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GUERRA
DE LAS avi
COLAS \ ww
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GUERRA
DE LAS
COLAS
vista por el presidente
de PEPSI
ROGER ENRICO
JESSE KORNBLUTH
Bogoti, Barcelona, Buenos Aires, Caracas, Guatemala,
México, Panama, Quito, San José, San Juan,
San Salvador, Santiago de Chile, Santo DomingoEnsica, Roget |
La gucia de Las cos: sepa como PEPSI gané la guecta
de lat cols en los Estados Unidos Roger Enc, Jesse
> Nannetti, — Bogott
Kombluths traduccion de Jorge Cat
Grupo Editsial Novena, 2004,
1475 p. s 18 em, — (Coleccién gerencs)
Titulo original The Other Guy Bliaked : How Pepsi Won
he Cala Was
ISBN 958-04.7759-0,
CCEP-Banco de Ia Repblies-Bibioreea Luis Ango! Arango
Fdicién original en ingles
THE OTHER GUY BLINKED
How Pepsi Won the Cola Wars
de Roger Enrico y Jesse Korn
‘Una publicaisn de Bancam Books
666 Fifth Avenue, New York, N.Y. 10108
Copyright © 1986, por Roger Entico
Copyright © 2004 para Hispanoamésica
por Editorial Novena S.A.
Reservior todos ls derechos.
Prohibida la eprodcién coal 0 parcial de ete ibe,
por cuuqicr medio, sin permiso escrito de In Editorial
Tnnprew por
mpreso en Colombia ~ Printed in Colombia
Directora ednovial, Maria del Mar Raves
itor, Armando Bernal M
Jefe de edicibn, Nancy Z. de Uialusy
ISBN. 958-04-7759-0,
A mis devotos y enérgicos colegas en Pepsi USA;
4 BBDO, nuestra agencia publicitaria
inmensamente creativa: y a nuestros socios,
los embotelladores de Pepsi, que realmente
lo hacen todo.
A Michael Jackson, sin cuyas habilidades
muchos de los suceses que narra este libro
no habrian ocurride,
¥ a mi exposa, Rosemary, y mi hijo, Aaron,
cuya inspiracién, apoyo y amor le dan combustible
al motor todos los das.CONTENIDO
RECONOCIMIENTOS ix
captruto 1 “EL paso mas seguro que jamés se dio” 1
cartruto 2 Para los que piensan como j 25,
carfruto 3 Aprendiendo a dirigit a7
captruto 4 La guerra de los 180 dias 99
capfruLo 5 En busca del terreno alto 139
carfruto 6 Una y came 155
cartruto 7 Cuando uno quiere una estrella... 179
carfruto 8 Un mensaje para Michael 2u1
carfruLO 9 La voz de una Nueva Generacién 235
carfruto 10 Nivelando la cancha 259
captruto 11 Tomamos la delantera 289
CaPfTULO 12 Ruleta de celebridades 315
carfruto 13 Dulce venganza 339
cartruLo 14 “Los hemos lastimado.
Lo sentimos mucho” 393
caPtTULO 15 Sobre las olas 423
cantruro 16 A cielo despejado 45RECONOCIMIENTOS
:Cémo puede una persona dirigir una compafifa como
Pepsi-Cola USA y al mismo tiempo escribir un libro?
La respuesta es: Con mucha ayuda.
En mi caso, tuve la fortuna de que algunas de las
personas més consagradas y més inteligentes que se pueda
imaginar intervinieron personalmente, no sdlo para dar
consejos, sino encargéndose de una gran parte del traba-
jo.
El primero fue Joe McCann, vicepresidente de asun-
tos corporativos de PepsiCo.
Durante una buena parte del periodo en que se
desarrollaron los hechos a que se refiere este libro, Joe fue
mi enérgico y eficiente jefe de relaciones piiblicas, Como
tal, participé activamente en las més importantes inicia-
tivas de Pepsi-Cola USA, ¢ incluso fue a menudo su
catalizador. Es I6gico, pues, que este libro haya sido idea
suya y que él haya colaborado con sus conocimientos, su
habilidad de escritor y su re
in critica.
‘También en PepsiCo, el antiguo presidente de la junta
directiva Don Kendall, y el actual, Wayne Calloway,
apoyaron desde el principio este proyecto inusitado, nox LA GUERRA DE LAS COLAS
corporativo — agregando una razén més a la ya larga
lisea de las que me obligan para con ellos.
Lo mismo que Joe McCann, Pete Reader me dio
sanos consejos sobre cémo emperar el libro. La sabiduria
yla recomendacién de David Fisher me llevaron a Bantam
Books.
En Bantam, Louis Wolfe, Alberto Vitale, Linda Grey,
Stuart Applebaum, Stephen Rubin y Peter Guzzardi
respondieron con entusiasmo y decisién. Su confianza en
que esa editorial podia producir este libro en una fraccién
del tiempo que normalmente se requiere para ello, me
dio la energia y el valor de proceder.
Peter Guzzardi, editor principal, merece mi eterno
agradecimiento por sus exhortaciones, siempre de buen
humor, sus correcciones hechas en forma tan sensitiva, y
una misteriosa habilidad para mantener en la memoria
diversos borradores sin confunditlos.
La agente literaria Kathy Robbins también hizo una
contribucién vital al recomendarme como coautor a Jesse
Kornbluth, sin el cual este libro todavia seria s6lo una
idea en la féetil mente de Joe McCann. Cémo fue nuestra
colaboracién lo dice el hecho de que ambos digamos que
Jas partes que més nos gustan del libro las escribié el otro.
Mi secretaria, Patti Giordano, introdujo el manusc
to en mi computador Macintosh con rapidez, precisién,
yuna curiosidad constante sobre qué venta en seguida —
notable reaccién de una persona que ya conocia la histo-
Mi buen amigo Alan Pottasch, instructor de buceo
con escafandra auténoma y genio creativo, me presté una
ayuda que no tiene precio, lo mismo que los ejecutivos
eC
{OCIMIENTOS XI
de Pepsi USA John Almash, Richard Blossom, Dan Clark,
Becky Madeira, Bennett Nussbaum, Ken Ross y Jim
Stanley. Fuera de la compafia merecen especiales agrade-
cimientos Jay Colernan, presidente de Rockbill, Inc.s Jim
O'Neal, vicepresidente principal de Frito-Lay; Carol
Dreyfus y Scott Ellsworth del Smithsonian Institutes
Edward Kosner, director y editor del New York Magaz
ne; A. O. Smith; Pearl, Sam y Richard Kornbluth; y
Annette Tapert.
El equipo editorial y de produccién de Bantam tra-
bajé sin descanso para cumplir las terribles fechas limite.
Mis agradecimientos a Alison Acker, Barbara Cohen, Betsy
Cenedella, Sara Goodman, Jim Plumeri, Donna Ruvituso,
Lucille Salvino y muchas otras personas.
Fue un placer especial volver a trabajar con Jack
Hoeft, antiguo colega en Pepsi y hoy presidente de ventas
y mercadeo de Bantam. Es grato comprobar que jas lec
iones de mercadeo que se aprenden en un oficio se
pueden aplicar en otro.
Finalmente, mi esposa y mi hijo aguantaron muchas
tensiones, comidas frias, y fines de semana perdidos mien-
tras yo trataba de poner por escrito esta narracién de la
Guetta de las Colas. Nunca les podré expresar a Rosemary
y a Aaron todo mi agradecimiento. O tal ver si: si pro-
cribir un libro mientras esté manejan-
meto no volver a
do una empresa.
Lo prometo.CAPITULO 1
“El paso mds seguro
que jamds se dio”
Erase que se era un mundo sencillo € inocente, en el
cual uno podia pedir una Coca-Cola sin que le pregun-
taran: “;Cudl de las dos?” Este libro explica por qué ese
mundo ya no existe. También explica por qué la
Coca-Cola Company, después de haber lanzado con tan-
tos bombos y platillos la Nueva Coke en la primavera
de 1985, volvid a su férmula original al cabo de menos
de noventa dias. Y explica por qué, gracias en parte a ese
esquizofrénico verano de Coke, ocurrié lo increfble:
Pepsi-Cola pasé a ser la bebida favorita de los Estados
Unidos.
Segiin mi experiencia, los hombres de negocios que
presumen de conocer las interioridades de dos companias
que son intensamente rivales, o bien se dedican al tréfico
de informacién mal habida, o estan inventando cuentos.
Permitame el lector que le asegure desde el comienzo que
yo no soy conocido por el empleo de técticas subrepticias
ai por habilidades de novelisca
Entonces zqué me autoriza para contar la historia
multifaccética de las dos compaftias?LA GUERRA_DE_LAS_COLAS
Dos cosas:
La primera, el hecho de ser presidente y jefe ejecu-
tivo de Pepsi-Cola Company.
La segunda tiene que ver con una serie de decisiones
que tomamos mis colegas y yo. Creo que esas decisiones
fueron tan significativas para los directores de Coca-Cola
en su sede de Atlanta, Georgia, como para nosotros mis
mos. Comprendo que parece desfachatez pero realmente
creo esto: Junto con los caballeros de Atlanta, mis colegas
y yo inventamos la Nueva Coke,
Esta historia extraordinaria empez6 hace afios, antes
que yo asumiera la presidencia de Pepsi. En ese entonces
Pepsi le estaba ganando terreno répidamente a Coke con
una campafia publicitaria basada en una prueba directa
de sabor que se llamé el Desafio Pepsi. Picados por el
éxito de esta campafia, los ejecutivos de la Coca-Cola
Company resolvieron realizar ellos también una prueba
de sabores — un Desafio Coke. Los gustadores eran em-
pleados suyos, y la prueba gustativa se Hevé a cabo en sus
propias oficinas en Atlanta.
Segiin el Wall Street Journal, Pepsi gan6.
No por gran margen, pero ganamos.
Pocos meses después de haberme posesionado de mi
nuevo cargo (el 1] de noviembre de 1983, dia en que
cumpli 39 afos), firmé el contrato de publicidad més
caro de la historia con una celebridad: US $5 000 000
por el privilegio de hacer dos comerciales y patrocinar
una gira de un joven talentoso aunque timido que can-
taba con voz muy aguda y bailaba para atrés.
Muchos pensaron que yo estaba chiflado. Y muchos
EL_PASO MAS SEGURO QUE JAMAS SE_DIO” 5)
me escribieron para decirmelo. Yo mismo empecé a pen-
sar si no tendrian razén.
EI siguiente acontecimiento importante en lo que
vino a llamarse la Guerra de las Colas ocurrié el 23 de
abril de 1985, cuando Coca-Cola hizo lo que sus ejecu-
tivos denominaron “el anuncio més importante en los 99
afios de historia de la compafiia”. Desaparecia el produc-
to que le habia dado fama y miles de millones en utili-
dades. En cambio, tendrfamos para siempre una “Nueva
Coke”, producto que, segtin el elocuente presidente de su
junta directiva, Roberto C. Goizueta, era “més cabal...
més suave... ms armonioso y, sin embargo, més atrevi-
do”.
Casi todo el mundo pensé que los de Coke se habfan
vuelto locos, Decenas de miles de personas escribieron
para decirlo. Y yo estaba seguro de que los criticos tenfan
raz6n.
El Desafio Pepsi, la firma del contrato con Michael
Jackson para hacer comerciales para Pepsi-Cola, y la Nueva
Coke, no son hechos aislados.
Como se verd en estas paginas, el uno sigue al otro
con tanta seguridad como las ventas de gascosas aumen-
tan en el verano.
Pero la historia, aun cuando sea la del negocio de
gaseosas, no es nunca una simple cuestidn de unir los
puntos. Hechos relativamente insignificantes suelen po-
ner en movimiento fuerzas mucho mayores
En nada se ve esto tan claramente como en la histo-
ria militar, La primera guerra mundial “empez6” por el
asesinato del archiduque Francisco Fernando de
‘Austria-Hungria y de su esposa. La segunda guerra mun-4 LA GUBRRA_DE_LAS_COLAS
dial “empezs” con la invasién de Polonia. La interven-
cién nortcamericana en grande escala en Vietnam “empe-
26” por un supuesto bombardeo a un barco de los Esta-
dos Unidos en el golfo de Tonkin.
En comparacién, desde luego, las batallas entre Pepsi-
Cola y Coke en la Guerra de las Colas son triviales. No
hay derrotas definitivas. Los proycctiles que nos dispara-
mos son con frecuencia cosas bobas. Pero, con todo,
nuestras batallas son muy reales,
Miles de millones de délares estan en juego, lo mis-
mo que la “participacién en el mereado”— el comporta-
miento de las ventas de una gaseosa en compar
otras de su categoria. Y algo intangible pero no menos
n con
importante: el orgullo. Este titimo es tal vez el ingredien-
te més importante en esta historia,
Comprendo muy bien por qué los orgullosos y frus-
trados ejecutivos de la Coca-Cola Company — a quienes
todos, excepro los consumidores, les habjan dicho que
estaban vendiendo la mejor gascosa del pais — querian
responder al Desafio Pepsi y a nuestros comerciales de
Michael Jackson.
Sin embargo, cuando me preguntan: “Pero ;por qué
respondieron con el monumental error que fue la Nueva
Coke?” mi respuesta sorprende a la gente. Esperan que yo
me lance a hacer el panegirico de las maravillas de Pepsi
— un mondlogo interesado, no muy digno de crédito,
sobre su sabor superior, la superioridad de nuestros anun-
cios y, por inmodesta extensién, la superioridad de nues-
tra administracién. No es ése mi estilo.
Pero para poder explicar cémo gané Pepsi la Guerra
de las Colas (y, en contra de lo que se esperaba, ha segui-
"EL_PASO_MAS SEGURG QUE JAMAS SE_DIO” 5
do ganando después), tengo que hacer otra cosa que cs
mucho menos mi estilo: tengo que olvidarme de Pepsi
por el momento y hablar exclusivamente de un tema que,
como lo verd el lector, es fascinante por muchas razones:
La Coca-Cola Company.
E17 de marzo de 1985, un poco antes que Coke
cambiara su formula, un hombre de 95 afios murié tran-
quilamente en un hospital de Adanta.
Se llamaba Robert Woodruff, y fue uno de los dos
gigantes de la industria de bebidas gascosas. (El otro es
Donald Kendall, de quien se hablaré més adelante.)
El poder le legs a Woodruff en 1923, cuando fue
nombrado presidente de Coca-Cola Company. Retuvo
ese titulo hasta 1965, afio en que se jubilé y pasé a ser
mismbro de la junta directiva y presidente de su comité
de finanzas. En 1981 lo nombraron presidente honora-
rio, Cuando finalmente renuncié a la junta, en 1984,
habia servido a la compafifa durante 61 afos.
No lo conoci personalmente, pero sf he lefdo lo que
se ha escrito de él y he sido admirador de su obra, de
modo que creo entender su cardcter complejo, a veces
contradictorio.
Por una parte, era un ejecutivo discreto, casi invisi-
ble, que gustaba del anonimato y satisfacta su amor pro-
pio observando las utilidades siempre crecientes que mos-
traban los estados financieros de Coke.
En Adanta uno no podia adivinar que fuera la cabeza
del mayor imperio mundial de las bebidas gaseosas, Vivia
en una casa que bien habria podido comprar cualquiera
de sus jévenes ejecutivos. Si bien sus otras cuatro residen-LA GUERRA_DE_LAS.COLAS
cias eran més ricas (su hacienda de 1 860 hectdreas en
Wyoming y su plantacién de 19 000 hectédreas en Georgia
ciertamente no eran modestas), pocas personas de Adanta
las conocfan.
Para sus coterrdneos era “mister Bob”, conocido por
sus obras de catidad. Habia donado millones para sus
causas favoritas — US $200 000 000 a la sola Universi-
dad Emory. Y aun cuando pocos lo sabfan, se interesaba
en la religidn; un ministro le mandaba sermones especial-
mente escritos para él en que se trataban los problemas
morales en términos de concentrados y agua carbonatada.
Robert Woodruff amaba su vida privada — y la pro-
tegia muy bien. En la vieja sede de Coke hizo instalar un
ascensor privado para subir a su oficina. Al lado de ésta
habia una cocina con dotacién completa, que sdlo le servia
ad. No Je gustaba mucho salir de su refugio, de modo
que invitaba a los ciudadanos eminentes de Atlanta a que
lo visitaran allt, y a algunos hasta les habia dado Ilaves de
tas
Ja oficina para facilitar sus
Sin embargo, era hombre que no vacilaba jamds en.
ejercer su poder.
Decfan algunos que en Atlanta la influencia estaba
dividida mitad y mitad: Woodruff ejercfa la mitad del
poder, y la otra mitad se la repartian entre los demés. Su
estilo gerencial sélo parecta casi subliminal. Es cierto que
rara vez daba una orden directa y casi nunca firmaba un
documento; pero 50 era porque no lo necesitaba. A una
palabra de mister Bob, a cualquier hora del dia o de la
noche, todo el mundo corrla a complacerlo.
‘Como no tenfa descendencia, trataba a la compaiia
FASO_MAS SEGURO QUE TAMAS SE_DIO” 7
como si fuera su hija. Y nunca quiso que ésta fuera otra
cosa que la viva imagen de su padre; ce donde results
que, con el correr de los aiios, Coca-Cola cosechara més
y més triunfos y fuera cada vez menos y menos innova
dora
Pero también es cierto que no necesitaba innovar
pues Rober: Woodruff poseia una receta tinica y tan bri-
Hante que no precisaba revision.
El querfa un letrero de Coke en todos los rincones.
Queria ver botellas de Coke en todas las tiendas,
Su propésito, bien simple, eta poner una Coke al
alcance de la mano de todo posible consumidor.
Ese ideal — fundamento del imperio de Coca-Cola
—ha sido también adoptado por todas las compafifas de
bebidas gaseosas
Nunca ha sido superado.
Robert Woodruff tenfa también a su favor otra cosa
que, a su modo de ver, no necesitaba actualizarse.
Se lamaba la “Mercancfa 7X” y era la f6rmula del
concentrado de Coca-Cola,
Esta Mercancfa 7X ha sido siempre uno de los secre-
tos mejor guardados del mundo. La compaiita la protege
tan celosamente que cuando el gobierno de la India le
exigid que revelara su fSrmula, prefirié cerrar el negocio
en aquel caluroso y sediento pais de 850 millones de
almas.
El sefior Woodruff tuvo toda la rezén en sacar a
Coke de la India.
Porque la Mercancia 7X no era una simple mezcla de
anicar y sabor; era una pocién de alquimia, y la bebida
gascosa que produce no era tan s6lo un brebaje refiescan-La GUERRA _DE_LAS_COLAS
te; era el
sujeto a mas répida mutacién de lo que cualquiera qui-
co sabor que no cambiaba en un mundo
siera.
En los dias anteriores a los aviones de propulsién a
chotro y las bajas tarifas que les permitieron viajar a
enormes cantidades de norteamericanos, el mundo mds
alli de nuestras fronteras nos parecia a muchos grande
inhospitalario; de modo que si uno se encontraba en el
Norte de Africa y vela el familiar letrero de Coca-Cola,
aquello era casi tan agradable como un pasaje de regreso
2 USA. Pero incluso aqui en casa Coke tenfa un inmenso
poder emotivo. Un emblema de Coke en una bodega de
lowa, con los colores destefiidos por el calor de inconta-
bles veranos, podia Hlevar a cualquier norteamericano de
regreso a su nifiez.
Pero tales sentimientos no evocaban tan sélo nostal-
gia y Fantasias, Gracias a la persistente mentalidad de
Robert Woodruff, esos queridos anuncios de Coke — en
el Norte de Africa o en Towa o en lugares mucho més
Jejanos — lo llevaban 2 uno a una maquina expendedora;
y cuando la botella verde cafa por el canal, retrotraia al
‘consumidor de Coke a los partidos de fitbol en la escuela
secundaria, al primer automévil, a los almuerzos campes-
tres dominicales,
En 1938 un legendario periodista de Kansas, William
Allen White, fue fotografiado al cumplir setenta afios. Se
hizo recratar al lado del aparato de servir Coke en su fuente
de soda preferida, y explicé: “La Coca-Cola ¢s Ia esencia
sublimada de cuanto significan los Estados Unidos”.
‘White comprendia. El que bebfa una Coke se hacia
tuna transfusién: tomaba un poquito de alma del pais.
“eL_PASO_MAS SEGURO QUE JAMAS SE DIO” 9
Coke era el ideal americano emborellado.
Robert Woodruff también entendia esto.
‘Asi se explica, me parece, por qué Woodruff no
fanfarroneaba ni se jactaba. No tenia para qué
Sabia quién era: el guardidén de Coke.
Con la direccién de Woodruff, la Coca-Cola Com-
pany gané muchos millares de millones de délares.
Pero no hay hombre que gobierne eternamente.
Inevitablemente, el lugar del sefior Woodruff fue ocu-
pado por hombres que — a pesar de que decfan acatar
sus ideales — renfan sus propias ideas.
En 1979 Brian Dyson fue nombrado presidente de
Coke USA. Es un hombre alto, ddgado y se halla en
perfecto estado fisico. Toma parte en competencias atlé-
ticas, y me dicen que escribe poesia y cuentos. Lo creo.
Nacido en la Argentina y educado en Inglaterra, no es el
tipo que uno se imagina que anda rondando las plantas
emborelladoras en sus ratos de ocio.
Cuando Dyson asumié el mando, Coke USA era
una divisién dormida que habia sido muy zarandeada por
los advenedizos de Pepsi. Esto se cebia en parte a un
mercadeo muy activo que estaba haciendo Pepsi. Y, en
gran parte, al Desafio Pepsi
Cuando se inventé el Desafio Pepsi en Dallas, ‘Texas,
en 1974, esa ciudad eta terrivorio casi exclusivo de Coke.
Alli los que no bebian Coca-Cola bebfan Dr Pepper, cuya
sede estaba en Dallas. Pepsi iba muy a la zaga como
tetcera y le costaba mucho trabajo luchar con las gaseosas
de precio rebajado.
Desesperada, nuestra divisién PBG (Pepsi BottlingRRA_DE_LAS_COLAS
Group), que es la que maneja las plantas embotelladoras
de la compania, le pidié a Alan Portasch, padre de la
publicidad de Pepsi, que desarrollara una campafia espe-
cial para el mercado de Dallas.
Se realizaron pruebas a ciegas de sabor entre las dos
bebidas. No sélo salié ganando Pepsi, sino que los
consumidores de Coke decfan cosas como ésta: “Hola!
Yo he estado tomando Coke toda la vida. {¥ ahora resul-
a que en realidad la que prefiero es la Pepsi? jIncreible!”
— ,Qué hard usted ahora? — preguntaba el encuesta-
dor.
— Pues tomar Pepsi — contestaba el bebedor vita-
licio de Coke.
En 1975, después de que los resultados de estas pruc-
bas fueron confirmados por una firma independiente de
encuestas de consumo, Pepsi los filmé y utilizé estos
didlogos de la vida real como comerciales de televisién.
Personas comunes y cortientes hicieron de estrellas de la
pantalla en sus pueblos. Mientras tanto, las cifras de Pepsi
legaron a las nubes. Las ventas se elevaron en Dallas —
y se quedaron elevadas.
Pronto el Desaffo Pepsi se extendié al 80 por ciento
del pais — y parecfa que no tenia fin el mimero de
personas que se mostraban gratamente sorprendidas al
enterarse de que la bebida que preferian no era Coke.
En 1977 Pepsi estaba vendiendo més que Coke en
los supermercados de los Estados Unidos y estaba ganan-
do terreno en otras partes. Es cierto que Coke segula
ejerciendo la supremacia — ésta se la aseguraba su abru-
madora dominacién en méquinas vendedoras, en los res-
taurantes, y su presencia en tocas partes en el exterior —
“EL PASO MAS SEGURO QUE JAMAS SE DIO" it
pero en los afios 70 el impulso de su negocio se debi
mas bien a sus realizaciones pasadas que a la visién y
energia de sus ejecutivos.
Brian Dyson, argentino de nacimiento, fue nombra-
do presidente de Coke USA para que cambiara todo eso,
para que pusiera a Coke a moverse de nuevo. Pero aun
cuando Dyson habia acumulado una impresionante serie
de aciertos en la divisién internacional de Coca-Cola en
México y en la América del Sur, no estaba bien familia-
rizado con el mercado norteamericano. Dedicd, pues, sus
primetos afios a estudiar y aprender, y @ formular una
estrategia que le infundiera un poco de vida @ una com-
pafifa dormida,
En 1981, Roberto Goizueta, de 47 afios, fue nom-
brado presidente de la junta dircctiva de Coca-Cola
Company. Su antecesor, Paul Austin, habia ganado en
cierta ocasién un concurso de cargar cajas en una planta
embotelladora, Seria dificil imaginarse a Goizueta hacien-
do so; el nacié y se crié como aristécrata en la Cuba
anterior a Castro y se educé en Ia Universidad de Yale.
Goizueta empezé su carrera como ingenicro quimico
en la divisidn internacional de Coke. En 1977 era jefe de
operaciones técnicas en la sede de la compaiifa, en Atlanta
Ese afio los investigadores iniciaron trabajos secretos so-
bre Ia férmula de la Diet Coke — la primera cola para
régimen de adelgazamiento que la compaiia juzgé digna
de llevar la marca registrada més famosa del mundo. Con
un piblico tan preocupado por la alimentacién como el
de los Estados Unidos, esta bebida no podia fracasar
Todos los que habjan tenido algo que ver con su desarro-R LA GUERRA_DE_LAS_COLAS
lio sabjan que la compafifa tenfa entre manos uno de los
mayores éxitos de la industria de productos de consumo.
‘Todos — menos los altos mandos de la Coca-Cola
Company. Segiin ellos, “Coke” significaba Coca-Cola, el
liquido de las botellitas verdes. Era sagrado, no se podia
tocar. De modo que a fines de los afios 70 la Diet Coke
se archivé silenciosamente.
Cuando Roberto Goizueta llegé a la presidencia en
1981, estaba decidido a cambiar las reglas del juego y
modernizar la compafifa. Nada era sagrado. La Diet Coke
sf se introduciria en el mercado.
Y es més. Goizueta examiné el balance general y vio
una tonelada de dinero en la olla. Resolvié gastarlo y, por
primera vez en la historia moderna de Coke, endeudarse
un poco. Entonces Coke compré Columbia Pictures por
unos US $700 000 000. En seguida Goizueta pensé qué
ottos cambios podria hacer en el negocio de bebidas ga-
seosas
Como primera medida, reestructuré la compafia para
aligerarla de lastre, en especial embotelladores de tercera
generacién, que estaban tan enriquecidos que ya no los
podian sacar de los campos de golf.
En seguida empezé a buscar gente nueva.
‘¢ imaginan ustedes en dénde?
En McCann-Erickson, la agencia de anuncios de
Coke, la cuenta se le pasé a John Bergin que, durante los
muchos afios que trabajé con BBDO, habia tenido parte
importante en la creacién de los comerciales sobre “la
Generacién Pepsi". Conocia bien Bergin a Pepsi? Bue-
no, digdmoslo de este modo: Habla escrito discursos para
Don Kendall, presidente de la junta directiva de PepsiCo.
“eas M /RO_QUE_JAMAS_Se_D10” 13,
Goizueta contraté también a Sergio Zyman, ex
funcionario de Pepsi, para que desempefiara el cargo de
vicepresiderte de mercadeo de Coke. Y contraté a un
montén de jévenes ejecutivos sonsacandolos tanto de Pepsi
USA como de las embotelladoras Pepsi — Latty Smith y
Marv Herb, entre otros — con tratos lucrativos como
concesionarios de Coke. Mas tarde contraté a Ed Mellett,
presidente de la divisién de servicio de comidas de Pepsi,
para que desempefiara uno de los nebulosos cargos ejecu-
tivos de Coke.
Con todos estos funcionativs que antes habian sido
de Pepsi, y con un nuevo espititu corporativo basado en
una filosofia de accién répida conocida como “listos-
disparen-apunten”, la Coke se desperts.
EI imperio estaba preparado para repeler el ataque.
{Como hace una compania para recuperar la inicia-
tiva?
Una via es la comercializacién astuta.
Ciertamente, Coke era una vieja marca — en 1986
cumplié exactamente cien afis.
&Y qué? En el negocio de comidas y bebidas no exis-
ten los ciclos de vida de los productos, No hay marcas
viejas — s6lo comercializadores viejos incapaces de in-
fundirle nueva vida a los productos que tienen que ven-
der.
Muchisimas compafiias comercializadoras de primera
han mantenido sus viejas marcas vibrantes y contempo-
rineas. Asi lo ha hecho la General Mills repetida y bri-
llantemente con sus Wheaties. Este es un producto con
al cual se ctiaron los norteamericanos. Centenares deLA GUERRA_DE LAS COLAS
millones de personas lo conocen como “el Desayuno de
Jos Campeones”, Ahora es “Lo que Comen los Grandes”
El mismo producto — con modificaciones muy peque-
fias, ninguna de ellas relativa al sabor — pero presentado
para atraer a una nueva base de consumidores.
Coke podrfa haber hecho algo por ese estilo. Pero
parece que sus ejecutivos no pudieron idear una manera
de presentar su producto en una forma nueva sin sacri-
ficar la idea de “como lo hacia mi mamé”.
Entonces apelaron a otra manera de tomar Ia inicia-
tiva: imtroducir productos nuevos,
“Tardaron un poco en hacer las formulaciones y prue-
bas, de suerte que sélo en 1982 empezaron a aparecer las
bebidas nuevas 0 mejoradas de Coke.
En los tres afios siguientes, Coke cambié de posicién
© modificé seis de sus ocho marcas.
No hay duda de que era un programa muy ambicio-
so, sobre todo para una antigua rortuga
Pero yo nunca me habria imaginado que ese esfuerzo
Hlegaria a incluir a su marca bandera. Cambiar los pro-
ductos que la gente consume en cantidades y con los
cuales esté intimamente familiarizada, es un negocio muy
arriesgado. El cementerio del mercadeo abunda en huesos
de viejas marcas de renombre — y de grandes ejecutivos
que fueron — que pasaron por alto este hecho,
En una ocasién, afios antes de que yo entrara en la
‘én Frito-Lay de PepsiCo, las ventas de las hojuclas de
mafz llamadas Fritos sufrieron una baja stibita. La gerenci
contraté consultores, hizo toda clase de andlisis, cambié los
anuncios, y al fin descubrié que algiin genio habia metido
la mano, aunque sélo un poquitin, en la receta,
RO QU
PASO MAS 5!
Cuando los altos mandos de Frito-Lay se enteraron
de lo sucedido, la recera original se restablecié en dos
segundos.
Y cuando yo entré en Frito-Lay, me coataron el
cuento, con su moraleje
jCudl moraleja?
“No tocar los Fritos”.
Nunca ka he olvidado.
Cuando el imperio reunia sus fuerzas y se preparaba
a lanzat sus gascosas nuevas o las reposicionadas en el
mercado, los ejecutivos de Coke descubrieron que &
un problema
Un problema que les parecié muy afortunado,
Durante los experimentos que condujeron a la Diet
Coke, dicen los ejecutivos que sus investigadores dieron
por pura casualidad con una receta mejor para la
Coca-Cola corriente y cue tenia un sabor menos dspero
que la Mercancia 7X.
Los investigadores se la Hevaron a los ejecutivos.
Los ejecutivos entraron en éxtasis.
Pero qué debian hecer? ;Dérsela a los consumidores
— cambiar la férmula de la Coca-C
una alacena?
la —o guardarla en
He dicho que los ejecutivos de Coke tenfan un pro-
blema, pero no era ése, Mas bien el problema era: ;Cémo
decitle a mister Woodruff que haban estado treveseando
con la Mercancia 7X?
Y cuando dijera: “{Cambiar la formula? ;Por Dios,
sefiores, es0 seria como si Procter and Gamble sacara un
jabén Ivory gue se hundieral”, ;qué le iban a contestar?La GUERRA DE
Cuando hay duda, se investiga.
Coke dice que contrat6, entre otros investigadores, a
Patrick Caddell, que figuré mucho en la campasia presi-
dencial de Jimmy Carter en 1976.
La compaifa dice que 200 000 personas probaron la
Nueva Coke en el curso de tres aos, y que esta encuesta
le costé US $4 000 000. Fue, segiin afirma, el programa
de investigacién mas exhaustivo y costoso de su historia.
Probablemente asf fue, pero no hicieron bien Ia
rea, Se limitaron a hacer pruebas en que los consumido-
res probaban pequefias cantidades de productos no iden-
tificados.
En esas pruebas, dice Coke, ef 55 por ciento de los
encuestados mostraron preferencia por la Nueva Coke,
Cuando los encuestadores les informaron a los
consumidores que habjan probado dos variedades de
Coca-Cola, la preferencia por la Nueva Coke, dicen, subié
a 61 por ciento.
Probablemente asi fue, en las pruebas de un sorbo en
que aparentemente pusieron su confianza. Pero parece
que no hicieron ninguna prueba extensa del consumo
doméstico — pruebas en que debian haber Ilevado litros
de la Nueva Coke a los hogares para poder evaluar el
atractivo de la bebida en un periodo largo de tiempo.
“Tampoco hicieron ningin mercadeo de ensayo, como
poner a la venta la nueva férmula teal en una o dos
ciudades a fin de estimar la reaccién de los consumidores,
antes de lanzarse a cambiar el producto en todo el pats
Y cuando pidieron al puiblico que juzgara entre las
Coca-Colas A y B en esas prucbas de un sorbo de bebidas
(0 MAS SEGURO QUE JAMAS SE DI
no identificadas, no le dijeron que vorar por la Nueva
Coke era vorar para acabar con la vieja
@Por qué no hicieron pruebas de consumo domésti-
co? ;Por qué no ensayaron en mercados de prueba? 3¥
por qué no le dijeron al puiblico que un voto por la
Nueva Coke era un voto para matar la Mercancfa 7X?
{Seria porque los ejecutivos de mercadeo habrian
descubierto més de lo que querfan saber? Quizés. Sélo
quizds. Porque yo me atrevo a pensar que lo tinico que
les interesaba era saber si podian sostener legitimamente,
en las cadenas de televisi6n, que un vasito de Coke es por
Jo menos tan sabroso como un dedal de Pepsi. Con esto
sacarfan del aire al Desafio Pepsi
Pero no me puedo imaginar a Goizueta y a Dyson
volando a poner en conocimiento de mister Woodruff los
resultados de sus pruebas ciegas de sorbos.
Si asi lo hicieron, zno les parece a ustedes que él les
habria hecho una pregunta muy obvia?
*,Qué dijeron los consumidores cuando ustedes les infor-
‘maron que si un mimero suficiente de personas votaba por
la nueva formula, nosotros retirarlamos del mercado la que
ellos conacian y amaban?”
‘Me imagino a Roberto Goizueta y a Brian Dyson
miréndose las puntas de los zapatos, como escolares cal-
pables, ante este interrogante. Y me imagino que stbi
mente se acordarfan de que tenfan un compromiso ur-
gente en otra parte
Y me parece ofr al sefior Woodruff despidiéndolos
con maldiciones.
“Doscientas mil pruebas de sabor, US $4 000 000
gastados — zy nadie previé que nuestros leales consumi-LA GUERRA DE LA
dores se iban a sentir lastimados con esto? Qué mostra-
ron las prucbas de consumo doméstico? ;Ah! :No las hi-
cieron? {Qué le pasa a nuestro departamento de investi-
gacidn? ;Qué le pasa a nuestro departamento de mercadeo?
Vengan acé, sefiores, y diganme: ;Qué demonios les pasa
a ustedes?”
Lo irdnico es que la administracién de Coca-Cola no
necesitaba cambiar su férmula para sacar del aire el De-
salio Pepsi, porque en 1983 también hubo un cambio de
quardia cn Pepsi, A la provecta edad de 38 afios, y con
gran sorpresa de mi parte, yo llegué a ser presidente y jefe
ejecutivo de Pepsi-Cola USA, la divisién doméstica de
gaseosas de PepsiCo. Yo estaba resuelto a revolucionar
nuestros anuncios, y a los pocos meses de haber asumido
el mando, suspendi la campafia del Desafio Pepsi
Cuando se enteraron de esta decisién, Jos altos man-
dos de Coca-Cola probablemente respiraron con alivio.
Y probablemente se rieron mucho cuando firmé el
millonatio contrato cor Michael Jackson.
Y ahora me podrian preguntar: ¢Si eso es asi, por qué
siguieron adelante con la Nueva Coke?
Pues bien, a ptincisios de 1984 dimos a la publici-
dad nuestros comerciales con Jackson. En los doce meses
siguientes, el 97 por ciento del piiblico norteamericano
os vio por lo menos una docena de veces. Generaron una
publicidad inmensa para Pepsi — y concentraron muchi-
sima atencién en nuestra campafia publicitaria “La prefe-
rida de una nueva generacién”
Esta publicidad se gané todos los premios posibles.
Flevé nnestras venias a niveles sin precedentes
ph PASO_MAS SEGURO QUE JAMAS SE_DIO' 19
Finalmente, hizo historia para Pepsi.
Yo sostengo que esos comerciales también hicieron
historia para Coke.
Porque si Michael Jackson no hubiera andado en la
Luna y agitado su mégico guante — si no hubiera can-
ado la letrilla de Pepsi cox su tonada de mayor éxito —
no creo realmente que la Coca-Cola Company habria
cometido el colosal error que fue la Nueva Coke
‘A mi modo de ver, Michael Jackson creé la Nueva
Coke tan ciertamente como la crearon Roberto Goizueta
y Brian Dyson.
Coke sencillamente no podia aguantar la publicidad
que nosotros estdbamos recibiendo. Me parece que nues-
tra campafia “La preferida de una nueva generacién”, que
los hacia parecer a ellos viejos y anticuados, y la facilidad
con que la sosteniamos pasando de Michael Jackson a
nuestros comerciales iguslmente populares con Lionel
Richie — y una intencionada y chistosa pulla dirigida a
Coke con el nombre de “Arqueologia” — me parece,
digo, que todo esto les dio a nuestros competidores de
Adanta el dltimo empujén.
Y, como se veri en estas paginas, no les fue muy bien
Se verd igualmente que se enfadaron mucho, pero
mucho, con. nosotros.
Esto no lo entendemos.
En Pepsi nos gustan las Guerras de las Colas.
Sabemos que son buenas para los negocios — para
todas las marcas de gascosas
Lo que pasa es que cuando el piiblico se interesa por
la competencia Pepsi-Coke, muchas veces Pepsi no gana
a costas de Coke, ni ésta a costas de aquélla.20 LA GUERRA DE LAS COLAS
PASO _MAS SEGURO QUE JAMAS SE_DIO" 21
Todos los que estén en el negocio salen ganando
El interés de los consumidores dilata el mercado,
Cuanta mayor diversién le oftezcamos, més gente com-
pta nuestros productos — todos nuestros productos.
El quid esté en que las Guertas de las Colas rienen
que ser divertidas. Si en algiin momento parece que una
de las compafiias est contra las cuerdas — por ejemplo
siha tendo una racha de tan mala suerte que no se podri
recuperar —, el espiritu del juego se esfuma més répido
que el gas de una lata abierta de gascosa
La guerra tiene que verse como una lucha continua
sin sangre. Todo el interés esta en sostener la curiosidad
del piiblico. “Bien, Pepsi hizo esto hoy; zqué haré Coke
mafana?”
in resumen: Si no fuera por Coke, a Pepsi le que-
daria muy dificil ser una competidora original y lena de
vida. Cuanto més éxito tengan ellos, mis listos tenemos
que ser nosotros,
Lo cual nos complace plenamente. No son muchas
las personas a quienes se les brinda la oportunidad de
manejar un negocio, uno de cuyos principales objetivos
es crear un poco de diversién inocente. Nos encanta ser
los de abajo, los camorristas de la industria, y no podria-
mos serlo si los chicos de Atlanta se dieran por vencidos.
No tengo, sin embargo, la sensacién de que los altos
gjecutivos de Coke tengan esta misma actitud despreocu-
pada ante nuestra competencia.
Parece que alli los jefes estén todo el tiempo en la
linea de fuego. Y si no, :por qué habla de afirmar Rober-
to Goizueta — como me dicen que afirmé en una recep-
cién de vino y queso en la Escuela de Negocios cle Harvard
— que en 1990 Pepsi sera un factor énsignificanie en el
negocio de bebidas gaseosas?
Un presidente de divisin, como yo, podria cometer
la conteria de disparar un tiro como ése; pero gel presi
dense de la junta directiva de una corporacién de 8 000
millones de délares?
Por otta parte, no sé de ningiin otro presidente de
una junta directiva que haya presidido un desastre
autoengendrado de la magnitud de la Nueva Coke.
Bueno, tal vez no totalmente autoengendrado.
Goizueta afirma que él sf fue a decirle a Robert Woodruff
que iba a cambiar la férmula de Coca-Cola, y que
Woodruff aprobé la decisién.
Pero zcudndo fue Goizueta a darle la noticia al pa-
triarca de Coke? Segdin Goizueta, poco antes de la muer~
te del patriarca de noventa y cinco afios.
Un mes después, al anunciar en una rueda de prensa
Ja Nueva Coke, Goizueta declaré que aquella decisién era
“el paso més seguro que jamés se haya dado”.
“Lo tinico que lamento es que no esté presente el
seior Woodruff — agregé —. Al sefior Woodruff le en-
cantaba citar a Oscar Wilde: «El mundo pertenece a los
descontentos»”,
Ese mismo dfa un reportero me pregunté que si yo
crefa que Goizueta realmente le habia informado a
Woodruff que iba a acabar con la Mercancia 7X.
Pues el New York Times inform que Woodruff
habia ingresado al hospital diez dias antes de mori — le
contesté — y Roberto asegura que él le dijo...
— No, no me ha entendido usted — me interrum-22 LA GUERRA _DE LAS cOLAS
pié el periodista —. {Woodruff le dijo a Goizueta, como
una bendicién final, que siguiera adelante? ,O se murié
‘porque Goizueta le informé que iba a cambiar Ia formula
de Coke?
Desde luego, yo no podfa contestar esa pregunta
Hasta donde yo sé, los tinicos que estuvieron presentes en
esa conversacién fueron Woodruff, Goizueta y Dios.
Peto me viene a la mente otra cita de Oscar Wild
“El nico deber que tenemos para con la historia es vol-
verla a escribir”.
Yo me contento con la historia tal como ocurrid.
Estoy seguro de que a los ejecutivos de Atlanta les
encantaria volver a escribir ef resto de fa historia de la
Nucva Coke.
Por desgracia para cllos, ese retazo de historia fue la
noticia més analizada y més discutida en los Estados Uni-
dos en el verano de 1985.
Nos aseguramos de que asi fuera publicando un anun-
cio de pigina entera en los periddicos la mafiana de la
rueda de prensa de Coke.
En este anuncio yo ensalzaba la reformulacién de
Coke como una resonante victoria de Pepsis y como los
triunfos deben celebrarse, les di el dia libre a los emplea-
dos. El pais lo aplaudis,
Una semana después sacamos al aire un comercial en
que pinchabamos a Coke por traicionar a sus clientes
leales, Este también lo aplaudié el pais.
Coke habia perdido el control de la iniciativa, Solo
le quedaba una posibilidad de recuperarla — cuando la
bebida legara a las tiendas. Pero la frmula que maté la
E1_PASO_MAS SEGURO QUE JAMAS SE_DIO” 23.
Meccancla 7X, y que se suponia que habia superado a
Pepsi en todas aquellas pruebas costosisimas, lo que hizo
fue ahuyentar al publico.
La Nueva Coke sirvié de insignia de Coca-Cola me-
nos de noventa dias.
En julio, los humillados ejecutivos de esa empresa,
ante [a sorpresa mundial, anunciaron que, a pesar del
“gran éxito” de la Nueva Coke, se proponian restablecer
la vieja formula Mercancia 7X, rebautizada como Coke
“Chisica”
Ahora Pepsi tenia que competit con dos Cokes: La
una, el fracaso de los afos 80; la otra, el viejo producto
que habjamos derrotado desde hacia afios en mas de 20
millones de Desafios Pepsi, en las tiendas y en todas
partes donde el consumidor tuviera libertad de elegir entre
dos marcas.
Buenas noticias, me dije,
Pero la mejor noticia de aquel loco verano fue que la
Guerra de las Colas se habfa encendido otra vez.
Y alos ochenta y siete afios de desafio mirandonos
de hito en hito, habfa ocurrido lo imposible: El otro
parpaded.
Silo podemos mantener parpadcando, lo que uste-
des van a leer explicard los comienzos de uno de los més
extraordinarios reveses en la historia comercial nortcame-
ricana.CAPITULO 2
Para los que piensan
como jdévenes
Los norteamericanos no se beben cada uno cincuenta
galones de bebidas gascosas al afio porque tengan que
romérselos,
EI agua es mucho mds barata y el alcohol es més
cestimulante.
Pero toman una gaseos1 — con més frecuencia hoy
que un vaso de agua 0 cualquier otra bebida — porque
las gaseosas se han vuelto parte de la vida norteamericana,
Y porque compaiifas como Pepsi y personas como yo
dedican una gran cantidad de tiempo y energla para es-
timular al consumidor en ese sentido, Lo hacemos con
anuncios impresos; con cupones en los diarios; con letre-
ros en los estadios y carteleras en las carreteras; con des-
pliegues vistosos en los supermercados y las tiendas; con
esttibillos pegajosos en anuncios por radio.
Y lo hacemos en los comerciales de televisién.
Los comerciales de televisién se vuelven cada dfa més
importantes.
{Cual es su importancis?
Este afto Pepsi gastard cerca de US $150 000 000LA GUERRA DEL
para promover a Pepsi, Diet Pepsi, Pepsi Free, Moun-
tain Dew y Slice en Ia television. Coke gastard unos,
US $50 000 000 més que nosotros — gastard alrededor
de US $200 000 000 en la promocin televisada de sus
marcas
Una enorme cantidad de dinere.
Si hemos de ganar la Guerra de las Colas rendremos
que ser més listos, en muchas formas.
Principalmente, tendremos que ser mds astutos, més
répidos, mejor sintonizados que Coke en donde més nos
ve el puiblico, es decir, en la television,
Por eso esos millones no los gastamos sin ms ni
més,
Los gastamos con tanto cuidado — y tanto sufrimos
en la creacién de los comerciales — que, al leer estas
paginas, podifa parecer que Pepsi més bien fuera una
compaiila que produce publicidad y s6lo incidentalmente
bebidas gascosas.
Hay una razén para ello, No es que la publicidad —
el aspecto teatral del negocio de gaseosas — sea eferves-
cencia alegre y todos los demds elementos del negocio
sosos en. comparacién.
Es que la imagen ¢s erftica para nuestro éxito.
La imagen es cémo nos definimos nosottos mismos
— y luego, cémo nos presentamos ante el puiblico. Des-
pugs de aseguramos de que nuestros productas son lo
mejor que podemos hacer, lo mas importante es la ima-
gen que ofrezcamos.
En otros negocios esto de crear una imagen no es tan,
importante, Peto no todo el mundo aprecia Jas diferen-
cias entre unas y otras gaseosas — entre las diferentes
PARA LOS QUE PIENSAN COMO JOVENES
variedades de aguas carbonatadas y aromatizadas. Bien
puede ser la Pepsi més sabrosa que Coke, como nosotros
sostenemos, pero millones de americanos tienen en su
vida cosas mds importantes que hacer que escoger una
gaseosa.
Por eso es tan importante para nosotros darle a Pepsi
una imagen que no se pueda confundir jamés con la de
Coke, Durante veinte afios hemos venido presentando a
Pepsi como la gaseosa que esté en el “borde de ataque”
y hemos llamado a nuestros consumidores “la Genera-
cién Pepsi”. Y durante veinte afios esa campafia se ha
ditigido no solamente a la gente joven sino a todas las
personas que miran hacia adelante, que tienen cusiosidad
sobre lo que vendrd, y quieren mds de la vida.
Ese mensaje nos gusta porque nosotros también mi-
ramos hacia adelante y, desde luego, porque el borde de
ataque es un buen lugar para colocarse. Si nosotros somos
los nuevos, y los audaces, y los desafiantes, y nos diver-
timos de lo lindo, zqué le queda al otro?
El pasado. La nostalgia. Los valores norteamericanos
tradicionales, Los pueblos pequetios, los desfiles, las jiras
campestres. Muy buenas cosas todas — nosotros mismos
las aprovechamos un poco — pero mortales en el negocio
de gascosas si ésa es la imagen dominante de una marca.
Asi que si nosotros conservamos nuestra imagen en cl
borde de ataque, Coke queda encajonada. Eso no es te-
rrible a corto plazo, pues todavia queda mucha gente en
los Estados Unidos de Coke. Pero el ntimero esté dismi-
nuyendo.
Esto produce cierta ansiedad.
Y un deseo muy comprensible de salirse del cajénLA GUERRA_DE LAS COLAS
Lleva a experimentos realizados en condiciones de
rensi6n.
Puede Hevar a errores.
Y Ilevé a la Nueva Coke.
Pero durante la mayor parte de los 88 afios que ha
estado compitiendo con Coke, la Pepsi-Cola Company
no tuyo tanto éxito como para que incitara a los ejecu-
tivos de Coca-Cola a cometer disparates, ni siquiera como
para que los pusiera nerviosos, Lo mismo que Coke, la
Pepsi fue inventada en el Sur por un farmacéutico, y
también se oftecié primero como una medicina, Pero la
ventaja inicial de trece afios que llevaba Coke, algunas
decisiones astutas de sus ejecutivos, y algunas erradas de
los duefios de Pepsi, se combinaron para darle a Coke
una ventaja tan grande que hasta hace poco el nombre de
Pepsi no se mencionaba en la compafia Coca-Cola.
Caleb Bradham, boticario de Carolina del Norte, pre-
paré la Pepsi-Cola en el decenio de los 80 del siglo pa-
sado como cura para la dispepsia. En 1902 solicité el
registro de esta marca, emitié 97 acciones de capital, y
a vender el concentrado de Pepsi en serio, Desde
emper
el principio comprendié que el secreto del éxito estaba en
el mercadeo. En el primer aio gasté US $1 900 en pu-
blicidad, suma muy grande si se tiene en cuenta que
apenas vendié 8 000 galones del concentrado.
‘Los anuncios le dieron buen resultado. En 1905 cons-
truyé su primera planta embotelladora. Pronto necesité
tres més. En 1907 estaba vendiendo 100 000 galones
anuales; dos afios después contraté a una agencia de
publicidad de Nueva York.
PIENSAN COMO _JOVENES 29
Los problemas de Pepsi empezaron al final de la pri-
mera guerra mundial, cuando el precio del azticar subid
de 5 a 22 centavos la libra. Temiendo que el alza conti-
nuara, Bradham compré grandes cantidades; pero los
precios bajaron y en 1920 apenas llegaban a 3 centavos
la libra. En 1922 la compafiia quedé en estado de insol
vencia; un afio después se declaré en quiebra y Bradham
volvié a su botica
Entonces intervino Roy Megargel, corredor de Wall
Street, quien reorganizé la empresa. No tuvo més suerte
que Bradham. De 1923 2 1928 la compafiia perdié dine-
10 todos los afios, y cada afio Megargel invertfa més para
mantenerla a flote. Esto se hizo imposible al estallar la
crisis de 1929, y a principios de 1931 Pepsi volvié a
quebrar.
este punto, Charles Guth, presidente de la com-
pania de dulces Loft, compré la marca registrada, Guth
ra un supervendedot y un monomaniaco. Como no le
gustaba el sabor de Pepsi, hizo cambiar la formula.
importarle la preferencia del piblico por la Coca-Cola,
prohibié servir ésta en las fuentes de soda de Loft: las
ventas bajaron pero él aguanté. En 1933 sus baladrona-
das habian fracasado, Tan humillado estaba que leg a
enviar un emisario a Atlanta para oftecerle en venta a
Coke la Pepsi-Cola Company. Pero tan escasas eran las
perspectivas de Pepsi que Coke no quiso hacer ninguna
oferta.
Desesperado, Guth inicié otra serie de experimentos.
La facilidad con que se consegufan a bajo precio botellas
usadas de cerveza, de 12 onzas, lo llevé a embotellar en
étas la bebida, pero como eran el doble de lo corriente30. LA GUERRA _DE_LAS_COLAS
también tenfa que cobrar el doble, 0 sea 10 centavos. Por
supuesto, los consumidores se resistieron a pagar ese pre-
cio, Entonces Guth resolvié ofrecer la botella de 12 onzas
por 5 centavos, mientras que las botellas de las demas
colas eran de 6 onzas por el mismo precio. Al fin Guth
les daba a los consumidores una buena razén para com-
prar Pepsi. En 1936 la compafia realizé utilidades de US
$2 000 000, y dos afios después, de US $4 200 000.
Pero Pepsi y la prosperidad no estaban por entonces
destinadas a hacer buenas migas. Una rebaja de jornales
en Loft hizo amotinar al personal de aquell empresa,
Guth renuncié, y se desaté una acalorada pugna por la
propiedad de Pepsi-Cola, En 1938 fue nombrado presi-
dente Walter Mack, que consideraba que la publicidad
era la clave del negocio de bebidas gaseosas, y transforms
a la Pepsi en una moderna compaiifa comercializadora
En 1940 una tira eémica en que figuraban “Pepsi” y
“Pete”, dos policias de Pepsi-Cola, aparecia en 205 perid-
dicos dominicales. Anuncios de Pepsi se publicaban en
77 revistas. Ese verano, 8 aviones volaron 233 000 kilé-
metros en una campafia de anuncios escritos con humo
en el cielo, que todo el mundo vio. (Volando sobre
Brooklyn, un piloto olvidé la segunda P de Pepsi, y en
el tétmino de dos horas la compafifa recibié 11 000 Ila-
madas telefénicas de protesta.)
Pero el mayor golpe publicitario de la compaffa, en
1940, fue un estribillo que se cantaba con la tonada de
“John Peel”. No tenfa introduccién, ni anunciador, ni lo
patrocinaba ninguna celebridad. Nada més que esto:
PARA LOS QUE PIENSAN COMO JOVENES
Pepsi-Cola da en el clavo.
Doce onzas completas, que ¢s mucho.
El doble por los mismos 5 centavos.
Pepsi-Cola es la bebida para usted.
Al principio Pepsi compré tiempo para este comer:
cial de 15 segundos en cuatro radiodifusoras, pero la gen-
te se volvié loca con él y a finales del afio se habia can-
tado gratis 300 000 veces en 500 emisoras. ¥ como el
pliblico queria seguir oyéndolo, la compafifa hizo 1 500
copias para los tocadiscos tragamonedas. Es increfble, pero
la gente pagaba cinco centavos por oft una cancioncilla
sobre una bebida que valia cinco centavos. Siguieron He-
gando pedidos. Se distribuyeron 100 000 copias. La fama
y la prosperidad habian Ilegado a Pepsi-Cola.
Ta segunda guerra mundial lo cambié todo. Robert
Woodruff prometié poner una Coke en manos de todo
soldado norteamericano, y esto hizo que el gobierno ex-
ceptuara a Coca-Cola (pero no a Pepsi-Cola) del raciona:
miento de azticar. El gobierno construyé en el extranjero
cerca de cien plantas embotelladoras de Coke, con lo cual
éta pudo abastecer a las fuerzas armadas del 95 por cien-
to de las bebidas gaseosas que consumieron durante la
guerra, Cuando cerminé el conflicto, Coke no sélo con
taba con millones de consumidores que eran ex comba-
tientes agradecidos, sino también con la base de una red
mundial de embotelladoras, por cortesfa del Tio Sam.
Pepsi, por el contrario, salié de la guerra prisionera
de su lema de “el doble por los mismos 5 centavos” que
Ia colocaba en la posicién de la gaseosa que era una gan-
ga, posicién ideal durante la depresién pero mucho me-32 La GUERRA DE LAS COLAS
nos eficaz un poco después. Cuando los soldados regre-
saron a casa y empezé la bonanza de postguerra, nadie
querfa que le recordaran las pemurias pasadas. La gente
tenia la idea de que Pepsi era una bebida para tomarla en
la cocina, pero si habfa que servitla en el comedor, debia
transvasarse primero a una botella de Coke, Pocos hacfan
esto. Las utilidades de Pepsi cayeron de US $6 300 000
en 1946 a US $2 100 000 en 1949. En el mismo lapso
el precio de sus acciones cayé de US $40 a US $8.
Esta tendencia bajista no se corrigié hasta que llegé
a la presidencia Al Steele en 1949. Este era un dirigente
notable y audaz, Habfa trabajado en el negocio de mue-
bles, habia manejado un circo, habia sido director de
publicidad de la Standard Oil de Indiana y vicepresidente
de mercadeo de Coke. Cuando estaba desempenando este
cargo, en 1948, tuvo la mala suerte de presidir una con-
vencién anual memorable por una fala total de los mi-
créfonos. Sin amplificacién, las excelentes e inspiradoras
dramatizaciones que Steele habia preparado parecieron
pantomimas insulsas.
En Pepsi, el comportamiento de Steele era poco
disciplinado. Se tomaba largas vacaciones, llegaba a la
oficina cuando le daba la gana, y cuando estaba por fuera
no tenfa el menor reparo en mandar el avién de la com-
pai
principio los embotelladores lo adoraron. En un discusso
famoso les dijo: “Ya ha llegado la hora de que ustedes no
sigan andando en esos Fords de mala muerte, Los voy a
poner a todos en Cadillacs”.
Esta actitud fue una inyeccién formidable para los
emborelladores. Estos no gozan de un derecho temporal
en busca de sus cigarrillos preferidos. Pero desde el
PARA ‘SAN COMO JOVENES 33
de distribuir Pepsi, sino que son duefios de sus tertito-
ios, como son también duefios de las plantas embote-
Iladoras, de los camiones de reparto y de las méquinas
vendedoras. Pepsi es propietaria de las marcas regis
y de las fSrmulas. Pepsi crea el mercadeo y los productos,
adas
y produce los concentrados de sabores que los embo-
telladores compran para hacer las bebidas gaseosas. De
modo, pues, que los embotelladores invierten una enor-
me sma en su negocio, y esperan en cambio un aumen-
coen el valor de mercado de sus concesiones. Cuando se
encargé Al Steele, en uno de los malos momentos de la
compaiifa, eso no estaba ocurriendo, sino todo lo contra-
rio: las concesiones de Pepsi eran tan poco tentables que
nadie las queria casi ni regaladas.
Stecle lo cambié todo. Introdujo una botella clegan-
te, cred un departamento de mercadeo, presents la Pepsi
como una bebida refrescante, ligera y de bajo contenido
calérico, y se casé con Joan Crawford. Y algo més: Logré
gue los embotelladores echaran mano de todos sus aho-
ros ¢ hipotecaran sus casas para invertir en el negocio; de
donde resultd que en 1959 habla més de 200 embote-
lladoras de Pepsi con que nadie sofiaba diez afios antes.
Las ventas internas subieron un 200 por ciento y las
utilidades l 700 por ciento.
Al fin Pepsi se convirtié en un desafio significativo
para Coke.
La titima campatia de Pepsi, antes de que BBDO
empezara a actuar como su agencia de anuncios en 1963,
se llamé “Los Sociables”. Fue una campafia de muy alta
sociedad, con caballeros de cabello gris que bailaban conLA GUERRA DE LAS_COLAS
damas muy elegantes. Ea uno de los comerciales apare-
‘clan dos de sombrero de copa frente a un museo de arte.
La Pepsi se levaba en baldes de plata. Aparecian criados
en el acto de servitla, En otro anuncio se veian las hijas
de Joan Crawford ante una mesa con sus perritos. En
todos los comerciales la musica era la misma. Al son de
una banda de jazz una mujer cantaba
Sea sociable, sea elegante.
Viva al dia con Pepsi
Es ligera, es refrescante.
Viva alegre, airoso, joven,
Sea sociable, tome Pep-si.
‘Tal vez esto habria sido muy bueno para un produc-
to basado en posicidn social, como Perrier, pero fue un
grave error para Pepsi. A los embotelladores no les gusté
ni al publico tampoco.
Uno de sus pocos partidarios fue Al Steele, que al
casarse con Joan Crawford se volvié hombre de sociedad.
En 1969, cuando las wtlidades estaban disminuyendo y
se vela venit un alza de precio del concentrado, Stecle
hizo una correrla de seis semanas por nueve ciudades, con
el empefio de lograr que los emborelladores invirticran
més dinero en su campafia publicitaria. Segiin todos los
informes, en esta correrla se mostré brillante: apasionado,
vigoroso, convincente. Al terminarla, él era claramente el
que mandaba en la compafia, Tres dias después sufrié un
fulminante ataque cardiaco y murié. Con él murieron
“Los Sociables”
Cuando se le pidié a la BBDO que se encargara de
PARA LOS QUE PIENSAN COMO JOVENES 35
la publicidad de Pepsi, lo primero que hizo esa agencia
fue realizar una encuesta entre los buenos consumidores
de colas. “Los que aparecen en estos anuncios gson per
sonas con quienes a usted le gustaria tener amistad?”
preguntaban. Los encuestados les echaban un vistazo a
Los Sociables y contestaban con una rechifla. La verdad
es que en este pais, segtin lo describié BBDO, el pueblo
no admira a la alta sociedad. Los que en estos anuncios
aparecfan bebiendo Pepsi eran personas a quienes los ver-
daderos consumidores de Pepsi no querfan ver ni en pin-
tura — y viceversa,
La agencia hizo luego una investigacién sobre eda
des, Les pregunté a los bebedores de cola cuéntos afios
tenfan, de qué edad se sentian y cudntos afios quisieran
tener, Encontré que los jévenes querfan ser un poquito
mayores, y los viejos un poquito menores. Los de 23
afios, empero, no querian cambiar. La campafa de “Los
Sociables” estaba dirigida a individuos de 30 afos.
Evidentemente, lo sensato era pensar més como j6-
venes.
Si los hombres y las mujeres que mangjan las agen-
cias de publicidad son honrados, les dirdn a ustedes que
las compaiifas obtiencn la publicidad que merecen. Las
grandes campafias no son accidentales. Las inspira — por
Jo menos en los negocios de mercadeo — un solo indi-
viduo: el jefe ejecutivo.
En 1963, Pepsi tuvo la fortuna de que a st presiden-
cia llegara el segundo de los dos gigantes del negocio de
bebidas gaseosas, Donald M. Kendall
Ya entonces Kendall era famoso en la compafiia, HijoLA GUERRA DE LAS COLAS
del propietario de una granja lechera, pas6 su nifiez en
Sequim, Estado de Washington, ordefiando vacas, traba-
jando en un campamento maderero, y manejando moto-
niveladoras. En la segunda guerra mundial gané muchas
condecoraciones como piloto de la Marina en el Pacifico.
En 1947 se trasladé al Este a trabajar como vendedor de
concentrado Pepsi para las fuentes de soda. Diez afos
después era gerente nacional de ventas de Ia compafifa.
Lo que le dio tanta fama no fue el solo hecho de
haber ascendido desde vendedor de concentrado, sino su
habilidad para vender Pepsi donde menos se podia espe-
rar, en la Unidn Sovietica. En efecto, en 1959, siendo
jefe de la divisién internacional de Pepsi, transformé la
Exhibicién Nacional Norteamericana en Moseti en un
escenario para la promocién de un solo producto del
capitalismo. El vicepresidente Richard Nixon estuvo pre-
sente. ZY el cliente? Nikita Krushov, premier soviético.
Kendall se las ingenié para persuadir a Krushov de
que se acercara al puesto de Pepsi y probara dos tipos de
esta bebida, una emborellada en los Estados Unidos y
otra en Rusia, Que Krushov prefiriera la Pepsi rusa no
hacia al caso; lo importante fueron las fotografias del
premier haciendo Ia prueba, que le dieton la vuelta al
mundo con leyendas como ésta: “Krushov aprende a ser
sociable”. Bien podrfan haber agregado: “Y Don Kendall
demuestra ser un diplomético brillante”.
Cuatro afios después, a los 41 de edad, Don Kendall
fue nombrado presidente de Pepsi-Cola
Entre 1963 y 1986, afio en que se jubilé, Kendall
tomé una compafia medianamente préspera, pero sin
duda de segunda categoria, y la transformé en una cor-
rARA_105 QUE PIENSAN COMO JOVENES a7
poracién que ocupa el puesto 41 (Coca-Cola ocupa el
44) entre las 500 de Fortune.
EI yehiculo para esta realizacién fue una fusi6n—
entre Pepsi y la compafiia de bocaditos Frito-Lay—que
urdieron él y Herman Lay en 1965. De esa fusién nacié
PepsiCo, Inc,, con Lay como presidente de la junta ditec-
tiva y Kendall como presidente y jefe ejecutivo de la
compafifa, Lay renuncié en 1970 y entonces Kendall
ocups la presidencia de Ja junta.
En 1965 Don Kendall sabfa que una hdbil fusién no
era suficiente para hacer una gran organizacién. Pero te-
nfa una visién y una meta imperiosa: ctearfa la mayor
compafila pequefia del mundo, una corporacién que se
distinguiera realmente por su personal talentoso y donde
prosperara el espiritu empresarial.
Para crear un clima que atrajera a gente del tipo que
él querfa, trasladé la sede, que estaba en un hermoso pero
pequefio e de Park Avenue, en Nueva York, a la
poblacién rural de Purchase, a unos 30 kilémetros al
norte de la ciudad, en el condado de Westchester. Las
oficinas, disefiadas por Edward Durrell Stone, se levanta-
ton en un terreno de 49 hectéreas ornamentado por el
notable arquitecto paisajista Russell Page. En los prados
‘ondulantes se colocaron grandes esculturas de Henry
Moore, Alexander Calder, Isamu Noguchi y David Smith,
entre otros, que el mismo Kendall escogié personalmen-
te. También inicié uno de los primeros programas de
apcitud fisica para empleados que hubo en el pais, para lo
cual construyé una instalacién perfectamente dotada de
equipo y de personal.
Después de haber conseguido colaboradores de pri-(A_DE_LAS_COLAS
mera y de haberles proporcionado este idilico lugar de
trabajo, Kendall, que seguia considerandose a si mismo el
vendedor de Pepsi, se dedicé a extender el negocio por
todo el mundo.
Con su pelo blanco, cejas pobladas, trajes con chale-
co, vigoroso liderazgo y admiradores en capitales muy
diversas, como Washington, Mosc y Pekin, eso Fue exac-
tamente lo que hizo,
En 1986, cuando le entiegé el mando a Wayne
Calloway, la cotporacién PepsiCo — a la cual pertene-
cian ya los restaurantes de Pizze Hut y Taco Bell, ademas
de los negocios de bebidas gaseosas y bocaditos—vendia
cerca de US $9 000 millones.
Este era un volumen dieciocho veces mayor que el de
1965, afio en que se constituyé PepsiCo,
En 1962, afo anterior al del nombramiento de
Kendall como presidente, la BBDO basé su campafia
publicitaria en sus encuestas sobre edad de los consumi-
dores.
“Ahora es Pepsi, para los que piensan como jévenes”,
fue el lema.
Y por primera vez un lema de Pepsi se vio en tele~
visién con més frecucncia que en anuncios impresos u
oidos por la radio. Habia llegedo la era del sonido y del
movimiento clectrénicos, y se contraté al notable fors-
grafo Irving Penn para hacer los comerciales.
La mifsica de los comerciales podia ser de los afios
20, pero el “Makin’ Whoopee” de Eddie Cantor — y la
vox pastosa de Joanie Somers cantando nuevas letras se-
ductoras — no hacfan sentir viejo a nadie que recordara.
PARA LOS QUE PIENSAN COMO JOVENES
4Cémo podia Don Kendall superar esto en su primer
afio de presidencia?
Principalmente retando a BBDO a ir més alla. Sus
érdenes fueron sencillas, Los comerciales tenian que po-
net énfasis en personas de carne y hueso. Tenfan que ser
visualmente llamativos. Y debjan tener un gran anzuelo
musical
Con esto estuvo dispuesto el escenario para la crea-
cién de la campafia publicitaria de mayor duracién y
&xito entre las de su clase.
Para Alan Pottasch, nuevo director de publi
lad de
Kendall, éste era el tipo de incitacién que a él le gustaba.
Para un joven escritor llamado Phil Dusenberry serfa la
oportunidad de incorporar algunas técnicas cinematografi-
cas que estaba aprendiendo del cine inglés. Y para un
director creativo como John Bergin era la posibilidad de
orquestar una palabra aqui, una idea alli, hasta que BBDO
tuvo una frase inolvidable: “Animese! Usted es de la
Generacién Pepsi”.
“Animese” era una idea perfecta para la television.
Habia unos pocos segundos de serenidad y mitsica
melodiosa... y en seguida el pandemonio. Pelicula
ultrarrépida en cdmaras ligeras, luz del atardecer reforza-
da con iluminacién de fondo, eran cosas que realmente
no se habjan empleado nunca en comerciales de tclevi-
sin, Y las cdmaras enfocaban autos de sport, motos,
helicépteros y atletas. El resultado serfa intenso y visual.
Pero avenderia Pepsi?
iO se reiria el publico de esa frase temética tan larga?
AY quien se iba a considerar parte de una generacién
que llevaba el nombre de una gaseosa?40. La GUERRA DE_LAS COLAS
PARA LOS QUE PIENSAN COMO JOVENES 4
BBDO hizo otra cosa antes de presentarle su campa-
fia a Don Kendall, Escogié un estebillo escrito por Sid
Ramin, Ramin nunca habfa escrito un anuncio comercial
cantado, pero si se habia ganado el Premio de la Acade-
mia por su adaptacién de West Side Story, la opereta de
Leonard, Bernstein
Alan Pottasch aprobé el concepto, ef lema y la mi-
sica. Pero el voto que contaba era el de Don Kendall.
Y el voto de Kendall fue un resonante si.
“El momento més emocionante de la historia — dice
John Bergin — fue cuando Kendall oyé la musica. En ese
momento Kendall se convirtié en el padre de la Genera-
cién Pepsi".
Los comerciales de la Generacién Pepsi, con su én-
fasis en el estilo de vida de los consumidores y las més
adelantadas técnicas de filmacién, causaron sensacién entre
el piblico. Pero en su forma pura duraron exactamente
dos afios.
Después de la creacién de PepsiCo en 1965, Don
Kendall tuvo que concederles més atencién a cuestiones
corporativas, y en el manejo del negocio de Pepsi-Cola lo
reeimplazé un talentoso ex emborellsdor. Lo mismo que
muchos de sus colegas de la época, cl nuevo presidente
no confiaba en la publicidad que no se centrara en el
producto.
De modo que la campaiia publicitaria pasé a ser: “EL
sabor que supera a los demés. (Pepsi lo sirve.)” Y la
publicidad dejé a un lado 2 los individuos no actores que
habfan sido las estrellas de los comerciales de la Genera-
cién Pepsi. La botella de Pepsi volvié a ocupar el primer
plano. La muisica era vibrante, la imagen se proyecraba
en la pantalla en formas interesantes, pero la sensacién
— y la reaccién de los consumidores — no eran las
mismas,
Una investigacién demostré que lo que més recorda-
ban los consumidores de los anuncios de Pepsi no era “El
sabor que supera a los demas”, sino el tema de los comer-
ciales que se habjan retirado del aite casi dos afios antes:
la Generacién Pepsi.
Don Kendall comprendié que se habia cometido un
error. En 1969 ese error se corrigid. Y el equipo creativo
produjo los mejores comerciales de todcs: “Usted tiene
mucho que vivir... y Pepsi tiene mucho que dar”
Cuando Don Kendall ocupé la presidencia de la junta
directiva de PepsiCo en 1970, Andy Pearson fue nom-
brado presidente de la compaiifa, y en virtud de su cargo
le cortespondia la responsabilidad directa por las opera-
ciones, dia tras dia, Peto no era en realidad lo que se
podria llamar “un hombre de operaciones”; nunca habia
manejado antes un negocio, Habia sido el mejor experto
en mereadeo de McKinsey, la muy bien reputada firma
de consultores. Su ambicién era hacer de PepsiCo la
primera empresa comercializadora del pais.
Para que le ayudata en este propésito, contrat a un
fuerte aliado, Vic Bonomo, que habia sido jefe de la
divisin Maxwell House de General Foods, Bonomo y
Pearson reconocieron que para llegar a ser la primera
compaiia comercializadora se necesitaba mucho més que
querer serlo; necesitaban formar un equipo de mercadeo
enteramente nuevo. Esto implicaba la desagradable peroLA. GUERRA DE LAS COLAS
42
necesaria tarea de reemplazar a muchos de los viejos eje-
cutivos de! diagrama organizacional.
Uno de los nuevos talentos que descubrieron fue un
vicepresidente de mercadeo, John Sculley, que pronto de-
mostré que no era un cualquiera, A los 32 afios de edad,
aparccié en la cubierta de un mimero de Business Week,
fen que se hacfa la pregunta: “Ha muerto al sistema de
gerentes de producto?” El artfculo se basaba en las claras
ideas de Sculley; y a partir de entonces, este hombre
timido y en apariencia contradictorio (a veces pensador,
distante y Frio; a veces maestro, abierto y cordial; a veces
fogoso luchador con vivo sentido de lo dramético) fue
uno de los mas conocidos y respetados comerciali-zadores
en el negocio de productos de consumo.
Los afios de Bonomo fueron de crecimiento sin
precedentes, Empezando en octubre de 1971 (con excep
cién de un periodo flojo de dos meses) Pepsi goz6 de 72
meses seguidos de crecimiento de su participacién en el
mercado. En 1974 la marca Pepsi-Cola se habia empare-
jado con la Coke en los almacenes de alimentos.
En 1977 Pepsi tomé la delantera — permanente-
mente.
Des afios antes de este decisivo acontecimiento, la
carrera de John Sculley en PepsiCo se alejé de las bebidas
gaseosas. Pero justamente después que la marca Pepsi
aventajé a Coke, Vic Bonomo ascendié para hacerse car~
go de més amplias responsabilidades corporativas, y Sculley
regresd triunfalmence a Pepsi, esta vez como presidente,
el mis joven en la historia de la compafiia. Tenia 37
afios,
‘A mediados del decenio de los 70, yo trabajé corto
PARA LOS QUE TENSAN COMO JOvENES 4B.
tiempo con Sculley en PepsiCo Foods International, la
rama de la compafifa que discribuye bocaditos en el ex-
tranjero. En 1980, cuando pasé a Purchase como alto
vicepresidente de ventas y mercadeo para las plantas,
embotelladoras de propiedad de la compafia, euve oca~
sién de tratarlo més de cerca. Nos entendiamos muy bien,
y en 1982 me pidié que aceptara el cargo de vicepresi-
dente ejecutivo a su lado.
Desempené el puesto con mi habitual dedicacién,
concentrandome inmediatamente en el cambio que por
entonces estudidbamos — y que pronto pondriamos por
obra — de aaticar a jarabe de maiz de alto contenido de
fructosa como edulcorante para la Pepsi. Empecé a desa-
rrollar una nueva linea de gaseosas con adicién de jugos
de frutas. Y a pesar de ser el més nuevo en el equipo de
Sculley, empecé a intervenir en la publicidad de Pepsi.
Comprendi que estébamos confundidos — y con
razén. Durante cinco afios habjamos logrado buenos au-
mentos de ventas, mientras el Desafio Pepsi se destacaba
cada ver mds en nucstra estrategia de mercadeo. E] sexto
afio, 1982, no fue tan bueno. Nuestras ventas aumenta-
ron, pero no al ritmo acostumbrado.
Y a medida que el Desafio ganaba importancia, iba
desplazando la publicidad de la Generacién Pepsi. Inver-
tiamos una menor proporcién de nuestros presupuestos
de publicidad en imagen. Nuestro mensaje se estaba limi-
tando a “Pepsi sabe mejor que Coke”. Era un mensaje
fuerte y convincente, pero obviamente no era nuevo. Y
en mis largos afos de mercadeo de productos de consu-
mo yo habia adquirido la conviccién de que hay tres
cosas que el consumidor norteamericano no perdona44 La GUERRA DE LAS COLAS
calidad inferior a la esperada, anuncios engafiosos... y que
Jo hagan aburrir.
Con las dos primeras nosotros no tenfamos ningéin
problema, pero aburrir al pablico era un peligro inmi-
nente, como lo es siempre que los comercializadores
nen miedo de abandonar una férmula publicitaria bien
probada y buena; lo cual equivale a decir, cuando se teme
a la creatividad en vez de estimularla y adoprarla.
El Desafio Pepsi presentaba también otros proble-
mas. E] mayor de ellos era que todos (con excepcién,
segiin parece, de John Sculley, el que més contaba) te-
nfan opiniones muy firmes sobre d. No habfa dos igua-
les. De modo que, ademés de la divisién usual entre blanco
y negro, habfa grandes zonas grises.
A Harry Hersh le gustaba el Desafio. Harry es pre-
sidente de PepCom, grande ¢ importante concesionaria
de Pepsi. Por otra parte, al hablar de los embotelladores,
que en su mayoria no gustaban del Desafio, no se podia
sefialar realmente a Harry. El habia trabajado para la
Pepsi-Cola Company. El Desafio era invencién suya.
Andy Pearson, a quien no se podia acusar de tener
ideas grises, crefa que el Desafio era el Santo Grial, du-
rante tanto tiempo perdido. Lo mismo opinaba mi ante-
cesor, Jack Pingel, que le dio vida con la comercializa-
cidn.
‘Don Kendall apenas toleraba el Desafi6. Lo vela como
una campafia promocional de corta duracién que habfa
sobrevivide, con cierta justificacién, mas de lo que él
esperaba, Pero él nunca pensé en que pudiera reemplazar
a la publicidad tematica de la Gereracién Pepsi
‘También militaba en ese campo Alan Pottasch, que
LOS QUE PIENSAN COMO JOVENES 45
ya para entonces era el decano de los ejecutivos de publi-
cidad para productos de consumo. Alan nunca se ha com-
portado como un decano. Maneja su propio avién, es un
as del buceo con escafandra auténoma, y tiene una casa
en las islas Caimdn, donde espera poder pasar mds tiem-
po y establecer algtin dia una escuela para buzos. Pero
todos estos intereses no le distraen de sus actividades de
negocios. Nada es mds de su gusto que producir anuncios
capaces de abrir brecha.
No importaba, por tanto, que Alan hubiera creado
los comerciales del Desafio Pepsi, Ahora consideraba que
ya habian cumplido su misién, y lo tinico que estaban
haciendo era anunciar a Pepsi y a Coke.
Asi que a finales de 1982, Pepsi estaba madura para
cambiar su. campafia de publicidad. Lo que necesitéba-
mos eran los dos elementos que constituyen toda gran
publicidad: una persona dispuesta a asumir el enorme
riesgo que semejante cambio implica, y una idea tan
potente que capturara la imaginacién del piblico norte-
americano.
Pero en ese momento escaseaban las buenas ideas
para crear la importantisima nueva imagen de Pepsi.
Y nadie parecfa dispuesto a correr grandes riesgos.CAPITULO 3
Aprendiendo a dirigir
{Como llegué a ser presidente de una gran empresa
norteamericana?
Buena pregunta. Ciertamente no era ésa mi meta. Yo
querfa sec actor. {Y no hablemos més de planeacién a
largo plazo y fijacién de metas!
La mayor parte de mi vida antes de cumplir los vein-
titin afios sugiere que la administracién corporativa no
era una direccién muy promisoria. Yo no era un indivi-
duo “prictico”.
Mi padre, hombre trabajador, inteligente y pragmé-
tico, pensaba mucho en mi durante mi niftez. A él no le
era dificil formarse ideas muy precisas acerca de todos
pero yo lo trafa muy caviloso. Aunque hoy no lo confe-
satia, yo estoy seguro de que muchas veces llegé a pensar
que su hijo era completamente imitil.
Yo no me desvivia por acometer trabajos corporales
ni me interesaban los deportes mayormente. Esto no tie~
ne gran importancia si uno vive en Paris; pero en
Chisholm, Minnesota, el pequefio pueblecito donde me
ctié, sf es un grave problema.
Chisholm esta enclavado en Ia Sierra de Hierro deLA GUERRA DE LAS COLAS
Mesabi, en el Estado de Minnesota, regién minera donde
la gente se defiende con el poder de sus misculos y el
sudor de su frente, Era un lugar espléndido para criarse,
pero no se distingue por su produccién de actores. Yo sf
logré agarrar el papel principal eu: algunas comedias esco-
lares, pero cuando terminé la escuela secundaria, nadie
habia yenido de Hollywood a descubritme, de manera
que me interesé en lo que més se parece al teatro: la
politica
‘Trabajé como voluntario en la campaita presidencial
de John Kennedy, me hice elegir presidente de mi clase,
y descubri que dirigir las cosas era divertido. Si mi padre
no se impresioné gran cosa, en cambio sf le complacié
ver que al fin yo le iba tomando el gusto al trabajo. Y dio
la casualidad de que mi primer empleo me lo dieron en
la embotelladora local de gaseosas.
Si mi mamé se preocupaba menos por mi, no era
porque creyera que todo iba a salir bien sino porque ella
era una de esas formidables madres italianas que protegen
excesivamente a sus hijos. Que yo no fuera una persona
prictica, como le eran todos nuestros vecinos, carecfa
para ella de importancia ante el hecho de que yo era su
retofio y, por tanto, lo mismo que mi hermano y mi
hermana, fenomenal.
Cuando terminé la escuela secundaria, no sabia qué
hacer. Me hubiera gustado salir a conocer el mundo, pero
no tenfamos dine-o para eso, y mis oficios de verano no
me habjan henchido el bolsillo, ni mucho menos. Asi,
pensando en ir a la universidad, solicité admisién en las
que estuvieran cerca y escogi la de St. John’s, en
Collegeville, Minnesota, porque me oftecieron una beca.
{DIENDO A DIRIGIR 49.
‘A principios de mi iiltimo afo en la escuela sccun-
datia yo habia hecho el examen de Becas Nacionales al
Mérito. No gané una beca sino que recibi un papel lla-
mado Carta de Encomio, el cual tiré en un cajén y me
olvidé del asunto. Ocurrié entonces que, avanzada ya la
primavera, alguna persona considerada, que trabajaba en
el programa nacional para premiar el mérito, pensé que
Jos millates de muchachos de todo el pais que no habian
ganado beca pero sf una carta de encomio, merecian que
se hiciera algo por ellos. Mandé pues, sus nombres, a
diversas instituciones universitarias pequetas que dispo-
nfan de fondos sobrantes para becar alumnos.
Algunas de estas instituciones deseaban diversificar
su estudiantado y para ellas un chico de Minnesota que
habia obtenido en el examen para Becas Nacionales al
Mérito una calificacién suficientemente alta para obtener
una Carta de Encomio, no era un desastre total... aun
cuando no supiera jugar fiitbol 0 jockey.
De ka noche a la mafiana me vi convertido en estre-
Ila, Todas las semanas me llegaban por correo ofertas de
becas completas. En junio me llegé una de Babson College,
de Wellesley, Massachuserts, cerca de Boston.
E] mismo dia que la recibi, me Hegé también un
folleto de orientacién de St. John’s. En éte se daban
detalles del reglamento: las luces se apagaban a las once
de la noche: salida, un fin de semana cada mes; y cosas
por el estilo, Fito no es para mi, me dije, y corti a la
biblioteca para averiguar si Babson realmente existia. Slo
entonces me enteré de que era una facultad de adminis-
rracién de negocios.
En ese tiempo yo no tenia ni idea de lo que era una50. La GUERRA DE LAS COLAS
escuela de administracién... ni me importaba tampoco.
jen podia haber sido una facultad de astronomia. Lo
tinico que me interesaba era que estaba mas de mil qui-
nientos kilémetros mas lejos que Collegeville, Minnesota,
en cl gran mundo desconocido,
Por alguna razén (en realidad, no sé por qué) yo
tenia la idea de que lo mejor que se puede hacer en la
vida es experimentar cuantas cosas distintas sea posible.
Evitar programarse uno excesivamente, dejarse Hevar un,
poco de la corriente de las oportunidades y seguir distin-
rereses.
Pensandolo bien ahora, ésta es una de las cosas mds
importantes que deben aprender los jévenes de grandes,
aspiraciones en los negocios. Los ejecutivos que han triun-
fado no han seguido una senda estrecha con peldafios,
cuidadosamente preparados para escalar la cima, Més bien,
se han’ permitido la oportunidad de aprender y desarro-
Hiarse de una manera més natural, aunque a veces parezca
al azar, En su carrera han tenido muchas metas distintas,
wos
muchos oficios diversos; no necesariamente con distintas,
compaiiias, pero si en diferentes funciones en una misma
compafifa.
Son mejores ejecutivos de mercadeo porque trabaja-
ron, digamos, en personal 0 en fabricacién, Son mejores
ejecutivos de fabricacién porque han hecho un poco de
mercadeo. ¥ son mejores jefes cjocutives de una corpora
cién porque tienen una visién amplia de los negocios, de
la vida y de la gente.
'Asl, pues, como ocurre con la mayoria de los ejecu-
tivos de éxito que conozco personalmente © por mis lec-
turas, mi disposicién para correr un albus, para probar
APRENDIENDO_A_DIRIGIR 51
mi habilidad en muchisimas cosas distintas, es probable-
mente la razén de que un chico de origen italiano nacido
en un pueblecito de Minnesota haya tenido la oportuni-
dad de llegar a presidente de Pepsi-Cola. Eso, y el hecho
de que tuve la suerte de trabajar y aprender con un grupo
de personas formidables que estuvieron mds que dispues-
tas a ensefiarme.
‘Como se verd en estes paginas, me encontré muchas
veces en los sitios mas extrafios — y, a menudo, yo era
cl tipo que parecta estar fuera de lugat; como eso del
chico que querfa ser actor, después politico, y que al fin
se matricula en una facultad de negocios en Boston.
Sentirse fuera de lugar es cosa que asusta, En Babson
los profesores hicieron todo lo que en su mano estuvo
por infundirme confianza; pero yo tenia tanto miedo que
estudié como loco y saqué un promedio de 3.97 en el
primer semestre. Mi papé, ;quién lo creyeral, empezé a
pensar que habla alguna esperanza para mi.
Pasé por la facultad en tres afios, y an ocupado es-
tuve ditigicndo una sociedad estudiantil y un tribunal de
estudiantes, y editando el anuario del curso, que no me
quedé tiempo de pensar qué iba a hacer después. Tenia
facilidad para los niimeros — no mateméticas avanzadas,
sino ntimetos comunes y corrientes — pero lo que real-
mente querfa era hacer algo en que tuviera traro con la
gente. Me decidf por la tuncién de Personal, pensando
que por lo menos desde ese punto de mira tendria la
oportunidad de aprender qué es lo que hacen realmente
las personas en una empresa grande, y de determinar
después cul serfa el campo para mi.
Anhelaba regresar a Minnesota y volver a ver aLa GUERRA _DE LAS _COLAS
i Rosemary Margo, mi novia de los dias de escuela, y so-
licisé trabajo en varias companfas de Minneapolis. La
General Mills me contraté y me puso a trabajar cedactan-
do descripciones de oficios. Escribir me aburria cerrible-
mente; pero averiguar lo que realmente hacian las perso-
nas era fascinante.
En ese tiempo la guerra de! Vietnam se intensificaba
y la Junta de Reclutamiento empezaba a mirar hacia donde
yo estaba, de modo que tenfa que tomar una decisién: 0
el servicio militar, 0 estudios de postgrado. Casi todas las
petsonas con quienes yo trabajaba en la General Mills
tenian grado de M.B.A. [magister en administracién de
negocios}, y como veia claramente que un grado superior
me ayudaria muchisimo en mi carrera de negocios, soli-
cité admisién en la facultad de estudios superiores de
Babson y me aceptaron, pero no Ilegué a matricularme,
Por el contrario: en otra de mis desviaciones de los
peldafios de una carrera logica, respondi a la propaganda
de “Alistese en la Marina y conozca ¢l mundo”, y senté
plaza en el programa de Aspirantes a Oficiales Navales,
pensando solamente en lo divertido que serfa conducir
un buque en a inmensidad del mar.
Con gran dolor de mi parte, lo primero que hizo la
Marina (por haber descubierto que yo no distingufa el
rojo del verde) fue conducitme a mi lejos del puente de
mando de sus buques. Me mandaron seis meses a una
Escuela de Oficiales de Abastecimiento y luego, en el
verano de 1967, se acordaron de preguntarme qué me
gustarfa hacer.
Cuando salga de aqui — contesté — voy a dedi-
car mi vida a los negocios, Lo que menos quiero hacer
[APRENDIENDOA_DIRIGIR 53
ahora ¢s llevar libros. Déme usted un oficio que tenga que
ver lo menos posible con esta monserga de suministros.
— Muy bien, sefior sabelotodo — me contests el
oficial de servicio —. ;Le gustaria ir al Vietnam?
— Con tal que no tenga que aplicar nada de lo que
he aprendido aqui...
— Trato hecho.
2Qué mas da? — pensé yo, Estoy en la Marina; y el
oficio de la Marina es la guerra. Y aunque nadie que yo
conozca quiere la guerra, habiendo guerra no puede uno
estar en el servicio naval y no ir adonde la estan hacien-
do; y en 1967 donde la estaban haciendo era en el Viet-
nam. Ademds, tengo que confesar que el patriotismo
enardecia mi pecho: yo ctefa entonces que nosotros tenia-
mos la razén.
Mi maestro en el Vietnam fue el capitan de corbera
Bill Aldenderfer. Estaba encargado de las operaciones de
combustible para el Primer Cuerpo, en la parte més sep-
tentrional del Vietnam del Sur. Pocos de sus antecesores
habjan durado mas de seis meses en el cargo; si no pedian
ser relevados, la Marina los cambiaba.
Esto era comprensible. El oficio era sumamente di-
ficil. Cada semana habfa que conseguir varios millones de
galones de combustible de decenas de fuentes distintas y
nada confiables. Luego, con ayuda de un sistema incref-
blemente inseguro de comunicaciones, habfa que man-
darlos a lo que parecia centenares de puntos de destino.
Eso era en los dias buenos.
En los dfas malos — entre fuego de artillerfa, mor-
teros, cohetes, saboraje del Vietcong, tifones, y algunos54 LA GUERRA DE 1AS_COLAS
accidentes tontos — llevar cualquier cosa a cualquier parte
era una locura.
Yo fiti uno de los tres individuos escogidos para for-
mat lo que Bill llamaba su Comando de Operaciones de
Combustible. Bill se habia graduado en la Academia Naval,
y si esto hubiera ocurrido en 1985 y no en 1967, se le
habria podido describir como una versién de “Rambo”
del Cuerpo de Abastecimientos.
La mitad del tiempo se comportaba como un adoles-
cente, La mitad del tiempo lo hacia trabajar a uno en
jornadas de 18 horas. Pero el ciento por ciento del tiem-
po se aseguraba de una cosa: que a nadie le faleara com-
bustible.
No lo habria podido lograr si se hubiera ceftido al
reglamento, de modo que no se cefiia a él. Y bajo su
direccién todos nos volvimos increfblemente recursivos.
Convenciamos a los pilotos de que Ilevaran combusti-
ble a remoras bases perdidas en la selva cargando en,
sus aviones enormes vejigas de caucho — a veces a
cambio de cosas que ellos querfan, a veces picando su
honrilla de bravos, y siempre pasando por encima del
papeleo.
Bill me ensefié a arriesgar y a hacer la tarea, costara
lo que costara. Una vez, siendo yo alférez y estando é
ausente, calculé que necesitébamos otro oleoducto sub-
marino para poder descargar mds buques a la vez. Una
instalacién de este tipo requiere inmensas cantidades de
material: kilémetros de tuberia, valvulas, bombas. Sin que
me intimidara la magnitud de la obra, despaché a Hawai
tun mensaje marcado “operacién inmediata’, que es casi
como anunciar que estallé la guerra nuclear, para pedir
APRENDIENDO_A_DIRIGIR 55
Jos materiales. Al dia siguiente llamé un capitén desde
Pearl Harbor:
— (Qué graduacién tiene usted, Entico?—me pre
sunté.
BON Alféiee, mi capi,
Al otto extremo de la linea se oyé una serie de
maldiciones. Al fin dijo:
— ;Quién firms esto?
— Lo firmé yo.
— {Sabe usted lo que esté haciendo?
— Si, mi capitan, lo sé muy bien,
Calld un momento, y luego:
& quiere que el material vaya en avién, o se lo
podemos mandar por mar?
— Qué se necesita para mandarlo por aire?
— Cuarenta y dos aviones, joven.
— No, no — repuse —. Por mar esté bien,
Volviendo atrés la vista, tal vez se pueda discernir
aqui una pauta: Aldenderfer le ensefié a Enrico a hacer
cualquier cosa con tal de llevar liquidos preciosos a sus
consumidores.
En apoyo de esta tesis, considérese otra calaverada
mfa anterior a la época de Pepsi. Ocurrié en 1968, inme-
diatamente después de la ofensiva de Ter, cuando el gru-
po Primero de Caballeria Aérea avanz6 a la regién sep-
tentrional del Vietnam del Sur. Sus integrantes tenfan
més helicépteros que todo el Cuerpo de Infanteria de
Marina — e iban a necesitar una buena cantidad de
combustible,
A mf me mandaron a un solitario arenal denomina-La GUERRA DE LAS COLAS
do Cua Viet, un poco al sur de la zona desmilirarizada,
con la misién de ver si se podia hacer algo para ayudar,
al Primero de Caballeria a conseguir la gasolina que ne-
cesitaba para los centenares de helicépteros estacionados
no lejos de all.
Los pilotos eran como adclescentes subutbanos:
estacionaban sus helicépteros a la puerta de sus ciendas
de campafia, como si fueran autos de carreras. El coronel
no era menos alocado:
— No necesitamos nada — me dijo —. No quere-
mos ayuda. Nosotros mismos traemos el combustible,
colgado del fuselaje.
— Si, mi coronel, pero ustedes gueman mucho
combustible para transportarlo. Lo podrfamos traer de
una manera mas ficil y economizarles tiempo y trabajo,
-— ;Cémo?
— Construiremos un oleoducto desde nuestros de-
pésitos de almacenamiento hasta su base.
El coronel dio un resoplido. Yo insisti:
— No son mas que sesenta y cinco millas.
— Cuando lo terminen, ya s= habré acabado la gue-
ra,
— No, mi coronel, Lo haremos en sesenta dias.
— {Como?
— Con el Cuerpo de Ingenieros de la Infanterla de
Marina.
— St, jpor supuesto!
De todas maneras, yo me fui a Da Nang, y en com
pania de Bill fui a ver al almirante. Tampoco a éste le
soné bien la idea.
— El Vietcong volard la tuberia — nos dijo.
APRENDIENDO A DIRIGIR 57
— Seguramente — le contesté —. Pero tenderemos
Ja tuberia con tubos provisionales de asalto, que son he-
chos justamente para eso. Si vuelan una seccién, ficil-
mente la reemplazamos a la mafiana siguiente.
Sesenta dias después, tenfamos mi oleoducto.
El Vietcong lo vol6. Repusimos los tubos. Entonces,
el enemigo volé las grandes y costosas vlvulas de control
que habia a lo largo de la linea y que no son can ficiles
de reemplazar.
El almirante aprendié, una vez mds, a no confiar en
el criterio de los oficiales jévenes.
Yo aprendi a prestar ofdos a los almirantes.
El coronel si
sus aviones.
i6 transportando el combustible en
Por haberme enganchado como voluntario para ir al
Vietnam, yo tenfa derecho a escoger mi préximo lugar de
servicio en cualquier parte del mundo. Me las arreglé
para sacar, de paso, una licencia por algunos dias, fai a
Hawai, donde me reuni con Rosemary y nos casamos.
Pocos meses después, habiendo concluido mi servicio en
el Vietnam, pasamos a Gaeta, en Italia, pequefia pobla-
cién situada entre Roma y Napoles. Entonces mis debe-
es eran mds tranquilos a bordo del buque insignia de la
Sexta Escuadra, pues me correspondia manejar la lavan-
derfa, la peluquerfa y el almacén. Después del Vietnam,
esto no era muy emocionante, pero fue un afta divertido
y me dio tiempo para reflexionar sobre los principios de
liderazgo que habja observado durante mi permanencia
en el Sudeste del Asia, principios que tendrfan importan-
te aplicacién en mi carrera de negocios.58 LA GUERRA DE LAS COLAS
De Bill Aldenderfer aprendf que uno tiene que dedi-
car mucho tiempo a averiguar en qué consiste realmente
su ofido.
Del almirante aprendi que escuchar a los dems es
importantisimo.
De ambos aprendi que uno esta en capacidad de
aventurarse solamente después de haber hecho ambas
cosas. Entonces sf es sensato correr el albur, porque, con-
tando con una inteligencia razonable, su juicio sera acer-
tado en la mayoria de las ocasiones.
Y aprendf de toda la triste y frustrante experiencia’
norteamericana en la guerra del Vietnam que es peligroso
creerse infalible
En 1970 volvi a la General Mills, esta vez como:
interior encarnacién alli haba
gerente de producto. En mi
redactado descripciones de oficios para personas que ¢}
cutaban este trabajo, y descubri que me gustaba; en una
compafia de productos de consumo, es alli donde estd la
accién.
{Qué cosa es la gerencia de producto?
Es un sistema de administracién que se popularizé a
finales del decenio de los 50, gracias en gran parte a
Procter & Gamble. Les permite a las grandes compafias
de productos de consumo que venden muchas marcas
distintas, actuar como empresas pequefias que sélo tuvie-
ran un producto 0 marca. En medio de todo esto, y casi
como si fueran presidentes de pequefias empresas, estén
los gerentes de producto — coordinando, dirigien
controlando. Hay un gerente de producto para Tide, ot
para Crest, etcétera,
APRENDIENDO_A_DIRIGIR 59.
Fuera de la compafifa, los titulos a veces parecen un
chiste. Imaginese cémo serfa telefonear a su papé para
darle la emocionante noticia de que usted ha sido nom-
brado “gerente de papel higiénico Charmin”. Pero para
tun joven trabajador y concienzudo ser responsable por
Charmin es tan importante como manejar el mundo.
Cuida de él, lo mima, ve que le pongan atencién la
burocracia y la fuerza vendedora. Y sabe que su carrera
probablemente ascenderé o descenderd paralelamente con
Jas ventas y utilidades de Charmin.
En las corporaciones los cfnicos ven a los gerentes de
producto como unos chicos supereducados, mocosos que
intelectualizan demasiado todas las cosas, no realizan nada,
hablan mucho y no escuchan — y los ascienden todas las
semanas.
A veces tienen razén,
Sin embargo, los buenos gerentes de producto inves-
tigan el mercado para descubrir qué atraerd a los consu-
midores hacia su producto. Luego conectan todo eso con
la publicidad, Ia fijacién de precios y las tdcticas de pro-
mocién para fomentar la marca. Y, ante todo, le trazan
una direccién estratégica a su negocio.
Cuando las cosas salen bien, el gerente de producto
es el cje del negocio, pues es el coordinador central de
informacién. Y la informacién lo es todo.
Parece exageracién, pero no lo es. El gerente de pro-
ducto obtiene poder mediante la informacién, Cuanta
més informacién, més poder
Esto es verdad, realmente, en cualquier funcién de
tun negocio, ya sea de Personal, de fabricacién, de relacio-
nes piiblicas 0 de cualquier otra cosa. Dominando losLA GUERRA_DE_LAS_COLAS
hechos es como una persona ejerce impacto en lo que
ocurre.
Los buenos gerentes jévenes lo entienden asf, y bus-
can activamente informacién, Los malos jamés lo acaban
de entender. Siguen concentrindose en formar organiza~
ciones més grandes bajo su mando y en controlar mayo-
res presupuestos de gastos. Creen que estas cosas repre~
sentan el poder en una compafia, y con esta visién estrecha
tocan apenas la superficie de las cuestiones, y tal vez hasta
hacen politica con el jefe. A su debido tiempo, y casi
infaliblemente, son opacados por los gerentes jévenes
realmente buenos que comprenden la necesidad de ir al
fondo de las cosas y de saber més que cualquier otra
persona acerca de cada problema.
Como se ve, no es cuestién de galones.
Es cuestién de hechos.
Y con los hechos en la mano, el individuo puede
hacerse empresario, gerente general sin titulo — un cam-
pedn,
{Qué hace un campedn cn una compafia? Corre por
los pasillos gritando: “Siganme, muchachos”. Y si lo dice
en forma suficientemente persuasiva, con bastante sus-
tancia, squé sucede? Que lo siguen.
Entonces es realmente el gerente de todo lo que se
rclaciona con la causa que defiende. Porque si la gente lo
sigue, ;qué importa lo que diga el organigrama? Clara
mente, esa persona es la que manda; ella se ha apoderado
de la burocracia,
Al parecer esto pone en peligro el empleo, pero no es
asi. Hay que tener en cuenta que la burocracia no quiere
hacer nada, sino starse sentada, administrando. En rea-
APRENDIENDO_A_DIRIGIR 61
lidad, est esperando que alguien venga corriendo por el
pasillo y gritando “Siganme”. Necesia de esa persona.
alla, nada sucede.
Si no hay campeones, no hay crecimiento.
La primera persona que me ensefié esto fue Steve
Chase, mi director de mereadeo en General Mills. Le
estaré eternamente agradecido porque me acepté a pesar
de no tener yo un grado de M.B.A., que entonces era
requisito de ingreso al area de gerencia de productos.
Me encantaba trabajar en mercadeo y me encancaba
Ja General Mills. Era y es una gran compafiia, con gente
espléndida y mucha integridad.
No me importaba ser el mds bajo del escalafn, como
Jo era también mi linea de productos: “Otras marcas
anunciadas”, Ni siquiera me molestaba esta descripcién
inexacta, puesto que era muy poco lo que se anunciaban
estos productos,
‘Tenfamos harina Red Band que slo se vendfa en las
Carolinas; mezcla de harina para tortas Betty Crocker,
que entonces se vendia principalmente en el norte de
California. Tenfamos harina Wondra y harina La Pifia,
para vender en los mercados hispdnicos del sur de
California.
Con productos como étos, en una compafifa tan
grande como la General Mills, nadie le presta a uno mu-
cha atencién. Pero yo trabajé duro y a los nueve meses,
me ascendieron a un departamento clave: el de Wheaties,
el Desayuno de los Campeones, y terteno de los reyes del
mercadeo.
Estimulado por mi primer ascenso, me dediqué en
cuerpo y alma al oficio de gerente auxiliar de producto de