Más allá de toda duda razonable
Seguro conoces este axioma del derecho: “Inocente hasta que se demuestre lo contrario”. Esta
popular premisa de las leyes tiene como fin garantizar que nadie sea declarado culpable sin
que haya suficientes pruebas que confirmen su responsabilidad en un hecho delictivo, como
en el caso de un juicio que es desecho por la “duda razonable”.
La duda razonable es una figura legal que data de la época medieval, pero que con el paso del
tiempo ha ido evolucionando y adaptándose a las necesidades de la época y el contexto
histórico. En esencia, este concepto se refiere a la facultad que tiene un juez de declarar que
no existen suficientes pruebas o evidencias claras de la existencia de un delito o la
participación de una persona en un determinado hecho.
En ese sentido, cabe aclarar que la duda razonable no es un recurso en el cual un juez se
pueda amparar para rehusar tomar parte en un juicio o decisión, sino que se trata de una
concesión que se da cuando la lógica de los argumentos y pruebas no son contunden para
realizar un dictamen certero.
Como comentábamos al principio, la duda razonable está altamente relacionada con la
presunción de inocencia, la cual establece que “nadie es culpable, hasta que ello resulte
demostrado, sino que se presume la inocencia”. Por ese motivo, en caso de que las pruebas
presentadas contra alguien se consideren insuficientes, éste continuará gozando de su
presunción de inocencia.
Por otro lado, cabe mencionar que este recurso no siempre es infalible, sino que, más bien,
tiende a ser subjetivo. Es decir, declarar que existe duda razonable en un caso recae
completamente sobre la apreciación subjetiva de un juez que es quien determina hasta qué
punto una prueba o evidencia es “suficiente” o no.
En cualquier caso, la duda razonable tiene como intención aplicar la leyes de manera imparcial
y efectiva, procurando garantizar que nadie sea señalado como culpable sin que existan
méritos suficientes para desproveer de su presunción de inocencia.
En México, esta figura legal aún es novedosa, pues su introducción a la Constitución es
reciente con relación a otras disposiciones. La aplicación de este recurso en nuestras leyes
estipula que toda condena que se emita sobre una persona debe ser dictaminada “más allá de
toda duda razonable”. Es decir, para que alguien sea hallado culpable, las pruebas y evidencias
que demuestren su responsabilidad no deben dejar lugar a duda y deben ser definitivas.
La persistencia de este recurso legal en la historia de la leyes nos habla mucho de la
pertinencia de este para el derecho penal, pero también nos recuerda la responsabilidad moral
y cívica que tenemos quienes impartimos la ley. Conocer este recurso es una obligación que
todo Jurista tiene y ponerlo en práctica, en caso de ser necesario, un deber.