HADES
Cristian David Molina
ÍNDICE
● ¿Quién fue Hades?
● Hades el Dios
● Hades y Perséfone
● El reino de Hades
● Bibliografía
¿Quién fue Hades?
Hades era el nombre del dios del inframundo en la antigua Grecia (Plutón en
Roma) y el nombre del lugar tenebroso bajo tierra que se consideraba como
el destino final de las almas de los muertos. Hades era probablemente el más
temido de los dioses, y tanto Homero como Hesíodo lo describen como "sin
piedad", "detestable" y "monstruoso". Su mujer era Perséfone, a la que raptó
para que viviera con él en el inframundo, y su símbolo es un cetro o una
cornucopia.
Hades el Dios
Una vez que los dioses olímpicos derrocaron primero a los titanes y luego a los gigantes, Hades echó a suertes con
sus hermanos Zeus y Poseidón qué parte del mundo gobernaría cada uno. Zeus recibió el cielo, Poseidón los mares, y
Hades el inframundo. Aunque en cierta medida tiene un menor protagonismo en las historias mitológicas que los
otros dioses, Hades debió de inspirar temor y asombro en gran parte de la población griega.
Hades era el único dios que no vivía en el Monte Olimpo; en vez de eso habitaba en un oscuro palacio bajo tierra.
Este dios también tenía un casco hecho por Hefesto que hacía invisible a quien lo llevara, y que es el casco que
usaron Atenea cuando luchó contra Ares en la narración de Homero de la Guerra de Troya en la Iliada y Perseo en su
misión para conseguir la cabeza de Medusa.
Hades y Perséfone
Según la mitología, Hades se enamoró de Perséfone, la hija de Zeus y Deméter, y la raptó para que viviera
con él. Cuando Hermes descubrió lo que había pasado, exigió que devolviera a Perséfone a Deméter, y se
decidió que podría regresar al mundo si no había comido nada del Hades. Sin embargo Hades la engañó
para que se comiera una semilla de granada, por lo que solo podría regresar al mundo de los vivos la mitad
del año. Puede que este mito simbolice el ciclo de la vida y la muerte, de la siembra y la cosecha. La
celebración del regreso de Perséfone al mundo probablemente era una parte de los famosos Misterios
Eleusianos realizados en el santuario de Deméter en Eleusis.
En el arte arcaico y clásico de Grecia, a Hades a menudo se lo representa como un hombre más maduro, con
barba y un cetro, una horca de dos púas, una vasija para libaciones o una cornucopia, que simbolizaba la
riqueza mineral y vegetal que proviene de la tierra. A veces aparece sentado en un trono de ébano o
montado en una cuadriga tirada por caballos negros, a menudo con Perséfone a su lado.
Mosaico de Perséfone,Anfípolis Perséfone y Hades
El reino de Hades
Se creía que el dios Hermes guíaba a las almas a la laguna Estigia en el inframundo, momento en el cual el barquero Caronte los
transportaba hasta las puertas del Hades, donde Cerbero, el feroz perro de tres cabezas (o cincuenta según Hesíodo) y
serpientes por el cuerpo, vigilaba que las almas no se escaparan más que evitar que entraran más. Para pagar al barquero
Caronte, la familia del fallecido ponía una moneda en la boca del difunto (para los griegos, la moneda tradicional el óbolo, de
poco valor). Aquellos a los que no se enterraba, o que no tenían cómo pagar al barquero, estaban condenados a vagar por la
Tierra como fantasmas. Esta creencia sugiere la naturaleza ambigua del Hades. No se trataba necesariamente de un lugar de
tormento o sufrimiento, sino que en muchos casos era sencillamente el lugar del descanso final del alma.
Al llegar a las puertas del Hades se decidía cual era el destino final de las almas, juzgando sus actos en vida. Tradicionalmente
los tres jueces de almas eran Minos, Radamantis y Éaco, conocidos por sus vidas honorables. Cuando se consideraba que un
alma había llevado una vida especialmente buena, primero se la llevaba a beber de las aguas del río Lete para que olvidara todo
lo malo y luego se la llevaba a los idílicos Campos Elíseos. Cuando se consideraba que un alma había llevado una mala vida, esta
caía en manos de las Furias que la llevaban al Tártaro, el nivel más profundo del Hades, donde se la castigaba por sus fechorías.
Las peores almas, aquellas que habían ofendido a los dioses con su irreverencia, estaban condenadas al tormento eterno.
Algunos ejemplos de tal castigo son Sísifo, condenado a empujar eternamente una roca cuesta arriba, Tántalo, que nunca podía
saciar su sed, Ocnos, que trenzaba una cuerda mientras un burro se iba comiendo el otro extremo, las hijas de Dánao, que
tenían que intentar llenar un tamiz con agua, e Ixión, que estaba atado a una rueda que daba vueltas sin cesar.
Bibliografía
[Link]
Escrito por Mark Cartwright
FIN