Acuñaciones de Segeda en Celtiberia
Acuñaciones de Segeda en Celtiberia
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Fig. 1.- Vista general de la Zona Arqueológica de Segeda. En primer plano Segeda II, al fondo
el Poyo de Mara donde se sitúa Segeda I.
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La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
Una nueva orientación sobre su situación aparece en las interpretaciones
de Geografía Histórica de Schulten (1914, 139), que siguiendo criterios que
ya había expuesto Cornide, hace valer la adscripción de Segeda a los belos
para desplazar su situación al alto Jalón, pero sin una ubicación concreta, de
hecho no aparece en la cartografía que publica sobre la Celtiberia. Las
investigaciones de Taracena (1929, 28) en Canales de la Sierra concluyen en
desechar su ubicación en dicho yacimiento, por lo que desde este momento
desaparece esta atribución entre los arqueólogos que la sitúan en el entorno
del Jalón, como puede verse en la obra de Bosch Gimpera (1932, 543).
Paralelamente a los intentos de identificar la ciudad de Segeda ocurría
otro tanto con las acuñaciones que hoy leemos como Sekaiza, gracias a la
propuesta realizada por Villar (1995) sobre las silbantes. La lectura errónea
del signario ibérico dio lugar a interpretaciones equívocas de las leyendas
monetales. Entre los diferentes ejemplos podemos citar a Delgado (1879,
371-376). Señala que las emisiones de Sekotias Lakas habían sido acuñadas
por dos ciudades que lee como SEQUETA LACOS e identifica la primera palabra
con “Segeda-Segida, ciudad de los pelendones”, que ubica según la opinión
del momento en Canales, y la segunda con Lacóbriga. Las monedas de
Sekaiza las interpreta como de SEGISA o SETHISA, por lo que la asimila a la
Segisa que Ptolomeo atribuye a los bastetanos, ubicándola en Sax, no lejos de
Almansa. Se guía no solo por la situación de esta etnia, sino también por
criterios numismáticos, por su frecuente aparición en el territorio próximo de
la región de Murcia y Andalucía. También Fernández Guerra (1877, 132) la
identifica con la ciudad bastetana, reduciéndola a Cieza.
Pujol y Camps (1885), en el primer estudio monográfico que se hizo de
esta ceca bajo el título de Monedas autónomas de Segisa, es el primero que
se acerca a una correcta ubicación. Sigue los indicios de concentración de los
hallazgos monetales y precisa “de Belmonte han salido con mayor abundancia
que en otro cualquier paraje las monedas autónomas de Segisa”, siendo
frecuente en los territorios de Aragón y la “Nueva-Castilla”. Sigue criterios
iconográficos para ubicarla en Aragón, donde sitúa las cecas con “moneda
bajo línea”, “el jinete con enseña militar al hombro” y la copia del “peso
sextantal” de las acuñaciones “ibérico-catalanas”. Sin embargo, no concluye
con su identificación con el yacimiento de Durón de Belmonte, donde
actualmente se ubica Segeda II, a pesar de la concentración monetal señalada,
entre otros argumentos por no ser citada por Marcial “a no ser que se diga que
cuando escribió Marcial Segisa estaba asolada”. Fija de esta manera su
situación “al Este de Calatayud, quizá en las orillas del Jalón, antes de la
confluencia de este río en el Ebro”.
Van a ser las actuaciones arqueológicas que Schulten realice en Durón de
Belmonte (1933, 1937) las que conducen por primera vez a identificar la ceca de
Sekaiza con la ciudad celtibérica de Segeda y el yacimiento arqueológico de
Durón. “Mi opinión, que la ciudad podría ser Segeda, ganó terreno y más todavía
cuando en el pueblo de Belmonte me enseñaron bastantes monedas de plata y
cobre todas con la misma epígrafe”, refiriéndose al de Sekaiza, que seguía
leyendo Segisa. La excavación que realiza, unido al levantamiento topográfico
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que muestra una extensión de 15 has. rodeada de muralla, ratifica su
propuesta. No obstante, cuando años después se retoma el tema de la
identificación de Segeda surgen propuestas alternativas, que hoy sabemos
erróneas, que la llevaban a San Esteban del Poyo del Cid (Burillo 1976), al
oeste de Ateca (Martín Bueno 1977) o a Valdeherrera de Calatayud
(Domínguez 1983), donde en realidad se encuentra la Bilbilis celtibérica.
Actualmente, la propuesta realizada (Burillo y Ostalé 1983-84) de reconocer
la teoría de Schulten ubicando en Belmonte la segunda fase de la ciudad y la
primera en el inmediato Poyo de Mara, parece haberse aceptado en las últimas
referencias publicadas sobre esta ciudad (Medrano 1987; M. Beltrán Lloris
1992; Villaronga 1994, 231; Collantes 1997, 328; Domínguez 1998, 155;
Pina, 2000), lo cual no implica que existan manifestaciones de dudas al
respecto, como las de Asensio (1995, 251) claro está que se apoya en atribuir
erróneamente la Segeda II de Belmonte a los acontecimientos del 154 a.C.
También ha surgido una propuesta que, más bien, debe entenderse como una
errata como es la reciente identificación de la Segida celtibérica que cita
Esteban de Bizancio con Segia en Ejea de los Caballeros (Salvador Ventura
1999, 973)
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La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
Fig.2.- Situación de Segeda y de los lugares citados en las fuentes escritas entre el 188 y el 179
a.C. Línea teórica que separa el territorio conquistado por Roma en tiempos de Graco.
1. Segeda I era una ciudad estado ubicada en el Poyo de Mara, que se vio
sometida a los pactos de Graco en el 179 a.C.
2. A partir del 179 se constata un desarrollo económico y una ambición
política que obligará al sinecismo de las poblaciones vecinas, causa de la
declaración de la guerra por Roma y el consiguiente abandono de la ciudad
en el 153 a.C.
3. Encontramos un claro ejemplo de pervivencia del estado por encima de
la urbe, destruida y abandonada. La población segedense se refugia en el
territorio arévaco, se coaliga con los numantinos para enfrentarse a Roma y por
lo tanto el estado pervive en el exilio. El ejército que es capaz de movilizarse
en la alianza establecida entre el estado de Segeda y el de Numancia es según
Apiano (Iber, 45) de veinte mil infantes y cinco mil jinetes, un número masivo
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Fig. 3.- Ciudades y etnias mencionadas en la guerra, del 154 al 150 a.C., de Roma contra los
celtíberos.
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Los estudios de Villaronga (1979, 1994) permiten conocer las cecas que
surgen en esta etapa que se inicia con los pactos de Graco y que concluye con
el abandono de Segeda en el 153 a.C. En este proceso, no es extraño que Kese
se convierta en referencia tipológica de las nuevas emisiones, realizadas por
ciudades muy concretas: Iltirta, la única con emisiones anteriores a finales del
siglo III a.C., Kelse y Seteisken, en el ámbito ibérico del valle medio del Ebro,
Sekaiza, en una situación aislada en el Sistema Ibérico central junto al Jalón, y
el grupo que capitaliza Areikoratikos en la Rioja Baja, en el entorno de la recién
creada Gracurris, con tres cecas Louitiskos, Oilaunikos y Kalakorikos, de las
que sólo se ha identificado la última, correspondiente a la ciudad de Calagurris.
El hecho de que muy pocas ciudades del interior iniciaran sus emisiones
durante este periodo, unido al diferente volumen de moneda acuñada, muestra
en su desigual sistema de amonedación la aparente inexistencia de unos
criterios uniformes en el desarrollo de las emisiones monetales de las
ciudades estado. Por lo tanto en este proceso surgido dentro de las nuevas
relaciones establecidas con Roma, debe analizarse la peculiaridad que
presenta cada una de estas ciudades emisoras de moneda. A la hora de
analizar la trascendencia de dichas acuñaciones todos los investigadores
coinciden en diferenciar las emisiones en plata, que pudieron estar destinadas
a pagos de tropa y/o impuestos a Roma, de las de bronce con uso
aparentemente más restrictivo.
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un conjunto numeroso de monedas romanas, de cecas del actual territorio
catalán y de abundantes monedas de Sekaiza, lo que ratifica su datación con
anterioridad al 153 a. C. La aparición del único denario que se conoce de estas
primeras acuñaciones en el tesoro de Salvacañete, cuya ocultación se data en
el 98-94 a. C. (Villaronga 1993, 42), no contradice esta cronología pues la
perforación que presenta muestra que nos hallamos ante una moneda con una
amortización previa.
Las monedas con leyenda Sekaizakom son las que presentan mayores
divergencias en su situación respecto a las restantes emisiones. Mientras
Domínguez (1998, 155) y Beltrán Martínez (1993, 196) las sitúan en primer
lugar, Ostalé y Villaronga las colocan después del grupo de leona/lobo,
Collantes (1997, 331) coetáneas a las emisiones del jinete con palma y Gomis
(en prensa), quien ha realizado el estudio más riguroso de los cuños, las hace
parejas de las emisiones del jinete lancero con “Se” en el anverso.
Las restantes emisiones se adscriben a la segunda mitad del siglo II y
primer cuarto del I a. C. Todos ordenan el jinete con palma antes que el
lancero a excepción de Ostalé que defiende un sentido inverso, hecho seguido
por Berrocal y Canto (1990, 73) a partir de los hallazgos de Capote.
En lo que respecta a la relación de estas acuñaciones con las dos
ubicaciones de la ciudad de Segeda se puede indicar que las primeras emisiones
de leona/lobo y jinete portador de una insignia con ave son acuñaciones de
Segeda I, de hecho en las encuestas realizadas con motivo de las
prospecciones se han testimoniado dos de estos ejemplares en el yacimiento
del Poyo de Mara y un tercero ha aparecido en la excavación realizada en la
campaña del 2000. Mientras que en la nueva ubicación de Segeda II se
acuñarían las restantes emisiones.
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Fig. 5.- Leyendas y símbolos de las monedas de Cese y de las primeras cecas del valle medio
del Ebro.
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Ebro, que, aunque todas tengan en el anverso una cabeza y en el reverso un jinete,
símbolo de la elite aristocrática que gobierna la ciudad (Almagro Gorbea 1995),
existe una clara diferencia en los símbolos de los anversos y en la insignia que
porta el caballero, de forma que no existe una ceca que sea similar. Hay, pues, una
intencionalidad por parte de la estructura estatal ciudadana de diferenciar las
monedas no sólo mediante la leyenda, sino también por elementos iconográficos
propios y claramente reconocibles, que en el caso de Sekaiza corresponden a un
animal identificado como leona o lobo y a un jinete portador de una insignia con
ave rapaz, ambos cambiando de posición según las acuñaciones, y que al igual
que en las otras ciudades identifican tanto la autonomía de la ciudad como la
jerarquía de sus gobernantes, la aristocracia caballera de los reversos.
Debe también señalarse la existencia de un significativo cambio en el
nombre de la ceca, ya que en un momento determinado trueca la leyenda de
Sekaiza por la de Sekaizakom, esto es, pasa de identificar “el estado de
Sekaiza” como entidad emisora por el de “los ciudadanos de Sekaiza”. Esta
modificación no es exclusiva de esta ciudad, sino que, como bien es conocido,
lo encontramos en diferentes cecas del ámbito ibérico y celtibérico de la
Citerior, que trascendiendo su diferenciación lingüística, emplean como
terminaciones para similar fórmula –sken, –kos y –kom (Burillo 1995). Nos
encontramos ante un hecho puntual en las emisiones, una moda pasajera, una
fórmula que no llega a imponerse, faltando estudios que permitan conocer las
relaciones que pueden tener este tipo de leyenda en las diferentes cecas.
La mención expresa en las acuñaciones a los segedenses, bajo la fórmula
Sekaizakom, implica la plasmación pública del poder del demos, de los
considerados ciudadanos de pleno derecho, aquellos que las fuentes mencionan
formando parte de las asambleas. ¿Puede reflejar un cambio político en el
gobierno de la ciudad? Una sustitución de una aristocracia, de un gobierno de
princeps, por una democracia que nombra a sus magistrados, los magistratus
del Bronce de Contrebia (Fatás 1980). Lo cierto es que no lo sabemos, ya que
ambas leyendas pueden esconder similar forma de gobierno, aunque la
terminación –kom es un claro indicio del comentado control ciudadano.
LA ACUÑACIÓN DE DENARIOS
La conquista romana del territorio donde se ubica Segeda debió suponer
una importante transformación en la fiscalidad de esta ciudad estado, ya que
su gobierno se vio obligado a satisfacer las exigencias romanas, lo cual se
debió lograr incrementando los impuestos a los habitantes de sus territorios y
aumentando la explotación de sus minas.
Si bien inicialmente se defendía que las primeras emisiones de monedas
celtibéricas y beronas presentaban un patrón metrológico especial (Villaronga
1979, 180), los estudios de Crawford (1974) han conducido a incluirlas en una
metrología romana de 10 monedas en libra, con unidades a mitad de peso, lo
que confirma la antigüedad propuesta a dichas acuñaciones (García Garrido
y Villaronga 1987, 38). El hecho de que el patrón monetario que adoptan las
ciudades indígenas siga el romano nos muestra que frente a la autoctonía de
tipos y leyendas las cecas celtibéricas normalizan aquello que más interesa a
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Roma, el peso. Lo cual tiene especial importancia para la plata acuñada, los
denarios, que tienen la misma validez que los romanos y en donde la leyenda
de la ciudad garantiza el peso y la calidad de la plata empleada.
Fig. 6.- Denario de Sekaiza acuñado en Durón de Belmonte de Gracián, Segeda II, hacia el
120 a.C.
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régimen fiscal de tipo regular (Muñiz 1982; Ñaco 1997). Dos fechas se toman
como hitos en este proceso. La de Catón en el 195 a. C y la de Graco en el 179
a. C. En la primera la ciudad estado de Segeda no había sido todavía
conquistada, salvo que se quiera identificar con la ciudad de Segestica citada
en el 195 a. C. (M. Beltrán Lloris 1976, 423). Con el avance romano quedará
incluida en las normas fiscales aplicadas a la población indígena del NE
peninsular. La división que Catón realiza de Hispania, en Citerior y Ulterior,
marcará una diferenciación fiscal en ambos territorios. Pues mientras el
primero es el único que acuña plata, mostrando una normalización en sus
emisiones, tanto en la metrología como en el signario indígena de la leyenda o
la iconografía, el segundo muestra una diversidad de tipos en sus únicas
acuñaciones de bronce, con existencia de importantes ciudades que nunca
llegaron a acuñar, dado que las cargas fiscales eran requeridas en materia
prima lo que motivó el desarrollo de societates (García-Bellido 1993, 98).
Referencias concretas a Catón, como la que señala Livio (34, 21) “impuso un
gran tributo sobre las minas de hierro y plata”, muestran la existencia de una
fiscalidad dirigida directamente a las explotaciones indígenas y, en este caso,
proporcional a los recursos mineros explotados por cada ciudad.
Mientras que en la fase previa a Graco, en el periodo comprendido entre
el 195 y el 180 a. C., Livio hace referencias específicas a la recaudación de
monedas, diferenciando los denarios romanos que existirían en circulación
signati denariorum, bigati, de las dracmas ibéricas o argentum oscense
(Ripollés 2000, 334), en los años siguientes, donde se avanza a través del valle
medio del Ebro, las recaudaciones que se señalan no hacen mención explícita
de monedas. Se nos marca de esta manera dos territorios netamente
diferenciados respecto a sus acuñaciones monetales mostrando que en esta
primera fase no existía una suficiente circulación monetaria en la zona del
interior donde se situaba Segeda.
La mención expresa de que Segeda participó en los pactos de Graco es
la mejor prueba de haber sido conquistada en el 179. Las acuñaciones de los
primeros denarios de Sekaiza, en un momento que se sitúa entre esta fecha y
el 153, se realizan en una etapa en la que no hay guerra, por lo que su destino
no puede vincularse a la financiación directa del avance romano. Sí que
pudieron estar relacionados con un pago del estipendio al que se refiere
Apiano (Iber. 44), al mencionar los acontecimientos de la propia ciudad de
Segeda en el año 154 a. C.: “Enterado el Senado, les … ordenó que se pagasen
los tributos fijados por Graco, mandando al mismo tiempo que se uniesen a
las tropas romanas, pues así lo disponía el tratado de Graco. Los de Segeda
contestaron que… en cuanto a los tributos y a las tropas dijeron que los
mismos romanos después de Graco se lo habían condonado. Y así era en
efecto; pero cuando el Senado concede un favor así, añade siempre: estará en
vigor en tanto que así plazca al Senado y al pueblo romano”. Mostrándonos
la existencia de un periodo, tras el 179 a. C. en el que Segeda se había visto
obligada al pago de tributos y una posterior condonación del mismo. Las
fuentes son claras sobre las cuantiosas recaudaciones obtenidas de los
celtíberos y sus aliados en los primeros años, el propio Graco aportó 40.000
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libras de plata (Livio 41, 7) y después, en el 175 a.C., Claudio 10.000 libras
de plata y 5.000 de oro (Livio 41, 28) (Fatás 1973). Pero además de las cifras
declaradas encontramos la aceptación por parte del Senado romano en el 171
a. C. de la protesta recogida por Livio (43, 2) de los legados hispanos sobre la
existencia de un expolio por parte de magistrados romanos, logrando “que los
magistrados romanos no fijarían el precio del trigo, ni obligarían a los
españoles a vender sus vigésimas al precio que señalasen, ni pondrían en las
ciudades recaudadores encargados de recoger los impuestos”.
Fig. 7.- Distribución de las primeras cecas que acuñan plata en el valle medio del Ebro.
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Segeda zonas metalogenéticas de plata, con minas atestiguadas en época
medieval y reciente, pero falta una localización y estudio detenido de las
mismas
Hace ya tiempo, al analizar la distribución de las cecas que acuñaban
plata en el valle medio del Ebro, planteé (Burillo 1982) que la regularidad
existente en su reparto espacial, jerarquizando cada una de ellas un territorio
similar donde se situaban otras cecas que sólo emitían bronce, era la mejor
demostración de la existencia de una planificación romana en el surgimiento
de estas emisiones. La equidistancia existente entre estas cecas en el territorio
muestra la existencia de unas funciones selectivas que no ejercen las restantes
ciudades estado. Este hecho constatado en el momento de máximas acuñaciones,
esto es en la segunda mitad del siglo II a. C., presenta variaciones tanto en las
primeras emisiones como en las posteriores, realizadas en la etapa sertoriana.
Pero en los tres hitos históricos señalados se sigue cumpliendo el principio de
jerarquización
Cuando comienzan las primeras emisiones monetales en el interior del
valle del Ebro sólo tres de las siete ciudades acuñaron denarios durante este
periodo, Iltirta, Arekoratas y la propia Sekaiza, indicio de la existencia de un
proceso selectivo que continuará en etapas posteriores. Dichas acuñaciones
marcan un amplio territorio, el formado en torno a un triángulo con los
vértices en Lérida, en un punto no muy alejada de Calahorra y en Mara, junto
a Calatayud. Roma impulsa la creación de unos núcleos que al capitalizar la
amonedación de la plata, se convierten, a su vez, en centros fiscales de un
amplio territorio. Obviamente, la emergencia de estas cecas no debió ser
aleatoria, la elección romana se realiza sobre ciudades estado ya existentes,
tal vez con un desarrollo económico superior al resto de las ciudades estado
próximas, muy probablemente con minas de plata en su territorio y con
situación estratégica dentro del espacio conquistado.
Contrasta en estas tres cecas el número de denarios conocidos, ya que
mientras de Iltirta Villaronga (1994) contabiliza setenta y cinco, de
Arekoratas dos y de Sekaiza un único ejemplar. Esta parquedad en los
hallazgos no implica necesariamente que nos encontremos ante un escaso
volumen de acuñaciones ya que, como indica Ripollés (2000, 334), el que
solamente aparezcan denarios ibéricos en tesoros datados todo lo más a
inicios del siglo II a.C., muestra un hecho generalizado como fue la retirada
por parte de Roma de toda riqueza monetal. El que su destino no fuera en
estos momentos el pago al ejército, sino la tributación a Roma daría lugar a
que los denarios no entraran en circulación al ser la mayor parte de ellos
fundidos y aprovechados como plata. La relativa abundancia de Iltirta
indicaría que el proceso recaudatorio, durante esta etapa, se centraba
esencialmente en las tierras más recientemente conquistadas.
Durante la segunda mitad del siglo II a.C., Sekaiza, en su nueva
ubicación en Durón de Belmonte continúa emitiendo denarios. Surgen en esta
etapa nuevas cecas, Turiazu, Zekia, Bolskan, Kelse y Belikiom, con un reparto
regular en el valle medio del Ebro y una equidistancia de unos 50 km. El
hecho de que no siguen en su ubicación unos criterios estrictos de
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Fig. 8.- Jerarquía de las ciudades que emitieron denarios a finales del siglo II a.C. en el valle
medio del Ebro.
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Fig. 9.- As de Sekaiza acuñado en el Poyo de Mara, Segeda I, hacia el 160 a.C.
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Los hallazgos del campamento numantino de Nobilior muestran que las
tropas eran remuneradas en bronce, normalmente suministrado por Roma y
sólo a mediados del siglo II a. C. se les paga en plata (Crawford 1985, 99;
García Bellido 1993, 115 y Ripollés, 1994, 135). De hecho el estudio de un
lote de monedas romanas de bronce procedente aparentemente del citado
campamento romano (Arriols y Villaronga 1984) muestra la existencia de un
43% de divisores, indicando que su circulación era necesaria para las
necesidades de la vida cotidiana de los soldados. Es interesante la observación
que realizan de una similar abundancia de divisores de las monedas ibéricas,
formadas en exclusiva por cecas asentadas en el actual territorio catalán y
Sekaiza, proporción de divisores que también hacen extensivos a la ceca de
Areikoratikos (García Garrido y Villaronga 1986-87, 40).
Obviamente la puesta en circulación del monetario de bronce supondría
el desarrollo progresivo de una economía monetal. Al igual que se ha
analizado en otras sociedades posteriores (Barceló 1992; Retamero 2000), la
circulación monetaria señalada podría dar lugar a que ciertos sectores
poblacionales segedenses, caso de artesanos, comerciantes, mineros, podrían
adquirir provisiones pagando con monedas, por lo que llegarían también al
campesinado que, de esta manera, podría satisfacer sus impuestos al estado no
sólo con productos agrícolas ¿Qué otra explicación habría que dar a la
presencia de los cuatro ases de Sekaiza en el castro de La Coronilla (Cerdeño
y García Huerta 1992, 75)?
VOLUMEN Y DISPERSIÓN DEL MONETARIO DE SEKAIZA
Sekaiza es la única de las cecas del interior sobre la que, hasta el
presente, se ha realizado un cálculo preciso de monedas acuñadas. El estudio
realizado por Gomis (1998) permite conocer las variaciones a lo largo del
periodo de acuñación. Estima una emisión de unidades de bronce
comprendida entre 5.998.400 y 17.995.200, dependiendo del sistema de
cálculo de monedas emitidas con un cuño que se utilice. Lo que equivaldría a
un equivalente en denarios de 187.450 y 562.350, respectivamente. De las seis
emisiones diferenciadas por Gomis, la segunda, al no recoger las acuñaciones
denarios queda infravalorada, por lo que señala que es superior a la última.
Esta autora relaciona sus emisiones dos y tres con las guerras celtibéricas,
pago al ejército romano o a los tributos impuestos por Roma, y las emisiones
cortas, una, cuatro y cinco para uso local, pago de pequeños servicios o para
facilitar la utilización de la plata.
Pero lo interesante es analizar el reparto de esta importante masa
monetaria con el desarrollo histórico del estado segedense. Las segundas
emisiones de Gomis corresponden a la etapa previa al ataque de Nobilior en
el 153 a. C. Se acuñaron, pues, en un momento en el que se les había
condonado los tributos por parte de Roma, en una etapa de desarrollo
económico y poblacional de la ciudad de Segeda, motivo de la declaración de
guerra por Roma, de ahí que sea sugerente la propuesta de Otero (1998) que
vincula dichas emisiones a la ampliación del recinto amurallado para acoger
el incremento de población.
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Pero lo que más destaca en la gráfica de Gomis es el gran volumen de
monedas acuñadas en la tercera emisión, que serían las primeras monedas que
emitiría el estado de Segeda fuera de su ubicación primitiva en Segeda I. En
este caso pienso que responden a las necesidades surgidas con la construcción
de la nueva ciudad, en Durón de Belmonte, excavar su amplio foso, levantar
su muralla y urbanizar su interior (Burillo 2001). Finalmente, en cuanto a las
últimas emisiones parecen correctas las conclusiones de Gomis que relaciona
su incremento con las guerras sertorianas.
La abundancia de hallazgos de monedas de Sekaiza en diferentes puntos
de la Península ha llamado la atención de los numismáticos que se han
referido a ella, no en vano comenta Domínguez (1998, 155) “fue la que más
volumen de moneda acuñó en la Celtiberia”. Esta es la causa por la que Zobel
(1877-1879, 105), en su creencia de que las monedas ibéricas serían emitidas
por “fortalezas o mansiones romanas”, llevó a situar la ceca de Segisa en
Carthago Nova. La razón de elegir esta “cabecera de los cartagineses y
segunda capital de los romanos” la fundamenta en sus extensas acuñaciones
y en su bella fábrica. Abundancia que fue también uno de los criterios
esgrimidos por Pujol i Camps (1885, 39) para no concretar su ubicación en
Belmonte, a pesar de la densidad de monedas que confiesa aparecen en dicho
lugar. Años después Schulten (1933, 374) no tiene dudas al respecto dados los
hallazgos de esta ceca, entre los que destaca la aparición de 70 monedas de
plata junto a la ciudad, sin que se tenga mayor constancia de este tesorillo,
hecho que extraña dado que actualmente sólo se conocen 21 denarios de la
misma (Villaronga 1994, 233-234).
Uno de los hechos que ha llamado la atención es la concentración del
monetario de Sekaiza en el territorio extremeño y andaluz. Ya Delgado (1879,
371-376) señaló, refiriéndose a las emisiones que identifica como de SEGISA
o SETHISA, “que las pocas piezas celtibéricas que se encuentran en Andalucía son
de esta clase”, concretando más específicamente su relativa abundancia en
Córdoba. Hoy sabemos que esta especial concentración de monedas de
bronce acuñadas en Segeda II se localiza en los poblados mineros de dichos
territorios (Otero 1993; Blázquez Cerrato 1995 y García-Bellido 1995). Las
circunstancias históricas han cambiado respecto a las primeras emisiones de
Segeda I, la dispersión del monetario de bronce en estos momentos se
relaciona esencialmente con el desplazamiento de personas, en este caso
vinculadas con las explotaciones mineras y su correspondiente
transformación metalúrgica (Burillo 1998, 309).
En este contexto debe analizarse el conocido texto de Plinio (N.H., III, 3,
13): “Que los célticos, desgajados de los celtíberos, han venido de la Lusitania
es evidente por sus ritos, su lengua y los nombres de sus poblaciones, que en
la Bética se conocen por sus sobrenombres”. Los estudiosos de la Beturia
Céltica han constatado arqueológicamente el surgimiento en el siglo II a. C.
de oppidas como Nertóbriga (Berrocal 1997), atribuyendo su surgimiento a
una concentración de poblaciones indígenas debida a la política romana
(Rodríguez 1995).
El hecho de que la mencionada cita pliniana pueda corresponder a los
acontecimientos que se desarrollan en la fase de integración romana de este
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La ciudad estado celtibérica de Segeda y sus acuñaciones monetales
territorio extremeño toma visos de certitud dada la coincidencia de otros
testimonios arqueológicos, como el surgimiento de la ciudad de Tamusia en
Villasviejas de Tamuja (Sánchez y García 1988), ceca con leyenda celtibérica
y con una tipología monetal propia del valle del Jalón. En este contexto el
desarrollo de la metalurgia de Hierro en la Beturia Céltica (Canto, en prensa),
podría explicar el surgimiento de nuevos asentamientos en este territorio,
vinculados con explotaciones mineras, y explicaría la abundancia de monedas
de bronce de la ceca de Sekaiza, centro político y económico de primer orden
del territorio del Jalón. Las implicaciones de mineros y metalúrgicos
celtibéricos, especialmente segedenses, en las explotaciones de la Beturia
deberá tenerse en cuenta en la comprensión del texto pliniano.
ADDENDA
Mª P. García-Bellido mantiene, en su publicación: “Numismática y
etnias: viejas y nuevas perpectivas”, en F. Villar y Mª. P. Fernández Álvarez
(eds.): Religión, Lengua y Culturas Prerromanas de Hispania, Ediciones
Salamanca, 2001, p. 147, una postura similar a la aquí defendida: “Todo
parece indicar que existió una migración a finales del s. II a.C., no sabemos
si dirigida o permitida por Roma, de segedenses hacia Extremadura, dentro
posiblemente de esos movimientos de los que habla Plinio (2,14), quien
todavía reconoce como a Celtiberis a sus habitantes por sus lengua,
topónimos y cultos, pero en su día también lo serían por sus monedas”.
En breve aparecerá publicada la tesis doctoral de M. Gomis Justo, que
trata de forma monográfica las acuñaciones de la ciudad de Segeda-Sekaiza,
y recoge pormenorizadamente los estudios realizados sobre esta ceca, sus
propias interpretaciones y una ordenación de sus emisiones, atendiendo a los
anversos y reversos de las monedas.
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