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BU ana
(coordinadora)
HISTORIA
REGIONAL E
INDEPENDENCIA
DEL URUGUAY
Ediciones de la Banda OrientalLa comprensién de la formacién del Uruguay independiente demanda
nuevos desafios que no pueden ser respondidos por el tradicional abordaje
nacionalista.
Hise Tister lige a Tn deride ner cal tira, hoes ea tee
Cuadro, Ariadna Islas y Marfa Laura Reali proponen un renovador cambio
de perspectiva.
La obra estudia la formacién de la Provincia/Estado Oriental en el
cammeei de lncoy aa tearepently emeriel eoaenen tae teams
tos y alternativas de independencia, anexién, unii
0 incorporacién formu-
lados o aplicados hasta 1830. Analiza los intereses,
mina los fundamentos y expresiones de la elaboracién discursiva de ese
pasado en clave de nacién y muestra sus inconsistencias.
Alo largo de seis capitulos el lector podra conocer un intento de insu-
rreccién hispano-oriental en 1821, cuando las elites dirigentes sellaban en el
Congreso Cisplatino la alianza con el dominador lusitano; los enfrentta- _
mientos que desaté la instauracién de un gobierno provincial integrante de
las Provincias Unidas durante la guerra con Brasil; la controvertida media-
cién briténica que culminé con la declaracién de independencia de la “Pro-
vincia de Montevideo” en 1828; un examen de la campafia militar en lag
Misiones Orientales en el marco de las luchas de poder en la regién; un
estudio de los limites del estado uruguayo a partir de la revisién de importan-
te material cartogréfico y documental; y un anilisis de la postura de Luis A.
de Herrera sobre la influencia de Gran Bretafia en la formacién del Uruguay.
En tiempos en que los estados de América Latina estén celebrando los
bicentenarios de sus independencias, esta obra contribuye a la reflexién
sobre la lucha por el dominio del recuerdo y la construccién de la memoria
hist6rica, dejando esbozados temas y caminos para seguir explorando.
ce
Ac) sans onentaL
alianzas y acciones que *. «
definieron la constelacién de fuerzas politicas y sociales en esta etapa. Exa-HISTORIA REGIONAL
E INDEPENDENCIA
DEL URUGUAY
Proceso histérico y revisién critica de sus relatos
Ana Frega
(coordinadora)La publicacion de este trabajo ha contado con apoyo financiro de la Comisién Sectorial de Inves
tigacién Cientifiea (CSIC) dela Universidad de la Repiblica.E1 Comité de Referato de la Facultad
‘de Humanidades y Ciencias de la Educacién estuvo integrado por la Profesora Beatriz Vegh y los
Profesores Arturo Bentancur, Enrique Caors, Juan Intron y Renzo Pi.
In Memoriam
Profesor José Pedro Barrdn
ISBN 978-9974-1- 0629-1
Inedicién: 2008.
‘Tapas y maquetacin: Javier Carlés y Marina Rivero,
EDICIONES DE LA BANDA ORIENTAL SRL
Gaboto 1582 -Tel: 408 3206 - 401 0164 - Fax: 409 8138
11.200 - Montevideo, Uruguay.
[Link]
‘Queda hecho el depésito que marca la ley.
Impreso en el Uruguay - 2008.Capitulo 1
Alianzas y proyectos independentistas en los inicios
del “Estado Cisplatino” Ana Frega
Después de la derrota ..
EI plan independentista ..
Una compleja trama de alianzas
‘A modo de conclusién: identidades politicas
¥y procesos de construccién estatal
Anexo ..
Capitulo 2
La crisis de los poderes locales. La construccién de una nueva
estructura de poder institucional en la Provincia Oriental durante
la guerra de independencia contra el Imperio del Brasil
(1825-1828). Inés Cuadro Cawen a 6510 ~
El reconocimiento a la Constitucién de 1826
El presupuesto de la Provincia y la carga impositiva .....
Las resistencias al gobierno provincial: Juan A. Lavalleja
y la disolucién de la Junta de Representantes
Consideraciones finales
Capitulo 3
La mediacién britdnica en la guerra entre las Provincias Unidas
y el Imperio de Brasil (1826-1828). Una mirada desde
Montevideo. Anta Frega ven 101
Una aproximacién a los estudios sobre la “mediacién britinica” 103
La llegada del Cénsul briténico a Montevideo sone: 106
El papel de Montevideo en la regién
Los comerciantes briténicos en Montevideo y la guerra... 112
El derrotero de la postura independentista 116
Capitulo 4:
La “campaiia militar” de las Misiones en una perspectiva
regional: lucha politica, disputas territoriales y conflictos
étnico-sociales. Ana Frega .. 131
Una aproximacién a las miradas historiogréficas 132
EI marco regional 138
Buenos Aires y el Litoral 139
El Alto Parané 140
El Imperio de Brasil ui
Rio Grande del Sur 142
Los territorios misioneros 143
Un ejército multiétnico .. 147
Poderes locales, poderes centrales y lucha facciosa en la
“zona-frontera”
» 152
Los derechos de los pueblos misioneros 161
Capitulo 5
Limites para un Estado. Notas controversiales sobre las lecturas
nacionalistas de la Convencién Preliminar de Paz de 1828.
Ariadna Islas . 169
173
Representaciones y denominaciones sobre un mismo territorio
ELEstado de Montevideo 173
Elterritorio de la Provincia Oriental 174
Los limites de la Provincia Cisplatina .. 189)
EL “Gobierno Nacional” y la Provincia Oriental
El Imperio: la construccién de la tradici6n ideol6gica de las
fronteras naturales ..
207
Una nota al final 216
Capitulo 6
La reflexién de Luis Alberto de Herrera en torno a Gran Bretafia
como Arbitro internacional en el proceso de independencia del
Uruguay. Marla Laura Reali os 27
Gran Bretafta como modelo de sociedad 219Procesos y actores de la historia sudamericana
Algunas consideraciones sobre el libro de 1910
La diplomacia inglesa en Sudamérica
Las negociaciones de 1828 en el marco del proceso
independentista rn
La misién Ponsonby, la diplomacia britanica
yla independencia del Uruguay
La Paz de 1828 ..
Algunas consideraciones finales ...
Bibliografia y ediciones documentales ..
Iustraciones
Las autorasIntroduccién
En los iltimos tiempos se ha producido una renovacién historiogra-
fica en los estudios sobre la revolucién, las guerras de independencia y la
formacién de nuevos estados en las antiguas colonias ibéricas en América.
I ritmo de las investigaciones en cada estado ; sobre todo,
!a incorporacién de sus resultados a otras esferas como la ensefianza, la co-
serene masivao a agenda piblica dela conmemoracién estan lejos de
Ser satisfactorios,
El marco del “estado-nacién’, cuya justificacién habia estado en el ori-
Ben de los trabajos historicos en cada pais, ha mostrado ser insufiiense pa
rls comprensién de las independencias iberoamericanas, El titulo de ca
pbs, “Historia regional eindependencia del Uruguay’ da cuenta de uneane
{Une de los primeros problemas a planteados fue el marco espacial a
considerar. Un criterio operativo para su delimitacion fue combinat los ele,
Imentos del espacio fisico, las jurisdicciones coloniales, sus modificaciones
& partir de la crisis de 1808 y las redes de actividades y contactos humanac
‘ue confluyeron en su siempre mutable conformacién. Las regiones no son
(2) Via, 1980.14
conjuntos cerrados, estiticos y homogéneos, sino que, por el contrario, son
expresién de procesos histéricos, son abiertas, mutables y heterogéneas. El
‘Ambito regional a considerar se vincula estrechamente con la naturaleza del
problema objeto de la investigacién. Hacer historia regional en un “pais fron-
tera” durante la revolucién de independencia supuso considerar un “todo”
que iba més allé de los limites de la Corona espafiola en América. La fronte-
ano era solamente una zona de separacién en todo caso, esa era la aspira-
cién de las monarquias ibéricas que se disputaban el control del Rio de la Pla-
ta~ sino un espacio de trénsito, de comercio y de intercambio que expresa-
ba una gran diversidad sociocultural. A su vez, como ha resaltado José Carlos
Chiaramonte, la América espafiola tampoco era concebida como una unidad
con diferenciaciones internas, sino como una reunién de provincias, reinos,
dominios; las divisiones administrativas —virreinatos, gobernaciones, capita-
nias generales~ no implicaban tampoco “la cohesién que supone una econo-
‘mia 0 una sociedad nacionales” De alli que propusiera centrar el estudio en
lo que llamé “regién-provincia’, ‘cuyo espacio define gran parte del conjunto
de problemas econémicos, sociales y politicos de la época™*
La investigacién parti6 de los procesos de constitucién de esas “re-
giones-provincias” y sus interrelaciones, no solamente en el Virreinato del
Rio de la Plata, sino también en los dominios de Portugal en América. El
“continente de Rio Grande’, extremo meridional de Brasil, tenia estrechas
relaciones con el Rio de la Plata. Un listado incompleto de temas inclu-
ye la apropiacién de tierras y ganados, la navegacién interior y el acceso al
puerto de Montevideo, el tréfico de esclavos, las expediciones militares o el
“contagio” de las ideas de libertad, independencia, repiblica y federacién.
Uno de los objetivos de la investigacién, entonces, es el estudio de la cons-
titucién del Estado Oriental en el marco de la recomposicién politica de los
territorios del Virreinato del Rio de la Plata y el sur del Brasil, analizando los
intereses y formas de accién de las elites dirigentes, y apuntando a recons-
truir la experiencia y participacién politica de los sectores populares.
El marco cronol6gico de la investigacién se centré en la década de
1820, es decir, en la segunda etapa de la revolucién de independencia. El pri-
mer tramo, iniciado en 1810, estuvo marcado por la lucha contra espafioles,
ortugueses y “toda clase de tirania’, incluyendo las posturas centralistas y
unitarias de la conduccién revolucionaria con sede en Buenos Aires. Tam-
bién por la afirmacién de la participacién de los pueblos en la edificacién de
(2) Sobre los desafios e implicancias de la Historia regional véase Fernéndes; Dalla
Corte, 2001
(@) Chiaramonte, 2008, pp. 18-19.
(@) Chiaramonte, 1991, p. 25Sipe
Ee ares ra ce ate ee ae
Ja nueva repiblica y a formulacién de propuestas que contemplaran la situa-
cidn de los “mds infelices”. La cabeza visible del movimiento fue ‘José Artigas,
Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres. El segundo tramo se
inicié en 1820 tras la derrota del artiguismo, en la que confluyeron el temor
ala ‘anarquia” en las elites hispano criollas de la Provincia Oriental, los casi
cuatro afios de resistencia ala invasién lusitana y los acuerdos del Pilar entre
Jas Provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Rios. Este tramo culmina en
1830 con la instalacién del primer gobierno constitucional del Estado Orien-
tal yla eleccién de Fructuoso Rivera como Presidente, Iuego de que en 1828
uuna Convencién Preliminar de Paz suscrita entre la Reptiblica de las Provin-
cias Unidas y el Emperador de Brasil, con la mediacién de Gran Bretafia, de-
clarara la independencia de la “Provincia de Montevideo" Entre la “pacifica-
cién” de 1820 y la reanudacién de la guerra -en esta instancia contra Bra-
sil-, los estudios de corte historiografico se han centrado fundamentalmen-
te en el lustro final de la década, priorizando los hechos militares e institu-
cionales. Un abordaje de conjunto de la década permite, a diferencia del an-
terior, encontrar continuidades tales como los conflictos sociales y politicos
que acompariaron Jos intentos de los grupos dirigentes por fortalecer su po-
sicién en la provincia/estado; la busqueda de un gobierno centralizado y es-
table, aunque fuera asociado 0 incorporado a otra unidad politica; los cami-
‘nos para afianzar el “orden” en el medio rural; a posicién del puerto de Mon-
tevideo en el comercio regional e internacional; y los corrimientos de la "z0-
na-frontera” en un territorio donde no se reconocian limites Precisos.
Ahora bien, dados los “usos” de la historia y la pervivencia de las
miradas “nacionalistas” y “tradicionalistas’, la investigacin procuré tam-
bién examinar la elaboracién discursiva de ese pasado, analizando la pro-
duccién de los “politicos/historiadores” a comienzos del siglo XX. Una
mirada desde la Historia regional ha dejado en evidencia las falencias y
debilidades interpretativas de un enfoque que considera al estado nacio-
nal como el objeto exclusivo del anilisis histérico, asi como los intereses
que sustentaron esos relatos, muy cercanos a la afirmacién de Ernest Re-
nan, para quien “el olvido” y “el error histérico” eran “un factor esencial de
la creacién de una nacién"? ivi
‘Tanto en el examen del proceso histérico como en la revisién criti-
ca de los relatos, la investigacién se orienté en torno a tres ejes: a) los di-
versos proyectos y alternativas de independencia, anexién, unién o incor-
poracién formulados o aplicados hasta la separacién del Estado Oriental
(5) Renan, 1887, pp. 284-285. Agregaba a continuacion: “asl como el progreso de los estudios
Jistrics es con frecuencia un peligro para la nacionalidad” Vease también Hobsbawn, 199116
como entidad politica diferente de otros estados a constituirse en la re-
4gidn, b) la formacién de identidades politicas y sociales en este proceso, y
) las formas de participacién politica de los distintos sectores sociales en
las guerras de independencia.
‘Ademés de una revisién amplia de bibliografia y ediciones documen-
tales, se consultaron fuentes de diversa naturaleza existentes en reposito-
ios de Uruguay, Argentina, Espafia y Brasil. La investigacién se desarroll6
en el Departamento de Historia del Uruguay de la Facultad de Humanidades
y Ciencias de la Educacién, Universidad de la Reptblica, entre noviembre de
2005 y diciembre de 2007. Se realizé en el marco del proyecto de investiga-
cin fundamental N° 10.131 titulado “Proceso hist6rico y elaboracién discur-
siva del pasado. Andlisis de los proyectos politicos y los conflictos sociales en
laconstitucién del Estado Oriental y revisién critica de la historiograffa «tra-
dicionalista»’; que recibié el apoyo del Fondo “Profesor Clemente Estable” de
laDinacyt (luego Dicyt) del Ministerio de Educacién y Cultura. Su edicién ha
contado con una contribucién del Programa de Publicaciones (Convocatoria
2008) de la Comisién Sectorial de Investigacién Cientifica de la Universidad
dela Reptiblica. Es necesario agradecer al personal de las diversas bibliotecas,
archivos y centros de documentacién por su valiosa colaboracién, as{ como
a los colegas de Uruguay y del exterior con quienes hemos compartido dis-
cusiones y debates sobre los procesos de independencia. Va nuestro recono-
cimiento también para quienes tuvieron a su cargo la diagramacién del libro
por su esmerado trabajo y para Ediciones de la Banda Oriental, por su perma-
nente apoyo a la difusién de la produccién historiogréfica uruguaya.
El capitulo primero analiza la preparacién en 1821 de un movimiento
independentista organizado desde Rio de Janeiro por “espafioles europeos’
y “espafioles americanos’, con la declarada finalidad de reincorporar el te-
rritorio oriental a la nacién espafiola y estudia las causas de su fracaso.
El capitulo segundo se centra en los enfrentamientos que desat6 la
tauracién de un gobierno provincial en el marco de las Provincias Uni-
das durante la guerra con Brasil, y las resistencias que generé en los ambi-
tos locales y castrenses una orientacién centralista y unitaria,
EI capitulo tercero aborda la controvertida participacién britanica
en el proceso de independencia del Uruguay desde las miradas del Cén-
sul y los comerciantes britanicos asentados en la plaza de Montevideo ba-
jo dominio brasileio, mostrando la diversidad de posiciones e intereses @
lo largo de la guerra
El capitulo cuarto se centra en un episodio bélico tratado frecuen-
temente en términos de epopeya —la “campafia militar de las Misiones”-
para restituirlo a su contexto regional, analizando los conflictos étnico so-7
ciales que encontraron alli su expresi6n e incursionando en la compleji-
dad de los espacios fronterizos.
El capitulo quinto propone una renovacién del estudio de los limi-
tes del estado uruguayo a partir de la revisién de un importante material
cartogréfico y documental, desarticulando la perspectiva “nacionalista”
estructurada en términos de “ocupacién’, “usurpaci6n’, “traiciGn” y “nos-
talgia’, para examinar los procesos histéricos en los que se fueron defi-
niendo los limites territoriales.
El capitulo sexto aborda la influencia de Gran Bretafa en la for-
macién del Uruguay desde la mirada de Luis A. de Herrera, examinando
la anglofilia de este “politico/historiador” que restituia el protagonismo
oriental en las negociaciones de paz al encontrar en Gran Bretafia una so-
ciedad construida sobre el respeto del pasado y de la tradicién, y un érbi-
tro “imparcial y sereno”
En sintesis, los seis trabajos plantean una nueva manera de enfocar el
estudio de la formacién de la Provincia/Estado Oriental y procuran contri-
buir a la reflexién sobre la lucha por el dominio del recuerdo y la construc-
cién de la memoria historica. Cada uno de ellos, ademés, deja esbozados te-
‘mas y caminos para seguir explorando.
Ana Frega
‘Marzo de 2009CAPITULO 1
Alianzas y proyectos independentistas
en los inicios del “Estado Cisplatino”
Ana Frega
La historiograffa uruguaya se ha detenido especialmente en el estu-
dio de los intentos independentistas iniciados en 1822. Estos se vieron | favo-
recidos por la doble circunstancia del restablecimiento de la paz en las pro-
vincias del ral a instancias del Tratado del Cuadrilatero, y de la division
de las tropas luso-brasilefias a raiz de la proclamacién de la independencia
de Brasil por parte de Pedro I. El afio 1821, por el contrario, ha sido abor-
dado fundamentalmente como aquel en que se expres6 la mayor adhesion
al dominio lusitano, cuando un Congreso General Extraordinario resolvié
la incorporacién de la provincia al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algar-
xyes. Esa adhesin, sin embargo, no fue undnime. En este trabajo se analiza
un plan elaborado en 1821 en Rio de Janeiro para lograt la independencia
del dominio portugués. El mismo fue urdido por espafioles contrarios a la
revolucién y antiguos jefes artiguistas, con la anuencia del ministro espafiol
ante la corte lusitana. El andlisis de esa alianza y las causas del fracaso de la
iniciativa constituyen elementos relevantes para la comprensién del com-
plejo proceso que concluyé con la independencia del Uruguay.
(1) Véase, por ejemplo, Arcos Ferrand, 1976; Campos de Garabell, 1972173 ¥ 1978, 0 la
compilacién docamental Dominacion Luso-Brasilena, 1966.
(0) Una interpretacion de corte “nacionalista’ de dicho Congreso yla documentaci6n re
lacionada con el mismo y sus tepercusiones puede verse en Pivel, 1936.-20-
Este episodio no era desconocido para la historiograffa, pero su tra-
tamiento no habia sido incorporado en el anilisis de las realineaciones de
fuerzas que se produjeron luego de la derrota del artiguismo. En 1912, en
1 catélogo publicado por Pedro Torres Lanzas sobre la documentacién.
relativa ala independencia de América existente en el Archivo General de
Indias en Sevilla, ya figuraban referencias a este plan. Por ejemplo, se re-
gistré la ficha correspondiente a la nota de Fernando Otorgués a Mateo
Magarifis del 17 de agosto de 1821, “mostrandose impaciente por entrar
en accién”? Una década después, en Montevideo, una nota aparecida en
fl diario “La Mafana” glosaba un capitulo de un libro de Alberto Palome-
ue -"préximo a aparecer’-, en el que se abordaban las gestiones de Ma-
teo Magarifios. En el marco del viraje liberal de la Peninsula Ibérica ocu-
rrido en enero de 1820, Magarifios procuraba obtener la libertad de los
prisioneros artiguistas y espafolistas existentes en las cdrceles brasilefias
y preparar un movimiento “en pro de la reaccién espariola”. Entre la docu-
jnentacién manejada, el autor hacia referencia a los fondos existentes en
el Archivo de Indias." A mediados de la década de 1950, Flavio A. Garcia
publicé varias listas de quienes habfan jurado fidelidad a la Constitucién
He Cédiz en Rio de Janeiro y de aquellos que fueron liberados por las ges-
tiones del embajador espafiol, entre los que figuraban destacados artiguis-
tas como Fernando Otorgués, Andrés Guacurari Artigas (Andresito), José
‘Antonio Berdiin 0 Fray José Acevedo?
En 1958 se publicé un completo estudio de José Marfa Mariluz Ur-
quijo sobre Los proyectos espafioles para reconquistar el Rio de la Plata
(1820-1833). En la primera parte de la obra se analizaban en detalle las
actividades desarrolladas por el Conde de Casa Florez, embajador espa-
fol ante la corte portuguesa en Rio de Janeiro desde 1817. En la segunda
parte, Mariluz Urquijo se detenfa en el examen de los proyectos impulsa-
os por particulares, entre los que incluy6 uno cuya titularidad atribuia a
Francisco de Borja Magarifios, hijo de Mateo y en ese momento residen-
{@) Torres Lanzas, 1912, Tomo 5, p- 383. Véase Documento N*8 en el Anexoal final de
este capitulo.
1d) Ardao; Capillas de Castellanos, 1958, p. 165. (‘La prison de Otorgués y otros caudi
tlos, Conse obtuvos libertad el Dr. Magarifios Balifas. Una reaccidn en favor de Espaia. Capit
ede an veo del De Palomeque, prdximo a Aparecer” Suplemento de “La Maftana’, Montevideo,
31 de diciembre de 1922, p.5:
(2) Garcia, jaio-setiembre 1955 y octubre-diciembre 1955. Cabe aclarar que no hay
imenciones al movimiento independentista, Los historiadores argentinos Jorge Francisco Ma-
Thony Oscar Daniel Cantero continuaron la investgacin aportando otros documentos, Vase
sre idcracign de los prisioneros artiguistas en Rio de Janeiro’ inédito. Agradezco a los autores
hhaberme facilitado una copia.21
Ser eee
te en Espafia.* Discrepaba con Flavio Garcia respecto al grado de simula-
cin que habria acompafado los juramentos a la Constitucién, aportan-
do como prueba los comentarios de Juan Nepomuceno de Fl6rez, sobrino
del embajador y agregado a la legacién espafiola, sobre la “bastante con-
secuencia” guardada por Otorgués a su regreso a Montevideo.’ En su in-
terpretacién general de los distintos proyectos, Mariluz Urquijo destacé
el papel estratégico otorgado a Montevideo, no solo por su posicién geo-
grifica sino por su situacién politica. La ocupacién Iuso-brasileiia habia “i-
brado de insurgentes” la ciudad, ast como habia mantenido viva la esperan-
za de lograr un acuerdo diplomatico entre las coronas ibéricas para la res-
titucién de la plaza y su campafia, Asimismo, subray6 que entre los espa-
ftoles europeos se daba el “yerro corriente de atribuir ideas espaiiolistas 0 el
cardcter de aliado potencial de Espana a todo antagonista de las directrices
portefias’* El autor abordé este plan como ejemplo de los desaciertos de la
Politica exterior espaiiola respecto a los territorios americanos,
Para la elaboracién de este capitulo se ha recurrido a documenta-
cién que se encuentra en el Archivo General de Indias (Sevilla), en el Ar-
chivo Historico Nacional (Madrid) y en repositorios uruguayos. A diferen-
ia de los trabajos anteriores, mas preocupados por la crénica 0 enmarca-
dos en un examen de la politica exterior espafiola, este ensayo procura ana-
lizar la diversidad de intereses y objetivos de los grupos e individuos que
concurrieron a la gestacién del plan, y examinar los motivos por los que es-
te movimiento independentista aborté antes de ponerse en ejecucién, En
ese sentido, el trabajo da cuenta del mantenimiento de focos de resistencia
ena campafia oriental, explora la explotacién politica del “antiportenismo”
ue hicieron los distintos "partidos" y examina el peso del “miedo a la revo-
Jucion social” —al decir de José Pedro Barrén’- en la adhesién a las autorida-
des luso-brasilefias. En otra escala, refiere al impacto de la revolucién libe-
ral en la orientaci6n de la politica espafiola hacia el Rio de la Plata y refuer-
za la pertinencia de enmarcar el analisis en el contexto regional. Por ultimo,
explora la conformacién o redefinicién de identidades politicas en el marco
de la revolucién y las guerras de independencia
(6) Mariluz Urquijo, 1958, pp. 108-116.
{7 Ibidem, pp. 88-89. Los comentarios fueron incluidos en la "Memoria politica y esta:
dlistica de Bras; manuscrito en dos tomos elevada al Rey en 1830. Véase también Marilua Ur.
guijo, 1960.
(8) Mariluz Urqujo, 1958, pp. 181-188.
(9) Barein, 1986.22
ri
Después de la derrota
A fines de enero de 1820, el revés de las tropas artiguistas en la bata-
lla de Tacuarembé aceleré la realineacién de fuerzas que se venia gestando
desde mediados de 1816, cuando al “Ejército Pacificador"lusitans conn,
dado por Carlos Federico Lecor invadis la Provincia Oriental. La nnn del
Pacto del Pilar entre los gobernadores de las provincias de Santa Fe, Ente
Rios y Buenos Aires en febrero de 1820 y la capitulacién de los jefes mili,
fas due habfan permanecido en el territorio oriental comandados por Fruc.
{uoso Rivera en marzo de ese afio, obligaron a José Artigas y los restos de su
ciéfcito a buscar nuevos apoyos. El pacto,suscrito el 23 de febrero de 1820
en la Capilla de Pilar por los gobernadores Manuel de Sarratea (Buenos At
res), Estanislao Lépez (Santa Fe) y Francisco Ramirez (Entre Rios) recono-
fit due la “nacién’ se habfa pronunciado a favor dela federacion, Comecn,
con el
'ma de gobierno que debfa regir a las provincias.
Suponia la separacion del "Sistema de los Pueblos Libres” y el desconoci-
santo Ge José Artigas como “Protector’ en tanto se lo invitaba a sumarse
al acuerdo en calidad de “Capitén General de la Banda Oriental” ta lore-
ferente a la guerra contra los portugueses, dejaba librado a Ie “generosidad
2 Patriotismo” de los ciudadanos de la Provincia de Buenos Aires el Propor-
cionar auxilios ala ‘provincia aliada de la Banda Oriental”
En abril de 1820, en el Acta de Avalos, los jefes militares y Tepresen-
{antes Politicos de las provincias de Misiones, Corrientes y Oriental ron
[ron su alianza “ofensiva y defensiva por la libertad e independencia de oo
24s provincias” El Jefe de los Orientales era reconocido ‘como ef ‘protector
de su libertad’. Las provincias conservaban el derecho a “a libre eleccién
de sus gobiernos"y “su administracién econdmica, segin los rincipios de la
federacién® Convocaban a otras provincias a sumarse bajo estos principios
a la “liga ofensiva y defensiva hasta la resolucién en un congreso general de
las provincias’®*
(10) Transcripto en Bruschera, 1971, pp. 181-183,
(11) Bbidem, pp. 184-185.23
i
de permanecié hasta su muerte, treinta afios més tarde. Fructuoso Rivera se
erigié como el principal jefe-caudillo en la Provincia Oriental. En forma pa-
ralela, algunos oficiales artiguistas como Fernando Otorgués, Juan Antonio
Lavalleja o Manuel Francisco Artigas permanecian prisioneros de los lusita-
‘os; otros como Rufino Bauz4 o Manuel Oribe habian solicitado pasaporte
en 1817 para dirigirse a las Provincias Unidas y aquellos que habfan acompa-
Rado a Artigas hasta el final, habian ingresado a Paraguay (Gorgonio Aguiar)
© se habian instalado en las provincias del Litoral (Andrés Latorre).”
Las alianzas planteadas en esta etapa no fueron de largo alcance. Se
inscribieron en el interés de cada grupo por mantener su fuerza bélica —1o
gue le otorgaba capacidad de negociacién- en una coyuntura muy cambian-
te. En la Provincia Oriental parecia haberse afirmado el dominio lusitano,
alentado por un grupo hispano-criollo asentado en el Cabildo de Monte.
video y en lo que se conocia como el “Club del Barén’, en alusién a Lecor,
Barén de la Laguna. La desarticulacién a fines de 1819 de un movimiento
Proespaiiolista, asi como la derrota de los artiguistas y la capitulacién de Ri-
vera en 1820, ambientaban esa creencia, Sin embargo, especialmente en el
medio rural, se mantuvieron diferentes formas de resistencia. El naturalis-
{a francés Auguste de Saint-Hilaire, quien llegé a territorio oriental en se-
tlembre de 1820 y recorrié la parte sur y el litoral oeste durante cuatro me-
ses, registré en sus apuntes que ni el tratado més cimentado sabria trans-
formar a los ‘Américains-Espagnols” en portugueses. En su opinién, aban-
conados a s{ mismos, formarian en la campafia nuevas bandas que al grito
de “viva la patria” irian a robar a los estancieros y terminarfan de matar el
Poco ganado que quedaba.? Otros testimonios y acciones dieron cuenta de
{os limites de la adhesién al nuevo gobierno. Por ejemplo, la resistencia por
Parte de algunos alcaldes y jueces comisionados a considerar como “intru-
sos” a los ocupantes de tierras autorizados por Artigas."*
La inestabilidad politica caracterizé a las provincias del Litoral en el
transcurso de 1820. La provincia de Buenos Aires atraves6 lo que la hi
‘toriograffa tradicional caracterizé como la “anarquia del afio veinte” A su
vez, se produjeron enfrentamientos entre la provincia de Santa Fe y la de
Entre Rios, que bajo la conduccién de Francisco Ramirez habia conforma-
do la Repiblica Entrerriana con los territorios de Corrientes y Misiones.'°
(22) Para a trama de la capitulacin de Rivera, las vinculaciones con Ramirer ylapresen-
‘ia de José Miguel Carrera en la zona, vase Frega, 2008,
(13) Saint-Hilaiee, 1887, p. 262.
(414) Véase Alonso eta, 1970 y Frega, 2007, pp. 347-354
(15) Véase Halperin, 1980,En Europa, la situacién politica en la Peninsula Ibérica varié tras el
pronunciamiento en favor de la reinstauracion de la Constitucion de Céiz
realizado en enero de 1820 por Rafael de Riego, comandante de la expedi-
‘ion de reconquista con destino a América. A ello se sud, pocos meses des-
pués la accién de movimientos liberales en Portugal. A partir de la Revolue
tion Liberal, el gobierno espafiol elaboré una estrategia para lograr “la pa
‘ficacién de las Provincias disidentes de Ultramar” pot “medios conciliato-
‘ios’, Resolvié enviar comisionados a los distintos territorios americanos con
{a propuesta de cesar las hostlidades sobre la base del reconocimiento ya ju
rade la Constitucién de Cadiz. En caso de que esto no fuese aceptado, auto-
tizaba a los comisionados a ofrecer a los insurgentes el mantenimiento de sus
puestos, honores y sueldos, solicitandoles que enviaran sus representantes 2
Espafia alos efectos de negociar un arreglo definitivo.*
‘La Comisién destinada al Rio de la Plata se integré con Manuel He-
rrera, Tomés de Comyn y Manuel Martin Mateo. Tenfa érdenes precisas de
detenerse en Rio de Janeiro para actuar de acuerdo con el embajador espa-
fol en ese destino. Alli se resolvié la incorporacién del Coronel de Artille-
tia Feliciano del Rio, conocedor e informante de la situacién politica en las
Capitales del Rio de la Plata. Del Rfo habla sido deportado de Montevideo
4 fines de noviembre de 1819, junto a més de cien personas entre milita-
tes y vecinos, como medida preventiva ante el posible arribo de la expedi-
i6n espafiola de reconquista.” La actuacién de los comisionados en el Rio
de la Plata debio enfrentar varios obstculos, entre ellos, que se les impi-
diera desembarcar en Montevideo. En noviembre de 1820 el Conde de Ca~
sa Florez protesté ante el Ministro portugués de Negocios Extranjeros y de
a Guerra, denunciando que mientras se impedia la labor dela Comisién, el
gobierno de Lecor daba asilo en Montevideo a los jefes “de las partidos que
estan desolando la infeliz Buenos Aires y su campaiia, y que fomentan en las
Provincias del Rio de la Plata una guerra civil horrorosa”.* Tampoco las au-
toridades de Buenos Aires permitieron la actuacién de los comisionados.
Se les puso como condicién para dirigitse alos demas pueblos del antiguo
Virreinato, que previamente reconocieran la independencia declarada el 9
(16) Archivo General de Indias, Sevilla (en adelante AGD, Fondo Indiferente, Lega-
jo 1569. (Ligeros apuntes en el expendient sobre remitir a las Provincia dsidentes de UI-
‘ramar comisionados..")
{00 Archive Histrico Nacional, Madrid (en adelante AHN-M), Fondo Estado, Lega
jo 5847, (Feliciano Del Rio a Conde de Casa Floce, A bordo de la Fragata “Tets# de dciem-
bre de 1819)
118) AGL Fondo Buenos Ares (en adelante BA), Legalo 156 (5. 466-467. (Conde de Casa Flo-
reza-Tomas Antonio de Villanova Portugal, Rio de Janeiro, 23 de noviembre de 1820.)Bre
a ae re Ne Aon Rear eS
de julio de 1816."" En su informe a la Corona, los comisionados indicaron
que el Conde de Casa Florez, a pesar de sus fracasos en el Plata, los habia
instado a permanecer en Rio de Janeiro ala espera de cambios politicos que
se aguardaban en forma inminente en el gabinete portugués. Sin embargo,
ni la aceptacién por parte de Juan VI del programa liberal, ni el anuncio del
retorno de la Corte portuguesa a Lisboa, tuvieron el resultado esperado en
las gestiones de la Comisién.” El regreso del Rey a Portugal dejaba abier-
to el camino para la faccién independentista liderada por el principe Pedro,
a que no parecia estar dispuesta a “devolver” la Banda Oriental a Espafia.
Los resultados de esta gestién contrastaban con la visién auspiciosa
que fuera elevada al Ministro de Ultramar en setiembre de 1820. En ese infor-
‘me se destacaba el mantenimiento de la separacién entre la Banda Oriental,
el Reino de Chile y as Provincias de Buenos Aires como ‘el resultado més im.
ortante que se ha podido conseguir en favor de la Monarquia’, refiriendo a
tuna posible accién conjunta con Chile para restablecer el dominio espaol
Cabe aclarar que entre los papeles adjuntos ala nota se contaba una carta fe-
chada en Buenos Aires el 4 de julio de 1820 firmada por “C” [jJosé Miguel
Carrera?], que concluia: “Reunidos vm. y yo con Artigas consolidemos el plan
tanto politico como militar, acabemos desde luego con esta canalla Portugue-
5a, arrojemos tanto aventurero Europeo y nos unamos todos a nuestra Madre
Patria” La alusin a Artigas buscaba dar fuerza al plan, pero no expresaba
la existencia de ningun acuerdo. Sobre la relacién del Jefe de los Orientales
‘con Carrera debe tenerse en cuenta lo advertido por Artigas al jefe de la linea
sitiadora de Montevideo. Respecto a su conducta frente a los comi nados
ue enviaba este militar y politico chileno, era terminante: ‘nada quiero con
ellos" Mis allé de la veracidad de los informes manejados o el acierto de las
soluciones aconsejadas, interesa resaltar el hecho de que la revolucion liberal
en Espafia revivié las esperanzas de recuperar los dominios americanos, pa-
ra lo que se procuraron los medios més diversos.
(19) AGI, Fondo BA, Legajo 156, 5, 513-513v. (Presidente y Secretario de la Junta Pro-
vincial de Buenos Aires, Ignacio Correa y Esteban Agustin Gasc6n respectivamente, a los Co.
mmisionados Manuel Herrera, Tomas de Comyn, Manuel Martin Mateo y Feliciano del Rio, 6 de
diciembre de 1820.)
(20) AGI, Fondo BA, Legajo 156. (Comunicacin reservada de los integrantes dela Comi-
sn Pacficadora al Secretario de Estado y de Despacho dela Gobernacién de Ultramas,fechada
en Rlo de Janeiro, 14 de marzo de 1821.)
(21) AGI, Fondo Indiferente, Legajo 1569. (Rafael Gravier del Valle a Ministro de Ultra-
mar, Madrid, 26 de setiembre de 1820.)
(22) Sobre la actuacién de Carrera en esta etapa véase Bragoni, 2007.
(23) CNAA, 2006, pp. 47-48. (José Artigas a Felipe Duarte, Cuartel General, 4 de mar-
x0 de 1819)26
En Rio de Janeiro, el viraje politico de Espana y la “pacificacién” de
la Provincia Oriental fueron esgrimidos como argumentos para gestionar
la liberacién de los presos artiguistas. El fundamento liberal y humanitario
de esta propuesta del Marqués de Casa Florez ocultaba la trama que se es-
taba preparando con prominentes integrantes del bando espafiolista. Tam-
bién para los espafioles americanos que apoyaban el dominio lusitano en la
Provincia Oriental, este era un momento oportuno para procurar el favor
de los prisioneros, ofreciéndoles el retorno a la Provincia Oriental. En el
primer caso, la unién de espafioles europeos y americanos podia tener co-
mo objetivo independizarse de Portugal. En el segundo, el apoyo a los por-
‘tugueses era presentado como la garantia del mantenimiento de la inde-
pendencia respecto de Espatia en el Rio de la Plata. En ese sentido también
deben mencionarse las relaciones de la corte lusitana con la Provincia de
Buenos Aires, cuyo representante diplomitico en Rio de Janeiro, Manuel J.
Garcia, habia apoyado, entre otras, las gestiones que los comisionados del
cabildo montevideano realizaron en 1819 ante la posible expedicién de re-
conquista espafiola.* Cabe recordar que Garcia, enviado por el gobierno de
las Provincias Unidas, habia negociado en la Corte portuguesa los términos
de la invasion a la Banda Oriental en 1816.
De estas gestiones lusitano-porteftas daba cuenta uno de los prisio-
neros, Vicente Pazos, procurando con ello que los representantes espafio-
les presionaran mas decididamente en favor de su liberacién. Vicente Pazos
Kanki o Pazos Silva, natural del Alto Peri, habia desarrollado su actividad
politica en varios medios de prensa bonaerenses como “El Censor” 0 “Cré-
nica Argentina’: Expulsado de Buenos Aires por su prédica contraria a la
politica del Directorio de las Provincias Unidas, en 1819 publicé en Filadel-
fia sus Letters on the United Provinces of South America, ditigidas al enton-
ces Presidente de la Camara de Representantes, Henry Clay, donde aludia al
“valiente e infatigable comandante, General Artigas:* En 1819, al artibar a
Montevideo proveniente de Estados Unidos, habia sido inculpado de ofre-
cer sus servicios a José Artigas. Las autoridades portuguesas remitieron al
Conde de Casa Florez una copia de la supuesta carta. Desde comienzos
de 1820, Pazos se habfa puesto en contacto con Mateo Magarifios a efectos
de mejorar las condiciones de encarcelamiento y gestionar la liberaci6n de
los detenidos. A efectos de lograr sus propésitos, hacia valer su influjo so-
bre los demas prisioneros, insinuaba el peligro de que fueran captados por
(24) Pivel, 1949, pp. 445-446.
(25) Pazos, 1819, p. vi. Traduccidn A,
(26) AHN-M, Fondo Estado, Legajo 3768. Sobre la correspondencia de Paz0s con Maga
fos véase Garcia, julio-stiembre 1955 y Mariluz Urquijo, 1958, pp. 84-86,27
los portugueses y alimentaba las rivalidades hispano-lusitanas. En una car-
ta dirigida al Conde de Casa Florez desde la cércel de las Cobras, fechada el
29 de setiembre de 1820, Pazos advertfa sobre las ofertas que estaba hacien-
do el “General Curao” [;Curado?], recién llegado de la ‘camparta del Sur".
‘Afirmaba que habia venido con el propésito de ganar la adhesién de los pri-
sioneros “para amistarlos con S.M.E y recabarles su libertad, persuadién-
doles que su dominacion estaba bien establecida en la Banda Oriental’
En otra comunicacién, Pazos denuncié que la Corona portuguesa recono-
cia “en algun modo la independencia del gobierno de Buenos Ayres con quien
tiene tratados formales”, y que la “insinuacion mas leve" de Manuel Garcia
era suficiente para que se liberara a un prisionero.* En esa carta también
se explayé sobre la situacién de Manuel Francisco Artigas, prisionero en la
Fortaleza de Santa Cruz. Segiin Pazos, el “hermano del General” se definia
como “un labrador pacifico antes dela revolucion” y “nunca quiso asentir
‘ala seduccion del Gra.l Lecor para ganarlo d su partido”. Segan seguia in-
formando Pazos, si bien su parentesco “era un impedimento para publicar
sus sentimientos politicos”, Manuel F. Artigas era un “enemigo irreconsilia-
ble delos Portugueses y de los democratas de B.s Ayres’, pot lo que “serviria
de [Link] util alas miras del gobierno” *
Puesto como condicién el juramento de la Constitueién de Cédiz, se
fueron obteniendo libertades y pasaportes para retornar al Rio de la Plata.
En concreto, estos “espaiioles de ambos hemisferios’, aludiendo a la defini-
ccién contenida en el articulo 1° de la Constitucién de 1812, elevaron a las
Cortes su voluntad de pertenecer a la nacién espafiola y solicitaron el apo-
yo indispensable para lograrlo. En el memorial presentado por el Sargen-
to Mayor Antonio de los Santos Fragata, el Capitin Andrés Benito Belas-
co y el Alférez Agustin Belasco, se reafirmaba el papel que habfan cumpli-
doen lalucha contra los portugueses: “Nuestros delitos, Senor Exmo, no son
otros que la defensa del suelo patrio, que viendolo ocupado p.r una poten-
cia extrangera tratamos de livertarlo, y sacudir el yugo que nos era del todo
insufrible™ El escrito elevado por Fray José Acevedo, conocido por su ac-
tuacién junto a Andresito y que habfa caido prisionero en 1819 cuando habia
sido destinado a Maldonado para reavivar el espiritu patridtico, desafiaba al
(27) AHIN-M, Fondo Estado, Legajo 3768!, Carpeta 2. (Pazos a Conde de Casa Florez,
Fortaleza de las Cobra), La mencién a .M.F Su Majestad Fidelisima~ corresponde al Rey de
Portugal.
[28) AHN-M, Fondo Estado, Legajo 3768, Carpeta 2, (Pazos a Conde de Casa Florez, 18
de agosto de 1820) Véase Documento N* I en el Anexo,
(25) Ibidem. Vease también, Garcia, julio-setiembre 1955, . 60.
(G0) AHN-M, Fondo Estado, Legajo 3768", carpeta 7. Suscrito en ls pisiones de a Isla de
tas Cobras el 28 de setiembre de 1820. Véase Documento N*5 en el Anexo.28
régimen portugués. Preguntaba con qué derecho se lo manten/a detenido
wera “prisionero de Guerra” o‘dicidente, yperturbador del orden social
afirmando que nada de eso correspondia:
«pues reconocido p. mi el nuebo sistema dexe px consiguiente de pertencets
sree jurisdiion, qe ala Expafcla,baxo la base constitaional ha jurado
Su Mayestad Catélica de su libre y expontanea voluntad pala reunion y Pacis
cacionjusta de sus Pueblos, y como ya estolo tenga vrificado desde e)7 de u~
fieeaun despotismo el qe sussta pr mas tiempo un relgioso privado del mas
precioso don qe eleva del hombre en a grandesa de libre ‘constitucional’™
“Acevedo hacta referencia al memorial suscrito por Fernando Otor-
gués, Francisco Arriola, Juan de la Rosa, Francisco Xaviet Espindola, José
Domingo Palacios y Fray José Acevedo el7 de julio de 1820." La reincor-
poracién ala “nacién espafola” era planteada como una alternative ne-est-
Fis por la situacion en que estaba la Provincia Oriental Se rechazabe lasu-
jecién a un poder extranjero y se abrazaba un ‘sistema libre qe habia re-
wetvado a la nacién el derecho exclusivo de hacer las eyes fundamentales,
tal como decia el articulo 3° de la Constitucién de Cadiz.
El plan independentista
En términos generales, se planeaba obtener la independencia de Por-
‘tugal mediante el concurso de individuos y grupos que habian militado en
vn dos opuestos en la década de 1810. Ademas del rechazo ala invasién Iu-
sitana y al régimen que con apoyo de parte de las elites hispano-criollas se
habla ssentado en la Provincia Oriental, compartian su negativa a quedar
bajo la dependencia del gobierno de Buenos Aires.
‘Los principales gestores del plan en Rio de Janeiro fueron Mateo Ma
sgarifios y Ballinas y el Ministro Plenipotenciarioespatiol en la Corte lusts:
na, el Conde de Casa Florez. Magarifios habia sido nombrado Oidor de la
wAridiencia de Charcas en 1819, pero permanecia en territorio lusitano de-
{G1 bdem, (Acevedo a Conde de Casa Forer, Fortaleza de Santa Cruz 10de octubre d=
1420, tleest complet se inclye en el Anexo como Documento N'7- Vase también @ >
reer Machon y Oca D. Caner itlado Fay Acevedo, el apelin y compaer de An
liees Artigas” Agradenco a Tos autores que me hayan facilitado una copia,
Ce dae julo-setiembre 195, [Link] fecha 15 de li el Conde de Casa Flores dio
respuesta alos peticionantes, (AHN-M, Fondo Estado, Legs 3768 carpets 7)a
nee en
bido “a las circunstancias de la guerra en aquel pats’ Su hijo, Francisco
de Borja Magaritios y Cerrato, fue el encargado de realizar las gestiones en
Espafta. E16 de julio de 1820 habia prestado juramento como Diputado su-
plente a Cortes por la Provincia de Buenos Aires. En una nota fechada en
la Fortaleza de Santa Cruz, el 15 de setiembre de ese afio, Fernando Otor-
gués felicitaba a Magaritios por el nombramiento de su hijo, sefialando que
“como buen paysano, no dejard de travajar p.r nuestra felicidad’® De esta
manera, Otorgués resaltaba positivamente la calidad de natural del “pais”
del diputado, que podria defender en las Cortes ~expresién de la soberania
dela nacién— los intereses de su Provincia y de sus habitantes.
A fines de abril de 1821, los vecinos de Montevideo y otros puntos de
1a Banda Oriental, asi como los que estaban en Rio de Janeiro elevaron al "So-
berano Congreso’, por intermedio de su diputado, una felicitacién por la in-
auguracién de la “Augusta Asamblea que representa el Imperio Espaiiol en
ambos mundos’. Acompafiaron a esa nota un petitorio firmado por 109 “cis-
dadanos’, solicitando a la Corona el envio de una fuerza armada a Montevi-
deo con la finalidad de recuperar estos territorios para Espafia y garantizar la
formacién de un gobierno estable.* En forma paralela, promovieron el nom-
bramiento de un diputado a Cortes que representara a la ciudad de Monte-
video y su jurisdiceién durante el perfodo 1822-1823. Ante la imposibilidad
de convocar a elecciones, se opté por enviar a las Cortes nombramientos en
favor de Francisco de Borja Magarifios firmados por espafioles europeos y
americanos residentes en diversos parajes. El primero, fechado el 22 de mar-
zo de 1821 en la Guardia del Cerrito, frontera del rio Yaguarén, estaba sus-
ctito por Felipe Contucci, Manuel Rollano y 27 firmas més. El segundo, data-
do en Rio de Janeiro el 7 de abril, contenfa 80 firmas entre las que estaban las
de Fernando Otorgués, Andrés Artigas y Antonio Fragata. El tercero, dirigi-
do al Conde de Casa Florez, provenia de Montevideo. Fechado el 15 de julio
de 1821, fue suscrito por siete vecinos que protestaban también por el Con-
greso Extraordinario que se estaba realizando en Montevideo.”
(33) AHN-M, Fondo Estado, Legajo 3768, (Euscbio de Bardaxi y Azara, Ministro de Es
tado a Conde de Casa Florez, 29 de julio de 1821.)
(GA) Archivo General de la Nacién, Montevideo (en adelante AGN), Fondo Archivos Par-
ticulares (en adelante APP), Caja 108, carpeta 2, f. 56.
(35) Carta transcripta como Documenta N*2 en el Anexo.
(6) AGN-AAPB, Caja 108, carpeta 3, f. 5-8v. Fechado en Rio de Janeiro, 26 de abril de
1821. Se trata de una copia que no tiene las firmas anunciadas.
(87) AGN-AAPP, Caja 108, carpeta 3, f.15-20v. Los dos primeros son los documentos
originales y el tereero es una copia certificada el 3 de diciembre de 1821 por huan Nepomuceno
Florez, segundo secretario de legacién y ednsulinterino de Espafa en Rio de Janeito.30
En opinién de Mateo Magarifios, laliberacién de los prisioneros arti-
guistas era de “mucha utilidad’: ofrecen reunir companias de sus soldados es-
parramados, y el principal D.n Fernando Otorgues hasta quinientos hombres
cree reunir; lo que no dificulto por la opinién que goza en la campaiia.” En su
plan mencionaba a otros jefes como “d.n José Antonio Berdiin, comandante
General que era de Entre-rios, d.n Pablo Gadea, hazendado, Gefe del partido
de Soriano y sus Subalternos, d.n Andres Artigas comandante General de los
Pueblos de Miciones y el hijo del nombrado D.n Jose Artigas” Destacaba que
podian “permanecer quietos hasta que se les avise si deben operar o no, man-
teniendose entretanto sin gravar al Estado, y observando la misma conducta
con los dicidentes [de Buenos Aires] para no hacerse sospechosos"®
Se aguardaba la llegada de una expedicién proveniente de la metr6-
poli, tal como se habia solicitado en abril de 1821. Los contingentes prepara-
dos en la campafia debian ponerse a las drdenes del Comandante en Jefe que
viniera de la Peninsula. El Embajador espafiol en Rio de Janeiro informé so-
bre otras acciones previstas para el éxito de las fuerzas espafolas. Entre ellas,
la firma por parte de Otorgués de “un contrato con D.n Juan Almagro, Ase-
sor que fue del virreinato de Buenos Aires, y que posee cuantiosos bienes en la
banda oriental”. De acuerdo con el mismo, el coronel artiguista actuaria co-
mo administrador ‘partiendo con el propietario los productos”. Entre las obli-
gaciones de Almagro figuraba ‘acudir con caballos, carnes y viveres de toda
clase d las primeras tropas Espafiolas que se presenten en aquellos paises”
La realizacién de un congreso Extraordinario en Montevideo a fines
de julio de 1821, asi como sus resoluciones, generaron amplio rechazo en el
gobierno espafiol y en aquellos “partidos” que en la Banda Oriental y Bue-
nos Aires no acompafiaban el régimen impuesto por el “Club del Bardn® El
Congreso habia resuelto la incorporacién de la provincia bajo el nombre de
“Estado Cisplatino (alias) Oriental” al Reino Unido de Portugal, Brasil y Al-
garves, Se fijaron como condiciones para la incorporacién el reconocimien-
to de los limites territoriales existentes al inicio de la revoluci6n, el manteni-
miento de las leyes y costumbres del pais, el establecimiento de garantias pa-
ra la fijacién de cargas impositivas y militares, la libertad de comercio, agri-
cultura ¢ industria, el pedido de autonoma eclesidstica y el mantenimiento
(98) AGI, Fondo Indiferente, Legajo 1569, (Carta de Mateo Magarifios fechada en Rio de
neiro, 1" de mayo de 182, incluida con el N° 5 ena documentacién que Francisco de Magarifs ed
junté a su informe al Secretario de Estado y de Despacho de Ultramar fechado en Morata de Tau,
28 de agosto de 1821.) Fxiste copia parcial en AGN-AAPP, Caja 106, carpeta 3.
(39) AGI, Fondo BA, Legajo 156, f. 372-373. (Conde de Casa Florez & Ministro de Ultra-
mar, Rio de Jancito, 13 de mayo de 1821,)
(40) Véase Pivel, 1936 y Campos de Garabelli, 1972173.34 =
de Lecor como Capitén General de la Provincia. Tal como decia el acta sus-
‘rita el 31 de julio de 1821 por los Diputados de los Pueblos de la Provincia
Cisplatina y el Barén de la Laguna, la decisién se tomaba después de haber
“pesado las eriticas circunstancias en que se halla(ba] el Pais; yconsultado los
verdaderos intereses de los Pueblos y de las familias’. Sobre esa base, convi-
nieron “en qe la Provincia Oriental del Rio de la Plata, se una é incorpore al
Reyno Unido de Portugal, Brasil y Algarbes, constitucional, bajo la imprescin-
dible obligacion de que se le respeten, cumplan, observen y hagan observar las
bases” que habian estipulado." Rechazaban la idea de volver a pertenecer a
Espafia, consideraban inviable la independencia absoluta y evaluaban como
desfavorable la alianza con alguna o algunas provincias del antiguo Virrei-
nato del Rio de la Plata. Esta valoracién los llevaba a volcarse en favor de la
legitimacién de la ocupacién portuguesa, resaltando que en Lisboa se ha-
bian reunido las Cortes para elaborar una Constitucién. El Baron de la Lagu-
na consider6 “excesivas’ algunas de las condiciones, si bien confi -acertada-
mente-, en que no se iban a aplicar:
La oposicién a lo resuelto se manifesté en distintos mbitos. La monar-
quia espafiola protesté formalmente. Las respuestas del Encargado de Nego-
cios de Portugal, Manuel de Castro Pereira, al Secretario de Estado espafiol,
Eusebio Bardaxi y Azara, en diciembre de 1821, procuraron deslindar las res-
ponsabilidades de su gobierno. Desmentfa enfaticamente que se le hubiera
‘ordenado a Lecor amenazar con el retiro de las tropas y el consecuente retor-
no della “anarquia” silos pobladores no se declaraban “siibditos portugueses”.
‘También negé que Portugal hubiera aceptado la independencia del Gobier-
no de Buenos Aires. Segiin su argumento, a los efectos de mantener ‘entre los
dos pueblos relaciones de mutuo comercio’, se habia procedido a reconocer
un Gobernador que de hecho, en forma legitima o ilegitima, era obedecido
y oficiaba como garantia para el cumplimiento de tratados o convenciones.*
‘A los pocos dias del Congreso, Fernando Otorgués denuncié ante
Mateo Magarifios que lo resuelto habia sido "fraguado p.r quatro emplea-
dos d quienes ha sabido protexer este Gral. (Lecot] desde su entrada en esta
Prov.a Oriental conducidos p.r su bien particular y despreciando el gral. de
miles de abitantes q.¢ la componen (aora titulada Sisplatina).” *
(44) Pive, 1986, pp. 266-267, 290-294, Para ol estudio de las repercusiones del Congreso
véase también Campos de Garabeli 1972/73.
(42) Pivel, 1926, pp. 353-362. (Lecor a Joaquim José Monteiro Torres, Montevideo, 10 de
enero de 1822)
(G3) AGI, Fondo Estado, Legajo 83, N70. (Versién electénica. Acceso: hip: /[Link])
(A)AGL Fondo indiferente, Legsjo 1569. (Feroando Otorgués a Mateo Magarifios, Mon-
tevidea, 17 de agosto de 1821.) Véase Documnento N* 8 en el Anexo.32
En la opinién de Otorgués, este rechazo de los pueblos a “la union 0
-gregacion de esta Prov.a dlos territorios de Portugal” generaba condiciones
propicias para comenzar el levantamiento. En esa misma nota reclamé a
Magarifios que agilizara el envio de los auxilios prometidos: °3 6 4 mil pesos
pa abilitar dlgunos pobres q.e no tienen recado, freno, gerga, poncho ni Ca-
‘misa ni tabaco &.a [ete.] y 400, 6 500 armas de Chispa y blancas con sus
respectivas municiones’. Como en la etapa anterior de la revolucién, la tro-
pa se reclutaba entre los sectores populares de la campafia —hombres “suel-
tos peones, ocupantes precarios de tierras~ y era imprescindible garanti-
zar su manutenci6n para aliviar de “mayores sacrificios” a los vecinos. El co-
ronel artiguista argumentaba que con esos apoyos se evitaria que las auto-
ridades luso-brasileftas pudieran explotar en su favor el “miedo a la anar-
quia’, justificando sus acciones represivas con el pretexto de que se trata-
ba de “una reunion de bandidos q.e pretend|ta) entablar el desorden roban-
do saqueando &.a". Las prevenciones de Otorgués no eran desacertadas.
Dos afios més tarde, un nuevo intento independentista fracasado tuvo por
resultado el ajusticiamiento del Capitan Pedro Amigo, juzgado por robo y
asesinato como forma de desacreditar el caracter politico del movimiento.**
En la costa del rio Negro, en el centro del territorio de la Provin-
cia Oriental, se hallaban apostados el capitin Antonio Fragata, el tenien-
te Francisco Arriola y Claudio Fernandez, esperando para dar comienzo a
las operaciones armadas. demas de haber compartido las condiciones de
reclusién, en el caso de Otorgués y Fragata habfan sido tomados prisione-
+08 en la misma ocasi6n.* En representacién de “la junta de Oficiales de
los exercitos de la Patria” se dirigieron también a Magarifios, reclamando
el cumplimiento de las promesas de apoyo por parte de la Corona espafio-
Ja, El tono de su carta era amenazante:
“solo esperamos hasta Noviembre. 6 Diciembre’; “es forzoso prineipiar el
‘nuevo afio con una resolucion terminante’; “jamas devera VS. ni ningun
otro quexarse de nuestras medidas quando vemos un silencio q.e nos tie-
ne fuera de nosotros mismos recordando lo qe VS. el S.t Conde [de Casa
Florez] nos aseguraron’
(45) Vease Frega, setiembre-diciembre 2005, pp. 25-58.
(46) CNAA, 2006, p91. (Felix José de Mattos a Manoel Marques de Souza, Campamen-
del Paso de la Cruz, Tacuari, 10 de mayo de 1819.)
(42) AGL, Fondo Indiferente, Legajo 1569. (Copia de nota de Francisco Artiola, Antonio
Fragata y Claudio Fernandes a Sr D.n Matheo Magatifios, Costa del Rio Negro, 19 de agosto de
1821.) Véase Documento N10 en el Anexo.
33 -
Consideraban dificil lograr el acatamiento de la orden de mantenerse
inactivos, debido al “estado de efervescencia en q.e vemos @ nras. companieros y
quasi toda la campania clamando pr q.e todo sea reducido & cenisas antes qe
nos domine Portugal’ A su vez, dejaban entrever una posible alianza con los
“disidentes” de Buenos Aires. Si bien les era “repugnante” aceptar las propo-
siciones de unién formuladas por los agentes de la antigua capital del Virrei-
nato, advertian a Magarifios que se hallaban en un estado de “abandono’, sin
armas ni municiones para liberarse del dominio extranjero."*
Contaban con respaldos en la ciudad, tanto del antiguo bando espa-
fholista como del bando patriota. En esos momentos, por ejemplo, el go-
bierno prolusitano habfa suspendido la eleccién de Pablo Zufriategui en re-
presentacién del pueblo de San Salvador, “porque se sospechaba de su com-
portacion”, segiin denuncié "El Argos de Buenos-Ayres'®” Un hermano de
éste, el fraile franciscano Ignacio Zufriategui, era indicado por Magarifios
como “buen Americano y capaz de sacrificarse p.r nosotros”, aconsejando a
Otorgués que siguiera sus dictamenes’® Las contestaciones de Magarifios
buscaron “tranquilizar” los animos y lograr la seguridad de que los orienta-
les no iniciarfan acciones por su cuenta. La desconfianza mutua caracteriz6
cesta fragil alianza. Mientras Otorgués tenia prevenciones acerca de la par-
ticipacién de personajes como el gran comerciante Francisco Juanicé, que
incluso en esos momentos formaba parte de los tribunales del régimen lu-
s0-brasileno, los espanoles europeos recibian alertas acerca de la mala fe de
los antiguos oficiales artiguistas. En ese sentido puede mencionarse la car~
ta que el también comerciante peninsular José de Béjar dirigié al Conde de
Casa Florez considerando infundadas las esperanzas de volver a depender
de Espaia: “Otorgués, Lavalleja y otros q.e han venido de esa se jactan de
haber engahado d V.E. Dicen q.e entraron por el juramento de la Constitu-
cidn, por qe este era el tinico medio que tenian de volver a este pais’
‘A pesar de las amenazas de los oficiales militares, el afio terminé sin
novedades. Al no concretarse los apoyos prometidos, el levantamiento no
pudo realizarse, Entretanto, tras la resolucién de la incorporacién al Reino
de Portugal, el gobierno cisplatino dispuso una serie de medidas para gran-
jearse la opinién local o, por lo menos, consolidar el apoyo de las “clases
(48) Ibidem,
(49) "El Argos de Buenoy-Ayres’ 25 de agosto de 1821, p. 132. "Noticias. Montevideo"). Las
cites corresponden ala edicidn fucsimilarpublicada como El Argos de Buenos Aires, 1821, volumen
I, Buenos Aires, Biblioteca dela Junta de Historia y Numismatica Americana, 1930.
(60) AGI, Fondo Indiferente, Legajo 1569. (Mateo Magarifios a Fernando Otorgués, Rio
de Janeiro, 27 de setiembre de 1821.) Véase Documento N*9 en el Anexo.
(61) AHN-M, Fondo Estado, Legajo 3782", Carta cifrada N° 60 (José de Béjara Conde de
‘Casa Florez, 17 de julio de 1821) Véase también Garcia, octubre-diciembre 1955, p. 70.uh
propietarias” Entre ellas se destacaron la convocatoria a una Junta de Ha-
cendados para resolver la cuesti6n de la titularidad de tierras y ganados, ast
‘como garantizar la seguridad en la campana, o la atencién a los planteos de
habilitacién de los puertos de Colonia y Maldonado.” Otra resolucién con-
sisti6 en la autorizacién dada a los hacendados para repoblar sus estancias
con ganado orejano 0 alzado existente en campos realengos al norte del rio
Negro. En los meses de agosto a diciembre de 1821 se otorgaron 35 licen-
cias para extraer més de 50.000 cabezas de ganado." Entre los agraciados
figuré Fernando Otorgués. Se habfa presentado en octubre de 1821, cuan-
do ya se habjan alejado las posibilidades de concrecién de la alianza con los
espafiolistas, En su nota indicaba:
"Que ha llegado 4 su noticia [Link] los servidores de la Patria, arruynados por
Jas combulciones civiles, se les fomenta con ganados, p.a la cria y sosten del
Pais:y como el que representa, es uno de estos, p.r publicidad, se presenta &
VE. para que se digne agraciarle, con dos mil cabezas de ganado”
A fines de 1821 también se registraron negocios de corambre por
parte de Juan Antonio Lavalleja, quien habia recuperado su libertad y ha-
bia regresado al territorio oriental. Estas disposiciones no anularon los pla-
nes independentistas. En 1822, favorecido por la divisién de las tropas de
ocupacién tras la independencia de Brasil, comenzé a prepararse un nue-
vo movimiento, esta vez sin la participacién de los espafioles europeos. En
este caso, se buscd el apoyo de las provincias del Litoral que a comienzos
de ese ato habian acordado una alianza en el Tratado del Cuadrilitero. La
correspondencia de Nicolés Herrera con Lucas Obes dejé varios testimo-
ios sobre estos preparativos. Herrera reclamaba la adopcidn de “medidas
ejemplares” y denunciaba que el “partido” de la revolucién contaba con “los
Otorgueses, Fragatas, Yupes, Ojedas, Lavallejas, y demds grandes capita-
nes patriotas”"*
(52) Campos de Garabeli, 1972/73, capitulos XL XILy Alonso et al; 1970, capitulo 2
(63) AGNM-AGA, Caja 557, carpeta 6, Legajo 1821. "Lieencias concedidas para tomar
ganados de los campos realengos para poblar 6 repoblarestancias”)
(4) Ibidem. (Otorgués al Gobernador Intendente Juan José Durin, Montevideo, 6 de oc:
jubre de 1821.)
(65) EI Tratadlo del Cuadrilstero fue suscrto pot las provincias de Buenos Aes, Santa Fe,
Entre Ros y Corriente a fines de enero de 1822,
(66) Cit. en Campos de Garabell, 1972/73, pp. 155-156. En los primeros meses de 1823,
dio cuenta del apresamiento de Fragata ys partis, que formaba parte del movimiento por el
sual fue ajusticiad el Capitin Pedro Amigo,
La Corona espaiola, por su p: fasis en la conservacién
de aquellos territorios que atin no habian logrado su independencia, desai-
rando de esa forma una vez més a los “leales” espanoles que permanecian
en la regién del Plata, Debe recordarse que en esos momentos estaban en
proceso las acciones revolucionarias en el Virreinato del Perit y la Audien-
cia de Chareas y el impulso independentista en Nueva Espafia. Una vez mas
se cuestion6 el abandono en que la metrépoli dejaba al Rio de la Plata. Ese
fue el tono de algunas comunicaciones de Francisco de Magarifios a la Se-
ceretaria de Despacho de Gobierno y de Ultramar.
Una compleja trama de alianzas
La alianza que una parte de las elites orientales habia sellado con los
Juso-brasilefios se sustentaba en la eliminacién del “teatro de la anarquia”
=tal como referian a los “tiempos de Artigas"-, asf como en el rechazo a
cualquier intento de la Corona espafiola por recuperar el control de estos
territorios. A su vez, gran parte de los “espaiioles europeos” y los “orient:
les” artiguistas podian encontrar un punto de acercamiento en el comiin re-
chazo al dominio portugués y a los “portefios” Las ideas republicanas de-
fendidas con fuerza en la primera etapa de la revolucién en la Banda Orien-
tal dejaban paso en los distintos bandos a proyectos de unién o incorpora-
cién a monarquias constitucionales.
Un repaso de las posiciones e intereses de los principales persona-
jes implicados en el plan “independentista” de 1821 da cuenta de las incer-
tidumbres sobre el futuro politico del Rio de la Plata y muestra los distintos
procesos de reorganizacién del territorio que se abrieron a partir de la cri-
sis de las monarquias ibéricas.
‘Mateo Magarifios y Ballinas, apodado “el Rey Chiquito” por su poder
y su fortuna, se habia enriquecido en el marco de la crisis de la monarquia
espafiola. demas de su ejercicio como Doctor en Leyes, era propietario
de panaderias, saladeros, chacras y estancias, se dedicé al comercio de im-
portacién y exportacién, al armado de buques corsarios, al tréfico negrero
y fue un gran prestamista y asentista de la Marina.” Expresaba los intereses
del grupo de espafoles peninsulares que procuraba restituir el control del
puerto de Montevideo a los espafioles europeos y consolidar una posicién
de privilegio en la regidn platense. En setiembre de 1808 habia sino uno de
(67) Sala; Rodriguez; Dela Torre, 1967, pp. 99-100. Véase también Mora Magarifos, 191936
los impulsores de la Junta de Gobierno que se formé en Montevideo ante la
sospecha de traicién del virrey Liniers.** En 1810 no reconocié la autoridad
de la Junta formada en Buenos Aires y apoyé la adhesién al Consejo de Re-
gencia. Cuando las tropas “insurgentes” pusieron sitio a la ciudad de Mon-
tevideo, el 20 de mayo de 1811, comenzé a llevar una notacién de los prin-
cipales acontecimientos con destino a su hijo que se encontraba en Espa-
fa. Mostré su prevencién frente a la posible intervencién portuguesa y re-
clamé una ayuda de Espaia. Cuestionaba el abandono por parte de la me-
trépoli ~"gcomo podria persuadirme el mas zeloso, q.e han faltado 100 fuu-
siles siquiera p.a remitir?”- y expresaba sus temores sobre los resultados de
una posible expedicién militar portuguesa contra las tropas revoluciona-
rias: “me temo, qe sea p.a nuestra ruina p.r q.e si vienen pocos son perdidos,
si muchos qn save, q.e Ley nos impondran.*® Tras la capitulacién de Mon-
tevideo, Magariios emigré a Rio de Janeiro. Alli promovié por diversas vias
la recuperacién de estos territorios para la Corona espaiola,
Es interesante observar la linea de continuidad entre los planteos de
fines del siglo XVIII de los grupos espaftlistas, destinados a “ensanchar” la
jurisdiccién de la gobernacién de Montevideo, su transformacién en Inten-
dencia y la ereccién de un Consulado, con las posiciones sostenidas con mo-
tivo de la preparacién de expediciones militares para recuperar los dominios
americanos para la Corona. En su lucha por privilegios recurrieron insisten-
temente a su caricter de “leales espaioles’ presentando a Montevideo y su
jurisdiccién como “muy fiel y reconquistadora” El control del comercio re-
gional y de ultramar a través del puerto de Montevideo y el acceso a un terri-
torio mayor, rico para la explotacién ganadera, guiaron la politica de alianzas
de este grupo. Como subrayaba Felipe Contucci desde la frontera con el Bra-
sil, de lo que se trataba era de “aumentar los intereses de la Nacion, y obstruir
los progresos de nuestros vecinos”. Ahora bien, las guerras de independencia
habfan modificado las divisiones territoriales, tanto al interior del Virreinato
como con los dominios de Portugal en Brasil, Contueci se alarmaba porque
“por la frontera se |iban] introduciendo los Portugueses a toda prisa’. “Como
qe esto ya es de ellos’, agregaba, De alli que una de las preocupaciones fuera
(88) Véase Pivel, 1952 y Frega, 20076.
(59) CNAA, 1963, pp. 36-46, (Relacisn diaria de los acontecimientos ocurridos en Mon.
tevideo durante los primeros das del asedio a que fue sometida la ciudad en 1811, llevada por D.
“Mateo Magarifos Bllinas y remitida a su hijo D. Franeisco de Borja Magariios residente en Es-
Paka, Montevideo, 20 de mayo a 10 dejunio de 1811.)
(60) Tal el titulo que por Real Cédula,fechada en Aranjuer el 24 de abril de 1807, se
concedié ala ciudad de Montevideo por Ia actuacién de su poblacion y autoridades contra los
briténicos en la reconquista de Buenos Aires el afta anterior. (Revista del Archive General Adm
nistrativo, vol IX, Montevideo, Dornaleche Mnos., 1919, pp. 222-226)
37
frenar el expansionismo lusitano y tratar de "ge las cosas queden d lo menos
como estaban antes de la revolucién, y no como actualmente estan.” Es inte-
resante recordar que Felipe Contucci, oriundo de Florencia, se habia avecin-
dado en Montevideo a comienzos del siglo XIX, donde contrajo matrimonio
con Maria Josefa Oribe, perteneciente a una familia patricia, Dedicado al co-
mercio, actué como agente de la Princesa Carlota Joaquina para el Rio de la
Plata. Defendié posturas espanolistas desde el Campamento de Borbén, so-
bre el rio Yaguarén en los primeros afos de la revolucién.®
Si bien se consideraba improbable recuperar la linea acordada en el
Tratado de San Ildefonso (1777), parecia posible pretender de la Corona es-
pafiola una jurisdiccién mayor que la que tenfa Montevideo en el antiguo
Virreinato. Las luchas por el reconocimiento de las soberanfas provincia-
les frente al unitarismo del gobierno central en Buenos Aires, y el hecho de
contar con un puerto alternativo, ambientaron las aspiraciones territoria~
les, Durante la revolucién se habfan incorporado campos y poblaciones al
este del rio Uruguay que antes pertenecian a la Intendencia de Buenos A\
res, En esta coyuntura, con la accién de la expedicién proveniente de la me-
trépoli podia avanzarse mas sobre las provincias “disidentes” Los espaito-
listas proyectaron la creacién de una "Capitania Gral. de la vanda Oriental
del Rio Parand”, afirmando que “La Plaza fuerte de Mont.o debe ser el punto
centrico”° Los limites de la Capitania a crear segtin ese proyecto, serian:
“arroyo Chuy a la Mar costeando la laguna Miny a la Fortaleza de San Mi-
guel, Guardia de la Laguna, la vanda occidental del Yaguarén, Guardia de
Santa Tecla, buscando la orqueta del arroyo de Sta. Ana, principio del Ibicuy
Guazii y Santa Maria, por la costa oriental hasta su desembocadura en el
Uruguay, frente al Pueblo Occidental de Yapeys, costeando el grande Uru-
guay por el este hasta la conjuncién de Pepirymins, que sigue las proximi
dades del Rio Grande de la Curutiba. Este Curutiba desemboca en el gran
parand aguas abajo hasta la conjuncién del rio Paraguay en Corrientes, ysut
desembocadero enel Rio de la Plata sobre la boca del Guazai y Martin Gar-
cia, [..), siguiendo toda la costa desde la Colonia hasta Santa Teresa y el an-
tenominado Arroyo Chuy?**
(61) AGN-AAPP, Caja 105-Carpeta 1, fs. 47-50v. (Felipe Contucei a Mateo Magarinos,
Guardia del Cerrito, noviembre de 1820)
(62) Garcia, 1965, pp. 134-147,
(63) AGN- APR, Caja 108, Carpeta I, f, 80-819. (Se trata de un informe sin fecha, po
“Magatinios pas6 al Comandante de la expedl
dla ser una copia de la Memoria que en
‘ign pacificadors)
(68) En algunas interpretaciones, la Banda Oriental del Rio de la Plata inclu los tert
ros ubicadas en la margen izquierda del rio Parané hasta su desembocadura en el Rio de la Plata,
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