Epidemiología y Diagnóstico del TDAH
Epidemiología y Diagnóstico del TDAH
Manuel Antonio Fernández Fernández. Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica. Sevilla. España
INTRODUCCIÓN
El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo que
se manifiesta en la infancia con síntomas de hiperactividad, impulsividad y/o falta de atención. Los
síntomas afectan al funcionamiento cognitivo, académico, conductual, emocional y social. Todo ello
conduce a un importante problema de salud, educativo y social en la persona que lo padece y en su
entorno.
EPIDEMIOLOGÍA
Las tasas de prevalencia del TDAH varían en función de las metodologías de investigación utilizadas,
la población estudiada y los cambios en los criterios de diagnóstico. Estas variaciones se deben, por
ejemplo, al uso de diferentes criterios de identificación del caso (cribado vs. diagnóstico) o al estudio
de distintas poblaciones (atención primaria frente a hospitalaria).
La prevalencia conjunta estimada del TDAH se sitúa alrededor del 7%, lo que lo convierte en uno de
los trastornos más comunes de la infancia. Esta prevalencia es mayor en las personas con otros
trastornos del neurodesarrollo.
La prevalencia durante la edad pediátrica aumenta con el aumento de la edad (7,7% entre los niños
de 4 a 11 años y 13,5% entre los de 12 a 17 años), probablemente por la identificación tardía de
casos en la infancia y adolescencia. El TDAH persiste en la edad adulta en el 40%-70% de las personas
diagnosticadas con TDAH en la infancia. Se estima una prevalencia del TDAH del 2,5-5% en adultos,
y alrededor del 2,8% en adultos mayores, por lo que se le considera una condición crónica.
El TDAH se identifica con mayor frecuencia en los varones que en las mujeres. La proporción entre
varones y mujeres oscila entre el 4-2:1, aproximándose más en la forma de presentación
predominantemente inatenta. La amplia discrepancia en la proporción de hombres y mujeres con
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TDAH diagnosticado se debe, al menos en parte, a la falta de reconocimiento y/o al sesgo de
derivación en las mujeres. Las derivaciones clínicas durante la edad pediátrica en los varones suelen
superar a las de las mujeres, con proporciones que van de 3-1 a 16-1. Estas discrepancias en la
proporción de sexos ponen de manifiesto que es probable que un gran número de niñas con TDAH
no sean identificadas ni tratadas, lo que repercute en los resultados sociales, educativos y de salud
mental a largo plazo.
En los últimos años la prevalencia del TDAH parece haber aumentado en todos los grupos. Entre las
posibles explicaciones del aparente aumento de la prevalencia del TDAH a lo largo del tiempo se
encuentran la mejora de la concienciación y la identificación de casos por parte de los profesionales
de atención primaria, los educadores y los padres, o la exposición más frecuente a algunos de los
posibles factores etiológicos o relacionados con el TDAH.
El TDAH tiene un marcado componente genético. La heredabilidad del TDAH se sitúa en el 0,70 y el
0,88. Aproximadamente una cuarta parte de los familiares de primer grado de un niño con TDAH
también tiene o tuvo TDAH.
No están aún claros los posibles efectos genéticos sobre el riesgo individual de desarrollo de TDAH,
de la gravedad de los síntomas y de su persistencia. Entre los genes candidatos más estudiados, en
relación con el desarrollo del TDAH, se encuentran el gen del transportador de dopamina (DAT1) y
el gen del receptor de dopamina 4 (DRD4).
Se han asociado muchos factores ambientales diferentes al TDAH, pero es difícil identificar cuáles
son definitivamente causales.
Enfermedades crónicas: atopia, alergia, asma, celiaquía, trastornos del sueño, hipotiroidismo
Epilepsia
Traumatismos craneales
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El pediatra debe tener en cuenta en particular la alta frecuencia de este trastorno en niños que
nacieron prematuros (alrededor del 20%) y su frecuencia relativamente alta en pacientes con
epilepsia, por ejemplo, que llega a ser del 30% en niños con POCSL (Punta Onda Continua en Sueño
Lento).
ETIOPATOGENIA
En general, los déficits neuropsicológicos son consistentes con una disfunción de los circuitos
ganglios basales frontales.
Esta disfunción conduciría a un fracaso del control inhibitorio, a la desregulación de los sistemas
cerebrales que median la recompensa y el coste de la respuesta, y a los déficits en la excitación, la
activación y el control del esfuerzo.
Con todo ello se establecería la hipótesis de que una alteración en el flujo sináptico de dopamina y
noradrenalina interferiría en la conectividad de la corteza prefrontal con regiones estriatales,
límbicas, cerebelosas, parieto-temporales y cinguladas. Esta situación desencadenaría un
funcionamiento anómalo de los mecanismos de atención, autocontrol y automonitorización de las
funciones ejecutivas, entre otras, ocasionando las manifestaciones clínicas del TDAH.
MANIFESTACIONES CLÍNICAS
Independientemente de ello, hay una serie de aspectos de consenso básicos sobre los que se basan
los criterios técnicos a la hora de describir los criterios diagnósticos propios del TDAH.
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Por esta razón debemos tener en cuenta los siguientes aspectos conceptuales con trascendentes
implicaciones prácticas
Cuando nos referimos a las manifestaciones clínicas del TDAH, debemos dejar de lado la tradicional
concepción teórica y categórica que ha reinado en las últimas décadas dentro del área de la
neurología y la psiquiatría.
Tenemos que comenzar a valorarlas desde una perspectiva absolutamente diferente centrada en
una concepción dimensional y, por supuesto, en estrecha relación con los niveles de
neurodesarrollo en los que se encuentra cada individuo en cada momento de su vida.
Concepto actual ampliado → Espectro de conjuntos solapados entre todos los trastornos del
desarrollo y otros cuadros independientes
Para ello, tenemos que considerar el amplio cortejo de síntomas presente en el TDAH dentro de un
gran espectro continuo que va desde los niveles más normalizados de desarrollo —asociado por
tanto a los síntomas más leves y restringidos— hasta los niveles más alterados de desarrollo
neurológico, que se asocian a un importante desequilibrio de la función ejecutiva y con síntomas
mucho más amplios e intensos, en la mayoría de las ocasiones, acompañados también por un
variado conjunto de síntomas comórbidos
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De forma complementaria, frecuentemente se asocian otros síntomas que reflejan el
solapamiento con otros trastornos del neurodesarrollo y procesos neurológicos
relacionados.
Estos síntomas adyacentes se conocen como comorbilidades y dentro de la amplia variedad
existente destacan, por su elevada frecuencia:
Trastornos específicos del aprendizaje como la dislexia en un 50% de los casos,
aproximadamente.
Trastornos de conducta como el trastorno negativista desafiante, que ocurre hasta
en un 70% de los casos según las diferentes series.
Trastornos del movimiento como los tics.
Entre las asociaciones no directamente relacionadas con el origen neurobiológico o
comorbilidades propiamente dichas, también conocidas como primarias, están otros
cuadros como:
Los trastornos del sueño (30%).
Los trastornos del estado de ánimo.
4. Repercusiones generales
Las repercusiones de este conjunto de síntomas se centran, aunque no exclusivamente, en
cuatro áreas vitales:
Aprendizaje y rendimiento académico.
Conducta y comportamiento.
Relaciones sociales, familiares y personales.
Estabilidad emocional, autoestima y autoconcepto.
De una forma u otra, se producen dificultades en las diferentes áreas derivadas de los síntomas
nivelares, ampliados y comorbilidades.
La edad preescolar es uno de los periodos en los que más difícil puede resultar la identificación del
TDAH y sus síntomas. En este periodo, el proceso de neurodesarrollo no ha evolucionado lo
suficiente como para generar conductas disfuncionales específicas para cada uno de los trastornos
que podemos encontrarnos. Debido a ello, el diagnóstico diferencial y la detección precoz se hacen
complicadas.
Uno de los aspectos más relevantes es el desarrollo del lenguaje, ya que puede actuar como factor
limitante en el resto de los procesos evolutivos:
La edad escolar es la más conocida dentro del TDAH. En general, el equilibrio de repercusiones va a
depender de los síntomas.
La adolescencia es otro de los momentos más complejos en la vida de una persona con TDAH,
especialmente, en el caso de que su caso no haya sido detectado y tratado.
Es una fase de desequilibrio entre las exigencias sociales y las capacidades individuales en todas las
áreas de la vida. Un momento de cambio y redescubrimiento en el que la falta de estabilidad y
autocontrol puede llevarle a lugares oscuros de difícil salida.
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evitación de estas situaciones, ya sea en busca de compañías poco recomendables,
sustancias, etc.
Relaciones sociales, familiares y personales. La situación descrita va generando
progresivamente un alejamiento del entorno directo, que, como parte de ese proceso,
es considerado de alguna forma culpable de la misma o, al menos, parte de ella. Se
produce un alejamiento de los padres, rechazo a los mismos y una absoluta falta de
comunicación.
Estabilidad emocional, autoestima y autoconcepto. En esta edad son frecuentes los
problemas de ansiedad y, por supuesto, unos niveles muy bajos de autoestima.
Los casos de TDAH en la edad adulta que conocemos son los que, de alguna u otra forma, han
acabado llegando a nuestras consultas. Es más que probable que un amplio porcentaje del total se
haya quedado sin diagnosticar y haya podido evolucionar a cuadros más complejos como trastornos
límite de personalidad o similares.
Es probable que desatendamos habitualmente a los casos menos disfuncionales o con una red de
soporte social que les ha permitido mantener un rumbo razonable a lo largo de los años.
DIAGNÓSTICO
En el momento actual, el diagnóstico del TDAH es clínico. Todavía no contamos con recursos en
nuestra práctica diaria para poder identificar marcadores biológicos del trastorno, aunque, en este
sentido, en los últimos años se están llevando a cabo importantes investigaciones en distintos
ámbitos (estudios de neuroimagen funcional, genética y epigenética, neurofisiología…).
Para poder entender las bases diagnósticas del TDAH, debemos partir de las siguientes premisas:
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Se caracteriza por el desarrollo inapropiado de diferentes grados de inatención e
impulsividad, con o sin hiperactividad, que tienen una interferencia negativa en el ámbito
familiar, social o escolar. Es decir, cualquier persona a lo largo de su vida puede desarrollar
esta clase de síntomas, pero solo tienen valor diagnóstico cuando generan alguna dificultad
en su desarrollo o interfieren en su normal funcionamiento escolar, social y familiar.
Como ya hemos comentado, el diagnóstico es clínico, por lo que la clave para poder identificar a los
pacientes se basa en seguir una sistemática de exploración clínica, con una adecuada recogida de
los siguientes datos:
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ha mantenido durante mucho tiempo la duda de si el TDAH se trataba de un trastorno propio
de sociedades occidentales o, por el contrario, era un trastorno global. Existe una base
científica incontestable para afirmar que la conducta hiperactiva aparece con independencia
de la cultura. No obstante, sí parece existir cierta tolerancia o tendencia a infravalorar los
síntomas de TDAH en determinadas culturas.
Información del colegio. Debemos contar con la información que nos pueda proporcionar
su colegio o centro escolar y establecer una relación fluida de intercambio de información
con este, ya que también será clave para favorecer posteriormente la adherencia terapéutica
y realizar el seguimiento evolutivo.
Criterios diagnósticos
El diagnóstico de TDAH se conceptualiza como una categoría diagnóstica por diferentes entidades
(APA: Asociación Americana de Psiquiatría, WHO: Organización Mundial de la Salud), aunque, como
veremos posteriormente, sin abordarlo desde un punto de vista dimensional.
Para el diagnóstico del TDAH en niños y adolescentes se recomienda emplear los criterios
diagnósticos del DSM-5 o de la CIE-10.
Asimismo, contamos con las Guías de Práctica Clínica del Ministerio de Sanidad, junto con una
actualización acerca de las intervenciones.
Los criterios de la CIE-10 en comparación con el DSM-5 son más estrictos. Requiere seis de un total
de nueve síntomas de déficit de atención, además de al menos tres sobre un total de cinco síntomas
de hiperactividad y uno sobre cuatro síntomas de impulsividad, por lo que los pacientes
diagnosticados según criterios CIE-10 suelen ser más graves.
Duración: ≥6 meses.
Edad de comienzo: < 12 años (CIE-10: no más tarde de 7 años; DSM-5 antes de los 12 años).
Existencia: en 2 o más situaciones o ambientes.
Disfunción: significativa en más de un área.
Discrepancia: los problemas son mayores que los que tienen los niños de la misma edad,
desarrollo y nivel de inteligencia.
Exclusión: no se explica por la presencia de otro trastorno como ansiedad, depresión o
esquizofrenia.
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Fortalezas y limitaciones de la clasificación DSM
Fortalezas
Nuestro cerebro está en constante desarrollo, y este aspecto evolutivo no queda plasmado en las
clasificaciones actuales de los trastornos mentales, basadas, como hemos dicho, en agrupaciones
estadísticas de aspectos fenomenológicos. El DSM no proporciona todavía respuestas a la hora de
abordar el origen de los trastornos mentales.
Por otra parte, se atribuye un carácter categórico a los trastornos mentales, con lo cual en ocasiones
nos encontraremos con «casos subumbral» (mayoritarios, por otra parte), en donde las
manifestaciones están presentes en grado leve, apenas disfuncional. En la práctica clínica se nos
presentan gran cantidad de casos subumbrales, así como la constatación de fenotipos ampliados en
familiares de pacientes (progenitores o hermanos con sintomatología similar a la del paciente). De
esta manera, se generan falsas dicotomías —enfermo/sano, TDAH/no TDAH— que no se ajustan a
la realidad clínica diaria.
Diagnóstico diferencial
Hemos insistido en la importancia de la clínica para realizar el diagnóstico, siendo la recogida
sistemática de síntomas la herramienta fundamental para llegar a un correcto diagnóstico. El
problema es que hay diversas razones, más allá del TDAH, para explicar estas conductas. De forma
frecuente, las tres razones o las tres causas de estas conductas posibles, desde el punto de vista
neuropsiquiátrico, son la presencia de ansiedad, depresión o un trastorno del aprendizaje,
independientemente del TDAH.
Los síntomas del TDAH no son patognomónicos ni exclusivos del trastorno, por lo que la evaluación
debe orientarse a descartar otras patologías o situaciones que pudieran llevar a confusión. En el
diagnóstico deben considerarse factores ambientales (familiares, sociales), psicológicos y médicos
(neurológicos, endocrinos, toxicidad por drogas o medicamentos, otros problemas psiquiátricos, de
inteligencia o del aprendizaje); y, en primer lugar, debe descartarse que la sintomatología esté
dentro de lo normal para la edad del paciente. Muchos pacientes, a edades tempranas, tienen
mayor probabilidad de cumplir con uno o más criterios diagnósticos de TDAH sin presentar
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necesariamente el trastorno. La diferencia estará en la «cantidad» y «calidad» o intensidad de los
síntomas, en su penetrancia (interferencia en el funcionamiento personal y social, presentación en
más de un lugar o situación) y en la persistencia (a lo largo del tiempo).
Existen una gran variedad de problemas médicos y psiquiátricos que pueden parecerse al TDAH.
Muchas causas médicas o físicas incluyen problemas audición, epilepsia (petit mal), secuelas de
traumatismo craneoencefálico, malnutrición, alteraciones de la visión, síndrome de piernas
inquietas (que coexiste con frecuencia con un TDAH, y en el que hay que descartar una ferropenia
de base), trastornos de memoria, trastornos del sueño, problemas tiroideos, alteraciones tiroideas,
etc.
Este, incluye:
Tratamiento farmacológico.
Terapia cognitivo conductual.
Intervención psicoeducativa.
Apoyos específicos en el ámbito académico, escolar y social.
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El tratamiento farmacológico del TDAH tiene como finalidad normalizar el metabolismo de estos
neurotransmisores en las áreas afectadas. El mecanismo principal es la inhibición de la recaptación
presináptica, pero también se incluye la estimulación postsináptica de los receptores implicados.
Actualmente, los fármacos autorizados para el tratamiento del TDAH se dividen en dos grupos en
función del perfil principal de su mecanismo de acción: estimulantes y no estimulantes
Fármacos estimulantes
Fármacos no estimulantes
Los fármacos no estimulantes son aquellos que actúan de forma exclusiva sobre el metabolismo de
la noradrenalina. De forma general, actúan como inhibidores selectivos de la recaptación
presináptica de la noradrenalina como es el caso de la atomoxetina, pero también actúan como
activadores de los receptores alfa 2 postsinápticos, como es el caso de la guanfacina.
La variedad de fármacos disponibles para el tratamiento del TDAH es escasa. Esto es debido a que
su eficacia es alta, llegando a alcanzar cifras de hasta un 75% en el control de los síntomas.
A pesar de ello, nos encontramos con casos en los que las diferentes terapias no son eficaces o, al
menos, completamente eficaces. Esto ocurre en los casos que asocian comorbilidades relacionadas
con trastornos de conducta.
Fármacos estimulantes
Opciones Farmacológicas
Medicamentos Estimulantes
o Metilfenidato (MTF). Inhibidor de la recaptación de dopamina
MTF Liberación inmediata. Comprimido. Duración de 4h
MTF Liberación Modificada. Cápsula. Pellets 30-70 - Duración de 8h
MTF Liberación Modificada. Cápsula. Pellets 50-50 - Duración de 8h
MTF OROS - Cápsula. Duración de 12h
o Lisdexanfetamina. Inhibidor de la recaptación de dopamina y noradrenalina
Cápsula. Polvo soluble en agua. Duración de 13h
Medicamentos No Estimulantes
o Atomoxetina: Inhibidor de la recaptación y noradrenalina
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Cápsula y Solución. Duración de 20h
o Guanfacina de liberación prolongada. Inhibidor de la recaptación de noradrenalina y
activador de los receptores postsinápticos Alfa 2
Comprimidos. Duración de 24h
Esto le permite evitar el paso por el filtro hepático y llegar directamente al torrente sanguíneo,
donde unas enzimas hidrolasas localizadas en la membrana de los glóbulos rojos va rompiendo, de
forma progresiva, el enlace de unión y liberando el ligando activo para conseguir unas 13 horas de
eficacia clínica.
Fármacos no estimulantes
La atomoxetina presenta un perfil de control de síntomas particular con una eficacia limitada para
el control de la atención, pero con un perfil favorable para el control de la hiperactividad y la
regulación emocional. Su duración media es de unas 20 horas, y su uso combinado con algún
estimulante, especialmente metilfenidato, puede ser de utilidad para el control prolongado y
equilibrado de síntomas en un determinado porcentaje de población.
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Eficacia y seguridad
De forma global, los estudios definen un muy elevado nivel de eficacia clínica para este tipo de
tratamientos, especialmente los estimulantes. Si bien es conocida la posibilidad de uso combinado
de fármacos de este o diferente mecanismo de acción en función de las necesidades individuales de
cada paciente.
Los medicamentos autorizados para el tratamiento del TDAH son fármacos seguros a corto y largo
plazo, y según las diferentes guías nacionales e internacionales su uso debe ser durante todo el
horario de actividad del individuo y mantenerse de forma continuada hasta la decisión final de
suspensión de este, salvo que se den circunstancias —especialmente las relacionadas con efectos
adversos— que recomienden lo contrario.
Los efectos adversos más frecuentes son leves y suelen estar relacionados con la alimentación,
como pueden ser la disminución del apetito y los cambios del hábito alimentario. También pueden
aparecer otras molestias, como palpitaciones de forma transitoria y asociadas al inicio o cambio de
dosis. En relación a la dosis puede aparecer un efecto rebote, en el que nos encontramos con un
empeoramiento de los síntomas a corto plazo.
Tratamiento no farmacológico
El tratamiento no farmacológico agrupa al conjunto de técnicas o herramientas disponibles para el
tratamiento del TDAH que no son farmacológicas. Entre ellas tenemos:
El objetivo de estas dos técnicas es el de aportar energía a las áreas cerebrales afectadas con el fin
de potenciar sus procesos metabólicos de regeneración y con ello, los mecanismos de plasticidad
cerebral.
La TMS aplica campos magnéticos mientras la tDCS aplica corriente eléctrica continua.
Aunque su uso no está generalizado, son varios los estudios publicados en relación a su eficacia en
los trastornos del neurodesarrollo como el TDAH.
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El neurofeedback
El neurofeedback ha sido aprobado por la FDA como tratamiento coadyuvante eficaz dentro del
manejo del TDAH y puede ser eficaz en algunos perfiles determinados.
Consiste en la recogida y análisis de actividad eléctrica cerebral a tiempo real que, tras su procesado,
se presenta de nuevo al paciente en forma de estímulos visuales y auditivos, generalmente
gamificados.
Tiene como fin la estimulación de las funciones cognitivas afectadas, así como la reconducción de
las conductas disfuncionales generadas por estas.
Los apoyos escolares complementarios, globalmente conocidos como reeducación, son otro de los
pilares del manejo integral del TDAH.
Recomendaciones psicopedagógicas:
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Repetición y presentación visual de normas e instrucciones.
Actitud asertiva, flexible pero firme.
Desarrollo de complicidad con el alumno.
Las adaptaciones metodológicas individualizadas por categorías son de utilidad para todos
los alumnos: exámenes orales, planificación del tiempo en los exámenes, la supervisión
indirecta del trabajo…
Dentro de las terapias complementarias sin base científica demostrada para el tratamiento del
TDAH se incluyen:
La homeopatía.
Las flores de Bach.
Las dietas sin gluten o caseína.
Los diferentes métodos de estimulación auditiva.
La terapia optométrica comportamental o los diferentes sistemas de estimulación visual.
Entre otras funciones que pueden realizar los Equipos de PAP en el TDAH, se encuentra el desarrollo
de programas eficaces relacionados con hábitos de vida saludable (alimentación, ejercicio físico,
ocio, sueño), que puedan modificar la evolución del TDAH durante la edad pediátrica.
Prevención: desarrollo de Programas de vida saludable (alimentación, ejercicio físico, ocio, sueño)
Detección precoz
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Diagnóstico
Tratamiento y seguimiento
La mayoría de las guías clínicas sostienen que los pediatras de Atención Primaria han de poder
diagnosticar y controlar el TDAH leve a moderado sin comorbilidad asociada. El diagnóstico de este
trastorno incluye la identificación de las comorbilidades habituales, su abordaje y los criterios de
derivación a otros especialistas en cada caso. En la evaluación de un TDAH siempre se deben
descartar problemas de aprendizaje/lenguaje, autoestima y ánimo o ansiedad, por lo que los
equipos de PAP han de estar capacitados para su detección y abordaje inicial.
Los equipos de PAP desempeñan también un papel esencial en la coordinación entre los equipos
sanitarios, educativos y la familia, tanto en la identificación del trastorno como en su diagnóstico y
tratamiento.
Finalmente, dado que en un alto porcentaje de personas el TDAH continúa durante la adolescencia
y edad adulta, será necesario facilitar la transición al servicio de adultos. Los equipos de pediatría
deben trabajar la autonomía e independencia del adolescente en el abordaje de su trastorno.
PUNTOS CLAVE
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