UNIVERSIDAD ESTATAL
PENÍNSULA DE SANTA ELENA
FACULTAD DE CIENCIAS DE
LA EDUCACIÓN E IDIOMAS
CARRERA DE EDUCACIÓN INICIAL
PRUEBA DE REDACCIÓN Y COMUNICACIÓN
DOCENTE: GREGORY EDISON NARANJO VACA, PhD.
ESTUDIANTES: KENIA MISHEL LINDAO VERA.
TEMA: EL DUENDE EN EL ÁRBOL
Hace un tiempo atrás vivía un niño de tan solo 10 años llamado Daniel que vivía en la comunidad
de Engabao, específicamente en las zonas rurales muy alejadas del pueblo lugares desolados con
calles oscuras y amplias. Ahí se encontraba ayudando a sus padres en los potreros que tenían, este
lugar estaba ubicado para dentro de la comunidad, en ese entonces cosechaba vegetales y
ordeñabas a sus vacas lecheras.
El padre de Daniel era un hombre rudo con un carácter muy fuerte en su rostro jamás se dibujaba
una sonrisa al contrario siempre con el carácter disgustado y de muy mal humor nunca sentía un
gran aprecio por él, en cambio su madre siempre tan dulce y llena de felicidad a pesar de las
dificultades con las que debía lidiar cada día, los gritos de su padre, su mal humor, constantes
borracheras y muchas diversas situaciones que ella afrontaba, pero ella siempre con una sonrisa.
La vida en el campo siempre resultó para Daniel muy aburrida jamás tuvo un amigo de su edad
para jugar nunca asistió a la escuela, porque su padre decía:
- Es una pérdida de tiempo, que un hombre se hace con el trabajo con las manos llenas de
ampollas por la herramienta y no sentado en un pupitre como un vago.
Eso decía constantemente, pero a pesar de ser una persona de carácter fuerte, su madre jamás lo
cuestionaba en sus decisiones que su padre decidiera, el poco tiempo libre que tenía Daniel jugaba
solo, se subía en los altísimos árboles de naranja con la esperanza de que no le encontraran, un
hombre nunca pierde el tiempo en niñerías ni juegos repetía su padre, cuando le sorprendía usando
una escoba como si fuese una espada, la vida en ese lugar era monótona y aburrida para aquel
niño.
Hasta que un día Daniel salió para el pueblo en ese entonces el acceso y por ende la salida del
pueblo resultaba muy compleja calles con agujeros enormes, caminos que se los llevaba el río,
otros por los cuales los caballos no podían ni pasar debido al fango que se formaba, pero esa vez
era una ocasión especial 31 de diciembre fin de año, uno de los acontecimientos más esperados,
el pueblo se llenaba de monigotes, muñecos de trapo, de cartón a los que se quemaba a
medianoche, señores disfrazados de viudas que con sus payasadas provocaban más de una
carcajada también, se encontraban fuegos pirotécnicos, puestos de comida en la calle, gente
disfrazada de personajes relevantes del año o personajes de películas, pero lo que más le gustaba
era la feria con sus juegos mecánicos y sobre todo llena de niños de su edad.
La noche pasó rápidamente a la una de la mañana su madre ya cansada, le llevó a una pequeña
habitación que alquilaron para pasar la noche, su padre como ya era de costumbre transitaba ebrio
en cada esquina, Daniel se despierta por un crujido en el piso, era su madre que se disponía a
partir en busca de su padre para traerlo a dormir, el niño al ver esa actitud de la mamá decide
acompañarla, pero la madre le dijo:
- quédate aquí y si llega a tu padre me sales a buscar.
Daniel sabía que eso no pasaría nunca, su padre no dejaría el licor por voluntad propia y vendría
por sí solo a dormir, pero aun sabiendo eso el acepto esa tarea, había transcurrido ya una hora
desde la partida de su madre, a las tres de la mañana marcaba un viejo reloj pegado en la pared de
la habitación, preocupado tomó su camisa y salió con la intención de encontrar a su mamá, la
calle estaba muy oscura los árboles no permitían pasar la luz, caminó casi por diez minutos hasta
que algo le hizo frenar de golpe al principio el no reconoció de qué se trataba, sólo veía una forma
redonda en lo alto de un árbol, un sentimiento de miedo recorrió por su cuerpo se decía a el mismo
sal de ahí corre y no vuelvas a alzar la mirada, pero su curiosidad pudo más que el miedo así que
él se acercó más hasta que al fin lo visualiza con claridad.
Se trataba de un sombrero como de mariachi pero pequeño en lo alto del árbol, emocionado por
aquel hallazgo empezó a trepar el árbol hasta que llego a la mitad del árbol donde se detuvo por
el cansancio y volvió a fijar su mirada en aquel sombrero, pero el sombrero tenía una posición
diferente por un momento el niño pensó en bajar y alejarse de ahí, pero su impulso por llegar a él
sombrero le empujaba, hacia arriba continuó trepando cada vez más alto nuevamente se detuvo
para descansar se sujetó de la rama como si de un caballo se tratase y esta vez con temor levanto
su mirada hacia aquel maldito sombrero para su sorpresa, ya no estaba rápidamente pensó que se
había caído por el movimiento que ocasiono al trepar el árbol, pero en el piso no había nada al
instante levanto muy lentamente su mirada hacia lo alto del árbol y se encontró con el peor temor
que había sentido en su vida.
Observó que de la rama sobre su cabeza salía dos pies pequeños como los de un niño mucho
menor que él quedo en shock inmóvil con la cabeza hacia arriba sin cerrar los ojos y nuevamente
el sintió miedo y desesperación en su cuerpo, pero eso no fue lo peor de apoco el sombrero se
veía sobre esos horrendos pies, hasta que un rostro mal formado y pequeño se dejaba ver con una
nariz fina y puntiaguda con arrugas por toda la cara, una boca que dibujaba una sonrisa extraña y
muy grande de cada lado y ojos negros totalmente miraban fijamente, lentamente abrió su boca
y sonrío la sonrisa más tétrica y lúgubre que había visto Daniel , en su boca brillaban unos dientes
amarillos y puntiagudos y finalmente clavó su mirada en el niño.
No podía moverse parecía que no tenía control sobre su cuerpo, en la boca de aquel sujeto salió
un murmullo no sabía lo que decía nuevamente repitió algo, pero seguía sin comprender el
carácter cambio parecía molesto un grito salió y dijo:
- cómo te llamas (con una voz muy terrorífica)
Ahora si comprendió perfectamente sus palabras, pero el miedo le impedía responder luego sin
saber cómo estaba a mi lado frente a mí y me gritó de nuevo, cómo te llamas tomo su mano del
niño, pero rápidamente él se le saco de encima y por el esfuerzo Daniel cayo del árbol, mientras
caía miraba al pequeño ser en lo alto de árbol que reía como un niño.
Al despertar Daniel miro a su madre llorando alado en la cama de la habitación, sentía un fuerte
dolor por todo el cuerpo sobre todo en la pierna me había fracturado, regreso a casa en los brazos
de su mamá aún con miedo y aterrado, la cara de ese ser riendo en el árbol se había implantado
en la memoria del niño, las primeras noches no dormía del miedo le conto lo sucedido a su mamá
que le acompañaba hasta que él se durmiera ella sólo respondía:
- ahora estábamos en casa y estarás seguro
- había colocado en el espaldar de su cama una cruz formada por lana de un animal que
desconocía
Pasaron algunos días y con las palabras de la mamá el miedo fue disminuyendo, el 24 de enero
día del cumpleaños de Daniel sus padres le habían organizado una fiesta, pero él sabía que su
papá solo lo hacía para tener una excusa para embriagarse, sin embargo eso poco le importaba
porque vendría sus primos y que podría jugar con ellos, el día transcurrió como estaba previsto
lleno de juegos y risas se había olvidado de las recomendaciones del médico por la fractura, ya
por la noche luego de la despedida de todos, la casa quedó nuevamente en silencio
Daniel camino a su cuarto emocionado para abrir sus regalos uno a uno, fue abriéndolos hasta que
uno de ellos le llamó la atención, se trataba de un objeto envuelto en una tela negra muy sucia y
vieja la abrió sin preguntarse quién me lo habría dado, se trataba de una bolsa llena de canicas de
vidrio que me parecían extrañamente llamativas, desde ese día se convirtieron en su único
pasatiempo no comía, no dormía estaba obsesionado con ellas, muchas veces su padre las arrojó
al río, pero aparecían a su cuarto en la mañana, como si alguien la recuperara para mí. Su padre
no creía la historia de que aparecían por sí solas, él pensaba que era la mamá quién compraba
nuevas y me se entregaba, por un momento hasta el niño pensó lo mismo ese fue tema de muchas
discusiones entre ellos.
Daniel se convirtió en un niño mucho más introvertido de lo que era adelgazo muchísimo, un
gran número de doctores llegaron, su repisa se llenó de medicamentos, pero lo extraño es que no
el no se sentía enfermo, los padres le prohibieron jugar con las canicas pero estaba tan atraído
hacia ellas que un día las tomo del lugar donde el papa los escondía y se escabullo en unos árboles
cerca de su casa, se quedó jugando ahí por horas solo completamente, el juego consistía en dibujar
un círculo en el piso poner unas cuantas canicas en su interior y con otra desde afuera del círculo
lanza las con los dedos y sacar a las demás, en ese juego Daniel se quedó horas el sol casi se
desvanecía por completo, en el horizonte lanzo la canica pero no acerté a ningún objetivo me
disponía a tomarla nuevamente. Cuando una mano pequeña arrugada con uñas largas que jamás
Daniel había visto me tomo del brazo, alcé la mirada ahí estaba nuevamente se ser pequeño del
árbol y otra vez clavó sus ojos negros en el niño y mientras sonreía dijo:
- te gustó mi regalo, juguemos
Sin darse cuenta Daniel se encontraba ya jugando con esa criatura extraña, saltaban brincaba y
reían a carcajadas mientras lanzaban las canicas y así pasaron varias horas, el niño ya no le temía
el ser extraño le llamó hermano y Daniel igual. Llegó a su caso porque su madre comenzó a
llamarle con unos gritos muy fuerte:
- Daniel Daniel Daniel
Pasaron los días su mamá le miraba con miedo, cuando hablaba solo le preguntaba con quién
hablas Daniel respondía:
- con mi hermanito del árbol
Su mamá muy asustada le decía:
- ha de ser el duende, aléjate de él es muy malo y que solo te quiere hacer daño
Daniel no le creyó más bien el respondió:
- No me alejaría de mi hermanito es el único que tengo y con el que juego
Un día la mamá ya no le permitió salir de la habitación, pero a Daniel no me importaba porque
en la habitación el ser extraño estaba ahí sentado en donde guardaba su ropa, cuando comenzaba
reír a carcajadas Daniel también se reía con una risa que le dejaba sin aliento, pero llegó ese día
en donde todo cambió, estaba el niño amarrado en su cama, porque era la única forma de
mantenerse quieto. Cuando de pronto llegó ese maldito criatura y se sentó en su pecho sintió un
peso muy fuerte que le quitaba la respiración comenzó a gritarle al ser por el dolor que sentía:
- Bájate…
Pero el duende solo reía, grito mamá mientras lloraba, pero nadie venia sentido una presión cada
vez más fuerte, el duende miró como la primera vez y volvió a sentir ese miedo terrible tan
profundo que me paralizó, mientras el duende le pegaba su rostro contra el de Daniel comenzó a
decir el duende:
- serás mi hermano para siempre y nunca te dejaré
El niño ya sin fuerzas ni para llorar, ante un último grito de ayuda su mamá entro rápidamente y
empezó a rezar en voz alta:
- gritos, risas y un padrenuestro
Se escuchaban en la habitación mientras su mamá lanzaba agua bendita sobre Daniel, sólo así el
duende se alejó, llorando le suplico a su mamá que le ayudara. Ahora ya no eran médicos los que
visitaban su casa eran curas, chamanes, agua bendita, crucifijos, imágenes de santos, amuletos, se
había llenado su habitación, pero sin resultado, siempre el veía al duende jugando con las canicas
al pie de la cama riendo, brincando, gritando que me llevaría con él y así pasó mucho tiempo
ahora sí Daniel se sintió enfermo y muy débil se imaginaba que si seguía ahí moriría.
Daniel, como primera vez le iba visto a las 3 de la mañana, pero tan rara vez justo a las tres de la
tarde el duende desapareció, así que tomo uno pocos ahorros que tenía y salió corriendo de la
casa, desesperado llorando a gritos esperanzado que no le alcanzara ese ser diabólico, logro llegar
al pueblo las nueve de la noche, informaba un reloj que quedaba en la iglesia de Engabao cogió
un bus sin destino alguno, mientras viajaba veía por la ventana el camino iba muy asustado
esperanzado a no volver a ver más al duende, pero nuevamente las 3 de la mañana y el bus se
detuvo en una gasolinera, ahí el lo vio en lo alto de un árbol mirándole como la primera vez pensó
que bajaría del árbol y me le atraparía, pero felizmente el bus empezó su marcha, le gritó una
frase que en ese momento el no comprendía, Daniel llego hasta guayaquil y consiguió trabajo en
una panadería en el centro de la ciudad, se casó a los 18 años con Martha la hija del panadero del
negocio tuvieron un hijo llamado José y así pasaron los años tranquilos ya no recordaba la infancia
tan espeluznante que tuvo.
17 de mayo cumpleaños de José, termino temprano el turno en la panadería y compro para su hijo
un anillo con un dulce rojo en forma de diamante, Daniel no contaba con mucho dinero en ese
entonces, pero él sabía que le gustaría llego a casa y llamo constantemente a José, deseaba ver su
cara al recibir el pequeño obsequio que le tenía finalmente se presentó frente a él y se lo entrego,
pero su rostro de José se veía triste algo preocupado Daniel no le presto mucha importancia tomó
el anillo y se lo puso me José dio las gracias y corrió hacia su habitación.
Daniel le pregunto a Martha:
- ¿Qué le pasa a José?
Ella respondió:
- está muy raro no quiere ni comer anda y juega con el que ya hace rato no lo haces.
Daniel supuso que debía hacer eso los turnos en la panadería no me habían dejado tiempo para
jugar, así que se dirigió a su habitación y llamo varias veces, sintió como por su espalda se
acercaba algo intuye que se trataba de José que se acercaba por el llamado de Daniel, finalmente
tomó su mano y un frío temblor sacudió su cuerpo esa mano arrugada fría con dedos largos y uñas
puntiagudas, con un aspecto amarillento verdoso, con miedo Daniel supo que no era la mano de
su hijo, con temor bajo la mirada y lo vio ahí estaba el horrible ser que le atormentaba hacía años
atrás, el que le quitaba el sueño y que producía un terrible miedo, agarrado de su mano intento
soltarse, pero el duende apretó su mano contra la Daniel muy fuerte su rostro no se dejaba ver por
su sombreo, finalmente volteó hacia su mirada, sonrío con esa sonrisa lúgubre que no veía ya hace
tantos años, pero que en su memoria estaba plasmar
Daniel grito muy fuerte como nunca:
- no me llevarás lárgate le repetía constantemente
El duende solo voltio su rostro hacia el piso para luego soltar una carcajada horrible, tan fuerte,
tan aguda que nuevamente esa sensación de horror poseía mi cuerpo finalmente dejó de sonreír y
me miró fijamente con esos ojos negros y de su boca salió una espeluznante frase el duende dijo:
- no he venido por ti, ahora tengo un nuevo hermanito y me asegure que no me lo quites.
Con su otra mano tan repugnante que sostuvo hace algún tiempo, el duende sostenía un objeto y
con él frotaba sus asquerosos dientes amarillentos pero pintados de rojo al principio el no supo
divisar bien ese objeto, luego miró aterrorizado el anillo rojo que con tanto amor se lo entrego a
José. Daniel cayó en el piso ahora comprendía perfectamente las últimas palabras que dijo cuando
tuvo que salir corriendo y asustado de casa.
- llegará el día que tendré un nuevo hermanito y desearás nunca haberme abandonado
El duende desde ese entonces ya no volvió a perseguirle. En Ecuador se cuenta que el duende es
un ser más pequeño que un niño tiene un gran sombrero y le encanta jugar con los niños,
actualmente Daniel vive en Engabao, pero ahora en el pueblo ya no en los potreros con una
hermosa familia.
Fin