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La Fiesta en el Cielo: Cuento Infantil

Pepo el sapo quería asistir a la Fiesta en el Cielo reservada para animales voladores, pero no podía volar. Se escondió en la maleta de Leo el buitre para llegar a la fiesta. Durante la fiesta, Pepo bailó y saltó entre las aves sorprendidas, evitando responder cómo había llegado. Antes del amanecer, Pepo regresó escondido en la maleta de Leo y volvió a su hogar, dejando a todos preguntándose cómo lo había logrado.

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La Fiesta en el Cielo: Cuento Infantil

Pepo el sapo quería asistir a la Fiesta en el Cielo reservada para animales voladores, pero no podía volar. Se escondió en la maleta de Leo el buitre para llegar a la fiesta. Durante la fiesta, Pepo bailó y saltó entre las aves sorprendidas, evitando responder cómo había llegado. Antes del amanecer, Pepo regresó escondido en la maleta de Leo y volvió a su hogar, dejando a todos preguntándose cómo lo había logrado.

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La Fiesta En El Cielo

Érase una vez un bosque donde, al comienzo de cada estación del año, se
celebraba una fiesta especial en la que, los animales, eran los invitados de honor.

Con la llegada del otoño, se decidió celebrar una Fiesta en el Cielo, de forma que
todos los animales que pudiesen volar estarían invitados. La noticia se dio entre
todos los habitantes del bosque y, mientras las aves estaban animadísimas con
la noticia y deseando que llegase la fiesta, el resto de animales se moría de
envidia pensando que ellos no podrían acudir a dicho evento.

Pepo, un sapo muy picaron, que vivía en el pantano que había en el medio del
bosque, decidió que él no se perdería aquella fiesta. De forma que empezó a
difundir que él también había sido invitado. El resto de animales se reían de Pepo
cada vez que le oían decir que él también había sido invitado, a la vez que
comentaban: ¿Imaginan al gordote de Pepo, que no es capaz de correr dos metros
sin cansarse, volando hacia la fiesta?

Durante muchos días, el pobre Pepo, tuvo que soportar como el resto de los
animales del bosque se burlaban de él: Sácate esa idea de la cabeza, amigo sapo-
le decía una ardilla mientras descendía de un árbol. - Los animales como nosotros,
que no podemos volar, no tenemos oportunidad de asistir a la Fiesta del Cielo. Yo
voy, ya lo verán- decía Pepo una y otra vez. - Aún no tengo muy claro cómo, pero
iré.

No es justo que se celebre una fiesta de esas y en la que la mayoría de los


animales se excluyan y no puedan asistir. Después de mucho pensar, Pepo formuló
un plan. Unas horas antes de que la fiesta diese comienzo, Pepo fue en busca del
buitre Leo. Estuvieron conversando y divirtiéndose un buen rato con las bromas
que Pepo contaba. Cuando ya era casi de noche, Pepo se despidió de Leo: Bueno,
mi querido amigo Leo, me voy a retirar para descansar un poco antes de acudir a
la Fiesta, sino, no podré estar animado y disfrutar de la misma.

¿Pero realmente vas a ir, Pepo? - preguntó Leo bastante desconfiado.

¡Claro que sí! No me la perdería por nada del mundo, dijo Pepo mientras se
retiraba. ¡Hasta mañana! Pero, en vez de salir por la puerta, tal y como pensaba
Leo que haría, Pepo dio una vuelta y empujó una ventana de la casa de Leo. Encima
de la cama observó la maleta de Leo, que ya tenía todo lo que necesitaría en la
fiesta, así que Pepo, sin dudarlo, decidió esconderse en ella.

Cuando llegó la hora de la fiesta, Leo cogió su maleta, se la puso al cuello y empezó
a volar en dirección al cielo. Tan pronto como llegó a su destino, Leo colgó su
maleta en un perchero y se fue en busca de las otras aves. Pepo aprovechó la
ocasión para verificar que no había nadie a la vista que lo pudiese descubrir y,
de un salto, salió de la maleta todo contento y sonriente. Las aves se
sorprendieron muchísimo cuando vieron a Pepo bailoteando y saltando por el
cielo. Todos se preguntaban cómo habría llegado hasta allí y corrían a
preguntarle. Pero el sapo evitaba responderles cambiando rápidamente la
conversación y mudándose a otro lado para seguir divirtiéndose. Ya casi amanecía
cuando Pepo decidió que era hora de prepararse para su regreso a casa. Salió de
la fiesta sin que nadie se percatase y volvió a entrar en la maleta de Leo, que
seguía colgada del perchero.

Cuando la fiesta terminó, los invitados salieron volando, cada uno para su destino.
Leo, cogió su maleta y se puso a volar en dirección al bosque. Cuando llegó a su
casa, dejo la maleta sobre una mesa de la habitación y se fue a dormir. Pepo
aprovechó la ocasión para salir de su escondite y rápidamente, dirigirse hacia el
exterior de la casa de Leo para regresar a su casa. Al día siguiente, todo el
bosque comentaba la hazaña de Pepo y se preguntaban cómo lo habría conseguido.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. FIN

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