0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas26 páginas

Acuñaciones de Segeda en Celtiberia

Este documento analiza la ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales. Se discute la identificación arqueológica de Segeda con los yacimientos de Segeda I en el Poyo de Mara y Segeda II en Durón de Belmonte. También se describe a Segeda como una polis o ciudad estado de los belos que gobernaba sobre un territorio que incluía otras comunidades campesinas.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
20 vistas26 páginas

Acuñaciones de Segeda en Celtiberia

Este documento analiza la ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales. Se discute la identificación arqueológica de Segeda con los yacimientos de Segeda I en el Poyo de Mara y Segeda II en Durón de Belmonte. También se describe a Segeda como una polis o ciudad estado de los belos que gobernaba sobre un territorio que incluía otras comunidades campesinas.
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Palaeohispanica 1, (2001), pp.

87-112

LA CIUDAD ESTADO CELTIBÉRICA DE SEGEDA Y SUS


ACUÑACIONES MONETALES

Francisco Burillo Mozota

El surgimiento de las acuñaciones monetales en algunas ciudades de la


Celtiberia se estudia en el marco de la relaciones de dependencia e influencia
que se estableció con la conquista romana de este territorio. Cada vez más, el
proceso de conquista, anexión e integración de la sociedad celtibérica en la
estructura romana se nos presenta como más plural y diverso. De hecho la
moneda se convierte en el mejor testimonio del desigual desarrollo de las
ciudades estado celtibéricas, como lo muestra la existencia o no de acuñaciones,
las distintas fechas de su surgimiento, su diferente desarrollo, tanto en los
periodos de emisión como en los tipos y cantidades emitidas, o la dispersión de
su monetario. El que la moneda responda a una de las manifestaciones más
peculiares de una etapa de algunas de las ciudades celtibéricas, la convierte en
un testimonio histórico excepcional, que precisa dos escalas de análisis: el
general, que contextualiza las circunstancias históricas en que surge y se
desarrolla, y el particular que analiza las peculiaridades históricas de la ciudad
estado que acuña las monedas.
Qué duda cabe que la falta de investigaciones suficientes ha motivado la
ausencia de estudios que podrían encuadrarse dentro de una necesaria historia
local de la etapa celtibérica. No obstante la existencia de casos como la ceca
de Sekaiza y la ciudad estado de Segeda donde se sitúa, cuentan ya con
suficientes trabajos específicos que permiten un acercamiento individualizado
a la función que jugó la moneda en el proceso histórico de esta ciudad.

LA CECA DE SEKAIZA, LA CIUDAD DE SEGEDA Y SU IDENTIFICACIÓN


ARQUEOLÓGICA
Cuando una ciudad mencionada en las fuentes o conocida por la leyenda
de sus monedas se identifica con un yacimiento arqueológico concreto comienza
un nuevo nivel en las investigaciones, el que proporciona las características
propias del asentamiento. De esta manera podemos contar con aspectos como
la extensión de la ciudad construida, su cronología, urbanismo, etc. Pero
también se pueden desarrollar análisis territoriales, fruto de la vinculación de
dicha ciudad con otros poblamientos, con los recursos de su entorno o con la

87
Francisco Burillo Mozota

distribución del monetario. Todo ello proporciona un mayor grado de


conocimiento acerca de la trascendencia histórica de la propia ciudad, de ahí
la importancia de definir, en el caso que nos ocupa, las evidencias numismáticas,
textuales y arqueológicas. Las investigaciones desarrolladas sobre este tema
han llevado a identificar la ceca de Sekaiza con la ciudad celtibérica de
Segeda y su ubicación en dos yacimientos arqueológicos con situación
inmediata. El primero en el Poyo de Mara corresponde a Segeda I, ciudad que
se destruye por Nobilior en el 153, el segundo o Segeda II se construye
posteriormente en Durón de Belmonte y desaparece a su vez durante la
primera mitad del siglo I a.C. (Burillo y Ostalé 1983-84; Burillo 1993, 1999,
2001). Veamos brevemente el proceso seguido hasta esta identificación, en
donde el análisis de su monetario jugó un papel decisivo.
Segeda aparece citada por varios autores clásicos con motivo del inicio
de la guerra celtibérica del 153. Entre las referencias textuales que
proporcionan datos sobre su situación, se encuentran su pertenencia a los
belos, la inmediatez de los titos y una cierta proximidad al territorio arévaco,
donde se sitúa Numancia. La primera propuesta de identificación de esta
ciudad la encontramos en 1657 cuando Zapata la ubica en Canales de la Sierra
(Rioja) a partir de un documento del siglo XII en el que se señala a dicho
lugar como Segeda antiqua civitas deserta. Esta relación es seguida por la
mayoría de los estudiosos siendo una de sus últimas atribuciones la de
Sánchez Albornoz en 1929.

Fig. 1.- Vista general de la Zona Arqueológica de Segeda. En primer plano Segeda II, al fondo
el Poyo de Mara donde se sitúa Segeda I.

88 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
Una nueva orientación sobre su situación aparece en las interpretaciones
de Geografía Histórica de Schulten (1914, 139), que siguiendo criterios que
ya había expuesto Cornide, hace valer la adscripción de Segeda a los belos
para desplazar su situación al alto Jalón, pero sin una ubicación concreta, de
hecho no aparece en la cartografía que publica sobre la Celtiberia. Las
investigaciones de Taracena (1929, 28) en Canales de la Sierra concluyen en
desechar su ubicación en dicho yacimiento, por lo que desde este momento
desaparece esta atribución entre los arqueólogos que la sitúan en el entorno
del Jalón, como puede verse en la obra de Bosch Gimpera (1932, 543).
Paralelamente a los intentos de identificar la ciudad de Segeda ocurría
otro tanto con las acuñaciones que hoy leemos como Sekaiza, gracias a la
propuesta realizada por Villar (1995) sobre las silbantes. La lectura errónea
del signario ibérico dio lugar a interpretaciones equívocas de las leyendas
monetales. Entre los diferentes ejemplos podemos citar a Delgado (1879,
371-376). Señala que las emisiones de Sekotias Lakas habían sido acuñadas
por dos ciudades que lee como SEQUETA LACOS e identifica la primera palabra
con “Segeda-Segida, ciudad de los pelendones”, que ubica según la opinión
del momento en Canales, y la segunda con Lacóbriga. Las monedas de
Sekaiza las interpreta como de SEGISA o SETHISA, por lo que la asimila a la
Segisa que Ptolomeo atribuye a los bastetanos, ubicándola en Sax, no lejos de
Almansa. Se guía no solo por la situación de esta etnia, sino también por
criterios numismáticos, por su frecuente aparición en el territorio próximo de
la región de Murcia y Andalucía. También Fernández Guerra (1877, 132) la
identifica con la ciudad bastetana, reduciéndola a Cieza.
Pujol y Camps (1885), en el primer estudio monográfico que se hizo de
esta ceca bajo el título de Monedas autónomas de Segisa, es el primero que
se acerca a una correcta ubicación. Sigue los indicios de concentración de los
hallazgos monetales y precisa “de Belmonte han salido con mayor abundancia
que en otro cualquier paraje las monedas autónomas de Segisa”, siendo
frecuente en los territorios de Aragón y la “Nueva-Castilla”. Sigue criterios
iconográficos para ubicarla en Aragón, donde sitúa las cecas con “moneda
bajo línea”, “el jinete con enseña militar al hombro” y la copia del “peso
sextantal” de las acuñaciones “ibérico-catalanas”. Sin embargo, no concluye
con su identificación con el yacimiento de Durón de Belmonte, donde
actualmente se ubica Segeda II, a pesar de la concentración monetal señalada,
entre otros argumentos por no ser citada por Marcial “a no ser que se diga que
cuando escribió Marcial Segisa estaba asolada”. Fija de esta manera su
situación “al Este de Calatayud, quizá en las orillas del Jalón, antes de la
confluencia de este río en el Ebro”.
Van a ser las actuaciones arqueológicas que Schulten realice en Durón de
Belmonte (1933, 1937) las que conducen por primera vez a identificar la ceca de
Sekaiza con la ciudad celtibérica de Segeda y el yacimiento arqueológico de
Durón. “Mi opinión, que la ciudad podría ser Segeda, ganó terreno y más todavía
cuando en el pueblo de Belmonte me enseñaron bastantes monedas de plata y
cobre todas con la misma epígrafe”, refiriéndose al de Sekaiza, que seguía
leyendo Segisa. La excavación que realiza, unido al levantamiento topográfico

PalHisp 1 89
Francisco Burillo Mozota
que muestra una extensión de 15 has. rodeada de muralla, ratifica su
propuesta. No obstante, cuando años después se retoma el tema de la
identificación de Segeda surgen propuestas alternativas, que hoy sabemos
erróneas, que la llevaban a San Esteban del Poyo del Cid (Burillo 1976), al
oeste de Ateca (Martín Bueno 1977) o a Valdeherrera de Calatayud
(Domínguez 1983), donde en realidad se encuentra la Bilbilis celtibérica.
Actualmente, la propuesta realizada (Burillo y Ostalé 1983-84) de reconocer
la teoría de Schulten ubicando en Belmonte la segunda fase de la ciudad y la
primera en el inmediato Poyo de Mara, parece haberse aceptado en las últimas
referencias publicadas sobre esta ciudad (Medrano 1987; M. Beltrán Lloris
1992; Villaronga 1994, 231; Collantes 1997, 328; Domínguez 1998, 155;
Pina, 2000), lo cual no implica que existan manifestaciones de dudas al
respecto, como las de Asensio (1995, 251) claro está que se apoya en atribuir
erróneamente la Segeda II de Belmonte a los acontecimientos del 154 a.C.
También ha surgido una propuesta que, más bien, debe entenderse como una
errata como es la reciente identificación de la Segida celtibérica que cita
Esteban de Bizancio con Segia en Ejea de los Caballeros (Salvador Ventura
1999, 973)

LA CIUDAD ESTADO DE SEGEDA


Apiano (iber., 44) identifica Segeda como polis de los celtíberos belos.
Claro es que está aplicando una terminología griega para definir una ciudad
estado celtibérica. Ciudad y campo, estado y comunidades campesinas es el
modelo organizativo del territorio político que los romanos se encuentran
cuando inician la conquista del Sistema Ibérico central.
Las primeras aplicaciones a dicho territorio de las estrategias analíticas
de la Arqueología Espacial permitieron definir la existencia de una
jerarquización de los asentamientos (Burillo 1979, 1982), con una clara
diferenciación en sus dimensiones, lo que posibilita distinguir los de gran
tamaño de otros menores, oposición cuantitativa que es reflejo de otra
cualitativa, la que separa la ciudad de las comunidades rurales, ya que en la
sociedad celtibérica no existe un término medio entre ambas, tal como ya
reflejó Rodríguez Blanco (1977) al señalar los dos ámbitos de campo y
ciudad claramente definidos por Livio (XL 47) como castella, agros et
urbem. Y si bien Estrabón (III 4, 14) señala que Polibio identifica en la
Celtiberia las aldeas fortificadas con ciudades, califica a los celtíberos
peyorativamente como agrioi o salvajes, extendiendo a este territorio el
sistema de aldeas (Ciprés 1999, 148), que en otro párrafo Estrabón (III, 2,
15) vincula a las poblaciones celtas vecinas de los turdetanos (Alonso Nuñez
1999, 113). Pero todo ello refleja un hecho claro, atestiguado por el estudio
directo del poblamiento celtibérico, y es el dominio en número del
poblamiento rural, el sistema de castros analizado por Ortega (1999). Sin
embargo, el menor número de ciudades no anula en ningún momento el
dominio político del estado que en ellas reside sobre el resto de los
asentamientos.

90 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales

Desarrollo histórico de la ciudad estado de Segeda


El análisis conjunto de los datos de las fuentes escritas, numismáticas y
arqueológicas son los que ayudan a conocer los profundos cambios sufridos
por el estado segedense. Uno de los más importantes quedó plasmado en la
variación de su propia ubicación urbana, el otro fue el que motivó su total y
definitiva desaparición. En síntesis podemos señalar los siguientes hitos en su
desarrollo histórico.

Fig.2.- Situación de Segeda y de los lugares citados en las fuentes escritas entre el 188 y el 179
a.C. Línea teórica que separa el territorio conquistado por Roma en tiempos de Graco.

1. Segeda I era una ciudad estado ubicada en el Poyo de Mara, que se vio
sometida a los pactos de Graco en el 179 a.C.
2. A partir del 179 se constata un desarrollo económico y una ambición
política que obligará al sinecismo de las poblaciones vecinas, causa de la
declaración de la guerra por Roma y el consiguiente abandono de la ciudad
en el 153 a.C.
3. Encontramos un claro ejemplo de pervivencia del estado por encima de
la urbe, destruida y abandonada. La población segedense se refugia en el
territorio arévaco, se coaliga con los numantinos para enfrentarse a Roma y por
lo tanto el estado pervive en el exilio. El ejército que es capaz de movilizarse
en la alianza establecida entre el estado de Segeda y el de Numancia es según
Apiano (Iber, 45) de veinte mil infantes y cinco mil jinetes, un número masivo

PalHisp 1 91
Francisco Burillo Mozota

de guerreros bajo el caudillaje del segedense Caro, capaz de enfrentarse a la


tropa romana de casi treinta mil hombres e infligirle una derrota aniquilando
a seis mil hombres.

Fig. 3.- Ciudades y etnias mencionadas en la guerra, del 154 al 150 a.C., de Roma contra los
celtíberos.

4. Si bien Segeda no vuelve a aparecer citada en estas guerras celtibéricas


conocemos la continuidad del estado segedense dado que sigue acuñando
monedas con similar leyenda de Sekaiza. De ahí que puede sobreentenderse
su presencia cuando las fuentes escritas mencionan conjuntamente a belos y
titos. Tras la pacificación romana del 151 a.C., Apiano (Iber. 63) señala que
los belos y titos aparecen como aliados de Roma en el 147 a.C. y aun cuando
en el 143 el propio Apiano (Iber. 66) indica que Viriato los apartó de los
romanos, lo cierto es que las campañas que finalizan con la caída de
Numancia en el 133 se realizan exclusivamente en territorio arévaco y vacceo.
Por lo tanto, en un periodo de tiempo no muy amplio después de abandonar
Segeda I la población segedense pudo regresar a sus tierras, decidiendo el
estado la urbanización de una nueva ciudad junto a la anterior, Segeda II, en
Durón de Belmonte de Gracián.
5. La ciudad construida Segeda II tiene una corta existencia dados su
destrucción y abandono en la primera mitad del siglo I a. C.

92 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales

LAS ACUÑACIONES DE LA CIUDAD ESTADO DE SEGEDA


El mundo ibérico tuvo un acceso tardío a la monetización si lo
comparamos con otras áreas mediterráneas. A finales del siglo III a.C. las
necesidades financieras de los ejércitos cartagineses y romanos, durante la
Segunda Guerra Púnica, dio lugar al desarrollo de las acuñaciones en el área
ibérica costera y con ella el inicio de la monetización de la sociedad indígena
del noroeste peninsular (Ripollés 2000).
El surgimiento de las acuñaciones del interior, entre las que se encuentra
la ceca de Sekaiza, es más tardío y se sitúa en los procesos de cambio surgidos
por la conquista romana del territorio del valle medio del Ebro, hecho que
queda consolidado con Graco. La fundación de Gracurris fijará durante años
la penetración hacia el alto valle del Ebro, y hacia el Sistema Ibérico el límite
llegará precisamente hasta la inclusión del territorio dependiente de Segeda.
Los pactos impuestos por Graco en el 179 a.C. implicarán el sometimiento de
un nuevo espacio, lo cual supondrá tanto el pago de tributos a Roma, como su
inclusión en la esfera de relaciones con el área ya conquistada de la Península,
con Roma y el ámbito mediterráneo. Fruto del mismo será un desarrollo
económico y comercial del que será testigo la presencia en Segeda I de
cerámica campaniense. Es en este contexto donde debe analizarse la aparición
de las primeras acuñaciones de este territorio, por primera vez los pagos del
estado segedense se harán en monedas. Pagos dirigidos en primer lugar a
Roma, pero las emisiones nos muestran también un proceso paulatino de
adopción de una economía monetal por la propia sociedad segedense.

Fig. 4.- Primeras emisiones monetales en el valle medio del Ebro.

PalHisp 1 93
Francisco Burillo Mozota
Los estudios de Villaronga (1979, 1994) permiten conocer las cecas que
surgen en esta etapa que se inicia con los pactos de Graco y que concluye con
el abandono de Segeda en el 153 a.C. En este proceso, no es extraño que Kese
se convierta en referencia tipológica de las nuevas emisiones, realizadas por
ciudades muy concretas: Iltirta, la única con emisiones anteriores a finales del
siglo III a.C., Kelse y Seteisken, en el ámbito ibérico del valle medio del Ebro,
Sekaiza, en una situación aislada en el Sistema Ibérico central junto al Jalón, y
el grupo que capitaliza Areikoratikos en la Rioja Baja, en el entorno de la recién
creada Gracurris, con tres cecas Louitiskos, Oilaunikos y Kalakorikos, de las
que sólo se ha identificado la última, correspondiente a la ciudad de Calagurris.
El hecho de que muy pocas ciudades del interior iniciaran sus emisiones
durante este periodo, unido al diferente volumen de moneda acuñada, muestra
en su desigual sistema de amonedación la aparente inexistencia de unos
criterios uniformes en el desarrollo de las emisiones monetales de las
ciudades estado. Por lo tanto en este proceso surgido dentro de las nuevas
relaciones establecidas con Roma, debe analizarse la peculiaridad que
presenta cada una de estas ciudades emisoras de moneda. A la hora de
analizar la trascendencia de dichas acuñaciones todos los investigadores
coinciden en diferenciar las emisiones en plata, que pudieron estar destinadas
a pagos de tropa y/o impuestos a Roma, de las de bronce con uso
aparentemente más restrictivo.

La ordenación del monetario de Sekaiza


La importancia de la ceca de Sekaiza puede explicar las diferentes
propuestas monográficas realizadas durante estos últimos años sobre la
ordenación de su monetario (Domínguez 1983; Ostalé 1987; Gomis 1994 y
en prensa; Villaronga 1988) o estudios específicos sobre su dispersión
(Medrano 1987; Blázquez Cerrato 1995; Gomis 1996) y que sea la única ceca
celtibérica que haya merecido el desarrollo de una tesis doctoral por parte de
Mª. Victoria Gomis. En la ordenación de su monetario se han seguido criterios
iconográficos y metrológicos, así como su presencia en contextos
arqueológicos datados. Sus emisiones quedan claramente diferenciadas en
cuatro agrupaciones principales con diversas subdivisiones según los autores:
1ª. Símbolo de leona/lobo en el anverso y jinete portador de una
insignia con ave en el reverso.
2ª. Leyenda Sekaizakom.
3ª. Jinete con palma.
4ª. Jinete lancero.
Existe bastante consenso en encabezar las acuñaciones con el primer
grupo dada su presencia en el campamento romano de Renieblas III, junto a
Numancia, donde las piezas romanas halladas, aunque van desde el 211 al 136
a. C., presentan un dominio notable de las anteriores al 153 a. C., fecha de la
ocupación por Nobilior, siendo Sekaiza la ceca más representada (Schulten
1929, 242; Crawford 1969, 74; Romagosa 1972; Hildebrant 1979 y Jimeno y
Martín Bravo 1995, 185). A los hallazgos de las antiguas excavaciones se han
unido otros nuevos (Arriols y Villaronga 1984) que muestran la aparición de

94 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
un conjunto numeroso de monedas romanas, de cecas del actual territorio
catalán y de abundantes monedas de Sekaiza, lo que ratifica su datación con
anterioridad al 153 a. C. La aparición del único denario que se conoce de estas
primeras acuñaciones en el tesoro de Salvacañete, cuya ocultación se data en
el 98-94 a. C. (Villaronga 1993, 42), no contradice esta cronología pues la
perforación que presenta muestra que nos hallamos ante una moneda con una
amortización previa.
Las monedas con leyenda Sekaizakom son las que presentan mayores
divergencias en su situación respecto a las restantes emisiones. Mientras
Domínguez (1998, 155) y Beltrán Martínez (1993, 196) las sitúan en primer
lugar, Ostalé y Villaronga las colocan después del grupo de leona/lobo,
Collantes (1997, 331) coetáneas a las emisiones del jinete con palma y Gomis
(en prensa), quien ha realizado el estudio más riguroso de los cuños, las hace
parejas de las emisiones del jinete lancero con “Se” en el anverso.
Las restantes emisiones se adscriben a la segunda mitad del siglo II y
primer cuarto del I a. C. Todos ordenan el jinete con palma antes que el
lancero a excepción de Ostalé que defiende un sentido inverso, hecho seguido
por Berrocal y Canto (1990, 73) a partir de los hallazgos de Capote.
En lo que respecta a la relación de estas acuñaciones con las dos
ubicaciones de la ciudad de Segeda se puede indicar que las primeras emisiones
de leona/lobo y jinete portador de una insignia con ave son acuñaciones de
Segeda I, de hecho en las encuestas realizadas con motivo de las
prospecciones se han testimoniado dos de estos ejemplares en el yacimiento
del Poyo de Mara y un tercero ha aparecido en la excavación realizada en la
campaña del 2000. Mientras que en la nueva ubicación de Segeda II se
acuñarían las restantes emisiones.

MONEDA, SÍMBOLO DEL ESTADO


La presencia en las monedas del nombre de la ciudad, en signario ibérico,
implica que nos hallamos ante emisiones públicas de un estado. La leyenda es
un indicio claro de la autonomía local, convirtiendo la moneda en el símbolo
máximo de la ciudad estado que acuña la moneda. La existencia de varias
cecas dentro de una misma etnia, caso de los belos, es la muestra más clara
de que no existe una unidad estatal de carácter étnico, una configuración de
los estados celtibéricos superior a la ciudad.
El hecho de que las cecas acuñen en diferentes momentos, con distintos
valores y magnitud emisora, muestra la importancia de las características propias
de cada estado. Por otra parte la emisión de moneda no fue un hecho
consustancial a las ciudades estado celtibéricas, dado que algunas de ellas no
acuñaron, lo cual no implica que no adoptaran la monetización en su territorio,
dejando circular las monedas acuñadas por otras ciudades, buena prueba son los
tesoros monetales hallados en un territorio donde no se acuñó como el vacceo.
Es interesante analizar las imágenes y símbolos que acompañan a las
leyendas monetales (Burillo 1998, 240). Y si bien las acuñaciones de la Citerior
se diferenciarán de las de la Ulterior por la aparente uniformidad de los tipos,
debe destacarse, como en las primeras emisiones señaladas del valle medio del

PalHisp 1 95
Francisco Burillo Mozota

Fig. 5.- Leyendas y símbolos de las monedas de Cese y de las primeras cecas del valle medio
del Ebro.

96 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
Ebro, que, aunque todas tengan en el anverso una cabeza y en el reverso un jinete,
símbolo de la elite aristocrática que gobierna la ciudad (Almagro Gorbea 1995),
existe una clara diferencia en los símbolos de los anversos y en la insignia que
porta el caballero, de forma que no existe una ceca que sea similar. Hay, pues, una
intencionalidad por parte de la estructura estatal ciudadana de diferenciar las
monedas no sólo mediante la leyenda, sino también por elementos iconográficos
propios y claramente reconocibles, que en el caso de Sekaiza corresponden a un
animal identificado como leona o lobo y a un jinete portador de una insignia con
ave rapaz, ambos cambiando de posición según las acuñaciones, y que al igual
que en las otras ciudades identifican tanto la autonomía de la ciudad como la
jerarquía de sus gobernantes, la aristocracia caballera de los reversos.
Debe también señalarse la existencia de un significativo cambio en el
nombre de la ceca, ya que en un momento determinado trueca la leyenda de
Sekaiza por la de Sekaizakom, esto es, pasa de identificar “el estado de
Sekaiza” como entidad emisora por el de “los ciudadanos de Sekaiza”. Esta
modificación no es exclusiva de esta ciudad, sino que, como bien es conocido,
lo encontramos en diferentes cecas del ámbito ibérico y celtibérico de la
Citerior, que trascendiendo su diferenciación lingüística, emplean como
terminaciones para similar fórmula –sken, –kos y –kom (Burillo 1995). Nos
encontramos ante un hecho puntual en las emisiones, una moda pasajera, una
fórmula que no llega a imponerse, faltando estudios que permitan conocer las
relaciones que pueden tener este tipo de leyenda en las diferentes cecas.
La mención expresa en las acuñaciones a los segedenses, bajo la fórmula
Sekaizakom, implica la plasmación pública del poder del demos, de los
considerados ciudadanos de pleno derecho, aquellos que las fuentes mencionan
formando parte de las asambleas. ¿Puede reflejar un cambio político en el
gobierno de la ciudad? Una sustitución de una aristocracia, de un gobierno de
princeps, por una democracia que nombra a sus magistrados, los magistratus
del Bronce de Contrebia (Fatás 1980). Lo cierto es que no lo sabemos, ya que
ambas leyendas pueden esconder similar forma de gobierno, aunque la
terminación –kom es un claro indicio del comentado control ciudadano.

LA ACUÑACIÓN DE DENARIOS
La conquista romana del territorio donde se ubica Segeda debió suponer
una importante transformación en la fiscalidad de esta ciudad estado, ya que
su gobierno se vio obligado a satisfacer las exigencias romanas, lo cual se
debió lograr incrementando los impuestos a los habitantes de sus territorios y
aumentando la explotación de sus minas.
Si bien inicialmente se defendía que las primeras emisiones de monedas
celtibéricas y beronas presentaban un patrón metrológico especial (Villaronga
1979, 180), los estudios de Crawford (1974) han conducido a incluirlas en una
metrología romana de 10 monedas en libra, con unidades a mitad de peso, lo
que confirma la antigüedad propuesta a dichas acuñaciones (García Garrido
y Villaronga 1987, 38). El hecho de que el patrón monetario que adoptan las
ciudades indígenas siga el romano nos muestra que frente a la autoctonía de
tipos y leyendas las cecas celtibéricas normalizan aquello que más interesa a

PalHisp 1 97
Francisco Burillo Mozota

Roma, el peso. Lo cual tiene especial importancia para la plata acuñada, los
denarios, que tienen la misma validez que los romanos y en donde la leyenda
de la ciudad garantiza el peso y la calidad de la plata empleada.

Fig. 6.- Denario de Sekaiza acuñado en Durón de Belmonte de Gracián, Segeda II, hacia el
120 a.C.

Respecto al momento en que comienzan a acuñarse los denarios ibéricos


se han abandonado las cronologías tardías que llevaban a situarlas tras la caída
de Numancia (Gil Farrés 1966 y Martín Valls 1967). Sin embargo, existe
discrepancia entre los distintos investigadores (F. Beltrán Lloris 1986).
Veamos algunas de las propuestas más destacadas. Inicialmente Crawford
(1969) defendía que los denarios ibéricos se acuñaron para estabilizar el pago
fiscal a Roma, por lo que los identificaba con el argentum oscense citado por
Livio y retrotraía su inicio a los cambios administrativos de Catón en el 197
a. C., pero con posterioridad adelanta su introducción al 155-154 a. C.,
cambiando su finalidad, de fiscal a pago del ejército (Crawford 1985). García-
Bellido (1993) piensa que los denarios se relacionan con el pago de impuestos
no fijos y se inclina por la propuesta ya establecida por Gómez Moreno que
fijaba su aparición con motivo del establecimiento de impuestos por Graco
entre el 180 y el 178 a. C. Cuenta con un nuevo dato para corroborarlo, la
aparición de una dracma con la leyenda Iltirtasalir ban con rasgos tipológicos
similares a los denarios de Kese y Ausesken, lo que mostraría el momento en
que se sustituirían las dracmas de imitación emporitana por los denarios
ibéricos. También F. Beltrán (1998) lleva la aparición del denario al 180 a.C.,
como estímulo de Roma para que las ciudades más desarrolladas pagaran sus
tasas, contribución de carácter irregular que serviría para sufragar la
conquista y la administración del territorio.
La fiscalidad impuesta por Roma al territorio conquistado de la Península
ha sido frecuentemente tratada, siendo un tema de debate si se impuso o no un

98 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
régimen fiscal de tipo regular (Muñiz 1982; Ñaco 1997). Dos fechas se toman
como hitos en este proceso. La de Catón en el 195 a. C y la de Graco en el 179
a. C. En la primera la ciudad estado de Segeda no había sido todavía
conquistada, salvo que se quiera identificar con la ciudad de Segestica citada
en el 195 a. C. (M. Beltrán Lloris 1976, 423). Con el avance romano quedará
incluida en las normas fiscales aplicadas a la población indígena del NE
peninsular. La división que Catón realiza de Hispania, en Citerior y Ulterior,
marcará una diferenciación fiscal en ambos territorios. Pues mientras el
primero es el único que acuña plata, mostrando una normalización en sus
emisiones, tanto en la metrología como en el signario indígena de la leyenda o
la iconografía, el segundo muestra una diversidad de tipos en sus únicas
acuñaciones de bronce, con existencia de importantes ciudades que nunca
llegaron a acuñar, dado que las cargas fiscales eran requeridas en materia
prima lo que motivó el desarrollo de societates (García-Bellido 1993, 98).
Referencias concretas a Catón, como la que señala Livio (34, 21) “impuso un
gran tributo sobre las minas de hierro y plata”, muestran la existencia de una
fiscalidad dirigida directamente a las explotaciones indígenas y, en este caso,
proporcional a los recursos mineros explotados por cada ciudad.
Mientras que en la fase previa a Graco, en el periodo comprendido entre
el 195 y el 180 a. C., Livio hace referencias específicas a la recaudación de
monedas, diferenciando los denarios romanos que existirían en circulación
signati denariorum, bigati, de las dracmas ibéricas o argentum oscense
(Ripollés 2000, 334), en los años siguientes, donde se avanza a través del valle
medio del Ebro, las recaudaciones que se señalan no hacen mención explícita
de monedas. Se nos marca de esta manera dos territorios netamente
diferenciados respecto a sus acuñaciones monetales mostrando que en esta
primera fase no existía una suficiente circulación monetaria en la zona del
interior donde se situaba Segeda.
La mención expresa de que Segeda participó en los pactos de Graco es
la mejor prueba de haber sido conquistada en el 179. Las acuñaciones de los
primeros denarios de Sekaiza, en un momento que se sitúa entre esta fecha y
el 153, se realizan en una etapa en la que no hay guerra, por lo que su destino
no puede vincularse a la financiación directa del avance romano. Sí que
pudieron estar relacionados con un pago del estipendio al que se refiere
Apiano (Iber. 44), al mencionar los acontecimientos de la propia ciudad de
Segeda en el año 154 a. C.: “Enterado el Senado, les … ordenó que se pagasen
los tributos fijados por Graco, mandando al mismo tiempo que se uniesen a
las tropas romanas, pues así lo disponía el tratado de Graco. Los de Segeda
contestaron que… en cuanto a los tributos y a las tropas dijeron que los
mismos romanos después de Graco se lo habían condonado. Y así era en
efecto; pero cuando el Senado concede un favor así, añade siempre: estará en
vigor en tanto que así plazca al Senado y al pueblo romano”. Mostrándonos
la existencia de un periodo, tras el 179 a. C. en el que Segeda se había visto
obligada al pago de tributos y una posterior condonación del mismo. Las
fuentes son claras sobre las cuantiosas recaudaciones obtenidas de los
celtíberos y sus aliados en los primeros años, el propio Graco aportó 40.000

PalHisp 1 99
Francisco Burillo Mozota

libras de plata (Livio 41, 7) y después, en el 175 a.C., Claudio 10.000 libras
de plata y 5.000 de oro (Livio 41, 28) (Fatás 1973). Pero además de las cifras
declaradas encontramos la aceptación por parte del Senado romano en el 171
a. C. de la protesta recogida por Livio (43, 2) de los legados hispanos sobre la
existencia de un expolio por parte de magistrados romanos, logrando “que los
magistrados romanos no fijarían el precio del trigo, ni obligarían a los
españoles a vender sus vigésimas al precio que señalasen, ni pondrían en las
ciudades recaudadores encargados de recoger los impuestos”.

Fig. 7.- Distribución de las primeras cecas que acuñan plata en el valle medio del Ebro.

PLATA Y JERARQUIZACIÓN FISCAL DEL TERRITORIO


Con frecuencia se ha planteado el origen de la plata que se emplea para
acuñar los denarios. La ausencia de citas de escritores clásicos sobre minas de
plata en el Sistema Ibérico y valle del Ebro, ha sido la razón para negar la
existencia de explotaciones argénteas en este territorio. Con una base
historicista interpretativa se han buscado diferentes formas de procedencia:
mercenarios, comercio, robo, tributo de otros grupos (Schulten 1963, 281;
Knapp, 1979,469 y García-Bellido, 1993, 111). Pero la difusión de este metal
en tesoros como Driebes y Salvacañete, o las expresas referencias a grandes
cantidades de plata en los botines extraídos en la conquista romana muestra
que era un metal abundante en este territorio (Burillo 1998, 278). Abundancia
que dio lugar a que la plata de la Citerior fuera más barata que el resto del
Mediterráneo Occidental: mientras en cecas del interior proporcionan una
ratio de 1:80 en el valor de la plata con respecto al cobre, en Roma alcanzaba
1: 120 (García-Bellido 1999, 384). Existen en el territorio que atribuimos a

100 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
Segeda zonas metalogenéticas de plata, con minas atestiguadas en época
medieval y reciente, pero falta una localización y estudio detenido de las
mismas
Hace ya tiempo, al analizar la distribución de las cecas que acuñaban
plata en el valle medio del Ebro, planteé (Burillo 1982) que la regularidad
existente en su reparto espacial, jerarquizando cada una de ellas un territorio
similar donde se situaban otras cecas que sólo emitían bronce, era la mejor
demostración de la existencia de una planificación romana en el surgimiento
de estas emisiones. La equidistancia existente entre estas cecas en el territorio
muestra la existencia de unas funciones selectivas que no ejercen las restantes
ciudades estado. Este hecho constatado en el momento de máximas acuñaciones,
esto es en la segunda mitad del siglo II a. C., presenta variaciones tanto en las
primeras emisiones como en las posteriores, realizadas en la etapa sertoriana.
Pero en los tres hitos históricos señalados se sigue cumpliendo el principio de
jerarquización
Cuando comienzan las primeras emisiones monetales en el interior del
valle del Ebro sólo tres de las siete ciudades acuñaron denarios durante este
periodo, Iltirta, Arekoratas y la propia Sekaiza, indicio de la existencia de un
proceso selectivo que continuará en etapas posteriores. Dichas acuñaciones
marcan un amplio territorio, el formado en torno a un triángulo con los
vértices en Lérida, en un punto no muy alejada de Calahorra y en Mara, junto
a Calatayud. Roma impulsa la creación de unos núcleos que al capitalizar la
amonedación de la plata, se convierten, a su vez, en centros fiscales de un
amplio territorio. Obviamente, la emergencia de estas cecas no debió ser
aleatoria, la elección romana se realiza sobre ciudades estado ya existentes,
tal vez con un desarrollo económico superior al resto de las ciudades estado
próximas, muy probablemente con minas de plata en su territorio y con
situación estratégica dentro del espacio conquistado.
Contrasta en estas tres cecas el número de denarios conocidos, ya que
mientras de Iltirta Villaronga (1994) contabiliza setenta y cinco, de
Arekoratas dos y de Sekaiza un único ejemplar. Esta parquedad en los
hallazgos no implica necesariamente que nos encontremos ante un escaso
volumen de acuñaciones ya que, como indica Ripollés (2000, 334), el que
solamente aparezcan denarios ibéricos en tesoros datados todo lo más a
inicios del siglo II a.C., muestra un hecho generalizado como fue la retirada
por parte de Roma de toda riqueza monetal. El que su destino no fuera en
estos momentos el pago al ejército, sino la tributación a Roma daría lugar a
que los denarios no entraran en circulación al ser la mayor parte de ellos
fundidos y aprovechados como plata. La relativa abundancia de Iltirta
indicaría que el proceso recaudatorio, durante esta etapa, se centraba
esencialmente en las tierras más recientemente conquistadas.
Durante la segunda mitad del siglo II a.C., Sekaiza, en su nueva
ubicación en Durón de Belmonte continúa emitiendo denarios. Surgen en esta
etapa nuevas cecas, Turiazu, Zekia, Bolskan, Kelse y Belikiom, con un reparto
regular en el valle medio del Ebro y una equidistancia de unos 50 km. El
hecho de que no siguen en su ubicación unos criterios estrictos de

PalHisp 1 101
Francisco Burillo Mozota

productividad indígena queda ratificado por la ausencia de cecas que acuñen


plata en el eje del Ebro, el territorio agrícolamente más fértil. Como ya señaló
Fatás (1980, 44) existía, pues, una relevancia mayor que la meramente
económica.

Fig. 8.- Jerarquía de las ciudades que emitieron denarios a finales del siglo II a.C. en el valle
medio del Ebro.

En la etapa sertoriana Sekaiza no acuña denarios, pero tampoco lo hacen


otras dos cecas de la etapa anterior, quedando únicamente Turiazu, Bolskan,
y Belikiom. Es interesante señalar que las tres únicas cecas que perviven en
este territorio vuelven a mostrar un reparto regular del valle medio del Ebro.
No obstante, en estos acontecimientos Bolskan, convertida en la ceca del
propio Sertorio, realiza acuñaciones móviles según las necesidades de guerra,
prueba de ello es la aparición en Valdeherrera, donde se sitúa Bilbilis
celtibérica, de un patriz de bronce y de un plomo monetiforme de esta ceca
(Domínguez y Galindo 1984 y Medrano y Moya 1988). Todo lo cual lleva a
plantear que las minas de plata del estado de Segeda proporcionaron plata
para la acuñación de denarios de Bolskan.

102 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales

LAS ACUÑACIONES EN BRONCE, ASES Y DIVISORES


Hay cierta unanimidad entre los investigadores al señalar que las
emisiones monetales en bronce no tuvieron como finalidad el pago de
impuestos, sino cubrir necesidades de carácter local, solucionando la
demanda de transacciones generadas en el ámbito interno de las ciudades. Un
hecho sorprende a la hora de analizar las primeras emisiones de Sekaiza y es
que al igual que la otra ceca del ámbito celtibérico que acuña denarios,
Areikoratikos, presenta una serie de divisores, semis, triens, quadrans, hecho
que no está generalizado a todas las cecas celtibéricas. La existencia de dichos
divisores muestra la implantación de un sistema monetario completo,
formado por una serie compleja de piezas menudas. Este modelo monetario
es una adaptación del más desarrollado de Kese, que llega a tener hasta cinco
tipos diferentes de divisores, y que también se implanta en Iltirta (Villaronga
1994, 176, 160).

Fig. 9.- As de Sekaiza acuñado en el Poyo de Mara, Segeda I, hacia el 160 a.C.

Debemos preguntarnos acerca de las razones que motivaron el


surgimiento en Sekaiza de un sistema monetal con divisores. La respuesta
debe buscarse, nuevamente, en las circunstancias surgidas con el avance
romano. El desarrollo de divisores implica la posibilidad de realizar pagos de
pequeña cuantía, y por lo tanto la existencia de una población que no puede
ejercer el trueque como sistema de manutención. Pero ¿cuál es el sector
poblacional de Segeda I que adopta una economía monetal desde el inicio
mismo de las acuñaciones? Una posibilidad es que surgiera para cubrir las
necesidades de las tropas romanas acantonadas en el territorio recientemente
conquistado, en este caso una población que ya tenía la moneda como sistema
económico (Crawford 1985, 99 y Aguilar y Naco 1997, 85).

PalHisp 1 103
Francisco Burillo Mozota
Los hallazgos del campamento numantino de Nobilior muestran que las
tropas eran remuneradas en bronce, normalmente suministrado por Roma y
sólo a mediados del siglo II a. C. se les paga en plata (Crawford 1985, 99;
García Bellido 1993, 115 y Ripollés, 1994, 135). De hecho el estudio de un
lote de monedas romanas de bronce procedente aparentemente del citado
campamento romano (Arriols y Villaronga 1984) muestra la existencia de un
43% de divisores, indicando que su circulación era necesaria para las
necesidades de la vida cotidiana de los soldados. Es interesante la observación
que realizan de una similar abundancia de divisores de las monedas ibéricas,
formadas en exclusiva por cecas asentadas en el actual territorio catalán y
Sekaiza, proporción de divisores que también hacen extensivos a la ceca de
Areikoratikos (García Garrido y Villaronga 1986-87, 40).
Obviamente la puesta en circulación del monetario de bronce supondría
el desarrollo progresivo de una economía monetal. Al igual que se ha
analizado en otras sociedades posteriores (Barceló 1992; Retamero 2000), la
circulación monetaria señalada podría dar lugar a que ciertos sectores
poblacionales segedenses, caso de artesanos, comerciantes, mineros, podrían
adquirir provisiones pagando con monedas, por lo que llegarían también al
campesinado que, de esta manera, podría satisfacer sus impuestos al estado no
sólo con productos agrícolas ¿Qué otra explicación habría que dar a la
presencia de los cuatro ases de Sekaiza en el castro de La Coronilla (Cerdeño
y García Huerta 1992, 75)?
VOLUMEN Y DISPERSIÓN DEL MONETARIO DE SEKAIZA
Sekaiza es la única de las cecas del interior sobre la que, hasta el
presente, se ha realizado un cálculo preciso de monedas acuñadas. El estudio
realizado por Gomis (1998) permite conocer las variaciones a lo largo del
periodo de acuñación. Estima una emisión de unidades de bronce
comprendida entre 5.998.400 y 17.995.200, dependiendo del sistema de
cálculo de monedas emitidas con un cuño que se utilice. Lo que equivaldría a
un equivalente en denarios de 187.450 y 562.350, respectivamente. De las seis
emisiones diferenciadas por Gomis, la segunda, al no recoger las acuñaciones
denarios queda infravalorada, por lo que señala que es superior a la última.
Esta autora relaciona sus emisiones dos y tres con las guerras celtibéricas,
pago al ejército romano o a los tributos impuestos por Roma, y las emisiones
cortas, una, cuatro y cinco para uso local, pago de pequeños servicios o para
facilitar la utilización de la plata.
Pero lo interesante es analizar el reparto de esta importante masa
monetaria con el desarrollo histórico del estado segedense. Las segundas
emisiones de Gomis corresponden a la etapa previa al ataque de Nobilior en
el 153 a. C. Se acuñaron, pues, en un momento en el que se les había
condonado los tributos por parte de Roma, en una etapa de desarrollo
económico y poblacional de la ciudad de Segeda, motivo de la declaración de
guerra por Roma, de ahí que sea sugerente la propuesta de Otero (1998) que
vincula dichas emisiones a la ampliación del recinto amurallado para acoger
el incremento de población.

104 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales

Fig. 10.- Hallazgos monetarios más destacados en centros mineros peninsulares, a


partir de C. Blázquez, F.J. Jiménez-Avila y P. Otero.

PalHisp 1 105
Francisco Burillo Mozota
Pero lo que más destaca en la gráfica de Gomis es el gran volumen de
monedas acuñadas en la tercera emisión, que serían las primeras monedas que
emitiría el estado de Segeda fuera de su ubicación primitiva en Segeda I. En
este caso pienso que responden a las necesidades surgidas con la construcción
de la nueva ciudad, en Durón de Belmonte, excavar su amplio foso, levantar
su muralla y urbanizar su interior (Burillo 2001). Finalmente, en cuanto a las
últimas emisiones parecen correctas las conclusiones de Gomis que relaciona
su incremento con las guerras sertorianas.
La abundancia de hallazgos de monedas de Sekaiza en diferentes puntos
de la Península ha llamado la atención de los numismáticos que se han
referido a ella, no en vano comenta Domínguez (1998, 155) “fue la que más
volumen de moneda acuñó en la Celtiberia”. Esta es la causa por la que Zobel
(1877-1879, 105), en su creencia de que las monedas ibéricas serían emitidas
por “fortalezas o mansiones romanas”, llevó a situar la ceca de Segisa en
Carthago Nova. La razón de elegir esta “cabecera de los cartagineses y
segunda capital de los romanos” la fundamenta en sus extensas acuñaciones
y en su bella fábrica. Abundancia que fue también uno de los criterios
esgrimidos por Pujol i Camps (1885, 39) para no concretar su ubicación en
Belmonte, a pesar de la densidad de monedas que confiesa aparecen en dicho
lugar. Años después Schulten (1933, 374) no tiene dudas al respecto dados los
hallazgos de esta ceca, entre los que destaca la aparición de 70 monedas de
plata junto a la ciudad, sin que se tenga mayor constancia de este tesorillo,
hecho que extraña dado que actualmente sólo se conocen 21 denarios de la
misma (Villaronga 1994, 233-234).
Uno de los hechos que ha llamado la atención es la concentración del
monetario de Sekaiza en el territorio extremeño y andaluz. Ya Delgado (1879,
371-376) señaló, refiriéndose a las emisiones que identifica como de SEGISA
o SETHISA, “que las pocas piezas celtibéricas que se encuentran en Andalucía son
de esta clase”, concretando más específicamente su relativa abundancia en
Córdoba. Hoy sabemos que esta especial concentración de monedas de
bronce acuñadas en Segeda II se localiza en los poblados mineros de dichos
territorios (Otero 1993; Blázquez Cerrato 1995 y García-Bellido 1995). Las
circunstancias históricas han cambiado respecto a las primeras emisiones de
Segeda I, la dispersión del monetario de bronce en estos momentos se
relaciona esencialmente con el desplazamiento de personas, en este caso
vinculadas con las explotaciones mineras y su correspondiente
transformación metalúrgica (Burillo 1998, 309).
En este contexto debe analizarse el conocido texto de Plinio (N.H., III, 3,
13): “Que los célticos, desgajados de los celtíberos, han venido de la Lusitania
es evidente por sus ritos, su lengua y los nombres de sus poblaciones, que en
la Bética se conocen por sus sobrenombres”. Los estudiosos de la Beturia
Céltica han constatado arqueológicamente el surgimiento en el siglo II a. C.
de oppidas como Nertóbriga (Berrocal 1997), atribuyendo su surgimiento a
una concentración de poblaciones indígenas debida a la política romana
(Rodríguez 1995).
El hecho de que la mencionada cita pliniana pueda corresponder a los
acontecimientos que se desarrollan en la fase de integración romana de este

106 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
territorio extremeño toma visos de certitud dada la coincidencia de otros
testimonios arqueológicos, como el surgimiento de la ciudad de Tamusia en
Villasviejas de Tamuja (Sánchez y García 1988), ceca con leyenda celtibérica
y con una tipología monetal propia del valle del Jalón. En este contexto el
desarrollo de la metalurgia de Hierro en la Beturia Céltica (Canto, en prensa),
podría explicar el surgimiento de nuevos asentamientos en este territorio,
vinculados con explotaciones mineras, y explicaría la abundancia de monedas
de bronce de la ceca de Sekaiza, centro político y económico de primer orden
del territorio del Jalón. Las implicaciones de mineros y metalúrgicos
celtibéricos, especialmente segedenses, en las explotaciones de la Beturia
deberá tenerse en cuenta en la comprensión del texto pliniano.

ADDENDA
Mª P. García-Bellido mantiene, en su publicación: “Numismática y
etnias: viejas y nuevas perpectivas”, en F. Villar y Mª. P. Fernández Álvarez
(eds.): Religión, Lengua y Culturas Prerromanas de Hispania, Ediciones
Salamanca, 2001, p. 147, una postura similar a la aquí defendida: “Todo
parece indicar que existió una migración a finales del s. II a.C., no sabemos
si dirigida o permitida por Roma, de segedenses hacia Extremadura, dentro
posiblemente de esos movimientos de los que habla Plinio (2,14), quien
todavía reconoce como a Celtiberis a sus habitantes por sus lengua,
topónimos y cultos, pero en su día también lo serían por sus monedas”.
En breve aparecerá publicada la tesis doctoral de M. Gomis Justo, que
trata de forma monográfica las acuñaciones de la ciudad de Segeda-Sekaiza,
y recoge pormenorizadamente los estudios realizados sobre esta ceca, sus
propias interpretaciones y una ordenación de sus emisiones, atendiendo a los
anversos y reversos de las monedas.

BIBLIOGRAFIA
AGUILAR, Mª. A. y ÑACO, T. 1997 “Fiscalidad romana y la aparición de la
moneda ibérica. Apuntes para una discusión. II. 195-171 a. C.: Algunos
textos polémicos”, Habis, 28 Sevilla pp. 71-86
ALONSO NUÑEZ, J.M. 1999 “La Turdetania de Estrabón”. G. Cruz Andreotti
(Coord.) Estrabón e Iberia: Nuevas Perspectivas de Estudio,
Universidad de Málaga pp. 101-119.
ALMAGRO GORBEA, M. 1995 “Iconografía numismática hispánica: jinete y
cabeza varonil”, en Mª.P. García-Bellido y R. M. Sobral Centeno, eds.
La moneda hispánica. Ciudad y territorio, Madrid pp. 53-64.
ARRIOLS, P.R. y VILLARONGA, L. 1984 “Troballa esporàdica de bronzes
romans republicans”, Gaceta Numismática, 74-75 pp. 113-117.
ASENSIO, J.A. 1994 “Primeras manifestaciones del urbanismo romano-
republicano en el valle medio del Ebro: una nueva interpretación sobre
las ciudades en llano de planta ortogonal en Aragón de finales del siglo
II y comienzos del I a. e.”, Zephyrus XLVII, Salamanca pp. 219-255.

PalHisp 1 107
Francisco Burillo Mozota
BARCELÓ, M. 1992 “Rodes que giren dins el foc de l´infern o per a què
servia la moneda dels taifes”, Gaceta Numismática, 105-106, pp. 23.
BELTRÁN LLORIS, F. 1986 “Sobre la función de la moneda ibérica e hispano-
romana” Estudios en Homenaje al Dr. Antonio Beltrán Martínez,
Zaragoza pp. 889-914.
BELTRÁN LLORIS, F. 1998 “De nuevo sobre el origen y la función del
denario ibérico”, La moneda en la societat ibèrica, Barcelona, pp. 101-
117.
BELTRÁN LLORIS, M. 1976 Arqueología e Historia de las ciudades antiguas
del Cabezo de Alcalá. Azaila. Teruel, Zaragoza.
BELTRÁN LLORIS, M. 1992 “Secaisa, Segeda, Poyo de Mara y Durón de
Belmonte (Calatayud)”, Arqueología 92, Museo de Zaragoza, pp. 271-
273.
BELTRÁN MARTÍNEZ, A. 1993 “Nota sobre el Vogelreiter de las monedas de
Segaisa: planteamiento histórico”, Homenatge al Dr. Leandre
Villaronga, Barcelona p. 185-197.
BERROCAL-RANGEL, L. 1997 “La formación de la identidad céltica en el
suroeste peninsular”, Celtas y Celtíberos. Realidad o Leyenda, Unión
Cultural Arqueológica. Universidad Complutense, Madrid, pp. 64-85.
BERROCAL, L. Y CANTO, A. 1990 “Aproximación al estudio de la
numismática prerromana del Suroeste peninsular: el ejemplo del Castro
de Capote”, Gaceta Numismática, 97-98, ANE, pp. 67-77.
BLÁZQUEZ CERRATO, C. 1995 “Sobre las cecas celtibéricas de Tamusia y
Sekaisa y su relación con Extremadura”, Archivo Español de
Arqueología 68, Madrid pp. 243-258.
BOSCH GIMPERA, P. 1932 Etnología de la Península Ibérica, Barcelona fig.
508.
BURILLO MOZOTA, F. 1976 “Avance al estudio del yacimiento de San
Esteban del Poyo del Cid (Teruel)”, Symposium de Ciudades Augusteas
II, Zaragoza pp. 7-14.
BURILLO MOZOTA, F. 1979 “Modelos sobre la utilización del medio
geográfico en época ibérica; en el valle medio del Ebro”, Memorias de
Historia Antigua, III, Universidad de Oviedo pp. 31-45.
BURILLO MOZOTA, F. 1982 “La jerarquización del hábitat de época ibérica
en el valle medio del Ebro. Una aplicación de los modelos
locacionales”, Estado Actual de los Estudios sobre Aragón, IV
Jornadas, Zaragoza pp. 215-228.
BURILLO MOZOTA, F. 1993 “Segeda” Leyenda y arqueología de las ciudades
prerromanas de la península ibérica, II, Madrid pp. 95-105.
BURILLO MOZOTA, F. 1995 “Celtiberia: monedas, ciudades y territorio” en
Mª.P. García-Bellido y R. M. Sobral Centeno, eds. La moneda
hispánica. Ciudad y territorio, Madrid pp. 161-177.
BURILLO MOZOTA, F. 1998 Los Celtíberos. Etnias y estados, Editorial
Crítica, Barcelona.
BURILLO MOZOTA, F. 1999 Segeda (Mara- Belmonte de Gracián). La ciudad
celtibérica que cambió la Historia, Zaragoza.
BURILLO MOZOTA, F. 2001 “Celtíberos y romanos: el caso de la ciudad-estado
de Segeda”, VIII Coloquio sobre lenguas y culturas hispanas prerromanas

108 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
(Salamanca, 11-15 de mayo de 1999), Ed. por F. Villar y Mª Pilar
Fernández Álvarez, pp. 89-105, Salamanca.
BURILLO, F. y OSTALÉ, M. 1983-84 “Sobre la situación de las ciudades de
Bilbilis y Segeda” Kalathos 3-4, Teruel pp. 287-309.
CANTO DE GREGORIO, A. en prensa “La Beturia Férrica: un problema de
transmisión pliniana (y corolario para la Tabula Siarensis)”, Etudes
Céltiques.
CERDEÑO, Mª. L. y GARCÍA HUERTA, R. 1992 El Castro de la Coronilla.
Ministerio de Cultura.
CIPRÉS, P. 1999 “El impacto de los celtas en la Península Ibérica según
Estrabón”, G. Cruz Andreotti (Coord.) Estrabón e Iberia: Nuevas
Perspectivas de Estudio, Universidad de Málaga pp. 121-151.
COLLANTES, E. 1997 Historia de las cecas de Hispania Antigua, Tarkis
Madrid.
CRAWFORD, M.H. 1969 Roman Republican Coin Hoards, Londres.
CRAWFORD, M.H. 1974 Roman Republican Coinage, Cambridge.
CRAWFORD, M.H. 1985 Coinage and Money under the Roman Republic,
Londres.
DELGADO, A. 1871-1876 Nuevo método de clasificación de las medallas
autónomas de España, Sevilla.
DOMÍNGUEZ, A. 1983 “Ensayo de ordenación del monetario de la ceca de
Secaisa”, La Moneda Aragonesa, Mesa Redonda, Zaragoza pp. 23-39.
DOMÍNGUEZ, A. 1998 “Las acuñaciones ibéricas y celtibéricas de la Hispania
Citerior” en C. Alfaro et alii. Historia Monetaria de Hispania Antigua,
Jesús Vico, S.A. Editores, pp. 116-193.
DOMÍNGUEZ, A. y GALINDO, Mª.P. 1984 “Hallazgos numismáticos en el
término de Calatayud”, Gaceta Numismática 74-75, Barcelona pp. 63-
65.
FATÁS CABEZA, G. 1973 “Un aspecto de la explotación de los indígenas
hispanos por Roma: los botines de guerra en la Citerior”, Estudios II,
Zaragoza pp. 101-110.
FATÁS CABEZA, G. 1980 Contrebia Belasica (Botorrita, Zaragoza) II. Tabula
Contre biensis, Universidad de Zaragoza
FERNÁNDEZ-GUERRA y ORBE, A. 1877 “Una tésera celtibérica. Datos sobre
las ciudades celtibéricas de Ergavica, Munda, Cértima y Contrebia”,
Boletín Real Academia de la Historia, I, pp. 129-139.
GARCÍA-BELLIDO, Mª. P. 1993 “Origen y función del denario ibérico”,
Sprachen und Schriften des antiken Mittelmeerraums, Innsbruck, pp.
97-1123.
GARCÍA-BELLIDO, Mª. P. 1994 “Sobre la localización de Segobrix y las
monedas del yacimiento de Clunia”, Archivo Español de Arqueología
67, Madrid pp. 245-259.
GARCÍA-BELLIDO, Mª.P. 1995 “Célticos y púnicos en la Beturias según los
documentos monetales”, Celtas y turdulos: La Beturia, Mérida pp.
255-292.
GARCÍA-BELLIDO, Mª.P. 1999 “Sistemas metrológicos. Monedas y desarrollo
económico”, En F. Burillo (ed.) IV Simposio sobre los celtíberos.
Economía. Zaragoza pp. 363-385.

PalHisp 1 109
Francisco Burillo Mozota
GARCÍA GARRIDO, M. y VILLARONGA, L. 1987 “Las monedas de la
Celtiberia”, Gaceta Numismática, 86-87, Barcelona, pp. 35-63.
GOMIS JUSTO, M. 1994 “La moneda de plata de Sekaisa” Actas del IX
Congreso Nacional de Numismática, Elche pp. 49-58.
GOMIS JUSTO, M. 1996 “Notas para una aproximación a la localización
geográfica de sekaiza”, Numisma 237, pp. 141-154.
GOMIS JUSTO, M. 1998 “Algunes qüestions sobre producció monetària a la
Província Citerior (sigles III-I a C)”, La moneda en la societat ibèrica,
Barcelona, pp. 85-100.
GOMIS JUSTO, M. En prensa “La ceca de sekaiza. Una propuesta para la
ordenación de sus emisiones”, XII Internationaler Numismatischer
Kongress, Berlín.
HILDEBRANT, J. 1979 “Die Römerlarger von Numantia. Dattarung anhand
der Münzfunden”, Madrider Mitteilungen, 20, pp. 238-271.
JIMENO, A. y MARTÍN, A. M. 1995 “Estratigrafía y numismática: Numanica y
los campamentos” M. P. GARCIA- BELLIDO y R.M. SOBRAL (ed.) La
moneda hispánica ciudad y territorio, Madrid pp. 179-190.
KNAPP, R.C. 1979 “Celtiberian conflict with Rome; policy and coinage”
Actas del I Coloquio sobre Lenguas y Culturas Prerromanas de la
Península Ibérica, Universidad de Salamanca pp. 465-472.
MARTÍN BUENO, M. 1977 “Sobre Segeda”, Estudios III, Zaragoza, pp. 105-
118.
MARTÍN VALLS, R. 1967 La circulación monetaria ibérica, Valladolid.
MEDRANO, M.Mª. 1987 “Estudio de la circulación de las emisiones de
Sekaisa, mediante la aplicación de un modelo estadístico”, Numismática
en la Celtiberia, Gaceta Numismática 86-87, Barcelona pp.139-160.
MEDRANO, M.Mª y MOYA, F. 1988 “Un patrón de plomo para producir cuños
de anverso de denario de Boslkan, aparecido en Valdeherrera
(Calatayud, Zaragoza)”, Gaceta Numismática, 90, Barcelona, pp. 23-28.
MUÑIZ, J. 1982 El sistema fiscal en la España romana (República y Alto
Imperio), Zaragoza.
ÑACO, T. 1997 La política fiscal romana a Hispània durant els primers
decennis de la conquesta (218-167 a.C., Ed. microfitxa
ORTEGA ORTEGA, J.M. 1999 “Al margen de la <identidad cultural>: Historia
social y economía de las comunidades campesinas celtíberas”. En F.
Burillo (ed.) IV Simposio sobre los celtíberos. Economía. Zaragoza pp.
417-452.
OSTALÉ, M. 1987 “Numismática en la Celtiberia”, Numismática en la
Celtiberia, Gaceta Numismática 86-87, Barcelona pp. 121-137.
OTERO MORÁN, P. 1993 “Consideraciones sobre la presencia de acuñaciones
celtibéricas en zonas mineras de la Hispania Ulterior”, XI Congrès
International de Numismatique II, Louvain-la-Neuve pp. 49-58.
OTERO MORÁN, P. 1998 “Uso y función de las monedas ibéricas”, La
moneda en la societat ibèrica, Barcelona, pp.119 – 140.
PINA POLO, F. 2000 “Segeda”, en F. Beltrán, M. Martín Bueno y F. Pina,
Roma en la Cuenca Media del Ebro. La Romanización en Aragón,
Zaragoza, pp. 28-30

110 PalHisp 1
La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
PUJOL Y CAMPS, 1885 “Monedas autónomas de Segisa”, Boletín de la Real
Academia de la Historia VII, Madrid pp. 30-39.
RETAMERO, F. 2000 La contínua [Link]ó del moviment perpetu, Universitat
Autònoma de Barcelona.
RIPOLLÉS, P.P. 1994 “Circulación monetaria en Hispania durante el período
republicano y el inicio de la dinastía Julio-Claudia”, VIII Congreso
Nacional de Numismática, Madrid pp. 115-148.
RIPOLLÉS, P.P. 2000, “La monetización del mundo ibérico”, Ibers.
Agricultors, artesans i comerciants. III Reunió sobre Economia en el
Món Ibèric. Saguntum, extra –3, Valencia pp. 139-344.
RODRÍGUEZ, A. 1995 “El problema de la Beturia en el marco del poblamiento
protohistórico del Guadiana medio”, Extremadura Arqueológica, V,
Cáceres-Mérida, pp. 157-175.
RODRÍGUEZ BLANCO, J. 1977 Relación campo-ciudad y organización social
en la Celtiberia Citerior (s. II a. de C.). Memorias de Historia Antigua,
1 pp. 167-178.
ROMAGOSA, J. 1972 “Las monedas de los campamentos numantinos”, Acta
Numismática II, pp. 87-96.
SALVADOR VENTURA, F. 1999, “Segida”, en J. Mangas y D. Plácido (eds.)
La Península Ibérica prerromana de Éforo a Eustacio, Fundación de
Estudios Romanos, pp. 973-974.
SÁNCHEZ ALBORNOZ, CL. 1929 “Divisiones tribales y administrativas del
solar del País Vasco y sus cecindades en la época romana”, Boletín de
la Real Academia de la Historia, 95, pp. 315-395
SÁNCHEZ, J.L. y GARCÍA, S. 1988 “La ceca de Tanusia”, Actas I Congreso
Peninsular de Hª Antigua, II, Santiago de Composela pp. 149-190.
SCHULTEN, A. 1914 Numantia I, Munich.
SCHULTEN, A. 1929 Numantia, IV, Die lager bei Renieblas, Munich.
SCHULTEN, A. 1933 “Segeda”, Homenagen a Martins Sarmento, Guimaraes
pp. 373-375.
SCHULTEN, A. 1937 Las guerras de 154-72 a. de J.C., F.H.A., IV, Barcelona.
SCHULTEN, A. 1963 Geografía y Etnografía Antiguas de la Península
Ibérica, II, Madrid.
TARACENA, B. 1929 Excavaciones en las provincias de Soria y Logroño,
Madrid.
VILLAR, F. 1995 Estudios de celtibérico y de toponimia prerromana,
Salamanca.
VILLARONGA, L. 1979 Numismática antigua de Hispania. Iniciación a su
estudio, Barcelona.
VILLARONGA, L. 1988 “La jerarquización de las cecas de Sekaisa y
Bilbilis”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Hª. Antigua I, Madrid, pp.
333-340.
VILLARONGA, L. 1993 Tresors Monetaris de la Penísula Ibèrica anteriors a
August: repertori i anàlisi, ANE.
VILLARONGA, L. 1994 Corpus Nummum Hispaniae Ante Augusti Aetatem,
José A. herrero, S.A., Madrid.
ZAPATA, A. 1657 Historia de la Villa de Canales, Madrid, reed. en 1934.

PalHisp 1 111
Francisco Burillo Mozota
ZOBEL DE ZANGRONIZ, J. (1877-1879): “Estudio histórico de la moneda
antigua española desde su origen hasta el Imperio Romano, Memorial
Numismático Español, 4, pp. 81-288.

Francisco Burillo Mozota


Seminario de Arqueología y Etnología Turolense
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Teruel
e-mail: fburillo@[Link]

112 PalHisp 1

También podría gustarte