Materia: Aproximación a la obra de Carl Rogers
Carrera: Tecnicatura Superior en Consultoría Psicológica
Curso: Primer año – TM/TT/TN
Docente: Clr. Gabriela Lorenzo – gabrielarlorenzo@[Link] – 11.6234.6026
Texto: 5
La Teoría de la Personalidad de Carl Rogers.
La teoría de la personalidad de Carl Rogers surge a partir de su experiencia clínica. Rogers fue el primer
investigador en psicoterapia que estudió en forma exhaustiva lo que ocurre durante el encuentro entre cliente y
terapeuta utilizando registros de audio.
Tras analizar cientos de grabaciones, Rogers y su equipo formularon una completa teoría del cambio terapéutico
que derivó en la formulación de su Terapia Centrada en la Persona.
A partir de sus estudios clínicos y apoyándose en el trabajo de otros investigadores, Rogers formuló luego una
teoría sobre el desarrollo de la personalidad. Es importante tener en cuenta que dicha teoría se fundamenta
principalmente sobre las observaciones que Rogers y su equipo realizaron a partir de las grabaciones de sus
sesiones con pacientes neuróticos, y más adelante, con esquizofrénicos en contextos hospitalarios. Muchos de los
pacientes con que trabajó el autor eran estudiantes universitarios con trastornos de mediana complejidad, por lo
que su teoría de la personalidad ha de ser entendida como un modelo que se adapta preferentemente a este tipo
de sujetos.
La teoría de la personalidad de Carl Rogers se fundamenta en una visión de ser humano que comparte una serie
de elementos con los demás enfoques reunidos dentro del paradigma humanista-existencial en psicología y
psicoterapia. La antropología filosófica que subyace al modelo rogeriano de la personalidad considera los
siguientes puntos:
1. El ser humano es un organismo que existe en relación a un medio ambiente
físico, social y cultural. En tanto que organismo, el ser humano comparte una
serie de características con los demás organismos vivos. La idea de “organismo”
supone que el ser humano no puede ser entendido como un agregado de
componentes, sino como una totalidad (gestalt), donde “el todo es más que la
suma de sus partes”. En este contexto, el “organismo” no refiere únicamente al
cuerpo físico, sino a la unidad psico-somática que constituye al ser humano
(cuerpo, sensaciones, emociones, pensamientos, etc.). Además, es un
organismo que interactúa activamente con su medio. Está inscrito en un
campo que incluye tanto las condiciones físicas, como los procesos sociales y
culturales que dan forma a su contexto. Se relaciona en forma activa y creativa
con el medio y con los organismos con que comparte su existencia.
2. El ser humano está dotado de subjetividad. Es decir, tiene experiencias; es
un organismo experienciante. En la interacción con su medio, el organismo
experimenta subjetivamente vivencias relativas al modo en que se relaciona con
su entorno y con otros seres humanos. Estas experiencias acceden a la
conciencia y son simbolizadas. Para Rogers, el ser humano orienta su conducta
de acuerdo a la manera en que percibe la realidad, antes que a la realidad
misma. Es decir, orienta su existencia de acuerdo al “mapa” que configura a
partir de sus experiencias sobre el “territorio” de la realidad.
3. El ser humano construye una noción de sí mismo. Mediante la función de
reflexividad, el ser humano toma conciencia de sí mismo, construyendo una
representación de aquello que lo constituye como un “yo” diferente de los
“otros”. En otras palabras, el ser humano es autoconsciente.
4. El ser humano tiende naturalmente al crecimiento y la actualización de sus
potencialidades. Esto es lo que Rogers llamara luego la “Tendencia
Actualizante”, un impulso innato hacia la conservación, la expansión, el
desarrollo y la reproducción. Esta tendencia básica es compartida con todos los
demás organismos vivos. Además, explica Rogers, supone la expresión de una
tendencia mayor, presente en el universo, a la expansión, a la que llamó
“Tendencia Formativa”.
5. El ser humano es confiable. Para el autor, la naturaleza humana es confiable
por cuanto todo individuo tiende naturalmente no sólo al crecimiento y la
actualización de sus propias potencialidades, sino también a la cooperación y el
establecimiento de relaciones significativas, nutritivas y colaborativas con otros
seres humanos. En esto se diferencia de otros enfoques en psicología, como es
el psicoanálisis freudiano, que entienden al ser humano como naturalmente
destructivo y agresivo.
Principales Influencias.
Rogers tomó elementos teóricos provenientes de dos fuentes principales:
1) Psicología de la Gestalt, de la cual se deriva su concepción del organismo
y su entendimiento acerca de cómo operan los procesos perceptivos en el ser
humano.
2) Psicología Fenomenológica, de la cual se deriva su interés por la
experiencia humana como principal determinante de la conducta, la propuesta
de una psicología comprensiva antes que explicativa, etc.
Visión Procesal sobre la Personalidad.
La teoría de la personalidad de Rogers no busca explicar el psiquismo humano de acuerdo a estructuras,
componentes y sistemas hipotéticos. Antes que proponer una explicación estructural de la personalidad, el autor
ofrece una serie de hipótesis comprensivas sobre el psiquismo entendido como un proceso en constante cambio.
Rogers entiende la personalidad humana como una Gestalt que se configura y reconfigura momento a momento, a
partir de las interacciones que se dan entre el organismo y su medio ambiente. En otras palabras, la personalidad
será entendida como un proceso fluido, cambiante, dinámico, complejo, antes que como una estructura fija
susceptible de ser explicada en términos absolutos y definitivos.
Dimensiones de la Personalidad Humana.
El autor reconoce 3 dimensiones de la personalidad:
1) Organismo. La unidad conformada por cuerpo y mente, en su interacción
con el medio ambiente.
2) Campo Fenoménico. El conjunto de experiencias que tienen lugar en el
organismo a medida que este se relaciona con su medio momento a
momento.
3) Concepto de Sí Mismo. Una porción del campo fenoménico que se
diferencia y que contiene todas las percepciones, valores e ideales referentes
a uno mismo.
Tendencia Actualizante y Valoración Organísmica.
Como todo organismo vivo, el ser humano posee un sistema motivacional/impulsor que energiza la conducta.
Rogers llama a este sistema Tendencia Actualizante o Tendencia a la Actualización. El organismo humano
tiende naturalmente a la conservación, el desarrollo y la reproducción. Busca activamente actualizar todos sus
potenciales de desarrollo. Todas las necesidades (alimento, afecto, sexualidad, etc.) son una manifestación de este
único impulso natural. Todas ellas apuntan al desarrollo pleno del organismo y su reproducción.
Junto a este sistema motivacional, Rogers identifica un sistema de orientación, al que llama Valoración
Organísmica. El organismo humano orienta su conducta discriminando activamente aquellas experiencias que
apoyan la tendencia actualizante de las que no favorecen su crecimiento. En función de este sistema valorativo, el
ser humano buscará activamente aquellas experiencias que le resulten agradables y nutritivas y evitará aquellas
experiencias, conductas, etc. que entorpezcan u obstaculicen la actualización de sus potencialidades.
Imagen/Concepto de Sí Mismo.
Conforme el organismo se desarrolla en la interacción con su medio ambiente, una
porción de sus experiencias comenzará a diferenciarse. El niño tempranamente va
adquiriendo una conciencia rudimentaria de sí mismo, formándose una imagen de
sí mismo. Aparece una primera noción de que es un organismo diferente a su
entorno. Estas experiencias luego van complejizándose y nucleándose en torno a
un Concepto de Sí Mismo. La vivencia del Yo (Self) se convierte en objeto de
percepción y evaluación (reflexividad).
Las principales características del Concepto de Sí Mismo según Roger son:
1) Es consciente. Contiene sólo experiencias de sí mismo que son conscientes,
es decir, simbolizadas. Por lo tanto, no incluye todas aquellas experiencias que
permanecen en el fondo perceptual (ley de figura y fondo).
2) Es una gestalt y como tal tiende a ser coherente. Si aparecen en la
experiencia elementos disonantes con la estructura de sí mismo, estas no serán
admitidas a la conciencia y no formarán parte del Concepto de Sí Mismo. Si
dichas experiencias disonantes llegan a acceder a la conciencia, surge tensión y
malestar, hasta que no se logre re-configurar la gestalt en un todo significativo y
coherente.
3) Contiene percepciones de uno mismo, así como valores e ideales.
4) Determina la conducta. Conforme el organismo se desarrolla y sus
experiencias sobre sí mismo se complejizan, emerge el Concepto de Sí Mismo
que asume la función de orientar la conducta. El sí mismo busca activamente
experiencias que confirmen su estructura (gestalt) y evita experiencias
disonantes que desconfirmen este autoconcepto.
El Desarrollo de la Personalidad.
Al momento de nacer, el niño funciona como un organismo integrado. Es decir, funciona como una totalidad
coherente que se adapta creativamente a su entorno. Su conducta es impulsada por la tendencia a la actualización
y se orienta de acuerdo a los criterios valorativos del organismo (valoración organísmica). En su interacción con el
medio, surgen diversas experiencias que son susceptibles de acceder a la conciencia libremente.
Conforme el organismo se desarrolla, surge en su campo fenoménico una imagen de sí mismo que se configura a
partir de las experiencias organísmicas. En este punto, todas las experiencias del organismo pueden acceder
libremente a la conciencia, sin discriminación. Y su conducta se orienta de acuerdo a estas experiencias
simbolizadas. Por ejemplo, si el organismo experimenta hambre, el niño toma conciencia de esta sensación,
percibe el hambre e inicia una conducta concordante: busca comida, llora, etc. Si el organismo siente cólera o enojo
con su hermano, el niño percibe este impulso y se comporta de acuerdo a su necesidad de descarga del impulso
agresivo, golpeando a su hermano. Si el organismo debe evacuar la orina, el niño percibe esta sensación y procede
a orinar sin importar dónde se encuentre, satisfaciendo su necesidad organísmica libre y espontáneamente.
Ahora bien, junto con la configuración del concepto de sí mismo, aparece una necesidad psicológica que puede
asumir un papel preponderante entre las demás necesidades organísmicas del niño. Dada la situación de
vulnerabilidad y dependencia en la que se encuentra el niño, éste siente que debe asegurarse el afecto y cuidado
de sus cuidadores primarios. El niño desarrolla entonces una Necesidad de Consideración Positiva de parte de
sus padres. Necesita el amor, el cuidado y el afecto de sus cuidadores a toda costa, pues se da cuenta que de ello
dependerá su supervivencia.
Entonces, el niño orientará su conducta de acuerdo a esta necesidad, aún a expensas de la satisfacción de otras
necesidades organísmicas. Con esto, el niño buscará construir un concepto de sí mismo que le asegure el afecto y
cuidados necesarios para su supervivencia, y procurará evitar toda experiencia o conducta que pueda significar un
rechazo de parte de sus padres, y valorará positivamente aquellas experiencias y conductas que promuevan la
aceptación de sus cuidadores.
Los padres evalúan la conducta del niño de acuerdo a sus propios criterios valorativos. Estos criterios por lo general
no coinciden con los del organismo del niño. Es decir, por ejemplo, si bien el organismo del pequeño valora
positivamente la descarga de tensión fisiológica que resulta de orinar (aunque sea en la alfombra del comedor), los
padres consideran que el orinar en cualquier parte y ensuciar la casa es una conducta reprochable. Lo mismo con
ciertas emociones y sus conductas resultantes: si bien el organismo valora positivamente la expresión de la rabia
(golpear al hermano), los padres valorarán negativamente el hecho de que el niño sienta rabia y la manifieste
abiertamente. Cuando el niño se comporta de una manera o experimenta una sensación que los padres valoran
negativamente, éstos retirarán su afecto, mientras que si el niño se comporta según lo que ellos consideran
aceptable, entregarán afecto recompensando al niño. A este proceso Rogers lo llama Condicionalidad del Afecto.
Ante esta dinámica, el niño comienza a valorar su experiencia y conducta según los criterios valorativos de sus
padres, antes que los de su organismo. En este sentido, en un primer momento, el niño traslada el locus de control
desde el interior hacia el exterior del organismo. Pero a medida que se desarrolla, estos criterios valorativos son
introyectados y el niño los hace propios. Ahora el niño no actuará de determinada manera porque los padres
consideren que X conducta o experiencia es negativa o positiva, sino porque él mismo valora su experiencia y su
conducta condicionalmente.
En este sentido Rogers explica que el niño, a partir de sus interacciones con sus cuidadores primarios, va a dejar
de lado el proceso de valoración organísmica y sus criterios, reemplazandolo por un proceso de Valoración
Condicional. En otras palabras, el niño ahora valora condicionalmente su experiencia de acuerdo a los criterios
valorativos introyectados. En este proceso, el Concepto de Sí Mismo se va alejando y disociando del Organismo y
sus experiencias. Se va volviendo autónomo, orientando la conducta de acuerdo a criterios que muchas veces no
coinciden con los criterios valorativos del organismo.
Producto de esta separación, y de la primacía que toma el Sí Mismo en la valoración de la experiencia y la
determinación de la conducta, muchas de las necesidades del organismo quedarán insatisfechas. Además, el
Concepto de Sí Mismo, que en un principio coincidía con las experiencias organísmicas y que resultaba ser fluido,
dinámico y maleable, ahora se volverá rígido, autónomo. Rogers explica que el niño entonces pasa de un estado de
Congruencia (Organismo y Sí Mismo coinciden) a un estado de Incongruencia (Organismo y Sí Mismo se
disocian y diferencian). Este es para el autor el núcleo central del desajuste psicológico.
Bibliografía
La Teoría de la Personalidad de Carl Rogers. (Apunte de Cátedra. Postítulo en Psicoterapia Humanista
Transpersonal, Universidad Diego Portales)