Enseñanza de los Doce Apóstoles
(«Didaché» o «Didajé» o «Didakhé»)
INTRODUCCION
La Didaché o Enseñanza de los Doce Apóstoles es uno de los escritos más venerables que
nos ha legado la antigüedad cristiana. Baste decir que su composición se data en torno al
año 70; casi contemporáneamente, por tanto, a algunos libros del Nuevo Testamento.
Aletea en su contenido la vida de la primitiva cristiandad. A través de formulaciones
claras, asequibles tanto a mentes cultas como a inteligencias menos ilustradas, se
enumeran normas morales, litúrgicas y disciplinares que han de guiar la conducta, la
oración, la vida de los cristianos. Se trata de un documento catequético, breve, destinado
probablemente a dar la primera instrucción a los neófitos o a los catecúmenos.
Se desconoce el autor y el lugar de composición de la Didaché. Algunos estudiosos
hablan más bien de un compilador, que habría puesto por escrito algunas enseñanzas de
la predicación apostólica. Se sitúa su redacción en suelo sirio o tal vez egipcio.
En este libro se distinguen cuatro partes. La primera, de contenido catequético-moral,
está basada en la enseñanza de los dos caminos que se le presentan al hombre: el que
conduce a la vida y el que lleva a la muerte eterna. La segunda parte, de carácter
litúrgico, trata del modo de administrar el Bautismo—puerta de los demás sacramentos
—, del ayuno y la oración—muy practicados por los primeros cristianos—y de la
celebración de la Eucaristía. La tercera parte trata de la disciplina de la comunidad
cristiana y de algunas funciones eclesiásticas. Se explica también, sintéticamente, el
modo de celebrar el día del Señor (nuestro actual domingo), y se alude—entre otras—a
dos costumbres que manifiestan la finura de caridad que practicaban nuestros primeros
hermanos en la fe: la hospitalidad—con advertencias ante los abusos de quienes buscaban
vivir a costa de los demás—y la corrección fraterna. La última sección comienza
parafraseando la exhortación de Jesús a vivir vigilantes, a prepararse para la hora en la
que el Señor viene. Esta parte acaba con una síntesis de las principales enseñanzas
escatológicas pronunciadas por el Maestro.
LOARTE
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La Didakhe o Doctrina de los doce apóstoles, a la que se hallaban referencias en los
autores antiguos, se había dado por perdida hasta que su texto fue hallado en un
manuscrito de Constantinopla y publicado en 1883. Inmediatamente se suscitaron vivas
polémicas acerca de su carácter y antigüedad. Frente a la opinión de los que pretendían
que se trataba de una ficción arcaizante, tal vez de origen montanista, que no sería
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anterior a los últimos años del siglo II, parece haber ido ganando terreno recientemente la
convicción de que se trata de una compilación de elementos muy antiguos, que en su
mayor parte bien pueden remontarse al siglo I. El conjunto está formado por varias
instrucciones de tipo moral, litúrgico y disciplinar, tal vez para uso de evangelizadores
itinerantes. Su particular interés está en que nos da a conocer las formas más primitivas
de catequesis moral, con reconocida influencia judía, y los elementos más antiguos de la
liturgia bautismal y eucarística, así como la organización eclesiástica en el momento en
que, junto a los predicadores itinerantes y carismáticos, empieza a surgir una jerarquía
estable y una organización en las Iglesias locales.
JOSEP VIVES
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Enseñanza de los Doce Apóstoles
(«Didaché» o «Didajé» o «Didakhé»)
1. Instrucción moral.
Hay dos caminos, el de la vida y el de la muerte, y grande es la diferencia
que hay entre estos dos caminos. El camino de la vida es éste: «Amarás en
primer lugar a Dios que te ha creado, y en segundo lugar a tu prójimo como
a ti mismo. Todo lo que no quieres que se haga contigo, no lo hagas tú a
otro.» Tal es la enseñanza de este discurso: «Bendecid a los que os maldicen
y rogad por vuestros enemigos, y ayunad por los que os persiguen. Porque
¿qué gracia hay en que améis a los que os aman? ¿No hacen esto también los
gentiles? Vosotros amad a los que os odian, y no tengáis enemigo.» Apártate
de los deseos carnales. Si alguno te da una bofetada en la mejilla derecha,
vuélvele la izquierda, y serás perfecto. Si alguien te fuerza a ir con él durante
una milla, acompáñale dos. Si alguien te quita el manto, dale también la
túnica. Si alguien te quita lo tuyo, no se lo reclames, pues tampoco puedes.
A todo el que te pida, dale y no le reclames nada, pues el Padre quiere que se
dé a todos de sus propios dones. Bienaventurado el que da conforme a este
mandamiento, pues éste es inocente. ¡Ay del que recibe! Si recibe porque
tiene necesidad, será inocente; pero si recibe sin tener necesidad, tendrá que
dar cuenta de por qué recibió y para qué: puesto en prisión, se le examinará
sobre lo que hizo, y no saldrá hasta que no devuelva el último cuadrante.
LIMOSNA/DISCERNIR: También está dicho acerca de esto: que tu limosna
sude en tus manos hasta que sepas a quién das. Segundo mandamiento de la
doctrina: No matarás, no adulterarás, no corromperás a los menores, no
fornicarás, no robarás, no practicarás la magia o la hechicería, no matarás el
hijo en el seno materno, ni quitarás la vida al recién nacido. No codiciarás
los bienes del prójimo, no perjurarás, no darás falso testimonio. No
calumniarás ni guardarás rencor. No serás doble de mente o de lengua, pues
la doblez es lazo de muerte. Tu palabra no será mentirosa ni vana, sino que
la cumplirás por la obra. No serás avaro, ni rapaz, ni hipócrita, ni malvado,
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ni soberbio. No tramarás planes malvados contra tu prójimo. No odiarás a
hombre alguno, sino que a unos los convencerás, por otros rogarás, a otros
los amarás más que a tu propia alma... Sé manso, pues los mansos heredarán
la tierra. Sé paciente, compasivo, sin malicia, tranquilo y bueno, temeroso en
todo momento de las palabras que has oído. No te exaltarás, ni entregarás tu
alma a la temeridad. No se junte tu alma con los soberbios, sino que andarás
con los justos y humildes. Los sucesos que te sobrevengan los aceptarás
como bienes, sabiendo que no sucede nada sino por disposición de Dios.
Hijo mío, te acordarás de día y de noche del que te habla la palabra de Dios,
y le honrarás como al Señor. Porque donde se anuncia la majestad del Señor,
allí está el Señor. Buscarás cada día los rostros de los santos, para hallar
descanso en sus palabras. No harás cisma, sino que pondrás paz entre los que
pelean. Juzgarás rectamente, y no harás distinción de personas para
reprender las faltas. No andarás con alma dudosa de si sucederá o no
sucederá: No seas de los que extienden la mano para recibir, pero la retiran
para dar. Si adquieres algo por el trabajo de tus manos, da de ello como
rescate de tus pecados. No vaciles en dar, ni murmurarás mientras das, pues
has de saber quién es el buen recompensador de tu limosna. No rechazarás al
necesitado, sino que tendrás todas las cosas en común con tu hermano, sin
decir que nada es tuyo propio; pues si os son comunes los bienes inmortales,
cuánto más los mortales. Tu mano no se levantará de tu hijo o de tu hija,
sino que les enseñarás desde su juventud el temor de Dios. No mandarás con
aspereza a tu esclavo o a tu esclava que esperan en el mismo Dios que tú, no
sea que dejen de temer a Dios que está sobre unos y otros... Vosotros, los
esclavos, someteos a vuestros señores como a imagen de Dios con
reverencia y temor...
En la asamblea confesarás tus pecados, y no te acercarás a la oración con
mala conciencia. Este es el camino de la vida (cap. 1-5).
2. El bautismo.
En lo que se refiere al bautismo, tenéis que bautizar así: Habiendo dicho
todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y el Espíritu
Santo, en agua viva. Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua. Si no
puedes con agua fría, hazlo con caliente. Si no tienes ni una ni otra, derrama
agua sobre la cabeza tres veces, en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. Antes del Bautismo, ayunen el bautizante y el bautizando y
algunos otros que puedan. Pero al bautizando le ordenarás que ayune uno o
dos lías antes (cap. 7).
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3. Ayuno y oración.
No ayunaréis juntamente con los hipócritas (es decir, los judíos), que ayunan
el segundo y el quinto día de la semana. Vosotros ayunaréis el día cuarto y el
de la preparación. Tampoco hagáis vuestra oración como los hipócritas, sino,
como lo mandó el Señor en el Evangelio, así oraréis: Padre nuestro... Oraréis
así tres veces al día (cap. 8).
4. Fórmulas para la cena eucarística.
En lo que toca a la acción de gracias, la haréis de esta manera: Primero sobre
el cáliz: Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa viña de David tu
siervo, la que nos diste a conocer a nosotros por medio de Jesús, tu siervo. A
ti la gloria por los siglos.
Luego sobre el trozo (de pan): Te damos gracias, Padre nuestro, por la vida y
el conocimiento, que nos diste a conocer por medio de Jesús tu siervo. A ti
la gloria por los siglos. Como este fragmento estaba disperso sobre los
montes, y reunido se hizo uno, así sea reunida tu Iglesia de los confines de la
tierra en tu reino. Porque tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, por los
siglos.
Que nadie coma ni beba de vuestra comida de acción de gracias, sino los
bautizados en el nombre del Señor, pues sobre esto dijo el Señor: No deis lo
santo a los perros. Después de saciaros, daréis gracias así: Te damos gracias,
Padre santo, por tu santo nombre que hiciste morar en nuestros corazones, y
por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has dado a conocer por
medio de Jesús, tu siervo. A ti la gloria por los siglos.
Tú, Señor omnipotente, creaste todas las cosas por causa de tu nombre, y
diste a los hombres alimento y bebida para su disfrute, para que te dieran
gracias. Mas a nosotros nos hiciste el don de un alimento y una bebida
espiritual y de la vida eterna por medio de tu siervo. Ante todo te damos
gracias porque eres poderoso. A ti la gloria por los siglos.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para librarla de todo mal y hacerla perfecta
en tu caridad, y congrégala desde los cuatro vientos, santificada, en tu reino
que le has preparado. Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
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Venga la gracia y pase este mundo. Hosanna al Dios de David. El que sea
santo, que se acerque. El que no lo es, que se arrepienta. «Maran Atha»
Amén.
A los profetas, dejadles dar gracias cuanto quieran (cap. 9 y 10).
5. Instrucción sobre los apóstoles y profetas.
Al que viniendo a vosotros os enseñare todo lo dicho, aceptadle. Pero si el
mismo maestro, extraviado, os enseña otra doctrina para vuestra
disgregación, no le prestéis oído; si, en cambio, os enseña para aumentar
vuestra justicia y conocimiento del Señor, recibidle como al mismo Señor.
Con los apóstoles y profetas, obrad de la siguiente manera, de acuerdo con la
enseñanza evangélica: todo apóstol que venga a vosotros, sea recibido como
el Señor. No se detendrá sino un solo día, y, si fuere necesario, otro más. Si
se queda tres días, es un falso profeta. Cuando el apóstol se vaya no tome
nada consigo si no es pan hasta su nuevo alojamiento. Si pide dinero, es un
falso profeta.
PROFETA-FALSO: No pongáis a prueba ni a examen ningún profeta que
habla en espíritu. Porque todo pecado será perdonado, pero este pecado no
será perdonado. Con todo, no todo el que habla en espíritu es profeta, sino el
que tiene el modo de vida del Señor. En efecto, por el modo de vida se
distinguirá el verdadero profeta del falso. Todo profeta que manda poner una
mesa en espíritu, no come de ella: de lo contrario, es un falso profeta. Todo
profeta que predica la verdad, si no cumple lo que enseña es un falso profeta.
Todo profeta probado como verdadero, que trabaja en el misterio de la
Iglesia en el mundo, si no enseña a hacer lo que él hace, no lo juzgaréis, pues
su juicio está en Dios. Así lo hicieron también los antiguos profetas. Pero al
que dice en espíritu: Dame dinero, o cualquier otra cosa, no le prestéis oído.
En cambio si dice que se dé a otros necesitados, nadie lo juzgue.
A todo el que viniere en nombre del Señor, recibidle. Luego examinándole
le conoceréis por su derecha y por su izquierda, pues tenéis discernimiento.
Al que pasa de camino le ayudaréis en cuanto podáis: pero no se quedará
con vosotros sino dos o tres días, si fuere necesario. Si quiere quedarse entre
vosotros, teniendo un oficio, que trabaje para su sustento. Si no tiene oficio,
proveed según prudencia, de modo que no viva entre vosotros cristiano
alguno ocioso. Si no quiere aceptar esto, se trata de un traficante de Cristo:
tened cuidado con tales gentes.
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Todo auténtico profeta que quiera morar de asiento entre vosotros es digno
de su sustento. Igualmente, todo auténtico maestro merece también, como el
trabajador, su sustento. Por tanto, tomarás siempre las primicias de los frutos
del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, y las darás como
primicias a los profetas, pues ellos son vuestros sumos sacerdotes. Si no
tenéis profeta, dadlo a los pobres. Si haces pan, toma las primicias y dalas
conforme al mandato. Si abres una jarra de vino o de aceite, toma las
primicias y dalas a los profetas. De tu dinero, de tu vestido y de todas tus
posesiones, toma las primicias, según te pareciere, y dalas conforme al
mandato (cap. 11-13).
6. El día del Señor.
EU/RIÑAS: En el día del Señor reuníos y romped el pan y haced la
eucaristía, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que
vuestro sacrificio sea puro. Todo el que tenga disensión con su compañero,
no se junte con vosotros hasta que no se hayan reconciliado, para que no sea
profanado vuestro sacrificio. Este es el sacrificio del que dijo el Señor: «En
todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrificio puro: porque yo soy el gran
Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones» (Mal 1,
11) (cap. 14).
7. Obispos y diáconos.
Elegíos obispos y diáconos dignos del Señor. hombres mansos, no amantes
del dinero, sinceros y probados; porque también ellos os sirven a vosotros en
el ministerio de los profetas y maestros. No los despreciéis, ya que tienen
entre vosotros el mismo honor que los profetas y maestros (cap. 15).
8. Escatología.
PARUSIA/SIGNOS: Vigilad sobre vuestra vida. No se apaguen vuestras
linternas, y no dejen de estar ceñidos vuestros lomos, sino estad preparados,
pues no sabéis la hora en que vendrá nuestro Señor. Reuníos con frecuencia,
buscando lo que conviene a vuestras almas, pues de nada os servirá todo el
tiempo en que habéis creído. si no consumáis vuestra perfección en el último
momento. En los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los
corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos, y el amor se convertirá en
odio. En efecto, al crecer la iniquidad, los hombres se odiarán entre si, y se
perseguirán y se traicionarán: entonces aparecerá el extraviador del mundo,
como hijo de Dios, y hará señales y prodigios, y la tierra será entregada en
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sus manos, y cometerá iniquidades como no se han cometido desde siglos.
Entonces la creación de los hombres entrará en la conflagración de la
prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveren en
su fe serán salvados por el mismo que había sido maldecido. Entonces
aparecerán las señales auténticas: en primer lugar el signo de la abertura del
cielo, luego el del sonido de trompeta, en tercer. lugar, la resurrección de los
muertos, no de todos los hombres, sino, como está dicho: «Vendrá el Señor
y todos los santos con él» (Zac 14, 5). Entonces el mundo verá al Señor
viniendo sobre las nubes del cielo (cap.16).
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Un sacrificio puro
(Didaché o Enseñanza de los Doce Apóstoles, cap. IX y X)
En cuanto a la Eucaristía, dad gracias así. En primer lugar, sobre el cáliz:
«Te damos gracias, Padre nuestro, por la santa vid de David, tu siervo, que
nos diste a conocer por Jesús, tu siervo. A Ti gloria por los siglos».
Luego, sobre el fragmento de pan: «Te damos gracias, Padre nuestro, por la
vida y el conocimiento que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo.
A Ti la gloria por los siglos».
«Así como este trozo estaba disperso por los montes y reunido se ha hecho
uno, así también reúne a tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino.
Porque tuya es la gloria y el poder por los siglos por medio de Jesucristo».
Nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía a no ser los bautizados en el
nombre del Señor, pues acerca de esto también dijo el Señor: No deis lo
santo a los perros.
Después de haberos saciado, dad gracias de esta manera:
«Te damos gracias, Padre Santo, por tu Nombre Santo que has hecho habitar
en nuestros corazones, así como por el conocimiento, la fe y la inmortalidad
que nos has dado a conocer por Jesús tu siervo. A Ti la gloria por los
siglos».
«Tú, Señor omnipotente, has creado el universo a causa de tu Nombre, has
dado a los hombres alimento y bebida para su disfrute, a fin de que te den
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gracias y, además, a nosotros nos has concedido la gracia de un alimento y
bebida espirituales y de vida eterna por medio de tu Siervo».
«Ante todo, te damos gracias porque eres poderoso. A Ti la gloria por los
siglos».
«Acuérdate, Señor, de tu Iglesia para librarla de todo mal y perfeccionarla en
tu amor y a Ella, santificada, reúnela de los cuatro vientos en el reino tuyo,
que le has preparado. Porque Tuyo es el poder y la gloria por los siglos».
«¡Venga la gracia y pase este mundo! ¡Hosanna al Dios de David! ¡Si alguno
es santo, venga!; ¡el que no lo sea, que se convierta! Maranatha. Amén».