LA VICUÑA
CAROLINA
Érase una vez una vicuña llamada Carolina que vivía en lo alto de la puna
con su manada. Ella era muy inquieta y le encantaba correr de un lado a otro
curioseando en todo lugar.
Apenas amanecía, Carolina se levantaba para salir a pasear y disfrutar de
nuevas aventuras en compañía de su amiga Juliana, la taruca, con quién se
divertía haciendo carreras.
Una mañana cuando Carolina salía para encontrarse con Juliana, vio que
algo se movía detrás de una gran roca. Se acercó sigilosamente, y cuál sería
su sorpresa al encontrar a un pequeño suri escondido detrás: ¡Buenos días!
–dijo Carolina– ¿Por qué te escondes ahí, amigo suri?. “¡Buenos días!” –
contestó el suri. Me llamo Casimiro y estaba persiguiendo a una pequeña
lagartija, pero me perdí en el camino y no sé cómo volver a mi nido”.
“No te preocupes, Casimiro –dijo Carolina– mi amiga Juliana es una experta
guía y conoce muy bien toda la puna, ella te ayudará a regresar a tu hogar”.
En ese instante llegó Juliana y Carolina le contó lo que pasaba con su nuevo
amigo. Ella le ofreció gustosa a guiar a Casimiro, pues en uno de sus tantos
recorridos había observado unos nidos de suri en la zona norte de la puna.
Con la ayuda de sus dos nuevas amigas, Casimiro pudo volver a su hogar. Él
se sintió tan feliz que invitó a sus amigas a compartir un rico ichu para el
desayuno.