AUTOANALISIS
“Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; más siendo juzgados,
somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.” (1 Cor. 11.31-32)
Una de las virtudes más preciadas que como personas podemos tener es la de
examinarnos a nosotros mismos. Reflexionar en la propia forma de actuar nos dará la pauta para
hacer los cambios necesarios a fin de avanzar en el desarrollo de nuestra persona, carácter y vida
entera.
Y a pesar de la importancia que tiene, muchos de nosotros no estamos acostumbrados a
analizarnos y considerar nuestras fortalezas y áreas de oportunidades.
En el mejor de los casos, andamos sin saber bien hacia dónde o con qué fin haciendo lo
que consideramos más o menos bueno, en el peor de los casos empezamos a dirigirnos a la
maldad poco a poco, sin darnos cuenta y cuando menos lo esperamos estamos en un sitio del que
es muy difícil salir.
Así que lo mejor será que apliquemos disciplina al reflexionar en nuestras vidas, esto nos
evitará muchos dolores de cabeza y traerá bendición a nuestras vidas. Te invito a reflexionar en,
por lo menos, las siguientes tres áreas:
Cuidar nuestro tiempo a solas con Dios. Con el pasar del tiempo muchos de nosotros nos
sentimos agobiados por la cantidad de compromisos urgentes que debemos atender.
Compromisos familiares, escolares o de trabajo, cada uno de ellos puja por tomar parte de
nuestro tiempo mermando la cantidad y calidad que dedicamos a otros aspectos
importantes de nuestra vida. Muchas veces quien sale perjudicado al momento de buscar
el balance de todas nuestras tareas diarias es Dios. Tenemos demasiada tarea y nos
desvelamos haciéndola, para levantarnos temprano e ir al colegio, salimos tarde del
trabajo agotados por el esfuerzo del día que llegamos únicamente a dormir a la casa y en
ninguno de los casos nos acordamos de Dios. Descuidamos nuestra relación con Él
olvidando que es precisamente por Él que todo lo demás cobra sentido; porque, ¿De qué
le vale al mundo ganar el mundo entero si al final pierde su alma?
Pero el Señor tiene paciencia con nosotros y nos espera cada día en nuestro encuentro a solas con
Él. Quiere revelarnos su voluntad para vivir tranquilos, él no desea que olvidemos todas las demás
cosas que tenemos por hacer pero si quiere que le demos el primer lugar de nuestra vida. Si te
sientes fatigado por tus ocupaciones diarias al punto de no saber si resistirás más, es momento de
recordar las palabras del Señor Jesús “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo
os haré descansar” (Mt. 11.28)
Cuidar nuestro compromiso con la Obra del Señor. La vida cristiana es más parecida a un
Maratón que a una carrera de velocidad. No se trata de llegar primero a la meta sino de
llegar al fin y al cabo. Y esto también se aplica en nuestro trabajo en la obra del Señor.
Muchos inician con entusiasmo ejerciendo su labor con responsabilidad, pero al cabo de
unos meses se aburren, flaquean y tambalea toda la labor que han realizado. ¿Quién dijo
que seríamos coach, masters, host, cristianos incluso, por un mes o un año? El Señor te
está llamando a servirle en tu juventud y esto debe ser un orgullo para ti. Que Dios te
tome en cuenta para hacerte cargo de su iglesia (aunque sea el más pequeño de los
grupos) debes considerarlo un honor porque significa que Dios confía en ti y en que harás
todo lo posible para hacerles bien, no para perjudicarles.
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino
voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (2 Pedro 5.2)
Quizá aún no estás a cargo de ningún joven pero tienes el deseo de servir al Señor, no te
desanimes y esfuérzate constantemente apoyando a tu liga en todo lo que puedas. Tus coachs,
masters y hosts estarán felices de encontrar personas con las cuáles compartir el trabajo del Señor
y Dios se alegrará al ver tu corazón dispuesto para servirle únicamente a Él.
A la altura del llamado. El Señor nos llama, a través de su Palabra, a ser a su imagen y
semejanza (Gen. 1.26). Cada uno de nosotros fuimos formados para alcanzar la estatura
del carácter de Cristo “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento
del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”
(Ef. 4.13). No olvides que, más allá de todo lo que hagas por la obra de Dios, hemos sido
llamados a ser como él es.
Te invito a que reflexiones en tu vida y analices si hoy en día eres más santo, justo, bueno o
amable que al iniciar el año. Si tu vida se parece más a Cristo.
Ese debe ser tu propósito diario, la oración del Padre Nuestro lleva implícito este deseo al decir
“Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Mt. 6.10) ya que su voluntad es
que seamos perfectos como él lo es.
Quizá pienses que el año se te fue y no cumpliste los objetivos que te habías planteado. No puedes
volver el tiempo atrás para cambiar las cosas, pero sí puedes hacer que tu futuro sea más brillante
con la ayuda del Señor. Él está junto a ti y nunca te dejará sólo aun cuando pases por un valle de
oscuridad; puedes contar con su ayuda y protección. Sus deseos para tu vida son mucho más
grandes que tus propios sueños así que confía en Dios y ponte manos a la obra. No esperes a que
termine este año para comer doce uvas y pedir tus deseos. Tienes a Dios quién está dispuesto a
escucharte si en éste mismo momento clamas para ponerte a cuentas con él y tomado de su mano
tu vida irá de gloria en gloria, de victoria en victoria.