Conservación de Suelos: Segunda Edición
Conservación de Suelos: Segunda Edición
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Neal B. Stolpe
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Autores
Neal Stolpe, [Link]. (Agronomía y Conservación de Suelos), [Link]. (Agronomía y Ciencia del
Suelo), Ph.D. (Agronomía y Ciencia del Suelo y Agua), Departamento de Suelos y Recursos
Naturales, Facultad de Agronomía, Universidad de Concepción, Chile.
2
Este libro es una revisión de Apuntes de Conservación de Suelos (Peña, 1995), que era
esencialmente una traducción del libro Soil Conservation (Hudson, 1977), con ejemplos de
experiencias chilenas. La primera edición fue enfocada generalmente hacia el uso de control
mecánico de erosión en sistemas agrícolas, que con el tiempo ha dado paso a los mejores
sistemas de control biológico o agronómico de erosión.
Se espera que, con este libro, estudiantes de la asignatura Conservación de Suelos no sólo
desarrollen las competencias técnicas y científicas para cuidar el suelo en agro ecosistemas
sustentables, sino que se incorporarán el sentido del deber de mantener y mejorar nuestra
base de sustento, que es el suelo, para dejar un legado digno a futuras generaciones.
Neal B. Stolpe
27 septiembre 2011, Chillán, Chile
3
“Volví a mi tierra verde y ya no estaba, ya no estaba la tierra, se había ido. Con el agua
hacia el mar se había marchado.”
“Tú heredarás la Santa Tierra como fiel guardián, conservando sus recursos y su
productividad de generación en generación. Tú resguardarás los campos de la erosión del
suelo, tus aguas vivas de que se agoten, protegerás tus bosques de la desolación y
protegerás tus colinas del sobre pastoreo de los rebaños, para que tus descendientes tengan
abundancia eterna. Si cualquiera fallare en este cuidado de los suelos de las tierras
productivas, éstas se convertirán en suelo estéril y rocoso y en barrancos desperdiciados y
tus descendientes disminuirán y vivirán en pobreza o desaparecerán de la faz de la
tierra.”
El “Undécimo Mandamiento”
W.C. Lowdermilk (1953)
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Índice de Materias Página
2. Fundamentos de Erosión 11
8. Control de Cárcavas 85
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1. Antecedentes Históricos de la Erosión
1.1. Introducción
El problema de la erosión es tan antiguo como la civilización misma. Todos los estudios
realizados al respeto muestran que sus efectos aparecían desde el momento en que una
comunidad humana cambia sus hábitos de vida pastoril. Las nuevas exigencias relacionadas
con las actividades agrícolas, retuvieron al hombre en un lugar fijo dando origen a un centro
poblado. Este acontecimiento pudo ocurrir en cualquier punto de la tierra en los últimos
7,000 años de civilización. En un principio los terrenos más bajos bastaron para los nuevos
requerimientos de alimentos. Pero, inevitablemente llegó el momento de expandir la
agricultura hacia las colinas más cercanas y, más tarde, el de incorporar laderas más
inclinadas y cerros, todo lo cual significó la eliminación de las cubiertas vegetales que las
protegían del efecto erosivo de las lluvias. Las erróneas prácticas de uso y manejo a que se
sometieron estos suelos, significó muchas veces su total destrucción (Lowdermilk, 1953).
Ester patrón de empleo incorrecto de los recursos naturales, se ha repetido una y mil veces
en casi todas las regiones habitadas de la tierra. En este proceso no solo se destruyeron
formaciones vegetales de laderas apropiadas para el cultivo, sino también, enormes reservas
forestales que cubrían extensiones de relieve muy accidentado, no apto para la agricultura.
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En distintos países del Medio Oriente, se pueden observar en colinas y montañas los restos
de terrazas de banco en pendientes superiores a 30%, estructuras que permitieron un día el
cultivo y producción de alimentos para los centros poblados. Las secciones planas
excavadas en las fuertes laderas, se complementaron con la construcción de taludes
protegidos por rocas cuidadosamente ajustadas. Estos sistemas resultaron destruidos al caer
en desuso o por falta de atención durante periodos de guerra. Este fracaso, de común
ocurrencia en la mayor parte de los pueblos que surgieron en el Cercano Oriente, norte de
África y sur de Europa, al margen de algunas excepciones, constituyen un testimonio de las
consecuencias que acarrea la cultivación de suelos en pendientes muy fuertes (Carter y Dale,
1974; Troeh et al., 1980).
Casi 100 años después del arribo de D. Pedro de Valdivia, el padre de Ovalle, refiriéndose al
río Andalién, escribe: “En la alegre y espaciosa bahía de Concepción, desemboca el grave y
reposado Andalién, despeñándose primero de una enorme quebrada, por donde viene
ofreciéndose a la industria humana, para labrar sobre él alegre fuentes entre mil amenidades
y bosques de laureles, mirtos y otros árboles de extremada fragancia, que desde lo alto
hermosean sus riberas a cada trecho”. Esta bucólica descripción que en nada coincida con
la situación en nuestros días, hace comentar Elizalde McClure (1970): “Actualmente este río
no tiene nada grave ni reposado, sino que es apenas un hilillo raquítico de aguas turbias en
el estío y un torrente en el invierno, cuando las copiosas lluvias inunda a todo a su paso,
pues ya casi no hay laureles ni mirtos ni amenidad alguna a lo largo de sus desnudas y
erosionadas riberas…”.
A partir del siglo XVIII algunas personalidades de la época advirtieron acerca de las
consecuencias que acarrearía la pavorosa destrucción de masa arbustiva y arbórea, que
agricultores y colonos realizaban desaprensivamente a lo largo del país. Las gigantescas
quemas se efectuaban con el propósito de ampliar los terrenos para el cultivo y la ganadería.
En este afán muchas veces no se podían o no les interesaba evitar que el fuego descontrolado
avanzara sobre áreas muy quebradas y de pendientes abruptas. Las laderas más suaves
podían efectivamente destinarse al uso agrícola y la ganadería, pero en los sectores de relieve
más accidentado, se desataron violentos procesos erosivos, con la destrucción en pocos años
de terreno de exclusiva aptitud forestal.
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Desde la segunda mitad del siglo XIX, se inicia un activo comercio de exportación de trigo
hacia California y Australia, aumentando el interés por intensificar el cultivo de este cereal.
Se despejaron nuevos terrenos o se intensificó la explotación de suelos de lomajes y cerros de
la Cordillera de la Costa. Estas nuevas presiones sobre los recursos naturales disponibles y
su descuidado manejo, disminuyeron paulatinamente los rendimientos de trigo. Las
excelentes cosechas obtenidas en esa época, descendieron a 1.5 ton ha -1 al iniciarse el siglo
XX, cayendo a cerca de 1 ton ha-1 en el periodo 1911–1917, para llegar a un magro
promedio de 0.7 ton ha-1 entre los años 1932–1939 (ODEPA, 1968). Esta vertical caída de
productividad de los lomajes costinos más afectados por la erosión, traduce
cuantitativamente la gravedad del daño provocado.
En la XI Región del país, en la primera mitad del Siglo XX, gigantescos incendios
destruyeron aproximadamente 2,500,000 ha de bosques nativos para despejar terrenos y
crear praderas. El subsecuente sobrepastoreo de las praderas ha causada erosión y
degradación de los suelos, especialmente en los sectores más escarpados (Silva, 2004).
Extensas áreas del país han experimentado cambios increíbles. La casi totalidad de los
suelos de la Cordillera de la Costa muestran hoy sus paisajes profundamente transformados.
Sus suelos, desarrollados de rocas graníticas y metamórficas, han perdidos su horizonte
superficial y parte o todo el horizonte “B” (subsuelo), justificándose la expresión de “suelos
decapitados” con que les suela designar. Esta circunstancia ha dejado a la vista horizontes
de texturas arcillosas, estructuras más pobres y coloración parda rojizos. El menor grado de
permeabilidad que exhiben, unido a otras propiedades que disminuyen el grado de
resistencia al efecto dispersivo de las gotas de lluvia, aumenta su susceptibilidad a la erosión
hídrica.
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El estudio llevado a cabo en 1979 por el IREN sobre erosión en Chile, cubrió 34.5 millones
de hectáreas. Este trabajo se basó en un análisis de imágenes de Landsat, a escala de
1:500,000, en las que se separaron unidades homogéneas considerando aspectos como
relieve, clima, cobertura vegetal y uso actual. El área estimada excluye gran proporción de
los ecosistemas montañosos andinos, gran parte de los desiertos de la zona norte, casi todo
la Depresión Central, y los sectores insulares y fiordos del extremo austral. No se separó las
áreas afectadas por erosión antrópicas de aquellas que corresponden a erosión geológica, de
modo que las cifras que se indican incluyen extensiones con procesos erosivos causados por
la acción del viento, vulcanismo, deslizamientos, etc. De la superficie total analizada y
afectada por alguna forma de erosión, el 6.9% corresponde a erosión muy severa (2,380, 846
ha); un 26.5% a erosión severa (9,126,608 ha); un 45.1% a erosión moderada (15,573,714
ha) y 21.5% a erosión ligera (7,409,585 ha). Las Regiones con erosión más grave fueron las
VI, VII, VIII y IX con un 97.9%, 97.6%, 97.2% y 91.5%, respectivamente, de sus superficies
estudiadas con niveles de erosión moderada a muy severa (IREN, 1979).
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(Stolpe, 2006), con una superficie de 143,919 ha. Estos suelos de lomajes suaves presentan
una alta susceptibilidad a la erosión hídrica, incluso en pendientes inferiores a 3%. En la
Precordillera andina el 76.0% de sus 197,747 ha están afectadas por erosión moderada a
muy severa (57,432 ha). La mayor parte de estos suelos de volcánicos (“trumao”)
corresponden a la serie Santa Bárbara (medial, amorphic, mesic Typic Haplioxerands). Aún
cuando sus favorables propiedades le confieren un menor grado de erodabilidad, el mal
manejo a que son sometidos está provocando su erosión.
Al oriente de la zona anterior, desde los 500 a 1,000 m.s.n.m se distingue un área de relieve
montañoso, donde la cubierta de vegetación natural se encuentra completamente alterada y
afectados los suelos por erosión. Entre los 1,000 a 1,800 m.s.n.m. de altitud, el relieve se
hace más accidentado y la cubierta boscosa está desapareciendo debido a las talas
indiscriminadas e incendios forestales. Estas formaciones son un importante recurso para la
protección del suelo y contribuyen a modo notable a la belleza escénica del sector. La zona
de alta cordillera desempeña un papel básico como fuente receptora de nieve. En estas
últimas unidades se estimó una superficie de 852,245 ha con erosión geológica y 270,772 ha
con erosión acelerada moderada a muy severa, principalmente por el uso inapropiado de sus
cubiertas vegetales, especialmente por sobre talaje de sus pastizales de altura y destrucción
de sus bosques por incendios y explotaciones intensivas.
Se puede concluir que, sin considerar los sectores con erosión geológica, un 74.3% de los
suelos de la cuenca del Bío Bío se encuentra afectado por erosión moderada a muy severa, lo
que establece que es uno de los problemas más inquietantes que se deberá solucionar en los
próximos años. Posibles soluciones fueron abordadas en un taller regional sobre el
diagnóstico y propuestas de conservación y recuperación de suelos (Pérez y González,
2001), que concluyó con varias recomendaciones para proteger el recurso suelo en las
Regiones VIII, IX y X, incluyendo las siguientes (resumidas):
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A pesar de que la lista es larga y el problema se ve complejo, hay medidas que personas
pueden tomar para controlar la erosión en predios y hoyas hidrográficas. En el resto de este
libro, se presentarán temas de mayor relevancia relacionados con las causas de erosión y
alternativas para disminuirla para lograr un manejo sustentable del suelo.
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2. Fundamentos de Erosión
Los principales agentes de erosión acelerada son el agua y el viento. Al daño provocado por
las aguas lluvias se le denomina erosión hídrica, y la inducida por el viento, erosión eólica.
La erosión hídrica es causada por la acción de las gotas de lluvia, al impactar una superficie
de terreno desprotegido. Esta acción separa partículas de los agregados del suelo, las que
posteriormente son arrastradas por el escurrimiento superficial de las aguas. La intensidad
del proceso depende del porcentaje y longitud de la pendiente, de las características del
suelo, del régimen de las lluvias y del tipo y densidad de cubierta vegetal. El agua de lluvia
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que no es interceptada por la vegetación, alcanza la superficie del suelo, infiltrándose parte
de ella y escurriendo el resto como flujo superficial.
El hecho que la acción conjunta de las gotas de lluvia y del flujo precanalizado, se ejerce
sobre toda la superficie del terreno, desgastándolo de manera relativamente uniforme, indujo
los primeros conservacionistas a denominarla como “erosión de manto”. Esto en el
convencimiento de que la erosión hídrica se debía, fundamentalmente, al efecto del
escurrimiento superficial. Una clasificación de la erosión provocada por las lluvias
estableció tres formas de daño, que corresponden a las sucesivas concentraciones del agua
que escurre y que se denominaron erosión de manto, de canalículos y de cárcavas o zanjas.
La erosión de suelo debe considerar toda la manifestación de daño provocado por las
lluvias, que disminuyen su productividad, aún cuando no se traduzca en remoción física o
ejerza su acción sólo por corto tiempo. Entre otras se pueden citar las siguientes:
El efecto de las gotas de lluvia sobre un suelo desnudo produce una rápida disminución de
su capacidad para infiltrar agua. Además de la formación de una lámina compactada en la
superficie inmediata del suelo (0.1 mm aproximadamente), bajo ella se produce una zona de
porosidad disminuida, creada por la infiltración de agua cargada con partículas finas,
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provenientes de los agregados destruidos por la acción de las gotas (Morgan, 2005). Estos
fenómenos por disminuir drásticamente el proceso de infiltración, incrementándose el
escurrimiento superficial (McIntyre, 1958). Después de una lluvia intensa, se observa una
condición superficial barrosa que al secarse forma una costra de 1 a 2 mm de espesor. El
efecto fue demostrado durante una lluvia de 110 mm, que cayó en 2.5 horas, sobre un suelo
granítico. La lluvia penetró apenas 7 cm del suelo y el restante (80% de la lluvia) se perdió
como escurrimiento superficial (Stallings, 1957).
Las gotas de lluvia que impactan la superficie de un suelo desnudo, separan las partículas
más finas de los agregados destruidos por esta acción, las que se incorporan al flujo
superficial, movilizando al mismo tiempo los nutrientes absorbidos a ellas. Las partículas
más gruesas solo experimentan pequeños desplazamientos. Por esta razón, los suelos mal
empleados van perdiendo paulatinamente materia orgánica y las partículas más finas con las
nutrientes retenidas en sus superficies.
El impacto de gotas de lluvia, considerado como una acción aislada del proceso, tiene
capacidad para provocar un desplazamiento neto de partículas hacia las partes más bajas de
la ladera (Figura 2.1). Esta acción es reforzada por el transporte de suelo que realiza el
escurrimiento precanalizado, y canalizada en los canalículos y cárcavas. Las gotas de lluvia
pueden dispersar partículas a distancias de 150 cm del punto de impacto y levantarlas a
alturas máximas de 60 cm. Las partículas que caen en la dirección de la pendiente, tienen
mayor desplazamiento que las que lo hacen en dirección opuesta, resultando un movimiento
neto de partículas colina abajo.
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Figura 2.1. El impacto de gotas de lluvia tiene mucha fuerza para erosionar suelos
(fotografía: Servicio de Conservación de Recursos Naturales, NRCS–USDA).
El escurrimiento superficial de las gotas de lluvia se produce como un flujo muy lento, sin
canales perceptibles (flujo precanalizado) y también como un desplazamiento canalizado.
La energía disponible en el flujo precanalizado es insignificante si se la compara con la que
poseen las gotas de lluvia, que pueden caer a velocidades terminales de 9 m seg -1. La
velocidad de flujo precanalizado fluctúa, entre 0.05 a 0.20 cm seg -1.
Parte de las partículas transportadas se depositan a lo largo de las laderas en los cambios de
pendiente o en los diversos obstáculos que debe vencer el flujo. Los materiales más gruesos
sedimentan con mayor facilidad cuando disminuye la capacidad de transporte del
escurrimiento. Las partículas más finas son llevadas a mayor distancia, a veces centenares
de kilómetros a lo largo de las vías fluviales más importantes. Los materiales más pesados
provenientes de la erosión en canalículos y cárcavas, se depositan en las áreas planas
cercanas al lugar de origen, y a lo largo de los cauces de estero y ríos y sobre los suelos
ribereños.
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La destrucción de cubiertas vegetales y la erosión producida en lomajes cultivados de las
cuencas tributarias de esteros y ríos, disminuyen la capacidad de infiltración de los suelos,
incrementándose el volumen y velocidad de escurrimiento superficial. Los cauces alcanzan
gastos más elevados en un menor tiempo después de iniciada cada lluvia, induciendo una
mayor torrencialidad en los cursos de agua. A lo anterior se agrega el transporte de una
mayor carga de partículas del suelo. La sedimentación de estos materiales va modificando
las acciones de esteros y ríos, situación que se ve agravada por los regimenes de mayor
torrencialidad a que son exigidos. Las inundaciones se tornan más frecuentes y los suelos
ribereños se degradan por la deposición de materiales arenosos. La sedimentación de
embalses, obras de tomas de canales de riego y sistemas de drenaje encarece los trabajos de
mantención de estas estructuras. Problemas similares experimentan las obras de vialidad,
cuyas alcantarillas y cunetas resultan obstruidas por sedimentos. A estos daños se agregan
los derrumbes de taludes de cortes y terraplenes que no han sido debidamente diseñados y
protegidos de las lluvias.
El mayor esfuerzo para prevenir los daños por inundaciones, debe orientarse al
reordenamiento del uso y manejo de los suelos agrícolas y de aptitud pradera o forestal. Su
deterioro constituye la causa más destacada de los daños ocasionados en las áreas más bajas.
16
recomendable considerar la descripción del suelo en pendientes similares y con daños
mínimos de erosión. Este indicador es una manifestación indirecta de erosión de manto
(erosión de impacto y flujo precanalizado) que no se puede ver directamente.
17
superficial. En realidad, los procedimientos que se recomendaron en esa época combatían
los efectos de la erosión hídrica y no la causa, lo que comprueba que aún no se tenía una
clara comprensión del problema. Pero es interesante destacar que uno de los primeros
investigadores en estas materias, el físico alemán E. Wollny, trabajando en las dos últimas
décadas del Siglo XIX, intuyó algo sobre la verdadera naturaleza del proceso de erosión
hídrica. Realizó sus trabajos cerca de Munich, utilizando micro parcelas de escurrimiento y
buscando relaciones entre tipo y densidad de cubierta vegetal, con porcentajes de pendientes,
volumen de escurrimiento superficial y pérdidas de suelo. Pudo comprobar que la erosión
aumenta más rápidamente que el escurrimiento superficial, en relación a las pendientes.
Además, que el mayor efecto que ejerce la vegetación sobre las propiedades del suelo, se
debe a la acción de protección contra el impacto directo de las gotas de lluvia en la superficie
del suelo (Stallings, 1957).
El liderazgo en la investigación sobre erosión pasó luego a los EEUU, principalmente por la
necesidad de solucionar los problemas de degradación de suelos que se quedaron en
evidencia durante la década de los 1930’ y el Gran Depresión. Entre los años 1940 y 1947,
algunos científicos dieron gran importancia al estudio de las características físicas de las
lluvias y su influencia en el proceso de erosión. De particular importancia fueron los
resultados obtenidos por W.D. Ellison, siendo el primero en comprender que las gotas de
lluvia son un agente erosivo completo en si mismo y que muy poca erosión se produce si el
suelo se encuentra protegido por una cubierta vegetal, que disipa gran parte de su energía
(Ellison, 1950). Con esto se dio un gran impulso a la comprensión del problema,
estableciéndose el rol esencial que corresponde a las gotas de lluvia sobre toda la marcha del
proceso. Este logro condujo al refinamiento de modelos matemáticos para predecir pérdidas
de suelos, ya que se identificó el elemento de causalidad del problema.
A = R x K x LS x C x P
El modelo USLE fue modificado subsecuentemente para crear el modelo RUSLE (Revised
Universal Soil Loss Equation) que incluye los efectos de suelos congelados y charcos de aguas
superficiales sobre la erosión (Renard et al., 1994); y incorporado al modelo EPIC (Erosion
Productivity Imapct Calculator) que simula los efectos de erosión sobre los rendimientos de
cultivos (Williams et al., 1983). Más recientemente, los modelos USLE/RUSLE han sido
incorporados a sistemas de información geográfica (SIG) para simular la erosión potencial
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de suelo en paisajes extendidos y regiones (Figura 2.2). Otros modeles han sido
desarrollados que simulan los procesos que ocurren en la erosión de suelos, incluyendo el
modelo WEPP que ha sido calibrado a condiciones de Chile central (Stolpe, 2005). La
versión más reciente del modelo CENTURY, puede incluir los efectos de erosión sobre
propiedades de suelo, y simula el potencial de secuestro de carbono en suelos de acuerdo
con el manejo, clima, suelo, vegetación etc. (Stolpe et al., 2008).
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Por capacidad erosiva de las lluvias, se entiende su potencial para causar erosión. Si una
lluvia provoca mayor erosión que otra, se dice que la primera tuvo un mayor potencial
erosivo. La diferencia en pérdida de suelos que ocasionaron, representa una medida relativa
del poder erosivo de cada una de ellas.
La capacidad erosiva de una lluvia depende de sus características físicas. Aun cuando la
cantidad total de precipitación en una zona influye en la magnitud de la erosión,
estadísticamente la correlación es pobre. Mucho más importante resulta la intensidad de las
lluvias, la que efectivamente fija su potencial erosivo. La determinación de este potencial, o
factor “R” de la ecuación de predicción de erosión, se ha visto facilitado por el hecho de que
la cantidad de lluvia y su intensidad, son los parámetros que desde hace muchos años se han
venido registrando en pluviógrafos.
El diámetro máximo de las gotas es, aproximadamente, de 5 mm, ya que aquellas mayores
eventualmente se subdividen en gotas de menor diámetro. Fotografías de alta velocidad
muestran que las gotas no son perfectamente esféricas, sino que achatadas en la parte
inferior debido a la resistencia del aire. Durante una lluvia se producen gotas de diferentes
tamaños y la distribución varía de acuerdo a su intensidad. En las de baja intensidad
predominan las gotas de menor tamaño. En las lluvias más intensas se incrementa el
número de gotas más grandes, aumentando así la energía cinética y, en consecuencia, su
potencial erosivo o habilidad para provocar erosión.
La mayor parte de los estudios sobre tamaño y distribución de gotas de lluvia, se realizaron
a principios de la década de los 1940’. Estos trabajos constituyen un periodo relevante de la
investigación en control de erosión, estableciéndose el nuevo concepto de que la erosión
hídrica es un trabajo, en el que la energía es proporcionada por las gotas de lluvia y por la
pendiente del terreno por donde se desplaza el escurrimiento superficial.
Se acepta que las gotas alcanzan formas estables una vez que adquieren velocidad terminal.
Los cuerpos en caída libre se aceleran hasta que la resistencia de fricción del aire se equilibra
con la fuerza de gravedad. Desde ese momento las gotas siguen cayendo a una velocidad
que no varía y que se denomina velocidad terminal. Su valor depende del diámetro y de la
forma del objeto que cae. La velocidad terminal de las gotas de lluvia se incrementa con el
aumenta de sus tamaños. Las gotas mayores de 5 mm, caen a una velocidad
aproximadamente de 9 m seg-1 (Figura 2.3).
20
Figura 2.3. Velocidades terminales de las gotas de lluvia de acuerdo con sus diámetros
(Hudson, 1995).
21
Cuadro 2.1. Comparación de la energía cinética disponible por las gotas de lluvia y el
escurrimiento superficial, para los valores tomados como ejemplo (Hudson, 1995).
Lluvia Escurrimiento Superficial
Masa M M/4
Velocidad 8 m seg -1
1 m seg-1
Energía Cinética M*(8) = 32M
2
(M/4)*(1)2 = M/8
2 2
= 256M = M
Puede concluirse que para cualquier ejemplo considerado, la cantidad de energía cinética en
las gotas que impactan al suelo, es mucho mayor que la que se manifiesta en el
escurrimiento superficial. Este hecho confirma la importancia del daño que pueden
provocar por si mismas las gotas. Esto se aprecia claramente en una experiencia efectuada
por Hudson (1995), que consistió en cubrir con una malla metálica muy fina una parcela
mantenida en barbecho desnudo, durante un periodo de 10 años. La enorme cantidad de
energía de las gotas de lluvia se disipó casi totalmente al golpear la malla, produciéndose
una erosión 100 veces menores que la experimentada por la parcela testigo, con igual
manejo, pero sin malla de protección.
Hay dos grupos de factores que influyen en la magnitud potencial de erosión hídrica: las
características de los suelos y el uso y manejo a que son sometidos. El efecto de las
características del suelo en la erosión hídrica se manifiesta de dos modos: 1) aquellas
propiedades que determinan la rapidez con que el agua ingresa al perfil del suelo y 2) las
propiedades que contribuyen a que el suelo resista la dispersión de los agregados impactados
por gotas de lluvia, o la remoción de las partículas por el escurrimiento superficial. La
infiltración de agua al suelo depende de la porosidad en la superficie, el contenido de
humedad al momento de iniciarse una lluvia y la permeabilidad del perfil (Baver et al.,
1972). También, precipitaciones intensas sobre un suelo que ya se encuentra húmedo
debido a lluvias anteriores, provocan mayor compactación y disminución de la velocidad de
infiltración.
22
número de agregados de mayor tamaño, más friables, más porosos y estables que los de un
suelo con mayor erodabilidad. Se comprobó que el aumento de erosión que se produjo
cuando el diámetro promedio de los agregados disminuyó de 3.0 a 0.75 mm, con un 40% de
incremento de las pérdidas de suelo (Rai et al., 1954). En las parcelas en que se disminuyó
el tamaño de agregados de 0.75 a 0.35 mm, la erosión resultante fue seis veces mayor. Estas
cifras enfatizan la importancia de la presencia de agregados grandes, para resistir mejor el
impacto de gotas de lluvia y el efecto de separación de partículas con salpicadura, y su
posterior transporte con el escurrimiento superficial. Una labranza que produce un excesivo
mullimiento en un suelo, destruye gran parte de los agregados grandes y medianos,
dejándolos con un menor grado de resistencia a la acción de la lluvia, especialmente cuando
se encuentra recién sembrado.
La mejor ayuda para asegurar un uso más eficiente del suelo, es atenerse a las
recomendaciones generales que fluyen del sistema de clasificación de capacidad de uso de de
suelos. Las clases de este sistema reflejan el riesgo relativo de erosión, e insinúen la
intensidad de prácticas de manejo que se requieren para asegurar un uso eficiente y
productivo.
23
3. Clasificaciones Interpretativas de Suelos
3.1. Introducción
Uno de los factores que debe considerarse para que un sistema agrícola sea efectivo, es el
correcto uso del suelo. Si las condiciones edafológicas no son adecuadas para un cultivo en
particular, es difícil que un conjunto de técnicas haga posible el normal desarrollo de dicho
cultivo. El uso adecuado de un suelo es el primer paso hacia un efectivo control de la
erosión, lo que traduce en el uso de cada sector del terreno de acuerdo con su capacidad de
uso para una producción sostenida y económica. La técnica que permite la determinación
del uso más apropiado de los suelos, es el sistema de clasificación de su capacidad de uso
(Troeh et al, 1980; Hudson, 1995; Morgan, 2005).
Este sistema tiene por propósito establecer las características más relevantes de un suelo, lo
que permite decidir la combinación de cultivos y prácticas de conservación que posibiliten el
uso intensivo de un terreno, sin riesgos de erosión. Las características más importantes que
considera son la profundidad del suelo, sus texturas, porcentaje de pendiente y erosión
24
pasada. En este sistema los suelos se agrupan de acuerdo con el grado creciente de sus
limitaciones y riesgos que puedan influir en su manejo. Sus objetivos son los siguientes:
• Informar de la condición del suelo para establecer su mejor uso y manejo. Por mejor uso
se entiende el empleo sabio y prudente del recurso, con adecuada combinación de cultivos y
prácticas de manejo de acuerdo a las características de los suelos, lo que traduce en su mejor
aprovechamiento con máxima productividad sostenida.
Los suelos se agrupan en ocho clases, identificadas por números romanos. Las cuatro
primeras categorías se asignan a suelos cultivables. Las restantes se refieren a terrenos que
deben destinarse a praderas permanentes, forestales, belleza escénica y vida silvestre. Bajo
condiciones muy específicos de manejo, algunos de estos suelos se pueden dedicarse a
cultivos especializados (viñedos, huertos frutales y hortalizas). Las clases solo expresan el
grado creciente de limitaciones y riesgos que involucra el uso de un terreno. Los números
de I al VIII indican como van disminuyendo las posibilidades del uso del suelo sin provocar
riesgos de daño. Así se puede observar que todas las clases pueden ser usadas para vida
silvestre, pero sólo la clase I puede mantener cultivos muy intensivos (Figura 3.1).
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Con el propósito de entregar una clasificación más específica, la categoría asignada se divida
en subclases que denotan el problema general dominante que afecta el uso de del suelo. Se
representan con los siguientes símbolos, que acompañan a los números romanos de las
clases:
cl = Todas las limitaciones de clima que puede incluir aridez, heladas, viento y nieve.
Por ejemplo, una subclase IIIs corresponde a un suelo clasificado de clase III por alguna
limitación en su perfil. La información que proporciona la subclase puede ser suficiente
para estudios generales de un área o para fines de tributación. En la subclase se puede notar
más de una limitación si es necesario. El orden de prioridades en este caso es el siguiente: e,
w, s, cl. Por ejemplo para un suelo de clase III con dos limitaciones, no se debe escribir
IIIwe, sino IIIew.
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• Generalizaciones válidas acerca de los tipos de cultivos y necesidades de manejo no
pueden ser hechas a nivel de las clases. Los suelos en una clase son similares solo con
respecto al grado de las limitaciones o riesgos que involucra su uso y manejo. Cada clase
puede incluir diferentes tipos de suelos, los que pueden requerir distintos usos y manejos.
• No es una agrupación de suelos de acuerdo al uso más provechoso que es posible hacer de
ellos. Un suelo arable también se puede destinar a praderas permanentes o forestación. No
se considera el aspecto económico, sino que las limitaciones y riesgos que significa su
empleo.
27
Cuadro 3.1. Guía para clasificar suelos según su capacidad de uso* (Stolpe, 2006).
Capacidad de Uso de Suelos
Características Clase I Clase II Clase III Clase IV Clase V Clase VI Clase VII Clase VIII
Sequía de verano corta duración corta duración larga duración muy larga variable variable variable
duración
Días libres de > 150 100 - 150 80 - 100 50 – 80 > 80 > 50 > 50 Terreno sin valor
Heladas agrícola,
Aptitud para cereales buena buena a moderada moderada limitada mala mala mala ganadero o
forestal. Sólo
Aptitud para chacras buena buena a moderada limitada mala mala mala mala para vida silvestre
Aptitud para viñas buena buena buena limitada mala mala mal
Aptitud para frutales buena buena a moderada limitada mala mala mala mala
Fertilidad natural buena buena moderada moderada a baja moderada a baja moderada a baja moderada a baja
Pendiente 0 - 2% 2 - 5% 5 - 8% 8 - 12% plano 12 - 30% 30 - 60%
Profundidad sobre > 1.0 m 1.0 - 0.9 m 0.9 - 0.6 m 0.6 - 0.4 m mediana mediana a delgada delgada
toba volcánica
Profundidad sobre > 1.0 m 1.0 - 0.6 m 0.6 - 0.4 m 0.4 - 0.25 m media a delgada delgada muy delgada
grava
Textura franca franco arenosa. a arenosa a arenosa a arenosa a arenosa a arenosa a
franco arcillosa arcillosa arcillosa arcillosa arcillosa arcillosa
Riesgo de erosión sin ligero moderado alto sin alto muy alto
Drenaje bueno bueno moderado imperfecto pobre muy pobre bueno bueno
Nivel de agua profundo profundo a moderado moderado a superficial profundo profundo
subterránea moderado superficial
Riesgo de ningún ningún a ocasional ocasional frecuente muy frecuente ningún ningún
inundaciones
Pedregosidad 0 - 5% 0 - 10% 0 - 15% 0 - 35% 0 - 35% 0 - 50% 0 - 60%
superficial
Salinidad ninguna ninguna a ligera ninguna a ninguna a alta ninguna a alta ninguna ninguna Dunas áridas,
moderada pantanos,
Intensidad de uso cultivo muy cultivo intensivo cultivo moderado cultivo ocasional pastoreo intensivo pastoreo moderado forestal roqueríos etc.
del suelo intensivo
*Se determina la clase de capacidad de uso de acuerdo con la peor característica del suelo.
28
3.3.1. Resumen de clases de suelo arables (CIREN, 1999):
Clase I. Los suelos de esta clase tienen pocas limitaciones que restringen su uso. Son casi
planos, profundos, bien drenados, fáciles de trabajar, con alta capacidad de retención de
humedad, la fertilidad natural es buena, sus rendimientos son altos cuando se utilizan
prácticas adecuadas de manejo, y permiten un cultivo muy intensivo. En su uso, se
necesitan prácticas de manejo simples para mantener su productividad y conservar su
fertilidad natural.
Clase II. Suelos de esta clase tienen algunas limitaciones que reducen la elección de cultivos
o requieren prácticas moderadas de conservación. Son suelos planos con pendientes ligeras,
profundos a moderadamente profundos, de moderadamente buena permeabilidad y drenaje,
y presentan texturas favorables que pueden variar desde franco arenosas a franco arcillosas.
Los factores limitantes más comunes que pueden presentarse solos o combinados son:
Clase III. Estos suelos tienen limitaciones moderadas que restringen la elección de los
cultivos, aunque pueden ser buenos para algunos de ellos. Las limitaciones requieren
algunas prácticas especiales de conservación. La topografía varía de plana a
moderadamente inclinada, la permeabilidad varia de lenta a muy rápida. Los factores
limitantes más comunes que pueden presentarse solos o combinados son:
Clase IV. Los suelos de esta clase tienen severas limitaciones que restringen la elección de
cultivos. Estos suelos requieren prácticas especiales de manejo y conservación, más difíciles
de aplicar y mantener que las de la Clase III. Los suelos de Clase IV pueden usarse para
cultivos, praderas, frutales etc. Los factores limitantes más comunes que pueden presentarse
solos o combinados son:
29
5. Baja capacidad de retención de agua.
6. Moderada a baja fertilidad natural.
7. Drenaje pobre.
Clase V. Estos suelos presentan escaso o ningún riesgo de erosión, pero tienen severas
limitaciones que no pueden modificarse en forma práctica, lo que limitan su uso a praderas
naturales o forestales. Son suelos casi planos, pero muy húmedos, o pedregosos para ser
cultivados. Pueden experimentar inundaciones frecuentes y prolongadas, o salinidad
excesiva o limitaciones climáticas. Las limitaciones más comunes en esta clase son:
Clase VI. Los suelos de esta clase no son aptos para cultivos sino sólo para praderas y
forestales. Sus limitaciones no pueden ser corregidas e incluyen una o más de las siguientes:
1. Pendientes pronunciadas.
2. Erosión pasada o susceptibilidad a erosión severa.
3. Suelo moderadamente delgado.
4. Pedregosidad excesiva.
Clase VII. Son suelos con limitaciones muy severas no aptos para los cultivos y su uso
fundamental es forestal. Las restricciones son más severas, que en la de Clase VI y incluyen
una o más de las limitaciones siguientes:
Clase VIII. Son suelos sin valor agrícola, ganadero o forestal. Su uso está limitado
solamente para la vida silvestre, recreación o protección de hoyas hidrográficas. Incluyen
dunas activas, pedregales, pantanos o suelos destruidos por la erosión.
30
estudio se efectúa recorriendo el campo y determinando en algunas calicatas las propiedades
más importantes para este sistema de clasificación (Figura 3.2).
Figura 3.2. Cada punto del terreno que representa un área homogénea (suelos con la misma
pendiente, profundidad etc.) del predio, se ubica en una foto área, acompañando las
observaciones respectivas en una libreta.
El empleo de fotografías aéreas constituye el mejor plano base para la realización del estudio
en terreno. Fotointerpretación estereoscópica en trabajo de oficina (previo al trabajo de
campo), permite hacer una gran parte de las delimitaciones de suelo, determinar el grado de
intensidad de estudio en los diferentes potreros del predio, y establecer los puntos de
observación y posibles rutas de actividades en terreno. En terrenos de lomajes y cerros este
proceso de fotointerpretación es muy sencillo y rápido. Adicionalmente, se puede acceder a
distintos imágenes de terrenos, y la topografía asociada, en varios sitios en Internet.
31
Figura 3.3. Plano de capacidad de uso de suelos en un predio. Note que los cercos actuales
no coinciden con los límites de los suelos.
Figura 3.4. Plan de conservación de suelo en un predio. Note como los usos coinciden con
las capacidades de uso de los suelos, y que se han cambiado los cercos para seguir mejor los
límites de los suelos.
32
3.5. Clases de erosión hídrica
Agrupa suelos que han perdido parte del horizonte A original, pero en porcentajes inferiores
al 25% de su altura. Evidencias o indicadores de erosión para esta clase pueden incluir: a)
presencia de canalículos; b) acumulación de algún sedimento en la base de las pendientes o
en las depresiones y c) en puntos dispersos del área (<20%) se pueden observar sectores con
mayor erosión (Soil Survey Staff, 1993).
Suelos que han perdido entre 25 a 75% de la profundidad del horizonte A original. A través
de la mayor parte del terreno, el estrato de labranza puede ser una mezcla del horizonte
superficial con el material del estrato que lo subyace. Algunas laderas pueden presentar un
patrón intricado de sectores sin erosión, alternando con áreas en las que todo el horizonte A
ha sido removido. Donde el horizonte A es muy grueso, no se observan mezclas con el
subsuelo.
Considera suelos que han perdido más de 75% del horizonte A original. En la mayor parte
de las áreas de clase 3 de erosión, se encuentra expuesto el estrato que subyace al horizonte
A. La capa arable consiste enteramente o en gran medida de este tipo de material.
Esta clase consiste en suelos que han perdido todo el horizonte A, más parte o todo el
horizonte inferior. El suelo original puede ser identificado en sólo algunos lugares del
terreno. La mayor parte de estas áreas presentan un intricado patrón de cárcavas,
especialmente en suelos de la Cordillera de la Costa.
33
4. Control de Erosión Hídrica en Suelos Cultivables: Prácticas Biológicas o
Agronómicas
4.1. Introducción
Las lluvias que ejercen su acción erosiva a través de la energía cinética de que disponen las
gotas de lluvia. La parte más importante del daño lo ocasiona la energía que se aplica
verticalmente sobre la superficie de un terreno con el impacto de gotas de lluvia sobre el
suelo. El posterior escurrimiento superficial de aguas que no se infiltran al suelo,
corresponde a la energía que se aplica en forma paralela a la superficie del terreno (Stallings
1957; Troeh et al, 1980; Morgan, 2005). Para la primera forma de energía se adoptan
métodos de control que la interceptan y disipan. Este objetivo se cumple con la presencia de
vegetación viva o muerta sobre la superficie del suelo, y se llama control biológico, o
agronómico, de erosión.
A partir de la década 1970’, las técnicas de control agronómico han venido tomando cada
vez mayor importancia. Todos los sistemas que contemplan la presencia de vegetación o
residuos de cosecha sobre la superficie del terreno, han demostrado una alta eficiencia no
sólo para disminuir la acción de gotas de lluvia, sino también como una excelente medio de
control de escurrimiento superficial, evitando su concentración y disminuyendo la velocidad
del flujo.
34
clasificación de la capacidad de uso de los suelos. Esta información indicará la condición en
que se encuentran los suelos, las posibilidades de uso y necesidades de prácticas de control
de erosión que deben adoptarse. Las recomendaciones que se apliquen deben permitir la
obtención de una producción óptima, sobre una base sostenida.
Las rotaciones de cultivos que incluyen algunos años con praderas, ejercen un fuerte efecto
residual en cultivos que siguen la pradera, a través de la mejor estructura del suelo que hace
posible. La materia orgánica proveniente de la descomposición de hojas y raíces aportadas
por la pradera, favorece un mejor drenaje y otorga mayor estabilidad a los agregados para
resistir la acción dispersante de las gotas de lluvia.
Durante el primer año de establecimiento de una pradera, se estima que el suelo adquiere
alrededor de un 80% de mayor capacidad defensiva contra la erosión y un 15% en el
segundo (Hudson, 1995). Esto significa que si solo se persigue un mayor control de erosión,
no se justificaría mantenerla por más de dos años, siempre y cuando el tipo de pradera y su
costo de establecimiento así lo permitieran. Sin embargo, la destrucción de la materia
orgánica incorporada en esos dos años y la mejor estructura que promueve, es igualmente
rápida. Prácticamente, el efecto mencionado desaparece en un año.
• En los años con pradera, la incorporación de una mayor cantidad de materia orgánica
contribuye a mejorar la estructura del suelo.
Las leguminosas son importantes cultivos en rotación con cereales por cuanto cortan ciclos
de enfermedades, fijan nitrógeno atmosférico (N2) para mejorar la fertilidad del suelo, y
disminuyen la incidencia de malezas gramíneas en el cultivo de trigo. Ensayos han
mostrado aumentos significativos en el rendimiento de cereales cuando éstos se cultivan
después de lupino en comparación con un monocultivo de cereales. La rotación trigo–
lupino tiene beneficios para ambos cultivos controlando enfermedades como el mal de pie
35
en trigo, y mancha café en lupino. El lupino es capaz de fijar entre 100 a 250 kg N ha-1 y,
aunque mucho N se va en el grano, aporta al suelo aproximadamente 40 kg N ha -1 año-1 que
se traduce en un aumento de rendimiento de trigo de 1.6 ton ha-1 (Silva y Acevedo, 2002).
En una investigación en el centro–sur de Chile, se encontró que rotaciones que incluyeron
varios años de praderas con alfalfa mejoraron varias propiedades del suelo (Humic
Haploxerand), incluyendo los contenidos de C, N y S del suelo, y la estabilidad estructural
de los agregados (Sandoval et al., 2007).
Cuadro 4.1. Pérdidas de suelo y escurrimiento superficial durante 14 años para diferentes tipos
de cobertura (Missouri, EEUU).
Tratamientos Erosión de Suelo Escurrimiento Superficial
Ton ha año
-1 -1
%
Pasto azul, continuo 0.76 12.0
Rotación maíz, trigo, trébol 6.23 13.8
Trigo, continuo 22.60 23.3
Maíz, continuo 44.72 29.4
Barbecho 93.30 30.7
“Es notable la frecuencia con que el manejo requerido para el control de erosión coincida con el manejo
agrícola que persigue altos y eficientes rendimientos. Por esta razón no se justifique la creencia de que el
manejo conservacionista de suelo restrinja la producción, o signifique la adaptación de prácticas
antieconómicas. Esta feliz coincidencia de propósitos se puede comprobar en muchos casos. Por ejemplo,
para lograr óptimos resultados de productividad en una pradera, se debe controlar la carga animal, la
distribución de pastoreo, tener fertilización adecuada para un máximo desarrollo de las plantas, etc.
Estas exigencias para una producción más eficiente y económica, también son las que favorecen una
mejor protección contra la erosión, si el sector corresponde a una ladera. Hace algunos años era
36
corriente hablar de cultivos agotantes y de cultivos que conservan los suelos. La realidad es que no son
los cultivos que los agotan, sino que el tipo de manejo a que son sometidos” (Hudson, 1995).
37
Cuadro 4.2. Efecto de prácticas de manejo en la erosión de suelo en un cultivo continúo de
maíz (Hudson, 1995):
Manejo convencional para Manejo para alta
nivel medio de producción productividad
El efecto de incorporar los rastrojos aseguró la mantención del nivel de materia orgánica.
Después de 10 años, la condición física del suelo mejoró, los rendimientos aumentaron y
disminuyó la erosión, comparado con manejo convencional. Las 10 semanas de sembrado
el maíz, se tomaron fotos verticales para determinar el porcentaje de cobertura alcanzado.
Las parcelas con un equivalente de 25,000 plantas por hectárea presentaban una cobertura
de 60% del suelo y aquellas con 37,000 plantas, cubrían 90%. La cobertura se incrementó
sólo en un 50%, pero la erosión producida en ambas parcelas fue proporcional al porcentaje
de suelo descubierto. El promedio de erosión durante 10 años fue significativamente menor
en la parcela con alta densidad de siembra. Puede concluirse que la densidad de la cobertura
influye más en el control de la erosión que cualquier otro factor de manejo.
4.5. Fertilización
38
El término “labranza de conservación” se refiere a cualquier sistema de labranza que
reduzca las pérdidas de suelo o agua en relación al convencional. Frecuentemente es una
forma de labranza en la que no se invierte el suelo y se retiene alguna cantidad de residuos
protectores sobre la superficie del terreno (Manneering y Fenster, 1983)
• Dejando sobre la superficie del suelo, terminando las operaciones de labranza, una cierta
cantidad de rastrojos o residuos del cultivo anterior.
El tipo de labranza que deja una superficie más áspera en ausencia de rastrojos, también es
capaz de reducir la velocidad del flujo precanalizado. Sin embargo, este efecto protector se
pierde muy rápidamente después de las primeras lluvias, al destruirse los terrones por acción
de las precitaciones más violentas del invierno.
El efecto protector de los residuos de cultivos se descubrió en la década de los 1930’ en los
EEUU, gracias a la conciencia conservacionista que se despertó a raíz de los devastadores
estragos ocasionados por la erosión eólica en suelos de las grandes planicies, explotados con
cereales y como consecuencia de algunos años de sequía. En esa oportunidad se apreció que
cubiertas relativamente densas de residuos, protegían muy eficazmente el suelo. Más tarde
se comprobó que también resultaban eficaces para controlar la erosión hídrica.
A pesar de algunos problemas que enfrentan los agricultores con la presencia de residuos en
la superficie, su uso ha generalizado en muchos países. Las demandas por mejorar la
calidad de las aguas de esteros y ríos, ha estimulado vigorosamente el empleo de sistemas de
labranza de conservación. En sólo 10 años, entre 1972 a 1982, su uso en los EEUU se
aumentó desde 12 a 40 millones de hectáreas (Meyers, 1983). Actualmente, estos sistemas
constituyen el mayor volumen de las prácticas que promueven el Servicio de Conservación
de Recursos Naturales (NRCS–USDA) en ese país.
La amplia gama de técnicas de labranza de conservación van desde aquellas en que se dejan
bajos niveles de residuos superficiales, a labranza y cultivos sólo en hileras dejando intacto
los suelos entre hileras, hasta el sistema más sofisticado denominado cero labranza.
39
Generalmente, los rendimientos se incrementan, paulatinamente, con el uso de cubiertas de
rastrojo. En los casos en que la producción disminuye con la adaptación de estas técnicas,
las causas se deben a algunos de los siguientes factores (McCalla y Army, 1964):
Aún cuando un buen manejo agronómico puede reducir las pérdidas de suelo a través de
mejores variedades de alto potencial productivo, adecuados programas de fertilización y
rotaciones de cultivos que incluyen praderas, es evidente que en la primera etapa del
desarrollo de los cultivos anuales, el suelo permanece con un mínimo defensa contra la
acción de las lluvias. La presencia de una parte de los rastrojos del cultivo anterior dejados
en la superficie del terreno, puede otorgar una eficiente protección durante este periodo
crítico.
40
con arado cincel, se emplea un equipo para trozarlo y facilitar de este modo la labranza
posterior, permitiendo que sobre la superficie quede, una vez sembrado, una y media a dos
toneladas de residuos por hectárea.
Para la siembra de cereales en línea se utilizan equipos similares a los convencionales pero
provistas de zapatas más poderosas, que abren surcos de siembre a la profundidad adecuada
sin atascarse en el residuo. Delante de cada zapata se ubica un disco que hace el primer
trabajo de separar el residuo. Los surcos abiertos son tapados y comprimidos por discos
anchos ubicados a continuación de cada zapata.
41
Cuadro 4.3. Densidad de residuos que queda sobre el suelo después de varias operaciones
con diferentes implementos de labranza (Fenster, 1960).
Implemento Operaciones Rastrojo que Queda en la Superficie
Nº %
Rastra fresadora 3 40
Arado cincel 2 70
Arado cultivador 2 60
Arado de discos 1 50
Arado de discos 2 25
Arado de discos 3 10
Arado de barra 4 60
Arado de vertedera 1 10
El tipo de preparación y siembre con la técnica de residuos densos (1.5 a 2 ton ha-1), puede
crear serios problemas de malezas. No todas las semillas quedan bien enterradas como en la
labranza convencional y al no invertir el suelo, raíces de malezas pueden desarrollarse
nuevamente. El empleo de nuevos herbicidas solucione este inconveniente.
Se presenta una tendencia en cereales a rendir más con el método de residuos densos que
con el convencional, debido a una mejor infiltración de las lluvias en el perfil. En regiones
más húmedas, debido al mayor problema de malezas, los rendimientos son algo menores.
Incluso, los rendimientos en un suelo con labranza de conservación pueden ser mayores o
menores comparados con al convencional, dependiendo de la lluvia caída durante la
temporada. Años con lluvia excesiva pueden resultar en rendimientos algo menores en
labranza de conservación debido al exceso de humedad en el suelo.
Las nuevas variedades de trigo, con altura de un metro ó menos, tienen una relación
paja/grano aproximada de 1/1. Alrededor de 2/3 de los residuos se descomponen en un
plazo de 4 a 6 meses. Este fenómeno está muy relacionado con la temperatura, humedad,
contenido de nutrientes del residuo, tipo de residuo, etc. Muchos estudios han indicado que
la incorporación del rastrojo en el suelo incrementa su velocidad de descomposición, en
comparación con los residuos sobre la superficie del suelo. En la zona centro-sur de Chile,
las bajas temperaturas en invierno y suelo seco en verano limitan la acción de los
microorganismos en el suelo, y la descomposición de rastrojo. Por ello, en primavera y
otoño, cuando predominan mejores condiciones de humedad y temperatura, deberían darse
mayores tasas de descomposición (Vidal y Troncoso, 2002).
42
• Control de erosión. Todas las investigaciones efectuadas coinciden en destacar que el
empleo de residuos densos (1.5 a 2 ton ha-1) es una práctica conveniente para condiciones
determinadas de suelos y pendientes (Meyers et al., 1970).
Cuadro 4.4. Valores de pérdida de suelo y escurrimiento superficial para tres niveles de residuos
en un suelo volcánico (Typic Haploxerand), con 11% de pendiente, sembrado con trigo.
Cantidad de Rastrojo Erosión de Suelo Escurrimiento Superficial
ton ha-1 ton ha-1 %
0 15.64 15.80
1 3.98 11.93
2 1.81 6.43
• Temperatura del suelo. A comienzos de primavera las temperaturas son algo más bajas,
afectando ligeramente el crecimiento de plantas.
• Efectos químicos. Muchos investigadores muestran que los residuos producen una
disminución en la disponibilidad de nitrógeno. Este efecto adverso influye en los
rendimientos, pero la aplicación de una mayor cantidad de nitrógeno supera esta dificultad,
como se puede apreciar en el Cuadro 4.5.
43
Cuadro 4.5. Efecto de la aplicación de nitrógeno en los rendimientos de trigo, en parcelas
con y sin rastrojo superficial (McCalla y Army, 1964).
Dosis de N Rendimiento de Trigo
Con Rastrojo Sin Rastrojo
kg ha-1 ton ha-1 ton ha-1
0.0 0.71 1.22
22.4 1.04 1.48
44.8 1.16 1.50
89.6 1.60 1.58
El sistema de manejo de residuos densos no resulta fácil de aplicar, aparte de requerir una
sembradora de diseño que permita sembrar con aceptable normalidad a través de rastrojo,
especialmente cuando se acerca a un nivel de 2 ton ha-1. Sin embargo, en pendientes
moderadas utilizando densidades bajas de residuos es posible disminuir apreciablemente la
erosión.
44
Hudson (1995) propuso un sistema alternativo, que consiste en cosechar el cereal y utilizar
luego un implemento para trozar el rastrojo. Las operaciones de labranza se realizan luego
con equipos convencionales, es decir, incorporando la mayor parte del rastrojo, dejando una
baja densidad de ello sobre la superficie. Ensayos de campo demostraron que este método
era mucho más sencillo y de menor costo, al tiempo que reducía la erosión a límites
tolerables en pendientes moderadas. Concluye Hudson estableciendo que “evidentemente, la
combinación de parte de la paja en la superficie, que proporciona alguna cobertura y la mayor parte
incorporada cerca de la superficie, que puede promover una mayor porosidad y mejor drenaje, resulta
tan efectiva como dejar una alta densidad de residuos sobre la superficie.” En síntesis, el problema
de proporcionar una adecuada defensa contra la erosión en laderas moderadas, en las que se
ha dejado una cobertura mínima de rastrojos, se completa con cultivo en contorno y normas
de manejo agronómico para alta productividad.
Siguiendo la línea recién bosquejada, se llevó a cabo una investigación para determinar el
control de erosión que proporcionan los sistemas de manejo que dejan bajas densidades de
rastrojos en la superficie, con alto niveles de fertilizantes y semillas o con cultivo en
contorno (Peña, 1985). El ensayo se efectuó en un suelo volcánico de la serie Santa Bárbara
(medial, amorphic, mesic Typic Haploxerands) (Stolpe, 2006), con pendiente de 11%, en un
sector de la precordillera de Ñuble. Los resultados se muestran en Cuadro 4.6.
Cuadro 4.6. Erosión de suelo en la serie Santa Bárbara (Typic Haploxerands) con 11%
pendiente, sembrado con avena o raps con diferentes modalidades de manejo de rastrojo,
niveles de fertilizantes; ó prácticas complementarias.
Tratamiento Erosión de Suelo
ton ha-1 año-1
Avena; rastrojo quemado, niveles medios de fertilizantes y 11.01
semillas
Avena; rastrojo enterrado con 250 kg ha-1 en al superficie, alto 6.41
nivel de fertilizante y semillas
Raps; rastrojo quemado, siembra en el sentido de la pendiente 11.10
Raps; rastrojo enterrado con 250 kg ha-1 en la superficie, cultivo 5.65
en contorno
El tratamiento con avena y rastrojo enterrado, con altos niveles de fertilizantes y semilla
disminuyó la erosión por 41.8%, comparado a avena con manejo convencional. El
tratamiento con raps con cultivo en contorno disminuyó la erosión por 49.1%, comparado a
raps con manejo convencional. La modalidad de cultivo en contorno en suelos volcánicos,
no deja un patrón orientado muy relevante, las huellas dejados por las ruedas de los equipos
y los dispositivos de las maquinas sembradoras constituyen obstáculos para el libre
desplazamiento superficial, disminuyendo su velocidad. El efecto mencionado fue
reforzado por la presencia de una baja densidad de rastrojos.
45
La cero labranza se refiere a un sistema de cultivo en el que la manipulación mecánica del
terreno se reduce al tráfico del equipo sembrador y a las aplicaciones de herbicidas. Al igual
que las prácticas de manejo de residuos ya analizadas, el principal propósito de la labranza
cero es mantener en la superficie del terreno parte de los rastrojos del cultivo anterior. La
siembra se ejecuta sobre la superficie previamente tratada con herbicidas.
• Destrucción previa de malezas con herbicidas de amplio espectro y corto efecto residual.
• Equipo sembrador muy sólido y más pesado que los convencionales, ya que en una sola
operación debe abrir los surcos, sembrar y cubrir las semillas.
• La eficaz protección que otorga contra la erosión, hace posible el uso más intenso de los
suelos de clases IIIe y IVe. Es posible, incluso, sembrar periódicamente algunos suelos de
clase VIe (Figura 4.1).
46
Figura 4.1. Cero labranza permite usar algunos suelos de clase VIe de Capacidad de Uso
debido a un control muy eficaz de erosión (fotografía: Servicio de Conservación de Recursos
Naturales, NRCS–USDA).
• Hay una fuerte dependencia de herbicidas, lo que es criticado por los ecólogos, aún
cuando el grado de envenenamiento que pueden provocar es discutible, por ser productos
orgánicos degradables en corto plazo.
Todas las investigaciones sobre control de erosión con cero labranza, muestran un excelente
comportamiento de esta técnica. En el cuadro 4.7, se dan los resultados de un ensayo con
raps, establecido mediante cero labranza, en un suelo volcánico (Typic Haploxerand), con
11% de pendiente (Peña, 1986). Este método redujo en 94.4% las pérdidas de suelo en
relación al testigo con manejo convencional, lo que confirma sus excepcionales bondades
como técnica de control de erosión en suelos volcánicos de lomajes.
Cuadro 4.7. Pérdidas de suelo para las modalidades de manejo convencional y cero
labranza, en un suelo volcánico (Typic Haploxerand) con 11% de pendiente, provincia de
Ñuble, Chile.
Tratamiento Erosión de Suelo
ton ha-1 año-1
Raps, rastrojo quemado, labranza en el sentido de la pendiente 5.68
Raps, no se quema el rastrojo, cero labranza 0.32
En otro ensayo efectuado cerca de Mulchén (Cuadro 4. 8), se determinaron las pérdidas de
suelo para tres modalidades de manejo de residuo en un suelo volcánico (Peña et al., 1994).
47
48
Cuadro 4.8. Pérdidas de suelo para tres modalidades de manejo de rastrojo en un suelo
volcánico con 8% de pendiente (Typic Haploxerands), provincia de Bío Bío, Chile.
Tratamiento Erosión de Suelo
ton ha-1 año-1
Raps, quema de rastrojo, labranza en el sentido de la pendiente 15.33
Raps, rastrojo enterrado, dejando 0.8 ton ha-1 en la superficie, 5.60
labranza en el sentido de la pendiente
Raps, no se quema el rastrojo, cero labranza 1.16
El tratamiento con un equivalente de 0.8 ton ha-1 de residuos sobre la superficie del suelo,
disminuyó las pérdidas de suelo en un 63.5% y cero labranza en un 92.4%. Todas las
operaciones se efectuaron en el sentido de la pendiente. Para esta pendiente de 8%, el
tratamiento con 0.8 ton ha-1 de rastrojo superficial dio una protección por debajo del valor de
tolerancia de erosión que se ha estimado para estas condiciones (Cuadro 4.9.).
Cuadro 4.9. Valores estimados de la tolerancia de erosión para suelos de las series Santa Bárbara
(Typic Haploxerands) y Collipulli (Xeric Paleumults).
Condición Tolerancia de Erosión
Serie Santa Bárbara Serie Collipulli
“trumao” “rojo arcilloso”
ton ha año-1
-1
En otra investigación sobre el efecto del tipo de labranza en la erosión de suelo Santa
Bárbara (11% pendiente) de la precordillera, con una rotación trigo – avena, se encontró
mayor erosión con labranza convencional (19.3 ton ha-1 año-1), comparada con labranza de
conservación (5.5 ton ha-1 año-1) y cero labranza (3.0 ton ha-1 año-1); y los niveles de erosión
con labranza de conservación y cero labranza fueron más bajos que la tolerancia de erosión
(Rodríguez et al., 2000).
49
semillas apropiadamente y compactar el surco. Para llevar a cabo estas funciones, los
equipos disponen de cuchillas circulares acanaladas o estriadas, que actúan como discos
cultivadores, capaces de abrir surcos de 3 a 5 cm de ancho y 2 a 8 cm de profundidad. Van
montados sobre poderosos resortes que permiten mantenerlos a la profundidad correcta,
junto con protegerlos de obstáculos más firmes (piedras, troncos). Las estrías de los discos
sueltan el material en los costados y en el fondo de los surcos. Detrás de cada surco
cultivador se ubican dos discos sembradores, los que separan el suelo suelto para que las
semillas caigan hasta el fondo del surco. Al avanzar el equipo, el material suelto cubre las
semillas, siendo de inmediato presionado por las ruedas compactadoras.
La quema del rastrojo facilita la siembra pero se pierde gran parte de las ventajas de la cero
labranza. De hecho, “cero labranza con quema de rastrojo” sencillamente no es cero
labranza, porque la práctica va en contra de todo que se persigue con una cubierta protectora
de rastrojos sobre el suelo. Con la quema de rastrojo, se provoca algún grado de
encostramiento en la superficie, con disminución de la infiltración de aguas lluvias en el
perfil del suelo. También se reduce el nivel de materia orgánica en los primeros centímetros
del suelo. Por otro lado, la quema puede resultar en pérdidas importantes de nutrientes
contenidos en el rastrojo, como resultado del flujo convectivo directo de las cenizas y como
consecuencia de la acción de arrastre por agua y viento. Simultáneamente, se pierde
prácticamente la totalidad del C, N y S del rastrojo en la combustión. Por lo tanto, al dejar
rastrojo sobre el suelo se puede ahorrar una cantidad considerable de fertilizantes y mejorar
propiedades del suelo (Vidal y Troncoso, 2002).
En una investigación en el centro sur de Chile sobre el manejo de rastrojo en cero labranza,
se encontró que en los cultivos de trigo y avena la quema de rastrojo no presentó diferencias
significativas en rendimiento con respecto a los tratamientos de rastrojo picado y rastrojo
parado. Pero el tratamiento de rastrojo hilerado fue el que presentó el menor rendimiento
como consecuencia de la superficie ocupada por la franja de rastrojo que quedó sin siembra.
En este estudio, se encontraron menores rendimientos de raps con los tratamientos de
rastrojo picado, parado y hilerado, comparado con el rendimiento con la quema del rastrojo
(Vidal y Troncoso, 2002).
50
Cuadro 4.10. Rendimientos de trigo, avena y raps con diferentes tratamientos de rastrojo
superficial en cero labranza (Vidal y Troncoso, 2002).
Tratamiento de Rastrojo del Rendimientos
Cultivo Anterior Trigo Avena Raps
ton ha año
-1 -1
Estos resultados fueron sólo de dos años de experimentación y, por lo tanto, son
preliminares. Es recomendable que se hagan otros estudios, más largo plazo, para observar
los efectos del rastrojo sobre propiedades del suelo, como el contenido de materia orgánica,
fertilidad, infiltración de agua, que influirían positivamente en los rendimientos de los
cultivos. Un análisis económico de los resultados concluyó que es recomendable usar la
práctica de rastrojo parado, sembrando el cultivo siguiente por ello, porque tiene
importantes ventajas sobre la práctica de quema de rastrojo que incluyen un menor costo
directo en el uso de maquinaria, y menor pérdida de nutrientes del suelo y rastrojo por
acción del fuego (Arias, 2002).
En otro estudio en el centro-sur de Chile, los rendimientos de trigo y avena fueron más altos,
y similares, en cero labranza y labranza convencional, comparado con los rendimientos
usando labranza de conservación (Rodríguez et al., 2000).
En este sistema, el control de malezas descansa en el uso de herbicidas. Dos herbicidas que
han dado resultados aceptables para el control de presiembra en cereales, son el paraquat y
el glifosato. El primero, eficaz en el control de malezas anuales de hoja ancha, es un
herbicida de contacto, de corto efecto residual. Se puede aplicar una semana antes de la
siembra, ya que ejerce una acción muy enérgica, secando rápidamente la vegetación. El
glifosato, de acción más lenta, se aplica unos 20 días antes de la siembra. Se desvirtúa en
corto tiempo en contacto con los coloides del suelo. Es más efectivo que el paraquat en el
control de gramíneas. Su acción se ejerce a través del proceso biológico de translocación,
moviéndose hacia las áreas de mayor actividad metabólica. Más tarde se aplican los
herbicidas selectivos de post emergencia, habitualmente empleados en cultivos tradicionales.
51
obtenidas en una investigación de 10 años sobre cero labranza (Blevins et al., 1983).
Anualmente, se sembró maíz en primavera y centeno en otoño. Las parcelas testigo se
manejaron con una aradura y dos rastrajes. La investigación se efectuó en un suelo de
textura franco limosa (Typic Paleudalfs), profundo y bien drenado:
Cuadro 4.11. Transpiración y evaporación, estimada en maíz para cero labranza y labranza
convencional, como promedio de 4 años.
Tratamiento Transpiración Evaporación Lluvia
% % %
Cero labranza 60.3 8.1 100
Labranza convencional 47.5 37.5 100
• Acidez del suelo. Uno de los primeros y más obvios cambios que se manifiesta en cero
labranza es la rápida caída del pH del suelo superficial (Figura 4.2), que influirá la
disponibilidad de nutrientes a los cultivos (Blevins et al., 1983). En labranza convencional el
pH fue casi igual en las dos profundidades (0–5 y 5–15 cm), ya que este sistema mezcla el
suelo en cada ciclo anual del cultivo. Al reducir la labranza, hay una mayor cantidad de
residuos que permanecen largo tiempo en los primeros centímetros del perfil del suelo que
libera ácidos orgánicos al descomponerse, aumentando la acidez del suelo. La mejor
52
condición física del suelo en cero labranza y más infiltración de aguas lluvias, también
producen una mayor lixiviación de Ca2+. Adicionalmente, mayores aplicaciones de N
fertilizantes en la forma de urea acidifican el suelo por el proceso de nitrificación (conversión
de NH4 a NO3) que libera H+. Por eso, se recomienda aplicar fertilizantes amoniacales que
son neutralizadas con aplicaciones concurrentes de cal (Vidal, 2002).
Figura 4.2. El pH del suelo a dos profundidades, después de 10 años de cultivo de maíz,
mediante cero labranza y labranza convencional, con varios dosis de N.
• Más materia orgánica. En cero labranza el contenido de materia orgánica aumenta en los
primeros centímetros superficiales del suelo (Figura 4.3). El efecto es más notable con más
años en el sistema y mayores aplicaciones de N fertilizantes (Cuadro 4.12). Generalmente,
un aumenta en el contenido de materia orgánica mejora otras propiedades físicas, químicas
y biológicas del suelo (Blevins et al., 1983). El aumento o “secuestro” de carbono en suelos
agrícolas también ayuda disminuir la concentración de CO 2 el la atmósfera y su efecto sobre
calentamiento global (Sandoval et al., 2003).
53
Figura 4.3. Distribución de la materia orgánica en el perfil del suelo, después de 10 años con
maíz continúo en cero labranza y cultivo convencional (Blevins et al., 1983).
Cuadro 4.12. Contenido de materia orgánica en dos profundidades del suelo, con cero
labranza y labranza convencional (Blevins et al., 1983).
5 Años 10 Años
N Pradera Cero Labranza Cero Labranza
Kg ha-1 Natural Labranza Convencional Labranza Convencional
54
veces mayores en cero labranza. El proceso descrito no significa una pérdida de N en el
suelo, pero si afecta su disponibilidad para las plantas, lo que traduce en menores
rendimientos, especialmente si se consideran aplicaciones bajas de este nutriente.
Hinkle (1983) comenta que dada la enorme importancia que esta adquiriendo la labranza
cero, se debe enfatizar la necesidad de intensificar la investigación sobre algunos aspectos
que amenazan con crear dificultades. Al alterar el medio físico, químico y biológico de los
primeros centímetros del suelo, se pueden crear mejores condiciones para el desarrollo de
gérmenes patogénicos.
Koskinen y McWhorter (1986), establecen que los residuos pueden alterar significativamente
el comportamiento de los herbicidas, especialmente a través de algunos años bajo el sistema
de labranza de conservación. Los cambios ecológicos pueden favorecer la introducción de
nuevas malezas, las que finalmente dificultan el control y eleven los costos. La eficiencia de
los herbicidas puede disminuir cuando se aplican en suelos cubiertos de residuos. La falta de
un control efectivo de las malezas perennes y algunas anuales, generalmente controladas en
labranza convencional, es una de las posibles consecuencias en el sistema de cero labranza.
55
Para un eficiente control de malezas es necesario: a) una correcta identificación de las
malezas presentes y de los sectores más afectados: b) seleccionar los herbicidas y las dosis
que controlen adecuadamente las malezas potencialmente peligrosas; c) asegurar que los
herbicidas se apliquen uniformemente y en el momento adecuado; d) revisar el cultivo
después de la aplicación y repetir el tratamiento en los sectores mal controlados y e) revisar
cuidadosamente los equipos.
56
5. Predicción de Escurrimiento Superficial
5.1. Introducción
Se entiende por hoya hidráulica un área cuyas características de relieve determinan que las
aguas lluvias que caen sobre ella, escurren y se juntan en un punto más bajo. El
escurrimiento superficial es aquella parte de las lluvias que no se infiltra o la que retorna al
flujo después de haberse infiltrado (flujo de retorno inmediato).
Existen numerosos procedimientos para estimar el gasto máximo que se producirá en una
hoya hidrográfica, para un determinado periodo de frecuencia. Para áreas de drenaje
menores de 200 hectáreas, el Servicio de Conservación de Recursos Naturales, NRCS–
USDA de los EEUU ha empleando el método de Cook, que corresponde a un
procedimiento empírico, basado en centenares de estudios en hoyas de diferentes
características (Hudson, 1995). En este procedimiento se hace una cuidadosa evaluación de
la hoya hidrográfica incluyendo la superficie, relieve y forma de la cuenca, vegetación y
suelos (Figura 5.1).
Figura 5.1. Procesos hidrológicos que ocurren durante una lluvia y que son fuertemente
influidos por las características del área de drenaje de la hoya hidrográfica.
57
Ciertas características de las hoyas afectan el tiempo de concentración y la velocidad de
infiltración. Por tiempo de concentración se entiende el periodo o lapso que transcurre para
que una gota de lluvia se traslade desde el punto más alejado de la cuenca, hasta su salida.
La cantidad de escurrimiento aumenta con el incremento de la superficie del área de
drenaje. Sin embargo, el escurrimiento por unidad de área disminuye, ya que mientras
mayor es la superficie, mayor será el tiempo de concentración, lo que requiere una lluvia
más prolongada para producir el escurrimiento máximo (Roe y Ayres, 1954). Por otro lado,
mientras más prolongada es una lluvia, menor será su intensidad y habrá una menor
diferencia entre ella y la velocidad de infiltración del suelo.
Cuadro 5.1. Factores características (F) del escurrimiento de una hoya hidrográfica.
Cobertura F Suelo y tipo de drenaje F Pendiente F
58
Con la suma de los valores seleccionados para las condiciones de cobertura, suelo y
pendiente y con la superficie de la hoya hidrográfica, se obtiene en el Cuadro 5.2 el valor, no
corregido, de escurrimiento máximo.
Cuadro 5.2. Valores de escurrimiento máximo en m3 seg-1 para una frecuencia de 10 años,
factor regional de lluvia = 1 y para la condición de una hoya hidrográfica compacta (Hudson,
1995)
Suma de los Factores Características de la hoya
25 30 35 40 45 50 55 60 65 70
El Cuadro 5.2 se preparó considerando una frecuencia de ocurrencia de 10 años; una hoya
hidrográfica compacta (ancho y largo de la misma magnitud) y para el promedio de
intensidad de lluvias del este de los EEUU. En consecuencia, el gasto debe ajustarse para
las condiciones específicas de forma de la hoya, frecuencia y factor regional de lluvias del
sector que se estudia. Los valores no ajustados de escurrimiento máximo de Cuadro 5.2 se
corrigen por la multiplicación secuencial de los factores de corrección, de acuerdo a las
condiciones actuales de la hoya hidrográfica.
Los valores del Cuadro 5.2 se ajustan para las siguientes condiciones:
59
En el área de la Precordillera andina de la VIII Región, se sugiere un factor de 0.65 para
ajustar los valores del Cuadro 5.2. El resto de la Región se puede emplear un valor de 0.5.
Estas cifras se emplean en áreas de los EEUU con promedios de intensidad de lluvia más
parecidos a las de esta zona de Chile.
2 años 0.90
5 años 0.95
10 años 1.00
25 años 1.25
50 años 1.50
Cuadro 5.5. Frecuencias sugeridos para estructuras de evacuación y acumulación de aguas (Ree,
1954).
Tipo de Estructura Frecuencia (años)
60
Sistemas de terrazas y colectores protegidos 5–10
Terrazas de desviación 10–15
Bebederos de muros bajos 10–15
El rendimiento anual del escurrimiento superficial de agua de una hoya pequeña, depende
del volumen de lluvia caída sobre su superficie, multiplicada por un coeficiente de
escurrimiento que es la proporción de la lluvia caída que no se infiltra al suelo. Para hoyas
hidrográficas inferiores a 200 hectáreas se emplea el método de Ramser (Hudson, 1995):
V = IAC
5.4.1. Ejemplos
Ejercicio I. Calcular el escurrimiento máximo de una hoya hidrográfica de 100 ha, en suelo
Santa Bárbara textura franco limosa, sin erosión, con una frecuencia de 10 años y forma de
la hoya L/A = 3. La hoya tiene 25 ha de bosque (pendiente = 15%), 45 ha de pradera
(pendiente = 10%) y 30 ha cultivados (pendiente = 5%).
61
Cobertura Hectáreas Factor Producto Promedio
Bosque 25 x 5 = 125
Pradera 45 x 8 = 360
Cultivos 30 x 15 = 450
• Suelos:
• Pendientes:
15% 25 x 15 = 375
10% 45 x 10 = 450
5% 30 x 5 = 150
• Escurrimiento Máximo (m3 seg-1) sin corrección a condiciones locales (de Cuadro 5.2)::
62
Ejercicio II. Calcular el Rendimiento Anual (m3 año-1) para la misma hoya hidrográfica en
Ejercicio I usando Cuadro 5.6 y la ecuación V = IAC. El promedio de precipitación es 1005
mm/año.
V = IAC
= 186,930 m3/año
63
6. Prácticas Complementarias o Mecánicas para Controlar Erosión Hídrica en Suelos
Cultivables
6.1. Generalidades
Un suelo que se maneja con rotaciones, se encuentra bien protegido durante los años
ocupados con praderas, pero con moderada defensa de control en los años con cultivos.
Esta última situación se ve agravada en terrenos con mayor pendiente y longitud de laderas.
Si no adoptan medidas de control agronómico, tales como labraza de conservación o cero
labranza, se hace necesario incluir algunas técnicas complementarias que inciden
básicamente en una más ordenada y lenta evacuación de las aguas lluvias que escurren
superficialmente.
64
Figura 6.1. Cultivo en contorno es una práctica sencilla que puede disminuir la erosión
hídrica de suelo hasta un 50% (fotografía: Servicio de Conservación de Recursos Naturales,
NRCS–USDA).
Cuadro 6.1. Porcentajes de disminución de erosión para suelos con diferentes pendientes
cultivados en contorno (Beasley, 1972).
Pendiente Disminución de Erosión Longitud Máxima Cultivada de la Ladera1
% % m
2–7 50 100
7–12 40 60
12–18 20 24
18–24 10 18
1
En suelo manejados con apropiadas técnicas agronómicas, es posible elevar estos valores en
un 20%.
La separación de las depresiones que se seleccionan como colectores, debe ser la mínima
posible, ya que los pequeños surcos tienen una baja capacidad de transporte y pueden
fácilmente romperse. Tal vez no deberían sobrepasar los 50 m en pendientes mayores a 3%.
Las líneas guías se trazan con gradientes de 0.3 a 0.5%, y los valores más elevados se
adoptan en suelos de texturas arcillosas. Una a tres líneas es suficiente en una ladera. Para
asegurar la permanencia de las líneas guías, se refuerzan mediante dos o tres pasadas de
65
arado a lo largo del eje del estacado, formándose un camellón bajo, fácil de ubicar en años
posteriores.
• Fajas en contorno
Son aquellas en que los límites superiores y inferiores de cada faja van en la verdadera curva
de nivel, como lo muestra la Figura 6.2.
66
Figura 6.2. Fajas en contorno con sus límites en las verdaderas curvas de nivel.
67
• Fajas rectas
En terrenos de topografía muy irregular, en los que se hace difícil el diseño de un sistema de
fajas en contorno, se proyectan fajas rectas de ancho uniforme, y generalmente
perpendiculares a la pendiente dominante (Figura 6.3), pero es menos efectivo para
controlar erosión que el sistema anterior (Schwab et al., 1981). Sin embargo, fajas rectas
facilitan la siembra y cosecha de cultivos.
Figura 6.3. Fajas rectas con sus límites perpendiculares a la pendiente dominante.
• Fajas de corrección
Las fajas de corrección corresponden a áreas con pradera permanente con anchos irregulares
y ubicadas en sectores más erosionados, pendientes más fuertes, o en otras áreas para
facilitar que las fajas en rotación de cultivos se dispongan de modo de mantener anchos
uniformes (Figura 6.4).
Para los diferentes tipos de fajas (fajas en contorno, fajas rectas y fajas de corrección) se
recomiendan anchos de 30 m en pendientes inferiores a 6%, 24 m para pendientes de 6 a
10%, y de 15 m en laderas de 11 a 16%. Las gradientes de las líneas guías para instalar un
sistema de fajas, deben permitir algún grado de desplazamiento de las aguas hacia los
colectores. Los valores pueden variar entre 0.5 a 1%. La máxima protección se obtiene
cuando las hileras cortas (cultivo en hileras o cereales sembrados en líneas) se dejan al medio
superior de la faja, sembrándose el resto en forma paralela a las líneas guías que las limitan
(Beasley, 1972).
68
Figura 6.4. Fajas de corrección con pradera permanente en los sectores con suelos
erosionados.
De acuerdo a la forma en que se disponen las aguas, estas estructuras se clasifiquen como
terrazas de drenaje y terrazas de absorción. Las primeras tienen como función básica de
servir como canales de drenaje en las áreas de mayor precipitación. Las terrazas de
absorción cumplen la misión de una mayor conservación de las aguas en regiones sub
húmedas y semi áridas. Estas últimas se construyen en terrenos con pendientes moderadas,
sin gradiente, con sus extremos obstruidos y con sus canales de base muy ancha. Su objetivo
básico es permitir una máxima absorción del escurrimiento superficial de las aguas lluvias
(Beasley, 1972).
69
Figura 6.5. Sistema de terrazas de drenaje, de ancho uniforme.
• Suelos. Por el alto costo de estos sistemas, sólo se recomiendan en suelos de buena
productividad, generalmente de las subclases IIe y IIIe de capacidad de uso, que se utilizan
con rotaciones intensivas.
70
• Topografía. Se deben excluir de una ladera a terracear aquellos sectores que presentan un
relieve muy irregular, por resultar las terrazas de cursos sinuosos y de ancho muy variables,
condiciones que entorpecen las labores agrícolas.
El diseño de terrazas se inicia una vez que se cumplen las condiciones recién bosquejadas.
Las longitudes y gradientes de terrazas son influidas por condiciones del terreno que
incluyen la pendiente y textura del suelo, como se ven en el Cuadro 6.2.
El espaciamiento entre terrazas a adoptar, debe ser el máximo posible que no provoque la
formación de canalículos. El primer paso para establecer la separación de las terrazas es
determinar la pendiente promedia del sector que recorrerán. El intervalo vertical se puede
obtener aplicando la ecuación empírica de Ramser (Blakely et al., 1957; Morgan, 2005):
Donde I.V. corresponde al intervalo vertical (m) entre terrazas; y S es la pendiente (%) del
terreno. Para una pendiente de 7% el I.V. es de 1.3 m. El valor del espaciamiento horizontal
se obtiene de la siguiente relación:
E.H. = I.V./(S/100)
Para un valor de I.V. de 1.3 m entre dos terrazas, en una ladera de 7%, el valor de E.H. es de
18.6 m. En general, el E.H. puede tomarse como un valor variable de ±15%, de acuerdo
con el grado de susceptibilidad a la erosión que tenga un suelo.
71
La capacidad de los canales debe ser la necesaria como para conducir las aguas de un
escurrimiento máximo que puede ocurrir una vez cada 5 ó 10 años. La velocidad de flujo
no debe ser mayor de 0.45 m seg-1 en suelos muy erosionables y hasta 0.75 m seg-1 en suelos
menos susceptibles, aproximadamente. Las secciones del canal de las terrazas pueden variar
entre 0.3 a 0.9 m2, con taludes 5:1 (H:V), altura de agua de 20 a 30 cm, y revanchas de 10 a
15 cm, dependiendo de las características específicas de los suelos.
Mientras se ignoró la verdadera causa del proceso de erosión hídrica (el impacto de gotas de
lluvia sobre el suelo no protegido) se consideraba que las terrazas eran el más efectivo
sistema de control. Una mejor comprensión de la causa real de este fenómeno dio como
resultado la adopción de nuevas técnicas de control, muy especialmente las consideradas
bajo el nombre de “labranza de conservación” y más recientemente la cero labranza, lo que
significó un enfoque esencialmente agronómico en la solución de este problema, que en el
fondo es mucho más efectivo para conservar y mejorar el suelo que control mecánico de
erosión en general, y terrazas específicamente. Los nuevos procedimientos de control de
erosión, aún cuando puedan requerir de un buen aporte de asistencia técnica, no exigen la
intensa participación de personal especializado que demanda la instalación de un sistema de
terrazas.
6.5. Colectores
En lo posible se debe seleccionar vías naturales de drenaje como colectores. Estas áreas, si
no se encuentran muy erosionados, poseen suelos más profundos con una mejor capacidad
para conservar humedad, y gradientes más bajas y más fáciles de atravesar con maquinarias.
Estas condiciones favorecen el desarrollo de coberturas más densas y crecimiento más
vigoroso de las plantas, características que contribuyen a una mayor estabilidad del colector.
72
las operaciones de cultivo. En algunos cauces naturales no es necesario efectuar
movimiento de tierra para mejorar las secciones, y la cobertura natural puede ser
suficientemente densa como para no requerir su reemplazo. Es recomendable disponer de
taludes 4:1 (H:V) o más, para facilitar el trabajo de siega y su cruce por maquinarias. En
vías naturales se prefieren las secciones parabólicas.
Pasto Bermuda
Excelente 1.80 1.50 1.20 2.20 1.80 1.50
Con estos antecedentes se ingresa al Cuadro 6.4, que entrega valores de “T” y “D” para las
condiciones dadas, con lo que se obtiene 7.62 m para “T” y 0.18 m para “D”. Incluyendo el
margen de seguridad se obtiene 8.82 m para “T” y 0.33 m para “D”.
73
Cuadro 6.4. Dimensiones para colectores parabólicos con cobertura de gramíneas (Beasley,
1972).
Pendiente 4 4 4 5 5 5 6 6 6
%
Velocidad 0.90 1.20 1.50 0.90 1.20 1.50 0.90 1.20 1.50
m seg-1
Gasto Profundidad “D” (m*)
m3 seg-1 0.12 0.18 0.24 0.12 0.15 0.21 0.09 0.15 0.18
Longitud Superior “T” (m*)
0.849 11.89 5.79 3.35 13.71 7.01 3.96 16.15 7.92 4.57
0.991 13.72 6.70 3.96 15.85 8.23 4.57 18.90 9.14 5.18
1.133 15.54 7.62 4.57 18.29 9.45 5.18 21.64 10.67 5.78
1.274 17.68 8.53 4.88 20.73 10.67 5.48 24.38 11.89 6.70
1.416 19.81 9.45 5.49 23.16 11.89 6.70 27.13 13.10 7.62
1.699 23.77 11.28 6.70 28.04 14.02 8.23 32.61 15.85 9.14
1.982 27.74 13.41 7.62 32.92 16.15 9.45 38.40 18.29 10.67
*Al valor “D” se debe agregar 0.15 m, y al valor “T” agregar 1.20 m.
• Construcción de colectores
En colectores pequeños se puede emplear los medios del predio, arando a lo largo de los
costados del cauce y rellenando los sectores que lo requieren. Estas operaciones se
combinan con un rastrón de madera. Para un movimiento de suelo de mayor importancia,
se recurre a equipos más pesados como tractores oruga con buldózer y motoniveladora. Si
el desagüe a utilizar mantiene un flujo permanente durante la estación estival, debe
protegerse adicionalmente con algunas estructuras, ya que no bastará con la presencia de
una cubierta de pasto.
No se debe utilizar el colector como un área para maniobras de los equipos del predio y,
menos aún, como camino. También evitar su pastoreo estando el terreno muy saturado
después de una lluvia. Las malezas deben controlarse por lo menos una vez al año
empleando una segadora, y hacer aplicaciones anuales de fertilizantes. Las pequeñas fallas
que se produzcan deben corregirse rápidamente mediante pastelones con césped.
74
6.6. Zanjas de desviación
Si un sector de una ladera donde se establecerán obras de valor como terrazas de drenaje se
escurren aguas de áreas ubicadas a mayor altura que no constituyen parte del sistema,
deberán interceptarse mediante una zanja o terraza de desviación con el propósito de
conducirlas a otro sector. Para diseñarla se requiere una adecuada estimación del
escurrimiento superficial a interceptar, lo que es posible efectuar mediante el procedimiento
indicado en el capítulo de estimación escurrimiento superficial. Para este tipo de estructura
se adopta una frecuencia de 10 años, y para la sección un talud mínima de 4:1 (H:V) para
facilitar la siega de la vegetación de protección y el cruce por maquinarias cuando el cauce se
encuentre seco.
Las zanjas de desviación deben conectarse finalmente con el colector o desagüe bien
protegido, para sacar las aguas de la ladera. El modo de construcción puede ser similar al
empleado para las terrazas de drenaje, pero adoptando una rigurosa verificación de la
gradiente del canal de la zanja y capacidad de la sección en toda su longitud. Es
recomendable establecer una faja de pasto en el margen superior de la zanja en toda su
longitud.
Se puede calcular por el método de Cook, el escurrimiento máximo desde los terrenos que
contribuirán agua a la zanja, y la velocidad de flujo en la zanja con la ecuación de Manning:
V = R2/3 S1/2
Los cercos vivos son hileras de plantas perennes (pastos, arbustos o árboles) establecidas en
laderas, siguiendo las curvas de nivel, en intervalos apropiados para controlar el
escurrimiento superficial, pero con espacio suficientemente ancho entre las hileras para
permitir cultivos o praderas. Ésta técnica promueve el uso de cultivo en contorno entre las
hileras permanentes, y puede ser usada para estabilizar cárcavas o proteger zanjas de
desviación etc. Los cercos vivos son eficaces para atrapar partículas de suelo erosionado de
la ladera, que van acumulándose con tiempo en las barreras vegetativas para formar
eventualmente “terrazas naturales”. Se puede calcular la distancia entre las hileras de
75
acuerdo con la pendiente, usando las ecuaciones para determinar la separación de terrazas
(sección 6.4.2) en este capítulo.
Para que las barreras tengan un buen control de escurrimiento superficial, es muy
importante seleccionar especies adecuadas. Mundialmente, la más conocido es vetiver
(Vetiveria zizanioides) que es una planta perenne de la familia de las gramíneas, nativa de
India; pero en Chile central y sur se prefiere usar la gramínea forrajera falaris (Phalaris
aquatica), que es mejor adaptada a las condiciones agro climáticas de la región. Cercos vivos
también pueden incluir, tagasaste (Chamaecyytisus proliferus), que es un arbusto leguminoso
forrajero; y árboles como pino (Pinus radiata) y eucalipto (Eucaliptus globulus), entre otros
(Carrasco y Riquelme, 2003). La combinación de cultivos o praderas entre hileras de
árboles se denomina como prácticas agroforestales o silvopastorales, respectivamente.
76
7. Predicción de Erosión Hídrica del Suelo
7.1. Introducción
Desde los albores de la investigación en control de erosión, surgió el interés por desarrollar
procedimientos para cuantificar el efecto de todos los factores reconocidos que influyen en el
fenómeno. Las investigaciones realizadas en EEUU hasta los primeros años de la década
del 50’, habían generado una inmensa cantidad de informaciones acerca de las variables que
actúan en el proceso y de las técnicas desarrolladas para su control. Sus beneficios sólo se
lograrán cuando se tradujeren en recomendaciones prácticas y eficientes para aplicarlas
masivamente en los predios afectados.
El técnico responsable de planear el mejor uso y manejo de los recursos de un predio, debe
considerar las alternativas más apropiadas para cada sector del mismo. Para facilitar este
tipo de decisión, se desarrolló el modelo matemático que predice las pérdidas por erosión
para cualquier combinación específica de suelo, relieve, clima, cultivos y prácticas de
manejo. El modelo puede calcular las pérdidas de suelo como un promedio anual de una
rotación o para determinados periodos de un cultivo anual (Wischmeier y Smith, 1978).
A=RKLSCP
En que:
“A” es la cantidad de pérdida de suelo por unidad de área, expresada en las unidades
seleccionadas para K y por el periodo establecido para R. Generalmente se expresa en ton
ha-1 año-1.
77
“R” es el factor de lluvias y escurrimiento superficial expresado como unidades de Índice de
Erosión (I.E.). Refleja el potencial erosivo de las lluvias.
“K” es el factor de erodabilidad del suelo y se define como la pérdida en ton ha-1 año-1 por
unidad de I.E., medida en una parcela de 22.13 m de longitud, con pendiente uniforme de
9%, bajo condiciones de barbecho continuo.
“S” corresponde al factor pendiente que expresa la relación esperada de pérdida de suelo
entre un terreno con pendiente determinada cualquiera y la de una ladera con 9%, bajo
idénticas condiciones de uso y manejo.
“C” es el factor de cobertura y manejo del cultivo. Se define como la relación esperada de
pérdida de suelo entre un terreno con un cultivo cualquiera, bajo condiciones específicas de
manejo y una parcela de idéntica superficie pero en barbecho desnudo.
En investigaciones previas, se encontraron dos parámetros de las lluvias que dieron una
aceptable correlación con la erosión de un suelo en barbecho desnudo: el producto de la
energía cinética total de la lluvia, por la cantidad de agua caída durante 30 minutos
continuados de máxima intensidad (mm). Este producto se denomina el Índice de Erosión
(I.E.) (Wischmeier y Smith, 1978).
78
Y = 0.119 + 0.0873LogX
Donde:
Esta ecuación para unidades internacionales corresponde a la corregida por Foster et al.,
(1981) y se basa en informaciones de la distribución del tamaño de las gotas de lluvia y sus
velocidades terminales. El cálculo de I.E. se base en pluviogramas analizando cada lluvia en
forma individual. Mientras mayor es el número de años de registro, mejor será la precisión
de las predicciones que hace la ecuación. El cálculo se realiza de acuerdo al siguiente
procedimiento:
• Con la suma de los productos del punto anterior, se obtiene el valor de la energía cinética
total de la lluvia (E).
• El producto I.E. representa el potencial erosivo de la lluvia del ejemplo. La suma del
potencial erosivo de todas las lluvias del año corresponde al valor del factor R de la
Ecuación Universal. En el cuadro 7.1 se muestra un ejemplo del cálculo del I.E. de una
lluvia (Brito y Peña, 1980).
Cuadro 7.1. Calculo del Índice de Erosión (I.E.) de una lluvia en un pluviógrafo.
Hora Minutos mm mm/hr Y E
(h) (X) (Y x h)
19:00–19:30 30 10.5 21.0 0.234 2.457
19:30–20:00 30 1.4 2.8 0.158 0.221
20:00–20:30 30 1.0 2.0 0.145 0.145
E.C. Total: 2.823
79
I.E. = 21.0 x 2.823 = 59.2
Cuadro 7.2. Factores de erosividad de la lluvia estimados para varios sectores de la VIII Región
de Chile.
Sector: R
Los valores de 22.13 m y 9% de pendiente tienen una connotación histórica, por ser los
valores promedios de las parcelas utilizadas en investigaciones de suelos. Las condiciones
definidas eliminan el efecto de cobertura y manejo.
80
7.4.1. Ecuación empírica para determinar K
La medición directa de K es de alto costo y engorrosa, y sólo se justifica para los suelos de
mayor importancia. Desde 1961 se han realizado numerosos trabajos experimentales
mediante parcelas de escurrimiento y simulación de lluvia, los que se han correlacionado
con análisis de las características físicas y químicas de los suelos estudiados. Esto ha
permitido obtener ecuaciones empíricas para determinar K.
K = 2.77M1.14(10–7)(12–a)+(4.28(10–3)(b–2)+(3.29(10–3)(c–3)
Donde:
“M” es el parámetro del tamaño de partículas del horizonte superficial, que es igual al
producto de la suma de los porcentajes de limo más arena muy fina, por la cantidad de 100
menos el porcentaje de arcilla.
Con la aplicación de esta fórmula se obtuvieron los siguientes valores de K para los suelos
que se indican en la VIII Región:
Cuadro 7.3. Factores de erodabilidad de suelos para algunas series de la VIII Región de Chile.
Serie de Suelo Taxonomía1 K
81
Santa Bárbara Medial, amorphic, mesic Typic Haploxerands 0.0128
(Stolpe, 2006)
1
Se define L como una distancia desde el punto en que se inicia el escurrimiento, hasta aquel
en que la pendiente disminuye lo suficiente como para que se produzca deposición de
material, o aquel punto en que el escurrimiento entra a un canal bien definido, que puede ser
parte del sistema natural de drenaje, o un canal construido por el hombre (Wischmeier y
Smith, 1978).
Los datos para calcular LS se derivaron de experiencia de terreno, lo que permitió obtener
en ecuación parabólica, que fijó los datos experimentales en la siguiente forma:
Donde:
Al aplicar la ecuación a un campo con varios valores de pendiente, se considera como “s” la
pendiente del sector con más riesgo para erosionarse.
82
El factor C mide el efecto combinado de la cobertura y el manejo. La erosión potencial que
ocurre en un terreno dado, mantenido en barbecho desnudo continuo, se computa por el
producto de los factores R, K, L y S. El mismo terreno con un cultivo experimentará menos
erosión. La magnitud de la disminución dependerá de la combinación de la cobertura,
secuencia de los cultivos, prácticas de manejo agronómico y características de la superficie
del suelo.
• Periodo 4 (rastrojo): desde la cosecha hasta el inicio de la nueva preparación del suelo.
83
Generalmente, se entrega C como un valor promedio anual para una particular combinación
de cultivos en una rotación, tipo de manejo y patrón de distribución de lluvias. El factor R
de la ecuación no describe el efecto de la forma en que se encuentra distribuido el potencial
erosivo de las lluvias, entre los periodos de cada cultivo. Para derivar valores de C en una
localidad dada, se deben combinar las relaciones de pérdidas de suelo en los periodos
individuales de cada cultivo de la rotación, con los datos de distribución anual de índices de
erosión.
Cuadro 7.4. Relaciones de pérdidas de suelo para cereales y raps con los valores correspondientes
en barbecho continuo, para cuatro periodos de cultivos, en la Precordillera de la VIII Región.
Cultivos y manejos Relación de pérdida de suelo
para periodos de los cultivos
CS 1 2 3
Cereal después de cereal o raps, labranza convencional
y quema de rastrojo 0.87 0.36 0.20 0.10
Cereal después de cereal o raps, labranza convencional, 0.41 0.20 0.18 0.10
rastrojo enterrado, altas dosis de fertilizante y semillas
Cereal con 1 ton ha-1 rastrojo superficial 0.16 0.13 0.03 0.01
Cereal con 2 ton ha-1 rastrojo superficial 0.06 0.06 0.01 0.01
Raps después de cereal, labranza convencional y quema 0.31 0.68 0.02 0.02
de rastrojo
Raps después de cereal, labranza convencional, rastrojo 0.20 0.58 0.02 0.01
enterrado dejando 250 kg ha-1 en la superficie
Para ajustar los valores de C, se consideran los datos de distribución anual del Índice de
Erosión (I.E.) en la localidad correspondiente, multiplicando el I.E por la relación de
pérdida de suelo para cada periodo del cultivo. El C ajustado es la suma de los productos
para cada periodo del cultivo. Como un ejemplo, se proporciona en el Cuadro 7.5 la
distribución anual en porcentajes del I.E. para el sector de Pinto.
84
Cuadro 7.5. Porcentaje mensual de distribución de Índice de Erosión (I.E.) en el sector de
Precordillera de la VIII Región (Pinto), como promedio de tres años (Peña, 1983).
Mes % I.E. Mes % I.E. Mes % I.E.
Enero 0.64 Mayo 16.66 Septiembre 6.31
Febrero 6.33 Junio 8.53 Octubre 1.25
Marzo 0.98 Julio 28.32 Noviembre 10.98
Abril 8.91 Agosto 7.53 Diciembre 3.73
En el Cuadro 7.6 se dan valores ajustados de C para facilitar el uso de la ecuación. Como
las variaciones de distribución de lluvias en la VIII Región no son tan drásticas, es posible
hacer extensiva a todo ella, los porcentajes de distribución mensual de los I.E. encontrados
como promedio de tres años en Pinto. Toda la información presentada en Cuadro 7.6 sólo
tiene un carácter preliminar, tanto por la reducida cantidad de parcelas y equipos
disponibles, como por el corto número de años que se consideraron.
Cuadro 7.6. Valores de C ajustados para la Precordillera de la VIII Región de Chile (Peña,
1985).
N° Cultivos y manejos C
1 CEREAL después de cereal o raps. Labranza convencional y quema de residuos. 0.330
2 CEREAL después de pradera muy rala. Labranza convencional 0.290
3 CEREAL después de cereal o raps. Se entierra residuos y labranza convencional 0.270
4 CEREAL después de pradera. Se entierra residuos y labranza convencional 0.230
5 CEREAL después de cereal o raps. Se entierra parcialmente residuos, dejando 0.4 ton ha -1 0.200
en la superficie. Labranza convencional.
6 CEREAL después de cereal o raps. Se entierra parcialmente residuos, dejando 0.4 ton ha -1 0.170
en la superficie. Alta fertilización y dosis de semilla
7 CEREAL con manejo rastrojos, dejando 0.8 ton ha-1 sobre la superficie 0.090
8 CEREAL con manejo rastrojos, dejando 1.6 ton ha-1 sobre la superficie 0.045
9 CEREAL, siembra directa a través de los residuos (cero labranza) 0.014
10 RAPS/LENTEJAS después de cereal. Labranza convencional y quema de residuos 0.360
11 RAPS/LENTEJAS después de pradera muy rala. Labranza convencional 0.310
12 RAPS/LENTEJAS después de cereal. Se entierra residuos y labranza convencional 0.290
13 RAPS/LENTEJAS después de pradera. Se entierra residuos y labranza convencional con 0.240
alta fertilización
14 RAPS/LENTEJAS después de cereal. Labranza que deja 0.4 ton ha-1 residuo en la 0.220
superficie
15 RAPS/LENTEJAS después de cereal. Labranza que deja 0.4 ton ha-1 residuo en la 0.180
superficie con alta fertilización y dosis semillas
16 RAPS/LENTEJAS con manejo rastrojos que deja 0.8 ton ha-1 en la superficie 0.083
17 RAPS/LENTEJAS con manejo rastrojos. 1.6 ton ha-1 de residuos en la superficie 0.048
18 RAPS/LENTEJAS siembra directa (cero labranza) 0.015
19 PRADERA NATURAL en regulares condiciones (2–4 ton ha-1 materia seca) 0.015*
20 PRADERA NATURAL en buenas condiciones (4–6 ton ha-1 materia seca) 0.010*
21 PRADERA ESTABLECIDA MIXTA, condición regular (4–6 ton ha-1 materia seca) 0.006*
22 PRADERA ESTABLECIDA MIXTA, condición buena (6–11 ton ha-1 materia seca) 0.004*
23 VIÑEDO, manejo tradicional, el suelo entre hileras sin vegetación 0.08*
24 ARBUSTOS, 50–75% cobertura, con gramíneas entre arbustos 0.003*
25 ARBUSTOS, 50–75% cobertura, con vegetación de hoja ancha entre arbustos 0.011*
26 BOSQUE Ó PLANTACIÓN FORESTAL, 20–40% cobertura 0.006*
27 BOSQUE Ó PLANTACIÓN FORESTAL, 45–70% cobertura 0.003*
85
28 BOSQUE O PLANTACIÓN FORESTAL, 75–100% cobertura 0.0005*
*Valores estimados (Wischmeier y Smith, 1978).
• Cultivo en contorno
86
Cuadro 7.7. Valores del factor P para cultivo en contorno en diferentes pendientes, con la
longitud máxima permisible de terrenos cultivados (Wischmeier y Smith, 1978).
• Cultivo en fajas
Cuadro 7.8. Valores del factor P para cultivo en fajas en diferentes pendientes, con la longitud
máxima permisible de cada faja (Wischmeier y Smith, 1978).
Valores de P
Pendiente A B C Ancho Longitud Máxima
de Fajas de Fajas
% m m
3–5 0.25 0.38 0.50 30 180
6–8 0.25 0.38 0.50 30 120
9–12 0.30 0.45 0.60 24 72
13–16 0.35 0.52 0.70 24 48
17–20 0.40 0.60 0.80 18 36
A: Rotaciones de 4 años (2 años pradera, cultivo escardado, cereal).
B: Rotaciones de 4 años (pradera, 2 años cultivo escardado, cereal).
C. Para fajas alternadas de cultivo escardado y cereal.
• Sistemas de terrazas
El efecto de terrazas es mucho mayor que el que indica el Cuadro 7.9 para valores de P. La
disminución de la longitud de la ladera (la distancia entre terrazas) significa una apreciable
reducción de la erosión, ya que se modifica el factor LS de la ecuación.
87
Cuadro 7.9. Valores de P para terrazas cultivadas en contorno (Wischmeier y Smith, 1978).
Valores de P
Manejo del Cultivo 1
Para computar sedimentos en hoyas
Pendiente hidrográficas
Cultivo en Cultivo en Terrazas con Terrazas con
Contorno Fajas en colectores con colectores de tuberías
% en Terrazas Terrazas pasto enterradas
3–8 0.5 0.25 0.10 0.05
9–12 0.6 0.30 0.12 0.05
13–16 0.7 0.35 0.14 0.05
17–20 0.8 0.40 0.16 0.06
21–25 0.9 0.45 0.18 0.06
1
Valores de P para calcular la erosión de suelo entre terrazas.
T = RKLSCP CP = T/(RKLS)
Substituyendo los valores locales fijos y resolviendo para CP, se obtiene el máximo valor
que se puede aceptar para las condiciones del predio. Si no se adopta una práctica
complementaria, P asume un valor de 1 y se debe buscar un sistema de cultivos y manejo
agronómico cuyo valor C equivalga T/(RKLS). Si se incorpora posteriormente una práctica
complementaria, el valor C obtenido se multiplica por el factor P de dicha práctica.
Debe tenerse presente que la ecuación estima valores promedios de erosión anual. Es muy
probable que se den lluvias de muy alta intensidad en algún año, que ocasionen pérdidas de
suelo superiores a las cifras promedias que predice la ecuación. Las pérdidas de suelo
calculadas para una rotación correspondan al promedio anual del ciclo de cada rotación.
Las pérdidas de suelo que experimenta un terreno durante los años de cultivos, se diluyen
durante los años de pradera natural o establecida (Wischmeier y Smith, 1978).
88
geológica” está siempre presente por la interacción de aguas lluvias, pendientes de suelos y
la fuerza de gravedad. Sistemas agrícolas tradicionales promueven mayor “erosión
acelerada”, que es menor en sistemas de labranza de conservación y mucho menor en cero
labranza. A raíz de lo anterior, surgió el concepto de la “tolerancia de erosión” que se
entiende como la máxima cantidad de erosión anual que puede ocurrir, sin que se afecte un
alto nivel de productividad, sobre una base económica y sostenida.
Los valores de tolerancia (T) para una localidad dada se pueden modificar considerando la
profundidad del suelo, sus propiedades físicas, reducciones del contenido de materia
orgánica, magnitud de la erosión pasada, susceptibilidad a la erosión, valores de pendiente,
reducción de productividad etc. El objetivo de determinar un valor de tolerancia siempre
debe ser mantener y mejorar el suelo como la base de producción sustentable. Para el efecto
de aplicar la ecuación a algunos suelos de la VIII Región, se sugieren los valores de T que
aparecen en el Cuadro 7.10.
89
7.7.2. Ejemplo del uso de la ecuación de predicción de erosión
Factores:
K = 0.024 L = 120 m S = 10%
R = 2650 LS = √ƒ(0.0138 + (0.0096 x 10) + (0.00138 x 10 2)) = 2.71
• Erosión actual:
A = RKLSCP = 172.4 x 0.17 x 1 = 29.3 ton ha-1 año-1
El valor del promedio anual de pérdidas de suelo de la rotación, 29 ton ha-1 año-1, resulta
muy superior a la tolerancia estimada (3–4 ton ha-1 año-1) para un suelo Cauquenes con las
características asumidas para este ejercicio.
1. Se realiza cultivo en fajas (P = 0.6), no se queman los residuos, manteniendo 0.4 ton ha -1
sobre la superficie del terreno y aplicando cantidades correctas de fertilizantes. Se
seleccionan nuevos valores de C del Cuadro 7.6 para los mismos cultivos y pradera
(condición buena), con lo que se obtiene un valor promedio de C de 0.0925:
Calculo de C de la rotación:
90
Aplicando la ecuación con el valor de erosión potencial de 172.4 ton ha-1 año-1 y un valor de
P de 0.6:
A = 172.4 x 0.0925 x 0.6 = 9.6 ton ha-1 año-1, que es mayor que T.
Con ésta alternativa, el nuevo promedio anual de erosión, aunque se disminuyó, sigue
superior a la tolerancia de 3–4 ton ha-1 año-1, para el suelo Cauquenes con 10% pendiente.
2. Se utiliza cero labranza, seleccionando nuevos valores de C del Cuadro 7.6 para los
mismos cultivos, con lo que se obtiene un valor promedio de C de 0.012:
Calculo de C de la rotación:
Aplicando la ecuación con el valor de erosión potencial de 172.4 ton ha-1 año-1 y un valor de
P de 1 (labranza en el sentido de la pendiente):
De acuerdo con este ejemplo es posible concluir que cero labranza sería un buen manejo
para las condiciones especificadas. Adicionalmente, se puede considerar tener menos años
de pradera en la rotación para aumentar la intensidad de uso, siempre y cuando la erosión es
menor que la tolerancia (T). Este ejercicio muestra claramente los beneficios de cero
labranza para conservar el suelo.
Finalmente, se puede resumir que el modelo USLE sirve para predecir las pérdidas de suelo
producidas por erosión de impacto y flujo precanalizado y canalículos (no de cárcavas). Los
valores de R son promedios anuales, y habrá años con más o menos lluvia (afectando así su
erosividad). El modelo da mejores resultados con suelos de texturas medias, longitudes de
ladera < 120 m, pendientes entre 3–18% y cultivos y manejo probados (Wischmeier y Smith,
1978).
91
8. Control de Cárcavas
8.1. Introducción
Las cárcavas corresponden a la forma más espectacular y el estado más avanzado de erosión
hídrica, y son una consecuencia del mal uso que se hace del suelo. El cultivo inapropiado,
los incendios que destruyen las coberturas vegetales y el pastoreo excesivo, exponen el suelo
a la acción de las lluvias. Cárcavas constituyen una importante fuente de sedimentos que se
depositan al pie de las laderas que se erosionen, así como en los cauces de esteros y ríos. Sin
embargo, si se considera el daño que experimentará un terreno, este tipo de erosión no tiene
la gravedad del efecto ocasionado por las gotas de lluvia en la erosión de impacto y flujo
precanalizado que actúa sobre toda la superficie de una ladera.
92
Figura 8.1. Suelos severamente erosionados de la Cordillera de la Costa, con surcos en
contorno para el establecimiento de árboles (fotografía: N.B. Stolpe).
Cuadro 8.1. Clasificación de cárcavas basándose en la altura del salto en la cabecera, ó el área de
drenaje alrededor de la cárcava.
Tamaño de Cárcava Salto en la Cabecera Área de Drenaje
m hectáreas
Pequeña <1 <2
Mediana 1–3 2–10
Grande >3 > 10
El efecto abrasivo contra las paredes de los cauces se ve reforzado por la mayor cantidad de
partículas en el flujo, producto del incremento de la erosión en las áreas tributarias. La parte
más activa de erosión en la cárcava se produce en la cabecera, que avanza gradualmente
hacia la parte más alta del terreno. La cascada que se forma durante las lluvias, salpica
aguas en la base de la pared del salto (Figura 8.2). Por rebote se originan chorros de agua
que refuerzan la acción anterior. La socavación progresa hasta poner en peligro la sección
que descansa sobre esta base, provocando finalmente su colapso. Cada invierno se reinicia
el proceso, con avances anuales de la cabecera de unos 5–15 m por año. El canal de la
cárcava también puede experimentar profundizaciones del cauce y derrumbes en los taludes.
93
Figura 8.2. Erosión en la cabecera de una cárcava y su avance hacia la divisoria de la
ladera.
Su avance hacia la divisoria del campo puede interceptar otras vías de drenaje, produciendo
ramificaciones y creando una intrincada red de cárcavas en todo el área (USDA, 1939). La
rapidez de desarrollo de la cárcava depende del tipo de suelo, altura del salto, el tamaño del
área de drenaje y uso del suelo. Al alcanzar la divisoria de la ladera, se excluye una fuente
muy activa de energía del agua al disminuir el tamaño del área. Sin embargo, la energía del
caudal que cae aún puede causar problemas.
La ausencia de cárcavas en una ladera no es garantía que no existe erosión hídrica. Puede
estar en desarrollo una activa erosión de impacto y flujo precanalizado (erosión de manto),
el que tarde o temprano iniciará la formación de cárcavas. Como ésta es la relación de causa
e efecto del fenómeno que se analiza, la corrección de zanjas debe orientarse al control de la
causa que general el problema, es decir, la prevención de erosión de manto y canalículos en
el sector. De modo que el curso más correcto de acción será reordenar el uso y manejo de
los suelos del predio. Este paso implica el retiro de cultivos de todos los terrenos clasificados
como VIe y VIIe de capacidad de uso. Mantener los suelos de clase VIe bajo praderas
permanentes con pastoreo moderado, destinar los suelos de clase VIIe a forestación, cambiar
94
el apotreramiento del campo y trazado de caminos donde sea necesario, y aplicar técnicas de
control de erosión en los suelos de clases IIe, IIIe y IVe (USDA, 1939).
Laderas con erosión de manto muy severa, con presencia de zanjas muy profundas y
numerosas, la mayoría de las cuales han alcanzado las divisorias, se deben forestar. Suelos
con estas características Corresponden a clase VIIe de capacidad de uso.
95
8.5.2. Planificación del control de cárcavas
Las medidas de control a adoptar en una colina que muestra varias zanjas avanzando hacia
la parte más alta, comprenden el buen uso y manejo de la vertiente tributaria, la intercepción
de las aguas que ingresan a las cabeceras de las cárcavas y medidas que se apliquen en las
cárcavas mismas para lograr su estabilización.
Si sólo se controlara la erosión en la vertiente tributaria, se corre el riesgo de que las zanjas
continúen avanzando, a pesar de que el gasto de agua que ingresa en las cabeceras se haya
reducido. El manejo conservacionista del área de la ladera mejora algunas características
físicas del suelo, aumentando la velocidad de infiltración y disminuyendo el volumen de
agua que escurre sobre el terreno. Un efecto inmediato de estas medidas, es que se reduce la
magnitud del tratamiento de las zanjas mismas.
Para el mejor uso y manejo de los cultivos en un sector a proteger, se puede recurrir a
algunas de las prácticas agronómicas y complementarias analizadas previamente en este
libro.
Es muy difícil eliminar totalmente el escurrimiento desde una vertiente tributaria, por
eficaces que resulten las medidas que se hayan adoptado. Por ello, es necesario interceptar
la parte del flujo no contenido, antes que se precipite sobre el salto de las cárcavas, objetivo
que se cumple con la construcción de una terraza o zanja de desviación. Este tipo de
estructura sólo se puede abordar si existe un apropiado colector donde vaciar las aguas. Si
se corre un alto riesgo de no proteger adecuadamente el colector de la terraza de desviación,
esta medida debe desecharse. No es ninguna solución dejar con protección la cabecera de la
cárcava y trasladar el problema al colector de la terraza de desviación (Francis, 1957).
La terraza de desviación no debe pasar una distancia menor de tres veces la altura del salto.
Se recomienda establecer una franja de pasto de 10 a 15 m de ancho a lo largo del borde
superior de la estructura de intercepción del flujo (Figura 8.3), que actúa como un filtro de
sedimentos.
Las terrazas de desviación se diseñan para servir gastos ocasionados por un escurrimiento
máximo que puede ocurrir una vez cada 10 años. Si el área de drenaje es menor de 2.5 ha,
es suficiente una sección hidráulica de 0.68 m2, y si fluctúa entre 2.5 a 4.0 ha, debe
disponerse de una sección de 1.08 m2. Para superficies superiores a la indicada, se debe
calcular el escurrimiento máximo de acuerdo al procedimiento indicado en el capítulo de
escurrimiento superficial. Obteniendo este valor se puede utilizar la ecuación Manning para
calcular las dimensiones del canal en la terraza de desviación (Troeh et al., 1980).
96
Figura 8.3. Ubicación de una terraza de desviación que intercepta el flujo desde el área
tributaria y lo conduce hacia un colector debidamente diseñado y protegido.
El procedimiento más sencillo y económico para proteger una cárcava, es facilitar una
revegetación natural. Esta medida es posible en áreas con adecuada distribución y cantidad
de lluvias, ya que en zonas semiáridas o subhúmedas, la formación de una densa cubierta de
vegetación es muy lenta. Este simple procedimiento se favorece construyendo un cerco
apropiado alrededor de la cárcava, que permite excluir por varios años el ingreso de
animales. En lo posible se debe complementar esta acción mediante una terraza de
desviación y, muy especialmente, con el uso correcto de los terrenos en el área tributaria, lo
que reduce el ingreso de agua a las cabeceras de las cárcavas. Este procedimiento que es tan
sencillo muchas veces se ignora, recorriéndose a medidas de mayor costo y complejidad.
Para un establecimiento más rápido de cubiertas vegetales en el área de las cárcavas, se debe
plantar árboles o establecer una cubierta de pastos. El tipo de cobertura depende del uso
futuro que se dará a la zanja una vez establecida la vegetación (área recreacional, vida
97
silvestre, colector etc.). Cualquiera que sea el uso a que se destine, debe considerarse la
condición primordial de mantención de la estabilidad de la cárcava. Si se proyectan como
colector, la cubierta a establecer debe ser pasto, ya que conduce con menor riesgo el agua.
La estabilización con aromos no se recomienda si la zanja se va a utilizar como un colector,
salvo que la vertiente que sirve sea muy pequeña.
Las áreas muy severamente erosionadas, se deben mantener permanentemente con una
cubierta forestal (USDA, 1939). Los árboles de la zanja producen leña, madera, postes etc.
Los arbustos favorecen la vida silvestre.
Se debe seleccionar especies nativas que presentan un crecimiento agresivo, debido a las
duras exigencias que impone un suelo muy deteriorado. Han demostrado un buen
comportamiento el aromo (Acacia dealbata), robinia (Robinia psuedo acacia) y pino insigne
(Pinus radiata). Las semillas de robinia inoculadas se desarrollan muy bien. Los árboles se
ubican a distancias de 2 m y los arbustos a 0.9 m. Los árboles se plantan al borde de la
cárcava y en el fondo, pero no en los taludes.
Si no logra evitar que parte del caudal continúe circulando por el canal de la cárcava, se
deben construir barreras temporales para reducir la velocidad del flujo y favorecer la
acumulación de sedimentos más finos, y un ambiente más propicio para el establecimiento
de vegetación.
En zanjas pequeñas y medianas se puede justificar suavizar los taludes (1.5 :1; H:V),
utilizando implementos manuales, arados o equipos pesados si la magnitud del trabajo lo
exige. El talud debe dejarse con asperezas para facilitar la siembra de semillas de robinia.
Estas deben tratarse durante 6 minutos con agua caliente. Se siembran luego
convenientemente inoculadas, cubriendo con una delgada capa de suelo. Las robinias, por
su rápido crecimiento, se establecen bien en taludes rebajados. En el fondo de la cárcava se
pueden plantar estaquillas de álamo o sauce.
98
En taludes suavizados de cárcavas pequeñas y medianas, se pueden sembrar lupino,
preparando pequeños plataformas o escalones. Una excelente fertilización es indispensable
para asegurar un buen desarrollo de la vegetación. Después de sembrar, se pueden cubrir las
semillas pasando un rastrillo liviano y terminando la labor con un rodillo compactador. Se
debe sembrar hasta las bermas del colector. Puede ser necesario cubrir el suelo con paja si la
gradiente del colector lo aconseja.
Figura 8.4. El perfil de un salto de una cárcava mostrando la forma apropiada de relleno, y
la cárcava (vista de planta) con taludes suavizados y pastelones de césped fijados con
estacas.
La instalación de barreras en el canal de las cárcavas, tiene por objeto disminuir la velocidad
del flujo cuando no es posible evitar que ingrese agua desde el área de drenaje. También
99
facilitan el establecimiento de vegetación o dan protección permanente en lugares que no
pueden estabilizarse de otro modo (USDA, 1939). Un conjunto de barreras en un canal
termina por modificar la gradiente, transformándola en un conjunto de caídas. El material
que retiene cada barrera facilita el establecimiento de vegetación.
Las barreras se construyen dejando en su parte central una escotadura con capacidad para
permitir el paso del caudal máximo estimado para 10 años. Con cualquier material que se
emplee, debe cuidarse que quede muy bien empotrado en los taludes y en el fondo del canal.
Con esta medida se evita que se produzcan filtraciones de agua en dichos sectores y se
proporciona una mayor estabilidad a la barrera. Aguas debajo de cada una de ellas, se
instala una plataforma o batiente para disipar la energía de salto y evitar la socavación que
provocaría el agua al caer en el terreno desnudo.
Figura 8.5. Barrera temporal para estabilizar una cárcava pequeña, construida de malla de
alambre y estacas; visto desde el frente (A), arriba (B) y del lado (C).
En el sector aguas arriba de la malla, que se ha fijado a estacas o postes, se coloca paja y
ramas finas que se cubren con suelo. Se facilita así la acumulación de sedimentos en esa
100
parte de la estructura. Antes de extender ramas en el batiente, se distribuye una capa de
material fino para asegurar un mejor contacto de las ramas con el suelo. Sobre las ramas se
instala un poste paralelo a la estructura y debidamente anclada con estacas, para evitar que
las ramas sean desplazadas por el salto de agua. Como todas las barreras de este tipo, se
reitera la necesidad de que los taludes en el sector en que se instalan, deben suavizarse
(1.5:1; H:V). La barrera debe quedar bien empotrada para evitar socavaciones laterales.
• Barrera de ramas
Las barreras de ramas entrelazadas a una corrida de postes, resultan sencillas de construir,
de bajo costo y son eficaces en zanjas pequeñas con áreas de drenaje menores de 2 ha. Se
debe cumplir con todas las especificaciones ya indicadas para estas estructuras. La sección
del herido se rellena con paja compactada y recubriendo con ramas. La parte superior de
todos los postes se une con alambre de 3 ó 4 mm. En zanjas medianas es preferible instalar
una doble hilera de postes a 0.8 m, resultando una estructura más sólida. Al medio de la
barrera se deja una escotadura suficientemente ancha para permitir el gasto de agua previsto.
Una vez instaladas las ramas se rellenan los huecos con paja, para facilitar la acumulación
de sedimentos.
Tienen un costo más alto, pero son de mayor duración. Se emplean en zanjas medianas en
vertientes de 2 a 4 ha.
• Barreras de troncos
• Barreras de tablas
Se utiliza madera creosotada o tratada con sulfato de cobre. El conjunto se arma y luego se
instala en la cárcava. A continuación se entierran las estacas y, por último, se abre la
escotadura que operará como vertedero.
101
Figura 8.6. Barrera de troncos para estabilizar una cárcava mediana, visto desde el frente
(A) y arriba (B).
102
9. Manejo de Praderas, Bosques y Sistemas Silvopastorales
9.1. Introducción
El primer paso, es considerar lo que es la capacidad de uso del suelo, que se determina
basada en el porcentaje de la pendiente, y otros factores limitantes que se describieron en el
capítulo de Clasificaciones Interpretativas de Suelos. Generalmente, los suelos planos, pero
con limitaciones importantes de profundidad, drenaje o inundaciones (clase Vsw) se usan
para praderas con pastoreo intensivo; suelos con pendientes entre 12 – 30% (clase VIe) se
consideran como suelos aptos para praderas con pastoreo moderado; y los suelos con
pendientes de 30 – 60% (clase VIIe) sirven para plantaciones forestales o bosques. La
vegetación y manejo del suelo tienen que coincidir con su capacidad de uso.
9.2. Praderas
103
tienen sistemas de riego para aumentar la producción de forraje. Praderas naturales tienen
manejo menos intensivo, generalmente con pastos, leguminosas y arbustos nativos para el
forraje.
Figura 9.1. Infiltración de aguas lluvias versus duración de la lluvia, en suelo con distintos
usos.
Es importante considerar los distintos sistemas de pastoreo que se utilicen en las praderas de
un predio, que incluyen el pastoreo continuo, pastoreo rotacional, y pastoreo deferido.
Pastoreo continuo significa que el ganado está en la misma pradera desde el comienzo hasta
el final de la temporada. Generalmente, éste sistema no es sustentable y sólo puede
funcionar con un bajo número de animales por hectárea (unidad animal o UA), porque
agricultores normalmente mantienen la UA relativamente constante por la temporada, a
pesar de que la producción de forraje cambia de acuerdo con la precipitación y temperatura
etc. Consecuentemente, las praderas estén subutilizadas durante la primavera cuando haya
buena producción de forraje, y sobre pastoreadas en el verano cuando haya menos
104
producción de forraje, resultando en la disminución de la productividad de la pradera, y
compactación ó erosión de los suelos (Troeh et al., 1980).
Pastoreo deferido significa que se demora el ingreso del ganado a una pradera hasta que el
pasto ha crecido suficientemente, o producido semillas, o el suelo se ha secado después de
un periodo de lluvia intensa. El pastoreo deferido funciona bien cuando se usa en conjunto
con pastoreo rotacional, donde cada año se designa un sub potrero para ser deferido en la
rotación para que se recupere a condiciones óptimas.
• Resembrar usando variedades mejoradas de pasto como Agropyron desertorum, que son
adaptadas al suelo y clima y resistentes a erosión.
105
• Demorar el pastoreo en la primavera hasta que haya buen crecimiento de los pastos y los
suelos se han secado suficientemente para evitar compactación por el pisoteo de los
animales.
• Considerar el pastoreo simultáneo de ganado con ovejas, en el caso que ovejas estén
presentes en el predio.
• Ajustar el número de animales por hectárea, de acuerdo con el crecimiento de forraje, las
condiciones de la pradera en la temporada, la precipitación etc.
• Pastorear la pradera hasta que los animales han consumido la mitad del forraje,
permitiendo después una buena regeneración de la pradera. Es decir, “tomar 50% y dejar
50%”.
• Usar pastoreo rotacional y pastoreo deferido (como previamente descrito) para aprovechar
mejor los recursos de forraje.
• Poner bloques de sal en los sectores no pastoreados, normalmente lejos de fuentes de agua,
para incentivar el ganado aprovechar mejor el forraje de toda la pradera.
• Despejar la pradera de arbustos para promover el crecimiento de los pastos. Sin embargo,
esto no se aplica a praderas de los espinales de Chile central, porque Acacia caven, un árbol
leguminosa, promueve una buena producción de forraje debido a una mejor fertilidad de
suelos en su alrededor. Generalmente, mayor cobertura de Acacia caven promueve mayor
fertilidad de los suelos y menor pérdida de nutrientes del ecosistema (Martínez et al., 2010).
106
Para el establecimiento de plantaciones forestales sobre terrenos erosionados, se ha utilizado
el subsolado en camellones, en contorno, que ayudan retener parte de las aguas lluvias y
facilitan la penetración de raíces de los árboles por el subsuelo arcilloso que, a menudo, está
en la superficie del suelo (Carrasco y Riquelme, 2003). Los árboles se establecen sobre los
camellones, donde se ha aplicado previamente una dosis parcializada de fertilizantes.
Bosques, y plantaciones forestales con buen manejo, proveen una excelente protección a los
suelos contra la erosión de impacto y flujo precanalizado, con menor escurrimiento
superficial y mayor infiltración de las aguas lluvias al suelo. Consecuentemente, hoyas
hidrográficas con una buena cobertura de árboles generalmente tienen mejores
características hidrológicas comparadas con otras hoyas que tienen praderas y cultivos en los
sectores donde existían bosques. Se ha notado como el flujo de agua ha disminuido o
desaparecido en riachuelos de cuencas, como consecuencia de explotar bosques para
despejar terrenos y sembrarlos con cereales. De hecho, el proceso de “desertificación”
ocurre cuando las condiciones hidrológicas cambian hacia un régimen más árido, causado
principalmente por cambios de uso y degradación de los suelos en hoyas hidrográficas,
fenómeno que está pasando en varios sectores de Chile central y sur (Levy–Widmer, 2000).
Hoyas hidrográficas con mayor cobertura de bosques tienen menos inundaciones en los
terrenos de sectores bajos, durante y después de una lluvia, porque una gran proporción del
agua lluvia se infiltra al suelo, en vez de escurrir superficialmente sobre ello hacia los ríos.
Además, los terrenos bajos de la hoya tienen más protección contra la deposición de
sedimentos provenientes de los sectores altos, factor que ayuda extender la vida útil de
embalses y mantener limpia el agua superficial de los lagos y ríos. Generalmente, la erosión
de suelos y producción de sedimentos disminuyen con mayor cobertura arbórea en hoyas
hidrográficas (Cuadro 9.1).
Cuadro 9.1. Influencia de la cobertura de bosques en subcuencas del río Potomac, sobre la
cantidad de sedimentos provenientes de suelos erosionados (Troeh et al., 1980).
Cobertura de Bosque Sedimentos que Salen de la Subcuenca
en la Subcuenca
% ton ha-1 año-1
20 4.00
40 2.00
60 0.90
80 0.45
100 0.22
Árboles protegen los suelos de hoyas hidrográficas, especialmente cuando los suelos han
acumulado, después de varios años, una capa superficial de hojas y residuos vegetales de 5
cm o más de espesor. Una nueva plantación forestal sobre suelos erosionados en el norte de
Missisipi, EEUU empezó a disminuir la erosión sólo después de un periodo de 5 años,
tiempo en que los árboles crecieron y los residuos superficiales se acumularon
suficientemente para proteger los suelos (Ursic y Dendy, 1963). En Tennessee, en una
plantación forestal con suelos parecidos al caso anterior, los sedimentos producidos por
107
procesos erosivos disminuyeron en 96% después de un periodo similar de tiempo (Tennessee
Valley Authority, 1962). Se puede acortar por un o dos años el tiempo necesario para que
el suelo se acumule una capa superficial protectora de hojas y residuos vegetales, con la
aplicación adecuada de fertilizantes al suelo para promover un crecimiento rápido y
vigoroso de los árboles (Duffy, 1977). El efecto positivo de los árboles sobre la infiltración
de agua al suelo, aumenta con tiempo, después de los cinco primeros años de
establecimiento.
• Usar aplicaciones parcializadas de fertilizantes, en vez de una sola aplicación con mayor
dosis.
Después de varios años, una plantación forestal habrá crecido suficientemente para ser
explotada. Para mantener la sustentabilidad de plantaciones forestales futuros, se necesita
usar el método de explotación que causa menos degradación al suelo. Desafortunadamente,
los sistemas que causan menos daño al suelo, casi siempre son los más costosos, y en cada
sistema de explotación se produce erosión que es causada por la construcción y uso de
caminos de acceso a las plantaciones forestales. A continuación, se describen algunos de los
sistemas más comunes:
• Selección
La explotación de bosques por el método de selección consiste en cortar sólo los árboles más
antiguos que están maduros, y dejando el resto crecer hasta que se maduren. Se usa este
método en bosques nativos o plantaciones forestales con árboles de diferentes edades. El
sistema de selección sirve en plantaciones de especies que se propagan y crecen
adecuadamente en condiciones de mayor competencia para agua, nutrientes y luz.
Dependiendo del suelo y clima, las especies pueden incluir abeto, cedro, alerce, arce, o roble
entre otras. Este sistema provoca menos erosión de suelos, comparado con otros métodos,
108
que es causada principalmente por el tránsito de vehículos en caminos de acceso para
transportar los troncos de árboles.
• Árboles semilleros
El método de “árboles semilleros” para explotar bosques consiste en cortar la mayor parte de
los árboles, pero dejando un número suficiente para asegurar la propagación de nuevas
árboles. Se usa este sistema con especies que tienen semillas livianas que pueden ser
transportadas por el viento, como es el caso en varias especies de pino. Una vez establecida
la nueva generación de árboles, se cortan los árboles maduros que fueron las fuentes de
semillas. Generalmente, los árboles tienen más uniformidad de edad en plantaciones
manejados con este sistema, pero el riesgo de erosión es mayor que en el sistema de
selección, especialmente durante los primeros años después de explotar el bosque.
• Tala rasa
Tala rasa es el método más común para explotar bosques y plantaciones forestales,
principalmente por razones económicas. Todos los árboles dentro de un sector están
cortados dejando todo el terreno despejado (Figura 9.2). Los residuos forestales pueden ser
quemados, o no, antes de la reforestación, normalmente, con especies arbóreas que tengan
valor económico y crecimiento rápido (pino, eucalipto, etc.). Este sistema de explotación de
plantaciones forestales causa más erosión que los otros sistemas, especialmente cuando se
queman de los residuos forestales que quedan encima del suelo (Oyarzun y Peña, 1995).
Figura 9.2. Ejemplos de explotación de bosques por tala rasa (fotografía: N.B. Stolpe).
109
troncos en plantaciones forestales incluyen: 1) tractor (skidder), que es un equipo pesado que
arrastra los troncos sobre el suelo; 2) high lead cable, donde el los troncos están transportados
colgando parcialmente de un cable suspendido entre torres, y la parte inferior de los troncos
arrastra sobre el suelo; 3) skyline cable, donde se transportan los troncos, colgándolos
completamente de un cable suspendido entre torres y; 4) helicóptero, para transportar
troncos de madera de gran valor en lugares de acceso difícil. Los sistemas de transporte de
troncos pueden compactar el suelo, de acuerdo con el número de caminos de acceso, torres
de suspensión, y la superficie del sitio centralizado de procesamiento de los troncos (Cuadro
9.2).
110
Cuadro 9.2. Influencia de sistema de transporte de troncos del lugar inicial hasta el sitio
centralizado de procesamiento de los troncos. (Troeh et al., 1980).
Sistema de Transporte de Troncos Suelos Desnudos Suelos Compactados
% %
Tractor (skidder) 35.1 26.4
High Lead cable 14.8 9.1
Skyline cable 12.1 3.4
Helicóptero 6.0 1.7
En la Patagonia chilena, durante la primera mitad del Siglo XX, una gran superficie
(~2,500,000 ha) de bosques nativos fue quemada para “abrir campos” a la ganadería,
dejando las laderas de los valles (clases VIe y VIIe de capacidad de uso) expuestas a una
inexorable erosión de los suelos. El sobre pastoreo, o ganadería incontrolada, también ha
contribuido a la degradación de los bosques. Más recientemente, las plantaciones forestales
que han sido realizadas sobre suelos degradados ocupan un área de 27,000 ha. (Silva, 2004).
Todas las plantaciones han sido realizadas con especies introducidas, mayormente Pinus
ponderosa, Pseudotsuga menziesii, y Pinus contorta. En algunos sectores se han implementando
sistemas silvopastorales para ayudar conservar el suelo y mantener el pastoreo, pero en
forma controlada (Figura 9.3).
Los sistemas de manejo silvopastoral consisten en una práctica agroforestal que combina la
producción forestal y pecuaria simultaneas o sucesivas, para garantizar sustentabilidad. Son
sistemas compuestos de árboles, plantas forrajeras y ganado en un mismo sitio, en el cual el
111
componente pecuario realiza el pastoreo. Estos sistemas permiten, a través de la interacción
adecuada de sus componentes, lograr mejores resultados productivos y ambientales.
Según MacDicken y Vergara (1990), los sistemas silvopastorales pueden ser clasificados
según la función principal del componente forestal o sea, de producción (madera de alta
calidad, leña, carbón, frutos, forraje foliar) o de protección y servicio (cercos vivos, barreras
vivas contra nieve y arena, sombra en pastoreo y conservación del suelo). Cabe mencionar
que los otros componentes no forestales pueden proveer productos variados tales como miel,
hongos, frutos, carne, leche, lana, cuero y forraje de la pradera.
El sistema productivo puede ser diseñado e implementado desde su inicio para silvopastoreo
propiamente dicho; puede implementarse en una pradera ya existente donde se introduce el
componente forestal; o en un bosque nativo (ej. Nothofagus dombeyi, N. pumilio) o en uno ya
plantado (ej. Pinus ponderosa, P. radiata) manejado, donde se incorpora la pradera. En todos
estos casos, es fundamental manejar el componente forestal con raleos y podas de tal manera
que penetre suficiente luz solar hasta el sotobosque, favoreciendo así la actividad
microbiológica, el ciclaje de nutrientes y el crecimiento de forrajeras (Nair, 1989).
Especies de árboles pertenecientes a los géneros Acacia, Eucalyptus, Leucaena, Pinus y Populus
son frecuentemente usadas en sistemas silvopastorales para reducir los extremos de micro
climas, aumentar el contenido de materia orgánica, y mejorar la estructura y retención del
agua en el suelo (Couto et al., 1994; Dubè et al., 2002; Fernandez et al., 2002; Thevathasan y
Gordon, 2004). La introducción de forrajeras leguminosas aumenta el nitrógeno disponible
en suelo a través de la fijación simbiótica y favorece el ciclaje de nutrientes a través de la
caída de hojas y de la descomposición de ramas y raíces (Goh et al., 1996).
112
10. Fundamentos de Erosión Eólica
10.1 Introducción
El proceso de erosión eólica, que alcanza proporciones muy graves en otros países, en Chile
sólo se manifiesta con caracteres más serios en algunas áreas de país, con el avance de dunas
hacia terrenos vecinos a las playas. En forma muy localizada se producen algunas
manifestaciones de daño por erosión eólica que en otros sectores.
Las primeras informaciones sobre dunas litorales en el país, estimaban la superficie afectada
en 600,000 ha. En 1965, haciendo uso de fotografías aéreas, en Instituto de Recursos
Naturales (IREN), estableció que la superficie de dunas litorales entre La Serena y Puerto
Montt era de 74,428 ha. Falta por hacer un inventario de dunas al norte de la Serena y al
sur del canal de Chacao, aun cuando puede establecerse que las del norte carecen de
importancia agrícola y las de Magallanes no tienen gran extensión. En el estudio se
excluyeron los sectores de playa, midiéndose sólo los que realmente representan un avance
del sistema de dunas hacia el interior.
En consideración al daño espectacular provocado por la erosión eólica en muchos países del
mundo, se justifica analizar con cierto detalle la mecánica del proceso y algunos métodos de
control que ha desarrollado el hombre para paliar sus efectos (Figura 10.1).
Figura 10.1. Erosión eólica en los EEUU durante los años 1930’ (fotografía: Servicio de
Conservación de Recursos Naturales, NRCS–USDA).
113
10.2 Mecánica del proceso de erosión eólica
Los suelos secos y desprovistos de vegetación están más expuestos a la acción del viento,
aunque también juega un rol importante el hecho que algunos suelos son mucho más
susceptibles que otros en una misma zona. Esto indica que algunas de sus propiedades son
importantes en determinar el mayor grado de susceptibilidad a estos procesos (Troeh et al,
1980; Hudson, 1995).
Alrededor de un 50 a 70% de todo el suelo que moviliza el viento, se produce por salto. Es
provocado por la presión directa que ejerce el viento sobre las partículas de 0.1 a 0.5 mm de
diámetro (generalmente 0.1 a 0.15 mm). Las partículas que se desplazan impactan a otras
que se suman al movimiento, el que se efectúa a alturas inferiores a 90 cm. Las variaciones
de la velocidad del viento al acercarse a la superficie del suelo, ejercen una mayor presión
sobre la parte superior de una partícula. Cuando la diferencia de presión supera a la fuerza
de gravedad, la partícula es levantada bruscamente, rotando a velocidades de 200 a 1000
r.p.s., siendo aceleradas por el viento en su caída.
En este tipo de movimiento se desplazan las partículas menores de 0.1 mm, constituyendo
entre 3 hasta 38% de los materiales transportados. Ingresan al espacio al ser golpeadas por
otras, quedando así a merced de la turbulencia del aire.
La energía para mover partículas mayores de 0.5 mm, proviene de los impactos de aquellas
que se movilizan por salto. Debido a su tamaño, prácticamente no se separan del suelo. Es
el movimiento típico de las dunas.
114
desplazamientos es de 12 a 13 km/hr. La velocidad del viento debe aumentar para mover
partículas mayores o menores que los diámetros recién indicados.
La alta resistencia que muestran las partículas más finas (menores de 0.1 mm), pareciera
deberse a la cohesión de ellas y al hecho de que son muy pequeñas como para sobresalir de
una fina capa laminar y viscosa de aire, junto a la superficie del suelo. De esta manera
resultan protegidas de los vientos de moderada intensidad, pero no de las colisiones de
partículas que las lanzan al aire. Las partículas de mayor diámetro sobresalen de la masa
viscosa y quedan expuestas a la acción del viento que se mueve más rápido y con mayor
turbulencia (Stallings, 1957; Troeh et al, 1980; Hudson, 1995).
El viento actúa como ventilador, removiendo materia orgánica, limo y arcilla, dejando atrás
arena y grava. Esta acción selectiva, a través de los años tiende a hacer la capa superficial
del suelo cada vez más grosera, más erosionada y menos productiva (Stallings, 1957; Troeh
et al, 1980; Hudson, 1995; Morgan, 2005). Sobre un 90% de las partículas movidas son
transportadas a alturas menores de 90 cm sobre la superficie del terreno. Sobre 50% del
volumen movilizado, se mantiene en los primeros 5 cm de altura (Chepil, 1957).
Un suelo que es despojado de su cubierta vegetal, puede ser afectada por erosión eólica en la
medida que se deje finamente pulverizado con labranza excesiva y mientras más alto sea el
contenido de arena. Si a esto se unen las condiciones de bajo contenido de humedad y
ocurrencia de vientos de cierta intensidad y turbulencia, se habrán dado todos los factores
que influyen en el fenómeno (Troeh et al, 1980; Hudson, 1995).
Sobre el factor de clima es muy difícil, pero si es posible modifica la velocidad del viento en
la superficie del suelo, mediante barreras perpendiculares a su dirección predominante o
115
aumentando la estabilidad y aspereza de los agregados superficiales (Beasley, 1972), pero
mucho más efectivo ha resultado la presencia de vegetación o de residuos sobre la superficie.
Se ha indicado que un 50% del material que se desplaza, lo hace a una altura no mayor a 5
cm. Este antecedente sugiere que se puede tener un buen control del proceso si se interfiere
este desplazamiento, lo que se logra en mayor o menor grado con algunos de los
procedimientos que se describen a continuación:
Una superficie terronuda puede reducir la velocidad del viento que mueve partículas del
suelo. Este efecto se logra, aparte de una labranza que incrementa el número de terrones
superficiales, mediante camellones y surcos más profundos que pueden dejar algunos
implementos agrícolas. Las variaciones en altura no deben sobrepasar los 12 cm (Beasley,
1972). El empleo del arado cincel, aparte de otros, permite mezclar el rastrojo del cultivo
anterior con el suelo más superficial, dejando el terreno áspero y terronudo. Estas
irregularidades frenan la velocidad del viento en el espacio inmediato a la superficie y
atrapan una parte de las partículas que se desplazan.
El cultivo en fajas perpendiculares a la dirección del viento dominante, alterna cultivos que
otorgan escasa protección en su primera etapa de desarrollo, con franjas de barbecho con
residuos, o bien, praderas. Son eficaces en atrapar partículas de suelo en las fajas protegidas.
116
Las cortinas cortaviento son fajas estrechas de 2 o más hileras de árboles, que dan protección
adicional a los potreros en que se han aplicado algunas de las técnicas ya analizadas. Se
establecen en forma perpendicular a los vientos dominantes. Estas barreras pueden aportar
algunos de las siguientes ventajas (Troeh et al, 1980; Hudson, 1995; Morgan, 2005):
• Mejoran la polinización por insectos ya que estos no actúan bien en días de mucho viento.
• Los árboles que se reemplazan en las barreras proporcionan madera, estacas y leña.
• Protegen al ganado de los vientos helados del invierno, disminuyendo las pérdidas de peso
que ocurren en dicha estación.
• Producen sombra y compiten por nutrientes y humedad con una faja del cultivo a lo largo
de la cortina. Sin embargo, se produce más que una compensación con los beneficios que
experimenta el cultivo en el resto del potrero.
Experiencias realizadas en túneles, demuestran que las barreras delgadas y agudas son más
efectivas que las construidas por varias hileras y de forma más redondeadas. La mayor
porosidad de la cortina cortaviento disminuye el grado de protección, pero prolonga la zona
de influencia. Generalmente, la protección que da un cortaviento, tiene un alcance efectivo
de 20 veces la altura de la barrera (Figura 10.2), que disminuye con mayor distancia de la
barrera.
117
Figura 10.2. Porcentajes de disminución de la velocidad del viento (escala ajustada) en la
zona que protege la cortina cortaviento (fotografía: Servicio de Conservación de Recursos
Naturales, NRCS–USDA).
En el piso bajo de una cortina cortaviento se puede establecer mosqueta, naranjillo, tamaris
o crateus; en el piso intermedio sauce, Acacia dealbata, y robinia; y en el piso alto ciprés
macrocarpa, pino insigne, aromo australiano o eucalipto. El álamo no es tan recomendable
por no tener su follaje bien desarrollado a principios de primavera, cuando se producen
vientos muy intensos.
Los arbustos de piso bajo se plantan a 1 m sobre la hilera, y 1.5 m de la segunda hilera. Los
árboles de mayor tamaño se plantan a 2 m en la hilera y 3 a 5 m entre las hileras. En
regiones subhúmedas y semiáridas, se recomiendan usar un buen sistema de riego por goteo,
para ayudar el establecimiento de los árboles.
118
El oleaje que provoca el viento arrastra grandes cantidades de arena, que las altas mareas
terminan lanzando sobre las playas. Al secarse este material, queda a merced del viento que
lo transporta hacia el interior. Al encontrar cualquier obstáculo, las partículas de arena se
acumulan formando promontorios o dunas. El constante abastecimiento de arena desde el
mar, termina por desarrollar sucesivos cordones paralelos de dunas, separados por
depresiones. Las dunas litorales pueden avanzar unos 5 a 10 m por año y adquirir alturas de
hasta 100 m, lo que se ve favorecido por la destrucción de las cubiertas vegetales que
protegían estos terrenos. Las dunas representan una seria amenaza para los suelos agrícolas
de escasa altura, vecinos a las playas. Las continentales son menos peligrosas y
generalmente se encuentran semi estabilizadas por vegetación arbustiva y pastos. Estas
últimas tienen un escaso aprovechamiento agrícola.
En 1965, el estudio de IREN indicó una superficie de 74,000 ha de dunas litorales y 56,000
ha de dunas continentales entre La Serena y Puerto Montt. Las provincias más afectadas
por dunas litorales son Maule y Arauco con 15,500 y 30,700 ha, respectivamente. Las
provincias de Concepción y Bío Bío son las que tienen una mayor extensión de dunas
continentales, con 25,400 y 22,600 ha, respectivamente.
• Primera etapa
Las plantas de Amophila arenaria en lo que será la anteduna, crecen rápidamente al ser
cubiertas por la arena que depositan las altas mareas. Así, se va formando en pocos años un
obstáculo de algunos metros de altura. El avance de la arena se produce siempre sobre
planos suaves, nunca sobre sectores con altas pendientes, que es lo que sucede en el frente de
la anteduna, con taludes de 3:1 o 2:1 (H:V). La arena que se ha secado y es impulsado por
el viento, no es capaz de superar esta barrera, cayendo al pie del talud. Las siguientes
mareas, junto con incorporar nuevos materiales, devuelven hacia el mar una parte de ellos.
119
Figura 10.3. Establecimiento de Amophila arenaria como primera etapa en un sistema de
control de dunas.
En un lapso de 2 a 3 años se logra detener el avance de arena, pero este mismo hecho influye
en una pérdida de vigor de las plantas, las que tienden a ralearse y a dejar sectores mal
defendidos, que darán origen a nuevos desplazamientos de arena.
• Segunda etapa
Tan pronto que se produce una precaria estabilización en todo el sector de dunas (2 a 3
años), se siembran especies arbustivas de crecimiento muy agresivo, antes que empiece a
ralearse la gramínea. Se utiliza Lupinus litoralis y Genista hispánica (retamo), entre otras.
• Tercera etapa
120
11. Planes de Conservación de Suelos
11.1. Introducción
La clasificación de capacidad de uso de los suelos representa el primer paso para la posterior
formulación del plan de conservación de suelos. El inventario de los recursos naturales de
un campo, se completa con el análisis de factores económicos y sociales, que sin duda
influirían en las decisiones finales que deben adoptarse.
Se define la planificación como el proceso de elección y desarrollo del mejor curso de acción
para alcanzar un objetivo. En este caso, el objetivo principal es el uso de los recursos de un
predio, sin deteriorar sus recursos naturales renovables. Es decir, “manejo sustentable” del
predio. En este proceso, se consideran cinco etapas en el siguiente orden lógico:
La última etapa mencionada permite detectar las posibles fallas del plan y las correcciones
necesarias a introducir en el plan original. Los diversos objetivos que se persiguen en este
tipo de estudios, pueden resumirse en los siguientes puntos:
121
• Adecuada conservación y aprovechamiento de agua para riego.
Para la realización del inventario del predio, se recomienda realizar una foto interpretación
estereoscópica previa al estudio de terreno. En una de las fotos del campo se marcan las
posibles rutas de trabajo y los sectores en que se aprecian mayores problemas de drenaje,
erosión, riesgos de inundación, probables ubicaciones de estructura, interpretaciones de las
condiciones de los bosques y praderas existentes etc. Este análisis facilita enormemente el
posterior estudio de terreno, en el que se recogen antecedentes con mayor precisión y se
discute con el agricultor acerca de las condiciones en que se encuentran sus suelos y las
causas que han influido en su deterioro.
En la Figura 11.1 se presenta un ejemplo de clasificación de los suelos de un predio, con las
unidades de capacidad de uso, es decir, la categoría más detallada del sistema. Estas
agrupaciones de suelos deben ser suficientemente uniformes como para requerir
tratamientos similares de conservación, como se ha mencionado en el capítulo de
Clasificaciones Interpretativas de Suelos. Se anotan las observaciones de los suelos y
recomendaciones iniciales en el formulario de evaluaciones (Cuadro 11.1).
122
Figura 11.1. Ejemplo de un plano de capacidad de uso de suelos (Cordillera de la Costa,
VIII Región).
Cuadro 11.1. Formulario de evaluación de suelos para planes de conservación (NRCS y UNL,
1999).
1. Pendiente: Suelo 8. Capacidad de Uso Suelo
1 2 3 4 1 2 3 4
Plana a liger. Inclinada, 0–2% Clase I, cultivos muy intensivos
Suavemente inclinada, 2–5% Clase II, cultivos intensivos
Mod. Inclinada, 5–8% Clase III, cultivos moderados
Fuertemente inclinada, 8–12% Clase IV, cultivos ocasionales
Mod. Escarpada, 12–30% Clase V, pastoreo intensivo
Escarpada, 30–60% Clase VI, pastoreo moderado
Muy escarpada, >60% Clase VII, forestal
2. Profundidad a: (marcar) Suelo Clase VIII, vida silvestre
¿__grava? ¿__toba? ¿__roca? 1 2 3 4 9. Recomendaciones Iniciales: Suelo
Muy profundo (>150 cm) 1 2 3 4
Profundo (100–150 cm) Respetar la capacidad de uso
Mod. profundo (50–100 cm) Reposicionar los cercos
Delgado (25–50 cm)
Muy delgado (<25 cm) Fertilización del suelo
3. Textura de la Superficie: Suelo Encalar el suelo
1 2 3 4 No quemar el rastrojo
Gruesa (a, aF) Ajustar dosis de semillas
Mod. gruesa ( Fa, Faf) Rotación de cultivos y praderas
Media (Famf, F, FL, L) Labranza de conservación
Mod. fina (FA, FAa, FAL) Cero labranza
Fina (Aa, AL, A)
4. Textura del Subsuelo: Suelo Cultivo en contorno
1 2 3 4 Cultivo en Fajas
Gruesa (a, aF) Cercos vivos
Mod. gruesa (Fa, Faf) Terrazas
Media (Famf, F, FL, L) Colectares protegidos
Mod. fina (FA, FAa, FAL) Control vegetativo de cárcavas
Fina (Aa, AL, A) Barreras de retención
5. Erosión del suelo: Suelo Surcos de desviación
1 2 3 4
Ninguna Pradera permanente
Ligera (<25% del A) Resembrar la pradera
Moderada (25–75% del A) Ajustar el número de animales
Severa (>75% del A) Pastoreo rotacional
Muy severa (todo A + parte B) Surcos de infiltración
6. Drenaje del suelo: Suelo Bloques de sal
1 2 3 4 Control de arbustos
Muy pobre Instalar cercos eléctricos
Pobre
Imperfecto Viñedo
Moderado Huerto frutal o nueces
Bueno Forestación
Excesivo Subsolador en contorno
7. Propiedad Más Limitante: Suelo Ralear o podar plantación
(1–6 ú otra) 1 2 3 4 Explotar plantación forestal
Sistema silvopastoral
123
Manejo para vida silvestre
Cortinas cortavientos
Control de dunas
Cuadro 11.2. Ejemplo de las capacidades de uso de suelos de un predio, con descripciones
breves de algunas propiedades de los suelos, como antecedentes para hacer un plan de
conservación.
Capacidad de Uso de los Suelos
Unidad Descripción Hectáreas
IIIw1 Suelo reciente, profundo, pendiente 0–1%, franco arcillosa, drenaje 25
imperfecto, clase 1 erosión.
IIIe2 Suelo Maule, profundo, pendiente 5–7%, franco arcillo arenosa, 30
buen drenaje, clase 2 erosión.
IVe1 Suelo Cauquenes, moderadamente profundo, pendiente 10%, franco 25
arcillo arenosa, buen drenaje, clase 3 erosión.
VIe3 Suelo Cauquenes, moderadamente profundo, pendiente 15%, franco 20
arcillo arenosa, buen drenaje, clase 3 erosión.
VIIe1 Suelo Cauquenes, moderadamente profundo, pendiente 30%, franco 15
arcillo arenosa, buen drenaje, clase 4 erosión.
Total 115
Cuadro 11.3. Ejemplo de los usos actuales de suelos de un predio, como antecedentes para hacer
un plan de conservación.
Uso Actual
Potrero Descripción Detallada Hectáreas
A Viñedo de secano, manejo convencional, condición regular. 23
B Rotación trigo, avena, pradera, manejo convencional con quema de 21
rastrojo.
C Rotación trigo, avena, pradera, manejo convencional con quema de 20
rastrojo.
D Rotación trigo, avena, pradera, manejo convencional con quema de 21
rastrojo.
E Pradera permanente, pastoreo permanente, condición regular. 30
Total 115
124
El análisis de las clasificaciones de capacidad de uso y el uso actual de los suelos, permite
visualizar con mayor claridad la intensidad de los ajustes a introducir en la utilización y
manejo de los recursos de un predio.
En esta etapa se formulan las decisiones básicas acerca del uso y manejo futuro de los
suelos, el agua y cubiertas vegetales del campo. Es aconsejable que el técnico recorra el
campo con el agricultor, analizando las diferentes alternativas que se sugiere en cada uno de
los potreros. La elección del tipo de explotación a adoptar depende de los intereses e
inclinaciones del propietario, tanto como de las características de los recursos naturales y
financieros disponibles.
El agricultor debe sentirse parte del equipo que sugiere ideas y toma decisiones. El éxito en
la aplicación del plan descansa, en gran medida, en el entusiasmo y dinamismo que
despliegue el propietario. Su adhesión al plan del cual es uno de los realizadores, reforzará
su motivación para llevar a buen término todas las acciones propuestas. El técnico deberá
equilibrar la carga de actividades anuales, de modo que no se produzcan periodos de
excesivas inversiones o actividades. Se debe dar una cuidadosa consideración al monto
anual de los nuevos gastos y fuentes de financiamiento. El plan debe ir generando ingresos
que permitan cubrir parte de las inversiones contempladas en el plan. La disponibilidad de
recursos financieros y capacidad empresarial del agricultor determinan en gran medida el
número de años en que se llevará a efecto el plan de conservación de suelos.
125
Mayores detalles de las recomendaciones se entregan en el plan de operaciones de suelos,
como se indica en el Cuadro 11.4. Se puede apreciar que la información que entrega es
resumida, figurando el año en que se efectúa cada práctica y el número de hectáreas
consideradas. Se supone la existencia de un organismo estatal de conservación de suelos,
con la responsabilidad de supervisar la aplicación del plan y proporcionar la asistencia
técnica que sea necesaria.
Junto a establecer el uso y manejo de todos los potreros del campo, se incluyen en el cuadro
del plan de operaciones todas las prácticas estructurales que se hayan recomendado. Esta
última información se complementa indicando, además, sus ubicaciones en los potreros
correspondientes (bebederos, pequeños embalses para riego, caminos, nuevos cercos,
sistemas de drenaje, etc.).
Finalmente, en la etapa de formulación del plan, se debe aprovechar de todos los programas
disponibles de apoyo, incluyendo el Sistema de Incentivos para la Recuperación de Suelos
Degradados (SIRSD), que es un instrumento de fomento establecido por ley y tiene como
propósito detener o revertir los procesos de erosión de los suelos, la pérdida sostenida de
fósforo y la acidificación progresiva de los suelos, producto del uso intensivo o de la
aplicación de manejo inapropiado. El programa permite que los productores agropecuarios
del país accedan a recursos estatales y así lograr una mejor incorporación a las prácticas de
manejo sustentable de suelos. El plan es suscrito por el usuario y un operador debidamente
acreditado ante SAG o INDAP, como medio para contribuir a fortalecer la gestión
productiva de los agricultores. Otro programa, descrito por la Ley Nº 701, tiene por objeto
regular la actividad forestal en suelos de aptitud preferentemente forestal y en suelos
degradados, e incentivar la forestación, en especial, por parte de los pequeños propietarios
126
forestales y aquélla necesaria para la prevención de la degradación, protección y
recuperación de los suelos del territorio nacional.
Después de varios años, se evalúan los resultados del plan de conservación, haciendo ajustes
donde sea necesario, para lograr una mejor conservación de los suelos y agua del predio.
127
12. Manejo de Hoyas Hidrográficas
12.1. Generalidades
128
El uso y manejo inadecuado de los recursos naturales de una hoya y, muy especialmente, la
incorrecta utilización de suelos en relieves de lomajes y cerros, desata severos procesos
erosivos. La eliminación de cubiertas vegetales deja el terreno desnudo y expuesto a la
acción de las lluvias. La pérdida de materia orgánica y componentes finos, deteriora la
estructura y estabilidad de los agregados, facilitándose la formación de costras superficiales
que interfieren en el proceso de infiltración. Como consecuencia, mayores volúmenes de
aguas lluvias se suman al escurrimiento precanalizado y en los cauces de cabecera se
incrementan rápidamente los flujos de agua, comunicando esta mayor torrencialidad a los
cursos tributarios y finalmente al cauce principal del sistema.
El problema de las inundaciones por desbordamientos de los ríos que recurren las llanuras,
no es un fenómeno reciente. Como hechos de ocurrencia natural, se han estado
produciendo siempre, en respuesta a lluvias ocasionales pero muy violentas o prolongadas.
La colonización humana de los terrenos aledaños a esteros y ríos, ha ocupado áreas por
donde escurrían las grandes crecidas. Las actuales inundaciones se manifiestan con mayor
frecuencia, debido al uso incorrecto de las cuencas receptoras y del mayor arrastre de
sedimentos que alteran el cauce de los ríos. A este fenómeno se agregan los obstáculos que
el hombre establece en sus orillas, estrechando las secciones. Estas nuevas realidades hacen
129
más espectaculares los daños en las terrenos agrícolas de las llanuras y, por cierto, en los
centros poblados.
Hay varios factores que influyen en las inundaciones y que el hombre no puede controlar
(clima, relieve y forma de la cuenca etc.). En los que puede intervenir son pocos, pero
importantes. A través de un buen uso y manejo de coberturas, se puede aumentar la
infiltración de las aguas lluvias al suelo y mejorar su capacidad de almacenamiento.
La mayor parte de los beneficios que otorgan las técnicas apropiadas de conservación de
suelos se producen en los predios mismos donde se aplican, aunque también contribuyen a
aliviar los daños fuera de ellos al reducir en alguna medida los caudales de los cauces (Ford,
et al., 1955). Un segundo grupo de medidas que complementan las recién nombradas,
incluyen aquellas destinadas al manejo de las aguas de escurrimiento que han dejado los
lomajes, cerros y vías de drenaje de los predios y que han alcanzado los cauces de pequeños
arroyos y esteros. En estas corrientes se pueden aplicar algunos de las siguientes medidas:
construcción de embalses retardadores de crecidas; rectificación y ensanche o limpieza de
sus cauces; defensas de riberas; estructuras para acumulación de sedimentos etc. Sus
beneficios se obtienen en los valles y llanuras que recurre el cauce principal, favoreciendo en
ello ciudades, poblados, caminos y otros tipos de instalaciones públicas y privadas.
El esquema de un plan de manejo comprende conjuntos de medidas para cada una de las
subcuencas del sistema. La aplicación de planes de conservación de suelos en cada predio,
contribuye a mejorar la velocidad de infiltración y la capacidad de retención de humedad de
sus suelos que disminuyen el escurrimiento superficial, restando momentáneamente un
cierto volumen al flujo en los cauces.
La cantidad y velocidad del escurrimiento del cauce de una pequeña cuenca, es el reflejo de
sus características naturales y culturales. La Figura 12.2 muestra la descarga típica de una
cuenca durante una lluvia. La línea de escurrimiento total es lo que se mide a la salida de la
cuenca. Las otras líneas representan el escurrimiento que proviene de escurrimiento
superficial y subsuperfical durante una lluvia, y el flujo basal que es relativamente constante
(Stallings, 1957; Hudson, 1995).
La forma del higrógrafo para cada componente, refleja el tiempo requerido por el agua para
llegar al canal de salida. El escurrimiento superficial toma el camino más rápido,
generalmente a través de canalículos existentes y zanjas. El basal es él más lento y proviene
de las reservas subterráneas, y representa la fuente de agua de los ríos en los periodos sin
lluvia. Es el tipo de flujo que responde más lentamente a las lluvias. El flujo subsuperfical
130
se origina de agua acumulada temporalmente en los primeros 60 cm del perfil del suelo,
generalmente sobre estratos o horizontes poco permeables. Al saturarse el suelo, el agua se
desplaza a través de este medio hasta que intercepta una vía de drenaje.
Figura 12.2. Descarga típica de una cuenca, mostrando los diferentes componentes del
escurrimiento.
Aparte del efecto de la vegetación en la intercepción de las lluvias, la cantidad que va al flujo
basal, superficial y subsuperficial, es determinada en gran medida por las características del
suelo. A su vez, éstas son afectadas por la naturaleza de la vegetación. Por esta razón,
cualquier práctica que cambie la naturaleza de la vegetación, producirá alteraciones en
algunas propiedades físicas del suelo y, en consecuencia, en el flujo de los cauces de la
cuenca. Todos estos factores determinan las proporciones en que se manifiestan los tres
componentes del escurrimiento.
131
Generalmente, el manejo apropiado de los suelos es más efectivo en disminuir el
escurrimiento que corresponde a lluvias de moderada intensidad y tiene una influencia
mucho menor en el caso de lluvias muy intensas, pero de duración moderada. La parte que
corresponde al manejo de suelos, en un programa de prevención de inundaciones, además
de promover una mayor capacidad productiva del suelo, influye en sus funciones hidráulicas
(Edwards et al., 1973). Para ello se debe reducir al máximo la erosión y el escurrimiento
superficial.
En muchas regiones del mundo el agua se está transformando en el recurso más limitante
para el desarrollo. No sólo se centra el problema en el aspecto de cantidad de agua, sino
también y cada vez con mayor exigencia, en su calidad. Estas crecientes necesidades
plantean un serio desafío a las futuras políticas de conservación de los recursos naturales
renovables. Es imprescindible asegurar el éxito en la aplicación de planes destinados a
mejorar el aprovechamiento de las aguas.
132
La diferencia entre el flujo limpio y tranquilo de las vertientes y esteros de cuencas
protegidas y los torrentes tumultuosos cargados de sedimentos que provienen de cuencas
mal explotadas, se debe a las corrientes de las primeras provienen de aguas lluvias que han
permanecido un mayor tiempo en el lugar en que cayeron. Para un mejor aprovechamiento
del agua, de modo que se eviten inundaciones y se utilizan en el momento más oportuno y
como aguas limpias, se debe promover su más rápido ingreso al perfil del suelo, el que
funciona como un gigantesco embalse, con capacidad muy superior al de todos los embalses
construidos por el hombre.
Cada gota de agua retenida en el lugar en que cae, ya sea en el suelo o en una estructura
retardadora de crecidas, es una gota sustraída a las inundaciones potenciales y una gota que
se agrega a nuestro abastecimiento de agua (Stallings, 1957; Hudson, 1995).
12.6. Aspectos que contempla un plan de manejo para una pequeña hoya hidrográfica
El plan de manejo para pequeñas cuencas que alimentan los primeros tributarios de un
cauce mayor, se considera como las unidades básicas del sistema y como un procedimiento
que cierra la brecha entre los planes de conservación de suelos para predios individuales y
los planes de manejo de un río principal.
Una cuenca es una entidad geográfica cuyo drenaje contribuye a alimentar el flujo de una
corriente de agua en un punto escogido. En ella se pueden determinar varias subcuencas de
la misma naturaleza, que alimentan una corriente mayor. En las pequeñas unidades de
cabeceras de un sistema, sus características de escurrimiento suelen ser más homogéneas,
más fácilmente correlaciónables y que facilitan el diseño correcto de medidas de
conservación. No se puede pretender establecer un programa de manejo para una gran
cuenca, sin una clara comprensión de la forma en que funcionan sus numerosas y pequeñas
subcuencas. De modo que la obtención de antecedentes de las características de las
unidades básicas de una hoya, constituye la primera y más importante etapa del estudio.
133
Los antecedentes de suelo que se requieren, deben incluir aspectos relacionados con las
series principales de suelos y su distribución en el área, con indicación de sus pendientes y
grados de erosión; identificación de fuentes de sedimentos (por simple inspección o por
análisis de los sedimentos acumulados); el uso actual de suelos, etc.
El plan de manejo de la cuenca es, básicamente, un plan para el manejo de las aguas y se
pueden distinguir en él los siguientes aspectos (Stallings, 1957; Hudson, 1995):
• Un mapa que muestra las medidas de manejo de aguas requeridas en las zonas
intermedias, entre los predios agrícolas o forestales, y las grandes obras que se planifican en
los cauces del río principal. En este plano no figuran las recomendaciones que se hacen en
el plan de conservación de suelo para cada predio. En cambio, se muestran las ubicaciones
de estructuras, paras áreas más grandes que predios individuales, destinados al control de
sedimentación; los lugares de estabilización de grandes cárcavas mediante estructuras y
vegetación, terrazas de desviación, pequeñas embalses retardadores de crecidas para control
local de inundaciones, embalses medianos para proyectos de riego o para abastecimiento de
agua de pequeñas comunidades. También se muestran áreas de recreación; ubicaciones de
protección de riberas en pequeños esteros a la salida de las subcuencas y estabilización de
cursos de agua en el interior de cada subcuenca; canales de drenaje como colectores de
varios predios; control de erosión en terraplenes y taludes de caminos etc.
• El plan debe incluir mapas que muestran las características de los suelos, estudios de
clasificación de uso actual, de erosión y de capacidad de uso, para servir como guía en la
planificación de los ajustes en la utilización de los suelos y en la aplicación de prácticas de
control de erosión.
• Los mapas deben acompañarse de un informe en que se describen los aspectos más
importantes del área; el tipo de problemas en los suelos y la disponibilidad de las aguas:
posibilidades para su corrección; probables incrementos en los rendimientos de los cultivos
con el uso de nuevos técnicos agronómicos y, en general, cualquier medida que tienda a un
mejor control de la erosión y regularización del escurrimiento de las aguas.
134
13. Consideraciones Finales
Para concluir y resumir lo que ha sido presentado en este libro; en cualquier proyecto de
conservación de suelos, es necesario tener conocimiento de los suelos del predio, los niveles
de erosión actual, las practicas posibles de control de erosión para lograr un manejo
sustentable y, finalmente, las preferencias y disposiciones del agricultor para implementar y
mantener a largo plazo un manejo sustentable de sus suelos.
A menudo, es fácil encontrar las soluciones técnicas para controlar la erosión para tener
manejo sustentable de los suelos, pero es difícil implementarlas por diversas razones. Se ha
encontrado que la implementación, o no, de manejo conservacioncita en el terreno por
agricultores depende de los siguientes factores (Morgan, 2005):
• Las prácticas conservacionistas deben resultar en ingresos económicos que son positivos e
inmediatos para el agricultor.
• Es mejor que las nuevas prácticas conservacionistas son modificaciones del manejo
existente, en vez de ser algo totalmente nuevo para el agricultor.
Como se puede ver del listado, el gran desafío en Conservación de Suelos está
principalmente en el factor humano y la preocupación justificada por su propio bienestar.
Pero, a pesar de que la implementación de manejo conservacionista en un predio puede ser
complicada tomando en cuenta los factores mencionados, sólo necesitamos pensar en lo
siguiente: Si el problema de erosión y degradación de suelos fue creado por los seres
humanos, los seres humanos pueden solucionarlo. Trabajando en conjunto.
135
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143
15. Anexo: Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos
Agropecuarios*
Consiste en una bonificación estatal de los costos netos de las actividades bonificables
consignadas y definidas en su Ley. Las actividades susceptibles de bonificación son:
a.- Incorporación de fertilizantes de base fosforada
Busca recuperar y mantener la fertilidad fosforada natural de los suelos.
b.- Incorporación de elementos químicos esenciales
144
Su objetivo es corregir la acidez o salinidad excesiva de los suelos, como también
corregir la deficiencia de los siguientes elementos químicos esenciales: azufre,
potasio, calcio.
c.- Establecimiento de una cubierta vegetal en suelos descubiertos o con cobertura
deteriorada
Su objetivo es el establecimiento o regeneración de una cubierta vegetal permanente
en suelos degradados, así como también mantener los niveles recuperados.
d.- Empleo de métodos de intervención del suelo, entre otros, la rotación de cultivos,
orientados a evitar su pérdida y erosión y favorecer su conservación
Tiene por finalidad incentivar la utilización de labores y prácticas destinadas a
conservar y /o recuperar los suelos agrícolas, incluyendo la rotación de cultivo.
e.- Eliminación, limpia o confinamiento de impedimentos físicos o químicos
Su objetivo es habilitar troncos muertos, matorral sin valor forrajero suelos para fines
agropecuarios, los cuales actualmente no pueden ser utilizados por presentar tocones,
troncos muertos, matorral sin valor forrajero, piedras u otro impedimento físico.
Los valores de las actividades a bonificar son fijados en una Tabla Anual de Costos que
establece el Ministerio de Agricultura.
Postulación
Para postular a los incentivos que otorga el SAG, los/as interesados/as deben presentar ante
el Servicio un Plan de Manejo, que deberá ser confeccionado por un Operador Acreditado
(requisitos en reglamento), quien deberá estar inscrito en el Registro de Operadores que
tendrá a su cargo SAG e INDAP (bastará la inscripción en uno de estos registros para
adquirir la calidad de Operador Acreditado).
Mientras no se encuentre operativo el Registro de Operadores y el Registro de Laboratorios
Acreditados, a que hace referencia la Ley N°20.412, se aceptará la participación de
operadores y laboratorios acreditados bajo el Sistema establecido por el DFL N°235 de 1999
del Ministerio de Agricultura.
Las postulaciones se realizan en las Direcciones Regionales y Oficinas Sectoriales SAG de
todo el país.
Más información
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*Servicio Agrícola Ganadero, Ministerio de Agricultura, República de Chile, [Link]
(Consultado el 19 Octubre, 2010).
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