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Arcos y Obras de Palladio y Miguel Ángel

El documento describe varias obras arquitectónicas inacabadas de Palladio y Miguel Ángel. Entre las obras de Palladio se encuentran el Palacio Chiericati en Vicenza y la Iglesia del Redentor en Venecia. El documento también describe el trabajo de Miguel Ángel en el Palacio Farnesio en Roma y su papel en la construcción de la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, donde unificó los diseños previos y propuso una gran cúpula elíptica.
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Arcos y Obras de Palladio y Miguel Ángel

El documento describe varias obras arquitectónicas inacabadas de Palladio y Miguel Ángel. Entre las obras de Palladio se encuentran el Palacio Chiericati en Vicenza y la Iglesia del Redentor en Venecia. El documento también describe el trabajo de Miguel Ángel en el Palacio Farnesio en Roma y su papel en la construcción de la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, donde unificó los diseños previos y propuso una gran cúpula elíptica.
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OBRAS QUE FALTAN.

-Palladio:
Palacio chiericati. El palacio fue encargado a Andrea Palladio por el conde Girolamo
Chiericati, de la familia Chiericati, una de las familias más influyentes de Vicenza durante el
siglo XVI. El arquitecto comenzó las obras del edificio en 1550. El trabajó continuó gracias al
patrocinio de Valerio Chiericati, hijo y heredero de Girolamo Chiericati. El palacio se terminó
finalmente alrededor del año 1680, posiblemente por Carlo Borella.

El palacio se construyó en una zona llamada plaza dell'Isola ("Plaza de la Isla", actualmente
Piazza Matteotti), que albergaba el mercado de madera y ganado. Antiguamente era un
islote rodeado por los arroyos Retrone y Bacchiglione. Para proteger al palacio de las
inundaciones Palladio lo construyó en una posición elevada, la entrada está situada al final
de una escalera triple de estilo clásico.

Detalles arquitectónicos[editar]
La fachada principal del palacio está compuesta por tres salientes. La fachada tiene dos
filas de columnas superpuestas. Las columnas de abajo son toscanas y las de arriba
jónicas. En los laterales de cada nivel se presentan arcos que producen galerías entre las
columnas y la pared. El techo es casetonado y presenta estatuas en la parte superior.

Iglesia del redentor. (1577, Canale della Giudecca, Venecia). Se construyó como
agradecimiento por el fin de la peste que hizo estragos en Venecia acabando con un tercio
de la población en verano de 1576, y en cumplimiento de una promesa realizada por el Dux
de Venecia. Se realizó en la Isla de la Giudecca y se dedicó a Cristo Redentor. Palladio
comenzó a trabajar en la iglesia de inmediato, y al año siguiente, en la fiesta del Redentor
(el tercer domingo de julio), el gobierno veneciano estableció la costumbre -que aún se
observa- de realizar una procesión sobre el puente de barcas y un servicio de acción de
gracias en la iglesia.
El diseño de Palladio para el Redentor da gran importancia a la fachada. Elevada sobre
podio al estilo de Alberti, se accede a ella por una amplia escalera, muy adecuada para la
ceremonia anual. La fachada emplea una disposición sutil de triángulos entrelazados,
pilastras y columnas empotradas. El diseño de Palladio proporciona una solución ingeniosa
al problema de la adaptación de una fachada clásica, al modo de un templo romano, al
cuerpo de una iglesia cristiana. La fachada combina a la perfección con el conjunto que
tiene a sus espaldas: La cubierta exterior a dos aguas de la nave central, la gran cúpula
bulbosa de estilo bizantino-veneciano que sobresale en altura y las dos torres circulares a
modo de minaretes que sitúa en la cabecera.

En el interior de la iglesia del Redentor, Palladio muestra su fuerza estilística y su


coherencia. La nave central se sustenta por finas columnas que soportan un entablamento y
está iluminada por una serie de grandes ventanas con forma de arco situadas sobre éste.
De gran interés es el deambulatorio, que se extiende alrededor de la ábside tras el altar
mayor. En contraste con los detalles arquitectónicos ricamente articuladas de las paredes
de la iglesia, el gran techo abovedado es liso, sin decoración.

El interior de la iglesia tiene la apariencia de un gran salón, ya que carece de un crucero


real. Al igual que en San Giorgio Maggiore, el majestuoso altar separa la nave central del
coro.

-Miguel Angel: Palacio Farnesio (1546, Roma). Este palacio fue encargado a Sangallo en
1517 y tiene una fachada de 50 metros de largo. El diseño dispuso sillares almohadillados
en las esquinas y el centro, alrededor de la entrada principal. Lo distribuyó en tres cuerpos
de altura cuajados de ventanas que alternaban frontones triangulares y semicirculares sobre
columnas en el segundo piso. Las columnas alternan como en el Coliseo romano
superponiendo órdenes en el segundo y tercer piso, en el primero coloca los frontones
sobre modillones que hacen de orejeras de las ventanas.

Antonio da Sangallo el Joven murió en 1546, y la mayor parte de su obra inacabada recayó
en Miguel Ángel. La forma en que el artista lidió con su tarea es evidente en el palacio que
el cardenal Alessandro Farnese había encargado mucho tiempo atrás a Sangallo. Elegido
para el papado, Alessandro anunció un concurso para el diseño de la cornisa que ganó
Miguel Ángel, después de lo cual terminó el edificio. Su carácter cambió completamente
gracias a la adición de una cornisa volada impresionante y una superestructura para el piso
superior, haciendo hincapié en el cuerpo central con un balcón coronado por el escudo de la
familia. Un excelente dibujo realizado en 1840 por el arquitecto Hector Martin Lefuel
muestra la fachada antes de que se echara a perder por las adiciones posteriores que se
hicieron en el eje central.
Las ventanas de la planta superior, con arcos de medio punto rematados por cornisas
triangulares partidas, dan ligereza al palacio. Donde Sangallo había oscilado entre una
unidad compuesta de muchos elementos armoniosos y un solo tema dominante, Miguel
Ángel puso unidad.

San Pedro del Vaticano (Ciudad del Vaticano, Roma, 1546).

Todos los documentos existentes y los resultados de la investigación moderna dan fe de


que la antigua basílica de San Pedro era una iglesia muy hermosa que llenaba de alegría a
cada peregrino que la visitaba. Pero se fue cayendo a pedazos, y el deseo de reformarla
impulsa a los Papas a tirar el antiguo edificio y sustituirlo por uno nuevo y más imponente.
Muchos planes se aceptan y se desechan; se realizan muchos cambios. Cada Papa y cada
arquitecto recién nombrado criticó, rechazó y cambió los planes anteriores.

Lo que permanecía de la obra a mediados del siglo XVI eran trozos y fragmentos, el más
excelente el realizado por Bramante, aunque artistas como Rafael, Baldassarre Peruzzi y
Antonio da Sangallo el Joven habían hecho importantes contribuciones. En 1547 el Papa
Pablo III encargó a Miguel Ángel la supervisión de los planes, pero pasaron años antes de
que se las arreglara para introducir un poco de orden en ellos e imponer la unidad en ese
cúmulo de diseños y materiales.

También Miguel Ángel escribió una carta devastadora para criticar el diseño que Antonio da
Sangallo el Joven había realizado para San Pedro del Vaticano, luego aceptó el encargo de
completar la obra sin recibir ninguna paga y desarrolló un nuevo plan unificado. Eliminó los
ambulatorios y la fachada con torres. Restableció la planta de cruz griega original de
Bramante y realizó un colosal diseño del exterior, reduciendo los elaborados planes de
Bramante a un edificio central y a una imponente cúpula.
Bramante había previsto una planta de cruz griega inscrita en una base cuadrangular y
coronada en el crucero por una cúpula con linterna; diseñó cuatro torres y colocaría una en
cada esquina de la planta. Era una disposición equilibrada de pasillos y claustros, un
conjunto formado por partes autónomas y coordinadas. El plan de Miguel Ángel era grande
y más simple, con una doble cúpula elíptica que domina todo el diseño. La estructura
interna de la iglesia es cruciforme, con bóveda de cañón tal y como diseñó Bramante,
mientras que la fachada diseñada como un castillo sugería un dominio mundano en lugar de
dominio espiritual. Los muros, rotos por las ventanas superpuestas en grupos de dos y tres
que aparecen encajadas entre las pilastras con capiteles corintios, tienen el objetivo de
sujetar el arquitrabe, la cornisa y el poderoso ático. Pero todo esto no es más que una base,
un preludio para la gran cúpula que domina y bendice la Campaña Romana, o lo que queda
hoy de ella.

Con el fin de unificar el exterior, Miguel Ángel utilizó el orden de Corinto reflejado en el
emparejamiento de pilastras corintias en el cuerpo inferior de la iglesia y el emparejamiento
de columnas corintias en la zona del peristilo y la linterna de la cúpula. Diseñó también una
doble cúpula elíptica de nervios siguiendo el estilo florentino desarrollado por Brunelleschi,
en lugar de la cúpula semiesférica de Bramante, dividiéndola en dieciséis costillas en lugar
de las ocho de la cúpula típica florentina, éstas y los nervios de la linterna que culmina la
cúpula están emparejados. Por lo tanto toda la iglesia, desde el suelo hasta la esfera de la
linterna, da la impresión de un monolito colosal.
A la muerte de Miguel Ángel el tambor y el peristilo de la cúpula estaban todavía en obras.
La doble cúpula que finalmente fue construida se alejó un poco el diseño original de Miguel
Ángel, pero el efecto del edificio, visto desde los lados o desde abajo, se pliega a sus
intenciones. La cúpula se convirtió en la más grande en el mundo. Miguel Ángel proyectó la
doble cúpula de forma ligeramente apuntada, y esta fue la forma adoptada por los
constructores, su diámetro es de 41,5 metros. Al igual que en la doble cúpula de la catedral
de Florencia de Brunelleschi, la forma en punta ejerce menos empuje, y esto fue decisivo
cuando en 1585 Giacomo della Porta con la ayuda de Domenico Fontana, que era
probablemente el mejor ingeniero de su época, retomó la construcción. Sin duda Miguel
Ángel tenía en mente la cúpula de la catedral de Florencia a medida que diseñó esta
cúpula, concibiendo en su visión exterior hasta en el último detalle. También fue capaz de
seguir su construcción hasta que el tambor estuvo en su lugar. Fue sólo después de la
muerte del artista que la cúpula se alargó, se añadieron unos 8-9 metros a su altura, con el
resultado de que podía verse desde más lejos. Fue terminada por Giacomo della Porta y
Domenico Fontana en 1590.
En esta hoja Miguel Ángel dibujó una serie de posibilidades para el diseño de la cúpula de
San Pedro. Junto a los estudios de la cúpula y su linterna hay estudios de figuras en el
reverso de la misma hoja. Estas figuras se sitúan en nichos estrechos y rectangulares; a
dos de ellas se les da mayor énfasis por su ejecución detallada. Se pueden interpretar como
representaciones de los apóstoles pero se desconoce su propósito.

Este grabado de San Pedro fue ejecutado por Étienne Dupérac (1525-1604) en 1568. La
nave central se echó a perder cuando se transformó en basílica y se construyó una fachada
cuya fría laicidad será redimida únicamente por la magnífica columnata de Bernini. Hay que
observar San Pedro desde el lado oeste para apreciar lo que pretendía Miguel Ángel. Del
mismo modo se debe observar el interior desde el centro de la, ahora, basílica, sin tener en
cuenta el baldaquino de bronce y todos los añadidos barrocos posteriores, echando un
vistazo a los brazos del crucero y, mirando hacia arriba, a la cúpula florentina.

Cuando se observa el edificio persiste el sentimiento de que algo falta, ya que los ángulos
rectos son abruptos y sin motivación. Probablemente debido a la aversión al estilo gótico;
cualquier sugerencia de realizar contrafuertes tenía que ser evitada, aunque en este caso
particular, se necesitan y están, de hecho, presentes, aunque camuflados mediante pilares
neoclásicos emparejados. Aquí, más que en cualquiera de sus otras obras, se plasma el
gusto medievalista del Miguel Ángel: San Pedro es un sueño medieval, su diseño aspira al
cielo y glorifica a Dios. La cúpula elíptica es la apoteosis del románico y del arco apuntado
gótico, con una linterna que, a pesar de sus columnas clásicas, nos recuerda a un
campanario cuajado de misteriosas tallas.

En consonancia con su convicción de que la arquitectura debe proceder de la escultura y la


pintura, Miguel Ángel realiza un modelo de arcilla con el fin de comprobar la plasticidad
otorgada a su creación arquitectónica. Posteriormente, realizó este modelo en madera con
ayuda de un carpintero. Esta maqueta ayudó a realizar algunas reparaciones y cambios
posteriores que querían seguir siendo fieles al diseño original del arquitecto.

En la arquitectura, el detalle es todo: las curvas y los contornos de la cúpula casi romboidal
superan a todas las demás siluetas de su tipo, incluso la de la cúpula de la catedral de
Florencia de Brunelleschi y las de las grandes mezquitas de Estambul y El Cairo. Si uno
observa la cúpula de San Pedro desde el sur o desde el oeste, donde las debilidades de los
arquitectos posteriores no son evidentes, uno se pregunta ¿cuál es el secreto de esta
cúpula?. En teoría no debería haber sido difícil de diseñar. Pero de hecho, sólo un hombre
fue capaz de idearla, y se le concedió la inspiración para llevarla a cabo. Su genio se basó
en la sabiduría acumulada durante su vida. La cúpula puntiaguda revela el misterio del
universo; el milagro de la reconciliación entre Dios y el hombre que brilla por encima de la
ciudad eterna, esta cúpula de color gris plateado irradia amor.

Plaza del Capitolio (1548, Roma). Palacio nuevo.

Entre los logros de Miguel Ángel está la conquista de la colina Capitolina, es decir, la
depresión que hay entre el antiguo templo de Juno Moneta -que sobrevivió como Iglesia de
Santa María de Aracoeli- y la de Júpiter Capitolino. Este fue de hecho el corazón del Imperio
Romano.

En sus grandes obras anteriores Michelangelo había realizado alusiones y metáforas


cosmogónicas. En el Capitolio ideó un reflejo de la Creación, plasmado en los extraños
mosaicos del suelo del Capitolio, que fueron realizados en 1940 según los grabados
dibujados a partir de sus diseños. Los tres palacios que enmarcan la plaza muestran el
misterio de la Revelación divina. El magnífico barrido hacia abajo de la escalera que lleva a
Aracoeli, con su plataforma y sus estatuas de los ríos-dioses, simboliza el descenso divino
de la Verdad, materializado en la bondad y la belleza, en otras palabras, en la Luz y la
Palabra, y remarcado por los dos palacios laterales que flanquean la plaza en un ángulo
ligeramente diagonal formando un trapecio.
Este dibujo muestra una reconstrucción del proyecto de Miguel Ángel. El pavimento, aunque
planeado por Miguel Ángel, no se colocó hasta 1940, cuando Mussolini reconoció la
importancia histórica del Capitolio como símbolo de gobernabilidad. Los grabados que
sirvieron de base para la realización de los mosaicos de la plaza fueron ejecutados por
Étienne Dupérac (1525-1604) en 1568.

Miguel Ángel puso el sello en su plan mediante el traslado de la estatua ecuestre de Marco
Aurelio, que los romanos habían creído durante mucho tiempo de Constantino el Grande,
desde la Lateranense, y lo colocó en un pedestal de su diseño en el centro de esta gran
plaza de forma trapezoidal.

Como emblema del poder imperial de Roma, la escultura se eleva desde el centro del sol,
cuyos doce rayos se ramifican siguiendo un patrón lineal de múltiples dimensiones; por
medio de líneas que se cortan en seis ocasiones se obtienen doce campos concéntricos. En
conjunción con el sol de doce puntas sobre el que se sitúa la escultura ecuestre, se
representan los planetas y las doce moradas del zodiaco. Como lector asiduo de la Divina
Comedia, Miguel Ángel pudo desarrollar esta idea. La idea monárquica también se deriva
de Dante. Todo el diseño se adapta a una elipse que representa la correspondencia terrena
y la esfera divina, pero es un óvalo que contiene dos puntos focales debido a la dualidad de
un mundo que se ha desplazado del verdadero centro. No es casualidad o capricho del
artista que el número siete sea el clave en el Capitolio. Se encuentra en la especulación
mística de todas las edades.
El proyecto del maestro fue aceptado, pero posteriormente modificado en algunos lugares.
Los palacios de cada lado de la plaza fueron alterados por Giacomo della Porta después de
la muerte de Miguel Ángel, pero gran parte de la obra original permanece. Desde el punto
de vista de la historia de la arquitectura, la innovación más importante realizada en estos
palacios fue la introducción del llamado orden gigante; es decir, una pilastra y una columna
que se extienden a lo largo de los dos cuerpos de la fachada.

El Palacio Senatorial fue construido durante los siglos XIII y XIV. Se situó encima del antiguo
Tabularium que una vez albergó los archivos de la antigua Roma. Su reforma se inició en
1546. Miguel Ángel es responsable sólo de la escalera exterior a dos vertientes, realizada
de forma que su eje es la escultura de Marco Aurelio que coincide con el portal central del
Palacio Senatorial. El nicho en el centro de la escalera estaba destinado a albergar una
gran estatua de Júpiter. El campanario fue diseñado por Martino Longhi el Viejo y construido
entre 1578 y 1582. Su fachada actual fue diseñada por Giacomo della Porta y Girolamo
Rainaldi.
El Palacio de los Conservadores fue completado en 1568 por Próspero Boccapaduli y
Tommaso Cavalieri. Giacomo del Duca lo amplió más tarde y transformó la ventana del
centro en un balcón, destruyendo así el equilibrio de los siete pórticos sobre pilares y
coronados por siete ventanas.

Miguel Ángel no vivió para supervisar la construcción completa del Palacio de los
Conservadores, y los cambios introducidos en el proyecto original por sus sucesores no
jugaron a su favor. El Museo Capitolino a la izquierda, cerca de Aracoeli, fue construido
1644-1655, bajo el papado de Inocencio X.

El Palacio Nuevo, al igual que el Palacio de los Conservadores usa el orden corintio gigante,
dentro del cual el orden jónico parece estar encarcelado. El uso de un entablamento recto
para el pórtico, en lugar de la arcada se convierte en tradicional en esta etapa, y es
característico del estilo de Miguel Ángel.
El conjunto no se completó hasta finales del siglo XVII, cien años después de la muerte de
Miguel Ángel, y su diseño fue modificado en algunos aspectos por Giacomo della Porta. Sin
embargo, el resultado es esencialmente como Michelangelo deseaba: un amplio espacio
exterior que podía funcionar como escenario para eventos ceremoniales.

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