias que el niño va teniendo
con su padre determinarán la manera en que, luego, habrá de constituirse la
sombra en sus manifestaciones. Para la niña tendrá importancia, en este
asunto, la relación que mantenga con su madre durante la infancia.
Por un tiempo es posible reprimir a la sombra convirtiendo así a la
persona en lo que se espera de alguien “civilizado”. Pero la compensación
de este esfuerzo energético se advertirá en la pérdida de un alto grado de
espontaneidad, lo que obliga a adquirir, proporcionalmente, una enorme
rigidez para consigo mismo extensiva al trato con los otros. Es por esto que
aquellos que brindan una sensación de ser estrictos en los aspectos morales
suelen manifestar intolerancia, rigidez e irritabilidad.
La espontaneidad, la creatividad, las intuiciones profundas —propias de
cuando sentimos que las ideas surgen como si alguien, en nuestro interior,
las fuera entrelazando convenientemente— son logros que se obtienen
cuando aceptamos la existencia de la sombra que vive en nuestra psique,
atreviéndonos a discutir con ella. Mayor será la intensidad de todo lo
enumerado cuanto más conocimiento de nuestra sombra tengamos.
Si el individuo consigue que el Yo y la sombra actúen armónicamente,
el resultado se trasunta en una vida alegre, plena de felices sentimientos y
próxima al bienestar continuo. Una existencia que vive de cerca la
trascendencia y sabe lo que es llevar la serenidad en lo interno. Así la
persona estará en condiciones de realizar cosas útiles, difícilmente
perecederas, para beneficio de sus semejantes. Es decir, logrará el acceso a
la verdadera creación. La que trasciende todas las fronteras y también los
tiempos.

Sótano
El sótano es un símbolo del propio inconsciente, aquél lugar oscuro y
subterráneo en el que permanecen latentes los instintos, los conocimientos,
las experiencias y posibilidades que no se utilizan, aquello que aún no
hemos sacado a la luz de la conciencia, o que mantenemos “encerrado” y
oculto para que no estorbe.
El sótano en el sueño dice mucho acerca de uno mismo, de los miedos y
las angustias, pero también de las potencialidades.
Si está limpio y ordenado y lleno de cosas útiles, significa que el mundo
interior es rico y ordenado. Mientras que si está sucio y desordenado y lleno
de cosas viejas, estaría mostrando el estado en el que se encuentra el
inconsciente y es una llamada de atención para revisar qué es lo que está
sucediendo que produce tal desarmonía psíquica. Es también una señal de
que hay que empezar a poner las cosas en orden, de hacer una limpieza y un
cambio en las actitudes y de aceptar y asimilar las experiencias y aspectos
rechazados de uno mismo, para lograr integrar y “ordenar” aquello que está
provocando el caos interior.
T
Terremoto
Soñar con un terremoto indica la presencia, en el psiquismo, de emociones
largamente reprimidas, que se sienten como peligrosas y negativas porque,
al no encontrar una vía de escape adecuada, una manera de salir al
descubierto, crecen aumentando la presión de la energía psíquica y esto crea
el temor de que puedan liberarse de repente, con efectos devastadores,
impredecibles y destructivos para uno mismo y para las personas que están
alrededor.
Éstas no son energías negativas por sí mismas, sino que adquieren este
valor de peligro porque fueron reprimidas y relegadas a un lugar inaccesible
(el inconsciente) durante mucho tiempo. La represión a la que están o
estuvieron sujetas las hace oscuras a la vista de la conciencia para la cual
todo lo oscuro entraña un peligro.
Hay que tener en cuenta que cuando la tierra sobre la que reposamos
tiembla y se rompe, está simbolizando que la base de creencias, certezas,
hábitos y actitudes sobre la que descansamos y nos apoyamos para
establecer relaciones y modos de actuar en el mundo, se desestabiliza,
queriendo decir que hay que adoptar nuevas formas apelando a aquellas que
han sido reprimidas y que por algo pujan por salir.

Tren
El tren es un medio de transporte que tiene la característica de llevar
muchos “compañeros de viaje”. Simboliza, entonces, el viaje de la vida en
común con otras personas.
El tren puede conducir la propia meta individual pasando a través de las
relaciones con los demás. Estas otras personas que viajan con el soñante,
pueden ser también elementos psíquicos, la materialización de sus
pensamientos.
El panorama observado por las ventanas del tren es de suma
importancia ya que muestra lo que es realmente significativo para la vida
actual del soñante. El paisaje externo tiene rápidos cambios, como el
panorama interior de las emociones y los sentimientos.
Para subir a un tren hay que comprar un boleto que representa la
posibilidad material de llevar a cabo un viaje y de poder llegar a destino. En
el lenguaje simbólico, el boleto representa la energía psíquica disponible
para emplear, gastar y continuar con el recorrido hacia las metas propuestas
y hacia donde indique el destino.
La red de ferrocarriles es la imagen simbólica del ritmo impersonal e
inflexible del destino, que se impone por encima de las circunstancias
personales y de la propia voluntad, es un símbolo de que el interés general
está por encima de los intereses particulares. Es por ello que el tren
simboliza la vida colectiva, el sentimiento de que el destino nos “arrastra”,
o una evolución psíquica que se debe emprender en una determinada
dirección.
V
Volar
La sensación de volar es una de las primeras que aparecen en los sueños de
la infancia. Con el tiempo este sueño va disminuyendo en frecuencia, pero
nunca desaparece por completo.
El volar por voluntad propia otorga una sensación muy gratificante de
libertad.
El volar se asocia a lo espiritual. Los seres divinos y los semidioses
tenían la capacidad de volar; las almas iluminadas se elevan hacia el cielo; y
al morir, para algunas religiones, ascendemos a él. En relación con estas
creencias, arraigadas fuertemente en la conciencia de algunas personas, es
que el deseo de volar implica trascender los límites del mundo físico.
El simbolismo del vuelo tiene varios componentes, desde la sensación
placentera del movimiento hasta la elevación, que guarda relación con la
búsqueda de valores superiores o de altos ideales.
Pero hay algo muy importante que representa el acto de volar. Si la ley
de gravedad es un símbolo de limitación, el hecho de despegar del suelo
alude a romper con las autolimitaciones, con las inhibiciones, los prejuicios
y las autoexigencias que empobrecen la vida, y a la necesidad de llevar una
vida más libre.
El vuelo también es un símbolo del pensamiento y la imaginación, de la
libertad, y muestra la capacidad que posee el soñante para realizar cambios
en su vida.
Puede ocurrir que el sueño de volar muestre un intento del soñante de
escapar de algún aspecto de su vida, de evadirse de alguna situación que le
genera insatisfacción o que conlleva un conflicto, o de huir de sus propios
condicionamientos que le impiden vivir en armonía consigo mismo y con
los demás.
Z
Zapatos
Los zapatos, como cualquier tipo de vestimenta, muestran el modo de
presentarnos ante los demás y también implican una protección respecto de
los agentes externos.
En el sentido freudiano, el pie es un símbolo fálico, por lo tanto el
zapato, que lo contiene, sería un símbolo del órgano sexual femenino;
entonces presentarse sin zapatos, en un sueño, estaría revelando la situación
sexual del soñador. El hecho de meter el pie en el zapato, por ejemplo, es un
claro símbolo del deseo o el derecho a la posesión de otra persona. Es el
mismo simbolismo que subyace en la historia de la Cenicienta, en el que el
zapato es la personificación de su dueña, por lo cual solo puede ser calzado
por ella.
Soñar que se está sin zapatos en público muestra que el soñante se
siente indefenso, inseguro y desprotegido en el ambiente en que vive. Si se
siente temor, está mostrando el miedo a ser herido, como puede herir la
tierra al caminar descalzos.
En muchas tradiciones de la Antigüedad, el calzado era un símbolo de
libertad, a la vez que constituía una demostración de autoridad, de dominio,
y una garantía de propiedad. Por eso se obligaba a los esclavos a caminar
descalzos. Y de esa convicción procede la clásica pose del cazador
colocando su pie sobre la pieza abatida.
El zapato posee un simbolismo más: el de la marcha. No se puede andar
mucho sin zapatos, y esto puede significar el partir lejos como símbolo del
caminante, como partir al otro mundo, por lo cual en muchas culturas se
enterraba a los muertos con los zapatos puestos para ayudarles en su
partida.
Acerca de las pesadillas
Antes de finalizar, creo conveniente agregar algo con respecto al tema de
las

pesadillas.
Su principal característica es la de estar acompañadas de sentimientos
de temor y angustia. Pueden ser recurrentes o no, e incluso, aunque varíe su
contenido onírico, muchas veces se refieren a un mismo tema.
Ya vimos cómo, en algunos sueños, se refleja la incapacidad del soñante
de enfrentar y resolver conflictos en la vida real. Por eso es que, lejos de
intentar olvidarlas, hay que prestar atención al mensaje que las pesadillas
nos ofrecen porque nos dan la posibilidad de reconocer, identificar y tratar
problemas personales que, de no ser por ellas, tal vez permanezcan ocultos
a la luz de la conciencia.
Cuando se trata de sueños traumáticos, no son susceptibles de ser
tratados a través de análisis porque reviven una situación real y solo cesan
cuando el efecto emocional del trauma disminuye lo suficiente. Pero con
respecto a los sueños no traumáticos que provocan angustia, su análisis sí
permite que la causa que los produce sea identificada, y en la medida en que
es asimilada y se ponen en funcionamiento los mecanismos necesarios para
corregir la actitud incorrecta o los desequilibrios psicológicos que se deben
resolver, cesan completamente o se vuelven a tener pero con otro final: el
ideal, dejando de ser, entonces, pesadillas.
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Acerca de Juan Campodónico
Surrealista místico, como él mismo se define, ha participado en numerosas
exposiciones. Sus obras figuran en colecciones particulares y en museos de
la Argentina y del exterior. Dice C. Magrini en El cronista comercial: “…
pintura lúcida y luminosa, sabia, como si viniera desde el fondo mismo de
la memoria y se anticipase igualmente al futuro, la de Juan Campodónico
es, a la vez, profundamente personal, hasta lírica, en un método de
indagación que el creador materializa en sus cuadros, como una catarsis o
como un exorcismo. Imposible recorrerla, incluso, sin sentir un breve
escalofrío. Lo cual esté indicando, finalmente, la más convincente
dimensión de su grandeza”.

Exposiciones
1959 Galería Alcora
1963 Galería Peuser
1964 Escuela Panamericana de Arte
1964 Galería Van Riel
1965 Galería Van Riel
1966 Galería Teatro Ópera
1966 “Pintura surrealista” Galería Galatea
1967 Galería Rubbers
1967 “Surrealismo en la Argentina”
Instituto Di Tella
1968 Galería Rubbers
1968 “Autorretratos” (muestra colectiva)
Galería Rubbers
1969 “Nueva imagen del hombre” (Berni, Campodónico, Deira, Mampaey,
Peluffo), Galería Contemporánea
1969 “Arte/Deporte”, Galería Rubbers
1969 Invitado Premio Pío Collivadino
1970 “Artistas Argentinos”, Museo Nacional de Bellas Artes / Obras
adquiridas Banco Boston
1970 “Homenaje a Lautréamont” (auspicio Embajada de Francia), Galería
Gradiva
1971 “Salón Arte Sacro”, Galería Rubbers
1972 “Movimiento Espejo” Galería Imagen
1973 Galería Rubbers
1973 “Arte Argentino por la Paz”
1973 “Panorama de la Pintura Argentina”, Trench Gallery, Bahía Blanca
1974 “Latin American Contemporary Artists”, Brickell Gallery, [Link].
1974 “Obras de pequeño formato” Galería del Plaza Hotel
1977 Galería Lagard
1978 “Dibujos”, Bienal de San Pablo (Brasil)
1978 “Adhesión Mundial ’78”, Galería Rubbers
1982 Banco Supervielle
1983 “Plásticos argentinos del siglo XX”,
Galería Marienbad
1983 Galería Marienbad (Campodónico, Chab, Cruz, Nojechowicz, Roux,
Tapia)
1984 “El Surrealismo”, Asociación Argentina de Críticos de Arte, Galería
Centoira
1985 Escuela de Bellas Artes Ciudad de Azul, Prov. de Buenos Aires
1985 Harper’s Espacio de Arte, Centoira Galería de Arte
1986 Centoira Galería de Arte, óleos
1989 Feria de los Marchands, Fundaleu, Centoira
1989 Centoira Galería de Arte
2003 Centro Cultural Borges

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