Codex Accepti et Expensi en Juicio
Codex Accepti et Expensi en Juicio
1. Introducción
Todos conocemos de la existencia de los Codex accepti et expensi en Roma,
libros imprescindibles para la llevanza de la contabilidad tanto de los paterfami-
lias, como de los comerciantes1. La fuerza probatoria del Codex radicaba en la ti-
tularidad del libro, en la honorabilidad que significaba la figura del paterfamilias
para el mundo romano que incluso le otorgaba carácter sagrado2. Honorabilidad
que se extiende a los argentarii y por la que sus documentos bancarios gozan de
1 TORRENT, A. Diccionario de Derecho Romano, Madrid, 2005. Voz “ Codex Accepti et expensi”. Era un
libro de caja, de ingresos y gastos, en el que se registraban las entradas (haber o acceptum) y las salidas
(debe o expensum) necesario para elaborar los censos periódicos y controlar la actividad económica,
tanto de los paterfamilias como de los comerciantes.
2 HERRERO CHICO, R., “Argentarii. Obligaciones y privilegios (un estudio sobre la banca en Derecho
Romano)” Anuario de Estudios Sociales y Jurídicos, VII, 1978. p 282. MORENO NAVARRETE,
M.A. La prueba documental en el proceso. Estudio histórico-jurídico y dogmático, Madrid, 2001, p. 55.
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más prestigio y certeza que otros documentos cualquiera. Tal era la exactitud
y la lealtad con que se llevaban los libros que les conferían un valor probatorio
de primer orden 3. Hoy, que no atravesamos una época de gran prestigio para
la Banca, observamos cómo y a pesar de ello, sus documentos también siguen
teniendo mucho valor en pleito, como tendremos ocasión de comprobar.
En Roma, estos codex servían para constituir las obligaciones de su titular,
en concreto, en las obligationes litteris contractae, el acreedor registraba en sus
libros un crédito contra el deudor y este registro probaba la existencia de la
deuda4. Por el contrario, si el deudor registraba la entrega patrimonial a favor
de otro, extinguía la deuda (expensilatio). De ahí, que fuera utilizado por los
banqueros por esa misma necesidad mercantil y en interés de sus clientes. Esta
llevanza de los libros contables acabó convirtiéndose en un deber del banque-
ro5. Así los argentarii elaboraban el Liber rationum o libro de cuentas, análogo en
contenido y estructura al codex accepti et expensi 6, en el que cada cliente tenía
una cuenta abierta a su nombre, con anotaciones en cuenta que se llamaban
arcaria o créditos. Este trabajo contable que realizaban para sus clientes, les ge-
neró otro deber consecuencia del anterior, que consistía en aportar en juicio los
extractos de cuenta o editio rationum cuando así les era requerido. El banquero
se veía obligado a exhibir las cuentas de sus clientes (edere y exhibere sus rationes
accepti et expensii)7 en los pleitos en los que intervenían contra terceros, e inclu-
so contra el propio banquero.
3 MARTIN MOLINA, P.B. VEIGA COPO, A.B, “Los libros de contabilidad: un apunte histórico”.
Boletín de la Facultad de Derecho UNED. Nº 13. 1998. pp 395 y ss. Existen libros contables de
los banqueros desde la Baja Mesopotamia, incluso en el Código de Hammurabi, como documentos
contables pertenecientes a los Templos. En la antigua Grecia los primeros banqueros fueron sacerdotes,
y los primeros bancos los templos. Ya en Grecia, en torno al siglo V antes de nuestra era, con el uso
del dinero, ya están documentados dos libros de contabilidad los efemérides o diarios, y los trapedzitika
grammata o libros de cuentas. Anotaban en sus registros todas las cantidades que pasaban por sus
manos, con las fechas de entrada y salida.
4 Encontramos una referencia a su contenido como prueba en (Gayo 3. 131) cuando refiere que en los
contratos reales del mutuo, los créditos del libro de Caja no constituyen obligación, que nace de la
datio rei, pero suministran una prueba de esa obligación contraída.
5 HERRERO CHICO, “Argentarii ... “, cit.. p.281.
6 DE SARLO, L., Il documento oggetto di rapporti giuridici privati, Florencia, 1935. p. 36 documento
particular.
7 FERNANDEZ BARREIRO, A., La previa información del adversario en el proceso privado romano,
Pamplona, 1969. pp 127 y ss
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del banquero servirán de prueba11. Así, en Roma los codex de los que se extra-
en los edicta rationae daban prueba de hechos, pero con una peculiaridad, en
muchas ocasiones eran constitutivos incluso de actos jurídicos, como sucedía
cuando eran origen de los contratos literales, que ya hemos mencionado, de los
que surgían las obligationes litteris contractae. En D. [Link] se hace referencia
al codex rationum del argentarius que estaría compuesto de tabulae (D.[Link]),
en las que constarían las diferentes inscripciones obligacionales12.
Se dice que el codex tiene “un valor probatorio superior al de nuestros li-
bros de contabilidad actuales en la medida en que toda anotación hecha con
el consentimiento del deudor, se consideraba como causa de obligación”13. Pero
atribuirles mayor valor probatorio, que a nuestros libros actuales14, quizá sea
excesivo. Lo que observamos es que tienen un contenido más amplio, ya que
por una parte son fuente de obligaciones y por otro, prueba de ellas y no sólo de
ellas, sino de los demás hechos contables que quedan reflejados en sus tablas.
En otras palabras, por un lado, tienen un contenido dispositivo, en un plano
sustancial y, por otro lado, valor probatorio, en un plano procesal, y ambos
obedecen a dos funciones distintas: la constitutiva (perfección de ciertos nego-
cios) y la probatoria (tanto en el tráfico jurídico cotidiano como cuando resulta
necesario acudir a juicio)15.
11 PEÑALVER RODRIGUEZ, M.A. “La banca en Roma”. Estudios en Homenaje al Profesor Juan
Iglesias” T. III. Madrid, 1988. p. 1538, dado que su propio negocio dependerá de la confianza y
veracidad de los mismos.
12 FERNANDEZ BARREIRO, A, La previa… [Link]. pp. 160-161. Se trataba de un libro Mayor propio
del negocio bancario en el que se sentaban por orden cronológico (cum die et consule) las diferentes
partidas (rationes) referentes a las operaciones de diversa índole pero, en todo caso, siempre de carácter
pecuniario o de géneros, que efectuaba el argentarius.
13 MARTIN MOLINA, P.B-VEIGA COPO, A.B, Los libros de contabilidad… cit. p. 399, además
relacionan este valor con la transcriptio nominum, un texto de Pseudo Asconio considera el chirographum
como un documento único de reconocimiento de deuda que queda en poder del acreedor y atestigua
el negocio que han celebrado. El Singraphum se redacta en términos objetivos, en doble original que
firman los interesados y cada uno de ellos conserva un ejemplar, que puede atestiguar negocios que no
se han celebrado. Estos documentos se admiten en Roma con eficacia probatoria por influencia de las
prácticas jurídicas de las provincias orientales.
14 Respecto a la fuerza de nuestros libros contables el Artículo 31 del Código de Comercio ley 19/1989
de 25 de julio cuando refiere el valor probatorio de los libros contables no señala que será apreciado
por los Tribunales conforme a las reglas generales del Derecho. No olvidemos que los libros bancarios
serán un tipo de libros contables.
15 DE SARLO. L., Il documento oggetto ...op. cit p.110.
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Ahora bien, es importante reseñar una diferencia entre los distintos libros
contables mencionados “En el tráfico bancario aparece contrapuesto el codex
rationum al codex accepti et expensi en el que sólo se hacía mención de los nego-
cios referentes a obligaciones literales (expensilatio, acceptilatio, transcriptio nomi-
num –a re o a persona- y posteriormente también mutuum y depositum). El codex
accepti et expensi tenía así relevancia propiamente jurídica, en tanto que el codex
rationum era utilizado como medio de prueba y a efectos de realizar las operacio-
nes necesarias para la compensación bancaria”16. Cada banquero llevaba para-
lelamente17 un diario especial o Liber rationum, libro de cuentas por cliente, del
que elaboraba extractos de cuenta o editio rationum, a petición de sus clientes. El
codex accepti et expensi era más un libro doméstico: era un monumento religioso
que debía conservar el recuerdo de la vida y de los intereses de la familia, así
los romanos tenían a honra mantener este carácter sagrado, consignando allí
sus actos con una lealtad y una regularidad escrupulosa y ejemplar18. De ahí,
que en nuestro estudio nos centremos más en el codex rationum y su editio, más
próximos a nuestros documentos bancarios19.
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constituye prueba de los hechos contables que contiene, y como tal despliega su
eficacia jurídica, pero cuando existe controversia y nace la necesidad de aportar
datos contables en un pleito, esa fuente de prueba, debe convertirse en un me-
dio de prueba. Como dice DOMINGUEZ TRISTAN resulta incuestionable la
importancia práctica de las rationes como elemento probatorio en el proceso20.
Para ello, debemos señalar la diferencia entre estos términos. Así, la fuente
de prueba será ese elemento real, ese hecho, anterior al proceso que no tiene
porqué ser ni siquiera jurídico, (en la prueba que nos ocupa tiene un contenido
contable, además de jurídico) mientras que el medio de prueba serán aquellas
actividades procesales, necesarias para que ese hecho sea verificado y constituya
una prueba, de forma que provoque la convicción en el juzgador. Así podemos
decir, que la fuente es anterior al proceso, sin embargo, el medio sólo se com-
prende intraproceso. En palabras de CARNELUTTI21 la fuente es lo sustancial
y material, el medio es lo adjetivo y formal. En este sentido podríamos convenir
que en Roma la fuente, el origen de los hechos contables estará en los Codex, aun-
que sólo será el Codex Rationum el que afecte a los procesos en los que interviene el
argentarius o sus clientes. En este caso el medio de prueba para aportarlo en juicio
será la editio rationum del argentarius, que presentará en juicio por indicación de su
cliente contra terceros (se entiende que el dueño de esa información contable es el
depositante) o bien cuando no lo hace de forma voluntaria atendiendo al decretum
redactado por el pretor (Ulp. 4 ad ed. D. 2, 13,8,1). Is autem, qui in hoc edictum incidit,
id praestat, quod interfuit mea rationes edi, cum decerneretur a praetore, non quod hodie
interest: et ideo licet interesse desiit vel minoris vel pluris interesse coepit, locum actio non
habebit neque augmentum neque deminutionem.
Como tal medio de prueba tiene unos contenidos normativos obligatorios,
que encontramos en la Editio fomulae et instrumentorum, dentro del tíulo “De
edendo” del Digesto, junto a la editio rationum del argentario. Contenidos que
resultan tan atinados, que combinan el interés de los clientes con el debido
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secreto del banquero22. En él vemos que se exigía que en cada cuenta constase
el día y el nombre del empleado ante quien fue abierta (D 2, 13, 1, 2), se fijaba
el lugar de comunicar las cuentas en aquél lugar dónde se ejerció de banquero
(D.2.13.4 .5). Si se le solicitan en otro lugar, no está obligado salvo que se le
requiera copia que se abonará a expensas del solicitante (D.2.13.4 (Ulp. 4 ed.)
y ha de concederse tiempo para presentarlas (D.2.13.5 (Paul.3 ed.) Respecto
al contenido de las cuentas, según Labeón (D.[Link] y 4) se refieren a lo que
una y otra parte han de dar o cobrar recíprocamente a causa de préstamos,
obligaciones y pagos. No hay cuenta si sólo es un simple pago de lo debido. El
banquero si debe comunicar la asunción de deudas, pues éste es negocio propio
del banquero. Además se exige al banquero que exhiba las cuentas, se le castiga
si deja de hacerlo por dolo; pero responderá de culpa salvo la próxima al dolo.
También incurre en dolo el que dejó de comunicar las cuentas o el que exhibió
maliciosamente y el que no exhibió totalmente (D 2.13.8). Acción que se incoa
contra el banquero por daño injusto, por la cuantía del interés del demandan-
te en que se le comunicasen las cuentas. Sucederá cuando por carecer de las
cuentas en las que fundar su demanda, hubiera perdido su litigio (D. [Link])
Este asunto contra el banquero no prospera si este último puede probar que
hubiera vencido en el litigio en el que perdió, o si probado debidamente ha sido
un problema de juicio, dado que no se hizo caso de esta prueba. Cabe acción si
se consiguen las cuentas o documentos o testigos que no tenía a su disposición
en el pleito anterior, y esto puede suponer haber vencido en aquel pleito. (D
2.13.10. Gai. 1 ed. prov.) Esta acción caduca al año D 2.13.13 (Ulp. 4 ed.) y
D.[Link] (Ulp. 4 ad ed.).
Pero si hay algo por lo que son bien importantes las cuentas del banquero es
porque son medio de prueba del pago del deudor al acreedor. Es más, el deudor,
desprovisto de otra prueba puede pedir al banquero, en pendencia del juicio
la editio, y literalmente la publicación de las rationes. Prueba de que un tercer
sujeto, el argentario, convencía de la certeza de los hechos transcritos en las ra-
tiones, como un mecanismo extraordinariamente similar a algunos practicados
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23 SANTORO, V., Il banchiere nell´interposizione nei pagamenti, a Roma ed oggi. Testo della Relazione
tnuta all´Università degli Studi di Salerno in occasione del Convegno Soggetti e responsabilitá
nell´impresa: un prospettiva storico-comparatistica, Salerno, 28 de aprile 2008. p.6.
24 CARNELUTTI, F. La prueba... cit. p. 177 y SENTIS MELENDO, S. La prueba: los grandes temas …
cit. p.147 y ss.
25 ANDREAU, J., Banque et affaires dans le monde romain. IVe siècle av. J.-C.- IIIe siècle ap. J.- C., Paris,
2001. p. 93: «Le banquier n’était tenu de produire (edere) que ce qui concernait le compte du client;
ou bien il en fournissait une copie, ou bien il permettait la consultation de l’original, mais en se
limitant aux écritures du compte du client –écritures considérées, d’une certain façon, comme étant
la propriété du client. Cette production du registre ou d’une copie conforme n’impliquait ni que le
compte fût clos, ni que le solde fût réglé par le client ou par le banquier».
26 En principio las puede pedir el cliente del banquero a su propio argentario. Se dispone en el edicto,
que el banquero comunique las cuentas, y no hace al caso que el litigio sea con el mismo banquero o
con otra persona. Por ello, se hace exhibir las cuentas tan sólo a los banqueros y no a otras personas
distintas. En este sentido estamos con FERNANDEZ BARREIRO, A. ob. cit. pp. 202 y ss cuando
referido a D. 2, 13, 9, 2 entiende que los nummularii estaban afectados por el deber de edere rationes,
dado que estos no eran una categoría distinta de banqueros, sino una denominación genérica de que
designaba conjuntamente a argentarii y nummularii. Escribe Pomponio que los cambistas también
sean obligados a comunicar las cuentas porque al igual que los banqueros las confeccionan, también
reciben y entregan dinero, valiendo como prueba de ello sobre todo la escritura de sus libros. Y muy
a menudo se recurre a la fe de los mismos (D. [Link]) porque el oficio y servicio de los banqueros
es de interés público, y tienen como principal deber el confeccionar diligentemente las cuentas de
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sus negocios (D. 2.13.10. 1 y 2). Es decir, tanto el demandante como el demandado podrán pedir sus
cuentas al argentario quien tiene obligación de confeccionarlas y exhibirlas. Hoy día, las partes que
intervienen en el proceso pueden solicitar a su Banco los datos que quieren aportar en juicio, y esto
no reviste mayor inconveniente cuando son pleitos con terceros. Otra cosa es, en otros supuestos, en
los que hemos encontrado jurisprudencia constitucional, uno cuando el Banco requiere a un cliente y
utiliza para ello certificaciones de deuda intervenidas por Notario, y otro cuando una de las partes es
la propia Administración.
27 GUILLARD, E., Les banquiers athéniens et romains, Paris, 1875. p. 52. HERRERO CHICO, “Argentarii.
…. cit. p. 28.
28 DE SARLO. L., Il documento oggetto di rapporti giuridici privati, Florencia, 1935. p. 159. Así el banquero
emite copia de sus libros contables, y el cliente tiene su editio rationem.
29 PEÑALVER RODRIGUEZ, M.A. “La banca en Roma”. Estudios en Homenaje… cit. p. 1548.
30 La exhibición documental preliminar al juicio ya se trataba en el art. 497 4 y 5 de nuestra antigua LECiv
y en la nueva LEiv de 2000 art. 256.1.1º a 7º. Si esta diligencia preliminar que solicita documentos
contables, es admitida y acordada por el Tribunal (al estimarla pertinente, puesto que concurren, justa
causa e interés legítimo) de ser desobedecida por la parte requerida, acarreará la consecuencia de que
podrán tenerse por ciertos todos aquellos documentos contables que sean presentados por el solicitante.
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31 El art. 265.1 se refiere a aquellos documentos en que las partes funden su derecho a la tutela judicial
efectiva.
32 La investigación de los hechos no debe ser objeto del proceso civil, sí del proceso penal en el que
buscamos la verdad de los hechos sin que las partes puedan limitar esta facultad. De ahí que en civil
hablemos de que el juez sólo debe verificar que no investigar los hechos que se someten a su juicio.
33 FERNANDEZ BARREIRO. A, La previa….. cit. p. 82 y DE SARLO, l. Il documento oggetto … cit.
p 197 y ss. También estaban obligados a reddere ratiiones los siguientes sujetos: negotorium gestor,
procurator, maritus qui uxoris res extra dotem constitutas administravit, tutor el curator, heres fiduciarius,
hereditatis possessor y servus qui res domini administravit.
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34 Respecto a la diferencia entre los términos edere y reddere rationes, si acudimos a las fuentes queda
claro que una cosa es enseñar las cuentas con detalle, y otra determinar sólo el saldo que arrojen.
Lo primero está más próximo a los extractos bancarios, y lo segundo a las certificaciones. Así si
observamos en D 50.16, 89,2 (Pomp. 6 Sab.) que se nos dice que “Entre presentar y rendir las cuentas
hay mucha diferencia, y aquél a quien se le manda que las presente no debe devolver lo sobrante;
porque también se considera que el banquero presenta la cuenta, aunque no paga el sobrante que
queda en su poder”. En el mismo sentido (D. 34,3,8,5 Pomp. Ad Sab.) “Aquél a quien se le haya
mandado dar cuentas, no se considera que cumple, si entrega lo sobrante sin haber presentado las
cuentas.” En la misma línea D. 40,7,6,7 ( Ulp. 27 Sab.)…”… Pero la condición de haber de rendir
cuentas, por lo que ciertamente atañe a los remanentes, consiste en dar el dinero; más lo que se
refiera a la entrega de los mismos libros de las cuentas, y al repaso y examen de las cuentas ya su
puntualización y discusión, contiene un hecho” . Y por fin, también en D. 35,1,82 (Calistrato II
quaest.)”…luego ¿qué se comprenderá si hubiere dado las cuentas?... Unos entienden que será entregar
los remanentes, como si no hubiera diferencia entre entregar los remanentes y dar las cuentas……. Se
comprende en las palabras dar cuentas, tanto presentar el remanente como las cuentas para leerlas,
examinarlas e incluso poner reparos.
35 FERNANDEZ BARREIRO. A, La previa….., cit. pp.141-142.
36 GARCIA CAMIÑAS, J. El iusiurandum calumniae en la editio actionis y en la ediotio rationum del
argentarius. Anuario de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Coruña, 2004. p. 369. El
demando podía oponerse y esperar a que el pleito continúe dado que el onus probandi recaía en
el demandante, aunque no tuviera razón alguna para mantener el proceso. Con el juramento se
pretendía evitar esta actuación pasiva del demandado.
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37 FERNANDEZ BARREIRO. La previa….. cit. pp 88-89 cita a DE SARLO Sulla represione penale del
falso documentale in diritto romano. RDPC, 14. 1937, p. 317 y ss.
38 SALAZAR REVUELTA, M., “El deber de información, transparencia … cit. p. 94 Como señala la
autora se ha de destacar, la figura del pretor y su labor edictal en la creación de particulares regímenes
jurídicos que responden a las demandas de tutela de nuevas situaciones que se presentan en una
sociedad caracterizada por la progresiva expansión económica. Esta labor se concreta en unos nuevos
instrumentos procesales que encuentran acomodo en el proceso formulario, sin duda más acorde –por
su flexibilidad y sencillez en cuanto a su tramitación- a las distintas situaciones que se presentan en
la realidad económico-social. Dichas creaciones pretorias en el concreto sector de la banca están
igualmente conectadas con las exigencias de una nueva economía basada en la actividad mercantil y
en los intercambios comerciales a gran escala.
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y jurisdiccionales, y que su poder fue creciendo a la vez que las necesidades im-
periales. El mismo Justiniano dedicó su Novela 136 a De argentarium contractus
que comienza alabando a los banqueros por su utilidad, les concede el cobro de
un ocho por ciento de interés y ejecución privilegiada cuando concurren con
otros acreedores frente al mismo deudor39.
Por otro lado y desde un punto de vista de la competencia objetiva, el ban-
quero está bajo una jurisdicción especial, la del prefecto urbano (D. 1, 12, 1, 9
y D. 1, 12, 2) y quien además de conocer de los litigios en los que intervienen,
procura que se comporten con probidad, no haciendo negocios prohibidos40, as-
pecto que no sabemos si resultó un privilegio para estos ciudadanos, que podían
sortear así la jurisdicción ordinaria.
39 GUILLARD, E., Les banquiers …. cit. pp. 94 y siguientes, capítulo III de la primera parte, titulado
Advantages concédes par la loi aux argentarii explica con detalle que tras la formulación de esta novela
nacen presunciones en favor de los banqueros.
40 SALAZAR REVUELTA, M., “El deber de información,… cit. p. 96. La competencia de este
funcionario público no sustituirá, sin embargo, -por lo menos hasta mitad del siglo III d. C.- a la
jurisdicción ordinaria del pretor, concurriendo ambas paralelamente.
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44 AP Vizcaya (Sección 3ª), en sentencia núm. 198/2006 de 22 marzo, AP Valencia 10/07/2002, decir
tanto la parte como el órgano judicial tendrían que estar y pasar por el certificado que emite la propia
Caja, sin posibilidad de contradicción en proceso judicial, aspecto contrario al derecho fundamental
de defensa y de tutela judicial efectiva, sentado en el artículo 24 de la Constitución Española. La
AP Valencia (Sección 9ª), en sentencia núm. 07/2005 de 28 septiembre desestimó la reclamación
de cantidad por considerar como abusiva la cláusula de fijación unilateral de saldo líquido exigible
reconociéndole por anticipado plena eficacia en juicio.
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48 Se fija un procedimiento específico para los casos de requerimientos individualizados relativos a los
movimientos de cuentas corrientes, depósitos de ahorro, cuentas de préstamos y créditos y demás
operaciones activas y pasivas de los bancos, cajas de ahorro, cooperativas de crédito y cuantas
entidades se dediquen al tráfico bancario o crediticio.
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49 MONTERO El Proceso Civil. Los procesos ordinarios de declaración y de ejecución, Valencia, 2014. P. 234
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50 TORRENT, A. Manual de Derecho Romano Privado, Madrid, 2008 p. 167. Dónde además advierte
que a partir del siglo III se redactan documentos escritos públicos en forma de declaraciones apud
acta ante funcionarios públicos o funcionarios capacitados para ello, los cuales servían como medios
probatorios formando parte de los protocolos. Antes del siglo III el documento era privado y en él
se recogía el contenido de algunos negocios jurídicos solemnes, así como contratos realizados como
consecuencia de obligaciones anteriores. Podían ser llevados ante el juez, quien tras comprobar que
eran auténticos les podía conferir carácter válido como prueba. Los documentos realizados ante el
tabularius eran guardados en copia por éstos. Se extiende con el tiempo la práctica de que los negocios
más importantes deben otorgarse ante funcionarios y mediante documentos públicos.
51 MONTERO El Proceso Civil. Los procesos ordinarios… cit. p. 641.
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de prueba redacta el art. 299 de nuestra ley Rituaria y en su último párrafo pre-
tende adelantarse al futuro con una redacción sumamente abierta e inconcreta:
“Cuando por cualquier otro medio no expresamente previsto en los apartados
anteriores de este artículo pudiera obtenerse certeza sobre hechos relevantes, el
tribunal, a instancia de parte, lo admitirá como prueba” y añade “adoptando las
medidas que en cada caso resulten necesarias” sin decir cuáles o ni siquiera a qué
principios procesales deben responder estas actuaciones procesales.
Por tanto, cabría preguntarse de que vale un principio de legalidad de apli-
cación en apariencia tan estricto con los medios de prueba actuales, si luego
la previsión legal a futuro es tan indeterminada, que deja en manos del juez la
capacidad de decidir, cuáles van a ser esas fuentes de prueba, y cómo se tendrán
que aportar en proceso, convirtiendo así al juez en una suerte de legislador
improvisado de cada caso concreto. Por otra parte, si nos acercamos al modo
de proceder romano, en cuyo derecho los medios de prueba no estaban sujetos
al principio de legalidad estricto, tal como lo entendemos actualmente, sin em-
bargo, se iban dotando de las normas y principios necesarios para transformar
los hechos en pruebas. Sirva como ejemplo el caso que nos ocupa, de los libros
de los banqueros, y lo hacen poniendo su atención (quizá ni siquiera de forma
consciente) en lo principal: una aplicación de los principios del proceso civil
en relación con las partes, que ya hemos referido, dualidad, contradicción e
igualdad, así como principios tan claros como el que los hechos deben ser pro-
bados por quien los aduce (carga de la prueba), aportados al pleito por las partes
(principio dispositivo y de aportación de parte), sin que el juez ni pueda, ni deba
investigar nada52 fuera de los hechos concretos de controversia. Principios ya
presentes en el procedimiento formulario respecto al onus probandi, ei incumbit
probatio qui dicit, non qui negat (Paulo D. 22.3.2) y que se mantienen en la cogni-
tio extra ordinem, no así en la proposición de prueba donde se pasa al principio
inquisitivo, alejándose del dispositivo, ni en la valoración que cambia de la libre
apreciación a la aplicación de la prueba tasada o reglada.
Nos vamos a detener en esta variación última porque supone un giro muy
interesante desde el punto de vista de lo que aporta el Derecho Romano como
línea evolutiva del derecho y su relación con el régimen político imperante. En la
cognitio extra ordinem se aplican principios que también se asemejan a los procesos
basados en la verdad objetiva o material aplicada al proceso civil, como son algu-
52 Con aplicación sólo en el proceso civil, no así en el penal cuyos principios rectores serán otros.
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nos de los principales que analiza MONTERO AROCA en este último siglo53.
Así, en el caso del derecho socialista soviético se imponía a los órganos judiciales
la obligación de adoptar todas las medidas necesarias para esclarecer las circuns-
tancias reales del asunto civil, las relaciones jurídicas entre las partes, sus derechos
y obligaciones, dejando de lado que el proceso civil debe atender a la tutela de los
derechos subjetivos de los particulares. Es decir, acordaban de oficio, los medios
de prueba. Este principio de búsqueda de la verdad material, también se incluye
en los códigos italiano y alemán de la etapa fascista, así el Codice di procedura civile
de 1940 en su punto fundamental nº 12, junto con el aumento de los poderes del
juez, y en la Exposición de motivos de la Ley alemana sobre modificación del pro-
cedimiento civil de 1933, se concede la posibilidad de acordar pruebas de oficio en
asuntos civiles. Incluso en el código Procesal Civil Modelo para Iberoamérica en
su art. 34.2 se refiere a la averiguación de la verdad de los hechos alegados por las
partes. Pero como advierte el mismo autor, ésta pretendida búsqueda de la verdad
objetiva es más grave de lo que pudiera parecer, pues en el proceso civil se busca
la justicia del caso concreto, y no podemos desconocer los principios esenciales,
como el principio dispositivo y el de contradicción. No debemos olvidar que esta-
mos ante un proceso que procura satisfacer el interés particular, no el general de
las acciones públicas del proceso penal, estamos en el proceso civil que a su vez
está relacionado esencialmente con la libertad del individuo y la tutela judicial
de sus intereses, ambos derechos fundamentales de la persona. Por lo tanto, son
los litigantes los que deciden la causa petendi y con ella, los hechos que deben
ser probados y no otros. Sobre esos hechos relacionados con la causa de pedir es
sobre los que girará la prueba, y sólo aquella prueba que las partes estimen. Así,
el ordenamiento jurídico romano más genuino, el del procedimiento formulario
y el actual, protegen la autonomía de la voluntad y la libertad del individuo para
ejercitar sus derechos subjetivos propios. Ultra id quodin iudicium deductum est
excedere potestas iudicis non potest (Javoleno, D. 10, 3,18)54.
8. Conclusiones
Observamos que los libros de los banqueros tienen un contenido más amplio
que el actual, ya que por una parte son fuente de obligaciones y por otro, prue-
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ba de ellas y no sólo de ellas, sino de los demás hechos contables que quedan
reflejados en sus tablas. En otras palabras, por un lado, tienen un contenido dis-
positivo, en un plano sustancial, y por otro lado, valor probatorio, en un plano
procesal, y ambos obedecen a dos funciones distintas la constitutiva (perfección
de ciertos negocios) y la probatoria (tanto en el tráfico jurídico cotidiano como
cuando resulta necesario acudir a juicio).
Como prueba el origen de los hechos contables estará en el Codex, aunque
sólo será el Codex Rationum el que afecte a los procesos en los que interviene el
argentario o sus clientes. En este caso el medio de prueba será la editio rationum
del argentarius, que presentará en juicio por indicación de su cliente contra
terceros (se entiende que el dueño de esa información contable es el deposi-
tante) o bien cuando no lo hace de forma voluntaria atendiendo al decretum
redactado por el pretor. Por otro lado, la editio no era un documento probatorio
tan indiscutible, como las actuales certificaciones bancarias intervenidas por
fedatario público, lo que coloca al cliente de la banca romana en una situación
más favorable que al actual, al menos desde la óptica del derecho del consumo.
Ya del Derecho romano aprendemos que las fuentes de prueba pueden ser
diversas y no se pueden tasar, pero los medios de prueba tampoco pueden ser
tasados, ni lo fueron entonces, ni siquiera lo pueden ser hoy. Los libros contables
bancarios son un ejemplo palpable de lo dicho, dado que las fuentes y los soportes
varían y los medios se deben adaptar a ellas, resultando lo más importante saber
a qué principios procesales queremos acercarnos y si finalmente respetamos la
libertad del individuo en la protección procesal de sus derechos subjetivos.
Y como última reflexión compartimos la de MURILLO y esperemos que
este trabajo sirva aunque sea mínimamente “para demostrar, una vez más, que
de la historia se aprende; que el derecho romano aún tiene “vigencia” no como
precedente invocable en sede procesal pero sí como conjunto de normas en las
que aprender”55.
Dra. Olga Gil García
55 MURILLO VILLAR, A. “La responsabilidad del banquero por los depósitos de los clientes. Una
reflexión desde las fuentes romanas”. La actividad de la banca y los negocios mercantiles en el Mare
Nostrum, Navarra, 2015. p. 115.
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700 Fundamentos romanísticos del Derecho contemporáneo
As relações comerciais: a contribuição de Roma à globalização contemporânea Volume 1
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