NUNCA TE DIJE QUE
SIEMPRE TE AMARÍA
Por Greymar Hernández
Personajes:
Adrián. 17 años
Mauricio. 32 años.
Rodolfo. 28 años.
Emilia. 30 años.
Camila. 30 años.
La escenografía se divide en tres escenarios minimalistas: un sofá, una cama y la parte
interior de un vehículo. Un mismo objeto, puede ir convirtiéndose en los distintos
escenarios, de acuerdo a lo que requiera cada escena.
Escena I
DESPUÉS DE ROTA Y REPARADA, NINGUNA VASIJA CONSERVA LA MISMA FORMA
Suena Jamais je ne t'ai dit que je t'aimerais toujours en la voz de Anna Karina y Philippe
Katerine.
Camila y Mauricio aparecen, cada uno en un extremo opuesto del escenario.
A medida que suena la música, se van acercando, hasta quedar frente a frente. Se
acarician, en una especie de danza muy sensual.
En medio de las caricias, se miran, se sonríen. La sonrisa, suavemente, se va
convirtiendo en risa y luego, en una carcajada conjunta y estruendosa.
Mientras ríen efusivamente, se lanzan sobre la cama.
Mauricio: (Mirando a Camila a los ojos) Te amo.
Camila: (Vuelve a soltar una estruendosa carcajada) ¡Ya! No hagas más chistes, que me
duele la barriga de tanta risa.
Mauricio: Es la verdad. Te amo… (Hace una pausa muy breve y termina la oración) loca de
mierda.
Camila no para de reír.
Juegan un poco, golpeándose. Pero las acciones, lejos de percibirse agresivas, denotan
mucha sexualidad.
Camila: Pervertido…
Siguen golpeándose y enredándose, como un par de adolescentes jugando a las luchas.
Mauricio: Perturbada…
Camila: Degenerado…
El juego pasa a ser un poco más agresivo, más salvaje. Incluso elevan el tono de voz.
Mauricio: ¡Puta!
Se genera un silencio tenso. Ambos, extenuados de tanto movimiento, se miran a los
ojos.
Camila: ¡Marica!
Mauricio la toma con fuerza, aprieta su cuello y la besa, con agresividad.
Se separa y le habla, amenazante, mirándole a los ojos.
Mauricio: Todo, menos marica.
Se quedan mirándose unos segundos y repentinamente se rompe la tensión. Se ríen
juntos, se abrazan. Se acarician, ahora, con sutileza.
Camila: Traje una botella para celebrar.
Mauricio: ¡Esa es mi mujer, carajo!
Camila se levanta, busca en su cartera y saca la botella. Mauricio la destapa y beben,
ambos, directamente del pico.
Mauricio: (Con gesto de asco) ¡Coño! ¿Cuánto te costó esta mierda?
Camila: (Irónica) ¡Ay, pero qué mal agradecido! ¿Desde cuándo tienes tú el paladar
lujoso?
Mauricio: Coño, una cosa es ser lujoso y otra cosa es tener la capacidad de distinguir entre
alcohol y gasolina.
Camila: (Se ríe, traviesa) Todavía no aprendo a ser una ladrona exigente.
Mauricio: (Sorprendido) ¡Qué perra! ¿A quién le robaste esto?
Camila: (Hace gestos de guardar silencio y mira hacia los rincones, verificando que nadie
oiga) Al roommate.
Mauricio: Con razón está tan piche.
Camila: Por cierto, todavía no ha pagado. Ya debe tres meses.
Mauricio: Déjalo, Camila. Va a pagar, no te preocupes. Luego hablaré con él. No es el
rommate más cumplido, pero al menos es un poco más agradable que todos los demás
idiotas que han vivido aquí.
Camila: Bueno, a ti te parece idiota la mitad de la población humana.
Mauricio: Que va, estás equivocada (hace una pausa y genera suspenso) yo diría que es un
poco más de la mitad.
Ambos se ríen.
Mauricio: Y aparte de licor barato, ¿qué más se sirve en esta fiesta?
Camila: Coño, ¿y tú esperabas que todo lo trajera yo?
Mauricio: Bueno, yo siempre traigo al invitado más importante.
Camila: (Irónica) Si, claro, en nuestras fiestas, que son de dos, tú tienes que ser el invitado
más importante. ¿No?
Mauricio: Pues, vuelves a equivocarte. Nuestras fiestas nunca son de dos, sino de tres. Y el
invitado más importante no soy yo…
Se levanta y se desabrocha el pantalón.
Camila: Ay no, abróchate, por favor.
Mauricio: Ah pues, ¿y desde cuándo te dan asco las vergas?
A Camila no le agrada el comentario y cambia un poco.
Camila: Coño, no lo digas así.
Mauricio: ¿“Así” cómo?
Camila: No sé, dicho así, suena como si yo fuera una enferma. “Las vergas”. Suena como si
yo me acostara con todo el mundo.
Mauricio: (Bromista, la acaricia) Nadie más está oyendo, Camila, no hace falta que actúes
como una mujer recta y moral. Todos los presentes sabemos quién eres en realidad.
Mauricio, insistente, busca la mano de Camila y la lleva hasta su entrepierna.
Camila vuelve a rechazar el gesto.
Camila: Ya. Esto es en serio. No estoy bromeando. No tengo ganas.
Mauricio: (Molesto) Ay, no, qué ladilla. Ya te pusiste intensa. Se jodió el aniversario.
Camila: ¡Coño!, pero, ¿por qué tienes que exagerar? ¿Se tiene que joder todo porque yo
no quiero tener sexo?
Mauricio: (Irónico) Bueno, no. No se tiene que joder todo.
Hace una pausa corta.
Mauricio: Tú dime qué más hacemos.
Camila: (Molesta) ¡Tú si eres arrecho de verdad! Dime, ¿qué propones tú? ¿Qué trajiste?
¿Dónde están los pasapalos? ¿Me compraste un regalo? (Irónica) Ah, no, ya se, ¡vamos a
cenar afuera! Déjame ponerme un vestido.
Mauricio: (Bromista) ¡¿Me vas a llevar a cenar?! ¡Eso sí que es una buena noticia! Déjame
buscar algo para ponerme. (Hace una pausa y sigue) Ah, bueno, como vas a buscar tu
vestido, aprovecha y búscame una ropa a mí también.
Camila: ¡El coño de tu madre! No se cómo te soporto.
Mauricio: (Riéndose) ¿Y tú crees que yo te soporto a ti?
Él la besa suavemente. Ella lo abraza. Se vuelven a reír.
Mauricio: Tienes razón, debí traerte algo. (Vuelve a hacer una pausa de suspenso) Voy a
comprarte flores.
Ella lo golpea en la entrepierna. Parece ser una especie de gesto que la pareja repite con
frecuencia cuando bromea.
Camila: Todas las flores que me traigas, las colocaré sobre tu ataúd, desgraciado.
Mauricio suelta una carcajada. Camila se contagia y ríe también.
Mauricio: Nunca me has contado por qué odias tanto las flores.
Camila: Ni te lo contaré. ¿Quién te dijo que tenías que saberlo todo?
Mauricio: Es verdad, si queremos seguir celebrando aniversarios, hay muchas cosas que
no deberíamos saber el uno del otro. De hecho, hay muchos secretos que nadie debería
revelar.
Camila: (Sorprendida y nerviosa) Mauricio… Yo hablaba de tonterías. No me refería a… Yo,
nunca te he ocultado nada importante.
Mauricio: Ay, Camila, por favor. ¿Me vas a decir que me has contado tu vida entera? Tú y
yo somos diferentes de los demás, Camila. No nos sembramos mentiras de perfección. Por
eso estamos juntos. Nosotros no andamos con romanticismos estúpidos. La gente es
como es. Todos los humanos somos medio cerdos, medio salvajes, medio sádicos, medio
delincuentes. Yo sé quién eres. Sé que no eres ninguna santa. Nadie lo es. Tus historias
habrás tenido y me da igual. Me da igual todo lo que no se de ti, porque sé lo que me
interesa saber y eso a mí me basta.
Camila: No sé, Mauricio. No estoy tan segura de que sea una fórmula que tenga solidez a
futuro. Con los años, necesitaremos saber cosas. Es nuestro primer aniversario, apenas.
No me imagino vivir por muchos años más con un desconocido.
Mauricio: Por eso es que la gente vive infeliz y deprimida. ¿Qué necesidad tienes de estar
imaginándote “muchos años más”? ¿Qué sabes tú si quieres estar conmigo “por muchos
años más”? La gente quiere saber, quiere saber, y en eso se deja la vida. Y la verdad es
que no sabremos nunca nada de nada. Entonces, si así es la vida, ¿para qué estarse
martirizando? ¿Para qué estar indagando en lo que ya fue o en lo que viene?
Camila: Yo lo que creo es que, generalmente, las personas que tienen una visión tan
“elevada”, por dentro tienen mucho miedo. Miedo de saber y miedo de contar.
Mauricio: (Retador) Ok, Camila. ¿Tú quieres jugar? ¡Juguemos! Eso sí, te advierto una
cosa: no me culpes si después te arrepientes. Que conste que tú iniciaste esto.
Pausa. Camila se asusta un poco ante el llamado de alerta.
Camila: (Inicia con algo de dudas, pero su curiosidad es más grande) Bueno… un secreto
tú, uno yo. ¿Quién comienza?
Mauricio: ¿Estás segura de que no quieres dejarte de mariqueras y coger?
Camila: (Decidida) Ok, comienzo yo.
Busca la botella y bebe un trago largo.
Camila: He estado con mujeres.
Mauricio suelta una carcajada.
Camila: (Sorprendida por la reacción, continúa) ¡Con varias!
Mauricio: (Sonriente, sin inmutarse) Está bien, Camila. Eso no cambia nada.
Camila: (Alterada por la reacción de Mauricio) ¿De verdad no vas a preguntar nada?
¿Cuántas? ¿Quiénes? ¿Cuándo?
Mauricio: No voy a preguntarte nada que no me interese saber, Camila. ¿Para qué quiero
saber algo que me puede afectar?
Camila: (Furiosa) Te toca a ti.
Mauricio: Camila… no creo que sea buena idea que sigamos…
Camila: (Interrumpiéndole) ¡Te toca a ti!
Mauricio: Está bien, está bien.
Mauricio respira profundo. Le quita la botella a Camila y bebe un trago.
Mauricio: Yo… he estado con hombres.
Camila: (Reacciona completamente fuera de sí) ¡¿Perdón?! ¿Qué acabas de decir?
Mauricio: ¿Ves, Camila? Esto no es buena idea. Todo va a estar lleno de juicios… Yo no
quiero…
Camila: (Intentando poner orden) No… (Lo toma del brazo) No. Está bien. Te escucho.
Mauricio: Bueno, sólo fue una vez, a los 17.
Pausa.
Mauricio: ¡Pero no soy marica!
Pausa incómoda.
Camila está absolutamente desconcertada.
Camila: Y… ¿Cómo fue que tú…?
Mauricio: (Interrumpiéndola) ¡No! Sin detalles.
Camila: Está bien, está bien.
Pausa.
Mauricio intenta acercarse a Camila con la intención de acariciarle. Ella rechaza el gesto.
Camila: Bueno, me toca…
Mauricio se da cuenta de que el juego no ha terminado y reacciona incómodo.
Camila: (Desplazándose alrededor del espacio, alterada) Yo… una vez maté a un gato.
Pausa. Silencio absoluto.
Camila: Intencionalmente.
Mauricio: Ok, mi amor. Está bien. No pasa nada.
Camila: ¿Me dijiste “mi amor”?
Mauricio: Camila, esto ya me está aburriendo.
Camila: No, no, no. Mauricio, tenemos un año junto y jamás me has dicho “mi amor”.
Jamás has dicho nada que no esté seguido de un chiste. Tú eres así, pesado. Tú no dices
“mi amor”, ¡nunca! ¿Y tú pretendes que no me parezca raro que la primera vez que me
dices “mi amor” sea justo después de que yo te confiese que maté a un ser vivo?
Mauricio: Camila, paremos ya con esto. No es agradable, no es cómodo. ¡Esto no parece
una celebración de aniversario, coño!
Camila: (Firme) ¡No, Mauricio! No vamos a parar nada… vamos a llegar hasta el final…
Mauricio: ¿Y cómo vamos a saber cuál es el final, Camila? De verdad no tiene ningún
sentido…
Ambos intentan defender su postura, interrumpiéndose. Ninguno permite que el otro
termine una frase.
Camila: (Temblando de furia, de confusión) Es tu turno, Mauricio.
Mauricio hace una pausa, nervioso. Intenta acercarse nuevamente, tocarla. Ella evita el
contacto.
Camila: ¡Es tu turno!
Mauricio: (Irritado) Ya, Camila, basta. Se acabó el juego. Voy a salir a fumar….
Camila evita que se vaya, lo toma del brazo bruscamente.
Forcejean, se gritan un poco, se interrumpen, se alteran cada vez más.
Finalmente, Mauricio se apodera de la situación. Toma con fuerza a Camila y la lanza
contra el sofá a la par de la sentencia que revela.
Mauricio: ¡Maté a una persona, Camila! ¡Maté a alguien, coño!
Pausa. Silencio absoluto.
Camila se descompone por completo. Mauricio se desespera y es invadido por los
nervios.
Mauricio: ¿Aquí es donde querías llegar? ¿A la puta verdad? ¿Al mar de mierda donde
flotan los secretos? Bueno, pues ya está, ya lo sabes. Yo maté a una persona.
Pausa. Ambos se distancian. Mauricio se da cuenta de lo que acaba de revelar y, poco a
poco, intenta recomponer la situación. Camila está en completo shock.
Mauricio: No soy un matón, ¿está bien?
Pausa.
Mauricio: Tuve que defenderme, Camila. Ella tenía un cuchillo y yo…
Camila: (Absolutamente desconcertada, sorprendida) ¿Tú… mataste a una mujer?
Pausa.
Mauricio: Si, Camila. Yo me defendí de una mujer.
Pausa. Camila no dice ni una sola palabra.
Mauricio intenta acercarse de nuevo. Muy despacio. Camila se refugia en un rincón.
Camila: …no, por favor. No me toques.
Mauricio: Camila, déjame explicarte…
Camila: (Interrumpiéndole) ¡No! Vete, por favor. Recoge tus cosas y vete.
Mauricio: ¿Qué? Pero, Camila. ¿Qué estás diciendo? Esta es mi casa…
Camila: Ya no quiero vivir contigo.
Mauricio respira, intenta recomponer la situación.
Mauricio: Camila, sigo siendo yo…
Camila: Ya no sé quién coño eres. Por favor, vete.
Mauricio: (Molesto y desesperado) ¡Pues no me voy a ir a ninguna parte! Ahora me vas a
tener que escuchar. ¿No te parece injusto? Jugaste un juego muy peligroso, Camila. Nos
pusiste en riesgo a los dos y ahora sólo te salvas tú. Si llegamos hasta aquí del modo
incorrecto, ahora, por favor, al menos escúchame.
Camila: Tú dijiste “sin detalles”. Yo no quiero escuchar esto, Mauricio.
Mauricio: (Muy alterado, muy molesto. Tratando de controlarse, pero desequilibrado)
¡Coño, Camila, por favor! Me vas a mandar a la mierda injustamente. Las cosas nunca
tienen un solo color, Camila. En el pasado puede que hayamos hecho cosas. Y no
necesariamente esas cosas tienen que determinar nuestro presente o nuestro futuro. ¡O
sí! Pero no siempre negativamente.
Pausa.
Mauricio: Fue un accidente, Camila. Yo no quise hacerlo. Fue un accidente.
Mauricio comienza a descomponerse. Poco a poco se va transformando. Ahora parece
un niño aterrado.
Camila se da cuenta de que está muy afectado. Poco a poco encuentra valor y se acerca,
muy despacio primero, luego, lo toca y lo acaricia un poco. Y, finalmente, lo abraza por
completo.
Mauricio: Camila, yo sé que es muy difícil escuchar algo así. Pero yo no soy un loco, no soy
un asesino. Tú jamás has estado ni estarás en peligro. Mira, yo te prometo que voy a
contarte todo. Pero, por favor, prométeme tú que no me dejarás por esto, Camila. Esto no
puede cambiar lo que somos. Algo que ya pasó no puede borrar lo que ha sido este año
juntos.
Camila hace silencio. Sigue abrazándole, pero aún se siente muy temerosa, muy
confundida.
Mauricio: (Casi en súplica) Prométeme que no vas a dejarme, por favor. Prométemelo.
Pausa. Camila se levanta. Mauricio llora, desconsolado. Camila lo mira llorar, desde
lejos.
Luego de una larga pausa.
Camila: Te lo prometo.
Escena II
NI SIQUIERA UN MILLÓN DE VASIJAS VACÍAS, PUEDE SUSTITUIR LA PLENITUD DE UNA
SOLA VASIJA LLENA
La escena se desarrolla en un tiempo anterior a la Escena I. Mauricio está recostado
junto a Emilia, que lleva puestos jeans y una blusa ceñida al cuerpo. Él está vestido igual
que en la primera escena.
Ambos se miran y se acarician como dos adolescentes enamorados.
Mauricio: (Mirando a Emilia a los ojos) Te amo.
Emilia: ¿De verdad?
Mauricio: Si, Emilia, es la verdad. Te amo.
Pausa.
Mauricio: Bueno… he aprendido a amarte.
Emilia: (Se ríe, cómplice y un poco más segura que él) ¿Qué quieres decir con eso? ¿No ha
sido cosa fácil?
Mauricio: (Torpe) ¡No, no! No es eso. Es que… bueno, tal vez podrías pensar que es una
locura porque nos hemos visto apenas un par de veces. (Sincero) Pero es la verdad, Emilia.
Siento que te amo, que eres especial.
Emilia: (Vuelve a reír) Está bien, Mauricio. Si te provoca decírmelo, está bien. Es un acto
de amor. Es un regalo ¿Qué sentido tiene analizarlo?
Mauricio: (Un poco confundido) Si. Tienes razón.
Pausa. Ella le acaricia el cabello. Se miran un poco.
Mauricio: ¿Y tú?
Emilia: ¿Yo qué?
Mauricio: (La pregunta lo intimida y responde torpe y nervioso) Bueno… tú… ¿Sientes algo
por mí?
Emilia hace una pausa antes de responder.
Emilia: Yo…me siento tranquila en tu compañía.
Pausa incómoda.
Mauricio: (Intenta seguir indagando) Bueno…eso es como amar, pero dicho con otras
palabras ¿verdad?
Emilia: Mauricio…
Mauricio: Lo siento. No quise incomodarte.
Emilia: Está bien, no pasa nada. Sólo espero que entiendas que algunas personas
subestiman las palabras de amor. No lo digo por ti, no te ofendas, por favor. Lo digo
porque ahora todos van por ahí diciendo “te amo” a cualquiera. Y las palabras tienen
valor. Cada “te amo” está vivo y late. No puede ser un trozo de carne lanzado a las bestias.
Mauricio agacha la cabeza. Ella lo toma del mentón, como si fuera un niño, y lo mira a
los ojos.
Emilia: Esto no quiere decir nada malo, Mauricio. Sólo… deja que pase lo que tenga que
pasar. Hoy es hoy, pero mañana, ¿quién sabe?
Mauricio: (La mira, la acaricia con dulzura) Eres hermosa, Emilia.
Pausa.
Mauricio: ¿Cómo fue que te convertiste en una…?
Emilia: (Interrumpiéndole, le coloca los dedos sobre los labios) Shh, piénsalo. ¿Por qué la
necesidad de saberlo todo? ¿Por qué no nos quedamos sólo con lo que nos hace sentir
bien, y ya?
Pausa. Mauricio la mira con algo de tristeza.
Emilia: (Firme) Hay cosas que no necesitas saber.
Lo besa, dulcemente. Él se deja besar.
Emilia: ¿Qué hora es?
Mauricio: ¡No, por favor! Todavía no.
Emilia: Ya pasó una hora…tienes que irte.
Mauricio: ¡Te pagaré una hora más! Por favor, no me despidas todavía.
Emilia: No, Mauricio. Ya fue suficiente por hoy. Nos vemos la semana que viene, ¿Si?
Mauricio la mira a los ojos, con un poco de furia que intenta disimular. Luego, se
incorpora y va a buscar entre sus cosas. Toma su billetera y otro objeto que esconde de
la vista de Emilia, dentro de su pantalón.
Mauricio: Está bien. (Saca de su billetera un fajo de billetes y se los entrega) Toma.
Emilia los recibe y los guarda.
Mauricio: ¿Estás esperando a otro cliente?
Pausa.
Emilia: (Mirándole a los ojos) Si.
Mauricio respira profundo.
Mauricio: Y antes de que yo llegara, ¿estabas con otro?
Emilia: Si.
Mauricio se enfurece un poco, pero procura disimular.
Mauricio: ¿Y con ellos hablas como hablas conmigo?
Emilia: (Interrumpiéndole) Mauricio, a partir del momento en el que esto comience a
complicarse, no nos veremos más.
Pausa.
Mauricio permanece en silencio. Emilia lo mira. Se acerca.
Emilia: A ellos les miento un poco.
Pausa.
Emilia: Tú eres especial.
Pausa.
Emilia: (Le habla suavemente) Pero yo soy una prostituta, Mauricio, y no tengo todas las
respuestas a tus preguntas. Mira, la vida da muchas vueltas. Pero ahora, somos esto y yo
no puedo ofrecerte nada más.
Mauricio la mira. Ella le sonríe, se acerca. Se besan.
Emilia: Te veo la semana que viene.
Mauricio: Está bien.
Pausa.
Mauricio: Sólo un beso más.
La toma entre sus brazos. Se besan apasionadamente.
Black Out.
Se escucha en la penumbra la voz de Emilia.
Emilia: Mauricio, ¿qué es eso? ¿Qué vas a hacer? Mauricio, ¡no! guarda eso…
Se escuchan forcejeos, respiraciones agitadas y la voz de Emilia, en quejido, aterrada.
Emilia: ¡Suéltame, enfermo! Déjame. ¡Suéltame!
Se oye el grito desgarrador de Emilia y luego, sólo silencio.
Escena III
TODOS SOMOS VASIJAS Y, ALGUNOS, DEJAMOS QUE OTROS NOS MOLDEEN A SU
ANTOJO.
La escena se desarrolla en un tiempo anterior a la Escena II.
Emilia está sentada, mirando a la ventana. Lleva puestos los mismos jeans y la blusa
ceñida de la escena anterior.
Entra Adrián, tímido, retraído.
Adrián: Hola…perdona, yo.
Ella le ve entrar y no logra disimular su sorpresa.
Emilia: ¡Pero si eres un niño!
Adrián: (Molesto) ¡No! No soy ningún niño.
Emilia: Y uno rebelde, además.
Adrián: (En voz muy fuerte) ¡Que no soy ningún niño!
Se da cuenta de que ha sido un poco grosero e intenta volver a empezar.
Adrián: Soy mayor de edad, no te preocupes.
Ella le mira. Sonríe. Él la mira y hace un gesto amable que no llega a ser sonrisa.
Él luce incómodo y torpe. Ella se percata de inmediato de la actitud de él y comienza a
actuar de manera similar.
Ambos miran al frente. Se sientan muy juntos, pero sin tocarse.
Adrián: Bueno, ya estoy aquí. Hazme lo que me vayas a hacer.
Emilia: ¿Cómo dices?
Adrián: (Intentando explicarse mejor) Quiero decir que comencemos de una vez… tú… o
yo… (Desesperado) Ay, mira, salgamos de esto lo más rápido posible, ¿sí?
Emilia: (Intentando ocultar la dulzura que le genera la actitud de Adrián) Si, está bien.
Ambos, se acercan un poco más, pero no se miran. Ella coloca con sutileza su mano
sobre la pierna de él. Despacio, viaja buscando su entrepierna. Cuando ella está a punto
de tocarle los genitales, él se levanta, sorpresivamente.
Adrián: ¡No puedo! No puedo estar con una puta.
Emilia: Bueno…no tienes que hacerlo.
Pausa. Ambos vuelven a mirar al frente.
Emilia: (Miente) La verdad es que yo no soy una puta.
Adrián: (Mirándola) ¿Cómo?
Emilia: Bueno, no todavía.
Pausa.
Emilia: (Vuelve a mentir, intentando hacer que él se sienta más en confianza) Eres mi
primer cliente.
Adrián suelta una estruendosa carcajada, creyéndose la mentira.
Adrián: ¡No puede ser! Esto es absolutamente surrealista.
Emilia: ¿“Surrealista”?
Adrián: Mira, yo nunca he estado con una mujer.
Emilia: (Dulce) No me digas que te trajo tu papá.
Adrián: Peor. Me trajo mi jefe.
Emilia: ¿Cómo dices? ¿Pero qué clase de trabajo tienes?
Adrián: A ver, a ver, ¿quién debería juzgar a quién por su empleo?
Se ríen, cómplices.
Adrián: Se me ocurre algo, hagamos un juego de confesiones. Así se nos irá el tiempo más
rápido.
Emilia: Está bien, tú primero.
Adrián: Bueno, creo que es evidente: no me gustan las mujeres.
Emilia: Bueno, yo, la verdad tampoco sé qué coño hago.
Pausa. Ambos piensan.
Emilia, esta vez, abre su corazón.
Emilia: Me quedé sola. Hace apenas un mes murió mi mamá.
Pausa.
Adrián: Lo siento mucho.
Emilia: (Con rencor) Era una maldita adicta.
Adrián se sorprende con la confesión. Escucha atento.
Emilia: Le debía dinero a medio planeta. Hipotecó nuestra casa. Lo supe después de que
murió. Ahora estoy a punto de quedarme en la calle. Estoy sola. No se me ocurrió nada
mejor.
Pausa.
Adrián: Bueno, al menos hoy has tenido suerte.
Pausa.
Adrián: La suerte del principiante, que llaman.
Emilia se enternece con la inocencia de Adrián, pero disimula y le sigue la corriente.
Adrián: Ay ya, tonta, quita esa cara que eres una mujer con mucha suerte. Yo no soy un
depravado sexual ni un asesino a sueldo que ha venido a cobrarse las deudas de tu mamá.
Sólo soy una marica que vino a cogerse a una puta como regalo de cumpleaños de su jefe.
Emilia suelta una carcajada.
Adrián: Y, ¿quién sabe? A lo mejor el próximo cliente resulta ser el hombre de tu vida.
Emilia: (Irónica) Seguro.
Pausa.
Emilia: ¿Dijiste que hoy es tu cumpleaños?
Adrián: Si, hoy cumplo 18.
Emilia: (Suelta una carcajada) ¡Esto no puede ser! Tiene que ser un chiste.
Adrián: ¡Te lo dije, surrealismo puro!
Emilia: ¿Y quién es tu jefe? ¿En qué trabaja? Pero si tú eres un menor de…
Adrián: (Molesto e interrumpiéndola) ¡No soy menor de edad!
Emilia guarda silencio.
Adrián: Soy el pasante de la empresa. Yo… he hecho muchas cosas para estar cerca de él.
Emilia: (Absolutamente sorprendida) ¡No, no, no! ¿Tú estás enamorado de tu jefe? ¿Del
jefe que te da como regalo de cumpleaños una hora con una puta? ¡Mira tú las cosas que
tiene que ver una puta!
Adrián: No es gracioso.
Emilia: (Arrepentida) Lo siento.
Pausa.
Emilia: ¿Y por qué aceptaste venir? ¿No podías simplemente decir que no?
Adrián: ¿De verdad preguntas eso? Como se nota que eres nueva en esto de la putería.
Emilia: (Disimula) No entiendo.
Adrián: Llevo ocho meses siendo su pasante. Estoy con él a sol y sombra. ¡Él mismo
condujo hasta aquí! ¿Sabes cuántas veces le he visto ir de putas? ¡Miles!
Emilia: (Sigue disimulando) ¡Qué asco!
Adrián: Ay, mi amor, es mejor que dimitas antes de asumir el cargo. Yo de verdad no te
veo ningún futuro en esto en esto de la putería.
Emilia se ríe.
Emilia: Pero… ¿Cómo es que tú…? Es decir, ¿Por qué te enamoraste de él?
Adrián: (Sintiéndose un conocedor) Nunca te has enamorado, ¿verdad?
Emilia hace silencio.
Adrián: Nadie elige al amor de su vida. Algunos eligen pareja, pero nadie al amor de su
vida. Una elección es un hecho pragmático, y el amor real es orgánico y punzante. Si tú,
conscientemente, eliges a alguien porque piensas que es “perfecto para ti”, el tiempo se
encargará de joder tu elección de todas las formas posibles, porque el tiempo,
irremediablemente te hará distinto. Nunca serás el mismo de hace diez años, ni de hace
veinte. En el futuro, no serás quien eres hoy. Entonces, al cabo del puto tiempo, tu
“elección perfecta” resultará aburrida, patética, monótona. Yo estoy enamorado de
Rodolfo. Y, si, ahora mismo él es un desgraciado. Pero hoy es hoy, mañana ¿quién sabe?
Entonces, ¿Por qué no quedarme a ver qué pasa? Todo puede pasar. Tú, por ejemplo,
estoy seguro de que cuando eras una niña jamás pensaste que terminarías siendo una
puta. (Se da cuenta de que lo que ha dicho ha sido irrespetuoso) ¡Lo siento! Sin ofender.
Emilia: Tienes razón.
Adrián: Lo sé. (Hace una breve pausa y retoma) Pero, ¿específicamente a cuál de las cosas
que dije te refieres? ¡Es que dije tantas!
Emilia: (Lo mira con afecto) Tienes razón en eso de que no eres ningún niño.
Adrián: Ah, te refieres a eso.
Ambos se ríen, cómplices.
Adrián: Entonces, ¿Te has enamorado, si o no?
Emilia actúa, haciéndose pasar por una mujer mucho más ingenua.
Emilia: Si.
Pausa.
Emilia: Bueno, no.
Pausa.
Emilia: Bueno, una que otra vez he dicho algún “te amo”.
Adrián: (Horrorizado) ¡Uy, uy, uy! ¿Qué acabo de oír? Esto si es verdad que está fatal. No
se puede ir repartiendo “te amos” así, tan ligeramente. Mira, te voy a decir esto como
suene, ¡y no vayas a ofenderte, por favor! Tómalo como un consejo: si has decidido
vender tu cuerpo, al menos guárdate muy bien tu alma. Que cada “te amo” que digas de
ahora en adelante, sea tu templo y tu rezo. Cada “te amo” está vivo y late. No puede ser
un trozo de carne lanzado a las bestias.
Emilia: ¡Madre mía! Pero yo contigo no sólo tuve suerte, ¡sino que me saqué la lotería!
Adrián: (Bromeando) Menos mal que eres inteligente y te diste cuenta rápido.
Vuelven a reír juntos.
Emilia: Entonces, según tú, ese hombre que contrata a un menor de edad como su
pasante y se lo lleva de putas, en el futuro, ¿podría darse cuenta de que te ama?
Adrián: A ver, ¿Y por qué no?
Pausa. Ambos reflexionan en silencio.
Adrián: ¿Sabes? Hace una hora, exactamente, hizo algo que nunca antes había hecho.
Emilia: ¿Qué hizo?
Adrián: No subió. Sólo estacionó afuera, me miró, me entregó el dinero y bromeó un poco
con eso de mi “debut con las putas”. Luego, sin dejar de mirarme, me dijo: “Anda, sube tú.
Esta vez yo no iré. La verdad es que hoy me siento un poco distinto”.
Escena IV
CUANDO UNA VASIJA SE VACÍA, ¿QUIÉN PIERDE MÁS? ¿AQUELLO QUE HA QUEDADO
DESPARRAMADO? ¿O LA VASIJA QUE HA PERDIDO SU MITAD?
La escena ocurre en un tiempo anterior al de la Escena III.
Adrián y Rodolfo están estacionados frente al prostíbulo.
Adrián lleva puesta la misma ropa que en la escena anterior.
Rodolfo: ¿Y qué? ¿Cómo se sienten los 18?
Adrián: (Muy poco expresivo) Bueno…
Rodolfo le interrumpe y coloca su mano sobre la pierna de Adrián. Le palmea.
Rodolfo: ¡Todo un hombre!
Adrián es invadido por los nervios pero, al mismo tiempo, estalla de emoción ante el
contacto. Disimula.
Rodolfo: Bueno, no te había dicho nada porque no quería que te distrajeras durante el
día. Necesitaba que hicieras muchas cosas hoy en la oficina. Estaba seguro de que si te lo
decía desde temprano, no ibas a poder sacártelo de la cabeza. Pero llegó el momento:
aquí está tu regalo de cumpleaños.
Rodolfo busca algo dentro de su billetera y Adrián no sabe qué hacer. Está emocionado,
curioso, ilusionado.
Rodolfo: Cierra los ojos.
Adrián se queda perplejo, paralizado.
Rodolfo: ¡Vamos! Cierra los ojos y extiende tus manos.
Adrián se siente en las nubes ante el comportamiento atípico de Rodolfo. Cierra los ojos
despacio y, nervioso, pero ansioso, extiende sus manos.
Rodolfo deja ver un fajo de billetes y se los coloca sobre las manos.
Rodolfo: ¡Feliz cumpleaños, carajito!
Adrián abre los ojos y descubre los billetes. Está absolutamente desorientado,
confundido. No sabe qué hacer.
Rodolfo: ¿Qué? ¿No me vas a dar un beso?
Adrián está completamente fuera de sí.
Adrián: Yo…
Rodolfo: (Interrumpiéndole) Bueno, bueno… no te pongas tan nervioso. No es nada difícil.
Vas, se la metes, te la gozas, y te vienes. No te preocupes, no te voy a dejar botado. Yo te
espero aquí. En una hora bajas y te llevo hasta tu casa para que tu mamá no te regañe por
llegar tarde.
Adrián mira por la ventana y se percata de que están frente al prostíbulo. No dice ni una
sola palabra. Está roto por dentro.
Adrián: No vivo con mi mamá.
Rodolfo: Está bien, hablemos sobre el sexo. Haré contigo lo que no ha hecho tu padre.
Adrián se desploma. No dice nada. Rodolfo se percata de lo triste que se ve y le habla
con honestidad y con un poco más de suavidad.
Rodolfo: Está bien, hablemos sobre el amor.
Adrián se incorpora un poco. Le sorprende escuchar la palabra “amor” de los labios de
Rodolfo.
Rodolfo: Es una mierda.
Adrián vuelve a desilusionarse.
Rodolfo: Duele mucho, carajito. Duele profundamente.
Adrián: (Mirándole a los ojos) Si, lo sé.
Rodolfo: Algún día vas a amar, es inevitable. Pero antes de que eso pase, tienes que
hacerte un hombre. Tienes que curtirte la piel. El amor te va a destrozar, carajito. Tienes
que estar preparado, porque las vísceras con las que amarás, el amor te las arrancará. Yo…
sólo puedo decirte una cosa: protégete, ¿sí? Pero no me refiero sólo a la verga, sino al
alma.
Se da cuenta de que está entrando en profundidades y vuelve a adoptar su tono
superior y burlón.
Rodolfo: Estoy seguro de que te va a ir bien. Tú eres un carajito lindo, eso las vuelve locas.
(Empujándolo hacia afuera) ¡Anda pues! Tampoco te voy a esperar toda la noche nada
más porque es tu cumpleaños.
Adrián está destrozado, pero intenta disimular. Repentinamente, Rodolfo vuelve a
ponerle la mano sobre la pierna.
Rodolfo: Dale, carajito. No me hagas llevarte de la mano.
Se miran, durante algunos segundos. Rodolfo no le quita la mano de la pierna. Adrián
vuelca en su mirada todo su amor.
Rodolfo: Anda, sube tú. Esta vez yo no iré. La verdad es que hoy me siento un poco
distinto.
Escena V
PARA LLENAR UNA VASIJA, SE NECESITA TINO, TIEMPO Y AMOR.
La escena ocurre en un tiempo anterior al de la escena IV.
Están Rodolfo y Camila dentro del automóvil de Rodolfo.
Rodolfo lleva puesta la misma ropa de la escena anterior.
Se besan y se acarician un poco.
Rodolfo: Adoro almorzar contigo.
Camila: Si, todo estuvo divino.
Rodolfo: (Directo) Cami, quédate hoy conmigo. Dile a Mauricio que te fuiste a casa de tu
mamá o que saliste con una amiga. Total, a él nunca le importa nada. Nunca le molesta
nada.
Camila: No, Rodolfo.
Rodolfo: (Desilusionado) Está bien, no voy a insistir.
Pausa.
Camila se acomoda la ropa, se retoca el maquillaje. Rodolfo la mira, extasiado.
Rodolfo: Déjalo, Cami. Deja a ese idiota.
Camila no dice ni una sola palabra.
Rodolfo: Estoy dispuesto a que hagamos lo que sea necesario. Ya no quiero estar contigo
solamente por horas. Yo te amo de verdad. No de ese modo tan raro en el que te ama él.
Cami, esto es en serio.
Camila: Rodolfo, a partir del momento en el que esto comience a complicarse, no nos
veremos más.
Rodolfo: (Desilusionado) Está bien, Cami, está bien.
Camila: (Mirando el reloj) ¡Coño de la madre!
Rodolfo: ¿Qué pasó?
Camila: Tenía que comprarle algo.
Rodolfo: ¿Algo como qué?
Camila: (Disimulando) No sé, algo especial…
Pausa.
Camila: Estamos de aniversario.
Rodolfo se resiente, pero intenta disimular. Mira a su alrededor, buscando una solución
para Camila. Se percata de que tiene una botella de licor en la parte trasera del carro. La
toma y se la entrega.
Rodolfo: Toma, llévale esto. Era un regalo para al pasante de la oficina que está de
cumpleaños, pero no importa, le daré cualquier otra cosa. Llévasela a Mauricio. No es
mucho, pero al menos no llegarás con las manos vacías.
Camila: Gracias.
Rodolfo vuelve a buscar atrás y saca una flor.
Rodolfo: Y…bueno, esto sí que no era para el pasante. Esto lo compré para ti.
Le entrega la flor. Ella la recibe, intentando disimular lo mucho que las detesta.
Silencio. Rodolfo la mira a los ojos.
Rodolfo: Yo sé que lo amas.
Pausa.
Rodolfo: Y honestamente no entiendo por qué.
Pausa.
Rodolfo: Pero estoy dispuesto a esperarte. Estoy dispuesto a hacer, desde ahora, las cosas
de un modo distinto. No sé, tal vez así consiga resultados distintos.
Pausa.
Rodolfo: Sé que hoy no quieres quedarte conmigo. Pero, hoy es hoy, mañana, ¿quién
sabe?
Escena VI
SON LAS MISMAS MANOS QUE MOLDEARON LA VASIJA, LAS QUE LA DESHARÁN.
Esta escena ocurre en el presente.
Se repiten las acciones, exactamente igual que en la primera escena.
Mauricio: ¿Aquí es donde querías llegar? ¿A la puta verdad? ¿Al mar de mierda donde
flotan los secretos? Bueno, pues ya está, ya lo sabes. Yo maté a una persona.
Pausa. Ambos se distancian. Mauricio se da cuenta de lo que acaba de revelar y, poco a
poco, intenta recomponer la situación. Camila está en completo shock.
Mauricio: No soy un matón, ¿está bien?
Pausa.
Mauricio: Tuve que defenderme, Camila. Ella tenía un cuchillo y yo…
Camila: (Absolutamente desconcertada, sorprendida) ¿Tú…mataste a una mujer?
Pausa.
Mauricio: Si, Camila. Yo me defendí de una mujer.
Pausa. Camila no dice ni una sola palabra.
Mauricio intenta acercarse de nuevo. Muy despacio. Camila se refugia en un rincón.
Camila: …no, por favor. No me toques.
Mauricio: Camila, déjame explicarte…
Camila: (Interrumpiéndole) ¡No! Vete, por favor. Recoge tus cosas y vete.
Mauricio: ¿Qué? Pero, Camila. ¿Qué estás diciendo? Esta es mi casa…
Camila: Ya no quiero vivir contigo.
Mauricio respira, intenta recomponer la situación.
Mauricio: Camila, sigo siendo yo…
Camila: Ya no sé quién coño eres. Por favor, vete.
Mauricio: (Molesto y desesperado) ¡Pues no me voy a ir a ninguna parte! Ahora me vas a
tener que escuchar. ¿No te parece injusto? Jugaste un juego muy peligroso, Camila. Nos
pusiste en riesgo a los dos y ahora sólo te salvas tú. Si llegamos hasta aquí del modo
incorrecto, ahora, por favor, al menos escúchame.
Camila: Tú dijiste “sin detalles”. Yo no quiero escuchar esto, Mauricio.
Mauricio: (Muy alterado, muy molesto. Tratando de controlarse, pero desequilibrado)
¡Coño, Camila, por favor! Me vas a mandar a la mierda injustamente. Las cosas nunca
tienen un solo color, Camila. En el pasado puede que hayamos hecho cosas. Y no
necesariamente esas cosas tienen que determinar nuestro presente o nuestro futuro. ¡O
sí! Pero no siempre negativamente.
Pausa.
Mauricio: Fue un accidente, Camila. Yo no quise hacerlo. Fue un accidente.
Mauricio comienza a descomponerse. Poco a poco se va transformando. Ahora parece
un niño aterrado.
Camila se da cuenta de que está muy afectado. Poco a poco encuentra valor y se acerca,
muy despacio primero, luego, lo toca y lo acaricia un poco. Y, finalmente, lo abraza por
completo.
Mauricio: Camila, yo sé que es muy difícil escuchar algo así. Pero yo no soy un loco, no soy
un asesino. Tú jamás has estado ni estarás en peligro. Mira, yo te prometo que voy a
contarte todo. Pero, por favor, prométeme tú que no me dejarás por esto, Camila. Esto no
puede cambiar lo que somos. Algo que ya pasó no puede borrar lo que ha sido este año
juntos.
Camila hace silencio. Sigue abrazándole, pero aún se siente muy temerosa, muy
confundida.
Mauricio: (Casi en súplica) Prométeme que no vas a dejarme, por favor. Prométemelo.
Pausa. Camila se levanta. Mauricio llora, desconsolado. Camila lo mira llorar, desde
lejos.
Camila: Te lo prometo.
Sorpresivamente, entra Adrián.
Cuando Mauricio y Camila se percatan de su presencia, se asustan un poco. No saben
desde cuando ha podido estar escuchando y a partir de su entrada, todos los personajes
van caminando sobre un terreno muy escurridizo.
Camila y Mauricio miran a Adrián, intensamente. Mauricio sospecha de inmediato que
Adrián ha estado escuchando todo, y Camila, aterrorizada, piensa que ahora cualquiera
de los dos podría reaccionar de manera violenta o inesperada.
Adrián: (Un poco intimidado por las miradas) Preparé la cena, ¿tienen hambre?
Mauricio: ¿Tú estabas en la cocina?
Adrián: Si.
Mauricio: ¿Desde hace cuánto?
Adrián: No mucho…tal vez… una hora.
Los tres se miran a los ojos. Mauricio mira a Camila y luego mira a Adrián, fijamente.
Mauricio: Desde la cocina se escucha todo.
Adrián: No escuché nada, estaba distraído. Además, tenía la licuadora prendida y…
Mauricio: (Interrumpiéndole) No debiste hacer eso.
Adrián: No sé de qué estás hablando.
Mauricio: ¡Si sabes! Si sabes, no te hagas el idiota. Si estabas en la cocina tuviste que
haber escuchado la conversación privada que tuve con mi mujer.
Camila: Mauricio, por favor, él no…
Mauricio: (Le interrumpe) No, Camila. Este carajito es un falta de respeto ¿Qué
pretendías? ¿Asomar la nariz para enterarte de todo como una vieja chismosa? ¡Qué vaina
con la gente enferma por saberlo todo!
Adrián: Mauricio, cálmate…
Mauricio: Mira, niñita de mierda, a mí tú no me vas a decir lo que tengo que hacer…
Adrián se revela y empuja a Mauricio.
Adrián: ¡No me faltes el respeto!
Mauricio entra en furia. Se incorpora.
Mauricio: ¡Te jodiste, carajito!
Mauricio saca la misma navaja con la que mató a Emilia. Camila grita.
Adrián: (En shock) Mauricio, guarda eso. Tienes que calmarte, por favor. ¡Mauricio! ¿Qué
vas a hacer? ¡No, Mauricio, no!
Mauricio se abalanza sobre Adrián.
Black Out.
Se escuchan gritos confusos. Se oye a Camila, en pánico, a Adrián gritando aterrado, a
Mauricio fuera de sí.
Repentinamente se acallan todos los gritos.
Pausa.
Entra la luz de un modo muy tenue. Se puede percibir entre sombras, el cuerpo de
Adrián, sin vida. A Camila, temblando, aterrada, en un rincón y a Mauricio, con el arma
en mano.
Mauricio: Era un secreto, Camila. Una cosa que debía quedarse enterrada. Él no debió
estar husmeando. Tenía que hacerlo, Camila. Estábamos en peligro.
Pausa.
Mauricio: Mira lo que has causado por querer saberlo todo.
Camila no dice ni una sola palabra. Sólo llora y tiembla, aterrada, atormentada.
Mauricio se acerca un poco, aún cuchillo en mano. No amenaza a Camila, pero ella se
siente amenazada.
Mauricio la acaricia, tratando de calmarla.
Mauricio: Teníamos que hacerlo.
Pausa.
Mauricio: ¿Te das cuenta de que a veces es mejor no saber?
Pausa. Mauricio está absolutamente fuera de sí, desorientado. Camila está en estado de
shock.
Mauricio: No te preocupes, yo voy a arreglar todo esto, Camila.
Pausa. Camila no dice ni una sola palabra. Mauricio se acerca más y la toma con fuerza.
La abraza contra su pecho.
Mauricio: (Casi en súplica) Prométeme que no vas a dejarme, por favor. Prométemelo.
Luz en Fade Out, los tres cuerpos van desapareciendo en la penumbra.
Suena Jamais je ne t'ai dit que je t'aimerais toujours en la voz de Anna Karina y Philippe
Katerine.
Black Out.