CARL ROGERS
MARIA ALEJANDRA URUEÑA PABÓN
KELLY PAOLA CUBIDES BELTRAN
ANA CRISTINA ARIAS GUILOMBO
MEMORIA
BIOGRAFÍA
Carl Rogers nació el 8 de enero de 1902 en Oak Park,
Illinois, un suburbio de Chicago, siendo el cuarto de seis
hijos. Su padre fue un exitoso ingeniero civil y su madre ama
de casa y devota cristiana. Su educación comenzó directamente
en segundo grado, ya que sabía leer incluso antes de entrar
en parvulario. Cuando Carl tenía 12 años, su familia se
trasladó a 30 millas al oeste de Chicago, y sería aquí donde
pasaría su adolescencia. Con una estricta educación y muchos
deberes, Carl sería más bien solitario, independiente y auto-
disciplinado.
Fue a la Universidad de Wisconsin a estudiar
agricultura. Más tarde, se cambiaría a religión para ser
religioso. Durante esta época, fue uno de los 10 elegidos
para visitar Beijing para el “World Student Christian
Federation Conference” por 6 meses. Carl nos comenta que esta
experiencia amplió tanto su pensamiento que empezó a dudar
sobre algunas cuationes básicas de su religió[Link]és de
graduarse, se casó con Helen Elliot (en contra de los deseos
de sus padres), se mudó a Nueva York y empezó a acudir al
Union Theological Seminary, una famosa institución religiosa
liberal. Aquí, tomó un seminario organizado de estudiantes
llamado “Why am I entering the ministry?” Debería decirles
que, a menos que quieran cambiar de carrera, nunca deberían
asistir a un seminario con tal título. Carl nos cuenta que la
mayoría de los participantes “pensaron en salirse
inmediatamente del trabajo religioso”.
La pérdida en la religión sería, por supuesto, la
ganancia de la psicología: Rogers se cambió al programa de
psicología clínica de la Universidad de Columbia y recibió su
PhD en 1931. No obstante, Rogers ya había empezado su trabajo
clínico en la Rochester Society for the Prevention of Cruelty
to Children (Sociedad Rochester para la Prevención de la
Crueldad en los Niños). En esta clínica, aprendería la teoría
y aplicaciones terapéuticas de Otto Rank, quien le incitaría
a coger el camino del desarrollo de su propia teoría. En
1940, se le ofreció la cátedra completa en Ohio. Dos años más
tarde, escribiría su primer libro “Counseling and
Psychotherapy”.(Todos los títulos de sus libros en
castellano, lo situaremos al final del capítulo. N.T.). Más
tarde, en 1945 fue invitado a establecer un centro de
asistencia en la Universidad de Chicago. En este lugar, en
1951, publicó su mayor trabajo, la Terapia Centrada en el
Cliente, donde hablaría de los aspectos centrales de su
teoría.
En 1957, volvió a enseñar en su alma mater, la
Universidad de Wisconsin. Desafortunadamente, en ese momento
había serios conflictos internos en el Departamento de
Psicología, lo que motivó que Rogers se desilusionara mucho
con la educación superior. En 1964, aceptó feliz una plaza de
investigador en California. Allí atendía terapias, dio
bastantes conferencias y escribió, hasta su muerte en 1987.
PENSAMIENTO
Fue partícipe y gestor instrumental en el desarrollo de
la terapia no directiva, también conocida como Terapia
centrada en el cliente, que renombró como Terapia centrada en
la persona. Esta interesante teoría es conocida por sus
siglas en inglés PCA “Person-Centered Approach” o enfoque
centrado en la persona. Sus teorías abarcan no sólo las
interacciones entre el terapeuta y el cliente, sino que
también se aplican a todas las interrelaciones humanas. La
terapia rogeriana contrasta con las perspectivas
psicológicas freudianas y las sociales de Alfred Adler y
de Albert Bandura, por el uso preferente de la empatía para
lograr el proceso de comunicación entre el cliente y el
terapeuta o, por extensión, entre un ser humano y otro.
TEORÍA
La teoría de Rogers es de las clínicas, basada en años
de experiencia con pacientes. Rogers comparte esto con Freud,
por ejemplo, además de ser una teoría particularmente rica y
madura (bien pensada) y lógicamente construida, con una
aplicación amplia. Sin embargo, no tiene nada que ver con
Freud en el hecho de que Rogers considera a las personas como
básicamente buenas o saludables, o por lo menos no malas ni
enfermas. En otras palabras, considera la salud mental como
la progresión normal de la vida, y entiende la enfermedad
mental, la criminalidad y otros problemas humanos, como
distorsiones de la tendencia natural. Además, tampoco tiene
que ver con Freud en que la teoría de Rogers es en principio
simple.
En este sentido, no es solo simple, sino incluso
¡elegante! En toda su extensión, la teoría de Rogers está
construida a partir de una sola “fuerza de vida” que llama la
tendencia actualizante. Esto puede definirse como una
motivación innata presente en toda forma de vida dirigida a
desarrollar sus potenciales hasta el mayor límite posible. No
estamos hablando aquí solamente de sobrevivencia: Rogers
entendía que todas las criaturas persiguen hacer lo mejor de
su existencia, y si fallan en su propósito, no será por falta
de deseo. Rogers resume en esta gran única necesidad o
motivo, todos los otros motivos que los demás teóricos
mencionan. Nos pregunta, ¿por qué necesitamos agua, comida y
aire?; ¿por qué buscamos amor, seguridad y un sentido de la
competencia? ¿por qué, de hecho, buscamos descubrir nuevos
medicamentos, inventar nuevas fuentes de energía o hacer
nuevas obras artísticas?. Rogers responde: porque es propio
de nuestra naturaleza como seres vivos hacer lo mejor que
podamos.
No obstante, las personas, en el curso de la
actualización de sus potenciales, crearon la sociedad y la
cultura. En sí mismo esto no parece un problema: somos
criaturas sociales; está en nuestra naturaleza. Pero, al
crear la cultura, se desarrolló una vida propia. En vez de
mantenerse cercana a otros aspectos de nuestras naturalezas,
la cultura puede tornarse en una fuerza con derecho propio.
Incluso, si a largo plazo, una cultura que interfiere con
nuestra actualización muere, de la misma manera moriremos con
ella.
Entendámonos, la cultura y la sociedad no son
intrínsecamente malas. Es un poco como los pájaros del
paraíso de Papúa en Nueva Guinea. El llamativo y colorido
plumaje de los machos aparentemente distrae a los
depredadores de las hembras y pequeños. La selección natural
ha llevado a estos pájaros a cada vez más y más elaboradas
alas y colas, de forma tal que en algunas especies no pueden
ni siquiera alzar el vuelo de la tierra. En este sentido y
hasta este punto, no parece que ser muy colorido sea tan
bueno para el macho, ¿no? De la misma forma, nuestras
elaboradas sociedades, nuestras complejas culturas, las
increíbles tecnologías; esas que nos han ayudado a prosperar
y sobrevivir, puede al mismo tiempo servirnos para hacernos
daño e incluso probablemente a destruirnos. Rogers nos dice
que los organismos saben lo que es bueno para ellos. La
evolución nos ha provisto de los sentidos, los gustos, las
discriminaciones que necesitamos: cuando tenemos hambre,
encontramos comida, no cualquier comida, sino una que nos
sepa bien. La comida que sabe mal tiende a ser dañina e
insana. Esto es lo que los sabores malos y buenos son:
¡nuestras lecciones evolutivas lo dejan claro! A esto le
llamamos valor organísmico.
Él agrupa bajo el nombre de visión positiva a cuestiones
como el amor, afecto, atención, crianza y demás. Está claro
que los bebés necesitan amor y atención. De hecho, muy bien
podría morirse sin esto. Ciertamente, fallarían en prosperar;
en ser todo lo que podrían ser. Otra cuestión, quizás
exclusivamente humana, que valoramos es la recompensa
positivo de uno mismo, lo que incluye la autoestima, la
autovalía y una imagen de sí mismo positiva. Es a través de
los cuidados positivos de los demás a lo largo de nuestra
vida lo que nos permite alcanzar este cuidado personal. Si
esto, nos sentimos minúsculos y desamparados y de nuevo no
llegamos a ser todo lo que podríamos ser.
De la misma forma que Maslow, Rogers cree que si les
dejamos a su libre albedrío, los animales buscarán aquello
que es lo mejor para ellos; conseguirán la mejor comida, por
ejemplo, y la consumirán en las mejores proporciones posible.
Los bebés también parecen querer y gustar aquello que
necesitan. Sin embargo, a todo lo largo de nuestra historia,
hemos creado un ambiente significativamente distinto de aquel
del que partimos. En este nuevo ambiente encontramos cosas
tan refinadas como el azúcar, harina, mantequilla, chocolate
y demás que nuestros ancestros de Africa nunca conocieron.
Esta cosas poseen sabores que parecen gustar a nuestro valor
organísmico, aunque no sirven para nuestra actualización.
Dentro de millones de años, probablemente logremos que el
brócoli nos parezca más apetitoso que el pastel de queso,
pero para entonces no lo veremos ni tu ni yo.
Nuestra sociedad también nos reconduce con
sus condiciones de valía. A medida que crecemos, nuestros
padres, maestros, familiares, la “media” y demás solo nos dan
lo que necesitamos cuando demostremos que lo “merecemos”, más
que porque lo necesitemos. Podemos beber sólo después de
clase; podemos comer un caramelo sólo cuando hayamos
terminado nuestro plato de verduras y, lo más importante, nos
querrán sólo si nos portamos bien. El lograr un cuidado
positivo sobre “una condición” es lo que Rogers
llama recompensa positiva condicionada. Dado que todos
nosotros necesitamos de hecho esta recompensa, estos
condicionantes son muy poderosos y terminamos siendo sujetos
muy determinados no por nuestros valores organísmicos o por
nuestra tendencia actualizante, sino por una sociedad que no
necesariamente toma en cuenta nuestros intereses reales. Un
“buen chico” o una “buena chica” no necesariamente es un
chico o una chica feliz.
A medida que pasa el tiempo, este condicionamiento nos
conduce a su vez a tener una autovalía positiva condicionada.
Empezamos a querernos si cumplimos con los estándares que
otros nos aplican, más que si seguimos nuestra actualización
de los potenciales individuales. Y dado que estos estándares
no fueron creados tomando en consideración las necesidades
individuales, resulta cada vez más frecuente el que no
podamos complacer esas exigencias y por tanto, no podemos
lograr un buen nivel de autoestima.
TEORÍA DE LA PERSONALIDAD DE ROGERS
Las proposiciones que están al comienzo de la serie son las
más alejadas de la experiencia del terapeuta y, por lo tanto,
las más sospechosas, mientras que las que aparecen hacia el
final se acercan cada vez más al centro de nuestra
experiencia.
A. Características del niño
1. Percibe su experiencia como una realidad.
2. Posee una tendencia innata a actualizar las
potencialidades de su organismo.
3. Interactúa con su realidad en función de esa
tendencia fundamental a la actualización.
4. En su interacción con la realidad, el individuo se
comporta como una totalidad organizada (gestalt).
5. Se inicia un proceso de valoración organísmica, en el
que el individuo valora la experiencia al tomar como
criterio de referencia la tendencia actualizante.
B. El desarrollo del yo
1. Como consecuencia de la tendencia a la diferenciación
2. Como consecuencia de la interacción entre el
organismo y el medio.
C. La necesidad de consideración positiva
1. A medida que se exterioriza la conciencia del yo, el
individuo desarrolla una necesidad de consideración
positiva. La teoría no se interesa en saber si se
trata de una necesidad innata o adquirida. De acuerdo
con Standal, que formuló este concepto, es una
necesidad adquirida:
a. La satisfacción de esa necesidad se logra
necesariamente por medio de las inferencias
obtenidas a partir del campo experencial de otra
persona.
b. La satisfacción de esa necesidad se relaciona con
una gama muy amplia de experiencias del
individuo.
c. El proceso de satisfacción de la necesidad de
consideración positiva es recíproco, ya que
cuando el individuo se da cuenta de que satisface
esa necesidad en otro, satisface, por eso mismo,
su propia necesidad de consideración positiva.
d. Los efectos de esa satisfacción son intensos en
el sentido de que la consideración positiva
manifestada por cualquier persona se comunica, en
aquel que es objeto de ella, al conjunto de la
consideración que éste experimenta hacia esta
persona.
EL PROCESO DE CONVERTIRSE EN PERSONA
(1961)
Rogers resume parte muy importante de sus enseñanza en
afirmaciones, tales como:
"En mi relación con las personas he aprendido que, en
definitiva, no me resulta beneficioso comportarme como si yo
fuera distinto de lo que soy."
"Soy más eficaz cuando puedo escucharme con tolerancia y
ser yo mismo."
"... no podemos cambiar en tanto no nos aceptemos tal
como somos. Una vez que nos aceptamos, el cambio parece
llegar sin que se lo advierta."
"He descubierto el enorme valor de permitirme comprender
a otras persona."
"... comprender a un hombre que se siente un individuo
despreciable einferior de alguna manera me enriquece. En
estas ocasiones aprendo modificándome de modo tal que me
torno una persona diferente, con mayor capacidad de dar."
"Cuanto más me abro hacia las realidades mías y de la
otra persona, menos deseo 'arreglar las cosas'."
"Sin embargo, el aspecto paradójico de mi experiencia
consiste en que, cuanto más me limito a ser yo mismo y más me
intereso por comprender y aceptar las realidades que hay en
mí y en la otra persona, tantos más cambios parecen
suscitarse. Resulta paradójico el hecho de que cuanto más
deseoso está cada uno de nosotros de ser él mismo, tantos más
cambios se operan, no sólo en él, sino también en las
personas que con él se relacionan."
El enfoque terapéutico de Rogers excede los límites
convencionales en psicoterapia y modifica el papel asignado
al terapeuta, el cual ya no tiene la función de "curar-a-
alguien-enfermo", sino que de "comprender-al-otro", de ser el
espejo de la totalidad de la vida del cliente, lo que lo
convierte más bien en su asesor. Esta nueva forma de relación
elimina actitudes directivas -frecuentemente sometedoras- por
parte del terapeuta. Sus originales teorías en el campo de la
psicología le permiten hacer extensiones en el campo de la
educación en donde formula la enseñanza centrada en el
alumno. En esta área reconoce la influencia de pensadores
como John. Dewey y William H. Kilpatrick, entre otros.
Rogers describe el proceso que viven las personas que
ingresan a terapia y describe siete etapas.
1. Fijeza: es el estado que comúnmente es descrito como
neurótico.
2. Vivir la experiencia de ser plenamente aceptado: al
inicio de la relación terapéutica, el primer cambio que
vive la persona es entrar en un ambiente que no le
condiciona, lo que convierte en innecesarios los
patrones de comportamiento que ha desarrollado para
enfrentar al mundo hostil y condicionante en que se
desenvuelve cotidianamente.
3. Desarrollo y flujo de la expresión simbólica: la persona
en proceso comienza a desarrollar una expresión verbal
más allá de los lugares comunes y que le permita
expresarse con más propiedad conforme a su vivencia.
4. Flexibilización de los constructos y flujo de los
sentimientos: se comienzan a cuestionar los valores y
creencias que han llevado a la persona a un estado de
permanente insatisfacción, y se permite ver las cosas de
forma distinta. Además, en esta etapa se advierte una
mayor libertad para expresar los sentimientos.
5. Flujo organísmico: la estructura personal del cliente
manifiesta una mayor relajación, los sentimientos son
expresados con mayor libertad, las creencias son
libremente cuestionadas y hay una necesidad por explorar
nuevas formas de comportamiento.
6. Inicio de la experienciación plena: es la fase de la
terapia en que las personas llegan al "punto de no
retorno", donde es posible que abandonen el proceso
terapéutico y no experimenten retrocesos dado que toman
conciencia de que son ellas las responsables de su
vivencia y experiencia.
7. Fluidez: es la descripción de una persona que funciona
plenamente.
PSICOTERAPIA CENTRADA EN EL CLIENTE
Es el nombre de una psicoterapia enmarcada en la Psicología
humanista. "Cliente" pretende enfatizar un matiz semántico
distinto a "paciente", ya que un cliente permanece con la
responsabilidad y libertad sobre el proceso terapéutico como
un agente activo, en contraposición de "paciente", como
indica éste término en su sentido literal ("ser paciente con
el problema").
Con frecuencia se habla de "enfoque centrado en el
cliente". Enfoque es un término más general con más matices
filosóficos, que permiten enmarcar con éste una consecuente
psicoterapia y comprensión sobre los intercambios
interpersonales acaecidos durante el proceso
psicoterapéutico. Psicoterapia centrada en el cliente es
también el nombre de un libro escrito por
el psicólogo norteamericano Carl Rogers, considerado
fundamental dentro de la escuela humanista de psicoterapia.
FUNDAMENTOS
La psicoterapia centrada en el cliente es una teoría
psicológica aplicada en el trabajo terapéutico con personas
en busca de ayuda psicológica. Ha sido creada por el
psicológo norteamericano y profesor de psicología Carl
Rogers (1902 - 1987). Como se decía, implica un "enfoque" que
enmarca el proceso psicoterapéutico, más allá de ser una mera
"técnica". Por ejemplo, según aseguraba el propio autor en el
citado libro, el proceso psicoterapéutico fallaría si fuera
aplicado como una técnica, ya toda acción terapéutica surge
de unas determinadas actitudes reales por parte del
psicoterapeuta (de ahí denominarlo "enfoque"). Como técnica
psicoterapéutica es uno de los métodos más investigados a
nivel científico desde entonces y ha dado sus pruebas de
eficacia.
Las investigaciones científicas y universitarias en
muchas partes del mundo permitieron también el desarrollo
sistemático de esta orientación psicoterapeutica.
La psicoterapia centrada en el cliente suele ser la base de
la formación profesional de los counselors. También forma
parte de la formación curricular básica de los psicólogos, ya
que es una forma de psicoterapia, permite establecer una
relación psicoterapéutica y enmarca conceptos fundamentales
como el sí-mismo.
CLIENTE EN OPOSICIÓN A PACIENTE
Para muchos el uso del término cliente puede resultar
chocante y contrario al espíritu de la psicología humanista.
El motivo de abandonar el término paciente viene dado por la
connotación del vocablo, relacionado con la patología, lo
cual implica una relación asimétrica en donde el enfermo
busca la ayuda de un superior, el terapeuta o sanador. La
contrapropuesta es que no existe tal cosa como la enfermedad
mental, sino formas disfuncionales de vivir.
El solicitante de un servicio o proceso psicoterapéutico toma
así el término cliente, ya que es una persona activa en la
solución de su problema y, como parte de esa búsqueda activa,
ha decidido iniciar este proceso psicoterapéutico. Dentro de
la relación terapéutica, cliente y psicoterapeuta tienen por
tanto el mismo "estatus", de modo que el cliente es
totalmente libre para dirigir por medio de la psicoterapia su
propio camino de desarrollo personal.
EL PROCESO TERAPÉUTICO
Según Rogers, el cliente es el que lleva el peso de la
terapia (auto-directividad) y no el terapeuta. Sin embargo,
el terapeuta tiene que ofrecer al cliente una relación que se
define por tres condiciones necesarias y suficientes para
lograr el éxito de la misma. Las tres primeras
características o condiciones son Empatía, Aceptación
positiva incondicional y Autenticidad o Congruencia. Todo el
proceso de la psicoterapia puede traducirse como la actitud
del psicoterapeuta en una profunda creencia de respeto y
aceptación del cliente y de sus propias capacidades para el
cambio: de este modo, todo lo que se hace en la psicoterapia
(si entendemos esta como una escuela o enfoque, de la que
surgen técnicas o estrategias) es la instrumentalización de
esa actitud. Desde el uso del silencio a la empatía, vienen a
trasmitir este mensaje implícito.
Estas tres condiciones relacionales mencionadas son llamadas
actitudes de base:
1. La aceptación y consideración incondicionalmente
positiva de la persona en búsqueda de ayuda. Se acepta
sin condición alguna la manera en que ella está
dispuesta a revelarse y demostrarse en la relación
frente al terapeuta.
2. La empatía centrada en la persona sufriente. Es la
capacidad del terapeuta de entrar en el mundo del
cliente y de comprender con exactitud sus vivencias como
si el terapeuta fuese el otro. Esta
comprensión empática facilita la concientización,
favorece el acompañamiento terapéutico y promueve el
desarrollo personal.
3. La autenticidad del terapeuta permite a menudo
un diálogo sincero y constructivo directo entre el
terapeuta y el cliente. El terapeuta sigue siendo un
experto, pero él se comunica también como ser humano al
servicio del cliente sufriente.
La relación centrada en el cliente se define además por un
mínimo de contacto establecido entre el cliente y el
terapeuta (4), el cliente debe estar en un estado
de incongruencia (5) y por último, el cliente debe, de una
manera u otra, darse cuenta de la presencia del terapeuta y
de la relación ofrecida (lo que, a veces, no ocurre, por
ejemplo en caso de una psicosis aguda).
Una relación definida por las actitudes de base genera una
multitud de interacciones terapéuticas cada vez más adaptadas
a la relación con el cliente, a su persona y situación
particular, favoreciendo la capacidad natural e inherente en
cada persona de poder desarrollarse de manera constructiva
(tendencia natural de cada persona a su auto-actualización,
es decir a desarrollarse y madurar).
FILOSOFÍA Y ÉTICA
En un sentido filosófico, los terapeutas centrados en la
persona consideran el ser humano como una persona que,
durante su vida entera, vive en una interdependencia entre
sus necesidades de autonomía y sus necesidades de estar
relacionado con los demás y con la sociedad. Las dos
necesidades son existenciales. Uno de los objetivos de la
terapia centrada en la persona es ayudar al paciente a
encontrar su equilibrio en esta interdependencia y de
desarrollar en ella su pleno funcionamiento social y psíquico
("fully functioning person").
Así, incluso en su propia "Psicoterapia centrada en el
cliente" hace constantes referencias a la psicología Gestalt,
o a la gestalt de la personalidad del cliente (el sí-mismo).
En la psicología gestalt se analiza profundamente la
interacción persona-sociedad, de modo que las personas
vivimos inmersas en la "experiencia"; esta es el constante
flujo experiencial donde todos los seres humanos
interaccionamos. Desde la psicología Gestalt, el problema de
la disfuncionalidad o psicopatología se entiende como una
falta de ajuste: la solución consiste en buscar un "ajuste
creativo" al problema, que permita una funcionalidad de la
persona en ese medio. Es decir, en cierto modo supone una
despatologización más bien próxima al humanismo.
PSICOLOGÍA Y DESARROLLO
El ser humano nace con un conocimiento intuitivo (inmediato)
de sus necesidades organísmicas. A medida que se desarrolla,
va empezando a construir un esquema de sí mismo con base a
ese conocimiento. En los avatares de sus relaciones con el
mundo y los otros, puede recibir dos clases generales de
retroalimentación: consideración positiva
incondicional y consideración positiva condicional. En tanto
recibe ésta última, el sujeto, quien tiene necesidad de
aceptación, aprende a rechazar partes de su sí mismo que los
demás desaprueban, con lo cual pierde parte de su proceso de
satisfacción de esas necesidades que ya no reconoce de sí. La
tesis central e hipótesis de trabajo terapéutico, es que al
dar consideración positiva incondicional, entre otras
"condiciones suficientes para el cambio terapéutico", el
cliente podrá recuperar su funcionamiento organísmico óptimo.
Constantemente, Rogers en su obra "Psicoterapia Centrada en
el Cliente", enfatiza que las emociones, en muchos casos
disfuncionales, se manifiestan visceral o fisiológicamente,
pero que estas expresiones emocionales no han sido
representadas (o simbolizadas según sus propias palabras)
adecuadamente en la consciencia, ya que su representación
podría suponer un peligro para la propia percepción que se
tiene de sí (sí-mismo) y peligrar con ello la propia
autoestima. A través de esta psicoterapia el cliente toma
conciencia de tal expresión fisiológica y puede representarla
e integrarla en el conjunto de sus percepciones sobre sí
mismo y el mundo.
APLICABILIDAD DEL ENFOQUE ROGERIANO
Las experiencias terapéuticas, de consejería y orientación,
desde la perspectiva rogeriana, abarcan una amplia gama que
va del trato de personas normales, en condiciones pedagógicas
o vocacionales, hasta la psicoterapia en psicóticos
esquizofrénicos (Rogers y otros, 1980).
Hay aplicaciones de esta concepción en diversas áreas
como la clínica, la educación, las relaciones de pareja, la
ludo terapia, la dinámica de grupos (los famosos grupos de
encuentro), etc. Cubre un amplio espectro de edades, desde
niños de dos años hasta ancianos. Y esto es posible, creemos,
porque el enfoque no directivo o centrado en el cliente
constituye además de una técnica, aplicable a tal o cual
problema, una concepción del ser humano y de las relaciones
interpersonales. Por ello trasciende los linderos del
consultorio para conformar una teoría sobre el "buen vivir",
esto es, sobre el vivir plenamente, en constante superación,
abiertos a todas las experiencias, sin miedo, con capacidad
de elección y de responsabilizarnos por lo elegido.
“No hay enfermedad, sólo hay enfermos. Y en la
psicoterapia que queremos practicar ni siquiera eso. Sólo hay
seres humanos que sufren, y no pretendemos encuadrarlos en
una u otra categoría de enfermedad. Sólo pretendemos
escucharles, con el fin de que puedan escucharse a sí mismos.
Sólo pretendemos crear un espacio terapéutico, es decir, un
espacio que permita y motive al cliente a un encuentro
consigo mismo. Nada menos”.
BIOGRAFÍA
ROGERS, C. (1972) Psicoterapia centrada en el cliente.
Buenos Aires: Paidós.
ROGERS, C. (1978) Orientación psicológica y
psicoterapia. Madrid: Narcea.
ROGERS, C. (1979) El proceso de convertirse en persona.
Buenos Aires: Paidós.
ROGERS, C. y C. ROSENBERG (1981) La persona como centro.
Barcelona: Herder.
ROGERS, C. y Mariam KINGET (1971) Psicoterapia y
relaciones humanas. (dos tomos). Madrid: Alfaguara.
ROGERS, C. y otros (1980) Persona a persona. Buenos
Aires: Amorrortu.
WEB-GRAFÍA
(2010)._[Link]
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ENTREVISTA DE CARL ROGERS A GLORIA
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