TERAPIA ROGERIANA
ACTITUDES BÁSICAS DEL TERAPEUTA ROGERIANO
1. Empatía
El terapeuta Rogeriano escucha de manera empática, es decir, centra su atención en el cliente de
una manera cálida, acogiéndolo y escuchándolo sin interrupciones innecesarias. Mirar a los ojos,
conectarse sensiblemente con la persona, sin fingir ninguna postura profesional ni adoptar una
distancia racional frente a su discurso, es algo que hace sentirse al cliente acompañado. Sus
defensas disminuirán y su expresión tendrá un tono más emocional, más auténtico. Parte
importante de la empatía se expresará en los intentos sinceros, por parte del terapeuta, de
entender a su cliente sin hacer interpretaciones; es decir, entender lo que el cliente está sintiendo
y la forma en que vive su experiencia; parafraseando a Rogers, se trata de un esforzarse por
introducirse bajo la piel del otro, por andar dentro de sus zapatos algunos pasos en su propio
mundo de vivencias. Tiene que ver con valorar el mundo interno del otro y sus vivencias,
participando personalmente y dejándose afectar (sin mantener distancia emocional) en la
situación conversacional, a la vez que logra impedir que los sentimientos que provienen del otro
se enreden/mezclen con sus propios miedos, inseguridades o asuntos no resueltos y solo ahí
puede convertirse en un espejo cálido para él.
2. Aceptación incondicional
Aceptar al cliente tal y como está siendo en ese momento, sin juzgarlo, es importante para que se
acepte a sí mismo. El terapeuta no directivo acoge al cliente, haciéndole sentir que es valorado y
apreciado por él, sin importar las vivencias que transmita. Es como si le dijéramos: "Tal y como
eres, eres digno de aprecio para mí". La intención es hacer sentir al cliente que no necesita
actuar de una u otra manera para ser valorado. Que le basta con ser sí mismo. Aceptación
incondicional no quiere decir que el facilitador esté de acuerdo con lo que el cliente diga, piense
o sienta, sino que el cliente puede sentirse aceptado sin prejuicio ni valoración; se trata de un
compromiso emocional entre dos personas que se encuentran, lo que propicia la libre expresión
de los sentimientos, que se potencia mediante la atención.
3. Congruencia
La congruencia es la concordancia entre lo que decimos, la forma en que actuamos y lo que
sentimos. En la medida en que estamos invitando al cliente a ser auténtico, nosotros mismos,
como terapeutas, debemos ser auténticos (transparentes) en nuestra actitud. Si estoy
sorprendido, debo mostrarme sorprendido; si estoy cansado, debo mostrarme cansado; si siento
tristeza por lo que le ha sucedido al cliente, puedo mostrar esa tristeza. Adoptar un rol
profesional, una máscara aparentemente cordial, distante y racional, es lo menos adecuado para
crear una relación empática con el cliente. En un nivel más profundo, la congruencia es la
concordancia entre lo que expreso de manera consciente y deliberada, y lo que expreso de
manera involuntaria a través del lenguaje corporal (gestos, tensiones, posturas) y paraverbal
(tono, volumen y timbre de voz). Esto supone que el terapeuta, al mismo tiempo que centra su
atención en el cliente, se percibe a sí mismo y se da cuenta de lo que sucede en su organismo.
Ser congruente es ser auténtico y aceptarme a mí mismo tal y como soy. Esta es la base de la
autenticidad. Cuando hago esto, facilito al cliente que haga lo mismo. Rogers manifiesta que si lo
que le está sucediendo al facilitador (que es importante en la relación que se está dando), puede
ser expresado con claridad al cliente, entonces, el cliente puede mirarse con claridad a través de él
y eso puede transformar el encuentro.
CONDICIONES PARA CREAR EL AMBIENTE TERAPÉUTICO
Actitud No-directiva
Se trata de confiar en la tendencia actualizante inherente a todo ser humano; y por tanto, la
responsabilidad y dirección del proceso terapéutico, no radica en el facilitador sino en el cliente,
que es a la vez, la única persona que tiene la respuesta a sus inquietudes más profundas. En un
inicio, se confundió la no-directividad con pasividad, lo que puede hacer pensar al cliente que el
terapeuta está lejano y desinteresado en lo que reporta; por ello es importante recalcar que la
actitud del terapeuta además de ser no- directiva, debe ser pro- directiva.
Actitud Pro-directiva
Actitud terapéutica donde el cliente es quien lleva la mayor parte de la conversación, de forma
que el terapeuta interviene fundamentalmente para mostrar a su interlocutor que le acepta y que
comprende sus sentimientos, actitudes y conductas explícitas, y para reforzar los comentarios del
cliente acerca de estos temas, con la finalidad de que se responsabilice de sí mismo y se acepte.
Escucha activa
Se trata de una serie de comportamientos y actitudes que preparan al receptor a escuchar y a
centrarse en la persona que habla; lo que implica entre otros aspectos ofrecer disponibilidad y
mostrar interés durante el diálogo.
Confianza en el cliente
Cada individuo es valioso y digno, y tiene la capacidad para auto dirigirse. Existe una confianza en
el impulso humano que se orienta en la dirección del crecimiento. Cada individuo posee una
habilidad inherente para encontrar las respuestas precisas y correctas cuando se nutre de un
ambiente de escucha empática, cuidado no posesivo y en el contexto de una genuina y congruente
apertura y honestidad. Es confiar en la autorregulación organísmica.
LA TÉCNICA
En la Terapia Centrada en la Persona, la técnica principal es la Reformulación; es decir que todas
las intervenciones que le terapeuta realice, estarán enfocadas a reformular lo que el cliente ha
dicho para que pueda entenderse a sí mismo y la forma en la que es responsable de lo que ocurre
y que por tanto al hacerse cargo de ello, el cambio es posible y está en sus manos.
LOS RECURSOS
Parafraseo. El terapeuta elige lo más importante de lo que el cliente acaba de decir y lo repite de
nuevo al cliente en sus propias palabras.
Reflejo. Verbalizar las emociones ocultas en el mensaje del cliente.
Resumen. Son síntesis breves de pasajes más largos de la entrevista. Al resumir, el entrevistador
pone atención a expresiones verbales y no verbales del cliente realizadas por un periodo largo, y
reúne partes clave de todo lo dicho.
Clarificación. Comprobar que se ha comprendido correctamente el mensaje del entrevistado.
Implica admitir que estamos confusos respecto al mensaje recibido y a continuación pedir una
aclaración, que se repita el mensaje o que el entrevistado ponga un ejemplo.
Autorrevelación. Consiste en compartir experiencias personales
Inmediatez. Consiste en describir lo que está ocurriendo dentro de la relación terapeuta-cliente o
revelar lo que el terapeuta está sintiendo, ambas cosas en el aquí y ahora de la sesión.
Indagación o pregunta. En el contexto de la sesión las preguntas son indispensables. Hay dos
grandes categorías: las preguntas abiertas y las cerradas. Las preguntas abiertas invitan a
respuestas extendidas. Utilizan los adverbios ¿cómo? ¿qué? ¿cuál? Invitan a hablar, describir
experiencias y comportamientos.
Sondeo. Una pregunta de sondeo es una pregunta que da seguimiento a las respuestas a
preguntas anteriores.
Proporcionar información. En terapia muchas veces nos acercamos más a nuestro componente
pedagógico, y debemos ofrecer información sobre aspectos desconocidos o conocimientos
distorsionados.
Confrontación. Consiste en mostrar una contradicción entre lo que dice y hace el cliente. Lo ayuda
a hacerse consciente de su incongruencia. Se la utiliza solo cuando tenemos evidencias para
demostrar lo que estamos retroalimentando, describiendo y no juzgamos. Se usa esta técnica
cuando la relación ha sido ya establecida
METODOLOGÍA
Rogers esclarece 3 elementos, fases o momentos del proceso terapéutico: Exploración,
clarificación o diferenciación y aceptación.
A pesar de que la mayoría de libros escritos por Rogers son autobiográficos, donde describe al
enfoque centrado en la persona como una forma de acompañamiento y una filosofía de vida y no
como un método, en el instituto CRE-SER, a partir de los momentos propuestos por Rogers,
proponemos seguir la siguiente secuencia metodológica en un acompañamiento terapéutico:
1.- CREACIÓN DE LA RELACIÓN: Iniciar la sesión estableciendo los límites en terapia (encuadre) y a
la vez, empatizando y aceptando la experiencia de la persona. (inclusión)
2.- EXPLORACIÓN: Comunicar a la persona que está entendiendo lo que está sintiendo y como está
viviendo su experiencia. Es la etapa dedicada a escuchar para entender la situación que vive el
cliente.
3.- CLARIFICACIÓN/EXPERIENCIACIÓN: A través de los recursos ayudamos a la persona a entender
su conducta y como es responsable de la misma.
4.- ACEPTACIÓN: El terapeuta hace un resumen general de la sesión y de esta forma ayuda a la
persona a hacerse cargo de lo que ha reconocido. Es importante en esta fase, realizar una
verificación de la aceptación corporal/sensorial de la situación.
5.- CIERRE: Preguntar lo que la persona aprendió de sí misma y que puede hacer en el futuro para
sentirse mejor. Cuál es su propósito de cambio a partir de su darse cuenta.
6.- VALORACIÓN POSITIVA: Cerrar sesión valorando a la persona y al proceso. En esta fase se le
saber al cliente de que el hecho de que se responsabilice y se haga cargo de su situación, le
proporciona esperanza de que el cambio está en sí mismo.