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Novena a la Virgen de Guadalupe

Este documento describe los pasos para realizar una novena a la Virgen de Guadalupe, incluyendo oraciones diarias y actos de contrición. Cada día se reza una oración particular dirigida a la Virgen, solicitando virtudes como el amor a Dios y el rechazo al pecado. El documento concluye describiendo la oración para el octavo día de la novena.
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Novena a la Virgen de Guadalupe

Este documento describe los pasos para realizar una novena a la Virgen de Guadalupe, incluyendo oraciones diarias y actos de contrición. Cada día se reza una oración particular dirigida a la Virgen, solicitando virtudes como el amor a Dios y el rechazo al pecado. El documento concluye describiendo la oración para el octavo día de la novena.
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MODO DE HACER ESTA NOVENA

Puesto de rodillas delante de la imagen de


María Santísima, hecha la señal de la cruz,
se dice el siguiente

ACTO DE CONTRICION

¡Oh Jesús y Señor mío! cuán grande es mi


ceguedad, pues después de amenazarme
con un infierno eterno, no he tenido tu
justicia ¡Cuán monstruosa es mi locura, pues
sabiendo que con pecar te tengo a ti por
enemigo, me he atrevido a cometer mil
veces el pecado de vivir años enteros sin
darme cuidado alguno tus enojos! Merecía
oh Señor mío, merecía justamente que
ejecutaseis la sentencia que con tanta
paciencia habéis diferido: lo merecía, es

1
verdad, más vos habéis querido vencer mi
malicia con vuestra bondad; vuestra
misericordia se ha sobrepuesto a mi
iniquidad, ya me doy por vencido de vuestro
amor: si me buscasteis cuando huía de vos,
¿cómo he de temer que me arrojéis de
vuestros pies ahora que os busco
arrepentido? Ea, dulcísimo Jesús, seamos
amigos, pues detesto, abomino y aborrezco
el pecado, sólo porque lo aborrecéis vos a
quien amo con todo mi corazón, a quien
deseo agradar y acompañar por toda la
eternidad. Amén.
Luego se dirá la oración siguiente, la cual
se ha de repetir todos los días de la
novena.
Oh santísima Señora, Reina del cielo y de la
tierra! Cuando yo levanto los ojos al trono de
vuestra grandeza y os contemplo la mayor
de todas las criaturas, y sólo menor que

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vuestro Criador, ¿cómo es posible que me
atreva a llamaros Madre? Pero así es
Señora vos que sois Madre de Dios, queréis
ser también Madre mía. Así se lo dijisteis al
felicísimo Juan Diego cuando le dijisteis, que
desde vuestro templo de Guadalupe os
mostraríais Madre amorosa y tierna de
cuantos buscasen y solicitasen nuestro
amparo Pero no sólo es esto lo más; lo más
es, que en esto no hicisteis otra cosa que
conformaros gustosa con la voluntad de
vuestro divino Hijo Jesús, quien olvidado de
las penas atrocísimas que estaba
padeciendo en la cruz, y entre sus mortales
agonías, os encargó que me miraseis como
hijo. No lo merezco, Señora, no merezco
llamarme hijo vuestro; pero vos quisisteis
llamaros Madre mía. No he sabido
desempeñar el título de hijo; pero no por eso
deparéis vos de desempeñar el título de

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Madre. Mostrad que sois Madre, no
atendiendo a mis maldades, sino a las
entrañas de piedad y misericordia de que os
dotó el Altísimo cuando os hizo abogada de
los pecadores. Deseo portarme como hijo
vuestro; pero no podré poner en práctica mis
deseos si no me alcanzáis de Dios un
aborrecimiento firme al pecado mortal, que
as sólo lo que me hace indigno de vuestra
adopción y de vuestro amor.
Récense cuatro Salves en memoria de las
cuatro Apariciones, y luego se reza la
oración del día.
PRIMER DIA
¡Oh Santísima Señora de Guadalupe!
Esa corona con que ciñes tus sagradas
sienes, publica que eres Reina del universo.
Lo eres, Señora, pues como Hija, como
madre y como Esposa del Altísimo tienes un
absoluto poder, y un justísimo derecho sobre

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las criaturas. Siendo esto así, yo también soy
tuyo:
yo también pertenezco a ti por mil títulos;
pero no me contento con ser tuyo por esta
tan alta jurisdicción que tienes sobre todos,
quiero ser tuyo por otro título más, esto es,
por la elección de la voluntad. Ves, aquí
pues, que postrado delante del trono de tu
Majestad, te elijo por mi Reina y mi Señora, y
con este motivo, quiero doblar el señorío y
dominio que tienen sobre mí; quiero
depender de ti, y quiero que los designios
que tiene de mi la Providencia divina pasen
por tus manos. Dispón de mi como te
agradare; los sucesos y lances de mi vida
quiero que todos corran por tu cuenta.
Confío de tu benignidad, que todos se
enderezarán al bien de mi alma y honra y
gloria de aquel Señor que tanto se complace

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en que todo el mundo te reconozca por su
Reina. Amén.

SEGUNDO DIA

¡Oh Santísima Virgen de Guadalupe! Qué


bien se conoce que eres Abnegada nuestra
en el tribunal de Dios, pues esas
hermosísimas manos que jamás dejan de
beneficiarnos, las juntas ahora ante el pecho
en ademán de quien suplica y ruega,
dándonos con esto a ver, que desde el trono
de la gloria en donde asistes come Reina de
los Ángeles y hombres, haces también oficio
de Abogada, rogando y procurando a favor
nuestro.

¿Con qué efectos de reconocimiento y


gratitud podré pagar tanta fineza? Mas pues

6
no hay en todo mi corazón suficiente caudal
para pagarlo, a ti recurro para que me
enriquezcas con los dones preciosos de una
caridad ardiente y fervorosa, de una
humildad profunda y de una obediencia
pronta al Señor. Esfuerza tus súplicas,
multiplica tus ruegos, y no ceses de pedir al
Todopoderoso me haga suyo, y me conceda
ir a dar las gracias por el feliz éxito de tu
abogación en la gloria. Amén.

TERCER DIA

¡Oh Santísima Virgen María de Guadalupe!


¡Qué puedo creer al verte cercada de los
rayos del sol, sino que estás tan íntimamente
unida al Sol de la Divinidad, que no hay en ti
cosa alguna que no sea luz, que no sea
gracia, y que no sea santidad! Qué puedo
creer sino que estás anegada en el piélago

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de las divinas perfecciones y atributos y que
Dios te tiene siempre en su corazón! Sea
para bien, Señora, tan alta felicidad. Yo,
entre tanto, arrebatado del gozo que ella me
causa, me presento delante del trono de tu
soberanía, suplicándote te dignes enviar uno
de sus ardientes rayos hacia mi corazón;
ilumina con su luz mi entendimiento;
enciende con su luz mi voluntad; haz que
acabe yo de persuadirme de que vivo
engañado todo el tiempo que no empleo en
amarte a ti y en amar a Dios; haz que acabe
de persuadirme de que me engaño
miserablemente cuando amo alguna cosa
que no sea a mi Dios, y cuando no te amo a
tí por Dios. Amén.

CUARTO DIA

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¡Oh Santísima María de Guadalupe ¡Si un
ángel del cielo tiene por honra tan grande
suya estar a tus pies que en prueba de su
gozo abre los brazos, y extiende las alas
para formar con ellas repisa a tu Majestad,
¿qué deberé hacer para manifestar mi
veneración a tu persona, sino ofrecerte, no
ya la cabeza, ni los brazos, sino el corazón y
mi alma para que santificando la con tus
divinas plantas se haga trono digno de tu
soberanía? Dígnate, Señora, de admitir este
obsequio; no lo despreciéis por indigno a tu
soberanía Pues el mérito que le falta por mi
miseria y pobreza lo recompenso con la
buena voluntad y los deseos. Entra a
registrar mi corazón y verás que no lo mueve
en otras alas si no las del deseo de ser tuyo,
y el temor de ofender a tu Hijo divinísimo.
Forma trono de mi corazón, y ya no se
envilece y haciéndose esclavo del dominio.

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Haz que no vivan en el sino Jesús y María.
Amén.

QUINTO DIA

¡Oh Santísima María de Guadalupe! ¿Qué


otro vestido le corresponde correspondía a
quien es un cielo por su hermosura sino uno
todo de estrellas? ¿Con qué podría
adornarse una belleza toda celestial, sino
con los brillos de unas virtudes tan lucidas y
tan resplandecientes como las tuyas?
Bendita mil veces la mano de aquel Dios que
supo unir en ti hermosura tan peregrina con
pureza tan realzada, y gala tan brillante y
rica con humildad tan apacible. Yo quedo
Señora, absorto de hermosura tan amable, y
quisiera que mis ojos se fijarán siempre en ti
para que mi corazón no se dejara arrastrar
de otro afecto que de amor tuyo. No podré

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lograr este deseo, si esos resplandecientes
astros de que estás adornada, no infunden
una ardiente y fervorosa caridad, con que
ame de todo mi corazón y con todas mis
fuerzas a mi Dios, y después de mi Dios a ti,
como único objeto digno de que lo amemos
todos. Amén.

SEXTO DIA

¡Oh Santísima María de Guadalupe ¡


¡Qué bien dice a tu soberanía ese tapete!
Que la luna forma a tus sagradas plantas las
vanidades del mundo, y quedando superior a
todo lo criado, jamás padeciste el menguante
de la más ligera perfección; antes de tu
primer instante estuviste llena de gracia.
Miserable de mí, Señora, que no
sabiéndome mantener en los propósitos que

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hago, no tengo estabilidad en la virtud y solo
soy constante en mis viciosas costumbres.
Duélete de mí, Madre amorosa y tierna: ya
que como la luna que está a tus pies; esta
es, firme siempre en tu devoción y amor,
para no padecer los menguantes de la culpa.
Haz que este yo siempre a tus plantas por el
amor y la devoción y amor, para no padecer
los menguantes del pecado, no que
procurare dar el lleno a mis obligaciones,
detestando de corazón todo lo que es ofensa
de mi Dios. Amen.

SEPTIMO DIA

¡Oh Santísima María de Guadalupe ¡


Nada, nada veo en este tu hermosísimo
retrato que no me lleve a conocer las altas
perfecciones de que doto el Señor a tu alma
inocentísima. Este lienzo grosero y

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despreciable, ese pobre; pero feliz ayate en
que se ve estampada tu singular belleza, dan
claro a conocer la profundísima humildad
que le sirvió de cabeza y fundamento a tu
asombrosa santidad. No te desdeñaste de
tomar la tilma pobre de Juan Diego, para que
en ella se estampase tu rostro, que es
encanto d ellos ángeles, hechizo de los
hombres y admiración de todo el universo.
Pues ¡cómo no he de esperar yo de tu
benignidad que la pobreza y miseria de mi
alma no sean embarazo para que estampes
en ella tu imagen graciosísima? Yo te lo
pido, Señora, y para esto te ofrezco las telas
de mi corazón. Tómalo, Señora, en tus
manos, y no lo dejéis jamás, pues mi deseo
es que no se emplee en otra cosa que en
amarte t amar a Dios. Amen.

OCTAVO DIA.

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¡Oh Santísima María de Guadalupe ¡
Que misteriosa y que acertada anduvo la
mano del Artífice Supremo, bordando tu
vestido con esa orla de oro finísimo que le
sirve de guarnición! ¡Aludió sin duda a aquel
finísimo oro de la caridad y amor de Dios con
que fueron enriquecidas tus operaciones. ¡Y
quien duda, Señora, que esa tu encendida
caridad y amor de Dios estuvo siempre
acompañada del amor del prójimo y que por
no verte triunfante en la patria, te has
olvidado de nosotros! Abre el seno de tus
piedades a quien es tan miserable; dale la
mano a quien caído te invoca para
levantarse: tráete la gloria de haber
encontrado en mi una miseria proporcionada,
mas que todas a tu compasión y
misericordia, Amen.

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NOVENO DIA

¡Oh Santísima María de Guadalupe ¡


¿Qué cosa habrá imposible a tu poder,
cuando multiplicando los prodigios, ni la
tosquedad, ni la grosería del ayate le sirven
de embarazo para tomar tan primoroso tu
retrato, ni la voracidad del tiempo en mas de
tres siglos ha sido capaz de destrozarlo ni
borrarle? ¡Que motivo tan fuerte este para
alentar mi confianza y suplicarte que
abriendo el seno de tus piedades, y
acordándote del amplio poder que te dio la
divina omnipotencia del Señor, para
favorecer a los mortales, te dignes en
estampar en mi alma la imagen del Altísimo
que han borrado mis culpas! No embarace a
tu piedad la grosería de mis perversas
cost7umbres, dígnate solo mirarme, y ya con
esto alentare mis esperanzas; porque yo no

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puedo creer que si me miras, no se
conmuevan tus entrañas sobre mi miserable.
Mi única esperanza, después de Jesús, eres
tu sagrada Virgen Maria. Amen.

GOZOS

Pues a ser nuestro consuelo


Bajasteis, ¡oh Virgen pura1
De el lleno a nuestra ventura
Subir a adorarte al cielo.
Dejaste tu imagen bella,
Para que fuese la estrella
De esta tu America amada,
Por eso en ti asegurada
Tiene su dicha este suelo:

De el lleno, etc.

Del sol los rayos ardientes

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Forman trono a tu grandeza,
Que no eran a tal pureza,
Otros adornos decentes:
Venzan tus rayos valientes
De nuestros pechos el hielo.

De el lleno, etc.

Para bordar tu vestido


Han bajado las estrellas,
Por que en tu manto hallan ellas
Firmamento más lucido:
Tu siempre la estrella has sido,
Que influye nuestro consuelo:
Tapete forma la luna
A tus plantas sacrosantas,
Porque cree hallar en tus plantas
El lleno de su fortuna.
Haz que menguante ninguna
Padezca el indiano suelo.

17
De el lleno, etc.

En tosco y grosero ayate


Pintas tu imagen hermosa,
Y por honrarme piadosa
A esto tu humildad se abate
De agradecer tanto celo.

De el lleno, etc.
Ceñida la real corona
Se ve, oh Maria, en tu cabeza
Que por reina te confiesa
Desde la luna a la otra zona
Allí de águila te abona
Que hasta Dios levanto el vuelo.

De el lleno, etc.

Sirve a tus pies de repisa

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Noble serafín alado,
Y estar a tus pies postrado
Es su más noble divisa;
Así con su ejemplo atiza
La llama de nuestro celo.

De el lleno, etc.

Porque a nuestra dicha cuadre,


Madre quienes te llamemos;
Haz que tal favor paguemos
Amándote como Madre:
Pídele al Eterno Padre
De hijos nos conceda el celo.

De el lleno, etc.

ORACION

Que se ha de decir todos los días.

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¡Oh Madre amorosísima mía, María
Santísima de Guadalupe! Bien lo sabéis
Señora, bien sabéis que desde mi tierna
edad os he mirado y reverenciado como
Madre, como abogada y protectora.
Vos habéis querido desde entonces mirarme
como uno de vuestros hijos. Cuantas gracias
y mercedes he recibido de Dios, conozco
haberlas recibido por vuestro medio.
¡Qué descuido tan grande el mío! ¡que
infidelidad tan grosera el no haberos servido
y obsequiado con una puntualidad y amor
igual a vuestra bondad! Mas ya desde hoy
protesto honrarnos, serviros y amaros, como
corresponde a un hijo atento, amante y
reconocido. No fue otro el fin de vuestra
venida a este suelo, sino hacernos presente,
traernos a la memoria el amor, cuidado y
solicitud que como Madre tienes de nosotros
pues yo me doy, Señora, por entendido, y

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recurro a vos como Madre; no sean parte
mis maldades para que apartéis de mis los
ojos de misericordia. Haced que viva como
hijo vuestro, pues no es otro mi deseo sino
agradaros y serviros en esta vida, y después
de ella daros en el cielo los agradecimientos
de las misericordias que Dios me ha
concedido por vuestra intercesión. Amen

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