VELO
El velo es una pieza de tela, preferentemente de seda, aunque también los hay de gasa,
rectangular o semicircular, el cual se usa en danza oriental. Es uno de los elementos de danza
oriental más usados en occidente, sobre todo por principiantes dado su fácil uso y la gran
belleza que da al baile.
Se puede usar durante toda la pieza musical que vamos a bailar, o desprendernos de él en
cierto momento y posteriormente volver o no a recuperarlo para finalizar la danza con él.
Se pueden usar uno o varios velos.
Históricamente existen dos danzas en Oriente Medio en las cuales se utilizan “velos”: las
danzas de Azerbaijan y las danza de pañuelos del Norte de África.
En las danzas de Azerbaijan (área del Caucaso) las mujeres bailaban con velos, bufandas y
pañuelos para acentuar su belleza y femeneidad. Durante la danzas, delicadamente
mostraban sus ojos, su rostro, sus vestidos y joyas.
La danza de pañuelos del Norte de África se bailaba con dos pañuelos y era una danza bailada
por una mujer comprometida. Uno de los pañuelos la simbolizaba a ella, y el otro simbolizaba
al hombre que sería electo. La bailarina juega con los pañuelos, poniéndolos en el suelo,
danzando sobre ellos, entre ellos, etc.
Sin embargo, después de los imperios romano y griego, no existe evidencia histórica en arte y
literaura que refleje la práctica de alguna danza con velos en el Medio Oriente o en el Norte de
África.
A finales del siglo XIX y a principios del XX hubo numerosos fotógrafos que retrataron a
mujeres bailando con lo que parecen pañoletas y fulares aunque muchas de estas fotografías
eran poses que tenían más de la imaginación del fotógrafo que de documentos históricos.
La utilización del velo en la danza oriental tal y como se conoce en la actualidad es
introducido por la bailarina Samia Gamal a finales de los años 40 enseñada por la bailarina
rusa Ivanova.
Ivanova fue contratada por el rey Faruk de Egipto para instruir a sus hijas en ballet. Ella trajo
consigo la influencia de las danzas caucasianas del Azerbaiján, representadas con chales, y
les enseñó a las hijas del rey a desarrollar el manejo del velo con los brazos. Al cabo de varios
años, esta bailarina también enseñó la danza del velo a algunas artistas famosas de la época,
como Samia Gamal y Tahía Carioca, les enseñó cómo llevar el velo para la entrada de su
show y también a mejorar el uso de sus brazos. Samia Gamal fue quien popularizó la técnica
en los teatros egipcios y la exportó a otros países, como Estados Unidos, a través de la película
"Alí Babá y los Cuarenta Ladrones".
Desde entonces, el velo ha sido utilizado por artistas diversos, algunos de ellos enalteciéndolos
y otros desprestigiándolo, a través de su uso en bailes eróticos de tipo striptease. Por ello en la
actualidad, la sociedad árabe es bastante reservada acerca del uso del velo en la danza, por lo
que la bailarina lo emplea de manera breve y lo abandona en el escenario para continuar con
su presentación. Sin embargo, en occidente se le ha prestado mayor interés a este
instrumento e incluso se le ha combinado con otros elementos de la danza como el sable y las
velas, entre otros.
Hoy día, la danza del velo pertenece al grupo de danzas denominado “fantasía oriental” y la
bailarina lo usa fundamentalmente como extensión de sus brazos, realizando figuras,
cubriéndose y descubriéndose durante el baile.
El velo es prácticamente el alma de la bailarina. Muchos son los mitos acerca de la utilización
de este precioso elemento. Uno de ellos es el Baile de los Siete Velos, muy popularizado en el
mundo occidental y víctima de dimes y diretes. No existe documentación fehaciente, pero es
frecuentemente relacionado con lo siguiente:
1. La Leyenda de Ishtar y los Siete Velos. Tamuz pierde la vida y es llevado al reino de Hades,
el submundo. Pero el amor de Isthar por Tamuz es tan grande que decide ir también al reino
de Hades, siguiendo a su amado. Con pasión y determinación, cruza los siete vestíbulos del
submundo y en cada uno de ellos deja una pertenencia: un velo o una joya. En esta historia el
velo representa lo oculto - las cosas que nosotros ocultamos de los otros y de nosotros
mismos. Al dejar el velo, Ishtar revela sus verdades, y entonces consigue reunirse con su
amor.
2. Salomé baila para el Rey Herodes. Hastiada de la fiesta que se celebra en palacio la joven
princesa de Judea, Salomé, pide ver al extraño prisionero que alojado en la cisterna proclama
la llegada del Mesias. Es Iokanaan (Juan, el bautista).
Al contemplarlo, Salomé se enamora y le ruega que acceda a sus deseos carnales. El profeta la
rechaza violentamente y la maldice. La joven jura venganza, es la primera vez que alguien no
accede a sus caprichos. Más tarde, el pervertido Herodes que gusta de su hijastra Salomé, le
pide que baile a cambio de un deseo, cualquier deseo que tenga. Salomé le hace jurar que
cumplirá su palabra, y a pesar de las protestas de su madre Herodías, la esposa de Herodes,
baila la danza de los siete velos. Luego de bailar, Salomé pide su deseo: la cabeza del profeta
Juan Bautista en una bandeja de plata.
Esta última versión es muy difundida por la Web siendo totalmente falsa. La verdadera
versión nos la cuenta Ana María Ribes, estudiante de Historia en España
"Cierto día, Salomé, hija de Herodías (no de Herodes), bailó ante la corte del Rey y su danza
gustó mucho a los presentes, pero en ningún momento dice el texto que fuera la danza de los
7 velos, ni ninguna otra danza especial, eso se lo inventaron muy posteriormente. Y el rey le
dijo a Salomé: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino". Y entonces Salomé,
que no sabía qué pedir, acudió a su madre Herodías y le dijo: "¿Qué le pido, madre?", y ella
respondió: "¡La cabeza de Juan el Bautista!". Pues Herodías odiaba al Bautista mucho más
que el propio Herodes, quien se entristeció porque no quería matarlo, pero había hecho una
promesa y por eso lo hizo degollar. Salomé puso la cabeza del profeta en una bandeja de plata
y se la entregó a su madre. Eso es todo lo que dice la Biblia. Ni danza de los 7 velos, ni amor
entre el profeta y la bailarina. Todo lo demás son inventos posteriores y mitos falsos."
Existen otras conjeturas acerca del uso del velo en la danza oriental. Sin embargo, lo que si es
cierto es que aporta un toque especial de belleza y magia a la danza, haciendo que la bailarina
"vuele" sobre el escenario. Por supuesto, esto depende de la destreza de cada bailarina en el
uso del elemento, bien sea en solitario o utilizando varias piezas de velos para otorgar mayor
dramatismo, teatralidad y acrobacia a la danza.
Otros usos del velo alcanzan limites insospechados, como es el caso de los abanicos con seda
o los "Voi", una mezcla de elementos de malabarista con velos. No hay limites, sólo la
imaginación del artista.