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Imágenes y símbolos de la Independencia

Este documento presenta un catálogo iconográfico de 34 imágenes y símbolos relacionados con la Independencia mexicana, incluyendo banderas, estandartes, pinturas y objetos. El catálogo describe brevemente cada elemento e incluye información sobre su fecha, materiales, dimensiones y ubicación actual. El documento provee una lista concisa pero completa de importantes símbolos visuales de la lucha por la independencia de México.

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Imágenes y símbolos de la Independencia

Este documento presenta un catálogo iconográfico de 34 imágenes y símbolos relacionados con la Independencia mexicana, incluyendo banderas, estandartes, pinturas y objetos. El catálogo describe brevemente cada elemento e incluye información sobre su fecha, materiales, dimensiones y ubicación actual. El documento provee una lista concisa pero completa de importantes símbolos visuales de la lucha por la independencia de México.

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Revista de la Dirección de Estudios Históricos

INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA


Director General: Alfonso de Maria y Campos
Secretario Técnico: Miguel Ángel Echegaray
Director de Estudios Históricos: Arturo Soberón
Coordinador Nacional de Difusión: Benito Taibo
Director de Publicaciones: Héctor Toledano

DIRECCIÓN DE LA REVISTA:
Esteban Sánchez de Tagle

EDITORES:
publicaciones Dolores Pla, Guillermo Turner,
Antonio Saborit, Esther Acevedo

DIRECCIÓN DE ESTUDIOS HISTÓRICOS


CONSEJO EDITORIAL:
u Niños y adolescentes: normas y transgresiones Clara García, Inés Herrera, Sonia Lombardo,
en México, siglos xvii-xx, México, Elsa Malvido, Sergio Ortega, José Emilio Pacheco,
INAH (Científica, 538), 2008.
Roberto Sandoval
Delia Salazar Anaya y María Eugenia Sánchez
Calleja (coords.)
CONSEJO DE ASESORES:
u Actividad anarquista en México, México,
INAH (Fuentes), 2008. José Aricó, Marco Bellingeri, Marcelo Carmagnani,
Max Nettlau Juan Carlos Garavaglia, Enrique Montalvo, Enrique Semo,
llán Semo, Paco Ignacio Taibo ll
u El siglo xx desde el xxi. Revisando un siglo,
México, INAH (Científica, 532), 2008.
Delia Salazar Anaya y Lilia Venegas Aguilera Producción editorial: Benigno Casas
(coords.) Cuidado de la edición: Demetrio Garmendia y Arcelia Rayón
u Pan, trabajo y hogar. El exilio republicano
español en América Latina, México, INAH/ Diseño de cubierta: Efraín Herrera
INM-Segob/DGE Ediciones (Migración), 2007.
Dolores Pla Brugat (coord.) Ilustraciones de portada e interiores:
u La perdida relación de la Nueva España Tomadas de Raquel Tibol, Diego Rivera,
y su conquista de Juan Cano, México, INAH Ilustrador, México, sep, 1986.�
(Científica, 497), 2006.
Rodrigo Martínez Baracs CORRESPONDENCIA: Apartado postal 5-119,
u xenofobia y xenofilia en la Historia de México. CP 06500, México, D.�F.�, Tel: 50 61 93 00.�
Siglos xix y xx. Homenaje a Moisés González
Navarro, México, INM-Segob/CEM/INAH/DGE
Ediciones (Migración), 2006.
Delia Salazar (coord.) Historias, publicación cuatrimestral, enero
abril 2010.� Editor responsable: Héctor Toledano.� Número
u De tierras extrañas. Un estudio sobre la inmi-
gración en México, 1950-1990, México, INM- de certificado de reserva otorgado por el Instituto Nacional
Segob/CEM/INAH/DGE Ediciones (Migración), del Derecho de Autor: 04-2008-012114374100-102.�
2006.� Número de certificado de licitud de título: (en trámite).
Mónica Palma Mora Número de certificado de licitud de contenido: (en trámite).
Domicilio de la publicación: Insurgentes Sur 421-7º piso,
DIRECCIÓN DE ESTUDIOS HISTÓRICOS
Allende 172, Col.� Tlalpan, col.� Hipódromo, C.�P.� 06100, México, D.�F.� Imprenta: Taller
14000, México, D.�F.� de impresión del INAH.� Av.� Tláhuac 3428, Culhuacán,
Tel: 50 61 93 00 C.�P.� 09840, México, D.�F.�.�
Imágenes y símbolos de la Independencia mexicana
Catálogo iconográfico

1. Estandarte con imagen de la Virgen de Guadalupe, An- 20. Bandera con macana y cometa, raso de seda, 1810-1815,
drés López, 1805, 167 × 102 cm, Catálogo 10-235420, MNH, 149 × 135 cm, Catálogo 10-137601, MNH, INAH-Conaculta.
INAH-Conaculta. 21. “Bandera con la que se tomó el Fuerte de Acapulco”, en
2. Estandarte con la leyenda “Viva María Sma. de Guadalu- Sonia Lombardo de Ruiz, Trajes y vistas de México en la
pe”, anónimo, acuarela sobre algodón, 1810-1813, 138 × 84 mirada de Theubet de Beuchamp, Madrid, Turner, 2010,
cm, Catálogo 10-151074, MNH, INAH-Conaculta. lámina 30.
3. Detalle del billete de $200.00, Jesús de la Helguera. 22. “Porta estandarte de los indios. Los Pintos, División Guerre-
4. “Pueblo de Guanajuato”, en Sonia Lombardo de Ruiz, Tra- ro”, en Sonia Lombardo de Ruiz, Trajes y vistas de México en
jes y vistas de México en la mirada de Theubet de Beuchamp, la mirada de Theubet de Beuchamp, Madrid, Turner, 2010,
Madrid, Turner, 2010, lámina 29. lámina 27.
5. “Cañones empleados por los indios durante la guerra de 23. Condecoración por la toma del Fuerte de San Gregorio,
1810 a 1811”, en Sonia Lombardo de Ruiz, Trajes y vistas AGN/Secretaría de Cámara/Operaciones de Guerra/Catálo-
de México en la mirada de Theubet de Beuchamp, Madrid, go 2655.
Turner, 2010, lámina 53. 24. Condecoración por la pacificación de la Provincia de Vera-
6. Bandera tomada a Hidalgo en Puente de Calderón, an- cruz, 1819, AGN/Secretaría de Cámara/Operaciones de Gue-
verso, pintura sobre tafetán celeste, Nueva España, 1810, rra/vol. 323/f. 316/Catálogo 4839.
Museo del Ejército de España, Catálogo 40-166. 25. Bandera RVT de las Tres Villas, Córdoba, Orizaba, Xalapa,
7. Bandera tomada a Hidalgo en Puente de Calderón, reverso, seda, 1821, 137 × 141 cm, Catálogo 10-151085, MNH, INAH-
pintura sobre tafetán celeste, Nueva España, 1810, Museo Conaculta.
del Ejército de España, Catálogo 40-166. 26. Bandera Religión, Yndependencia, Unión, Regimiento de
8. Bandera tomada a Hidalgo en Puente de Calderón, reverso, Ynfantería, seda, 1821, 127 × 132 cm, Catálogo 10-113719,
pintura sobre tafetán celeste, Nueva España, 1810, Museo MNH, INAH-Conaculta.
del Ejército de España, Catálogo 40-165. 27. Tambor en cuero y madera, siglo XIX (con escudo realista),
9. Alegoría de las autoridades españolas e indígenas de Eca- Catálogo 10-250582, MNH, INAH-Conaculta.
tepec, Patricio Suárez de Peredo, óleo sobre tela, 1809, 28. Entrada triunfal del Ejército Trigarante a la ciudad de
163 × 122 cm, Catálogo 10-152247, MNH, INAH-Conaculta. México, el 27 de septiembre de 1821, anónimo, óleo sobre
10. San Miguel Arcángel, Hotel La Soledad, Morelia, Mi- tela, 1821, 134 × 90.8 cm, Catálogo 10-114717, MNH, INAH-
choacán. Conaculta.
11. San Miguel Arcángel, insigne y nacional Basílica de Guada- 29. “Indios en las fiestas de jura de México”, en Sonia Lom-
lupe. bardo de Ruiz, Trajes y vistas de México en la mirada de
12. Timbre del Imperio mexicano, Juan Ignacio María de Cas- Theubet de Beuchamp, Madrid, Turner, 2010, lámina 48.
torena y Urzúa, grabado, Gaceta de México, Imprenta de 30. “Vista de la Gran Plaza de México con parada de arrieros”,
Manuel de Ribera Calderón, México, 1728-1739. en Sonia Lombardo de Ruiz, Trajes y vistas de México en la
13. Portada de las Constituciones de la Real Congregación de mirada de Theubet de Beuchamp, Madrid, Turner, 2010, lá-
Nuestra Señora de Guadalupe de México, fundada en la mina 18.
iglesia de San Felipe El Real de esta villa de Madrid, en la 31. “Iglesia de Sto. Domingo de México”, en Sonia Lombardo
oficina de Joaquín Sánchez, año de 1743. de Ruiz, Trajes y vistas de México en la mirada de Theubet
14. Aspa azul tomada al ejército insurgente, Nueva España, de Beuchamp, Madrid, Turner, 2010, lámina 22.
1811, Museo del Ejército de España, Catálogo 44-127. 32. Bandera con águila coronada, raso de seda, 1822-1823,
15. Bandera con la leyenda “Non Fecit Taliter Omni Nationi”, 85 × 81 cm, Catálogo 10-583167, MNH, INAH-Conaculta.
anónimo, seda blanca, 1810-1815, 163 × 194 cm, Catálogo 33. Bandera Legión Real, seda, capturada al general Barradas
10-128953, MNH, INAH-Conaculta. en 1829, Catálogo 10-115238, MNH, INAH-Conaculta.
16. Estandarte El Doliente de Hidalgo, sanga de lana roja, 34. Bandera Cruz de Borgoña con la leyenda “El Rey a la Fi-
1811-1812, 65 × 71 cm, Catálogo 10-235395, MNH, INAH- delidad”, capturada al general Barradas en 1829, seda,
Conaculta. 145 × 150, Catálogo 10-115239, MNH, INAH-Conaculta.
17. José María Morelos, atribuido a un indio mixteco, óleo 35. Cruz de Borgoña o de San Andrés, Felipe V, 1829 (¿1715?),
sobre tela, 1812, 69 × 82 cm, Catálogo 10-130830, MNH, 209 × 240 cm, Catálogo 10-115226, MNH, INAH-Conaculta.
INAH-Conaculta. 36. Otomán, Batallón de Tres Villas, raso de seda, 1823-1855,
18. Bandera Oculis et Unguibus Aeque Victrix, seda blanca con 93 × 89 cm, Catálogo 10-106522, MNH, INAH-Conaculta.
aplicaciones de seda, 1812-1815, Catálogo 10-151077, MNH,
INAH-Conaculta.
19. Bandera del Batallón de Infantería de San Fernando, seda
blanca con aplicaciones a cuadros del mismo material, Martha Terán y Aída Bravo
1812-1815, 150 × 176 cm, Catálogo 10-235418, MNH, INAH- Servicios fotográficos
Conaculta. José Ignacio González Manterola
México, D.F. ENERO-ABRIL DE 2010

75
REVISTA DE LA DIRECCIÓN DE ESTUDIOS HISTÓRICOS DEL INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA

HISTORIAS DE LA CONMEMORACIÓN
ÍNDICE

ENTRADA LIBRE
E. H. Gombrich 3
François-Xavier Guerra 14
Luis González y González 35

ENSAYOS
Antonio Rubial
De calendarios, ciclos, celebraciones y centenarios 49
Salvador Rueda
El descuido de los héroes. Apuntes sobre historiografía marginal 63
Martha Terán
El intercambio del Bicentenario entre México y España en 2010. Estado del conocimiento
sobre las banderas de la Independencia 81
Anna Ribera y Alejandro de la Torre
Memoria Iibertaria. Usos del calendario militante del anarquismo hispanoamericano 105
Antonio García de León
A propósito del Bicentenario: las temporalidades del análisis histórico de la América española 125
Jean Meyer
¿Qué hacer con nuestro pasado? 131

MUNDO HISPANO
Lara Campos Pérez
La imagen de España en el 100 y 150 aniversario de la Guerra de la Independencia
en el periódico ABC 149
ANDAMIO 169
CARTONES Y COSAS VISTAS 175
RESEÑAS 191
CRESTOMANÍA 200
ABSTRACTS 207
Entrada libre

1. Estandarte con imagen de la Virgen de Guadalupe.

2
Entrada libre

Entrada Libre

Historia de los aniversarios:


tiempo, número y signo*

E. H. Gombrich

Si de Natura el hilo inextinguible,


penosamente se devana en la rueca,
si de sonidos opuestos e inmiscibles,
dispar resurge la resonancia hueca,
¿quién a los ritmos la melodía concede,
marcado pulso de agitación o calma?
¿Quién a ordenar la música procede,
una y espléndida, ceremonia del alma? [...]
El poder del hombre, revelado por los poetas.
Goethe1

El título en alemán que escogí para la versión original de este


artículo fue Zeit, Zahl und Zeichen (“Tiempo, número y signo”).2
Esta forma aliterativa seguía el ejemplo de Nelson Goodman,
otro ponente de la conferencia, que llamó a su exposición Words,
Worlds and Works (“Palabras, mundos y obras”), en un juego

* Tomado de Kristen Lippincott (comp.), El tiempo a través del tiempo, Bar-


celona, Grijalbo-Mondadori, 2000.
1
Johann Wolfgang von Goethe, Fausto (Parte I: “Prólogo en el teatro”), Ma-
drid, Espasa-Calpe, 2009.
2
La versión original de este artículo vio la luz en 1974 como parte de las ce-
lebraciones del centenario del nacimiento de Ernst Cassirer. Posteriormente se
publicó en un volumen de ensayos en honor de Dieter Henrich, como agradeci-
miento por haber presentado el artículo original en mi nombre en el centenario
de Cassirer, y de haberme propuesto para el premio Hegel de la ciudad de Stutt-
gart. Véase “Zeit, Zahl und Zeichen. Zur Geschichte des Gedenktages”, en Phi-
losophie in Synthetischer Absicht, ed. M. Stamm, Stuttgart, 1998, pp. 583-597.

3
Entrada libre

Nuestro sistema de recuento eufónico que quise emular. Si hubiera escrito el artículo ori-
no es una excepción. Se deriva ginalmente en inglés, lo habría titulado Nature, Norms and
simplemente del hecho de que Numbers (“Naturaleza, normas y números”).
tenemos diez dedos en las manos, Claro está que este simple artificio verbal no me permite rei-
que usamos para contar por su vindicarme como poeta. Pero comparte con la poesía la virtud
comodidad. de haber sido creado a partir de donnés de lenguaje, es decir, de
un sistema vigente de signos. En un empeño semejante, el signo
afecta por sí mismo al significado, o al pensamiento que se quie-
re transmitir, de modo que, como suele suceder, el lenguaje no
sólo refleja un pensamiento original, sino que también estimula
otros nuevos. Difícilmente podría, pues, negar que el título ali-
terativo que con tanto esfuerzo arranqué del alemán, no haya
influido en mis planes e intenciones. Este título me sugirió la
idea de no hablar en sentido genérico de la relación de Cassirer
con el arte, para tomar como motivo principal la oportunidad
que me brindaba el centenario de su nacimiento. Se traslucía,
además, que este tema permitiría tender un puente con el arte.
Para que, siguiendo a Jakob Burckhardt, las conmemoraciones
festivas muestren la transición desde la vida al arte.
Si el motivo de la celebración fuera, digamos, el centena-
rio del nacimiento de Ernst Cassirer, estaríamos midiendo el
tiempo pasado según el número de años transcurridos, y asig-
naríamos a este número el valor “100”. Obviamente, los años
individuales (las unidades que hemos contado) son hechos na-
turales, y su cantidad describe, asimismo, un suceso objetivo.
Sin embargo, el signo y el sistema de símbolos que usamos para
nuestra propia comprensión proceden de nuestro lenguaje y de
nuestra cultura. Los griegos atribuían lo primero a la physis,
o “naturaleza”, y lo segundo a la thesis, o “convención”. Sin
una periodicidad natural o sin la aptitud humana de percibir
la repetición en la naturaleza seríamos incapaces de compren-
der el paso del tiempo. La elección del periodo, ya sean latidos
cardíacos, días, fases de la Luna o estaciones, depende de cada
cultura, y no resulta menos convencional que la designación
del número. Y por fundamental que pueda ser esta diferencia
entre un suceso natural y la creación humana, no debemos exa-
gerarla. Después de todo, las convenciones están también fuer-
temente arraigadas en los hechos naturales, en la naturaleza
del hombre. Nuestro sistema de recuento no es una excepción.
Se deriva simplemente del hecho de que tenemos diez dedos en
las manos, que usamos para contar por su comodidad. Incluso
el hecho de que 100 sea 10 veces 10 no es, en última instancia
sino una consecuencia de la limitación de nuestras mentes. Una
criatura con poder ilimitado de invención y capacidad absoluta
de recordar probablemente prescindiría de este sistema.
Podría asignar un nombre o signo a todos y cada uno de los
números de las series, hasta donde quisiera, y añadiría una cate-

4
Entrada libre

goría conceptual para los números no contados. Para los seres hu-
manos estas series numéricas asistemáticas y desestructuradas
carecerían totalmente de utilidad, y no pasarían de constituir un
lenguaje puramente nominalista en el que todo objeto individual
tendría su propio sonido. Como humanos que somos, debemos
manejar conceptos que agrupen cosas. Tenemos que ordenar los
objetos y los números en conjuntos y subconjuntos. Para noso-
tros, el mundo sólo cobra sentido si intentamos aprehenderlo en
un sistema jerárquico. La razón de que el número 100 resalte en
las series numéricas es simplemente que se compone de 10 veces
10 unidades. En el sistema duodecimal, basado en el doce, el 144
tendría una significación psicológica y cultural equivalente.
Por tanto no debe sorprender que en las mentes de cada per-
sona la distinción entre las unidades de duración de la natura-
leza y las del sistema que hemos creado para nosotros mismos
se haya difuminado. Por ejemplo, cuando hablamos de un “ani-
versario trascendental” no nos damos cuenta de que, en reali-
dad, tal aniversario (es decir, el número de años transcurrido)
no es “trascendental”, sino tan sólo es el signo convencional de
un “número redondo” de nuestro sistema numérico. Todas las
alharacas que envuelven la inminencia de la llegada del “mile-
nio” sirven de ilustración para este mismo error. La categoría
que aprendemos al asignar números parece no menos real que
el ciclo natural del año. Ya pensemos en el motivo de la cele-
bración o en su naturaleza en general, solemos incurrir en el
error de confundir physis con thesis.
La experiencia del hombre sobre la naturaleza y los proce-
sos orgánicos le lleva a esperar la recurrencia, e incluso a ver
el tiempo como algo cíclico (algo especialmente acusado en las
culturas primitivas y prehistóricas).3 En la trilogía José y sus
hermanos, Thomas Mann describió esta concepción idealizada
con gran perspicacia. En el capítulo titulado “Un viaje al in-
fierno”, escribe:

Lo que nos preocupa no es el tiempo numérico, sino la


abrogación del tiempo numérico en la alternancia mística
de tradición y profecía, lo que significa que la frase “érase
una vez” puede aplicarse tanto al pasado como al futuro y
adquiere una carga de potencial actualidad. En ello arrai-
ga la idea de la reencarnación.

En el “mito del eterno retorno” de Nietzsche puede encon-


trarse una versión extrema de esta misma idea, que también
se expuso en los tiempos antiguos por los estoicos. Crisipo afir-

3
Véanse, por ejemplo, varios argumentos en Frank E. Manuel, Shapes of
Philosophical History, Stanford, Stanford University Press, 1965.

5
Entrada libre

mó: “Vendrán otro Sócrates y otro Platón, y tendrán los mis-


mos amigos y conciudadanos, y esta segunda venida no será la
única […] sino que se repetirá por siempre y para siempre”.
“Por siempre y para siempre” significa, en este contexto, “in-
contables veces”. No podemos dejar de preguntarnos en qué me-
dida la capacidad de contar (el concepto de una serie ilimitada
de números) estuvo determinada por la invención de signos re-
levantes, y si tales signos y números no habrán modelado por sí
solos la idea dominante de tiempo. Evidentemente, aun sin caer
en el dogmatismo, parece posible que marcar un suceso de forma
duradera, como un “signo”, permite también comparar entre sí
los ciclos de la naturaleza y fijar su duración. En el primer caso
estoy pensando, claro está, en la observación de los cuerpos celes-
tes. Estas observaciones se sitúan entre las primeras conquistas
de la cultura humana. Aquellas culturas nos legaron las diver-
sas formas de calendario que aún acompañan nuestra existencia
cotidiana, basados en observaciones de los astros que hacen po-
sible contar el número de días transcurridos entre los solsticios
o las fases de la Luna dentro de esos periodos. Armonizar estos
ciclos naturales puede haber sido una labor compleja, pero desde
entonces el tiempo quedó, por así decirlo, disciplinado y fijado
también para el futuro. Sin este logro tan creativo no existiría
el calendario y, evidentemente, tampoco los aniversarios en la
sucesión de las fiestas de cada comunidad.4
No obstante, en su concepto no es lo mismo un aniversario
que una conmemoración festiva. Muchas sociedades y religiones
estipulan la celebración de días especiales para cada persona,
como el primer aniversario de la muerte del padre (que des-
empeña un papel crucial en la vida japonesa), o incluso el ani-
versario de un crimen, para el que el código criminal austriaco
prescribe la pena particular de “cama dura, pan y agua”. Aunque
lo normal es que los aniversarios se estructuren de manera
que la comunidad participe en el día conmemorativo y lo cele-
bre con la persona. Y es en este punto donde parecen fundirse
casi naturalmente las ideas de aniversario y celebración.
En términos fisiológicos, estas fiestas religiosas y otras seme-
jantes están estrechamente asociadas con la visión cíclica del
tiempo. El ritual prescrito y sus variantes artísticas persiguen
estimular a los creyentes a experimentar nuevamente el suceso
conmemorado y a ignorar el tiempo transcurrido entre tanto.
Incluso nuestra idea de una progresión lineal de los años puede
encajarse en esta concepción. En el Evangelio según san Lucas,
Jesús dice en la última cena: “Haced esto en conmemoración
mía”, una petición que, en la liturgia del sacrificio de la Misa,

4
Véanse los textos recogidos en Festivals in World Religions, eds. Alan
Brown, Burnt Mill, Harlow, Essex, 1985..

6
Entrada libre

pasa de conmemoración a repetición. En Shakespeare, el hecho Como sabemos, hoy seguimos


en sí se asocia con una profecía de conmemoración festiva: conmemorando a Julio César, no
con un día determinado, sino con
El que viva este día, y llegue a la vejez, todo un mes, ya que julio recibió
velará cada año por que sus próximos lo festejen, de él su nombre. Esta decisión
y proclamará: “Mañana es San Crispín”, debiera ciertamente hacerlo
y descubriendo sus brazos mostrará las cicatrices inmortal.
y dirá: “Recibí estas heridas el día de San Crispín”.
Si los viejos olvidan, todo será olvidado,
pero si ellos recuerdan las hazañas
que aquel día acontecieron, entonces nuestros nombres
conocidos serán a través de sus labios...
y en brindis de sus copas recordados;
y aunque Crispín nunca regresará,
desde este día hasta el fin de los tiempos
será por siempre recordado.

Enrique V, Acto II, Escena III

En este caso parece bastante evidente que el aniversario se


enraíza en el calendario. Más significativa, y siniestra, resul-
ta aún la escena del tercer acto de Julio César inmediatamen-
te después del asesinato, donde Bruto predice un futuro ritual
festivo que, sin embargo, no llega a acontecer:

Postrémonos, romanos, postrémonos


y lavemos nuestras manos en la sangre de César hasta los
codos, y embadurnemos nuestras espadas:
caminemos después hasta la plaza del mercado,
y ondeando las armas sobre nuestras cabezas
todos juntos gritemos ¡Paz! y ¡Libertad!

CASIO: Postrémonos, y lavémonos. ¡Cuántas generacio-


nes recordarán esta escena sublime y la representarán
en estados todavía no nacidos, y en idiomas aún sin in-
ventar!

Como sabemos, hoy seguimos conmemorando a Julio César,


no con un día determinado, sino con todo un mes, ya que julio
recibió de él su nombre. Esta decisión debiera ciertamente ha-
cerlo inmortal.
La misma ansia de inmortalidad inspira la oda de Horacio
donde proclama que “ni la innumerable sucesión de años ni el
vuelo de los tiempos” podrían destruir su creación:

Exegi monumentum aere perennius


regalique situ pyramidum altius

7
Entrada libre

En su nivel más básico, la gente quod non imber edax, non aquilo inpotens
siempre ha pensado según los possit diruere aut innumerabilis
ciclos anuales. Casi de forma annorum series et fuga temporum.
inevitable, ello ha conducido Non omnis moriar, multaque pars mei
a la creencia en una secuencia vitabit Libitinam: usque ego postera
abierta de ciclos, de recurrencias crescam laude recens, dum Capitolium
y renovaciones que se encarnan scarlaet cum tacita virgine pont fex.
en los mitos de numerosas
civilizaciones avanzadas. (“He erigido un monumento más duradero que el bronce y
más grandioso que las pirámides de los reyes, al que ni la ávida
lluvia ni el viento impetuoso podrán destruir, ni tampoco la in-
numerable sucesión de años ni el vuelo de los tiempos. No todo
en mí perecerá, una gran parte sobrevivirá a la muerte: nuevos
brotes florecerán de mí en alabanzas mientras el Sacerdote y
las Vestales asciendan a la colina del Capitolio.”)
El poeta chino Li Taipeh comparte esta creencia5 que, pese a
las apariencias, no está en desacuerdo con la visión cíclica del
tiempo. Los modelos lineal y cíclico no son tan incompatibles
en la mente humana como pueda parecer desde un punto de
vista puramente lógico.
En su nivel más básico, la gente siempre ha pensado según
los ciclos anuales. Casi de forma inevitable, ello ha conducido
a la creencia en una secuencia abierta de ciclos, de recurrencias
y renovaciones que se encarnan en los mitos de numerosas ci-
vilizaciones avanzadas. La especulación más audaz sobre la du-
ración de estas eras se encuentra en la India antigua,
estrechamente vinculada al sistema decimal de numeración. La
mahayuga, dividida en cuatro segmentos desiguales, dura
12 000 años, que completan un año divino. Trescientos sesenta
años divinos configuran un ciclo cósmico, que tiene, por tanto,
4 320 000 años. Mil mabayugas constituyen un kalpa, equiva-
lente a un día de la vida de Brahma. A su vez, la vida de Brah-
ma dura cien años de estos días kalpa, después de lo cual se
llega al fin y a un nuevo principio de la creación.6
En Timeo, Platón habla también sobre el “Gran Año”, perio-
do cósmico que concluirá cuando todos los planetas regresen a
su posición original. Existe un pasaje en La República donde
parece sugerirse que el “Gran Año” es igual a un ciclo de tre-
cientos sesenta años. Esta idea reaparece en la cuarta Égloga
de Virgilio, que durante la Edad Media se interpretó como una
profecía sobre el nacimiento del Salvador:

5
Aparece una paráfrasis alemana del poema en H. Bethge, Die Chinesis-
che Flöte, Leipzig, Insel, 1920, p. 39.
6
Tomado de Mircea Eliade, Le Mythe de l´éternel retour, París, 1949, pp.
169-171 (trad. cast., El mito del eterno retorno, Alianza, Madrid, 1994). Véase
también R. Gombrich, Ancient Indian Cosmologies, eds. C. Blacker y M. Loewe,
Londres, 1975, pp. 110-142.

8
Entrada libre

Ultima Cumaei venit iam carminis aetas:


magnus ab integro saeclorum nascitur ordo.
Iam redit et virgo, redeunt Saturnia regna.

(“Hemos llegado a la última Era de la canción de la Sibila. Se


ha concebido el Tiempo, y comienza de nuevo la gran Secuencia
de las Edades. La Virgen regresa para morar entre nosotros, y
el reino de Saturno ha sido restaurado.”)
En estos ejemplos, sin embargo, se trata probablemente de
conocimientos y expectativas esotéricas que apenas influirían
en las vidas de la gente corriente. Por otra parte, en la cultura
del México antiguo parece haberse usado un ciclo mucho más
corto que afecta a la vida de la comunidad. Los mexicanos ma-
nejaban el concepto de un “racimo” de 52 años, a cuyo térmi-
no se extinguirían todos los fuegos. Los cruentos rituales de
esta civilización insistían en que la nueva llama prendía en el
pecho de un sacrificio humano, y desde allí se extendía a todo
el territorio.
Con todo, fueron los ciclos dominantes de los antiguos judíos
los que mayor impacto tuvieron en la cultura occidental. En el
pasaje clave del Levítico, 25, dedicado a la regulación de las ta-
reas del campo, se dice que el séptimo año debe ser de descanso
para los campos, que han de quedar en barbecho. Después de
siete ciclos de siete años (para un total de cuarenta y nueve), el
Antiguo Testamento prescribe un año de fiestas que, por tanto,
tenía lugar cada cincuenta años. En la versión del rey James,
este hecho se expresa del modo siguiente:

And thou shalt number seven sabbaths of years unto thee,


seven times seven years; and the space of the seven sabba-
ths of years shall be unto thee forty and nine years. Then
shalt thou cause the trumpet of the jubile to sound on the
tenth day of the seventh month, in the day of atonement
shall ye make the trumpet sound throughout all your land.
And ye shall hallow, the fiftieth year, and proclaim liberty
throughout all the land unto all the inhabitants thereof: it
shall be a jubile unto you; and ye shall return every man
unto his possession, and ye shall return every man unto
his family.

(“Y contarás siete shabats de años, siete veces siete años; y


los siete shabats de años durarán cuarenta y nueve años. En-
tonces harás sonar la trompeta del júbilo el décimo día del
séptimo mes, en el día de la expiación sonará la trompeta en
toda la tierra. Y santificarás el año quincuagésimo, y proclama-

9
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rás la libertad de toda la tierra ante todos sus habitantes: ello


te llenará de júbilo; y devolverás a cada hombre sus posesiones,
y cada hombre regresará con su familia.”)
Cabe preguntarse si alguna vez fue posible observar estas re-
glas al pie de la letra.7 Con independencia de su carácter prác-
tico, parecen sin embargo haber mantenido su influjo en la era
cristiana, dado el pensamiento que las sustenta. La confiada
esperanza de que la vida regresará después de un largo inter-
valo, se inspira en la naturaleza y en el proceso de muerte y
renacimiento de las plantas. Lo que no tiene un origen natural
es, por supuesto, el número de años y de días que definen las
reglas, y que en este caso procede del ciclo semanal.
Por sí misma, esta forma de medir el tiempo contradice la
noción de ciclo, pero no sería ocioso especular sobre cómo y
cuándo el recuento de los años cobró cuerpo como una con-
vención cultural. Probablemente este hábito no nació del nú-
mero de años que vive una persona, ya que aun hoy muchos
miembros de culturas primitivas desconocen su edad. Asunto
diferente es, por supuesto, el de las culturas que recuerdan las
líneas de sus ancestros extendiéndose hacia un pasado distante
y difuso, o la esperanza de descendientes hacia el futuro remo-
to, una esperanza que se nos concede en la Biblia y que supone
una concepción lineal del tiempo.
En algunas de las civilizaciones más avanzadas, la comuni-
dad maneja escalas históricas de tiempo mayores para abar-
car la vida de los gobernantes y sus dinastías, en una práctica
que acentúa también la sensación de distancia con el pasado.
La lista de los reyes del antiguo Egipto incluía el número de
años de cada reinado junto al nombre, mientras que, ya en el
Egipto helenístico, Manetón numeró las dinastías, en una con-
vención que aún pervive en la egiptología moderna. La idea
de recurrir a un hecho aislado como punto fijo a partir del que
se cuenta el paso de los años, para definir una “era”, tiene un
origen más reciente. Cierto es que los budistas calculaban el
número de años que separaban el nacimiento de Buda de su
muerte, pero las distintas tradiciones locales utilizaban cifras
diferentes. Existían incluso variaciones en el cómputo del tiem-
po desde la fundación de Roma, ab urbe condita, al igual que
en las eras cristiana y judía.
Mientras que la concepción del tiempo y la duración de las
épocas históricas mostraba variaciones, la celebración se seña-
laba mediante “días conmemorativos”, que podían consultarse
ad hoc en el calendario público. Tal sucedería, probablemente,

7
Sobre prácticas posteriores, véase B. Z. Wacholder, “The Calendar of Sab-
batical Cycles during the Second Temple and the Early Rabbinic Period”, en
Hebrew Union College Annual (Cincinatti), XLIV, 1973, pp. 153-196.

10
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para el centenario de la fundación de Roma, con cuyo motivo Así, en la Florencia del siglo
Horacio escribió su Carmen Saeculare, y con otras conmemo- XV, el bicentenario (probable)
raciones semejantes.8 Sólo cuando el reconocimiento de las eras del nacimiento de Dante se
condujo a una estructura conexa y universal de números, se conmemoró por la especial
hizo posible fijar celebraciones predecibles del tipo que llama- importancia que para los
mos aniversarios. No ha de extrañar que la primera de estas florentinos tenía honrar
celebraciones de que se tiene constancia esté asociada al man- públicamente a su excelso poeta,
dato bíblico del jubileo que, a su vez, resulta de un error de al que habían desterrado.
traducción del hebreo original. Como se recordará, el Antiguo
Testamento habla de la “trompeta del júbilo” que proclama el
inicio de las celebraciones. La palabra hebrea para la trompe-
ta hecha de cuerno de carnero es yobel, lo que se tradujo como
jubilatio en latín y, de ahí, jubileo.
En 1300, el papa Bonifacio VIII anunció el primer “año de
jubileo” de la Iglesia católica, en parte porque había oído que
un siglo antes había tenido lugar esta misma celebración. La
afluencia de peregrinos en éste y los siguientes “jubileos” su-
girió la conveniencia de celebrar la conmemoración con mayor
frecuencia. Primero, se situó cada 50 años, luego cada 33, hasta
que Pío II decretó que cada 25 años se conmemoraría un año
santo. Sin embargo, la primera celebración centenaria parece
haber sido impulsada por los protestantes, probablemente a
imitación de la costumbre papal. Tal fue el centenario de la Re-
forma de 1517, celebrado en Alemania en 1617 como atestiguan
las monedas acuñadas como homenaje. Los católicos imitaron
pronto esta práctica. Los jesuitas publicaron un suntuoso libro
con emblemas titulado Imago Primi Saeculi Societatis Iesu,
para conmemorar su centenario en 1640. Todos estos ejemplos
confirman que tales celebraciones se vinculaban originalmen-
te a la vida de cada comunidad. Lo que se conmemoraba era la
propia historia. Así, en la Florencia del siglo XV, el bicentenario
(probable) del nacimiento de Dante se conmemoró por la espe-
cial importancia que para los florentinos tenía honrar pública-
mente a su excelso poeta, al que habían desterrado. En 1465
se decidió encargar a Domenico Michelino que reemplazara las
primeras pinturas de la catedral con el retrato de Dante que
sigue expuesto allí hasta la actualidad.9
La creciente popularidad del hábito de contar los siglos pa-
rece proceder de la enseñanza de la historia en las escuelas. Lo
cierto es que hacia 1700 se había hecho universal.10 Desde esa

8
Véase M. Bernhardt, Handbuch zur römischen Münzkunde, Halle, 1926,
pp. 75 y 76 ff.
9
Para reproducción e información véase C. Marchisio, Monumento pittori-
co a Dante in Santa Maria dei Fiore, Roma, F. Palombi, 1956.
10
J. Burckhardt, Die Entstehung der Jahrhundertrechnung Ursprung and
Ausbildung einer historiographischen von Faccius bis Ranke, Göpingen, 1971.
Véanse también A. Wirchi-Benz (revisión de R. Landfester), Historia Magis-

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Según el Oxford English fecha abundan las celebraciones de centenarios. En cualquier


Dictionary, el término caso, en 1706 la Universidad de Francfort del Oder celebró su
“centenario” se usó en Inglaterra centenario en presencia del rey de Prusia.11 El primer centena-
por primera vez en sentido rio del que tengo noticia con el que se honró a un filósofo fue
moderno en l788, cuando se el discurso conmemorativo pronunciado en latín en 1746 por
aplicó a la celebración política Johann Christian Gottsched en la Universidad de Leipzig para
conmemorativa de la “Gloriosa recordar los cien años transcurridos desde el nacimiento de
Revolución de 1688”. Leibniz. En 1728 se publicó en Goslar un volumen conmemo-
rativo en honor del artista Alberto Durero, “exactamente en el
momento en que se cumplían 200 años desde que abandonara
este mundo”. Tales fueron los antecedentes de una procesión
de actos que se haría interminable.
Sorprendentemente, la primera celebración a gran escala de
un personaje famoso a la que se asoció específicamente la catego-
ría de “jubileo” no estuvo vinculada a ningún número redondo.
Estoy pensando en el gran “Jubileo de Shakespeare” que tuvo
lugar en Stratford-upon-Avon en 1769, organizado por el actor
David Garrick. Ya entonces se manifestaron muchas de las ca-
racterísticas menos saludables de las conmemoraciones de este
tipo, como el bombo publicitario, la cursilería y el ventajismo co-
mercial. Como ya he dicho, la fecha se eligió al azar: la idea del
jubileo surgió de un proyecto de levantar una estatua a Shakes-
peare, y en recompensa a sus esfuerzos se concedió a Garrick la
libertad de Stratford. Haendel fue, tal vez, el primer compositor
cuyo centenario fue conmemorado, en Inglaterra en 1785, aun-
que de forma más natural por el hecho de que su música seguía
siendo regularmente interpretada después de su muerte.12
Según el Oxford English Dictionary, el término “centena-
rio” se usó en Inglaterra por primera vez en sentido moderno
en l788, cuando se aplicó a la celebración política conmemora-
tiva de la “Gloriosa Revolución de 1688”. Conmemoraciones
de este tipo dieron a la enaltecida conciencia nacional de Italia
y Alemania una oportunidad muy bien recibida de potenciar
su espíritu de comunidad. Cuando la Academia de las Artes
de Berlín organizó un homenaje público y secular a Rafael en
1820, antes decidió conmemorar el aniversario de la muerte
de Durero con no menos brillantez. De hecho, el jubileo de Du-
rero de 1828 se convirtió en una celebración nacional del ro-
manticismo alemán. Aunque quedó oscurecido por el magno
centenario de Schiller de 1859, que produjo auténticas orgías
de retórica de la patria.

tra Vitae y J. Burckhardt, “Die Entstehunge der modernen Jahrhundertrech-


nung…”, en History and Theory, XIII, núm. 2, 1974, pp. 181-189.
11
J. H. Monk, The Life of Richard Bentley, D. D. Londres, 1833, p. 191.
12
Dr. Burney, An Account of the Musical Performance… in Commemora-
tion of Handel, [s.i.], 1785.

12
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Ni que decir tiene que las casas gobernantes también utiliza-


ban sus derechos hereditarios para mantener el sometimiento
de sus súbditos con aniversarios y celebraciones familiares.13
Mi madre, que nació en 1873, recordaba hasta en su vejez la
magnífica procesión que escenificó en Viena el pintor Makart
para celebrar las bodas de plata del emperador y la emperatriz
en 1879. El cincuenta aniversario de la reina Victoria, de 1887,
aún perdura en la memoria viva del pueblo. Con un fino sentido
de la ironía, Robert Musil construyó su novela El hombre sin
atributos en torno a los fútiles intentos de organizar una cele-
bración dinástica de esta naturaleza, en este caso un hipotético
70 aniversario en 1918 del ascenso al poder del “Emperador de
la Paz”, Francisco José, que fue eclipsado por las celebraciones
ese mismo año del 30 aniversario de la entronización del kái-
ser Guillermo II.
No parece muy difícil seguir el hilo que conduce desde aque-
llos tiempos a nuestra situación presente, donde los calendarios
y almanaques de cada nuevo año nos garantizan que no per-
deremos ninguna ocasión de celebrar aniversarios.14 Editores
y organizadores de exposiciones, productores de radio y televi-
sión, por no mencionar a la industria turística, agradecen enor-
memente esta ayuda para la planificación de sus programas.
Hace poco recibí una invitación del Instituto de Cultura Polaca
de Londres para asistir a una exposición del centenario del pri-
mer cartel cinematográfico de Polonia. Los factores socioeconó-
micos que nos han llevado a estos excesos son evidentes. Pero
existen también razones más profundas para explicar el cons-
tante aumento del número de aniversarios. En estos tiempos
de cambios tan rápidos por el progreso tecnológico es muy fácil
olvidarse del pasado. Los signos que acostumbraban a perpe-
tuar esta peligrosa tendencia a la “memorialización” han de-
mostrado escasa eficacia. Hoy paseamos o conducimos nuestros
automóviles por numerosas plazas donde se alzan estatuas de
hombres y mujeres ilustres sin leer o advertir siquiera sus ins-
cripciones. Muchos de los lugares sagrados conmemorativos de
hechos míticos o religiosos parecen haber tenido mejor suerte,
y aún atraen a multitud de peregrinos. En términos seculares,
se han convertido en “visitas” renombradas para turistas que
gustan de oír que tal casa o, al menos tal lugar, está exactamen-
te tal y como lo dejó alguien célebre, como si allí el tiempo se hu-
biera detenido. Sólo un aniversario es capaz de transmitir a una

13
Véase la colección de E. Brix y H. Steckl, Der Kampf um das Gedächtnis
Offentliche Gedenktage in Mitteleuropa, Viena, 1997.
14
Por ejemplo, el editor Deike de Kreuzlingen prometió incluir en sus al-
manaques más de 1 600 aniversarios de nacimientos, muertes y otras fechas
significativas.

13
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comunidad de gente que comparte unas mismas ideas la certe-


za de que existen logros y sucesos que desafían a la mortalidad,
como había esperado Horacio con tanta razón. Pues su obra
pertenece a la civilización, a la “cultura universal” que hunde
conscientemente sus raíces en el pasado. Como consecuencia,
el aniversario, a diferencia de una celebración ritual, no niega
en modo alguno el transcurso lineal del tiempo. Puede también
apercibirnos de la distancia que nos separa del hecho celebrado,
que no debe perderse en la memoria. Cien años después de su
muerte, la filosofía de Cassirer nos sigue conmoviendo. Ahora
me gustaría cerrar este discurso con una expresión inglesa in-
traducible, que combina alegremente las concepciones del tiem-
po cíclico y lineal: “Many happy returns of the day”.

Memorias en proceso
América Latina, siglos XVI-XX

François-Xavier Guerra

Este texto es la introducción al libro Mémoires en devenir. Amé-


rique latine XVIe-XXe siècle. Colloque international de Paris, 1er-
3 décembre 1992. Édition préparée sous la responsabilité de
François-Xavier Guerra, Bordeaux, Maison des Pays Ibériques,
1994, pp. 9-27. François-Xavier Guerra (1942-2002) nació en
Vigo, España, pero estudió en Francia y se naturalizó francés.
Su tesis de doctorado en historia la dedicó a la Revolución mexi-
cana (Le Mexique: de l’Ancien régime à la Révolution, publicada
en 1985), abriéndola a las ideas revisionistas de François Furet
que permitieron repensar la Revolución francesa (Penser la Ré-
volution française, de 1978), más bien cuestionarla a fondo, en
los años que antecedieron a la anunciada conmemoración es-
tatal de su Bicentenario en 1989. A lo largo de su lamentable-
mente breve pero muy fértil vida académica como profesor en la

14
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Sorbona, Guerra fue un gran investigador y maestro. Compartió


con sus no pocos discípulos y colaboradores su rigurosa reflexión
y su amplio programa de investigaciones sobre el tránsito del
Antiguo Régimen al Nuevo, ampliada al conjunto del mundo
ibérico desde el siglo XVIII. Este tránsito implica el paso de los
espacios imperiales a los nacionales, del súbdito al ciudadano,
del corporativismo al individualismo, y un cambio también de
las memorias políticas, traídas a cuenta por la conmemoración
del Quinto Centenario de 1992. El presente panorama del “de-
venir” de las memorias latinoamericanas en el periodo colonial,
el siglo XIX y el XX nos ayuda a repensar la memoria mexicana
en nuestra doble conmemoración centenaria de 2010. La tra-
ducción y nota son de Rodrigo Martínez Baracs.

C uando hace tres años pensamos en un coloquio que tuvie-


ra lugar en 1992, la polémica alrededor de la conmemoración
del Quinto Centenario estaba en pleno. Todo era tema de de-
bate: desde la oportunidad o no de conmemorar sea lo que sea,
hasta la palabra misma que designara la llegada de Cristóbal
Colón a ese continente que después sería llamado América.
Nos pareció entonces que era inútil participar en esta polémica
y agregar un coloquio más a tantos otros, destinados algunos
a celebrar y la mayor parte a cuestionar, más allá de este acon-
tecimiento, cinco siglos de historia americana.
Pero la intensidad misma del debate era un indicador pre-
cioso de la importancia de los combates en torno a la memoria
y, por lo tanto, de la necesidad de hacer de ella precisamente el
objeto de nuestra reflexión. Intitulamos entonces nuestro colo-
quio Lo que se juega en la Memoria. América latina en el cruce
del Quinto Centenario. ¿Conmemorar o rememorar?, para estu-
diar, en la larga duración, las batallas que se libraron alrededor
de la memoria y del olvido.
La empresa era ciertamente demasiado ambiciosa y tal vez
ambigua. Ambigua, pues trataba sobre temas de investigación
que estaban todavía en sus comienzos en la historiografía sobre
América Latina;1 ambiciosa también por sus contornos crono-
lógicos —cinco siglos— así como sobre su extensión geográfica.
Ambigua por ese término “memoria” que, pese a todo, hemos
conservado por razones de comodidad en el título de esta pu-
blicación, sin dejar de tener conciencia de las diversas proble-
máticas a las que remite su polisemia y de los problemas que
plantea; el más importante de los cuales es el de confundir la
memoria propiamente dicha —los recuerdos individuales o co-

1
Los estudios más numerosos tratan sobre todo del comienzo de la época
colonial.

15
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lectivos— con construcciones que podrían ser calificadas de


“memoriales” o “históricas”.2 Porque, aunque ambas, la me-
moria y las “construcciones memoriales”, son reconstrucciones
del pasado y que se puede pasar insensiblemente de la una a las
otras, no dejan de ser de diferente naturaleza.
En efecto, los recuerdos personales —la memoria propia-
mente dicha— nunca son ni completos ni neutros. Son siempre
fragmentos del pasado, el resultado no sólo de la limitación físi-
ca de la memoria humana, sino también elecciones concientes
o inconscientes, efectuadas en función de lo que consideramos
particularmente significativo para nuestra vida, para la de
nuestros prójimos o la del grupo o los grupos de los que forma-
mos parte. Hablar de elección y de significación implica que la
memoria personal, la más personal de las memorias, ya es una
reconstrucción del pasado que es a la vez individual y social.
Individual, en lo que tiene de más íntima, pero siempre social,
no sólo porque se refiere en buena parte, a nuestras relaciones
con los otros y los grupos a los que pertenecemos, sino también
porque depende de los códigos y de las referencias culturales de
esos grupos: de sus valores, de sus imaginarios, de lo que pien-
san que es su identidad y su pasado.
Sin embargo, si se limita a la sola transmisión oral de los
recuerdos, esta memoria individual o colectiva es de corta du-
ración y de contenido restringido. Para superar estos límites,
tiene que poderse apoyar sobre otros medios que le permitan
perpetuarse, sobre soportes diversos —escritos, imágenes,
monumentos, ceremonias, rituales—, sobre hombres o insti-
tuciones encargados de preservarla, crearla o recrearla, inter-
pretarla o reinterpretarla...
Entramos entonces en el dominio de las construcciones “me-
moriales” al que pertenece la Historia en las diferentes formas
que ha tomado en nuestro mundo occidental. Estas construc-
ciones no podrían estar separadas ni de sus autores, ni del mo-
mento o del contexto en el que fueron elaboradas, ni de los
grupos que se las han apropiado. Designar estas construccio-
nes con el término “memoria” puede justificarse por el hecho
de que pretenden hacernos conocer el pasado; pero es seguro
que no son en lo esencial recuerdos —no más individuales que
colectivos— aun si pueden, en parte, remitir a ellos. Estas cons-
trucciones memoriales pertenecen más bien al dominio de las
representaciones, de los imaginarios, de las creencias adquiri-
das por el sesgo de los mecanismos de socialización que ningu-
na experiencia personal puede, en la mayor parte de los casos,

2
Para una definición de esta memoria histórica, cfr. Pierre Nora, “Entre
Mémoire et Histoire. La problématique des lieux”, en Les Lieux de Mémoire,
I. La République, París, Gallimard, 1984, pp. XVII-XLII.

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ni validar ni desvalorizar. De allí el carácter aparentemente


opuesto de sus propiedades. Por un lado, se presentan como
verdades indiscutibles e invariables porque son una parte im-
portante de los elementos que estructuran a un grupo humano,
de su identidad. Por otro lado, en vista de que son de hecho el
resultado de una elaboración, consecuencia de una particular
combinatoria de actores, las construcciones son por naturaleza
variables, en la medida en que cambian estos actores, su lugar
en la sociedad o sus referencias culturales.
Este doble carácter, de permanencia y variabilidad, explica
el ardor de los combates alrededor de la “memoria”, ya que en
ellos están en juego no solamente las relaciones de poder en el
seno de un grupo humano, sino sobre todo creencias y, por lo
tanto, certezas sobre lo que un grupo humano considera que
es su identidad.
Es cierto que todo lo que se refiere a la memoria está sujeto,
en todos lados y siempre, a reajustes constantes, pero la Amé-
rica Latina, y muy particularmente la América Hispánica, apa-
rece como un caso extremo, como un continente traumatizado
por su pasado, y sobre todo por los dos grandes trastornos, tanto
políticos, sociales como culturales, que marcaron su historia: la
Conquista y la Independencia. Ambos provocaron dos grandes
rupturas en la continuidad de la memoria y de las visiones del
pasado de las cuales es difícil encontrar equivalentes en otras
partes. De allí el lugar que toma en América el olvido o la nega-
ción del pasado: después de la Conquista, de las civilizaciones
y las culturas precolombinas; después de la Independencia, del
periodo colonial. Por ello hemos estructurado nuestra reflexión
en tres partes cronológicas de duración desigual. En primer
lugar, los tres siglos del periodo colonial, que ven, después del
traumatismo de la Conquista, el nacimiento y la consolidación
de una sociedad ciertamente muy heterogénea, pero cada vez
más amestizada y unificada en gran parte alrededor de valores
comunes. Después, el siglo XIX, obligado no solamente a oponer
los tiempos oscuros del Antiguo Régimen a las luces de la moder-
nidad, como sucede en la Europa latina, sino también, después
de una independencia inesperada, a dotar a los nuevos estados de
un pasado que venga a legitimar su existencia como nación. Un
siglo XX, finalmente, el nuestro, el tiempo de crisis y de cuestio-
namientos múltiples así como de tentativas más o menos logra-
das de reinterpretación de todo el pasado latinoamericano.
Las aproximaciones utilizadas en este conjunto de estudios
han sido tan variadas como los objetos a los que se refieren.
Sin embargo, han sido privilegiadas, por una parte las cons-
trucciones historiográficas y, por otra, las fiestas y las conme-
moraciones; las primeras por el lugar central que ocupan en la
constitución de las representaciones del pasado; las segundas,

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Poseemos sin duda crónicas y no solamente como precedentes de las conmemoraciones ac-
libros españoles que recogen datos tuales, sino también por todas las informaciones inéditas que
transmitidos por informantes aportan al discurso explícitamente histórico. A través de ellas
indígenas, obras también por se puede aprehender más fácilmente a los actores comprometi-
medio de los cuales las elites dos en las querellas de la memoria y sus estrategias, y también,
hispano-indias, muchas veces más allá de las representaciones de las elites, las actitudes y
mestizas, mediadoras naturales las creencias del pueblo. Se entiende que, pese a la pluralidad
entre dos mundos, intentan de temas y de aproximaciones recogidas en este libro, estos es-
transmitir la memoria de sus tudios no son más que una primera aproximación, sin preten-
antepasados americanos. sión de ser exhaustivas, de un tema inmenso: un sobrevuelo
que permite ciertamente desprender algunas certitudes, pero
también varios temas para investigaciones por venir.

***

En el análisis del periodo colonial, era normal que los primeros


temas abordados tratasen de las consecuencias de la Conquis-
ta: sobre la ruptura que provoca en la transmisión del pasado
indígena, pero también sobre lo que las nuevas “construccio-
nes memoriales” consiguen salvar de este naufragio en el que
se hunden inmensos lapsos de la memoria indígena, confor-
me desaparecen sus soportes, sus formas de expresión y los
hombres encargados de asegurar su transmisión. Poseemos
sin duda crónicas y libros españoles que recogen datos trans-
mitidos por informantes indígenas, obras también por medio
de los cuales las elites hispano-indias, muchas veces mestizas,
mediadoras naturales entre dos mundos, intentan transmitir
la memoria de sus antepasados americanos. ¿Pero hasta qué
punto los primeros y sobre todo las segundas son capaces de
dar cuenta de ese pasado y de tomar el relevo, con nuevos ins-
trumentos, de los que desaparecen?
En ese campo, como en tantos otros, la respuesta pasa por el
mestizaje cultural; un mestizaje tan profundo que hace prác-
ticamente imposible, bajo pena de contrasentido o de anacro-
nismo, leer esos textos como si se tratara de una crónica o de
una historia de los tiempos que antecedieron a la Conquista.
Franklin Pease muestra así los tratamientos a los cuales los
primeros cronistas y sobre todo autores mestizos, sometie-
ron las formas no históricas de transmisión de la información
sobre el pasado, propias de la civilización inca —incluidas las
escenificaciones rituales— para transformarlas en historia a
la occidental. Claire Pailler intenta, por su lado, analizar la
impronta de la historia antigua europea en la construcción
de los Comentarios reales, la gran obra del Inca Garcilaso de
la Vega, el ilustre historiador mestizo del siglo XVI, que está
en el origen de tantas visiones míticas posteriores del mundo

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inca. Alimentada e impregnada por la cultura antigua, su his-


toria de los incas es, podría decirse, una “historia romana”, la
historia de esta otra Roma que para él fue Cuzco, a tal punto
que hasta se puede encontrar en ella la tripartición funcional
indo-europea...
Estas empresas que apuntan a transferir las modalidades
indígenas a nuestras formas históricas para dar cuenta del pa-
sado son, pues, de interpretación difícil y conducen a construc-
ciones híbridas y a veces contradictorias. No por ello dejan de
ser el signo evidente de la profunda transformación que expe-
rimentaban entonces las sociedades americanas. Porque, más
allá de esas combinatorias complejas de formas y de conteni-
dos, la mayor parte de los autores que pertenecen a las elites
hispano-indias se proponen ante todo integrar a los pueblos
indígenas en la historia de la salvación y se adhieren por ello
mismo a una visión de la historia regida por el providencialis-
mo cristiano.
¿Puede concluirse que toda memoria indígena fue borrada,
fundida en una nueva representación vasta y homogénea del
pasado? Para nada: la pluralidad de las memorias en el periodo
colonial, sean o no sean indígenas, es sin duda más grande que
en la época contemporánea. Y esto por varias razones. La pri-
mera, porque no existía una versión oficial profana de la histo-
ria de las Indias, y por lo tanto ni la voluntad, ni los medios, de
imponerla al conjunto de la población. Serge Gruzinski mues-
tra bien, por ejemplo, la existencia de varias versiones diferen-
tes del descubrimiento y de la Conquista en el México de fines
del siglo XVI, con un abanico de juicios de valor bastante cerca-
nos a los nuestros. Estas diferentes versiones sobre aconteci-
mientos, sin embargo fundadores, no son sólo la manifestación
de líneas interpretativas diversas, sino que están estrechamen-
te ligadas, más allá de los hombres concretos que las expresan,
a la historia y a la memoria de los grupos —políticos o familia-
res— a los que esos hombres pertenecen.3
La segunda y más importante razón de la diversidad de las
“memorias” en la época colonial se debe a esta multiplicidad de
grupos en los cuales está estructurada esta sociedad tipo Anti-
guo Régimen. Una vez que dejamos el dominio restringido de
la memoria individual, el problema central es, en efecto, el del
sujeto de la memoria. Hablar, sin más precisiones, de “memo-
ria colectiva” conlleva una simplificación que no conduce más
que a callejones sin salida, porque toda sociedad es una combi-

3
Como lo muestran la visión histórica muy imperial e hispánica de la re-
pública india de Tlaxcala o los silencios sobre Colón de don Fernando de Alva
Ixtlilxóchitl, explicables por sus lazos de parentesco con uno de los miembros
de la expedición del almirante.

19
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nación de grupos humanos heterogéneos. Uno de los elementos


constitutivos del grupo —al lado de un tipo particular de víncu-
los entre sus miembros, de intereses, de valores y de compor-
tamientos específicos— descansa justamente sobre la idea que
se hace de sí mismo, de su diferencia en relación con otros, en
suma, de una identidad que está amasada en gran parte con
“memoria”.
Existe, sin duda, en una sociedad dada un cierto número de
representaciones del pasado compartidas, hasta cierto punto,
por la mayor parte de los grupos que la componen. Regresa-
remos más adelante a esas representaciones, pues queremos
hablar aquí de la “memoria” de un grupo; una “memoria” com-
puesta en ciertos casos por verdaderos recuerdos y en otros
por reconstrucciones del pasado más o menos elaboradas. Re-
cuerdos, por ejemplo, de una comunidad pueblerina en torno a
sus conflictos de tierras con una gran propiedad vecina, o con
otra comunidad cercana; o recuerdos, de la “república de Tlax-
cala” a fines del siglo XVI acerca de su alianza con Cortés con-
tra Tenochtitlan; los de un gran linaje sobre sus antepasados y
sus hechos y gestas... Se trata aquí, en parte, de una verdade-
ra transmisión de recuerdos, reactualizados permanentemen-
te por las relaciones del grupo con otros o con el Estado. Una
parte de la transmisión se hace sin duda oralmente, pero tam-
bién gracias a documentos destinados a probar sus derechos:
títulos de posesión de tierras, privilegios otorgados por las auto-
ridades, genealogía y relaciones de méritos. En esas sociedades
en las que el escrito es raro, éste llega a socorrer la memoria
oral para”dignificar” y legitimar una versión del pasado que es
de hecho una afirmación o una reivindicación de derechos. La
importancia de esas “memorias” no debe ser desestimada en
las sociedades tipo Antiguo Régimen, fundadas sobre una gran
variedad de grupos dotados de derechos y de deberes particu-
lares —sus privilegios— cuyo fundamento debe ser probado
remitiendo a costumbres ancestrales o a antiguas concesiones
de las autoridades. De allí el lugar que ocupan en estas socieda-
des las probanzas, las pruebas de derechos o de méritos, y esto
para todos los grupos, desde los más altos hasta los más bajos:
probanzas de nobleza o de hidalguía, títulos primordiales que
fijan para los pueblos sus derechos políticos y sus propiedades
de tierras, etcétera.
Por supuesto que estos documentos contienen una parte de
verdadera memoria, pero son también un lugar de recreación
del pasado —hecho en proporciones variables de olvido, inven-
ción y aun manipulación o falsificación— en función de las es-
trategias del grupo en un momento dado. Los grupos indígenas
no son una excepción y comparten, al igual que los otros, estra-
tegias semejantes de la memoria; su originalidad es el carácter

20
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culturalmente híbrido de sus construcciones. Charlotte Arnoud La persistencia de esas memorias


nos muestra así la reelaboración de las genealogías a las que se es considerable, sobre todo en
entrega la nobleza maya del siglo XVI, para hacerse confirmar el caso de los grupos que tienen
u otorgar privilegios por la Corona. Esta práctica genealógica, una base territorial. Todavía en
ampliamente utilizada antes de la Conquista, debe acomodar- 1809 la ciudad de Tlaxcala, para
se ahora a un nuevo sistema de valores. Sucede lo mismo con reclamar su derecho a elegir un
otros actores colectivos de rango social menos elevado, como diputado, sigue apelando a sus
esas “memorias” de grupos afro-indios, estudiadas por Danièle antiguos privilegios obtenidos
Dehouve, las cuales recurren a la legitimización de las funda- como “auxiliar y protectora de la
ciones de pueblos, a relatos legendarios sobre los santos patro- conquista de estos Reynos”.
nes (parecidos a muchos de los mitos precortesianos sobre los
orígenes). Relatos híbridos pues, que muestran una “memoria”
de las comunidades indígenas, cuyos orígenes no van más allá,
en la mayor parte de los casos, de la fundación del pueblo des-
pués de la Conquista.4
La persistencia de esas memorias es considerable, sobre todo
en el caso de los grupos que tienen una base territorial. Toda-
vía en 1809 la ciudad de Tlaxcala, para reclamar su derecho a
elegir un diputado, sigue apelando a sus antiguos privilegios
obtenidos como “auxiliar y protectora de la conquista de estos
Reynos”.5 Para tomar otro ejemplo a un nivel al mismo tiempo
más modesto y más conocido, los documentos de Anenecuilco,
el pueblo natal de Zapata, “raíz y razón”6 de su revuelta, mues-
tran que los conflictos que conoce en 1910 hacen intervenir a
actores y posturas análogos a los de fines del siglo XVIII.
Más allá de estas “memorias” parciales, falta intentar apre-
hender cuáles son, si existen, las representaciones del pasado
compartidas por el conjunto de los grupos de la sociedad colo-
nial. Thomas Calvo nos ofrece, por medio de un examen cuan-
titativo de las fiestas de la ciudad de México en la década 1720,
una visión a la vez inesperada y en suma lógica de los valores
compartidos por los habitantes de la capital de la Nueva Espa-
ña. Inesperada, porque esas fiestas americanas son todas pro-
fundamente hispánicas y no se diferencian de sus homólogas
peninsulares más que por una sobrevaloración de la celebración
barroca. Lógica, en la medida en que esas fiestas son sobre todo
fiestas religiosas: las del ciclo litúrgico —de Cristo, de la Vir-
gen, de los santos— o canonizaciones... Aunque su análisis se
refiere sobre todo a las elites criollas, nada de lo que conocemos
por otros lados nos permite pensar que suceda otra cosa con los

4
Sobre este tema esencial, cfr. Serge Gruzinski, La colonisation de l’ima-
ginaire. Sociétés indigènes et occidentalisation dans le Mexique espagnol. XVIe-
XVIIIe siècle, París, Gallimard, 1988, cap. III.
5
“Representación de la Ciudad de Tlaxcala a la Junta Central”, 30 de mayo
de 1809, AGN, México, Historia, vol. 418, exp. 13.
6
Cfr. Jesús Sotelo Inclán, Raíz y razón de Zapata, 2a. ed., México, CFE,
1970.

21
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La principal “memoria colectiva” grupos de sangre mezclada o los indios, tanto en la ciudad como
de conjunto de las sociedades en el campo.7 Las fiestas civiles son mucho menos numerosas y
americanas, y sobre todo de la se reducen en lo esencial, a la celebración de acontecimientos
América hispánica, es por lo tanto contemporáneos: acontecimientos de la familia real (funerales,
la de una Historia santa. matrimonios, nacimientos), jura del nuevo rey.
Son, pues, las fiestas religiosas las que dominan y estructu-
ran el tiempo, el calendario, por la conmemoración periódica de
los principales acontecimientos de la historia de la salvación y
de esos amigos de Dios que son los santos, a la vez antepasados
en la fe, modelos e intercesores. Más íntimamente aún, y antes
de su manifestación en el año litúrgico, el ritual central del
cristianismo, la Misa, está ubicado bajo el signo omnipresente
de la memoria. Memoria de los santos que precedieron en la fe
a los fieles vivos, Communicantes et memoriam venerantes...;8
memoria de los difuntos: Memento, etiam, Domine, famulorum
famularumque tuarum qui [...] dormiunt in somno pacis.9 Y
sobre todo, en el centro de la Misa, después de la fórmula de la
consagración, la rememoración querida por Cristo de las accio-
nes que actualizan la Redención: “Hæc quotiescumque feceri-
tis, in mei memoriam facietis.” Unde et memores, Domine, nos
servi tui, sed et plebs tua sancta [...] tam beatæ passionis [...].10
El cristianismo es por excelencia la religión de la memoria: la
de la intervención de Dios en la historia humana, primero en
la Antigua Alianza, por la elección de Israel como su pueblo, y
después, tras la encarnación de su Hijo, en la Nueva Alianza,
por la constitución, gracias a la adhesión a la fe, de un nuevo
pueblo de Dios, “plebs tua sancta”.
La principal “memoria colectiva” de conjunto de las socieda-
des americanas, y sobre todo de la América hispánica, es por lo
tanto la de una Historia santa. La adhesión a la misma fe funda
un sólo pueblo cristiano, y unifica, pese a importantes matices
regionales,11 sociedades divididas por múltiples hendiduras. La
incorporación a ese pueblo confiere a todos un pasado religioso
común, el que se conmemora constantemente en los actos reli-
giosos. Esta memoria religiosa dominante no dejará de plantear
problemas a todos los que, después de la Independencia, trata-
rán de secularizar estas representaciones colectivas.

7
La importancia de las fiestas del santo patrono del pueblo, del barrio o de
la cofradía parece que allí tienen mucha más relevancia.
8
“Unidos en la misma comunión, veneramos primero la memoria [...]”,
Canon romano.
9
“Acuérdate también, Señor, de tus servidores y tus servidoras [...] que
duermen el sueño de la paz”, ibidem.
10
“‘Todas las veces que lo haréis, lo haréis en memoria mía’, Por ello en
memoria, Señor, de la bienaventurada pasión [...] vuestro pueblo santo...,”
ibidem.
11
La cristianización es sin duda más profunda en la Nueva España que
en Perú.

22
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Más allá de la memoria religiosa —central en una represen-


tación común de la historia—, los diferentes grupos de la so-
ciedad colonial, incluidos los indios, comparten también en su
mayor parte una visión común de su historia política, la de la
translatio imperii —de las antiguas autoridades indias al rey de
España—, abordada aquí por varios autores. El rey se ha vuelto
tanto en el imaginario real como en el de sus súbditos indios, el
descendiente de los monarcas “aztecas” o incas. Que esta asimi-
lación pueda asumir contenidos diferentes sobre la identidad y
los atributos del rey, no cambia la significación profunda de este
fenómeno. Esta ficción, contemporánea de la Conquista, legiti-
ma el poder del soberano y parece haberse expandido a todos los
niveles de la sociedad sin que se haya verdaderamente puesto
en duda.12 Las revueltas contra las autoridades reales se hacen,
como en la Europa del Antiguo Régimen, al grito de “¡Viva el
Rey! ¡Muera el mal gobierno!” Y las quejas que los indios ele-
van al rey se hacen en su nombre:

Nuestros antiguos Padres, los Reyes Incas, y los otros


Gentiles, han pecado en una larga y variada idolatría: es
cierto, pero ellos dejaron ya de ser nuestros Padres, y su-
frimos hasta hoy sus iniquidades. ¿Acaso no sois, Señor,
nuestro Padre, nuestro Señor, nuestro Rey?13

Esta concepción del poder real no es simplemente política,


sino también inseparablemente religiosa: el monarca recibió
este imperio en herencia por la defensa y la propagación de la
fe.14 Ella explica una aparente paradoja: los más duros agravios
de los indios contra las consecuencias de la Conquista corren
junto a su aceptación, puesto que ésta permitió no sólo a la pro-
videncia de hacerles conocer la verdadera fe, sino también ella
aparece como el pacto original que los integra como “vasallos”15
del rey en la nueva sociedad. Por ello, no es sorprendente que,
por ejemplo, las parcialidades (comunidades) indias de México
en 1809 litiguen ante los tribunales —y ganen— para partici-

12
Salvo, tal vez, en ciertos episodios de la “gran rebelión” andina de los
años 1781-1782.
13
Representación verdadera, y exclamación rendida, y lamentable, que toda
la Nación Indiana hace a la Magestad del Señor Rey de las Españas, y Em-
perador de las Indias, el Señor D. Fernando el VI, pidiendo los atienda, y re-
medie, sacandolos del afrentoso vituperio, y oprobio, en que están mas ha de
doscientos años. Exclamación de los Indios americanos, usando para ella
misma, que hizo el Promete Geremias a Dios en el cap. 5 y ultimo de sus La-
mentaciones, s.l., s.d. [Perú, mediados del siglo XVIII], p. 5.
14
“Vuestra herencia Señor, que como a hijo mayor de la Catholica Iglesia,
Mayor Monarca, Mayor Catholico, os cupo en suerte [...]”, ibidem, p. 1.
15
Pese a su carácter anacrónico, el término “vasallo” se sigue utilizando
en 1808.

23
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par en el paseo del pendón, el desfile del estandarte, la ceremo-


nia que, el día de San Hipólito, conmemora el aniversario de la
caída de Tenochtitlan en manos de los conquistadores.16
La interiorización de esos valores constitutivos de la Monar-
quía hispánica —providencialismo monárquico y catolicidad—17
es tal, que se le encuentra aún expresada en vísperas de la In-
dependencia por modestos pueblos de indios que, cuando se dio
la agresión napoleónica, ofrecen sus bienes y sus vidas para…

[...] ponerse al servicio de nuestros Soberanos Cathóli-


cos [...]. Jamás el pueblo de Dios de Israel pidió algo a su
Divina Magestad para servirlo mejor, sin que le envíe a
sus ángeles mismos para exterminar sus enemigos, cuan-
do no tenía siquiera como nosotros tenemos, una Señora
de Guadalupe, venida cuando nuestros soberanos nos tra-
jeron la Santa Fe Cathólica, beneficio que no podríamos
pagar ni al precio de mil vidas.18

***

Estas visiones del pasado profundamente enraizadas en la so-


ciedad colonial experimentan un cuestionamiento radical con
la Independencia, sobre todo en la América hispánica.19 Para
las elites del siglo XIX, la Independencia es mucho más que el
acceso de los países americanos a una soberanía plena. Repre-
senta una ruptura radical entre dos épocas, el comienzo de un
tiempo nuevo, dicho de otra manera un tiempo de los orígenes.
La Independencia abre así la gran época de las conmemoracio-
nes, entre las cuales se encuentran las de las fiestas nacionales,
esas fiestas que sólo pueden poseer los países que son o preten-
den haber nacido por una ruptura.20
En efecto, el periodo de la Independencia representa una
doble ruptura. Es en primer lugar una revolución, una vasta y
brusca mutación que conduce a todo el mundo hispánico al re-

16
Cfr. Andrés Lira, Comunidades indígenas frente a la ciudad de México.
Tenochtitlan y Tlatelolco, sus pueblos y barrios. 1812-1819, México, El Cole-
gio de México/El Colegio de Michoacán, 1983, pp. 40-41.
17
Cfr. David Brading, Orbe indiano. De la monarquía católica a la repúbli-
ca criolla, 1492-1867, México, FCE, 1991, caps. IX y X.
18
Carta del delegado y de los “otros naturales” de Santiago del Río al ca-
bildo de esta ciudad, AGN México, Historia, t. 46, f. 454.
19
En Brasil, la Independencia conserva tanto el régimen monárquico como
la dinastía portuguesa.
20
Es significativo al respecto que ni Gran Bretaña ni España tengan ver-
daderas fiestas nacionales (en el caso de esta última, después de varios inten-
tos sobre fechas diferentes). En Francia, el 14 de julio no es el aniversario de los
orígenes absolutos de la nación, sino de una nueva manera de existir.

24
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chazo de la sociedad y los valores del Antiguo Régimen y a la Las celebraciones cívicas
adopción de la modernidad política. Corresponde además a nuevas que exaltan tanto la
la desintegración de este conjunto político único que era la Mo- Independencia como la Patria,
narquía hispánica y la aparición de nuevos estados soberanos; lejos de reemplazar a las fiestas
es por lo tanto no solamente la separación de la metrópoli, sino religiosas, mezclan siempre su
también del rey que aseguraba hasta entonces la cohesión del desarrollo de las fases religiosas y
conjunto. La doble ruptura se produce, además, en el curso de las fases profanas.
un largo periodo de guerras y luchas sociales cuya amplitud y
violencia tienen graves consecuencias para el porvenir. Conse-
cuencias identitarias, en primer lugar, porque aún si las luchas
por la Independencia revisten mucho tiempo el carácter de una
guerra civil, no por ello obligan menos a los independentistas a
redefinir su identidad para oponerse a adversarios que se pre-
sentan como los verdaderos españoles; consecuencias sociales,
además, porque estos conflictos actúan como un poderoso fer-
mento de disolución del vínculo social que une a los pueblos,
los órdenes, los cuerpos, los individuos...
Estas múltiples fracturas hacen necesario un reacomodo,
para no decir una invención del pasado, para hacerlo compati-
ble con estas novedades. Como en Francia, así como en todos
los demás países que quisieron hacer tabla rasa del pasado y
construir un mundo nuevo, había que ilustrar el paso de un an-
tiguo régimen —en el que reinaban la opresión, la oscuridad
y la ignorancia— a una era radiante, la de un hombre nuevo,
una nueva sociedad, valores nuevos. Igualmente hacía falta
recurrir a la “nación” para justificar la aparición de nuevos
estados, porque sólo la nación y su derecho a la soberanía po-
dían legitimar, en el nuevo sistema de referencias, la voluntad
de independencia de los “pueblos” (de los reinos, provincias o
ciudades): esas comunidades políticas del Antiguo Régimen que
acceden entonces a la Independencia.
La construcción de esas nuevas visiones del pasado, por muy
necesarias que fuesen, no dejaba de plantear temibles proble-
mas a los hombres de la Independencia y a sus sucesores. El
problema central, que se encuentra en todos los dominios, es
el de la continuidad con el periodo colonial. En el campo de los
valores y de las representaciones que unificaban a la monar-
quía hispánica, la continuidad es indiscutible por la religión.
Las celebraciones cívicas nuevas que exaltan tanto la Indepen-
dencia como la Patria, lejos de reemplazar a las fiestas religio-
sas, mezclan siempre su desarrollo de las fases religiosas y las
fases profanas. Lo religioso está en todas partes, hasta en los
combates, bajo la forma de vírgenes patronas de las armadas,
y aun a menudo por el discurso providencialista que acompaña
las arengas patrióticas, sobre todo cuando se dirigen al pueblo
o a los ejércitos, no importa cuáles sean por lo demás los senti-
mientos íntimos de ciertos revolucionarios.

25
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Las dificultades y las Discontinuidad indudable, en cambio, en lo que se refiere a


incertidumbres son igualmente la fidelidad al rey. En la damnatio memoriæ, tan bien descrita
considerables cuando se trata de por Georges Lomné, son sobre todo los símbolos y los retratos
dar a las nuevas “naciones” un del rey, cabeza de la Monarquía y garante del vínculo social,
espesor histórico, una identidad los que van a sufrir los ataques más violentos. Sin embargo, si
cultural que legitime su existencia fuera posible erradicar de esta molesta figura lo que tenía de
misma. personal y de español,21 tal vez sucediese de otra manera su re-
emplazo por un ser abstracto —república o nación— al cual co-
rresponde en adelante la nueva lealtad. Lo que era posible en el
orden del discurso de legitimación, no lo era ciertamente para
el pueblo ni aun, sin duda, para el comportamiento cotidiano
de las elites. En efecto, lo que está en juego aquí es nada menos
que el fundamento mismo de la “obligatoriedad” política. De la
dificultad de esta transferencia resulta la muy fuerte persona-
lización del poder y de sus símbolos, encarnados en generales
cubiertos con laureles, Bolívar o Iturbide, por ejemplo, tal como
lo exponen Georges Lomné o Enrique Florescano.
Las dificultades y las incertidumbres son igualmente conside-
rables cuando se trata de dar a las nuevas “naciones” un espe-
sor histórico, una identidad cultural que legitime su existencia
misma. Tocamos aquí el problema, aún presente en nuestros
días, de la relación entre las “naciones” hispanoamericanas y
su pasado, colonial o indígena. Problema muy complejo, por-
que era muy difícil para ellas construir su identidad sobre un
pasado colonial, que las nuevas referencias políticas califica-
ban como “trescientos años de despotismo”; tanto más difícil,
pues las elites independentistas sabían muy bien que ese “des-
potismo” había sido aceptado por sus antepasados y por ellas
mismas hasta una fecha muy reciente. Era igualmente difícil
para estas elites reivindicar a los conquistadores y primeros
pobladores —como aún lo hacían en 1809—,22 ya que durante
la guerra de Independencia habían sido conducidos para justi-
ficar su causa, a rechazar la Conquista como título de posesión
legítimo de América por España, al asimilarse retóricamente a
los pueblos vencidos. Ahora bien, una asimilación de este tipo
planteaba temibles problemas a la hora de construir una ver-
sión coherente del imaginario nacional. Los principales dirigen-
tes de la Independencia, en primer lugar, y de los nuevos países,
después, ¿acaso no pertenecían a esas elites criollas cuya iden-
tidad “española” había sido hasta entonces su principal orgu-
llo y su manera de distinguirse del resto de la sociedad? Es por

21
El estudio del mantenimiento del realismo en ciertas regiones y ante
ciertos grupos después de la Independencia sigue pendiente.
22
Cfr., por ejemplo, Camilo Torres, Memorial de agravios. Representación
del cabildo de Santa Fe a la Suprema Junta Central de España, 1809.

26
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eso que, a diferencia de Estados Unidos, no habrá en América


Latina una celebración de los “Padres fundadores”.
El periodo colonial sigue siendo, por lo tanto, el objeto de
representaciones muy ambiguas. Como lo muestran bien En-
rique Florescano para México y Mónica Quijada para Perú: la
definición de la “nación” —y en consecuencia en la explicación
de la Independencia— oscila entre dos visiones divergentes
sobre la continuidad histórica. Una, en la que la influencia
del abate de Pradt [1759-1837] es evidente, pone el acento
sobre la continuidad. Las independencias se asimilan —si-
guiendo la analogía con la vida del hombre— a la emanci-
pación de las colonias, una vez llegadas a su edad adulta. La
nación aparece así como la culminación de un largo proceso
histórico que engloba tanto la época precolombina como la
conquista y la época colonial. La otra visión insiste en la dis-
continuidad, ya que presenta a la Independencia como la de
una antigua nación que recupera su libertad perdida, lo que
supone identificar la nación moderna con los antiguos estados
indígenas, y el periodo colonial se vuelve un periodo de domi-
nación extranjera y la emancipación representa una revancha
por la Conquista.
Las dos versiones son anteriores a la época de la Indepen-
dencia y curiosamente participan de una misma lógica: la de la
construcción de una identidad criolla. La primera resultaba de
la visión integradora de la Historia que era la más difundida en
la época colonial. Pero la segunda participaba, de otra manera,
de la misma lógica: la de “dignificar” a América dotándola de
una antigüedad clásica propia —las civilizaciones precolombi-
nas— que viene a refutar las afirmaciones de la ciencia euro-
pea del Siglo de las Luces sobre una pretendida inferioridad
de la naturaleza y del hombre americanos. Estas filiaciones
intelectuales constituyen un buen ejemplo de los procedimien-
tos utilizados en las “construcciones memoriales”, escogiendo
u organizando de manera diferente elementos preexistentes,
en función de las necesidades del momento. Pero nos ofrecen
también un ejemplo de las manipulaciones que estos ejercicios
implican. En efecto, aún si estas imágenes están aureoladas
por un fuerte poder evocador, deben mantenerse en lo vago si
quieren servir de fundamento a la nación moderna. En Méxi-
co, es al precio de una evidente simplificación territorial que
se puede hacer de la Nueva España la continuación del “impe-
rio azteca”. Pero, ¿qué decir entonces de los Andes, ya que al
menos tres naciones, si no es que cuatro, heredan el antiguo
“imperio” inca, o aun de regiones como Venezuela o Río de la
Plata, que no pueden reivindicar, si no es que marginalmente,
a las altas civilizaciones indígenas? Por ello, las representacio-
nes de la América india, que se encuentran en muchas alego-

27
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rías, revelan más sobre la tradición iconográfica que sobre una


verdadera explicación histórica.
Porque cualquiera que sea la explicación escogida para los
orígenes de la nación, subsiste una formidable separación du-
rante todo el siglo XIX entre la evocación de los indios míticos
del pasado y el olvido práctico, la molestia, o el desprecio ante
el indio real, elemento heterogéneo o supervivencia del antiguo
régimen, en una nación moderna que uno quisiera homogénea
y lo más europea posible.
En efecto, pasados los primeros tiempos de la Independen-
cia en los que la nación encerraba un contenido esencialmente
político —y en los que se pensaba como una comunidad sobera-
na— la tarea esencial de las elites intelectuales y gobernantes
es la creación de una nación en el sentido cultural. Una nación
que es a partir de entonces concebida como una comunidad
formada por individuos que reivindican una misma identidad
hecha, en gran parte, con esta “memoria compartida”, de la
que habla Mónica Quijada. Es precisamente porque los funda-
mentos históricos de la nación son débiles, en la mayor parte
de los casos, que esta tarea de edificación y de transmisión de
un imaginario común no puede ser confiada tan sólo al paso del
tiempo. Aún si siempre han existido estrategias de la memo-
ria, el siglo XIX es el tiempo por excelencia de las políticas de la
memoria. Éstas son tanto más voluntaristas cuanto que la so-
ciedad conserva todavía en los grupos que la estructuran una
pluralidad de memorias: en muchos casos ellas todavía son las
del Antiguo Régimen.
Uno no puede dejar de extrañarse, desde este punto de vista,
por la extraordinaria permanencia del mundo antiguo que se
transparenta en las ceremonias descritas por Enrique Floresca-
no y Georges Lomné. No tanto por los mensajes transmitidos,
sino por la persistencia de otros elementos no menos significa-
tivos: los actores, los lugares, los rituales, las preeminencias, la
imbricación de lo religioso y lo profano, y sobre todo la omni-
presencia de la ciudad como lugar y teatro en el que se ponen
en escena tanto el nuevo poder como la nación. Es seguro, aun-
que sea un tema aún poco estudiado, que el cuerpo de la anti-
gua sociedad, esos actores colectivos, conservan y conservarán
por mucho tiempo, memorias privadas que entran en contra-
dicción con los objetivos y los principios de la memoria pública
unificada, por medio de la cual se trata de construir la nación
moderna. Es el caso de las comunidades indias en los campos o
aun de una gran ciudad como la de México, cuyas parcialidades
indias perdurarán durante una buena parte del siglo XIX. Es el
caso también de las grandes familias cuyos miembros son a la
vez los constructores de una sociedad que la proclaman como
nueva e igualitaria, y los conservadores celosos, en su vida pri-

28
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vada, de una memoria familiar, apegada a las genealogías que Los medios utilizados para
los vinculan con los grandes linajes de la época colonial; una extender la nueva imagen de la
memoria familiar hecha de alianzas y de enemistades que ex- nación y de su pasado poseen
plica en buena medida los enfrentamientos de facciones ca- sobre todo, como la sociedad a la
racterísticas del siglo XIX americano. La única novedad, pero que se dirige, una dominante oral
grande, es la omnipresencia del desfile militar y del ejército en y visual: discursos, espectáculos
esas ceremonias posteriores a la Independencia, lo cual consti- urbanos, construcción de
tuye un revelador magnífico de la aparición de un actor nuevo monumentos efímeros.
y fundamental en la vida política.
La construcción de la nación y la nueva visión del pasado
que comporta se presentan como empresas complejas, cuyo es-
tudio requiere muchos matices y una periodización fina. Tulio
Halperín lo prueba de manera elocuente al estudiar la manera
por medio de la cual Alamán y Sarmiento describen y juzgan
el periodo colonial algunos decenios después de la Independen-
cia; se ve allí la manera en que ciertos recuerdos personales,
bastante semejantes y positivos sobre esta época, conducen a
una articulación diferente con el presente, así como a proyec-
tos políticos opuestos.
La indispensable periodización de este siglo complejo sigue en
gran parte por hacerse. Todo sucede, sin embargo, como si du-
rante un primer periodo que va hasta las décadas de 1850 y 1860,
la parte de los dispositivos antiguos de la memoria permanecie-
ra dominante, así como la presencia de los actores de la antigua
sociedad. Los medios utilizados para extender la nueva imagen
de la nación y de su pasado poseen sobre todo, como la sociedad
a la que se dirige, una dominante oral y visual: discursos, espec-
táculos urbanos, construcción de monumentos efímeros. Los ac-
tores principales son los cuerpos, antiguos o modernos, así como
el pueblo reunido en los lugares tradicionales del espacio público
antiguo de la ciudad: gran plaza, calles, iglesias...23 Es cierto que
este primer periodo ve también la aparición de numerosas obras
históricas que originarán la “historia patria”, la que se enseñará
más adelante en las escuelas, pero no parece que esta producción
haya llegado ya a la masa de la población.
En un segundo periodo que comienza a mediados de siglo y
que encuentra su apogeo en su último tercio, las políticas de
la memoria se van a volver más masivas y eficaces. Los nue-
vos estados, una vez salidos de un largo periodo de trastor-
nos, disponen de la estabilidad y de los medios necesarios para
emprender la tarea de la construcción y de la difusión de una
“memoria nacional”, usando para este fin la escuela, los mo-
numentos, el calendario festivo. Se intenta construir un ima-
ginario nacional coherente y se procura, como lo señala Pilar

23
Estas reflexiones deben mucho a los estudios en curso de Annick Lem-
périère.

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La Independencia se erige a González Bernardo, elaborar una “memoria racional” que deje
partir de entonces en el tiempo mucho menos lugar a la iniciativa de la sociedad. El espacio pú-
por excelencia de los orígenes, blico moderno, que triunfa entonces, elimina esos lugares en
el acontecimiento fundador los que el pueblo era a la vez espectador y actor de las celebra-
que divide en dos la Historia ciones patrióticas.24
americana y le da todo su sentido. Los medios empleados son prácticamente los mismos en
todas partes: el libro de texto, como lo muestra Nikita Ha-
rwich para Venezuela; la fundación de instituciones encargadas
de decir la verdad sobre la historia nacional, como ese Institu-
to Histórico y Geográfico Brasileño, analizado por Lucia Pas-
choal Guimarães; el reacondicionamiento de la ciudad —por la
toponimia, la estatuaria, los lugares de sociabilidad— que Pilar
González Bernardo estudia para Buenos Aires...
En todos los casos, se trata de políticas conscientes cuya fi-
nalidad es transformar una población heterogénea en un sólo
pueblo unificado por la adhesión a una visión común del pasa-
do. ¿Qué mejor medio pedagógico para obtener este resultado
que la constitución del panteón de los grandes hombres de la
patria? En este campo reina la diversidad. Cada país, al cabo
de procesos complejos, llega a diferentes soluciones mezclando
héroes civiles o militares, científicos, legisladores u hombres
de letras... En esas combinatorias predominan casi en todas
partes los hombres de la Independencia, los héroes fundadores
de nuevas naciones. La Independencia se erige a partir de en-
tonces en el tiempo por excelencia de los orígenes, el aconteci-
miento fundador que divide en dos la Historia americana y le
da todo su sentido.
Agreguemos que en esta época, en la que predomina un se-
gundo liberalismo de corte laicista, la “heroización” de los per-
sonajes históricos, la sacralización de la historia, el calendario
de fiestas patrióticas y los cultos cívicos se vuelven también un
medio y un signo de la secularización; un intento por disminuir,
con éxitos variados, la estructuración esencialmente religiosa
del tiempo de la antigua sociedad.
Pero, a diferencia de los santos, los héroes de estos panteo-
nes no son figuras intocables. Muy al contrario, muchas veces
alrededor de estos héroes se librarán los combates de la memo-
ria. A veces se dan sobre la jerarquización entre estos diferen-
tes héroes, por ejemplo, entre Hidalgo y Morelos en México; a
veces puede más bien tratarse de una selección excluyente, Hi-
dalgo o Iturbide en México, Carrera u O’Higgins en Chile; en

24
Es sobre todo el caso, en muchos países, de las grandes plazas, corazón de
la vida de la ciudad: lugar central de esas ceremonias en las que el país ponía
en escena toda la variedad del cuerpo social. Plantadas con árboles, adornadas
con jardines, se vuelven un lugar de paseos para los individuos y las familias,
componentes elementales de la nueva nación.

30
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otros casos, finalmente, los debates más vivos y más duraderos


se dan sobre otros personajes del siglo XIX: sobre Rosas en Ar-
gentina, Portales en Chile. En todos los casos —salvo tardía-
mente en Venezuela que practica, según la expresión de Hans
Vogel, un “monoteísmo heroico” alrededor de Bolívar—, estos
héroes, que supuestamente unifican la memoria de la nación,
serán el objeto de revisiones continuas y de reevaluaciones en
función de circunstancias transitorias.

***

Estas revisiones son particularmente numerosas y radicales


en el siglo XX. En efecto, el modelo de nación que habían cons-
truido los liberales del siglo XIX se prestaba a muchas críticas,
debidas sobre todo a su naturaleza esencialmente política, eli-
tista y universalista. Sobre estos tres planos, el modelo entra
en crisis a comienzos del siglo XX, cuando las “naciones” lati-
noamericanas se preparan a conmemorar este regreso sobre sí
mismas que es el Centenario de su Independencia. Esta crisis,
a la vez política y cultural, es el rescate paradójico del éxito
mismo de las empresas de estabilización política y de moderni-
zación —económica, administrativa, educativa— promovidas
por los gobiernos de la segunda mitad del siglo XIX. Gracias a
su éxito, partes cada vez más extensas de la antigua sociedad
comienzan a adherirse a los principios políticos modernos y a
interiorizar su adhesión a la “nación”. Aparece así un “nuevo
pueblo” —nuevas clases medias u obreras, muchas veces de ori-
gen campesino o inmigrante— que pretende él también acceder
al mundo de la política, reservada hasta entonces a elites muy
restringidas. Un poco en todos lados —en Chile, en Argenti-
na, en México, para no citar más que a tres países— aparecen
reivindicaciones sobre la democratización de los regímenes po-
líticos. Los gobiernos modernizadores del siglo XIX son objeto
de cuestionamiento, a nombre de los principios que ellos mis-
mos habían transmitido por la escuela, por los símbolos, por
las fiestas cívicas. Habían, sin duda, asegurado la paz o levan-
tado la economía, pero para este “nuevo pueblo”, excluido de
la política, fueron o se habían vuelto regímenes oligárquicos,
alejados del pueblo y de sus aspiraciones. Era normal que la
Historia, bajo formas propias de cada país, sea llamada para
servir a esta crítica “anti-oligárquica”. En este orden de ideas,
Eduardo Muñoz estudia cómo el cuestionamiento de un régi-
men calificado de aristocrático conduce en Chile a la crítica del
parlamentarismo y a una nueva lectura del antiguo régimen de
Portales. En Argentina, como lo muestra Diana Quattrochhi-
Woisson, el revisionismo político, fundado sobre la memoria

31
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privada de las familias rosistas, va a reivindicar la memoria de


Rosas y de otros caudillos estigmatizados como bárbaros por
la historiografía liberal, al tiempo que encarnan en una obra
literaria de extraordinario éxito popular. Martín Fierro es en
efecto la exaltación nostálgica de una Argentina pasada, pero
también el contrapunto nativo al “cosmopolitismo” y a la eu-
ropeomanía de la elite gobernante.
Se debe considerar que el cuestionamiento del modelo libe-
ral de nación no es solamente político, sino también cultural,
y esta “civilización” se identifica con los ideales y los modos
de vida europeos o norteamericanos. Se reivindicará, por lo
tanto, sus raíces propias, aún si esta reivindicación puede
tomar direcciones muy diferentes o incluso opuestas, tenien-
do en cuenta la diversidad de los orígenes que puede hacer
suyos la América Latina. Estas raíces son, en un primer tiem-
po, la herencia hispánica cuya celebración de 1892 del Cuarto
Centenario del Descubrimiento había ya puesto un primero,
pero efímero piquete.
El periodo colonial y la herencia española, tan criticados
antes como responsables del atraso americano, son reintegra-
dos en muchos países en la historia de la nación, o dan lugar, al
menos, a una poderosa corriente historiográfica que exalta los
valores “españoles”, como constitutivos del zoclo de la Indepen-
dencia. Pero una reivindicación tal, de ambos lados del Atlánti-
co, del 12 de octubre, llamado Día o fiesta de la Raza, cumple,
de hecho, funciones diferentes. Miguel Rodríguez describe bien
las transformaciones que esta nueva fiesta cívica experimenta
a lo largo del tiempo y según los lugares. Concebida al comien-
zo como una fiesta unificadora para países salidos de un tron-
co común, y destinada a contrarrestar la influencia creciente
de Estados Unidos, se irá convirtiendo en cada país una fiesta
que celebra a la Nación, a través de procedimientos diversos y
cambiantes. Como ya lo habíamos constatado en otro registro, a
propósito de las celebraciones de la época de la Independencia,
las fiestas poseen al mismo tiempo una extraordinaria capaci-
dad de supervivencia y la posibilidad de adquirir significados
diversos según las épocas.
Annick Lempérière nos ofrece un bello ejemplo de esta ma-
leabilidad de la conmemoración y de las ironías de la Historia,
porque los azares del calendario hacen que las dos fechas clave
de la Independencia mexicana tuviesen que ser celebradas por
dos regímenes políticos que no querían a los hombres que la
encarnaban. Porfirio Díaz, que debía conmemorar el centena-
rio del inicio, ocultó de hecho a Hidalgo por lo que su revuel-
ta comportaba de anarquía a ojos de un régimen dedicado al
“orden y progreso”. A su vez, en 1921 en el centenario de la
consumación, Álvaro Obregón, después de la revolución, oblite-

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ra a Iturbide para poner en primer plano al pueblo, un pueblo En este campo, la singularidad
concebido ahora como esencialmente heterogéneo. hispano-americana se debería
En esta última visión la influencia de la naciente antropolo- al hecho de haber creado una
gía cultural pone a la luz otros dos fenómenos propios del siglo historia particularmente fijada,
XX: por un lado, el peso creciente de las ciencias del hombre —y cristalizada, una “historia de
entre ellas la historia profesional— en la crítica y la elabora- bronce”, según la feliz expresión
ción de las representaciones del pasado y por el otro, la reivin- de Rodolfo de Roux, reacia a
dicación del mestizaje o, en nuestros días, de la plurietnicidad, todo cambio y vigilada aún por
como realidades constitutivas de la identidad americana. instituciones encargadas de
Estos dos fenómenos paralelos, siempre actuales, van a cuidar su ortodoxia histórica.
minar la historia oficial, la “historia patria”, tal como la había
construido el siglo XIX, sin estar exentos de debates apasiona-
dos. Más allá de los puntos concretos sobre los cuales tratan,
estos debates plantean problemas difíciles de resolver: todos
giran alrededor de la función que las representaciones del pa-
sado desempeñan en la definición de la nación. Es evidente que
estas representaciones son construcciones, artefactos de la me-
moria, pero no es menos cierto que no hay comunidad humana
que no esté fundada sobre una visión del pasado en parte mí-
tica. A más o menos largo plazo, el cuestionamiento de estos
mitos se vuelve inevitable cuando las disciplinas académicas
muestran su simplificación, se hace evidente la manipulación
que presidió a su nacimiento o aquéllas develan realidades ma-
nifiestamente olvidadas. Esta tensión entre los mitos fundado-
res de una nación, que por esencia son invariables (ya que están
destinados a socializar a los individuos y a darles una identidad
colectiva) y la variabilidad de los conocimientos aportados por
la investigación, se encuentra en todas partes.
En este campo, la singularidad hispano-americana se debería
al hecho de haber creado una historia particularmente fijada,
cristalizada, una “historia de bronce”, según la feliz expresión
de Rodolfo de Roux, reacia a todo cambio y vigilada aún por
instituciones encargadas de cuidar su ortodoxia histórica. Estos
rasgos se deben sin duda a la juventud y a la debilidad de la na-
ción en América Latina, así como al carácter inesperado de las
independencias. En efecto, éstas no constituyen tanto el acce-
so de una nacionalidad (en el sentido cultural del término) al
rango de estado-nación, sino el efecto de la desagregación po-
lítica en estados separados de un conjunto dotado de una ex-
traordinaria unidad cultural. Ahora bien, estos jóvenes estados
deberán después construir a la nación por medio de la exage-
ración de todos los particularismos. La “historia patria” y sus
mitos son defendidos más ásperamente cuando su fundamento
histórico es débil y la nación sigue siendo frágil. Tal vez, como
en Europa, éstos no podrán cuestionarse más que cuando la so-
lidez de la nación se afirme suficientemente, un proceso que tal
vez se está dando un países como México o Chile.

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Porque el mestizaje, aún si cambia El segundo fenómeno —la reivindicación del mestizaje, y
de la imagen de la nación, es un más recientemente de la plurietnicidad— es igualmente lógi-
instrumento muy operacional para co, pero no deja de plantear temibles problemas. No cabe duda
construirla, ya que él también de que la “historia patria”, tal como había sido elaborada en
propone una visión unificadora de el siglo XIX, excluía de hecho a la mayor parte de la población,
la historia y de la sociedad. mestiza o “india”. Dicha historia, centrada sobre los grandes
hombres que habían hecho a la nación, es decir, las elites criollas,
en la mayor parte de los casos, era manipuladora y estaba al
servicio de la elite en el poder, como lo señala con pasión Jean
Piel para la Guatemala actual. Es por ello que una visión tal de
la Historia era finalmente incapaz de fundar verdaderamente
a la nación, en la medida en la que ésta pretende integrar a
todos los que habitan sobre su territorio.
Desde este punto de vista, el ejemplo de México es particu-
larmente iluminador. Aquí la toma de conciencia de esta nece-
sidad viene de lejos, pero, como lo señala Annick Lempérière,
el efecto conjugado de la nueva antropología y de la entrada en
escena de las masas durante la Revolución mexicana conduce a
la construcción de una nueva identidad y de una nueva histo-
ria. El indigenismo en sus primeras etapas va a conducir curio-
samente a la exaltación del mestizaje como rasgo constitutivo
de la nacionalidad. El Estado toma allí aún una parte impor-
tante al movilizar todos los medios de la pedagogía social, como
lo muestra el ejemplo escogido por Jacqueline Covo. Porque el
mestizaje, aún si cambia de la imagen de la nación, es un ins-
trumento muy operacional para construirla, ya que él también
propone una visión unificadora de la historia y de la sociedad.
Sin embargo, como todas las que la precedieron, esta visión
no es menos simplificadora, ya que el componente mestizo de
la población, sin duda mayoritario, coexiste con importantes
grupos “blancos”, “negros” o “indios”. El interés que el Esta-
do y las ciencias sociales muestran por ellos, debido a su sin-
gularidad y a su marginalidad, no es extraño a la aparición de
las reivindicaciones “étnicas” y más particularmente “indias”.
Con ellas aparece una relectura del pasado, muy en boga en el
momento del Quinto Centenario, que ubica en el centro de la
historia americana a estos grupos y su exclusión, cuestionando
los mecanismos de su integración en una sociedad, ciertamente
heterogénea y desigual, pero que conoce también cada vez más
un mestizaje biológico y sobre todo cultural, que sin duda es el
rasgo distintivo de la América Latina.
La evolución es explicable y legítima por todo lo que aporta a
la defensa de la diversidad de los grupos y de las culturas. Hasta
condujo al reconocimiento, por ciertos países, de su propio ca-
rácter multicultural, pero, pese a ello, permanece un proble-
ma que ninguna nación moderna ha resuelto verdaderamente
todavía: cómo hacer compatible una historia de la “nación”

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(lo que en nuestras referencias modernas supone “una memo-


ria compartida” y, para decirlo todo, el ideal de una comunidad
homogénea) con el respeto de una pluralidad de comunidades
culturales. Estos estudios no aportan sin duda una solución a
este problema primordial de nuestro tiempo, pero pueden, sin
duda, contribuir a mostrar la extrema variabilidad, los reaco-
modos continuos y, para decirlo todo, la relatividad de las “cons-
trucciones memoriales”.

La pesada herencia del pasado

Luis González y González

Sugerido por la lectura del artículo de Jean Meyer para esta misma
edición, el siguiente ensayo de Luis González viene como anillo al dedo
para enriquecer la discusión que hemos pretendido echar a andar en
torno a las conmemoraciones. Es cierto que en el recuento que hace,
veremos, nos habla de un México del pasado. En cambio, aquello a lo
que quiere llamar nuestra atención para ayudarnos a discernir “lo de-
fendible y lo arrasable”, sigue siendo, desafortunadamente, muy per-
tinente. Tomado de, Luis González y González, “La pesada herencia
del pasado”, en Diálogos, El Colegio de México, julio-agosto de 1981.

Hace apenas algunos meses Alan Riding, corresponsal ex-


tranjero de The New York Times, compareció, en el número
muy debatido de Town and Country, con un reportaje sobre la
belleza y fealdad de México donde se leen, entre otras muchas
cosas, las copiadas enseguida:

¿Cómo puede un pueblo que saborea el pasado hasta la in-


toxicación entender a otro que constantemente mira al fu-
turo? En la mesa de negociaciones el pasado de México se
sienta junto al presente, y le susurra advertencias, alimen-
ta sus suspicacias y le exige reparaciones y aun venganzas.

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La memoria de México no se limita a las malas jugadas de


Estados Unidos: todo el pasado del país produce una densa
sombra sobre el presente.

La Semana Santa es un espacio propicio a las meditaciones


de devotos y trotamundos. Si algunos paseantes han tenido la
suerte mía de visitar una aldea purhé (Ocumicho), un pueblo de
estirpe hispano-judía-mora (San José de Gracia), una villa virrei-
nal e inmóvil (Pátzcuaro) y una ciudad antigua, grande y joven
(Guadalajara) no van a negar, sin remordimiento de conciencia,
las afirmaciones de Riding, vecino de nuestro país desde hace diez
años. Por donde usted vaya encontrará indicios comprobatorios
de la pesada presencia del pasado en México, y por lo mismo, no
le será fácil rebatir a Riding, le costará mucho trabajo tomar
la dirección contraria al reportero brasinglés. Muchos ayeres de la
vida nacional se acumulan por donde usted pase. Lo fenecido en
otras partes, aun vive aquí. En la República mexicana, el acopio
de pasado viviente, reliquias y memorias, es una obsesión gene-
ralizada. Los extrajeros lo descubren a las primeras de cambio.
A los de casa se nos dificulta la visión del anticuarismo propio.
Si la riqueza de las naciones se midiera conforme a la canti-
dad de tradición acumulada hoy, México ocuparía un lugar de
proa entre los países ricos. Como todas las sociedades, la mexi-
cana distribuye su pasado actual en cuatro almacenes: el de las
supervivencias, el de los residuos, el de los recuerdos y el de
la historia. Sólo en algunas sociedades, las bodegas de pasado
son enormes como en México. Aunque a diario manda a la ba-
sura cosas del almacén de las supervivencias, y al extranjero,
joyas de la bodega de reliquias, no disminuye su tesoro, pues
sigue metiendo antiguallas en los cofres restantes. Si clasificá-
ramos a los países de la Tierra en tradicionalistas y futuristas,
a México, sin lugar a dudas, le correspondería el primer rótu-
lo. Ciertamente los mexicanos, como lo afirma la fama, derro-
chan a manos llenas bienes materiales (recursos y dinero) pero
guardan muy bien los bienes espirituales (costumbres, huellas,
memorias e historiografías). Aunque se oyen lamentos sobre la
rapidez de México para desprenderse de antiquísimas recetas
de buen vivir, la verdad es que atesora más de lo acostumbrado
en la mayoría de los países. Las

Supervivencia o costumbres

que se mantienen pegadas al cuerpo patrio son más notables y


menos desprendibles, quizás por inconscientes, que las de los
otros países del orbe occidental. En México hay pruebas vivas
de cada uno de los estilos de cultura inventados por el hombre

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a través de todas las edades. Ciertamente ya son pocos los que Aunque ya la mayoría de los
viven sumisos al imperio de la recolección, la caza y la pesca; indios hablan el español y la casi
con formas de participación de índole tribal, y con sistemas totalidad rezan a Tata Jesucristo,
culturales que admiten los adjetivos de animistas y mágicos. no se han despojado de algunos
Suman millones los instalados en tecnologías y creencias lige- pensamientos y conductas de su
ramente menos añosas. Así los indios silenciosos, descalzos y vida prehispánica.
de paso menudo, cultivadores de milpas, magueyeras y chilares,
artífices de multitud de minuciosas y bonitas baratijas, mer-
caderes de mil tianguis y practicantes de ritos lúgubres, dise-
minados en todo el país y principalmente en la altiplanicie del
centro, el eje neovolcánico, la Sierra Madre de sur y las selvas
y pizarras del sureste. Los indios configuran cien naciones
distintas: tarahumaras, yaqui, kikapú, huicho, cora, purhé,
piinda, mazahua, nahua del poniente, nahua central, pame,
otomí, totonaca, huasteca, mixteca, zapoteca, amizga, huave,
tzeltal, tzotsil, maya, etcétera. La quinta parte de una población
de setenta millones de mexicanos vive y opera, sin saberlo, con-
forme usos antiquísimos que suelen considerarse defectuosos
por los rectores de nuestro Siglo de la Ciencia.
Todavía laten antiguas creencias y costumbres. Todavía so-
brevive medio centenar de idiomas. Ya sólo los usan cotidiana-
mente alrededor de cuatro millones y cada vez disminuye el
número de hablantes en cada uno de ellos. Si bien el náhuatl
es el idioma normal de ochocientas mil personas; el otomí, de
medio millón; el maya, de casi cuatrocientos mil; el zapoteca y
el mixteca, de un cuarto de millón cada uno, y el purhé, de más
de doscientos mil, ninguno de estos seis idiomas, y con mayor
razón los otros cincuenta que aún se hablan en el territorio
mexicano, pueden llamarse idiomas vivos y vigorosos. Tam-
poco admiten el calificativo de muertos. Son lenguas no difun-
tas, pues se manejan en forma doméstica, ni propiamente vivas
pues están lejos de ser vehículos de cultura universal. Son ha-
blas sobrevivientes, lo mismo que los modos de pensamiento
adheridos a ellas.
Aunque ya la mayoría de los indios hablan el español y la
casi totalidad rezan a Tata Jesucristo, no se han despojado de
algunos pensamientos y conductas de su vida prehispánica.
Aún perviven el fatalismo astrológico, la identificación con el
terruño, el concepto de un pasado ideal, la muina y el mal de
ojo, las técnicas mágicas, los dramabailes, las ofrendas y ritos
funerarios, mil yerbas con virtudes curativas, miles de expre-
siones plásticas, el fatalismo, el agobio, la melancolía, el desasi-
miento, la impasibilidad frente a las desgracias y a la pelona,
un espíritu festivo y una actitud épica peculiares. El vetusto
pasado indígena aún vive y colea entre indios y mucha gente
mezclada y criolla. Quizá un poco de lo prehispánico es parte de
nuestra personalidad y del carácter nacional y no simple apén-

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dice de una etapa cumplida. Quizá con elementos netamente


indios pasa lo mismo que con el cacareado mestizaje cultural.
Es un lugar común lo del hibridismo o fusión de ideas y cos-
tumbres indias y cristianas que se amasó en la centuria de las
misiones, tolerado y a veces promovido por Motolinía, Gante,
Quiroga, Alcalá, Sahagún y el grueso de una constelación de
apóstoles. Es bien conocido que la mezcla cultural indoespa-
ñola se endureció como piedra y se le pegó al cuerpo nacional
como chicle. Esa revoltura, más que supervivencia de un cho-
que violento y amoroso, es una parte constitucional de la na-
ción mexicana, un pasado que se ha vuelto carne de nuestra
personalidad. Es el “café con leche de la piel” que nos identifi-
ca ante el mundo, no mero lastre de uno de nuestros ayeres ni
cosa mala que amerite operación quirúrgica.
En una quinta parte de la gente de México, formada por mes-
tizos y criollos de congregaciones pequeñas, pervive, un poco a
escondidas, la cultura hispano-árabe desembarcada acá a par-
tir del siglo XVI: ganadería extensiva y principalmente vacuna,
hábil manejo del caballo, propiedad individual, derroche de re-
cursos y fortunas, trabajo sin prisas y con pausas, trajes visto-
sos, casa de techo de teja y patio andaluz, antojitos picantes,
luto femenino, fuegos artificiales, juegos de azar, lujuria mascu-
lina, recato femenino, machismo, mentadas de madre, puñales
y armas de fuego que se desenvainan a la menor provocación,
alcoholes vociferantes, peleas de gallos, culo y cohetes, sober-
bia, individualismo, práctica despótica del poder, honra y com-
pradazgo. Miles de pueblos, rancherías, y ranchos del occidente
y del norte aprovechan caminos pavimentados, luz eléctrica,
radio y televisión, sin desprenderse de tales herencias medite-
rráneas y españolas, vivas en los siglos XVI y XVII, y superviven-
cias, en su mayor parte, a partir del siglo XVIII.
El México urbano, presume de moderno. Con todo, obreros
y empleados de una capital de 15 millones de habitantes, de
Guadalajara y Monterrey, de Puebla y Ciudad Juárez y de otras
aglomeraciones mayúsculas que exhiben rascacielos, viaduc-
tos, aire irrespirable, contaminación moral, violencia y erotis-
mo, provienen en su mayoría de pueblos criollos y mestizos no
apeados de sus costumbres prehispánicas y coloniales. Nuestras
ciudades son ciudades de campesinos. Ni siquiera la gran bur-
guesía urbana que se mueve en automóvil y en yet, vacaciona en
Europa y el remoto Oriente, educa a sus hijos en universidades
inglesas, francesas y estadounidenses, lee inglés, toma whiskey,
juega golf, se cura en clínicas de Houston, va de compras a San
Antonio y de farra a Las Vegas, ha podido hurtarse totalmente
a sucesivos pasados que le reaparecen al menor descuido, que
viven contra su gusto, sobre todo las costumbres adquiridas en
las etapas ilustrada y liberal en tiempos de los virreyes diecio-

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chescos, en las luchas de Independencia y de Reforma y en el


Porfiriato. La mayoría de nuestra gente de postín aún no logra
quitarse de barniz francés o liberal, sigue muy siglo XVIII, muy
poco moderna, dentro de modas que en otros países occidenta-
les ya sólo existen en el mejor de los casos como

Reliquias o antiguallas

o piezas de museo, que es la segunda forma como se hace presen-


te el pasado en cualquier nación, aunque en muy pocas en tanta
abundancia como en nuestro redil nacional México. Éste ostenta
montones de cosas fenecidas, le gustan los cuartos de tiliches, los
cerros de pedacería, las zonas de cascajo, los basureros públicos
y Tepito. El que nuestra museografía deje mucho que desear no
quiere decir que no sea una de las pasiones nacionales.
Aquí la historia asalta a cada paso. Los aborígenes de México
vivimos intensamente la relación con nuestro pasado. De él no
escapan tampoco los millones de extranjeros que cada año nos vi-
sitan. Una buena parte del turismo internacional acude al México
relicario, visita justamente con los de casa de clase media y pop y
con los niños de todas las clases, miles de sitios arqueológicos, do-
cenas de ciudades de fisonomía colonial y decimonónica, museos,
tiendas de antigüedades y aun archivos. La forma más común de
hacerse presente el pasado es al través de este vasto tesoro de re-
liquias. Aun donde voló el canto quedan las huellas.
No es el único, pero sí uno de los pocos países de arqueología
espectacular. La gran cultura mesoamericana que brilló desde
Nicaragua hasta el Trópico de Cáncer durante el primer mile-
nio y medio de nuestra era, ha dejado fragmentos numerosos
de su caparazón en las pirámides del Sol y la Luna y el tem-
plo de Quetzalcóatl en Teotihuacán, los guerreros gigantescos
de Tula, la acrópolis zapoteca y las tumbas de Monte Albán, la
ciudad consagrada a los muertos en Mitla, las yácatas de Tzin-
tzuntzan y de Tingambato, la pirámide de los nichos en Tajín,
los edificios y las lápidas finamente labradas en Palenque, las
pinturas murales en Bonampak, la sobriedad arquitectónica en
Uxmal, la frondosidad de la acrópolis maya-tolteca en Chichén
Itzá, las cabezas colosales en La Venta, el templo mayor de la
metrópoli y millones de vestigios entre los cuales las tumbas
de todas las épocas ocupan un lugar de privilegio.
El esplendor de la casta dominadora durante los 300 años de
la dominación hispánica ha legado, aparte de trazas de table-
ro de ajedrez en ciudades asentadas en llanos y trazas laberín-
ticas en poblaciones serranas, espléndidos edificios (templos,
palacios) en la ultrabarroca Puebla, la multifacética México,
los emporios mineros de Guanajuato, San Luis Potosí, Álamos,

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Taxco, Chihuahua y Zacatecas y Pachuca. También permane-


cen envueltas en el penetrante aroma del tiempo colonial, Mo-
relia, Querétaro, Oaxaca, Mérida, Guadalajara, Durango… El
progreso y el orden de los despotismos ilustrados de Teodoro
de Croix a Porfirio Díaz asoma aún en docenas de edificios pú-
blicos y palacetes de la capital, en los teatros de las capitales
de los estados y en los kioskos y jardines de muchísimos pue-
blos y en las casonas de las haciendas. En muchas construccio-
nes persisten el fausto y esplendor de la Colonia y el Porfiriato.
Aunque semioculto por construcciones recientes, sigue en pie
un gran pasado momificado en monumentos.
Encerrada en museos tan maravillosos como los de antropo-
logía e historia del bosque de Chapultepec y los más humildes
de la misma ciudad de México y las villas provinciales de Méri-
da, Morelia, Villahermosa, Hermosillo, Puebla, Oaxaca, Guada-
lajara, Cuernavaca y tantas más, hay un espléndido legado de
vasijas, miniaturas, chimalis, máscaras, serpientes empluma-
das, chacmoles, esculturas de toda clase de personas y bestias
prehispánicas; tapices, brocados, estatuas de santos, petaqui-
llas, pinturas de caballete, hábitos, ornamentos, vacos sagrados
y mil maravillas más de la época colonial; muchos uniformes de
los héroes decimonónicos y el armamento de nuestros juanes
revolucionarios. Por último, la herencia de Itzcóatl, el monar-
ca azteca quemador de archivos, las guerras del diecinueve y
la rapiña de los traficantes de papeles históricos, no han con-
seguido quitarle al Archivo General de la Nación —uno entre
miles— el privilegio de ser riquísimo, ahora cada vez más rico
gracias a doña Alejandra Moreno Toscano.
Forman un mitin fabuloso o una enorme multitud los archi-
vos diseminados en todo el país que piden lugar de estar y ana-
queles, clasificaciones y ficheros. La gran mayoría de las miles
de parroquias tienen libros seniles de bautizados y difuntos, de
informaciones matrimoniales y cofradías. Algunos de los ayun-
tamientos conservan, aunque sean regados en tapancos, letri-
nas y rincones, papeles de la vida municipal pretérita. Tampoco
escasean los archivos familiares ni los de escribanos y notarios.
En el hogar, un gusto muy común es la colección de papeles.
Se acumulan fotos, cartas, credenciales, títulos de propiedad
y recortes de periódicos. Encerrados en petaquillas y aun en
simples cajas de zapatos, se esconden numerosos archivos fami-
liares. Pese a los ladrones de manuscritos, se levantan en esta
choza, aquí en la casa, en el palacio municipal, en el curato, en
docenas de oficinas gubernamentales, en miles de negocios y
dondequiera, montones de testimonios escritos de la vida mexi-
cana de los últimos quinientos años.
Se puede imaginar una tragedia consistente en cubrir con
lozas inamovibles las tumbas prehispánicas descubiertas, en

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remoler hasta el polvo los tepalcates dejados por la vida precor- El gobierno de la República atiza
tesiana, en arruinar hasta la extinción las ruinas, en destruir los recuerdos de carácter nacional.
minuciosamente monumentos y documentos, en hacer, como Le gusta la conmemoración de
el obispo Landa, autos de Maní, quema de papeles viejos, mi- las malas pasadas nacionales,
llones de piras o volcancitos con la documentación de la fami- seguramente con el propósito de
lia, el municipio, el Estado y la Nación y, sin embargo, México que no vuelvan a suceder.
seguiría pletórico de pretérito; atado a la vida que fue, sumiso
a lo de antes; en revoltura con el mundo de los antepasados, al
través de chorros de

Recuerdos o memorias

de recuerdos personales y memorias colectivas. Ésta es una


sociedad tan memoriosa como las comunidades judías. La cos-
tumbre nos vino de padre y madre. España era un país re-
memorador y rencoroso. Quizá los mayas, los mexicanos y los
purépecha lo eran en mayor medida. Los últimos, cuenta la Re-
lación de Michoacán, dedicaban días enteros a recordar colecti-
vamente su pasado. Después de la Conquista, la rememoración
y la conmemoración han sido alimento cotidiano. Abundan los
padres de familia que repiten como sonsonete las calamidades
y proezas de la gente antigua del terruño y los peores y los me-
jores momentos del pasado familiar. Muchos hemos oído al cura
hablándoles a sus feligreses de “historia sagrada”.
La Iglesia católica atiza los recuerdos de índole universal y
local. Desde el 16 de diciembre hasta el 6 de enero se conme-
moran las posadas, “nacimientos”, en canciones navideñas,
en acumulación de ruidos, en mensajes desde el púlpito y con
trueque de regalos el suceso mayor de la venida de Cristo al
mundo, sobre todo al Nuevo Mundo. A lo largo del año se cele-
bran numerosas fiestas conmemorativas de figuras y sucesos de
la cristiandad. A todas excede en emoción colectiva la del Día
de Muertos. La Iglesia ha llegado a disponer, en cada uno de
sus planteles, de eficaces aparatos técnicos: sermones, imáge-
nes, esculpidas y pintadas, ceremonias litúrgicas, frontispicios
barrocos, monumentos fúnebres, retablos, procesiones y otros
recursos de la memoria. No pretendo probar que la Iglesia ca-
tólica en México sea única en este campo. En todo el mundo es
una institución que vive más de recuerdos que de ideas; más del
corazón, sede de la memoria, que de la cabeza, sede de la razón.
Pero sí cabe afirmar, que presionada por el pueblo, la Iglesia
mexicana le da más cuerda que en otras partes a la recordación,
deleite en el que también se solaza el Estado mexicano.
El gobierno de la República atiza los recuerdos de carácter
nacional. Le gusta la conmemoración de las malas pasadas na-
cionales, seguramente con el propósito de que no vuelvan a suce-

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El enorme caudal de vestigios der. Se nos hace recordar en todos los tonos, y en las diversas
monumentales y documentales edades de la vida, el achicharramiento sufrido por el patriota
y los frondosos recuerdos Cuauhtémoc por órdenes del codicioso invasor Hernán Cor-
espontáneos y cultivados que tés; el homicidio de los insurgentes Hidalgo, Allende y Aldama
testimonian las mudanzas de la dispuesto por torvos españoles; la ejecución del valeroso cura
vida mexicana han servido de José María Morelos por la misma gente; la defunción de los
fundamento a una producción Niños Héroes de Chapultepec causada por fusiles estadouni-
cada vez más caudalosa de denses; el robo, por parte de los mismos vecinos, de la mitad
libros de asunto histórico de del suelo patrio; la destrucción física de la Reforma por los
primerísima línea. mochos y una nueva oleada de metiches, en esta ocasión fran-
ceses, acarreadores del emperador de barbas de oro; las doce-
nas de martirios en Tacubaya, Uruapan y otras partes, obra de
malos mexicanos; los cientos de defunciones de líderes y obre-
ros achacados al dictador Díaz; los miles de muertos atribuidos
al Chacal Huerta. El martirologio oficial de México es, quizá, el
más poblado del mundo. ¿En alguna otra parte se hará una re-
cordación más copiosa de defunciones y catástofres? La gente
y el gobierno a una se acuerdan a diario de latrocinios, genoci-
dios, torturas, hambrunas, quemas y fusilatas en las que asoma
la intervención de países extranjeros. El culto a los mártires de
aquí y la irreverencia, el odio y los insultos contra los fuereños
son nuestro pan de cada día.
Pueblo y gobierno se solazan en la recordación de la manera
macabra cómo algunos de los héroes patrios se volvieron cadá-
veres. A los mexicanos, como a los judíos, nos gusta recordar
calamidades y persecuciones. Nuestro repertorio de remem-
branzas sirve para concitar odios y fatalismo. A fuerza de re-
cuerdos mantenemos caliente y echando chispas la xenofobia,
especialmente el desamor hacia los gringos. Desgraciadamente
mantenemos las mismas actitudes en la

Historia escrita

que es la cuarta manera como nos apropiamos del pretérito na-


cional en forma cada vez más vista. El enorme caudal de vesti-
gios monumentales y documentales y los frondosos recuerdos
espontáneos y cultivados que testimonian las mudanzas de la
vida mexicana han servido de fundamento a una producción
cada vez más caudalosa de libros de asunto histórico de pri-
merísima línea. No menos de cinco mil especialistas en el ma-
nejo de tepalcates y papeles viejos laboran actualmente en la
resurrección del pasado prehispánico, la vida colonial y las tres
revoluciones de la vida independiente. De esos cinco millares,
una tercera parte es extranjera. Los dos tercios de historiadores
mexicanos, en el Instituto Nacional de Antropología e Historia,
Condumex, El Colegio de México, El Colegio de Michoacán, va-

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Entrada libre

rias sociedades de provincia y algunos institutos universitarios


investigan, con creciente profesionalismo, los numerosos ava-
tares de nuestro acontecer. Esto no quita que siga en el merca-
do la mala historia.
Pocos países cultivan con tanto entusiasmo como México la
historia que es mucho más elaborada que la simple recordación.
Aquí, al través de libros, artículos periodísticos, audiciones ra-
diodifusoras, programas de televisión, coloquios, conferencias
y cursos corrientes, el buen historiador procura mantener en la
mente de cada uno de los mexicanos el tránsito de hombres de
Asia a la América, la vida recolectora y cazadora de hace veinte
mil años y más, la invención de la agricultura del maíz, del fri-
jol y del chile, el desarrollo de las civilizaciones olmecas, maya,
teotihuacana, tolteca, mixteco-zapoteca, purhé y tenochca, la
llegada de los hombres blancos y barbados, “la Malinche, los
ídolos a nado”, el joven abuelo, la orgía del mestizaje, la compra
de esclavos oscuros, la servidumbre de indios por conquista-
dores y mineros, la evangelización, los cultivos y los ganados
traídos de Europa, la vida en las haciendas, los obrajes, la mor-
tandad del siglo XVIII, los gremios de artesanos, las luces y som-
bras del siglo XVIII, los once años de lucha insurgente, el júbilo
de la independencia, la etapa anárquico-despótica que condujo a
la pérdida de la mitad del país, la reforma liberal y la dictadura
de don Porfi, y por último, la Revolución y las grandes reformas
revolucionarias en el orden agrario, laboral y de la cultura, la
explosión demográfica, la carrera industrial y otros adelantos
y problemas del pasado inmediato y del presente, en ocasiones
conforme a las reglas del oficio histórico, y en otras.
La historia ocupada en describir tan compleja vida corre por
cuatro carriles desde hace, por lo menos, media centuria: el cle-
rical, el oficialista, el marxista y el simplemente comprometido
con la verdad. El primero de los cauces citados también admite
los nombres de conservador, tradicionalista y reaccionario; el
segundo se autodenomina liberal y patriótico; el tercero pre-
tende ser científico, y el cuarto, por el que las aguas fluyen sin
ruidos ni saltos, no tiene etiqueta popular o propagandística.
La literatura eclesiástica, conservadora y tradicionalista
cuenta cada vez con menos cultivadores. Ya no posee el apoyo
unánime de la clerecía y la aristocracia. Ya no es la única en
cursos de seminarios de “curas” y en colegios de “hermanos” y
“madres”. Está en decadencia práctica, que no teórica. Aduce
razones atendibles al hacer arrancar la vida nacional en la con-
quista española; funda sobre bases firmes la defensa de la época
colonial; no aboga por Agustín frente a Miguel sólo por abatir
al contrincante; no corren totalmente fuera de razón sus jui-
cios acerca de la reforma liberal, la dictadura liberal de Díaz y
la dictablanda que se autonombra Revolución. Pero el conser-

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Entrada libre

vador peca de politicismo. Se ciñe a las mudanzas políticas y


militares, se ocupa poco de hechos de civilización y de cultura.
Su protagonismo es de cortos avances.
La corriente histórica que se dice indigenista, hispanófoba,
liberal y revolucionaria cuenta con muchos y prósperos culti-
vadores y un lector cautivo cada vez más amplio. Aunque sin
la venia de los círculos ilustrados y superiores del poder, sigue
en ascenso en bajos fondos burocráticos, y en descenso en altas
torres científicas. Se ha dejado llevar por la finta de ser escuela
de patriotismo y hace embustes al por mayor para propalarlos
como si fueran verdades, como la verdad del acontecer mexi-
cano. A veces reconoce sus mentiras piadosas y pide su susti-
tución, no por verdades probadas, sino por otras mentirijillas.
Rehúye, con un tesón que espanta, la realidad del pasado. Es
obra de la beatería de miles de sacristanes, es decir, de algu-
nos miles de maestros mucho más santurrones que los anti-
guos curas. La historia de la sacristanía tiene menos validez de
verdad que la historia de la desplazada clerecía, pero es tanto
o más miope que ésta. Sólo sabe prenderle veladoras a los que
viste de héroes y echar agua bendita y desahogos verbales a
los que declara villanos. Se mueve en un mundillo de patriotas
y traidores; no dice nada importante de los cambios técnicos y
económicos ni de la procesión de los valores al través de la vida
multisecular. Impone, por capricho, una visión estrecha y casi
siempre ilusoria del pasado nacional.
Las rectificaciones aducidas por la escuela histórica inspira-
da en el pensamiento de Marx tienen hoy muchos seguidores, si
no en el proletariado, si entre estudiantes de universidad. Pese
a la adicción de numerosos clérigos, es una corriente que toda-
vía no da muestras de decrepitud. No obstante el amor que le
profesan algunos sacristanes, está lejos de ser el dogma que
sustituya el actual en las escuelas de gobierno. La versión mar-
xista del acontecer mexicano es mucho más amplia y profunda
que las dos maltratadas; no se queda en la superficie de admi-
nistraciones y combates; se mete en el subsuelo de los modos y
relaciones de producción, y no prescinde totalmente de la tra-
yectoria cultural. No es una versión ajena al pragmatismo. Mu-
chos de sus miembros supeditan la verdad a la consecución de
metas sociopolíticas. Quieren, como los conservadores, despla-
zar, por medio de polémicas, la versión oficialista.
La historia que tiene como propósito supremo y único el de
la verdad del acontecer mexicano, cada día se fortalece más,
pero no cuenta con los terrorismos verbales y la actitud com-
bativa de las tres anteriores. No ofrece recompensas de índole
práctica. No ayuda a legitimar el poder establecido. No pro-
porciona modelos de buena conducta; no sirve de apoyo a mu-
danzas violentas. Aunque lanza la vista en todas direcciones,

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Entrada libre

rehúye la hechura de discursos panorámicos. Aunque le pre- Abundan los testimonios del
ocupa el porvenir, no se atreve a proponer caminos. Aunque es México relicario, de la patria
un saber hondo y sistemático, le asusta señalar rumbos. Es la convertida en cuarto de tiliches,
única historia plenamente justificada. Se justifica como libera- del polvo de historia, de la
dora del peso del pasado. Su valor se asemeja al de los “diabli- basura dejada por cien siglos
tos” en uso por los cargadores de la Merced. Por medio de la de humanidad. No menos
historia verdadera quizá sepamos qué es demostrable es la costumbre
mexicana de acordarse de
sucedidos dolorosos de la vida
Lo defendible y lo arrasable personal, familiar, local y
nacional.
del enorme peso del pasado nacional, qué lo dañoso y qué lo nu-
tritivo, cuál es el lastre que conviene mantener para no quedar
como hoja en borrasca y cuál destruir para no hundirse como
piedra en el pozo. Necesitamos del pasado pero sólo en deter-
minadas dosis y no a cualquier hora. La manera como se con-
sume en México resulta, según varias opiniones de buenos y
lúcidos amigos, tóxica y paralizante. Apenas permite moverse,
dar paso, cumplir programas. Entre nosotros, el peso del pasa-
do es muy pesado; nos produce más molestias que una pesada
cena; nos embota el pensamiento; nos despierta el malhumor;
nos mantiene insomnes, pero no ágiles.
Si éste no fuera un mero ensayo, aduciría pruebas, me de-
moraría muchas páginas para demostrar cada una de las cosas
dichas. Es demostrable la manera multiforme como se presen-
ta el pasado en México. Es posible fundar la afirmación de que
consumimos grandes y poco digeribles dosis de ayeres en forma
de supervivencia, de reliquia, de añoranza y de historia. Es
fácil documentar, hasta con una simple excursión, que hay en
la República mexicana personas que se han mantenido en la
edad de piedra; grupos sociales que persisten en la manera de
vida colonial; hombres adormilados en los tiempos de Croix y
de don Porfi y una mitad de compatriotas que se apretuja en la
civilización moderna aunque sin democracia ni otros valores
recientes. Es más fácil aún aportar pruebas de la superabun-
dancia de reliquias: tumbas, pirámides y códices prehispánicos;
tumbas, templos y manuscritos coloniales; tumbas, palacetes,
y periódicos de la dictadura y el brazo de Obregón. Abundan
los testimonios del México relicario, de la patria convertida en
cuarto de tiliches, del polvo de historia, de la basura dejada por
cien siglos de humanidad. No menos demostrable es la costum-
bre mexicana de acordarse de sucedidos dolorosos de la vida
personal, familiar, local y nacional. Están a la vista morbosas
conmemoraciones eclesiásticas y oficiales, del municipio y de
la familia. Ya habrá tiempo, en otra ocasión, de aducir pruebas
de nuestras varias y caudalosas corrientes historiográficas y de
lo malsano de dos de ellas, de las que se encargan de atizar el

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Entrada libre

Antes de la fusilata, conviene pleito estúpido y doloroso de indigenistas e hispanistas, de de-


proceder de modo contrario a votos de Hidalgo contra devotos de Iturbide, de admiradores
Pancho Villa o a quien haya de Juárez contra admiradores de Miramón, de unos mexicanos
dicho: “primero maten y contra otros por quítame esas pajas.
después averigüen”. Previas Los considerandos anteriores, para seguir la costumbre
a las operaciones de “perdón mexicana del siglo XIX, deben adicionarse con un llamado a las
e incendio” deben ser las de armas, con un lema de combate. El grito del Hidalgo del futuro
“catálogo” y “discrimen”. próximo debe ser: ¡Señores, no hay más remedio que ir a remo-
ver supervivencias, encarcelar residuos y enterrar mártires! El
nuevo grito de Dolores tiene que arremeter contra las ánimas
de los difuntos que siguen metiéndose con nosotros. Las con-
signas para la siguiente generación de mexicanos deben ser:
no más supervivencias inútiles o perjudiciales; no más basu-
ra fuera de su lugar; no más remembranzas encendedoras de
odios, suspicacias y quejumbres; no más historias con aspectos
de puñales.
Posibles combatientes: no propone ninguna acción destruc-
tiva sin límites; no se postula la homogeneización como meta
principal; no se rechaza el derecho a la diferencia consciente y
querida; de ningún modo se busca la destrucción de monumen-
tos y documentos del pasado; por ningún motivo se propondrá
ahora el cese de algunas conmemoraciones religiosas y cívicas,
y ni siquiera se hará la útil sugerencia de maniatar y poner
bozal a los historiadores clericales o hispanistas y oficialistas o
hispanófobos. Antes de la fusilata, conviene proceder de modo
contrario a Pancho Villa o a quien haya dicho: “primero maten
y después averigüen”. Previas a las operaciones de “perdón e
incendio” deben ser las de “catálogo” y “discrimen”. Si previa-
mente se hace historia en serio, que es la forma sana de con-
sumir pasado, puede justificarse la destrucción de los modos
indigestos, intoxicantes, malsanos, de comer ayeres. En pasti-
llas historiográficas de buena factura, el pasado del país en vez
“de proyectar la densa sombra sobre el presente” que descubre
Alan Riding, proyectará luz necesaria para saber caminar sin
demasiados tropezones.

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Ensayos

2. Estandarte con la leyenda “Viva María Sma. de Guadalupe”.

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Ensayos

3. Detalle del billete de $200.00, Jesús de la Helguera.

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Ensayos

De calendarios, ciclos, celebraciones


y centenarios

Antonio Rubial*

Toda celebración parte de una concepción del (que fue denominado por los ilustrados como
“Siglo de las Luces”, mostrando con ello que es-
tiempo y es un error muy común considerar que
ésta ha sido la misma a lo largo de la historia. taban conscientes de vivir en él), nadie se situaba
Para nosotros es algo cotidiano situarnos como a sí mismo en el siglo III, IX, XIII o XVI. En la era
personas viviendo en el siglo XXI, localizarnos en cristiana, a los monjes, obispos y reyes (los más
un año solar (2010), dividir éste en doce meses, interesados en preservar la memoria del pasado),
contar dentro de ellos semanas de siete días, les bastaba con localizar los hechos recientes en
medir el tiempo diario en horas, minutos y se- un año “de la Encarnación del Señor”; para ellos
gundos. Por ello, a fin de entender el sentido que las centurias no constituían signos referenciales
tenían las celebraciones es necesario recordar las y la palabra saeculum (de donde venía saecula-
diversas divisiones temporales que ha generado ris) se asociaba más bien con la vida mundana en
el Occidente a lo largo de su historia. contraposición con el retiro monacal.2
En lo que concierne a nuestra división del
tiempo en años solares de 365 días, la conven-
Siglos, años, meses, semanas ción se generó en Egipto, un pueblo adorador del
sol cuyo método se impuso a la larga a todo el
El término saeculum fue creado por los romanos mundo, aunque existían otros tipos de medición
para definir periodos de cien años, aunque en que tenían como referencia los movimientos de
latín la palabra tenía otros significados, como el la luna. En el sistema egipcio, integrado al siste-
de época o estirpe. Cicerón, por ejemplo, la utili- ma romano en la época de Julio César, se insertó
zaba para referirse a la duración de una genera- la división en doce meses, convención que Roma
ción humana, mientras que Virgilio y Tácito aso- ya utilizaba desde antes pero que se perfeccio-
ciaban el término con aureum (dorado) y tenía el nó. El año, que comenzaba en el mes de Marte
significado de era o edad gloriosa en el origen de (marzo), hacía su entrada con la primavera y la
los tiempos.1 Sin embargo, antes del siglo XVIII renovación de la naturaleza; los primeros meses
se dedicaban a los dioses Apolo (abril), Júpiter
 Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. 2
Sebastián de Cobarrubias, Tesoro de la lengua caste-
1
Agustín Blanquez Fraile, Diccionario manual latino es- llana o española. Primer diccionario de la Lengua (1611),
pañol, Barcelona, Ramón Sopena, 1972, p. 436. Madrid, Turner, 1984, p. 938.

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Ensayos

Maior (mayo) y su esposa Juno (junio); al quin- el séptimo a Saturno. Al ser este último planeta
to mes, el César lo bautizó con su nombre (julio) uno de los más perjudiciales para las actividades
y al sexto su sucesor y primer emperador Octa- humanas, se guardó su día como descanso, dado
vio Augusto le dio el suyo (agosto). Los siguien- que cualquier cosa que se hiciera durante él esta-
tes meses siguieron el orden numeral: siete (sep- ba condenada al fracaso. El cristianismo, a pesar
tiembre); ocho (octubre); nueve (noviembre) y de algunos intentos, no pudo eliminar estos refe-
diez (diciembre). El onceavo mes se dedicó al dios rentes al paganismo y sólo cambió el nombre del
Jano (januarius o enero) divinidad bifronte que día solar por Domingo (dedicado al Dominus, el
veía con una cara hacia el pasado y con la otra al Señor Dios) imponiéndolo como descanso y sus-
futuro; finalmente el doceavo mes se ofreció para tituyendo el día de Saturno por la palabra judía
complacer a la diosa de las fiebres (febrero). shabat (sábado).3
Por otro lado, los días de los meses se contaban Los romanos también fueron los primeros en
a partir de una división del mes en dos partes: a los dividir el día en horas, mientras que las divisio-
primeros quince días se les denominaba Kalendas nes menores (minutos y segundos) son más bien
y a los últimos Idus, de tal manera que el 17, por recientes. No nos detendremos en ellas pues no
ejemplo, se le llamaba el segundo día de los Idus. tuvieron importancia para las celebraciones y
Asimismo se hicieron en este tiempo los ajus- porque la mayor parte de los habitantes del pla-
tes necesarios para el año bisiesto, pues ya los egip- neta sólo se regían por la distinción día-noche,
cios habían calculado que el tiempo en el que el es decir por el tiempo útil para llevar a cabo las
Sol completaba su recorrido era de 365 días y un actividades cotidianas.
cuarto. Por tanto cada cuatro años, el día que se
había acumulado de la suma de cuatro cuartos
se anotaba computando dos veces el 21 de marzo Los ciclos
(el sexto día de los Idus de marzo), de donde viene
la palabra bisiesto (de bis, dos veces y sextus). La separación día-noche (regida por los movi-
Con la imposición en el siglo IV del cristianis- mientos solares, lunares y planetarios) y las es-
mo como religión oficial del imperio se comenzó taciones del año fueron las únicas subdivisio-
a utilizar una nueva concepción para medir el nes del tiempo verdaderamente universales, por
tiempo. El inicio del año se centró en las fiestas estar determinadas por la naturaleza. Todas las
del nacimiento y la epifanía de Cristo (entre di- demás han surgido de la necesidad del ser huma-
ciembre y enero), dejando para la celebración pa- no por establecer algún tipo de conjunto y como
gana de la primavera en marzo su muerte y resu- una forma de apropiarse o de ir más allá de aque-
rrección. A partir del siglo XI cada uno de los días llo que le daba la naturaleza.
comenzó también a dedicarse a la celebración de Con todo, ésta condicionó la mayor parte de sus
un santo, con lo que se fue perdiendo la separa- percepciones. Por ejemplo, los cambios de estacio-
ción en Idus y Kalendas. nes que regían las actividades agrícolas, a causa
En cuanto a la división de la semana en siete de su carácter cíclico, determinaron las concepcio-
días y los nombres que se le dieron a cada uno es nes más amplias del tiempo. Así, en todos los pue-
un sistema que también debemos a los romanos. blos antiguos el mito del eterno retorno permitía
Originalmente estos contaban con una semana de concebir un mundo que continuamente se estaba
ocho días, pero alrededor del siglo III de nuestra renovando después de un gran cataclismo cósmi-
era comenzaron a utilizarse siete, poniendo cada co, al igual que año con año la naturaleza volvía
uno de ellos bajo la protección de un dios plane- a renacer después de la destrucción del invierno.
tario que regulaba los asuntos de la vida cotidia- Un ejemplo de esa visión cíclica es el de los cinco
na. El primer día lo dedicaron al Sol, el segundo
a la Luna, el tercero a Marte, el cuarto a Mercu- 3
Daniel J. Boorstin, Los descubridores, Barcelona, Crí-
rio, el quinto a Jove (Júpiter), el sexto a Venus y tica, 1988, pp. 23 y ss.

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Ensayos

soles o edades de la cosmovisión mesoamericana, fijación de la fecha exacta del nacimiento del Me-
cada uno de los cuales había terminado con una sías. No fue sino hasta el siglo VI que por orden
destrucción por fuego, agua, lluvia o viento. El del Sumo Pontífice un monje originario de la Es-
quinto sol, llamado nahui-olin (4-movimiento), citia Menor (actual Rumania) pero radicado en
sería destruido por un terremoto. Roma, llamado Dionisio el Exiguo, calculó el na-
Con la introducción del esquema judeocristia- cimiento de Jesús en el año 753 de la fundación de
no y su temporalidad lineal ascendente, los ciclos Roma y éste se estableció como año primero de la
pasaron a formar parte de un plan divino que era cristiana. Al fijar una fecha como eje de la his-
tenía un inicio (Génesis) y un fin (Apocalipsis). toria (sabemos ahora que con un margen de error
Con san Agustín en el siglo IV se fijó la historia de varios años), toda celebración en el mundo occi-
humana como una sucesión de seis edades, des- dental hasta nuestros días se remitió a él.
pués de las cuales vendría la séptima, el reino No obstante, tuvieron que pasar otras dos cen-
que no tendría fin, espacio donde no existirá el turias para que la cuenta de los años a partir de
sufrimiento, la edad del triunfo de la ciudad de una era cristiana o Anno Domini se impusiera
Dios. Sin embargo la sexta edad, que se cuen- en la mayor parte de Europa occidental gracias
ta a partir del nacimiento de Cristo, ya había al emperador Carlomagno. La primera gran ce-
anunciado esa perfección, pues después de ella lebración que se hizo para conmemorar esa fecha
no podía suceder nada nuevo en el mundo que se fue en el año 800, año que Alcuino de York y los
comparara con la encarnación del hijo de Dios.4 monjes consejeros de Carlomagno eligieron para
En esta visión, todos los bautizados en la fe realizar su coronación imperial, precisamente en
de Jesucristo se consideraban viviendo en una el día de Navidad. Un nuevo hito en la cultura
misma etapa histórica, la “era de la gracia”, pe- occidental a partir de ese cómputo se dio alrede-
riodo que compartían con los “hijos de la ciudad dor del año 1000, fecha en la que se esperaba el
de Satanás”, los otros hombres que vivían en la fin del mundo anunciado por el Apocalipsis. Sin
herejía o el paganismo. Debemos tener en cuenta embargo los famosos presagios y terrores sólo
que para Occidente la única religión era el cris- afectaron a unos cuantos monjes que llevaban el
tianismo, los otros dos monoteísmos se considera- cómputo de los años, pues en los pueblos campe-
ban como herejías de esta fe, la única verdadera. sinos no existía una conciencia del milenio. Ésta
El judaísmo, por no haber reconocido al Mesías, comenzó a despertarse medio siglo después a raíz
el islamismo por desconocer la divinidad de Jesús de las cruzadas, movimiento religioso y guerrero
y por tanto el dogma de la Trinidad. El resto de masivo de carácter apocalíptico que marcó el ini-
la humanidad eran considerados “paganos” (los cio de la expansión europea en el mundo.
anteriores a la venida de Cristo y los germanos, En ese contexto de esperanzas milenaristas el
celtas y persas de las fronteras imperiales) eran abad benedictino Joaquín de Fiore (muerto en
idólatras que vivían engañados por el Demonio y 1202) expuso su esquema de los ciclos o etapas
no constituían por tanto religiones. Esta homo- por las que había pasado la humanidad. La pri-
logación del tiempo en un gran antes y un gran mera, que iba de Adán a Cristo, correspondía a
después impedía la división en periodos como los Dios Padre y en ella había gobernado la Sinagoga,
siglos o los milenios, por lo que cuarenta, cien o considerada como una Iglesia seglar; la segunda
mil años representaban números simbólicos y no era la edad de Dios Hijo y la dominaban la Igle-
instrumentos reales de medición del tiempo. sia papal y los sacerdotes; la tercera, la del Espí-
La concepción agustiniana no necesitaba de la ritu Santo, precedida por la expansión misional
cronología, es decir de situar los acontecimientos en todo el orbe, estaría dominada por una Iglesia
históricos en años precisos, lo que explica la tardía espiritual y por los monjes. En ese tiempo todos
los hombres llevarían una vida contemplativa,
4
Reinhart Koseleck, Futuro, pasado. Para una semántica practicarían la pobreza evangélica y serían como
de los tiempos históricos, Barcelona, Paidós, 1993, p. 136. ángeles. El iniciador de esta era sería un nuevo

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Ensayos

4. “Pueblo de Guanajuato”.

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Ensayos

Adán o un nuevo Cristo, un dux novus fundador sos, no se hacían viejos y desconocían el trabajo,
de una orden monástica. Algunos franciscanos la guerra y la injusticia. Con las edades sucesi-
identificaron a san Francisco con el Mesías que vas (de plata, de bronce y de hierro) se introdu-
Joaquín había “profetizado” y en el siglo XIV, fray jo el mal, idea que desde san Agustín se relacio-
Bartolomé de Pisa exaltaba en su Libro de las naba también con las edades del hombre y con
Conformidades, el papel que desempeñarían los la visión de que el mundo había pasado por una
frailes menores en la última era del mundo. infancia y una madurez y se aproximaba a su
Esta mirada al pasado concebido a partir de vejez.5 Estas ideas se fueron filtrando poco a poco
un eje y como única manera de percibir el tiem- en el pensamiento cristiano hasta el Renacimien-
po, hacía imposible pensar en un futuro de pro- to, durante el cual se habló de la Iglesia primitiva
greso, pues la sociedad, de acuerdo también con de los apóstoles y de los mártires, como de una
la idea agustiniana de la historia, no era perfec- edad dorada con carácter fundacional y excepcio-
tible en este mundo a causa de la presencia de la nal, por estar vinculado con la Encarnación del
Ciudad de Satanás. El único hecho futuro segu- Hijo de Dios. Además esa edad coincidía con la
ro era el Apocalipsis y la única sociedad perfecta del paradigma político más importante para Oc-
era la Jerusalén celeste. Incluso la herética vi- cidente: el de la Roma imperial.
sión de un reino milenario de Cristo instaurado
en la Tierra, con la consiguiente desaparición del
orden jerárquico civil y eclesiástico, consideraba Las celebraciones
que éste sería impuesto de manera rotunda e in-
minente y no paulatina. Aunque el ser humano ha conmemorado los he-
Al no existir la idea de progreso, tampoco se chos considerados trascendentes para su vida
podía concebir un mejoramiento en la sociedad. desde los tiempos más remotos, las diferentes
Hasta las utopías del Renacimiento fueron pen- concepciones del tiempo condicionaron los di-
sadas como construcciones ideales de las que no versos sentidos alrededor de tales celebraciones.
se esperaba una concreción en el futuro. Se asu- Frente a las nuestras, influidas por necesidades
mían como paradigmas que mostraban crítica- demagógicas, políticas o de consumo, las de ellos
mente las limitaciones del presente. Por ello, las estaban marcadas por las necesidades de congra-
sociedades que buscaban modelos de perfección ciarse con las fuerzas cósmicas y obtener de ellas
terrenales veían hacia el pasado, no hacia el fu- alimento, fertilidad y salud. En los pueblos sin
turo. Asimismo, tampoco el pasado era concebido escritura, aquellos que los investigadores cultu-
en una perspectiva propiamente histórica. Una ralistas han llamado de oralidad primaria, las
sucesión de imperios (los descritos en la Biblia) celebraciones estaban relacionadas con los ciclos
habían seguido una evolución similar (ascenso, agrícolas, es decir eran anuales y tenían una fina-
plenitud y decadencia) y sus héroes y villanos lidad propiciatoria de las fuerzas cósmicas. La
se comportaban, vivían e incluso vestían de ma- entrada de la primavera, asociada con el calor, se
nera idéntica a los de su presente. La única época celebraba con rituales orgiásticos con los que
en la que la humanidad fue perfecta y feliz se se pretendía ayudar a las fuerzas genésicas de la
dio en el paraíso terrenal, cuando Adán y Eva no naturaleza, así se obtendrían los alimentos sufi-
habían contaminado con su pecado toda la crea- cientes para la comunidad. En los festivales que
ción y a su descendencia. se realizaban al inicio del invierno, vinculados
Esta concepción cristiana sufrió algunas va- con el frío, se recordaba la muerte tanto de la
riantes cuando desde el siglo XII se le intentó vegetación como de los seres humanos. Para esos
compaginar con las ideas que el mundo clásico pueblos, inmersos en un perpetuo presente, era
tenía sobre una dicha primigenia durante una
edad dorada. Hesiodo fue el primero en hablar de 5
Jean Delumeau, Historia del paraíso, 3 vols., México,
una era de oro en la que los hombres eran dicho- Taurus, 2003, vol. III, pp. 24 y ss.

53
Ensayos

imposible concebir fiestas relacionadas con una legio de Santiago Tlatelolco, concluyó que la úl-
temporalidad mayor (décadas, siglos y mucho tima celebración de esta fiesta se había realizado
menos milenios). Con la escritura —y la apari- en febrero de 1507, cuando gobernaba en Méxi-
ción de una casta sacerdotal que la detentaba— co-Tenochtitlán el tlatoani Moctezuma Xocoyo-
al igual que los conocimientos astronómicos y tzin, el antepenúltimo emperador azteca. Al pa-
calendáricos, la presencia de la memoria introdu- recer la ceremonia mantenía en suspenso la vida
jo cambios sustanciales en la concepción de ciclos de esas sociedades, ante el riesgo de que el sol no
temporales mayores, con las subsecuentes cele- volviera a salir.6
braciones. A estas sociedades con una manera Este mismo sentido tenían los “juegos secula-
de registro controlada por unos cuantos indivi- res” —que en teoría se hacían cada 110 años en
duos relacionados con la casta sacerdotal se les la Roma republicana— celebraciones religiosas
ha denominado de oralidad secundaria y en ellas en las que se realizaban sacrificios y se llevaban
todas las conmemoraciones estuvieron bajo el a cabo representaciones teatrales durante tres
signo de lo religioso. días y tres noches para marcar el final de un
Ejemplo de estas celebraciones cíclicas fue- saeculum, que como vimos de ahí se origina nues-
ron las fiestas del jubileo hebreo que aparecen tra palabra siglo. Después de los aciagos días de
mencionadas en el capítulo XXV del Levítico, en la caída de la República, el emperador Augusto
el que se ordenaba a los judíos contar siete se- restauró los juegos en el año 17 de nuestra era,
manas de años, es decir, siete veces siete (lo que pero el cómputo de los 110 años no fue respeta-
hace cuarenta y nueve años) y declarar el año do por los emperadores posteriores, quienes los
cincuenta como santo, proclamando en la Tie- celebraron en el 88 y en el 204. De hecho, en el
rra la liberación para todos sus habitantes: “Será año 47 Claudio instauró otros juegos seculares
para vosotros un jubileo, cada uno recobrará su para conmemorar el 800 aniversario de la funda-
propiedad, y cada cual regresara a su familia”. ción de Roma, lo que propició un segundo ciclo de
Siguiendo esta tradición, y a partir del año 1300, juegos paralelos a los otros en los años 148 y 248.
la Iglesia católica comenzó a celebrar jubileos, Como sucedió con todas las celebraciones paga-
aunque al principio de manera irregular, hasta nas, los juegos se suspendieron en el siglo IV con
que desde 1450 se volvió una costumbre constan- los emperadores cristianos.7
te cada 25 años. En contraste con la fiesta judía De hecho todas las celebraciones cambiaron
—que tenía un carácter de restauración real— la con la llegada del cristianismo al poder. Su con-
conmemoración eclesiástica cristiana le daba al cepción lineal ascendente del tiempo que, en cier-
jubileo un sentido simbólico de liberación del pe- ta forma era atemporal, no permitía celebrar
cado y de perdón general que se podía ganar vi- ciclos, más que aquellos anuales que habían su-
sitando ciertos santuarios. plantado las grandes celebraciones estacionales
Un carácter religioso y celebratorio tenían paganas. Por lo tanto, al no haber la posibilidad
también las fiestas del Fuego Nuevo en Meso- de un futuro perfectible y ante la visión pesimis-
américa realizadas cada 52 años, tiempo en que ta de un pasado secular catastrófico, los únicos
el calendario solar de 365 días y el lunar de 260 hechos que podían ser celebrados eran aquellos
coincidían en sus inicios. En Tenochtitlán la ce- relacionados con los seres que habitaban en el
remonia comenzaba en el “ayaucalli” o templo
6
del monte Uixachtécatl en Iztapalapa (conoci- Yólotl González, “Incierto el festejo del Año Nuevo en
do actualmente como Cerro de la Estrella). La culturas precolombinas. Hay seguridad, en cambio, de fes-
tejos del Fuego Nuevo cada 52 años”, en [Link]
“nueva lumbre” se encendía el primer día del [Link]/cultura/20081229203100010/incierto-feste-
primer mes mexica (acahualco), correspondiente jo-ano-culturas-precolombinas-seguridad-cambio-festejos-
al 26 de febrero del calendario gregoriano. Ber- fuego/
7
Mary Beard, John North y Simon Price, Religions of
nardino de Sahagún, tras reunir a mediados del Rome, 2 vols., Cambridge, Cambridge University Press,
siglo XVI información con sus discípulos del Co- 1998, vol. I, pp. 71 y ss.

54
Ensayos

cielo, es decir Cristo, la Virgen y los santos. Con juegos que se celebraban cada cien años. Como
estas celebraciones anuales se anunciaba la lle- se puede observar en el artículo de Gombrich en
gada de una era de paz y justicia, una nueva edad este mismo número, los protestantes fueron
dorada en la que la Iglesia primitiva sería res- los primeros en hacer celebraciones de cente-
taurada y el evangelio predicado en todo el orbe narios desde el siglo XVII. Sin embargo esto no
antes del fin de los tiempos. fue común en los territorios europeos sino hasta
Esta concepción estaba en perfecta concordan- el siglo XVIII.
cia con la visión agustiniana, en la cual los acon- En contraste con los protestantes, en los paí-
tecimientos se repetían continuamente. Cual- ses católicos el sentido teológico del tiempo siguió
quier remembranza del pasado sólo podía servir abarcándolo todo e incluso algunas hazañas gue-
como enseñanza moral, como una prueba más rreras con fuerte carácter religioso se integra-
de lo efímero de la vida humana frente a la eter- ron a las celebraciones anuales. En la España
nidad. Además la historia, en tanto secuencia de del Renacimiento tenemos el ejemplo de la cele-
hechos que formaban parte de un eterno presen- bración de la toma de Granada el 2 de enero de
te en la mente de Dios, era un ordo temporum 1592. Desde 1516, en el testamento de Fernando
en el que todo estaba fijado de antemano por la el Católico se instituyó una fiesta anual ese día,
providencia y a partir de ese orden toda activi- disposición que fue ratificada por el emperador
dad humana quedaba articulada; la libertad de Carlos III para conmemorar en la ciudad la vic-
actuación de los hombres individuales no era sig- toria política y religiosa sobre el Islam. En la
nificativa, lo cual hacía imposible pensar en algo procesión se ordenó seguir el mismo orden prefi-
que fuera conmemorable, fuera de los hechos reli- jado para la fiesta del Corpus Christi y enarbolar
giosos anuales.8 Así, incluso en los pueblos de ora- un pendón real como emblema de la monarquía.
lidad secundaria, como los medievales europeos, Sin embargo, el historiador contemporáneo Mi-
las celebraciones cíclicas de gran temporalidad guel Garrido Atienza asegura no haber hallado
fueron inexistentes, pues ni siquiera los hombres ningún dato que indique un recuerdo especial en
que escribían, como mencionamos arriba, tenían esos festejos en los años de 1692 y 1792 como
como referentes los siglos. Para la mayoría de la un antecedente de la gran conmemoración que se
población, lo más inmediato era la necesidad de realizó en el cuarto centenario de 1892.9
marcar los cambios estacionales de cada año, por
lo cual las fiestas agrícolas (ahora suplantadas
por celebraciones del santoral cristiano) fueron La celebración de “centenarios”
las únicas importantes y trascendentes. en Nueva España

Muy posiblemente los festejos anuales de la


Los centenarios y la modernidad toma de Granada el 2 de enero fueron el antece-
dente de la celebración de otra conquista militar
A partir del Renacimiento —y sobre todo de la re- con tintes religiosos realizada tres décadas des-
forma protestante— en muchos países del norte pués de la de Granada, pero en América. Desde
de Europa desaparecieron las fiestas del santoral el 13 de agosto de 1528, el día de san Hipólito, el
católico (cuya intermediación fue cuestionada). ayuntamiento de México-Tenochtitlán festejó la
Comenzaron a tomar así presencia las celebracio- caída de la ciudad indígena llevada a cabo siete
nes no religiosas (a las que se llamó “seculares”, años antes por Hernán Cortés y sus hombres.
término que se utilizó como sinónimo de profa- Posiblemente la fiesta se celebraba desde años
nas). El vocablo retomó además el sentido que
tenía en la antigüedad romana para definir los 9
Miguel Garrido Atienza, Las fiestas de la toma de Gra-
nada, est. prel. por José Antonio González Alcantud, Gra-
8
Reinhart Koseleck, op. cit., p. 126. nada, Universidad de Granada, 1998.

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Ensayos

5. “Cañones empleados por los indios durante la guerra de 1810 a 1811”.

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Ensayos

atrás con una misa y es un hecho que Cortés, o unidos bajo el mismo patrono que había vencido
su cabildo, desde 1524 realizaban en la capital la idolatría y a cuya memoria se erigieron “pirá-
“alardes militares” con despliegue de ruido, ca- mides egipcias” de mármol, entre los “toscos ár-
ballos y mosquetes para inhibir posibles revuel- boles”.12 Dos años después, en 1623, cuando se
tas indígenas, muestra de la inseguridad en que conmemoraba el ascenso al trono de Felipe IV, el
vivían los españoles en un territorio aún preca- mismo Arias de Villalobos en su texto Canto in-
riamente sometido. La apropiación que el cabildo titulado Mercurio recordaba los festejos hechos
hizo de dicha celebración en 1528 no fue gratuita dos años antes.
pues ese año existía en la capital un ambiente de En 1721, a raíz de la conmemoración del 200
inestabilidad política cuando Cortés, recién lle- aniversario de la conquista de Tenochtitlán, el vi-
gado de las Hibueras, quería restablecer su papel rrey decidió reactivar la fiesta del Pendón, para
rector restaurando su derecho de nombrar regi- entonces muy decaída. Para ello pidió al secreta-
dores del ayuntamiento y de ser consultado en rio del ayuntamiento que buscara en los archivos
todos los asuntos. Con el acto simbólico de la ce- para ver cómo se celebraba el paseo en sus remo-
lebración, el cabildo probablemente intentaba tos orígenes del siglo XVI. La celebración se hizo
detener estas pretensiones.10 con corridas de toros, justas caballerescas, dan-
Una vez que el ayuntamiento tomó bajo su zas en la Catedral y fuegos artificiales. Se inclu-
cargo la fiesta de san Hipólito, considerado desde yeron además algunas novedades como el desfile
entonces patrono de la ciudad, se pusieron las de los gremios y de los caciques y cofradías indí-
bases de la ceremonia: la participación de los caba- genas (para celebrar “los singulares beneficios”
lleros con sus “bestias” en el paseo, la celebra- que los indios habían recibido con la conquista),
ción de juegos de cañas y corridas de toros y el algo totalmente inusual en este tipo de celebra-
traslado solemne de un pendón (posiblemente ción.13 Este era el primer intento llevado a cabo
el del rey) acompañado por trompetas y tambo- por parte de las autoridades virreinales para res-
res desde las casas del ayuntamiento hasta la catar la fiesta del Pendón como un recuerdo de
ermita de san Hipólito, donde se celebraba una la conquista, algo que al parecer ya no formaba
misa de acción de gracias. parte sustancial del interés de los criollos.
A pesar de ser la celebración de una conquista, Frente a ello, los hechos de la evangelización
de hecho la mayor solemnidad estaba asociada nunca recibieron una celebración especial. En
con la fiesta religiosa al santo patrono de la ca- ninguna de las crónicas de los mendicantes exis-
pital. Esto explica porque en 1621 los festejos de te mención alguna de celebraciones por los cen-
san Hipólito fueron especialmente solemnes, en tenarios de la llegada de los franciscanos en 1623
recuerdo de que habían pasado cien años desde o en 1723, o de los dominicos en 1626 o 1726, o
su conquista. El 13 de agosto de ese año fray de los agustinos en 1633 o 1733. Algo excepcio-
Diego Medina Reynoso expresó en un panegíri- nal pasó en cambio con los jesuitas. En 1672, a
co a san Hipólito que los mexicanos eran herede- raíz de los festejos de canonización de Francis-
ros tanto de los españoles como de los indios y se co de Borja, noble español y tercer general de la
enorgullecía de que su patria había sido la sede Compañía, la provincia de Nueva España organi-
del mayor imperio de América.11 Por su parte el zó todo un despliegue propagandístico. Para que
presbítero extremeño Arias de Villalobos, en esos quedara en la memoria tan suntuosa celebra-
mismos festejos, era laureado por su poema a san ción y para reforzar el aparato publicitario, un
Hipólito en el cual españoles e indios aparecían jesuita anónimo escribió la relación de los feste-
10 12
Francisco Baca Plasencia, “El paseo del Pendón en la Alfonso Méndez Plancarte, Poetas novohispanos (Se-
ciudad de México en el siglo XVI”, tesis de maestría, México, gundo siglo), 2 vols., México, UNAM, 1995, vol. I, pp. 13 y ss.
13
UIA, 2009, pp. 62 y ss. Linda Curcio-Nagy, The Great Festivals of Colonial
11
Cit. por Elías Trabulse, Los orígenes de la ciencia mo- Mexico City. Performing Power and Identity, Albuquerque,
derna en México, México, FCE, 1994, pp. 66 y ss. University of New Mexico Press, 2004, p. 78.

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Ensayos

jos que fue publicada en ese mismo año de 1672 pólito, la celebración principal no era el centena-
con el título de Festivo aparato, siendo el mece- rio sino la canonización de un santo. Ese mismo
nas de esta edición el virrey Marqués de Mance- marcado acento religioso se pudo observar en la
ra, a quien estaba dedicada.14 En la celebración, mención conmemorativa de algunos personajes
los estudiantes del colegio jesuita de San Pedro y del siglo XVI, aunque esto fue muy excepcional y
San Pablo y los mismos jesuitas organizaron un más tardío que en Europa. En 1765 Juan José
soberbio festejo que duró varios días. El domingo Moreno, alumno de los jesuitas de Pátzcuaro, pu-
7 de febrero de 1672 se inició la celebración con blicó en la imprenta del Colegio de San Ildefonso
una mascarada en la que participaron 300 per- de México una vida del obispo Vasco de Quiro-
sonas distribuidas en cinco compañías las cua- ga. Moreno hacía mención en el escrito que en
les desarrollaron temas alegóricos alrededor de esa fecha se cumplía el bicentenario de la muerte
otros tantos carros triunfales para “doctrinar” y del santo prelado michoacano. La mención tenía
deleitar a los espectadores. El más destacado fue todo un trasfondo político: la obra reflejaba la
uno expresado en un cuadro que iba sobre un ca- situación crucial por la que atravesaba la Igle-
ballo y que representaba a América en traje de sia novohispana (la secularización de las parro-
india sentada a la orilla del mar y recibiendo a quias de los regulares), de modo que a través de
una nave en la que venían los primeros sacerdo- la vida de Quiroga se reforzaba el papel de los
tes de la Compañía a Nueva España. Al lienzo obispos al exaltar la vida del fundador de la dió-
lo precedían cuatro jovencitos cargando carca- cesis, un secular. Por otro lado el Colegio de San
jes con flechas y arcos dorados en las manos y lo Nicolás, fundación quiroguiana, estaba en peli-
seguían 67 niños criollos vestidos a la usanza de gro de ser disuelto a raíz de la apertura del se-
“los antiguos mexicanos” con joyas, tiaras y en- minario conciliar en Valladolid. Fuera de ésta,
cajes. La alegoría la cerraba un “caballerito” que no existe ninguna otra mención a festejo alguno
representaba al emperador Moctezuma, en un que conmemorara el bicentenario de la muerte
trono rodeado de riquezas y coronado con una de otro personaje insigne del siglo XVI.16
corona de plata con un águila y un nopal.15 Toda Un caso de excepción, pero también muy tar-
esta alegoría “americana” iba dirigida a celebrar dío, fue el traslado de los huesos de Hernán Cor-
una “providencial” coincidencia: los festejos de tés desde el convento de San Francisco al Hos-
la canonización de Borja coincidían con el cente- pital de Jesús, ceremonia que el virrey Conde
nario de la llegada de los jesuitas a Nueva Espa- de Revillagigedo mandó llevar a cabo el 8 de no-
ña, llegada que el mismo santo festejado había viembre de 1794, el día en que se conmemoraba
promovido cuando fue general de la orden. No el aniversario en que Cortés hizo su entrada al
debemos sin embargo pasar por alto el hecho de reino hacía 275 años. Para celebrar el aconteci-
que la celebración de México no era algo excep- miento se encargó al arquitecto José del Mazo
cional para la Compañía de Jesús. Tres décadas y Avilés y al escultor don Manuel Tolsá levan-
antes (en 1640) los jesuitas habían conmemora- tar un cenotafio con su busto en bronce dora-
do sus cien años de fundación con un suntuoso do y dos lápidas conmemorativas con leyendas
libro con emblemas titulado Imago Primi Saecu- y trofeos. A las exequias asistieron el virrey, los
li Societatis Iesu. oidores, el cabildo y el marqués de Selva Neva-
Con todo, en la fiesta novohispana de Francisco da (gobernador del Marquesado del Valle).17 La
de Borja, como en el caso de los festejos de san Hi-
16
Ricardo León Alanis, Juan José Moreno: catedrático,
14
Anónimo, Festivo aparato con que la provincia mexi- rector e historiador nicolaita, introd. a la obra de…, Morelia,
cana de la Compañía de Jesús celebró en esta imperial cor- Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, 1998.
17
te de la América Septentrional los immarcescibles lauros Jaime Cuadriello, “El origen del reino y la configura-
y glorias inmortales de San Francisco de Borja, México, ción de su empresa”, en Los pinceles de la Historia. El ori-
Juan Ruiz, 1672. gen del reino de la Nueva España, México, Museo Nacional
15
Ibidem, f. 10r. y ss. de Arte, 1999, pp. 51-107 y 78.

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Ensayos

celebración formaba parte de una tendencia de hacia el futuro. Además, todas las celebraciones
las autoridades virreinales para rescatar a Cor- tenían un carácter didáctico y ejemplar como
tés y a la conquista como símbolos de la instaura- aquella que hicieron los franciscanos en Tlaxca-
ción del dominio hispánico sobre Nueva España, la en 1539 para conmemorar la paz de Cambray
como un recordatorio de la sujeción y respeto que entre Carlos V y Francia. Durante ella se realizó
los americanos debían al rey Carlos III. una gran pantomima, que duró todo el día del
El sermón del acto fue encargado por el cabil- Corpus Christi, en la que se recordaba la toma
do de la ciudad al doctor dominico fray Servando de Jerusalén por los ejércitos cristianos duran-
Teresa de Mier, quien hizo una detracción de las te la primera cruzada. En ella, los indígenas se
“exageraciones” de fray Bartolomé de las Casas, ataviaron con sus atuendos guerreros antiguos,
al tiempo que celebró la destrucción de la ido- portaron sus escudos y estandartes de plumas a
latría por mano de Cortés y la llegada de la luz la usanza prehispánica y representaron tanto
“a los que moraban en las tinieblas de Egipto”. a los ejércitos europeos y novohispanos, como a
El predicador mostró a la Nueva España como los musulmanes (que acaudillaba el sultán a quien
un fruto de la visión y valentía del conquista- representaba Hernán Cortés). En escena apare-
dor.18 ¿Quién pensaría entonces que tiempo des- cieron también actores que representaban a San-
pués este mismo fraile denostaría la conquista, tiago, san Miguel y san Hipólito quienes anun-
se haría llamar descendiente de Cuauhtémoc por ciaron a los sitiadores y a los sitiados la pronta
línea materna y reeditaría la Brevísima Relación caída del bastión. La celebración terminó con el
del padre Las Casas en Londres?19 bautizo real de varios de los indios que, vestidos
Como se puede observar, a lo largo del pe- como musulmanes, habían sido vencidos por los
riodo virreinal la fuerte presencia de la visión ejércitos cristianos. En el espectáculo de Tlaxcala
agustiniana del pasado imposibilitó cualquier no hubo un interés “histórico” de conmemorar la
celebración centenaria de carácter secular. Las toma de Jerusalén, como lo muestra la presencia
conmemoraciones en 1621 y 1721 de la caída de de los ejércitos novohispanos en la batalla y del
Tenochtitlán y el traslado de los huesos de Cor- rey, del papa, de los condes y cardenales personi-
tés en 1794, finalmente estaban inmersos en un ficados por unas figuras de cartón; su finalidad
esquema religioso y trascendentalista que veía fue totalmente didáctica e iba dirigida a exaltar la
el hecho de la conquista como una lucha de los eucaristía, el bautismo y el poder avasallador del
hijos de Dios contra la idolatría satánica y a Cor- cristianismo. El binomio “guerra-conversión”
tés como un enviado del cielo. Al final, una cele- de la pantomima reafirmaba además la domi-
bración de este tipo no difería mucho de aquellas nación española a escasas dos décadas de la con-
que conmemoraban el martirio de un santo o la quista de Tenochtitlán.
muerte de un obispo. De hecho, la conmemoración de Tlaxcala esta-
En Nueva España, al igual que en la Europa ba inmersa en la visión escatológica franciscana
medieval, las fiestas de Cristo y los santos regu- de corte agustiniano, para la cual el reino milena-
laban los ciclos agrícolas anuales; asimismo, la rio estaba siendo instaurado en las comunidades
visión bíblica apocalíptica marcaba desde el siglo indígenas gracias a la labor de los frailes. Esta
XVI toda la percepción que se tenía del tiempo sería la Iglesia de los últimos tiempos, los de la
vejez de la humanidad, antes del fin del mundo.
18
Adolfo Arrioja Vizcaíno, Fray Servando Teresa de Mier. Tal concepción, con fuertes tintes cristológicos
Confesiones de un guadalupano federalista, México, Plaza
y Janés, 2003, p. 16. y pesimistas, fue suplantada en el siglo XVII por
19
Edmundo O’Gorman, Seis estudios históricos de tema otra, mariana y optimista, que tenía en su cen-
mexicano, Xalapa, Universidad Veracruzana, 1960, p. 62. tro a la Virgen de Guadalupe. Ambas percepcio-
Alfredo Ávila, “Servando Teresa de Mier”, en Belem Clark
y Elisa Speckman, La República de las Letras. Asomos a la
nes apocalípticas veían en América la tierra ideal
cultura escrita del México decimonónico, 3 vols., México, para forjar la utopía cristiana, pero mientras los
UNAM, 2005, vol. III, pp. 9-22. mendicantes la concebían como una sociedad

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Ensayos

6. Bandera tomada a Hidalgo en Puente de Calderón, anverso.

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Ensayos

rural formada por indios y frailes, los guadalu- cal Society in Massachussets, on the 23rd Day of
panos jesuitas y el clero secular la vieron inte- October 1792, Being the Completion of the Third
grada dentro de una urbe criolla y multiétnica: Century since that Memorable Event. En Nueva
la ciudad de México. Sin embargo, ambas con- York, la Columbian Order organizó en la misma
cepciones generaron siempre un tipo de celebra- fecha un banquete en su sede, presidido por un
ción marcada por el sentido cristiano trascen- monumento a Colón, quizás el primero erigido
dentalista y con carácter, por tanto, de ofrenda en los recién nacidos Estados Unidos. Otras ini-
y petición. ciativas en aquellos años pueden ser asociadas
Las celebraciones de hazañas humanas cente- con esta celebración, como la denominación de
narias no fueron posibles ni en la Europa católica “District of Columbia” para el lugar donde se
ni en la América hispánica sino hasta que llegó a situó la capital federal, o la que se dio al antiguo
ellas la visión inmanentista de la historia, en la King’s College, en Nueva York, conocido desde
cual los hechos del pasado no habían dependido entonces como Columbia.20
de una voluntad divina trascendente sino de la Resulta paradójico que en ninguno de los te-
actuación de los seres humanos. Esa visión que rritorios de hispano-americana, mucho más vin-
se generó en Inglaterra y en Francia había in- culados históricamente con el descubrimiento co-
troducido la idea de progreso y la posibilidad de lombino, hubiera alguna celebración parecida. Es
forjar una sociedad utópica en la Tierra, lo cual claro que esto se debió a que todos ellos estaban
daba al pasado un nuevo sentido, como el espa- aún sujetos al imperio español, aunque sus eli-
cio donde se gestaron las semillas que hicieron tes —que comenzaban a mostrar su descontento
posibles los cambios. Esta nueva concepción de con esa dependencia— no estaban interesadas en
la historia posibilitó que los hechos considera- remarcar sus lazos con Europa. Estados Unidos,
dos importantes en el transcurrir humano fue- en cambio, comenzaban a construir su identidad
ran susceptibles de celebrarse. Los cambios, es como país independiente y su interés por celebrar
obvio, no sólo vinieron dados por la aparición de el descubrimiento venía dado por la necesidad de
un nuevo sentido del tiempo y de la historia sino constituirse a sí mismos como “América” frente
también por el surgimiento del Estado moderno a una Europa de la que intentaban diferenciarse.
y de su necesidad de justificación por medio de La nueva nación, abanderada de las ideas utópi-
esas celebraciones. La sustitución de la explica- cas de orden y progreso de la Ilustración, encon-
ción teológica por la razón de Estado hizo posible traba sus orígenes en Colón y no en los antiguos
la generalización de las celebraciones de cente- pobladores indios (como lo harían algunas de las
narios en los siglos XVIII y XIX. futuras naciones de Iberoamérica), pues su in-
En la América anglosajona tenemos un ejem- terés no era romper con el viejo continente sino
plo temprano de una celebración centenaria a mostrarse como la culminación de la cultura cris-
fines del siglo XVIII en los recién fundados Esta- tiana de Occidente. América, es decir ellos, era el
dos Unidos. En 1792, varias ciudades evocaron el nuevo continente, el lugar en el que las prome-
tercer centenario del descubrimiento de América. sas de una sociedad perfecta se cumplirían. En
En Boston, la Historical Society organizó un acto esta visión estaba aún presente la idea milena-
con un discurso inaugural pronunciado por el re- rista cristiana de tintes agustinianos, pero modi-
verendo Jeremy Belknap, acompañado de cuatro ficada sustancialmente con el tema de la libertad
disertaciones cuya temática ilustra las preocupa- ilustrada y de la historia en manos del hombre.
ciones a finales del siglo XVIII en relación con el Celebrar el centenario de la aparición de Amé-
descubrimiento, así como el modo de recordarlo. rica para Europa tenía por tanto un importante
El mismo discurso se publicó ese año con un su- valor simbólico.
gestivo título: A Discourse, Intended to Comme-
morate the Discovery of America by Christopher 20
Miguel Rodríguez, Celebración de la raza: una historia
Columbus, Delivered at Request of the Histori- comparativa del 12 de octubre, México, UIA, 2004.

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Ensayos

7. Bandera tomada a Hidalgo en Puente de Calderón, reverso.

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Ensayos

El descuido de los héroes.


Apuntes sobre historiografía marginal

Salvador Rueda

Malos augurios más apremiante preocupación sobre la fuente


del poder y el ejercicio de gobierno en ausen-
cia del rey. Los ayuntamientos buscaron echar a
El 12 de julio de 1808 ancló en el puerto de Ve- andar la maquinaria legal que establecía la con-
racruz la barca Ventura. Más que a su carga de ducta a seguir en esos casos extraordinarios; al
mercancías —puntualmente esperada por los es- mismo tiempo, manifestaban, en todas las for-
tibadores, los comerciantes del Consulado y en- mas posibles, su lealtad a la Corona. Abundaron
jambre de mayoristas y minoristas, burócratas y los discursos patrióticos cargados de adjetivos
arrieros—, la ansiedad se dirigía esta vez hacia propios de la retórica del vasallaje y de clamores
el correo. Su contenido de novedades podría res- en la defensa de la Corona, la religión y el terri-
paldar lo que ya era un alarmante rumor. Entre torio que se pensaba amenazado por los impíos
los papeles venían las ediciones de la Gaceta de soldados franceses. Acompañaban otros llamados
Madrid del 13, 17 y 20 de mayo. Es posible ima- políticamente urgentes: por todas las latitudes se
ginar la sorpresa de las autoridades del puerto: anunciaba la invalidez de las renuncias de Carlos
se leyó —y confirmó— la noticia de la invasión IV y Fernando VII. El ayuntamiento de Veracruz
francesa a España, de la violenta reacción de las —el primero de la historia novohispana—, en re-
tropas francesas y ricos españoles afrancesados unión del 22 de julio de 1808 en su Sala Capitu-
contra la resistencia popular madrileña. Se con- lar, manifestó al virrey José de Iturrigaray:
firmó también que el abdicante Carlos y el fla-
mante Fernando VII, su hijo y sucesor, eran pri- Nueva España feliz, leal, valerosa, opulen-
sioneros de Napoleón en Bayona. El gobernador ta, codiciada de todos los vivientes, creemos
del ayuntamiento de Veracruz acusó recibo de que está en la imprescindible obligación de
los impresos.1 Aunque nadie podía adivinar su conservar a sus reyes naturales, o sus legíti-
alcance, éste fue el comienzo del derrumbe del mos sucesores bajo nuestras actuales religión,
absolutismo y el primer capítulo del desmorona- leyes y usos esta preciosa herencia de sus
miento del imperio español en América. augustos abuelos.
A partir de esos días, y por varias semanas
más, para los novohispanos la conmoción polí-
Se apeló a su pacto originario: “Los de esta fi-
tica de la ocupación napoleónica se enlazó a la
delísima ciudad prometen que vuestra excelen-
1
Guadalupe Nava Oteo, Cabildos y ayuntamientos de la cia recibirá con aplauso esta pequeña demostra-
Nueva España en 1808, 2ª ed., México, INAH (Divulgación), ción de su ardiente celo […] hasta donde llega la
2009 [1973], pp. 42 y 44.

63
Ensayos

lealtad de los sucesores del inmortal Cortés y el En esa lejana fecha inicial del México inde-
amor de los americanos a sus reyes”[…].2 pendiente, un grupo de patriotas republicanos
Apelar a la memoria del inmortal Cortés contrarios al recientemente destituido empera-
como héroe fundador del que sería el Reino de la dor Iturbide, apoyaron el nombramiento de be-
Nueva España era también un lugar común; no neméritos a los héroes insurgentes y que se lle-
lo fue tanto, en estas circunstancias que regresa- varan solemnemente sus restos a la Catedral de
ban la palabra a los cuerpos políticos básicos, el la ciudad de México:
señalarlo como iniciador de la vida de los ayun-
tamientos americanos de la Tierra Firme. Ambos Artículo 14. Y respecto a que el honor
asuntos —el poder en los ayuntamientos y la fi- mismo de la Patria reclama el desagravio
gura heroica de Cortés— pronto mostraron sus de las cenizas de los héroes consagrados a
límites: por un lado, en septiembre, Iturrigaray su defensa, se exhumarán las de los bene-
sería destituido por la Audiencia, en el golpe en- méritos en grado heroico […], y serán depo-
cabezado por el español Gabriel de Yermo, hecho sitadas en una caja que se conducirá a esta
que quitaba toda posibilidad a los criollos novo- capital, cuya llave custodiará en el archivo
hispanos y sus ayuntamientos de decidir en sus del Congreso.
destinos; por el otro, Hernán Cortés dejaría de […] Artículo 18. La caja que encierre los
ser un símbolo de cohesión eficaz entre los novo- venerables restos de los héroes expresados,
hispanos para, a la vuelta de una década y media, se trasladará a la Catedral el 17 de septiem-
en 1823, adquirir el signo contrario, el del villa- bre, con toda publicidad y pompa, dignas de
no. A partir de entonces, otras figuras ocuparían un acto tan solemne, en la que se celebrará
con su carga positiva el sitio que el conquistador un oficio de difuntos con oración fúnebre.
tuvo a lo largo de casi tres siglos. […] Artículo 22. En la Catedral se levan-
tará un sepulcro, en que se depositará la
caja con la inscripción que proponga la Uni-
Cambio de fortuna versidad y apruebe el gobierno.4

El cambio de fortuna de la imagen fundacional La construcción del símbolo fue más que sim-
de Hernán Cortés comenzó el 19 de julio de 1823. ple ajuste de cuentas; significaba que los inde-
El traslado del signo surgió del Decreto del Go- pendentistas tendrían una genealogía insurgen-
bierno Provisional Republicano 106, promulgado te, cuyas raíces se remontaban precisamente a
tres días después, en el que se declaró oficialmen- Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez, Morelos y
te “Beneméritos en Grado Heroico” a Miguel Hi- Matamoros, y no dejarían que Iturbide ocupara
dalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano el papel de libertador que se había construido
Abasolo, José María Morelos, Mariano Matamo- cuidadosamente desde 1821, ni que el 27 de sep-
ros, Leonardo y Miguel Bravo, Hermenegildo Ga- tiembre fuese el día conmemorativo oficial del
leana, José Mariano Jiménez, Francisco Javier nacimiento de México.
Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales.3
2
Ibidem, pp. 76-78. Las cabezas trocadas
3
Isauro Rionda Arreguín, Tránsito de los venerables res-
tos de los héroes de la Independencia Mexicana, introd. y pa-
leog. de Claudia Herbert Chico y Susana Rodríguez Betan-
court (ed. facs. conmemorativa “Año de Don Miguel Hidalgo una sencilla pirámide en su memoria. Llama la atención el
y Costilla, Padre de la Patria”), Guanajuato, Archivo Gene- hecho de que esta disposición sólo se cumplió parcialmente,
ral del Gobierno del Estado de Guanajuato, 2002. En la in- dadas las inestables circunstancias de la época. Sin embar-
troducción, Herbert y Rodríguez señalan: “[…] el Congreso go, este decreto no ha sido derogado nunca, por lo que su
ordena el cercado de los terrenos donde fueron sacrificados vigencia y obligatoriedad siguen en pie”, p. 12.
4
estos próceres y que en el centro de cada uno sea levantada Ibidem, p. 28.

64
Ensayos

La tarea señalada por el Decreto 106 para las au- la horca, en donde por mano de verdugo se
toridades locales y regionales no resultaba tan manifiesten, nombrándolos por sus propios
fácil en algunos casos: proscritos, los insurgentes nombres y patria, debiendo permanecer ex-
ejecutados o muertos en acción cumplieron con puestas el tiempo que vuestra Superioridad
los protocolos de las costumbres punitivas con- creyese conveniente y que esto se haga con
tra los rebeldes a la Corona. Mutilados, expues- todo el posible aparato que pueda imponer
tos a la mirada pública como ejemplo de la vio- al pueblo. Pocos días después, para el 20 de
lencia gubernamental contra cualquier vasallo octubre, Calleja se decidió a que los cuatro
“que levantara la mano contra el rey o sus repre- cráneos se quedasen en Guanajuato.5
sentantes”, los cuerpos de los insurgentes fueron
infamados como castigo. Así, se buscaron los lu- Por orden de Calleja, el Intendente Fernando
gares de sepultura y se inquirió por el destino de Pérez Marañón ordenó poner
sus cabezas: las de Allende, Aldama y Jiménez
se retiraron de las jaulillas de fierro en que se […] a un costado de dicha alhóndiga, como
colocaron en las cuatro esquinas de la alhóndi- paraje más transitable y visible del públi-
ga de Granaditas y se depositaron en el panteón co y en regular altura, con letras grandes
de San Sebastián en Guanajuato en 1821; la de y al óleo, se puso la inscripción siguiente:
Pedro Moreno, puesta en la pica para escarmien- Las cabezas de Hidalgo, Ignacio Allende,
to general en la villa de Santa María de los Lagos, Juan Aldama y Mariano Jiménez, insignes
nunca fue localizada. De esta forma, los despojos facinerosos y primeros caudillos de la insu-
comenzarían su procesión y desagravio rumbo rrección, que robaron los bienes del culto de
a la ciudad de México. Dios y el Real Erario, saquearon y arruina-
Las cabezas de los primeros insurgentes ha- ron las casas y haciendas, derramaron con
bían sido objeto de oprobio y convertidas en ob- la mayor atrocidad la inocente sangre de sa-
jeto de venganza ejemplar por parte del gobierno cerdotes fieles y magistrados justos, de ciu-
virreinal desde mediados de 1811. De modo que dadanos, amigos y parientes arrojaron por
después de varios meses de trasiego, los cráneos las calles y los campos desnudos, insepul-
salados de los caudillos Hidalgo, Allende, Alda- tos y para pasto de las fieras los venerables
ma y Jiménez llegaron a lo que el gobierno virrei- cadáveres de aquellas víctimas; de su furor
nal consideraría su destino último. La crónica de ahuyentaron a los prelados de sus iglesias;
Rionda Arreguín explica: rebelaron contra las legítimas potestades di-
vina y humana para sustituir la impiedad,
El 14 de octubre de 1811 llegaron las cabe- desolación y anarquía. Aquí clavadas por
zas de los héroes a la ciudad de Guanajuato, mandato del señor General don Félix María
por lo que de inmediato Calleja se dirigió al Calleja del Rey, ilustre vencedor de Aculco,
Intendente de la Provincia, Pérez Marañón, Guanajuato y Calderón y restaurador de la
disponiendo lo siguiente: Han llegado a esta América serán el testimonio de la justicia y
ciudad las cabezas de los infames caudillos el escarmiento de los impíos traidores, rebel-
y principales motores de la horrible insur- des, ladrones y asesinos.
gencia de este Reino, el cura de Dolores Mi-
guel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Irónicamente, Pérez Marañón sería la auto-
Juan Aldama y Mariano Jiménez […]; y con- ridad responsable de recoger los cráneos y co-
viniendo exponerlas al pueblo para el públi- menzar el desagravio en 24 de marzo de 1821 y
co escarmiento y vindicación de los ultrajes y enviarlos a San Sebastián; el antiguo oficial rea-
males que aquellos traidores han hecho a la lista jiquilpense, Anastasio Bustamante sería el
religión y al estado; dispondrá vuestra Su-
perioridad se levante un tablado debajo de 5
Ibidem, pp. 21-22.

65
Ensayos

8. Bandera tomada a Hidalgo en Puente de Calderón, reverso.

66
Ensayos

encargado de vigilar el cumplimiento de esta dis- de entonces, tímidamente y más como un acto de
posición.6 El camino a México adquirió una so- contrición, se mencionó el carácter de antihéroe
lemnidad inusitada: la costumbre cristiana de de Hernán Cortés.
venerar las reliquias santas se desdobló en la ve- Las palabras fueron eficaces por la necesidad
neración a los héroes. Al paso de los días se agre- de construir a los héroes propios de una nación
garon los cuerpos de los otros insurgentes seña- que rompía con su pasado. De este modo, un año
lados en el Decreto. después volvería a apelarse al demonio de la his-
toria. El 19 de julio de 1823, se aprobó el dicta-
Los restos que salieron de Guanajuato lle- men de la Comisión de Premios, con el propósi-
garon a la Villa de Guadalupe el 13 de sep- to de cargar de símbolos históricos a un país que
tiembre y con los honores debidos fueron buscaba rehacer su memoria. Lucas Alamán es-
depositados en la Basílica de la Virgen de cribió al respecto:
Guadalupe. […] Como a las doce y media
de la mañana del siguiente día 15, llegaron Buenos y meritorios los servicios hechos
a la misma villa los restos de José María Mo- a la patria en los once primeros años de la
relos; los que habían sido escrupulosamente Guerra de Independencia y beneméritos en
cuidados por el cura de San Cristóbal Ecate- grado heroico a Hidalgo, Allende, Juan Alda-
pec. Venían acompañados por tres orquestas ma, Abasolo, Morelos, Matamoros, don Leo-
de música, formadas por indios de diversos nardo y don Miguel Bravo, don Hermenegil-
pueblos, las que en lugar de sones tristes to- do Galeana, Jiménez, Francisco Javier Mina,
caban alegres y valses. El cadáver fue depo- Moreno y Rosales: mandáronse escribir sus
sitado en la misma Colegiata, uniéndose a nombres en letras de oro en el Salón de Se-
sus pasados compañeros de lucha.7 siones del Congreso; levantaron monumen-
tos a su memoria en los lugares en que fue-
El asunto, por supuesto, no caía nada bien ron ejecutados; y exhumaron sus cadáveres
a los seguidores del emperador destituido en en los casos en que pudieron ser hallados,
marzo de 1823. Y quizás todo debió resolverse para ser conducidos a México, haciéndoseles,
en aquel entonces en los territorios del debate el 17 de septiembre, un magnífico funeral en
coyuntural, sin trascender a los extraños episo- la Catedral, a cuya pompa concurrieron mu-
dios de historiografía marginal que toca la gue- chos de quienes los habían hecho fusilar.8
rra de las imágenes emblemáticas de las iden-
tidades mexicanas. Pero no fue así. Ya antes de En esta construcción de signos, los antiguos
cumplir su primer aniversario como nación inde- realistas perdieron una batalla política. Junto con
pendiente de España, diputados, periodistas, mi- el regreso de Iturbide a su proporción humana
litares y los miembros del poder ejecutivo tuvie- (por lo demás, exiliado) y con el desconocimiento
ron que enfrentar a los antiguos referentes de la del 27 de septiembre como fecha conmemorativa
memoria novohispana. La víspera del día de san oficial de la Independencia, la mayoría insurgen-
Hipólito de 1822 y el recuerdo del añoso festejo te del Congreso declaró:
del Pendón que conmemoraba la Conquista —
festejo ya proscrito por la Constitución de Cádiz […] beneméritos de la Patria a los prime-
pero presente en la memoria criolla— un dipu- ros caudillos independentistas; sus restos
tado llevó a la discusión el valor negativo de la fueron depositados en una ceremonia que
sujeción colonial y, por extensión, de su momen-
to primigenio, la caída de Tenochtitlán. A partir
8
Lucas Alamán, Historia de Méjico, México, Imprenta
de J.M. Lara, 1852, t. V, p. 711. Véase también Fernando
Serrano Migallón, El Grito de Independencia. Historia de
6
Ibidem, p. 27. una pasión nacional, México, Miguel Ángel Porrúa, 1981
7
Ibidem, pp. 35-36. [1988], pp. 59 y ss.

67
Ensayos

reflejaba el tamaño del desagravio que los sa de Mier”.10 A partir de la declaración de Inde-
responsables de cimentar la nación sentían pendencia los signos de la memoria cambiarían.
ineludible para los héroes fundacionales. Se
les depositó en el altar de los Reyes de ca- Todo lo que recordaba la secular dominación
tedral el 17 de septiembre de aquel año de se deturpaba; no se quería ni que hubiese
1823. a la vez que las cenizas de Hernán memoria de ella, y los legisladores mandaron
Cortés eran extraídas de su sepulcro por abolir los títulos y dones de Castilla, borrar
los representantes de sus herederos y con los escudos y los emblemas de esos títulos
la cooperación honrosa del gobierno, a con- y picar las armas esculpidas de los Reyes
secuencia de las excitaciones que a la plebe españoles, de la Inquisición y de los tribu-
se hacían para que tomase en inofensivas nales, que en templos y edificios públicos
cenizas venganza tardía si no ridícula.9 todavía ostentaban las fachadas de los pala-
cios, las torres, los acueductos y toda clase
Pero no faltó el pretexto incendiario, según re- de monumentos.11
lató el historiador Juan de Dios Arias: se recalen-
taron viejos odios con el conocimiento público de Fue entonces cuando se removió la estatua
algunas decisiones políticas en España. Así, las ecuestre de Carlos IV de Manuel Tolsá y se tras-
Cortes Españolas declararon nulos los convenios ladó al patio de la Universidad, “no faltando antes
entre españoles y los gobiernos americanos inde- de esto un imbécil que sugiriese la idea de fundir-
pendizados, capítulo final del desmoronamien- la para acuñar monedas”, escribió Luis González
to del imperio de Fernando VII. Diez días des- Obregón.12 En este ambiente tan preocupado por
pués de la intentona punitiva contra los restos de las fechas y una memoria histórica que debía refun-
Cortés, el comandante en Ulúa —último reducto darse fue cuando se propuso “que se quitaran los
colonial— disparó contra Veracruz y diez meses huesos de Cortés y demás insignias de nuestros opre-
después, Iturbide sería fusilado. sores, del templo de Jesús”, junto con el estandar-
Entonces, de manera definitiva en cuando te, “para olvidar el ominoso recuerdo de la Con-
menos dos siglos, la biografía simbólica de Cor- quista”. El padre Servando Teresa de Mier, tratan-
tés cambió de signo violentamente. No deja de do de evitar el desmán que esa propuesta extrema
ser irónico, pues en una misma generación, hom- tenía aparejada, pidió que el estandarte y la ins-
bres comprometidos con la Independencia, antes cripción se guardaran “como monumentos de an-
ya habían participado de los rituales conmemora- tigüedad que siempre eran recomendables para
tivos de la Conquista como gesta fundadora y de perpetuar la memoria de los hechos, aun cuan-
Cortés como su protagonista; en 1822 y 1823 tras- do éstos no hubiesen sido favorables”.13 Es inte-
tocaron su solemnidad en hostilidad. Así, por ejem- resante notar la evolución política de los perso-
plo, la primera semana de julio de 1794, se efec- najes involucrados en todo este episodio genésico
tuó el sexto traslado de los restos de Cortés, esta de la idea de historia patria. El mismo padre Mier,
ocasión de la iglesia de San Francisco a la de Jesús antiguo apologista de Cortés tres décadas antes,
Nazareno anexa al Hospital de Jesús; el día 8 de hacía notorio el cambio en 1822: “El doctor don
julio “se hicieron las honras fúnebres en las que Servando de Mier escritor célebre, descendiente
presidió, por más de tres cuartos de hora, un fraile del último emperador de México, Quautemoczin
que se haría después famoso: fray Servando Tere-
10
Cit. por Francisco de la Maza, “Los restos de Hernán
Cortés”, en Cuadernos Americanos, núm. 32, marzo-abril
de 1947, p. 163.
11
Luis González Obregón, México viejo y anecdótico, Méxi-
co, Librería de la Viuda de Ch. Bouret, 1909, pp. 214-215.
9 12
Juan de Dios Arias, México a través de los siglos, t. VII, Ibidem, p. 215.
13
“México Independiente”, México, Cumbre, 1977, p. 206. Idem.

68
Ensayos

[…] Esta es la verdadera causa porque se me explicación de las causas del “descubrimiento” de
desterró a España hace 25 años y no se me dejó los restos del conquistador en noviembre de 1946.
volver […]”.14 También era previsible el desenlace de tal encuen-
En 1823, con motivo del traslado de los restos tro de reliquias: en 1823 el ambiente se perfiló
de los insurgentes a la Catedral Metropolitana, contra el antiguo héroe por obra de “oradores del
se “despertó nuevamente el recuerdo poco grato momento, lanzando discursos calentados con in-
de los dominadores, a lo cual contribuyó más la sultos a Cortés”. En esos días circularon folletos
publicación de varios impresos que referían las con títulos tan novedosos como las costumbres
crueldades de la Conquista”, en los que se exci- que inauguraba la vida independiente: “El Pen-
taba al pueblo a quemar los restos de Cortés en dón se acabó y la memoria de Cortés quedó”; o
San Lázaro:15 “Muerte y entierro de don Pendón”; o “Los cu-
riosos quieren saber en qué paran los huesos de
Una figura oratoria empleada en el discur- Cortés”.18 El ambiente cargado de retórica políti-
so cívico de aquel año, acabó de alarmar a ca tenía como supuesto de su eficacia discursiva
los que abrigaban esos exagerados temo- el apelar a la memoria de la Colonia como época
res, pues en el calor de la perorata se pedía de ignorancia y fanatismo. De la Maza afirmó, no
“un rayo del cielo cayese sobre la tumba de sin un cierto abuso contrario a la precisión: “Se
Cortés”, y el “rayo retórico” no destruyó el pedía que los restos fuesen arrastrados por las
sepulcro, pero sí espantó a las personas tí- calles y quemados en San Lázaro, lugar donde la
midas encargadas de vigilarlo, quienes pro- Inquisición prendía sus hogueras para los indios
cedieron desde luego a “hacer desaparecer heterodoxos y homosexuales”.19
del todo el sepulcro, que había quedado cu- Volvamos al episodio de 1823. Mientras se
bierto después de sacadas las cenizas que colocaban los restos de los nuevos héroes en el
contenía”.16 […] Fueron unos cuantos es- Altar de los Reyes, se corrió el rumor de que se
critores, y una metáfora imprudente, lo que terminaría con el héroe de la Nueva España más
engendró la idea de hacer desaparecer el se- connotado. Lucas Alamán escribió:
pulcro, y éste desapareció a manos de sus tí-
midos guardianes […].17 Los temores de que así se hiciese fueron
tales y tan fundados […] que el Sr. Provi-
sor, a consecuencia de las contestaciones
El crepúsculo del héroe que tuvo con el Sr. Jefe Político, mandó al
Capellán mayor del Hospital, Dr. D. Joaquín
“El choque de los huesos de conquistador con hue- Canales, que en la noche que precedió al
sos insurgentes era inevitable”, escribió Francis- 16 de septiembre, procediese a sepultar en
co de la Maza un siglo más tarde, al ensayar una lugar seguro los huesos de Cortés, como lo
verificó, habiendo yo intervenido en la pron-
14
Cit. por David Brading, Orbe indiano. De la monar- ta ejecución de estas órdenes en virtud de las
quía católica a la república criolla, 1492-1867, México, FCE,
1991; Servando Teresa de Mier, Historia de la revolución de funciones públicas que desempeñaba.20
Nueva España, México, FCE, 1986 [1813], t. II, p. 30; Ser-
vando Teresa de Mier, Memoria político-instructiva enviada Trece años más tarde se hizo otra exhumación
desde Filadelfia en agosto de 1821 a los gefes independien- e inhumación de los restos del conquistador. El
tes del Anáhuac, llamado por los españoles Nueva España,
México, Ofna. de M. Ontiveros, 1822. motivo, esta vez, era de índole moral. Francisco
15
Luis González Obregón, op. cit., pp. 215-216. de la Maza conjeturó que a
16
Cit. por Lucas Alamán, Disertaciones sobre la histo-
ria de la República mexicana, México, Conaculta (Cien de
18
México), 1991 [1844], t. II, pp. 59-60; Luis González Obre- Cit. por Francisco de la Maza, op. cit., p. 164.
19
gón, op. cit., pp. 217-218. Idem.
17 20
Luis González Obregón, op. cit., p. 219. Idem.

69
Ensayos

don Lucas Alamán le dolía en secreto que de 1836; el segundo el 12 de abril de 1837.
los huesos de Hernán Cortés estuviesen en El sagaz Alamán se adelantaba, en todos
el suelo, con humedad y en sepulcro impro- los detalles, a la política que pronto debe-
visado, por lo que decidió, en septiembre ría sobrevenir.22
de 1836, trasladarlos a lugar más decoroso,
aunque siguiesen todavía anónimos y ocul- Poco más de un siglo después, en 1945, el his-
tos.21 toriador José C. Valadés, conociendo el acta de
Alamán, buscó los huesos en la pared correcta
Queda fuera de duda que los contenidos simbó- de la iglesia. Nada encontró: excavó unos 50 cms.
licos de las reliquias seguían el ritmo de la política. más abajo de lo debido. En 1946, el documento
De la Maza explica el sentido que tuvo, para Lucas cambió de manos y llevó a los historiadores Al-
Alamán, volver a la iglesia de Jesús y, regresando berto María Carreño, De la Maza, Baeza y More-
a las coordenadas originales, mantener el secre- no Fraginals a encontrar la tumba de Cortés: se
to. De hecho, el movimiento, atestiguado ante no- trataba de un acta notariada, debidamente fir-
tario, sería conocido por un grupo pequeño, “sin mada por quienes participaron en ese regreso del
darlo a la luz a las masas ora patrióticas ora des- suelo al nicho en 1836. Una copia quedó ente-
esperanzadas, ora vengativas, ora buscadoras de rrada, resguardada por un tubo de plomo; otra
su identidad”. Una larga nota de De la Maza deja más, la dio Lucas Alamán a la embajada de Es-
claro el asunto, la cual con signo contrario, sería paña en 1843. De la Maza, Moreno y Baeza invi-
causa de polémica y creadora de mitos y fraudes taron a Edmundo O’Gorman y a Alberto María
poco más de un siglo después de este primer giro Carreño para ayudar en las pesquisas. Sólo Ca-
simbólico. De la Maza aventura que rreño aceptó.

[…] en septiembre de 1836 se gestaban El 11 de noviembre nos reunimos en casa


dos hechos de suma importancia para don de Carreño para leer el documento. Cuando
Lucas Alamán: el reconocimiento de la In- Baeza dio fin a la lectura, Carreño y yo nos
dependencia de México por España con el convencimos de que aquel papel decía ver-
establecimiento de relaciones amistosas dad. Era un acta notarial eclesiástica, cuyos
entre las dos naciones y la vuelta del des- firmantes eran personajes conocidos en la
tierro de su amigo, el futuro presidente por historia de México; además, la redacción y
segunda vez, don Anastasio Bustamante. los detalles minuciosos confirmaban su au-
En el primer caso Alamán se congraciaba tenticidad. ¿Qué hacer entonces? Sencilla-
personalmente con la Madre Patria y no le mente sacar los restos. Y sacarlos nosotros
daba al Embajador, que pronto vendría, el solos. ¿Por qué? Porque recurrir a una insti-
triste espectáculo de ver a Cortés pudrién- tución libre u oficial sería entorpecer, sobre
dose en el suelo. En el segundo aseguraba todo en tiempo, la investigación; además
la respetabilidad del nuevo entierro con la ¿quién aseguraba que estaban todavía los
presencia en el poder de uno de los persona- restos en el lugar que explicaba el Expedien-
jes más conspicuos del partido conservador. te? Era necesario que la búsqueda fuera per-
Recuérdese que en 1838 uno de los prime- sonal, rápida, audaz, sin reticencias protoco-
ros actos de Bustamante fue traer a la ciu- larias y, sobre todo, en secreto, ya que dado
dad de México, con gran solemnidad y en el caso que se fracasara, ni trascendía inde-
plan de glorificación, los restos de Agustín bidamente, ni quedaba en ridículo la institu-
de Iturbide. Los hechos apuntados tuvie- ción a la cual hubiéramos recurrido.23
ron efecto, el primero, el 28 de diciembre
22
Ibidem, p. 166.
21 23
Idem. Ibidem, p. 169.

70
Ensayos

9. Alegoría de las autoridades españolas e indígenas de Ecatepec.

71
Ensayos

El descubrimiento fue un éxito periodístico, —¿Cree usted que la prueba a que asistimos
como siempre que se tocaba —y toca— el asun- sea concluyente?
to de las reliquias de personajes fundacionales. —La prueba documental es irrecusable-
Apareció la caja, envoltorio, huesos y papeles que contestó
daban testimonio, no de que fueran los restos de —¿Puede usted afirmar que no haya
Cortés, sino de que esos fueron los que Alamán lugar a duda acerca de la autenticidad de
enterró como de Cortés. Los huesos, además, los restos?
mostraban signos de deterioro en vida. Por su- —Yo creo que sí son; pero no lo afirma-
puesto, se organizó una comisión investigadora ré definitivamente, hasta después de que
y se ordenó un estudio histórico, osteológico y de se hayan hecho los estudios científicos ne-
antropología física, para determinar la autentici- cesarios.
dad de los restos como de Cortés, así como sus ca- Era sensata esa opinión, pues no se trata
racterísticas personales al momento de morir. En aquí de un juego o de una cuestión baladí.
principio una copia del manuscrito depositado Todo el mundo se interesa en estos momen-
por Alamán fue solicitado oficialmente por Silvio tos por el descubrimiento más sensacional
Zavala, director del Museo Nacional de Historia del siglo, en materia de Historia.25
—y por ello miembro de la Comisión del INAH— a
la Embajada de la República Española en 1946, El caso del estudio de los huesos, en fin, fue
a fin de hacer el cotejo y el examen histórico de turnado a los más afamados especialistas del Ins-
su autenticidad. El cotejo resultó positivo. No sin tituto Nacional de Antropología e Historia, en-
un cierto desorden, causado por la importancia cabezados por Eusebio Dávalos, quienes tiempo
que los periodistas dieron al descubrimiento. De después emitieron su dictamen: se trataba de un
la Maza recordaría que fue: individuo de 1.58 m de estatura, empequeñeci-
do por la edad y con afecciones serias (osteitis y
[…] inútil querer, por parte de los miem- osteosis) de origen no infeccioso: en pocas pala-
bros del Instituto (Nacional de Antropolo- bras, el hombre padecía raquitismo de anciano al
gía e Historia) que hubiese orden y decoro. morir. Concordaba esto con las descripciones que
Ante cientos de curiosos se abrió la urna de de Hernán Cortés dejaron las antiguas crónicas:
cristal en busca del documento que confir- hombre de aproximadamente 1.60 m de estatu-
maba la autenticidad de los restos. Don Al- ra, con una lesión en un brazo; murió a los 63
berto María Carreño, el doctor Benjamín años. Al terminar el peritaje, se decidió regresar
Trillo y el doctor Daniel F. Rubín de la Bor- los restos al lugar de su tumba.
bolla, oficiaron. Cuando el tubo apareció, se Por su parte, el criminalista más influyente
designó al doctor Silvio Zavala, como direc- del momento, Alfonso Quiroz Cuarón, decidió
tor del Museo de Historia, para que leyese emitir otro peritaje, habiendo revisado las foto-
el documento. Carreño pidió a la concurren- grafías de los huesos. Su dictamen desmentía el
cia que fuese él quien diera lectura. Silencio de los antropólogos físicos, sin embargo remitía
absoluto. Y lo leyó.24 a una petición de principio: tenía el defecto de no
haber revisado el objeto de su análisis sino sus
La nota periodística de Jacobo Dalevuelta, imágenes fotográficas (aunque afirmó que actua-
jefe de información de El Universal (29 de noviem- ba con toda pulcritud científica). La conclusión
bre de 1946), describe el suceso que atestiguaron
el 24 y 25 de noviembre. Dalevuelta entrevistó
brevemente a Silvio Zavala. Esto fue lo que los 25
Cit. por Alberto María Carreño, “Hernán Cortés y el
lectores del diario leyeron el 29 de noviembre: descubrimiento de sus restos”, en Memorias de la Acade-
mia Mexicana de la Historia, t. VI, núm. 4, octubre-diciem-
24
Ibidem, pp. 171-172. bre de 1947, p. 388.

72
Ensayos

de Francisco de la Maza resultó profética, pero a El 17 de febrero, después de una presión pe-
la inversa. Escribió entonces que: riodística más o menos fuerte —como la que sin-
tieron los descubridores de los restos de Cortés
[…] hacer notar que, por la forma indepen- en noviembre de 1946— y quizás ante la más po-
diente y personal en que se hizo el descu- derosa insistencia del gobernador de Guerrero,
brimiento, se destruyó una simulación, un el general Baltasar Leyva Mancilla, la conocida
mito histórico que traía inquietos desde hace historiadora y arqueóloga Eulalia Guzmán fue
cien años a los aficionados a estas cosas. Esta comisionada por el INAH para ir a Ichcateopan
simulación ha estado sostenida por institu- y rendir un informe sobre el asunto. La lista de
ciones y personas interesadas en ello. Los los documentos que motivaron el viaje de la pro-
huesos de Cortés sería, en un momento fesora Guzmán, cuatro con la supuesta firma de
oportuno, un símbolo. Quienes sabían dónde Motolinía, llamaban a la incredulidad; entre los
estaba enterrado y no lo habían sacado era más notables e inverosímiles estaba el libro Des-
porque esperaban “la mejor ocasión”, pero tierro de ignorancias, publicado en la segunda
¿la mejor ocasión de qué? De servirse de la mitad del siglo XVIII, con anotaciones al margen
bandería cortesiana, del símbolo que repre- y la firma imaginaria de Motolinía; había varios
senta o pudiera representar, en un momento documentos también con las firmas de Motolinía
dado, la figura de Hernán Cortés. Ahora ya y unos “Cuadernos de Florentino Juárez”, abue-
no es posible. El mito se ha deshecho”.26 lo de Salvador Rodríguez Juárez, entre ellos uno
denominado “Instrucciones de Dn. Florentino
Profecía a la inversa, porque faltaba un capí- Juárez a sus hijos al dejarles en guarda los docu-
tulo todavía. Era enero de 1949. La descripción mentos referentes a Cuauhtémoc”.
de los restos y la enfermedad senil de Cortés ya Forma y contenido de los documentos, en con-
no parecían importantes para ningún mexicano, junto y uno por uno, apuntaban a una falsifi-
excepto para los hispanistas, y quizás para un cación. Con seguridad Eulalia Guzmán lo supo
lector interesado del dictamen de Quiroz Cua- desde la primera mirada; sin embargo, no se pro-
rón: Diego Rivera, quien ya había decidido pintar nunció nunca en su contra. De hecho, sin descali-
a Cortés como un sifilítico deforme. La contienda ficarlos, la profesora Guzmán estableció una ruta
electoral por la presidencia comenzaba, de mane- de investigación y organizó la posible polémica
ra sorda, ese mismo año de 1949. Y los muros con con el historiador Salvador Toscano, también del
sus discursos plásticos deberían atajar el regreso INAH, y que entonces preparaba una biografía de
de los conservadores. Cuauhtémoc; biografía que podemos conjeturar
No hubo coincidencia, sino lógica: la lógica de ahora no sería una apología más del panteón cele-
la conspiración. Apenas un mes después de la bratorio nacional, sino un estudio de iconografías
resolución de Quiroz Cuarón, de su contunden- y análisis de códices y crónicas.27 En septiembre,
te dictamen sobre los restos de Hernán Cortés y casi en secreto y siguiendo las indicaciones de los
sus alegatos ideologizados con el ropaje del voca- papeles de Florentino Juárez, la comisionada del
bulario científico, El Universal publicó una nota INAH mandó derribar el altar de estilo neoclásico
que abriría la llaga sobre las raíces del México de la iglesia local: Santa María de la Asunción.
heroico. Fechada el 7 de febrero de 1949 desde
Teloloapan, se dijo que: “un señor apellidado Ro-
27
En 1951, Rafael Heliodoro Valle preparó la edición de
las notas de Salvador Toscano, Cuauhtémoc, México, FCE,
dríguez, vecino de Ixcateopan, encontró un im- 1953. Este libro se sigue leyendo hasta nuestros días en sus
portantísimo documento del padre Motolinía, diferentes reediciones. Que no fuera el que Toscano tenía en
según el cual se pretende haber localizado el sitio mente es una conjetura, pero resulta plausible si se atiende
a su trayectoria intelectual. Véase mi texto “Cuauhtémoc,
en que fue sepultado Cuauhtémoc”. Águila del Crepúsculo”, en Constanza Vega, Rodrigo Mar-
tínez y Salvador Rueda, Códices y documentos indígenas.
26
Ibidem, p. 173. Segundo simposio, 2 vols., México, INAH, t. II, 1997.

73
Ensayos

Después de levantar el acta correspondiente y quiso armar, el léxico plástico que describía a los
hacer algunas calas, encontró los restos de varios protagonistas de la historia patria: Cuauhtémoc
sacerdotes enterrados en el interior del templo. y, por obra del dictamen de Quiroz Cuarón, de
Según declaró, no se sintió satisfecha y continuó Hernán Cortés. La intención no debió extrañar.
el trabajo. En otra cala, a medio metro de pro- Diego Rivera era sin duda un genio del lenguaje.
fundidad, encontró varias piedras apiñadas con Armado de papel y carbón, frente a un esqueleto
el propósito de proteger lo que ahí se depositó. Al magramente organizado (hoy sabemos que utilizó
levantarlas, “se encontró lo que se buscaba”. El poco más de un centenar de huesos, depositados
acta del día asentó el prodigio heroificador, las re- en la tumba bajo el altar mayor de la iglesia de
liquias que harían contrapeso a Cortés: Santa María de la Asunción de Ichcateopan, per-
tenecientes a más de cinco personas) Rivera di-
[…] apareció una placa ovalada de cobre en de- bujó la silueta de un individuo robusto, de cerca
clive hacia el Este, a medio enterrar en una de 1.75 m de estatura. El estudio de los dientes y
tierra carbonosa, que contenía en su mayor la fortaleza de algunos huesos escogidos se ajus-
parte fragmentos de hueso calcinado […] taban a la imagen preconcebida por el artista:
Sacada la placa, se distinguió sobre la su- se trataba de un hombre de alrededor de 25 años
perficie gris una cruz y al pie de ésta la ins- de edad al momento de su muerte, con una seria
cripción 1525-1529 Rey é S Coatemo. Abajo lesión en el pie, según se pensó al ver las marcas
del óvalo, atravesada de NE a SO, estaba de cicatrización en un calcáneo deforme, y que
una punta de lanza, de cobre.28 se dijo pudo ser resultado de una quemadura se-
vera. Lo importante era su proporción estética,
El 26 de septiembre de 1949, Eulalia Guz- a pesar de reiteradas declaraciones sobre la bús-
mán declaró públicamente haber descubierto la queda de la verdad histórica y el respeto a la ob-
tumba de Cuauhtémoc. Horas después, valga jetividad científica. Proporción estética: fornido,
la acotación al margen, el destino clausuraría las más alto y de mejor presencia que su victimario
posibilidades de polémica sobre los rasgos de la histórico, Hernán Cortés. Cuauhtémoc, primer
biografía simbólica del último tlatoani: Salvador héroe del nacionalismo mexicano y último tla-
Toscano, el estudioso que pudo poner en duda la toani mexica, reescribía en Ichcateopan el últi-
posibilidad de que Cuauhtémoc de Ichcateopan mo capítulo del mundo prehispánico que inte-
fuese necesariamente el tlatoani mexica, moriría rrumpió la larga noche colonial, según veían sus
en un accidente aéreo en el Popocatépetl. Serían inventores Rivera, Quiroz Cuarón, Eulalia Guz-
otros, entre ellos el director del Museo Nacional mán, Luis Chávez Orozco y una decena más de
de Historia, Silvio Zavala, los encargados de des- estudiosos.
enmascarar la impostura como miembros de una Diego Rivera, Alfonso Quiroz Cuarón y Eula-
Comisión Dictaminadora de los hallazgos de Ich- lia Guzmán conspiraban. Lograr la aceptación de
cateopan. Al igual que en el suceso de la iglesia de la imagen armónica de Cuauhtémoc era parte de
Jesús Nazareno, los de la iglesia de Santa María una tarea tan urgente como compleja: las fatigas
de la Asunción harían correr tinta en la prensa del criminalista Quiroz Cuarón y del pintor Diego
escrita. Pero esta vez tomaría sabores amargos Rivera se dirigían a la recreación de la historia
entre sus participantes. nacional (tarea de Eulalia Guzmán), a la refunda-
Una fotografía de 1950 nos descubre los pro- ción de sus mitos y a la construcción visual de sus
pósitos de los estudiosos reunidos en Ichcateo- héroes, y de paso de sus villanos. El hecho histó-
pan en torno a Eulalia Guzmán. Se armaba, o se rico y el hecho estético serían, entonces, los pila-
res de una historia que conciliaba la dureza de un
28 pasado trágico con el presente de un país prome-
Alejandra Moreno Toscano, Los hallazgos de Ichcateo-
pan, 1949-1951, México, IIH-UNAM, 1980, cit. en Salvador tedor. La tarea no era menor. Se buscaba estruc-
Rueda, op. cit., p. 20. turar los signos conocidos con los recientemente

74
Ensayos

inventados, de historias intachables con las con- de los fenómenos futuros en un sentido pro-
jeturas novedosas. Se trataba del mito moderno gresivo beneficioso para la colectividad.30
de la patria. A Silvio Zavala tocó la tarea de revi-
sar la autenticidad de los documentos que fueron Vale la pena apuntar una coincidencia: en 1823
el origen del descubrimiento de los restos bajo el se borró el 27 de septiembre como fiesta oficial de
altar de Santa María de la Asunción.29 conmemoración. A partir del 27 de septiembre de
Por supuesto, como todo polemista, ni Eulalia 1949 se reivindicaba a Cuauhtémoc: Cortés, como
Guzmán y su grupo, ni Diego Rivera, aceptarían antes Iturbide, pasaría a la sombra del panteón
los resultados de la Comisión Oficial Dictamina- nacional. El mito de fundación que remontaba
dora. No lo hacían porque no se trataba de un a la Conquista sería enriquecido con elementos
debate científico, en el que la razón prevalecería agregados: el héroe Cuauhtémoc dejaba de ser
por su carga de pruebas favorables; importaba un oscuro tlatelolca al que las circunstancias de
otra cosa: los símbolos de la patria, que buscaban la guerra y la epidemia de viruela llevaron a en-
cerrar el círculo que comenzó en noviembre de cabezar la resistencia mexica durante el último
1946 con el descubrimiento de los restos de Cor- capítulo del sitio de Tenochtitlán; su nueva bio-
tés. Los polemistas no perderían la oportunidad. grafía, completada por los datos aportados por
Hay coherencia en los principios políticos de cuan- los documentos de Ichcateopan, lo hacía casi un
do menos uno de los conspiradores. En una carta predestinado. Según éstos —sin hacer caso a la
de Diego Rivera a Luis Castillo Ledón, primer di- evidente falsificación documental— el pudor de
rector del Museo Nacional de Historia de Chapul- un fraile (Motolinía) y el rechazo secular de los
tepec, firmada en Coyoacán probablemente entre indios a los explotadores españoles y sus descen-
febrero y abril de 1942 (si se considera que car- dientes mantuvieron en resguardo privado esa
tas de Mario Pani, José Clemente Orozco y Carlos “otra” parte de la historia, que ahora se abría al
Obregón Santacilia con el mismo asunto —un dic- público. El secreto develado, con las sanciones po-
tamen sobre unos murales— forman parte de la líticas oficiales, podía entrar en la mitografía por
misma serie en el cuerpo documental de Castillo el vehículo de la pintura: esa sería la tarea de
Ledón), el pintor expuso al historiador sus ideas Rivera. De tal manera se cerró el círculo plástico
sobre la utilidad del conocimiento del pasado. No que, haciendo a un lado el dictamen de los an-
había duda de su papel de ideólogo; su misión era tropólogos físicos que señalaban que las defor-
encauzar el presente. Rivera escribió: maciones de Cortés eran producto de su vejez,
Rivera propondría un anacrónico Hernán Cortés
[…] el verdadero revolucionario conscien- siempre senil, sifilítico y monstruoso en el mo-
te poseedor de teoría y práctica, es siempre mento de enfrentar a sus atléticos oponentes in-
el guardián más celoso de todo aquello que dígenas. La imagen inventada por Alfonso Quiroz
es documento histórico parte del desarrollo Cuarón, fue retomada por Diego Rivera y trasla-
de la sociedad que él quiere revolucionar; no dada, con estilo propio, a los murales de Palacio
hay revolucionario verdadero sin que posea Nacional y del Teatro de los Insurgentes, factu-
la ciencia política necesaria, y esta se funda rados entre 1949 y 1951. Rivera y Quiroz Cuarón
precisamente en el conocimiento profundo de se tomaron la libertad, en su reconstrucción del
la historia, cuyos fenómenos pasados permi- mito de la historia patria, de castigar a los muer-
ten al estadista controlar los presentes y pre- tos (para robarle la frase a Edmundo O’Gorman,
ver los que advengan en el porvenir, y al re- quien se había negado a participar en el descubri-
volucionario, tratar de encausar [sic] el curso miento de la tumba de Cortés). El conquistador
del presente para acelerar el cumplimiento fue rebajado a un ser patológico y repugnante;

29 30
Para el análisis de los estudios y escritos de Zavala al Archivo Histórico Dr. Silvio Zavala, BNAH-INAH, Sec-
respecto, véase Salvador Rueda, op. cit. ción Instituciones, Serie INAH, caja 1, exp. 3.

75
Ensayos

10. San Miguel Arcángel, Hotel La Soledad.

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Ensayos

como contraparte, Cuauhtémoc debía elevarse de de Florentino Juárez; Luis Reyes concluyó que
la simple calidad humana, tanto por el tamaño de fue Salvador Rodríguez Juárez, nieto de Floren-
su tragedia como por su tamaño estético. tino, partero y (hoy lo sabemos por las pesquisas
La polémica, por supuesto, adquirió tonos de Ruth Arboleyda en los papeles históricos del
agrios. Diego Rivera llegó a pedir, en un desplan- INAH) empleado como inspector de monumentos
te que le era muy propio, que se fusilaran por la en la década de 1930, el autor de los documentos.
espalda, acusados de traición a la patria, a quie- Y se sospechó, como siempre, que la profesora
nes no aceptaban la tesis de la profesora Guz- Eulalia Guzmán inventó la tumba.
mán. Dolidos pero firmes, los miembros de la Co-
misión que declaró la impostura se sostuvieron
e intentaron olvidar los ataques sufridos contra La piel del historiador
su ética profesional.
En el mecanoescrito de su dictamen, Zavala Permítaseme ensayar una conclusión a este en-
opinó que los documentos falsos fueron elabora- sayo. Se trata de una relectura de cómo los his-
dos por Florentino Juárez entre finales del siglo toriadores estamos más que inmersos en los pro-
XIX y principios del XX. Además, se permitió una blemas de nuestros propios tiempos —no sólo los
licencia que tachó para la versión impresa. El di- sociales y económicos o políticos, sino también
rector del Museo Nacional de Historia cuidó de en los del debate intelectual— y cómo pareciera
no entrar en los terrenos de la polémica no his- que el destino nos lleva de la mano. No quiero
toriográfica que buscaban Rivera, Quiroz Cuarón dejar de mencionar que la decisión de don Silvio
y Eulalia Guzmán. En su mecanoescrito se per- Zavala me recuerda a la de Polibio —según nos
mitió el desahogo; en su versión impresa preva- explica en su ensayo “La piel del historiador” el
leció el instinto por conservar intacta la piel del italiano Arnaldo Momigliano— pues Polibio ne-
historiador, la que permitió a Polibio sobrevivir cesitó de su inteligencia para sobrevivir a las
dos mil años antes. violencias interesadas de sus contemporáneos.
Treinta y seis años después, una nueva comi- Creo que don Silvio la pensó dos veces antes de
sión interinstitucional y multidisciplinaria revi- enfrentar a Diego Rivera y servirle de trampo-
só documentos, huesos, edificios, tradición oral, lín, pues Rivera no hubiera perdido la ocasión
contexto histórico y los pormenores del descu- de medirse con un contrincante que le dejaría
brimiento de Eulalia Guzmán. Participó en ella bastante publicidad. Un poco de razonable ins-
una generación nueva de estudiosos especialis- tinto de sobrevivencia. Don Silvio cumplió cien
tas, entre quienes estaban Guillermo Bonfil, Ar- años de vida en 2009, lúcido; Polibio murió al
turo Romano, Eduardo Matos, Sonia Lombardo, caérsele encima el caballo cuando montaba; tam-
Alejandra Moreno Toscano, Luis Reyes García, bién lúcido, tendría 80 años. La comparación es
entre otros; representando al Museo Nacional de un ejemplo de las bifurcaciones que aparecen en
Historia, la historiadora Alicia Olivera encabezó el camino de las vidas profesionales de muchos
al equipo que buscó los mecanismos de la tradi- historiadores: son capítulos marginales, pero que
ción oral en torno al entierro de Cuauhtémoc. Al nos ligan con varias generaciones, desde Lucas
igual que en 1949-1950, la presión del gobierno Alamán hasta Silvio Zavala y Luis Reyes; desde
del estado de Guerrero, el apoyo del presidente Carlos María de Bustamante hasta Francisco
Luis Echeverría y alguna prensa, apresuró las la- de la Maza; desde Eulalia Guzmán a Diego Ri-
bores, pero no influyó en la respuesta de los cien- vera; desde Eusebio Dávalos y Quiroz Cuarón
tíficos. Los resultados de 1976 fueron parecidos a hasta Romano; desde Alicia Olivera, Alejandra
los que ofreció la Comisión en 1950. Sólo cambió Moreno Toscano y Sonia Lombardo hasta Silvio
un nombre, el del responsable de la ficción: Silvio Zavala, Salvador Toscano, Laura Espejel, José
Zavala pensó que la falsificación de los documen- Ortiz Monasterio, José Antonio Pompa y Salva-
tos y la factura de la inverosímil tumba era obra dor Rodríguez Juárez… El nudo de nombres es

77
Ensayos

enorme. No son los únicos, por supuesto, envuel- guna dignidad los restos de los héroes de la Inde-
tos en las extrañas corrientes que desatan los ru- pendencia. Se trató de una convocatoria eficaz:
mores, las conspiraciones y las falsificaciones al
confrontarse con la verdad histórica. Baste recor- Una visita que varias personas —entre ellas
dar que no sólo en Ichcateopan se falsificó a Mo- algunos periodistas— hicieron a las criptas
tolinía; ya O’Gorman había dado cuenta de que húmedas y sombrías de Catedral, unos ar-
el superior franciscano responsable de la orden, tículos publicados en los diarios de la Capi-
presionado por el gobierno de Felipe II al medio- tal y una iniciativa presentada en el seno
día del siglo XVI, falsificó la firma del fraile en de la Corporación llamada “Gran Familia
una obra que, por sus equivocaciones, no podía Modelo”, a fin de que las sociedades mu-
ser de su mano. Pero también podemos pensar en tualistas compraran una urna para guardar
fray Martín Durán, personaje inventado por Car- aquellos venerables despojos mortales, lo-
los María de Bustamante y copiado por Francisco graron despertar el recuerdo de que esas re-
Sosa, de quien José María Vigil puso en duda su liquias merecían otro lugar más digno que
existencia y Joaquín García Icazbalceta lo des- el que ocupaban, y de que, si bien la socie-
cartó; o el cráneo de Morelos, que hacia prin- dad está dividida en grupos, más que por la
cipios del siglo XX llevó a un largo dictamen de política, por detalles de ritual eclesiástico, o
Nicolás León y determinar que se trataba de los por grados de fervor religioso […] el pueblo
restos del escultor Patiño Ixtolinque, por mencio- entero está obligado, sin distinción de ideas
nar algunos. Experiencias que descubren insóli- y principios a honrar la memoria de quienes
tos destinos cruzados. Es posible terminar con honraron a la patria al libertarla del domi-
este ejercicio de memoria con un relato que ama- nio extranjero y proporcionarle las institu-
rra otra vez a 1823 y los restos de los héroes de ciones liberales que nos rigen.
la Independencia.
El 6 de enero de 1895 nacía un semanario ilus- El resultado fue la apertura de una suscrip-
trado que se publicaría los domingos para repar- ción para comprar una urna que costaría 350
tirse en los domicilios de los suscriptores; llevaría pesos. Luego de reseñar brevemente la llegada
el nombre de El Mundo. Semanario Ilustrado. En de los restos de los insurgentes en 1823, seña-
su página inicial, con una gran fotografía del in- la que no hubo cuidado en mantener las identi-
terior de la Catedral, el semanario abría con una dades personales de cada uno: “se reunieron en
efeméride. Al hacer una reseña sobre el Altar de completa confusión”, afirmó:
los Reyes con motivo de la Epifanía, el reportero
de El Mundo describía la historia legendaria de […] con extraordinaria pompa fueron tras-
los Reyes Magos y la belleza churrigueresca del ladados […] a la iglesia de Santo Domin-
altar. De paso, hizo notar el deplorable estado en go, donde según se dice, al pretender sepa-
el que se encontraba la cripta en la que se guar- rarlos el Jefe Político, los mezcló más de lo
daban los restos de Hidalgo, Allende, Aldama, Ji- que estaban, a juzgar por el hecho de haber-
ménez, Mina, Morelos y algunos de los insurgen- se encontrado entre los que se suponían de
tes declarados héroes en 1823, “[…] cada uno de Mina, algunos de D. Pedro Moreno, que fue
los cuales tiene las respectivas iniciales para dis- notable por su estatura gigantesca.31
tinguirlos”. Inquietó una pequeña observación al
final de la página 1: “En el fondo del ataúd hay Obviamente, no tenía cráneo por haberse per-
otros restos, todos en la imposibilidad de ser si- dido desde que se expuso públicamente como es-
quiera tocados porque están deshaciéndose”. carmiento. De hecho, una etiqueta con una letra
El Mundo no quitó el dedo del renglón. En su fue el único elemento de identidad y registro, con-
número del 4 de agosto de 1895 informó que se
tomaron algunas medidas para resguardar con al- 31
El Mundo. Semanario Ilustrado, agosto 4 de 1895, p. 8.

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Ensayos

fuso en sí mismo si atendemos, por ejemplo, que Fue en este último traslado, entre el 27 y el 30
con la “M” debieron estar los cráneos de Morelos, de julio de 1895 (aniversario luctuoso de Miguel
Matamoros y Mina. Los lectores debieron leer sin Hidalgo y Costilla), cuando al no reconocer los
gusto el testimonio de las gestiones en Catedral: pocos indicios de identidad —como las etiquetas
con letras mayúsculas que señalaban el apellido
Como ya se había dicho en el seno del Ca- del héroe a quien correspondía el grupo de hue-
bildo y se había repetido en la prensa, los sos, o las botas y “lo que quedaba del capote” de
huesos enterrados en lugar muy húmedo, José María Morelos—, se conjeturó que “habían
se encontraban en un estado deplorable: si desaparecido” y que era posible que Juan Nepo-
hubieran permanecido allí pocos años más, muceno Almonte se los hubiese llevado a París,
sólo se hubiera ya encontrado polvo, pues donde estarían sepultados.
verbigracia al tomar uno de los cráneos, El asunto volvió a ser tocado con un cierto es-
casi se desbarató. cándalo en 1925, cuando el miércoles 16 de sep-
Extraídos de la cripta en uno de los úl- tiembre fueron exhumados de la capilla de San
timos días de la semana pasada, fueron José y se trasladaron los restos de los héroes a
transportados al patio llamado “de los co- la Columna de la Independencia. Tal y como lo
loraditos”, anexo a la Catedral, y coloca- haría veinte años después, la pluma de Jacobo
dos sobre una tosca tabla. Dos médicos y Dalevuelta desató a los demonios. No desapare-
algunas otras personas procedieron enton- cieron en 1925, pero se aplacaron. Una investi-
ces a limpiarlos, operación que ejecutaron gación moderna, encabezada por José Manuel Vi-
sin ningún respeto, y tan burdamente, que, llalpando y Luis Reed, comprobó en 1991 que los
según se dice, rompieron entre sus manos, huesos de Morelos no estaban en Pére-La Chai-
al lavarlos con estropajo y jabón común, al- se, en el sepulcro de Almonte.34 En 2006 otro pe-
gunos de aquellos fragmentos preciosos del riodista sacó a relucir la supuesta ausencia: con
cuerpo de nuestros libertadores.32 extraño asombro, se dijo que el “gobierno nos ha
engañado”, al enterarse del rumor de que More-
Más que descuido, fue la ignorancia lo que los no estaría en el monumento a la Independen-
atentó contra las reliquias. Un cia. Una nueva comisión, en la que participamos
los historiadores José Manuel Villalpando, Víc-
[…] pobre catafalco en que dos días yacie- tor Ruiz Naufal, Amparo Gómez Tepexicuapan,
ron esos huesos, expuestos al sol para que Guadalupe Jiménez y quien esto escribe, buscó
se blanquearan. Como si se hubiera tratado desentrañar el raro secreto. Fue entonces que
del cadáver de un mendigo, que apenas por pudimos ver, a través de las fotografías de Cru-
caridad es amortajado, preciso fue que el ces y Campa y de los hermanos Torres, “la revol-
sacristán regalara unos cirios y que un par- tura de huesos y cráneos” que formaron el in-
ticular llevara unas banderas usadas y des- deseado osario. Los restos de Morelos, como los
teñidas para que esas reliquias tan acree- de Cortés, Cuauhtémoc y la decena de insurgen-
doras a toda clase de atenciones y cuidados, tes, cumplen en silencio su destino natural donde
no reposaran sobre las carcomidas tablas en quiera que estén. Tal vez no deba ser de otra
que estuvieron relegadas como guijarros sin manera. Polvo son, como polvo seremos todos.
valor ninguno.33

Luego de tan rudo trato, fueron depositadas en


su urna de cristal con aplicaciones de oro y plata. 34
Luis Reed Torres y José Manuel Villalpando César,
Los restos de don José María Morelos y Pavón. Itinerario
32
Idem. de una búsqueda que aún no termina, México, Espejo de
33
Ibidem, pp. 8-9. Obsidiana, 1993.

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Ensayos

11. San Miguel Arcángel, Basílica de Guadalupe.

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Ensayos

El intercambio del Bicentenario


entre México y España en 2010.
Estado del conocimiento sobre las banderas
de la Independencia

Martha Terán

Dos banderas sobre tafetán celeste, con la imagen


de Nuestra Señora de Guadalupe y al reverso el Ar-
cángel San Miguel con el Águila Imperial y varios
trofeos y jeroglíficos, las primeras con las que los
rebeldes levantaron el grito de la insurrección en la
Villa de San Miguel el Grande y que se tomaron en
la acción de Calderón del 17 de enero de 1811.
General Félix María Calleja

Un intercambio razonado saje simbólico patrio en torno al águila mexicana


pintada en el reverso (figs. 6, 7 y 8). A cambio de
ellas se darán dos banderas españolas de 1829,
Está por realizarse un emblemático intercam- las más importantes en nuestra historia de las
bio de trofeos de guerra en tiempos de paz entre intervenciones extranjeras, la primera lleva por
naciones de historia y tradición compartidas. Así, nombre Legión Real y la segunda Rey a la Fideli-
este 2010 España devolverá las dos primeras ban- dad. Se confeccionaron probablemente en La Ha-
deras militares propiamente mexicanas. Se dice bana para el general Isidro Barradas, cuando éste
que son las primeras porque no se trata de arte- se propuso la reconquista de sus antiguos domi-
factos religiosos tomados en el instante por la ne- nios en nombre del rey Fernando VII invadiendo
cesidad de distinguirse para declarar una guerra: Tamaulipas. Vicente Guerrero ocupaba entonces
la Virgen de Guadalupe está coronada como pa- la presidencia de México (figs. 33 y 34).
trona jurada de la Nueva España. Son gemelas y Tanto los lienzos sanmiguelenses que regre-
las patrocinó el capitán Ignacio Allende antes del sarán a nuestro país desde el Museo del Ejército
16 de septiembre de 1810 para dotar al regimien- de Madrid, como los que se irán a España proce-
to de los Dragones de la Reina de San Miguel el dentes del Museo Nacional de Historia del Cas-
Grande.1 Con ellas pretendía declarar la guerra al tillo de Chapultepec, cayeron en las manos del
gobierno virreinal, nada menos que con un men- contrario por una derrota definitiva. Derrota de-
sastrosa, por la parte mexicana, del primer mo-
1
Esteban Sánchez de Tagle, Por un regimiento. Política vimiento por la Independencia caracterizado por
y sociedad: la formación del Regimiento de Dragones de la
Reina de San Miguel El Grande, México, INAH, 1982. las enormes multitudes en torno a los jefes insur-

81
Ensayos

gentes. De cerca acompañaron a Allende, pues 1829, están vinculadas con la cancelación de tres
el cura Miguel Hidalgo más bien se rodeó de las siglos de dominación de la monarquía española
conocidas imágenes de Guadalupe que sus segui- sobre sus históricos territorios novohispanos. A
dores sacaron de los recintos religiosos.2 Los Dra- pesar de los sangrientos y penosos diez años si-
gones de la Reina perdieron estas banderas en guientes, el primer movimiento hirió de muerte
la terrible batalla del Puente de Calderón, cerca al virreinato (O’Gorman).
de Guadalajara, el 17 de enero de 1811. Se las Con este intercambio México no pierde todas
arrebataron las tropas del general Calleja. Éste, las referencias patrimoniales del suceso de 1829.
tres años después las envió a España para reco- Los mexicanos detuvieron en esa ocasión cua-
nocimiento de sus méritos militares, le valieron tro banderas. Aparte de las dos telas referidas,
el título de Conde de Calderón en la Corte de fue entregado un estandarte rojo con Carlos V y
Madrid. Por la parte española, las banderas cap- un pabellón o gran bandera naval roji-gualda.
turadas en 1829, con los emblemas reales de la El general Barradas entregó tres telas en su ca-
Casa de Borbón hablan de la derrota de las as- pitulación: el grupo de cuatro se reunió cuando
piraciones imperiales sobre México, a pesar de el general Santa Ana devolvió la llamada Legión
haberse declarado la Independencia en 1821 y Real que en algún momento detuvo, con la in-
concertarse el Tratado de Córdoba. Sin recono- tención de amplificar su homenaje militar en la
cerse en España, sus ejércitos sitiaron el puerto ciudad de México (fig. 33). El Museo del Ejérci-
de Veracruz y se mantuvieron en San Juan de to español con este intercambio tampoco pierde
Ulúa hasta 1825. Los mexicanos los expulsaron todos los trofeos que testimonian sus victorias
imponiendo un tajante sitio a la fortaleza. Luego contrainsurgentes. Otras dos piezas de enorme
de irse los españoles, tras pedir que se rindieran importancia histórica para México forman parte
los últimos honores a sus banderas, comenzaron de su rica colección. Una es una copia del siglo
a pensar en una reconquista de la Nueva Espa- XVI, del Pendón que Hernán Cortés utilizó en la
ña desde la isla de Cuba. Esos deseos se concre- Conquista, cuyo original se conserva en la ciudad
taron en la desastrosa expedición de dos meses de México. Al duplicarlo lo regaló a la ciudad de
del general Barradas, que concluyeron con la ca- Oaxaca. Cuando los insurgentes tomaron dicha
pitulación de unos tres mil soldados. El inter- ciudad a finales de 1812 celebraron su “recon-
cambio de banderas es simétrico: ambos lotes de quista” de los españoles. Si el Pendón acabó en
trofeos de guerra tienen el agudo sabor del de- España fue porque lo volvieron a capturar las
sastre, sin poder ser igual, sin embargo, el signi- tropas del militar expedicionario Melchor Álva-
ficado de una y otra derrotas para cada fuerza. rez.3 La segunda pieza es una bandera realizada
España simplemente perdió una expectativa de en campo blanco, con una enigmática Aspa de
reconquista. Para México las dos fechas, 1810 y Borgoña interpretada en azul, las reglamenta-
rias españolas eran blancas o carmesí.4 Es una
2
Lo que dijo Hidalgo en su declaración final fue: “Que
realmente no hubo orden alguna asignando Armas ningunas: 3
En los últimos años del siglo pasado se comprobó cierta-
Que no hubo más que saliendo el declarante el diez y seis de mente que se trataba de una pieza del siglo XVI en muy ma-
septiembre referido con dirección a San Miguel el Grande, las condiciones, pero no era el Pendón del conquistador de
al paso por Atotonilco tomó una imagen de Guadalupe que la Nueva España. Melchor Álvarez lo remitió a España con
puso en manos de uno para que la llevase delante de la gente una nota que hizo creerlo. Se capturó con otras cinco bande-
que le acompañaba, y de allí vino que los regimientos pasa- ras en Ayotlán. Luis Sorando Muzás, Banderas, estandartes
dos y los que se fueron después formando tumultuariamente, y trofeos del Museo del Ejército, 1700-1843, Madrid, Minis-
igual que los pelotones de la plebe que se les reunió, fueron terio de Defensa, 2001; Archivo General de la Nación (AGN),
tomando la misma imagen de Guadalupe por Armas, a que Correspondencia virreyes, t. 268-A, f. 109, doc. 33. “El Virrey
al principio generalmente agregaban la del Sr. Don Fernando de la N. España D. Félix María Calleja. Participa el recobro de
Séptimo, y algunos también la Águila de México”; J. E. Her- la Provincia de Oaxaca por las tropas de S. Majestad [...]”.
nández y Dávalos, Colección de documentos para la Historia 4
El Aspa azul tiene la referencia núm. 44.127 del Mu-
de la Guerra de Independencia de México, de 1808 a 1821, 7 seo del Ejército. Está catalogada como tomada al cura Hi-
vols., ed. facs., México, INEHRM, 1985, t. I, p. 13. dalgo en Acatita de Baján, en Luis Sorando Muzás, op. cit.

82
Ensayos

bandera emotiva que con el celeste sobre el blan- Conversaciones entre estudiosos
co trata de distinguirse en su insurgencia pues
declara su lealtad al rey Fernando mediante los Por fin se identificaron en España las banderas de
celeste y blanco de la religión, aun tratándose de san Miguel el Grande, que durante años se busca-
guerra contra el gobierno español (fig. 14). ron; una de tantas obsesiones que se trasmiten de
Esa lealtad al rey explica el denominador historiador a historiador. 6 Don Luis Sorando —
común de las cuatro banderas en canje tanto uno de los mejores conocedores en Europa— man-
españolas como mexicanas simbolizada por las tuvo un provechoso diálogo conmigo; por entonces
Cruces de San Andrés o Aspas de Borgoña de la catalogaba las banderas históricas españolas y re-
monarquía. En todas, está presente el rey Fer- dactaba su libro: Banderas, estandartes y trofeos
nando. En las banderas gemelas de los Ex-drago- del Museo del Ejército, 1700-1843. Nos reunimos
nes de la Reina, en cuyo reverso se combinan el gracias al doctor Carlos Contreras, experto chileno
águila mexicana y el arcángel san Miguel, tanto en historia naval, mediante la red de historiadores
las Aspas de Borgoña como los guiones militares H-México, lo cual siempre agradeceré al doctor Fe-
del ejército borbónico se incluyeron a los costa- lipe Castro. Así, me tocó el privilegio de realizar
dos del águila, para significar que la guerra por las gestiones académicas para valorar la autentici-
la Independencia se iniciaba como una defensa dad de las telas mexicanas entre los años de 1997
del rey y de la religión católica. Se trataba de pre- y 2002. Éstas consistieron en reconocerlas en el
servar a la patria, la Nueva España, de caer en Museo del Ejército, cuya sede aún era el Palacio
manos de los franceses que por entonces domi- del Buen Retiro de Madrid (hoy es el Alcázar de
naban la Península Ibérica. Que los dos lienzos Toledo), además de presentar el documento con-
de Barradas ostenten las Aspas de Borgoña como servado en el Archivo General de la Nación donde
elemento central o motivo de la composición no se les describía, se indicaba que eran dos y se se-
amerita explicarse. Éstas fueron un legado de ñalaba la procedencia de las primeras reliquias
Felipe El Hermoso al rey Carlos V que se man- elegidas para atravesar el mar.7 El general Calleja
tuvieron en uso hasta 1843. Ahora bien, lo que avisaba de su envío a España, junto con las valio-
las banderas de Isidro Barradas aportan al co- sas pertenencias y el retrato más famoso del gene-
nocimiento general de la guerra que sostuvieron ral Morelos (fig. 17). 8 Luis Sorando comprobó la
los insurgentes y los realistas entre 1810 y 1821,
son las composiciones emblemáticas que las dos fue bordada la Orden de Isabel la Católica con la Cruz de
Borgoña.
lucen, declarando como empresa la reconquista 6
Luis Castillo Ledón paleografió en 1922 la única tras-
de México. Para imprimirles un mensaje de vic- cripción conocida, sin citar su fuente, del único documento
toria, los artífices de las banderas se valieron de que las describe, la “Nota de las alhajas y muebles que el vi-
los escudos de distinción españoles con los que rrey de Nueva España remite al Excelentísimo ministro de la
guerra para que se sirva tenerlo a disposición de S.A. la Re-
el rey condecoró a los militares realistas por sus gencia del Reino” (en f. 107); AGN, Correspondencia virreyes
méritos guerreros sobre la insurgencia, especial- (Calleja), t. 268-A, f. 105, núm. 32; Boletín del Museo Nacio-
mente en los últimos años del conflicto.5 nal de Arqueología, Historia y Etnografía, México, Talleres
Gráficos del Museo, 1922, p. 63; Ernesto Lemoine informó
cinco décadas después, sin mencionar a Castillo Ledón, la re-
Sin embargo, no hay evidencias de que hasta ese momento ferencia del AGN, en Morelos y la revolución de 1810, Morelia,
se hubieran confeccionado banderas excepto las de Allen- Gobierno del Estado de Michoacán, 1978, p. 234.
de. Martha Terán, “Símbolos e imágenes de la guerra por la 7
Calleja capturó reliquias de sumo valor como los varios
independencia”, en Juan Ortiz Escamilla y María Eugenia atuendos que usó Miguel Hidalgo encontrados en Puente de
Terrones (coords.), Derechos del hombre en México duran- Calderón, enviados como muchos otros al virrey Venegas; AGN,
te la guerra civil de 1810, México, Instituto Mora/Comisión Operaciones de guerra, Realistas, t. 15, f. 362, “Oficio de remi-
Nacional de Derechos Humanos, 2009, pp. 213-253 y 229. sión, de Calleja al virrey, de los uniformes que usaba Hidalgo y
5
En la compleja composición llamada Legión Real bor- que fueron recogidos en la batalla de Puente de Calderón”.
daron la Orden de Isabel la Católica, instituida por Fernan- 8
Iba el famoso retrato en lienzo de José María Morelos
do VII en 1815, la Real Orden de San Fernando al mérito que le hicieron en Oaxaca en 1812; un pectoral también suyo
militar y la Orden de Carlos III. En El rey a la fidelidad compuesto de seis topacios y, pendiente de él, una medalla de

83
Ensayos

12. Timbre del Imperio mexicano.

84
Ensayos

importancia central que tenían las banderas en en el periódico Reforma, en febrero de 2002. Se
la historia mexicana y rectificó las referencias que invitaba a conocer las banderas, dada la impor-
impedían aproximarse a su conocimiento.9 Hace tancia que tenían como las primeras realizadas
más de diez años lucía atractivo que una ban- expresamente para defender a México.11
dera pudiera darse a conocer en México y que la El historiador Jaime Cuadriello comentó su
otra permaneciera en España, en razón de que notable valor simbólico e histórico en el mismo
los insurgentes claramente se pronunciaron por diario, al ser entrevistado por el reportero cultu-
el rey Fernando. En mi imaginación parecía que ral Andrés Tapia:
se habían conservado juntas y hasta capturadas
a sus portadores en el mismo instante.10 Di fin a Resulta interesantísimo ver el uso político
esta investigación con la buena noticia de que las que desde los inicios de los primeros días del
banderas se habían restaurado, junto con las otras levantamiento de independencia tuvieron los
dos piezas mexicanas ya comentadas, a sugeren- símbolos religiosos en el pueblo de San Mi-
cia de Luis Sorando, y con la publicación de un ar- guel. Y no sólo los religiosos, sino los que ade-
tículo para conocimiento general sobre el hallazgo más de ser devocionales tenían un enorme
peso jurídico. La Virgen de Guadalupe era
oro con la imagen de Guadalupe en forma de relicario, con una imagen juramentada como patrona del
un círculo de perlas finas chicas y orla con 18 topacios todo reino desde 1746, y a ella se apelaba como
pendiente, a su vez, de un collar compuesto de 61 topacios. gota de lealtad en tanto patrocinio jurado y
Su espadín con puño de oro, su bastón de plata de cuatro pie-
zas con puño de oro y otro en forma de látigo forrado de cha- reconocido por los cabildos seculares y civiles.
quira; su sombrero con galón de oro de seis dedos de ancho Y las Armas del reino, que era el águila, te-
con presilla bordada de oro y algunas piedras; su casaca de nían este mismo estatuto y connotación polí-
uniforme de capitán general (lo estrenó cuando en esa capi-
tal fue jurada la Junta de Zitácuaro en septiembre de 1812) y
tica. En el caso de San Miguel, la imagen del
otra de teniente general con 22 botones de oro macizo. Otras arcángel era también la del patrono jurado.
prendas eran dos bandas, una carmesí de capitán general y Entonces, se va a la guerra con símbolos san-
la segunda, celeste, de generalísimo; un aderezo de caballo cionados por cierto estatus jurídico, no sólo
con mantilla y tapafunda de terciopelo carmesí, bordados de
plata y con fleco de lo mismo. Dos años después y sin estas político, no sólo religioso, no sólo simbólico
pertenencias Morelos seguía en campaña. o nacionalista. Eso es lo que sabíamos y de
9
Las referencias más antiguas de las banderas de san lo cual hoy hay pruebas tangibles.12
Miguel son del Museo de Artillería español de 1856, con los
números 2933 y 2934. En el Museo del Ejército actualmen-
te están clasificadas con los números 40. 165 y 40. 166, de Sin dudarse su importancia política, el lugar
la sección de los “Trofeos tomados al enemigo”. Antes se las como primeras banderas militares fue cuestionado
catalogaba como banderas de infantería que habían perte- por el general de división e historiador Luis Gar-
necido a José María Morelos, combatientes en la batalla de
Temalaca de noviembre de 1815. Entre 1952 y 1958 el ge-
fias Magaña, quien al ser consultado en el mismo
neral Bermúdez de Castro elaboró en varios tomos un Ca- diario señaló que las banderas de san Miguel po-
tálogo del Museo del Ejército, editado por esa institución. dían ser consideradas antecedentes de las bande-
En el V se encuentra esta noticia de la procedencia, erró- ras militares, pero que no lo eran propiamente:
nea, de las banderas.
10
En México, se publicaron por primera vez las imágenes
de las banderas en Martha Terán, “La Virgen de Guadalupe En primer lugar no había concepto de un ejérci-
contra Napoleón Bonaparte: la defensa de la religión en el to independiente, ni siquiera era un ejército:
Obispado de Michoacán entre 1793 y 1810”, en Estudios de
Historia Novohispana, núm. 26, México, IIH-UNAM, 1999. En
11
España con sus referencias actualizadas se incluyeron en el ya Martha Terán, “Un hallazgo histórico. Las enseñas de
citado libro de Luis Sorando Muzás, op. cit. En España nueva- San Miguel el Grande, arrebatadas a Miguel Hidalgo e Ig-
mente se recordó su importancia en Martha Terán, “Bande- nacio Allende permanecen resguardadas en España como
ras de la Independencia con imágenes marianas. Las de San trofeos tomados al enemigo”, en Reforma. El Ángel Cultu-
Miguel el Grande, Guanajuato, de 1810”, en Ivana Frasquet ral, 24 de febrero de 2002, p. 1.
(coord.), Bastillas, cetros y blasones. La independencia en Ibe- 12
Andrés Tapia, “Encuentran primeras banderas”, en
roamérica, Madrid, Fundación MAPFRE, 2006, pp. 231-244. Reforma. El Ángel Cultural, 24 de febrero de 2002.

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Ensayos

eran masas más que unidades, pero los sa- retorno de una bandera, que en el artículo de
cerdotes y los militares, inteligentemente, divulgación se proponía como un posible obse-
eligieron los símbolos religiosos como ele- quio futuro, recordando que el rey Alfonso XIII
mento aglutinante. Y el que la Virgen de había donado a España otros trofeos de guerra
Guadalupe figurase como uno de estos sím- al cumplirse en Centenario de la Independencia,
bolos era por demás lógico.13 Sorando respondió al periodista con la fórmula
del quid pro quo: “podemos negociar”. Se incli-
El general Garfias no prestó especial atención naba por un canje de piezas, atento frente a la
a que se trataba de las banderas, no de Hidalgo fatalidad de ver disminuido el patrimonio espa-
sino de Allende. Comentó exclusivamente sobre ñol. Hace ocho años, pues, en el supuesto de un
la presencia de la Virgen sin tampoco hacerlo movimiento futuro, Sorando ya tenía en mente
sobre el escudo mexicano de la composición del un canje por una de las atractivas banderas es-
anverso. En entrevista al también general de di- pañolas que se conservan en el Castillo de Cha-
visión Álvaro Vallarta, opinó que considerando a pultepec, muy conocidas también por él. Particu-
una bandera un símbolo, los lienzos de san Mi- larmente le interesaba una enorme bandera de
guel, con todo su imaginario y raíces religiosas, la época de Felipe V según sus conocimientos. De
eran la base de los símbolos patrios. acuerdo con la catalogación mexicana, formaba
Reforma conversó en esa ocasión con Luis So- parte de las piezas del general Barradas: nuestra
rando, en homenaje a su espléndida labor investi- catalogación se puso bajo la mirada de su acos-
gadora y la respuesta favorable a la recepción de tumbrada duda razonable (fig. 35).
los documentos que daban luz sobre las banderas.
El periódico registró la única discrepancia en la
interpretación de los datos, pues Sorando final- La devolución de banderas
mente escribió en la nueva catalogación que se de guerra entre naciones amigas
trataba de banderas “tomadas al cura Hidalgo en
Puente de Calderón”, no a Allende, porque el movi- Para complementar nuestra colección de bande-
miento tuvo por jefe máximo al cura de Dolores, lo ras históricas nunca habíamos tenido que ofrecer
que explica que esa sea su catalogación actual. En a cambio otros trofeos de una importancia equi-
la Nota de las alhajas se escribió que eran “las pri- valente. La devolución de tales bienes se había
meras con las que los rebeldes levantaron el grito caracterizado por la generosidad de las naciones
de la insurrección en la Villa”.14 Hidalgo y Allende con las que estuvimos unidos en la historia de las
habían llegado a pernoctar a San Miguel el 16 intervenciones extranjeras a nuestro suelo. En
de septiembre y de allí salieron juntos cincuenta y algunas de las conmemoraciones del siglo XX de
tantas horas después. Para entonces Allende ya le las grandes guerras decimonónicas volvieron ob-
había cedido su mando en el movimiento general jetos y banderas sin mediar ningún canje. Cier-
a Hidalgo aunque no su regimiento con sus ban- tamente, al cumplirse el primer Centenario de
deras. El complejo mensaje patriótico que cargan la Independencia, en 1910, el rey Alfonso XIII
nos puede dar idea del cuidado que puso Allende hizo la entrega de una parte de los trofeos milita-
en los preparativos del levantamiento. res obtenidos y enviados a España por el general
Desde que comenzó la aventura de recono- Calleja: los uniformes, prendas y el famoso cua-
cer las banderas mexicanas, Luis Sorando había dro de Morelos. Cuando llegaron formando una
sido sensible a que la novedad podía causar en- composición preparada con esmero en Madrid,
tusiasmo en México, incluso hasta movimientos fueron trasladados al Palacio Nacional entre las
para recuperarlas. Así fue como en el tema del ovaciones de un desfile militar. Hoy se exponen
en el Castillo de Chapultepec. No se habían teni-
13
Idem. do en cuenta el obsequio ni el Aspa de Borgoña
14
Idem. azul ya mencionada, ni las banderas de Ignacio

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Ensayos

Allende, aun bajo el supuesto equivocado de que historiadoras Guadalupe Jiménez Codinach, es-
habían pertenecido a Morelos. pecialista en la Guerra de Independencia y bió-
En lo que se refiere a Estados Unidos, y a los grafa de Allende17 y Graciela Cruz, especialista
cien años de su intervención armada en nues- en el pasado de San Miguel y asesora en la elabo-
tro territorio (1847), aprovechando la tradicio- ración del Punto de acuerdo del Senado, habían
nal conmemoración a los Héroes de Chapultepec, estimulado el interés de los guanajuatenses.
en 1950 su gobierno obsequió a México la ban- El gobierno mexicano, a través de la Secreta-
dera del Batallón Guarda Costa de Tampico y ría de Relaciones Exteriores, dio inicio y forma
otras capturadas cuando entraron por Veracruz, a esta gestión. El historiador Jaime del Arenal,
en un acto de cordialidad entre naciones vecinas director del Instituto de México en Madrid se
y amigas unidas en torno al progreso.15 Y en re- encargó de documentar el protocolo para repa-
lación con Francia, al cumplirse cien años de la triar las banderas. Meses después, en junio de
Guerra de Intervención, regresaron como obse- 2008, el presidente Calderón visitó España y allá
quio varias banderas. Éstas habían pertenecido lo hizo saber al presidente José Luis Rodríguez
a los regimientos de Lanceros de Aguascalientes, Zapatero, quien fue sensible a los deseos mexica-
Guardias Nacionales de San Luis Potosí y Ca- nos. Ordenó a fines del verano a sus ministerios
ballería de Durango, combatientes entre 1863 y de Defensa y Cultura que se regalaran las ban-
1864. Con solemnidad México recibió los trofeos deras. Sin embargo, una acción protocolaria que
de guerra que entregaba Francia en prueba de apuntaba a volverse clásica en la modernidad di-
amistad, en la década de 1960, cuando se pensa- plomática mexicana, se modificó cuando España
ba que los esfuerzos de cooperación entre nacio- rectificó su actitud y quedó atrás la fórmula del
nes podían edificar un mundo mejor con base en obsequio que antes nos había beneficiado en el
hombres mejores, como reseñó Antonio Pompa retorno de bienes históricos.
y Pompa al consignar el suceso.16 Las señales públicas de este proceso las siguió
Así fue como el Senado de la República consi- especialmente el periódico Reforma de enero a oc-
deró valioso y posible repatriar las banderas de tubre de 2009. La periodista Silvia Isabel Gámez,
Ignacio Allende. Bastaba retomar esta tradición nuevamente desde la sección Cultura cubrió el
que llevaba México con Francia y Estados Uni- desarrollo de los trámites: la imposibilidad de
dos. Pero especialmente alentaba esta iniciativa seguir adelante con la gestión inicial, la conver-
el antecedente diplomático con España. El se- sación binacional que concluyó con el canje, los
nador por Guanajuato, Luis Alberto Villarreal, pasos institucionales para resolver sobre su con-
argumentando el valor simbólico para los mexi- tenido y el propio proceso de restauración de las
canos de estos lienzos y de cara a la conmemo- banderas mexicanas elegidas. El 19 de enero in-
ración bicentenaria, el 22 de noviembre de 2007 formó que en España existía la voluntad de entre-
interpuso un Punto de acuerdo para exhortar al gar las banderas pero en permuta por otras. Al ser
presidente Felipe Calderón a solicitar el obse- nuevamente entrevistado, Luis Sorando declaró a
quio. Tres antecedentes diplomáticos hacían po- la periodista que, al enterarse los interesados en
sible y deseable imaginar una bandera en el Cas- el tema que la cesión de los trofeos de guerra iba
tillo de Chapultepec y la otra en el Museo Casa a ser a cambio de nada, “historiadores y milita-
de Allende de la antigua villa de San Miguel. Las res se ‘sublevaron’ pidiendo solicitar a México al-
guno de los blasones españoles que se encuentran
15
Banderas. Catálogo de la Colección de Banderas del
Museo Nacional de Historia INAH, México, Secretaría de
Gobernación, 1990, p. 48. Este batallón tuvo su origen en 17
Guadalupe Jiménez Codinach, “De alta lealtad. Igna-
la Ley del 10 de agosto de 1823, combatió en la defensa de cio Allende y los sucesos de 1808-1811”, en Martha Terán
Veracruz en marzo de 1847 hasta que fue derrotado. y José Antonio Serrano, Las guerras de independencia en
16
Boletín del Instituto Nacional de Antropología e His- la América española, Zamora, El Colegio de Michoacán, pp.
toria, México, INAH, núm. 15, 1964, pp. 18-19. 63-78.

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en el Castillo de Chapultepec”.18 Aclaraba que no erróneamente como de 1829, de la que había ha-
se estaba contra los deseos legítimos de México blado a Reforma seis años atrás (fig. 35). Le se-
sino contra lo hecho por el presidente Zapatero. guía la bandera llamada Legión Real, una de las
En el Boletín de Voluntarios de Aragón, la aso- verdaderas del general Barradas, para colmo mal
ciación histórico-cultural fundada y presidida documentada en la catalogación mexicana: ¡se te-
por Sorando, lanzó una voz de alerta sobre algo nían como banderas de los siglos XVII y XVIII!20
que se consideraba equivocado: una decisión ar- Abordado unos días después por Reforma, el
bitraria en materia del patrimonio histórico de director general del Instituto Nacional de Antro-
los españoles. Al entrar en circulación el Bole- pología e Historia, Alfonso de Maria y Campos,
tín, la cadena radiofónica COPE también puso en informó: “el deseo del presidente español era una
cuestión la medida en un programa titulado La donación, pero la ley exige un intercambio”. Ex-
Estrella Polar, calificándola como un desprecio plicó que cuando acompañó a España al presiden-
al ejército español. En la red, quien llevó la no- te Calderón había visitado el Museo del Ejército,
ticia fue El Confidencial Digital de Madrid. Los donde vio las banderas mexicanas resguardadas en
conocimientos de Luis Sorando estuvieron en el gavetas después de su restauración. También co-
centro de los reclamos a su gobierno. Declaró a la mentó que hizo algunas propuestas al Museo,
prensa mexicana: “le hemos dicho al Ministerio como la bandera de marina perteneciente al ejér-
de Defensa que las banderas son piezas únicas”; cito del general español Isidro Barradas, pero de
sobre la petición del obsequio de las banderas casi entrada no había interesado porque el Museo per-
idénticas opinó: “si México hubiera pedido una, tenece al Ejército de Tierra. Precisó que el 19 de
igual lo habría apoyado”. Y sobre la aceptación diciembre de 2008 recibió la propuesta sugerida
de su gobierno de ceder las banderas mexicanas por España de las posibles banderas para el canje.
señaló: “como vimos que era una guerra perdida El Museo del Ejército español también recibió de
porque están por darlas, lo que se ha exigido es México una propuesta de cinco banderas con el
que no sea una donación”.19 fin de que pudieran ser seleccionadas dos. No dejó
Muy poco tiempo después, la Oficina de Pren- de señalar que en la decisión habían participado
sa del Ejército de Tierra confirmaba la voluntad tanto el director del Castillo de Chapultepec, el
de su gobierno de devolver las banderas mexi- historiador Salvador Rueda Smithers, como sus
canas, respetando su legislación que prohibía la investigadores: “él me dijo estas banderas no las
donación de bienes patrimoniales aunque auto- queremos ofrecer, estas otras sí”.21 Al dar el giro
rizaba una permuta. Para que pudieran regresar el protocolo iniciado por México, la decisión era
a México sus primeras banderas se requería con- obligada para los funcionarios mexicanos porque
versar sobre piezas del mismo valor histórico y las banderas ofrecidas a España necesitaban ser
estado de conservación, una disposición estable- equivalentes en valor histórico y conservación a
cida en la Ley de Protección del Patrimonio His- las que se iban a recibir.
tórico Artístico de España. El proceso de gestión La deliberación tomó meses. Reforma reportó
diplomática se reorientó: “un vuelco”, calificó Re- el viernes 22 de mayo de 2009 que España había
forma. Como asesor del Museo del Ejército, antes ofrecido una “solución simbólica”: para que Méxi-
de finalizar 2008, Sorando había presentado una co recuperara las dos primeras banderas de su
lista de mayor a menor interés, con las banderas historia como nación independiente, entregaría
mexicanas de origen español que podían importar a España las dos últimas perdidas por su ejérci-
para el propósito. Estaba en primer lugar la gran to. La bandera prioritaria para Luis Sorando no
bandera de comienzos del siglo XVIII catalogada había sido elegida por el Ejército de Tierra. Así
20
Idem.
18 21
Silvia Isabel Gámez, “Canjea España botín”, en Refor- “Vamos por buen camino”, entrevista de Silvia Isa-
ma, 19 de enero de 2009. bel Gámez al director del INAH, en Reforma, 23 de enero
19
Idem. de 2009.

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13. Portada de las Constituciones de la Real Congregación de Nuestra Señora de Guadalupe de México.

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decantó el concepto particular del intercambio: hacerlo. A nosotros, las banderas de Barradas
la devolución de las primeras banderas con las nos da lo mismo tenerlas o no”, dijo. El Museo
que los insurgentes pelearon contra los españo- español posee cientos de banderas de regimien-
les, canjeadas por las últimas del imperio que on- tos realistas que lucharon contra la independen-
dearon en México. Reforma lo calificó como “un cia de toda América. La historiadora valenciana
círculo diplomático perfecto”, en lenguaje de mu- Ivana Frasquet explicó que no había controver-
seos la pérdida se mira grande. 22 Como las ban- sia en el tema de por qué fue aceptada la soli-
deras de san Miguel habían sido recientemen- citud mexicana sin dificultades: “La iniciativa
te restauradas en Madrid, las de la reconquista de Rodríguez Zapatero es un gesto de amistad y
se trasladaron a la Escuela de Restauración del complicidad con un país que ayudó mucho a Es-
INAH para devolverles su belleza y colorido por paña, en los años de la dictadura, por ejemplo.
las manos expertas de Lorena Román, en julio del En la política de gestos —opinó a su vez el histo-
2009. Debido a que el canje podría ser pronto las riador Tomás Pérez Vejo— España entrega algo
restauradoras trabajaron intensamente, para en- que para México es importante”. 25
cerrarlas en su embalaje especial en octubre: “son Así tomó relieve el espinoso asunto de lo que
las banderas que refrendaron nuestra indepen- se perdía. El historiador Juan Ortiz Escamilla
dencia, nadie las conocía [...] y ya se van”, lamen- explicaría lo distinto que se percibían las circuns-
tó Lorena Román en su taller de restauración de tancias para cada país en el mismo diario Refor-
textiles de la ENCRyM-INAH.23 Varias fechas se han ma: las pérdidas que ocasionaba el intercambio
propuesto. La última noticia que tuve por parte no significaban lo mismo para los españoles que
del Museo del Ejército español fue que el inter- para los mexicanos. La importancia histórica
cambio se realizaría en ese país hacia mediados de las banderas del general Barradas era y es
de 2010, en una nueva visita del presidente Cal- tangencial para los españoles del pasado y del
derón. Él las entregaría y recibiría las banderas presente. Tomás Pérez Vejo también hizo notar
mexicanas para devolverlas al país, con los repre- la asimetría histórica del canje en esta perspec-
sentantes de la Secretaría de Relaciones Exterio- tiva, considerando que Allende ocupa un lugar
res, las autoridades del INAH, el Ejército mexica- principal en la lucha insurgente, mientras que
no y el Comité de las Celebraciones Centenarias Barradas apenas merece una mención en la his-
que preside José Manuel Villalpando. toria española. Explicó para el Reforma: “Cual-
En México también hubo incomodidad por quier niño mexicano sabe quién es Allende, pero
el intercambio aunque sólo se manifestó como ningún niño español sabe quién es Barradas”. Al
opinión. Desde enero de 2009 el director gene- indicar que no es pensable que emocione mucho
ral del INAH había sido interrogado al respecto: en España tener en casa dos de las banderas
“Puede haber quien piense que las banderas es- que formaron parte de la desastrosa iniciativa de
pañolas no deben regresarse, no lo sé. Los temas Isidro Barradas, añadió: “Primero, fue una ex-
de patrimonio son siempre muy sensibles para pedición caótica y sin ninguna posibilidad de
la gente”.24 Luis Sorando consideró que con este éxito; segundo, se produce durante el reinado
acuerdo México “sale ganando”. El arreglo no absolutista de Fernando VII. Es simplemente
era malo “siendo que no hay más remedio que un intento del monarca por recuperar unos te-
rritorios que consideraba suyos, pero para Es-
22
Silvia Isabel Gámez, “Ofrece España solución simbóli- paña es un episodio irrelevante.” Coincidió con
ca. Piden banderas de ‘reconquista’. Favorece a México peti-
ción por la diferencia histórica entre las figuras de Allende Ivana Frasquet en que esta fallida reconquista
y Barradas”, en Reforma, 22 de mayo de 2009. de julio de 1829 no ocupaba un lugar en la his-
23
Silvia Isabel Gámez, “Preparan banderas para canje toriografía española. Sin haber existido encuen-
histórico. Restaura el INAH insignias de Barradas”, en Re-
forma, 25 de julio de 2009.
24
“Vamos por buen camino”, entrevista de Silvia Isabel 25
Silvia Isabel Gámez, “Ofrece España solución simbó-
Gámez al director del INAH, en Reforma, 23 de enero de 2009. lica..., en Reforma, 22 de mayo de 2009.

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Ensayos

tros entre soldados muy notables, a los españo- presentarlas a Su Majestad como un trofeo
les los disminuyeron las calamidades climáticas quitado a sus enemigos.
y el paisaje al punto de solicitar la capitulación. En una de las banderas de Xaliaca se ve
Los términos se pactaron el 11 de septiembre, el por una parte la Cruz de Borgoña y en sus
general Santa Anna dejó partir a los invasores cuatro ángulos las Armas de México, y por
que marcharon para Nueva Orleáns. En octu- otra la Tiara pontificia con el lema de Jura-
bre las banderas españolas llegaron a la ciudad da en defensa de la inmunidad eclesiástica,
de México y el triunfo sobre el general invasor cuya observación, y la de estar construidas
fue celebrado con una misa en la Basílica de del manto de algún Clérigo por su tela de la
Guadalupe. clase que los usan aquí generalmente, hago
Si recuperan España y México lo mismo, un par a Vuestra Excelencia, en prueba de la hipo-
de banderas derrotadas, el concepto del intercam- cresía y mala fe de estos traidores, que des-
bio nos favorece en relación con la centralidad de pués de haber robado e incendiado muchos
las respectivas banderas en canje según las histo- templos y asesinado varios sacerdotes res-
rias de cada nación. Las primeras banderas mexi- petables por sus virtudes, y sin otra causa
canas son eso, amén de la novedad, al haber per- que el no ser de su partido, afectan defen-
manecido prácticamente desconocidas para los der el estado eclesiástico y las cosas sagra-
mexicanos casi doscientos años. El problema es das que han profanado del modo más inso-
que las banderas españolas tienen un valor patri- lente y escandaloso.26
monial más grande para nosotros que para ellos.
Es por eso que hay quienes no están de acuerdo Este documento, con palabras de recibido que
con el canje, señala Ortiz Escamilla: “La de 1810 conocí a través del historiador Juan Ortiz, in-
fue una guerra civil (entre insurgentes y realistas), vita otra vez a la aventura: ¿existe un Aspa de
pero 1829 es el segundo momento en que el Ejérci- Borgoña mexicana cargada de religión, rematada
to mexicano se cubrió de gloria, después de la ren- en sus extremos con escudos mexicanos y jura-
dición de San Juan de Ulúa en 1825. Bien que mal, da nada menos que en defensa de la inmunidad
se liberó a la patria.” Con ellas estaremos bien re- eclesiástica? La opción es intentar su repatria-
presentados en la victoria definitiva de los ejércitos ción de la posmoderna y ciudadana España que
mexicanos sobre los del rey Fernando VII. supo defender su patrimonio hasta de las mejo-
La investigación sobre el paradero de las ban- res intenciones, como la del presidente Rodríguez
deras de la Independencia en España no se agota Zapatero. España rectificó también para modifi-
desde luego con este hallazgo. Existen documen- car sus propios actos discrecionales. Sorando su-
tos que apuntan al encuentro de otras muy im- brayó un antecedente de la conducta presiden-
portantes. En mayo de 1817 el virrey Juan Ruiz cial que había generado la herida en materia de
de Apodaca, después de solicitar que se le envia- canje entre los españoles interesados. Recordó
ran desde las provincias las que se hubieren co- que el presidente Aznar había devuelto una silla
lectado, también remitió por barco reliquias pa- de montar del héroe Antonio Maceo, recibiendo a
trias como su antecesor Calleja: cambio un cañón del siglo XVIII (de los que había
muchos en España) y una bandera de mochila,
He reunido dos banderas cogidas en la ren- en su opinión de escaso valor.27
dición del Fuerte de Cóporo, dos en el de
Xaliaca y una en Silacayuapa que dirijo en
esta ocasión al Gobernador de Veracruz, 26
Archivo Histórico Militar de Madrid, sig. 5362, núm.
para que en el primer Buque de guerra que 18, “El Virrey de N. España D. Juan Ruiz de Apodaca. Re-
mite a Su Majestad cinco banderas y una bandolera quita-
salga con destino a esa Península lo envíe das a los rebeldes de aquel Reino”.
a Vuestra Excelencia, suplicándole se sirva 27
Silvia Isabel Gámez , “Canjea España botín”, en Re-
forma, 19 de enero de 2009.

91
Ensayos

El estado de la investigación La investigación del siglo XIX trató de clasifi-


sobre las banderas con las novedades car, de resolver controversias en torno a las ban-
deras, de darles autenticidad entre las profundas
Las posibilidades de encontrar más banderas in- lagunas informativas y la necesidad patriótica,
surgentes significa que las banderas de la Indepen- tema estudiado por Jacinto Barrera Bassols.30
dencia son un recuento provisional, que en esta El siglo XX empezó a combatir el nacionalismo
ocasión pudo ser alimentado con dos investigacio- que condensaba demasiada pasión en sus pocos
nes auspiciadas por el INAH: la que concluyó frente hilos. Jesús Romero Flores distinguió los oríge-
a las banderas mexicanas en Madrid y el gran ha- nes de algunas de ellas, entre lo certificado por
llazgo de Sonia Lombardo de Ruiz. En el Real Pa- la Comisión de Auténticas y aquello que se venía
lacio de Madrid encontró las pinturas del coronel dando por hecho, dictado por la tradición.31 Er-
suizo Theubet de Beauchamp, quien acompañó a nesto Lemoine materializó las descripciones de
los insurgentes por muchos años y entre cuyas be- las enseñas de Morelos.32 Después de varios li-
llas láminas del libro: Trajes y vistas de México en bros sobre la confección de la bandera mexica-
la mirada de Theubet de Beauchamp, aparecen di- na, Enrique Florescano aportó en orden y cono-
bujadas algunas de las banderas tanto populares cimiento de la historia y tradiciones que el dieron
como de regimiento de los insurgentes.28 origen, analizando los antecedentes culturales
Las claves en tela del surgimiento de Méxi- de las composiciones iconográficas desde la an-
co se conservan en el Castillo de Chapultepec. tigüedad prehispánica hasta el patriotismo crio-
La quietud de la sala donde se exponen alienta llo, matizadas con las influencias de la Revolu-
una emoción atemperada por el gran mural de ción francesa particularmente en la elección y
Juan O’Gorman, que las imaginó con el colori- disposición de sus colores.33 El aporte reciente
do que ya no tienen pero con el que las vieron en es de Moisés Guzmán Pérez sobre la historici-
la guerra. Los insurgentes confeccionaron mu- dad de las banderas de la Independencia, privile-
chas banderas y otras tantas en reemplazo de giando las propiamente michoacanas.34 Abrien-
las perdidas. La representación entre los distin- do la secuencia de las banderas para que tomen
tos grupos en armas fue diversa. Las fuentes mi- su lugar las de Ignacio Allende y las que pintó el
litares realistas constantemente consignaban la
captura de banderas insurgentes o simulacros de 30
Hace más de un siglo (1896) el general Sóstenes Ro-
ellas que generalmente se enumeran sin mayores cha, en una controversia sobre el estandarte verdadero de
Miguel Hidalgo tomado en Atotonilco, comentó: “Bien po-
descripciones. Los documentos insurgentes que dría ser que el señor cura Hidalgo hubiera tenido dos o
pudieran precisar la captura de banderas realis- más estandartes de la Virgen de Guadalupe”. Saber cuál
tas no los he encontrado, aunque en el antiguo era, fue un debate de la segunda mitad del siglo XIX entre
Museo de Artillería, en su Sala Morelos se exhi- historiadores, pintores, congresistas, jefes políticos, perio-
distas, generales; Jacinto Barrera Bassols, Pesquisa sobre
bía un lote de banderas españolas atribuidas a dos estandartes. Historia de una pieza de museo, México,
la captura insurgente.29 La colección actual se Sinfiltro, 1995, p. 87.
comenzó a formar con esos primeros depósitos
31
Jesús Romero Flores, Banderas históricas mexicanas,
México, Libromex, 1958.
en el Museo de Artillería, junto con lo que allí 32
Ernesto Lemoine, Morelos y la Revolución de 1810,
llegó procedente de la Basílica de Guadalupe. El Morelia, Gobierno del Estado de Michoacán, 1978.
tiempo incrementó el número con muy impor- 33
Enrique Florescano, La bandera mexicana. Breve historia
tantes donaciones, adquisiciones y las repatria- de su fundación y simbolismo, México, FCE, 1998. Siguiendo a
Francisco de la Maza, El guadalupanismo mexicano, México,
ciones mencionadas. Porrúa, 1953; David A. Brading, Los orígenes del nacionalis-
mo mexicano, México, SepSetentas, 1973; Jaime Cuadriello,
28
Sonia Lombardo de Ruiz, Trajes y vistas de México en la “Visiones en Patmos-Tenochtitlán. La Mujer Águila”, en Ar-
mirada de Theubet de Beauchamp, Madrid, Turner, 2010. tes de México. Visiones de Guadalupe, México, núm. 29, 1995.
29
México en el Centenario de su Independencia, versión 34
Moisés Guzmán Pérez, Insignias de la Casa Natal de
facs. del Álbum Gráfico de la República Mexicana en el Cen- Morelos, Morelia, Frente de Afirmación Hispanista/Foro
tenario de su Independencia, 1810-1910, México, SIP, 2009. Cultural Morelos, 2006.

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Ensayos

coronel Theubet de Beauchamp, contenidas en el cación de la Virgen de Guadalupe. El 7 de no-


mencionado libro de Sonia Lombardo, es posible viembre de 1810, por ejemplo, en la batalla de
renovar algo de lo que sabíamos en un paseo de Aculco, fueron capturados no uno, sino dos es-
frecuentación entre las primeras mexicanas y las tandartes guadalupanos. Pero también se reco-
últimas españolas izadas en México.35 gieron a los insurgentes algunas otras imágenes
16 de septiembre de 1810: desde las primeras en los enfrentamientos de Las Cruces y de Arro-
horas los rebeldes se apropiaron de elementos re- yo Zarco. La necesidad del gobierno español de
ligiosos para empezar la guerra. La secuencia de realzar su victoria de Puente de Calderón hizo
nuestras banderas históricas comienza con los que el general Calleja solicitara partes de guerra
más conocidos lienzos guadalupanos que se toma- más detallados. Por ellos sabemos que allí se lo-
ron al paso de los recintos religiosos de Guanajua- graron reunir, entre los deshechos insurgentes,
to y Michoacán. Sin embargo, siempre ha existi- cinco banderas y dos estandartes. De los siete,
do y permanentemente se ha tratado de corregir cuatro (dos banderas y dos estandartes) porta-
a lo largo de dos siglos la confusión en torno a ban a la Virgen de Guadalupe. Los insurgentes
estos lienzos que se atribuyen particularmente llevaron telas como señales que los realistas lla-
al cura Hidalgo. Es decir, el lienzo al óleo tomado maron banderas sin describirlas.36
de una de las paredes del Santuario de Atotonil- La presencia de la Virgen de Guadalupe al co-
co (fig. 1), y el estandarte guadalupano interpre- menzar la guerra cuenta con una buena cantidad
tado en acuarela que perteneció a los francisca- de interpretaciones.37 La abundancia de imáge-
nos de Michoacán con la leyenda en abreviaturas: nes que aportaron los contingentes populares en
“Viva María Santísima de Guadalupe” (fig. 2). tan pocos meses es notable. Gracias a Sonia Lom-
Antes de que finalizara el siglo XIX se había podi- bardo por fin observamos las interpretaciones
do aclarar que el lienzo de la Virgen, pintado por populares de las banderas sugeridas por Hidalgo.
Andrés López en 1805, había sido la imagen pri- El coronel Theubet de Beauchamp captó dos que
mera. Perdida muy pronto en la batalla de Acul- tienen que ver con el mensaje incial a sus artesa-
co, su lugar se fue cubriendo con otras. El proble- nos, según el relato de Pedro Sotelo: acompañan-
ma es que la belleza del estandarte franciscano es do sus palabras desde “el balconcito del cuarto
singular. Sin atender los conocidos documentos, de su asistencia” les había enseñado un lienzo
la colectividad patria eligió la bella para armar la
tradición del cura Hidalgo con el estandarte de 36
Dan ejemplo las dos banderas que ganaron el cabo
su empresa en la mano. Son muchas las represen- Eleuterio Negrete y los soldados Florentino Valero y Victo-
taciones; se eligió el detalle del billete conmemo- riano Salazar, del Regimiento de San Luis; otra tomó Eu-
rativo del Bicentenario de la Independencia de genio Valcanez de los Dragones del Regimiento de México
2010, que privilegió el popular trazo de Jesús y otra fue levantada del suelo por el cabo Mariano Barrera,
del Regimiento de Querétaro, sin que podamos saber por
de la Helguera (fig. 3). Pintó a Hidalgo con el es- qué recibieron el nombre de banderas. “Parte detallado de
tandarte franciscano pero añadió la paloma de la la acción de Calderón con sus documentos comprobantes”,
paz, puso como fondo las guerras mundiales de en J. E. Hernández y Dávalos, op. cit., t. II, doc. 195.
37
Francisco de la Maza, op. cit.; Jacques Lafaye, Quetzal-
la primera mitad del siglo XX y la desmilitariza- cóatl y Guadalupe: la formación de la conciencia nacional
ción de México después de la contienda revolucio- en México, México, FCE, 1977; Ernesto de la Torre Villar,
naria. Paloma, seguimos deseando la paz perdida En torno al guadalupanismo, México, Porrúa, 1985; Eric R.
en el atemorizante y militarizado México. Wolf, “The Virgin of Guadalupe, a Mexican National Sym-
bol”, en Journal of American Folklore, núm. 71, 1958, pp.
Durante el primer movimiento de multitu- 34-39; William B. Taylor, “The Virgin of Guadalupe in New
des, los partes militares registraron la multipli- Spain. An Inquiry into the Social History of Marian Devo-
tion”, en American Ethnologist, 14, núm. 1, 1987, pp. 9-33;
35
En el presente Luis Sorando investiga en fuentes es- Matt Meier, “María Insurgente”, en Historia Mexicana, vol.
pañolas, las ¡setenta y tantas banderas mexicanas! captu- 23, núm. 3, marzo de 1974; Victor Turner y Edith Turner,
radas por los españoles para una publicación que se nos re- Image and Pilgrimage in Christian Culture Culture, New
serva en el futuro. York, Columbia University Press, 1978.

93
Ensayos

14. Aspa azul tomada al ejército insurgente.

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Ensayos

blanco con una estampa de la Virgen de Guada- antes de declararse la guerra, tanto del uso de
lupe.38 En estas dos pinturas podemos sentir el los españoles que no se ha reconocido lo suficien-
empuje popular de un movimiento que improvisa te, como de los del patriotismo criollo. Ambos, se
banderas con sus telas corrientes, en cuyo centro convierten en protagonistas de las combinaciones
colocan la imagen guadalupana. La primera, la posibles para representar en símbolos entre 1808
que representa al pueblo de Guanajuato y porta y 1810 y significan la alerta que se despertó al
un cuadrillero con atuendo de indio y rasgos de caer España. De 1809 es la Alegoría de las auto-
mulato, permite evocar que las banderas popu- ridades españolas e indígenas de Ecatepec, pinta-
lares sirvieron como señales orientadoras para la da por Patricio Suárez de Peredo (fig. 9). En este
guerra e inmediata declaración de motivos (fig. cuadro que celebra un importante donativo mo-
4). La segunda, con el gusto del desgaste en la ac- netario para contribuir con los gastos de la gue-
ción del Cerro de Las Cruces, nos llama la aten- rra, las dos Españas se manifiestan a través de
ción a las cuadrillas compuestas por indios, cas- sus escudos: el de la Casa de Borbón y una alego-
tizos y rancheros, donde accionaban hombres y ría emblemática del pueblo de Ecatepec, además
mujeres los cañones de madera con cinchos de de sus autoridades respectivas, amparadas por
fierro descritos en los documentos (fig. 5). la Virgen de Guadalupe y unidas en torno al rey
Con el descubrimiento en España del par de detenido en Bayona. Así como en el escudo real
banderas de guerra de Ignacio Allende se vino se adivinan las Aspas de Borgoña, en el de Ecate-
abajo la primera certeza patria: que las prime- pec, entre las armas indígenas que le rodean so-
ras banderas de la Independencia habían salido bresalen cuatro banderas blancas y dos hondas
de las iglesias. Al sentirse las provincias casi per- del mismo color. Se utilizaron como recursos para
didas ante la crisis política en la capital del vi- afirmar la aceptación de los indios a la guerra
rreinato y la posibilidad de que fuera entregada santa contra los herejes franceses. Aquello jura-
la Nueva Espana a los franceses, entre los pre- do por toda la sociedad de la Nueva España en las
parativos de Allende estuvo la confección de sus demostraciones de lealtad cuando pudo informar-
banderas. Sus divisas son las defensas de la re- se, además, que el pueblo español se había rebela-
ligión, del rey y de la patria, amenazados por la do y comenzado a organizar su resistencia.39
elevación al trono de José I, hermano de Napo- Bien se sabe que la Virgen María, en su advo-
león Bonaparte. Nada mejor que representarlo cación de Guadalupe, fue tan solicitada como la
en dos vistas: con la Virgen de Guadalupe coro- Virgen de los Remedios entre 1808 y 1810 para el
nada como patrona jurada de la Nueva España auxilio de las dos Españas.40 En el famoso paseo
y con la composición emblemática en el reverso que hizo la Virgen de los Remedios en 1810 al
centrada en el águila. La franquean dos Aspas de 39
Borgoña y dos guiones militares españoles a los Guadalupe Nava Otero, Cabildos de la Nueva España
en 1808, México, SepSetentas, 1973; Hira de Gortari Rabie-
costados, la timbra el arcángel san Miguel en la la, “Julio-agosto de 1808: la ‘lealtad mexicana’”, en Historia
parte superior. También la rodean lanzas, alabar- Mexicana, México, julio-septiembre de 1989, pp. 181-203;
das, cañones y balas, todo un mensaje para se- François-Xavier Guerra, “Dos años cruciales (1808-1809)”,
en Modernidad e independencias. Ensayos sobre las revolu-
parar a la Nueva España de cualquier desenlace ciones hispánicas, México, FCE, pp. 155 y ss.
europeo que abrió una guerra civil sangrienta y 40
Solange Alberro, “Remedios y Guadalupe: de la unión
cruel para ganar esa libertad (figs. 6, 7 y 8). a la discordia”, en Clara García Ayluardo y Manuel Ramos
Dichas banderas proporcionan un acercamien- Medina (coords.), Manifestaciones religiosas en el mundo
colonial americano, México, INAH/Condumex/UIA, 1997,
to mayor al registro que se tenía sobre la apropia- pp. 315-330; William B. Taylor, “La Virgen de Guadalupe,
ción de los emblemas de la Nueva España, desde Nuestra Señora de los Remedios y la cultura política del pe-
riodo de la Independencia”, en Alicia Mayer (coord.), México
en tres momentos: 1810, 1910, 2010. Hacia la conmemora-
38
Testigos de la primera insurgencia: Abasolo, Sotelo, ción del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la
García, est. introd, ed. y notas de Carlos Herrejón Peredo, Revolución Mexicana. Retos y Perspectivas, México, UNAM,
México, INEHRM, 2009, pp. 68 y 90. 2007, t. II, pp. 213-240.

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Ensayos

salir de la ciudad de México rumbo a su santua- Estas señales jesuitas en el paisaje mariano
rio, se decoraron las fachadas y el ostentoso re- obedecen a que ninguna analogía podía ser más
corrido estuvo cargado de rogativas contra Napo- acertada para la guerra santa. La conversión de
león. Vale mencionarlo, porque en el Oratorio de san Ignacio de Loyola había sucedido después ha-
San Felipe Neri se explicó en una enorme manta berse lesionado una pierna cuando cayó Pamplo-
el mensaje de la bandera blanca. Ésta no se des- na en poder de los franceses. Por inspiración de
conocía del todo ya que formaba parte de los Ejer- María había redactado los Ejercicios Espiritua-
cicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, bien les, que se volvió el refuerzo intelectual de los
plantados por los jesuitas y proseguidos por los jesuitas en su lucha permanente contra la here-
oratorianos después de su expulsión. El padre jía tanto en Europa como en América. El valor
Juan Bautista Díaz Calvillo la describió: universal de la bandera blanca se percibe en que
ni la ciudad de México ni los indios de Ecate-
Toda la sustancia de los mismos ejercicios, pec apoyaron la causa insurgente llegado el mo-
como no ignoran los que les han practicado, mento. Las pequeñas banderas que improvisó la
se encierra en el que el dicho santo patriar- gente en Guanajuato se entienden porque era
ca intituló DE LAS DOS BANDERAS. Por medio un territorio donde se practicaban nutridamente
de él es conducido el ejercitante hasta el ejercitantes espirituales, como en el santuario de
campo de Babilonia que significa confusión, Atotonilco entre Dolores y San Miguel el Gran-
y allí ve a Lucifer en una gran cátedra de de. El cura Hidalgo llamó a gente que identifica-
fuego, rodeado de demonios, y tremolando ba la señal de la bandera blanca. En Atotonilco
con la mano derecha una bandera roja, bajo no llegó únicamente para comer o para tomar la
la cual convida a todos los hombres a que se imagen guadalupana de su iglesia, sino para ha-
alisten prometiéndoles el logro de sus ape- blar con quienes estaban reunidos e invitarlos a
titos de honra, de riqueza y de deleite. Por regresar a sus lugares de origen y dar la nueva.
el contrario JESÚS con un semblante apaci- Quienes en cambio se le sumaron, tal vez apor-
ble y modesto, acompañado de sus pobres tando su bandera blanca, vieron en el santuario
y humildes discípulos, y sentado en medio guadalupano de Guanajuato la estampa de la
del valle de Jerusalen que quiere decir paz, Virgen y la cosieron a la tela. Las enarbolaron,
levanta una bandera blanca llamando tam- en cualquier caso, las cuadrillas sólo de indios, o de
bién a todos los hombres con el fin de hacer- indios y de castas como las que participaron en la
los verdaderamente felices, para lo cual les batalla del Cerro de Las Cruces (lo cual captó el
pide que mortifiquen los mismos apetitos de coronel suizo), descritas en la toma de Guanajua-
honra, de riqueza y de deleite, prometién- to semanas adelante por el padre Díaz Calvillo:
doles en recompensa de tan corto sacrificio
una bienaventuranza interminable.41 La había ocupado Hidalgo el viernes 28 de
septiembre con un ejército que componían
41
Los oratorianos ocuparon esta residencia después de en la mayor parte indios honderos y de fle-
la expulsión de los jesuitas, con el compromiso de continuar cha, y otros de garrote y lanza, y en la menor
con las enseñanzas de san Ignacio; Juan Bautista Díaz Calvi-
llo, Sermón que en el aniversario solemne de gracias a María
el regimiento de infantería de Zelaya, los
santísima de los Remedios, celebrado en esta Santa Iglesia de dragones de la reyna y príncipe, y por-
Catedral el día 30 de octubre de 1811 por la victoria del Mon- ción de lanceros de caballería, todos en nú-
te de las Cruces predicó el padre doctor don Juan Bautista mero de veinte y dos mil hombres, con dos
Díaz Calvillo, prefecto de la doctrina cristiana en el Oratorio
de San Felipe Neri de esta corte, México, Con licencia, En la cañones de madera abrazados con cinchos
imprenta de Arizpe, 1811. A éste le siguen las Noticias para
la historia de Nuestra Señora de los Remedios. Desde el año en la Independencia. La cultura indígena de la guerra santa
de 1808 hasta el corriente de 1812. Ordenábalas el autor del según los cuadros de los museos”, en Jaime Olveda (coord.),
sermón antecedente, México, Con Licencia, En casa de Arizpe, Independencia y Revolución. Reflexiones en torno del Bicen-
1812, pp. 96 y 97; Martha Terán, “Banderas y hondas blancas tenario y el Centenario, Zapopan, 2009, t. II, pp. 51-68.

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de hierro. La divisa de esta gavilla de tu- posición la sugiere la enorme similitud entre el
multuarios era una asta larga con un lien- porte y atuendo de las figuras de san Miguel. Él y
zo de enrollar bastantemente grande, en el la Virgen de Guadalupe se vinculaban para signi-
que aparecían pintadas sobre campo blan- ficar que la aceptación del cristianismo, bendecido
co las imágenes de nuestra señora de Gua- por la Aparición, era la prueba de que la erradica-
dalupe y San Miguel Arcángel; y al pie de ción del paganismo prometía que la Nueva Espa-
ellas se leía esta inscripción: VIVA LA AMÉ- ña llegaría a ser una nación soberana.
RICA SEPTENTRIONAL Y LA RELIGIÓN CATÓ- En particular, la composición patria elegida
LICA. Cada una de las cuadrillas de indios por Ignacio Allende responde a una representa-
llevaba también su bandera blanca aunque ción muy puntual del siglo XVIII, centrada en la
pequeña con una estampa de papel de la relación de la de san Miguel con el águila mexica-
referida imagen de María Santísima, y el na para crear el mensaje de una patria bendeci-
grito continuo de ellos sólo era el de Viva da. Hablamos de la composición que presenta al
nuestra señora de Guadalupe, y mueran los águila timbrada por una estrella. La Stella Maris
gachupines.42 que guió a los europeos, a Hernán Cortés, a lle-
gar al nuevo mundo para desterrar, como san Mi-
Fue de Guanajuato abanderarse con la Vir- guel, la idolatría. Ya que la estrella evocaba tanto
gen de Guadalupe y con el arcángel san Mi- a san Miguel como al conquistador, el águila así
guel. Excede la iniciativa de las banderas de los timbrada simbolizaba la Nueva España bendeci-
Dragones, si lo medimos por la “bastantemen- da. La Gazeta de México difundió dos versiones
te grande” imagen de la Virgen de Guadalupe muy conocidas de las que se presenta una (fig.
acompañada por el primer general de la lucha 12). Este “timbre del imperio mexicano” se aso-
contra Satanás, el patrono jurado de San Miguel ció directamente con la Virgen, en España, por
el Grande. Si luego se pierde, la bandera blanca la Real Congregación de Guadalupe que se esta-
de la insurgencia de Guanajuato será retomada bleció en la capilla de San Felipe el Real en Ma-
por el movimiento de Morelos. drid, tal como aparece en la portada de las Cons-
El sexto de los Ejercicios explicaba la bandera tituciones de la Real Congregación de Nuestra
blanca; después de que el tercero detallaba la vic- Señora de Guadalupe de México (fig. 13).43 Los
toria de san Miguel sobre la idolatría. Pareciera que primero llamaron a la Independencia trata-
que las imágenes de san Miguel con una bandera ron de preservar una patria católica.
blanca en la mano que se pintaron en el siglo XVIII Aquellos que destacaron a su muerte mantu-
están aludiendo a los Ejercicios. En esta selección vieron los símbolos del rey y los novohispanos to-
se presenta un cuadro de san Miguel llevando mados desde el comienzo.44 Al formarse la Junta
una, iluminada con una cruz en el centro pues en de Zitácuaro, organizada por el licenciado Igna-
ellas solían ponerse imágenes o signos inspirado- cio López Rayón, el acto se celebró “con la ben-
res (fig. 10). Estuvo expuesto en el antiguo Hotel dición de dos banderas”.45 Eran “una blanca con
de la Soledad en Morelia desde que se tiene me- las armas del rey y otra encarnada que decían
moria; el historiador Gabriel Silva Mandujano lo
captó en 2003 y hace un par de años una redeco- 43
Constituciones de la Real Congregación de Nuestra
ración del edificio lo retiró; también es guadalu- Señora de Guadalupe de México. Fundada en la iglesia de
pano si el lema bajo la cruz dicta: OMNI NATIONI. San Felipe El Real de esta Villa de Madrid, en la oficina
de Joaquín Sánchez, 1743.
Mucho se asemeja al conocido cuadro de san Mi- 44
Moisés Guzmán Pérez, La Junta de Zitácuaro, 1811-
guel en exhibición en el Museo de la Basílica de 1813. Hacia la institucionalización de la insurgencia, More-
Guadalupe, donde en su bandera blanca se pintó lia, Universidad Michoacana de San Nicolás Hidalgo, 1994.
45
“Sumaria información sobre la venida a esta capital
a la Virgen (fig. 11). La universalidad de esta com- de tres soldados del Regimiento de Infantería de México, y
dos del Provincial de Tres Villas, procedentes de Zitácua-
42
Juan Bautista Díaz Calvillo, op. cit., p. 129. ro en donde estaban prisioneros y sobre el estado, fuerza y

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15. Bandera con la leyenda “Non Fecit Taliter Omni Nationi”.

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de América con la imagen de Nuestra Señora de tán general (fig. 17). En el retrato persevera el
Guadalupe”.46 Sobre esta última, hay elementos aporte de los indios a la simbología de la guerra
para pensar que se trata del Aspa de Borgoña santa interpuesta por la defensa de la religión y
azul hoy en el Museo de España (fig. 14). Sobre el rey, invariable en sus claves desde las mani-
la primera mencionada, con la imagen de la Vir- festaciones de lealtad previas al estallido de la
gen labrada en seda blanca, los documentos ha- guerra. Tanto la bandera blanca como una gran
blan de varias que parecen ser de las emitidas honda blanca (pintadas también en el cuadro de
para la ocasión (fig. 15). La Virgen de Guadalupe las autoridades indígenas de Ecatepec, tres años
está rodeada de una orla compuesta por el lema antes y sin ninguna relación) hacen parte de la
NON FECIT TALITER OMNI NATIONI. En el Casti- composición patria que timbra la parte superior
llo de Chapultepec se la tiene como de Morelos, del retrato. Sin ser exclusivos de la insurgencia
si por casualidad fue una de las que se realizó en se usaron en el diseño de los sellos oficiales de
Zitácuaro, como dice Guzmán Pérez. Banderas la Junta de Zitácuaro. En la alegoría patria que
así todavía las izó Benedicto López en la fortale- adorna el retrato, se había prestado poca aten-
za del Cerro del Cóporo. Eran las de la profecía ción a sus cuatro banderas, una, la blanca que
por cumplir, tan creíble como que ellos estaban en orientaba a la gente sencilla en armas. Las tres
el intento. En el seno de la junta se confeccionó restantes evocan la bandera carmesí que acom-
también una bandera radical de contenido teoló- pañaba a los Bravo, la negra que llevaba More-
gico, El Doliente de Hidalgo. Es una cruz negra los (que apenas se distingue) y la que abandera-
en campo rojo tanto con la calavera y canillas de ba al regimiento de los Galeana, blanca y celeste
la muerte, como con un mensaje bíblico que apela en franjas horizontales. Todas son con las que
a la justicia divina. En el reverso menos conoci- los jefes distinguieron sus fuerzas para la toma
do amenaza al enemigo con un arco y su flecha de Tixtla.48 Estaba Morelos por confeccionar sus
asociados al símbolo mariano. Este regimiento propias banderas y pudo lograrlo en Oaxaca.
de caballería se formó por campesinos de la Tie- Se ha repetido que las de San Miguel el Gran-
rra Caliente, de las provincias de Michoacán y de de son las primeras banderas mexicanas porque
México a los que se les dejó clara su doble misión: Allende se apropió del antiguo glifo fundacional
vengar a Hidalgo y defender la religión de sus pa- de México para hacer la guerra. Nos educamos
dres, amenazada por los españoles aliados de Bo- creyendo que habían sido López Rayón y More-
naparte.47 Lo capturó también Calleja con todo y los los que levantaron primero la señal más pode-
villa de Zitácuaro. Los pueblos aledaños queda- rosa del pasado antiguo en la descubierta de los
ron consumidos por el fuego (fig. 16). insurgentes. Lo relevante es que multiplicaron
Es otro el momento del cuadro más famoso del las águilas en muchas modalidades y materia-
general Morelos, el que se fue a España y regre- les y transformaron el mensaje que inicialmen-
só. Lo pintó un artista anónimo después de que te trasmitieron las banderas de Allende. Fueron
la trayectoria guerrera lo premió con la toma los artífices de un cambio de contenido simbóli-
de la ciudad de Oaxaca. Estrenaba el uniforme co parecido al fenómeno español durante la ocu-
con el que posa con bonete de cura que le regaló pación napoleónica de la península, cuando la
Mariano Matamoros por su nuevo grado de capi- propia resistencia hizo que el león del imperio se
convirtiera, de un poderoso emblema monárqui-
noticias de aquella Villa”, en AGN, Infidencias, vol. 24, exp. co, en la representación del pueblo y la nación
3, ff. 118-131.
46
AGN, Infidencias, vol. 24, exp. 3, ff. 120 y 127. Lo con-
españoles.49 Las banderas que Morelos emitió en
firmaron los soldados del Regimiento de las Tres Villas, Si-
48
món Valiente y Diego León. En la Villa había más de mil Raquel Huerta, “El general insurgente Vicente Guerre-
hombres concentrados y, “junto con toda la indiada de pue- ro hasta la tregua de Acatempan”, en 2010. Memoria de las
blos y barrios”, “con todos los de afuera”, eran más de 8 000 revoluciones en México, México, junio-enero de 2008, p. 100.
49
los hombres de los que disponían. Víctor Mínguez, “Leo fortis, Rex fortis. El león y la
47
Moisés Guzmán Pérez, op. cit., 2006, pp. 49-50. monarquía hispánica”, en Víctor Mínguez y Manuel Chust

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varias ocasiones para dotar a sus mandos sugie- a su trono— la capturó también el coronel suizo
ren, erguidas encima de las calzadas heráldicas para mostrarnos por primera vez el portabande-
de la ciudad de México, que ya no se representa- ra de los indios del batallón de pintos de las fuer-
ba una patria bendecida sino a los insurgentes, a zas del general Guerrero (fig. 22). Esta bandera
los americanos que luchaban por su libertad. Dos blanca, ¿llevaría pintada a la Virgen de Guadalu-
banderas muy conocidas de los ejércitos de Mo- pe? Corresponde a la última y fragmentada fase
relos, una llamada UNUM (fig. 18) y otra que per- de la insurgencia, cuando sobresalieron las fuer-
teneció al Batallón de San Fernando, comandado zas de Vicente Guerrero, de más de mil hombres
por Vicente Guerrero, hoy reposan en la misma bien armados por los hacendados del sur y com-
sala del Castillo de Chapultepec (fig. 19). Emi- puestas por sus empleados.
tidas en Oaxaca y perdidas en Puruarán, están El nacionalismo tampoco era dado a poner
compuestas sobre un fondo blanco y con tableros en paralelo los símbolos enarbolados en la gue-
celeste y blanco. En un óvalo se forman las si- rra por “los otros” mexicanos. Novohispanos no
guientes palabras: Oculis et unguibus aeque vic- afectos a la independencia que al tomar también
trix (con los ojos y con las uñas igualmente victo- las armas determinaron el carácter civil de la
riosas). Sobresale el águila con la palabra UNUM. guerra. Tuvieron sus capítulos de gloria y se pro-
Morelos lo puso en claro en los discursos donde fesionalizaron aún más con la llegada de los ex-
se valió de la imagen del águila luchando contra pedicionarios españoles en los últimos años. Para
el león para explicar la independencia. Era una los realistas, después de la toma de las princi-
nación antigua la que se iba a restablecer, el so- pales fortificaciones insurgentes, los trofeos de
metido imperio mexicano que anularía el tiempo guerra que podían interesarles se fueron enrare-
de la Nueva España. Así lo dio a entender al tras- ciendo. Entonces las condecoraciones, los partes
mitir la idea de la República del Anáhuac. victoriosos y los ascensos de grado duplicaron su
Su gran acierto fueron las enseñas confeccio- importancia. Con la restauración del rey Fernan-
nadas en tableros blancos y azules que dieron do, el ejército se había comenzado a reordenar
uniformidad a sus regimientos. De su hechura en una competencia interna fincada en el mérito
popular nos queda la enigmática que lleva bor- guerrero. Además de las ya comentadas medallas
dados una macana y un cometa; ya no se expone, al mérito militar que se plasmaron en las ban-
aunque estuvieron en el Museo de Artillería (fig. deras de Isidro Barradas, se hicieron escudos de
20). Sin embargo, las banderas victoriosas con- distinción como la Condecoración por la toma del
tinuaron en la guerra hasta perderse de vista, Fuerte de San Gregorio que alude a la detención
como la bandera de los Galeana presente en el del general Francisco Xavier Mina y la derrota de
retrato de Morelos, en la que no se intuye que sus fuerzas (fig. 23). O bien, la Condecoración
la Virgen de Guadalupe estuviera pintada en el por la pacificación de la Provincia de Veracruz
centro de los colores de la religión en bandas. La que celebra la derrota de las últimas resistencias
estamos conociendo (la cual fue apoyada por los insurgentes veracruzanas, por batallones llega-
valientes hermanos Bravo), gracias a que el co- dos de toda la Nueva España (fig. 24).
ronel Theubet de Beauchamp la captó en la toma Hay que corregir bastante nuestra historia
de Acapulco. En su lámina aparecen los distintos ateniéndonos a los hechos. Antes de conocerse
guerreros populares ayudados por sus mujeres las banderas de Ignacio Allende, no se tenía en
(fig. 21). La reactivación del movimiento —sacri- mente el uso de las Aspas de Borgoña por los ame-
ficado Morelos, pacificadas grandes partes de la ricanos. Nos faltaban para comprender la evolu-
Nueva España y una vez que el rey había vuelto ción simbólica de una guerra donde no se puede
negar la alternancia de posturas entre los com-
batientes por la independencia. No es cierto que
(eds.), El imperio sublevado. Monarquía y naciones en Es-
paña e Hispanoamérica, Madrid, Consejo Superior de In- exclusivamente pelearon emblemas mexicanos
vestigaciones Científicas, 2004, pp. 57-94. contra españoles. Banderas con aspas y guiones

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españoles se enfrentaron por los dos costados. ejército mexicano y tomar la bandera tricolor. Al
No debemos olvidar que también los poseyeron, irse aceptando el Plan de Iguala, en la conversión
por reglamento, todos los otros regimientos que de los ejércitos realistas, el Regimiento de Infan-
abandonaron al gobierno español declarándose tería de Línea Provincial de Puebla tuvo ocasión
leales al rey, los de Querétaro, Pátzcuaro, Va- para confeccionar en seda una bandera trigarante
lladolid y Celaya. Fueron muchas las banderas que se volvería famosísima, con los colores verde,
con aspas y los guiones militares que se recogie- blanco y rojo en franjas diagonales bajo el lema
ron a los insurgentes. Los partes reportaron un Unión, Religión, Independencia (fig. 26).
Aspa de Borgoña capturada al apresar a Hidal- Si de las banderas históricas desconocemos
go en Acatita de Baján el 21 de marzo de 1811 más de lo que sabemos, esto es más cierto para
que, para Sorando, es la azul del museo español las tricolores insurgentes. Desde el movimiento
y para quien esto suscribe pudo ser la confeccio- de Morelos comenzó al parecer la experimenta-
nada en Zitácuaro al instalarse la Junta.50 ción en fondo tricolor. Existe una atribuida al Ba-
Que hubo quienes todavía después continua- tallón Morelos, en cuya franja blanca aparece la
ron sintiéndose cómodos con los símbolos del rey Virgen de Guadalupe y bajo ella el águila mexica-
entre las filas rebeldes, lo documentan las bande- na. Por su parte, la bandera conocida como Siera,
ras enviadas desde Xaliaca al virrey Apodaca, que al parecer procedente de Zongolica, Veracruz, en
no se tienen localizadas. Me refiero a la bandera la franja blanca ostenta un carcaj con flechas. Los
jurada con la Cruz de Borgoña que remataba con tres colores que confluyen en el diseño de la ban-
escudos mexicanos, mientras en el reverso levan- dera del Plan de Iguala fueron llevados por otros
taba la divisa de luchar por la inmunidad eclesiás- insurgentes: aparecen pintados por el coronel
tica, labrada en tela de la que usaban los curas. Beauchamp en los listones de la bandera y en el
En las dos orillas de la guerra se compartía el ima- adorno plumario del portaestandarte de los pin-
ginario, aún así conmueve que su descripción su- tos del general Guerrero. Para salir de la guerra,
giera mucho parecido con las de los realistas novo- los elementos militares se acabaron confundien-
hispanos; por ejemplo la Bandera RVT de las Tres do en la unión. Con los tambores de Vicente Gue-
Villas, Córdoba, Orizaba y Xalapa (fig. 25). Este rrero, que alentaron este pacto, se declaró por
batallón, por haberse organizado y financiado por primera vez la Independencia juntándose los
las villas veracruzanas, sus escudos remataron los ejércitos y los tambores. Aquí se ofrece una ima-
extremos del Aspa de Borgoña de su bandera de gen del siglo XIX (con su escudo realista), que
seda. El batallón, siendo muy famoso en la con- forma parte de la colección del Museo Nacional
trainsurgencia, se unió al ejército de Agustín de de las Intervenciones; debió pertenecer al Regi-
Iturbide y enseguida al Plan de Iguala en febre- miento de América, los refuerzos españoles para
ro de 1821. En septiembre de ese mismo año se acabar con la insurgencia (fig. 27).
disolvía para reagruparse después como parte del Los tres colores dominaron en el adorno de la
ciudad de México el 27 de septiembre de 1821.
En la Entrada triunfal del Ejército Trigarante,
50
Desde Aculco, antes de Puente de Calderón, se habían
logrado tomar tres banderas a los regimientos rebeldes, dos
famoso cuadro que se conserva en el Castillo de
al de Celaya y una que perteneciera al de Valladolid. En Chapultepec, los colores ondearon en las ban-
Acatita de Baján, al apresar a Hidalgo, los partes señalan deras izadas en el arco triunfal, donde también
que le recogieron dos guiones. Éstos, reglamentariamente se lucen en franjas horizontales y en los estan-
debían llevar el escudo del rey por una cara y el del regi-
miento en la otra. Sin embargo, el mayor lote de banderas dartes en una variedad de formas (fig. 28). Son
que traían los insurgentes, del que no se conoce su inventa- muy coloridas las banderas capitalinas que los
rio, fue arrebatado una semana después al sobrino del cura recibieron según el plano del cuadro. Los indios
Hidalgo, Tomás Ortiz y a Julián Rodríguez; Martha Terán,
“Símbolos e imágenes de la guerra por la independencia”,
también hicieron su mitote improvisando carri-
en Derechos del hombre en México durante la guerra civil zos y banderas para la ocasión. Los captó el co-
de 1810, 2009, p. 229. ronel Beauchamp, rodeados de banderas fabri-

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cadas con sus telas corrientes, que llevaban con La bandera que cierra estas imágenes corres-
ellos en agradecimiento a la Virgen de Guadalu- ponde a la enorme Cruz de Borgoña que fue pro-
pe (fig. 29). Los meses siguientes a la declaración tagonista en el intercambio entre México y Espa-
de la Independencia la bandera tomó su pues- ña, al encabezar la lista de las posibles banderas
to en los edificios de la ciudad de México, con el de intercambio, en atención a que España no
color verde o con el rojo pegado al asta, según lo posee banderas del reinado de Felipe V y de que la
demuestran otras dos de las pinturas del coro- tela data, al parecer, de 1715. Sin haber sido elegi-
nel Theubet de Beauchamp. El cuadro de la gran da, Luis Sorando sostiene que con total seguridad
plaza de la ciudad de México muestra banderas no es la de Barradas: está investigando sus oríge-
en los edificios en donde los colores aparecen or- nes con la hipótesis de que se trata de una bande-
denados por el rojo, tanto en la Catedral como ra de la guardia del virrey (fig. 35). Desde que se
en el del Palacio Nacional, mientras que en el encontraron las banderas mexicanas en Madrid,
kiosko se advierte una bandera con las franjas se hicieron manifiestas las insuficiencias de las
horizontales, fenómeno señalado por los histo- clasificaciones antiguas. En la Basílica de Guada-
riadores (fig. 30). La iglesia de Santo Domingo, lupe se concentraron enseñas de distintas épocas.
en cambio, izó su bandera tricolor ordenada por Estuvieron por muchos años las imágenes guada-
el color verde (fig. 31). lupanas primordiales de la independencia, pero
Antes de que terminara el año surgió por de- también las detenidas al general Barradas des-
creto la más antigua de las banderas que hoy pués de exhibirse en la ciudad de México. Fueron
nos significan con el antiguo escudo en la fran- recibidas por el general Felipe Berriozábal, como
ja central, la primera del México independiente. jefe de la Comisión de Auténticas de Trofeos de
Entre 1822 y 1823 se confeccionaron cantidades Guerra del Museo de Artillería y con esa indica-
de banderas para los edificios públicos y particu- ción pasaron al Museo Nacional de Historia de
larmente para el ejército. El águila apareció co- Chapultepec. El protocolo del intercambio tam-
ronada en la bandera de raso de seda del corto bién hizo notoria la mala referencia de las verda-
imperio de Agustín de Iturbide (fig. 32). Retiró deras banderas de la reconquista, pues se hacían
la corona la composición nacional que se multi- pasar por banderas de los siglos XVII y XVIII. El
plicó con las nuevas banderas militares, de las catálogo de piezas del Museo Nacional de Histo-
que existen muchas victoriosas en el Castillo de ria, vigente para los estudiosos y editado en 1990,
Chapultepec. Se ofrece la que adoptó el mismo está muy superado por la investigación, mientras
Batallón de Tres Villas, reorganizado por Gua- que la oscuridad supera aún a la investigación en-
dalupe Victoria en 1823 (fig. 36). Este cuerpo tera. El enorme esfuerzo del Museo del Ejército
fue de los que participó bajo el mando de Santa de España por actualizar las descripciones y re-
Anna en la batalla de Pueblo Viejo contra los es- ferencias de sus piezas es algo que nos debemos.
pañoles en 1829, convirtiéndolo en héroe (figs. En la rectificación de las viejas clasificaciones hay
33 y 34). Nuestra primera invasión extranjera también avances en las iniciativas de su direc-
propició la necesidad de crear un ejército de re- tor, el historiador Salvador Rueda, preocupado
serva a las órdenes del vicepresidente Anastasio por encontrar datos en los archivos del Castillo,
Bustamante, quien después dio golpe de Estado así como en los de anteriores directores y en los
a Vicente Guerrero. El batallón de Tres Villas documentos que posee el Ejército. Las banderas
ofrece uno de los tantos ejemplos de cómo se ins- históricas, esas poderosas telas que dialogando
titucionalizó el ejército mexicano con la combi- bien con ellas nos pueden cambiar lo conocido,
nación de los mandos y las tropas antes enemi- como las de Allende, ameritan investigarse mejor
gas. Su raso de seda estuvo después en el Fuerte y que se proporcionen mayores recursos para res-
del Álamo en 1836, en la defensa del puerto de taurarlas y exhibirlas. Y no porque llamaron a la
Veracruz en 1838 y en la Batalla de Cerro Gordo guerra sino porque lucharon por una paz libre de
de 1847. opresión. Sic itur ad astra. Per desastra.

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16. Estandarte El Doliente de Hidalgo.

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17. José María Morelos.

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Memoria libertaria.
Usos del calendario militante del anarquismo
hispanoamericano*

Anna Ribera y Alejandro de la Torre

Recordamos y recordaremos en todos los momen-


tos, porque la nefanda obra de miseria y muerte,
es de todos los instantes, contemporánea nuestra y
[de] todos nuestros antepasados.
Anónimo

En el complejo universo del pensamiento polí- en exceso) en un pasado heroico y un presente


tico, la idea del tiempo —la construcción del pa- ominoso que es necesario revertir.
sado, el devenir histórico, el futuro posible— es En lo que respecta al imaginario político anar-
una pieza fundamental en el funcionamiento de quista, las representaciones simbólicas del tiempo,
los imaginarios. Se advierte esta presencia de- que cobrarían sentido a una escala internacional,
terminante de la idea del tiempo en múltiples se consolidaron, en parte, gracias a la puesta en
expresiones que atañen a la conformación de los práctica de un calendario militante cuya finalidad
estados nacionales, a la legitimación de las reli- era construir una memoria colectiva de los opri-
giones, a los intrincados procesos de elaboración midos, los parias de la tierra, los trabajadores, los
de las memorias colectivas. revolucionarios, los hombres y mujeres con aspi-
Precisamente, en las diversas vertientes del raciones libertarias; un calendario que ponía en el
pensamiento llamado utópico —de las cuales nos centro de la idea del tiempo la liberación de la hu-
ocuparemos de una en esta ocasión— las formas manidad de todos los yugos autoritarios: el poder
que asumen estas ideas del tiempo entrañan una del Estado, la dominación espiritual de las religio-
importancia central como expresiones de cohe- nes y la opresión del sistema capitalista.
sión colectiva, de delineamiento de valores mora- En su dimensión social, y animada de un vehe-
les y de imágenes de la sociedad, en cuyo cumpli- mente ímpetu pedagógico, esta imagen del tiempo
miento se encuentra, invariablemente, un futuro se fue construyendo poco a poco gracias al cons-
promisorio. Futuro que descansa (simplificando tante ejercicio litúrgico de conmemoraciones polí-
ticas y sociales, por medio de las cuales se dotaba
de un sentido trascendente la identidad y la me-
* Una versión preliminar de este texto se publicó con el
título “Notas para un calendario militante anarquista”, en moria libertaria de los sujetos que participaban
Miguel Orduña y Alejandro de la Torre (coords.), Cultura de una cultura política cuyo rasgo definitorio era
política de los trabajadores (siglos XIX y XX). Prácticas y re- la lucha contra la autoridad.
presentaciones, trabajo y lucha de clases, México, Secreta-
ría de Desarrollo Institucional/Dirección General de Publi-
Sin embargo, es necesario apuntar que la re-
caciones y Fomento Editorial-UNAM, 2008, pp. 307-322. cordación histórica de las luchas sociales, el ánimo

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conmemorativo, se ve complementado con expre- social de los trabajadores; éstos se reunían a con-
siones solidarias concretas, dejando claro que, memorar o a festejar, al tiempo que manifestaban
desde el pensamiento libertario, los trabajadores el funcionamiento de una moral y una sensibilidad
del presente son herederos de una tradición de colectivas —por medio de la música, la lírica, los
combate y resistencia que nutría simbólicamente discursos— definidas políticamente.
sus luchas cotidianas. Así, en los actos conmemo- La sensibilidad política puesta en juego en
rativos, se percibe el tono flamígero y tremendis- estos rituales identitarios articuló, en última ins-
ta de los discursos; en ellos, subyace un ánimo de tancia, un imaginario alternativo al postulado
justicia, de vengar los actos de represión y autori- por el Estado y por la Iglesia. En esa medida, la
tarismo ejercidos por el Estado en defensa del ca- práctica de celebraciones cívicas dio forma a un
pital. En esta lógica, como un medio para legiti- calendario autónomo, en resistencia al imagina-
mar la violencia revolucionaria, se abunda sobre rio político oficial, inscribiéndose en un combate
la barbarie esencial en que se funda el sistema simbólico donde se ponían en juego definiciones
capitalista; al tiempo que se intenta revertir me- del trabajo, la moral pública, la solidaridad, la
diante una secuencia de imágenes terribles el ar- sociedad, el capital, la historia y el gobierno; de-
quetipo burgués del anarquista destructor.1 Con finiciones en las que subyacía la minuciosa cons-
un rasero antiautoritario se mira hacia el pasado trucción de una identidad colectiva específica que
y hacia el porvenir poniendo énfasis en la repulsa constituye un elemento toral en la conformación
de la tiranía monárquica, de la explotación capi- y fundamentación de la oposición política.
talista, de la insuficiencia hipócrita de la demo- Todo ello constituyó un creciente y efectivo
cracia representativa, al tiempo que se repudian conglomerado de imágenes, símbolos e historias
las expresiones militaristas y la manipulación de héroes revolucionarios que configuraron un
de las conciencias ejercida por el clericalismo. complejo imaginario de fuerte empuje popular y
Este conjunto de expresiones se presentaba en el de larga duración. Pere Gabriel sostiene que estos
contexto de una serie de efemérides simbólicamen- imaginarios se situaban en el terreno de la retóri-
te significativas que, las más de las veces, se conme- ca, pero que justamente de eso se trataba: el dis-
moraban colectivamente en centros obreros, en ve- curso militante, fuera del terreno más doctrinal y
ladas literarias y mítines. En términos ideales, por teórico, era un discurso de insurrección, de héroes
medio de estas prácticas se fortalecía la identidad combatientes en la barricada, de levantamiento
de partidas. Como en cualquier movimiento so-
1
A partir de las últimas décadas del siglo XIX, y sobre cialmente significativo, la historia propia y, más
todo a lo largo de los primeros años del siglo XX, se registra- todavía, la lectura particular de la historia, eran
ron numerosos atentados contra reyes, ministros, presiden- ejercicios fundamentales. La historia que se pre-
tes y aristócratas, cometidos por militantes del anarquis- tendía codificar y admirar era “la historia de los
mo en Europa y América. Como es sabido, esto dio pie a la
construcción, desde el Estado, de un personaje siniestro en pueblos hacia su liberación, la historia de las rebe-
la política internacional: el anarquista. Se le responsabilizó, liones contra los poderes establecidos y la reacción
entonces, de toda amenaza contra el orden establecido; se le en nombre de un progreso laico, frecuentemente
imaginaba como un individuo pernicioso en perpetua cons-
piración; se le representó, gráfica y discursivamente, como
librepensador, contra el clericalismo y el oscuran-
un sujeto afectado por una locura esencial que aguardaba tismo, una historia de progreso inevitable de las
en la sombras con una bomba bajo el gabán. Esta caracteri- ideas y los avances científicos, que podía compar-
zación incidió en la criminalización de toda protesta social tir todo el abanico de las izquierdas del momento
que aspirara al mejoramiento de las condiciones de vida de
los trabajadores. Al respecto, puede verse: Gustavo La Igle- [...] y que siempre implicaban la movilización y el
sia, Caracteres del anarquismo en la actualidad, Barcelona, levantamiento, la insurrección”.2
Gustavo Gili, 1907; Uri Eisenzweig, Ficciones del anarquis-
2
mo, México, FCE, 2004; Pablo Ansolabehere, “El hombre sin Véase Pere Gabriel Sirvent, “Sobre la cultura política
patria: historias del criminal anarquista”, en Lila Caimari popular i obrera a Catalunya al segle XIX. Algunes conside-
(comp.), La ley de los profanos. Delito, justicia y cultura en racions”, en Revista Cercles d’Historia Cultural, núm. 8,
Buenos Aires (1870-1940), Buenos Aires, FCE, 2007. Gener 2005, Universitat de Barcelona, pp. 37-38.

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El trabajo que proponemos consiste en un re- sa magonista le dio a las movilizaciones obreras,
corrido por la conformación del calendario mi- ya desde 1907, periódicos anarquistas de Cuba,
litante anarquista, por sus rituales conmemo- Estados Unidos, España, Francia y Argentina
rativos, destacando algunas de las efemérides censuraron la cruenta represión con la que el ré-
con mayor significación para los anarquistas en gimen porfirista acalló las demandas de los tra-
México y las de notoria relevancia para una cul- bajadores. Ya en 1908, Ricardo Flores Magón lla-
tura radical de alcances internacionales. Como maba a los trabajadores mexicanos a vengar a los
en otras manifestaciones de la cultura libertaria, “mártires de Río Blanco” por medio de la revolu-
la construcción del calendario buscó obtener, en ción social, pero fue precisamente en el curso de
un juego de opuestos, una función y un significa- la Revolución mexicana que tuvo lugar el minu-
do contrario a los del Estado y la Iglesia. Clara E. cioso proceso de elaboración simbólica de aque-
Lida ha analizado la manera como se manejó la lla huelga.
antipatía por las figuras y símbolos patrios y re- La huelga de Río Blanco es la efeméride obre-
ligiosos mientras se exaltó a las grandes figuras ra mexicana que arraigó de manera más firme
del anarquismo representándolas como mártires en el calendario militante de la Casa del Obrero
o héroes. Este abanico de elementos contrapues- Mundial. El recuerdo de los obreros masacrados
tos, o con significados descifrados a través de sus por las fuerzas del régimen porfirista en la fábri-
contrarios, dice Lida, “revela la manera efecti- ca textil del cantón de Orizaba se convirtió en el
va en que los anarquistas intentaban conformar principal referente simbólico de las luchas na-
un universo simbólico y muestra como estos pro- cionales. La conmemoración más lucidora de las
cedimientos se vinculan con un variado sistema que se llevaron a cabo fue sin duda la que tuvo
discursivo y de representación que contribuyó a lugar en marzo de 1915 aprovechando la presen-
conformar el imaginario cultural y social de los cia de los Batallones Rojos en Orizaba. El 11 de
obreros militantes”.3 marzo un amplio contingente de trabajadores fue
El lector advertirá que las celebraciones que en manifestación desde Orizaba hasta Río Blan-
aquí tratamos son presentadas en orden cronoló- co, Nogales y Santa Rosa, para rendir homenaje
gico, pues creemos que con ello se evita la tenta- a los obreros asesinados el 7 de enero de 1907. En
ción de organizar jerárquicamente el calendario, la descubierta, vestidas de rojo y negro, iban las
a la vez que se le rinde un discreto homenaje a la trabajadoras del Grupo Sanitario Ácrata, detrás
vetusta tradición de los almanaques políticos, am- el pintor Gerardo Murillo conocido como Dr. Atl
pliamente cultivada desde la cultura libertaria. con un ahuehuete que plantó en el cementerio de
Río Blanco como homenaje a los mártires y, ce-
rrando, bandas de guerra. Según los testimonios,
La huelga de Río Blanco en la marcha deben haber participado alrededor
(7 de enero de 1907) de cinco mil personas. Finalmente se celebró un
mitin en la plaza de Río Blanco a donde acudie-
Como es bien sabido, en la mitología de las movi- ron los obreros locales abandonando sus trabajos.
lizaciones obreras mexicanas ocupan un lugar se- Rafael Quintero, Jacinto Huitrón y el Dr. Atl pro-
ñero las huelgas de Cananea y Río Blanco. Sobre nunciaron los discursos.4 Este último dijo, entre
todo la segunda fue objeto de un rápido proce- otras cosas:
so de ritualización militante. En gran medida
gracias a la difusión internacional que la pren- 4
Luis Araiza, Historia del Movimiento Obrero Mexica-
no, México, Ediciones de la Casa del Obrero Mundial, 1975,
3
Clara E. Lida, “Discurso e imaginario en la literatu- t. III, p. 87; Rosendo Salazar, La Casa del Obrero Mundial
ra anarquista”, en Filología, año XXIX, 1-2, Buenos Aires, y la CTM, México, Partido Revolucionario Institucional-Co-
Universidad de Buenos Aires-Facultad de Filosofía y Letras, misión Nacional Editorial, 1972, p. 97; Rosendo Salazar y
Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas Dr. Amado José G. Escobedo, Las pugnas de la gleba (Los albores del
Alonso, 1996, pp. 125-126. movimiento obrero en México), México, Partido Revolucio-

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18. Bandera Oculis et Unguibus Aeque Victrix.

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Las revoluciones no las hacen los hombres; del canciller Bismarck. La defensa nacionalista
son las revoluciones las que hacen a los hom- de París se convirtió muy pronto en una revolu-
bres. A nosotros nos está formando esta re- ción social, heredera de los postulados de la Re-
volución y esta revolución es la conciencia volución francesa pero promotora de una nueva
de toda la América que se levanta contra los revolución proletaria, desde la tradición anar-
perjuicios, contra la tiranía del capitalismo quista de la Internacional. La Comuna de París
internacional. Mientras esta revolución sea sobrevivió unas cuantas semanas al asedio ale-
más intensa, sus resultados serán más tras- mán, aplaudido por el presidente de la recién ins-
cendentales. La participación de los elemen- taurada III República Francesa, Adolfo Thiers.
tos obreros significa la orientación definitiva Los defensores de la Comuna pelearon su última
de la revolución constitucionalista. Es nece- batalla en el cementerio de Père Lachaise, contra
sario que conquistéis vuestros derechos or- cuya tapia blanca fueron fusilados.
ganizándoos, y rifle en mano; mañana, cuan- La defensa de la ciudad y el posterior martirio
do la paz sea un hecho, cambiareis este rifle del pueblo parisino que sostuvo la Comuna, ad-
por un arado y en cada lugar una sementera quirió rápida celebridad en los medios socialistas
y junto a la sementera una escuela. europeos. Las barricadas parisinas, como epítome
De vuestra conciencia dependerá el éxito. de la resistencia popular, ganaron en la tradición
Vosotros llegareis a la victoria y a la glo- política de izquierdas, una notable potencia sim-
ria. Hermanos: nuestra revolución es este bólica que aún subsiste. La gesta de París en su
árbol: bien nacida, llena de savia rozagante, conjunto, fue objeto de un significativo proceso de
pero todavía pequeña. Como este árbol cre- internacionalización emotiva que ponía el acen-
cerá, será fuerte y frondosa y su follaje dará to en la condición obrera de los protagonistas de
sombra a la raza, la sangre de los hombres la resistencia.
que están sepultados en esta tumba dará A decir de Benedict Anderson, la feroz repre-
más fuerza a esta planta que tengo en mis sión a los communards, “abrió el camino al as-
manos. La sangre que nuestros hermanos censo del anarquismo internacional que hasta
derramaron en los campos de batalla es la fines del siglo constituyó el principal vehículo de
fuerza de nuestra revolución. Yo siembro oposición mundial al capitalismo industrial, la
este árbol sobre esta tumba, en nombre de autocracia, el latifundismo, y el imperialismo”.6
la conciencia nacional.5 En efecto, la supresión de la Comuna desató una
diáspora libertaria que marcó el inicio de lo que
podría llamarse la “primavera de la anarquía”,
La Comuna de París señalando a su vez un punto de inflexión en la
(18 de marzo de 1871) tradición insurreccional de las izquierdas del
mundo occidental.
En el contexto de la guerra franco-prusiana en Al mediar la década de 1870, el impacto de la
1871, los trabajadores de la capital francesa se Comuna de París empezó a hacerse sentir en las
aprestaron a defenderla de las fuerzas militares páginas de la prensa socialista mexicana. Perió-
dicos como El Hijo del Trabajo y El Socialista,
nario Institucional-Comisión Nacional Editorial, 1972, p. por ejemplo, se dieron a la tarea de ensalzar a los
90, y Jacinto Huitrón, Orígenes e historia del movimien- caídos, ya reseñando sus exiguas biografías, ya
to obrero en México, México, Editores Mexicanos Unidos,
1974, pp. 274-275. Según Araiza participaron cuatro mil pergeñando crónicas generales de los sangrien-
trabajadores en la marcha y el mitin, según Huitrón fueron tos sucesos. Al comenzar el siglo XX, se elaboró
cinco mil, en tanto que para Salazar oscila entre los cinco con mayor detenimiento la exaltación simbólica
y los diez mil.
5
Dr. Atl, “Las revoluciones no las hacen los hombres...”,
6
en La Vanguardia. El Diario de la Revolución, Orizaba, t. I, Benedict Anderson, Bajo tres banderas. Anarquismo e
núm. 10, viernes 30 de abril de 1915, p. 9. imaginación anticolonial, Barcelona, Akal, 2008, p. 60.

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de la Comuna en la prensa anarquista hispano- un carácter que podríamos denominar “funda-


americana que destacaba que la experiencia co- cional”. La Casa, en el momento de su creación
munera señalaba “una nueva etapa en el ciclo en 1912, adoptó el “sindicalismo como medio de
de las revoluciones”,7 pues se llegó a considerar defensa contra la explotación de nuestra época”
que marcaba el surgimiento de una nueva con- y a la Comuna de París “como el ejemplo para el
ciencia, autónoma y antiautoritaria del pueblo obrero mexicano de lo que el hombre común era
trabajador; de ahí que el ejemplo de los mártires capaz de hacer”.9
resultara aleccionador para las generaciones pre- La conmemoración de la Comuna se utilizó en
sentes y futuras. las labores de reclutamiento y propaganda de la
En la conmemoración se conjugan la memoria Casa del Obrero Mundial como el ejemplo revo-
justiciera que clama venganza, con el viaje de ida lucionario por antonomasia. El 28 de febrero el
y vuelta a las luchas heroicas del pasado, que sir- periódico Revolución Social publicó en primera
ven como una suerte de “combustible emocional” plana el poema ¡La Comuna! de Alberto Ghiral-
para encarar las penurias del presente y animar do, poeta y dramaturgo argentino, director de pe-
las luchas del porvenir. En este sentido, la con- riódicos de orientación libertaria como El Obrero
memoración (el viaje, la memoria justiciera) es y La Protesta de Buenos Aires.
el espacio simbólico que se aprovecha para legi-
timar y ajustar los términos del enfrentamiento Es el grito de guerra que presagia
político. Así, por ejemplo, se entendía la batalla La redención del mundo, es el soberbio
en las barricadas de París como un enfrenta- Grito lanzado en torno de las llamas,
miento entre “bravos trabajadores” que “se le- Desde el fondo más rojo del incendio,
vantan para resistir a la invasión devastadora de En los días más grandes de la historia
la fuerza” y la burguesía, “tropas de escépticos y Que abrirá el libro de los Tiempos Nuevos.
prostitutas, con el bagaje de sus instituciones au-
toritarias, con la capitalidad del estado”, según Es el rojo pendón de los ideales
lo consignara un semanario anarquista cubano Que en la bárbara noche de los pueblos
en 1909.8 Era, pues, la lucha entre la autonomía Luce como una estrella de bonanza
popular y el poder militarista, trasladado a los ¡Y es un dolor ardiendo!
consabidos términos de la batalla entre el bien Pero un dolor que dice: ¡soy aurora!
y el mal. ¡Y es la aurora del día de los siervos!
Los ecos de la Comuna seguirían resonando
en las movilizaciones obreras mexicanas. De entre Es la locura de las almas trágicas,
las efemérides del calendario militante de la Casa -Honra
Honra y fama del mundo- cuyo aliento,
del Obrero Mundial, la Comuna de París tiene Fulgor de tempestades y amarguras,
Va destruyendo amores, destruyendo.
7
Anónimo, “18 de marzo”, en ¡Tierra!, La Habana, ¡Semilla de dolor, la flor de vida
Cuba, marzo 19, 1904. El sentido didáctico que se le confe- Salpicada de púrpura está ardiendo!10
ría a este tipo de conmemoraciones queda claramente mos-
trado en este texto que culminaba: “Pero el recuerdo de la
9
Comuna, el 18 de marzo de 1871, todavía hace temblar a la Marjorie Ruth Clark, La organización obrera en Méxi-
burguesía de todos los países. La Comuna no ha sido ven- co, México, Era (Problemas de México), 1981, p. 27; Ra-
cida; el tiempo ha pasado para dar mayor conciencia a los món Eduardo Ruiz, La Revolución mexicana y el movimien-
revolucionarios, que en los próximos movimientos sociales to obrero, 1911-1923, México, Era (Problemas de México),
sabrán el procedimiento que deben seguir y no perderán 1984, pp. 72-73.
10
el tiempo en un inútil parlamentarismo. A los mártires de Alberto Ghiraldo, “¡La Comuna!”, en Revolución So-
aquella época, a los fusilados, vaya nuestro afectuoso re- cial, México, 28 de febrero de 1915, etapa 1, núm. 4. Las la-
cuerdo; a los asesinos de la burguesía, nuestra eterna exe- bores de difusión de esta gesta obrera se continuaron por
cración.” diversos medios: el 2 de marzo se publicó el texto de Louise
8
“El 18 de marzo. París-Versalles”, en ¡Rebelión!, La Ha- Michel, “Proclamación de la Commune”, y el 18, en el tea-
bana, Cuba, marzo 18, 1909. tro Llave de Orizaba, la Casa del Obrero Mundial efectuó

110
Ensayos

El 1º de Mayo públicos. La llaman la Fiesta del Trabajo,


¡qué ironía! ¡Festejar el Trabajo sus escla-
El impacto simbólico de esta fecha en el imagina- vos! No, no. Hagan fiesta los que quieran;
rio socialista es indiscutible. Se trata acaso de la nosotros no festejaremos el trabajo en tanto
conmemoración histórica más significativa en las no sea libre. El 1º de Mayo no tiene para no-
tradiciones de la izquierda internacional. Ade- sotros importancia ya, a no ser la histórica.
más de conmemorarse la lucha por la jornada de Diviértanse los que puedan, a nosotros más
ocho horas con mítines, manifestaciones calleje- bien nos entristece su recuerdo.12
ras, actividades lúdicas, veladas literarias, recita-
les, días de campo y conciertos, no era infrecuen- En concordancia con este espíritu, los discur-
te que el 1º de Mayo se empleara para inaugurar sos conmemorativos aluden fundamentalmente
la publicación de periódicos obreros, o bien para al ejemplo heroico de los mártires de Chicago, al
sacar a la luz números especiales de los ya exis- crimen cometido por la justicia estadounidense,
tentes. La conmemoración de esta fecha se origi- integrando la lucha por la jornada de ocho horas
nó en una resolución aprobada por el Congreso al martirologio militante.
de la Internacional celebrado en París en junio de En otras partes de Latinoamérica los grupos
1889. Se proponía la celebración de una manifes- anarquistas proponían que se empleara el asue-
tación internacional de obreros en un mismo día to de esta fecha para redoblar la propaganda re-
para reivindicar la jornada laboral de ocho horas volucionaria entre los trabajadores, “como en un
ante las respectivas autoridades públicas y pri- festival patriótico, religioso o político [donde] las
vadas. El Congreso de la Internacional de 1891 gentes se congregan en grandes cantidades, así
en Bruselas se comprometió a celebrar con re- hoy 1º de mayo utilizamos las grandes manifes-
gularidad el 1º de Mayo todos los años, insistien- taciones obreras, para entonar con voz fuerte y a
do que se celebrase con una sola manifestación, todos vientos el canto de la Anarquía”.13
fuere cual fuese dicho día, con el fin de poner de La conmemoración del 1º de Mayo en la ciudad
relieve “su verdadero carácter de reivindicación de México la organizó por vez primera la Casa
económica de la jornada de ocho horas y afirma- del Obrero Mundial en 1913, en pleno gobierno
ción de la lucha de clases”.11 Los anarquistas se huertista y con la intención simbólica de llevar a
opusieron a la idea de fiesta: el 1º de Mayo era cabo una huelga general. Numerosos trabajado-
un día solemne de lucha y conmemoración de los res se concentraron en el Zócalo, frente a Palacio
mártires de 1886 en Chicago. Nacional desde las ocho de la mañana. A las diez
A manera de ejemplo de las posturas ácratas dio inicio la marcha. En la descubierta portaban
en torno a la conmemoración del 1º de Mayo, una bandera rojinegra y atrás venían alrededor
puede citarse el siguiente texto, publicado en el de veinticinco mil trabajadores provenientes de
periódico anarquista neoyorquino Cultura Obre- organizaciones sindicales y mutualistas. La mar-
ra, en 1913: cha salió del Zócalo, pasó frente a la Catedral y los
portales, para dirigirse por la calle de San Fran-
Aun por el mundo habrá trabajadores que cisco hacia la avenida Juárez. Ya en el Hemiciclo
abandonarán hoy sus faenas para [...] ir en pro- se realizó el mitin. Jacinto Huitrón, fundador de
cesión por las calles, o para divertirse en los la Casa, fue uno de los oradores y aprovechó la
campos, o por reclamar algo a los poderes tribuna para hacer profesión de fe anarquista,
exaltar la gesta de Chicago y exhortar a los tra-
un mitin en homenaje a los mártires de la Comuna, con va-
rios oradores y con la Brigada Sanitaria Ácrata cantando
himnos revolucionarios en los intermedios 12
“Primero de Mayo”, en Cultura Obrera (Nueva York),
11
Eric Hobsbawm, “El nacimiento de una fiesta: el Pri- mayo 3, 1913.
mero de Mayo”, en Gente poco corriente, Resistencia, rebe- 13
“1º de Mayo”, en ¡Rebelión!, La Habana, Cuba, mayo
lión y jazz, Barcelona, Crítica, 1999, p. 138. 1º, 1910.

111
Ensayos

bajadores a una lucha tenaz y permanente hasta mundo, llegando incluso a ser una conmemora-
lograr el exterminio del régimen capitalista. El ción auspiciada por los gobiernos más o menos
ambiente creado por la manifestación animó a progresistas, como una forma de reconocimiento
muchas mutualidades a convertirse en sindicatos a las luchas laborales del pasado.
y le ganó numerosos adeptos a la Casa.
En mayo del año siguiente, en 1914, Victoria-
no Huerta clausuró la Casa y detuvo a sus mi- Independencia de México
litantes más destacados, por lo que no fue sino (16 de septiembre)
hasta 1915 cuando una manifestación conme-
morativa pudo organizarse en Orizaba en donde Aunque la celebración del 16 de septiembre tiene
tenía su sede de manera provisional la organi- un carácter eminentemente patriótico, los grupos
zación obrera. La manifestación se dirigió a la libertarios mexicanos aprovecharon en algunas
plaza donde se celebró un mitin y por la noche raras ocasiones el día para resaltar su contenido
hubo una velada, que tras la participación de va- liberador, inscribiendo la lucha por la indepen-
rios oradores, terminó con el himno libertario dencia nacional en la clave épica de la lucha po-
Hijo del Pueblo cantado por los concurrentes pular contra los poderes opresores; en esta lógica
quienes “se retiraron con el pecho lleno de con- interpretativa, el enfrentamiento lo protagoni-
soladoras esperanzas”.14 zaban el pueblo mexicano —que de manera es-
En el periódico Revolución Social se publicó el pontánea e intuitiva pugnaba por su libertad— y
siguiente soneto de Rafael Quintero, del sindica- la dominación española, expresada en la íntima
to de tipógrafos, a propósito de la efeméride: trabazón de la Corona y la Iglesia. Por medio de
este giro libertario se intentaban mitigar los con-
No se escuchan del heraldo clarinadas tenidos eminentemente patrióticos del festejo y
Ni voces de los juglares pregoneros; se reforzaba el tono anticlerical y popular de la
Los trágicos arlequines callejeros gesta independentista, con el ánimo de resigni-
No prorrumpen en burlescas risotadas; ficar (y legitimar) desde una perspectiva ácrata
una festividad de marcada exaltación nacionalis-
De entre los grupos no brotan las palmadas ta. Esta labor de ajuste simbólico no era sencilla,
Por el doliente cantar de los copleros; pues se trataba nada menos que de la fecha fun-
No hay aromas ni encendidos pebeteros, dacional del Estado mexicano; acaso por ello las
Ni bailadoras juncales y enfloradas. conmemoraciones del 16 de septiembre, en una
matriz cultural libertaria, fueron francamente
Un relámpago de luz ofuscadora
minoritarias.
Previene a la tierra que llegó la fiesta:
En esta lucha por la apropiación simbólica de
Y mientras fulgura la naciente aurora
la celebración, los propagandistas libertarios ini-
Atruena el chasquido de la fusta enhiesta
ciaron desde época temprana su labor de reinter-
Que abre paso, con fiereza arrolladora,
pretación de la gesta histórica. Muestra de ello
Al desfile de la gleba que protesta.15
nos la da el periódico La Internacional, semana-
rio de orientación socialista revolucionaria, ins-
La conmemoración del 1º de Mayo, como bien
pirado, como el título anticipa, en los postulados
se sabe, se consolidó a la larga como la más per-
de la Internacional, que publicó en septiembre
durable y sólida de las efemérides del calendario
de 1878 un artículo conmemorativo, escrito por
ritual de los trabajadores mexicanos y del resto del
Félix Riquelme. Este texto apunta ya los rasgos
de una interpretación libertaria de la Indepen-
14
Revolución Social, Orizaba, 8 de mayo de 1915 y La dencia que subsistió largamente en la cultura ra-
Vanguardia, Orizaba, 4 de mayo de 1915.
15
Rafael Quintero, “Primero de Mayo”, en Revolución dical mexicana. Riquelme culminaba emotiva-
Social, Orizaba, 23 de mayo de 1915, etapa II, núm. 4. mente su artículo afirmando que:

112
Ensayos

19. Bandera del Batallón de Infantería de San Fernando.

113
Ensayos

Hidalgo fue el primer socialista de México; ñol Feliú Vivas, “veterano del gran movimiento
honremos su memoria, ella será alguna vez internacional obrero”, quien, empuñando una
la chispa que incendie el nuevo fuego popu- bandera roja inició el canto del “Himno Interna-
lar para convertir en cenizas la infame ti- cional de los Trabajadores, que por primera vez
ranía. Como de ésta viene la esclavitud, del es cantado por mexicanos”,18 para clausurar la
pueblo vendrá la libertad.16 velada, los asistentes entonaron el Himno Na-
cional mexicano. En ejemplos como éste podemos
La conmemoración de la Independencia, en apreciar la diversidad de tradiciones políticas
tanto epopeya popular, quedaba cifrada enton- que confluían en las conmemoraciones militan-
ces tanto en la rememoración de una lucha his- tes, participando de un imaginario combativo en
tórica —que se asume inconclusa— como en la el que se imbrican elementos de reivindicación
posibilidad de actualizar la insurrección, convir- nacional, de solidaridad de clase y de distintas
tiéndola en un posible futuro justiciero, digno de posturas políticas de izquierdas que se concretan
aquel glorioso pasado. en complejos rituales de articulación social.
Para conmemorar el primer Centenario de la El discurso que pronunciara Ricardo Flores
Independencia de México, el régimen porfiriano se Magón en aquella singular celebración, resulta
empeñó en mostrar al mundo el progreso que el sumamente revelador de la trascendencia política
país había alcanzado gracias al “héroe de la paz”, que se le confería a una conmemoración de la en-
al tiempo que subrayaba la solidez inconmovible vergadura del 16 de septiembre, en tanto que deja
del gobierno mexicano. Pero mientras ese discur- en claro que gran parte del significado de las lu-
so se enarbolaba dentro de las esferas oficiales, chas sociales del pasado consiste, precisamente, en
ciertas conmemoraciones alternativas de la Inde- actualizarlas (reconociéndose en ellas) y conducir-
pendencia nacional no se hicieron esperar. las hacia un porvenir en el que puedan cumplirse
Algunas agrupaciones de obreros mexicanos al fin las aspiraciones de un pueblo oprimido:
de orientación libertaria, profundamente imbui-
das de las tradiciones políticas liberales, celebra- […] si algo puede enseñarnos [la insurrección]
ron a su manera el 16 de septiembre de 1910, es a no desconfiar de la fuerza del pueblo.
poniendo énfasis en el carácter autónomo y fun- […]
damentalmente obrero de la festividad, como El triunfo de la revolución que inicias-
una manera de marcar distancia con la fastuosi- teis el 16 de Septiembre de 1810, os dio la
dad de los festejos oficiales promovidos desde el Independencia nacional; el triunfo de la re-
Estado porfiriano. volución que iniciasteis en Ayutla, os dio la
La Junta Patriótica Obrera Mexicana, de Los libertad política; pero seguís siendo escla-
Ángeles, organizó una velada en el Simpson Au- vos, esclavos de ese moderno señor que no
ditorium para conmemorar el Centenario de la usa espada, ni ciñe casco guerrero, ni habita
Independencia de México. El programa del feste- almenados castillos, ni es héroe de alguna
jo, dirigido por Lázaro Gutiérrez de Lara, incluía epopeya; sois esclavos de ese nuevo señor
los discursos de Ricardo Flores Magón y Antonio cuyos castillos son los Bancos y se llama:
I. Villarreal, además de un espacio de “tribuna el Capital.
libre”.17 Por la reseña de la velada, sabemos que […]
participaron, entre otros, el escritor socialista Compañeros; habéis conquistado la In-
John Kenneth Turner y el propagandista espa- dependencia nacional y por eso os llamáis
mexicanos; conquistasteis, asimismo vuestra
libertad política y por eso os llamáis ciudada-
16
Félix Riquelme, “El 15 de septiembre”, en La Interna-
cional, núm. 11, septiembre 15, 1878.
17
Véase “Centenario de la Independencia mexicana”, en 18
Véase “Grandiosa fiesta proletaria”, en Regeneración,
Regeneración, núm. 2, septiembre 9, 1910. núm. 4, septiembre 24, 1910.

114
Ensayos

nos; falta por conquistar la más preciosa de Demostremos que somos conscientes
las libertades, aquella que hará de la especie y que amamos la idea de verdad,
humana el orgullo y la gloria de esta mustia combatiendo tenaces de frente
tierra hasta hoy deshonrada por el orgullo de al rico, al fraile y a la autoridad.
los de arriba y la humildad de los de abajo.19
Pues si libres queremos hermanos
Esta lectura eminentemente anticapitalis- encontrarnos algún bello día
ta y de carácter internacional, deja en segundo es preciso apretar nuestras manos
plano la noción de una gesta nacionalista. En en los cuellos de tal trilogía.
esta misma dirección y contraponiendo a la idea
Al que sufra en los duros presidios
de “patria” la de un proletariado mundial, los
por la causa de la humanidad
anarquistas cuestionaron el uso de símbolos na-
demos pruebas de ser sus amigos
cionales como los héroes, las banderas y los him-
y luchemos por su libertad.
nos. Respecto de estos últimos, consideraban que
su impacto en la sociedad era negativo dada su Es deber arrancar de las garras
exaltación de la patria y sus hazañas guerreras. de los buitres del dios capital,
En contraste, las composiciones anarquistas se a los buenos que tras de las barras
pretendían cantos universales de hermandad y amenaza una pena mortal.
heraldos de un porvenir sin odios. Un interesan-
te ejemplo de esto es la letra libertaria que para Si en la lucha emprendida queremos
la música original del Himno Nacional mexica- conquistar nuestra emancipación,
no, compuesta por Jaime Nunó, escribió Enrique ningún jefe imponerse dejemos,
Flores Magón. El llamado patriótico del coro ini- e impidamos así una traición.
cial se transformó en una incitación al cambio
revolucionario.20 Decía: Pues los hombres que adquieren un puesto
en el cual ejercen un poder,
CORO: Proletarios: al grito de guerra se transforman en tiranos bien presto
por ideales luchad con valor, porque el medio los echa a perder.
y expropiad atrevidos la tierra Proletarios: alzad vuestras frentes
que detenta vuestro explotador. las cadenas de esclavos romped,
Proletarios: precisa que unidos despejaos de prejuicios la mente
derrumbemos la vil construcción y las nuevas ideas aprended.21
del sistema burgués que oprimidos
nos sujeta con la explotación. En este afán de dotar a las fiestas nacionales
de nuevos significados se encuentra el siguien-
Que ya es tiempo que libres seamos te episodio: el 7 de septiembre de 1912 la poli-
y dejemos también de sufrir, cía de la ciudad de México detuvo y encarceló a
siendo todos iguales y hermanos varios miembros de la Casa del Obrero Mundial
con el mismo derecho a vivir. ante el temor de que interrumpieran la celebra-
ción de las fiestas patrias. El día 11 los detenidos
19
Ricardo Flores Magón, “Discurso pronunciado por Ri- fueron trasladados a la cárcel de Belén donde se
cardo Flores Magón en el Simpson Auditorium la noche del encontraron con que los presos habían adorna-
16 del corriente, con motivo de la gran fiesta proletaria or-
ganizada por los obreros mexicanos de esta ciudad para ce-
do las galeras del segundo piso con festones de
lebrar dignamente el Centenario del Grito de Dolores dado papel de China con los colores de la bandera na-
por Miguel Hidalgo y Costilla el 16 de septiembre de 1810”,
en Regeneración, núm. 4, septiembre 24, 1910. 21
Enrique Flores Magón, “¡Tierra y Libertad! Himno revo-
20
Clara E. Lida, op. cit., pp. 129-131. lucionario”, en Regeneración, núm. 176, febrero 14, 1914.

115
Ensayos

cional. “¿Cómo es que van ustedes a celebrar el tigador. El 13 de octubre de 1909 fue fusilado en
día de la libertad si todos estamos aquí privados Montjuïc. De inmediato Ferrer se convirtió en un
de ella?, ¿quieren ustedes que nosotros adorne- mártir de la causa libertaria y las redes del anar-
mos a nuestro modo las galeras con esos mismos quismo internacionalizaron la figura del maestro
colores?”. Entonces, con el papel rojo forraron que pretendía redimir a la humanidad por medio
las columnas e hicieron banderitas y con letras de la escuela.
recortadas del papel blanco, pegadas sobre el A los pocos días del fusilamiento de Ferrer, en
fondo verde escribieron pensamientos anarquis- la prensa libertaria hispanoamericana se multi-
tas de Kropotkin, Proudhon, Malatesta, Fabri, plicaban las manifestaciones de protesta, las ex-
Lorenzo, Malato y otros. Estos pensamientos presiones de duelo, los reclamos de justicia y la
los encabezaba el siguiente: “La cárcel degene- condena a los asesinos, considerados como here-
ra; la instrucción regenera” y “Aquí, en la des- deros directos de la Inquisición española. Muy
gracia, somos más hermanos que nunca”. Cuan- pronto, pues, el educador racionalista entró por
do el alcaide vio estos textos preguntó quien los la puerta grande al panteón heroico anarquista,
había escrito. Nadie contestó. Él mismo respon- señalado como decidido impulsor de la inteligen-
dió: “esos deben ser los socialistas, les pregun- cia obrera, como un benefactor intelectual de los
to para premiarlos”. Les llevó a dos procesados, trabajadores.
uno que tocaba la guitarra y otro un “órgano de Para conmemorar el segundo aniversario del
boca” y les envió una caja de refrescos. El día fusilamiento del pedagogo catalán, se celebró en
15 a las once de la noche, Jacinto Huitrón re- Los Ángeles un mitin internacional, en el que Ri-
citó en la cárcel el poema “Grito Rojo” escrito cardo Flores Magón pronunció un discurso que
por Juan Francisco Moncaleano para ser recita- fue ampliamente difundido en la prensa ácrata
do en la inauguración de la Escuela Racionalis- internacional. En su peroración, el anarquista
ta. Alfonso Arteaga recitó “Algunas Palabras” y mexicano destacaba: “Librar a la humanidad de
“Meditación”, de Felipe Sánchez Manrique. Pio- todo lo que contribuye a hacer de esta bella Tie-
quinto Roldán declamó “Ideas Anarquistas” y al rra un valle de lágrimas es tarea de héroes, y esa
final cantaron el “himno internacional” Hijo del fue la tarea que se impuso Francisco Ferrer Guar-
Pueblo. Al día siguiente, 16 por la mañana, los dia [...]”.
detenidos organizaron un auténtico mitin en la Luego de hacer una breve reseña de la activi-
cárcel de Belén. El presidente Madero, al ente- dad pedagógica de Ferrer y una crónica del aten-
rarse, ordenó se les sirviera una comida y se les tado de Mateo Morral contra Alfonso XIII —en-
pusiera en libertad “ya que éramos más peligro- lazada con los acontecimientos de la Semana
sos en la cárcel que en la calle”.22 Trágica de Barcelona y el amañado juicio contra
el educador— Flores Magón concluyó con una
especie de moraleja combativa:
Fusilamiento de Francisco Ferrer
Guardia (13 de octubre de 1909) Compañeros, que la muerte del maestro
sirva para convencer a los pacifistas de que
Tras los levantamientos populares de la llamada para acabar con la desigualdad social, para
“Semana Trágica” en Barcelona, desatada por dar muerte al privilegio, para hacer de cada
la revuelta popular contra el envío de reclutas ser humano una personalidad libre, es nece-
a Marruecos, el pedagogo catalán Francisco Fe- sario hacer uso de la fuerza y arrancar por
rrer Guardia, fundador de la Escuela Moderna medio de ella la riqueza a los burgueses y
que se vinculó al ascendente movimiento obrero aplastar por medio de ella las barreras que
libertario, fue detenido y acusado de ser su ins-

22
Jacinto Huitrón, op. cit., pp. 209-212.

116
Ensayos

se interpongan entre el hombre y la liber- ló un busto del pedagogo labrado por el cantero,
tad.23 y militante de la Casa, Jerónimo Rivas. En la ce-
remonia hablaron el ingeniero Luis Méndez del
Así, aunque la figura heroica de Ferrer fuera sindicato de sastres y Felipe Sánchez, “quienes
exaltada por amplios sectores anarquistas alre- explicaron a los congregados en torno a la figura
dedor del mundo (el florecimiento de escuelas del mártir [...] los ideales del maestro que alarmó
racionalistas y de “Centros de Estudios Socia- a las clases privilegiadas españolas con el estable-
les” que llevaban su nombre nos dan muestra de cimiento de la Escuela Moderna y la implanta-
ello), la conmemoración del 13 de octubre servía ción del sistema racional de enseñanza”.25 Por la
también para poner énfasis en la solidaridad in- tarde se organizó una velada en el teatro Abreu
ternacional que se puso en práctica con motivo conforme al siguiente programa: Obertura por la
del juicio del educador. Banda de Policía; Discurso del compañero Luis
Méndez; “Lira Roja”, poesía del compañero En-
Fue ésta, la solidaridad internacional, la rique Arce, recitada por la compañera Paula Oso-
que hizo de Ferrer un símbolo, de la Escue- rio; Pieza de Música; “Palabras de Ferrer”, por el
la Moderna una aspiración mundial y de la compañero Trinidad Juárez; “A Francisco Ferrer
Semana Gloriosa la epopeya del pueblo tra- Guardia”, poesía del compañero José María Zele-
bajador barcelonés. [...] den, recitada por el compañero Jacinto Huitrón;
El 13 de octubre han recordado muchos Pieza de música; Discurso por el compañero Eloy
la muerte de Ferrer, nosotros pensamos Armenta; Poesía del compañero Rosendo Sala-
sobre todo en el nacimiento de la solidari- zar; Pieza de música “La Canción de la Cólera”,
dad internacional, que es la que emancipará de C.M. Samper; “Homenaje a Francisco Ferrer
a los humanos todos.24 Guardia”, soneto recitado por la compañera Jo-
vita Flores; Hijo del Pueblo, himno internacional
La ciudad de México no estuvo al margen de cantado por los miembros de la Casa del Obrero
esta conversión en símbolo de la personalidad Mundial y La Marsellesa, pieza final. En el pro-
de Ferrer. Cuando en 1912 se fundó el Grupo grama se anunciaba que en el pórtico del teatro
Anarquista Luz, sus impulsores se fijaron dos ob- tocaría la Banda del Estado Mayor de la 10ª Bri-
jetivos: publicar un periódico del mismo nombre gada del general Saucedo.26
y establecer una escuela racionalista inspirada La Revolución mexicana, estando en el mo-
en la escuela moderna. mento previo a la abierta lucha entre facciones,
Son incontables las dificultades que el Grupo abonaba el terreno para situaciones impensables
Luz y luego la Casa del Obrero Mundial tuvie- tan sólo unos meses atrás, como la conmemora-
ron para echar a andar la escuela que funcionó ción a Ferrer, de indudable orientación liberta-
sólo desde el otoño de 1915 hasta la primavera ria, amenizada por una banda de policía y otra
de 1916. Pero en la historia de la Casa, si es que militar. Policías y militares sui generis, que pro-
hubo una conmemoración celebrada rigurosa- venían o estaban al servicio de una revolución
mente año con año mientras ésta existió, fue la popular.
del fusilamiento de Ferrer. La de 1914 tuvo lugar Al año siguiente, recién llegados a la capital
en el local que la Casa tuvo en el Convento de tras su participación en la revolución constitu-
Santa Brígida y el Colegio Josefino, en la calle cionalista, la Casa organizó dos actos “de gran
de San Juan de Letrán. El 13 de octubre se deve- relieve y de profunda trascendencia para los tra-
bajadores de México”. Por la mañana inauguró
el Ateneo Obrero y la primera Escuela Raciona-
23
Ricardo Flores Magón, “En memoria de Ferrer”, en
Cultura Obrera (Nueva York), noviembre 4, 1911.
24 25
“13 de octubre”, en Cultura Obrera (Nueva York), 1º Rosendo Salazar y José G. Escobedo, op. cit., p. 69.
26
de noviembre, 1913. Luis Araiza, op. cit., pp. 50-51.

117
Ensayos

20. Bandera con macana y cometa.

118
Ensayos

lista y por la noche se llevó a cabo una “solemne La prohibición del acto derivó en fuertes en-
velada” en el Teatro Abreu en homenaje a Ferrer. frentamientos entre los trabajadores y las auto-
Esta velada, muy parecida a la celebrada el año ridades, pero lo que aquí nos interesa resaltar, es
anterior en el mismo lugar, se realizó con un pro- el modo en que los trabajadores de la Sociedad
grama compuesto de piezas musicales, poesías a Obrera de Río Gallegos se vincularon a una ma-
Ferrer y discursos.27 En el año 1916, con la re- nera de medir el tiempo que contaba con sus pro-
presión a la Casa tras la huelga general del mes pias efemérides y con sus propios mártires, a con-
de agosto, se acabaron las conmemoraciones a tracorriente de los calendarios religiosos y cívicos,
Ferrer en la ciudad de México. pero cuyas estructuras y formas mantenían aun-
Pero aunque desaparecieran las conmemora- que dotadas de un nuevo contenido simbólico.
ciones en la capital mexicana, Francisco Ferrer
Guardia seguiría siendo parte del calendario li-
bertario internacional. Lo ilustra de manera diá- 11 de noviembre
fana un episodio ocurrido en 1920 en la Patago-
nia argentina. La Sociedad Obrera que reunía a Estrechamente vinculado a la conmemoración
los trabajadores de las compañías empacadoras del 1º de Mayo, el 11 de noviembre de 1887 es la
de carne en Río Gallegos, solicitó el permiso de fecha de la ejecución de los Mártires de Chica-
las autoridades para realizar un homenaje al pe- go, detenidos tras los confusos eventos de Hay-
dagogo mártir el 1º de octubre. El jefe de la poli- market Square, en los que una bomba arrojada
cía negó el permiso para la conmemoración y los por un desconocido sobre la multitud que acudía
trabajadores, sin pensarlo mucho, declararon una a un mitin por la jornada de ocho horas derivó
huelga general de 48 horas. Con asesoría de un en disparos de la policía sobre los asistentes y la
bufete de abogados redactaron un recurso de am- muerte de siete agentes policiacos. A pesar de
paro contra la prohibición del acto en el que: no haber pruebas en su contra, cinco militantes
sindicalistas y anarquistas fueron condenados
[…] reclaman por la prohibición de una ma- a muerte. Uno de ellos, el carpintero alemán de
nifestación programada para hoy —1 de oc- 22 años Louis Lingg, se suicidó en la cárcel y los
tubre de 1920- en conmemoración del ani- otros cuatro, el tipógrafo y los periodistas alema-
versario del fusilamiento de Francisco Ferrer nes Georg Engel, Adolf Fischer y August Spies
a quien los creyentes de la religión del tra- y el periodista estadounidense Albert Parsons,
bajo consideran como mártir de la libertad y fueron ejecutados en la horca. Aunque su recor-
como símbolo de las ideas, con el mismo de- dación se hacía en la fecha convenida por el Con-
recho que los creyentes de la religión católi- greso Internacional de París en 1889, es decir el
ca rinden homenaje a San Francisco de Asís 1º de Mayo cuando habían ocurrido los hechos de
o a la doncella de Orleáns, en la actualidad Haymarket Square, los 11 de noviembre se apro-
Santa Juana de Arco por haber sido reciente- vecharon para insistir en el sacrificio de los lu-
mente beatificada, con el mismo derecho con chadores sociales y para enaltecer su ejemplo.
que los creyentes de la religión mahometana Para los anarquistas avecindados en Esta-
rinden homenaje a Mahoma, con el mismo dos Unidos, el proceso de Chicago significó ade-
derecho con que los creyentes de la religión más un duro golpe a sus convicciones libertarias,
del patriotismo rinden también su tributo de puesto que les parecía inconcebible que fuera pre-
admiración a los héroes de las reconquistas, cisamente en la “tierra de las libertades”, donde
independencias y emancipaciones.28 tuviera lugar un acto represivo equiparable a los
perpetrados por las monarquías europeas. Esta
27
experiencia marcó definitivamente la trayectoria
Ibidem, pp. 105-106.
28
Citado por Osvaldo Bayer, La Patagonia rebelde, Méxi-
del anarquismo en Estados Unidos, pues dejó en
co, Nueva Imagen, 1980, p. 54. claro por la vía de los hechos que bajo las demo-

119
Ensayos

cracias “ejemplares” se cometían también críme- gués-sufrimiento obrero), misticismo y enfatiza-


nes atroces en defensa del capital. ción lexical (libertad, unión, solidaridad), rima y
El 11 de noviembre dejó una huella profunda métrica tradicionales”.31
en la memoria libertaria, pues no sólo entraña- Así, de acuerdo con lo apuntado líneas arriba,
ba el recuerdo lúgubre de los mártires, sino que del mismo modo que a los calendarios religioso
significó —debido a la agitación que se desple- y cívico se contraponía un nuevo calendario con
gó en torno al proceso judicial— la conversión al conmemoraciones y héroes propios, a los himnos
anarquismo de quienes, como Emma Goldman, patrióticos se opusieron himnos revolucionarios.
se volverían destacados militantes libertarios en Hijo del Pueblo no sólo denunciaba la explota-
los Estados Unidos.29 Pero este potencial de re- ción de los trabajadores, sino que emplazaba a las
velación didáctica de la tragedia de Chicago rá- clases populares a la lucha sin más dilación y a
pidamente trascendió las fronteras. morir, si fuera preciso, al grito de “Revolución So-
En agosto de 1889 un grupo anarquista espa- cial”. Su difusión entre los grupos libertarios del
ñol llamado, justamente, “Once de Noviembre”, mundo hispánico fue tan notable como la adop-
dio a conocer la convocatoria a un Certamen So- ción de efemérides y mártires comunes a lo largo
cialista que habría de celebrarse en Barcelona en y ancho de esa geografía. A la postre el himno
la fecha de la ejecución de los Mártires de Chica- compuesto por Carratalá gozó de tal aceptación
go. Se proponían diversos temas de estudio para que llegaría a convertirse en el distintivo musical
desarrollar por parte de los participantes, así de los anarquistas de habla hispana diseminados
como un jurado calificador y los premios que reci- por el mundo, en una seña de identidad ideológi-
birían los ganadores, los cuales otorgarían grupos ca y de mística rebelde. De manera indirecta, la
sociales y círculos obreros. El primer tema pro- conmemoración del 11 de noviembre contribuyó a
puesto era “Anarquía. Su origen, progreso, evolu- la forja de uno de los símbolos de mayor potencia
ciones, definiciones e importancia actual y futura de la cultura libertaria hispanoamericana.
de este principio social”, y el premio ofrecido era, La recordación luctuosa de los mártires de Chi-
precisamente, un “cuadro con un artístico grupo cago, de manera análoga a otras conmemoraciones
de los retratos de los mártires de Chicago”.30 militantes, se volvió un llamado a la acción. La pre-
La Comisión Organizadora propuso también sencia simbólica de los anarquistas alemanes eje-
la composición de un “Himno revolucionario cutados por la justicia estadounidense se hizo pa-
anarquista”. El premio a la misma lo ganó el ti- tente no sólo en las prácticas conmemorativas, sino
pógrafo alicantino Rafael Carratalá Ramos por también —y de manera muy notable— en la pro-
su trabajo Hijo del Pueblo que le significó 150 paganda gráfica. Los retratos, carteles y postales de
pesetas recaudadas mediante una suscripción los mártires de Chicago se volvieron rápidamente
popular abierta al efecto por el Grupo “Once de elementos complementarios en los rituales anar-
Noviembre”. En su estudio sobre la cultura y la quistas, ya como ornamento de locales obreros, ya
ideología del anarquismo español, Manuel Mora- como parte de la decoración doméstica o simple-
les Muñoz sostiene que Hijo del Pueblo participa mente como ilustraciones conmemorativas en las
de los rasgos ideológicos y formales comunes a páginas de la prensa ácrata. Aún hace falta estu-
la poesía obrera: “dualismo moral (egoísmo bur- diar con mayor profundidad el impacto y la circu-
lación de estas producciones gráficas en los me-
dios libertarios, sin embargo su difusión se adivina
29
Véase Susana Sueiro, “De Johann Most a Emma Gold-
man: el anarquismo en los Estados Unidos de América”, en
Juan Avilés y Ángel Herrerín (eds.), El nacimiento del te- como una constante, pues a la propaganda gráfica
rrorismo en Occidente. Anarquía, nihilismo y violencia re- —del mismo modo que a los discursos flamígeros,
volucionaria, Madrid, Siglo XXI, 2008. las composiciones poéticas y los himnos de comba-
30
Manuel Morales Muñoz, Cultura e ideología en el te— se le asignó un papel determinante como me-
anarquismo español (1870-1910), Málaga, Servicio de Pu-
blicaciones/Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga
(Monografías, 17), 2002, pp. 118-119. 31
Ibidem, pp. 135-136.

120
Ensayos

canismo de sensibilización política de los militantes mártires, convirtiendo la fecha en motivo de ven-
libertarios en distintas partes del mundo. ganza contra la burguesía y en acicate para preci-
En este sentido, cabe apuntar un detalle anec- pitar el momento de la Revolución social.
dótico. Durante la época en que la “propagan-
da por el hecho” era adoptada como estrategia […] la vida de los mártires del 11 de No-
de lucha de los anarquistas de la Barcelona fi- viembre se ha repartido en partículas entre
nisecular, un estrepitoso atentado tuvo lugar en millares y millares de proletarios que están
el otoño de 1893 en contra del capitán general dispuestos a vengar, mientras haya tira-
de Cataluña, Arsenio Martínez Campos, duran- nos, a los autores del crimen de Chicago y a
te un desfile militar. El autor fue el oficial im- todos los que traten de escarnecer y de ase-
presor catalán Paulino Pallás, quien arrojó dos sinar a los hombres amantes de la justicia
bombas Orsini al paso de la comitiva. Las explo- y de la igualdad. […]
siones causaron un par de muertos y decenas de La burguesía yankee ha querido matar el
heridos leves. Martínez Campos salió práctica- ideal anarquista quitando la vida, por medio
mente ileso, mientras que Pallás fue aprehendi- del más escandaloso crimen, a los que predi-
do, recluido en Montjuïc y ejecutado. Su proceso caban tan hermosos y sublimes principios y
judicial dio pie al endurecimiento represivo del resultó todo lo contrario; con ese abomina-
gobierno español contra todas las expresiones ble crimen sólo lograron despertar al pue-
del anarquismo, e incluso contra todas las ma- blo que sufre y prepararlo para defenderse
nifestaciones políticas medianamente progresis- contra sus verdugos. En los Estados Unidos
tas. Entre las cosas que causaron mayor escán- ha empezado a germinar el ideal anarquista
dalo entre la opinión pública barcelonesa estuvo desde el año de 1887; el gobierno y la bur-
el hecho de que, cuando la policía registró el do- guesía fueron quienes lo fecundizaron con
micilio de Pallás, además de folletos anarquis- sus crímenes. Cuantos más crímenes se co-
tas, y el libro La conquista del pan de Kropotkin, metan con los anarquistas, mayor será el
fue encontrada una litografía con los retratos de número de nuestras filas, y más serán los
mártires de Chicago, que conmemoraba su eje- que sigan la marcha de los Cánovas, Car-
cución.32 not y McKinley.33
Debió ser en gran parte gracias a los múlti-
ples usos de que fue objeto la conmemoración del Durante los años siguientes, la potencia sim-
11 de noviembre, así como por su potencial para bólica de esta conmemoración no decreció. Para
llamar a la acción revolucionaria, que esta fecha 1915 la Casa del Obrero Mundial organizó una
luctuosa llegó a situarse como una de las efemé- velada a propósito de la efeméride del 11 de no-
rides de mayor importancia en el calendario mi- viembre y el periódico Ariete dedicó a ella su pri-
litante anarquista. mera plana. De acuerdo con la idea de que las
Para comienzos del siglo XX la conmemora- luchas sociales del pasado y su conmemoración
ción de las ejecuciones de Chicago ya estaba ple- histórica alimentan los combates del porvenir, el
namente incorporada al calendario anarquista en autor del texto, Octavio Jahn decía:
ambos lados del Atlántico. En noviembre de 1904,
por ejemplo, el semanario anarquista ¡Tierra! de Al morir Spies pronunció estas palabras:
La Habana sacó a la luz un número conmemora- “Salud, tiempo del silencio, más potente
tivo del “crimen de Chicago”, cuyos escritos es- que la palabra que ahogan por la muerte”.
taban plenamente consagrados al recuerdo de los Estas palabras fueron proféticas, porque
el proceso y el sacrificio de nuestros compa-
32
Véase Benedict Anderson, op. cit., p. 123n, y Ángel
Herrerín, “España: la propaganda por la represión, 1892- 33
“Sangrienta fecha”, en ¡Tierra!, núm. 120, noviem-
1900”, en Juan Avilés y Ángel Herrerín (eds.), op. cit. bre 12, 1904.

121
Ensayos

ñeros tuvieron eco en el mundo obrero de el ejercicio litúrgico de la memoria se constitu-


todo el orbe. ye como una vía para llamar a la acción revolu-
En efecto, para hacer fecunda la muer- cionaria, a la emancipación. El recuerdo de los
te de nuestros precursores, organizáronse mártires, la conmemoración de las luchas pasa-
innumerables sociedades obreras en todos das, la solidaridad internacional con las causas
los países, y al conmemorar la fecha del 11 populares, desempeñan una función en dos sen-
de noviembre, la Casa del Obrero Mundial tidos; el primero de ellos vinculado con la movi-
quiere también traer su grano de arena a la lización social en el presente, a la subversión del
obra que el proletariado entero sigue edifi- orden establecido, y el segundo está dirigido a la
cando para su emancipación social.34 construcción de un futuro promisorio.
A lo largo de este proceso de elaboración de la
A la postre, el solo nombre de la ciudad de Chi- identidad asistimos también a la conformación
cago se convirtió para la cultura política liberta- de un martirologio propio, alternativo al de los
ria en sinónimo de la tragedia. Así como para los estados y las religiones; a la exaltación de héroes
anarquistas de habla española de ambos lados y prohombres autónomos respecto a la égida del
del Atlántico, Montjuïc se llegaría a relacionar poder. Es a través de estos personajes que se legi-
directamente con la represión brutal ejercida por tima una memoria combativa. Los mártires son,
la España monárquica y clerical en la última dé- a la vez, ejemplo a seguir y testimonio de la bru-
cada del siglo XIX. Chicago adquirió resonancia talidad de un orden social corrompido. Su sacri-
dentro de la cultura de las izquierdas internacio- ficio se muestra como un incentivo más para sub-
nal como el símbolo de la barbarie de la justicia vertir el sistema. Encarnan la tragedia proletaria
burguesa en contra de los trabajadores, no sólo “con nombre y apellido”, dejando ver el desliza-
estadounidenses sino del mundo entero. miento de un sujeto colectivo (el proletariado),
abstracto, evanescente, hacia la concreción en
una tragedia individual que aspira a convocar la
Epílogo empatía y, en el mejor de los casos, la solidaridad.
Todo ello redunda en una búsqueda de cohesión
El calendario militante anarquista se extiende a identitaria, en cuyo centro se encuentra una in-
otras conmemoraciones y a otras formas de ex- fatigable aspiración de justicia.
presión. Pero nos parece que en este recorrido se En suma, a través de las conmemoraciones re-
perciben algunos indicios sobre el funcionamien- visadas en este calendario se rememora el pasado
to de un imaginario militante sobrepoblado de bajo la forma de una interminable tragedia pro-
símbolos, tras el que se intuye una filosofía de la letaria, convocando a una suerte de sublevación
historia (acaso muy elemental) que le da sentido sentimental de la que, al menos idealmente, ha
a la identidad cultural del anarquismo que rei- de nutrirse la condena moral a la opresión. Tal
vindicó unos espacios y un tiempo propio. condena se perfila como la antesala del llamado
En este caso, como en el de la construcción de a la lucha revolucionaria que subvertirá de una
casi todas las identidades colectivas, la memoria vez y para siempre, la injusticia fundamental en
juega un papel fundamental. Como hemos visto, la que descansa el orden capitalista.

34
Octavio Jahn, “11 de noviembre”, en Ariete, etapa 1,
núm. 5, México, 14 de noviembre de 1915.

122
Ensayos

21. “Bandera con la que se tomó el Fuerte de Acapulco”.

123
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22. “Porta estandarte de los indios. Los Pintos, División Guerrero”.

124
Ensayos

A propósito del Bicentenario: las temporalidades


del análisis histórico de la América española

Antonio García de León*

Se dice fácil pero no deja de ser cierto que cada Y es que durante los siglos XVI y XVII, mucho
época analiza el pasado en función de las preocu- antes de las independencias y cuando apenas se
paciones del presente. Existe, supuestamente, construían las sociedades coloniales americanas,
un pasado para cada presente a partir del pro- los historiadores del Viejo Mundo y los cronistas
yecto de futuro que se quiera construir. Desde del Nuevo se enfrascaron en discusiones barrocas
ese punto de vista no es nada casual que las so- para dilucidar si los habitantes del Nuevo Mundo
ciedades americanas coloniales hayan sido es- eran seres humanos o no, y si la Corona tenía los
tudiadas en las distintas épocas con propósitos títulos y atribuciones jurídicas suficientes como
diferentes y bajo perspectivas políticas muy di- para emprender una conquista y colonización legí-
versas. Aquí quisiera insistir en las dinámicas de timas del continente americano. Pero a partir del
la historia económica, que nunca han aparecido siglo XVIII, cuando las Luces habían reorientado
al margen de la política y de las estructuras de radicalmente el discurso inicial de la Conquista,
poder, y que ahora se entrelazan de manera muy las interpretaciones sobre la historia del imperio
diversa con un nuevo ente al que solemos lla- colonial español en América variaron diametral-
mar “historia cultural”. Las condiciones impues- mente al introducirse los conceptos de la rentabi-
tas por la actual globalización nos obligan a ciertas lidad colonial, el libre comercio, el piso fiscal y los
reflexiones que tienen que ver con el tema de beneficios metropolitanos. Comenzaba a discutir-
las “resistencias” y los movimientos sociales en se también las características de la naturaleza del
el contexto colonial. Por otra parte, las celebra- continente, la fortaleza o debilidad de sus habi-
ciones oficiales del Bicentenario, que se desgranan tantes nativos, criollos y recién llegados, así como
a lo largo de toda la América Latina y la penínsu- todo lo que tenía que ver con la influencia del
la ibérica, de seguro contribuirán a modificar y a clima en los temperamentos de animales, plantas
“tensar” el pasado en nuevas interpretaciones no y personas. Desde periodos muy tempranos apa-
exentas de rasgos hagiográficos y conmemorati- recerá el consabido debate entre los criollos y los
vos. Una nueva “historia de bronce” se despren- europeos acerca de las ventajas y desventajas de
de en avalancha sobre las anteriores interpreta- la multitud de regiones que conforman la América
ciones y nos obliga a revisar ese pasado a partir colonial, debate que irremediablemente conducirá
de la nueva lectura de las fuentes directas. a la autonomía y a la independencia.
Ya para el siglo XIX y una vez consumada ésta
en la mayoría de los países, los historiadores la-
 Centro INAH Morelos. tinoamericanos —partiendo de la necesidad de

125
Ensayos

construir una historia nacionalista que agrupara prehistórica hasta el amanecer progresista del
a todas las clases y grupos de los nuevos estados— régimen porfiriano.2
centraron su discurso en reasumir los postulados Como por fuerza se tenía que construir una
criollos anteriores y otros nuevos, acerca de cómo identidad que nos distinguiera de los “españo-
las sociedades nativas originales habían sido opri- les”, se utilizó un recurso vigente hasta nuestros
midas por los invasores en la “larga noche colo- días: idealizar a los “indios” de la época anterior
nial” y cómo, a raíz de los movimientos de inde- a la Conquista, al mismo tiempo que se subra-
pendencia, habían vuelto a recuperar su libertad yaba que lo singular de las sociedades america-
arrebatada. En los casos de México y Perú, inclu- nas con respecto a la antigua Madre Patria (a la
so se llegó a plantear la existencia previa de una que se imaginaba “pura”) estaba en el atributo de
“nación” en toda forma y en el sentido burgués ser “sociedades mestizas”, olvidando de paso que
del término, que era supuestamente anterior a las Españas de los siglos coloniales eran también,
los procesos de conquista, como la nación inca o la desde antes de la conquista de América, complejas
nación azteca... Fue así como la historia colonial sociedades de mezcla. Nuestras sociedades ima-
se convirtió, desde la perspectiva del nacionalis- ginarias, como en el caso de México, se conciben
mo decimonónico, en un prolongado paréntesis así hasta hoy como una particular amalgama de
ominoso situado entre el mundo precolonial (“el “lo español” y “lo indígena”, unificando cada una
esplendor del México antiguo” se le llamó a me- de estas construcciones y olvidando, por supues-
diados del siglo pasado) y el luminoso amanecer to, otras contribuciones demográficas abundantes
republicano de las naciones del continente. aunque menos gloriosas, como la aportada por
En el desfiladero intermedio del devenir co- los esclavos africanos y sus descendientes libres.
lonial, de contracción y catástrofe demográfica Pero nuestras sociedades emergentes no eran ni
para unos y de esplendor para otros, se exten- una mera extensión o derivado del viejo impe-
día un periodo que los románticos visualizaron rio colonial, ni una derivación de las sociedades
siempre en la oscuridad —la “noche colonial” la prehispánicas, lo cual metía a los historiadores
llamaban, mientras la llenaban de callejuelas ló- en explicaciones más políticas que propiamente
bregas y espadachines embozados—, o la veían históricas. La época colonial pasó entonces a ser,
como una especie de Edad Media que se situa- al mismo tiempo, un periodo ominoso de domina-
ba simplemente muy lejos en el tiempo, y lo su- ción y un glorioso momento de melting pot racial
ficientemente oscura y sombría como para que y cultural, la fragua de nada menos que “la raza
pudieran proyectarse sobre ella los fantasmas de cósmica”. Sobra decir que con ello se originó una
aquel presente romántico, dándole la consisten- muy complicada relación de amor-odio entre “lo
cia de la densidad de un pasado hecho de plomo, indio” y “lo español”, lo prehispánico y lo colo-
un “siglo de hierro” bañado por el oro y la plata, nial, una pasión que ha perdurado y que se recicla
y recubierto por la viscosidad de un lenguaje ar- periódicamente hasta nuestros días, dependiendo
tificial y barroco.1 El México del México a través del tramo histórico que estemos atravesando.
de los siglos era el largo recorrido desde la noche Ya durante el siglo XX la historia colonial de
América ha tenido lecturas más desapasionadas
1
Un lenguaje incluso caricaturizado por autores román- y diversas. Para los defensores de aquella famosa
ticos como don Artemio del Valle Arizpe en sus novelas, “teoría de la dependencia”, que marcara la vida
como El Canillitas (México, Iberoamericana de Publicacio- académica de la segunda mitad del siglo pasado,
nes, 1947) y otros relatos de naturaleza “retro”. La asocia-
ción entre noche y periodo colonial proviene de la literatura la época colonial fue el momento cuando se esta-
patriótica de la Independencia y se remonta a autores crio- blecieron las relaciones de poder desiguales y en
llos del siglo XVIII, como Francisco Javier Clavijero y otros. el que se hipotecó el desarrollo integral armónico
En esto, resulta similar a la asociación nocturna que tam-
bién hacen los románticos franceses Jules Michelet y otros,
2
cuando hablan del Antiguo Régimen anterior a la Revolu- Véase Vicente Riva Palacio et al., México a través de los
ción francesa. siglos, 5 vols., México, Cumbre/Grolier, 1977 [1884-1889].

126
Ensayos

al potenciarse el sector externo sobre el interno, los historiadores tendrían que analizarlo en los
la época en que se desangraron las sociedades co- términos de un presente/futuro siempre orien-
loniales en su relación con una metrópoli ávida tado al desarrollo, al crecimiento sustentado y a
de plata y tesoros. La historia económica puso las certidumbres económicas marcadas por este
el énfasis en que la causa explicativa de la falta súbito hallazgo de la modernidad a la vuelta de
de desarrollo económico integrado y sustentable la esquina. En aquella época, casi todos coinci-
en América Latina se centraba en la forma en dían en señalar que la causa de todos los males de
que el continente se integró al sistema mundial la América Latina había sido tanto el colonialis-
en el siglo XVI. A fin de cuentas eran los años de mo económico-político de la primera fase (siglos
la segunda posguerra, en que se pusieron todas XVI al XVIII), como el giro comercial de la segun-
las esperanzas en los programas de crecimiento da (siglo XIX). Las conocidas tesis de Weber,3 que
interno. Las políticas de industrialización y los unían protestantismo con eficiencia empresarial,
programas de “sustitución de importaciones” te- fueron un referente continuado (explícito o im-
nían su correlato en quienes imaginaban como plícito) para explicar la falta de un empresariado
una matriz deforme las “taras” que supuestamen- emprendedor en América Latina: habría pues que
te habíamos heredado de la época colonial. Esta alentar a la “burguesía nacionalista” para que
idea se desarrolló con gran fuerza entre la crisis sustituyera a la tradicional “burguesía compra-
de 1929 y la recesión petrolera de 1977, e involu- dora” que era vista como una herencia colonial y
cró no sólo a los keynesianos sino también a los como entreguista a los intereses externos (por lo
que se reclamaban como nacionalistas y como mismo, “malos”). El complejo de culpa del atraso
marxistas. Entre los primeros, las monografías católico, en nuestro caso unido a la satanización
sobre comercio, minería, proto-industrialización, de la noche colonial, se unían a nuevas ideologías
historia empresarial e innovación tecnológica se presentes hacia mediados del siglo pasado que po-
multiplicaron, tratando de demostrar los efectos nían por delante las certidumbres del progreso.
negativos que había tenido la orientación “hacia La irrupción de procesos políticos y experimentos
fuera” de las economías y las sociedades latinoa- económicos inéditos, como el socialismo en Cuba,
mericanas, así como la escasa participación del se veían simplemente como una extensión de este
Estado en la regulación de esas economías, lo desarrollo desde dentro, como una nueva inter-
cual explicaba su atraso. Entre los segundos, los vención estatal, estricta pero necesaria, y como
marxistas, se imaginó un pasado mucho más te- algo que interactuaba con el nacionalismo tra-
ñido por los combates de clase, la proletarización dicional, en este caso con el “nacionalismo revolu-
incipiente en minas y obrajes, la articulación de cionario” de las revoluciones en México, el Cono
los modos de producción y la transición del feu- Sur, Bolivia, Guatemala, etcétera. Pero la crisis
dalismo al capitalismo, en donde, por supues- de la década de 1980 y el aumento de la pobreza
to, el primero se asociaba a la Edad Media colo- y la desigualdad social demostrarían que el cre-
nial, aunque imaginada de manera homogénea, cimiento hacia adentro era condición necesaria,
y el segundo a una fase odiada aunque necesaria pero de ninguna manera suficiente para alcanzar
para transformarla de manera revolucionaria. el pretendido milagro que auguraba la etapa re-
Entre los teóricos de la dependencia se partía cién finalizada. Las burguesías “nacionalistas”,
entonces de la idea de que había que favorecer los en quienes los teóricos de la dependencia habían
procesos de acumulación originaria y potenciar la depositado toda su confianza, se entregaron sin
expansión de empresarios modernizadores. Los problemas en los brazos del imperialismo.
marxistas iban más allá: éstos crearían más pro- Pero en la última década del siglo pasado, mar-
letariado y con ello, como se decía entonces “ca- cada por la incertidumbre y la hegemonía de un
varían su tumba”. Así por ejemplo, en nuestro
complejo periodo de “desarrollo estabilizador” se 3
Véase Max Weber, La ética protestante y el espíritu del
miraba al pasado como una traba estructural y capitalismo, México, FCE, 2003.

127
Ensayos

modelo que se califica como “neoliberal”, asisti- de la investigación, el estudio y el sentido crítico
mos al cuestionamiento de la certidumbre que a la política y a la nueva burocracia de la “cien-
nos ofrecían los grandes paradigmas historicistas cia” y la “tecnología”. La marea de los pequeños
y marxistas. Los historiadores de hoy, acicatea- estímulos ha terminado por hacer naufragar las
dos por la moda y lo económicamente correcto, grandes pretensiones historiográficas...
hurgan en los antecedentes de la modernización En parte como resultado de esto —pero tam-
borbónica del XVIII, en los antecedentes del libre bién por la emergencia de un nuevo tipo de crí-
comercio, en la relación entre instituciones, pri- tica histórica— no todo es malo, pues nuevos
vilegios y extorsiones. Y aunque se ha ganado en temas han invadido la historia y la hacen mucho
detalle y en acuciosidad matemática, en el estu- más compleja y variada, o la acercan a la reali-
dio a veces minucioso de redes de intereses, la dad. La nueva historia cultural se entrelaza con
mayoría de las investigaciones se plantean hori- la historia económica, dulcificando a esta última,
zontes mucho más modestos que las grandes em- pero conduciendo al redescubrimiento de la tota-
presas historiográficas que caracterizaron, por lidad social como premisa necesaria para imagi-
ejemplo, a la escuela francesa de Annales o a las nar las nuevas parcelaciones. Por ejemplo, y para
aventuras de otras grandes escuelas en los paí- señalar sólo uno entre miles de aspectos, a fines
ses anglosajones y en América Latina. Una de del XX y principios del XXI se ha comenzado a se-
las excepciones más recientes, aunque ligada a la ñalar que las metrópolis, y en nuestro caso la Co-
etapa anterior, es el libro del gran historiador in- rona española de tiempos coloniales, no siempre
glés John H. Elliott, Imperios del mundo atlán- obtuvieron efectos benéficos en el corto y largo
tico, en donde compara, bajo las nuevas ópticas, plazo de sus experiencias coloniales. Hoy reapa-
al imperio español con el inglés.4 recen los argumentos esgrimidos por arbitristas
Es más, la pléyade de historiadores titanes que y autores de comedias del Siglo de Oro que ana-
caracterizaron al periodo 1929-1977 ha desapare- lizaban a nuestra metrópolis como “las Indias de
cido de la faz del planeta; se extinguieron como Europa”: España como el simple intermediario
los dinosaurios después de la caída del asteroide entre el tesoro americano y los grandes financie-
neoliberal. Después de la retirada de la ola que- ros de Holanda, Francia e Inglaterra. Se ha llega-
dan más bien las miríadas de pequeños cangrejos do incluso a culpar a la plata americana, casi con
que parecen correr por la playa sin rumbo deter- los mismos argumentos usados por el marqués
minado, la mayoría de ellos historiadores someti- de Varinas a fines del XVII, de haber permitido
dos a los procesos de parcelación del conocimien- la continuación de estructuras obsoletas e inefi-
to que caracteriza a nuestros días, esclavizados cientes en la Península y en las colonias.
por los sistemas “académicos” de puntos, premios Por ejemplo, en una reciente y excelente tri-
y compensaciones arbitradas al salario. Es el pro- logía, publicada en nuestro país del historiador
ceso que los franceses han caracterizado como “la ítalo-francés Ruggiero Romano6 —que ha pasado
historia en migajas” (título de un lúcido ensayo casi inadvertida— se destaca el retorno a una in-
de François Dosse)5 y que afectó a la mayoría de dagación crítica que no se conforma con las expli-
las historiografías nacionales después de la dé- caciones anteriores y que pone al servicio de una
cada de 1970. Son así muy pocos los historiado- nueva visión amplia y globalizadora las pequeñas
res que han sobrevivido al proceso de decadencia preocupaciones de los historiadores que sobrevi-
de las universidades, provocada por la sujeción
6
Se trata de las tres obras de Ruggiero Romano: Coyun-
4
Véase John H. Elliott, Imperios del mundo atlántico: turas opuestas, la crisis del siglo XVII en Europa e Hispano-
España y Gran Bretaña en América, 1492-1830, Madrid, américa, México, FCE/El Colegio de México, 1993; Moneda,
Taurus (Historia), 2006. seudomonedas y circulación monetaria en las economías de
5
Véase François Dosse, La historia en migajas: de An- México, México, FCE/El Colegio de México, 1998, y Mecanis-
nales a la “nueva historia”, México, UIA (Estudios Univer- mo y elementos del sistema económico colonial americano,
sitarios, 35), 2006. siglos XVI-XVIII, México, FCE/El Colegio de México, 2004.

128
Ensayos

vieron a la extinción de los grandes paradigmas. ración peligrosa con la que hay que tener
Primeramente, la crisis del siglo XVII se concibe mucho cuidado, pues el “presente” no debe
no sólo como la ya conocida crisis europea, sino ser reflejo de las modas o de la ideología do-
también como un crecimiento de los mercados minante en un momento determinado. Si
internos coloniales. Se demuestra que en bastan- así fuese, una historia de la economía de
tes ocasiones el mantenimiento del imperio tuvo Iberoamérica debería construirse en torno
altos costos para la metrópoli y que en muchos al tema de la formación del mercado o de
casos las potencias enemigas y la elites coloniales los cambios ecológicos, con lo que se trata-
captaron los beneficios, antes que las metropoli- ría precisamente de seguir la moda con un
tanas. Al mismo tiempo, se está viendo que la au- resultado predecible: un mercado (¡libre,
sencia de mercados cautivos coloniales desalentó por supuesto!) desde el siglo XVI, y las re-
la innovación y la competitividad en las metrópo- sabidas consideraciones (aunque no faltan
lis. En suma, parece estar comprobándose que es gloriosas excepciones) sobre la evolución de
una simplificación seguir sosteniendo que el colo- los paisajes rurales. De la misma manera en
nialismo operó siempre en beneficio de las metró- los años sesenta y setenta del recién pasa-
polis, en particular de la Corona de Castilla. do siglo XX se publicó una gran cantidad de
Asimismo, se está comenzando a constatar que trabajos inspirados en la ideología entonces
los discursos nacionalistas de los siglos XIX y XX no dominante y en las ideas acerca del “modo
sólo crearon identidades históricas, sino que tam- de producción” y las “relaciones de produc-
bién aplastaron en muchos casos las identidades ción”, obras que, con pocas excepciones, no
regionales y culturales de grupos humanos ente- dejaron mucha huella. No es que “modo de
ros, y que ante los cambios que está sufriendo el producción” y “relaciones de producción”
Estado-nación, estas identidades están reapare- no plantearan una problemática importan-
ciendo como por arte de magia y no siempre bajo te, pero eran nociones aceptadas de forma
su mejor costado. Pero por otro lado, la otra cara mecánica, acrítica, fuera del contexto en el
de esa misma moneda, el discurso indianista y los que fueron concebidas. En otros términos,
fundamentalismos étnicos están demostrando que se creyó que el marxismo era una filosofía,
son instrumentos poco útiles para construir so- cuando en realidad no era más que un canon
ciedades pluriculturales en las que el respeto a empírico, ciertamente muy importante, pero
los demás sea la base de la convivencia. Al mismo un canon empírico. Así, perseverando en la
tiempo, la globalización económica está mostran- inexistente filosofía, se desperdiciaban las
do que las tensiones religiosas, sociales y étnicas ventajas que podían (y pueden aun hoy) ob-
pueden aumentar; de igual forma el discurso de la tenerse mediante un uso correcto de dicho
negación o de la descalificación del contrario está marco empírico. Para la historia y para las
dificultando la convivencia pacífica: en todo esto ciencias humanas en general, el “presente”
la historia tiene mucho que decir... no es derivación de “nuevos paradigmas”
Y como en un principio me referí al presente anunciados por profetas a menudo falsos. Si
que modula cada pasado, así como a las capas su- en las revoluciones científicas de los últimos
perpuestas de interpretación, quisiera concluir cuatro siglos surgieron nuevos paradigmas,
con una sugerencia de Romano que resulta en ello es consecuencia de que los progresos de
esto muy pertinente: las ciencias “duras” son fruto de violentas
rupturas. Por el contrario, las ciencias hu-
La historia no está hecha sólo de memoria, manas no progresan a través de crisis, sino
sino también de olvido. La experiencia del gracias a la sedimentación de capas super-
presente sugiere aquello que debe olvidarse, puestas de conocimiento.7
y señala además lo que es pertinente traer
a la luz. Es ésta, sin embargo, una conside- 7
Ruggiero Romano, op. cit., 2004, pp. 26-27.

129
Ensayos

23. Condecoración por la toma del Fuerte de San Gregorio.

130
Ensayos

¿Qué hacer con nuestro pasado?

Jean Meyer*

La historia es un arte,
igual que todas las demás ciencias.
Virginia Wedgwood

I
En su extraordinario ensayo nos cuenta, en una
Toda nación debería entender su historia; nin- parábola, la marcha de nuestra curación, nues-
tra “liberación de la enfermedad histórica y, por
guna nación puede permitirse ser dominada por
ella, ser la presa, la prisionera de su historia. lo mismo, de nuestra historia, hasta el momen-
Nietzsche fue uno de los primeros en decirlo en to en que seremos de nuevo lo suficientemente
1874.1 En la manía, compartida por todos los sanos para poder de nuevo hacer historia, para
Estados y sus sociedades, de conmemorar sin servirnos del pasado, del triple punto de vista
tregua, el pasado no pasa, sino se amontona y monumental, anticuario o crítico”.3
pesa más y más. Para actuar, para caminar, dice Luis González, en su célebre discurso La histo-
Nietzsche, se necesita amnesia, mientras que ria académica y el rezongo del público (1978), cita
“la historia reverencial”, la “historia de bron- a Stefan Zweig: “Se nos pusieron unos lentes para
ce” (Luis González) nos paraliza. “Hay un grado que pudiéramos contemplar bien el mundo no
de insomnio, de rumia, de sentido histórico que con una mirada ingenua y humana, sino desde el
hace daño al ser vivo y acaba por aniquilarlo, sea ángulo del interés nacional”,4 para ver que nues-
un hombre, un pueblo o una civilización.”2 tra patria en el curso de la historia tuvo siempre
En 1910 el ente que llamamos México festeja- razón, nunca fue injusta, sino siempre víc-
ba su primer centenario y se sentía muy joven; tima, y pase lo que pase, en adelante siempre ten-
dentro de poco nos tocará el segundo centenario drá razón.
y no podremos exclamar como Nietzsche: “Tengo Por lo mismo Paul Válery tiene razón cuando
confianza en el poder inspirador que conduce acusa a esa historia conmemorativa, historia de
mi barco, tengo confianza en la juventud y creo bronce, historia reverencial, de ser “el produc-
que me guío bien al empujarme ahora a escri- to más peligroso que haya elaborado la química
bir una protesta contra la educación histórica del intelecto humano”. A propósito de la histo-
que los hombres modernos dan a la juventud.”
3
Friedrich Nietzsche, Vom Nutzen und Nachteil der His-
 Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE). torie für das Leben, Leipzig, 1938, pp. 92-93.
1 4
Friedrich Nietzsche, Segunda consideración intempes- Véase Luis González, “La historia académica y el re-
tiva, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2006. zongo del público”, en Istor, revista de historia internacio-
2
Idem. nal, año 8, núm. 29, 2007, pp. 97-111.

131
Ensayos

ria de Francia y de las fiestas justamente llama- ga a la que en el plano psicológico trata de con-
das “nacionales”, el mismo Válery señala que seguir el psicoanálisis”.
“a la violencia con la cual los partidos han siem- Conste que no tengo nada contra las Fiestas
pre gobernado el país” se debe el hecho de que Patrias: recuerdo cómo vibraba de emoción y ale-
“ningún historiador ha logrado ser sereno y la gría, agarrado de la mano de mis padres, cuando
violencia partisana de la mitad de los franceses desfilaba la tropa al compás de las marchas mi-
ha siempre borrado con gusto la otra mitad del litares; llevé a mis hijos, tanto en México como
pasado y del futuro” (1938). en Francia, a compartir la verbena popular del
Toda conmemoración debería ser la oportu- 16 de septiembre y del 14 de julio. Estas fiestas
nidad nietzscheana de curarnos de “la enferme- son inocentes y la mayoría de los participantes
dad histórica”, asumiendo los dramas de nuestra ni saben qué se festeja; felizmente, no les llegan
Historia, con mayúscula, en lugar de disimular las intenciones de los políticos que morbosamen-
ciertos hechos, ciertos actores, en lugar de juz- te “conmemoran”.
garlos como buenos y malos, según nuestros pre- Escuchen, una vez más, a nuestro querido
juicios. Marc Bloch tomó muy en serio las críti- don Luis, quien nos hace más falta cada día:
cas de Válery y tenía ideas muy claras sobre el “El grito de Hidalgo del futuro próximo debe
papel de la historia en la vida de la nación. Dijo ser: ¡Señores, no hay más remedio que ir a re-
que lo mismo se emocionaba él con la evocación mover supervivencias, encarcelar residuos y
de la sacralidad de los reyes de Francia en la ca- enterrar mártires! El nuevo grito de Dolores
tedral de Reims, que con la evocación de la Fies- tiene que arremeter contra las ánimas de los
ta de la Federación, el 14 de julio de 1790, y que difuntos que siguen metiéndose con nosotros.
los que exaltaban sólo el sacro, o sólo el 14 de Las consignas deben ser: no más supervivencias
julio, eran hemipléjicos que no servían para la inútiles o perjudiciales; no más basura fuera de
patria, sino para la guerra civil. su lugar; no más remembranzas encendedoras
Nosotros los historiadores mexicanos, alum- de odios, suspicacias y quejumbres; no más his-
nos de un Luis González, gran lector de Válery torias con aspecto de puñales.”5
y Bloch, sabemos demasiado los usos y abusos Así podremos tenernos a nosotros mismos,
que el juego político hace con la historia nacio- poseyendo por fin nuestra historia nacional,
nal y por eso preferimos que nuestra disciplina, toda ella con sus dramas interiores. No recuer-
nuestro oficio, se mantenga a un lado del foro y do quién dijo que un hombre (una mujer) nece-
del circo conmemorativo. No preguntamos como sita de su historia personal, de esa narrativa in-
Poncio Pilato “¿Qué es la verdad?”, la buscamos, terior, continua, ininterrumpida, para preservar
intentamos honestamente buscarla y esa bús- su identidad. La nación también, el país tam-
queda debe crear la disposición para defenderla, bién, suma de hombres y mujeres que merecen
para servirla en la vida. La historia y el historia- algo mejor que conmemoraciones oficiales.
dor deben encontrarse al servicio de lo verdade-
ro y justo, de la libertad y de la fraternidad entre
los hombres. Insisto en la fraternidad. II
En lugar de intoxicarnos con un pasado ma-
chacado y rumiado hasta la indigestión, un pa- El Ángel de la Independencia sobre su columna,
sado que proyecta una densa sombra sobre el pariente del Genio de la Libertad sobre la co-
presente y el futuro, la conmemoración de 1810, lumna parisina de la plaza de la Bastilla, tiene
como la de 1910, debe propiciar una verdadera a sus pies un grupo escultórico: el cura Hidal-
toma de conciencia histórica que permita, en pa- go recibe el laurel olímpico de la mano de una
labras de Henri I. Marrou, maestro de Luis Gon-
zález, “una auténtica catarsis, una liberación de 5
Luis González, “La pesada herencia del pasado”, en
nuestro inconsciente sociológico un tanto análo- Diálogos, El Colegio de México, julio-agosto de 1981.

132
Ensayos

mujer castamente desnuda: la Patria, mientras Gracias a esta técnica publicitaria participa-
que otra mujer, seriamente sentada, se apresta mos en el acondicionamiento de las mentalida-
a escribir con pluma en el gran libro de la His- des con un éxito que rebasa las esperanzas de los
toria la gloria nacional. El monumento es nues- productores. Si eso lo logró el Porfiriato a propó-
tro y lo heredamos del “maldito” Porfiriato que sito de la Independencia, sin radio ni televisión,
lo levantó para celebrar 1810 en 1910; hereda- ¿qué no podremos hacer nosotros?
mos con toda tranquilidad el catecismo que ela- Así se formó un consenso todavía válido
boró el Porfiriato para dejar por la eternidad en sobre la Independencia y otro sobre la Revolu-
la memoria nacional la epopeya de la Indepen- ción, algo como un sufragio universal histórico
dencia. Ahora vamos a celebrar su segundo cen- que legitima una versión de la historia patria,
tenario sin cambiar ni añadir una coma; ahora que es la forma histórica que toma un sufragio
vamos a celebrar el primer centenario de nues- universal psicológico en la cual tiene su fuen-
tra gloriosa Revolución, la que mandó al Porfi- te y origen. No sentimos como pudimos sentir
riato a los infiernos de la historiografía. de manera personal, no sentimos lo que pudi-
“Muchas veces la Historia no es más que una mos sentir nosotros, sino como nos enseñaron
mentira continua y por desgracia, mientras los a sentir y lo que nos enseñaron a sentir: ¡Viva
historiadores la conforman a su modo y hacen Hidalgo, viva Morelos, viva Allende y vivan los
de ella el vestido de sus pensamientos, la presen- héroes que nos dieron Patria! Y también “¡Viva
tan a los pueblos como la verdadera regla. Ellos Benito Juárez!”. ¿Viva Madero?, apenas, pero
saben que se disimulan detrás y que hacen pro- eso sí: “¡Viva Villa, viva Zapata!”. Nuestro sen-
paganda”, escribía en 1817 Augustin Thierry. timiento corresponde a lo que oímos decir que
El bacteriólogo Charles Nicolle (1866-1936) era había que sentir, a como se dice generalmente
más radical aún: “Todo historiador es un men- que se debe sentir. Es lo que conviene, es la cos-
tiroso. Miente consciente o inconscientemente, tumbre, la usanza tradicional y constante, de
pero yo no sé si me engaña o si se engaña a sí buen gusto y de buen tono.
mismo. El resultado es igual.” Al otro extremo, El historiador que se atreviera a sembrar
muchos políticos piensan como Nikita Sergueie- dudas, a proceder de otra manera, se metería en
vich Jrushchov: “Los historiadores son gente pe- problemas. Porque se transformaría en historia-
ligrosa; son capaces de ponerlo todo de cabeza, dor comprometido, lo que sería peligroso porque
por eso deben ser dirigidos.” no hay que tocar a los héroes “ni con el pétalo de
A la hora de las conmemoraciones, es decir de una rosa”, tampoco puede pretenderse el resca-
recordar de manera colectiva, a la hora de cele- te de los condenados, aunque sea tímidamente,
brar nuestras glorias nacionales, los historiado- subiéndolos del infierno al purgatorio.
res se dejan dirigir y/o se engañan a sí mismos. ¿Por qué conmemoramos y celebramos a
Nuestra civilización es una inmensa empresa de estos muertos gloriosos, atribuyéndoles una
publicidad, publicidad en favor de esta misma gloria no siempre ameritada? Porque tene-
forma de vida y pensamiento, inducida por la mos, tanto la sociedad como los individuos
aceleración de los circuitos económicos. Nietzs- que la conforman, sed de eternidad, volun-
che hablaba del “despotismo histórico”, de “las tad de durar y hacer durar, deseo de creer en
máscaras históricas”, de “la enfermedad histó- nuestra existencia perenne. Los centenarios
rica”. Conmemorar y celebrar van de la mano son para las sociedades lo que los aniversarios
y forman una enfermedad universal que es a la para los individuos. Una diferencia de escala,
vez pandemia mundial, no patología puramen- nada más. Pero Søren Kierkegaard nos dice en
te mexicana, y negocio jugoso. Negocio para las su “Postscriptum definitivo”: “La salvación se
televisoras, radios, casas editoriales, y todos los encuentra adelante, la perdición atrás para el
que trabajan para ellas, empezando por los his- que voltea, vea lo que vea.” Y también: “Vi-
toriadores. vimos hacia delante, pero sólo podemos pen-

133
Ensayos

24. Condecoración por la pacificación de la Provincia de Veracruz.

134
Ensayos

sar hacia atrás.”6 Porque todos los hombres, y y la caída de la gran Tenochtitlán para los mexi-
el historiador se cuenta entre los hombres, son cas y sus vecinos, y el derrumbe del imperio es-
históricos. pañol entre 1808 y 1825. ¿Qué significan tan-
¿Cómo orientarnos en la selva tupida y tene- tos Apocalipsis, los genocidios contemporáneos
brosa de la Historia? Preguntaba mi maestro en los Balcanes y en el corazón de África? Uno
Henri-Irénée Marrou. tiene la tentación de decir como Macbeth que la
vida es una obra de teatro vacía, rezada por un
Que se me perdone el uso de esta mayús- actor idiota, llena de ruido y furor y que no sig-
cula: debería ser suficiente para dar a en- nifica nada.
tender que no se trata de la historia de los Nuestros antepasados, difuntos todos, atra-
historiadores, de la historia como ciencia pados en la tormenta entre 1810 y 1821, nues-
—definida como el pasado humano en la tros antepasados, no los mismos, atrapados en la
medida en que un tratamiento apropiado terrible “fiesta de las balas” entre 1913 y 1920,
de los documentos rescatados permite co- 1926 y 1938, nuestros muertos, tanto los recor-
nocerla—, sino del problema que plantea dados como los olvidados, nos preguntan, nos
a nuestra conciencia la historia realmen- obligan a preguntarnos: ¿la Historia tiene un
te vivida por la humanidad a lo largo de sentido? Y, segunda pregunta mucho más livia-
la totalidad de la duración y a la cual cada na: ¿celebrar, conmemorar tiene sentido? Quizá
uno de nosotros se encuentra íntimamen- para celebrar festivamente se requiere haber ol-
te asociado por el carácter histórico de su vidado lo que se pretende conmemorar y el his-
propia existencia. Para decirlo en una sola toriador debe olvidar todo lo que sabe.
palabra, es el problema del “sentido de la Debe, porque si no, no puede celebrar. Sabe
historia”.7 demasiado, se necesita una buena dosis de am-
nesia para celebrar, para ser el zoon politikon del
Los hombres de mi edad —nací en 1942 en sabio Aristóteles, para participar de la sociales
una hora oscura, antes de que en Stalingrado vita de Agustín. Pertenezco a la comunidad his-
y El Alamein Hitler perdiese su apuesta— lle- tórica en la cual me encuentro, a la ciudad que
garon a la vida del espíritu y a la conciencia so- me hace vivir, a la civilización que me ha forma-
cial después de las grandes masacres de la Gue- do y me sigue formando. Por lo tanto debo ce-
rra de Treinta Años que asoló Europa de 1914 lebrar, aún cuando esta memoria celebratoria
a 1945. Para los chicos franceses, las guerras de sé que es, en el mejor de los casos, incompleta o
Indochina (1948-1954) y Argelia (1954-1962) mentirosa.
prolongaron este muy largo paréntesis bélico.
¿Paréntesis? Recuerdo que a nuestros diez años,
esperamos la Tercera Guerra Mundial para 1963 III
a más tardar. Los totalitarismos, la Guerra Fría,
la crisis de los cohetes con la perspectiva del ho- ¿Qué no había muerto la Revolución mexicana?,
locausto nuclear, el napalm, la guerrilla, el terro- me pregunta a quemarropa Héctor Aguilar, en el
rismo… “nosotros civilizaciones, sabemos hoy sentido de “¿qué estamos celebrando cada 20 de
que somos mortales” (Paul Valéry, 1919). Como noviembre, qué estaremos celebrando con moti-
historiador, pienso en lo que significó el saqueo vo de su centenario el año próximo?”
de Roma para los contemporáneos de Agustín, Su pregunta irónica sobre “la Bola” me re-
cuerda lo dicho por el gran historiador francés
Pierre Chaunu, en vísperas del bicentenario de
6
Søren Kierkegaard, Postscriptum no científico y defini- la Revolución francesa. Se opuso radicalmen-
tivo a Migajas filosóficas, México, UIA, 2009.
7
Henri-Irénée Marrou, Théologie de l’ Histoire, París, te contra las festividades del bicentenario y ar-
Seuil, 1968, p. 15. gumentó que si bien se podía, si era inevitable

135
Ensayos

conmemorar, no había nada que celebrar. ¿Por de andar por Morelos, se encuentra al lado de
qué? Por que la revolución tuvo un costo altísi- Madero? ¿O si el general Victoriano Huerta no
mo para Francia, al lanzar “la Gran Nación” a se presenta en Palacio para solicitar su perdón?
la conquista de Europa y del mundo, median- En caso de que el general leal hubiera seguido al
te las interminables guerras de la Revolución y mando, o de que Felipe Ángeles lo hubiese sus-
del Imperio que provocaron su derrota final. La tituido, o si Madero no se hubiera topado con
derrota no fue solamente militar sino que, dice Huerta, no habría sucedido el nombramiento
Chaunu con datos convincentes, Francia perdió fatal, no hubiera Decena Trágica, ni asesinato
la competencia con Inglaterra —la de la Revo- de Madero y Pino Suárez, de modo que sí, nues-
lución industrial— que se hizo finalmente con tros antepasados habrían recibido de Madero el
setenta años de retraso por culpa de la Revolu- don de la democracia.
ción. Sin mencionar el costo demográfico, políti- Hablé de la revolución maderista porque no
co, ideológico para un país que no encontraría su hay una sino muchas revoluciones mexicanas,
estabilidad política antes de […] la Quinta Repú- en el espacio y en el tiempo. La Revolución mexi-
blica, después del golpe de Estado militar del 13 cana es una invención (legítima, normal, natu-
de mayo de 1958, que llevó al general De Gaulle ral) a posteriori de los políticos, ideólogos, his-
al poder. Sin hablar de la división de Francia, toriadores. Y nos encontramos atrapados entre
por mucho tiempo, en dos bandos irreconcilia- la necesidad de conservar algo de memoria (“las
bles hasta en su manera de ver la historia. naciones que pierden la memoria perecen”, dijo
Nacido en Francia, ciudadano mexicano y Juan Pablo II el 13 de octubre de 1986, antes de
comprometido con el oficio de historiar —pri- visitar Francia) y la necesidad de “acabar de una
mero con el estudio de la Revmex (así le decía vez para siempre con ese culto reaccionario del
Luis González)— invito a la lectora, al lector, a pasado” (Karl Marx dixit, 14 de septiembre
tomar en serio lo dicho por Chaunu y por Bloch. de 1870). Además Walter Benjamin advierte que
No obstante, se puede evadir la pregunta mali- “cada época deberá enfrentar la ruda tarea de li-
ciosa de Héctor, a la manera en que lo hizo Chu berar del conformismo una tradición a punto de
en Lai cuando le preguntaron su opinión sobre ser violada por él”.8
la Revolución francesa: contestó que era dema- A las sociedades con fundación revoluciona-
siado reciente para que se pudiera emitir un jui- ria, con mitos fundadores revolucionarios (1810
cio. Estamos apenas a cien años del inicio de la y 1910 para nosotros), como la mexicana y la
revolución maderista. francesa, les cuesta muchísimo trabajo escribir
Se debe celebrar la revolución maderista por- su historia, salvarse de la magia de los aniversa-
que nos dio la democracia, dicen los textos esco- rios (¡2 de octubre!), romper con el sentimiento
lares de historia o de civismo. ¿Nos la dio o tene- de lealtad de los herederos. Al historiador le re-
mos que inventarla todavía? Y me permito una sulta muy difícil resistir un pedido que no es pu-
digresión sobre el tema nada científico de “¿qué ramente oficial sino también social, cuando corre
hubiera pasado si…? ¿Qué hubiera pasado si don el peligro de aparecer como contrarrevolucionario
Porfirio, a principios de 1910, se resbala al salir y antinacional. No se le pide investigación, no se
de la bañera y se desnuca? Nada de Revolución le pide solamente conmemoración, sino celebra-
mexicana, puesto que la revolución maderista ción litúrgica, exaltación ideológica. Mauricio Te-
era más política que nada y motivada por la ené- norio señala que escribir historia acaba en una
sima candidatura de don Porfirio a la reelección. sociabilidad fuera del control del historiador y
¿Qué hubiera pasado si, a la hora del cuartela- sobre su experiencia como profesor en el barrio
zo fracasado del general Bernardo Reyes, quien mexicano de Chicago menciona: “Una estudiante
cae muerto frente a Palacio, el leal comandante
de la plaza no sufre graves heridas? ¿O si en tal 8
Walter Benjamin, “Sur le concept d’histoire”, en Ecrits
momento, el general Felipe Ángeles, en lugar français, París, Gallimard, 1991, p. 342.

136
Ensayos

creía que, si llenaban a sus héroes de dudas, ella resulta cada día más extraño. Toda periodiza-
se sentiría más parte de esa historia sin solem- ción, después de desarmar los elementos y los
nidades [propuesta por Tenorio]; sería un relato periodos, lleva a encasillar el acontecimiento en
con el que ella podría interactuar más fácilmen- una evolución larga, que permita conceptualizar
te. Otro estudiante afirmó que sus maestros de sus significaciones. Todo análisis verdaderamen-
primaria habían hecho muy bien su trabajo y te histórico de la Revolución empieza por la crí-
que lo único que le quedaba en Estados Unidos tica de lo que constituye su conciencia manifies-
eran sus héroes: ‘no me los toquen’. ¿Qué ha de ta, la periodización que nos ofrece la ideología
hacer un historiador?”9 revolucionaria, ya sea como ruptura entre an-
Sembrar dudas, propone Mauricio, pero con tiguo y nuevo régimen, ya como posición entre
la conciencia clara de que “la nación y su Revo- periodos de actividad excepcional de las masas
lución son una memoria colectiva que no con- populares y periodos de estancamiento revolu-
trolamos ni historiadores, ni políticos”. No sé si cionario. Como es legítimo, el mito oscurece su
en esta memoria colectiva está presente —mejor propia génesis y afirma: 1) que la Revolución des-
dicho se ha conservado— se ha transmitido la truye y niega al Porfiriato, que la Revolución es
memoria trágica de “los revolucionados”, esa un corte máximo en la historia nacional; 2) (en la
mayoría de mexicanos para los cuales la “revolu- cronología breve de la propia revolución) a) que
fia”, “la bola”, no fue ninguna “fiesta de balas”, la Revolución es un proceso continuo y ascenden-
para los cuales 1916-1917 no fue el año de la te desde 1910, con la breve excepción reacciona-
Constitución, sino el año del hambre. Recuerdo ria del huertismo; o bien b) que la Revolución fue
a esa mujer del pueblo de Ihuatzio, al borde del traicionada por los sonorenses y especialmente
lago de Pátzcuaro, que recordaba la Cristiada y por Calles, pero volvió a brotar en 1934; o bien
me decía, en el verano de 1969, a propósito del c) que la Revolución fue interrumpida en 1913
movimiento estudiantil: “cuando oigo que viene con la muerte de Madero, en 1915 con la derro-
otra revolución, me pongo a llorar y le ruego a la ta de Villa y en 1940 con la elección de Ávila Ca-
Virgen que no lo permita”. macho.
La experiencia de la historia no coincide con En b) y c) la Revolución culmina con Cárde-
la verbena popular. La Historia, según Janus nas. Así la Revolución deja de ser el cambio de
Bifrons, tiene una cara de luz, la que celebra- valores, el cambio social, el cambio de dirigentes
mos, pero su otra cara es siniestra y sombría. que engendra al Estado y a la sociedad contem-
Celebramos la Revolución y olvidamos la guerra poránea de Madero a Cárdenas y más allá.
civil que la acompaña, olvidamos que Polemos 2. En tal caso la Revolución se realiza y termi-
es el padre de la historia, que 1810 y 1910 inau- na (se la interrumpe) con Cárdenas, así que su
guran largos capítulos sangrientos y dolorosos, núcleo se situará desde entonces en el momen-
con el triunfo de la violencia, de la ambición, de to jacobino, cuando la ideología moralizante y
la corrupción. Las conmemoraciones disimulan utópica disfraza al máximo el proceso histórico,
esta ambivalencia fundamental. que son las relaciones entre la sociedad y el Es-
tado. Para el militante político, y también para
el historiador ingenuo, la ideología y los valores
IV de 1936 se deben tomar sin cambio alguno para
poder vivir otra vez la ilusión afectiva y pasio-
1. Pensándolo bien, la Revolución mexicana no nal de ese momento. Así se puede hacer de la
se puede considerar como algo familiar, eviden- Revolución mexicana la primera del continente
te, fácil de entender. Al contrario, el fenómeno y hasta del mundo, la que abrió el camino a la
Revolución china y a la cubana.
9
Mauricio Tenorio, Historia y celebración. México y sus Tal contaminación, grito del corazón, expre-
centenarios, Madrid, Tusquets, 2009. sión de una pasión, se entiende en los actores de

137
Ensayos

25. Bandera RVT de las Tres Villas, Córdoba, Orizaba, Xalapa.

138
Ensayos

la historia presente y se entiende también en los 1940; tal interpretación estira la Revolución de
historiadores de la Revolución, si no se justifi- 1911-1917 hasta 1938, para luego interrumpirla
ca. Es legítimo interpretar el pasado a la luz del en 1940, cuando se instala el régimen definitiva-
presente, interrogar el presente para entender el mente. La ideología afecta la periodización y tras
pasado. Pero tal pregunta debe ser efectiva y no ésta se encuentra el problema del sentido histó-
una proyección del presente sobre el pasado. Por rico, del contenido de la Revolución.
ejemplo, la condena radical del presente equivale 3. Don Daniel Cosío Villegas llega a la histo-
a inventar una época mítica de “verdadera” Re- ria de la Revolución después de haber recorrido
volución y a forjar el concepto de la “Revolución toda la historia nacional y eso le permite ver el
traicionada”, abandonada, desvirtuada limitán- gran hecho central, que vincula en una indisolu-
dose las preguntas a: ¿cuándo? y ¿quién? ble continuidad la Revolución con el Porfiriato, o
Se nos presenta luego un marxismo simpli- sea el desarrollo del poder público y de la centra-
ficado y simplificador, que se ampara detrás de lización administrativa. Subraya la empresa ad-
Marx y de Lenin, para interpretar la Revolución ministrativa más que las victorias políticas, en
mexicana como una revolución democrático-bur- donde se puede ver cómo evolucionó la dialéctica
guesa, que agrupa y dirige al campesinado y a las Estado/sociedad, cómo fue vivida, pensada, rein-
masas urbanas, que permite pasar del modo de ventada. Gracias a sus nuevas instituciones, dio
producción feudal al modo de producción capita- a luz al Estado moderno, ya engendrado por el
lista. Al cardenismo, presentado como el episodio Porfiriato. Esta manera de ver permite evitar la
más “popular” del proceso, se le otorga la signifi- distorsión ideológica, que, por una necesidad psi-
cación más “progresista”, la de haber alcanzado cológica evidente, exagera el contenido efectivo de
los objetivos históricos de la revolución burgue- una ruptura revolucionaria que se debe entender
sa y de haber anunciado a la vez las liberaciones en la dialéctica continuidad/ruptura. El discurso
subsiguientes. Se dice que, en términos genera- revolucionario no es muy fidedigno, ya que no hay
les, se alcanzó en 1940 el principal cometido de la conciencia más ideológica que la revolucionaria.
revolución democrático-burguesa que, como lo in- Si bien es cierto que el contenido de la Revolu-
dica Lenin, consiste en el desarrollo capitalista. ción está ganando en 1912 o en 1917, el fenóme-
“La revolución burguesa es una revolución que no revolucionario no corresponde a una transfor-
no va más allá del marco del régimen económi- mación política y social (que ya ha tenido lugar, o
co-social burgués, esto es, capitalista. Expresa las que hubiera ocurrido de todos modos), sino que
necesidades del desarrollo del capitalismo no sólo traduce dos modalidades de la acción histórica:
no desintegrando sus bases, sino, al contrario, el papel de la violencia y el papel de la ideolo-
ensanchándolas y profundizándolas.”10 gía. Los tiempos revolucionarios son oscuros y
Así, la Revolución mexicana habrá sido la el velo de la ilusión ideológica (la escatología de
lucha de las masas populares contra la reacción lo antiguo y de lo nuevo) tapa los ojos de los ac-
clerical latifundista y contra el imperialismo, por tores, impidiéndoles ver el sentido profundo de
la tierra, por la supresión de las supervivencias los acontecimientos. El revisionismo nos dice que
feudales y por la realización de reformas demo- la Revolución fue la ejecutora testamentaria del
cráticas. Las principales fuerzas motrices ha- Porfiriato y que no inventó nada; creyó inventar,
brán sido los campesinos, la clase obrera y la pe- nada más. Pero ¿no tuvo nada en especial? ¡Claro
queña burguesía urbana, así como la “burguesía que sí! El mesianismo jacobino, la guerra ideo-
nacional”. Se trata de una interpretación políti- lógica, la violencia en parte engendrada por el
co-afectiva estrechamente emparentada con la trauma cultural nacido de tan radical proyecto.
que daban los propios actores políticos en 1934- La Revolución es a la vez construcción del Esta-
do moderno (de Madero hasta la fecha) y reali-
10
V. I. Lenin, Dos tácticas de la socialdemocracia en la zación de una ideología escatológica (de 1916 a
Revolución Democrática, Moscú, Progreso, 1975 [1905]. 1938, con llamaradas intermitentes).

139
Ensayos

La ideología es polémica y política, emite jui- milagro, ya que se llega a suponer que el socia-
cios de valores, guía la acción, denuncia a los lismo se realiza cuando se le imagina. Hubiera
malos. Del conflicto nace la producción ideoló- podido defenderse esta visión con el argumento
gica. ¿Sería posible ofrecer una periodización de que las creencias religiosas deben ser reem-
de la Revolución mexicana según el desarrollo plazadas por el credo socialista, pero eso habría
ideológico? sido hacer el juego a la religión y reconocer las
razones sobrenaturales.
• 1910-1913. La Revolución nace como ideo- Los debates en torno a la reforma del artículo
logía y Madero ofrece la libertad antes que tercero de la Constitución, que tenía por finali-
el PAN, el Estado democrático, el Estado de dad poner a la escuela la etiqueta de “socialis-
derecho. ta”, y más tarde la práctica misma de la educa-
• 1914-1934. Años de trivialidad contradicto- ción socialista, son una muestra de la explosión
ria, mezcla amorfa de positivismo, liberalis- ideológica de aquellos años. Un corresponsal del
mo y otros ismos. El eclecticismo extranje- New York Times afirmaba en El Universal del 19
rizante revela la pobreza ideológica de dos de marzo de 1935 que había podido contar en
decenios en los cuales se peleó políticamen- México 33 definiciones escolares de la educa-
te con un disfraz ideológico mínimo. Inte- ción socialista, todas diferentes. Jorge Cuesta
reses, pasiones, ambiciones se manifiestan triplicaba el número, al hacer una cuenta más
con una brutalidad impresionante. El an- amplia, pues cada día se producían otras nue-
ticlericalismo llega sólo a la altura de una vas. “Quien no toma en serio el asunto no halla
ideología. motivo sino para reírse. Pero los maestros, con
• 1934-1940. Triunfa la ideología revolucio- toda ingenuidad, lo han tomado tan en serio,
naria (artículo tercero constitucional) y que leen apasionadamente cuanta publicación
contrarrevolucionaria (gran desarrollo del se les presenta con este tema y agotan en las li-
sinarquismo; nace el PAN). brerías cuanto libro muestra la palabra ‘socia-
lismo’ en la carátula[…] Casi me hace llorar el
4. La proliferación ideológica había empe- espectáculo de su angustia intelectual.”11
zado en 1932 (con Bassols en la Secretaría de No había educación más fanática, más reli-
Educación) e iba a alimentar todos los delirios giosa, que aquella que debía ser “socialista”, y
a partir de la idea de que todo lo racional es que además de excluir toda “doctrina religiosa”,
real. De la escuela racionalista a la escuela so- tenía que combatir “el fanatismo y los perjui-
cialista se abría el camino real del terrorismo cios”. Implantaba la religión socialista no sólo
ideológico, de la violencia ejercida contra la como contenido de la enseñanza, sino como el
realidad para conformarla a las visiones utó- fundamento de la educación. La suma de de-
picas. De pronto parece imposible descubrir el sastres que engendró tal educación es conocida
significado de tanta literatura mística y uno se aunque hay todavía historiadores que aceptan
pregunta cómo es que la Revolución se llegó a con verdadero entusiasmo su carácter religioso y
identificar con lo que niega la realidad de la na- místico y se niegan a ver la desconfianza pública
ción. Con la educación socialista se trataba de que llegó a inspirar. ¿Quién puede afirmar sen-
creer en el socialismo a la manera como los satamente que esto se debió tan sólo a intrigas
teósofos creen en la fatalidad de la reencarna- políticas del clero en contra de los funcionarios
ción. Se trataba de un acto de fe, en el que la de la Revolución?
doctrina socialista tendría más efectos revolu- Los enemigos políticos del régimen se aprove-
cionarios cuando la profesaran los niños, que chaban de las circunstancias, pero las circuns-
los que tiene cuando la profesan los adultos. Así
queda convertido el socialismo en un puro fenó- 11
Jorge Cuesta, periódico El Universal, 8 de abril de
meno psíquico, en una mística, en un culto del 1935.

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Ensayos

tancias no las habían creado ellos. ¡Antes solían 5. El concepto de revolución demócrata-bur-
encontrarse algunos niños en las escuelas! Y to- guesa permite abarcar la economía y la socie-
davía se culpaba a los resignados maestros de la dad, la política y la ideología. Supone que los
poca asistencia escolar, y se les amenazaba con acontecimientos posteriores a 1910 desencadena-
castigos si no conseguían que aumentara. ron las fuerzas productivas, y que la Revolución
La lectura de los programas y proyectos de la mexicana es el parto sangriento del capitalismo.
nueva escuela demuestra hasta dónde puede lle- Socialmente es la victoria de la pequeña burgue-
gar el delirio ideológico. sía urbana y de la burguesía nacional sobre las
La historia, la sociología, la moral, la estética antiguas clases privilegiadas. Ideológicamente
y la economía se fundaban en el materialismo es el triunfo del sistema democrático y de las
dialéctico conciliado con la realidad mexicana, luces contra el despotismo y las tinieblas del
y enseñado por personas que no habían leído a oscurantismo. Así se llega a definir a la Revolu-
Marx. Así se llegó a un callejón sin salida, y se ción de manera social: su sentido es el adveni-
arrastró al matadero a muchos maestros y a la miento de la burguesía.
rebelión a muchos padres de familia. Si se ad- En primer lugar, si empleamos la conceptua-
mite la violencia ideológica, se pasa fácilmente a lización en términos de modo de producción, el
concluir que éste fue el periodo de culminación, periodo es más amplio que la Revolución en su
que este momento fue el único genuinamente definición menos estricta: elimina el corte hacia
revolucionario de todo el siglo. atrás y borra la ruptura de 1910. Si empleamos
La proliferación ideológica (nos limitamos a la la interpretación clasista, se hace imposible una
ideología revolucionaria, pero la opositora viene periodización breve de la Revolución con una es-
a completar el cuadro: en los decenios anteriores cansión de 1910-1917 y 1934-1938. Al hablar de
parece que la reacción está ausente, ideológica- liquidación del feudalismo y de desarrollo ca-
mente por lo menos) se entenderá con el análisis pitalista no se puede hacer coincidir a la mu-
de los mecanismos internos de la producción de tación con un acontecimiento de unos años (o
ideologías. Se trata de un periodo en que el con- decenios). Una vez establecida por don Daniel
senso es débil, las pugnas políticas intensas (la Cosío Villegas la naturaleza del Porfiriato, nos
lucha entre Calles y Cárdenas no admite compro- es imposible separar la Revolución de sus “an-
miso) y los conflictos de implicación política muy tecedentes” y conservar el significado de ruptu-
frecuentes. En tal situación (que se confunde con ra radical que le dieron sus actores. Se puede,
el proceso de estatización) toda decisión es políti- es cierto, concebir un antiguo régimen que fo-
ca y, en última instancia, arbitraria. Las decisio- menta condiciones de su destrucción, pero en-
nes necesitan pues, una justificación ideológica. tonces habría que decir por qué y cómo la ha-
Sigue luego el declive totalizante de la ideología, cienda impide el desarrollo del capitalismo en
de tal manera que todos los conflictos (escuela, el campo, por qué y cómo la sociedad porfirista
reforma agraria, etcétera) se van a volver glo- y sus estructuras impiden el desarrollo de una
bales, y los adversarios irreconciliables. Al final economía industrial de ganancia y libre empre-
del proceso la ideología se organiza alrededor de sa. La demostración no es tan fácil, y no pasa de
dos polos, el revolucionario (el cardenismo) y el la afirmación: estamos viendo que el capitalismo
contrarrevolucionario (el sinarquismo). El en- se instala en los poros de la sociedad tradicional,
friamiento rápido de la ideología revolucionaria en el campo, y que existe un grupo nacional de
(a partir de 1938, pero especialmente después de empresarios industriales. ¿Dónde se encuentran
1940) deja a la ideología sinarquista sin prota- los obstáculos económicos y sociales que habría
gonista y el pleito termina por falta de contrin- que derribar para abrir el camino a la expan-
cantes (el sinarquismo debe confesar que Miguel sión? Se nos dice que la Reforma Agraria (espe-
Alemán incorporó a la Revolución la doctrina si- cialmente la cardenista) destruye el latifundis-
narquista quitándole con ello su bandera). mo estéril y desencadena el proceso capitalista

141
Ensayos

26. Bandera Religión, Yndependencia, Unión, Regimiento de Ynfantería.

142
Ensayos

en el campo. ¿Qué tan cierto será eso? Brasil, sin Ávila Camacho; ganaderos como Blanco y Villa;
reforma agraria, tiene una evolución económica boticario como Alvarado; fotógrafo como Mur-
muy parecida a la mexicana. guía; empleado como Diéguez. Si eliminamos a
De todos modos la economía mexicana en el los prófugos de la elite porfirista nos encontramos
Porfiriato es próspera y conoce ritmos de creci- con demiurgos de la “microburguesía” rural y ur-
miento que volveremos a encontrar después de bana: rancheros, profesores, boticarios, curas, li-
1940. La crisis final del Porfiriato corresponde a cenciados, gente toda que vive del negocio, de la
una mala coyuntura dentro de una tendencia de tierra, del servicio del Estado. No se trata de bur-
prosperidad. Hay una revolución porfirista, la guesía, si ésta se define como clase que vive de ex-
de la modernización y del crecimiento acelerado plotar la fuerza del trabajo asalariado.
durante treinta años (la población pasa de 9 a 15 Después de 1910 el reclutamiento de la nueva
millones, el crecimiento industrial es del 12 por elite socio-política no es fundamentalmente dife-
ciento al año, las exportaciones crecen 6 por cien- rente del que se dio entre 1860 y 1910: tierra, ne-
to al año). Se achacan al Porfiriato todos los as- gocios, política son las tres fuentes, estrechamente
pectos negativos y explosivos de la sociedad rural ligadas entre sí a la promoción social, que encarna
y se olvida mencionar que la pauperización rural de manera maravillosa un Álvaro Obregón.
(que no se ha estudiado), cuando existe, se debe El análisis de una revolución cronológicamen-
a la modernización y al progreso del capitalismo te breve lleva a un callejón sin salida, del cual
agrario. Eso permite decir de manera falsamente se pretende huir inventando la radicalización de
marxista que la transformación capitalista de la la Revolución y la intervención creciente de las
agricultura pasa por la abolición de la hacienda. masas populares (en 1910-1940 y especialmente
Y no se habla del crecimiento demográfico, del in- en 1934-1940). Su presión será la que explica el
greso económico, de los precios, de los salarios. enfrentamiento Cárdenas/Calles, la que obliga a
Y si la Revolución es el paso de un modo de Cárdenas a la reforma agraria, al plan, a la edu-
producción a otro, encontramos dificultades se- cación socialista, a la nacionalización. Así no cae-
mejantes en el campo de los resultados: ¿dónde mos en la trampa: revolución burguesa no tiene
está el capitalismo desencadenado por ella? En por qué significar burguesía revolucionaria, no se
el campo está paralizado por la formación del limita a una clase social, ya que “potencialmen-
microfundio ejidal, en la ciudad tampoco se ma- te” contiene un porvenir tan cargado y tan pro-
nifiesta en expansión dinámica. Los sectores metedor como cualquier otra revolución. Apoyo
industriales y agrícolas (Monterrey, petróleo, popular, alianza con los campesinos, pacto con
minas, agricultura de exportación), que siguen los obreros: todo está incluido en una historia
creciendo y asegurando al PNB su progresión, rígidamente lógica. Eso permite borrar los “ac-
no deben nada a la Revolución, ni en su auge, ni cidentes”, las contradicciones, los choques, y en-
en su descenso. Y el interminable acontecimien- cajar todo desde un principio en “la Revolución”
to militar (1910-1929, con sus prolongaciones (como la contrarrevolución en la revolución), ya
hasta 1940), ¿qué tiene que ver con la racionali- que todo es figura de un proyecto único.
dad económica burguesa? 6. Las revoluciones mexicanas. Primero, éstas
En segundo lugar, la sociología política tam- vienen a quebrantar el concepto totalizador de
poco nos permite hablar de revolución bur- “revolución democrático-burguesa”. Existen va-
guesa. Los jefes son “burgueses” en un 90 por rias revoluciones en el espacio, en el tiempo, en
ciento. ¿Pero de qué burguesía se está hablando? la sociedad: revoluciones del norte con Made-
Hacendados como Madero, Carranza, Maytore- ro, Carranza y los sonorenses, una revolución
na, Garrido, Green, Peláez, Pineda, Meixueiro; zapatista del sur, revolución cristera del viejo
rancheros (con vocación de hacendado en ciertos altiplano, etcétera. Hay un enorme y evidente
casos) como Zapata, Orozco, Cedillo, Obregón, contraste entre la capital y las provincias, entre
Eulalio Gutiérrez, Figueroa, Natera, Gallegos, las ciudades y el campo; hay zonas inmóviles y

143
Ensayos

zonas de turbulencia. El país entero, o casi en- se movilizaron los campesinos fue de modo con-
tero, puede conocer el estado de trance en algu- trarrevolucionario, del modo cristero.
nas raras ocasiones. Sonora, Jalisco, Veracruz Para llegar a la hegemonía no era posible apo-
se encuentran en la punta de lanza, mientras yarse sobre los campesinos, que tenían proyec-
que el cuadrilátero Querétaro/ Pachuca/ Puebla/ tos diferentes o antagónicos. Por eso Zapata y
México y el D.F. nunca se mueve, está aplastado, los cristeros debían morir. El agrarismo, fenóme-
controlado, víctima de la historia. Las oposicio- no político y no económico, surgió para dividir a
nes geográficas se deben matizar: en la ciudad los campesinos y proporcionar una clientela al
como en el campo, uno puede vivir al margen de nuevo Estado. Medida conservadora, impuesta
la historia mientras no se agreda a los granos, por la ciudad, el agrarismo político engendró el
a los animales, a los hombres o a Dios. En cier- antiagrarismo violento de muchos campesinos.
tos momentos el tétanos es general, breve o pro- El Estado revolucionario se apoya en los agra-
longado: 1911 y Madero; 1917 año del hambre; ristas, las ciudades, los obreros. La solidaridad
1926-1929 años de la Cristiada; 1938 del petró- urbana funciona desde 1915, entre carrancistas
leo; 1940 y Almazán. Esas crisis son fenómenos y sindicalistas. Así nacen los Batallones Rojos.
del Apocalipsis o de descarga (social vomiting), Por eso los campesinos siguen indiferentes, des-
inversión momentánea de los valores fundamen- confiados, hostiles a la Revolución. Por eso el his-
tales, unión nacional. toriador de la “revolución democrático-burgue-
Segundo, no hay una Revolución, sino tres por sa apoyada en las masas” no sabe qué hacer con
lo menos, telecopiadas: el resentimiento de las cla- el movimiento obrero anarquista (a la izquier-
ses inferiores urbanas y cierto descontento rural da), ni con los sinarquistas (a la derecha), ni con
se unen de modo provisional, con la voluntad po- los cristeros (arriba). Como no se puede integrar
lítica de una parte de los grupos dirigentes. ideológicamente a los cristeros, se les desconoce
Además, los campesinos nada tienen que ver toda fuerza, se niega su naturaleza o se les pre-
con el jacobinismo liberal de las ciudades. Quie- senta como víctimas enajenadas, precipitadas a
ren mejorar su suerte (¿cambiarla?), pero esto la hoguera por el clero. No se quiere ver la fuer-
está muy lejos del sueño de la “vanguardia”, la za de un movimiento en contra de lo que se con-
cual les impone manu militari su revolución, su viene en llamar Revolución mexicana, que es la
cultura. Después, viene el historiador y legitima culminación de la modernización porfirista.
el mito de una revolución anhelada y hecha por En tercer lugar, el problema de la guerra se
las masas. Los que escriben la historia reconci- hace manifiesto en la Cristiada, pero es anterior
lian a posteriori a Zapata con Carranza y con los a ella. La guerra viene a contradecir la natura-
Batallones Rojos. Que Zapata haya pesado en la leza social de la Revolución, en vista de que la
historia de la reforma agraria no significa que la crisis política tiene su dinámica autónoma. La
Revolución mexicana sea campesina en sus moti- situación, la crisis revolucionaria, no se entien-
vaciones, desarrollo y consecuencia. La populari- de sin el vacío político anterior, sin la vacante
dad de Díaz en el campo y la participación de los del Estado, sin la crisis de las clases dirigentes.
campesinos en la Cristiada resultan una prueba La Revolución es un frente revolucionario móvil
de lo contrario. Los campesinos participaron en la que evoluciona con rapidez, frente heterogéneo
guerra, prolongación de un combate político que de elementos cuyas metas son contradictorias.
no era de ellos. Esta Revolución, llamada primera La heterogeneidad, la fragilidad de la coalición
revolución campesina del siglo XX, fue una guerra que forma la nueva clase dirigente, los intereses
privada en el seno de las clases medias y superio- diferentes, las utopías que los disfrazan, todo
res. Ciertos grupos campesinos detrás de Oroz- eso explica la guerra y su duración.
co y Villa, pero principalmente detrás de Zapa- La guerra no es un fenómeno evidente o natu-
ta, aprovecharon el accidente político para seguir, ral. La guerra contra los cristeros no tiene meta
con medios nuevos, el viejo pleito agrario. Cuando definida. No se trata de un conflicto de intereses,

144
Ensayos

sino de valores, es decir que no puede tener otro el Estado nacional-populista. La diferencia no
fin que la victoria o la derrota total (terminará consiste propiamente en la reforma agraria o en
con un compromiso, pero sólo después de la sali- la nacionalización del petróleo (medidas callis-
da de Calles). Es una huida forzada, una manera tas impensables en el tiempo de Calles por razo-
de cimentar la coalición. Se la necesita, ya que la nes extra-mexicanas), sino más bien en la ideolo-
revolución necesita una contrarrevolución que gía. Pero es que la ideología revolucionaria se ha
no acontece, de la misma manera que necesita vuelto el campo cerrado en que se enfrentan los
grandes traiciones imaginarias (obispos vendi- grupos políticos, ya que desde 1929 no chocan
dos a los petroleros). los revolucionarios en el campo de batalla.
El principio de realidad desaparece en agosto En cierta medida, todo el delirio ideológico de
de 1926 y desencadena el fenómeno del terroris- los años de 1933 a 1936 corresponde al conflicto
mo. ¿Son crueldades inútilmente perpetradas por Calles/Cárdenas. El episodio cardenista es por
políticos asustados? Ésta es la explicación psico- eso el momento de la opacidad máxima, opacidad
lógica. ¿El Estado se da a sí mismo como su pro- de la ideología tras la cual se disimula el verdade-
pio fin, a falta de raíces sociales? Es el Estado ro proceso histórico. En el momento de la elimi-
enajenado por la ideología. En la crisis del poder nación de Calles, esta ideología se presenta como
abierta en 1910 se desencadena la ideología. ¿Por la realización de la Revolución, tanto tiempo in-
qué entonces levantar una cronología de fantasía terrumpida. Arma cardenista, resulta extraordi-
inspirada por la Revolución francesa, que nos lle- nariamente adecuada para muchos estudiosos e
varía del periodo “burgués” progresivo al apogeo intelectuales que, no habiendo figurado en las
populista, seguido de otro periodo burgués nega- primeras filas revolucionarias, tienen la íntima
tivo (termidor) y que culmina con la muerte de la impresión de que la Revolución no es revolu-
Revolución, con o sin Bonaparte (un Bonaparte ción sin ellos. Proclaman entonces que la Revo-
omnipresente desde Madero hasta Cárdenas)? lución no ha triunfado aún por deficiencia de sus
7. La época de 1911 a 1940, es decir treinta hombres (Calles y los callistas) o por deficiencia
años, es el tiempo de una generación que lucha de sus principios y métodos (según el vocabula-
desesperadamente por resolver el problema de rio de la oposición izquierdista). Suelen denun-
poner fin a una revolución. El periodo de 1913- ciar la inmoralidad de los hombres que detentan
1920 es el de la desintegración (una revolución el poder, comparándola con su propia juventud
lograda, privada de su conclusión por una ten- que no ha tenido todavía la oportunidad de perder
tativa audaz de contrarrevolución y la guerra su pureza. Encontrando a la mano el ejemplo de
civil que en 1920 lleva al poder a un grupo defi- una Revolución más revolucionaria en la rusa,
nitivamente instalado). Los años de 1920-1940 se manifiestan comunistas y buscan el apoyo del
constituyen la era de la integración, si se pres- “proletariado traicionado por los hombres de la
cinde de las rupturas que parecen astillar el pe- Revolución”. Florece el arte proletario.
riodo. El proceso de división y de liquidación del Pero el campo de lucha está en las oficinas del
grupo inicialmente dirigente tarda muchos años, gobierno y sigue el proceso que funciona desde
pero no implica una periodización definitiva. Se 1915; el grupo dirigente absorbe en sus filas a todo
ha insistido demasiado en una ruptura entre el el personal político, nacido en los movimientos de
maximato y el cardenismo para no caer en la derecha (todos los prófugos católicos de la ACJM) y
tentación de subrayar el continuismo. de izquierda, hasta los más subversivos. El proce-
¿El personal político? Idéntico. ¿El juego po- so orgánico no conoce ningún corte entre Calles y
lítico? Igual. Agrarismo y obrerismo político, Cárdenas. La formación de la clase dirigente por
protección populista de los grupos agrarios y capilaridad y selección de los talentos no excluye
obreros organizados, nepotismo, liderismo, pro- la lucha, pero la discordia funciona como concor-
fesionalismo político, sucesión presidencial en dia. Es legítimo hablar de “familia revoluciona-
los mismos términos, por encima de las clases, ria”. Quien levanta un poquito el telón encuentra

145
Ensayos

a los Obregones, Calles y Cárdenas unidos por es- a los poderes locales, portador del hecho nacio-
trechos lazos de intereses y amistad. nal, es junto con el dinero (y más que el dinero)
8. Los conflictos célebres, la caída de Díaz, la el factor de la movilidad social. Toda la sociedad
muerte de Madero, la salida de Huerta, el ase- está tragada por el Estado, que chupa y redistri-
sinato de Obregón, la expulsión de Calles, tie- buye la riqueza. La única posición que se ofrece a
nen poco que ver con el inmenso proceso de in- las elites en concurrencia (obrero, militar, buró-
tegración socio-cultural que hace desaparecer al crata, etcétera) es la integración al Estado. No es
antiguo México. Todas las sociedades políticas de sorprender que todos los grupos dominantes
pueden hundirse en el conflicto armado, lo que luchen por el poder, por el control del Estado. No
no implica una causa profunda o el clímax de es de sorprender que la crisis revolucionaria dure
algún fenómeno de larga duración. ¿Existe algu- tantos años. Termina cuando se consigue domar
na relación entre los villistas, los zapatistas, los el proceso de promoción y de competición del las
cristeros y las fuerzas sociales que procrearon al elites para edificar sobre esa base el Estado.
México industrial y urbano de hoy? De Porfirio Díaz a Manuel Ávila Camacho se
El derrumbe es posible cuando varias fuentes mide la rapidez de la evolución que lleva al Esta-
de conflictos entran en resonancia; se conjugan de do moderno. Díaz y Calles, con mano de hierro,
manera fatal los conflictos locales, fuerzas opues- dieron al país el cuadro político e institucional
tas, que no son nunca expresión de las otras. Las en el cual se vive hasta la fecha. La Revolución
elecciones de Morelos movilizan a los futuros za- es un Porfiriato que resuelve sus problemas po-
patistas, la crisis económica del noroeste amon- líticos internos y externos y moderniza su es-
tona vagabundos en las pequeñas ciudades fron- trategia socioeconómica. Pero la liquidación del
terizas, la diplomacia estadounidense espera su viejo país para beneficio del Estado moderno
hora, la sucesión presidencial junta todo esto en no consigue engendrar a la nación. En 1971 se
un haz de rayos tremendos. El día que se levanta rindió homenaje común a Calles y Cárdenas, lo
Madero, el fenómeno político conquista su auto- cual era reconocer la continuidad del fenómeno
nomía con la dinámica de toda explosión. revolucionario. Lo que todavía falta reconocer
La Revolución ocurre en la fase peligrosa del es la continuidad entre el Porfiriato y la Revo-
despegue económico, cuando confluyen la vacan- lución. Pero eso es mucho pedir a nuestro cate-
cia del poder, la ofensiva estadounidense, la lucha cismo, que está hecho (y bien hecho) para pro-
de las facciones y la crisis financiera. Una gene- porcionar la satisfacción psicológica máxima y
ración, en la cual sobraba la gente educada (para el mínimo de dolores de cabeza. A las sociedades
la cual faltaban empleos), se precipitó en la bre- con fundación revolucionaria les cuesta muchísi-
cha para sentarse al banquete de la vida (no para mo trabajo escribir una historia contemporánea.
revolcar la mesa). La Revolución viene lenta- ¿Cómo salvarse de la magia de los aniversarios,
mente, tarda diez años, espera el agotamiento de cómo romper con el sentimiento de lealtad de
todas las soluciones: Limantour, Reyes, Madero, los herederos, cómo no escribir una historia to-
Díaz, Huerta. Necesita decenios para el penoso talmente entregada al pedido social? Toda otra
aprendizaje del poder y sigue el proyecto porfiris- historia corre el riesgo de aparecer como con-
ta de construcción del Estado y de la nación. La trarrevolucionaria y antinacional. Al historiador
violencia no prueba nada: resuelve problemas no se le pide investigación, sino conmemoración; no
civiles. ¿Cómo podían ser lucha de clases esos se le pide reflexión, sino liturgia. Lo prueban todos
conflictos, cuando había gran número de agru- los que quieren “acabar de una vez para siempre
paciones pero un solo cuerpo de hombres capa- con ese culto reaccionario del pasado”.12
ces de actuar en común sobre toda la sociedad, es
decir una sola clase, la clase política? 12
César de Paepe, Correspondence (texte et notes par
La violencia está ligada al Estado. Y el Estado, Bernard Dandois), París, F. Maspero, 1974 (Marx a César
ligado a su vez al desarrollo económico, opuesto de Paepe, 14 de septiembre de 1870).

146
Ensayos

27. Tambor en cuero y madera.

147
Mundo hispano

28. Entrada triunfal del Ejército Trigarante a la ciudad de México el 27 de septiembre de 1821.

148
Mundo hispano

La imagen de España en el 100 y 150 aniversario


de la Guerra de la Independencia en el periódico ABC*

Lara Campos Pérez

El deber de memoria hesita continuamente entre uso y


abuso porque su proclamación permanece cautiva del sín-
drome de obsesión.
P. Ricoeur

Como todas las cosas, la memoria puede ser buena o


mala, memoria justa o injusta memoria, pero tratándose
de historia estos adjetivos, como otros muchos, no se refie-
ren a la historia misma, sino a sus usos sociales.

J. J. Carreras Ares

H ace ya más de dos décadas, el historiador cia. El análisis recoge una de las visiones sobre
francés P. Nora ponía de manifiesto que vivía- la nación que existieron en ambos momentos,
mos en una época en la que el fervor conme- la de la derecha monárquica, expresada a tra-
morativo había invadido todos los espacios de vés de su principal órgano de difusión, el diario
la vida social y política de las naciones. Un fer- ABC. El objetivo del trabajo es ver la forma en
vor que se mantiene —si no es que se ha incre- que fue imaginada la nación por esta ideología y,
mentado en los últimos tiempos— con motivo de por lo tanto, cómo fue representada iconográfi-
los bicentenarios de la Independencia celebrados ca y verbalmente con motivo del acontecimiento
en ambos lados del Atlántico. Además de su di- conmemorativo y, asimismo, apreciar la evolu-
mensión política, estas conmemoraciones resul- ción y cambios asignados a este concepto políti-
tan interesantes al historiador en la medida en co en ambas fechas.
que, como objetos historiables, pueden mostrar
tanto los cambios en el discurso historiográfi- Las conmemoraciones: usos políticos
co como los usos políticos que en cada caso se y sociales. Las conmemoraciones
le ha ido dando a la historia. En las páginas si- de la Guerra de la Independencia
guientes pretendemos realizar un análisis del en España a lo largo del siglo XIX
discurso conmemorativo que se puso en marcha
en España con motivo de la celebración de dos Las conmemoraciones son medios fundamentales
aniversarios redondos, el del centenario y el del en la construcción y mantenimiento de identida-
sesquicentenario de su Guerra de Independen- des tanto individuales como colectivas. En este
Cooperación Internacional y Desarrollo, que de forma con-
* La investigación de la que forma parte este artículo se secutiva he recibido para realizar una estancia posdoctoral
realiza gracias a dos becas, una de la Secretaría de Relacio- en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Univer-
nes Exteriores de México y otra de la Agencia Española de sidad Nacional Autónoma de México.

149
Mundo hispano

cuado para llevar a cabo algún tipo de resignifi-


cación en cuanto al contenido de dicha identidad,
pues, teniendo en cuenta que la identidad no es
algo tangible e inmutable, sino todo lo contrario
(una definición siempre inconclusa y en proceso
de formación), toda rememoración no puede dejar
de ser, en cierto modo, una reelaboración del pa-
sado en función de aquellos rasgos identitarios
que en cada momento se convierten en esenciales
para la definición del grupo.2 Estos procesos de
resignificación resultan mucho más apreciables
cuando en la conmemoración se celebra un “ani-
versario redondo”, como lo son los centenarios,
sesquicentenarios y bicentenarios, pues estos van
a acompañados de un mayor despliegue de me-
dios y tienen una mayor pretensión de proyección
tanto en el interior del grupo como en la visión ex-
terna que se quiere mostrar de él.
Como señalaba Paul Ricoeur, la mayor parte
de las conmemoraciones tienen como hecho fun-
dador un acontecimiento traumático, en el que
el grupo del “nosotros” logró la victoria sobre
los “otros”.3 El aspecto traumático del hecho
fundador suscita la creación de relatos heroicos
cuyo objeto es apaciguar las heridas en el grupo
del “nosotros” y fomentar, asimismo, la cohe-
sión interna de dicho grupo, que generalmente
resultó dañada después del conflicto. En el caso
último caso, las conmemoraciones sirven para de las naciones modernas, surgidas, en la ma-
dar cohesión al grupo y para favorecer la rela- yoría de los casos, en los albores del siglo XIX,
ción entre las generaciones, puesto que en la con- los acontecimientos fundadores también res-
memoración pasado, presente y futuro confluyen ponden a situaciones traumáticas: guerras de
en un tiempo mítico y siempre repetido, en un independencia contra la metrópoli —en las re-
tiempo sincrónico, que queda inserto, asimismo, públicas americanas— guerras contra el invasor
en una secuencia diacrónica. La conmemoración extranjero –como el caso de todos aquellos paí-
sirve, por tanto, como uno de los principales pun-
tos de apoyo de la memoria colectiva del grupo, 2
Como señalaba A. Rosa, el acto de memoria es un acto
una memoria que siempre queda enmarcada den- voluntario, volitivo (o inducido). En palabras de este au-
tro de unos cuadros sociales determinados.1 tor: “recordar es ejercer la memoria”, y recordar, asimismo,
“no es revivir el pasado, sino reelaborarlo en el presente.
Pero, al mismo tiempo que la conmemoración El recuerdo tiene una naturaleza constitutiva”; A. Rosa y
sirve para reforzar la identidad del grupo, debido cols., “Imaginando historias de España en el tiempo de unas
al uso político que se le ha dado, también se pre- elecciones generales”, en A. Rosa, G. Bellelli y D. Bakhurst
senta como una circunstancia y un escenario ade- (eds.), Memoria colectiva e identidad nacional, Madrid, Bi-
blioteca Nueva, 2000, pp. XX.
3
“Lo que celebramos con el nombre de acontecimien-
1
Sobre los términos “memoria colectiva” y “cuadros so- tos fundadores son esencialmente actos violentos legitima-
ciales de la memoria” remitimos a la obra ya clásica de M. dos después por un Estado de derecho precario”; P. Ricoeur,
Halbwachs, La memoria colectiva, Zaragoza, Prensas Uni- La memoria, la historia y el olvido, Madrid, Trotta, 2003,
versitarias de Zaragoza, 2004. p. 108.

150
Ensayos

ses europeos que sufrieron la invasión napoleó-


nica– o guerras de sublevación contra el orden
establecido —como la Revolución francesa—. La
memoria de esos acontecimientos sería lo que
posteriormente se convertiría en objeto de con-
memoración.4
Los primeros festejos conmemorativos surgie-
ron de forma espontánea, en la mayoría de las
naciones, muy poco tiempo después de haberse
llevado a cabo el citado acontecimiento fundador
y presentaron como rasgo común el hecho de
que, con frecuencia, tuvieron una lectura más
de carácter local que nacional,5 pues lo que se
festejaba era un episodio concreto sin pretensio-
nes de que éste hubiera tenido una repercusión
de la que hubieran sido beneficiarios todos los
integrantes de la comunidad nacional.6 Sin em-
bargo, a medida que fue transcurriendo el siglo
XIX y los respectivos Estados pusieron manos a
la obra en la tarea de nacionalizar a sus ciuda-
danos, pero sobre todo a partir del surgimiento
y consolidación de la sociedad de masas, el acto
conmemorativo fue adquiriendo mayores dosis
de dramatismo y efectismo, pues era necesario,
como señalaba G. Mosse, que “el pueblo partici-
para activamente en la mística nacional a través

4
Sobre la relación entre las conmemoraciones y la cons- de ritos y fiestas, mitos y símbolos que dieran ex-
trucción de la identidad nacional pueden consultarse, en-
tre otros: J. R. Gillis (ed.), Conmemorations. The Politics of presión concreta a la voluntad general”.7 A tra-
National Identity, Princeton, Princeton University Press, vés de la puesta en escena de la conmemoración
1994; A. Rosa, G. Bellelli y D. Bakhurst (eds.), op. cit.; S. mediante desfiles, discursos y verbenas popula-
Claramunt et al., Las conmemoraciones en la historia, Va- res, la nación se recreaba ante la ciudadanía ad-
lladolid, Universidad de Valladolid, 2002.
5
En el caso de España, el levantamiento popular del 2 quiriendo un sentido entre solemne y festivo, un
de Mayo en Madrid fue convertido en fiesta nacional en la sentido ritual, en cualquier caso, que le dotaría
temprana fecha de 1811, mientras que la conmemoración de la sacralidad y el misticismo necesario para
de la batalla del Bruc en Barcelona se llevó a cabo apenas
un año después de haberse producido; Ch. Demange, El Dos
suscitar la adhesión y la comunión cívica en el
de Mayo. Mito y fiesta nacional, Madrid, Marcial Pons/CEPC, ritual de la nación recordada.8
2004, p. 12; L.F. Toledano González y M.G. Rubi i Casals,
“Las Jornadas del Bruc y la construcción de memorias po-
líticas nacionales”, en Ch. Demange, P. Géal, R. Hocquellet,
7
S. Michonneau y M. Salges (coords.), Sombras de mayo. Mi- G. Mosse, La nacionalización de las masas, Madrid,
tos y memorias de la Guerra de la Independencia en España Marcial Pons, 2005, p. 16.
8
(1808-1908), Madrid, Casa Velázquez, 2007, pp. 87-110. Utilizamos el término “recordada” en el sentido como
6
Este planteamiento es lógico en la medida en que toda- lo definió B. Lewis: “como la memoria colectiva de una co-
vía no existía la conciencia de pertenecer a una comunidad munidad o nación. Aquello que sus gobernantes y dirigen-
imaginada más amplia que era la nación. Sobre este tema tes, sus poetas y sabios han considerado más digno de re-
sigue siendo esclarecedora la obra de B. Anderson, Comuni- cuerdo, trátese bien de un símbolo o de una realidad”; B.
dades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión Lewis, La historia recordada, rescatada, inventada, Méxi-
del nacionalismo, México, FCE, 2007 [1983]. co, FCE, 1979, p. 21.

151
Ensayos

dos factores esenciales: por una parte, a las di-


putas ideológicas en cuanto a la apropiación del
significado del acontecimiento, y, por otra, a la
fragmentación del acontecimiento en sí, es decir,
a la multiplicidad de episodios (en su mayoría,
como se ha mencionado, de carácter local) que
eran susceptibles de ser celebrados.10
Respecto a la cuestión de la interpretación
ideológica, la Guerra de la Independencia fue
objeto, desde sus orígenes, de una doble lectura:
la de carácter liberal, surgida al hilo de la Revo-
lución francesa y del enciclopedismo, y la conser-
vadora, apoyada en los mecanismos de poder del
Antiguo Régimen.11 Para los primeros, reunidos
en su mayoría en torno a las Cortes de Cádiz, pa-
recía claro que la circunstancia bélica había favo-
recido el final definitivo de la monarquía absolu-
ta y que, por lo tanto, había llegado el momento
de la soberanía de la nación como expresión de
la voluntad general, una soberanía que queda-
ría recogida y protegida a través de la primera
Constitución española, aprobada el 19 de marzo
de 1812. La guerra de 1808-1814 se presentó a
sus ojos —y a los de sus continuadores ideológi-
cos a lo largo del siglo— como una guerra con-
tra el enemigo extranjero, pero también y sobre
todo, como una guerra contra unas ideas que
eran entendidas por ellos como caducas, e inclu-
so extranjerizantes.12

10
Esta doble problemática de interpretación ideológica
y fragmentación estuvo presente, por ejemplo, en Francia
durante las conmemoraciones de la Revolución; A. Mora-
En España, la que unas décadas después de les Moya, “1989. Cómo se conmemoró el bicentenario de
la Revolución francesa”, en S. Claramunt et al., op. cit.,
haber sido concluida se llamó Guerra de la Inde- pp. 119-136.
pendencia (1808-1814), se convirtió, en un lapso 11
A medida que fue avanzando el siglo, el mapa ideoló-
relativamente breve de tiempo, en el mito funda- gico fue haciéndose más complejo con la presencia, entre
otros, de moderados y progresistas, carlistas, republicanos
dor de la nación moderna.9 Sin embargo, su lec- y ya en las últimas décadas, de socialistas. Para esta breve
tura y celebración nunca presentaron un carác- introducción, a pesar de lo reduccionista que pueda resultar,
ter unívoco. Esto se debió —como, por lo demás, haremos un sucinto seguimiento de las dos grandes corrien-
ocurrió en la mayor parte de las naciones que tes, el liberalismo y el conservadurismo, dejando de lado las
otras interpretaciones. Un estudio particularmente intere-
se encontraban en una situación semejante— a sante sobre estas corrientes ideológicas es de J. Fernández
Sebastián y J. F. Fuentes (dirs.), Diccionario político y social
9
Sobre la polémica y los diversos nombres que recibió del siglo XIX español, Madrid, Alianza, 2002.
este acontecimiento antes de que se popularizase la deno- 12
En 1863, Fernández de los Ríos escribía: “lo antiguo,
minación “Guerra de la Independencia”, véase J. Álvarez lo nacional en España, es el sistema representativo; lo mo-
Junco, “La invención de la Guerra de la Independencia”, en derno, lo traducido, el absolutismo”; cit. en T. Pérez Vejo,
Claves de razón práctica, núm. 67, noviembre, 1996. “El liberalismo español decimonónico y el ser de España.

152
Mundo hispano

Esta propuesta liberal de la nación no fue ser depositada en manos del monarca, aunque
aceptada por las viejas elites de poder españo- ahora limitada por la elite política y las institu-
las, quienes todavía seguían buscando sus apo- ciones—;15 a partir de mediados de siglo, el pen-
yos en las antiguas lealtades: la religión y la samiento conservador fue incrementando su pro-
dinastía monárquica. Para este sector, la gue- tagonismo en la vida política del país, influyendo
rra iniciada en 1808 tras la invasión napoleóni- de forma decisiva en la toma de algunas decisio-
ca era, fundamentalmente, una guerra contra nes de carácter fundamental en los procesos de
el enemigo extranjero y hereje, quien, movido nacionalización, como la elaboración y aproba-
por la envidia y la codicia, había ocupado el te- ción de la Ley de Educación de 1857, la Ley Mo-
rritorio peninsular para apoderarse de él. Por yano, cuya vigencia se prolongó hasta la década
eso era necesario expulsar al invasor para re- de 1930.16
cuperar la independencia y con ella las tradi- El sexenio revolucionario (1868-1874), con sus
ciones que definían al ser español, entre ellas, agitaciones, conflictos y experimentos políticos,
de forma significativa, su espiritualidad religio- produjo la aceleración de algunas transformacio-
sa. Los partidarios de esta propuesta católico- nes tanto en el papel como en la posición respec-
conservadora de la nación negaron toda legiti- to a la nación española de liberales y conservado-
midad al proyecto liberal, anulando incluso la res. La Guerra de la Independencia, sin embargo,
identidad ciudadana y política de aquellos que siguió siendo el hito fundamental que legitima-
lo defendían, que fueron calificados a partir de ba a la nación, para unos como el momento álgi-
entonces de anti-españoles.13 do de la expresión de la voluntad popular y para
A lo largo del siglo XIX, la pugna entre estas otros como manifestación espontánea de las tra-
dos ideologías por la apropiación semántica de la diciones y del espíritu católico español.17
idea de nación y, por consiguiente, de la interpre- En el último tercio del siglo, tras la restaura-
tación del sentido de la Guerra de la Indepen- ción de la monarquía y la implantación del sis-
dencia se mantuvo.14 Si bien durante el segundo tema de turno de partidos ideado por Cánovas
tercio de la centuria lo que predominó dentro del del Castillo, el pensamiento conservador, cuyas
discurso oficial fue el pensamiento liberal mode- posturas se habían radicalizado, sobre todo en lo
rado, que retomaba, en parte, el planteamien- que al papel que la religión, la unidad nacional y
to de los diputados de las Cortes de Cádiz, pero las tradiciones se refería, adquirió mayor prota-
eliminaba a uno de los elementos clave: la idea gonismo en la arena política. Un protagonismo
de la soberanía como expresión de la “voluntad que se vio favorecido por el temor que suscita-
general” —pues dicha soberanía había vuelto a ba la creciente modernización de la sociedad y
el papel cada vez más destacado que tenía el in-
ternacionalismo obrero.18 Frente a todo ello, el
El sueño de una nación liberal y democrática”, en J. Mo-
reno Luzón (dir.), Construir España. Nacionalismo espa- conservadurismo se presentaba a sí mismo como
ñol y procesos de nacionalización, Madrid, CEPC, 2007, pp. lo auténticamente español, como la salvaguardia
83-104.
13
de las esencias patrias. Esta asimilación entre
La idea del enemigo connacional, que parece surgir
durante estos años, ha tenido posteriormente un uso des-
internacionalismo e ideología liberal también
tacado en los enfrentamientos ideológicos que han ido jalo- favoreció que se produjera una identificación
nando la historia del país. Un ejemplo de su uso reiterado
durante la guerra civil de 1936-1939 puede verse en X. M. 15
J. M. Portillo Valdés, “Nación”, en J. Fernández Sebas-
Núñez Seixas, ¡Fuera el invasor! Nacionalismo y moviliza- tián y J. F. Fuentes (dirs.), op. cit., pp. 468-476.
ción bélica durante la guerra civil española, Madrid, Mar- 16
Sobre la influencia de esta Ley de educación dentro de
cial Pons, 2006. los procesos de nacionalización, véase C. Boyd, Historia pa-
14
Una evolución pormenorizada de las diferentes lectu- tria. Política, historia e identidad nacional en España 1875-
ras del nacionalismo español y sus pugnas por hacerse del 1975, Barcelona, Pomares-Corredor, 2000.
control de poder político a lo largo del XIX, se analiza en J. 17
Ch. Demange, op. cit., pp. 183-194.
Álvarez Junco, Mater dolorosa: la idea de España en el si- 18
J.P., Fusi, El malestar de la modernidad, Madrid, Bi-
glo XIX, Madrid, Taurus, 2005. blioteca Nueva, 2004.

153
Mundo hispano

29. “Indios en las fiestas de jura de México”.

154
Mundo hispano

entre las ideas de España, catolicismo y orden, tico, la Virgen del Pilar, no tardó en recibir una
un orden social y político que favorecía a deter- interpretación conservadora, pues se atribuía el
minados sectores de la sociedad, pero que era so- éxito final de la contienda a la intervención de
cializado bajo la apariencia de una preocupación la citada Virgen.21 A pesar de las afinidades que
por la paz y el desarrollo de toda la comunidad. cada ideología encontró en uno u otro mito, sin
Los conservadores lograron capitalizar bajo esta embargo, ninguno de los dos episodios quedó
apariencia los valores de orden y progreso, cuya encasillado a una única lectura, pues su fuerte
relevancia fue creciente en el complicado trán- arraigo en la sociedad dio lugar a que se realiza-
sito a la modernidad y a la consolidación de una ran múltiples interpretaciones, válidas para los
sociedad de masas.19 En estas circunstancias, la intereses políticos más diversos.
Guerra de la Independencia volvía a ser el re- Esta fragmentación geográfica quedó, sin
ferente de la lucha del pueblo español contra el duda, reforzada por el hecho de que ninguno de
enemigo extranjero, cuyas ideas subversivas te- los acontecimientos conmemorados tuviera un
nían como objeto romper el alma de la nación. carácter nacional, sino que los festejos se ciñe-
Junto a esta pugna ideológica, la otra causa ron siempre al ámbito local. Esto dio lugar a que
que dificultó que las conmemoraciones de la no hubiera la pretensión de crear un discurso
Guerra de la Independencia adquiriesen un homogéneo y unívoco de la conmemoración para
significado unívoco y de carácter nacional fue, todo el territorio nacional, sino discursos locales
como se ha mencionado, su fragmentación geo- que satisficiesen los intereses de las elites que se
gráfica. Una característica que por lo demás es- encargaron en cada ciudad o región de organi-
tuvo estrechamente vinculada con las disputas zar los festejos. El acontecimiento fundador de
ideológicas que acabamos de mencionar, pues la la nación española tenía, pues, no sólo muchas
elección de uno u otro episodio de la guerra favo- interpretaciones ideológicas, sino también mu-
recía, en cada caso, las interpretaciones liberales chos escenarios posibles.
o las conservadoras. De los múltiples episodios
que jalonaron el desarrollo de la guerra, dos fue-
ron, quizás, los que mayor protagonismo políti- La memoria de la Guerra
co tuvieron: el levantamiento del 2 de mayo en de la Independencia en la derecha
Madrid en 1808 y los Sitios de Zaragoza de 1808 española en dos momentos: 1908 y 1958
y 1809.20 El primero de ellos, debido a su carác-
ter popular, fue rápidamente capitalizado por el Como hemos señalado hasta ahora, el pensa-
pensamiento liberal que veía en este aconteci- miento conservador, que había adquirido mayor
miento la materialización de su anhelada idea de protagonismo en la vida política nacional desde
la voluntad ciudadana; mientras que el segundo, el último tercio del siglo XIX, había convertido
que tuvo lugar en la ciudad donde se encuentra la Guerra de la Independencia en algo similar
una de las advocaciones marianas con mayor po- a una guerra de religión, en la que el objetivo
pularidad religiosa y con mayor simbolismo polí- fundamental había sido mantener la unidad ca-
tólica de la nación, eliminando toda referencia
19
Algunos trabajos interesantes sobre este tema se en- a la idea de soberanía popular. Aunque las con-
cuentran en E. Acton y I. Saz (eds.), La transición a la po-
lítica de masas, Valencia, PUV, 2001.
20 21
No hemos incluido la conmemoración de las Cortes Como señala Javier Moreno Luzón, la Virgen del Pi-
de Cádiz, donde se elaboró la Constitución de 1812, por- lar, al igual que una cebolla, se había convertido ya para
que fue un mito sistemáticamente rechazado por el pensa- entonces en el centro de varias identidades superpuestas:
miento conservador, de modo que sus aniversarios fueron la zaragozana, la aragonesa, la española y la hispanoameri-
frecuentemente silenciados; J. Moreno Luzón, “Mitos de la cana; J. Moreno Luzón, “Entre el progreso y la Virgen del
España inmortal. Conmemoraciones y nacionalismo espa- Pilar. La pugna por la memoria en el centenario de la Gue-
ñol en el siglo XX”, en Claves de razón práctica, núm. 174, rra de la Independencia”, en Historia y política, núm. 12,
2007, pp. 26-35. 2004, pp. 41-78.

155
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30. “Vista de la Gran Plaza de México con parada de arrieros”.

156
Mundo hispano

memoraciones de los Sitios de Zaragoza tenían memorativo sirvió de pretexto para incremen-
un carácter especial por ese entrelazamiento tar la presencia dentro de la esfera pública de
entre el relato histórico y el relato bíblico que los discursos sobre la nación, unos discursos que
se acaba de mencionar, también se llevó a cabo, estuvieron en buena medida marcados por dos
desde esta ideología, una resignificación de los acontecimientos que habían tenido lugar en los
principales episodios de la guerra, de modo que últimos años del siglo XIX, pero cuya proyección
se pudiera extraer de ellos una lectura acorde se prolongó durante las primeras décadas del XX:
con el significado que se les quería otorgar. Así, el Desastre del 98 y el surgimiento político de los
por ejemplo, el 2 de Mayo fue objeto de desta- nacionalismos periféricos catalán y vasco.
cados festejos conmemorativos por parte de la El primero de los sucesos, la pérdida de las
derecha, pero sustrayendo del acontecimiento últimas colonias de Ultramar y la humillación
aquellos aspectos de los que se pudiera dedu- militar de la armada española frente a la estadou-
cir el carácter revolucionario del levantamien- nidense, supuso un revulsivo para la clase inte-
to popular, que fueron sustituidos o bien por lectual y política de la época que se tradujo en
un mayor protagonismo del elemento militar, una explosión de nacionalismo español con un
o bien por una idea de pueblo fuertemente im- amplio eco en todo el arco ideológico. El discur-
pregnada de valores católicos. De este modo, la so de la decadencia del país, que se venía articu-
interpretación que se proponía ya no era tanto lando desde el comienzo de la última década del
la de la sublevación de la ciudadanía, sino la del siglo XIX, tuvo en la crisis finisecular su máxima
valor heroico de aquellos soldados e individuos expresión. Entre los intelectuales se exacerbó
que habían dado su vida por defender a la pa- una conciencia crítica sobre la nación que llevó
tria, a la monarquía y a la religión. El periódico a profundas reflexiones sobre el ser de España.
ABC, principal órgano de expresión de la dere- Pero al mismo tiempo, esta crisis de conciencia
cha católica y monárquica española, no sólo se supuso un punto de inflexión, ya que a partir de
hizo eco, sino que contribuyó a la reelaboración entonces surgió un nuevo discurso nacionalista
y difusión de estos mitos históricos a través de que tenía como punto de llegada la regenera-
sus páginas. A continuación veremos cuál fue ción de la nación. Este discurso regeneracionis-
la lectura y la visión que se le dio a la memoria ta dio cabida en el paraguas de sus reformas a
de la Guerra de la Independencia con motivo de programas del más diverso signo político que te-
la celebración del centenario y el sesquicente- nían como denominador común la idea de que
nario de uno de sus principales episodios: el 2 era necesario aplicar recetas de cambio radicales
de Mayo. para sacar al país del estado de letargo y estan-
camiento en el que se percibía que se encontra-
ba desde hacía tiempo.23 Las quejas metafísicas
El centenario sobre la nación expresadas por pensadores de la
época tan destacados como Miguel de Unamu-
Las conmemoraciones del centenario del comien- no debían ser traducidas en programas concre-
zo de la Guerra de la Independencia se desarro- tos que favorecieran el tránsito de un dolor por
llaron durante los primeros años del reinado de España a una esperanza por ella.24
Alfonso XIII, en el marco de un gobierno con- El segundo elemento que entró a formar parte
servador presidido por Antonio Maura, dentro de los debates sobre la idea de la nación espa-
del ya para entonces algo desprestigiado sistema ñola en los albores del siglo XX fue el desarrollo
de turno de partidos.22 El acontecimiento con-
23
V. Salavert y M. Suárez Cortina (eds.), El regeneracio-
22
Una visión general del contexto político y social en el nismo en España. Política, educación, ciencia y sociedad,
que se desarrollaron las conmemoraciones del centenario Valencia, PUV, 2007.
24
puede encontrarse en C. Seco Serrano, La España de Al- S. Juliá, Historias de las dos Españas, Madrid, Tau-
fonso XIII, Madrid, RBA, 2002. rus, 2004, pp. 103-121.

157
Mundo hispano

político de los nacionalismos periféricos catalán Los festejos oficiales del 2 de Mayo en Madrid
y vasco. La formulación de estos nacionalismos estuvieron organizados por una Comisión crea-
entraba automáticamente en competencia con la da por el alcalde conservador conde de Peñalver,
concepción de una idea de España que, sobre todo que presentaba la peculiaridad, respecto a años
para la derecha, se apoyaba en la premisa de la anteriores, de estar abierta a la sociedad civil.
unidad nacional; una unidad que era entendida Entre los múltiples actos planeados por esta co-
tanto ideológica como espiritualmente (las tradi- misión, quizás uno de los más destacados y con
ciones y el catolicismo), pero también desde un mayor significado político era la organización de
punto de vista territorial. La existencia de estos una procesión cívica que debía estar compuesta
nacionalismos subestatales parecía poner en cues- por carros alegóricos que representarían a todas
tión tanto la integridad del territorio como la exis- las provincias españolas.27 Sin embargo, a pesar
tencia misma del ente llamado España.25 de los esfuerzos de los organizadores, debido a la
Con la intención de paliar estos cuestiona- falta de tiempo, a problemas financieros y a cier-
mientos sobre la nación y de mostrar, al mismo to desinterés por parte de las elites locales, en la
tiempo, su nueva visión regenerada, se proyecta- procesión sólo participaron tres provincias his-
ron buena parte de los festejos conmemorativos tóricas. Este fracaso en la procesión cívica, así
que tuvieron lugar a lo largo de todo el año 1908 como en alguno de los otros actos organizados
y a lo ancho de buena parte de la geografía espa- por la comisión no impidieron que el balance ge-
ñola. Sin embargo, la mayoría de estos festejos neral de las festividades resultara positivo desde
no recibieron respaldo económico del gobierno un punto de vista simbólico. Esto se debió, sobre
central, sino que fueron organizados y financia- todo, a la conjugación de dos elementos: por una
dos por las elites políticas locales y regionales, parte, a la activa implicación de la ciudadanía
por el ejército o por la iniciativa privada (tanto que colaboró tanto económica como socialmente,
religiosa como laica), lo que dio lugar a que se participando y animando inauguraciones y ver-
llevaran a cabo actos de la más diversa índole y benas populares; y, por otra, a la presencia del
del más variado significado político. Solamente monarca en algunas de esas actividades, lo cual
la exposición Hispano-francesa de artes e indus- “dotaba a los rituales conmemorativos de una
tria de Zaragoza recibió apoyo oficial, pero, in- potencia simbólica y una capacidad nacionali-
cluso así, su significado político también quedó zadora muy notables, [pues] el mensaje llegaba
dividido entre “diversos programas nacionalis- a más gente, más lejos y más alto”.28
tas agrupados fundamentalmente en torno al La prensa, sobre todo la de izquierdas, al hilo
nacional-catolicismo y a un nacionalismo rege- de esa pretensión regeneracionista que se acaba
neracionista de raíces liberales”.26 de mencionar, contribuyó de manera decisiva no
sólo a la transmisión, sino también a la creación
25
Una visión general sobre el papel de los nacionalis- de visiones específicas de la nación a partir de la
mos periféricos en el desarrollo del nacionalismo español a conmemoración del centenario de su indepen-
comienzos del siglo XX puede consultarse en las entradas: dencia.29 El diario ABC estuvo en consonancia
“Nacionalismo catalán”, “Nacionalismo español” y “Nacio-
nalismo vasco”, en la obra de J. Fernández Sebastián y J.
27
F. Fuentes (dirs.), Diccionario político y social del siglo XX Según Ch. Demange, a través de este acto, la estrate-
español, Madrid, Alianza, 2008. gia política era aunar las lealtades locales y regionales con
26
Javier Moreno Luzón señala que la escasa participa- las nacionales; Ch. Demange, op. cit., p. 213. Una descrip-
ción del gobierno estatal en los festejos conmemorativos ción pormenorizada de los festejos que tuvieron lugar en la
estaba directamente relacionada con el mínimo interés que capital española en esos días, se halla en pp. 210 y ss.
28
las elites políticas de la época mostraron en su voluntad J. Moreno Luzón, op. cit., 2004, p. 47.
29
por nacionalizar a la ciudadanía. Una reflexión sobre es- El mismo diario ABC dedicaba una nota en su edi-
tos temas y una exposición sobre las implicaciones políti- ción del 3 de mayo a alabar “el entusiasta patriotismo” de
cas y nacionalistas de la exposición Hispano-francesa de la prensa española que había colaborado en la conmemora-
Zaragoza se puede consultar en J. Moreno Luzón, op. cit., ción del centenario mediante la publicación de “números
2004, p. 43. extraordinarios, verdaderamente notables por su confec-

158
Mundo hispano

con las demandas de su época y dedicó sus por- raban ese día. Pero más que estos dos atributos
tadas y buena parte del contenido del periódico —que en mayor o menor medida se emplearon
de los seis días siguientes a la fecha conmemo- por la iconografía política de otras ideologías—
rada, del 2 al 8 de mayo, a mostrar los feste- el elemento distintivo de esta representación
jos del centenario, tanto a través de trabajos de era el otro objeto que la matrona portaba en su
carácter historiográfico realizados en la redac- mano izquierda y que además quedaba situado
ción, como mediante el relato de la crónica de en el primer plano: una rama de palma como la
los festejos que tuvieron lugar en Madrid, pero usada en el cristianismo para simbolizar la pa-
también en diferentes puntos de la geografía es- sión de Cristo y el martirio en general. De este
pañola. Al margen de la interpretación que se modo, lo que la ilustración parecía expresar era
le dio al acontecimiento —de la que nos ocupa- que la victoria que había permitido la escritura
remos a continuación— lo que esta abundante de un nuevo capítulo glorioso dentro de la his-
presencia del tema conmemorativo pone de ma- toria de España había sido posible gracias a la
nifiesto es la relevancia que este diario y, por fe de unos ciudadanos que habían llegado a dar
consiguiente, sus lectores otorgaron a la idea de su vida por una nación —entendida ésta como
nación y su justificación histórica. salvaguardia de la tradición y de la religión—
En su edición especial del día 2, ABC dedicó como Cristo lo había hecho muchos siglos atrás
14 de las 19 páginas que entonces tenía el pe- por la comunidad cristiana, siendo este sacrificio
riódico a la conmemoración del centenario. Su parte integrante, para el pensamiento conserva-
principal aportación estética a los festejos pa- dor, de lo que ahora definía en gran medida el
recía encontrarse en la portada, en donde una ser de España. La concepción cíclica del tiempo
ilustración a toda página realizada por Median mítico quedaba claramente plasmada en esta re-
Vera representaba, según anunciaba el pie, una presentación.
“Alegoría del 2 de Mayo”. El dibujo, rico en de- Acompañando la escena principal, una serie
talles, estaba protagonizado por una matrona de elementos acababan de construir el signifi-
acompañada por un león rampante, un sintagma cado atribuido a la nación en esta imagen. En
iconográfico que desde el siglo XIX había servido la parte inferior derecha se incluía el escudo de
para representar la idea de España.30 La matro- Madrid, en referencia a la actuación de los habi-
na, vestida con una vaporosa túnica a la roma- tantes de esta ciudad en este episodio bélico, lo
na y tocada con una corona almenada, aparecía que permitía mostrar el ensamblaje de las iden-
acompañada de una serie de atributos que de- tidades regionales y locales con la identidad na-
finían el significado de la escena. Mientras con cional. En la parte superior, un paisaje imagi-
la mano derecha sujetaba la corona de laureles, nario mostraba, por un lado, el obelisco al 2 de
símbolo de la victoria de la nación en la guerra, Mayo situado en el Campo de la Lealtad y, a con-
con la izquierda cargaba un grueso volumen, tinuación, una escena de enfrentamientos ca-
probablemente el libro de la Historia, abierto llejeros de clara inspiración goyesca, en la que
por la página de los sucesos que se conmemo- unos chisperos luchaban a cuchillo contra los
soldados franceses. El repertorio simbólico de
ción y redacción y la limpieza y actualidad de sus hermosos la ilustración recogía en buena medida la tra-
grabados”; ABC, 3 de mayo de 1908, p. 11. dición iconográfica existente hasta entonces,31
30
Algunos trabajos sobre la construcción, uso y signi- pero añadiendo o sustrayendo los elementos ne-
ficado político de esta alegoría están en: J.F. Fuentes, “La
idea de España en la iconografía de la derecha española”,
31
en Claves de razón práctica, núm. 140, de 2002; del mismo Sobre esta cuestión pueden consultarse, entre otros: J.
autor: “La matrona y el león. Imágenes de una nación li- Gutiérrez Burón, “La fortuna de la Guerra de la Indepen-
beral en la España del siglo XX”, en prensa; también M-A. dencia en la pintura del siglo XIX”, en Cuadernos de Arte e
Orobon, “Marianne y España: la identidad nacional en la Iconografía, f. II, núm. 4, 1989, pp. 346-357; C. Reyero, La es-
Primera República española”, en Historia y política, núm. cultura conmemorativa en España: la edad de oro del monu-
13, 2005/1. mento público, 1820-1914, Madrid, Cátedra, 1998; también

159
Mundo hispano

31. “Iglesia de Sto. Domingo de México”.

160
Mundo hispano

cesarios para hacer del significado de la imagen en un tremendo sacrificio”.33 En tercer lugar, se
la representación de los valores que desde este insistió en señalar al culpable de que la invasión
periódico se atribuían a la idea de España. napoleónica llegara a producirse, una culpabili-
Ya en las páginas interiores de esta edición del dad que para este diario recaía directamente en
2 de Mayo, encontramos un amplio conjunto de “los llamados intelectuales, los espíritus teni-
textos e imágenes: relatos —algunos a caballo dos por fuertes […], que se alejaban de las cla-
entre el mito, la historia y las memorias perso- ses populares en vez de aconsejarlas, dirigirlas
nales—, poesías, comentarios, reproducciones o educarlas”, y que, como apuntaría unos días
de cuadros y grabados, así como crónicas de los más tarde el presidente Maura en un discurso
primeros actos conmemorativos que habían te- “mostraban inadvertida simpatía hacia el inva-
nido lugar el día anterior. Entre todos ellos se sor”.34 En cuarto lugar, se puso especial encono
puede apreciar una serie de rasgos comunes que en construir una imagen de España como nación
se repetirán con mayor o menor énfasis en las magnánima, capaz de perdonar a aquellos que
ediciones de los días siguientes. Para no hacer la habían afrentado: “¡Bendito el noble pueblo
demasiado prolija en ejemplos esta exposición, que tuvo un Malasaña/ pero bendito el hombre;
a continuación enunciaremos los temas princi- dichosa nuestra España/ que olvida los rencores
pales relativos a la conmemoración que fueron y logra perdonar!”.35 Y, en quinto lugar, se puede
tratados durante estas jornadas. apreciar el sentido regeneracionista que algu-
En primer lugar, podemos mencionar aque- nos de los colaboradores del diario confirieron
llos trabajos destinados a mostrar el papel des- al centenario: “¡Ojalá sirva la conmemoración de
tacado que jugó el ejército —encarnado por sus lo ocurrido hace un siglo en nuestra Patria para
tres principales héroes, los artilleros Daoíz y Ve- que una vida nueva regenere nuestro espíritu y
larde y el teniente de infantería Jacinto Ruiz—, conforme nuestro corazón […]!”36 Finalmente,
como guía de las acciones levantiscas iniciadas otro conjunto de textos, más descriptivo, esta-
por la muchedumbre: “Velarde sostuvo un vivo ba dedicado a la enumeración de actos oficiales
diálogo con Daoíz para convencerle de la nece- ocurridos en Madrid y en Zaragoza y, de forma
sidad de secundar al pueblo. Daoíz sacó la espa- más esquemática, en algunas otras provincias y
da y ordenó abrir las puertas del parque. En un ciudades españolas.
momento quedó desarmada la guardia francesa Para su edición del día 3, ABC decidió dedicar
y repartidas entre el pueblo las armas y las mu- por completo su primera página a lo que consi-
niciones”.32 En segundo lugar, otro de los temas deraba el principal bastión de la nación, la re-
que ocupó una posición destacada fue el pueblo, ligión, y para ello reprodujo en su portada una
sobre el que se proyectó una visión que, como en fotografía de la “Solemne misa de campaña en
la ilustración de la portada, lo mostraba como el arco de Monteleón”. La instantánea mostra-
un aguerrido combatiente, dispuesto a un sa- ba exactamente el momento de la eucaristía, el
crificio abnegado por la patria, que en ocasiones
como ésta era casi lo mismo que decir por la re- 33
J. M. Salaverría, “El fusilamiento de la Moncloa”, en
ligión: “Concebía yo a la patria de manera muy ABC, de mayo de 1908, p. 17.
semejante a la religión: ésta se sintetizaba en 34
A. Palomero: “Glorioso centenario”, en ABC, 2 de
un drama cuyo principal personaje, Jesús, moría mayo de1908, p. 7, y transcripción del discurso de A. Maura
sacrificado por los desalmados enemigos; y Es- en el acto de colocación de la primera piedra del monumen-
to a Daoíz en Segovia, en ABC, 7 de mayo de1908, p. 8.
paña era también un mártir que moría fusilado 35
J. Jackson Veyan, “Coplas del martes. Himno de paz”,
en ABC, 5 de mayo de 1908, p. 4.
36
Doctor Fausto: “La madre y el niño”, sección que el
el capítulo “El Dos de Mayo en la iconografía”, en Ch. De- diario dedicaba los lunes a la mujer. Con motivo del cen-
mange, op. cit., pp. 101-127. tenario, la sección se centra en esta ocasión en recrear la
32
“La defensa del parque de Artillería”, en ABC, 2 de vida cotidiana del hogar en torno a 1808; ABC, 4 de mayo
mayo de 1908, p. 3. de 1908, p. 14.

161
Mundo hispano

momento de la comunión mística con Dios que, til. El gesto del Rey de acercar a su hijo de un
en este caso, parecía significar también el de la año a que besara la bandera mereció los más en-
comunión con la nación, pues el espacio urba- tusiastas comentarios en las páginas interiores
no donde tenía lugar la misa, el arco de Mon- del diario en donde fue calificado como “nota
teleón —que era el único resto arquitectónico simpática y tiernísima”, que había emocionado y
que quedaba del famoso parque de artillería que exacerbado el fervor patriótico de los asistentes,
había sido asaltado por el pueblo madrileño en porque, como señalaba la crónica un poco más
su defensa contra el invasor francés— se había adelante, “las cosas de la patria, cuando se tra-
convertido desde décadas atrás en un auténtico tan con devoción, llegan al alma”.38 La portada
lugar de memoria de la nación española.37 A esta del día 5 estaba dedicada a la inauguración del
doble significación religiosa y nacional se unía un monumento a las víctimas del 2 de Mayo, en la
elemento más, el militar, pues la misa que se ce- glorieta de San Bernardo, un espacio urbano que
lebraba era de campaña y a ella debían asistir los contaba también con significado simbólico, pues
soldados que eran, a su vez, el garante de la na- era uno de los laterales del parque de Artillería.
ción y de su unidad. En las páginas interiores de Como se puede apreciar en la instantánea, todas
este número se dedicaban varios textos e imáge- las casas que rodeaban la plaza habían decora-
nes a relatar la procesión cívica que había tenido do sus balcones con bandera nacionales y desde
lugar en las calles principales de Madrid y a dar ellos se asomaba un numeroso grupo de perso-
cuenta de la inauguración oficial de la estatua al nas que observaban desde lo alto el acto oficial.
teniente Ruiz que el Cuerpo de Infantería había El día 6 estuvo dedicado al descubrimiento de
mandado erigir. las lápidas conmemorativas en memoria de los
Si la portada del día 3 estuvo dedicada a la héroes populares del 2 de Mayo, unas lápidas
religión, las de los siguientes cuatro días te- que habían sido realizadas por encargo del Cír-
nían como protagonista el otro elemento cons- culo de Bellas Artes de Madrid. La fotografía, en
titutivo de la ideología de este diario: la monar- este caso un plano más corto, tenía como únicos
quía. Aprovechando la buena disposición del protagonistas al rey Alfonso XIII y a la propia
rey Alfonso XIII en participar de forma activa lápida, colocada en otro de los lugares de memo-
en los actos planeados con motivo del centena- ria de la ciudad, las Reales Caballerizas, donde
rio, ABC se recreó mostrándolo en las diversas había dado inicio el levantamiento popular. Fi-
inauguraciones en las que tomó parte, siempre nalmente, la portada del diario del día 7 estuvo
acompañado de una multitud enfervorizada y dedicada al acto de colocación de la primera pie-
generalmente en escenario emblemáticos para dra en el monumento a Doaíz y Velarde que iba
la memoria nacional. De este modo, quedaban a construirse en la castellana ciudad de Segovia.
simbólicamente reforzados los lazos entre mo- Lo destacable en esta imagen es, de nuevo, la
narquía y nación y entre monarquía y pueblo, presencia multitudinaria del pueblo en torno a
unos lazos que pretendían anclarse en los acon- la figura del rey Alfonso XIII, como protagonis-
tecimientos ocurridos un siglo atrás, un anclaje ta indiscutible e indiscutido de los festejos del
que resultaba históricamente cuestionable, pero centenario,39 parecía haberse convertido, para
míticamente aceptable. el diario ABC, en la encarnación más perfecta
El día 4, ABC abría con una instantánea en de la nación.
la que aparecía “El Príncipe de Asturias en bra-
zos de su augusto padre besando la bandera”,
acontecimiento que también había tenido lugar 38
ABC, 4 de mayo de 1908, p. 4.
39
en el simbólico arco de Monteleón, en donde el La presencia del rey en todos estos actos conmemora-
día anterior se había celebrado un desfile infan- tivos, así como su acercamiento a la ciudadanía, llegó a re-
cibir comentarios elogiosos incluso dentro de aquellos sec-
tores menos afines a la monarquía como los republicanos y
37
Ch. Demange, op. cit., pp. 245-260. los socialistas; Ch. Demange, op. cit.

162
Mundo hispano

En las ediciones de los días siguientes, los El año de la conmemoración del sesquicen-
actos conmemorativos en relación con el cente- tenario quedó enmedio de dos acontecimientos
nario fueron ocupando paulatinamente menos que habrían de marcar de forma clara la rele-
espacio, reduciéndose al final a una crónica de vancia y el contenido otorgado a ésta: la crisis
los sucesos más sobresalientes. La fiebre conme- de gobierno de 1957 y la celebración, en 1959,
morativa había dado, sin embargo, la oportuni- del vigésimo aniversario de la victoria de Fran-
dad a este diario de exponer con todo lujo de de- co en la guerra. Respecto a la primera cuestión,
talles cuáles eran los elementos sobre los que se es necesario señalar que la crisis de 1957 no fue
apoyaba su idea de nación. una simple crisis ministerial fruto del enfren-
tamiento entre las fuerzas políticas que habían
conformado el régimen hasta entonces, sino que
El sesquicentenario supuso un replanteamiento conceptual del fran-
quismo, que implicó un “cambio de política y no
Para 1958, la situación en España había cam- sólo un cambio de políticos”,41 un cambio que
biado sustancialmente de aquella que había ro- tenía como objetivo último la institucionaliza-
deado los festejos del centenario. Desde hacía ción del régimen. En consonancia con este nuevo
casi dos décadas, el país vivía bajo la dictadura planteamiento, el gabinete resultante después
militar que había impuesto el general Francis- de la crisis incorporó a una serie de personali-
co Franco tras su victoria en la Guerra Civil de dades cuyas líneas de actuación política fueron
1936-1939. El franquismo, caracterizado ideo- rápidamente asimiladas con la tecnocracia. Los
lógicamente precisamente por carecer de una tecnócratas, que con el paso de los años fueron
ideología definida, más allá de un nacionalca- acaparando un mayor número de carteras mi-
tolicismo y un nacional-militarismo de base de- nisteriales, abanderaron un proyecto político
cimonónica, se había organizado políticamen- que denominaron “despolitización de la políti-
te en torno al dictador, que fungía como Jefe ca” y que consistía en llevar a cabo una gestión
del Estado y del Gobierno y quien se encarga- eficaz del Estado, en el que debía primar el bien-
ba de nombrar a su Consejo de Ministros, cuyos estar material de los ciudadanos por encima de
integrantes solían proceder de aquellos grupos las disputas ideológicas.42 Esta supuesta desideo-
que se habían sumado al alzamiento militar de logización del régimen tuvo también una deri-
1936: militares, católicos, falangistas, monárqui- va en el discurso nacionalista. Si durante los pri-
cos, carlistas y, a partir del final de la década de meros años de la dictadura la nación había sido
1950, también tecnócratas.40 Aunque la situa- empleada como uno de los principales argumen-
ción de extrema miseria en que había quedado tos para justificar la guerra y la existencia del
el país después de los tres años de guerra había régimen, a partir del comienzo de la institucio-
comenzado a remontarse, España estaba toda- nalización, el discurso nacionalista, pero sobre
vía lejos, en aquel cambio de década, de estar en todo su justificación historicista, perdió el lugar
una situación semejante a la de buena parte de preponderante que había tenido hasta entonces,
sus vecinos europeos. que fue ocupado por un discurso sobre la na-
41
A. Soto Carmona, ¿Atado y bien atado? Instituciona-
lización y crisis del franquismo, Madrid, Biblioteca Nueva,
40
Para un estudio de los grupos ideológicos que confor- 2005, p. 219.
42
maron los gobiernos franquistas a lo largo de toda la dicta- La supuesta desideologización de los tecnócratas no
dura, véase A. de Miguel, Sociología del franquismo. Análi- era, en efecto, tal, ya que se apoyaba en la asunción de los
sis ideológico de los ministros del Régimen, Madrid, Euros, principios del régimen, e incluso en los años finales llegó a
1975. Una visión general sobre el periodo se puede encon- convertirse en uno de los núcleos duros de resistencia a la
trar en J. Tusell, La España de Franco, Madrid, Historia democracia; S. Juliá, “La sociedad”, en J.L. García Delga-
16, 1989; R. Abella, La vida cotidiana en España bajo el ré- do, (coord.), Franquismo. El juicio de la historia, Madrid,
gimen de Franco, Barcelona, Argos Vergara, 1985. Temas de hoy, pp. 69-143.

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Mundo hispano

32. Bandera con águila coronada.

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ción que se apoyaba más en valores propios de el Valle del Guadarrama, pretendía ser uno de
la tecnocracia, como la capacidad productiva y los principales lugares de memoria del franquis-
el crecimiento económico. La idea de la nación, mo, pues fue el lugar de enterramiento de todos
aunque quizás en menor medida, seguía siendo aquellos que habían dado su vida por la España
empleada como argumento movilizador, pero ya franquista (aquí habían sido trasladados los res-
no para combatir al enemigo, sino para alcanzar tos mortales de José Antonio Primo de Rivera,
mayores cotas de progreso y desarrollo.43 el fundador de Falange). De este modo, la con-
El otro acontecimiento que marcó el desarro- memoración del vigésimo aniversario de la ins-
llo de la conmemoración del 150 aniversario del tauración del Nuevo Estado y la inauguración de
comienzo de la Guerra de la Independencia fue esta basílica servían para aunar simbólicamente
la celebración del vigésimo aniversario de la ins- dos de los elementos que se encontraban en la
tauración del Nuevo Estado proclamado el 1 de base de la legitimidad de origen del régimen: el
abril de 1939. Esta fecha se había convertido nacionalismo y la religión.
para el régimen en su acta fundacional, en el Para reforzar esa legitimidad de origen del ré-
punto de origen de la implantación de su idea gimen, la celebración del vigésimo aniversario se
de España, que se apoyaba en ese conjunto he- utilizó también para realizar un cambio semán-
terogéneo de valores que aunaban nacionalcato- tico en cuanto a la legitimidad de ejercicio.46 Si
licismo y falangismo, todo ello supervisado por hasta entonces lo que la propaganda del régimen
el control férreo y la omnipresencia del general se había encargado de exaltar había sido la victo-
Franco, cuya imagen pretendió asimilarse con ria del “bando nacionalista” en la guerra, a par-
la propia idea de nación.44 Por tanto, era lógi- tir de estos años comenzará a poner el acento en
co que los esfuerzos y los presupuestos oficiales un elemento completamente opuesto: la paz. El
estuvieran destinados a la conmemoración de discurso oficial transformó su retórica belicista
esta última fecha, que fue objeto de una osten- en una retórica que se esforzó por demostrar que
tosa celebración que quedaría rematada con la el logro de Franco había sido el establecimien-
inauguración de la megalómana obra del Valle to de la paz en el país después de tres años de
de los Caídos.45 Este gigantesco mausoleo, cons- cruenta guerra.47 Así, la conmemoración de 1959
truido por presos políticos de la posguerra en se convirtió, al mismo tiempo que en la celebra-
ción de la victoria en la guerra, en la celebración
43
de los “veinte años de paz”. La transformación
Sobre la merma en el discurso nacionalista a partir
de la institucionalización del régimen, véase I. Saz, “Las en el significado de lo conmemorado cambiaba
Españas del franquismo: ascenso y declive del discurso de por completo la imagen del régimen e incluso el
nación”, en C. Forcadell, I. Saz y P. Salomón (eds.), Discur- significado de la guerra de la que había surgido,
sos de España en el siglo XX, Valencia, PUV, 2009; sobre el pues se eliminaba el elemento bélico como prin-
cambio en el contenido del concepto de nación a partir de la
entrada de los tecnócratas en la arena política: L. Campos cipal justificación de la dictadura y ésta pasaba
Pérez, “De la nación espiritual a la nación productiva. Tec- a convertirse en garante de la paz. Esta conme-
nocracia y catolicismo en el discurso oficial sobre la histo- moración resultaba, por tanto, para Franco y su
ria y la nación española durante los años 60” (pendiente de
publicación en la revista Saitabi); se da una visión general
46
de la ideología nacional-católica durante el franquismo en Hay un estudio sobre las dos legitimidades —la de ori-
A. Botti, Cielo y dinero. El nacionalcatolicismo en España gen y la de ejercicio— sobre las que se apoyó la dictadura a
(1881-1975), Madrid, Alianza, 1992. lo largo de su existencia en P. Aguilar Fernández, Memoria y
44
Hay un estudio sobre la evolución y el significado de olvido de la Guerra Civil española, Madrid, Alianza, 1996.
47
la imagen del dictador en V. Sánchez-Biosca (coord.), “Ma- Este discurso de la “paz de Franco” alcanzará su total
teriales para una iconografía de Francisco Franco”, en Ar- apogeo en 1964 en la celebración de lo que se denominó “25
chivos de la Filmoteca, núms. 42-43, 2002/2003. años de paz”. Se proporciona un estudio sobre las trans-
45
Se proporciona un análisis sobre esta cuestión y sobre formaciones en el uso del lenguaje en la segunda mitad de
su construcción filmográfica en R.R. Tranche y V. Sánchez- la dictadura en V. Sánchez-Biosca, “Las culturas del tar-
Biosca, NO-DO: el tiempo y la memoria, Madrid, Cátedra/ dofranquismo”, en I. Saz (ed.), Crisis y descomposición del
Filmoteca, 2001, pp. 489-520. franquismo, Madrid, Ayer/Marcial Pons, 2007.

165
Mundo hispano

nuevo equipo de gobierno, mucho más importan- Franco, la persona que, como hemos señalado,
te y redituable que la de un acontecimiento que se había convertido en eje y origen de la nueva
había tenido lugar 150 años atrás y que, además, España. La portada reproducía una fotografía
no podía dejar de suscitar ciertas interpretacio- en la que el general aparecía acompañado de los
nes de lectura liberal. Así, la Guerra de la Inde- ministros de Gobernación y del secretario del
pendencia, que había formado parte fundamen- Movimiento durante su asistencia a la clausura
tal de la propaganda bélica durante los años de la de los Juegos Deportivos Sindicales celebrados
contienda,48 quedó relegada a un segundo plano con motivo del día del trabajo. Ni en esta ima-
y fue más objeto un estudio académico que de gen ni en la crónica recogida en el interior del
festejos populares.49 Prueba clara de ello es que periódico se hacía alusión alguna a la coinciden-
la única celebración que se realizó el 2 de Mayo cia de la fecha de este evento con la de la con-
de 1958 en Madrid fue una misa en el Campo de memoración histórica. Los Juegos Deportivos
la Lealtad a la que asistió el alcalde de la ciudad Sindicales, realizados por “diez mil auténticos
y algunos representantes internacionales, pero atletas, 10.000 jóvenes trabajadores de España,
ningún ministro del gobierno central.50 expertos en la alegría desinteresada del juego
Esta escasa relevancia otorgada al sesquicente- deportivo y en el fecundo manejo de las herra-
nario por parte de las autoridades estatales quedó mientas de trabajo”,51 parecían ser la mejor re-
reflejada también en los medios de comunicación, presentación de la fortaleza y la firmeza de las
unos medios que, a diferencia de cincuenta años bases del régimen.
atrás, carecían de libertad de expresión y sólo La memoria de la Guerra de la Independen-
eran portavoces —cuando no propagandistas— cia quedó recogida en ABC en dos textos a doble
de corrientes de pensamiento afines al régimen. página de supuesto carácter histórico: uno sobre
El diario ABC, que mantenía su carácter conser- Daoíz y Velarde escrito por J. Navarro Parra y
vador y católico, aunque había tenido que mini- otro de C. Caballero que llevaba por título “Un
mizar su vocación monárquica, dejó plasmado en teniente, una heroína, una ciudad”. Ambos tra-
su edición del día 2 de Mayo el poco entusias- bajos, que aparecieron acompañados de una
mo con que el régimen celebró el 150 aniversario abundante iconografía, presentaban una serie
de la Guerra de la Independencia. Sin embargo, de rasgos comunes. Por una parte, los dos au-
esta falta de interés en el discurso oficial no im- tores insistieron en demostrar el paralelismo
pidió que, desde sus páginas, este periódico rea- histórico existente entre la Guerra de la Inde-
lizara su propia contribución a la conservación pendencia y la Guerra Civil de 1936-1939, lle-
de la memoria histórica de este acontecimiento, gando a denominar a la primera como “Cruzada
aunque la extensión y la relevancia que le otorgó de la Independencia”.52 Por otra parte, se hizo
al tema fue ostensiblemente menor que cincuen- la misma exaltación de la actuación del ejér-
ta años atrás. cito y se adujeron los mismos motivos para la
Si en 1908 este diario había dedicado seis pri-
meras planas a la conmemoración del centena- 51
ABC, 2 de mayo de 1958, p. 31.
rio, en 1958 el tema del sesquicentenario sólo 52
Los propagandistas del “bando nacional” emplearon,
fue tratado en páginas interiores. Quien ocupa- desde el mismo comienzo de la Guerra Civil de 1936-1939,
ba la portada del día 2 de Mayo era el general el término “cruzada” para referirse al conflicto armado que
se estaba librando, pues para ellos aquella era, como lo ha-
bían sido todas la guerras de España, una guerra de reli-
48
X. M. Núñez Seixas, op. cit. gión. Como se ha mencionado, durante los años de la con-
49
Hay un estudio sobre el II Congreso Histórico Interna- tienda, la Guerra de la Independencia se convirtió en una de
cional de la Guerra de la Independencia y su época, celebra- las principales justificaciones históricas del presente y por
do en Zaragoza entre 1958 y 1859, en I. Peiró, La Guerra ello con frecuencia, para hacer mayor hincapié en el parale-
de la Independencia y sus conmemoraciones (1908, 1958 y lismo entre las dos contiendas, se llamó también “Cruzada
2008), Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2008. de la Independencia”. Un ejemplo de esta denominación en
50
Ch. Demange, op. cit., p. 277. 1958 se da en ABC, 2 de mayo de 1958, p. 15.

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guerra de 1808 que los que se habían expuesto el principal objeto noticiable tanto en su versión
con motivo del centenario: la movilización de histórica (la narración de lo ocurrido en las glorio-
militares y ciudadanos se produjo para salir en sas jornadas de mayo de 1808) como en la forma
defensa de su religión, “de su Rey y de su inde- en la que esa historia se renovaba en el presente
pendencia”.53 En esencia, los argumentos del a través de la actuación política y ciudadana (me-
discurso seguían siendo los mismos que los em- diante desfiles, inauguraciones y ceremonias reli-
pleados cincuenta años atrás, sin embargo, esos giosas); en 1958, la nación había dejado de ocupar
argumentos ya no quedaban reforzados, como ese lugar destacado —y más todavía su justifica-
entonces, por la actuación de los principales ción histórica— que había pasado a convertirse
personajes de la vida política, sino que remitían en un relato relativamente remoto, alejado de las
a un tiempo histórico que no podía competir con aspiraciones desarrollistas de quienes entonces
un presente volcado decididamente a mostrar detentaban el poder.
“una España nueva, moderna”, una imagen En segundo lugar, podemos concluir que si
cuyo “símbolo afortunado” sería la represen- bien la relevancia dada a la Guerra de la Inde-
tación de “un pueblo que tiene fe en el traba- pendencia y sus conmemoraciones no fue siem-
jo y en el deporte y que sabe que todo se puede pre la misma, lo que apenas sufrió variación
conseguir cuando se sabe ir al taller con paso entre una y otra fecha fue el significado que se
gimnástico”.54 Las alusiones a la Guerra de la le asignó al acontecimiento histórico. La gue-
Independencia en ABC se limitaban a esos dos rra —y por tanto la idea de nación por la que se
textos aparecidos en la edición del 2 de Mayo. había luchado— se apoyó en ambas fechas en
En los días siguientes no volvió a hacerse nin- los mismos tres elementos: la religión, la mo-
guna mención a la memoria del hecho que había narquía, el ejército y las tradiciones de un pue-
marcado el inicio de la nación moderna españo- blo que había demostrado sobradamente su va-
la 150 años atrás. lentía, su arrojo y su fe.
En último lugar, podemos constatar que, siendo
la conmemoración histórica un acto fundamental-
Conclusiones mente político, su presencia o ausencia depende-
rán de en qué medida el hecho histórico recordado
El análisis de la memoria de la Guerra de la In- pueda utilizarse en el presente, con independencia
dependencia —en cuanto acta fundacional de la de la veracidad del mismo. La comparación de la
nación moderna— en el pensamiento conserva- conmemoración de la Guerra de la Independencia
dor español recogido en uno de sus principales española en dos momentos distintos nos ha per-
órganos de expresión, el diario ABC, nos sugiere mitido comprobar la elasticidad de la memoria, así
las siguientes tres conclusiones. En primer lugar, como la de su opuesto complementario, el olvido,
la idea de nación no gozó del mismo protagonis- capaces de agrandarse o empequeñecerse en fun-
mo en ambas fechas. Si en 1908 se convirtió en ción de la demanda de las circunstancias.

53
Ibidem supra.
54
ABC, 2 de mayo de 1958, p. 31.

167
Mundo hispano

33. Bandera Legión Real.

168
Andamio

Una bibliografía sobre las conmemoraciones


a propósito de los bicentenarios
de la Independencia en España y México

Lara Campos Pérez

E l estudio de las conmemoracio-


nes permite un abordaje multidis-
tablecido y la instauración de un or-
den distinto acorde con unos nuevos
algunos historiadores como Pierre
Nora, una fiebre memorialista con
ciplinario, ya que éstas pueden ser marcos políticos. Sin embargo, la con- una importante articulación política
analizadas desde distintas áreas de solidación del sentimiento de perte- y con una significativa trascendencia
conocimiento como la Antropología, nencia a las comunidades nacionales en la vida intelectual y social de ca-
la Etnografía, la Historia, la Historia no resultó algo tan sencillo, pues és- da país. Una obsesión por la memoria
del Arte o las Ciencias Políticas, en- tas debían disputarse la lealtad de la que podría responder, como señalaba
tre otras. La conmemoración, como ciudadanía con otras comunidades de este mismo autor, a una pérdida gene-
señalan los antropólogos, no es un fe- gran arraigo, como lo era la religiosa. ralizada de la misma o a una voluntad
nómeno propio de la modernidad, si- Por eso, desde fecha muy temprana, cada vez más manifiesta de apelar a
no que surgió de forma coetánea a las se pusieron en marchas las primeras la historia como argumento legitima-
primeras comunidades humanas or- conmemoraciones de los actos funda- dor de decisiones políticas.
ganizadas. A través de ellas, lo que en cionales para, de este modo, reforzar Desde el punto de vista de la pro-
primera instancia se festejaba era el en los integrantes de la comunidad la ducción de conocimiento histórico,
acontecimiento fundacional que ha- lealtad a la misma. Así, año tras año, las conmemoraciones han dado lugar
bía dado carta de naturaleza a la co- y sobre todo cuando el aniversario a una ingente cantidad de trabajos —
munidad en cuestión y, por tanto, la coincidía con una fecha redonda, co- libros monográficos, biografías, reedi-
justificación y la razón para que di- mo los cincuentenarios, centenarios ciones de obras clásicas, folletos, catá-
cha comunidad permaneciera uni- o bicentenarios, la nación se festeja a logos de exposiciones, etcétera— con
da. A partir del surgimiento de las sí misma y se justifica históricamente una calidad científica variable, en fun-
naciones modernas, desde un punto la razón de su existencia. ción de la autoría o de la entidad en-
de vista político, las actas fundacio- Aunque, como se ha menciona- cargada de la edición. Dentro de este
nales que dieron carta de naturaleza do, los rituales y festejos conmemo- material se podrían distinguir, a gran-
a las nuevas comunidades fueron las rativos existen desde la noche de los des rasgos, dos tipos de obras: por una
revoluciones atlánticas que se suce- tiempos, ha sido en los últimos veinte parte, las que proponen una relectu-
dieron entre finales del siglo XVIII y años, a partir sobre todo de la conme- ra de los acontecimientos conmemo-
principios del siglo XIX en el mundo moración del bicentenario de la Revo- rados y, por otra, las que convierten a
occidental, unas revoluciones que su- lución francesa en 1989, cuando se ha la conmemoración en sí en un aconte-
pusieron una ruptura con el orden es- producido, según lo denunciado por cimiento historiable.

169
Andamio

El primer grupo de obras, que su- España con motivo, en el año 2008,
pone, por lo demás, el grueso de la de la conmemoración del bicentena-
producción bibliográfica, se centra rio de la Guerra de la Independen-
en revisar, ampliar, refutar o mati- cia. Este segundo bloque está a su
zar las investigaciones realizadas vez dividido en dos secciones. La pri-
con anterioridad. Estos trabajos se mera de ellas incluye una pequeña
hicieron desde diversos enfoques co- muestra de trabajos aparecidos den-
mo la historiografía, la historia cul- tro de las principales corrientes his- Estudios generales sobre
tural, social, política o de los con- toriográficas bajo las que se reescri- las conmemoraciones
ceptos, así como también desde la bió y repensó la Guerra. Dentro de
historia local y regional. Este tipo de este conjunto de obras cabe destacar BARBOSA, Marialva, “Medios de co-
obras permite comprender el acon- el abundante número de publicacio- municación y conmemoraciones.
tecimiento conmemorado con una nes dedicadas, por una parte, a la Estrategias de reactualización y
mayor amplitud, así como desman- historia local y regional y, por otra, a construcción de la memoria”, en
telar mitos muy arraigados en la in- la proyección de los acontecimientos Signo y Pensamiento, núm. 31,
vestigación histórica. de 1808 en América Latina. La se- 2001, pp. 104-112.
El otro conjunto de obras, las que gunda sección incluye algunas de las CARRERAS, Juan José, “¿Por qué ha-
se centran en el acto conmemorativo principales aportaciones al estudio blamos de memoria cuando que-
en sí, abordan de forma más especí- del uso político de la conmemoración remos decir historia?”, en Alberto
fica la cuestión de los usos de la his- en este país, centradas, sobre todo, en Sabio y Carlos Forcadell (coords.),
toria. En la medida en que la organi- trabajos referidos a la celebración Las escalas del pasado. IV Con-
zación de la conmemoración permite del primer centenario de la Guerra greso de Historia local en Aragón,
una relectura política del aconteci- de la Independencia en 1908. Huesca, Instituto de Estudios Al-
miento histórico, éste se utiliza como El tercer bloque pretende hacer toaragoneses, 2005, pp. 15-24.
argumento por los organismos del una recopilación bibliográfica similar , Usos públicos de la historia,
poder en cada país (poder político co- a la del bloque anterior, pero referida Madrid, PUZ/Marcial Pons, 2003.
mo religioso, militar, etcétera) para al contexto mexicano. Este bloque es- CLARAMUNT, Salvador et al., Las
justificar determinadas actuaciones tá, igualmente, dividido en dos seccio- conmemoraciones en la historia,
que quedaban, de este modo, sacrali- nes, contando la primera de ellas con Valladolid, Universidad de Valla-
zadas bajo el halo de una historia in- un número menor de obras que las se- dolid, 2002.
terpretada en sentido teleológico. leccionadas en la bibliografía españo- COLOMINES I COMPANYS, Agustí,
A continuación ofrecemos una re- la debido a que en el caso de México, la “Revisión, reparación y conme-
copilación bibliográfica que preten- conmemoración de su bicentenario se moración del pasado”, en Fran-
de ser solamente una muestra de las va a producir en este año que ahora cesc-Marc Álvaro (coord.), Memo-
obras más recientes y significativas inicia (2010) y que será, sin lugar a ria histórica: entre la ideología y
que abordan el tema de las conme- dudas, un año prolijo en la publica- la justicia, 2008, pp. 99-112.
moraciones. Para ello, hemos orde- ción de trabajos que aborden esta te- CHAUNU, Pierre, Le grand déclasse-
nado el material seleccionado en tres mática. La segunda sección es, como ment: à propos d´une commémora-
bloques. El primero de ellos aborda en el bloque anterior, una muestra de tion, París, Robert Laffont, 1989.
la cuestión de las conmemoraciones los principales estudios sobre los usos GARCÍA GARCÍA, José Luis, “Celebra-
desde un punto de vista general. Los políticos y sociales de la conmemora- ciones y conmemoraciones”, en An-
trabajos incluidos aquí son en su ma- ción en México. tropología: Revista de Pensamiento
yoría reflexiones teóricas en las que Antropológico y Estudios Etnográ-
se analizan los usos políticos de la ficos, núm. 8, 1994, pp. 113-122.
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173
Cartones y cosas vistas

34. Bandera Cruz de Borgoña con la leyenda “El Rey a la Fidelidad”.

174
Cartones y cosas vistas

La versión vencida

P or lo general, la guerra de 1810 en México se ha explicado


desde la perspectiva insurgente, la fundadora del mito nacio-
nalista mexicano. Sin embargo, una guerra no pude enten-
derse sin considerar la posición del adversario, en este caso
la realista. Para ello ponemos a consideración del lector un
documento de primer orden: el punto de vista de otro de los
protagonistas de la historia, la de Félix María Calleja. Cabe
advertir que esta autobiografía fue elaborada para justificar
sus actos y demostrar que tenía los méritos suficientes, por
servicios prestados a la Corona, para recibir del monarca la
gracia de concederle el título de “conde de Calderón” por ha-
ber derrotado en el puente de este nombre a los principales
enemigos del rey y de la paz en Nueva España.
En el documento Calleja hace un recuento de los servicios
prestados a la Corona desde su llegada a Nueva España, en
1789, hasta su regreso a la península en 1816. En especial
destaca las encomiendas que como visitador realizó por los
territorios del Norte y costas del Golfo de México y, algo hasta
ahora desconocido, su participación en el golpe de Estado de
1808 y de su nombramiento como gobernador militar de la ciu-
dad de México. En su relato pone el mayor énfasis en la recupe-
ración de las finanzas públicas, agotadas por los efectos de la
guerra, y en las medidas adoptadas para contrarrestarla co-
mo la reorganización de las fuerzas armadas y su distribu-
ción por todo el territorio novohispano. Tampoco se conocía
a detalle la huida de San Luis Potosí de su esposa Francisca
de la Gándara, de su cautiverio en territorio insurgente y de
su intervención en la célebre batalla de Puente de Calderón.
Calleja regresó a España con la creencia de haber salvado
una causa perdida y de haber guardado estos territorios para

175
Cartones y cosas vistas

la corona española. El documento está en el Archivo General


de Indias, México, exp. 2345, de Félix María Calleja al mo-
narca Fernando VII, Madrid, 18 de enero de 1818.

Juan Ortiz

CALLEJA SOLICITA
EL TÍTULO DE CONDE DE CALDERÓN

El hombre no se pertenece a sí mismo Hacerlo así presente a los Reales


aunque, pese a su modestia, carece de Poderes de Vuestra Majestad a fin de
libertad para callar la verdad en que sus hijos no se avergüencen de
perjuicio de la justicia a que tiene serlo, y de que la posteridad no les
derecho la posteridad. relegase entre las generaciones
Desconozco la ambición y soy ingratas, y lo ejecutó en 17 de febrero
sensible a la gloria, singularmente a la de 1813, antes de que yo fuese
de que en el Real ánimo de Vuestra nombrado Virrey de aquellos vastos
Majestad tengan lugar los servicios dominios de Vuestra Majestad,
que la revolución de Nueva España repitiéndolo en 19 de abril de 1816,
me ofreció ocasión de hacer a Vuestra cuando ya tenía noticia de mi relevo,
Majestad, en circunstancias muy por medio de las respetuosas
difíciles, muy complicadas, a dos mil representaciones que en testimonio
leguas del trono, de los que no habrá acompañan;1 en las que, como testigo
especie de prueba usada entre los ocular y órgano de la notoriedad,
hombres que no presento a Vuestra exponen y recomiendan a Vuestra
Majestad. Excelencia mis servicios que llama
El primer cuerpo municipal de su importantísimos, expresándolos del
Metrópoli, el Ayuntamiento de su modo que lo hace la verdad que desea
Capital, por sí y como representante ser creída.
de un gran pueblo, creyó propio de su El atestado ocular del
deber y de su gratitud a la persona Ayuntamiento de la Capital de Nueva
que los había salvado, y conservado a España que por su número, calidad y
Vuestra Majestad la mejor y más rica
parte de sus dominios de América. 1
Carpetas 1 y 2.

176
Cartones y cosas vistas

representación no puede presumirse estados formados por las diferentes


que a la faz del reino entero faltase a oficinas a que corresponden y en los
la verdad sobre hechos, sería en que se observa una serie decreciente
cualquier materia documento que sin de los ingresos desde el año de 10 en
contradicción la calificase; pero como que rompió la insurrección, hasta el
es notoria la de que se trata, se 12 inclusive; y una creciente, que los
hallará comprobación de ella por aumenta hasta poner los más de ellos
cuantas vías se intente. en sus rendimientos comunes, desde
La Real Audiencia, el Cabildo el de 13 en que fui encargado de aquél
Eclesiástico de aquella Santa Iglesia difícil gobierno hasta septiembre del
Metropolitana, la Sala del Crimen, la de 16 en que fui relevado.
Junta Superior de Real Hacienda, el Las rentas reales y municipales
Tribunal de la Fe, el del Consulado y marchan, Señor, a la par con el
el Reverendo Obispo de Durango, se restablecimiento de la paz y del orden,
apresuraron, impelidos de la justicia, y en proporción que este se restablece
luego que supieron de mi relevo, cuya aquellas ingresan. La aduana produjo
oportunidad lleva consigo el carácter el año de 10, en el que no deben
de la verdad y de la circunspección suponerse tan arruinados como en los
inseparable de tantos cuerpos posteriores, los ramos productivos.
colegiados e independientes, a elevar y
reconocer a Vuestra Majestad mis En el de 10 1,193,432 pesos
servicios por el conducto de los En el de 11 1,138,136 pesos
respectivos ministerios a que cada uno En el de 12 862,85 pesos
corresponde, dirigiéndome al camino En el de 13 1,255,997 pesos
un triplicado, de que acompaña En el de 14 1,492,208 pesos
testimonio, para que de él hiciese el En el de 15 1,594,539 pesos
uso que me conviniere en prueba del En los dos meses
íntimo convencimiento de las del 16 en que mandé
verdades que contienen sus sumisas cerrar los estados 277,690
representaciones, conviniendo todos que corresponden
de diferentes modos en que, como al año 1,665,600
general a la cabeza de un ejército que
yo mismo formé, y que no es el menor Los aumentos de ingresos de este
de ellos, salvé a la Nueva España ramo, de muy cerca del doble,
derrotando en varias acciones las comparados los años de 12 y 16,
enormes masas de enemigos de los prueban que en el último había
derechos de Vuestra Majestad, y que recobrado el comercio su antigua
como Virrey la he conservado y actividad, y aún más que lo que tuvo
reorganizado: verdad que prueban el año de 10, y lo comprueban los
hasta la evidencia los adjuntos 20 estados números 2, 3 y 4 de rentas

177
Cartones y cosas vistas

municipales. El 2 acredita que la En el año de 11 24,806


introducción de carnes fue no En el año de 12 22,118
solamente mayor en los siguientes que En el año de 13 30,545
en el año de 12, sino también que en En el año de 14 35,297
el de 10 en el que se introdujeron en En el año de 15 40,389
México 246,223 carneros.
En dos meses del 16, 9,351, que
En el de 11, 118,781 corresponden al año 56,111. Y unidos
En el de 12, 107,442 prueban que se cosechaban,
En el de 13, 266,295 conducían con seguridad y consumían
En el de 14, 188,580 con abundancia los frutos de la tierra
En el de 15, 230,529 desde el año 13 hasta el de 16, y que
por consecuencia caminaba a gran
El número 3 califica el axioma prisa la paz a su restablecimiento, y a
político-mercantil de que la su ruina la rebelión.
abundancia, o la escasez disminuye o La casa de Moneda acuñó
aumenta el valor de los efectos; que
ellos no pueden abundar cuando hay En el año de 10 19,045,188 pesos
obstáculos que lo impidan, y que En el año de 11 10,110,798
cuando no los tuvo la mayor En el año de 12 4,409,236
introducción de carne abarató su En el año de 13 6,133,983
precio que corrió en el año de 10 por En el año de 14 7,624,103
un real a lo más. En el año de 15 7,042,620
En el año de 16 9,411,290
En el año de 10 15 Q
En el año de 11 15 Y quedaron existentes en su
En el año de 12 12 tesorería, por no haber habido tiempo
En el año de 13 28 para amonedarlas 1,632 barras de
En el año de 14 24 plata, cuyo valor asciende a más de dos
En el año de 15 32 millones, por exceder cada una de
1,200 pesos, que unidas a las
El número 4º, que los rendimientos cantidades acuñadas resulta una
del derecho municipal de mercado, introducción de 11,401,290 pesos, en
aumentaron en razón de ser de las lugar de la de 4,409,236 que hubo el
introducciones que fueron mayores en año de 12, sin incluir en esta suma las
las siguientes, no solamente que en el que correspondan al de 16 de los
año de 12, si no también en que en el 25,070,030 acuñados en cinco años en
de 10 y produjeron: las casas de moneda provisionales, ni
el valor de 7.276 1/2 barras de plata
En el año de 10 28,357 registradas en Tampico y remitidas a

178
Cartones y cosas vistas

la península, cuyas dos partidas fletados para conducir tabacos de las


ascienden a 29,789,830 pesos, y su villas de Orizaba y Córdoba en espera
quinta parte a 5,957,996, que sumados de escolta, desde 25 de agosto de 12
con los 11,401,290 introducidos en hasta 11 de marzo de13, en que
casa de moneda, asciende la extracción salieron convoyados para su destino, a
de platas de las minas, en el año de 16 los seis días de mi ingreso en el mando,
a 17,361,256 pesos en partidas se les satisficieron por Real Hacienda, y
conocidas, todo lo que prueba que su en virtud de orden de 5 de septiembre
laborío estaba cercano al estado de que de 12, 128,746 pesos, y 236,709 a los
le sacó la rebelión. operarios de las fábricas cerradas en
El número 6 expresa los cuenta de sus trabajos futuros, de cuyo
rendimientos del derecho de un medio enorme inútil gasto se redimió la Real
real por ciento, impuesto sobre platas Hacienda con haberlas surtido de
conducidas en convoy, y produjo en el tabaco, luego que recibí el mando.
año de 11 en que se estableció 12,657 Las mismas notas acreditan que en
pesos 4 de marzo de 13 sólo se surtían 22
administraciones de las 27 del
En el año de 13 12,693 Arzobispado por hallarse las demás en
En el año de 14 28,455 parajes ocupados por los insurgentes,
En el año de 15 27,903 y que en igual fecha del año 16 se
En dos meses del 16 10,171, surtían 36, y la única que faltaba a la
que corresponden al año 61,000. fecha de los estados, que era en Los
Llanos de Apan, se surtió en los meses
Este derecho exigido por diferente que intermediaron desde ella a mi
oficina que la de Casa de Moneda, y salida, en la que fueron restablecidos
que sube o baja, en razón de las platas a la paz.
que se conducen, es la comprobación Consta también que por mi influjo,
del estado de acuñación, y el siempre dirigido al bien del servicio de
verdadero termómetro de la Vuestra Majestad, condujeron
extracción de metales de las minas. gratuitamente a México, los arrieros
El número 8 de la Dirección del de la carrera, 2,419 balones de papel
Tabaco manifiesta en sus notas, que que se hallaba en Veracruz y
por falta de este artículo se hallaban pertenecían a la Real Hacienda, de
cerradas sus fábricas desde el 4 de resultas de contrata celebrada en
diciembre de 12, que no se abrieron tiempo de mi antecesor, cuyos fletes
hasta marzo de 13, en cuyo mes entré a hubieran importado, como lo expresa
gobernar aquel reino, y que desde la venta, 169,330 pesos, que ahorró
entonces nunca se volvieron a cerrar. por mis providencias.
Manifiesta también que por la Consta igualmente, que por haber
detención que sufrieron los arrieros dispuesto la venta de tabaco por

179
Cartones y cosas vistas

mayor al precio de fábrica y al pie de suplementos hechos en el mismo


ella, economizó la venta 118,375 pesos tiempo a la tesorería general,
de fletes, y 151,404 de expendedores; repusieron en gran parte el fondo
y consta por último que desde 4 de dotal de la casa de moneda, casi
marzo de 13 a igual fecha del de 16 extinguido; con el que, y el de
fueron socorridos los cosecheros con depósitos, se hallaba en estado, al
145,000 pesos en metálico, y con la tiempo de mi relevo, de hacer el
amortización de 1,077,408 pesos de cambio de platas, sin detención ni
libranzas contra la venta, sin cuyo perjuicio de los introductores.2
auxilio se habría extinguido la Los ingresos de las rentas reales y
siembra de este fruto. municipales marcan, señor, con
En el estado número 17 del Real exactitud, las diferentes épocas de la
Cuerpo de Artillería aparece que una rebelión; si en el año de 12 fueron tan
bien entendida economía en sus escasas sus labores y tan corta su
diferentes ramos ahorró al erario de acuñación, son naturales y
Vuestra Majestad 225,592 pesos manifiestas las causas que lo
anuales, sin dejar de fabricarse en sus ocasionaron. En marzo de 13, cuando
talleres el número de armas que en yo recibí el mando de la Nueva
los años anteriores con el aumento de España, ocupaban los enemigos las
esta suma: y a fin de que Vuestra provincias de Texas, Nuevo Reino,
Majestad perciba a un golpe de vista, colonia del Nuevo Santander; y a 500
que cada uno de los ramos ha sido leguas, con rumbo opuesto la de
fomentado sin perjuicio de otro, lo que Oaxaca y las costas y sierras de
no podía verificarse sin el aumento Acapulco, desde los mares del Sur a
simultáneo de los ingresos de todos, las del Seno Mexicano; tenían cuerpos
añadiré el extracto del estado número numerosos organizados que
7º que acredita las cantidades que la bloqueaban hasta sus goteras aquella
Tesorería de casa de moneda suplió a gran capital en fermento, un gobierno
la general en los años que comprende. popular, un congreso y una Junta
Suprema: Su opinión estaba en razón
En el 10 ------------- de sus fuerzas, y sus medios de
En el 11 2,137,379 continuar la rebelión con suceso en
En el 12 1,937,000 razón compuesta de la opinión y de la
En el 13 895,000 fuerza; las nuestras en razón inversa.
En el 14 517,000 Regresó Vuestra Majestad
En el 15 311,000 dichosamente al trono de sus mayores,
En dos meses del 16 19,200 y aunque no es fácil hacer pasar a un
pueblo de una a otra legislación, y más
La mayor amonedación de los años
de 13 al de 16, y los menores 2
Redacción rara.

180
Cartones y cosas vistas

difícil si de la que se le priva halaga presentándose al indulto los de más


sus pasiones y lisonjea sus esperanzas, nota. Tales fueron el teniente general
le sorprendí si darle lugar a que Rosains, canónigo Velasco, Muñiz,
moviese los resortes que entonces Ortiz, Cañas, Ayala, Pérez, y
tenía en su mano, con la publicación, centenares de otros; y al paso que la
no esperada, del Real Decreto de 4 de insurrección disminuía los ramos
mayo, que en copia recibí por un productivos aumentaban y con ellos
accidente, mucho antes que me llegara los ingresos del erario de Vuestra
de oficio: El pueblo respetó las Majestad: y en este estado, bien
providencias a que imperiosamente diferente del que le recibí, entregué el
me obligó la necesidad, se mantuvo mando de la Nueva España en 19 de
tranquilo, y, mas fueron tales, que en septiembre de 1816 al sucesor que
muy corto tiempo de haber repuesto Vuestra Majestad tuvo a bien
los diferentes ramos de la nombrarme, con la fuerza de 39,000
administración pública al estado en hombres, veteranos y provinciales,
que se hallaba en el año de 8, todas las socorridos puntualmente con todo su
provincias ocupadas por los rebeldes haber en lugar de los dos tercios con
fueron recuperadas; su gobierno que lo fueron en los años anteriores;
disuelto; sus cuerpos derrotados y armados, vestidos, montados y
diseminados; fusilado el cura Morelos equipados de un modo, que no
principal jefe de la rebelión y único desmerecían ser soldados de Vuestra
capaz de consumarla, igualmente que Majestad, y la de 44 000 realistas,
su segundo, Matamoros, que mandaba mantenidos por los pueblos para su
un cuerpo de seis mil caballos a los defensa, creados a consecuencia del
que no eran obstáculo las distancias; el reglamento copiado al pie del estado
general Villagrán, Ramón Rayón y número 22 que formé, publiqué e hice
otros. observar desde el 5 de marzo de 13,
Una constante persecución y las día siguiente a mi ingreso en el
continuas derrotas cambiaron la mando, proveyendo que los pueblos y
opinión que siempre sigue a la victoria propiedades no podrían conservarse
y los redujeron a la necesidad de por tropas del ejército; que si ellos se
retirarse a impracticables cerros, destruían era poco útil a Vuestra
único asilo de su debilidad, de los que Majestad la conservación de un
salían algunas gavillas a robar, con desierto; que el corazón humano no es
riesgo y trabajo, lo muy necesario para formado para mantenerse en la
la conservación de una penosa vida. indiferencia y que el que no tomase
Los cabecillas de inferior orden que partido por la justa causa de Vuestra
aún restaban se desavinieron entre sí, Majestad, le tomaría infaliblemente
como acontece en los malos sucesos, por la de sus enemigos, con todas y
se hicieron la guerra unos a otros, sus relaciones.

181
Cartones y cosas vistas

Repito, Señor; que las verdades sucesor hubiese hallado a su ingreso,


notorias se prueban por tantos provincias, o ciudades en poder de los
diferentes caminos como se intente rebeldes y cuerpos fuertes que las
hacerlo. No me propongo deprimir el sostuviesen, existirían actualmente, o
mérito, Dios me preserve, como hasta habría derrotado los unos o
aquí, de ollar la senda reservada a las recuperado las otras, en cuyo último
almas comunes para acercarse a las caso, constaría por las partes de los
superiores; me propongo únicamente, respectivos comandantes, pero es
elevar con profundo respeto, parte de notorio que no existen, ni los ha
mis servicios a los Reales Poderes de derrotado y por tanto evidente que
Vuestra Majestad con verdad y nos las halló.
sencillez. La Nueva España es de todas las
La serie de partes de los respectivos colonias en revolución la que ha
comandantes militares insertos en los recibido menos auxilios de la
papeles públicos del año 12 acreditan, Metrópoli, la que dispone de más
de acuerdo con la escasez de ingresos medios para verificar la
en él, que en aquella época había independencia, la que cuenta con más
cuerpos numerosos que interceptaban población, la que encierra más
los caminos e interrumpían los giros, riquezas que todas juntas, y la única
y provincias ocupadas por los rebeldes auxiliada por una potencia limítrofe
que absorbían los rendimientos, sin unida a los disidentes por intereses y
cuya existencia, no se hallaría causa confrontación de ideas: ella fija la
para su disminución, ni necesidad de expectación de las provincias de
derrotar los unos y de recuperar los primer orden de Europa, y a pesar de
otros, como aparece haberlo hecho en todo, es la que tiene más adelantada
los años siguientes, hasta el de 15. la pacificación y en mejor estado sus
En los posteriores a mi relevo, no se ramos productivos: al elevado talento
encontrará un cuerpo faccioso que de Vuestra Majestad no le será difícil
pase de 300 hombres; antes de la hallar la causa de estas diferencias.
invasión del rebelde Mina, ni una Podría, Señor, extractar todos los
provincia, ciudad ni pueblo de alguna estados que acompañan, ampliar los
consideración estaba recuperado; lo servicios que indico, tanto como ellos
que acredita de acuerdo con los lo exigen, y acumular otros muchos
valores de ventas en los años 15 y 16, que omito, por no difundirme en una
que cuando se verificó en fines de sumisa representación que desearía
septiembre del último no existía ni lo tener el honor que leyese Vuestra
uno ni lo otro; ni nada más que Majestad, pero no debo dejar de
gavillas errantes o abrigadas en los indicar, a lo menos, el en que,
cerros, sin unidad, sin gobierno, sin independiente de los negocios,
plan, y sin medios de subsistir: si mi contraje el mayor de ellos.

182
Cartones y cosas vistas

El año de 89, luego que se extinguió escuadrones y 7 batallones


el Colegio Militar de Infantería en el provinciales,3 que seguían su partido,
que obtenía el empleo de capitán de se señoreaba sin oposición por todo el
cadetes internos, y después de haber reino, robando, y asesinando con
servido 16 años en el regimiento de burla y escarnio a todos los europeos y
Saboya, desde la clase de cadete, a la fieles americanos que podía haber en
de capitán, me trasladé a la América las manos, y que buscaba con suma
Septentrional con el virrey Conde de diligencia; salí de la capital de mi
Revillagigedo, con destino de auxiliar destino a reunirme con dos mil
la organización de los cuerpos de hombres que con este objeto se
nueva creación de aquel reino, y desde hallaban en Querétaro y no les era
entonces fueron incesantes los fácil verificarlo sin mi movimiento,
encargos que de diferentes especies dejando en ella todo cuanto poseía en
puso el gobierno a mi cuidado. Creé y la extensión de la palabra, con la mira
arreglé las tropas provinciales y de inspirar confianza a la guarnición
presidiales de Guadalajara, San Luis que la destiné.
Potosí, colonia del Nuevo Santander, Verificada la reunión el 28 de
Nuevo Reino de León y costas del octubre, sin recibir noticias del
Seno; revisté todas las veteranas de la Gobierno ni poder darle las mías por
Nueva España, y pasé a revistar en hallarse interrumpidos los caminos
las costas del mar del Pacífico, las con enjambres de indios que
provincias de Colotlán y Nayarit, en asesinaban por sospechas a cuantos
calidad de tal visitador levanté sus intentaban pasar, me dirigí a la
mapas, y fui encargado de la defensa capital, que recelé podía estar en
de las costas del Seno en la última peligro y no me equivoqué.
guerra con Inglaterra, y cuando en El enemigo con cuerpos en masa
septiembre del año de 10 rompió a mis tan numerosos como la población,
pies la destructora rebelión, me hallé ocupaba las provincias de
con conocimientos y relaciones de Guadalajara, Departamento de San
amistad y de familia que empleé en Blas, la de Valladolid, Zacatecas,
ganar partidarios a Vuestra Majestad, Guanajuato, Santander y Nuevo
y ellas me facilitaron, en menos de un Reino, y por mi salida, la de San Luis
mes, la creación de un cuerpo de 4,000 Potosí, que espontáneamente se le
caballos, 1,200 infantes y 1,500 indios, habían sometido en menos de 20 días:
que armé, equipé e instruí del modo
que lo permitía lo apurado de la
situación; y en tiempo en que todos 3
Los escuadrones que se unieron a los rebeldes
los jefes capitulaban o huían del fueron: 4 de la Reina, 4 del Príncipe, 4 de Pátzcua-
ro y 4 de Nueva Galicia. Batallones fueron 2 de Ce-
enemigo, que con 60,000 hombres, laya, 2 de Valladolid, 2 de Guadalajara y 1 de Gua-
entre los que se encontraban 16 najuato.

183
Cartones y cosas vistas

tal era, Señor, la rapidez en que las que por primera vez les derroté
cundía el voraz fuego de la rebelión. completamente, libertando del
El pequeño ejército de mi mando suplicio al brigadier don Alejo García
marchaba a salvar la capital cercada Conde, al coronel Conde de la Casa de
de enemigos, sin apoyo, sin retirada, Rul, a los intendentes don Manuel
sin cuerpo de reserva, sin noticias, Merino, don Juan de Arce y a muchos
que todos negaban, y con el riesgo casi centenares de europeos.
evidente de que en ella cundiese la Al día siguiente de la acción, porque
seducción de que era difícil libertarle: tal era la importancia de perseguir al
ella estaba en efecto sitiada por enemigo, decampé del lugar en que lo
fuerzas a las que no le era posible habían estado 60,000 rebeldes, y a los
resistir; sus habitantes en la última trece les derroté por segunda vez en
consternación se ocupaban Guanajuato, ciudad que por su
únicamente en ocultar sus caudales y localidad en el centro del reino y sobre
preparar su fuga; un pequeño cuerpo asperísimas sierras, su gran
de 800 hombres que el virrey destinó población, riquezas y recursos, creían
a la defensa de un desfiladero, a las inexpugnable; liberté del suplicio a
órdenes del brigadier Torcuato muchísimas víctimas, saqué algunos
Trujillo, entonces teniente coronel, malheridos de entre más de 150
fue batido a pesar de su valor con cadáveres que en las cárceles
mucha pérdida de gente y la de su asesinaron en su fuga; castigué a los
artillería, que yo recobré en Aculco, y más culpados, publiqué un indulto,
a esta sazón, en que por momentos se repuse las autoridades y me dirigí al
pensaba infalible la entrada de los puente de Calderón, que distaba 95
rebeldes en la capital y el trastorno, leguas, en cuya ventajosísima
desorden, y males que de toda especie situación me esperaban todas las
debían causar 60,000 fanáticos, fuerzas rebeldes, aumentadas por las
seguidos de un inmenso pueblo tropas, artillería y demás pertrechos
impelido por exaltadas pasiones de del departamento de San Blas; y en él,
venganza, codicia, e íntimo contra toda esperanza de salvar el
convencimiento de que una feroz reino, ni salvarme si perdía la acción
conducta les elevaría a la gloria de en que balanceó por muchas horas la
libertadores de la patria; llegaron a suerte de aquel imperio, y en la que,
manos de los jefes rebeldes las cartas como Cesar en Farsalia, se peleó por
en que yo daba aviso al virrey de mi conservar la vida, derroté 94,000
movimiento y marchas, noticia que enemigos de Vuestra Majestad y del
confirmaron por sus cuerpos de nombre español, entre los que se
observación y que les obligó a salirse contaban 25,000 caballos y 100 piezas
al encuentro en las sierras de Aculco, de artillería de todos calibres que
16 leguas distantes de la capital, en entregué en Guadalajara y distribuí

184
Cartones y cosas vistas

en el ejército, como aparece del estado eclesiástico, y continué sin dilación a


del comandante de este ramo, y del la ciudad de Zacatecas, siempre en
detalle de la acción, servidas con seguimiento de los residuos del gran
inteligencia por marineros de los cuerpo revolucionario que marchaba a
buques, y del departamento. las Provincias Internas de Oriente,
A los dos días de esta memorable declaradas en su favor, con miras de
jornada entré en Guadalajara, en la ponerse en contacto con los Estados
que fui recibido de los buenos por Unidos: mi movimiento y amenazas
gratitud y de los malos por temor, con obligaron a contrarrevolucionar a las
demostraciones que por mismas tropas que pocos días antes
extraordinarias me negué a admitir. habían preso a sus jefes legítimos y
El pueblo y el ejército no cesaban de depuesto las autoridades, y ellas
aclamarme su libertad; la Real arrestaron a los principales cabecillas
Audiencia como a tal, me pidió que después fueron fusilados en
permiso para colocar mi retrato en su Chihuahua.
sala de acuerdos, y la religión de la Quinientas leguas anduve con el
Compañía de Jesús, hizo ejército en poco más de tres meses por
posteriormente la misma pública caminos casi impracticables, por
demostración, fijando al pie de mi climas diferentes, y algunos malsanos;
retrato la inscripción honorífica que por países mal surtidos, y por entre
acompaña con su oficio, en el que pueblos enemigos y distantes entre sí,
asegura, que si yo no hubiese sufriendo privaciones, agitaciones y
defendido y conservado aquellos angustias, más difíciles de concebir
preciosos dominios no se habrían que de explicar; pero, Señor, sin
verificado en ellos las benéficas contradicciones; porque en el riesgo
resoluciones de Vuestra Majestad todos se someten al que puede
sobre su restablecimiento. salvarlos y ellos no empiezan hasta
Me detuve en Guadalajara el muy que él desaparece.
preciso tiempo para reponer su En el entretanto que yo perseguía,
gobierno y recuperar el departamento y derrotaba a los enemigos de Vuestra
de San Blas, liberté a millares de Majestad, mi casa fue saqueada,
europeos de todas clases; hice recoger destruido el patrimonio de mi mujer
de las barracas más de 600 cadáveres consistente en bienes de campo,
que en su cólera había sacrificado el igualmente que las opulentas y bien
monstruo Hidalgo, haciéndolas sacar conocidas haciendas de su primo el
a ellas, en la oscuridad de diferentes marqués de Guadalupe y de su tío el
noches, con el objeto de exterminar a alférez real don Manuel de la Gándara
todos los de su origen existentes en y ella precisada a ocultarse en los
Nueva España; les hice dar sepultura, montes con sus sirvientas y una de
cuyo funeral costeó aquél cabildo sus tías que la había criado y expiró

185
Cartones y cosas vistas

de cansancio y de fatigas, y de este los conducía en carros en el mismo


modo, Señor, el que conservó las ejército del que fueron pocos los
familias y propiedades de tantos necesitados que no experimentaron
millares de europeos, no se ocupó, por los efectos de su caridad y de su celo
servir a Vuestra Majestad, de salvar la por el bien del servicio de Vuestra
suya; resolución que aunque no pudo Majestad, exhortando y animando en
ser otra, tampoco pudo dejar de Calderón a la tropa que luchaba antes
producir interior combate, de que no de que yo llegase a la izquierda del
puedo acordarme sin conmoción. ejército derrotada por el enemigo;
Dos meses duró su persecución, sin conducta que influyó no poco en los
que yo pudiese averiguar su paradero, felices resultados, y que la adquirió el
a pesar del empeño con que lo respeto y aun la admiración de todos
solicitaba, viéndose al fin obligada a como informarán a Vuestra Majestad,
dejarse prender, expuesta a los malos si tiene a bien oírlos, cuantos
tratamientos que debía esperar; y ella individuos sirvieron a mis órdenes en
habría sido víctima del furor faccioso aquella desgraciada época, y
si el temor de las represalias de un señaladamente, por hallarse en la
ejército vencedor a las órdenes de un península los mariscales de campo
marido ofendido no les hubiera José Jalón y don Miguel de Amparán,
obligado a volvérmela con pasaporte el brigadier de artillería Ramón
franco para mi familia e intereses y Ortega, el coronel de artillería Pedro
con el encargo de decirme que si me Menero; el teniente coronel don
allanaba a dejar las armas me Domingo Lambarri, residente en
devolverían cuanto me habían robado Cádiz, y sin elección, cualquier otro de
antes de su fecha, me asignarían aquel tiempo si se exceptúa algún
50,000 pesos de renta anual, y la interesado en desfigurar la verdad, ya
hacienda de europeos que eligiese, con que no pueda negarla.
el grado más elevado de la milicia; y La opinión de los buenos estaba
aunque mi mujer les contestó como respecto a lo que esperaban de mí, de
debía, me la devolvieron no obstante acuerdo con la de los rebeldes, que
pocos días antes de la batalla de creían sin vacilar que yo era el único
Calderón, en la que corrió los mismos obstáculo a su libertad y con estas
riesgos que los combatientes, mismas palabras se lo decía Ignacio
siguiendo después conmigo al asalto Rayón, Presidente de la Junta
de Zitácuaro, sitio de Cuautla, y otros, Suprema al Generalísimo Morelos; y
hasta la extinción del ejército; el primer revolucionario Allende a su
auxiliando del modo que puede compañero Hidalgo, en cartas de que
hacerlo la caridad más ardiente a los acompaña testimonio y de este
enfermos y heridos que por no tener concepto nacían las seductoras ofertas
pueblo en que dejarlos con seguridad que me repetían.

186
Cartones y cosas vistas

No hice, Señor, en rechazarlas, Imperio de Nueva España en estado


nada que no debiese y a que por útil y productivo; servicio calificado
muchos títulos no estuviese obligado; por la notoriedad de los hechos; por los
pero ellas me presentaron una ocasión papeles públicos de aquélla y esta
más de acreditar a Vuestra Majestad época; por los estados de las oficinas
mi amor y fidelidad, sin embargo de de cuenta y razón; por las
que en aquella sazón se hallaba representaciones de las principales
Vuestra Majestad, por nuestra autoridades de aquel reino dirigidas a
desgracia, en cautiverio. Vuestra Majestad después de mi
Tampoco he contraído un mérito en relevo; oportunidad que aprovechan
sufrir todas las privaciones, fatigas, y las pasiones para vengarse de los
escaseces de una campaña, en malos respetos que han tributado al alter ego
climas y desprovistos países; y aún de Vuestra Majestad, y por último, con
contraje menos en arrostrar los documentos de los mismos rebeldes
peligros de tantas y tan empeñadas escritos a otros fines, ajenos de que
acciones en las que fue menester que pudieran servir a éste; y no veo, Señor,
yo mismo, a la cabeza de las que haya en lo humano más medios de
columnas, condujese al ataque acreditar un hecho, que como el real
aquellas tropas bisoñas, o que a su ánimo de Vuestra Majestad no puede
fronte [sic] sostuviese el de los dejar de tener el mérito que le designa
enemigos, muy superiores en número la imparcialidad, no quedará sin justa
y en fanatismo: todo era de mi deber y recompensa.
no hice más que llenarle. El mérito El Ayuntamiento de la capital de
consiste, Señor, en haberme resuelto a Nueva España, a cuya vista contraje
ello cercado de numerosos cuerpos los servicios, que él y las demás
enemigos, de un gran pueblo en autoridades de aquél reino expresan
revolución y de dificultades al parecer de un modo que yo me embarazaría
invencibles; en haberme mucho para hacerlo, y que puede ver
proporcionado medios para verificarlo Vuestra Majestad en ellas, pidió
y en haber abandonado a mi familia e rendidamente a Vuestra Majestad sin
intereses en circunstancias que nadie mi noticia, que lo fuese sin perjuicio y
habría notado que mi conducta otras, un título de castilla, libre de
hubiese sido igual a la de otros; por lo lanzas, y medias anatas para mí y mis
que ruego a Vuestra Majestad que por sucesores con la denominación de
esta vez, me permita repetir con Conde de Calderón en memoria de la
millares de personas imparciales, que batalla de este nombre que salvó
a costa de cuantos sacrificios pueden aquél imperio, cuya gracia en premio
exigirse, de la lealtad, del honor y del de servicios distinguidos, y tales, que
amor a la antigua persona de Vuestra a mejores títulos no se obtiene está
Majestad, he salvado y conservado el reservada a Vuestra Majestad como

187
Cartones y cosas vistas

soberano dispensador; los trámites respetuosamente a los Reales


comunes la convertirían en instancia Poderes de Vuestra Majestad
de esta clase en cuyo caso no sería el convencido de la realidad, verdad y
premio de un servicio sino el resultado utilidad de los méritos en que la
regular de las de su especie. funda, tanto como lo está de la
Mis servicios, Señor, son tan justicia y magnificencia con que
notorios, que si yo no solicitase de la Vuestra Majestad premia a los que
piedad de Vuestra Majestad el premio tienen el honor de contraerlos,
que permiten las circunstancias, gracia que ha sido designada en
Vuestra Majestad mismo todos tiempos para premio de
desaprobaría una indiferencia servicios distinguidos, que no es
culpable, y el público suspicar [sic], y nueva en el glorioso reinado de
las corporaciones de Nueva España Vuestra Majestad y que entre
que tan eficazmente los han muchos ejemplos podría citar en los
recomendado después de mi relevo, últimos el de conde de Sandoval,
no podrían dejar de atribuirlo a marqués de la Concordia, conde de
desagrado de mi soberano, con lo que Guaqui y marqués de la Reunión,
se convertiría el mérito en perjuicio, y concedido por Vuestra Majestad a
la opinión en desconcepto. mi antecesor en el gobierno de
Por tan puros y urgentes motivos Nueva España.
me atrevo a esperar que Vuestra
Majestad accederá benigno a la Madrid, 12 de enero de 1818.
súplica que el Ayuntamiento de la Firma
capital de Nueva España eleva Félix María Calleja

188
Cartones y cosas vistas

35. Cruz de Borgoña o de San Andrés, Felipe V.

189
Reseñas

36. Otomán, Batallón de Tres Villas.

190
Reseñas

Biografía heterodoxa

Beatriz Lucía Cano

Paco Ignacio Taibo II, El general ción Pública quería repartir entre lo cual se puede observar con toda
orejón ese, México, Ediciones B los estudiantes de nivel básico su- claridad desde el título de la obra,
(Ficcionario), 2007. perior, pero el literato recuerda que pues un historiador difícilmente
el texto no fue publicado por órde- calificaría a Escobedo como un “ge-
nes del secretario Ernesto Zedillo, neral orejón”, pese a que ese rasgo
quien, sin duda, no quería volver- físico resalta en cualquier fotogra-
D esde hace tiempo he sido fiel
se a meter en “camisa de once va-
ras” pues ya había tenido suficien-
fía que se vea del personaje.
Como la historia ha enseñado
seguidora de la obra de Paco Igna- te con el escándalo que generaron que no se debe juzgar a los hom-
cio Taibo II, motivo por el que me sus libros de historia, en los que, bres, los calificativos que se refieran
sorprendí cuando encontré que este como se recordará, los niños héroes a sus cualidades morales o físicas
escritor había elaborado una biogra- desaparecieron de la escena patrió- están excluidos de la práctica histo-
fía de Mariano Escobedo, uno de los tica. Así, un proyecto que buscaba riográfica. Sin embargo, en una bio-
personajes más significativos de la darles un cariz más humano a los grafía como la realizada por Taibo,
historia de México, pero que para su héroes de bronce, tuvo que des- se permiten esas y otras libertades;
desgracia, es poco conocido. aparecer para no provocar mayo- por ejemplo, Paco Ignacio reconoce
Debido a que Paco Ignacio Taibo res controversias, sobre todo en un que le tiene una gran estima al per-
II reconoce en las primeras páginas país en el que la veneración de cier- sonaje, pues le resulta entrañable
de su texto que es un literato y no tos personajes es canónica. su apariencia de “héroe despista-
un historiador, la biografía que pre- Para fortuna de nosotros, como do” de “general desgarbado y tris-
senta no sigue los lineamientos clá- lectores, el texto de Paco Ignacio te”, de “niño crecido” que logró co-
sicos del género sino que el autor le fue rescatado y publicado por Edi- locarse en la historia de la “guerra
da su propio matiz, pues como bien ciones B en un formato que favore- imperial” a través de sus “ojos mio-
lo indica, el objetivo por el que la ce la lectura. pes”. Al escritor no le queda la me-
escribió era presentar una “biogra- Ahora bien, el hecho de que ésta nor duda de que éste “es un general
fía heterodoxa”. Es importante ad- sea una “biografía poco convencio- que no lo parece” pues sobresale “la
vertir que la biografía de Escobedo nal” le permite al autor ciertas li- sobriedad de sus capotes azules y
formaba parte de un grupo de bio- bertades que no se podría tomar grises”, sus botas sin lustrar, la au-
grafías que la Secretaria de Educa- si la biografía fuera “ortodoxa”, sencia de condecoraciones y su que-

191
Reseñas

pis que corona “esa apariencia de imposible cotidiano”, pues lograba debido a que éstas presentan ras-
zopilote deprimido”. Sólo la hetero- salir bien librado de situaciones di- gos de la vida del personaje; sin em-
doxia permite que a un héroe nacio- fíciles, tal como ocurrió en la acción bargo, en los siguientes párrafos co-
nal se le califique con los anteriores de Santa Gertrudis en la que derro- mienza a narrar diversos detalles de
calificativos, mismos que no buscan tó a fuerzas superiores. la vida del biografiado y sobre todo,
denostar al personaje sino mostrar Al igual que los demás soldados en uno de esos capítulos, indica cuál
su faceta humana. de la república, Escobedo tuvo que fue su motivación para escribir so-
Ningún historiador se atrevería aprender la guerra de guerrillas, bre el “general orejón”. El escritor
a señalar al “vencedor de Queré- único medio por el que podían com- reconoce que una biografía no nace
taro” como un “héroe despistado” batir contra el enemigo y el tiem- de “un instante, una manía, un ac-
o un “zopilote deprimido” por más po. Aunque pocos historiadores lo cidente, de un retrato contemplado
que tenga ganas de decirlo. Lo cier- reconocen, la guerra contra la in- atentamente”, sino que para hacer-
to es que Paco Ignacio busca que el tervención francesa logró dividen- lo es necesario dejarse llevar por las
nombre de Escobedo deje de ser el dos a causa de las guerrillas, pues simpatías. No obstante, Paco Igna-
simple nombre que identifica a una los soldados mexicanos no estaban cio se pregunta: ¿dónde queda la ob-
calle para volverse parte del imagi- preparados para vencer en un com- jetividad si la simpatía manda?
nario histórico nacional. bate frontal a un poderoso ejército La respuesta es sencilla: la bio-
Como es una biografía, en cierto como lo era el francés. grafía es heterodoxa y ello permi-
sentido disidente, y no me cansare No cabe duda de que Taibo II te que el autor pueda jugar con li-
de repetirlo, la intención del lite- tiene toda la razón cuando afirma bertad, circunstancia que también
rato no es hacer una revisión de la que la tenacidad fue la principal ayuda a que se pueda prestar aten-
historia del periodo o “blanquear” arma que se empleó en la guerra li- ción a los rumores, los que sirven
la leyenda del general norteño, sino brada en contra el invasor y del Im- para delinear el carácter en forma-
que su objetivo es presentar parte perio; aunque sugiere que los his- ción del joven Escobedo que en sus
de la historia de un hombre cuya toriadores no narran los lances de primeros años mostró un “carác-
principal virtud fue la “terquedad los guerrilleros por parecer inexpli- ter turbulento”, con actitudes de
en lo imposible”, razón por la que cables, lo cierto es que esto no se “campesino rico”, “derrochador”
no debe extrañar que el autor co- hace por el temor de reconocer que y “pendenciero” aunque “más loco
mience su texto con la entrevista no fueron los soldados mexicanos que abusivo”; un hombre en cuya
que Escobedo y Porfirio Díaz sostu- los que expulsaron a los franceses, “existencia irregular y arriesgada”
vieron en septiembre de 1864 en la sino las circunstancias políticas se alternaba el “desenfreno” y la
ciudad de Oaxaca, misma que deri- que imperaban en Europa mismas “apatía”, pues no sólo era un “ju-
vó en el “viaje inolvidable” que el que obligaron al emperador fran- gador y aventurero” sino también
general norteño tuvo que realizar cés a repatriar a sus tropas. Desde un “perseguidor de muchachas”.
para tratar de entrevistarse con esta perspectiva, adquiere sentido Este arriero “orejón”, “alto y des-
Benito Juárez. Aunque no logró su su afirmación de que entre los ge- garbado” cuya “apariencia triste”
propósito de entrevistarse con el nerales republicanos no había “ge- era producto de su “barba descuida-
presidente itinerante, si consiguió nios de la guerra”, pues habían co- da y ojos acuosos”, se caracterizaba
la inspiración necesaria para insu- sechado más derrotas que triunfos. por la sobriedad en sus alimentos y
rreccionar los estados de Tamauli- Así, la única virtud de ellos era la bebidas, y por ser un “hombre in-
pas, Nuevo León y Coahuila. persistencia ante la adversidad. agotable” con “tremenda fortaleza
El viaje denotaba, a decir de Paco Uno de los rasgos más sobresa- física” y que exigía que todos andu-
Ignacio, dos de las características lientes de esta original biografía de vieran a su paso. Pese a que era un
más sobresalientes del “general ore- Escobedo es el uso que el autor hace “hombre áspero”, su tono era fami-
jón”: su terquedad y su impaciencia. de la contradicción, pues en dos ca- liar aunque bastante parco en las
Estos dos rasgos harían que Esco- pítulos menciona que su intención palabras. Este hombre sería el que
bedo se convirtiera en el “héroe del no es hacer una “biografía seria” pondría el cerco a Querétaro, mis-

192
Reseñas

mo que a la postre redituaría en el subordinado. Paco Ignacio recurrió y no sólo sería nombrado diputa-
fin del Imperio. a estas afirmaciones con dos inten- do en varias ocasiones, sino que le
Taibo II no se detiene en mayo- ciones: mostrar que no quería glo- encargarían algunas misiones, en-
res detalles del sitio, sólo le intere- rificar al personaje sino que, como tre ellas la de recoger el cadáver de
sa mostrar que la situación en el lo haría un historiador “objetivo”, Lerdo que había muerto en 1889.
bando republicano no era color de buscó contrastar los puntos de vis- Como buen heterodoxo, el autor
rosa, pues existían rencillas entre ta para que no sólo predominara la menciona que le sorprende y angustia
los generales y entre las mismas versión del biografiado; y la segun- la forma en la que el general fue atra-
tropas, además de que el general da es que de este modo podía mos- pado y anulado por el laberinto del
en jefe mostraba su impotencia por trar que “la hoja de servicios de Es- poder porfiriano, situación que pro-
no poder acabar rápido la guerra. cobedo no puede ser superada por vocaría que su memoria fuera “blan-
Es sumamente interesante el diá- ninguno de los grandes militares queada” y sus años en el Porfiriato,
logo que el autor recrea entre el en- de la Reforma, casi todos ellos va- por lo menos en los diccionarios, no
viado del emperador Miguel López liosos por su terquedad y capacidad se mencionan. Aunque las “leyendas
y Escobedo. Sin entrar en mayores organizativa que por sus habilida- blancas” tratan de olvidarlo, a Paco
polémicas, pues ese no es el objeti- des estratégicas”, es decir, el autor Ignacio no le queda la menor duda
vo de su trabajo, Paco Ignacio toma reconocía que Escobedo no había de que este personaje no sólo resulta
el partido de que Maximiliano ofre- sido un gran táctico pero si tuvo entrañable sino fascinante.
ció la rendición a cambio de salir de la “terquedad” necesaria para ver Aunque el autor insiste a lo largo
Querétaro y embarcarse a Europa. triunfar la causa que defendía. Esa de su texto que es una biografía “he-
El “general orejón” no aceptó la “terquedad” sería la que lo llevaría terodoxa”, lo cierto es que al final, y
componenda, según el literato, por- a defender al lerdismo, después de con pleno conocimiento de causa, se
que tenía un plan para tomar Que- que Porfirio Díaz lo derrocara. agrega una nota bibliográfica en la
rétaro y si la ciudad se conquistó a Como Escobedo estaba convenci- que éste recogió, sin duda, los datos
causa de una traición, nadie debía do de la legalidad de Sebastián Ler- necesarios para realizar su obra. Si
olvidar que Escobedo “había toma- do, decidió salir con él hacia Estados la intención de Taibo II era retratar
do la plaza y enterrado al ejército Unidos. Así, el general salió de un a un hombre que le “cae bien”, debo
imperial con el menor costo de vi- país que, a decir del literato, enten- decir que lo logró con creces, des-
das, había conservado el sitio, evi- dió “tan mal, y por el que, sin em- pués de leer su biografía a uno tam-
tando los dos intentos de ruptura, bargo, combatiste tan bien con las bién le cae bien ese general “orejón”
colaborando con la destrucción de armas”. En el país vecino, Escobe- y “desgarbado” que logró derrotar
las caballerías huidas, y en fin, ga- do realizó diversas actividades con a un Imperio. No cabe duda de que
nando la batalla”. la intención de lograr el retorno de la biografía de Paco Ignacio se pue-
El énfasis que el escritor hace en Lerdo al poder, pero la suerte no le de sumar a la lista de biografías his-
estos hechos evidencia su deseo de sonreiría y finalmente sería captu- tóricas sin ningún problema, pero,
desvirtuar a algunos historiadores, rado y encarcelado en la ciudad de y como él mismo lo reconoce, si el
como Conte Corti y José C. Vala- México. Aunque Paco Ignacio afir- lector no se lo cree, entonces debe
dés, quienes no le concedían ma- maba que no era la primera vez que leerla como una novela de ficción,
yores méritos. Así, Corti lo consi- perdía ni que lo hacían prisionero, aunque habría que preguntarse,
deraba un “indeciso” y un “débil” las circunstancias habían cambia- después de todo, qué biografía está
mientras que Valadés afirmaba que do y si no lo fusilaron fue para no exenta de elementos de ficción.
tenía menos méritos que Corona, hacerlo un mártir; sin embargo, se Tengo la esperanza de que este
además de que era “negligente” le advirtió que no se debía implicar libro “heterodoxo” cumpla el des-
y “falto de espíritu”. Su nombra- en problemas pues de otra forma, tino para el que fue creado y que
miento como general en jefe del no se le perdonaría. los estudiantes puedan disfrutar de
ejército era fruto del deseo de Juá- Al igual que muchos otros, el sis- una biografía que saca del olvido al
rez de tener a un mediocre como su tema lo incorporó de manera lenta “general orejón ese”.

193
Reseñas

Del exilio español

Dolores Pla

Clara E. Lida, Caleidoscopio del propio del historiador. Así, analiza que merecía. Hecha esta salvedad,
exilio. Actores, memoria e identi- rastros documentales y una muy podemos decir que este vacío histo-
dades, México, El Colegio de Méxi- extensa bibliografía, y no evita so- riográfico perduró más de cuarenta
co, 2009. meter a crítica algunos de los plan- años. El tema prácticamente no se
teamientos que los exiliados han mencionaba, pero a modo de expli-
hecho suyos por largos años. cación, ocasionalmente se decía que
El libro comienza con un extenso las estadísticas mexicanas no eran
E n Caleidoscopio del exilio Cla-
y riguroso trabajo basado en el Re-
gistro Nacional de Extranjeros de la
confiables. Después hemos com-
probado que no era así. Lo cierto es
ra E. Lida reúne un conjunto de Secretaría de Gobernación, hoy de- que, más que un problema de fuen-
trabajos de su autoría cuyos temas positado en el Archivo General de la tes, se había generalizado la idea de
centrales, como el subtítulo lo indi- Nación, cuya intención es precisar que el exilio había sido muy nume-
ca, son los actores, la memoria y las las principales características de la roso y “de intelectuales”; esta defi-
identidades del exilio republicano emigración española a México entre nición resultaba conveniente tan-
español en México. los años 1939-1950. Una conclusión to para el Estado mexicano —pues
Lo primero que quiero destacar novedosa que resulta del análisis de justificaba ampliamente su decisión
del libro es la fotografía de la por- estos materiales es que, a diferencia de recibirlos— como para los pro-
tada. En ella se puede ver a Anto- de lo que se había supuesto, no to- pios refugiados que remitían con
nio Machado, su hermano José y dos los españoles llegados entre es- legítimo orgullo a la ingente obra
otros tres refugiados en un pueblo tas dos fechas eran refugiados, sino de sus integrantes más conspicuos
catalán camino del exilio. Es con- que, una vez finalizada la Segun- para mostrar cómo se había corres-
movedor ver al poeta sentado y mi- da Guerra Mundial, al mismo tiem- pondido a la solidaridad mexicana.
rando al suelo, ensimismado, ajeno po que continuó el arribo de éstos, Hasta fines de la década de
a la cámara y a quienes lo acompa- se reinició la emigración tradicio- 1960, con el acceso a documentos
ñaban, anticipando, quizá, que no nal que se había interrumpido por generados por organismos del pro-
sólo estaba dejando atrás su mun- varios años. Este estudio es funda- pio exilio, se supo fehacientemente
do, sino su vida misma. Como es mental para un mejor conocimiento que aunque con él llegaron a Méxi-
sabido, murió poco tiempo después. del exilio. Por muchos años la his- co un número muy importante de
Esta fotografía revela cómo Clara toriografía sobre el tema no mostró los hombres y mujeres más desta-
Lida entiende, y debe entenderse, interés por saber cuántos y quiénes cados en los ámbitos de las ciencias,
el exilio: como un gran sufrimien- eran los refugiados que llegaron a las artes y las humanidades, la ma-
to, y así lo ratifica en la introduc- México, con una excepción, el libro yoría de los refugiados no forma-
ción. Pero la solidaridad con los re- de Lois Elwyn Smith, México and ban parte de las elites culturales
fugiados y el compromiso moral the Spanish Republicans publicado sino que eran trabajadores de los
con el exilio no le impiden acercar- por la Universidad de California en tres sectores de la economía, sobre
se a esta problemática con el rigor 1955 y que nunca tuvo la atención todo provenientes de la industria y

194
Reseñas

los servicios, muchos de ellos con saber) pretende rescatar una ver- Clara Lida dedica una parte de
diversos grados de especialización. dad informada por los datos.” A sus reflexiones a poner en entredi-
Clara Lida, con base en los docu- continuación repasa cómo el exilio cho una frase con la que se iden-
mentos del RNE, amplía y profun- construyó su memoria, la que ha- tificaron muchos refugiados y aun
diza el conocimiento acerca de los bría de constituir parte sustancial sus hijos, que no eran “ni de aquí
exiliados al hacer un muestreo que de su identidad. Apoyándose en el ni de allá”, con lo que se quiere de-
cubre un lapso de doce años, regis- concepto “lugares de la memoria” cir que debido a los largos años del
trando y analizando un buen nú- (acuñado por el historiador francés exilio habían dejado de ser españo-
mero de variables: fecha de llega- Pierre Nora) aborda dos de ellos: les sin por eso llegar a ser plena-
da, edad, sexo, estado civil, lugar las editoriales y los colegios funda- mente mexicanos: “¿Acaso no ser
de origen, idiomas que conocen, re- dos por los exiliados. de aquí ni de allá era un rechazo al
ligión que practican, ocupación, ca- La labor llevada a cabo por las ‘aquí’ mexicano que los había aco-
lidad migratoria, medios de trans- editoriales respondía a la voluntad gido y una voluntad tácita de seguir
porte, puertos de entrada y lugares y necesidad de preservar la memo- siendo otros, aunque este ‘allá’ ya
de asentamiento en México. El re- ria de una cultura que se hallaba no existiera? ¿O era, nolens volens,
sultado es un panorama que cons- amenazada por la dictadura. Pero, una manera de eludir constrastes y
tata la diversidad del exilio; un es- paradójicamente, este empeño —en definiciones que podían desembocar
tudio que será un clásico. Pero el tanto significaba permanecer an- en juicios desfavorables a la socie-
mejor reconocimiento que puede y clado en el pasado, el ya inexisten- dad y al entorno de acogida y des-
debe hacerse a esta investigación te pasado de la República— contri- atar una riesgosa confrontación?”
es que contribuya a una renova- buía a una cierta enajenación del Para dar respuesta a tales inte-
ción historiográfica, porque, como nuevo entorno, una distancia con rrogantes una vía pueden ser los
lo muestran los testimonios de los respecto al país de acogida (que a trabajos comparativos que con-
propios refugiados, las diferencias veces parecía elegida, pero otras fronten lo vivido en México con
entre ellos se tradujeron en diver- alimentada por el propio medio lo sucedido en otras sociedades de
sas maneras de insertarse a México mexicano), lo cual desembocó en acogida. Sabemos ya que entre el
y, en definitiva, de vivir el exilio. el desarraigo y generó una cultu- exilio mayoritario, el que permane-
Pero si este primer trabajo se ra en vilo. ció en Francia, los procesos iden-
encarga de dar respuestas, otros Los colegios, por su parte, fue- titarios fueron radicalmente dis-
recogidos en el libro se caracteri- ron los encargados de transmitir tintos, incluso podríamos hablar
zan más bien por la formulación de “una cultura del exilio” a la segun- para la segunda generación no
preguntas, tal es el caso de “Memo- da y tercera generación. La auto- sólo de una integración cumplida
ria y cultura en vilo: paradojas de ra se pregunta: “¿Cómo y cuándo sino de asimilación. ¿Qué tiene el
la identidad en el exilio” y de “Cara saber si la memoria originada ins- exilio en México y el país mismo
y cruz del exilio: entre la inserción tilada por sus mayores acabó sien- que hace que esta experiencia haya
y el desarraigo.” do reemplazada por la conciencia sido distinta?
El primero de ellos comienza con plena de la cultura y de la vida La segunda parte del libro, “Ac-
una reflexión acerca de la diferen- mexicana?, o si el desarraigo llevó tores en contraste”, reúne un estu-
cia entre memoria e historia. Es- a estos niños y adolescentes a per- dio comparativo entre el exilio es-
cribe la doctora Lida: “La función manecer encerrados sobre sí mis- pañol y el argentino, y dos trabajos
esencial de la memoria es recordar, mos por lustros, décadas, o siem- dedicados a grupos muy puntua-
y, etimológicamente, recordar (de- pre, ajenos a su entorno como lo les del destierro español: los his-
rivado del latín, cor) es un acto que eran también a su patria de ori- toriadores que se establecieron en
pasa por el corazón, es decir, por lo gen”. Se sabe poco al respecto, pero México, y las niñas y jóvenes exi-
íntimo de los sentidos. En contras- sí se sabe que muchos “se han ido liadas. La tercera parte, “Homena-
te, la historia (que deriva del grie- mostrando muy identificados con jes”, es un reconocimiento al pre-
go istor, y se relaciona con inquirir, la España de hoy”. sidente Lázaro Cárdenas y a dos

195
Reseñas

refugiados entrañables para Clara Quiero terminar diciendo que, incluya a lo largo del libro, a mane-
Lida: su maestro y amigo Vicente igual que en trabajos anteriores, en ra de epígrafes, versos alusivos al
Llorens, a quien dedica un texto este libro destaca el impecable ma- exilio; ella sabe, como poeta que es,
extraordinario, y José Puche Pla- nejo del lenguaje escrito de la au- que un verso es frecuentemente un
nás, al que llama acertadamente tora, su conocimiento y amor por destello que alumbra aquello impo-
“exiliado y mexicano cabal”. nuestro idioma. Y no es gratuito que sible de expresar de otra manera.

La habitación y las concibieron y vivieron. Por ello,


es muy enriquecedor el enfoque del
reforma liberal estableció un nue-
vo orden jurídico, económico y so-
su historia autor que reconstruye la historia
de la casa, no sólo desde el punto de
cial que permitió el progreso de la
nueva nación, al secularizar la vida
vista arquitectónico sino también cotidiana de la población y arreba-
desde la óptica de la historia de las tarla a la Iglesia que por siglos ha-
María Dolores Morales mentalidades al analizar los valo- bía controlado todos sus actos. Asi-
res que sobre el habitar compar- mismo dio origen al nacimiento del
Enrique Ayala Alonso, La idea de ha- tían las familias en los momentos ciudadano que ante la ley represen-
bitar. La ciudad de México y sus ca- estudiados, las ideas que tenían so- tó la igualdad de toda la población
sas, 1750-1900, México, UAM, 2009. bre la privacidad y Ia intimidad así e hizo posible una diferente forma
como sus gustos para decorar los de habitar.
interiores de las viviendas donde se El libro está dividido en cinco
desarrollaba su vida doméstica, ele- capítulos, los dos primeros ( “La

C on el sugerente titulo de La
mentos todos que el autor conside-
ra fundamentales.
reinvención de la urbe” y “La re-
forma toca a la casa”) examinan los
idea de habitar. La ciudad de Méxi- La idea principal que organi- efectos de las reformas borbónicas
co y sus casas, 1750-1900, el arqui- za el trabajo es que la casa actual en la ciudad y en la casa. El autor
tecto Enrique Ayala Alonso nos tiene sus raíces dos siglos y me- señala que en la ciudad se pusie-
ofrece un libro inteligente, ameno y dio atrás y que su proceso de cam- ron en marcha una serie de me-
bien escrito, resultado de una rigu- bio cristalizó como resultado de didas para dotarla de una imagen
rosa investigación que tiene como las transformaciones impulsadas distinta, cuyo principio rector era
objetivo central estudiar el proceso por dos movimientos políticos cla- implantar un nuevo orden general
de cambio de la vivienda y de las ve: las reformas borbónicas de me- que la concebía como una unidad
maneras de habitarla, desde las re- diados del siglo XVIII y la reforma total sin distinciones entre la ciu-
formas borbónicas hasta el inicio liberal de mediados del siglo XIX. dad de españoles y los barrios indí-
de la urbe moderna. La primera marcó una etapa dis- genas, una urbe ordenada, higiéni-
El tema de la casa ha sido poco tinta en la historia de la ciudad, de ca y funcional. Con ese objetivo se
investigado en la historiografía la casa y de las conductas colecti- implementó una división adminis-
mexicana y la mayoría de los es- vas, estremeció todas las estruc- trativa en cuarteles sobrepuesta a
tudios lo han abordado desde la turas existentes en la sociedad no- la parroquial; se intentó desalojar
perspectiva de su morfología física vohispana y las proyectó hacia su de las calles a quienes hacían uso
o de su valor artístico. Pocas veces modernización; surgieron así mu- tradicional de ellas, para destinar-
se han relacionado estas formas chos de los nuevos valores sobre el las únicamente a la circulación y se
constructivas con la manera en habitar cimentados en la filosofía creó una infraestructura de servi-
que los diferentes grupos sociales de la Ilustración. En tanto que la cios públicos ligada a la salubridad

196
Reseñas

y a la comodidad de los habitantes se inicie la construcción de cuartos Con respecto a la construcción


que comprendió la construcción de especiales para el baño, conocidos habitacional, el autor considera
atarjeas, el empedrado de calles, la entonces como placeres. que fue escasa y no registró gran-
recolección de basura, la colocación Las viejas formas de la arquitec- des transformaciones; sin embar-
de placas con la nomenclatura y la tura doméstica colonial empezaron go, señala que en el poniente de
creación de paseos. Asimismo se es- a cambiar al surgir un nuevo gus- la ciudad y en las casas de campo
tablecieron grandes centros de tra- to estético, el neoclásico, inspirado que la elite estableció en los pue-
bajo, como la fábrica de tabaco, que en el arte grecorromano que susti- blos de los alrededores, aparecieron
propiciaron la separación entre las tuyó a las fantasías ornamentales los primeros ejemplos de casas ais-
actividades domésticas, producti- del barroco. Otros factores que in- ladas dentro de un terreno ajardi-
vas y comerciales. fluyeron en este cambio fueron las nado que permitía a sus habitantes
A través del análisis y la deta- nuevas tecnologías constructivas alejarse de la calle y de las demás
llada lectura de planos y fachadas y los distintos materiales que em- casas; la casa aislada y el jardín do-
de casas de distintos rangos socia- pezaron a utilizarse como el ladri- méstico constituyeron así las inno-
les, Enrique Ayala nos explica las llo, los recubrimientos de yeso y los vaciones en estos años. Subraya
transformaciones ocurridas. En- cielos rasos para ocultar la viguería también que con la Independencia
tre los cambios ligados al pensa- de los techos. Los interiores tam- cambia la decoración de los interio-
miento ilustrado que experimentó bién se modificaron al usarse ma- res al surgir un nuevo menaje com-
la casa, destaca que al empezar a dera en los pisos, telas impresas y puesto por sofás, sillones, grandes
definirse los ámbitos de lo público papel tapiz en los muros, y muebles espejos, floreros encerrados en ca-
y lo privado se dio una recomposi- más cómodos y adaptados a las ca- pelos, relojes de mesa y pinturas o
ción de la vida familiar para ase- racterísticas del cuerpo humano. El grabados en los muros.
gurar una vida doméstica más pri- proyecto borbónico no se concretó Los capítulos cuarto y quinto
vada e íntima por lo que se alejó a como se había planeado, debido a (“Nuevos lugares y formas de ha-
la servidumbre y a los empleados la constante resistencia de la pobla- bitar” y “Habitar en la vieja ciu-
considerados hasta entonces par- ción respecto a las nuevas formas dad”) se refieren a la cristalización
te de la familia. La antigua casa, de vida, aunque no por ello dejó de del proceso de modernización de
que permitía en un mismo espacio provocar transformaciones. las formas de habitar que resulta-
la simultaneidad de usos para la vi- En el tercer capitulo (“Años de- ron de la promulgación de las leyes
vienda y el trabajo, fue adquiriendo cisivos”), Ayala trata las décadas de Reforma y originaron la ruptura
un uso dedicado exclusivamente a posteriores a la Independencia, definitiva con el Antiguo Régimen
la vida familiar. El autor descubre cuando la inestable situación eco- y con los valores de una sociedad
también algunos cambios en la dis- nómica y política del país dificulta- basada en actores colectivos, para
tribución de las casas como el de ron el avance de los cambios (sien- transformarla en otra regida por
una zonificación en su interior con do éstos limitados) en la ciudad y individuos con derechos iguales.
el propósito de separar los recin- en la casa. Los que acontecieron es- Se pasó así de un régimen en gran
tos destinados al uso social de los tuvieron vinculados con una paula- parte de propiedad corporativa a
de carácter íntimo y el surgimien- tina secularización, no se constru- uno de propiedad privada, nacien-
to de espacios dedicados al estudio yeron edificios religiosos pero en do el ciudadano quien se convirtió
como bibliotecas y gabinetes. Los cambio se realizaron equipamien- en el principal personaje de la nue-
nuevos hábitos higiénicos y de lim- tos para alojar a la vida urbana se- va manera de habitar.
pieza corporal que se intentaban cularizada, entre los que destacan Apoyado en una cuidadosa se-
imponer, dieron origen a que se ex- los dedicados al entretenimiento lección de planos, fachadas y fo-
pidieran reglamentos para obligar (teatros, cafés, restaurantes, fon- tos recopilados principalmente en
a la población a construir “lugares das, cantinas) y paseos que se con- el Archivo General de Notarias del
comunes” al interior de sus casas; virtieron en el lugar del acontecer Distrito Federal y en la Fototeca
será en las casas de la elite donde público. del INAH, Enrique Ayala nos explica

197
Reseñas

lo que significó esta reforma en la desde donde se podían contemplar en el interior de la vieja ciudad, en-
transformación de la casa y de las los jardines y el paisaje. fatizando que fueron diferentes a
formas de habitar. Al igual que en Las nuevas tecnologías fueron los ocurridos en la periferia. La na-
la ciudad, en la arquitectura do- también un factor determinante cionalización de los bienes del clero
méstica los ámbitos de lo público y para la transformación de la arqui- provocó una importante oferta de
lo privado terminaron de definirse tectura doméstica; se utilizaron nue- vivienda debido al fraccionamien-
como espacios complementarios e vos materiales como las viguetas de to de muchos de sus conventos y la
interdependientes uno del otro y la hierro y las bovedillas de lámina de venta en lotes a particulares; en al-
casa se configuró como un ámbito zinc que sustituyeron en los techos gunos de ellos se construyeron ca-
adecuado a la privacidad, la inti- y los entrepisos a las bóvedas planas sas nuevas y en otros solamente se
midad y el confort. El avance de la de ladrillo. La iluminación también acondicionaron viviendas cerrando
modernización se dio primero en evolucionó, del uso de la trementina o abriendo puertas y ventanas. La
la periferia de la ciudad, en las resi- se pasó a las lámparas de gas y final- diversidad de casas construidas en
dencias campestres que se constru- mente a la luz eléctrica. La higiene la parte central estuvo destinada a
yeron en los poblados de su entorno corporal adquirió mayor importan- todas las clases sociales y se edifi-
como Tacubaya y en los fracciona- cia y se instalaron cuartos de baño caron desde elegantes residencias
mientos fundados en terrenos de más equipados, con tinas, artefactos hasta jacales pasando por vecinda-
las haciendas y ranchos, tema que para el aseo y excusados de sifón que des y casas de departamentos. Es-
aborda el cuarto capítulo. incrementaron la demanda de agua tas casas, a diferencia de las cons-
Las ideas imperantes sobre la hi- e hicieron necesaria la apertura de truidas en la periferia, estaban
giene y la salud justificaban la bús- pozos artesianos. condicionadas a implantarse so-
queda de un ambiente sano para Con respecto a los interiores de bre el frente y los linderos del te-
disfrutar de una vida tranquila en las casas, Enrique Ayala nos presen- rreno ya que el suelo era mas cos-
contacto con la naturaleza que ta una interesante reconstrucción de toso y no era rentable construirlas
sólo podía encontrarse lejos de la su transformación sustentada en di- aisladas. Por ello, la mayoría con-
ciudad. Estas casas se construyeron versas fuentes: una serie de fotos pu- formaban manzanas compactas y
aisladas levantadas en medio de blicadas en la Crónica oficial de las fachadas continuas, aunque excep-
jardines y separadas de los linderos fiestas del Centenario, un valioso ava- cionalmente se edificaron algunas
y del frente del terreno; eran am- lúo de una casa de campo de Tacuba- con volúmenes retraídos que rom-
plias y elegantes acordes con los ya localizado en el Archivo General pían el alineamiento y la continui-
nuevos gustos estéticos de la ar- de Notarias y algunas crónicas. Nos dad de la manzana.
quitectura ecléctica inglesa o fran- muestra así, como la elite, para dar También aquí el autor descubre
cesa. Su distribución interna era una imagen de prosperidad y cultura nuevas propuestas de habitación
también distinta, los bajos deja- y disfrutar de una vida más cómoda aunque señala que se conservó un
ron de destinarse a los servicios y dentro de sus casas, se obsesiona por mayor número de elementos de la
alojaron a la vida social mientras llenar los interiores de objetos proce- arquitectura colonial junto a las
que los altos se reservaron para la dentes de Europa: suntuosos mue- nuevas tendencias. En la mayoría
vida familiar e íntima; los come- bles, elegantes pianos, cortinajes de de las casas, la organización de los
dores hasta entonces reservados terciopelo, pesadas alfombras, broca- espacios fue semejante a la de las
a la vida privada se integraron a dos o pinturas con escenas pastorales viviendas coloniales, los servicios
la vida social. En varias de estas en los muros, chimeneas, espejos ve- se ubicaron en la planta baja y las
casas, el nivel de los pisos interio- necianos, grandes candiles, lámparas habitaciones en los altos y el co-
res era más alto que el del jardín, de pie y de mesa, obras de arte y finas medor permaneció separado de la
lo que originó que el adentro y el porcelanas componen la nueva orna- sala. Entre los elementos moder-
afuera se definieran como ámbitos mentación de influencia victoriana. nos estaban los jardines, las fa-
distintos y propició la construcción El autor termina el libro con un chadas eclécticas, los tragaluces de
de terrazas, miradores o balcones capítulo sobre los cambios de la casa acero y vidrio para iluminar espa-

198
Reseñas

cios oscuros, los cuartos de baño Como hemos podido apreciar, fica documentación gráfica com-
dotados de comunes, los tocadores este libro constituye un avance y puesta por cerca de cien imágenes
y las salas de billar. una valiosa contribución al cono- entre planos, fotos, dibujos, graba-
Las nuevas vecindades que se cimiento histórico de la casa y de dos y postales. Su mayor y funda-
construyeron, a diferencia de las la idea de habitar en la ciudad de mental aporte radica, sin duda, en
coloniales, no propiciaban la vida México, resultado de una continúa la manera en que incorpora estas
colectiva porque los patios se redu- indagación de más de diez años so- imágenes al texto, como documen-
jeron y alteraron sus proporciones bre el tema. Enrique Ayala logra tos efectivos que cuidadosamente
convirtiéndose en pasillos, en tanto presentar de manera ágil y atrac- examina e interpreta para a través
que los patios individuales sustitu- tiva un análisis académico riguro- de ellos, transportarnos a las casas
yeron el uso comunitario del patio so del proceso de cambio de las ca- y permitir que podamos entender
principal. La casa, se volvió así mo- sas y lleva al lector —no sólo a los el proceso general de su transfor-
derna y distinta de la del antiguo especialistas— a descubrir las raí- mación e imaginar la vida íntima
régimen y se logró implantar una ces del habitar actual y al mismo de las familias dieciochescas y de-
nueva forma de habitar. tiempo a disfrutar de una magní- cimonónicas.

199
Crestomanía

Libros

¢   
Élisabeth Badinter, Las pasiones Morir como filósofo El justo (septiembre de 1761-agosto de
intelectuales II, Exigencia de Una lección de dignidad 1762)
dignidad (1751-1762), México, FCE, V. La calma antes de la tormenta Agradecimientos
2009. (1756) Abreviaturas
Introducción Las pequeñas satisfacciones de Manuscritos: principales colecciones
D’Alembert consultadas
PRIMERA PARTE Amistades y estrategias ginebrinas Fuentes impresas: principales edicio-
La exigencia de dignidad (1751-1753) Tormentas de otoño nes consultadas
I. El aparente contraste entre París y VI. Intermedio: nuevas figuras de inte- Periódicos
Berlín (verano de 1751-febrero de 1752) lectuales (1756...) Correspondencias y memorias del siglo
Tibiezas parisinas (verano-otoño de Mujeres de letras XVIII
1751) “La verdadera filósofa de las mujeres” Estudios de los siglos XIX y XX
Tensiones entre Potsdam y Berlín Mujeres sabias Índice de nombres
Primeras advertencias del poder (otoño TERCERA PARTE
de 1751-febrero de 1752) Del descrédito al honor reencontrado ¢   
Isabel Bueno Bravo, Guerra
II. La toma de conciencia (febrero de (1757-1762) en el imperio azteca: expansión,
1752-junio de 1753) VII. El año calamitoso (1757) ideología y arte, Madrid,
Frente a las adversidades El efecto Damiens Editorial Complutense, 2010,
Fin del mito berlinés La coalición de los opositores 402 pp.
El código de honor de los intelectuales El descrédito de los filósofos Prólogo: de los mexica a los mapuche
SEGUNDA PARTE Estallido del clan Consideraciones previas
La dura evolución de las mentalidades VIII. Lobos rabiosos (primavera de PRIMERA PARTE. ANTECEDENTES
(1753-1756) 1758-primavera de 1760) DEL IMPERIALISMO MEXICA
III. Redistribución de roles y clanes Los enojos de D’Alembert El postclásico mesoamericano: la edad
(verano de 1753-octubre de 1754) Los filósofos en la mira de oro
Independencia declarada o soledad im- El descenso a los infiernos SEGUNDA PARTE. MÉXICO-TENOCH-
puesta IX. Voltaire salva el honor (verano de TITLAN, LA NUEVA POTENCIA
Amistades reconciliadas 1760-verano de 1762) El nuevo orden y la Triple Alianza
Inmutable Academia El jefe de guerra (junio-septiembre de Caminando hacia el imperio
IV. La difícil independencia (noviembre 1760) El ejército
de 1754-diciembre de 1755) Debilidades humanas (octubre de 1760- ¿A quién beneficia la guerra y cuál es
Las paradojas de D’Alembert verano de 1761) su justificación?

Sección a cargo de José Mariano Leyva

200
Crestomanía

El componente ideológico en el expan- Pilar Pedraza, “Reflexiones sobre la carácter de ciclo de las revoluciones. La
sionismo imperial ‘construcción’ de Roma en el nuevo obra de Manfred Kossok”.
Reflexiones y recapitulación cine italiano”. Parte I. El colonialismo en América la-
TERCERA PARTE. EL ARTE tina. Cuestiones a debate.
DE LA GUERRA ¢   
Susana Quintanilla, “Nosotros”. La 1. El absolutismo eclaire los ejemplos
Cambio político y evolución iconográfica juventud del Ateneo en México, México, mediterráneos: España.
El escenario Tusquets (Tiempo de memoria), 2008, 2. ¿Las indias no eran colonias? Causas
La función de los códices en la burocra- 358 pp. de una apologética colonial.
cia imperial Presentación 3. Estudio comparativo de los sistemas
Recapitulación: arte y propaganda po- PRIMERA PARTE coloniales modernos. Ensayo
lítica I. Savia nueva metodológico.
Conclusiones II. Protesta literaria 4. Feudalismo y capitalismo en la his-
Bibliografía III. Días alcióneos toria colonial de América.
Glosario Náhuatl IV. El impulso lírico Parte II. Revolución, revoluciones
Índice de figuras SEGUNDA PARTE 5. De la revolutio a la revolución.
Víctor Mínguez, Inmaculada Rodrí- V. Todo por Barreda 6. 1789 - Transformación de una época
guez, Vicent Zuriaga (ed.), El sueño de VI. El banquete e ilusión heroica.
Eneas. Visiones utópicas de la ciudad, VII. Próspero 7. La tipología de las revoluciones en la
Castelló, Publicacions de la Universitat VIII. ...y Ariel era moderna. La revolución y
Jaume I, D.L., TERCERA PARTE la formación de las naciones en Hispa-
Biblioteca Valenciana, 2009. IX. Reelección noamérica. Sobre la relación dialéctica
Víctor Mínguez, Inmaculada Rodrí- X. La sucesión entre elementos continentales y regio-
guez, “Presentación. Mitos, praxis y XI. La juventud del Ateneo nales en la independencia.
sueños de ‘la morada apacible’”. XII. Los muchos ateneos Parte III. La independencia en Améri-
Rafael García Mahiques, “La Jerusa- XIII. Nosotros ca latina.
lén celeste como símbolo de la Iglesia. XIV. Centenario 8. La revolución y la formación de las
Su configuración durante el primer XV. El relevo naciones en Hispanoamérica. Sobre
milenio.” Apéndices la relación dialéctica entre elementos
Pedro Galera, “Corografía de ciudades Reproducción del artículo continentales y regionales en la inde-
con forma de animal. La ciudad de Notas pendencia.
Jaén y la forma del dragón”. Fuentes 9. La aparición de un partido revolucio-
Alicia Cámara Muñoz, “Retratos urba- nario criollo-burgués en el Virreinato
nos para la guerra”. ¢ 

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del Marqués”. fred Kossok, Castellón, Publicaciones de 11. Revolución, Estado y Nación en la
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201
Crestomanía

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Martha Fernández, “De puertas aden- Fermín Adrián Rodríguez, “Prehisto-
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202
Crestomanía

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203
Crestomanía

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II Premio Miguel Artola para Tesis Anuario Con-ciencia social: y del cambio educativo”, F. Javier Mer-
Doctorales en Historia Contemporánea Número 11: chán Iglesias.
convocado por la Asociación de Histo- EDITORIAL “Empatía con la catástrofe. Olvido, re-
ria Contemporánea y el Centro de Es- Artificios y conflictos de poder: la traca cuerdo y revisionismo histórico en la
tudios Políticos y Constitucionales final del ciclo reformista reciente bibliografía sobre la memoria
Último número de Ayer: “La ofensiva I. TEMA DEL AÑO: La educación crí- de la Guerra Civil española”, David
cultural norteamericana durante la tica de la mirada Seiz Rodrigo.
Guerra Fría”. “Cautivos en la sociedad del espectácu- “Situado en el acto. Reflexiones sobre
XI Premio de Jóvenes Investigadores lo. Una aproximación a la didáctica crí- la lectura de una tesis”, Jesús Ángel
21st International Congress of Histori- tica de la mirada”, Jesús Ángel Sán- Sánchez Moreno.
cal Sciences, ICHS. Amsterdam chez Moreno. Número 12:
Asociación: Objetivos, Estatutos, Junta “Las relaciones peligrosas: cine y ense- EDITORIAL
directiva, Reuniones, Socios, Premios, ñanza, algo más que buenos propósi- De la calidad de la enseñanza y otros
Documentos Lista. tos”, Enric Pla Vall. embelecos
Congresos. II. PENSANDO SOBRE… la obra de I. TEMA DEL AÑO: ciudadanía, polí-
Publicaciones. Román Gubern. ticas de la cultura y usos públicos de la
Investigación: Archivos, Bibliotecas, “El ojo que piensa. Una cartografía te- escuela
Bases de datos, Revistas, Otros. mática de Román Gubert”, Javier Gur- “Ciudadanía, políticas de la cultura y
Recursos: Departamentos, Institucio- pegui Vidal. usos públicos de la escuela. Un marco
nes, Asociaciones, Otros. “La imagen y sus laberintos. Entrevista para la reflexión y el análisis”, F. Javier
[Link] con Román Gubert”, Javier Gurpegui Merchán Iglesias y Francisco F. García
[Link] Vidal y Jesús Ángel Sánchez Moreno. Pérez.

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Crestomanía

“La construcción social de la conducta. Carlos López, David Seiz y Javier Gur- “El largo camino hacia la asignaturiza-
Consideraciones sobre el caso español pegui. ción del entorno, o cómo mirar la rea-
desde la perspectiva de los modos de “Para una Filosofía de la memoria. lidad de frente sin perecer en el inten-
educación”, Juan Mainer Baqué. Entrevista al profesor Reyes Mate”, to”, Antonio Viñao.
“Ciudadanía y competencias básicas”, Carlos López, David Seiz y Javier “El abuso de los olvidos y los deberes
Pilar Cancer Pomar. Gurpegui. de la memoria”, David Seiz Rodrigo.
“Crítica del entramado ético-político III. RESEÑAS Y CRÍTICAS DE LI- “Sobre los libros de texto de la asigna-
en la ciudadanía democrática”, Carlos BROS tura de Educación para la ciudada-
López. “Una invitación para pensar radical- nía”, Pedro Fernández Liria.
“La construcción de la ciudadanía en el mente las instituciones modernas”, “Nosotros y las reformas que quisimos
aula a través del diálogo. Debilitando Jon Igelmo Zaldívar. tanto”, Honorio Cardoso.
algunos tópicos”, Carmen Álvarez Ál- “Intempestivas para la crítica de nues- “Justicia y crítica: redistribución y re-
varez. tra cultura consumista”, Carlos López. conocimiento”, Paz Gimeno Lorente.
II. PENSANDO SOBRE… la obra de “Conocimiento e interés de la historia “Crítica de la política educativa basada
Reyes Mate de las disciplinas escolares en algunos en los principios del mercado y en la
“Reyes Mate, o la fuerza de la memoria círculos fedicarianos”, Raimundo gestión empresarial de la escuela”, F.
para una cultura y didáctica críticas”. Cuesta. Javier Merchán Iglesias.

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Abstracts

Abstracts

! Antonio Rubial place between Spain and Mexico as a part of died during various times with several pur-
De calendarios, ciclos, celebraciones y the celebrations of the Bicentennial of our In- poses and under very different political per-
centenarios dependence. The flags made by Ignacio Allen- spectives. The economical history methods
de to declare war on the Spaniards in 1810 never have been away from politics and
It’s a common mistake to consider there is will be exchanged for those raised by Isidro power structures, and now they are com-
always the same principle behind the idea Barradas when he tried to re-conquer, in bined in a new subject called: “Cultural
of time for every celebration. Twentieth 1829, the former territorial possessions of History”.
century people use to think in terms of the Fernando VII. The flags, where the Virgin of
solar calendar, which divides the year in Guadalupe, the Mexican Eagle and Saint Mi- ! Jean Meyer
twelve months and each month in seven chael are put together, must be interpreted in ¿Qué hacer con nuestro pasado?
day weeks; they also organize their lives in the context of the other standards of the In-
hours, minutes and seconds. In order to un- dependence movement in order to give us a Mexican historians know too much about the
derstand the meaning of celebrations, it’s more complex vision of the appropriation of use and abuse of national history in political
necessary to keep in mind that time fixings symbols and the construction of the emblems games. Therefore, we prefer to keep our work
come from different agreements that have by the insurgents during the war. apart from the circus of commemoration. We
evolved through history in the Western ask ourselves, as Pontius Pilate did, What is
world. ! Anna Ribera y Alejandro the truth? We search for it, but this research
de la Torre must create a will to defend it. History and
! Salvador Rueda Memoria libertaria. Usos del historians have to serve truth and justice, as
El descuido de los héroes. Apuntes calendario militante del anarquismo well as to encourage freedom and fraternity
sobre historiografía marginal hispanoamericano among men.

The triumph of the Independence move- Working out a militant calendar that con- ! Lara Campos
ment and the political changes that shaped structed a collective memory of the op- La imagen de España en el 100 y 150
the personality of our new nation opened pressed, helped to consolidate a political aniversario de la Guerra de
the doors to the reinvention of Mexican his- anarchist imaginary at an international Independencia en el periódico ABC
tory. In fact, those situations unfastened scale. This image of time was built by a con-
the demons of myth creation. The ancient stant liturgical exercise of political and so- This article analyses the iconographic con-
heroes had put their values upside down: cial commemorations, which gave a sense struction of the image of the Spanish Na-
the old public rituals became now hidden of transcendental identity and a libertarian tion at two different times: the first centen-
ceremonies, the old convicts —those who memory to those who participated in a po- nial and the one hundred and fiftieth
had shown a rebellious attitude against au- litical culture defined by its opposition to anniversary of the beginning of its Indepen-
thority— became the heroes and the mile- authority. dence War (May 2nd of 1808). Not all the
stone of the new Mexican society. This es- images created at those times are analyzed,
say addresses those moments of polemics in ! Antonio García de León just the ones representing the monarchical
the official positions, as well as the begin- A propósito del Bicentenario: las and conservative ideology, which were ap-
ning of oblivion for the patriotic relics. temporalidades del análisis histórico propriately featured at the ABC newspaper.
de la América española The analysis is based on the photographs
! Martha Terán and drawings published there during the
El intercambio del Bicentenario entre Evenif it is easy to say it is still true, that days that followed the celebrations. The aim
México y España en 2010. Estado del every time we analyze the past, we do it ac- of this text is, on the one hand, to detect,
conocimiento sobre las banderas de la cording to the worries of the present. There study and find out the ideological meaning of
Independencia is one past for every single present that in- the iconographic items; and, on the other, to
dicates the future someone wants to build. appreciate the differences in the use of the
This article deals with the preparations for Therefore, it is not a coincidence that the commemoration at two different historical
the exchange of war trophies that will take American Colonial societies had been stu- and political times.

Articles appearing in this journal are abstracted and indexed in Historical Abstracts and America: History and Life.

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Instrucciones para los colaboradores

Historias solicita a sus colaboradores que los artículos, traducciones, reseñas,


bibliografías comentadas y documentos inéditos sean remitidos siguiendo en lo
posible las siguientes indicaciones:

1. Los autores enviarán original, copia y disquete al di- 13. Los cuadros, figuras, gráficas y fotografías se entre-
rector o los editores de la revista, a la Dirección de garán impresas por separado (si es fotocopia, que sea
Estudios Históricos (INAH). de buena calidad). En el texto sólo se indicará el lu-
2. En la primera página de la colaboración deberá in- gar donde deben ir; en el disquete deberán estar in-
cluirse el título, el nombre del autor y la institución cluidas.
a la que está adscrito. 14. Los artículos no deben presentar bibliografía al final,
3. En el caso de las reseñas y las traducciones, además por lo que la primera vez que se cite una obra la re-
de los datos solicitados en el punto anterior se inclui- ferencia o nota bibliográfica deberá presentarse com-
rá la nota bibliográfica completa de la obra reseñada pleta. En el caso de los libros, deberá citarse el nom-
o traducida. bre del autor (nombre de pila y apellido o apellidos),
4. En el disquete se anotará claramente el nombre del el título de la obra en cursivas, lugar de edición, edi-
autor, el título de la colaboración y el programa uti- torial, año de publicación y página o páginas (p. o
lizado (Word, Word Perfect y Word for Windows). pp.). En el caso de un artículo publicado en un libro,
5. Se incluirá una hoja indicando el nombre del autor, deberá citarse igualmente el nombre del autor, el tí-
la institución a la que está adscrito y sus números de tulo del artículo entre comillas, el título del libro en
teléfono y fax (especificando los horarios en que se le cursivas anteponiendo “en”, el número en caso de
puede localizar) y correo electrónico. que sea revista, el lugar, el año y la página o páginas.
6. Todas las colaboraciones se acompañarán de un re- En citas subsiguientes se usará op. cit., ibidem o
sumen, de ocho líneas como máximo, en español y en idem, según corresponda.
inglés. 15. Cuando se utilicen siglas, en la primera ocasión de-
7. Los trabajos deberán ser inéditos sobre historia mexi- berá escribirse su significado; en las posteriores, só-
cana y, excepcionalmente, americana o española. lo las siglas.
8. Los artículos tendrán una extensión mínima de 20 16. Todas las colaboraciones se someterán al dictamen
cuartillas y máxima de 40. de dos especialistas, asegurándose el anonimato de
9. Las reseñas, una extensión de entre cuatro y ocho los autores.
cuartillas. 17. Después de haber recibido los dictámenes, los edito-
10. La bibliografía comentada (Andamio) no excederá de res determinarán sobre la publicación del texto y no-
40 cuartillas. tificarán de inmediato la decisión al autor.
11. El documento inédito (Cartones y cosas vistas) no 18. Los editores de Historias revisarán el estilo y suge-
excederá las 40 cuartillas y tendrá que contar con rirán los cambios que consideren pertinentes, en tan-
una pequeña presentación no mayor de dos cuarti- to no se altere el sentido original del texto.
llas. 19. En ningún caso se devolverán originales.
12. Todas las colaboraciones estarán escritas a doble es- 20. Cada autor recibirá cinco ejemplares del número en
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Las colaboraciones deberán enviarse a:


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