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521 – DERECHO DE DAÑOS
Semestre sept. 2010 – feb. Módulo 6
2011
Soluciones Prueba de Evaluación Continuada - PEC 4
PEC 4
• Presentación y objetivos
• Enunciados y Soluciones
• Materiales y Bibliografía
• Criterios de evaluación
Presentación y objetivos
Esta Prueba de Evaluación Continuada (PEC) consistirá en la resolución de tres
partes:
PARTE PRIMERA, en la que habrán de resolverse 3 grupos de
cuestiones relativas al Módulo 6 de la asignatura.
PARTE SEGUNDA, en la que habrá de resolverse 1 caso real buscando
la regla de responsabilidad adecuada (en esta parte se verá la relación entre
este caso y el Módulo 6, e igualmente su relación con los Módulos anteriores).
En la TERCERA PARTE se propone la resolución de 2 casos prácticos
de síntesis en el que se comprenden varios aspectos vistos en los diversos
Módulos de la asignatura.
Enunciados y Soluciones
PARTE PRIMERA
1ª.-. CUESTIONARIO.
Contesta a las siguientes preguntas y justifica, si es el caso, la respuesta en el
espacio indicado.
A) El Juez que declare la intromisión ilegítima en los derechos al honor, la
intimidad o la propia imagen tomará como base del cálculo de la indemnización el
10% de los beneficios que el causante del daño haya obtenido con la lesión.
Verdadero
Falso
+
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Justificación (máx. 10 líneas):
La reparación del daño por intromisión ilegítima en los derechos al honor, a la intimidad
o a la propia imagen tendrá en cuenta, entre otros criterios, el beneficio que el causante
del daño haya obtenido con la lesión, pero la ley no establece que este criterio se
calcule en función del 10% de los beneficios. De acuerdo con el art. 9 de la LO 1/1982 de
protección de estos derechos los criterios para determinar la indemnización son: las
circunstancias del caso, la gravedad de la lesión, la difusión o audiencia del medio por el
cual se haya producido la intromisión y el beneficio que el causante del daño haya
obtenido de la lesión.
B) El fabricante de un medicamento defectuoso no responde cuando el estado
de los conocimientos científicos y técnicos existentes en el momento de la puesta
en circulación del producto no permita apreciar la existencia del defecto.
Verdadero
Falso +
Justificación (máx. 10 líneas):
El denominado “riesgo de desarrollo” –cuestión a la que aquí se hace referencia- es una
de las causas de exoneración del fabricante del producto que se recogen actualmente en
el art. 140 RD-Leg. 1/2007, por el que se aprueba el Texto Refundido de la LGCU y
demás leyes complementarias (antes se regulaba en el art. 6 de la Ley 22/1994, de 6 de
julio, de Responsabilidad civil por daños causados por productos defectuosos). No
obstante, de acuerdo con el párrafo 3º de este mismo precepto, en el caso de
medicamentos, alimentos o productos alimentarios destinados al consumo humano, los
sujetos responsables, no podrán invocar esta causa de exoneración.
C) En el caso de la STS, 3ª, 18.12.2009 el actor ingresó en el hospital con
hernia umbilical y fue dado de alta con tetraparesia. Elige una de estas soluciones:
Es un supuesto en el que podrá aplicarse la regla res ipsa loquitur
+
Es un supuesto en el que no existe relación de causalidad
Resulta imposible demostrar la negligencia médica
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Justificación (máx. 10 líneas):
Precisamente, para casos como el contemplado, se ha elaborado la regla res ipsa loquitur
en el marco de los denominados daños desproporcionados, esto es, en aquellos casos en
los que los daños manifestados son totalmente desorbitados en relación con los riesgos
propios de la actividad médica. De acuerdo con esta regla, se presume la negligencia
médica y también, aunque sobre este punto no podemos discutir aquí y ahora, la
causalidad. Por lo tanto, el actor no debe demostrar estos elementos, sino que pesa sobre
el médico la carga de la prueba de que su actuación ha sido totalmente diligente o que el
daño no está conectado causalmente a su intervención.
D) En el sistema español los daños personales como consecuencia de
accidentes de circulación se indemnizan en función de la cuantía mínima
establecida en unas tablas indemnizatorias (baremos) en las que se tasan las
indemnizaciones y a partir de la cuales el Juez puede valorar con libertad los daños.
Verdadero
Falso +
Justificación (máx. 10 líneas):
Nuevamente nos encontramos ante una afirmación falsa. Es cierto que en el sistema
español los daños personales producidos como consecuencia de la circulación de
vehículos a motor se indemnizan de acuerdo con unas tablas indemnizatorias conocidas
comúnmente como “baremos (Anexo del RD-Leg. 8/2004), sin embargo, estas tablas
funcionan como criterios de valoración del daño, no como concepto mínimo
indemnizatorio. En otras palabras, los daños contemplados dentro de una categoría se
indemnizan por igual con independencia de la circunstancias del caso concreto. El juez
no puede apreciar otras circunstancias fuera de las tablas, salvo los criterios legales de
corrección (Tabla IV), los cuales no son otra cosa que factores que corrigen las cuantías
resultantes y que pueden provocar tanto el aumento como la reducción de la partida
indemnizatoria. Recordad que el sistema previsto es de aplicación únicamente a los
daños personales, no a los patrimoniales (art. 1.2 RD-Leg. 8/2004).
E) Comenta qué se entiende por “hecho de la circulación” a los efectos de la
aplicación del régimen de responsabilidad por la circulación de vehículos a motor.
En relación con el supuesto concreto de responsabilidad por la circulación de
vehículos a motor la determinación de que se trate de un “hecho de la circulación” es una
circunstancia esencial, pues será la que determine el establecimiento del sistema de
seguro obligatorio y la baremación de los daños personales. Su definición no se contiene
en el RD-Leg. 8/2004, sino en el decreto de desarrollo (RD 1507/2008), cuyo art. 2.1
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establece que son hechos de la circulación los derivados del riesgo creado por la
conducción de vehículos a motor, ya sea en garajes y aparcamientos, vías o terrenos
públicos o privados aptos para la circulación, tanto si son urbanos como interurbanos,
como en vías o terrenos que sin disponer de tal aptitud sean de uso común. Existen
algunos supuestos excluidos en los párrafos 2º y 3º.
2ª.- BÚSQUEDA DE SENTENCIAS.
Busca una sentencia reciente sobre responsabilidad del médico, resume los
hechos de la sentencia y el fallo y comenta brevemente los aspectos más relevantes
(naturaleza del sujeto demando, tipo de responsabilidad, cuestiones sobre la prueba
de la causalidad, etc.). Busca otras dos sentencias que estén relacionadas con el
supuesto de la sentencia que has elegido y resúmelos en 5 líneas.
Entre la ingente cantidad de sentencias que podríamos utilizar en esta materia,
hemos elegido la sentencia que citamos en la primera pregunta, la STS, 3ª, 18.12.20091,
por resultar un buen ejemplo con el que ilustrar los grupos de casos que podrían
recogerse dentro de la doctrina de los daños desproporcionados.
El 13.11.1996 Matías ingresó en el Hospital “La Fe” de Valencia para ser sometido a
una intervención de hernia umbilical. La intervención tuvo lugar al día siguiente y al
intubarle para aplicarle anestesia general se presentaron complicaciones, consecuencia de
lo cual salió del quirófano en situación semivegetativa, con tetraparesia. Matías interpuso
una reclamación de responsabilidad patrimonial y solicitó una indemnización de
775.524,23 €. Al entender desestimada dicha reclamación por silencio administrativo,
interpuso recurso ante el Tribunal Superior de Justicia. El TSJ estimó en parte el recurso
y condenó a la Administración al pago de 704.756,374 €. La Administración interpuso
recurso de casación. El TS declara no haber lugar al recurso apreciando
fundamentalmente que es de aplicación la doctrina del daño desproporcionado, por lo que
corresponde a la Administración probar que el equipo médico actuó conforme a la lex artis
(véase el FD 2º). En relación con los problemas presentados durante la intervención en el
quirófano, de acuerdo con los hechos probados, no constaba en el expediente médico del
paciente que hubiera de ser sometido a una traqueotomía de urgencia en vista de la
imposibilidad de intubarle, ni tampoco la razón de la imposibilidad de realizar la
intubación. Por ello, y a falta de esta prueba, el Tribunal utiliza un dictamen de la Real
Academia de Medicina y Cirugía en el que se dictamina la imposibilidad de intubar como
“extremadamente rara y en general excepcional” en paciente “de características
aparentemente normales de cuello y cavidad oral”. De acuerdo con estos datos, el TS
considera que se trata de un “daño desproporcionado” y que la Administración no ha
podido acreditar que actuó conforme a la lex artis.
1 Comentada por Sonia Ramos, Rosa Milà, Ignacio Marín, Laura Alascio y Magalí Riera en SALVADOR
CODERCH/RAMOS GONZÁLEZ (coords.) (2010), “100 casos de derecho de daños (2004-2009)”, InDret 4/2010, pp.
17-18.
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Tal y como afirman los comentaristas de este caso2, la sentencia es significativa por
la gravedad de los hechos y de los daños, y porque el TS confirma, una vez más, que la
responsabilidad médica de la Administración no es objetiva cuando se trata de daños
causados por la prestación de servicios médicos. En este tipo de accidentes la víctima
deberá acreditar que concurre una actuación negligente del médico o del servicio, salvo
que se trate de daños desproporcionados.
Otras dos sentencias que están relacionadas con esta materia son las de la Sala 1ª
del TS de 23.10.2008 (RJ 2008/5779) y 15.9.2003 (RJ 3003/6418). En el primer caso se
resolvió la indemnización reclamada por el esposo y los hijos de una mujer a la que se le
había practicado una fecundación in vitro, y cuya muerte se produjo como consecuencia
de una eclamsia asociada a un síndrome de Hellp. El TS no aplica en este caso la doctrina
del daño desproporcionado. En este sentido, señala que si bien en el caso evidentemente
hay un resultado desproporcionado entre la actividad inicial y el resultado producido, sin
embargo, no procede la apreciación de responsabilidad civil sanitaria, porque se ha
declarado probada la causa del fallecimiento y no se aprecia negligencia médica. El TS
considera que ha habido la explicación y justificación médica que excluye la aplicabilidad
de las consecuencias de la doctrina jurisprudencial expuesta. En este caso puede
observarse claramente que la doctrina del daño desproporcionado da lugar únicamente a
una inversión de la carga de la prueba y que el demandado, para desmontar la presunción
que se establece, puede probar la falta de negligencia o la inexistencia del nexo causal. En
el segundo caso un cirujano realizó una intervención quirúrgica a un paciente para la
extirpación de un quiste en la base del cuello, lo que provocó una lesión parcial del nervio
espinal en su parte distal. El TS aplica ahora la doctrina del daño desproporcionado y la
regla res ipsa loquitur que esta doctrina encierra. Al respecto el TS repite un párrafo
proveniente de otras sentencias que resulta ya clásico en esta materia:
“[S]e trata de la regla res ipsa loquitur (la cosa habla por sí misma) de la doctrina anglosajona,
la regla Anscheinsbeweis (apariencia de la prueba) de la doctrina alemana y la regla de la faute
virtuelle (culpa virtual), que significa que si se produce un resultado dañoso que normalmente
no se produce más que cuando media una conducta negligente, responde el que ha ejecutado
ésta, a no ser que pruebe cumplidamente que la causa ha estado fuera de su esfera de
acción”.
3ª.- ESTUDIO LEGISLATIVO.
a) ¿Dónde se regula la responsabilidad por daños causados al medioambiente?
Como se pone de relieve en el Módulo VI de los Materiales de esta asignatura (pp. 44
y ss.), la protección del medio ambiente y la reparación de los daños causados a éste se lleva
a cabo mediante una pluralidad de mecanismos recogidos transversalmente en el
ordenamiento jurídico, tanto en el derecho público como en el privado. Existe una
pluralidad de normas que regula la materia. Recientemente, destaca la Ley 26/2007, de 23
de octubre, de Responsabilidad Medioambiental, que incorpora al ordenamiento español
2
RAMOS/MILÀ/MARÍN/ALASCIO/RIERA (2010), InDret 4/2010, p. 18.
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la Directiva 2004/35/CE, de 21 de abril, sobre responsabilidad medioambiental. Esta ley ha
sido desarrollada por el Real Decreto 2090/2008, de 22 de diciembre, por el que se
aprueba el Reglamento de desarrollo parcial de la Ley de Responsabilidad Medioambiental.
Esta ley se aplica, a los daños medioambientales definidos en su art. 2.
b) ¿Cuáles son los regímenes de responsabilidad que encuentras en esta ley?
De acuerdo con la Directiva 2004/35/CE en la que se establece un marco de
responsabilidad medioambiental, la ley española prevé dos estándares de responsabilidad:
a) responsabilidad objetiva, que se aplica a la obligación de adoptar las medidas de
prevención y evitación de riesgos, con independencia de que los daños hayan sido causados
por alguna de las actividades identificadas como especialmente peligrosas por el Anexo III; y
b) responsabilidad subjetiva, aplicable a la reparación de los daños causados por
actividades económicas o profesionales distintas de las del Anexo III. En consecuencia, para
sujetar la responsabilidad por los daños medioambientales al estándar de la
responsabilidad objetiva, la actividad de la empresa contaminante debería ser de las
incluidas en el Anexo III.
c) ¿En relación con la determinación del nexo de causalidad encuentras alguna
especialidad en esta ley respecto de la regla general? Si respondes afirmativamente,
coméntala.
La Ley de Responsabilidad Medioambiental contempla dos regímenes de prueba de
la causalidad. Para las actividades del Anexo III se presume iuris tantum el nexo
causal entre el desarrollo de la actividad y el daño. El art. 3.1, segundo párrafo, establece:
“[S]e presumirá, salvo prueba en contrario, que una actividad económica o profesional de las
enumeradas en el Anexo III ha causado el daño o la amenaza inminente de que dicho daño se
produzca cuando, atendiendo a la naturaleza intrínseca o a la forma en que se ha desarrollado,
sea apropiado para causarlo”.
La presunción del nexo causal requiere dos presupuestos: (i) que la actividad se
incluya en el Anexo III, y (ii) adecuación para producir el daño atendiendo a la naturaleza
intrínseca o a la forma en que se ha desarollado. De este modo se sustituye el juicio sobre la
causalidad (la prueba de la misma) por un juicio sobre la adecuación para producir el daño
de que se trata.
Para la actividades distintas de las del Anexo III y los daños causados por una
contaminación de carácter difuso (art. 3.3), en cambio, se exige el nexo causal entre los
daños y la actividad del operador demandado.
d) De acuerdo con esta ley quiénes son los sujetos obligados a adoptar las
medidas de reparación de los daños medioambientales.
Los sujetos responsables, de acuerdo con el art. 9 de la Ley 26/2007, son los
operadores económicos que causen daños por las actividades económicas o
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profesionales enumeradas en el Anexo III. Estos sujetos son los que tendrán que: (i)
adoptar y ejecutar las medidas de prevención, de evitación y de reparación de daños
medioambientales y sufragar sus costes, cualquiera que sea su cuantía, cuando resulten
responsables de los mismos; (ii) comunicar de forma inmediata a la autoridad competente la
existencia de daños medioambientales o la amenaza inminente de dichos daños, que hayan
ocasionado o que puedan ocasionar; y (iii) colaborar en la definición de las medidas
reparadoras y en la ejecución de las adoptadas por la autoridad competente. Por otra parte,
como queda indicado en el Módulo VI de los Materiales de la asignatura (p. 47), la ley
establece una serie de especificidades en relación con los sujetos responsables:
responsabilidad de la sociedad dominante (art. 10), responsabilidad mancomunada en caso
de varios agentes causantes del daño (art. 11), responsabilidad solidaria de los sujetos
previstos en el art. 42.2 de la Ley 58/2004, General Tributaria, y responsabilidad solidaria
de los gestores y administradores de hecho y de derecho (art. 13).
PARTE SEGUNDA
4ª.- APLICACIÓN DE LAS REGLAS DE RESPONSABILIDA EN UN CASO
(Fumigación desde una avioneta).
En el caso de la STS, 1ª, 16.3.2007 don Valentín dedujo demanda contra don Luis, don Juan
Ignacio, don Alonso y “Tratamientos Aéreos Espejo, S.L.” solicitando fueran condenados
solidariamente a resarcirle los daños que en una finca rústica de su propiedad (en las plantaciones
de olivos y de habas) había causado una sustancia química que, por el procedimiento de fumigación
desde una avioneta, había intentado aplicar a las vecinas fincas de las tres personas físicas
demandadas, por encargo de ellas, un empleado de la sociedad codemandada.
a) El JPI estimó la demanda exclusivamente contra “Tratamientos Aéreos
Espejo, S.L.”, pero la desestimó respecto de los otros demandados. Tanto la AP como
el TS rechazaron los recursos interpuestos por don Valentín. ¿Por qué razón?
El Juzgado desestimó la demanda contra los otros demandados al considerar
inaplicable el art. 1903.4º CC, al no concurrir la necesaria relación de subordinación o
dependencia entre la empresa fumigadora y los propietarios de las fincas fumigadas. En
relación con el precepto mencionado afirma que:
“… asienta la responsabilidad por hecho ajeno en las notas de dependencia y subordinación,
las cuales según reiterada jurisprudencia… no se pueden hacer valer cuado el contratista es
una empresa que, por su especialización y conocimientos en la ejecución del concreto trabajo
de que se trata, fue contratada precisamente en atención a sus conocimientos o dedicación
específica en tal particular”.
La AP confirmó dicho pronunciamiento y, asimismo, rechazó el replanteamiento del
caso por parte del demandante que en apelación invocaba el art. 1908.2º (responsabilidad
de los propietarios por inmisiones), puesto que el demandante pretendía ejercer
extemporáneamente una acción distinta de aquella que había sido objeto de la demanda.
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El TS declara no haber lugar al recurso, confirmando así la sentencia de apelación.
El TS declara, en primer lugar, que la jurisprudencia admite la libertad de los tribunales
para aplicar una norma jurídica distinta de la invocada por el actor al identificar la causa
de pedir, pero esta libertad no es absoluta, sino que está limitada por la necesidad de
respetar el componente fáctico esencial de la acción (causa petendi). En segundo lugar, el
TS entiende que la cuestión realmente planteada no consiste en determinar si los
demandados absueltos deben responder o no conforme al art. 1908.2º C, o al art. 1903
CC, sino de determinar si el principio de congruencia que rige el pronunciamiento judicial
impedía o no aplicar el art. 1908.2º, cuando en primera instancia lo discutido había sido
exclusivamente si don Luis Ángel, don Juan Ignacio y don Alonso debían responder por la
acción de la empresa fumigadora de acuerdo con el art. 1903.4º. El TS considera que la
admisión de la pretensión del recurrente habría determinado que la sentencia incurriera
en incongruencia (véase FJ 4º).
b) ¿Nos encontramos en este supuesto ante los mismos daños que se han
estudiado en la anterior pregunta?
La respuesta es claramente negativa. Los daños del caso planteado no se indemnizan
al amparo de Ley de Responsabilidad Medioambiental. Esta ley se aplica, a los daños
medioambientales definidos en su art. 2, es decir, “daños públicos ambientales” (véase, art.
3); en cambio, no se aplica a los denominados por la propia ley como “daños
particulares” (art. 5): lesiones causadas a las personas, daños causados a la propiedad
privada, pérdidas económicas o cualesquiera otro tipo de daños patrimoniales que no
tengan la condición de daños medioambientales. Estos daños se indemnizan de acuerdo con
el régimen que resulte de aplicación. En nuestro caso, por lo tanto, se trata de daños que se
indemnizan mediante el derecho común de daños (arts. 1902 y ss. CC y evolución
jurisprudencial).
c) ¿Si el actor hubiese invocado la regla de responsabilidad correcta en la que
sustentar la demanda, qué regla hubiese sido? ¿Qué régimen de responsabilidad
encontraríamos en dicha regla?
Como se ha indicado en la resolución a la primera parte de esta pregunta, el
demandante podría haber invocado la regla de responsabilidad contenida en el art.
1908.2º CC, pero no lo hizo. Lo pretendió más tarde, tanto en apelación como en
casación, y el resultado fue el mismo: no puede plantearse una nueva acción por vía de
recurso. De este modo, ni la AP ni el TS entran a examinar la procedencia o no de
aplicar el artículo citado. El recurrente pretendía la aplicación de este precepto que
obliga al propietario a indemnizar los daños originados por los “humos excesivos, que
sean nocivos a las personas o a las propiedades”. Se trata, según la jurisprudencia, de
un supuesto de inmisión que da lugar a responsabilidad objetiva (entre otras, SSTS,
1ª, 15.31993, 24.5.1993, 28.1.2004, 14.3.2005 y 27.5.2007). El fundamento de esta
regla de responsabilidad late en la idea de que el propietario responde por crear un
riesgo que socialmente no debe ser soportado. La doctrina interpreta esta regla además
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de forma extensiva aplicándola a otros supuestos de inmisiones similares de acuerdo
con el criterio de interpretación de las normas según la “realidad social del tiempo en
que han de ser aplicadas” (art. 3.1 CC). El art. 1908 CC contempla diversos supuestos
de las denominadas “inmisiones”, que la doctrina ha reelaborado fundamentándose
también en los arts. 590 y 7.2º CC, como un medio de defensa frente a lesiones de
derechos subjetivos concretos causados por acciones de otras personas, incluso en el
ejercicio de sus derechos, cuando tal ejercicio es abusivo o antisocial. De haber
invocado correctamente nuestro protagonista esta regla de responsabilidad en la
primera instancia, probablemente, también habría conseguido la condena de los
propietarios de las fincas colindantes que ordenaron la fumigación de los cultivos.
PARTE TERCERA – CASOS DE SÍNTESIS
5ª.- Lee la reciente Sentencia del Juzgado de Primera Instancia núm. 46 de
Madrid, de 5 de julio de 20103 (Magistrado-Juez Javier Sánchez Beltrán), que os
facilitamos como anexo de esta PEC, describe brevemente los hechos y el sentido del
fallo y a continuación responde a las siguientes cuestiones:
La compañía “Uralita, S.A.” incorporó amianto o asbesto a productos fabricados en diferentes
centros de la misma. Uno de estos centros operó entre 1907 y 1997 en Credanyola del Vallès
(Barcelona). Los trabajadores de esta fábrica fueron afectados por esta exposición al amianto.
Asimismo, los vecinos de aquella localidad y la limítrofe de Ripollet también estuvieron
expuestos a las fibras del mineral. Ente los vecinos expuestos 47 desarrollaron las afecciones
pleuropulmonares que en este caso se tratan. Los afectados interpusieron una demanda de
indemnización de daños y perjuicios en la que acumularon sus pretensiones contra “Uralita,
S.A.” en la que solicitaban el pago de 5.414.139,45 €. La SJI núm. 46 de Madrid, de 5 de julio de
2010 (Magistrado-Juez Javier Sánchez Beltrán), ha condenado recientemente a la demandada al
pago de indemnizaciones por un valor total de 3.918.594,64 € por haber causado daños a 45
vecinos y absuelve a la demandada en relación con dos de los demandantes porque habían
contraído enfermedades no relacionadas con la exposición al amianto.
a) ¿Bajo qué régimen de responsabilidad responde el sujeto demandado?
En el Fundamento Jurídico 5º de la sentencia se establece que la responsabilidad
de la demandada queda fundada en los arts. 1902 y 1908.2º y 4º CC. La primera de las
normas resulta aplicable, según esta sentencia, porque la empresa demandada no
extremó la diligencia debida, siendo conocido el elevado riesgo de utilización del amianto.
La sentencia considera, asimismo, que esta regla resulta compatible con la regla de
responsabilidad por riesgo de carácter “cuasiobjetivo” –así la califica- del art. 1908 CC.
3
Un interesante comentario a esta sentencia lo podéis encontrar en AZAGRA MALO (2010), “Hacia una litigación
sin horizontes: agregación procesal, exposición no ocupacional al amianto y placas pleurales”, InDret 3/2010.
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Por lo que se refiere a la aplicación del art. 1908 (párrafos 2º y 4º) dejemos que
hable la propia sentencia:
“[E]l carácter objetivo de la responsabilidad del agente por razón del riesgo creado está
claramente acogido (…) en el artículo 1908-2º del Código Civil, (plenamente aplicable al caso
de autos) según el cual ‘responderán los propietarios por los daños causados por los humos
excesivos, que sean nocivos a las personas o a las propiedades’, de tal forma que se presume
culposa toda acción u omisión generadora de un daño indemnizable, sin que sea bastante
para desvirtuarla, el cumplimiento de normativa reglamentaria, (…) porque, aunque
cuantitativamente los humos y gases emitidos en el presente caso por la factoría URALITA,
pudieran respetar los niveles de contaminación reglamentariamente asumidos, lo cierto es que
cualitativamente fueron nocivos (…), lo que evidencia que tales medidas fueron insuficientes
(…). Y, asimismo, sería de aplicación (…) el precepto contenido en el punto 4º del artículo
1908, al hacer responsables a los propietarios de los “depósitos” de materias infectantes, (…),
constando acreditado que, durante mucho tiempo, los residuos (…) eran depositados por los
responsables de la empresa en lugares no apropiados (…)” (FJ 5º).
En otras palabras, en este caso el JPI núm. 46 de Madrid está aplicando la doctrina
anteriormente comentada relativa a las inmisiones, si bien para llegar al mismo resultado
habla de que estamos ante una responsabilidad “cuasiobjetiva”. El TS anteriormente en
los casos de inmisiones ha declarado que se trata de una responsabilidad objetiva.
Seguramente el riesgo asociado a sectores en los que se utilizan productos peligrosos
aconseja que estas actividades se sometan a un estándar de responsabilidad objetiva,
decisión que corresponde en última instancia al legislador. Sin embargo, la
jurisprudencia, como se ha visto, camina en este sentido. Por ello, podemos afirmar,
aunque la sentencia que comentamos no sea especialmente clara, que nos encontramos
ante una regla de responsabilidad objetiva.
b) ¿Cuáles son los daños que ha indemnizado el Juzgado en este caso?
Nos encontramos ante la siguiente tipología de daños personales:
(i) Placas o afecciones pleurales asintomáticas o prácticamente sin síntomas (25
afectados).
(ii) Placas pleurales sintomáticas o enfermedades pleurales benignas (9 afectados).
(iii) Asbestosis, mesotelioma u otras afecciones pleurales graves (11 afectados, 7 de
ellos fallecidos antes de la presentación de la demanda).
(iv) Enfermedades no relacionadas con la exposición al amianto (2 afectados, 1
fallecido).
La sentencia indemniza en los casos (i), (ii) y (iii). La indemnización por los daños (ii)
y (iii) resulta evidente. Lo curioso de esta sentencia es que procede a conceder la
indemnización por enfermedades que no causan disfunciones. Las placas pleurales son
hallazgos radiológicos por exposición histórica al amianto, pero generalmente no suponen
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ningún tipo de reducción funcional. La sentencia declara la indemnización del daño
moral derivado de su diagnóstico. Cuando la indemnización del daño moral resulta del
ataque a bienes de la personalidad (integridad física o moral, vida, libertad sexual, etc.) su
concesión no resulta controvertida. Sin embargo, mayores problemas presentan los casos
en los que la indemnización del daño moral no concurre con un daño personal. La
jurisprudencia del TS, como es sabido, también concede la indemnización por daño moral
por el sufrimiento o padecimiento psíquico4. Es esta doctrina la que aquí se pone de
manifiesto.
c) ¿Cómo se determina el nexo de causalidad?
En la sentencia que comentamos se declara que la exposición doméstica y
ambiental al amianto procedente de la fábrica de la compañía demandada puede
considerarse “causa adecuada y eficiente” de los daños. Con esta afirmación, parece
aplicar la teoría de la “causalidad adecuada”. Como se explica en el Módulo 2 de la
asignatura, la causalidad adecuada no es una teoría sobre la causa, sino más bien un
criterio de imputación objetiva. Determinado el nexo causal de acuerdo con las leyes de la
experiencia científica (condicio sine qua non), luego habrá que determinar si se trata de
una causa susceptible de producir el daño en circunstancias normales, o si por el
contrario un observador objetivo lo despreciaría al considerarlo improbable.
6ª.- Paulino mantuvo una relación sentimental con Remedios y reconoció
como propio al hijo de ésta. El 23.9.1991 Remedios se adhirió a la Iglesia de la
Cienciología y se trasladó con el menor a Tampa (Florida, Estados Unidos), sin
regresar a España hasta pasados 7 años. Paulino denunció el hecho, pero el Auto de
3.10.1991 decretó el archivo de las actuaciones en el procedimiento penal. El TS
(Sala 1ª) en su Sentencia de 30.6.2009 (RJ 5490) condenó a la madre a pagar 60.000
€.
“[E]l daño a indemnizar en este caso es exclusivamente el daño moral ocasionado por quien impide el
ejercicio de la guarda y custodia atribuida al otro en una decisión judicial (…)”
a) ¿Qué régimen de responsabilidad se aplica en esta sentencia?
Antes que nada, recordemos que el TS, frente a la resolución a quo que
desestimaba la demanda, estima en parte el recurso de casación interpuesto por
Paulino por infracción de los artículos 1968.2, 1969 y 1973 CC, y condena a Remedios
a pagar 60.000 €, a la vez que absuelve al resto de demandados. En su FJ 4º la
4 Sobre la controversia de la indemnización por placas pleurales asintomáticas, AZAGRA MALO (2010), “Hacia
una litigación sin horizontes: agregación procesal, exposición no ocupacional al amianto y placas pleurales”,
InDret 3/2010, pp. 10, 11.
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sentencia declara que la actuación ilícita de la madre del menor da lugar a su
responsabilidad.
Remedios “(…) efectuó un acto contrario a derecho en un doble sentido, en primer lugar,
impidiendo que el menor su hijo pudiese relacionarse con su padre, vulnerando, así el
artículo 160 CC, y en segundo lugar, oponiéndose a la ejecución de la sentencia que
otorgaba la guarda y custodia del hijo a su padre (…). No ocurre lo mismo con el resto de
demandadas, (…) [porque] no puede serles atribuida ninguna acción u omisión dirigida a
impedir las relaciones entre padre e hijo (…)”.
Ello ocasionó un daño moral en el progenitor que es indemnizable con
fundamento en el artículo 1902 CC. Es importante destacar también que el TS no
considera prescrita la acción por cuanto “el dies a quo (…) para contar el plazo de un
año (…) es precisamente el día en que debe cesar la guarda y custodia del padre por
haber cumplido el hijo la mayoría de edad” (FJ 2º). Por lo tanto, el régimen de
responsabilidad aplicable a este caso es el general, esto es, la responsabilidad por
culpa del art. 1902 CC.
b) ¿Puede entenderse que el TS aplica en esta sentencia una función
punitiva del derecho de daños?
La función que se le asigne al derecho de daños adquiere una relevancia casi
esencial en orden a la apreciación de la generalidad de problemas que presenta. La gran
mayoría de la doctrina considera que el derecho de daños cumple una función
eminentemente resarcitoria, puesto que la indemnización resarce a la víctima del daño
causado. El resarcimiento puede reparar el perjuicio causado (cuestión que resulta
clara en el ámbito de los daños patrimoniales), pero no siempre (daños morales).
Coincide la doctrina en indicar que el derecho de daños no cumple, en un principio, una
función punitiva, puesto que su cometido no es sancionar al sujeto responsable, sino
resarcir a la víctima. No obstante, algunos autores, sin negar absolutamente esta
afirmación, consideran que en determinados casos, cuando la conducta del sujeto
responsable es dolosa o especialmente reprochable, el derecho de daños debería cumplir
una función punitiva.
Teniendo en cuenta estas ideas básicas, puede decirse que un aspecto muy
novedoso de esta sentencia es la admisión por el Tribunal Supremo de la función
punitiva de la indemnización por daño moral, puesto que alude a una especie de
“principio de sanción del progenitor incumplidor” en su FJ 5º.
“[E]l problema de las relaciones entre los progenitores separados en orden a la facilitación de los
tratos de quien no convive con los hijos cuya guarda y custodia ha sido atribuida al otro progenitor
presenta problemas complejos, hasta el punto de que en diversas reuniones internacionales se ha
venido manteniendo el principio de sanción al progenitor incumplidor para proteger no solo el
interés del menor, sino el de quien no convive con el hijo”.
Obsérvese, no obstante, que esta afirmación la liga el pronunciamiento que
comentamos a la tendencia sobre esta materia en las reuniones internacionales. No es
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regla de derecho, al menos todavía no lo es. Por ello, esta afirmación del TS debe
tomarse con cierta cautela y no extraer de ella una regla, sino más bien una perspectiva
para el futuro derecho de daños sobre la materia aquí tratada.
c) ¿Para qué sirve la doctrina de los daños continuados?
Como se ha dicho, la sentencia considera que “para el ejercicio de la acción y
para contar el plazo del año de acuerdo con el art. 1968,2 CC es precisamente el día en
que debe cesar la guarda y custodia del padre por haber cumplido el hijo la mayoría de
edad, es decir, el 21 de agosto de 2002, porque en cualquier momento podría haber
recuperado el padre la guarda y custodia. Por consiguiente, el daño solo se consolidó
cuando el padre supo que definitivamente se le había privado de poder comunicarse con
el menor y ejercer la guarda y custodia que se le había atribuido judicialmente y ello
ocurrió en el momento en que se extinguió la patria potestad”.
Sobre esta base puede apreciarse que el Tribunal Supremo entiende que es
aplicable la doctrina de los daños continuados. Tal y como se relata en el Módulo III de
los Materiales de la asignatura (p. 17), la categoría de los daños continuados tiene un
origen jurisprudencial y surge como respuesta al breve plazo de prescripción que rige en
el derecho de daños, que es de un año. Los daños continuados son aquellos que si bien
empiezan a manifestarse en un momento concreto, sin embargo, no lo hacen en toda su
extensión, apareciendo con posterioridad. De acuerdo con estas ideas podríamos
concluir respondiendo a la pregunta planteada expresando que la doctrina de los daños
continuados sirve esencialmente para establecer el momento a partir del cual
empieza a correr el plazo de prescripción, es decir, determina el dies a quo de la
prescripción.
d) ¿En relación con la indemnización del daño moral referida en el recuadro
más arriba crees que el TS aplica un criterio preciso?
En su FJ 6º la sentencia claramente pone de relieve la existencia de un daño
como consecuencia de la actuación ilícita de la madre del menor, el cual consiste en la
imposibilidad del padre de relacionarse con su hijo.
“El daño existe en este caso y no consiste únicamente en la imposibilidad de ejercicio de
la patria potestad y del derecho de guarda y custodia, porque en este caso sólo podría ser
reclamado por el menor afectado por el alejamiento impuesto por el progenitor que impide
las relaciones con el otro, sino que consiste en la imposibilidad de un progenitor de tener
relaciones con el hijo por impedirlo quien se encuentra de hecho a cargo del menor”.
Ahora bien, que exista un daño moral no quiere decir que su concreción pueda
ser absolutamente precisa, sino todo lo contrario. Cuando los daños morales no
provienen de ataques a bienes de la personalidad, su determinación es mucho más
difícil. Por ello, lo mejor es que los tribunales se aproximen a ellos como categoría en la
que incluir grupos de casos. Así, ante un determinado grupo de casos, como acontece
en aquellos en los que los progenitores son privados ilícitamente del derecho a
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relacionarse con sus hijos, si se cumplen los presupuestos legales y jurisprudenciales,
el tribunal siempre podrá invocar la categoría de referencia (los daños morales) con el
fin de conceder la indemnización. El TS es consciente de la dificultad aquí comentada y
lo pone de relieve en el FJ 7º.
“[e]l daño moral resulta absolutamente indeterminado al carecer de parámetros
objetivos, y más teniendo en cuenta que el padre no ha reclamado los daños materiales
que le puedan haber ocasionado los distintos procedimientos iniciados durante los años
siguientes a la desaparición del hijo menor. Por ello se considera adecuada la cantidad de
60.000€, teniendo en cuenta, además, que el daño es irreversible”.
Materiales y Bibliografía
Módulo 6 los Materiales de la asignatura. Asimismo, el contenido de las GES 6.
El uso de manuales y tratados sobre Derecho daños (los recomendados en el Plan
Docente pueden ser muy convenientes). Para los casos de síntesis deberán utilizarse
todos los materiales de la asignatura.
Finalmente, hay que utilizar los textos legales y la jurisprudencia. Se
recomienda utilizar jurisprudencia reciente del Tribunal Supremo, con el fin de poder
comprobar los eventuales desarrollos producidos en la materia objeto de estudio. No
hay que transcribir los fundamentos jurídicos, excepción hecha de aquella parte que se
considere nueva y/o muy relevante. Asimismo, se recomienda describir muy
brevemente los hechos que resuelve la sentencia.
La jurisprudencia del Tribunal Supremo se puede hallar en la siguiente página
Web (de libre acceso): [Link]
También en la página de la editorial El Derecho: [Link], o en
cualquiera de las otras disponibles en la Biblioteca de la UOC (como por ej. Westlaw).
Especialmente, se recomienda para un estudio más pormenorizado de las
cuestiones tratadas en esta PEC la siguiente bibliografía.
- AZAGRA MALO (2010), “Hacia una litigación sin horizontes: agregación procesal, exposición
no ocupacional al amianto y placas pleurales”, InDret 3/2010.
- INFANTE RUIZ (2002), La responsabilidad por daños: nexo de causalidad y "causas
hipotéticas", Tirant lo blanch, Valencia.
- LUNA YERGA (2004), La prueba de la responsabildad civil médico-sanitaria. Culpa y
Causalidad, Thomson-Cívitas, Madrid.
- RAMOS GONZÁLEZ (2004), Responsabilidad civil por medicamento, Thomson-Cívitas, Madrid.
- SALVADOR CODERCH/RAMOS GONZÁLEZ (coords.) (2010), “100 casos de derecho de daños
(2004-2009)”, InDret 4/2010.
- SALVADOR CODERCH/ FERNÁNDEZ CRENDE (3ª ed. 2006), “Causalidad y responsabilidad”,
InDret 1/2006.
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Criterios de evaluación
Los criterios utilizados para otorgar las diversas puntuaciones serán:
- La adecuación de la respuesta al enunciado de la pregunta.
- la corrección del contenido de la respuesta.
- La complejidad del razonamiento con que es apoyada la solución aportada.
- El uso y cita adecuados de los textos legales y de los criterios jurisprudenciales.
- El estilo con que es redacte la respuesta, cuestión importante para un jurista.
TODAS LAS CUESTIONES TIENEN EL MISMO VALOR. NO PODRÁ SUPERARSE LA
PEC SI NO SE CONTESTAN TODAS LAS CUESTIONES PLANTEADAS.
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