2020. Revista Encuentros Latinoamericanos, segunda época. Vol.
IV, Nº 1, enero/junio
ISSN1688-437X
DOI-----------------------------------
Los derechos humanos en el siglo XXI
Human Rights in the XXI century
Felipe Michelini1
Facultad de Derecho, Universidad de la República.
[Link]@[Link]
Recibido: 25.03.20
Aceptado: 14.05.20
Resumen
En el presente artículo se explora las perspectivas de los derechos humanos en el siglo XXI desde
el derecho internacional de los derechos humanos en un ejercicio prospectivo sobre el
desarrollo de la protección de la dignidad humana.
Palabras clave: derechos humanos, derecho internacional de los derechos humanos, Igualdad,
Libertad, La Lucha por la Justicia contra la Impunidad, Protección del Ambiente, Las Nuevas
Tecnologías y su Impacto en la Dignidad de las Personas, Sociedad Civil, Educación en Derechos
Humanos.
1 Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, profesor adjunto grado 3, Facultad de Derecho, Universidad de la
República.
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Abstract
This paper explores the perspectives of human rights in the 21stcentury from the International
Law of Human Rights in a prospective exercise on the development of the protection of human
dignity.
Keywords: Human Rights, International Law of Human Rights, Equality, Freedom, the struggle
for accountability, Environmental protection, New Technologies and its impact in human dignity,
Civil Society, Human Rights Education.
Introducción
Reflexionar sobre los derechos humanos en el siglo XXI significa evaluar el estado de
situación de estos tanto en sus aspectos normativos como de vigencia tangible. Ya se ha llegado
casi al primer cuarto del siglo que en cierta forma da una pauta de lo que vendrá, pero ubicarlos
en perspectiva de las décadas que restan es un ejercicio de prospectiva valioso por sí mismo, de
lo que podrían ser los desafíos para afirmar la dignidad humana en este siglo. Sin embargo, es
necesario tener presente la dinámica cambiante en el siglo que transcurre, la globalidad de su
realidad y su impacto en las relaciones internacionales. La presente pandemia de covid-19
originada por el virus SARS-CoV-2, y las respuestas de los Estados, es una muestra patente de
este fenómeno.
Esta aproximación es desde el derecho de protección internacional de los derechos
humanos, una de las disciplinas entre varias que los abordan.
Se tratan en forma exploratoria siete ítems en los que deberían estar focalizadas las
reflexiones sobre a dónde deben apuntar las políticas públicas en la materia.
Los puntos desarrollados son «La igualdad interpelada», «La promoción de la libertad»,
«La lucha por la justicia contra la impunidad», «La protección del ambiente», «Las nuevas
tecnologías y su impacto en la dignidad de las personas», «El fortalecimiento de la sociedad
civil» y por último «La educación en derechos humanos».
La agenda podría ser descripta de manera diferente si se cambiaran los criterios del
análisis. De todas formas, será una agenda dinámica, de avances y retrocesos. La defensa de la
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dignidad humana es una lucha permanente que para su consolidación debe interpelar el statu
quo y proponer alternativas a la vida en sociedad. Los cambios seguramente afectan intereses
creados, muchos de ellos de altísimo poder. Desde una visión optimista del avance de los
derechos humanos, dependerá si esa lucha se emprende con convicción, inteligencia, pasión y
sin pausa.
Definiciones
El concepto de derechos humanos por sí mismo es objeto de polémica, y por eso no
todos se refieren a ellos de idéntica manera (Uriarte, 2013, p. 48). Por lo tanto, la idea de
evaluación y de prospectiva necesita una definición previa sobre a que nos estamos refiriendo.
Sin perjuicio de entender la importancia que los derechos humanos presentan desde los
ángulos ético-valorativo, desde las diferentes disciplinas que abordan la realidad, o los aspectos
emotivos, prefiero tomar como definición previa el abordaje jurídico normativo de los derechos
humanos (Banfi y Michelini, 2017, p. 41).
Los cuales se expresan como derechos que todas las personas tienen por el solo hecho
de ser personas en el marco la sociedad en la que viven. Derechos que el orden jurídico interno
no puede derogar o vulnerar pues hacen a la dignidad como personas. Son los Estados que
tienen las obligaciones de respetar, garantizar promover y cooperar con otros Estados para su
plena y efectiva vigencia. sujetas a su jurisdicción tal como lo expreso la Corte Interamericana
de Derechos Humanos.2 Esta sencilla afirmación fue un cambio sustancial en el concepto de
soberanía estatal a como la conocíamos a la finalización de la segunda guerra mundial en el siglo
pasado.
Una de las primeras consecuencias del triunfo de los aliados de Estados Unidos, Reino
Unido y la ex-Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas con la destrucción del proyecto nacional
socialista, el fascismo italiano y el imperialismo japonés, fue por un lado el reconocimiento que
la forma en que un Estado trata a las personas que están bajo su jurisdicción hace a la paz y a la
2 Caso Velásquez Rodríguez vs. Honduras. Sentencia de 29 de julio de 1988:
[Link]
Párrafo 174: «El Estado está en el deber jurídico de prevenir, razonablemente, las violaciones de los derechos
humanos, de investigar seriamente con los medios a su alcance las violaciones que se hayan cometido dentro del
ámbito de su jurisdicción a fin de identificar a los responsables, de imponerles las sanciones pertinentes y de
asegurar a la víctima una adecuada reparación».
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seguridad internacional. Un segundo componente extraordinario para aquella época fue
determinar las responsabilidades individuales en los crímenes del Japón imperial y de la
Alemania nazi. Los procesos de Núremberg y Tokio constituyeron importantes precedentes para
establecer la Corte Penal Internacional a través el Estatuto de Roma,3 cinco décadas después.
Esto llevó a atenuar el concepto de soberanía estatal absoluta, quedando los derechos
humanos como un pilar fundamental que demostraba que el poder estatal tiene límites,
producto ya no de su orden institucional interno, si no dado por el orden internacional.
Los derechos de las personas se terminaron reflejando en un trípode normativo
establecido por la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos
Humanos y en los dos grandes Pactos Internacionales de Derechos Civiles y Políticos ( PIDCP) y de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales (Pidesc) que a su vez se apoyan en derecho
consuetudinario (Brownlie, 2008, p. 562). El sistema universal de protección se complementa
por la existencia de sistemas regionales siendo de especial importancia para nuestro país el
sistema interamericano.
Por cierto, que el progreso en la defensa de la dignidad humana no ha sido posible por la
sola sanción y puesta en marcha de tratados internacionales por más significativos que estos
fueran. En cambio, ha sido la rebeldía ante las violaciones graves y sistemáticas perpetradas a
millones de seres humanos, lo que ha permitido la denuncia primero y la búsqueda de
soluciones duraderas para que haya condiciones de vida dignas para todas las personas que
habitan el planeta.
Los avances desde 1945 hasta la fecha han sido inconmensurables, pero no pueden
menospreciarse los retrocesos. Basta analizar esquemáticamente el desarrollo histórico de
nuestra región para tener una idea cabal de lo que ha costado la consagración de cada derecho.
Realizada esta aclaración de que se entiende por derechos humanos y objetivarlos desde
el punto de vista normativo, corresponde avanzar en los aspectos sustantivos del tema.
3 Hecho en Roma el 17 de julio de 1998; entró en vigencia el primero de julio de 2002; UnitedNations, Treaty
Series, vol. 2187, No. 38544; Depositario: Secretario General de las Naciones Unidas, [Link]
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Situación actual
El siglo XXI nos ubica en el máximo desarrollo normativo e institucional en materia de
derechos humanos jamás conocido, producto del devenir histórico del siglo XX y
particularmente de la segunda mitad de este. Un balance histórico de los avances y retrocesos
es por definición polémico (Traverso, 2012, p. 30).
Sin perjuicio de ello, es posible ubicarse en la última cumbre internacional en la materia,
la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena en 1993, con su Declaración y Programa
de Acción.4 Un análisis de esta, puede aquilatar los logros obtenidos, así como los déficits un
cuarto de siglo después.
Las normas internacionales han avanzado en la consagración de derechos en forma
significativa, habiendo sido ratificados los principales instrumentos por un número significativo
de países. Por ejemplo, el PIDCP tiene 173 Estados miembros y el Pidesc1705 al momento que la
Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene 193 Estados miembros.6 Los sistemas
regionales de protección han mejorado sus capacidades, sin perjuicio que el sistema Asia
pacífico muestra un enorme retraso frente a los otros.
Los mecanismos de protección se han desarrollado, con la creación del Alto Comisionado
de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh),7 la puesta en marcha del Consejo de
Derechos Humanos como un órgano subsidiario de la Asamblea General de las Naciones
Unidas,8 y especialmente con el Examen Periódico Universal 9 para la revisión de todos los
derechos ubicando la mirada en todos los Estados.
Existe una Corte Penal Internacional de acuerdo al Estatuto de Roma de carácter
permanente, imparcial e independiente con vocación de juzgar los crímenes más graves de la
comunidad internacional como son el genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes
de guerra y el de agresión.
4 [Link]
5 [Link]
6 [Link]
7 [Link] 48 período de sesiones 7 de enero de 1994
8 [Link] 72ª sesión plenaria 15 de marzo
de 2006
9 [Link]
Novena sesión, 18 de junio de 2007
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Las obligaciones de los Estados en la materia están claramente definidas y la
multiplicidad de ámbitos donde se supervisa y controla la existencia o negación de los derechos
humanos constituyen mecanismos sustantivos para avanzar en políticas públicas que permitan a
la gente vivir dignamente. Sin embargo, esa perspectiva optimista, para designarla de algún
modo, tiene varias situaciones que deberían ser objeto de preocupación.
Un hecho central de la formalización del avance en la búsqueda de soluciones colectivas
fue la Declaración del Milenio de la Asamblea General de las Naciones Unidas.10 Esta expresaba
un conjunto de valores y principios compartidos por la comunidad internacional, la reafirmación
de la búsqueda de la paz, la seguridad y el desarme basados en el imperio del derecho, el
desarrollo y la erradicación de la pobreza, la protección del ambiente, el respeto de los derechos
humanos, la protección de personas vulnerables, la especial atención al continente africano y el
fortalecimiento de las Naciones Unidas.
A nadie escapa que un año después, producto de las acciones terroristas en Estados
Unidos, especialmente aquellas que derribaron las torres gemelas de la ciudad de Nueva York, el
mundo se fue tornando progresivamente en uno mucho más inseguro y definitivamente distinto
al que conocíamos.
Se encuentra en crisis el orden mundial diseñado a la finalización de la segunda guerra
mundial, de carácter multilateral a pesar de que unos pocos países mantenían y mantienen un
asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y derecho al veto de sus
decisiones.
Existe una tendencia a ir a un mundo que reniega del multilateralismo, hacía la definición
de un orden mundial dónde predomine la voz y fuerza de unos pocos estados ya sea de carácter
militar, política, económica y financiera en detrimento de la construcción de soluciones a través
de toda la comunidad internacional, de carácter pacifica para abordar los conflictos, basados en
el derecho internacional y la autodeterminación de los pueblos, así como la vigencia de los
derechos humanos.
Ese mundo unipolar o de unos pocos Estados, no coadyuva a la plena vigencia de los
derechos humanos, sino por el contrario alienta su transgresión.
10 [Link]
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A ello hay que agregarles la reacción a los flujos migratorios de millones de personas,
tanto de carácter internacional como nacional, que son una fuente grave de negación de la
dignidad de las personas. Un flujo migratorio desordenado, y fuertemente resistido por los
países de destino, contribuye al florecimiento de las peores expresiones de racismo, xenofobia y
chauvinismo. Todos caldos de cultivo para la violencia, la discriminación y la vulneración de
derechos (Bergero, 2019, p. 35).
Esos flujos migratorios, se condensan en sociedades fuertemente asoladas por la guerra,
así como también la convivencia en sociedades altamente desiguales en ingreso, empleo y
oportunidades, siendo América Latina una de las regiones que presenta los índices más
inequitativos de carácter mundial.
El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, incluido el
teléfono celular inteligente, ha tenido un serio impacto en la forma en que los humanos del
planeta se relacionan entre sí. Frente a estos cambios, la protección del empleado en relación
con su empleador tiene que tener en cuenta que este último lo ubica a cualquier hora y lugar,
demostrando lo anacrónico de muchas de las normas anteriores y poniendo a la Organización
Internacional del Trabajo en la necesidad de identificar normas de protección ya no en el lugar
de trabajo, sino fuera de él también.
Los desafíos que nos convocan
1. La igualdad interpelada,
2. La promoción de la libertad,
3. La lucha por la justicia contra la impunidad,
4. La protección del ambiente,
5. Las nuevas tecnologías y su impacto en la dignidad de las personas
6. El fortalecimiento de la sociedad civil
7. Educación en derechos humanos
La igualdad interpelada
Es posible afirmar que se vive cada vez más en una sociedad fragmentada. Este
fenómeno ocurre tanto a nivel nacional, regional o internacional. Esa fragmentación se puede
identificar en ámbitos diversos, ya sea el territorial, el trabajo, la vivienda y por cierto en el
acceso a los bienes y servicios culturales.
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La sociedad en la que vivimos profundiza niveles de desigualdad creciente, con
microclimas de violencia y discriminación. Esta se produce y se nota con mayor intensidad en
poblaciones vulnerables muchas de ellas con necesidades básicas insatisfechas.
La fragmentación social en nuestra región es aún mayor porque interpela los sistemas
democráticos que legitiman la acción estatal que en un círculo vicioso impide la resolución de
los conflictos a través del diálogo y en forma pacífica.
La búsqueda de la igualdad a través de soluciones formales, bajo la misma protección de
la ley una única para todos, e incluso en su versión progresiva de tratar los casos iguales de
idéntica manera y los casos desiguales de forma distinta, ya no son abordajes suficientes.
El siglo XX ya ha constatado la existencia de colectivos altamente vulnerables, objeto de
violaciones históricas y endémicas. Se deberá evaluar el impacto de las políticas públicas
implementadas o realizarlas definitivamente.
Una mayor atención debe darse a la situación de niños, niñas y adolescentes, así como
de las mujeres. Los niveles de violencia intrafamiliar de alta gravedad, así como la repetición de
roles de carácter machista deberían estar en un lugar privilegiado de la agenda pública.
Sin perjuicio de consolidar la agenda de derechos de los colectivos vulnerables como se
avanzó en la década de los noventa del siglo pasado, es necesario identificar otros que han
estado invisibilizados. Uno de ellos, por ejemplo, son las personas y familias que padecen
enfermedades mentales, pero que la reacción social e institucional hasta ahora ha sido la de
revictimizarlos excluyéndolos de la vida en comunidad.
En un marco de identificar poblaciones vulnerables, los migrantes deberían figurar en la
agenda pública como una prioridad, tomando como eje que en el mundo globalizado en el que
vivimos, estas tienen cada vez más características de transmigrantes.
El acceso a disfrutar de una vivienda digna debe ser considerado como un derecho, en el
caso de los colectivos vulnerables como los migrantes se hace más necesario. Las condiciones de
luz, saneamiento, ventilación y espacios acordes contribuyen al pleno ejercicio de otros
derechos y por lo tanto debería ser considerado una prioridad para toda sociedad.
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La falta de acceso a los bienes y servicios culturales de calidad y en forma adecuada,
contribuye a la segregación y al aumento de la violencia y por ende a la vulneración de otros
derechos. Este aspecto pasa muchas veces desatendido por las políticas públicas, pero no por
ello deja de ser fundamental para la construcción de una vida en dignidad.
La respuesta social es el abordaje de la igualdad desde perspectivas multidisciplinarias
con componentes específicos de diversidad cultural y de género, y debería apuntar a la
construcción de sociedades que convivan en paz, contribuyendo al desarrollo sostenible y a la
erradicación de la pobreza.
La promoción de la libertad
La libertad y autonomía del individuo en el marco de una sociedad de masas en la que
vivimos presenta un conjunto de desafíos serios, para su promoción y efectiva vigencia. El
individuo debería ejercer libremente sus derechos desde la base de una información adecuada,
pertinente y oportuna. Es en el marco de una sociedad que lo alienta a hacerlo, obviamente
también asumiendo sus responsabilidades, para potenciar un proyecto de vida. La carencia de
esta, no solo repercute en la persona y su familia, sino también en su comunidad, incluso
determina sociedades de baja calidad democrática.
Esa visión del ciudadano o ciudadana, luego de la masiva incorporación a la vida cívica de
la mujer como integrante de la polis, presenta en la actualidad situaciones en que el ejercicio de
los derechos en el mejor de los casos es un espejismo o en el peor un patético ejercicio.
El problema se agrava porque el individuo común es objeto constante de la manipulación
a través del uso de altas y sofisticadas tecnologías que permiten la manipulación lisa y llana de
personas que en apariencias son libre y autónomas. En muchos casos esta situación no es
producto de la acción del Estado, sino por complejos multinacionales que se aprovechan de la
poca o nula regulación estatal en la materia.
La respuesta debería dirigirse a ensanchar los canales de participación, de educación y de
compromiso ciudadano por la mayor parte posible de personas, que ejerciendo su libertad
contribuyan a la construcción de sociedades que en su conjunto promuevan la libertad
individual basada en la solidaridad y obviamente respetando las decisiones de cada quien, en
relación con sus derechos sexuales y reproductivos, de expresión, de estilo y medio de vida.
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La Lucha por la Justicia contra la impunidad
El siglo pasado fue testigo de graves, serias y masivas violaciones a los derechos
humanos configurándose cuadros de terrorismo de estado, de genocidio y de crímenes de
guerra. La construcción de una sociedad basada en la dignidad de las personas no puede
permitir que conductas que vulneran gravemente valores universalmente compartidos, sean
tolerados. La creación de la Corte Penal Internacional es un gran paso para prevenir, sancionar y
compensar a las víctimas de los más graves delitos.
Sin embargo, no es suficiente, pues debería insistirse en el esclarecimiento de los
crímenes de lesa humanidad, así como la persecución penal de los sospechados de tales
conductas.
El tema de las violaciones del pasado reciente y su vínculo con la actualidad es
insoslayable, pues no hay mejor garantía de no repetición sino a través de políticas de memoria,
verdad y justicia. No puede construirse una sociedad democrática y verdaderamente respetuosa
de todas las personas sobre la base de la negación, el olvido y la impunidad. Ello confluye en la
cultura contraria a toda idea de dignidad humana.
La protección del ambiente
La protección del ambiente ha sido percibida como un ítem separado y sin relación con
la protección de los derechos humanos. La experiencia indica que están íntimamente
relacionados y, por ejemplo, muchas vulneraciones de los derechos humanos de periodistas,
abogados y activistas se vinculan directamente a estos temas.
Asimismo, la sustentación ambiental del planeta se encuentra en una grave situación y
debe ser encarado como un desafío urgente. La depredación del suelo, el aire y el agua es un
hecho evidente, agravado por el calentamiento global. Ninguna política de derechos humanos
puede soslayar la importante gravitación que tiene la preservación del ambiente y las
condiciones para mitigar su erosión. Si se buscan sociedades más justas, libres e iguales deben
integrarse en el análisis la proyección de cómo vamos a dejar el planeta a las futuras
generaciones.
Es evidente que el derecho colectivo a un ambiente sano que impacta en las condiciones
de vida de millones de personas no puede ceder ante la pretensión de unos pocos,
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generalmente empresas de carácter extractivo, que en el mejor de los casos constituye un
individualismo irresponsable y en el peor de los casos en una lógica criminal.
Para ello es necesario ubicar la protección del ambiente como un componente central en
el desarrollo sustentable de la sociedad, apelando al mejor abordaje técnico científico que
identifique posibilidades de mitigar la erosión del agua, la tierra y el aire; pero al mismo tiempo
ubique al ser humano como parte central de ese proceso. Ninguna visión fundamentalista
radical que desconozca ello podrá avanzar en la defensa del ambiente.
Asimismo, se debe apelar al mejor desarrollo institucional tanto a nivel nacional, regional
como internacional, fortaleciendo los existentes e incluso creando nuevos, siempre
garantizando la participación ciudadana.
Las nuevas tecnologías y su impacto en la dignidad de las personas
Sin perjuicio que los usos e impactos de las tecnologías de la información y la
comunicación (TIC) podrían ubicarse tanto en los componentes de igualdad, libertad y ambiente,
la importancia y trascendencia que hoy tienen impone escenarios nuevos. A partir de la difusión
masiva y popular de la telefonía inteligente que permite al teléfono celular convertirse en un
pequeño computador, se ha reestructurado el espacio público. Este era originalmente la plaza,
luego se avanzó en la televisión y posteriormente en internet, llegando a la realidad tal como se
las conoce hoy de las redes sociales.
El impacto que han generado impone que se redimensione o redefina los derechos
fundamentales históricamente conquistados y al mismo tiempo constituyen el germen para el
desarrollo de una nueva agenda de derechos.
La discusión acerca de cómo y cuándo regular las actividades en los espacios virtuales y
la importancia de los grandes conglomerados informáticos de carácter privado hacen que la
agenda de gobiernos y sociedad civil confluyan.
Un abordaje interdisciplinario con una mirada desde los derechos humanos que sepa
identificar el impacto social que las decisiones políticas y regulatorias puedan traer sobre temas
tan dispares pero significativos como la inteligencia artificial, la dataficación y su uso tan dispar
como en la medicina o el marketing, se impone como, uno de los grandes desafíos de este siglo.
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En este sentido es necesario preparar y fortalecer el control estatal de las nuevas
tecnologías para impedir el abuso de las multinacionales de la información y dataficación,
previendo al mismo tiempo los controles necesarios para que el Estado no vulnere los derechos
que debe proteger.
Fortalecimiento de la sociedad civil
El siglo XX fue testigo de la importancia del movimiento de los derechos humanos en su
capacidad para denunciar las violaciones más graves, para movilizarse activamente en nuevos
marcos jurídicos e institucionales que permitiesen una mejor protección de las personas. Sin su
activa participación y compromiso los avances hubiesen sido tímidos o escriturales, y en época
de retroceso estos hubiesen sido mucho más graves.
El desafío de toda política pública será el de identificar los mecanismos y los medios para
tener una sociedad civil fortalecida, independiente de criterio y fiel a sus mejores tradiciones.
Los Estados deberían tener planes en cómo desarrollan la sociedad civil y las organizaciones que
lo representan. No alcanza con un dejar hacer, sino que debería haber políticas de fomento y
estimulo en especial en colectivos altamente vulnerables como los migrantes, mujeres o
colectivos históricamente discriminados como los LGTB y transexuales.
Educación en derechos humanos
Lograr que la educación no sea una mercancía objeto de comercio y gestionada desde
el lucro, es aún un objetivo a conquistar. La educación como derecho de todas las personas de
aprender toda la vida, es la sustentación de una sociedad democrática que pueda garantizar una
vida digna a todas las personas. Esta lucha no es solo a nivel local y nacional, sino también a
nivel internacional, donde es aún un debate abierto. Es una batalla enorme en el marco de un
mundo que privilegia la obtención de ganancias en toda actividad humana, como único
parámetro de rendimiento de resultados.
Desde una perspectiva de los derechos humanos, es claro que no hay ejercicio de
derechos, ni poder asumir los deberes desde la ignorancia y el desconocimiento. El gran desafío
de las políticas públicas de los derechos humanos consiste en lograr una internalización efectiva
en todas las personas de sus derechos y de sus responsabilidades.
El desafío consiste en educación de calidad, sin perjuicio que sea evaluada permanente
en todas y cada uno de los niveles educativos, que permita a todos más allá de sus recursos
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familiares un acceso, permanencia y egreso adecuado a su edad y su contexto la educación en
derechos humanos y su abordaje interdisciplinario es una de las llaves para avanzar y
profundizar en la construcción de una sociedad, más libre, más equitativa, respetuosa del medio
ambiente y optimizando las nuevas tecnologías.
Ello se logra a través de la educación en general, pero también desde el enfoque
especifico de los derechos humanos tanto desde lo axiológico y valorativo, las normas que los
sustentan desde una perspectiva jurídica, en el ámbito de la realidad y desde lo emotivo y
afectivo.
Una especial atención debería prestarse a los colectivos que ese encuentra
especialmente vulnerados como la población en la pobreza extrema, las niñas y adolescentes,
poblaciones migrantes y minorías lingüísticas.
Conclusión
La sociedad global de hoy presenta un conjunto de fenómenos que brindan enormes
potencialidades. El desarrollo científico que permite a través tecnológicas basadas en las nuevas
formas de información y comunicación, con una producción a gran escala de bienes y servicios,
permite a la sociedad un nivel de prosperidad y calidad de vida nunca antes registrado.
Al mismo tiempo estos fenómenos se desarrollan en un marco de enormes masas
empobrecidas con una disparidad de ingreso mayúscula que generan un conjunto de
desigualdades muy grandes para el disfrute de dichas ventajas.
Solo una política pública basada en la promoción de los derechos humanos con una
visión integradora e interdisciplinaria puede mitigar en parte los efectos nocivos de esa sociedad
hedonista e individualista. Una política pública basada en los derechos humanos, en la
educación por y para los derechos humanos, que apunte a generar condiciones para sociedades
más iguales, más libres, erradicando la cultura de la impunidad e imponiendo la justicia,
respetuosas del ambiente y su preservación sustentable, prestando atención a los colectivos
más vulnerables.
Desafíos, sin duda, enormes. Si ayer los pueblos se levantaron contra el opresor y
conquistaron el derecho a su autodeterminación, podrán con la misma determinación, erigirse
en hacedores de su propio destino.
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