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Conservación de Suelos: Segunda Edición

Este documento presenta un resumen histórico de la erosión a nivel mundial y en Chile. A nivel mundial, los primeros efectos de la erosión se observaron en Mesopotamia hace miles de años debido a la eliminación de cubiertas vegetales. En distintos países del Medio Oriente aún se pueden observar terrazas antiguas en pendientes fuertes que fueron destruidas. En Chile, la erosión acelerada comenzó con la llegada de los conquistadores españoles que introdujeron prácticas agrícolas inade

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Conservación de Suelos: Segunda Edición

Este documento presenta un resumen histórico de la erosión a nivel mundial y en Chile. A nivel mundial, los primeros efectos de la erosión se observaron en Mesopotamia hace miles de años debido a la eliminación de cubiertas vegetales. En distintos países del Medio Oriente aún se pueden observar terrazas antiguas en pendientes fuertes que fueron destruidas. En Chile, la erosión acelerada comenzó con la llegada de los conquistadores españoles que introdujeron prácticas agrícolas inade

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Conservación de Suelos Segunda Edición

Book · May 2012

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Neal B. Stolpe
University of Concepción
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Conservación de Suelos
Segunda Edición

Neal B. Stolpe, Ph.D.


Editor

Departamento de Suelos y Recursos Naturales


Facultad de Agronomía
Universidad de Concepción

1
Autores

Neal Stolpe, [Link]. (Agronomía y Conservación de Suelos), [Link]. (Agronomía y Ciencia del
Suelo), Ph.D. (Agronomía y Ciencia del Suelo y Agua), Departamento de Suelos y Recursos
Naturales, Facultad de Agronomía, Universidad de Concepción, Chile.

Luis Peña, Ingeniero Agrónomo (jubilado), Departamento de Suelos y Recursos Naturales,


Facultad de Agronomía, Universidad de Concepción, Chile.

2
Este libro es una revisión de Apuntes de Conservación de Suelos (Peña, 1995), que era
esencialmente una traducción del libro Soil Conservation (Hudson, 1977), con ejemplos de
experiencias chilenas. La primera edición fue enfocada generalmente hacia el uso de control
mecánico de erosión en sistemas agrícolas, que con el tiempo ha dado paso a los mejores
sistemas de control biológico o agronómico de erosión.

En ésta segunda edición se mantiene la secuencia general de temas de conservación de


suelo, de fuentes más actualizados (Troeh et al., 1980; Hudson, 1995; Morgan; 2005), pero
con mayor énfasis en el control biológico de erosión, y el manejo sustentable de cultivos,
praderas y bosques. Adicionalmente, este libro tiene ilustraciones y fotografías relacionadas
con diferentes prácticas de conservación de suelos; y información actualizada del uso de
modelos para predecir erosión en predios con el objetivo de encontrar el mejor uso del suelo
que es sustentable, para hacer planes de conservación. Finalmente, el texto y la bibliografía
han sido actualizados y expandidos para incluir los resultados más recientes de
investigaciones chilenas.

Se espera que, con este libro, estudiantes de la asignatura Conservación de Suelos no sólo
desarrollen las competencias técnicas y científicas para cuidar el suelo en agro ecosistemas
sustentables, sino que se incorporarán el sentido del deber de mantener y mejorar nuestra
base de sustento, que es el suelo, para dejar un legado digno a futuras generaciones.

Neal B. Stolpe
27 septiembre 2011, Chillán, Chile

3
“Volví a mi tierra verde y ya no estaba, ya no estaba la tierra, se había ido. Con el agua
hacia el mar se había marchado.”

Oda a la Erosión, en la Provincia de Malleco (Fragmento)


El Poeta, Pablo Neruda

Suelos muy severamente erosionados en la Cordillera de la Costa de la VIII Región de Chile


(fotografía: N.B. Stolpe).

“Tú heredarás la Santa Tierra como fiel guardián, conservando sus recursos y su
productividad de generación en generación. Tú resguardarás los campos de la erosión del
suelo, tus aguas vivas de que se agoten, protegerás tus bosques de la desolación y
protegerás tus colinas del sobre pastoreo de los rebaños, para que tus descendientes tengan
abundancia eterna. Si cualquiera fallare en este cuidado de los suelos de las tierras
productivas, éstas se convertirán en suelo estéril y rocoso y en barrancos desperdiciados y
tus descendientes disminuirán y vivirán en pobreza o desaparecerán de la faz de la
tierra.”

El “Undécimo Mandamiento”
W.C. Lowdermilk (1953)

4
Índice de Materias Página

1. Antecedentes Históricos de Erosión 6

2. Fundamentos de Erosión 11

3. Clasificación Interpretativa de Suelos 22

4. Control de Erosión Hídrica en Suelos Cultivables: Prácticas Biológicas o 32


Agronómicas

5. Predicción de Escurrimiento Superficial 52

6. Prácticas Complementarias o Mecánicas para Controlar Erosión Hídrica en 59


Suelos Cultivables

7. Predicción de Erosión Hídrica del Suelo 71

8. Control de Cárcavas 85

9. Manejo de Praderas, Bosques y Sistemas Silvopastorales 96

10. Fundamentos de Erosión Eólica 105

11. Planes de Conservación de Suelos 113

12. Manejo de Hoyas Hidrográficas 119

13. Consideraciones Finales 126

14. Bibliografía 127

15. Anexo: Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los 134


Suelos Agropecuarios

5
1. Antecedentes Históricos de la Erosión

1.1. Introducción

El problema de la erosión es tan antiguo como la civilización misma. Todos los estudios
realizados al respeto muestran que sus efectos aparecían desde el momento en que una
comunidad humana cambia sus hábitos de vida pastoril. Las nuevas exigencias relacionadas
con las actividades agrícolas, retuvieron al hombre en un lugar fijo dando origen a un centro
poblado. Este acontecimiento pudo ocurrir en cualquier punto de la tierra en los últimos
7,000 años de civilización. En un principio los terrenos más bajos bastaron para los nuevos
requerimientos de alimentos. Pero, inevitablemente llegó el momento de expandir la
agricultura hacia las colinas más cercanas y, más tarde, el de incorporar laderas más
inclinadas y cerros, todo lo cual significó la eliminación de las cubiertas vegetales que las
protegían del efecto erosivo de las lluvias. Las erróneas prácticas de uso y manejo a que se
sometieron estos suelos, significó muchas veces su total destrucción (Lowdermilk, 1953).
Ester patrón de empleo incorrecto de los recursos naturales, se ha repetido una y mil veces
en casi todas las regiones habitadas de la tierra. En este proceso no solo se destruyeron
formaciones vegetales de laderas apropiadas para el cultivo, sino también, enormes reservas
forestales que cubrían extensiones de relieve muy accidentado, no apto para la agricultura.

Las primeras manifestaciones de efectos asociados de erosión, se recogieron en las que


fueron las fértiles llanuras aluviales entre los ríos Tigris y Ufrates en Mesopotamia (Figura
1.1). La intrincada red de canales de riego iniciadas 4,000 años A.C., resultó a través del
tiempo parcialmente inutilizada por sedimentos provenientes de terrenos altos, cuyas
cubiertas de bosques habían sido eliminados y sus praderas naturales agotadas debido a un
pastoreo excesivo (Lowdermilk, 1953).

Figura 1.1. Ruinas de la civilización de Mesopotamia (fotografía: Servicio de Conservación


de Recursos Naturales, NRCS–USDA).

6
En distintos países del Medio Oriente, se pueden observar en colinas y montañas los restos
de terrazas de banco en pendientes superiores a 30%, estructuras que permitieron un día el
cultivo y producción de alimentos para los centros poblados. Las secciones planas
excavadas en las fuertes laderas, se complementaron con la construcción de taludes
protegidos por rocas cuidadosamente ajustadas. Estos sistemas resultaron destruidos al caer
en desuso o por falta de atención durante periodos de guerra. Este fracaso, de común
ocurrencia en la mayor parte de los pueblos que surgieron en el Cercano Oriente, norte de
África y sur de Europa, al margen de algunas excepciones, constituyen un testimonio de las
consecuencias que acarrea la cultivación de suelos en pendientes muy fuertes (Carter y Dale,
1974; Troeh et al., 1980).

1.2. La erosión en Chile

La historia de la erosión acelerada en Chile, se inicia con la llegada de los primeros


conquistadores españoles. Las comunidades indígenas que habitaban una considerable
extensión del país, coexistían en plena armonía con su medio. Satisfacían parte de sus
necesidades alimentarias mediante una agricultura rudimentaria, la que por su magnitud y
modalidades no imponían presiones indebidas sobre los recursos naturales. Los nuevos
habitantes, al introducir prácticas inadecuadas de uso y manejo, desataron intensos procesos
erosivos en suelos de lomajes y cerros.

Casi 100 años después del arribo de D. Pedro de Valdivia, el padre de Ovalle, refiriéndose al
río Andalién, escribe: “En la alegre y espaciosa bahía de Concepción, desemboca el grave y
reposado Andalién, despeñándose primero de una enorme quebrada, por donde viene
ofreciéndose a la industria humana, para labrar sobre él alegre fuentes entre mil amenidades
y bosques de laureles, mirtos y otros árboles de extremada fragancia, que desde lo alto
hermosean sus riberas a cada trecho”. Esta bucólica descripción que en nada coincida con
la situación en nuestros días, hace comentar Elizalde McClure (1970): “Actualmente este río
no tiene nada grave ni reposado, sino que es apenas un hilillo raquítico de aguas turbias en
el estío y un torrente en el invierno, cuando las copiosas lluvias inunda a todo a su paso,
pues ya casi no hay laureles ni mirtos ni amenidad alguna a lo largo de sus desnudas y
erosionadas riberas…”.

A partir del siglo XVIII algunas personalidades de la época advirtieron acerca de las
consecuencias que acarrearía la pavorosa destrucción de masa arbustiva y arbórea, que
agricultores y colonos realizaban desaprensivamente a lo largo del país. Las gigantescas
quemas se efectuaban con el propósito de ampliar los terrenos para el cultivo y la ganadería.
En este afán muchas veces no se podían o no les interesaba evitar que el fuego descontrolado
avanzara sobre áreas muy quebradas y de pendientes abruptas. Las laderas más suaves
podían efectivamente destinarse al uso agrícola y la ganadería, pero en los sectores de relieve
más accidentado, se desataron violentos procesos erosivos, con la destrucción en pocos años
de terreno de exclusiva aptitud forestal.

7
Desde la segunda mitad del siglo XIX, se inicia un activo comercio de exportación de trigo
hacia California y Australia, aumentando el interés por intensificar el cultivo de este cereal.
Se despejaron nuevos terrenos o se intensificó la explotación de suelos de lomajes y cerros de
la Cordillera de la Costa. Estas nuevas presiones sobre los recursos naturales disponibles y
su descuidado manejo, disminuyeron paulatinamente los rendimientos de trigo. Las
excelentes cosechas obtenidas en esa época, descendieron a 1.5 ton ha -1 al iniciarse el siglo
XX, cayendo a cerca de 1 ton ha-1 en el periodo 1911–1917, para llegar a un magro
promedio de 0.7 ton ha-1 entre los años 1932–1939 (ODEPA, 1968). Esta vertical caída de
productividad de los lomajes costinos más afectados por la erosión, traduce
cuantitativamente la gravedad del daño provocado.

En la XI Región del país, en la primera mitad del Siglo XX, gigantescos incendios
destruyeron aproximadamente 2,500,000 ha de bosques nativos para despejar terrenos y
crear praderas. El subsecuente sobrepastoreo de las praderas ha causada erosión y
degradación de los suelos, especialmente en los sectores más escarpados (Silva, 2004).

Extensas áreas del país han experimentado cambios increíbles. La casi totalidad de los
suelos de la Cordillera de la Costa muestran hoy sus paisajes profundamente transformados.
Sus suelos, desarrollados de rocas graníticas y metamórficas, han perdidos su horizonte
superficial y parte o todo el horizonte “B” (subsuelo), justificándose la expresión de “suelos
decapitados” con que les suela designar. Esta circunstancia ha dejado a la vista horizontes
de texturas arcillosas, estructuras más pobres y coloración parda rojizos. El menor grado de
permeabilidad que exhiben, unido a otras propiedades que disminuyen el grado de
resistencia al efecto dispersivo de las gotas de lluvia, aumenta su susceptibilidad a la erosión
hídrica.

1.3. La situación actual en el país

El manejo de información sobre erosión de suelos en el país es necesario para identificar


zonas con suelos degradados, que permite el Estado y el sector privado diseñar programas y
planes de conservación y recuperación de suelos. A continuación se presentan los resultados
de distintos estudios sobre la erosión de suelos en Chile.

Una evaluación de la erosión efectuada por el Instituto de Recursos Naturales determinó


que el 59% de una superficie estudiada de 4,840,649 hectáreas de la Cordillera de la Costa,
entre las provincias de Valparaíso y Cautín, presentaba daños moderados a muy severos por
erosión hídrica (IREN, 1965). Si se excluyen las áreas de suelos planos, cajas de río, áreas
urbanas y superficies de agua, el porcentaje elevaría a cerca de un 80%. Este levantamiento
se realizó mediante el procedimiento de fotointerpretación estereoscópica, con fotografías
áreas a escala 1:20,000 y con apropiado apoyo de trabajo terrestre. La mayor parte de estos
suelos pertenecen a las clases VIe y VIIe de capacidad de uso, hecho que constituye la causa
más relevante del problema. Por sus pendientes mayores a 12 a 14% y alta susceptibilidad a
la erosión, no debieron destinarse al cultivo de cereales.

8
El estudio llevado a cabo en 1979 por el IREN sobre erosión en Chile, cubrió 34.5 millones
de hectáreas. Este trabajo se basó en un análisis de imágenes de Landsat, a escala de
1:500,000, en las que se separaron unidades homogéneas considerando aspectos como
relieve, clima, cobertura vegetal y uso actual. El área estimada excluye gran proporción de
los ecosistemas montañosos andinos, gran parte de los desiertos de la zona norte, casi todo
la Depresión Central, y los sectores insulares y fiordos del extremo austral. No se separó las
áreas afectadas por erosión antrópicas de aquellas que corresponden a erosión geológica, de
modo que las cifras que se indican incluyen extensiones con procesos erosivos causados por
la acción del viento, vulcanismo, deslizamientos, etc. De la superficie total analizada y
afectada por alguna forma de erosión, el 6.9% corresponde a erosión muy severa (2,380, 846
ha); un 26.5% a erosión severa (9,126,608 ha); un 45.1% a erosión moderada (15,573,714
ha) y 21.5% a erosión ligera (7,409,585 ha). Las Regiones con erosión más grave fueron las
VI, VII, VIII y IX con un 97.9%, 97.6%, 97.2% y 91.5%, respectivamente, de sus superficies
estudiadas con niveles de erosión moderada a muy severa (IREN, 1979).

La información más completa a nivel nacional es del estudio “Determinación de Erosión


Actual y Potencial de Chile” (CIREN, 2010) que se llevó a cabo mediante la aplicación de
modelos cualitativos, usando metodología de geomática, teledetección y sistemas de
información geográficas (SIG). Generalmente, la cantidad de suelos erosionados aumenta
de sur al norte. Aproximadamente 49% del territorio nacional (36.8 millón de hectáreas)
presenta algún grado de erosión: el 11.1% de los suelos tiene erosión ligera, 13.8% con
erosión moderada, 14.8% con erosión severa y 9.2% presenta erosión muy severa. Los
principales factores responsables incluyen la acción humana (Secano Interior de las
Regiones IV a X), procesos geológicos (Cordillera andina), y la erosividad climática que
interactúa con suelos y vegetación.

En 1992 el Proyecto EULA–Universidad de Concepción, efectuó un estudio preliminar de


clasificación de erosión de los suelos de la Cuenca del río Bío Bío, con una extensión de
2,402,900 ha (Peña y Carrasco, 1993). Se emplearon técnicas de fotointerpretación
estereoscópica, con fotos aéreas a escala 1:60,000, complementadas con estudios disponibles
de suelos, uso actual y planos acotados del Instituto Geográfico Militar, a escala 1:50,000.
Luego, se determinaron las clases de erosión de los suelos (Soil Survey Staff, 1993).

En el Secano Interior y sector de la Cordillera de la Costa de la Cuenca Bío Bío, de un total


de 531,043 ha, 488,040 ha (91.9%) se clasificaron como erosión moderada a muy severa. En
su mayor parte corresponden a suelos derivados de rocas graníticas y metamórficas,
incluyendo las series Cauquenes (fine, mixed, active, mesic Ultic Palexeralfs), San Esteban
(fine, kaolinitic, mesic Ultic Palexeralfs) y Nahuelbuta (very fine, mixed, semiactive, mesic
Typic Paleudults) (Stolpe, 2006). El daño ha sido provocado por el uso indiscriminado de
siembras de cereales en suelos cuyas capacidades de uso corresponden a clases VIe y VIIe, es
decir, categorías no cultivables por su elevado riesgo erosivo.

En la Depresión Central, de una superficie de 464,730 ha, un 52.5% presenta erosión


moderada a severa (234,948 ha). Las series de suelos más afectadas son Collipulli (very fine,
halloysitic, mesic Xeric Paleumults) y Mirador (fine, halloysitic, mesic Aquic Palexeralfs)

9
(Stolpe, 2006), con una superficie de 143,919 ha. Estos suelos de lomajes suaves presentan
una alta susceptibilidad a la erosión hídrica, incluso en pendientes inferiores a 3%. En la
Precordillera andina el 76.0% de sus 197,747 ha están afectadas por erosión moderada a
muy severa (57,432 ha). La mayor parte de estos suelos de volcánicos (“trumao”)
corresponden a la serie Santa Bárbara (medial, amorphic, mesic Typic Haplioxerands). Aún
cuando sus favorables propiedades le confieren un menor grado de erodabilidad, el mal
manejo a que son sometidos está provocando su erosión.

Al oriente de la zona anterior, desde los 500 a 1,000 m.s.n.m se distingue un área de relieve
montañoso, donde la cubierta de vegetación natural se encuentra completamente alterada y
afectados los suelos por erosión. Entre los 1,000 a 1,800 m.s.n.m. de altitud, el relieve se
hace más accidentado y la cubierta boscosa está desapareciendo debido a las talas
indiscriminadas e incendios forestales. Estas formaciones son un importante recurso para la
protección del suelo y contribuyen a modo notable a la belleza escénica del sector. La zona
de alta cordillera desempeña un papel básico como fuente receptora de nieve. En estas
últimas unidades se estimó una superficie de 852,245 ha con erosión geológica y 270,772 ha
con erosión acelerada moderada a muy severa, principalmente por el uso inapropiado de sus
cubiertas vegetales, especialmente por sobre talaje de sus pastizales de altura y destrucción
de sus bosques por incendios y explotaciones intensivas.

Se puede concluir que, sin considerar los sectores con erosión geológica, un 74.3% de los
suelos de la cuenca del Bío Bío se encuentra afectado por erosión moderada a muy severa, lo
que establece que es uno de los problemas más inquietantes que se deberá solucionar en los
próximos años. Posibles soluciones fueron abordadas en un taller regional sobre el
diagnóstico y propuestas de conservación y recuperación de suelos (Pérez y González,
2001), que concluyó con varias recomendaciones para proteger el recurso suelo en las
Regiones VIII, IX y X, incluyendo las siguientes (resumidas):

1. Considerar legalmente la cuenca hidrográfica como una unidad de desarrollo.


2. Regularizar el uso del suelo de acuerdo con su capacidad de uso, para evitar el
cultivo en terrenos con alta pendiente.
3. El Estado necesita asumir un rol protagonista en la conservación y recuperación de
suelos.
4. Se necesita caracterizar los suelos de acuerdo con su grado de susceptibilidad a la
degradación para determinar prácticas de alto, mediano y bajo riesgo para los suelos.
5. Implementar una ley de conservación y recuperación de suelos.
6. Regulación del uso de implementos de labranza que intervienen al suelo.
7. Prohibir las quemas de rastrojo superficial.
8. Usar instrumentos legales que eviten que los suelos agrícolas se destinen a otros fines.
9. Crear distritos de conservación de suelos.
10. Definir políticas de ordenamiento en áreas rurales para regular el uso del suelo.
11. Incrementar recursos de CONAF para fiscalizaciones.
12. Regulación de prácticas agrícolas en terrenos forestales.
13. Desarrollar e implementar planes y programas de manejo integrados.
14. Definir las mejores prácticas ambientales para la agricultura.

10
A pesar de que la lista es larga y el problema se ve complejo, hay medidas que personas
pueden tomar para controlar la erosión en predios y hoyas hidrográficas. En el resto de este
libro, se presentarán temas de mayor relevancia relacionados con las causas de erosión y
alternativas para disminuirla para lograr un manejo sustentable del suelo.

11
2. Fundamentos de Erosión

2.1. Erosión geológica

La erosión geológica o natural se refiere a un proceso de desgaste de la superficie terrestre,


provocado por la acción de las fuerzas de la naturaleza. La corteza de la tierra se encuentra
sometida a continuos cambios que operan, en general, en forma extraordinariamente lenta.
El diastrofismo (Gr. diastrophe, distorsión), término con que se designan las fuerzas interiores
de la tierra, constantemente se encuentra generando movimientos de grandes secciones de la
corteza terrestre, a velocidades generalmente imperceptibles para el hombre. Dichas fuerzas
han producido montañas, como los Andes y la Cordillera de la Costa. En términos muy
simples, el diastrofismo crea nuevos paisajes, pero actuando conjuntamente con estas
fuerzas, intervienen otras que tienden a modificarlas.

Se denomina meteorización al proceso del cual las rocas se desintegran y descomponen, a


través de fenómenos de calentamientos, enfriamientos, expansión de minerales
constituyentes de los diferentes tipos de rocas, acción mecánica de las raíces de las plantas,
del hielo, de animales etc. La meteorización comprende, además, procesos de cambios tales
como la oxidación, hidratación, lixiviación etc., a los que contribuyen ácidos orgánicos
derivados de plantas y animales. La meteorización puede ocasionar cambios notables en la
geomorfología. Al desintegrar rocas, las partículas más finas pueden ser son transportadas y
depositadas en lugares más bajos en el paisaje, cauces de ríos, fondo de lagos, o en el mar.
Los sedimentos del Depresión Central de Chile provinieron de sectores altos en la Cordillera
andina. Los agentes que actúan en el proceso de movilización de material meteorizado,
modifican así las formas producidas por el diastrofismo.

2.2. Erosión acelerada

La erosión es básicamente un proceso de nivelación, en el que la fuerza de gravedad arrastra


partículas de suelo y rocas. El proceso de degradación que provoca el hombre en los suelos,
a través de prácticas incorrectas de uso y manejo, se denomina erosión acelerada.

Los principales agentes de erosión acelerada son el agua y el viento. Al daño provocado por
las aguas lluvias se le denomina erosión hídrica, y la inducida por el viento, erosión eólica.

2.3. Erosión hídrica

La erosión hídrica es causada por la acción de las gotas de lluvia, al impactar una superficie
de terreno desprotegido. Esta acción separa partículas de los agregados del suelo, las que
posteriormente son arrastradas por el escurrimiento superficial de las aguas. La intensidad
del proceso depende del porcentaje y longitud de la pendiente, de las características del
suelo, del régimen de las lluvias y del tipo y densidad de cubierta vegetal. El agua de lluvia

12
que no es interceptada por la vegetación, alcanza la superficie del suelo, infiltrándose parte
de ella y escurriendo el resto como flujo superficial.

El flujo precanalizado se produce en toda la superficie de un terreno y aunque esta forma de


movimiento no tiene energía suficiente para separar partículas, es un agente de transporte de
los materiales salpicados por el impacto de las gotas de la lluvia. Gran parte de la energía
para efectuar este trabajo, le es impartida por las gotas que caen en la superficie, a través de
la turbulencia que promueven (Stallings, 1957; Troeh et al., 1980; Morgan, 2005).

2.3.1. Tipos de erosión hídrica

El hecho que la acción conjunta de las gotas de lluvia y del flujo precanalizado, se ejerce
sobre toda la superficie del terreno, desgastándolo de manera relativamente uniforme, indujo
los primeros conservacionistas a denominarla como “erosión de manto”. Esto en el
convencimiento de que la erosión hídrica se debía, fundamentalmente, al efecto del
escurrimiento superficial. Una clasificación de la erosión provocada por las lluvias
estableció tres formas de daño, que corresponden a las sucesivas concentraciones del agua
que escurre y que se denominaron erosión de manto, de canalículos y de cárcavas o zanjas.

Actualmente, no se considera correcto el concepto de erosión de manto, ya que induce


pensar en una remoción pareja del suelo, provocada por la acción de una lámina uniforme
de agua. Es difícil que sobre la superficie generalmente irregular de una ladera, escurra una
lámina uniforme de agua y, menos aún, con la energía suficiente como para extraer
partículas de los agregados del suelo. Más correcto sería denominar la erosión de manto
como erosión de impacto y flujo precanalizado, para conferir a la acción de las gotas de
lluvias la verdadera importancia que les corresponde en este proceso (Hudson, 1995).

Al concentrarse el flujo precanalizado sobre pequeñas depresiones, adquiere energía como


para cortar cauces y formar canalículos. A medida que estos se juntan, se incrementa su
capacidad para profundizarlos, formándose eventualmente pequeños saltos que más tarde
derivarán en la cabeza de una cárcava. Las dos últimas formas de daño ejercen una acción
localizada de desgaste en los cauces. Un criterio apropiado para diferenciarlas, es considerar
como canalículos aquellos que pueden borrarse mediante la labranza convencional para
establecer un cultivo.

La erosión de suelo debe considerar toda la manifestación de daño provocado por las
lluvias, que disminuyen su productividad, aún cuando no se traduzca en remoción física o
ejerza su acción sólo por corto tiempo. Entre otras se pueden citar las siguientes:

• Compactación del suelo

El efecto de las gotas de lluvia sobre un suelo desnudo produce una rápida disminución de
su capacidad para infiltrar agua. Además de la formación de una lámina compactada en la
superficie inmediata del suelo (0.1 mm aproximadamente), bajo ella se produce una zona de
porosidad disminuida, creada por la infiltración de agua cargada con partículas finas,

13
provenientes de los agregados destruidos por la acción de las gotas (Morgan, 2005). Estos
fenómenos por disminuir drásticamente el proceso de infiltración, incrementándose el
escurrimiento superficial (McIntyre, 1958). Después de una lluvia intensa, se observa una
condición superficial barrosa que al secarse forma una costra de 1 a 2 mm de espesor. El
efecto fue demostrado durante una lluvia de 110 mm, que cayó en 2.5 horas, sobre un suelo
granítico. La lluvia penetró apenas 7 cm del suelo y el restante (80% de la lluvia) se perdió
como escurrimiento superficial (Stallings, 1957).

• Menor fertilidad del suelo

Las gotas de lluvia que impactan la superficie de un suelo desnudo, separan las partículas
más finas de los agregados destruidos por esta acción, las que se incorporan al flujo
superficial, movilizando al mismo tiempo los nutrientes absorbidos a ellas. Las partículas
más gruesas solo experimentan pequeños desplazamientos. Por esta razón, los suelos mal
empleados van perdiendo paulatinamente materia orgánica y las partículas más finas con las
nutrientes retenidas en sus superficies.

2.4. Análisis del proceso de erosión hídrica

2.4.1. Impacto de gotas de lluvia

El impacto de gotas de lluvia, considerado como una acción aislada del proceso, tiene
capacidad para provocar un desplazamiento neto de partículas hacia las partes más bajas de
la ladera (Figura 2.1). Esta acción es reforzada por el transporte de suelo que realiza el
escurrimiento precanalizado, y canalizada en los canalículos y cárcavas. Las gotas de lluvia
pueden dispersar partículas a distancias de 150 cm del punto de impacto y levantarlas a
alturas máximas de 60 cm. Las partículas que caen en la dirección de la pendiente, tienen
mayor desplazamiento que las que lo hacen en dirección opuesta, resultando un movimiento
neto de partículas colina abajo.

14
Figura 2.1. El impacto de gotas de lluvia tiene mucha fuerza para erosionar suelos
(fotografía: Servicio de Conservación de Recursos Naturales, NRCS–USDA).

2.4.2. Escurrimiento superficial

El escurrimiento superficial de las gotas de lluvia se produce como un flujo muy lento, sin
canales perceptibles (flujo precanalizado) y también como un desplazamiento canalizado.
La energía disponible en el flujo precanalizado es insignificante si se la compara con la que
poseen las gotas de lluvia, que pueden caer a velocidades terminales de 9 m seg -1. La
velocidad de flujo precanalizado fluctúa, entre 0.05 a 0.20 cm seg -1.

El flujo precanalizado aumenta su masa y velocidad a lo largo de una pendiente, lo que


permite disponer de mayor energía para crear y profundizar canalículos. Por esta razón, su
acción tiende a desnivelar el terreno, dejando la superficie más irregular, lo que crea
dificultades a las actividades agrícolas. La capacidad para extraer partículas desde el lecho
de los cauces, se acrecienta con la presencia de materiales abrasivos en el escurrimiento.

2.4.3. Deposición de materiales

Parte de las partículas transportadas se depositan a lo largo de las laderas en los cambios de
pendiente o en los diversos obstáculos que debe vencer el flujo. Los materiales más gruesos
sedimentan con mayor facilidad cuando disminuye la capacidad de transporte del
escurrimiento. Las partículas más finas son llevadas a mayor distancia, a veces centenares
de kilómetros a lo largo de las vías fluviales más importantes. Los materiales más pesados
provenientes de la erosión en canalículos y cárcavas, se depositan en las áreas planas
cercanas al lugar de origen, y a lo largo de los cauces de estero y ríos y sobre los suelos
ribereños.

2.5. Efectos o daños extra prediales de erosión

15
La destrucción de cubiertas vegetales y la erosión producida en lomajes cultivados de las
cuencas tributarias de esteros y ríos, disminuyen la capacidad de infiltración de los suelos,
incrementándose el volumen y velocidad de escurrimiento superficial. Los cauces alcanzan
gastos más elevados en un menor tiempo después de iniciada cada lluvia, induciendo una
mayor torrencialidad en los cursos de agua. A lo anterior se agrega el transporte de una
mayor carga de partículas del suelo. La sedimentación de estos materiales va modificando
las acciones de esteros y ríos, situación que se ve agravada por los regimenes de mayor
torrencialidad a que son exigidos. Las inundaciones se tornan más frecuentes y los suelos
ribereños se degradan por la deposición de materiales arenosos. La sedimentación de
embalses, obras de tomas de canales de riego y sistemas de drenaje encarece los trabajos de
mantención de estas estructuras. Problemas similares experimentan las obras de vialidad,
cuyas alcantarillas y cunetas resultan obstruidas por sedimentos. A estos daños se agregan
los derrumbes de taludes de cortes y terraplenes que no han sido debidamente diseñados y
protegidos de las lluvias.

El manejo incorrecto de las cubiertas vegetales de hoyas hidrográficas que alimentan


embalses, provoca daños de sedimentación que disminuyen sus capacidades de acumulación
de aguas, e incluso, llegan a inutilizarlos. Igual acontece con las obras de agua potable e
instalaciones industriales. La contaminación de las aguas que las abastecen, demanda
fuertes gastos de reposición de equipos por el mayor desgaste que experimentan y las
mayores inversiones en plantas de filtros para eliminar impurezas.

El mayor esfuerzo para prevenir los daños por inundaciones, debe orientarse al
reordenamiento del uso y manejo de los suelos agrícolas y de aptitud pradera o forestal. Su
deterioro constituye la causa más destacada de los daños ocasionados en las áreas más bajas.

2.6. Indicadores de erosión

Por indicadores de erosión hídrica se entienden aquellas manifestaciones en el terreno


provocadas por las lluvias. Les efectos de erosión pasada pueden detectarse fácilmente en
algunos suelos, como sucede con aquellos de la Cordillera de la Costa que han perdido la
mayor parte o la totalidad del horizonte superficial, dejando expuesto el horizonte B
(subsuelo) de coloración pardo rojiza, que lo diferencia nítidamente de las tonalidades más
oscuras del horizonte superficial. Esta coloración caracteriza el patrón de erosión en estos
lomajes y cerros de la costa, lo que constituye un revelador indicador de la magnitud que ha
alcanzado.

A continuación se describen algunos indicadores que se manifiestan en laderas utilizadas y


manejadas con prácticas agrícolas inadecuadas, no conservacionistas.

• Cambio de tonalidad en la superficie del suelo. La aproximación que exhibe la superficie


de un suelo al color típico del horizonte B (subsuelo), constituye una pauta aceptable de la
profundidad del perfil que se ha perdido. Para una evaluación más correcta, es

16
recomendable considerar la descripción del suelo en pendientes similares y con daños
mínimos de erosión. Este indicador es una manifestación indirecta de erosión de manto
(erosión de impacto y flujo precanalizado) que no se puede ver directamente.

• Canalículos y cárcavas. Ver sección 2.3.1.

• Costras superficiales. Ver sección 2.3.1.

• Cambios en el vigor de la vegetación. La intensidad del daño se refleja en un menor


desarrollo de los cultivos o en la ausencia de las especies más nobles en las praderas
naturales. Este efecto es claramente visible en los viñedos de lomajes, con ausencia de
plantas o desarrollo irregular en los sectores más erosionados. Otras manifestaciones de este
indicador son rendimientos más bajos o menor producción de forraje por la menor fertilidad
del suelo y menor infiltración de agua (sección 2.3.1).

• Pedestales de erosión. En un suelo fácilmente erosionado, las partes superficiales


protegidas por piedras, raíces o una planta aislada, forman en algunos años un pedestal
cubierto por el material resistente, que lo protege contra el impacto de las gotas de lluvia.
Esto demuestra que durante el periodo de formación del pedestal, el suelo a su alrededor ha
sido erosionado principalmente por acción de impacto de gotas, dado que no se observan
socavaciones en la base del pedestal causadas por escurrimiento superficial. Este indicador
es típico de praderas naturales sobre pastoreadas. También se pueden encontrar en suelos
cultivables de lomajes, después de una lluvia muy violenta.

• Pavimento de erosión. En suelos graníticos de la Cordillera de la Costa, con erosión muy


severa, se produce una gran acumulación de restos de minerales de cuarzo, feldespato y
otros componentes del material generador, los que por su peso no han sido arrastrados por el
escurrimiento superficial. Mientras mayor es la profundidad del suelo que se ha perdido,
más abundante será la acumulación de este tipo de partículas en la superficie del terreno.

• Acumulación de sedimentos. Resulta fácil identificar la acumulación de materiales a la


salida de drenes naturales, al pie de las laderas y en los cambios de pendiente. Esto muy
especialmente en el periodo de una rotación de cultivos en que el terreno no tiene la
protección de una pradera.

• Aguas superficiales de coloración parda. Este indicador es relacionado con el anterior


cuando se encuentran aguas superficiales al fondo de una ladera erosionada. De hecho,
sedimento erosionado es el mayor contaminante, por volumen, de aguas superficiales en el
mundo.

2.7. La investigación en conservación de suelos

Hasta el inicio de la década de los 1940’, los investigadores en conservación de suelos


centraron sus esfuerzos en el desarrollo de técnicas para controlar el escurrimiento

17
superficial. En realidad, los procedimientos que se recomendaron en esa época combatían
los efectos de la erosión hídrica y no la causa, lo que comprueba que aún no se tenía una
clara comprensión del problema. Pero es interesante destacar que uno de los primeros
investigadores en estas materias, el físico alemán E. Wollny, trabajando en las dos últimas
décadas del Siglo XIX, intuyó algo sobre la verdadera naturaleza del proceso de erosión
hídrica. Realizó sus trabajos cerca de Munich, utilizando micro parcelas de escurrimiento y
buscando relaciones entre tipo y densidad de cubierta vegetal, con porcentajes de pendientes,
volumen de escurrimiento superficial y pérdidas de suelo. Pudo comprobar que la erosión
aumenta más rápidamente que el escurrimiento superficial, en relación a las pendientes.
Además, que el mayor efecto que ejerce la vegetación sobre las propiedades del suelo, se
debe a la acción de protección contra el impacto directo de las gotas de lluvia en la superficie
del suelo (Stallings, 1957).

El liderazgo en la investigación sobre erosión pasó luego a los EEUU, principalmente por la
necesidad de solucionar los problemas de degradación de suelos que se quedaron en
evidencia durante la década de los 1930’ y el Gran Depresión. Entre los años 1940 y 1947,
algunos científicos dieron gran importancia al estudio de las características físicas de las
lluvias y su influencia en el proceso de erosión. De particular importancia fueron los
resultados obtenidos por W.D. Ellison, siendo el primero en comprender que las gotas de
lluvia son un agente erosivo completo en si mismo y que muy poca erosión se produce si el
suelo se encuentra protegido por una cubierta vegetal, que disipa gran parte de su energía
(Ellison, 1950). Con esto se dio un gran impulso a la comprensión del problema,
estableciéndose el rol esencial que corresponde a las gotas de lluvia sobre toda la marcha del
proceso. Este logro condujo al refinamiento de modelos matemáticos para predecir pérdidas
de suelos, ya que se identificó el elemento de causalidad del problema.

A medidas de la década de los 1950’, científicos norteamericanos desarrollaron una


ecuación de predicción de erosión (Wischmeier y Smith, 1978). Los factores que considera
esta ecuación son los siguientes, y se reconocen en conjunto como el modelo USLE
(Universal Soil Loss Equation):

Erosión Erosividad ------------------------------Erodabilidad------------------------------

A = R x K x LS x C x P

Ton ha-1 Potencial Características Longitud y Cultivo y Prácticas


año-1 erosivo de inherentes del pendiente de manejo complementarias
las lluvias suelo la ladera

El modelo USLE fue modificado subsecuentemente para crear el modelo RUSLE (Revised
Universal Soil Loss Equation) que incluye los efectos de suelos congelados y charcos de aguas
superficiales sobre la erosión (Renard et al., 1994); y incorporado al modelo EPIC (Erosion
Productivity Imapct Calculator) que simula los efectos de erosión sobre los rendimientos de
cultivos (Williams et al., 1983). Más recientemente, los modelos USLE/RUSLE han sido
incorporados a sistemas de información geográfica (SIG) para simular la erosión potencial

18
de suelo en paisajes extendidos y regiones (Figura 2.2). Otros modeles han sido
desarrollados que simulan los procesos que ocurren en la erosión de suelos, incluyendo el
modelo WEPP que ha sido calibrado a condiciones de Chile central (Stolpe, 2005). La
versión más reciente del modelo CENTURY, puede incluir los efectos de erosión sobre
propiedades de suelo, y simula el potencial de secuestro de carbono en suelos de acuerdo
con el manejo, clima, suelo, vegetación etc. (Stolpe et al., 2008).

Figura 2.2. Mapa de la susceptibilidad de erosión de suelos en la VIII Región de Chile,


basada en la erosión potencial, simulada con el modelo RUSLE en un sistema de
información geográfica (Barrera, 2005).

El descubrimiento de la acción de salpicadura de las gotas de lluvia es el factor más


importante en el proceso de erosión hídrica marca un hito en la historia de la conservación
de suelos. La naturaleza exacta del efecto que provocan las gotas, constituye la parte del
fenómeno que no fue comprendido durante el tiempo que el hombre civilizado manejó sin
éxito el control de erosión, salvo escasas excepciones. El nuevo espacio abierto en al ámbito
de conservación de suelos desató una intensa actividad de investigación, que condujo a
diversas técnicas que pueden agruparse en labranza de conservación y cero labranza. Todos
estos procedimientos persiguen modificar, reducir o eliminar las prácticas de labranza con el
propósito de mantener diversas cantidades de residuos vegetales sobre la superficie. Estos
residuos o rastrojos tienen por misión la protección del suelo durante las primeras etapas del
desarrollo del cultivo, y el eventual mejoramiento de propiedades físicas, químicas y
biológicas del suelo.

2.8. Capacidad erosiva de las lluvias

19
Por capacidad erosiva de las lluvias, se entiende su potencial para causar erosión. Si una
lluvia provoca mayor erosión que otra, se dice que la primera tuvo un mayor potencial
erosivo. La diferencia en pérdida de suelos que ocasionaron, representa una medida relativa
del poder erosivo de cada una de ellas.

La capacidad erosiva de una lluvia depende de sus características físicas. Aun cuando la
cantidad total de precipitación en una zona influye en la magnitud de la erosión,
estadísticamente la correlación es pobre. Mucho más importante resulta la intensidad de las
lluvias, la que efectivamente fija su potencial erosivo. La determinación de este potencial, o
factor “R” de la ecuación de predicción de erosión, se ha visto facilitado por el hecho de que
la cantidad de lluvia y su intensidad, son los parámetros que desde hace muchos años se han
venido registrando en pluviógrafos.

Las medidas de intensidad de lluvia quedan registradas digitalmente (o en el sistema


antiguo, en cartillas que enrollan un cilindro) en estaciones meteorológicas en distintos
sectores de regiones. La intensidad es la cantidad de lluvia (mm) por unidad de tiempo
(hora). Normalmente, se computa la intensidad en intervalos de 15 minutos, registrando la
lluvia caída en ese periodo (mm/0.25 hora), pero expresándola como mm/hora.

2.8.1. Tamaño y distribución de las gotas de lluvia

El diámetro máximo de las gotas es, aproximadamente, de 5 mm, ya que aquellas mayores
eventualmente se subdividen en gotas de menor diámetro. Fotografías de alta velocidad
muestran que las gotas no son perfectamente esféricas, sino que achatadas en la parte
inferior debido a la resistencia del aire. Durante una lluvia se producen gotas de diferentes
tamaños y la distribución varía de acuerdo a su intensidad. En las de baja intensidad
predominan las gotas de menor tamaño. En las lluvias más intensas se incrementa el
número de gotas más grandes, aumentando así la energía cinética y, en consecuencia, su
potencial erosivo o habilidad para provocar erosión.

La mayor parte de los estudios sobre tamaño y distribución de gotas de lluvia, se realizaron
a principios de la década de los 1940’. Estos trabajos constituyen un periodo relevante de la
investigación en control de erosión, estableciéndose el nuevo concepto de que la erosión
hídrica es un trabajo, en el que la energía es proporcionada por las gotas de lluvia y por la
pendiente del terreno por donde se desplaza el escurrimiento superficial.

Se acepta que las gotas alcanzan formas estables una vez que adquieren velocidad terminal.
Los cuerpos en caída libre se aceleran hasta que la resistencia de fricción del aire se equilibra
con la fuerza de gravedad. Desde ese momento las gotas siguen cayendo a una velocidad
que no varía y que se denomina velocidad terminal. Su valor depende del diámetro y de la
forma del objeto que cae. La velocidad terminal de las gotas de lluvia se incrementa con el
aumenta de sus tamaños. Las gotas mayores de 5 mm, caen a una velocidad
aproximadamente de 9 m seg-1 (Figura 2.3).

20
Figura 2.3. Velocidades terminales de las gotas de lluvia de acuerdo con sus diámetros
(Hudson, 1995).

2.8.2. Erosividad de las lluvias

Se ha dicho que, en un sentido físico, la erosión es un trabajo que requiere de un gasto de


energía, la que debe estar presente en el proceso de dispersión de partículas al momento de
impacto de gotas de lluvia contra la superficie del suelo; en la energía del flujo precanalizado
que permite el transporte de partículas y, por último, en el escurrimiento superficial
canalizado (Hudson, 1995).

El análisis de las fuentes de energía disponibles, refleja claramente la enorme importancia de


las gotas en el fenómeno de la erosión. En el Cuadro 2.1 se muestra una relación de la
energía presente en la fase del impacto de las gotas y en el escurrimiento superficial. Para
este ejemplo se considera que sólo el 25% de las aguas de la lluvia se escurre, infiltrándose el
resto al suelo. Además, se tomó valores de velocidad bastante altos para el escurrimiento
superficial.

21
Cuadro 2.1. Comparación de la energía cinética disponible por las gotas de lluvia y el
escurrimiento superficial, para los valores tomados como ejemplo (Hudson, 1995).
Lluvia Escurrimiento Superficial
Masa M M/4
Velocidad 8 m seg -1
1 m seg-1
Energía Cinética M*(8) = 32M
2
(M/4)*(1)2 = M/8
2 2
= 256M = M

Puede concluirse que para cualquier ejemplo considerado, la cantidad de energía cinética en
las gotas que impactan al suelo, es mucho mayor que la que se manifiesta en el
escurrimiento superficial. Este hecho confirma la importancia del daño que pueden
provocar por si mismas las gotas. Esto se aprecia claramente en una experiencia efectuada
por Hudson (1995), que consistió en cubrir con una malla metálica muy fina una parcela
mantenida en barbecho desnudo, durante un periodo de 10 años. La enorme cantidad de
energía de las gotas de lluvia se disipó casi totalmente al golpear la malla, produciéndose
una erosión 100 veces menores que la experimentada por la parcela testigo, con igual
manejo, pero sin malla de protección.

La posibilidad de expresar numéricamente el potencial erosivo de las lluvias, tiene dos


importantes aplicaciones: facilita la selección de prácticas de control de erosión en la
formulación de planes de conservación de suelos, y permite mejorar los conocimientos y
comprensión de los resultados de investigaciones sobre erosión.

2.9. Erosión y su manejo

Hay dos grupos de factores que influyen en la magnitud potencial de erosión hídrica: las
características de los suelos y el uso y manejo a que son sometidos. El efecto de las
características del suelo en la erosión hídrica se manifiesta de dos modos: 1) aquellas
propiedades que determinan la rapidez con que el agua ingresa al perfil del suelo y 2) las
propiedades que contribuyen a que el suelo resista la dispersión de los agregados impactados
por gotas de lluvia, o la remoción de las partículas por el escurrimiento superficial. La
infiltración de agua al suelo depende de la porosidad en la superficie, el contenido de
humedad al momento de iniciarse una lluvia y la permeabilidad del perfil (Baver et al.,
1972). También, precipitaciones intensas sobre un suelo que ya se encuentra húmedo
debido a lluvias anteriores, provocan mayor compactación y disminución de la velocidad de
infiltración.

Se ha comprobado la correlación entre erosión y grado de agregación del suelo. Un suelo


con menos agregados resulta más erosionable. Análisis microscópicos de agregados,
muestran que los suelos menos erosionables tienen agregados más permeables. En suelos
más susceptibles a la erosión se observó una mayor densidad y menor permeabilidad de los
agregados. La mayor permeabilidad del perfil menos erosionable fue el resultado de un alto

22
número de agregados de mayor tamaño, más friables, más porosos y estables que los de un
suelo con mayor erodabilidad. Se comprobó que el aumento de erosión que se produjo
cuando el diámetro promedio de los agregados disminuyó de 3.0 a 0.75 mm, con un 40% de
incremento de las pérdidas de suelo (Rai et al., 1954). En las parcelas en que se disminuyó
el tamaño de agregados de 0.75 a 0.35 mm, la erosión resultante fue seis veces mayor. Estas
cifras enfatizan la importancia de la presencia de agregados grandes, para resistir mejor el
impacto de gotas de lluvia y el efecto de separación de partículas con salpicadura, y su
posterior transporte con el escurrimiento superficial. Una labranza que produce un excesivo
mullimiento en un suelo, destruye gran parte de los agregados grandes y medianos,
dejándolos con un menor grado de resistencia a la acción de la lluvia, especialmente cuando
se encuentra recién sembrado.

2.9.1. Uso y manejo del suelo

La magnitud de la erosión debido a diferencias en el uso y manejo del suelo es mucho


mayor que la debido a diferencias de las propiedades físicas entre dos suelos manejados en
similar forma. Esto significa que la erodabilidad depende en mayor grado del uso y manejo
que de ningún otro factor.

La mejor ayuda para asegurar un uso más eficiente del suelo, es atenerse a las
recomendaciones generales que fluyen del sistema de clasificación de capacidad de uso de de
suelos. Las clases de este sistema reflejan el riesgo relativo de erosión, e insinúen la
intensidad de prácticas de manejo que se requieren para asegurar un uso eficiente y
productivo.

El control de erosión hídrica en suelos cultivables, se puede alcanzar a través de la


aplicación de diversas alternativas de prácticas agronómicas y complementarias. En la
preparación de un plan de conservación de suelos y aguas para un predio, se deben
seleccionar aquellas técnicas que a un costo razonable proporcionen una adecuada defensa
contra la erosión y mejoran el suelo con tiempo.

23
3. Clasificaciones Interpretativas de Suelos

3.1. Introducción

El suelo se define como una colección de cuerpos naturales, desarrollados a partir de


material generador, mineral u orgánico, en la superficie inmediata de la tierra y que sirve
como un medio natural para el crecimiento de las plantas. Sus propiedades de deben a las
características específicas de relieve, clima, tipo de vegetación, tipo de material generador, y
el tiempo que actúan estos factores para formar el suelo (Brady y Weil, 2008).

Un aspecto sobresaliente de los suelos es su variabilidad, producto de las numerosas


posibilidades de combinaciones de los factores formadores de suelo recién mencionados.
Esta realidad ha impuesto la necesidad de desarrollar sistemas de clasificación que permiten
las agrupaciones de suelos de acuerdo con sus características.

Cualquier sistema de clasificación persigue representar gráficamente las diferentes


agrupaciones de suelo que existen en un lugar, mostrando en un plano sus ubicaciones
geográficas y sus respectivas extensiones. La clasificación natural o taxonómica considera la
presencia o ausencia de ciertos horizontes típicos y hace una detallada descripción
morfológica de los horizontes de un perfil, de la geología y geomorfología del sector.

La clasificación técnica o interpretativa es una forma de agrupar suelos teniendo presente un


objetivo bien determinado, desechando características no indispensables para el propósito
que se persigue. Da informaciones más generales y comprensibles para el usuario. Estas
clasificaciones técnicas organizan y presentan informaciones acerca de las propiedades y
probables comportamientos de los suelos, de modo que sus usuarios puedan hacer
elecciones correctas entre diversas alternativas de uso y combinaciones de prácticas que más
se adapten a sus condiciones específicas.

Uno de los factores que debe considerarse para que un sistema agrícola sea efectivo, es el
correcto uso del suelo. Si las condiciones edafológicas no son adecuadas para un cultivo en
particular, es difícil que un conjunto de técnicas haga posible el normal desarrollo de dicho
cultivo. El uso adecuado de un suelo es el primer paso hacia un efectivo control de la
erosión, lo que traduce en el uso de cada sector del terreno de acuerdo con su capacidad de
uso para una producción sostenida y económica. La técnica que permite la determinación
del uso más apropiado de los suelos, es el sistema de clasificación de su capacidad de uso
(Troeh et al, 1980; Hudson, 1995; Morgan, 2005).

3.2. Clasificación de capacidad de uso de suelos

Este sistema tiene por propósito establecer las características más relevantes de un suelo, lo
que permite decidir la combinación de cultivos y prácticas de conservación que posibiliten el
uso intensivo de un terreno, sin riesgos de erosión. Las características más importantes que
considera son la profundidad del suelo, sus texturas, porcentaje de pendiente y erosión

24
pasada. En este sistema los suelos se agrupan de acuerdo con el grado creciente de sus
limitaciones y riesgos que puedan influir en su manejo. Sus objetivos son los siguientes:

• Informar de la condición del suelo para establecer su mejor uso y manejo. Por mejor uso
se entiende el empleo sabio y prudente del recurso, con adecuada combinación de cultivos y
prácticas de manejo de acuerdo a las características de los suelos, lo que traduce en su mejor
aprovechamiento con máxima productividad sostenida.

• Constituye un punto de partida en la formulación de planes prediales y zonales de


conservación de suelos y aguas.

• Facilita la interpretación de estudios agrológicos a personas no especializadas.

• Usado para tasaciones agrícolas.

3.2.1. Esquema del sistema de clasificación de capacidad de uso

Los suelos se agrupan en ocho clases, identificadas por números romanos. Las cuatro
primeras categorías se asignan a suelos cultivables. Las restantes se refieren a terrenos que
deben destinarse a praderas permanentes, forestales, belleza escénica y vida silvestre. Bajo
condiciones muy específicos de manejo, algunos de estos suelos se pueden dedicarse a
cultivos especializados (viñedos, huertos frutales y hortalizas). Las clases solo expresan el
grado creciente de limitaciones y riesgos que involucra el uso de un terreno. Los números
de I al VIII indican como van disminuyendo las posibilidades del uso del suelo sin provocar
riesgos de daño. Así se puede observar que todas las clases pueden ser usadas para vida
silvestre, pero sólo la clase I puede mantener cultivos muy intensivos (Figura 3.1).

Utilización Sustentable de Suelos según su Capacidad de Uso


Clase Vida Bosque Pradera Pradera Cultivo Cultivo Cultivo Cultivo
Silvestre intensiva limitado moderado intensivo muy
intensivo
I        
II       
III      
IV     
V    
VI   
VII  
VIII 
Figura 3.1. Utilización de los suelos según su capacidad de uso (Stolpe, 2002).

25
Con el propósito de entregar una clasificación más específica, la categoría asignada se divida
en subclases que denotan el problema general dominante que afecta el uso de del suelo. Se
representan con los siguientes símbolos, que acompañan a los números romanos de las
clases:

e = Involucra todos los riesgos de erosión o erosión pasada, fenómenos de


escurrimiento superficial y pendientes excesivas del suelo.

w = Considera los problemas de sobresaturación del suelo, de drenaje o inundación.

s = Se refiere a todas las limitaciones del suelo (profundidad, texturas extremas,


pedregosidad, salinidad etc.).

cl = Todas las limitaciones de clima que puede incluir aridez, heladas, viento y nieve.

Por ejemplo, una subclase IIIs corresponde a un suelo clasificado de clase III por alguna
limitación en su perfil. La información que proporciona la subclase puede ser suficiente
para estudios generales de un área o para fines de tributación. En la subclase se puede notar
más de una limitación si es necesario. El orden de prioridades en este caso es el siguiente: e,
w, s, cl. Por ejemplo para un suelo de clase III con dos limitaciones, no se debe escribir
IIIwe, sino IIIew.

La categoría más detallada del sistema es la unidad de capacidad de uso, en la que se


específica el aspecto del tipo de limitación o riesgo que está presente. Esta categoría agrupa
suelos potencialmente iguales para el crecimiento de las plantas y con respuestas similares al
uso y manejo. Generalmente corresponden a una misma fase de suelo. El rendimiento de
los cultivos es el criterio generalmente considerado para establecer las unidades de capacidad
de uso. Esto significa que los suelos deberían ser suficientemente uniformes como para
producir cosechas similares, bajo parecidas condiciones de uso y manejo y, además, requerir
tratamientos similares de conservación de suelos bajo la misma clase y condición de cubierta
vegetal (Peralta, 1963).

La necesidad de utilizar las unidades de capacidad de uso se aprecia claramente en un


ejemplo de los suelos de la serie “Cauquenes”, con una pendiente de 27% y ubicados en el
subclase VIe. En uno de ellos se aprecia una erosión muy severa y en el segundo se
mantiene la vegetación natural, con una perfecta protección del suelo. En el plan deben
separarse de dos sectores, designando al primero, por ejemplo, la unidad VIe3 y al segundo
VIe1. Estos números se asignan para cada estudio, indicando en la leyenda sus significados.
Es evidente que las recomendaciones de uso y manejo para ambos suelos deben ser
diferentes.

3.2.2. Premisas del sistema

Para determinar correctamente la ubicación de un suelo en este sistema de clasificación,


deben considerarse las siguientes premisas (SCS, 1958):

26
• Generalizaciones válidas acerca de los tipos de cultivos y necesidades de manejo no
pueden ser hechas a nivel de las clases. Los suelos en una clase son similares solo con
respecto al grado de las limitaciones o riesgos que involucra su uso y manejo. Cada clase
puede incluir diferentes tipos de suelos, los que pueden requerir distintos usos y manejos.

• No es una agrupación de suelos de acuerdo al uso más provechoso que es posible hacer de
ellos. Un suelo arable también se puede destinar a praderas permanentes o forestación. No
se considera el aspecto económico, sino que las limitaciones y riesgos que significa su
empleo.

• Las diferencias en magnitud de la inversión para remover una limitación no influyen en la


clasificación.

• La habilitación de suelos o remoción de alguna limitación, puede significar el cambio de la


clase, siempre que el mejoramiento sea permanente. La introducción de prácticas mecánicas
sujetas a variaciones en su efectividad en un corto plazo, no permite hacer un cambio de
clase.

• No se considera las distancias a mercados, la calidad de los caminos, ni la forma y


tamaños de las áreas.

3.3. Clases de capacidad de uso para suelos en secano

Se ha considerado necesario dividir las clases de capacidad de uso en secano y de riego. Se


consideró el hecho de que en las de riego se empleará una escala más restringida o distinta
de las de secano por cuanto el regar a voluntad cambia el concepto de las características de
muchos de los factores limitantes. La información contenida en este capítulo pertenece a
suelos no regados, es decir, en rulo. Para determinar la clase de capacidad de uso se necesita
describir el suelo en un lugar que es representativo del terreno y vegetación, fijándose en sus
propiedades como profundidad, textura, pendiente etc. Finalmente, la clase es determinada
por la propiedad más limitante que tiene el suelo (Cuadro 3.1).

27
Cuadro 3.1. Guía para clasificar suelos según su capacidad de uso* (Stolpe, 2006).
Capacidad de Uso de Suelos
Características Clase I Clase II Clase III Clase IV Clase V Clase VI Clase VII Clase VIII

Sequía de verano corta duración corta duración larga duración muy larga variable variable variable
duración
Días libres de > 150 100 - 150 80 - 100 50 – 80 > 80 > 50 > 50 Terreno sin valor
Heladas agrícola,
Aptitud para cereales buena buena a moderada moderada limitada mala mala mala ganadero o
forestal. Sólo
Aptitud para chacras buena buena a moderada limitada mala mala mala mala para vida silvestre
Aptitud para viñas buena buena buena limitada mala mala mal
Aptitud para frutales buena buena a moderada limitada mala mala mala mala
Fertilidad natural buena buena moderada moderada a baja moderada a baja moderada a baja moderada a baja
Pendiente 0 - 2% 2 - 5% 5 - 8% 8 - 12% plano 12 - 30% 30 - 60%
Profundidad sobre > 1.0 m 1.0 - 0.9 m 0.9 - 0.6 m 0.6 - 0.4 m mediana mediana a delgada delgada
toba volcánica
Profundidad sobre > 1.0 m 1.0 - 0.6 m 0.6 - 0.4 m 0.4 - 0.25 m media a delgada delgada muy delgada
grava
Textura franca franco arenosa. a arenosa a arenosa a arenosa a arenosa a arenosa a
franco arcillosa arcillosa arcillosa arcillosa arcillosa arcillosa
Riesgo de erosión sin ligero moderado alto sin alto muy alto
Drenaje bueno bueno moderado imperfecto pobre muy pobre bueno bueno
Nivel de agua profundo profundo a moderado moderado a superficial profundo profundo
subterránea moderado superficial
Riesgo de ningún ningún a ocasional ocasional frecuente muy frecuente ningún ningún
inundaciones
Pedregosidad 0 - 5% 0 - 10% 0 - 15% 0 - 35% 0 - 35% 0 - 50% 0 - 60%
superficial
Salinidad ninguna ninguna a ligera ninguna a ninguna a alta ninguna a alta ninguna ninguna Dunas áridas,
moderada pantanos,
Intensidad de uso cultivo muy cultivo intensivo cultivo moderado cultivo ocasional pastoreo intensivo pastoreo moderado forestal roqueríos etc.
del suelo intensivo
*Se determina la clase de capacidad de uso de acuerdo con la peor característica del suelo.

28
3.3.1. Resumen de clases de suelo arables (CIREN, 1999):

Clase I. Los suelos de esta clase tienen pocas limitaciones que restringen su uso. Son casi
planos, profundos, bien drenados, fáciles de trabajar, con alta capacidad de retención de
humedad, la fertilidad natural es buena, sus rendimientos son altos cuando se utilizan
prácticas adecuadas de manejo, y permiten un cultivo muy intensivo. En su uso, se
necesitan prácticas de manejo simples para mantener su productividad y conservar su
fertilidad natural.

Clase II. Suelos de esta clase tienen algunas limitaciones que reducen la elección de cultivos
o requieren prácticas moderadas de conservación. Son suelos planos con pendientes ligeras,
profundos a moderadamente profundos, de moderadamente buena permeabilidad y drenaje,
y presentan texturas favorables que pueden variar desde franco arenosas a franco arcillosas.
Los factores limitantes más comunes que pueden presentarse solos o combinados son:

1. Pendientes suaves y micro relieve poco acentuado.


2. Ligera susceptibilidad a la erosión.
3. Moderada profundidad del suelo.
4. Estructura y textura desfavorable.
5. Ligera humedad corregible por drenaje.

Clase III. Estos suelos tienen limitaciones moderadas que restringen la elección de los
cultivos, aunque pueden ser buenos para algunos de ellos. Las limitaciones requieren
algunas prácticas especiales de conservación. La topografía varía de plana a
moderadamente inclinada, la permeabilidad varia de lenta a muy rápida. Los factores
limitantes más comunes que pueden presentarse solos o combinados son:

1. Topografía moderadamente ondulada.


2. Moderada susceptibilidad a la erosión.
3. Moderada a baja profundidad del suelo.
4. Baja permeabilidad del suelo.
5. Baja capacidad de retención de agua.
6. Moderada fertilidad natural.
7. Drenaje imperfecto.

Clase IV. Los suelos de esta clase tienen severas limitaciones que restringen la elección de
cultivos. Estos suelos requieren prácticas especiales de manejo y conservación, más difíciles
de aplicar y mantener que las de la Clase III. Los suelos de Clase IV pueden usarse para
cultivos, praderas, frutales etc. Los factores limitantes más comunes que pueden presentarse
solos o combinados son:

1. Topografía moderadamente ondulada y disectada.


2. Fuerte susceptibilidad a la erosión.
3. Suelos delgados.
4. Baja permeabilidad del suelo.

29
5. Baja capacidad de retención de agua.
6. Moderada a baja fertilidad natural.
7. Drenaje pobre.

3.3.2. Resumen de clases - suelos no arables (CIREN, 1999):

Clase V. Estos suelos presentan escaso o ningún riesgo de erosión, pero tienen severas
limitaciones que no pueden modificarse en forma práctica, lo que limitan su uso a praderas
naturales o forestales. Son suelos casi planos, pero muy húmedos, o pedregosos para ser
cultivados. Pueden experimentar inundaciones frecuentes y prolongadas, o salinidad
excesiva o limitaciones climáticas. Las limitaciones más comunes en esta clase son:

1. Inundaciones frecuentes en terrenos bajos.


2. Suelos casi planos con limitaciones climáticas.
3. Suelos planos pedregosos.
4. Suelos mal drenados y donde el drenaje no es factible.

Clase VI. Los suelos de esta clase no son aptos para cultivos sino sólo para praderas y
forestales. Sus limitaciones no pueden ser corregidas e incluyen una o más de las siguientes:

1. Pendientes pronunciadas.
2. Erosión pasada o susceptibilidad a erosión severa.
3. Suelo moderadamente delgado.
4. Pedregosidad excesiva.

Clase VII. Son suelos con limitaciones muy severas no aptos para los cultivos y su uso
fundamental es forestal. Las restricciones son más severas, que en la de Clase VI y incluyen
una o más de las limitaciones siguientes:

1. Pendientes muy pronunciadas.


2. Erosión severa pasada o susceptibilidad a erosión muy severa.
3. Suelo muy delgado.
4. Pedregosidad muy excesiva.

Clase VIII. Son suelos sin valor agrícola, ganadero o forestal. Su uso está limitado
solamente para la vida silvestre, recreación o protección de hoyas hidrográficas. Incluyen
dunas activas, pedregales, pantanos o suelos destruidos por la erosión.

3.4. Realización de un estudio de capacidad de uso.

La asignación de una determinada unidad de capacidad de uso, depende principalmente de


las características de profundidad del suelo, sus pendientes, grado de erosión pasada o grado
de susceptibilidad a la erosión, de sus problemas de drenaje, permeabilidad del perfil etc. El

30
estudio se efectúa recorriendo el campo y determinando en algunas calicatas las propiedades
más importantes para este sistema de clasificación (Figura 3.2).

Figura 3.2. Cada punto del terreno que representa un área homogénea (suelos con la misma
pendiente, profundidad etc.) del predio, se ubica en una foto área, acompañando las
observaciones respectivas en una libreta.

El empleo de fotografías aéreas constituye el mejor plano base para la realización del estudio
en terreno. Fotointerpretación estereoscópica en trabajo de oficina (previo al trabajo de
campo), permite hacer una gran parte de las delimitaciones de suelo, determinar el grado de
intensidad de estudio en los diferentes potreros del predio, y establecer los puntos de
observación y posibles rutas de actividades en terreno. En terrenos de lomajes y cerros este
proceso de fotointerpretación es muy sencillo y rápido. Adicionalmente, se puede acceder a
distintos imágenes de terrenos, y la topografía asociada, en varios sitios en Internet.

En la preparación de un plan de conservación de suelos y aguas para una propiedad, el


estudio de capacidad de uso de sus suelos a nivel de “unidad” resulta esencial, facilitando la
representación gráfica de las recomendaciones de uso y manejo emanadas de dicho plan
(Figuras 3.3 y 3.4).

31
Figura 3.3. Plano de capacidad de uso de suelos en un predio. Note que los cercos actuales
no coinciden con los límites de los suelos.

Figura 3.4. Plan de conservación de suelo en un predio. Note como los usos coinciden con
las capacidades de uso de los suelos, y que se han cambiado los cercos para seguir mejor los
límites de los suelos.

32
3.5. Clases de erosión hídrica

• Clase 1 (erosión ligera)

Agrupa suelos que han perdido parte del horizonte A original, pero en porcentajes inferiores
al 25% de su altura. Evidencias o indicadores de erosión para esta clase pueden incluir: a)
presencia de canalículos; b) acumulación de algún sedimento en la base de las pendientes o
en las depresiones y c) en puntos dispersos del área (<20%) se pueden observar sectores con
mayor erosión (Soil Survey Staff, 1993).

• Clase 2 (erosión moderada)

Suelos que han perdido entre 25 a 75% de la profundidad del horizonte A original. A través
de la mayor parte del terreno, el estrato de labranza puede ser una mezcla del horizonte
superficial con el material del estrato que lo subyace. Algunas laderas pueden presentar un
patrón intricado de sectores sin erosión, alternando con áreas en las que todo el horizonte A
ha sido removido. Donde el horizonte A es muy grueso, no se observan mezclas con el
subsuelo.

• Clase 3 (erosión severa)

Considera suelos que han perdido más de 75% del horizonte A original. En la mayor parte
de las áreas de clase 3 de erosión, se encuentra expuesto el estrato que subyace al horizonte
A. La capa arable consiste enteramente o en gran medida de este tipo de material.

• Clase 4 (erosión muy severa)

Esta clase consiste en suelos que han perdido todo el horizonte A, más parte o todo el
horizonte inferior. El suelo original puede ser identificado en sólo algunos lugares del
terreno. La mayor parte de estas áreas presentan un intricado patrón de cárcavas,
especialmente en suelos de la Cordillera de la Costa.

33
4. Control de Erosión Hídrica en Suelos Cultivables: Prácticas Biológicas o
Agronómicas

4.1. Introducción

Las lluvias que ejercen su acción erosiva a través de la energía cinética de que disponen las
gotas de lluvia. La parte más importante del daño lo ocasiona la energía que se aplica
verticalmente sobre la superficie de un terreno con el impacto de gotas de lluvia sobre el
suelo. El posterior escurrimiento superficial de aguas que no se infiltran al suelo,
corresponde a la energía que se aplica en forma paralela a la superficie del terreno (Stallings
1957; Troeh et al, 1980; Morgan, 2005). Para la primera forma de energía se adoptan
métodos de control que la interceptan y disipan. Este objetivo se cumple con la presencia de
vegetación viva o muerta sobre la superficie del suelo, y se llama control biológico, o
agronómico, de erosión.

Para la energía que se manifiesta en el escurrimiento superficial, los métodos de control


mecánica, o prácticas complementarias, se orientan a prevenir la concentración de las aguas
y retardar la velocidad del flujo, efectos que se pueden lograr en mayor o menor grado,
mediante el cultivo en contorno, el cultivo en fajas, cercos vivos, o terrazas. Generalmente,
estos últimos métodos no son tan eficaces como los métodos de control biológico de erosión,
porque sólo disminuyen la energía de escurrimiento superficial que es mucho menor que la
energía proveniente del impacto de gotas de lluvia sobre el suelo.

Las prácticas agronómicas de control de erosión incluyen el manejo de cultivos y sus


secuencias en rotaciones, con el propósito de establecer una adecuada cobertura. Se agregan
el efecto de diversas modalidades de labranza de conservación, orientadas a facilitar la
infiltración de agua en el terreno y a disminuir las pérdidas de suelo. Frecuentemente
corresponden a sistemas que no se invierte el suelo y se retiene cierta cantidad de residuos
protectores sobre la superficie.

A partir de la década 1970’, las técnicas de control agronómico han venido tomando cada
vez mayor importancia. Todos los sistemas que contemplan la presencia de vegetación o
residuos de cosecha sobre la superficie del terreno, han demostrado una alta eficiencia no
sólo para disminuir la acción de gotas de lluvia, sino también como una excelente medio de
control de escurrimiento superficial, evitando su concentración y disminuyendo la velocidad
del flujo.

4.2. Manejo de suelos de acuerdo con su capacidad de uso

La primera medida a considerar en la aplicación de prácticas conservacionistas en un predio,


es la correcta utilización de todos los suelos. Generalmente, en suelos de lomajes y cerros se
da una amplia gama de situaciones en relación a las características de su relieve, las cuales
pueden requerir el empleo de diversas técnicas de conservación. La formulación de un plan
de conservación de suelos y aguas requiere, como elemento básico, un detallado estudio de

34
clasificación de la capacidad de uso de los suelos. Esta información indicará la condición en
que se encuentran los suelos, las posibilidades de uso y necesidades de prácticas de control
de erosión que deben adoptarse. Las recomendaciones que se apliquen deben permitir la
obtención de una producción óptima, sobre una base sostenida.

4.3. Rotaciones de cultivos

Las rotaciones de cultivos que incluyen algunos años con praderas, ejercen un fuerte efecto
residual en cultivos que siguen la pradera, a través de la mejor estructura del suelo que hace
posible. La materia orgánica proveniente de la descomposición de hojas y raíces aportadas
por la pradera, favorece un mejor drenaje y otorga mayor estabilidad a los agregados para
resistir la acción dispersante de las gotas de lluvia.

Durante el primer año de establecimiento de una pradera, se estima que el suelo adquiere
alrededor de un 80% de mayor capacidad defensiva contra la erosión y un 15% en el
segundo (Hudson, 1995). Esto significa que si solo se persigue un mayor control de erosión,
no se justificaría mantenerla por más de dos años, siempre y cuando el tipo de pradera y su
costo de establecimiento así lo permitieran. Sin embargo, la destrucción de la materia
orgánica incorporada en esos dos años y la mejor estructura que promueve, es igualmente
rápida. Prácticamente, el efecto mencionado desaparece en un año.

Las rotaciones de cultivos presentan las siguientes ventajas:

• Los cambios de cultivo interrumpen los ciclos de pestes o enfermedades.

• Se alternan cultivos con diferentes hábitos de profundidades de sus sistemas radículares,


variando la zona de captación de nutrientes.

• Disminución de la erosión en el cultivo que sigue la pradera, gracias al efecto residual de


protección que proporciona.

• En los años con pradera, la incorporación de una mayor cantidad de materia orgánica
contribuye a mejorar la estructura del suelo.

• Parte de las fuertes aplicaciones de fertilizantes pueden reemplazarse por el aporte de


nitrógeno de las leguminosas que integran una pradera.

Las leguminosas son importantes cultivos en rotación con cereales por cuanto cortan ciclos
de enfermedades, fijan nitrógeno atmosférico (N2) para mejorar la fertilidad del suelo, y
disminuyen la incidencia de malezas gramíneas en el cultivo de trigo. Ensayos han
mostrado aumentos significativos en el rendimiento de cereales cuando éstos se cultivan
después de lupino en comparación con un monocultivo de cereales. La rotación trigo–
lupino tiene beneficios para ambos cultivos controlando enfermedades como el mal de pie

35
en trigo, y mancha café en lupino. El lupino es capaz de fijar entre 100 a 250 kg N ha-1 y,
aunque mucho N se va en el grano, aporta al suelo aproximadamente 40 kg N ha -1 año-1 que
se traduce en un aumento de rendimiento de trigo de 1.6 ton ha-1 (Silva y Acevedo, 2002).
En una investigación en el centro–sur de Chile, se encontró que rotaciones que incluyeron
varios años de praderas con alfalfa mejoraron varias propiedades del suelo (Humic
Haploxerand), incluyendo los contenidos de C, N y S del suelo, y la estabilidad estructural
de los agregados (Sandoval et al., 2007).

Un ejemplo clásico que demuestra el tremendo significado de la cobertura vegetal en


sistemas comunes de rotaciones, se observa en una antigua experiencia (Miller y Krusekopf,
1932) que se muestra en Cuadro 4.1.

Cuadro 4.1. Pérdidas de suelo y escurrimiento superficial durante 14 años para diferentes tipos
de cobertura (Missouri, EEUU).
Tratamientos Erosión de Suelo Escurrimiento Superficial
Ton ha año
-1 -1
%
Pasto azul, continuo 0.76 12.0
Rotación maíz, trigo, trébol 6.23 13.8
Trigo, continuo 22.60 23.3
Maíz, continuo 44.72 29.4
Barbecho 93.30 30.7

El incremento de erosión que se observó en dicha investigación no fue acompañado por un


aumento relativamente proporcional del escurrimiento superficial. Esto se explica por el
hecho que la eficiencia de las cubiertas vegetales se ejerce principalmente en la disipación de
energía de las gotas, despojando a la lluvia de su mayor componente erosivo. Junto con
reducir drásticamente las pérdidas de suelo, disminuyendo el escurrimiento superficial,
bajando la velocidad de flujo y permitiendo una mayor oportunidad para la infiltración.
Este ejemplo es otra demostración de que el impacto de gotas de lluvia representa la fase
más importante del proceso erosivo.

4.4. Efecto del manejo agronómico en el control de erosión

En relación a la importancia que puede tener el correcto manejo agronómico en el control de


la erosión, es interesante resumir algunos conceptos:

“Es notable la frecuencia con que el manejo requerido para el control de erosión coincida con el manejo
agrícola que persigue altos y eficientes rendimientos. Por esta razón no se justifique la creencia de que el
manejo conservacionista de suelo restrinja la producción, o signifique la adaptación de prácticas
antieconómicas. Esta feliz coincidencia de propósitos se puede comprobar en muchos casos. Por ejemplo,
para lograr óptimos resultados de productividad en una pradera, se debe controlar la carga animal, la
distribución de pastoreo, tener fertilización adecuada para un máximo desarrollo de las plantas, etc.
Estas exigencias para una producción más eficiente y económica, también son las que favorecen una
mejor protección contra la erosión, si el sector corresponde a una ladera. Hace algunos años era

36
corriente hablar de cultivos agotantes y de cultivos que conservan los suelos. La realidad es que no son
los cultivos que los agotan, sino que el tipo de manejo a que son sometidos” (Hudson, 1995).

Lo anterior se aprecia claramente en la siguiente investigación (Cuadro 4.2.):

37
Cuadro 4.2. Efecto de prácticas de manejo en la erosión de suelo en un cultivo continúo de
maíz (Hudson, 1995):
Manejo convencional para Manejo para alta
nivel medio de producción productividad

Nº de plantas ha-1 25,000 37,000


N, kg ha-1 20 100
P2O5, kg ha-1 50 80
Rastrojo Quemado Incorporado
Rendimiento, ton ha-1 5 10
Escurrimiento superficial, mm 250 20
Erosión, ton ha-1, año-1 12.3 0.7

El efecto de incorporar los rastrojos aseguró la mantención del nivel de materia orgánica.
Después de 10 años, la condición física del suelo mejoró, los rendimientos aumentaron y
disminuyó la erosión, comparado con manejo convencional. Las 10 semanas de sembrado
el maíz, se tomaron fotos verticales para determinar el porcentaje de cobertura alcanzado.
Las parcelas con un equivalente de 25,000 plantas por hectárea presentaban una cobertura
de 60% del suelo y aquellas con 37,000 plantas, cubrían 90%. La cobertura se incrementó
sólo en un 50%, pero la erosión producida en ambas parcelas fue proporcional al porcentaje
de suelo descubierto. El promedio de erosión durante 10 años fue significativamente menor
en la parcela con alta densidad de siembra. Puede concluirse que la densidad de la cobertura
influye más en el control de la erosión que cualquier otro factor de manejo.

4.5. Fertilización

La fertilización contribuye a disminuir la erosión, promoviendo un crecimiento más denso y


vigoroso del cultivo. Además, estimula un desarrollo más temprano de la vegetación
durante el invierno, alcanzando en menor tiempo una densidad que proporciona cierto
grado de defensa contra la erosión. También se logra incrementar el aporte de materia
orgánica al suelo, el que contribuye a la formación de un sistema más extensivo y denso de
las raíces.

En la casi totalidad de las investigaciones que relacionan la magnitud de la erosión con la


fertilización, se aprecian tendencias parecidas, es decir, al aumentar los rendimientos y la
masa vegetativa de los cultivos, disminuyen las pérdidas de suelo y el escurrimiento
superficial. La mayor densidad de cobertura facilita una mejor infiltración de las aguas
lluvias.

4.6. Labranza de conservación

38
El término “labranza de conservación” se refiere a cualquier sistema de labranza que
reduzca las pérdidas de suelo o agua en relación al convencional. Frecuentemente es una
forma de labranza en la que no se invierte el suelo y se retiene alguna cantidad de residuos
protectores sobre la superficie del terreno (Manneering y Fenster, 1983)

A través de tres procedimientos es posible disminuir las pérdidas de suelo al emplear


técnicas de labranza de conservación:

• Dejando sobre la superficie del suelo, terminando las operaciones de labranza, una cierta
cantidad de rastrojos o residuos del cultivo anterior.

• Promoviendo una superficie más terronuda, áspera, o bien, la presencia de un patrón de


surcos claramente discernibles.

• Una combinación de los dos anteriores.

El tipo de labranza que deja una superficie más áspera en ausencia de rastrojos, también es
capaz de reducir la velocidad del flujo precanalizado. Sin embargo, este efecto protector se
pierde muy rápidamente después de las primeras lluvias, al destruirse los terrones por acción
de las precitaciones más violentas del invierno.

4.7. Breves antecedentes históricos de la labranza de conservación

El efecto protector de los residuos de cultivos se descubrió en la década de los 1930’ en los
EEUU, gracias a la conciencia conservacionista que se despertó a raíz de los devastadores
estragos ocasionados por la erosión eólica en suelos de las grandes planicies, explotados con
cereales y como consecuencia de algunos años de sequía. En esa oportunidad se apreció que
cubiertas relativamente densas de residuos, protegían muy eficazmente el suelo. Más tarde
se comprobó que también resultaban eficaces para controlar la erosión hídrica.

A pesar de algunos problemas que enfrentan los agricultores con la presencia de residuos en
la superficie, su uso ha generalizado en muchos países. Las demandas por mejorar la
calidad de las aguas de esteros y ríos, ha estimulado vigorosamente el empleo de sistemas de
labranza de conservación. En sólo 10 años, entre 1972 a 1982, su uso en los EEUU se
aumentó desde 12 a 40 millones de hectáreas (Meyers, 1983). Actualmente, estos sistemas
constituyen el mayor volumen de las prácticas que promueven el Servicio de Conservación
de Recursos Naturales (NRCS–USDA) en ese país.

La amplia gama de técnicas de labranza de conservación van desde aquellas en que se dejan
bajos niveles de residuos superficiales, a labranza y cultivos sólo en hileras dejando intacto
los suelos entre hileras, hasta el sistema más sofisticado denominado cero labranza.

39
Generalmente, los rendimientos se incrementan, paulatinamente, con el uso de cubiertas de
rastrojo. En los casos en que la producción disminuye con la adaptación de estas técnicas,
las causas se deben a algunos de los siguientes factores (McCalla y Army, 1964):

• Uso de equipos inadecuados o falta de conocimientos para manejar el sistema.

• Deficiencias en el abastecimiento de nutrientes, especialmente con nitrógeno.

• Cambios en el status de microorganismos del suelo y posible producción de sustancias


fitotóxicas.

• Suelos arcillosos con mal drenaje.

Aún cuando un buen manejo agronómico puede reducir las pérdidas de suelo a través de
mejores variedades de alto potencial productivo, adecuados programas de fertilización y
rotaciones de cultivos que incluyen praderas, es evidente que en la primera etapa del
desarrollo de los cultivos anuales, el suelo permanece con un mínimo defensa contra la
acción de las lluvias. La presencia de una parte de los rastrojos del cultivo anterior dejados
en la superficie del terreno, puede otorgar una eficiente protección durante este periodo
crítico.

4.8. Sistema de manejo de residuos densos

En un principio los sistemas de manejo de residuos plantearon serios problemas para


disponer de los rastrojos. Uno de los primeros equipos para solucionar este inconveniente
fue el arado cultivador, constituido por un marco portaherramientas y vástagos con aletas
planas, que pueden trabajar a profundidades de 15 cm, dejando la superficie corrugada. Este
implemento remueve y fragmenta el suelo sin invertirlo, cortando las raíces de las malezas y
manteniendo parte del residuo sobre la superficie. Otro adelantado fue la aparición del
arado cincel. En rastrojos que no sean de gran densidad, permite una aceptable preparación
del suelo. Está provisto de 2 a 3 hileras alternadas de vástagos curvos de acero, que se fijan
a un marco portaherramientas mediante abrazaderas. Los extremos de los vástagos llevan
puntos angostos en forma de cincel. Roturan y fragmentan el suelo en mejor forma cuando
se encuentra casi seco y firme. Estando húmedo se desmenuza, formándose terrones
grandes, difíciles de deshacer posteriormente. Es ideal para barbecho de verano en suelos
volcánicos. La destrucción de malezas no resulta tan eficiente, pero el empleo de herbicidas
puede obviar este problema.

En una primera operación, el arado cincel se emplea roturando a 10 ó 15 cm de


profundidad. Las siguientes operaciones se hacen más superficiales. Este arado se
complementa con rastras fresadoras, rastras combinadas etc. El número de operaciones
dependerá del grado de preparación que se obtenga y la densidad de residuos que va
quedando en la superficie (Cuadro 4.3). Todos los equipos descritos pueden combinarse
para hacer labores en tándem. Cuando el residuo es muy denso, previo a las operaciones

40
con arado cincel, se emplea un equipo para trozarlo y facilitar de este modo la labranza
posterior, permitiendo que sobre la superficie quede, una vez sembrado, una y media a dos
toneladas de residuos por hectárea.

Para la siembra de cereales en línea se utilizan equipos similares a los convencionales pero
provistas de zapatas más poderosas, que abren surcos de siembre a la profundidad adecuada
sin atascarse en el residuo. Delante de cada zapata se ubica un disco que hace el primer
trabajo de separar el residuo. Los surcos abiertos son tapados y comprimidos por discos
anchos ubicados a continuación de cada zapata.

41
Cuadro 4.3. Densidad de residuos que queda sobre el suelo después de varias operaciones
con diferentes implementos de labranza (Fenster, 1960).
Implemento Operaciones Rastrojo que Queda en la Superficie
Nº %
Rastra fresadora 3 40
Arado cincel 2 70
Arado cultivador 2 60
Arado de discos 1 50
Arado de discos 2 25
Arado de discos 3 10
Arado de barra 4 60
Arado de vertedera 1 10

4.8.1. Problemas de malezas

El tipo de preparación y siembre con la técnica de residuos densos (1.5 a 2 ton ha-1), puede
crear serios problemas de malezas. No todas las semillas quedan bien enterradas como en la
labranza convencional y al no invertir el suelo, raíces de malezas pueden desarrollarse
nuevamente. El empleo de nuevos herbicidas solucione este inconveniente.

4.8.2. Rendimiento en grano y paja

Se presenta una tendencia en cereales a rendir más con el método de residuos densos que
con el convencional, debido a una mejor infiltración de las lluvias en el perfil. En regiones
más húmedas, debido al mayor problema de malezas, los rendimientos son algo menores.
Incluso, los rendimientos en un suelo con labranza de conservación pueden ser mayores o
menores comparados con al convencional, dependiendo de la lluvia caída durante la
temporada. Años con lluvia excesiva pueden resultar en rendimientos algo menores en
labranza de conservación debido al exceso de humedad en el suelo.

Las nuevas variedades de trigo, con altura de un metro ó menos, tienen una relación
paja/grano aproximada de 1/1. Alrededor de 2/3 de los residuos se descomponen en un
plazo de 4 a 6 meses. Este fenómeno está muy relacionado con la temperatura, humedad,
contenido de nutrientes del residuo, tipo de residuo, etc. Muchos estudios han indicado que
la incorporación del rastrojo en el suelo incrementa su velocidad de descomposición, en
comparación con los residuos sobre la superficie del suelo. En la zona centro-sur de Chile,
las bajas temperaturas en invierno y suelo seco en verano limitan la acción de los
microorganismos en el suelo, y la descomposición de rastrojo. Por ello, en primavera y
otoño, cuando predominan mejores condiciones de humedad y temperatura, deberían darse
mayores tasas de descomposición (Vidal y Troncoso, 2002).

4.8.3 Efectos en el suelo con el uso de coberturas densas de residuos

42
• Control de erosión. Todas las investigaciones efectuadas coinciden en destacar que el
empleo de residuos densos (1.5 a 2 ton ha-1) es una práctica conveniente para condiciones
determinadas de suelos y pendientes (Meyers et al., 1970).

En el Cuadro 4.4 se muestran los resultados de una investigación realizada en un suelo


volcánico (Typic Haploxerand) al oriente de Chillán, en una ladera de 11% de pendiente,
donde se determinaron las perdidas de suelo para tres niveles de residuos, en un cultivo de
trigo (Peña, 1985).

Cuadro 4.4. Valores de pérdida de suelo y escurrimiento superficial para tres niveles de residuos
en un suelo volcánico (Typic Haploxerand), con 11% de pendiente, sembrado con trigo.
Cantidad de Rastrojo Erosión de Suelo Escurrimiento Superficial
ton ha-1 ton ha-1 %
0 15.64 15.80
1 3.98 11.93
2 1.81 6.43

El efecto protector de la cobertura de paja puede explicarse, en parte, por la disipación de


energía cinética de las gotas de lluvia. El resto debe asignarse a la disminución de la
velocidad de flujo precanalizado. La presencia de residuo determinó cursos más sinuosos
para el escurrimiento superficial, observándose acumulación de sedimentos en los trozos de
paja más perpendiculares a la pendiente. En esta investigación, no se midió el efecto de
reducción de la velocidad del flujo precanalizado, pero el porcentaje de escurrimiento
superficial disminuyó con mayor cantidad de rastrojo (Cuadro 4.4). En una investigación
previa, se determinaron velocidades de escurrimiento superficial de 13.9 cm seg -1 para suelos
sin protección, y de 6.9 cm seg-1 en suelos protegidos con residuos (Meyers et al., 1970).

• Conservación de humedad. La presencia de 1.5 a 2 ton ha-1 residuos no produce


aumentos significativos de humedad en suelo. Pero, una cubierta muy densa de alta
reflectividad puede disminuir la evaporación del suelo a través de una disminución de
radiación neta, resultando en contenidos elevados de humedad en suelo.

• Temperatura del suelo. A comienzos de primavera las temperaturas son algo más bajas,
afectando ligeramente el crecimiento de plantas.

• Efectos físicos. No se han detectado cambios de importancia en la densidad aparente y la


porosidad, pero sí mejora la estabilidad de los agregados en los primeros 5 cm del perfil. En
microfotografías de los primeros centímetros del suelo, se observa una estructura más
abierta.

• Efectos químicos. Muchos investigadores muestran que los residuos producen una
disminución en la disponibilidad de nitrógeno. Este efecto adverso influye en los
rendimientos, pero la aplicación de una mayor cantidad de nitrógeno supera esta dificultad,
como se puede apreciar en el Cuadro 4.5.

43
Cuadro 4.5. Efecto de la aplicación de nitrógeno en los rendimientos de trigo, en parcelas
con y sin rastrojo superficial (McCalla y Army, 1964).
Dosis de N Rendimiento de Trigo
Con Rastrojo Sin Rastrojo
kg ha-1 ton ha-1 ton ha-1
0.0 0.71 1.22
22.4 1.04 1.48
44.8 1.16 1.50
89.6 1.60 1.58

La acumulación de paja en la superficie afecta la distribución y actividad de los


microorganismos y, a su vez, parece tener un impacto significativo en la suerte de los
fertilizantes nitrogenados aplicados superficialmente. Inmediatamente debajo de los
residuos se produce una zona de mayor actividad de los microorganismos. Los residuos
vegetales parcialmente descompuestos, proporcionan una fuente de alimentos con una alta
relación carbono–nitrógeno. Bajo estas condiciones, el fertilizante nitrogenado distribuido
superficialmente, es tomado rápidamente por los microorganismos e inmovilizado como
materia orgánica (Blevins et al., 1983). Es recomendable aplicar entre 12 a 20 kg extras de N
por tonelada de materia seca presenta en la superficie del terreno.

Con respeto al P, Ca y K, no hay mayores diferencias con el sistema convencional de


labranza. En relación con la materia orgánica, sólo en los dos primeros centímetros hay un
porcentaje ligeramente mayor en manejo de residuos. Igualmente hay una mayor
concentración de hongos y bacteria en la profundidad mencionada. Por debajo de los 2 cm
indicados no se aprecian diferencias significativas entre los dos sistemas de labranza.

La intensidad de los cambios en el ambiente físico, químico y biológico, depende de la


cantidad de residuos que quedan en la superficie, del grado de reducción de la labranza y del
número de años de funcionamiento del sistema.

• Enfermedades. No se ha constatado una mayor incidencia de enfermedades y plagas en


varios años de establecido el sistema de manejo de labranza de conservación con residuos
densos (McCalla y Army, 1964).

4.9. Coberturas mínimas de residuos

El sistema de manejo de residuos densos no resulta fácil de aplicar, aparte de requerir una
sembradora de diseño que permita sembrar con aceptable normalidad a través de rastrojo,
especialmente cuando se acerca a un nivel de 2 ton ha-1. Sin embargo, en pendientes
moderadas utilizando densidades bajas de residuos es posible disminuir apreciablemente la
erosión.

44
Hudson (1995) propuso un sistema alternativo, que consiste en cosechar el cereal y utilizar
luego un implemento para trozar el rastrojo. Las operaciones de labranza se realizan luego
con equipos convencionales, es decir, incorporando la mayor parte del rastrojo, dejando una
baja densidad de ello sobre la superficie. Ensayos de campo demostraron que este método
era mucho más sencillo y de menor costo, al tiempo que reducía la erosión a límites
tolerables en pendientes moderadas. Concluye Hudson estableciendo que “evidentemente, la
combinación de parte de la paja en la superficie, que proporciona alguna cobertura y la mayor parte
incorporada cerca de la superficie, que puede promover una mayor porosidad y mejor drenaje, resulta
tan efectiva como dejar una alta densidad de residuos sobre la superficie.” En síntesis, el problema
de proporcionar una adecuada defensa contra la erosión en laderas moderadas, en las que se
ha dejado una cobertura mínima de rastrojos, se completa con cultivo en contorno y normas
de manejo agronómico para alta productividad.

Siguiendo la línea recién bosquejada, se llevó a cabo una investigación para determinar el
control de erosión que proporcionan los sistemas de manejo que dejan bajas densidades de
rastrojos en la superficie, con alto niveles de fertilizantes y semillas o con cultivo en
contorno (Peña, 1985). El ensayo se efectuó en un suelo volcánico de la serie Santa Bárbara
(medial, amorphic, mesic Typic Haploxerands) (Stolpe, 2006), con pendiente de 11%, en un
sector de la precordillera de Ñuble. Los resultados se muestran en Cuadro 4.6.

Cuadro 4.6. Erosión de suelo en la serie Santa Bárbara (Typic Haploxerands) con 11%
pendiente, sembrado con avena o raps con diferentes modalidades de manejo de rastrojo,
niveles de fertilizantes; ó prácticas complementarias.
Tratamiento Erosión de Suelo
ton ha-1 año-1
Avena; rastrojo quemado, niveles medios de fertilizantes y 11.01
semillas
Avena; rastrojo enterrado con 250 kg ha-1 en al superficie, alto 6.41
nivel de fertilizante y semillas
Raps; rastrojo quemado, siembra en el sentido de la pendiente 11.10
Raps; rastrojo enterrado con 250 kg ha-1 en la superficie, cultivo 5.65
en contorno

El tratamiento con avena y rastrojo enterrado, con altos niveles de fertilizantes y semilla
disminuyó la erosión por 41.8%, comparado a avena con manejo convencional. El
tratamiento con raps con cultivo en contorno disminuyó la erosión por 49.1%, comparado a
raps con manejo convencional. La modalidad de cultivo en contorno en suelos volcánicos,
no deja un patrón orientado muy relevante, las huellas dejados por las ruedas de los equipos
y los dispositivos de las maquinas sembradoras constituyen obstáculos para el libre
desplazamiento superficial, disminuyendo su velocidad. El efecto mencionado fue
reforzado por la presencia de una baja densidad de rastrojos.

4.10. Cero labranza

45
La cero labranza se refiere a un sistema de cultivo en el que la manipulación mecánica del
terreno se reduce al tráfico del equipo sembrador y a las aplicaciones de herbicidas. Al igual
que las prácticas de manejo de residuos ya analizadas, el principal propósito de la labranza
cero es mantener en la superficie del terreno parte de los rastrojos del cultivo anterior. La
siembra se ejecuta sobre la superficie previamente tratada con herbicidas.

4.10.1. Condiciones básicas que hacen posibles la cero labranza

• Destrucción previa de malezas con herbicidas de amplio espectro y corto efecto residual.

• Equipo sembrador muy sólido y más pesado que los convencionales, ya que en una sola
operación debe abrir los surcos, sembrar y cubrir las semillas.

4.10.2. Ventajas del sistema de cero labranza

• Excelente control de la erosión hídrica.

• Economía de combustible por la eliminación de la preparación del suelo para la siembra.

• Más rápida condición de traficabilidad después de una lluvia prolongada. En algunos


suelos volcánicos es posible sembrar poco después de una lluvia, obteniéndose una mayor
independencia de las condiciones climáticas.

• La eficaz protección que otorga contra la erosión, hace posible el uso más intenso de los
suelos de clases IIIe y IVe. Es posible, incluso, sembrar periódicamente algunos suelos de
clase VIe (Figura 4.1).

• Elimina la formación de costras superficiales, produciéndose una estructura similar a la


que promueve una pradera. Se logra una mejor infiltración y conservación de agua.

46
Figura 4.1. Cero labranza permite usar algunos suelos de clase VIe de Capacidad de Uso
debido a un control muy eficaz de erosión (fotografía: Servicio de Conservación de Recursos
Naturales, NRCS–USDA).

4.10.3. Desventajas del sistema cero labranza

• Fuerte inversión inicial de equipos, especialmente la maquina sembradora.

• La presencia de rastrojo superficial excesivo puede causar problemas para la siembra y


germinación de semillas del cultivo siguiente.

• Hay una fuerte dependencia de herbicidas, lo que es criticado por los ecólogos, aún
cuando el grado de envenenamiento que pueden provocar es discutible, por ser productos
orgánicos degradables en corto plazo.

• El control de malezas debe ser muy estricto y cuidadoso. Las variaciones en la


composición de las malezas, obliga estar muy atento para decidir cambios de herbicidas,
dosis y épocas de aplicaciones.

• El uso prolongado de cero labranza pueda aumentar la compactación de algunos suelos,


obligando así el uso periódico de un subsolador.

4.10.4. Control de erosión en cero labranza

Todas las investigaciones sobre control de erosión con cero labranza, muestran un excelente
comportamiento de esta técnica. En el cuadro 4.7, se dan los resultados de un ensayo con
raps, establecido mediante cero labranza, en un suelo volcánico (Typic Haploxerand), con
11% de pendiente (Peña, 1986). Este método redujo en 94.4% las pérdidas de suelo en
relación al testigo con manejo convencional, lo que confirma sus excepcionales bondades
como técnica de control de erosión en suelos volcánicos de lomajes.

Cuadro 4.7. Pérdidas de suelo para las modalidades de manejo convencional y cero
labranza, en un suelo volcánico (Typic Haploxerand) con 11% de pendiente, provincia de
Ñuble, Chile.
Tratamiento Erosión de Suelo
ton ha-1 año-1
Raps, rastrojo quemado, labranza en el sentido de la pendiente 5.68
Raps, no se quema el rastrojo, cero labranza 0.32

En otro ensayo efectuado cerca de Mulchén (Cuadro 4. 8), se determinaron las pérdidas de
suelo para tres modalidades de manejo de residuo en un suelo volcánico (Peña et al., 1994).

47
48
Cuadro 4.8. Pérdidas de suelo para tres modalidades de manejo de rastrojo en un suelo
volcánico con 8% de pendiente (Typic Haploxerands), provincia de Bío Bío, Chile.
Tratamiento Erosión de Suelo
ton ha-1 año-1
Raps, quema de rastrojo, labranza en el sentido de la pendiente 15.33
Raps, rastrojo enterrado, dejando 0.8 ton ha-1 en la superficie, 5.60
labranza en el sentido de la pendiente
Raps, no se quema el rastrojo, cero labranza 1.16

El tratamiento con un equivalente de 0.8 ton ha-1 de residuos sobre la superficie del suelo,
disminuyó las pérdidas de suelo en un 63.5% y cero labranza en un 92.4%. Todas las
operaciones se efectuaron en el sentido de la pendiente. Para esta pendiente de 8%, el
tratamiento con 0.8 ton ha-1 de rastrojo superficial dio una protección por debajo del valor de
tolerancia de erosión que se ha estimado para estas condiciones (Cuadro 4.9.).

Cuadro 4.9. Valores estimados de la tolerancia de erosión para suelos de las series Santa Bárbara
(Typic Haploxerands) y Collipulli (Xeric Paleumults).
Condición Tolerancia de Erosión
Serie Santa Bárbara Serie Collipulli
“trumao” “rojo arcilloso”
ton ha año-1
-1

Pendiente menor de 6% con 10–12 5–7


erosión ligera
Pendiente 6–10%, con erosión 7–8 4–5
ligera a moderada
Pendiente mayor de 10% con 5–6 2–3
erosión moderada a severa

En otra investigación sobre el efecto del tipo de labranza en la erosión de suelo Santa
Bárbara (11% pendiente) de la precordillera, con una rotación trigo – avena, se encontró
mayor erosión con labranza convencional (19.3 ton ha-1 año-1), comparada con labranza de
conservación (5.5 ton ha-1 año-1) y cero labranza (3.0 ton ha-1 año-1); y los niveles de erosión
con labranza de conservación y cero labranza fueron más bajos que la tolerancia de erosión
(Rodríguez et al., 2000).

4.10.5. Equipos para cero labranza

Se ha indicado que en este sistema la labranza y siembra se ejecutan en una operación, a


través de residuos previamente tratados con herbicidas. El sistema requiere el empleo de
una sembradora muy sólida y de mayor peso que las convencionales. No es fácil ubicar las
semillas a la profundidad adecuada, considerando que la siembra se efectúa sobre un terreno
en el que no se han realizado labores de preparación del suelo. En una operación el equipo
sembrador debe ejecutar las labores de abrir surcos de siembra, dejar caer y cubrir las

49
semillas apropiadamente y compactar el surco. Para llevar a cabo estas funciones, los
equipos disponen de cuchillas circulares acanaladas o estriadas, que actúan como discos
cultivadores, capaces de abrir surcos de 3 a 5 cm de ancho y 2 a 8 cm de profundidad. Van
montados sobre poderosos resortes que permiten mantenerlos a la profundidad correcta,
junto con protegerlos de obstáculos más firmes (piedras, troncos). Las estrías de los discos
sueltan el material en los costados y en el fondo de los surcos. Detrás de cada surco
cultivador se ubican dos discos sembradores, los que separan el suelo suelto para que las
semillas caigan hasta el fondo del surco. Al avanzar el equipo, el material suelto cubre las
semillas, siendo de inmediato presionado por las ruedas compactadoras.

La quema del rastrojo facilita la siembra pero se pierde gran parte de las ventajas de la cero
labranza. De hecho, “cero labranza con quema de rastrojo” sencillamente no es cero
labranza, porque la práctica va en contra de todo que se persigue con una cubierta protectora
de rastrojos sobre el suelo. Con la quema de rastrojo, se provoca algún grado de
encostramiento en la superficie, con disminución de la infiltración de aguas lluvias en el
perfil del suelo. También se reduce el nivel de materia orgánica en los primeros centímetros
del suelo. Por otro lado, la quema puede resultar en pérdidas importantes de nutrientes
contenidos en el rastrojo, como resultado del flujo convectivo directo de las cenizas y como
consecuencia de la acción de arrastre por agua y viento. Simultáneamente, se pierde
prácticamente la totalidad del C, N y S del rastrojo en la combustión. Por lo tanto, al dejar
rastrojo sobre el suelo se puede ahorrar una cantidad considerable de fertilizantes y mejorar
propiedades del suelo (Vidal y Troncoso, 2002).

4.10.6. Rendimiento de cultivos

En una investigación en el centro sur de Chile sobre el manejo de rastrojo en cero labranza,
se encontró que en los cultivos de trigo y avena la quema de rastrojo no presentó diferencias
significativas en rendimiento con respecto a los tratamientos de rastrojo picado y rastrojo
parado. Pero el tratamiento de rastrojo hilerado fue el que presentó el menor rendimiento
como consecuencia de la superficie ocupada por la franja de rastrojo que quedó sin siembra.
En este estudio, se encontraron menores rendimientos de raps con los tratamientos de
rastrojo picado, parado y hilerado, comparado con el rendimiento con la quema del rastrojo
(Vidal y Troncoso, 2002).

50
Cuadro 4.10. Rendimientos de trigo, avena y raps con diferentes tratamientos de rastrojo
superficial en cero labranza (Vidal y Troncoso, 2002).
Tratamiento de Rastrojo del Rendimientos
Cultivo Anterior Trigo Avena Raps
ton ha año
-1 -1

Rastrojo quemado 6.75 5.73 3.35


Rastrojo hilerado 5.20 4.67 2.21
Rastrojo Picado 6.37 4.85 2.25
Rastrojo parado 6.17 4.95 2.30

Estos resultados fueron sólo de dos años de experimentación y, por lo tanto, son
preliminares. Es recomendable que se hagan otros estudios, más largo plazo, para observar
los efectos del rastrojo sobre propiedades del suelo, como el contenido de materia orgánica,
fertilidad, infiltración de agua, que influirían positivamente en los rendimientos de los
cultivos. Un análisis económico de los resultados concluyó que es recomendable usar la
práctica de rastrojo parado, sembrando el cultivo siguiente por ello, porque tiene
importantes ventajas sobre la práctica de quema de rastrojo que incluyen un menor costo
directo en el uso de maquinaria, y menor pérdida de nutrientes del suelo y rastrojo por
acción del fuego (Arias, 2002).

En otro estudio en el centro-sur de Chile, los rendimientos de trigo y avena fueron más altos,
y similares, en cero labranza y labranza convencional, comparado con los rendimientos
usando labranza de conservación (Rodríguez et al., 2000).

4.10.7. Control de malezas

En este sistema, el control de malezas descansa en el uso de herbicidas. Dos herbicidas que
han dado resultados aceptables para el control de presiembra en cereales, son el paraquat y
el glifosato. El primero, eficaz en el control de malezas anuales de hoja ancha, es un
herbicida de contacto, de corto efecto residual. Se puede aplicar una semana antes de la
siembra, ya que ejerce una acción muy enérgica, secando rápidamente la vegetación. El
glifosato, de acción más lenta, se aplica unos 20 días antes de la siembra. Se desvirtúa en
corto tiempo en contacto con los coloides del suelo. Es más efectivo que el paraquat en el
control de gramíneas. Su acción se ejerce a través del proceso biológico de translocación,
moviéndose hacia las áreas de mayor actividad metabólica. Más tarde se aplican los
herbicidas selectivos de post emergencia, habitualmente empleados en cultivos tradicionales.

4.10.8. Influencia de cero labranza en algunas propiedades del suelo

El reemplazo de la labranza convencional por cero labranza puede introducir importantes


modificaciones en algunas propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo. El grado y
extensión de los cambios están determinados por la cantidad de residuos producidos
anualmente por el sistema, el grado de reducción de la labranza y el número de años que ha
estado funcionando. A continuación se presenta un resumen de las principales conclusiones

51
obtenidas en una investigación de 10 años sobre cero labranza (Blevins et al., 1983).
Anualmente, se sembró maíz en primavera y centeno en otoño. Las parcelas testigo se
manejaron con una aradura y dos rastrajes. La investigación se efectuó en un suelo de
textura franco limosa (Typic Paleudalfs), profundo y bien drenado:

• Conservación de humedad. La gran cantidad de residuos que permanecen sobre la


superficie del suelo disminuye la evaporación, incrementándose la disponibilidad de agua.
La humedad es significativamente más alta en los primeros 8 cm del perfil en cero labranza a
través de todo el periodo de desarrollo del cultivo (Cuadro 4.11). El mayor nivel de
humedad disponible en el perfil para uso del cultivo en cero labranza, permite un menor
estrés hídrico durante cortos periodos de sequía, lo que se aprecia en el mayor volumen de
transpiración.

Cuadro 4.11. Transpiración y evaporación, estimada en maíz para cero labranza y labranza
convencional, como promedio de 4 años.
Tratamiento Transpiración Evaporación Lluvia
% % %
Cero labranza 60.3 8.1 100
Labranza convencional 47.5 37.5 100

• Densidad aparente. El hecho de no haberse encontrado diferencias significativas de


densidad aparente del suelo en ambos sistemas de labranza estaría indicando que la labranza
cero no promueve una mayor compactación (Blevins et al., 1983). Sin embargo, algunos
investigadores han informado de aumentos de la densidad aparente para este sistema,
comparado con la labranza con arado cincel y la labranza convencional, lo que hace
necesario subsolar periódicamente los suelos (Martínez et al., 2012).

• Conductividad hidráulica saturada. La conductividad hidráulica saturada es una medida


de flujo saturado de agua a través de un volumen de suelo no alterado, como un indicador
del tamaño de continuidad de los poros que determinan la velocidad del movimiento del
agua. Este valor en los primeros 7.5 cm del perfil fue 1.9 cm hr -1 en cero labranza y 1.5 cm
hr-1 en labranza convencional. Una mayor velocidad de desplazamiento del agua en el perfil
en cero labranza, se atribuye a una mayor continuidad de poros y mayor actividad de
lombrices (Blevins et al., 1983). En suelo superficial, la cero labranza promueve una mayor
estabilidad estructural de agregados y mayor proporción de macro agregados (> 0.25 mm)
(Sandoval et al., 2007).

• Acidez del suelo. Uno de los primeros y más obvios cambios que se manifiesta en cero
labranza es la rápida caída del pH del suelo superficial (Figura 4.2), que influirá la
disponibilidad de nutrientes a los cultivos (Blevins et al., 1983). En labranza convencional el
pH fue casi igual en las dos profundidades (0–5 y 5–15 cm), ya que este sistema mezcla el
suelo en cada ciclo anual del cultivo. Al reducir la labranza, hay una mayor cantidad de
residuos que permanecen largo tiempo en los primeros centímetros del perfil del suelo que
libera ácidos orgánicos al descomponerse, aumentando la acidez del suelo. La mejor

52
condición física del suelo en cero labranza y más infiltración de aguas lluvias, también
producen una mayor lixiviación de Ca2+. Adicionalmente, mayores aplicaciones de N
fertilizantes en la forma de urea acidifican el suelo por el proceso de nitrificación (conversión
de NH4 a NO3) que libera H+. Por eso, se recomienda aplicar fertilizantes amoniacales que
son neutralizadas con aplicaciones concurrentes de cal (Vidal, 2002).

Figura 4.2. El pH del suelo a dos profundidades, después de 10 años de cultivo de maíz,
mediante cero labranza y labranza convencional, con varios dosis de N.

• Aumento de aluminio. Asociado con el pH más bajo en cero labranza, se ha observado


que aumenta el nivel de aluminio. En 0–5 cm de profundidad para cero labranza, el
aluminio aumentó con aplicaciones de 168 kg ha-1 de N. En labranza convencional, en
cambio, el incremento fue sólo ligero, sin crear problemas de fertilidad. Los tratamientos
con aplicaciones superficiales de calcio mantuvieron el pH, el Ca, Mg y Al a niveles
adecuados para los cultivos.

• Más materia orgánica. En cero labranza el contenido de materia orgánica aumenta en los
primeros centímetros superficiales del suelo (Figura 4.3). El efecto es más notable con más
años en el sistema y mayores aplicaciones de N fertilizantes (Cuadro 4.12). Generalmente,
un aumenta en el contenido de materia orgánica mejora otras propiedades físicas, químicas
y biológicas del suelo (Blevins et al., 1983). El aumento o “secuestro” de carbono en suelos
agrícolas también ayuda disminuir la concentración de CO 2 el la atmósfera y su efecto sobre
calentamiento global (Sandoval et al., 2003).

53
Figura 4.3. Distribución de la materia orgánica en el perfil del suelo, después de 10 años con
maíz continúo en cero labranza y cultivo convencional (Blevins et al., 1983).

Cuadro 4.12. Contenido de materia orgánica en dos profundidades del suelo, con cero
labranza y labranza convencional (Blevins et al., 1983).
5 Años 10 Años
N Pradera Cero Labranza Cero Labranza
Kg ha-1 Natural Labranza Convencional Labranza Convencional

Materia Orgánica en Suelo (%), 0–5 cm de Profundidad


0 5.18 3.68 2.37 3.70 2.16
84 3.96 2.60 5.08 2.41
168 4.11 2.78 4.82 2.40

Materia Orgánica en Suelo (%), 5–15 cm de Profundidad


0 2.47 2.22 2.23 1.88 2.38
84 2.28 2.53 2.21 2.40
168 2.15 2.60 2.34 2.31

La acumulación de materia orgánica en la superficie afecta la distribución y actividad de los


microorganismos del suelo, lo que produce inmovilización temporal del N que se aplica en
la superficie del suelo. En una investigación en que se desparramó al voleo 84 kg ha-1 de N
durante tres años, se produjo una inmovilización de 42% en cero labranza y 28% en
labranza convencional. En otros estudios se han determinado valores de inmovilización dos

54
veces mayores en cero labranza. El proceso descrito no significa una pérdida de N en el
suelo, pero si afecta su disponibilidad para las plantas, lo que traduce en menores
rendimientos, especialmente si se consideran aplicaciones bajas de este nutriente.

4.11. Algunos problemas con cero labranza

Hinkle (1983) comenta que dada la enorme importancia que esta adquiriendo la labranza
cero, se debe enfatizar la necesidad de intensificar la investigación sobre algunos aspectos
que amenazan con crear dificultades. Al alterar el medio físico, químico y biológico de los
primeros centímetros del suelo, se pueden crear mejores condiciones para el desarrollo de
gérmenes patogénicos.

Se ha comprobado que la resistencia que pueden adquirir algunos microorganismos,


insectos, malezas y animales a ciertos fungicidas, insecticidas, herbicidas y raticidas. Por
ejemplo, se ha informado que ciertas malezas han desarrollado resistencia contra la atrazina.
Se piensa que el mecanismo es la presencia de biotipos resistentes, que existen en muy bajas
cantidades junto al resto de la población de malezas. Los biotipos resistentes se hacen más
importantes en áreas en que se ha aplicado atrazina durante 5 a 10 años. La presión
selectiva convierta a estos tipos en el mayor componente de la población, al eliminarse las
malezas más susceptibles (Hinkle, 1983). Aplicaciones repetitivas de herbicidas, como
atrazina, pueden resultar en la adaptación de microorganismos del suelo al herbicida como
sustrato resultando en menor vida útil del herbicida para controlar malezas (Stolpe y Shea,
1995). Adicionalmente, atrazina tiene mayor movilidad relativa en suelos volcánicos que en
suelos no volcánicos, y mayor potencial para ser lixiviado a mayor profundidad (Stolpe y
Kuzila, 2002).

Koskinen y McWhorter (1986), establecen que los residuos pueden alterar significativamente
el comportamiento de los herbicidas, especialmente a través de algunos años bajo el sistema
de labranza de conservación. Los cambios ecológicos pueden favorecer la introducción de
nuevas malezas, las que finalmente dificultan el control y eleven los costos. La eficiencia de
los herbicidas puede disminuir cuando se aplican en suelos cubiertos de residuos. La falta de
un control efectivo de las malezas perennes y algunas anuales, generalmente controladas en
labranza convencional, es una de las posibles consecuencias en el sistema de cero labranza.

La introducción de cero labranza puede producir cambios en las poblaciones de malezas.


Las malezas de hoja ancha con semillas grandes disminuyen como problema en cero
labranza, pero las anuales de semillas pequeñas (cola de zorro, panicum, etc.) permanecen
constantes o aumentan. Otras se mantienen sin causar problema durante dos o tres años de
establecido el sistema, pero en un periodo más prolongado pueden crear mayores
dificultades. En un estudio realizado en Indiana (1984), los agricultores respondieron que
lograban adecuado control de la malezas en un 87% de las veces mediante el sistema de
labranza convencional; 65% con labranza reducida; y 42% con cero labranza.

55
Para un eficiente control de malezas es necesario: a) una correcta identificación de las
malezas presentes y de los sectores más afectados: b) seleccionar los herbicidas y las dosis
que controlen adecuadamente las malezas potencialmente peligrosas; c) asegurar que los
herbicidas se apliquen uniformemente y en el momento adecuado; d) revisar el cultivo
después de la aplicación y repetir el tratamiento en los sectores mal controlados y e) revisar
cuidadosamente los equipos.

Koskinen y McWhorte (1986), estiman que una estratégica complementaria de control es la


rotación de cultivos, rotación de los sistemas de labranza y cambio de herbicidas. Se
recomiendan recalibrar constantemente los equipos para asegurar que se aplican las dosis
correctas y en forma uniforme. Estos autores recomiendan, además, que cuando se adopta
el sistema de labranza cero, se debe seleccionar un potrero pequeño, que presente menores
problemas de malezas, de modo de dominar gradualmente el manejo del sistema.

56
5. Predicción de Escurrimiento Superficial

5.1. Introducción

En el diseño hidráulico de estructuras para controlar erosión, o en obras destinadas a


acumulación de aguas, se requieren informaciones cuantitativas del escurrimiento superficial
desde un área de drenaje. Específicamente, es necesario determinar el escurrimiento
máximo para una frecuencia de ocurrencia dada y el rendimiento o volumen anual
promedio escurrido. De estos valores dependen las dimensiones de estructuras para
evacuación de aguas destinadas a embalsarlas con distintos propósitos.

Se entiende por hoya hidráulica un área cuyas características de relieve determinan que las
aguas lluvias que caen sobre ella, escurren y se juntan en un punto más bajo. El
escurrimiento superficial es aquella parte de las lluvias que no se infiltra o la que retorna al
flujo después de haberse infiltrado (flujo de retorno inmediato).

Existen numerosos procedimientos para estimar el gasto máximo que se producirá en una
hoya hidrográfica, para un determinado periodo de frecuencia. Para áreas de drenaje
menores de 200 hectáreas, el Servicio de Conservación de Recursos Naturales, NRCS–
USDA de los EEUU ha empleando el método de Cook, que corresponde a un
procedimiento empírico, basado en centenares de estudios en hoyas de diferentes
características (Hudson, 1995). En este procedimiento se hace una cuidadosa evaluación de
la hoya hidrográfica incluyendo la superficie, relieve y forma de la cuenca, vegetación y
suelos (Figura 5.1).

Figura 5.1. Procesos hidrológicos que ocurren durante una lluvia y que son fuertemente
influidos por las características del área de drenaje de la hoya hidrográfica.

57
Ciertas características de las hoyas afectan el tiempo de concentración y la velocidad de
infiltración. Por tiempo de concentración se entiende el periodo o lapso que transcurre para
que una gota de lluvia se traslade desde el punto más alejado de la cuenca, hasta su salida.
La cantidad de escurrimiento aumenta con el incremento de la superficie del área de
drenaje. Sin embargo, el escurrimiento por unidad de área disminuye, ya que mientras
mayor es la superficie, mayor será el tiempo de concentración, lo que requiere una lluvia
más prolongada para producir el escurrimiento máximo (Roe y Ayres, 1954). Por otro lado,
mientras más prolongada es una lluvia, menor será su intensidad y habrá una menor
diferencia entre ella y la velocidad de infiltración del suelo.

El tipo de suelo afecta más a la velocidad de infiltración que al tiempo de concentración.


Sin embargo, las pendientes más fuertes significan una mayor rapidez en el desplazamiento
de las aguas, disminuyendo el tiempo de concentración. La velocidad de infiltración
también es algo menor.

La forma de la hoya afecta al tiempo de concentración. Áreas de drenaje alargadas y


estrechas, tienen un mayor tiempo de concentración que otras de igual superficie pero más
compactas, con lo cual este último tipo de hoya dará un mayor escurrimiento máximo para
una misma lluvia.

Las cubiertas vegetales densas afectan de modo importante a la velocidad de infiltración,


aumentando el volumen de agua que se infiltra en el suelo y restándose, en consecuencia, al
escurrimiento superficial. En el diseño de estructuras interesa conocer la frecuencia con que
ocurren tormentas de máxima intensidad, en un periodo de duración determinado. La
elección de la frecuencia o intervalo de ocurrencia, depende de la magnitud o importancia
de la obra y de la naturaleza del peligro que ocasionaría su falla.

5.2. Predicción de escurrimiento superficial máximo

Para la predicción del escurrimiento superficial máximo se empleará el método de Cook,


con las modificaciones propuestas por Hudson (1995). En el Cuadro 5.1 figuran los valores
numéricos que se asignan a las características de cobertura, suelo y porcentajes de pendiente
en todos los ámbitos de una pequeña cuenca.

Cuadro 5.1. Factores características (F) del escurrimiento de una hoya hidrográfica.
Cobertura F Suelo y tipo de drenaje F Pendiente F

Bosque 5 Muy profundo, o muy bien drenado 10 0-5% 5


Pradera 8 Profundo, o moderadamente permeable 20 6-10% 10
Terrenos Moderadamente profundo, o baja permeabilidad 25 11-30% 15
cultivados 15
Terrenos Delgado, o drenaje impedido 30 31-50% 20
erosionados 20

58
Con la suma de los valores seleccionados para las condiciones de cobertura, suelo y
pendiente y con la superficie de la hoya hidrográfica, se obtiene en el Cuadro 5.2 el valor, no
corregido, de escurrimiento máximo.

Cuadro 5.2. Valores de escurrimiento máximo en m3 seg-1 para una frecuencia de 10 años,
factor regional de lluvia = 1 y para la condición de una hoya hidrográfica compacta (Hudson,
1995)
Suma de los Factores Características de la hoya

25 30 35 40 45 50 55 60 65 70

Ha Escurrimiento Máximo, m3 seg-1


5 0.21 0.35 0.49 0.63 0.77 0.91 1.05 1.19 1.33 1.47
10 0.35 0.56 0.77 0.98 1.19 1.47 1.75 2.10 2.45 2.80
15 0.49 0.77 1.05 1.40 1.75 2.10 2.45 2.94 3.50 4.06
20 0.70 1.05 1.40 1.75 2.10 2.66 3.22 3.85 4.55 5.25
30 0.84 1.26 1.75 2.31 2.94 3.64 4.48 5.32 6.30 7.35
40 1.05 1.40 2.10 2.80 3.50 4.55 5.60 6.65 7.70 9.10
50 1.19 1.75 2.45 3.50 4.55 5.60 7.00 8.40 9.80 11.55
75 1.40 2.45 3.50 4.90 6.30 8.05 9.80 11.90 14.00 16.45
100 1.75 3.15 4.55 6.30 8.40 10.50 12.60 15.40 18.20 21.00
150 2.45 4.20 6.30 8.75 11.55 14.70 18.20 21.70 25.55 29.75
200 2.80 5.60 8.40 11.90 15.40 18.90 23.00 28.00 32.90 38.50
250 3.50 6.30 9.80 13.30 17.15 21.70 26.95 32.90 39.55 46.90

El Cuadro 5.2 se preparó considerando una frecuencia de ocurrencia de 10 años; una hoya
hidrográfica compacta (ancho y largo de la misma magnitud) y para el promedio de
intensidad de lluvias del este de los EEUU. En consecuencia, el gasto debe ajustarse para
las condiciones específicas de forma de la hoya, frecuencia y factor regional de lluvias del
sector que se estudia. Los valores no ajustados de escurrimiento máximo de Cuadro 5.2 se
corrigen por la multiplicación secuencial de los factores de corrección, de acuerdo a las
condiciones actuales de la hoya hidrográfica.

5.3. Factores de corrección

Los valores del Cuadro 5.2 se ajustan para las siguientes condiciones:

• Corrección por región de lluvia.

59
En el área de la Precordillera andina de la VIII Región, se sugiere un factor de 0.65 para
ajustar los valores del Cuadro 5.2. El resto de la Región se puede emplear un valor de 0.5.
Estas cifras se emplean en áreas de los EEUU con promedios de intensidad de lluvia más
parecidos a las de esta zona de Chile.

• Corrección por periodo.

Cuadro 5.3. Factores de corrección de escurrimiento máximo por frecuencia o intervalo de


ocurrencia (Hudson, 1995).
Frecuencia Factor

2 años 0.90
5 años 0.95
10 años 1.00
25 años 1.25
50 años 1.50

• Corrección por forma y superficie de las hoyas hidrográficas.

Cuadro 5.4. Factores de corrección de escurrimiento máximo por forma y superficie de


hoyas hidrográficas (Hudson, 1995).
Forma Superficie (hectáreas)
largo/ 20 40 80 200
ancho Factores
1.0 1.00 1.00 1.00 1.00
1.5 0.92 0.92 0.91 0.91
2.0 0.88 0.87 0.86 0.84
2.5 0.85 0.84 0.82 0.80
3.0 0.81 0.80 0.78 0.76
4.0 0.76 0.75 0.73 0.71
5.0 0.74 0.72 0.70 0.68
6.0 0.72 0.70 0.68 0.66

• Estructuras y escurrimiento máximo.

Cuadro 5.5. Frecuencias sugeridos para estructuras de evacuación y acumulación de aguas (Ree,
1954).
Tipo de Estructura Frecuencia (años)

Embalses con vertedero permanente 50–100


Embalses de tierra con vertedero natural 25–100
Estructuras pequeñas y permanentes, para controlar cárcavas 10–25

60
Sistemas de terrazas y colectores protegidos 5–10
Terrazas de desviación 10–15
Bebederos de muros bajos 10–15

5.4. Estimación del rendimiento anual de hoyas hidrográficas

El rendimiento anual del escurrimiento superficial de agua de una hoya pequeña, depende
del volumen de lluvia caída sobre su superficie, multiplicada por un coeficiente de
escurrimiento que es la proporción de la lluvia caída que no se infiltra al suelo. Para hoyas
hidrográficas inferiores a 200 hectáreas se emplea el método de Ramser (Hudson, 1995):

V = IAC

En la ecuación, V es el rendimiento anual de agua escurrida de la hoya hidrográfica (en m 3


año-1); I es la altura promedio anual de lluvias (en metros) del área; A es la superficie de la
hoya hidrográfica (en m2); y C es el coeficiente de escurrimiento (Cuadro 5.6).

Cuadro 5.6. Coeficientes de escurrimiento (C) de hoyas hidrográficas (Ramser, 1927).


Vegetación y topografía Textura del suelo
Arenosa a Franca Franco Arcillosa a Arcillosa

Bosque Coeficiente Coeficiente


Pendiente 0-5% 0.08 0.15
Pendiente 6-10% 0.10 0.20
Pendiente 11-30% 0.12 0.25
Pradera
Pendiente 0-5% 0.15 0.30
Pendiente 6-10% 0.18 0.36
Pendiente 11-30% 0.22 0.42
Terreno Cultivado
Pendiente 0-5% 0.25 0.50
Pendiente 6-10% 0.30 0.60
Pendiente 11-30% 0.36 0.72

5.4.1. Ejemplos

Ejercicio I. Calcular el escurrimiento máximo de una hoya hidrográfica de 100 ha, en suelo
Santa Bárbara textura franco limosa, sin erosión, con una frecuencia de 10 años y forma de
la hoya L/A = 3. La hoya tiene 25 ha de bosque (pendiente = 15%), 45 ha de pradera
(pendiente = 10%) y 30 ha cultivados (pendiente = 5%).

• Cobertura (Usando Cuadro 5.1):

61
Cobertura Hectáreas Factor Producto Promedio

Bosque 25 x 5 = 125
Pradera 45 x 8 = 360
Cultivos 30 x 15 = 450

Suma 100 935 935/100 9.35

• Suelos:

Todo el mismo suelo, profundo, moderadamente permeable. Factor = 20

• Pendientes:

Pendiente Hectáreas Factor Producto Promedio

15% 25 x 15 = 375
10% 45 x 10 = 450
5% 30 x 5 = 150

Suma 100 975 975/100 9.75

• Factor Característica de la Hoya:

9.35 + 20 + 9.75 = 39.1

• Escurrimiento Máximo (m3 seg-1) sin corrección a condiciones locales (de Cuadro 5.2)::

Factor Característica de la Hoya:


Hectáreas 35 39.1 40
100 4.55 ¿ ? 6.30

Por interpolación (regresión lineal) la respuesta es 5.99 m3 seg-1

• Escurrimiento Máximo (m3 seg-1) con corrección a condiciones locales:

Escurrimiento Factor para Factor para la Factor para la Escurrimiento


Máximo frecuencia de forma de la hoya precordillera Máximo
lluvia VIII Región
(sin corrección) (Cuadro 5.3) (Cuadro 5.4) (con corrección)
5.99 m3 seg-1 x 1.00 x 0.78 x 0.65 = 3.04 m3 seg-1

62
Ejercicio II. Calcular el Rendimiento Anual (m3 año-1) para la misma hoya hidrográfica en
Ejercicio I usando Cuadro 5.6 y la ecuación V = IAC. El promedio de precipitación es 1005
mm/año.

Cobertura Pendiente Hectáreas C de Suelo Producto C


textura Promedio
francosa
(Cuadro 5.6)
Bosque 15% 25 x 0.12 = 3.0
Pradera 10% 45 x 0.18 = 8.1
Cultivos 5% 30 x 0.25 = 7.5

Suma 100 18.6 18.6/100 0.186

V = IAC

= (1005 mm/año x m/1000 mm) x (100 ha x 10000 m2/ha) x 0.186

= 186,930 m3/año

5.4.2. Consideraciones finales

Se pueden cambiar el escurrimiento máximo y rendimiento anual de una hoya hidrográfica


con cambios de manejo y/o vegetación:

a) Aumentando la superficie de bosques en una hoya hidrográfica significaría un menor


rendimiento anual (m3 año-1) y menor escurrimiento máximo (m3 seg-1) porque habrá
mayor infiltración de las aguas lluvias a los suelos de la hoya hidrográfica.

b) Aumentando la superficie de cultivos (o praderas sobrepastoreadas) significaría un


mayor rendimiento anual (m3 año-1) y mayor escurrimiento máximo (m3 seg-1) porque
habrá menor infiltración de las aguas lluvias a los suelos de la hoya hidrográfica.

Finalmente, el proceso de “desertificación” es la alteración del balance hídrico de una hoya


hidrográfica causada por el mal manejo de sus terrenos, creando condiciones más secas
principalmente por escurrimiento superficial excesivo (el agua de las lluvias no se infiltra
bien a los suelos, se escurre superficialmente y, por lo tanto, no permanece dentro de la hoya
hidrográfica).

63
6. Prácticas Complementarias o Mecánicas para Controlar Erosión Hídrica en Suelos
Cultivables

6.1. Generalidades

Estos métodos de control se orientan a prevenir la concentración del escurrimiento


superficial y a retardar su velocidad de flujo, efectos que se pueden lograr con el cultivo en
contorno, cultivo en fajas, terrazas de drenaje y colectores protegidos. Se ha indicado que la
energía erosiva de las gotas de lluvia que impactan al suelo es mucho mayor que en el
escurrimiento superficial, y la disipación de la energía se cumple, principalmente, con la
presencia de vegetación viva o muerta (rastrojo) sobre la superficie del suelo.

Un suelo que se maneja con rotaciones, se encuentra bien protegido durante los años
ocupados con praderas, pero con moderada defensa de control en los años con cultivos.
Esta última situación se ve agravada en terrenos con mayor pendiente y longitud de laderas.
Si no adoptan medidas de control agronómico, tales como labraza de conservación o cero
labranza, se hace necesario incluir algunas técnicas complementarias que inciden
básicamente en una más ordenada y lenta evacuación de las aguas lluvias que escurren
superficialmente.

Las prácticas complementarias o mecánicas, modifican las características de la ladera con el


propósito de reducir la velocidad del escurrimiento superficial. Es muy difícil disminuir la
magnitud de la pendiente, pero si resulta práctico cambiar la longitud de la ladera. En esta
forma se reduce la distancia que debe escurrir el flujo superficial y se evita el efecto cortante
del agua cuando se ha canalizado (canalículos y cárcavas).

6.2. Cultivo en contorno

El cultivo en contorno es un método de control de erosión, en el que la labranza y siembra


se efectúan siguiendo las curvas de nivel del terreno. Los surcos de labranza y las huellas
dejados por las ruedas de los equipos y los diapositivos de las máquinas sembradoras,
constituyen obstáculos para el libre desplazamiento del escurrimiento superficial,
disminuyendo su velocidad. Estos patrones de labranza y siembra actúan como terrazas en
miniatura que contienen parcialmente el flujo, facilitando una mayor infiltración en el perfil
del suelo (Blakley et al., 1957). Teóricamente, el agua que no se infiltra debería, en parte, ser
conducido hacia colectores que sacan el agua del potrero. Pero, generalmente, estos micro
surcos quedan sólo levemente insinuados en las siembras de cereales, especialmente en
suelos volcánicos. Su uso debe limitarse a terrenos de texturas medias, en áreas de lluvias
no muy intensas, en pendientes suaves, no mayores de 7%, sin micro relieve excesivo y en
laderas menores de 120 m de longitud. No se debe olvidar que esta práctica es
complementaria a otras técnicas agronómicas sencillas que se recomiendan para las
condiciones recién especificadas. En el Cuadro 6.1 se dan valores del grado de control de
erosión hídrica en terrenos con diversos porcentajes de pendientes.

64
Figura 6.1. Cultivo en contorno es una práctica sencilla que puede disminuir la erosión
hídrica de suelo hasta un 50% (fotografía: Servicio de Conservación de Recursos Naturales,
NRCS–USDA).

Cuadro 6.1. Porcentajes de disminución de erosión para suelos con diferentes pendientes
cultivados en contorno (Beasley, 1972).
Pendiente Disminución de Erosión Longitud Máxima Cultivada de la Ladera1
% % m
2–7 50 100
7–12 40 60
12–18 20 24
18–24 10 18
1
En suelo manejados con apropiadas técnicas agronómicas, es posible elevar estos valores en
un 20%.

6.2.1. Establecimiento del sistema

• Localización de desagües o depresiones naturales

La separación de las depresiones que se seleccionan como colectores, debe ser la mínima
posible, ya que los pequeños surcos tienen una baja capacidad de transporte y pueden
fácilmente romperse. Tal vez no deberían sobrepasar los 50 m en pendientes mayores a 3%.

• Ubicación de las líneas guías

Las líneas guías se trazan con gradientes de 0.3 a 0.5%, y los valores más elevados se
adoptan en suelos de texturas arcillosas. Una a tres líneas es suficiente en una ladera. Para
asegurar la permanencia de las líneas guías, se refuerzan mediante dos o tres pasadas de

65
arado a lo largo del eje del estacado, formándose un camellón bajo, fácil de ubicar en años
posteriores.

6.2.2. Manejo de sistema

La necesidad de invertir el sentido de la labranza con el propósito de no desnivelar el


terreno, se evita con el uso de arados reversibles, o mejor aún, con arado cincel y rastras
combinadas. El cultivo en contorno como única práctica resulta ineficaz en suelos
severamente erosionados o con subsuelos de texturas arcillosas, ya que el exceso de
escurrimiento superficial rompería con facilidad los pequeños surcos.

6.3. Cultivo en fajas

El cultivo en fajas es un sistema de manejo, donde se establecen, en forma perpendicular a la


pendiente, fajas alternadas de cultivos y praderas. Ésta práctica se combina con cultivo en
contorno y, por lo tanto, es más eficaz para controlar la erosión hídrica que usar cultivo en
contorno sin fajas (Blakely et al., 1957).

6.3.1. Tipos de cultivos en fajas

• Fajas en contorno

Son aquellas en que los límites superiores y inferiores de cada faja van en la verdadera curva
de nivel, como lo muestra la Figura 6.2.

66
Figura 6.2. Fajas en contorno con sus límites en las verdaderas curvas de nivel.

67
• Fajas rectas

En terrenos de topografía muy irregular, en los que se hace difícil el diseño de un sistema de
fajas en contorno, se proyectan fajas rectas de ancho uniforme, y generalmente
perpendiculares a la pendiente dominante (Figura 6.3), pero es menos efectivo para
controlar erosión que el sistema anterior (Schwab et al., 1981). Sin embargo, fajas rectas
facilitan la siembra y cosecha de cultivos.

Figura 6.3. Fajas rectas con sus límites perpendiculares a la pendiente dominante.

• Fajas de corrección

Las fajas de corrección corresponden a áreas con pradera permanente con anchos irregulares
y ubicadas en sectores más erosionados, pendientes más fuertes, o en otras áreas para
facilitar que las fajas en rotación de cultivos se dispongan de modo de mantener anchos
uniformes (Figura 6.4).

Para los diferentes tipos de fajas (fajas en contorno, fajas rectas y fajas de corrección) se
recomiendan anchos de 30 m en pendientes inferiores a 6%, 24 m para pendientes de 6 a
10%, y de 15 m en laderas de 11 a 16%. Las gradientes de las líneas guías para instalar un
sistema de fajas, deben permitir algún grado de desplazamiento de las aguas hacia los
colectores. Los valores pueden variar entre 0.5 a 1%. La máxima protección se obtiene
cuando las hileras cortas (cultivo en hileras o cereales sembrados en líneas) se dejan al medio
superior de la faja, sembrándose el resto en forma paralela a las líneas guías que las limitan
(Beasley, 1972).

68
Figura 6.4. Fajas de corrección con pradera permanente en los sectores con suelos
erosionados.

6.4. Sistemas de terrazas

El nombre se aplica a estructuras integradas por un canal y un camellón construidos en


contorno, con o sin gradiente, destinadas a interceptar el escurrimiento superficial de una
ladera y su conducción a velocidades no erosivas hacia colectores protegidos (Figura 6.5).
Evitan la concentración del escurrimiento superficial que terminaría formando canalículos y
cárcavas. Las terrazas en sí no mejoran la productividad en un corto plazo y sólo protegen
el suelo de un mayor deterioro cuando ha estado experimentando un activo proceso de
erosión hídrica. La productividad sólo se incrementará si se complementa con un apropiado
programa de fertilización y otras técnicas agronómicas adecuadas (Blakely et al., 1957;
Hudson, 1995).

De acuerdo a la forma en que se disponen las aguas, estas estructuras se clasifiquen como
terrazas de drenaje y terrazas de absorción. Las primeras tienen como función básica de
servir como canales de drenaje en las áreas de mayor precipitación. Las terrazas de
absorción cumplen la misión de una mayor conservación de las aguas en regiones sub
húmedas y semi áridas. Estas últimas se construyen en terrenos con pendientes moderadas,
sin gradiente, con sus extremos obstruidos y con sus canales de base muy ancha. Su objetivo
básico es permitir una máxima absorción del escurrimiento superficial de las aguas lluvias
(Beasley, 1972).

69
Figura 6.5. Sistema de terrazas de drenaje, de ancho uniforme.

Las terrazas de camellón ancho, generalmente empleados como terrazas de drenaje, se


construyen con sus taludes muy extendidos, lo que hace posible en parte su incorporación al
cultivo. Las terrazas de talud abrupto tienen un talud posterior fuertemente inclinado (H:V
= 2:1 o menos). Esta solución se adopta en laderas de pendientes fuertes. Por último, las
terrazas de banco son aquellas en que una ladera abrupta se deja escalonada. Su uso es muy
limitado ya que resultan de costo muy elevado.

De acuerdo a su alineación, estas estructuras se clasifican como terrazas en contorno,


construidas siguiendo las curvas de nivel, pero con alguna gradiente para facilitar una
evacuación más rápida de las aguas. Por esta razón, no tienen separaciones uniformes entre
ellas, lo que crea problemas a las operaciones de labranza y manejo de los cultivos. Las
terrazas paralelas, se diseñan de modo de mantener un ancho uniforme a lo largo de toda su
extensión. Son difíciles de planificar y resultan de costos muy superiores a las anteriores.
En una agricultura de alta productividad, con intenso uso de maquinarias, estas terrazas
fueron muy aconsejables. En la actualidad están siendo reemplazadas por técnicas
agronómicas que resultan más eficaces en el control de erosión y mucha más fáciles de
aplicar.

6.4.1. Condiciones del área a terracear

• Suelos. Por el alto costo de estos sistemas, sólo se recomiendan en suelos de buena
productividad, generalmente de las subclases IIe y IIIe de capacidad de uso, que se utilizan
con rotaciones intensivas.

70
• Topografía. Se deben excluir de una ladera a terracear aquellos sectores que presentan un
relieve muy irregular, por resultar las terrazas de cursos sinuosos y de ancho muy variables,
condiciones que entorpecen las labores agrícolas.

• Vías de drenaje. La existencia de vías naturales de drenaje, fácilmente adaptables para


cumplir funciones de colectores de evacuación para las aguas que conducen los canales de
las terrazas, es uno de los requisitos fundamentales a considerar. Además, debe
comprobarse la disponibilidad de una salida general para el sistema. Se debe evitar la
concentración de las aguas desde una extensión considerable de una ladera, en las cunetas
de un camino, o sobre algunas vías que resultarán muy sobrecargadas, creando dificultades
en predios vecinos.

6.4.2. Diseño de terrazas

El diseño de terrazas se inicia una vez que se cumplen las condiciones recién bosquejadas.
Las longitudes y gradientes de terrazas son influidas por condiciones del terreno que
incluyen la pendiente y textura del suelo, como se ven en el Cuadro 6.2.

Cuadro 6.2 Longitudes y gradientes óptimas de canales de terrazas de drenaje, en pendientes


hasta 7% (Hudson, 1995).
Longitudes: Gradientes

250 m (suelos arenosos) 1:1000 (primer 100 m)


hasta 400 m (suelos arcillosos) 1:500 (segundo 100 m)
1:330 (tercer 100 m)
1:250 (cuarto 100 m)
1:250 (constante)

El espaciamiento entre terrazas a adoptar, debe ser el máximo posible que no provoque la
formación de canalículos. El primer paso para establecer la separación de las terrazas es
determinar la pendiente promedia del sector que recorrerán. El intervalo vertical se puede
obtener aplicando la ecuación empírica de Ramser (Blakely et al., 1957; Morgan, 2005):

I.V. = 0.3 x (S/3 + 2)

Donde I.V. corresponde al intervalo vertical (m) entre terrazas; y S es la pendiente (%) del
terreno. Para una pendiente de 7% el I.V. es de 1.3 m. El valor del espaciamiento horizontal
se obtiene de la siguiente relación:
E.H. = I.V./(S/100)

Para un valor de I.V. de 1.3 m entre dos terrazas, en una ladera de 7%, el valor de E.H. es de
18.6 m. En general, el E.H. puede tomarse como un valor variable de ±15%, de acuerdo
con el grado de susceptibilidad a la erosión que tenga un suelo.

71
La capacidad de los canales debe ser la necesaria como para conducir las aguas de un
escurrimiento máximo que puede ocurrir una vez cada 5 ó 10 años. La velocidad de flujo
no debe ser mayor de 0.45 m seg-1 en suelos muy erosionables y hasta 0.75 m seg-1 en suelos
menos susceptibles, aproximadamente. Las secciones del canal de las terrazas pueden variar
entre 0.3 a 0.9 m2, con taludes 5:1 (H:V), altura de agua de 20 a 30 cm, y revanchas de 10 a
15 cm, dependiendo de las características específicas de los suelos.

6.4.3. Perspectivas de las terrazas

Mientras se ignoró la verdadera causa del proceso de erosión hídrica (el impacto de gotas de
lluvia sobre el suelo no protegido) se consideraba que las terrazas eran el más efectivo
sistema de control. Una mejor comprensión de la causa real de este fenómeno dio como
resultado la adopción de nuevas técnicas de control, muy especialmente las consideradas
bajo el nombre de “labranza de conservación” y más recientemente la cero labranza, lo que
significó un enfoque esencialmente agronómico en la solución de este problema, que en el
fondo es mucho más efectivo para conservar y mejorar el suelo que control mecánico de
erosión en general, y terrazas específicamente. Los nuevos procedimientos de control de
erosión, aún cuando puedan requerir de un buen aporte de asistencia técnica, no exigen la
intensa participación de personal especializado que demanda la instalación de un sistema de
terrazas.

6.5. Colectores

Los colectores son el complemento indispensable de las prácticas de cultivo en contorno,


cultivo en fajas y, muy especialmente, de los sistemas de terrazas. El escurrimiento
superficial que interceptan estos sistemas a lo largo de una ladera, debe abandonar el terreno
a través de vías de drenaje adecuadamente protegidas por vegetación.

6.5.1. Ubicación de los colectores

En lo posible se debe seleccionar vías naturales de drenaje como colectores. Estas áreas, si
no se encuentran muy erosionados, poseen suelos más profundos con una mejor capacidad
para conservar humedad, y gradientes más bajas y más fáciles de atravesar con maquinarias.
Estas condiciones favorecen el desarrollo de coberturas más densas y crecimiento más
vigoroso de las plantas, características que contribuyen a una mayor estabilidad del colector.

Estas estructuras generalmente se proyectan con capacidad para conducir escurrimiento


ocasionado por lluvias muy intensas, que pueden ocurrir una vez cada diez años. Se
diseñan con formas parabólicas, triangulares y trapezoides. En la primera, el flujo se
concentra impidiendo el desplazamiento tortuoso de agua con acumulación de sedimentos.

En los drenes artificiales, cuando no existen desagües naturales en la ubicación adecuada, se


adoptan secciones triangulares o parabólicas. En este último caso se sitúan a orillas de los
cercos para disminuir el número de colectores dentro del campo y los problemas que crean a

72
las operaciones de cultivo. En algunos cauces naturales no es necesario efectuar
movimiento de tierra para mejorar las secciones, y la cobertura natural puede ser
suficientemente densa como para no requerir su reemplazo. Es recomendable disponer de
taludes 4:1 (H:V) o más, para facilitar el trabajo de siega y su cruce por maquinarias. En
vías naturales se prefieren las secciones parabólicas.

Para el diseño de la sección de un colector, se consideran las velocidades aceptables del


flujo, es decir, una velocidad que no altera la continuidad de la cubierta de protección,
provocando luego erosión en el cauce. Las velocidades permisibles están relacionadas con el
tipo de cobertura, el porcentaje de la pendiente y el tipo de suelo (Cuadro 6.3).

Cuadro 6.3. Velocidades permisibles en colectores para diferentes tipos de cobertura,


porcentajes de pendiente y grado de erodabilidad del suelo (Beasley, 1972).
Cobertura Suelos Erosionables Suelos Más Estables
Pendiente Pendiente
0–5% 6–10% >10% 0–5% 6–10% >10%
Pastos anuales m seg -1
m seg-1
Ralos 0.75 0.90
Densos 0.90 1.05

Festuca, pasto azul, bromo


Regular 0.90 0.70 1.20 0.90 0.75
Bueno 1.20 1.05 0.90 1.50 1.20 1.05
Excelente 1.50 1.35 1.20 1.80 1.50 1.35

Pasto Bermuda
Excelente 1.80 1.50 1.20 2.20 1.80 1.50

• Calculo de la sección de un colector

Ejercicio: Calcular la longitud superior “T” de un colector parabólico, incluido el margen de


seguridad o revancha y su profundidad “D”, que permite conducir un gasto máximo de 1 m 3
seg-1 proveniente de una ladera con cultivo en fajas. El cauce tiene una gradiente de 4%, en
un suelo erosionable de la serie Cauquenes, en el que se establecerá una cobertura densa de
festuca en buena condición, lo que permite una velocidad máxima de 1.2 m seg -1 (Cuadro
6.3).

Con estos antecedentes se ingresa al Cuadro 6.4, que entrega valores de “T” y “D” para las
condiciones dadas, con lo que se obtiene 7.62 m para “T” y 0.18 m para “D”. Incluyendo el
margen de seguridad se obtiene 8.82 m para “T” y 0.33 m para “D”.

73
Cuadro 6.4. Dimensiones para colectores parabólicos con cobertura de gramíneas (Beasley,
1972).
Pendiente 4 4 4 5 5 5 6 6 6
%
Velocidad 0.90 1.20 1.50 0.90 1.20 1.50 0.90 1.20 1.50
m seg-1
Gasto Profundidad “D” (m*)
m3 seg-1 0.12 0.18 0.24 0.12 0.15 0.21 0.09 0.15 0.18
Longitud Superior “T” (m*)
0.849 11.89 5.79 3.35 13.71 7.01 3.96 16.15 7.92 4.57
0.991 13.72 6.70 3.96 15.85 8.23 4.57 18.90 9.14 5.18
1.133 15.54 7.62 4.57 18.29 9.45 5.18 21.64 10.67 5.78
1.274 17.68 8.53 4.88 20.73 10.67 5.48 24.38 11.89 6.70
1.416 19.81 9.45 5.49 23.16 11.89 6.70 27.13 13.10 7.62
1.699 23.77 11.28 6.70 28.04 14.02 8.23 32.61 15.85 9.14
1.982 27.74 13.41 7.62 32.92 16.15 9.45 38.40 18.29 10.67
*Al valor “D” se debe agregar 0.15 m, y al valor “T” agregar 1.20 m.

• Construcción de colectores

Es recomendable preparar los colectores con un año de anticipación a la instalación sistemas


de terrazas. Si corresponden a desagües naturales que se han transformado en cárcavas
pequeñas, con profundidades no mayores a 1 m, se debe modificar y uniformar sus secciones
para adaptarlas a la forma parabólica. Alcanzada la sección que se ha calculado para el
gasto de agua que deben servir, se procede a establecer una siembra densa de una mezcla de
semillas forrajeras. La dosis de semillas y fertilizantes deben reforzarse para asegurar un
crecimiento vigoroso de la cobertura vegetal. Si es necesario se puede cubrir con paja la
superficie sembrada y construir cercos provisorios para excluir la presencia de ganado
durante el establecimiento de la pradera.

En colectores pequeños se puede emplear los medios del predio, arando a lo largo de los
costados del cauce y rellenando los sectores que lo requieren. Estas operaciones se
combinan con un rastrón de madera. Para un movimiento de suelo de mayor importancia,
se recurre a equipos más pesados como tractores oruga con buldózer y motoniveladora. Si
el desagüe a utilizar mantiene un flujo permanente durante la estación estival, debe
protegerse adicionalmente con algunas estructuras, ya que no bastará con la presencia de
una cubierta de pasto.

• Mantención de los colectores

No se debe utilizar el colector como un área para maniobras de los equipos del predio y,
menos aún, como camino. También evitar su pastoreo estando el terreno muy saturado
después de una lluvia. Las malezas deben controlarse por lo menos una vez al año
empleando una segadora, y hacer aplicaciones anuales de fertilizantes. Las pequeñas fallas
que se produzcan deben corregirse rápidamente mediante pastelones con césped.

74
6.6. Zanjas de desviación

Si un sector de una ladera donde se establecerán obras de valor como terrazas de drenaje se
escurren aguas de áreas ubicadas a mayor altura que no constituyen parte del sistema,
deberán interceptarse mediante una zanja o terraza de desviación con el propósito de
conducirlas a otro sector. Para diseñarla se requiere una adecuada estimación del
escurrimiento superficial a interceptar, lo que es posible efectuar mediante el procedimiento
indicado en el capítulo de estimación escurrimiento superficial. Para este tipo de estructura
se adopta una frecuencia de 10 años, y para la sección un talud mínima de 4:1 (H:V) para
facilitar la siega de la vegetación de protección y el cruce por maquinarias cuando el cauce se
encuentre seco.

Las zanjas de desviación deben conectarse finalmente con el colector o desagüe bien
protegido, para sacar las aguas de la ladera. El modo de construcción puede ser similar al
empleado para las terrazas de drenaje, pero adoptando una rigurosa verificación de la
gradiente del canal de la zanja y capacidad de la sección en toda su longitud. Es
recomendable establecer una faja de pasto en el margen superior de la zanja en toda su
longitud.

Se puede calcular por el método de Cook, el escurrimiento máximo desde los terrenos que
contribuirán agua a la zanja, y la velocidad de flujo en la zanja con la ecuación de Manning:

V = R2/3 S1/2

Donde V es la velocidad de flujo (m seg-1); R es el radio hidráulico (m); S el la pendiente (m


m-1);  es el coeficiente de rugosidad; y R = A/P donde A es la sección de flujo (m 2) y P es el
“perímetro mojado” (m) de la zanja de desviación (Troeh et al., 1980). Cuando “” tiene un
valor de 0.04 (para pasto bermuda con crecimiento denso), las velocidades resultantes son de
0.4–1.0 m seg-1, de acuerdo con las características del suelo.

6.7. Cercos vivos

Los cercos vivos son hileras de plantas perennes (pastos, arbustos o árboles) establecidas en
laderas, siguiendo las curvas de nivel, en intervalos apropiados para controlar el
escurrimiento superficial, pero con espacio suficientemente ancho entre las hileras para
permitir cultivos o praderas. Ésta técnica promueve el uso de cultivo en contorno entre las
hileras permanentes, y puede ser usada para estabilizar cárcavas o proteger zanjas de
desviación etc. Los cercos vivos son eficaces para atrapar partículas de suelo erosionado de
la ladera, que van acumulándose con tiempo en las barreras vegetativas para formar
eventualmente “terrazas naturales”. Se puede calcular la distancia entre las hileras de

75
acuerdo con la pendiente, usando las ecuaciones para determinar la separación de terrazas
(sección 6.4.2) en este capítulo.

Para que las barreras tengan un buen control de escurrimiento superficial, es muy
importante seleccionar especies adecuadas. Mundialmente, la más conocido es vetiver
(Vetiveria zizanioides) que es una planta perenne de la familia de las gramíneas, nativa de
India; pero en Chile central y sur se prefiere usar la gramínea forrajera falaris (Phalaris
aquatica), que es mejor adaptada a las condiciones agro climáticas de la región. Cercos vivos
también pueden incluir, tagasaste (Chamaecyytisus proliferus), que es un arbusto leguminoso
forrajero; y árboles como pino (Pinus radiata) y eucalipto (Eucaliptus globulus), entre otros
(Carrasco y Riquelme, 2003). La combinación de cultivos o praderas entre hileras de
árboles se denomina como prácticas agroforestales o silvopastorales, respectivamente.

76
7. Predicción de Erosión Hídrica del Suelo

7.1. Introducción

El control de erosión hídrica en suelos cultivables, se puede alcanzar a través de diversas


alternativas de prácticas agronómicas y mecánicas. En la preparación de un plan de
conservación de suelos y aguas para un predio, se deben seleccionar prácticas de control de
erosión que proporcionan una adecuada defensa a un costo razonable. En esta búsqueda el
técnico se enfrenta a decisiones que debe abordar con el agricultor que aplicará y financiará
el plan. Por cuidadosas que sean las consideraciones que se hagan, existe la posibilidad de
diseñar sistemas que exageran el nivel de protección, o bien, sub-dimensionar las medidas de
protección. No es fácil lograr un punto de equilibrio entre la intensidad de los tratamientos
y la reducción de las pérdidas de suelo a niveles adecuados de tolerancia de erosión.

Desde los albores de la investigación en control de erosión, surgió el interés por desarrollar
procedimientos para cuantificar el efecto de todos los factores reconocidos que influyen en el
fenómeno. Las investigaciones realizadas en EEUU hasta los primeros años de la década
del 50’, habían generado una inmensa cantidad de informaciones acerca de las variables que
actúan en el proceso y de las técnicas desarrolladas para su control. Sus beneficios sólo se
lograrán cuando se tradujeren en recomendaciones prácticas y eficientes para aplicarlas
masivamente en los predios afectados.

El término de la década mencionada, los investigadores Walter H. Wischmeier y Dwight D.


Smith, perfeccionaron una de las ecuaciones ya desarrolladas, otorgándole un carácter más
universal en su aplicación. Se conoce bajo la denominación de “Ecuación Universal de
Predicción de Pérdidas de Suelo” (En inglés: Universal Soil Loss Equation, o “USLE”).

7.2. Factores considerados por la Ecuación Universal de predicción de Erosión

El técnico responsable de planear el mejor uso y manejo de los recursos de un predio, debe
considerar las alternativas más apropiadas para cada sector del mismo. Para facilitar este
tipo de decisión, se desarrolló el modelo matemático que predice las pérdidas por erosión
para cualquier combinación específica de suelo, relieve, clima, cultivos y prácticas de
manejo. El modelo puede calcular las pérdidas de suelo como un promedio anual de una
rotación o para determinados periodos de un cultivo anual (Wischmeier y Smith, 1978).

A=RKLSCP

En que:

“A” es la cantidad de pérdida de suelo por unidad de área, expresada en las unidades
seleccionadas para K y por el periodo establecido para R. Generalmente se expresa en ton
ha-1 año-1.

77
“R” es el factor de lluvias y escurrimiento superficial expresado como unidades de Índice de
Erosión (I.E.). Refleja el potencial erosivo de las lluvias.

“K” es el factor de erodabilidad del suelo y se define como la pérdida en ton ha-1 año-1 por
unidad de I.E., medida en una parcela de 22.13 m de longitud, con pendiente uniforme de
9%, bajo condiciones de barbecho continuo.

“L” es la relación esperada de pérdida de suelo entre un terreno de longitud determinada


cualquiera y la de una parcela de 22.13 m, bajo idénticas condiciones de manejo.

“S” corresponde al factor pendiente que expresa la relación esperada de pérdida de suelo
entre un terreno con pendiente determinada cualquiera y la de una ladera con 9%, bajo
idénticas condiciones de uso y manejo.

“C” es el factor de cobertura y manejo del cultivo. Se define como la relación esperada de
pérdida de suelo entre un terreno con un cultivo cualquiera, bajo condiciones específicas de
manejo y una parcela de idéntica superficie pero en barbecho desnudo.

“P” se refiere a las prácticas complementarias de control de erosión y representa la relación


esperada de pérdida de suelo entre un terreno con una práctica complementaria (cultivo en
contorno, cultivo en fajas, terrazas etc.) y una parcela con el mismo cultivo e idénticas
condiciones de suelo y topografía, pero arado en el sentido de la pendiente.

7.3. Potencial erosivo de las lluvias (R)

La causa fundamental de la erosión hídrica es el impacto de gotas de lluvia sobre la


superficie del suelo, siendo su magnitud una función del poder de la lluvia para provocar
erosión y la habilidad del suelo para resistirla. En términos matemáticos, la erosión hídrica
se expresa como sigue (Hudson, 1995):

Erosión = f (erosividad) x (erodabilidad)

La erosividad se define como la habilidad potencial de la lluvia para producir erosión y la


erodabilidad como la susceptibilidad del suelo a erosionarse.

En investigaciones previas, se encontraron dos parámetros de las lluvias que dieron una
aceptable correlación con la erosión de un suelo en barbecho desnudo: el producto de la
energía cinética total de la lluvia, por la cantidad de agua caída durante 30 minutos
continuados de máxima intensidad (mm). Este producto se denomina el Índice de Erosión
(I.E.) (Wischmeier y Smith, 1978).

Para determinar la energía cinética de las lluvias, obtuvieron la siguiente ecuación de


regresión:

78
Y = 0.119 + 0.0873LogX

Donde:

Y = kg/m2 por mm de lluvia.

X = intensidad de la lluvia en mm/hr.

Esta ecuación para unidades internacionales corresponde a la corregida por Foster et al.,
(1981) y se basa en informaciones de la distribución del tamaño de las gotas de lluvia y sus
velocidades terminales. El cálculo de I.E. se base en pluviogramas analizando cada lluvia en
forma individual. Mientras mayor es el número de años de registro, mejor será la precisión
de las predicciones que hace la ecuación. El cálculo se realiza de acuerdo al siguiente
procedimiento:

• El registro de pluviograma se divide en incrementos de tiempo constante.

• Se determina la intensidad para los incrementos de tiempo, expresándose en mm/hr (X).

• Se calcula la energía cinética para cada intensidad de incremento de tiempo, empleando la


expresión Y = 0.110 + 0.0873LogX.

• Se hace el producto de los valores de Y por la cantidad de agua efectivamente caída en


cada periodo considerado (Y x h).

• Con la suma de los productos del punto anterior, se obtiene el valor de la energía cinética
total de la lluvia (E).

• Se selecciona el valor de máxima intensidad de lluvia durante 30 minutos continuados,


expresándose en mm/hr (I).

• El producto I.E. representa el potencial erosivo de la lluvia del ejemplo. La suma del
potencial erosivo de todas las lluvias del año corresponde al valor del factor R de la
Ecuación Universal. En el cuadro 7.1 se muestra un ejemplo del cálculo del I.E. de una
lluvia (Brito y Peña, 1980).

Cuadro 7.1. Calculo del Índice de Erosión (I.E.) de una lluvia en un pluviógrafo.
Hora Minutos mm mm/hr Y E

(h) (X) (Y x h)
19:00–19:30 30 10.5 21.0 0.234 2.457
19:30–20:00 30 1.4 2.8 0.158 0.221
20:00–20:30 30 1.0 2.0 0.145 0.145
E.C. Total: 2.823

79
I.E. = 21.0 x 2.823 = 59.2

Se sugieren a continuación algunos valores para R a utilizar en la solución de ejercicios con


la Ecuación Universal de Predicción de Erosión (Peña et al., 1994):

Cuadro 7.2. Factores de erosividad de la lluvia estimados para varios sectores de la VIII Región
de Chile.
Sector: R

Primeras faldeas de la Precordillera de Ñuble: 3274


Depresión Central (área de Chillán): 2143
Depresión Central (área de Mulchén): 3258
Al sur del río Itata y al poniente de una línea que forman los pueblos de
Ñipas, Florida y Nacimiento: 2400
Primeras faldeas de la Precordillera de Bío Bío: 4360
Sector elevado de la Precordillera de Bío Bío (altitud sobre 450 m): 5400
Sector al poniente de Angol 2650

Estos datos corresponden a un número muy reducidos de años, lo que expone el


procedimiento de predicción de erosión a un cierto grado de error.

7.4. Factor erodabilidad del suelo (K)

La magnitud de la erosión puede ser mayormente influenciada por la pendiente, patrón de


lluvias, cobertura y manejo que por las características inherentes del suelo. Sin embargo,
algunos suelos se erosionan más que otros, aún cuando se mantengan constantes todos los
factores restantes. Estas diferencias debido a las propiedades mismas del suelo, son las que
se denomina “erodabilidad inherente” del suelo. Se representa por el símbolo K en la
ecuación, y refleja el efecto combinado de todas las propiedades del suelo que influyen
significativamente el proceso erosivo (Wischmeier y Mannering, 1969).

El factor K es un valor cuantitativo que se determina experimentalmente. Para un suelo en


particular, corresponde a la cantidad de erosión por unidad I.E., determinada en una parcela
de 22.13 m de longitud y 9% de pendiente, bajo condición de barbecho desnudo y arado en
el sentido de la pendiente, de modo de mantenerlo libre de vegetación por un tiempo de 3
años. Cuando se cumplen todas estas condiciones, cada uno de los factores L, S, C y P
tienen un valor de 1, quedando expresado K por la relación A/R.

Los valores de 22.13 m y 9% de pendiente tienen una connotación histórica, por ser los
valores promedios de las parcelas utilizadas en investigaciones de suelos. Las condiciones
definidas eliminan el efecto de cobertura y manejo.

80
7.4.1. Ecuación empírica para determinar K

La medición directa de K es de alto costo y engorrosa, y sólo se justifica para los suelos de
mayor importancia. Desde 1961 se han realizado numerosos trabajos experimentales
mediante parcelas de escurrimiento y simulación de lluvia, los que se han correlacionado
con análisis de las características físicas y químicas de los suelos estudiados. Esto ha
permitido obtener ecuaciones empíricas para determinar K.

Para la obtención de valores de K en varios suelos de la VIII Región, se empleó la ecuación


empírica de Loch y Rosewell (1992):

K = 2.77M1.14(10–7)(12–a)+(4.28(10–3)(b–2)+(3.29(10–3)(c–3)

Donde:

“K” es el factor de erodabilidad del suelo.

“M” es el parámetro del tamaño de partículas del horizonte superficial, que es igual al
producto de la suma de los porcentajes de limo más arena muy fina, por la cantidad de 100
menos el porcentaje de arcilla.

“a” es el porcentaje de materia orgánica del horizonte superficial.

“b” es el código de la estructura del suelo del horizonte superficial:


1 = granular muy fino 2 = granular fino
3 = granular medio a grueso 4 = masivo o de bloque

“c” es el código de permeabilidad del perfil:


1 = rápida 2 = moderadamente rápida
3 = moderada 4 = moderadamente lenta
5 = lenta 6 = muy lenta

Con la aplicación de esta fórmula se obtuvieron los siguientes valores de K para los suelos
que se indican en la VIII Región:

Cuadro 7.3. Factores de erodabilidad de suelos para algunas series de la VIII Región de Chile.
Serie de Suelo Taxonomía1 K

Arenales Isotic, mesic Typic Xeropsamments 0.0018


Arrayán Medial, amorphic, thermic Humic Haploxerands 0.0094
Bulnes Fine, mixed, active, thermic Duric Argixerolls 0.0278
Cauquenes Fine, mixed, active, mesic Ultic Palexeralfs 0.0240
Collipulli Very fine, halloysitic, mesic Xeric Paleumults 0.0290
Constitución Fine, mixed, semiactive, mesic Ultic Palexeralfs 0.0194
Pocillas Fine, mixed, active, thermic Ultic palexeralfs 0.0270

81
Santa Bárbara Medial, amorphic, mesic Typic Haploxerands 0.0128
(Stolpe, 2006)
1

7.5. Factor topográfico (LS)

Los factores combinados de LS representan la relación esperada de pérdida de suelo entre un


terreno con pendiente y longitud de ladera determinada cualquiera y la de una parcela de
22.13 m de longitud y 9% de pendiente, pero sometidas a idénticas condiciones de cultivo y
manejo.

Se define L como una distancia desde el punto en que se inicia el escurrimiento, hasta aquel
en que la pendiente disminuye lo suficiente como para que se produzca deposición de
material, o aquel punto en que el escurrimiento entra a un canal bien definido, que puede ser
parte del sistema natural de drenaje, o un canal construido por el hombre (Wischmeier y
Smith, 1978).

Los datos para calcular LS se derivaron de experiencia de terreno, lo que permitió obtener
en ecuación parabólica, que fijó los datos experimentales en la siguiente forma:

LS = √f·(0.0138 + (0.0096s)+ (0.00138s2))

Donde:

“f” es la longitud de la ladera en metros.

“s” es la pendiente expresada en porcentaje.

Para las condiciones de f = 22.13 m y s = 9%, el valor de LS es igual a 1.

Al aplicar la ecuación a un campo con varios valores de pendiente, se considera como “s” la
pendiente del sector con más riesgo para erosionarse.

7.6. Factor cultivo y manejo (C)

Los efectos del cultivo y la rotación de cultivos no se pueden evaluar independientemente,


ya que sus efectos combinados son influenciados por muchas interrelaciones significativas.
Algunos cultivos se pueden mantener continuamente en un campo o pueden manejarse
integrando rotaciones. Este es el factor más difícil de evaluar debido a las numerosas
maneras en que el suelo puede ser cultivado y manejado, y también por otras condiciones
tales como la rapidez del crecimiento y cobertura vegetativa a lo largo del periodo de
desarrollo del cultivo. Las rotaciones se pueden modificar aumentando el número de
cultivos o repitiendo algunos de ellos, o variando sus secuencias. Todas estas diferentes
condiciones pueden influir la erosión de suelos (Wischmeier y Smith, 1978).

82
El factor C mide el efecto combinado de la cobertura y el manejo. La erosión potencial que
ocurre en un terreno dado, mantenido en barbecho desnudo continuo, se computa por el
producto de los factores R, K, L y S. El mismo terreno con un cultivo experimentará menos
erosión. La magnitud de la disminución dependerá de la combinación de la cobertura,
secuencia de los cultivos, prácticas de manejo agronómico y características de la superficie
del suelo.

El terreno puede dejarse terronudo, lo que influye en una mayor capacidad de


almacenamiento superficial de agua y una reducción de la velocidad del escurrimiento
superficial. O bien, la superficie puede quedar muy pulverizada y suave, lo que influye en un
incremente de la erosión. Los residuos del cultivo anterior se pueden eliminar mediante
quema o incorporándolos con la labranza. También, mediante modificaciones de la
labranza se puede dejar una parte sobre la superficie del terreno. Estos residuos pueden
permanecer enteros o trozados con una chopper. La eficiencia del residuo o rastrojo depende
del volumen mantenido en la superficie y del tipo de cultivo del que procede (Wischmeier y
Smith, 1978).

El factor C, además, depende de la etapa de crecimiento del cultivo que se considere y de la


distribución local del potencial erosivo de las lluvias. Para derivar valores apropiados de C
en una localidad dada, es necesario conocer como se encuentran distribuidos los Índices de
Erosión a lo largo del año, que se describe en la próxima sección.

7.6.1. Periodos de desarrollo de los cultivos

El cambio de efectividad de la cobertura que proporciona un cultivo es gradual a lo largo de


su periodo de desarrollo. Para fines prácticos se divide el año en una serie de periodos,
definidos de modo que el efecto de cobertura y manejo se consideran aproximadamente
uniformes dentro de cada uno de ellos. Se establecen de acuerdo al porcentaje de cobertura
del suelo y su duración depende del tipo de cultivo, clima y manejo a que se somete:
(Wischmeier y Smith, 1978)

• CS o cama de semilla, desde la siembra hasta una cobertura de 10%.

• Periodo 1 (establecimiento): hasta alcanzar 50% de cobertura.

• Periodo 2 (desarrollo): hasta alcanzar un 75% de cobertura.

• Periodo 3 (madurez): desde el fin del periodo anterior hasta la cosecha.

• Periodo 4 (rastrojo): desde la cosecha hasta el inicio de la nueva preparación del suelo.

• Periodo B (barbecho terronudo): desde la rotura a labranza secundaria.

83
Generalmente, se entrega C como un valor promedio anual para una particular combinación
de cultivos en una rotación, tipo de manejo y patrón de distribución de lluvias. El factor R
de la ecuación no describe el efecto de la forma en que se encuentra distribuido el potencial
erosivo de las lluvias, entre los periodos de cada cultivo. Para derivar valores de C en una
localidad dada, se deben combinar las relaciones de pérdidas de suelo en los periodos
individuales de cada cultivo de la rotación, con los datos de distribución anual de índices de
erosión.

Los valores de C se establecieron estudiando sistemas de manejo de cultivos en millares de


parcela – años, lo que permitió preparar una tabla de relaciones de pérdidas de suelo. Estas
relaciones se obtuvieron comparando la cantidad de suelo que pierde el cultivo en cada
periodo de su desarrollo, con la que experimenta el mismo suelo bajo condición de barbecho
continuo. Así por ejemplo, si una parcela con trigo, bajo determinadas condiciones de
manejo, pierde 10 ton ha-1 de suelo y aquella en que se mide K (barbecho continuo) pierde
30 ton ha-1, la relación de pérdida de suelo para el periodo considerado es de 0.33 ó 33%.

Las relaciones observadas de perdidas de suelo para condiciones específicas, frecuentemente


pueden variar sustancialmente de año en año, debido a influencias difíciles de predecir y a
error experimental. En el Cuadro 7.4 se dan algunos valores de relaciones de pérdida de
suelo para cultivos bajo diferentes modalidades de manejo, en un sector de Precordillera al
oriente de Pinto (Peña, 1983).

Cuadro 7.4. Relaciones de pérdidas de suelo para cereales y raps con los valores correspondientes
en barbecho continuo, para cuatro periodos de cultivos, en la Precordillera de la VIII Región.
Cultivos y manejos Relación de pérdida de suelo
para periodos de los cultivos
CS 1 2 3
Cereal después de cereal o raps, labranza convencional
y quema de rastrojo 0.87 0.36 0.20 0.10
Cereal después de cereal o raps, labranza convencional, 0.41 0.20 0.18 0.10
rastrojo enterrado, altas dosis de fertilizante y semillas
Cereal con 1 ton ha-1 rastrojo superficial 0.16 0.13 0.03 0.01
Cereal con 2 ton ha-1 rastrojo superficial 0.06 0.06 0.01 0.01
Raps después de cereal, labranza convencional y quema 0.31 0.68 0.02 0.02
de rastrojo
Raps después de cereal, labranza convencional, rastrojo 0.20 0.58 0.02 0.01
enterrado dejando 250 kg ha-1 en la superficie

Para ajustar los valores de C, se consideran los datos de distribución anual del Índice de
Erosión (I.E.) en la localidad correspondiente, multiplicando el I.E por la relación de
pérdida de suelo para cada periodo del cultivo. El C ajustado es la suma de los productos
para cada periodo del cultivo. Como un ejemplo, se proporciona en el Cuadro 7.5 la
distribución anual en porcentajes del I.E. para el sector de Pinto.

84
Cuadro 7.5. Porcentaje mensual de distribución de Índice de Erosión (I.E.) en el sector de
Precordillera de la VIII Región (Pinto), como promedio de tres años (Peña, 1983).
Mes % I.E. Mes % I.E. Mes % I.E.
Enero 0.64 Mayo 16.66 Septiembre 6.31
Febrero 6.33 Junio 8.53 Octubre 1.25
Marzo 0.98 Julio 28.32 Noviembre 10.98
Abril 8.91 Agosto 7.53 Diciembre 3.73

En el Cuadro 7.6 se dan valores ajustados de C para facilitar el uso de la ecuación. Como
las variaciones de distribución de lluvias en la VIII Región no son tan drásticas, es posible
hacer extensiva a todo ella, los porcentajes de distribución mensual de los I.E. encontrados
como promedio de tres años en Pinto. Toda la información presentada en Cuadro 7.6 sólo
tiene un carácter preliminar, tanto por la reducida cantidad de parcelas y equipos
disponibles, como por el corto número de años que se consideraron.

Cuadro 7.6. Valores de C ajustados para la Precordillera de la VIII Región de Chile (Peña,
1985).
N° Cultivos y manejos C
1 CEREAL después de cereal o raps. Labranza convencional y quema de residuos. 0.330
2 CEREAL después de pradera muy rala. Labranza convencional 0.290
3 CEREAL después de cereal o raps. Se entierra residuos y labranza convencional 0.270
4 CEREAL después de pradera. Se entierra residuos y labranza convencional 0.230
5 CEREAL después de cereal o raps. Se entierra parcialmente residuos, dejando 0.4 ton ha -1 0.200
en la superficie. Labranza convencional.
6 CEREAL después de cereal o raps. Se entierra parcialmente residuos, dejando 0.4 ton ha -1 0.170
en la superficie. Alta fertilización y dosis de semilla
7 CEREAL con manejo rastrojos, dejando 0.8 ton ha-1 sobre la superficie 0.090
8 CEREAL con manejo rastrojos, dejando 1.6 ton ha-1 sobre la superficie 0.045
9 CEREAL, siembra directa a través de los residuos (cero labranza) 0.014
10 RAPS/LENTEJAS después de cereal. Labranza convencional y quema de residuos 0.360
11 RAPS/LENTEJAS después de pradera muy rala. Labranza convencional 0.310
12 RAPS/LENTEJAS después de cereal. Se entierra residuos y labranza convencional 0.290
13 RAPS/LENTEJAS después de pradera. Se entierra residuos y labranza convencional con 0.240
alta fertilización
14 RAPS/LENTEJAS después de cereal. Labranza que deja 0.4 ton ha-1 residuo en la 0.220
superficie
15 RAPS/LENTEJAS después de cereal. Labranza que deja 0.4 ton ha-1 residuo en la 0.180
superficie con alta fertilización y dosis semillas
16 RAPS/LENTEJAS con manejo rastrojos que deja 0.8 ton ha-1 en la superficie 0.083
17 RAPS/LENTEJAS con manejo rastrojos. 1.6 ton ha-1 de residuos en la superficie 0.048
18 RAPS/LENTEJAS siembra directa (cero labranza) 0.015
19 PRADERA NATURAL en regulares condiciones (2–4 ton ha-1 materia seca) 0.015*
20 PRADERA NATURAL en buenas condiciones (4–6 ton ha-1 materia seca) 0.010*
21 PRADERA ESTABLECIDA MIXTA, condición regular (4–6 ton ha-1 materia seca) 0.006*
22 PRADERA ESTABLECIDA MIXTA, condición buena (6–11 ton ha-1 materia seca) 0.004*
23 VIÑEDO, manejo tradicional, el suelo entre hileras sin vegetación 0.08*
24 ARBUSTOS, 50–75% cobertura, con gramíneas entre arbustos 0.003*
25 ARBUSTOS, 50–75% cobertura, con vegetación de hoja ancha entre arbustos 0.011*
26 BOSQUE Ó PLANTACIÓN FORESTAL, 20–40% cobertura 0.006*
27 BOSQUE Ó PLANTACIÓN FORESTAL, 45–70% cobertura 0.003*

85
28 BOSQUE O PLANTACIÓN FORESTAL, 75–100% cobertura 0.0005*
*Valores estimados (Wischmeier y Smith, 1978).

7.7. Factor de prácticas complementarias (P)

• Cultivo en contorno

86
Cuadro 7.7. Valores del factor P para cultivo en contorno en diferentes pendientes, con la
longitud máxima permisible de terrenos cultivados (Wischmeier y Smith, 1978).

Pendiente Valor P Longitud Máxima de Terreno Cultivado*


% m
3–5 0.5 90
6–8 0.5 60
9–12 0.6 36
13–16 0.7 24
17–20 0.8 18
*Estos valores se pueden incrementar en un 25% si las coberturas de residuos exceden 0.8
ton ha-1.

• Cultivo en fajas

Cuadro 7.8. Valores del factor P para cultivo en fajas en diferentes pendientes, con la longitud
máxima permisible de cada faja (Wischmeier y Smith, 1978).
Valores de P
Pendiente A B C Ancho Longitud Máxima
de Fajas de Fajas
% m m
3–5 0.25 0.38 0.50 30 180
6–8 0.25 0.38 0.50 30 120
9–12 0.30 0.45 0.60 24 72
13–16 0.35 0.52 0.70 24 48
17–20 0.40 0.60 0.80 18 36
A: Rotaciones de 4 años (2 años pradera, cultivo escardado, cereal).
B: Rotaciones de 4 años (pradera, 2 años cultivo escardado, cereal).
C. Para fajas alternadas de cultivo escardado y cereal.

• Sistemas de terrazas

El efecto de terrazas es mucho mayor que el que indica el Cuadro 7.9 para valores de P. La
disminución de la longitud de la ladera (la distancia entre terrazas) significa una apreciable
reducción de la erosión, ya que se modifica el factor LS de la ecuación.

87
Cuadro 7.9. Valores de P para terrazas cultivadas en contorno (Wischmeier y Smith, 1978).
Valores de P
Manejo del Cultivo 1
Para computar sedimentos en hoyas
Pendiente hidrográficas
Cultivo en Cultivo en Terrazas con Terrazas con
Contorno Fajas en colectores con colectores de tuberías
% en Terrazas Terrazas pasto enterradas
3–8 0.5 0.25 0.10 0.05
9–12 0.6 0.30 0.12 0.05
13–16 0.7 0.35 0.14 0.05
17–20 0.8 0.40 0.16 0.06
21–25 0.9 0.45 0.18 0.06
1
Valores de P para calcular la erosión de suelo entre terrazas.

7.8 Aplicación de la ecuación

Las medidas de control de erosión que se recomiendan en un plan de conservación de suelos


y aguas, deben proporcionar un adecuado nivel de protección al suelo. La selección de
prácticas a aplicar en los diferentes sectores de un predio, se facilita con el uso de la
Ecuación Universal de Predicción de Pérdidas de Suelo. Las decisiones de manejo
generalmente influyen en los factores C y P de la ecuación. Los factores R, K, L y S son
fijos en relación con una localidad determinada. El factor L (longitud de la ladera) se puede
modificar sólo al construir terrazas. Al establecer un nivel de tolerancia (T) para la erosión,
se reemplaza el término A de la ecuación por dicho valor, quedando expresada en la
siguiente forma:

T = RKLSCP  CP = T/(RKLS)

Substituyendo los valores locales fijos y resolviendo para CP, se obtiene el máximo valor
que se puede aceptar para las condiciones del predio. Si no se adopta una práctica
complementaria, P asume un valor de 1 y se debe buscar un sistema de cultivos y manejo
agronómico cuyo valor C equivalga T/(RKLS). Si se incorpora posteriormente una práctica
complementaria, el valor C obtenido se multiplica por el factor P de dicha práctica.

Debe tenerse presente que la ecuación estima valores promedios de erosión anual. Es muy
probable que se den lluvias de muy alta intensidad en algún año, que ocasionen pérdidas de
suelo superiores a las cifras promedias que predice la ecuación. Las pérdidas de suelo
calculadas para una rotación correspondan al promedio anual del ciclo de cada rotación.
Las pérdidas de suelo que experimenta un terreno durante los años de cultivos, se diluyen
durante los años de pradera natural o establecida (Wischmeier y Smith, 1978).

7.7.1. Tolerancia de erosión

En conservación de suelos, siempre se debe tratar de minimizar la pérdida de suelos en


sistemas productivas, pero es difícil alcanzar cero erosiones, en parte porque “erosión

88
geológica” está siempre presente por la interacción de aguas lluvias, pendientes de suelos y
la fuerza de gravedad. Sistemas agrícolas tradicionales promueven mayor “erosión
acelerada”, que es menor en sistemas de labranza de conservación y mucho menor en cero
labranza. A raíz de lo anterior, surgió el concepto de la “tolerancia de erosión” que se
entiende como la máxima cantidad de erosión anual que puede ocurrir, sin que se afecte un
alto nivel de productividad, sobre una base económica y sostenida.

El nivel de investigación que se ha realizado en predicción de erosión es considerable, y


incluye muchos esfuerzos por encontrar valores en que basar los niveles de pérdidas por
erosión que se toleran para diferentes suelos, sin daños para su productividad (Schertz,
1983). Varios investigadores coinciden en estimar que bajo condiciones de cultivo, la
formación del horizonte superficial “A” puede exceder la cifra de 2.5 cm en 30 años en un
suelo de textura media. Esto significa que una erosión que provoca en 30 años la perdida de
2.5 cm del horizonte superficial de un suelo, no afectará su potencial productivo, lo que
equivale a una pérdida anual de 0.083 cm Considerando una densidad aparente de 1.34
g/cm3, la tolerancia sería 11.2 ton ha-1 año-1. La principal deducción de los investigadores
que establecieron una tolerancia de 11.2 ton ha-1 año-1 como máximo, era que el espesor del
horizonte A se mantendría, dada una renovación de 2.5 cm en 30 años. En 1962 un grupo
de especialistas en agronomía, geología y conservación mantuvieron el límite máximo de
pérdidas de suelo en 11 ton ha-1 año-1, decisión que fue ratificada en 1973 por el Servicio de
Conservación de Recursos Naturales, NRCS–USDA en los EEUU, y que mantiene vigente.
Sin embargo, este valor de tolerancia de erosión no considera el daño producido por
sedimentación fuera del área de erosión (Schertz, 1983), tampoco incluye el mejoramiento
del suelo que ocurriría con menos erosión que el valor de tolerancia (Crovetto, 1996).

Los valores de tolerancia (T) para una localidad dada se pueden modificar considerando la
profundidad del suelo, sus propiedades físicas, reducciones del contenido de materia
orgánica, magnitud de la erosión pasada, susceptibilidad a la erosión, valores de pendiente,
reducción de productividad etc. El objetivo de determinar un valor de tolerancia siempre
debe ser mantener y mejorar el suelo como la base de producción sustentable. Para el efecto
de aplicar la ecuación a algunos suelos de la VIII Región, se sugieren los valores de T que
aparecen en el Cuadro 7.10.

Cuadro 7.10. Valores de tolerancia de erosión en algunos suelos de la VIII Región.


Condiciones Tolerancia de Erosión
Suelos Suelos Suelos volcánicos
volcánicos graníticos o antiguas
(“trumao”) metamórficos (“rojo arcilloso”)
ton ha año
-1 -1

Pendiente < 6% y erosión 10–12 7–8 5–7


ligera.
Pendiente 6–10% y erosión 7–8 5–6 4–5
ligera a moderada.
Pendiente > 10% y erosión 5–6 3–4 2–3
moderada a severa.

89
7.7.2. Ejemplo del uso de la ecuación de predicción de erosión

Ejercicio: Seleccionar alternativas para un buen manejo conservacionista en un suelo


“Cauquenes” (origen granítico) al poniente de Angol, que el agricultor utiliza actualmente
con una rotación de trigo, lentejas y dos años de pradera natural (condición regular),
efectuando la quema de los residuos y labranza convencional en el sentido de la pendiente.
La longitud de la ladera es 120 m y la pendiente es 10%.

Factores:
K = 0.024 L = 120 m S = 10%
R = 2650 LS = √ƒ(0.0138 + (0.0096 x 10) + (0.00138 x 10 2)) = 2.71

C = 2 años–pradera natural (2x0.015) = 0.03


1 año con trigo = 0.29
1 año con lentejas = 0.36
C promedio de la rotación 0.68/4 = 0.17

• Erosión potencial con barbecho (C = 1) y labranza convencional en el sentido de la


pendiente (P = 1):
A = RKLS(CP) = 2650 x 0.024 x 2.71 x (1 x 1) = 172.4 ton ha-1 año-1

• Erosión actual:
A = RKLSCP = 172.4 x 0.17 x 1 = 29.3 ton ha-1 año-1

El valor del promedio anual de pérdidas de suelo de la rotación, 29 ton ha-1 año-1, resulta
muy superior a la tolerancia estimada (3–4 ton ha-1 año-1) para un suelo Cauquenes con las
características asumidas para este ejercicio.

• Alternativas de manejo conservacionista:

1. Se realiza cultivo en fajas (P = 0.6), no se queman los residuos, manteniendo 0.4 ton ha -1
sobre la superficie del terreno y aplicando cantidades correctas de fertilizantes. Se
seleccionan nuevos valores de C del Cuadro 7.6 para los mismos cultivos y pradera
(condición buena), con lo que se obtiene un valor promedio de C de 0.0925:

Calculo de C de la rotación:

2 años con pradera natural (2x0.01) = 0.02


1 año con trigo = 0.17
1 año con lentejas = 0.18
C promedio de la rotación 0.37/4 = 0.0925

90
Aplicando la ecuación con el valor de erosión potencial de 172.4 ton ha-1 año-1 y un valor de
P de 0.6:

A = 172.4 x 0.0925 x 0.6 = 9.6 ton ha-1 año-1, que es mayor que T.

Con ésta alternativa, el nuevo promedio anual de erosión, aunque se disminuyó, sigue
superior a la tolerancia de 3–4 ton ha-1 año-1, para el suelo Cauquenes con 10% pendiente.

2. Se utiliza cero labranza, seleccionando nuevos valores de C del Cuadro 7.6 para los
mismos cultivos, con lo que se obtiene un valor promedio de C de 0.012:

Calculo de C de la rotación:

2 años con pradera natural (2x0.01) = 0.02


1 año con trigo con cero labranza = 0.014
1 año con lentejas con cero labranza = 0.0145
C promedio de la rotación 0.0485/4 = 0.012

Aplicando la ecuación con el valor de erosión potencial de 172.4 ton ha-1 año-1 y un valor de
P de 1 (labranza en el sentido de la pendiente):

A = 172.4 x 0.012 x 1 = 2.1 ton ha-1 año-1, que es menor que T.

De acuerdo con este ejemplo es posible concluir que cero labranza sería un buen manejo
para las condiciones especificadas. Adicionalmente, se puede considerar tener menos años
de pradera en la rotación para aumentar la intensidad de uso, siempre y cuando la erosión es
menor que la tolerancia (T). Este ejercicio muestra claramente los beneficios de cero
labranza para conservar el suelo.

7.9. Condiciones óptimas para usar el modelo USLE

Finalmente, se puede resumir que el modelo USLE sirve para predecir las pérdidas de suelo
producidas por erosión de impacto y flujo precanalizado y canalículos (no de cárcavas). Los
valores de R son promedios anuales, y habrá años con más o menos lluvia (afectando así su
erosividad). El modelo da mejores resultados con suelos de texturas medias, longitudes de
ladera < 120 m, pendientes entre 3–18% y cultivos y manejo probados (Wischmeier y Smith,
1978).

91
8. Control de Cárcavas

8.1. Introducción

Las cárcavas corresponden a la forma más espectacular y el estado más avanzado de erosión
hídrica, y son una consecuencia del mal uso que se hace del suelo. El cultivo inapropiado,
los incendios que destruyen las coberturas vegetales y el pastoreo excesivo, exponen el suelo
a la acción de las lluvias. Cárcavas constituyen una importante fuente de sedimentos que se
depositan al pie de las laderas que se erosionen, así como en los cauces de esteros y ríos. Sin
embargo, si se considera el daño que experimentará un terreno, este tipo de erosión no tiene
la gravedad del efecto ocasionado por las gotas de lluvia en la erosión de impacto y flujo
precanalizado que actúa sobre toda la superficie de una ladera.

El proceso geológico de erosión en áreas no explotadas, termina por constituir un sistema


ordenado para la evacuación de las aguas, con numerosos cauces perfectamente protegidos
por vegetación natural. El adecuado uso de suelos por el hombre, permitiría mantener el
equilibrio de estos sistemas de drenaje. Desgraciadamente, la regla general ha sido la mala
utilización de los recursos naturales, sobrepasándose la capacidad de uso de los suelos
agrícolas y pastorales. En estas condiciones se incrementa el escurrimiento superficial de las
aguas lluvias, adquiriendo los procesos de evacuación cada vez mayores volúmenes, lo que
provoca cambios en las relaciones hidráulicas.

El proceso erosivo en las áreas de drenaje disminuye la capacidad de infiltración de los


suelos, lo que incrementa el volumen de agua que debe conducir los drenes naturales. Al
acrecentarse el caudal de agua que escurre por el cauce de un desagüe natural, adquiere
mayor energía para desgastar su lecho y taludes, hasta que en algún punto de su curso se
forma un pequeño salto, que paulatinamente adquiere mayores proporciones e inicia su
avance hacia la divisoria de la ladera. La proliferación de zanjas termina por dejar el campo
muy disectado, lo que dificulta el manejo agrícola (Figura 8.1).

8.2. Clasificación de las cárcavas

Con el propósito de facilitar la aplicación de medidas de control, se darán algunas pautas


sobre la clasificación de cárcavas (Ayres, 1960). Se pueden clasificar cárcavas de acuerdo
con la altura del salto en la cabecera, o área de drenaje alrededor de la cárcava (Cuadro 8.1).
También, según la forma de las secciones de las cárcavas, se distinguen aquellas con taludes
en forma de “V” y las que poseen una forma de “U”, debido a su apreciable anchura en el
fondo y sus taludes con una inclinación muy fuerte.

92
Figura 8.1. Suelos severamente erosionados de la Cordillera de la Costa, con surcos en
contorno para el establecimiento de árboles (fotografía: N.B. Stolpe).

Cuadro 8.1. Clasificación de cárcavas basándose en la altura del salto en la cabecera, ó el área de
drenaje alrededor de la cárcava.
Tamaño de Cárcava Salto en la Cabecera Área de Drenaje
m hectáreas
Pequeña <1 <2
Mediana 1–3 2–10
Grande >3 > 10

8.3. Procesos que intervienen en la formación de cárcavas

El efecto abrasivo contra las paredes de los cauces se ve reforzado por la mayor cantidad de
partículas en el flujo, producto del incremento de la erosión en las áreas tributarias. La parte
más activa de erosión en la cárcava se produce en la cabecera, que avanza gradualmente
hacia la parte más alta del terreno. La cascada que se forma durante las lluvias, salpica
aguas en la base de la pared del salto (Figura 8.2). Por rebote se originan chorros de agua
que refuerzan la acción anterior. La socavación progresa hasta poner en peligro la sección
que descansa sobre esta base, provocando finalmente su colapso. Cada invierno se reinicia
el proceso, con avances anuales de la cabecera de unos 5–15 m por año. El canal de la
cárcava también puede experimentar profundizaciones del cauce y derrumbes en los taludes.

93
Figura 8.2. Erosión en la cabecera de una cárcava y su avance hacia la divisoria de la
ladera.

Su avance hacia la divisoria del campo puede interceptar otras vías de drenaje, produciendo
ramificaciones y creando una intrincada red de cárcavas en todo el área (USDA, 1939). La
rapidez de desarrollo de la cárcava depende del tipo de suelo, altura del salto, el tamaño del
área de drenaje y uso del suelo. Al alcanzar la divisoria de la ladera, se excluye una fuente
muy activa de energía del agua al disminuir el tamaño del área. Sin embargo, la energía del
caudal que cae aún puede causar problemas.

8.4. Prevención de cárcavas

El control simultáneo de un conjunto de cárcavas es difícil y de elevado costo. Es mucho


más sencilla la aplicación de normas de buen uso y manejo conservacionista en el área de
drenaje, lo que evita la formación de zanjas.

La ausencia de cárcavas en una ladera no es garantía que no existe erosión hídrica. Puede
estar en desarrollo una activa erosión de impacto y flujo precanalizado (erosión de manto),
el que tarde o temprano iniciará la formación de cárcavas. Como ésta es la relación de causa
e efecto del fenómeno que se analiza, la corrección de zanjas debe orientarse al control de la
causa que general el problema, es decir, la prevención de erosión de manto y canalículos en
el sector. De modo que el curso más correcto de acción será reordenar el uso y manejo de
los suelos del predio. Este paso implica el retiro de cultivos de todos los terrenos clasificados
como VIe y VIIe de capacidad de uso. Mantener los suelos de clase VIe bajo praderas
permanentes con pastoreo moderado, destinar los suelos de clase VIIe a forestación, cambiar

94
el apotreramiento del campo y trazado de caminos donde sea necesario, y aplicar técnicas de
control de erosión en los suelos de clases IIe, IIIe y IVe (USDA, 1939).

El conjunto de medidas que se han enumerados, permiten disminuir drásticamente el


volumen del escurrimiento superficial y, lo que es más importante, la velocidad con que se
produce la evacuación de aguas desde las laderas, restando energía al proceso de formación
de cárcavas. Estas medidas protegen el sistema natural de drenaje del predio.

8.5. Control de cárcavas

El control de cárcavas es efectivo en la medida que se considere como un conjunto de


prácticas, orientadas a disminuir la erosión de manto en la vertiente tributaria de las zanjas
y, simultáneamente, a contener el avance de estas últimas. No se soluciona el problema si el
esfuerzo se concentra solo en la protección de las zanjas mismas.

8.5.1. Justificación económica

Cuando el crecimiento de un conjunto de cárcavas amenaza un camino de importancia, una


vía férrea, obras de riego o cualquier otra construcción de importancia, la justificación
económica es fácil de determinar. Sin embargo, la estimación del daño que provocan en
suelos agrícolas es más difícil de evaluar. Si han alcanzado la divisoria de la ladera, no se
justificaría una inversión elevada de control, ya que el daño alcanzó su expresión máxima y
empieza a decrecer. Si el efecto de las cárcavas recién empieza a manifestarse en los sectores
bajos de las laderas, se debe aplicar de inmediato medidas correctivas.

Cuando los sedimentos provenientes de zanjas están afectando un embalse o deteriorando


los suelos agrícolas al pie de las colinas, la decisión para adoptar un plan de control resulta
de fácil justificación. El costo se relaciona con la futura utilización del sector que se
rehabilita o los beneficios que se obtienen de la estructura protectora.

Laderas con erosión de manto muy severa, con presencia de zanjas muy profundas y
numerosas, la mayoría de las cuales han alcanzado las divisorias, se deben forestar. Suelos
con estas características Corresponden a clase VIIe de capacidad de uso.

Terrenos de clase VIe cultivados o talajeados en exceso, se deben retirar de inmediato de


estos usos y excluir el ingreso de animales por el tiempo que sea necesario para su
recuperación. Al reanudar su empleo en ganadería, se deben aplicar estrictas normas de
buen manejo, para evitar la repetición del problema. En estas decisiones hay involucrado un
problema de costos que debe considerarse cuidadosamente. El control de las zanjas mismas
se emprenderá si sus dimensiones lo hacen factible y si las posibilidades de recuperación del
potencial productivo así lo aconsejan. En resumen, un inmediato y completo control de las
cárcavas puede resultar de un costo prohibitivo, a menos que sean zanjas pequeñas y todavía
pueden ser atravesadas por maquinarias.

95
8.5.2. Planificación del control de cárcavas

Las medidas de control a adoptar en una colina que muestra varias zanjas avanzando hacia
la parte más alta, comprenden el buen uso y manejo de la vertiente tributaria, la intercepción
de las aguas que ingresan a las cabeceras de las cárcavas y medidas que se apliquen en las
cárcavas mismas para lograr su estabilización.

• Retención del agua lluvia en el área tributaria

Si sólo se controlara la erosión en la vertiente tributaria, se corre el riesgo de que las zanjas
continúen avanzando, a pesar de que el gasto de agua que ingresa en las cabeceras se haya
reducido. El manejo conservacionista del área de la ladera mejora algunas características
físicas del suelo, aumentando la velocidad de infiltración y disminuyendo el volumen de
agua que escurre sobre el terreno. Un efecto inmediato de estas medidas, es que se reduce la
magnitud del tratamiento de las zanjas mismas.

Para el mejor uso y manejo de los cultivos en un sector a proteger, se puede recurrir a
algunas de las prácticas agronómicas y complementarias analizadas previamente en este
libro.

• Intercepción del escurrimiento antes de llegar a las cabeceras de las cárcavas

Es muy difícil eliminar totalmente el escurrimiento desde una vertiente tributaria, por
eficaces que resulten las medidas que se hayan adoptado. Por ello, es necesario interceptar
la parte del flujo no contenido, antes que se precipite sobre el salto de las cárcavas, objetivo
que se cumple con la construcción de una terraza o zanja de desviación. Este tipo de
estructura sólo se puede abordar si existe un apropiado colector donde vaciar las aguas. Si
se corre un alto riesgo de no proteger adecuadamente el colector de la terraza de desviación,
esta medida debe desecharse. No es ninguna solución dejar con protección la cabecera de la
cárcava y trasladar el problema al colector de la terraza de desviación (Francis, 1957).

La terraza de desviación no debe pasar una distancia menor de tres veces la altura del salto.
Se recomienda establecer una franja de pasto de 10 a 15 m de ancho a lo largo del borde
superior de la estructura de intercepción del flujo (Figura 8.3), que actúa como un filtro de
sedimentos.

Las terrazas de desviación se diseñan para servir gastos ocasionados por un escurrimiento
máximo que puede ocurrir una vez cada 10 años. Si el área de drenaje es menor de 2.5 ha,
es suficiente una sección hidráulica de 0.68 m2, y si fluctúa entre 2.5 a 4.0 ha, debe
disponerse de una sección de 1.08 m2. Para superficies superiores a la indicada, se debe
calcular el escurrimiento máximo de acuerdo al procedimiento indicado en el capítulo de
escurrimiento superficial. Obteniendo este valor se puede utilizar la ecuación Manning para
calcular las dimensiones del canal en la terraza de desviación (Troeh et al., 1980).

96
Figura 8.3. Ubicación de una terraza de desviación que intercepta el flujo desde el área
tributaria y lo conduce hacia un colector debidamente diseñado y protegido.

• Conducción del escurrimiento superficial en el canal de la cárcava

El escurrimiento de agua que ingresa en la cabecera de una cárcava, que no se ha podido


disminuir en el área de drenaje o interceptar, se debe conducir forzosamente a lo largo del
canal de la cárcava. Para impedir mayores daños debe protegerse con vegetación y, si fuera
necesario, con algunas estructuras para complementar la acción de las coberturas vegetales.

8.6. Control de cárcavas mediante coberturas vegetales

El procedimiento más sencillo y económico para proteger una cárcava, es facilitar una
revegetación natural. Esta medida es posible en áreas con adecuada distribución y cantidad
de lluvias, ya que en zonas semiáridas o subhúmedas, la formación de una densa cubierta de
vegetación es muy lenta. Este simple procedimiento se favorece construyendo un cerco
apropiado alrededor de la cárcava, que permite excluir por varios años el ingreso de
animales. En lo posible se debe complementar esta acción mediante una terraza de
desviación y, muy especialmente, con el uso correcto de los terrenos en el área tributaria, lo
que reduce el ingreso de agua a las cabeceras de las cárcavas. Este procedimiento que es tan
sencillo muchas veces se ignora, recorriéndose a medidas de mayor costo y complejidad.

Para un establecimiento más rápido de cubiertas vegetales en el área de las cárcavas, se debe
plantar árboles o establecer una cubierta de pastos. El tipo de cobertura depende del uso
futuro que se dará a la zanja una vez establecida la vegetación (área recreacional, vida

97
silvestre, colector etc.). Cualquiera que sea el uso a que se destine, debe considerarse la
condición primordial de mantención de la estabilidad de la cárcava. Si se proyectan como
colector, la cubierta a establecer debe ser pasto, ya que conduce con menor riesgo el agua.
La estabilización con aromos no se recomienda si la zanja se va a utilizar como un colector,
salvo que la vertiente que sirve sea muy pequeña.

Las áreas muy severamente erosionadas, se deben mantener permanentemente con una
cubierta forestal (USDA, 1939). Los árboles de la zanja producen leña, madera, postes etc.
Los arbustos favorecen la vida silvestre.

8.6.1. Preparación del área para establecer vegetación

La primera iniciativa a adoptar es la total exclusión de animales. El pisoteo del ganado


dificulta en alto grado el desarrollo de vegetación en las difíciles condiciones del terreno a
proteger. Un cerco debe instalarse a una distancia de 6 o 7 m del borde de la cárcava, si la
cabecera tiene una profundidad mayor de 3 metros.

Se debe seleccionar especies nativas que presentan un crecimiento agresivo, debido a las
duras exigencias que impone un suelo muy deteriorado. Han demostrado un buen
comportamiento el aromo (Acacia dealbata), robinia (Robinia psuedo acacia) y pino insigne
(Pinus radiata). Las semillas de robinia inoculadas se desarrollan muy bien. Los árboles se
ubican a distancias de 2 m y los arbustos a 0.9 m. Los árboles se plantan al borde de la
cárcava y en el fondo, pero no en los taludes.

También se utiliza el retamo (Genista hispánica) y la retamilla (Cytisus monspesulanum). Pero


es los árboles el tipo de vegetación más recomendable para proteger un sector de cárcavas.
Producen raíces fuertes, profundas, con abundante aporte de hojas que forman un grueso
mantillo y permiten el desarrollo de otros tipos de vegetación que complementan la
cobertura (enredaderas, arbustos y diversas malezas). No se debe olvidar que la eficacia de
estas medidas, esta súper editada a las acciones que se adoptan en el área tributaria.

Si no logra evitar que parte del caudal continúe circulando por el canal de la cárcava, se
deben construir barreras temporales para reducir la velocidad del flujo y favorecer la
acumulación de sedimentos más finos, y un ambiente más propicio para el establecimiento
de vegetación.

En zanjas pequeñas y medianas se puede justificar suavizar los taludes (1.5 :1; H:V),
utilizando implementos manuales, arados o equipos pesados si la magnitud del trabajo lo
exige. El talud debe dejarse con asperezas para facilitar la siembra de semillas de robinia.
Estas deben tratarse durante 6 minutos con agua caliente. Se siembran luego
convenientemente inoculadas, cubriendo con una delgada capa de suelo. Las robinias, por
su rápido crecimiento, se establecen bien en taludes rebajados. En el fondo de la cárcava se
pueden plantar estaquillas de álamo o sauce.

98
En taludes suavizados de cárcavas pequeñas y medianas, se pueden sembrar lupino,
preparando pequeños plataformas o escalones. Una excelente fertilización es indispensable
para asegurar un buen desarrollo de la vegetación. Después de sembrar, se pueden cubrir las
semillas pasando un rastrillo liviano y terminando la labor con un rodillo compactador. Se
debe sembrar hasta las bermas del colector. Puede ser necesario cubrir el suelo con paja si la
gradiente del colector lo aconseja.

8.6.2. Pastelones de césped

El uso de pastelones de césped es recomendable en puntos que requieren una inmediata


protección y en pequeñas cárcavas en las que no se puede evitar un flujo permanente
mientras se establece la vegetación (Figura 8.4).

Figura 8.4. El perfil de un salto de una cárcava mostrando la forma apropiada de relleno, y
la cárcava (vista de planta) con taludes suavizados y pastelones de césped fijados con
estacas.

Los pastelones de césped se cortan con un espesor de 5 a 10 cm, en tiras de 25 cm de ancho


y 150 cm de longitud. Es recomendable instalar estacas en cada uno de ellos para asegurar
la permanencia del césped en el talud de la cabecera. Para extraerlos se pude emplear un
implemento provisto de una cuchilla cortadora, accionada con caballos.

8.7. Estructuras en el canal de las cárcavas

La instalación de barreras en el canal de las cárcavas, tiene por objeto disminuir la velocidad
del flujo cuando no es posible evitar que ingrese agua desde el área de drenaje. También

99
facilitan el establecimiento de vegetación o dan protección permanente en lugares que no
pueden estabilizarse de otro modo (USDA, 1939). Un conjunto de barreras en un canal
termina por modificar la gradiente, transformándola en un conjunto de caídas. El material
que retiene cada barrera facilita el establecimiento de vegetación.

8.7.1. Barreras temporales

Las barreras se construyen dejando en su parte central una escotadura con capacidad para
permitir el paso del caudal máximo estimado para 10 años. Con cualquier material que se
emplee, debe cuidarse que quede muy bien empotrado en los taludes y en el fondo del canal.
Con esta medida se evita que se produzcan filtraciones de agua en dichos sectores y se
proporciona una mayor estabilidad a la barrera. Aguas debajo de cada una de ellas, se
instala una plataforma o batiente para disipar la energía de salto y evitar la socavación que
provocaría el agua al caer en el terreno desnudo.

Las barreras temporales se construyen con enrejados metálicos o ramas. Funcionan


eficientemente en cárcavas pequeñas. La práctica de arrojar restos de vegetación y ramas en
el canal de una zanja, generalmente resulta ineficaz por la tendencia de flotar estos
materiales.

• Barreras de malla o enrejado metálico

Son fáciles de construir y mantener en gradientes moderadas (1–4%) en áreas tributarias


menores de 2 ha (Figura 8.5).

Figura 8.5. Barrera temporal para estabilizar una cárcava pequeña, construida de malla de
alambre y estacas; visto desde el frente (A), arriba (B) y del lado (C).

En el sector aguas arriba de la malla, que se ha fijado a estacas o postes, se coloca paja y
ramas finas que se cubren con suelo. Se facilita así la acumulación de sedimentos en esa

100
parte de la estructura. Antes de extender ramas en el batiente, se distribuye una capa de
material fino para asegurar un mejor contacto de las ramas con el suelo. Sobre las ramas se
instala un poste paralelo a la estructura y debidamente anclada con estacas, para evitar que
las ramas sean desplazadas por el salto de agua. Como todas las barreras de este tipo, se
reitera la necesidad de que los taludes en el sector en que se instalan, deben suavizarse
(1.5:1; H:V). La barrera debe quedar bien empotrada para evitar socavaciones laterales.

• Barrera de ramas

Las barreras de ramas entrelazadas a una corrida de postes, resultan sencillas de construir,
de bajo costo y son eficaces en zanjas pequeñas con áreas de drenaje menores de 2 ha. Se
debe cumplir con todas las especificaciones ya indicadas para estas estructuras. La sección
del herido se rellena con paja compactada y recubriendo con ramas. La parte superior de
todos los postes se une con alambre de 3 ó 4 mm. En zanjas medianas es preferible instalar
una doble hilera de postes a 0.8 m, resultando una estructura más sólida. Al medio de la
barrera se deja una escotadura suficientemente ancha para permitir el gasto de agua previsto.
Una vez instaladas las ramas se rellenan los huecos con paja, para facilitar la acumulación
de sedimentos.

8.7.2. Barreras semipermanentes

Tienen un costo más alto, pero son de mayor duración. Se emplean en zanjas medianas en
vertientes de 2 a 4 ha.

• Barrera de piedras sin aglutinante

En predios en que se dispone de piedras redondeadas, se puede emplear un gabión de malla


metálica para retenerlas. Resisten bien las socavaciones. Las piedras aplanadas tienen un
mejor comportamiento al desplazamiento y no requieren aglutinantes ni mallas metálicas.

• Barreras de troncos

En predios con abundante cantidad de árboles es posible construir en forma económica


barreras semipermanentes. Deben quedar bien empotradas en el fondo del cauce y en los
taludes (Figura 8.6). Los intersticios se calafatean con paja y hojas. Se quita la corteza de
los troncos para asegurar un mejor contacto.

• Barreras de tablas

Se utiliza madera creosotada o tratada con sulfato de cobre. El conjunto se arma y luego se
instala en la cárcava. A continuación se entierran las estacas y, por último, se abre la
escotadura que operará como vertedero.

101
Figura 8.6. Barrera de troncos para estabilizar una cárcava mediana, visto desde el frente
(A) y arriba (B).

8.7.3. Barreras permanentes

Se recomiendan en zanjas medianas y grandes, donde las barreras temporales son


inadecuadas y en cárcavas en que no se puede desviar las aguas de la vertiente y se utilizarán
como colectores. En general, la construcción de muros superiores a 1.5 m, en el caso de se
utiliza mampostería o concreto armado, requiere de experiencia y conocimientos adecuados
en el diseño hidráulico y construcción de este tipo de estructuras.

Los muros de mampostería y de ladrillo, resultan relativamente fáciles de construir. Estos


materiales se unen con mortero de cemento. Bien diseñado y construidos, pueden resistir
saltos de hasta 3 m de altura. Las zanjas se llenan con ripio corriente y mortero. Al final del
batiente de deja un pequeño muro para producir el efecto de un colchón de agua, que
disipará la energía en el salto, sin riesgo para la estructura. Los muros deben tener un
espesor mínimo de 30 cm.

102
9. Manejo de Praderas, Bosques y Sistemas Silvopastorales

9.1. Introducción

En Chile, de toda la superficie (excluyendo el Territorio Antártico), sólo 7% de los suelos


tiene aptitud para cultivos, y el restante incluye suelos aptos para praderas (16%) y bosques
(44%), y improductivos (33%) (Pérez y Gonzáles, 2001). En la VIII Región de Chile, de un
total de 3,600,700 hectáreas, sólo 6.9% de los suelos tiene aptitud para cultivos, 30% de los
suelos es apto para praderas, 41.5% tiene aptitud forestal y el restante 21.6% es suelo
improductivo (SAG–ODEPA, 1968). Por lo tanto, cualquiera discusión de conservación de
suelos, necesita considerar los métodos para lograr un manejo sustentable de suelos de
praderas y bosques.

El primer paso, es considerar lo que es la capacidad de uso del suelo, que se determina
basada en el porcentaje de la pendiente, y otros factores limitantes que se describieron en el
capítulo de Clasificaciones Interpretativas de Suelos. Generalmente, los suelos planos, pero
con limitaciones importantes de profundidad, drenaje o inundaciones (clase Vsw) se usan
para praderas con pastoreo intensivo; suelos con pendientes entre 12 – 30% (clase VIe) se
consideran como suelos aptos para praderas con pastoreo moderado; y los suelos con
pendientes de 30 – 60% (clase VIIe) sirven para plantaciones forestales o bosques. La
vegetación y manejo del suelo tienen que coincidir con su capacidad de uso.

Una cubierta vegetativa permanente de pastos, leguminosas, arbustos y árboles protege el


suelo contra la erosión, y mejora los suelos que han sido degradados previamente por una
agricultura intensiva, no sustentable. El impacto de gotas de lluvia sobre el suelo se
disminuye cuando hay una cobertura densa de vegetación sobre el suelo, y el escurrimiento
superficial tiene menor velocidad, resultando en más infiltración de aguas lluvias al suelo,
menos erosión de suelo y menos sedimentación en terrenos bajos. La vegetación también
disminuye la erosión eólica por el efecto de las raíces de plantas que sujetan el suelo,
manteniéndolo en su lugar, y el follaje que disminuye la velocidad del viento sobre el suelo.

Un ejemplo de la efectividad de vegetación sobre la infiltración de lluvia al suelo y,


subsecuentemente, el escurrimiento superficial y erosión de suelos se muestra en Figura 9.1.
En esta investigación, se encontró más infiltración de lluvia en suelos con praderas que en
suelos con cultivos, o barbecho continuo. Sin embargo, el sobre pastoreo de praderas
disminuyó la infiltración de lluvia, principalmente por la degradación de los suelos, debido a
compactación por el pisoteo del ganado (Hart, 1974).

9.2. Praderas

Praderas establecidas son predios con manejo relativamente intensivo (comparado a


praderas naturales) en regiones húmedas, que normalmente están sembrados con mezclas
mejoradas de pastos y leguminosas para producir una cantidad adecuada de forraje durante
la temporada. Praderas establecidas en regiones subhúmedas y semiáridas normalmente

103
tienen sistemas de riego para aumentar la producción de forraje. Praderas naturales tienen
manejo menos intensivo, generalmente con pastos, leguminosas y arbustos nativos para el
forraje.

Figura 9.1. Infiltración de aguas lluvias versus duración de la lluvia, en suelo con distintos
usos.

El manejo sustentable de praderas establecidas incluye prácticas agronómicas como


aplicaciones periódicas de cal y fertilizantes (N, P y K) de acuerdo con un análisis de los
suelos, para mantener la productividad de forrajes, y sembrando con especies adaptadas al
suelo y clima, con crecimiento vigoroso para proteger el suelo contra la erosión. Se necesita
incluir algunas leguminosas en praderas establecidas porque la asociación simbiótica en sus
raíces con bacteria Rhizobium, es una fuente importante de nitrógeno en el suelo para el
crecimiento de plantas. Leguminosas tienen otras nutrientes esenciales para ganado. Sin
embargo, con el paso de tiempo la proporción de las leguminosas en praderas empieza a
disminuir con respecto a los pastos (por sobre pastoreo, selección y/o competición) que
implicará una menor calidad y producción de forraje (Troeh et al., 1980).

Es importante considerar los distintos sistemas de pastoreo que se utilicen en las praderas de
un predio, que incluyen el pastoreo continuo, pastoreo rotacional, y pastoreo deferido.
Pastoreo continuo significa que el ganado está en la misma pradera desde el comienzo hasta
el final de la temporada. Generalmente, éste sistema no es sustentable y sólo puede
funcionar con un bajo número de animales por hectárea (unidad animal o UA), porque
agricultores normalmente mantienen la UA relativamente constante por la temporada, a
pesar de que la producción de forraje cambia de acuerdo con la precipitación y temperatura
etc. Consecuentemente, las praderas estén subutilizadas durante la primavera cuando haya
buena producción de forraje, y sobre pastoreadas en el verano cuando haya menos

104
producción de forraje, resultando en la disminución de la productividad de la pradera, y
compactación ó erosión de los suelos (Troeh et al., 1980).

Pastoreo rotacional significa subdividiendo praderas grandes por medio de cercos


(permanentes o eléctricos portátiles) para controlar el lugar y duración de pastoreo dentro de
sectores de una pradera. En este sistema, se ponen los animales en un sector cercado para
que utilicen el forraje, hasta una altura de 10 cm de la superficie del suelo, y después se
mueva el ganado a otro sector de la pradera mientras tanto se recupere el primer sector
pastoreado. Así, se pueden tener varios sub potreros en sistemas de pastoreo rotacional, y
cada sub potreo puede tener una mezcla óptima de especies forrajeras que tenga buen
crecimiento durante el momento de pastoreo. Generalmente, pastoreo rotacional permite
tener una mayor intensidad de pastoreo (> UA), comparada con pastoreo continuo, sin
degradar el suelo. Otra ventaja en este sistema es que los animales utilizan el forraje más
uniformemente, en vez de seleccionar la vegetación más suculenta, como leguminosas
(Troeh et al., 1980).

Pastoreo deferido significa que se demora el ingreso del ganado a una pradera hasta que el
pasto ha crecido suficientemente, o producido semillas, o el suelo se ha secado después de
un periodo de lluvia intensa. El pastoreo deferido funciona bien cuando se usa en conjunto
con pastoreo rotacional, donde cada año se designa un sub potrero para ser deferido en la
rotación para que se recupere a condiciones óptimas.

Se pueden renovar las praderas periódicamente, especialmente cuando se ha notado que la


producción de forraje ha disminuido significativamente (50 a 75%) por el tiempo, o cuando
hay menor presencia de leguminosas causada por el sobre pastoreo, compactación del suelo
y/o menor fertilidad del suelo. La renovación de praderas establecidas se hace arando los
suelos con un arado cincel, fertilizando y resembrando con especies adaptadas a los suelos y
clima; o se puede hacerla con cero labranza donde la pradera es pastoreada para utilizar la
mayor parte del forraje y la vegetación que queda es controlada con la aplicación de
herbicida (glifosato u otro), y luego el suelo es fertilizado y sembrado directamente por los
residuos vegetativas superficiales. En ambos sistemas de renovación de praderas
establecidas, es fundamental excluir el ganado del predio hasta que la pradera se ha
restablecida. Praderas naturales pueden ser renovadas también, que normalmente incluye
la resiembra y fertilización nitrogenada, pero sin arar los suelos (Troeh et al., 1980).

Es necesario tener un buen manejo de praderas naturales para mantener su productividad


por el tiempo, sin degradar o erosionar los suelos (Troeh et al., 1980). Algunas prácticas que
se pueden implementar incluyen las siguientes:

• Resembrar usando variedades mejoradas de pasto como Agropyron desertorum, que son
adaptadas al suelo y clima y resistentes a erosión.

• Fertilizar periódicamente con nitrógeno, con dosis de 45 kg N ha -1.

105
• Demorar el pastoreo en la primavera hasta que haya buen crecimiento de los pastos y los
suelos se han secado suficientemente para evitar compactación por el pisoteo de los
animales.

• Considerar el pastoreo simultáneo de ganado con ovejas, en el caso que ovejas estén
presentes en el predio.

• Ajustar el número de animales por hectárea, de acuerdo con el crecimiento de forraje, las
condiciones de la pradera en la temporada, la precipitación etc.

• Pastorear la pradera hasta que los animales han consumido la mitad del forraje,
permitiendo después una buena regeneración de la pradera. Es decir, “tomar 50% y dejar
50%”.

• Usar pastoreo rotacional y pastoreo deferido (como previamente descrito) para aprovechar
mejor los recursos de forraje.

• Si es posible, incluir praderas artificiales regadas (en regiones subhúmedas y semiáridas)


en la rotación de pastoreo. Con esto, se puede tener un margen de seguridad para los
periodos de sequía extendida cuando haya menos producción de forraje en las praderas
naturales.

• Poner bloques de sal en los sectores no pastoreados, normalmente lejos de fuentes de agua,
para incentivar el ganado aprovechar mejor el forraje de toda la pradera.

• Despejar la pradera de arbustos para promover el crecimiento de los pastos. Sin embargo,
esto no se aplica a praderas de los espinales de Chile central, porque Acacia caven, un árbol
leguminosa, promueve una buena producción de forraje debido a una mejor fertilidad de
suelos en su alrededor. Generalmente, mayor cobertura de Acacia caven promueve mayor
fertilidad de los suelos y menor pérdida de nutrientes del ecosistema (Martínez et al., 2010).

9.3. Plantaciones Forestales

Los bosques nativos se encuentran principalmente en regiones húmedas en el sur de Chile,


pero se pueden encontrar zonas con plantaciones forestales en regiones subhúmedas y
semiáridas, también. Por definición, “terrenos forestados” tienen 10% o más de su
superficie con árboles, y una producción mínima de leña o madera de 1.4 m 3 ha-1 año-1
(Troeh et al., 1980). En los últimos años, se han establecido plantaciones forestales sobre
una gran superficie de suelos degradados en la Cordillera de la Costa de la VIII Región.
Muchos de estos suelos, pertenecientes a capacidades de uso de VIe y VIIe, fueron usados
previamente para producir cereales con manejo tradicional, desatando una erosión severa y
muy severa, con la formación posterior de cárcavas en varios sectores.

106
Para el establecimiento de plantaciones forestales sobre terrenos erosionados, se ha utilizado
el subsolado en camellones, en contorno, que ayudan retener parte de las aguas lluvias y
facilitan la penetración de raíces de los árboles por el subsuelo arcilloso que, a menudo, está
en la superficie del suelo (Carrasco y Riquelme, 2003). Los árboles se establecen sobre los
camellones, donde se ha aplicado previamente una dosis parcializada de fertilizantes.

Bosques, y plantaciones forestales con buen manejo, proveen una excelente protección a los
suelos contra la erosión de impacto y flujo precanalizado, con menor escurrimiento
superficial y mayor infiltración de las aguas lluvias al suelo. Consecuentemente, hoyas
hidrográficas con una buena cobertura de árboles generalmente tienen mejores
características hidrológicas comparadas con otras hoyas que tienen praderas y cultivos en los
sectores donde existían bosques. Se ha notado como el flujo de agua ha disminuido o
desaparecido en riachuelos de cuencas, como consecuencia de explotar bosques para
despejar terrenos y sembrarlos con cereales. De hecho, el proceso de “desertificación”
ocurre cuando las condiciones hidrológicas cambian hacia un régimen más árido, causado
principalmente por cambios de uso y degradación de los suelos en hoyas hidrográficas,
fenómeno que está pasando en varios sectores de Chile central y sur (Levy–Widmer, 2000).

Hoyas hidrográficas con mayor cobertura de bosques tienen menos inundaciones en los
terrenos de sectores bajos, durante y después de una lluvia, porque una gran proporción del
agua lluvia se infiltra al suelo, en vez de escurrir superficialmente sobre ello hacia los ríos.
Además, los terrenos bajos de la hoya tienen más protección contra la deposición de
sedimentos provenientes de los sectores altos, factor que ayuda extender la vida útil de
embalses y mantener limpia el agua superficial de los lagos y ríos. Generalmente, la erosión
de suelos y producción de sedimentos disminuyen con mayor cobertura arbórea en hoyas
hidrográficas (Cuadro 9.1).

Cuadro 9.1. Influencia de la cobertura de bosques en subcuencas del río Potomac, sobre la
cantidad de sedimentos provenientes de suelos erosionados (Troeh et al., 1980).
Cobertura de Bosque Sedimentos que Salen de la Subcuenca
en la Subcuenca
% ton ha-1 año-1
20 4.00
40 2.00
60 0.90
80 0.45
100 0.22

Árboles protegen los suelos de hoyas hidrográficas, especialmente cuando los suelos han
acumulado, después de varios años, una capa superficial de hojas y residuos vegetales de 5
cm o más de espesor. Una nueva plantación forestal sobre suelos erosionados en el norte de
Missisipi, EEUU empezó a disminuir la erosión sólo después de un periodo de 5 años,
tiempo en que los árboles crecieron y los residuos superficiales se acumularon
suficientemente para proteger los suelos (Ursic y Dendy, 1963). En Tennessee, en una
plantación forestal con suelos parecidos al caso anterior, los sedimentos producidos por

107
procesos erosivos disminuyeron en 96% después de un periodo similar de tiempo (Tennessee
Valley Authority, 1962). Se puede acortar por un o dos años el tiempo necesario para que
el suelo se acumule una capa superficial protectora de hojas y residuos vegetales, con la
aplicación adecuada de fertilizantes al suelo para promover un crecimiento rápido y
vigoroso de los árboles (Duffy, 1977). El efecto positivo de los árboles sobre la infiltración
de agua al suelo, aumenta con tiempo, después de los cinco primeros años de
establecimiento.

Se recomienda no pastorear los terrenos recientemente forestados o reforestados, porque la


ganadería puede compactar el suelo, dañar las raíces y comer el follaje de los árboles.
Adicionalmente, para asegurar el buen crecimiento de los árboles, se necesita aplicar
fertilizantes de acuerdo con las siguientes recomendaciones:

• Aplicar fertilizante de acuerdo con un análisis adecuado de los suelos.

• No aplicar fertilizante en exceso de la capacidad del suelo para retenerla y la habilidad de


los árboles para utilizarla.

• Usar aplicaciones parcializadas de fertilizantes, en vez de una sola aplicación con mayor
dosis.

• No aplicar fertilizantes en lugares cercanos a agua superficial, incluyendo lagos, río,


riachuelos etc., o antes de periodos anticipados de lluvias fuertes.

• Usar fertilizantes de formulación lentamente soluble, como granular grueso, en vez de


polvo fino, emulsiones o soluciones.

Después de varios años, una plantación forestal habrá crecido suficientemente para ser
explotada. Para mantener la sustentabilidad de plantaciones forestales futuros, se necesita
usar el método de explotación que causa menos degradación al suelo. Desafortunadamente,
los sistemas que causan menos daño al suelo, casi siempre son los más costosos, y en cada
sistema de explotación se produce erosión que es causada por la construcción y uso de
caminos de acceso a las plantaciones forestales. A continuación, se describen algunos de los
sistemas más comunes:

• Selección

La explotación de bosques por el método de selección consiste en cortar sólo los árboles más
antiguos que están maduros, y dejando el resto crecer hasta que se maduren. Se usa este
método en bosques nativos o plantaciones forestales con árboles de diferentes edades. El
sistema de selección sirve en plantaciones de especies que se propagan y crecen
adecuadamente en condiciones de mayor competencia para agua, nutrientes y luz.
Dependiendo del suelo y clima, las especies pueden incluir abeto, cedro, alerce, arce, o roble
entre otras. Este sistema provoca menos erosión de suelos, comparado con otros métodos,

108
que es causada principalmente por el tránsito de vehículos en caminos de acceso para
transportar los troncos de árboles.

• Árboles semilleros

El método de “árboles semilleros” para explotar bosques consiste en cortar la mayor parte de
los árboles, pero dejando un número suficiente para asegurar la propagación de nuevas
árboles. Se usa este sistema con especies que tienen semillas livianas que pueden ser
transportadas por el viento, como es el caso en varias especies de pino. Una vez establecida
la nueva generación de árboles, se cortan los árboles maduros que fueron las fuentes de
semillas. Generalmente, los árboles tienen más uniformidad de edad en plantaciones
manejados con este sistema, pero el riesgo de erosión es mayor que en el sistema de
selección, especialmente durante los primeros años después de explotar el bosque.

• Tala rasa

Tala rasa es el método más común para explotar bosques y plantaciones forestales,
principalmente por razones económicas. Todos los árboles dentro de un sector están
cortados dejando todo el terreno despejado (Figura 9.2). Los residuos forestales pueden ser
quemados, o no, antes de la reforestación, normalmente, con especies arbóreas que tengan
valor económico y crecimiento rápido (pino, eucalipto, etc.). Este sistema de explotación de
plantaciones forestales causa más erosión que los otros sistemas, especialmente cuando se
queman de los residuos forestales que quedan encima del suelo (Oyarzun y Peña, 1995).

Figura 9.2. Ejemplos de explotación de bosques por tala rasa (fotografía: N.B. Stolpe).

Otro factor de considerar en el momento de explotar una plantación forestal, es el sistema de


transporte de los troncos desde su lugar inicial hasta un sitio centralizado, donde se procesan
los troncos cortados, y camiones llegan para llevarlos fuera. Los sistemas de transporte de

109
troncos en plantaciones forestales incluyen: 1) tractor (skidder), que es un equipo pesado que
arrastra los troncos sobre el suelo; 2) high lead cable, donde el los troncos están transportados
colgando parcialmente de un cable suspendido entre torres, y la parte inferior de los troncos
arrastra sobre el suelo; 3) skyline cable, donde se transportan los troncos, colgándolos
completamente de un cable suspendido entre torres y; 4) helicóptero, para transportar
troncos de madera de gran valor en lugares de acceso difícil. Los sistemas de transporte de
troncos pueden compactar el suelo, de acuerdo con el número de caminos de acceso, torres
de suspensión, y la superficie del sitio centralizado de procesamiento de los troncos (Cuadro
9.2).

110
Cuadro 9.2. Influencia de sistema de transporte de troncos del lugar inicial hasta el sitio
centralizado de procesamiento de los troncos. (Troeh et al., 1980).
Sistema de Transporte de Troncos Suelos Desnudos Suelos Compactados
% %
Tractor (skidder) 35.1 26.4
High Lead cable 14.8 9.1
Skyline cable 12.1 3.4
Helicóptero 6.0 1.7

9.4. Sistema silvopastorales

En la Patagonia chilena, durante la primera mitad del Siglo XX, una gran superficie
(~2,500,000 ha) de bosques nativos fue quemada para “abrir campos” a la ganadería,
dejando las laderas de los valles (clases VIe y VIIe de capacidad de uso) expuestas a una
inexorable erosión de los suelos. El sobre pastoreo, o ganadería incontrolada, también ha
contribuido a la degradación de los bosques. Más recientemente, las plantaciones forestales
que han sido realizadas sobre suelos degradados ocupan un área de 27,000 ha. (Silva, 2004).
Todas las plantaciones han sido realizadas con especies introducidas, mayormente Pinus
ponderosa, Pseudotsuga menziesii, y Pinus contorta. En algunos sectores se han implementando
sistemas silvopastorales para ayudar conservar el suelo y mantener el pastoreo, pero en
forma controlada (Figura 9.3).

Figura 9.3. Pradera en un sistema silvopastoral en la Patagonia chilena. En la superficie del


suelo se encuentran troncos parcialmente descompuestos (fotografía: N.B. Stolpe).

Los sistemas de manejo silvopastoral consisten en una práctica agroforestal que combina la
producción forestal y pecuaria simultaneas o sucesivas, para garantizar sustentabilidad. Son
sistemas compuestos de árboles, plantas forrajeras y ganado en un mismo sitio, en el cual el

111
componente pecuario realiza el pastoreo. Estos sistemas permiten, a través de la interacción
adecuada de sus componentes, lograr mejores resultados productivos y ambientales.

Según MacDicken y Vergara (1990), los sistemas silvopastorales pueden ser clasificados
según la función principal del componente forestal o sea, de producción (madera de alta
calidad, leña, carbón, frutos, forraje foliar) o de protección y servicio (cercos vivos, barreras
vivas contra nieve y arena, sombra en pastoreo y conservación del suelo). Cabe mencionar
que los otros componentes no forestales pueden proveer productos variados tales como miel,
hongos, frutos, carne, leche, lana, cuero y forraje de la pradera.

El sistema productivo puede ser diseñado e implementado desde su inicio para silvopastoreo
propiamente dicho; puede implementarse en una pradera ya existente donde se introduce el
componente forestal; o en un bosque nativo (ej. Nothofagus dombeyi, N. pumilio) o en uno ya
plantado (ej. Pinus ponderosa, P. radiata) manejado, donde se incorpora la pradera. En todos
estos casos, es fundamental manejar el componente forestal con raleos y podas de tal manera
que penetre suficiente luz solar hasta el sotobosque, favoreciendo así la actividad
microbiológica, el ciclaje de nutrientes y el crecimiento de forrajeras (Nair, 1989).

Los sistemas silvopastorales se usan en terrenos con llanuras, pendientes moderadas, ó en


áreas frágiles con pendientes fuertes y erosión ligera. El pastoreo ocasional en el componente
forestal permite reducir el costo de control de malezas en períodos de alto crecimiento
vegetativo (Doescher et al., 1987) dado que el uso de herbicidas y otros tratamientos
mecánicos no es siempre factible y ambientalmente deseable, sin olvidar sus costos elevados.

Especies de árboles pertenecientes a los géneros Acacia, Eucalyptus, Leucaena, Pinus y Populus
son frecuentemente usadas en sistemas silvopastorales para reducir los extremos de micro
climas, aumentar el contenido de materia orgánica, y mejorar la estructura y retención del
agua en el suelo (Couto et al., 1994; Dubè et al., 2002; Fernandez et al., 2002; Thevathasan y
Gordon, 2004). La introducción de forrajeras leguminosas aumenta el nitrógeno disponible
en suelo a través de la fijación simbiótica y favorece el ciclaje de nutrientes a través de la
caída de hojas y de la descomposición de ramas y raíces (Goh et al., 1996).

En la Patagonia chilena, investigaciones han mostrado que sistemas silvopastorales influyen


positivamente las propiedades químicas y biológicas de suelos volcánicos, y ayudan el medio
ambiente por el secuestro de carbono en la biomasa de la vegetación (Dubé et al., 2009,
Stolpe et al., 2010).

112
10. Fundamentos de Erosión Eólica

10.1 Introducción

El proceso de erosión eólica, que alcanza proporciones muy graves en otros países, en Chile
sólo se manifiesta con caracteres más serios en algunas áreas de país, con el avance de dunas
hacia terrenos vecinos a las playas. En forma muy localizada se producen algunas
manifestaciones de daño por erosión eólica que en otros sectores.

Durante la preparación de barbecho de primavera y verano en suelos volcánicos de la


precordillera en suelos de texturas franca y franco limosa, coincidiendo con algunos días en
que se producen vientos relativamente intensos y estando el suelo seco, se manifiestan
algunas formas del daño. Pero en suelos arenosos, y muy especialmente en terrenos
litorales, donde los efectos de esta forma de erosión adquieren mayor relevancia.

Las primeras informaciones sobre dunas litorales en el país, estimaban la superficie afectada
en 600,000 ha. En 1965, haciendo uso de fotografías aéreas, en Instituto de Recursos
Naturales (IREN), estableció que la superficie de dunas litorales entre La Serena y Puerto
Montt era de 74,428 ha. Falta por hacer un inventario de dunas al norte de la Serena y al
sur del canal de Chacao, aun cuando puede establecerse que las del norte carecen de
importancia agrícola y las de Magallanes no tienen gran extensión. En el estudio se
excluyeron los sectores de playa, midiéndose sólo los que realmente representan un avance
del sistema de dunas hacia el interior.

En consideración al daño espectacular provocado por la erosión eólica en muchos países del
mundo, se justifica analizar con cierto detalle la mecánica del proceso y algunos métodos de
control que ha desarrollado el hombre para paliar sus efectos (Figura 10.1).

Figura 10.1. Erosión eólica en los EEUU durante los años 1930’ (fotografía: Servicio de
Conservación de Recursos Naturales, NRCS–USDA).

113
10.2 Mecánica del proceso de erosión eólica

El viento, con su capacidad de movilizar grandes cantidades de materiales, constituye uno


de los agentes de la naturaleza que promueven modificaciones de las formas producidas por
el diastrofismo. Sin duda, el viento es uno de los agentes más importantes en la
movilización de materiales en áreas desérticas y semiáridas, como ejemplo de erosión
natural. Pero su trascendencia es mayor en áreas agrícolas, donde las erróneas prácticas de
manejo han desatado devastadores procesos de destrucción de suelos.

Los suelos secos y desprovistos de vegetación están más expuestos a la acción del viento,
aunque también juega un rol importante el hecho que algunos suelos son mucho más
susceptibles que otros en una misma zona. Esto indica que algunas de sus propiedades son
importantes en determinar el mayor grado de susceptibilidad a estos procesos (Troeh et al,
1980; Hudson, 1995).

10.2.1. Formas en que se desplaza el suelo

• Movimiento por salto

Alrededor de un 50 a 70% de todo el suelo que moviliza el viento, se produce por salto. Es
provocado por la presión directa que ejerce el viento sobre las partículas de 0.1 a 0.5 mm de
diámetro (generalmente 0.1 a 0.15 mm). Las partículas que se desplazan impactan a otras
que se suman al movimiento, el que se efectúa a alturas inferiores a 90 cm. Las variaciones
de la velocidad del viento al acercarse a la superficie del suelo, ejercen una mayor presión
sobre la parte superior de una partícula. Cuando la diferencia de presión supera a la fuerza
de gravedad, la partícula es levantada bruscamente, rotando a velocidades de 200 a 1000
r.p.s., siendo aceleradas por el viento en su caída.

• Movimiento por suspensión

En este tipo de movimiento se desplazan las partículas menores de 0.1 mm, constituyendo
entre 3 hasta 38% de los materiales transportados. Ingresan al espacio al ser golpeadas por
otras, quedando así a merced de la turbulencia del aire.

• Movimiento por arrastre

La energía para mover partículas mayores de 0.5 mm, proviene de los impactos de aquellas
que se movilizan por salto. Debido a su tamaño, prácticamente no se separan del suelo. Es
el movimiento típico de las dunas.

10.2.2. Etapas del proceso

La turbulencia del viento es la responsable de iniciar el proceso de erosión eólica. Para


partículas entre 0.1 a 0.15 mm de diámetro la velocidad mínima para iniciar

114
desplazamientos es de 12 a 13 km/hr. La velocidad del viento debe aumentar para mover
partículas mayores o menores que los diámetros recién indicados.

La alta resistencia que muestran las partículas más finas (menores de 0.1 mm), pareciera
deberse a la cohesión de ellas y al hecho de que son muy pequeñas como para sobresalir de
una fina capa laminar y viscosa de aire, junto a la superficie del suelo. De esta manera
resultan protegidas de los vientos de moderada intensidad, pero no de las colisiones de
partículas que las lanzan al aire. Las partículas de mayor diámetro sobresalen de la masa
viscosa y quedan expuestas a la acción del viento que se mueve más rápido y con mayor
turbulencia (Stallings, 1957; Troeh et al, 1980; Hudson, 1995).

El viento actúa como ventilador, removiendo materia orgánica, limo y arcilla, dejando atrás
arena y grava. Esta acción selectiva, a través de los años tiende a hacer la capa superficial
del suelo cada vez más grosera, más erosionada y menos productiva (Stallings, 1957; Troeh
et al, 1980; Hudson, 1995; Morgan, 2005). Sobre un 90% de las partículas movidas son
transportadas a alturas menores de 90 cm sobre la superficie del terreno. Sobre 50% del
volumen movilizado, se mantiene en los primeros 5 cm de altura (Chepil, 1957).

10.3. Factores que afectan el proceso de erosión eólica

El efecto del clima es un factor de enorme importancia en la magnitud del daño,


especialmente por la cantidad y distribución de las lluvias, ya que su influencia sobre el nivel
de humedad del suelo es vital para facilitar su mayor resistencia a la erosión eólica. Este
fenómeno se manifiesta cuando el terreno está seco, sin protección vegetal y con un viento
cuyas características de intensidad sean las mínimas para iniciar el movimiento por salto en
suelos de alta susceptibilidad (Troeh et al, 1980; Hudson, 1995). En zonas de temperaturas
más elevadas e irregular distribución de las lluvias, ocurre una evaporación y transpiración
más intensa en la superficie del suelo.

La susceptibilidad a la erosión eólica depende en gran medida de la estructura del suelo y de


su estabilidad cuando ha perdido humedad (Chepil, 1957). Está influenciada
específicamente por el tamaño y densidad de las partículas.

10.4. Control de erosión eólica en suelos cultivables

Un suelo que es despojado de su cubierta vegetal, puede ser afectada por erosión eólica en la
medida que se deje finamente pulverizado con labranza excesiva y mientras más alto sea el
contenido de arena. Si a esto se unen las condiciones de bajo contenido de humedad y
ocurrencia de vientos de cierta intensidad y turbulencia, se habrán dado todos los factores
que influyen en el fenómeno (Troeh et al, 1980; Hudson, 1995).

Sobre el factor de clima es muy difícil, pero si es posible modifica la velocidad del viento en
la superficie del suelo, mediante barreras perpendiculares a su dirección predominante o

115
aumentando la estabilidad y aspereza de los agregados superficiales (Beasley, 1972), pero
mucho más efectivo ha resultado la presencia de vegetación o de residuos sobre la superficie.
Se ha indicado que un 50% del material que se desplaza, lo hace a una altura no mayor a 5
cm. Este antecedente sugiere que se puede tener un buen control del proceso si se interfiere
este desplazamiento, lo que se logra en mayor o menor grado con algunos de los
procedimientos que se describen a continuación:

10.4.1. Prácticas de labranza

Una superficie terronuda puede reducir la velocidad del viento que mueve partículas del
suelo. Este efecto se logra, aparte de una labranza que incrementa el número de terrones
superficiales, mediante camellones y surcos más profundos que pueden dejar algunos
implementos agrícolas. Las variaciones en altura no deben sobrepasar los 12 cm (Beasley,
1972). El empleo del arado cincel, aparte de otros, permite mezclar el rastrojo del cultivo
anterior con el suelo más superficial, dejando el terreno áspero y terronudo. Estas
irregularidades frenan la velocidad del viento en el espacio inmediato a la superficie y
atrapan una parte de las partículas que se desplazan.

10.4.2. Métodos vegetativos

La vegetación es extraordinariamente eficaz en reducir la velocidad del viento cerca de la


superficie del suelo, aparte de su efectividad para retener partículas. Aún cuando la
vegetación en pie es más efectiva, la presencia de residuos en la superficie ejerce también un
buen control de este tipo de erosión. En suelos de texturas franco limosas se sugiere una
densidad de 0.7 ton ha-1 de rastrojo en pie y de 1.5 ton ha-1 si se encuentra aplastado contra
la superficie; en suelos de texturas areno francosas 1.7 y 3.5 ton ha -1, respectivamente, para
iguales condiciones. De todas las prácticas para el control de erosión eólica, el manejo de
residuos constituye la solución más eficaz.

10.4.3. Prácticas mecánicas

El cultivo en fajas perpendiculares a la dirección del viento dominante, alterna cultivos que
otorgan escasa protección en su primera etapa de desarrollo, con franjas de barbecho con
residuos, o bien, praderas. Son eficaces en atrapar partículas de suelo en las fajas protegidas.

Las terrazas de absorción y el cultivo en contorno pueden incrementar hasta 25% el


abastecimiento de agua en regiones semiáridas y subhúmedas. Se ha indicado que la
condición del suelo seco es uno de los factores que incide en el proceso de erosión eólica, de
modo que cualquier iniciativa que significa aumentar la disponibilidad de agua en el perfil,
contribuye a minorar su efecto. La mayor oportunidad de infiltración de aguas lluvias,
permite un mejor aprovechamiento de este recurso en zonas con precipitaciones menores de
500 mm.

10.5. Cortinas cortavientos

116
Las cortinas cortaviento son fajas estrechas de 2 o más hileras de árboles, que dan protección
adicional a los potreros en que se han aplicado algunas de las técnicas ya analizadas. Se
establecen en forma perpendicular a los vientos dominantes. Estas barreras pueden aportar
algunos de las siguientes ventajas (Troeh et al, 1980; Hudson, 1995; Morgan, 2005):

• Reducen la evapotranspiración en los espacios entre cortinas, pudiendo significar una


mayor disponibilidad de agua para los cultivos (hasta unos 100 mm por temporada). Se han
comprobado aumentos de producción hasta 10% en cereales y 20% en maíz.

• Reducen las pérdidas de suelo por erosión eólica.

• Disminuyen el daño físico en huertos frutales.

• Mejoran la polinización por insectos ya que estos no actúan bien en días de mucho viento.

• Se favorece el control fitosanitario. Las aspersiones y pulverizaciones se hacen con mayor


eficacia y economía de los productos empleados.

• Los árboles que se reemplazan en las barreras proporcionan madera, estacas y leña.

• Contribuyen a la belleza escénica.

• Protegen al ganado de los vientos helados del invierno, disminuyendo las pérdidas de peso
que ocurren en dicha estación.

Entre las desventajas se mencionan las siguientes:

• Producen sombra y compiten por nutrientes y humedad con una faja del cultivo a lo largo
de la cortina. Sin embargo, se produce más que una compensación con los beneficios que
experimenta el cultivo en el resto del potrero.

• Obstaculizan visual del entorno.

• Dificultan las aplicaciones de productos mediante aviones.

Experiencias realizadas en túneles, demuestran que las barreras delgadas y agudas son más
efectivas que las construidas por varias hileras y de forma más redondeadas. La mayor
porosidad de la cortina cortaviento disminuye el grado de protección, pero prolonga la zona
de influencia. Generalmente, la protección que da un cortaviento, tiene un alcance efectivo
de 20 veces la altura de la barrera (Figura 10.2), que disminuye con mayor distancia de la
barrera.

117
Figura 10.2. Porcentajes de disminución de la velocidad del viento (escala ajustada) en la
zona que protege la cortina cortaviento (fotografía: Servicio de Conservación de Recursos
Naturales, NRCS–USDA).

En el piso bajo de una cortina cortaviento se puede establecer mosqueta, naranjillo, tamaris
o crateus; en el piso intermedio sauce, Acacia dealbata, y robinia; y en el piso alto ciprés
macrocarpa, pino insigne, aromo australiano o eucalipto. El álamo no es tan recomendable
por no tener su follaje bien desarrollado a principios de primavera, cuando se producen
vientos muy intensos.

Los arbustos de piso bajo se plantan a 1 m sobre la hilera, y 1.5 m de la segunda hilera. Los
árboles de mayor tamaño se plantan a 2 m en la hilera y 3 a 5 m entre las hileras. En
regiones subhúmedas y semiáridas, se recomiendan usar un buen sistema de riego por goteo,
para ayudar el establecimiento de los árboles.

10.6. Dunas litorales

Las dunas corresponden a depósitos arenosos de origen geológico, sin aprovechamiento


agrícola. Se denominan litorales si están en contacto con una playa y continentales si no lo
están.

118
El oleaje que provoca el viento arrastra grandes cantidades de arena, que las altas mareas
terminan lanzando sobre las playas. Al secarse este material, queda a merced del viento que
lo transporta hacia el interior. Al encontrar cualquier obstáculo, las partículas de arena se
acumulan formando promontorios o dunas. El constante abastecimiento de arena desde el
mar, termina por desarrollar sucesivos cordones paralelos de dunas, separados por
depresiones. Las dunas litorales pueden avanzar unos 5 a 10 m por año y adquirir alturas de
hasta 100 m, lo que se ve favorecido por la destrucción de las cubiertas vegetales que
protegían estos terrenos. Las dunas representan una seria amenaza para los suelos agrícolas
de escasa altura, vecinos a las playas. Las continentales son menos peligrosas y
generalmente se encuentran semi estabilizadas por vegetación arbustiva y pastos. Estas
últimas tienen un escaso aprovechamiento agrícola.

En 1965, el estudio de IREN indicó una superficie de 74,000 ha de dunas litorales y 56,000
ha de dunas continentales entre La Serena y Puerto Montt. Las provincias más afectadas
por dunas litorales son Maule y Arauco con 15,500 y 30,700 ha, respectivamente. Las
provincias de Concepción y Bío Bío son las que tienen una mayor extensión de dunas
continentales, con 25,400 y 22,600 ha, respectivamente.

10.6.1. Control de dunas litorales

El sistema de estabilización de dunas se basa en el establecimiento de una vegetación densa


y permanente sobre el área afectada, que se aplica a través de un proceso de tres etapas
(Saltiel, 1963 Troeh et al, 1980; Morgan, 2005):

• Primera etapa

Consista en la estabilización preliminar del área mediante la plantación de esquejes de


Amophila arenaria, de acuerdo a la disposición que se muestra en Figura 10.3. La primera
faja en la línea de máxima marea y a lo largo del frente de playa que limita la zona a
proteger. Esta faja se transforma en la duna litoral, o más propiamente, la anteduna. La
Amophila arenaria es el mejor pasto para la etapa de estabilización preliminar del área
invadida por dunas. Esta gramínea contribuye a disminuir la velocidad del viento y a
atrapar la arena que se está movilizando. La faja que corresponde a la anteduna, tiene por
misión cortar el abastecimiento de arena directamente en su fuente de origen.

Las plantas de Amophila arenaria en lo que será la anteduna, crecen rápidamente al ser
cubiertas por la arena que depositan las altas mareas. Así, se va formando en pocos años un
obstáculo de algunos metros de altura. El avance de la arena se produce siempre sobre
planos suaves, nunca sobre sectores con altas pendientes, que es lo que sucede en el frente de
la anteduna, con taludes de 3:1 o 2:1 (H:V). La arena que se ha secado y es impulsado por
el viento, no es capaz de superar esta barrera, cayendo al pie del talud. Las siguientes
mareas, junto con incorporar nuevos materiales, devuelven hacia el mar una parte de ellos.

119
Figura 10.3. Establecimiento de Amophila arenaria como primera etapa en un sistema de
control de dunas.

En un lapso de 2 a 3 años se logra detener el avance de arena, pero este mismo hecho influye
en una pérdida de vigor de las plantas, las que tienden a ralearse y a dejar sectores mal
defendidos, que darán origen a nuevos desplazamientos de arena.

• Segunda etapa

Tan pronto que se produce una precaria estabilización en todo el sector de dunas (2 a 3
años), se siembran especies arbustivas de crecimiento muy agresivo, antes que empiece a
ralearse la gramínea. Se utiliza Lupinus litoralis y Genista hispánica (retamo), entre otras.

• Tercera etapa

Corresponde a la plantación de árboles sobre un terreno temporalmente estabilizado. Si se


plantara en un terreno de dunas sin estabilizar, se irá a un fracaso seguro. Las partículas de
arena que se desplazan junto a la superficie del suelo, impedirían su establecimiento. Las
especies más empleadas son el pino marítimo, eucalipto, ciprés macrocarpa, Acacia longifolia
y el pino insigne. En esta forma se constituye una comunidad completa de plantas en el
área, consolidando los árboles la estabilidad del sector.

El costo del control de dunas es 8 a 10 veces superior al de una plantación convencional de


pinos. La explotación parcial de estos bosques de dunas y el pastoreo del sector es muy
peligrosa debido a lo delicado del equilibrio que se ha establecido.

120
11. Planes de Conservación de Suelos

11.1. Introducción

El plan de conservación de suelos para un predio, es el registro de las decisiones adoptadas


por un agricultor, en relación con la forma de emplear sus suelos sin sobrepasar sus
capacidades de uso y la aplicación de técnicas de manejo en consonancia con los
requerimientos que demande cada tipo de suelo. El principal objetivo del plan es establecer
una clara separación entre los suelos arables y los no arables, y la forma más adecuada de
emplearlos, de modo que impiden, dentro de límites prácticos, un mayor deterioro de los
recursos de suelo, agua y vegetación de un predio. Mejor aún, el plan de conservación debe
tratar de mejorar cada uno de estos recursos.

La clasificación de capacidad de uso de los suelos representa el primer paso para la posterior
formulación del plan de conservación de suelos. El inventario de los recursos naturales de
un campo, se completa con el análisis de factores económicos y sociales, que sin duda
influirían en las decisiones finales que deben adoptarse.

Se define la planificación como el proceso de elección y desarrollo del mejor curso de acción
para alcanzar un objetivo. En este caso, el objetivo principal es el uso de los recursos de un
predio, sin deteriorar sus recursos naturales renovables. Es decir, “manejo sustentable” del
predio. En este proceso, se consideran cinco etapas en el siguiente orden lógico:

• Inventario de los recursos de la propiedad.

• Análisis de los antecedentes recolectados.

• Formulación del plan de uso y manejo del campo.

• Ejecución del plan.

• Evaluación de los resultados.

La última etapa mencionada permite detectar las posibles fallas del plan y las correcciones
necesarias a introducir en el plan original. Los diversos objetivos que se persiguen en este
tipo de estudios, pueden resumirse en los siguientes puntos:

• Empleo de suelos sin sobrepasar su capacidad de uso.

• Protección del suelo contra cualquier forma de deterioro.

• Recuperación de suelos deteriorados.

• Mejoramiento de las praderas y plantaciones forestales.

121
• Adecuada conservación y aprovechamiento de agua para riego.

• Mejoramiento del drenaje de los suelos agrícolas.

En general, la aplicación de todas aquellas medidas que promueven una producción


eficiente y abundante, sobre una base sostenida.

11.2. Etapas del estudio de un plan de conservación de suelos

11.2.1. Inventario de los recursos del predio

Para la realización del inventario del predio, se recomienda realizar una foto interpretación
estereoscópica previa al estudio de terreno. En una de las fotos del campo se marcan las
posibles rutas de trabajo y los sectores en que se aprecian mayores problemas de drenaje,
erosión, riesgos de inundación, probables ubicaciones de estructura, interpretaciones de las
condiciones de los bosques y praderas existentes etc. Este análisis facilita enormemente el
posterior estudio de terreno, en el que se recogen antecedentes con mayor precisión y se
discute con el agricultor acerca de las condiciones en que se encuentran sus suelos y las
causas que han influido en su deterioro.

En la Figura 11.1 se presenta un ejemplo de clasificación de los suelos de un predio, con las
unidades de capacidad de uso, es decir, la categoría más detallada del sistema. Estas
agrupaciones de suelos deben ser suficientemente uniformes como para requerir
tratamientos similares de conservación, como se ha mencionado en el capítulo de
Clasificaciones Interpretativas de Suelos. Se anotan las observaciones de los suelos y
recomendaciones iniciales en el formulario de evaluaciones (Cuadro 11.1).

122
Figura 11.1. Ejemplo de un plano de capacidad de uso de suelos (Cordillera de la Costa,
VIII Región).
Cuadro 11.1. Formulario de evaluación de suelos para planes de conservación (NRCS y UNL,
1999).
1. Pendiente: Suelo 8. Capacidad de Uso Suelo
1 2 3 4 1 2 3 4
Plana a liger. Inclinada, 0–2% Clase I, cultivos muy intensivos
Suavemente inclinada, 2–5% Clase II, cultivos intensivos
Mod. Inclinada, 5–8% Clase III, cultivos moderados
Fuertemente inclinada, 8–12% Clase IV, cultivos ocasionales
Mod. Escarpada, 12–30% Clase V, pastoreo intensivo
Escarpada, 30–60% Clase VI, pastoreo moderado
Muy escarpada, >60% Clase VII, forestal
2. Profundidad a: (marcar) Suelo Clase VIII, vida silvestre
¿__grava? ¿__toba? ¿__roca? 1 2 3 4 9. Recomendaciones Iniciales: Suelo
Muy profundo (>150 cm) 1 2 3 4
Profundo (100–150 cm) Respetar la capacidad de uso
Mod. profundo (50–100 cm) Reposicionar los cercos
Delgado (25–50 cm)
Muy delgado (<25 cm) Fertilización del suelo
3. Textura de la Superficie: Suelo Encalar el suelo
1 2 3 4 No quemar el rastrojo
Gruesa (a, aF) Ajustar dosis de semillas
Mod. gruesa ( Fa, Faf) Rotación de cultivos y praderas
Media (Famf, F, FL, L) Labranza de conservación
Mod. fina (FA, FAa, FAL) Cero labranza
Fina (Aa, AL, A)
4. Textura del Subsuelo: Suelo Cultivo en contorno
1 2 3 4 Cultivo en Fajas
Gruesa (a, aF) Cercos vivos
Mod. gruesa (Fa, Faf) Terrazas
Media (Famf, F, FL, L) Colectares protegidos
Mod. fina (FA, FAa, FAL) Control vegetativo de cárcavas
Fina (Aa, AL, A) Barreras de retención
5. Erosión del suelo: Suelo Surcos de desviación
1 2 3 4
Ninguna Pradera permanente
Ligera (<25% del A) Resembrar la pradera
Moderada (25–75% del A) Ajustar el número de animales
Severa (>75% del A) Pastoreo rotacional
Muy severa (todo A + parte B) Surcos de infiltración
6. Drenaje del suelo: Suelo Bloques de sal
1 2 3 4 Control de arbustos
Muy pobre Instalar cercos eléctricos
Pobre
Imperfecto Viñedo
Moderado Huerto frutal o nueces
Bueno Forestación
Excesivo Subsolador en contorno
7. Propiedad Más Limitante: Suelo Ralear o podar plantación
(1–6 ú otra) 1 2 3 4 Explotar plantación forestal
Sistema silvopastoral

123
Manejo para vida silvestre
Cortinas cortavientos
Control de dunas

El plano de capacidad de uso se complementa con el informe en que se describen


brevemente las unidades de suelo reconocidas en terreno (Cuadro 11.2). En seguido se
necesitan detallar los usos actuales de los suelos en el predio (Cuadro 11.3).

Cuadro 11.2. Ejemplo de las capacidades de uso de suelos de un predio, con descripciones
breves de algunas propiedades de los suelos, como antecedentes para hacer un plan de
conservación.
Capacidad de Uso de los Suelos
Unidad Descripción Hectáreas
IIIw1 Suelo reciente, profundo, pendiente 0–1%, franco arcillosa, drenaje 25
imperfecto, clase 1 erosión.
IIIe2 Suelo Maule, profundo, pendiente 5–7%, franco arcillo arenosa, 30
buen drenaje, clase 2 erosión.
IVe1 Suelo Cauquenes, moderadamente profundo, pendiente 10%, franco 25
arcillo arenosa, buen drenaje, clase 3 erosión.
VIe3 Suelo Cauquenes, moderadamente profundo, pendiente 15%, franco 20
arcillo arenosa, buen drenaje, clase 3 erosión.
VIIe1 Suelo Cauquenes, moderadamente profundo, pendiente 30%, franco 15
arcillo arenosa, buen drenaje, clase 4 erosión.
Total 115

Cuadro 11.3. Ejemplo de los usos actuales de suelos de un predio, como antecedentes para hacer
un plan de conservación.
Uso Actual
Potrero Descripción Detallada Hectáreas
A Viñedo de secano, manejo convencional, condición regular. 23
B Rotación trigo, avena, pradera, manejo convencional con quema de 21
rastrojo.
C Rotación trigo, avena, pradera, manejo convencional con quema de 20
rastrojo.
D Rotación trigo, avena, pradera, manejo convencional con quema de 21
rastrojo.
E Pradera permanente, pastoreo permanente, condición regular. 30
Total 115

11.2.2. Análisis de los antecedentes recolectados

124
El análisis de las clasificaciones de capacidad de uso y el uso actual de los suelos, permite
visualizar con mayor claridad la intensidad de los ajustes a introducir en la utilización y
manejo de los recursos de un predio.

11.2.3. Formulación del plan

En esta etapa se formulan las decisiones básicas acerca del uso y manejo futuro de los
suelos, el agua y cubiertas vegetales del campo. Es aconsejable que el técnico recorra el
campo con el agricultor, analizando las diferentes alternativas que se sugiere en cada uno de
los potreros. La elección del tipo de explotación a adoptar depende de los intereses e
inclinaciones del propietario, tanto como de las características de los recursos naturales y
financieros disponibles.

El agricultor debe sentirse parte del equipo que sugiere ideas y toma decisiones. El éxito en
la aplicación del plan descansa, en gran medida, en el entusiasmo y dinamismo que
despliegue el propietario. Su adhesión al plan del cual es uno de los realizadores, reforzará
su motivación para llevar a buen término todas las acciones propuestas. El técnico deberá
equilibrar la carga de actividades anuales, de modo que no se produzcan periodos de
excesivas inversiones o actividades. Se debe dar una cuidadosa consideración al monto
anual de los nuevos gastos y fuentes de financiamiento. El plan debe ir generando ingresos
que permitan cubrir parte de las inversiones contempladas en el plan. La disponibilidad de
recursos financieros y capacidad empresarial del agricultor determinan en gran medida el
número de años en que se llevará a efecto el plan de conservación de suelos.

La representación cartográfica de las principales recomendaciones propuestas, facilita la


rápida comprensión global de sus aspectos más importantes (Figura 11.2).

Figura 11.2. Representación de las principales recomendaciones del plan de conservación.

125
Mayores detalles de las recomendaciones se entregan en el plan de operaciones de suelos,
como se indica en el Cuadro 11.4. Se puede apreciar que la información que entrega es
resumida, figurando el año en que se efectúa cada práctica y el número de hectáreas
consideradas. Se supone la existencia de un organismo estatal de conservación de suelos,
con la responsabilidad de supervisar la aplicación del plan y proporcionar la asistencia
técnica que sea necesaria.

Cuadro 11.4. Ejemplo de la formulación de un plan de conservación de suelos, mostrando en el


Plan de Operaciones algunos detalles a adoptar.
Plan de Operaciones
Potrero Ha. Capacidad Año Recomendación
de Uso
A 8 VIIe1 2013 Subsolado en contorno con fertilización, plantación
foresta, pino insigne.
A 10 IVe1–IIIe2 2012 Viñedo en contorno con manejo conservacionista.
A 5 IIIw1 2011 Pradera establecida, con mezcla mejorada de pastos y
leguminosas.
B 5 VIIe1 2013 Subsolado en contorno con fertilización, plantación
foresta, pino insigne.
B 9 IVe1–IIIe2 2011 Rotación de trigo. Avena, lupino con cero labranza.
B 7 IIIw1 2011 Pradera establecida, con mezcla mejorada de pastos y
leguminosas.
C 8 VIe3 2011 Pradera natural permanente, con pastoreo rotacional.
Etc…

Junto a establecer el uso y manejo de todos los potreros del campo, se incluyen en el cuadro
del plan de operaciones todas las prácticas estructurales que se hayan recomendado. Esta
última información se complementa indicando, además, sus ubicaciones en los potreros
correspondientes (bebederos, pequeños embalses para riego, caminos, nuevos cercos,
sistemas de drenaje, etc.).

Finalmente, en la etapa de formulación del plan, se debe aprovechar de todos los programas
disponibles de apoyo, incluyendo el Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos
Degradados (SIRSD), que es un instrumento de fomento establecido por ley y tiene como
propósito detener o revertir los procesos de erosión de los suelos, la pérdida sostenida de
fósforo y la acidificación progresiva de los suelos, producto del uso intensivo o de la
aplicación de manejo inapropiado. El programa permite que los productores agropecuarios
del país accedan a recursos estatales y así lograr una mejor incorporación a las prácticas de
manejo sustentable de suelos. El plan es suscrito por el usuario y un operador debidamente
acreditado ante SAG o INDAP, como medio para contribuir a fortalecer la gestión
productiva de los agricultores. Otro programa, descrito por la Ley Nº 701, tiene por objeto
regular la actividad forestal en suelos de aptitud preferentemente forestal y en suelos
degradados, e incentivar la forestación, en especial, por parte de los pequeños propietarios

126
forestales y aquélla necesaria para la prevención de la degradación, protección y
recuperación de los suelos del territorio nacional.

Después de varios años, se evalúan los resultados del plan de conservación, haciendo ajustes
donde sea necesario, para lograr una mejor conservación de los suelos y agua del predio.

127
12. Manejo de Hoyas Hidrográficas

12.1. Generalidades

El manejo de cuencas hidrográficas, cualquier sea su tamaño, se refiere a un conjunto de


medidas que se pueden aplicar en ella, con el propósito de controlar la torrencialidad de los
cauces que la recorren. Se define una cuenca u hoya hidrográfica, como una entidad
geográfica, cuyas características de relieve determinan, que las aguas lluvias que caen sobre
ella, escurran y abandonen el área a través de una salida común (Figura 12.1).

Figura 12.1. Esquema de manejo conservacionista de una hoya hidrográfica, incluyendo el


control estructural de escurrimiento superficial y manejo de los suelos en ella.

El interés por la adopción de medidas que contribuyen a controlar la torrencialidad de los


esteros y ríos, se originó en la necesidad de disminuir o evitar los efectos ocasionados por las
inundaciones que provocan periódicamente, las que se traducen en daños a las obras de
vialidad; embalses de obras hidroeléctricas y de riego; degradación de terrenos bajos;
inundaciones de poblados y ciudades; erosión de riberas de esteros y ríos etc. Cada uno de
los ejemplos mencionados involucra gastos de reparación que pueden ser considerables.

Millones de hectáreas de suelos en el mundo han tenido su origen en inundaciones que


fueron depositando materiales transportados por esteros y ríos. Este fenómeno tiene una
connotación geológica. Sin embargo, en sistemas hidrográficos que han alcanzado un cierto
grado de equilibrio, las actividades del hombre contribuyen de un modo importante a
alterarlo. Estos cauces operan como un sistema integrado a todos los componentes que
constituyen el ámbito de la cuenca tributaria.

128
El uso y manejo inadecuado de los recursos naturales de una hoya y, muy especialmente, la
incorrecta utilización de suelos en relieves de lomajes y cerros, desata severos procesos
erosivos. La eliminación de cubiertas vegetales deja el terreno desnudo y expuesto a la
acción de las lluvias. La pérdida de materia orgánica y componentes finos, deteriora la
estructura y estabilidad de los agregados, facilitándose la formación de costras superficiales
que interfieren en el proceso de infiltración. Como consecuencia, mayores volúmenes de
aguas lluvias se suman al escurrimiento precanalizado y en los cauces de cabecera se
incrementan rápidamente los flujos de agua, comunicando esta mayor torrencialidad a los
cursos tributarios y finalmente al cauce principal del sistema.

Si se analiza cuidadosamente la cadena de hechos que conduce a una mayor torrencialidad


de los cauces de una cuenca y los efectos provocados por sus desbordes, se comprende la
estrecha relación que existe entre la naturaleza del escurrimiento en esteros y ríos y el uso y
manejo que se hace de las cubiertas vegetales y suelos en las áreas tributarias (Stallings,
1957; Hudson, 1995).

12.2. Diversos enfoques en el manejo de cuencas

El concepto recién expresado no fue fácilmente aceptado en un principio. Paulatinamente


se fue comprendiendo mejor la íntima relación entre el incremento de la torrencialidad y el
manejo inapropiado de suelos y coberturas. Las preferencias para la solución de estos
problemas se encuentra en torno a dos importantes enfoques: uno que se ponía todo el peso
en el control agronómico de la erosión en los suelos del área tributaria y el segundo, que
basaba sus recomendaciones en el control estructural de los cauces. Este debate, desembocó
en una solución que armonizó ambos puntos de vista, integrándolos en conjuntos de
medidas que han demostrado, a través de tiempo, haber sido la mejor decisión. Esta nueva
orientación en el manejo de cuencas, conectó definitivamente los problemas de
inundaciones con los problemas de erosión en áreas tributarias (Stallings, 1957; Hudson,
1995).

12.3. El manejo de pequeñas cuencas

El problema de las inundaciones por desbordamientos de los ríos que recurren las llanuras,
no es un fenómeno reciente. Como hechos de ocurrencia natural, se han estado
produciendo siempre, en respuesta a lluvias ocasionales pero muy violentas o prolongadas.

La colonización humana de los terrenos aledaños a esteros y ríos, ha ocupado áreas por
donde escurrían las grandes crecidas. Las actuales inundaciones se manifiestan con mayor
frecuencia, debido al uso incorrecto de las cuencas receptoras y del mayor arrastre de
sedimentos que alteran el cauce de los ríos. A este fenómeno se agregan los obstáculos que
el hombre establece en sus orillas, estrechando las secciones. Estas nuevas realidades hacen

129
más espectaculares los daños en las terrenos agrícolas de las llanuras y, por cierto, en los
centros poblados.

Hay varios factores que influyen en las inundaciones y que el hombre no puede controlar
(clima, relieve y forma de la cuenca etc.). En los que puede intervenir son pocos, pero
importantes. A través de un buen uso y manejo de coberturas, se puede aumentar la
infiltración de las aguas lluvias al suelo y mejorar su capacidad de almacenamiento.

La mayor parte de los beneficios que otorgan las técnicas apropiadas de conservación de
suelos se producen en los predios mismos donde se aplican, aunque también contribuyen a
aliviar los daños fuera de ellos al reducir en alguna medida los caudales de los cauces (Ford,
et al., 1955). Un segundo grupo de medidas que complementan las recién nombradas,
incluyen aquellas destinadas al manejo de las aguas de escurrimiento que han dejado los
lomajes, cerros y vías de drenaje de los predios y que han alcanzado los cauces de pequeños
arroyos y esteros. En estas corrientes se pueden aplicar algunos de las siguientes medidas:
construcción de embalses retardadores de crecidas; rectificación y ensanche o limpieza de
sus cauces; defensas de riberas; estructuras para acumulación de sedimentos etc. Sus
beneficios se obtienen en los valles y llanuras que recurre el cauce principal, favoreciendo en
ello ciudades, poblados, caminos y otros tipos de instalaciones públicas y privadas.

El esquema de un plan de manejo comprende conjuntos de medidas para cada una de las
subcuencas del sistema. La aplicación de planes de conservación de suelos en cada predio,
contribuye a mejorar la velocidad de infiltración y la capacidad de retención de humedad de
sus suelos que disminuyen el escurrimiento superficial, restando momentáneamente un
cierto volumen al flujo en los cauces.

Las medidas bosquejadas corresponden al manejo de suelos y al control estructural en los


pequeños y medianas cursos de agua. El control estructural en las corrientes mayores de la
cuenca o en el cauce principal, cae fuera del objetivo de este curso.

12.4. Relaciones entre el escurrimiento y la utilización de sus suelos y cubiertas vegetales

La cantidad y velocidad del escurrimiento del cauce de una pequeña cuenca, es el reflejo de
sus características naturales y culturales. La Figura 12.2 muestra la descarga típica de una
cuenca durante una lluvia. La línea de escurrimiento total es lo que se mide a la salida de la
cuenca. Las otras líneas representan el escurrimiento que proviene de escurrimiento
superficial y subsuperfical durante una lluvia, y el flujo basal que es relativamente constante
(Stallings, 1957; Hudson, 1995).

La forma del higrógrafo para cada componente, refleja el tiempo requerido por el agua para
llegar al canal de salida. El escurrimiento superficial toma el camino más rápido,
generalmente a través de canalículos existentes y zanjas. El basal es él más lento y proviene
de las reservas subterráneas, y representa la fuente de agua de los ríos en los periodos sin
lluvia. Es el tipo de flujo que responde más lentamente a las lluvias. El flujo subsuperfical

130
se origina de agua acumulada temporalmente en los primeros 60 cm del perfil del suelo,
generalmente sobre estratos o horizontes poco permeables. Al saturarse el suelo, el agua se
desplaza a través de este medio hasta que intercepta una vía de drenaje.

Figura 12.2. Descarga típica de una cuenca, mostrando los diferentes componentes del
escurrimiento.

Aparte del efecto de la vegetación en la intercepción de las lluvias, la cantidad que va al flujo
basal, superficial y subsuperficial, es determinada en gran medida por las características del
suelo. A su vez, éstas son afectadas por la naturaleza de la vegetación. Por esta razón,
cualquier práctica que cambie la naturaleza de la vegetación, producirá alteraciones en
algunas propiedades físicas del suelo y, en consecuencia, en el flujo de los cauces de la
cuenca. Todos estos factores determinan las proporciones en que se manifiestan los tres
componentes del escurrimiento.

Para una condición de alta infiltración y capacidad de retención en el perfil, el escurrimiento


superficial para una lluvia dada será bajo, ya que una gran proporción de ella penetrará en el
suelo, permaneciendo una parte efectivamente retenida y el resto se desplaza como un flujo
subsuperficial. Otro porcentaje se infiltra a mayor profundidad para transformarse en un
lento flujo basal. Estas dos últimas formas se muevan por las rutas de menor velocidad para
llegar al canal de salida. Para condiciones en el extremo opuesto, se producirá un
escurrimiento superficial muy alto, con mayores posibilidades de concentrarse rápidamente
en las cauces de cabecera y aumentando las posibilidades de inundaciones (Stallings, 1957;
Hudson, 1995).

131
Generalmente, el manejo apropiado de los suelos es más efectivo en disminuir el
escurrimiento que corresponde a lluvias de moderada intensidad y tiene una influencia
mucho menor en el caso de lluvias muy intensas, pero de duración moderada. La parte que
corresponde al manejo de suelos, en un programa de prevención de inundaciones, además
de promover una mayor capacidad productiva del suelo, influye en sus funciones hidráulicas
(Edwards et al., 1973). Para ello se debe reducir al máximo la erosión y el escurrimiento
superficial.

En un terreno de lomajes, la utilización de praderas naturales en un bosque (manejo


silvopastoral), debe controlarse cuidadosamente para impedir cambios indeseados en su
composición botánica, como consecuencia de una carga excesiva u otras deficiencias de
manejo. Igual importancia tiene el pisoteo del ganado que influye directamente en la
capacidad de infiltración del suelo, debido al fuerte efecto de compactación que producen las
pisadas. Este fenómeno es agravado en un suelo de textura fina y con alto contenido de
humedad. Mientras más fina es la textura, y más elevado el contenido de humedad, mayor
será el efecto de compactación.

El manejo de praderas para reducir el escurrimiento y la erosión, se logra a través de varias


medidas: en algunas áreas se puede mejorar la cobertura disminuyendo la carga animal, o
bien, excluyendo la presencia de ganado por un determinado periodo de tiempo. También
se puede mejorar incorporando semillas de especies forrajeras de mejor calidad; fertilizando;
apoterando y distribuyendo adecuadamente las fuentes de agua que el ganado requiere
(bebederos, pozos etc.). Algunos investigadores han demostrado que en cuencas de
similares características, las pastoreadas en exceso influyeron en incrementos del
escurrimiento superficial y de erosión, provocando inundaciones más frecuentes y mayores
daños a las terrenos más bajos, provocando igualmente sedimentaciones en estructuras
destinadas a la acumulación de agua para diferentes propósitos. En estas situaciones, la
total exclusión del ganado por algunos años, produjo un marcado mejoramiento de las
condiciones hidrológicas.

En el manejo silvopastoral de terrenos de texturas finas, especialmente en pendientes fuertes,


se deben extremar las medidas conservacionistas de pastoreo, evitando la presencia de
ganado durante los periodos más lluviosos del año.

12.5. Utilización del recurso agua

En muchas regiones del mundo el agua se está transformando en el recurso más limitante
para el desarrollo. No sólo se centra el problema en el aspecto de cantidad de agua, sino
también y cada vez con mayor exigencia, en su calidad. Estas crecientes necesidades
plantean un serio desafío a las futuras políticas de conservación de los recursos naturales
renovables. Es imprescindible asegurar el éxito en la aplicación de planes destinados a
mejorar el aprovechamiento de las aguas.

132
La diferencia entre el flujo limpio y tranquilo de las vertientes y esteros de cuencas
protegidas y los torrentes tumultuosos cargados de sedimentos que provienen de cuencas
mal explotadas, se debe a las corrientes de las primeras provienen de aguas lluvias que han
permanecido un mayor tiempo en el lugar en que cayeron. Para un mejor aprovechamiento
del agua, de modo que se eviten inundaciones y se utilizan en el momento más oportuno y
como aguas limpias, se debe promover su más rápido ingreso al perfil del suelo, el que
funciona como un gigantesco embalse, con capacidad muy superior al de todos los embalses
construidos por el hombre.

Cada gota de agua retenida en el lugar en que cae, ya sea en el suelo o en una estructura
retardadora de crecidas, es una gota sustraída a las inundaciones potenciales y una gota que
se agrega a nuestro abastecimiento de agua (Stallings, 1957; Hudson, 1995).

12.6. Aspectos que contempla un plan de manejo para una pequeña hoya hidrográfica

Los componentes de la cuenca que deben estudiarse para el propósito de establecer un


programa de manejo son los siguientes: aspectos geográficos (forma y tamaño de la hoya);
relieve del área; tipo de suelos; aspectos geológicos; uso actual de los suelos y clasificación
de erosión; características hidrológicas (pluviometría, escurrimiento y determinación de
sedimentos); y aspectos humanos y económicos.

El plan de manejo para pequeñas cuencas que alimentan los primeros tributarios de un
cauce mayor, se considera como las unidades básicas del sistema y como un procedimiento
que cierra la brecha entre los planes de conservación de suelos para predios individuales y
los planes de manejo de un río principal.

12.6.1. Recolección de información básica

Una cuenca es una entidad geográfica cuyo drenaje contribuye a alimentar el flujo de una
corriente de agua en un punto escogido. En ella se pueden determinar varias subcuencas de
la misma naturaleza, que alimentan una corriente mayor. En las pequeñas unidades de
cabeceras de un sistema, sus características de escurrimiento suelen ser más homogéneas,
más fácilmente correlaciónables y que facilitan el diseño correcto de medidas de
conservación. No se puede pretender establecer un programa de manejo para una gran
cuenca, sin una clara comprensión de la forma en que funcionan sus numerosas y pequeñas
subcuencas. De modo que la obtención de antecedentes de las características de las
unidades básicas de una hoya, constituye la primera y más importante etapa del estudio.

La recolección de datos meteorológicos y hidrológicos es de gran importancia para


desarrollar un plan de manejo de una hoya hidrográfica. En el caso que la información no
está disponible, se necesitarán instalar estaciones meteorológicas y equipos para monitorear
el flujo de agua y carga de sedimentos en los cauces principales de la cuenca.

133
Los antecedentes de suelo que se requieren, deben incluir aspectos relacionados con las
series principales de suelos y su distribución en el área, con indicación de sus pendientes y
grados de erosión; identificación de fuentes de sedimentos (por simple inspección o por
análisis de los sedimentos acumulados); el uso actual de suelos, etc.

12.6.2. Fases del plan de manejo de la cuenca

El plan de manejo de la cuenca es, básicamente, un plan para el manejo de las aguas y se
pueden distinguir en él los siguientes aspectos (Stallings, 1957; Hudson, 1995):

• Un mapa que muestra las medidas de manejo de aguas requeridas en las zonas
intermedias, entre los predios agrícolas o forestales, y las grandes obras que se planifican en
los cauces del río principal. En este plano no figuran las recomendaciones que se hacen en
el plan de conservación de suelo para cada predio. En cambio, se muestran las ubicaciones
de estructuras, paras áreas más grandes que predios individuales, destinados al control de
sedimentación; los lugares de estabilización de grandes cárcavas mediante estructuras y
vegetación, terrazas de desviación, pequeñas embalses retardadores de crecidas para control
local de inundaciones, embalses medianos para proyectos de riego o para abastecimiento de
agua de pequeñas comunidades. También se muestran áreas de recreación; ubicaciones de
protección de riberas en pequeños esteros a la salida de las subcuencas y estabilización de
cursos de agua en el interior de cada subcuenca; canales de drenaje como colectores de
varios predios; control de erosión en terraplenes y taludes de caminos etc.

• El plan debe incluir mapas que muestran las características de los suelos, estudios de
clasificación de uso actual, de erosión y de capacidad de uso, para servir como guía en la
planificación de los ajustes en la utilización de los suelos y en la aplicación de prácticas de
control de erosión.

• Los mapas deben acompañarse de un informe en que se describen los aspectos más
importantes del área; el tipo de problemas en los suelos y la disponibilidad de las aguas:
posibilidades para su corrección; probables incrementos en los rendimientos de los cultivos
con el uso de nuevos técnicos agronómicos y, en general, cualquier medida que tienda a un
mejor control de la erosión y regularización del escurrimiento de las aguas.

• Debe contener información de las características de las estructuras que se recomiendan y


sus ubicaciones. En grandes cuencas, el estudio se completa con las estructuras que los
especialistas en hidrología determinan para los cursos de agua de mayor importancia, y
desde luego, del río principal.

134
13. Consideraciones Finales

Para concluir y resumir lo que ha sido presentado en este libro; en cualquier proyecto de
conservación de suelos, es necesario tener conocimiento de los suelos del predio, los niveles
de erosión actual, las practicas posibles de control de erosión para lograr un manejo
sustentable y, finalmente, las preferencias y disposiciones del agricultor para implementar y
mantener a largo plazo un manejo sustentable de sus suelos.

A menudo, es fácil encontrar las soluciones técnicas para controlar la erosión para tener
manejo sustentable de los suelos, pero es difícil implementarlas por diversas razones. Se ha
encontrado que la implementación, o no, de manejo conservacioncita en el terreno por
agricultores depende de los siguientes factores (Morgan, 2005):

• Las prácticas conservacionistas deben resultar en ingresos económicos que son positivos e
inmediatos para el agricultor.

• El manejo conservacionista debe disminuir el riesgo para el agricultor, en términos de la


producción de sus cultivos.

• La implementación de manejo conservacionista no debe perjudicar o disminuir los


beneficios que reciba el agricultor en su sistema actual de producción y manejo.

• Las nuevas prácticas conservacionistas deben ser accesibles a agricultores, en términos de


los insumos extras del capital humano y recursos financieros necesarios para su
implementación.

• El manejo conservacionista debe ser aceptable, en términos sociales y culturales.

• Es mejor que las nuevas prácticas conservacionistas son modificaciones del manejo
existente, en vez de ser algo totalmente nuevo para el agricultor.

Como se puede ver del listado, el gran desafío en Conservación de Suelos está
principalmente en el factor humano y la preocupación justificada por su propio bienestar.
Pero, a pesar de que la implementación de manejo conservacionista en un predio puede ser
complicada tomando en cuenta los factores mencionados, sólo necesitamos pensar en lo
siguiente: Si el problema de erosión y degradación de suelos fue creado por los seres
humanos, los seres humanos pueden solucionarlo. Trabajando en conjunto.

135
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143
15. Anexo: Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos
Agropecuarios*

El Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad  Agroambiental de los Suelos


Agropecuarios, es un instrumento de fomento del Ministerio de Agricultura, establecido por
la Ley N°20.412 de 2010 por un lapso de 12 años, contados desde la vigencia de su Ley. El
Programa es coordinado por la Subsecretaría de Agricultura y ejecutado por el Servicio
Agrícola y Ganadero (SAG) y el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP).
Los concursos se administran descentralizadamente en cada región, por los Directores
Regionales del Instituto de Desarrollo Agropecuario respecto de los/as pequeños/as
productores/as agrícolas definidos en el artículo 13° de la Ley N°18.910, y por los/as
Directores/as Regionales del Servicio Agrícola y Ganadero para el resto de los/as
productores/as.
Objetivos

Recuperar el potencial productivo de los suelos agropecuarios degradados y mantener los


niveles de mejoramiento alcanzado.
A quién está dirigido

A todos/as los/as productores y productoras agrícolas del país (personas naturales o


jurídicas), sea propietario/a, arrendatario/a, comodatario/a, usufructuario/a o mediero/a y
que cumplan con los requisitos establecidos en la Ley N°20.412, su reglamento y las bases
de sus respectivos concursos públicos.
Observaciones

Los plazos reglamentarios y otros documentos pertinentes a la normativa legal vigente se


encuentran definidos en las bases de los respectivos concursos (disponible en las oficinas
regionales y/o sectoriales del SAG).
Costo

La postulación como tal, no tiene pago de arancel ante el Servicio.


¿En qué consiste?

Consiste en una bonificación estatal de los costos netos de las actividades bonificables
consignadas y definidas en su Ley. Las actividades susceptibles de bonificación son:
a.- Incorporación de fertilizantes de base fosforada
Busca recuperar y mantener la fertilidad fosforada natural de los suelos.
b.- Incorporación de elementos químicos esenciales

144
Su objetivo es corregir la acidez o salinidad excesiva de los suelos, como también
corregir la deficiencia de los siguientes elementos químicos esenciales: azufre,
potasio, calcio.
c.- Establecimiento de una cubierta vegetal en suelos descubiertos o con cobertura
deteriorada
Su objetivo es el establecimiento o regeneración  de una cubierta vegetal permanente
en suelos degradados, así como también mantener los niveles recuperados.
d.- Empleo de métodos de intervención del suelo, entre otros, la rotación de cultivos,
orientados a evitar su pérdida y erosión y favorecer su conservación
Tiene por finalidad incentivar la utilización de labores y prácticas destinadas a
conservar y /o recuperar los suelos agrícolas, incluyendo la rotación de cultivo.
e.- Eliminación, limpia o confinamiento de impedimentos físicos o químicos
Su objetivo es habilitar troncos muertos, matorral sin valor forrajero suelos para fines
agropecuarios, los cuales actualmente no pueden ser utilizados por presentar tocones,
troncos muertos, matorral sin valor forrajero, piedras u otro impedimento físico.
Los valores de las actividades a bonificar son fijados en una Tabla Anual de Costos que
establece el Ministerio de Agricultura.
Postulación

Para postular a los incentivos que otorga el SAG, los/as interesados/as deben presentar ante
el Servicio un Plan de Manejo, que deberá ser confeccionado por un Operador Acreditado
(requisitos en reglamento), quien deberá estar inscrito en el Registro de Operadores que
tendrá a su cargo SAG e INDAP (bastará la inscripción en uno de estos registros para
adquirir la calidad de Operador Acreditado).
Mientras no se encuentre operativo el Registro de Operadores y el Registro de Laboratorios
Acreditados, a que hace referencia la Ley N°20.412, se aceptará la participación de
operadores y laboratorios acreditados bajo el Sistema establecido por el DFL N°235 de 1999
del Ministerio de Agricultura. 
Las postulaciones se realizan en las Direcciones Regionales y Oficinas Sectoriales SAG de
todo el país.
Más información

Consultar la página* en Internet del Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad


Agroambiental de los Suelos Agropecuarios para información sobre el marco normativo,
laboratorios acreditados, concursos y bases, y nómina de seleccionados.

145
*Servicio Agrícola Ganadero, Ministerio de Agricultura, República de Chile, [Link]
(Consultado el 19 Octubre, 2010).

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