criterio
1
Regla que se aplica para tomar una decisión o determinar una verdad.
2
Juicio o decisión adoptada.
3
Capacidad para formarse un juicio o tomar una decisión acertada.
«Un buen criterio combina la perspicacia con lo que naces y lo que
aprendes, pero se puede perfeccionar y mejorar», dice Likierman.
El buen criterio en la toma de decisiones
Dada la importancia del un buen criterio para la toma de decisiones sensatas,
tomar medidas para mejorarlo podría considerarse un elemento importante en
la preparación de crisis y gestión de riesgos.
Pero ¿qué es tener buen criterio, exactamente? Likierman lo define como «la
capacidad de combinar cualidades personales con conocimientos y
experiencias relevantes para formar opiniones y tomar decisiones».
Buen
criterio: Conjunto de cualidades personales, conocimiento y experiencia.
Podemos mejorar el criterio a través de la experiencia y sus características.
Al evaluar nuestro criterio, es importante no utilizar los resultados como una
medida de éxito, dice Likierman. “Un resultado positivo podría haber sido
simplemente una cuestión de buena suerte o de oportunidad”, dice. «Lo que
parecía una buena decisión en ese momento, después de varios años, podría
resultar desastroso».
Es mejor centrarse en su proceso: comprender las cualidades que contribuyen
a tener un buen criterio y trabajar en cualquier área de debilidad para reforzar
sus posibilidades de tomar buenas decisiones.
“Ordena las cartas a tu favor pasando por un proceso de toma de decisiones
que probablemente te ayude en su camino”, dice Likierman. «El resultado
puede estar fuera de tu control, pero puedes darte la mejor oportunidad
posible».
La capacidad de los líderes para tomar decisiones acertadas en una crisis tiene
grandes implicaciones para las organizaciones. La evidencia muestra que los
stakeholders recompensan a las organizaciones cuyos líderes toman buenas
decisiones al enfrentarse a crisis, mientras que castigan a aquellas cuyas
decisiones son erróneas.
Los 6 elementos de un buen criterio
6
Elementos del buen criterio: Tomar decisiones acertadas
Medir el buen criterio y participar en el proceso de mejorarlo requiere
comprender los seis elementos del criterio, según Likierman:
1. Lo que recibes
Este elemento se centra en la capacidad de aprender, lo bien que se escucha y
la atención que prestamos a lo que se escucha o lee.
Cómo mejorar: ten en cuenta tus propios «filtros de información» y
cuestiona la información que recibes y si se ajusta a tu experiencia. Si la
información que se te proporciona es insuficiente, busca fuentes adicionales o
mejores.
2. En quién y en qué confías
Más que nunca, es importante preocuparse por la calidad de la información
que consumimos. También es valioso buscar diversidad de opiniones e
información, en lugar de buscar una «cámara de eco» que refuerce lo que
creemos que es cierto.
Cómo mejorar: haz de tu criterio una cualidad que buscas a tu alrededor, en
tu equipo. Cuestiona la credibilidad de las fuentes de información.
3. Lo que sabes
La experiencia es un elemento crítico del juicio o criterio y de la toma de
decisiones, que ayuda a dar forma a las decisiones y permite que una persona
se anticipe a los posibles desafíos y problemas.
Cómo mejorar: realiza un seguimiento de tus decisiones y de lo que salió
bien y lo que salió mal, en particular las que se tomaron en tiempos inciertos.
Busca formas de ampliar tu experiencia.
La
experiencia: Elemento fundamental para la toma de decisiones.
4. Lo que sientes y en qué crees
Los valores son impulsores clave de las decisiones. Es importante conocerlos,
no solo para incorporarlos cuando sea apropiado, sino para evitar sesgos en la
toma de decisiones.
Cómo mejorar: toma medidas para comprender los sesgos y mitigar su
impacto. Busca la aportación de un tercero.
5. Toma una decisión
Esta es la etapa de unificar el «material en bruto» que ya tenemos de manera
que mejore las posibilidades de éxito de nuestra decisión. Eso significa no
aceptar las opciones obvias como las únicas opciones.
Cómo mejorar: examina la forma en la que se han tomado las decisiones, en
busca de posibles errores o sesgos. Las reuniones previas a la toma de
decisiones pueden ayudar a identificar posibles errores antes de tomar la
decisión.
6. Actuaciones basándose en esa decisión
La fase de ejecución en esta etapa implica reconocer que la decisión en sí
misma no es el paso final. Preguntarse quién o quiénes actúan sobre una
decisión y cómo lo hacen es fundamental para lograr el éxito.
Cómo mejorar: considera tu propia experiencia en el cumplimiento de tales
decisiones y la de otros involucrados en el proceso de toma de decisiones.
Cambiar de opinión y «confiar en tu instinto»
Un elemento esencial de un buen criterio es estar abierto y responder a
circunstancias volátiles. En otras palabras, estar dispuesto a cambiar de
opinión.
“Tendría en cuenta las palabras del economista John Maynard Keynes, quien
cuando se le preguntó acerca de cambiar de opinión dijo: „Cuando los hechos
cambian, yo cambio de opinión. ¿Qué hace usted, señor?”, Dice Likierman.
«Aferrarse a algo independientemente de los hechos es uno de los sesgos más
conocidos que dan lugar a un mal criterio o juicio».
¿Y qué hay de «confiar en tu instinto»?
Confía en
tu instinto
Un buen criterio requiere reflexión antes de actuar, incluso si es solo por unos
segundos, dice Likierman. Durante una crisis, recomienda hacerte tres
preguntas rápidas:
¿Tiendo a actuar por impulso y luego me arrepiento?
¿Es esto diferente a todo lo que he visto antes?
¿Hay mucho en juego?
“Un sí a cualquiera de ellos es una buena señal de no responder solo por
instinto”, dice Likierman.
Buen criterio, mejores decisiones
Tomar medidas para mejorar tu criterio puede conducir a una mejor toma de
decisiones, un beneficio para las organizaciones en el curso de sus negocios
normales, así como en situaciones de crisis. La clave es comprender los
elementos del buen juicio o criterio y actuar para fortalecerlos.
Comprender los elementos del buen criterio es la clave
«Se trata de lo que haces para mejorar tus posibilidades de hacerlo bien», dice
Likierman. “Mirando los aspectos generales del juicio y tus propias
tendencias, haz un balance: ¿Dónde están tus fortalezas y debilidades? ¿Cómo
se puede trabajar en las debilidades y aprovechar las fortalezas? «
Criterio
Te explicamos qué es el criterio, el origen del término y sus
diversos sentidos. Además, qué es un criterio de evaluación y la
falta de criterio.
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Un criterio es lo que se tiene en cuenta para hacer algo, como el alfabeto
para ordenar libros.
¿Qué es el criterio?
Con la palabra criterio, en general, nos referimos a una norma o baremo
a partir del cual es posible conocer la verdad o tomar una
decisión determinada. Aquello que necesitamos tomar en cuenta, o que
conviene considerar de manera oportuna, conforman el criterio con que
hacemos o juzgamos un asunto.
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Esta palabra proviene del griego kriterión, con el mismo significado, y que
a su vez proviene del verbo griego krinein, traducible como “cribar”,
“dividir” o “separar”. Visto así, el criterio es figuradamente aquello que
nos sirve para clasificar, dividir o separar en sus partes un asunto.
Por ejemplo, si debemos organizar un conjunto de libros en un estante de
biblioteca, podemos aplicar un criterio alfabético por títulos o por autores,
un criterio editorial (según la empresa que los publicó), o incluso un
criterio temático, creando así compartimientos o clasificaciones entre los
que se reparte la totalidad de los libros.
Los criterios para un asunto, por ende, pueden ser inmensamente
variados y forman parte del aparato racional con que el ser
humano enfrenta la realidad y formula juicios, opiniones o pensamientos.
Es por eso que a menudo la gente “cambia de criterio”, es decir, cambia
los parámetros con que juzga una realidad y por ende cambia también de
opinión o de veredicto sobre ella.
De allí que la palabra criterio acabó siendo más o menos sinónima de
“opinión” o “punto de vista”, y también de racionalidad o sensatez:
cuando alguien hace algo “según su criterio”, entendemos que lo hace
conforme a su entendimiento, como producto de una decisión tomada de
manera consciente.
Lo mismo ocurre, en un sentido contrario, cuando se dice que alguien
“carece de criterio” (o sea, no tiene idea) o tiene un “pobre criterio” (es
decir, piensa poco o mal las cosas).
Puede servirte: Introspección
Criterio de evaluación
Los criterios de evaluación, como se desprende de la explicación
anterior, son los baremos que empleamos a la hora de determinar un
resultado, especialmente de un examen, un test o una evaluación de
algún tipo. Esto se refiere a lo que tomamos en consideración para
poder discernir entre aquello que está bien y aquello que está mal,
entre las respuestas correctas y las incorrectas, etcétera.
Por ejemplo, los profesores de la escuela manejan un criterio de
evaluación ya estructurado, con el que pueden saber cuáles de nuestras
respuestas en un examen son buenas y cuáles no, para de esa manera
evaluarnos sin que intervengan (o que lo hagan lo menos posible) sus
afectos personales o su subjetividad. Ya que un criterio de evaluación
puede explicarse, transmitirse y revisarse.
Más en: Evaluación
Criterio de divisibilidad
Un criterio de divisibilidad es que todos los números pares son divisibles
por 2.
El criterio de divisibilidad es una norma de la matemática que nos
permite determinar si un número es divisible por otro, arrojando un
número entero como resultado, o no.
Generalmente, estos criterios plantean que un número es divisible por
otro siempre que cumpla con determinados recaudos; por ejemplo, todos
los números pares son siempre divisibles por 2, o por otro número par. O
para que un número sea divisible por 3, la suma de sus cifras debe
siempre ser múltiplo de 3.
Entonces: cuando un número no cumple con los criterios de divisibilidad
establecidos, no podremos llevar a cabo la división y obtener números
enteros como resultado.
Falta de criterio
Se habla de “falta de criterio” para indicar que alguien realiza una acción
o un juicio de valor sin tener en claro cuáles son las cosas que
debería tomar en cuenta para ello, es decir, sin tener mucha idea de lo
que hace o dice.
Así, una persona puede carecer del criterio necesario para tomar ciertas
decisiones importantes, o para llevar a cabo alguna planificación, tal y
como quien ignora según qué punto de vista debería clasificarse
idealmente un conjunto de libros.
Por otro lado, es normal que “falta de criterio” se use como sinónimo de
“pobreza de criterio”, o sea, que carecer de criterio equivalga a tener
malos criterios. En el habla coloquial el término se utiliza para decir que
alguien razona de manera muy pobre o apresurada, que no toma en
cuenta las cosas importantes al hacerlo, o que actúa de un modo
errático, torpe o poco consciente de las consecuencias.
Fuente: [Link]
DEFINICIÓN DE CRITERIO
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El termino criterio tiene su origen en un vocablo griego que
significa “juzgar”. El criterio es el juicio o discernimiento de
una persona.
Temas del artículo
El criterio y lo subjetivo
Un requisito
Criterio en la física y en las telecomunicaciones
La noción en las matemáticas y en la lengua
El criterio y lo subjetivo
El criterio, por lo tanto, es una especie de condición
subjetiva que permite concretar una elección. Se trata, en
definitiva, de aquello que sustenta un juicio de valor.
Una misma situación puede entenderse de formas distintas de
acuerdo al criterio. Si una madre le da una bofetada a su hijo
cuando éste la desobedece, algunas personas estarán de
acuerdo y otras condenarán la acción. De acuerdo al criterio del
primer grupo, la bofetada supone un castigo que sirve como
lección y mejora la conducta del niño. Quienes no están a favor,
en cambio, tendrán un criterio diferente al creer que el castigo
físico nunca es positivo.
Puede servirte: Hijo pródigo
Un requisito
Un criterio también es un requisito que debe ser respetado para
alcanzar un cierto objetivo o satisfacer una necesidad.
En este sentido, es decir, partiendo de dicha acepción nos
encontramos con una gran variedad de importantes criterios. Así,
por ejemplo, podríamos citar lo que se conoce como criterios de
estabilidad. Los mismos podemos establecer que hacen
referencia al conjunto de normas o leyes que debe cumplir a
rajatabla una embarcación para conseguir la seguridad necesaria
que evite que pueda volcar. Entre aquellos destacan los criterios
de dinámica, amplitud del balance o altura metacéntrica.
En una reunión laboral o de estudio, es habitual que aparezcan
distintos criterios.
Ver también: Seguridad
Criterio en la física y en las
telecomunicaciones
Por otro lado, también nos encontramos con una serie de
importantes criterios en el ámbito de la física. Entre ellos
destacaríamos el llamado criterio de Rayleigh o el criterio de
Lawson que hacen referencia a las líneas espectrales y a
producción de energía mediante la fusión, respectivamente.
Otro importante criterio es, por ejemplo, el que se desarrolla en el
ámbito de las telecomunicaciones y que lleva por nombre criterio
de Nyquist. En el año 1928 fue cuando se estableció por primera
vez aquel y el encargado de acometer dicha labor fue el sueco
Harry Nyquist. En concreto aquel citado teorema podemos
establecer que versa sobre las acciones de muestreo.
Sigue en: Líneas perpendiculares
La noción en las matemáticas y en la
lengua
Además de en los sectores mencionados también existen
diversos criterios importantes y de gran peso en otros ámbitos del
ámbito científico. Así, por ejemplo, en el campo de las
matemáticas está el criterio de condensación de Cauchy, el
criterio de Leibniz o el criterio del sándwich. Por su parte, en la
estadística también existe otro igualmente relevante como el
criterio de Chauvenet.
Los criterios de textualidad señalan las reglas que deben ser
cumplidas para considerar que un conjunto de oraciones
constituye un texto. Estos criterios son la aceptabilidad, la
cohesión, la coherencia, la informatividad, la intencionalidad, la
intertextualidad y la situacionalidad. Esto quiere decir que si
varias oraciones o párrafos aparecen en un mismo contexto y
cumplen con estos criterios, el contenido puede considerarse
como un texto. De lo contrario, puede tratarse de palabras o
frases aisladas que carecen de sentido como unidad.
Tomar decisiones es complicado. No tomarlas es casi siempre
desastroso. Tomar decisiones exige criterio, pero también
gestión de los tiempos. Algunas personas no se atreven o se
acomodan a lo que digan su jefe, sus amigos, su esposa (o
marido), su familia, o su tribu. Hay quien toma las decisiones
ignorando la información o haciendo una lectura sesgada.
El diseño de los sesgos forma parte del mapa de
reclusiones futuras. Los sesgos y su aplicación
nos acorralan. El toro al que hay que temer tiene
dos cuernos: algoritmos y sesgos. Para pensar
con claridad y elegir la mejor opción posible con
la mayor libertad posible conviene tener criterio.
Hay gente que está bendecida por una gran intuición, lo que
para otros es un juicio experto. Nadie tiene una fórmula
científica de la intuición, y mucha gente admira el éxito de quien
ha demostrado tenerla, pero siempre se admira aquello que ha
tenido éxito. Nos apuntamos a comentar la Liga el lunes. Es
más difícil crearla. Hacer suceder. Hubo gente con intuiciones
acertadas y otras erróneas.
Hay una broma macabra y que intenta acaso
mostrar algo de verdad que decía que al llegar el
nazismo a Alemania en 1933 hubo dos grupos de
judíos: los pesimistas que terminaron en
Hollywood (emigraron); los optimistas, en
Auschwitz.
Si alguien cree que en las empresas o gobiernos siempre se
dice la verdad, que vea la serie The Vietnam War, de Ken
Burns. Ya lo dice el refrán alemán: «Quien quiera decir la
verdad debe tener un caballo rápido».
Cuando hay que tomar decisiones es recomendable desconfiar
de personas que siempre empiecen las frases con el temible
«Yo creo que». Más allá del simpático voluntarismo de los
ingenuos (aquellas personas, a veces enternecedoras, que lo
basan todo solo en su olfato) debemos buscar el apoyo de
aquellos que saben que tener los hechos de tu lado es mucho
mejor que andar a ciegas. Hay que prestar atención a lo que te
vas a encontrar. Lo dice el refrán árabe «Primero ata tu camello
y luego confía en Dios». Y, al mismo tiempo, solo lo que es
grande como un sueño a veces sucede y se convierte en algo
grande de verdad.
Hay personas que son muy habilidosas para
torturar los datos, hasta que estos digan lo que
quieren escuchar. Pero eso es engañarse y
engañar. Hay que mirar la realidad de cara. Y
saber elegir la información relevante y, de paso,
a las personas con criterio que te ayudan a
pensar.
Todo el mundo sabe que ser políglota es bueno, pero si no
sabes pensar en tu propia lengua no sabrás formular ideas en
ningún idioma nuevo. Un necio educado en una escuela
internacional es necio sin acento. Pero lo sigue siendo.
Cuando un avión se estrella porque no funciona
el altímetro, hemos fallado en lo esencial. Hay
que pensar, vivir y trabajar como los
paracaidistas. No se contempla la opción de «A
ver si se abre». La llamada disrupción digital no
es más que un acelerador del darwinismo, según
el cual sobrevive el que mejor se adapta y, habría
que añadir, quien tiene más y mejores medios.
Que gane el mejor es la frase predilecta de la
gente que no ha leído la primera frase de la obra
maestra de Fitzgerald, El gran Gatsby:
«En mi primera infancia mi padre me dio un
consejo que, desde entonces, no ha cesado de
darme vueltas por la cabeza.»
»Cada vez que te sientas inclinado a criticar a
alguien —me dijo— ten presente que no todo el
mundo ha tenido tus ventajas…»
Sin información de calidad, sin criterio, sin coraje y sin talento,
tomar decisiones acertadas no deja de ser una casualidad. Un
exceso de información también puede postergar
decisiones, pero es mal momento para dudar infinitamente,
aunque una dosis de incertidumbre implica inteligencia.
Dudemos y, al mismo tiempo, decidamos.
La gestión de tiempos es esencial: la maestría de saber
cuándo actuar. Mucha gente es especialista en decir «Yo ya te
lo dije», solo que hablan de tener proyectos en lugar de
realizarlos.
Entre un novelista y un crítico, uno ha escrito
doscientas páginas y otros dos. Entre un
consultor y un empresario acostumbra a haber
muchas nóminas a su cargo de diferencia. Las
opiniones son gratis, salvo las que pagamos a
precio de oro, que sin duda son baratas si son
buenas. Ante tanta incertidumbre, que es lo
único seguro que nos acompañará toda la vida,
hay que asumir la soledad y el cansancio (Mark
Twain dijo que en la vida son hay dos certezas: la
muerte y los impuestos).
Seleccionemos bien la evidencia; debemos tratar la
complejidad sin aumentarla. Si tenemos dos opciones
aparentemente iguales de buenas, elijamos la más simple. Lo
descubrió Guillermo de Ockham hace 700 años cuando dijo:
«En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele
ser la más probable». Ya lo djo Italo Svevo, genio de la novela
italiana: «En los negocios, la teoría es utilísima, pero operativa
solo cuando ya se han solucionado los asuntos».
Como escribir es más fácil que hacer bien las cosas, en caso
de duda, leamos a Roberto Colom, que nos refuerza dónde
está el norte. «Suponer puede estimular el pensamiento, pero
la evidencia empírica ilumina». Lo dijo Vicente Aleixandre,
Premio Nobel español: «Hacer es vivir más».
Psicología: Personas sin criterio propio y
que viven en función de lo que piensan
los demás
Tiempo de psicología con María Jesús Álave Reyes en La Brújula. En esta
entrega nos retrata a las personas que no son capaces de tener criterio
propio y viven en función de los demás
Muchas personas que no tienen confianza en si mismas para defender
sus criterios y opiniones, renuncian a ser libres, e hipotecan su vida y
sus comportamientos, condicionadas por lo que que puedan pensar
los demás.
Aunque resulte duro decirlo son personas sin vida propia porque
dependen del comportamiento de los demás. Vivir para agradar a los
demás es no vivir. Es esperar que nos den sus migajas y es una
garantía de sufrimiento. Cada vez hay más personas sin vida
propia. Nos referimos a personas que no confían en sí
mismas, con baja autoestima que no creen en ellas y que han
renunciado a ser dueños de sus emociones. Les han dado a los
demás el poder de su bienestar o desdicha más profunda.
¿Cómo son estas personas?
No parecen tener criterio propio. Son como veletas y no tienen impulso
personal. Solo aspiran a caer bien y tienden a dar pena. No se
puede confrontar ideas con ellas, no aportan y solo viven
pendientes de lo que tú haces, dices u opinas. Se convierten en
una carga, una mochila de la que desprenderse.
¿Cómo se puede salir de una situación así?
Para creer en nosotros hay que llenarse de energía positiva. Amarse a
uno mismo es el comienzo de un romance con la vida. No es
cuestionarnos lo que hacemos, llenarnos de inseguridad. Es
tener paciencia y generosidad para tratarnos bien. Superaremos
la dependencia cuando nos centremos en sentirnos
bien, valoremos nuestros esfuerzos y seamos una persona única e
irrepetible. Ese día valoraremos lo que hacemos y tendremos entidad
propia pero no será fácil.
¿Cómo puedo saber en qué momento estoy?
Hay preguntas que nos pueden ayudar a saber dónde estamos
¿Buscas aprobación en los demás? ¿Aún te influye la opinión en las
personas que te rodean? ¿Cedes en tus ideas para agrada a otros?
¿Qué haces para agradarte a ti?
¿Qué son los criterios de
selección y cómo
abordarlos?
Los criterios de selección incluyen la experiencia, capacidades,
atributos personales, calificaciones, conocimientos y habilidades
necesarias para desempeñarte bien en un empleo.
Es de vital importancia que hagas coincidir tus cualidades con los
criterios de selección al redactar tu carta de presentación o CV.
A continuación, te indicamos los pasos clave para ayudarte a abordar
de manera satisfactoria los criterios de selección:
Léelos detenidamente
Es muy importante que tengas ojo clínico al leer los criterios de
selección para entender exactamente lo que exige el puesto. Por
ejemplo, pedirte “demostrar capacidad” es muy diferente a pedirte
“demostrar conocimiento”. Tómate tu tiempo para leer los requisitos en
detalle y puedas responder de manera adecuada.
Haz coincidir tus habilidades
Pregúntate: ¿mis habilidades coinciden con estos criterios? Será una
pérdida de tiempo postularte para un empleo donde los criterios de
selección no correspondan con tus habilidades y experiencia. Los
empleadores también detectarán esta incompetencia a kilómetros de
distancia.
Sin embargo, si no coincides con los criterios, es momento de
comenzar a pensar en la experiencia de empleos anteriores cuando
has demostrado las habilidades o atributos necesarios. Anota tantos
ejemplos pertinentes como puedas y luego edita la lista para centrarte
en los más destacados e importantes. Estos serán la base de tus
respuestas.
Simplifica el exceso de información
Los criterios de selección pueden ser muy amplios y, por lo tanto,
bastante abrumadores. Intenta dividir los criterios en secciones, de
manera que puedas concentrarte en responder partes breves y no un
gran ensayo.
Por ejemplo, los criterios exigen que tengas “habilidades de
comunicación tanto escritas como verbales y la capacidad de trabajar
bien bajo presión”. Esto te permite abordar y demostrar tres áreas
diferentes: comunicación escrita, comunicación verbal y la capacidad
de soportar la presión. Es de vital importancia que abordes los tres
componentes específicos con ejemplos pertinentes.
Ejemplos
Cualquiera puede decir que tiene aptitudes de administración del
tiempo o la capacidad de cumplir plazos ajustados, pero los
empleadores quieren que lo demuestres dando ejemplos claros de tu
experiencia laboral y logros anteriores. Al abordar los criterios de
selección, utiliza el método STAR: Situación (determina el contexto),
Tarea (describe tu rol), Acción (explica lo que has hecho) y Resultado
(resultados positivos clave).
Que quede claro
Los empleadores no tienen tiempo de “leer entre líneas”, de modo que
tus respuestas deben ser concisas, directas, pertinentes y fáciles de
leer. Además de revisar la gramática, ortografía, presentación y límite
de palabras, cerciórate de haber utilizado un lenguaje positivo y
palabras enérgicas. Presta atención al lenguaje de los criterios, cubre
todas sus habilidades y demuestra tus capacidades.