“2022.
AÑO DEL QUINCENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DE TOLUCA DE LERDO”
UNIVERSIDAD MEXIQUENSE DEL BICENTENARIO TULTEPEC
LICENCIATURA EN ENFERMERÍA
Factores personales que influyen en la evaluación
cognitiva y situacional del paciente oncológico
PRESENTA:
FLORES LOPEZ PEDRO LEONARDO
DOCENTE:
LIC. RENE GILBERTO VELAZQUEZ MORALES
ABRIL 2022
INTRODUCCIÓN
El cáncer es una enfermedad que demanda importantes recursos y exige una
optimización en la eficacia y eficiencia de las intervenciones. En este sentido, la
consideración de los aspectos psicológicos y sociales en el manejo integral y
multidisciplinario del fenómeno oncológico está cobrando una importancia cada vez
mayor.
El cáncer es un problema sanitario de primera magnitud a escala mundial, debido a su
incidencia y mortalidad. El mayor conocimiento de los mecanismos de carcinogénesis,
con importantes avances en la investigación básica y aplicada, asociado a la aparición
de tratamientos con mayor especificidad y eficacia, han producido una mejoría en el
pronóstico de los pacientes con esta enfermedad y un aumento de su supervivencia.
En términos generales, cuando hablamos de la calidad de vida de un paciente,
podemos englobar este concepto como la diferencia entre la expectativa y su realidad;
es decir, cuanto más grande sea la diferencia entre estos, más demeritada se verá su
calidad de vida.
Elaborar un concepto de lo que conforme a la calidad de vida ha sido un tema con
implicaciones económicas, políticas, sociales, filosóficas, psicológicas y médicas.
Cuando una persona conoce su diagnóstico de cáncer o el estado de su enfermedad
se somete a estrés físico, psicológico y social. El concepto de afrontamiento ha sido
utilizado desde hace más de 40 años por la psicología para el tratamiento y
seguimiento de muchas patologías. De la misma manera este concepto ha sido
utilizado por muchos autores para describir el oleaje de emociones experimentadas
por un individuo ante una situación estresante, lo que ha resultado propicio para la
intervención del paciente oncológico.
Esta evaluación cognitiva, Lazarus y Folkman la definen como un proceso valorativo
en donde el sujeto determina si la relación entre él y el ambiente es estresante. Para
ello se distinguen tres tipos de procesos evaluativos: la evaluación primaria,
secundaria y reevaluación.
La evaluación primaria es entendida como el proceso por el cual el sujeto evalúa si la
situación es positiva, irrelevante o estresante para sí mismo, interpretando en ella la
presencia de una perdida, un reto o una amenaza. Mientras que en la Evaluación
secundaria, el sujeto valora lo que debe hacer para enfrentarse a la situación, es decir,
evalúa las opciones de afrontamiento disponibles.
Así ambas evaluaciones interactúan para determinar el nivel de estrés, las
características del estado emocional y las estrategias de afrontamiento que se
emplearan para hacerle frente a la situación. Estos tipos de evaluaciones están
influidos por factores personales y situacionales como el grado de novedad del evento,
lo que está en juego, ciclo vital en que ocurre y presencia simultánea de otros factores
estresantes.
Vivir con una enfermedad crónica exige control en muchas áreas que abarcan desde
el manejo de las posibles crisis y emociones desbordantes hasta los grandes cambios
en el estilo de vida, aceptación de la nueva identidad y reorganización del tiempo. Ese
control del acontecimiento estresante se lleva a cabo mediante la emisión de
conductas de afrontamiento muy variadas.
Factores personales que influyen en la evaluación cognitiva
Al abordar el tema de los factores personales que influyen en la evaluación cognitiva
es importante tener en cuenta dos características: los compromisos y las creencias.
Los compromisos son expresiones de aquello que es importante para la persona y
determina sus decisiones, también las alternativas que el individuo elige para
conservar sus ideas y/o conseguir determinados objetivos. Tiene que ver con algo o
con alguien, por lo tanto, depende de una relación específica entre el individuo y el
entorno. Las creencias son configuraciones cognitivas formadas individualmente o
compartidas culturalmente, son nociones preexistenciales de la realidad, que sirven de
lente perceptual. En la evaluación, las creencias determinan la realidad de como son
las cosas en el entorno, y modelan el entendimiento de su significado.
Factores situacionales que influyen en la evaluación cognitiva
Al analizar estos factores es importante tener en cuenta tres características: la
novedad, la predictibilidad y la incertidumbre del evento. Una nueva situación, la
novedad, es capaz de provocar una amenaza si algún aspecto de ella se ha
relacionado alguna vez con el daño. La predictibilidad de un evento ha sido estudiada,
pero los hallazgos no han sido adecuados para explicar el estrés psicológico de los
seres humanos, en parte porque no considera las diferencias individuales en la
evaluación y el afrontamiento. En los acontecimientos de la vida real parece ser que la
incertidumbre máxima suele ser estresante, pudiendo tener un efecto inmovilizador
sobre procesos anticipatorios de afrontamiento, y puede provocar también confusión
mental.
La atención de enfermería en cuanto al aspecto emocional va encaminado a brindarle
la máxima sensación de confort, bienestar, cubrir las reacciones psicológicas,
demanda afecto, permitir expresiones y necesidades de comunicación, y así aumentar
la autoestima, reducir su soledad, cambiar su entorno, minimizar su tensión emocional
y sentimientos de miedo. Para poder intervenir adecuadamente, se debe partir, en
primer lugar, de las observaciones hechas al pie de cama del paciente, con la finalidad
de encontrar respuesta al sufrimiento. Son precisas actitudes como la empatía
compasiva y la intención de acercamiento y de escucha. Los profesionales de
cuidados paliativos, una vez cubiertas las necesidades físicas, emocionales y sociales,
necesitan incorporar metodologías que ayuden a descifrar y a acompañar en el camino
hacia la espiritualidad.
La evaluación respecto a la enfermedad puede hacerse de formas diferentes evaluada
como un desafío que potencialmente se puede superar, como una amenaza capaz de
superar al paciente y dañarlo, o como una pérdida del bienestar que no se podrá
recuperar. También puede percibirse como negación de la existencia de la amenaza,
difiriendo este concepto con el establecido por Lazarus de una estrategia de
afrontamiento sino como una forma de evaluación de la situación.
El afrontamiento tiene como objetivo “una adaptación a la situación estresante,
significando entonces un equilibrio entre las expectativas y demandas de dicha
situación y la capacidad del sujeto para responder a ellas”.
Es por esto que definir el concepto de adaptación a la enfermedad crónica es
importante, sin embargo, no es fácil dado que ésta es dinámica donde hay periodos de
progreso seguidos de regresiones, “dependiendo de cambios en la enfermedad y
cambios en los patrones de respuestas individuales”, que son influidos por
componentes cognitivos, emocionales y comportamentales propios del individuo. La
adaptación es evaluada desde muchas perspectivas y diversos criterios, otra razón
que dificulta su definición es que “el enfermo crónico puede estar funcionando bien
fisiológicamente, pero no ser capaz de realizar cambios necesarios en su conducta
social o viceversa”.
Por lo tanto “la adaptación a la enfermedad crónica exige una reorganización y
aceptación de la propia identidad, así como la instalación de un propósito de vida que
transciende las limitaciones impuestas por la enfermedad”.
Deterioro cognitivo en sobrevivientes de cáncer
s sobrevivientes de cáncer informan más síntomas de deterioro cognitivo que las
personas sin antecedentes de cáncer. Las pruebas neuropsicológicas formales
demuestran un rango de déficits cognitivos objetivos en algunos, pero no en todos los
sobrevivientes que notifican síntomas, en comparación con controles sanos; estos
déficits son:
Deterioro de la memoria.
Déficits en la concentración.
Procesamiento de la información más lento.
Reducción de la función ejecutiva.
Además, los informes subjetivos de deterioro cognitivo a menudo no se correlacionan
con los resultados de las pruebas neuropsicológicas formales. Por último, los factores
de riesgo de deterioro cognitivo subjetivo u objetivo, como la edad, el funcionamiento
intelectual anterior a la enfermedad, el tipo de cáncer, el tipo de quimioterapia y la
evolución natural de los deterioros continúan siendo un tema de investigación activa.
Al oncólogo que atiende a los sobrevivientes con deterioro cognitivo objetivo o
subjetivo, se le recomienda considerar lo siguiente:
Debido a que se define anormal como una desviación significativa de la media
poblacional, es posible que las pruebas neuropsicológicas formales sean
insensibles a los cambios sutiles de la cognición desde el diagnóstico o el
tratamiento del cáncer.
Hay una correlación fuerte entre los informes subjetivos del paciente sobre su
deterioro cognitivo y la disminución del funcionamiento cotidiano, o la
disminución de la calidad de vida.
No se sabe si el deterioro cognitivo influye en el sufrimiento psicológico es un
signo del mismo. Sin embargo, en un estudio de 226 participantes (166
pacientes con cáncer de mama recién diagnosticado y 60 controles), se
demostró que los pacientes con cáncer de mama obtuvieron puntajes
sistemáticamente peores en las pruebas cognitivas que los controles. Este fue
un deterioro mediado por el trastorno de estrés postraumático (TEPT), lo que
indica que es posible que el TEPT contribuya en parte al deterioro cognitivo. En
los estudios, también se observó que el deterioro cognitivo se vincula con
estados emocionales negativos, como la ansiedad y la depresión, el rasgo de
la personalidad de afectividad negativa y la carga autopercibida del tratamiento.
Los tratamientos para pacientes con deterioro cognitivo relacionado con el
cáncer han demostrado un beneficio de mínimo a moderado. Por lo tanto, el
reconocimiento compasivo de las preocupaciones y un enfoque de apoyo son
esenciales.
CONCLUSIÓN
Tanto las personas sanas como aquellas que se encuentran en desequilibrio de su
salud, necesitan observar conductas saludables que les permiten afrontar situaciones
de estrés, de crisis, de desadaptabilidad a través de manejos adecuados de
autocuidado, afrontamiento, adaptabilidad, a fin de aproximarse a una vida mas sana y
con mejor calidad.
Se considera una excelente aproximación de calidad de vida, la descrita por Font,
entendida como la valoración subjetiva que el paciente hace de diferentes aspectos de
su vida en relación con su estado de salud. Estos diferentes aspectos serán los del
funcionamiento físico, psicológico y social, y los síntomas de la enfermedad y efectos
secundarios de los tratamientos.
La calidad de vida incluye múltiples dimensiones: físicos, sociales, psicológicos y
espirituales, que la enfermera tendrá en cuenta en su plan de cuidados;
específicamente para el paciente con cáncer, las medidas de bienestar serán
actividades funcionales de manejo del dolor, la fatiga, el cansancio, sueño, náuseas,
vómitos y otros síntomas como respuestas individuales del paciente. Las medidas de
bienestar social serán actividades funcionales de afecto, apariencia y relación con sus
familiares, amigos, preocupaciones del trabajo, aceptación y apoyo familiar, y estar
atento a otros factores como respuestas individuales del paciente. Las medidas de
bienestar psicológico se relacionan con el apoyo en el control de la ansiedad, el estrés,
la desadaptabilidad, la cognición y la angustia que genera la enfermedad como
respuestas individuales del paciente. El bienestar espiritual se relaciona con la fe, las
creencias y los significados interiores de cada paciente; sólo escuchando y
observando sus respuestas se podrá compartir confianza y buena terapéutica hacia la
mejor calidad de vida del paciente oncológico.
La calidad de vida es un concepto relativamente nuevo en la evaluación de la salud;
en estos instrumentos genéricos permiten evaluar diversos y grupos poblaciones, y los
instrumentos específicos permiten medir el impacto de un diagnóstico en determinadas
condiciones crónicas. La medición de calidad de vida debe incorporar la
dimensionalidad física, social, psicológica y espiritual.
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