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Tanner Reed © (Impostores

#1)
OscaryArroyo

Wattpad © ([Link] and Wattpad to


Kindle E-reader ([Link]

#amor #wattys2021

«Yo lo vi primero».

«Yo lo tuve primero».

Eso es lo que pienso cada vez que veo a mi amiga besar a su esp
oso frente a mí. Cada vez que él le ha sonreído y murmurado cos
as en su oído a lo largo de los años. Conocí a Tanner durante u
na fiesta universitaria. Me hizo pasar la mejor noche de mi vid
a y después me olvidó, pero él no olvidó a Pauline. Lo siguient
e que supe después deducir que estaba viviendo la peor resaca d
e la historia, es que había organizado una búsqueda por todo el
 campus para encontrar a la chica de cabello dorado y rostro de
 ángel que había conquistado su macabro corazón, pero a la que 
no se había acercado porque estaba demasiado ocupado follando a
 alguien más en una habitación de su fraternidad. 

A mí.

Una chica dispuesta a pecar lo necesario para tenerlo de regres
o.

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

Todos los derechos reservados


Table of Contents
 
- 0% Completado
-
Prólogo:
Capítulo 1:
Capítulo 2:
Capítulo 3:
Capítulo 4:
Capítulo 5:
Capítulo 6:
Capítulo 7:
Capítulo 8:
Capítulo 9:
Capítulo 10:
Capítulo 11:
Capítulo 12:
Capítulo 13:
Capítulo 14:
Capítulo 15:
Capítulo 16:
Capítulo 17:
Capítulo 18:
Capítulo 19:
Capítulo 20:
Capítulo 21:
Capítulo 22:
Capítulo 24:
Capítulo 25:
Capítulo 26:
Capítulo 30:
Capítulo 31:
Capítulo 32:
Capítulo 33:
Capítulo 33:
Capítulo 34:
Capítulo 35:
Capítulo 36:
Capítulo 37:
Capítulo 38:
Capítulo 39:
Capítulo 40:
Capítulo 41:
Capítulo 42:
Capítulo 43:
Capítulo 44:
Capítulo 45:
Capítulo 46:
Capítulo 47:
Capítulo 48:
Capítulo 49:
Capítulo 50:
Capítulo 51:
Capítulo 52:
Capítulo 53:
Capítulo 54:
Epílogo 1:
Epílogo 2:
Nota de autora y agradecimientos:
Sobre la autora:
Libro en físico
Siguientes libros:
- 0% Completado

-
39.6K 2.5K 241
por OscaryArroyo
 

Advertencia: esta historia no es para personas débiles de


corazón, ni apegadas a principios morales e incapaces de
hallar belleza en la fealdad de la naturaleza humana. Si eres
cualquiera de ellas, mejor piénsalo dos veces antes de
seguir.

Después no digas que no te lo advertí.

Dicho esto, bienvenid@ <3


-

-
32.6K 2.6K 224
por OscaryArroyo
 

Dedicado a aTraAPaDAaA

Esta no es la historia de la chica que obtiene al chico.

Es la historia de la chica que hace todo por tenerlo...


Prólogo:

Prólogo:
45.7K 3.6K 4.6K
por OscaryArroyo
 

Dedicado a luvsenku

Austin, Texas.

Cinco años atrás.

Este será el mejor año de mi vida.

Lo sé.

Hay una vibración persistente en mi cuerpo que me lo dice.


No, lo grita constantemente. Este año dará inicio a una
nueva etapa en mi vida que podría ser la mejor. No me
quejo de la escuela, no la pasé mal en ella, pero esto es la
universidad. Estoy aquí porque quiero estar aquí. Solo ha
pasado una semana desde que las clases comenzaron y
puedo decir que lo que escogí, el programa de arquitectura,
es lo que apasiona. Tomé la decisión correcta al rechazar las
constantes demandas de mi padre para que me fuera por la
escuela de negocios. Amo dibujar. Los edificios. La manera
en la que se complementan con el ambiente que los rodea o
destacan dentro de él. Si no logro trabajar para una
constructora, me encantaría también abrir un pequeño
negocio de decoración de interiores. Esa es otra cosa que
me gusta.

Hay tantas posibilidades.


A veces hago comparaciones extrañas, pero soy como un
pequeño animal de casa, un perro, que por primera vez sale
a dar un paseo fuera de su hogar. En casa mamá y papá me
han mantenido protegida toda la vida, decidiendo incluso mi
comida y mis amistades. Aquí es diferente. Aunque solo
estamos a dos horas y media de distancia en auto, puedo
escoger lo que quiero para el desayuno, usualmente cereal
de Oreos, para el almuerzo, usualmente pizza, y para la
cena, usualmente de nuevo pizza.

No hay nadie manteniéndome envuelta en un pañuelo para


impedir que me haga daño. Puedo lastimarme las veces que
quiera, disfrutando incluso del dolor que viene después.

Soy libre.

Soy libre de cometer errores.

─¿Savannah? ─pregunta mi compañera, Pauline, asomando


su cabeza rubia en nuestro baño─. ¿Estás lista? No quiero ir
tarde. Podemos regresar a la hora que quieras porque habrá
más gente volviendo, pero me da miedo salir y que las
calles estén solas.

Termino de echarme un vistazo al espejo. A diferencia de


Pauline, mi cabello es negro y lacio. Termina a la altura de
mi trasero. Mi madre nunca quiso que lo mantuviera de otra
manera. Yo tampoco. Además de mis ojos grises, como los
de mi padre, forma parte de mi atractivo principal. Lo
demás es discutible. Tengo un cuerpo bonito, pero mi cara
no es tan linda como la de Pauline. Ella parece un ángel. Su
rostro, enmarcado por un montón de rizos dorados, es
redondeado. Su nariz es pequeña como un botón. Sus ojos
son marrones, pero a la luz lucen anaranjados,
absolutamente encantadores. Es como una niña. Es mucho
más baja. Nos hemos llevado bien desde que empezamos a
vivir juntas desde hace un par de semanas, la cuidé cuando
empezó a sentirse mal por toda la pizza que hemos comido
y ella me ha enseñado todo lo que hay que saber sobre las
bacterias, sufre de trastorno obsesivo compulsivo con la
limpieza, pero ese tiempo ha sido suficiente para que
empezase a sentir envidia de ella.

De su lindo corazón. De las aventuras que ha tenido la


oportunidad de vivir con la Iglesia de su condado, viajando a
todas partes con el fin de ayudar a los más desfavorecidos.
Aunque su familia es adinerada, como la mía, tienen un
compromiso importante con Dios que no se limita a hacer
donaciones periódicas a la comunidad, como hacemos los
Campbell.

Tampoco puedo pasar por alto la manera en la que luce hoy.


A pesar de que está usando un vestido blanco que termina a
la altura de sus rodillas, cubriendo sus brazos debido a que
es manga larga, lo que podría ser considerado una
aberración al lado de los vestidos de otras chicas, como el
mío, negro y con tiras sobre mi escote que apenas cubre
mis muslos, se ve bien. No es del tipo que necesita mostrar
piel para llamar la atención. Ella por sí misma lo hace.
Irradia un halo invisible de luz que capta la atención de
todos cuando entra en una habitación. No solo aparenta ser
buena, sino que lo es. Me retoco mi labial rosado frente al
espejo antes de darme la vuelta y plantar una sonrisa en
ellos.

─Vamos ─digo, ahora no muy segura de mi apariencia.

Quizás debí vestirme como lo hacía en casa. Con una falda


de recuadros. Una camisa blanca bajo un bléiser del mismo
material. Un gorro y una bolsa de diseñador. Quizás debería
ser más como Pauline y abrazar al ángel en mí en lugar de
rechazarlo, pero simplemente no puedo ignorar la manera
en la que mi corazón bombea contra mi pecho cuando estoy
haciendo algo que no debería estar haciendo. Que
desaprobarían mis padres, quienes me quemarían en una
hoguera de verme actuar así.

Como ir a una fiesta de fraternidad vestida como una puta.

*****

Mi compañera y yo ni siquiera sabemos a qué fiesta iremos.


Solamente seguimos los rumores de los pasillos de nuestro
dormitorio, los cuales nos han traído a la calle en la que
todos los desastres suceden. Pauline aprieta mi mano
cuando nos bajamos del taxi y me alcanza. Aunque no
quiero que las personas a nuestro alrededor piensen que
somos lesbianas, no la suelto. En su lugar le dedico una
mirada emocionada, reconociendo la misma sensación de
adrenalina en sus ojos que estoy experimentando, y marco
nuestro primer paso hacia la casa más grande, ruidosa y
abarrotada de estudiantes que encuentro, casi saltando.

─¿Por qué no empezamos con algo más tranquilo? ─susurra


en mi oído cuando nos obligan a hacer fila, puesto que está
tan lleno que se están poniendo exclusivos, rechazando a
algunas personas que intentan entrar sin bebida, como
nosotras, pero algo en mí me dice que nos dejarán pasar─.
¿Quizás dos casas abajo?

Niego. Vi esa fiesta. Se veía como las reuniones a las que


asistía cuando estaba en la preparatoria, así que no sería
nada diferente. La casa frente a mí, en cambio, luce como
una nueva experiencia. Hay parejas besándose estando
sentadas en el borde de las ventanas, lo que podría
considerarse peligroso ya que la construcción tiene dos
pisos. Hay luces saliendo por cada rincón expuesto a pesar
de que sigue viéndose oscuro. Desde donde estoy puedo
ver incluso a tipos derramando sus cervezas debido a su
grado de embriaguez y a chicas desnudándose sobre
cualquier mueble. Paulina lo ve también, tensándose junto a
mí, pero no dice nada más hasta que el chico en la puerta
de entrada nos deja pasar, aprobación en su mirada dirigida
a nosotras.

─¡Por un momento pensé que no nos dejarían pasar! ─grita


por encima de la música, Animals de Maroon 5,
refugiándose en mi costado─. ¡Ya estamos adentro, ¿ahora
qué hacemos?!

Por el rabillo del ojo noto a un chico en la cima de las


escaleras, su pecho expuesto mientras entabla
conversación con otro estudiante. Su cabello negro y
despeinado luce oscuro aún bajo el efecto de las luces de
neón colgando del techo. Está perfectamente constituido.
Sus brazos y torso son tan musculosos que no puedo evitar
pensar en él como un deportista. Es alto. Además de su
pantalón oscuro, lleva unos mocasines que creo haber visto
en el armario de mi padre, quién solo usa cosas caras, así
que también se ve con clase. Pero a pesar de los músculos,
de su belleza masculina, lo que me atrae a él es lo que
irradia como si fuera un elemento radioactivo de la tabla
periódica.

Peligro.

Instantáneamente no puedo evitar sentir curiosidad.

Inclinándome sobre el oído de Pauline, señalo las escaleras.

─¡Iré un momento al baño! ¡Espera aquí!

Si su mente fuera un poco más abierta, le diría que voy a ir


por mi primera golosina del año, pero Pauline no es así. Ella
no entendería cómo puedo querer entregarle mi cuerpo a
alguien que ni siquiera conozco. Aunque su frente se arruga,
asiente e inclina la cabeza hacia el patio trasero antes de
dirigirse a él. Como si sintiera mis intenciones de dirigirme a
él, cuando me doy la vuelta para subir las escaleras lo
descubro mirando en mi dirección con ojos amplios. Mis
mejillas se sonrojan. Tomo un vaso de la bandeja que
alguien sostiene y le doy un largo trago, como si el alcohol
instantáneamente me pudiera hacer sentir más valiente.

─Hola ─susurro, trayendo su atención a mi escote cuando


me posiciono frente a él─. Mi nombre es Savannah.

Él sonríe.

Mi pecho se oprime por cuán perfectos son sus dientes. Mi


ropa interior se humedece cuando le da un sorbo a su
cerveza y relame su labio inferior después, probablemente
consciente del hecho de que estoy siguiendo el movimiento
de su lengua. Su amigo suelta una risita que apenas puedo
escuchar antes de bajar las escaleras y dejarnos tan solos
como podemos estar en la fiesta.

─Tanner.

Al momento en el que escucho su voz, decido que no solo


quiero que sea una golosina. Quiero que sea una tienda
abierta para mí las veinticuatro horas del día, los siete días
de la semana, de la que pueda tomar todo lo que quiera sin
pagar. Poniéndome de puntitas, puesto que a pesar de que
soy alta y uso tacones, él lo es más, junto sus labios con los
míos, percibiendo el profundo aroma a alcohol provenir de él
y notando cuán oscuros son sus ojos marrones. No meto mi
lengua en su boca, sino que me deslizo suavemente de
regreso al suelo con el aroma de su colonia descontrolando
mi mente. Un poco emocionada con el brillo intenso con el
que empieza a mirarme, deslizo mi mano en la suya y lo
guío por el pasillo repleto de puertas. No sé cuál tomar, así
que me ayuda señalando la que se encuentra al final de
este.

Cuando entramos y cierra la puerta tras de sí, ya me estoy


quitando la ropa como si tenerla me impidiera seguir
respirando. Es un vestido elástico, así que sacarlo no es
difícil. Para el momento en el que se da la vuelta ya me
encuentro solamente usando un tanga negro de encaje con
una cinta y un lazo en la parte trasera. Giro sobre mí misma.
La manera en la que me mira, como si no pudiera creer lo
que está frente a él, me hace sentir extrañamente segura y
bonita, pero es porque presiento que Tanner, sea cual sea
su apellido, no mira a todas así.

─Ven aquí ─suelta con voz ronca, aún sin quitarse los
pantalones.

Obedezco.

Camino asegurándome de que mi cabello se deslice sobre la


suave piel de mis senos, exagerando un poco el movimiento
de mis caderas, y me arrodillo frente a él. Mientras
desabotono su pantalón con mis manos, mi pedicura rosa
recién hecha, lo escucho sisear entre dientes y apoyarse en
la pared. Ya que no trae ropa interior debajo, su pene salta a
la vista cuando deslizo la tela de jean por sus tonificadas
piernas. Casi quiero llorar cuando lo veo. Es precioso.
Rosado, redondeado en la punta y lo suficientemente
grande como para intimidar o, mejor dicho, para darme la
certeza de que me llenará más de lo necesario. Tanner me
deja hacer lo que quiera con él. Probablemente siente
curiosidad sobre cuáles serán mis movimientos, por lo que
se limita a observarme y a maldecir cuando inhalo su aroma
a almizcle antes de meter la punta en mi boca teniendo
cuidado de no lastimarlo con los dientes. De repente todos
mis ex tienen sentido, puesto que me prepararon para este
momento.

Para saber cómo complacerlo.

─Dios mío ─jadea él, sus dedos enterrándose en mi cabello─.


Eres la jodida fantasía de un hombre hecha realidad,
Savannah.

Para demostrar su punto, lo alojo un poco más profundo en


mi garganta. Tanner suelta un gruñido satisfecho antes de
empujarme suavemente hacia atrás y arrodillarse para
tomarme entre sus brazos. No puedo evitar acurrucarme
contra su pecho y patalear, feliz, de camino a la cama. A
pesar de que pensé que sería duro conmigo, incluso brusco,
me deposita en ella con suavidad. Se cierne sobre mí,
situándose entre mis muslos, momento que aprovecho para
evaluar la manera en la que quedó su amigo luego de mis
intenciones, duro e hinchado, listo para mí, y me ofrece una
sonrisa torcida antes de sumergir su rostro entre mis
piernas. Muchas personas están manteniendo relaciones
sexuales aquí, así que no me avergüenzo de gritar por la
manera en la que succiona fuertemente mi clítoris, haciendo
a un lado mi tanga, antes de dejarlo libre de golpe. Tanner
ríe antes de continuar lamiéndome. Aprieto una de las
almohadas con fuerza.

─Tanner ─jadeo cuando me hace mojar tan mal, disfrutando


de los restos de la sensación afrodisiaca mientras me da la
vuelta y abofetea mi nalga derecha con fuerza, haciéndome
gemir─. No puedo esperar más. Por favor, entra en mí
─lloriqueo.

Él vuelve a reír mientras abre un paquete de condones.

─Solo un segundo, bebé.


Bebé.

Sí, soy su bebé y en estos momentos me muero porque algo


de aspecto blanco y lechoso me alimente. Me inclino hacia
adelante y curvo mi espalda, incitándolo a darse prisa. Él
respira con brusquedad entes de tomar la parte trasera de
mi tanga y nuevamente hacerla a un lado. Le gusta tanto.
Me alegra. Tengo un montón de lencería bonita en mi
armario para volverlo loco.

─No sabes cuánto me gusta esto. ─Tira del lazo mientras


posiciona su miembro en la entrada de mi vagina. Estoy tan
caliente y húmeda. Lo quiero dentro de mí más de lo que
quise un auto cuando cumplí los dieciséis─. No te lo quites
nunca. Intuir que traes algo así bajo la ropa te hará dueña
de la mente de cualquier hombre.

Sonrío, pero la sonrisa se va cuando entra de golpe,


haciéndome gritar nuevamente, y empieza a follarme como
intuí que sería en el momento en que lo vi. Duro. Áspero.
Profundo. Tanner se apodera de cada rincón de mi sexo
como si su misión fuera dejar una huella en mi alma, no
causarme un orgasmo. En un determinado momento sus
golpes se vuelven aún más salvajes y toma mi cabello,
tirando de él hacia atrás mientras me hace llegar. Antes de
que pueda recuperarme, me da la vuelta y ocasiona que mi
cabeza cuelgue del colchón. Estoy a punto de preguntarle
qué sucede cuando lo noto. El espejo frente a mí. Nuestro
reflejo. Ahora no solo puedo sentir, sino que también puedo
ver cómo me posee. Su pálida piel ligeramente alumbrada
por las farolas de la calle. Su gesto de concentración
mientras sale y entra de mí con fuerza. La malicia en sus
ojos al presionar su mano sobre mi estómago,
manteniéndome en mi lugar a pesar de que ya no puedo
soportar su intensidad, la cual me consume, me hace
estremecer de miedo y excitación, y a la vez me obliga a
tener en cuenta la manera en la que llega a lugares que
nadie más, hasta él, había conocido. En cómo de bien
lucimos juntos.

Somos el diablo y una chica buena dispuesta a pecar.

A sacrificarse.

Después de venirse, tres orgasmos para mí en total, se


acuesta de la misma manera junto a mí y nos observa. Me
sonríe antes de incorporarse. Una vez desecha el condón
usado, besa suavemente mis labios y se inclina hacia la
mesita de noche junto a la cama. Saca un paquete de
cigarrillos de ella. Me ofrece uno, pero niego. Aunque estoy
desesperada por portarme mal, trato de evitar los vicios que
disminuirían directamente mis años de vida.

Me enderezo, intentando evitar la manera en la que mi


corazón comienza a doler, puesto que esto fue solo sexo, y
me incorporo para recoger mi ropa e ir de regreso con
Pauline, pero Tanner me toma del codo y me hace aterrizar
de vuelta en la cama. Me empiezo a quejar en voz alta por
el impacto, pero el humo de su cigarrillo, directamente
exhalado en mi estómago, me hace mantener la boca
cerrada. El humo y el calor me hacen cosquillas.

Me excitan.

─¿A dónde crees que vas? ─pregunta, abriendo nuevamente


mis piernas─. No he terminado contigo, Savannah. ─Tiemblo
cuando pasa su lengua por mi centro, deshaciéndose de mi
tanga mojada, exponiéndome y haciéndome vulnerable─.
Esto apenas empieza.

*****
La mañana siguiente a nuestra aventura apenas puedo
moverme sin sentir un fuerte dolor de cabeza. Después del
mejor sexo de mi vida, cuyo recuerdo trae mariposas a mi
estómago, encontré a Pauline bebiendo una cerveza con un
grupo de artistas en el jardín. Pasamos una buena noche
luego. La banda con la que hablaba nos invitó a una fiesta al
otro lado de la ciudad en la que habían sido contratados
para tocar un par de canciones, así que no solo estuvimos
en la fiesta de fraternidad y estuve en los brazos del chico
más hermoso del campus, sino que también asistimos a un
concierto. Si todos mis fines de semana son así, creo que la
universidad será, en definitiva, la mejor época de mi vida.

─¿Savannah? ─escucho a Pauline preguntar al otro lado de


la habitación, desde su cama rosa y dulce, como una niña.

La mía, en cambio, está rodeada de velas con aroma a


vainilla que no pude encender ayer. A Pauline le asusta que
duerma tan cerca del fuego, pero estoy acostumbrada a
ellas y sé que se apagarán en el momento en el que se
consuman. A pesar de que me envuelvo apretadamente en
mis sábanas, contesto.

─¿Sí?

─¿Qué tal si empezamos el día yendo a Rusty's?

Rusty's es nuestro restaurante favorito para comer, un café


en el centro universitario dónde he declarado que hacen los
mejores panqueques de Austin a pesar de que solo llevo dos
semanas aquí. Quiero continuar durmiendo, pero mi
estómago necesita algo con lo que sobrellevar todo el licor,
no solo cerveza, que ingerí anoche. Suelto un sonido
aprobatorio y me levanto. Veinte minutos después, tanto
Pauline como yo estamos listas. Ambas llevamos atuendos
deportivos de pantalones cortos junto con sudaderas,
zapatillas y gafas de sol que ocultan nuestras profundas
ojeras. Caminamos la una junto a la otra, quejándonos del
ruido, hacia nuestro destino, pero a la mitad de él un chico
se nos acerca sosteniendo un montón de panfletos con la
foto de una chica en ellos. Una chica con el cabello rubio y
rizado en medio del público de un concierto, destacando por
su vestido blanco. Todo lo que la rodea allí es oscuro, las
personas, las cosas.

Incluyéndome.

─¿Conocen a esta chica? ¿La rubia? ─pregunta él, señalando


a Pauline en la foto─. El presidente de nuestra hermandad
nos está volviendo locos buscándola. Si no la encontramos,
no aceptará nuevos miembros este año. Yo aspiraba poder
entrar. Hay un pase directo, sin presentar ninguna prueba,
para quién la consiga.

El color desaparece del rostro de Pauline.

─Yo... yo...

─Es ella ─susurro, emocionada, quitándole las gafas─. ¡Es


ella!

Quién sea el presidente de la hermandad, es tan romántico.

Ya yo encontré al chico que me gusta, a quién aspiro ver


pronto, puesto que creo que tuvimos más que química, una
conexión, por lo que realmente me alegra que ella también
tenga a alguien.

─Maldición ─suelta él cuando la ve, colocando el panfleto


junto a su rostro─. ¡Eres tú! ─Nos abraza, saltando─. Vengan.
─Toma nuestras manos─. Vamos en este mismo instante a la
hermandad. No puedo perder esta oportunidad. Mi futuro
está en juego.
Tanto Pauline como yo lo seguimos sin rechistar, dejando
atrás nuestros planes de dirigirnos a Rusty's. Puedo
identificar una chispa de emoción en su mirada marrón. El
chico nos habla sobre cómo todos en su fraternidad han
estado trabajando en encontrar a Pauline desde que su
presidente vio el post de la banda en redes sociales y la
identificó, dándose cuenta de que era la chica que le había
llamado la atención durante de la fiesta, pero a la que no
pudo encontrar después de terminar con los asuntos de la
hermandad. Ambas estamos abrazándonos, emocionadas,
en el recibidor de la casa, ahora hecha un desastre, pero ya
siendo limpiada por sus miembros, de la hermandad en la
que estuvimos anoche. Hermandad Maleeh. Una de las
mejores, según nuestro guía, a la que cualquier chico puede
aspirar en Texas.

─Hola ─saluda una voz que reconozco tras nosotras.

Cuando me doy la vuelta, me encuentro con los ojos oscuros


de Tanner. Ellos me notan, pero me descartan rápidamente,
pasando de mí como si solo fuera un elemento más en la
habitación en la que está reuniéndose con la chica de sus
sueños, antes de concentrarse completamente en Pauline.
Mi compañera de cuarto suelta una risita nerviosa cuando él
toma su mano y la besa.

─Tanner Reed ─responde él con voz ronca─. A tus servicios.

Sin poder soportarlo más, me doy la vuelta.

Pauline es el amor de su vida y claramente yo soy los


asuntos de la fraternidad de los que estaba encargándose.
La razón por la que no pudo verla. Aunque debería
advertirle sobre él, decirle lo malvado que es, prefiero ver
cómo la toma y le ilusiona de la misma manera que me
tomó y me ilusionó a mí antes de romperle el corazón con la
fealdad del suyo.

*****

Pero muy a mi pesar, eso nunca pasa.

Él la ama.

¡Hola! 

Espero que les haya gustado. Probablemente


continuaré esta historia solo en Litnet, así que si
quedaron interesadas después de aquí, para
continuar es probable que necesiten abrirse una
cuenta allí. Me pueden encontrar como OscaryArroyo,
pero existe la posibilidad de que continúe publicando
aquí si veo que les llama mucho la atención 

Love u 
Capítulo 1:

Capítulo 1:
25.7K 3.2K 3.1K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a Majo854

Manejo el despecho lo mejor que puedo.

A diferencia de otras chicas, quiénes probablemente solo se


dedicarían a deshacerse del ardor en su corazón yendo tras
otros chicos o comiendo comida chatarra, cosas que
también hago, trabajo en mí. Voy tanto al gimnasio que la
gerente se preocupa, acercándose un día y amenazándome
con retirar mi membrecía si no me controlo. Cuando se dio
cuenta de que estaba a punto de llorar como un niño al que
le han quitado su juguete favorito, ese que abraza por las
noches para sentirse mejor, me explicó que lo hacía por mi
bien, que desgastar mis músculos así solo los atrofiaría.
También me dijo que su esposo se divorció de ella hace dos
años, por lo que reconoce a una mujer herida cuando la ve.
No juzgué su razonamiento después de eso. Si Tabatha pudo
superar el engaño de un hombre con el que estuvo por
media década y la dejó por haber aumentado diez kilos
después de dar a luz a su bebé, yo puedo arrancar un
simple acostón de mi piel.

Sintiéndome estúpida por darle tanta importancia a Tanner,


no me quedó más remedio que disminuir mi itinerario
después de aceptar tomar un café con ella y conocer su
historia. Aun así, Tabatha ahora luce como una modelo y yo
no, por lo que deduzco que en su caso no hubo nadie que la
detuviera de pasar todo el día en el gimnasio. Pero no me
quejo. Nos hicimos amigas de entrenamiento y con su
experiencia, Tabatha también es entrenadora en el gimnasio
de su segundo esposo, a quien conoció mientras superaba
al primero, he empezado a notar resultados que antes no
lograba alcanzar debido a que no sabía hacia dónde dirigir
mi entrenamiento. Mi trasero luce bien. Mi abdomen
también se siente como una roca cuando lo golpeo.

Una roca plana, sin ninguna marcación, pero una roca.

También me vuelvo la mejor de la clase, manteniendo a mis


padres felices debido a que constantemente les envío fotos
de mis buenas calificaciones. Su rencor hacia mí por no
estudiar negocios ha desaparecido debido a ello, lo cual
tiene sentido. ¿Por qué tenerme en algo dónde habría sido
una más en lugar de dejarme ir a un sitio donde estoy
resultando ser extraordinaria? Mis bocetos incluso aparecen
el periódico de la universidad, llevándose un premio de
algún concurso de dibujo, exactamente junto a las noticias
deportivas, por lo que mi rostro a veces termina impreso al
lado del de Tanner, el capitán del equipo de fútbol
americano.

Eso me complace.

Ahora él sabe exactamente lo que ha perdido.

Y para evitar que le queden dudas, otra forma de hacérselo


saber es yendo tras sus amigos. Porque sí. El hecho de que
me haya vuelto la mejor no significa que no termine en los
brazos de alguno de ellos, tomando todo el consuelo que
puedo, cuando por cualquier razón, desde una fiesta a una
simple reunión por las tardes, termino viendo, escuchando o
sintiendo cómo Pauline y él están juntos. No solo teniendo
sexo. El sexo no me interesa. El sexo fue algo que me dio a
mí. Fue mágico y perfecto. Tan mágico y perfecto que estoy
segura de que ella nunca podrá igualarme sin importar si la
quiere o no. Lo que realmente hace que mi pecho se
contraiga con dolor son sus abrazos. La manera en la que la
mira como si su rostro contuviera un hermoso paisaje que
no pudiera evitar admirar. Sus detalles. Tanner no solo la
lleva a cenar a los mejores lugares de Austin y le compra
cosas, sino que siempre deja ramos de rosas junto a nuestra
puerta. Le escribe cartas de amor. Obliga a sus chicos a
cantar canciones para ella, armando un espectáculo al estilo
Glee solo para hacerla reír.

Tampoco niego que no tenga ataques de ansiedad dónde no


deje de preguntarme qué es lo que él no vio en mí, pero en
ella sí, y termine yendo a la tienda de comestibles a las dos
de la mañana por un kilo de helado de chocolate para
mezclar con galletas y comer mientras veo películas de
Netflix que en cualquier otro momento consideraría
estúpidas, pero que justo así me hacen llorar. Es como si
dentro de mi mente, dónde soy perfecta, no hubiera una
respuesta, haciéndome colapsar mientras trabaja sin
descanso en buscar una razón por la que ella sí y yo no.

¿Qué es lo que no le gustó?

¿Qué es lo que le gustó en Pauline?

Si tan solo pudiera tener las respuestas a ello, podría


continuar, aunque una voz dentro de mí me grita
constantemente llamándome mentirosa cuando pienso al
respecto. En lugar de continuar, existe la posibilidad de que
cambie debido a él y me exponga a que me lastime de
nuevo. Tampoco es como si pudiera preguntarle. Tanner
actuó como si no me conociera desde el momento en el que
Pauline me presentó como su mejor amiga, lo que significa
que abiertamente no le importa el haberse acostado
conmigo antes de ir por ella o que no me recuerda debido a
lo ebrio que estaba, quizás ambas. Por mi mente ha pasado
decirle a Pauline la verdad, pero ella luce tan feliz con él que
sería estúpido e innecesario arruinar su felicidad por algo
que para Tanner no significó nada. Tampoco sabría qué
decirle si me pregunta por qué he callado durante tanto
tiempo. De una forma u otra terminaría luciendo más
patética de lo que ya me siento.

Mi autoestima está gravemente herido. Lo fortalezco cada


vez que me miro en el espejo y veo los avances del
gimnasio, cada vez que veo mis calificaciones, que un chico
me dice palabras bonitas, pero se destruye y convierte
nuevamente en polvo cuando veo a Pauline y él besándose.
Por esa razón me siento feliz cuando el fin de semana que
he estado esperando por casi un mes llega.

Tanto Pauline, estudiante de veterinaria, como yo hemos


terminado con nuestra primera ronda de exámenes e
iremos a pasar estos dos días en la casa de playa de mis
padres en Corpus Christi, a tres horas en auto de Austin.
Tanner no irá, por lo que no solo se trata de un par de días
entre chicas haciendo cosas divertidas, de regresar a la
breve época en la que él no estaba entre nosotras, sino de
quitárselo por un par de días.

No puedo evitar estar emocionada.

Nuevamente soy como ese cachorro que agita su cola


sabiendo que está punto de salir y hacer algo emocionante,
no importa si eso es atrapar una mosca con su lengua o
perseguir una ardilla. Para él cualquier cosa es mejor que
estar encerrado, así como también para mí cualquier cosa
es mejor que quedarme en mi dormitorio viendo como
Pauline y su novio se aman.
No puedo decir que ellos sean discretos.

Aunque no es como si tuvieran una razón para serlo.

Al menos no Pauline.

─¿Qué tal está este? ─le pregunto a la que casi se ha


convertido en mi mejor amiga, casi destronando a Becca, mi
mejor amiga de secundaria que viajó a California luego de
graduarse; lo que las diferencia y hace que Becca continúe
en su puesto es que nunca me acosté con ninguna de sus
conquistas y viceversa─. ¿Te gusta? ─Junto a Tanner, quién
está demasiado concentrado trazando circulitos sobre su
piel y viendo un partido de fútbol en nuestro plasma,
Pauline desvía la mirada de su entrepierna para observarme
sostener un bikini negro con joyería en lugar de tiras para
mantenerlo en mi cuerpo. Aunque su desinterés por nuestro
viaje me molesta, no puedo evitar estar de acuerdo con ella.
Tanner tiene un buen tamaño ahí abajo y los pantalones
estrechos que usa no hacen mucho por ocultarlo. Eso y una
camiseta blanca es lo único que lleva, a parte de sus
zapatillas, y es suficiente para hacerlo lucir bien. Lo demás
lo hacen sus músculos y un par de intensos ojos negros. Ese
cabello oscuro y sedoso tan lindo. Suspiro─. ¿Pauline? ─la
llamo cuando no obtengo más que un vistazo de reojo antes
de que su atención regrese a Tanner.

Alzo las cejas.

Sus mejillas se sonrojan con fuerza cuando me mira.

─Yo... yo... ─Se traba─. ¿Qué decías?

Sacudo nuevamente mi bikini.

─¿Te gusta?
Ella arruga la nariz.

─Ya llevas uno negro, creo.

Me cruzo de brazos.

─No, no lo hago.

Afirma, convencida de que sí.

─Sí, yo vi uno negro antes de ese.

Pongo los ojos en blanco.

─Era el mismo, bebé ─interviene Tanner, mirándome con


una sonrisa de disculpa en sus labios, lo cual me sorprende
debido a que pensé que ignoraba todo sobre mí, antes de
inclinarse y besar su cabellera rubia─. Solo que estás
demasiado ocupada mirándome como para prestarle
atención a tu amiga, lo cual está mal. Si sigues ignorando a
Savannah... ─La manera en la que dice mi nombre,
arrastrando las palabras con su disimulado acento alemán,
mirándome con intensidad, hace que mi cuerpo se sacuda
con un estremecimiento─. Ella empezará a odiarme.

Él no puede haberme olvidado, pienso.

Pauline se sonroja aún más, ocultando su rostro en su pecho


mientras ríe con mortificación y envuelve su camisa en su
puño, tirando de ella de una manera que la arrugará
después, lo que Tanner odiará porque es un adicto a la
perfección. Continúo doblando mi ropa y metiéndola dentro
de mi maleta en silencio, pero me extiendo sobre mi cama
por un vestido playero que no pensaba llevar, pero está
totalmente arrugado, y me dirijo al baño.
─Voy al baño a quitarle las arrugas a esto ─susurro, dejando
caer mi mirada pesadamente sobre él, Pauline todavía
oculta en su torso, probablemente disfrutando de su
masculino aroma.

Ni siquiera he terminado con mi vestido para el momento en


el que lo veo en el umbral de la puerta. Está inclinado con
una mano sobre el marco. Me sonríe casualmente. Sin
camisa. Intento que mi mirada no se desvíe a sus músculos
expuestos, pero no puedo evitarlo. Aún peor, no puedo
evitar la manera en la que mis muslos se aprietan de
manera involuntaria cuando entra al pequeño espacio de
baldosas y me arrincona contra la pared tras de mí.

Estoy usando shorts de pijama, cortos, y una camisa sin


mangas, por lo que muy bien podría estar desnuda frente a
él por la manera en la que todo mi cuerpo se calienta
cuando siento que me echa una rápida mirada de reojo.
Colocando una de sus manos junto a mi cabeza, me tiende
su camisa con la otra, obligándome a olerlo casi de la
misma manera que su novia acaba de hacerlo.

Pero sin ningún trozo de tela interponiéndose.

─No quiero sonar como un cerdo machista, ¿pero podrías


arreglar esto? ─La agita de la misma manera que agité mi
bikini unos minutos atrás─. Odio usar ropa arrugada y mi
madre nunca me enseñó a planchar. De alguna manera
quemo todo lo que toco.

Aunque lo más racional que podría hacer en este momento


es presionar la parte caliente de la plancha contra su cara,
termino tomando el trozo de tela con dedos temblorosos,
deseando tanto que se vaya como que se quede. Lo odio
por ir tras mi amiga después de tenerme, por arrojarme a la
basura de la manera en la que lo hizo, pero lo odio aún más
por la manera en la que ha logrado que lo que más desee
sea ocupar el lugar de alguien más cuando solía sentirme
tan cómoda conmigo misma antes de conocerlo. Me
arrepiento tanto de haber ido a su hermandad.

─Gracias, Savannah. ─Mi cuerpo vuelve a temblar cuando


escucho mi nombre. Es como si se apoderara de él cada vez
que lo pronuncia─. ¿Te molestarías si te pido otro favor?
─Niego─. Bien, se trata de este fin de semana. ─Me tenso─.
No estoy cómodo con que dos chicas tan hermosas estén
solas en una casa que permanece todo el año vacía, ¿por
qué no le dices a Pauline que puedo ir con ustedes? Les
daré su privacidad para hacer lo que quieran, pero las
cuidaré. Si me quedo aquí no podré dormir pensando en su
seguridad y me irá mal en el partido del lunes.

Aunque no quiero que vaya, me encuentro a mí misma


aceptando.

─Sí.

Tanner se echa hacia atrás con una sonrisa arrogante.

Finalmente puedo respirar.

─Gracias, Savannah ─dice, arrastrando nuevamente las


sílabas─. Eres mucho más racional que mi novia. Adoro a
Pauline, pero ambos sabemos lo ingenua que puede llegar a
ser, ¿no?

Trago.

─Sí.

Tanner me guiña el ojo antes de darse la vuelta y regresar al


dormitorio. Cierro la puerta y paso el pestillo apenas se va,
deslizándome hacia abajo con su camisa entre mis manos.
Temblando, oculto mi rostro en ella, debatiendo si Tanner
está siendo solo un idiota o si está siendo el mayor de los
idiotas. Si solo está coqueteándome o si está
coqueteándome sabiendo lo mucho que me afecta porque
recuerda todo lo que pasó.

*****

Pauline luce mucho más emocionada con nuestro viaje


desde que le sugerí que invitáramos a Tanner. Salimos ese
mismo día al anochecer, un viernes, porque quiero pasar
tanto tiempo en la costa como sea posible antes de tener
que regresar el domingo. También porque siempre se me ha
hecho más divertido conducir de noche. No puedo evitar
echarle ciertos vistazos de reojo a Tanner a través del
retrovisor mientras sigo las instrucciones del GPS, los cuales
no devuelve. Tanto él como Pauline van detrás, enfrascados
el uno con el otro, haciéndome sentir como si fuera un Uber.
Eso me molesta tanto que le subo todo el volumen a la radio
para que se les dificulte hablar entre ellos. Ambos se callan,
probablemente captando mi mal humor, cuando Shadow
Preachers de Zella Day casi hace sangrar nuestros oídos.
Afortunadamente ninguno se atreve a pedirme que le baje.
Aunque él sea algo así como una obsesión de la que no he
logrado deshacerme y ella sea mi amiga, los dejaría en la
carretera.

El estruendo solo termina cuando llegamos a San Antonio,


más o menos a la mitad de nuestro viaje, y me detengo en
una estación de servicio. Para ese entonces estoy tan
molesta como hambrienta. Tras estacionar frente a la
cafetería abierta las veinticuatro horas, me bajo y no puedo
evitar cerrar la puerta de mi Mercedes con un portazo que
lamento apenas lo escucho.

Él es el único elemento masculino en el que confío.


Lo acaricio disimuladamente, disculpándome, antes de
darme la vuelta y entrar en el local, importándome muy
poco si me siguen o no. Si no lo hacen pueden morir de
hambre hasta que lleguemos. No conseguiré nada para ellos
y me tardaré lo que quiera comiendo. Tampoco me detendré
otra vez. En el momento en el que empiezo a deslizarme en
el reservado al fondo del restaurante, todo mi enojo se
desvanece como si nunca hubiera existido. Tanner, sin
Pauline, está sentándose frente a mí.

─¿Pauline? ─pregunto, mi voz ronca.

─Duerme.

─¿Entonces solo la dejaste en el auto?

Él afirma.

─Sí.

Mi garganta se seca, por lo que agua es lo primero que le


pido a nuestra mesera cuando se acerca. Lo segundo es una
hamburguesa con doble queso y patatas fritas, sin tocineta,
y una Coca Cola de lata. Cuando termino de hacer mi
pedido descubro que Tanner está mirándome con
curiosidad. Mis mejillas se sonrojan. Tras mirarme un poco
más, para mi mortificación y deleite, niega y pide lo mismo
que yo. Mientras esperamos nuestra comida le echo un
vistazo, evaluándolo por primera vez desde que se apareció
en el estacionamiento de nuestro edificio en el campus con
una mochila y nos ayudó a guardar nuestro equipaje.
Continúa usando su camisa blanca de esta tarde. La camisa
que arreglé para él. La que olí por quince minutos antes de
regresar con él y Pauline y entregársela doblada con la
forma de un cisne, la excusa que le di a mi tardanza a pesar
de que solo me toma medio minuto hacer la figurita. A mi
madre le gusta el origami.
─Esto tiene que ser una maldita broma ─murmura cuando la
mesera regresa con nuestros pedidos y lo primero que hago
es meter mis patatas dentro de mi hamburguesa, lo que él
también hace─. ¿Me estás siguiendo o algo, Savannah?

Me congelo, pero no sé si lo hago por la manera en la que


entrecierra los ojos o por lo serio que suena cuando lo
pregunta.

─Mmm... no.

Al ver que genuinamente no tengo ni idea de qué habla, la


tensión en los músculos de los hombros de Tanner se va.
Tras tomar una honda inspiración, me mira como si no me
hubiera acabado de observar con asco. Supongo que hubo
una acosadora antes de mí. Aunque me definiría a mí
misma más como una víctima que pasó a ser victimaria más
que como una acosadora.

─Lo siento. No hay muchas personas a las que les guste


comer lo mismo de la misma manera y de la misma forma.

Esta vez soy yo quién se encoje de hombros.

Inclinándome para darle un mordisco a mi hamburguesa,


mis ojos grises en los suyos, respondo antes de tomar un
bocado.

─¿También le echas azúcar a las palomitas?

Tanner hace una mueca de asco.

─No, por supuesto que no.

Tras tragar, me enderezo en mi asiento.


─Yo tampoco. ─Le sonrío, regodeándome internamente
cuando se queda viendo mi boca. Bien. No es el único con
lindos dientes. Pasé toda mi primaria y un par de años de
secundaria con ortodoncia y me hago un blanqueamiento
cada tres meses─. ¿También me dirás que te acoso por
comer mis palomitas sin azúcar? ─Arriesgándome un poco
más, relamo mis labios antes de llevar la pajilla de mi Coca
Cola a ellos, preguntándome si eso puede traerle un
flashback de la mamada que le hice durante la fiesta─.
Porque no hay muchas personas a las que les guste comer
lo mismo de la misma manera y de la misma forma, ¿no?

Soltando una risa entre dientes, Tanner niega.

─Touché.

Pero ambos, su subconsciente y yo, sabemos que sí las hay.

Él me devoró tan bien como yo a él.

Holaaa, espero que les haya gustado el capítulo

¿Creen que Tarnner se acuerda de Savannah?

¿Alguien se siente identificada con ella?

Ya el siguiente será en presente que es donde ocurre


toda la acción 

Dedicación del siguiente a la que + comente

Love u 

No olviden darle amor a la historia 


Capítulo 2:

Capítulo 2:
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por OscaryArroyo
 
Dedicado a natbooksx

Austin, Texas.

Presente.

Me apoyo en la barandilla de la terraza que yo misma


diseñé. Sus pisos de mármol. Los banquillos junto a las
columnas al estilo romano en las que estoy apoyada. Incluso
hice un boceto de las flores que pondría sobre estas si yo
viviera aquí. Rosas. Rosas rojas, maduras e intensas. De
verse desde el interior de la construcción se podría apreciar
la manera en la que el rojo destacaría justo en el punto en
que la terraza y el paisaje, un centenar de árboles verdes,
se encuentran. Las habitaciones, en cambio, dan con el lago
en medio de todas las hermosas villas de esta zona
exclusiva de Travis Country. Tras darle un sorbo a mi copa
de vino, suelto un profundo y pensativo suspiro. Ha pasado
un año desde que ayudé a construir este hogar. Uno y
medio desde que me gradué de la universidad. Aunque ya
estaba trabajando en pequeños proyectos de decoración de
interiores, el matrimonio a la que mi obra de arte le
pertenece me dio la oportunidad de desplegar mis alas
entre los ricos de Austin.

He tenido un montón de trabajo pesado desde entonces.


Aunque muchas veces me dan la libertad creativa que
necesito, muchas otras no y debo pasar por un montón de
intentos fallidos hasta que mi cliente esté satisfecho. No es
que me esté quejando, amo lo que hago, pero a veces me
gustaría trabajar en lo que siempre llamó mi atención. Los
edificios. Las obras públicas o privadas en la ciudad. Nadie
te recuerda por haber diseñado una casa a menos que sea
bonita y ocurra un asesinato dentro de ella. Los hoteles, los
museos, los centros comerciales y los empresariales son
otro asunto, pero solo hay una constructora importante en
Austin y su CEO, el día que fui a mi entrevista con una de
mis maquetas, un nuevo estadio de béisbol, me dijo que
solo tendría que inclinarme sobre su escritorio si quería el
puesto. Era atractivo, habría aceptado tomar una copa con
él si hubiera preguntado, pero llevo años alejándome de
tipos así, por lo que le arrojé mi versión de la nueve sede de
los Rangers a la cara antes de salir, decepcionada conmigo
misma por la manera en la que perdí el control, pero feliz de
haber vengado mis sueños.

Podría regresar a Houston con mis padres y encontrar


trabajo allí, pero es demasiado pronto para que me rinda y
acepte que mi padre me ayude llamando a uno de sus
amigos. Solo ha pasado un año. Mi ojo arquitectónico
también ha aprendido a trabajar, como si tuviera vida
propia, sobre los paisajes de Austin. No puedo darle la
espalda. Si lo hago, algún día necesitaré la inspiración y no
la tendré porque los dioses habrían sentido mi rechazo
cuando la tuve. En la vida de un artista, el momento es aquí
y ahora.

Sino, la esencia se esfuma.

─Esta casa es hermosa, ¿no? ─comenta una grave voz junto


a mí, recordándome que no he respondido su pregunta
todavía─. Diría que es la zona en la que se encuentra, pero
la verdad es que luciría hermosa en cualquier otro lugar.
Es verdad. La casa, mansión, en realidad, tiene ese tipo de
belleza que la haría lucir hermosa en cualquier sitio donde
no haya nieve la mayor parte del año. En la nieve sería
contraproducente debido a su cantidad de accesos.
Tampoco combinaría con su aire cálido, casi Toscano. Desde
que empecé a diseñar, tomé el principio de hacer que las
cosas destaquen por sí mismas en lugar de forzarlas a ser
algo más. Si el ambiente alrededor de la casa es cálido, esta
debería serlo. Si es frío, debería ser fría y aun así
acogedora.

─Tengo un montón de proyectos ─susurro, negando mientras


vuelvo a llevar la copa de vino a mis labios─. No puedo,
Tanner, lo siento. ─Diseñar esta casa fue el cierre que
necesitaba. Me arruinó hacerla tan perfecta, plasmar mi
alma en cada detalle, y luego dársela a Pauline y a él para
que vivieran toda su vida juntos. Desde que les di la llave de
la puerta principal mi cuerpo ha estado entumecido, pero
también se me ha hecho más fácil estar alrededor de ellos
cuando tengo que estarlo. Es decir, cuando me invitan a un
evento social al que me veo obligada a ir porque, en
especial si es aquí, significa que obtendré nuevos clientes.
Tengo la esperanza de que algún día alguno de ellos vea en
mí más que a alguien que podría hacer una casa bonita,
pero nadie pone en las manos de una chica recién graduada
un contrato multimillonario─. Puedo ayudarte a encontrar a
otro arquitecto.

Tanner niega.

Su frente está arrugada con molestia e irritación, mechones


de cabello negro cayendo sobre ella mientras niega, como
cada vez que tiene que hacer un esfuerzo para que lo
complazcan, lo cual casi nunca sucede debido a que obtiene
lo que quiere cuando quiere sin ningún tipo de esfuerzo. Se
encontraba en sus últimos años de la escuela de negocios
cuando Pauline y él empezaron a salir, por lo que lleva un
tiempo haciéndose cargo de la compañía de importaciones
de su padre, así que ahora no solo es un idiota apuesto,
serio y arrogante, sino que es un idiota apuesto, serio y
arrogante con unos cuantos millones de dólares en el
bolsillo. Me gustaría decir que Tanner es solo un niño rico
más, pero la verdad es que volvió la pequeña empresa que
heredó algo más grande de lo que era, por lo que no puedo
quitarle el crédito de ello. Si antes, en la universidad, vestía
bien, ahora viste aún mejor. Como un modelo DG o Armani.
Sus trajes siempre son pulcros y hechos a la medida. El azul
oscuro que está usando en estos momentos es mi favorito,
no importa si antes solo lo haya usado una vez. Nunca
olvido la tonalidad de sus trajes o el contraste que hacen
con su pálida piel. Este es tan frío que siguiendo mis propios
principios arquitectónicos nunca encajaría con mi vestido
rojo de encaje y mangas ceñidas hasta las muñecas, pero
falda suelta y larga, por lo que la manera en la que nos
vestimos para este coctel es un recordatorio visual de que
no es para mí.

Solo por si los cinco años que lleva con Pauline, la casa que
me hicieron diseñar y su boda en la playa, la cual consideré
patética a pesar de que fui una de las damas de honor, no
fue suficiente.

─No quiero otro, Savannah. Te quiero a ti.

Mi mano se aprieta con fuerza en torno al cristal.

Llevaba tanto tiempo queriendo oír esas palabras y aquí las


tengo, pero las rechazo porque no están dichas de la
manera correcta.

Niego.

─No, lo siento, mi agenda está muy apretada.


Su mandíbula se endurece, así que sé que lo he hecho
molestar.

Ya mi negativa no solo es una irritación.

─Así que te has vuelto exclusiva.

Me tenso.

Como cada vez que hablo con Tanner, me pregunto si se


refiere a algo más. Si está hablando de la manera en la que
tonteaba con todos sus amigos después de que se
involucrara con mi amiga, lo que se acabó una vez se
graduó y no hubo más un recordatorio constante de lo que
no me pertenecía, o de mi trabajo.

También está la manera en la que me mira directamente. Es


como si no me notara cuando estamos rodeados de otras
personas, pero no pudiera apartar sus ojos oscuros de mí
cuando estamos a solas, pero nunca he sabido si es porque
no hay nada más para ver o porque realmente quiere
mirarme. Forzándome a mí misma a no caer en un hoyo del
cual no podré salir después, niego. Mi rostro debe revelar de
alguna manera el conflicto interno que estoy sintiendo,
puesto que Tanner suaviza su tono de voz, aún con ese deje
alemán que heredó de su madre y fortaleció al haber
pasado unos años de la secundaria en el extranjero, y se
obliga a sí mismo a relajarse. La tensión desaparece de sus
hombros.

─Podría pagarte para que pusieras en pausa todo lo demás


─sugiere─. Pero si se trata de compromiso hacia tus
proyectos, lo respeto. Puedo esperar el tiempo que sea
necesario por ti.

No es justa la manera en la que mi pecho se aprieta.


No lo es.

Aunque en un principio llegué a pensar que me lo merecía


por no decirle a Pauline lo que sucedía, en especial cuando
quise que él la lastimara como me lastimó a mí, llegó un
momento en el que fue demasiado. Demasiado que pagar
por mantener un secreto y mis sentimientos bajo llave
cuando no es mi culpa sentirme así.

Tampoco que él se haya sentido así por ella.

─¿Por qué es tan importante para ti que sea yo?

Tanner nuevamente endurece su expresión, lo cual me dice


que probablemente he ido demasiado lejos con mi pregunta
o que podría estar pensando que solo estoy disfrutando
verlo ir tras de mí, pero necesito saber la respuesta. Tanner
Reed no ruega, que es prácticamente lo que ha hecho los
últimos días para convencerme de remodelar un ático que
compró en la ciudad. Un nuevo lugar en el que Pauline y él
harán el amor frente a la chimenea que me harán diseñar
con esas especificaciones.

─Porque eres la mejor y yo solo quiero lo mejor, Savannah


─responde, arrastrando las palabras, especialmente mi
nombre, de esa forma lenta y profunda que amo.

Sonrío con ironía.

─Está bien ─suelto antes de darme la vuelta, considerándolo


insoportable. No voy a lucir como una perdedora, terminé
con eso cuando vi la sortija de diamantes en el dedo de
Pauline, por lo que le echo un vistazo de reojo antes de
entrar. Una parte de mí dejó de tenerle miedo desde
entonces. Sé por qué. No puedes perder lo que ya perdiste,
por lo que podía dejar de actuar de manera extraña y de
esconderme a su alrededor─. Lo pensaré.
Tanner niega, frustrado, pero una pequeña sonrisa está en
sus labios finos. Esto es lo más parecido a un sí que le he
dado desde que empezó a ir tras de mí en cada sitio en el
que nos encontramos para que aceptara. Una vez estoy en
el espacio amplio del recibidor, el lugar en el que todos sus
amigos y socios de negocios están reunidos junto a sus
esposas, me acerco a la mesa de aperitivos y tomo una
trufa de chocolate blanco.

Otra razón por la que siempre vengo.

─Sabía que te encontraría aquí.

Al instante en el que escucho las palabras siendo


susurradas en mi oído, siento un par de brazos rodeándome
y estrechándome contra una superficie dura y cálida. El
hermanastro de Tanner, Malcolm, separa sus labios cuando
llevo una pequeña bola de felicidad a su boca. Río cuando
gime exageradamente y se separa de mí para alejarme de
su cuerpo y hacer nuestro característico saludo. Como si
estuviéramos bailando, me hace dar una vuelta sobre mí
misma y luego me arrastra de nuevo a su pecho,
haciéndome reír y sonreír como si todavía tuviera dieciséis.

Aunque son de diferentes madres, Malcolm es producto de


una aventura que no separó un matrimonio, son tan
parecidos al señor Reed que la única diferencia entre ellos
es la tonalidad de su cabello. El de Malcolm es café, el de
Tanner negro. También los músculos de Tanner están menos
desarrollados que los de Malcolm, quién continuó con su
carrera deportiva después de la universidad, él obtuvo una
beca completa en la universidad de Houston, y está en un
equipo de NFL de primera división. No lo conocí hasta la
boda de Pauline y Tanner y cuando lo vi por primera vez
pensé que se trataba del novio. Fue bochornoso. Un
momento que quiero borrar de mi mete y que
constantemente bloqueo debido a que lo besé pensando
que era su hermano. Ya que su hogar y su equipo están en
otra ciudad, además del hecho de que pasa gran parte del
año viajando, solo nos hemos visto una decena de veces,
pero hablamos un montón de cosas sin importancia por
chat. Somos amigos. Es agradable, cálido y divertido. Más
importante, permite que coloque un pañuelo rojo que tomo
de la mesa en su bolsillo para que estemos a juego.

El traje de Malcolm es negro, lo cual está bien con él. No


porque sea oscuro, sino porque encaja en todas partes.
Todos, exceptuando los padres de Tanner, lo adoran,
incluyendo su hermano. Es ese tipo de persona que no
pierde la sonrisa a pesar de haber vivido una vida de
mierda. Teniendo un millón de razones para odiar a Tanner
por haber vivido mejor de lo que él lo hizo, no lo rechazó
cuando este lo buscó al cumplir la mayoría de edad.

─Te ves hermosa, Savannah.

Mi nombre saliendo de sus labios no me produce más que


cosquillas. Ya que el acento alemán de Tanner proviene de la
educación de su madre, Malcolm carece de él. Pero todavía
es un hombre apuesto que despertaría el deseo en
cualquier mujer, incluyéndome. He visto sus partidos, tanto
en vivo como por televisión, y la manera en la que flexiona
su brazo en lo alto para lanzar el balón ha creado una
mancha de humedad en mi ropa interior, pero la situación
de mi corazón es complicada.

No voy a agravarla más involucrándome con él.

Tampoco seré egocéntrica. No es como si quisiera estar


conmigo. Compararme con Pauline por estar con Tanner es
muy diferente a compararme a mí misma con todas las
modelos y estrellas que pasan por la cama de Malcolm.
Tampoco es como si pudiera transferir mi obsesión de un
hermano a otro. De estar con Malcolm estoy completamente
segura que gran parte de mis sentimientos por él se
desarrollarían en base a lo que siento por su hermano.

─Gracias. ─Ambos caminos hacia el rincón más apartado y


silencioso de la habitación, dónde ambos nos apoyamos en
la pared para hablar mientras vemos a los demás─. Vi el
partido de ayer mientras terminaba el plano de una casa. Es
para un jugador retirado de los Dallas, por cierto. ─Pongo los
ojos en blanco. Él ríe, conociendo lo mucho que estoy
empezando a sentirme frustrada. Hemos hablado horas de
ello─. Lo hiciste bien.

Los Houston Texans, antiguamente conocidos como los


Dallas de Texas, ganaron, pero me atrevería a decir que solo
lo hicieron por Malcolm. Así de bueno es. Aunque la mayoría
de las personas se deslumbran por ello, no puedo evitar
sentir preocupación. Malcolm está justo ahora en un
pedestal, pero la caída desde la altura en la que se
encuentra podría arruinarlo, sobre todo cuando, a diferencia
de Tanner, lo único en lo que se enfoca es en el fútbol.

─Gracias ─dice, afirmando─. Con respecto a tu trabajo, Sav,


sabes que mi casa está abierta para ti siempre que desees
volver si lo que no quieres es regresar con papá y mamá.
Estoy seguro de que en Houston habrá alguien que
apreciará tu talento y si no es así, bueno, puedes decorar mi
casa mientras tanto. ─Ríe cuando lo golpeo con el hombro,
una sonrisa en mis labios─. ¿Qué? De verdad necesito un
cambio. Incluso te dejaría grabar un episodio de tu nuevo
programa para Home and Health.

Lo pellizco, pero él solo ríe más fuerte.

─No es gracioso, Malcolm.


Pero aunque no lo es, también estoy riendo.

─Bien, ¿qué te parece si organizo fiestas en Houston en las


que te recomiende a todos mis amigos en el sector de la
construcción?

Ruedo los ojos.

─Estás olvidando el detalle más importante.

Arruga la frente.

─¿Cuál?

─Tú no tienes amigos en el sector de la construcción. ─Me


enderezo─. Tienes dentro de los deportes, dueños de sitios
de fiestas y en la industria del entretenimiento, pero no
tienes ningún amigo en el sector de la construcción,
exceptuándome.

Malcolm despega sus ojos de los demás invitados para


mirarme, un vaso con whisky que tomó de una bandeja de
camino a dónde nos encontramos en su mano. Mi copa de
vino se quedó, para mi mortificación, en la mesa de
aperitivos, un gesto maleducado.

─No me subestimes, Savannah.

Me congelo.

Su voz de repente ha sonado tan parecida a la de Tanner,


tan obstinada y profunda, que no puedo sostenerle la
mirada, desviándola de regreso a los invitados que nos
rodean. Para mi suerte, Pauline escoge ese momento para
arrastrarme lejos de su cuñado, a quién saluda con cariño, y
llevarme a la planta superior de su casa. A las habitaciones.
Cuatro, puesto que planean tener tres bebés con su cabello
y los ojos de su esposo. Sinceramente habría sido más fácil
trabajar en esta casa, menos doloroso, si no la hubiera
tenido revoloteando a mí alrededor y dándome detalles que
no pedí en el proceso. Con decir cuatro habitaciones, como
Tanner lo hizo, bastaba, pero ella era fan de agregarle sal a
la herida. Cuando llegamos a su cuarto matrimonial,
obligándome a sentarme en la cama en la que fornica todas
las noches con él, me sorprende tomando mis manos y
dejando caer un montón de lágrimas que se deslizan hasta
caer dramáticamente sobre su pecho, ensuciando su
vestido blanco. A pesar de que es un tono mucho más claro
que el azul, está perfectamente a juego con este.

─Tanner y yo estamos teniendo problemas ─explica,


hipando, cuando lo único que hago es mirarla con una ceja
alzada─. Hace un par de días regresó ebrio a casa a las dos
de la mañana. ─Mi frente se arruga, puesto que ese día lo
encontré en un pub dónde nuevamente insistió en que
arreglara su ático, pero estaba tan borracha y la estaba
pasando tan bien con mis amigas que no le presté la
atención que usualmente le daría. No lo encontré extraño
debido a que él suele ir a esos lugares con sus socios,
aunque normalmente lo hace con Pauline─. Había marcas de
arañazos en su espalda, Savannah. Hice caso omiso de ellas
porque preguntarle significaba que tendría que dejarlo o
vivir en la vergüenza de saber que prefiere estar con
alguien más a conmigo, su esposa. Me siento tan mal.
Estábamos tan bien. Todo siempre ha sido un cuento de
hadas desde que lo conocí, ¿por qué cambió de repente?
¿Es posible que alguien deje de amarte de la noche a la
mañana? El hombre con el que me casé nunca me habría
engañado. Si no lo hizo en cinco años, ¿por qué ahora?

Niego, devolviéndole el abrazo cuando sumerge su rostro en


mi vestido y lo mancha con sus lágrimas, lo cual no me
importa. Después de cinco años cargando con ello, a mi
pecho no le importa recibir un poco más de dolor, en
especial si proviene de la responsable número dos de él.
Pero hay una parte de mí que no puede evitar recordar lo
increíble y ligera que era nuestra amistad antes de conocer
a Tanner, lo increíble y ligera que era y continúa siendo
cuando él no está en el medio, pues Pauline y yo
compartíamos las mismas ganas de quemarnos con el
fuego, solo que ella conseguía la manera de lucir limpia
después de mancharse con las cenizas, por lo que también
le duele su sufrimiento. Le quema porque sabe lo que es ser
desplazada.

Lo que es ser desplazada por Tanner Reed.

Cuando el ardor se vuelve insoportable, me obligo a mí


misma a recordar. A recordar la cantidad de veces que tuve
que ver cómo se besaban y tocaban frente a mí. Cómo los oí
tener sexo junto a mí, en nuestro dormitorio, en más de una
ocasión. Todo el romanticismo que tuve que soportar hasta
que llegara el momento en el que no me molestara más
porque ya era inmune a ello.

Porque ya no sentía nada.

Pero, sobre todo, cómo no hubo nadie que me consolara.

─Estoy segura de que hay una explicación coherente para


todo ─susurro sobre su frente luego de presionar un beso
sobre ella, lo cual no es mentira. Tanner la ama. Nunca la
heriría. No sin una razón─. Descansa. No puedes bajar así.
Te dejarás en evidencia.

Ella afirma, obedeciéndome y depositando sus rizos dorados


sobre su almohada. Como si tuviera doce, me permite
acomodarla y arroparla con su suave edredón blanco, el
cual, no es ninguna sorpresa, también escogí porque no fue
capaz de elegir las sábanas de su propia habitación. Cuando
sus párpados se cierran y su pecho comienza a subir y
bajar, salgo de su habitación.

De regreso en la planta inferior descubro que la mayoría de


los invitados ya se han ido. Me dirijo al amplio armario
blanco junto a la puerta principal, de puertas dobles, y tomo
mi abrigo de piel de la percha a pesar de la insistencia del
mayordomo de ayudarme. Es viejo hombre es eficiente,
pero se tarda mucho y tengo prisa. Además de encontrar
una razón dentro de mi mente por la cual Tanner le sería
infiel a Pauline, debo terminar una maqueta para mañana.
Aunque mi cliente es comprensivo y amable, no me gusta
quedar mal aunque solo se trate de una tonta casa.

Una bonita y tonta casa más.

Para un matrimonio.

Para sus hijos.

Para personas que conocen lo que es el amor.

Hurgando en mi bolso por las llaves de mi Mercedes, un


modelo actualizado y más lujoso del que tenía en la
universidad, producto de mi trabajo y no del dinero de mis
padres, me sobresalto cuando nuevamente un cuerpo se
sitúa tras mi espalda y me presiona contra la puerta del
piloto, haciendo que arroje mis llaves.

─¿Qué tengo que hacer para que aceptes remodelar mi


ático?

Dejo escapar un suspiro de alivio, puesto que no se trata de


un ladrón, y me doy la vuelta mientras me pregunto cómo
no pude reconocer el aroma cítrico de Tanner. Cuando mi
rostro queda frente al suyo me doy cuenta de por qué. Este
se ha visto eclipsado completamente por el alcohol. Sin
poder detenerme, apoyo mi mano en su mejilla llena de
pecas a pesar del miedo que me produce ser rechazada. La
máscara de frialdad que usualmente lleva consigo ha
desaparecido con las palabras de Pauline. Ahora hurgo más
en su mirada y noto lo herido que luce.

Su matrimonio está desmoronándose.

─Nada ─respondo─. El lunes estaré en tu oficina.

Tanner inspira profundamente, todavía demasiado cerca, y


espira de manera todavía más brusca antes de alejarse un
par de pasos. Sin sentir ningún tipo de decepción ante el
hecho de que no haya aprovechado nuestra cercanía para
acercarse aún más, me agacho y tomo las llaves de mi auto.
Ya en él, no veo hacia atrás cuando me alejo para saber si
también está mirando o si soy la única estúpida que
necesita un último vistazo del otro.

Sé que él lo está haciendo.

Mrk, ¿qué haces leyendo esta novela?

A ti si te gusta el sufrimiento :(

Ya somos dos

♡ Desde el inicio, dedicación


a Ari13112, lovelyhobi_ Majo854 y NataleQuinn por sus
comentarios y/o siempre estar ahí dándole amor a
mis historias ♡

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No se olviden de darle amor al capítulo


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Capítulo 3:

Capítulo 3:
22.3K 3.1K 2.8K
por OscaryArroyo
 

Dedicado a JimeAdri28

─No puedo creer que Pauline continúe dormida ─se queja


Tanner en voz alta mientras entramos en la casa de mi
familia frente a la playa en una zona habitada al oeste de
Corpus Christi, Pauline en sus brazos, mirando cada
elemento en la habitación con sorpresa.

La construcción no es tan amplia como la casa en la que


crecí, pero la decoración hogareña y moderna, orientada a
hacerla parecer más grande de lo que en realidad es, la
hace hermosa. Hay obras de arte adornando las paredes
con paisajes del Golfo de México y un sofá central color
beige con una mesa moderna frente a él, sobre la cual se
encuentra una bandeja con cactus artificiales. Un plasma
sobre la repisa con libros de la chimenea de gas. La cocina
está equipada con lo último en línea blanca y se ve
directamente desde la entrada, puesto que no hay ningún
tipo de división entre esta, la sala y el recibidor. La pared del
fondo está hecha de puertas de cristal con vista hacia la
playa. Soy capaz de escuchar las olas del mar aunque estén
cerradas.

La casa es de un solo piso, por lo que se accede a las seis


habitaciones que posee a través de un pasillo junto a la
entrada. Ya que Tanner tomó mi lugar desde San Antonio,
convirtiéndose en la primera persona además de mi padre a
la que dejo conducir mi Mercedes, el cansancio es evidente
en su mirada. Sin contestar a su comentario ya que el sueño
profundo de Pauline no me sorprende, es mi compañera de
dormitorio, le señalo la habitación en la que él y ella se
quedarán, planeando buscar mi viejo par de audífonos por
toda la casa apenas me quede a solas.

De ninguna manera los escucharé tener sexo bajo mi propio


techo.

─Buenas noches ─susurro antes de cerrar la puerta y


deslizarme en mi habitación, la cual consiste en una cama
central con dosel rodeada de velas sin encender en el suelo
de madera junto con muebles y un gran, pero razonable,
armario de mimbre oscuro.

Cambio mi ropa, jeans blancos ajustados y un sencillo top


gris, por un clásico pijama de botones de pantalones cortos
color negro. Demasiado agotada como para pensar en
Tanner y en la manera en la que mi mente no ha dejado de
girar en torno a la posibilidad de sacar provecho del hecho
de que Pauline esté dormida, tomo un encendedor del
primer cajón de mi mesita de noche y enciendo las velas
que me rodean como n círculo antes de acostarme.

Pero, por alguna razón, no consigo dormir.

Me quedo mirando al ventilador encima de mí dando


vueltas. Esperando. Esperando que el sueño me envuelva,
reclamándome, pero pasan los minutos y eso no sucede. Ya
que tras cambiarme fui directamente a la cama, no lavé mis
dientes. Tras recordarlo termino cediendo a la excusa de
tener que ir al baño para solventarlo. El único defecto de la
casa es que la habitación de mis padres es la única con un
uno propio, por lo que todos los demás deben turnarse para
usar el que se encuentra en el pasillo. Sin darme cuenta de
que la puerta ya se encontraba abierta, la empujo. El sonido
del agua de la ducha corriendo me detiene de continuar
avanzando hacia su interior. Me echo hacia atrás antes de
que pueda interrumpir a Tanner, puesto que Pauline nunca
se ducha después de las seis porque eso arruina su cabello.
Con la espalda pegada a la pared, me tenso al escuchar un
indiscutible y profundo gemido masculino.

Presiono mis ojos con fuerza entre sí antes de abrirlos y


girar la cabeza hacia el reflejo del espejo sobre el lavado,
cayendo en la sucia tentación, el cual se encuentra frente a
la ducha de cristal. Todo su tonificado cuerpo está cubierto
con jabón que el agua arrastra por su piel, pasando por
encima de cada línea curva o recta bien definida hasta que
termina corriendo por el desagüe. Ya que tengo una visión
de él completamente desnudo, me doy cuenta de que su
rostro y su pecho no son los únicos sitios dónde tiene pecas.
Su espalda también. Está inclinado y apoyado en la pared
que lleva la sofisticada ducha de hidromasaje. Sus ojos
están cerrados como si una gota de shampoo hubiera caído
en ellos, su frente arrugada con concentración, pero su
expresión no es de dolor, sino de placer mientras presiona
sus labios entre sí. También percibo algo de molestia en sus
gruñidos. Mientras lo veo deslizar su mano de arriba hacia
abajo sobre su eje, inconscientemente meto la mía en mis
pantalones cortos.

Es como si no quisiera sentir placer.

Pero no pudiera evitarlo.

Sé perfectamente cómo se siente.

Encontrando mi propio punto sensible, comienzo a tocarme


sin pensar en que Pauline pudiera salir de su habitación en
cualquier momento. En que Tanner podría simplemente
mirar hacia el espejo y notarme. Trazo círculos más fuertes
por encima de mi ropa interior, raspando mi clítoris con el
material de algodón, cuando los movimientos de su muñeca
se vuelven más bruscos. Muerdo mi labio inferior con
fuerza, conteniendo un chillido, cuando la manera en la que
su pene ha empezado a hincharse hace que evoque los
recuerdos de lo bien que se siente dentro de mí cuando está
a punto de terminar. Cuán brusco se vuelve. Tomo una
honda bocanada de aire cuando termino, un temblor
apoderándose de mis rodillas que me obliga a deslizarme
por la pared hasta que me agacho en el suelo. Mi brazo libre
está extendido. Busca aferrarse a algo o a alguien a quién
lastimar para sobrellevar la intensidad de la sensación que
recorre mi cuerpo.

─Savannah ─gruñe─. Maldita sea, ¿qué me haces?

Me tenso.

Retiro la mano del interior de mis pantalones tan rápido


como puedo. Mi pecho se aprieta con pánico al creer que
me atrapó mirándolo, pero se aprieta aún más cuando alzo
la cabeza y me doy cuenta de que no lo hizo. Me
estremezco ante lo que encuentro al volver a ver el espejo.
Tanner está terminando, el semen manchando las baldosas
frente a él mientras continúa tocándose deprisa,
alargándolo, su cabello cubriendo parte de su frente debido
al agua, y no ha girado ni una vez el rostro en mi dirección.
Sin saber cómo sentirme, puesto que pudo descubrirme en
el momento en el que no estaba viendo, simplemente pude
haber oído mal o puede haber otra Savannah en su amplio
historial de conquistas, incluso otras, en plural, me doy la
vuelta y me dirijo gateando a mi habitación a dos puertas
de distancia.

Cierro tan suavemente como puedo.


*****

A la mañana siguiente me despierta el característico olor


dulzón de los panqueques. Sabiendo que deben ser más de
las nueve de la mañana, puesto que conseguí dormir a eso
de las cuatro, mis ojos se abren con un repetitivo parpadeo.
Bostezo y me inclino hacia adelante para apagar mis velas
entes de levantarme. Mis pies están descalzos de camino a
la fuente del aroma. Estamos frente a la playa. No necesito
usar zapatos. Mis labios, toda la felicidad que me rodea, se
tuercen involuntariamente hacia abajo cuando veo a Tanner
situado tras Pauline, quién sostiene una espátula con la que
le da vuelta a los panqueques en la estufa utilizando nada
más que un bikini amarillo y un sombrero de paja.

Alzo mi ceja.

─¿Dónde consiguieron la mezcla?

Hasta dónde sabía, la despensa estaba vacía. Ya que


compraron un apartamento en Miami después de que me fui
a la universidad, mis padres tienen casi un año sin venir a
Corpus. Soy la razón por la que no han vendido esta casa
aún. Bueno, la manera en la que cada vez adquiere más
valor debido a la inversión que están haciendo en la ciudad
y yo. Lo único que había en mi cocina hasta anoche eran
latas de atún, queso azul y latas de cerveza de mi
cumpleaños. Tanner me sonríe, su pecho desnudo. Está
utilizando únicamente shorts de deporte y zapatillas.
Entrecierro los ojos. Empiezo a creer que siempre busca una
excusa para enseñar su perfecto torso y sus perfectos
brazos de atleta.

─Buenos días ─dice Pauline, alejándose de él para


alcanzarme y envolver sus brazos alrededor de mi cuello,
alzándose para besar mi mejilla─. Tanner y yo queríamos
agradecerte por invitarnos, este sitio es hermoso, Sav, así
que fue a la tienda mientras corría esta mañana y yo hice
los panqueques. ─Tomando mi mano, me guía al banco
frente al mesón de madera en el centro─. Tú solo disfruta.
Conseguimos frutas, también, y mermelada.

Mis cejas se juntan.

Girándome, me enfoco en su novio.

Su novio el que decía mi nombre mientras se corría.

Maldiciéndome, también, pero a mí.

Pero aunque lo hubiera hecho, de lo cual no estoy


completamente segura, eso no significa nada. Puedes estar
con una persona y amarla y aun así fantasear con alguien
más. Si eso no fuera posible no se habría acostado conmigo,
en primer lugar, habiendo visto a Pauline, puesto que
estaba parada junto a mí cuando me echó un vistazo desde
las escaleras. Tomando en cuenta la manera en la que
siente devoción hacia ella, es imposible que no la haya
notado para ese entonces, pero sí que lo haya hecho y que
aun así se hubiera dejado arrastrar por mí. Una de mis
teorías es que fui su despedida antes de establecerse. Eso o
un juego. Sé las cosas que hacen los chicos de fraternidad.
Mi papá fue uno.

Él me advirtió.

No escuché, jugué con fuego y me quemé.

¿Cómo ahora podría buscar consuelo en él sabiendo que lo


que me hirió fue lo mismo que me dijo mil veces que no
hiciera? ¿En mamá? Mi madre es prudente y educada.
Estricta sin llegar a perder la suave y característica esencia
de ser una mujer. Siempre me ha exigido lo mejor. ¿Cuán
decepcionada se sentiría de mí? Los tres solíamos tener una
relación bastante estrecha antes de que me fuera a la
universidad, razón por la cual opinaban y controlaban cada
aspecto de mi vida, así que sabrían que algo va mal en el
momento en el que pensara en Tanner frente a ellos.

Se preguntarían dónde quedó su segura e inteligente niña.

Así que ni siquiera puedo buscar consuelo en ellos.

─¿Corriste con toda la compra de regreso? ─le pregunto


mientras trago el nudo que se instala en mi garganta.

Tanner se encoje de hombros.

─El entrenador nos la hace pasar peor.

─Son al menos diez kilómetros hacia la tienda más cercana.

Se encoje de hombros, indiferente.

─Tengo buena resistencia.

Aunque sus ojos están fijos en mí mientras lo dice, Pauline


se ríe y oculta su rostro en su pecho. Yo me ahogo en mi
propio vómito.

*****

Solíamos tener un yate anclado al muelle del puerto, pero


mis padres lo vendieron para terminar de pagar su nuevo
apartamento, así que ya no tenemos uno. Amo navegar y a
Pauline también le gusta, así que nos dirigimos a un sitio de
alquiler cuando estamos listos para tener un día en la playa.
Hacemos una parada en el supermercado durante el
trayecto porque si hubiéramos enviado a Tanner corriendo
mientras nos terminábamos de alistar, incluso él, metro
ochenta de músculo, no sería capaz de cargar con todo lo
que metimos en el carrito. Cuatro botellas de vodka. Tres
litros de jugo de piña. Leche de coco. Azúcar. Hielo. Un
montón de chucherías e ingredientes para hacer
hamburguesas. Agua potable. Bronceador y bloqueador
solar. Aunque él alza sus cejas ante nuestro entusiasmo, no
interviene, limitándose empujar el carrito mientras
metemos cosas en él y a pagar cuando llegamos a la caja.
Ruedo los ojos cuando distraídamente pone un paquete de
condones en el lector, ocultándolo de Pauline y de mí
cuando ambas sabemos que folla.

─Amo este lugar ─suelta Pauline cuando llegamos al muelle


del embarcadero de los yates en alquiler, girando sobre sí
misma mientras sostiene con una mano la única bolsa que
Tanner le permitió llevar: la del pan de hamburguesas. Él
habría podido con ello también, pero ella insistió en
ayudarlo. Yo no. Únicamente llevo mi teléfono y las llaves de
mi auto en el bolsillo trasero de mis shorts, los cuales
esconde mi camisola blanca al menos dos tallas más
grande. Pauline continúa en bikini y sombrero. Tanner usa
un polo, bermudas y gafas─. ¿Cuál es el nuestro?

El encargado señala el yate más pequeño.

─Si el señor Reed está de acuerdo, ese. ─Nos ofrece una


mirada de disculpa─. Lo siento. Hemos tenido un fin de
semana bastante concurrido. Todos nuestros otros yates
están ocupados.

Aunque puedo ver una chispa de molestia en los ojos de


Tanner, este asiente y empieza a dirigirse hacia él junto a
nuestro chófer y el hombre, dejándonos a Pauline y a mí
atrás. Estamos caminando la una junto a la otra, ella
demasiado absorta en la vista y yo demasiado absorta en la
espalda ancha de Tanner, cuando un silbido desde uno de
los botes llama nuestra atención. Un chico rubio sin camisa
nos saluda desde la punta de la proa, una sonrisa
adornando su rostro. Es casi tan apuesto como... como
Tanner.

Sin saber por qué, me encuentro sonriéndole de regreso.

Deteniéndome.

─Hey ─lo saludo, lo cual solo lo hace sonreír más.

Él levanta un dedo en mi dirección, pidiéndome que espere,


y lo veo desaparecer por unos segundos antes de volver
situándose frente a nosotras. Su camisa de estampados de
palmeras está abierta. Está usando gafas, las cuales se
retira y sostiene en sus manos cuando llega al muelle.
Shorts. Sandalias de cuero de hombre. Pauline, como si
hubiéramos retrocedido a la noche de la fiesta, se sitúa
junto a mí y aprieta mi brazo, emocionada.

Sorprendentemente, yo también lo estoy.

─Hola. Me llamo Weston.

Me ofrece su mano. Aunque estoy con Pauline y ella está


casi desnuda junto a mí, sus ojos verdes están enfocado en
mí. La estrecho suavemente antes de regresar mi brazo a
mi costado. Repite la misma operación con mi amiga, pero
aun viéndome.

─Savannah.

─Pauline.

Nuevamente me sonríe.
─Estoy aquí con mi madre y su novio, pero ellos se
centrarán completamente el uno en el otro, ignorándome.
─Relame sus labios, los cuales son perfectos. No tan llenos.
No tan finos. Su nariz recta también es bonita y tiene dinero.
El reloj en su muñeca y la cadena con una cruz colgando de
su pecho son de oro. Tampoco pierdo de vista el movimiento
nervioso de sus dedos─. Noté que no estaban solas. ¿Por
qué no le dicen a su amigo que compartamos el alquiler del
yate? Mi madre no se enojará y así alguna de ustedes no se
sentirá, al igual que yo, como un estorbo.

Como si Weston lo hubiera invocado, Tanner se acerca.

─¿Hay algún problema?

Pauline, abrazándolo, niega con una sonrisa.

─Ninguno ─responde─. Solo que Weston se enamoró a


primera vista de Savannah y nos ha invitado a compartir el
alquiler de su yate, el cual está mucho mejor que el que nos
ofrecen. ─Hace un puchero─. Solo lo compartiríamos con su
madre, su novio y él, ¿podemos? Así no me siento mal por
ignorar a Sav por ti. También tenemos suficientes
provisiones y bebidas para compartir.

Weston se sonroja, pero no niega que le haya gustado.

Tanner me mira.

Su rostro está inexpresivo, así que no tengo ni idea de si la


idea le disgusta. Él simplemente acaricia el cabello de
Pauline y me mira demasiado detalladamente mientras lo
hace. No puedo evitar pensar en él como un villano de
caricatura acariciando a su gato, lo único por lo que siente
afecto, mientras planea el fin del mundo.

─¿Estás bien con eso?


Afirmo, mi atención redirigiéndose a Weston.

─Sí.

Aunque puedo ver el atisbo de un tic en la ceja de Tanner,


se da la vuelta tras murmurar que irá a hacer los arreglos
con el encargado y a buscar las bolsas de la comida, las
cuales dejó en el yate. Sintiendo mi corazón llenarse de
felicidad, acepto la mano de Weston cuando la extiende
hacia mí y lo dejo ayudarme a subir los escalones del lujoso
bote con Pauline revoloteando como una mariposa detrás
mientras yo vuelvo a ser como ese pequeño cachorro
emocionado con el que siempre me comparo, pero que
terminará bajo la rueda de un camión si continúa
dirigiéndose a lugares desconocidos y peligrosos.

*****

Esta mañana tras comer, seleccioné el bikini negro de mi


maleta. Sería como cualquier otro bikini negro de no ser por
las cadenas de bisutería plateadas y doradas en los sitios en
los que se ata. Ya llevo algunos meses en el gimnasio, por lo
que nunca he estado en mi mejor forma. Tras hablar un
poco con Weston, su madre, una reconocida profesora de
modelaje y preparadora de reinas de belleza, y su novio, un
hombre rico cualquiera por encima de los sesenta, me
cambio, dejando mis cosas junto a las de Pauline y Tanner, y
paso frente a ellos de camino a la ducha en la cubierta. Sin
pensarlo demasiado, abro el grifo y dejo que el agua caiga
sobre mí. Paso mis manos por mi cabello y me apoyo en la
superficie de metal que sostiene la ducha mientras dejo que
el agua me moje. De fondo, ya que Weston puso música,
suena alguna mezcla de Halsey y otros artistas en la que
me concentro.
Una vez estoy completamente empapada, me doy la vuelta,
sintiendo tres pares de ojos puestos en mí. Incluso Pauline,
dentro del jacuzzi de espuma con Tanner, una copa con
nuestra mezcla de piña colada en su mano, me mira con las
mejillas sonrojadas.

─Sav... ─murmura ella, negando, pero cualquier cosa que iba


a decir pierde importancia cuando Weston me monta sobre
su hombro y me lleva al tobogán inflable con el que la
compañía le pidió disculpas a Tanner, el señor Reed, por no
tener un gigantesco y caro yate para él solo, haciendo que
el pánico inunde mi cuerpo─. ¡Arrójala! ¡Debería estar
prohibido verse tan bien!

Pataleo, pero me encuentro riendo mientras me deslizo


hacia el agua salada entre los brazos del chico rubio. No
puedo evitar toser, ahogada, cuando asomo mi cabeza del
agua, arruinando mi salida sexy de ella. Lucir como víctima
de ahogamiento no combina precisamente con el
movimiento hacia atrás de cabello.

─¿Estás bien? ─pregunta Weston, alcanzándome y


achicando los ojos para que el sol no lo moleste, obteniendo
una afirmación de mi parte─. Eres muy linda, Savannah.
─Traga, acercándose demasiado─. Me preguntaba si te
gustaría salir más tarde. Divertirnos. Nada serio. Solo estoy
de vacaciones en Texas. Vivo en Nueva York con mi padre.
Ya tu amigo me dijo que vives en Austin, así que no creo que
resistiría mantener una relación a distancia con una chica
como tú, aunque me encantaría intentarlo, pero las
posibilidades de que eso salga mal son altas. Soy un
hombre y tú eres una mujer, a pesar de... tenemos
necesidades.

Flotando en el agua, parpadeo.


─¿Una chica como yo?

Weston se sonroja.

Él lo hace mucho. Aunque parece dulce mientras lo hace, no


puedo evitar pensar que eso lo hace parecer menos
atractivo en el ámbito sexual. No quiero que un hombre
dude o no esté seguro de sí mismo cuando desee que me
hagan cosas sucias.

─Mientras estabas cambiándote, Pauline fue por un trago y


su novio se acercó. Me contó sobre ti para que tú no
tuvieras que hacerlo. Sobre tu familia y tu voto de castidad
hasta el matrimonio.

Casi me ahogo nuevamente.

Alzando la vista, puedo ver a Tanner observándonos.

Los vellos de mi nuca se erizan cuando sonríe y suelta una


carcajada ante mi ceño fruncido, lo que hace que Pauline
también nos mire y ría, haciéndome consciente de que solo
se trata de una broma. La ira recorre mi cuerpo al instante,
molesta con ellos por arruinar esto. Mi ritmo cardiaco
aumenta la velocidad. De vuelta a Weston, niego y coloco
una mano en la parte posterior de su cabeza,
manteniéndome a flote con la otra, acercándolo a mí.

Aunque nuestro beso está lleno de ira, al menos de mi


parte, se convierte en uno de los mejores besos que he
experimentado. Weston jadea cuando meto mi lengua en su
boca, dejando de pronto de escuchar las risas de Pauline y
Tanner. Empujándolo hacia la zona de acceso al bote, nos
apoyamos en el metal de este, ocultándonos de cualquiera
que esté en él y pueda vernos. Gime en mi oído cuando
meto la mano dentro de su bañador, apretándolo y
tocándolo mientras me dedico a succionar su cuello.
Cuando se estremece contra mí, lamo su labio inferior.

─Tú también eres muy lindo, Weston ─susurro mientras


envuelvo mis piernas alrededor de él, quién no parece saber
qué acaba de pasar─. Me gustas, así que estaría encantada
de salir más tarde contigo, sin compromiso y a dónde
quieras... con una condición.

Él traga, tomando aire también, antes de responder con voz


ronca.

Parpadea mientras se enfoca en mí.

─¿Cuál? Te daré todo lo que quieras.

Complacida, sonrío y alcanzo las escaleras. Me aseguro de


que tenga un vistazo de mi trasero y de mi entrepierna
cuando me monto en ella. Muerdo mi labio, conteniendo una
risita, al escucharlo gemir, entendiendo de repente por qué
me emocioné tanto cuando lo vi. Weston es más lindo que
Tanner. Quizás incluso es más rico que Tanner. Carece de
todas las otras cualidades que lo hacen especial y llaman mi
atención, pero ciertamente es competencia para su ego. Él
lo vio antes que yo. Simplemente no pueden estar en una
habitación sin eclipsarse el uno al otro, con lo cual Weston
debe estar bien, pero Tanner no debe soportar, sintiéndome
como yo me siento con Pauline.

─Quiero salir a comer con mis amigos también. ─Hago un


puchero cuando me alcanza, ambos de pie en la parte
inferior del yate─. ¿Te molesta? No conocen nada de Corpus
Christi y yo soy su guía. Lo de mis padres y el voto de
castidad solo fue una broma.

Sosteniendo mi rostro entre sus manos, sonríe.

─Todo lo que quieras es todo lo que quieras. ─Me besa─. Sí.


Sonrío, satisfecha.

Alguien está por tener una probada de su propia medicina.

Maldita Savannah me lleva de un extremo a otro. Con


ella estoy en depresión o demasiado caliente 

¿Qué tal el capítulo?

¿Weston Vs. Tanner?

Cuando la letra está de ladito es pasado

Capítulo dedicado a: JimeAdri28

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Love u

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PD: así me imaginé a Savannah (su traje de baño)


Capítulo 4:

Capítulo 4:
21.2K 3K 2.1K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a sharithe

El lunes por la mañana me levanto más temprano de lo


común. A las seis y media en lugar de a las siete. Después
de tomar una ducha caliente, le dedico media hora a mi
cabello ondulándolo en las puntas. Cuando se curva en
sutiles rizos al final de mi espalda delineo mis ojos y los
oscurezco con sombra para que luzcan más grandes. Tomo
mi crema favorita de Victoria's Secret y hago que cada
centímetro de mi piel huela a caramelo. De mi reservorio de
ropa interior, no es que le esté dando la oportunidad a
Tanner de verme en ella, tomo una tanga negra y un corpiño
a juego. De la sección peligrosa de mi armario, jalo de su
gancho un conjunto de falta ceñida y suéter corto, el cual
deja una porción de mi abdomen superior a la vista, color
verde sirena. Tomo un par de tacones de una sola tira color
negro. Junto con mi maletín de cuero, gafas para el trabajo y
una taza de chocolate caliente, estoy lista.

Lista para enfrentar a Tanner Reed.

Conduzco a mi propia oficina en el centro de Austin antes de


dirigirme a la suya. Solo me detengo en ella para
presentarle a uno de mis clientes, de los más exigentes, la
maqueta final de su casa. El señor Johnson luce a gusto con
ella a pesar de que su mirada está clavada en mis labios
durante toda la conversación. Dejo escapar un gruñido
dentro de mi taza, la cual recargué una vez llegué a la
oficina, cuando me invita a almorzar para agradecer mi
esfuerzo. Me niego. Diseñé una casa de seis habitaciones
para él, su esposa y sus futuros hijos. Solo hay una persona
por la que sobrepasaría mis límites morales. Una vez
termino con él, me dirijo caminando a la torre a dos cuadras
en la que esta se halla.

Es bonita. Negra y victoriana, con apliques dorados, durante


los primeros tres pisos, pero luego se convierte en puro
cristal oscuro y columnas metálicas. La construcción no está
a juego con las que la rodean, pero aun así luce bien. La
seguridad del primer piso me deja acercarme a los
elevadores antiguos, del tipo con rendija en lugar de
puertas, tras obtener mi nombre y encontrarlo en una lista.
Presiono el botón número veintitrés cuando entro en él.
Durante el ascenso no puedo evitar sentirme nerviosa a
pesar de que pasé todo el fin de semana planificándome.
Decidiendo qué hacer y llegando a la conclusión de que
Pauline pudo haberlo empujado a él, pero yo diseñaré la
jaula en la que se pudrirá en el infierno. Aunque siempre
pensé que me alegraría ver cómo su relación se hacía
añicos, la verdad es que eso no hace más que aumentar mi
ira hacia Tanner por no elegirme. Por escogerla y
equivocarse, quedando mal ante todos, puesto que su
perfecto matrimonio solo duró un año. Ahora que está en su
punto más vulnerable, lo haré pagar por cada lágrima que
derramé por ellos. No seré su amante. Lo haré desearme
hasta que le duela respirar.

Hasta volverlo a hacer elegir entre nosotras.

Solo espero que esta vez tome la decisión correcta.

Si no lo hace, Tanner Reed habrá muerto para mí.


─Buenos días. Vengo a ver al señor Reed ─le digo a su
secretaria cuando llego a su escritorio, odiando la manera
en la que su piso, el cual le pertenece, está decorado:
moderno, limpio y simple cuando podría ser mucho más─.
Soy Savannah Campbell.

La mujer rubia asiente.

─Adelante. El señor Reed está esperándola.

Su tono no ha sonado desagradable, por lo que le dedico


una pequeña sonrisa cordial antes de acercarme a la puerta,
también de cristal oscuro, que da con su oficina. Esta se
desliza hacia atrás cuando la empujo con cuidado. Una vez
del otro lado, mis ojos inmediatamente van a él. Está
sentado tras su escritorio de ébano usando una camisa
negra desabotonada en el cuello y presiona un cigarrillo
contra sus labios, contaminando su oficina sin ventanas
abiertas con el humo que expulsa. Mi frente se arruga.

Él dejó de fumar en el momento en el que Pauline se lo


pidió. Antes de graduarse. Le tomó meses abandonarlo,
pero eventualmente lo hizo. Por ella. Probablemente
también está recayendo en el hábito por ella. Suelto un
suspiro, forzando mi cuerpo a moverse, y tomo asiento
frente a él, quién se limita a mantener sus intensos ojos
oscuros en mí mientras me acerco.

Los vellos de mi nuca se erizan al ser víctima de su intensa


mirada, pero me obligo a mí misma a que esa sea la única
muestra de mi debilidad. Tanner debe aprender a luchar por
lo que quiere si quiere en lo absoluto algo de mí. Basta de
comportarme como un cachorro sediento de amor a su
alrededor, agitando la cola por él.

─Cuando termine con tu ático ─digo, manteniendo mi


expresión fría aunque por dentro me esté derritiendo debido
al característico aroma de su loción─, querrás que remodele
este lugar.

Tomando en cuenta que fue un infierno de exigencias


cuando construí su casa, quitándome todo el tiempo libre
que tenía y la posibilidad de trabajar en otras cosas
mientras tanto, siendo también el proyecto que más tiempo
me ha tomado, no puedo evitar sentirme decepcionada con
los simples cubículos y pisos de mármol fuera de aquí. Todo
se ve en orden y pulcro, pero le falta. Sus clientes pasan por
ahí antes de llegar a su oficina y otro tipo de impresión
inicial le daría a Tanner algún tipo de ventaja.

En lugar de lucir molesto con mi comentario, afirma


mientras presiona la punta de su cigarrillo contra un
cenicero y toma otro del paquete sobre la madera caoba
frente a él, inclinándose para darle vida con un encendedor
plateado y, evidentemente, costoso.

─Probablemente. ─Habla con una nube de humo entre


nosotros. Cuando el aroma se cuela en mi nariz, no puedo
evitar recordar la manera en la que lo sopló en mi estómago
desnudo hace cinco años. Mi frecuencia cardiaca aumenta─.
Podrás no ser material de esposa sumisa y complaciente,
por lo que sigues sola, pero mátenme si no eres buena en lo
que haces.

Sin tener qué decir, sin saber si sentirme ofendida o extra


ofendida, me quedo en silencio y lo contemplo terminar su
cigarrillo. La manera en la que línea inferior de su
mandíbula se realza cuando inclina la cabeza hacia atrás
para tomar una calada. Cómo sus labios se humedecen
cada vez que lleva el extremo del palillo a su boca. Cuando
empiezo a sentirme ahogada, tanto por el humo como por
su extraña conducta, recuerdo que aún tengo mi chocolate
caliente y tomo un sorbo. Cuando la taza regresa a mis
labios y nuevamente mis ojos se enfocan en él, está de pie
y tomando su abrigo azul naval, el cual parece ser su color
favorito aparte del negro, y poniéndoselo con su cigarro aún
en la boca. Viéndolo de pie descubro que lleva mocasines y
pantalones negros en la parte inferior. Trago. Todo sería más
sencillo si Tanner fuera feo o si al menos no fuera
consciente de su atractivo, pero lo es y saca todo el
provecho que puede de ello.

─Vamos ─suelta mientras pasa junto a mí─. En lugar de


decirte lo que quiero, prefiero mostrártelo. Así me
entenderás mejor.

Lo imito. Se despide brevemente de su secretaria antes de


salir. De camino al ascensor puedo sentir los ojos del
personal en nosotros, pero Tanner no les presta atención. A
pesar de la brillante alianza dorada en su dedo anular
izquierdo, él  coloca su mano en mi muñeca, no en mi
mano, y me guía hasta él como si no supiera dónde se
encuentra. Desgraciadamente las ganas de sentir su tacto
frío, pero a la vez caliente, sobre mí sobrepasan las ganas
de empujarlo lejos. Es la primera vez en cinco años que me
toca de alguna manera y se siente bien.

Se siente como si así es como siempre debió ser.

Lo odio tanto.

─El edificio está en Travis Country. ─Aunque me gustaría


preguntarle por qué compró un ático en la misma zona en la
que su casa se encuentra, lo cual no tiene sentido, lo
escucho en silencio, todavía absorta en el ardor que dejó su
mano en mi piel─. ¿Tienes una cita para el almuerzo? Me
gustaría hablar contigo sobre los detalles después de ver el
ático, pero entiendo si ya tienes un compromiso con alguien
más ya que tuve que ir tras de ti por semanas para que
aceptaras debido a tu agenda apretada.

Tanner luce irritado al final de la oración. Como si la idea de


no llevar a cabo los planes que planeó sin consultarme y me
involucran lo molestara. Nunca lo admitiré en voz alta, pero
siempre me ha gustado la manera en la que se enoja. Cómo
aún de adulto puede actuar como un niño cuando no
consigue lo que quiere y aun así verse caliente debido a que
después lo hace todo por lograrlo. Me enciende, pero a la
vez me llena de ganas de hacer cosas como bromear hasta
sacar una sonrisa de sus labios o de hacer algo que consiga
molestarlo todavía más.

Pauline simplemente se asusta y lo complace.

Pero yo puedo ver su deseo de un desafío.

─No tengo ninguna cita pautada para el almuerzo


─respondo, aceptando a medias─. Pero si no me llevas un
sitio bonito, tampoco la tendré contigo. No como en
chiqueros.

La mirada de Tanner brilla con irritación, pero también veo


algo de diversión allí. Aunque no lo admita, le gusta sentirse
retado.

─Savannah ─responde cuando las puertas del ascensor se


abren en el sótano y coloca una mano en mi espalda baja,
pero sin llegar a tocar mi trasero, haciéndome estremecer
debido a ello, su cercanía y a la manera en la que su voz
profunda y vil me causa cosquillas cuando pega sus labios a
mi oído─. Terminé con los platos de segunda clase cuando
salí de la universidad. Después de allí todo ha sido comida
de lujo. Pensé que ya sabías eso.
Separándose de mí, me abre la puerta de su Mercedes
deportivo color gris. Entro mientras proceso el impacto que
su mensaje entre líneas ocasiona en mí. Aunque se supone
que estamos hablando de comida, no puedo evitar
asociarme con los platos de segunda clase a los que se
refiere y a Pauline con la comida de lujo. 

Pero además de lucir molesta, no puedo evitar que mi


curiosidad crezca. Lo que sea que haya pasado entre ellos
ha ocasionado que Tanner ya no se esfuerce por esconder
su verdadero yo.

Él es un imbécil.

Pero es el único imbécil que me hace querer matarlo y


besarlo sin parar al mismo tiempo, desafiando todas las
normas de lo que es malo y lo que es bueno en el proceso.

******

Llegamos a una de las colinas más altas de Travis Country


en veinte minutos. Además del edificio de ladrillo claro y
apliques de cristal, solo hay árboles en torno a él, nada de
otras residencias. Tanner ingresa la llave en un
compartimiento especial del ascensor para que el botón del
penthouse se desbloquee. Mientras vamos ascendiendo
puedo ver el lago e incluso su casa, puesto que la pared
frontal de este es de vidrio claro. Me doy la vuelta al sentirlo
detenerse, encontrándome con un suelo sin cerámica,
paredes blancas y un amplio, descomunal, en realidad, piso
inferior que se conecta con un piso superior a través de
nada. No hay escalera. También la vista es hermosa. Debido
a que nos encontramos en un piso treinta en la cima de una
colina, no solo vemos Travis Country desde aquí, sino el
centro de Austin. Incluso puedo ver las torres en las que
ambos tenemos nuestras oficinas.
─Es un lienzo en blanco. ─Se detiene junto a mí,
acompañándome a apreciar la vista─. Hice que demolieran
la escalera porque recordé cuánto te molestaba tener que
trabajar acorde a ella. Prefiero que la elijas tú. La cocina. Los
baños. Las divisiones. Nada existe hasta que decidas cómo
lucirá. Por ahora es solo un espacio. ─No tengo que darme la
vuelta y ver el lugar para comprobar lo que dice. Lo vi al
entrar─. ¿Lo tomas o lo dejas?

Aún sin verlo, presiono mi mano contra el cristal.

Un lienzo en blanco es el sueño de cualquier decorador.

Eso y un presupuesto ilimitado.

─¿Cuánto dinero puedo gastar?

─Todo lo que quieras ─responde y por alguna razón puedo


oír la sonrisa en su voz después─. Dentro de lo razonable.

Me doy la vuelta para verlo, mi ceja alzada.

En efecto, Tanner está sonriendo. Sabe que después de ver


la vista y descubrir que puedo hacer lo que quiera, dentro
de lo razonable y siguiendo sus deseos, no me negaré. Pero
aun así no voy a ponérselo tan fácil. Pauline y él no me lo
pusieron fácil a mí.

─¿Cuánto me pagarás?

Su sonrisa no se desvanece.

─¿Cuánto quieres? ─pregunta─. ¿O qué quieres?

─Quiero un terreno en Travis Country. No tiene por qué ser


tan caro. ─Debido a la forma en la que su frente se arruga,
puedo decir que lo he sorprendido y nuevamente irritado,
pero eso es menos de lo que debería cobrarle por todos
estos años de dolor y deseo frustrado─. Solo quiero que esté
frente al lago y sea mayor a setecientos metros cuadrados.
Sin construcciones. 

Tanner aprieta fuertemente la mandíbula mientras niega.

─Es demasiado, Savannah.

Asiento, de acuerdo y empezando a darme la vuelta para


dirigirme al ascensor. Este penthouse sobrepasa el millón.
Probablemente los tres millones. Cientos de miles son nada
para él, pero mucho por mi trabajo. Lo sé y no me importa.
Es mi condición. Si salgo de esto con el corazón roto, al
menos habré conseguido el lugar en el que finalmente
construiré una casa para mí. Una casa tan bonita que
Pauline no podrá evitar sentir envidia cada vez que se
asome por alguna de sus ventanas y la vea, por fin
sintiéndose de la forma en la que me he sentido todo este
tiempo. O puede que lo venda y desaparezca, pero tendré
algo además de una herida.

─Puedo conseguirte otro arquitecto ─sugiero de camino al


ascensor─. Tengo muchos proyectos, de todas formas.

Pero antes de que vuelva a llegar a él, Tanner toma mi mano


y me da la vuelta. Sus ojos están llenos de ira y una
emoción similar al odio, pero más intensa, mientras me ve.
No aparto el rostro. El negociante en él no deja de repetirle
que no soy más que una estafa, pero su ego masculino no le
permite renunciar a mí.

─Está bien ─acepta con un gruñido─. Toma tus fotos, anota


en tu bloc o lo que sea. Haz hecho que no quiera estar aquí,
todo lo contrario a lo que deberías lograr a partir de ahora.
Aunque es vacilante debido a sus palabras y al trasfondo
que mi mente encuentra de ellas, no escondo mi sonrisa.
Regresando al interior de la casa, saco mi teléfono y mi bloc
para empezar a tomar fotos y medidas del espacio mientras
él solo me observa.

Me aseguro de encorvar mucho mi espalda.

*****

Tanner conduce hacia el club de golf de Austin después de


que obtengo todo lo que necesito de su ático. Al menos del
nivel inferior. Para tomar los datos del superior, el que
además se conecta con una zona al aire libre con una
terraza y piscina, necesitábamos una escalera y no tenía la
paciencia para esperar al conserje. Nuevamente no puedo
no sentirme rara por la manera en la que toma mi muñeca,
sin que sus dedos se deslicen en los míos, de camino al
exclusivo restaurante italiano en el club. Debería estar feliz
con ello, pero no me gusta.

Hay una extraña sensación en mi pecho que no puedo


obviar.

─Tanner, basta ─lo detengo cuando me arrastra tras él entre


las mesas─. ¿Qué está mal contigo? Nunca te he dado la
confianza para que me tomes así. ─Aunque debería
marcharme, tomo asiento frente a él. La tensión en sus
hombros al escucharme desaparece al ver que no me estoy
yendo. Recordando la situación por la que está pasando, el
hecho de que volvió a fumar y compró el penthouse a solo
unos minutos de su casa, me fuerzo a suavizar mi tono de
voz─. No somos tan cercanos. 

Tanner, sorprendiéndome, afirma.


─Tienes razón. No debí hacerlo. Lo siento ─murmura, su
mirada perdiéndose o escondiéndose en el menú frente a
él─. No volverá a pasar. ─Tras unos segundos de silencio, me
mira y genuinamente parece arrepentido. Incluso interesado
en mi respuesta─. ¿Qué quieres de comer?

Sin hojear el menú, me encojo de hombros.

─Lo que sea que pidas tú. Confío en tu buen gusto.

La verdad no lo hago, lo que ambos sabemos.

Sonríe mientras niega, su cabello negro moviéndose debido


a ello, pero las hebras oscuras rápidamente
recomponiéndose de manera perfecta, hacia atrás, cuando
deja de hacerlo y se limita a mirarme mientras hace el
pedido. Cuando el mesero se va puedo decir a ciencia cierta
que es prácticamente imposible que Tanner sepa cómo luce,
puesto que nunca vio su rostro. Me pregunto si así es con
Pauline. Si se vuelve igual de intenso y agobiador.

Una parte de mí espera que sí.

Otra que no.

─Entonces, ¿cómo quieres que luzca el ático?

Tanner deja el vaso del que bebía agua en la mesa y relame


sus labios, algo que hace muy seguido, al menos frente a
mí, antes de contestar. Al ver su lengua mis muslos se
aprietan bajo la mesa.

─Como tú quieras, Savannah, mientras que sea un lugar en


el que creas que pueda sentirme cómodo ─responde con un
movimiento de su brazo que hace que el Rolex clásico en su
muñeca se deslice hacia arriba, provocándome un suspiro
debido a que es tan varonil como él: oscuro y dorado, los
colores que notorios a su alrededor junto con el azul─.
Confío en tu buen gusto.

Sonrío.

A pesar que lo hizo sonar como una broma tomando mis


palabras, sé que lo hace.

¡Hola!

Sorry por no actualizar ayer, estaba cansada y no


quería escribir sin ganas

¿Qué tal el capítulo?

¿Les gusta más el presente o el pasado?

Capítulo dedicado a: sharithe

Siguiente a la que + comente 

Las amo, no olviden seguirme en twitter e Instagram


como oscaryarroyo

Tampoco darle amor al capítulo

Nos leemos mas tarde en Cavalli  


Capítulo 5:

Capítulo 5:
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por OscaryArroyo
 
Tanner me ignora durante el resto de nuestro paseo en yate,
enfocándose en divertirse con Pauline en el jacuzzi, y no me
dirige la palabra hasta después que regresamos al auto tras
contemplar el atardecer en el mar. Weston sostiene mi
mano de camino ahí. Me aparta, empujándome con
suavidad, con una sonrisa torpe en su rostro cuando me
inclino para tomar la manija, abriendo la puerta por mí. No
está usando camisa. Nada a excepción de un par de shorts y
zapatos de natación. Es adorable y sexy y aunque alguien
más reclama mi mente, no puedo evitar pensar en lo bien
que se verían todo ese músculo bronceado trabajando para
mí.

─¿Te recojo en media hora? ─pregunta inclinándose sobre la


ventana, lo que ocasiona que algo parecido a un gruñido
salga de la garganta del novio de Pauline, quién se inclina
para besarla.

Pero una parte de mí me dice que es por Weston.

Decido confiar en esa parte.

─Sí. ─Le sonrío─. ¿Estás seguro de que sabrás cómo llegar?

Él afirma.
─Utilizaré el GPS. ─Me vuelve a ofrecer una cálida curvatura
de labios cuando se aparta─. No te arrepentirás. Lo prometo.

Muerdo mi labio inferior con nerviosismo.

─Espero que no.

Guiñándome un ojo, se da la vuelta y se acerca a la


Hummer negra del novio de su madre. Acelero una vez llega
a ella. Estoy tan distraída pensando en West y en cómo
sospecho que nuestra cita molestará a Tanner,
especialmente si logro que él y Pauline vengan con
nosotros, que no me molesta estar siendo un Uber para
ellos de nuevo y no me doy cuenta del momento en el que
este se sitúa en el espacio entre los dos asientos delanteros,
asomando su cabeza con la frente arrugada y la mandíbula
apretada. No puedo evitarlo. Dejo escapar un suspiro.
Aunque Weston es lindo, la masculinidad de Tanner me
atrae tanto.

Cómo una chica podría sentirse segura a su lado gracias a


su constitución de más de un metro ochenta y músculos.
Cómo mi mano se sentiría pequeña, protegida y cálida en la
suya. Cómo podría ser dulce conmigo cuando es un
bastardo con todos los demás, pero aun así lo
suficientemente exigente dentro del dormitorio. También
está el hecho de que Tanner es inteligente. Lo he visto
estudiar la cantidad de veces suficientes, encorvado sobre
el pequeño escritorio de Pauline mientras esta duerme a su
lado, como para saber que realmente se preocupa por su
futuro. Sus compañeros confían en él para tomar decisiones
porque es listo y tiene el carácter para hacer lo que hay que
hacerse. Es oscuro y se enoja con facilidad cuando las cosas
no salen como quiere, pero eso es algo que todos a su
alrededor parecen obviar o pasar por alto debido a todas
sus otras perfectas cualidades.
Yo no.

─¿Oí que saldrías con el desconocido, que hasta donde


sabemos podría resultar un psicópata, esta noche,
Savannah?

Pauline, asomando la cabeza junto a la suya, responde por


mí.

─Sí, Savannah lo hará ─dice, temblando de la emoción, lo


que me recuerda a cuán feliz estuve por ella cuando pensé
que el presidente de la fraternidad que la buscaba para
declararle su eterno amor no era Tanner Reed─. Pero no irá
sola, Tanner, ¡tendremos nuestra primera cita doble! Estoy
tan feliz. He querido esto desde que empezamos a salir,
pero Sav solo rompe corazones. Nos arreglaremos juntas
hoy y seguramente en un par de años planearemos nuestra
boda con ustedes, juntas también.

Ya que sabe que está sonando tonta, también un poco loca,


suelta una risita mientras lo arrastra de nuevo hacia atrás
jalando la tela de su camisa, lo cual trae un fruncimiento a
la frente de su novio porque de verdad odia la ropa
arrugada. Tanner permanece en silencio, pero puedo sentir
sus ojos en mí durante el todo el trayecto a casa. Cuando
alzo la mirada hacia el retrovisor, descubro que esto no es
solo producto de mi loca imaginación.

Él me ve como si esperara una explicación.

No le importa que no tenga derecho a pedirla.

******

Ya que Weston es un chico dulce y realmente algo bonito


podría salir de aquí, aparte de mis deseos de hacer sentir
celoso a Tanner, decido no lucir tan zorra. Tomo un vestido
de mangas de una sola tira de mi armario, negro y de
estampado de cayenas, y meto mis pies en sandalias
oscuras troyanas. Aliso mi cabello completamente hacia
atrás y meto mechones detrás de mis orejas para que estas
sean visibles. Uso aretes sencillos, pero llamativos debido al
tamaño de las piedras negras de fantasía. Ya que no puedo
ser del todo una mojigata, no llevo ropa interior. Me
maquillo de la forma más natural que encuentro. Ya que
Weston vendrá por nosotros, solo llevo mi teléfono con mi
tarjeta de crédito escondida entre este y el forro. Abandono
mi habitación al escuchar el sonido de la bocina de la
Hummer de su padrastro. Al llegar al recibidor, tanto Tanner
como Pauline parpadean al verme.

─Luces bien ─dice ella, puesto que normalmente soy más


atrevida con mi ropa─. Como si realmente lo quisieras
impresionar.

Ella lleva un vestido rosa con mangas del mismo largo que
el mío y zapatillas de deporte. Tanner tiene un par de
pantalones caqui, una sencilla camisa blanca que solo está
abrochada en los primeros cuatro botones y mocasines.
Aunque no puedo evitar echarle un vistazo a su pecho
pálido y lampiño debajo de esta, me fuerzo a mí mismo a no
detallarlo demasiado y abro la puerta para ellos, puesto que
me tengo que asegurar de cerrar bien después. Una vez me
doy la vuelta, me encuentro con la expresión amable y
cariñosa, algo ansiosa, de Weston. Me siento bien por mi
elección de ropa al verlo usando una sencilla camiseta
blanca y pantalones marrones. A pesar de mi promesa
implícita de hacerlo pasar un buen rato, todo en él grita que
está teniendo una primera cita con una chica. Desde el
movimiento nervioso de sus manos a la flor, una rosa, que
tomo de una de estas cuando me la ofrece.

Su gesto le hace cosquillas a mi corazón.


Llámenme cliché, pero tengo un gusto culposo con las
rosas.

Toda la vida me han gustado debido a que mientras mi


padre es un exitoso corredor inmobiliario, mi madre es
dueña de un vivero en Houston. La crianza de rosas es su
especialidad y crecí viéndolas cada vez que la acompañaba
al trabajo, pero empecé a ansiarlas cuando Tanner comenzó
a dejar centenares de ellas frente en nuestra puerta para
que estas fueran encontradas por la mañana al menos una
vez a la semana. Todas con cartas y notitas con su letra
dirigidas a Pauline. Notas cursis y ridículas, pero por ello el
doble de especiales viniendo de alguien como él.

─Muchas gracias. ─Olvidando que estamos acompañados,


me pongo de puntitas y presiono mis labios contra los suyos
con suavidad, riendo mientras paso mi mano por encima de
ellos para limpiarlos al mancharlos con mi brillo de labios
una vez que me separo con la flor sin espinas en la mano─.
¿Nos vamos?

Deslizando sus dedos en los míos, Weston asiente, pero se


detiene frente a Tanner y Pauline abrazándose en la acera.
Ni siquiera me importa verlos juntos, pero no es por Weston.
Es por la manera en la que Tanner lo mira, como si apenas
pudiera soportar el mismo aire que él, y saber que no soy la
única pasando un mal momento entre nosotros. Su ego está
siendo amenazado.

─Amigo, ¿te molestaría conducir? Mi GPS te dirá a dónde ir.


Me gustaría acurrucarme con Savannah, hombre. Tú tendrás
a tu chica cerca después de este fin de semana. ─Presiona
sus labios contra la cima de mi cabeza, mirándome con
afecto─. Yo no.
Tanto su discurso como la mirada de Pauline lo obligan a
aceptar, pero puedo ver molestia e ira empezando a
burbujear en sus ojos oscuros mientras toma el juego de
llaves y se acerca a la camioneta. No importa cuán amplio
sonría, se me hace absolutamente obvio que está enojado y
que el humo está saliendo de sus orejas. No sé cómo ellos
no pueden verlo.

─Sin problemas, hombre.

Sube en la Hummer con los músculos de su espalda en


tensión. Oculto mi rostro en el pecho de Weston una vez
entramos, escondiendo mi sonrisa ante lo irónico y divertido
que es esto. Tanner Reed no se siente cómodo siendo el
chófer. Me regodeo de la manera en la que su barbilla se
tensa cada vez que la voz femenina del GPS le da una
indicación. Pauline intenta hablar con él, pero por primera
vez desde que están juntos... pasa de ella, limitándose a
decirle que debe concentrarse en el camino o nos
perderemos cuando en realidad todo se trata de seguir una
vía.

─Tengo un buen presentimiento sobre esta noche ─susurro


en el oído de Weston antes de dedicarme a hacerle
cosquillas con mi nariz en el cuello a lo largo de todo el
trayecto, agradecida con el hecho de que no solo luzca bien,
sino que también huela bien.

No quiero dejar la rosa que trajo para mí en el auto, así que


la coloco detrás de mi oreja cuando llegamos. Eso hace que
sus ojos verdes brillen y me arrastre hacia él para que
caminemos extremadamente juntos hacia el interior de Il
Paraiso, un clásico restaurante de comida italiana en el
muelle de Corpus que se caracteriza por tener luces
colgando de extremo a extremo y paredes llenas de
recuerdos de los viajes de sus dueños. Tomamos una mesa
para cuatro en la zona al aire libre, por lo que escuchamos
tanto las olas de mar como la suave música en vivo
interpretada por una banda cerca de la entrada. Todos
pedimos pasta. Pauline boloñesa. Weston a la marinera.
Tanner y yo pasta a la carbonara. En mi defensa,
nuevamente pedí antes que él.

Y no estoy persiguiéndolo.

O acosándolo.

Solo deseándolo.

Indebida e inapropiadamente, sí, pero no lo he perseguido a


ningún lado. Él es quién se atraviesa en mi camino una y
otra vez.

*****

La cena transcurre en silencio. Weston se limita a acariciar


mi muñeca y mi muslo de manera sugerente. Tanner y
Pauline cuchichean entre ellos. Él se separa de ella cada dos
por tres para ir al baño, atender llamadas o apreciar la vista
al mar desde la barandilla. Si continúa enojado, no ha
actuado conforme a ello. Cuando el postre llega a la mesa,
sin embargo, y Weston empieza a llevar pedacitos de torta
de queso con chocolate a mi boca, movimiento que atrae la
atención a su lindo Rolex, Tanner se echa hacia atrás en su
silla y lo mira con una sonrisa condescendiente.

─Y bien, Weston, ¿a qué te dedicas?

Sin mirarlo, puesto que sus ojos están en el movimiento de


mis labios y garganta mientras mastico y trago, Weston le
contesta.

─Mi padre trabaja en la bolsa.


Tanner niega.

─No pregunté a qué se dedica tu padre, sino a qué te


dedicas tú.

Tras darme un bocado más con una mirada intensa en sus


ojos verdes, finalmente Weston se gira y enfrenta al novio
de mi amiga. Pauline me observa con incomodidad, como
pidiéndome que intervenga o que los detenga, pero niego.
Mientras Weston pueda hacer dejar mal a Tanner por sí
mismo, ya sea con su presencia o haciéndolo perder los
estribos, estoy pasándola bien.

─Estudio economía en Columbia.

Alcanzo su mano sobre la mesa y le doy un apretón.

─Eso es increíble, West. ─Aparto un mechón de cabello rubio


de su frente─. Inteligente. Dulce. Lindo. Creo que gané la
lotería.

Se sonroja.

─No soy tan brillante, Sav, más bien del promedio.

Tanner se cruza de brazos.

─Si eres del promedio, ¿entonces cómo entraste?

Weston se encoje de hombros.

─Mi padre hizo una donación. Cuando vieron mi apellido,


entré.

Luciendo satisfecho consigo mismo, Tanner afirma.

─Y conociendo el nivel de exigencia de las escuelas de la Ivy


League, ¿tomas el riesgo de cruzar de estado un fin de
semana?

─Pausé mis estudios por un año para tomar unas


vacaciones.

Ahora viéndose levemente molesto, Weston mira hacia el


interior del restaurante tras contestar la pregunta de Tanner.
Vuelvo a apretar su mano y lo imito cuando se pone de pie y
se dirige al interior para pagar la cuenta e irnos. Sé que
debería estar molesta con el novio de mi amiga por estar
actuando como un patán, pero no puedo evitar sentirme
ligeramente decepcionada de Weston en su lugar. De que su
toma de decisiones sea tan infantil o de que no sea tan
inteligente como el capitán del equipo de los Texas
Longhorns. A pesar de que con mis calificaciones y la
posición de mis padres pude ir a una de las ocho
universidades de la Ivy, siempre he creído que un título de
una universidad prestigiosa no es lo que hace el éxito, sino
lo que haces con las herramientas que consigues en el
camino, por lo que escogí guardar el dinero que ahorraron
para que fuera a alguna de ellas para empezar mi propio
negocio una vez termine la carrera. Algo en mí me dice que
Tanner opina igual. Pauline, por otro lado, no es adicta a
pensar sobre su futuro. Solo quiere ser veterinaria y salvar
las razas de animales extraños y exóticos que aún quedan
en el planeta.

Siempre he querido decirle que debió haber estudiado


biología en su lugar, si su meta era evitar la extinción, pero
no puedo ser tan perra con ella cuando en secreto me
muero por lo que es suyo.

─No se preocupe, señor, su cuenta ya ha sido cancelada


─dice la bonita mujer rubia tras el mostrador cuando nos
acercamos, lo que hace que tanto Weston como yo miremos
hacia Tanner y Pauline.
Tanner levanta su copa de vino, brindando, antes de beber
lo que queda en ella de un trago y levantarse para
seguirnos.

Weston bufa.

─Creo que tu amigo es un poco imbécil.

No lo contradigo. En lugar de hablar, opto por deshacerme


del escozor en mi pecho deslizando nuevamente mis dedos
en los suyos y mirándolo por debajo de mis pestañas.
Aunque continúa irritado, Weston no deja de mirarme
fijamente, lo que podría ocasionar que me acostumbre a ser
el centro de atención.

─Por suerte para ti, mis amigos no tienen permitido entrar


en mi habitación ─susurro justo en el momento en el que
Tanner y Pauline se nos unen, por lo que ambos podrían
haberme oído─. Y creo que suena como un buen plan que
nos detengamos en el camino por una botella de
champagne y más chocolate, preferiblemente para untar.
No he tenido suficiente del postre aún.

Cuando Pauline suelta una risita al pasar junto a mí, sé que


lo hicieron. Escucharon mi proposición. Weston, quién ya no
luce molesto, apresura el paso hacia la Hummer. Tanner
continúa siendo el chófer. Esta vez no puedo evitar soltar
una risita cuando mi cita le pide detenerse en un bodegón
abierto las veinticuatro horas. Si solo fuera un poco más
fuerte, el volante estaría roto.

******

No somos los únicos que compramos licor y chocolate.


Tanner y Pauline también lo hacen. Ni siquiera les dirijo una
mirada cuando llegamos a casa. Tomo dos vasos de vidrio
de la cocina y arrastro a Weston a mi habitación, dónde lo
primero que hago es quitarme las sandalias. Tras encender
las velas alrededor de mi cama, haciendo que sus ojos
verdes brillen todavía más, y dejar tanto la botella como el
chocolate en la cama, me pongo de espaldas a él. Weston
entiende el mensaje y desliza las mangas de mi vestido
sobre mis hombros hacia abajo, lo que ocasiona que este
caiga y se arremoline a mis pies. Toma una honda bocanada
de aire al comprobar que no llevo nada debajo. Dándome la
vuelta y poniéndome de puntitas, rodeo su cuello con mis
brazos. Susurro en su oído mientras disfruto la manera en la
que mis pezones se endurecen contra la tela de su camisa.
Me excita el hecho de estar desnuda frente a él, vulnerable,
y que aun así sienta que soy quién tiene el poder entre
nosotros, lo cual hace esto completamente diferente a
cualquier experiencia previa.

─Me gustaría que bebiéramos champagne así. Todavía no


quiero que te desvistas. ¿Tienes alguna objeción a ello? ─Él
niega. Tomándolo de la mano, lo llevo a mi cama y hago que
se acueste en ella. Renunciando a los vasos, me siento a
horcajadas en su regazo, lo que me permite sentir su
erección por debajo del pantalón, y apunto el pico de la
botella hacia su boca─. Abre.

Weston me obedece y traga el chorrito de champagne que


dejo caer entre sus labios. Cada vez que bebe uno lo dejo
quitarse una prenda de ropa mientras yo llevo mis labios al
pico y lo imito, apreciando su figura masculina como si fuera
una obra de arte o fuera mi puta de esta noche. Para
cuando ambos estamos completamente desnudos, también
estamos algo ebrios. Me río en voz alta cuando finalmente
pierde el control y se abalanza sobre mis labios. Ignoramos
el chocolate para untar en la mesita de noche. Justo en el
momento en el que empiezo a escuchar los familiares
gemidos de Pauline, Weston toma un condón y entra en mí
con fuerza. Aunque quisiera, que no quiero, no puedo evitar
no gritar debido a que su pene no es precisamente pequeño
y llevo algunas semanas sin sexo. Estoy mojada, pero
todavía duele.

─Creo que estoy perdiendo la cabeza ─gruñe en mi oído


cuando rodeo su cintura con mis piernas, sudor corriendo
por su frente─. Me haces perder la cabeza, Savannah. Eres
una chica tan mala. ─Cuando dice eso, finalmente lo
entiendo. El por qué es tan diferente con él. Weston tiene
algo que me hace sentir como si yo fuera quién lo
ensuciara, no al revés. No como me sucede con Tanner─.
Mierda, eres tan mala que el novio de tu mejor amiga
claramente se muere por ti. ¿Esa actitud territorial? ¿Su
obsesión por hacerme quedar mal? ─Niega mientras golpea
más profundamente dentro de mí, sus ojos verdes viéndose
salvajes y molestos, pero tan excitados─. El idiota te quiere,
Sav, pero no te tendrá porque he decidido no dejarte ir.
Tendrá que conformarse con ella aunque lo desgarre por
dentro que no seas suya.

Bueno, eso fue sexy.

Tan sexy, exactamente lo que mis oídos querían oír, que me


vengo sobre su pene arqueando la espalda y gimiendo sin
control. Weston, a quién he empujado hacia sus límites
desde esta mañana en el yate, alarga mi orgasmo tanto
como puede entes de seguirme y darse la vuelta conmigo
sobre su pecho. Aunque sus ojos se cierran, como si no
pudiera resistir mucho tiempo más despierto, sus dedos
trazan circulitos sobre la piel de mi espalda.

─West... ─susurro.

Aunque sus palabras me hicieron acabar, son tan parecidas


a la verdad, solo que esta ocurre desde otro punto de vista,
que no puedo evitar sentirme ahogada y expuesta.
Vulnerable. Nadie sabe lo que significa Tanner para mí. No
mis padres. No mis amigos en casa. No Pauline. Ni siquiera
el mismísimo Tanner Reed, aunque tengo la sospecha de
que se hace una idea de ello.

─Estaba hablando en serio ─murmura sobre mi cabeza,


cortándome y ocasionando que me incorpore un poco para
mirarlo hablar con los ojos cerrados, viéndose como un
ángel enojado y decidido─. Él no te tendrá. Me aseguraré de
ello. A la mierda la distancia, creo que es hora de que pase
un tiempo con mi madre.

Sin saber qué responder, me inclino sobre sus labios.


Claramente está ebrio y confundido por el sexo. Mañana ni
siquiera recordará lo que dijo y si lo hace probablemente
sienta vergüenza de ello, obviándolo como yo lo haré. Tras
asegurarme de que duerme, lo retiro de mí y lo cubro con
mis sábanas antes de tomar el chocolate para untar y
dirigirme hacia la playa con una de ellas rodeando mi
desnudez. Al igual que los nuestros, los ruidos de Tanner y
Pauline mientras tenían sexo se han detenido. Aun así abro
una de las puertas corredizas de mi habitación para
dirigirme a la playa en lugar de pasar por la casa. No quiero
encontrarme con ninguno de ellos en este momento.
Además de estar asustada por lo cerca que Weston, un
desconocido, ha llegado a mi sucio secreto, una parte de mí
también se siente aliviada.

Quizás ya no estoy completamente sola.

Me siento en un montículo de piedra frente a la playa y


meto mi dedo en el frasco de Nutella, apreciando el sabor
cuando lleno mi boca de ella y trago. Es de noche y la playa
está completamente oscura, pero aun así puedo ver cómo
las olas llegan a la orilla debido a la luz que emite la luna y
las farolas alrededor de la casa.
Tiemblo cuando de repente estas se apagan.

Me pongo rápidamente de pie, lista para correr al interior,


pero antes de que pueda dar un solo paso de regreso a mi
habitación soy rodeada por un par de largos y tonificados
brazos. Además del aroma a sal marina, percibo el suyo y el
de Pauline mezclados, por lo que no empiezo a gritar y a
correr por mi vida.

El de él a jabón y colonia cítrica, el de ella a vainilla.

─Escúchame bien ─gruñe en mi oído, inclinándose sobre mí


y acercándome con sus manos para que sus labios puedan
pegarse aún más a mi sensible piel─. Amo a Pauline. Quiero
un futuro con Pauline. Ella es mi jodido mundo. Tú no eres
nada para mí. ─Me estremezco. Apenas puedo contener el
nudo en mi garganta. A pesar de que no puede verme, su
pulgar rápidamente encuentra mi labio inferior y tira de él
hacia abajo. Todavía tengo chocolate en mi boca, por lo que
su dedo se ensucia─. Ni siquiera pienso que seas una buena
amiga, así que encuentra una buena excusa para irte de su
habitación apenas regresemos y deja de perder tu maldita
dignidad. Eres hermosa, sí. Eres inteligente, sí. Eres
malditamente creativa, mierda, sí. Todos en el campus te
desean, ¿por qué tienes que ir tras el único que no lo hace?
─A pesar de que está siendo cruel, no puedo evitar darle la
razón. Las lágrimas se empiezan a deslizar por mis mejillas.
Tanner las roza con sus dedos, por lo que a pesar de que no
puede verme, sabe que estoy llorando. Aun así no modifica
el tono de su voz─. Eres perfecta, Savannah Campbell, pero
no eres la chica que quiero para mí. En realidad, eres todo lo
que no quiero y de lo que estoy cansado, así que ni siquiera
te esfuerces en intentar joder mi relación porque aunque
cometa el error de sucumbir a esta mierda que me lanzas
cada vez que estamos cerca, jamás dejaré a Pauline por ti.
Tras hablar, se desliza lejos de mí y regresa al interior.

A los minutos la luz vuelve.

Deseando que no lohubiera hecho, pues cuando estaban


apagadas, sumiéndome en la oscuridad, mesentía en casa,
permito que el viento deslice la sábana blanca sobre
mishombros y dejo caer el frasco de chocolate a mis pies
antes de avanzar hacia elagua y buscar consuelo entre las
olas. Un camuflaje para el agua salada quecontinúa
deslizándose por mi rostro.

Holaaa, espero que les haya gustado el capítulo

¿Tanner Vs. Weston?

¿Creen que haya estado celoso?

¿Parte favorita?

Dedicación a: 1DPlsMarryMe

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Love u
Capítulo 6:

Capítulo 6:
20.9K 3K 2.3K
por OscaryArroyo
 
Vivo en un bonito edificio en el centro de Austin. Mi
departamento es tipo estudio. No hay divisiones entre la
cocina, la sala y mi habitación. No me quejo. La decoración
del interior es moderna y femenina. Muebles de cuero
blanco. Piso de madera clara. Plantas y adornos por todos
lados. Logré instalar una tina en el baño antes de mudarme.
La luz entra por los amplios ventanales cubriendo todas las
paredes, los cuales podrían resultar intimidantes si no
tuviera un sistema de persianas. Mi escritorio se halla de
espaldas a ellos para que pueda disfrutar de la claridad
mientras trabajo. No tengo ninguna cita pautada para hoy
en la oficina, por lo que decido pasar el día en casa
dibujando. Tras levantarme, apagar las velas y darme una
rápida ducha tibia, entro en una camiseta ancha que a
veces uso para andar en casa. Me preparo el desayuno, un
tazón de cereal de Oreos y leche, con el cabello mojado.
Antes de acercarme a mis planos, enciendo mi estéreo.
Mientras organizo mis materiales, tatareo Without Me de
Halsey e inevitablemente mi mente piensa en Tanner Reed.

Me gustaría ser más fuerte para hacer sentir a Halsey


orgullosa.

Me gustaría haber podido romper los lazos con Pauline y con


él en algún punto de los pasados cinco años, pero siempre
que lo intentaba terminaba en desastre. Llegó un punto en
el que simplemente dejé de hacerlo. También están esos
pensamientos. Sé que me hacen quedar como una
amargada envidiosa, pero nunca he podido parar de oír una
voz en mi mente diciéndome que yo lo podría hacer mejor.

Que nosotros nos podríamos ver mejor.

Que, finalmente, él se dará cuenta.

Después de que se graduó de la universidad, dándome


espacio para respirar, lo que sentía se volvió más que todo
platónico. No dejé de vivir y de obtener nuevas experiencias
debido a él, pero mis sentimientos realmente nunca se
adaptaron a nadie más. Se suponía que se mudarían a un
rancho en el campo una vez Pauline saliera, pero al final
decidieron quedarse en Austin por los negocios y socios de
Tanner. Yo no los perseguí. En realidad estaba aliviada de no
verlos nunca más. El problema fue que me dijeron que
vivirían aquí demasiado tarde. Para entonces ya yo había
invertido todos mis ahorros en conseguir mi oficina,
registrar mi propia empresa de diseño, obtenido los
permisos y tomado un préstamo de mis padres para
comprar mi estudio. No podía simplemente enviarlo todo a
la basura por un corazón roto.

Mi carrera es lo único que lo opaca.

Y aunque he tratado de mantener la distancia, Pauline no


parece captar el mensaje, necesitándome constantemente
para ayudarla a tomar decisiones. Preparar su boda.
Construir su casa. Elegir sus sábanas. Lo que me gusta de
ella es lo transparente que es, todo lo contrario a mí,
deseando a su esposo mientras diseño su hogar, pero es
muy básica e ingenua para su propio bien.

Me pregunto si eso es lo que lo alejó.


Cómo me sentiría de descubrir que ahora no debo sentir
envidia de ella, sino de una cualquiera que arañó su
espalda. Si está bien sentirme traicionada por eso. Hago
una mueca mientras termino los detalles de la cocina de su
ático. Ya que quiero aprovechar la claridad que entra en
este al máximo, decidí que el piso sería completamente
blanco, de mármol, si es posible, pero los muebles negros,
como él, y caoba. Algo con aire a un club de esgrima de
caballeros y una suite presidencial en un lujoso hotel.
Contará con electrodomésticos de alta gama, pero también
quiero poner un par de elementos antiguos en ella. Un
horno de pan. Un extractor de humo de acero inoxidable.
Como es un bebedor, un refrigerador especial para botellas
y una extensa copera.

Me siento satisfecha con el resultado.

Masculino, pero a la vez cálido.

Como no poder decidirte entre su brillante sonrisa, la cual te


hace pensar que es demasiado bonita para ser real, y su
mirada intensa y arrogante. Incluso desagradable. Como un
chico, un hombre, con un exterior hermoso, pero un interior
que deja ver en su mirada, la cual te advierte que no es tan
agradable como parece. Ya que he avanzado bastante con
su proyecto en muy poco tiempo, lo dejo de lado e intento
concentrarme en completar los demás, pero mi mente
instantáneamente vuelve a su ático cuando presiono mi
lápiz sobre el papel. No puedo decirle que no a la
inspiración, eso sería sacrilegio, así que termino con los
bocetos del primer piso alrededor de las ocho de la noche,
estableciendo un nuevo record.

Es martes, pero aun así tengo una invitación a la


inauguración de un club que ayudé a decorar. No hice gran
cosa en él. Solo me ocupé de la barra y de encontrar el
equilibrio entre ella, los deseos del dueño de hacerla clásica,
y el resto, moderno y tecnológico. Una vez termino de poner
todo en orden, le envío un mensaje a Tanner diciéndole que
me gustaría que nos reuniéramos para revisar lo que llevo y
reviso el resto de mi bandeja de entrada. Sonrío al ver un
mensaje perdido de Malcolm avisándome que los Kings
tienen partido hoy. Verlo jugar siempre me hace sentir
mejor, a veces un poco caliente, lo que no sé si es por él o
por cómo me hace recordar cómo lucía su hermano en la
cancha porque los dos siempre han jugado en las mismas
posiciones.

Con el televisor a todo volumen, espero al menos ver el


inicio mientras me alisto. Sonrío al escuchar a los
comentaristas alabar al quarterback del Houston Texans, la
franquicia más joven de la NFL, y su buen pase. Si la
temporada continúa como va, Malcolm patrocinará el primer
touchdown durante los cinco minutos iniciales. Están
jugando en la AFC Sur contra los Jacksonville Jaguars. Por
primera vez desde su creación, los Kings podrían ir al Super
Bowl. No termino de cerrar mi vestido hasta que lo veo
realizar una anotación de siete puntos. No soy una chica de
fútbol, pero crecí en un país de fútbol y, como si eso no
fuera suficiente, en un estado del fútbol.

No puedo evitar saltar, emocionada por Malcolm.

Tras su jugada, llamo a mi madre y le pido el favor de enviar


un gran ramo de rosas al estadio Reliant. Mis padres deben
estar viendo el partido también, puesto que escucho
demasiado ruido de fondo, pero aun así me dice que llamará
a su asistente para que se ocupe de ello sabiendo que son
para Malcolm Reed. Debido al volumen de mi televisor y al
que se encuentra del otro lado de la línea, apenas puedo
escucharla, pero ninguna de las dos se aleja de la
interferencia debido a la emoción. Me echo un vistazo
rápido en el espejo, comprobando que no haya manchado
mi vestido plateado al maquillarme, antes de darle un
último a Malcolm, deseándole toda la suerte, y tomar mi
bolso para salir de casa. Me paralizo bajo el umbral a ver a
Tanner de cuclillas frente a mi puerta, un cigarrillo en sus
labios mientras libera el humo. Está utilizando un abrigo
negro y su característico conjunto de camisa y pantalones
de lino oscuros debajo, sus nudillos rojos. Evidentemente
lastimado. Mi frente se arruga. Ya no somos niños. No puedo
imaginar que se haya metido en una pelea o algo. El
volumen con el que escuchaba el partido explica por qué no
lo oí llamar a la puerta o tocar el timbre cuando llegó. Lo
que no logro entender es por qué no se fue al no recibir una
respuesta.

¿Pretendía esperar que el partido terminara?

─¿Estás bien?

No se levanta mientras niega.

─¿Te convertiste en una fan antes o después de conocer a


mi hermano? ─pregunta con la mirada aún clavada en el
suelo, por lo que solamente puedo obtener un vistazo de su
perfil, pero nada de sus ojos debido a que su cabello negro
cae sobre ellos.

Sintiéndome incómoda, me cruzo de brazos sobre el pecho.

Ni siquiera sabía que sabía dónde vivía.

─Tanner, ¿qué haces aquí?

─Me enviaste un mensaje ─contesta con voz ronca mientras


se pone de pie, apoyándose en la pared del pasillo para no
caerse. Es entonces que veo su rostro y me doy cuenta.
Está más allá de borracho. Sus ojos enrojecidos. Su tez
pálida aún más pálida. Tampoco paso por alto la manera en
la que su ropa está sucia y arrugada. En conjunto con el
aspecto de sus nudillos y la rojez en su pómulo,
probablemente sí estuvo en problemas─. ¿Por qué dejar
para mañana lo que podemos hacer hoy? ─Hipa mientras se
acerca─. Quiero ver lo que has hecho ─susurra, arrastrando
las palabras mientras se relame los labios y entra en mi
estudio.

Yo retrocedo con la mirada clavada en la suya.

─Estaba a punto de salir.

Tanner arruga la frente al enfocarse en mi atuendo.

Traga, su nuez moviéndose y su mandíbula apretada.

─Ya veo.

─Llamaré a Pauline. ─Su rostro se arruga ante la mención de


su esposa, pero eso no me impide sacar mi teléfono y
marcar su número. Cerniéndose sobre mí, me lo arrebata
antes de que responda. Intento tomarlo de regreso, pero
solo lo aleja. Cansada y confundida, vuelvo a cruzar mis
brazos y pisoteo con impaciencia─. Tanner, debes ir a casa,
pero no puedes conducir así. Déjame llamar a Pauline o
pedir un taxi para ti, por favor.

─No. ─Eso es lo único que dice al rodearme y dirigirse a uno


de los ventanales. Mis persianas no están abajo, por lo que
podemos ver a mis vecinos de enfrente─. Estás dándole un
show gratis a todos los pervertidos de la cuadra cada vez
que te cambias, Sav.

Sav.
Aunque estoy bien con que los demás me digan así, odio
ese apodo saliendo de su boca. Me gusta como dice mi
nombre con su acento. Cómo se adueña de cada sílaba.
Savannah saliendo de sus labios me hace estremecer. Sav
es solo Sav.

─Tanner, por favor. ─Coloco una mano en su brazo, tirando


de él hacia la puerta─. Mañana podemos vernos. Tienes que
volver a casa y yo tengo un evento al cual asistir. ─Aunque
no me aleja, tampoco se mueve de su lugar─. No saldré por
diversión. Un club al que ayudé a decorar se inaugura hoy.
Tengo responsabilidades.

Lentamente, afirma y se acerca a la puerta tras devolver mi


celular. Aliviada, lo persigo mientras marco el número de
una línea de taxis que conozco hasta que habla de nuevo.

─Espero que tengan jodido buen whisky.

Me detengo abruptamente, todavía sin salir de mi estudio,


al escucharlo. Podría llevarlo, pero en el estado en el que
está a penas puede mantenerse en pie. Si bebe aunque sea
una gota más de alcohol, probablemente colapsará en el
suelo.

─No. ─Esta vez mi voz es un poco más dura─. Quiero


disfrutar de mi noche, Tanner Reed. No lo haré si tengo que
ser tu niñera.

Volviendo dentro, me mira como si fuera a discutir, pero al


último momento cierra la boca y se mete las manos en los
bolsillos.

─Bien ─responde, probablemente consciente de su estado─.


¿Cuánto tiempo te tomará? Te esperaré aquí. ─Niega cuando
hago ademán de contradecirlo─. No vayas por ahí. No
pienso volver a casa, no lo haré y no preguntes por qué.
No iba a hacerlo.

Apretando la mandíbula, no me queda más remedio que


asentir.

─No te acerques a mi escritorio.

Mi trabajo, todo por lo que me he esforzado, de verdad es


más importante para mí que Tanner Reed, por lo que no
miro hacia atrás cuando me doy la vuelta, todavía sin poder
creer que esté dejándolo en mi casa, porque de ninguna
manera me perderé el brillo en los ojos de los clientes
cuando vean el diseño de la barra.

Es lo único diferente a una casa que he hecho en un tiempo.

******

El dueño del club, un hombre apuesto y soltero, me invita


varias veces a tomar una copa a lo largo de la noche, pero
no hago más que aceptar un par de tragos y mantener una
rápida charla con él en la que acepto decorar un bar
deportivo en Travis Country que planea abrir este año, antes
de levantarme y regresar a casa. Son alrededor de las dos
de la mañana para entonces. Mientras conduzco, una parte
de mí espera que Tanner se haya dado por vencido y esté
dormido. Otra quiere hacer un par de preguntas. Me muero
por saber qué lo hizo arrastrarse al alcohol esta noche. Qué
lo hizo meterse en una pelea como un adolescente con el
corazón roto. Qué lo llevo a ir por mí tras Pauline, quién
estoy segura de que no tiene ni idea sobre el ático de tres
punto cuatro millones de dólares que compró para
esconderse de ella.

─Dios ─susurro al entrar en mi hogar y ver dos botellas


vacías de mi vino favorito, Van Allen, una importación de
Inglaterra bastante exclusiva que solo puedo obtener a
través de mis padres, sobre la encimera de madera de la
cocina─. ¿Tanner?

No hay muchos lugares donde esconderse en mi estudio,


por lo que rápidamente mis ojos van a la luz que sale por
debajo de la puerta del baño. Presiono mi mano en la manija
mientras toco, preocupación deslizándose por mi columna
vertebral al escuchar sus arcadas. Debatiéndome entre
darle privacidad mientras arreglo el desastre en la cocina y
entrar a echarle una mano, el sonido de un cuerpo
desplomándose contra el suelo toma la decisión por mí.
Abro y no puedo evitar que mi pecho se oprima cuando lo
veo acostado sobre las baldosas, nada cubriendo la parte
superior de su cuerpo, mientras se estremece en un triste
llanto silencioso. Me quito los zapatos antes de tomar una
toalla, humedecerla y arrodillarme junto a él mientras la
presiono contra su frente, eliminando el sudor que se
encuentra sobre esta.

Aunque no debería, me siento mal por haberlo dejado.

─¿Qué está mal contigo? ─pregunto con suavidad.

Tanner Reed se ve tan roto.

Tan derrotado y débil que ni siquiera le echo un vistazo a su


definido abdomen, limitando mi atención a su rostro de
expresión descompuesta y a los moratones en su pecho que
me indican que no es la primera vez que se mete en
problemas. Quiero sacudirlo por eso. Por permitir que lo que
sea que está sintiendo lo destruya cuando yo encontré la
manera de vivir con ello. Pero también quiero consolarlo. Lo
quiero tanto que por un momento dudo que sea capaz de
llevar a cabo mi plan, cediendo antes que él lo haga.

─Yo la amaba tanto ─dice mientras muerde su labio inferior


hasta hacerlo sangrar, las lágrimas deslizándose por sus
mejillas. Las limpio con la parte seca de la toalla. Me
detengo cuando rodea mi muñeca con sus manos, enviando
calor a través de mi piel. Su respiración es forzada y
entrecortada─. Tú lo sabes, Savannah, más que nadie en el
maldito universo. Sabes cuán bueno fui para ella a pesar de
que no es como soy realmente. Cómo la protegí de mí para
hacerla feliz.

Afirmo mientras echo su cabello oscuro hacia atrás,


fascinada con la manera en la que se desliza entre mis
dedos como la seda.

─Lo sé ─susurro, respondiendo al ruego en sus ojos y


sintiéndome asfixiada por el hecho de estar obteniendo la
cercanía de él que he ansiado por tanto tiempo, pero en una
forma totalmente equivocada─. ¿Qué pasó entre ustedes,
Tanner? ¿Por qué estás así? ¿Por qué te metes en peleas,
bebes, vuelves a fumar y engañas a Pauline?

Quizás fue mi error.

Quizás hice demasiadas preguntas al mismo tiempo.

Tanner separa los labios para responder, pero una arcada


vuelve a sacudir su cuerpo y se incorpora rápidamente para
guiar su cabeza al inodoro. Acaricio su espalda, lo que no
parece molestarlo, mientras vomita dos botellas de mi vino
favorito. Me acerco a la bañera cuando parece haber
terminado. La dejo llenarse mientras pongo a trabajar la
cafetera para ambos. Tanner continúa en el cuarto de baño
cuando regreso. Me sonrojo cuando una sonrisa arrogante,
aún en su estado, se adueña de sus labios al sentir mis
dedos en la hebilla de su cinturón de cuero.

─Un baño te hará sentir mejor ─me explico─. Sé cuánto


odias la suciedad.
Aunque afirma, una mueca se adueña de su boca.

─Espero que no te decepciones después de cinco años.

Esta es la primera vez que lo menciona en voz alta desde


entonces. 

Mi sonrojo se esparce por el resto de mi cuerpo.

─Lo dudo ─respondo mientras bajo sus pantalones y ropa


interior y lo ayudo a incorporarse, esta vez siéndome más
difícil obviar el hecho de que está triste y vulnerable debido
a que no solo me está tocando, sino que todo su cuerpo
está gloriosamente desnudo contra mí. Contengo un sonido
ahogado cuando su pene, el cual me esfuerzo por no ver,
roza mi mano. El alivio recorre mi cuerpo cuando entra en el
agua y puedo apartarme. Solo por costumbre, sin pensar
realmente en ello, dejo caer esencias de menta y aloe vera
en el agua. También enciendo algunos inciensos. Soy una
fanática de ese pasillo que nadie recorre en el
supermercado─. Estaré en la cocina. Grita si necesitas algo.

Tras obtener un asentimiento de su parte, la parte posterior


de su cabeza presionada contra los azulejos tras él, me
cambio rápidamente por un pijama de pantalones cortos
bajo una bata de seda negra y termino de preparar nuestras
dos tazas de chocolate caliente usando un compartimiento
especial de mi cafetera, la cual compré solo por eso.
Aunque tengo café en mi despensa, no soy fanática de él.
Tanner Reed sí lo es, pero tengo el presentimiento de que lo
menos que quiere hacer es mantenerse despierto. Me apoyo
contra la lavadora, dónde meto su ropa antes de regresar al
baño, para darme una pausa y asimilar todo este desastre.

Una vez me recupero de ello, tomo las dos tazas hirvientes


y regreso al baño, dónde lo encuentro de la misma manera
en la que estaba cuando me fui, con la cabeza apoyada en
la pared tras él y los ojos cerrados, pero con el cabello
empapado. 

─¿Estás listo para salir?

Él niega.

─Pasé de estar en el infierno al spa, otro tipo de infierno.


─Ladea la cabeza y abre los ojos para mirarme, algo más
lúcido, pero probablemente aún perdido─. Gracias.

Sintiendo el rubor nuevamente adueñarse de mi rostro, el


cual no sé si es producto de su cercanía o de la vergüenza
que me produce no haberlo echado de mi casa apenas lo vi,
me siento junto a la bañera y le tiendo su taza de chocolate
caliente.

─No te preocupes. ─Aunque su frente se arruga, medio nada


hasta estar junto a mí y acepta la taza de porcelana de un
juego que me regalaron mis padres cuando me mudé─. Te lo
cobraré de alguna manera. Todo en la vida se cobra...
─Desciendo mi mirada a mis piernas─. Y se paga. ─Alzando
la barbilla para verlo observarme mientras sopla, decido
aligerar su culpa. No está usando su anillo de casado, por lo
que esto no es solo una tonta pelea entre ellos. Tanner
nunca se lo quitaría─. Además, ahora tengo un cupón. Serás
la primera persona a la que llame cuando esté ebria, Tanner
Reed.

Me sorprende sonriendo y moviendo la cabeza


afirmativamente.

─Suficientemente justo. ─Su mirada se dirige a los inciensos


sobre él─. ¿Por qué siento que estás obsesionada con los
aromas?

Suelto una risita tras tomar un trago de chocolate.


─¿Piensas que es raro?

Niega.

─No, es... lindo.

Trago sonoramente.

Tampoco pensé que se habría dado cuenta de ello.

─Gracias, supongo, pero no pensarás eso cuando sepas por


qué.

─¿Por qué?

─Porque no puedo oler.

Alza las cejas, su mirada confundida suavizándose tras unos


segundos.

─¿Entonces qué sentido tiene gastar un tercio del dinero


que ganas en un sentido que no puedes disfrutar?

─Puedo oler, pero no puedo oler como la demás personas


─me corrijo─. A menos que se trate de un aroma fuerte o
que esté lo suficientemente cerca, no puedo olerlo. Por eso
me gustan los productos aromáticos. Puedo acercar mi nariz
o simplemente hacer que sean demasiado intensos a mí
alrededor.

Tanner ríe, exactamente lo que sabía que haría.

Mientras las personas se ríen de chistes, él lo hace de las


desgracias ajenas. Tiene un sentido del humor oscuro,
retorcido y sarcástico, pero eso tampoco significa que se
burle de enfermos y de animales muertos . Solo es más
difícil hacerlo reír.
─Todo el tiempo pensé que tenías una vena satánica y por
eso dormías rodeada de velas, soñando como un ángel
mientras invocabas al demonio. ─Mi falta de olfato no es el
motivo por el cual lo hago, pero no lo contradigo porque no
estoy dispuesta a compartir esa historia con él─. Esa
explicación era más atractiva, Savannah. Incluso lo habría
sido más saber que provienes de una familia gitana o hippie
y odio a los gitanos y a los hippies.

Pongo los ojos en blanco.

─Pauline es algo gitana y hippie.

Es cierto y ambos lo sabemos, por lo que no lo niega.


Tampoco se molesta a pesar de la manera en la que sus ojos
se endurecen.

─Sí, bueno, esa fue una señal que pasé por alto.

Se extiende, acercándose más a mí, para tomar la toalla


limpia que dejé sobre la tapa del retrete para él. Tomándolo
como una señal, tomo nuestras tazas vacías y me escabullo
a la cocina. Las dejo ahí y me dirijo a mi guardarropa en
busca de algo para Tanner, pero no consigo nada a pesar de
que pensé que tenía la camiseta de un chico que dejó aquí
después de una noche loca. Empiezo a buscar en cada cajón
de manera exhaustiva, puesto que estoy segura de haberla
visto esta semana en algún sitio.

Ella estaba aquí.

La conseguí el día que les entregué las llaves de su casa.

Soltando un suspiro, me doy la vuelta, dándome cuenta de


que no debí haberme preocupado por la ropa. Tanner está
en mi cama. Boca arriba. Desnudo. Sus párpados pesados,
su expresión atormentada, pero a la vez en calma, y su
respiración suave. Su piel clara, como la de un fantasma, y
el edredón blanco debajo de él están a juego, pero cada
línea cincelada de su cuerpo contrasta con el vello oscuro
debajo de su ombligo. Mi respiración se atasca cuando me
enfoco en el hermoso juguete entre sus piernas. Antes de
que pueda hacer algo estúpido, como continuar mirándolo,
lo cubro con una manta. Lo que sí no puedo hacer es evitar
acariciar su mejilla mientras duerme.

Aun así, me acurruco en el extremo más alejado de él


sabiendo que ya no soy la persona más demente que
conozco.

Lo es Pauline por romper su corazón.

¿Lo oyen?

Sí, yo también. Ese es el sonido que hace su corazón


(quizás no el de todas, pero eventualmente el de
todas) cuando se ablanda 

Capítulo dedicado a: _15_gtp

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Nos vemos pronto

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Capítulo 7:

Capítulo 7:
20.2K 3K 3.3K
por OscaryArroyo
 

Dedicado a philarika

Aunque el plan era irnos en la noche, por obvias razones


que solo Tanner y yo sabemos, las cuales no tienen nada
que ver con el malestar estomacal que Pauline y Weston
creen que tengo, empacamos nuestras cosas y las
guardamos en la cajuela de mi auto después del desayuno.
Weston, quién no se tomó muy bien la noticia, puesto que
arruinó sus planes de otro día de yate, me abraza por casi
un minuto antes de dejarme entrar en mi Mercedes.

─Ten cuidado ─susurra tocando mi nariz─. Llámame al llegar.

Mis labios se curvan cuando presiona los suyos contra los


míos.

─Lo haré.

Deslizándome fuera de su agarre, ocupo el asiento piloto,


Pauline a mi lado. Me despido una vez más de West con la
mano, dejándolo de pie junto a su camioneta en la entrada
de mi casa, antes de acelerar por el camino rural que
conduce a la carretera. A los segundos me sigue, pero
nuestros caminos se separan cuando tomo la vía que va a
San Antonio y él se dirige a Corpus Christi. Aunque me
prometió que nos veríamos de nuevo, no estoy segura sobre
ello. Lo único que quiero hacer en este momento es poner
mi vida nuevamente en orden. Alejarme de las dos personas
más cercanas física y emocionalmente a mí en este
momento.

─Creo que a West le gustas mucho, Savannah ─dice Pauline


cuando Tanner decide ignorarnos colocando un par de
audífonos en sus orejas─. ¿A ti te gusta? Parece que la
pasaron bien.

Mi agarre se desliza a la parte inferior del volante mientras


encuentro las palabras para responderle. La manera de
decirle que nadie me llama la atención porque estoy
enamorada de su novio. Su novio el que ya me ha dejado
claro que no quiere nada de mí y que, de quererlo, nunca la
dejaría por eso.

─No estoy buscando nada serio en este momento. Estoy...

─Enfocada en tu carrera. Lo sé. ─Sus ojos marrones se


vuelven pequeños cuando sonríe. Está usando jeans y una
blusa naranja. Su encanto es todo sobre la linda chica de al
lado─. Pero West se ve como un buen chico, Savannah, y
aunque él no vaya a ser el amor de tu vida... creo que
deberías dejar de lado tu miedo a abrir tu corazón. ¿Cómo
sabes que alguien es el amor de tu vida si no dejas que
conozcan la grandiosa chica que eres? Sav, no solo eres
bonita. Eres muy inteligente y, en el fondo, amable.
Creativa. ¿A qué chico no le gustaría estar con alguien como
tú?

A tu novio.

Tomo una honda bocanada de aire, mis dedos apretando el


volante con más fuerza, mientras hago hasta lo imposible
por concentrarme en la carretera frente a nosotros.
─Cuando ves al amor de tu vida... lo sabes, Pauline ─susurro
luego de unos minutos de tenso silencio en el que lo único
que escuchamos es el bajo sonido de la radio─. Haces y
aceptas cosas que nunca pensarías que están bien porque
sabes que él lo vale. No importa si esa persona no se sienta
de la misma manera. Es la emoción de poner en riesgo todo
lo que eres sin saber cuál será el resultado. La adrenalina de
no saber si pierdes o ganas. ─Lucho por no echarle un
vistazo al retrovisor para saber si nos está oyendo. Me
fuerzo a recordar las palabras de Tanner para no hacerlo─.
Cuando sucumba al deseo de ponerme en esa posición, será
porque me resulta imposible ignorar a mi sentido de la
intuición gritándome que vale la pena correr el riesgo. No sé
si eso es amor, quizás no lo sea, pero suena mucho más
emocionante para mí que vivir una vida siguiendo un
libreto. No quiero amar a una persona, quiero amar sus
defectos para que esta nunca tenga que cambiar debido a
ellos. Quiero que alguien ame los míos y eso nunca
sucederá si me conocen como la Savannah que describes.

Tras mi respuesta, Pauline se queda en silencio.

Apoya su barbilla en la ventana mientras observa los


árboles que dejamos atrás. Pensando que nuestra
conversación ha llegado hasta aquí, me inclino para subir el
volumen de la música, pero su suave voz me detiene.
Cuando me mira, lo hace con confusión y tristeza. Entiendo
la primera, pero la segunda no.

─Tienes razón, Savannah ─dice─. Eso no es amor.

Lo acepto.

─Podría no serlo.

Sus labios con forma de corazón forman una sonrisa


alentadora.
─Pero si es lo que necesitas para ser feliz, espero que lo
consigas. Lo único malo de ello es que ese tipo de
emociones, según mi Iglesia, no duran para siempre. Mi
pastor solía poner las montañas rusas como ejemplo. ─Al
pensar en su Iglesia, la curvatura de sus labios se hace más
amplia─. Tienen ascensos y descensos. El estar de cabeza
hace el viaje más emocionante, las cosquillas en el
estómago, las  ganas de vomitar, pero eventualmente
añorarás ir en línea recta. Segura. Protegida. ─Se gira para
ver a su novio, calidez en sus ojos─. Amada.

Aunque no estoy de acuerdo al cien por cien con su idea,


afirmo.

─Es un buen ejemplo.

Quizás no lo comparto porque no quiero algo que dure para


siempre. Quizás porque quiero algo que a pesar de que no
sepa si durará para siempre, sea digno de ser recordado
después de que hayamos terminado. 

Un antes y un después para ambos.

*****

El lunes a primera hora falto a una de mis clases para


dirigirme a la oficina administrativa que maneja la
distribución de los dormitorios en el campus. Aguardo mi
turno en la modesta y limpia sala de espera junto a otros
estudiantes, alegrándome de no ser la única aquí, puesto
que eso podría significar intercambiar con alguna de las
chicas que están presentes. Al inscribirme adelanté el pago
de la habitación por los primeros tres semestres, por lo que
simplemente no puedo mudarme a un departamento fuera
del parque universitario, otra alternativa a la vida de
estudiante. Significaría retirar más dinero de mi fondo o
pedirle a mis padres, ambas malas opciones cuando mis
razones son tan tontas. Mi madre no volvería a hablarme si
supiera que es por un chico.

Por suerte para mí, la señora Brown, una mujer de color


encargada de la administración de las viviendas de la
Universidad de Austin, no luce en lo absoluto molesta con
mi solicitud de cambio. Extrañaré a Pauline, lo cómoda que
me sentía en mi nuevo hogar, pero no lo haré más de lo que
extraño mi paz mental.

─Si te asigno una nueva compañera hoy, ¿qué tan rápido


podrías mudarte? ─pregunta mientras se retira las gafas de
los ojos, mirándome con cansancio y una sonrisa aliviada─.
Tengo una plaza libre en otro edificio, con las mismas
comodidades que el tuyo, listo para que te mudes. Las
chicas no congeniaron, así que la que podría ser tu nueva
compañera está buscando a alguien.

─Hoy mismo.

Su sonrisa crece mientras me entrega las llaves. Cuando


alzo mi mano para tomarlas, sin embargo, algo de culpa se
asoma en sus ojos marrones mientras las aleja, viéndose
forzada a hablar.

─Savannah, debo advertirte que esta chica es problemática.

Mi sonrisa se deshace ante la idea de una persona


desordenada y desagradable, pero la vuelvo a poner en su
lugar al recordar por qué me estoy yendo. Pauline no es
desordenada o desagradable, lo cual no significa que
convivir con ella me esté haciendo bien. Supongo que
prefiero vivir rodeada de la basura de alguien más que
forzada a ver como besa a Tanner frente a mí. Además, si no
me alejo, nunca lo superaré. Este es un sacrificio necesario.
─Lo sabré manejar, señora Brown ─le prometo mientras
tomo las llaves, dedicándome después a firmar mi solicitud
de cambio y a tomar el papel que me ofrece con la dirección
de mi nueva habitación, la cual no es tan buena como pensé
que sería.

Está lejos de Pauline, sí, pero más cerca del campo de


fútbol.

*****

─Sav, ¿esto es realmente necesario? ─pregunta Pauline


mientras me mira empacar mis cosas─. ¿Hice algo mal?

Dejo de doblar mi ropa, la cual apilo en una caja, para


mirarla. Está usando su bata de laboratorio sobre un par de
pantalones cortos y un suéter marrón. Llegó hablando de
cuán divertida fue la jornada anti garrapatas del campus,
sus palabras muriendo en la punta de su lengua cuando me
descubrió haciendo mudanza.

─No, no se trata de ti. ─Suspiro mientras me dirijo al sitio en


el que está. Cuando me sitúo frente a ella, coloco mis
manos en sus hombros─. Se trata de mí. Necesito espacio.
Eres agradable y tu nueva compañera será feliz de tenerte,
pero necesito un lugar que solo sea para mí. ─Esa es mi
excusa ante ella para mi partida─. Aunque no vivamos
juntas, seguiremos siendo amigas, Pauline.

Tristemente, afirma mientras arrastra sus pies hacia mi


cama y me ayuda a terminar de meter mi ropa en una de
las tres cajas de cartón sobre esta, lo único que me falta
para irme. Ya todas mis otras cosas, adornos y muebles,
están en la maletera y el asiento trasero de mi auto. Esto es
lo único que queda de mí aquí. Estamos a medio semestre,
pero siento como si hubiera vivido una eternidad entre estas
paredes. Mientras me ocupo de un vestido, su voz
nuevamente llena mis oídos.

─¿Es por Tanner, Sav?

Me congelo, la tela deslizándose de mis dedos mientras alzo


la mirada para verla. Mi frente se arruga cuando me
recompongo.

─¿Por Tanner? ─Ella afirma─. ¿Qué quieres decir?

Sus mejillas se sonrojan.

─Por todo el tiempo que pasamos juntos aquí. Nunca he


llegado a considerar que pudiera molestarte, pero ahora
que lo pienso... Dios, él prácticamente vive aquí. Se supone
que este es nuestro sitio. Yo también estaría molesta de ser
tú. No te he respetado. ─Sus ojos se llenan de lágrimas─. Lo
siento, Savannah. Debí haberme dado cuenta. Por favor, no
te vayas. No quiero tener que compartir mi espacio con una
completa extraña. Lo solucionaré. Le diré a Tanner que no
venga tanto y, de todas maneras, está cerca de terminar. Ya
no tendrá por qué estar aquí.

─Pauline... ─susurro─. No hay nada que solucionar. Así no


tuvieras novio, querría estar sola para dibujar. No se trata
de ti. Compartir habitación fue un error. Como artista, ansío
espacio. Seguiremos viéndonos. ─La abrazo cuando se
acerca y me rodea con sus brazos, sintiéndome mal por no
sentirme tan mal como debería por esto─. Lo prometo. Eres
la única amiga que he tenido que secretamente no me odia.

Eso es cierto. En la secundaria fui parte de las chicas


populares. Las personas querían estar conmigo por lo que
representaba, no por lo que era, y estaba acostumbrada a
los juegos de envidia, apuñalamientos por la espalda y a la
hipocresía. Aún lo estoy. Es lo que soy. Aunque Pauline lo
haga ver posible, no sé cómo una persona puede vivir sin
sucumbir a ello. Para mí es tan esencial como respirar. Si
una bonita modelo se toma una fotografía con un nuevo
vestido o bolso que causa revuelo, lo envidias antes de
quererlo e ir por ello. Así es como funciona para mí. No
significa que sea una mala persona, pero sé que tampoco
soy la mejor.

No como ella.

Probablemente eso es a lo que se refería Tanner en la playa.

Eso es lo que nos diferencia, la esencia superficial de la que


no puedo deshacerme porque es como soy, además de
otras cosas.  Pauline, por ejemplo, me está escogiendo en
estos momentos por encima de él, algo que yo no he hecho
hasta ahora. Si me quedo, seguiría siendo mala y egoísta.
Para ellos. Para mí. Lo mejor que puedo hacer por todos en
estos momentos es finalmente escogerla y a mí misma y
establecer distancia. Mi ex compañera de dormitorio separa
los labios para replicar, pero el sonido de la puerta
abriéndose la detiene. Debido a su olor, a jabón, detergente
de ropa y loción de afeitado, sé quién es antes de que se
posicione entre nosotras, puesto que me encontraba de
espaldas a la puerta. Frunce el ceño hacia mis cajas,
actuando como si no tuviera ni idea de lo que está
sucediendo cuando él lo propició.

─¿Estás mudándote?

─Sí ─respondo con los dientes apretados mientras meto mi


vestido, la última prenda, en su lugar.

─¿Necesitas ayuda?

Alzo las cejas.


─No.

─Sí ─responde al mismo tiempo Pauline, dándole una de mis


cajas─. Es lo menos que podemos hacer por ti, Savannah, ya
que te echamos. Tanner. ─Lo mira─. Ayúdala a mudarse, por
favor. No quiero que además de tenerse que mudar por lo
mal compañera que he sido, tenga algún accidente por el
peso.

Con los ojos en blanco, observo cómo se esconde en el baño


para llorar a pesar de mi explicación. Si hubiera sabido que
su reacción sería tan exagerada, habría hecho esto más
rápido para acabar antes de que llegara. Aunque quería
evitarlo, ni siquiera mirarlo, soy forzada a hacerlo cuando
toma las tres cajas que quedan y las apila sobre sus brazos,
cargando con ellas como si no pesaran. Me enfoco en sus
ojos oscuros por encima de ellas. Está usando un sencillo
suéter negro sobre una camisa blanca y vaqueros, por lo
que no debió haber tenido entrenamiento el día de hoy.

─No tienes que hacer nada.

Su mandíbula está apretada al momento en el que habla, la


línea de su mentón tan marcada que sería muy fácil para mí
dibujarla.

─Es lo menos que podemos hacer ─se burla en voz baja,


causando que el enojo predomine en mí y me dé la vuelta
para tomar mi bolso e irme. Me detengo al escuchar los
sollozos de Pauline en el baño, pero salgo de mi antiguo
dormitorio sabiendo que es lo mejor para ambas. Tanner me
alcanza cuando llegamos al ascensor─. No podías hacer esto
sin romper su corazón, ¿no?

Pateo la puerta metálica del ascensor antes de verlo, mis


manos en los bolsillos de mi chaqueta de cuero blanco. Por
fortuna estoy usando botas con un tacón no tan alto y
grueso. De lo contrario habría dolido. Quiero gritar. De
verdad. Gritar tan alto que después me quede sin voz.
Tanner no solo se metió con mi compañera de dormitorio
luego de follarme, creando esta obsesión en mí de
obtenerlo, sino que también me obligó a renunciar a un sitio
en el que me sentía cómoda y feliz antes de que él llegara.
No es nadie para criticarme por herir los sentimientos de
Pauline por ello.

No cuando él me obligó.

Al momento en el que sus ojos se cruzan con los míos en


medio del pasillo, no tengo palabras para expresar de
manera resumida todo lo que siento hacia él, hacia este
desastre, así que suelto lo primero que se me viene a la
mente. 

Lo que me hace sentir mejor.

─Vete a la mierda.

Sus labios se entreabren, la sorpresa superando su enojo, al


escucharme. Por un segundo, antes de que su frente
arrugada reaparezca, incluso luce divertido. Ni siquiera
espero una respuesta. Entro en el ascensor cuando las
puertas metálicas de este se abren. Tanner me sigue.
Descendemos en un silencio tenso. Por fortuna también
caminamos hacia mi auto sin decir una palabra, el cual se
encuentra estacionado frente al edificio. Ya que mi asiento
trasero y mi cajuela están sin espacio, abro la puerta de mi
asiento copiloto. Él lo toma como una invitación, entrando
en él en lugar de limitarse a dejar las cajas en su lugar.

Me cruzo de brazos.

─Bájate.
Él niega, su tono nuevamente burlón.

─Si tienes un accidente durante la mudanza, Pauline llorará


por dos semanas seguidas en lugar de una. ─Gira el rostro
para mirarme, resentimiento e ira en su expresión─.
Terminemos con esto de una maldita vez, Savannah.
Mientras más rápido arranques la curita de nosotros en tu
vida, menos durará el dolor.

─La curita ya ha sido arrancada. Me voy a mudar.

Afirma, mechones de su cabello negro interponiéndose en


su frente.

─¿Eso significa que no nos odiarás cada vez que tengas que
hacer un nuevo viaje para subir tus cosas? ─pregunta, a lo
que mi resistencia titubea debido a que ya los odié
suficientes veces el día de hoy mientras las bajaba. Su
expresión usualmente dura se suaviza─. Déjame hacer esto
por ti, Savannah. De cierta forma, te mudas por mi culpa.
Considéralo mi manera de agradecerte por actuar de la
manera correcta. Después de esto ya no tenemos por qué
volver a vernos, ni tú a Pauline. 

Aunque nunca ha admitido en voz alta que estuvimos juntos


la noche que conoció a Pauline, esto es lo más parecido a
una aceptación y a una disculpa por todos los daños
ocasionados que he obtenido de su parte. Algo dentro de mí
dice que no se bajará aún si se lo ruego de rodillas, por lo
que cierro la puerta de mi auto con un suspiro derrotado. Lo
rodeo y entro en él. Aunque me muero por hacerlo, no
enciendo la radio. Estamos a solo cinco minutos de mi
nuevo hogar junto al campo de fútbol. Tanner aprieta la
mandíbula cuando lo nota, pero no dice nada al respecto.
Me sorprende. Esperaba otra acusación de acoso.
─¿Qué piso es? ─pregunta cuando entramos, ambos con las
manos llenas de tal manera que solo podría tomarnos dos
viajes llevarlo todo a mi nuevo lugar, lo que
verdaderamente me alivia.

─El último. El séptimo.

Tras escucharme, se las arregla para inclinarse y pulsar el


botón debido a que yo no puedo por estar llevando una caja
con mi nueva Mac y mis materiales de dibujo. Memoricé la
dirección, por lo que me dirijo a la puerta al final del pasillo,
cuyas ventanas seguro dan con la cancha en la que Tanner
entrena casi todos los días, y toco con mi cabeza,
prefiriendo una contusión a tenerle que pedir el favor a mi
acompañante. Un chico sin camisa me abre. Su mano está
apoyada en el marco de la puerta, por lo que los vellos
oscuros en su axila son visibles. Es delgado y tiene barba.
Sus vaqueros están holgados. Hay tatuajes cubriendo sus
hombros y pecho. Si no conociera a Tanner, sería mi
definición de chico malo.

─Hola, soy Savannah, la nueva compañera de Anahí.

Aunque sus cejas se juntan, se hace a un lado para dejarme


pasar. Anahí no está, pero sus cosas sí. Suelto el aire que
mis pulmones habían estado reteniendo, aliviada. Había
temido que la consejera se hubiese equivocado y me
hubiese mandado a dormir con un chico. Además de verse
como si el sitio necesitara una urgente limpieza, no hay
nada de lo que esperé encontrar tras la advertencia de la
señora Brown. No un laboratorio de metanfetaminas. No un
estudio de grabación porno.

─Mi nombre es Hans ─dice, ignorando a Tanner como si se


tratara de una mosca y no del capitán del equipo de fútbol,
una celebridad en el campus─. Anahí fue un momento al
supermercado. Su cama es esa. ─Señala la que no se
encuentra cerca de la ventana, lo cual es bueno. Amo la luz
natural. También me alegra ver que mi cama no luce como
si hubiera sido usada con anterioridad. Aun así cambiaré sus
sábanas. Cuando me doy la vuelta, topándome con los
oscuros ojos de Tanner y los azules de Hans, este último se
encoje de hombros con actitud despreocupada. Tanner, sin
embargo, se ve repentinamente tenso e incómodo─. Si
quieres puedo ayudarte a subir tus cosas.

Afirmo, feliz de no tener que volver a hacer otro viaje con


Tanner.

─Sí, por favor. ─Recibir la ayuda de un extraño suena como


arrancar la curita más rápido. Le sonrío─. ¿Podrías esperar a
que termine de desempacar esto primero? Estoy algo
cansada para ir por el resto en este momento  ─miento,
deseando que alguien tome la indirecta y se marche ahora
mismo de mi nueva habitación.

De mi vida.

Hans se encoje de hombros después de meterse en una


camiseta arrugada de Queens que recoge del suelo.

─Claro, nena, ¿por qué no? ─responde antes de dirigirse a


nuestro balcón techado, dónde planeo poner mi escritorio si
a Anahí no le molesta, y encender un cigarrillo.

Ignorando el picor de molestia que me produce el hecho de


que fume dentro de nuestro dormitorio, lo que está
prohibido, me concentro en Tanner. Él ha dejado mis cosas
junto al armario y ya no solo se ve tenso, sino al borde del
colapso.

─Savannah ─dice, inclinándose hacia adelante mientras


mueve su brazo hacia un lado─. Puedo hacer dos malditos
viajes para subir tu mierda. No me importa hacerlo. En serio
que no.

Ya que ya no tengo nada que perder, perdí a Pauline y a la


habitación que yo misma había decorado a mi gusto
durante semanas, opto por ser sincera. Tan sincera como no
lo he sido desde el día en el que nací, ni siquiera desde
Tanner. Me acerco a la puerta y la abro para él, reacia a
sucumbir a las ganas de llorar por lo mucho que odio estar
aquí, con Hans el raro en un dormitorio sucio y descuidado,
pero más por el hecho de que prefiera eso a seguir
aguantándolo tan cerca de mí.

─No, Tanner, ya arranqué la curita.

Y el dolor es rápido, pero intenso.

─Savannah...

Mis ojos se llenan de agua.

─Vete, por favor.

─Mierda. ─Patea la cama de Anahí, lo que capta la atención


de Hans. Él no se involucra, sin embargo, regresando su
vista al campo de fútbol─. ¿Qué fue lo que hice para que
terminaras así? ¿Qué maldito mensaje equivocado te envié?

─Ninguno, Tanner, no hiciste nada.

Y es verdad.

Todo lo hice yo.

Yo me ilusioné.

Yo no le dije a Pauline la verdad cuando debí hacerlo.


Yo me obsesioné.

─Sav. ─Su voz ahora es baja y susurrante, casi dulce─. No


debí haberte pedido que te fueras. Vuelve con Pauline. No
perteneces a este chiquero. No viviré más en campus dentro
de unos meses. No tendrás que verme. Podrán seguir siendo
amigas... o lo que sea que hayan sido antes de que yo me
interpusiera. Ni siquiera tendrás que tomar tus cosas. Haré
la maldita mudanza yo solo. Mierda, llamaré al equipo para
que me ayude y lo tengas todo listo en cinco minutos. Haré
el puto papeleo, pero regresa, por favor.

Niego.

La idea es tentadora, pero no puedo ponerme a mí misma


nuevamente en esa posición. Va más allá de ser
masoquista. Ahora que él sabe que lo quiero y hablamos
abiertamente de ello, será mucho peor de lo que era antes
estar cerca. Mordiendo mi labio y tras barrer las lágrimas de
mi rostro, le digo algo que sé que lo hará entrar en razón
también.

─Cuando te gradúes y Pauline se quede, ¿terminarás con


ella?

Al oír mi pregunta, Tanner despeina su cabello con irritación.

─¿Por qué tienes que hacerlo tan complicado?

─Responde.

Mira el piso, negando antes de enfocarme de nuevo.

─No. No lo haré. La amo.

Abro aún más la puerta para él.


─Entonces vendrás y la visitarás o nos toparemos por ahí y
no sabremos cómo explicarle que no podemos estar en la
misma habitación. Ninguno de los tres merece eso. ─Sus
hombros se hunden con derrota al escucharme. Finalmente
me rodea para regresar al pasillo─. Adiós. Gracias por
arruinar mi vida, Tanner Reed.

Sin esperar una respuesta, cierro la puerta de mi nueva


habitación. Al darme la vuelta me encuentro con la
expresión anonadada de Hans, sus cejas desordenadas y
oscuras arriba.

─Mierda, ¿cuántas veces se folla con alguien para tener ese


tipo de conversaciones? ─pregunta mientras deja caer las
cenizas en el suelo─. Dímelo para jodidamente parar antes.

Me encojo de hombros.

─A veces solo una vez.

A veces ninguna.

A veces muchas.

A estas alturas, dudo que no me hubiera gustado si lo


hubiera visto después, sino hubiera estado con él en lo
absoluto.

Hola, espero que el capítulo les haya gustado y les


haya ayudado a empezar a comprender más los
sentimientos de los personajes. No saben lo difícil
que es escribir esta historia sin tener el punto de
vista de Tanner. Es más fácil de entender cuando
estamos en la piel del personaje que llamamos idiota,
pero bueno, todo a su tiempo
¿Creen que Sav hizo lo correcto yendo a otro sitio?

Capítulo dedicado a: philarika

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oscaryarroyo
Capítulo 8:

Capítulo 8:
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por OscaryArroyo
 
A la mañana siguiente me levanto y actúo como si la noche
anterior no hubiera sucedido. Como si Tanner Reed no
siguiera desnudo en mi cama. Tras echarle un último vistazo
al anuncio de Calvin Klein que parece, boca abajo,
abrazándose a una de mis almohadas, la manta con la que
lo cubrí anoche dejando ver sus entradas y una porción de
su trasero, me sumerjo en el interior de mi armario y le
envío un mensaje a la asistente que comparto con otros
arquitectos para cancelar mis compromisos de la mañana,
puesto que debo deshacerme de él antes de salir de casa.
Selecciono un conjunto deportivo negro, un par de zapatillas
Nike del mismo color y me dirijo al baño. Me cambio y aseo,
amarrando mi cabello en una apretada coleta en la cima de
mi cabeza. Tomo una botella de agua de limón de la cocina
antes de encender algunos inciensos de canela y sentarme
en el centro de la sala, sobre una colchoneta azul, rodeada
de humo mientras hago mi rutina diaria de yoga. Ya que he
tenido mucho trabajo últimamente, tengo casi una semana
sin ir al gimnasio y entrenando desde casa cada vez que
puedo. Tenía planeado hacer algo de zumba hoy, pero yoga
es lo que necesito para deshacerme del estrés que todo
esto me ha generado.

Estoy en mi postura de media cobra, aliviando los músculos


de mis costados y muslos, cuando escucho el sonido de
pasos acercándose. Sin perder todo mi trabajo, extiendo
una de mis manos para finalmente poder subirle volumen a
mi estéreo.

─Tu ropa está en la secadora ─le digo mientras paso de


media cobra a perro hacia arriba, deshaciendo la flexión de
mis brazos.

Tras unos segundos de tensión y relajación en ella, me dejo


caer suavemente hacia abajo, pasando por media cobra
hasta llegar a besar el suelo, y flexiono mis piernas para
quedarme un rato doblada sobre mí misma en la postura del
niño, mi abdomen contra mis mulos y mis brazos extendidos
hacia arriba.

─¿Qué mierda se supone que haces? ─pregunta Tanner por


encima de mí, la suela de sus zapatos siéndome visible por
el rabillo del ojo, por lo que ya debe haberse vestido.

─Yoga.

─Eso lo sé, Savannah, no soy idiota, ¿pero por qué ahora?

Casi escucho la desesperación y el malhumor en su voz


arrogante. Sonrío, pero debido a que mi cabeza está
presionada contra el suelo y mis brazos la ocultan, no puede
verlo.

─El hecho de que no te haya echado a patadas ayer, como


debió haber sucedido, no significa que vaya alterar toda mi
vida por ti. ─El amarte no significa que mi mundo se haya
detenido, es lo que realmente me muero por decirle, porque
ha encontrado la manera de seguir girando a pesar del
dolor, lo que deberías hacer tú con Pauline─. Como perdí mi
mañana en la oficina, decidí hacer yoga mientras
despertabas y aprovechar que estás aquí para enseñarte lo
que llevo del ático. Si quieres café, puedes servirte en la
cocina. También tengo cereal de oreos e ingredientes para
cualquier tipo de sándwich que conozcas. Aspirinas en la
cestita del baño.

Tras hablar y escucharlo dirigirse a la cafetera con un


gruñido, me incorporo mientras inhalo y exhalo con
profundidad. Saludo a mis vecinos cuando los encuentro
mirando casualmente hacia mí desde el otro edificio. Estaría
asustada si no fueran una adorable pareja gay que suelo
encontrarme en la tienda y  que me piden consejos de
decoración. Enrollo mi colchoneta antes de ponerme de pie
sintiéndome más flexible, liviana y poderosa. Consciente y
en control de cada curva y atributo de mi cuerpo. Ese es un
efecto favorecedor del yoga que no muchas instructoras
mencionan. La dejo sobre el mueble de cuero blanco en mi
sala antes de dirigirme a la cocina, la cual no luce tan
grande con Tanner encorvado sobre ella sirviéndose café.
No lleva puesto su abrigo, el cual no lavé, sino la camisa
negra y pantalones oscuros que traía debajo. No puedo
evitar detenerme junto a la encimera para obtener un
vistazo completo. Mi estudio se caracteriza por ser blanco y
estar colmado de luz natural y artificial. Decir que resalta
aquí es un eufemismo. Es como un punto oscuro en un
lienzo en blanco.

Ignorando la manera en la que mi cuerpo ruega presionarse


contra el suyo, abro la nevera y saco lo necesario para
preparar sándwiches de jamón de pavo y queso chédar.
Tanner finalmente se da la vuelta, sus brazos entrecruzados
sobre su pecho, con una taza de café en la mano cuando
pongo los ingredientes en la encimera y me lavo las manos
para prepararlos. Niega cuando alzo la mostaza para
preguntarle si quiere en el suyo. Sintiendo sus ojos oscuros
en mí en todo momento, nos sirvo dos a cada uno junto con
jugo de naranja y algunas frutas. Reviso las noticias en mi
tablet mientras como, en lo absoluto esperándolo. Al darse
cuenta de que no seré yo quien empiece la conversación,
suspira y se sienta en el banquillo para quedar frente a mí.

─Sobre lo de anoche... no tenías que hacerlo. Ya estaba


jodido cuando llegó tu mensaje. Ni siquiera sé por qué
terminé aquí, pero no tenías que cuidarme o dejar que me
quedara aquí. ─Ahora su mirada está en todas partes menos
en mí─. Me hubiera sentido mejor conmigo mismo si me
hubieras llamado un taxi.

Termino de tragar antes de responder.

─Lo intenté.

Él afirma, sus puños apretados.

Supongo que esta es su manera de mostrarse avergonzado.

─Lo sé. Eso lo recuerdo. Lo que no recuerdo es qué pasó


cuando llegaste. Sé que vomite, me di un baño y por alguna
razón bebí chocolate caliente, algo que no he hecho desde
que era un adolescente, pero no sé cómo pasó. ─Apoya sus
codos en la mesa y se pasa las palmas por el rostro,
jadeando debido al estrés que esta situación le genera a
alguien como él─. ¿Nosotros...?

El deja vú es tan fuerte que niego apenas lo insinúa.

Por lo visto a Tanner no le impresiona la idea de haberme


olvidado, puesto que en teoría ya lo hizo una vez.

─No.

Su pecho desciende con alivio.

─Mierda, Sav, lo siento. ─Realmente está afligido por esto.


Lo sé porque su voz perdió el toque déspota que la
caracteriza. Aun así no dejo de fingir estar más interesada
en las noticias. No puedo dejarlo ver lo mucho que su
malestar me importa─. Si pudiera retroceder en el tiempo
y...

Si yo pudiera retroceder en el tiempo, no habría ido a su


fraternidad. No hubiera salido esa noche de fiesta. Habría
estudiado arquitectura en Columbia para jamás conocerlo a
él o a Pauline. No habría perdido mi virginidad a los trece
con el capitán del equipo de voleibol de mi escuela. No
habría roto el florero favorito de mi madre a los diez años,
jugando con mi vecina, lo cual continúa reprochándome.

Retroceder en el tiempo no es posible.

Si pudiera hacerse, ya lo habría hecho solo para no


conocerlo.

─Pero no puedes ─lo corto─. Viniste aquí. Te quedaste aquí.


Nada pasó. Trata de superarlo, Tanner, ya que yo ya lo hice.
No somos niños. Tenemos cosas más importantes en las que
pensar. Si realmente te sientes mortificado, no me hagas
perder más el tiempo. Come y prepárate para darme tu
opinión de mis bocetos.

Tras hablar, continúo leyendo el portal de BBC y comiendo.


Tanner capta el mensaje. Luego percibo el movimiento de
sus manos y la inclinación de su cuerpo sin tener que alzar
la cabeza de mi tablet. Poco después veo cómo su sándwich
es devuelto al plato con un mordisco que posteriormente se
convierten en varios hasta que desaparece, también su
compañero. Cuando termino llevo mi plato hasta el
fregadero y lo limpio. Me quito el exceso de agua de las
manos pasándolas por encima de mi pantalón de deporte.

Cuando me aseguro de que están secas, me dirijo a mi


escritorio y tomo los planos que hice para Tanner,
sorprendiéndome de hallar todo exactamente como lo dejé
ayer. Ni siquiera le había dirigido una mirada a mi sitio de
trabajo por miedo a que en su estado de ayer hubiera
destruido algo, pero no lo hizo.

─Tenía miedo ─le digo levantando una hoja con mis diseños
hacia él, girando levemente el rostro para verlo
levantándose y yendo al fregadero con su plato sucio.
También se encarga de poner todo de regreso a su lugar─.
Cuando te dejé, pensé que todo esto estaría hecho un
desastre para cuando volviera.

No es hasta se encuentra junto a mí que responde.

─Supongo que incluso estando borracho como una cuba


recordé lo mucho que odias que se acerquen a tus dibujos.

Mis mejillas se sonrojan, los recuerdos viniendo a mi mente.

Una llamada desesperada.

Todos mis bocetos arruinados.

Fue uno de mis más vergonzosos dramas, en este caso


justificado, por lo que no me sorprende que lo haga. Aunque
nunca se confirmó, toda la Universidad de Texas  terminó
por enterarse de lo que pasó. Incluso mis padres, quienes
vinieron de Houston por ello, y aparecí en el periódico
estudiantil, pero no lo hice sola.

─Tendrías que buscar a alguien más para remodelar tu ático


de haberlo hecho, al igual que tu alma habría tenido que
buscar otro cuerpo para vivir porque este ya estaría muerto.
─Coloco mis diseños, uno encima del otro, sobre un
caballete de madera. El primero es el de la cocina, puesto
que sirvió de inspiración para todos los demás─. ¿Qué te
parece? ─le pregunto pasados los segundos de que se
acerca para mirarlos por sí mismo, levantando hoja tras hoja
para obtener un vistazo de los demás elementos del piso
inferior: la sala, el comedor y una habitación de recreación
con una mesa de pool y una pantalla de cine.

Tanner se toma su tiempo para contestar. Probablemente el


doble de lo que me tomó a mí hacer la pregunta. Cuando lo
hace, sin embargo, la molestia en mis manos y brazos vale
la pena. No es solo su voz, sino su mirada. Genuinamente le
gustó, no, le encantó. No lo culpo. Es uno de mis mejores
trabajos. Una fina línea que equilibra la elegancia, la
masculinidad y la calidez.

─Cumple con mis expectativas ─suelta, su tono


condescendiente de regreso. Este no me engaña. Sé que
quedó fascinado con mi trabajo─. Incluso las sobrepasa.
─Contengo el impulso de celebrar, puesto que sé que los
cumplidos no son lo suyo y que si lo dice es porque
realmente lo siente así─. ¿Cuándo crees que puedas
empezar a trabajar en ello? El dinero no es un problema.

La emoción crece dentro de mí. Si hay algo que amo tanto


como dibujar, crear, es ver como lo que hice cobra vida ante
mis ojos.

─Lo sé, pero tengo algunos compromisos que atender esta


semana. Podríamos empezar la siguiente sin problema
alguno. Ya estaría más libre y le podría dedicar el tiempo
que merece. ─Le ofrezco una sonrisa que se debe a mi
trabajo, no a él, la cual se desvanece al recordar las
preguntas que tengo que hacerle para el segundo piso─.
Tanner, en lo que respecta a la segunda planta, ¿cuántas
habitaciones quieres que tenga? Quiero hacer espacio para
un gimnasio porque recuerdo que pediste uno en el diseño
de tu casa, pero eso le quitaría espacio a las otras
habitaciones. No me dijiste si el edificio cuenta con uno o
si...

─Una habitación, para mí, una habitación en blanco, mi


oficina y un gimnasio ─responde, cortándome mientras se
acerca a uno de mis ventanales como hizo ayer─. No estoy
esperando visitas.

─¿Una habitación en blanco... para qué?

Se encoje de hombros.

─No para que alguien viva ahí. Quizás para un estudio, pero
no me he decidido todavía. Mientras lo hago, déjala en
blanco. Lo único que necesito que tenga es una ventana
amplia.

─¿Un ventanal?

Niega.

─No, nada para los jodidos pervertidos.

Pongo los ojos en blanco.

─Es un penthouse, Tanner. Nadie puede verte.

─¿Ni con un telescopio?

─No ─miento, puesto que no tengo ni idea de si pueden,


pero pensar que sí es una exageración.

Él hace un sonido de chasquido con la lengua.

─No me interesa. No quiero una pared de vidrio en esa


habitación. Solo una ventana grande y... quizás una
plataforma en el suelo frente a ella. Una desnivelación de un
escalón. Paredes blancas.
Afirmo, tomando mi blog y escribiéndolo.

También trago.

Si solo quiere una habitación, eso significa que no es un


lugar para niños. Eso junto al hecho de que mis bocetos
estuvieron inspirados en él, no en una familia, me confirman
la idea que ya tenía de que se trata de un sitio aislado a su
matrimonio. Aun así, no pregunto. En este caso, mi
profesionalismo no me lo permite.

─¿Algún otro deseo?

Lo piensa por un momento, pero eventualmente niega.

─No, solo eso. Todo siguiendo el mismo estilo que llevas.

─Eso es todo. ─Dejo mi blog sobre el escritorio─.


Terminamos.

Sus cejas se alzan mientras se extiende para tomar su


abrigo en un perchero cercano a él. En lugar de deslizarse
en su interior, lo guinda en su brazo. Hace calor. Es Austin.
Él es la única persona que conozco que los utiliza sin sudar
como un cerdo por ello.

─Acabamos de empezar, Savannah. Estamos lejos de


terminar ─dice, sus palabras revolviendo algo dentro de mí,
algo que conozco bien─. Nos vemos el lunes a primera hora.
Si quieres visitar el ático antes, puedes pasar por mi oficina
por una copia de la llave o el conserje te hará el favor. Lo
llamaré para decirle.

Aunque se dirige a la salida, no me muevo de mi lugar. Se


ve cansado y herido, pero está lejos de ser el desastre que
era ayer cuando abrí mi puerta. Suelto un suspiro de alivio,
liberando el aire que mis pulmones habían estado
reteniendo, antes de tomar mi teléfono y encerrarme en el
baño. Aunque se supone que debería estar del lado de
Pauline en esto, no puedo evitar asumir que ella fue quién lo
arruinó a pesar de que existe la posibilidad de que no haya
sido así, pero es que no hay otra explicación para su
conducta. Tanner siempre le dio todo de sí mismo.

Incluso lo que no era.

Como ella dijo, no dejas de amar a una persona de la noche


a la mañana. Algo sucedió. Algo que él no me dirá, pero
ella... ella probablemente sí. Sintiéndome mal por caer en la
tentación, marco su número una vez pongo a llenar la tina
para un baño.

─¿Savannah? ─responde casi al instante─. ¿Cómo estás?

─Bien, gracias, ¿tú?

Mientras hablo, me quito la ropa y sumerjo mi pie desnudo


en el agua, probando la temperatura de esta antes de
entrar en ella.

─Bien.

A pesar de su respuesta, escucho como sorbe por la nariz.

Suelto un suspiro.

─Lamento no haber respondido las veces que me llamaste.


─La verdad no lo hago. Quería ir conmigo a comprar lencería
y la verdad estoy harta de decirle lo que debe o no hacer
para mantener su matrimonio─. Estaba ocupada, Pauline. Lo
siento.

─Lo entiendo.
Tomo una honda bocanada de aire, apretando los dedos de
mis pies y mi iPhone más fuertemente contra mi oreja,
también cerrando con fuerza mis ojos entre sí, antes de
continuar.

─Para compensarte, hoy tengo la tarde libre y quería saber


si podíamos ir de compras. Necesito un conjunto especial
para la próxima semana. ─Eso es cierto. El lunes también
me reuniré con el dueño del club al que fui anoche para
hablar de su nuevo bar deportivo─. ¿Me perdonas? ─insisto─.
Invito yo.

Aunque se hace rogar en silencio por unos segundos más,


cede.

─Sí. Estoy lista a las dos.

─Bien. Paso por ti a esa hora.

Sintiéndome como la peor arpía, cuelgo.

*****

Si soy honesta conmigo misma, a veces ni siquiera sé la


razón por la que sigo siendo amiga de Pauline. Es dulce y
amable, como siempre, pero con el pasar de los años esa
dulzura y esa amabilidad se han transformado en un picor
por debajo de mi piel. A excepción de hoy, ya ni siquiera la
llamo. Ella es quién me llama para invitarme a las fiestas
que organiza para Tanner, a las cuales tengo que asistir
porque es allí donde conozco a más de la mitad de mis
clientes, o para pedirme ayuda. Nada nunca es sobre
nosotras dos. Él siempre tiene que estar involucrado y no
debido a mí. Esta sería la primera vez que saco provecho de
ello.
Cuando son la una y media me visto, tomando un sencillo
vestido negro de mi armario, un par de sandalias de tiras de
terciopelo con tacón y un bolso de cuero. A las dos en punto
estoy estacionada frente a su casa en Travis Country. Su
chófer y mayordomo se encuentra lavando su Cadillac en el
patio delantera de esta, por lo que no me bajo de mi auto o
llamo a Pauline para avisarle que estoy aquí. Tampoco lo
hago porque el hombre por alguna razón me odia.

Lo supe desde que una vez, cuando trabajaba en terminar la


casa, derramó una bandeja de jugo sobre mis notas.
Intencionalmente, puesto que dijo haberse tropezado con
sus cordones cuando su jefe le pidió una explicación, lo cual
no pensó que sucedería, y en ese momento no traía zapatos
con ellos. Tanner amenazó con despedirlo, él también se dio
cuenta, pero lo dejó pasar cuando le dije que tenía copias
en la oficina. Desde entonces ha sido reservado al respecto,
pero es más obvio que mi amor por su jefe.

─Justo a tiempo, Sav ─suelta Pauline mientras entra, una


sonrisa en su rostro a pesar de la evidente inflamación
alrededor de sus ojos marrones─. He estado esperando todo
el día por ti. Las dos de la tarde no parecían llegar lo
suficientemente rápido.

─Qué dulce.

También le sonrío, pero la sonrisa muere cuando le echo un


vistazo al ya estar en la autopista. Parpadeo. Lleva una
sudadera con capucha y un par de vaqueros azules.
Zapatillas. No está, en lo absoluto, vestida como
usualmente se ve. Su estilo no es precisamente el del
centro comercial al que solemos ir de compras. Hay tiendas
costosas que afortunadamente puedo disfrutar debido a mi
trabajo y ella debido a Tanner. Pauline es insegura con
respecto a la opinión de la gente rica, puesto que a pesar de
que sus padres son adinerados, es una chica de campo, por
lo que usualmente suele esforzarse el doble para encajar en
su nuevo círculo de amistades y conocidos desde que se
casó. No entiendo qué hace vestida así.

Al sentir mis ojos en ella, asciende su mirada a mí.

─Necesito un favor, Savannah.

Escuchar mi nombre completo salir de su boca enciende las


alarmas en mi cabeza. Ella casi nunca lo hace. No a menos
de que se trate de un sermón o algo, pero esta vez no se
trata de ello. Tampoco luce como si fuera a pedirme escoger
lencería por ella.

─Sí ─respondo─. Dime.

─No puedo ir al centro comercial contigo. ─Mientras habla,


las lágrimas se deslizan por su rostro─. Necesito ir a esta
dirección. ─Saca un papel del bolsillo delantero de sus
pantalones y me lo tiende. Me orillo en la vía y enciendo las
luces intermitentes para leerla. Queda en una zona no tan
bonita de Austin─. Por favor, Savannah, eres la única que
puede ayudarme. Necesito ir allá y Tanner no puede
enterarse. Por favor.

─¿Por qué tienes que ir a este lugar?

─Te lo contaré cuando estemos allá ─solloza.

Tras mirarla por un momento, asumiendo que su esposo no


está de acuerdo con esto y él no es una opción, afirmo y
pongo mi vehículo en marcha. Pauline luce genuinamente
desesperada. Su mirada se llena de alivio cuando afirmo y
coloco la dirección en el GPS. 

******
Mi frente se arruga cuando nos detenemos frente una
pequeña clínica junto a una gasolinera. El estacionamiento
está casi vacío, por lo que prácticamente me estaciono
frente a ella. Es rosa y de un solo piso. Adentro solo hay una
sala de espera y una recepcionista tras un mostrador a la
cual Pauline le dice su nombre cuando entramos. El sitio no
es tan feo por dentro como por fuera.

─Pauline, ¿ya me dirás que hacemos aquí? ─le pregunto


cuando se sienta junto a mí, siendo nosotras las únicas dos
personas a parte de la recepcionista, las enfermeras y los
doctores que se pasean de un lado a otro.

─Solo tomará un par de horas ─dice.

La preocupación me inunda.

─¿Estás enferma?

─No. Solo vine a cambiar mi DIU, pero tomará un par de


horas.

Arrugo la frente.

─¿Por qué? Eres la única paciente que veo aquí.

Separa los labios para responder, pero una de las


enfermeras se detiene frente a nosotras. A diferencia de las
enfermeras comunes, lleva una bata quirúrgica sobre su
uniforme.

─¿Pauline Reed? ─pregunta, a lo que la rubia asiente


poniéndose de pie─. Venga conmigo, por favor. ─Su frente se
arruga al verme de pie─. ¿Su acompañante entrará con
usted?

Ella niega.
─No. ─Me mira─. Savannah, espérame aquí, por favor.

Aunque quiero protestar, Pauline se ve realmente mal, la


mirada que me ofrece la enfermera me hace saber que a
menos que ella lo quiera, no soy bienvenida. Observo
mientras se da la vuelta y desaparece con ella en un pasillo
de puertas metálicas. Mi miedo crece cuando un par de
mujeres, una joven y alguien que luce como su madre, se
sientan cerca de mí. La mayor de ellas me ve y sonríe con
tristeza mientras abraza a la que supongo que es su hija,
puesto que comparten el mismo cabello rojo y facciones. 

─No puedo permitir que esto arruine su vida.

─¿Esto? ─pregunto.

Ella afirma.

─El embrión. ─Besa la cima de la cabeza de la chica─. Tiene


tantos sueños que cumplir. Es una lástima que nadie a parte
de nosotras lo entienda. Mi hija no está preparada para ser
madre.

Casi me olvido de respirar.

Retrocedo.

─Yo... ─susurro─. Suerte.

Antes de sucumbir al pánico, me acerco al mostrador. La


chica con gafas tras él me ofrece una sonrisa amigable y
cálida.

─¿En qué puedo ayudarte?

─Me gustaría saber si hay algún médico aquí que pudiera


ayudarme con mi control de natalidad. ─Su boca se abre,
pero la interrumpo para ser más específica─. Antes de estar
embarazada.

Viéndose confundida, niega.

─No, lo siento, aquí solo trabajamos después de que sucede.

Afirmo. Mientras me doy la vuelta tomo mi teléfono de bolso


y lo golpeo varias veces contra mi palma, debatiéndome si
debería o no llamar a Tanner, la única persona a parte de
Pauline a la que le concierne este asunto. ¿Pero el hecho de
que no esté aquí significa que no la apoya? Aún si estuviera
en contra, ¿ella lo obedecería si le dijera que no lo hiciera?

Me hundo en la silla.

¿Esto es lo que los separó?

Debido a mi manera de pensar y a mi personalidad, no


estoy en contra del aborto, pero no sabía que ellos
recurrirían a él. No lucían molestos de tener un bebé cuando
me hicieron hacer tres habitaciones en su casa para sus
futuros hijos. Mis manos empiezan a temblar mientras
busco su número, me salgo de contactos y nuevamente lo
vuelvo a buscar. Lo que me obliga a llamarlo es el hecho de
no querer más secretos de este tipo en mi vida. Ya el que
tengo me destruye a diario desde hace cinco años. Él
responde justo cuando pensé que mi llamada iría al buzón
de voz, el alivio de no traicionar a Pauline deshaciéndose y
el alivio de no cargar con esto sobre mis hombros llegando.

─¿Sí?

─Tanner ─susurro, mi voz sonando tan desesperada como


me siento─. Pauline me pidió que la trajera a una clínica.
Yo... yo no sabía qué tipo de clínica era y no... no sé qué
hacer. Esto es algo que ella nunca haría. De verdad no sé
qué hacer. ¿Y si algo malo le sucede? ¿Qué hago? Es mi
responsabilidad. Yo la traje.

Confirmo su conocimiento sobre esto cuando me responde


sin preguntarme de qué demonios estoy hablando.

─Déjala. Es su maldito cuerpo. La opinión de un hombre no


importa en esta mierda ─sisea con lo que reconozco como
ira, pero un nivel de ira que jamás había oído en su voz, una
ira asesina que me estremece─. Y no te preocupes tanto por
ella, Savannah, no es como si fuera la primera maldita vez.

Sin decir nada más, cuelga.

Tras guardar mi teléfono de regreso en el bolso, me levanto


con piernas temblorosas, deseando que Pauline al menos
me hubiera contado lo que pretendía hacer cuando
llegamos, así podría enviarla al infierno de una vez. No por
ella, sino por arrastrarme a esta posición. Aun así, a lo
mucho que estoy odiándola en estos momentos, me acerco
nuevamente a la chica del mostrador.

─Mi amiga me trajo aquí sin decirme qué iba a hacer


─susurro, lo que hace que su expresión molesta por ser
nuevamente interrumpida se desvanezca─. Acabo de
enterarme y necesito acompañarla. Por favor. Ella... no
quería decirme, pero ya lo sé y no puedo dejarla sola. Se
alegrará de verme. Lo juro.

Tras dudar por un momento, se levanta y me hace una seña


para que la siga por el mismo pasillo por el que desapareció
Pauline hace unos minutos. Me hace entrar en un traje
similar a la enfermera antes de dejarme pasar a la sala en la
que Pauline se encuentra acostada con un cabestrillo
ginecológico separando sus piernas. Sin hacer ningún tipo
de preguntas, me siento junto a ella y tomo su mano, lo que
hace que sus ojos cerrados se abran.  La culpa me invade,
¿cómo no pude darme cuenta?

Al verme, Pauline sonríe de la misma manera que lo hizo en


el auto.

Desolada. Nerviosa. Asustada.

Poco a poco, también le sonrío.

Y aquí, en este frío cuarto lleno de personal médico, por la


hora que dura el procedimiento, sea cuales sean sus
razones para hacerlo, que sé que no son superficiales
porque Pauline se moría por tener hijos, volvemos a ser las
chicas que éramos durante las primeras dos semanas de
nuestro primer semestre. No hay ningún hombre
interponiéndose entre nosotras. Solo somos ella y yo.

No se precipiten, no odien a nadie 

Todo tiene una explicación, una razón, mis


personajes no hacen las cosas porque sí, lo que
significa que traten de limitar ese tipo de
comentarios. Entiendo que es difícil a veces porque
la historia no está terminada y no obtienen
respuestas lo suficientemente rápido. También les
recuerdo que mis personajes tampoco son
completamente malos o completamente buenos.  Lo
que más me gusta de ellos es cómo se equivocan, se
caen, se levantan y luchan. Cómo sienten y viven y
no se avergüenzan de ello

Love u
Capítulo 9:

Capítulo 9:
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por OscaryArroyo
 

Dedicado a ChrischelxArlenzo

Mi nuevo dormitorio no es tan malo. Después de organizar


mis cosas y hacerle una limpieza, dejó de lucir como el viejo
depósito de un cementerio. Anahí tampoco resultó ser tan
mala como pensé que sería. Hans se quedó luego de que
Tanner se fue para presentarnos. Ambos son estudiantes del
programa de biología marina, pero Anahí también es
jugadora de voleibol. Con su cabello rojo, ojos verdes y
hermosa figura, es la típica chica mala y superficial
acostumbrada a tener lo que quiera cuando quiera. Es el
tipo de persona a la que estoy acostumbrada y que sé
manejar, por lo que empecé nuestra relación de
compañeras de dormitorio regalándole un suéter dorado de
lentejuelas que todavía tenía su etiqueta. Por la sonrisa que
eso trajo a su rostro fruncido ante mi presencia, fue un
excelente movimiento.

Nos entendimos al instante.

A cambio de mi presente, no se molestó cuando arrastré mi


escritorio al balcón. Anahí no pasa mucho tiempo en nuestro
dormitorio debido a sus clases de voleibol, por lo que por lo
general tengo el silencio y el espacio que necesito hasta
avanzadas horas de la noche. También sale mucho con su
novio, casi como Pauline, quién es miembro del equipo de
fútbol americano de la universidad, por lo que en ocasiones
ni siquiera llega. A diferencia de mi anterior compañera,
Anahí nunca lo trae aquí. Sé quién es él, Gordon, debido a
que Tanner nos invitaba y arrastraba a las fiestas del
equipo, pero afortunadamente nunca tonteé con él en
ninguna fiesta. 

Eso habría sido un poco bastante desagradable y repetitivo.

Mi frente se arruga mientras termino mis bocetos para un


nuevo concurso. El modelo de un nuevo edificio de ciencias
para la Universidad de Texas. La escuela de arquitectura
abrió un certamen para elegirlo entre los estudiantes. He
ganado varios tanto de la universidad como de afuera, pero
si gano este sería la entrada perfecta a mi carrera como
arquitecto. Me gusta la decoración de interiores, encajo bien
en ella, pero mi verdadero sueño es dejar mi huella en la
historia formando parte de la creación de edificios
emblemáticos. Sueño con que un día una familia vaya en su
auto por las calles de una ciudad y el hijo pequeño presione
su mano contra el cristal, sus labios entreabiertos con
asombro, mientras mira mis planos hechos realidad. Él le
preguntaría a su madre por él y ella mencionaría mi
nombre, puesto que lo que pasé horas dibujando, o en
ocasiones minutos, dependiendo de la inspiración, resultó
trascendental.

Quizás es narcisista, pero es lo que quiero.

Aunque antes lo hacía, pensando que era superficial y tonto,


ahora no me siento mal al respecto. He pasado mucho
tiempo sintiéndome mal por mis deseos y he descubierto
que no tiene sentido hacerlo cuando no estás dispuesta a
cambiarlos. En lo que termino de trazar mi última línea de
hoy, mis dedos temblando debido a que he pasado todo el
día haciendo borradores, por fin me encuentro satisfecha
con el resultado. Estamos en el estado del fútbol, mi
universidad es una universidad del fútbol, así que me
inspiré en los Longhorns, el equipo al que veo trabajar todos
los días en el campo durante mis pausas. Dibujé dos torres
inclinadas de cristal con la forma de cuernos, conectadas
por un edificio horizontal a la lejanía, pero sobresaliente
hacia adelante cuando te acercas. Es perfecto para dejar
una huella y encontré la forma de hacerlo lucir
estéticamente hermoso. Las personas no solo dirían que es
impresionante, sino que se sentirían orgullosos.

Yo me siento orgullosa de él.

Tras observarlo un poco más, deslizo el papel entre mis


dedos y lo dejo sobre mi escritorio lleno de hojas hechas
bola y materiales de dibujo. Ahora que tengo mi idea lista,
es el momento de pasar a los planos y de preparar una
maqueta, pero mis manos no pueden permitirse a sí mismas
continuar, puesto que mis dedos arden y tiemblan por el
esfuerzo. Tras soltar un suspiro, cedo a la tentación y me
asomo en la ventana de mi dormitorio.

Desde hace media hora he escuchado el revuelo de los


estudiantes agrupándose en el campo de fútbol, pero el
partido no ha empezado. Aun así están todos, menos los
jugadores, presentes en el campo. La noticia ha sido
bombeada en mis oídos a lo largo del día, así que sé que se
enfrentan a los Houston Cougars, el equipo de fútbol al que
apoyaría de haberme quedado en casa para estudiar. Al que
de no ser por Tanner, la verdad, continuaría apoyando. Mis
labios se curvan en una sonrisa cuando una idea divertida
pasa por mi mente. No tengo ganas de quedarme en casa,
pero tampoco tengo ganas de verlo. Si los Cougars ganan o
no, probablemente harán una fiesta o asistirán una
diferente a la del grupo de Tanner. Me gustaría estar ahí.
Quizás hacer nuevos amigos con raíces en mi ciudad natal.
Siempre he ido a los partidos de fútbol de mi universidad
vistiendo de naranja, marrón o blanco y haciendo diferentes
combinaciones entre ellos, pero esta vez tomo un top
blanco sin mangas y un pantalón alto y suelto color rojo.
Hurgo entre mis pertenencias hasta encontrar un sombrero
de vaquero color sangre con un adorno dorado y con forma
de estrella en el centro. Lo conseguí en un rodeo en toples
en una fiesta. Los tacones están descartados, por lo que
tomo un par de botas marrones y puntiagudas de cuero que
son requisito en el armario de toda chica texana. Una vez
estoy vestida, hago mi maquillaje con puntitos de brillo
dorado en mis párpados y alrededor de mis ojos. Convierto
una cadena en un arnés alrededor de mis pechos. Ya que
hace frío, me cubro parcialmente con un abrigo rojo sin
abrochar, por lo que mi abdomen continúa visible. Por
último, ondulo las puntas de mi cabello y me limito a tomar
mis llaves y mi celular.

Esta noche, así me consiga a Tanner de frente, la pasaré


bien.

*****

Las gradas para los Cougars no están tan llenas. En su


mayoría se encuentran en ella estudiantes que apoyan a los
Longhorns, pero no son lo suficientemente fanáticos como
para ver el juego de pie o arrojarse al suelo en lugar de
sentarse con el enemigo. Es un partido amistoso para
recaudar fondos para los orfanatos de Austin, por lo que
están vendiendo entradas para acceder al campo y
recibiendo donaciones, pero eso no parece importarle a
nadie. La rivalidad entre los Cougars y los Longhorns sigue
ahí.

Son dos son buenos equipos de la primera división de la


NCAA, la liga universitaria del país. Los jugadores ya se
encuentran en el campo para el momento en el que me
siento en primera fila con un refresco de lata y un hot dog
con mostaza en la mano. Mientras mastico, mi mirada se
dirige al equipo de blanco y rojo en lugar de al que
usualmente miraría: el de uniforme naranja. A pesar de que
estoy yendo en contra del noventa por ciento de los
presentes, siento algunos ojos hambrientos en mí cuando el
partido empieza y me levanto para gritar tan fuerte como
mis cuerdas vocales y los músculos de mi garganta me lo
permiten, mi hot dog y mi refresco de uva todavía
manteniendo mis manos ocupadas.

─¡Vamos, Cougars!

Aunque recibo abucheos, me divierto cuando uno de los


integrantes del equipo de fútbol me nota y después de unos
segundos de recorrerme con la mirada, me lanza un beso
con su mano enguantada. No puedo evitar soltar una tonta
risita nerviosa tras ello, puesto que ese gesto hace que me
convierta en la chica del equipo contrario. En casi la traidora
de mis propios planos.

Se siente bien.

─¿Me ayudas a sostener esto? ─pregunta una chica rubia


que baja algunos escalones hasta detenerse junto a mí con
una pancarta, la cual viste un par de sencillos vaqueros y un
suéter de lana rojo, anteojos cubriendo sus ojos─. Mi mejor
amiga no pudo venir y si me escondo tras ella no sería lo
mismo para Marcus. Mi chico necesita verme para
concentrarse. ─Aunque no necesitaba darme un argumento
para que lo hiciera, su explicación es tan adorable que me
siento bien por formar parte de un gesto tan lindo en el
momento en el que tomo mi extremo de la pancarta. Me
sonríe ampliamente─. Gracias. Me llamo Abigail y de no ser
porque esto es por una buena causa, odiaría estar aquí. Es
completamente injusto que tengan que ser sometidos a
tanta presión, pero supongo que eso es lo que será para
ellos una vez sean reclutados por un equipo fuera de la
NCAA y jueguen lejos de casa. ─Se encoje de hombros─.
Pero lo odio mucho. Marcus es sensible a la opinión de los
demás. Se debe esforzar el doble en partidos así. ─Hace una
mueca─. Nunca pensé que diría esto, pero realmente
extraño al equipo de animadoras.

Aunque no parece una chica de fútbol, sino más bien una


chica de biblioteca, mis labios genuinamente se curvan
hacia arriba, puesto que encuentro interesante a las
personas que desafían las etiquetas. Es como si a pesar de
que prefiriera pasar sus tardes leyendo romances, se haya
aprendido a la perfección cada posición, estrategia y
normativa de las ligas de fútbol americano y estuviera
constantemente revisando los portales de noticias
deportivas por él. Al instante me siento identificada con ella.
Eso es lo que yo haría, ya hice, por un tiempo, pero ya no,
por la persona que quiero.

─¿Cuál es Marcus? ─le pregunto.

─Es un corredor ─responde mientras suelta un chillido de


emoción, ya el partido ha empezado, gotas de sudor
deslizándose por su frente a medida que corre el reloj.

Siguiendo la dirección de su dedo, visualizo la sección


opuesta del campus de a dónde suele encontrarse Tanner,
puesto que él está en la línea ofensiva de su equipo. Por
fortuna estamos más cerca de los Cougars ofensivos que de
los Longhorns ofensivos, por lo que no tengo que verlo en
ningún momento. Identifico a Marcus y asiento hacia Abigail
hasta que baja el dedo, él es un chico alto y más atlético
que robusto, pero luego mis ojos se dirigen al mariscal de
campo, al quarterback, de los Cougars. Es el mismo que me
lanzó un beso. Cuando después de unos minutos de
jugadas, la mayoría de ellas a favor del equipo de Austin,
por fin el balón llega a sus manos, Abigail y yo volvemos a
levantarnos y armamos un alboroto con las demás novias de
los jugadores. El tipo es casi de la misma contextura de
Tanner. También igual de ágil. Antes de hacer la jugada me
apunta con su dedo, dedicándome el pase perfecto. Abby y
yo celebramos cuando el balón llega exitosamente a las
manos de Marcus y este corre con fuerza hacia la línea de
marcación, haciendo una anotación que deja todo el campo
en silencio a excepción de 'nosotras. Su primer punto a
favor. Dedicado a mí. Grito mientras la cartulina se dobla
entre nosotras. Todos nos odian en este momento y ese odio
me encanta. Acelera mi corazón y me hace sonreír
ampliamente. 

─Johnson te tiene en la mira ─comenta Abigail con una


risita─. Es un buen chico. ─Pone los ojos en blanco─.
Mujeriego, pero un buen chico. Es dulce con su madre, así
que cuando alguien finalmente conquiste su corazón, será
un buen partido.

No estoy buscando una relación en este momento, no


cuando mi corazón aún es un desastre, pero debido a la
emoción no puedo evitar que las comisuras de mis labios
tiemblen mientras asiento. Después de la jugada de Johnson
y Marcus, el partido cambia. Los Cougars emparejan en el
marcador con algunos touchdowns del mariscal de campo,
todos nuevamente dedicados a mí. Casi me desmayo
cuando ponen mi cara y la de Abby en la pantalla de
marcación después de que Johnson anota y nuevamente
cuando me señala antes de la siguiente jugada.

Y aunque es un excelente jugador, el cambio en la


puntuación del partido no solo se debe a él. Tanner, por
primera vez desde que empezó a jugar para los Longhorns,
ha dejado pasar varios pases y perdido múltiples
anotaciones, lo que tiene a su bancada confundida. Él nunca
falla. Nunca se equivoca. Es un dios del fútbol americano.
Aunque una parte de mí está feliz por eso, no puedo evitar
sentirme preocupada por él. No está siendo él mismo esta
noche. 

El balón prácticamente se desliza de sus dedos.

Me fuerzo a dejar ese sentimiento de lado cuando, tras el


medio tiempo, Johnson me señala nuevamente antes de
hacer el touchdown que lleva el marcador treinta y tres a
veintiocho a favor del equipo de Austin. Abby y yo nos
abrazamos esta vez, lo que ocasiona que se derrame el
contenido de nuestras cervezas mientras saltamos y que
nos llenemos de ella, pero no importa.

Los Cougars van ganando.

Y ganan.

Aplastante y en contra de todo pronóstico, con todas las


personas a su alrededor odiándolos y abucheándolos, lo
hacen.

Y sin poder evitarlo, mis ojos se dirigen a Tanner al otro lado


del campo. Él se quita el casco. Tras arrojarlo sobre el
césped, despeina su cabello casi con desesperación. Pauline
lo alcanza y le dice cosas, cubierta con su camisa de los
Longhorns, pero él niega y sigue a sus compañeros hacia los
vestuarios. Abigail corre con la pancarta hasta alcanzar a
Marcus en medio del campo y saltar a sus brazos, él
sosteniéndola mientras giran, por lo que a los segundos de
la victoria me encuentro sola. Con las manos metidas en los
bolsillos, me dirijo a la salida que lleva prácticamente a mi
edificio, pero es una de las menos concurridas. Aunque
varios chicos de ambos equipos me invitan a continuar
disfrutando de la noche con ellos, me niego cuando me
entero de que por alguna razón ambos equipos planean
festejar junto al comité de recaudación de las donaciones en
la fraternidad de Tanner. Ahora que no tengo por qué
soportarlos a él y a Pauline, no lo escogeré voluntariamente.
Aunque todavía duele, la verdad es que soy más feliz siendo
libre de ellos. Quiero ir a casa y dormir.

Mientras camino hacia mi portal, sin embargo, una mano


alcanza la mía y me obliga a darme la vuelta con un
estremecimiento. Las personas transitan por la calle del
campus frente a mí, pero ninguno de ellos está
prestándonos atención. Él ya no trae el uniforme del equipo,
sino un par de vaqueros oscuros y un sencillo polo azul,
colores que solo hacen que su palidez fantasmal destaque.
Con las llaves en la mano, arrugo la frente cuando extiende
su brazo para tocar mi sombrero con una sonrisa cínica.

─Me alegra que por fin te hayas dado cuenta de lo que


somos.

Enemigos.

Tras hacer una mueca, suelto un suspiro mientras me cruzo


de brazos. Esto es incómodo, molesto e innecesario para
ambos. Él lo debe saber, pero por alguna razón está aquí,
fastidiándome. Después de nuestra última conversación no
tenía pensado volverle a hablar en la vida, pero aquí está,
arruinando mi voto.

─¿Por qué estás aquí, Tanner?

Mi pregunta trae una contracción a su rostro, pero


eventualmente sus labios se curvan hacia arriba de nuevo.

─Hay una fiesta esta noche y Pauline me pidió que te


invitara ─responde, su nuez moviéndose cuando toma una
pausa entre sus palabras─. Ya que al parecer estás
ignorándola.

Al igual que él las tiene en los de sus vaqueros, meto mis


manos en los bolsillos de mi abrigo. La noche era fría y
acogedora, perfecta para un chocolate caliente, Netflix y
porno, hasta Tanner.

─¿Qué le hizo pensar a Pauline que el que vinieras aquí


cambiaría mi opinión sobre reunirme con ella o ir a la fiesta?

Las palabras salen de mi boca sin que realmente piense en


ellas, pero cuando me escucho a mí misma me doy cuenta
de que es una pregunta interesante. Aunque nos
soportábamos a su alrededor, no éramos precisamente
amigos. Nunca podría ser amiga de alguien como él. No
cuando lo deseo y estoy segura de que sería horrible como
un amigo, puesto que lo único que puede aportar son un
sentido del humor oscuro, detalles sobre fútbol y cerveza. 

No tendría sentido ser su amiga.

Tanner se encoje de hombros mientras se acerca, a lo que


retrocedo sosteniendo las llaves sobre mi pecho como si
fuera un crucifijo. Él es el demonio. Yo soy una chica de
Iglesia que ha cometido muchos pecados y debe
exorcizarse, pero el pastor está demasiado ocupado
atendiendo el resto de su rebaño como para atenderme. 

Trago cuando sus ojos negros se enfocan en los míos.

─Sabe que soy persuasivo ─responde en voz baja, pero


audible, inclinándose sobre mí mientras relame sus labios.
Un destello de una emoción desagradable pasa por sus ojos
antes de que hable, pero desaparece cuando lo hace─. Y
Johnson va a estar ahí.
─¿Él te pidió que vinieras por mí?

Lentamente, Tanner asiente.

─Vio a Pauline ir tras de ti cuando te fuiste, pero ella no te


alcanzó, así que me preguntó por ti. Ambos te quieren en la
fiesta, Savannah. Vamos.

─¿Johnson es el mariscal del otro equipo? ─pregunto aunque


ya sé la respuesta, siguiendo una estúpida corazonada.

La mandíbula de Tanner se aprieta.

─No finjas que no sabes quién es ─gruñe─. Porque ustedes


dos hicieron un maldito espectáculo en el campo. Todo el
mundo esperaba el momento en el que el imbécil de
Houston se pusiera de rodillas en medio del juego y te
pidiera matrimonio.

Mis labios se curvan lentamente hacia arriba.

Nuevamente, su ego está herido porque perdió.

Lo detesta.

Probablemente también detesta mi ropa a juego con


Johnson.

Tanner trata de no mirarme, pero lo hace cuando me cruzo


de brazos, trayendo su atención a mi  busto. No llevo
sostén. Solo un top y las cadenas doradas delineando el
contorno de mis atributos. Aunque la ame, lo está
enloqueciendo no ver más de mí. Eso me gusta y ambos lo
sabemos, pero yo tuve la decencia de alejarme.

¿Por qué está él aquí entonces?


─Entonces... ¿crees que él esté interesado en mí?
─pregunto.

Traga, sus ojos viajando entre mi cuello y mi escote.

Mis pezones se endurecen al sentir su mirada y al recordar


la escena del baño en la playa. Cómo dijo mi nombre
mientras se venía sobre las baldosas y yo me masturbaba
en el pasillo viéndolo. Si me hubiera dejado, lo habríamos
pasado mejor. 

Mucho mejor de lo que la pasó con Pauline o yo con West.

─No creo ─responde de manera cortante─. Lo sé.

─Es un buen jugador ─prosigo, mi voz suave.

Tanner afirma, aún bajo el hechizo de mis tetas.

─Sí, es bueno.

─Y te ganó hoy.

Cuando las palabras salen de mi boca, el influjo se rompe.


Para entonces mi espalda se encuentra presionada junto a
la pared al lado de las puertas de cristal de mi edificio.
Tanner golpea la palma de su mano sobre el concreto
encima de mi cabeza antes de alejarse con una mueca, su
espalda tensa y su expresión sumamente molesta.
Probablemente nadie se lo ha dicho en la vida, pero podría
morir de un infarto antes de lo previsto si no controla su ira.

─No estoy de ánimos para esto, Savannah. ─Se da la vuelta


y empieza a caminar hacia la calle, dónde veo su Ford
Raptor negra aparcada en la entrada. Justo sobre la zona de
no estacionar y obstaculizando la rampa de discapacitados,
los cuales he notado que hay muchos debido a la cercanía
con el campus. Pauline no lo acompaña─. Ven si quieres
venir. Si no... bueno. ─Me mira por encima de su hombro─.
Váyanse Pauline, Johnson y tú a la mierda. No me importa.

Dios, esto se está poniendo intensooooo

En serio, lo que viene tanto en pasado como en


presente está AAAAAHHHHH

Lamento no haber actualizado estos días, pero es


que estaba pendiente de terminar Cavalli y no tenía
mente para nada más JAJAJAJA si me ponía a escribir
Tanner Reed Savannah lo solucionaría todo a tiros o
con veneno

Capítulo dedicado a: AstreaV21 

Siguiente a la que más comente. NO olviden escuchar


las canciones mientras leen. 

Me pueden seguir en Instagram y twitter como


oscaryarroyo, hoy en la noche quiero que por fin
escojamos juntas quién es Savannah y Tanner 

Love u 

(Debo actualizar pronto)


Capítulo 10:

Capítulo 10:
19.6K 2.7K 1.5K
por OscaryArroyo
 

Dedicado a GenesisAlba04

Pauline y yo no hablamos durante el procedimiento.


Tampoco lo hacemos después de que un médico le da las
indicaciones de mantenerse en casa, con alguien cuidando
de ella, y algunos suplementos vitamínicos y de hierro.
Entramos en mi auto en silencio. Aunque estoy molesta con
ella por arrastrarme a esta situación tan incómoda sin mi
consentimiento y sin previo aviso, puesto que Pauline
necesitaba que alguien estuviera con ella durante el
procedimiento para poder realizárselo, un requisito
imprescindible de la clínica en el caso de presentarse
alguna emergencia, la profunda tristeza en sus ojos
marrones y las gruesas lagrimas deslizándose por sus
mejillas no me lo permiten, lo que confirma mi idea de que
sus razones para haber hecho esto son realmente serias.
Ella no está aquí, conmigo, justo ahora.

Tras unos segundos en los que ninguna de las dos hace o


dice nada, limitándonos a contemplar los deteriorados
edificios del otro lado de la calle, enciendo el motor y nos
pongo en marcha.

*****

No había manera alguna en la que la llevara a mi casa, no


cuando el aroma de su esposo puede continuar en mis
sábanas, por lo que me dirijo a un bonito hotel en el centro
de Austin. Dejarla en un sitio en el que esté Tanner suena
como una acción casi inhumana ahora mismo. Su rostro se
llena de alivio cuando me ve entrar en el estacionamiento
subterráneo del lugar, por lo que continúo adelante con mi
decisión entregándole mi tarjeta de crédito a la
recepcionista. Nos asignan una bonita suite de paredes
tapizadas en flores y cama de sábanas de seda gris en uno
de los niveles superiores. Pauline se dirige al baño a penas
entramos, encerrándose en él, y abre la ducha, por lo que
tomo las llaves y vuelvo a bajar para dirigirme a la boutique
que vi al llegar. Tomo un par de pijamas para ambas, ropa
interior, pantuflas y un cambio de ropa para mañana,
orgullosa conmigo misma de recordar su talla. También
chocolates, una botella de vodka y velas aromáticas de
vainilla. Un encendedor. Tras pagar me acerco a la recepción
y pido una pizza extra grande, lo único que solíamos comer
en la universidad. Ya en la habitación sus ojos hinchados por
el llanto se entrecierran cuando me sonríe al tenderle su
bolsa con ropa. La toma sin que tenga que insistir.

─Gracias ─susurra a la vez que aprieta la toalla blanca del


hotel contra su cuerpo, muerta del frío, a lo que ajusto la
calefacción.

─No hay de qué. ─Mientras Pauline se cambia, rodeo las dos


camas matrimoniales de velas y las enciendo. Una vez la
vainilla llena mi nariz, me siento mejor. Espero que Pauline
también. Abro un paquete de chocolates con galleta dentro
y se lo acerco tras llevar una de las bolitas a mi boca─.
Vamos. Te hará sentir mejor.

Ella, sentada en el borde de su colchón, mira hacia sus


manos en lugar de a mí. Bajo la bolsa cuando me doy
cuenta de que no la tomará. Sus hombros están a un
segundo de sacudirse. Quiere llorar otra vez. Me siento a su
lado y me limito a contemplar la vista de Austin que ofrece
el ventanal de nuestra suite en un piso treinta, puesto que
no tengo nada que decirle ya que nunca he atravesado una
situación similar ni espero hacerlo. Lo que está ante
nosotras es impresionante. Con las cortinas corridas somos
capaces de ver el atardecer desaparecer entre los edificios.

─Ni siquiera sé cómo puedes verme ─dice─. Soy una terrible


persona. ─Gira lentamente su rostro hacia mí─. Merezco ir al
infierno por lo que hice, Savannah, porque no... no me
arrepiento.

─Serías una terrible persona si no tuvieras buenas razones


para haberlo hecho ─respondo mientras quito un mechón de
cabello rubio y empapado de su frente─. Y sé que las tienes,
Pauline.

Su barbilla tiembla.

─Todavía así seguí tomando una decisión que solo le


corresponde a Dios ─replica─. Si mis padres alguna vez se
enteran, si la gente a la que quiero lo hace, se
decepcionarán de mí. No es así como fui criada. ─Traga
audiblemente─. Pero no podía pasar por lo mismo por lo que
ellos pasaron. Tanner no lo entiende, pero yo sí. No puedo
ver como alguien que amo se desvanece otra vez ante mis
ojos. No de nuevo. ─Hace una pausa en la que toma una
honda bocanada de aire─. Tanto mis padres como yo somos
portadores del gen de fibrosis quística, pero mi hermana
menor la padece. Ella está muriendo. Es la razón por la que
no nos fuimos a vivir cerca de ellos cuando terminé la
universidad. Por la que al final nos quedamos aquí. No
soporto la idea de ver cada día cómo se va. Ya es lo
suficientemente malo cuando los visito. Nunca he sido
buena ocultando el dolor que su enfermedad me produce y
eso solo lo hace peor para ella y para su condición. ─Mi
corazón se aprieta con fuerza dentro de mi pecho. Sabía
que Pauline tenía una hermana en casa, que su salud era
delicada, pero no que estuviera muriendo. El que no lo
supiera solo es una evidencia más de que sea lo que
seamos ahora, no somos amigas. Pero tampoco puedo
dejarla sola─. Nunca quise contarte porque estaba feliz de
haber obtenido una vida libre de tragedia y drama. Lo
siento. ─Niego, restándole importancia al asunto.
Nuevamente respira con profundidad, sus parpados
presionándose con fuerza contra sí mismos, sus pestañas
mojadas, antes de continuar─. Tanner también es portador y
ya nos hemos hecho estudios que dicen que las
posibilidades de que nuestro hijo nazca con fibrosis son
altas. Desde entonces estoy en control de la natalidad,
acordamos que lo mejor para nosotros es adoptar, pero esta
es la segunda vez que mi método anticonceptivo falla. No
sabes lo horrible que es no poder darle lo que más quieres a
la persona que amas. Oírla rogarte que no lo hagas, que
asumirá el reto, pero él no sabe lo que es realmente el reto.
Su corazón se romperá en el momento en el que lo
entienda. Yo no quiero que pase. Si tengo que quedar como
la mala para impedirlo, lo haré. No quiero que ninguno de
los dos pase por eso. No puedo ver esto rompernos.

─Pauline... ─susurro, sin palabras.

Cuando habla otra vez, lo hace entre sollozos.

─No quiero vivir más tiempo que mis hijos, Savannah. No


quiero verlos sufrir y no poder hacer nada por calmar su
dolor. No quiero no poder verlos a los ojos y decirles que
todo estará bien cuando ellos saben que no lo estará. No
quiero no poder ayudarlos. No quiero lidiar con ello. Una
parte de mí se arrepiente de habernos sometido al test
genético, pero la otra, la mayor parte, está tan agradecida y
aliviada. ─Se estremece violentamente, inclinándose sobre
mí y pidiéndome a gritos un abrazo. La complazco─. ¿Por
qué Dios predispone que las cosas pasen así? ¿Por qué hizo
que tuviera que enamorarme de mi mayor miedo? Eso es
cruel.

Suelto un suspiro mientras deslizo mis dedos por su cabello.

Mi corazón duele por Pauline.

Pero, sobre todo, me duele por Tanner.

Porque ahora entiendo qué lo destruyó.

─Quizás para que lo venzas, Pauline ─le respondo. Aunque


no rezo todos los días, hay algo de fe en mí. Creo en el cielo
y en el infierno, pero también en que probablemente iré al
último por sentirme como me siento en este momento─.
Quizás él puso esto en tu camino para que pierdas el miedo.

*****

Al día siguiente me despierto en la habitación de hotel con


la resaca más grande jamás registrada por el hombre.
Después de que Pauline terminó de desahogarse, comimos
pizza y bebimos vodka hasta desmayarnos, en su caso
contraindicado debido a los acontecimientos. La verdad es
que ambas teníamos el alma en fuego por el mismo motivo,
pero Pauline no lo sabía.

No he dejado de pensar en su esposo llorando en mi baño.

En el hecho de que los dos tienen motivos para estar


desechos.

En que no es mi asunto.

Pero ambos me involucraron.


Y ahora me doy cuenta de que no he sido la amiga de
Pauline durante todos estos años, ni alguien que solo está
enamorada de Tanner, sino un extra en su relación. Alguien
que siempre estuvo ahí para ambos. A la que ninguno de los
dos deja entrar por completo, pero tampoco dejan alejarse.
Nunca me permitieron continuar sin ellos, siempre
necesitándome. Necesitándome para preparar su boda.
Necesitándome para crear su hogar. Necesitándome para
comprar las sabanas de su cama. Necesitándome, sobre
todo, para guardar sus oscuros secretos.

No soy la amiga de ninguno, pero por alguna razón me


necesitan.

─Pauline ─susurro mientras toco la puerta del baño, ya


vestida con un par de jeans, botas de cuero y un suéter
blanco de lana. No estoy de ánimos para nada más. Del otro
lado la escucho susurrar cosas, probablemente a su
teléfono, pero no entiendo ninguna de ellas debido a lo bajo
que habla─. ¿Estás lista?

─Solo un minuto.

Tras soltar un suspiro, me doy la vuelta y regreso a


asegurarme de que hayamos tomado todas nuestras
pertenecías de la habitación. Aunque mis ojos no están tan
hinchados como los suyos, cuando me veo frente al espejo
noto que de igual manera es evidente que la situación me
afectó debido a que ahora sé cómo ella lo hirió, pero
también qué la hirió para llevarla a hacerlo. Mentiría si me
dijera a mí misma que me importa más Pauline de lo que
me importa su esposo, pero aun así no quiero estar triste.

No quiero lamentar una pérdida que no es mía.

Ahora mismo estar con los dos me pondría justo así, por lo
que debo mantenerme alejada de ambos. Renunciar a mi
trato con Tanner. Enfrascarme en mis otros proyectos.
Aunque ni la suma de lo que obtendré por completar todos
ellos me dará la mitad de la mitad de lo que necesito para
comprar el terreno que quiero en Travis Country, ahora
mismo no soporto la idea de estar a su lado.

No sin sucumbir a consolarlo.

No sin caer.

─¿Pauline? ─pregunto nuevamente, esta vez con más


insistencia, a lo que ella abre la puerta usando un suéter de
lana, como el mío, pero color rosa suave y vaqueros
blancos, los zapatos del día anterior en sus pies─. ¿Estás
bien? ¿Tomaste los suplementos?

Ella afirma mientras me rodea para alcanzar la cama y


tomar sus cosas. Se ve cabizbaja, pero todavía capaz de
mantenerse en pie. Nuevamente el silencio nos envuelve
mientras dejamos la llave en la recepción y nos acercamos
al restaurant para desayunar. Es cuando ambas hacemos
nuestro pedido, un café y un pastelito para ella y un
sándwich de pollo y jugo de naranja para mí, que finalmente
se dirige a mí. No puedo identificar y mucho menos
encontrarle sentido a todas las emociones en su rostro.

Este es un coctel de ellas.

Tristeza. Pérdida. Enojo.

Confusión.

─Necesito otro favor, Savannah. ─Mis cejas se alzan, a lo


que sus mejillas se llenan de color─. Esta vez te diré qué es
─susurra, al menos teniendo la decencia de verse
avergonzada. No me molesta lo que ha hecho, no por mí,
sino que me haya arrastrado allí sin mi consentimiento.
Leyendo mis pensamientos en la expresión de mi rostro,
deja escapar un suave suspiro─. Sobre usarte y mentirte
para llevarte a la clínica, por cierto, lo siento. Eras mi única
opción. No conozco a nadie más que no iría directamente a
llamar a Tanner a penas se enterase. ─Esta vez son mis
mejillas las que se sonrojan, lo cual oculto con mi cabello al
asentir, pero no porque sienta vergüenza de mi decisión,
sino por el hecho de a dónde claramente se encuentran mis
lealtades. Estaba asustada. Actué de la mejor manera que
pude en el momento. Si algo le hubiera sucedido a Pauline,
no habría sabido qué hacer─. De verdad lo siento,
Savannah. Te hubiera dicho si no existiera la posibilidad de
que me rechazaras y estaba desesperada.

No lo hubiera hecho.

Si hubiera sabido, le habría dicho que no.

Porque habría deducido que eso lo dañaría.

Porque no es un peso que quería sobre mis hombros.

─Te perdono ─murmuro antes del momento en el que


nuestro desayuno es puesto sobre nuestra mesa. Cuando el
mesero vuelve a irse, prosigo─. ¿Qué es ese favor, Pauline?

─Necesito ir a otro lugar ─responde─. A la estación de


trenes.

Mis cejas se juntas.

─¿Irás a visitar a tus padres?

Pauline niega.

─Aunque no nos mudamos, Tanner compró un rancho en


Lubbock. ─Lubbock es el nombre del pueblo del que Pauline
proviene. Su familia tiene grandes cultivos de algodón en él.
Tanner lo odia debido a lo lejos que se encuentra del mar y
de la frontera, por lo tanto, de su negocio, pero estaba
dispuesto a irse ahí por ella─. Necesito un tiempo para mí.
No estoy lista para enfrentarlo. ─Su mirada se vuelve
triste─. ¿Cuento contigo, Sav?

Afirmo.

─Siempre y cuando no sea la única que sepa que estás ahí,


sí. No quiero tener que quedarme callada mientras todos
piensan que desapareciste. ─Hago una mueca mientras ríe─.
No es gracioso.

De verdad no lo es.

Al ver la seriedad en mi rostro, asiente.

─Está bien, se lo diré a mis padres aunque pierda la


posibilidad de estar sola. No será un secreto. ─Me sonríe, un
gesto triste y agradecido que desaparece en el interior de
su taza de café cuando bebe de ella─. Y de verdad gracias,
Savannah, por todo.

*****

Corremos con la suerte de que un tren está saliendo a San


Antonio para cuando llegamos a la estación, desde dónde
luego Pauline puede ir a Lubbock, por lo que casi a los
minutos se va. Permanezco de pie junto a los rieles,
viéndolo marchar, hasta que desaparece de mi vista por
completo. Este es mi segundo día consecutivo de trabajo
perdido, pero hay tantos pensamientos y emociones en mi
sistema que se me hace inconcebible la idea de
concentrarme en mis planos o simplemente quedarme en
casa a pensar. Paso por ella rápidamente a cambiarme,
tomar un par de shorts de lycra, zapatillas y un top
deportivo, para luego dirigirme trotando al gimnasio. Queda
cerca de casa, por lo que en veinte minutos estoy haciendo
mi rutina habitual de ejercicios mientras sigo los consejos
de mi entrenadora. A pesar de sus protestas, continúo
entrenando incluso después de que terminan mis dos horas
habituales. Lo hago hasta que mis músculos duelen tanto
que siento que me quemo por dentro al más mínimo
movimiento.

Tabatha se acerca a mí, incorporándose sobre el mostrador


de la recepción, cuando me ve salir, sus ojos verdes
preocupados. No me ha visto hacer ejercicio así desde que
estaba en la universidad y se vio en la obligación de
detenerme antes de que muriera en su gimnasio. Ha sido mi
entrenadora personal desde entonces. Su mirada es casi
maternal al momento en el que se planta frente a mí. Su
cuerpo delgado y tonificado es mi segunda mayor
inspiración. La primera el cómo se recuperó tras un divorcio
injustificado, con un bebé de por medio y años de noviazgo.

Mientras yo no he podido dejar ir a Tanner.

─¿Todo está bien, cariño?

Afirmo.

─Sí, Tabby, todo está bien. ─Le ofrezco una sonrisa


temblorosa, mi frente goteando sudor─. Nos vemos mañana.
No volveré a faltar. Lo prometo. He tenido unos días difíciles
en el trabajo.

A pesar de que no compra mi respuesta, afirma y me da el


espacio que necesito para salir. Está lloviendo afuera, una
sorpresiva tormenta húmeda y caliente, pero estoy tan llena
de sudor que no me importa y casi encuentro refrescante el
sentir el agua deslizándose sobre mi piel mientras regreso a
mi estudio. Si fuera buena haciendo más que edificios o
planos, dibujaría para desahogarme, pero no lo soy, por lo
que probablemente mis planes para la noche se limitarán a
hacer zapping en el televisor mientras hablo con Malcolm e
ingiero las calorías que perdí.

Estos, sin embargo, se van al desagüe cuando llego a mi


puerta y veo a Tanner inclinado sobre ella. Lleva puesta una
sencilla camisa blanca sin abotonar en la parte superior y
pantalones oscuros. No vi su auto estacionado afuera, por lo
que su chófer debió haberlo traído. Deja de mirar fijamente
la madera cuando me escucha llegar, despegando también
su dedo del botón de mi timbre. Me detengo solo a unos
pasos de distancia, mis piernas temblando debido a que
todo el esfuerzo que hice me está pasando factura al
encontrarme relativamente en reposo.

─Tanner ─susurro suavemente, viéndolo por primera vez


como alguien débil y como alguien que puede romperse.

Dónde esperaba encontrar ira, sin embargo, solo veo dolor.


Sus ojos contienen toneladas de él mientras se los frota con
la mano. El agua gotea en el suelo de mí, lo que
probablemente molestará a los vecinos si no se seca antes
de que pisen el charco que hice, pero su atención está
únicamente en mi rostro. No he recibido ningún tipo de
llamada o mensaje de su parte desde ayer, ante lo cual, en
parte, me sentí aliviada. No quería lidiar con esto.

─¿Dónde está mi esposa? Las he estado llamando a ambas.

Pauline no me hizo prometerle que no le diría, así que lo


hago.

─En Lubbock. ─Mis manos hacen sonar mis llaves. Aunque


mi respuesta debería sorprenderlo, no se ve como si lo
hiciera. Ninguno de los dos dice nada más, por lo que
después de unos segundos me veo forzada a rodearlo para
abrir la puerta─. ¿Té?

Tanner me mira fijamente cuando hago la pregunta. Se ve


tentado a aceptar, pero niega. Una vez dirijo mi atención a
otro punto que no sean sus ojos oscuros, me doy cuenta de
lo afectado que realmente luce. No se ve como si hubiera
llorado o pasado la noche ahogando sus penas en alcohol,
pero sí como si no hubiera dormido en días. También está
más delgado y encorvado sobre sí mismo. Sin saber cómo
lidiar con la situación, asiento y cierro la puerta casi con
suavidad. No lo forzaré a hablar de un tema que claramente
lo destroza, ni lo obligaré a beber mi té de manzanilla.

Pero tampoco puedo simplemente dejarlo ir.

Luego de permanecer unos segundos con la frente


presionada contra la madera y de haberlo escuchado irse,
tomo el pomo y salgo nuevamente al pasillo a pesar de que
mi decisión de no continuar con el proyecto de su ático
sigue en pie. El ascensor se encuentra en uso para cuando
lo llamo, por lo que tengo que bajar las escaleras de prisa
para alcanzarlo en la calle, la lluvia cayendo con más fuerza
que antes. No sostiene ningún tipo de sombrilla, por lo que
está mojándose mientras espera que el Cadillac negro se
detenga frente a él. Su frente se arruga con confusión
cuando me ve, su mano sosteniendo la puerta del auto,
pero no soy capaz de ver su reacción cuando lo rodeo con
mis brazos debido a que sumerjo rostro en su pecho. Lo
estrecho con fuerza, tomando todo lo que puedo rescatar
con mi nariz defectuosa de su aroma a detergente, loción y
colonia. Sorpresivamente, Tanner me devuelve el abrazo
después de un momento de tensión, su cuerpo relajándose
contra el mío durante lo que parecen horas, pero en
realidad no son más que unos míseros segundos.
Cuando nos separamos lo único que hacemos es mirarnos.
Ninguno de los dos quiere o tiene algo que decir. Sus irises
oscuros ya no intentan ocultar el purgatorio por el que está
atravesando y yo no le oculto los sentimientos que eso
produce en mí. Cuán lastimada estoy debido a él. Cuánto
una parte de mí ha empezado a detestar a Pauline por lo
que le hizo a pesar de que no debería sentirme así. Cuánto
me gustaría ceder y ofrecerle más que un abrazo, pero cuán
malo podría ser el significado de eso para mí. Él asiente, un
silencioso agradecimiento, su cabello negro y mojado
pegado a su frente, antes de entrar en el Cadillac e irse,
dejándome de pie bajo una inesperada y fuerte tormenta.

Hola, cómo están! espero que bien

Aquí les dejo nuevo cap, espero que les haya


gustado  ♡

¿Qué opinan de todo este desastre Pauline/Tanner,


dejando a Sav de lado?

La dedicación del cap va para las chicas que ganaron


el cuestionario en Ig, pero no las encuentro, por fi,
escríbame para darles la dedicación

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Love u
Capítulo 11:

Capítulo 11:
18.8K 2.7K 2.2K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a hjsnwlw

Tanner me debe haber escuchado caminar tras de él, puesto


que no parece en lo absoluto sorprendido cuando tomo la
manija de su puerta y entro en su camioneta. Es alta. Yo
también lo soy, pero aun así tengo que tomarme mi tiempo
para subir. Una vez estoy dentro, con el cinturón abrochado,
enciende el motor con la mandíbula apretada. Algo me dice
que a pesar de su insistencia, no esperaba que viniera. Que
tampoco se encuentra feliz por ello.

El ambiente es tenso y silencioso, por lo que enciendo la


radio. Mis mejillas se sonrojan, pero mis labios se curvan
ampliamente hacia arriba, al escuchar la sucia letra de Or
Nah en la radio. Le subo el volumen mientras tatareo
mirando por la ventana. Si estuviéramos ya en la fiesta,
estaría bailándola en el regazo de alguien. No
necesariamente un chico. Me encanta su suciedad.

─¿A dónde vamos? ─le pregunto con la frente arrugada


cuando pasamos el desvío a su fraternidad, tomando el
cruce contrario.

─Por provisiones ─responde por lo bajo, enojado.

Ya acostumbrada a su mal humor, pero en lo absoluto sin


dejarme llevar por él, levanto una ceja cuando nos
estacionamos frente al mini market en una gasolinera y
rodea la camioneta para abrir mi puerta cuando ve que no
estoy bajándome de ella. Después de que me obligaran a
mudarme, puede ser un imbécil con Pauline todo lo que
quiera. Yo quiero solo palabras amables.

Al menos una vez.

─¿Savannah? ─Tanner luce como si estuviera lidiando con un


niño imposible, lo cual bien podría ser cierto, y como si en
cualquier momento pudiera perder la paciencia─. ¿Te bajas?

Niego.

─Te espero aquí.

─Son las nueve malditas de la noche ─gruñe─. Un psicópata


podría venir y fastidiarte mientras estoy dentro. Por favor,
baja.

─No.

─Savannah...

Me cruzo de brazos.

─No. Me quedo aquí.

Tanner suelta un dramático suspiro.

─Bien, pero enciende el aire acondicionado, mantén los


vidrios arriba y no salgas. ─Dice mientras me lanza las
llaves, a lo que un cosquilleo de emoción recorre mi nuca─.
Y no hagas nada estúpido, como, por ejemplo, robarte mi
camioneta. Tiene GPS.

No voy a mentir, la idea pasó por mi mente, pero no soy una


ladrona. O, al menos, no lo era hasta que insinuó que podría
serlo. Tanner se da la vuelta para entrar en la tienda.
Incorporándome sobre el pisa pies exterior, le grito por
encima de la puerta, lo que hace que tenga que girar el
rostro hacia mí de camino a la tienda.

─¡Quiero un six pack de smirnoffs de manzana verde y


chicle!

No espero ninguna respuesta de él. En su lugar me pongo


de nuevo sobre mi asiento y hago lo que me dijo. Ya que no
es necesario encender el motor para que el aire
acondicionado funcione, no lo hago de inmediato. Disfruto
de un par de canciones en la radio hasta que lo veo
desaparecer en los pasillos del fondo, puesto que la tienda
no es tan grande y está hecha de ventanales de cristal. Es
en ese momento que me traslado a su asiento y el motor
cobra vida. Para el momento en el que Tanner se da cuenta,
es demasiado tarde. Ya estoy retrocediendo y
encaminándome hacia la carretera. Lo observo correr hacia
el estacionamiento con una sonrisa permanente en el rostro
que luego se transforma en risa. Nunca me he vengado de
él, esto está lejos de ser suficiente en comparación a lo mal
que la he pasado, pero es un buen golpe.

*****

Cuando llego a su fraternidad me estaciono en el césped de


la entrada, el único sitio disponible en el que sé que no
chocaré con nadie entrando en él. Las personas me miran
con las cejas arriba cuando me encamino a la casa. Sus ojos
recorren mi cuerpo con enojo y excitación, un eco de los
sentimientos de Tanner al verme. El hecho de que esté
apoyando al equipo contrario no significa que no me vea
bien. La atención que recibo aumenta cuando me deshago
de mi abrigo, revelando mi pequeño top blanco y las
cadenas, y empiezo a bailar en el centro de la sala llena de
estudiantes con una espumosa cerveza de barril en la
mano.

Looking at me de Sabrina Carpenter suena en el momento


en el que alguien comienza a mecerse contra mí y Tanner
entra en la casa con expresión furibunda, pero controlada,
junto a otros chicos del equipo que sostienen bolsas de
papel. Hago un par de movimientos con mis hombros antes
de darme la vuelta. El chico, un miembro de los Longhorns,
no se queja cuando coloco mi sombrero sobre su cabeza. Él
incluso se inclina hacia abajo para que lo haga. Tras morder
mi labio por unos segundos, tomo sus mejillas en mis manos
y acerco mis labios a los suyos. Es grande y rubio, como un
bebé gigante, por lo que fácilmente me levanta y me lleva a
las escaleras. Suelto una risita contra sus labios, negando,
cuando intenta llevarnos al baño. Señalo la puerta al final
del pasillo. Vi a Tanner desaparecer en el jardín, supongo
que con Pauline y el resto de sus amigos.

─Quiero que sea ahí.

La sonrisa del chico flaquea.

Se desvanece cuando se da cuenta de que hablo en serio.

─Vamos, linda ─dice─. Escoge cualquier habitación, menos


esa.

Niego.

─Si no es ahí, entonces no.

Cuando me empiezo a separar de él, su agarre sobre mí


vuelve. Suave, pero firme. Decidido. Sonrío mientras aprieto
su trasero en respuesta. Tiene un buen culo, pero no he
tenido sexo en semanas, desde que estuve con Weston en
la playa, y espero que lo de adelante sea muchísimo más
impresionante.

Y que lo sepa usar.

─Bueno, que Tanner se vaya a la mierda ─grazna


tomándome entre sus brazos, a lo que rodeo su cuello con
mis brazos y suelto una risita mientras atravesamos el
pasillo─. Por cierto, soy Ibor.

Internamente hago una mueca, externamente sonrío.

─Savannah.

Cuando la puerta del cuarto de Tanner se abre, Ibor me


deposita sobre mis propios pies y me hace dar la vuelta
para empezar a besarme de manera hambrienta. Paso el
pestillo antes de que nos dirijamos a la cama del presidente
de la fraternidad. Si robar su camioneta no lo fue, esto
definitivamente es bastante similar a la venganza. La idea
hace fruncir mis pezones antes de que Ibor baje mi top y
ponga sus grandes manos en ellos, mi espalda contra el
colchón. Me quito el pantalón mientras él baja la parte
inferior de su uniforme. Aunque debería desagradarme que
no se hubiera cambiado, en realidad me excita la idea de
ser follada por otro jugador del equipo de Tanner, usando
ropa a favor de su enemigo, en su cama. Es como un
múltiple ataque que mantiene mis sentidos despiertos. Ibor
jadea sobre mis labios cuando mete un par de dedos en mí
y me encuentra mojada. Aprieto mis muslos contra su
cabeza cuando desciende sobre mí. Su boca toma mi
palpitante clítoris entre sus labios. Lo obligo a incorporarse
cuando los golpes en la puerta empiezan. Incluso la música
ha dejado de sonar. Ibor intenta apartarme para ponerse de
pie, pero niego.
─Sea lo que sea que digas, ya está molesto ─susurro
mientras lo empujo hasta que finalmente se sienta en la
cama─. Así que déjame hacer que recibir el enojo de Tanner
Reed valga la pena.

Aunque Ibor luce en conflicto consigo mismo, las dudas se


desvanecen cuando deslizo un condón en su erección y
desciendo sobre ella. Sus ojos no abandonan mis tetas,
todavía con las cadenas doradas rodeándolas, mientras me
muevo sobre él de manera rítmica y firme, gemidos suaves
y dulces saliendo de mí.

Él está en el cielo.

Yo en el infierno.

Porque lo que me excita no es su pene en mí, sus ojos en


mí, sino los sonidos que provienen del otro lado de la
puerta. Los furiosos golpes que esta recibe. Suelto un grito
agudo cuando lo escucho.

─¡Savannah, maldita sea, sal de mi habitación! ─grita antes


de taclear, supongo, su puerta de una manera que hace que
la madera se estremezca─. ¡No quiero hacer que todos
estos imbéciles te vean desnuda, así que para de una jodida
vez! ─Hace una pausa en la que lo escucho tomar aliento─.
¡Ibor, estás jodidamente muerto por esto, pero todavía
puedes decidir entre una muerte rápida y piadosa o una
muerte lenta y dolorosa!

Ibor se estremece debajo de mí al escucharlo, por lo que me


inclino hacia adelante y lo beso mientras lo aprieto dentro
de mí. Jadea mientras el orgasmo lo golpea. A pesar de que
no llegué, me siento satisfecha mientras se separa de mí.
Se levanta y se pone los pantalones, pero separo mis
piernas cuando me echa un vistazo. Captando mi
insinuación, deja caer su camisa y se arrodilla frente en el
suelo frente a mí para llevar sus labios a mi centro. Tomo
mechones de su cabello entre mis dedos. Al otro lado de la
puerta todo se ha vuelto silencioso, pero por alguna razón
soy capaz de sentir la presencia de Tanner cerca. Una vez
mis muslos se estremecen, Ibor se levanta y me ofrece una
sonrisa suave. Incluso tierna. Es atractivo de una manera
ingenua.

─¿Qué tan estúpido me hace ser querer salir contigo


después de esto? ─pregunta─. ¿Llevarte a una cita de
verdad?

Decido ser sincera.

─Muy estúpido.

A pesar de que la decepción llena sus ojos, su sonrisa no


desaparece. Tampoco su expresión amable y risueña.

─Sí, bueno, no soy el jodido mariscal de campo, pero la


defensa es importante. ─Se encoje de hombros. Me siento
mal por estar haciendo algo parecido a romper sus ilusiones
mientras toma mis pantalones tras vestirse, al igual que mis
botas, y las deja en la cama de Tanner. Antes de irse se
inclina sobre mí y besa mi frente─. No te preocupes por
Tanner. Hablaré con él para que no te lance mierda. Si algún
día quieres salir, entreno en el campo todas las tardes. De
verdad sería agradable ir por un café y dulces.

Afirmo, enternecida.

─Lo tomaré en cuenta.

Entreabre la boca como si fuera a decir otra cosa, pero


finalmente decide mantenerla cerrada y se va. Una vez a
solas empiezo a vestirme. Cuando estoy por salir, sin
embargo, Tanner entra por la ventana, lo cual explica por
qué los golpes en la puerta se detuvieron. Sin tener ni idea
de cuánto tiempo estuvo ahí viéndonos, pero teniendo la
sospecha de que no acaba de llegar, mantengo mi barbilla
en alto mientras se dirige a mí con paso amenazante. Sus
mejillas incluso están sonrosadas por la ira, sus fosas
nasales expandidas y su mandíbula tan apretada que en
cualquier momento podría fracturarse por sí misma.

─¿Dónde está Pauline? ─pregunto.

Sé que quizás soy una ruin cobarde por tomar la salida fácil,
pero Pauline es lo único que podría ponerme a salvo de su
novio.

─No está. No vino. Fue a casa directamente del partido.

─¿Johnson?

Tanner niega.

─Te mentí. Nadie estaba esperándote aquí. Quería hablar.


─Hace una mueca─. Cuán jodidamente estúpido fui por si
quiera pensarlo. Me alegra haber visto lo que vi. Habría sido
un error.

Trago.

Le preguntaría de qué quería hablarme si no pensara que


sería inútil. Sea lo que sea que quería decirme, morirá en su
garganta. Permanezco en silencio mientras continúa
acercándose. Mi respiración es acelerada e inestable. Quiero
irme corriendo de aquí, directa a enterrar la cabeza en mi
almohada, pero algo obliga a mis pies a mantenerse en su
lugar. Algo más allá de la sencilla curiosidad. Empiezo a
temblar más de lo que lo hice al acabar.
─No solo apareces en mi juego con los colores del enemigo
─sisea─. Seduces al mariscal del campo del otro equipo, te
metes en mi cabeza, la revuelves y me haces ser el
responsable de perder un partido. ─Mi espalda choca contra
la madera de su armario cuando, retrocediendo, llego a
ella─. Sino que también me dejas en medio de la maldita
nada, te llevas mi camioneta y te exhibes para todos en la
sala de mi propia casa. ─No perderme en la intensidad de
sus ojos negros resulta demasiado difícil, por lo que agacho
la mirada. Tanner me impide, sin embargo, mantenerla
abajo colocando sus dedos en mi mentón y manteniéndolo
arriba. Mi piel quema y hormiguea dónde su mano está
puesta─. Y follas al jodido Ibor, el imbécil más estúpido, en
mi cama, dejando la mezcla de tu aroma y el de él en mis
sábanas. Sábanas que tendré que quemar. Mierda, incluso
puede ser cambie mi maldito colchón ─gruñe─. Y después
de todo eso, todavía te preguntas por qué quiero a Pauline,
quién saca lo mejor de mí, en lugar de a alguien como tú,
que se siente como tragarse un torbellino y caer en un
agujero negro, pero a pesar de que la respuesta es
jodidamente obvia y ambos los sabemos, continúas
viéndome con ojos de siervo herido, lo que incluso tras todo
lo que me hiciste esta noche me hace sentir como una
mierda porque aunque no lo entiendo, me destroza hacerte
daño, Savannah. ─Para el momento en el que termina de
hablar, su frente está presionada contra la mía y las
lágrimas, tanto de vergüenza como de dolor, se deslizan por
mis mejillas─. Y ni siquiera sé por qué.

─Tanner... ─susurro.

Él niega.

─Por favor ─ruega─. Dime cómo te lastimé. Dime qué te hice


para que pueda compensarte y pasar página. No creo que
pueda soportar por mucho más tiempo la locura que
induces en mí. ─Traga sonoramente─. Intento ser un buen
hombre, Savannah, pero no me lo pones malditamente fácil.
Todo lo contrario.

Mi pecho se aprieta.

Aunque debería sentirme bien por la marcada


desesperación en cada uno de sus rasgos, no lo hago. La
idea de lastimarlo de alguna manera suena satisfactoria
dentro de mi mente, pero verlo es absolutamente diferente.
Me hace sentir mal y culpable.

─Te acostaste conmigo la noche antes de ir por Pauline


─revelo lo más alto y fuerte que puedo─. Al día siguiente, al
parecer, lo olvidaste. Cuando me desperté estabas
buscándola por todas partes. Yo sabía que era solo sexo,
pero no pude evitar preguntarme todos los días qué tenía
ella que yo no. Luego, cuando vi que eras genuinamente
dulce con Pauline, me di cuenta de que no eras solo un
idiota más, comencé a notar cuánto realmente me gustas y
me obsesioné. He intentado deshacerme de ello, pero no
puedo. ─Ahora lloro abiertamente, lo cual no puedo evitar.
Ni siquiera pienso en evitar. Es inútil. El hecho de decir mis
sentimientos en voz alta es duro─. He estado con chicos, he
intentado enfocarme en mis estudios, incluso me mudé de
habitación, pero continúas apareciendo. ─Cuando se aleja
de mí, retrocediendo mientras luce confundido, por fin
puedo respirar─. Así que entiendo perfectamente a lo que te
refieres cuando dices que saco lo peor de ti porque también
sacas lo peor de mí. Hiciste estragos mi amistad con
Pauline, mi autoestima y mi corazón.

Ahora es él quién se ha quedado sin palabras.

─Savannah...

Niego.
─Solo déjame en paz de una vez por todas.

Él se pasa la mano por el cabello mientas se pasea por la


habitación. Debería irme, pero una parte de mí necesita
esto.

Un cierre.

─Borracho, a veces hasta drogado, me acuesto con un


montón de chicas que no recuerdo después ─dice
finalmente─. Lamento que hayas sido una de ellas y que no
te haya gustado, pero estoy con Pauline y...

No lo dejo terminar. Cruzo su rostro con una bofetada. Sin


dedicarle un segundo más de mi tiempo, me largo de su
habitación con lo que queda de mi corazón deslizándose
como agua salada de mis ojos. Por fortuna no me sigue.
Antes de salir de su casa y tomar un taxi me dirijo a la
cocina, dónde voy por un vaso con agua. A pesar de que se
desliza por mi garganta, no puedo evitar que esta se seque
cuando veo un six pack de smirnoffs de manzana en la
hielera y una bolsa llena de chicles en la encimera. Aunque
vaya directamente a mi dormitorio a llorar después de salir
de aquí, me he ganado el derecho a embriagarme, por lo
que tomo el juego de latas y los chicles y salgo de la
maldita fraternidad.

Cuando paso junto a la camioneta de Tanner, sin embargo,


recuerdo que todavía tengo las llaves en mi bolsillo. Las
lanzo el interior de la cabina, reacia a volver al interior.
Afuera y sobre la acera, tecleo en mi teléfono y entro en la
aplicación de Uber, pero un Audi negro se detiene frente a
mí, el chico que lo conduce viéndose familiar. Castaño y
robusto. Atractivo debido a su mandíbula cuadrada, pero
solo un idiota del montón. Gordon.

El novio de Anahí.
Sin Anahí.

─¿Necesitas un aventón? ─Separo los labios para contestar


negativamente, pero me corta─. Voy a tu edificio, de todas
formas.

Está solo, también se ha comportado a mí alrededor cuando


estamos con Anahí y nunca me había cruzado con él antes
de mudarme a su dormitorio, por lo que termino asintiendo .

Cometiendo mi segundo mayor error.

¡Hola! 

Espero que el cap les haya gustado. Estuvo intenso


omg

¿Alguien de ustedes tiene Filmora sin marca de agua?


Hice el trailer, pero no lo puedo exportar :c

Dedicación del capítulo anterior: genesisalba04

Capítulo dedicado a: hjsnwlw (amo sus comentarios)

Siguiente a la que + comente 

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Capítulo 12:

Capítulo 12:
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por OscaryArroyo
 

Dedicado a ElenaSantisteban

No he visitado a mis padres en semanas. Lo he aplazado


debido a que cada vez que me invitan a Houston, tienen
una cita medio a ciegas preparada para mí. No
completamente a ciegas debido a que mientras yo no tengo
ni idea de cómo lucirá el hijo de su amigo o amiga con el
que intentarán emparejarme, ellos sí le habrán enseñado
fotos, desde que era un bebé hasta la última que subí en
Instagram, y hablado de mí. Mi madre está obsesionada con
ser abuela antes de cumplir los cincuenta y mi padre,
aunque no es particularmente machista, quiere un nieto al
cual enseñarle todo lo que sabe sobre el mundo
inmobiliario. Aunque mi carrera está relativamente
relacionada con la suya, mi cero interés en los negocios más
allá del diseño ha despertado en él la necesidad de
traspasarle todos sus conocimientos a alguien más. Aunque
eso también podría hacerlo con una nieta, quizás habla de
un niño porque también sueña con cumplir con todo lo que
no hizo conmigo mientras crecía, puesto que siempre fui
molesta e irritantemente femenina, como mamá, como
jugar con la pelota o llevarlo a partidos de fútbol americano
por todo Texas sin camisa y con palabras de aliento a su
equipo escritas con marcador en su piel como,
vergonzosamente, hace todavía con los vecinos.
A pesar de que normalmente no les prestaría atención a sus
solicitudes de un bebé en la familia, a estas alturas creo que
ni siquiera les importaría que fuera madre soltera, los
últimos acontecimientos me obligan a pensar en ello
mientras conduzco a mi ciudad natal, a dónde no pude
evitar escapar cuando mi madre insistió en que fuera
durante el fin de semana. No niego que un día quiera ser
llamada mamá por alguien, pero quiero formar mi propio
hogar primero. Quiero casarme, diseñar una casa para mi
pareja y para mí, disfrutar nuestra relación por unos años
viajando alrededor del mundo y luego, cuando ya todas mis
metas laborales se cumplan y no solo esté diseñando casas,
tener un bebé.

Lo irónico del asunto es que nunca he podido ser capaz de


imaginarme haciéndolo con Tanner. Cuando pienso en mi
futuro, solo veo un hombre con un rostro en blanco. Quizás
esto se debe a que lo he visto hacer con alguien más todo lo
que tengo en mente, así que a pesar de que siempre lo que
he querido más allá de lo razonable, el recordatorio
constante de que no es mío me ha obligado a no ver más
allá del presente o de mis emociones.

*****

─Por fin ─susurro con un suspiro cuando, después de dos


horas y media de viaje, me estaciono frente al elegante
restaurante en el que almorzaré antes de ir con mis padres.

Son maniáticos con respecto a las comidas y sus horarios,


sobre todo mi madre, quién luce como de treinta a pesar de
estar a mediados de los cuarenta, por lo que no habrá nada
cálido y recién hecho para mí cuando llegue a casa debido a
que son más de las doce. Retoco mi maquillaje y me aplico
un poco de perfume antes de bajarme del auto, puesto que
después de conducir tanto me veo cansada y demacrada. Si
no tuviera tanta hambre o no le tuviera tanta estima a la
persona esperándome, ya por media hora en la mesa, me
habría ido directamente a dormir a mi vieja habitación de
adolescente. Llevo vaqueros oscuros y sandalias altas con
un top suelto, ropa cómoda y ligera en comparación a lo
que me gusta usar, pero eso no impide que Malcolm se
levante apenas me vea y me haga girar sobre mí misma,
atrayendo la atención de otros clientes y del personal,
apenas me ve.

─Tanto tiempo sin verte ─murmura estrechándome contra sí,


lo cual trae una mueca de dolor a su rostro debido a que
probablemente aplasté alguno de sus golpes durante el
partido. Al ver la mirada de preocupación en mi rostro,
puesto que vi cómo el integrante del equipo contrario lo
tacleó en su último partido, sonríe despreocupadamente─.
No sirvió de nada. Ganamos.

Tras hablar se encoje de hombros, lo que trae tensión a sus


facciones debido al movimiento, pero aun así se inclina para
sacar mi silla de la mesa como el caballero que es a pesar
de tratarse de uno de los hombres más mujeriego y
codiciado que conozco. El hecho de que las mujeres lo
quieran, sin embargo, no solo se debe a su atractivo, sino a
lo dulce y amable que es a pesar de que les deja en claro a
todas ellas que no está buscando una relación. Debo darle
el crédito de ello. No es el idiota habitual.

No como Tanner.

Una vez se sienta frente a mí, al igual que cada vez que lo
veo, mi corazón se aprieta dentro de mi pecho debido a lo
parecidos que son a pesar de ser hermanastros. Las
diferencias entre ellos son mínimas. Debido a que Malcolm
pasa mucho tiempo bajo el sol en el campo, su piel está
levemente más bronceada ahora. Sus ojos son más
marrones que oscuros, pero en la noche lucen exactamente
iguales a los de Tanner. Su mandíbula también es más
cuadrada que la de él, quién tiene un toque europeo y fino
debido a su madre. Ya que el señor Reed también tiene
ascendencia alemana, esto no es tan relevante al
compararlos.

Así que aunque me ocasiona vergüenza recordar cómo nos


conocimos, no me siento del todo culpable por haberlos
confundido. Cualquiera que no tuviera idea de la existencia
de Malcolm conociendo a Tanner o al revés lo habría hecho,
sobre todo con un par de copas, o muchas de ellas, encima.
Ahora que los conozco a ambos, sin embargo, es una idea
casi ridícula equivocarme de hermano. Mientras que estar
en la misma habitación con Tanner revuelve mi estómago,
todo mi cuerpo se relaja en presencia de Malcolm,
empezando por eso. También se visten diferente. Mientras
uno es elegante y oscuro, el jugador de fútbol es casual sin
resultar desaliñado. Fuera de eventos siempre está en
vaqueros y camisetas o camisas unicolores, como ahora que
lleva un par de jeans oscuros y una camiseta gris con cuello
en V. A pesar del reloj de lo que sospecho es oro está en su
muñeca, típico accesorio de futbolista, pasa desapercibido
por su ropa y la gorra oscura sobre su cabeza. Si no la
tuviera habría una hilera de desconocidos esperando por un
autógrafo.

─¿Cómo estuvo Miami? ─le pregunto, puesto que ahí fue


donde lo Kings jugaron anoche─. ¿Te quedaste en el
apartamento?

Ya que sé cuánto odia los hoteles, les pedí a mis padres que
le prestaran su condominio. A pesar de que mi madre
normalmente protestaría, mi padre enloqueció ante la idea
de Malcolm Reed, su héroe, quedándose en su casa y
personalmente se encargó de preparar el sitio para recibirlo.
Malcolm y yo no hemos hablado mucho esta semana,
tampoco se lo he preguntado a papá, así que no tengo ni
idea de si se quedó ahí, alquiló algo o durmió con el equipo.
Mi mente no ha dejado de girar en torno a lo sucedido con
Pauline, algo que sospecho que Malcolm ni siquiera se
imagina. Aunque es evidente que Tanner lo que quiere,
puesto que durante todos estos estos años es lo más
parecido que he visto que tiene cercano a un compañero del
mismo sexo, no creo que se lo haya comentado. Odia verse
débil y esta situación lo hace vulnerable.

Como una carie que deja el nervio del diente expuesto.

─Sí, es un sitio bonito, ¿por qué nunca vas? ─responde


después de que hace el pedido, pizza y batidos de chocolate
para ambos, puesto que llevo días diciéndole cuánto quiero
comer eso, pero cuán malo sería perder los resultados de
tanto ejercicio estos días.

A pesar de que debería, no cambio mi comida.

Malcolm es mala influencia.

─No me gusta mucho el estilo de Miami. Estéticamente


siento que es muy desorganizado. Me volvería loca
intentando dibujar ahí.

Arruga su frente.

─Sav. ─A pesar de su expresión confusa, su voz es suave─.


Me refiero a ir allí para vacacionar, no para que vivas o
dibujes ahí. Creo, sinceramente, que deberías tomarte unas
vacaciones. Además de para venir a Houston a verme o a
tus padres, ¿cuándo fue la última vez que saliste a tomaste
un tiempo para ti?
Entreabro los labios, buscando la fecha para responder, pero
no la consigo. Incluso la última vez que salí del país, a París,
con mis padres, fue antes de entrar en la universidad. Mi
vida solo ha sido arquitectura, diseño, Pauline y Tanner
desde entonces. Tengo algunas compañeras de trabajo con
las que en ocasiones salgo. Voy al menos tres veces al mes
al spa y me la paso ejercitando, pero en ningún momento
me he liberado de la tensión por completo. Eso
definitivamente no puede ser bueno para mi salud.

El yoga podría no estar siendo suficiente.

─Fue hace mucho ─contesto, todavía impresionada con ello.

La expresión en el rostro de Malcolm se vuelve cálida.

─Si quieres, puedes unirte a mí cuando verdaderamente


empiece la temporada. Nos divertiremos. Todavía tienes
tiempo para terminar con tus proyectos pendientes antes de
que empiece, por lo que te irías de Austin libre de trabajo.
No todo sería fútbol ─añade al recordar que no soy del todo
una fanática, puesto que prácticamente le he hecho
seguimiento a la liga por él─. Vamos.

Aunque una parte de mí se muere por aceptar, la otra no


quiere someterse a estar tanto tiempo en su compañía
cuando existe el riesgo de que caiga en la tentación de
dañar nuestra amistad. No confío en mí misma cerca de él.
Me recuerda demasiado a Tanner. Como si eso no fuera
suficiente, la idea de sumergirme en sus gentiles brazos y
nunca salir de ellos luce demasiado atractiva para mí. Si me
dejo llevar por ella, lo que probablemente pasaría, y
Malcolm me rechaza o, lo que es aún peor, me corresponde,
sería un desastre. No nos merecemos tener que pasar por
eso.
─Lo voy a pensar ─respondo después de unos segundos de
silencio, lo que trae una mueca a su rostro. Decido cambiar
de tema antes de que empiece a insistir─. ¿Cuándo es el
próximo partido? ─Hablar de fútbol siempre lo distrae lo
suficiente como para que no note mis conflictos internos─.
Si es aquí, podría ir.

Malcolm afirma.

─Es mañana, pero no estaré jugando. ─Una sombra oscura,


malhumorada, se apodera de su expresión─. Debido al
imbécil que me tacleó ayer, el entrenador ha decidido
mantenerme en la banca por un par de partidos debido a
que el fisioterapeuta del equipo determinó que mi hombro
había salido levemente lastimado durante la caída. Es una
jodida mierda. Me necesitan.

Afirmo y extiendo mi mano para apretar la suya por encima


de la mesa. Sé cuán importante es el fútbol para Malcolm.
No solo es un trabajo o una pasión, lo es todo. El hecho de
que nunca ha hecho uso de su diploma de la escuela de
negocios, con notas no tan buenas como las de Tanner, pero
no del todo malas, lo prueba. Debido al futbol tampoco se
ha interesado en buscar una novia o formar una familia a
pesar de que solo es un par de años menor que él, por lo
que está más cerca de los treinta que de los veinte.

─Y por eso es que no pueden arriesgarse a perderte. Sin ti


no son nada, así que debes cuidarte por ti, por tu futuro en
el fútbol, a menos que quieras retirarte en los Kings ahora, y
no en el Dallas, y por el equipo. Dos partidos son nada al
lado de la temporada.

A pesar de que su postura es hundida y molesta, sus labios


se curvan suavemente hacia arriba cuando una idea pasa
por su mente. Sé lo que es antes de que lo diga, por lo que
suspiro mientras me hecho hacia atrás y cruzo los brazos
por encima de mi pecho. Aunque ir al estadio, abarrotado de
gente, no es mi ideal de diversión, lo haría para que él y
papá finalmente se conocieran. También para apoyar a
Malcolm Reed, forzado a mirar cómo su equipo pierde al no
estar él presente, como sé que lo hará.

─Ven conmigo mañana al estadio ─dice, sus ojos


esperanzados─. Trae a tus padres o... no, mejor no, enviaré
a alguien por ustedes. Cortesía del equipo. La experiencia
completa y toda la mierda. Quiero agradecerles
personalmente el haberme ayudado. ─Las comisuras de mis
labios tiemblan cuando algo parecido a un puchero hace
temblar su labio inferior─. Por favor, Savannah. No me
hagas tener que llamar al señor Campbell personalmente.

Solo para no aceptar de repente, espero a que el mesero


deposite nuestras pizzas antes de responder. Son
individuales debido a que a Malcolm y a mí no nos gustan
los mismos ingredientes. Él es el Señor Vegetales y yo la
Señora Charcutera, pero al menos a los dos nos gusta en
exceso el orégano y el queso extra.

─Bien.

Malcolm sonríe mientras mastica, un hilo de queso


sobresaliendo de manera tierna de su boca. Se lo quita con
una servilleta tras tragar. Tomo un sorbo de mi malteada de
chocolate, para apaciguar mi estómago vacío, antes de ir
por mi comida.

─Te mantendré entretenida ─promete.

Y a pesar de que odio ir a ver juegos, no lo dudo.

Siempre la paso bien con él.


*****

Mis padres, Larissa y Will Campbell, viven en una bonita y


enorme villa en Harris Country, el equivalente a Travis
Country en Houston. Mi padre siempre alardea de haber
comprado la casa por una cuarta parte de su precio, medio
millón en lugar de dos, puesto que de no ser un agente
inmobiliario tan bueno, ahora jefe de su propio negocio, no
habría tenido la oportunidad de darle a su esposa la casa de
sus sueños en la mejor zona de la ciudad. Son adorables, a
su manera. Siempre han amado que nuestra familia goce de
una buena apariencia, pero han disfrutado de su pequeño y
obsesivo deseo de nadar entre los ricos, a pesar de que
ninguno proviene de un linaje y ambos trabajaron
duramente para tener lo que hoy en día tienen en su retiro,
juntos.

Son materialistas y superficiales, pero les encanta.

Y se aman.

─Cariño, ¿qué haces vestida así? ─Mi madre, cuya madre es


latina, de dónde viene mi cabello largo y negro, idéntico al
suyo, me abraza apenas me ve llegar, pero luego se separa
de mí para verme con la frente sumamente fruncida. Lleva
puesto un suéter cuello de tortuga blanco y pantalones de
lino, viéndose pulcra e impecable─. Pareces un vagabundo,
Savannah, o una stripper. Sabes lo que opino de las
plataformas. Si esa es la vida que estás llevando, al menos
ten la decencia de no traerla a mi casa.

Pongo los ojos en blanco.

─Yo también te extrañé, mamá.

Aunque sus comentarios sobre mi ropa, el estilo que adquirí


al ir a la universidad lejos de su opinión, deberían hacerme
enojar, no lo hacen. Estoy acostumbrada a que todo lo que
salga de la línea entre refinado y elegante sea vulgar para
ella. Mi madre, por otro lado, deja eso aparte y me vuelve a
abrazar con fuerza.

─Tu padre y yo te queremos y extrañamos mucho. No sabes


cuánto deseamos que te enamores de alguien que viva en
Houston para que vuelvas a estar cerca de nosotros. ─Ladea
la cabeza, culpa brillando en sus ojos marrones─. ¿Es por mi
culpa que no te has establecido? Sé que siempre he sido
dura contigo con respecto a lo que significa para mí ser una
mujer, que hay cosas a parte de mantener una familia, pero
nunca fue mi intensión que eso significara que llegaras a los
treinta sin abrirle tu corazón a alguien. Puedes ser fuerte y
débil al mismo tiempo, Savannah. Míranos a tu padre y a mí
luego de veinticinco años. El que estuviera con él no
significó que dejara de hacer lo que amo. Aunque la mayoría
se sienten intimidados ante una mujer fuerte, hay hombres
a los que no les molesta el éxito, mi pequeña rosa. ─Su
mentón empieza a temblar─. Y si no se trata de eso, sino de
que no te gustan los hombres, tu padre y yo ya lo hemos
hablado y mientras no te cierres a la idea de darnos un
nieto o una nieta, te apoyamos. El apellido Campbell no va a
morir contigo.

Niego, un peso sobre mi pecho apenas dejándome respirar.

Esta es la segunda razón por la que casi no regreso a casa.


Es difícil para mí esconderle la verdad. Sería mucho más
para mí decirle que mi novio se siente incómodo con mi
trabajo a tener que revelarle que he pasado cinco años
enamorada de un imbécil al que no le importo en lo
absoluto, quién es además el novio de su mejor amiga. En
su mente es sumamente inaceptable que una mujer, sobre
todo su hija, se arrastre por un hombre. Mi padre no es un
mandilón, pero la trata como su igual y la respeta como tal
a pesar de ser quién trae la mayor parte del dinero a casa.

Ella estaría tan decepcionada de mí.

─Solo estoy demasiado concentrada en mi trabajo ahora


mismo. Cuando llegue al sitio en el que quiero estar,
encontraré una pareja. ─Alzo las cejas, mis labios
curvándose hacia arriba─. Aunque en el la universidad
experimenté algunas cosas, no soy lesbiana, mamá. Me
gustan los hombres. Mucho. Sin embargo, me alegra saber
que aún me querrían si no soy heterosexual, pero me
preocupa el hecho de que están empezando a verme como
una incubadora humana. Tengo veinticuatro. No quiero
bebés.

Mamá se encoje de hombros a pesar de que sus facciones


se fruncen con desagrado ante la información revelada
sobre mi vida sexual en la universidad, su codo encajándose
con el mío.

─Bien ─dice─. No tengas hijos, sécate por dentro, pero


entonces atente a las consecuencias, Savannah Campbell.

Detengo nuestro trayecto hacia el jardín, desde dónde papá


nos saluda tras la barbacoa, para verla. Su expresión me
asusta.

─¿Qué consecuencias?

─Tu padre y yo podríamos estar considerando adoptar a


algún adolescente que, a diferencia de ti, nos valore. Ya
hemos hecho todo lo que las parejas retiradas hacen y Will
está pensando volver a trabajar a tiempo completo de
nuevo. Sin él tendría un montón de tiempo libre. Podría
gastarlo formando a alguien. Ya mis propias flores no me
soportan. ─Una sonrisa maliciosa se apodera de sus labios─.
O podría intentar salir embarazada de nuevo.

Conozco a mi madre. Sé que si no buscó un bebé antes, no


lo hará ahora. También que si nombró la palabra
adolescente fue porque ya lo ha pensado lo suficiente como
para decirlo. No quiere bebés. No quiere popó. Quiere nietos
porque podría enviarlos de regreso a casa cuando estén
siendo demasiado molestos. Tanto papá como ella quieren
compañía, lo cual solo me hace sentir culpable como hija
por no estar ahí para ellos lo suficiente. Sin embargo, volé
fuera del nido al ir a la universidad. Tengo la sospecha de
que aún si viviera en Houston seguirían sintiéndose solos a
menos que estuviéramos bajo el mismo techo, lo que atenta
directamente contra mis deseos de formar mi propia carrera
independiente de sus amigos o influencias en la ciudad.

─Por experiencia propia, creo que serías una madre


estupenda ─susurro antes de dirigirme a mi padre, quién me
espera con los brazos abiertos. De camino a él giro el rostro
y le ofrezco una sonrisita─. Solo no seas tan estricta sobre
su ropa o te odiará para toda la vida y, ah, tampoco
cuestiones su sexualidad.

A pesar de que dudo que tome mi consejo, asiente.

─¿Ella te contó? ─pregunta papá, viéndome por debajo de


sus gafas de montura gruesa cuando me encuentro entre
sus brazos, su cabello canoso revuelto. Afirmo─. ¿Qué
opinas? ¿No te incomoda? ─Suspira─. No tener nada que
hacer nos está enloqueciendo. Nos retiramos demasiado
pronto. No nos dimos cuenta de que el problema fue que
crecimos demasiado rápido, entonces todo el trabajo que
hicimos en tan poco tiempo se vio como años. No hacer
absolutamente nada es una tortura. ─Sus ojos grises se
iluminan como linternas─. A parte, si es un muchacho podría
enseñarle todo lo que sé de fútbol.

Niego.

─Serán excelentes, papá.

Porque es cierto.

No tengo dramas parentales.

Aunque quizás ellos sembraron el instinto competitivo en


mí, yo soy la propia causa de mi pena. Me enseñaron a
obsesionarme con ser la mejor, no a obsesionarme con
conseguir a mi contraparte, la cual no me corresponde.

*****

A pesar de que no quiero hijos, no todavía, estar


últimamente alrededor de personas que sí los quieren me
hace sentir mal por no desearlos. Enferma. Casi presionada
a embarazarme del primer hombre que encuentre así no
quiera y esté enamorada de Tanner, pero eso es lo que la
sociedad hace contigo cuando terminas la universidad y
todavía no te has casado. Instala sobre tu cabeza un
cronometro que titila de vez en cuando recordante que tu
reloj biológico continúa corriendo, por lo que casi salto sobre
Malcolm después de que el autobús de lujo que envió por
nosotros a casa nos deja en el estadio y nos escoltan al
palco VIP. Mi emoción de verlo se debe, en gran parte, a que
ahora me siento sumamente identificada con él. Ninguno de
los dos quiere o ha formado una familia todavía. Solo
deseamos que nos dejen avanzar en nuestras vidas como
adultos y profesionales.

─Hey ─dice, sonriéndome de manera ladeada cuando rodeo


su cuello con mis brazos─. También estoy feliz de verte.
Llevo una de sus camisas del equipo, una de las tantas que
me ha regalado, y un par de simples jeans. Mis padres
visten de manera similar, puesto que no imaginamos que
éramos invitados del palco del equipo. Mi madre debe estar
muriéndose por dentro ahora. A mi padre, sin embargo,
estoy segura de que debe darle igual desentonar alrededor
de toda la gente rica del área VIP. El fútbol es lo único con lo
que no es meticuloso o quisquilloso. Larissa casi se
desmaya cuando una de las mujeres la reconoce y la lleva
con su grupo, sus mejillas sonrojadas debido a que todas
ellas están perfectamente arregladas y peinadas. Suelto una
risita.

─Hola ─lo saludo antes de apartarme y señalarle a mi


padre─. Malcolm, este es mi padre, Will Campbell. Will,
Malcolm Reed.

─Un gusto, señor Campbell ─lo saluda él cuando papá solo


se le queda viendo, sin poder creer que esté frente a su
jugador favorito.

Malcolm, acostumbrado a este tipo de reacciones, ríe y lo


guía a la ventana del palco colocando un brazo sobre sus
hombros. Me guiña un ojo mientras le habla. Feliz de haber
hecho realidad uno de los sueños de mi padre, me dirijo al
otro extremo del salón, dónde hay menos personas, y me
pongo a visualizar el campo. El partido ya lleva diez minutos
de haber empezado. Vamos perdiendo. Mis ojos se
entrecierran con dolor cuando el quarterback suplente deja
pasar una oportunidad con el balón. Tras unos minutos,
quizás diez o veinte, Malcolm se posiciona junto a mí. Al
igual que yo, está usando vaqueros y su camisa del equipo,
pero él es una estrella. Podría estar llevando un saco de
patatas y aun así verse bien. Le sonrío amplia y
suavemente.
─Me siento feliz de haber venido a Houston este fin de
semana. Lo necesitaba. Aunque dudo que acepte tu
propuesta de irme contigo durante la temporada, tienes
razón. Necesito unas vacaciones lejos del trabajo y de
Austin. Estoy bajo mucho estrés.

Malcolm separa sus labios para responder, pero capta un


movimiento por el rabillo del ojo que lo hace girar el rostro
hacia la entrada del palco. Su expresión se queda en blanco,
pero luego se llena de tanta ira que inevitablemente me
recuerda a Tanner.

─Mierda ─suelta.

Sin entender su repentino cambio, volteo y lo veo.

Entiendo su reacción.

Tanner, su hermano, está entrando en el palco con una


bonita chica morena, quizás una modelo, guindada de su
brazo. Una chica escalofriantemente parecida a mí.
Malcolm, al notarlo, me mira y luego a ella y traga, negando
con vehemencia después.

─Esto no es bueno.

Sabiendo que se refiere solo a que Tanner esté engañado


abiertamente a Pauline, algo que sospecho que le afecta a
ambos debido a que ninguno de los dos quiere ser como su
padre, y no a lo que sea que haya entre su hermanastro y
yo, puesto que piensa que superé mi enamoramiento por él
tras su boda, niego.

─No, no lo es.

Y aunque no tengo razones para pensar en ello, no puedo


evitar sospechar que este arrebato no se debe del todo a
Pauline. No puede ser una coincidencia que venga aquí,
dónde estoy con su hermano, igual a él, con una chica que
luce muy similar a mí. Presiono mi mano contra el cristal
cuando siento cómo mi cuerpo empieza a temblar con ira e
impotencia. 

Este es exactamente el por qué no lo puedo dejar ir.

A dónde vaya, siempre me persigue.

Sino es él en persona, son sus contradicciones.

Mrk, amo la canción que seleccioné para este


capítulo. Si no les aparece es Say So de Doja Cat. Una
hermosa lectora hizo una lista de reproducción en
spotify. Yo no tengo, pero les dejaré el link en los
comentarios. Gracias, Elena, este capítulo va para ti 

Y admito que esta novela resultó ser más intensa y


entretenida de lo que pensé que sería en un inicio.
Hasta yo misma estoy impresionada con cómo
terminó desarrollándose 

En fin

Siguiente a la que + comente 

Las amo. El siguiente capítulo en pasado estará


bueno

Love u 

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Capítulo 13:

Capítulo 13:
17.4K 2.8K 1.6K
por OscaryArroyo
 

Dedicado a MadelineBroostrek

El viaje de la fraternidad a mi edificio transcurre en silencio.


Gordon no dice ni una sola palabra y yo tampoco,
concentrándome en exceso en el peso del six pack de
bebidas alcohólicas en mi regazo. Una vez se estaciona,
prácticamente salto fuera de su auto porque realmente no
quiero más problemas. Sin realmente sonar egocéntrica, las
cosas son como son. Los hombres rara vez son fieles y lo
último que necesito es que me mire de la manera
equivocada y tenga que cambiar de habitación de nuevo.
Moriré si me apodan como la roba novios del campus.

─Gracias, Gordon ─suelto escandalosamente rápido.

Luego de cerrar la puerta de su Audi, corro hacia el interior


del edificio. Me siento desgraciada y arrepentida de haber
aceptado venir con él, como si hubiera estado haciendo algo
malo sin haberlo hecho, cuando el ascensor no desciende lo
suficientemente rápido y me veo obligada a compartirlo con
Gordon. Sin embargo, el alivio me recorre cuando se dedica
a mirar su teléfono y a teclear en él en lugar de prestarme
atención.

Pero el alivio dura hasta que llego a mi habitación.


Tras verme entrar en ella con su novio tras de mí, Anahí se
levanta de su cama con expresión más que enfurecida,
todavía llevando su uniforme del equipo de voleibol. Su
mirada es sumamente furibunda. También disgustada y
asqueada cuando se enfoca en mí con las manos puestas
sobre sus amplias caderas.

─¿Qué se supone que haces con mi novio?

Miro a Gordon en busca de ayuda, pero este solo se encoje


de hombros mientras continúa viendo la pantalla de su
teléfono, una sonrisita satisfecha, placentera y conocedora
en sus labios.

─Intenté decirle que se mantuviera lejos ─dice mientras


niega como si no le creyera─. Pero sabes cómo son, nena.
Siempre tan sedientas y necesitadas de la atención que no
tienen.

Al momento en el que las palabras salen de sus labios,


empiezo a retroceder sin poder creérmelo. Esto debe ser
una especie de broma de mal gusto. Cuando Anahí empieza
a avanzar hacia mí con expresión asesina, niego con
vehemencia, mis brazos apretando con fuerza el six pack.
Gordon está desquiciado. Nunca le he dirigido ninguna
mirada malintencionada desde que supe de su existencia. Al
alzar la vista hacia él, veo que ahora nos mira con diversión,
sus brazos cruzados por encima de su pecho.

─Anahí, él está mintiendo, yo...

Mi intento de defensa se ve interrumpido tanto por ella


como por el golpe de mi espalda contra la puerta. La chica
que antes lucía como una simple perra, ahora se ve como
una maniaca. En ese momento es que entiendo el por qué
la mujer de la distribución de los dormitorios me dijo que mi
nueva compañera era problemática.
─¿Querías follarte a mi chico, Savannah?

Trago mientras niego, odiándome por verme nerviosa


porque podría pensar que sí lo quería cuando la verdad es
que estoy deshaciéndome por dentro debido a que aunque
no quiero a Gordon, las acusaciones de Anahí no son tan
lejanas a la realidad.

Sí quiero al novio de alguien más.

Solo que no al suyo.

─No ─respondo, pero ni yo misma me lo creo porque mi


mente en este momento está en Tanner y siento como si
Pauline fuera la que estuviera frente a mí, no Anahí, mis
mejillas rojas.

Al ver la evidente vergüenza en mi rostro, esta alza la mano


para abofetearme, pero alzo las latas de smirnoff de
manzana y estas son lo que su mano golpea, no a mí. Anahí
grita mientras la aprieta contra su pecho. Echándole un
vistazo a Gordon, descubro que está mirándonos sobre la
cama de esta con una sonrisa en los labios, sus brazos
cruzados bajo su cabeza. Dejo escapar un chillido indignado
cuando Anahí vuelve a atacarme. Esta vez arroja las bebidas
alcohólicas de mis manos antes de ir por mi cabello. Nunca
he peleado con una chica con un chico, no físicamente, al
menos, por lo que no le devuelvo ninguno de los golpes.
Ellos tienen serios y perturbadores problemas.

─Defiéndete ─gruñe ella cuando me lanza sobre mi cama,


cayendo sobre mí, lo cual saca el aire de mis pulmones y
me hace jadear. Aunque la verdad es que debería estar
molesta, algo en mí quiere reír. Es decir, si no he hecho esto
por Tanner, mil veces mejor partido que Gordon, ¿cómo es
que llegué a esto? ¿Cómo ella puede creer que me guste?
Anahí debe ver la burla en mi rostro, también el shock, por
lo que hala mi cabello con más fuerza, seguramente
decepcionada al no hallar ninguna extensión de la cual tirar
y lastimarme ─. ¡Defiéndete, zorra roba novios!

─¡No intenté nada con él! ─grito, harta de su espectáculo


mientras pongo todo de mí para empujarla al suelo, lo que
hace que Gordon ría y me enderece para mirarlo con rabia─.
¡Eres un maldito psicópata! ¿Cómo puede gustarte ver a tu
novia volverse loca de esa manera cuando sabes que lo que
le dijiste no es cierto?

Gordon arruga la frente como si acabara de recordar algo,


incorporándose al mismo tiempo que Anahí y caminando
hacia mí.

─Cariño, por cierto, olvidé decirte que todo el mundo en la


fraternidad vio cómo Savannah me metió la mano en el
pantalón.

Ante sus palabras, no puedo evitar chillar y girarme hacia


Anahí.

─Está mintiendo, ¡toda la noche estuve con Ibor y...!


─Aunque mencionar su nombre podría ser lo equivalente a
poner una soga alrededor de mi cuello, lo hago. Si no he
recogido los frutos de lo que sí sembré, no recogeré de lo
que no─. Con Tanner Reed.

Los ojos de Anahí se prenden en fuego.

─¿El novio de Pauline? ─Se inclina, recoge una de las latas


del suelo, y se dirige nuevamente a mí─. ¿Así que Gordon no
es el único chico prohibido por el que vas, sucia y asquerosa
golfa?

─Tanner la rechazó, cariño, no duró ni un segundo en su


habitación con él dentro, donde antes había follado con Ibor
para sacarse el escozor de que nunca la mirara teniendo
una chica tan bonita con él, pero después intentó recobrar
su dignidad viniéndose conmigo. Él nunca lo arruinaría con
su linda y buena novia por una zorra del campus ─susurra él
en su oído, enloqueciéndola aún más, ante lo que no puedo
evitar estremecerme, puesto que Gordon no estaba
mintiendo del todo─. Al igual que yo o cualquier hombre con
razonamiento. ─Sus palabras golpean mi pecho con fuerza─.
Te juro que cuando intentó chupármela de camino aquí, la
aparté como a un perro de la calle.

No puedo controlarlo. Aunque Gordon y su novia no son más


que un par de idiotas con una relación perturbadora, hay
tanta verdad en lo que dice que mis manos empiezan a
temblar mientras me doy cuenta de cuán idiota he sido todo
este tiempo esperando algo que no va a pasar. Así Tanner
termine con Pauline, la reputación que la sociedad le pone a
una chica que vive y disfruta plenamente de su sexualidad
nunca le permitiría estar conmigo. No soy la perfección que
quiere.

No soy una zorra.

No soy una golfa.

No soy una perra.

Pero no soy lo que él desea para su vida.

─Él está mintiendo ─susurro, siendo esto lo único que puedo


decir sin resquebrajarme─. No lo toqué ni intenté
chupársela.

Lo demás, sin embargo, es cierto y ni siquiera yo puedo


negarlo. Estaba follando en su cama bajo el pretexto de que
todos follan en las camas de las habitaciones de las
fraternidades para deshacerme del escozor de que lo
hubiera hecho tantas veces con Pauline frente a mí,
mientras creían que dormía, pero sabían en el fondo que no,
y luego hablamos y me dijo que no era más que otra de las
chicas con las que se acostaba estando ebrio.

Que lo lamentaba si no me gustaba, pero así eran las cosas.

Anahí debe ver el evidente cambio en mi expresión y oír la


sinceridad en mi voz, pues su ira flaquea por unos
segundos, pero eventualmente vuelve a ganar sobre el
resto de sus emociones cuando Gordon se dirige
nuevamente a ella, confirmando mis sospechas. Anahí
puede tener problemas de ira, pero él es quién la hace
estallar, manipulando las flamas de su fuego a su antojo.

─Otra de tus compañeras ha intentado separarnos, cariño


─le dice─. ¿Permitirás que nos gane o lucharás, como
siempre lo haces, por mí? ─Sus labios se curvan con
suficiencia y arrogancia─. Recuerda cuán buena ha sido tu
vida desde que llegué a ella. Sin mí no eres nada, Anahí.
Absolutamente nada.

Esta vez cuando me estremezco, no lo hago por mí, sino por


ella. Por la manera en la que intenta ocultar la disculpa en
sus ojos antes de girar la lata de alcohol sobre mis planos
en el escritorio. Fuera de mí, la empujo antes de dirigirme a
las hojas mojadas e intentar salvarlas, lo cual es inútil
debido a que la mayoría de ellas son de papel delgado, el
que utilizo para mis borradores. Mi pecho desciende hacia
abajo al comprobar que todos los bosquejos de mi proyecto
para el concurso se han perdido. El inicio de mi futuro
porque sé que aunque lo intente, nada será tan perfecto
como lo que ya hice. Un artista no hace dos veces la misma
obra de arte.
Y esta era la obra de arte que me llevaría a cumplir mis
sueños como arquitecta, a que mi talento no estuviese
únicamente destinado a decorar o diseñar casas para
millonarios. Con taquicardia en mi pecho, asciendo la vista
hacia los culpables.

Sus sonrisas se deshacen cuando me ven.

─Tienes razón, Anahí, me incliné sobre tu novio y se la


chupé en su auto de camino aquí, pero lo hice porque él me
rogó que lo hiciera desde la primera vez que nos vimos ─le
digo al detenerme frente a ellos tras tomar las llaves de mi
Mercedes, mis manos mojadas y llenas de papel. Si ya he
pagado el precio por algo que no hice, entonces que ella
pague el creer que sí. Cada vez que me llame de una
manera despectiva, recordará el por qué─. Porque está
aburrido de que seas tan fácilmente manipulable. No sabes
cuánto se burla de ti a tus espaldas. ─Mis labios, el inferior
sangrante debido a sus rasguños, hacen una mueca─.
Porque mientras tú lo amas, no eres más que un juguete
para Gordon.

Al igual que las palabras de Gordon me dolieron pese a


contener una mentira, las mías también la hieren porque
sabe que contiene algo de verdad. Al instante él le asegura
que solo soy una loca despechada, pero ambas sabemos
que tengo la razón. Tras salir de mi habitación, sin poder
soportarlos más, camino por los pasillos con andar
tambaleante. El dolor que sentí tras mi conversación con
Tanner es nada al lado de que siento en este momento. Mi
crianza me enseñó a que mi carrera, mis propios logros,
siempre van primero. Aunque cometí el error de poner mis
esperanzas en alguien más, mi madre me enseñó desde
pequeña que solo puedes confiar y manejar lo que tú misma
haces, al menos hasta que encuentres la persona correcta
para sostenerte.
─Oh, Dios mío, ¿qué te pasó? ─exclama la encargada de la
vigilancia de los dormitorios, una chica con rasgos latinos de
más o menos mi edad que también he visto en el campus,
cuando me ve en el estacionamiento─. Eres Savannah
Campbell, ¿no?

Entre tanto ardor, mi frente se arruga con confusión.

─¿Cómo sabes mi nombre?

─Siempre sales en el periódico. También estudio


arquitectura, pero estoy más avanzada que tú ─responde
con suavidad, desviándome de mi camino hacia mi auto
para sentarme en una banca. Ya que a duras penas puedo
manejarme a mí misma, la obedezco y me siento─. Me llamo
Faith y de verdad necesito saber qué te sucedió, Savannah.
─Su expresión se vuelve levemente dura y triste mientras
me observa─. Si has sido atacada, necesito llamar a la
policía y al resto de la seguridad del campus.

Me tenso.

─No. Solo peleé con mi compañera por su estúpido novio.

Aunque su frente se arruga con disgusto, sus ojos marrones


lucen aliviados. Probablemente pensó que me habían
violado o algo.

─Es gracioso cómo siempre buscamos el culpable en un


hombre cuando también nos lastimamos entre nosotras
─comenta antes de negar con un suspiro agotado─. Las
normativas del campus me obligan que lo notifique, pero sé
cuán estúpidas y decepcionantes pueden terminar viéndose
las peleas por un hombre, a lo cual ninguna mujer debería
rebajarse, y considerando que eres mi heroína... ¿por qué no
solo llamas a alguien cerca para que se ocupe de ti, Sav?
─Empiezo a negar con la cabeza, pero esto solo hace que su
aire firme y adulto vuelva─. Si nadie viene a recogerte, lo
notificaré. Lo siento. No te permitiré irte así como así con
ese aspecto. No puedo darte la espalda cuando claramente
has sido herida y podrías hacerte aún más daño si nadie
cuida de ti justo ahora. Si no fuera porque tengo un turno
completo, te invitaría a pasar la noche conmigo y con mi
compañera, pero ella no es muy sociable y no creo que sea
de mucha ayuda. También te admira, por cierto. Estudia lo
mismo que nosotras y tiene alguno de tus diseños en su
mural de iconos de la arquitectura. Lo siento si te estoy
aterrorizando con esto, pero la verdad es que eres muy
buena. ─Mis labios hacen un mohín involuntario, pero
también agradecido debido a que después de lo que pasó,
escuchar sus palabras es como aplicar un bálsamo a una
herida que aun así escuece─. Entonces, ¿necesitas que te
preste mi teléfono para llamar o lo notifico?

Niego.

─Llamaré.

Aunque una parte de mí la odia por obligarme a llamar a la


persona que llevo semanas evitando, otra la ama por ser
tan increíble. No puedo evitar que mis ojos se llenen de
lágrimas cuando me doy cuenta de lo sola que estoy en
Austin. Además de Tanner y Pauline, no tengo a nadie más.
No de confianza. El resto son conocidos o ligues con los que
he disfrutado en una fiesta. Sacando el teléfono de uno de
los bolsillos de mis pantalones, marco el número de mi ex
compañera de dormitorio. Mi atuendo está arruinado. Mis
cadenas se rompieron y mi sombrero fue arrojado por
alguna parte en mi habitación durante la pelea. Durante el
descenso en el ascensor, me di cuenta de que no solo mi
labio sangraba, sino también mi cuello y mi mejilla, y de que
mi cabello es un completo desastre que necesita más que
un lavado.
─¿Pauline? ─susurro cuando escucho el sonido de una
respiración provenir del otro lado de la línea─. ¿Podrías venir
por mí? Tuve un problema con mi compañera y su novio.
─Aprieto fuertemente mis ojos entre sí, las lágrimas
deslizándose por sus mejillas─. Peleamos porque Gordon le
hizo creer a Anahí que se la había chupado y arruinó mis
planos para el concurso ─sollozo─. Por favor, ven, yo... sé
que no soy la mejor, pero te necesito. ─Pauline no me
cuelga, lo que habría tenido merecido después de cómo le
he dado la espalda a pesar de mi promesa de no hacerlo,
sino que sus respiraciones se hacen más audibles y
profundas─. ¿Pauline? ─pregunto, mi corazón latiendo sin
control en mi pecho─. Si no vienes por mí, la vigilante que
me encontró le notificará las autoridades de la universidad
y...

─Voy para allá ─me corta Tanner antes de colgar.

Faith alza las cejas cuando termino de hablar.

─¿Y bien? ¿Vienen por ti?

Trago, asintiendo.

A pesar de que hace tan solo un par de horas le dije que se


mantuviera alejado de mí, él vendrá, no Pauline. Contengo
las ganas que siento de gritar ante el hecho de que sea él
quien haya respondido y no ella. Es como si estuviera
atrapada en un bucle.

─Creo que sí.

*****

Lo primero que hace Tanner cuando llega en su camioneta y


se baja de ella es cubrirme con mi chaqueta, la cual había
dejado atrás. Lo segundo es interrogar a Faith sobre cómo
me encontró. Una vez obtiene todas las respuestas de esta,
me toma en brazos y me lleva él mismo al interior de su
Raptor. Estoy tan dolida y enmudecida por mis planos
perdidos que ni siquiera siento mi usual magnetismo hacia
él, limitándome a acurrucarme en su asiento mientras
enciende el motor. A pesar de mi dolor, no puedo evitar
girar el rostro en su dirección cuando toma la manija
después de que ella se va. Me mira con sus profundos e
intensos ojos negros antes de bajarse, su expresión
escalofriante.

─¿Gordon salió?

Niego.

─Siguen ahí.

Tras asentir en mi dirección, empieza a cerrar su puerta.

─Quédate aquí y no te lleves mi maldita camioneta.

A pesar de que debería seguirlo y detener lo que sea que


vaya a hacer, no lo hago. La verdad es que odio a Gordon
más de lo que odio a Tanner y me alegra intuir que el
mariscal de campo de su equipo, también su capitán, está a
punto de darle una lección. Presiono mi frente contra el
cristal, disfruto del frío gélido de su aire acondicionado y le
subo el volumen al radio mientras espero. Tanner sale tres
canciones después con la ropa todavía más arrugada, un
labio partido y los ojos inyectados en sangre.

Cuando sus manos envuelven el volante, sus nudillos están


rojos.

Al percibir mi mirada, se encoje de hombros mientras


arranca.
─Después de lo que le hice, no podrá continuar con la
temporada.

Ante su comentario, algo de cordura vuelve a mí.

Lo que hizo puede ocasionar que lo expulsen a solo un par


de meses de graduarse con calificaciones perfectas.

─Tanner...

─Esto es mi culpa, Savannah ─dice─. Así que no digas una


mierda. Golpearlo es lo menos que te debía después de que
terminaras con ellos por la manera en la que te eché de
nuestro lado. ─Me mira fijamente─. Lo siento mucho por tus
dibujos.

Aunque me gustaría contradecirlo, no lo hago.

No puedo, pero no porque piense que tenga razón, sino


porque no tengo energías, ni ganas, para convencerlo de lo
contrario. Sé que sea lo que sea que le diga será en vano
porque existe algo de verdad en sus palabras, pero yo
también me fui sin luchar.

Y aun así presiento que volveré.

*****

Mientras estoy acostada en mi vieja cama, dónde por


fortuna nadie ha dormido desde que me fui, y Tanner
duerme con Pauline frente a mí, quién nos esperaba
despierta, pero aceptó no hacer preguntas hasta la mañana
siguiente, ni siquiera me siento molesta por regresar a la
posición de la cual escapé. Ellos no están en mi mente
ahora, puesto que lo único en lo que puedo pensar es en
cómo la arquitectura no es solo lo que amo hacer, sino lo
que más me hace sentir orgullosa de mí. Es por lo que he
luchado tanto en casa como aquí. Contra mis padres y sus
planes para mí al querer enviarme a una prestigiosa escuela
de negocios. Contra los alumnos y profesores que aún en
pleno siglo XXI continúan pensando que el hecho de ser una
chica de fiesta y vestirte como una Kardashian significa que
estás vacía por dentro.

Contra mí al no poner a Tanner como el centro de mi


existencia.

Por lo tanto, no soy buena en mi carrera solo porque la


arquitectura sea lo que más amo. Soy buena porque mi
lucha por enseñarle al mundo que puedes vestirte como
quieras, ser como quieras, tener tus demonios y tus
problemas y aun así ser talentosa y exitosa en lo que
disfrutas hacer si crees en ti y en lo que haces me lo obliga.
Ese es mi verdadero propósito al momento de obtener las
mejores calificaciones y ganar los mejores concursos y ellos
me lo quitaron.

Entonces yo le quité lo más importante a Anahí, el velo con


el que cubría los estragos que es su relación, pero todavía
no he ido por Gordon. Es evidente que ella no es lo más
importante para el jugador de fútbol, pero después de
revisar su perfil público en Instagram con un montón de
fotos en su Audi antes de finalmente cerrar los ojos, sé que
lo es.

E iré por él.

Chicas, 1/4 de maratón cumplido

Me piden la pc, así que bai

Love u 
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rato voy a estar subiendo un adelanto del capítulo de
mañana, así que vayan y exploren mis redes sociales 
Capítulo 14:

Capítulo 14:
18.8K 3K 2.6K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a iner000

Básicamente, logré aparentar ignorar a Tanner.

Realmente, no lo hice.

Después de que llegara al palco con la chica que se parecía


a mí y se exhibiera sin ningún tipo de pudor con ella, luché
enormemente por mantener mis ojos lejos de ellos y
concentrarme en Malcolm y mis padres, quién terminó
jugando en el segundo tiempo para salvar al equipo a pesar
de que habían decidido no sacarlo. Una vez los Kings
empezaron a ganar, sobrellevar la situación con mi padre
sentado a mi lado gritando fue más sencillo. Incluso diría
que me divertí cuando Malcolm salió al campo, pero la
verdad es que en ningún momento mi mente se apartó de
él.

Eso empeoró cuando los dos hermanos se reunieron al final


del partido en el estacionamiento y discutieron, a lo que no
pude hacer caso omiso y me involucré para arrastrar a
Malcolm a la cena que mis padres habían preparado para
salvarlo de un escándalo. Es continuamente acosado por la
prensa y sé cuánto odia que esta filtre información sobre su
familia, en especial sobre Tanner y su madre. Aunque Tanner
me vio como si quisiera asesinarme por meterme, no
impidió que nos fuéramos juntos y lo dejáramos atrás con
su Savannah Campbell 2.0. Dejarlo con ella también trajo un
sabor agrio a mi boca, pero la humanidad logró algo
importante esa noche cuando hice caso omiso de ello y
continué con lo mío.

El lunes, sin embargo, no me presento a su oficina como le


dije que haría, sino que permanezco en la mía. No voy a
trabajar en su ático a menos que me pague cien millones de
dólares por ello y acepte mudarse a Asia mientras lo hago,
lo cual no va a suceder, por lo que me dedico a ignorar sus
llamadas mientras preparo las maquetas de los proyectos
que debo entregar en unos días.

Sea lo que sea que esté pasando entre él y Pauline, ya no


quiero sacar provecho de ello, sino mantenerme lo más lejos
posible.

Son un desastre, sí, pero son uno al que me arrastrarán.

─Sav, hay un hombre aquí que quiere verte ─dice Isla, mi


asistente, asomando su cabeza en mi oficina tras tocar la
puerta de cristal que da acceso a ella. Es una chica recién
graduada en diseño de interiores a la que de vez en cuando
le doy la oportunidad de participar en un proyecto conmigo,
al igual que el otro arquitecto para el que trabaja. Su cabello
es corto y marrón y su estatura adorable. Es voluptuosa─.
No tiene una cita, pero insiste en que necesita verte
personalmente. ─Sus mejillas se sonrojan, sus gafas
empañándose de manera graciosa como cada vez que se
pone nerviosa─. Es... uhm, atractivo. Lo siento, pero no
puedo echarlo. Me pone nerviosa, ¿podrías hacerlo tú?

Me echo hacia atrás en mi silla, un trozo de cartulina con


pegamento en mis dedos, mientras la miro con las cejas
arriba. El nombre de un hombre acostumbrado a causar ese
efecto en las personas viene a mi mente, pero me permito a
mí misma tener la esperanza de que no sea él. Es
demasiado pronto para que ruegue. Tanner Reed es muy
orgulloso para aparecer tan pronto.

─¿Cómo se llama?

Sus mejillas se sonrojan todavía más.

─Discúlpame por ser la peor asistente, pero no puedo


hablarle.

Pongo los ojos en blanco.

─Isla...

─Tienes que verlo por ti misma ─susurra antes de retroceder


torpemente y tropezar con sus propios pies antes de
finalmente recuperar la compostura, lo que soy capaz de
ver debido a que las paredes de mi oficina son de cristal y
permiten que vea tanto hacia su despacho, dónde veo al
hombre del cual habla, y al de Donan, el hombre de
cuarenta años con el que comparto el alquiler. A diferencia
de mí, él es feliz decorando y diseñando casas.

Mis labios se curvan hacia arriba cuando llego a Isla, quién


realmente se enreda con su lengua mientras intenta
hablarle.

─Mi... mi je... mi jefa... ─tartamudea de forma triste, lo que


hace que finalmente me involucre ofreciéndole mi mano a
Ryland, el dueño del club que decoré recientemente y me
prometió venir para que me encargara de su nuevo sport
bar en Travis Country.

─Ryland ─susurro con una sonrisa─. ¿Qué tal todo?


─Bien, ¿y tú? ─responde él mientras aparta su ceño fruncido
de Isla y se desabrocha la chaqueta de su traje azul marino
antes de acercarse a mí sonriendo─. Lamento haber llegado
sin avisar.

Su cabello rubio está perfectamente peinado hacia atrás. Su


barba está bien recortada. Como si su rostro de ojos azules
no fuera lo suficientemente atractivo a pesar de su
prominente nariz, su metro ochenta de estatura está dotado
de buenos músculos. Isla tiene razón, es atractivo, pero su
tono de voz es demasiado encantador.

─Estoy bien. No te preocupes, no estaba atendiendo a


nadie, pero que no se te haga una costumbre ─le respondo
con una sonrisa─. Ven conmigo a mi oficina y hablemos de
tu nuevo negocio.

Ya que la visión del cliente siempre es importante, anoto


todo lo que me dice sobre sus aspiraciones con el local en
un blog antes de realmente hablar de su diseño, para lo cual
fijamos una fecha para encontrarnos en Travis Country.
Ahora que he rechazado mi trabajo con Tanner, no me
conviene deshacerme de ningún proyecto, por el que me
entusiasmo cuando Ryland me dice que pagará muy bien si
empezamos ahora. Después de que terminamos de hablar
de negocios y salimos de mi oficina, sin embargo, me
sorprende echándome un largo vistazo a pesar de que hoy
no fui exactamente creativa con mi vestuario. Después del
fin de semana tan emocionante que tuve, opté por una
falda de lápiz negra, tacones y una sencilla camisa de
mangas cortas.

─Sé que puede sonar poco profesional de mi parte, pero me


encantaría llevarte a cenar. ─Me enseña sus dientes al
sonreír ampliamente. La verdad es que Isla sí tenía motivos
para quedarse sin palabras. Es como estar de frente a una
estrella del cine o de la televisión─. Mira, la verdad es que
no sería yo mismo si no te lo pidiera ─agrega con una
sonrisa ladeada─. Cuando veo a una mujer hermosa,
simplemente no puedo dejarla ir

Aunque normalmente aceptaría, tanto la presión a la que he


estado sometida últimamente como el sonido afligido que
Isla suelta desde su escritorio hace que niegue. Es una
buena asistente y no deja de ver directamente hacia Ryland
a hurtadillas de su escritorio a pesar de que acaba de
invitarme a salir. Quizás si me lo hubiera pedido a solas lo
consideraría, pero no seré la inconsciente chica que toma lo
que más quiere en sus narices.

Ella es Isla y yo soy Savannah, pero he estado ahí.

Y no es bonito.

─Creo que no ─le respondo con la nariz arrugada─. No junto


los negocios con el placer, pero si tus intenciones son que
hablemos de lo que quieres para tu bar, creo que Isla y yo
podríamos ir.

La mencionada luce como si se quisiera morir.

Ryland junta las cejas.

─¿Quién es Isla?

─Mi asistente ─respondo con los ojos en blanco.

─Oh. ─Ryland le sonríe, lo que hace que la tensión se libere


de mis hombros, puesto que no es tan idiota como para
admitir abiertamente que no le prestó atención al bonito
cartelito con su nombre junto a ella─. Claro. ¿Puede ser
mañana? ─Su tono de voz se vuelve serio─. Podría pasarlas
buscando por aquí cuando terminen, adelantar la visita al
bar y discutiríamos su diseño en la cena. No es lo que
buscaba, pero suena mucho mejor compartir mi noche con
dos mujeres hermosas en lugar que una sola.

─Por supuesto que sí.

Asiente, satisfecho, y se inclina hacia adelante para besar


mi mejilla, lo que acepto por cortesía y porque, bueno,
huele bien y sería un poco desagradable de mi parte si lo
empujo.

─Bien, muchas gracias, señorita Campbell. ─Cuando se gira


le guiña un ojo a Isla, quién está tan blanca como la nieve─.
Isla.

Una vez abandona nuestro piso, miro a mi asistente.

─Tienes razón. Es bastante atractivo.

Isla respira entrecortadamente varias veces antes de


responder.

─Necesito comprar ropa. No puedo ir viéndome... así.

Arrugo la frente.

─¿Así cómo?

─Como yo ─jadea─. Necesito ser otra persona para mañana.

La única persona con la que voy de compras en Austin es


con Pauline, lo que consiste en mí escogiendo su ropa, y al
oír a Isla quejarse por algún motivo las palabras de Malcolm
diciéndome que estoy continuamente sometida a
demasiado estrés sin descanso vienen a mi mente. Tras
relamer mis labios, le ordeno vaciar nuestra agenda para el
resto de la tarde mientras me disculpo con Donan por
robarle a nuestra asistente por lo que queda del día. Él se lo
toma bien, agitando su mano hacia mí con desdén mientras
permanece inclinado sobre su escritorio y me ordena que
cierre la puerta porque interrumpo su proceso creativo.

*****

Al día siguiente me despierto con un poco de resaca, puesto


que Isla y yo bebimos champagne mientras obteníamos un
tour por las mejores tiendas de la ciudad, cortesía de una de
mis clientas, la cual me hizo diseñar para ella y para su
esposo una habitación bastante exótica, y un montón de
bolsas de compra a mi alrededor. De alguna manera logro
incorporarme y guardar las nuevas cosas que obtuve ayer
antes de irme al trabajo con un pantalón negro y una
camisa blanca de mangas vaporosas. Al igual que el día
anterior, lo primero que me dice Isla cuando llego es que
tengo un montón de llamadas y mensajes de Tanner.

─Bloqueé su número, pero sigue llamando desde otros


─dice.

Ya acostumbrada a que busque una manera de meterse en


mi vida aunque no exista, me encojo de hombros. Un poco
de acoso de Reed no me da miedo. No diseñaré su ático en
lo absoluto.

─Sigue bloqueándolos.

Aunque mi respuesta le causa evidente exasperación,


afirma.

─Lo haré.

*****
Ya que terminamos temprano, nos vamos antes y nos
reunimos en mi casa para vestirnos. Isla cubre sus curvas
con un vestido rojo que hace que sea difícil de ignorar ya
que se ciñe a ella como una segunda piel. Se ve preciosa y
lo hace aún más cuando me pide ayuda para resaltar sus
grandes ojos marrones con un maquillaje ahumado. Ya que
no tengo intenciones de destacar esta noche, entro en un
kimono azul con grabados y estilo asiático y ato mi cabello
en un moño en la parte superior de mi cabeza. Es lindo,
pero no sexy. A pesar de que llevamos toda la mañana
hablando de cómo Isla actuará durante la visita al bar y la
cena, sus manos se llenan de sudor y nuevamente se olvida
de respirar.

─No puedo, Savannah, yo...

─Solo repítete a ti misma que solo estamos trabajando ─le


digo mientras paso su abrigo por encima de sus hombros─.
Nada más.

Mis palabras deben funcionar, puesto que a los segundos


parpadea antes de enderezar sus hombros. Al verla
finalmente capaz de pasar por esto, salimos de mi
apartamento y nos dirigimos al lujoso deportivo de dos
puertas junto a la acera.

─Lo siento, sé que no hay mucho espacio detrás, pero no


tuve tiempo para alquilar un auto ─se disculpa Ryland
mientras abre la puerta del asiento copiloto para nosotras─.
Lo siento, en serio.

Ya que se supone que estamos aquí en calidad profesional y


soy su jefa, Isla se va atrás y yo delante de camino al sport
bar en Travis Country cuyos interiores voy a diseñar. A
diferencia del ático de Tanner, el local ya tiene piso y una
escalera de madera que conduce al segundo piso. Al
instante en el que entro, pienso que una decoración clásica
y a la vez retro le quedaría bien. Algo entre escocés e
irlandés. Después de que Isla y yo hayamos tomado las
medidas, volvemos a entrar en su deportivo y nos dirigimos
a un reconocido restaurante de comida asiática de la noche.
Todos pedimos arroz thai de mariscos y algunos rollitos
primavera para esperar mientras llega el platillo principal.
Me siento orgullosa de mi asistente cuando es capaz de oír
y responderle a Ryland sin sufrir un paro cardiaco o verse
como un pez fuera del agua. A pesar de que su tono de voz
al dirigirse a ella es cortés, también contiene algo de
genuino interés.

Me alegra que al menos una de las dos esté disfrutando.

─¿Savannah? ─pregunta una voz por encima de nosotros,


erizando mi piel─. ¿Es por esto que no me contestas?

Sin apartar mi mirada del mantel, respondo.

─No te contesto porque no quiero, Tanner. Tan simple como


eso.

Ya que no lo miro, se posiciona junto a mí y me obliga a


alzar la vista hacia él debido a su cercanía. Isla hace un
sonido lleno de sorpresa, pues se encuentra junto a mí y
para eso él tiene que posicionarse a su lado. Ryland frunce
el ceño hacia nosotros. Tanner, por su parte, no deja de
fulminarme con la mirada con las manos metidas en el
interior de los bolsillos de su pantalón oscuro. A diferencia
de la mayoría de las veces, su camisa es blanca y está tan
desabotonada y arrugada que me cuesta creer que sea suya
o que esté disfrutando de verse así. Arruinado y descuidado.

─Savannah, es muy poco profesional de tu parte dejar de


trabajar conmigo por cualquier cosa que esté sucediendo
entre nosotros ─dice lo suficientemente alto para que los
demás escuchen─. Te pagaré mejor de lo que nadie alguna
vez te pagará. Lo sabes.

─Vete ─gruño, mis mejillas rojas con furia debido a que está
dejándome mal frente a mi asistente y un cliente que, por
cierto, rechacé debido a que se supone que no mezclo
negocios y placer.

─No ─replica inclinándose hacia mí, sus ojos sumamente


oscuros─. Te dejaré comer, pero estaré esperándote en el
estacionamiento. Tengo algo importante que enseñarte.

No le respondo al oler alcohol en su aliento. Sé que le gusta


comer aquí, pero también que al lado hay un bar bastante
concurrido al que suele asistir con sus socios, lo más
parecido a amigos que tiene. Al igual que yo, Tanner es
solitario y solo se enfoca en los negocios. Aunque me odio a
mí misma por ello, termino asintiendo, a lo que se retira,
ignorando abiertamente tanto a Isla como a Ryland como el
odioso maleducado que es. Les sonrío una vez nos
encontramos nuevamente a solas y en paz.

─Espero que el arroz thai valga la pena.

Ryland me ofrece una mueca, pero en sus ojos no hay


recriminación, sino más bien curiosidad y un deje de burla.

─Pensé que no mezclabas los negocios con el placer.

Me encojo de hombros.

─Acabas de ver por qué.

No dice nada después de ello, dedicándose únicamente a


Isla mientras esta y él hablan de los pasatiempos, como los
videojuegos, que tienen en común. Afortunadamente
nuestra comida llega al cabo de poco. Después de que
terminamos con ella, pasamos de pedir el postre y nos
dirigimos al estacionamiento. Me alegro cuando tanto
Ryland como Isla captan que no regresaré con ellos y ellos
mismos se despiden, la primera luciendo aliviada de no
tener que volver a la parte de atrás.

Como prometió, Tanner está esperándome junto a uno de


sus autos deportivos de lujo. Él arroja el cigarrillo que se
encontraba fumando y lo aplasta con la suela de su zapato
antes de dirigirse al lado del asiento copiloto, por lo que
asumo que lo que quiere enseñarme no está aquí. Lo
detengo de cerrar la puerta. No sé cuánto ha bebido, pero
no pienso averiguarlo en la carretera.

─No ─exclamo─. Yo conduzco o no vamos a ningún lado.

─No estoy ebrio ─dice, pero de todas maneras se baja y me


tiende las llaves, las cuales acepto antes de ocupar su
puesto.

El lindo auto ruje con fuerza cuando Tanner entra y acelero


para arrancar. Ajusto el asiento debido a que es algo más
alto que yo. Cuando nos encontramos en la avenida
principal, señala el camino a través de las montañas que
conducen a su casa y a su nuevo departamento. Alzo las
cejas, pero lo tomo, puesto que la idea de dejarlo en un sitio
en el que pueda dormir e irme en un uber a casa suena
bastante bien si las cosas se ponen intensas.

Me sorprendo cuando me señala una vía contraria a sus


propiedades, pero que conduce directamente hacia el lago
en medio de todas las construcciones lujosas de Travis. Casi
en su orilla, me indica que me detenga frente a un terreno
vacío con un cartel de venta tachado enfrente. Sospechando
el motivo por el que estamos aquí, ni siquiera me bajo del
auto. A esta hora poco podría ver si lo hago, puesto que solo
vemos lo que las farolas del vehículo nos permiten, y
realmente no creo que soporte estar tan cerca de mi sueño
sin caer, por lo que tanto Tanner como yo nos limitamos a
ver hacia al frente aún en el interior de su BMW. Un terreno
como este, si me dejo llevar por el inicio y el final de la
valla, podría costar fácilmente un millón o dos de dólares.

─Debes estar bromeando ─le digo después de un rato.

─No ─responde─. Ya hice el pago. Ya está a tu nombre.

Tras tragar, me giro para observarlo mirándome.

Su voz ni siquiera trastabilló cuando me habló y sé cuánto


odia la idea de un mal negocio porque lo he oído
desquitarse con sus empleados al teléfono o en persona en
el tiempo que llevo conociéndolo, pero el ser estafada por
un arquitecto no parece molestarle pese al hecho de que
esto va más allá de ser demasiado a cambio de mi trabajo y
ambos lo sabemos, por lo que debe haber algo más que
quiera de mí para que decida gastar su dinero así. A duras
penas escondo el temblor en mi voz cuando me dirijo a él.
Si se va a Asia, podría aceptar trabajar en su ático.

─¿Qué es lo que realmente quieres de mí?

Antes de decidir responder, se inclina sobre mí, lo que me


hace extremadamente consciente del aroma de su colonia y
del whisky que había estado consumiendo. A pesar de que
el alcohol fue lo que ocasionó, en parte, todo esto, puesto
que debido a lo ebrio que se encontraba la noche que nos
conocimos es que no me recuerda más que como una de
sus conquistas sin nombre, no puedo evitar darle la razón y
creer que en realidad está en sus cabales. Nadie que no se
encuentre en sus cinco sentidos te puede mirar como
Tanner Reed me está mirando en este instante.
─Nada diferente a lo que ya me has dado, Savannah
─responde con voz suave y baja, pero sumamente
profunda─. Todo.

Y antes de que mi mente pueda encontrarle sentido a lo que


acaba de decir, junta los suyos con los míos y me besa.
Aunque todo en mí desea que mueva mi boca contra la suya
y lo acepte, me separo de él al momento en el que entran
en contacto. Sintiendo mi pecho arder, me bajo del auto y
empiezo a caminar de un lado a otro sobre el camino de
tierra. Respiro profundamente, sin poder creer lo que acaba
de suceder. Lo que está sucediendo. Tanner no tarda en
bajarse también y en acercarse a mí con expresión
demasiado serena para la manera en la que acaba de cruzar
una línea bastante peligrosa del lado en el que ahora se
encuentra.

El que engañe a Pauline con otras en una cosa.

El que lo haga conmigo... niego.

Es arder en el fuego.

Quiero que la aleje y que me elija, no que la engañe.

Si ese fuera mi deseo, lo habría cumplido desde hace


tiempo.

─Tanner, no podemos ─le digo cuando me presiona contra la


puerta del BMW con su cuerpo, estremeciéndome cuando
sitúa su rostro junto al mío, por lo que su aliento impacta
con mi oído y con mi cuello cuando inhala y exhala sobre
él─. Pauline...

─Pauline nos ha hecho suficientemente daño a ambos ─me


corta colocando sus frías manos en mis mejillas, a lo que no
puedo evitar alzar la vista para mirarlo fijamente─. Ella no
importa, Savannah, ya no. Le di todo lo bueno de mí y aun
así lo tomó y lo menospreció. No es tan buena e inocente
como pensábamos. Te prometo que permanecerá lejos si
aceptas. Me estoy desmoronando y eres la única persona
con la que no me siento como una pieza rota porque
continuas mirándome como si fuera lo mejor que has visto.
─Su nariz juega con la mía, rozándola y acariciándola─. Te
estoy dando lo que todo este tiempo has pedido a gritos.
Tómalo o déjalo ir de una vez por todas.

Mis rodillas flaquean al oírlo, pero Tanner impide que me


caiga al sujetarme de la cintura y nuevamente buscar mis
labios. Al no ser rechazado, toma nuestro beso como un sí y
se atreve a invadir mi boca con su lengua. Creyendo en su
promesa de que Pauline ya no será un problema, envuelvo
su cintura con mis piernas cuando me alza para llevarme
sobre el capó. Encajo mis dedos en su cabello mientras
continuamos besándonos con absolutamente nadie a parte
de nuestras consciencias como testigos. A pesar de que su
sabor y su tacto me tienen enloqueciendo, al igual que la
sensación de su erección contra mi centro, niego mientras
me aparto nuevamente de él, luchando por enviarlo lejos y
bajarme de su auto, dónde terminé puesta como si fuera
una adolescente.

─No pasaré por esto otra vez ─le digo a su mirada tanto
furibunda como interrogante─. Si para mañana continúas
pensando igual, lo pensaré. No volveré a ilusionarme
contigo, Tanner Reed.

Al oírme, su postura tensa se relaja y su expresión se


suaviza.

Asiente.

─Te prometo que así será.


─¿Cómo lo sabes? ─le pregunto mientras ajusto mi ropa
antes de dirigirme al interior del auto, mi corazón latiendo
aceleradamente.

Él no responde hasta que está a mi lado, mirando hacia el


terreno que compró para mí mientras respira de manera
entrecortada. Aunque su rostro no lo demuestre, sé que
está afectado por lo que hicimos por la manera en la que
sus mejillas lucen rojas.

─Solo lo sé.

Me pican los mosquitos. No olviden comentar

Las amo. Bai


Capítulo 15:

Capítulo 15:
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por OscaryArroyo
 
Dedicado a natbooksx

─¿Estás segura de que estás bien? ─me pregunta Pauline


por quinta vez mientras desayunamos en el que solía ser
nuestro sitio favorito para comer panqueques en Austin
luego de que le cuento lo que sucedió, a lo que afirmo, lo
cual hace que me oculte más en la capucha de la sudadera
gris que me prestó, junto con un par de vaqueros, para que
me duchara y saliéramos.

─No tienes nada de qué preocuparte ─añado cuando la


preocupación no desaparece de sus ojos─. Lo resolveré.

─Savannah...

Niego mientras hundo mi tenedor en los panqueques.

─Solo déjalo ir, Pauline.

Cuando alzo la mirada con un bocado cerca de mi boca,


presiona sus labios fuertemente entre sí. Tanner está a su
lado, pero ni siquiera ha tocado su desayuno. Su expresión
es ausente mientras mira por el ventanal junto al que nos
encontramos sentados. Mi mandíbula se aprieta cuando su
novia habla otra vez.
─No, no lo dejaré ir, Savannah, porque esos imbéciles te
hicieron daño, ¿y por qué? ¿Por qué que te tuviste que
mudar a otra habitación si nos iba tan bien juntas? Me
dijiste que se suponía que necesitabas estar sola y lo
respeté, ¡pero te fuiste a vivir con alguien que resultó ser
mucho peor que yo! ─dice esto último incorporándose y
aplanando sus manos sobre la mesa, la expresión de su
rostro severamente lastimada. Al darse cuenta de que todos
están mirándola, baja su tono de voz─. Te dije que si Tanner
era el problema, no lo dejaría entrar en nuestra habitación
otra vez y no aceptaste, por lo que ahora que veo cómo has
preferido vivir con estas malas personas y no conmigo y si
tomo en cuenta la manera en la que me has ignorado todo
este tiempo... ─Niega─. No puedo evitar pensar que quizás
todo no iba tan bien entre nosotras. Realmente te considero
una amiga, ¿tú a mí no? Sé que no soy tan interesante como
todas las demás chicas, que incluso a veces soy un poco
tonta, ¿pero qué es lo que es tan terrible en mí que te hizo
terminar con Anahí y su novio? ¿Qué causó que me
mintieras al decirme que deseabas soledad?

Cuando termina de hablar, sus ojos están llenos de


lágrimas. No espera que le responda. Simplemente arroja la
servilleta que puso sobre sus piernas a la mesa, sobre mi
comida, y sale huyendo cuando no le contesto apenas
termina de hablar. Tanner hace ademán de levantarse para
seguirla, pero niego antes de perseguirla. Ya que su mochila
está en la camioneta de su novio, no llega muy lejos. La
alcanzo en el estacionamiento. Pese a que está usando
sandalias y un vestido floreado de margaritas, anduvo
rápido. Sus brazos están cruzados sobre su pecho con
fuerza.

─Pauline, necesitaba espacio ─le digo, pues es lo más


parecido a la verdad que tengo para ofrecerle─. No sé la
razón, pero necesitaba espacio. Tal vez irme no fue la mejor
opción o la solución, pero estaba asfixiándome. Lo
necesitaba y lo tomé.

A pesar de que su expresión se suaviza, no lo deja ir tan


fácil.

Niega, lo cual hace que sus rizos dorados se agiten.

─Ese es lo problema con las chicas como tú. ─Toma una


profunda bocanada de aire antes de seguir─. Hacen lo que
quieran sin tomar en cuenta los sentimientos de los demás.
No sabes cuántas veces me quedé dormida preguntándome
qué es lo que hice mal para que dejaras de hablarme, pero
ahora me doy cuenta de que... fue nada. Lo dejaste de
hacer porque te vino en gana y ya.

Aunque debería sentirme mal por lo que dice, no lo hago.

Me molesta, eso sí, porque si Tanner no hubiera pasado


tanto tiempo a nuestro alrededor, quizás hubiera sido capaz
de soportarlo. Quizás no me hubiera obsesionado. Lo que
sucedió, en cambio, fue que Pauline se paseó por meses
frente a una criatura hambrienta con un recipiente de
helado en la mano.

Y no me quedó de otra que desearlo.

─Y el problema con las chicas como tú es que todas piensan


que el mundo gira a su alrededor ─le digo, lo que la hace
fruncir el ceño─. Como son buenas y perfectas, todo el
mundo quiere lastimarlas y desear vivir sus vidas, pero las
verdad es que no. Preferiría estar muerta a ser inconsciente
de lo que sucede frente a mí. Me atacas por haberme ido,
¿pero no te das cuenta de que la razón por la que lo hice es
obvia? Anoche fui atacada por una pareja de lunáticos,
arruinaron mis dibujos, planos importantes para un
concurso vital para mi carrera, y no has sido capaz de dejar
de lado tu molestia ni por un solo día, Pauline. ─No como yo
lo he hecho por tantos de ellos para que fuera feliz─. Me
acusas de ser egoísta, pero tú no eres mejor, sino peor. Por
lo menos yo sí sé lo que sucede frente a mí porque me
permito salir de mi propio cuerpo y ponerme en los zapatos
de los demás, algo que tú, samaritana, eres incapaz de
hacer porque estás encerrada en tu pequeña realidad dónde
eres cristal y todos deben cuidarte. ─Al ver sus ojos llenarse
de lágrimas, siento la tentación de parar, pero no lo hago.
Ahora que he empezado a decirle lo que de cierta forma ha
estado atascado en mi pecho por tanto tiempo, no puedo
detenerme─. Absorbes a las personas bajo la necesidad de
cuidarte y perdonártelo todo porque eres gentil y amable,
inconsciente de lo que les haces. No lo resistí. Por eso me
fui.

Cuando termino de hablar, abro la puerta de la camioneta


de Tanner, la cual este abrió a la distancia, y saco mi
mochila de ella. Ninguno de ellos me detiene mientras me
alejo. Debido a que luzco como si fuera a presentar la
audición para el casting de una película zombie, me tomo el
día de mis clases. En su lugar me acerco a la oficina de
distribución de dormitorios y acepto nuevamente volver a
vivir con Pauline, el único sitio disponible, puesto que sigo
odiando más a Anahí y a Gordon por encima de lo que los
detesto a ellos. Una vez he hecho todo el papeleo, voy por
mis cosas al dormitorio junto al campo de fútbol.

Mis hombros descienden con alivio cuando confirmo que


Anahí no se encuentra presente, sino en una de sus
prácticas de voleibol. Tomo mi ropa del armario y la meto en
una de las cajas que encontré en el depósito del edificio.
Una vez termino con mis prendas, bajo al estacionamiento y
lo guardo en mi Mercedes. De alguna manera consigo
mudarme nuevamente en menos de una hora, dejando por
último mi escritorio. Mi pecho desciende con dolor cuando
poso mis ojos en el papel arrugado que ahora son mis
planos. Los acaricio con mis dedos como si tuvieran magia y
eso pudiera traerlos de nuevo a la vida, pero no lo hace.
Siguen siendo basura después de haber sido simplemente
maravillosos.

Tragando el nudo en mi garganta, pero no deteniendo las


lágrimas que descienden por mis mejillas, guardo mis
materiales de dibujo y me dirijo nuevamente al
estacionamiento, yendo de prisa hacia mi auto repleto por
tercera vez de mis cosas. Ya que nada más cabe dentro,
peleo por mantener arriba el maletero mientras meto mi
última caja. Me tenso cuando una mano la mantiene arriba.

─Hola ─saluda Ibor amigablemente.

Al verlo, mi cuerpo instantáneamente se relaja.

─Hola ─digo tras meterla, una sonrisa en mi cara─. ¿Cómo


estás?

Su frente se arruga con preocupación. Está vestido con ropa


de deporte, por lo que supongo que iba camino a entrenar
cuando me vio. Aunque una parte de mí se siente mal por
haber sido tan perra con él cuando claramente es un buen
chico, la mayor parte no lo hace. Fui clara. Solo fue un
momento de sexo. Sin embargo, no puedo culparlo por creer
que pudo haber nacido algo lindo de ello.

─Sin ofender, mejor que tú. ─Sus ojos están fijos en mi labio
partido─. Iba a entrenar unas horas extra, pero puedo
dejarlo. Arriesgándome a ser rechazado otra vez,
¿aceptarías un café?

Mis labios instantáneamente hacen un puchero tras oírlo.

Él es tan agradable.
Tan dulce.

¿Por qué simplemente no puedo quererlo?

─No ─respondo, pero a pesar de ello me sostiene entre sus


brazos cunando las lágrimas empiezan a aparecer de nuevo
ante el recuerdo de mis planos arruinados y de que voy a
regresar al lugar del que escapé porque me hacía mal,
convirtiéndolo al instante en el mejor chico que alguna vez
se haya cruzado en mi camino. Una vez termino de ser
patética, me separo de él y lo miro con una sonrisa─. Pero
puedes ayudarme con mi mudanza mientras nos preparo
algo de comer, si quieres ejercitar un poco.

Ibor me devuelve la sonrisa.

─Creo que eres la mujer que más me ha hecho sentir como


un objeto ─dice, pero de todas maneras asiente y me
acompaña a mi viejo hogar─. Por cierto... ─suelta cuando ya
estamos en marcha hacia allá, sus dedos bajándole
volumen a la radio─. Aunque soy un chico grande, odio la
violencia, pero estoy de acuerdo con lo que Tanner le hizo a
Gordon. No es la primera vez que él y su novia atacan a una
chica del campus. Hizo bien echándolo.

Arrugo mi frente mientras mis dedos aprietan el volante.

─¿Echándolo?

Ibor asiente.

─Sí.

─¿De dónde?

─Del equipo ─responde, mirándome con la frente arrugada─.


¿No lo sabías? Pensé que él y tú eran, son, cercanos, ¿no?
─¿Por qué lo dices?

La confusión se hace aún más presente en el rostro de Ibor.

─¿No son familia? Eso es lo que nos dijo a todos para que no
te molestáramos después del partido por joder con Johnson.
Después de que nos desconcentraras a todos, en especial a
él, todos esos idiotas querían meterse contigo para
fastidiarte.

Aunque me gustaría contradecirlo, no pondré en evidencia


al capitán del equipo delante de él, no cuando eso me haría
quedar en evidencia a mí o admitir cosas en voz alta que no
quiero. Tampoco deseo hacer o decir nada que pudiera
dejarlo mal después de que arriesgara su propio pellejo por
mí golpeando a Gordon en un dormitorio del campus o lo
echara del equipo. Para que esto último sucediese, sin
embargo, no debía ser muy bueno.

─Sí ─respondo─. Primos lejanos. ─Giro el rostro hacia él con


una ceja alzada, mis labios curvados hacia arriba con
diversión─. ¿Entonces esa noche te acercaste a mí para
molestar, Ibor?

Ibor tiene la decencia de sonrojarse.

─Bueno... ─Sonríe traviesamente─. Incluso un buen no


puede resistir la tentación de hacer cosas malas de vez en
cuando. No solo eras el blanco más deseado, sino que eres
hermosa y... lista. Te he visto un par de veces en el
periódico. La zona en la que sales está junto a las noticias
deportivas, ¿sabes? ─Asiento, puesto que soy muy
consciente de eso. Debido a ello Tanner y yo salimos varias
veces casi juntos en él─. Y bueno, a la mierda Tanner. Mis
intenciones no eran del todo malas. Fui un caballero.
Inventé a su prima a salir después, pero ella me rechazó.
Suelto una inesperada risita.

─¿Quieres un consejo?

Ibor asiente.

─Suéltalo, nena.

Nuevamente giro el rostro hacia él para sonreírle con


calidez.

─Nunca te fijes en tu acostón de una sola noche. ─Niego, lo


que hace que algunos mechones de mi cabello se
atraviesen en mi campo de visión y tenga que apartarlos─.
No termina bien.

*****

Con Ibor ayudándome mientras nos pido pizza y dos


malteadas de oreo con chocolate para almorzar-merendar,
puesto que no he comido desde esta mañana y dejé a
medias mi plato para ir tras Pauline, termino con mi
mudanza más rápido de lo que podría haber esperado. A
pesar de que odio estar nuevamente aquí, no puedo evitar
admitir que extrañaba el aroma a limpio de Pauline en lugar
del rancio y lleno de sudor de Anahí, puesto que rara vez se
daba una ducha después de regresar de su entrenamiento,
por lo que siempre debía tener un ambientador y un
eliminador de olores desagradables en spray a la mano. Una
vez Ibor se va, me acuesto en mi cama y me quedo mirando
fijamente el techo.

Antes de que pueda darme cuenta, me duermo.

*****
Me despierta el sonido de la puerta abriéndose. Tras separar
mis párpados y ladear la cabeza, me encuentro con Pauline
caminando de manera insegura y nerviosa hacia mí. Me
incorporo en uno de mis codos para que nos podamos ver
mejor. Ambas nos dijimos cosas horribles más temprano, las
dos teníamos razón, pero no puedo evitar pensar que me
excedí. Ella no es como yo. No es de las que se habitúan a
lo malo, sino que huyen de ello.

Así que soy la primera en hablar.

─Lo siento si lo que dije más temprano te lastimó, pero no lo


retiro.

Ella se detiene frente a mí. Me mira fijamente por unos


segundos antes de asentir con expresión absolutamente
seria, lo que la hace ver como ora persona. No como un
hada silvestre. Me gusta más.

─Yo tampoco lo retiro, pero me disculpo por haberlo dicho en


este momento. Tienes razón. ─Se sienta en mi cama, pero
se levanta cuando yo también lo hago─. No debí haberlo
soltado en este momento. Sin importar cuales hayan sido
tus verdaderos motivos para irte de aquí, has sido lastimada
y ahora se trata de ti.

Aunque esta conversación está resultando más agradable


de lo que pensé que sería en un inicio, me acerco a la
puerta principal y la abro ante la atenta mirada de Pauline.
Ya que irme sin despedirme sería demasiado cruel, giro el
rostro hacia ella tras abrir la puerta. Le ofrezco la mejor
sonrisa que puedo darle.

─Haré todo lo posible para no hacerte sentir mal si me


asfixias.
Aunque no me devuelve la sonrisa, la tensión se desvanece
de su rostro. Sus hombros también descienden hacia abajo
con alivio.

─Yo prometo no meterte más a mi novio por los ojos.

Aunque me congelo por unos segundos tras sus palabras,


logro asentir y salir de nuestro dormitorio con prisa. Aunque
por algún motivo intuyo que ninguna de las dos será capaz
de cumplir su promesa a la otra, dejo cualquier
pensamiento sobre Tanner y Pauline fuera de mi mente y
me concentro en revisar las historias del Instagram de
Gordon, quién es tan estúpido que tiene su perfil en público
a pesar de que nadie lo sigue, ni lo seguirá. Tras ver la más
actual, en la habitación que hasta ayer compartí con Anahí,
me dirijo ahí con toda la intensión de ocasionar un desastre.

Lo que le hizo Tanner no es suficiente para mí.

*****

El campus está repleto de cámaras de vigilancia, por lo que


estaciono varias cuadras antes y me pierdo en un bosque,
dónde cambio mi sudadera gris por otra, antes de dirigirme
al dormitorio junto al campo de fútbol en que el equipo
todavía se encuentra entrenando. Ya que el tablero que
proporciona iluminación tanto a sus reflectores como al
edificio en el que viví se encuentran cerca del punto en el
que los jugadores se encuentran, me arriesgo a ser
descubierta acercándome a la parte tras los vestuarios en el
que está puesto. Una vez he dejado esta parte de la
universidad sin luz, regreso tan rápido como puedo sin
llamar la atención al estacionamiento de los dormitorios.
Tras encontrar el Audi de Gordon, lo rocío con la gasolina de
emergencias que suelo tener en una cantimplora en la
cajuela de mi auto y enciendo una cerilla. Antes de que
pueda arrojársela encima, sin embargo, una voz tras de mí
me detiene. Por más culpable que se sienta, la verdad es
que este no es su asunto. Gordon es un imbécil que
necesita una lección y ya. En su redes sociales encontré que
el bonito deportivo frente a mí es un premio de una rifa,
puesto que con el salario de sus padres, quiénes son
granjeros, nunca habría podido comprárselo, por lo que lo
que está frente a mí es lo que más ama.

No el fútbol, en el que confirmé con Ibor que era malo.

No Anahí.

─No lo hagas ─me dice Tanner, avanzando hacia mí mientras


el fuego desciende hacia abajo en el palillo de madera
consumiéndose en mi mano. Está usando su uniforme de
entrenamiento y su rostro, al ser alumbrado por la cerilla, se
ve serio y preocupado. No molesto. No me está mirando de
la manera en la que usualmente lo hace─. Te vieron en el
campo. Te buscan por haber causado un apagón. Esto no es
prudente. Si te descubren, podría significar la pérdida de
todo lo que te importa.

─Las cámaras no captarán nada.

─Savannah... ─advierte─. Si lo haces, podrías ser expulsada.


Entiendo que estés molesta, pero esto no soluciona nada. Si
quieres darle una lección a Gordon más allá de lo que le he
hecho, haz planos que resulten aún mejores de los que
hiciste y gana ese maldito concurso.

Mis ojos se llenan de lágrimas.

─Ese es el problema. ─Trago─. Nunca podré hacer nada


mejor.
Nunca volveré a sentarme en el balcón de la habitación de
Anahí y me inspiraré por días en la manera en la que Tanner
ataja y lanza un balón. No hará las mismas jugadas por mí,
ni él ni las personas a las que se enfrentaba en ese
momento. A pesar de que muchos son capaces de hacer lo
que propone, mi talento no funciona de esa manera. Es un
instante. Un momento. Una sola oportunidad que debes
aprovechar, en mi caso, para trazar una línea. En el caso de
otros artistas, para escribir o para pintar.

Una obra de arte no nace dos veces.

No importa lo mucho que te esfuerces porque sí.

─Sav... ─Ahora su tono de voz es suplicante. Aunque estoy a


unos milímetros de quemarme los dedos, continúo sin soltar
la cerilla. No lo hago incluso cuando envuelve mi mano con
la suya, calentándome aún más que el fuego, y desciende
su rostro para mirarme fijamente. Estoy segura que no la ha
tomado con sus propios dedos porque cualquier movimiento
que haga podría significar su caída al charco de gasolina─.
No lo hagas, por favor.

─No es solo un concurso ─susurro─. Es la entrada por la


puerta grande al palacio de mis sueños, ¿por qué te cuesta
tanto entenderlo? Si alguien te hubiera roto el brazo,
estarías igual.

─El fútbol no es lo más importante para mí.

─¿No? ─Niega─. Entonces imagina te arrebaten tus perfectas


calificaciones, tu camioneta o el orgullo de tus padres.

Tanner traga, visiblemente afectado y en conflicto.

Está entendiendo, por fin, cuán valioso es esto para mí.


─Sigue sin ser lo suficientemente importante como para que
destruya mi vida cometiendo una estupidez por ello
─responda mientras ejerce presión en mi muñeca─.
Savannah, por favor.

─Tanner, solo piensa en lo más importante para ti ─le digo,


ahora quemándome y extendiendo la mano cuando Tanner
se inclina par soplar la cerilla, lo que lo hace gruñir─. Y en
qué harías si te lo quitaran. Piensa en lo que sea, o en quién
sea, que te haga estúpido y compréndeme. No puedo dejar
pasar esto mirando desde lejos como alguien más se venga
por mí. Debo hacerlo yo o no podré dormir en paz nunca
más.

─¿Pero yo sí debo mirar cómo te arruinas por mi culpa sin


hacer nada? ─pregunta de regreso, sus ojos sumamente
sinceros─. Porque si lo hago, seré quién no podrá dormir en
paz nunca más.

─Tanner...

Al sentir literalmente que se queman mis dedos, no puedo


evitar soltar la cerilla en el momento justo en el que la luces
vuelven a encenderse y la policía del campus pasa junto a
nosotros en dirección al campo de fútbol. A pesar de que el
fuego ya se había apagado, a veces solo se necesita una
chispa para iniciar un incendio. Uno que se ve reflejado en
sus ojos negros.

Jajaja amo este cap. Es uno de mis favoritos y el


siguiente en pasado también lo será

Feliz día a todas las mamis que me leen

Mrk, lo siento por el soundrack intenso de este


capítulo, pero necesitaba esta canción aquí. De pana
les juro que con el siguiente en pasado se mueren

Aunque en presente también JAJAJAJA

Más tardecito estaré haciendo directo en Instagram


(oscaryarroyo), así que no olviden seguirme por ahí si
quieren que más tarde hablemos de estos capítulos

Love u, girls, no se olviden de comentar y darle amor


al cap
Capítulo 16:

Capítulo 16:
19.1K 3K 1.6K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a gmcerelli

Ninguno de los dos dice nada más hasta que me estaciono


frente a su casa. Cuando hago ademán de bajarme, puesto
que tomaré un Uber de regreso a mi estudio, coloca su
mano sobre la mía, que está sobre sus llaves, y niega.
Arrugo la frente y bajo mi brazo en respuesta, deshaciendo
nuestro toque antes de que haga algo estúpido debido a
ello, como no apartarlo si se inclina sobre mí.

O aceptar una invitación a su casa.

─Puedes llevarte mi auto.

Aunque estoy tentada de negarme, la verdad es que no


tengo ganas de sentarme en la acera o de verle la cara
mientras espero que la persona con la que contacte en la
aplicación venga por mí.

─Te daría las gracias, pero fue por ti que no me fui con...

─¿Con Sklovensko?

Mi mandíbula se aprieta ante la mención del apellido de


Ryland.

Aunque me siento idiota por preguntarlo, lo hago.


─¿Son amigos?

Tanner me mira como si fuera estúpida.

─Ninguno de los dos es de tener amigos, Savannah


─responde─. Pero sí, lo conozco. Es mi socio más reciente.
Decidí invertir un poco de mi dinero el bar deportivo que
abrirá aquí y así...

─Así fue como supiste que cenaría conmigo ─completo con


él, a lo que asiente con actitud desvergonzada cuando su
comportamiento roza lo acosador─. Tanner, ¿eso fue antes o
después de que fueras a mi apartamento estando ebrio?

Con la mano en la manija de la puerta, alza una ceja hacia


mí.

─¿Importa? Negocios son negocios.

Separo los labios para responderle que sí, que sí importa,


pero a último momento los cierro. Así esté en lo correcto al
suponer que el plan B de Tanner para arrastrarme a sus
brazos era ser mi segundo jefe en esto, a lo que no podría
negarme por tener un acuerdo ya con Ryland, y ambos lo
sepamos, él no lo admitirá nunca en voz alta, así como
tampoco dirá que a lo largo de todos estos años no he sido
la única capaz de no dejarlo ir del todo.

También está él, quién me ha sorprendido lo suficiente hoy


al arrastrarse al restaurante al primer día de abandono de
mi parte cuando es la persona más orgullosa y altiva que
conozco.

Y está Pauline.

A quién ni siquiera considero una amiga, pero me necesita.


─No, no importa.

Tras mirarme por un largo momento, Tanner asiente y se


baja.

─Buenas noches, Savannah.

No me da oportunidad de contestar. Cierra la puerta y me


da la espalda para entrar a su casa, la cual lo espera con las
luces encendidas. Tras verlo encontrarse con el mayordomo
en la entrada y no caer sobre los escalones, presiono el
acelerador y arranco a sabiendas de que no podré dormir
durante toda la noche. No mientras todavía sienta sus labios
sobre los míos.

*****

A la mañana siguiente asisto al trabajo con un sencillo


vestido blanco con detalles azules similares a la porcelana
holandesa. También tomo el deportivo de Tanner para
dirigirme a él, pues sospecho que en cualquier momento
podría aparecerse en mi sitio de trabajo para reclamarlo.
Durante la mañana, afortunadamente, no hace acto de
presencia, pero no canto victoria hasta que salgo de mi
oficina a mediados de las seis y media de la tarde.

Para el momento en el que estoy subiendo por el ascensor


de mi edificio, mi frente se encuentra arrugada porque no
puedo creer que Tanner no se haya aparecido en todo el día.
Aunque estoy en su mayoría aliviada de no tener que lidiar
con él o lo que sucedió ayer, a lo que todavía no sé cómo
me siento, una parte de mí se siente molesta por soltar algo
como eso y simplemente desaparecer o arrepentirse
después. A pesar de que ya confirmé que el terreno se
encuentra a mi nombre cuando un abogado me trajo el
título de propiedad más temprano, esto último pudo haber
sido lo que sucedió, por lo que me alegra no haber cedido a
la tentación de aceptar formar parte de su juego la noche
anterior por mucho que mi cuerpo y mi corazón se moría
por hacerlo.

Una vez entro en mi apartamento, me cambio por un pijama


de seda y empiezo a tantear en la cocina para descubrir lo
que voy a cenar, incluso encendiendo la estufa, cuando el
timbre suena. Tras tener un presentimiento sobre quién
puede tratarse, voy por una bata para cubrirme antes de
mirar por la rendija y presionar mis labios contra la abertura
entre el marco y la madera blanca.

─¿Estás sobrio?

Mis labios se curvan cuando lo escucho gruñir.

─No me hagas desear no estarlo.

Tras bufa, le quito el seguro a la puerta y lo dejo entrar.


Debería enviarlo lejos, pero no puedo. Hay algo que me
obliga a asegurarme de que no esté desmoronándose o, de
estarlo, desmoronarme con él. Una vez entra en mi
apartamento con su usual conjunto negro bajo un abrigo
oscuro, mis ojos van directamente a las bolsas con
recipiente de comida asiática que lleva. Estaba por
prepararme una ensalada de vegetales, pero no puedo
evitar ansiar algo que ya se encuentra listo para consumir y,
por lo poco que puedo hacerlo, huele increíblemente bien.

─¿Qué es? ─le pregunto tras llevar dos platos a la mesa.

─Arroz thai ─responde mientras me ayuda a servirlo.

Aunque eso fue lo que cené anoche con Ryland e Isla, no


protesto cuando me encuentro frente a un montón de
langostinos y vegetales levemente picantes. Tanner también
trajo refresco de uva, por lo que solo abro mi nevera para
servirnos dos copas de cristal con agua y traer hielo. Sé por
qué está aquí, por mi respuesta y en segundo o primer
plano por su auto, por lo que no nos hago perder saliva a
ambos preguntándoselo. Ya que no tengo ni idea de lo que
pase por su mente o de lo que lo haya llevado a mí además
de las decisiones de Pauline de deshacerse de sus bebés,
dejo que sea él quién inicie la conversación de la misma
manera que lo hice la mañana que despertó aquí.

─No me lo pondrás fácil, ¿verdad? ─dice con expresión


irritada cuando terminamos de comer, mi estómago
saciado.

Niego.

─No.

Si quiere tener algo de mí, primero deberá pasar por todo lo


que he pasado durante todos estos años teniendo frente a
mí lo que más deseo sin que pueda reclamarlo. Tras soltar
un suspiro, se inclina hacia adelante y toma mi plato para
lavarlo. Me levanto después de que él lo hace, pero no lo
ayudo, sino que me dirijo al sitio junto a la puerta con
interruptores. El sistema de iluminación de mi casa es una
de mis mejores adquisiciones. Lo regulo para que la claridad
se opaque lo suficiente para crear el ambiente adecuado y
enciendo algunas velas ya dispuestas alrededor de la casa.
Pongo música. Sonrío con satisfacción cuando una balada
rítmica, que también contiene algunos canticos, llena mis
oídos.

Para el momento en el que Tanner se da cuenta que algo


extraño está sucediendo, puesto que no altero la
iluminación de la cocina hasta que termina de limpiar, es
demasiado tarde. Estoy pasando mi camisón por encima de
mi cabeza y retrocediendo torpemente al sofá. A pesar de la
oscuridad, soy perfectamente capaz de verlo tragar e
intensificar su mirada cuando caigo sobre él con las piernas
levemente separadas. No traigo sostén, solo un tanga
blanco bastante lindo con lazos en las caderas. Aunque he
ayudado a Pauline a elegir su ropa interior algunas veces,
nunca le he aconsejado usar nada con lazos. Dejar que mis
conquistas desenvuelvan su regalo es uno de mis trucos, no
suyo.

Cuando se acerca al punto de quedar frente a mí mientras


el aroma profundo, suave y oscuro de la vainilla que
proviene de los velones y de los inciensos nos envuelve e
intenta inclinarse hacia adelante, niego mientras presiono la
planta de mi pie contra su abdomen, el cual siento contraer
por debajo de su camisa y esto ocasiona que mis dedos se
curven con placer. La humedad se concentra entre mis
piernas cuando lo siento crecer y endurecerse por debajo de
mi talón, sus ojos oscuros concentrados en mi camisa. A
pesar de que hay varias interrogantes entre nosotros,
empezando por la razón por la cual asistió al partido con
esa chica y qué se supone que tiene pensado hacer con
Pauline, si se divorciará de ella o no, no puedo evitar ceder
un poquito ante la idea de verlo retorcerse por mí como yo
lo he hecho por él.

Al menos antes de que tenga que decirle que no.

─Aléjate de mí ─le digo en voz baja, lo que hace que cejas


se unan un poco─. No he aceptado. Solo quiero que me veas
darme placer y te des cuenta de que si por algún milagro
para ti digo que sí, te estaré haciendo un favor. Por mucho
que me gustes, nunca te he necesitado para obtener un
buen orgasmo. ─Mis labios se curvan ante lo que ambos
sabemos que es verdad─. Ni de ti ni de ningún hombre,
Tanner, solo de mis dedos... ─Deslizo la mano por mi torso,
pellizcando mis pezones y gimiendo en el proceso, antes de
pasarla por vientre y llevarla dentro de mi ropa interior,
dónde me acaricio suavemente sin dejar de mirar sus ojos─.
Y de lo porque incluso tú eres capaz de perder tu cordura y
tu orgullo.

Y con eso me refiero a mi vagina.

Tras oírme gemir una vez más cuando meto dos dedos en
mi interior a la vez que froto suavemente mi clítoris,
excitada por la manera en la que me mira sin perder detalle,
Tanner se aleja, lo que ocasiona que el vistazo que obtiene
de mí sea aún mejor debido a la nueva apertura de mis
piernas, una de ellas fuera del sofá. Mientras me toco para
mí misma, no para él, lo escucho maldecir, pero tampoco se
atreve a acercarse. Es tan masoquista y sádico como yo.
Aunque los dos nos estemos muriendo porque el otro o
nosotros mismos cedamos, no lo hacemos y ese es nuestro
encanto. Mi piel desnuda se encuentra en llamas bajo su
atenta mirada. Ya que de quedarse cerca probablemente
habría cedido a la idea de tocarme, se sienta en un sofá de
una sola plaza frente a mí para observarme retorcerme
desde primera fila.

Desde dónde estoy veo cuán duro está.

Relamo mis labios mientras imagino su sabor.

─Si no te tuviera el más mínimo respeto, te doblaría sobre tu


sofá y te saciaría hasta que más de mi semen no entrara en
ti ─suelta mientras se inclina hacia adelante con los codos
apoyados en sus rodillas, sus manos cubriendo por
momentos su rostro como si no pudiera creer lo que
estuviera sucediendo─. No sabes cuán difícil para mí es
hacer lo que me estás pidiendo que haga y solo mirar.

Recordando la vez que lo oí masturbándose en la ducha


mientras maldecía mi nombre y consciente de que esa no
fue la única vez, lo que no le prohibí que hiciera en este
momento, afirmo mientras mi otra mano aprieta uno de mis
pechos y mis muslos se tensan.

─No es nada que no hayas hecho antes ─le devuelvo algo


parecido a sus propias palabras─. Conformarte con ver en
lugar de ir por lo que quieres. ─Escondo mi rostro en un
cojín cuando un estremecimiento particularmente fuerte me
asalta─. Cobarde.

Al momento en el que el insulto sale de mis labios como un


murmuro agonizante que sé que oye, muerdo el cojín
mientras jadeo, mis ojos cerrados fuertemente entre sí a la
par que un temblor se apodera de mis piernas y uno de los
mejores orgasmos que he tenido me asalta. Para cuando
finalmente logro recuperarme, mi pecho ascendiendo y
descendiendo con mis jadeos, Tanner está saliendo de mi
estudio y cerrando fuertemente la puerta tras de sí. No me
importa. Mientras no me asegure de que está haciendo esto
porque se ha muerto todo este tiempo por hacerlo y no
porque quiera herir a Pauline, no obtendrá nada más que
dificultades en su camino hacia hacerme caer en sus brazos.

Y, conociéndome, encontraré la manera de disfrutarlo a


pesar del dolor que me ocasiona la idea de poder terminar
siendo, inconsciente o conscientemente para él, una
venganza.

*****

Al día siguiente no me sorprendo cuando lo encuentro


atemorizando a Isla cuando llego a mi oficina. Contengo las
ganas de echarlo cuando lo veo y noto las evidentes ojeras
bajo sus ojos. Al lado de él, tanto ella como yo lucimos como
auténticas bellezas. Bajando las mangas de mi vestido nude
en un gesto nervioso, inclino la cabeza hacia el pasillo que
conduce a mi despacho, el cual me siento afortunada de
que esté hecho de cristal y que esto signifique que no
pueda hacerme nada con todos mirándonos.

─Hablemos.

A pesar de la tensión en la línea de su mandíbula, Tanner


afirma y me sigue. Siento sus ojos en mi trasero hasta que
me doy la vuelta tras mi escritorio y lo miro de frente. Me
siento y él hace lo mismo. Ya que si me pongo a esperar que
sea él quién empiece, terminaremos como anoche, cuyo
recuerdo hace sonrojar mis mejillas, o enredándonos más de
lo que ya lo estamos. Tras fijar mis ojos en los suyos y
asegurarme de que no me perderé ninguna de sus
reacciones a mis palabras, finalmente le hablo.

─No te devolveré el terreno ─suelto─. Y trabajaré tanto en el


ático como en el bar de Ryland, pero solo si prometes que lo
que sea que pase entre nosotros no volverá a interferir en
mi vida profesional. ─Tanner afirma. Antes de que hable,
niego─. Con respecto a eso, no me acostaré contigo ni te
mirará como dices que te miro hasta estar segura de dos
cosas. Lo fácil, que Pauline ya no forma parte de tu vida. Lo
difícil... ─Trago el nudo en mi garganta─. Que no estás
usándome para vengarte o desquitarte conmigo. No lo
merezco, Tanner, y si ese es el caso, prefiero que nuestra
relación sea solo profesional. También te advierto que me
podría llevar tiempo darme cuenta de estas cosas, por lo
que esto no es un sí, sino un... no lo sé.

─Savannah, creo que me malinterpretaste.

Junto mis cejas y alzo el mentón.

─No, creo que eres tú quién no entiende que no me


conformaré con lo primero que me digas. Necesito verlo por
mí misma. No seré la amante. ─Tomo aire tras soltar lo que
me muero por decir. Al ver confusión en su rostro, me fuerzo
a mí misma a recordar todas las razones buenas por las
cuales no es un completo asno y por las que realmente me
interesa, suavizando mi voz al también tomar en cuenta
cuán lastimado está─. Tienes que poner en orden tu vida
antes de querer esto conmigo o con cualquier otra, Tanner.

─No ha pasado nada que no pueda controlar.

Hago una mueca.

─¿Mudarte a un ático cerca de la casa en la que vives con tu


esposa y seducir y comprar a su amiga con un caro terreno,
también cerca, para que lo decore por ti es tener el control?
Una que usaste como modelo, por cierto, para escoger a la
mujer con la que la perseguirías a otra ciudad y serías infiel.
─No responde, limitándose a apretar los puños en torno a
los reposabrazos de la misma manera que lo hizo anoche en
mi sala mientras me tocaba, lo que hace que junte mis
muslos por debajo de la mesa. Ante su silencio, suelto un
chasquido con la lengua─. Eso pensé.

Su mandíbula se aprieta.

─No has revisado tu teléfono.

─¿Qué tiene que ver eso con el hecho de que te estás


haciendo añicos y me elegiste como la única persona para
verlo?

─Mucho ─responde antes de ponerse de pie─. Hazlo y una


vez te hayas dado cuenta de lo que quise decir, haz una
reservación a un buen restaurante para que almorcemos y
acordemos cómo accederás a mis cuentas para que puedas
comprar todo lo que necesites para decorar el ático. No
pude dormir ni una mierda por tu culpa anoche, así que me
tomaré la mañana, pero me despertaré para venirte a
buscar alrededor de las doce.

Aunque esto último no era necesario que lo dijera, no puedo


evitar sonreír internamente ante ello. Aunque me gusta la
idea de que no pueda conciliar el sueño debido a mí, lo que
verdaderamente me agrada es que sea por ello y no por lo
mucho que le dolió el hecho de que Pauline haya abortado
dos de sus bebés. No la juzgo, de verdad respeto su
decisión, pero eso no significa que a Tanner no le haya
lastimado o que eso destruyera su matrimonio.

No yo.

Sin darme la oportunidad de responder, se marcha. Veo a


Isla esconderse tras su escritorio, fingiendo recoger algo,
cuando pasa frente a ella. Tras soltar un suspiro agotado,
hago lo que dice y reviso mi teléfono. Mi frente se arruga
cuando veo que me envió un archivo esta mañana, pero
tenía razón. No había revisado mi celular hasta ahora.
También tengo mensajes sin leer de Malcolm y de mis
padres. Estaba ocupada pensando en él esta mañana.

Una vez abro el archivo de nombre extraño y lo visualizo, no


puedo evitar dejar el teléfono sobre mi escritorio y pasarme
las manos por el cabello, sin poder creer lo que mis ojos
acaban de leer.

─Dios ─murmuro levantándome y acercándome al ventanal


que da con la calle, dónde puedo ver a Tanner entrando en
el Cadillac que conduce su molesto e irritante mayordomo.

Como si sintiera mis ojos en él, alza la vista hacia mí y


sonríe de manera amargada, puesto que tenía razón al dar
a entender que revisar mi teléfono habría cambiado un poco
mi percepción de esto. Tanner puede ser de todo, pero no es
un mentiroso.
Al menos no conmigo.

Y si me envió el borrador de su divorcio, lo está haciendo.

♡ Lo único que les voy a decir es que hoy a las 11:30


pm Venezuela haré un live en Instagram para hablar
con ustedes de la novela y que le daré dedicación a
las 5 chicas que pasen al directo conmigo, y que he
decidido extender el maratón un día más ♡ 

Love u

No olviden darle amor al capítulo


Capítulo 17:

Capítulo 17:
20.3K 2.9K 1.7K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a Unstoppablegirllux

Tanner me empuja hacia él cuando las llamas empiezan su


carrera hacia el auto de Gordon. Estas lo cubren por un
momento, lo suficiente para ocasionar daños, antes de que
la policía llegue y uno de los agentes lo apague con un
extintor. Ya que aceleraron hacia nosotros a penas el
incendio comenzó, no pudimos huir. No puedo evitar soltar
un jadeo, mi pecho ascendiendo y descendiendo con fuerza,
cuando el par de esposas frías y metálicas se cierran en
torno a mis muñecas. Tanner, en la misma condición que yo,
me echa una mirada de reojo antes de entrar en la patrulla
a parte en la que la que se lo llevan a la comisaría.

─Vinimos a investigar un sabotaje eléctrico, chica ─dice uno


de los dos oficiales encargados de transportarme mientras
nos encontramos de camino─. Pero encontramos esto.
─Niega─. Los jóvenes cada vez están peor. Hacen de todo
por popularidad.

Debido a que todavía estoy en shock, no lo corrijo


diciéndole que me estaba vengando de Gordon por haber
arruinado mis planos en lugar de estar cumpliendo un
estúpido reto para obtener likes, pero la verdad es que no
solo se trata de la impresión de que esté en manos de la
policía y de que haya arrastrado a Tanner conmigo, sino a
que ya ni siquiera sé bien por qué lo hice. Viviendo las
consecuencias de mis acciones, se siente estúpido e infantil
que haya dañado el auto de Gordon por mis dibujos. Aunque
falta solo un par de días para la entrega del proyecto y es
casi imposible que pueda volver a hacer algo tan bueno en
tan poco tiempo, en este momento me doy cuenta de que
no solo se trata de eso.

Me vengué de Gordon por decirme a la cara lo que todo el


mundo piensa y murmura de mí a mis espaldas, además del
hecho de ser un imbécil y haber arruinado la entrada segura
a mi futuro ideal. Por recordarme que pese a lo que él
destruyó y al hecho de que todos podrían quererme, no soy
lo suficientemente buena.

Por lastimarme, él emocionalmente.

Su novia físicamente.

─Bueno, tanto tú como tu novio se han portado bien, así que


no veo problema en que te quite las esposas ─comenta a
mis espaldas el mismo hombre latino y viejo que intentó
sacarme palabras de camino aquí, a la mesa metálica frente
a la que me encuentro sentada en una silla mientras una
molesta y potente luz en un cuarto oscuro alumbra mi
rostro─. ¿Necesitas que te lea tus derechos? ─pregunta al
sentarse frente a mí─. ¿Dirás algo?

Niego.

─No diré nada sin un abogado.

La expresión amable y pacífica del hombre se vuelve agria.

─Si es así como quieres jugar. ─Se encoje de hombros. Sus


ojos están fijos en los cortes en mi rostro debido a la pelea─.
Pero te advierto que si eres sincera con nosotros y
colaboras, podríamos intentar convencer al dueño del auto
de no presentar cargos... quizás amenazándolo con que tú
no lo harás. ─Niego, puesto que estoy segura de que Gordon
lo hará y tampoco quiero decir nada que pueda afectar a
Tanner, quién lo golpeó también. Pudieron arrestarnos
debido a que fuimos atrapados en el acto, uno que a los
últimos segundos ni siquiera estuve segura de querer
cometer. El agente Martínez, lo que sé por su placa, suelta
un suspiro y se levanta─. Bien. Tienes derecho a realizar una
llamada, chica.

Tras tomar un sorbo del vaso de papel con agua que tiende
hacia mí, me levanto y lo sigo por la comisaría local hasta
que me posiciono frente al teléfono fijo a la pared que me
señala con un dedo. Por la manera en la que todos me
miran y se aglomeran frente a la sala de interrogatorios
dónde sospecho que tienen a Tanner, debemos ser un
crimen que ha alterado sus rutinas.

─¿Mamá? ─respondo a la par que mis ojos se topan con la


televisión y entiendo la verdadera razón de por qué me
miran.

Gordon, con claras señales de haber sido golpeado por


alguien más grande que él, está dando una entrevista a un
noticiero de Austin con su Audi quemado de fondo. Sin
poder soportarlo más, presiono fuertemente mis párpados
entre sí al ver una fotografía mía y otra de Tanner en la
pantalla. El canal también está disponible en Houston, por lo
que le digo que lo ponga en lugar de darle una explicación
larga. A pesar de que esperaba un regaño de ella y sé que
este me espera, no puedo evitar amarla y admirarla más de
lo que ya lo hago cuando deja cualquier molestia o
decepción que sienta hacia mí de lado para ayudarme
primero.

─Voy para allá, Sav, no hables con nadie.


Afirmo, apretando con fuerza el teléfono contra mi oído, al
oírla.

─Gracias.

─Te quiero, mi pequeña rosa, no te preocupes por nada.

Mi barbilla tiembla.

─Y yo a ti, mamá.

Debido a que de hablar más solo la estaría retrasando,


cuelgo tras decirle esto. El agente Martínez se endereza de
la posición en la que permanecía inclinado sobre uno de los
cubículos de las empleadas para verme con ambas cejas
canosas alzadas.

─¿Todo bien? ─Asiento─. ¿Todavía indispuesta a hablar?

─SÍ ─respondo.

Él inclina la cabeza hacia la mujer de anteojos con la que se


encontraba hablando, quién le tiende una cesta con mis
pertenencias. Mi teléfono y las llaves de mi auto. Junto las
cejas cuando la extiende hacia mí con insistencia. Dudosa,
los tomo.

─¿Qué sucede?

─Hubo una actualización en el caso mientras hacías la


llamada ─responde con ojos entrecerrados con sospecha─.
Tu novio pirómano confesó haber sido él. Puedes irte
tranquila a casa.

Debido a la impresión de sus palabras, mi teléfono resbala


de mi mano. Lo recojo del suelo sin detenerme a ver si se
rompió. Siento como si mi corazón estuviese latiendo en mi
garganta y no precisamente debido a él, sino a lo que el
agente Martínez acaba de decirme. Niego mientras
retrocedo, lo que hace que el hombre frente a mí me mire
con más intensidad. Si Tanner realmente dijo eso, puede ser
expulsado a solo un par de meses de graduarse. Al igual
que para mí mi carrera es importante, para él también lo es.
Es como yo. El que vengamos de hogares bien abastecido
no nos hizo flojos, sino todo lo contrario. Nos animó a buscar
la perfección. A penas estoy empezando, así que no puedo
dejar que si quiera exista la posibilidad de que pierda su
carrera entera.

No cuando fui yo quién inicio el incendio.

─Él no lo hizo ─admito frente a todos─. Fui yo.

A pesar de que el agente Martínez debería sentirse


satisfecho con mi confesión, una sombra oscura se apodera
de su rostro mientras otro agente, uno de los que se llevó a
Tanner, aparece a su lado con una sonrisa que cubre al
menos la mitad de su rostro.

─Ah, el amor ─comenta escondiendo mechones de su


cabello rubio y largo tras sus orejas─. Te obliga a decir lo
que sea con tal de mantenerlo. ─Me enseña sus dientes
cuando sonríe. Se ve joven, pero no tanto como para que no
pueda ser mi padre. Su place dice Howard─. Tu compañero
ahí adentro tampoco quiso hablar hasta que le dijimos que
habías asumido toda la culpa. ─Mira a la mujer que tenía
mis pertenencias─. Bueno, Clare, creo que estamos ante el
crimen pasional de dos pirómanos. ─Ahora observa a
Martínez─. ¿La encierras tú o la encierro yo, agente?

Martínez toma el juego de esposas en su cinturón con un


gruñido.
─Vete a la mierda, Howard. ─Aunque me estén llevando tras
las rejas, niego y avanzo, indicándole que lo seguiré sin
problemas. Él suspira con alivio antes de guiarme a las
celdas con la mano suavemente envuelta alrededor de mi
codo─. No tienes ningún record criminal y no luces como
alguien que haría esto por solo hacerlo. ─Su expresión se
suaviza cuando ve mi rostro─. Si quieres hablar de lo que
verdaderamente pasó, estoy aquí.

─¡Nada justifica que haya arruinado el auto del hijo de dos


pobres granjeros! ─grita Howard, quién parece estar por
encima de Martínez, antes de que nos alejemos lo suficiente
de él.

No puedo evitar gruñir, lo que hace reír a Martínez.

─¿Qué si fuera el auto de un abusador?

─Sí, es un idiota.

Aunque Martínez no me parece un mal tipo, la culpa de que


estemos aquí por mí a penas me deja respirar y no estoy de
ánimos para sostener una conversación. Una vez entro en
mi celda, por fortuna bien ventilada, y tiene mi teléfono y
mis llaves de regreso, ya que solo me engañó para que
dijera la verdad, nada en lo que no consistiese su trabajo,
me siento en la esquina de la pequeña cama individual que
da con la pared. Tras doblar mis piernas, escondo mi rostro
en mis rodillas, pensando ahora más que nunca en lo que
Tanner me ha dicho a gritos siempre y dándole,
irremediablemente, la absoluta y completa razón.

No solo saco su peor lado, sino que también lo vuelvo


estúpido.

Y si no, mírenos ahora.


En su posición, también me querría lejos.

*****

─Mierda. No entiendo qué hago aquí ─dice un sujeto de


aspecto hippie que entró en una de las celdas frente a mí
unos minutos después de que yo lo hice─. La marihuana ya
es legal en Texas.

Tras escucharlo, ahogo un grito en mi almohada ya que


llevo media hora explicándole que la marihuana medicinal
es la única que es legal y él, al no tener ningún tipo de
enfermedad, ha infringido la ley vendiéndola a las afueras
de una fiesta universitaria. A pesar de que no tenía ganas
de alzar la mirada de la oscuridad que la funda me
proporciona, lo hago cuando el sonido de personas entrando
hace que lo haga. Contengo mis ruegos de que me permitan
esperar a mi madre en la sala de interrogatorio cuando veo
a Howard guiar a Tanner a la celda a mi lado. A diferencia de
mí, él no permanece sumiso mientras le quitan las esposas.
Libera sus brazos con excesiva rapidez de ella y fulmina con
la mirada a Howard mientras lo persigue hacia la salida,
pero este corre y logra cerrar la celda a tiempo.

Tanner golpea los barrotes.

─Están defendiendo a la persona equivocada ─sisea.

─Sí, bueno, eso díselo al chico que puede que en su vida


pueda volverse a comprar un Audi así ─responde Howard─.
Puede que salgan de aquí, pero al ojo público han quedado
como los típicos niños ricos y mimados que no saben lo que
es el trabajo.

Aprieto mis puños, pero no replico porque cualquier cosa


que diga puede ser usada en mi contra. Quizás también
recordando esto, Tanner decide mantenerse en silencio y se
limita a hacer temblar nuevamente las rejas bajo las palmas
de su mano. Simón, el otro delincuente junto a nosotros,
finalmente se mantiene en silencio tras su llegada. Me
levanto y tiemblo cuando el prisionero junto a mí gira su
rostro hacia mi dirección, sus manos todavía alrededor de
los tubos de acero. La dureza en su expresión desaparece
por algunos segundos antes de que en definitiva se vuelva
de piedra.

─¿Qué haces aquí? ─pregunta mientras se incorpora y


avanza amenazadoramente hacia mí─. Se supone que te
dejarían ir.

Debido a lo seca que está mi garganta, trago varias veces


antes de responder con voz lo suficientemente fuerte y
clara.

─Me dijeron que habías asumido la culpa y confesé, al igual


que me dijeron que hicieron contigo. Fue un truco de
interrogatorio.

Su rostro se vuelve sombrío cuando llega a los barrotes


entre su celda y la mía. Todavía lleva puesto el uniforme de
entrenamiento. A pesar de la situación en la que nos
encontramos, la verdad es que nunca había sido tan
consciente de la electricidad y el magnetismo fluyendo
entre nosotros como ahora. Tanner debe sentirlo cuando
también me acerco, puesto que parpadea ligeramente antes
de tragar y responder a mis palabras.

─¿Cómo dejaste que te engañaran? ¿No eres una chica lista?

─¿Al igual que lo hicieron contigo?

Niega.

─Es diferente.
─Claro que lo es ─le digo mientras asiento─. Porque fui yo.

─Savannah, por mi culpa estabas ahí ─gruñe


profundamente, sus hombros temblando─. Por mi culpa
fuiste golpeada. Por mi culpa ellos llegaron a ti y...
arruinaron lo que más quieres en este mundo, por más
estúpido e infantil que sea. Todo es mi culpa.

Al ver las claras señales de conflicto en sus ojos, no puedo


evitar extender mi brazo y colocar mi mano en la suya
cuando esta se desliza fuera de los barrotes. Aunque se
tensa, no me aleja. A pesar de que es un chico, me
sorprendo con lo suaves que son pese a los callos que el
balón ha ocasionado en ella por años.

Es más grande que la mía, pero nuestros dedos encajan.

Perfectamente.

¿Cómo no puede notarlo?

─No lo es.

Es equivocado y absurdo, pero siento profundo abandono


cuando separa nuestras manos y retrocede pasándose la
mano por el cabello. Continúa con nuestra conversación tras
sentarse en su cama luciendo genuinamente exhausto y
agobiado con esto.

─Lo que tú digas.

Ya que no suena muy convencido de ello, prosigo.

─Tomo mis propias decisiones, Tanner. Acostarme contigo.


Ocultárselo a Pauline. Irme en lugar de luchar por seguir en
el lugar en el que amaba estar. Incendiar el auto de Gordon
─susurro─. Aunque no niego que me hayas influenciado,
todas fueron mi elección. Lo siento por arrastrarte aquí,
pero no debiste correr tras de mí en el campo ni asumir la
culpa del incendio.

Hace una mueca malhumorada.

─Supongo que no somos los mejores tomando decisiones.


─Suelta un profundo suspiro mientras oculta el rostro entre
las palmas de su mano. Tras estar escondido en ellas por un
momento, me mira con una ceja arriba─. ¿Por qué no solo
los rehiciste? ¿Por qué no te conformaste con que lo
golpeara? Mierda, Savannah, no solo lo golpeé. Arruiné su
puta vida por ti.

Desciendo la mirada hacia mis manos.

─Esos planos me tomaron semanas. ─Me sonrojo al omitir la


parta en el que lo usé de inspiración para hacerlos─. Se
suponía que usaría este último par de días antes del
concurso para hacer la maqueta para la presentación y todo
saldría perfecto. Tomando en cuenta que soy una estudiante
de los primeros semestres con apenas técnica, la verdad es
que no voy a ganar nada si hago un proyecto de la noche a
la mañana. El concurso está abierto a otras universidades.
No estoy enfrentándome a los mismos de siempre y
necesito recibir asesoría para solventa varios detalles
técnicos porque mi fuerte son los bocetos. ¿Qué profesor se
instalará conmigo dos días seguidos? He estado tras de
ellos por un mes. Este certamen está más allá de mis
capacidades y ellos lo arruinaron para mí cuando empezaba
a tener posibilidad.

─Sav... ─susurra─. Lo siento.

Me encojo de hombros, cabizbaja.


─Y Gordon también le hizo creer a Anahí, mi compañera,
que se la había chupado de regreso al dormitorio. Acepté su
aventón cuando debería haber dicho que no. No pasó nada,
lo juro, pero ella enloqueció cuando nos vio y me atacó
cuando él le dijo esa mentira. Ella se deja manipular por él.
Me da tanta lástima. ─Aunque no tengo moral para decir
algo así, la verdad es que son dos situaciones
completamente diferentes. Tanner me ha hecho desafiar mi
moral, pero no olvidarme de quién soy─. Y luego me
llamaron perra callejera, zorra, puta, entre otros, y Gordon
dijo que lo había buscado porque me habías rechazado.
─Ahora mis ojos están fijos en los suyos─. Que tú nunca
dejarías a Pauline, una buena chica, por una cualquiera del
campus. ─Tomo una honda bocanada de aire antes de
continua─. Sí, mis dibujos tuvieron que ver en gran parte, en
su mayoría, con lo que hice, pero cuando él me habló así mi
corazón se rompió y no me di cuenta de que estaba roto
hasta que la policía vino y pude detenerme a pensar en ello
porque sentí algo más que dolor. Fueron muchos motivos
por los que todavía, a pesar de lo que le hiciste, quería más.

Tanner permanece en silencio por un momento, mirando


hacia el frente, antes de asentir y recostarse con el cuerpo
más relajado en su cama. Deja escapar un suspiro antes de
cerrar los ojos.

─Viéndolo así, me alegra que no me hayas hecho caso. ─Una


pequeña sonrisa se apodera de sus labios─. No arruinar tus
planos. No llamarte puta. No romper tu corazón. Tomaré
nota. Por lo que pasó, eres una chica vengativa. No quiero
eso en mi contra.

Nunca.

Al momento en el que ese pensamiento viene a mi mente,


me estremezco porque sé que significa que haga lo que me
haga, sé que por alguna razón que desconozco siempre
estaré ahí para él. A pesar de que está equivocado al creer
que no le hice caso, puesto que tenía pensado apagar el
fuego, solo que este me quemó y solté la cerilla, no lo
corrijo, puesto que no deseo que sepa la magnitud del
poder que Tanner tiene sobre mí.

*****

A diferencia de él, quién duerme plácidamente a la espera


de su abogado como si esta no fuera la primera vez que
pasa por prisión, no consigo que mis ojos se cierren. Vuelvo
a levantarme de mi cama cuando el sonido de la puerta
abriéndose me alerta. Mis labios se curvan cuando veo a mi
madre correr hacia mí con mi padre tras ella. Aunque son la
una de la mañana, Larissa Campbell no se ve como si fuera
a ver a su hija a una comisaría, sino como si fuera a un
coctel. En lugar de vestir un pijama, como mi padre, lleva un
vestido color crema y tacones. Su maquillaje es perfecto.
Probablemente se arregló mientras mi padre conducía.

─Mamá ─susurro tras correr hacia los barrotes─. Lo siento.

Algo en la idea de verme de esta manera hace que su


autocontrol se rompa y sus ojos se llenen de lágrimas. No
me aparto cuando extiende su mano para tocar mi labio
roto. Tras ella, mi padre maldice. Por el rabillo del ojo veo a
Tanner levantándose y acercándose a nosotros. Los labios
de mi mamá hacen un mohín.

─El que te hizo esto, ¿era el dueño del auto?

─Su novia ─respondo, sorprendiéndola.

─¿Una chica te golpeó por un chico? ─pregunta, decepción


en su tono─. Savannah, tendremos problemas si me dices
que perdiste tu dignidad peleándote por un hombre. No te
crie de esa manera.

Mis mejillas se sonrojan, puesto que aunque no peleé con


Anahí por Gordon, no he sido buena con Pauline debido a
Tanner y mi madre sufriría un infarto si supiera que lo quiero
sin tenerlo.

─Era mi compañera. Su novio le hizo creer que tuvimos algo.


Enloqueció y me golpeó y arruinaron mis planos para el
concurso.

Mi madre, que es consciente de cuán importante era este


concurso para mí, separa los labios para replicar a pesar de
la evidente confusión en sus ojos, pero mi padre se le
adelanta. A pesar de lo casi ridículo que se ve en su bata
roja y pijama de pantalón de recuadros, sus pies en
pantuflas, no puedo evitar estremecerme cuando me dedica
una expresión mordazmente seria que solo pone en su
usualmente encantador y amable rostro cuando un negocio
le sale mal. Está verdaderamente molesto.

─Si no retiran los cargos de inmediato, los contrademandará


hasta por la manera en la que respiran. ─Tiemblo cuando
me toma en brazos a pesar de los barrotes─. Pagarán el que
haya tenido que despertarme para viajar dos horas y ver a
mi niñita tras las rejas.

─Ya no soy una niñita ─sollozo.

Mi corazón está roto.

No se lo puedo decir a mis padres porque los decepcionaría,


pero sí puedo obtener consuelo de ellos de esto y
genuinamente se siente como lo que he necesitado todo
este tiempo. Mientras me dejo abrazar por él, no puedo
evitar pensar que quizás debí haberme quedado en
Houston. Que nunca debí haberlos dejado.

Quizás no soy buena siendo independiente.

Ya que en el tiempo que lo he sido, solo he ocasionado


estragos.

─Siempre serás mi niñita, Savannah ─dice él mientras besa


la cima de mi cabeza, lo que hace que finalmente sus ojos
se pongan en Tanner y se aparte─. Eres el chico que aparece
con ella en las noticias, ¿no es así? El mariscal de campo de
los Longhorns.

Tanner asiente.

─Así es, señor.

Ya que entre ellos está sucediendo una especie de charla de


hombre a hombre, mi madre y yo nos mantenemos aparte.

─¿Tú le diste la idea a Savannah de incendiar el auto?

Tanner niega.

─No, señor.

─¿Sales con ella?

Dejo escapar un gemido que hace que mi madre me mire


con una ceja alzada y evidente sospecha. Curvo los dedos
de mis pies.

─No, señor, pero somos cercanos.

Mi padre camina hacia Tanner.


─A Savannah siempre se le ha hecho difícil hacer amigos,
pero siempre nos ha tenido a nosotros. Sin embargo, en
Austin no tiene a nadie. Si te deja estar cerca de ella es
porque vales la pena. Ahora, ¿por qué no estabas ahí para
ella cuando la atacaron?

Su pregunta está fuera de lugar. Larissa pone sus manos


sobre su brazo para hacerlo retroceder, puesto que su
esposo evidentemente está pagando su rabia con alguien
que no la merece, no en este caso, pero Tanner me
sorprende contestando.

─Lamento no haberlo estado, señor Campbell, pero le


aseguro que hice que Gordon deseara no haber nacido
─responde manteniéndole la mirada─. Si Savannah no
hubiera quemado su Audi, no se atrevería a cruzarse en su
camino nunca más. No solo crió a una hermosa e inteligente
chica, sino también un demonio.

Mi padre se deshace de la tensión en sus hombros.

─Bien ─dice─. Eso explica por qué ninguno de ustedes le ha


mencionado a la policía por qué Savannah incendió el auto
de Gordon. ─Afirmo, puesto que eso significaría que Tanner
admitiera haberlo golpeado en terrenos del campus, lo que
también significaría la expulsión. Mi padre suspira─. ¿Tienes
abogado? ¿Puede él ponerse de acuerdo con el nuestro?
─Tanner afirma─. Bien ─repite como si ahora no supiera que
decir─. Iré a reunirme con ellos. No se preocupen. Los
sacaré.

─Gracias, señor.

Mi padre hace una mueca.

─No me agradezcas, hijo. Si no fuera porque te encargaste


de ese granjero, te estaría odiando por haber derrotado a
los Cougars tantas veces. En defensa de esos inútiles, solo
Johnson es bueno. ─Pongo los ojos en blanco ante su
evidente conocimiento de la NCAA. Mi madre también─. Por
cierto, el último fue un pésimo partido. Estuve a punto de
llamar al 911 mientras lo veía. Parecías estar sufriendo una
embolia cerebral mientras jugabas.

Tanner me dedica una mirada.

─No podía concentrarme.

Con el ceño fruncido, mi madre llama mi atención antes de


perseguir a mi padre fuera de la sala de celdas.

─Todavía me debes muchas explicaciones, cariño.

Dejo caer los hombros.

─Lo sé.

Pero aunque hable con ella, hay cosas que no le puedo decir
porque ni siquiera yo misma las entiendo. Como, por
ejemplo, por qué Tanner no deja de verme por las siguientes
horas cuando se supone que debería odiarme por haberlo
puesto aquí.

Hola. Espero que el último capítulo del maratón les


haya gustado. Gracias a todas las que se pasaron por
el live ayer. Entre las dedicaciones del live,
está: Unstoppablegirllux, gemation, natbooksx, iner000 y
MadelineBroostrek

Y una dedicación especial para michelle_espinoza por


su cumpleaños, para el capítulo siguiente, gracias a
tu prima que te quiere mucho ♡ (el siguiente)
Love u

NO SE OLVIDEN DE DARLE AMOR A LA HISTORIA.

Nos vemos pronto. Mañana actualizo Vólkov

Pueden seguirme en Instagram y twitter como


oscaryarroyo para adelantos y fandom y unirse al
grupo de lectoras en Facebook, Leemos a Osc
Capítulo 18:

Capítulo 18:
19.7K 2.8K 1.8K
por OscaryArroyo
 
Cuando Tanner regresa a mi oficina, lo hace usando un
sencillo polo blanco, mocasines y vaqueros oscuros. Tengo
tanto tiempo sin verlo usando algo que no sea un traje o
ropa deportiva que no puedo evitar recordar nuestra época
universitaria y lo caliente que se veía paseándose por el
campus como el dios del fútbol que era. El día es soleado,
por lo que ninguno de los dos usa un abrigo. Isla no necesita
avisarme que está aquí cuando llega. Lo noto con mis
propios ojos, puesto que he estado mirando hacia la entrada
desde que dieron las doce, tomo mis cosas y me dirijo a él
antes de que me llame. No hice ninguna reservación a un
restaurante.

─Vamos en mi auto ─le digo mientras bajamos por el


ascensor al estacionamiento subterráneo, lo que no hace
más que marearme con el aroma de su loción para después
de afeitar.

A pesar de que hace una mueca, no me contradice al


respecto y se monta en el asiento copiloto de mi Mercedes
viéndose fuera de elemento. Ya que todavía no está
divorciado de Pauline y no me arriesgaré a que ninguno de
sus conocidos o de los míos nos reconozca, tomo la
carretera hacia San Antonio. Al ver que nos estamos
alejando de Austin, Tanner finalmente se inclina sobre el
reproductor y le baja el volumen a la radio para que lo
escuche.
─¿A dónde estamos dirigiéndonos?

─San Antonio ─respondo mientras le echo una rápida


mirada, lo que hace que sea capaz de ver el ceño fruncido
en su rostro.

Aprieto el volante con fuerza mientras vuelvo la vista al


frente con expresión tensa. Todo sería más fácil si tan solo
fuese feo, pero no. Sus facciones son hermosas. Masculinas
y rudas, pero a la vez angulosas. Con esa cara bonita, que
aunque a veces quiera golpear no niego su atractivo, y su
cuerpo habría hecho una fortuna como modelo, pero si
rechazó una carrera deportiva cuando tenía más
posibilidades de entrar a un buen equipo que cualquier
estudiante universitario en Texas, dudo que el mundo del
espectáculo sea algo con lo que sea compatible. Tras
procesar mis palabras en silencio por un momento asiente,
mirando también hacia el frente. Por el rabillo del ojo veo
cómo sonríe, solo que hacia abajo. Es una mueca, pero sus
ojos oscuros ríen.

─Me secuestraste.

Junto mis cejas entre sí.

─No, no lo hice, solo vamos a comer.

─¿A ciento veinte kilómetros de distancia de Austin?

─Sí, ¿por qué? ¿Tienes hambre? Es solo una hora.

A pesar de que niega, a los minutos de volver a subirle el


volumen a la radio, Fire by fire de Sam Smith sonando,
escucho su estómago rugir. Tanner actúa como si no hubiera
pasado, pero yo lo oí. Al recordar que no pudo dormir debido
a mí y que quizás no desayunó con su perfecto ciclo
alterado, conduzco con una mano mientras me extiendo
para abrir la guantera. Tanner se tensa, pero se reserva
cualquier comentario sobre mi conducción.

─Toma ─le tiendo mi paquete de mini Oreos de chocolate de


emergencia─. Lamento no haberte preguntado antes de
salir.

A pesar de su inicial expresión en blanco, Tanner las toma y


las abre tras soltar un largo suspiro de resignación. Luce
como si no pudiera creer lo que está haciendo mientras
lleva una de ellas a su boca y la mastica con la frente
arrugada. Tras tragar, habla.

─Gracias.

A pesar de que quiero reír mientras escucho y veo por el


rabillo del ojo al presidente de Reed Imports C.A, una
empresa multimillonaria, comer galletas en el asiento
copiloto de mi auto, no lo hago, limitándome a conducir
hacia nuestro destino en un silencio que ambos
encontramos cómodos. En ese momento no puedo evitar
pensar que nuestra interacción está en los extremos. O
estamos en silencio y perdidos en nuestros propios mundos
o estos se encuentran colisionando fuertemente entre sí, al
menos en lo que se refiere a mí. Pese a que sé que genero
algo en él, de otra manera no se esforzaría tanto por
perseguirme y hacer mi vida miserable, no sé cuál es
exactamente este sentimiento.

Y no sé si sea más fuerte que lo que siente por Pauline.

Aun después de lo que pasó.

*****

─Maldición, Savannah, ¿condujiste tanto por esto?


─Sí ─respondo mientras abro mi puerta y salgo de mi auto
tras estacionarlo a las afueras de la gasolinera en la que nos
detuvimos de camino a Corpus Christi unos cinco años
atrás.

A pesar de que he ido a la casa de playa de mis padres más


de dos o tres docenas de veces desde aquella ocasión,
puesto que es uno de mis lugares favoritos en el mundo,
solo me he detenido unas cuantas veces en la cafetería
para comer. Por lo general entro a San Antonio si tengo
hambre. Sin esperar que me siga, camino a su interior, pero
me sorprendo cuando Tanner toma la delantera para
mantener la puerta de cristal abierta para mí.

No puedo evitar verlo fijamente cuando paso a su lado.

Él traga al verme observándolo.

─Las damas primero ─suelta con una mueca, a lo que bufo


mientras niego debido a la burla y la ironía en su tono de
voz.

─Imbécil.

A pesar de que lo insulté, lo dejo atrás con una media


sonrisa en el rostro. Aunque no he pensado en ello en años,
mis pies se dirigen hacia la cabina junto al ventanal en la
que comimos como si hubiera sucedido ayer. No tomo el
menú cuando la mesera me lo tiende debido a que sé
exactamente lo que pediremos.

─Don hamburguesas con extra de queso, sin tocineta, dos


raciones de papas fritas y dos Coca Colas, por favor ─le pido
con los brazos entrecruzados sobre la mesa, los que Tanner
visualiza con una ceja alzada y una pizca de molestia, pero
sus ojos también contienen sorpresa y algo, en el fondo, de
calidez ante el hecho de que haya recordado como le
gustan las hamburguesas.

Una vez la mujer de rizos rojo, uniforme rosa y delantal


blanco desaparece en la cocina con nuestra orden, él se
aclara la garganta de manera sonora antes de pronunciar
alguna palabra. Su expresión es seria, por lo que sé que va
a hablar de la remodelación del ático o del bar antes de que
lo haga.

─Con respecto a mis cuentas...

─¿Ya habías tomado la decisión de serle infiel a Pauline


cuando te acercaste a mí para que diseñara tu nuevo ático?
─lo corto con la pregunta que me he estado muriendo por
hacerle desde que me llevó al terreno que compró para mí
en Travis Country, pero que no había podido formular hasta
que pensé en ello esta mañana.

Aunque Tanner me aseguró que no soy una venganza, me


tomé la molestia de investigar en línea sobre cómo un
divorcio puede afectar psicológicamente a una persona, en
especial a una que tenía todas sus esperanzas puestas en
su matrimonio como parte del recuadro de su futuro
perfecto. En resumen, muchas veces ni él o ella sabe lo que
está haciendo. Por más ruin que sea Reed o por más que lo
desee, no me aprovecharé o volveré a ser otro error en su
lista. Él amaba a Pauline. Ella tenía razón al acercarse a mí
llorando esa noche. Eso no se desvanece de la noche a la
mañana y aunque sus acciones digan lo contrario, sé de
primera mano que Tanner está destruido por dentro y que
sea lo que sea que haga en este momento, podría no ser él
actuando.

Sí el dolor.
─No ─responde, a lo que asiento, agradeciendo su
sinceridad a pesar del hecho de me duele que hayan sido
las acciones de ella, no el que él se dieran cuenta de lo
insípido que su matrimonio era, lo que lo haya puesto aquí,
frente a mí─. Fue después.

─¿Cuando abortó? ─pregunto con suavidad, intentando


entender más allá del hecho de que eso haya sido una
puñalada para él.

Tanner niega.

─Unos segundos antes.

Alzo las cejas.

─¿Unos segundos antes?

─Sí, unos segundos antes de que lo hiciera. Cuando me


llamaste a pesar de que estoy seguro de que Pauline te
pidió que no lo hicieras. Traicionaste su confianza por mí. No
eres su amiga, Sav, así que no pierdes nada si hacemos
esto. ─Mantiene su mirada en la mía─. Nunca has sido
amiga de Pauline, ¿no es así?

La verdad es que no lo sé.

─Antes de ti, sí lo era.

Tanner niega, un gesto que grita incredulidad, pero lo cierto


es que no luce en lo absoluto impresionado con mi
respuesta, sino más bien como si la supiera desde hace
mucho y lo que no pudiera creer es oírmela decir en voz
alta. Estamos en la misma página.

Aunque estoy lista para hacerle otra pregunta más de mi


test de estado psicológico y emocional para hombres y
mujeres atravesando una separación, la mesonera
regresando con nuestras hamburguesas me impide que
prosiga. Luego lo hace Tanner. Tras meter sus papas entre el
pan, me mira. Vacila por unos segundos antes de brindarme
una sonrisa rota que me hace estremecer debido a que es
como si estuviera riendo en la agonía. Aunque he visto a
personas heridas antes, nunca he visto a una persona
herida esconder su dolor tan bien a la luz pública.

A excepción de mí.

─No voy a ser el idiota que habla mal de una mujer, pero la
verdad es que nunca entendí como pudieron llegar a pensar
que congeniarían. Son dos polos opuestos. En la
Universidad, la mayoría del tiempo quería enviarlas a ambas
a la mierda por ser tan ciegas con respecto a la otra. Era
jodidamente exasperante. ─Le da un mordisco a su
hamburguesa y traga antes de proseguir─. Hola, soy
Pauline, quiero salvar a las especies en extinción a pesar de
que solo soy una veterinaria y tener un novio que todas
puedan envidiar porque no era nadie en el pueblo donde
nací. ─Aunque no debería, no puedo evitar reír mientras
hago una mueca a su tono de voz supuestamente
femenino─. Hola, soy Savannah, me acuesto con todos
porque soy dueña de mi propio cuerpo y eso está bien a
pesar de que podría contraer una ETS. También soy una
psicópata si dañas mis planos y deseo al novio de mi
compañera, con quién, por cierto, también me acosté. ─Bufa
mientras abre su lata de Coca Cola y entierra una pajita en
ella─. Las únicas que no sabían que no eran amigas eran
ustedes dos.

Su percepción de nosotras hace que me quede sin palabras.

Aunque es una sátira, es real.


─¿Quieres que te recuerde en dónde estabas tú en este
drama?

A pesar de que Tanner, al pasar los años, se convirtió en la


única persona con quién podría hablar siendo yo misma, la
mujer que desea al esposo de alguien más, y eso es
liberador, este niega debido a que quizás no está listo para
oír su papel en todo esto.

─No, gracias, Savannah.

Niego mientras sonrío de manera amplia. Lo escuché


nuevamente degradándome por mi libertad sexual, también
insinuándome ser una mentirosa y una hipócrita como si no
serlo fuera tan fácil, así que ahora no le queda de otra que
oírme. Su ceño se frunce con molestia a penas me ve
separar los labios, pero no interrumpe.

─Hola, soy Tanner Reed, el chico malo que se enamora de la


chica buena y cambia por ella porque se supone que eso es
lo que los chicos malos hacen para obtener su final feliz.
Pasé de ser una estrella del fútbol y el presidente de
fraternidad que se acostaba con todas, incluyendo a la
amiga de mi novia, estando borracho y drogado a un
hombre romántico y comprometido que tus padres que
viven en un pequeño pueblo religioso y casto aceptarían
─susurro en su dirección─. Pero cinco años luego, solo soy
miserable. Quién lo diría. Los clichés no funcionan para
todos.

A pesar de que puedo ver cuán afectado está por mis


palabras, toma un largo trago de su Coca Cola antes de
inclinarla hacia mí como si estuviera brindando. Lo imito con
mi propia lata. Trabajaré con él como lo hago con cualquier
otro cliente, con un presupuesto, así que no necesitaré
ningún tipo de acceso a sus cuentas y podemos gastar este
tiempo hablando de otros temas.

Ya que considero que ambos hemos tenido suficiente de


Pauline, continuamos con nuestra comida en silencio, solo
que ahora esta no tiene el mismo sabor que usualmente
tendría para ninguno.

*****

─¿Me dejas conducir? ─pregunta Tanner cuando salimos de


la cafetería media hora después, a lo que empiezo a negar,
pero finalmente asiento debido a que sería una estúpida de
no aceptar.

Estoy usando tacones. La falda de mi vestido en tono nude


es ajustada e incómoda. La verdad es que no estoy vestida
para conducir cientos de kilómetros entre una ciudad y otra,
pero esta mañana cuando me levanté no pensé que
terminaría aquí con él.

─Solo esta vez ─respondo tras lanzarle las llaves, las cuales
ataja con maestría, y redirigir mis pasos al asiento copiloto
del auto.

Aunque no sonríe, luce complacido mientras ocupa asiento


tras el volante. Arrugo la frente y lo miro con las cejas
juntas cuando acelera sin quitar los frenos tras encender mi
Mercedes, lo que hace que el motor ruja. La radio reproduce
Crazy in love de Beyoncé, pero una nueva y lenta versión
que me gusta más que la original. Tanner asiente con
aprobación dirigida a mi vehículo antes de sacarnos de la
gasolinera a cincuenta kilómetros por hora y en ascenso.
Mis manos se sostienen al techo y a la puerta.

─Lamento que tu matrimonio no haya funcionado, pero no


es mi culpa ─suelto, sin aliento, cuando serpentea entre dos
camiones en la carretera─. Por Dios, Tanner, si quieres
matarte, ¡hazlo solo!

─Pensé que te gustaban las emociones fuertes ─responde de


manera fría, pero emocionada bajo todo ese hielo debido a
la evidente excitación en sus ojos negros, mientras va más
rápido.

Me estremezco al darme cuenta de que no nos dirigimos a


Austin.

─Tanner...

─Estamos a una hora ─dice─. Sería una lástima que lo


desaprovecháramos. Ya que estamos aquí, ¿por qué no
completamos nuestro viaje en el tiempo? No lo dejemos a
medias.

Trago al darme cuenta de lo que pretende.

─Tengo trabajo esta tarde y mañana también, Tanner.

Ante mis palabras, solo se encoje de hombros.

─Yo también tenía.

*****

Me canso de protestar cuando se hace más que evidente


que no seré escuchada. Tanner claramente decidió por los
dos, así que me limito a llamar a Isla y decirle que limpie mi
agenda mientras seguimos de camino a Corpus Christi. Ya
que no tengo ni idea de que decirle cuando me pregunta
por qué no seré capaz de pasar por la oficina, me limito a
contestar que se me presentó una inesperada y poco
deseada eventualidad. Aunque podría estar de acuerdo con
este pequeño viaje en otro momento, sí tengo un montón de
trabajo del cuál ocuparme, por lo que Tanner ya está
desobedeciendo una de mis principales exigencias: no
interferir en mi trabajo. Se ve tan concentrado en la vía
frente a él, sin embargo, que mis pedidos de regresar
sonaron poco creíbles.

Quizás alejarse del trabajo y pensar le haga bien.

Tal vez aclare su mente de la manera que necesito.

─Mi casa no queda por aquí ─le digo a penas llegamos a la


costa y no toma el desvío que conduce a la zona alejada de
la población en la que esta se encuentra, sino que se dirige
al muelle.

─Lo sé ─responde mirando al frente.

─Tanner, ninguno de los dos tiene ropa para estar aquí.

─Yo sí. ─Arrugo la frente─. Y tú podrías conseguir algo en la


tiendas del muelle. Solo necesitas un traje de baño y una
muda extra. Puedes ir por ello mientras voy por el yate,
Savannah. ─Suspira cuando nos estacionamos frente al sitio
de alquiler al no obtener una respuesta de mi parte─. Nos
iremos mañana. Solo será una noche. Si todavía estás
convencida de que hago esto por venganza, quizás pasar
unas horas en el mar nos sirva a ambos para que
reflexionemos. ─Su expresión se vuelve frustrada cuando no
obtiene ninguna respuesta de mi parte, puesto que no
entiendo a qué se refiere con que tiene ropa aquí y no tengo
ni idea de cómo aislarnos de todos y de todo solucionará el
hecho de que me quiero alejar de él mientras esté dolido
por Pauline y su divorcio no esté firmado por ambos y sea
oficial─. Por favor, bájate del auto. Tengamos un respiro.
Ambos lo necesitamos.
Al igual que lo hizo el aceptar venir aquí, no puedo evitar
asentir al tener el presentimiento de que esto de alguna
manera le hará bien. Con mi bolso en mano, me dirijo a la
primera tienda que encuentro girando la cabeza hacia él y
visualizando su espalda mientras camina al interior del sitio
de alquiler de yates. Ya que tengo prisa, me limito a tomar
un clásico bikini blanco de tiras, una pijama con motivos
turísticos de Corpus Christi y un vestido manga larga con
encaje que se ata a los extremos de mi cintura. También
compro bronceador, vino y algunos aperitivos.

Tras terminar, me dirijo al muelle, dónde Tanner me espera


en conjunto con el mismo hombre regordete que lleva años
trabajando aquí. Mi acompañante cuelga la llamada en la
que se encontraba a penas me ve. Aunque nuevamente
debería protestar porque está quitándome mi
independencia, no lo hago cuando toma todas mis bolsas en
sus manos sin quejarse debido a ello.

Lo que sí no puedo es guardar silencio cuando nos


detenemos frente a un yate de lujo similar al que montamos
con Weston.

Quizás demasiado para solo dos personas.

─Lindo ─murmuro.

─Señor Reed, ya el capitán se encuentra a bordo.

─Bien ─le dice Tanner, dedicándole un seco asentimiento,


antes de colocar su mano en la parte baja de mi espalda y
animarme a subir, lo que hago a pesar de que mi cuerpo
tiembla bajo su toque.

Una vez nos encontramos a solas, me dirijo a la habitación


más pequeña en la parte inferior para dejar las cosas
mientras siento cómo el pequeño barco empieza a ponerse
en movimiento. Una vez estamos en mar abierto y me
encuentro usando mi nuevo bikini bajo una bata que
también compré, me dirijo a la proa con pies descalzos
porque olvidé conseguir el calzado para esto.

Mi frente se arruga una vez más cuando lo encuentro


bebiendo whisky en uno de los enormes sofás que se
encuentran cerca. Sus ojos están cubiertos por un par de
gafas oscuras. Su torso está desnudo y ya no lleva su ropa,
sino un par de shorts negros. Está mojado, así que debió
haber entrado en el jacuzzi puesto que no hemos dejado de
alejarnos de tierra firme desde que zarpamos.

─¿Esto es tuyo? ─le pregunto.

Eso es lo único que explicaría por qué tiene ropa aquí.

Tanner se levanta y se dirige hacia mí antes de responder.


Cuando lo hace me mira desde abajo y mi espalda está
presionando la barandilla. Está tan cerca que puedo olerlo.
El bloqueador solar, puesto que su pálida piel solo enrojece
con el sol, los restos de la esencia de su loción de afeitado y
su sudor.

Aunque su cercanía y su tacto deberían ser demasiado para


poder soportarlo, el verdadero problema viene cuando alzo
la mirada y sus ojos están en los míos. Son tan intensos que
me estremezco.

─Sí ─responde secamente─. Es lo primero que compré


cuando gané dinero por mí mismo. Un jodido yate en Corpus
Christi.

─¿Por qué no sabía sobre esto?

Aunque Tanner no me debe explicaciones, Pauline me lo


diría.
─Porque ni siquiera Pauline lo sabe, Savannah. ─Por alguna
razón su mandíbula se aprieta─. Esto es solo algo que
conseguí para sentirme bien conmigo mismo. Nunca lo
utilizo, así que se alquila de vez en cuando. Ahí lo
mantienen en condiciones.

─Pero Tanner, no lo entiendo, ¿por qué un yate te haría


sentir mejor contigo mismo? ─le pregunto mientras lo
persigo hasta la zona donde se sirven las bebidas, dónde
también hay comida.

Hay de todo, por lo que me siento ridícula por haber


comprado cosas rápidas para cenar y picar en la tienda.
Tras servirse más whisky, se da la vuelta y me responde con
los hombros tensos.

─No puedo creer que no lo sepas.

─¿El qué?

─Cuánto odio a Weston hijo de papi.

─Ah ─respondo, mis hombros hundidos con incredulidad,


mientras me doy la vuelta y regreso tan rápido como pueda
a la barandilla para que no me escuche reír debido a lo que
dijo.

Pero una vez sale de la cocina y me encuentra


revolcándome en el sofá, lo cual contempla con expresión
furibunda, él lo hace y se aleja lo más que puede de mí,
enfurruñándose en un costado mientras observa el mar y
me ignora, pero no puedo parar.

Tanner tiene razón.

Mi risa, al igual que nosotros, no ha hecho nada más que


empezar.
Hay tantos secretos.

Tanta historia oculta que aún necesita ser contada en voz


alta.

Primer capítulo publicado. Voy a empezar a escribir


desde ahorita el segundo para ver si puedo publicar
los dos hoy (lo cual era la idea, pero este me llevó un
poquito más de lo que planeaba), pero si no lo hago
mañana.  Lo tendrán cerquita. Es que de verdad los
mosquitos son insoportables en la noche y la pc de
mi hermano no se puede mover.

Dedicación a: michelle_espinoza

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No olviden pasarse por el Concurso de Tanner Reed


que abrí

Love u, nos vemos más tarde o mañana. En breve


estaré subiendo adelanto a mis redes sociales del
siguiente cap, así que pueden seguirme para echarle
un vistazo: oscaryarroyo en Instagram y twitter,
grupo Leemos a Osc en Facebook

Ya hay  un grupo de WhatsApp de Tenner Reed


Capítulo 19:

Capítulo 19:
18.8K 2.7K 1.2K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a criss_1798

Nuestros abogados consiguen hacernos salir bajo fianza.


Una vez nos encontramos fuera de la comisaría, nos
dirigimos al hotel en el que mis padres se quedarán
mientras se resuelve esto y en dónde también pidieron
habitaciones extras para Tanner y para mí porque todavía
no quieren que regresemos al campus. Al parecer, hicieron
que Gordon retrocediera a la idea de presentar cargos
policiacos en nuestra contra amenazándolo con demandarlo
por haberme agredido con su novia. Sin embargo, se mostró
reacio a dejar de lado las demandas civiles por los daños a
su auto y la Universidad aun no se ha pronunciado con
respecto al incidente, que es lo que estamos esperando que
hagan y el motivo principal por el que no entramos en el
campus además del hecho de que no deseamos recibir
atención de personas como el oficial Howard, que defiendan
a Gordon cuando este no es del todo una víctima.

Después de pasar dos horas hablando con mis padres y


nuestros abogados, relatándoles una y otra vez lo que
sucedió tras obtener una ducha y meterme en un pijama de
algodón que consiguieron en la boutique del hotel para mí,
lo mismo que hicieron por Tanner, que usa una versión
masculina de mis pantalones cortos y camisa blanca, no
puedo evitar abrazarme a mis rodillas cuando el abogado de
papá nos dice cómo nos vamos a defender si piensan
expulsarnos. Esto simplemente es demasiado para mí.

─De acuerdo con el código de vigilancia de la Universidad


de Texas, cualquier irregularidad o abuso debe ser reportado
a las autoridades. Tenemos las cintas de seguridad del
dormitorio de la noche que Savannah fue agredida. También
tenemos el nombre del guardia de seguridad. ─Mi
respiración se vuelve errática─. Claramente no estabas en
condiciones de decidir si querías o no involucrar a la policía,
cariño. ─Jonathan, un amigo de papá de toda la vida, me
mira con suavidad mientras se quita las gafas con
cansancio. El abogado de Tanner permanece en silencio,
pero se ve de acuerdo con lo que dice─. Si los expulsan,
tenemos cómo contrademandar y arruinarlos públicamente.
Mañana nos reuniremos con el rector y nos aseguraremos
de que no lo hagan.

─A parte, el hecho de que sean estudiantes del cuadro de


honor los ayudará ─añade papá mientras acaricia mi
espalda, a lo que alzo la vista y lo observo desde abajo con
súplica, puesto que se encuentra de pie junto al sofá de dos
puestos en el que estoy.

Niego.

─Debemos encontrar otra manera. Esto podría afectar a la


chica que me encontró. No quiero que pierda su trabajo o
que esto pueda repercutir en su carrera por mi culpa. Está
por graduarse de arquitectura y me admira. No seré quién
lo arruine para ella.

─Lo siento, Savannah. Es ella o ustedes ─dice él, sus ojos


entrecerrándose después con molestia─. A parte, si ella
hubiera llamado a la policía del campus, nada de esto
hubiese pasado. No habrías cometido una locura y no
habrías terminado tras las rejas. ─Su mandíbula se
endurece─. En realidad, la seguridad del campus ha sido
bastante mala si esta no es la primera vez que ese
delincuente y su novia atacan a una chica indefensa. Si se
ponen pretenciosos, haré que caben el hueco de su propia
tumba. Son unos completos ineptos. Esa pareja era un
peligro para todos.

Separo los labios con incredulidad, levantándome.

Tanner, que había estado todo el tiempo sentado en el


marco de la ventana de mi habitación mirando por esta, gira
el rostro para verme. Ya que alguien más, alguien que solo
me ayudó, está a punto de salir lastimado por esto, no le
presto atención o me dejo intimidar por la intensidad con la
que me observa. Papá tiene razón, la seguridad del campus
debió haber actuado en contra de Gordon y de Anahí mucho
tiempo atrás si incluso personas como la señora Brown
sabían de sus problemas, pero Faith solo ayudó.

─La chica que trabaja para la seguridad del campus me


ayudó. Me amenazó con llamar a las autoridades si no
conseguía que alguien me buscara. Sigue mi trabajo y no
quería que este se viera opacado por cómo Anahí y Gordon
harían que quedara. Como una vulgar chica que pelea por
un chico. ─Miro a mi madre, quién debería entenderme
mejor que el resto─. No quería decepcionarte armando un
escándalo de ese tipo. Por eso llamé a Tanner.

Algo de culpa asoma en los ojos de mi madre, pero esta


rápidamente remplaza este sentimiento con determinación.
Tras susurrar en el oído de mi padre, este mira al resto de
los hombres y suelta un suspiro mientras inclina la cabeza
hacia la salida. Todos nos dejan a solas en cuestión de
segundos. No puedo hacer más que estremecerme cuando
Larissa se posiciona frente a mí con el mentón en alto. La
hora del regaño ha llegado.

Mis hombros se hunden.

─Si tienes que decidir entre tu futuro y alguien más, siempre


tienes que escoger tu futuro. Las personas van y vienen,
Savannah. Las oportunidades no lo hacen. ─Su expresión se
vuelve más dura, lo que no creí posible hasta que lo vi─.
Cuando tu padre y yo aceptamos hacernos a un lado, fue
porque nos prometiste que podrías manejarlo tú sola. Al
reusarte de esta manera no lo parece, por lo que te daré la
opción de dejar ir a la chica, pero en consecuencia tendrás
que volver a Houston para continuar con tus estudios y ver
cómo has arruinado la vida a alguien más con tus acciones,
porque arrastrarás a Tanner contigo. Él podría ser expulsado
de la universidad y del equipo de fútbol también.

─Pero Faith...

Al saber que me refiero a la chica de seguridad, mamá me


corta.

─Cuando mucho será despedida, pero no expulsada.

Sin saber qué decir, me hundo en el sofá cubriendo mi


rostro con las palmas de mis manos. Mamá se sienta junto a
mí tiempo después. Por mucho que odie admitirlo, tiene
razón. Hay demasiado en juego para nosotros, en especial
para Tanner.

Y aunque no enviaría a Faith a la hoguera por mí, lo haría


por él.

Para evitar que no se ausentase a su graduación.

Que fuese expulsado del equipo de fútbol.


Por mi culpa.

─Está bien ─susurro después de un rato─. Lo haremos así.

Mamá asiente, dejando de lado su mal temperamento una


vez me rindo a los planes de nuestros abogados. Por más
malvado que suene, Faith puede conseguir un nuevo
trabajo, pero ni Tanner ni yo podremos recuperar lo que
hemos avanzado hasta ahora en nuestras respectivas
carreras. Me refugio en su costado cuando me atrae hacia
ella para acariciar mi cabello con suavidad. Tiemblo cuando
presiona sus labios contra la parte superior de mi cabeza.
Ha pasado tanto desde que hemos estado así. Tanto.

─Savannah, necesito que me prometas una cosa ─dice con


tono autoritario mientras me fuerza a mirarla colocando su
mano bajo mi mandíbula─. Después de que esto termine, te
alejarás de este chico, Tanner. Su novia es tu compañera de
cuarto, pero veo la manera en la que te mira. ─Me quedo
repentinamente sin respiración. Mi madre no tiene ni idea
de cuán profundo es el pozo en el que me encuentro
sumergida, pero ya sabe que estoy ahí. Sabía que lo haría a
penas me echara un vistazo en compañía de Tanner─. Por
más agradecida que esté con él por ayudarte, no te merece
si está con alguien más, pequeña rosa. Mantente lejos.

A pesar de que el día anterior habría entrado en shock por


oír esas palabras viniendo de ella, incluso viniendo de
alguien más, no puedo evitar asentir en acuerdo. Tanner no
me merece. Merece algo mejor. Alguien que no desee lo
prohibido o que no lo haga poner en riesgo todo por lo que
ha trabajado durante tanto tiempo.

Alguien que no sea capaz de herir a alguien más para


salvarlo.

Alguien bueno.
Como Pauline.

Ahora lo veo tan claramente.

─Lo prometo ─le digo, a lo que su pecho desciende con


alivio y vuelve a reanudar las caricias en mi cabello sobre el
sofá de cuero.

Mi madre vuelve a besarme la cabeza.

─Bien, porque si te fijas en él estaré verdaderamente


decepcionada. ─Aunque no la veo, puedo oír la sonrisa en su
voz─. Porque estoy cien por ciento segura de que habría
reaccionado como tú si me hubieran hecho lo mismo, así
que no te preocupes porque ya no te ame por lo que hiciste.
Como madre y como mujer, me alegra que hayas
incendiado ese auto.

Sonrío tristemente.

─Quizás te decepcione que haya sido atrapada.

Mamá ríe.

─La verdad, sí, debiste ser más rápida lanzando la cerilla.

─Mamá ─protesto incorporándome y mirándola con los ojos


en blanco, puesto que me habría sentido más cómoda de
ser reñida por esto que apoyada, ya que ahora sé de dónde
vienen mi gen psicópata y tengo la sospecha de que ella ha
hecho cosas peores.

No veo a mi padre incendiando un auto.

Él los demandaría hasta saciar su enojo, como está


haciendo ahora, pero no incendiaría un auto o recurriría a la
violencia.
─¿Qué te detuvo de hacerlo antes de que la electricidad
volviera?

Me está mirando a los ojos, así que no puedo mentirle.

─Tanner estaba convenciéndome de que no lo hiciera. Casi


funcionó, pero me quemé los dedos mientras hablábamos y
solté la cerilla en el momento justo en el que llegó la policía.

Mamá sonríe con nostalgia después de que hablo.

─Cuando eras pequeña, solías robar galletas de la cocina


cuando tanto tu padre como yo nos despistábamos. De no
ser por el reguero de migajas que dejabas de camino a tu
escondite para comerlas, nunca nos habríamos dado
cuenta. ─Ya que nos reunimos en mi habitación para hablar,
no me sorprendo cuando se levanta con ojos exhaustos y se
inclina para besarme una última vez antes de dirigirse a la
puerta─. Y eso es lo que más amo de ti. Eres torpe siendo
mala, la cual también es la razón por la que siempre he sido
tan dura contigo al inculcarte que debes protegerte a ti
misma a toda costa. No eres tan ruin como piensas, Sav.
Tienes cosas de mí, pero también tienes cosas de tu padre y
ambas sabemos cómo es él. ─Afirmo, mis mejillas rosadas
debido a que quizás tenga razón y sea más sentimental,
como él, que una simple perra que desea lo que no que no
es suyo─. Tanner también se ve como si no fuera tan malo
como aparenta, pero... pero no es para ti. Mi niñita merece
alguien por quién no tenga que luchar en lo absoluto
─añade antes de finalmente salir y dejarme sola.

O, mejor dicho, junto a la certeza de que haré hasta lo


imposible por cumplir mi promesa debido a que es lo mejor
para él.

Y por primera vez siento como si fuera algo capaz de


suceder.
*****

Tanner no desayuna con nosotros a la mañana siguiente. Lo


encontramos tanto a él como a su padre en la oficina del
rector de la Universidad de Texas en Austin cuando nos
reunimos con este para solventar nuestra situación a las
diez. Tanto nuestros padres como nuestros abogados entran
a su despacho, pero él y yo nos quedamos atrás. El señor
Reed, quién es escalofriantemente parecido a Tanner, solo
que con canas y una mandíbula más cuadrada, lo mira
fijamente antes de desaparecer en él sin siquiera
molestarse en saludar cuando pasa a mi lado para entrar.

Me siento en la única silla disponible, la que está a su lado.

Al igual que su progenitor, quién probablemente me odia


por haber arrastrado a su hijo a esto, lleva un traje de dos
piezas negro sobre una camisa blanca, solo que no está
usando corbata, algo que su padre sí hace. Ya que la
presencia es importante para este tipo de asuntos, estoy
utilizando un vestido rosa que bien pude haber llevado de
ser la dama de honor de una boda. Mi madre lo compró para
mí de camino aquí y también hizo mi maquillaje y peinado,
por lo que parezco un personaje de Dynasty en lugar de yo
misma.

─No le hagas caso ─suelta de repente mientras ambos


contemplamos la puerta frente a nosotros─. Es solo un
imbécil.

La manera en la que habla de su padre hace que me gire


hacia él.

Todo en Tanner está endurecido y apretado con tensión, la


cual está siendo emanada en olas desde él. También luce
molesto al punto de que podría estallar en cualquier
momento y por cualquier cosa, pero sorpresivamente no lo
está conmigo.

─No, tiene razón si me odia ─susurro.

Lo que digo hace que también gire el rostro para mirarme.

Corrección, sí podría enojarse conmigo, puesto que lo que


dije al parecer hizo que las venas en su cuello sobresalieran
más.

─Si no les haces nada, mis padres no tienen razones para


odiarte.

─¿Y si se lo hago a su hijo?

La mandíbula de Tanner se endurece. Medita mi pregunta


por unos segundos, pero eventualmente asiente y habla en
voz alta.

─Si me hubieras hecho algo, sí, pero no eres la única que


toma sus propias decisiones. Yo decidí meterme en esto y
debe respetarlo. ─Vuelve a mirar hacia el frente─. No me
obligaste.

Ya que no tengo ganas de continuar esta charla con él, sino


de mantenerme en silencio antes de que pueda decir cosas
que hagan que lo quiera más de lo que ya lo hago, cierro la
boca. Tanner, sin embargo, no parece captar la señal que
cada centímetro de mi piel emana. Tras levantarse y
apoyarse en la pared junto a la puerta mientras saca un
cigarrillo de su chaqueta, lo que no debería hacer aquí en
condiciones normales, mucho menos estando a punto de ser
expulsado, me asalta con su voz otra vez. Cierro mis manos
fuertemente en puños mientras las palabras de mi madre
vienen a mi mente una y otra vez.
Él no es para ti, me dijo.

No puedo olvidarlo.

─Le dije a Pauline que solo nos encontramos por casualidad


cuando llamó. Está pasando unos días con su familia. Lo
creyó.

Asiento, de acuerdo con lo que dice.

─Así pasó.

Tanner arruga la frente tras el humo que exhala.

─Pasaron muchas cosas más, Savannah.

─Pero solo me viste por casualidad. No es como si


estuvieses persiguiéndome por todo el campus y supieras lo
que iba a hacer, ¿no es así? ─Sus cejas se juntan todavía
más al hablarme, probablemente notando cuán diferente
sueno ahora que estoy decidida a no involucrarme más de
lo necesario con él así tenga que verlo cada segundo de
cada día. Cuando no me contradice, vuelvo a asentir una
vez más─. No te preocupes. No le estamos mintiendo. Es lo
que sucedió. Una sencilla y tonta casualidad.

─Savannah...

─Debemos concentrarnos en que no nos expulsen. ─Trago,


todavía sin mirarlo─. Nuevamente, lo siento mucho por
arrastrarte.

A pesar de que su mandíbula sobresale ante mis palabras,


Tanner no dice nada más. Se incorpora y se dirige al balcón
tras nosotros para continuar fumando en él, fuera de mi
vista por completo.
Una hora después, la puerta se abre.

Mi madre me mira con severidad.

Mi padre también lo hace.

Nuestro abogado se queda con nosotros, pero el de Tanner y


su padre se dirigen al balcón para reunirse con él, quién
salió a fumar su tercer cigarrillo antes de que salieran. Me
olvido de respirar hasta que mi madre se sienta junto a mí y
toma mi mano en las suyas. Suelto un suspiro de alivio
cuando me sonríe ampliamente.

─Ni Tanner ni tú fueron expulsados. Ni siquiera es necesario


que hablen con nadie. Lo arreglamos. ─Empiezo a
devolverle la sonrisa, pero sus palabras hacen que mis
labios se congelen con incredulidad─. Y debido a que tu
padre fue un poco demasiado persuasivo, alargarán el
concurso una semana más para que puedas participar en él.
Aunque no logramos que expulsaran a Gordon, estamos
trabajando en una orden de restricción tanto para él como
para Anahí y el rector prometió hacerse cargo de ellos si
atacan a otra persona en el campus como te atacaron. En
compensación por los daños, deberás comprarle un auto.

─¿Cualquier auto? ─pregunto, en éxtasis ante la idea de


darle cualquier chatarra que consiga a menos de mil
dólares.

Mamá se encoje de hombros, sus ojos maliciosos.

─Solo dijeron un auto.

─Gracias ─suelto en su dirección mientras la abrazo,


levantándome también para abrazar a Jonathan y a mi
padre.
Este último presiona sus labios contra mi frente cuando me
tiene sobre su pecho, mis brazos rodeándolo con fuerza
mientras disfruto del aroma de su colonia. También usa un
traje, pero sin chaleco, y sus gafas para cerrar acuerdos. Se
ve cansado, pero victorioso. Lo amo tanto y amo tanto la
forma en la que no ha dejado de mirar a mi madre durante
todos estos años que no puedo evitar pensar que ella tiene
razón. Que Tanner no es el indicado. Nunca he visto a
Larissa llorar o sufrir por él. Nunca.

Y quiero algo como lo que ellos tienen, aunque no una hija


así.

─La próxima vez que algo como esto pase, me gustaría que
me llamaras, Savannah ─dice escondiendo un mechón de mi
cabello tras mi oreja─. Así esté en la China, vendré a
ayudarte al instante.

─Lo haré.

─Más te vale ─dice cerca de mi oído cuando lo abrazo otra


vez, en esta ocasión más fuerte, a la vez que las puertas del
despacho del rector se abren y Faith sale de él con lágrimas
en los ojos y Tanner y su padre abandonan el balcón en el
que se hallaban hablando a solas, puesto que su abogado
ya está esperándolos con un maletín y la expresión en
blanco junto a las escaleras.

Al poner sus ojos en mí, solo uno de ellos me mira como si


no me odiara y es el único cuya opinión verdaderamente me
importa.

Pero eso no significa que no duela sentir el rechazo de los


demás.

Hola, espero que el capítulo les haya gustado


Dedicación a: criss_1798

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No olviden darle amor.  Me voy rápido porque


llegaron los mosquitos

Love u

(No olviden seguirme en redes sociales. Twitter e


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Capítulo 20:

Capítulo 20:
20.5K 2.9K 1.6K
por OscaryArroyo
 
Pasamos la tarde en silencio, lo que me resulta
extrañamente reconfortante. Tanner se dedica a poner
música y a beber mientras se pasea de un lado a otro en el
yate y discute con el capitán. Yo tomo el sol, entro en el
jacuzzi y me arrojo al mar cuando finalmente nos
detenemos. Es como si nos ignoráramos después de su
confesión sobre mi ex, lo cual no me toma en lo absoluto
por sorpresa, puesto Tanner no era precisamente bueno
escondiendo cuánto lo detestaba, pero a la vez no. A pesar
de su actitud de niño enojado después de que reaccioné
ante ello de una manera que evidentemente no le gustó, se
acerca a mí cada tanto para dejarme una bandeja con
aperitivos que el mismo hace, los cuales devoro una vez me
deja a solas con ellos. Al parecer encontró la manera de
desquitar su ira en la cocina.

Se me hace imposible no acercarme cuando, a pleno


atardecer, empieza a cortar filetes de carne para ponerlos a
asar en una linda parrillera de acero inoxidable. Además de
su short corto, lleva un delantal que no tiene mucho sentido
que use debido a que de igual manera el aceite que
desprende la carne al cocinarse salpica sobre sus brazos. Lo
único que protege escasamente es su pecho.

Todavía solo en bikini, me sitúo junto a él para cortar los


vegetales de la ensalada tras lavarme las manos. Me mira
con una ceja alzada cuando empiezo a picar un tomate en
rodajas, pero no me detiene o hace alguno de sus típicos
comentarios sarcásticos fuera de lugar. Tras tomar el mando
de los altavoces y bajarle el volumen a la mí, finalmente se
dirige a mí tras hablar de Weston.

─¿Te gusta comer con vino? ─pregunta sin verme.

No puedo evitar arrugar la nariz.

─Me gusta beber vino ─respondo, puesto que de no ser así


no sería hija de mi madre─. Pero no consumo alcohol con
comida.

Tanner solo asiente, concentrado en la cocción de la carne.

─Vi la botella que compraste en la tienda del muelle. ─Me


atraganto con mi propia saliva cuando dirige sus ojos
oscuros hacia mí. Su piel blanca ha adquirido un tono
sonrosado, como temía, y su cabello negro está despeinado.
Se ve tan hermoso de esta manera, casi relajado─. ¿Es eso
algún mensaje subliminal?

A pesar de mi sonrojo, pongo los ojos en blanco.

─No me voy a...

Chillo, interrumpiendo mis palabras, cuando corto mi dedo


con la hoja debido a estar demasiado concentrada en sus
ojos, no en la ensalada. Tras soltar el mango de golpe, meto
mi índice en la boca antes de que sangre a la vez que
empiezo a maldecir y a saltar para apaciguar mi inexistente
dolor. Tanner me mira con la frente arrugada como un pug,
pero no deja de hacer lo que está haciendo para venir a
socorrerme. La cena es más importante para él.

─En el baño de mi habitación hay un botiquín de


emergencias.
Ya que no dice o hace nada más, voy bajo cubierta. Entro en
su habitación sin mirar ninguna otra cosa que no sea la
puerta de su baño. Una vez entro en el lujoso y pequeño
espacio, tomo el botiquín y me siento en el retrete. Limpio
la sangre que sale de mi corte con una gasa antes de
aplicar alcohol sobre él, chillando otra vez debido a que
debido al filo del cuchillo me rebané el dedo.

No solo me corté.

Hago un puchero involuntario con mis labios cuando no


logro ponerme los puntos adhesivos, pero en ese momento
la puerta del baño se abre y Tanner entra, su frente todavía
arrugada. Su expresión, sin embargo, cambia cuando da un
par de pasos hacia mí y toma mi mano sin pedir permiso.
Alza las cejas cuando lo ve.

─Es feo.

Conteniendo las ganas de apuñalarlo, puesto que sé que lo


es ya que la piel se está levantada y se desprende de su
lugar, afirmo.

─Ya lo limpié y dejó de sangrar, pero no puedo poner los


puntos.

Tras soltar un suspiro, toma un nuevo paquete de ellos y se


arrodilla frente a mí. Aunque el lugar es acogedor a pesar
de ser frío, como todo lo que lo caracteriza que no ha sido
tocado por Pauline, como sus oficinas, el sitio es tan
estrecho que prácticamente está encima de mí mientras sus
manos trabajan en mi índice. Al cabo de unos minutos, sin
embargo, soy capaz de respirar con normalidad de nuevo
debido a que se levanta y retrocede, su nuez moviéndose
mientras me mira fijamente.

─Listo.
Veo mi dedo cubierto con adhesivo.

─Gracias.

Tras asentir, se da la vuelta y sale del baño. Me miro en el


espejo antes de seguirlo, descubriendo el desastre que soy,
y pasar nuevamente por su habitación. Al estar en ella
nuevamente no puedo resistir las ganas que siento de
echarle un vistazo. La cama está cubierta por sábanas
negras. Lo demás en blanco estéril. A pesar de que hace
que la cabina se vea iluminada, se siente vacío.

Como él.

Me siento mal por dudar de sus palabras cuando abro el


armario y confirmo que no hay nada de su esposa aquí, solo
algunas prendas de hombre de su estilo que todavía tienen
su etiqueta. Ya que no fue tan estúpido como para casarse
sin hacerla firmar un acuerdo prenupcial antes pese a que
estaba completamente seguro de que ella era el amor de su
vida cuando se casaron, Pauline no tiene cómo hacer
seguimiento a sus propiedades.

Y no dudo de su capacidad de mantener secretos con ella.

Como yo.

Pero aun así, esto era algo que debía ver con mis propios
ojos.

*****

Me doy una ducha para deshacerme de la sal sobre mí y


entro en mi pijama antes de subir de nuevo. Me toma
alrededor de veinte minutos hacerlo y para cuando vuelvo
con Tanner, ya ha anochecido y este ya ha terminado de
asar los filetes y de hacer la ensalada por su propia cuenta.
Hay una jarra con jugo de naranja en el punto medio de la
mesa si trazas un círculo en ella.

─No sabía que fueras un ama de casa.

La expresión de pug vuelve.

─No lo soy ─responde─. Pero tienes que ser un maldito idiota


si no sabes cómo asar carne y hacer ensalada. ─Sonríe
cuando alzo las cejas a lo último de su comentario, puesto
que esta maldita idiota se cortó el dedo haciendo lo último.
Su talento de hacer que las personas olviden lo imbécil que
es al momento de hacer una negociación se pone en
evidencia cuando habla de nuevo, cambiando de tema
mientras empezamos a comer. No puedo evitar admitir para
mí misma que lo hizo bien cuando pruebo los pimientos que
también doró antes de ir por el filete, en su punto perfecto,
y la ensalada de vegetales─. Ryland me llevó al club en el
centro por el que te conoció, Savannah. La barra fue lo que
más me gustó de él. Reconocí tu toque en ella con solo
verla.

Ladeo la cabeza con curiosidad debido a su acierto.

─¿Cómo lo supiste? ¿Ryland te dijo?

Tanner niega.

─No, pero tenía tu estilo.

─¿Mi estilo?

─Sí ─dice mientras corta un pedazo de su carne asada─.


Hacer que las cosas resalten sin que pierdan su esencia.

Tras lo que dice, lo cual no sé cómo tomarme, puesto que


viene siendo como un cumplido de su parte, decido guardar
silencio durante el resto de la comida. Una vez terminamos
y me ofrezco para lavar los platos, oferta que es rechazada
por Tanner, quién me recuerda la herida de mi dedo
inclinando la cabeza hacia él, me dirijo al sofá en la cubierta
y me siento en él mientras le echo un vistazo a mi celular.
Estamos lo suficientemente lejos de Corpus Christi como
para no tener cobertura, pero hay wifi. Reviso mis redes
sociales mientras el sonido de las olas y la sensación de
descenso y ascenso del barco con ellas se apodera de mí.

─Sé que no te gusta beber mientras comes, ¿pero harías


una excepción por el postre? ─pregunta Tanner frente a mí
luego de unos minutos, a lo que alzo la vista para
encontrarlo sosteniendo un cubo metálico con hielo, mi
botella de vino y dos copas y una caja de bombones baratos
con relleno sorpresa que también compré, pero para
disfrutar con Malcolm cuando volviéramos a vernos porque
pensé que sería una cosa que disfrutaría hacer.

No Tanner.

Al parecer no soy la única que hurgó en las pertenencias del


otro.

─Claro ─respondo, mi voz ronca, apretándome más contra


mis rodillas para que tenga espacio para sentarse junto a mí
debido a que abarca dos veces lo que yo y más en esta
posición.

─Por mi primera vez ingiriendo vino y chocolates baratos


─dice, brindando, una vez sostenemos nuestras copas
llenas, pero llevando el borde de la suya a sus labios sin
esperar que lo siga.

Se cambió después de comer, por lo que ahora también


está en pijama. Un pantalón gris con una camiseta blanca.
Sus pies, al igual que los míos, están descalzos. Su cabello
está mojado y gotea sobre su frente. Conteniendo las ganas
de retirarlo, tomo un pequeño sorbo antes de extender la
mano hacia uno de los bombones. A pesar de la mueca de
Tanner, no está tan mal. Larissa Campbell lo odiaría. No es
un vino Van Allen, como los que Tanner se bebió en mi casa,
de los cuales todavía me debe una caja de edición especial,
pero mi paladar se acostumbró a ser menos exigente
después de ir a la universidad y he bebido cosas peores.
Retiro la envoltura del dulce antes de llevarlo a mi boca.

─Relleno de chocolate ─le digo mientras mastico, feliz de


que no sea nada desagradable que me haga escupir─. Tu
turno.

Tanner me imita, pero empieza a toser y cuando muerde su


bombón. No me queda de otra que reír cuando se incorpora
abruptamente y se dirige a la barandilla para escupirlo en el
agua.

─Picante ─gruñe, sus ojos llorosos─. Lo más picante que


existe.

Ya que se especializa en importar productos de México y de


Alemania, así como de otros países, pero en especial esos, y
su despensa está llena de toda clase de productos, sé que
exagera.

─No puedo decir que no te lo merezcas. ─No responde a mis


palabras, limitándose a beber más vino, el cual estoy segura
de que ya no considera horrible, por lo que tomo otro
bombón.

Jadeo cuando su sabor inunda mi boca, a lo que alza las


cejas.

Hay genuina curiosidad en su rostro.


─¿Qué es? ─pregunta, cediendo a la emoción que
probablemente no quiere admitir que nuestro infantil juego
le ocasiona.

─Caramelo ─murmuro, escogiendo este como mi favorito


pese a que no he probado los demás todavía─. Te toca,
Reed.

Juro que puedo verlo temblar ligeramente antes de tomar


otro.

─¡Mierda! ─grita tras morderlo, escupiéndolo directamente


en su mano, y bebiendo más para eliminar el sabor tras
arrojarlo al mar, lo que se siente tan inapropiado como si lo
estuviera viendo arrojar basura por la ventana del auto.
Suelto una carcajada ante el claro asco en su rostro
mientras echo mi cabeza hacia atrás. Se ve asqueado y
molesto debido a que todos los malos le han tocado─. ¿A
quién mierda se le ocurre hacer bombones de camarón?

Me encojo de hombros mientras tomo la caja.

─No lo sé, pero creo que son turcos.

Él la toma de mi mano. Tras leer la parte posterior, afirma,


todavía viéndose afligido por el último bombón que comió.

─Ahora entiendo por qué nunca he visto de estos en los


supermercados. ─Tras dejar la caja sobre el sofá, me mira
con la mandíbula apretada─. Lo siento. Ya no estoy de
acuerdo con continuar con esto si no gano nada por pasar
esta tortura.

Le sonrío.

─¿Qué quieres a cambio?


A pesar de que luce sorprendido con mi pregunta, no duda
al momento de continuar con la conversación y responder.

─Comer uno de ellos podría ser un castigo por no responder


a la pregunta que el otro haga ─dice─. Y el pésimo vino el
premio.

Suelto un risita ante la sensación de familiaridad que me


golpea.

─¿De vuelta a la época como presidente de fraternidad?

Tanner se encoge de hombros.

─¿Juegas o no?

Afirmo.

─Claro que sí y yo empiezo. ─Ya que estoy segura de que no


responderá a lo que tengo pensado preguntarle, tomo un
bombón para que lo coma─. ¿Cuándo y cómo fue tu primera
vez, Tanner?

Los labios de Tanner se entreabren. Por su expresión, sé que


no esperaba mi pregunta. Entrecierro mis ojos con interés.
De verdad me gustaría que respondiera. Quizás ni Pauline
sabe esto de él.

─A los quince ─responde, sorprendiéndome.

─¿Y cómo fue?

─No lo sé ─dice de nuevo─. Fue en una fiesta. No lo


recuerdo.

Un nudo se instala en mi garganta al confirmar, una vez


más, que no fui un caso especial para él ni siquiera en ese
ámbito. Ni siquiera como el acostón que al día siguiente no
pudo recordar.

─Tu turno ─susurro, dejando el bombón de regreso en su


lugar.

─¿Qué hay de ti? ─Traga mientras me ve fijamente─. ¿Cómo


fue?

─A los trece. Fue horrible.

Su expresión y todo su cuerpo se tensan.

─Esa es una edad muy temprana para perder la virginidad,


Sav, ¿ese chico te forzó a hacerlo o...?

─No. ─Niego, interrumpiéndolo─. Solo lo hice y no me gustó.

Tras unos segundos en los que me contempla en silencio,


afirma.

─Entiendo ─dice, pero su tono de voz no parece de acuerdo.

Antes de que pueda empezar a juzgarme, le lanzo otra


pregunta.

─¿Estar con Pauline te acercó a Dios?

La pregunta implícita ahí es; ¿te ha hecho sentir bueno?

Tanner nuevamente entreabre los labios, como si no hubiera


esperado oír lo que oyó ni en un millón de años, por lo que
lo contemplo con más atención. Una parte de mí siempre ha
sabido que esa, ser mejor, es en parte la razón por la que la
escogió.

Quiero saber si lo logró.


Si su miseria, por al menos un momento, valió la pena.

Impresionándome de nuevo, toma el bombón que había


escogido para él y lo lleva a sus labios. Con la decepción
inundándome por dentro, contemplo como sus labios y su
mandíbula se mueve mientras lo mastica. No debe tener
ningún mal sabor, pues traga sin que su cara refleje ningún
tipo de emoción debido a ello.

─Malvavisco ─revela─. ¿Por qué decidiste salir con ese


imbécil?

Mi pecho se hunde, pero, a diferencia de él, no soy una


cobarde.

No escondo mi verdadero yo en un armario.

─Era el mejor partido de la época ─respondo sabiendo que


se refiere a Weston, mi novio durante unos cuantos
semestres.

El único chico que alguna vez conocí que te hizo perder la


cabeza, añado en el interior de mi cabeza, lo cual es el resto
de la verdad.

A pesar de que sus facciones se endurecen, asiente.

─Vienes tú.

─Si pudieras ser un animal, ¿cuál serías?

Tanner ríe, un sonido que no todo el tiempo la humanidad


tiene el placer de presenciar. No puedo evitar flexionar los
dedos de mis pies y tomar un sorbo de vino en respuesta.
Es ronco y profundo, varonil. Si hubiera sabido que lo haría,
lo habría grabado para poder escucharlo más tarde las
veces que desee.
─Un tipo de chimpancé ─responde, haciéndome alzar las
cejas.

─¿Por qué?

Un puma o un cocodrilo estarían más acordes con él.

Incluso una serpiente venenosa.

─Eso es más de una pregunta, Savannah ─responde, pero a


pesar de ello contesta a mi pregunta─. Y bueno, los
chimpancés son los únicos, además de los humanos y los
delfines, que tienen sexo por placer y no soy tan lampiño o
amable como un delfín. Si me quitan la capacidad de pensar
como un hombre, al menos me gustaría disfrutar de tener
sexo con mi compañera animal.

─Interesante ─susurro, trastornada.

Mi mente gira en torno a dónde puede estar su vello


además de en sus piernas y brazos, dónde no
abundantemente desagradable. Tanner me sonríe,
haciéndome estremecer. Unos segundos después esa
sonrisa desaparece, siendo reemplazada por un expresión
tanto interesada como seria y suave en su cara.

─Si pudieras retroceder en el pasado y hacer algo diferente,


¿qué sería? ─susurra, su voz marcada por su acento alemán.

A pesar de que tengo la respuesta en la punta de la lengua,


me inclino y tomo un dulce. Luego de un momento siento el
sabor agrio del limón invadiendo mi paladar. Ya que no es
tan malo, lo trago, pero bebo un sorbo de vino después. A
pesar de ello, hasta ahora he tenido más suerte que Tanner.
Al menos en esto. Aunque sus ojos lucen igual de
decepcionados que los míos cuando no respondió mi
pregunta sobre Pauline, no protesta.
Solo nos quedan tres chocolates.

─Limón ─digo─. Si pudieras hacerlo tú, ¿qué harías


diferente?

Tanner toma otro chocolate.

No deja de verme mientras lo mastica.

─Champagne. ─Relame sus labios, lo que hace que mi


corazón se acelere y vaya más rápido dentro de mi pecho─.
¿Alguna vez te has obsesionado con algo, o con alguien, que
no deberías? ¿Alguna vez has sentido que estás haciendo
algo que está mal de mil maneras diferentes, pero que aun
así no puedes dejar de hacer? ¿Alguna vez has querido
arrancarte una sensación de la piel, pero por más que te
laves o te mediques contra de ella, no desaparece? ¿Alguna
vez has deseado pecar con alguien, Sav?

Para el momento en el que termina de hablar, estoy sin


respiración. Son tres preguntas, rompió las reglas del juego,
pero la verdad es que responder a cualquiera de ellas sería
mi sentencia. Sería admitir en voz alta mi debilidad de una
manera que no pueda permitírmelo hasta estar segura que
no sacará provecho de ella después. Al momento en el que
la bola de chocolate explota en mi boca, corro a la
barandilla y escupo. Lloriqueo mientras el sabor picante la
inunda. Tanner me alcanza y me tiende la botella, la cual ya
está casi vacía. La termino de un solo trago mientras mis
ojos lagrimean. Tras bebérmela, la dejo abajo y lo miro por
debajo de mis pestañas húmedas.

No tengo que decirle qué me tocó.

Es evidente que fue una mala experiencia esta vez.


─Tanner ─susurro cuando nos detenemos frente al sofá en el
que estábamos sentados, pero al que ninguno de los dos
tiene intenciones de volver. La noche de repente se ha
puesto como si fuera a llover. Hay truenos y relámpagos a
pesar de que ninguna gota de agua ha caído sobre nosotros.
La marea también se ha vuelto salvaje y hace frío─.
¿Volverás a lastimarme si confío en ti?

Tanner me mira fijamente.

Al instante mi pecho duele.

No sabe cómo responderme, pero tampoco quiere comer el


chocolate. No quiere no poder contestar a mi pregunta y
eso, al menos, es un indicio de que dañarme no son sus
intenciones.

─Sav...

Salvándolo, me inclino y yo misma desenvuelvo el


chocolate.

Tiemblo cuando siento sus labios bajo mis dedos al


presionarlo contra su boca. Sin apartar sus ojos de mí,
Tanner la abre y deja que lo meta en ella. Mastica las
suficientes veces antes de tragar.

─Chocolate ─susurra.

─A veces un bombón solo contiene chocolate ─digo,


retrocediendo hacia las escaleras que dan con los
camarotes─. Por más que queramos y deseemos que
contenga un relleno especial, a veces nos decepcionamos al
darnos cuenta de que solo es más de lo mismo cuando lo
probamos y notamos que perdimos todo ese tiempo
ansiándolos, pero a veces también estamos en lo cierto al
quererlos y nos arrepentimos de no habernos arriesgado
probando algo diferente cuando los comemos. Esa también
es una forma de perder el tiempo, pero cuando los
encuentras malos al menos puedes decir que tuviste algo
diferente y que tras vivir la experiencia, no te arrepientes.

Sin esperar una respuesta, lo dejo atrás y corro hacia mi


habitación, dónde me encierro al mismo tiempo que las
luces del yate empiezan a parpadear y este a agitarse con
fuerza.

La tormenta ha comenzado.

Está lloviendo, se va a ir la luz, bai


Capítulo 21:

Capítulo 21:
20.7K 2.7K 1.1K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a AnnieFloresLuchoni

Mis padres regresan a Austin por la tarde. Antes de irse


almorzamos juntos y paseamos por el centro comercial,
dónde insisten en comprarme algunas cosas para hacerme
sentir mejor. Es su manera de levantarme el ánimo.
Usualmente funcionaría, pero estoy preocupada.
Preocupada por cómo haré en siete días lo que hice en
meses. Preocupada por Tanner y Pauline. Preocupada por
Faith, a quién despidieron de la seguridad del campus y
perdió, con ello, quizás el único trabajo que le permitía estar
en los últimos semestres de arquitectura y costear la
carrera al mismo tiempo. Nuestra profesión es exigente.
Amerita mucho tiempo libre y la compra de muchos
materiales. Me siento mal por ella. Si pudiera retroceder en
el pasado y no lanzar esa cerilla, lo haría solo por no
arrastrarla a ella y a Tanner conmigo al abismo.

De camino a mi habitación en el dormitorio, siento muchos


pares de ojos sobre mí, pero los ignoro con éxito,
concentrándome en el peso de las bolsas con mis compras.
Dentro de ella siento alivio al no ver a Pauline por ningún
sitio ya que pasará unos días con su familia en su pueblo
natal por razones que me son desconocidas, pero que
deben valer inasistencias. No estoy lista para darle
explicaciones de ningún tipo sobre por qué su novio y yo
terminamos en la cárcel o por qué se arriesgó por mí
cuando ni yo misma sé las repuestas a esas preguntas.

Dejando de lado el tema de Tanner, si quiero tener alguna


posibilidad de quedar entre los finalistas del concurso, al
menos, debo ponerme manos a la obra con los planos
cuanto antes, por lo que me doy una rápida ducha caliente
y entro en una pijama de seda negra y me siento tras mi
antiguo escritorio con mi cabello mojado envuelto en una
toalla, puesto que no puedo arriesgarme a que salpique el
papel en el que estoy trabajando haciendo un bosquejo de
lo que ya tenía preparado y listo para presentar.

No puedo evitar hacer un montón de bolas de papel en mi


mano, con hirviente ira, cuando a pesar de lo mucho que lo
intento, no obtengo los mismos resultados de lo que perdí.
Recuerdo las características del edificio que dibujé en su
mayor parte, pero no todos los detalles y la ausencia de
alguno de ellos cuando termino con uno de mis dibujos me
frustra. Cada vez que los plasmo de nuevo, siempre hay uno
que falta y me obliga a iniciar desde cero. A la medianoche,
ya no lo resisto más. Me levanto, tomo un abrigo de mi
armario y me dirijo a Rusty's en mi auto. Cuando entro en el
establecimiento, me dirijo inmediatamente a la barra. En el
camino y mientras pido un chocolate caliente con crema
batida, hago hasta lo imposible por ignorar a las personas
que me observan y no precisamente por mi forma de vestir.
No puedo evitar girar el rostro hacia ellos, sin embargo,
cuando voy a uno de los reservados con mi bebida y un
cupcake con chispas de colores en la mano.

─Puta ─dice uno de los integrantes del equipo de fútbol,


haciendo que me detenga abruptamente, y al instante estoy
lista para girar mi vaso con chocolate hirviente sobre él,
pero una inesperada voz tras de mí me detiene.
─No vale la pena, Sav.

Con las mejillas sonrojadas, contemplo con los ojos


entrecerrados al tipo rubio, del grupo de enfermos que
apoyan a Gordon, que me insultó antes de girarme para ver
a Ibor, quién se encontraba tras de mí. Con mechones de
cabello dorado cayendo sobre su frente, se ve adorable con
las manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros y un
suéter vinotinto. Lleva zapatillas. Tierno, por lo menos para
mí, ya que el idiota no piensa lo mismo. Tras recibir una
mala mirada del defensa de los Longhorns, se levanta del
reservado con sus amigos y se marcha de la cafetería sin
mirar atrás, claramente afectado por su presencia
protectora a mi favor.

Le sonrío.

─Para no amar la violencia, eres alguien bastante


intimidante.

Una sonrisa dulce aparece en su rostro de expresión


momentáneamente seria, la misma con la que juega.

─Puedo ser todo lo que necesites o quieras que sea ─dice


con voz ronca mientras se encoje de hombros con
despreocupación. lo que me resulta torpe, pero bonito─. Tú
solo tienes que pedirlo, ya sea con tu linda voz o con esos
ojos grises tan expresivos que tienes.

No puedo evitarlo. A pesar de los nervios haciendo estragos


en mi estómago el ser el centro de atención para todo el
mundo debido a que mi rostro estuvo en el noticiero de
Austin y de la Universidad hace tan solo unos días, me río
de su intento de seducirme. Él también se ríe de sí mismo
con algo de pena en los ojos, lo que lo hace lucir más
adorable de lo que ya de por sí es.
Niego mientras me muerdo el labio.

─Te dije que no había ninguna posibilidad de que se


repitiera.

─Lo sé ─responde con una sonrisa─. Pero no pierdo nada con


intentarlo. Podría perdonarte tener un historial criminal,
¿sabes?

Mi rostro se vuelve completamente rojo.

─Sobre eso...

Ibor bufa cuando inclino la cabeza hacia las personas que no


dejan de vernos en la cafetería.

─¿Trajiste tu auto?

Afirmo.

─Sí, ¿por qué?

─Pediré algo para llevar. ¿Te apuntas a una cita de amigos


viendo películas? En la fraternidad nadie te molestará. Te lo
prometo. ─Junto los labios, insegura. Sé que nadie lo hará,
pero no porque esté con él, sino por quién es su presidente
y algo en mí, no sé el qué, sabe que si Tanner pudo
controlar al equipo el día que me vestí a favor de los
Cougars y perdieron ante ellos, probablemente los
controlará ahora para que no salten sobre mí por haber
arruinado, con justificación, a Gordon de diversas maneras:
le quité su puesto en el equipo, es probable que su relación
también, y su amado Audi de lotería. Fui una perra con él y,
exceptuando el cómo eso afectó a  Tanner y a Faith, no lo
lamento. Es un psicópata─. Vamos. Luces como alguien que
necesita despejarse la mente. Permíteme ayudarte.
Realmente me caes bien y lamento mucho todo por lo que
has pasado. ─La sinceridad tanto en sus ojos como en su
bajo tono de voz me hace flaquear─. Déjame echarte la
mano de una manera que no involucre golpear a alguien.

A pesar de que no debería darle falsas esperanzas, termino


por asentir. Tiene razón. Necesito una distracción. Si vuelvo
a mi habitación, solo me odiaré a mí misma por no poder
obtener los resultados que deseo con los planos. Quizás
relajarme ayude.

─Está bien ─acepto en voz baja.

Ibor inclina la cabeza hacia la caja.

─Ya vuelvo. ─Asiento. Me sonríe una última vez, resaltando


los hoyuelos en su rostro, antes de girarse─. No te
arrepentirás.

*****

Cuando Ibor me invitó a ver películas, pensé que iríamos a


su habitación y veríamos algo en Netflix, pero termino en un
sofá en el sótano de Maleeh frente a una pantalla enorme.
La habitación tiene, además, algunas máquinas de juegos,
una mesa de billar y un mini bar con bebidas. Sus paredes
están en blanco a excepción de algunos pósteres. Hay una
alfombra roja cubriendo el suelo y hace bastante frío. Es una
especie de cine casero y sala de diversión. Aunque el
mueble en el que nos sentamos luego de que pone a
reproducir Viernes 13 se ve como si algún día hubiera sido
bonito y lujoso, ahora se ve usado. Muy usado. Segura de
que ni de lejos soy la única chica que uno de los miembros
de la fraternidad ha traído aquí abajo, termino cediendo a la
sonrisa tonta y adorable de Ibor acurrucándome a su lado
mientras vemos la mala cinta de terror. Compró mini dulces
en la cafetería y batidos de frutas, así que mantiene mi
boca llena durante la hora y media que sigue y cumple, de
cierta manera, su promesa de llevarme por ellos. Me
confiesa su adicción a la azúcar cuando nuestro último
postre se acaba en los créditos. Eso me hace sonreír
mientras se levanta para poner la siguiente parte de Jason.

Giro mi rostro para verlo manejar su computador y el


proyector.

Con las luces apagadas y con solo la luz del computador


encendida alumbrando su rostro de niño bueno, se ve algo
sexy estando concentrado. No puedo evitar morder mi labio
mientras lo veo buscar la siguiente película de la saga. El
sexo con Ibor no fue malo. Estoy cerca de caer en la
tentación de repetirlo, pero no sé si sería bueno para él.

Podría destrozar un poco lo bueno que es conmigo.

Pero ambos somos niños grandes, ¿no?

A excepción de Tanner, puedo dejar ir a cualquier hombre.

─Lo sospeché ─susurro cuando se sienta nuevamente junto


a mí y nos cubro a ambos con mi manta, lo que hace que
sus cejas se junten. Aunque no vine con esa intención,
quizás esto me ayude a mantenerme firme en mi decisión
de alejarme del presidente de su fraternidad─. Tengo miedo
─susurro cuando no han pasado más de cinco minutos,
mirándolo desde su pecho, cien por ciento segura de que
algo como eso era lo que quería oír.

Ibor traga y me estrecha más fuerte contra él.

Entreabre los labios, como si le costara respirar, cuando


suelto mis exhalaciones directamente en su cuello durante
los siguientes minutos. Sin esperar ninguna respuesta más
de su parte, relamo mis labios y me siento de lado en su
regazo. Envuelvo su cuello con mis brazos y le sonrío con
algo de malicia. Mis muslos quieren envolver su cintura,
pero quizás esta posición se sienta más excitante y sucia.

─¿Tienes condones?

Ibor asiente, absorto en mi rostro y en tenerme sobre él.

─En mi bolsillo ─susurra, sonrojándose como un niño


inexperto y tímido─. Sav, no quiero que pienses mal de mí
después de esto. De verdad esta no era mi intención, me
gusta mucho Viernes 13, yo...

Suelto una risita mientras ruedo los ojos, cortándolo.

No soy estúpida. Me habla como si las chicas no supiéramos


por qué los chicos escogen películas de terror para ver con
nosotras a solas.

─¿Me das uno?

Tras salir de su estupor, como si no creyera lo que está


pasando pese a que ya siento su erección debajo de mí, alza
las caderas para hurgar en su bolsillo trasero como si mi
peso sobre él no existiera y me tiende un brillante paquete
de aluminio.

Niego, sin tomarlo.

─Póntelo tú ─le ordeno mientras me inclino y mordisqueo su


mandíbula, a lo que suelta un jadeo antes de maniobrar en
su eje.

Una vez está listo, me mira con ojos entrecerrados.

─¿Quieres que yo... baje antes?

A pesar de que la idea de su lengua entre mis piernas me


agrada, lo quiero ya dentro de mí, así que deposito todo mi
peso en su pecho cuando hace ademán de empujarme al
sofá. Una vez capta la señal, permanece quieto mientras
hago a un lado la tela de mis pantalones cortos de seda y
mi ropa interior de encaje. Suelta un gruñido cuando entra
en mí y yo también gimo un poco, pero rápidamente
acallamos los sonidos que hacemos juntando nuestras
bocas. La manta nos oculta y nos mantiene caliente.

Me muevo suavemente.

─Dios, Savannah, no creo que aguante mucho más, nena


─murmura mientras pone sus grandes manos en mis
caderas, empujándome hacia abajo con insistencia─. Dios,
yo...

Sus palabras son cortadas por el sonido de la puerta


abriéndose y luego cerrándose. Ahora soy yo quién se
queda sin aliento cuando Tanner se nos atraviesa, sin
camisa, en dirección al refrigerador del mini bar. Ibor deja
de moverse al instante, tensándose y cubriéndonos todavía
más con la manta mientras todavía permanece en mi
interior. Ahogo un grito. Si me muevo, Tanner se dará
cuenta de que estábamos haciéndolo. Por mucho que no le
deba explicaciones, sería vergonzoso y desagradable.

Me estremezco cuando se apoya en la barra y abre una lata


de bebida energética. Su pecho está lleno de sudor y usa
zapatillas, así que debió haber estado corriendo. Por más
que mi mente me grita que debo concentrarme en la
película y en una manera de separarme de Ibor sin que el
monstruo de mis pesadillas se dé cuenta de lo que
estábamos haciendo, no puedo evitar juntar los muslos. Ibor
jadea silenciosamente ante ello y aprieta mi cadera en
protesta, pero simplemente no puedo detenerme. Me
encanta lo que veo. Cada músculo definido y bien marcado
ante mí.
Si antes estaba excitada, ahora apenas puedo respirar.

Me siento en el infierno.

─¿Divirtiéndose? ─pregunta con sus oscuras cejas juntas,


escuchándose aún con el sonido de la película de fondo.

─Sí ─respondo ya que Ibor no hace más que mirar hacia la


pared, su rostro sonrojado y su mandíbula fuertemente
apretada. Envuelvo nuevamente su cuello con mis brazos─.
Mucho.

Ante mi respuesta, Tanner sonríe cínicamente.

─Bien ─suelta antes de empezar a caminar hacia nosotros,


lo que hace que mi corazón se detenga ya que por un
momento empiezo a imaginar un escenario dónde me
encuentro entre dos pechos y soy atendida por dos pares de
manos y saciada por dos cuerpos masculinos. Me mojo
todavía más. Ibor vuelve a apretar mi piel cuando hago lo
mismo con su pene dentro de mí, sintiendo fuego en mi
vientre, pero también un nudo en la garganta─. Imagino que
no les importa si me uno a ustedes. ─A pesar de que no es
tan ancho como Ibor, sigue siendo grande y ocupa más
espacio del usual al sentarse en su lado del sofá. Tiemblo
cuando pone mis pies desnudos en su regazo para poder
estar cómodo. Sin poder evitarlo, escondo mi rostro en el
cuello de Ibor al sentir su pene bajo mi talón debido a que la
tela de su pantaloncillo de deporte no es muy ancha.
Aunque no tiene una erección, tampoco está del todo
dormido o es muy grande, justo como recuerdo─.
Divirtámonos. Savannah no es la única que necesita
despejarse.

Ni Ibor ni yo contestamos.
Nos limitamos a fingir prestarle atención a la película
mientras Tanner se dedica a molestarnos haciéndonos
preguntas sobre ella y comentándola, a lo que ninguno de
los dos tiene respuestas porque ha convertido nuestra
sesión de sexo en uno de los momentos más incómodos de
toda nuestra corta existencia y no podemos concentrarnos
en las escenas frente a nosotros. Estoy tan abochornada
que ni siquiera siento furia hacia él o me cuestiono por qué
alguien interrumpiría lo que claramente Ibor y yo estábamos
haciendo antes de que llegara y lo arruinara todo.

Afortunadamente, a los minutos Tanner toma una pausa


para ir al baño en la que puedo separarme de Ibor y
acomodar mi pijama para ocupar mi puesto a su lado.
Aunque apenas le presto atención a él y al resto de la
película después de ello, de lo que sí soy extremadamente
consciente es de la cercanía del pelinegro. Es como si mi
mente solo pudiera concentrarse en la manera en la que
respira, pausada y profundamente, y en el olor que
desprende y soy capaz de percibir porque estoy junto a él:
sudor, jabón y los restos de la colonia cítrica que usó
durante el día.

Prácticamente salto de mi puesto cuando termina.

─Me voy. ─Tras anunciar esto, me pongo de pie y tomo las


llaves de mi auto de la mesita junto a Ibor. Finjo un bostezo
antes de mirar fijamente a Ibor y sonreírle─. Muchas gracias
por invitarme.

A pesar de la desilusión en sus ojos, se encoje de hombros.

Me devuelve la sonrisa.

─Cuando quieras, nena. ─Se mete las manos en el bolsillo─.


¿Necesitas que te acompañe a casa? No me costaría nada.
Sospecho que Ibor no tiene auto y que tendría que regresar
caminando, por lo que niego. Ya que no sé qué decirle, agito
mi mano en dirección a Tanner antes de salir del cuarto de
la no-diversión. No me sorprendo al oír pasos venir tras de
mí, muy cerca, pero no me giro para saber quién de los dos
me está siguiendo debido a que estos dejan de hacerlo
antes de que llegue a la salida. Sin embargo, regresan
abruptamente cuando estoy a punto de alcanzar mi auto, la
manga de mi pijama algo caída.

La subo mientras me doy la vuelta, mi abrigo en mis codos.

Me congelo al ver tanto a Tanner como a Ibor, este último


con lo que parece un golpe en la ceja. Me encojo. Se ve
bastante mal.

¿Qué le sucedió?

─Me golpeé con el marco de la puerta ─explica al darse


cuenta de que estoy mirándolo, encogiéndose de hombros y
extendiendo su mano completamente abierta hacia mí. Por
alguna razón evita verme a los ojos─. ¿Me das tus llaves,
por favor? Llevaré tu auto.

Separo los labios para responder, sin saber que decir, pero
antes de que pueda negarme o aceptar lo que sea que esté
tramando, Tanner las toma de mis manos y se las lanza.
Ahora su torso está cubierto por una camiseta del equipo y
lleva puesta una gorra, también de los Longhorns. Mis cejas
se unen cuando toma mi mano y empieza a tirar de mí en
dirección a su Raptor, la cual es imposible de ver. Debido a
que no entra en el garaje, siempre está estacionada afuera
y siempre es visible para todo el mundo.

─¿Tanner? ─gruño, exigiendo una explicación mientras


vuelvo a subir el tirante de la parte superior de mi pijama de
seda con la mano que tengo libre, puesto que es imposible
soltarme del agarre que mantiene sobre la otra pese a que
no está lastimándome.

─¿Sí?

─¿Qué se supone que haces?

─Lo que no hacen los tipos con los que follas ─responde, su
voz sin revelar ningún tipo de emoción, mientras abre la
puerta del asiento copiloto y me obliga a entrar en él.
Debido a su gorra no puedo ver su rostro o la expresión en
él─. Llevarte a casa. Asegurarme de que llegues a salvo.
Ibor se llevará tu auto.

─Tanner ─susurro junto a la entrada de su camioneta,


negando mientras un sonrojo se adueña de mis mejillas al
confirmar que sí se dio cuenta de lo que estábamos
haciendo. Pero no me siento demasiado mal por ello cuando
estoy acostumbrada a verlo con Pauline. Esto es como el
club de los voyeristas─. No es necesario.

─Lo es.

Niego.

─No. Puedo irme sola.

Ahora él es el que niega, cruzándose de brazos y actuando


como un muro que me impide salir del espacio entre él y su
vehículo.

─Tu madre y tu padre empezaron los trámites para una


orden de alejamiento, pero todavía no la tienes. Gordon
podría molestarte.

─No creo que sea tan estúpido ─digo, pero ni yo misma lo


creo.
No había pensado en eso, en que pudiera estar
deambulando por ahí, esperando la oportunidad perfecta
para lastimarme, pero ahora que lo hago, no me
sorprendería que Tanner tuviera razón.

En realidad eso probablemente puede ser lo que pase.

Me abrazo involuntariamente, cansada de esto. Pese a que


pensé que estaría furioso conmigo, como siempre,
encuentro algo de consuelo cuando agacha la mirada hacia
mí y me doy cuenta de que sus ojos oscuros no son tan
duros como pensé que serían.

─Déjame llevarte a tu habitación y asegurarme de que estés


bien.

Ya que es la única persona que probablemente se ofrecería


a ello o que podría intimidar a Gordon, Ibor no es
precisamente aterrador, suelto un suspiro y afirmo antes de
darme la vuelta y subir a su camioneta. A los segundos esta
se cierra. Para cuando termino de ponerme el cinturón,
Tanner ya está tras el volante.

Aunque hace una mueca, no dice nada cuando enciendo la


radio.

*****

Mantengo mis manos dentro de mis bolsillos mientras


Tanner inspecciona la habitación. El baño. Las ventanas.
Incluso sale al balcón que da con la escalera de incendios.
Aunque pensé que solo estaba siendo entrometido y
molesto sin razón, como todo el tiempo, me doy cuenta de
que realmente estaba preocupado cuando lo veo entrar
nuevamente en el dormitorio que comparto con su novia
con los hombros menos tensos. Cuando llegamos al
estacionamiento, mi Mercedes ya estaba allí y la llave se
encontraba escondida en el neumático, por lo que Ibor no
nos acompaña. Suelto un suspiro cuando Tanner mira las
bolas de papel en el suelo y luego hacia mi escritorio con
una ceja arriba.

─¿Tienes problemas para dibujar?

Aunque no debería abrirme con él de esta y de ninguna


forma, no puedo evitar hacerlo al no oír ningún tipo de
emoción negativa en su voz. Tras unos segundos de silencio,
termino afirmando.

─Sí. Me pierdo algunos detalles. No los memoricé todos.

─¿Por qué simplemente no pasas por alto lo que olvidaste?

Bufo.

─No es tan sencillo. Antes era perfecto.

─¿No crees que puedas crear algo igual de perfecto en un


segundo intento? ─pregunta, atento a mi respuesta.
Empiezo a negar y abro los ojos para responder mientras
enciendo las velas alrededor de mi cama con un viejo
encendedor, pero él me obliga a apartar la vista del fuego
para verlo de pie en medio de mi habitación─. ¿Por qué no,
Savannah? ─insiste─. Si son los mismos factores, la misma
operación, ¿por qué no darían el mismo resultado? Lo único
que tienes que hacer es recordar exactamente cuáles eran
los valores. Qué amabas de ellos. No te concentres en el
puto número de ventanas. Sí en lo que te inspiró.

Entreabro mis labios, mi emoción debiéndose a dos razones.

Uno, Tanner puede estar en lo correcto.

Dos, lo que me inspiró fue él jugando fútbol.


─Yo... ─Trago, mi garganta seca, antes de continuar─.
Gracias por el consejo, lo tomaré en cuenta, y por venir a
revisar todo.

Se encoje de hombros.

─No hay de qué.

A pesar de que esto último parece ser el final de nuestra


conversación, Tanner no se va hasta que me doy la vuelta,
forzándome a ignorarlo, y pasan varios segundos en los que
me pregunto si aún está aquí porque espera que diga algo
más.

Pero no lo hago y él se va. 

Hola, chicas, lamento no haber actualizado antes,


pero es que estoy con lo del concurso, con lo del
maratón de Vólkov y a parte he tenido asuntos
personales que atender, pero ya todo está bien

Capítulo dedicado a: AnnieFloresLuchoni ♡

Siguiente a la que + comente

No se olviden de darle amor al capítulo 

En un rato haré live en Instagram (oscaryarroyo) si


no se va la luz
Capítulo 22:

Capítulo 22:
19.8K 3K 1.6K
por OscaryArroyo
 

A penas he entrado al interior de mi cabina cuando siento


sus manos rodeando mi brazo con fuerza, probablemente
dejando marcas físicas sobre mí que todavía no arden.
Antes de que pueda procesar lo que está sucediendo, me
gira abruptamente hacia él. Me estremezco cuando
quedamos frente a frente. A pesar de que las luces se han
apagado, el resplandor de las lámparas de emergencia y del
destello de los relámpagos que entra por la ventanilla me
permite evaluar cada milímetro de su expresión apretada y
salvaje, la que está acentuada por la forma en la que su
cabello negro cae, todavía mojado, sobre su frente y afila
sus rasgos. Se ve furioso, como siempre, pero también al
borde del colapso y no sabría decir si es por lo que está
sucediendo con Pauline o por lo que le dije antes de que la
lluvia nos sacudiera y me hiciera sentir a bordo del Titanic.

Si está como está porque su matrimonio está roto, por la


electricidad que fluye entre nosotros, entre el prototipo de
mujer que odia y él, o por ambas. Tiemblo cuando me mira
fijamente, sin hacer nada más que respirar con profundidad,
sus fosas nasales expandidas, su mandíbula tensa y sus
cejas oscuras fruncidas mientras me examina. Los segundos
que pasan instalan un peso sobre mi pecho, directamente
sobre mi corazón, y de a poco pierdo el aliento porque lo
que pasará ahora, sea lo que sea, dejará una profunda
huella en mí.

Pero quizás no haga nada en él.

Ese hecho hace que mis hombros caigan, pero también, en


el fondo de mí, que mi instinto competitivo despierte y
desee demostrarse a sí mismo que todos estos años he
tenido el mismo efecto en Tanner que él tiene en mí. Nos
contemplamos el uno al otro en silencio. No sé quién avanza
primero, pero ambos lo hacemos antes de que nos demos
cuenta de nuestros movimientos. Cuando nuestros labios se
encuentran a menos de cinco centímetros de distancia y soy
capaz de oler el perfume sobre su piel con mi nariz
atrofiada, finalmente me dirige la palabra tras aclararse la
garganta. Me estremezco al oírlo, mis vellos erizados.

-¿Has pensado ya lo que tenías que pensar? -pregunta y no


necesita aclarar que se refiere a su oferta implícita de que
sucumba ante él pese a que su separación de Pauline no se
ha formalizado-. ¿O necesitamos desperdiciar más tiempo
jugando a aplazar lo inevitable? ¿Creando metáforas para
describir el hecho de que te mueres por follar a un hombre
casado que está dispuesto a complacerte?

Aunque sus palabras son duras, no tienen ningún efecto en


mí. Podemos no saber muchas cosas, pero la manera en la
que me he estado muriendo por ser a quién vea como el
centro de su existencia no es una de ellas. La envidia hacia
Pauline que me ha estado carcomiendo. Tampoco el cómo
mis pezones se aprietan por debajo de la tela de mi pijama
o cómo mi aliento ha empezado a salir más espeso de mis
labios. El miedo que tengo de estar aquí, con él, y no
poderle decir que no, no importa que un minuto atrás haya
admitido no saber si me lastimará si me dejo llevar por mis
estúpidos sentimientos hacia él.
Mis ojos se llenan de pesadez salina cuando separo los
labios y mi negativa se atasca. Cuando le ordeno a mis
manos situarse sobre su pecho y empujarlo, pero no ocurre
absolutamente nada. Siento la parte superior de mis
mejillas calentarse con vergüenza debido a ello. A la manera
en la que no puedo controlarme cuando se trata de él.
Ciertamente, es imposible que Tanner no sienta nada a
pesar de que los anteriores años son la prueba contraria.
Sus ojos oscuros brillan con satisfacción cuando por fin
consigo hablar. Cuando se da cuenta, o confirma, que por
mucho que me diga a mí misma que soy fuerte, en lo
referente a él soy débil.

Siempre.

-Llevo cinco años pensando -susurro, pero no por ello mi


tono de voz es suave. Es claro por encima del ruido de la
tormenta que agita el yate-. Y el resumen de todo es que, si
hubiera querido tenerte de esta manera, ya serías mío.

Sus labios se curvan hacia arriba en una sonrisa soncarrona.


Avanza hacia mí, buscando acortar la distancia entre
nosotros, pero yo solo retrocedo hasta que la parte posterior
de mis piernas se topa con el colchón y ambos caemos. Yo
primero. Él después. Suelto un quejido cuando, al impacto
de mi espalda contra las sábanas, le sigue el de su pecho
contra el mío. La intensidad de las emociones dentro de mí
aumenta ya que, aunque su aroma golpea nuevamente mi
nariz; la mezcla del mar, jabón y su costosa loción de
afeitado esta vez no es lo único que se pone en sintonía con
mis sentidos. Cada centímetro de mi piel está en contacto
con la suya, la cuál es cálida por debajo, fría en la superficie
y magnética en el sitio en el que está en contacto con la
mía. Aunque su tono de voz es sarcástico, su mirada es
seria y profunda al dirigirse a mí. Mis extremidades tiemblan
con deseo. Mis muslos buscan juntarse. Mi corazón late
rápido.

¿Cómo puedo controlarme?

-Ese es un pensamiento egocéntrico de tu parte, Savannah.


-Mis pulmones se quedan sin aire, pero no debido a la
manera en la que está aplastándome en la posición en la
que nos encontramos, sino a causa de cómo pronuncia mi
nombre. Puedo odiar a Tanner por mil cosas, entre ellas por
cómo es capaz de manipularme y hacerme olvidar cuán mal
lo he pasado por su culpa sin ningún esfuerzo, pero algo
dentro de mí me dice que siempre tendré una fijación por
ese atisbo de acento alemán en su voz, aunque lo odie a él-.
Tendrás que demostrarlo con hechos para que compruebe
que no solo estás presumiendo.

Relame sus labios al terminar de hablar, por lo que mi


atención se desplaza del enojo que siento hacia su actitud a
lo apetecibles que estos lucen. Mi estómago se contrae con
hambre al recordar el hecho de que cada uno de sus
músculos se encuentra expuesto y a mi alcance. Ya que
acabamos de cenar y de obtener el postre, él sabe que la
curva de mi abdomen no se trata de comida y suelta un
sonido ronco lleno de aprobación debido a que lo percibió,
pero también de satisfacción. Me tiene exactamente dónde
quiere.

La certeza de eso finalmente me hace reaccionar.

Lo fácil que he caído.

-Vete al diablo, imbécil pretencioso -siseo entre dientes,


empujándolo lejos de mí con las palmas de mis manos
abiertas sobre su pecho-. No te quiero cerca de mí nunca
más. No te has divorciado de Pauline todavía. Estás loco si
crees que estoy tan desesperada como para ser tu muñeca
inflable. -Trago cuando no se separa de mí pese a mis
esfuerzos para que lo haga-. Esto no está bien en ninguno
de los sentidos, Tanner. Lo más sensato que podemos hacer
es...

Mis palabras se ven cortadas por la sensación de su frente


chocando con la mía, seguido de su nariz y sus expertos
labios finos.

Separo mucho los párpados al darme cuenta de lo que está


sucediendo: está besándome. Su boca se mueve contra la
mía, acallando mis palabras y robándome el sentido. Al
tenerlo tan cerca, me congelo. Esto no es para nada como la
última vez. Estamos tan desnudos que podría decir que no
tenemos ropa. Nos hallamos en una cama. Estoy segura,
por la expresión en sus ojos mientras espera que le
corresponda, que me desea más allá de cualquier otra cosa.
Trago y nuevamente intento separarme de él, pero mi
empujón es débil, sin energía, y causa que ría
macabramente sobre mí antes de tomarme en sus
tonificados brazos. La facilidad con la que me levanta hace
que me estremezca.

No tiene sentido decir nada mientras nos dirigimos a su


habitación, la cuál es más grande y acogedora que la mía.
Cualquier protesta que salga de mis labios será contradicha
por el lenguaje de mi cuerpo o mis más profundos deseos.
En su lugar me dejo hacer mientras Tanner me deposita
sobre el colchón y desliza su boca por cada rincón de mi
cuerpo. Cuando bajo la mirada para ver lo que hace, las
cosquillas ascendiendo por mi pierna izquierda, en dirección
a mi entrepierna, el hambre en sus ojos oscuros hace que
nuevamente mis músculos se contraigan. He estado con
decenas de hombres, pero nunca ninguno de ellos me ha
visto con tanta intensidad. Como si quisiera fundirse
conmigo en el fuego.
En las llamas del infierno.

Porque tengamos las excusas que tengamos, como nuestros


corazones rotos, la verdad es que estamos pecando. Él
sigue casado, por lo que sigue siendo el esposo de alguien,
yo sigo queriendo devorar la fruta prohibida del árbol y a
ninguno de los dos parece importarle en lo absoluto las
consecuencias de nuestras acciones porque el daño a la
víctima de ellas no nos interesa.

No ahora.

-No sabes cuánto he querido hacer esto -dice con voz ronca
mientras frota su nariz contra el interior de mi muslo, sus
manos yendo al borde de mis pantalones cortos y tirando de
ellos hacia abajo. Me estremezco cuando solo quedo en ropa
interior y Tanner me obliga a mantener las piernas
obscenamente abiertas-. Y no porque quiera hacértelo, sino
porque sabía cuánto querías que lo hiciera. -Tiró de mi
cabeza hacia atrás cuando lleva su rostro al trozo de tela
que se interpone entre mi humedad y su rostro-. Pero
necesito oírtelo decir. No quiero tener que adivinar lo que
fantaseas sobre mí nunca más. -Mi cuerpo busca hundirse
en el colchón cuando escala sobre mí, sus pantaloncillos no
haciendo mucho por esconder su erección, la cual presiona
contra mi piel a consciencia. El solo pensar que existe la
posibilidad de que me llene me hace gemir como un gatito
deseoso, aumentando el brillo en sus ojos-. Quiero
escucharlo y hacerlo realidad, Sav. Ya nada te impide tomar
lo que quieres. -Trago cuando hace descender los tirantes
de mi blusa, dejando mis pechos expuestos porque no uso
brasier para dormir. Mis pezones parecen dos cerezas
maduras a punto de estallar-. No digas que no cuando
Pauline nunca se negó a ir por lo que quería por ti. -A pesar
de que no estoy viendo su rostro, siento sus labios sonreír
de manera maliciosa mientras desciende hacia ellos. Me
congelo en mi lugar-. ¿O realmente pensaste que no lo
sabía? -Tanner ríe, mi pezón duro en su boca, cuando no
obtiene una respuesta de mi parte-. Por Dios, Savannah.
Eres tan inocente a veces. Su maldita actividad favorita es
restregarte nuestro matrimonio por la cara. No puedo creer
que no lo hayas adivinado.

A pesar de que existe la posibilidad de que Tanner solo me


esté hablando así para tenerme dónde quiere, furiosa y con
ganas de apagar el fuego en mí con sexo, no puedo evitar
tomar seriamente sus palabras. Pauline siempre ha estado
un poco más allá que dispuesta a pedirme hacer cosas que
le conciernen a ella.

Aunque diga que no, me persigue con detalles sobre su vida


con Tanner.

Incluso me pide ser partícipe de ella.

Son cinco años viendo a su marido como un cono con mi


helado favorito.

Nadie puede ser tan estúpido.

Aunque no tengo la absoluta certeza de ello, el solo


sospecharlo consigue ponerme furiosa y, efectivamente,
con ganas de apagar el fuego en mí con sexo. Me obliga a
ver la situación desde otro punto de vista diferente. Ya estoy
con él aquí. Ya estamos en una cama. Ya no tengo nada más
que perder. Ya no soy una torpe estudiante universitaria
buscando sexo. Tengo la experiencia y los medios para
hacerlo perder la batalla. Esta vez cuando coloco una mano
sobre su pecho, soy lo suficientemente fuerte para
empujarlo y hacer que caiga junto a mí en su cama de
sábanas negras.
Tanner frunce el ceño, pero no es capaz de hacer otra cosa
salvo verme mientras me separo de él y corro en dirección a
la cubierta del barco. A los segundos está detrás de mí,
persiguiendo mis pisadas, pero no es lo suficientemente
rápido como para detenerme. Ha dejado de llover y el piso
de madera está mojado. Es un milagro que no me haya
resbalado caminando al borde del yate, pero no lo hago. Me
termino de quitar la camisa en el camino. Si voy a ir al
infierno por él, no iré como una simple pecadora que se dejó
tentar por un demonio cualquiera: como otra triste víctima
de sus acciones.

Haré que cada quemadura que esto deje sobre mi alma


valga la pena.

Me subo a la baranda, cubierta con nada más que un tanga,


y le sonrío.

Mi vientre se contrae ante la manera en la que su rostro se


crispa.

Eso es lo que más amo hacer con él.

Verlo enloquecer.

-Creo que nos decepcionaría a ambos si resultara ser tan


fácil, Reed -digo, a lo que traga y se limita a ver mientras
salto al mar, el cual está un poco más calmado, de la misma
manera que lo hice más temprano a penas nos detuvimos.

El agua está fría, por lo que se siente como millones de


pequeños aguijones perforando mi piel cuando me hundo en
ella. Tomo una honda bocanada de aire cuando salgo a la
superficie y tiro de mi cabello hacia atrás para apartarlo de
mi rostro. Al poco tiempo él me sigue y se encuentra
nadando hacia mí con expresión furiosa. También tiembla
debido al frío, pero eso es algo que estoy a punto de
resolver. Tras ofrecerle una mirada maliciosa, nado hacia la
entrada del yate. Ha empezado a lloviznar de nuevo, pero
por suerte no hay truenos y relámpagos en el cielo. El clima
está lo suficientemente apto para que pueda hacer lo que
quiero. Tanner golpea la superficie de metal sobre mí
cuando me alcanza. Ahora ambos estamos flotando junto al
acceso al yate.

Me relamo los labios antes de guindarme a su cuello.

-Luces molesto -susurro, soportando el castañeo


incontrolable de mis dientes-. Pero antes también te veías
como si necesitaras un baño de agua fría.

Ciertamente, yo también lo necesitaba, pero eso es algo


que Tanner no tiene que saber.

-Savannah... -empieza, pero lo corto envolviendo mis


piernas alrededor de su cintura para mantenerme a flote por
medio de él, llevando una mano al borde de sus pantalones,
disfrutando la manera en la que sus abdominales se
contraen bajo mi toque, y mis labios a la unión de su cuello
con su oído, lo que lo hace gruñir mientras presiona mi
espalda contra el metal.

-¿Recuerdas haberme visto hacer esto antes? -Tanner se


tensa cuando su memoria viaja a la vez que asalté a Weston
de esta manera. Intenta apartarse de mí ante mis palabras,
sus ojos oscuros llenos de ira, pero lo mantengo en su lugar
tomando la base de su pene en mi mano y apretando,
empezando a bombear con fuerza después. Hago una
mueca, irónica, pero también sumamente excitada, cuando
resopla, intentando ocultar su placer una vez empieza a
recibirlo-. Estoy segura de que esa noche no podías dormir
lamentando no haber sido tú -susurro, lo que lo hace
temblar con rabia.
-Vete a la mierda -gruñe, siendo él quién esta vez intenta
apartarse del otro en más de una ocasión, pero niego,
obligándolo a mantenerse en su lugar apretando mis
muslos.

Tanner no se irá de aquí hasta que haya entendido mi


punto.

No detengo el movimiento de mi muñeca sobre su eje hasta


sentirlo estremecerse.

Es grande, duro, pero suave a la vez, y a pesar del frío del


agua lo siento caliente.

-Haznos el favor a ambos de no volver a insinuar que la


pasé mal todos estos años. -Le sonrío, limpiando su semen
de mi mano con el agua del mar una vez llega al orgasmo y
debe apoyarse en el yate para no ahogarse debido a la
magnitud de este, sus ojos cerrados con fuerza entre sí
mientras resopla-. Porque no es como si me hubiera
quedado sentada a esperar por ti mientras aparentabas, o
eras, feliz con Pauline. Experimenté, viví mi vida, cumplí mis
sueños. Tuve todos los amantes que quise. Si no me casé o
formé mi propia familia, es porque no conocí a nadie con
quién quisiera hacerlo. -Mis ojos se llenan de lágrimas, pero
no permito que las vea. Dirijo mi vista al frente y comienzo
a subir los escalones que conducen a la proa-. Te deseo,
Tanner, pero no eres lo único que quiero. No estaré contigo
como quieres que lo esté hasta que lo merezcas. Tomando
en cuenta que te casaste con mi amiga a pesar de que te
masturbabas pensando en mí y que pretendes que me
acueste contigo cuando aún no te has divorciado, estás
bastante lejos de hacerlo. -Me detengo en el último escalón,
mi torso escondido bajo una de las toallas dobladas y secas
que alguien dejó recientemente en la entrada. El capitán a
cargo de la conducción del yate debió escucharnos
lanzarnos al mar-. En un dado caso, soy yo la que siente
lástima por ti. Casi tienes treinta, tu ex esposa ni siquiera
sabe cuál es tu color favorito después de cinco años de
relación y a pesar de que cada día estás rodeado de una
multitud, te encuentras solo. En tu lugar, no presionaría a la
única persona que no se ha cegado por tu resplandor y ha
conocido cuán podrido estás, pero aun así sigue ahí para ti.

Sin esperar una respuesta, me dirijo a mi cabina.

Esta vez no me sigue.

Tampoco esperaba que lo hiciera, no después de todo lo que


dije en voz alta.

Chicas, hola, cómo están? Lamento no haber


publicado en todo este tiempo, pero de verdad se me
hacía muy difícil. Me vine al campo, no tenía PC,
cuando la traje se dañó y ahora escribo desde el
celular. Para rematar, me dieron un trabajo y eso es
lo que he estado haciendo. Cuando lo termine soy
suya de nuevo <3

El relato ganador fue Aún tengo tiempo

Felicidades,SweeterThanHoney23. Ponte en contacto


conmigo por priv para reclamar tu premio

Espero que el capítulo les haya gustado y volver a


publicar pronto

Love u
Capítulo 24:

Capítulo 24:
18.1K 2.8K 2.3K
por OscaryArroyo
 
Tanner me deja en paz durante el resto de la noche,
encerrado en su cabina, por lo que puedo dormir hasta
alrededor de las nueve. Siempre me despierto temprano
para hacer yoga antes de ir al trabajo, por lo que el par de
horas extra que duermo delata cuán agotador fue para mi
cuerpo la experiencia del día anterior. Debo agendar una
cita a mi spa para que me atiendan durante todo un día
apenas regrese a Austin. Quizás invite a Isla.

Una vez termino de estirarme y de revisar las notificaciones


en mi teléfono, de responder a las capturas de artículos con
fotos que Malcolm me ha enviado de nosotros siendo
atrapados por los paparazzis durante nuestra comida en
Houston, su partido y cenando con mis padres, conspirando
acerca de una relación, me levanto y dirijo al baño para
bañarme y lavarme el cabello debido a que no lo hice
cuando regresé de haberme sumergido en el mar. Una vez
estoy vestida con una camiseta turística de Corpus Christi
que deja mi ombligo expuesto y un short de mezclilla oscura
con rasgaduras, cubro mis ojos con un par de gafas de sol y
salgo hacia la cubierta. Los vellos en mis brazos se erizan
cuando veo a mi compañero de viaje sentado en la mesa
junto a la pequeña cocina, la cual está hecha casi en su
totalidad de acero inoxidable y cromado en exceso. Lleva
una camisa de vestir blanca sin abotonar y bermudas. Su
cabello negro está despeinado como si acabara de
levantarse. Por lo que veo bajo la mesa, está descalzo.

Está tan concentrado leyendo la pantalla de su teléfono, su


frente arrugada y su mirada llena de su habitual desagrado,
que no se da cuenta de que estoy frente a él hasta que
hago sonar mi silla al moverla para sentarme. Preparó un
desayuno americano de huevos revueltos, pan y fruta.

Sin tocino porque no nos gusta.

Eso y el extra de queso en las hamburguesas, al igual que la


costumbre de meter nuestras papas fritas en ella, es lo
único que tenemos en común, por lo que a veces ni siquiera
entiendo por qué me siento tan atraída hacia él, pero a
estas alturas ni siquiera me esfuerzo por analizarlo una y
otra vez.

─Buenos días, Savannah ─saluda, sus facciones


suavizándose levemente.

Es entonces cuando noto las ojeras bajo sus ojos.

Al igual que yo, probablemente no durmió bien. Eso me


sorprende, pero no tanto como el hecho de que no está
siendo desagradable conmigo después de lo que pasó entre
nosotros ayer. Después de lo que no pasó. De lo que me dijo
sobre Pauline y lo que le revelé, a mi parecer, sobre sí
mismo.

─Buenos días.

Ya que no sé qué más decir a parte de ello, me limito a


comer en silencio, mis ojos enfocados en el mar azul que
recorremos en dirección al muelle. Cuando termino llevo mi
plato y el vaso en el que bebí jugo de naranja al lavaplatos.
Al limpiarlos camino directamente hacia la barandilla del
barco y tomo asiento en una de las tumbonas, la misma en
la que jugamos con los bombones. Su casa debería traer
una advertencia de desastre.

Mis cosas ya están empacadas y estoy preparada para


regresar a casa. Lo más sano que puedo hacer es ignorar a
Tanner, la tensión entre nosotros que tal vez solo me afecta
a mí, pero eso no es lo que sucede.

No me sorprende.

─¿Podemos hablar? ─pregunta, sentándose e inclinándose


sobre sí mismo para que sus brazos descansen sobre sus
piernas.

Ante su pregunta no puedo evitar quitarme las gafas y


frotarme los ojos para verlo mejor, sintiéndome estúpida por
estar impresionada, pero sin poder evitarlo porque Tanner
no pregunta. Nunca. Tanner toma. Tanner escoge. Tanner no
pide opiniones o permiso a las demás personas.

A él no le importa lo que quieran o piensen.

¿Pero ahora le importa lo que yo quiera o piense?

─¿Sobre qué? ─murmuro, haciendo su expresión más seria.

Se toma un momento antes de responder.

Cuando finalmente lo hace, no puedo asimilar lo que está


diciendo lo suficientemente rápido porque son palabras que
no esperé oír de él. Estaba lista para discutir y conseguir un
fuerte dolor de cabeza debido a ello. Estaba lista para que
decidiera actuar como si nada hubiera sucedido y volviera a
los brazos de Pauline. Estaba lista para enviar todo por lo
que he trabajado a la basura y mudarme de vuelta con mis
padres.
No estaba lista para oírlo disculparse.

─Lamento haberte hecho sentir como un parche de suciedad


que necesito para cubrir el caos que soy en este momento.
No es así como mereces sentirte. Es solo que... ─Incapaz de
mantener su mirada oscura en mis ojos, se concentra en el
agua de la misma manera que yo lo había hecho antes, pero
en mi caso no puedo apartar la vista de su perfil. De la
manera en la que sus cejas oscuras se fruncen y su
mandíbula se aprieta hasta que consigue las fuerzas para
derribar lo que sea que le impide abrirse a mí o a los demás
en el aspecto sentimental─. Hasta ayer había subestimado
lo que sientes por mí. Pensé que una vez tuvieras la
oportunidad de tomar algo que no es tuyo, pero que has
estado queriendo por tanto tiempo, no dudarías en
apropiarte de él y huir con ello ni por un solo instante.

─No estoy tan desesperada.

Tanner gira el rostro hacia mí y me sonríe de manera casi


avergonzada.

Casi porque sus ojos también brillan con humor.

Solo él puede reírse de esta situación en la que ambos


claramente somos infelices.

Yo por él y él por ella.

─Ahora lo sé ─dice─. Ahora sé que quieres más de lo que tal


vez pueda ser capaz de darte en este momento, pero aun
así me gustaría aclararte que si lo que te impide hacer lo
que quieres hacer en este momento es Pauline, no debes
preocuparte, Savannah. No volveré a estar con ella nunca
más. ─La convicción en su voz me hace creerle. El hecho de
que jamás me haya mentido me convence─. Nunca te he
mentido antes y no empezaré a hacerlo ahora. Pauline y yo
hemos terminado para siempre.

Pero no por mí.

Pero no ante los demás.

Pero no sucedió cuando debió haber sucedido.

Ignorando todas las voces en mi cabeza, camino hacia él.


Tanner se echa hacia atrás y rodea mi cintura, tocando mi
piel expuesta con sus manos, cuando tomo asiento en su
regazo, causando que mi abdomen se contraiga con
emociones que me obligo a apagar. Sin apartar mis ojos de
los suyos, hago que se estremezca cuando presiono mis
palmas contra sus mejillas.

─Dame una razón lo suficientemente fuerte para creerte y


me tendrás.

Su mirada resplandece debido a la lucha interna que está


llevando consigo mismo, pero justo en el momento en el
que me rindo y hago ademán de apartarme de él, me
retiene impidiendo que me levante.

─Pauline destrozó cualquier sentimiento que pudiera tener


hacia ella al decidir engañarte para ir a esa maldita clínica
─revela, permitiéndome vislumbrar cuán dolido sigue por
ello─. Nunca he sido más consciente de mi corazón hasta
que lo rompió con sus decisiones llenas de egoísmo y
miedo.

A pesar de que sus palabras significan que no me está


eligiendo por encima de ella, sino que me confirman que si
está aquí, conmigo, es porque está desesperado por
sentirse mejor, no lo pienso dos veces al momento de
inclinarme sobre él y ofrecerle el consuelo de mis labios.
Tanner me aprieta más contra sí y separa los suyos, casi
tímido, cuando estos finalmente se encuentran. Enredo mis
dedos en su cabello y lo rodeo con mis piernas cuando se
levanta, manteniéndome sujeta a él durante el trayecto
hacia su cabina. Pero a pesar de que tiro de su camisa lejos
de su cuerpo y deslizo mis uñas por su piel, ganándome
gruñidos de su parte, no intenta ir más allá, en contra de su
erección en sus bermudas y el sudor corriendo por su piel
enrojecida por el sol. No hurga en el interior de mi ropa en
busca de más acción o me toca en sitios que podrían causar
una explosión.

Solo nos besamos hasta mucho tiempo después de que el


yate se detiene.

*****

El spa al que asisto periódicamente está listo para recibirme


apenas llego a Austin para que pase toda la tarde en él, lo
cual no sé si podría ser suficiente tomando en cuenta cuán
estresada estoy. Necesito con tanta urgencia relajarme que
no dudo al momento de pedir un paquete de medio día para
Isla y para mí. Debido a lo tarde que nos despertamos y al
tiempo que duramos en la cabina, cuando finalmente
llegamos a nuestra ciudad ya es la hora del almuerzo. El
viaje ha sido silencioso y reconfortante de una manera casi
dolorosa. He escuchado la radio durante todo el trayecto en
un intento por ignorar las ganas que siento de detener mi
Mercedes tirando del seguro de mano y saltar sobre él a
orillas de la carretera, lo cual es ilógico tomando en cuenta
que pude haberme acostado con él y no lo hice.

Eso hace que me mire con una sonrisa de vez en cuando.

Actúa como si supiera que hay un incendio en mí que no ha


sido apagado.
Es quién conduce y ayer fui yo quién lo arrastró a un viaje
de dos horas por una hamburguesa, así que no protesto
cuando se dirige al club de golf en Travis Country, cuyo
restaurant es uno de sus favoritos. A diferencia de la otra
vez, no dejo que escoja por mí. Mientras él pide un filete de
salmón y vino, yo opto por ensalada y limonada. Volvemos a
hablar activamente cuando el mesonero se aleja tras tomar
nuestra orden. Es él quien empieza.

─¿Cuándo empezarás a trabajar en mi ático?

Su pregunta no me toma por sorpresa. Sabía que lo sacaría


a colación en algún momento. Por alguna razón u otra lo he
estado aplazando demasiado y más tomando en cuenta que
ya los planos de la mayoría de las habitaciones están listos.
Si se tratara de otro cliente, probablemente ya me habría
enviado al demonio por mi falta de profesionalismo, más
tomando en cuanta cuánto me ha pagado, pero en este
caso se trata de una ardua lucha entre la supervivencia de
mi corazón y mi ética laboral.

Una lucha que ya lo primero perdió.

─¿Estás bien con ello si empezamos este sábado? Podemos


trabajar los fines de semana. Así ninguno de los dos tendría
que perder días laborales en el caso de que quieras
acompañarme, ¿a menos que quieras que esté listo lo antes
posible? ─Parpadea─. ¿Cuán desesperado estás por
mudarte?

─Mucho.

─Oh.

Hace una mueca.


─¿Qué tal algunos días entre semana y los sábados y
domingos?

Niego, reacia a perder esta batalla.

─Tengo mucho en mi bandeja justo ahora con la decoración


del bar de Ryland y mis otros proyectos, Tanner. No puedo
descuidarlos por ti.

Se cruza de brazos, divertido con esta especie de


negociación.

Probablemente no está furioso porque ya ha conseguido lo


que quería.

A mí.

─El bar de Ryland... ¿el que también me pertenece?

Mi mandíbula se desencaja.

Claramente no dejará de insistir hasta obtener lo que desea.


He tenido lo suficiente de ello al convencerme de decorar su
ático, por lo que termino suspirando en lugar de gritándole
que se aleje de mí.

─Jueves, sábado y domingo. Esa es mi última oferta.

En lugar de regocijarse, su frente se arruga.

─¿Qué haces los viernes que es tan importante?

Junto las cejas.

─Tanner.

Al escuchar el timbre de advertencia en mi voz, finalmente


cede, relamiéndose los labios de una manera que me da
hambre y no del tipo de hombre que saciará la comida que
ingiramos, pero es demasiado pronto para eso. Necesito
aclarar mi mente antes de decidir dar ese paso.

Solo nos hemos acostado una vez.

¿Qué tan perdida estaría por él si vuelve a suceder?

─Está bien ─dice.

Pero en el fondo una voz dentro de mí susurra que no lo


está.

La silencio.

*****

Tanner me pide que lo deje en su oficina antes de buscar a


Isla, dónde su chófer probablemente lo recogerá, así que
termino deteniéndome frente al edificio negro e imponente
en el que pasa la mayoría de su tiempo. El portero se nos
queda viendo con incredulidad cuando sale de mi auto, el
cual está bien, pero no es tan lujoso como en los que Tanner
acostumbra a llegar. También estoy segura de que tampoco
nunca lo ha visto en bermudas, con la camisa arrugada o
con la piel blanca tan roja que es más que evidente que ha
ido a la playa y ha olvidado usar protector solar.

Debí haberle colocado, pero no hemos alcanzado ese nivel


de intimidad.

─El jueves estaré esperando por ti en tu oficina ─dice con el


brazo apoyado contra el techo, viéndome desde la ventana
con el vidrio abajo.

Conduje todo el camino hacia aquí desde Travis sin aire


acondicionado debido a que el día es hermoso y soleado,
uno de los más brillantes que visto en un tiempo, y con la
música sonando a todo volumen, aún sonando a todo
volumen, lo cual evidentemente lo molestó, pero ante lo
que no protestó. Supongo que a partir de ahora me dejará
salirme con la mía a veces o en pequeñas cosas para que
luego no proteste cuando él lo haga con las grandes. Pese a
su mal carácter, claramente si no fuera tan inteligente no
estaría en la posición en la que está o habría llevado a la
pequeña importadora de su padre a cotizar sus acciones en
la bolsa.

─Está bien ─suelto cuando no se aparta─. ¿Algo más, jefe?

A pesar de las ojeras bajo sus ojos, del hundimiento de sus


hombros y del evidente hecho de que no ha tenido una
racha de buena suerte en un tiempo, me sonríe,
enseñándome sus perfectos dientes, mientras se echa hacia
atrás. Guardo la imagen de él haciéndolo en mi mente.

No porque Tanner no sonría, porque lo he visto sonreír en


muchas ocasiones, como el día de su boda, a Pauline, a
Malcolm, ante sus socios, sino porque él no sonríe así y
mucho menos a mí así.

─No ─responde antes de darse la vuelta─. Por ahora.

Ya que no puedo dejar de pensar en él y no quiero tener un


accidente con el primer automóvil que se cruce conmigo, no
arranco hasta que lo veo desaparecer sin mirar atrás en el
interior de la construcción.

*****

Isla estuvo tan emocionada durante nuestra tarde de spa


que las chicas que nos atendieron constantemente tenían
que decirle que se tranquilizara o no obtendría los efectos
deseados del montón de tratamientos que obtuvimos, tanto
para nuestro rostro como para nuestro cuerpo. Por alguna
razón nunca había ido al spa antes, así que terminó tan
maravillada que consiguió una tarjeta de suscripción como
miembro VIP del lugar cuando terminamos, gastando parte
de sus ahorros para una casa en ello.

Para ese entonces estoy tan hambrienta que le propongo ir


a comer pizza a una nueva pizzería que han abierto en la
terraza de uno de los edificios más altos de la ciudad antes
de ir a casa, lo cual acepta viéndome como al hada madrina
de cenicienta. Eso me hace sentir mal por no haber sido
más que una jefa para ella antes. Ya cuando estamos en
nuestra mesa junto al balcón que da con una enorme obra
en construcción que no detallo en ese momento, se lo digo.
Ella encoje de hombros mientras coloca un par de
mechones marrones de su cabello corto tras sus orejas para
poder comer mejor. La pizza está deliciosa y después de
haber obtenido tanto el desayuno como el almuerzo libre de
calorías de Tanner, se siente como el cielo deshaciéndose
en mi boca con todo el pepperoni y el queso que tiene.

─No te preocupes. No todos tienen por qué ser


extrovertidos. ─Sus mejillas regordetas se sonrojan,
contrastando con su suéter y pantalón blanco─. Aunque al
principio pensé que eras el nuevo nivel de abeja reina que
tuve que derrocar tanto en la secundaria como en la
universidad, ya que mi compañera de dormitorio resultó ser
una, luego de mi cuenta de que hablar con todo el mundo
de cualquier cosa no forma parte de tu personalidad.

─Tú tampoco lo eres ─digo más como una observación que


como un reproche, absteniéndome de decirle que tanto en
la universidad como en la segundaria fui un tipo de abeja
reina a las que se refiere.

Me invitaban a todas las fiestas.


Tenía todos los chicos que quería, menos al enamorado de
la chica buena.

Hice muchas cosas para llamar su atención.

Incluso tenía una mejor amiga falsa que al parecer


disfrutaba de mi dolor.

Solo me faltó pertenecer al equipo de animadoras y ser su


capitana, lo cual sí... sí hice, pero solo durante mis últimos
años de la preparatoria para obtener créditos extras por
actividades extra curriculares. Lo que sí nunca fui fue una
matona, a excepción de Gordon. Por lo general las personas
ya se sentían lo suficientemente cómodos con mi presencia
como para no molestarme o generar ese tipo de respuesta
en mí, a excepción de Tanner.

─No, claro que no ─gruñe─. ¿Qué grupo me tomaría en serio


como su líder?

Pongo los ojos en blanco.

─Me refiero a tímida.

─Ah, sí. ─Me sonríe─. Pero yo sí soy tímida, Savannah. Tú


eres introvertida. La diferencia entre ambos adjetivos se
puede evidenciar en la manera en la que te vistes y en la
que lo hago yo. Mientras tú lo haces para que todos te vean,
pero sientan que no pueden tenerte a menos que tengan un
fidecomiso de siete cifras y el cuerpo de un dios, yo lo hago
para esconderme pese a que en el fondo deseo que alguien
me note.

─¿Alguien como Ryland?

Los anteojos de Isla se empañan.


─¿Por qué has llegado a esa deducción?

Divertida, me apoyo sobre mis antebrazos y los entrecruzo


sobre la mesa mientras río, ladeando la cabeza. No recuerdo
haberla pasado tan bien con otra mujer que no fuera mi
madre o Tabatha, mi entrenadora, desde que Pauline y yo
fuimos de fiesta a Maleeh y pasamos la mejor noche de
nuestra vida antes de que todo se arruinara por la mañana.

─¿Olvidas que usaste ese vestido rojo, definitivamente no


introvertido ni tímido, sino extrovertido, para nuestra cena
con él? ─suelto con un poco de malicia en mi voz, pero más
humor que otra cosa. Mi frente se arruga al recordar que se
fueron esa noche juntos─. Por cierto, ¿qué sucedió entre
ustedes después de que me fui con Tanner? ¿Te llevó a casa
o...?

Isla luce tan mortificada con mi respuesta que ladea el


rostro hacia la construcción frente al edificio en el que
estamos, dónde antes solía haber un parque, y algo en lo
que ve hace que sus grandes ojos brillen con apreciación.

─Dios ─murmura, sin respiración, así que también desvío la


mirada.

Todo dentro de mí se congela entonces.

Al identificar las columnas. Los ángulos. Las líneas.

El diseño de las paredes exteriores que se asemeja a las


estrellas de nuestra bandera puestas sobre sí misma
cincuenta veces exactas.

¿Cómo no lo vi antes?

Estamos frente a la construcción de la nueva cede de los


Rangers, el equipo profesional de béisbol de Texas, en
Austin, la cual sé que está llevando a cabo por la única
constructora importante en la ciudad, dónde me presenté
hace un tiempo para una entrevista con una maqueta con
mi propuesta para la construcción del estadio que le
terminé arrojando a su CEO cuando me insinuó que lo único
que tenía que hacer para ser tomada en cuenta por él como
su asistente, ni siquiera como arquitecto, era doblarme
sobre su escritorio y dejar que subiera la falda de mi
vestido. 

Holaaa. Espero que les haya gustado. Lo que se viene


es oro puro tanto en presente como en pasado.
Recuerden que si le dan amor a los tres caps del
maratón, lo extenderé a 4

Capítulo dedicado al grupo de Tanner de WhatsApp y


a todas mis lectoras en general. Son las mejores
ahora y siempre. Espero que disfruten mucho
haciendo un análisis de  cada palabra y coma de este
cap, de la misma manera que yo disfrutaré leyendo
sus teorías

Love u

P.D: no olviden seguirme en Instagram y twitter


(oscaryarroyo) para fandom, adelantos, etc. Es
probable que les suba a Instagram un adelanto de
Tanner hoy
Capítulo 25:

Capítulo 25:
16.2K 2.7K 3K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a gmcerelli

 No hubo manera en el mundo en la que le dijera a Weston


que subiera a mi habitación, así que me puse una chaqueta,
metí mis pies en pantuflas y bajé al estacionamiento tras
sacar tanto a Ibor como a Tanner de mi dormitorio y
despedirlos a ambos. Los dos se van voluntariamente en la
Raptor del capitán de los Longhorns, pero me miran con la
frente arrugada de camino a ella cuando me ven aceptando
el ramo de flores de manos de Weston. Los ignoro. Por más
terrible que me sienta al intuir que estoy lastimando al
rubio, no le debo ninguna explicación a ninguno de los dos.

Ibor es solo sexo y Tanner... es solo Tanner.

─Preciosa ─dice, besando mi mejilla.

Huele tan bien y costoso que no puedo evitar suspirar al


tenerlo cerca. Es una pena que no existan inciensos con su
aroma. No dejo pasar el hecho de que sus ojos verdes se
enfocan en la camioneta de Tanner, reconociéndolo debido
a que este va con los vidrios abajo y alza la mano para
saludarlo como si fueran viejos amigos, gesto que Weston le
devuelve con la misma malicia e hipocresía. Me tenso
cuando se detiene, bloqueando el paso de los demás autos
fuera y dentro del estacionamiento, quiénes dejan de tocar
el claxon al ver de quién se trata, y se baja. Trota hacia
nosotros.

Ibor lo sigue, una emoción oscura en sus ojos que no había


visto antes.

Porque él no sabe sobre Tanner y yo.

Piensa que somos primos, así que Weston es la primera


amenaza a la que se enfrenta en su camino hacia la auto-
destrucción.

Quiero morir.

Pero una parte oscura de mí quiere vivir para saber lo que


sucederá.

─West ─lo saluda Tanner, ofreciéndole su mano, la cual


Weston toma con duda. El aire escapa de mis pulmones
cuando va más allá tirando de él hacia sí y lo abraza,
palmeando su espalda. Con los labios pegados a su oído, le
dice─: Es un placer volver a verte, ¿por qué no conoces al
novio de Sav?

Y tras separarse de él, anima a Ibor a adelantarse.

Separo los labios para protestar, pero el rubio se me


adelanta.

─Ibor.

Weston me mira fugazmente antes de hacer una mueca,


alzando y moviendo su brazo, agitándolo de manera
intencional para que notemos su reloj dorado. Ninguno de
nosotros lo mira, pero a él lo hace sentir mejor creer que sí.
Le tiende esa misma mano a Ibor como si lo anterior
hubiera sido su calentamiento convencional para
presentarse ante alguien.

─Weston Wertheimer.

Tanner sonríe ampliamente ante la evidente tensión entre


ambos.

─Bien, espero que nos veamos por ahí ─dice, dándose la


vuelta, pero la voz de Weston hace que ambos se detengan
y sus hombros se tensen mientras se detiene para escuchar
lo que sea que tenga que decir.

─Ibor, lo que Tanner acaba de decir sobre ti y Sav, ¿es


cierto?

Me quedo sin aliento y tiro de la manga de su suéter azul


claro. La emoción que pasa por la mirada de Tanner me
hace saber que tengo serios motivos para tener miedo, pero
por fortuna él no se acerca, limitándose a ladear la cabeza y
ofrecerme un vistazo de su hermoso perfil. Ibor se gira. Sus
labios se curvan suavemente al enfocarme, pero se vuelven
una fina línea cuando sus ojos marrones, usualmente
suaves y tiernos, van a él.

─Desgraciadamente no, pero sí estoy interesado en serlo.

Mi pecho duele.

Tras su declaración, Tanner y él se marchan definitivamente.


Esta vez no me permito sentir alivio hasta que los veo
desaparecer por completo. Al parecer su aversión hacia
Weston los ha hecho mejores amigos en menos de diez
minutos, pero estoy segura de que se debe a que Tanner
ahora está utilizándolo para molestarme y para molestar a
Weston, lo que no me sorprende debido a que conozco su
malicia y su crueldad, además de su indiferencia y falta de
empatía, y porque Ibor piensa que somos familia.

─Me alegra saber que Tanner sigue siendo tan entretenido


como siempre ─dice antes de tenderme el ramo que me
enseñó cuando me asomé desde la ventana, el cual adoro al
instante porque amo recibir flores y estas son
verdaderamente hermosas, tanto que mi madre las
envidiaría─. Sigue con su novia rubia.... ¿Polín? ¿Paulette?,
supongo.

─Es Pauline y sí. Siguen juntos. Gracias por las flores. ─Con
la nariz enterrada en las flores para tomar su aroma, junto
las cejas. Estoy feliz de que Ibor y Tanner ya no estén aquí,
pero eso no significa que no esté confundida con su
presencia o que no le encuentre ningún sentido─. Weston,
¿me explicas qué haces aquí? ¿No deberías estar en
Manhattan con tu padre?

Lo último que supe de él por mensaje de texto era que se


iría allá.

Tras meterse las manos en los bolsillos, me sonríe


tímidamente.

─¿Por qué no caminamos un rato y te cuento?

Estoy tan curiosa por entenderlo que asiento.

─Está bien.

Cerca de mi edificio hay un pequeño parque que es usado


por los estudiantes para hacer ejercicio, andar en bicicleta y
hacer picnics, así que nos dirijo ahí apreciando el silencio
entre nosotros después de lo que sucedió en mi dormitorio.
Ninguno de los dos habla hasta que nos detenemos en uno
de los bancos frente a la laguna artificial en el centro del
terreno. Mantengo el ramo de flores en mi regazo, pero mis
ojos viajan a los suyos. Estos me miran como si no pudieran
creer que estoy frente a él.

─Cuando me dijiste que te mudarías, pensé que estabas


ebrio ─empiezo.

─Lo estaba ─admite, sonrojándose─. Pero también decía la


verdad.

Suelto una risita.

─Dicen que los ebrios no mienten.

─Pues tienen razón en eso. ─Relame sus labios─. Me mudé


definitivamente a Texas para estar más cerca de mi madre.
Renuncié a Columbia porque me di cuenta de que el
problema no era yo, sino la Universidad.

A duras penas contengo el impulso de rodar los ojos.

No soy quién para opinar sobre las decisiones que toma.

No cuando las mías no son las mejores.

─¿Pero te matriculaste en la escuela de negocios aquí?

Afirma.

─Me harán equivalencias. Estoy a la mitad de la carrera ya,


pero empezaré a partir del próximo período ─dice─. Vine
antes para las prácticas del equipo de tenis. ─La rojez en su
rostro vuelve, como si estuviera avergonzado de jugarlo.
Admito que no es el deporte más masculino que hay, pero
hay jugadores de tenis caliente y apuesto todo lo que tengo
a que Weston se ve como uno de ellos en la cancha─. Para
conocer la experiencia de vivir en la casa de fraternidad
antes de mudarme a mi propio sitio y... por ti.

─Dicho así, es algo escalofriante de tu parte tomar ese tipo


de decisiones basándote en salir con una chica.

Ríe.

─Por eso mencioné las otras razones antes. Para no


asustarte.

Le sonrío, apreciando su tacto contra las hebras de mi


cabello y el lateral de mi cara cuando extiende la mano y
retira un mechón de él que bloquea mi campo de visión,
ocultándolo con suavidad tras mi oreja. Su olor vuelve a
invadir mi nariz y no puedo desear nada a parte de
esconderme en su pecho y olerlo. Todos los hombres
deberían oler tan bien como Weston.

─No funcionó ─susurro, consciente de que Weston está


acercando su rostro al mío, sus sexys y comestibles labios
que ya he probado a los míos.

─¿También estás interesada en ser la novia de Ibor?

Niego.

─Es muy dulce para mí. Merece a alguien mejor que yo.

Sus ojos resplandecen con satisfacción.

─No, tú mereces a alguien mejor ─dice antes de besarme,


invitándome a sentarme sobre sus piernas y a rodear su
cuello con mis brazos.

Mientras lo hago, por primera vez en un tiempo, no pienso


en Tanner y tampoco me siento mal por estarlo utilizando,
como me sucede con Ibor, porque tengo el presentimiento
de que a West también le gusta molestarlo.

Y que a diferencia de todos los hombres con los que he


estado últimamente, sabe perfectamente en lo que se está
metiendo y no teme hacerlo.

*****

No he practicado tenis, el deporte favorito de mamá, desde


que me mudé de Houston, por lo que estoy bastante fuera
de práctica cuando West me invita a jugar con él durante la
tarde del siguiente día. Ayer me dejó en mi habitación
después de que pasamos un rato besándonos y hablando en
el parque, lo que no dejé que fuera más allá porque me
gusta el sexo, pero no tanto como para estar con un chico a
una hora de haber estado con otro, y me convenció de
tomarme un par de horas de descanso para que tuviéramos
una cita. Cuando llego me ofrece una flor que lo vi tomar de
una planta en una maceta mientras caminaba hacia él.
Sonrío, pero finjo no haberlo hecho mientras la tomo y la
coloco junto a mi cantimplora.

─Gracias, West.

─De nada ─dice con una sonrisa ladeada─. Te ves bien.

Le sonrío.

Debido a que últimamente han sido tendencia, empaqué


algunas de mis clásicas faldas de tenis cuando vine a
Austin. La que estoy usando en estos momentos es blanca,
con muchos volantes y lo suficientemente corta como para
que las personas obtengan un vistazo de mis shorts si me
inclino mucho. Se ve bien con mi polo rosa y mis zapatillas
de deporte. Mi cabello está en una coleta, por lo que se
mece de un lado a otro sobre mi espalda cuando me muevo,
y llevo una gorra y brazaletes para el sudor en las muñecas
y en los tobillos. Él también se ve bien, por otro lado.

Trae una camisa de deporte blanca y shorts que dejan al


descubierto sus trabajadas piernas. Ha trabajado en su
cuerpo durante el tiempo que nos no vimos, por lo que sus
músculos están más trabajados y grandes que antes. Su
cabello rubio oscuro está peinado hacia atrás y solo una
hebra de él cae sobre su frente, pero sigue viéndose
sumamente apuesto así.

Si fuera una recluta de modelos deportivos masculinos, me


fijaría en él.

─Lo sé. ─Lo apunto con la raqueta blanca que me tiende. Es


liviana y fácil de manejar. Traje mis faldas, pero no mi vieja
y leal raqueta rosa─. Ese es el punto. Distraerte. No eres el
único que puede tener esa ventaja.

Arruga la frente, fingiendo no entender lo que dije.

─¿Qué quieres decir?

─West ─río, tomando una pelota del piso tras hacer algunos
movimientos de calentamiento─. No seas egocéntrico. No
necesitas oírmelo decir, ni a nadie, en realidad, para saber
que eres apuesto e impresionante.

A pesar de que una emoción que no logro descifrar


atraviesa su rostro ante mis palabras, la curvatura de sus
labios no se deshace.

─Preguntándote a qué te refieres estoy siendo modesto,


Sav.

─No ─respondo, tomando posición en una de las esquinas


para sacar mientras espero no fallar─. Serías modesto si no
fueras consciente de todas las razones por las cuales me
siento atraída hacia ti, de lo cual sí estás. ─Saco y me
devuelve la pelota con un movimiento experto que me hace
darme cuenta de que sí tiene potencial para pertenecer al
equipo de la Universidad, a lo que tengo que avanzar para
alcanzarla. Incluso diría que podría volverse un profesional─.
Eres inseguro ─susurro entre jadeos causados por los tantos
movimientos que debo hacer, borrando su sonrisa
victoriosa, obteniendo una ventaja─. Necesitando
pronunciar tu apellido y mostrar tu reloj de oro para llamar
la atención cuando lo primero que las personas notan de ti
son tus ojos verdes y tu sonrisa. ─Ante mis palabras, Weston
aumenta la intensidad de su juego, pero luego la disminuye
mientras me mira. Parece indeciso sobre continuar con el
juego para ganarme o ponerlo en pausa para mandarme al
infierno, pero si voy a salir con él, lo cual me hace sentir
animada y menos deprimida por Tanner, me gustaría no
hacerlo con su padre y que este y su dinero y prestigio
queden atrás. Mientras no logre una fortuna por sí mismo
como mis padres lo hicieron o administre el dinero de su
familia exitosamente, no me impresionará así, sino todo lo
contrario─. Son impresionantes y es una lástima cómo te
opacas a ti mismo al mencionar al señor Wertheimer.

Después de que termino de hablar, West tropieza y la pelota


finalmente toca el suelo. Salto, victoriosa, pero dejo de
celebrar cuando deja caer su raqueta en el suelo al
levantarse y camina hacia mí con paso lento y decidido. Me
encojo, sin apartarme mientras espero que me alcance.

Su expresión es furiosa, pero no conmigo.

Curvo mis labios hacia arriba cuando encaja su mano en mi


cabello y me acerca a él para darme uno de los mejores
besos, más hambrientos y salvajes, que he experimentado
en mi vida. Cuando termina de succionar mis labios con los
suyos y de robarme el aliento, se aparta, pero no deshace el
agarre que mantiene alrededor de mi cintura con sus
brazos.

─Eres la primera persona que pronuncia mi apellido a la


perfección al primer intento ─dice, a lo que me encojo de
hombros entre sus brazos.

─Estuve ensayando antes de venir.

Su sonrisa ahora es tan grande que sus ojos se vuelven


pequeños.

─Eres increíble, Savannah. Él no tiene ni idea de lo que se


está perdiendo. No entiendo por qué no ha terminado con
esa molesta mosca muerta que tienes de amiga y ha
decidido ir por ti, pero no desaprovecharé su cobardía ─dice,
siendo ahora él quién saca a flote mi secreto más oscuro
para desmoronarme. Lo peor del asunto es que no puedo
reprochárselo porque yo también lo hice─. Al igual que
prometí que vendría por ti y lo cumplí, también te prometo
que mientras estés conmigo, no pensarás en Tanner.

Ya que no lo había hecho hasta ahora que lo mencionó, le


creo.

Tomo un trozo de su camisa en puño, acercándolo más


cuando se aleja.

─Hablas demasiado, ¿por qué no mejor me lo demuestras?

*****

Weston me deja conducir su Range mientras le muestro los


alrededores. Debería estar prestando atención a lo que digo
si no quiere perderse, pero en su lugar se ha dedicado a
tomarme fotos mientras conduzco y a publicarlas en sus
redes sociales, lo que me molestaría si no me las enseñara
antes y me hiciera decidir entre ellas mientras cenamos
emparedados en Rusty's. Al igual que la noche anterior, me
deja en mi habitación y se va después de hacerme prometer
que tendremos otra cita pronto, presionando sus labios de
manera dulce contra mi frente como despedida.

Mientras estoy quitándome los zapatos, sin embargo, la


puerta vuelve a sonar apenas un par de minutos después de
que se fue. La abro pensando que es él y he dejado alguna
de mis pertenencias en su camioneta, pero me encuentro
con Tanner. Lleva la ropa con la que entrena, así que
probablemente acaba de salir de una de sus prácticas.
Suelto un suspiro.

─Pauline no está aquí ─le recuerdo, ignorando la punzada en


mi corazón con la fuerza que me da saber que estoy
haciendo lo mejor.

Me estoy manteniendo alejada de él.

No estoy usando a Ibor.

No estoy usando a West.

Con el tiempo dejaré de pensar en él y de traicionar a


Pauline. Prueba de ello es la increíble tarde que he pasado
sin que él venga a mi mente más de una vez y eso solo
porque Weston lo mencionó. Ahora que sé que sí puedo
olvidarlo, puedo ver la luz al final del túnel y respirar con
normalidad.

Puedo permitirme a mí misma sentir esperanza de que con


el tiempo Pauline y yo podremos volver a ser amigas. Que
podré verla con Tanner y no sentir nada, ni envidia o celos,
hacia ellos. Que mi corazón volverá a ser una sola pieza
dentro de mi pecho y que tendrá el nombre de alguien más
en él, alguien lo suficientemente paciente como para luchar
por mí.

─Lo sé ─responde él, avanzando hacia mí de tal forma que


tengo que retroceder para que no pase sobre mí como un
tractor. Con las protecciones sobre sus hombros se ve
mucho más intimidante de lo que usualmente lo haría─. Al
igual que ayer, si no has sufrido de un episodio de pérdida
de la memoria desde entonces, estoy aquí por ti, Savannah.
No por ella.

Trago, sintiendo el borde afilado de mi escritorio chocar con


mi trasero. La puerta está cerrada y está tan cerca de mí
que puedo olerlo, tanto su sudor como los productos para la
higiene que usa, y podría besarlo, pero él solo se extiende
sobre mí para tomar el juego de tijeras que dejé sobre la
superficie de madera y el trozo de cartulina que debía cortar
con ellas, pero que dejé a la mitad por irme a alistar para ir
a jugar tenis con Weston.

Cuando busco alguna justificación de su comportamiento en


sus ojos negros, solo encuentro... nada. Tanner es un
experto en disfrazar sus emociones cuando quiere. Solo está
esa intensidad en ellos que me hace temblar como un
cachorro emocionado cuando hace unos minutos me decía a
mí misma que ahora tenía motivos para no sentirme así
cerca de él.

Sin decir más, se sienta en el suelo del balcón y empieza a


recortar.

Después de contemplarlo un rato, esperando una


explicación de su parte que no llega, la puerta de mi
habitación vuelve a sonar, arrancándome un gemido porque
no puede ser que Dios esté tan enojado conmigo.
¿Quién será esta vez? ¿Mi ex con el que perdí la virginidad a
los trece?

¿Mi último novio en Houston?

¿El padre de mis hijos?

¿El hombre con el que me casaré una vez me divorcie?

─Debe ser la pizza ─comenta Tanner distraídamente cuando


no hago ademán de moverme para abrir, a lo que mi
estómago se contrae con hambre como si no hubiera
cenado ya─. No acostumbro a comer mierda, pero con todo
el trabajo que tenemos por delante ninguno de los dos
debería detenerse para cocinar. ─Finalmente alza su vista
hacia mí─. Debido a todos los chicos a tu alrededor puedes
haber olvidado momentáneamente qué es lo más
importante para ti, Savannah, pero yo no lo he hecho. Si fui
a prisión por este concurso, más te vale que lo ganes.  

Hola. Espero que el capítulo les haya gustado. De


verdad disfruto un montón escribiendo esta novela y
me encanta cómo pueden sentirse relacionada con
ella porque, bueno, todas hemos pasado/pasamos o
pasaremos por alguna de las situaciones en las que
se encuentra Savannah

Capítulo dedicado a: gemation

Siguiente a la que + comente (menos Geraldine


jajaja)

No olviden darle amor y seguirme en redes sociales,


Instagram y twitter como oscaryarroyo, para adelantos
y extras y fandom. A lo mejor más tarde les subo
adelanto
Capítulo 26:

Capítulo 26:
17.6K 2.6K 2.1K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a philarika

He estado tanto tiempo encerrada en el baño de la pizzería


teniendo un ataque de ansiedad que no recuerdo cómo se
siente moverse del sitio en el que estoy. Hay una opresión
que jamás he experimentado en mi pecho y las lágrimas no
dejan de salir de mis ojos sin control. Sé que debo ser fuerte
para enfrentarme a lo que está sucediendo, pero eso no
significa que no duela o que no me sienta intimidada por
ello. Es como si el universo se hubiera empeñado en
hacerme sentir una y otra vez que no soy lo suficientemente
buena para tener lo que quiero.

Para cumplir mis sueños.

O que sí lo soy, pero no le apetece hacerlos realidad.

─¿Savannah? ─pregunta la voz de Isla al otro lado del


cubículo. No es la primera vez que ha intentado hablar
conmigo desde que huí de nuestra mesa. Debe creer que
estoy enloqueciendo  y si lo hace está en lo correcto. Lo
estoy haciendo y después de lo que me sucedió, no saldré
de este baño como la misma Savannah Campbell. Estoy
harta de sentirme mal y de las injusticias─. ¿Estás bien?
¿Puedes decirme qué te sucede? Estoy realmente
preocupada por ti.
Intento hablar porque lo menos que quiero es verme débil
ante ella cuando se supone que soy su jefa, que debo ser su
guía y en quién se apoye, no al revés, pero no puedo
articular ninguna sílaba. Las palabras simplemente no salen.
Mi respiración sigue sin regularse

Estoy viviendo una pesadilla.

─Déjanos ─dice otra voz que conozco bien a pesar de que


estamos en el baño de mujeres, arrancándome un gemido.
Oculto más el rostro entre las palmas de mis manos. Me
siento diez veces peor de lo que me sentí cuando sucedió lo
de Gordon, lo cual tiene que ver bastante con el hecho de
que esta vez existe la gran posibilidad de que no pueda
hacer nada para solventar la situación, ni siquiera un
berrinche─. Yo me encargo. Gracias por llamarme.

Isla suelta un jadeo, sonando asustada ante mi reacción por


haberlo involucrado y por la presencia de Tanner, quién
estoy segura de que debe estar intimidándola de alguna
manera.

No los estoy viendo, pero no tengo dudas de ello.

─No sé cuál es la naturaleza de su relación, Sav, pero tus


padres están lejos y él es la única persona fuera del trabajo
con la que te he visto relacionarte. Si fue un movimiento
equivocado de mi parte, lo siento, pero no...  ─explica
pegando los labios a una de las ranuras para que la
escuche, lo que me permite visualizar una línea de su
expresión aterrada.

─Vete ─la corta Tanner y en medio de mi crisis admito que


realmente está esforzándose por sonar amable con ella, ya
que no ha elevado la voz o sido desagradable cuando lo he
visto serlo por razones mucho menores─. Savannah estará
bien. Yo cuidaré de ella.
Isla no se marcha al instante, pero finalmente nos deja a
solas con un último susurro en mi dirección. No le expliqué
que mi diseño fue robado por un idiota sexista que debí
haber denunciado por acoso sexual en lugar de arrojarle el
proyecto en el que había pasado semanas trabajando, así
que no tiene ni idea de lo que está sucediendo en este
instante. 

La compadezco.

No quisiera tener una jefa como yo justo ahora.

─Lo siento ─dice antes de cerrar la puerta principal tras ella.

A los segundos la voz de Tanner nuevamente llena mis


oídos.

─¿Puedes abrir o necesito derribar la puerta? ─pregunta,


pero no respondo, a lo que suelta un profundo y largo
suspiro antes de apoyarse en la delgada pared de metal que
nos separa. Por la abertura de abajo veo un par de zapatos
negros y pulidos de cuero italiano que no llevaba antes, por
lo que ya debió haberse cambiado. El silencio nos envuelve
hasta que decide hablar de nuevo─. Todos los edificios de
esta zona de Austin están hechos de vidrio azul y vigas de
acero pulido ─relata en voz baja, haciendo temblar mis
manos─. A pesar de que no está listo todavía, la nueva cede
de los Rangers brilla como una estrella que acaba de caer
del cielo si lo ves desde la terraza de este edificio y la de
cualquier otro que sea más alto, pero si lo ves desde lejos,
mientras conduces por la carretera, pareciera que formara
parte de él y que estuviera a nuestro alcance ir allí.
─Sollozo, apretando mi estómago. Pasé un mes entero sin
dormir preparando los planos y la maqueta para ese
proyecto. Tantas horas de esfuerzo y de trabajo que alguien
robó de mí como si mi amor por él no significara nada.
Como si yo no significara nada, ni yo ni todas las horas que
he soñado despierta con formar parte de algo tan grande
como la construcción de un estadio. Un trozo de historia con
mi nombre puesto en él─. Es hermoso, Savannah.

Lo sé.

Lo que describió es justamente el efecto que deseaba


obtener y lo logré, pero nunca nadie sabrá que fui yo. Sin
poder soportarlo más, abro la puerta tras sonarme la nariz
con un trozo de papel y finalmente hablo tras limpiar mis
lágrimas restantes con el dorso de mi mano.

─Yo lo hice.

Tanner tira de mí hacia él en un abrazo.

Estoy tan triste que ni siquiera me sorprendo por ello,


apoyando mi cabeza en su pecho.

─Lo sé ─murmura, presionando sus labios contra mi cabello


mientras aspira mi aroma con su nariz de una manera que
me es familiar debido a que así es como yo lo huelo cuando
estoy cerca de él: como mi perfume favorito─. Entendí qué
sucedía a penas lo vi.

Una vez me he calmado lo suficiente entre sus brazos,


Tanner entrelaza nuestros dedos y me dirige una mirada
inexpresiva, analizando cada centímetro de mi rostro a
detalle, antes de sacarnos a ambos del baño. La vergüenza
tiñe mis mejillas cuando veo a Isla y a Ryland, tan apuesto
como siempre, al estilo estrella de Hollywood, sentados en
la barra. Ella me dirige una mirada preocupada cuando paso
junto a ellos en dirección a la salida, intentando levantarse
para dirigirse a mí, pero él coloca una mano en su rodilla
mientras niega, haciéndola sonrojarse y asintiendo
discretamente hacia Tanner mientras intercambia unas
palabras con mi asistente.

Este le devuelve el asentimiento, lo que me hace pensar


que quizás por fin ha conseguido algo parecido a un amigo.
En el ascensor vuelve a presionarme contra él y acaricia mi
espalda mientras bajamos. Está usando una bonita camisa
negra, pantalones negros y un abrigo negro, nada que
convine con mi atuendo de playa, pero aun cuando
desentonamos se siente tan bien estar presionada contra él
que no me separo hasta que llegamos al estacionamiento. 

Le tiendo las llaves de mi auto sin que las pida.

─No te preocupes por Isla ─dice tras encenderlo, ya en


nuestros asientos y con los cinturones abrochados, mi frente
apoyada contra la ventana─. Ryland la llevará a casa en mi
auto.

Afirmo, pero Isla es lo último que pasa por mi mente justo


ahora.

*****

Tanner me lleva a mi casa sin hablar, la radio encendida por


él a penas nos alejamos de la pizzería. Se estaciona frente a
mi edificio y no en el estacionamiento subterráneo, por lo
que intuyo que estará llevándose mi auto, y empieza a
desabrocharse el cinturón para bajarse, por lo que deduzco
que me acompañará hasta la entrada, pero ya he tenido
suficiente.

Si la vida está tan empeñada en decirme que lo que quiero


no es para mí, puede irse a dar un bonito paseo en pony en
un atardecer brillante directamente hacia la mierda.
Coloco una mano sobre la suya, la cual está en la manija de
la puerta, antes de quitarme el cinturón y saltar sobre él. La
máscara de frialdad de Tanner se rompe por un momento,
permitiéndome ver cuán confundido está con mi
comportamiento, pero estoy tan agotada de hacer las cosas
bien que no me permito a mí misma dudar. No soy la buena
del cuento. Nunca lo he sido. Haga lo que haga, nada
borrará el hecho de que he pasado cinco años deseando al
hombre de alguien más. Esforzarme por no herir a los
demás y ocultar mis sentimientos solo me ha herido a mí a
lo largo de todo este tiempo.

Se acabó.

Si el universo me va a odiar, que sea por una buena razón.

Si me van a señalar como pecadora, que el pecado valga la


pena.

─Estos labios. ─Una vez sobre él, paso mi pulgar sobre el


inferior de ellos, apreciando su finura y su suavidad. Tanner
se limita a verme con tanta intensidad que sus ojos podrían
ser considerados un arma nuclear en este momento─. Esta
mandíbula. ─La línea de ella se aprieta cuando lo acaricio
con ambas manos, como una artista a su obra maestra a la
cual le debe reverencia. Pese a que la luz es escasa, entra lo
suficiente de la calle para que pueda verlo. El brillo
peligroso en sus ojos. El tic nervioso en sus facciones
cuando está enojado más allá de la razón o cuando no sabe
manejar una situación, lo cual también lo enoja porque odia
no estar al control de todo. El negro de sus irises que tanto
me atrae en su mirada─. Tan oscuro y varonil. El reto que
cualquier mujer desea asumir para probarse a sí misma que
es superior a las demás, su feminidad, ¿pero quieres saber
un secreto? Lo que ellas no saben es que ya alguien abrió
una grieta en la gruesa pared que conforma la muralla en la
que encierras a la bestia para hacerles creer que puedes ser
reformado y convertido en un príncipe azul para que tengan
su final de cuento de hadas ─susurro contra sus labios─.
Cuando siempre serás un monstruo. Uno que si no ha sido
mío en todo este tiempo, Tanner Reed, es porque no he
querido.

Hasta ahora.

Lo beso sin darle la oportunidad de responder.

Lo beso, disfrutando del sabor de su boca y de la sensación


de sus manos recorriendo mi cuerpo encima de él, hasta
que quiero más y dirijo mi mano derecha a su entrepierna y
con la izquierda sostengo su barbilla. Tanner hace sonidos
profundos con su garganta que no esconde mientras hago
movimientos de arriba hacia abajo sobre su eje, apreciando
el tamaño de su bulto por encima de la costosa tela de su
pantalón. Ahora no solo él es quién necesita distraerse de
todo lo que sucede a su alrededor, yo también. Me separo
un poco de él, tomando aire, antes de echarme
completamente hacia atrás, sintiendo el volante clavarse en
mi espalda y mi centro arder como un pozo de caramelo
dorado e hirviente. Por alguna razón la idea de ser tomada
por él en un auto, después de tanto tiempo, no me molesta.
La misma electricidad que sentiríamos en una cama, la cual
me hace temblar y a él perder el control, está para nosotros
aquí.

Necesitamos un condón.

─¿Realmente guardas condones en tu guantera, Savannah?


─pregunta a pesar de que sostengo la respuesta entre mis
dedos tras inclinarme hacia ella.

No respondo con palabras. Lo hago tomando su longitud


tras desabrochar sus pantalones, apreciando su textura y
tamaño, y deslizando la fina pieza de látex hacia abajo, pero
hasta ahí llega mi control sobre la situación. Tanner sube el
dobladillo de mi camisa hasta dejar mis senos expuestos
para él y cierra una de sus manos alrededor de mi cabello,
tirando de él con fuerza hacia atrás hasta que mi espalda se
curva para su placer y deleite. Mi pecho está frente a su
cara. Mis pezones se fruncen al sentir sus ojos sobre ellos.
Es como si pudiera tocarlos, morderlos y succionarlos con
solo el sentido de la visión. Me humedezco todavía más al
estar tan expuesta.

Unos segundos luego jadeo cuando entra en mí después de


que maniobro para deshacerme de mis shorts y ropa
interior, arrojando las prendas al asiento trasero.

Dios.

Dios, ¿por qué?

Es incluso mejor a cómo lo recuerdo.

Más ancho. Más largo. Más profundo. Tan bueno que no


puedo evitar obedecer cualquier orden que me dé como una
buena chica a pesar de que ambos sabemos que no lo soy,
pero para él puedo intentarlo. Basta de esconderse,
haciendo lo que él también ha hecho a lo largo de todo este
tiempo. Amo ensuciarme, amo el dolor y amo a Tanner. Amo
cuán brusco es cuando no está intentando ser amable. Amo
la manera en la que me mira como si no pudiera resistirse a
mí. En el fondo, amo ser lastimada por él.

Como ahora.

─Muévete ─sisea entre dientes, así que lo hago, una de mis


manos deslizándose por el cristal empañado junto a
nosotros como si buscara algo a lo que aferrarse para poder
resistir la intensidad de lo que hacemos.
Empiezo moverme hacia arriba y hacia abajo sobre él,
yendo más hondo cada vez hasta que llega un punto en el
que mis ojos llenan de lágrimas porque no sé si seré capaz
de aguantar más, pero su nivel de exigencia es tan grande
como su alter ego, sospecho que el tamaño de su pene
también tiene que ver con ello, y luego de algunos minutos
logro alcanzar el ritmo soñado para ambos, mis palmas
presionadas contra el cuero del asiento piloto de mi
Mercedes.

Cada nuevo empuje hacia abajo de mis caderas es un


castigo y un premio.

Cada nueva estocada me hace entre abrir los labios,


liberando decenas de últimos alientos porque se siente
como morir y volver a nacer cada vez que lo tengo dentro
de mí y me doy cuenta de lo que me he estado perdiendo
todo este tiempo. Para Tanner debe ser igual, puesto que no
deja de verme como si esto, que no ha terminado, no fuera
suficiente. Avaricia, codicia y satisfacción son las emociones
que dominan su rostro al tenerme.

Oficialmente soy su muñeca para hacer conmigo lo que


quiera.

Oficialmente soy el producto de su fascinación.

Oficialmente estamos condenados.

─Mierda, Savannah, dámelo ─exige con sudor corriendo por


su frente, su mandíbula tensa, por lo que voy más rápido,
ahuecando mis senos y pellizcando mis pezones mientras
me dejo ir arqueándome más hacia adelante, a lo que su
agarre sobre mi cabello se desliza a mi cintura.

Escondo mi rostro en su pecho mientras tiemblo.


Lloriqueo mientras sus movimientos y la manera en la que
dejo que maneje mi cuerpo a su antojo, deslizándolo
duramente sobre él, alargan mi orgasmo por alrededor de
un minuto entero de temblores y gemidos que propician su
propia liberación. Cuando Tanner acaba me aprieta tan
fuerte con sus dedos que sé que dejará marcas en mi piel,
pero no me importa.

Ya nada, salvo yo yendo por lo que quiero, lo hace.

Me acurruco contra su pecho todavía más, apreciando su


calor mientras el ritmo de mi corazón se apacigua. Por
fortuna los vidrios son polarizados, pero eso no significa que
nadie pueda intuir lo que ocurría dentro del auto. Aunque no
es que me importe que mis vecinos sepan que tengo una
vida sexual activa, lo cual ya sospecho que saben, al menos
no nos vieron.

─No sé si destruir o darle las gracias a la persona que se


robó tu diseño ─murmura luego de un rato en el que solo
acaricia mi espalda de la misma manera que lo hizo antes,
su voz ronca.

Alzo mi rostro de su pecho para verlo sonreír.

Sin embargo, sus ojos lucen preocupados. Frunzo el ceño


mientras me echo hacia atrás para bajar mi camisa y luego
hacia adelante para tomar el resto de mi ropa de la parte de
atrás, separándome de él después para vestirme más
cómodamente en mi asiento y no encima de él. Cuando
termino, tomo la manija de la puerta y lo miro fijamente.

─Dale las gracias porque seré yo quien se encargue de


destruirlo ─le digo antes de salir, lo cual hago solo para
verlo desde afuera cuando aún no he terminado de cerrar la
puerta, asomándome en el interior de mi auto─. ¿No subes?
Estoy lejos de haber quedado satisfecha. Tanto que podría
llamar a alguien más para ocupar tu lugar si no vienes.

Aunque mis palabras lo hacen sonreír, sus ojos no lo hacen.

Los dos sabemos que si me tienta demasiado, podría


hacerlo. 

No haría nada, pero le haría creer que sí.

─Ni siquiera lo pienses, Savannah ─gruñe antes de bajarse y


seguirme.

Sin embargo, lo detengo bajo el umbral del edificio


colocando una mano sobre su pecho y luego cediendo a la
tentación de colocar la otra cuando siento sus músculos.
Estamos cerca, pero no tan cerca como para convertirnos en
exhibicionistas y ser arrestados por alterar el orden público.

─Realmente debes darle las gracias ─susurro, mi mirada


clavada en la suya─. Porque si no estuviera igual de
despechada que tú en este momento, esto no habría
pasado de esta manera.

Sus ojos negros se vuelven momentáneamente cálidos.

─Estoy consciente ─dice─. Pero lo destruiré antes de


agradecerle.

─Tanner...

Con los ojos entrecerrados de una manera que me hace


recordar cuán concentrado se veía en sus oponentes antes
de empezar un partido cuando jugaba para los Longhorns
en la universidad, Tanner extiende la mano y acaricia mi
mejilla suavemente.
─Podemos destruirlo juntos ─murmura, propuesta que suena
tanto tentadora como peligrosa porque a pesar del buen
sexo, no necesito más razones para estar cerca de él─. No
sería la primera vez que nos unimos para acabar con
alguien que no nos gusta.

Tras pensarlo por unos segundos, termino asintiendo ya que


lo que dice es cierto, por no mencionar el hecho de que la
balanza se inclinaría más a mi favor de tenerlo en mi
equipo, junto con sus habilidades para causar daño.
También hay que tomar en consideración el hecho de que
tiene influencias y medios con los que yo no cuento y que
me serían sumamente útiles.

─Bien ─acepto, presionando mis labios contra los suyos


suavemente antes de tomar su mano y tirar de él hacia mi
guarida, emocionada por contarle el plan que se me ocurrió
mientras teníamos sexo una vez terminemos de tenerlo de
nuevo en una cama, en la bañera o en mi sofá.

O en todas partes.

*****

LDSW Inc,  la constructora a la que fui a llevar mi currículo


recién terminada mi carrera, tiene su sede principal en
Chicago, pero su extensión en Austin es igual de grande y
suele adueñarse de la mayoría de los contratos de
construcción importantes de Texas y el Golfo de México.
Pese a que me prometí a mí misma que jamás cambiaría el
color de mi cabello, admito que el trabajo del salón de
belleza al que asistí la mayor parte de la mañana hizo su
labor de la mejor manera. Las hebras rubias se deslizan
sobre mis hombros como si siempre hubieran sido de ese
color. Mientras me echo un vistazo en el espejo al subir por
el ascensor de la compañía multimillonaria, me impresiono
una vez más por lo que un cambio de look, lentillas de color
y maquillaje pueden hacer con la apariencia de alguien. Me
veo como una Savannah completamente diferente mientras
camino hacia el escritorio frente a una de las oficinas del
último piso, dónde una secretaria provisional espera con mi
nombre en su agenda para recibirme, usando un apretado
conjunto de tacones, falda de lápiz y suéter negro con cuello
de tortuga. Ya que la última vez que vine no las traía
puestas, también llevo mis gafas de trabajo sobre el puente
de mi nariz. En estos momentos estoy irreconocible.

─Hola ─saludo cuando la alcanzo, una brillante sonrisa en mi


rostro─. Soy Savannah Campbell y estoy aquí por mi
entrevista de trabajo, recomendada por el señor Reed.

La mujer mayor no parece impresionada conmigo, pero


tampoco es grosera. Solo me saluda en respuesta y me pide
que espere mientras llama a su jefe para avisarle que estoy
aquí. No se ve feliz con su trabajo, aunque sí aliviada con mi
llegada para volver al puesto por el que ha sido contratada
y despedirse de este por un breve lapso de tiempo antes de
volver a ser necesitada aquí porque es quién suplanta a las
asistentes del CEO de la compañía cuando estas renuncian
o son despedidas, deduzco al recordarla de la última vez
que estuve aquí y la chica que esperó su turno junto a mí
para ser entrevistada me dijo que venía por el puesto de
asistente, no de pasante del departamento de diseño
arquitectónico para el proyecto de los Rangers. Ahora que
pienso en ello, solo me siento más estúpida. Ni siquiera se
suponía que debía traer un diseño ya hecho.

Yo sabía que necesitaban nuevos empleados para


abastecerse con ese contrato en particular y quise tener
una ventaja sobre los demás.
─Listo, señorita Campbell, puede pasar ─dice después de un
rato, colgando el teléfono. 

Le sonrío, aliviada con el hecho de que no me haya


recordado.

─Gracias.

Si ella no me reconoció, estoy segura de que su jefe


tampoco lo hará.

-corre-

Dedicado a: philarika 

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No olviden darle amor al capítulo

Love u
Capítulo 30:

Capítulo 30:
18.1K 2.7K 2.4K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a AylenWorld

Tanner y yo fuimos a hacernos un test completo de ETS al


hospital, con prueba para VIH y otros tipos de exámenes
para otras enfermedades cuyos resultados nos darían en
unos días, después de que Isla trajo nuestros almuerzos y él
alisó la ropa que se iba a poner para salir. Ensalada césar
para mí y un sándwich de atún para Tanner porque no había
salmón, lo que me sorprendió comiendo sin rechistar o ser
grosero al respecto a pesar de que la única vez, además de
esa, que lo vi comer un sándwich fue la mañana después de
haber ido ebrio a mi casa.

Supongo que sus estándares han bajado desde que duerme


en un colchón inflable.

Una vez nos encontramos fuera del hospital, nos dirigimos a


mi estudio para que ambos podamos darnos una ducha en
condiciones ya que los baños de su penthouse todavía no
están listos, los cuales también fueron diseñados por mí e
incluyen la instalación de piezas de cristal, mármol y lo
último en duchas de hidromasaje y plomería que hay en el
mercado. Cada uno de sus componentes debe ser tratado
con cuidado, por lo que probablemente tardarán en acabar
con ellos. Él se asea primero y yo después, ya que sigo
sensible por lo que pasó entre nosotros en la piscina y no
puedo aguantar más. Tampoco ocurre nada extraordinario
debido a que los dos estamos enfrascados en el trabajo, yo
en mi escritorio y él en mi cama, usando su computadora
puesta sobre sus piernas cubiertas con un pantalón de
pijama ya que acordamos que pasaría la noche aquí.

Su pecho, sin embargo, está desnudo.

A mitad de los bocetos que estoy haciendo, no puedo evitar


distraerme con él.

Giro la cabeza en su dirección y encuentro tanto parecido


entre el Tanner que pasaba horas estudiando en nuestro
dormitorio, que no pude tener aun cuando lo quería, y el
que ahora es un hombre de negocios exitoso, que está a mi
alcance, que me quedo hipnotizada con el perfil que ofrecen
sus facciones angulosas y la manera en la que su cabello
negro cae hacia al frente, todavía mojado pese a que no
está empapado gracias a que dejó que le pasara el secador
por unos segundos. No me doy cuenta del momento en el
que me levanto hasta que estoy en su regazo tras poner su
computadora en algún lado de la cama para sentarme ahí.

Tanner me sonríe cuando rodeo su cuello con mis brazos.

─Eres insaciable.

─¿De una buena manera o una mala manera?

─Buena, pero también preocupante ─responde mientras


pasa sus dedos por la piel expuesta de mis muslos ya que
mi camisón blanco es corto, pero no lo hace de manera
pervertida, sino amorosa y cómplice─. ¿Crees que tu lívido
tenga que ver con que hayas perdido la virginidad a una
edad muy temprana?

Pongo los ojos en blanco ya que su voz ha sonado como la


de un psicólogo o, más bien, como la de un científico que
busca entender a la rata con la que experimenta, lo cual no
tiene ningún tipo de sentido ya que no hay nada malo en mi
lívido. Solo me gusta el sexo y no me siento mal por
disfrutar de él.

─No soy una ninfómana, Tanner.

─De acuerdo a la OMS, eres promiscua.

Dejo escapar un gruñido. No es la primera vez que alguien


me lo ha dicho ya sea mediante un estúpido meme o con
artículos adjuntos ya que al parecer la Organización Mundial
de la Salud cree que tener más de dos parejas sexuales en
un periodo menor a seis meses es promiscuidad, definición
que no han cambiado con el paso del tiempo ya que estoy
sintiéndome atacada por la OMS desde que inicié mi vida
sexual. Por otro lado, estoy segura de que muchas personas
no promiscuas según sus estándares no cuidan de sí
mismas como yo lo hago.

Confiando en su pareja.

Creyendo que no les pegarán nada.

Me estremezco.

Incluso si estuviera casada y confiara en mi esposo, me


cuidaría periódicamente.

Pero la mentalidad de Tanner es machista y aunque siempre


se ha contenido en lo que se refiere a mí, sé que solo
perderé tiempo si discuto estos temas con él.

─En ese caso... ─Bato mis pestañas hacia él─. Perdóname


por mis pecados.
Su ingle se contrae debajo de mí en respuesta, a lo que no
puedo evitar reír.

─Savannah.

Esta vez soy yo quién se emociona ante mi nombre saliendo


de sus labios.

─¿Qué quieres que te diga? ¿Quieres que pelee contigo


media hora para cambiar tu mentalidad cuando no es así
como funciona? ─pregunto cuando paso mi mano por su
pecho y solo se me queda viendo─. Tanner, no voy a
imponerte mi manera de pensar porque no me gustaría que
hicieras lo mismo conmigo. Cuando tú quieras ver el mundo
de una manera diferente, lo harás por ti mismo y ya.

─¿A qué te refieres?

Suelto un suspiro.

─No me gustaría decirte que perdiste tu tiempo formando


un hogar de la manera en la que lo hiciste, con principios de
hace mil años donde el hombre es el único que trabaja, por
ejemplo, porque a mí no me gustaría que me dijeras que no
debería ser arquitecta o profesional por ser mujer. Mientras
no afectes a otras personas que no están de acuerdo en ver
el mundo como tú con tu manera de pensar, no entiendo
por qué deberían obligarte a cambiar de opinión. Cuando
tengas motivos suficientes para hacerlo y tú mismo
consideres que lo ha hecho, cambiará y ya. Lo mismo aplica
a la manera en la que sé que satanizas mi liberalismo.
─Acaricio su mejilla con mi dedo─. Pero te advierto que el
mundo está avanzando y que cada vez serán menos las
personas que te comprendan.

─¿Eso es lo que pensaste que sucedió? ─pregunta después


de un rato de contemplarme, haciéndome a un lado sin
lastimarme y poniéndose de pie.

Al parecer toqué una fibra sensible en él.

─¿Qué? ─pregunto, mi ceño fruncido tanto por la manera en


la que me apartó como por su tono de voz lleno de
reproche, incluso podría decir que herido.

─Savannah, no le prohibí a Pauline que trabajara. Cuando


nos casamos compré un rancho para ella en Lubbock
porque quería que cumpliera sus sueños de atender
caballos y pudiéramos formar una familia feliz lejos de...
─Me mira. De mí─. De la ciudad, pero ella no quiso irse de
Austin. Fue Pauline quien decidió no trabajar, con lo que
estuve de acuerdo porque era su esposo y se suponía que
estaría en casa cuidando de nuestros hijos, no que
interrumpiría su embarazo de nuevo ante la posibilidad de
que padecieran una enfermedad como una maldita
desalmada.

Aunque sé que le dolerá lo que tengo que decir, me veo


forzada a hacerlo.

─Una mujer puede decidir sobre su cuerpo libremente.

Su mandíbula se aprieta.

─Estaba dispuesto a ser padre soltero.

─Tanner... ─susurro, consciente de que me está dejando ver


una parte del desastre interno que es por dentro, donde no
sé dónde me encuentro─. Lo siento. De verdad lo hago, pero
no hay nada que ni tú ni yo podamos hacer al respecto.

Como si recordara que yo no tengo la culpa de nada de lo


que está pasando y que no es el tipo de personas que se
derrumba, toma asiento nuevamente en mi cama, junto a
mí, y me contempla unos segundos antes de volver a
hablar.

─Cuando te pregunté si creías que tu lívido tiene que ver


con el hecho de que hayas perdido la virginidad tan joven,
en realidad quería saber si la persona que te la quitó originó
en ti algún tipo de trauma que reflejas en tu vida sexual.
─Su mandíbula de repente se aprieta con fuerza─.
Cuéntame cómo fue.

Ya que de alguna manera se abrió a mí explotando de esa


manera, me siento obligada a decírselo, pero también
quiero conocer más sobre lo que lo aflige, por lo que me
abrazo a mis rodillas y apoyo mi barbilla en ellas.

Estoy lista para oír una historia.

─Te lo contaré si me cuentas cómo fue la primera vez que


Pauline abortó.

Sé que no me incumbe, pero quiero entender su dolor.

Tanner asiente.

─Hecho.

─Tú primero.

Achica los ojos en mi dirección, pero de todas maneras


habla.

─Estábamos en la Universidad ─dice─. Y simplemente no


quería ser madre.

Me tenso.

─¿Solo así? ─pregunto, a lo que asiente.


─Todavía no nos habíamos hecho el test genético.

─Dios ─susurro.

¿Tan encerrada siempre he estado en mi propio mundo que


no me di cuenta de que Pauline tenía una hermana enferma
y de que abortó? Recuerdo una época después del concurso
para el edificio de ciencias en la que no se llevaban tan bien
el uno con el otro, tiempo que la mayoría de las veces
prefiero bloquear, pero nada más. A los meses arreglaron
cualquier diferencia que hubiera entre ellos y siguieron
siendo felices, restregándome su alegría en la cara como
siempre, pero ya no me importaba tanto como antes porque
tenía a Weston conmigo.

Ahora, más que nunca, recuerdo a Tanner diciéndome que


no fuimos amigas imitando nuestras voces en San Marcos.
Teniendo en cuenta que ella nunca estuvo ahí cuando yo la
necesité y viceversa, no me queda de otra que darle la
razón. Solo éramos compañeras de habitación con una
misma fijación en común.

Él.

Tan retorcido como suene, siempre me sentí más cercana a


Tanner que a Pauline.

─Tu turno ─dice, sacándome de mis pensamientos.

Suelto un suspiro.

─No hay mucho que decir tampoco. Tenía trece, acababa de


entrar a una secundaria en la que no conocía a nadie y
estuve con uno de los chicos populares porque quería ser
popular ─relato, haciendo una mueca ante el recuerdo─. Era
estúpida e influenciable. Tenía miedo de ser ignorada o no
tener amigos.
Tanner bufa.

─¿El capitán del equipo de fútbol?

─Siempre me han gustado los jugadores de fútbol


americano ─susurro mientras me acerca nuevamente a él
tras apagar su computadora y dejarla en el suelo,
probablemente terminando con el trabajo por hoy─. Pero no,
no era uno.

─¿Del equipo de natación?

─¿Por qué asumes que tendría que haber sido un


deportista?

Tanner se encoge de hombros.

─El noventa por ciento de los hombres con los que has
salido lo son. ─Me quedo en silencio, aceptando la derrota
ante ello. Me encantan los cuerpos bien formados y la
virilidad que emanan. No me siento culpable por ello. Tanner
sonríe mientras me estrecha entre sus brazos, acariciando
mi mejilla con su dedo índice hasta que le sonrío de vuelta─.
También porque siempre tratabas de convencerme de
firmar. No quería, pero estuve a punto de hacerlo para
callarte.

Ya que es cierto, suelto una risa.

Puedo recordar al menos dos decenas de veces en los que


intenté convencerlo de ir a la NFL. Tanner era tan bueno
como quarterback que recibió al menos tres propuestas de
reclutamiento sin necesidad de evaluarlo de equipos de alta
división. Pudo haber sido una estrella y el que no lo fuera
destruyó las esperanzas que muchos habitantes de Austin
habían puesto sobre él, incluyéndome.
─La razón tras ello es un poco tonta.

─¿Cuál?

Me giro, posicionándome sobre él para que nos veamos cara


a cara.

Sus manos van a mi cintura mientras me ve.

─En el campo era el único sitio en el que te veía ser tú


mismo ─susurro─. Salvaje. Agresivo. Mandón. Destilabas
odio, pero también te veías pleno. No te contenías.

Tanner me mira por un largo instante antes de continuar


nuestra conversación.

─Todavía puedo ser todas esas cosas sin un balón.

─El balón le daba un plus ─protesto.

─Creo que todavía tengo uno.

─Me gustaría verte lanzarlo.

─Sav ─ríe, pero sus ojos son sumamente serios cuando me


habla después de un par de carcajadas─. ¿Qué tan lejos
estás dispuesta a llegar con esta fantasía?

─¿Aún te tratan como un rey en los estadios de Texas?


─Afirma─. Porque creo que podría ser divertido verte usar tu
viejo uniforme y hacerlo sobre el césped.

Niega, sus labios curvados en una mueca con la que oculta


su diversión.

─¿Ves? A eso me refiero. Solo piensas en sexo.


─¿En qué más debo pensar que involucre que seas salvaje,
agresivo y mandón?

─También que destile odio ─añade, a lo que alzo las cejas


con insistencia para que me dé una respuesta─. Creo que
podría pensar en mí arruinando a Glasgow ─susurra─. O en
el hijo de puta que te quitó la virginidad siendo una niña.
─Su expresión molesta vuelve como si nunca se hubiera
ido─. ¿Qué edad tenía?

─Era el capitán del equipo de voleibol de la preparatoria y


tenía diecisiete. Ni siquiera íbamos a la misma escuela, pero
estar con él me llevaría a la cima de la escala social. Me dio
su chaqueta cuando terminó y eso me hizo popular.

Todo el cuerpo de Tanner se tensa.

─Era un hombre, Savannah, no un chico.

─No pasó nada grave.

─¿Te lastimó?

Desvío mi vista hacia la ventana, odiando recordarlo, pero


Tanner me hace verlo colocando una de sus manos bajo mi
barbilla y obligándome a mirarlo.

─A todas nos lastiman la primera vez.

─¿Pero más de lo que debería haberte lastimado? ─insiste.

Cansada de hablar sobre ello, me inclino hacia adelante y


presiono mis labios contra los suyos. Él me detiene cuando
nuestras bocas se rozan, así que me echo hacia atrás de
nuevo. No entiendo la naturaleza de nuestra relación
entonces.
Seré sincera conmigo misma.

Yo estoy con él porque lo quiero, pero hasta dónde sé él


está hambriento de consuelo y me estoy aprovechando de
su dolor para tenerlo de la manera en la que siempre he
deseado, sin importas las consecuencias ya que estoy harta
de negarme a mí misma lo que deseo, ¿pero qué tipo de
consuelo podría recibir escuchándome hablar de cómo un
tipo dos veces mi tamaño me emborrachó, robó mi
inocencia y luego me dejó sola para que limpiara la sangre
entre mis muslos al día siguiente, cuando desperté en la
habitación de su hermano porque había cometido el terrible
error de ir a una de sus fiestas? Fue feo y fue un error, sí,
pero fue el primer error que pude cometer por mí misma y
me gustó la adrenalina que vino con el dolor de lo que pasó.
Me hizo sentir real, más como una persona capaz de sentir y
menos como la princesa inalcanzable de mis padres.

Menos falsa.

Las amistades lo son, el mundo, el amor.

El dolor no.

Parpadeo hacia Tanner cuando hunde sus dedos en mi


cintura, dónde ya ha dejado marcas, para que me concentre
nuevamente en él y no en mi pasado.

─¿Qué sucede?

─¿Puedes responder la maldita pregunta?

Me cruzo de brazos, exasperada.

─Sí, Tanner, me dolió. Lo superé. La siguiente vez que tuve


sexo, lo disfruté.
Como si se diera cuenta de que no hablaré más del tema de
la misma manera en la que yo lo hice antes con él, extiende
su brazo para apagar la luz. A los segundos está
incorporándose para juntar sus labios con los míos y
besándome, solo que en esta ocasión no lo hace con
desenfreno. Son besos suaves y delicados que me dejan
jadeando por más, pero que hacen acelerar mi corazón
mientras enredo mis piernas alrededor de él y mis dedos en
su suave y lacio cabello negro.

─Tanner ─susurro contra su boca, pero él se limita a


acariciar mi espalda.

Jadeo.

Quiero ser tocada de una manera diferente, como en la


piscina, pero él no lo hace.

Comimos algunos aperitivos y ya ha anochecido, así que no


protesto cuando me acuesta junto a él y nos arropa a ambos
con mis sábanas con olor a la vainilla de las velas
aromáticas que ya he encendido alrededor de todo el
apartamento.

─Me gusta estar contigo incluso sin tener sexo ─revela,


viéndome como si no pudiera dejar de hacerlo─. Siento que
puedo ser yo mismo sin tener un maldito balón en la mano
o estar tras mi escritorio siendo el jefe porque eres la única
persona en el mundo de la que no necesito esconderme o
que no me juzgará haga lo que haga. ─Mi respiración se
detiene cuando presiona sus labios contra mi oído como si
fuera a contarme un secreto─. Justo ahora eres mi refugio,
Savannah.

Su refugio.
Aunque lo odio por dejar nuestro encuentro a medias, lo que
no era necesario debido a que hay una gaveta con
condones junto a mi cama con los que podremos aguantar
hasta que los resultados estén listos, suspiro con placer
cuando envuelve sus brazos alrededor de mí. Me aprieta
contra él y la sensación de su cercanía y de sus labios
rozándose contra mi hombro desnudo me persigue en
sueños, haciéndolos cálidos y reconfortantes. Por años no
había sabido cuánto quería ser abrazada por cómo perdí mi
virginidad hasta que Tanner lo hizo.

*****

Al día siguiente me lleva a trabajar conduciendo uno de sus


deportivos. No a mi oficina, sino a la constructora en la que
tendré mi primer día de trabajo como asistente de Jason.
Intenté usar un vestido corto que normalmente reservaría
para ir a un club, puesto que se supone que debo
interpretar un papel, pero me convenció de no hacerlo
alegando que podría ser un acosador violento si lo
presionaba demasiado. Estaba tan convencido de ello, como
si lo hubiera estudiado por años, que no pude evitar tomarlo
en serio y preguntarle al respecto.

─¿Cómo sabes que podría pasar?

─Conozco a los hombres como él ─gruñó─. Sé cómo piensan


y cómo actúan.

No sabía que responder a ello, así que continuamos


desayunando cereal de Oreos en silencio, lo que comió aun
viéndolo como ácido, y salimos de mi estudio después de
que seleccioné un conjunto de pantalones ajustados y
chaqueta color crema que se ciñe de manera estupenda a
mi figura e hizo que detuviera el viaje en el ascensor de mi
edificio para follarme contra una de sus paredes, usando un
condón de debajo de mi cama que sacó del bolsillo de su
pantalón, de manera áspera, seca y bruta.

Aunque duró solo cinco minutos y no me corrí porque un


vecino empezó a preguntarnos si estábamos bien cuando
Tanner empezó a compensar su poca resistencia con sus
dedos mientras me besaba con hambre, me encantó.

Dijo que más tarde recompensaría, lo que no puedo esperar


a que suceda.

Por lo que mi mente en este momento, mientras me bajo de


su auto tras besarlo y prometer que no dejaré que Jason
acabe en mi trasero o en mis tetas, está dividida entre sus
palabras durante el desayuno y el sexo que me espera más
tarde. Tanner es un tipo de matón silencioso, de los que te
golpean con solo existir, y no tiene nada que ver con Jason,
pero quizás su padre sí ya que la madre de Malcolm, una
inmigrante a la que contrató ilegalmente, solía ser su
asistente.

Ni Tanner ni Malcolm me han contado la historia, pero no es


necesario. Está fue publicada en una página sensacionalista
a penas Malcolm Reed se volvió mariscal de los Kings.
Debido a lo mucho que ama a su madre, fue duro para él
ver cómo la llamaban de miles de maneras denigrantes por
relacionarse con un hombre casado mientras revelaban sus
orígenes. Ya que Tanner en ese aspecto es parecido a él y
quiere a su madre, estoy segura de que también le afectó.
Nunca la he conocido, el día de su boda con Pauline estuve
a punto de hacerlo, de ser presentada por la novia ante su
suegra, pero ella me ignoró sin intención al encontrarse con
una de sus amigas, y aunque no he cruzado ninguna
palabra con la señora Reed sé que ama a su hijo por la
manera en la que sus ojos azules brillaban con lágrimas
mientras lo veía casarse.
Adora a Pauline.

Me pregunto si todavía lo hace, si ella y su esposo saben por


lo que Tanner atraviesa ahora.

─Señorita Campbell ─saluda Jason cuando llega unos


minutos más tarde, entrando en su oficina tras echarle un
vistazo a mis tetas.

─Señor.

Sus ojos resplandecen al oírme, pero no dice o hace nada


más, por lo que me limito a atender sus llamadas y anotar
sus citas para esta semana con desgana. Descuelgo el
teléfono para que no suene más y me levanto para tomar
un descanso al cabo de una hora. Después de todo, no
necesito el salario. Cuando entro a la cafetería para los
empleados, me dirijo al refrigerador y tomo una bebida
achocolatada de él. La dejo caer al suelo cuando lo cierro y
veo a una chica tras la puerta. Por fortuna el envase no se
rompió o se derramó porque no lo había abierto. Es castaña,
extremadamente delgada y de ojos azules vibrantes. Parece
estar nadando en el vestido que usa, amarillo, por lo que
asumo que debió haber perdido bastante peso
recientemente. Las comisuras de sus labios tiemblan
mientras fuerza una sonrisa en ellos.

─Me dijeron que eres la nueva secretaria de Jason


─murmura─. ¿Savannah?

Mi frente se arruga.

─Hola, sí, ¿por qué?

─Yo soy Cynthia y también lo fui alguna vez ─dice─. Antes de


ser enviada al departamento de recursos humanos. ─Me
mira de pies a cabeza, algo de ira y de dolor en su
expresión. Alzo las cejas─. ¿Te estás acostando con él ya?

─No.

Sus hombros se relajan ante mi respuesta.

─Será mejor que no lo hagas.

Su tono de voz está lleno de advertencia. 

Me cruzo de brazos, queriendo disfrazar mi curiosidad con


consternación. 

─¿Por qué?

─Porque te destruirá, como les hace a todas ─responde,


causándome escalofríos─. Y luego te enviará a otro
departamento o te despedirá sin previo aviso, enviándote a
casa con una caja de Kleenex, una copia del contrato de
confidencialidad que nos hace firmar a todas al momento de
ser contratadas sin que lo sepamos y una carta de
recomendación.

Dicho esto, se da la vuelta y desaparece.

Debería correr lejos de aquí después de oírla, pero en su


lugar sonrío porque no estoy aquí por Jason. Estoy aquí por
ella. Por más mujeres que hayan sufrido de acoso laboral
viniendo de él y que me ayuden, junto con Tanner y sus
abogados, a hundirlo.

¡Hola! 

Estoy muy emocionada por todo el apoyo y el amor


que ha estado recibiendo la novela pese a no ser
convencional. Sé que a veces mis personajes las
pueden frustrar de alguna manera, pero los creé para
que lo hicieran. Entiendo que muchos principios
morales sean rotos a lo largo de ella y eso, pero se
los advertí desde la sinopsis, INCLUSO desde el
prólogo, y aquí están, así que algo les debe gustar de
ello

En fin

No olviden comentar y dejar estrellita

Las quiero un montón

Capítulo dedicado a AylenWorld por todos sus lindos


comentarios (puede ser uno, pero comenta como si
estuviera metida en la historia y me encanta)

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Nos vemos pronto

Quizás más pronto de lo que creen


Capítulo 31:

Capítulo 31:
15.5K 2.7K 1.7K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a walkshell

Me coloco un vestido azul marino ceñido hasta las rodillas y


de escote cruzado, manga larga, y un par de sandalias
negras con tacón de quince centímetros para la exposición.
Ato mi cabello en una cola de caballo para que mis aretes
de diamantes de Tiffany, el regalo de mamá y papá para mi
cumpleaños número quince, sean visibles. Mi maquillaje es
suave y recatado porque no es momento de ser
escandalosa, aunque todavía puedo decir que luzco sexy.
Cuando salgo del baño, Pauline ya está lista. No tenía un
vestido que usar para la ocasión, así que le presté uno de
los míos. Uno verde menta de tiras igual de apretado que el
que llevo. Con su cabello rubio suelto y zapatos altos, se ve
impresionante.

Mucho más impresionante de lo que la he visto desde que la


conozco.

─Los chicos ya están subiendo ─anuncia


despreocupadamente mientras teclea en su teléfono, sus
cejas fruncidas con disgusto─. Realmente no puedo creer
que Tanner los haya molestado. ¿Los materiales que
utilizaron son tan débiles que no pueden soportar un viaje
en auto? Te juro que ayer apenas se rompió cuando la rocé
con mi cadera al pasar.
─No lo sé ─respondo con una sonrisa antes de darme la
vuelta, ya que la puerta acaba de sonar con el ruido de un
montón de nudillos golpeando, sin permitirme estar irritada
con ella─. Los compró él.

No me giro para evaluar la reacción de Pauline. Abro y


empiezo a reír cuando los integrantes del equipo de fútbol,
que hasta dónde sabía me odiaban, me ofrecen un saludo
cordial que suena casi obligado saliendo de sus bocas.
Cuatro de ellos toman mi proyecto, llevando al menos una
señal de que pertenecen a los Longhorns en su atuendo, ya
sea una sudadera o un llavero sobresaliendo de uno de sus
bolsillos, y se dirigen a las escaleras. Todos ellos son
jugadores de banca. Tanner entra después de que salen.

─La joden y no estarán en ningún maldito partido esta


temporada.

─¡Sí, capitán!

Resisto el impulso de poner los ojos en blanco, dándome la


vuelta para tomar mi teléfono, mis planos y mi abrigo ya
que está siendo un día frío con pronóstico de lluvia para la
tarde. Para cuando me empiezo a dirigir a la puerta tanto
Tanner como Pauline están fuera del dormitorio,
esperándome. Al acercarme a ellos, me sorprendo cuando él
me sonríe abiertamente sin importar que su novia esté junto
a nosotros.

─Te ves hermosa, Sav ─dice─. Arrollarás a todos.

Ante sus palabras, las mejillas de Pauline se encienden con


el más vivo rojo, pero ninguno dice nada durante nuestro
viaje en ascensor y nuestro viaje en auto a pesar de que,
desconcertándonos a las dos, los cuatro nos vamos en la
Range Rover de West, quién me regala un lindo oso de felpa
sosteniendo un cartel en el que me desea buena suerte que
llevo todo el camino en mi regazo, abrazándolo contra mi
pecho, como si eso aumentara mis posibilidades de ganar.
El hecho de que ambos, Tanner y West, están siendo
hipócritas mientras planean apuñalarse entre sí por la
espalda cuando el otro se de vuelta se evidencia cuando
empiezan a hablar de fútbol y de los valores de la bolsa
como si fueran los mejores amigos y suenan tan falsos que
mis oídos casi sangran. 

Es tan irreal.

─¿Estás nerviosa? ─pregunta Weston cuando llegamos,


colocando un brazo encima de mis hombros mientras
caminamos a la galería de arte de la universidad, la cual
cedió sus espacios para la exposición.

Está usando una camisa blanca desabotonada, por lo que


una porción de su pecho dorado es visible. También
pantalones de vestir y mocasines. Huele muy bien. Tanner,
en cambio, lleva un elegante suéter negro y jeans oscuros
con zapatillas negras. Aunque en teoría Weston está mejor
vestido que él, no puedo dejar de mirar en su dirección
mientras entramos, pero finjo estar desviando mi atención a
la calle, esperando que mi maqueta aparezca en algún
momento.

─Sí ─susurro─. Siento que tengo un agujero en el estómago.

Hay alrededor de cincuenta exposiciones hoy. Extiendo mis


planos en una pared de cristal en la que suelen colgarse
fotos, dibujos o lienzos de pinturas. Firmo la planilla de
asistencia cuando mi maqueta llega. Mi mamá mandó a
hacerlos y me los envió por correo, por lo que dejo algunos
caramelos de los Longhorns cerca de mi exposición. Pauline
se pierde por algún lugar mientras acomodo mi stand y
respondo a los elogios. Weston igual, manteniendo charlas
con cada hombre en traje que se le atraviesa. Tanner es el
único que se queda para ayudarme.

─Creo que todo lo demás es basura ─dice, sentado junto a la


exposición en un mueble de cuero blanco, cuando una chica
le pregunta qué opina del resto de las obras y cree que no
estoy prestando atención porque hablo con uno de mis
profesores acerca de qué me inspiró para la elaboración del
edificio o simplemente no le importa que escuche.

Su respuesta la hace jadear y huir lejos de él, pero yo no


puedo evitar sonreír. Mi sonrisa, sin embargo, se deshace
cuando identifico a Faith por el rabillo de mi ojo.

Está sentada junto a su obra, la cual es de aspecto moderno


y futurista. Aunque mi proyecto es el centro de atención, el
suyo tampoco se queda atrás. Varios de los integrantes del
jurado han venido aquí y me han dicho que soy su
ganadora, por lo que no soy del todo egocéntrica al pensar
que si hubiera un segundo lugar, sería para ella. Su
propuesta es moderna y futurista de una manera hermosa y
en sintonía con la naturaleza que rodea el edificio. Los
elevadores en él sobresalen en la parte exterior, actuando
como especies de cápsulas de cristal que podrían no ser
usadas por personas con miedo a las alturas. Ella está en
compañía de una mujer con tres pequeños niños que
comparten varios rasgos con ella, quizás hermanos de Faith.
Cuando mis ojos se topan con los suyos, los aparta de mí
como si no soportara verme, lo cual es lo suficientemente
justo tomando en cuenta que arruiné su vida cuando solo
quiso ayudarme. Trago, recordando nuestra charla el día
que me encontró tras la pelea con Gordon y Anahí. 

Antes ella solía admirarme.

Ahora me odia.
─¿Savannah?

La voz de Tanner hace que regrese mi atención al stand.

Me siento tan mal que a penas puedo hablar.

─¿Podrías quedarte a cargo unos minutos? Necesito tomar


aire.

Él afirma, pero sus ojos oscuros viajan al sitio en el que los


míos estuvieron enfocados antes. Entonces la comprensión
se adueña de sus rasgos. Al volverme a ver lo hace con
expresión seria y suave.

─Lo hicimos lo mejor que pudimos. No te sientas culpable.

─Perdió su trabajo por mi culpa.

─Le dimos una compensación por ello.

Alzo las cejas. Lo único que recuerdo haber compensado


tras lo que pasó es el auto de Gordon, cuyo reemplazo
mamá envió de una chatarrera en Houston y tuvo que ser
traído a Austin en una grúa que costó más que el vehículo.
No sabía que mis padres le hubieran dado dinero a ella
también, pero siendo mamá hija de inmigrantes y una mujer
que alguna vez estuvo en la posición de Faith, con tres
empleos para si quiera pensar en la posibilidad de alcanzar
sus sueños, lo entendería, pero todavía no encuentro una
razón por la que no me lo dirían si sabían lo mal que me
sentía por convertirla en un daño colateral.

Les preguntaré por ello la siguiente vez que hablemos.

─El dinero se acaba. Eso no borra lo que le hice.

─Podrías disculparte.
Pienso en ello, pero luego recuerdo la mirada que Faith me
dio y niego.

─Mejor dejémoslo así ─susurro─. ¿Puedes quedarte a cargo o


no?

Tanner asiente secamente mientras se levanta y ocupa mi


lugar con una brillante sonrisa que me recuerda todos los
motivos por los que es alabado como un dios en el campus,
entre ellos el hecho de que sabe exactamente qué imagen
de sí mismo proyectar para conseguir lo que quiere. Tras
tomarme unos segundos para oír su versión de lo que le he
estado diciendo a las personas que se acercan,
encontrándola tan parecida a la mía que debió haberla
memorizado mientras estaba sentado cerca, salgo de la
galería y compro un paquete de Oreos de vainilla en una
tienda cerca.

Estoy a medio camino de llevar una a mis labios cuando un


niño, uno de los hermanos de Faith, se acerca con prisa y
una vez está frente a mí me sonríe de oreja a oreja. Sus ojos
marrones son prácticamente idénticos a los de su hermana.
Aunque su cuerpo es regordete y sus mejillas están rojas,
signos de que es bien cuidado, su ropa limpia y pulcra le
queda apretada y luce vieja. Le devuelvo la sonrisa al notar
que dos de sus dientes de leche faltan. Los niños
usualmente me odian porque no sé cómo moverme
alrededor de ellos. Él al parecer es la excepción.

─Las Oreo de vainilla también son mis favoritas.

Aunque podría estarme viendo como alguien que merezca


aparecer en un episodio de CSI como sospechosa del
secuestro de varios niños, le tiendo el paquete.

─Toma.
Me mira como si no pudiera creer lo que sucede.

─¿Todo esto es para mí?

Me encojo de hombros.

─Puedes darle dos a tus hermanos y quedarte con dos.

Ahora sus ojos me contemplan como si me hubiera vuelto


loca.

─No, ellos no comparten sus dulces conmigo. ─Su expresión


se vuelve maliciosa─. Me las comeré en el baño, ¿estás
segura de no querer?

Niego tras reírme un poco.

De niña tampoco era buena compartiendo y todo lo quería


para mí sola, las razones principales por las que no tuve
amigos hasta que socializar se volvió una necesidad, así que
me puedo sentir identificada con él.

─Son todas para ti. Estoy a dieta ─añado cuando veo algo de
duda y culpa en su expresión─. Por cierto, soy Savannah,
¿qué hay de...?

─¡Nicolás! ─grita su madre, respondiendo a mi pregunta


sobre su nombre, mientras sale de la galería y corre hacia
nosotros.

En respuesta a ello, Nicolás me ofrece una última mirada


antes de correr en dirección contraria, hacia el interior del
edificio, dejándonos atrás. Para ese entonces su mamá ya
me ha alcanzado y se detiene frente a mí, sus manos sobre
sus rodillas mientras toma aire y recupera el aliento.
─Lo siento por Nico ─susurra al incorporarse, su inglés torpe
y casi no entendible para alguien que no se esfuerce lo
suficiente en comprender lo que quiere decir─. A pesar de
todo lo que he hecho para que no sea ese el caso, le gusta
hablar con extraños y molestarlos.

─No te preocupes ─respondo en español, odiando el acento


estadounidense en mi voz del cual nunca he podido
deshacerme sin importar cuantos viajes haya hecho a la
Riviera Maya, donde ahora viven mis abuelos en una
hermosa casa en Playa del Carmen que mis padres
compraron para ellos, sin poder evitar un sonrojo en mis
mejillas.

Faith quizás le habló mal de mí.

Esta pobre y dulce mujer seguro es tan amable que está


siendo cortés cuando realmente desearía insultarme por
hacerle daño a su hija. Aunque mi madre y yo no somos la
definición de bondad, mi abuela Teo sí y no puedo evitar
pensar en ella y en los casi veinte años que pasó fregando
pisos para que su hija fuera a la universidad. A pesar de que
sus manos ahora tienen arrugas y son suaves por todo el
mimo que ahora recibe en compensación por su sacrificio,
todavía tienen callos.

Cuando veo las manos de la madre de Faith, quién las


esconde en los bolsillos de sus vaqueros al sentir mi mirada
sobre ellas como si se sintiera avergonzada, mi postura
perfecta flaquea.

─Debe estar orgullosa de Faith ─añado porque tenía que


decirlo casi tanto como necesito una nueva bocanada de
aire y si no lo hacía me arrepentiría toda la vida─. Dejando
de lado el concurso y sea cual sea el resultado, es mi única
contrincante real. No me había sentido amenazada hasta
que vi su obra.

Sus ojos marrones se llenan de ilusión.

Cuando vuelve a hablarme, empiezo a sospechar que Faith


no le dijo nada sobre sus despido o las razones tras de él.

─¿Realmente crees que tiene una posibilidad? Sé quién eres,


Savannah Campbell, la prodigio de arquitectura de la
universidad, porque mi hija habla mucho de ti, tanto que
incluso Nico sabía quién eras antes de acercarse, ya que
encuentra tu historia y la de tus padres inspiradora. ─Un
nudo se instala en mi garganta al recordar la manera en la
que Larissa Campbell, conocida por nunca bajar la guardia,
lloró al teléfono por casi una hora al leer mis
agradecimientos y la dedicatoria de mi primera victoria en
un concurso de arquitectura en una entrevista que publicó
el periódico universitario: para mis abuelos porque gracias a
ellos mamá pudo quedarse en Estados Unidos, perseguir
sus sueños, conocer a papá y enseñarme que todo es
posible si lo quieres lo suficiente. Normalmente me habría
reservado la historia de mi familia, pero no puedo encender
el televisor, ver la constante lucha de los inmigrantes en los
medios y no aportar mi grano de arena a la causa. El mejor
activismo, en mi opinión, es el triunfo silencioso. El que las
otras personas notan por sí solas y los obliga a mantener la
boca cerrada. Es como una puñalada directo al corazón en
lugar de varios disparos a ciegas─. Faith está tan
emocionada con esto. Dice que si gana sería un boleto
seguro a un buen trabajo en unos meses, cuando se gradúe,
por no mencionar cómo el dinero del premio nos ayudaría
ahora. Sin embargo, creo que nada le alegraría más que oír
de parte de alguien que admira que su proyecto vale para
ser tomado en cuenta. ─Sus ojos marrones se vuelven
vidriosos─. La ayudaría a creer mas en sí misma, lo cual
siempre es lo que he soñado que haga. Que se deshaga de
la etiqueta de hija de la inmigrante ilegal de la manera en la
que tu madre y tú lo han hecho, el motivo por el que te
admiramos.

Agacho la mirada, queriendo ahora huir al interior de la


galería.

Prefiero los ojos asesinos de Faith a la mirada bondadosa de


su madre.

─Lo siento, estaría fuera de lugar porque no somos


cercanas.

Ignorando el ácido que se esparce por mi pecho al ver cómo


su expresión decae, me doy la vuelta y casi imito a Nicolás
corriendo al interior de la galería. Estoy tan apresurada por
poner distancia entre nosotras que no me doy cuenta del
obstáculo humano en mi camino y Pauline y yo chocamos.
Su celular, el cual ha estado sosteniendo todo el día, cae al
suelo con un ruido sordo. La pantalla boca arriba.
Instintivamente me agacho para recogerlo, pero lo sostengo
frente a mis ojos cuando veo una foto mía saliendo de mi
edificio la noche anterior.

Sonriendo tímidamente mientras me acerco a la camioneta


de Tanner.

El único que habría podido tomar esa foto.

Pauline lo arrebata de mis manos y abre la boca,


sumamente pálida, pero me alejo de ella mientras las piezas
empiezan a encajar en mi mente. Pauline yéndose. Él
acercándose. Ella regresando el mismo día que salimos,
llegando a la discoteca sabiendo que sería a mí a quién
debían llevar ropa y disculpándose con voz falsa por haber
arruinado mi maqueta, lo cual ahora no puedo reprocharle.
Yo también habría estado molesta si mi novio quisiera
deliberadamente hacerme arder en celos saliendo con mi
compañera de dormitorio para que regrese al campus
porque me extraña y Tanner no tiene manera de hacer las
cosas sin dolor. Ahora entiendo por qué el imbécil se
disculpaba en la pista.

He sido usada.

No hay otra forma de llamarlo.

Todo el tiempo que pasó ayudándome no fue desinteresado.

Nuestra salida tampoco.

No valió nada.

Para él no valgo nada. Nuestro trabajo no vale nada.


Nuestro beso o lo amable que ha sido los últimos días
conmigo. 

Todo se trató de Pauline.

Todo siempre tratará de ella.

─Lo siento por haberlos hecho esperar una semana por mí


─digo con voz temblorosa cuando llego a la mesa del
jurado─. Fue un error. Me estoy retirando del concurso,
voluntaria e indiscutiblemente, porque seria una aberración
que un edificio como el que hice eclipsara con fanatismo
estúpido el verdadero amor a la ciencia que sienten los
estudiantes de esa facultad. Mis más sinceras disculpas.
Estoy bastante apenada.

Tras dejarlos a todos con expresiones incrédulas y confusas,


me acerco al stand para tomar mi bolso mientras las
lágrimas de ira se deslizan por mis mejillas. Tanto Pauline
como Tanner me miran fijamente, pero yo no les devuelvo el
gesto. Me estremezco cuando Faith corre hacia mí después
de que una chica se acerca a ella para darle la noticia. Por el
rabillo del ojo veo a Weston aproximarse a nosotros con
expresión fría.

─Vuelve al concurso ─exige ella con la barbilla sumamente


apretada─. Mi mamá me dijo que hablaron. No quiero tu
lástima, Savannah.

─No te preocupes. ─Finalmente mis ojos se dirigen a Tanner


y a su novia─. No lo hago por ti ─miento, ya que sí tuvo que
ver el hecho de que hubiera alguien que lo mereciera o
necesitara mas que yo.

Simplemente eran demasiadas razones juntas.

La victoria siempre habría sido agridulce.

No es así como quiero sentirme cada vez que vea mi primer


edificio. Escozor en el pecho al recordar cómo Tanner me
usó para atraer a su novia o cómo le hice todavía más daño
a alguien que no lo merece y a su familia quitándole la real
posibilidad de un futuro mejor, uno como mi presente
debido a que mi madre fue como Faith alguna vez. Me doy
la vuelta justo en el momento en el que Weston llega,
tomando su mano y arrastrándolo fuera de la galería. Sus
ojos verdes tienen un signo de interrogación que se me
hace difícil, imposible, de ignorar.

─Savannah ─gruñe Tanner, tomando mi otra mano y jalando


de ella para que me detenga cuando estamos cerca de la
camioneta de West─. Olvida cualquier cosa estúpida que
haya pasado. Esto es importante para ti y oportunidades
como esta solo se presentan una vez en la vida.

Niego.
─Oportunidades como esta se presentan millones de veces
en la vida. ─Para dejar claro mi punto, uno mis labios con los
de Weston antes de ocupar el asiento copiloto ya que
mantiene la puerta abierta para mí. El rubio no luce
sorprendido por ello a pesar de que es consciente de que
solo lo hago para molestar a Tanner, pero este último sí.
Retrocede mientras arruga la frente─. Es nuestro problema
sin resolver si nos quedamos estancados por dejar pasar
una, pero ese no será mi caso.

No sé si soy la única, pero no han sentido la


asfixiante sensación de que están pasando muchas
cosas a la vez? Cosas que no notas o no te dicen,
pero asumes o debiste asumir simplemente con un
gesto. Así me esfuerzo porque sean mis capítulos, de
tal manera que le den un enfoque diferente a todo
cuando vengan del futuro porque de eso trata la
vida. De la empatia y la evolución de las opiniones
que una vez tuvimos sobre algo o sobre alguien

En fin jaja

Espero que el cap les haya gustado. Yo estoy feliz


estrenando pc 

Cap dedicado a Walk08

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Love u
Capítulo 32:

Capítulo 32:
20.8K 2.7K 4.8K
por OscaryArroyo
 

Dedicado a NayshaMabelCaveroRio

Le dije a Tanner que iría a trabajar después de cumplir mi


horario como asistente en la constructora, pero no le dije
que lo haría en su penthouse porque no estoy lista para ver
esa mirada egocéntrica en su rostro todavía, la que pondría
al saber que tomé otro día más en mi semana para él, y me
gustaría sorprenderlo más tarde con la instalación de la
escalera, lo cual sería un gran avance ya en el diseño de su
ático. Gracias a Isla y a nuestro equipo de albañiles, el piso
de mármol blanco ya está listo, al igual que la cocina y las
divisiones del segundo nivel.

Bueno, el dinero de Tanner también tuvo que ver.

Si no tuviera tanto de él y no me hubiera dado un


presupuesto ilimitado, la obra se habría retrasado, pero
gracias a su colaboración he podido avanzar más rápido de
lo que lo he hecho con cualquier proyecto que he tenido
hasta la fecha, incluyendo su casa con Pauline. Mis labios
hacen una mueca mientras entro en una cafetería por una
ensalada para el almuerzo y recuerdo que pronto será
demolida, lo que no es solo palabrería ya que lo oí dialogar
con el nuevo alcalde de Austin, ex integrante de su
fraternidad, esta mañana mientras yo estaba en la ducha
para que acelerara el procedimiento de los permisos.
Pudo haber sido mi perdición, pero es una obra de arte.

Si la demuele, habrá tanto sufrimiento desperdiciado en


ella.

Tanta inspiración.

Aunque la arquitectura probablemente es vista de una


manera más técnica por la mayoría de mis colegas, siempre
la he vivido como un arte. Aunque me lastime, estoy
apegada a cada diseño que hago como si fuera mi
primogénito y sé que ver a alguno de ellos hecho escombros
después de haber cobrado vida me dolerá, pero entiendo a
Tanner. No puedo juzgarlo cuando estoy segura de que
habría hecho algo similar si estuviera en su posición. Tras
intentar apartar mi mente de ello, en vano, me alegro
cuando me siento en uno de los reservados y la pantalla de
mi teléfono brilla con el nombre de Malcolm. Llevamos días
sin hablar como antes, exactamente los días que llevo
acostándome con su hermano, y no me sorprende que esté
intentando ponerse en contacto conmigo por videollamada.
Aunque no debería, una emoción similar a la culpa me
recorre, como si lo hubiera traicionado o a nuestra amistad
con mis actos.

Pero no somos nada.

Cuando la llamada se cae, se la devuelvo y apoyo mi


teléfono en un servilletero para poder comer mientras
hablamos. Mis labios se curvan hacia arriba cuando lo veo
rodando en su cama con actitud perezosa, su cabello café
despeinado y la piel bronceada de su pecho expuesta, color
dorado que adquirió recientemente debido a los constantes
entrenamientos en el campo. De no ser por ese tono,
creería que estoy frente a Tanner, quien enrojece y se pone
malhumorado con el sol, lo contrario a Malcolm.
En sexys bronceados, los genes latinos ganan.

─Hey ─dice, su voz sonando ronca, lo que me hace reír un


poco debido a que eso, más las marcas de almohada en su
mejilla, me dice que acaba de despertar pese a que son las
una de la tarde─. Lindo cabello. Me gustabas más morena,
pero así también luces bonita, Sav.

Los Kings ganaron anoche, así que debió haber estado


festejando.

La chica fiestera que aún vive en mí siente envidia. Con


todas las responsabilidades que conlleva ser adulta e
independiente, a penas puedo recordar la última vez que
me embriagué y la pasé bien. En lo referente al cabello... no
puedo evitar que la calidez se esparza en mi pecho ante su
selección de palabras. Bonita, no bella o sexy.

Bonita, como algo que admiras.

No bella, como algo que quieres, o sexy, como algo que


deseas.

Es una estupidez, pero me conmueve porque significa, en


mi mente, que soy más importante para él que las
hermosas chicas con las que se acuesta o sale aún si no
estoy a su nivel, aunque nunca más que la mujer con la que
finalmente se establecerá. No puedo evitar preguntarme si
nuestra amistad se arruinará entonces, lo cual no me
gustaría ya que con el tiempo se ha vuelto importante y
valioso para mí. El que no le esté diciendo sobre su
hermano y yo es un agujero negro en mi estómago, pero
Tanner sigue casado con Pauiline y no estoy lista para ser
juzgada por lo nuestro por alguien que quiero.

─Felicitaciones por el partido de anoche ─murmuro,


cohibida, antes de llevar un bocado de ensalada a mi boca,
a lo que hace una mueca.

─Hieres mis sentimientos. Te llamé como tu novio ante todos


los medios de comunicación del país, no como el dios del
fútbol al que le rezas todas las noches de rodillas antes de
dormir... ─Sus ojos se encienden con una mirada traviesa,
pero solo para molestarme─. ¿Con un vibrador?

Trago al recordar las especulaciones de la prensa.

Ignorando el sonrojo que la idea de que si quiera Malcolm


haya pensando en mí de esa manera y la multitud de
fantasías sobre un trío con los hermanos Reed que asaltan
mi mente, me echo hacia atrás para verlo con una ceja
alzada. No me molesta que la prensa hable de mí estando
con él, sobre todo si eso ayuda a alejar la atención de su
madre ya que Guadalupe es una de las mejores personas
que conozco, pero no estoy segura de cómo se siente él al
respecto y, mucho menos, Tanner. Supongo que ambos son
lo suficientemente inteligentes y cercanos como para saber
la verdad pese a todo lo que puedan decir.

No estoy saliendo con Malcolm.

Sí estoy follando al hermano más desagradable.

─Mientras no me dejes como una idiota, todo está bien.

Su frente se arruga.

─¿Qué significa eso, bebé?

El sonrojo en mis mejillas se vuelve una rojez insoportable


mientras lo que sentí antes regresa, pero más fuerte.
Mientras estoy segura de que para Malcolm no significaría
mucho el hecho de que esté con su hermano, aún mientras
esté casado, porque es la persona más agradable y relajada
que conozco, sé que a Tanner no le gustaría saber que
somos tan cercanos, en especial ahora, pero no renunciaré
a mi amistad con Malcolm o la cambiaré por él. No hasta
que se haya divorciado. Cualquier queja al respecto, puede
dejarla en mi buzón.

─No quiero que me hagas ver como la otra si sales con


alguien ─murmuro─. No necesito ese tipo de publicidad
dirigida hacia mí.

Tengo suficiente que soportar de la realidad como para que


la ficción venga a molestarme también. Ante el silencio de
Malcolm del otro lado de la línea, alzo la mirada de mi
ensalada para verlo observarme con la mandíbula apretada
y una mirada tanto herida como molesta y siniestra. Al
instante me siento mal por lo que dije, lo cual
probablemente le hizo pensar que de alguna manera estaba
comparándolo con el imbécil de su padre.

─Nunca te faltaría el respeto de esa manera, Savannah. Ni a


ti ni ninguna otra mujer. ─Después de soltar esas palabras y
de sonar escalofriantemente parecido a su hermano, como
siempre que se molesta o se toma en serio algo además del
futbol, aligera la tensión de nuestra conversación
sonriendo─. Soy un caballero. No un idiota.

─¿Los caballeros pueden ser mujeriegos?

─En ese caso creo que me veo más como un hombre soltero
que presta un excelente servicio, pero no se lo digas a mi
madre, no tiene corazón para esos tecnicismos ─corrige, a lo
que río debido a que me siento tan identificada con él en
este tema, ambos etiquetados por disfrutar de nuestro
cuerpo cuando eso a él no le ha impedido ser dulce con sus
conquistas, sin ilusionarlas, y a mí no llegar lejos con mi
negocio.
El hecho de que todavía no esté haciendo lo que me
apasiona no significa que todos mis logros hasta ahora no
tienen méritos. Me gustaría ver la cara de todos mis
compañeros, probablemente todavía pasantes o en
escalafones bajos, al ver mis éxitos a menos de un par de
años de haber obtenido mi título. Que no sean lo que busco
o que no me regodee de ello no significa que no existan.

Muchos matarían por diseñar para mis clientes.

Antes de que Malcolm comience a hablarme de fútbol y a


contarme historias de los vestidores por las que los
reporteros matarían, aclaro mi garganta para obtener su
atención y me dirijo a él tímidamente, intentando arreglar
mi desliz de antes, el cual pudo hacerlo sentir mal.

─Cuando finalmente encuentres una chica, ella se sentirá


afortunada de tenerte. Habrá encontrado al único hombre
de nuestro siglo que no teme a su corazón.

La mirada en sus ojos marrones se suaviza.

─Me esforzaré para que así sea.

•••••

Isla se va al nuevo sport-bar de Ryland para enseñarle mis


bocetos una vez llego al ático de Tanner y reemplazo su
lugar. Mientras un equipo se encarga de la escalera, otro
está instalando conmigo los muebles de su habitación, la
cual da con la piscina a través de una hermosa pared de
cristal con una puerta corrediza, y otro alista el baño de esta
porque espero que para esta noche tenga donde dormir. Si
hubiera sabido que se mudaría, prefiriendo dormir como un
perro y no cómodamente en cualquier otro sitio, habría
empezado a trabajar en esto antes, pero ahora solo puedo
adelantar lo más que pueda.
Me digo a mí misma que también se debe a que mientras
más rápido trabaje, más rápido terminaré y podré avanzar
con mis otros proyectos.

Para cuando terminamos la jornada, a mediado de las seis


de la tarde, Tanner ya tiene una cama tamaño king de
madera oscura en la que dormir, dos mesitas de noche y un
enorme ropero en el que guardar sus camisas sin que se
arruguen, el mobiliario básico. Todavía el olor de la pintura
blanca de las paredes de yeso es molesto, pero después de
que todos se van me tomo unos minutos para deshacer su
maleta y planchar lo que debe ser planchado antes de
dejarlo en su nuevo armario de manera ordenada,
escuchando música para relajarme mientras tanto, tras
hacer un moño con mi cabello. Normalmente no haría tareas
domesticas por nadie, pero siempre he sentido un pinchazo
en el pecho en lo referente a su TOC, comparándolo con
cuán desesperada me siento cuando tocan mis cosas de
trabajo o, más reciente aún, con las ETS, cuyos resultados
de los exámenes nos darán mañana. La mayoría de las
personas se burlarían o no lo tomarían en serio, pero
realmente es algo que te hace sentir incómodo y no te deja
pensar en nada más hasta que tomas cartas en el asunto.
Una vez acabo, le echo un vistazo a mi celular. Tengo
decenas de llamadas perdidas y algunos mensajes de
Malcolm, mis padres y mis clientes, entre ellos Tanner. El de
él es el último que reviso solo para irritarlo, ya que está en
línea y sé que sabe que yo también, pero un par de golpes a
su ego no le harán daño.

Cuando finalmente abro su chat veo que no es uno, son


varios.

Infinidad de ellos.

Tanner: ¿Cuáles son tus planes para hoy?


Tanner: ¿Tienes algún secreto que no quiera saber?

Tanner: Con secreto me refiero a otro imbécil en tu historial


de imbéciles.

Tanner: ¿Savannah? Lo siento si estás trabajando y te


ofendí, pero pasé por lo de Jason y por tu oficina para
almorzar contigo y no estabas en ninguno de los dos
lugares. Tu salmón se dañó y olía mal, así que lo boté en el
contenedor de basura de mi asistente. Lleva media hora
oliendo sus axilas. Es gracioso como la mierda, pero me
divertiría más si atendieras mis llamadas y te masturbaras
con el sonido de mi voz en donde sea que estés.

Tanner: Yo también lo haría con la tuya.

Tanner: ¿Acaso estás con un cliente?

Tanner: Tomando en cuenta que ninguno de ellos te pagará


como yo, ni te follará como yo, deberías tenerme como
prioridad y al menos responder.

Tanner: Ahora estoy en tu casa y no estás aquí tampoco.

Tanner: Quiero una maldita ducha.

Tanner: Pedí comida a domicilio, bazofia, o pizza, y se está


enfriando.

Tanner: No le di propina al repartidor porque se rió de mí


sentado en el piso, esperándote como otro perro de tu
camada, pero no puedo evitarlo. Te prometí que te
compensaría por lo del ascensor y eso es lo que tengo
planeado hacer. Estoy obsesionado con tus tetas y tu
hermoso culo.

Tanner: También con tu cabello, cuando era negro.


Tanner: Con tu sonrisa.

Tanner: Y con la expresión en tu rostro cuando trabajas.

Tanner: Olvida la pizza. Ya me la comí.

Tanner: Te veo en línea, ¿por qué no contestas?

Tanner: ¿Es porque me comí la pizza? Pediré otra.

Tanner: El repartidor se negó a traerla a tu casa, así que fui


a buscarla, ¿a dónde tengo que llevarla? Creo que los
demandaré porque me llamaron nazi a mis espaldas cuando
me iba, creyendo que no los escucharía, y mataré el tiempo
con mi abogado mientras me ignoras.

Tanner: Listo. Demandados.

Tanner: Me ofrecieron un cupón de pizza ilimitada por un


año en compensación, ¿estás interesada? Los dejaría salirse
con la suya por ti.

Tanner: Llamé a Isla y no quiso decirme donde estabas. La


odio por eso, pero me alegra que por fin sepas lo que es
tener una amiga de verdad.

Tanner: Por favor, no te acuestes con Ryland.

Tanner: Sería doloroso para ella porque se siente atraída


hacia él e incómodo para mí, ya que es mi abogado y ahora
que eres mía, tendría que matarlo si te toca y hay pocos
abogados eficientes en Austin, además de que me obligaste
a hacerme su socio y ahora el idiota cree que somos amigos
por tu culpa.

Tanner: ¿Debo reportarte como persona desaparecida?

Tanner: ¿Sav?
Mis manos tiemblan para el momento en el que leo su
último mensaje, pero no precisamente por su contenido, ya
que son cosas que Tanner diría, sino más bien por el hecho
de que algunos de ellos lo dejan en vergüenza y no los borró
cuando pudo haberlo hecho, lo que significa que quizás
después de nuestra charla de ayer, una puerta se haya
abierto entre nosotros en el sentido de que ya no tema ser
abierto conmigo. Por más que intente imaginarlo siendo de
esa manera con Pauline, no puedo. Esta versión de él solo
es mía.

En lugar de responderle con palabras, le envió una foto de


su piscina.

Tanner: Maldita seas, Savannah Campbell.

Tanner: Voy para allá.

Sonrío.

Yo: Trae vino.

*****

Para cuando Tanner llega, estoy nadando desnuda en la


piscina. Se queda viéndome en ella por un largo rato antes
de depositar la caja de pizza y el par de botellas de vino que
trajo en el suelo y acercarse al borde. A diferencia de mí, no
busca entrar, limitándose a contemplarme hasta que estoy
lista para salir. Ya afuera, camino hacia él mientras las gotas
de agua se deslizan por mi piel desnuda. Se ve hermoso,
como siempre, en uno de sus trajes oscuros y mocasines. La
dureza de su rostro se afloja cuando me pongo de puntitas y
junto juguetonamente nuestros labios, pero sin besarlo.
Gimo sobre ellos cuando amasa mi trasero con sus manos,
lo que aprovecha para meter su lengua en mi boca. Una vez
está besándome como quiere, intenso y brusco, me toma
entre sus brazos y nos lleva a su nueva habitación mientras
rodeo su cuello con mis brazos. Ya ahí me deja en la cama,
yo apretando mis muslos, mientras se desnuda sin una
pizca de vergüenza ante mis ojos.

No es que debería.

Cuando Dios lo creó, se tomó su tiempo para hacerlo


perfecto.

Cuando el diablo decidió hacerlo una tentación para mí, no


se equivocó.

Sus músculos están tonificados y desarrollados sin llegar a


ser excesivos, siendo sus brazos y su abdomen marcado a
lo que más le presto atención hasta que se desabrocha los
pantalones y su erección es liberada. Su rostro es una
mezcla de todo lo bueno de Estados Unidos y todo lo bueno
de Alemania en cuánto a facciones, pero es su mirada
intensa, oscura y mandona lo que más trae humedad a mi
entrepierna.

No puedo decirle que no cuando me mira así.

No quiero decirle que no.

Todo lo que soy es suyo para tomar.

─Más temprano tenía pensado lamerte hasta que rompieras


tu record de orgasmos y establecieras uno nuevo que nadie,
salvo yo, podría romper, pero te has portado mal. Me hiciste
quedar como un idiota todo el maldito día, esperando por ti
mientras estabas aquí con todos los bastardos que te vieron
desnuda en mi piscina ayer. ─No puedo evitarlo. Un temblor
me sacude cuando se posiciona a sí mismo entre mis
piernas y las separa, guiando su rostro a mi necesitada
abertura. Hago puños con las sábanas al sentir su aliento
contra mis terminaciones nerviosas─. Disfruta mientras
puedas, Savannah, estás a punto de ser castigada.

Eso es lo que dice antes de buscar mi clítoris con sus


dientes y morderlo para luego succionarlo con sus labios.
Grito y después me arqueo cuando mete su lengua en mí,
pero acaricia el punto que antes torturó con su pulgar,
trazando círculos sobre él y pellizcándolo aleatoriamente. Lo
que me hace se siente tan bien que termino apretando su
rostro con mis piernas para que nunca se vaya de su lugar
entre ellas, pero Tanner lo hace cuando mi respiración se
vuelve errática, dándome la vuelta.

Me da una palmada en el culo, fuerte, antes de separarse


de mí, a lo que gimo mientras lo espero. Por el rabillo del ojo
lo veo dirigirse al sitio en el que dejó sus pantalones y
tomar algo de ellos, por lo que escondo el rostro en el
colchón creyendo que ha ido por su cinturón y estoy a punto
de ser azotada, lo que no sé si me gustará pero podría
experimentar. Cuando regresa, sin embargo, escucho el
ruido de papel aluminio siendo rasgado, lo que significa que
está colocándose un condón.

Al girar mi rostro hacia el cristal que da con la piscina y ver


nuestro reflejo en él, la posición vulnerable en la que he
decidido estar porque me excita, me incorporo al darme
cuenta de que un condón no es lo único que tomó de su
pantalón, pero la presión de su mano contra el centro de mi
espalda me mantiene abajo. Me quejo cuando una sustancia
fría y viscosa se apodera de la inexplorada zona de mi ano,
seguida de un dedo que mete lentamente, pero sin
descanso, en ese agujero.

─Tanner ─sollozo cuando empieza a bombear en mi vagina


también, más rápido cuando mi cuerpo se adapta a la
inesperada sensación.
Nunca he hecho sexo anal.

Siempre he querido, pero no me he atrevido porque no


quería llevarme una decepción haciéndolo con la persona
incorrecta, pero mientras me toca así lo único que puedo
desear es sentirlo ahí también.

─¿Te duele?

No respondo, así que me da otra nalgada.

Sigo sin responder después de eso, por lo que se inclina


sobre mí y me aplasta con su peso, haciéndome chillar,
mientras sigue masturbándome y, sospecho, preparándome
para él.

─Sí ─susurro finalmente─. Me duele.

Tanner mete otro dedo dentro de mi culo, sacando el que


tenía en mi vagina, y me ahogo cuando el placer que siento
no disminuye, sino todo lo contrario. Cuando estoy
empezando a adaptarme a la sensación, cuela su otra mano
por debajo de mi pecho y pellizca uno de mis pezones.

─¿Te estoy lastimando?

Esta vez no lo presiono.

─Sí.

─¿Quieres más?

─Sí.

Tanner muerde mi cuello y hace un chupetón ahí por lo que


parece una eternidad en respuesta, robándome el poco aire
que me queda, antes de dirigir sus labios a mi oído y hablar
directamente sobre él la siguiente vez, cuando ya me siento
drogada.

─Dime cuánto quieres que te folle.

─Mucho ─gimo─. Por favor, hazlo.

─Pero sabes cómo lo haré esta vez, ¿no?

Afirmo, moviendo mi trasero para frotarlo contra su mano y


su erección hasta que gruñe una advertencia que indica que
está a punto de perder la paciencia, justo lo que quiero que
haga porque no quiero espera más.

─No me importa. Solo quiero tenerte dentro de mí.

─¿Quieres que sea el primero dentro de tu culo, Savannah?


¿Quieres ser lastimada ahí también? Porque te aseguro que
si seguimos con esto, mañana cojearás ─advierte mientras
se incorpora y tira de mí consigo, animándome a arquear la
espalda después y a mantener la cabeza baja. Sus dedos se
retiran de mí y me siento frustrada hasta que presiona la
punta de su pene contra el lugar en el que estaban─. Dime
que quieres que lo destroce y lo haré, pero no me moveré
hasta que lo hagas.

Respondo mientras las lágrimas se deslizan por mis mejillas.

─Destrózame.

Agarra mis caderas, colocando sus dedos contra los


verdugones que él mismo puso ahí. Mi humedad
prácticamente chorrea por mis muslos luego de eso. Sucio,
duro y cruel es justo como me gusta y Tanner, hasta ahora,
es el único que ha logrado sobrepasar mis expectativas.
Ejerce presión hasta que la cabeza entra, haciéndome
boquear, pero no continúa y mi cuerpo empieza a
estremecerse debido a las nuevas sensaciones que me
asaltan. De alguna manera es mucho más profundo que el
sexo convencional. Más significativo ya que siento placer de
una manera en la que no debería sentirlo y se encuentra
penalizada por la Biblia.

Al igual que el adulterio.

─Repítelo ─exige, apretando una de mis nalgas con fuerza.

Sollozo.

─Destrózame. Toma mi culo. Es tuyo.

Tanner lo hace.

Tras un empujón, consigue meter la mitad de su miembro.


Tras varios, haciéndome gritar tanto de placer como de
dolor ya que ha vuelto a estimular mi clítoris, siento sus
testículos golpear una y otra vez contra la parte posterior de
mis muslos. Pierdo la cuenta de la cantidad de orgasmos
que me asaltan, al igual que la cantidad de calambres
ascendiendo por mi columna vertebral cada vez que se
vuelve demasiado brusco, generalmente a la vez que me
corro, pero cuando él finalmente lo hace, presionando
nuevamente mi cuerpo contra el colchón al cernirse sobre
mí, los sonidos que salen de mi garganta son roncos y
exhaustos.

Suplicantes.

─Realmente me duele ─susurro cuando no se mueve, su


rostro enterrado en mi nuca y sus manos firmes en mis
caderas─. A menos que quieras volver a follarme, deberías
quitarte de encima.
Tanner ríe mientras obedece, saliendo de mí de una manera
que hace que me encoja con dolor y mis ojos nuevamente
se llenen de lágrimas, pero que es mucho mejor a haberlo
hecho incómodo y despacio. Es tan grande que no logro
entender cómo sigo de una sola pieza cuando me siento tan
rota, de una manera oscura y placentera, por dentro.

─Te lo advertí ─dice mientras las limpia con sus pulgares.

─Las advertencias mientras tienes sexo no valen.

No es como si tuviera un buen juicio mientras tanto.

Tanner besa la punta de mi nariz.

─Tengo todo el fin de semana para compensarte y cuidar de


ti ─promete con ojos cálidos, también levemente
preocupados, aunque satisfechos. Lo conozco lo suficiente
como para saber que no se arrepiente─. Vamos a darnos un
baño. Vi que instalaron la ducha.

Y antes de dejarme contestar, me toma nuevamente en


brazos y me lleva a donde quiere. Había algunos productos
de aseo personal en su maleta que puse en el baño, así que
me sostiene mientras nos limpiamos, él haciendo todo el
trabajo por los dos, y nos besamos bajo el agua caliente.
Una vez volvemos a oler como seres humanos y no como
animales en celo, me deja envuelta en una toalla en su
cama mientras va por la pizza y el vino.

Cuando mi pecho se aprieta al verlo regresar con ambas


cosas, todavía desnudo salvo por un par de calzoncillos
ajustados, me estremezco.

Me aterra darme cuenta que cada vez se siente mejor estar


con él.
De que sea lo que sea que siento, no disminuirá.

Dios, casi sufro un paro cardiaco escribiendo este


capítulo

Es mi primera vez escribiendo una escena de sexo


anal. Admito que pensé que ocurriría en Cavalli
primero (obviamente no con Arlette porque dudo
mucho que deje a V hacerlo JAJAJAJAJA), pero Tanner
y Sav son perversos (de una manera no sangrienta) y
es su vena perversa lo que los une

Espero que el cap les haya gustado

Dedicación a: NayshaMabelCaveroRio

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See u later 
Capítulo 33:

Capítulo 33:
3.1K 419 106
por OscaryArroyo
 

Al igual que la última vez, manejo la depresión lo mejor que


puedo durante el par de semanas posteriores al concurso.
Deposito cada gramo pensante de mi mente en obtener las
calificaciones más altas de mi semestre. Redoblo mi
consumo de gasolina al rodear el campus para ir a mis
clases sin tener que pasar por el campo de fútbol y el
tiempo que paso en el gimnasio entrenando. Estudio y hago
la mayoría de mis bocetos en la biblioteca o en Rusty's,
minimizando tanto como sea posible las posibilidades de
encontrarme con Tanner y con Pauline en nuestro
dormitorio, especialmente con él ya que toparme con ella es
inevitable dado que vivimos juntas. También salgo un par de
veces con Weston, al cine y a cenar en el nuevo restaurante
francés de Austin en el que se suponía que íbamos a
celebrar mi éxito, lo que termina en sexo en su habitación
de Maleeh, pero me concentro más que todo en mí y en
aliviar la decepción de mis padres al saber que no gané
pese a los días extras que me concedió la universidad, a lo
sucedido con Gordon, siendo una mejor estudiante. Me
reservo la verdadera razón por la que perdí.

Mi madre no sería capaz de verme a los ojos de nuevo de


saberlo.

Ella no lo entendería.
No solo se trata de haber dejado que un chico ensuciara lo
que más amo hacer, sino de haber dejado escapar una gran
oportunidad para que dicha enfermedad no se extendiera.
Todo en ese edificio gritaba Tanner Reed. Estuvo inspirado
en él y en los Longhorns. Me recordaría por siempre lo que
hizo por mí por las razones incorrectas y me confundiría
todavía más por tanto tiempo como permaneciera elevado
sobre sí.

También me dolería.

Díganme estúpida, pero así no es como quiero recordar mi


primer logro.

Sin embargo, eso no significa que no me lastime haberlo


dejado ir. He llorado tantas noches hasta quedarme dormida
que a penas logro recordar cómo se sentía hacerlo de
manera normal. No soporto a Tanner. No soporto a Pauline.
Ni siquiera puedo verlos a los ojos sin querer vomitar, por lo
que los ignoro de manera fría y cortante ya que me hicieron
sentir parte de un retorcido juego entre ellos aunque ella
insista con sus acciones en que no entiende el por qué de
mi distanciamiento, como siempre, y él no deje de mirarme
con el ceño fruncido cada vez que se topa conmigo.

Solo que esta vez no es ira lo que contiene su expresión.

Es ansiedad.

Impaciencia.

Expectación.

Pero no me importa en lo absoluto, así que ni siquiera me


esfuerzo en descifrarlo o en leerlo más allá de la superficie.
No quiero su perversa influencia sobre mí y no lo quiero
cerca aunque tenga que soportarlo por lo que queda del
tiempo que continúe viviendo con Pauline. A partir del
instante en el que salí de la galería con el pecho sangrante
por más de una razón, empecé la ansiosa cuenta regresiva
para que sus días en la universidad terminen pese a que sé
que alguien como él, el capitán que llevó a los Longhorns a
una racha larga de partidos invictos y el presidente de la
fraternidad más importante del estado desde su segundo
semestre, será una leyenda por tanto tiempo como le tome
a alguien más superar sus logros. El problema con Tanner
Reed es que nadie lo hará tan fácilmente y cuando salga la
luz que no tiene pensado buscar una carrera en la NFL,   el
corazón roto de sus fanáticos lo hará inmortal. Aún más
inmortal de lo que lo hubiera sido como deportista, ya que
le estará diciendo a todos sus fanáticos y al fútbol
americano que no son lo suficientemente buenos para él y
sé, por experiencia, cuán malo es eso.

Su encanto consiste en ser perfecto de una manera que trae


una punzada de dolor a ti ya que sabes que jamás estarás a
su altura.

Una que ya no me interesa alcanzar.

*****

El período académico está por terminar. Halloween está a


solo un par de días. Se supone que lo pasaría en Houston
con mi madre y decoraríamos calabazas juntas pese a que
esa celebridad tiene un significado más profundo para ella y
Larissa preferiría mil veces volar a la Riviera Maya en esta
época para pasar el día de los muertos y un par de semanas
con mi abuela, pero estoy atrapada en Austin debido a mis
exámenes finales. Mis padres lo entienden sin importar que
hayan cancelado unas vacaciones para estar conmigo, pero
por primera vez desde que tengo memoria me dicen que no
me esfuerce demasiado. Son capaces de detectar el
cansancio en mi voz cuando hablo con ellos por teléfono, el
tono que solo haber estudiado una semana entera sin
dormir te puede dar, esa y las veces anteriores que hemos
hablado.

Saben que me estoy esforzando.

Eso me alivia y me permite continuar con mis planes para


Halloween en Austin sin remordimientos. No quiero tener
nada que ver con las fiestas en el campus, en las que estoy
segura que Tanner y el equipo de fútbol harán acto de
presencia, ni tampoco pienso quedarme en mi habitación
como una perdedora y si sigo preparándome para mis
evaluaciones, mi mente explotará. Halloween siempre fue
mi fecha favorita del año ya que durante ella podía
permitirme ser yo misma, mostrar la fealdad de mi alma, y
nadie me juzgaría. Desde temprana edad odié ir a recolectar
caramelos con otros niños, pero me encantó alardear tener
el mejor disfraz y recorrer las calles de nuestro vecindario
de la mano de mis padres, pero nunca como princesa.

No.

Cuando nos quedamos en Estados Unidos, los Campbell nos


tomamos el Halloween a pecho. Larissa hace de nuestra
casa la envidia de todas las demás casas en materia de
decoración, yendo más allá de simples telarañas falsas,
calabazas y muñecos de plástico. Mi padre vacía de
caramelos cada tienda cerca y en lugar de entregarlos de la
manera convencional, siempre encuentra maneras creativas
para hacerlo, siendo la mejor de ella la vez que los
lanzamos desde el segundo piso con ballestas. Sus socios
siempre llevan a sus hijos a nuestro hogar por eso. Nuestros
disfraces tampoco son convencionales. Son aterradores y
graciosos más allá de la razón debido a que siempre están
basados en situaciones escalofriantes de la vida real que
pueden suceder y no a la fantasía. Sonrío al recordar mi
traje del último año. Una paciente de que despertó de la
anestesia durante su intervención quirúrgica, por lo que
estaba cubierta de sangre, en una bata de hospital y las
vísceras sobresaliendo de mi cuerpo mientras arrastraba un
carrito con una bombona de oxígeno era el cirujano loco.
Mamá su enfermera.

Tenía quince.

Nadie nunca me había dicho que no o me había rechazado.

Ningún chico importaba, solo eran entretenimiento para


pasar el rato.

Era feliz y no lo sabía.

Así que ya que no quiero ir a ninguna fiesta en el campus y


tampoco quiero quedarme en mi dormitorio, a dónde
seguramente Tanner y Pauline vendrán más tarde, sonrío
cuando Hans, el chico que conocí brevemente en la
habitación de Anahí y que me ayudó a subir el resto de mis
cosas cuando eché a Tanner, siguiéndome en redes sociales
cuando pasó todo lo de Gordon, postea una imagen
solicitando voluntarios con urgencia, a último minuto, para
aterrar a las personas en un tour por el cementerio con el
fin de recaudar fondos para su siguiente excursión a Corpus
Christi. Al igual que mi ex compañera de habitación, estudia
biología marina, pero eso nunca ha explicado por qué
estaba sin camisa en su habitación cuando llegué con
Tanner. Tampoco me interesa. Me envía una carita
lanzándome un beso cuando me postulo y me pregunta a
qué hora estaré allá cuando le envío una foto de mi disfraz.

*****
Cuando entré en la universidad, se suponía que sería parte
del equipo de animadoras de los Longhorns, pero no fui a
ninguna de sus prácticas aún cuando ya estaba inscrita en
él y después de un tiempo tanto la capitana como la
entrenadora se cansaron de llamarme. Tengo el uniforme,
sin embargo, envuelto en una bolsa de plástico en el fondo
de mi armario. Me lo pongo y cuando termino de hacerle
todas las modificaciones que amerita usando la sangre falsa
y los accesorios que compré en la tienda de disfraces, soy el
terror de cualquier acróbata. Mis huesos sobresalen de mis
articulaciones debido a una mala caída. Mi cuello está roto.
Mi piel se desprende. La sangre salpica el blanco y el
naranja, los colores del equipo de Tanner, en abundancia.
Ato mi cabello con una cinta naranja vibrante y me doy unos
últimos toques con talco. Todavía tengo la chaqueta de
Tanner y no tengo pensado usarla más adelante, por lo que
la corto con las mismas tijeras que usamos para mi proyecto
y la lleno de rojo hasta que el número en la parte trasera es
irreconocible. Mi rostro está lleno de moretones y heridas
abiertas. Voy a asustar personas esta noche, así que me
coloco un par de lentillas blancas en los ojos.

Por último, relleno un termo con vodka y salgo de mi


dormitorio antes de que Pauline regrese de su cita con su
novio y me arrastren con ellos de una u otra manera, ya sea
física o emocionalmente.

*****

Austin no está en lo absoluto dormido hoy, las personas


celebrando en las calles con sus mejores disfraces y
canastos repletos de caramelos. No quise conducir, por lo
que tomé un taxi hasta el cementerio. Reí cuando el chófer
se estremeció al verme detalladamente cuando llegamos y
me bajé de su auto. Debido a la emoción que su reacción
me produjo, le dejé quedarse con el cambio. La acera
estaba llena de familias, pero al cementerio solamente
accedían adultos. Mis labios se curvan hacia arriba cuando
identifico a algunos de los estudiantes de mi facultad, la
mayoría de ellos frikis que no recibieron una invitación a
una fiesta, aunque también algunos deportistas y otro tipo
de estudiantes, entrando en él, pero ninguno perteneciente
a los grupos en los cuales suelo desenvolverme. Agito mis
pompones hacia ellos cuando paso corriendo a su lado,
haciéndolos saltar y fruncirme el ceño antes de reír.

─¡Arriba, Longhorns! ─grito, alzando los brazos y tropezando


falsamente, lo que ocasiona que jadeen ante la visión del
ángulo del hueso saliendo de mi pierna y suelte una risita
mientras me alejo de grupo.

Después de atormentar a algunos estudiantes más y


tomarme fotografías con otros, finalmente llego a la fuente
en un pequeño parquecito en la que Hans me espera,
fumando un porro con pintura negra y blanca en todo el
cuerpo. Es una calavera y aunque no es exactamente
terrorífico, es escalofriante. No entiendo cómo puede
soportar el frío de la noche de hoy, el cual agita los árboles
a nuestro alrededor, haciendo sonar sus hojas, ya que solo
está usando un par de vaqueros oscuros, pero se ve en su
elemento.

Asiente en mi dirección en reconocimiento.

─¿En dónde quieres que esté? ─le pregunto.

Tras liberar una nueva nube de humo, inclina la cabeza


hacia un sendero que conduce a una especie de bosque
alumbrado con velas en el suelo. Más allá hay tumbas más
elaboradas hechas de hermosas estructuras de mármol.
Una espesa neblina, la cual sale de diversos ductos en el
suelo, cubre el piso. Está desierto, ya que nadie tiene las
agallas para pasar por ahí todavía, pero estoy segura de
que más adelante lo harán. Sonrío ampliamente mientras
muevo la correa de mi cantimplora al frente para tomarla y
llevarla a mis labios.

Tras tomar un sorbo de licor, afirmo.

─Por mí está bien.

Hans silba.

─Estaba bromeando. Puedes ir por el otro camino, como las


otras chicas.

Esta vez cuando ladea la cabeza, lo hace en la dirección


contraria. Del otro lado hay una infinita cantidad de parejas
caminando por un sendero lo suficientemente alumbrado
como para intuir que cualquier miedo que puedan llegar a
sentir será falso. Una excusa para acurrucarse contra sus
novios. Sonrío cuando una chica disfrazada de conejita hace
exactamente eso, arrimándose al pecho de su chico, un
pirata, cuando una araña salta sobre ella desde una de las
ramas de los árboles a sus costados.

Me recuerda a mí haciendo exactamente eso mismo con


Ibor.

Relamo mis labios antes de ver nuevamente a Hans.

─No, el primero está bien.

Sin obtener más que una sonrisa irónica como respuesta de


su parte, me giro y me adentro en las profundidades del
bosque del cementerio St. John, el cual también tengo
entendido que saldrá beneficiado de la recolecta. En el
camino me topo con una carretilla llena de herramientas
escondida tras un enorme tronco de raíces profundas, la
cual arrastro hasta la más profunda oscuridad usando mi
teléfono como linterna y tomando uno que otro trago
mientras el sudor empieza a aparecer, pero no me preocupa
arruinar mi maquillaje. Otra chica estaría aterrada en mi
lugar, arrastrándose por lo más terrorífico de un cementerio
a solas, pero mi abuela y mi madre siempre me inculcaron
que debo tenerle más miedo a los vivos que a los muertos.
Dado a que ningún fantasma me ha hecho daño hasta la
fecha, no me quedó de otra más que darle la razón mientras
crecía. Los vivos eran la amenaza.

Media hora después, ya he preparado todas las trampas


alrededor del sendero. Al principio lo hice sola, pero después
de unos minutos Hans apareció con otros amigos calaveras
y me ayudaron. Vinieron más voluntarios a esconderse
conmigo en la oscuridad y a manejarlas. Después de un
rato, finalmente las personas se atreven a caminar por
dónde estamos.

─¡Eso es, equipo! ─grito después de arrojarme al suelo,


frente a una pareja de chicos que iba pasando, y hacerlos
gritar con la visión de mis huesos rotos.

Es como ver una representación en vivo de Destino Final.

Después de que corren lejos de mí, me incorporo riendo y


regreso a la profundidad del bosque. Para el siguiente grupo
que pasa, uno de ellos recoge uno de mis pompones del
sendero y se lo enseña a sus amigos. Me acerco a ellos y se
lo arrebato de la mano, cojeando, haciendo que se
estremezcan. Para los próximos, manipulo las luces de las
velas, apagándolas por donde transitan con un soplador de
hojas a la lejanía, antes de que mis compañeros calaveras,
entre ellos Hans, se acerquen y los asusten empujándolos y
atajándolos como si fueran pelotas de ping pong.
Después de eso, Hans se acerca a mí y choca los cinco
conmigo.

─Cuando me escribiste pensé que solo sacaría provecho


para la recaudación de lo bien que luces con ese pequeño y
ajustado traje de animadora, el cual está en el equilibrio
perfecto entre una stripper y Lolita, pero lo tienes en ti.

Suelto una risita.

─Gracias.

Se encoje de hombros, metiendo su mano en el interior de


su bolsillo y sacando un cigarrillo. Niego cuando me lo
tiende. Tras encenderlo, vuelve a dirigirme la palabra
mientras exhala. Es vicioso como Tanner, pero cuando el
mariscal de campo de los Longhorns fuma, no se siente
como si el vicio lo dominara a él, como con Hans, sino más
bien todo lo contrario.

Sacudo la cabeza cuando mi mente me lleva a pensar en él.

Estoy aquí para divertirme, no para seguir obsesionada.

Hans me mira con curiosidad.

─Escuché lo que pasó con Gordon y Anahí, ¿todo bien?

Afirmo.

─Sí, ¿qué hay de ti?

Se encoje de hombros.

─Nada nuevo ─dice tras tomar una última calada de su


cigarrillo y arrojar la colilla al suelo, aplastándola con la
suela de su zapato. Frunzo el ceño cuando se acerca a mí,
sin entender sus intenciones. Hans es atractivo al estilo
estrella de rock, pero no es mi tipo. Le falta músculo para
serlo. Músculo y seriedad─. Gracias por no haber ido tras
Ana ─susurra finalmente, sus ojos usualmente indiferentes
llenándose de calidez─. Su situación es complicada.

La arruga en mi frente se profundiza.

─¿Eres su compañero de estudio o algo más?

─Soy su compañero de estudio, pero también soy el camello


de Gordon ─responde y exhala con brusquedad, como si
hubiera estado esperando demasiado tiempo para decirlo
en voz alta y no pudiera contenerse. No estoy sorprendida
por ello, con sus tatuajes, delgadez y cabello oscuro
desordenado es el estereotipo de cómo se ven los camellos,
sino por la forma en la que confía en mí para admitirlo.
Tampoco me impresiona que Gordon sea drogadicto. En
realidad no me sorprendería que estuviera asociado a todos
los adjetivos calificativos negativos. Es el mayor de los
imbéciles─. Anahí es la moneda con la que paga cada vez
que quiere consumir. ─Me congelo, por lo que rápidamente
añade─: Es consensuado, por supuesto.

Hago una mueca.

─Eso no lo hace sonar más bonito.

Se encoje de hombros.

─Es como es.

Ya que soy mejor persona para juzgar a los demás, no digo


nada al respecto. Camino lejos de él para tomar mis
pompones abandonados en el suelo y los agito suavemente
en mis manos, viendo por el rabillo del ojo cómo una pareja
ha empezado a acercarse. Hans es genial. Camello o no, sin
músculos o no, definitivamente es mejor partido que Gordon
aún si forma parte de un trato tan detestable. Por la manera
en la que habla de ella, sospecho que le importa, pero
todavía sigue siendo una situación que no todos verían
correcta. Que no es correcta, pero es la vida de quién la vive
y ya.

Desde afuera puedes opinar, pero eso no significa que nada


vaya a cambiar.

─¿Por qué me cuentas esto?

Hans desvía la mirada hacia el camino.

─Porque necesitaba decírselo a alguien y no sentirme como


un maldito monstruo por aprovecharme de su situación. No
es una justificación, pero no puedo dejarla sabiendo que
terminará en una peor situación si lo hago. ─Vuelve a
mirarme, ofreciéndome una sonrisa triste─. Y porque de
todas las malditas personas en el campus, sé que puedes
guardar un secreto.

Mis cejas se unen.

─¿Qué se supone que significa eso?

─Significa lo que tú quieras que signifique, pero todas las


variantes que puedas imaginar me dan la razón ─susurra,
colocándose detrás de mí. Sus manos van a mis hombros y
me dan la vuelta, por lo que la pareja que antes había visto
de lejos queda frente a mí. La ira recorre mi cuerpo al
identificar a Tanner y a Pauline. Él está disfrazado como un
integrante del equipo SWAT, lo que significa que lleva un
uniforme negro, chaleco antibalas y un arma, no cargada,
espero, que se adhiere deliciosamente a su cuerpo. Pauline
lo hace como cenicienta, su vestido azul y sus zapatos de
tacón de cristal─. Y lo que más piensas que no pasará,
siempre sucede. No es premonición. Es instinto.
Las velas se apagan gracias al soplador de hojas que
alguien acciona lejos del alcance de su visión. Trago cuando
Pauline se asusta y se acurruca contra él. Tanner no tarda
en envolverla con sus brazos, sonriéndole, y aunque llevo su
chaqueta, nunca he sentido más frío que en este momento.

Me giro para ver a Hans.

─¿Cómo le dices a la persona que amas que es idiota por no


darse cuenta de que tú eres la mejor opción? ─pregunto con
un hilo de voz.

Traga, su nuez moviéndose.

─No lo haces ─susurra─. Porque si de verdad amas a esa


persona, la dejas crecer y cometer errores para que sea
mejor el día de mañana, contigo o sin ti. Nadie es dueño de
nadie. Lamentablemente no puedes obligar a tu alma
gemela a reconocerte si no quiere hacerlo. En mi opinión, es
más fácil tomar tanto como puedas, conformarte con dejar
una huella, y dejar todo lo difícil para la siguiente vida si
todo en esta grita que no debemos, o no podemos, estar
juntos. Quizás en ella tendremos más suerte. Quizás no.

Tras echarle un vistazo de reojo a Tanner y Pauline, asiento


con suavidad.

Estoy cansada. Agotada. Asqueada.

En otra vida será.

Tras sonreírme, Hans toma mi mano y me lleva a dónde


ellos se encuentran. No puedo evitar reír mientras corro.
Estoy irreconocible, por lo que ninguno de los dos sabe
quién soy cuando caigo frente a ellos y agito mis pompones
suavemente. Pauline grita y ríe, saltando sobre Tanner. Él
sisea entre dientes, echándome un vistazo con la frente
arrugada y el rostro pálido, antes de continuar con prisa por
el sendero. Unos metros después, sin embargo, son
interceptados por Hans y su pandilla puro hueso. Me acerco
a ellos cojeando y agito mis pompones sobre el rostro de
Pauline, ahogándola. Ella lucha por alejarse de mí a la vez
que Tanner gruñe en dirección a mis compañeros, pero no lo
permito, caminando en su dirección mientras retrocede y
agita los brazos para alejarme. Después de que ellos
terminan el asalto, yendo por su siguiente víctima, Tanner
se acerca a mí y me hace dar la vuelta con brusquedad.
Cuando lo veo, la ira predomina sus facciones, pero también
hay algo de pánico ahí. Su mandíbula está apretada y a la
vez floja. Tras nosotros, Pauline boquea como un pez. Sus
ojos lagrimean y sus manos palpan su cuello como si la
hubiera ahorcado o algo por el estilo. No puedo evitar reír.

Cualquier razón que me impediría ser mala con ella, no


existe hoy.

─Suficiente ─sisea él cuando extiendo mis pompones hacia


ella y grita, aumentando mi diversión─. Suficiente ─repite,
empujándome contra la corteza de un árbol─. ¿No oíste? No
estás siendo entretenida. Estás siendo una matona. Si fuera
tú, en este mismo momento me disculparía con ella.

Apartando mis ojos sin irises de Pauline, me concentro en él.

Sonrío, haciéndolo temblar.

─¡Vamos, equipo! ─grito con voz chillona, lo suficientemente


aguda como para que no me reconozca, mientras lo
abofeteo una y otra vez con mis pompones─. ¡Vamos,
Longhorns! ¡Vamos, Reed, haz una anotación por mí!

Cuando empieza a toser y siento la mano de Pauline


dirigirse a mi cabello, probablemente para tirar de él por
molestar a su novio, corro.
Pero no lo hago lo suficientemente rápido.

Tanner alcanza mi muñeca por unos segundos, haciéndome


mirar atrás mientras tiro de ella fuera de su agarre, y su
cara es un poema.

Las línea apretada de su mandíbula grita enojo.

Sus labios curvados hacia abajo, pero también hacia arriba,


gritan diversión.

Su ceño fruncido grita confusión.

Pero, más importante, sus ojos negros gritan conocimiento.


Capítulo 33:

Capítulo 33:
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por OscaryArroyo
 

Al igual que la última vez, manejo la depresión lo mejor que


puedo durante el par de semanas posteriores al concurso.
Deposito cada gramo pensante de mi mente en obtener las
calificaciones más altas de mi semestre. Redoblo mi
consumo de gasolina al rodear el campus para ir a mis
clases sin tener que pasar por el campo de fútbol y el
tiempo que paso en el gimnasio entrenando. Estudio y hago
la mayoría de mis bocetos en la biblioteca o en Rusty's,
minimizando tanto como sea posible las posibilidades de
encontrarme con Tanner y con Pauline en nuestro
dormitorio, especialmente con él ya que toparme con ella es
inevitable dado que vivimos juntas. También salgo un par de
veces con Weston, al cine y a cenar en el nuevo restaurante
francés de Austin en el que se suponía que íbamos a
celebrar mi éxito, lo que termina en sexo en su habitación
de Maleeh, pero me concentro más que todo en mí y en
aliviar la decepción de mis padres al saber que no gané
pese a los días extras que me concedió la universidad, a lo
sucedido con Gordon, siendo una mejor estudiante. Me
reservo la verdadera razón por la que perdí.

Mi madre no sería capaz de verme a los ojos de nuevo de


saberlo.

Ella no lo entendería.
No solo se trata de haber dejado que un chico ensuciara lo
que más amo hacer, sino de haber dejado escapar una gran
oportunidad para que dicha enfermedad no se extendiera.
Todo en ese edificio gritaba Tanner Reed. Estuvo inspirado
en él y en los Longhorns. Me recordaría por siempre lo que
hizo por mí por las razones incorrectas y me confundiría
todavía más por tanto tiempo como permaneciera elevado
sobre sí.

También me dolería.

Díganme estúpida, pero así no es como quiero recordar mi


primer logro.

Sin embargo, eso no significa que no duela haberlo dejado


ir. He llorado tantas noches hasta quedarme dormida que a
penas logro recordar cómo se sentía hacerlo de manera
normal. No soporto a Tanner. No soporto a Pauline. Ni
siquiera puedo verlos a los ojos sin querer vomitar, por lo
que los ignoro de manera fría y cortante ya que me hicieron
sentir parte de un retorcido juego entre ellos aunque ella
insista con sus acciones en que no entiende el por qué de
mi distanciamiento, como siempre, y él no deje de mirarme
con el ceño fruncido cada vez que se topa conmigo.

Solo que esta vez no es ira lo que contiene su expresión.

Es ansiedad.

Impaciencia.

Expectación.

Pero no me importa en lo absoluto, así que ni siquiera me


esfuerzo en descifrarlo o en leerlo más allá de la superficie.
No quiero su perversa influencia sobre mí y no lo quiero
cerca aunque tenga que soportarlo por lo que queda del
tiempo que continúe viviendo con Pauline. A partir del
instante en el que salí de la galería con el pecho sangrante
por más de una razón, empecé la ansiosa cuenta regresiva
para que sus días en la universidad terminen pese a que sé
que alguien como él, el capitán que llevó a los Longhorns a
una racha larga de partidos invictos y el presidente de la
fraternidad más importante del estado desde su segundo
semestre, será una leyenda por tanto tiempo como le tome
a alguien más superar sus logros. El problema con Tanner
Reed es que nadie lo hará tan fácilmente y cuando salga la
luz que no tiene pensado buscar una carrera en la NFL, el
corazón roto de sus fanáticos lo hará inmortal. Aún más
inmortal de lo que lo hubiera sido como deportista, ya que
le estará diciendo a todos sus fanáticos y al fútbol
americano que no son lo suficientemente buenos para él y
sé, por experiencia, cuán malo es eso.

Su encanto consiste en ser perfecto de una manera que trae


una punzada de dolor a ti ya que sabes que jamás estarás a
su altura.

Una que ya no me interesa alcanzar.

*****

El período académico está por terminar. Halloween está a


solo un par de días. Se supone que lo pasaría en Houston
con mi madre y decoraríamos calabazas juntas pese a que
esa celebridad tiene un significado más profundo para ella y
Larissa preferiría mil veces volar a la Riviera Maya en esta
época para pasar el día de los muertos y un par de semanas
con mi abuela, pero estoy atrapada en Austin debido a mis
exámenes finales. Mis padres lo entienden sin importar que
hayan cancelado unas vacaciones para estar conmigo, pero
por primera vez desde que tengo memoria me dicen que no
me esfuerce demasiado. Son capaces de detectar el
cansancio en mi voz cuando hablo con ellos por teléfono, el
tono que solo haber estudiado una semana entera sin
dormir te puede dar, esa y las veces anteriores que
hablamos.

Saben que me estoy esforzando.

Eso me alivia y me permite continuar con mis planes para


Halloween en Austin sin remordimientos. No quiero tener
nada que ver con las fiestas en el campus, en las que estoy
segura que Tanner y el equipo de fútbol harán acto de
presencia en cada una de ellas, ni tampoco pienso
quedarme en mi habitación como una perdedora y si sigo
preparándome para mis evaluaciones, mi mente explotará.
Halloween siempre fue mi fecha favorita del año ya que
durante ella podía permitirme ser yo misma, mostrar la
fealdad de mi alma, y nadie me juzgaría. Desde temprana
edad odié ir a recolectar caramelos con otros niños, pero me
encantó alardear tener el mejor disfraz y recorrer las calles
de nuestro vecindario de la mano de mis padres, pero nunca
vestida como princesa.

No.

Cuando nos quedamos en Estados Unidos, los Campbell nos


tomamos el Halloween a pecho. Larissa hace de nuestra
casa la envidia de todas las demás casas en materia de
decoración, yendo más allá de simples telarañas falsas,
calabazas y muñecos de plástico. Mi padre vacía de
caramelos cada tienda cerca y en lugar de entregarlos de la
manera convencional, siempre encuentra maneras creativas
para hacerlo, siendo la mejor de ella la vez que los
lanzamos desde el segundo piso con ballestas. Sus socios
siempre llevan a sus hijos a nuestro hogar por eso. Nuestros
disfraces tampoco son convencionales. Son aterradores y
graciosos más allá de la razón debido a que siempre están
basados en situaciones escalofriantes de la vida real que
pueden suceder y no a la fantasía. Sonrío al recordar mi
traje del último año. Una paciente de que despertó de la
anestesia durante su intervención quirúrgica, por lo que
estaba cubierta de sangre, en una bata de hospital y las
vísceras sobresaliendo de mi cuerpo mientras arrastraba un
carrito con una bombona de oxígeno era el cirujano loco.
Mamá su enfermera.

Tenía quince.

Nadie nunca me había dicho que no o me había rechazado.

Ningún chico importaba, solo eran entretenimiento para


pasar el rato.

Era feliz y no lo sabía.

Así que ya que no quiero ir a ninguna fiesta en el campus y


tampoco quiero quedarme en mi dormitorio, a dónde
seguramente Tanner y Pauline vendrán más tarde, sonrío
cuando Hans, el chico que conocí brevemente en la
habitación de Anahí y que me ayudó a subir el resto de mis
cosas cuando eché a Tanner, siguiéndome en redes sociales
cuando pasó todo lo de Gordon, postea una imagen
solicitando voluntarios con urgencia, a último minuto, para
aterrar a las personas en un tour por el cementerio con el
fin de recaudar fondos para su siguiente excursión a Corpus
Christi. Al igual que mi ex compañera de habitación, estudia
biología marina, pero eso nunca ha explicado por qué
estaba sin camisa en su habitación cuando llegué con
Tanner. Tampoco me interesa. Me envía una carita
lanzándome un beso cuando me postulo y me pregunta a
qué hora estaré allá cuando le envío una foto de mi disfraz.

*****
Cuando entré en la universidad, se suponía que sería parte
del equipo de animadoras de los Longhorns, pero no fui a
ninguna de sus prácticas aún cuando ya estaba inscrita en
él y después de un tiempo tanto la capitana como la
entrenadora se cansaron de llamarme. Tengo el uniforme,
sin embargo, envuelto en una bolsa de plástico en el fondo
de mi armario. Me lo pongo y cuando termino de hacerle
todas las modificaciones que amerita usando la sangre falsa
y los accesorios que compré en la tienda de disfraces, soy el
terror de cualquier acróbata. Mis huesos sobresalen de mis
articulaciones debido a una mala caída. Mi cuello está roto.
Mi piel se desprende. La sangre salpica el blanco y el
naranja, los colores del equipo de Tanner, en abundancia.
Ato mi cabello con una cinta naranja vibrante y me doy unos
últimos toques con talco. Todavía tengo la chaqueta de
Tanner y no tengo pensado usarla más adelante, por lo que
la corto con las mismas tijeras que usamos para mi proyecto
y la lleno de rojo hasta que el número en la parte trasera es
irreconocible. Mi rostro está lleno de moretones y heridas
abiertas. Voy a asustar personas esta noche, así que me
coloco un par de lentillas blancas en los ojos.

Por último, relleno un termo con vodka y salgo de mi


dormitorio antes de que Pauline regrese de su cita con su
novio y me arrastren con ellos de una u otra manera, ya sea
física o emocionalmente.

*****

Austin no está en lo absoluto dormido hoy, las personas


celebrando en las calles con sus mejores disfraces y
canastos repletos de caramelos. No quise conducir, por lo
que tomé un taxi hasta el cementerio. Reí cuando el chófer
se estremeció al verme detalladamente cuando llegamos y
me bajé de su auto. Debido a la emoción que su reacción
me produjo, le dejé quedarse con el cambio. La acera
estaba llena de familias, pero al cementerio solamente
accedían adultos. Mis labios se curvan hacia arriba cuando
identifico a algunos de los estudiantes de mi facultad, la
mayoría de ellos frikis que no recibieron una invitación a
una fiesta, aunque también algunos deportistas y otro tipo
de estudiantes, entrando en él, pero ninguno perteneciente
a los grupos en los cuales suelo desenvolverme. Agito mis
pompones hacia ellos cuando paso corriendo a su lado,
haciéndolos saltar y fruncirme el ceño antes de reír.

─¡Arriba, Longhorns! ─grito, alzando los brazos y tropezando


falsamente, lo que ocasiona que jadeen ante la visión del
ángulo del hueso saliendo de mi pierna y suelte una risita
mientras me alejo de grupo.

Después de atormentar a algunos estudiantes más y


tomarme fotografías con otros, finalmente llego a la fuente
en un pequeño parquecito en la que Hans me espera,
fumando un porro con pintura negra y blanca en todo el
cuerpo. Es una calavera y aunque no es exactamente
terrorífico, es escalofriante. No entiendo cómo puede
soportar el frío de la noche de hoy, el cual agita los árboles
a nuestro alrededor, haciendo sonar sus hojas, ya que solo
está usando un par de vaqueros oscuros, pero se ve en su
elemento.

Asiente en mi dirección en reconocimiento.

─¿En dónde quieres que esté? ─le pregunto.

Tras liberar una nueva nube de humo, inclina la cabeza


hacia un sendero que conduce a una especie de bosque
alumbrado con velas en el suelo. Más allá hay tumbas más
elaboradas hechas de hermosas estructuras de mármol.
Una espesa neblina, la cual sale de diversos ductos en el
suelo, cubre el piso. Está desierto, ya que nadie tiene las
agallas para pasar por ahí todavía, pero estoy segura de
que más adelante lo harán. Sonrío ampliamente mientras
muevo la correa de mi cantimplora al frente para tomarla y
llevarla a mis labios.

Tras tomar un sorbo de licor, afirmo.

─Por mí está bien.

Hans silba.

─Estaba bromeando. Puedes ir por el otro camino, como las


otras chicas.

Esta vez cuando ladea la cabeza, lo hace en la dirección


contraria. Del otro lado hay una infinita cantidad de parejas
caminando por un sendero lo suficientemente alumbrado
como para intuir que cualquier miedo que puedan llegar a
sentir será falso. Una excusa para acurrucarse contra sus
novios. Sonrío cuando una chica disfrazada de conejita hace
exactamente eso, arrimándose al pecho de su chico, un
pirata, cuando una araña salta sobre ella desde una de las
ramas de los árboles a sus costados.

Me recuerda a mí haciendo exactamente eso mismo con


Ibor.

Relamo mis labios antes de ver nuevamente a Hans.

─No, el primero está bien.

Sin obtener más que una sonrisa irónica como respuesta de


su parte, me giro y me adentro en las profundidades del
bosque del cementerio St. John, el cual también tengo
entendido que saldrá beneficiado de la recolecta. En el
camino me topo con una carretilla llena de herramientas
escondida tras un enorme tronco de raíces profundas, la
cual arrastro hasta la más profunda oscuridad usando mi
teléfono como linterna y tomando uno que otro trago
mientras el sudor empieza a aparecer, pero no me preocupa
arruinar mi maquillaje. Otra chica estaría aterrada en mi
lugar, arrastrándose por lo más terrorífico de un cementerio
a solas, pero mi abuela y mi madre siempre me inculcaron
que debo tenerle más miedo a los vivos que a los muertos.
Dado a que ningún fantasma me ha hecho daño hasta la
fecha, no me quedó de otra más que darle la razón mientras
crecía. Los vivos eran la amenaza.

Media hora después, ya he preparado todas las trampas


alrededor del sendero. Al principio lo hice sola, pero después
de unos minutos Hans apareció con otros amigos calaveras
y me ayudaron. Vinieron más voluntarios a esconderse
conmigo en la oscuridad y a manejarlas. Después de un
rato, finalmente las personas se atreven a caminar por
dónde estamos.

─¡Eso es, equipo! ─grito después de arrojarme al suelo,


frente a una pareja de chicos que iba pasando, y hacerlos
gritar con la visión de mis huesos rotos.

Es como ver una representación en vivo de Destino Final.

Después de que corren lejos de mí, me incorporo riendo y


regreso a la profundidad del bosque. Para el siguiente grupo
que pasa, uno de ellos recoge uno de mis pompones del
sendero y se lo enseña a sus amigos. Me acerco a ellos y se
lo arrebato de la mano, cojeando, haciendo que se
estremezcan. Para los próximos, manipulo las luces de las
velas, apagándolas por donde transitan con un soplador de
hojas a la lejanía, antes de que mis compañeros calaveras,
entre ellos Hans, se acerquen y los asusten empujándolos y
atajándolos como si fueran pelotas de ping pong.
Después de eso, Hans se acerca a mí y choca los cinco
conmigo.

─Cuando me escribiste pensé que solo sacaría provecho


para la recaudación de lo bien que luces con ese pequeño y
ajustado traje de animadora, el cual está en el equilibrio
perfecto entre una stripper y Lolita, pero lo tienes en ti.

Suelto una risita.

─Gracias.

Se encoje de hombros, metiendo su mano en el interior de


su bolsillo y sacando un cigarrillo. Niego cuando me lo
tiende. Tras encenderlo, vuelve a dirigirme la palabra
mientras exhala. Es vicioso como Tanner, pero cuando el
mariscal de campo de los Longhorns fuma, no se siente
como si el vicio lo dominara a él, como con Hans, sino más
bien todo lo contrario.

Sacudo la cabeza cuando mi mente me lleva a pensar en él.

Estoy aquí para divertirme, no para seguir obsesionada.

Hans me mira con curiosidad.

─Escuché lo que pasó con Gordon y Anahí, ¿todo bien?

Afirmo.

─Sí, ¿qué hay de ti?

Se encoje de hombros.

─Nada nuevo ─dice tras tomar una última calada de su


cigarrillo y arrojar la colilla al suelo, aplastándola con la
suela de su zapato. Frunzo el ceño cuando se acerca a mí,
sin entender sus intenciones. Hans es atractivo al estilo
estrella de rock, pero no es mi tipo. Le falta músculo para
serlo. Músculo y seriedad─. Gracias por no haber ido tras
Ana ─susurra finalmente, sus ojos usualmente indiferentes
llenándose de calidez─. Su situación es complicada.

La arruga en mi frente se profundiza.

─¿Eres su compañero de estudio o algo más?

─Soy su compañero de estudio, pero también soy el camello


de Gordon ─responde y exhala con brusquedad, como si
hubiera estado esperando demasiado tiempo para decirlo
en voz alta y no pudiera contenerse. No estoy sorprendida
por ello, con sus tatuajes, delgadez y cabello oscuro
desordenado es el estereotipo de cómo se ven los camellos,
sino por la forma en la que confía en mí para admitirlo.
Tampoco me impresiona que Gordon sea drogadicto. En
realidad no me sorprendería que estuviera asociado a todos
los adjetivos calificativos negativos. Es el mayor de los
imbéciles─. Anahí es la moneda con la que paga cada vez
que quiere consumir. ─Me congelo, por lo que rápidamente
añade─: Es consensuado, por supuesto.

Hago una mueca.

─Eso no lo hace sonar más bonito.

Se encoje de hombros.

─Es como es.

Ya que soy mejor persona para juzgar a los demás, no digo


nada al respecto. Camino lejos de él para tomar mis
pompones abandonados en el suelo y los agito suavemente
en mis manos, viendo por el rabillo del ojo cómo una pareja
ha empezado a acercarse. Hans es genial. Camello o no, sin
músculos o no, definitivamente es mejor partido que Gordon
aún si forma parte de un trato tan detestable. Por la manera
en la que habla de ella, sospecho que le importa, pero
todavía sigue siendo una situación que no todos verían
correcta. Que no es correcta, pero es la vida de quién la vive
y ya.

Desde afuera puedes opinar, pero eso no significa que nada


vaya a cambiar.

─¿Por qué me cuentas esto?

Hans desvía la mirada hacia el camino.

─Porque necesitaba decírselo a alguien y no sentirme como


un maldito monstruo por aprovecharme de su situación. No
es una justificación, pero no puedo dejarla sabiendo que
terminará en una peor situación si lo hago. ─Vuelve a
mirarme, ofreciéndome una sonrisa triste─. Y porque de
todas las malditas personas en el campus, sé que puedes
guardar un secreto.

Mis cejas se unen.

─¿Qué se supone que significa eso?

─Significa lo que tú quieras que signifique, pero todas las


variantes que puedas imaginar me dan la razón ─susurra,
colocándose detrás de mí. Sus manos van a mis hombros y
me dan la vuelta, por lo que la pareja que antes había visto
de lejos queda frente a mí. La ira recorre mi cuerpo al
identificar a Tanner y a Pauline. Él está disfrazado como un
integrante del equipo SWAT, lo que significa que lleva un
uniforme negro, chaleco antibalas y un arma, no cargada,
espero, que se adhiere deliciosamente a su cuerpo. Pauline
lo hace como cenicienta, su vestido azul y sus zapatos de
tacón de cristal─. Y lo que más piensas que no pasará,
siempre sucede. No es premonición. Es instinto.
Las velas se apagan gracias al soplador de hojas que
alguien acciona lejos del alcance de su visión. Trago cuando
Pauline se asusta y se acurruca contra él. Tanner no tarda
en envolverla con sus brazos, sonriéndole, y aunque llevo su
chaqueta, nunca he sentido más frío que en este momento.

Me giro para ver a Hans.

─¿Cómo le dices a la persona que amas que es idiota por no


darse cuenta de que tú eres la mejor opción? ─pregunto con
un hilo de voz.

Traga, su nuez moviéndose.

─No lo haces ─susurra─. Porque si de verdad amas a esa


persona, la dejas crecer y cometer errores para que sea
mejor el día de mañana, contigo o sin ti. Nadie es dueño de
nadie. Lamentablemente no puedes obligar a tu alma
gemela a reconocerte si no quiere hacerlo. En mi opinión, es
más fácil tomar tanto como puedas, conformarte con dejar
una huella, y dejar todo lo difícil para la siguiente vida si
todo en esta grita que no debemos, o no podemos, estar
juntos. Quizás en ella tendremos más suerte. Quizás no.

Tras echarle un vistazo de reojo a Tanner y Pauline, asiento


con suavidad.

Estoy cansada. Agotada. Asqueada.

En otra vida será.

Tras sonreírme, Hans toma mi mano y me lleva a dónde


ellos se encuentran. No puedo evitar reír mientras corro.
Estoy irreconocible, por lo que ninguno de los dos sabe
quién soy cuando caigo frente a ellos y agito mis pompones
suavemente. Pauline grita y ríe, saltando sobre Tanner. Él
sisea entre dientes, echándome un vistazo con la frente
arrugada y el rostro pálido, antes de continuar con prisa por
el sendero. Unos metros después, sin embargo, son
interceptados por Hans y su pandilla puro hueso. Me acerco
a ellos cojeando y agito mis pompones sobre el rostro de
Pauline, ahogándola. Ella lucha por alejarse de mí a la vez
que Tanner gruñe en dirección a mis compañeros, pero no lo
permito, caminando en su dirección mientras retrocede y
agita los brazos para alejarme. Después de que ellos
terminan el asalto, yendo por su siguiente víctima, Tanner
se acerca a mí y me hace dar la vuelta con brusquedad.
Cuando lo veo, la ira predomina sus facciones, pero también
hay algo de pánico ahí. Su mandíbula está apretada y a la
vez floja. Tras nosotros, Pauline boquea como un pez. Sus
ojos lagrimean y sus manos palpan su cuello como si la
hubiera ahorcado o algo por el estilo. 

No puedo evitar reír. Está siendo una reina del drama.

Cualquier razón que me impediría ser mala con ella, no


existe hoy.

─Suficiente ─sisea él cuando extiendo mis pompones hacia


ella y grita, aumentando mi diversión─. Suficiente ─repite,
empujándome contra la corteza de un árbol─. ¿No oíste? No
estás siendo entretenida. Estás siendo una matona. Si fuera
tú, en este mismo momento me disculparía con ella.

Apartando mis ojos sin irises de Pauline, me concentro en él.

Sonrío, haciéndolo temblar.

─¡Vamos, equipo! ─grito con voz chillona, lo suficientemente


aguda como para que no me reconozca, mientras lo
abofeteo una y otra vez con mis pompones─. ¡Vamos,
Longhorns! ¡Vamos, Reed, haz una anotación por mí!
Cuando empieza a toser y siento la mano de Pauline
dirigirse a mi cabello, probablemente para tirar de él por
molestar a su novio, corro.

Pero no lo hago lo suficientemente rápido.

Tanner alcanza mi muñeca por unos segundos, haciéndome


mirar atrás mientras tiro de ella fuera de su agarre, y su
cara es un poema.

Las línea apretada de su mandíbula grita enojo.

Sus labios curvados hacia abajo, pero también hacia arriba,


gritan diversión.

Su ceño fruncido grita confusión.

Pero, más importante, sus ojos negros gritan conocimiento.

Me duermo, las amo, bai


Capítulo 34:

Capítulo 34:
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por OscaryArroyo
 

Los trabajadores vienen al ático para cumplir jornada hasta


el mediodía, pero después de eso sigue siendo solo para
nosotros. Tanner se encarga de supervisarlos mientras yo
me quedo en su cama, viendo películas y comiendo galletas
que trajo del supermercado por la mañana, además de otras
cosas para su refrigerador y la despensa. Oreos de todos los
sabores que mezclo con helado. Cuando termino con ellas y
con una maratón de películas que incluye Juegos sexuales,
una de mis favoritas, es la hora del almuerzo y finalmente
se une a mí. Lleva pantalones oscuros y una sencilla camisa
negra arremangada. Tras mirarme desde el umbral de la
puerta por un momento, sus labios en una curvatura hacia
abajo que simboliza una mueca divertida, se acerca y se
inclina sobre mí. Por un momento creo que va a besarme,
pero suspiro cuando me quita exceso de helado del rostro
con el pulgar y lo degusta en su boca mientras se aleja. Para
no ser un fanático de mis galletas favoritas, parece
complacido con el sabor. Aunque mi cuerpo está herido, no
puedo evitar quererlo una y otra vez hasta que no quede
nada de ninguno de nosotros ya que sé que aunque no lo
demuestre como yo, cada vez cae más profundo en el
agujero negro que me acusó de ser una vez.

Es como estarlo viendo salir de su caparazón, de su disfraz.

Ser la persona que en realidad es.


─¿Sigues sin poder moverte? ─pregunta, sonando
preocupado y satisfecho en partes iguales ya que logró lo
que ambos queríamos anoche: que caminara como un pato
al día siguiente, suponiendo que pueda caminar ya que no
lo he intentado porque el solo hecho de cambiar de posición
me lastima.

Mi sonrisa se deshace, mis mejillas volviéndose calientes.

─Sí ─respondo─. Todavía me duele.

Creo que esta vez fui demasiado lejos con mi apetito sexual
al no preparar mi cuerpo para la intromisión de Tanner, por
no mencionar el hecho de que es grande y agresivo,
conmigo, por naturaleza. Si pudiera retroceder en el tiempo
para ponerme más lubricante o usar una de esas bonitas
colas de gatito por un par de horas, lo haría. Si pudiera
darle cualquier consejo útil a una chica, además de no
enamorarse del novio de alguien más, sería no tener sexo
anal sin la debida preparación. Él al menos tiene la decencia
de fingir sentirse culpable cuando llevo mis ojos
nuevamente a su rostro, ya que, como siempre, no puedo
evitar recorrerlo de pies a cabeza y disfrutar de la vista.
Tampoco regodearme del hecho de que ahora sea mío.

Dios.

Soy terriblemente masoquista por desear más en este


estado.

Empiezo a preguntarme si tiene razón con respecto a mi


sexualidad. Si el hecho de haber perdido la virginidad cómo
lo hice y a una edad tan temprana desató en mí algo
extraño. Como si supiera qué pasa por mi mente, al menos
mi apetito de él, su mueca se convierte en una sonrisa
egocéntrica. Quiero golpearlo, pero también quiero montarlo
hasta borrarla de su rostro y satisfacerlo de una manera que
lo dejará igual de dolorido que yo.

Tal vez más tarde, cuando me sienta mejor.

─Bien, entonces transferiré nuestros planes de hoy a


mañana ─dictamina.

Mis cejas se unen.

No sabía que quisiera hacer algo más que estar aquí,


escondidos.

Porque hasta que no sea libre ante la ley, soy su sucio


secreto.

Me cuesta imaginarlo estando bien con la opinión de los


demás ante ello si salimos y se hace evidente el hecho de
que Pauline no es la única en su vida.

─¿Qué planes?

Tanner simplemente ignora mi pregunta y se marcha de la


habitación, dejándome con la intriga. Me trago un jadeo,
varios, en realidad, pero finalmente me incorporo y me bajo
de la cama. Estoy usando un cómodo pijama lila de algodón
de pantalones cortos y top suelto que trajo de mi casa, junto
con ropa para pasar un par de días. Bajo los escalones de la
escalera de cristal lentamente y camino despacio en
dirección a la cocina, embelesada con la imagen de él
adornando con vegetales y condimentando con especias un
pollo entero en una bandeja anti adherente. Su gesto es de
profunda concentración hasta que me escucha acercarme,
pero vuelve a lo que está haciendo después de echarme un
rápido vistazo. Sonríe cuando me quejo al sentarme en uno
de los taburetes altos frente al mesón de mármol blanco en
el que trabaja.
Por mucho que quiera ocultarlo o encontrarle sentido a mi
conducta sexual masoquista, lo disfruta tanto como yo. Es
un bastardo sádico.

─Siempre olvido que sabes cómo cocinar ─susurro.

Su frente se arruga mientras coloca un trozo de zanahoria


en su lugar.

Supongo que cocinar es terapéutico para él, como manejo


de la ira.

─Pasé mucho tiempo en la cocina con mi madre mientras


crecía.

Son contadas las veces que Tanner menciona a la señora


Reed, así que mi oído se agudiza. Es mucho más reservado
con ella de lo que Malcolm lo es con su progenitora y eso es
bastante tomando en cuenta que lo primero que hizo su
hermanastro al tener dinero fue comprarle una mansión a
su madre en un vecindario de lujo solo con el fin de
preservar su seguridad e intimidad.

─¿Tu sueño frustrado es ser chef? ─pregunto, queriendo


indagar más en su infancia sin sonar muy obvia─. ¿Por eso
nunca te viste dentro de la NFL?

Tanner me mira con la expresión en blanco.

─¿Tengo cara de lucir como alguien que podría ser feliz si


pasara todo el día en una maldita cocina, sirviendo a otros?
No escogí seguir con el fútbol porque odiaría cada día en el
que alguien más tomara decisiones por mí y ese era un
trabajo que pagaba infinitamente mejor que ser chef, así
que no, Savannah, no quería ser un puto cocinero ─gruñe,
concentrándose nuevamente en el pollo─. ¿Cuántas veces
tengo que explicarte que prefiero ser la persona que maneja
a otras y que no quería ser un triste jugador? ─Su expresión
malhumorada está de regreso, pero no deja de arreglar su
pollo. Por algún motivo se ve enojado más allá del hecho de
tener que responder a una pregunta que le he hecho mil
veces. Cuando vuelve a hablar, su tono de voz es una
mezcla de burla y desagrado─. ¿De verdad piensas que el
éxito de esos idiotas es eterno? La mayoría de ellos
terminan en la quiebra antes de la jubilación en el caso de
que una lesión no los haya enviado al barrio del cual
salieron sin haber depositado su primer cheque en el banco.
Ser bueno en el fútbol o un maleante es la única esperanza
para los de la clase baja que no se esfuerzan por destacar a
través del sistema educativo. Para ser una mujer inteligente
que incluso puedo decir que admiro, tu fascinación por los
deportistas te resta puntos. El que manejen grandes cifras
no borra el hecho de que cuando les hablas, es como si le
hablaras a un parquero.

Mi ceño se frunce. Me cruzo de brazos.

La ira se concentra como una pelota de lava en mi pecho.

─Malcolm te adora, Tanner. No entiendo cómo puedes hablar


así de ellos tomando en cuenta que tu hermano es el
mariscal de los Kings ─le reprocho.

En vez de disculparse, su mandíbula se aprieta y siento


cómo su ira crece.

─Eso no lo hace menos imbécil.

Me estremezco. Sin importar el dolor que eso me ocasiona,


me levanto. Malcolm no merece que se exprese de él de esa
manera. Es dulce, gentil y bueno. Probablemente una de las
pocas cosas brillantes en nuestra vida. En la mía como mi
mejor amigo. En la suya como su hermanastro, quién no le
tiene ningún tipo de resentimiento cuando tiene todas las
razones para hacerlo ya que fue Tanner quién recibió los
regalos bajo del árbol la mañana de navidad y los deliciosos
pasteles en los cumpleaños y no Malcolm, además de las
fotografías enmarcadas de momentos familiares que su
hermano no tuvo por ser producto de una aventura. Incapaz
de verlo a los ojos, empiezo a caminar hacia las escaleras
para ir a su habitación y recoger mis cosas.

Estoy furiosa.

─¿Qué crees que haces? ─pregunta rodeando mi muñeca


con su mano, deteniéndome cuando estoy a punto de subir
el primer escalón.

Sin ver sus ojos, niego.

─No me gustó cómo te escuchaste.

Lo siento relajarse junto a mí mientras me suelta.


Finalmente encuentro la fuerza para verlo a la cara. Su
mandíbula continúa apretada, pero se esfuerza para que sus
hombros luzcan sin ningún tipo de tensión en ellos.

─Es solo mi punto de vista ─dice, su nuez moviéndose


mientras traga, restándole importancia al asunto con un
ligero encogimiento de hombros.

─No me agrada tu punto de vista.

─No tiene por qué hacerlo. Es el mío, no el tuyo.

Mi mandíbula se desencaja.

─Es desagradable.

─No tienes por qué compartirlo, Savannah. No compartimos


la misma opinión en muchas cosas. No entiendo la razón
por la que eso es un problema ahora. ─La incredulidad se
apodera de mí ante sus palabras. Podemos coexistir
discrepando en muchas cosas, sí, pero no en esto. Tanner no
tiene por qué ser tan clasista y grosero, más cuando se
trata de un tema que involucra a Malcolm. Creo que ni
siquiera sería capaz de dejarlo pasar si él no fuera mi
amigo. El hecho de que hable así de su hermano indica que
hay algo malo ocurriendo en su mente─. A menos que sea
por él que estás así.

Palidezco, frunciendo el ceño y ladeando la cabeza ante sus


insinuaciones.

─No hay nada entre tu hermano y yo y estoy un poco harta


del hecho de que pienses que quiero acostarme con todos
los hombres que conozco.

El destello de algo peligroso se adueña de sus ojos oscuros.

─¿No hay nada? ─pregunta, avanzando hacia mí mientras yo


retrocedo.

Niego.

─No ─admito en voz alta cuando mi trasero choca contra la


barandilla de la escalera y todavía no obtengo una
respuesta de su parte más allá de su intimidación,
trayéndolo de regreso a su época de matón, lo cual me hace
tanto o más enferma que él debido a cómo mis muslos se
aprieten.

Tanner inclina su cabeza hacia abajo cuando me alcanza,


manteniendo mi rostro hacia arriba con sus manos
ahuecando mis mejillas. Su mirada oscura está cien por
ciento concentrada en mis expresiones, como si no quisiera
perder detalle de ellas o analizara hasta el más mínimo
gesto que hago.
No entiendo por qué.

─¿Entonces por qué pasas tanto tiempo con él? ¿Por qué
sonríes como si te hubieras ganado la lotería cada vez que
hablan por teléfono? ─interroga, haciendo que mis rodillas
se sientan débiles porque nunca pensé que su arrebato
anterior tuviera algo que ver con los celos ya que, en primer
lugar, no tiene derecho a estar celoso. No cuando todavía
sigue casado con Pauline y lo vi con esa morena parecida a
mí durante el último partido de Malcolm al que fui, por la
cual no he preguntado─. ¿Por qué lucen como una pareja de
un millón de dólares en todas las malditas redes sociales?
¿Por qué vas a sus juegos y cenan con tus padres? ¿Por qué
se toma tantas molestias con Will? ¿Por qué ha recibido
ramos de flores de Larissa tras cada victoria y se queda en
tu casa en Miami cuando los Kings le alquilarían una
mansión si quisiera?

─Tanner...

Se echa hacia atrás con expresión amarga, como si hubiera


degustado ácido, cuando no encuentro inmediatamente
algo que justifique todo lo anterior sin recurrir a una
respuesta evasiva o que signifique que no quiero contestar
porque tiene razón al sospechar que hay algo entre Malcolm
y yo.

─¿Sin palabras, Savannah? ─Hace una mueca─. Eso es


jodido.

Tras humedecer mis labios, por fin consigo replicar.

─Malcolm y yo no tenemos nada más allá de una buena


amistad.

─Eso no significa que a una parte de ti no le gustaría.


Tras decir esto, se gira y camina de regreso a la cocina. Lo
dejo dar un par de pasos hacia ella antes de alcanzarlo y
hacer que se dé la vuelta tomando el dobladillo de su
camisa en mi mano. Cuando Tanner me mira nuevamente,
no hay ningún tipo de emoción en su rostro, lo que sé que
solo es una máscara para ocultar lo que siente. Se me
queda viendo mientras cuelo una mano en el interior de su
camisa, palpando sus abdominales y la V debajo de ellos. Él
se limita a contemplarme como si fuera inmune a mi toque
a pesar de que sus músculos se contraen cuando paso mis
dedos sobre ellos.

─No importa lo que escuches o veas. Malcolm es amigable.


Es atractivo. Extremadamente dulce y atento. En el caso de
que un día ocurra el milagro en el que me vea como más
que una amiga, no niego que sea el hombre indicado para
llevar a cenar con mis padres porque es el sueño de
cualquier mujer hecho realidad. ─Mis labios se curvan hacia
arriba cuando empieza a alejarse de mí con una porción de
su máscara resquebrajándose y enseñándome su cólera al
oírme hablar de su hermano así, pero no lo dejo ir. Rodeo su
cuello con mis brazos y entrelazo mis dedos tras su nuca
antes de alzarme de puntillas y rozar mi nariz con la suya,
tomando tanto de su aroma a limpio y loción de afeitado
como puedo─. Pero no soy como el resto de ellas, soy
políticamente incorrecta y eso significa que eres tú al que
quiero.

Al recibir esta respuesta, suelta un sonido que nace en lo


más profundo de su garganta y me toma en brazos. Le echa
un rápido vistazo lleno de anhelo al segundo piso, pero
descarta la idea de llevarme a su cama y en su lugar nos
conduce a la cocina. Tras depositarme sobre la encimera,
asalta mis labios mientras sus manos exploran el interior de
mi top, solo que acaricia mi espalda y me empuja hacia él
mientras reclama mi boca en lugar de dirigir sus atenciones
a mis tetas como usualmente haría cuando quiere sexo.

Al igual que en el yate y esa noche en mi departamento, se


limita a besarme y a acariciarme sin importar que su
erección esté clavándose en mi estómago. Enredo mis
dedos en su cabello oscuro, suspirando cada vez que
mordisquea mi labio inferior o mi barbilla antes de volver a
asaltarme la boca con su lengua. Cada tanto se detiene
para tomar aire y mirarme como si no pudiera creer que
estuviera frente a él, su frente presionada contra la mía,
pero a los segundos vuelve a tirar de mí y a robar hasta la
última partícula de oxígeno de mis pulmones. Es el timbre
del horno lo que finalmente hace que le pongamos fin a
nuestra sesión de besos. Tanner se separa de mí con una
chispa de irritación en sus ojos negros que no se molesta en
ocultar, pero de todas maneras sonríe mientras toma un par
de guantes que todavía tienen su etiqueta y se agacha para
sacarlo. Lo deja reposar en la encimera tras ello.

─Huele bien.

Asiente mientras toma un recipiente con ensalada de papa


del refrigerador. Mi boca se hace agua debido al aspecto
que tiene todo. Inclina la cabeza hacia el taburete en el que
antes estuve sentada cuando coloca sobre el mesón dos
platos blancos de porcelana y empieza a cortar el pollo. Voy
allí tras tomar una jarra con limonada del refrigerador y dos
vasos de vidrio.

─Gracias ─dice─. ¿Cuál es tu parte favorita? ¿Pechuga,


muslos o alas?

─Pechuga.

Su ceño se frunce.
─No siempre es agradable que te guste lo mismo que a mí
─masculla mientras coloca toda la pechuga del pollo en mi
plato, haciendo que suelte una risa baja cuando mira las
piezas que le quedan con profunda infelicidad.

Si fuera más desinteresado y agradable en su día a día le


daría la mitad de mi porción de pollo, pero Tanner no lo es y
después de expresarse así de Malcolm merece una lección
de humildad, por lo que me como toda la pechuga y un par
de porciones de ensalada mientras él se conforma con lo
demás. Cuando terminamos, deja nuestros platos en el
lavaplatos y me lleva a su habitación en brazos. No puedo
evitar clavar mi mirada en la habitación en blanco de su
ático, la cual ahora mantiene bajo llave, y preguntarle al
respecto después de que me deposita en su cama y me
mira como si no supiera qué hacer conmigo. Su erección
sigue ahí y la acaricio con mi pie.

Tanner toma mi tobillo en su mano en respuesta y lo rodea


con sus dedos, pero no lo quito. Él tampoco lo aparta,
limitándose a apretarlo con fuerza. Relame sus labios
cuando me dejo caer perezosamente hacia atrás, esperando
una respuesta de su parte, ya sea física, como sexo, o con
palabras. Interactuar con él hace que me quede sin energía
siempre.

─Es solo una habitación con la que no he decidido qué hacer


─responde.

─¿Por qué mantenerla bajo llave si solo es una habitación?

─Su fin puede ser importante, pero todavía no he decidido


cuál es. ─Masajea mi pie─. Hasta que no lo haga, sigue
siendo solo una habitación.

Separo los labios para continuar indagando en ello, pero sus


dedos deshaciendo los nudos que encuentra a su paso
hacen que jadee. Tanner eventualmente se sienta junto a mí
y los coloca en su regazo mientras los masajea, sacándome
suspiros llenos de gusto. Cuando termina con ellos, siento
que estoy frotando. Se levanta, busca algo en la mesita de
noche y regresa mientras cierro mis ojos, por lo que escucho
sus movimientos.

Los abro abruptamente cuando siento sus manos ir a mi


pantalón.

─Tanner, no...

─Silencio ─masculla─. No es lo que crees.

Trago. Me da la vuelta. Jadeo, mi rostro escondido en las


sábanas negras de su cama, las cuales yo escogí y por
primera vez me sentí bien al hacerlo ya que nadie se
llevaría el crédito, y protesto un poco más cuando acaricia
mi trasero, acercándose poco a poco a su agujero. Suyo
debido a que nadie además de él ha estado ahí y por cómo
lo reclamó la noche anterior, no dejándome de otra más que
bautizarlo como tal. Grito cuando lo toca.

─Tanner, no ─gruño, dándome la vuelta, pero me mantiene


en mi lugar presionando su mano abierta contra mi espalda
de la misma manera que lo hizo mientras teníamos sexo
anoche, trayendo humedad a mi entrepierna.

La diferencia es que hoy es incómodo.

─Tranquila ─susurra.

La siguiente vez que me toca, la sensación es fría y viscosa.

Mi cuerpo se estremece con alivio cuando el dolor


desaparece.
Unos segundos después, me sube los pantalones y me da la
vuelta. Lo veo limpiarse la mano con una toalla húmeda de
bebé cuando me giro. Mis mejillas están rojas y calientes
como nunca lo han estado antes.

─¿Qué fue eso? ─pregunto, abochornada.

─Anestesia tópica.

Quiero ahorcarlo.

─¿Por qué no me la habías puesto antes?

Sonríe, brillante y precioso, y ahora quiero besarlo.

─Buscaba el momento adecuado. No podía simplemente


preguntártelo.

─Podría haber sido el momento adecuado allá abajo en la


cocina.

Ríe entre dientes.

─Estaba cocinando e íbamos a comer, Savannah. Mi mente


no es tan sucia.

Le arrojo la almohada, riendo también.

─Idiota.

Tanner la ataja.

─Pero me quieres aunque sea políticamente incorrecto, ¿no?

Me veo tentada de enviarlo a la mierda o mentirle, pero me


derrito cuando se acuesta junto a mí tras quitarse los
zapatos y me atrae a su cuerpo. Tras rodearme con sus
brazos, enciende el televisor y empieza a hacer zapping
conmigo ahí, como si sostenerme fuera lo más natural del
mundo.

Cuando deja de esperar una respuesta, giro su rostro hacia


mí y respondo.

─Sí.

Mis hermanos no me dejan escribir un saludo como


es porque quieren que los lleve a comer, las amo y no
olviden comentar y darle amor al cap. 

Nos vemos mañana <3 


Capítulo 35:

Capítulo 35:
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por OscaryArroyo
 
Aunque evito postear fotos porque lo último que quiero es
que Pauline sepa que fui yo quién la asaltó en el cementerio
y Tanner lo confirme, Hans consigue tomarme unas cuantas
desprevenidas. Afortunadamente ninguno de ellos lo tiene
en sus amigos. Para cuando los recorridos de terror
terminan, me encuentro riendo con el resto de los chicos
calavera que han estado trabajando conmigo esta noche.
Todos ellos me animan a ir a una fiesta en el campus cuya
invitación rechazo una y otra vez.

─Si se trata de Reed, te prometo que él no estará ahí ─dice


Hans mientras nos detenemos en la entrada del cementerio,
sus manos dentro de su chaqueta de cuero con la que cubre
sus brazos, más no su torso y su abdomen.

Me encojo de hombros.

─Tiende a aparecer a dónde sea que vaya.

Me mira con la frente arrugada.

─Solo es Halloween una vez al año, ¿dejarás que lo arruine


para ti?

Presiono mis labios fuertemente entre sí.

─No se trata de eso.


Pero sí se trata de eso.

Estoy tan aterrada de la idea de cruzarme con ellos dos,


sobre todo después de lo que hice, que ni siquiera creo que
volveré a nuestro dormitorio por el riesgo de ser vista por
Tanner y Pauline en mi disfraz, sino que más bien alquilaré
una habitación en un motel y pasaré la noche ahí. Mi pánico
debe ser evidente en mi rostro, ya que suspira antes de
hacer un último intento.

─Te lo pondré así, Savannah. Tanner, su novia y tú son parte


de la élite de la universidad. Yo soy un perdedor y mis
amigos son perdedores. Sea cual sea el sitio al que
vayamos, él no estará ahí. Será seguro para ti.

Trago.

No he ido a una fiesta decente, que no haya terminado en


drama, desde hace un par de meses. He estado tan
concentrada en mis estudios, en el concurso y en todo lo
acontecido que no he tenido un tiempo para mí. Soy una
persona razonable y algo en Hans me inspira confianza,
quizás el hecho de que estamos cumpliendo el mismo papel
en diferentes historias aunque no recuerdo haberlo sentido
de esa manera cuando nos conocimos, por lo que termino
encontrándole lógica a lo que dice y asintiendo, lo que hace
que sus amigos suelten una serie de aullidos de victoria y
revuelvan mi cabello.

─Está bien. Iré.

Tras ofrecerme una sonrisa torcida, inclina la cabeza hacia


una serie de motocicletas estacionadas junto a la acera.
Suelto una risita cuando se monta en una de ellas y me
tiende un casco, ya que nunca he estado en una antes.
Después de acomodarme en el asiento tras él y rodear su
cintura con mis brazos, me echa un vistazo mientras le da
gas al motor y este ruge como un dragón enojado y letal.
Sonrío de oreja a oreja y grito cuando acelera.

Mi falda es tan corta que todos pueden ver mi trasero.

No me importa.

El viento hace que mi cabello se convierta en un látigo en el


aire. Las cosquillas en mi estómago cada vez que Hans va
rápido me hacen querer vomitar, pero también estallar en
millones de partículas que se unan al cielo nocturno de
Austin porque es allí a dónde pertenecen. En dónde me
siento. Cuando finalmente llegamos, estoy mareada y me
acerco a un arbusto en el frente de la vieja y oscura casa
destartalada en la que nos detenemos para vomitar, pero
solo tengo arcadas. El sitio está en la misma calle que la
fraternidad de Tanner y aún así Hans tiene razón.

Él nunca vendría aquí.

─Te divertirás, lo prometo ─dice mi amigo camello antes de


tirar de mí hacia adentro, dónde hay todo tipo de personas
en todo tipo de disfraces haciendo todo tipo de cosas. Me
ofrece una cerveza que abre frente a mí y la acepto,
apreciando su frescura cuando entra a mi boca─. Aquí
puedes ser quién quieras. La descendiente de inmigrantes
ilegales en lugar de la perfecta hija de una pareja que
cumplió el sueño americano. Nadie te juzgará.

Entiendo a lo que se refiere cuando veo a una pareja de


chicos, dos hombres, besándose en un sofá, seguida de una
pareja de chicas y de una pareja heterosexual, los seis
amontonados en el mismo sitio y bajo las luces de neón
como si fueran el centro de la fiesta. Alrededor de ellos
todas las personas bailan y beben, algunas drogándose
también con marihuana o éxtasis. Esnifando cocaína.
Sintiéndome como un cordero en un corral de lobos en
comparación ya que lo más terrible que he hecho en la vida
es obsesionarme con la persona equivocada, asiento hacia
Hans, quién luego empieza a hablar con uno de sus amigos,
y me adentro en la multitud.

Feel So Close de Calvin Harris suena fuerte y duro.

Acerco el pico de la botella de cerveza a mis labios antes de


saltar y empezar a moverme al ritmo de la música. Estoy
eufórica. Amo esa canción y amo el ambiente que me
rodea, por lo que no dejo de beber hasta terminar lo que
tengo en las manos e ir por otra bebida, solo que ahora
tomo un vaso de un chico disfrazado de vampiro, sangre
manando de su boca, que lleva una bandeja repleta de ellos
y me sonríe traviesamente. Me acabé todo mi vodka, una
cerveza y la mitad del coctel que me da para cuando
Rockstar de Post Malone suena, momento exacto en el que
la puerta de la casa de los amigos de Hans se abre
abruptamente y el equipo de fútbol aparece.

Tanner los encabeza, luciendo más allá de enojado, lo cual


deduzco por la manera en la que mantiene su mandíbula
apretada, hay un tic en su rostro y tiene los puños hechos y
enrojecidos, también sangrantes en los nudillos, a cada
lateral de su cuerpo. Cuando sus ojos se enfocan en mí,
llamean.

No veo a Pauline en ningún sitio.

─¿Dónde está? ─ruge después de que uno de sus


subordinados apaga la música, las venas de su cuello
marcándose después de que deja de verme y recorre el
resto de la habitación con intensidad, buscando algo o
alguien. Me siento afortunada de no ser yo─. ¿Dónde mierda
está Hans, imbéciles? Traigan a su maldito drogadicto
estrella aquí o destruiré su puta ratonera.
Ahogo un chillido, también las ganas de tomar uno de los
jarrones en la habitación y estrellarlo contra su cabeza. No
tiene ningún derecho a hablarle así a nadie, menos a las
personas con las que me estaba divirtiendo. Doy un par de
pasos al frente para detenerlo, pero un cuerpo grande y
robusto se atraviesa en mi camino. La sorpresa me invade
cuando veo a Ibor, disfrazado de astronauta, pero aún así
entrecierro mis ojos hacia él por atravesarse.

Niega.

─No te recomiendo acercarte ahora, Sav.

Me cruzo de brazos. Parte de mi maquillaje se ha caído


debido al sudor, por lo que no impresiona que me haya
reconocido. Sí que defienda al idiota.

─¿Por qué hay que dejar que arruine toda la diversión


siempre?

Ibor, probablemente recordando la manera en la que Tanner


siempre ha interrumpido nuestros encuentros, me sonríe de
manera triste.

─Esta vez estoy de acuerdo con que lo haga.

Mi frente se arruga.

─¿Qué quieres decir?

─Alguien ha estado drogando a las chicas que asisten a


nuestras fiestas colocando sustancias ilícitas en las bebidas
que servimos desde hace un par de períodos académicos.
Se habían detenido, pero hoy volvieron a la carga. Todos
saben que cualquier droga en el campus sale de esta casa,
por lo que es el primer lugar dónde buscar un culpable
─susurra en respuesta, guiándome al exterior de ella
apretando suavemente mi codo cuando Tanner empieza a
jugar rudo con los demás chicos en búsqueda de Hans.
Pensar que él tiene algo que ver con lo que está diciendo
Ibor me causa escalofríos. Lo último que veo del capitán de
los Longhorns volcando el sofá en el que las parejas de
antes pasaban el rato─. Hoy fueron demasiado lejos.

La violencia en sus actos me resulta horrible, pero también


fascinante.

Tras escuchar a Ibor, giro el vaso y esparzo el contenido de


este en el suelo. Hace frío afuera, por lo que no me quejo
cuando se sienta junto a mí en un banco del otro lado de la
calle, frente a la Raptor negra que reconocería en cualquier
sitio, cuyas ventanas traseras están abajo, y otros autos que
se me hacen familiares. Le preguntaría a Ibor la razón por la
cuál no está allá adentro, apoyando a Tanner y a sus
compañeros de fraternidad y del equipo de fútbol, si no la
supiera. Es un pacifista, incluso ahora. Suspiro,
decepcionada por cómo ha terminado la noche para mí,
pero consciente de que Tanner tiene la obligación, como
presidente de Maleeh, de llegar al fondo de este asunto. Es
un imbécil, pero no tan imbécil como para estar de acuerdo
con este tipo de actividades, las cuales desafían su
autoridad.

Supongo que conoce a Hans porque se drogaba, también.

¿Qué quiere decir Ibor cuando dice que fueron demasiado


lejos?

─¿Violaron a alguna de ellas? ─pregunto, incapaz de


mantener mi curiosidad bajo control aunque quizás no sea
capaz de digerir su respuesta.

─No ─susurra Ibor─. Drogaron a Pauline.


Un nudo se instala en mi garganta ante su respuesta y mis
manos empiezan a sudar. Intento fuertemente que no me
importe, ya que estoy segura de que Tanner la mantuvo a
salvo y eso sería hipócrita de mi parte porque más
temprano casi la hago hacerse pis del miedo, pero lo hace.

─¿Cómo está ella?

En lugar de responder con palabras, Ibor se pone de pie y se


dirige a la camioneta de Tanner. Su traje debe ser pesado.
Camina como si estuviéramos en la luna. Trago cuando me
anima a ver el asiento trasero, dónde Pauline duerme
profundamente en su disfraz de cenicienta. Pacífica, feliz e
indiferente a la causa que la condujo a su hechizo de sueño,
no precisamente un pinchazo con una aguja en el dedo
como la bella durmiente.

Suspiro con alivio.

─Gracias a Dios.

Sigue habiendo un millón de cosas mal con ella, pero no le


hicieron nada.

Ibor afirma.

─Estaba con Tanner cuando la droga hizo efecto, pero de no


haberlo estado...

Me estremezco, sin siquiera querer pensar en ello.

─¿Ahora qué? ─lo corto, lo cual trae un sonrojo suave a sus


mejillas.

─Esperemos que el espectáculo termine. Después puedo


llevarte a tu dormitorio, si quieres. Gordon podría
aprovechar la festividad y acercarte a ti usando un disfraz.
─Su pecho se infla─. Cuidaré de ti. No le daré más razones a
Tanner para pensar que soy indigno de salir con su prima.

Pongo los ojos en blanco, pero termino riendo.

Es tan tierno que hace que me maldiga una y otra vez a mí


misma por no quererlo. La vida sería infinitamente más fácil
y bonita si en lugar de desear lo que no puedo tener,
ansiara a Ibor. Ya que estoy demasiado agotada y ebria
como para luchar contra él, también algo afectada por la
manera en la que Tanner ha demostrado a lo largo de todo
este Halloween cuán importante es Pauline para él, termino
sucumbiendo su encanto cuando avanza hacia mí y aplasta
mis labios contra los suyos, posicionando sus manos en la
estrechez de mi cintura mientras me presiona contra la
Raptor.

Nada de lo que le he dicho acerca de no querer una relación


debió haber entrado en su mente. Me besa con amor y
reverencia, tomándose su tiempo para saborear mis labios
hasta que enredo los dedos de una de mis manos en su
cabello y conduzco la otra a mi trasero. Ibor gime cuando lo
aprieta.

─Tan bueno.

─Shhh... ─lo silencio, frotándome contra él.

Ibor me complace, separando sus labios para mí cuando los


rozo con mi lengua. Sus manos ascienden a mis pechos y
jadeo al sentir sus tímidas caricias ahí. Estamos pasándola
de maravilla hasta que una garganta aclarándose hace que
nos separemos. Miro a Tanner, quién parece haber vuelto de
la guerra, con molestia, harta de que se interponga entre
nosotros.
─¿Podrían no follar en mi maldita camioneta también o es
demasiado pedir que no marquen cada cosa que me
pertenece con sus fluidos corporales? ─Mira a Ibor con ojos
letales─. Realmente eres una mierda insignificante y
molesta que me niego a tolerar todo el maldito tiempo,
defensa. Quizás esté tentado de sugerir al entrenador
enviarte a la banca en el próximo partido, el cual sabemos
que estará repleto de los reclutadores que has esperado.

Ibor se encoge de hombros.

─Hazlo, pres. Savannah es lo que quiero y soy un hombre


con las prioridades claras. No dejaré que me chantajees. Si
me dejo intimidar por ti o por todos sus pretendientes, no
soy merecedor de ella o de pertenecer a su familia en el
caso de que por fin me honre formalizando lo nuestro. Si
tengo que ganarme tu respeto y conquistar tu corazón para
tenerla, que así sea. ─Ibor se da un golpe en el pecho─.
Sácame del equipo. Destruye mi futuro, capitán. El futuro de
un hombre que solo quiere tratar a tu prima como una
princesa.

Las fosas nasales de Tanner se expanden ante su respuesta.

El humo prácticamente sale de sus orejas.

Sonrió, presionando mi rostro contra el pecho del rubio. Ibor


me rodea protectoramente con sus brazos, como si sus
músculos pudieran protegerme de Tanner. No lo hacen ni lo
harán jamás, pero aún así su calor me da ánimos. Mi primo
falso mira entre nosotros con una ceja alzada. Su pómulo
sangra de una manera que antes me habría vuelto loca por
arreglarlo, pero ahora no me ocasiona nada. Su disfraz
también ha sido arruinado.

Pero estoy segura de que alguien más ha quedado peor.


Solo espero que no sea Hans. Estuvo conmigo toda la noche
y realmente sería una decepción que estuviera involucrado
en el asalto a Pauline. Ya que no quiero que la noche sea
más intensa de lo que ya ha sido en el sentido de que no
deseo más problemas, giro el rostro de Ibor hacia mí
después de un poco más de discusión, en la que vuelve a
decir que lo echará del equipo aunque sea uno de sus
jugadores estrella, para hacerlo recapacitar. No soy quién
para permitir que renuncie a sus sueños por mí cuando sus
sentimientos no son correspondidos, para arruinarlos por
nada.

No soy tan cruel.

No soy Tanner Reed.

─No, lo que tenemos es solo sexo ─le recuerdo─. No tienes


por qué hacer nada de esas cosas, Ibor. Aunque tus
intenciones son dulces, no quiero que te vuelvas a acercar a
mí a menos que lo tengas perfectamente claro. No insistas
más. Al principio fue dulce, pero ahora eres... patético.

Ante mis palabras, me mira como si le hubiera roto el


corazón.

Trago.

─Sav...

─¿Entendiste?

Tras ofrecerme un largo vistazo con la mirada llena de dolor,


asiente y se separa de mí. Me repito a mí misma que esto
es lo mejor que puedo estarle haciendo para no sentirme
mal al respecto, pero no funciona tan bien.

─Entendido.
Tras murmurar esto con los hombros caídos, se aleja de
nosotros en dirección a los otros integrantes de los
Longhorns. Dejo escapar el aire que había estado
reteniendo hasta que veo a Tanner frente a mí, ocupando la
misma posición en la que antes había estado el rubio, solo
que más lejos.

El nudo en mi estómago vuelve.

─Hola ─susurro cuando no dice nada, inhibida sin saber por


qué.

─Hola ─responde a cambio, frunciendo el ceño.

─¿Encontraste a quién sea que haya puesto la droga en la


bebida de Pauline?

Tanner niega.

─No, pero Hans y yo acordamos trabajar juntos para


resolverlo.

─No fue él ─susurro─. Estuvimos toda la noche juntos.

La barbilla de Tanner se endurece.

─Lo sé, pero es su culpa que haya drogas en el campus en


primer lugar.

─Para ser un consumidor, eres bastante prejuicioso.

Cualquier expresión en el rostro de Tanner desaparece ante


mis palabras, lo mismo que ocurre con sus ojos cuando me
acerco y presiono mis manos contra su pecho sin entender
por qué estoy haciéndolo, pero simplemente sintiendo la
necesidad de ello como lo hago con cada latido de mi
corazón.
─Dime, Reed, ¿qué es lo que te perturba? ─le pregunto,
pasando mi mano por su cabello negro y sedoso, alisándolo
hacia atrás─. ¿Tu papi no te quiere a menos que seas
perfecto? ¿Tu mami? ¿Tu aburrida novia? ─Mi sonrisa crece
cuando se estremece─. ¿Puede ser que el peso de estar en
tus zapatos sea como un cordón atado a una roca que te
ahoga en el mar o es algo más? ─Llevo mi nariz a su cuello,
oliéndolo antes de alzar un poco la mirada para evaluar su
reacción─. ¿Mataste a alguien? ¿Robaste? ¿Dijiste una
mentira muy grande? ─Mi rostro queda a nivel del suyo para
mi última pregunta y estamos tan cerca que no le encuentro
final al negro de sus ojos─. ¿O es porque me quieres y no
puedes tenerme? ¿Por eso eres tan entrometido?

─Savannah... ─advierte, pero no lo escucho.

Solo puedo escucharme a mí misma.

A mí y a las millones de voces en mi cabeza susurrándome


que me pertenece.

─Todos te tienen miedo, todos creen que eres invencible y


que no tienes debilidades, pero creo que eres adorable
cuando piensas que no me doy cuenta de que todo lo que
haces lo haces porque me quieres y estás celoso de todos
los chicos del campus que sí conocen mi cama porque
pueden y porque quiero que lo hagan, incluyendo a tus
amigos. ─Rozo mis labios contra los suyos, ahogándome en
su aliento cuando exhala bruscamente─. Pero si la dejaras,
no tendrías que estarlo. Tú y yo estaríamos...

─Savannah ─me corta, su voz ronca, mientras toma mis


muñecas y me aleja de él, llevándolas a la parte superior de
mi cabeza, contra el metal de su camioneta─. Estás
malditamente drogada. Tus ojos están idos y nunca he
escuchado a alguien decir más incoherencias en la puta
vida que ahora. Cállate la boca o te arrepentirás más tarde
de lo que estás diciendo.

Mi frente se arruga, mi presión arterial descendiendo.

─¿Drogada...?

Tanner asiente.

─Cuando llegué estabas bebiendo de un vaso que


claramente no provenía de alcohol que viste servir ─gruñe─.
En Maleeh soy el gobernante que se encarga de que sus
ovejas no salgan del rebaño, se pierdan o se coman entre sí,
pero aquí... ─Niega─. Todo el campus viene aquí por drogas,
Savannah. Solo un sorbo de lo que bebiste es suficiente
para desinhibirte y hacerte ver cosas dónde no las hay o
distorsionar tu percepción de la realidad.

Algunas emociones en mi pecho desaparecen, suplantadas


con decepción.

─¿Entonces no estabas celoso de Ibor?

Tanner se toma unos segundos antes de responder.

─No.

─Ah.

La mirada dura en su rostro flaquea por unos segundos,


pero posteriormente regresa con la misma intensidad que
tenía y se mantiene ahí.

─Quédate conmigo hoy. Cuidaré de ti y de Pauline. No dejaré


que nada les pase así tenga que dormir con un arma
cargada debajo de mi almohada.

Ante la mención de su novia, mi amiga, me separo de él.


─No creo que sea buena idea.

─Savannah...

Tanner arrastra mi nombre de una manera que hace que


humedezca mis labios y que sus ojos se dirijan al
movimiento de mi lengua sobre ellos, lo que no sé si me
estoy imaginando o no. Antes de deducirlo, sin embargo,
escucho el sonido de algunas pisadas acercándose a
nosotros. Giro mi rostro hacia ellos. Ibor y Weston, quién es
un vaquero del salvaje oeste con el pecho al descubierto y
una estrella dorada tanto en su cinturón como en su
sombrero de cuero marrón. Los dos vienen a nosotros con
andar decidido. Les sonrío, la lujuria haciéndome sentir débil
y pesada con tanta ropa. No estaría mal ser cuidada por los
tres. Incluso, en ese caso, no me molestaría que dejaran a
Pauline en algún lugar cerca de nosotros para vigilarla.

Como debajo de la cama.

O atada y amordazada en el armario, forzada a mirar


mientras soy devorada por tres dioses jóvenes, cada uno de
ellos con sus defectos y cualidades, pero grandes y buenos
atributos que sé, por experiencia, que saben usar.

Tres dioses reducidos a juguetes sexuales para mi placer.

Suspiro, ronroneando, cuando West me toma en brazos.

─Wertheimer ─gruñe Tanner, pero West, a diferencia de Ibor,


no se queda callado mientras me lleva a su Range Rover,
encendida y en marcha.

Le saca el dedo medio desde el asiento piloto.

─Ocúpate de tu novia y déjame ocuparme de la mía, Reed.


─Savannah no es tu maldita novia.

─Lo que tú digas, insecto.

Ya que él no es como Ibor, quién se sienta atrás conmigo,


indiferente al entorno que lo rodea, y sabe todos los riesgos
que representa estar con Savannah Campbell, no lo corrijo.
Imagino que la expresión en el rostro de Tanner después de
oírlo es producto de lo que bebí o de mi propia capacidad de
ver cosas donde no las hay con respecto a él y gimoteo, mi
rostro enterrado en el pecho de mi pretendiente más
amable. Él, a pesar del daño que le hice hace unos minutos,
alisa mi cabello sobre mi espalda mientras me deshago en
lágrimas, preocupada por no tener ningún control sobre mis
emociones y actos a pesar de que ya debería estar
acostumbrada. Me siento como lo hago todo el tiempo y no
hay alucinaciones en mi cabeza, por lo que deduzco que
tomé algo más suave que lo que él suele experimentar,
pero el filtro de lo que es correcto o no, que me mantiene
bajo raya, no existe. Mi corazón late tan rápido que a penas
puedo controlarlo y mis dedos tiemblan.

Me siento desinhibida.

Pero aterrada de lo que eso significa si me suelto


demasiado.

Sea lo que sea, me alegra haberme alejado de Tanner.

*****

Preocupada por la manera en la que siento


estremecimientos en cada centímetro de mi cuerpo y este
no hace más que sudar y sentirse caliente por dentro
aunque en el exterior siento frío, no le presto demasiada
atención al hecho de que los tres entramos a la habitación
de este último y los dos se acuestan conmigo en la cama
tamaño king que Weston hizo que instalaran el mismo día
que se mudó. Tampoco lo haría en otra situación ya que
confío en ambos. Los dos no tocan o miran algo que no
hayan visto ya o me tocan con segundas intenciones. De
manera mecánica, se deshacen de la sangre y de los huesos
adheridos a mi piel que todavía no se habían caído con mis
movimientos durante la noche.

También de nuestros disfraces, dejándome en ropa interior


de encaje.

Gimo cuando los veo intercambiar una mirada, la luz


encendida.

─Está drogada─ susurra Ibor, dirigiéndose a él─. ¿Quién lo


hizo?

─Lo está y no lo sé. Creo que estaba en esa fea casa de


adictos al final de la calle. La invité a venir hoy, pero me dijo
que no saldría de su habitación. Claramente me mintió
─responde Weston─. Como sea, sabes tan bien como yo
cuáles son los efectos de la droga que bebió y que se
sentirá mal hasta que no la saquemos de su sistema. Si nos
importa, debemos cuidar de ella de la manera que quiera y
hacer pagar a quién la drogó. Sin rivalidades.

Mis muslos se juntan ante lo bien que suena esa idea.

Me incorporo, andando sobre mis rodillas hasta que estoy lo


más cerca que puedo de ellos sin bajar del colchón.
Extiendo la mano para alcanzar a West y tirar de él hacia
mí, pero este niega y se aleja de mi alcance, genuino
conflicto en su mirada verde. Jadeo en protesta. Ibor se
queja como si algo le causara dolor, pero no hay nadie
lastimándolo cuando dirijo mi atención a él. Su ceño está
fruncido con preocupación.
─Quizás deberíamos tomar algo para relajarnos ─susurra.

Weston lo ve como si se hubiera vuelto loco, pero luego...

─Tienes razón. Sería muy fácil para nosotros perder el


control de otra manera ─dice─. Pero establezcamos reglas
antes.

Ibor se cruza de brazos.

─Te escucho.

─Sin penetración. Sin placer para nosotros. Todo es sobre


Savannah.

Mi chico dulce traga, pero termina asintiendo.

─Todo es sobre Savannah ─repite una y otra vez como un


mantra.

Unos segundos después, Weston se acerca y retira un


mechón lleno de sudor de mi cabello. Sus ropa interior está
tensa y apretada en el sitio donde va su pene. Mi boca se
hace agua. Enredo mis dedos en su cabello dorado,
acercando mis labios a los suyos. Mis caderas se mueven de
un lado a otro mientras nos besamos, consciente de que del
otro lado de la habitación Ibor nos contempla. La lujuria se
ha adueñado de mí, pero aún así no siento esto incorrecto o
equivocado, lo que podría suceder si estuviera con cualquier
otro que no fuera uno de ellos. Lo único que siento es una
tirante necesidad de ser llenada por West. Por Ibor. Por
Tanner. Por quién sea que desee, que no me haga pensar
que podría estarse aprovechando de la situación y muestre
piedad de mí.

Nunca los he necesitado tanto como ahora.


─Podría sedarte como hizo Tanner con Pauline ─propone
cuando se separa de mí para tomar aire, sus ojos verdes
brillosos y sus mejillas sonrosadas porque aunque juegue al
papel dominante para complacerme, es tímido, casi tanto
como Ibor, en el fondo─. O podríamos hacernos cargo de ti,
princesa, hasta que pase. Solo tienes que decir las palabras
y cuidaríamos de ti durante toda la noche. No soy ciego e
Ibor tampoco. Los dos te queremos y hemos sido tus
hombres. Sabemos que confías en nosotros. Esta mierda no
nubla el juicio y eres una mujer decidida y fuerte, así que
tus deseos son órdenes para mí.

Niego. La idea de ser sedada me resulta aberrante. No tiene


sentido impedir un escenario que llevo deseando por tanto
tiempo, un trío, sobre todo cuando me siento en la
capacidad de decir que sí o que no y no siento ningún tipo
de miedo, sino más bien todo lo contrario. La droga que me
dieron me ayuda a manifestar mis más oscuros anhelos y
este es uno de ellos. Estoy desesperada, quiero vivir una
experiencia que me haga olvidar a Tanner de una vez por
todas y el pensar que ingresen más sustancias extrañas en
mi torrente sanguíneo me hace temblar, por lo que termino
afirmando, viéndolos a ambos con ojos de cordero mientras
me dejo caer en su cama de espaldas y llevo una de mis
manos a mi ropa interior. Hurgo en ella, acariciándome y
alentando su hambre mientras me arqueo, gimiendo alto y
claro para los dos rubios presentes en la habitación.

Apaciguando e incrementando el huracán dentro de mí.

Mis sentimientos están a flor de piel. Si me tocan ahora


mismo, hasta la última capa de mí lo sentirá como si el
estímulo estuviera en directo y ardiente contacto con ella.
Mis ojos siguen llorosos debido a la vergüenza que pasé con
Tanner y el sitio entre mis muslos está húmedo, tanto que
mi centro gotea hacia mis muslos, lo que prueba cuán
diferente es el efecto que estos tres hombres tienen en mí.
Nunca pensé que mi vida universitaria sería tan variada y
divertida en ese sentido, haciendo realidad todas mis
oscuras fantasías, y solo ha empezado.

Los quiero tanto que duele.

─Por favor, cuiden de mí ─ruego.

Weston maldice.

Ibor traga.

Ambos toman una pastilla que Weston saca de su mesita de


noche antes de volver a fijar sus ojos en' mí, el que supongo
que es la especie de relajante del que hablaban. Separo los
labios para decirles que puedo encargarme de ellos como
ellos se encargarán de mí y que lo mejor que pueden
consumir es viagra, pero no me dan la oportunidad de
hacerlo. El colchón se hunde a cada lado del sitio en el que
estoy. Chillo cuando una mano suplanta la mía, otra
mantiene mis piernas separadas y dos bocas se dirigen a
mis pezones, succionando y tirando de ellos con sus dientes
de la manera que saben que me causa satisfacción porque
ya me han tenido antes sin drogas de por medio.

Pero eso solo es el inicio del paraíso.

Chicas, sinceramente no sé qué decir. De verdad no


sé si fue mi culpa por no haber explicado mejor la
situación o usar las palabras incorrectas, pero si ese
fue el caso lo lamento. Si todavía tienen dudas
acerca de lo que pasó o no pasó, hasta el momento
es lo siguiente: Sav consumió una droga (tipo
afrodisiaco) y eso la desinhibió, pero eso no significa
que no se pudo haber llegado a sentir ultrajada o
violentada de haber sido atacada sexualmente, lo
cual no fue el caso porque ella quería vivir la
experiencia con Weston y con Ibor. Sí es real el hecho
de que algunas mujeres son abusadas de esa
manera, pero este no es el caso. Savannah los
deseaba, confía en ellos y ambos ya son sus parejas
sexuales, por no mencionar el hecho de que está en
la universidad, hambrienta de vivir nuevas
experiencias, cosas como esta sí pasan todo el
tiempo y esto es una novela negra, lo que significa
que los principios morales pueden significar mucho,
poco o nada para los personajes

En fin

Espero que tras estos pequeños ajustes, la puedan


digerir mejor

Nos vemos más tarde en presente si puedo actualizar


hoy

Love u
Capítulo 36:

Capítulo 36:
16.3K 2.5K 1.3K
por OscaryArroyo
 
Después de pasar el sábado acurrucados, viendo películas y
la serie favorita de Tanner, Vikingos, comiendo pizza y
terminando de trazar nuestros planes para destruir a Jason,
nos despertamos el domingo de la mejor manera posible, al
menos para mí. Estoy tardando en hacerlo ya que durante la
noche encontró la manera de mantenerme despierta hasta
tarde sin lastimarme, lo que incluyó sexo oral y usarme
como plato para comer las sobras de pizza que dejamos, ya
que pedimos tres de diferentes tipos para encontrar su
favorita porque la única que había probado era la de
pepperoni las veces que las había comido conmigo, y
aunque una parte de mí protesta por ser forzada a abrir los
ojos cuando todavía no quería hacerlo, la otra se siente en
las nubes cuando percibe su aroma a limpio y loción de
afeitado cerca. Sin perfumes que opaquen su olor natural a
hombre y productos de limpieza, olor que ha conservado
desde que lo conocí en la universidad.

Desnuda, rodeo su cuello con mis brazos.

Tanner sonríe mientras me gira para que esté en su regazo.

─Quiero follarte de nuevo ya ─susurra, colocando sus manos


en mi cintura y empujándome hacia abajo para que sea
capaz de sentirlo. Ejerce aún más presión cuando jadeo,
frotándome los ojos para poder ver bien porque a pesar de
que mi cuerpo ya está despierto para el sexo, acabo de
abrirlos─. Pero eso nos retrasaría. ─Grito, sorprendida,
cuando me empuja suave, pero firmemente, de vuelta al
colchón y se pone de pie. Al igual que ayer, no está usando
uno de sus trajes y se ve diez años más joven: como cuando
solía jugar fútbol. Lleva vaqueros, una camiseta blanca con
cuello en V y zapatillas deportivas oscuras. Una gorra de los
Kings. Mi abdomen se contrae ante la visión. Tanner rueda
los ojos, pero sigue sonriendo. Ajusta la correa de su reloj
cromado mientras me habla de nuevo─. Báñate y vístete,
Sav. Si aceptas una sugerencia, estaría bien si llevas algo
deportivo y cómodo.

Satisfecha como nunca antes con todas las horas que he


pasado en el gimnasio cuando me pongo de pie y sus ojos
negros son incapaces de abandonar mi cuerpo y de
evaluarlo con una intensidad que me resulta dolorosa, me
detengo frente a él y presiono la palma de mi mano contra
su torso. Tanner se tensa, pero no se aparta o me dice que
me aleje a pesar de que las comisuras de sus ojos se
crispan cada vez que me acerco a él así.

Fuera del sexo.

Por iniciativa propia.

La idea de que no ha sido amado o víctima del contacto


físico adecuado a pesar de estar casado con una mujer que
una vez amó me llena de tristeza.

─¿Qué harás tú mientras tanto?

Sus párpados se entrecierran con sospecha.

─¿Necesitas ayuda en el baño?

Sí.
─No.

Mis mejillas se sonrojan. Su frente se arruga.

─No haré el desayuno, si es lo que quieres saber.


Comeremos algo de camino al sitio al que vamos. Haré
algunas llamadas. ─Esta vez soy yo quién lo ve con
molestia. Siempre he sabido que para Tanner el manejo de
la compañía de su padre, ahora su compañía, es más
importante que nada en el mundo, pero la arquitectura para
mí también lo es y la he dejado de lado durante estos días
para estar con él, lo cual él no ha hecho de la misma
manera que yo. Ayer conté al menos unas veinte veces en
las que dejó de prestarme atención para responder una
llamada, un correo o un mensaje. Sus cejas se alzan cuando
no recibe ninguna respuesta de mi parte─. ¿Te molesta que
trabaje?

He pasado cinco años guardando para mí misma la manera


en la que me siento. Secretos suyos y míos. Ahora que he
dejado de hacerlo, no volveré a ello. Niego tras separarme
de él y andar hacia el baño para tomar una ducha.

─No, Tanner. Me molesta no estar trabajando y que tú lo


hagas cuando se supone que deberías estar concentrado en
mí como yo lo estoy en ti ─gruño, obteniendo solo un bufido
lleno de burla e incredulidad de su parte como respuesta
antes de que abandone la habitación y yo me sitúe bajo la
regadera para apaciguar cualquier enojo que sienta con
agua caliente.

Cuando termino de limpiarme y de lavarme los dientes,


camino hacia el pequeño bolso de viaje con mis cosas que
Tanner trajo de mi casa ayer. Mi pecho se oprime al darme
cuenta de que tomó un conjunto para cada eventualidad.
Casual. Elegante. Deportivo. Para la oficina. Dos pares de
pijama. También empacó dos pares de zapatos, ropa interior
y pantuflas. Los vellos de mi cuerpo se erizan al ver que lo
escogió todo como si supiera exactamente mi gusto actual,
ya que mi armario es grande y soy de las que lo renuevan
de acuerdo a las tendencias, conservando siempre el
principio de feminidad y abierto poder sexual. Todo lo que
hay allí lo amo, pero no lo uso todo. Las prendas que trajo,
sin embargo, son mis favoritas del momento.

Mi vestido color ciruela, que he repetido en varias ocasiones


porque favorece mi escote. Mi par favorito de tacones
negros de aguja. Mi falda gris al estilo lápiz que me gusta
combinar con varias prendas en la parte de arriba, camisas
tanto reveladoras como recatadas. Mi par de jeans rasgados
de ensueño, los cuales son de un famoso diseñador y
encontré en descuento.

Eso significa que me ha visto más de lo que pensé.

Con un nudo en la garganta, escucho su sugerencia y tomo


un conjunto negro Nike manga larga, con un cierre en el
área del pecho, que se adhiere a cada centímetro de mi
cuerpo como si fuera un traje de buceo. No llevo sujetador
debido a que la ropa deportiva es tan ajustada que levanta
todo lo que necesita ser levantado. Al igual que Tanner,
meto mis pies en un par de zapatillas blancas y dejo mi
cabello mojado suelto, enmarcando mi rostro. Bajo al salón
principal tras rociarme con un poco de mi perfume con olor
a caramelo, el cual también empacó, al igual que mi
desodorante y cepillo de dientes. Me cruzo de brazos
cuando lo veo hablando por teléfono en el balcón,
acercándome cuando me guiña fugazmente un ojo y se da
la vuelta.

Lo alcanzo antes de que cuelgue.


─Dos o tres horas y estamos allá, Ryland. Te pago para que
lo resuelvas.

Admito que añoro la visión de su trasero cuando se gira


nuevamente hacia mí después de un rato, tecleando en su
teléfono hasta que envía el mensaje que debe enviar y lo
guarda en el bolsillo trasero de sus vaqueros. Me contempla
por unos segundos, su expresión divertida, antes de
atraerme a él y besarme de manera rápida, pero
conmovedora pese a que el beso dura dos segundos.

No me doy cuenta de que ha tomado mi mano hasta que


entrelaza nuestros dedos y me da un suave apretón antes
de tirar de mí, evitando mis ojos.

─Vamos.

*****

Me doy cuenta de que estamos dirigiéndonos a Houston


luego de que nos detenemos en una cafetería a las afueras
de Austin para desayunar y no regresamos a la ciudad, sino
que nos dirigimos a la carretera. Le pregunto más de un
centenar de veces a Tanner a dónde vamos, pero en todas
las ocasiones él responde con evasivas o simplemente no lo
hace, por lo que termino enfurruñada y tensa contra la
ventana de la puerta de su deportivo.

Si mis padres se enteran que estuve en Houston y no los vi,


me matarán.

Malcolm también está en la ciudad.

El pensamiento de encontrarme con cualquiera de ellos, en


compañía de Tanner, me hace querer vomitar. Mi cuerpo se
relaja y mis cejas se alzan con incredulidad cuando
finalmente nos detenemos en el estadio en el que vi jugar a
su hermano la última vez desde uno de los palcos.

─¿Qué hacemos aquí? Hoy no hay juego ─pregunto, tirando


de la tela de su camisa hasta que me mira fijamente y
recuerdo su TOC, por la que la suelto.

Tanner, sin embargo, se reserva su molestia.

─Es una sorpresa.

Su respuesta me hace arrugar la frente, también detener


mis intentos de extraerle información ya que es la primera
vez, desde la universidad, que lo veo o escucho trabajar
para sorprender a alguien. A pesar de que no toma mi mano
como lo hizo de camino a su auto desde su ático, ya que
nadie podía vernos, se mantiene cerca y abre todas las
puertas que se atraviesan en nuestro camino para que
pueda pasar. Me doy cuenta de que habíamos estado siendo
esperados cuando un hombre grande de piel de ébano, su
expresión amable, se acerca a nosotros. Usa un uniforme de
vigilancia.

─Señor Reed, señorita Campbell. Los hemos estado


esperando.

Tanner le sonríe y me doy cuenta de que el gesto es


forzado.

─Gracias. ¿Podría llevarnos con los demás?

El hombre asiente.

─Claro que sí. Vengan conmigo.

Lo seguimos a través de los amplios pasillos vacíos del


estadio. A pesar de que no hay el movimiento usual de las
setenta y dos mil personas que pueden llenarlo durante un
juego de fútbol americano, el cual he vivido desde niña ya
que siempre venía con papá, está repleto de empleados del
mismo y una que otra persona comprando comestibles o un
artículo con el logo de los Kings o de otro equipo que
detiene lo que sea que esté haciendo para mirarme de
manera extraña, lo cual también sucede con Tanner. Casi
con... gratitud, lo que es bastante extraño ya que sospecho
que lo único bueno que ambos hemos hecho en la vida es
pagar nuestros impuestos.

Sus planes para nosotros empiezan a cobrar vida cuando


veo que pasamos al área a la que solo pueden acceder los
jugadores, su equipo y los trabajadores del estadio a los que
se les permite ir al al campo. Mis pasos comienzan a
volverse más lentos y Tanner gira el rostro para verme con
una ceja alzada, impaciente, antes de volver a andar a su
velocidad usual hacia el exterior.

Corro tras él.

─Tanner... ─susurro, pidiendo una explicación, pero no me la


da.

Mi garganta termina de apretarse, impidiéndome respirar,


cuando identifico a algunos jugadores de la franquicia más
joven de la NFL, entre ellos Malcolm. Acompañándolos hay
una serie de chicos jóvenes y sus familiares, lo que deduzco
dado el parecido entre ellos. Mis padres también están aquí
y llevan camisas con un bonito logo que no entiendo, pero
lleva mi apellido, y que está impreso también en los
suéteres o gorras que los adolescentes y los jugadores
llevan. Malcolm me sonríe, pero se acerca a su hermano
primero y tanto mamá como papá me separan de los dos
Reed para abrazarme.
Ryland e Isla también están presentes.

─Papá ─susurro cuando este me besa la mejilla─. Mamá.

Mamá me abraza, pero cuando se separa de mí me mira con


la frente arrugada. Al igual que yo, lleva pantalones
deportivos y utiliza un suéter ancho con ese bonito logo, el
cual reza Reed & Campbell program.

─Preciosa, ¿por qué no nos dijiste antes lo que Tanner y tú


se traían entre manos? ─Larissa Campbell pone sus manos,
de perfecta manicura rosa, en sus caderas─. Me molestó el
hecho de haber tenido que enterarme por Malcolm. No lo
minimizaré. Es grosero de tu parte apartarnos así de tu vida.
¿Qué será lo siguiente? ¿Te mudarás a otro país sin
avisarnos? ¿Te casarás?

Mis mejillas se sonrojan.

Mis ojos inmediatamente buscan a Tanner, pero este no


hace más que echarme un vistazo de reojo y sonreír
mientras intercambia palabras con su hermano y con
Ryland. Me gustaría pensar que no es capaz de contarle a su
hermano sobre lo que está sucediendo entre nosotros y que
este no le diría nada a mis padres, pero a estas alturas ya
nada me sorprende.

─Mamá, no sé de qué...

─Déjala, Larissa ─me defiende papá, sonriéndome de tal


manera que aparecen unas cuantas arrugas en las equinas
de sus ojos grises cuando dirijo mis ojos a él─. Savannah ya
es una mujer adulta. Si quiere mantener algunos secretos
de nosotros hasta que sea el momento perfecto de
revelarlos, puede hacerlo. Nos vemos más viejos si
invadimos su privacidad así.
Mamá se enfurruña. Mi corazón late más rápido.

Retrocedo, el pánico invadiéndome.

Ellos no pueden saber todavía sobre Tanner y yo, ¿o sí? No


imagino que un ceño fruncido y un pequeño reclamo fuera
la reacción de Larissa Campbell de saber que su única hija
ha estado acostándose con un hombre casado.

─Mamá, papá...

─Muchas gracias por venir, señor y señora Campbell ─me


corta Tanner, apareciendo junto a mí portando una sonrisa
de oreja a oreja que parece haber sacado de una caja de
sonrisas prefabricadas que compró en el supermercado, la
cual no le devuelvo y que simplemente, al igual que toda
esta situación, no entiendo─. Para mí es un honor que nos
acompañen durante la celebración de nuestro proyecto. Sav
y yo lo apreciamos mucho.

Papá asiente a sus palabras. Mamá lo mira con ojos


entrecerrados.

Nunca le ha gustado Tanner.

No puedo culparla.

─Es mi hija. Por supuesto que estaría aquí.

─Larissa...

Ella me mira, indiferente a la súplica silenciosa de papá, su


mentón en alto.

─A pesar de que a Savannah no le importa en lo absoluto


que lo haga. Después de todo, abrir un programa para becar
a chicos con los que me siento identificada y del cual me
habría gustado formar parte desde sus inicios de una
manera más activas es algo que mi hija haría todos los días.

Dejándome boquiabierta, se dirige al grupo de jóvenes que


nos acompañan, la mayoría de ellos de aspecto nerd y torpe
en comparación a los jugadores de fútbol americano que
interactúan con ellos. Mis rodillas se sienten débiles al
entender lo que están haciendo: explicándole cómo atajar o
lanzar un balón. Papá sigue a mamá, por lo que me quedo a
solas con Tanner.

Esta vez no me niega una explicación, atendiendo a la


demanda en mis ojos.

─El mundo necesita más personas como nosotros, que se


esfuercen de verdad y no para ser manejados por algún otro
en el futuro u obligados a desperdiciar su talento bajo el
pulgar de un empleador ─dice, a lo que respondo tragando y
ocultando mi rostro de la luz del sol colocando una mano
contra mi frente─. Es por eso que nuestro exclusivo
programa de becas solo podrá ser mantenido por nuestros
becados si obtienen calificaciones perfectas. Mientras lo
hagan, cubriremos todos sus malditos gastos, lo que incluye
incluso a la maldita enfermera de sus moribundas abuelas
para que no tengan necesidad de trabajar y respiren
únicamente por complacer nuestras expectativas.

Tras escuchar su voz en mi mente unas mil veces, salgo de


mi estupor.

─¿Programa de becas? ─susurro.

Tanner me mira como si fuera estúpida.

─Sí, Savannah. No entiendo por qué es tan difícil de


procesar. ─Se cruza de brazos─. Tenemos un maldito
programa de becas universitarias, tú y yo.
Vuelvo a tragar.

─No tengo suficiente dinero como para tener un programa


de becas.

A penas me puedo mantener a mí misma y a mi pequeña


empresa, la cual cuenta con solo un empleado fijo: mi
asistente.

Tanner se encoje de hombros.

─Yo sí.

Como si esa escasa explicación fuera suficiente, deja de


prestarme atención y se concentra en Malcolm, quién me
guiña un ojo a pesar de que su actitud está siendo extraña.
En otro momento se habría acercado a mí, Tanner presente
o no, y me habría abrazado y dado vueltas en el aire hasta
hacerme reír. Ignorando la punzada en mi pecho ante el
hecho de que eso no haya ocurrido, me concentro en lo que
dice en voz lo suficientemente alta para que todos los
presentes escuchemos lo que tiene que decir.

─Bueno, al igual que cada uno de los chicos de mi equipo


que pudimos asistir aquí el día de hoy para celebrar la
creación de este programa a manos de Sav, quién es la
segunda mujer a la que más admiro sobre la faz de la tierra
después de mi madre, y mi hermano, les doy las gracias a
ambos por tomarnos en cuenta para esto. No saben cuán
increíble es el hecho de que estén compartiendo parte de su
riqueza para cambiar la vida de personas que nunca se
imaginaron que podrían recibir este tipo de ayuda, pero que
la merecen más que nadie. ─Su mirada café viaja a los
becados. Cuento diez de ellos─. Ahora, chicos, habiendo
dicho esto, escojamos nuestros equipos. ─Señala a un
pelirrojo con gafas de montura gruesa, quién no parece
pesar más que yo y cuyas piernas tiemblan─. Tú, niño hoja
de otoño, ven aquí.

Él se aleja de una anciana en silla de ruedas, la cual deja al


cuidado de Larissa.

Miro a Tanner antes de que este se acerque a Malcolm.

─Si realmente piensas que es un bueno para nada, ¿por qué


lo invitaste?

Un destello de molestia asoma en sus ojos negros.

─Tres razones. Primero, que el equipo esté aquí es buena


publicidad para nosotros. Segundo, es mi hermano, después
de todo. ─Sus labios se curvan lentamente hacia arriba─.
Tercero y la verdadera razón detrás de que hayamos venido
aquí... voy a hacer realidad tu fantasía de verme jugar otra
vez, Savannah, pero más tarde haré que todo el esfuerzo
que puse en esto por complacerte valga la pena. ─Dicho
esto, trota hacia dónde su hermano se encuentra,
quitándose la camiseta que lleva solo para entrar segundos
después en un suéter con el logo de nuestro programa─. Will
─llama a papá para que forme parte de su equipo, a lo que
Will Campbell accede cabizbajo.

Estoy segura de que quería jugar con Malcolm, su jugador


estrella.

Este me sonríe de forma tensa, ignorando la mandíbula


apretada de Tanner.

─Savannah.

Me duermo
Las amo, chicas

Capítulo dedicado a Geral <3 espero que tanto tú


como tu bb estén bien

El fandom de esta novela no sería lo mismo sin ti 

No olviden seguirme en redes sociales, oscaryarroyo


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adelantos

Hasta pronto
Capítulo 37:

Capítulo 37:
15.3K 2.6K 1.8K
por OscaryArroyo
 
Dedicado a avokkanto

Pierdo la cuenta de la cantidad de besos y caricias que


recibo por parte de dos pares de labios y dos pares de
manos. Después de cada orgasmo el fuego que se ha
apoderado de mi cuerpo, causando devastación en cada
célula que lo compone, se extingue de a poco hasta que no
queda nada de él corriendo por mi sistema. Tanto Ibor como
Weston mantienen su promesa de no obtener ningún tipo de
placer a través de lo que estamos haciendo, limitándose a
hacerme gemir hasta que mi garganta se seca y mi voz
empieza a salir ronca y a sonar desgarrada. Para entonces
estoy tan cubierta de sudor que no les queda de otra que
llevarme a la ducha, a dónde ambos intentan
acompañarme, pero los detengo colocando una ambas
manos sobre sus pechos desnudos. Los dos están
sonrojados y tan exhaustos como yo.

─Yo puedo sola.

Si los dejo entrar, probablemente me desmayaré.

Nunca había tenido tantos orgasmos en una sola noche.

Weston me mira fijamente antes de asentir e inclinar la


cabeza hacia una pequeña nevera en una esquina,
preguntándole después a Ibor si quiere una cerveza. Me
ducho rápidamente, eliminando el sudor encima de mí, y
cepillo mi cabello antes de volver a reunirme con ellos sin
ninguna prenda de ropa cubriendo mi cuerpo. Sonrío cuando
West me da una camiseta del club de tenis y un par de
calzoncillos que ato a mi cuerpo con un nudo para que no
resbalen por mis piernas. Ibor me sonríe tímidamente
cuando termino de vestirme frente a ellos. Ambos tienen
una erección, pero estoy demasiado cansada como para
devolverles el favor. Esta noche estoy siendo egoísta.

Siento que estoy a punto de colapsar.

─Estoy agotada ─susurro─. Gracias.

Ibor me abraza, apretándome y estrechándome contra su


cuerpo de oso.

─De nada.

Alzo mi mirada hacia sus ojos amables y no puedo evitar


sonreírle de vuelta, conmovida con el hecho de que se
preocupe por mí después de que fui una perra con él frente
a Tanner. Aunque solo fuera para protegerlo, eso Ibor no lo
sabe y no creo que lo llegue a saber nunca. Si fuera tan solo
un poco desagradable o malvado, sería más fácil para mí
colocar distancia entre nosotros, pero no lo es y cada
muestra de rechazo que lanzo en su dirección me lastima.

Es como hacerle daño a un niño pequeño o a un cachorro.

─¿Qué quieres hacer ahora?

─Dormir ─murmuro en respuesta, lo que hace que tanto él


como Weston rían debido a la manera en la que mi voz se
rompe cuando hablo.
Mi rostro se llena de fuego cuando me doy cuenta de que
probablemente ellos no fueron los únicos que me
escucharon ya que a pesar de que la droga que tomé no me
quitó la capacidad de decidir por mí misma, sí incrementó
mis niveles de excitación y aumentó mi sensibilidad de una
manera que no había sentido antes, por lo que todo Maleeh
debe ser consciente de lo que sucedió en esta habitación.
Aunque no hubo penetración, se trató de mi primer trío.
Nunca volvería a ingerir una sustancia así por mí misma, ya
que no puedes saber cuando serás drogado por alguien
más, pero no niego que la indeseada experiencia fue
sumamente intensa, embriagadora y llena de un
incontrolable éxtasis. Me gustó. Odio a quién me drogó en
contra de mi voluntad, cuyo rostro ni siquiera recuerdo
debido a que no le presté atención, pero Ibor y Weston
hicieron que fuera tan bueno como pudo serlo.

Me sentí segura con ellos.

Querida.

Adorada.

Probablemente en este momento estaría sintiéndome de la


peor manera si me hubieran dejado con Tanner y con
Pauline. Ni siquiera puedo entender qué pasaba por la
mente del capitán del equipo de fútbol americano de la
universidad cuando me propuso pasar la noche con ellos. Es
como si a estas alturas no fuera consciente del hecho de lo
conflictiva que me resulta su presencia o lo que sea que
tenga que decir, o no le importara y se regocijara del efecto
que todavía, pese a mis intentos para que no sea así, tiene
en mí.

Cualquiera de las dos opciones, es un imbécil.


─Bien ─susurra Ibor antes de tomarme en brazos para
conducirme a la cama, a lo que respondo rodeando su cuello
y apretándome contra él, riendo ante su sonrisa cálida hasta
que el ruido en el exterior hace que me alarme.

Tanto Weston como Ibor miran también hacia la puerta de


madera del dormitorio, escuchando el sonido de los pasos
en el pasillo como si una manada de elefantes hubiera
decidido pasar por ahí. Me estremezco al oír lo que parecen
centenares de gritos y jadeo, sintiendo mi corazón en la
garganta, al distinguir uno de ellos con fría y lancinante
claridad.

─¡Fuego! ¡Hay fuego en la casa!

Ibor abre los ojos de par en par.

─Mierda.

─¡Salgamos de aquí! ─grita el otro rubio, siendo el primero


de los tres en reaccionar a pesar de que, al igual que Ibor,
está solamente en ropa interior.

Weston lo empuja hacia fuera, conmigo en brazos. Me


aprieto más contra Ibor cuando nos vemos rodeados de
otros estudiantes, algunos todavía en disfraces, otros más
desnudos que nosotros, lo cual es bastante que decir
tomando en cuenta el hecho de que ellos siguen en
calzoncillos y yo solo estoy usando una camiseta encima de
un par de uno de ellos. Cuando llegamos a la parte inferior
de la fraternidad, a penas podemos movernos entre tantas
personas en ella. Me bajo de los brazos de Ibor cuando
finalmente logramos salir de la construcción, mis pies
desnudos tocando el césped. Es entonces, cuando el
resplandor de las llamas calienta mi rostro de una manera
familiar, que me doy cuenta de lo que sucede.
No es la casa lo que está incendiándose.

El granero de Maleeh está en llamas, las cuales se dirigen a


la piscina y al jardín, poco a poco hacia el edificio principal
de la fraternidad. Sin poder evitarlo, suelto un suspiro de
alivio al ver tanto a Tanner como a Pauline salir de la casa.
Ella ya está despierta y tropieza con su vestido mientras
camina hacia la calle, tosiendo con su mano hecha un puño
sobre su boca. Él no la pierde de vista con la mirada, pero
también ayuda a otros estudiantes a salir y organiza a los
demás tanto como puede dentro del caos de tener que
manejar a un gran grupo de personas jóvenes ebrias y
asustadas. Entra y sale de la casa en repetidas ocasiones
tras dejar a Pauline a cargo de unos integrantes del equipo
de fútbol como si no fuera capaz de cuidarse por sí misma.
Sigue usando su disfraz de SWAT y no puedo evitar
estremecerme cuando nuestros ojos finalmente se cruzan,
la tensión que usualmente veo alrededor de ellos
disolviéndose por unos segundos antes de volver con suma
intensidad cuando repara en Weston tras de mí. Sin
embargo, no me concentro en él por tanto tiempo como
para que nuestros ojos vuelvan a toparse. En su lugar
escondo el rostro en el pecho de West, quién acaricia
suavemente mi cabello y me estrecha contra él mientras
escucho a Ibor hablar con un chico con el cuerpo lleno de
cenizas sobre lo que pasó.

─Estábamos en el granero ─susurra─. Jugando un rato con


Gordon y su novia cuando aparecieron Hans y el pres. No sé
cómo pasó, pero todo terminó en fuego antes de que nos
diéramos cuenta de lo que estaba sucediendo.

Ibor comparte una mirada conmigo antes de ver


nuevamente al chico.

─¿Qué pasó con Gordon y Anahí? ¿Hubo algún herido?


Él niega.

─No. Todos salimos del granero.

Un nudo se instala en mi garganta al pensar en Tanner


arriesgándose nuevamente a ser expulsado a tan solo un
par de meses de graduarse con el mejor promedio que
alguien en la escuela de negocios de la Universidad de
Texas haya alcanzado alguna vez. Por más indiferente que
me obligue a ser al respecto, no puedo evitar acercarme
cuando el camión de bomberos y la policía llega y estos
entrevistan a todos los presentes en el granero, también a
Pauline, mientras Weston e Ibor suben a cubrir sus cuerpos
con ropa. Para entonces la multitud se ha dispersado y solo
quedan los chicos que viven en la fraternidad. Jadeo cuando
las piedras se incrustan en mis plantas desnudas de camino
al sitio en el que están haciendo preguntas sobre lo que
pasó.

Me escondo tras un árbol. Está oscuro y el tronco es grueso,


por lo que nadie me nota.

La primera a la que escucho entrevistar es a Pauline.

─Señorita, ¿podría decirnos si su novio, al que todos han


señalado como culpable, se encontraba con usted durante
el momento de los hechos?

Pauline niega.

─No, lo siento, yo... estaba dormida.

Mis manos se aprietan en puños.

Por alguna razón la ira me invade. No, no por alguna razón,


por muchas, entre ellas el hecho de que se supone que ama
a Tanner, lo conoce lo suficientemente bien como para
saber que otro incidente así dañaría su futuro y que ella se
preocuparía lo suficiente por él como para mentir. Para
cubrir su espalda de la misma manera que él ha estado
protegiéndola desde que la conoció del hecho de que a
pesar de que proviene de una familia de dinero, es buena,
gentil y hermosa, la triste realidad es que sería un cero a la
izquierda, una perdedora en su máximo esplendor, de no
ser por él y por mí.

Nunca he aborrecido tanto a Pauline como ahora.

El detective, afortunadamente no ninguno de los que nos


llevó a la cárcel la vez anterior, alza las cejas hasta que
estas rozan el inicio de su cuero cabelludo. Es un anciano
delgado con varias arrugas en el rostro, pero ojos amables.
Se ve tan sorprendido con su respuesta como yo lo estoy.

─¿Dormida? ¿Con la música y el estruendo que hacen estos


jóvenes en Halloween? ─Pauline asiente. Él suspira─. Me
cuesta creerlo, señorita, pero a menos que quiera modificar
su versión de los hechos justo ahora, no me queda más
remedio que tomar esta pequeña y poco cooperativa
declaración suya. Le recuerdo que cualquier cosa que tenga
que decirnos, podría ayudarnos a cooperar con su novio si
es encontrado culpable.

Pauline niega.

─No, no tengo nada más que agregar. Estaba dormida y no


sé dónde estaba Tanner, oficial. ─Pauline alza el mentón,
apretándose en la manta de lana que vi a Tanner traer para
ella en uno de sus tantos viajes al interior de la casa
mientras se aseguraba que todos estuvieran a salvo─. Mi
Iglesia me enseñó a no mentir y no empezaré ahora. No
puede obligarme a hacerlo.

Él la ve con la frente arrugada.


─En ese caso creo que he terminado con usted.

Tras asentir en su dirección, Pauline empieza a caminar


hacia el interior de la fraternidad. Me quedo escondida tras
el tronco de un árbol el tiempo suficiente para oír un par de
interrogatorios más que me hacen pensar que Gordon
estaba haciéndole algo terrible a Anahí para el momento en
el que Hans y Tanner aparecieron hasta que el turno de este
último finalmente llega. Cuando se dirige a él, el tono del
oficial Spencer cambia, volviéndose más serio ya que esta
vez está tratando con un verdadero sospechoso. Al contrario
de cómo pensé que sería su actitud, altiva y prepotente
como siempre, Tanner permanece con la mirada gacha y los
hombros encorvados. No tengo ni idea de qué sucedió, pero
sé que es todo menos impulsivo.

Sé que si incendió el granero, al igual que yo el auto de


Gordon, fue por algo.

Quizás mientras yo tenía mi trío, Hans y él descubrieron


quién llenaba de drogas las bebidas de las fiestas de
Maleeh, quién drogó a Pauline. Si ese fuera el caso, no
podría aborrecerla más, novia de Tanner o no, porque
significaría que mientras él hizo todo para protegerla, ella ni
siquiera se molestó en cubrirlo gracias a su estúpida
doctrina sin sentido.

Si realmente fuera tan religiosa y remilgada, no tendría sexo


frente a mí.

No sería tan buena juzgando a los demás.

─Entonces, Reed, cuéntame qué hacías mientras...

La voz del detective se apaga cuando el césped cruje bajo


mis pies, los cuales están doloridos por caminar en el
exterior sin zapatos, al acercarme a ellos. Tanner finalmente
alza el rostro, sus hombros tensos, y sus labios se
entreabren cuando lo alcanzo, pero no hace nada para
detenerme cuando envuelvo su cintura con mis brazos y me
presiono contra él.

─Mi nombre es Savannah Campbell, oficial ─digo, mi voz


melosa y risueña, pero también clara y firme mientras
sonrío de oreja a oreja, enseñándole mis dientes blancos y
perfectos de una manera que no suelo hacer normalmente─.
Pauline es su novia ya que es la chica que sus padres
aprobarían, pero yo soy quién lo mantiene despierto hasta
tarde. ─Aparto un mechón de cabello oscuro de la frente de
Tanner─. ¿No es así, precioso?

La mirada de Tanner se vuelve dura, al igual que sus


facciones, pero asiente al entender que estoy montando un
teatro para salvar su arrogante trasero.

El detective me mira con ojos amplios, sorprendido con el


giro de los acontecimientos. Probablemente parecemos una
de las malas, pero divertidas, novelas mexicanas que mi
abuela y yo vemos, pese al ceño fruncido de mamá, cuando
voy a visitarla a la Riviera Maya.

─¿Estuvo usted con el señor Reed esta noche, señorita


Campbell?

Afirmo.

─Sí, oficial.

─¿Hay testigos de ello?

Nuevamente asiento.

─Así es. ─Mi sonrisa se vuelve maliciosa─. Solemos invitar a


más chicos a unirse a nosotros. Todos en la fraternidad me
oyeron mientras teníamos sexo. Si alguien vio a Tanner en
otro sitio, probablemente se debía a sus estados de
ebriedad o... al efecto bajo el cual estaban al consumir otras
sustancias. En un dado caso, sé que sus acusaciones serían
nulas en un juicio si somete a todos los testigos que lo
acusan a un test de sustancias en este momento, lo que
exigirá tanto su abogado como el mío si insiste en tachar a
mi chico como el culpable. ─Bajo mi voz, mi tono
volviéndose amenazador─. Está claro que por más que
busque, ni siquiera los culpables son conscientes de lo que
pasó. Si yo fuera usted, dejaría esto así. No pierda su tiempo
con universitarios ebrios cuando podría estar salvando el
mundo en algún sitio.

El hombre gruñe antes de fijar sus ojos en Tanner, quién no


deja de verme con mirada amplia y conmocionada. Le
sonrío al estúpido engreído, intentando verme amorosa
mientras llevo mis manos a su chaleco anti balas.

─¿Eso es cierto, chico? ¿Estabas en una orgía cuando todo


esto pasó?

Tanner duda, su ceño frunciéndose por un momento ante el


recordatorio de mi libertinaje, así que tomo aire
profundamente antes de ponerme de puntitas, armándome
de todo el coraje que tengo, y juntar sus labios con los míos.
El ambiente a nuestro alrededor, antes frío debido a que es
de madrugada, se vuelve gélido mientras enredo mis dedos
en su cabello oscuro y muevo mis labios al sobre los suyos
hasta que los entreabre y soy capaz de deslizar mi lengua
en su boca, saboreando el sabor de cigarro y cerveza en
ella, lo cual me hace arrugar la frente fugazmente debido a
que tenía entendido que Tanner había dejado de fumar
desde que Pauline se lo pidió. El oficial carraspea, pero no
me alejo de él hasta que me estrecha contra su pecho,
temblando de la misma manera en la que yo lo hago, y el
hielo que nos rodea se vuelve un fuego más intenso que el
que presenciamos.

Esta es la segunda vez que nos besamos.

Es dolorosamente placentero, incorrecto y a la vez correcto


ya que mi oscuridad abraza a la suya, invitándola a
permanecer juntas, pero la luz vuelve a separarnos y a
diferenciarnos en dos sombras diferentes cuando se separa
de mí con los ojos vidriosos y la respiración irregular.

Incluso él sería incapaz de decir que mi beso no lo afectó.

Tanner presiona mi labio inferior con su pulgar, tragando


mientras me mira con agradecimiento, antes volverme a
besar rápida y castamente en la frente y fijar sus ojos
negros en el policía mientras me abraza con un aire similar
a la posesividad. Su expresión es tan mortal como puede
ser y grita que lo reta a contradecirlo, lo que este no hace
en lo absoluto.

─Sí.

El oficial hace una mueca.

─Sí, algo intenso está pasando entre ustedes, creo que no


hay dudas al respecto. Si me permiten un consejo, son
demasiado jóvenes para complicarse la vida y estar dónde
no deseen estar ─dictamina─. Muchas gracias por su
declaración. Estaremos en contacto con ustedes si la
necesitamos en vivo, el cual dudo mucho que sea el caso.

Dicho esto, cierra su libreta y se da la vuelta, caminando en


dirección a la patrulla en la que más oficiales se encuentran.
Suelto un suspiro, alejándome de Tanner mientras una
sensación de asfixia me inunda, cuando está lo
suficientemente lejos de nosotros como para no percatarse
de nuestro distanciamiento. Me doy la vuelta para entrar
inmediatamente a Maleeh y buscar a Ibor o a West, pero
tanto su voz como el agarre de su mano en mi muñeca me
detiene. Me deshago de él retorciendo mi brazo y
apretándolo contra mi pecho, pero no se aleja aún cuando
es obvio que quiero que lo haga, sino que exhala
bruscamente mientras avanza hacia mí e invade mi espacio
personal. Afortunadamente no estoy tan cerca como para
que sea capaz de sentir el contacto de su piel contra la mía
o de lo contrario no sabría cómo reaccionaría. Si sucumbiría
a la tentación de besarlo de nuevo.

─Gracias ─suelta en voz baja.

Trago el nudo en mi garganta.

Clavo mis ojos en los suyos antes de huir.

─No lo hice por ti. Lo hice por mí ─murmuro─. Ya no te debo


nada, Reed.

Cualquier deuda que tuviera con él por haber ido a prisión


conmigo se ha desvanecido. Por el rabillo del ojo veo el
destello dorado del cabello de Weston y corro directamente
hacia él, quién permanece con los brazos abiertos de par en
par para mí y me estrecha delante de todos, y de todo,
porque con él no tengo motivos para esconderme o
sentirme como si fuera la mancha en la suela del zapato de
alguien, sino como una princesa.

Así como Pauline es buena para Tanner, West es bueno para


mí.

Con la diferencia de que él sabe perfectamente quién soy y


estaría dispuesto a ensuciarse las manos por mí, la razón
por la que no lo corregí cuando me llamó su novia frente a
Tanner más temprano o por la que no protesté cuando me
animó a vestirme con su ropa. Quizás no sea mala idea
pertenecerle. Es atractivo, rico y amable. Me conoce y me
quiere como soy.

¿Por qué no?

─¿Está todo bien? ─pregunta con el ceño fruncido con


preocupación mientras entrelaza nuestros dedos, tirando
suavemente de mí hacia la enorme casa cuando
simplemente me le quedo viendo sin decir nada.

Afirmo, avanzando y forzándome a no sucumbir al intento


de mirar hacia atrás. No importa cuán fuerte sienta sus ojos
sobre mí, no puedo girar.

─Todo bien.

*****

Decir que estoy agotada por toda la emoción de la noche es


un eufemismo, por lo que animo a Weston a que pasemos el
resto de ella en una habitación de hotel porque no confío en
permanecer más tiempo en el campus. Es Weston
Wertheimer, así que me lleva al mejor hotel cinco estrellas
de Austin y pide una suite presidencial para nosotros con
desayuno, champagne y día de spa incluido. Lo gracioso del
asunto es que cuando nos despertamos y comemos, va al
spa conmigo y permite que le hagan uno que otro
tratamiento en el rostro pese a que tiene una mueca
durante todo el proceso. No puedo evitar reír y besarlo
cuando entramos desnudos en una tina de lodo, la cual es
sorprendentemente buena para sobrellevar la resaca.

La piel de su cara está sonrosada y suave, al igual que la


mía, por lo que una sensación más que agradable me
recorre mientras froto mi nariz contra la suya. Weston rodea
mi cintura con sus brazos y me sonríe cunando me aparto
unos centímetros, los suficientes para hablar cómodamente,
sus párpados cayendo de manera soñolienta y pesada. Me
mira con deseo.

Con deseo y aprecio.

─Ayer le dijiste a Tanner que era tu novia ─lo acuso.

Weston se sonroja.

─Ah. Mi enemigo es orgulloso. Decirle eso era la única


manera en la que te habría dejado ir. ─Sus labios se tuercen
con una mezcla de burla y desagrado─. Por más atraído que
se sienta hacia ti, es de los que prefieren ver cómo lo que
quiere se aleja de su alcance a arrastrarse.

A pesar de que sus palabras traen una punzada a mi


corazón porque Weston no podría estar más equivocado al
hablar de él como si me quisiera, me encojo de hombros
mientras termino de ajustarme sobre él y llevo mis manos a
sus mejillas, centrando toda su atención únicamente en mí.

─Olvida a Tanner. Olvida a tu padre. Concéntrate en ti y en


mí.

Su mirada se afila.

─Si lo hago, ¿tú lo harás?

Relamo mis labios antes de responder.

─Puedo intentarlo.

Espero que el capítulo les haya gustado. A mí me


encantó. Lamento mi ausencia, es que de verdad he
tenido muy difícil actualizar 

Cada vez estamos más cerca del final 


Capítulo dedicado a: avokkanto

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Love u 

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Capítulo 38:

Capítulo 38:
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por OscaryArroyo
 
Me inclino sobre mí misma, teniendo en mente
posicionarme en la línea de defensa a penas oiga el pitido
que dé inicio al juego de fútbol. Malcolm pasó media hora
hablando conmigo y con nuestro equipo para instruirnos e
idear una buena estrategia con el fin de derrotar a su
hermano mayor antes de empezar. Suelto una risa ahogada
cuando recibo un cumplido torpe sobre mi trasero de uno de
los miembros de los Kings que está jugando para nosotros,
lo cual hace que tanto mi padre como los hermanos Reed
emitan un gruñido de desaprobación. Por el rabillo del ojo
veo a mi madre alzar las cejas ante ello, inclinada en mi
misma posición del otro lado. Tanto Malcolm como Tanner
usaron la misma estrategia. Suponer que nadie nos hará
daño y que prácticamente los jugadores del equipo
contrario nos arrojarán el balón a las manos cuando se
topen con un cuerpo femenino bloqueando su ataque.

Realmente espero que ese sea el caso.

Me preocupa que no.

Sé que Malcolm no tacleará a mamá.

En cambio Tanner a mí... no estoy segura de que la


presencia de mis padres lo haga tímido al respecto, pero no
me ilusiono pensando que sí ya que nunca he sentido que él
me observe como alguien frágil o con la que necesita ser
delicado. La leve molestia en mi trasero es la prueba de ello.
Lamentablemente para mí, la idea de ser aplastada por él
sobre el césped me emocionó tanto que no me negué
cuando Malcolm me propuso marcarlo.

Lo deseo.

Lo deseo ahora, que lo veo con hombreras y la indumentaria


deportiva que solía poner húmeda mi ropa interior cuando
estábamos en la universidad, más de lo que lo había hecho
en cualquier otro momento de mi vida porque él preparó
esto para mí. Todas esas llamadas que le saqué en cara
atender desde ayer se debían a que se encontraba alistando
esto en silencio.

Gastando un estimado de un millón de dólares en


preámbulos para sexo.

Debí tomarlo en serio cuando me preguntó qué tan lejos


estaba dispuesta a llegar para cumplir mi fantasía, pero no
pueden culparme por no suponer que haría algo como esto
o que encontraría una manera de cumplirla que me
complacería en más de un sentido. Quemándome al verlo
jugar. Enamorándome al incluir niños que piensan de la
misma manera que nosotros, anhelando el éxito y
queriendo ganarlo a base de esfuerzo en sus estudios.
Divirtiéndome al contemplar su lado egocéntrico saliendo a
la luz una vez más al incluir implícitamente su ideología, la
cual creo que solo yo conozco, de que los deportistas son
estúpidos y la mejor forma de prosperar es sobresaliendo a
través de ser lo mejor que el sistema educativo tenga para
ofrecer. Aunque mamá lo odie, por su reacción, en la que ni
siquiera me sacó en cara mi nuevo color de cabello y fue
directamente a reclamarme el no haberla incluido más, creo
que incluso ella está maravillada con esto.
No puedo evitar conmoverme y ofrecerle un vistazo desde
donde estoy.

Evaluar su mirada seria y concentrada mientras le explica a


una chica pálida y ojerosa, delgada, de trenzas doradas y
poseedora de un par de gafas de montura gruesa que
rivalizan con las del chico pelirrojo de nuestro equipo, cómo
jugar. Se ve tan adorable mientras lo hace, genuinamente
entregado a la idea de ser su guía, que no puedo evitar
pensar en Tanner como un padre.

Quizás sería un desastre, forzando a su hijo a ser perfecto


como él.

Haciéndolo infeliz.

Pero quizás no, tal vez aprendió de los errores de su


progenitor y será mejor.

─Idiota ─susurro, más para mí misma que para él, odiándolo


por conmoverme cuando se supone que es el enemigo, pero
igualmente trayendo su atención a mí, sus ojos negros
sonriendo pese a que su usual mandíbula apretada está
presente en su rostro cuando se gira a verme.

Tanner se regodea tanto del código de indiferencia bajo el


que vive que a veces olvida que tiene un corazón latiendo
dentro de su pecho, pero yo no.

No cuando lo siento yendo rápido y desenfrenado cada vez


que estoy cerca.

─¡Hip, hip! ─dice una voz, dando inicio al partido al ser


seguida por un silbato.

Mi reacción, similar a la de todos los inexpertos jugando, es


tirar de mi cabeza hacia atrás y reír mientras ignoro a todos
y corro en dirección a Tanner. Una parte de mí sabe que
todos los que no tenemos idea de lo que estamos haciendo
somos solo relleno al lado de los profesionales
acompañándonos, pero no puedo evitar querer intentarlo y
marcar una diferencia por mí misma. Los jugadores pasan
junto a mí como formando parte de una estampida de
animales salvajes. Muevo mis pies tan rápido como puedo y
cuando finalmente me encuentro a un par de metros de mi
objetivo, Tanner corriendo hacia el otro lado con el balón
protegido bajo su brazo, preparada para enviarlo al suelo,
soy enviada a este por una figura extremadamente familiar.
Jadeo cuando mi cuerpo aterriza sobre el césped.

─¡Papá! ─me quejo.

Will Campbell me mira con ojos grises llenos de


arrepentimiento, sus labios curvados hacia arriba en una
sonrisa de disculpa que derrite mi enojo. Aún así, me obligo
a ser fuerte y no sonreírle de vuelta mientras me ayuda a
levantarme del suelo ofreciéndome su mano extendida.

─Lo siento mucho, princesa. El equipo es el equipo.

Entrecierro mis ojos hacia él mientras sacudo la tierra de mi


ropa.

─Soy tu hija.

Me mira como si sintiera dolor físico.

─Lo sé, pero fui jugador de fútbol antes de ser padre


─susurra─. Así es como conocí a tu madre, Savannah. No
puedes culparme por sentirme apasionado.

Pongo los ojos en blanco.

─Traidor.
Tras obtener una ligera risita de su parte como respuesta,
me doy la vuelta e inspecciono el campo en búsqueda de
Tanner. Suelto un jadeo cuando lo veo detenerse a punto de
ser alcanzado de nuevo, flexionar su brazo hacia atrás y
lanzar el balón con la suficiente distancia entre él y la línea
de anotación como para ganar una ventaja significativa
sobre nosotros cuando este pasa encima del poste al mismo
tiempo que escucho a Malcolm maldecir.

Me estremezco cuando sonríe arrogantemente después,


trotando hacia mí.

Los jugadores de los Kings lo ven como si fuera un


alienígena.

─¿Todavía queriendo verme en acción, Campbell? ─pregunta


cuando pasa junto a mí, a lo que aprieto la mandíbula y finjo
odiarlo como jugadora del equipo contrario ya que si me
dejo llevar por los demás sentimientos dentro de mí, temo
que me delataré a mí misma frente a mis padres y la
prensa.

Porque Tanner tenía razón.

La presencia del magnate de las importaciones y del equipo


de fútbol de Houston trajo mucha atención, por lo que
somos víctimas de algunos flashes provenientes de la
primera línea de asientos del estadio. Ni siquiera me puedo
imaginar la cara de Pauline si somos atrapados haciendo
cosas inapropiadas o imaginar el revuelo que eso causaría
en internet y los medios de comunicación ya que todos
piensan que estoy saliendo con su hermano.

Sería atacada de tantas maneras.

Haciendo cosas como este partido, sin embargo, hace que


por un momento mi mente desafíe cualquier principio moral
que exista y que el riesgo de ser descubierta y señalada por
la sociedad como la otra valga la pena, aunque tampoco es
como si no estuviera acostumbrada a ser etiquetada como
si mi vida sexual o amorosa fuera lo único que me definiera
como mujer.

Haga lo que haga, siempre me llamarán de alguna manera.

A todas nosotras, en realidad.

─Toda la vida lo ha tenido todo tan malditamente fácil


─gruñe Malcolm cuando regresamos a nuestra posición
inicial. Al instante, aunque no me lo diga, entiendo su
molestia. Mientras Tanner fue un dios del fútbol sin a penas
esfuerzo y se permitió rechazar propuestas de equipos
profesionales como si fueran prostitutas desesperadas de
las que se aburrió, Malcolm tuvo que sangrar y luchar por su
puesto en la NFL. Por eso y por otras cosas, como ser
merecedor de su apellido, sospecho─. No es justo que todo
lo que quiera se le sea entregado en bandeja de plata. Es
decir, ni siquiera es agradable. ─Malcolm no me mira
mientras habla de su hermano, en realidad evita cruzarse
mi mirada tanto como es posible, pero de repente clava sus
ojos marrones en mí y a pesar de que sus labios están
extremadamente curvados hacia arriba, estos no sonríen en
lo absoluto. Siempre he sabido que se quieren y que su
relación es complicada, pero este último par de días me han
demostrado cuánto. Aún así, sé que al final del día, aunque
no se aguanten, son del tipo de hermanos que estarán ahí
para el otro en el caso de que se necesiten porque tienen un
punto débil en común que los une─. Es por eso que soy tu
favorito de los dos, ¿no así? Tú nunca lo escogerías sobre
mí.

Trago.
Mi rostro enrojece.

Mis rodillas se aflojan al sospechar una vez más que


Malcolm lo sabe.

Sabe que me acuesto con su hermano.

Por más que intento acallar la voz en mi mente que intuyo


que hace que mi lenguaje corporal me deje en evidencia, no
puedo y esta no deja de repetirme una y otra vez que mi
mejor amigo conoce mis más sucios pecados. Que Tanner le
dijo o que ellos están escritos en mi cara.

─Malcolm... ─murmuro, pero lo único que hace es negar y


reír amargamente.

─Ni siquiera tienes que responder. Sé que lo más cerca que


un sociópata como Tanner estará de ti es como socio. Eres
increíble y él es un patán y más ahora que las cosas están
tensas con Pauline. No los veo siendo amigos o si quiera
tolerándose. Cómo se puso de acuerdo contigo para hacer
esto es un misterio para mí, pero sé que nunca podrían
hacer más que trabajar juntos.

Mis labios forman un puchero antes sus palabras, pero


Malcolm no se queda para verlo. Nuevamente escuchamos
el pitido que hace que retomemos el juego y corre en
dirección opuesta a dónde nos encontramos. El balón no
tarda en estar en sus manos, pero mi madre tampoco tarda
en interponerse en su camino y arrebatárselo debido a que
él no la taclea o la esquiva como debería hacerlo porque su
caballerosidad y la nobleza de su gran corazón no lo
permite. A pesar de que no lo veo, sé que su malévolo
hermano sonríe.

*****
Perdemos.

No solo debido al brazo de Tanner, el cual parece nunca


haber dejado de jugar fútbol y hace que los jugadores
profesionales de mi equipo se enojen y tomen en serio este
supuesto juego amistoso, sino también a mi madre en la
línea de defensa y al hecho de que al mayor de los Reed no
le molesta esquivarme o empujarme fuera de su alcance las
veces que logro acercarme sin que mi padre se atraviese en
mi camino. Como premio, los chicos del programa que
jugaban para su grupo y sus familiares obtienen un
recorrido por uno de sus barcos anclados en Corpus Christi
el próximo fin de semana. Una especie de excursión con
todos los gastos pagos a la que promete que asistiremos, lo
que me hace temblar mientras lo escucho ya que la última
vez que estuvimos ahí, en su yate, no tuvimos sexo a pesar
de la intensidad del momento, pero sé que la próxima, así
tengamos compañía, sí lo haremos.

─Vayamos a almorzar para celebrar ─dice después de que


nos despedimos del último chico becado y su familia, el cual
es tan corpulento y atractivo que difícilmente lo etiquetarías
como un nerd, pero sí lo es. Amablemente, tanto Tanner
como yo nos tomamos un momento para conocer a cada
uno de ellos y la verdad es que estoy encantada con el
programa─. ¿Alguna propuesta?

Está dirigiéndose a su hermano, a mis padres y a mí. El


primero observa distraídamente hacia las gradas, pero
eventualmente gira su rostro hacia él y le responde con una
sonrisa despreocupada, una con la cual expresa todo lo
contrario a lo que expresan sus hombros rígidos y las
arrugas de tensión en las esquinas de sus ojos. Me
remuevo, incómoda, ya que no sé qué esperar.
Todo en mí me dice que Malcolm sabe lo que está
sucediendo entre Tanner y yo, pero tanto sus palabras como
su comportamiento no terminan de confirmarlo. Me
mantienen en el limbo de no saber si sí o si no.

Es una tortura.

Si no tuviera tanto miedo de su reacción, de perderlo, se lo


preguntaría directamente, pero en esta ocasión soy una
cobarde porque no soporto la idea de pasar un solo día de
mi vida sin recibir uno de sus mensajes.

─Sav y yo tenemos un sitio a las afueras de Houston en el


que comemos pizza y tenemos cierta intimidad de los
reporteros ─responde─. ¿Qué tal si vamos?

Uniéndose a la competencia de sonrisas falsas, Tanner


sonríe cuando separo los labios para negarme ya que
pasamos todo el día de ayer comiendo pizza, así que la idea
de seguir haciéndolo revuelve mi estómago.

─Me parece perfecto, hermanito.

Malcolm se tensa cuando se inclina sobre él y revuelve su


cabello como si fuera un niño pequeño pese a que la
diferencia de edad entre ellos no es tan grande,
arriesgándose también a presionar sus labios contra su
mejilla mientras rodea su cuello con su brazo y este lo
empuja con molestia, causando risas entre los demás
integrantes del equipo que normalmente lo verían como un
rey debido a que es el héroe de todos sus juegos, a
excepción de hoy. Sin poder soportar más su interacción, en
la que sé que de una manera u otra Tanner busca dejarlo en
ridículo, me doy la vuelta.

Me mentiría a mí misma si no admitiera para mis adentros


que me siento decepcionada. Malcolm lo adora y sé cómo
se siente adorar a Tanner, así que sé cómo es estar en su
lugar, solo que de una manera un poco diferente.

Porque acabo de ver cómo es con los que aman.

Y no puedo evitar preguntarme si es así cómo me he visto


todo este tiempo.

*****

Mamá odia comer en sitios baratos.

No porque sea snob, sino porque dice que se esforzó lo


suficiente como para tener el privilegio de comer en sitios
dónde la comida sea mejor que la que tenga en casa. Papá
sí es más abierto a ingerir comida chatarra, pero tiene
pocas oportunidades para hacerlo ya que las estrictas dietas
de Larissa no solo se limitaron a ser aplicadas a mí mientras
crecía. Admito que cuando era más joven solía odiarla por
prohibirme comer de la manera que quisiera, pero dejé de
hacerlo cuando comprendí que no solo se trataba de
estética.

Un día, usando su PC y Google, encontré interesante sus


búsquedas.

¿Cómo alimentar a mi familia con el fin de evitar que sufran


enfermedades?

Alimentos que alargan la vida.

Alimentos que te hacen vivir más.

Alimentos que ayudan a los adolescentes a sobrellevar la


adolescencia.

¿Los carbohidratos bajan el autoestima?


Desde entonces me di cuenta de que mamá no quería que
luciéramos perfectos para nuestras fotos familiares, sino
que tuviéramos muchos momentos más que pudieran ser
fotografiados, y dejé de cuestionarla tanto, entendiendo que
ella no admitiría la raíz de su preocupación en voz alta
porque podría hacerla ver más sentimental de lo que va con
su personalidad.

Otra cosa que odia, o más bien persona, es a Tanner Reed.

Desde que lo conoció no tolera su presencia o la de Pauline,


pero con Tanner es más abierta al respecto, ignorándolo o
crispando el rostro las veces que han tenido la desdicha de
encontrarse como, por ejemplo, durante el juicio de Gordon
por violar los términos de su orden de alejamiento hacia mí
y mi graduación de la universidad. Nunca me ha dicho por
qué, no directamente, pero la conversación que una vez
mantuvo conmigo, en la que me hizo prometerle que entre
nosotros no pasaba nada y me dijo que Tanner no me
merecía, me hace creer que Larissa sigue pensando de la
misma manera que entonces, pero que no sospecha que yo
haya cambiado de opinión.

Mientras comemos, me doy cuenta de que su manera de


pensar es la misma que en ese entonces, pero que hace un
esfuerzo sobrehumano por no arrugar la frente en su
dirección o soltar comentarios desagradables. En su lugar
dirige todo su disgusto hacia la pizza, en lo que parece ser
parecida al hombre con el que me acuesto. No puedo evitar
preguntarme, entonces, si la razón por la que no se llevan
bien es porque son de cierta forma similares.

─Bazofia ─gruñe ella, dejando caer el trozo de pizza de


vegetales en su plato tras darle un mordisco, lo que me
hace confirmar un poco mis sospechas.
─Cariño, dale una oportunidad ─insiste papá a cambio,
apretando la punta de su trozo de pizza, la cual lleva
ingredientes más apetitosos, contra su boca.

Mamá lo fulmina con la mirada, pero eventualmente separa


los labios y come. Sus ojos brillan al saborearla y no puedo
evitar sonreír cuando, discretamente, intercambia pizza con
papá y continúan con su comida.

Son adorables.

─La temporada está a punto de empezar ─comenta Tanner


al otro lado de la mesa, echándose hacia atrás en su asiento
y limpiándose la comisura de los labios con una servilleta
como si acabara de comer un platillo de lujo y no uno que
no sobrepasa los diez dólares─. ¿Cuáles son tus planes si no
le das a los Kings lo que prometiste y no los llevas al Super
Bowl?

Me tenso. Malcolm también lo hace.

─Tengo el suficiente dinero como para no tener que


preocuparme por eso.

Tanner lo mira con el ceño fruncido.

─El dinero se acaba.

─El mío no. Mi estilo de vida no es tan ostentoso.

─¿No lo es?

Su hermano niega.

─No.

Tanner se cruza de brazos, una sonrisa burlona en su rostro.


─¿Entonces por qué gastaste cuatro millones de dólares en
una mansión en Travis Country cuando toda tu maldita vida
está en Houston, hermanito?

Malcolm aprieta la mandíbula de una manera que lo hace


parecerse todavía más a Tanner, a lo que no puedo evitar
pensar que su parecido en ocasiones es impresionante.
Observo de reojo a mis padres, pero ellos están tan absortos
el uno en el otro que no nos prestan atención a nosotros.

─Tengo pensado mudarme a Austin ─gruñe en respuesta,


intentando esconder sus mejillas sonrojadas agachando la
mirada─. No ahora o en un futuro próximo, pero
eventualmente. Vi la casa y me gustó, la compré.

Esta vez Tanner le enseña sus dientes cuando contesta, los


cuales resplandecen,

─Entonces no niegas que hayas gastado la mitad del dinero


de tu firma en una propiedad que no tienes pensado habitar
todavía. ─Asiente, tamborileando sus dedos sobre la mesa─.
Una decisión muy inteligente.

─¿Igual de inteligente que estar atrapado en un matrimonio


infeliz?

Los ojos negros de Tanner brillan. Separa los labios para


responder, probablemente para ser más cruel de lo que ha
sido hasta ahora, pero lo interrumpo poniéndome de pie e
inclinando la cabeza en dirección a la salida. He tenido
suficientes emociones fuertes por hoy. Entre el programa, el
juego, su interacción como hermanos y la presencia de mis
padres, enloqueceré si no pongo distancia entre los Reed,
mis familiares y nosotros.

Es hora de que regresemos a Austin.


─Muchas gracias a todos por acompañarnos hoy. Significó
mucho. Lamentablemente tenemos que volver ya. Mañana
trabajo y Tanner también.

Tanner también se levanta, arrojando un billete de cien a la


mesa que saca de su billetera y que estoy segura de que es
demasiado para la cuenta.

Así como de que no le importa el cambio.

─Sí, el camino es largo.

─Los acompaño afuera ─gruñe Malcolm, imitándolo, y mamá


no tarda en seguirnos una vez empezamos a salir del
restaurante.

Papá me sonríe una última vez antes de que me gire.

─Buen viaje. Llama cuando lleguen.

─Lo haré, papá.

─Te quiero, pequeña.

─Y yo a ti.

Ya en el estacionamiento, mamá me aleja nuevamente de


los hermanos Reed para tener una conversación a solas
conmigo y estos también guardan distancia de nosotras
para intercambiar unas cuantas palabras cerca del auto de
Tanner. Trago sonoramente cuando posa su mirada en mí,
evaluándome de pies a cabeza y formulando un informe
detallado sobre lo que ve en su mente. Después de que
llega a una conclusión, sacude la cabeza y lo suelta.

─Me encanta el programa, que estés haciendo caridad, pero


no me gusta que estés tan cerca de Tanner. Sabes cuál es
mi opinión con respecto a él.

─Mamá...

─No es un buen hombre.

Mi frente se arruga.

─No importa si lo es o no, es un buen socio.

─No lo dudo, Savannah, pero sigue sin gustarme la manera


en la que te ve. Han pasado años desde que lo conocí, pero
sigue observándote como si le pertenecieras a pesar de que
es un hombre casado. ─Alza el mentón, su expresión
mortal─. Mantén tu promesa de ese entonces y aléjate o
acabarás decepcionándonos a tu padre y a mí. Él no es para
ti ni nunca lo será.

─Mamá ─murmuro, pero ella solo niega y toma un mechón


de mi cabello dorado entre sus dedos, observándolo con
tristeza, no con desaprobación.

Eso es todavía peor.

─Sea lo que sea en lo que te estás convirtiendo, no eres tú.


No es mi bebé.

Ya que no tengo nada más que decirle, puesto que no puedo


contarle sobre el motivo tras mi cambio de look sin hablarle
de lo que pasó con el nuevo estadio de los Rangers y no
quiero que mis padres se tengan que preocupar por ello,
mamá se da la vuelta y entra de nuevo en el restaurante sin
mirar atrás. A los segundos Malcolm se acerca y me sonríe
débil, pero tensamente, mientras me escolta con una mano
apoyada en mi cintura al auto de Tanner.

Es lo más cerca que ha estado de mí hoy.


Antes de entrar en él, me giro y lo observo con su rostro a
centímetros del mío con su hermano como testigo, pero no
me importa. Él lo ha lastimado lo suficiente hoy con su
comportamiento. No necesita que ahora yo me sume a ello
actuando a su alrededor como una extraña. Tras ponerme
de puntillas, dirijo mis labios a su mejilla y presiono un beso
que, por un leve movimiento de su rostro, termina siendo
depositado peligrosamente cerca de la comisura de sus
labios. Malcolm se queda sin aliento y, sorpresivamente, yo
también.

Después de unos segundos de shock, ambos cubrimos


nuestra incomodidad y sonrojo con una risa. De mi parte
avergonzada y de la suya sincera, sonando nuevamente
como el chico alegre y risueño que realmente adoro.

─Llámame más tarde ─susurro mientras entro en el auto de


Tanner.

─Lo haré ─promete.

Dicho esto, finalmente cierro la puerta del asiento copiloto.

Durante todo el viaje de regreso a casa, Tanner no dice


nada, pero aprieta el volante con tanta fuerza que en
cualquier momento podría romperlo y conduce tan rápido
que llegamos a Austin en la mitad del tiempo que tomaría.

Las quiero. Me duermo. Bai

No olviden comentar y darle amor al capítulo 

Por cierto, mañana, o en dos horas, es mi


cumpleaños jajaja

Lo siento, pero tenía que decirlo 


Love u 

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más. Ultimamente estoy soltando mucha info por ahí
Capítulo 39:

Capítulo 39:
14.6K 2.4K 2.2K
por OscaryArroyo
 
Después de la desastrosa noche de Halloween, me
concentro de lleno en mis estudios y en terminar mis
exámenes y proyectos pendientes para dar fin a este
período académico. Trato de enfocarme en Weston e ignorar
a Tanner aunque todavía esté presente en mi vida ya que
continúa pasándose de vez en cuando por nuestro
dormitorio para visitar o recoger a Pauline y nuestros
caminos se cruzan en el campus de vez en cuando, solo que
ya no con la misma frecuencia que un mes atrás. Pasamos
de vernos diez veces por semana a dos o tres. Gracias a que
el rubio es amable y divertido conmigo, además de atento y
detallista como ningún otro pretendiente que he tenido
antes, se gana mi completa atención y, poco a poco, mi
corazón.

Sin darme cuenta, llega el momento en el Tanner Reed ya


no pasa por mi mente como antes.

Ahora lo hace Weston.

Mientras él empieza a dejar nuevamente flores fuera de


nuestro dormitorio para ella, mi chico de cabello dorado
cubre mi auto por completo de rosas para que acepte irnos
juntos a clases. Mientras él la invita a ir al cine el fin de
semana como una pareja común y corriente del montón,
Weston alquila una sala entera para nosotros con el fin de
poder arrodillarse entre mis piernas mientras vemos todos
los estrenos de la cartelera y llena mi estómago con hot
dogs y golosinas porque se supone que ahora odio las
palomitas. Mientras él le dedica anotaciones en el campo y
victorias de partidos, Weston y yo jugamos juntos al tenis
por tardes enteras para liberar el estrés de la carga
académica y pasar el rato divirtiéndonos juntos.

Mientras empiezo a ver su historia como un mal cliché que


no terminará bien porque Pauline ni siquiera se hace una
idea de quién es realmente su novio, él y yo la pasamos
bien.

Porque Weston sabe quién soy y yo sé quién es.

Sin percatarme, la fecha de mi cumpleaños se acerca dos


semanas y media tras Halloween. Pauline me lo recuerda un
día antes mientras desayuno cereal de Oreos en nuestra
pequeña encimera y termino mi maquillaje. Es viernes,
Weston se encuentra sentado comiendo un sándwich frente
a mí y Tanner está esperándola en el umbral de la puerta,
echándole periódicos vistazos a su reloj con impaciencia y
manteniendo distancia de nosotros como lo ha hecho desde
que lo besé frente al oficial y mentí por él para salvar su
pellejo cuando ya no debería tener motivos para hacerlo
porque ahora que yo también traigo un chico a mi
habitación regularmente, puede venir tanto como lo desee y
yo me iré para dejarles espacio de la misma manera que ha
hecho Pauline todos estos días alegando que Weston y yo
somos la mejor pareja que ha visto en el campus y que
darnos privacidad es su aporte a la causa.

Le creería si no usara eso como excusa para ir con Tanner y


fingir que haría todo por él.

Ambos se engañan tanto que me dan náuseas.


─¿Cómo celebrarás tu cumpleaños? ─pregunta, sonando
emocionada, mientras ajusta la correa de su mochila sobre
su hombro y sonríe. El día de hoy usa un vestido verde con
pequeñas hojas estampadas en él y sandalias. Su cabello
rubio está suelto, así que los rizos dorados enmarcan su
rostro en forma de corazón de una manera preciosa─. Me
gustaría planear algo, si quieres.

Instantáneamente niego.

No he escondido lo resentida que estoy con ella y con


Tanner después del concurso. Aunque el tema no se ha
tratado en voz alta, sé que sabe cuál es la conclusión a la
que llegué después de ver mi foto en su teléfono: que su
novio solo me estaba usando para generar emociones
oscuras en ella y que regresara a Austin. Debido a esto no
puedo entender por qué si quiera me dirige la palabra y
pretende que somos amigas cuando es evidente que ese no
es el caso.

Pero nunca le diría cómo me siento en voz alta.

Eso sería aceptar que quiero a Tanner para mí y ya no vale


la pena hacerlo.

Porque ya no lo quiero, pero estoy tan cansada de ellos dos.

─No es necesario ─añado cuando se me queda viendo como


si necesitar oírlo en voz alta.

Pauline frunce el ceño, viéndose herida de verdad.

Definitivamente debió ser actriz.

─No me molestaría. Preparar tu fiesta de cumpleaños


sorpresa es lo menos que podría hacer.
─Dejó de ser una fiesta sorpresa en el momento en el que
me dijiste sobre ella.

─¿Eso significa que sí puedo hacerla?

Separo los labios para decirle que no tiene nada que


planear, que probablemente invitaré a Weston a Houston
para celebrar con mis padres y que regresaré el domingo,
pero el chico con el que estoy saliendo se me adelanta
poniéndose de pie y apoyando su brazo en los hombros de
Pauline, lo que hace que ella gire su rostro hacia él y le
sonría mientras suelta una risita tonta que no paso por alto.
Es su mayor fan. No se molesta en ocultarlo de ninguna
manera.

─Savannah tiene razón, Pauline. No tienes que hacer nada


─dice, guiñándome un ojo antes de soltarla. Tanner, que no
ha perdido ni el más mínimo detalle de nosotros, entra en el
dormitorio entonces, sus ojos entrecerrados hacia Weston.
Contengo un gruñido. Este es el tipo de escenario que crea
nudos en mi estómago─. Porque ya he preparado todo para
mañana. Si quieres formar parte, solo tienes que decírmelo
y haré que te llegue la invitación.

Pauline lo mira con ojos amplios, genuina emoción en sus


ojos cálidos como la miel.

Yo solo lo veo a él, preguntándole sin palabras qué se


supone que está haciendo.

Weston se encoje de hombros.

─¡Quiero oír todos los detalles! ─exclama ella antes de


tomar la tela de su camisa en su mano y arrastrarlo fuera de
mi dormitorio, a lo que él ladea su cabeza y sonríe de
manera encantadora pese a la incomodidad en evidente
tanto en su mirada verde como en la rigidez de sus
hombros. Su carisma y amabilidad le impiden rechazarla
abiertamente. Tanner, sin embargo, no los sigue,
quedándose dentro de la habitación conmigo─. ¡No lo puedo
creer...! ─la escucho gritar, pero su voz se desvanece
cuando, sospecho, se alejan más de nosotros para que no
los oiga.

Mi enojo sigue ahí, pero también estoy emocionada de una


manera en la que no lo estaba antes.

No tenía ni idea de que Weston estaba preparando algo


para mí.

A pesar de que tengo la sospecha de que ahora tanto


Pauline como Tanner estarán involucrados en su sorpresa,
no puedo evitar que mis labios se curven de manera tonta y
las mariposas invadan mi estómago incluso cuando estoy en
el mismo espacio que Reed. Ya quiero saber qué será. A
diferencia de muchas personas, amo la fecha de mi
cumpleaños y celebrar, solo que este año por todo lo
acontecido lo pasé por alto y mis padres no han sido
insistentes al respecto porque seguramente piensan que
quiero guardar distancia de ellos porque ya estoy mayor.

Eso no es cierto.

Amo los cumpleaños.

Recibir regalos, mientras más mejor.

El pastel.

El alcohol, a mi edad todavía ilegal, y la comida de


celebración.

No sé cómo alguien podría odiarlos, de verdad.


─Por lo que veo ─susurra─... Weston lo está haciendo tan
bien como puede hacerse.

A pesar de que se trata de Tanner, no puedo evitar


aumentar la curvatura de mis labios al pensar en todo lo
que el rubio ha hecho por mí y en lo bien que ha hecho que
nos la pasemos los últimos días. Su rostro de facciones
angulares se crispa, pero no comenta nada al respecto. Se
ve atractivo hoy, en jeans y una sudadera con el logo de la
universidad, pero dejo de mirarlo a penas el pensamiento
de que se ve bien llega a mi cabeza. Termino de masticar mi
cereal y limpio la comisura de mis labios para hablar, solo
que viendo distraídamente hacia mi celular antes de
levantarme y extender mi brazo para alcanzar mi mochila
en la mesa.

─Así es ─respondo─. Que tengas buen día.

Debo pasar junto a él para cruzar la puerta. También


sostengo el sándwich de Weston envuelto en papel porque,
para evitar inconvenientes, he decidido que lo terminará de
camino a clases. Mi cuerpo se estremece de pies a cabeza
con sorpresa cuando Tanner envuelve mi brazo con su
mano, apretándolo sin hacerme daño y obligándome tanto a
detenerme como a verlo a los ojos en búsqueda de una
explicación. Como si recién se diera cuenta de lo que acaba
de hacer, me suelta y retrocede un paso. También luce
como si no creyera en lo absoluto lo que hizo.

Tocarme.

─Él y tú, ¿son oficiales? ─pregunta como si necesitara oír la


respuesta.

Odiando la manera en la que mi corazón se paraliza ante el


sonido de su voz y la idea de que realmente podría
importarle que esté con alguien más, trago y tomo una
honda bocanada de aire antes de hablar. No sé si estoy lista
para la respuesta, pero debo hacerle esta pregunta.

No, no debo, lo necesito.

─¿Por qué te importaría si lo somos o no?

Tanner aprieta sus labios entre sí, formando una fina línea
con ellos.

Tras fruncir el ceño ante su falta de respuesta, prosigo con


mi camino.

Su voz me detiene bajo el umbral.

─Solo quiero saber si finalmente te mantendrás lejos. Si ya


no debo preocuparme por ti.

Con los puños tan apretados que mis dedos se hunden en el


sándwich de West, respondo.

─Sí ─contesto sin verlo─. Somos oficiales. Ya no tienes de


qué preocuparte.

Avanzo un paso. Cuando creo que no va a decir nada más,


lo escucho de nuevo.

Soy tan masoquista y curiosa que me detengo.

─¿Entonces... es tu novio? ─Se oye en shock. Como si nunca


hubiera sopesado la idea de mí dentro de una relación con
alguien más. Eso trae lágrimas a mis ojos, el que piense que
nadie me podría tomar en serio─. ¿Como en... dentro de una
relación o algo así?

Me río amargamente.

─Sí, Tanner. Weston es mi novio.


Tras decirlo, no me quedo para averiguar su respuesta a
ello.

Corro hacia el ascensor, sintiéndome mejor con cada metro


de distancia entre nosotros.

*****

El día de mi cumpleaños empieza como cualquier otro. Lo


primero que hago tras incorporarme es inclinarme hacia el
suelo para apagar las velas que me rodean. Lo segundo
frotarme los ojos y tantear el piso con los pies en búsqueda
de mis pantuflas. Una vez estos entran en ella, alzo la
mirada y dejo escapar un grito debido a la sorpresa, el cual
hace que Tanner y Pauline se despierten. Al recordar que
este durmió aquí anoche, pero no folló con su novia, gracias
a Dios, ajusto la tira de mi pijama antes de acercarme con
paso tembloroso a Weston y rodear su cuello con mis
brazos. Mi novio, supongo, está escondido detrás de un
enorme oso de felpa todavía más grande que yo. Lo odio,
habría preferido solo recibir la joyería que él sostiene en una
de sus manos sin dedos de oso, pero amo a Weston.

Río mientras desliza el brazalete de diamantes en mi mano


y me besa fugazmente.

─Feliz cumpleaños, princesa ─dice─. Haz tu maleta. Nos


vamos de aquí.

─¿A dónde? ─pregunto, sonriendo de oreja a oreja mientras


examino la delicada y hermosa joya de oro blanco y
diamantes en forma de corazón de Tifanny's con una
pequeña chapita con mi nombre grabado en él de manera
adorable y diminuta, personalizada y reversible ya que del
otro lado hay una W.
Me gustaría ser de esas chicas que dicen que lo material no
importa.

Pero no lo soy.

Está hermoso y mis latidos van rápido mientras lo veo, mis


mejillas tensas y apretadas a causa de mi sonrisa. Después
de mi propio auto y del hecho de estar viva, es mi regalo
favorito.

─A Corpus. Alquilé un yate. ─Mira tanto a Tanner como a


Pauline, quiénes se han incorporado y nos observan. Ella lo
hace con una sonrisa mientras abraza la cintura de su novio
y él sin demostrar ningún tipo de emoción. La respuesta de
Weston explica su atuendo de bermudas y camisa con
estampado floral. Mocasines. Gafas oscuras─. Eh, si van a ir
deben estar listos pronto. ─Le echa un vistazo a su reloj─.
Quiero que desayunemos en San Marcos.

Ante la mención de la pequeña ciudad universitaria, mis


ojos no pueden evitar viajar a Tanner. Los suyos tampoco.
Me mira fijamente mientras le devuelve el abrazo a Pauline
y sonríe con absoluta indiferencia. Me estremezco. Este es
el sujeto que solía tener mi corazón disponible para él las
veinticuatro horas, los siete días de la semana. Ahora él ya
no está. Mi pecho está vacío y mis sentimientos por Weston,
la estabilidad que me da, es lo que me mantiene viva.

Por favor, que no estén listos pronto, rezo para mis


adentros.

─Iré a cambiarme ─murmuro antes de besarlo una vez más,


pero igual de rápido y sin explorar demasiado en el interior
de su boca porque todavía no me he lavado los dientes.

Tras ello, voy rápidamente a mi armario, me encierro en el


baño y me alisto.
*****

De camino a Corpus, por fortuna, no nos detenemos en la


cafetería de su primera gasolinera a la vista, sino en un
bonita panadería en la que Weston nos consigue a todos
croissants con diferentes rellenos. Escojo los míos de queso
crema y otros de chocolate. Comemos en el
estacionamiento, Pauline y yo sobre el capó de su Range
Rover. Ella lleva shorts y un suéter ligero para esconder su
traje de baño. Chanclas de florecitas. Yo, en cambio, opté
por un conjunto de top sin mangas y falda blanca que deja
mi estómago visible. Mi cabello está suelto y el brazalete de
Weston brilla en mi muñeca de una manera que
definitivamente llama la atención. Él se sitúa entre mis
piernas y me alimenta mientras me roba besos, apretando
mi piel y tirando de mí hacía de una manera que incrementa
mi frecuencia cardíaca.

Que moja mi entrepierna.

Estoy tan ansiosa por llegar al yate que duele.

─De verdad espero darte el mejor cumpleaños ─susurra en


mi oído tras besarme por lo que parece un minuto entero,
Tanner y Pauline riendo sobre algo que él dice junto a
nosotros mientras frotan sus narices entre sí y juntan sus
frentes.

Debo ser sincera conmigo misma y admitir que se ven bien


juntos.

─Lo está siendo.

A pesar de que ellos están con nosotros y que no tengo idea


de por qué, así es.

*****
Weston alquiló el mismo yate en el que estuvimos aquí la
última vez. Intercambiamos sonrisas cuando me ayuda a
subir a él ofreciéndome su mano. En la proa me esperan un
montón de globos metalizados con mi nombre y unos
cuántos ramos de rosas blancas. Sin deshacer el agarre de
nuestros dedos, camino hacia toda la hermosa decoración y
tomo una botella de champagne que se encontraba situada
junto a mi pastel de dos niveles. La alzo en el aire mientras
junto nuestros labios, gritando a todo pulmón después la
primera frase en español que me enseñó mi abuela cuando
era una niña ya que mamá no quería que tuviera acento
mexicano.

A pesar de que sé que lo hizo para que no sufriera lo mismo


que ella, nunca se lo perdoné.

Tuve que aprender el español por mí misma, viajando y


practicando a solas.

─¡Viva la vida!

Weston y Pauline me miran como si no entendieran, pero


Tanner alza su propia botella de champagne mientras la
abre y se sienta en uno de los muebles de cuero. Solo lleva
un short oscuro y gafas, su pecho expuesto durante todo el
camino de Austin aquí ocasionando que todas las chicas con
las que nos cruzamos prácticamente perdieran sus ojos por
él ya que tomaron la decisión de salir de sus cuencas para
perseguirlo. A pesar de que Pauline anduvo tras de él con
una camisa para que se la pusiera, es como si simplemente
quisiera que lo vieran.

Sus músculos compensan la palidez antinatural de su piel,


la cual también es hermosa.

─Que viva la vida ─responde en español, con acento gringo


y alemán, haciéndome estremecer.
El hecho de que sepa español no me sorprende ya que su
familia importa productos tanto de países latinoamericanos
como de Alemania, pero sí el que lo hable tan bien y fluido.
Debo haberme quedado viéndolo más de lo necesario ya
que Weston aclara su garganta sonoramente para que lleve
mi atención a él. Sus ojos verdes brillan con irritación y mis
mejillas se sonrojan.

Su molestia, sin embargo, se esfuma con rapidez.

─Vayamos abajo, ¿quieres? ─pregunta mientras rodea mi


cintura con sus brazos, a lo que afirmo a pesar de la
incomodidad que su tono de voz me genera.

Tras obtener una respuesta afirmativa de mi parte, Weston


me alza y me coloca sobre su hombro, ante lo que tengo
que hacer maniobras para evitar que la botella se deslice de
mis manos y caiga al suelo. Siento el yate empezar a
moverse mientras bajamos hacia las cabinas. De camino a
ella nos topamos con Pauline, quién se hace a un lado en el
pasillo para dejarnos pasar, ya en su bikini rojo. Este es tan
pequeño y brillante que me hace fruncir el ceño.

No parece algo que ella se pondría.

Yo sí.

─No hagan demasiado ruido, traviesos ─ríe.

Weston suelta una carcajada ante sus palabras. Yo dejo


escapar una risa forzada. Ya en nuestra habitación, me baja
antes de presionarme contra la pared mientras sus manos
aprietan con fuerza mi trasero y su lengua escava en mi
boca. Cuando empiezo a gemir y a frotarme contra él, sube
el dobladillo de mi vestido y mete dos dedos en mi interior,
masturbándome.
─Weston ─gimo─. Te quiero a ti. Ya estoy lista.

─¿Tan rápido? ─pregunta con voz ronca, casi tímido.

Afirmo.

─Sí. Estoy mojada para ti y quiero sentirte dentro de mí ya.

Ante mi respuesta una expresión maravillada e incrédula se


apodera de su rostro.

─No sé qué hice para merecerte ─revela─. Pero no te dejaré


ir.

Me relamo los labios, llevando mi mano a su entrepierna y


apretándolo.

─Definitivamente ahora mismo lo menos que quiero es irme,


así que fóllame.

Ante mi respuesta su control termina de irse. Deshace el


nudo lateral de mi bikini solo un poco más oscuro que el
color de mi piel, por lo que podría parecer que no llevara
nada pese a que sí lo hago, y desliza un condón que toma
del bolsillo trasero de su pantalón. Después de eso arrasa
con mis labios, gruñendo esporádicamente sobre ellos, y me
folla de manera cruda.

Grito.

Araño su espalda.

Lo disfruto.

Después de que se viene al mismo tiempo que yo y se retira


de mí, ajusta mi traje de baño, anudándolo de nuevo, antes
de guardar su pene dentro de su ropa mientras me mira con
una sonrisa entre agotada y satisfecha. Se ve adorable y no
puedo evitar acercarme, colocar mis manos sobre sus
mejillas y besarlo. Quizás lo que siento por él no es química
tan oscura y peligrosa como la que siento por Tanner, pero
es lo suficientemente bueno como para permitirme tener
esperanzas de un buen futuro con alguien que, además, me
excita.

─Definitivamente el mejor cumpleaños.

El rubio sonríe.

─Hice bien al invitarlos, ¿no es así?

Sus palabras hacen que arrugue el ceño y retroceda,


tomándome desprevenida.

─¿A qué te refieres?

─A Tanner y a Pauline ─dice─. Pensé que tener la


oportunidad de restregarles en la cara lo feliz que eres en
comparación a ellos te haría feliz y creo que lo conseguí.

El aire abandona mis pulmones.

─West... ─murmuro, negando y dedicándole unas últimas


palabras a solas antes de salir de la cabina─. Quedamos en
que dejaríamos esto atrás. Pensé que solo estabas
equivocado al creer que me gustaría tener a Pauline aquí y
que, como siempre, querías jugar a quién orina más largo
con Tanner, pero ahora que sé tus verdaderos motivos me
parece incorrecto lo que hiciste. No quiero restregarles
nada. Quiero hacer como si no existieran. Pensé que los
sabías.

Sin esperar una respuesta de su parte, recojo la botella del


suelo y salgo al pasillo.
Apoyo mi espalda contra la madera, esforzándome por
regular mi respiración.

Mi reacción no solo es porque esté enojada con West, que lo


estoy, sino porque tiene razón.

Me hace feliz restregarles en la cara lo feliz que soy.

Sobre todo porque no estoy segura de serlo y que alguien


más lo crea me hace sentir mejor.

¡Hola! 

¿Cuál fue su parte favorita?

Me complace anunciar el comienzo de la "maratón"


ya que en los próximos días me esforzaré al 100% en
traerles actus diarias porque mi sueño es terminar
esta novela antes de que acabe el año

Espero que les haya gustado. El próximo en pasado


estará candente con esos tres a bordo del yate, ¿a
quién creen que lanzarán primero al agua? El de
presente también 

Las amo

No olviden seguirme en Ig y Twitter para fandom y


adelantos (oscaryarroyo). En Instagram abrimos una
cuenta exclusiva de Fandom de Tanner Reed
(FandomTannerReed) a la que también pueden seguir
Capítulo 40:

Capítulo 40:
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Ya en Austin, lo primero que hago es decirle a Tanner que
me deje en casa. No quiero estar a solas con él y menos en
un sitio sin testigos, lo que me recuerda a la rapidez con la
que Pauline se fue de la ciudad luego actuar a sus espaldas.
Mi corazón va rápido y puedo sentir el pulso palpitando en
mi cuello debido al miedo que su actitud silenciosa me
genera. Si pensé que lo había visto molesto antes, no tenía
ni idea de lo que era ser el objetivo de su ira hasta ahora. A
pesar de que su mandíbula apretada a penas permite que lo
entienda, haciéndome temer por su salud dental, descifro lo
que dice.

Es simple y sin deseo a réplicas.

─No.

Presiono mis labios juntos, optando por mirar por la ventana


mientras conducimos por las calles de edificios altos, en su
mayoría hechos de cristal y metal, y por las curvas de la
carretera en las colinas que debemos recorrer para llegar a
Travis Country. Mis dedos se hunden en el asiento de cuero
italiano del deportivo de Tanner cuando en lugar de seguir
con nuestro camino hacia su ático, descendemos a las casas
cerca del lago en una dirección opuesta a dónde se
encuentra el terreno que me compró.

A su hogar con Pauline.


No puede ser.

No.

Pero por más que la lógica me lleve a pensar que Tanner


nunca sería capaz de llevarme a su vieja casa para
lastimarme ya que prácticamente soy lo único que tiene
para sentirse mejor, su refugio, como él mismo mencionó, la
manera en la que me ve me dice lo contrario. Mientras
conduce me echa rápidos vistazos llenos de sadismo que
me hacen estremecer ya que así es cómo se ve cuando algo
oscuro le causa satisfacción, como romperme el culo, solo
que en esta ocasión estoy segura de que no encontraré
placer de ningún tipo en lo que sea que haya preparado
para mí durante el camino.

Intento tomar el freno de mano entre nosotros antes de que


hagamos el cruce que lleva al sendero con acceso al
estacionamiento de su casa sin medir las consecuencias de
lo que eso podría significar, pero él aparta mi mano y
acelera aún más. Tanto que para no estrellarnos contra la
fuente de piedras importadas en la entrada debe pisar el
pedal de freno hasta el fondo, ocasionando que nuestros
cuerpos se disparen hacia delante. Para ese entonces no
hay aire en mis pulmones y mi corazón duele. Tomo una
honda bocanada de oxígeno antes de girarme hacia él y
traer su atención a mí golpeándolo un par de veces en el
hombro con los puños cerrados.

Estoy segura de que ni siquiera lo siente, pero necesito


desquitarme, deshacerme de la emoción que a penas me
deja respirar, y él es el objetivo más cercano y, aún peor, el
causante de que casi haya muerto.

Ni siquiera me aleja, mirando hacia al frente con la


mandíbula apretada.
Suelto un sonido lleno de exasperación.

─¡Tanner! ─grito, desabrochándome el cinturón antes de


saltar fuera del auto, tan enojada y asustada que mis
rodillas han empezado a temblar. Mi barbilla también. Mi
tono de voz, por suerte, se mantiene alto y claro─. Te dije
que si querías matarte, tuvieras la decencia de no llevarme
contigo. ─Sin inmutarse por lo que acaba de pasar, ni por mi
actitud, se acerca a mí con expresión vacía y envuelve su
mano alrededor de mi antebrazo. El regocijo ha
desaparecido de su rostro, siendo suplantado por una fría
determinación. Sus ojos oscuros se encuentran muertos.
Desprovistos de emoción─. No quiero estar aquí. Odio esta
casa ─siseo mientras tiro de mi extremidad para liberarla de
su agarre, lo cual ocasiona que me tome en brazos y me
coloque sobre su hombro como si solo fuera un saco de algo
que quiere transportar y no un ser humano─. Tanner
─susurro, mis ojos llenos de lágrimas, cuando abre la puerta
principal con su mano libre y nos empuja dentro. Lanza las
llaves en la elegante mesita a un lateral antes de proseguir.
Su mayordomo no está aquí─. Vámonos. Te prometo que si
lo hacemos, entenderé que esto es solo uno de tus ataques
maníacos, pero si nos quedamos...

─Nos quedaremos ─me corta, hablando pausada y


tranquilamente mientras sube las escaleras conmigo a
cuestas, manteniéndome de cabeza. En otro momento
apreciaría la vista que tengo de su trasero en esta posición,
pero ahora solo puedo pensar en la manera más rápida de
huir de él a penas pueda. Finalmente entra en la habitación
que solía compartir con Pauline y me arroja sobre el colchón
de sábanas de seda blanca. Lo fulmino con la mirada por
debajo de mis pestañas, retrocediendo cuando se quita la
camisa y los zapatos antes de cernirse sobre mí. Mi mente,
sin embargo, está dividida entre él y el dolor que me
produce estar rodeada de todas posesiones de su
matrimonio. De todos los recuerdos de las veces que Pauline
me pidió ayuda para escoger sus posesiones haciendo
énfasis en el hecho de que no sabía qué le gustaría a
Tanner, pero sabía que yo sí lo haría─. Porque mientras te
follo, quiero que recuerdes cómo te sentías cuando me
veías con ella y entiendas cómo lo hacía yo cada vez que
me tentabas, pero no podía follarte y tenía que ver cómo
otro lo hacía porque eso es lo que quieres oír, ¿no es así,
Savannah? ─sisea, las venas de su cuello marcada─. Que
verte comportarte como una puta jodía con mi cabeza. Que
aunque en cinco malditos años no lo entendiste, ahora sí lo
hagas: sentía ganas de vomitar y fiebre a cuarenta y dos
grados cada vez que te veía. Me dolía el pecho. Se me hacía
difícil respirar. Me asqueaba tanto tú como el desorden de
vida que llevabas, en el cuál me sumergías una y otra vez
con esos malditos ojos hermosos que me hacen perder la
cabeza.

Presiono mi pie contra su pecho para apartarlo, pero eso


solo causa que Tanner tenga la oportunidad perfecta para
empezar a deshacerse de mi ropa. Toma mi tobillo y lo
aprieta mientras me quita el zapato, viéndome fijamente a
los ojos y absorbiendo cada una de mis miradas de profundo
odio.

─Si no te gustara que fuera una puta, estarías con tu esposa


y no conmigo.

Tanner aprieta la mandíbula antes de responder, yendo por


mi otro zapato.

─No es solo porque seas una puta. Es porque eres la más


sucia de ellas. ─No puedo evitarlo. Mi abdomen se contrae y
mis muslos se juntan ante sus palabras. Tanner los separa al
situarse entre ellos tras hacer que salga de mis pantalones
deportivos. Gruñe con satisfacción al ver que no llevo ropa
interior debajo. Al instante sus dedos están sobre mi
humedad, esparciéndola hacia arriba para mojar mi
estómago y regodearse de ella. Para hacerme consciente de
ella─. ¿Por qué a cuál mujer decente le gustaría follar en la
habitación de su amiga y de su esposo, con su esposo? ─Se
ríe cuando no respondo─. Sin embargo, Savannah, nada de
lo que hayas sentido antes o incluso yo haya sentido antes
se compara a cómo me sentí hoy cuando después de
trabajar toda la noche para hacerte feliz, besaste a mi
hermano frente a mí. ─Tiemblo cuando baja el cierre frontal
de mi top deportivo y mis tetas saltan a la vista, mis
pezones víctima de su aliento─. No lo repetiré de nuevo.
Pude pasar por alto que follaras a Weston, a Ibor, a
Frederick y a un montón de otros tipos sin sucumbir a la
locura, pero en el momento en el que pase algo entre
Malcolm y tú todo habrá terminado para nosotros. Nunca te
lo perdonaré o te devolveré la mirada si lo haces. No vas a
follar a mi maldito medio hermano en mi cara y salirte con
la tuya. ─Tira de mi cabello hacia atrás, haciéndome arquear
la espalda y el cuello mientras desliza su otra mano a mi
centro─. Y tampoco vas a volver a besarlo, ni tendrán más
pijamadas de mierda juntos o se enviarán rosas entre sí,
¿comprendes? ─Pellizca mi clítoris y tira de él hacia arriba
cuando no respondo, haciéndome chillar y sollozar al mismo
tiempo─. Tu oscura obsesión, tu deseo más retorcido, soy
yo, al igual que tú eres el mío. Malcolm nunca podría
entenderte de la manera en la que yo lo hago. Él no podría
follarte como te mueres por ser follada ya que está
demasiado ocupado demostrándoles a todos que es mejor
persona que mi padre y que yo. ─Arrastra sus labios por mi
oído─. Cuando todo lo que es me lo debe a mí. Nadie lo
quería. Era un fracaso. Yo le conseguí la oportunidad con los
Kings.

Ante las palabras de Tanner, llevo mis manos a su muñeca,


deteniéndolo.
En medio de su ira, me mira fijamente.

─Cuando amas a alguien, no esperas nada a cambio de lo


que haces.

─Espero maldita lealtad como mínimo ─gruñe, sumergiendo


dos dedos en mí con brusquedad─. Pero por alguna jodida
razón estoy rodeado de desagradecidos. La perra cristiana
de Pauline, Malcolm...

Me mira, pero antes de que diga mi nombre, niego.

─No te debo nada ─susurro, juntando mis muslos debido al


placer que me causa sentirlo hacer cosquillas una y otra vez
sobre mi punto g, sus dedos curvados profundamente
dentro de mí─. Todo lo que una vez hiciste por mí, pagué el
precio. En un dado caso eres tú quién me debe haber
secuestrado una parte de mí que no pude entregar a nadie
más durante todos estos cinco años. ─Tanner me mira con
las pupilas sumamente dilatadas─. Entre nosotros tú eres el
desagradecido y nada de lo que hagas ahora, que yo te
haga, por más feo que sea, podrá cambiarlo. Nunca serás
quién perdió más.

Después de que lo digo en voz alta, continúa


masturbándome un poco más de manera ruda y bruta antes
de sacar sus dedos en mí y llevarlos a mi barbilla, la cual
aprieta, humedece con mis fluidos y mantiene en alto para
tener completo acceso a mi boca cuando baja su rostro para
besarme. Su beso es intenso, pero no especialmente
agresivo, sorprendiéndome una vez más con cómo puede
controlarse a sí mismo ya que sus hombros tiemblan y su
corazón va tan rápido que soy capaz de sentirlo contra mi
pecho cuando me aplasta. Algo en lo que le dije debió
ablandarlo, ya que no me asesina como pensé que lo haría y
en lugar de morder mis pezones, los besa y chupa.
Pero todo cambia, a peor, cuando me habla sobre ellos.

Al parecer será difícil que olvide mi beso con Malcolm, pero,


en mi defensa, no fui yo quién lo besó a él. Fue un accidente
ya que mi intención era depositar mis labios contra su
mejilla cuando giró el rostro hacia mí. Soy una perra a
veces, pero no lo suficientemente perra como para herir a
Tanner así o involucrar a Malcolm en este ciclo sin fin de
toxicidad que disfruto tanto.

Eso no se lo desearía ni a mi peor enemigo.

─Te haré el amor ─susurra─. Como se lo hacía a mi esposa


antes de arruinaras todo mirándome a hurtadillas y
volviéndome un maldito desquiciado.

Tras decir esto, Tanner no me da la oportunidad de


responder. Envuelve uno de mis pechos con su mano y
presiona su pulgar contra mi pezón mientras desciende su
rostro sobre mi piel, su cabello negro haciéndome
cosquillas. Sigo sin salir por completo de mi top y él sigue
en sus pantalones de deporte, pero eso solo hace que me
excite más. Me estremezco con cada beso y caricia que
deposita sobre mi piel con tanta gentileza que me deja
ardiendo por más. Jadeo audiblemente cuando frota su nariz
contra la cara interna de mi muslo, manteniendo el otro
extendido sobre el colchón mientras continua estimulando
una de mis tetas. Es como si no pudiera tener suficiente de
ellas y siempre necesitara tocarlas, marcarlas o estimularlas
de alguna manera.

Grito cuando atrapa mi clítoris entre sus labios.

De verdad habría sido más fácil para mí renunciar a él si no


fuera tan bueno en esto, si sus gustos no fueran similares a
los míos y no conociera mi cuerpo como si él fuera su
dueño, pero lo es y en menos de cinco minutos me tiene
arqueando la espalda y gritando debido a las atenciones se
su boca. El sexo oral me vuelve multi-orgásmica, así que
logra sacarme al menos tres muertes y resurrecciones antes
de volver a ascender por mí. Intento apartar el rostro
cuando me doy cuenta de que sus intenciones son besarme
con mi corrida resbalando por su barbilla, pero hace que lo
gire hacia él con su mano bajo mi barbilla y muerde mis
labios hasta que los separo. Soy capaz de saborearme a mí
misma cuando nos besamos, pero lo que hace que la
humedad vuelva a acumularse entre mis piernas es la
manera en la que se frota contra mí, raspando mi sensible
sexo con la tela áspera de su pantalón.

Debo tener algún tipo de control sobre la situación, por lo


que arqueo mi espalda y gimo entrecortadamente mientras
mantengo su mirada.

─Cariño ─susurro, atrapando su cintura con mis piernas─. Te


necesito.

─¿Qué necesitas? ─pregunta con voz ronca.

─Quiero que seas un buen esposo ─exijo de manera


lloriqueante, el diablo en mí regocijándose con la manera en
la que se tensa y su polla se hincha todavía más. Si Tanner
pensó que era el único que podía jugar con los demonios del
otro, estaba equivocado. Sé cuánto quiere esto y no temo
en usarlo a mi favor─. Quiero que me llenes y pongas a tu
bebé en mí.

Tanner, saliendo de su papel de amante gentil, el cual me


gusta, pero no tanto como follar con la bestia que lleva
dentro, rodea mi cuello con su mano y se inclina hacia
abajo, tomando su erección con la otra para apuntarla
directamente hacia mi entrada. Gimo al quedarme sin
oxígeno, a lo que él afloja su agarre antes de volver a
apretarlo con fuerza y así sucesivamente.

─Como quieras, zorra. Recibí los resultados de mi test esta


mañana. Estoy limpio, así que puedo cumplir tus deseos
─gruñe mientras entra en mí con desesperante lentitud─. Si
no estás en control, saldrás de aquí con mi hijo.

Lo estoy y sé que lo sabe.

Aún así, el brillo en sus ojos me indica que ha decidido


hacer caso omiso a mi control de la natalidad. Relamo mis
labios, a lo que afloja mi cuello para que pueda hablar.
Estamos en una especie de juego de roles ahora, pero a la
vez no. Jamás en mi vida había estado tan aterrorizada y
excitada por igual.

─No existe una mejor venganza para ti que obtener lo que


quieres por otra vía, ¿no es así? ─pregunto, aguijoneándolo
todavía más mientras coloco mis manos sobre sus hombros
y lo insto a darse la vuelta. Ya sobre él, empiezo a saltar
sobre su eje mientras lo veo y aprieto mis tetas. Intenta
incorporarse, pero niego, yendo yo hacia abajo─. Haz caso a
tu naturaleza, Tanner. Consigue lo que quieres. No es tu
culpa si ella te lo niega, precioso. Mi cuerpo es tuyo para lo
que desees, incluso para embarazarme de tu bebé.

Al escuchar lo que digo en mi propia cabeza, admito para mí


misma que enloquecí, pero la manera en la que empieza a
guiar mis caderas hacia abajo con sus manos y a ordenarme
que vaya todavía más profundo porque quiere venirse
directamente dentro de mi útero, lo vale por completo.

Así como lo es el intuir que si por alguna razón esta


habitación se demuele, lo menos en lo que alguno de los
dos pensará es en Pauline y su matrimonio.
*****

Tanner y yo vamos a cenar a un restaurant italiano después


de eso, el cual queda también en Travis Country. Sigue sin
sostener mi mano en público y sin ser afectuoso, con lo que
yo también me sentiría incómoda, pero mantiene una mano
presionada posesivamente contra la parte baja de mi
espalda una vez estamos dentro del local y varios de los
hombres en él se me quedan mirando. A parte de que
camino extraño debido a que se tomó en serio la tarea de
no-embarazarme, desquitándose con mi cuerpo por lo que
le hizo Pauline, pasamos por su apartamento antes de venir
aquí y tomé una rápida ducha antes de entrar en un vestido
negro sin mangas, ajustado, que empacó para mí, junto con
tacones del mismo color lo suficientemente altos para
otorgarme la altura de una modelo. Mi cabello cae lacio a
ambos laterales de mi rostro y mis ojos están ahumados,
pero brillantes.

Tanner se ve apuesto, también, en pantalones de lino


blancos y camisa blanca sin abotonar. El reloj en su muñeca
es marrón y sus mocasines también. Se ve relajado y
pacífico de una manera que no había presenciado antes.
Durante el descenso de su ático, en su ascensor, no pude
evitar tomar mi teléfono y sacarnos una foto para la cuál
posó tras de mí, lo que creí que no haría, y me pidió que le
enviara. Tuvimos tanto sexo en su vieja casa, lo cual
empecé a tomar con menos dolor cuando me di cuenta de
que sentía que me vengaba de alguna manera al saber que
Pauline nunca lo hizo gemir así ni en la cocina, ni frente a la
chimenea, ni en su dormitorio o en el baño, que Tanner
también camina con cierto ritmo de incomodidad.

No puedo evitar sonreír como una tonta ante ello.


─¿Quieres que pida por ti? ─pregunta cuando llega el
mesero a nuestra mesa, observándome por encima del
menú que sostiene, a lo que niego.

─Quiero lasaña, por favor ─pido─. Una limonada.

─Bien ─dice el chico, mirándome fijamente─. ¿Algo más?

─¿Quizás que apartes tus ojos de mi acompañante antes de


que haga que llame a tu jefe y te despidan? ─responde
Tanner por mí, lo que hace que se gane una patada por
debajo de la mesa que lo hace apretar los dientes─. Solo dos
platillos de lasaña de la casa, con extra de queso, y dos
limonadas, niño.

Él asiente, completamente sonrojado, antes de huir de


nosotros.

Miro a Tanner con una ceja alzada.

─No entiendo por qué te comportas así si sabes que soy


exigente y que no tienes nada de qué preocuparte. Nunca
me acostaría con alguien menor que yo, ni con un físico por
el cual no me sienta atraída, ni con...

─Poco dinero o poca ambición ─completa él─. Créeme. Lo sé.

Mi mandíbula se desencaja.

─Bueno.

Tanner se relame los labios y los separa para proseguir con


nuestra conversación, pero la pantalla de mi teléfono se
alumbra y llevo mi atención ahí. Mi cuerpo se tensa al ver la
dirección de correo electrónico de mi jefe, el ladrón de
méritos, e inmediatamente lo tomo, lo que hace que Tanner
arrugue la frente y quiera saber a qué se debe mi cambio de
actitud.

─¿Pasa algo?

Asiento, dándole la vuelta a mi celular.

─Jason acaba de invitarme a la celebración de recolección


de fondos para culminar la construcción del Estadio de los
Rangers ─murmuro, todavía sin poder creer que el idiota sea
tan estúpido─. Como su cita.

A pesar de que sus ojos brillan con furia, Tanner cabecea


hacia mí.

─Dile que sí.

Les juro que mis personajes harán que me dé un paro


cardíaco un día. Lamento no haber actualizado antes,
pero es que me pusieron muchas cosas de la
universidad con las que no contaba y ando full por
eso

Nos veremos pronto, solo que no les diré cuando


porque si no puedo actualizar mañana no quiero
decepcionarlas, pero sé que será pronto porque de
verdad surgieron muchas cosas con las que no
contaba

Love u

Feliz navidad
Capítulo 41:

Capítulo 41:
14.6K 2.4K 1.6K
por OscaryArroyo
 
Cuando vuelvo a la cubierta del barco tras alistarme
descubro que este se ha detenido, anclándose ya en mar
abierto, y Pauline ha decidido arrojarse por el tobogán que
conduce al agua salada, dejando a su novio tomando el sol
atrás mientras bebe el contenido de una botella de
champagne sin detenerse. Sostengo una en la mano, pero
ya la suya está abierta y no lo dejaré pensar que me aterra
acercarme, así que dejo la mía en la mesa con mi pastel y
los arreglos florales y me acerco sosteniendo una delicada
copa de cristal.

─¿Me sirves, por favor?

Tanner, cuya mirada se encuentra escondida tras sus gafas


oscuras, gruñe.

─¿Tu novio millonario no contrató meseros? Qué mal.

No puedo evitar poner los ojos en blanco.

─Estás siendo inmaduro. ─Tras asegurarme de que Pauline


sigue nadando en mar abierto como un delfín, tomo asiento
a su lado, a lo que cada músculo en el cuerpo de Tanner se
tensa, revelando su incomodidad o la manera en la que su
cuerpo reacciona al mío. Está tan sorprendido con mi
cercanía que lo tomo con la guardia baja y no protesta
cuando tomo la botella de champagne a sus pies para llenar
mi copa. Su mirada se dirige a mi brazalete cuando este
resplandece mientras la lleno y su mandíbula se endurece─.
Ni siquiera entiendo el por qué de la rivalidad entre Weston
y tú. Hasta dónde sé, podrían ser buenos amigos. ─Tomo un
sorbo de mi bebida, tragando antes de seguir─. Tienen
mucho en común.

Tanner bufa.

─Es un jodido hijo de papi, Savannah. No tenemos nada en


común.

A pesar de que realmente intento que no sea así, mi cuerpo


se estremece al oír mi nombre salir de su boca. Realmente
es difícil no querer besarlo y hacerlo acabar con mi mano
luego de abofetearlo cada vez que lo pronuncia con su
estúpido acento alemán que me derrite.

─Tú también lo eres, Reed Imports.

Tanner hace una mueca.

─Si alguna vez tomo la compañía de mi padre, es para


destruirla y construirla de nuevo de una manera que lo deje
en vergüenza y solo si consigo que sea toda mía. Todo el
dinero que tengo... ─murmura, pero a último momento
aparta la mirada como si acabara de darse cuenta de que
no debería compartir este tipo de información conmigo─. No
importa.

─No, sí lo hace.

Ante mi respuesta, Tanner se quita las gafas y me mira


fijamente después de frotarse los ojos.

─¿Por qué?
─Porque has despertado mi curiosidad ─respondo,
recordando todas las veces que él me contestó de manera
similar, de las cuales claramente aprendí algo o, más bien,
mucho. Con él como maestro, no solo sería la perra
silenciosa más envidiada del campus, sino también la más
fría y cruel, pero nunca le robaría su papel. Esa es su
esencia, no la mía. Su encanto─. Y ambos sabemos que no
mereces que piense en ti más de lo necesario, Tanner Reed.

Tras oírme, una sonrisa cálida se adueña de sus labios,


robándome la respiración.

─Solo porque es tu cumpleaños ─murmura antes de tomar la


botella de regreso y beber directamente del pico, lo cual
contrasta con su comportamiento obsesivo y ordenado.

Lo he visto volverse loco con Pauline por ella hacer justo lo


que está haciendo ahora, realmente retorcerse de disgusto
y quedarse sin respiración, así que no puedo entender cómo
es que puede hacer algo así conmigo. Es un hipócrita, él
puede ser un desorden en su interior, pero no en su
exterior, pero eso ya lo sabía. Es lo que los demás no
entienden de él, pero yo sí. Cuánto sufre cuando las cosas
no salen cómo planea. Lo veo en su ceño fruncido, no con
disgusto, sino con dolor. En sus puños apretados con ira que
a penas puede controlar. En las venas de su cuello a punto
de estallar. Su toc con la ropa perfectamente planchada es
solo una pequeña manifestación de su necesidad por
controlar cada elemento en la habitación en la que se
encuentra y mantenerlo en orden, ya que si se cae o cambia
de lugar es un castigo para él.

Debería ir al psiquiatra.

Debería decir en voz alta que lo que tiene podría arreglarse


o al menos mejorar.
Pero me gusta que sea así, me gusta que esté dañado y me
gusta atormentarlo.

Ser quién lo haga perder los estribos.

Liberarse de las ataduras de su propia mente.

Su veneno y a la vez su cura aunque ninguno de los dos lo


admita en voz alta, la cual estoy segura que es la razón por
la que se esfuerza tanto en lastimarme y mantenerme
alejada. Porque puede no quererlo, pero me desea y eso no
va con todo lo que tenía en mente para sí.

Bajo su control.

─Te escucho ─lo insto a hablar cuando solo se me queda


viendo.

Mi rostro, no mi cuerpo que da la ilusión de estar desnudo.

─Todo el dinero que tengo ha sido trabajado, ganado y


ahorrado por mí desde que entré a la secundaria. Primero
podaba el césped, hacía recados para nuestros vecinos,
incluso llegué a dar clases a niños y a hacer de niñero, pero
a inicios de la preparatoria me di cuenta de que estaba lejos
de poder renunciar a la financiación de mi progenitor y de
poder regresar a los Estados Unidos si quería. ─Agacha la
mirada, sus hombros tensos─. Empecé a vender drogas en
los pasillos de mi escuela privada en Alemania. Tenía
calificaciones perfectas, la familia perfecta y la vida
perfecta: una coartada. Soy un deportista y siempre estoy
siendo sometido a pruebas de sustancias, así que nadie en
su sano juicio habría sospechado de mí.

─Por eso no fuiste a ninguna Universidad de la Ivy ─susurro.

Tanner asiente.
─Prefiero guardar mis ahorros para cosas importantes, como
tú.

Aunque el hecho de que haya sido un camello, como Hans,


me saca de juego, no se lo reprocho. Quizás eso explica por
qué se conocían o por qué Tanner sabía dónde buscarlo
cuando drogaron a Pauline. Mi frente se arruga cuando llego
a una extraña teoría.

─Espera, lo dejaste, ¿no?

Tanner niega.

Me cubro la boca con la mano.

─No la vendo, pero Hans y todo aquel que lo haga en una de


mis fiestas me da un porcentaje.

Tras frotar mi frente con mi mano, bebo todo el contenido


de mi copa antes de mirarlo de nuevo. Se ve atormentado,
pero también extrañamente aliviado. Como si llevara una
eternidad muriéndose por compartir esto con alguien y por
fin el peso de ello ya no estuviera únicamente sobre sus
hombros, lo que hace que me de cuenta de que
probablemente Pauline no lo sabe.

─¿Pauline...?

Niega.

─No, no lo sabe y nunca lo sabrá. No empañaré mi relación


con ella con esto. Quién la drogó seguramente se vengaba
de mí por favorecer a Hans o quería joderme a través de
Pauline.

Conteniendo las ganas de gritar, presiono mis manos sobre


sus hombros y lo echo hacia atrás en el mueble de cuero
blanco. Siento deseos de abofetearlo cuando se relame los
labios, sus ojos en la parte superior sin mangas de mi bikini,
y no es hasta su atención vuelve a mi rostro que hablo con
el conocimiento de que su enojo hacia las personas que
drogaban a las chicas en sus fiestas se debía más al hecho
de que lo estuvieran atacando de alguna manera de esa
forma más que a su caballerosidad. Estoy más allá de
furiosa, pero también excitada.

Es como si no acabara de tener sexo con Weston.

Como si los últimos días no hubieran pasado y fuéramos


Tanner y yo en su habitación de fraternidad, en el pub en el
centro de Austin, en mi dormitorio preparando la maqueta
de la exposición o él y yo besándonos en el bosque frente al
oficial. Como si volviéramos a ese plano en el que solo
nosotros existimos y no existen las consecuencias de
nuestra complicidad.

─Entonces por qué mierda me lo dices a mí.

¿Por qué me ata a él con esa información?

No quiero su historia, ni ser parte de ella. No quiero más de


él.

─Tú quisiste saberlo.

─Pudiste mentirme. Pudiste haberlo dejado en que cortabas


el césped y eras niñero.

─Nunca te he mentido ─murmura rodeando mis muñecas


con sus manos, manteniendo su mirada en la mía a pesar
de la intensidad que fluye entre ambas─. No puedo
mentirte, Savannah, y tampoco me has dado razones para
hacerlo porque haga lo que te haga, nunca te asustas.
Nunca te vas. Puedo ser la peor escoria contigo y eso estará
bien porque tú serás una peor a cambio. Si te hago o te digo
algo, no tardarás en vengarte con creces. No eres una
víctima y eres lo suficientemente grande para manejar la
verdad, por mucho que duela.

Hago ademán de echarme hacia atrás, pero me mantiene


en mi sitio tirando de mí hacia él.

Escondiendo mi brazalete en una de sus manos.

─Tanner ─advierto cuando tira de él con burla, jugando a


arrancarlo.

─Lo que crees que valga una maldita cosa, será nada al lado
de los secretos que unen a dos personas. Puedes tener una
vida en la superficie, pero quién te marca está en la
oscuridad.

Dicho esto, me empuja hacia un lado, a lo que mi cuerpo


aterriza sobre el sofá, y se despeina salvajemente el cabello
hacia atrás antes de dirigirse al tobogán. Con los hombros
tensos ascendiendo y descendiendo con hondas
respiraciones, se toma un tiempo antes de unirse a Pauline
sin mirar atrás, quién deja de nadar para flotar y rodear su
cuello con sus brazos.

Tomo la botella de champagne del suelo y la termino


bebiendo del pico.

*****

No quiero perder mi brazalete, así que lo dejo en mi cabina,


dentro de mi bolso, antes de unirme a los demás en el agua.
Weston estaba hablando con su padre mientras Tanner me
aturdía con sus confesiones, pero se une a mí unos minutos
después y me anima a seguir disfrutando de mi cumpleaños
nadando con él en el mar. Tanner y Pauline se besan todo el
tiempo cerca del acceso al yete, pero West y yo hacemos
competencias y jugamos a ahogarnos. En una de esas, no
puedo evitar asustarme cuando el rubio tarda demasiado en
salir a la superficie después de que lo empujo hacia abajo,
trayendo la atención de los otros dos a mí.

─¿Weston? ─lo llamo, asustada.

─¿Savannah? ─inquiere Tanner a la lejanía─. ¿Todo está


bien?

─Dios, Sav, ¿ya asesinaste al único hombre que te ha


tomado en serio? ─pregunta Pauline intentando sonar
graciosa, pero escuchándose como los viejos chistes de a
inicios del siglo veintiuno en los que era gracioso burlarse
de una mujer por llevar un estilo de vida diferente.

Pero cuidado.

Porque las mismas personas que se reían de ello, también lo


hacían de los homosexuales.

De los gordos, del feminismo.

De las personas con cualquier tipo de trastorno.

De todo lo que estuviera fuera de los parámetros de


normalidad.

Al parecer Pauline olvidó que todos merecemos ser tomados


en serio, sin importar qué.

─Weston no ha aparecido ─susurro, pero justo entonces mi


acompañante surge tras de mí y me hunde ejerciendo
presión sobre mis hombros, a lo que no puedo evitar abrir la
boca debido a la sorpresa y tragar demasiada agua, tanta
que realmente empiezo a ahogarme.
Tanta que realmente se me hace imposible salir al exterior,
mis miembros débiles y mi respiración siendo forzada, casi
nula, mientras lucho por salir a la superficie. Pataleo con mis
pies, pero es imposible y el pánico solo hace que la presión
sobre mis pulmones crezca mientras escucho risas tontas
en la superficie que luego cesan abruptamente.

Entonces todo se empieza a tornar oscuro hasta que la luz


simplemente desaparece.

*****

No recuerdo imágenes. Recuerdo la sensación de ser halada


hacia arriba por uno de mis brazos y de ser arrastrada hacia
la plataforma de acceso al barbo. Recuerdo los gritos
histéricos de Pauline y las disculpas sin descanso de
Weston. El silencio frío y filoso de Tanner. Un par de labios
abriendo mi boca para ingresar aire y dos manos ejerciendo
presión contra mi pecho hasta que el agua empezó a salir,
primero de a poco y luego como vómito, para lo que tuve
que apartarme para dejarla ir sobre el mar mientras la sal
escocía mi garganta. Luego de eso, recuerdo mantener
todavía mis ojos cerrados y ser llevada en brazos a mi
cabina por una persona que gruñó hacia los demás cuando
intentaron seguirnos.

─Savannah necesita descansar ─dijo y recuerdo haberlo


reconocido entonces.

Justo ahora mi salvador.

Antes y siempre mi condena.

*****

Cuando despierto lo hago desnuda, entre sábanas calientes


y con el cabello ligeramente mojado y pegajoso debido a la
sal marina. Mis pulmones escuecen con cada una de mis
respiraciones, resentidos después del ahogamiento, y mi
nariz se siente irritada como cuando tienes alergia. Me
incorporo tras durar unos minutos retorciéndome, cubriendo
instintivamente mis pechos con mis brazos cuando el frío
del aire acondicionado eriza mis pezones. Me estremezco y
rodeo mi cuerpo con las sábanas antes de dirigirme a mi
maleta por ropa.

Recordando una y otra vez lo que pasó, me doy una rápida


ducha con agua caliente antes de secar mi cabello con una
secadora y entrar en un jersey color crema que cubre la
parte superior de mi cuerpo hasta el inicio de mis muslos. A
pesar de que no tengo pensado volver a entrar en el agua,
uso la parte inferior de un bikini blanco abajo, sin nada
arriba. Cepillo mi cabello y me conformo con el aspecto
sonrosado y moreno de mi piel, pasando del maquillaje.

Los latidos de mi corazón se incrementan a medida que


subo los escalones a la cubierta.

Ya ahí, Tanner y Weston dejan de jugar ajedrez para verme.

No hay rastro de Pauline por ningún lado, pero puedo


escuchar sonidos provenir de la cocina.

─Hola ─murmuro.

Weston se pone de pie abruptamente, pero Tanner se queda


en su sitio. Llega a donde estoy y me estrecha en brazos
con fuerza. Cuando finalmente toma distancia, mi pecho se
aprieta al ver sus ojos verdes inyectados en sangre. Se ve
arrepentido y mortificado por lo que pasó.

─Lo siento.

Aprieto su hombro desnudo.


─No te preocupes. Estábamos jugando y poco antes de que
me ahogara, creí que te había ahogado y estaba
enloqueciendo. Sé cómo se siente la culpa y sé que no era
tu intención.

Al separarse de mí se mete las manos en los bolsillos de sus


bermudas, moviendo su cabeza para apartar los mechones
rubios de su frente. Uno se queda pegado a ella, así que lo
aparto.

─Ya, pero eso no significa que no jodí el cumpleaños de mi


novia.

Presiono mis labios contra su mejilla, callándolo.

─No lo hiciste. Ha sido el mejor cumpleaños que alguien


ajeno a mi familia haya preparado.

Bufa.

─Supongo que tus expectativas eran muy bajas.

─Quizás ─río.

La tensión en sus hombros se aligera al escucharme reír.


Viéndose aliviado, ladea la cabeza hacia el área de la
cocina, dónde veo fugazmente la melena de Pauline
moviéndose.

─Iré a ayudar a Pauline con la cena. Te saltaste el almuerzo,


así que debes estar hambrienta.

─Lo estoy.

Tras mirarme una vez más y mirar a Tanner, dedicándole


una especie de advertencia sin palabras, se va a dónde la
rubia se encuentra. A pesar de que ya ha anochecido, las
luces del yate lo mantienen aún más alumbrado de cómo se
vería si fuera de día. Tanner, en suéter y bermudas, se
acomoda en su asiento cuando me siento frente a él para
seguir con el juego.

Muevo mi reina.

Estoy segura de que conoce un montón de estrategias que


yo no, pero mi intención no es ganar.

─Gracias por salvarme.

─De nada ─responde, su ceño fruncido hacia el tablero


mientras mueve un peón.

Weston y él debieron haber estado empezando a jugar


cuando me acerqué ya que no había ninguna pieza faltante
de ninguno de los dos lados, pero poco a poco Tanner se va
a apoderando de las mías, sacrificando únicamente sus
peones y una torre. Para el momento en el que el jaque
mate de su parte es inevitable, vuelvo a hablarle con voz
suave y ronca.

─¿Por qué simplemente no te quedaste en Alemania? ¿Era


tan malo allá?

─Me habría gustado quedarme allá ─responde mientras


toma mi último caballo─. Pero hay alguien que me necesita
aquí. El único integrante de mi familia que también
necesito.

Recordando sus revelaciones en el club de Austin, su


relación difícil con papá, prosigo.

─¿Tu madre?

Tanner niega.
─Mi hermano ─responde─. Medio hermano, en realidad.

─¿El hijo de la amante de tu papá?

Tanner se tensa, pero cabecea una afirmación.

─Sí. No puedo defraudarlo. Tenemos planes juntos.

─¿Planes como...?

─Los mantendré a él y a su madre hasta que firme con un


equipo de primera división. Luego él me dará la firma que
necesito para quitarle a Reed Imports a mi padre porque mi
abuelo dejó la cláusula, en su testamento, de sus acciones
serían repartida en partes iguales entre sus descendientes.
─Me mira y cuando lo hace me quedo sin respiración debido
a cuán fríos y determinados lucen sus ojos negros─. Jaque
mate, Savannah, ¿volvemos a empezar?

Tras mirar hacia el tablero y confirmar lo que dice, que


perdí, niego.

─No, gracias, el ajedrez no es lo mío.

Se echa hacia atrás, extendiéndose en el mueble como un


rey.

─Entiendo, ¿lo tuyo es ser ahogada hasta la muerte por tu


competitivo novio?

─Tanner ─gruño─. Fue un accidente.

─Es abusivo y este es solo el inicio. No viste sus ojos cuando


te ahogó. Lo disfrutó.

Niego, poniéndome de pie.


─Estás loco y paranoico. Weston es un amor. Nunca haría
algo a propósito para herirme. ─Me cruzo de brazos─. Él no
es como tú. Una bestia sádica sin límites ni escrúpulos.

Tanner frunce el ceño, poniéndose también de pie.

─Yo no hago nada para herirte. Tú te lastimas sola.

Mi mandíbula se desencaja.

─Es mi cumpleaños. No quiero discutir.

Sus facciones se aprietan.

Sus fosas nasales se expanden.

Eventualmente, lo deja ir.

─Bien, dejaré el tema, pero necesito que escuches lo que


tengo que decir. ─Tras soltar un sonido exasperado, asiento
y él lo suelta─. Weston puede ser tu príncipe azul todo lo
que quieras, pero no está acostumbrado a perder. Cuando
sienta que lo está haciendo, es cuándo conocerás su
verdadera naturaleza. Al menor indicio de que vaya a
lastimarte, me lo dirás. Lo que pasó hoy no puede volver a
repetirse. Te conozco, Sav, y no eres la chica que se deja
joder por un imbécil. No permitas que su traje azul y sus
regalos te deslumbren. No eres así de fácil.

Lo miro, boquiabierta.

─Dios, Tanner. ─Niego, alejándome de él─. Estás loco. No


puedo creer que...

─¿Qué?

─Que pretendas arruinar la primera relación que tengo en


un tiempo de esta manera, pero no lo permitiré ─dictamino,
corriendo hacia la cocina tan rápido que a penas pasan diez
segundos antes de que termine allí y me lleve otra sorpresa.

Weston y Pauline amasando pan juntos, él detrás de ella,


riéndose y sonriendo.

No se ven íntimos, pero tampoco incómodos.

─Oh, Sav, ahí estás ─dice Pauline, sus mejillas sonrojadas


mientras Weston se separa de ella con una sonrisa,
viéndose divertido─. ¿Me pasas la salsa? Hacemos pizza. Tu
favorita.

─Claro ─murmuro, tendiéndole una olla llena de puré de


tomate de la estufa.

Otra habría besado o follado a su novio frente a ella para


dejarle claro a quién pertenece después de ver algo como lo
que acabo de presenciar, pero no necesito hacerlo. Weston
es una criatura libre y él mismo decide acercarse a mí para
besarme en los labios incontables veces mientras Pauline
prepara las pizzas. No me pierdo la manera en la que sus
ojos se cierran con disgusto en cada ocasión, dándome
cuenta de que quizás el plan de West funcionó.

Al parecer no soy la única que duda de su felicidad aquí.

Chicas, me duermo y estoy enfermita. Las amo. Nos


leemos pronto
Capítulo 42:

Capítulo 42:
18.1K 2.8K 2.9K
por OscaryArroyo
 
Cuando llego a LDSW Inc y me dirijo a la oficina de Jason
para repasar su agenda de hoy, me llevo una sorpresa al no
encontrarlo solo. Cynthia, la chica delgada y castaña que se
acercó a mí antes para preguntarme si ya me había
acostado con su jefe y para advertirme, se encuentra
discutiendo con él en voz alta. Muy alta. Antes de que
alguno de ellos me note, me escondo tras la puerta
entreabierta y agudizo el oído para no perder ni un detalle
de lo que dicen ya que podría usarlo de una u otra forma a
mi favor en mi caso contra él. Pensando en esto, tomo mi
celular y enciendo la grabadora ya que hasta el momento
soy la única de sus empleadas que todavía no ha firmado un
acuerdo de confidencialidad que la mantenga con las manos
atadas.

─Jackson quiere verte, Jason. No hace más que preguntar


por ti ─le exige ella, las lágrimas deslizándose por sus
mejillas mientras agita los brazos con histeria─. Si no te
denuncié después de lo que me hiciste fue porque
prometiste ser un buen padre, ¡pero no lo estás siendo!

Mi garganta se cierra al oír sus palabras.

Jason, sin embargo, permanece del otro lado de su escritorio


con total y completa calma. Su mirada azul es serena, como
si esta no fuera la primera vez que lidiase con Cynthia, y
tiene el descaro de sonreír mientras entrecruza sus manos
detrás de su nuca. Admiro a la pequeña mujer al instante.
De estar en su lugar, ya me habría arrojado sobre él y no en
el buen sentido.

─Te dije que te deshicieras de él.

Contengo un sonido ahogado, cubriendo mi boca con una


mano.

No pensé que podría aborrecerlo más de lo que ya lo hacía,


pero estaba equivocada.

─Es tu hijo ─solloza ella─. No entiendo cómo puedes hablar


así de él si es el fruto de lo que tuvimos. Se parece tanto a ti
que no hay duda de que eres su papá. Sus ojos azules, su
cabello castaño, cómo tira de su oreja cuando está nervioso
como tú lo haces. Es nuestro bebé. Si no...

─Basta ─la corta Jason, poniéndose de pie y apretando tan


fuerte su delgada muñeca que me sorprende que Cynthia
no se queje─. Te transferiré más dinero en la tarde. Deja el
espectáculo.

Cynthia tira de su mano hacia ella, liberándose de su


agarre.

─No quiero dinero. Te queremos a ti.

─No estoy interesado. Tendrás que conformarte con el


dinero.

─Jason...

─Vete de mi oficina, Cynthia, o te despediré.

─No puedes despedirme ─brama ella, causando que su


mandíbula se apriete y sus manos se hagan puños─. Si lo
haces le diré a todo el mundo sobre la existencia de
Jackson. Al momento en el que lo vean, sabrán que todas
esas chicas que te denunciaron por acoso tenían la razón.
─Alzo las cejas cuando una sonrisa suave se apodera de su
rostro de muñeca. Al parecer el acosador terminó siendo
acosado. Aunque me divierte que Jason tenga una
cucharada de su propia medicina, no puedo evitar sentir
compasión por su hijo. Sus padres claramente no están
bien. Al menos Cynthia se oye como si realmente lo quisiera
detrás de su obsesión por su ex jefe imbécil─. Te veremos
hoy a las siete en casa. Te quedarás a dormir y mañana nos
llevarás a desayunar a esa cafetería cerca de su guardería.
Traerás un juguete para él y rosas para mí.

Contengo una risita al ver a Jason tragarse la ira y


someterse.

Bueno.

¿Nadie le dijo que las mujeres podemos ser un poco


obsesivas cuando hieren nuestro ego?

─Está bien.

─Princesa.

Él se retuerce, pero logra poner una sonrisa más falsa que


mi nuevo cabello rubio en su rostro.

─Está bien, princesa.

─Sabía que entrarías en razón ─murmura ella, poniéndose


de puntillas y besando su mejilla antes de empezar a
caminar hacia la salida. Me muevo silenciosamente a mi
escritorio y hurgo en mi bolso por mis audífonos, los cuales
cuelgo en mis orejas para evitar que sospechen de mí─.
Pero de todas maneras quiero que me pases dinero ─añade
antes de retirarse─. Sé que te está yendo bien con el
proyecto de los Rangers y quiero renovar mi armario y el de
Jackson porque el hecho de que no podamos estar contigo
porque te despedirían no significa que debamos vestirnos
como si no estuviéramos a la altura de papi. También quiero
saber a dónde nos llevarás de vacaciones para navidad.
Entiendo si no puedes acompañarnos, pero ni tu hijo ni yo
toleraremos una navidad más con mi mamá. Sabes cuán
molesta está conmigo por ti. Nunca ha creído que exista un
nosotros y no entiende que no puedas darle tu apellido a
Jack.

La sonrisa de Jason crece, pero prácticamente está


arrancándose la oreja.

─Los enviaré a París, princesa, como me hiciste prometer la


vez pasada.

Cynthia sonríe de oreja a oreja, viéndose victoriosa.

─Bien.

Debido a que noto que ha llegado el final de su


conversación finjo hojear mi agenda. Cynthia, sin embargo,
se detiene frente a mi escritorio cuando traspasa el umbral
de la puerta. Me quito los audífonos como si recién me
hubiera dado cuenta de su presencia en la oficina de Jason.
La manera en la que sus ojos se fijan en mí me hacen
darme cuenta de que si no hubiera venido aquí, quizás en
tan solo dos semanas no habría tenido la oportunidad de
vengarme porque Jason se habría suicidado. Cynthia es una
pequeña mujer de armas tomar que está un poco loca, lo
cual estoy segura que es culpa, en parte, del padre de su
hijo, pero sabe cómo conseguir lo que quiere y eso lo
respeto. Se me queda viendo sin hablar, así que rompo el
silencio por ambas.
No cometeré el error de subestimarla.

─Hola, Cynthia.

Ella ladea la cabeza, evaluando lo que ve, antes de


chasquear la lengua.

─Ya sé que Jason irá al baile de inversionistas para el nuevo


Estadio de los Rangers contigo. Yo se lo sugerí ya que te he
visto llegar con un hombre apuesto varias veces y tengo el
presentimiento de que no eres como las otras putas de aquí.
─Mi mandíbula se aprieta, pero logro sonreír. Contenerme de
decirle que esas otras putas de las que habla también son
víctimas de Jason, como ella y como yo─. Si me defraudas,
no solo él te destruirá. Yo también.

Aunque va en contra del papel que vine a representar aquí,


no puedo evitar tenerle compasión y decirle algo que podría
hacerla sentir mejor. Después de todo su papel en esto
puede ser crucial debido a que, como dijo, su hijo es la
prueba de que todas esas chicas que no fueron escuchadas
cuando se atrevieron a denunciarlo, lo que sí hicieron, pero
solo consiguieron ser aplastadas por un grupo expertos de
abogados bajo el pretexto de violar un acuerdo de
confidencialidad, tenían la razón. Una evaluación
psiquiátrica a Cynthia y un test de paternidad se las dará.

─No estoy interesada en Jason.

Su ceño se frunce ligeramente, como si aún después de


escucharme no terminara de entender que el idiota no es mi
tipo. Es atractivo, pero me gustan otro tipo de matones, no
el suyo.

─Eso espero.
Tras dirigirme un último vistazo, se da la vuelta y empieza a
caminar hacia el ascensor, viéndose tan frágil y delicada en
un vestido de estampado floral y sandalias que en algún
sitio de Lubbock, su pueblo natal, Pauline está retorciéndose
con miedo debido a la competencia. Cuando finalmente
desaparece en el ascensor, le echo un vistazo a mi teléfono
para ver la respuesta de Tanner a la grabación de la
conversación que acabo de oír que le envié.

Tanner: La mejor puta noticia de la mañana, Savannah.

Tanner: Acabo de hablar con mis abogados. Baile


cancelado. Si ponemos a Cynthia de nuestro lado, lo que
haremos, esto es suficiente para hundirlo. Ya puedes salir de
ahí y teñirte.

Suelto una risita, sin responder todavía, lo que hace que me


escriba de nuevo.

Tanner: Tienes cita para la una con el estilista, pero


necesito saber cuál es la diferencia entre morena
mediterráneo y ónix o cuál es el nombre del tono que tenías
antes.

Ya que tengo el presentimiento de que si no contesto


enloquecerá y su día no será productivo porque se la pasará
preguntándose por qué no le respondo, lo hago.

Savannah: Todavía no.

Savannah: Sabes que soy exhibicionista, ¿de qué vale una


venganza sin testigos?

Savannah: El baile definitivamente está pasando.

Tanner: ...
Al leer su respuesta, mis muslos se aprietan. Me muerdo el
labio inferior mientras escribo.

Savannah: Es gracioso, ¿sabes? Porque para ti esos "..."


significan una cosa y para mí otra.

Savannah: Pregúntame qué significan para ti.

Su respuesta tarda algunos minutos, pero finalmente llega.

Tanner: ¿Qué significan para mí?

Savannah: Intimidación. Crees que tomaré en cuenta tu


opinión y es dulce que si quiera lo pienses cuando los dos
sabemos que siempre consigo lo que quiero, tarde o
temprano.

Savannah: Ahora pregúntame qué significan para mí.

Tanner responde al instante.

Tanner: ¿Qué significan para ti?

Savannah: Que tendrás una excusa para doblarme sobre


mí misma y follarme duramente hasta hacerme cambiar de
parecer, lo que no pasará... así que lo haremos sin parar.

Tanner: ...

Savannah: ....

Tanner: Te recogeré al mediodía para almorzar.

Tanner: Pero te advierto que llenaré esa boca por mí mismo


antes.

Suelto una risita.


Savannah: Está bien, daddy.

Nuevamente tarda en responder, así que no puedo evitar


reír e imaginarlo con su cara de pug mientras mira el
celular.

Tanner: Solo soy seis años mayor que tú.

Savannah: Pudiste adoptarme a los dieciocho.

Tanner: Sav...

Savannah: ....

Tanner: Tus fantasías me hacen pensar que no soy el que


está mal.

*****

Tanner y yo recogemos comida para llevar, arroz thai y


croquetas de cangrejo, después de que me recoge al
mediodía en uno de sus deportivos. Conduce todo el camino
hacia Travis Country con algunos zig zags debido a que su
pene llena mi boca, la cual colma de su espeso, cálido y
abundante esperma en el estacionamiento del local,
enredando sus dedos en mi cabello mientras me mira
tragármelo todo con ojos intensos, los míos llenos de
lágrimas. Cuando le pregunto por qué simplemente no
comemos en el restaurante yendo hacia su edificio,
entendiendo si dice que no quiere ser visto tantas veces
conmigo en público, extiende su mano sobre la palanca de
cambios en búsqueda la mía y me comenta que le apetece
cambiarse.

Todavía mi piel hormiguea en el sitio que estrechó.


Al finalmente encontrarnos sentados cada uno en su lado
del mesón de su bonita cocina nueva, nuestros platos llenos
de arroz y langostinos, Tanner habla mientras nos sirve jugo
de naranja desde una jarra de cristal a ambos. Se ha
arremangado la camisa blanca que está usando, los
primeros botones de esta fuera de sus respectivos agujeros,
y el reloj negro que lleva hace un bonito contraste con su
piel pálida. La marca que dejó su anillo de casado en su
dedo cuando se la quitó ha desaparecido. Viviendo aquí y
estando así conmigo, es como si Pauline no existiera.

Como si nunca hubiera existido, para ninguno de los dos.

─¿Tienes que atender a algún cliente esta tarde?

Al sospechar que está a punto de pedirme que los deje


plantados por él, frunzo el ceño.

─Tanner... ─murmuro, mi tono bañado de advertencia porque


pensé que había entendido que su trabajo no es más
importante que el mío.

Niega, cortándome.

─Solo quiero saber si puedes hacer el trabajo de hoy desde


casa o si necesitas ir a tu oficina.

La arruga en mi frente se profundiza.

─No tengo ningún cliente para hoy ─murmuro─. ¿Por qué?

Tanner sonríe mientras mastica. Los segundos que tarda


comiendo me llenan de intriga.

─Porque me gustaría que pasáramos la tarde aquí, juntos.

Niego.
─No, no puedo. Tengo que acabar algunos diseños del bar
de Ryland que faltan para que Isla termine de hacerlos
realidad y podamos cumplir el plazo. Para eso necesito mis
implementos. Ni aunque quisiera podría usar este sitio para
diseñar. No es el adecuado. ─Al notar la manera en la que
me mira fijamente, me encojo de hombros─. Podemos ir a
mi casa, si quieres.

─No es necesario ─prosigue con su absurdo misterio antes


de llevar otro bocado de comida a su boca, solo que ahora
se ríe abiertamente mientras me ve retorcerme con
confusión.

─¿Trajiste mis materiales aquí sin mi permiso? ─inquiero,


entrecerrando los ojos debido a que no conozco ni una sola
cosa que no sea capaz de hacer para conseguir lo que
quiere. Definitivamente no debí haberle dado una copia de
la llave de mi estudio cuando me dio la suya─. ¿Mis lápices
de grafito? ¿La cantidad justa de luz para que todo cobre
vida? ¿Mi escritorio y mi silla personalizada de acuerdo a mi
tamaño para que no me moleste la espalda?

Tanner finalmente deja de comer, poniéndose de pie y


extendiendo su mano hacia mí.

─Sí ─dice y sus ojos negros son un hechizo al que no me


puedo resistir.

Tras limpiar las comisuras de mis labios con una servilleta,


acepto que me guíe hacia el piso superior. Todo mi cuerpo
se tensa con anticipación cuando nos detenemos frente a
esa habitación, la que no tiene nombre ni concepto. La que
solamente cumple, hasta dónde sé, con sus exigencias de
luminosidad, claridad y una elevación frente a las ventanas,
no ventanales.

Nada para los jodidos pervertidos.


Cuando Tanner abre la puerta frente a mí y me invita a
pasar con un movimiento de mano, no me doy cuenta de
que no estoy respirando hasta que mi cuerpo toma una
honda y brusca inhalación, pero mi reacción es más que
justificada. La habitación de paredes blancas, llena de luz
solar y todo lo que se necesita para la elaboración de mis
planos, lo amerita. No solo tengo aquí todo lo que he
necesitado para la elaboración de mis planos y maquetas,
cada material e instrumento que he conocido desde que
entré en la Escuela de Arquitectura, sino también un
montón de otras cosas que me he privado debido a mis
ahorros para ampliar mi empresa.

Una pantalla táctil especial para los diseños de arquitectura.


Un bonito escritorio blanco en la elevación con una silla de
cuero del mismo color detrás, la cual en tamaño y
proporción es bastante similar a la que tengo en casa.
Estantes repletos de colores, marcas y lápices de las
mejores marcas del mercado, algunas que ni siquiera he
pensado en utilizar debido a lo absurdo de su costo. Trago
mientras deslizo mis dedos por la superficie de madera del
escritorio, apreciando el calor y la luminosidad que entra a
través de las amplias ventanas de cristal.

El sitio también está repleto de un sinfín de rosas blancas.

Cuando tomo una de ellas abandonada solitariamente sobre


mi escritorio e inhalo su aroma antes de darme la vuelta
para enfrentar a Tanner, me sorprendo al hallarlo justo tras
de mí.

Ni siquiera soy capaz de preguntarle qué significa todo esto.

─Lamento decir esto en este momento, Savannah ─dice─.


Lamento haber tardado tanto en darme cuenta qué era
exactamente lo que quería, lo que me hacía sentir vivo, y
también lamento que a pesar de cualquier cosa que diga o
haga, nada podría cambiar el hecho de que los demás o
incluso tú misma sientas que eres mi plato de segunda
mesa. ─Traga, viéndose como si de verdad le costara seguir,
pero lo hace─. Pero, sobre todo, lamento haber arruinado
irremediablemente la posibilidad de que existiera un
nosotros antes de que si quiera supiera que hay un tú y yo.
El no estar seguro de si mañana lo arruinaré tanto que te
irás. El no tener la certeza de que seamos lo mejor el uno
para el otro. El no poder exigirte que te quedes porque no
me debes nada. ─Toma una respiración profunda. Sus
facciones están apretadas, como siempre, pero además de
enojado, luce enfermo. Muy enfermo. No puedo contener el
impulso de adelantarme y presionar mi mano en su mejilla,
contra la cual se acurruca por unos segundos antes de girar
el rostro y besar el interior de ella─. Aún así, soy egoísta y
me estaría asesinando a mí mismo si no te dijera que
siempre habrá un espacio en mi vida para ser llenado por ti.

Hay un diván blanco contra una de las paredes de la


habitación.

Dejo mi rosa sobre el escritorio y lo empujo hacia él tan


fuerte como puedo. Caigo sobre Tanner y él me ataja
envolviendo sus brazos alrededor de mí como si no quisiera
dejarme ir, pero no estuviera seguro sobre mantenerme a
su lado. Trazo mi dedo sobre sus labios antes de decirle lo
que me ha estado matando por dentro todo este tiempo,
queriendo salir de mí, pero no encontrando las palabras o el
momento adecuado para hacerlo. Ahora tengo las dos.

─No importa que seamos lo peor el uno para el otro


─susurro, consciente de que tengo su completa atención
puesta en mí─. Mientras no haya nada que se sienta mejor
que estar juntos.
Tras oírme deja escapar una honda exhalación, enredando
sus dedos en mi cabello.

─Savannah... ─suspira cuando empiezo a desabotonar los


botones restantes de su camisa.

Niego, presionando mis palmas contra su torso para


mantenerlo en su lugar cuando hace ademán de
incorporarse debido a que no está acostumbrado a estar del
lado vulnerable, pero a todos nos llega nuestro momento.
Me incorporo solo para bajar los tirantes de mi vestido de
tela ligera, blanco, y bajarlo lo suficiente para que sea capaz
de ver mi pecho expuesto mientras lo hacemos ya que no
estoy usando sostén. Sé que es un espectáculo que no
querría perderse.

─Querías herirme haciéndome creer que me estabas


haciendo el amor como se lo hacías a tu esposa, a quién
amabas, pero en realidad solo te heriste a ti mismo al darte
cuenta de que preferías follar como un animal a evocar el
recuerdo de tu fallido matrimonio. ─Presiono mi boca contra
sus abdominales, apreciando la manera en la que estos se
contraen bajo esta, besando cada centímetro de piel que
encuentro─. Porque quizás sabes cómo hacerle el amor a
una mujer, pero no sabes cómo es que te lo hagan a ti
porque Pauline nunca te amó. ─Parpadeo hacia él cuando su
mano en mi cabello se aprieta solo para aflojarse una vez
más, sus pestañas cayendo pesadamente sobre sus mejillas
mientras me observa─. Porque no puedes amar lo que no
conoces. Al igual que el personaje que labraste para tener
tu final feliz con ella, su relación nunca existió. ─Tanner tira
de su cuello hacia atrás cuando desabrocho su pantalón y
llevo mis labios a la sensible punta de su pene, la cual está
hinchada y goteante para mí, una vez lo libero de su ropa
interior─. Por suerte para ti, estoy aquí ─murmuro─. Siempre
estuve aquí.
Pero en lugar de meterlo en mi boca como quiere, froto su
miembro contra mi rostro antes de deslizar mis labios hacia
la V de su ingle y luego hacia sus tonificados muslos,
liberándolo de su pantalón con mis manos. Me tomo mi
momento para apreciar sus piernas, tocándolas y jugando a
hacerle cosquillas en los pies con los calcetines todavía
puestos, lo que no sirve de nada, ya que no se ríe, antes de
volver a ascender por él y darle lo que quiere. Tanner deja
escapar un silbido cuando dejo caer saliva sobre su
erección, pero esto no trata solo de sexo, así que continúo
escalando sobre él, tomándome mi tiempo para adorar sus
abdominales, mientras le doy un masaje suave a su pene.
Suspiro sobre sus músculos marcados de su six-pack,
tomándome mi tiempo apreciando cada uno de ellos. Siguen
viéndose de la misma manera que lo hacían cuando
estábamos en la universidad. No lo suficientemente grandes
para que alguien diga que gasta gran parte de su tiempo en
su gimnasio, pero sí para que sea evidente que se preocupa
lo suficiente por su imagen. Tanner suelta un sonido mitad
gruñido, mitad jadeo cuando asciendo y hundo mi rostro en
su cuello para encontrar ese punto sensible en él que todos
tenemos mientras escalo sobre su cuerpo para meterlo
dentro de mí.

Me incorporo al sentir sus primeros centímetros ingresando


en mi interior, estirándome.

Despertando las terminaciones nerviosas de mi tierna y


dolorida carne.

─Se siente bien ─murmuro, creando una cortina con mi


cabello entre nosotros.

─Sí ─afirma con voz ronca antes de atraerme a él para


besarme─. Se siente bien, Savannah.
Está tomando mis labios y mi boca de manera dulce y
profunda, así que tomo su rostro con las palmas de mis
manos mientras empiezo a moverme sobre él, tomándome
mi tiempo para apreciar cada vena y cada pulgada de su
miembro, pero también la sensación de lo cerca que
estamos. Reprimo el impulso de empezar montarlo de
manera salvaje en busca de nuestra liberación y en su lugar
me concentro en el sabor de su boca hasta que siento que
mis pulmones realmente están luchando por obtener
oxígeno porque mi cuerpo ha decidido que es más
importante no perder esta conexión con Tanner, cuyos
dedos de una mano están enredados en mi cabello,
acariciándolo de manera extraña, mientras la otra aprieta
tiernamente mi trasero.

Él también se está esforzando por tomarlo con calma.

Los minutos pasan y seguimos apreciando nuestra unión,


pero eventualmente todo se vuelve demasiado y me anima
a ir más profundo, no más rápido, mientras mordisquea mis
labios y aprieta sus dedos en mis caderas. Suelto un chillido
al venirme primero que él cuando empieza a trazar círculos
sobre mi clítoris. Intercambia posiciones conmigo entonces
y se dedica a alargar mi orgasmo tanto como puede
profundizando sus penetraciones. Ahora soy yo la que
hunde las uñas en su espalda, colando mis manos por
debajo de su camisa, y él quién esconde el rostro en mi
cuello mientras murmura en mi oído cuán hermosa e
irresistible soy.

Cuán loco lo vuelvo.

Cuánto disfruta perder la cordura cuando está conmigo


porque no se da cuenta, en primer lugar, de que lo hace.
Suelto un gemido largo, volviendo a acabar, al sentir su
semen llenándome.
Me siento pegajosa y exhausta, con ganas de dormir,
cuando se retira y hace que le haga espacio para
acurrucarse tras de mí. Hace frío, así que agradezco a quién
sea que haya diseñado esta habitación, probablemente Isla,
por dejar una cesta junto a nosotros con una cobija que
Tanner toma. Me aprieta contra él, mi espalda chocando con
su pecho, y nos envuelve en ella. La luz de las lámparas no
está encendida, así que el resplandor de los rayos del sol es
lo único que choca contra nosotros. Antes de dormirme, sin
embargo, termino de soltarlo todo.

Así cuando mire atrás, si es que lo hago, no me arrepentiré


por no haberlo dicho.

Por no haber dado todo de mí a la única persona a la que he


querido pertenecer.

─Lo que me hiciste ayer, llevarme a tu casa y de Pauline así,


no estuvo bien, sí que no te puedo prometer que no llegará
el día en el que me hartaré de tener que pagar un precio
demasiado alto para estar contigo. ─Giro el rostro hacia él
para observalo mirándome fijamente─. Pero sí te puedo
prometer que aunque ese día llegue mañana, nunca
encajaré con nadie como lo hago contigo porque puedes
tener una vida en la superficie, pero quién te marca está en
la oscuridad. ─Tomo su mano y la presiono sobre mi
acelerado, pero a la vez exhausto, corazón─. Podré estar
con un millón de hombres después de ti y ninguno de ellos
me hará sentir así.

Los ojos negros de Tanner, usualmente fríos, se vuelven


cálidos mientras me insta a volver a mi posición. Cuando lo
hago besa suavemente la cima de mi cabeza, haciéndome
estremecer. A pesar de que no me insta a poner mi mano
sobre su pecho a cambio, siento los latidos fuertes y
acelerados de su corazón contra la piel expuesta de mi
espalda debido a que mi vestido sigue abajo.

─Lo sé, Savannah, y tampoco te puedo prometer que ese


día no llegará o que situaciones como la de ayer no se
repetirán, pero sí que haré hasta lo imposible para que el
precio que tengas que pagar, porque habrá uno, valga la
pena. ─Me estrecha fuertemente contra él─. Porque lo
menos que quiero en este momento es perderte. Ya hemos
perdido demasiado tiempo, ¿no crees?

Afirmo.

─Sí.

Vuelve a abrazarme, esto sintiéndose como si ahora ya no


hubiera dudas en su cabeza.

Como si ya fuera un hecho para él que no quiere dejarme ir.

Que desea retenerme a su lado, incluso si eso me destroza.

─Pero si ese día llega, lo habremos recuperado. No habrá


arrepentimientos o miradas atrás.

Asiento, sin contradecirlo debido a que estoy de acuerdo.

Si ese día llega, es porque todo entre nosotros habrá


terminado de una vez por todas.

Porque rompió tanto mi corazón que este ya no será capaz


de amarlo.

Porque lo hago.

Lo amo y la certeza de ello trae lágrimas a mis ojos.


Amo a un hombre con el que ni siquiera sé si tendré un
futuro.

Que probablemente nunca sabré si me ama o que quizás,


simplemente, nunca lo haga.

Pero quieres lo que quieres y ahora que finalmente es mío,


no quiero soltarlo.

No todavía.

Y tampoco sé si algún día. 

AYYYY

No se olviden de darle amor al capítulo. Los próximos


tanto en siguiente como en pasado estarán intensos.
Sé cómo va a terminar este libro, pero de verdad no
sé si sobreviva al proceso de escribirlo

Espero que usteden sobrevivan al proceso de leerlo

Love u

Nos leemos pronto, bbs. No olviden seguirme en


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adelantos y +
Capítulo 43:

Capítulo 43:
17.2K 2.5K 2.4K
por OscaryArroyo
 
La cena de mi cumpleaños es silenciosa. Mi mente sigue
girando alrededor de las confesiones y advertencias de
Tanner y la sorpresa de haber visto a Weston y a Pauline tan
juntos en la cocina, así que no le presto mucha atención a
los intentos del rubio de entablar conversación. Las
experiencias cercanas a la muerte deben aumentar el
apetito ya que devoro el doble del número usual de
rebanadas que normalmente comería. Del otro lado de la
mesa Reed me observa esporádicamente con el ceño
fruncido, pero me fuerzo a mí misma a no prestarle
demasiada atención ya que cada vez que lo veo debo
presenciar la manera en la que Pauline se apoya en uno de
sus brazos y lo mira con ojos de cachorro. Estoy tan
aburrida de ello.

De ella luciendo como si de verdad lo amara.

Como si de verdad tuviera una idea de quién está sentado a


su lado.

─Me encanta que hayamos venido aquí, pero la verdad es


que me estoy muriendo y esta vez del aburrimiento ─suelto
de repente, trayendo la atención de todos a mí. Incluso con
mis padres estaría divirtiéndome más, obligada a cubrirme
los ojos con las manos y a reír mientras papá, ebrio, invita a
mamá a bailar─. Bailemos ─susurro, hipando, debido a que
me terminé yo sola lo que quedaba de la botella de
champagne de Tanner, más o menos la mitad, antes de que
estuviera lista la cena, y yendo hacia el reproductor de
música para conectar mi teléfono.

Lo dejo en la mesita, pero tomo otra copa con alcohol


mientras me dirijo a la cubierta.

Sin mirar a ninguno de los tres, empiezo a mecer mis


caderas al ritmo de Toda de Alex Rose, una canción lenta en
español que probablemente solo Tanner entiende y que me
hace suspirar. Desear estar rodando en una cama en
compañía de alguien y sentarme en su regazo.

─Suena caliente ─escucho decir a Weston a mis espaldas


con voz entrecortada, en compañía de sonidos que indican
que están levantándose para unirse a mí, mientras me
meso contra la barandilla y me doy la vuelta, esperándolos,
pero ni él ni Tanner se acercan, viéndose casi nerviosos, lo
cual es adorable tomando en cuenta que ambos casi me
asesinan a su manera.

Solo Pauline camina hacia mí. Su seguridad es fingida. Sus


mejillas están rojas y sus pasos son lentos. Sus manos
tiemblan y sus ojos me gritan que está casi tan ebria como
yo. Sigue usando su pequeño bikini rojo, así que
inevitablemente la atención de Tanner y de Weston viaja a
ella. La mía también. Sus pequeños pezones están fruncidos
por debajo de la fina tela que los recubre y de cuando en
cuando aprieta sus muslos como si no soportara la tensión
de su cuerpo. Me uno a ella con lentitud, moviendo mis
caderas, y Pauline tira de su cabeza hacia atrás, riendo,
cuando giro mi copa unos centímetros sobre sus labios y
bebe lo que queda en mi copa.

La dejo en el suelo antes de unirme a ella, consciente de


que ahora la atención de Tanner y Weston está en ambas.
Pauline se ahoga con su propia saliva al darse cuenta de ello
e intenta apartarse de mí a pesar de la oscura satisfacción
en su mirada, pero no lo permito. Le doy una probada de lo
que significa ser yo tomando sus caderas en mis manos y
ascendiendo por su piel suave y sonrosada hasta alcanzar el
lazo que mantiene la parte superior de su bikini en su lugar.

Tiro de él con suavidad, obteniendo un jadeo de su parte


como respuesta y dos gruñidos de apreciación masculina. Es
injusto que el peso de todo esto recaiga solamente sobre
ella, así que paso mi suéter por encima de mi cabeza y
sonrío, mi rostro escondido en la curva entre su delgado y
frágil cuello y su hombro, cuando esos gruñidos se
convierten en sonidos ahogados. El calor de los pequeños
pechos de Pauline se dirige hacia los míos y viceversa
mientras nos mesemos para ellos. Miro a Weston
fugazmente, arrogante ante el hecho de que si existe la
posibilidad de que quiera a Pauline, sepa que yo podría
tenerla primero si quisiera, al igual que a él o a Tanner
porque aunque todos aquí tengan sus propios intereses
egoístas, ninguno es capaz de dejarme ir, incluyendo a la
rubia entre mis brazos, y eso es por algo, antes de tomar las
mejillas de Pauline entre mis manos y deslizar mi lengua
sobre su boca hasta que jadea.

Baby, porque quiero maltratarte toda

Él te lo hace a medias, yo te beso toda

Quédate conmigo y le picheo a todas

Como tú ninguna, tú le ganas a todas

Ya que a la pequeña pueblerina católica no es


particularmente fanática de la dureza, sino de la suavidad,
probablemente encuentra consuelo en mis atenciones
debido a la manera en la que me devuelve el beso, primero
con timidez y después con entrega, mientras permite que
explore un poco más en su cuerpo con mis manos como si
estuviéramos a solas en nuestro dormitorio y no con una
audiencia frente a nosotros. Ambas reímos cuando las
manos de la otra viajan a los lazos laterales de las
respectivas partes inferiores de nuestro traje de baño.
Somos dos diosas jóvenes en su mayor esplendor, así que
ninguna de las dos se siente intimidada cuando quedamos
completamente expuestas ante nuestros chicos. Tanner
traga sonoramente, su atención completamente fija en
nosotros, mientras Weston empieza a quitarse la ropa.

Cuando el rubio hace ademán de acercarse, se lo impide


presionando su brazo contra su pecho.

─Déjalas jugar.

Weston frunce el ceño en su dirección, arruga que se


deshace cuando Pauline y yo nos dirigimos al jacuzzi y
soltamos chillidos cuando el agua caliente relaja tanto la
contracción de nuestros músculos durante el baile como la
tensión que creamos alrededor de ambas.

Tiro de mi cuello hacia atrás, riendo, cuando pasa sus


manos por su torso, sonriendo ante los gemidos de
apreciación que obtiene como respuesta a cada uno de sus
movimientos. Sus ojos brillan con emoción, como si acabara
de descubrir el poder que tiene como mujer frente al sexo
masculino en este ámbito, y salta sobre sí, lo que hace que
sus pequeñas tetas se agiten e, interiormente y en el fondo,
me sienta orgullosa de haberla arrastrado al lado oscuro.

Quizás ahora no sea tan perfecta y casta ante sus ojos como
Tanner cree que es.

─Están tan calientes ─murmura, sonando feliz.


─Sí ─susurro en respuesta, ofreciéndole un rápido vistazo a
Tanner, a su entrepierna abultada, y a Weston en las
mismas condiciones antes de salpicar a Pauline con agua─.
Lo están.

Ella ríe y me salpica de regreso, luciendo desinhibida y feliz.

Mis sentimientos negativos hacia ella se aflojan por un


momento ante ello, pero regresan cuando Tanner y Weston
se unen a nosotras en iguales condiciones de desnudez.
Trago cuando mis ojos se enfocan en el pelinegro, el cual se
sienta junto a Pauline y la arrastra a su regazo. Weston no
tarda en hacer lo mismo conmigo, sentándome sobre su
erección y haciéndome envolver su cuello con mis manos.
Cuando escucho a la rubia reír ante lo que sea que Tanner
esté murmurando en su oído mientras la estrecha contra él
con cariño, empiezo a arrepentirme de haber armado todo
este espectáculo. Weston me abraza cuando apoyo mi
cabeza en su pecho. Después de unos segundos toma mi
barbilla entre sus dedos y la alza para que lo vea.

─Cuando pienso que no puedo desearte más, encuentras la


manera de que lo haga.

Antes de inclinarme sobre él para besarlo pasa por mi


mente el recuerdo de cómo se sintió ser ahogada,
intencionalmente o no, y no puedo evitar estremecerme con
disgusto, lo que mi novio percibe con el ceño fruncido, pero
no dejo que las palabras de Tanner se apoderen de mi
mente y me pongo a horcajadas sobre él dentro del agua,
sosteniendo su rostro entre mis manos antes de inclinar mi
cabeza hacia abajo y juntar sus labios con los míos. Weston
ha sido más que bueno conmigo hoy y no merece menos
que ser el centro de mi atención. Gimo abiertamente
cuando aprieta la carne de mis caderas con sus manos,
manteniéndome sujeta contra él, y antes de que guíe su
pene a la abertura de mi humedad tras extenderse y tomar
un condón que dejó en su paquete en el borde del jacuzzi,
escucho a Tanner y a Pauline saliendo del agua a pesar de
los sonidos de protesta de esta debido a que, al parecer, le
gustó el exhibicionismo.

Mis ojos grises se cruzan con los suyos mientras se aleja, su


mano sosteniendo la de su chica.

Yo ya lo descubrí, que tú eres para mí, que yo soy para ti

Baby, quédate aquí, más cerquita de mí, él no me lo hace


así

Aparto mi boca de la de Weston y muerdo mi labio inferior


con fuerza al sentirlo llenarme, apretando mis uñas contra
la piel de su nunca de una manera que lo hace gruñir con
dolor y a la vez placer mientras Pauline señala
distraídamente hacia el mar, gritando haber visto una
delfín.

Tú quieres comerme toda

Él me lo hace a medias, tú me besas toda

Quédate conmigo y pichéale a todas

Como yo ninguna, yo le gano a todas, ven cómeme toda

Tanner aparta la vista, sus ojos llenos de asco, cuando


empiezo a gemir.

******

Después de una hora y media, cuando finalmente están a


punto de ser las doce, cortamos mi pastel. Pauline, Weston,
Tanner y cantan para mí. Después de que apago las velas,
los dos rubios se dirigen a la cocina por un cuchillo y platos
para cortarlo. Estiro las mangas de mi suéter cuando Tanner
y yo nos quedamos nuevamente a solas, preguntándome
qué saldrá de su boca esta vez. Me sorprende, sin embargo,
sacando una caja del tamaño de un bolígrafo del bolsillo
trasero de sus pantalones de pijama azul y tendiéndomela.
Es blanca y está adornada por una cinta plateada bastante
bonita, lazo que deshago con más ansiedad y emoción de la
que me permito a mí misma sentir porque mientras pude
haber intuido cuáles serían los regalos de Weston, algo
excesivo y lleno de lujo, y de Pauline, un feo suéter que
nunca usaré, no tengo ni idea de qué es lo que Tanner
escogió para mí. Trago cuando veo una antigua llave de
hierro dentro y asciendo mis ojos hacia él, sin entender en
lo absoluto qué es lo que me dio.

No me queda de otra que seguirlo cuando inclina su cabeza


hacia la barandilla.

Con las manos apoyadas en ella, se explica.

─Hay una organización que se ha mantenido por siglos bajo


las narices de todos los estudiantes de la Universidad de
Texas. No tienen reuniones o eventos de ningún tipo, ni
nombre. Solo esta llave y una habitación con un cofre en la
que cualquier deseo que hagas prácticamente se hará
realidad por acción de otros graduados a los que se les hizo
el mismo favor, con la condición de que te comprometas a
ser la colaboradora de alguien más en un futuro y cedas
esta llave a otro que lo merezca cuando hayas pedido lo que
quieres y estés a punto de irte ─murmura─. La ubicación de
la habitación está en constante cambio. Se te dará si
aceptas formar parte de esto y si se comprueba que eres
capaz de guardar un secreto, lo que sé que puedes hacer.
Nunca me han gustado las hermandades o cualquier otro
tipo de secta universitaria, pero no puedo evitar mostrar
abierto interés en ello. Acaricio la llave de hierro, sin ningún
grabado, antes de volver a fijar mi atención en su perfil
apretado y duro. Esto no es tan valioso como el brazalete de
Weston o cualquier otro presente que me hayan dado, sino
más. Acaricia mi alma, seduciéndola, de una manera que
ninguna otra cosa que me dieron en la vida hizo.

No tiene valor, pero este a la vez es incalculable.

Una herramienta más para mi futuro.

No puedo evitar apretarla de forma protectora contra mi


pecho.

─¿Por qué me la das a mí?

Tanner deja de contemplar el mar en el que navegamos


para verme.

─Porque eres la única persona que conozco que tiene tanta


ambición como yo y mereces que tus sueños se hagan
realidad. Esta simple y oxidada llave, aunque no lo creas
así, te puede ayudar a subir un peldaño o dos. No lo
desaproveches ─responde antes de incorporarse, el sonido
de los pasos de Pauline y Weston deshaciendo la privacidad
del momento que estamos viviendo, y acercarse a mí para
presionar sus labios sobre mi frente por escasos segundos
antes de apartarse y ofrecerme una mirada cálida que se
graba no solo en mi mente, sino en cada célula que me
compone como ser humano─. Feliz cumpleaños, Savannah.

*****

Ya de regreso en el campus al día siguiente, lo primero que


hago al entrar en mi dormitorio es caminar hacia el armario
y guardar la caja con el regalo de Tanner en el cajón de mi
ropa interior. Pauline entra tras de mí con aspecto cansado y
ojeroso. Ambas llevamos pijamas debido a que ya que no
dormimos nada durante toda la noche debido a la
celebración de mi cumpleaños, lo hicimos de camino aquí
porque debíamos estar temprano en el campus para el
juego de este domingo de los Longhorns contra los Tigers,
de Princenton. Una vez deshacemos nuestro equipaje, se
arroja sobre su cama mientras me pregunto qué me pondré
más tarde. Debido a la presión de los exámenes finales no
he lavado mi ropa y todo lo que me queda es demasiado
revelador para el frío que está empezando a hacer debido al
cambio de estación.

Por más que quiera ignorar la existencia de Tanner, esta es


su última temporada en el equipo y las finales del la NCAA
están por terminar y este año tenemos altas posibilidades
de ganar. Con Austin y los otros equipos de Texas
descalificados, los Longhorns son nuestra única esperanza
de que el estado se lleve el Bowl de la serie universitaria de
fútbol y ni siquiera yo puedo ir en contra del fanatismo que
eso desencadena en cada texano. No cuando solo puedo
recordar la manera en la que me apoyó con mis propios
proyectos antes de arruinarlos, lo cual todavía no sé si hizo
consciente o inconscientemente o fue culpa de Pauline, y
estuvo ahí para mí cuando sucedió lo de Gordon. Quiera o
no, con ánimos o no, termino mis deberes temprano y me
acerco a Pauline, arreglándose en el baño, para alistarme
junto a ella para salir, mi cabello mojado humedeciendo mi
espalda debido a que unos minutos atrás me di una rápida
ducha.

─¿Irás al juego? ─pregunta ella con el ceño fruncido,


viéndose extrañada cuando me sitúo junto a ella y empiezo
aplicar base sobre mi rostro, asintiendo─. ¿Por qué?
Detengo la presión que ejerce una y otra vez una pequeña
esponja sobre mi piel para verla.

Alzo uno de mis hombros y lo dejo caer con indiferencia


antes de responder.

─También estudio aquí. El espíritu deportivo es contagioso.

Pauline arruga la nariz, su expresión desconcertada.

─Savannah, las pocas veces que has ido a los juegos de los
Longhorns ha sido para abuchear o vestida con los colores
del equipo contrario ─señala, girándose hacia el espejo para
darse unos últimos retoques de labial rosado. Su maquillaje
es bonito de una manera simple y clásica─. No entiendo por
qué cambiarías de opinión tan drásticamente con respecto a
ellos. ─Por medio del reflejo veo cómo sus ojos se
entrecierran─. A menos, claro, que te guste uno de los
jugadores.

Ante sus palabras no puedo evitar ahogarme con mi propia


saliva, prácticamente confirmando su teoría. Pauline deja
escapar un suspiro antes de empezar a guardar sus
productos de maquillaje en su estuche, negando con
desaprobación una y otra vez con su cabeza. Se ve
decepcionada, lo cual me extraña ya que nunca antes se
interesó, más allá de comentarios de mal gusto y consejos
de amor de hace mil décadas, por mi vida amorosa, así que
no puedo evitar excusarme. Está tan cerca de la verdad que
mi pecho se hunde con pánico.

─No, yo...

─Sav, Weston es genial y la manera en la que te ve, la


manera en la que encajan, merece que le des una
verdadera oportunidad. Él realmente se esfuerza por verte
feliz y sonríes mucho a su lado. Eres feliz ─dice
deteniéndose bajo el umbral, interrumpiéndome─. No te voy
a juzgar, sabes que nunca lo hago, pero Weston, después de
que Tanner se vaya, será el chico más codiciado del campus
y aunque ahora corres con la suerte de tenerlo todo para ti,
no lo des por sentado. ─Se relame los labios antes de
continuar─. Hay muchas roba novios por ahí, ¿sabes?

Sin nada que decir debido a la impresión que sus palabras


me producen y al alivio de que no tenga nada que ver con
Tanner, sino con ella siendo fanática de West, trago.

─Sí.

*****

Asisto al juego de los Longhorns con un sencillo par de


shorts de mezclilla y una sudadera del equipo que Pauline
me presta. Zapatillas deportivas blancas. Uso una gorra y
dejo caer mi cabello sobre mi espalda. Mi maquillaje es
ahumado. La rubia, por su parte, escoge una falda negra
corta y una camiseta con el nombre del equipo que ata para
dejar al aire libre una parte de su estómago, igualmente
optando por calzado deportivo. Su apariencia me hace
nuevamente fruncir el ceño porque su atuendo no es algo
que Pauline normalmente usaría, pero me reservo cualquier
tipo de comentario mientras caminamos hacia el campo.
Durante el camino recibimos algunos elogios a los que no
les presto demasiada atención debido a que contesto
algunos mensajes de Weston, pero por el rabillo del ojo la
veo sonrojarse, dar las gracias y reír.

Ya en el campo, nos separamos.

─Iré por una cerveza, ¿quieres?

Pauline asiente.
─Sí, por favor. Iré a buscar a Tanner. Le gusta que lo bese
antes de jugar. ─Una sonrisa tonta se apodera de sus labios.
Su mirada brilla de manera soñadora─. Dice que le da
suerte.

Me encojo de hombros, intentando verme desinteresada.

Porque no me importa.

No me importa, pero lo hace.

─Bien.

Tras verla asentir y adelantarse a los bastidores, me desvío


entre la multitud para caminar hacia los puestos de comida
rápida. A diferencia de cuando jugamos contra algunos
equipos de universidades públicas y la bancadas de
nuestros oponentes se encuentran vacías, la universidad
hoy se encuentra llena de niños ricos que vinieron desde
New Jersey en sus caros autos para apoyar a sus amigos.
Suelto un suspiro cuando algunos de ellos intentan captar
mi atención y obtener mi número de teléfono de manera
desagradable, hablándome como si estar en la Ivy fuera lo
único que se necesitara para ser considerado un buen
partido.

En resumen, chicos como Weston, pero sin lo agradable.

─Dos cervezas, por favor ─le pido al vendedor en uno de los


puestos, quién me echa un vistazo de reojo, su ceño
fruncido debido a que sospecha que no tengo la edad legal
para ingerir alcohol, antes de ir casi a regaña al barril y
dármelas en dos vasos desechables─. Gracias.

─Solo no te vuelvas loca.


Suelto una risita, dejando caer dos billetes de un dólar sobre
el mostrador.

─No ─dice una voz profunda, desconocida, tras de mí, lo que


hace que me dé la vuelta y trague al ver a un chico grande
y pelirrojo con una sudadera de los Tigers tras de mí. Sin
darme la oportunidad de reaccionar, toma mi dinero y lo
guarda en el bolsillo delantero de mis pantalones cortos,
haciéndome estremecer con desagrado debido a lo cerca
que están sus dedos de mis partes íntimas. Chillo al sentirlo
y sus amigos tras de él ríen─. Yo invito.

Niego, intentando esquivarlo, pero solo consiguiendo que


bloquee mi paso.

─No es necesario. Yo pago ─gruño dándome la vuelta y


haciendo malabares con las dos cervezas para dejar
nuevamente los billetes en el mostrador, percatándome de
que el vendedor ha decidido ser indiferente a lo que sucede
debido a que los niños ricos de Princeton le darán buenas
ganancias hoy. El chico pelirrojo, sin embargo, no se quita─.
¿Podrías...?

─¿Quitarme?

Asiento.

─Sí.

─Claro que sí ─responde con una sonrisa ancha que hace


que todo aquél que lo vea se deslumbre con sus carillas,
obviando la fealdad de su alma─. Después de que me
devuelvas el favor y metas esa bonita mano tuya en el
interior de mi pantalón y no desde mi bolsillo.

Mi mandíbula se desencaja, pero no me permito a mí misma


lucir intimidada.
He lidiado con hombres peores que esta patética excusa de
masculinidad.

─Patán.

Poniendo toda mi fuerza en ello, lo golpeo con el hombro al


pasar, pero no se quita, sino que hace ademán de rodear mi
cintura con sus brazos y apretarme contra él. Ante ello no
puedo evitar actuar por impulso y arrojar el contenido de los
dos vasos de cerveza para protegerme.

Los jadeos de sorpresa e impresión llegan al mismo tiempo


que su mano a mi cabello.

─¡Suéltame! ─grito, a lo que algunos de sus compañeros


empiezan a acercarse porque el sujeto ya pasó de ser un
abusador estándar que pueden pasar por alto debido a su
estatus a un abusador irracional que podría dejarlos mal,
pero por algún motivo estos no terminan de acercarse, así
que grito aún más alto antes de que cubra mi boca─.
¡Suéltame, idiota!

─No, pequeña zorra, es hora de que alguien te enseñe cuál


es tu lugar.

Mis ojos se llenan de lágrimas cuando dirige sus manos a


mis tetas. Más que por el hecho de estar siendo abusada,
por el que nadie se acerque a ayudarme. Entiendo por qué
no lo hacen, sin embargo, cuando una mano se cierra
alrededor del cuello de mi agresor y una figura aún más
aterradora que él emerge de las sombras para protegerme
pese a que la oscuridad en sus ojos grita satisfacción ante el
hecho de tener una excusa para lastimar a alguien, no furia
o deseos de defenderme. El pelirrojo boquea, sin aire a
pesar de que no sabía que una persona podría ser ahorcada
con una sola mano y mucho menos desde atrás, pero su
agarre sobre mí no solo permanece, sino que se hace más
intenso debido a que termino convirtiéndome en una
especie de salvavidas al que se aferra durante durante sus
últimos momentos de vida.

─Suéltala ─dice, su tono de voz vacío de emociones


humanas─. Y te suelto.

Él lo hace.

Me libera y después el moreno con el uniforme de los


Longhorns que no había visto antes, su cabello oscuro como
la noche de una manera que me hace preguntarme si es
teñido, hace lo que prometió. Lo libera después de aplastar
su rostro contra una de las paredes del puesto de cerveza,
deformando el metal y rompiendo su nariz con un crujido
que hace aullar a muchos.

Incluyéndome.

El chico de apellido Anders, sin embargo, solo ríe mientras


se acerca a él y presiona la suela de su zapatos contra su
espalda para mantenerlo abajo. No parece importarle estar
rodeado de otros fanáticos de los Tigers, aunque no es
como si debería. Con lo que haces tres de ellos, lo obtienes
a él, pero no solo se trata de tamaño ya que Ibor es grande
y nunca me he sentido intimidada en su presencia. Es lo que
emana. Sin exagerar, podría estar ante la muerte.

Es caliente, pero aterrador.

Más aterrador que caliente.

─Puedes hacer lo que quieras con tus putas de Princeton, no


me interesa si las follas hasta sangrar y ellas te dan las
gracias por ser el jodido hijo de tu padre, pero de dónde
vengo no entras al territorio de tu enemigo como un
visitante y maltratas a sus mujeres cuando no tienes las
pelotas para enfrentarte a las consecuencias. ─Me abrazo a
mí misma, titiritando, cuando lleva su pie a la parte
posterior de su cabeza y la presiona contra la tierra,
haciéndolo gritar debido a la manera en la que esto afecta
aún más su nariz rota. Indiferente a su agonía, mira hacia
los compañeros del chico─. Corran la voz. Que esto les sirva
de ejemplo de lo que le pasará a todo aquél que sobrepase
los límites que cualquier chica de los Longhorns imponga.
─Una sonrisa irónica se apodera de sus labios por un
momento, como si estuviera pensando en algo más, antes
de que se aparte de su víctima, despidiéndose de él con una
patada en las costillas que viene cuando todos,
incluyéndome, piensan que ha terminado. Antes de
separarse, sin embargo, pide tres cervezas, las cuales toma
y agradece antes de dejar un billete de diez sobre el
mostrador─. ¿Qué? ─pregunta con las cejas alzadas al darse
la vuelta, andando hacia mí e inclinando la cabeza hacia el
camino de regreso a las gradas, ofreciéndome dos de ellas.

Las tomo.

Pero lo hago más por miedo a contradecirlo que a otra cosa.

─Nada ─murmuro─. Gracias, supongo.

Se encoje de hombros.

─No lo hice por ti.

Asiento.

─Lo sé. Eres un asesino y necesitabas saciar tu sed de


sangre ─bromeo, lo que lo hace sonreír.

─Exacto.
Abro la boca para preguntarle qué tiene pensado hacer si el
chico de Princeton lo demanda por agresión, a lo que
probablemente tendré que enfrentar mi segundo asunto
legal este año debido a que no dejaré a su suerte a alguien
que me defendió, pero Tanner escoge ese momento para
trotar hacia nosotros desde el campo, dejando a Pauline
hablando con la novia de otro integrante de su equipo tras
de él. Su ceño está fruncido mientras mira de mí hacia
Anders con un signo de interrogación en la mirada. No se ve
feliz de vernos juntos, por cómo luce.

─¿Savannah? ¿Todo está bien? ─pregunta cuando llega a


nosotros.

Asiento.

─Sí. Tuve un problema con uno de los chicos de Princeton,


pero Anders lo resolvió.

Sus ojos se estrechan hacia el mencionado, reparando en la


sangre que cubre sus zapatos deportivos para el juego. Son
blancos y tienen algunas gotas del líquido rojo que escapó
de la nariz de mi agresor, al igual que sus guantes. Me
estremezco al recordar lo que hizo con él.

─Ya veo.

Anders lo mira con las cejas alzadas.

─¿Algún problema con eso, capitán? ¿Debí haberla dejado a


su suerte?

Tanner niega.

─No, hiciste bien ─gruñe─. Pero pudiste haber pensado


fríamente y esperar terminar el partido para encargarte de
él en un sitio sin testigos, Grayson. Suficiente espectáculo
haces en el campo ya, ¿no crees? Lo que menos
necesitamos ahora es perder otro defensa a final de
temporada.

Grayson ríe, un sonido rico, profundo y ligero a la vez, que


contrasta con todo en él.

─¿Para encargarme de él en un lugar sin testigos o para


invitarte? ─le pregunta, todavía riendo, mientras le echa un
vistazo de reojo a Pauline y luego a mí ante la ausencia de
respuesta por parte de Tanner, quién lo fulmina con la
mirada tras las rendijas de su casco─. Tú tienes mejores
tetas ─susurra en mi dirección, al pasar junto a mí, antes de
trotar al campo y unirse a los demás─. Eso siempre gana si
sabes usarlas a tu favor. Si ese es el caso, hará lo que
quieras. No te preocupes innecesariamente. 

─¡¿Lo dices por experiencia?! ─grito ya que ahora está lejos


de nosotros.

Él se limita a asentir secamente antes de buscar su posición


en el campo.

Una sonrisa tonta se instala en mi rostro mientras me


pregunto cómo será la chica capaz de manejar a una bestia
como él y si sus tetas realmente tienen que ver con ello,
pero Tanner hace que se deshaga cuando capta mi atención
tirando de mi muñeca para que lo enfrente.

─Aléjate de él. Acaba de ser cedido por la sede de San


Marcos. Nadie sabe una mierda de Grayson Anders a parte
de que juega futbol para hacer sufrir a los del equipo
contrario, más no para ganar, y que su suegro le paga para
que forme parte de los Longhorns ─dictamina─. No importa
si te defendió. No es trigo limpio.
─Lo sé ─susurro en respuesta, acercando mi rostro a las
rendijas de su casco.

Todos los músculos del cuerpo de Tanner se tensan.

Las venas en su cuello se marcan mientras se inclina aún


más hacia mí.

─¿Entonces por qué le coqueteas? ─sisea.

─Porque yo tampoco lo soy ─murmuro, deslizando mis labios


por la barra de metal─. Ni tú.

Sin esperar una respuesta de su parte, me doy la vuelta y


camino hacia las gradas.

FELIZ AÑOOOOOOO

JAJAJAJA amé a Vi 

Espero que el primer capítulo del año les haya


gustado. Los próximos estarán mejores. Lo prometo

¿Qué tal el crossover? Si no saben quién es Grayson,


vayan a Mafia Cavalli (mía también). No se
arrepentirán y la pasarán bien mientras esperan actu
jaja

Las amo y las extrañaba mucho. Lamento haberme


ausentado tanto tiempo, pero la uni volvió y tuve que
enfrentarme a cosas que no estaban en mi agenda.
Las actus serán tan frecuentes como puedan ser
porque de verdad ya quiero terminar la historia

Las amooo

Nos vemos pronto 


Capítulo 44:

Capítulo 44:
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por OscaryArroyo
 
Los días que le siguen a la revelación de mi estudio en el
nuevo ático de Tanner pasan de manera fugaz entre trabajo,
salidas con, supongo, mi especie de amante aunque todavía
no sé si ese término esté bien con nosotros debido a que la
naturaleza de nuestra relación es que no encaja en ningún
tipo estipulado o aprobado por la sociedad, y sexo. Antes de
que me dé cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, ya es
viernes y el nuevo sport bar de Ryland está listo. Aunque no
abrirá todavía debido a que no han terminado con el
papeleo para hacerlo porque Isla y yo acabamos con su
diseño mucho antes de lo estipulado, sus socios harán una
reunión privada para celebrar su apertura. Por más que me
cueste imaginar a Tanner organizando una fiesta por sí solo
ya que todas sus reuniones las hacía Pauline con ayuda de
una organizadora, estoy bastante segura de que con su
dinero se las arreglará contratando a alguien para que todo
salga bien. Mi fuerte no son las personas y él lo sabe, así
que ni siquiera pasa por su mente pedirme ayuda para ello,
limitándose a pedirme que sea su acompañante durante el
evento.

Lo que sí me pide es que llene una parte de su armario con


mi ropa.

Aunque dudo en un principio, debido a la incontable


cantidad de veces que me rapta para venir a su nueva casa,
este se va llenando por sí solo, al igual que lo hace también
un cajón en su baño con mis productos de aseo personal y
algunos espacios en su habitación con mis cosas. Mi
presencia en su ático es tan obvia que realmente nadie que
venga aquí pensaría que Tanner vive solo, lo cual también
pienso por la cantidad de horas que paso trabajando en mi
estudio aquí. También dudé sobre usarlo, pero una vez
probé el escritorio, la luz, los nuevos instrumentos... todo lo
escogido a la medida para mí, como si hubiera sido yo quién
lo hizo...

Se dio por sí solo.

Diseñé como llevaba tiempo sin hacerlo.

Sin pensar, sin ni siquiera tener ganas de pausar mi


inspiración para hacer cosas que se vieron tan banales en
ese momento como comer o lavarme o borrar una línea una
vez estuvo hecha porque todo fue, simplemente, perfecto
desde el momento cero de su nacimiento. Porque puedo no
ser Dios, pero por un momento mis creaciones sobre el
papel fueron diseñadas sin errores y ese don se sintió
sumamente bien a pesar de que su origen es, claramente,
malvado y cruel.

Porque estoy segura de que nunca sabré cuáles son las


verdaderas intenciones de Tanner, al menos no hasta que él
quiera que lo haga y ya sea demasiado tarde para dar
vuelta atrás. Algo en mí, sin embargo, me dice que ni
siquiera él sabe cuáles son y que en el fondo está tan
perdido y confundido como yo, lo que me consuela debido a
que significa que no estoy sola.

Él también se encuentra dentro de este torbellino que nos


absorbió a ambos.

─Estoy lista ─murmuro después de echarme un último


vistazo al espejo de su baño, apreciando la manera en la
que el vestido se ciñe a mi cuerpo hasta que el dobladillo
acaricia mis tobillos. Es una pieza de una ligera tela brillante
en tono coral que sería contraproducente usar si no hubiera
pasado por el gimnasio últimamente. Solo dos delgadas
tiras lo mantienen en su lugar. Una gargantilla dorada se
aprieta en torno a mi cuello y algunos brazaletes del mismo
material están envueltos alrededor de mi brazo. Soy quince
centímetros más alta, pero todavía no tan alta como él, en
un par de finos y puntiagudos clásicos tacones de aguja.
Tanner hace un sonido profundo cuando sus ojos negros
reparan en mí, alzando la vista de los cordones de sus
zapatos de vestir para enfocarla en mí. La manera en la que
luce sin aliento infla mi pecho─. ¿Todo bien? ─pregunto
tímidamente al alcanzarlo, presionando mis las palmas de
mis manos sobre sus frías y pálidas mejillas, sintiendo y
apreciando la suavidad de su piel contra la mía.

La manera en la que me observa, sin pestañear y moviendo


la nuez en su cuello como si no pudiera parar de salivar,
hace que me dé cuenta de que a veces la persona indicada
puede hacerte sentir una diosa con solo una mirada, que es
la manera en la que me siento ahora.

Como su diosa.

La diosa de un rey que se juró a sí mismo no venerar a


nadie.

─No ─responde en un murmuro ronco─. Nada está bien.

Mi frente se arruga, pero sus ojos no pierden ni un poco de


su brillo de apreciación cuando me giro levemente para
verme en el espejo de cuerpo entero en una esquina. Tanner
no tarda en posicionarse tras de mí y presionar su barbilla
contra uno de mis hombros expuestos después de juntar
todo mi cabello rubio tras mi espalda, apretándolo todo en
su mano.

─¿Es el vestido? ─cuestiono─. ¿El color es demasiado?

─No ─repite con el mismo tono de voz gutural─. No es el


vestido, cómo te queda, el maquillaje o los malditos
zapatos. Ni siquiera es lo que llevas debajo de él y solo está
destinado a ser visto por mí cuando termine la noche.
─Presiona sus labios contra mi oreja, sacándome un
estremecimiento─. Es el hecho de que luces tan hermosa y
fiel a ti misma a pesar de estar aquí, conmigo, que me
haces creer que no soy nada en comparación a ti. Que mi
oscuridad nunca opacará tu brillo, Savannah, y no sé si
sentirme intimidado o agradecido por eso, o si me volveré
un adicto a tu resplandor. Es una sensación confusa y
agotadora, sobre todo agotadora.

Ladeo la cabeza suavemente hacia él, por lo que al alzarme


hacia arriba y lograr deshacer el agarre de su mano sobre
mi cabellera con un tirón nuestros labios se juntan. Por el
rabillo del ojo veo nuestro reflejo en el espejo y no recuerdo
haber visto nada que se sintiera más correcto.

─Nunca lo opacará ─prometo─. La luz está atrapada para


siempre con la oscuridad, Tanner. El día con la noche. ─Froto
nuestras narices juntas, recordando la sensación de estar
atrapada con él en un ciclo sin fin desde que nos
conocimos─Si no se tienen mutuamente, ninguna existe.

En respuesta junta fugazmente nuestros labios, mezclando


nuestras exhalaciones, antes de apartarse, dejándome con
deseos de más mientras extiende su mano hacia mí para
que la tome. Su mirada brilla con regocijo ante el hecho de
dejarme deseando más, pero también con molestia ante el
hecho de que no soy la única que preferiría quedarse aquí
en lugar de ir a la celebración de la apertura de su nuevo
bar deportivo, un proyecto que sé que ni siquiera le interesa
como debería, pero al que se sumó para acosarme, y cierto
toque cariñoso y cálido que ha tenido en sus ojos oscuros
desde que le hice el amor en mi nuevo estudio en su casa.

Aunque nuestra química es embriagadora, es esa nueva


conexión lo intenso.

Lo que no sé si pueda manejar.

La certeza de que lo amo.

Como si leyera esa incertidumbre en mis ojos, se adelanta y


toma por sí mismo mi mano. Besa su dorso antes de darse
la vuelta y tirar de mí con él, sus hombros tensos por alguna
razón.

─Vamos.

*****

Ya que el bar de Tanner y de Ryland está en Travis Country,


no nos toma ni cinco minutos llegar a él en su deportivo. No
puedo evitar sonreír cuando rodea el capó del auto,
trotando a la mayor velocidad que puede sin que sea
considerado correr o se vea excesivo, para abrir mi puerta
antes de que yo lo haga. Ya fuera de él siento la mirada de
las personas en el estacionamiento clavándose en mí, ya
que el establecimiento que decoré no es el único aquí, pero
avanzo hacia la entrada sin darles la mayor importancia,
segura de mí misma.

Segura de mi toma de decisiones con respecto a mi


acompañante.
─Felicidades por la apertura de tu nuevo sport bar ─susurro
hacia él cuando estamos a punto de entrar con una sonrisa
juguetona tirando de las comisuras de mis labios─. Desde el
día que me contaste que este era tu sueño, sabía que lo
lograrías. Quién diría que los deseos del pequeño Tanner se
harían realidad un día, pero todo es cuestión de paciencia y
trabajo duro. Ahora que lo has logrado, puedes tomarte un
descanso y retirarte de los negocios para vivir de esto.

Tanner agacha la cabeza para mirarme, su expresión llena


de humor.

Está sonriendo y se ve como si no pudiera dejar de hacerlo.


Mi brazo entrelazado instintivamente con el suyo tampoco
parece molestarle en lo absoluto mientras se inclina para
hablar directamente en mi oído ya que la música del bar,
cuyo diseño elegante y lujoso es la mezcla perfecta entre lo
clásico y la modernidad, hacen que sea difícil que lo
escuche con claridad. No puedo evitar soltar un suspiro
cuando su aroma a limpio y a loción de afeitar llega a mis
fosas nasales. Siempre he adorado que no haya ninguna
colonia opacando su pulcritud.

Tanner no la necesita para que su masculinidad sea tomada


en cuenta.

Al menos no por mí.

─Si tan solo hubieras dicho que sí a decorar mi ático la


primera vez que te pregunté, nos habrías ahorrado esto y
en este momento estarías retorciéndote en mi cama con mi
lengua entre tus piernas en lugar de aquí ─masculla, a lo
que mis mejillas se sonrojan, pero no me acobardo en lo
absoluto, manteniendo la conexión entre nuestras miradas─.
Aburriéndote tanto como yo y forzada a compartir oxígeno
con personas que no nos interesan en lo absoluto.
Ya en el segundo piso, un nivel exclusivo solo dedicado a las
apuestas y con un nivel más bajo de música, un ambiente
más íntimo, me deshago de su agarre y le hablo mientras
me dirijo a uno de los balcones con una copa llena de
champagne en la mano. Tanner me sigue sosteniendo una
copa de whisky a la que no le ha dado ni un solo sorbo.
Cuando llego a la barandilla y apoyo mi espalda en ella, se
limita a verme fijamente a unos tres pasos de distancia.

─Por lo general estás en lo cierto, pero en esta ocasión te


equivocas. ─Brindo hacia él─. Si de alguna manera hubiera
terminado diseñando este establecimiento, de igual manera
habría venido para apreciar la reacción de los demás ante
mi obra maestra. En esta ocasión, sin embargo, debo
compartir el crédito con Isla. ─Mi tono de voz se vuelve
cálido al pensar en mi asistente, a quién no he visto entre
los invitados desde que llegué. A Ryland tampoco─. Yo solo
hice los planos. Ella los trajo a la vida. Lo hizo bien, ¿no
crees? Quizás deba darle un ascenso.

Tanner afirma.

─Estoy de acuerdo con el hecho de que lo hizo bien, pero en


tu lugar solo le daría un aumento y más responsabilidades.
Si con el tiempo compruebas que puede con ellas, quizás
deberías conseguir otra asistente y empezar a ampliar tu
marca con nuevos arquitectos y diseñadores de interiores,
empezando por Isla. Si no funciona, solo cortas su correa,
pero no pierdes a tu única trabajadora de confianza y...
amiga ─suelta─. Cuando te involucras con el personal es
difícil.

Agacho la mirada, procesando su consejo, para luego alzarla


y asentir.
─Creo que tienes razón ─murmuro antes de tomar un sorbo
de champagne.

Mi negocio a penas está empezando y ha ido bien tal y


como va. Confiar en alguien más para la realización de un
proyecto a mi nombre debe ser tratado con el mayor
cuidado posible, incluso si se trata de Isla. Ella va por buen
camino, pero quizás lo mejor es que gane experiencia
despacio y que al momento de dejarla usar mi nombre, esté
segura de que todo irá bien.

Tras oírme, Tanner avanza hasta situarse junto a mí y se


apoya en la barandilla.

─Empiezo a pensar que solo te sientes atraída hacia mí por


lo que te puedo ofrecer profesionalmente hablando
─murmura, negando con una sonrisa tirando de sus finos
labios─. Tienes un don para hacerme sentir usado, ¿sabes?
Con el fútbol, con el sexo, ahora con esto...

─Creo que eres tú quién no puede evitar inmiscuirse de


cualquier forma en mi vida.

Tanner aprieta fuertemente sus labios entre sí antes de


asentir.

─Porque no me dejas opción.

─Yo no te obligo a nada ─río─. Al igual que yo, tomas tus


propias decisiones, entre ellas estar presente en cada
minuto de mi vida y no alejarte cuando los dos sabemos que
deberías haberlo hecho. ─Mi tono de voz se vuelve serio─.
Debes dejar de culparme por sentirte atraído hacia mí. No
es mi culpa robarte la cordura o que tu relación con Pauline
no haya como esperabas.

Ante mis palabras su mandíbula se endurece.


─¿Ah, no?

Niego.

─No.

─¿Entonces no estabas tentándome a propósito cada vez


que usabas algo llamativo en la universidad y me mirabas
con un aletear de pestañas? ─El sonrojo en mis mejillas
crece cuando separo los labios y me doy cuenta de que yo
tampoco puedo mentirle, por lo que no puedo decirle que
querer su atención sobre mí no fue nunca uno de los
motivos por los que me vestía como lo hacía en ocasiones.
Me estremezco cuando se sitúa frente a mí y acaricia el sitio
en el que se encuentra el hueso de mi cadera con los
dedos─. ¿Cada vez que follabas a mis amigos?

Mi garganta está seca, así que tomo un sorbo de


champagne antes de responder.

─Solo fue una vez.

Porque Tanner solo tuvo alguien lo suficientemente cercano


a él en la universidad como para ser considerado su amigo y
aunque me llene de vergüenza admitirlo, sí estuve con él
por eso.

─Aunque para mí eres como la luz, estoy seguro de que


todos los demás tienen motivos para verte como las
tinieblas ─susurra─. A veces creo que eres tan egoísta y
avariciosa que solo eres capaz de ver esta historia, nuestra
historia, desde tu punto de vista, Savannah. Que no tienes
ni idea de cuál fue la intensidad de la tortura a la que me
sometiste todos estos años viéndote sonreír, reír y disfrutar
con otras personas sin tener motivos para acercarme, pero
sí para mantenerme alejado. ─Tanner hace que presione mi
trasero cuando la barandilla cuando sitúa ambos brazos a
los laterales de mi cuerpo─. Al igual que yo no puedo
mentirte a ti, tú tampoco puedes mentirme a mí. No sin que
me dé cuenta. ─Jadeo cuando tanto su rostro al mío que
habla contra mis labios, deseando que termine de acortar la
distancia y me bese. Tanner hace un sonido ronco con su
garganta que suena a aprobación, pero no me complace,
limitándose a pellizcar mi barbilla con una de sus manos─.
Así que espero que ni siquiera se te pase por la mente
decirme que no deseabas lastimarme de la misma forma
que yo te hería a ti.

Lo hago. Abro la boca para contradecirlo, pero


afortunadamente las palabras no salen.

Unos segundos después la mirada intensa de Tanner,


nuestra conversación, se ve interrumpida por la abrupta
aparición de Ryland e Isla. A pesar de que sus ojos
maliciosos y llenos de rencor hacia el pasado que no sabía
que existía me persiguen, prometiéndome que
continuaremos con esta charla más tarde, logro
escabullirme de su agarre y acercarme a mi asistente.

─Felicidades por la inauguración del bar, Ryland. Espero que


puedan conseguir los permisos para abrir pronto ─le digo al
abogado de Tanner, sin pasar por alto la huella del labial de
Isla en la comisura de sus labios─. Iremos a llenar nuestras
copas. Ya regresamos.

Sin esperar una respuesta, me doy la vuelta, arrastrando a


Isla conmigo.

A la lejanía escucho a Ryland comentar:

─Su copa está casi llena.

Y a Tanner responder:
─Interrumpiste una conversación interesante.

─¿Una conversación interesante? ─me pregunta Isla con las


gafas ligeramente empañadas cuando nos detenemos en la
barra y chico tras ella intercambia mi copa medio llena de
champagne por dos nuevas, de las cuales mi asistente toma
una.

Me tomo unos segundos para apreciar la manera en la que


le queda el vestido en tono rosa metálico que ambas
escogimos en línea antes de responder. Yo también escogí
unas cosas para mí, pero todavía no han llegado porque no
escogí el envío rápido. No era una urgencia en mi caso y
realmente solo hice el pedido porque la estaba pasando
bien con ella teniendo un momento de calidad de chicas en
medio de tanto trabajo y Tanner Reed.

─Asuntos del pasado sin responder ─murmuro─. Felicidades


por el diseño. Quedó hermoso.

Isla pone los ojos en blanco.

─Porque lo hiciste tú.

─Pero no se habría hecho realidad de no ser por ti. Con


todos los proyectos que hemos tenido últimamente, has
sido de mucha ayuda. No sé que habría hecho sin ti, la
verdad. ─Le ofrezco una sonrisa sincera─. Mereces un
aumento. El lunes en la oficina hablaremos de ello.

La sonrisa de Isla se vuelve gigante.

─Muchas gracias, Sav. Mis ahorros para mi futuro hogar te lo


agradecen.

Suelto una risita, consciente de que ha hecho algunos


gastos fuera de su rutina últimamente.
─¿Cómo vas con eso?

Isla jadea.

─La última vez que revisé no eran números negativos


todavía, pero estaban cerca de serlo.

Vuelvo a reír.

─Solo tienes que aprender a administrarte bien.

─O dejar de ser víctima de la publicidad de ofertas de


tiendas en línea.

Afirmo, completamente de acuerdo ya que desde que


abrimos la página de ropa desde dónde hicimos el pedido
he estado siendo bombardeada con publicidad bastante
llamativa en ese aspecto a la que muchas veces no he
podido resistirme. No solo estoy esperando la ropa que pedí
con Isla, sino también tres o cuatro paquetes más de
lencería, conjuntos deportivos y prendas que llamaron mi
atención tanto por su precio como por no estar en el
mercado aquí.

─También.

*****

La reunión avanza bien hasta la media noche, que es


cuando los socios y conocidos de Tanner, los cuales también
conocen a Pauline, empiezan a llegar y no puedo evitar
sentirme incómoda cada vez que alguno de ellos le
pregunta por ella y él les responde como si todavía
estuvieran en contacto, diciéndoles que está pasando unos
días con su familia en su pueblo natal. A pesar de que sé
que se están divorciando y que tan privado como es con su
vida privada probablemente quiere guardar el secreto de su
divorcio tanto como pueda, el hecho de que lo haga sonar
como si estuviera aquí esperando por ella me sienta mal y
termino optando por irme a casa en un taxi después de
unas cuántas copas, alrededor de siete o diez.

Perdí la cuenta cuando Isla se mareó y Ryland tuvo que


llevarla.

Estoy caminando sin ningún rumbo en específico por el


estacionamiento, haciendo un puchero con mis labios,
cuando siento su presencia tras de mí. Intensa. Indeseada.
Arrogante.

Malditamente atrayente.

─Savannah, ¿no me habías dicho que ibas a ir al baño?


─pregunta, sonando verdaderamente confundido ya que esa
es la razón que le di para justificar mi ausencia.

Asiento.

─¿El baño no está por aquí?

─No ─gruñe.

Me tambaleo, así que se acerca para sostenerme, momento


justo en el que me inclino hacia adelante para vomitar.
Tanner debe hacerse una idea de lo mortificada que me
siento por ello, pues a penas termino cubre mis hombros
con su chaqueta y me guía hasta el asiento copiloto de su
auto con la mandíbula apretada, viéndose realmente
molesto por el show que estamos dando.

─¿Por qué mierda aceptaste tantas copas? ¿Quién te las dio?

─Nadie ─murmuro, acurrucándome contra el cuero de su


lujoso asiento─. Yo quise llenarme de alcohol para soportar
cada vez que alguien se te acercó para preguntarte sobre
Pauline.

Ante mis palabras parte de la ira en su rostro desaparece.

Tras asegurarse de que esté cómoda en mi asiento, rodea el


capó de la misma manera que lo hizo más temprano. No
habla nuevamente hasta que nos encontramos entrando al
estacionamiento de su edificio, el silencio tenso entre
nosotros.

─Savannah, solo nos cuidaba a ambos de los chismes. Pensé


que lo entendías.

─Lo hago ─susurro, mi mano en la manija de la puerta─.


Siempre te entiendo, pero eso no significa que no duela.

Antes de que pueda bajarme, sin embargo, Tanner me insta


a mirarlo haciendo que ladee la cabeza hacia él
acariciándome el rostro con la mano.

─¿En dónde quedó el no importa nada mientras nada se


sienta mejor que estar juntos?

Me aparto de su agarre, nuevamente molesta.

─Exacto ─respondo─. Mientras nada se sienta mejor que


estar juntos, pero hoy se sintió horrible estarlo frente a
todas esas personas ante las cuales todavía estás casado.

Chicas, las amo y me gustaría hacerles la nota de


autora más larga y extensa que pueda explicando el
por qué de mi ausencia, pero estoy enfermita y me
estoy durmiendo, así que solo les diré que espero
que próximamente las actualizaciones vuelvan a
hacer seguidas y que las adoro 
También reírme un rato comentando que todas están
tan preocupadas de que sea Tanner quién le rompa el
corazón a Sav, que nadie espera que sea ella quién se
lo rompa a ambos  

Love u 
Capítulo 45:

Capítulo 45:
18K 2.5K 1.2K
por OscaryArroyo
 
Los Longhorns le ganan a los Tigers por un amplio margen.
Cualquier crítica sobre el rendimiento del equipo durante la
temporada se desvanece cuando Tanner juega como si
necesitara ganar para sobrevivir, siendo agresivo y letal con
cada uno de sus lanzamientos. El balón gira en el aire como
si estuviera diseñado para hacer realidad todas sus jugadas.
Anders e Ibor también tienen mucho que ver con nuestra
ventaja. Taclean y aplastan a los jugadores del equipo
contrario como si estuvieran hechos del papel, Grayson
siendo tan violento al respecto que envía a más de uno a la
enfermería o al hospital en una ambulancia. Sus oponentes
se pasan todo el juego mirándose entre sí, probablemente
preguntándose si es realmente viable continuar con el
partido si todos terminarán con las piernas o los brazos
rotos cuando no tienen ninguna esperanza de ganar. En
cualquier otro juego alguien como Anders ya estaría fuera,
pero mi defensor juega sucio de una manera que nadie
puede cuestionar ya que cuando hiere a alguien más, lo
hace parecer dentro de reglas deportivas. Es como si tuviera
perfeccionado el arte de pasar desapercibida su violencia y
lo que esté mal con él.

No tenía pensado asistir a ninguna fiesta después del juego,


pero después de lo que sucedido con el pelirrojo junto al
puesto de cervezas no puedo evitar alegrarme, un
sentimiento que nace desde lo más profundo de mis
entrañas, cada vez que su equipo hace una mala jugada o
alguna de las buenas es interrumpida por los enormes
cuerpos nuestra línea de defensa. O cada vez que Tanner
usa su brazo y hace una anotación antes de mirar al sitio en
el que Pauline y yo nos encontramos como si quisiera decir
algo con su usual expresión sin expresión, aunque no tengo
idea de qué es.

Indiferente a cualquier cosa que haya pasado entre


nosotros, choco mi puño con el suyo cuando el juego acaba
y trota hacia dónde Pauline y yo nos encontramos
esperándolo en el estacionamiento para ir a celebrar.

En su caso, su victoria.

En mi caso, la derrota de los Tigers, el cual es ahora el


equipo que más odio dentro de la liga universitaria de fútbol
americano y de todo el mundo deportivo.

─Felicidades ─murmuro─. Fue un juego espectacular.

Tanner se encoje de hombros, restando importancia a su


éxito, con Pauline guindada de su brazo al instante en el
que se detiene junto a nosotras. A duras penas contengo el
impulso de rodar los ojos. A veces se ve como si su relación
fuera una coreografía. Como si cada paso que dieran
estuviera diseñado por el autor de los clichés americanos.
Extremadamente adorables para algunos, asquerosos para
otros.

─Tuve la inspiración adecuada ─dice mirándome fijamente


antes de echarle un vistazo a su novia y sonreír, lo que hace
que el ceño fruncido en la frente de ella se deshaga
mientras le devuelve la sonrisa. Por la forma en la que
Pauline lo mira, me digo a mí misma que soy la única que
escuchó el matiz oscuro de burla en su penetrante voz, al
igual que soy la única que cree que ella está en mi lugar─.
Sin eso no habría ganado.

─Lo hiciste bien, bebé ─murmura ella mientras se pone de


puntillas para besar su mejilla en respuesta, a lo que Tanner
se tiene que inclinar hacia un lado para recibir el contacto
de sus labios─. Todos estamos sumamente orgullosos de ti.

Después de agradecerle con la mirada el cumplido, enfoca


sus ojos oscuros en mí e inclina la cabeza hacia su Raptor
negra a modo de invitación, la cual se encuentra
estacionada al otro lado del patio en el que los vehículos se
aparcan cuando los puestos convencionales se llenan.
Tanner todavía se encuentra utilizando la parte superior de
su uniforme, lo cual incluye sus hombreras, pero ha
cambiado la parte inferior por un par de vaqueros y sus
tacos por zapatillas negras. Salió antes que todos los demás
de los vestidores, por lo que, junto con su olor, el cual no es
precisamente desagradable y percibo cuando se inclina para
abrirme la puerta de la cabina trasera de su camioneta
después de que hace lo propio con su novia, deduzco que
todavía no se ha dado una ducha, lo cual hace siempre al
instante en el que escucha el pitido que da fin al juego.

Mi ceño se frunce al notarlo.

El aseo personal forma parte de sus trastornos de ansiedad.


Debe haber algo carcomiéndolo por dentro o manteniendo
su mente tan ocupada que su TOC queda de lado, pero no
me desgasto a mí misma averiguando qué es. Me limito a
contemplar el exterior a través de la ventana hasta que me
hace girar el rostro hacia él al encender la radio y subirle
todo el volumen, gritando luego en búsqueda de mi opinión,
mirándome por el retrovisor, y la de Pauline. Es una emisora
en español, así que ella no entiende la música y puedo ver
cuán afectada está por ello con su expresión de disgusto.
─¡¿Así está bien?! ─pregunta, a lo que ella intenta bajarle el
volumen, pero él detiene su mano antes de que llegue al
botón─. ¿Savannah? ─insiste en obtener una respuesta de
mi parte, sin gritar, por lo que debo leer sus labios.

Mi garganta se seca ante su exigencia.

Ante la mirada incrédula y molesta de Pauline, quién lo ve


como si no entendiera qué está sucediendo, por qué la
opinión de alguien que no es su pareja es repentinamente
tan importante. La entiendo. Yo tampoco sé por qué o no
tengo ni idea de lo que su novio planea, puesto que Tanner
siempre planea algo.

Ninguno de sus movimientos es deliberado.

Nunca.

Es el ser más calculador y manipulador que conozco.

─Yo.... ─murmuro, tratando de encontrar la forma de salir de


esta sin que nadie salga herido o afectado de ninguna
manera─. Está bien como Pauline quiera.

Podría haber sido una perra y decirle que está perfecto así,
lo que en realidad es verdad porque adoro la música alta
tanto como ella la odia y los tres lo sabemos, pero no soy la
clase de perra que se deja en evidencia de esa manera. Soy
una perra discreta y sutil. Tanner me dedica un mirada
extraña por el retrovisor, entre decepcionada y molesta,
antes de alejar su mano y permitir que ella le baje el
volumen. Pauline lo hace por completo, sumiendo el interior
de la camioneta en un horrible silencio que me hace querer
cometer suicidio dejando de respirar. Nunca había querido
más llegar tanto a mi destino como ahora, lo cual es un
efecto común de los paseos con ambos.
No se lo recomendaría a nadie.

Posteriormente ella vuelve a sentarse correctamente en el


asiento cruzando sus brazos sobre su pecho, lo cual significa
que podría explotar en cualquier momento porque esa es la
posición que adopta cada vez que no está de acuerdo con
algo al punto de no poder soportarlo. Esa expresión de
mejillas infladas y cuello tenso enrojecido. Presiono mis
labios juntos entre sí para evitar sonreír cuando se aclara la
garganta sonoramente antes de soltarlo, dispuesta a dejar
de lado mi odio por las palomitas si alguien me diera
simplemente unas en este momento. Estoy entre disgustada
por tener que presenciar su pelea, por estar de alguna
manera involucrada en ella cuando he estado intentando
huir de ellos por meses, y extasiada porque... bueno.

Esa parte oscura de mí disfruta verlos desmoronarse.

─No tienes por qué ser tan idiota ─sisea, su tono de voz
tembloroso, suplicante y lleno de ira al mismo tiempo, una
combinación que no creí que alguien podría lograr, mucho
menos Pauline, hasta que la escuché salir de sus labios.
Aunque me guste Tanner y yo misma he terminado
pisoteada por su terrible personalidad, siento ganas de
decirle que no se arrastre así por él─. Estábamos bien. La
estábamos pasando bien. No sé qué te hice, pero no es
agradable que me hagas sentir de esa manera de la nada,
Tanner, cuando se supone que ya lo habíamos solucionado
─susurra, obteniendo solo más silencio como respuesta, a lo
que se gira hacia él de manera abrupta─. ¿No contestarás?

La mandíbula de Tanner se endurece, sus puños apretados


con fuerza sobre el volante, el cual no me extrañaría que
pudiera romper en cualquier momento debido a la manera
en la que sus dedos lucen tensos y sin irrigación sanguínea.
Relamo mis labios a la espera de su respuesta, sintiéndome
como la espectadora de un partido de tenis.

Verlos pelear no se siente tan bien como debería, pero


tampoco completamente mal.

─¿Hacerte sentir cómo, Pauline? ─le pregunta, echándole un


vistazo antes de girar abruptamente el volante de una
manera que hace que todos nos agitemos en el interior de
la cabina, cambiando de sentido y yendo en dirección
contraria a su fraternidad─. ¿Cómo si tu opinión no fuera la
única que importara? ¿Cómo si otras personas a parte de ti
tuvieran algo que decir que merezca ser oído? ─Bufa─. Lo
siento, novia, pero no es un sentimiento. Es la realidad que
tanto te niegas en aceptar.

Separo los párpados en una especie de estado de shock.

Pauline abre la boca para replicar al instante en el que


escucha a Tanner, pero a último momento piensa mejor su
respuesta y la cierra solo para abrirla de nuevo tras un
pequeño momento de meditación. Para ese entonces sus
ojos se ven llorosos y apagados. Cansados. Como si llevaran
tiempo discutiendo sin sentido de esta manera.

─Llévame a casa, Tanner.

Él se gira hacia ella, una sonrisa cínica en su rostro.

─Eso hago.

Aunque en parte me cause satisfacción verlos pelear, no


puedo evitar sentir repulsión hacia su actitud y bajarme
junto con Pauline cuando Tanner se detiene frente al edificio
en el que está nuestro dormitorio. Ni siquiera pasa por mi
mente la idea de ir a festejar con él sin ella, no después de
su extraña actitud, pero Pauline la pone ahí empujándome
hacia el asiento copiloto a penas me ve junto a ella.

─No ─dictamina─. Necesito estar sola.

Miro hacia sus ojos marrones con las cejas sumamente


juntas, todavía más confundida con su actitud de lo que lo
estoy con la de Tanner, lo cual es mucho decir.

─Pauline...

─Aunque no puedo estar en la misma habitación que él justo


ahora, necesito que te asegures de que no cometerá
ninguna locura. ─Al ver cómo mi expresión pasa a
preocupada e insegura sobre si hacerle caso o no, la
angustia se apodera de cada centímetro de su cara─. Sav
─murmura mi nombre como una súplica─. Por favor. Siento
que Tanner tiene a alguien más y yo... confío en ti. ─Mi
garganta se cierra. Separo los labios para replicar ya que
definitivamente no puedo irme con él, no con Pauline
sospechando de esa manera y el hecho de que me muero
por su novio prácticamente escrito en mi cara, pero ella me
interrumpe tomando mis manos y apretándolas con tanta
insistencia que me duele─. Por favor ─insiste─. Confío en ti.
Cuídalo por mí.

Trago.

Le echo un vistazo de reojo a Tanner, quién se encuentra


mirando al frente con la mandíbula apretada y
tamborileando sus dedos sobre la cima del volante con
gesto de impaciencia. La música está de nuevo alta y por
eso no nos escucha hablando sobre él. Sospecho que no se
ha ido todavía debido a que la puerta del asiento copiloto
todavía está abierta. Cuando me percibe mirándolo, gira su
rostro hacia mí y yo giro el mío de vuelta al de Pauline,
temiendo dejarme en evidencia de alguna tonta manera.
─¿Por qué crees que tiene a alguien más? ─le pregunto─.
¿Has visto algo?

Ella niega.

─No. Es solo un presentimiento. ─Su rostro se crispa,


contrayéndose, antes de relajarse como si no me acabara
de decir que piensa que Tanner le está siendo infiel─. Quizás
solo está en mi cabeza, Savannah, pero de todas formas...
ve con él, por favor.

Me muerdo el labio con fuerza, sin poder creer estar en esta


situación, antes de responder. Ya no solo se trata de mi
atracción por Tanner, el cual era el caso de unos meses
atrás, sino también de mi especie de noviazgo con Weston.
Yo tampoco soy libre.

Aún así, no puedo evitarlo.

─Me deberás una ─murmuro.

Ella sonríe.

Sus ojos están llenos de alivio, pero sus hombros están


tensos.

─Gracias.

Al igual que yo, le echa un vistazo rápido a Tanner antes de


darse la vuelta y empezar a caminar hacia el edificio en el
que vivimos. Una vez traspasa su entrada, entro en su
camioneta. Sin mirarlo, me abrocho el cinturón y le bajo el
volumen a la radio.

Él no me detiene.

─Eres un idiota.
Tanner no lo niega. En lugar de perder el tiempo debatiendo
lo obvio, arranca.

─No le dije nada que no fuera cierto. ─Sorprendida por su


tranquilo tono de voz cuando se supone que acaba de salir
de la tercera guerra mundial, me giro hacia él con los ojos
abiertos como platos─. Amo a mi novia, Savannah ─dice─,
pero ella no está hecha soportar esta noche ni esta noche
está hecha para personas como ella.

Ni siquiera me molesto en ocultar la sorpresa en mi tono de


voz.

─¿Peleaste con ella a propósito?

Tanner se encoje de hombros.

─Es por su bien.

La ferocidad en sus palabras me hace darme cuenta de que


realmente él piensa eso, que se preocupa por ella de su
extraña y machista manera que no tiene nada que ver con
la realidad actual, pero que Pauline adora que vierta sobre
ella.

Pero ya que no me corresponde a mí opinar, me enfoco en


lo que me concierne.

─¿Qué pasará hoy? ─pregunto─. ¿Qué puede ser tan


peligroso?

Tanner hace una mueca, pero sus ojos sonríen mientras


conduce con una sola mano y abre una cerveza de lata con
la otra, la cual lleva a sus labios antes de contestar.

─No lo sé ─susurra─. Dímelo tú.


Mis cejas se juntan.

─¿Qué cosa?

Tanner deja de mirar hacia el frente para fijar sus ojos


oscuros en mí, el pálido y sonrosado perfil de su rostro
siendo alumbrado por las farolas.

─Cómo quieres vengarte del imbécil que te molestó hoy.

¿Más?, pregunta una voz en el interior de mi mente a la que


no le hago caso.

La misma voz que no oí cuando incendié el auto de Gordon.

─¿No se fue luego de que Anders lo golpeara?

Tanner niega.

─No ─responde, volviendo su vista al frente─. Arregló su


nariz en la enfermería y ahora está en una fiesta privada a
las afueras de Austin que organizaron a última hora.

Mi pecho se oprime cuando un presentimiento me inunda.

─¿Tú?

Tanner curva sus finos labios hacia arriba.

─Necesito que hagas algo por mí esta noche ─dice─. Así que
no importa. Lo que sea que desees que pase con él, está
hecho. Solo abre tu boca y pídelo, Sav.

Miro hacia abajo.

Hacia mis manos, las cuales puedo ver tan sucias y llenas
de pecados.
¿Qué importa uno más?

Cuando tratas con un abusador de esa magnitud, no solo se


trata de ti. Se trata de las chicas que hubieron antes y que
habrán después. En mi caso no les tengo miedo y siempre
he podido defenderme a mí misma porque estoy
acostumbrada a lidiar con ellos, soy una especie de imán
para atraerlos, pero sé que con todas no es así.

─Está bien ─digo, suspirando─. Estoy dentro.

Él asiente, complacido.

─Bien.

Aparto un mechón de cabello de mi rostro y lo escondo tras


mi oreja antes de verlo de nuevo, apreciando por debajo de
mis pestañas su belleza dura y fría, como el acero
inoxidable más resistente al calor, mientras continúa
conduciendo.

─¿Qué es lo que necesitas que haga por ti?

─Nada que te pueda resultar difícil ─promete.

*****

Hay una fiesta en la fraternidad de Tanner cuando llegamos


a ella, pero no hay ningún miembro del equipo de fútbol
presente. Me quedo en su Raptor mientras se cambia,
fijando mis ojos en todos los sujetos borrachos haciendo
desastre en el jardín. Cuando veo a caminar Tanner de
regreso a su auto, siendo interceptado decenas de veces
por fanáticos a quienes tiene que saludar, la baba
prácticamente se desliza por mi barbilla. Está usando una
camisa tipo polo, vaqueros y zapatillas del mismo tono
negro por debajo de su chaqueta de capitán de los
Longhorns, la cual hace contraste con su ropa.

Contengo el impulso de rodar los ojos.

No se cambió antes porque no quería que Pauline


sospechara, pero aún así ella lo hizo.

No hablamos de nuestro plan hasta estar a un par de


kilómetros de la cabaña en medio de la nada a las afueras
de Austin, recorriendo un camino solitario que está
alumbrado por luces que se sostienen a los troncos de los
árboles, escuchando música en silencio.

─¿Llamaste a los chicos?

Tanner asiente.

─Sí, todo está listo. ─Se relame los labios antes de echarme
un rápido vistazo y hacer un cruce. Al final del sendero que
tomamos finalmente soy capaz de ver la cabaña de troncos
entre San Marcos y Austin de Grayson. Cualquiera de los
motivos que se me vienen a la mente cuando intento
descifrar por qué alguien tendría una propiedad como esa
me resulta escalofriante, por lo que no escarbo en ello. No
cuando sirve a mi favor y, no quiero saber─. Si todo sale
bien hoy, mataremos dos pájaros de un tiro.

Tanner vuelve a mirarme al mismo tiempo que yo ladeo la


cabeza hacia él para sonreír, tanto ansiosa como nerviosa.
No solo le daremos a mi abusador una cucharada de su
propia medicina, haciéndolo pagar a nuestra manera, sino
que también lo ayudaré a descubrir quién frogó a Pauline
poniéndome a mí misma como blanco.

─Espero.
Chicaas, las extrañé y las amo, pero mañana tengo
un examen horrible. Espero que nos podamos ver de
nuevo pronto -cries-

Las amo

No olviden comentar y darle amor al capítulo


Capítulo 46:

Capítulo 46:
15.4K 2.4K 2.1K
por OscaryArroyo
 
Barbours Cut es el nombre del terminal más transitado del
puerto de contenedores de Texas, el cual es el más
importante de Estados Unidos en lo que se refiere a tonelaje
extranjero. Está situado en Houston y no tiene ningún tipo
de competencia a nivel nacional. Es allí a dónde se dirige el
buque de carga de Reed Imports anclado en medio del Golfo
de México que Tanner hace detener en su trayecto en aguas
profundas para que los ganadores de la excursión tras el
partido de fútbol con los Kings puedan visitarlo. Cuando el
yate se sitúa a una distancia prudente de él, no puedo
evitar sentirme intimidada por su gran tamaño y el
resplandor del metal, lo que él nota.

Sonríe mientras agita el contenido de su vaso, jugo de


naranja, y se detiene a mi lado para contemplarlo. Lleva
bermudas, un polo blanco, zapatos para navegar y un par
de gafas oscuras que han ocultado su mirada de ojos
oscuros de mí desde que salimos de su casa por la mañana.
Yo utilizo la parte superior de un bikini negro de tiras largas
que rodean una y otra vez mi torso hasta atarse sobre mi
espalda y pantalones anchos blancos en conjunto con
sandalias y un pañuelo de estampado floral en la cabeza.
Los chicos que nos acompañan usan sus trajes de baño o
cualquier prenda de ropa en compañía de esas lindas
sudaderas de natación con el logo de Reed & Campbell
program. A pesar de que acabo de conocerlos, la mirada
esperanzada en sus ojos me hace desear hacer cada uno de
sus sueños realidad.

Me hace querer comprometerme con esto como nunca he


estado comprometida con nada a parte de tener una carrera
exitosa.

─No te asustes. No es tan grande e intimidante por dentro


como parece ─dice mientras toma un salvavidas y me hace
señas para que alce los brazos. Después de que los levanto
y encaja el salvavidas en mi cuerpo, ajusta las correas.
Debido a su cercanía no puedo evitar inhalar su aroma y
suspirar porque tengo buenos recuerdos de la noche
anterior, en la que me recompensó por cuán mal me sentí
durante la inauguración del sport bar. Eso trae una sonrisa
engreída a su rostro─. Pero si aún así tienes miedo, puedes
sujetarte.

A pesar de que no entiendo a qué se refiere, no se toma la


molestia de explicarme. Se dirige a los chicos tras sacar
cinco salvavidas más de una bolsa. Se los ofrece. Se
asegura de que lo ajusten sobre su cuerpo de la manera
correcta y si no lo hacen les indica cómo. Después de que
pasa uno por su cuerpo y ajusta el intercomunicador en su
oído antes de hablar, comprendo sus palabras. El sonido de
movimiento metálico sobre nosotros hace que alce la
cabeza y vea dos pequeños, pero sofisticados botes bajar a
través de poleas. Cuando estos conectan con el agua, dos
conductores los conducen a la entrada del yate. Olivia, una
linda chica rubia extremadamente delgada que va en el
bote con nosotros, se abraza a Xander, el atractivo jugador
de fútbol americano con el IQ de un genio.

De todos nuestros becados, he notado que es con el que


Tanner se siente más identificado debido a que Xan no
solamente deberá cumplir con las exigencias de nuestro
programa, sino también con las de su papel dentro de
Longhorns debido a que cursará en la Universidad de Austin.
Él intenta separase de Olivia ya que sus ojos marrones han
estado puestos en una chica bajita y de cabello azul,
Salomé, que es una prodigio en arte y nos entretuvo a todos
de camino aquí haciendo retratos de cada uno con
acuarelas, inclusive de Tanner, pero ella está tan asustada o
finge estarlo que el agarre de sus dedos sobre su brazo es
de acero. La imito cuando la polea nos sube, gritando y
riendo al mismo tiempo mientras clavo mis dedos en la piel
de Tanner.

─Cierra los ojos ─dice por encima del ruido que hace uno de
sus cientos de buques, no lo sabría decir con exactitud,
mientras aprieta mi rodilla con suavidad─. Si sientes miedo,
solo ciérralos.

Lo hago y me concentro en la sensación de sus dedos


acariciando mi piel. En la brisa salina impactando contra mi
rostro. Las cosquillas en mi estómago me hacen sonreír y no
puedo evitar sentirme como una niña pequeña en a bordo
de una atracción en un parque de diversiones. Me
estremezco cuando nos detenemos con una abrupta
sacudida que hace que el bote se tambalee. Cuando separo
mis párpados, Olivia y Xander están saliendo de él. Ella
entre risitas y él con la mirada desviada hacia la otra nave
en la que Salomé se haya con Gabrielle, una chica de piel
oscura que puede resolver cualquier operación matemática
que pongas ante ella, y Quebec, un adolescente de cabello
rubio desordenado y mirada perdida con antecedentes
penales. Acaba de salir de un reformatorio por clonación de
tarjetas de créditos, pero es un indudable experto en
tecnología.

En conjunto con los otros chicos que no asistieron al viaje,


son tan variados y especiales que no puedo comprender
cómo Tanner los encontró, pero no podría pensar en otras
personas para ocupar su puesto. Todos provienen de
familias con pocos recursos que ellos mismos han intentado
sostener de alguna forma. Alguna de ellas me parten el
corazón, pero todas me han hecho sentir admiración.

Amar más a mi madre y a mi abuela por luchar por un mejor


futuro ya que gracias a su esfuerzo, al esfuerzo de personas
como ellos, lo tuve sumamente fácil en comparación a ellas
y eso es lo que Tanner y yo queremos que tengan. Que
tengan los medios para solo preocuparse por sí mismos.
Para esforzarse, porque aunque muchos no lo tomen en
cuenta, a veces ni siquiera se tiene esa oportunidad. La
oportunidad de demostrarle a todos cuánto vales. No
cuando tu familia muere de hambre. Cuando uno de ellos
está enfermo. Cuando no te han informado de las otras
opciones. No cuando la sociedad te asfixia, exigiendo y
exigiendo tanto de ti que termina impidiendo que lo hagas.

Aunque pueda odiar a Tanner por muchas cosas, cuánto


significa esto para mí es una de las razones por las cuáles
sospecho que nunca veré a nadie de la misma manera que
lo veo a él. Se baja primero que yo del bote y presiona sus
manos sobre mis caderas para estabilizar mis movimientos
antes de que mis pies impacten sobre el piso de metal
debajo. También me ayuda a salir del salvavidas. Al
momento en el que mi cuerpo se encuentra nuevamente
estable, lo primero que hago es cubrir mi frente con una de
mis manos para bloquear el resplandor del sol y observar
los cuatro montacargas sobre nosotros.

Su mecanismo se pierde en el cielo. El grupo se reúne con


nosotros a los minutos y Tanner comienza a darnos una
visita guiada a través de los contenedores en la cubierta del
buque de su compañía. Son sumamente altos, alrededor de
cinco uno encima del otro, y me encojo cuando empezamos
a caminar entre ellos.

─En 1945 mi bisabuelo, el Coronel Schulze de la Alemania


Nazi, firmó un acuerdo con los países aliados. Su confesión y
colaboración a cambio de nuevas identidades para su único
hijo sobreviviente, su esposa y su bebé, mi padre. Debido a
que no les interesaba si morían o vivían después de todo el
daño que ocasionó La Segunda Guerra Mundial, fueron
transportados en un buque de carga como mercancía en
uno de estos contenedores. No comieron más que pan y
agua durante días. El oxígeno a veces les resultaba
insuficiente. No tenían prendas de vestir o medidas
sanitarias adecuadas. Sé que muchos de ustedes dirán que
se lo merecían, lo cual está bien, pero solo quiero señalar
como un hecho que la humanidad nunca dejará de combatir
la crueldad con crueldad. ─A pesar de que no hace
precisamente calor, me abrazo a mí misma a medida que
nos internamos entre los pasillos que forma el metal
apilado. Me hacía una idea sobre los orígenes de la familia
de Tanner, pero nunca pensé que su enlace con la raza Aria
fuera tan profundo. Solo asumí que sus antepasados fueron
inmigrantes, como los míos, y que estos prosperaron
después de haber sido refugiados de guerra, por lo que solo
puedo observarlo con sorpresa─. Cuando llegaron a Houston
solo se tenían a sí mismos. Estaban llenos de mugre,
suciedad y cualquier otra secuela del traslado que tuvieron
y de la guerra. Solo mi abuelo hablaba inglés y a medias.
Vivieron a las afueras del puerto en el que desembarcaron
por días, demasiado asustados de transitar por las calles del
país que tanto los odiaba ya que no podían esconder sus
orígenes, hasta que un capitán se apiadó de ellos y le
ofreció trabajo en uno de sus buques y hospedaje a su
esposa y a su hijo en su casa mientras la mantuviera cálida
y limpia ya que no tenía familia. ─Los chicos guardan
silencio, atentos a su historia, y se detienen frente a la
barandilla cuando él también lo hace, contemplando el mar
con las manos sujetas al acero inoxidable que la conforma─.
Su salario era nefasto, así que a medida que el tiempo
transcurrió mi abuelo empezó a invertir su dinero en traer
mercancía de cada lugar que visitaba, por lo general Medio
Oriente y Latinoamérica. Comenzó con pequeñas cajas de
chocolates de Venezuela que su esposa revendía a sus
vecinas cualquier domingo por la tarde y aunque le tomó
años, ellas terminaron convirtiéndose en cientos de
contenedores a su nombre a la semana. ─Tanner se gira
hacia nosotros para señalar las estructuras de metal con el
logo de su compañía impreso en ellos. Un sentimiento
cálido, pero intenso, se apodera de mi pecho al
contemplarlo. Orgullo─. Esos cientos de contenedores
pasaron a ciento cuarenta buques operativos las
veinticuatro horas del día, los siete días de la semana,
navegando o anclados a algún puerto para liberar o recibir
su carga. Mi abuelo empezó Reed Imports a partir de cero,
mi padre la destruyó y yo hice que volviera a la vida porque
mis antepasados me enseñaron que es posible crearlo todo
a partir de nada y tenía a mi alcance las herramientas más
importantes para el hombre que quiere superarse a sí
mismo: el conocimiento, tanto teórico como el que surge a
raíz del aprendizaje de los errores de otros, y el profundo
deseo de impedir que alguien más dictamine tu futuro
porque sabes que naciste para estar a cargo de él, no las
grandes corporaciones, no quienes te dicen que no podrás y
definitivamente no nadie al que no le importas ni siquiera lo
que vale un grano de arroz con cáscara en oferta. ─Cuando
termina de hablar y ninguno de los chicos dice nada,
demasiados absortos en su historia, se quita las gafas y se
frota los ojos antes suspirar y volver a ponerlas en su lugar,
señalando luego hacia las grúas─. ¿Alguno de ustedes tiene
algún interés real en conocer el funcionamiento de las grúas
o del buque? ─les pregunta, a lo que ninguno responde─.
Porque si no es así, podríamos llevarlos a casa ya, dónde
podrían estudiar y hacer algo útil ya que hasta que no se
gradúen y generen ingresos para devolverme todo el dinero
que depositaré en su educación, son una inversión y no me
gusta perder dinero. Ahora que su tiempo es mi tiempo el
que estén aquí fingiendo que algo de esto les importa es
una pérdida doble para mí.

Ruedo los ojos, pero no quiero ser molesta con los chicos,
por lo que me uno a ellos cuando Tanner empieza a caminar
hacia la polea para volver a los botes que nos llevarán a su
yate. A medio camino, sin embargo, la suave voz de Olivia
hace que todos nos detengamos.

─Esta embarcación está diseñada para el transporte


marítimo de acuerdo a las normativas ISO de los
contenedores. Generalmente sus sistemas son
automatizados, pero noté que la mecánica de las grúas se
quedó unos cuantos siglos atrás. No tienen ningún tipo de
componente eléctrico salvo el usado para su manejo y para
la seguridad. Su mecanismo es simple y creo saber por qué.
─Tanner, a mi lado, se detiene para contemplarla con una
sonrisa de medio lado. Cuando hace un gesto con la cabeza
para que siga, Olivia lo hace─. Mientras menos piezas o
menos complejo sea un sistema, menos posibilidades
tendrá de fallar debido a una de ellas. Prefiere invertir en
mantener cuatro o dos componentes en perfecto estado en
lugar de hacerlo en más que no sabrían si podrían o no
fallar e igual manera requerirían de supervisión y
mantenimiento. ─Cuando todos la miramos en búsqueda de
una explicación, se encoje de hombros─. Entré en la escuela
de ingeniería mecánica. Son nociones teóricas simples. Mi
padre tiene un taller.

─Qué plot twist ─dice Salomé, haciendo reír a los chicos, en


especial a Xander, quién ahora ve a Olivia de manera
extraña también.
Le ofrezco una sonrisa suave a Olivia, cuyas mejillas se
sonrojan. Sé por qué Salomé respondió de esa manera y
aunque todos los demás lucen de acuerdo con ello, yo no lo
estoy. El hecho de que dediques más de un par de minutos
a ti misma frente al espejo no significa que no seas lista o
que no tengas nada que ofrecer, al igual que no lo hace el
que no. Olivia, con su cabello rubio y figura
extremadamente delgada y frágil, es la personificación del
concepto de modelo tonta.

No puedo evitar identificarme con ella.

Con el deseo de querer romper todos los estereotipos.

─Tanner no tendrá ningún problema en continuar el


recorrido por ti.

A pesar de que sus ojos brillan con satisfacción ante la


mente brillante que reclutó, mi socio y malévolo amante
dirige sus ojos negros a mí.

─No, ya dije que no perderé mi tiempo y retractarte de una


toma de decisiones es mucho peor que eso, pero el capitán
de la nave lo hará. ─Presiona su intercomunicador y se aleja
de nosotros, hablando en alemán mientras, sospecho, le da
indicaciones. Cuando regresa se dirige a Olivia─. Te darán
un recorrido completo por todas las instalaciones, además
de pasantías a bordo por el par de días que esté anclado a
Houston. Al llegar allí te traerán más ropa y material para
hacer apuntes. También llamé a tus padres y les pedí
permiso para esto. Están de acuerdo. ─Olivia asiente,
visiblemente emocionada, y Tanner me mira de manera
intensa─. Vámonos.

Acepto su mano cuando la tiende hacia mí.


─Conozco esa mirada ─susurro mientras nos dirigimos al
bote.

Tanner sonríe en mi dirección.

─¿Cuál? ─pregunta.

─La mirada que dice...

─Señor, también me gustaría quedarme ─dice Quebec,


deteniéndose y haciendo que el grupo se detenga también.
Cuando Tanner le dirige una mirada llena de intriga, se
encoje de hombros. Es el único que no está usando la
sudadera de nuestro programa, sino una sudadera normal
con capucha de aspecto viejo─. Siento curiosidad por
sistema de navegación y los componentes eléctricos de la
nave.

No muy convencido con su respuesta, Tanner asiente.

─Como quieras. Llamaría a tus padres, pero no tienes, así


que suerte.

Dicho esto asciende el agarre de su mano a mi antebrazo y


camina con rapidez hacia los botes. Tan rápido que no me
percato de la mirada aterrada de Olivia hasta que es
demasiado tarde y nos encontramos descendiendo hacia el
mar.

*****

Tras dejar a los chicos en la cubierta, Tanner y yo nos


excusamos en tener cosas importantes de las qué hablar
para bajar a los camarotes. No puedo evitar soltar una risita
y sentir la excitación ascendiendo por mi cuerpo cuando
desabrocha el lazo de que mantiene la parte superior de mi
bikini sujeta contra mi cuerpo. Sabe que no tenemos mucho
tiempo, que debemos volver con nuestros becados, por lo
que baja mis pantalones antes de abrir el cierre de los suyos
y se sumerge en mí dentro del estrecho baño. Gruñe cuando
clavo mis uñas en su nuca, demasiado perdida en la
sensación de su pene raspando mi interior como para que
me importe lo que hago o no con mis manos.

─Zorra ─sisea.

─Imbécil ─lo insulto, tirando mi cuello hacia atrás cuando


me embiste más fuerte en consecuencia─. Ni siquiera soy
capaz de sentirte. Hazlo mejor que eso.

─¿O qué? ─pregunta bajando la rapidez de sus estocadas,


pero manteniendo su intensidad. Tiemblo cuando dirige sus
labios a mi oído y me insta a sentarme sobre el lavamanos─.
Después de que tuve que detener la excursión porque no
soportaba la manera en la que me veías, tan hambrienta y
necesitada de sexo, ¿crees que te creeré cuando dices que
no soy lo suficientemente bueno? ─Bufa, enredando sus
manos en mi cabello antes de darme la vuelta y presionar
duramente mi rostro contra el cristal, el cual se empaña con
mis exhalaciones─. Soy un dios, Savannah, pero solo porque
tú me haces sentir como uno, y tú eres mi puta favorita.

─Sí ─jadeo cuando va aún más fuerte.

En contraste con su actitud salvaje, besa la cima de mi


cabeza.

─Buena puta.

*****

Hemos pasado todo el día navegando, por lo que tanto


Tanner como yo decidimos pasar la noche en tierra firme.
Antes de dirigirnos a casa la casa de mis padres en la playa,
sin embargo, pasamos por el mismo restaurante italiano a
dónde fuimos con Weston y Pauline tiempo atrás. En esta
ocasión también estaremos acompañados, pero la compañía
será interesante. En la entrada de él Tanner deja de mirar su
teléfono, vestido todavía de la misma forma, al igual que yo,
para observarme.

─¿Tus amigos tardarán mucho en llegar?

Niego al oír un gritito infantil.

─Ya están aquí.

─¡Savannah!

Me arrodillo en el suelo cuando Samantha corre hacia mí.


Una pequeña niña de rizos rojos y ojos verdes que se abraza
a mi cuello cuando me alcanza, ensuciándome con la arena
que cubre algunos sitios su traje de surf azul cielo. Cuando
me alejo para mirarla, me enseña las conchas marinas que
sostiene. Son caparazones de ostras sin ningún tipo detalle
especial, pero ella las observa como tesoros.

─Tía Sav, mira lo que encontré en la playa ─dice, sonriendo.


Tiene cuatro y es sumamente adorable. Regordeta de una
manera que me hace querer abrazarla sin parar. A la lejanía
veo a sus padres acercarse. Cuando nota a Tanner junto a
mí, arruga la nariz─. ¿Quién es él y por qué se ve como un
camarón? ¿No usó protector solar?

Ahogo una risita, viéndolo de reojo.

─Su nombre es Tanner y sí usó protector, pero su piel es


muy sensible.

─La mía también. ─Su ceño se frunce─. Debes ir al


dermatólogogo.
Tanner hace una mueca cuando toca su brazo, señalando su
rojez.

─Creo que tienes razón. ─Le sonríe antes de dirigir sus ojos
a mí, pero cualquier pregunta que tuviera sobre ella se
desvanece cuando vemos a Anahí y a Hans acercarse.
Ambos usan trajes similares a los de Sam, solo que negros,
y caminan hacia nosotros con las manos entrelazadas. El
cariño con el que él la mira supera cualquier mito de que el
amor se apaga con el paso de los años, creando el suyo
propio de que lo que ocurre es todo lo contrario. Cuando los
reconoce, Tanner arruga la frente─. ¿Todavía mantienes
contacto con estas personas? ─Afirmo─. ¿Por qué? ─insiste
en saber, lo que no respondo ya que Sam nos observa con
ojos amplios, absorbiendo todo lo que decimos como la
pequeña esponja que es, y ellos se acercan.

─Savannah ─saluda Anahí con su característico tono


indiferente y enojado, pero con genuina apreciación
brillando en sus ojos. Cuando estos se posan en Tanner, se
abren con asombro que rápidamente apaga antes de
agacharse para recoger a su niña del suelo─. ¿Reed?

Tanner afirma, dirigiendo su atención a su esposo.

─Hans.

─Tanner ─saluda este con una mueca, mirándome luego─.


¿Por él no has aceptado salir con mis amigos? ¿Es en serio,
Savannah? ¿Acaso fui el único que dejó las dro...? ─Se corta
cuando Anahí lo fulmina con la mirada, recordándole a
Sam─. ¿Qué dejó la palabra con d?

Me limito a reír y a abrir la puerta para que todos pasemos


ya que es Anahí quién responde por mí mientras entra con
Samanatha jugando con sus conchas de otras y guindada a
su cadera. Sus padres son biólogos marinos y pasan dos
tercios de su vida en el mar, así que ella también lo hace. Al
igual que su madre, ambas parecen sirenas con su cabello
rojo y belleza natural debido a que ningún tipo de maquillaje
lucirá mejor que sus pecas y piel sonrosada por el sol. Hans
sigue siendo delgado y desaliñado, su cabello oscuro largo,
pero convertirse en padre y luego en esposo le ha dado ese
aire de hombre de hogar sumamente atractivo y
conmovedor de contemplar.

Después de que Gordon terminó en prisión por violar la


orden de alejamiento que debía mantenerlo lejos de mí,
descubrieron que estaban esperando a Sam. Ambos
terminaron la universidad antes de que Anahí diera a luz.
Querían venir a Corpus Christi para ejercer su profesión en
algunos estudios que se realizaban en aquel entonces sobre
la fauna y flora marina y mis padres querían vender la casa
de la playa porque les enojaba gastar dinero en el
mantenimiento de una propiedad que casi no utilizaban, así
que hice un trato con Larissa. Arreglé que Hans y Ana se
hicieran cargo de ella a cambio de hospedaje. Después de
un par de años ambos pudieron reunir el dinero suficiente
para mudarse y abrir su propio pequeño museo de especies
marinas, además de una pequeña academia de surf que
Anahí maneja porque siempre ha sido una deportista.

Le pusieron Samantha a su hija porque Savannah sería muy


obvio.

He hecho un montón de cosas mal en la vida, pero


ayudarlos no ha sido una de ellas a pesar de que tuve mis
propias razones egoístas para ello. Quise aportar mi grano
de arena y observarlos como si se trataran de un
experimento, supongo, ya que cada vez que me siento mal
por algo pienso en ellos y en cuán felices son a pesar de lo
mucho que tuvieron que luchar para alcanzar dicha
felicidad. Anahí fue abusada y manipulada por su novio,
quién se aprovechó de sus vulnerabilidades para usarla
como quiso. Hans era su camello y la aceptó como moneda
de cambio antes de darse cuenta de lo que sucedía. De que
Anahí no era tan detestable como pensábamos.

Si ellos pudieron, quizás no todo esté perdido para mí.

Me dan esperanza de que llegará el día en el que sea muy


feliz.

─Savannah no aceptó salir con tus amigos porque son


pésimos partidos, Hans ─dice Anahí cuando llegamos a la
mesa, sentándose en el asiento que él echa hacia atrás para
ella. Tanner no hace lo mismo por mí, pero sus ojos no
abandonan los míos hasta que Sam llama su atención
enseñándole sus conchas marinas. Mi corazón se rompe
cuando sus ojos oscuros se enfocan en ella y veo un
profundo dolor en ellos cuando hace todo lo posible por
sonreírle y lucir interesado en lo que la niña dice. A pesar de
que eso no define si lo será o no, no puedo evitar pensar
que sí sería un buen padre y que independientemente de
todo lo que haya sucedido, Pauline fue egoísta. Si Tanner
quería a su bebé, incluso enfermo, al menos debió haberlo
escuchado─. A parte, todos aquí sabemos que ellos tienen
historia.

Hans rueda los ojos.

Yo solo me limito a sonreír ya que fue precisamente por eso,


por su conocimiento sobre nosotros, que los invité aquí,
cansada de estar alrededor de personas que nos señalarían
o juzgarían porque lo que hacemos está mal. Es prohibido y
dañino y aún así no lo siento equivocado. No siento ni un
ápice de culpa o remordimiento.

─Sobre eso, ¿se enteraron de la semana de reencuentro?


─¿Semana de reencuentro?

Anahí afirma.

─La Universidad de Austin hará una especie de festival para


todos sus egresados. Dura una semana a partir del lunes.
Hans no quiere ir, pero yo sí. ─Baja la voz, sus mejillas
tiñéndose de rojo─. Me gustaría ver nuevamente el sitio en
el que todo ocurrió. Quizás ustedes no tengan buenos
recuerdos de esa época, pero fue gracias a esa época que
estoy aquí, que soy feliz, y realmente me gustaría vivirlo
otra vez.

Tanner le ofrece su celular a Sam, quién se sienta a su lado


para jugar con él en silencio. Sin tener ni idea del tipo de
juegos que pueda tener en él, alzo las cejas, pero ella luce
tan feliz y concentrada en la pantalla que no me inmiscuyo.
Sus padres tampoco lo hacen.

─¿Quieres revivir cómo enviamos a tu ex psicópata granjero


a prisión?

Anahí niega.

─No ─susurra, viendo a Hans, quién presiona sus labios


contra su frente mientras habla─. Quiero revivir cómo conocí
al amor de mi vida y cómo finalmente me encontré a mí
misma a pesar de que pasé veinte años de mi vida sin saber
que estaba perdida.

Le sonrío.

─Si no quieren acompañarnos, podemos ir juntas.

Anahí me observa con agradecimiento.

─Eso estaría bien.


─Mami ─la llama Sam, trayendo la atención de todos a ella─.
¿Qué es un ex psicópata granjero? ¿Puedo tener uno para
mi cumpleaños?

Tanto Tanner como Hans gruñen.

─Sobre mi maldito cadáver tendrás uno, Sam ─dice su


padre.

Pero eso solo la hace sentir más curiosidad.

─¡Quiero uno! ─se ríe y tanto Anahí como yo compartimos


una mirada, sabiendo que haremos hasta lo imposible para
que eso no le suceda a Sam y que ambas podemos ser muy
diferentes en muchas cosas, pero que una vez nos unió el
gusto culposo por los chicos así.

Que en mi caso, todavía estoy allí.

Y me encanta.

*****

Después de pasar la noche hablando sobre el museo, al cual


nos invitaron y animaron a visitar la próxima vez que
vengamos a Corpus, y su escuela de surf, la pequeña familia
se despide de nosotros en el estacionamiento. Media hora
después estamos en el interior de la casa de playa de mi
familia. Hans y Anahí se pasan al menos una vez a la
semana por aquí o contratan a alguien para que la limpie,
por lo que todo está limpio, pulcro e intacto. Como si los
años no hubieran pasado desde esa vez que vinimos y lo
descubrí masturbándose mientras murmuraba mi nombre
en el baño. Como esa vez que vinimos y me rompió el
corazón a la horilla de la playa. Entramos a mi habitación
luego de conectar la electricidad y jadeo cuando me toma
en brazos para llevarme al baño. Ambos seguimos
pegajosos, por lo que soy feliz cuando el agua cae sobre
nosotros. Tanto por lo fresca y renovada que me siento
como por la visión que su cuerpo desnudo, mojado y
sonrosado ofrece. Cuando se inclina sobre mí apoyando su
mano encima de mi cabeza sobre las baldosas, junto
nuestros labios.

Sisea cuando paso mi mano por la piel de su pecho.

Sam no exageraba. Tanner se quemó con los rayos del sol.

─Debes aumentar el espectro de tu protector solar.

Tanner niega, alejándose mientras toma una pastilla de


jabón que compramos en la farmacia de camino aquí y la
pasa por su cuerpo. Cuando termina de lavarse a sí mismo,
se acerca a mí y la pasa con suavidad sobre el mío,
tratándolo con más cuidado que con el que trató el suyo
pese a su piel enrojecida. Sus movimientos son delicados y
destinados a alguien que veneras. Que aprecias más allá de
cualquier cosa. Me hacen sentir deseada y a la vez adorada.

Quizás querida.

─Lo he intentado todo, Sav. Haga lo que haga, este siempre


será el resultado de venir a la playa. Creo que servirá más si
consigo nuevos genes para mí. ─Gimo, un sonido que atrapa
con su boca al sus labios encontrase tan cerca de los míos,
cuando desliza la espuma que creó por mis pechos,
contemplándolos y apreciando cómo mis pezones se
endurecen bajo su tacto─. A pesar de que los años han
pasado, nunca he podido dejar de preguntarme cómo algo
tan insignificante como el color de nuestra piel pudo de
destruirnos como lo hizo.

Ante sus palabras, alzo la vista hacia él.


─Tu bisabuelo cometió el error de seguir una ideología atroz
y estoy segura de que pagó el precio. ─Sostengo su rostro
entre mis manos, el agua cayendo sobre nosotros,
obligándolo a verme fijamente─. No tienes por qué sentirte
culpable por los crímenes que él cometió.

Tanner traga, retrocediendo tras retirar mis manos de su


rostro.

─No, pero por los que yo cometí sí.

Hola. Espero que el capítulo les haya gustado <3 

Estaba pensando en retirar la novela para editarla y


luego subirla debido a muchos motivos, pero bueno.
Al final decidí terminarla tal y como está antes de la
edición. Realmente espero que les haya gustado y
que le den amor al cap

Nos leemos pronto 

Love u 
Capítulo 47:

Capítulo 47:
13.4K 2.2K 1.1K
por OscaryArroyo
 
A pesar de que la cabaña de troncos luce pequeña a la
lejanía, cuando entramos descubro que es lo
suficientemente grande como para albergar a casi todo el
equipo de los Longhorns y sus invitados. Algunos de ellos
beben, bromean y pasan en el rato en el patio trasero que
da con una laguna, pero la mayoría se mantiene dentro para
estar a salvo de los mosquitos y bailar. Aprendí la lección,
por lo que no acepto la cervezas que me ofrecen y en su
lugar me dirijo a la cava, dónde tomo una de lata de un six
pack. Tanner me imita, sin despegarse de mí en ningún
momento. Tras darle un sorbo a su bebida, me señala hacia
fuera antes de inclinarse sobre mí para que sea capaz de
escucharlo. Las luces de neón alumbran su rostro. Su piel es
tan clara que el efecto que logran es asombroso.

La imagen que ofrece es arte.

Sus facciones angulosas y déspotas alumbradas con colores


en la oscuridad lo son. Mientras me mira fijamente, me
pregunto a mí misma si él también me considerará como
tal. Si cuando me mira, no puede evitar notar los detalles de
mi rostro y apreciarlo de la misma manera que yo detallo y
aprecio el suyo. Sus pecas casi invisibles. Sus labios finos,
pero tentadores. Su mandíbula afilada y dura. Sus ojos
rodeados de espesas y abundantes pestañas y cejas
oscuras. Su mirada.
─Estaré allá, pero miraré cada uno de tus movimientos
─dice, sacándome de mi especia de ensoñación con tono de
voz fuerte.

Afirmo, de acuerdo.

─Solo seguiré el plan.

─No te desvíes y, por lo que más quieras, no te embriagues.


No estamos aquí por diversión, sino para ponerle fin a dos
depredadores ─ordena─. Puedo protegerte de todo, pero no
de ti misma, Savannah.

A pesar de que no me ve porque se ha dado la vuelta y de


la ira que recorre mis venas al ser comandada de alguna
forma, asiento de nuevo.

El plan.

Lo comienzo a llevar a penas se distancia de mí, sus


hombros tensos mientras se dirige a un grupo en el que
distingo a Frederick. Alzo la mano para saludarlo y el me
devuelve el gesto con un simple asentimiento. Estas fiestas
siempre terminan de manera intensa para mí y ya debería
temerles, pero no lo hago. Nací ansiando el peligro.
Emociones fuertes. Pasión. Cualquier sensación que me
aleje de la Savannah perfecta y apagada pese a su brillo
que dejé en Austin. Tras situarme cerca del sofá en la sala,
le doy un trago largo a mi cerveza antes de empezar a
bailar suave y discretamente junto a él, consciente de que
estoy haciendo lo que Tanner me pidió que hiciera, ser una
presa, pero también de que nadie se acerca a mí porque a
parte de Hans, quién se mantiene con Anahí fumando
marihuana en el suelo, besándola, lo que me hace pensar
que formalizaron su relación después de deshacerse de
Gordon, no siento ningún tipo de conexión amistosa con
nadie más.
Y se supone que debo dar la impresión de estarme
divirtiendo.

Llamar la atención del depredador.

Mi actitud cambia cuando empieza a sonar Or Nah de The


Weeknd.

La canción es una señal por sí sola, al igual que la manera


en la que Tanner no aparta sus ojos de mí, su mandíbula
apretada como si supiera lo que está a punto de pasar, y
me conduce a quitarme los zapatos antes de subirme en la
mesita de madera frente al sofá en el que Grayson se
encuentra con una chica rubia, bajita y voluptuosa
acurrucada contra él. No me mira con interés masculino,
sino más bien con diversión, pero el resto de los presentes
sí lo hacen mientras hago girar mis caderas. La mayoría de
ellos me conocen, la mayoría de ellos han terminado con el
corazón roto por culpa de mi desinterés después de
comprobar que no eran tan buenos como pensé, y una
chispa de deseo se enciende en sus ojos mientras se
acercan.

Grayson ríe, animándome, cuando deslizo mi sudadera


fuera de mi cuerpo. Por el rabillo del ojo noto a Ibor apoyado
contra la pared del pasillo, en vaqueros y camisa,
sonriéndome mientras niega con una cerveza en la mano.
Sigue sin haber rastro de Weston y ya me estoy empezando
a preocupar al respecto. Cuando guío mis manos a la
cinturilla de mis pantalones cortes, la multitud ruje, pero no
los complazco. Me muerdo el labio y acepto la mano de uno
de ellos para ayudarme a bajar de la mesa. Grayson se
separa de su chica, levantándose, para murmurar en mi
oído antes de volver con ella, quién me mira con molestia y
sumamente enfurruñada. Es una porrista y la reconozco del
campus de nuestra universidad en San Marcos.
─Tienes un deseo de muerte ─dice con un tono lleno de
advertencias─. Eso me agrada, pero todos los hombres
tenemos un límite y tú estás muy cerca de quebrar el suyo.
El capitán puede aparentar ser un iceberg todo lo que
quiera. Tanto tú como yo sabemos que solo son apariencias
y que solo mantiene congelada a la bestia, ¿a caso tú
quieres liberarla?

Le sonrío.

─Si no lo rompo el iceberg, ¿qué me diferenciaría de las


otras?

Anders hace una mueca, retrocediendo mientras alza las


manos.

─Tienes un punto ahí, ¿pero eso te haría feliz? ¿Lo quieres


en trozos?

Me relamo los labios.

─Lo quiero como pueda tenerlo.

Alza las cejas antes mi respuesta, volviendo al sofá. Ya que


mi cerveza está vacía y los ojos de todos siguen en mí,
tomo otra antes de correr en dirección al patio, dónde
Tanner todavía permanece y luce como si estuviera a punto
de sufrir un infarto a raíz de la ira. Suelto una risita mientras
dirijo mi atención al equipo de animadoras. Si hubiera
querido no solo habría sido parte de ellas, estuviera
comandándolas, pero lo más importante para mí es mi
carrera. Mi carrera y un demonio de ojos negros. Su
capitana, Elizabeth, me mira con párpados entrecerrados.
Su cabello castaño ondea con la brisa nocturna. Es alta y
delgada.

Es de primer año, pero es una estrella olímpica.


Nunca olvidará que fue la segunda opción después de mí.

─¿Por qué no nos bañamos en el lago? ─propongo.

Ella se muerde el labio y empieza a negar, pero sus amigas


la arrastran afuera debido a que están aburridas porque sus
chicos se encuentran charlando con otros miembros del
equipo. Todas corremos hacia el agua con silbidos y halagos
que no sabría si contar como halagos o no debido a su
obscenidad antes de deshacernos de nuestra ropa y
sumergirnos. Cuando una de ellas se quita la parte superior
de su uniforme, dejando al aire sus tetas mientras eructa,
todas las demás la imitamos por hermandad. Solo en tanga,
me sumerjo por completo en el agua. Está fría y un poco
lodosa, pero incluso así la encuentro agradable. Me fijo en el
resplandor de la luna sobre ella mientras me empapo por
completo.

─¡Está fría!

─¡Está helada! ─ríen.

─Dios, creo que algo me mordió el pie ─llora Elizabeth, lo


que nos hace reír aún más fuerte debido a que todas
sentimos las algas chocar contra algún sitio de nuestro
cuerpo, las cuales no son precisamente tiburones.

Después de sumergir un par de veces mi cabello tirando de


mi cabeza hacia atrás, me estremezco al ver a Tanner y a su
amigo silencioso de pie frente a mí. Hay varios
espectadores, pero solo ellos permanecen cerca. Me
contempla fijamente y sus facciones se aprietan aún más
cuando sonrío, ladeando la cabeza para invitarlo a entrar. Él
niega.

─Hola, Reed ─coquetea Elizabeth, sin importar que ya esté


con alguien más. No puedo juzgarla─. ¿Por qué no entras?
Acompáñame.

Arrugo la frente ante su acento insinuante, pero Tanner hace


que lleve mi mirada nuevamente a él cuando habla otra vez
con tono de voz plano.

─Porque están dentro de en un criadero de cocodrilos.

Pongo los ojos en blanco cuando todas empiezan a gritar y a


salir del agua alegando haber sentido algo, como Elizabeth
lo hizo en un principio, causando una estampida de porristas
semidesnudas que llama aún más la atención de los
invitados. Soy la única que queda dentro y no pienso salir,
por lo que floto sobre el agua a pesar de sus gruñidos.

Ellos son música para mis oídos.

─Savannah, esto no formaba parte del plan ─sisea.

Abro uno de mis ojos para mirarlo.

─¿No quería que llamaras la atención del hombre que está


drogando a las chicas de tu fiesta? ─pregunto, mi voz
sonando relajada y lenta debido a que estoy bebiendo
cerveza desde el partido, por lo que mi cuerpo está laxo y
desinhibido─. ¿Esto no es lo que deseabas?

─Sí, pero...

─En realidad creo que estás haciendo un buen trabajo ─lo


corta Frederick, su voz ronca mientras se concentra en mi
cuerpo desnudo.

Sonrío mientras lo empapo un poco más con agua, flotando.

Pero aunque lo esté haciendo bien, se supone que debo


estar en un lugar dónde piense que soy vulnerable, lo cual
no es aquí o cerca de ellos. Tras nadar un poco más,
comienzo a salir del agua consciente de la manera en la que
esta se desliza por mi piel desnuda, mis pezones erizados
debido al frío. Me quejo cuando Tanner me envuelve
rápidamente en su chaqueta de capitán del equipo, otra que
probablemente destrozaré si me la quedo, y no conforme
con eso se pone a cerrar sus botones metálicos con la frente
sumamente arrugada.

─Pareces un pug ─le digo mientras presiono mi dedo contra


ella.

Tanner gruñe.

─Pareces ebria.

Hipo.

─Quizás lo estoy.

─Te lo advertí. Creo que la principal razón por la que te


metes en problemas en este tipo de fiestas y por las que
terminas involucrada con... gente como yo, como Gordon y
como el hombre que te drogó, es porque te pones a ti
misma al alcance del peligro una y otra vez. ─Tras abotonar
el último botón, el que prácticamente asfixia mi garganta y
las personas no suelen abrochar, me contempla fijamente─.
¿Qué es lo que está mal en ti, Campbell? ─interroga,
acercándose aún más de tal forma que el aire abandona mis
pulmones y comienzo a sentir el pulso en mi cuello latiendo
contra la piel de este, haciéndome difícil tragar y respirar─.
¿Por qué esos lindos ojos grises piden a gritos ser
lastimada?

─No lo hacen ─murmuro.

Tanner bufa, su aliento impactando contra mi rostro.


Tiemblo.

─Diría que es porque quieres morir, pero creo que lo que en


realidad buscas es sentirte viva ─responde por mí mientras
me mira fijamente, nuestras narices chocando entre sí, por
lo que parecen eternos segundos antes de apartarse─. Ve
adentro y vístete. La noche a penas empieza.

A pesar de que he contradicho a Tanner un montón de


veces, esta vez no lo hago. Tiene razón. A pesar de que es
temprano todavía, ni siquiera son la una de la mañana, han
pasado dos horas desde que llegamos y ninguno de
nuestros objetivos se ha cumplido, pero siento la adrenalina
adueñarse de cada rincón de mi cuerpo. De cada poro de mi
piel. De cada terminación nerviosa. Tras inclinarme para
tomar mi ropa del césped sin agacharme, lo que lo hace
gruñir de nuevo por la forma en la que mi culo queda
expuesto para él y Frederick, entro en la cabaña.

*****

Me reúno con Elizabeth y las animadoras después de volver


a ponerme mi ropa. Charlamos en el pórtico, por lo que
presencio en primera fila cómo el chico pelirrojo de
Princeton que me asaltó en los puestos de cerveza durante
el partido y que ha estado alejándose kilómetros de mí toda
la noche, como si fuera radioactiva, se acerca con su grupo
a una figura femenina buscando su teléfono en uno de los
arbustos del bosque. La parte superior del cuerpo de ella
está oculta entre las ramas. Les señalo el espectáculo a mis
acompañantes y aunque algunas de ellas se ponen de pie
para socorrer a nuestra compañera de género antes de que
algo suceda, las obligo a sentarse y a contemplar el
espectáculo.
Cuando el universitario que se propasó conmigo pone su
mano en su trasero y alza su falda rosa con bordado floral,
se echa hacia atrás con evidente horror en su expresión.
Todas reímos cuando su víctima se levanta, saliendo del
arbusto, y este descubre que es aún más alto que él. Más
grande. Más intimidante. Más malvado y retorcido. Grayson,
luciendo espeluznante dentro de un vestido, le sonríe
ampliamente. Solo tuvimos que decirle que tendría la
oportunidad de golpearlo de nuevo si caía en nuestra
trampa para convencerlo, a lo que accedió.

Realmente está sediento de sangre como para no haberle


importado usar un vestido frente a todos, pero en contra de
lo que pensé que sucedería, nadie se ríe al respecto.
Después de haberlo visto jugar y del daño que es capaz de
causar, no fingiré que no entiendo por qué.

─¿Qué te dije sobre tocar a las putas de los Longhorns? ─le


pregunta señalando el broche sobre su pecho con la insignia
del equipo.

Llamándose a sí misma puta.

El chico traga cuando sus amigos lo abandonan,


retrocediendo. Debido a la mala experiencia que ha tenido
hasta el momento con Anders se deja hacer, pero grita
cuando este toma su mano y la lleva a sus genitales tras
arrojarlo al suelo y presionar su rostro contra el césped con
la suela de su zapato, tirando de su brazo hacia atrás. Me
doy cuenta de que ha aprendido la lección, no sobre ser un
abusador porque esa no la entendió a pesar de su nariz
rota, sino sobre cómo se siente ser víctima del abuso, la
agresión y el acoso, cuando noto las lágrimas deslizarse por
sus mejillas. Si no sentirme culpable y disfrutar de esto me
hace un monstruo, que así sea. Prefiero ser el monstruo que
acabó con otro monstruo antes de que hubiera otra víctima
que una más de estas.

─¿Te gusta tocar? Entonces toca ─le exige mientras tira de


su brazo hacia arriba aún más, dislocando su hombro, y el
resto del equipo se acerca para ocupar su lugar, incluido
Tanner, y hacerlo llorar más.

*****

Me sentí profundamente satisfecha cuando Tanner arrastró


a cada miembro y fanático de los Tigers a sus autos,
despachándolo con ayuda de sus secuaces.
Lastimosamente todavía no hay señales de la persona que
haya estado drogando a las chicas en sus fiestas. Nadie me
ha ofrecido ningún tipo de bebida que no provenga de su
envase original sin alterar y realmente todos lucen tan
felices y a gusto de ser comandados por Reed que no
sospecho de ninguno de ellos. Por la manera en la que nos
observan discretamente a todos desde el sitio en el que se
hayan, tanto Hans como Tanner se mantienen alerta no solo
de mí, sino de todas las chicas dentro y fuera de la cabaña
de Grayson.

Estoy bailando No Lie de Sean Paul y Dua Lipa cuando


siento un par de manos adueñarse de los movimientos de
mi cintura. Cuando abro los ojos descubro que la última
pareja que se encontraba cerca de mí ha ido a buscar un
lugar en el que terminar de pasarla bien, dejándome a
merced del hombre que se encuentra tras de mí. Intento
girarme, pero este impide que lo haga apretando con más
fuerza sus manos sobre mi piel. Dirige nuestros
movimientos hacia el pasillo, dónde me empuja hacia una
de las habitaciones. Intento buscar a Tanner con la mirada,
pero no lo encuentro en el lugar que ha estado ocupando a
las afueras de la cabaña de Grayson durante toda la noche
y desde dónde podía mirarme. Al encontrarnos en la alcoba
con solo una cama con un edredón de mariposas, lo que no
tiene sentido porque no me imagino a su dueño durmiendo
ahí, finalmente puedo ver a mi agresor. Retrocedo al notar
que no se trata del chico de los Tigers o de cualquier
desconocido que busque drogarme, sino de Gordon.

Quién violó mi orden de alejamiento en su contra.

Retrocedo hasta que mi cuerpo choca contra la pared de


madera.

─¿Asustada? ─pregunta─. ¿Por qué crees que tienes motivos


para estarlo, puta asquerosa y mentirosa? Ambos sabemos
que cuando entraste en mi auto, sabías lo que querría de ti
y aún así le hiciste creer a todos que no. Que eres inocente
cuando medio campus se ha acostado contigo. ─Palpo la
pared en busca de cualquier cosa para atacarlo, pero no
encuentro nada. Cuando separo los labios para gritar, sonríe
y cubre mi boca con su asquerosa mano─. No ─dice─. No
pierdas el tiempo. Anders tiene cada habitación
insonorizada. Ya lo probé.

Para dejar claro su punto, grita, haciéndome estremecer.

Mis manos están sueltas, por lo que rápidamente les


encuentro uso empujándolo hacia atrás a pesar del temblor
que las asalta. Gordon es más grande, sin embargo, y no
logro moverlo. Mis esfuerzos por apartarlo solo aumentan el
brillo enloquecido en sus ojos. Sonríe cuando dejo de luchar
contra él, rindiéndome momentáneamente, y guía mis
manos a la cima de mi cabeza ejerciendo presión con una
de las suyas.

─Reed no aparecerá. Hans, el camello, tampoco. Ibor se fue


temprano. Weston no vino. Ninguno de los hombres con los
que te acuestas podrá salvarte esta noche ─ríe─. Todos
están alrededor de Elizabeth. La elegí esta vez a ella para
distraerlos. ─Mi garganta se cierra cuando me doy cuenta de
que ha sido él quién ha estado detrás de las chicas
drogadas. De haber drogado a Pauline. A mí. Todo debió
haberse tratado de un retorcido contragolpe hacia mi
venganza─. Lo peor del asunto es que no pueden llamar a la
policía, ¿sabes? Si lo hacen también irán a prisión.

Mis ojos se humedecen, puesto que Gordon tiene razón.

Podría hacer un montón de cosas y nadie diría nada porque


arrastraría tanto a Tanner como a Hans, por lo que solo les
queda defenderse por sí mismos. Defenderme por mí
misma. Cuando Gordon menos se lo espera, abro la boca y
encajo la palma de su mano entre mis dientes. Intenta
alejarla, pero no dejo de ejercer presión hasta saborear su
sangre. Cuando me suelta salto sobre la cama y corto la
distancia que hay hacia la puerta. Llego a ella, por fortuna,
y la abro. Mi corazón está descontrolado y solo puedo
pensar en llegar a alguien, por lo que no miro atrás. Tanner
tenía razón. Por mucho que me cueste aceptarlo, tenía
razón al estar paranoico acerca de mi seguridad y pensar
que vendría tras de mí pese a la orden de alejamiento. Corro
hacia el exterior de la casa, chocando contra un montón de
cuerpos que antes no estaban ahí, y me detengo al golpear
uno de ellos que reconozco por su aroma cuando mi nariz es
presionada contra él. Tanner me separa de sí presionando
sus manos sobre mis hombros y mirándome.

No logro identificar la emoción en sus ojos oscuros.

¿Miedo? ¿Preocupación?

─¿Qué pasó? ─exige saber.

─Gordon ─susurro luego de tragar un par de veces para


deshacer el nudo en mi garganta─. Es Gordon quién está
drogando a las chicas. Me llevó a una de las habitaciones de
la cabaña y lo confesó.

Tanner también traga. No es hasta que me rodea con sus


brazos y me aprieta contra su pecho que me doy cuenta de
que estoy temblando sin parar. Inclina la cabeza hacia Hans
y Frederick y estos se dirigen al pasillo del cual acabo de
salir, pero regresan con negaciones de cabeza.

─Se fue ─dice el camello─. No hay rastro de él.

Frederick golpea su pecho.

─Pero ya no tiene auto y la chatarra que usa a penas


alcanza los cuarenta kilómetros por hora. ─Su comentario
me hace sonreír, puesto que darle ese auto destartalado a
Gordon fue una de las mejores cosas que hice en la vida─.
Todavía podemos alcanzarlo. Vamos.

Hans afirma, siguiéndolo.

Yo sorbo por la nariz y me separo de Tanner.

─Violó los términos de la orden de alejamiento.

Tanner asiente.

─Te dije que lo haría ─me recuerda, pero su tono de voz es


suave mientras lo hace─. No puedo acudir a la policía por el
asunto de las drogas, Sav, lo siento. Solo lo puedo resolver a
mi manera. ─Relame sus finos labios─. Me gustaría animarte
a denunciarlo, pero estoy seguro de que nadie más que tú lo
vio. Solo sería una pérdida de tiempo. Es mejor que me lo
dejes a mí. Te prometo que me encargaré de que se
mantenga alejado. ─Mi pecho se oprime cuando esconde un
mechón de cabello tras mi oreja, recordándome que dejé mi
gorra en su camioneta. La música sigue sonando, solo que a
un volumen mucho más bajo. Sweater Weather de The
Neighbourhood─. Déjame cuidar de ti.

These hearts adore, everyone the other beats hardest for

Inside this place is warm

Outside it starts to pour

Niego, descendiendo la mirada, pero Tanner me obliga a


alzarla encajando sus dedos en mi barbilla y moviendo mi
cabeza con suavidad.

Las luces de colores siguen encendidas, así que sigue


siendo arte.

La imagen que ofrece, que ofrecemos, lo es.

Es una lástima y una virtud que nadie esté aquí para verlo.
Para comprobarlo de la misma manera en la que yo lo hago.
Para que me haga saber que no estoy loca y que la magia
que siento no es ficticia.

Que Savannah y Weston es una equivocación.

Que Pauline y Tanner es una aberración.

Que esto, nosotros, es todo lo que encaja y que está bien.

─No quiero necesitarte ─susurro.

Cause it's too cold

For you here

And now, so let me hold

Both your hands in the holes of my sweater


─No es dependencia, Savannah. Es una simbiosis. Ambos
necesitamos acabar con él. ─Ladea la cabeza, restándole
importancia con un encogimiento de hombros como si
destruir a alguien fuera su primera tarea del día todos los
días. Sospecho que puede ser así y maldigo la fecha en la
que me tocó a mí conocerlo─. Solo te estoy pidiendo
permiso para tomar tus razones y hacerlas mías, pero es
solo cordialidad. ─Se distancia de mí cuando el oxígeno
entre nosotros se acaba. Lo sé porque nuestros dedos se
rozan por accidente y ambos dejamos de respirar,
desviando la mirada hacia otros lugares─. Lo aplastaré de
todas formas.

Niego, tomando su mano cuando empieza a distanciarse. 

Robándonos el aliento de nuevo.

Ignoro el dolor en mi corazón cuando Tanner la desliza fuera


de mi agarre al momento en el que mis dedos lo tocan, casi
como si no lo soportara. Como si no soportara entrar en
contacto con mi piel. Como si no soportara lastimar a
Pauline porque a pesar de que estemos conectados por
tantos secretos oscuros, es ella a quién ama.

Es ella su luz.

Su alivio.

Yo solo soy perdición.

─No, no te vas a ensuciar más las manos ─le digo─. Hay otra
forma.

─¿Cuál?

─Hacer que rompa la orden de alejamiento de nuevo. 


Hola, chicas, espero que el capítulo les haya
gustadooooo

Nos leemos pronto de nuevo

El presente cada vez está más caliente 

Love u 

No oliven seguirme en Instagram y Twitter como


oscaryarroyo para info, adelantos y fandom. También
está el grupo en Facabook Leemos a Osc
Capítulo 48:

Capítulo 48:
13.7K 2.5K 3.6K
por OscaryArroyo
 
Paso el resto de la semana alistándome para el baile de
recaudación de fondos del estadio de los Rangers, los
últimos cinco días que espero tener que trabajar para Jason.
Además de desperdiciar horas que no tengo sacando copias,
sirviendo su café y atendiendo llamadas en la constructora,
estoy cansada de pararme frente al espejo y ver mi cabello
rubio. Durante los primeros días fue un cambio agradable,
diferente, pero ahora solo es molesto y nada de ello tiene
que ver con la manera en la que Tanner crispa su rostro
cuando se fija en él. Hoy es viernes y sé lo que pasará
mañana, así que no puedo evitar sonreír ante el último
intento de coqueteo de mi desagradable jefe. El castaño de
ojos claros toca mi mano cuando la llevo al pomo de la
puerta de su oficina, a dónde entré para darle el resto de su
agenda de la tarde antes de irme para nunca más volver.
Incluso si Cynthia no testifica en su contra, la grabación que
hice es suficiente para que LDSW Inc quiera evitar un
escándalo y tome cartas en el asunto, echándolo y
compensando a todas sus víctimas antes de que estas lo
lleven nuevamente a juicio de forma masiva y pública,
incluyéndome.

Con los abogados de Tanner, puedo demandarlo incluso por


tocar mi mano como lo hace en este momento. Ante esta
conclusión no puedo evitar reír al recordar cómo ha pasado
el último par de días preguntándome si quiero añadir algo a
la información que le dimos a Ryland y a su equipo. Si
demandar a Jason por otras cosas. A pesar de que sé que es
capaz de hacerlo y de ganar, no puedo evitar pensar que
solo lo usó como un argumento para saber si me había
tocado.

De ser así, algo me dice que Tanner se habría encargado él


mismo.

─Lo siento ─se disculpa, su tono de voz diciendo que no lo


hace.

─No te preocupes. ─Bato mis pestañas hacia él─. ¿Nos


vemos mañana? ¿A qué hora pasarás a recogerme?

Jason se relame los labios antes de responder.

─A las ocho ─responde─. ¿Qué tal si luego vamos a mi


apartamento a tomarnos algo? Tengo una buena botella de
vino sin abrir.

Trago la bilis que asciende por mi garganta.

─Claro.

Dicho esto, termino de salir de su oficina debido a que mi


actuación tiene límites y permitir que el hombre que me
robó el mérito del diseño de un estadio de béisbol, además
de ser un acosador y abusador, se acerque es uno de ellos.
Tomo mis cosas del escritorio, cualquier pertenencia que no
quiera dejar atrás para aparentar, y camino en dirección al
elevador intentando no delatar mi entusiasmo, pero cuando
llego a él este se abre y los ojos enloquecidos de Cynthia se
encuentran con los míos. A pesar de que es baja y delgada
como un palo, logra empujarme a su interior debido al shock
que sus acciones me generan. Acaricio mi hombro dolorido
por haber golpeado una de las paredes metálicas mientras
descendemos a planta baja.

─Sé lo que pretendes ─dice y por un momento creo que se


refiere a destruir a Jason, pero luego recuerdo su amenaza
sobre acercarme a él con otras intenciones─. Y no te lo
permitiré. Pensé que eras como las otras, pero hoy los vi y
has estado todo el día sonriéndole.

Hago una mueca.

Sonriedóle no, sonriendo.

─El padre de tu hijo no tiene nada que ver con eso ─digo y
se congela, puesto que estoy segura de que casi nadie, por
no decir nadie, sabe sobre Jackson. Me mira con ojos
amplios mientras se aparta─. Tengo otros motivos por los
cuales sonreír así. ─Cynthia no tiene ni idea de cuáles son
mis planes. Tanner no la contactará hasta mañana porque
no quiere que termine yendo a contarle todo a Jason. Para
cuando él lo haga, ya será muy tarde para que lo salve. Las
puertas del ascensor se abren y salgo de él. Antes de que se
cierren de nuevo, la miro por encima de mi hombro─. Y así
como te has tomado la libertad de lastimarme, me tomaré
la libertad darte un consejo: Jackson tiene suficiente con
que uno de sus padres no lo ame por encima de todo. No
seas tú el segundo de ellos. Digas lo que te digas a ti
misma, Jason no merece el primer lugar en tu corazón. No
cuando te trata con el mismo cariño que le tiene a su
alfombra. Entiendo que te mueras por él, de verdad lo hago,
pero tu hijo no lo hará.

Dicho esto, me alejo de ella y me dirijo a la acera sin


quedarme para contemplar su reacción porque es doloroso
cuán familiarizada me siento con ella. Espero que Tanner
llegue. Sin poder evitarlo, una parte de mí me grita que
haber visto a Cynthia fue como verme a mí misma en un
espejo. El sentimiento agridulce en mi pecho se esfuma
cuando mi celular suena y lo alzo para ver el mensaje de
Malcolm, quién lleva sin hablar conmigo desde el juego en
Houston. Mis labios se curvan hacia arriba cuando
experimento alivio ante el hecho de que no está molesto
conmigo. Dicha sonrisa se deshace cuando leo.

Malcolm: Me están preguntando si traeré algún tipo de


acompañante durante el resto de la temporada para las
reservaciones de hotel y los boletos de avión, pero no he
recibido tu respuesta todavía.

Empiezo a escribir, pero algo hace que me detenga.

No puedo decirle que sí.

Pero tampoco puedo decirle que no.

Es mi único amigo. No quiero perderlo y tampoco quiero


perder a Tanner. Su advertencia con respecto a su hermana
fue clara. A pesar de que Malcolm y yo solo somos amigos,
nos besamos frente a él y ahora este quiere que lo
acompañe de hotel en hotel alrededor del país. No puedo
culparlo por sospechar sobre sus sentimientos hacia mí, los
cuales pensé que solo debían a nuestra buena amistad.

No cuando yo misma estoy haciéndolo.

Antes de que pueda responder, me llega otro mensaje de él.

Algo en común que tiene con su hermano.

Malcolm: Olvídalo. Les dije que sí irás.

Malcolm: Sea cual sea tu decisión, la respetaré, pero llevo


días intentando encontrar la manera de pedirte que vengas
conmigo. Por eso no te he hablado. Porque tengo la
esperanza de verte en cada partido de lo que queda de la
temporada. Tanner tiene razón. No sé qué haré si no le doy
a los Kings el Super Bolw. Todos confían en mí para eso. No
quiero depositar esa carga sobre ti, pero eres la única
persona que me importa y que todavía me mira como si
fuera más que un jugador o como si no esperase nada de mí
a parte de... yo. Verte en las gradas o saber que después de
cada victoria o pérdida habré recibido un mensaje, flores o
una llamada de alguien que se molesta en escucharme me
permite respirar en medio de tanto humo.

Malcolm: Eres el único elemento en mi vida que no ejerce


presión sobre mí, Sav, y habría muerto internamente si no
te lo decía.

Malcolm: Si no decía que te quiero allí.

Sin estar lista para responder, cierro nuestra conversación y


guardo el teléfono en mi abrigo. Alzo la mirada hacia Tanner.
A diferencia de los otros días, no viene a recogerme solo.
Anahí, Hans y Sam se encuentran en el asiento trasero de
su auto. Él mismo está conduciendo y fija sus ojos molestos
e irritados en mí. La pequeña familia llegó ayer y se
quedaron en mi departamento, pero toda la mañana han
estado haciendo recorridos con Sam en la ciudad. Por
alguna razón Tanner se ofreció a llevarlos a todas partes,
pero ahora veo en sus ojos oscuros cuánto se arrepiente de
ello.

Abre la puerta de copiloto para mí desde dentro.

Cuando entro, enfoca sus ojos en los míos.

─¿Qué está mal? ─pregunta, su mandíbula dura─. ¿Te hizo


algo en tu último día? Porque si es así pasaré a emplear otro
tipo de métodos que no podría decir en voz alta con
Samantha presente.

Niego, forzando mis labios a sonreír.

A mentirle.

─Nada ─respondo─. No pasa nada.

Solo que tu hermano acaba de cambiarlo todo.

Absolutamente todo.

*****

El campus de la Universidad de Austin está lleno de


personas. Sus senderos están adornados con globos de
múltiples colores y hay muchos carritos de comida a su
alrededor. Hay una pequeña feria para niños en la que se
encuentra un carrusel. Sami está sobre uno de los caballos
sosteniendo un algodón de azúcar rosa y utilizando un
conjunto con estampado de cielo y zapatillas. Tanner y Hans
la miran de cerca intercambiando anécdotas sobre su
alianza de ventas de drogas durante la universidad, ambos
vestidos con sudaderas de su generación que tanto yo como
la pelirroja llevamos por encima de nuestra ropa. En su caso
vaqueos y camiseta, en el mío un mi vestido entallado color
azul marino. Anahí, comiendo un hot dog junto a mí, los
observa y sonríe tras limpiarse la comisura de los labios con
una servilleta. Yo la imito, admitiendo para mí misma
extrañar la dieta universitaria. Las noches sin fin de comida
chatarra y calorías durante época de exámenes. Los
primeros años fueron un descontrol.

Luego todo fue mejor.


─Te ha ido bien ─dice Anahí, a lo que afirmo─. En el
zoológico Tanner nos contó sobre su ático, sobre el bar,
sobre muchos de tus proyectos. Es tu mejor crítico. De
verdad ama tu trabajo, Savannah.

─Sí. Laboralmente todo está bien ─le digo, ignorando la


punzada que viene a mi pecho al escuchar que Tanner les
habló de mis proyectos. A excepción de Jason, tiene razón.
Todo va bien─. ¿Cómo les ha ido a Hans y a ti? ¿El negocio
es próspero?

Anahí ríe y nunca he visto algo más hermoso.

El recuerdo de la chica llena de rabia y odio que destruyó


mis planos por acción de su novio no tiene lugar en mi
mente con la imagen frente a mí, así que los suplanto. Esto
es mucho mejor y demuestra que a veces hay que dejar ir el
pasado para apreciar el presente.

Que tenemos razones para hacerlo.

Yo quiero sonreír así.

Cada vez soy más consciente de ello.

─La escuela de surf no nos da tanto dinero. La mayoría de


nuestros estudiantes son proyectos de caridad de niños sin
recursos que provienen de hogares conflictivos. ─Le ofrezco
una mirada llena de simpatía, entendiendo que la propia
niñez de ambos fue lo que los ha llevado a mantenerlo así.
Hans era hijo de una prostituta adicta a las drogas y a su
proxeneta con los mismos problemas de manejo de la ira
que solía tener Anahí debido al abandono de su padre, lo
cual hizo que la odiara al principio de su relación. Luego la
ayudó a superarlos. La amó y la hizo feliz, solventando
cualquier pecado que hubiera cometido y por los cuales no
podemos condenarlos. No cuando Anahí no era
precisamente una santa. Unos pecados no exculpan otros,
pero algunos demonios se entrelazan y crean su propio
paraíso bajo sus propios términos. Hay que respetarlo─. Pero
el museo va bien. Estamos haciendo una ampliación. Hans y
Reed hablan de negocios.

Ruedo los ojos.

─Ya entiendo por qué decidió ser su guía turístico hoy.

Anahí sonríe.

─Tiene grandes planes para Corpus que podrían incluir a


Hans. Le diría que rechace su ayuda porque ambas sabemos
el tipo de relación que tuvieron en la universidad, pero ya
han sido socios antes y no le diré que no a nada que nos
ayude a ayudar a más chicos ─se explica, pero niego,
tranquilizándola debido a que sé por qué lo hace.

Porque, al igual que todos, cree que Tanner me lastimará.

─No tienes que explicarte. Tanner puede ser muy


persuasivo.

Anahí me ofrece una mirada triste.

─Lo sé. ─Sus ojos se entrecierran─. ¿Eres feliz con él, Sav?
No sé si te ayude a entender la situación en la que estás,
pero ambas tenemos mal gusto con los hombres. No nos
gustan los príncipes azules. A pesar de que Gordon y Hans
no eran buenos para mí, discrepaban. Uno me hacía llorar y
sentir angustiada todo el día, muerta, pero el otro me hacía
sentir viva. Me golpeaba para que me defendiera, no para
derribarme y no, no me refiero a literalmente. Es solo la
única metáfora con la que puedo explicar dos tipos de amor
que consumen ─murmura─. El que te condena te consume
solo a ti. Con el que puedes vivir y ser feliz el resto de tu
vida los consume a ambos. ─Sonríe, sus ojos dirigiéndose a
su familia por un momento antes de fijarse nuevamente en
mí─. Eso es lo que Hans y yo somos desde que nos
conocemos. Dos personas ardiendo en fuego. Ardiendo
felices.

Trago, sus palabras creando su espacio en mi mente.

Fueron tan profundas.

Tan exactas para describir la situación en la que estoy.

─Gracias, Anahí ─digo con voz ronca, a lo que asiente


metiendo ambas de sus manos en sus bolsillos.

─No hay de qué ─responde─. Iré a visitar a mis compañeras


del equipo voleibol, tienen su reencuentro en el gimnasio,
¿vienes?

Niego.

─No. Me quedaré aquí con los chicos.

Aunque la duda se adueña de sus ojos, afirma.

─Quédate cerca de ellos. Si Pauline aparece y necesitas


ayuda con ella si se pone agresiva contigo, ya sabes dónde
estoy o llámame.

Reprimo una sonrisa.

─Pauline no vendrá ─le aseguro, haciéndole fruncir el ceño.

─¿Cómo estás tan segura? He visto cientos de personas que


nunca pensé que volvería a ver en mi vida de todas las
facultades.

Porque no hay nada para ella aquí.


Pauline siempre fue torpe alrededor de las demás personas.
Siempre quiso encajar, lo cual hacía que la detestaran por
esforzarse demasiado. Por recurrir a sonrisas y comentarios
falsos que en lugar de acercar a los demás, los hacía
alejarlos. Tanner y yo la salvamos de eso, de la muerte
social, y este sería el último lugar al que vendría.

Tampoco creo que me golpearía. Ese no es su estilo.

Ella lloraría. Me manipularía. A Tanner.

Quizás lograría que volviera con ella, pero lo dudo.

Dejándome de lado, abrió una profunda herida en él que ni


siquiera yo puedo cerrar. La herida de sus bebés. De su
matrimonio. De su intento de un futuro perfecto fallido. Él
solo camina en línea recta y cuando dicha línea se tuerce,
realmente sufre y hace sufrir a los demás.

Yo soy la curvatura más grande a la que se ha enfrentado.

Pero ella lo hizo perder tanto tiempo.

A veces sospecho que soy lo único que le impide ir tras ella


y vengarse por ello. Por no haberle dicho antes que tener
una familia no estaba entre sus planes. Que no encajaba
con el papel que quería que desempeñara. No quiero estar
ahí para ver cuando la arruine porque a pesar de que todos
creen que la odio, no lo hago. Una parte de mí la aborrece,
pero la otra no puede evitar sentir compasión y lástima
hacia el desastre en el que convirtió su vida por jugar a ser
alguien más.

Al igual que Tanner.

Pero a Tanner lo amo, a ella no.


─Solo lo sé ─murmuro y Anahí asiente.

─Vendré en un momento.

Afirmo y se va. Pido otro hot dog antes de acercarme a los


chicos. Acepté venir porque Anahí y Hans son buena
compañía y porque adoro pasar tiempo con Samantha, a
quién no veía desde su última competencia de surf. Antes lo
hacía todos los días. Cuando Tanner y Pauline se casaron,
me refugié en Corpus Christi para lamer mis heridas. La
familia iba a visitarme casi a diario, buscando animarme.
Incluso fui niñera de Samantha por un par de meses antes
de mudarme definitivamente a Austin y antes de saber que
Tanner y Pauline decidirían vivir en Travis, no en el pueblo
natal de esta.

Cuando me doy la vuelta para regresar con ello, sin


embargo, soy detenida por un fuerte grito que me hace
alzar la vista y sonreír cuando un cuerpo enorme y fuerte de
oso se abalanza sobre mí.

Ibor.

─¡Savannah!

─Ibor ─río, alejándome de él para mirarlo. Su rostro sigue


siendo como el de un bebé, pero su mirada ahora es más
madura. Dulce, pero madura. Está en forma, así que llena a
la perfección su vieja chaqueta de los Longhorns. Por el
rabillo del ojo otra figura familiar me hace enfocarme en
extraña pareja en la que es el hombre quién carga con tres
niños pequeños, uno de ellos de cabello blanco en una
cangurera, mientras su esposa, una hermosa castaña alta,
esbelta y delicada, pero con aura intensa y oscura, habla
por teléfono con otros hombres rodeándolos. Escoltas. Es él
quién se me hace familiar, no ella, pero nunca he conocido
a alguien con el cabello tan rubio que parece blanco. De
haberlo hecho lo recordaría─. ¿Cómo está la familia? ¿Cómo
está...?

─Estamos bien ─responde Weston, pasando su mano


trajeada por encima de los hombros de su esposo y
presionando sus labios contra su mejilla, lo que hace que
Ibor enrojezca y yo suspire a pesar de que llevan ya dos
años de casados─. Weston Segundo y Genevieve están en la
máquina de algodón de azúcar, ¿quieres algo, príncipe?

Ibor niega, sonriéndome.

─No, pero iré a acompañarlos. ─Me dirige una mirada rápida


antes de apartarse de Weston─. Así Savannah y tú pueden
ponerse al día.

Sin esperar una respuesta, se escabulle de su brazo. Weston


lo mira como si quisiera matarlo, pero rápidamente redirige
sus ojos verdes a los míos. Ya que no dice nada, inclino la
cabeza hacia el mismo sendero que recorrimos la noche que
vino por mí.

Que me hizo creer que vino por mí.

─Vamos ─le digo─. No puedes estar enojado conmigo para


siempre.

Traga, pero termina siguiéndome.

─No es enojo ─se explica cuando nos sentamos en un


banquillo. El mismo, también, en el que lo besé─. Sabes
muy bien lo que es.

─No puedes culparme. No cuando ahora eres feliz.

─No ─admite─. Pero lo hiciste más difícil de lo que ya de por


sí era.
─West ─susurro─. Me ahogaste en un ataque de ira hacia lo
que sentías. Te gustaba alguien más y me ahogaste por
celos. Estaba preocupada por ti. ─Aprieto su mano. Se
tensa, pero no se aparta. Traga mientras mantiene fija su
mirada hacia el frente─. No sabes por cuánto tiempo me
pregunté por qué simplemente no me lo dijiste. Estuvimos
juntos por tanto tiempo. Pudimos habernos casado, pero
mientras me decías que me amabas, realmente me odiabas.

Lo que digo hace que lleve sus ojos a los míos.

─No te odiaba, Savannah. Eras estupenda. Lo que odiaba


era el hecho de que a pesar de que me sentía atraído hacia
ti y teníamos química, química como ninguna otra pareja
heterosexual la haya tenido antes, no me sentía completo.
Eso era lo que sentía cuando estaba contigo, pero también
me sentía cómodo y renunciar a esa comodidad fue difícil.
Cuando me dejaste, me dejaste a merced de mis miedos y
la oscuridad. Por una parte te lo agradezco, pero por otra...

─Sientes que te traicioné ─murmuro.

Afirma.

─Te amé, Sav. Te amé y te traté mejor de lo que ese


bastardo lo hará.

Tomo aire, mis ojos llenos de lágrimas.

─Lo sé, pero te habrías tenido que conformar en tantos


aspectos, West ─susurro─. Merecías más que eso.

Niega.

─Aunque el yo que soy ahora está de acuerdo con tus actos,


para el yo de antes no habría sido un problema. Eras mi
compañera perfecta.
Niego, en desacuerdo con él.

─Solo lo dices porque nos gustaba la misma persona y nos


gustaba odiar a la misma persona.

─¿No te dice algo el hecho de que lo primero haya sucedido


dos veces? Tenemos los mismos gustos en hombres. Tengo
buen gusto en mujeres. ─Sonrío, un peso deslizándose fuera
de mis hombros ahora que ha vuelto a sonar como el
Weston que amaba tanto, no como el que me impidió ir a su
boda pese a los intentos de Ibor por apaciguar su ira. Con
respecto a ellos, supongo que nuestro trío los conectó y ser
compañeros de cuarto en la misma fraternidad hizo el resto
del trabajo. Enterarme me llevó a decirle que no me casaría
con él semanas después de que Pauline y Tanner se
comprometieron. De no ser así, hoy estaríamos juntos. West
suspira cuando lo abrazo─. Supongo que mi enojo no podía
durar para siempre, ¿no es así?

Niego, riendo.

─Claro que no, pero el mío por no haberme invitado a tu


boda nunca se irá.

Weston hace una mueca.

─No solo se trató de ti. También estaba sensible por la


ausencia de mi padre durante la boda. Sigue sin hablarme y
me desheredó oficialmente durante esos días. Se niega a
conocer a sus nietos. Estoy muerto para él. ─Mi pecho se
oprime. Ibor no fue el primer hombre con el que Weston
estuvo. Cuando se vino de New York, no fue debido a sus
notas. Fue debido a su padre. Afortunadamente es brillante
y su madre quedó encantada con Ibor, un jugador de los
Dallas, así que ha podido surgir por sí mismo. Ibor y yo a
veces hablamos por Instagram. Lloré cuando aprobaron la
adopción de Genevieve, una niña morena de tres años, y
cuando tuvieron a Weston Junior, un bebé producto del
alquiler de vientre. A pesar de que se llama como Weston,
se parece a Ibor. Su niñera, una anciana regordeta, los
acompaña junto al carrito de algodón de azúcar. A pesar de
que Weston me dijo que pude haber sido su compañera, en
realidad lo que quiso decir fue que pude ser su
complemento. La mujer para ellos. A veces creo que
continúan buscándola─. ¿Cómo estás tú? Ibor me dijo que
no viniste sola. ¿Desde cuando eres rubia? Casi no te
reconocí, pero él sí lo hizo al instante y me dijo que se
acercaría. Creo que todavía le gustas.

Suelto una risita, negando.

Si se pudiera elegir a quién amar, los habría amado a ellos.

Seríamos tan felices.

Pero no se puede.

─Estoy bien ─susurro─. Estoy aquí con Tanner.

Weston me mira fijamente.

─¿Esas dos respuestas pueden venir juntas?

Asiento.

─Dejó a Pauline. ─Los ojos de Weston se llenan de sorpresa y


de dolor, lo cual oculta rápidamente, pero lo noté. No
importa si lo hice. No es como si lo fuera a delatar. Lo que
nos unió, al fin y al cabo, fue eso─. Estamos juntos, pero no
somos nada. Solo...

─No tienes que terminar de decirlo ─dice─. Sé lo que haces.


Lo que siempre has hecho. Sin importar cuánto me duela
verte en esa posición, mientras creas que existirá una
posibilidad así será. La única manera de ser libre es
haciendo lo que quieres real o que tus esperanzas se
terminen de extinguir. ─Su mirada se suaviza─. Te sigo
queriendo, Savannah. Realmente espero que suceda lo
primero. Has esperado cinco años por esto. Dejaste ir
mucho por esto. No mereces más que ser feliz y si es con él
que lo logras, también lo estaré por ti por mucho que me
duela. ─Me sonríe─. Asistiré a tu boda y sonreiré.

Aprieto su mano.

─Ojalá fuera tan sencillo.

Weston frunce el ceño.

─¿Qué cosa? ¿Ser feliz? En realidad es sencillo y aburrido.


Escoge a la persona que menos daño te haya hecho, que
más te ame, cásate y esfuérzate por hacerlo feliz a cambio
y todo será el cielo.

─No ─murmuro─. Saber con quién serlo.

Él sonríe, levantándose y ofreciéndome su mano.

La tomo.

─Bueno, tenemos una habitación extra en nuestra casa si


decides ser feliz ─dice, haciéndome reír─. Pero mientras
compruebas, otra vez, que Tanner es un idiota, esto nos
ayudará a sobrellevarlo.

─¿Qué cosa?

Weston sonríe, lo cual me hace retroceder con una sonrisa,


de vuelta al primer año de mi carrera, y me alcanza. Suelto
una risita cuando sus labios se unen a los míos. A la lejanía
puedo ver a Ibor sonriendo con Weston Junior en brazos,
pero cerca de nosotros se encuentra Tanner con las manos
dentro de los bolsillos de sus vaqueros. El tic en su ceja es
lo único que delata su molestia. Su eterna rivalidad.

─Wertheimer ─grazna Tanner.

Río, negando, cuando Weston se separa de mí.

Tanner es tan inteligente para algunas cosas, pero tan torpe


para otras.

─Reed ─dice, sonriéndole, y atreviéndose a besar su mejilla


cuando pasa junto a él, lo cual hace que las mejillas de
Tanner cobren color por la ira. Antes de irse, me mira─. Ibor
te enviará mi número. Estoy seguro de que solo terminaste
con este insecto porque no estoy cerca.

Ladeo la cabeza, sonriéndole ampliamente..

─Claro.

Me guiña un ojo. Cuando mi atención va hacia Tanner,


niego.

─No puedes estar enojado por esto.

─Te besó ─señala, adelantándose─. Está casado con tu otro


amante, quién siempre estará enamorado de ti, y fuiste tú
quién los unió.

No, me abstengo de decir.

Fuiste tú quién lo empezó.

Porque todo, absolutamente todo, siempre ha tratado de ti.

─¿Puedes culparlos? ─le pregunto, enredando mis dedos en


su cabello oscuro y llevando mi mano libre a la parte frontal
de sus pantalones. A pesar de mis movimientos, los cuales
ocultan nuestras sudaderas, y de la dureza entre sus
piernas que percibo casi al instante, es la tensión en su
rostro lo que lo delata─. ¿Puedes?

Tanner aprieta fuertemente la mandíbula antes de


responder.

─Puedo hacerte pagar por ello.

Retrocedo, soltándolo.

─No tengo miedo ─le digo─. He pagando por ello por mucho
tiempo.

Su mirada se suaviza y se llena de arrepentimiento ante mis


palabras.

─Savannah...

─Pero no podemos cambiar el pasado. Solo el presente. ─Lo


abrazo para que no sea capaz de ver mis ojos. Él me lo
devuelve, inconsciente de todos los sentimientos
golpeándome el día de hoy y que, sorpresivamente, no lo
involucran del todo─. Y el futuro.

Y hoy, más que nunca, soy consciente de lo que quiero en el


futuro.

De lo que no sé si Tanner pueda darme.

Pero eso no significa que no lo ame.

Hola. Espero que les haya gustado el capítulo. A mí


me encantó. Llevaba tiempo esperando este
reencuentro y leer sus reacciones jajaja ahora solo
nos falta el reencuentro con Pauline. No se olviden de
comentar y dejar estrellita

A la novela le queda un estimado de 6/8 capítulos y


tendrá 2 epílogos

Esperemos que nos lleve a un buen sitio <3

En fin. Las amo

Nos leemos pronto

Por cierto, empecé una nueva novela en Booknet. Se


llama Heaven. Incluye sugardaddy, sugar babies y
+18. Está increíble y Mave es un amor

Tampoco olviden seguirme en redes sociales para


fandom, info y más. No sé si quieren que haga un live
hoy hablando de Tanner y Heaven <3

c
Capítulo 49:

Capítulo 49:
13.2K 2.3K 1.1K
por OscaryArroyo
 
Frederick y Hans no atraparon a Gordon. No porque no lo
hayan alcanzado, sino porque Tanner les ordenó que lo
dejaran ir después de hacerlo. Los cuatro nos reunimos en la
sala de la cabaña de Grayson poco después. Los invitados
ya se han ido, incluido este con su novia, la porrista rubia de
nombre sureño. Delilah. A pesar de que todos nos sentimos
enojados de que alguien como él se haya reído de nosotros
en nuestras propias caras, nuestro próximo movimiento en
su contra amerita que lo dejemos libre. Alguien más lo
dejaría estar, pero no solamente es el psicópata que hizo
que Anahí me golpeara manipulando sus vulnerabilidades,
sino que ni siquiera sé qué habría hecho conmigo si no lo
hubiera mordido o qué hizo con las otras chicas que pudo
haber drogado ya que no sabemos si Pauline y Elizabeth
fueron las únicas. Hay que detenerlo y hacerlo perder su
propio juego es la mejor manera que se me viene a la
mente de hacerlo. Ya lo hicimos una vez y descubrimos su
identidad.

Ahora caerá.

─¿Estás segura de que quieres quedarte? ─pregunta Hans


en el exterior de la cabaña, Anahí bajo su brazo con los ojos
caídos y llenos de lágrimas debido a que Gordon también la
molestó─. Podemos llevarte.

Afirmo.
─Me quedaré para ayudar con el desastre.

Hans hace una mueca.

─Sí, claro, con el desastre ─dice alzando las cejas repetidas


veces─. Como quieras. Si surge cualquier inconveniente, no
dudes en llamarme.

─No lo haré ─le digo y me doy la vuelta para entrar, pero


antes de que eso suceda una mano rodea mi muñeca y me
hace girarme de nuevo.

Anahí.

La pelirroja me mira con timidez, la cual contrasta


enormemente con todo lo que conocí anteriormente de ella,
y arrepentimiento.

─Quiero disculparme por lo que te hice ─susurra y suena


sumamente sincera─. Sé que no puedo remediarlo, pero...

─No, sí puedes ─la corto─. Puedes remediarlo prometiéndote


a ti misma que nunca más volverás a caer en las garras de
alguien como Gordon y entonces todo por lo que habrás
pasado hasta llegar a ese punto habrá servido de algo,
incluido el daño que me hiciste. ─Trago─. Así que no te
perdono, Anahí. Cuando lo compenses, sí lo haré.

Dicho esto me doy la vuelta sin esperar su respuesta porque


es demasiado doloroso ver su mirada. Ya en el interior de la
cabaña, tomo una bolsa negra y empiezo a meter todas las
botellas y los vasos desechables que encuentro en ella.
Estoy tan concentrada en dejar todo limpio que no me
percato del momento en el que Tanner se me une hasta que
aparece frente a mí, también con una bolsa y recogiendo.

─Esto es un completo desastre.


Afirma en acuerdo, su expresión seria, pero no molesta
como pensé que lo estaría ante la idea de rebajarse a
perder su tiempo limpiando el desastre ocasionado por un
montón de universitarios que suelen servirlo.

─Sí ─dice─. Pensé que te gustaría estar a solas, así que no le


dije a los prospectos que vinieran a limpiar, y después te
maldije en el interior de mi cabeza cuando te vi salir con
Hans y Anahí por dejarme todo el basurero, pero no te fuiste
con ellos, ¿puedo saber por qué?

Alzo la vista hacia él, sorprendida con su pregunta.

Con la urgencia en su voz.

─¿Por qué me quedé o por qué no me fui?

Tanner termina de recoger una botella en el sofá antes de


enderezarse. Me mira fijamente con sus ojos negros
luciendo como abismos.

Abismos en los que quiero caer.

─Ambas ─responde.

Está tan cerca que puedo sentir el calor que emana su


cuerpo y yo tengo tanto frío que no puedo evitar querer
verme rodeada por él.

─No me fui porque vine aquí contigo y no vi correcto dejarte


atrás sin decir nada. Porque a pesar de que veo en tus ojos
cuánto me odias, siento que todo por lo que hemos pasado
juntos nos ha hecho cercanos ─respondo─. Y me quedé
porque tengo miedo ─murmuro esto último, sintiéndome
débil y vulnerable por admitirlo en voz alta, pero libre.

─¿Miedo de Gordon? ─pregunta en voz baja.


Suave.

─Sí ─contesto, pero ambos sabemos que es mentira y que lo


que en verdad temo es cuán fuerte son mis sentimientos
hacia él.

El hecho que a pesar de que he intentado apagarlos de


muchas formas, están ahí. Siempre estarán ahí a pesar de
que sé, en el fondo, que no es la persona correcta para mí
por muchas razones, pero es la que quiero.

Tanner separa los labios, tomando una honda inhalación, y


se acerca aún más. Las luces de colores siguen encendidas,
así que se reflejan contra nosotros en la oscuridad, igual
que en la noche del club con la diferencia de que aquí solo
estamos nosotros y su amigo que no dirá nada porque al
momento en el que él entró, Frederick fue a acostarse con
su habitual actitud siniestra y silenciosa. Todo mi cuerpo
vibra cuando deja caer su bolsa, lo cual yo también hago, y
se limita a observarme con la expresión de conflicto más
grande que alguien ha tenido en la historia de la
humanidad. Un eco de la que está en mi pecho.

En mi corazón.

─No tienes por qué estar asustada ─dice─. Estaremos bien,


Savannah.

Niego, sin poder creerle.

─Las drogas, la ida a prisión, nuestros padres, Gordon, los


incendios... ¿me puedes negar que tú no lo estás alguna
vez? ─le pregunto.

─Sí lo estoy ─admite en voz alta, nuestras narices casi


rozándose─. Pero ni las drogas, ni la prisión, ni nuestros
padres o el jodido campesino con un deseo de muerte de
Gordon tienen que ver, sino nuestro secreto.

Presiono mis manos contra su pecho, arrugando su camisa


con mis manos al hacer puños con la tela dentro y eso a él
ni siquiera le importa.

─¿Cuál de tantos?

─Todos ─responde─. Todo lo que nos conecta.

Separo los labios para tomar una honda inhalación,


haciendo que Tanner no sea capaz de ver hacia otro lado en
el que no se encuentren. Me pongo de puntitas para tomar
la iniciativa y ser yo quién lo bese, quizás impulsada por el
alcohol y la adrenalina, quizás cediendo, pero su teléfono
suena. A pesar de que no lo hace en voz alta, maldice con
los ojos y se da la vuelta tras sacarla de uno de los bolsillos
delanteros de sus pantalones. Visualizo su espalda sintiendo
cómo acaban de arrancarme el corazón del pecho y no
alguien, sino una llamada.

El destino.

Porque no es nuestro destino estar juntos, al menos no


ahora y la verdad es que no sé si algún día, sino perder el
tiempo con otras personas con las que no sentiremos ni un
tercio de lo que sentimos estando juntos.

De lo que yo siento cuando estoy con él.

─Dime, Pauline ─lo escucho y no necesito oír nada más.

Sigo recogiendo en silencio, las lágrimas acumulándose en


mis ojos, y cuando regresa al interior de la cabaña su
expresión ha regresado a ser fría, cruel e indiferente. Me
mira fugazmente antes de tomar las llaves de su camioneta
sobre el mesón que divide la sala con la cocina.

─Debo irme ─anuncia tras apagar las luces de colores y


encender las reales, alejando la belleza en la oscuridad: lo
que somos─. Frederick te llevará por la mañana. Está muy
borracho como para hacerlo ahora.

─Está bien.

Tanner afirma y a pesar de que yo no fui capaz de dejarlo, él


sí es capaz de dejarme. Me contempla por unos segundos
antes de darse la vuelta y salir al exterior. Dejo caer
nuevamente la bolsa cuando las luces de su camioneta se
encienden y empiezo a caminar por el pasillo. Tomo la
manija de puerta de una habitación al azar y me deslizo
dentro al identificar la silueta de Frederick, el único amigo
de Tanner o la única persona con lo que lo he visto
interactuar fuera de su rol como capitán del equipo y
presidente de su fraternidad. Este se incorpora con los ojos
entrecerrados cuando presiono mi rodilla contra el colchón,
intentando deducir qué sucede, y el mismo deseo que vi en
sus ojos cuando me vio nadar desnuda en la laguna
resplandece en su mirada, pero también hay sigilo y
precaución. Sin embargo, eso no impide que tenga una
erección.

─Sav, no... ─gime como si sintiera dolor cuando meto la


mano en sus pantalones, apreciando su buen tamaño y
grosor─. Tanner... él... él...

─Él no está aquí. Se fue y nos dejó atrás ─lo callo


echándome hacia atrás para desnudarme tras comprobar su
dureza. Una vez estoy completamente desnuda bajo la
chaqueta de Tanner, la cual conservo para hacer el
intercambio más doloroso y real, tomo un condón cerrado
de su billetera y me siento sobre él─. Pero tú y yo sí. ─Entra
en mí y aprieto los dientes debido al dolor que siento ya que
es la primera vez, desde mi primera vez, que no me
encuentro mojada al tener sexo ya que lo estoy haciendo
por las razones incorrectas. Lo sé y aún así lo llevo a cabo
porque quiero lastimarlo de la manera en la que él me
lastimó a mí aunque eso también me lastime. Mientras
gime, tiro de su cabello hacia atrás y lo obligo a mirarme
fijamente a los ojos─. Así que no pensarás en él, solo en mí.

─Sí ─murmura cuando empiezo a moverme más fuerte─.


Dios, sí.

─Dilo ─exijo─. Di que no pensarás en él.

─Te juro que amo a Reed, pero es lo último en lo que estoy


pensando ahora, nena ─revela apretando fuertemente mis
caderas hacia abajo.

Pero en mi caso Tanner Reed es lo único en lo que puedo


pensar.

*****

Aunque caigo exhausta en los brazos de Frederick e intento


dormir, no logro hacerlo y navego entre la consciencia y la
inconsciencia. Es por ello que a pesar de mis ojos se
encuentran cerrados, sé el momento exacto en el que
Tanner abre la puerta y nos ve juntos, pero no separo los
párpados porque no estoy lista para ver su expresión o
cómo lo he arruinado todo en el hipotético caso de que haya
regresado por mí.

En el caso de que me haya equivocado.

Y lo haya lastimado.
Cuando la puerta se cierra nuevamente y escucho sus pasos
alejarse por el pasillo, dejo caer las lágrimas que he estado
aguantando.

Odiándolo.

Odiándome.

Odiándonos hasta quedarme dormida.

*****

Cuando desperté todo estaba limpio. La cabaña. El exterior.


Tanner debió haber terminado de recoger, pero su
camioneta ya no se encontraba en la entrada. Frederick
tenía clases, así que llamé un taxi para que viniera a
buscarme porque quise faltar a las mías y lamer mis
heridas. Me alimento a base de comida chatarra que sobró
de la fiesta y refresco. Son alrededor de las cinco cuando
pongo un pie en el campus. Al abrir la puerta de mi
dormitorio, me congelo al ver a Tanner durmiendo con
Pauline sobre mi cama. Ambos están desnudos y lucen
serenos. La cama de ella está repleta de libros, así que
pueden usar eso como excusa a pesar de que no lo es
porque están en mi espacio.

Sin embargo, tomando en cuenta que follé con Ibor en la


cama de Tanner, no es como si pudiera reclamárselo. Tomo
un conjunto sencillo de shorts de algodón deportivos y una
camiseta blanca. Zapatillas en el caso de que tenga que
correr. Peino mi cabello mojado tras salir de la ducha y lo
dejo caer sobre mi espalda para que se seque. Hace frío, así
que esa es la excusa que para justificar que haya tomado de
nuevo la chaqueta de Tanner del canasto de mimbre de la
ropa sucia.
Ellos siguen dormidos para el momento en el que salgo de
mi dormitorio.

Tras bajar las escaleras, le envío un mensaje de


confirmación a Hans y empiezo a conducir hacia el sitio en
el que sus informantes o revendedores de su mercancía, no
quiero saber, le dijeron que Gordon está viviendo. Es un
vecindario feo y vacío lo suficientemente cerca del campus
para que el escenario que fabricamos durante el día,
dejando de lado a Tanner y a Frederick por obvias razones
para mí, pero que no le dije, sea creíble. Me estaciono unas
cuadras lejos de el sitio en sí y pongo el 911 en marcación
rápida, pero también llevo dos auriculares con música a mis
oídos. Caliento antes de empezar a correr.

Justo cuando veo su feo auto acercarse a la hora que dijeron


que lo haría, paso frente a su edificio y me detengo en el
parque verde cercano a él simulando estarme ejercitando.
Cuando he empezado a creer que no pescará el anzuelo,
una mano toma mi cabello y me hace caer al suelo tras tirar
de él, llenándome de barro y haciendo que me golpee con
las rocas. Cuando mis ojos se enfocan en él, me estremezco
al ver su labio partido y los moretones y rasguños en su
cara. Frederick y Hans lo dejaron ir, pero no intacto, sobre
todo el último tomando en cuenta de todo el daño que
sufrió Anahí, ahora su chica, por su culpa.

─Zorra estúpida ─sisea.

A pesar de que empieza a golpearme, no me defiendo.

En su lugar marco el número de la policía mientras intento


esquivarlo tanto como puedo, esperando el momento en el
que alguno de los amigos de Hans o alguien aparezca y lo
aleje de mí. No solo se trata de que no quiera apartarlo, sino
de lo grande que es y de la magnitud de su ira. Como puedo
saco mi iPhone de mi bolsillo y voy a marcación directa.

─Novecientos once, ¿cuál es su emergencia? ─dice la voz en


mis auriculares─. Novecientos once, ¿está todo en orden?

─Por favor ─sollozo cuando su pie se aplasta contra mi


abdomen, incapaz ya de respirar─. Mi agresor ha violado su
orden de alejamiento ─consigo murmurar antes de que
Gordon se agache, tome mi teléfono , vea la pantalla y
maldiga, lanzándolo hacia el bosque tras de mí.

Tras ello finalmente se aparta y empieza a caminar como un


animal salvaje dentro de una jaula. Las personas han
empezado a acercarse para ayudarme, pero se alejan
cuando me apunta con un arma que ha adquirido
recientemente, incluido Hans. El cabello oscuro y grasoso de
Gordon se agita con el viento del atardecer. Su mirada está
al borde de la locura y solo soy capaz de ver su deseo de
venganza.

De violencia.

─No seré el único cuya vida se arruine por esto ─dice.

Lo miro desde el césped.

─¿Cómo puedes estar tan seguro de eso? ─le pregunto


poniéndome de pie y mirándolo con el mentón en alto por
todas las chicas que no pudieron hacerlo─. Violación de una
orden de alejamiento, agresión, porte de un arma ilícita...

─Tengo permiso para portar armas.

Sonrío.
─¿Pero esta está registrada? ¿Tiene código? ─La mandíbula
de Gordon se aprieta. Mi sonrisa crece. El tipo de sonrisa
que he estado reservando por mucho tiempo porque no
había aceptado mi naturaleza oscura a pesar de tener dos
buenos padres, la vida perfecta, hasta ahora, pero eres
como eres y eso es lo que soy. La villana que puede ser
heroína haciendo el mal─. Felicitaciones, Gordon. Acabas de
cometer un delito federal que agravará tu condena mucho
más.

El idiota frunce los labios, incluso diría que parece a punto


de llorar y que ese es el momento exacto en el que se
percata de que está siendo grabado por decenas de
cámaras, y empieza a bajar su brazo, pero antes de que lo
haga una figura lo taclea y se cierne sobre él. Tanner,
inconsciente de nuestros planes, lo golpea una y otra vez
todavía con la misma ropa de ayer. Mantiene un ritmo
constante con su puño cerrado hasta que el rostro de
Gordon se tuerce en un ángulo extraño, sangrando por
todos los sitios en los que se supone que debería sangrar. El
arma salió volando durante su caída y me apresuro a
tomarla por instinto debido a lo cerca que cayó de su
portador, pero este se me adelanta y la toma, apuntando a
su agresor en su lugar.

Tanner deja de golpearlo al darse cuenta.

A pesar de que sé cómo va a terminar todo, siento mi pulso


palpitar contra mi cuello y mis rodillas debilitarse.
Obligándome a mí misma no interponerme entre ellos, me
alejo mientras escucho el sonido de las sirenas
acercándose. Tanner me mira mientras su pecho asciende y
desciende con bruscas y salvajes respiraciones. La sed de
sangre en sus ojos sigue latente, pero hay mucho más en su
mirada que no logro descifrar. Mucho más que tengo la
intuición de que nunca sabré. Cree que morirá, me doy
cuenta, y soy la última persona a la que decide mirar.

Separa sus labios como si quisiera decir algo, pero


nuevamente la vida nos interrumpe. Esta vez es Gordon,
pero antes fue Pauline. La sociedad. Su trastorno obsesivo
compulsivo. El desorden en mí que lo mantiene alejado, el
cual no está mal, pero no tiene nada que ver con lo que
desea para sí mismo. E incluso si no es así, incluso si en
realidad no hay nada en él que me quiera, justo ahora no se
siente de otra manera.

Por este segundo todo lo que sé es que daría su vida por mí.

Y no se arrepentiría.

─Vete a la mierda con tu puta, Reed ─dice y presiona el


gatillo, pero ninguna bala sale disparada porque esta
mañana cuando uno de los amigos de Hans se acercó a él
con la promesa de darle semiautomática sin registro y con
munición, le vendieron un arma defectuosa.

Cuando Tanner se percata de ello, lo golpea una vez más,


dejándolo inconsciente, y se aleja para permitir que la
policía lo recoja. Antes de llevar todo esto a cabo me
aseguré de que Hans y Weston e Ibor hicieran limpieza en
su respectivas propiedades en el caso de que Gordon los
incrimine, lo cual no debería hacer a menos que quiera a un
montón de chicas atestiguando en su contra. Por otro lado,
no es como si las personas no supieran que el campus está
lleno de drogas y otros excesos. Cuando lo alcanzo a pesar
del dolor en mi cuerpo y de los llamados de la policía para
llevarme al hospital u obtener mi testimonio, se encuentra
con las manos apoyadas en el techo de su camioneta
intentando regular su respiración. Al hacerlo me mira y nada
de lo que había antes en su mirada, al igual que anoche,
está ahí.

─Mírate. Mira lo que permitiste que te hicieran   ─sisea, un


fuego en sus ojos aún más fuerte que las llamas de
cualquier infierno mientras señala mis heridas─. Mírame.
Mira cómo terminamos. Mira todo lo que sucedió y si antes
no había entrado en tu cabeza, que ahora sí lo haga. Esto...
─Señala de él a mí sucesivas veces─. Esto se acabó,
Savannah.

Y el único hombre que daría la vida por mí entra en su auto


y se marcha.

No por Pauline. No por con quién me haya acostado.

Por mí. 

Sé que leer este libro sin la perspectiva de Tanner es


difícil, pero creo que este capítulo nos servirá mucho
para que nos demos cuenta del poder que Sav tiene
sobre él. Es un cerdo tóxico machista y todo lo que
quieran, lo sabemos, pero Savannah también es
tóxica y lo peor del asunto es que no tiene razones
para serlo. El problema es que muchas personas son
infelices solo porque lo son independientemente de
nuestro entorno y así es Savannah. No hay mayor
explicación. Solo espero que en el futuro todo sea
diferente, pero a partir de aquí ellos se distancian en
el pasado (su único punto de conexión, por así
decirlo, se vuelve Pauline). Quizás no eran pareja,
pero eran cómplices y dejaron de serlo por culpa de
Tanner y lo más triste del asunto es que no se
separaron por Frederick o Pauline o por algún otro.
Alerta del punto de vista de Tanner aquí: en este
capítulo él se alejó de ella porque no podía soportar
cuánto daño se hacía a sí misma y porque temía salir
herido también

Por otro lado este capítulo me hizo sentir super triste


porque estuvieron tan cerca. Crean cuando les digo
que no odio a Pauline, en realidad Pauline es uno de
los personajes más interesantes que alguna vez vaya
a desarrollar y estoy emocionada por escribir su
historia y ustedes cuando la lean quedarán o.o, pero
la odié HORRIBLE cuando llamó a Tanner, al igual que
odié a Sav cuando se acostó con Frederick (no por
Tanner, sino porque todos sabemos que lo hizo para
herirlo y no porque quería)

Pero en fin

Son cosas que necesitaban suceder 

Nos leemos mañana

Love u 

PD: Si pueden pasarse por Heaven, mi primera


historia exclusiva de Booknet, se los agradecería <3
ocurre en el mismo universo que este libro y Mafia
Cavalli, así que podrían haber una o dos apariciones 
Capítulo 50:

Capítulo 50:
14.2K 2.4K 2K
por OscaryArroyo
 
Después de que terminamos de asistir al reencuentro,
Tanner y yo llevamos a Anahí y a Hans a mi casa ya que
decidieron pasar el fin de semana en la ciudad. Sam se baja
del auto tras regalarme una calcomanía de mariposa que
obtuvo en el zoológico y que pega en mi pecho, pero
también le da una a Tanner. En lugar de colocarla en su
camisa, la aplasta contra su mejilla con la palma de su
mano. No puedo evitar sonreír cuando él fuerza una sonrisa
en su rostro para ella, viéndose adorable por lo mucho que
intenta no delatar su frialdad y su incomodidad para no
herir sus sentimientos.

─Gracias, Sam ─le dice.

─Te ves hermosooooo ─comenta ella antes de ceder a los


jalones de su madre y salir─. Adíos, tía Sav. Adiós, camarón
─se despide de nosotros entre risas mientras toma las
manos de sus padres y salta.

Una vez entran en el edificio, Tanner arranca y me giro para


mirarlo, sorprendida de que las usuales líneas de tensión
han desaparecido de su rostro. En su lugar luce feliz y
relajado. Eso me alegra más de lo que alguna vez podría
describir. Ladea su rostro mientras conduce y se quita la
calcomanía de Samantha, pero en lugar de arrojarla por la
ventanilla como pensé que haría, la guarda en uno de los
compartimientos de la puerta. Simplemente lo observo
hasta tomar el valor necesario para sacar el tema a
colación, el cual ha estado persiguiéndonos como el
fantasma de un elefante desde que Pauline me involucró en
su segundo aborto. Desde que me contó del primero.

─Debes dejarlo ir, Tanner. No podías obligar a Pauline ─le


digo─. Ella debió haberte dicho que no quería una familia
para que no te hicieras falsas ilusiones y ambos pudieran
tomar las medidas correspondientes, pero lo mejor fue lo
que hizo. Si una mujer no siente el impulso de ser madre, no
debería serlo. Ir contra de ello traería resultados peores.
¿Ves cuán feliz es Sam? Eso es porque sus padres la aman.
El dinero no importa ahí. Todos los niños merecen una
infancia así, incluidos los niños que alguna vez llegues a
tener.

Tanner aprieta el volante, pero mantiene su expresión


tranquila.

─¿Quieres hijos, Savannah?

Ante su pregunta trago, insegura sobre cómo responder.

Porque no sé si los quiera.

Porque todo lo que está en mi mente es hacer crecer mi


negocio. Porque cuando pienso en niños, tengo como
requisito indispensable estar segura de que les daré una
vida mejor a la que mis padres me dieron porque no iré en
retroceso. Eso involucra tanto las condiciones económicas
adecuadas como un par de figuras paternas estables y un
ambiente no tóxico. A pesar de que tuve la vida perfecta,
siempre he tenido una debilidad por la adrenalina que surge
desde el peligro y del dolor, soy autodestructiva en muchos
sentidos, como el estar aquí, con él, y amarlo como lo hago,
pero eso no significa que quiera eso para alguien más,
mucho menos para mis hijos. Cuando eres madre todo
cambia. No lo soy aún, pero sé que pasas de ser el
protagonista de tu propia vida al personaje secundario de la
de alguien más porque a partir de entonces todo lo que
haces y todo lo que dices le dará forma a otro ser humano.
Tu atención deja de centrarse en ti.

No sé si estoy lista para eso.

Si lo estaré alguna vez.

Si seré buena para alguien alguna vez.

─No lo sé ─murmuro, trayendo sus ojos oscuros a los míos


por un momento antes de que vuelva a fijarse en el
camino─. Quizás algún día, pero todavía no estoy lista.
Tengo otras metas que cumplir primero. ─Mis labios se
curvan─. Además, ya tenemos una docena de hijos de los
cuales ocuparnos ─le recuerdo a los chicos del programa de
becas, quiénes pasan todo su día escribiéndome por
mensaje para hacerme preguntas sobre el programa ya que
Tanner solo les habla para preguntarles cuánto dinero
necesitan y advertirles que si no están a la altura, llorarán
lágrimas de sangre por el resto de sus vidas─. ¿Y tú?
¿Todavía quieres hacer tu propia familia?

Afirma.

─Más que nada, pero me tomaré un descanso de la idea y


me enfocaré, al igual que tú, en cumplir otras metas.

Ya en Travis Country, se detiene en el estacionamiento de


un lujoso restaurante de comida italiana y se baja primero
que yo para abrir mi puerta. De camino a él mantiene su
mano presionada contra mi espalda baja. A pesar de que
todo el mundo nos ve cuando llegamos de una manera que
me hace preguntarme una y otra vez si son sus conocidos y
si saben que todavía está casado y que soy su amante, no
la aparta de ahí porque no le interesa en lo absoluto. Porque
la magia de Tanner es hacer que las personas mueran por
tener su interés, pero en eso no somos iguales. Soy egoísta,
como él, pero no puedo ser indiferente del daño que causo.
Tanner sí puede y eso es lo que más me asusta porque me
hace preguntarme cosas.

Preguntarme si me quiere.

Preguntarme si en el dado caso de llegara a lastimarme, lo


lamente o no lo haga hasta que sea demasiado tarde para
nosotros.

─¿A qué metas te referías en el auto? ─le pregunto a las luz


de las velas dispuestas en el centro de nuestra mesa para
dos en una esquina apartada del local tras hacer nuestro
pedido.

Tanner toma un sorbo de su copa con agua, relamiendo sus


finos labios, antes de responder. Samantha tenía razón al
continuar llamándolo camarón. Ya no solo está sonrosado
por nuestro viaje en yate hacia su buque, sino rojo por
haber pasado todo el día caminando bajo el sol en el zoo y
durante el reencuentro en el campus.

─Me gustó Corpus Christi desde que fui la primera vez


contigo y Pauline. Muchas personas están invirtiendo ahí.
Quiero hacerlo también. ─Se inclina hacia delante,
apoyando sus brazos en la superficie de la mesa de cristal─.
Tengo planeado abrir un bazar, pero ese es solo el proyecto
pequeño con el que pienso ayudar a la comunidad y así
conseguir los permisos y tener la suficiente influencia en el
pueblo para ejecutar lo que realmente deseo construir en él.

─¿Y eso es?


Tanner sonríe y puedo ver en sus ojos, por la manera en la
que estos brillan, cuán emocionado está al respecto. Es
como verme a mí misma frente al espejo mientras hablo de
arquitectura y de mis sueños.

─Independizarme del puerto de carga de Houston ─dice.

Mi garganta se cierra, sorprendida por su ambición.

─Tanner... ─susurro─. Eso llevaría mucho trabajo. No solo es


construir un puerto. Es todo lo que conlleva la construcción
de él. Lo que vendrá antes o después. La competencia. Los
permisos. Las leyes de protección ambiental. Prácticamente
tendrás que desarrollar un canal para evitar que seas
llamado un demente por si quiera sugerir algo como eso.
─Niego, abrumada por todo lo que se me viene a la mente,
tanto los pro como los contra─. Será caro. Muy caro.

Afirma.

─Podría llevarme a la quiebra, pero si lo logro y Reed


Imports tiene su propio puerto, como importador no tendré
ningún tipo de competencia.

Si Reed Imports tiene su propio puerto, él no la tendrá.

Se habrá adueñado de las rutas de importación como lo hizo


conmigo.

─Espero que puedas lograrlo.

Tanner asiente.

─Lo haré. Solo debo saber cómo moverme y ser paciente.


─Alcanza mi mano por encima de la mesa, apretándola
mientras me observa fijamente a los ojos de una forma tan
intensa que mi pulso sufre un aumento en consecuencia─. Y
cuando eso pase quiero que tú estés al mando del diseño.
No quería decírtelo hasta que fuera una realidad porque no
soy un hombre que no cumple sus promesas cuando las
hace, pero no puedo pensar en nadie más para la tarea. Si
de aquí allá tus sueños de formar parte de algo grande no
se cumplen, te daré control sobre todo lo que tengo para
hacerlos realidad, Sav.

Mi pecho se oprime ante sus palabras. Ante su expresión


decidida y sin ninguna pizca de duda, lo cual me hace sentir
mal por algún momento haber dudado de él. De haber
pensado que cualquier hipotético futuro sería mejor que el
presente en el que tengo todo lo que quiero, menos esa paz
asociada a la felicidad máxima. Sin importar cómo nos
puedan mirar debido a ello lo suelto, trayendo desilusión a
su mirada que es recompensada por sorpresa cuando me
levanto y camino hacia él. Tras tomar su rostro entre sus
manos, inclino mi cuerpo hacia abajo y lo cubro, mi cabello
haciendo una cortina a nuestro alrededor porque mientras
tengamos esto, nada más importa. Nada más vale. Weston
tenía razón al hablarme como lo hizo porque mientras mi
corazón siga latiendo de esta forma por él, no tengo otra
opción salvo elegirlo incluso por encima de mí misma.

Ese es nuestro bucle.

Mi condena al no saber si es la suya también.

─¿Eso es un sí? ─murmura cuando separo nuestros labios,


todavía sin apartarme, sus manos puestas sobre mis
caderas.

─Es un no. ─Río ante su instantánea expresión irritada, la


cual flaquea al escucharme. Rodeo su cuello con mis brazos
antes de besarlo de nuevo─. Por supuesto que es un sí.
Claro que es un sí.
Y así es como a pesar de todo lo que me advierten, de todo
lo que yo misma sé que sucederá, lo elijo nuevamente a él
porque siempre me he sido fiel a mí misma y dejarlo ir sería
lo equivalente a destrozarme.

Porque puedo vivir sin ser feliz o aprendiendo a serlo a


nuestra manera, ¿pero puedo vivir sabiendo que dejé ir a la
persona que amo?

******

A pesar de que al día siguiente es la fiesta de recaudación


de fondos, eso es lo último que pasa por mi mente de
camino a casa y mucho menos cuando llegamos a ella.
Tanner sostiene bandejas para llevar con lo que pedimos
para el postre, así que me ocupo de desnudarme por mi
propia cuenta cuando entramos en nuestro ático. Cuando
regresa de la cocina y entra a nuestra habitación, me pongo
de puntillas y cierro sus ojos con una de mis manos
mientras que con la otra empiezo a desabrochar sus
pantalones, a lo que se detiene con un bramido y me deja
hacer lo que quiera con él.

Me ayuda a desvestirlo y una vez está solo en ropa interior,


lo dejo verme echándome hacia atrás y su mirada se vuelve
intensa al apreciar cómo el atuendo de lencería que escogí
acentúa mis atributos. Es color rojo y está compuesto por
tiras que se enrollan estratégicamente a lo largo de mi
anatomía. Tanner rápidamente acorta la distancia entre
nosotros envolviendo su brazo alrededor de mí, pegándome
a su torso, y aplanando su palma contra mi espalda.

─¿Quieres jugar? ─susurra en mi oído, haciéndome


estremecer.

Niego.
─Quiero que me hagas el amor. ─Cuando Tanner se tensa
ante mi exigencia, tomo su barbilla y desvío su rostro al
mío. Clavo mis ojos en los suyos de una manera en la que
espero que lo que no sea capaz de decir en voz alta, lo diga
con mis ojos─. Quiero que me digas con tu cuerpo lo que
todavía no me puedes decir con palabras, Tanner.

Tanner entreabre los labios, luciendo sin aliento.

Viéndose tan asustado por la magnitud de nuestros


sentimientos como yo lo estoy, pero el hecho de que dichos
sentimientos estén ahí es todo lo que necesito para tener fe
en nosotros. En él. Su expresión vacía sí sería algo con lo
que no podría lidiar. Con su inferencia, pero conmigo es todo
menos indiferente y eso fue lo que desde un principio me
hizo sentir especial. Tener esperanzas de que sería posible.

─Sav... ─susurra, sus manos apoderándose de mis mejillas


antes de que junte nuestras bocas y me bese larga y
profundamente, atrapando mis labios entre los suyos para
succionarlos y siseando cuando arrastro mis uñas por su
espalda enrojecida por el sol. Una vez nos quedamos sin
oxígeno, me anima a rodear su cintura con mis piernas y me
lleva a nuestra cama, las luces de las demás viviendas en
Travis Country transmitiéndose a través del cristal─. Tengo
planes de arruinarte para cualquier otro hombre ─admite
con esa mirada enloquecida y psicótica, posesiva y celosa
más allá de lo razonable, cuando me deja sobre el colchón
de sábanas blancas y limpias porque hicimos la colada
juntos hace un par de días─. No soporto la idea de que estés
con alguien que no sea yo, Savannah, pero te deseo tanto
que te perdono cada una de las veces que te entregaste a
algún otro imbécil frente a mí. ─Besa mi estómago,
descendiendo cada vez más cerca de mi centro. Jadeo
cuando sus labios son presionados directamente contra la
tela de encaje sobre mi entrepierna─. Eres un torbellino tan
grande que cuando estoy siendo absorbido por ti olvido el
abismo en el cual me encuentro. ─Una vez tira de la tela del
lazo que mantiene en su lugar mi conjunto, hace a un lado
el encaje y me insta a poner mis piernas sobre sus
hombros─. Eres peligrosa, eres egoísta y eres caprichosa,
pero también eres noble, creativa y sé que tienes el corazón
más puro de todos por más que te esfuerces en ocultarlo.
─Tras succionar mi clítoris, haciéndome jadear y retorcer
mientras enredo mis dedos en su cabello negro, escala
sobre mí con dos de sus dedos en mi interior y vuelve a
besarme, lo que me permite saborear mi propia humedad
en sus labios─. Eres perfecta, Savannah Campbell. Fuiste
creada para tentarme y caí como un estúpido en una
trampa de la que me debí mantener alejado a penas te vi.
¿Lo más irónico de todo? ─Jadeo cuando entra en mí─. Caí
feliz, hermosa.

La mezcla de todos sus acentos hablando en español logran


hacerme estremecer con emociones que no tienen nada que
ver con lo carnal mientras toma posesión de mi cuerpo,
pero que intensifican nuestra unión. Rodeo su cintura con
mis piernas y lo atraigo a mí para besarlo mientras me folla
con suavidad y profundidad, haciéndome arquear la espalda
y quejarme cada vez que toca mi punto G, restregándose
contra él y estimulándolo de una manera que nadie más
podrá igualar. Una vez mis labios consiguen estar
hinchados, al igual que los suyos, lleva su rostro a mi cuello
y besa mi piel, mordisqueándola y succionándola cada vez
que las contracciones de mi sexo lo hacen gruñir. Me insta a
colocarme sobre él, ambos sentados y desnudos, cuando
está cerca de venirse, sus brazos rodeando mi cintura.

Me he corrido varias veces ya, por lo que me limito a


contemplar la expresión de su rostro, a besarlo y a jadear
cuando su semen me llena espeso, caliente y abundante.
Tanner me abraza una vez termina, estremeciéndose, y yo
lo abrazo a cambio. Cuando se calma despega su frente de
mi pecho tras besarlo y me sonríe tímidamente.

─¿Voy por el postre? Tengo hambre otra vez.

Afirmo, sonriendo.

─Sí. ─Presiono un beso sobre su frente─. Ve por él. Te espero


aquí.

Tanner me besa una última vez antes de empujarme


suavemente hacia atrás y levantarse en toda su gloria
desnuda de camarón. Ya que no hay nadie más que yo aquí
y su autoestima nunca ha sido un problema, ni siquiera se
pone su ropa interior. Yo sí lo hago con un pantalón de
algodón y una camiseta blanca de Tanner cuando
desaparece de la habitación para ir a la cocina y la pantalla
de mi teléfono se alumbra con el mensaje de un número
desconocido.

Desconocido: Estoy abajo.

Tras mirarme en el espejo y asegurarme de que el hecho de


que estaba teniendo sexo no sea tan obvio, me baño en
perfume y me dirijo al primer piso. Tanner y yo nos
cruzamos en las escaleras. Su ceño se frunce al verme
vestida, pero se suaviza al notar su ropa en mí.

─¿A dónde vas?

─Isla vino a traerme algo relacionado con el trabajo. Iré a


buscarlo ─le miento y sueno tan mal haciéndolo que el
hecho de que Tanner no lo note hace que mi corazón duela
porque aunque no sé si me ama, confía ciegamente en mí─.
Vuelvo en seguida, camarón.
Tomo la cuchara de uno de los platos y llevo una porción de
flan a mis labios, relamiéndome los labios después. Tanner
los limpia con una servilleta mientras asiente, sus ojos
oscureciéndose al ver su ropa en mí.

─Deberías vestirte así más a menudo.

Pongo los ojos en blanco.

─¿Con ropa holgada?

Niega.

─Diciéndole al mundo que eres mía ─dice antes de presionar


sus labios contra mi frente─. No tardes demasiado o me
comeré tu flan.

Le saco la lengua mientras me dirijo al ascensor.

─Te haré comprarme otro.

─Lo jodido es que probablemente lo haga ─lo escucho


gruñirse a sí mismo antes de que las puertas metálicas se
cierren y el descenso al engaño más grande del cual ha
formado parte empiece.

Saludo al hombre en la caseta de vigilancia antes de salir a


la calle. La puerta del asiento copiloto de un convertible azul
se abre desde dentro y los ojos verdes de Weston, cuyo
número me dio Ibor a penas nuestros caminos se separaron
en el reencuentro, se enfocan en mí.

─Sav... ─empieza, su mirada llena de arrepentimiento, pero


niego.

─Solo dame lo que has venido a traer.


Suspira. Posteriormente asiente y toma un sobre que saca
de su guantera. Cuando este aterriza en mis manos, ni
siquiera lo abro. Me limito a contemplarlo sabiendo que lo
que dijo es completamente cierto porque no tiene razones
para mentirme o, al menos, eso es lo que pensé de él, pero
al igual que muchos terminó siendo una decepción.

La razón por la que nunca me abro a nadie.

─Lo siento ─dice cuando tomo la manija de su puerta─.


Siento haberme molestado contigo incluso cuando tenías
razones más fuertes para molestarte conmigo, pero tienes
que entender que la universidad fue la época más oscura de
mi vida. No solo luchaba por abrirme un espacio en el
mundo, sino también por entenderme.

Lo miro, mis ojos llenos de lágrimas.

─Dañaste a muchas personas en el proceso, Weston,


incluyéndome. No sabes por cuánto tiempo me sentí
culpable por haberte dejado. Cuánto lloré cuando los vi a ti
y a Ibor siendo felices sin que me permitieran estar ahí para
ustedes. No como su amante, sino como su amiga. Como
alguien que los habría apoyado contra el mundo.

West agacha la mirada, asintiendo.

─Sé que no hice lo correcto y que fui egoísta al callármelo


por tanto tiempo, pero lo estoy haciendo ahora ─murmura
con expresión afligida─. No podía seguir escondiéndolo más.
Lo que dije en el campus lo dije en serio, Sav. Mereces ser
feliz. Esto te ayudará a serlo.

─Sí, pero no contigo ni con Ibor si eso es lo que pretendes


con esto.

Niega, su expresión llena de dolor.


─Lo siento. Sé que es insuficiente para el daño que he
ocasionado con mi silencio y con el hecho de haber actuado
como lo hice bajo la excusa barata de querer que fuéramos
felices, pero en verdad lo hago.

─No estoy lista para perdonarte ─susurro luego de unos


segundos de silencio─. Pero dile a Ibor que estaré encantada
de ir al cumpleaños de Gen. Ninguno de ellos merece si
quiera hacerse una idea de la clase de persona que éramos
en el pasado, así que termina de enterrarnos a Tanner y a
mí nueve metros bajo tierra y sé tanto el buen esposo como
el buen y amoroso padre que no fue el tuyo. Tienes una
familia ahora y si lastimas a Ibor de alguna manera, te
destruiré.

─No tienes de qué preocuparte. Yo...

─¿No? ─lo corto y no responde─. Solo tuve que ver tus


publicaciones en redes sociales para hacerme una idea de lo
que estás haciendo. De lo que le estás haciendo
presentándole semanalmente a una chica diferente como si
sus vidas fueran un reality y ellas estuvieran en un casting.
¿No crees que tu inagotable búsqueda de la mujer perfecta
para ustedes termine por arruinar su relación? ¿Su familia?
─No es mi problema, pero no puedo evitar odiar a West por
lastimar a alguien tan noble. La única persona que no me
hizo daño en la universidad y que incluso al día de hoy
podría tener si quisiera, pero nunca le haría eso por más
que deseara lo que Weston y él tienen: una fachada─.
Lastímalo, Weston, y me darás una buena razón para
odiarte más de lo que ya lo hago. Para ir contra ti de la
misma manera que él irá contra ella a penas lo sepa.

Salgo de su auto sin esperar una respuesta. Sostengo el


sobre con aire ausente hasta que llego de nuevo al ático.
Limpio mi rostro con agua en el baño del primer piso. Me
encuentro caminando por el pasillo cuando me detengo,
indecisa sobre si hacer esto o no porque en el dado caso de
que lo haga, la persona que amo sufrirá también.

Y no por mí.

Tras tomar una honda bocanada de aire, retrocedo cuando


estoy a punto de llegar a nuestra habitación y dejo el sobre
entre varias carpetas de mi estudio. Cuando salgo de él, me
topo con Tanner en el pasillo vestido para salir de casa con
un par de jeans y una camisa.

─Iré por tu flan ─me informa como si no fuera la cosa más


dulce que alguna vez haya dicho─. Me comí los dos,
¿quieres algo más?

Niego, abrazándolo.

─No, no quiero nada más. Tampoco quiero flan ─respondo


ocultando mi rostro en su pecho─. Solo te quiero a ti.

Y que todo aquello por lo que no pudimos estar juntos


antes, incluso de lo que no soy consciente todavía, pague y
llore lágrimas de sangre.

Pero no debido a nosotros.

Ya ambos estamos lo suficientemente llenos de veneno.

─Me tienes ─dice alzando mi rostro y besándome antes de


deslizar sus pulgares por mis mejillas─. Siempre me has
tenido. 

Solo quedan 4
Capítulo 51:

Capítulo 51:
12.8K 2.1K 685
por OscaryArroyo
 
Después de que Gordon es capturado por la policía y llevado
a la estación, Hans y Anahí me acompañan a denunciarlo y
a proceder al interrogatorio en su contra. Llaman a mis
padres y estos se ponen de camino a Austin otra vez, al
igual que su abogado. Anahí también testifica en su contra
por abuso y conducta agresiva y promete hacerlo de nuevo
en un juzgado de ser necesario. Hans se limita a esperar por
nosotras en una de las butacas de la entrada a pesar de que
luce como un gato con el pelaje erizado ante la idea del
agua. Cuando salgo del frío y gris cuarto en el que estuve al
menos un par de horas contestando las preguntas de los
mismos oficiales que nos recibieron la vez que incendié su
auto, lo primero que sucede es que mis ojos grises se topen
con los oscuros de Tanner. Con los suyos y con los de su
padre. El primero aparta su mirada de mí tan pronto como
nuestras miradas conectan, llevando jeans y una sencilla
sudadera negra con capucha, y el segundo lo imita, pero
también me observa como si mi sola presencia le asqueara.
Todavía no han terminado con Anahí y mis padres no han
llegado para ejercer la presión correspondiente en el caso,
así que me siento junto a Hans. Este me sonríe débilmente.

─¿Luces peor de lo que se siente? ─pregunta refiriéndose a


los moratones y los raspones en mi rostro, al igual que en el
resto de mi cuerpo, que ocasionó Gordon y que una
integrante femenina de la policía fotografió para el
expediente, procedimiento durante el cual tuve que subirme
la camisa para exponer los golpes a mis costillas y espalda,
prácticamente la huella de sus zapatos sobre mi piel.

─No ─respondo débilmente─. Luzco mejor.

Aunque sé que tuve los motivos correctos para hacer lo que


hice, hay algo que no deja de parar de hacerme sentir como
una basura. Me abrazo a mí misma debido al frío. Hans, al
percibirlo, pone su chaqueta de cuero sobre mis hombros.
Mientras lo hace espero ver cualquier chispa de interés en
sus ojos, pero no la encuentro.

Solo está siendo amigable.

Eso es nuevo para mí, y preciado.

─Hicimos lo mejor por ti, por Ana, por todos nosotros.

─No me sentí feliz de haber excluido a Tanner.

Hans frunce el ceño.

─Pero pensé que querías hacerlo.

─Quería ─susurro, agachando la cabeza y mirando hacia mis


manos, las cuales también sangran─. Pero quizás no fue lo
correcto.

Porque aunque no estemos juntos, aunque él esté con


Pauline y yo con todos los chicos del campus, había una
cierta complicidad en nosotros que sé que ambos
reconocíamos que deseché. Que envié a la basura al hacer
esto sin él cuando se suponía que nos encargaríamos de
Gordon juntos. Su mirada cuando pensó que se enfrentaba a
la muerte por mí está grabada a fuego en mi mente.
Pauline puede ser su novia.

Puede quedárselo para siempre y vivir una feliz vida


artificial juntos.

Pero yo tengo ese pequeño instante en el que me eligió por


encima de él, por encima de todo, y eso nunca me permitirá
dejarlo ir. Cuando creo que he conseguido las razones
suficientes para abandonar la idea de nosotros, él
simplemente me da más. En esta ocasión miles.

─Por supuesto que no lo fue ─dice una voz grave por encima
de mí, a lo que alzo la vista y me estremezco al toparme
con el señor Reed, quién es una copia adulta y canosa de
Tanner. Más dura. Más temible. Su vestimenta tampoco
ayuda. Está usando una camisa negra, pantalones negros y
un abrigo azul real. Mocasines. Su cabello está peinado
hacia un lado. Es pulcro y exuda orden, control y poder.
Antes de volver a dirigirse a mí, fija sus ojos negros sin
fondo en Hans─. Vete de aquí. Tengo una conversación
pendiente con esta... chica latina ─le ordena, a lo Hans se
tensa y empieza a negar, por lo que pongo mi mano en su
antebrazo a pesar de que no estoy del todo cómoda por
cómo pronunció chica latina: intuyo que no fue un halago.

Me da miedo el señor Reed.

Pero tengo más curiosidad que miedo.

─Está bien ─susurro─. ¿Puedes ir por comida para Anahí y


para mí? Mis papás están a una hora de llegar y presiento
que pasaremos toda la noche aquí. Pudo haber roto mis
costillas, pero no mi estómago.

Hans hace una mueca, levantándose.


─No eres graciosa ─dice antes de ofrecerle una extraña
mirada de advertencia al señor Reed y levantarse─.
Llámame si necesitas algo.

─Lo haré ─susurro, haciendo que por una razón el padre de


Tanner sonría con una desagradable sensación que me hace
estremecer.

Ironía, burla, algo similar.

─Bien. Eres rápida ─dice acercándose y poniéndose de pie


frente a mí, haciéndome sentir pequeña, una vez Hans
desaparece por el pasillo al cruzar hacia la izquierda. Su
mandíbula se aprieta ante lo que sea que está pasando por
su mente. Su sola presencia desagradable y cruel me hace
entender al instante muchas cosas sobre Tanner─. Me
pregunto cuándo mi hijo se dará cuenta de eso.

─¿De qué? ─pregunto con voz ronca.

─De que no eres más que una distracción, una pérdida de


tiempo. Eres hermosa, pero no encajas con él, así que te
agradecería que dejaras de meterlo en problemas cuando
claramente te gusta estar a disposición de todos en el
mercado. ─No puedo evitarlo, me pongo de pie, mi corazón
latiendo con fuerza dentro de mi pecho cuando nos
encontramos casi a la misma altura. A pesar de que mis
piernas tiemblan, me esfuerzo por mantener la barbilla en
alto─. ¿Pero qué puedo esperar de él? ─Mete las manos en
su bolsillo─. Está claro que no es más que idiota que se deja
llevar por un bonito coño. Por los sentimientos. Si fuera el
digno hijo que crié, no estaría aquí de nuevo cuando sabe
que no puede meterse en más problemas sin violar su
libertad condicional. ─Me tenso. Al observar mi reacción, el
hombre sonríe─. ¿No lo sabías? ─Niego, sin entender, y él
ríe─. Bueno, realmente no me sorprende que no sepas que
Tenner tiene antecedentes penales y que no es muy
diferente al chico que está enviando tras las rejas. Es
reservado. Eso fue lo único que heredó de mí aparte del
físico. ─Extiende su mano y acaricia un mechón de mi
cabello entre sus dedos, haciéndome estremecer─. Pero en
resumen de todo, niña, te diré sin importar las veces que
haga que termine tras las rejas por ti, la historia de amor
entre el idiota criminal que cree que puede ser mejor que su
padre y la inmigrante zorra que solo busca escalar a través
su bonita cara de rasgos mexicanos no sucederá.

No puedo evitarlo.

Alzo mi mano y lo abofeteo de la misma manera que


abofeteé a su hijo un día, sonido que suena por todo el
pasillo, y no lo hago por mí. Estoy acostumbrada a ser
llamada zorra, inmigrante y todo lo demás, pero no por mis
padres. Si me habla así de Tanner sin ningún pudor,
seguramente le dice cosas peores a él. Cosas que no
merece.

No proviniendo de su padre.

─Él no solo cree que puede ser mejor que su padre ─le digo,
mi voz permaneciendo alta y controlada a pesar de que solo
quiero huir. Huir de su expresión, una mezcla de ira y shock,
mientras acaricia su mejilla enrojecida─. Él es mejor que
usted, señor Reed, incluso en su peor faceta de imbécil. Es
la persona más inteligente, astuta, leal y dedicada a sus
metas que conozco. Si quiere pruebas de ello, puede
comprobar que es el mejor promedio de su generación
pidiendo sus notas, ver cualquier juego de los Longhorns en
el que habrá miles de espectadores aclamando su nombre
como un dios o ir a la fraternidad que maneja con éxito. Si
aún así no es capaz de ver cuán increíble es su hijo, Tanner
no es el que pierde. ─Lo veo fijamente─. Es usted.
Sin esperar su respuesta, me doy la vuelta.

Su mano rodeando mi muñeca me hace girarme de nuevo


hacia él.

─Eres más estúpida de lo que pensé ─dice─. Me acabas de


agredir en una comisaría. ─Señala las cámaras en el
pasillo─. Eres mayor de edad. Solo estábamos hablando.
Podría hacer que te encerraran por esto al menos por un día
entero sin que tus padres puedan ayudar.

Le sonrío, jalando mi mano fuera de la suya.

─Definitivamente el idiota no es Tanner, sino usted al pensar


que su hijo iría a prisión por alguien que no estuviera
dispuesta a hacer lo mismo por él ─respondo a sus
amenazas, girándome más rápidamente esta vez sin
esperar su respuesta o reacción.

Pero en lugar de seguir a Hans, me dirijo a la entrada hacia


los despachos de los agentes. La anciana en la recepción
me deja pasar con una expresión empática y amable
cuando le digo que soy la víctima del incidente del campus
y que tengo nuevos datos para los detectives a cargo de la
investigación. Uno de ellos es el que se encuentra
interrogando a Anahí, el agente Martínez, un hombre mayor
de ascendencia latina, y Howard, un rubio joven y alto de
cabello largo que estaba empeñado en apoyar a Gordon la
primera vez que vinimos.

Es a él a quién me dirijo, sentándome del otro lado de su


escritorio con una placa con su apellido en la superficie y
trayendo su atención a mí con el sonido que hace la silla al
arrastrarse hacia atrás. El hombre aparta la mirada de los
documentos que revisaba, luciendo cansado, pero su mirada
se torna sumamente confusa cuando me ve.
─¿Qué haces aquí, chica? ¿Has recordado algo que no haya
sido grabado por decenas de cámaras y que no esté
rodando por internet? Si es así, es a la sala de
interrogatorios a dónde debes ir.

Enderezo mi espalda, manteniendo mi mentón arriba.

─¿Es el odio que sientes hacia las personas como yo o la


culpa de no haber visto la clase de monstruo que era
Gordon cuando te lo dijimos?

El policía se tensa, echándose hacia atrás en su asiento


mientras hace sonar su pluma contra su mano una y otra
vez en un evidente intento por no perder los estribos ante
mí y lo que le estoy diciendo.

─¿Por qué odiaría a las personas como tú?

─¿Qué es exactamente alguien como yo? ─le pregunto─.


¿Alguien con acceso a ciertos privilegios porque mis padres
y mis abuelos hicieron sangrar sus uñas porque los tuviera?
─La tensión de su cuerpo crece─. En fin. El hecho de que es
evidente que nos odias a mí y a Tanner por razones que no
puedo entender no es por lo que estoy aquí ─susurro─.
Estoy aquí porque necesito un favor.

El agente Howard me mira con ojos entrecerrados.

─¿Por qué te haría un favor que claramente no estará dentro


de mis obligaciones como oficial? ─pregunta, inclinándose
hacia delante y apoyando sus brazos en la mesa─. No
trabajo para ti y para tu novio con tendencias sociópatas.
Trabajo para la ley y para el país.

─Entonces es tu deber proteger a la ley y al país del


escándalo que podría desatarse si decido abrir la boca y
decir que nadie me escuchó, ni posiblemente a las otras
chicas que pudieron haber denunciado a Gordon, cuando lo
identifiqué como una clara amenaza solo porque un oficial
tiene resentimientos guardados en contra de la clase alta,
por lo que no se tomó la molestia de investigar más a fondo
lo que sucedía.

─Estoy seguro de que no nos dijiste todo lo que sucedía


─sisea.

─Aún así la prensa lo verá como negligencia policial.

Howard estampa su puño contra la superficie del vidrio con


fuerza, haciéndome saltar. Cuando se da cuenta de que sus
compañeros dirigieron su mirada confundida hacia nosotros
con confusión en sus expresiones, se fuerza a sí mismo a
controlarse tomando un par de profundas respiraciones que
me hacen preguntarme si está sufriendo una especie de
crisis asmática. Cuando se calma, habla de nuevo.

Se rinde.

─¿Qué es lo que quieres?

Aunque estoy nerviosa por lo que estoy haciendo,


prácticamente extorsionar a la ley, mantengo mi tono de
voz neutral.

─Quiero el expediente policial de Tanner ─susurro─. Quiero


leerlo. Ni siquiera lo fotografiaré o le sacaré copia. Solo
quiero verlo.

El hombre hace una mueca irónica.

─Incluso si se trata de su novio eso es confidencial.

─Solo será necesario recalcarlo si esta conversación llega a


otros oídos, lo que ninguno de los dos queremos ─le digo─.
Ya que yo no quiero que él sepa lo que estoy a punto de
saber y usted, agente Howard, quiere dejar de verme de
una vez por todas para así cerrar el caso que podría hacerle
perder el trabajo porque ambos sabemos que en lo
referente a Gordon y a nosotros, trajo lo personal a lo
laboral y cada contusión, corte o moratón que ve en mí lo
demuestra.

La mandíbula del hombre se aprieta.

Sin decir nada más, mete su mano bajo su escritorio y deja


caer una carpeta con un serial del departamento policial de
Austin. Cuando lo abro, jadeo al comprobar las palabras del
padre de Tanner cuando veo su foto bajo un clip. En esta
tiene un ojo morado y marcas de arañazos en el cuello. Su
camisa está rota. Mis ojos viajan al agente Howard frente a
mí, quién afirma como si supiera que lo que busco es una
confirmación de que se trate de Tanner, y paso las páginas
con los datos innecesarios de él para concentrarme en lo
importante.

Su expediente criminal.

Trago al leer y darme cuenta de que unas semanas después


de venir aquí por lo de Gordon, volvió por cometer un delito
de agresión contra el señor Reed, cuyas lesiones se
encuentran documentadas al igual que las mías. Un par de
costillas rotas. El cartílago de su nariz fuera de lugar. No es
la primera vez que tuvieron una pelea, sin embargo, ya que
retrocediendo entre las hojas descubro que Tanner ya ha
terminado en varios departamentos de la policía, no solo en
Austin y no solo en Texas, por lo mismo. Siempre, sin
embargo, son otras personas quienes denuncian sus
altercados, vecinos o espectadores, no ninguno de los
miembros de la familia. Mis ojos se llenan de lágrimas
cuando leo los testimonios de su madre, quién siempre
defiende a su padre.

No a su hijo.

Retrocediendo aún más, las fotografías de las lesiones del


señor Reed son suplantadas por lesiones en un cuerpo más
pequeño y pálido que reconozco al instante pese a que no
se muestra la cara del niño. Estas imágenes, sin embargo,
pertenecen a archivos de servicios sociales y hospitales que
denunciaron los sucesivos golpes en el pequeño de doce,
siete, seis, cinco y cuatro años que atendieron porque según
su madre se había caído jugando con otros niños en el
parque o en su propia casa, explicando sus traumatismos,
pero Tanner es como yo: no tiene amigos e incluso de niño
dudo que haya sido diferente.

Y sus lesiones son tan evidentes.

Cada una de ellas grita abuso infantil, no accidentes.

Cuando asciendo la mirada al agente Howard tras cerrar el


expediente sobre su escritorio, este hace una mueca irónica
con sus labios.

─Dejas de ser una víctima de abuso cuando usas dicho


abuso para justificar que te has convertido en un abusador
─dice, sin emociones─. El hecho de que se estén
enfrentando a un monstruo y que tengan la razón esta vez
no significa que tanto tu novio como tú no sean personas
sin las cuales nuestro país estaría mejor. Ahora son solo
niños ricos que hacen lo que quieren, pero en unos años
estarán por encima de todos nosotros sin haber hecho algo
para merecerlo, manipulándonos de la misma manera que
manipularon a Gordon para que presionara el gatillo de su
propia muerte ─dice─. Pero no todos somos estúpidos como
él, Savannah. Algunos vemos mejor en la oscuridad.
Algunos vemos que ustedes dos no son mejores que él.

Mis manos se aprietan en puños.

Sin querer perder más el tiempo con este imbécil, me


levanto.

─¿Sabe por qué es tan miserable, agente Howard? ─le


pregunto─. Porque para ver mejor en la oscuridad, como
dice, tienes que ser un monstruo y usted todavía no acepta
que lo es. De ser bueno no se habría dejado llevar por los
prejuicios que infestaron su mente desde el momento en el
que nos conoció, pero tiene razón. Un día Tanner y yo
estaremos por encima de todos, pero no por nuestros
padres, sino por nosotros mismos y nada le arderá más que
eso. Ver con sus propios ojos cuán equivocado estuvo.
─Relamo mis labios─. Y para que eso suceda necesito que se
asegure de que este incidente con Gordon no afecte su
libertad condicional o de lo contrario ya sabe lo que haré,
oficial. ─Me doy la vuelta─. Muchas gracias por su servicio.

Antes de que pueda llegar a la puerta, me intercepta.

Sus ojos están llenos de ira.

─Teníamos un trato. La libertad condicional de tu novio no


estaba ahí.

Le sonrío.

─Lo siento, solo estaba manipulándolo ─respondo,


haciéndome a un lado─. Como la pequeña escoria hija de
papi y mami que soy. ─Cuando lo rodeo y paso junto a él,
choco contra su hombro por accidente y le ofrezco una
sonrisa de disculpa antes de salir del área de despachos de
los agentes─. Con permiso.
─Zorra ─lo escucho decir a mis espaldas.

Me detengo, mirándolo por encima de mi hombro.

No es la primera vez en el día, ni en mi vida, que me llaman


así.

Ni será la última.

─Sea más original, oficial.

Solo quedan 3  
Capítulo 52:

Capítulo 52:
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por OscaryArroyo
 
Cuando el día del baile de recaudación de fondos para
terminar el nuevo estadio de los Rangers llega siento que he
esperado años para que así sea. Tanner y yo nos
levantamos a las seis y para planificar cada detalle y cada
paso que daremos en la noche. A las doce me acompaña a
mi cita al salón, en dónde me espera con su usual cara de
pug en la sala para acompañantes, un polo negro y un par
de vaqueros oscuros cubriendo su cuerpo. Cualquier
emoción negativa en él se deshace cuando terminan
conmigo y ve los resultados, mi cabello negro lacio, largo y
brillante de vuelta sobre mi cabeza. El resto de los clientes
se nos quedan viendo fijamente, como espectadores de una
película romántica, cuando se levanta abruptamente y junta
sus labios con los míos mientras sus brazos rodean mi
cintura y me estrecha contra su pecho con fuerza.

─¿Te gusta? ─bromeo cuando nos distanciamos.

Sus ojos negros brillan.

─Esa es una pregunta estúpida ─responde antes de apartar


con mucho esfuerzo su atención de mí, dirigiéndola a la
cajera, quién se tensa y me hace deducir que durante el
tiempo que estuve arreglando mi cabello mi acompañante
pudo haber sido todo menos divertido o fácil de sobrellevar
con ella─. ¿Hay un baño decente aquí? Ver a mi chica tan
hermosa me dio ganas de orinar.
─Sí ─responde ella, tragando─. Junto a las escaleras, señor
Reed.

─Gracias, Shanon.

Tras entrelazar nuestras manos, Tanner sigue sus


indicaciones y nos guía a los aseos. Una de las trabajadoras
del salón nos mira con las cejas alzadas cuando nos ve
entrar a ambos en el baño femenino, sus brazos llenos de
toallas, pero no opina al respecto luego de que mi
acompañante le dirige una mirada retadora. No puedo
evitar reír cuando me sienta sobre el lavado y se posiciona
entre mis piernas, el frío del mármol bajo mi piel
haciéndome estremecer. 

Mi sonrisa se deshace cuando se baja la cremallera del


pantalón y alza la falda de mi vestido.

Trago sonoramente cuando entra en mí de golpe, todavía no


acostumbrada a su tamaño.

─¿Cómo se llama? ─pregunta mientras me folla con duras,


secas y  ansiosas estocadas, casi diría que desesperadas, su
frente presionada contra la mía y mis piernas envueltas
alrededor de su cintura─. El tono de tu cabello ─aclara
cuando lo miro sin entender, odiándolo cuando se detiene
para mirarme con respiraciones irregulares ya que mi
excitación se ha ido construyendo y solo quiero que me coja
sin ningún tipo de charla de por medio─. Dímelo,
Savannah.  ─Envuelve su mano alrededor de mi cabello,
manteniendo mi cabeza fija y nuestros rostros cerca. Tan
cerca que puedo oler el aroma del jabón que usó esta
mañana y su loción para afeitar─. Quiero saber cuál es el
nombre del tono de cabello que amo.

Mi pecho se oprime.
Si ama mi cabello, ¿eso significa que a mí también?

¿Que tenemos una seria posibilidad de terminar juntos y ser


felices?

─Ébano ─respondo, mi garganta seca.

─Ébano ─repite volviendo a embestirme mientras saborea la


palabra con sus labios y la hace suya con ese acento
alemán que tanto adoro─. Ese es mi jodido color favorito.

Mis ojos pican con la necesidad repentina que siento de


llorar, abrumada por las sensaciones que me golpean
debido a que he esperado tanto para esto, para que Tanner
me hable de esta manera a mí, que ni siquiera puedo creer
que esté sucediendo. Tras enredar mis dedos en su propio
cabello oscuro, junto nuestros labios y mezo mis caderas
para que sus empujes se encuentren con los míos y el
deseo, la posesión y todos los sentimientos que nos
envuelven se desborden en cada roce de nuestros labios y
en cada estocada de su miembro a mi sexo.

Podemos no ser perfectos.

Pero somos perfectos juntos.

Podré ser feliz con alguien más, lo sé, pero nunca voy a
pertenecer a un lugar que no sea este.

Cuando tanto Tanner como yo nos venimos al mismo


tiempo, alza sus ojos traviesos hacia mí y me sonríe de
manera cómplice antes de comenzar a ajustar mi vestido y
a peinar mi cabello con sus dedos. Mi corazón duele debido
al secreto que estoy manteniendo de él por su propio bien.
Debido a lo poco que sé  de lo que lo convirtió en el hombre
que decidió rendirse a sus demonios en lugar de luchar
contra ellos hasta ahora, siendo el estar aquí conmigo una
declaración de guerra que solo es el inicio. Sé que
tendremos muchas batallas que librar antes de que
podamos afirmar que conseguimos nuestro final ideal, pero
no quiero lo fácil.

No quiero lo bueno.

No quiero sonreír sin que tras dicha sonrisa haya verdaderos


motivos para hacerlo.

Lo quiero a él.

Lo elijo a él.

─Te amo ─susurro, haciendo que se congele─. Weston, Ibor,


Frederick, todos los hombres con los que me he acostado.
Todos mis exs. Ninguno de ellos me entiende y me conoce
como tú. Ninguno de ellos me complementa como lo haces
tú. ─Tomo sus mejillas entre mis manos─. Te amo, Tanner, y
al igual que harías cualquier cosa por mí, haría cualquier
cosa por ti.

Traga.

─Sav...

─Está bien si no te sientes igual.  ─Me pongo de pie,


girándome para verme en el espejo. La opresión de no
decirlo en voz alta era peor que el dolor de que mis palabras
no sean correspondidas, pero aún así escuece. Tras tomar
las fuerzas para ellos, me encojo de hombros con fingida
indiferencia─. Sé que acabas de terminar con Pauline, que
han pasado por mucho juntos y que estás terriblemente
confundido, pero quería que lo supieras.

Tanner nos contempla en el espejo.


Tras situarse tras de mí y pegar mi espalda a su pecho, sus
brazos rodeándome, lleva sus labios a mi mejilla y presiona
un suave y frío, pero a la vez cálido beso sobre ella.

─Oscuros. Egoístas. Perversos. Indiferentes a todos los


demás y con ganas de verlos postrados a nuestros pies
durante la noche y el día    ─dice en español, haciéndome
estremecer─. Esto somos nosotros, Savannah, y nunca nada
en mi vida se ha sentido tan real y destinado a ser que esto.

*****

Aunque fue difícil convencerlo, consigo hacer que Tanner


finalmente me deje ir cuando Jason llega a nuestro edificio y
me envía un mensaje de texto para anunciarlo. Me
acompaña en el descenso en el ascensor, durante el cual no
hago más que esquivar su cuerp ya que no puede evitar
querer poner cualquier parte de su cuerpo sobre mí y ya me
tuve que vestir dos veces y retocar el maquillaje al menos
seis antes de salir. Mi vestido azul y plateado de lentejuelas
y brillos al parecer es una visión. Es de cuello alto y de las
escasas mangas que tiene cuelgan cadenas de brillo que
también están en la parte baja de la falda. Estoy usando
tacones plateados de una sola tira y mi cabello cae lacio
sobre mi espalda. De mis orejas cuelgan un par de aretes de
diamantes que Tanner me regaló el día que fuimos a recoger
mi atuendo de la modista ya que fue especialmente
diseñado par mí. Pero la cantidad de veces que lo hemos
hecho en la última hora no solo se debe a mí, sino a él
también. 

Se ve sexy, oscuro y fríamente peligroso en un traje negro


de dos piezas. Su corbata es plateada, yo la escogí, y que
finalmente estemos a juego me hizo tan feliz que salté
sobre él al menos un par de veces tirando del hermoso trozo
de tela colgando de su cuello. 
─Dime que no lo tocarás ─sisea en mi oído luego de
conseguir acorralarme contra una esquina─. Promete que te
mantendrás lejos de su alcance hasta que haya llegado.

Aunque en cualquier otro momento me molestaría su


actitud, en este momento puedo ver en sus ojos cuán
preocupado está con respecto a dejarme ir con Jason. Tras
presionar mis labios contra su mejilla y dejar la huella de mi
labial en ella, lo que hace que su expresión maníaca se
suavice, afirmo.

─Lo prometo.

─Bien ─gruñe echándose hacia atrás cuando las puertas del


ascensor se abren.

─Nos vemos allá.

─Me iré a penas regrese por las llaves del auto. Más le vale
a ese hijo de puta comportarse o ser despedido no será
venganza suficiente ─advierte antes de que las puertas
metálicas se cierren.

Reteniendo una risita ya que me parece adorable cuando


está molesto y en modo hablar consigo mismo, lo que he
descubierto que hace muy a menudo desde que
empezamos a vivir juntos, me doy la vuelta y me dirijo a la
entrada de nuestro edificio. Cuando llego a la calle resisto el
impulso de abrazarme a mí misma para protegerme del frío
de la noche y camino hacia el deportivo rojo de Jason. Este
abre la puerta para mí desde dentro y me sonríe
ampliamente cuando me ve, relamiendo sus labios después
de una manera que me hace estremecer.

─Hermosa ─halaga llevando una mano a mi muslo, haciendo


que me tense─. Te ves aún mejor con el cabello oscuro. Tan
bien que podría estar considerando despedirte para
hacerme tu novio.

No me recuerda.

Incluso con el cabello oscuro no recuerda lo que tomó de mí,


lo que una parte de mí esperaba que hiciera para poder
librarme de su compañía mientras que la otra aguarda con
ansias el momento de la revelación para abrir su mente a
los recuerdos de su falta de talento.

─Gracias, Jason ─respondo tomando su mano y llevándola a


la palanca de cambios, mis ojos grises y calculadores en los
suyos azules llenos de perversión─. Si realmente quieres
hacer tus planes realidad debes enfocarte en conducir sin
hacer que nos maten, así que lleva esos lindos ojos azules a
la carretera, jefe ─le digo con tono seductor, sonriendo al
saber que Tanner le cortaría la mano si hubiera visto la
manera en la que me tocó.

O encontraría otra manera de destruirlo.

Porque eso es lo que él y yo amamos hacer en nuestro


tiempo libre.

Destruir a personas que se lo merecen. Cazarlas.


Emboscarlas. Acabarlas. 

─Solo por ahora dejaré que seas tú quién de las


órdenes ─comenta─. Pero en la cama será diferente.
Volverás a estar bajo mi mando y haciendo lo que quiera,
pero en esta ocasión fuera de la oficina, preciosa, y de una
manera más placentera.

Incapaz de soportarlo más, extiendo mi mano y le subo todo


el volumen a la radio.
El universo sabe lo que hace, pues Look what you made me
do de Taylor Swift suena en una de las emisoras y no puedo
evitar tatarear la letra con mis dedos moviéndose contra la
tapicería de la puerta.

*****

El baile se lleva a cabo en el lobby del estadio. Este es


amplio. La estructura de cristal se sostiene sobre varias
columnas gigantes. El edificio en sí está listo. La
recaudación es para los interiores. Soy tan buena en lo que
hago que sonrío a cada rostro que se pone frente a mí,
alguno de ellos familiares debido a que Austin a veces es un
pueblo pequeño. Tengo que contener las ganas de asesinar
a Jason cada vez que toma el crédito por el buen desarrollo
del sitio en el que estamos. Por el rabillo del ojo noto a
Tanner mirándonos mientras conversa con algunos de sus
conocidos, pero a pesar de su mandíbula apretada y de la
evidente tensión en su cuerpo este no se acerca,
apegándose al plan y a mis deseos de exponer a Jason. 

Mi momento llega cuando me presenta ante el dueño de


LDSW Inc, la constructora.

Adam Lindstrom, un hombre de casi sesenta años, abre sus


brazos exageradamente para Jason y lo abraza frente a sus
colegas, dejándome de lado como si ni siquiera existiera.

─Aquí está nuestro chico ─dice palmeando su espalda─. El


brillante arquitecto que desarrolló todo esto sin serlo. Si
escuchan la historia de cómo todo esto se le vino a la mente
quedarán tan anonadados como yo lo estuve la primera vez
que lo escuché. ─Por primera vez en la noche la espalda de
Jason se tensa. La rabia se apodera de mi sangre mientras
espero su respuesta─.  Vamos, Glasgow. Cuéntala de nuevo
para nosotros. Esta noche no será especial si no lo haces.
Luciendo incómodo, Jason se posiciona en el centro de los
ejecutivos sosteniendo una copa.

Ahora no solo noto a Tanner por el rabillo del ojo, sino


también a Cynthia. 

─Estaba harto de recibir basura, así que me puse a


descubrir por mí mismo si hacer un diseño de algo que
valiera la pena era tan complicado ─relata, menospreciando
los cinco años que cualquier arquitecto pasa en la
universidad para hacer un diseño, incluso uno que un
cretino como él pueda llamar basura─. Pasé noche enteras
de ensayo y error hasta que un catorce de junio la idea
finalmente vino a mí.  Inspirado en la bandera de nuestro
país, así nació el estadio Betsy Ross ─dice, haciendo que
todos aplaudan y alcen sus copas cuando levanta su mano
para brindar─. En honor a todas las mujeres de los Estados
Unidos. Fuertes, inteligentes, variadas y, sobre todo,
sumamente hermosas.

Esto último lo dice mientras me mira, sus labios sobre el


borde de cristal.

La historia... el nombre del estadio... todo es falso.

Un montaje para redimirse por las tantas denuncias de


acoso en su contra.

Una mentira para cubrir sus fechorías.

Mis manos se aprietan en puños, pero consigo forzar una


sonrisa en mi cara y aplaudir, lo que finalmente trae la
atención de Adam Lindstrom a mí. Es regordete y su cabello
gris está peinado hacia atrás. Su expresión es amable
mientras me habla. Feliz debido a que uno de sus proyectos
está a punto de ser una de las obras de la ingeniería más
emblemáticas de USA y del mundo.
─Aunque personalmente me gustaría que la historia fuera
cierta, no existe una evidencia real de que Betsy Ross haya
sido la creadora de la bandera de los Estados Unidos ─digo,
haciéndolo sonreír─. Pero apuesto a que sí la hay de que
ponerle su nombre a este estadio es un movimiento
acertado después de todos los escándalos de demandas de
acoso sexual e intimidación en el trabajo que han envuelto a
su creador.

El ceño de Adam se frunce.

─Mucho gusto, ¿señorita...?

─Campbell, Savannah Campbell. Graduada summa cum


laude de la escuela de Arquitectura de la Universidad de
Austin. Ganadora de veintitrés concursos a nivel nacional en
la materia. Desempleada hasta que, decepcionada de la
industria de grandes construcciones que solo favorece a los
hombres, decidí abrir mi propia empresa de diseño de
hogares para ricos y famosos ─respondo, alzando el mentón
y atrayendo los ojos de todos a mí debido a cuán alto es mi
tono de voz. Mis ojos buscan a Jason, cuya mirada cae al
detallar bien mi rostro y las emociones que expresan
mientras hablo, sus neuronas finalmente haciendo contacto.
Intenta alcanzarme antes de que lo delate, pero Tanner se
acerca, siendo demasiado tarde para él─. La verdadera
arquitecta creadora del estadio Stars and Stripes a la que
Jason Glasgow le robó el diseño.

*****

A penas las palabras salieron de mi boca, el señor Lindstrom


llamó a seguridad para que me escoltaran a la salida, pero
Tanner y Ryland escogieron ese momento para acercarse
todavía más y posicionarse a cada lado de mí. Jason incluso
cometió el error de avanzar hacia mí de manera violenta,
pero la mano de su jefe sobre su hombro lo detuvo de la
misma manera que la demanda de Ryland hacia LDSW Inc
por usurpación y robo de mi modelo lo hizo con él.

Ahora todos estamos dentro de la oficina de la constructora


a las afueras del estadio, a salvo de los reporteros de los
medios de comunicación que también podrían oír mis
acusaciones.

─Esto no puede ser cierto ─sisea el dueño de la


constructora, paseándose de un lado a otro por la oficina
con sus manos despeinando su cabello gris de manera
ansiosa, sus ojos verdes enloquecidos cuando se enfoca en
Jason, quién mantiene la mirada lejos de él encorvado sobre
uno de los sillones de cuero─. ¿Lo es? ─exige alzando la
voz─. ¿Le robaste el diseño a esta chica?

─No ─responde él─. Es solo una ex molesta.

Alzo las cejas y Tanner gruñe.

Ryland solo ríe, sumergiendo su mano en una bolsa de


papas fritas de queso con los pies sobre la mesa. Su trabajo
aquí ya está hecho. Solo está entreteniéndose con el
espectáculo. Los otros siete abogados de su jefe copian y
graban cada palabra que es dicha durante la reunión,
buscando maneras de arruinarlos y de ganar debido a ellas.
Unos son especialistas en derechos femeninos, otros en
derecho laboral, uno o dos en propiedad intelectual e
incluso hay uno criminalista. Ryland es mercantil. Tanner
verdaderamente se esforzó al reclutarlos. Fueron varias las
noches que no durmió haciendo videollamadas con ellos
para hablar sobre el caso. Los días que dejó de trabajar para
ayudarme a recolectar pruebas y la manera de presentarlas.

─Siempre es una ex molesta. Estoy cansado de esto,


Jason. ─Adam, quién también es su padrino, se gira hacia
nosotros con una expresión difícil de descifrar─. Por mucho
que me enoje la manera de comportarse de este idiota, no
puedo ceder tan fácilmente y darles la razón. Hasta ahora
nada de lo que me han mostrado podría servir en un jurado.
Fácilmente podría alegar que Jason te contrató para la
ejecución de los planos y de la maqueta, pero que fue su
idea. Eso explicaría por qué hay grabaciones de ti entrando
en LDSW con el diseño, pero no saliendo de él con ello ─dice
mientras ocupa asiento en la mesa en la que estamos─.
Según tú mentiste al hacerle creer que no lo conocías, así
que también podrías estar mintiendo sobre esto.

─No lo estoy ─siseo, deteniéndome frente a él con los brazos


cruzados sobre mi pecho─. Sangré cada línea que hice sobre
el papel. No dormí por semanas enteras preparando este
proyecto. Cuando lo presenté ante Jason, me dijo que no era
bueno y que si me inclinaba sobre su escritorio podría tener
un trabajo como su asistente, el cual rechacé arrojándole la
maqueta.

─Si es tan terrible como dices, ¿por qué viniste aquí con
él? ─pregunta, haciendo que mis ojos se llenen de lágrimas
debido a la frustración que me genera tener que pasar por
este tipo de situaciones cuando me esforcé tanto por ser la
mejor─. ¿Por qué eres su asistente?

Inclinándome sobre el viejo alcahueta, presiono mis manos


contra la madera.

Eso sus abogados lo registran, no los nuestros.

─Porque quería vengarme.

─¿Por qué robó tus diseños o porque te dejó? ─pregunta y


me limito a tragar mientras lo contemplo, rechazando a
duras penas la violencia que se genera dentro de mí.
─Savannah ─susurra la voz de Tanner tras de mí, tomando
mi codo y haciendo que me aparte de Adam tras darle
varios tirones insistentes─. Ya fue suficiente. Ya diste tu
versión y cualquier persona razonable de dará la
razón ─dice─. Déjamelo a mí.

─Las audiciones para el diseño de este estadio abrieron en


Agosto del año pasado. Trabajé el tiempo suficiente en su
compañía como para descubrir que el proyecto fue
aprobado en Julio. A menos que Jason sea psíquico, no pudo
haber tenido idea de su creación en Junio, mucho menos
haber recibido modelos de arquitectos para esa fecha, y
Junio de este año todavía no ha llegado ─le digo─. Así que su
historia es falsa. El mérito que cree que tiene de todo esto
es falso.

Sus ojos brillan. Sé que me cree, pero su reputación y la de


su empresa va primero.

A pesar de ello, niega.

─Es solo una historia, chica. Pudimos haberla inventado para


el marketing.

Conteniendo las ganas de llorar, me incorporo sin derramar


lágrima alguna.

Sin gastar más saliva en él o en la basura de Jason, los lanzo


a un mar de tiburones.

Al ser consciente de que ha llegado su punto de ser el


protagonista de esto, Tanner toma asiento en la mesa y lo
contempla con su típica expresión fría, amarga y carente de
emociones.

─Es una historia pésima e incoherente. Espero que se le


ocurra una mejor para explicar por qué una de las mujeres
que acusó a Jason de acoso sexual antes de ser intimidada
por ustedes y su estúpido acuerdo de confidencialidad,
retirando su denuncia a la policía, tuvo un hijo con sus
lindos ojos azules cinco meses después. ─Tras presionar el
botón de la grabadora en su mano, todos escuchamos la
pelea que grabé─. En el caso de que decidas usar dicho
acuerdo en contra de Savannah, no podrás hacerlo. Jason se
cegó por la belleza de la mujer que ahora dice que rechazó
y no se lo presentó durante su contratación, así que tú
decides si el escándalo será uno o dos porque ciertamente
le darás el mérito de este estadio a Savannah.

─Esa grabación no vale nada sin el testimonio de


Cynthia ─sisea Jason─. Ella nunca...

─¿Te traicionaría? ─ríe oscuramente Tanner, caminando


hacia él y posicionando una mano sobre su cabello a pesar
de los intentos de Jason por apartarlo─. Glasglow, solo te
diré que debiste haber llevado a Cynthia a París cuando te
lo pidió. Ahora mismo se encuentra en un avión privado de
camino a ver la Torre Eiffel con su lindo bebé y su abuela
después de haber firmado una confesión bastante
sustanciosa para nosotros.  La anciana está feliz de que
finalmente estés recibiendo tu merecido y te envía saludos,
por cierto. También dijo algo sobre escupir tu rostro si
alguna vez llega a verte, pero no lo recuerdo porque estaba
demasiado traumatizado con lo que dijo que le haría a tus
testículos si se entera que estás molestando a su hija o a su
nieto. Tristemente, ustedes tuvieron razón las anteriores
veces que fuiste acusado en vano antes. A veces el
testimonio de una mujer no es suficiente. ─Sin darle
oportunidad de percatarse de lo que sucede, Tanner le
arranca un cabello─. Así que muchas gracias por darme la
prueba que necesito para que todos sepan que Jackson es
tuyo, que eres un pervertido hijo de puta y que lo único
razonable que Adam puede hacer en este momento es
despedirte y desligar tu nombre de su empresa, además de
compensar a Savannah y a todas tus víctimas en un lapso
no mayor a veinticuatro horas porque de lo contrario estas
empezarán a alzar su voz en los noticieros y no queremos
que eso suceda. Después del escándalo de haberle robado
el diseño a una vulnerable prodigio recién graduada, no
queremos que nuestras acciones bajen todavía más. ─Tras
tenderle el cabello de Jason a uno de sus abogados, quién lo
guarda en una bolsa usando guantes de látex, acepta el
documento que otro de ellos le tiende y  hace sonar su
bolígrafo luego de que lo coloca frente a Adam─. Y digo
nuestras porque quiero tener una voz en su sala de juntas,
por lo que me cederás un diez por ciento de estas a cambio
de un precio razonable teniendo en cuenta las
circunstancias. Es decir, diez dólares y una dotación de por
vida de lubricante para que sus culos duelan menos por
cómo acabo de joderlos. ─Sin dejarlo pensar si quiera, se
inclina sobre su oído luego de poner el bolígrafo en su
mano, sus ojos llenos de sadismo. Un sadismo que hace que
me retuerza y que desee que todo esto termine para que mi
demonio de los negocios y yo podamos ir rápido a casa─.
Porque no permitiré que no cumplas con tu palabra o que
arrastres el nombre de Savannah por el fango una vez el
resto del trato se cumpla. Este es solo el primero de muchos
de sus logros y ni tú ni nadie cambiará eso. Es la persona
más talentosa, creativa, inteligente y auténtica que he
conocido y no merecía lo que tu ahijado le hizo. ─Ya que
Adam no reacciona, su mano temblando sobre el papel, él
mismo guía su mano al sitio en el que debe firmar─. En
realidad ninguna mujer a la que atacó lo merecía, alcahueta
hijo de perra. Te recuerdo que si no te deshaces de él, serás
considerado su cómplice. Hasta donde sabemos solo de
acoso laboral a todas sus asistentes desde que rompiste las
reglas del profesionalismo poniendo en su sitio a alguien
que no lo merecía,  pero ambos sabemos que podría pasar a
mayores dependiendo de lo que haya hecho y lo que eso
significaría para ti y tu familia: para tus hijas, tus nietas y tu
esposa.

Tras tragar, sus ojos húmedos por las lágrimas, Adam firma.

Ninguno de sus abogados lo detiene de hacerlo porque


saben que es lo mejor.

Una sonrisa victoriosa se apodera de mis labios.

─Toma ─dice mientras estampa el documento sobre su


pecho tras levantarse.

─Gracias, socio ─responde Tanner─. ¿Me permites tomar mi


primera decisión como socio?

─Haz lo que te dé la gana ─sisea y el pelinegro sonríe,


dirigiéndose a Jason.

Este se encuentra de pie y se dirige a la salida, pero Ryland


lo detiene y Tanner estampa su puño con tanta fuerza
contra su rostro que la sangre se desliza después por su
nariz y encías.

─Estás despedido ─anuncia antes de caminar hacia mí y


tomar mi mano─. Vamos. Tenemos un anuncio importante
que hacer. Las personas en la fiesta deben conocer a la
verdadera responsable de esto. ─Le da el documento
firmado a Ryland y nos dirige al interior del edificio. De
camino allí, sin embargo, nos encontramos con un rostro
sumamente familiar para ambos dentro de un conjunto
deportivo negro. Estamos en el estacionamiento. La mano
de Tanner se aprieta en torno a la mía, pero por costumbre
yo suelto la suya, mi mirada clavada en los grandes ojos
llenos de dolor frente a nosotros─. Savannah ─susurra, pero
yo solo puedo verla a ella. 
Sus lágrimas. Su cabello rubio deshecho. Su delgadez.

─Pauline ─murmuro.

Pero ella ni siquiera repara en nuestras manos juntas antes


de arrojarse a los brazos de Tanner.

Este se congela, pero lentamente le devuelve el abrazo.

─¿Qué está mal? ─le pregunta luego de que la aparta de su


cuerpo con gentileza, sus ojos oscuros evitando los míos
como si al momento en el que ella regresó, dejé de existir. A
penas puedo respirar─. La última vez que hablamos lo
estabas llevando bien, ¿qué sucedió?

Mis propios ojos se llenan de lágrimas.

El villano que acaba de ser mi héroe nuevamente es el


héroe de otra también.

─Es ella ─solloza─. Está muerta, Tanner. Mi hermana está


muerta.

Un nudo se instala en mi garganta ante sus palabras, pero


también ante la manera en la que él acaricia su cabello y la
contempla como si aún le importara. Como si el hombre que
ha sido todos estos días conmigo no hubiera existido.
Teniendo un mal presentimiento sobre esto, me echo hacia
atrás, al borde del colapso. Cada célula en mi cuerpo se
contrae con dolor.

Un lancinante y agónico dolor.

─¿Firmaste los papeles del divorcio? ─le pregunto a Pauline,


lo que hace que esta se despegue del pecho de Tanner y me
mire con ojos confusos─. ¿Los firmaste? ─repito sacudiendo
sus hombros, a lo que él responde intentando apartarme de
la que todavía es su esposa.

Lo contemplo, anonadada.

─Savannah, este no es ni el lugar ni el momento.

Ignorándolo, llevo mis ojos de vuelta a Pauline.

─¿Los firmaste sí o no? ─exijo saber, mi voz desesperada


porque diga que sí.

Pero ella solo niega y no de una manera que indique que no


quiere divorciarse, sino más bien que no sabe a qué me
refiero. Está más que claro que no entiende nada de lo que
le digo.

Que él me mintió.

─¿Qué papeles de divorcio?

Con su pregunta mi mundo se estremece. Afortunadamente


los ángeles existen. En este caso se trata de un ángel que
ayudé a volar con mi caída hace algunos años. Casi cinco
para ser exactos. Una más madura y profesional Faith, la
vigilante del campus que también estudiaba arquitectura y
que dejé ganar al retirarme de la competencia, se detiene
frente a mí.

─Savannah Campbell ─dice─. Sabía que llegarías lejos y que


en algún momento nuestros caminos se cruzarían de
nuevo,  pero nunca pensé que la vida nos reuniría de esta
manera. Soy la CEO de LDSW en su sede principal y sabía
que algo andaba mal con este proyecto desde el momento
en el que la rata de Jason lo presentó. Me siento feliz de que
te hayas desecho de él. Ahora que sé que tu lo diseñaste,
me siento estúpida por no haberme dado cuenta antes.
Sabes cuánto me gustaba tu trabajo. Cada línea grita tu
nombre. ─Tras hablar repara en Tanner y Pauline ante mi
silencio─. Lo siento, ¿estoy interrumpiendo algo
importante? 

Tras encajar mi brazo en el suyo, trago.

─No. Ni siquiera sé quiénes son estas personas─digo


mientras los paso, agradeciendo a la vida por ponerla en mi
camino de nuevo─. No interrumpes nada importante. 

Solo cómo finalmente he abierto los ojos.

Con la espalda recta e ignorando cómo todo a mi alrededor


se hace humo sin que haya una explicación coherente para
ello más que el hecho de que a pesar de que sea la persona
más talentosa, creativa, inteligente y auténtica que Tanner
haya conocido, nunca seré lo que quiere.

Y finalmente mi corazón está tan roto que no creo posible


que pueda hacerlo funcionar de nuevo, ni siquiera para la
misma persona que lo rompió y que sé que en cualquier
momento volverá para jugar con los trozos. Él o su esposa,
quién antes solía llamar mi amiga.

Ambos quedarán tan decepcionados cuando no puedan


tener su momento de diversión. 

Porque ya no son trozos.

Son cenizas.

Faltan 2
Capítulo 53:

Capítulo 53:
12.6K 2.6K 1.6K
por OscaryArroyo
 
Después de lo que sucedió con Gordon, Tanner desaparece
de mi vida. Sigo viéndolo durante los juegos de los
Longhorns, quiénes se llevan el premio de la liga
universitaria, y cuando viene a recoger a Pauline, pero
nunca pasa el umbral de la puerta de nuestra habitación en
el dado caso de que decida bajarse de su camioneta y venir
hasta ella, lo cual rara vez hace. Cuando el período
académico por fin termina, soy el primer promedio de mi
año y mi fotografía sale en el periódico junto a la de otros
estudiantes y haciendo par con la página en la que Tanner y
el equipo sostienen la copa. Identifico entre ellos a Ibor.
Grayson desapareció sin dejar rastro después de un par de
juegos más tras lo de la cabaña.

Tras terminar de hacer mi maleta porque pasaré algunos


días con mis padres antes de que empiecen nuevamente las
clases, mis ojos se dirigen a Pauline, quién sale del baño en
un lindo vestido azul cielo que llega a sus rodillas. Sus labios
rosados se curvan hacia arriba cuando se percata de que la
veo.

─Es una lástima que no puedas quedarte. Tenemos tantos


planes para estos días libres.

A pesar de lo que dice, su voz no suena como si lo


lamentara en lo absoluto.
─Mis padres quieren que vaya de visita ─miento ya que tras
lo de Gordon se enojaron tanto conmigo por no aceptar
terminar mi carrera en Houston que incluso papá no quiere
hablarme.

También está enojado consigo mismo porque no pudo


protegerme.

Pero hay muchas cosas que escapan del control de nuestros


padres.

─Hoy es la graduación de Tanner ─dice─. Ya que son amigos


podrías acompañarme. No estoy ciega. Sé que se acercaron
mientras estuve con mis padres, lo cual me alegra porque
los dos son importantes para mí y me hace mucha ilusión
que se lleven bien ya que tengo pensado mantenerlos en mi
vida a ambos por mucho tiempo. ─Aprieta mi mano, la cual
se encuentra apoyada en mi maleta─. Sus padres no
vendrán, Savannah. No te pediría esto si no considerara
importante que hayan más personas entre el público para él
además de mí.

Trago, agachando la mirada.

Miles de razones por las cuales los señores Reed no vendrán


a su graduación pasan por mi mente, involucrándome, y a
pesar de todo lo que ha sucedido no puedo evitar sentirme
mal al respecto.

─No sé si está bien que vaya.

─¿Por qué?

Hago una mueca, dirigiendo nuevamente mis ojos a los


suyos.
─Sabes que Tanner es bastante cerrado. No creo que me
quiera ahí.

─Por supuesto que te quiere ahí ─replica ella con tanta


convicción y tan bruscamente que sus mejillas terminan
sonrojándose─. Digo, cualquier persona sería feliz al darse
cuenta de que le importa a otras. ─Aparta su mano de la
mía─. Pero entiendo si tu viaje no puede esperar.

Dicho esto se da la vuelta y se inclina para recoger su bolso


de pedrería de la cama, pero mi voz la detiene cuando
empieza a dirigirse hacia la puerta. Mi corazón bombea con
fuerza contra mi pecho y no tengo ninguna manera de
explicar la fuerza con la que necesito estar para él ahí hoy.

─¿Puedes darme quince minutos para cambiarme?

Pauline sonríe.

─Claro que sí.

*****

Se suponía que iría a comer con Weston antes de irme a


Houston, pero le dejo saber que por un mensaje que no
podré reunirme con él hoy. En su lugar camino por el césped
del campo de fútbol en un vestido lila de seda,
completamente liso hasta mis rodillas y con tirantes,
sosteniendo una cámara que Pauline me dio y un par de
globos blancos que tenemos pensando lanzar en honor a la
graduación. Una vez llegamos a los asientos en las gradas y
esta empieza, no puedo evitar que mi pecho duela cuando
ocupo el lugar vacío con el nombre de la madre de Tanner.
Su generación es amplia, así que toma tiempo hasta que
finalmente llegamos a su nombre.

─Tanner Reed.
Cuando este es pronunciado un montón de personas se
levantan y aplauden.

Sus compañeros de fraternidad. Sus compañeros de clase.


Sus compañeros de equipo.

Pero no es hasta que sus ojos se cruzan con Pauline en las


gradas que la tensión desaparece de sus hombros. Alzo mis
manos y lo fotografío mientras recibe su diploma y su
medalla, además de una extra por ser summa cum launde y
otra por ser el mejor mariscal de campo en la historia de los
Longhorns. Cuando se baja del escenario, tanto la mascota
del equipo como el entrenador y sus demás miembros lo
alzan del suelo y caminan con él sobre sus hombros hasta
dejarlo de regreso en su sitio, gritando.

─Es un dios ─susurra su novia, maravillada a mi lado.

Afirmo, en acuerdo, preguntándome cómo alguien con


tantas personas a su alrededor que lo adoran sin conocerlo
puede estar tan solo, pero sabiendo que es precisamente
por eso, porque no lo conocen, que lo está. Una vez el acto
termina dejamos ir nuestros globos, los cuales desaparecen
en el cielo junto a otros cientos, y nos dirigimos al
estacionamiento. A pesar de que estaba nerviosa porque no
tenía ni idea de cuál sería su reacción ante mi presencia, la
tensión en mis hombros se alivia cuando me sonríe con su
brazo envuelto alrededor de la cintura de Pauline. Su cabello
negro está perfectamente peinado hacia atrás, pero un
delgado mechón cae de forma adorable sobre sus ojos. Mi
cuerpo vibra con emociones desagradables cuando la rubia
alza su mano para apartarlo de su rostro.

─Muchas gracias por venir, Savannah ─dice mientras la mira


con cariño antes de enfocar sus ojos oscuros en mí─.
Tenemos un montón de fiestas hoy, ¿te gustaría unirte a
nosotros? ─Tras su pregunta por fin veo una chispa de su
verdadero ser amargado invadir su expresión─. A menos
que tengas planes con Weston.

Los tenía.

Empiezo a negar para decirle que no, pero Pauline lo toma


como un sí arrastrándome a su lado.

─Primero tenemos un almuerzo con todos los empleadores


que están buscando nuevos chicos para sus empresas. Son
hombres ricos que alguna vez pertenecieron a la
hermandad de Tanner ─explica mientras me empuja en el
interior de la Raptor, a lo que escucho a su novio gruñir. Una
vez todos estamos dentro, continua─: Ya que aún mi bebé
no va a tomar el control de la compañía de su padre, está
nervioso por su primera entrevista de trabajo....

─Pauline ─protesta Tanner, cortándola, pero ella sigue


revelando detalles sobre su vida que él no quiere que sepa,
pero que yo me muero por conocer incluso si es a través de
ella.

El hecho de que nos hayamos alejado no significa que haya


dejado de sentir por él lo que siento.

─... y cualquier apoyo que pueda recibir será bienvenido.


─Aprieta su brazo─. Lo lograrás.

Tanner niega.

─Combs es un hueso duro de roer. Incluso para mí.

Me tenso, reconociendo el apellido.

─¿El presidente del puerto de carga de Houston?


─pregunto─. ¿Estás buscando trabajo ahí?
─En su división administrativa en Austin, pero sí ─responde
mientras me mira por el retrovisor─. ¿Lo conoces?

Afirmo.

─Papá y él juegan tenis juntos.

─Eso es genial, Savannah ─dice Pauline, girándose hacia


mí─. ¿Crees que podrías convencerlo de escoger a Tanner?

Separo los labios para contestar, pero Tanner se me


adelanta.

─No es necesario ─dice, por lo que me limito a mirar por la


ventana por el resto de nuestro viaje.

Ya en la casa de la fraternidad que solía dirigir Tanner, me


bajo de nuevo con la cámara en mano y empiezo a tomar
fotos de Pauline y de él con el corazón adormecido por el
dolor luego de todos sus dulces gestos entre sí a lo largo del
día. Incapaz de soportarlo más, me separo de ellos y me
uno a las demás personas en la elegante recepción
dispuesta en la sala. Tomando en consideración la manera
elegante en la que luce con sus pisos de mármol pulido y
obras de arte, me es casi imposible imaginar que haya
habido fiestas hasta el amanecer aquí, pero fue así. Me
detengo frente a la estantería con fotografías de las
generaciones que ha albergado. Me tenso al escuchar una
voz masculina junto a mí.

─Pensé que irías con tus padres.

Sin girarme hacia West, mi novio y la única persona que me


hace sentir bien estos días, respondo.

─Es su último día aquí.


Weston suspira.

─Ni siquiera tiene sentido que me enoje, ¿sabes? Tomando


en consideración que estoy haciendo lo mismo que tú. ─Me
giro hacia él con una sonrisa triste. Está usando un traje de
dos piezas que lo hace lucir sumamente atractivo. En unos
años será el jefe de alguien, estoy segura, y ningún alto
ejecutivo lo superará en belleza y en encanto.
Lamentablemente la belleza y el encanto no es lo que me
atrae, pero es lo que me consuela cada día que pasa─.
Persiguiendo lo inalcanzable.

Tomo su mano.

─Todo será diferente ahora que se fue. Lo prometo.

Weston hace una mueca, pero me devuelve el apretón de


mis dedos.

─No tengo otra opción salvo esperar que sea así. ─Tras
posicionarse junto a mí, presiona sus labios contra mi
frente─. Te quiero, Sav, pero no lo suficiente como para
soportar viendo cómo te lastimas porque es como si me lo
hicieran a mí. Te estaré esperando cuando regreses de tus
vacaciones.

Sonrío, aliviada y agradecida porque lo entienda.

Weston siempre me comprende sin que tenga que hablar.

Tras guindar la cámara a mi muñeca a través de su cordón y


tomar el cuello de su camisa en mis manos, lo atraigo hacia
mí y presiono nuestros labios juntos por un segundo.

─Te atraeré regalos.


─No quiero regalos ─gruñe─. Quiero que mi novia deje de
herirse a sí misma y prefiera pensar en mí que en el hijo de
puta que le rompe el corazón todos los días. Eso es lo que
quiero.

─Somos una relación abierta. ─Lo contemplo fijamente,


siendo este el único consuelo al respecto que puedo
ofrecerle─. Sabes que no me enojaría que estuvieras con
otra... o con otro mientras no estoy, Weston. Me has
perdonado tantas cosas que mereces un descanso lleno de
cuerpos sexys y fantasías.

Puedo ser muchas cosas, pero no soy una mentirosa.

Le conté sobre Frederick. Le conté sobre Tanner. Sobre


Gordon. Sobre todo.

Aunque se enojó conmigo, me perdonó.

La facilidad con la que siempre lo hace es escalofriante, me


hace preguntarme si yo también tengo cosas que
perdonarle, pero termina haciéndome sentir tonta el si
quiera desconfiar de él cuando debería estar adorando el
suelo por el que pisa ya que tras la tormenta, siempre es la
calma.

─No quiero estar con nadie salvo con la persona que se


encuentra frente a mí.

Separo los labios para responder, pero otra voz hace que los
mantenga juntos.

─Wertheirmer ─saluda Tanner, haciendo que me de la


vuelta─. ¿Puedo hablar con Savannah?

─Por supuesto que sí ─escupe él, apartándose de mí─.


Felicidades por la graduación, insecto.
Dicho esto se da la vuelta y se pierde entre los invitados con
los hombros rígidos. Lo contemplo hasta que Tanner lleva mi
atención a él haciendo un sonido profundo con su garganta.
Me contempla fijamente sin articular ningún tipo de palabra.
Tras tomar un par de copas de champagne de la bandeja
que un chico sostiene, le ofrezco una de ellas con una
sensación caracterizada por la opresión impidiéndome
respirar. Tanner niega, así que me encojo de hombros y la
llevo a mis labios.

─Mi oficial de libertad condicional me impide tomar bebidas


alcohólicas ─explica.

Bajo mi mirada al suelo, incapaz de sostener la suya.

─Lamento haberte involucrado. No quería hacerlo. Por eso


no te conté nuestro plan.

─Qué mal ─dice metiéndose las manos en los bolsillos de


sus pantalones negros─. Porque yo no me arrepiento de
haberlo golpeado, Savannah. Estaba tan enojado por lo que
te hizo, por lo que permitiste que te hiciera, que a penas
podía verte sin perder la calma. Lamento muchas cosas
sobre ese día, siempre lo haré, pero haber atacado a Gordon
no fue una de ellas.

El día de la cabaña.

El día que me dejó sola por ir con Pauline.

El día que cuando regresó, ya era demasiado tarde.

El día que buscó consuelo en los brazos de su novia.

El día que por unos segundos pensó que moriría por mí.

El día que me dijo que no existiría más un nosotros.


─¿De qué cosas sí te arrepientes? ─susurro.

─De todo lo demás ─responde tras humedecerse los labios─.


Me arrepiento de todo lo demás.

Sin tomarse la molestia de ser específico al respecto, se da


la vuelta. Mis ojos se llenan de lágrimas de frustración
debido a que lo que más deseo en este mundo es detenerlo
y besarlo frente a todas las personas que se encuentran
frente a mí, pero termino caminando en dirección contraria
a él y a Pauline. Mi objetivo es el baño, pero este cambia
cuando choco contra un pecho. Al alzar la cabeza mi mirada
se cruza con una gris, rodeada de arrugas y paternal. El
hombre trajeado me estabiliza con sus manos.

─Savannah, qué gusto encontrarte aquí ─dice Warner


Combs sin importar que haya derramado parte del
contenido de mis copas en su traje─. Tu padre me dijo que
estabas estudiando en esta universidad, pero tenía
entendido que estabas a penas iniciando tu carrera. La
última vez que jugamos tenis solo habló de ti y de cuán
preocupado está porque estés aquí sola.

─Como siempre ─bromeo sorbiendo discretamente por mi


nariz─. Estoy aquí con unos amigos. ─Intentando no ser tan
obvia, le sonrío tímidamente─. Uno de ellos se está
graduando hoy con el mejor promedio de la Escuela de
Negocios. Cualquier compañía sería afortunado de tenerlo
bajo su ala.

Sus ojos resplandecen con interés.

─¿Ah, sí? ¿Cuál es su nombre? Si está recomendado por un


Campbell, debe ser especial.

Se lo doy.
Se lo doy y por la siguiente media hora lo convenzo de que
Tanner es la mejor opción hasta que él mismo se dirige
hacia él sin prometerme que le dará el trabajo ya que tiene
muchas otras opciones en mente, pero que lo considerará,
quién se encuentra aceptando felicitaciones con sus brazos
envueltos alrededor de Pauline, y finalmente voy hacia el
baño en el segundo piso, pero me sorprendo al ver un
intercambio desarrollándose en la puerta de este. Ibor, en
ropa casual que contrasta con todos los demás, está
aceptando una familiar llave de hierro de uno de los chicos
recién graduados. Este se aleja del rubio tras murmurar algo
en su oído, a lo que él asiente, y lo único que puedo hacer
es quedarme en medio del pasillo contemplando el
intercambio. Una vez este termina, me acerco a él.

─Si quiero hacer uso de mi llave ahora, ¿puedo?

Ibor se tensa, sus ojos abriéndose con sorpresa.

─Sav, hola ─dice─. No sabía que tuvieras una llave.

─La tengo. ─La busco en mi pequeño bolso. Ya que Tanner


no me dio detalles sobre cuándo o dónde tendría que darla,
la llevo conmigo a todas partes. Una vez la tengo en mi
mano, se la ofrezco de manera ansiosa. Estoy lista para
deshacerme de ella. Mientras la lleve conmigo no dejaré de
recordar la persona que me la dio. De sentir que le debo
algo─. Aquí está. Quiero usarla ahora.

No la acepta.

─Se supone que debes estar un poco más avanzada en tu


carrera para entregarla porque tienes que estar segura de lo
que quieres.

─¿Pero va contra las reglas entregarla antes si así lo quiero?


Ibor se encoje de hombros, ruborizado.

─Yo solo acepté un trabajo que pagaba bien. Recolectar


estas llaves lo hace. Solo me dieron una lista en orden
cronológico de todas las personas en el campus que tienen
una. Si tú apareces allí, no debería haber ningún problema
─dice suavemente─. ¿Qué es lo que quieres, Sav?

Sonrío tímidamente.

─Quiero asegurarme de que alguien más obtenga todo lo


que desea.

Su mirada dulce se oscurece. Su mandíbula también se


aprieta, deshaciendo su expresión de bebé.

─Es Tanner, ¿no es así?

Trago.

─¿Cómo lo sabes?

─Solo lo sé ─dice, pero se rinde ante mi mirada interrogante


y añade más información a su respuesta─: Tuve la sospecha
de que sería él ya que él fue la primera persona de quién
recibí una llave y su deseo estaba relacionado contigo.

El aire escapa de mis pulmones. Niego, sin poder creerlo.


Sin poder creer de que continúe hallando maneras de
envolverme a su alrededor. Maneras incluso de las que a
veces llego a ser inconsciente.

─¿Cuál fue este?

Ibor niega.

─No puedo decirte...


El rubio se estremece cuando lo empujo contra la pared.

─Dime.

─Sav, estoy seguro de que eso sí va contra las reglas.

─Por favor ─susurro con mis labios cerca de los suyos y se


estremece, cayendo.

─Él quería que ganaras el concurso. Sabía que ibas a


hacerlo y que sería la oportunidad estrella para empezar tu
carrera, por lo que solo quería asegurarse. ─Me alejo,
dándome cuenta de que Tanner desperdició su deseo en mí.
Al ver mi expresión la de Ibor se ensombrese─. No son
primos, ¿cierto?

Lo veo fijamente, incapaz de continuar mintiéndole.

─No, no lo somos ─murmuro─. Lo siento.

Su mirada se llena de dolor. Tras aceptar mi llave, la mete


en el bolsillo.

─Supongo que debí aceptar tu primer no como respuesta y


no insistir, ¿no es así?

Debería darle la razón, pero no puedo.

─Sí, debiste hacerlo, pero luchar por lo que quieres siempre


le gana a cualquier cosa que debiste hacer. El
arrepentimiento de no haberlo hecho es mucho peor al
vacío que genera no haberlo intentado. ─Mi garganta se
seca, así que trago un par de veces antes de continuar─.
Con respecto a Tanner, es suficiente con que consiga el
trabajo que quiere. No necesita nada más.

Tras darme la vuelta, desciendo por las escaleras.


Cuando llego a la planta baja, mi ojos se cruzan con los
suyos, pero no me detengo.

Debo ir con mis padres.

Debo alejarme tanto como sea posible de él y sus


contradicciones.

Si me quedo terminará por consumirme.

Falta 1

Lo publicaré esta noche

No se olviden de comentar y darle amor al cap


Capítulo 54:

Capítulo 54:
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por OscaryArroyo
 

Después de lo ocurrido en el estacionamiento, Faith me


lleva de vuelta al interior del estadio. Allí hace que me
posicione sobre una plataforma y dé una rápida versión de
lo ocurrido en la que acepto públicamente que la
constructora no tuvo nada que ver con el plagio de mis
diseños y que toda la culpa de esto recae en Jason. Tras ello
bajo del escenario y bebo un par de copas, una sonrisa falsa
puesta en mi cara de manera permanente mientras aclaro
todas las dudas de la prensa y de los invitados, pero me
detengo cuando empiezo a sentir que mi mundo podría
empezar a dar vueltas a mi alrededor si no lo hago. Con
haber hecho el ridículo una vez tengo suficiente en una
noche. No es hasta que el agua salada llega a mis labios
que me percato de que estoy llorando cuando se supone
que debería estarle prestando atención a los invitados.

Faith lo nota.

─Savannah, ¿estás bien? ─pregunta disculpándose con la


pareja de inversionista con la que hablábamos─. ¿Necesitas
que te lleven a casa? Quizás han sido muchas emociones
fuertes por hoy.

Afirmo, tragando el nudo en mi garganta antes de hablar.

─Eso estaría bien.


La pelirroja me mira atentamente, pero no hace preguntas
al respecto. Me escolta hacia la salida y me guía a la zona
en la calle en la que hay algunos chóferes. Le indica a uno
de ellos que me deje en casa y se despide de mí con la
promesa de ponerse en contacto conmigo al día siguiente
para que empecemos a trabajar juntas en el diseño de
interiores del sitio. Pude haberle dicho al hombre que me
dejara en mi casa, pero termino bajándome en el edificio de
Tanner en Travis Country. El vigilante me sonríe al verme,
concediéndome acceso directo al ático que hace unas horas
empezaba a considerar mi hogar, llamándolo también mío
dentro de mi mente.

Entumecida, casi cuento los segundos que le toma al


elevador abrir sus puertas.

Ya en su interior lo primero que veo es la figura encorvada


de Tanner. Está sentado en uno de los sofás de cuero que
elegí y se incorpora a penas me escucha llegar. Su
expresión es indescifrable, pero consigo identificar una
chispa de tristeza en sus ojos. Separa los labios para decir
algo cuando lo alcanzo, pero lo detengo juntando los míos
con los suyos. Me devuelve el beso envolviendo sus manos
alrededor de mi cintura, pero no siento más que atracción
física por su cuerpo. La química entre nosotros, al menos de
mi parte, se ha desvanecido. Sollozo al darme cuenta de
ello, sintiéndome perdida, y lo empujo hacia el sofá. Elevo la
falda de mi vestido antes de situarme sobre él e inclinarme
para continuar besándolo, buscando.

Buscando cualquier señal de que pueda sentir algo a parte


de decepción y dolor.

No puedo.
Tanner se adentra en mí tras desabrocharse los pantalones
y mece mis caderas, intentando hacerme gemir como solía,
lo sé por la desesperación en sus ojos negros, pero con mi
falta de respuesta le transmito que se ha convertido en otro
cuerpo más que añadir a la lista.

En otro amante.

Nada especial.

─Savannah ─jadea, enloquecido, empujándome hacia atrás


y tomando el puesto encima de mí.

─No siento nada ─le informo mientras me llena una y otra


vez, haciéndome alcanzar el orgasmo casi de manera
forzada y mecánica─. No siento nada ─repito empujándolo
lejos de mí antes de ponerme de pie, las lágrimas
deslizándose por mis mejillas─. Esta mañana te abrí mi
corazón, te dije que te amaba, pero ya no siento
absolutamente nada por ti.

─Todo tiene una explicación ─dice mientras se sube los


pantalones y se abrocha el cinturón sin verme a los ojos,
todo su cuerpo tenso, pero aún si así fuera no me interesa
oírlas.

Mi amor. Mi admiración. Mi respeto.

Todo lo que sentía por él se desvaneció en cuestión de


segundos.

El hombre que creía que era, que creía que amaba, ya no


existe.

Ahora finalmente lo veo por lo que es, un cobarde, y solo


siento decepción.
Decepción de él y decepción hacia mí misma por haber
desperdiciado tanto enamorada de alguien que no existe.
De alguien que en mi mente empezaba a abrir los ojos y
haría cualquier cosa por mí como siempre se suponía que
debió haber sido. No por Pauline, su esposa.

Por mí.

─¿Hay algo que explique el por qué Pauline no tenía idea de


su divorcio?

Tanner se detiene frente a mí, su camisa completamente


arrugada mientras alisa y despeina su cabello repetidas
veces. Su mirada es igual de enloquecida que lo fue el día
que me llevó a su casa, pero esta vez intenta contenerse.
Esta vez es consciente de que si me lastima me iré porque
la Savannah que le aguantaba todo porque lo quería más
que a su felicidad, más que a sí misma, ya no existe. Siento
admiración por mí, por haberme dado cuenta, pero unas
irrefrenables ganas de llorar por ella porque de entre tantas
opciones, ella lo eligió.

Lo escogió aún sabiendo que la haría trizas.

─Se suponía que no regresaría a Austin. Se suponía que


cortaría cualquier vínculo contigo. Que tú y yo tendríamos
más tiempo. Que ella y yo volveríamos a intentarlo después
de que te sacara de mi sistema y ambos nos
recompusiéramos de las pérdidas...

Retrocedo, en shock.

Mis manos empiezan a temblar al darme cuenta de cómo fui


utilizada, de nuevo, por ambos.

─¿Ahora son pérdidas? ─le pregunto─. No fueron pérdidas,


fueron abortos, Tanner. Sea por la razón que sea, tu esposa
no quiso tener hijos contigo. ¿Cómo no puedes darte cuenta
de lo manipuladora que está siendo al hacerte llamarlo de
esa manera ahora? Hace un par de días eras tú quién me
decía que la odiabas por eso, pero como siempre ella
aparece, llora sobre tu pecho y olvidas todo sobre nosotros,
convenciéndote de que ella es la mejor opción.

Los hombros de Tanner se hunden.

─Ella es buena para mí. Siempre ha sido la buena para mí.


Sé que encontraremos la manera de superar esto y como te
lo dije antes, siempre habrá un lugar en mi vida para ti
─dice, haciéndome jadear con incredulidad ante su cinismo.
Su mandíbula se aprieta antes de continuar─. Estamos
unidos por muchas cosas, quieras o no, pero ambos
sabemos que nunca podríamos estar juntos. Tú no encajas
en mi mundo y yo no lo hago en el tuyo.

Niego.

─No puedo creer que sigas mintiéndote así.

Tanner da un par de pasos hacia mí.

─Savannah...

─No puedo creer lo que me hicieron. ─Tomo el cuello de su


camisa en mis manos. Tanner traga cuando lleva sus ojos a
los míos, los suyos desenfocados. Cuando alzo la mirada y
veo pequeñas migajas de polvo blanco sobre la mesa lo
entiendo y lo compadezco─. Si ella te amara no te habría
lastimado como lo hizo. No estaría de acuerdo con este
trato enfermo entre ustedes ─le dejo claro─. Si tú me
amaras a mí no me habrías hecho todo lo que me hiciste. Si
yo me hubiera amado más a mí misma de lo que te amaba
a ti no lo habría permitido. Si continuara amándote, me
quedaría aquí, contigo. ─Me aparto, sintiendo asco─. Pero ya
no lo hago. Incluso si ahora me dijeras que tú también lo
haces, ya no te amo. Has consumido por completo cualquier
sentimiento que sentía hacia ti, menos la lástima y el asco.

Tras soltarlo y contemplar su expresión, la cual está llena de


dolor, me alejo de él y camino hacia mi estudio. Ignoro las
punzadas que siento al notar todo lo que dejaré atrás y me
limito a tomar el sobre de Pauline. Voy hacia nuestra
habitación y recojo las cosas que no podría dejar atrás,
guardándolas en una bolsa de gimnasio, consciente de que
está mirándome y que no se pierde ninguno de mis
movimientos. Se hace a un lado cuando me dirijo a la salida,
pero me sigue escalera abajo. De nuevo en la sala, toma mi
brazo y hace que me gire hacia él.

─Pensé que tenías claro que era solo una aventura ─dice con
tono de voz ahogado─. Por todas las veces que me dijiste
que sería feliz con alguien más, creí que sabías que ese
alguien más no eras tú y que lo nuestro eventualmente
llegaría a su fin. Lamento no haber notado antes cuánto
realmente me querías. Cuánto te estaba lastimando. Eres
importante para mí, Savannah, y...

─¿Alguna vez pensaste lo contrario?

─¿Sobre qué? ─pregunta sonando desesperado por decirme


cualquier cosa que me haga sentir mejor, que me haga
quedarme y caer de nuevo, pero simplemente no la hay y
esto solo saciará mi curiosidad.

─Sobre nosotros ─le aclaro─. ¿Alguna vez pensaste que


podrías ser feliz conmigo? ─El conflicto invade su mirada
oscura. Hago una mueca─. Ni siquiera respondas. Ya sé la
respuesta. En el caso de que te preguntes si alguna vez
pensé que sería feliz contigo, no. No lo hice, pero te escogí a
ti por encima de mi felicidad y me alegra que mi elección
solo haya durado un día porque no sabría como lidiar
conmigo misma si me hubieras hecho perder toda una vida
a tu lado, que era lo que tenía planeado darte. Un hogar.
Una familia. ─Mi barbilla tiembla─. Quizás en un futuro, si lo
arreglábamos, hijos, pero no mereces que los míos lleven tu
sucio apellido racista. Ahora que te veo por lo que
realmente eres, un cobarde, renunciaría a la idea de ser
madre antes de hacerte padre, Tanner. Mis hijos merecen
algo mucho mejor que tú. 

Tras escucharme, su pecho se hunde como si acabara de


golpearlo.

Porque sé que dentro de él, muy dentro de él, algo también


está haciéndose polvo.

Lo veo en sus ojos.

─Nunca debiste meterte en nuestra historia  ─intenta


lastimarme más de lo que yo lo lastimé, pero no puede.

─No ─siseo con el mentón en alto─. Ustedes nunca debieron


atravesarse en la mía.

Avanza hacia mí.

─La nuestra era perfecta hasta que tú llegaste a destrozarlo


todo, Savannah, mirándome como si desearas que arrojara
a mi novia al mar y te tomara en brazos en su lugar. Como
si quisieras que te follara. Como si te murieras porque te
besara hasta que tus labios perdieran su forma y su color.

No suena como si me recriminara algo, sino más bien como


si dijera en voz alta las líneas de un libreto que ha estado
repitiéndose por años. Tras tomar el sobre que Weston me
dio, lo estampo contra su pecho y le sonrío sintiendo más
satisfacción de la que he sentido en mucho tiempo. Tanner
lo toma frunciendo el ceño, pero no lo abre, sus ojos negros
sin poder despegarse de los mío.

─¿Perfecta? Perfecta era yo para ti y hoy me perdiste para


siempre. ─Acerco mi rostro al suyo, apreciando la manera en
la que sus pupilas se dilatan, su aliento se atasca y sus
vellos se erizan porque mientras mi cuerpo lo aborrece, el
suyo todavía me ama─. Ve, ten tu final feliz con quién te
apetezca, pero nunca conseguirás otra mujer como yo,
nunca tendrás una conexión igual a la que teníamos con
nadie más, y eso te arderá toda la vida, Tanner Reed,
porque fuiste tú quién lo destruyó. No yo. Mi consciencia
estará tranquila sabiendo que fui leal a mí misma y que di
todo lo que pude dar de mí, ¿pero tú, Tanner? ─Trago─. Tú no
diste nada.

Sin esperar ninguna respuesta de su parte, me doy la vuelta


y camino hacia el ascensor.

Cuando las puertas se cierran, alejando sus ojos negros de


los míos, me desplomo contra una de las paredes metálicas
que me rodean y respiro sin que ningún tipo de asfixia o
ansiedad por tenerlo me invada. Sin embargo, termino
deteniendo mi auto frente a la casa que construí para él y
para Pauline. La maquinaría de demolición está en el jardín,
lista para ser usada. Al menos en eso no mintió, aunque
también podría ser un montaje. A los segundos de ingresar
mi auto en la entrada, tanto Pauline como su maldito
mayordomo salen de la mansión.

─¿Savannah? ─pregunta, soñolienta dentro de un pijama


azul─. ¿Qué haces aquí?

─Deshaciendo algo que nunca debí haber hecho.

Tanner tiene razón.


Soy impulsiva. Soy malvada. Soy la villana.

Por un momento lo había olvidado.

Empujo a Pauline fuera de mi camino cuando hace ademán


de atravesarse en él. Escucho a su mayordomo sugiriéndole
llamar a la policía, pero no le presto atención a ninguno de
ellos. Tras entrar en la maquinaría, descubro la manera de
utilizarla con un rápido tutorial en YouTube. Antes de
proceder tomo mi celular y grabo a Pauline mientras le hago
una pregunta importante en el caso de que se le ocurra
acusarme de intento de homicidio, lo cual no creo que haga
porque la mojigata no es tan lista. 

Su ingenio se limita a ser una zorra religiosa manipuladora.

─¿Hay alguien dentro?

Ella niega, su expresión suplicante.

─Savannah, por favor. No lo hagas. Podemos hablar y


arreglarlo.

Relamo mis labios, subiendo nuevamente la ventanilla.

Nada, ni nadie, puede arreglar mi corazón. No solo está


roto. Ya no está.

Hasta que no encuentre una nueva razón por la cual latir,


solo es un vacío en mi pecho que ansía ser llenado con
cualquier tipo de emociones, como solía ser antes de
Tanner. Sin hacer caso a sus ruegos, demuelo su casa frente
a ella, quién no deja de gritar mientras las alarmas de todos
los autos en el vecindario empiezan a sonar. Una vez la
mayor parte del segundo piso y de la entrada, al menos,
está hecha escombros debido a la bola de hierro, apago la
máquina. Cuando me bajo Pauline se encuentra tosiendo
junto a mi auto debido al polvo y su mayordomo habla por
teléfono. Se acerca a mí con ojos llorosos, pero niego hacia
cualquier cosa que tenga que decir. Si alguno de los dos
tiene planeado demandarme por esto, le regresaré a Tanner
el terreno que me dio. Le pediré un préstamo a mis padres
para cubrir los daños.

No me interesa.

Ninguno de ellos dos me importa ya salvo para verlos


arruinarse entre sí.

─Tanner ya sabe lo que hiciste. Sabe que le mentiste ─siseo


sobre su rostro cuando se detiene frente a mí, tirando de su
cabello rubio hacia atrás─. Las dos sabemos que no tardará
en ir por ti ya que has arruinado su perfecta visión del
futuro, que te has burlado de él, y esta vez ya no estaré ahí
para amortiguar el golpe por ti. ─La suelto─. Si fuera tú
correría de vuelta al pueblo del cuál nunca debiste haber
salido porque los cuentos de hadas que te contaron de
pequeña no existen. Los príncipes azules llevan mucho
tiempo extintos. ─Ladeo mi cabeza, sonriendo antes de
entrar en mi auto─. ¿Y tú, Pauline? No solo te casaste con
alguien que pretendía ser uno para atraparte, sino con una
bestia sádica que ahora está hambrienta de tu dolor.

Dejándola hundida en su miseria, me marcho sin mirar


atrás.

Durante el trayecto fuera de Travis Country las sirenas de


varios autos de la policía me pasan, incrementado el ritmo
de los latidos dentro de mi pecho, pero ninguno de ellos me
detiene.

Nadie ni nada más lo hará.

Soy libre.
*****

Me toma dos horas llegar a casa.

Cuando estaciono el auto en el garaje son alrededor de las


tres de la mañana. Me abrazo a mí misma tras presionar el
timbre de la entrada. Golpeo la manera cuando este se
bloquea ya que solo puede ser presionado dos veces porque
mis padres consideran que es de mala educación hacerlo
más. Un par de minutos después veo a papá abrir la puerta
con expresión soñolienta, un bate de beisbol en su mano,
pero el enojo en sus ojos grises se deshace al verme. Sin
pedir ningún tipo de explicación sobre por qué estoy aquí,
me acerco a él y lo abrazo con todas mis fuerzas. Will
Campbell me devuelve el abrazo envolviéndome con su
calor, pero me hace mirarlo tras dejar el arma con la cual
pensaba combatir a los intrusos a sus pies.

─¿Qué sucedió, pequeña? ─pregunta con sus manos


sosteniendo mis mejillas.

─Lo siento ─susurro ahogada en lágrimas─. Debí haberles


hecho caso. No debí haberme ido de Houston. No estaba
lista para enfrentarme al mundo sin ustedes.

Sus expresión se llena de dolor, pero niega.

─A pesar de que siempre me dolerá el recuerdo de haberte


dejado en Austin como si fuera aquél día en el que me
dijiste que me fuera de tu habitación porque ya estabas
cansada de mí y de tu madre y querías hacer tu propia vida,
no cambiaría nada que te haya llevado a convertirte en la
exitosa, inteligente y preciosa mujer frente a mí. Eres mi
orgullo más grande, Savannah. ─Presiona sus labios contra
mi frente─. Hagas lo que hagas, siempre serás mi
pequeñita.
─Papá ─sollozo enterrando mi rostro de nuevo en su pecho,
pero me separo de él cuando veo a mamá bajar los últimos
escalones que faltan para que alcance la planta baja.

Lleva una pijama de seda color crema bajo una bata.

Su expresión se llena de conocimiento cuando me ve.

─No cumpliste tu promesa, ¿cierto? ─susurra─. ¿No te


alejaste de él?

Niego.

─No.

Mamá afirma. Por la manera en la que sus ojos llamean por


un momento temo regresar a tener cinco años y oírlos
discutir sobre lo que es mejor para mí, si un castigo o una
charla explicativa, pero Larissa termina acortando la
distancia entre nosotros y envolviéndome entre sus brazos.
Lloro con mi rostro escondido en su pecho, demasiado
asustada de ver decepción en sus ojos como para alzar la
mirada. Una vez me guía al sofá y nos sentamos en él, me
obliga a verla alzando mi barbilla con su mano de manicure
perfecta.

─Me siento tan avergonzada.

─No debes estarlo ─dictamina─. Él es quién perdió a la mujer


de su vida. Tú saborearás el dolor de la caída, te levantarás
y encontrarás a alguien más, pero él seguirá hundido en su
miseria para siempre. ─Me abraza─. No te merece,
Savannah. Nunca lo hizo, mi linda rosa.

Me estremezco.
─No lloro por él, mamá. ─Presiono mi frente contra su
pecho─. Lloro por mí.

Por todo lo que perdí persiguiéndolo.

Porque esta no es la historia de la chica que obtiene al


chico.

Es la historia de la chica que hace todo por tenerlo... hasta


que abre los ojos y se da cuenta de que tanto dolor y tanto
sufrimiento por un amor no correspondido simplemente no
valen la pena.

Escucho a papá sentarse en silencio frente a nosotras, pero


luego oigo el sonido de otras pisadas descendiendo por las
escaleras. Cuando alzo la vista, incorporándome, me
sorprendo al ver un chico de cabello castaño largo y ojos
marrones, en plena pubertad, en el último de los escalones.

─¿Así que tengo una hermana? ─pregunta y entonces


entiendo su presencia aquí.

─Una hermana que aparece las dos de la mañana en casa


─respondo tras sorber por mi nariz, poniéndome de pie
cuando se detiene frente a nosotros en un pijama de los
Kings.

Mira a papá.

─¿A quién debemos matar, Will?

Papá no mataría ni a una mosca aunque esta fuera obesa y


volara lento, por lo que interrumpo su respuesta.

─A mí misma por permitir que lo hicieran, pero eso se


acabó.
El adolescente sonríe.

─Bien ─dice─. Mi nombre es Vincent.

Tras mirar con una sonrisa tanto a mamá como a papá,


quiénes contemplan el intercambio con sumo interés y algo
de preocupación porque no me habían contado más sobre el
proceso de adopción después de que pasaron la primera
ronda para ser considerados aptos, acepto su mano y la
aprieto.

─Savannah.

Empiezo a retroceder, pero me hala hacia su cuerpo para


abrazarme.

Me estremezco al escuchar su voz en mi oído.

─Mantente lejos de mi camino y me mantendré lejos del


tuyo. Cumplo dieciocho y me largo.

Vincent se echa hacia atrás pensando que me ha


intimidado, pero lo imito. 

─Haz lo que quieras con tu vida, pero lastima a mis padres y


rezarás para volver al orfanato.

Dicho esto me separo de él con una sonrisa.

Mamá y papá, inconscientes de que han traído a casa al


huérfano más desagradecido, se nos unen. Papá sube con
Vincent al segundo piso y mamá se queda abajo conmigo,
preparándome una taza de té en la cocina y escuchando mi
historia desde el principio. Obvio algunos detalles mórbidos,
pero cuando termino simplemente me observa y presiona
sus labios contra mi frente.
─Ve a dormir ya, Sav. Mañana nos levantamos a las seis. Me
ayudarás en la floristería.

─Mamá... ─protesto.

Ella niega.

─Te dejé ir. Dejé que te lastimaran ─dice desde el umbral─.


No dejaré que te quedes rota.

Hago un puchero con mis labios.

─Te amo, mamá.

─Y yo a ti, pequeña rosa. Sanarás, lo prometo, y volverás a


amar a alguien que sí lo merezca.

*****

Me toma dos semanas lejos de Austin, cambiar de número


de teléfono y mover las oficinas de mi empresa a Houston,
incluyendo a Isla, poner una significativa distancia entre
Tanner y yo, pero cuando este se aparece repetidas veces
en la casa de mis padres, algunas de ellas drogado y ebrio,
y en el edificio que alquilé y tengo que salir por la puerta
trasera que conecta con un callejón para esquivarlo, me doy
cuenta de que nada de lo que ha sucedido lo mantendrá
lejos, en especial ahora que ha caído en su realidad. En su
caso, en la de que Pauline no es lo que pensó que era
durante todos estos años, pero no volveré a ser su plato de
segunda mesa. Ya no volveré a ser quién recoja sus pedazos
e intente descifrarlos mientras los une.

Ya no tengo un motivo.

Así que cuando Malcolm vuelve a preguntarme si me quiero


ir con él, acepto.
Compro un conjunto deportivo rojo que se ciñe a cada curva
de mi cuerpo y arrastro mi maleta por el piso del aeropuerto
consciente de que hay cientos de cámaras apuntando hacia
mí y grabando el momento en el que lo alcanzo en la fila de
chequeo. Cuando lo alcanzo, me toma en brazos y me hace
dar vueltas en el aire, a lo que respondo riendo y tirando
momentáneamente mi cabeza hacia atrás, las mariposas
haciendo su aparición en mi estómago ya que no solo luce
apetecible dentro del uniforme de entrenamiento de los
Kings, sino que también huele sumamente bien, a colonia y
crema de afeitar, lo cual a penas descubro ya que es la
primera vez que lo tengo tan cerca y me permito disfrutarlo.
Cuando mis pies son depositados de nuevo en el suelo, mis
labios buscan su mejilla, pero vuelve a girar su rostro
demasiado rápido y termino besándolo fugazmente. Sin
importar si fue un accidente o no, mi corazón se llena de
calidez.

Ya no veo a su hermano en él.

Solo veo a mi amigo, uno que me hace sentir bien.

Demasiado bien.

─¿Necesitas ayuda con eso? ─Niego, pero aún así Malcolm


maniobra con su equipaje para tomar el mío─. ¿Lista para la
aventura de tu vida? Tengo grandes planes para nosotros.
He hecho un itinerario de todos los lugares turísticos que
podemos visitar.

Sonrío, tomando su gorra y poniéndola sobre mi cabeza


mientras exploto una goma de mascar.

─Claro que sí.

Estoy lista para romper el ciclo haciendo lo único que Tanner


no me perdonaría jamás.
Estoy lista para ser feliz con la versión de él que siempre
quise para mí.

Una que no fueron invenciones de mi mente, sino que sí


existe ya que mientras yo era la única que pensaba que
Tanner me quería, todo un país entero veía cómo su
hermano se moría por mí, menos yo. Solo somos amigos
ahora, pero la calidez que siento cuando toma mi mano y
entrelaza nuestros dedos mientras esperamos nuestro turno
para presentar nuestra documentación me hace tener
esperanzas de que un día me levantaré y amaré tanto al
buen hombre junto a mí que me dolerá respirar sin él, pero
a él también le dolerá respirar sin mí.

Porque ese es el único tipo de dolor que volveré a sentir.

Fin del ciclo. 

Falta el epílogo 1, el 2, nota de autora y sinopsis de


Pauline

Nos vemos en vivo para leer el 2. Cuando lo tenga


listo les digo la hora
Epílogo 1:

Epílogo 1:
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por OscaryArroyo
 

Un año y medio después...

Sonrío mientras me contemplo en el espejo, encantada con


la visión que ofrece mi vestido blanco. Es de encaje tanto en
la parte superior como en la falda, manga larga, y de
transparencias. Fue diseñado exclusivamente para mí por
Pnina Tornai, lo que hizo que mamá y yo saliéramos en un
episodio de Say Yes to the Dress en Kleinfeld debido a la
relevancia de mi prometido en los medios. Ver a Larissa y a
la madre de Malcolm discutir por el mejor con papá, quién
solía apoyar todas mis opciones, fue una experiencia que
nunca olvidaré. Río al recordarlo mientras acepto el ramo de
rosas blancas que mamá me tiende, cuyo ceño está
fruncido a pesar de que se supone que debería estarme
dando ánimos, pero sabe que no los necesito. No siento
miedo. Solo ganas de iniciar esta nueva etapa de mi vida
con el hombre que amo, que me ayudó a sanar y que me
convirtió en una mejor versión de mí misma.

Más amable, menos solitaria y más inclinada a disfrutar las


emociones positivas de la vida que las negativas. A
hallarme a mí misma por un camino color rosa en lugar de
negro.

Soy una novia feliz.

Hoy es el día de mi boda y realmente soy feliz.


─Debiste haber escogido el de seda. Este es muy revelador.

─Mamá ─río─. Deberías decirme que me veo hermosa.

─¿Por qué? ─pregunta─. Eso ya lo sabes, Savannah. No seas


egocéntrica.

A pesar de sus palabras, sus ojos están vidriosos. Aunque


un principio tuvo sus reservas con respecto al hecho de que
empezara una relación con el hermano del hombre que me
hirió, Malcolm se esforzó por demostrarles que es diferente
a los otros Reed. Se ganó su puesto en sus corazones. Ahora
tanto ella como Will están felices de añadirlo a la familia y
de alardear de que el mariscal de los Kings, quién nos llevó
a ganar el Super Bowl este año y el anterior a ese, lo cual vi
en primera fila, sea parte de la familia Campbell. Con
respecto a Tanner, sé que en ocasiones se reúnen y sé que
estará en algún lugar de la ceremonia viendo cómo me caso
con su hermano, pero no ha vuelto a intentar ponerse en
contacto conmigo después de que Malcolm y yo nos
reunimos en el aeropuerto.

Me dejó ir.

Mi vida es tan buena ahora que solo espero que algún día
pueda sanar y ser tan feliz como yo.

Como nunca lo habría sido con él.

─La boda está a punto de empezar, mamá ─le recuerdo


cuando se limita a mirarme a través del reflejo del espejo
frente a nosotras, llorando con miedo de arruinar su
maquillaje ya que limpia constantemente el borde de sus
ojos enrojecidos con una toalla húmeda.

─Lo sé, pequeña rosa, pero no puedo dejar de verte. ─Alisa


mi cabello, el cual cae completamente lacio sobre mi
espalda, y me abraza─. Estoy tan feliz por ti. Realmente
deseo que Malcolm te haga tan feliz como tu padre me ha
hecho feliz a mí.

─Es un sueño hecho realidad ─susurro, enternecida al


recordar el último año.

Los viajes. Las cenas. Los juegos tras los cuales corrí sobre
el césped ante la atenta mirada de todos para aterrizar en
sus brazos y besarlo para celebrar sus victorias. El cómo
huía al menos media hora de sus entrenamientos para
acercarse a mi oficina y hacerme el amor sobre mi
escritorio, traerme mi almuerzo favorito, pizza, o
simplemente recordarme cuánto me ama a pesar de que lo
primero que hice antes de aceptar ser su novia fue contarle
sobre Tanner y yo.

Malcolm se enojó al principio, se distanció, pero regresó.

Me perdonó.

─Papá ya está esperando por mí. ─Me separo de ella─. Nos


vemos en un rato, mamá.

─No sé por qué si fui yo quién te tuvo nueve meses en mi


interior, debe ser Will quién te lleve al altar ─protesta
saliendo de mi vestuario, a lo que suelto una débil risa.

Siguiéndola, me encuentro a papá en la puerta. Sus ojos


grises se abren con sorpresa y después se entrecierran con
calidez cuando reparan en mí. Se ve como un apuesto
modelo Armani maduro dentro de su traje, pero cuando sus
ojos se vuelven brillantes siento ganas de llorar.

─Te ves hermosa, Savannah. Estoy honrado de llevarte al


altar.
─Yo estoy honrada de llamarte papá.

Tras abrazarlo, entrelazo mi brazo con el suyo.


Descendemos las escaleras hacia el primer nivel del salón
en el que se desarrollará la ceremonia nocturna repleta de
luces brillantes y rosas y otras especies de flores blancas
que la floristería de mamá proporcionó. Hay una elegante
alfombra clara que conduce al altar. Cuando el novio me
identifica al final de esta, la marcha nupcial empieza a sonar
y lo único que puedo ver es cuán apuesto y nervioso de una
manera adorable luce Malcolm en su traje de dos piezas con
pajarita. A su lado están Ibor y Marco, uno de sus amigos
del equipo, y junto al que yo ocuparé se encuentran Isla y
Faith, mis dos mejores amigas ahora. La primera se ha
convertido en mi socia y la segunda en una importante
colega.

Los pétalos llueven sobre mí, toda una sorpresa, mientras


caminamos hacia ellos.

Clavo mis dedos en el brazo de papá debido a la emoción


que siento.

Una vez él se despide de mí presionando sus labios contra


mi frente y estrechando el hombro de Malcolm, nuestras
manos se encuentran después de que le entrego mi ramo a
Isla y juro ser capaz de sentir su pulso errático en mis dedos
y viceversa.

Trago el nudo de emoción en mi garganta al escuchar al


orador.

─Malcolm Reed Johnson y Savannah Campbell Suárez


─pronuncia nuestros nombres─. Están aquí para
intercambiar sus votos y unirse en sagrado matrimonio ante
los ojos de Dios y de todos los presentes. ─Sonrío. Malcolm
me devuelve la sonrisa, viéndose tan feliz como yo me
siento. El sacerdote lo mira a él primero─. Malcolm, tú
primero, por favor. Dinos tus votos.

Malcolm se aclara la garganta antes de hablar.

─Sav... ─dice, apretando suavemente mis manos─. Me


esfuerzo día a día por ser alguien digno de ser llamado tu
amigo, tu confidente, más que un amante. Espero algún día
llegar a merecer tener una mujer como tú a mi lado, pero no
podía tentar a la suerte y esperar que eso sucediera para
hacerte mi esposa porque otro podría venir y hacerlo. Si
apartarte para mí mientras lo logro me hace ganar ser
llamado egoísta, asumo mi pecado y rezaré cada día para
ser absuelto de él aunque no tengo intenciones de dejar de
cometerlo. Te amo y no imagino ningún día de mi vida sin ti.
No solo formas una parte importante de ella. Eres ella y
también lo serán nuestros hijos cuando termines de cumplir
todas tus metas, y yo también, y seamos padres. ─Mi
barbilla tiembla─. Mientras eso sucede estoy feliz de iniciar
mi familia contigo. Todos aquí saben que te has convertido
en mi amuleto de la suerte y que no habría llegado a donde
estoy sin ti. ─Me acaricia las manos con sus pulgares, la
sinceridad de sus palabras trayendo una gran opresión a mi
pecho─. Cada uno de mis Touchdown llevan tu nombre,
preciosa.

Le sonrío entre lágrimas.

─¿Savannah?

Aclaro mi garganta antes de empezar.

Mis votos son simples y cortos en comparación, pero


significativos.

─No pensé que podría tener este tipo de felicidad hasta que
te arrollaste frente a mí y me pediste que fuera tu esposa
─susurro, haciendo que todos rían de nuevo al recordar su
propuesta de matrimonio tras la victoria de su segundo
Super Bowl. Una de las propuestas de matrimonio más
televisadas─. Viste y apreciaste cosas en mí que nadie más
notó, Malcolm, y me hiciste apreciar y ver cosas en ti sin las
que ahora no puedo sobrevivir. Te amo y prometo
recompensarte cada pequeña o gran alegría que generes en
mí y en mi padre ─río, lo cual también lo hace reír y a todos
los demás porque Will es su fan número uno─. Te amo y me
siento honrada de ser la mujer que elegiste para convertir
en la señora Reed.

Porque la única manera en la que lleve ese apellido es si


está ligado a Malcolm.

Los ojos marrones de mi prometido se vuelven cálidos.

Prometen hacerme tantas cosas cuando estemos a solas.


Tras verlo relamer sus labios con apetito en su mirada, lo
cual captan las cámaras, el sacerdote continúa.

─Si alguien se opone a esta unión, hable ahora o calle para


siempre. ─A pesar de que siento un cosquilleo de
anticipación en mi nuca, no giro mi rostro. El silencio es la
única respuesta que obtiene el padre─. Malcolm, ¿tomas a
Savannah como tu esposa para serle fiel, para mantenerla y
tenerla a tu lado desde hoy, en lo bueno y en lo malo, en la
riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad,
hasta el día en el que la muerte los separe?

─Sí. Por supuesto que sí ─responde de forma ansiosa.

─Savannah Campbell...

─Sí ─lo corto, haciendo reír a todos, pero simplemente no


soporto cuán rápido va mi corazón dentro de mi pecho.
Quiero que cumpla ya mi fantasía de ser tomada en brazos,
pasar de la fiesta de celebración e ir directamente a nuestra
luna de miel─. Acepto.

─Los anillos ─dice Malcolm, sin dejar que el pobre hombre


continúe, a lo que Samantha se acerca con un cojín y nos
los tiende pese a la mirada de molestia en sus ojos.

No entiende por qué no me estoy casando con camarón,


pero es muy joven para comprender y Anahí y yo nos
limitamos a decirle que lo nuestro simplemente no había
funcionado, pero no por qué. Está usando un lindo vestido
amarillo y una corona de ostras doradas en la cabeza,
viéndose como siempre como una sirenita. Cuando se aleja
Malcolm desliza uno de ellos en mi dedo, tomando mis
manos con delicadeza y adoración en cada uno de sus
movimientos.

─Savannah Campbell, con este anillo te tomo como mi


esposa.

Lo imito.

─Malcolm Reed, con este anillo te tomo como mi esposo.

Una vez terminamos, volvemos a ignorar al orador y


presionamos nuestros labios juntos.

Todos los presentes aplauden mientras enredo una de mis


manos en su cabello oscuro y presiono la otra contra su
hombro. Mientras inclina mi espalda suavemente hacia
atrás y me besa con pasión, pero también con ternura,
haciéndome sentir como su único y primer amor a pesar de
la absurda cantidad de mujeres que pasaron por su cama.
Una vez se separa de mí, hace exactamente lo que prometió
y me toma en brazos con suma facilidad, lo que me hace
reír mientras los pétalos llueven sobre nosotros de manera
uniforme y hermosa.
─Nos vemos en un mes, Dawson ─le dice a su entrenador
tras nosotros, lo que mamá escucha y hace que comience a
andar tras nosotros para evitar que nos fuguemos, pero no
nos detenemos.

Andamos hacia el auto de huida esperando por nosotros en


la entrada.

Antes de salir del salón, sin embargo, lo veo.

Lo veo y sigo sin sentir nada, pero él está sintiéndolo todo y


la única emoción que puedo dedicarle a cambio es lástima
porque mamá tenía razón. Sané, lo superé y volví a
enamorarme, pero él está y siempre estará hundido en la
miseria de los sueños que no se hicieron realidad.

Porque dentro de su mente pudimos haber sido nosotros.

Debimos haber sido nosotros.

Pero el nosotros dejó de existir cuando me arruinó.

Cuando lo arruiné.
Epílogo 2:

Epílogo 2:
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por OscaryArroyo
 

TANNER 

Se supone que debería estar feliz por mi hermano.

Se supone que debería darle la bienvenida a mi familia a mi


nueva cuñada, pero lo único que puedo hacer es resistir la
manera en la que mi sangre se convierte en ácido corriendo
por mis venas mientras los veo partir del sitio en el que
prepararon su fiesta de casi un millón de dólares sin formar
parte de la celebración. Fue un desperdicio de dinero, pero
el desperdicio no se debe a que se hayan ido, sino a que
nada en este nefasto sitio grita que esté hecho para cumplir
las expectativas de Savannah, pero sí la de los medios.

Si hubiera sido yo, estuviéramos casándonos en la orilla de


la playa en Corpus Christi en una ceremonia privada.

Como fue mi boda con la perra cristiana.

Como la hice prepararla porque me gustaba fingir que sería


ella con quién me casaría.

Los invitados ríen, cantan y bailan a mi alrededor. Los odio a


cada uno de ellos por formar parte de esta farsa, por no
darse cuenta de que a la novia solo le interesan unos
cuantos y prefirió irse antes de perder su tiempo aceptando
sus felicitaciones, pero estoy demasiado entumecido y ebrio
como para conducir hacia el hotel en el que estoy
quedándome. Debí haber traído un chófer conmigo, pero no
quería que nadie fuera testigo de mi miseria en el caso de
que mi plan nunca se llevara a cabo. Tenía todo listo para
perdonarla, para dejar de lado mi orgullo y huir con ella a un
sitio en el que nadie pudiera señalarnos, en el que pudiera
reconquistarla y obtener de regreso la parte de mí que perdí
cuando se fue, pero ella ni siquiera giró su rostro hacia mí
para buscarme entre los invitados cuando el sacerdote lo
preguntó.

Cuando preguntó si alguien se oponía a la boda. Si ella


quería que se opusieran.

Esa era mi señal.

Mi señal para humillarme a mí mismo y empezar a


arrastrarme por una mujer.

Mi señal para renunciar a la escasa relación que tengo con


Malcolm, la cual es la única relativamente sana y decente
dentro de mi mi familia o al menos lo era hasta que Sav
decidió que de entre todos los hombres a su alcance, él era
el indicado para superarme, pero no voy a fingir que no sé
por qué lo hizo. Le he perdonado muchas cosas y meterse
con él sería la única que no, pero cuando la amenacé
subestimé el poder que mi chica tenía, tiene, sobre mí.

Pero la señal nunca llegó.

Ella nunca me buscó con sus inolvidables ojos grises entre


los invitados.
Tampoco en el transcurso de este año y medio dio señales
de solo estarse vengando.

Lo ama y la certeza de ello duele como una hija de perra.

Porque solía verme a mí como lo veía a él.

Solía suspirar contra mí como ahora suspira contra él.

─Disculpe, ¿está bien? ─pregunta una voz que reconozco


bien, haciendo que me tense, cuando me encuentro
caminando por el estacionamiento en búsqueda de mi auto,
el cual no encuentro ya que todos los malditos autos en él
se ven del mismo color y del mismo modelo.

─Sí ─mascullo, pero Larissa, la madre de Savannah, es una


entrometida y se acerca.

─¿Tanner? ─pregunta─. ¿Eres tú, imbécil?

Una risa oscura se atasca en mi garganta.

Me giro para mandarla al infierno, pero lo parecida que es a


Sav hace que me congele. Lo alta. Lo esbelta. Lo perfecta
con su cabello largo negro y sus marcadas curvas latinas.
Distorsionado como está el sentido de mi visión, sus arrugas
no se notan y bien podría estar frente a su hija. Separo los
labios para decirle todo lo que nunca le dije, pero los cierro
al escucharla hablar.

Al caer en cuenta de que no es ella.

─No puedo creer que hayas venido.

─Tú me invitaste ─siseo, odiándola por ser una perra sin


escrúpulos a la que le gusta meter el dedo en la llaga.

─Pero no pensé que vinieras ─dice.


Hago una mueca, sabiendo que nunca le he gustado.

─Bueno, ya me voy ─le informo dándome la vuelta y


avanzando, pero una mano se posiciona sobre mi hombro y
me tenso─. Larissa, ¿sabes lo que es el espacio personal?
Invades el mío.

─Sé lo que es que le hagan daño a la persona que más


amas en el mundo y contener esa rabia por un año y medio
─responde Will, haciéndome dar la vuelta para asentarme
un puñetazo en la mandíbula que hace a su esposa jadear
con horror y que una explosión de sangre y dolor estalle en
mi boca─. Ahora, Reed, te llevaré a tu hotel ─indica
tomándome del brazo y guiándome a su auto─. No permitiré
que ensucies el día más feliz de mi hija con tu muerte.

─Will... ─susurra su esposa tras nosotros, pero el hombre


niega.

─Deja que me encargue de esto, cariño. Es algo que he


estado conteniendo por mucho tiempo.

Tras esto abre la puerta y me empuja dentro.

─El día más feliz de Savannah fue cuando ganó su primer


concurso ─señalo con la frente apoyada contra el cristal
cuando se sitúa junto a mí y arranca, llevándonos fuera de
este agujero infernal─. Las llevé a ella y a Pauline a celebrar
a ese feo café en el campus que adoraban.

Las manos de Will se aprietan en torno al volante.

─¿Quieres que hablemos del día más infeliz de su vida?

Mi garganta se cierra.

Niego.
Ese día también solía ser el más infeliz para mí, pero luego
el día de hoy llegó y lo superó.

─Santo Dios, Reed ─gruñe─. ¿Estás llorando?

Niego, pero cuando llevo mi mano a mi rostro lo descubro


húmedo. Will me pregunta en donde me estoy quedando y
le doy el nombre del hotel. Cuando llegamos a él y empiezo
a bajarme, él también lo hace y se asegura de que llegue a
mi habitación a pesar de que no lo merezco por todas las
cosas que le hice a su pequeña. Definitivamente ya sé de
dónde Sav sacó su corazón.

Larissa no tiene nada que ver con eso.

Ella es más como yo y sospecho que por esa razón nunca


me ha querido cerca de Sav.

─¿Sabes, hijo? Malcolm es mi jugador favorito. Desde que lo


vi jugar en vivo por primera vez como Johnson supe que
sería la mayor bendición para nuestro estado ─dice mientras
me tiende una botella de agua, la cual bebo debido a la
insistencia en sus ojos grises. Todo mi cuerpo se crispa
cuando se arrodilla frente a mí─. Pero tú eras mi favorito y
cuando lastimaste a Savannah, también me lastimaste a mí.
Te defendí, Tanner. Me di cuenta de cómo te sentías hacia
mi hija a penas te vi tras los barrotes de aquella prisión
dispuesto a hacerlo todo por la mujer que amabas y
también te defendí cada una de las veces que mi esposa
dijo que solo traerías desgracias a la vida de nuestra
pequeña. ─Se levanta─. Me decepcionaste de una manera
irreparable, chico, y eso solo es un eco de cómo
decepcionaste a Savannah, así que hazte un favor a ti
mismo y lleva tus genes nazis de regreso a Alemania o a
cualquier otro lugar lejos de mi niña. Ella es feliz ahora. Hoy
fuiste testigo de ello. Si realmente la amas, no vuelvas a
perturbarla mostrando tu cara. Demuéstrame que no estaba
equivocado y haz algo que quizás me haga perdonarte con
el paso del tiempo manteniendo la distancia.

Tras decir esto, Will se da la vuelta y camina fuera de mi


habitación.

Me dejo caer en mi cama, cerrando los ojos hasta que solo


veo ébano.

Tiene razón.

Mi hermano no fue el motivo por el que no interrumpí su


boda al no recibir la señal, sino su felicidad. El conocimiento
de saber que mientras ella sea feliz con él, el dolor que
siento hacia la idea de Savannah follándoselo, sonriéndole o
llevando a sus hijos en su vientre tendrá una razón válida.
La señora Reed, murmura una voz dentro de mi mente.

Debió haber sido la señora de Tanner Reed.

Debimos haber sido nosotros.

Pero todo desde el inicio dijo que no. 


Nota de autora y agradecimientos:

Nota de autora y
agradecimientos:
14K 2.4K 1.2K
por OscaryArroyo
 

Esta historia surgió porque me rompieron el corazón. La


empecé porque me ilusionaron y quería desquitarme.
También llevaba tiempo queriendo escribir sobre la
antagonista que tildan de arrastrada en todas las historias y
que a veces es quién más merece tener un final feliz. Esos
dos factores se combinaron y crearon una historia en la que
ya yendo por el capítulo diez/quince ya había superado a
quién me lastimó.

Entonces me quedé con Sav y Tanner. 

De todas mis obras, es la que más quise mantener en


secreto debido que todo lo que hacía Sav me recordaba a
mí en algún momento determinado de mi vida. También ha
sido la que más he odiado por cuán expuesta me ha hecho
sentir ante ustedes, por cuánto la juzgaron y por cuán
intensa era/es, pero ustedes amaron la trama desde el
primer instante en el que la publiqué y finalmente logré
desarrollar la historia como tenía estipulado desde un
principio ya que nunca se trató de Sav y Tanner siendo
felices. 

La única protagonista aquí era ella. 

Su final feliz era deshacerse de lo que la lastimaba. 


Lo logró. 

Sé que muchas no están feliz con que haya terminado con


Malcolm, ¿pero realmente creen que Savannah les o me
hará caso? Si la hace feliz, no tiene por qué escucharlas.
Malcolm y ella tienen historia. Mientras Tanner la lastimaba,
él la apreciaba. No pueden culparla por enamorarse de él.
No pueden culparla por desencantarse de Tanner tan rápido.
No fue algo que pasó de un momento para otro. Fue algo
que lleva todo el libro sucediendo (según su POV) y explotó
los últimos capítulos en presente. Una parte de ella lo quería
con desesperación, pero la otra era consciente de lo que
sucedía y creo que todas nos relacionamos con ese
conflicto. 

Si son team Tanner, no estén tristes.

Continuaré su historia después de la de Pauline y la de


Malcolm, las cuales planeo hacer más cortas (máximo 30
capítulos). Estas estarán disponibles bajo suscripción en
Booknet. 

Si no quieren leer el libro de Pauline, no saben de lo que se


pierden -risa malvada- 

No sabrán el contenido del sobre si no lo hacen 

En fin. 

Gracias a todas las Savs que leyeron este libro y lo hicieron


suyo, dándose cuenta de que el único team válido era ella
misma (nosotras mismas). 

Cada página de esta historia está dedicada a ustedes. 

Y gracias al Tanner de la vida real por haberme roto el


corazón y haberme animado a escribir una historia con la
que un día me haré millonaria. El despecho me duró una
semana, pero las regalías durarán toda la vida. 
Sobre la autora:

Sobre la autora:
9.8K 1.3K 111
por OscaryArroyo
 
Oscary Arroyo nació en Valencia, Venezuela, un 18 de
noviembre de 1998. Tiene 22 años de edad al momento de
terminar esta novela. A parte de escribir, es estudiante de
tercer año de la escuela de medicina. Sus hermanos son su
corazón. Su cuento para dormir son los comentarios de sus
lectoras. Tanner Reed es la primera parte de una trama
compuesta por 4 libros a la que todavía no le pone nombre
porque es mala con los títulos. Savannah siempre estará
formando parte de su corazón y de su alma. 

Las ama.

Pueden encontrarla en Wattpad, Booknet, Instagram


y twitter como oscaryarroyo y pertenecer a su grupo
de Facebook, Leemos a Osc.
Libro en físico

Libro en físico
328 88 15
por OscaryArroyo
 

Me faltaba anunciar esto por aquí y agradecerles por


creer en mí y en mis historias. Gracias a ustedes otro
de mi bebé irá a físico, esta vez de la mano de
CosmoBook. Para que estén al tanto de las noticias
(el libro sale en Abril del 2022) las animo a seguirme
en redes sociales.

Twitter: oscaryarroyo

Instagram: oscaryarroyo
Estoy tan emocionada 

Solo faltan días para tener a nuestros tóxicos en


físico 
Siguientes libros:

Siguientes libros:
468 90 23
por OscaryArroyo
 
1.5. Pauline:

Mi ex esposo me engañó con mi mejor amiga.

Los conocí a ambos en la universidad luego de escapar de


mi pueblo natal. Soy la mojigata, la buena que convierte al
malo en un chico bueno y que es merecedora de un final
feliz de cuentos de hadas.

¿Lo que nadie me dijo hasta que fue demasiado tarde?

Los finales felices no son para siempre.

Debería ser la víctima, pero en el mundo de los Impostores


nada es lo que parece.

Disponible en Booknet bajo suscripción.

1.6. Malcolm:

Tenía la esposa perfecta con la que posar ante los medios y


divertirme como niño en privado.

Una casa perfecta que planeábamos llenar con nuestros


hijos.

La carrera perfecta con la que todo deportista sueña.


En pocas palabras, la vida perfecta.

Todo eso se desvaneció como polvo arrojado al viento


cuando sufrí una lesión que me incapacitó y me terminó
confinando en un centro de rehabilitación en el que no estoy
cómodo en mi cama, ni puedo hacerle el amor a mi chica.
Los médicos dicen que no podré jugar fútbol nunca más y
gracias a mi nueva adicción estoy perdiendo a Sav, pero no
es como si pudiera detenerme. No es como si pudiera
recuperarlo todo.

El fútbol era todo lo que era.

Ahora no tengo nada.

Y no es como si hubiera sido mío desde el inicio.

Disponible en Booknet bajo suscripción.

2. Título desconocido.

La vida nos ha enseñado que cuando finalmente crees que


conoces a una persona solo estás escalando en la punta del
iceberg de lo que es.

No juzgues.

No asumas.

Solo lee y conoce lo poco de mí que te compartiré porque


me lo has suplicado.

Si no te gusta nadie te está obligando a quedarte.

Lees esto bajo tu propio riesgo. Por culpa de tu curiosidad y


de tus ansias de jugar con fuego. ¿Y qué es lo que dicen de
la curiosidad y de esos juegos? No tengo que repetir ningún
estúpido refrán. Ya lo sabes.

Y yo también.

Disponible gratis en Wattpad y Booknet.

3. Título y sinopsis sin publicar.

2024. 

Tanner Reed © (Impostores
#1)
OscaryArroyo
Wattpad © (https://wattpad.com) and Wattpad to
Kindle E-reader (https://wattpad.xs
Table of Contents
 
- 0% Completado
-
Prólogo:
Capítulo 1:
Capítulo 2:
Capítulo 3:
Capítulo 4:
Capítulo 5:
Capítulo 6:
Capítu
Capítulo 33:
Capítulo 33:
Capítulo 34:
Capítulo 35:
Capítulo 36:
Capítulo 37:
Capítulo 38:
Capítulo 39:
Capítulo 40:
Capítulo
- 0% Completado
-
39.6K 2.5K 241
 por OscaryArroyo
 
Advertencia: esta historia no es para personas débiles de
corazón, ni ap
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32.6K 2.6K 224
 por OscaryArroyo
 
Dedicado a aTraAPaDAaA (https://www.wattpad.com/user/aTraAPaDAaA)
Esta no es la histor
Prólogo:
Prólogo:
45.7K 3.6K 4.6K
 por OscaryArroyo
 
Dedicado a luvsenku (https://www.wattpad.com/user/luvsenku)
Austin, Tex
A veces hago comparaciones extrañas, pero soy como un
pequeño animal de casa, un perro, que por primera vez sale
a dar un pas
vivir juntas desde hace un par de semanas, la cuidé cuando
empezó a sentirse mal por toda la pizza que hemos comido
y ella me
en la que mi corazón bombea contra mi pecho cuando estoy
haciendo algo que no debería estar haciendo. Que
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