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Afecciones Comunes en Adultos Mayores

Este documento describe los principales cambios físicos, psíquicos y sociales que ocurren en el envejecimiento. Describe los cambios en los sistemas respiratorio, cardiovascular y digestivo, incluyendo una reducción de la masa muscular, un aumento de la grasa corporal, una disminución de la estatura, arrugas en la piel, y cambios en la función pulmonar, cardíaca y digestiva.
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Afecciones Comunes en Adultos Mayores

Este documento describe los principales cambios físicos, psíquicos y sociales que ocurren en el envejecimiento. Describe los cambios en los sistemas respiratorio, cardiovascular y digestivo, incluyendo una reducción de la masa muscular, un aumento de la grasa corporal, una disminución de la estatura, arrugas en la piel, y cambios en la función pulmonar, cardíaca y digestiva.
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UT3

Principales afecciones en el adulto mayor: consideraciones de enfermería

CAMBIOS FÍSICOS, PSÍQUICOS Y SOCIALES DEL


ENVEJECIMIENTO
Cambios físicos por aparatos y sistemas
Los cambios en los órganos y sistemas pueden atribuirse a cambios que se producen a nivel celular
básico. El número de células se reduce gradualmente y deja un menor número de células
funcionales en el cuerpo. La masa corporal magra disminuye, mientras que el tejido adiposo
aumenta hasta la sexta década de la vida. La grasa corporal total se incrementa de manera
proporcional. El volumen celular y la masa ósea disminuyen. El líquido extracelular permanece
estable, pero el líquido intracelular se reduce, con la consecuencia de una menor cantidad de
líquido corporal total. Esta disminución hace que la deshidratación sea un riesgo importante para
los adultos mayores.

Aspecto físico
Muchos de los cambios físicos del envejecimiento modifican el aspecto personal. Algunos de los
efectos más notables del proceso de envejecer empiezan a aparecer después de la cuarta década
de la vida. Los hombres experimentan pérdida de cabello y ambos sexos desarrollan canas y
arrugas. Como la distribución de la grasa corporal se atrofia, los contornos corporales presentan
prominencias óseas marcadas, junto con la profundización de las depresiones de los espacios
intercostales y supraclaviculares, así como la de las órbitas y las axilas.
El aumento de tamaño de las orejas, la barbilla plegada y los párpados caídos son algunas de las
manifestaciones más evidentes de la pérdida de elasticidad de los tejidos por todo el cuerpo. El
grosor de la piel se reduce de forma importante en el antebrazo y la parte posterior de las manos.
La pérdida del contenido de grasa subcutánea es responsable de la disminución del grosor del
pliegue cutáneo y también de la disminución de la protección natural del cuerpo, lo que hace que
los adultos mayores sean más sensibles a las temperaturas bajas.
La estatura disminuye, con la resultante pérdida de alrededor de 5 cm de altura a los 80 años de
edad. La contracción del cuerpo se debe a una menor hidratación, pérdida de cartílago y
adelgazamiento de las vértebras. La disminución de la estatura hace que los huesos largos del
cuerpo, que no se encogen, parezcan desproporcionadamente más largos. Cualquier desviación
de la columna, la cadera y las rodillas puede reducir aún más la estatura.

Estos cambios en el aspecto físico son graduales y sutiles. Pueden surgir otras diferencias en la
estructura y la función fisiológica como resultado de los cambios en sistemas corporales
específicos.

Aparato respiratorio
Los cambios en el aparato respiratorio son evidentes desde la nariz. Los cambios en el tejido
conjuntivo causan una relajación del tejido en el borde inferior del tabique; la reducción del apoyo
estructural hace que la punta de la nariz se desplace un poco hacia abajo. También pueden
presentarse desviaciones del tabique. En consecuencia, la respiración por la boca durante el sueño
es más frecuente, lo que contribuye a los ronquidos y la apnea obstructiva. Las glándulas
submucosas producen menos secreciones y se deteriora la capacidad para diluir la secreción de
moco; ello causa mayor dificultad para eliminar las secreciones más espesas y una sensación de
congestión nasal en el adulto mayor.

Con la edad tienen lugar diversos cambios estructurales en el tórax, lo que reduce la actividad
respiratoria. La calcificación del cartílago costal hace que la tráquea y el tórax sean más rígidas;
el aumento del diámetro anteroposterior del tórax suele manifestarse con cifosis, y los músculos
inspiratorios y espiratorios torácicos son más débiles. Los reflejos tusígeno y laríngeo
disminuyen. En los pulmones, se reduce el número de cilios y las glándulas mucosas de los
bronquios se hipertrofian, lo que complica aún más la capacidad para expulsar la mucosidad y los
productos nocivos. La cantidad y la flexibilidad de los alvéolos disminuyen a causa de la pérdida
progresiva de elasticidad, un proceso que comienza en la sexta década de vida. Los pulmones se
hacen más pequeños, menos firmes, más ligeros y rígidos, y se retraen menos.

La suma de estos cambios genera una disminución en la expansión pulmonar, una ventilación
basal insuficiente y una reducción de la capacidad para expulsar cuerpos extraños o secreciones
acumuladas. Los pulmones exhalan con menor eficacia, incrementando así el volumen residual.
A medida que el volumen residual aumenta, la capacidad vital se reduce, al igual que la capacidad
máxima de respiración. Es posible que la inmovilidad reduzca aún más la actividad respiratoria.
La disminución de la capacidad ventilatoria es evidente, sobre todo en presencia de una demanda
incrementada, pues el descenso de la reserva pulmonar ocasiona disnea con mayor facilidad. Con
un menor intercambio de gases y una carencia de ventilación basal eficaz, los adultos mayores
presentan un alto riesgo de desarrollar infecciones respiratorias. El ejercicio de resistencia puede
generar un aumento significativo de la capacidad pulmonar de las personas ancianas.
Sistema cardiovascular
Algunos cambios cardiovasculares que suelen atribuirse a la edad son en realidad el resultado de
alguna entidad patológica. El tamaño del corazón no cambia de manera significativa con la edad,
por lo que el aumento del tamaño del corazón se asocia con la presencia de enfermedad cardíaca
y la inactividad manifiesta puede causar atrofia cardíaca. Con la edad, se presenta una ligera
hipertrofia del ventrículo izquierdo, la aorta se dilata y su tamaño aumenta. Las válvulas
auriculoventriculares se vuelven gruesas y rígidas como resultado de esclerosis y fibrosis, lo que
agrava la disfunción que acompaña a cualquier enfermedad cardíaca que pudiera estar presente.

Es posible que el cierre incompleto de la válvula provoque soplos sistólicos y diastólicos. Pueden
producirse bradicardia y arritmias sinusales secundarias a irritabilidad del miocardio. Los cambios
fisiológicos relacionados con la edad en el sistema cardiovascular se presentan en muy diversas
formas. A lo largo de los años de la edad adulta, el músculo cardíaco pierde su eficacia y fuerza
contráctil, cuyo resultado es la reducción del gasto cardíaco bajo condiciones de estrés fisiológico.
Las células de marcapasos se vuelven cada vez más irregulares y disminuyen en número, y se
engruesa la capa que rodea el nodo sinusal. La fase de contracción isométrica y el tiempo de
relajación del ventrículo izquierdo se prolongan; el ciclo de llenado diastólico y vaciado sistólico
requiere más tiempo para completarse.

Por lo general, los adultos se adaptan bastante bien a los cambios en el sistema cardiovascular;
les resulta más fácil y más cómodo tomar un ascensor que utilizar las escaleras, conducir en vez
de caminar una larga distancia y moderar sus actividades. Cuando se producen situaciones
inusuales (p. ej., recibir malas noticias y correr para tomar el autobús), la persona siente los
efectos en su corazón. Lo mismo ocurre en personas mayores que no están gravemente
afectadas por una menor eficacia cardíaca en condiciones no estresantes. Sin embargo, cuando
los adultos mayores se enfrentan a una mayor demanda cardíaca, la diferencia se nota con
mayor facilidad. Aunque la frecuencia cardíaca máxima bajo estrés puede no llegar a los niveles
experimentados por los más jóvenes, la taquicardia en adultos mayores durará más tiempo. El
volumen sistólico puede incrementarse para compensar esta situación, lo que se traduce en una
presión arterial elevada, aunque la presión sanguínea puede permanecer estable mientras la
taquicardia tal vez derive en insuficiencia cardíaca. La frecuencia cardíaca en reposo se
mantiene sin cambios.

La capacidad máxima para el ejercicio y el consumo máximo de oxígeno varían entre los adultos
mayores. Los adultos mayores con buena condición física tienen una función cardíaca comparable
con la de las personas más jóvenes que están en peores condiciones para su edad.

Los vasos sanguíneos se componen de tres capas, cada una de las cuales se ve afectada de manera
diferente por el proceso de envejecimiento. La capa íntima, la más interna, experimenta los
cambios más directos, incluidas fibrosis, calcificación y acumulación de lípidos, así como
proliferación celular. Estos cambios contribuyen al desarrollo de ateroesclerosis. La capa media,
la túnica media, experimenta adelgazamiento y calcificación de las fibras de elastina e incremento
de la cantidad de colágeno, lo que endurece los vasos.

El proceso de envejecimiento no afecta la capa más externa, la túnica adventicia. La disminución


de la elasticidad de las arterias ocasiona cambios vasculares en el corazón, el riñón y la hipófisis.
La reducción de la sensibilidad de los barorreceptores que regulan la presión sanguínea intensifica
los problemas relacionados con hipotensión postural y posprandial (descenso de la presión arterial
en al menos 20 mm Hg durante la primera hora después de comer). La reducción de la elasticidad
de los vasos, aunada a la piel más fina y una menor cantidad de grasa subcutánea, determina que
los vasos de la cabeza, el cuello y las extremidades se vuelvan más prominentes.

Aparato digestivo
Aunque no son tan mortales como los problemas respiratorios o cardiovasculares, los síntomas
gastrointestinales pueden crear mayor molestia y preocupación a las personas ancianas. El proceso
de envejecimiento altera este sistema en todos los puntos. Los cambios en dientes, boca y
estructuras accesorias, como el hígado, también afectan la función gastrointestinal.
El esmalte dental se vuelve más frágil con la edad. La dentina, la capa debajo del esmalte, se torna
más fibrosa y se reduce su producción. Las cámaras en las que se encuentran los nervios se
estrechan y acortan, y los dientes son menos sensibles a los estímulos. La pulpa de la raíz
experimenta contracción y fibrosis, la encía se retrae y se pierde densidad ósea en la cresta
alveolar. Las caries profundas y en las superficies de masticación son más frecuentes. El
aplanamiento de las cúspides de masticación es frecuente. Los huesos que soportan los dientes
disminuyen en densidad y altura, lo que contribuye a la pérdida dental. La pérdida de dientes no
es una consecuencia normal del envejecimiento, pero un mal cuidado dental, la dieta y las
influencias ambientales contribuyen a que gran parte de la población de adultos mayores tenga
problemas dentales.
Después de los 30 años de edad, la enfermedad periodontal es la razón principal de la pérdida de
dientes. Más de la mitad de los adultos mayores deben depender de prótesis parciales o totales,
que tal vez no se utilicen de manera regular por incomodidad o mal ajuste. Si se mantienen las
piezas dentales originales, suelen encontrarse en mal estado, se fracturan con mayor facilidad. La
fragilidad dental de algunas personas mayores puede acompañarse de un riesgo de
broncoaspiración de fragmentos dentales.

Las sensaciones gustativas se vuelven menos agudas con la edad debido a la atrofia de la lengua,
que afecta las papilas gustativas; la irritación crónica (como en los casos de los fumadores con
pipa) puede reducir la eficacia del sentido del gusto en mayor grado que el experimentado sólo
por el envejecimiento. La percepción del sabor dulce en la punta de la lengua tiende a sufrir una
pérdida mayor que la percepción de los sabores amargos, salados o picantes. Los alimentos
excesivamente condimentados a los que se recurre para compensar las alteraciones de los sabores
podrían generar problemas de salud a los adultos mayores.

Los adultos mayores producen alrededor de un tercio de la cantidad de saliva de la que producían
en la juventud. Con frecuencia, la saliva disminuye en cantidad y aumenta en viscosidad como
resultado de algunos medicamentos que suelen usarse para el tratamiento de enfermedades
geriátricas. La reducción de la fuerza muscular y la capacidad presora de la lengua pueden
interferir en la masticación y la deglución.
La edad afecta la motilidad esofágica. El esófago tiende a dilatarse ligeramente y su vaciado es
más lento, lo que puede causar incomodidad, pues los alimentos permanecen ahí durante más
tiempo. Puede presentarse relajación del esfínter esofágico inferior que, combinada con un reflejo
de mordida más débil y un vaciado esofágico retardado, incrementa el riesgo de broncoaspiración.
Se considera que la motilidad gástrica disminuye con la vejez, junto con las contracciones
gástricas. Los estudios de los cambios en el tiempo de vaciado gástrico no han sido concluyentes:
algunos refieren que un retraso es normal durante el envejecimiento y otros lo atribuyen a factores
diversos.

La mucosa gástrica se atrofia. El ácido clorhídrico y la pepsina disminuyen con la edad, y el


incremento en el pH del estómago contribuye a que aumente la incidencia de irritación gástrica.
En ocasiones, se presenta atrofia en los intestinos delgado y grueso, y hay un menor número de
células en la superficie de absorción de las paredes intestinales. Se observa una reducción gradual
en el peso del intestino delgado y un acortamiento y ensanchamiento de las vellosidades, lo que
lleva al desarrollo de crestas paralelas en lugar de las proyecciones digitales que se observan en
el intestino de las personas jóvenes. No hay ningún cambio funcional significativo en el tiempo
medio de tránsito intestinal conforme avanza la edad. La absorción de grasa es más lenta y la
dextrosa y la xilosa son más difíciles de absorber. La absorción de las vitaminas B, B12, D, calcio
y hierro se deteriora.

El intestino grueso produce menos secreción mucosa y disminuye la elasticidad de la pared rectal.
El envejecimiento normal no interfiere en la motilidad de las heces a través del intestino, aunque
otros factores frecuentes en la vejez contribuyen al estreñimiento. La pérdida del tono del esfínter
interno relacionada con la edad puede afectar la defecación. La transmisión más lenta de los
impulsos nerviosos a la parte inferior del intestino reduce la consciencia de la necesidad de
evacuar los intestinos.

Con la edad, el peso y volumen del hígado se reducen, pero al parecer no produce efectos nocivos.
El hígado es menos capaz de regenerar las células dañadas. Las pruebas de función hepática se
mantienen dentro de un rango normal. La estabilización y la absorción del colesterol son menos
eficientes, por lo que se incrementa la incidencia de cálculos biliares. Los conductos pancreáticos
se dilatan y distienden, y con frecuencia la glándula prolapsa por completo.

Aparato urinario
El aparato urinario se ve afectado por los cambios en los riñones, los uréteres y la vejiga. La masa
renal se hace más pequeña con la edad, lo que es atribuible a la pérdida cortical en lugar de la
pérdida medular. La disminución del crecimiento del tejido renal y la ateroesclerosis pueden
causar atrofia renal. Es posible que estos cambios tengan un profundo efecto sobre la función
renal, que reduce el flujo sanguíneo y la tasa de filtración glomerular aproximadamente a la mitad
entre los 20 y 90 años de edad.
La función tubular se deteriora. El intercambio de sustancias, la conservación de agua y sodio, y
la supresión de la secreción de hormona antidiurética son menos eficientes en presencia de la
hipoosmolalidad. Los riñones de los adultos mayores tienen menor capacidad para conservar el
sodio en respuesta a su restricción. Aunque estos cambios pueden contribuir a la aparición de
hiponatremia y nicturia, no afectan la densidad de manera significativa. La alteración de la
función tubular también causa que la reabsorción de la glucosa a partir del filtrado sea menor, lo
que puede ocasionar proteinuria y glucosuria (1+), que no debe interpretarse como un hallazgo
que tenga significado diagnóstico alguno.

Los cambios vesicales en el adulto mayor provocan polaquiuria, urgencia urinaria y nicturia. Los
músculos de la vejiga se debilitan y la capacidad vesical disminuye. El vaciado vesical es más
difícil; puede observarse retención de grandes volúmenes de orina. El reflejo de la micción se
retrasa. A pesar de que la incontinencia urinaria no es una consecuencia normal del
envejecimiento, en algunos casos puede haber incontinencia por estrés secundaria al
debilitamiento del diafragma pélvico, sobre todo en las mujeres multíparas.

Aparato reproductor
Con la edad, las vesículas seminales se ven afectadas por debilitamiento de la mucosa debido al
adelgazamiento del epitelio, sustitución del tejido muscular por tejido conjuntivo y reducción de
la capacidad retentiva de líquido. Los túbulos seminíferos experimentan degeneración por
fibrosis, adelgazamiento del epitelio y engrosamiento de la membrana basal, además de estenosis
de la luz del conducto. Los cambios estructurales pueden reducir el recuento de espermatozoides
en algunos hombres. La esclerosis y la fibroelastosis venosa y arterial del cuerpo esponjoso
pueden afectar el pene con la edad. El adulto mayor no pierde la capacidad física para lograr
erecciones o eyaculaciones, aunque el orgasmo y la eyaculación tienden a ser menos intensos.
Hay cierta atrofia testicular.

La mayoría de los hombres adultos mayores experimentan crecimiento prostático. El grado y el


tipo varían entre los individuos. Tres cuartas partes de los hombres de 65 años de edad o mayores
tienen algún grado de prostatismo, que causa problemas de polaquiuria. Aunque el crecimiento
prostático suele ser benigno, origina un mayor riesgo de malignidad y requiere evaluación
constante.

Los genitales femeninos presentan muchos cambios conforme avanza la edad, incluida la atrofia
vulvar debida a los cambios hormonales, acompañada de pérdida de grasa subcutánea y vello, y
adelgazamiento de los labios. La vagina de la mujer mayor se observa rosada y seca con un
conducto liso y brillante a causa de la pérdida del tejido elástico y las rugosidades. El epitelio
vaginal se vuelve delgado y avascular. El ambiente vaginal es más alcalino en las mujeres
mayores y se acompaña de un cambio en el tipo de flora y una reducción de las secreciones.

El cuello uterino es atrófico y más pequeño; el epitelio endocervical también se atrofia. El útero
se contrae y el endometrio se atrofia, aunque aún responde a la estimulación hormonal, lo cual
puede ser la causa de los incidentes de sangrado después de la menopausia en las mujeres mayores
en tratamiento con estrógenos. Los ligamentos de soporte del útero se debilitan y pueden
ocasionar un retroceso en la posición del útero; este desplazamiento hacia atrás y el tamaño
reducido pueden dificultar la palpación uterina durante la exploración.
Las trompas uterinas (de Falopio) se atrofian y se acortan con la edad, y los ovarios atróficos son
más gruesos y se reducen a un tamaño tan pequeño que no son palpables durante la exploración.
A pesar de estos cambios, la mujer mayor no pierde la capacidad de participar y disfrutar de
relaciones sexuales u otras formas de placer sexual. El agotamiento de estrógenos también debilita
los músculos del suelo pélvico, lo que puede conducir a la liberación involuntaria de orina cuando
se eleva la presión intraabdonimal.

Sistema musculoesquelético
La cifosis, el agrandamiento de las articulaciones, la flacidez muscular y la pérdida de estatura de
muchas personas mayores son el resultado de la variedad de cambios que se presentan en el
sistema musculoesquelético. Junto con otros tejidos corporales, las fibras musculares se atrofian
y disminuyen en número, por lo que el tejido fibroso sustituye de manera gradual el tejido
muscular. Por lo general, la masa, la fuerza y los movimientos musculares se reducen; estos
cambios se observan en especial en los brazos y las piernas, que se tornan flácidos y débiles.

La sarcopenia (pérdida de masa muscular, fuerza y función relacionada con la edad) se observa
sobre todo en las personas inactivas; por este motivo, debe darse mayor importancia a la
realización de ejercicios para minimizar la pérdida de tono y fuerza muscular.

Pueden aparecer temblores musculares y se considera que se vinculan con degeneración del
sistema extrapiramidal. Los tendones se contraen y endurecen, lo que disminuye el soporte. Los
reflejos se reducen en los brazos y se pierden casi por completo en el abdomen, pero se mantienen
en las rodillas. Por diversas razones, se producen calambres musculares con frecuencia.

La masa y el mineral óseos se reducen, lo que contribuye a la fragilidad de los huesos en los
adultos mayores, en particular en las mujeres de edad avanzada que experimentan un ritmo
acelerado de pérdida ósea después de la menopausia. La densidad ósea disminuye a un ritmo del
0.5% anual a partir de la tercera década de vida. Hay reducción en la absorción de calcio, mayor
permeabilidad gradual de la superficie interior de los huesos largos y producción más lenta de
hueso nuevo en la superficie exterior.

Estos cambios incrementan el riesgo de fracturas en los adultos mayores. Aunque los huesos
largos no se acortan de manera significativa con la edad, el adelgazamiento de los discos y la
reducción de las vértebras acortan la longitud de la columna vertebral, lo que provoca disminución
de la estatura, que podría hacerse más evidente debido a diversos grados de cifosis, inclinación
posterior de la cabeza y disminución de la flexibilidad de la cadera y las rodillas. El deterioro de
la superficie del cartílago de las articulaciones y la formación de nudos y espuelas pueden limitar
la actividad y el movimiento.

Sistema nervioso
Es difícil identificar con precisión qué tanto afecta el envejecimiento al sistema nervioso debido
a la dependencia de este respecto a otros sistemas del cuerpo. Por ejemplo, los problemas
cardiovasculares pueden reducir la circulación cerebral y ser responsables de la disfunción
cerebral. Aunque el peso del cerebro y el flujo sanguíneo cerebral se reducen, estos cambios
estructurales no parecen afectar el pensamiento o el comportamiento. La disminución de la
función del sistema nervioso puede pasar inadvertida, pues a menudo los cambios son
inespecíficos y progresan lentamente.

Se sabe que el número de neuronas y la cantidad de fibras nerviosas, el flujo sanguíneo cerebral
y el meta-bolismo son menores. La reducción del flujo sanguíneo cerebral se acompaña de
disminución del uso de glucosa y de la tasa metabólica de oxígeno en el cerebro. Aunque la
presencia de ovillos β-amiloides y neurofibrilares se asocia con la enfermedad de Alzheimer, éstos
pueden observarse en los adultos mayores con función cognitiva normal.

La velocidad de conducción nerviosa es menor. Estos cambios se manifiestan por reflejos más
lentos y por una respuesta tardía a múltiples estímulos. El sentido cinestésico se debilita. La
respuesta a los cambios en el equilibrio es más lenta, un factor que contribuye a las caídas. La
lentitud en el reconocimiento y la respuesta a los estímulos se asocia con disminución del
crecimiento de nuevos axones en los nervios y la reinervación de los nervios periféricos
lesionados.

El hipotálamo regula la temperatura con menos eficacia. Las células cerebrales disminuyen
lentamente en los últimos años de la vida, la corteza cerebral sufre alguna pérdida de neuronas y
hay cierta disminución del tamaño y el peso del cerebro, sobre todo después de los 55 años de
edad. Puesto que el cerebro afecta el ciclo de sueño vigilia, el ciclo circadiano y los factores
homeostáticos de regulación del sueño, se producen cambios en el patrón de sueño, por lo que
las fases III y IV son cada vez menos manifiestas.
Despertarse con frecuencia durante el sueño no es infrecuente, aunque en realidad sólo se pierde
una mínima parte.
Órganos sensoriales
Cada uno de los cinco sentidos se vuelven menos eficaces con la edad avanzada, lo que
interfiere en mayor o menor grado en la seguridad, las actividades normales de la vida cotidiana
y el bienestar general.

• Visión
Tal vez los cambios sensoriales que tienen mayor impacto son los cambios en la visión. La
presbicia (la incapacidad para enfocar o acomodar adecuadamente debido a la reducción de la
elasticidad del cristalino) es característica de los ojos de personas mayores y comienza a ser
evidente en la cuarta década de la vida. El endurecimiento de las fibras musculares del cristalino
que se produce con la presbicia disminuye la capacidad del ojo para cambiar la forma del cristalino
al enfocar objetos cercanos y reduce la capacidad para adaptarse a la luz. Este problema de visión
hace que la mayoría de los adultos de mediana edad y mayores necesiten gafas correctoras para
llevar a cabo tareas delicadas.
El campo visual se estrecha, lo que hace más difícil la visión periférica. Hay dificultad para
mantener la convergencia y la mirada hacia arriba. La pupila es menos sensible a la luz porque su
esfínter se endurece, su tamaño disminuye y el contenido de rodopsina en los bastones se reduce.
Como resultado, el umbral para la percepción de la luz aumenta y la visión nocturna o en zonas
oscuras resulta difícil; los adultos mayores requieren más luz que los más jóvenes para ver
adecuadamente.
Las alteraciones en la provisión de sangre a la retina y el epitelio pigmentario pueden causar
degeneración macular, anomalía que genera pérdida de la visión central. Los cambios en la retina
y la vía retiniana interfieren en el parpadeo crítico (el punto en el que una luz parpadeante se
percibe como continua en lugar de intermitente).
La densidad y el tamaño del cristalino se incrementan, haciendo que éste se vuelva más rígido y
más opaco. La opacificación del cristalino, que comienza en la quinta década de la vida, conduce
al desarrollo de cataratas, que aumentan la sensibilidad al deslumbramiento y la visión
difuminada, e interfieren en la visión nocturna. La exposición a los rayos ultravioleta del sol
contribuye al desarrollo de cataratas. La coloración amarillenta del cristalino (tal vez relacionada
con una reacción química de la luz del sol con ciertos aminoácidos) y las alteraciones en la retina
afectan la percepción del color e impiden que la gente mayor pueda distinguir los tonos oscuros
de los azules, verdes y violetas.
La percepción de profundidad se distorsiona, lo que causa problemas para determinar
correctamente la altura de las aceras y los escalones. Este cambio es la consecuencia de una
disparidad entre las imágenes de la retina causada por la separación de los ojos y se conoce como
estereopsis. Se tarda más tiempo en adaptar la visión a la oscuridad y la luz, así como en el
procesamiento de la información visual. La reabsorción menos eficaz del líquido intraocular
aumenta el riesgo de desarrollar glaucoma en los adultos mayores. El músculo ciliar se atrofia
gradualmente y es reemplazado por tejido conjuntivo.

El aspecto del ojo se puede alterar, la reducción de las secreciones lagrimales puede ocasionar
sequedad y falta de brillo, y es posible que los depósitos de grasa sean la causa de la aparición de
un círculo blanco brillante parcial o completo que se desarrolla alrededor de la periferia de la
córnea (arco senil). La sensibilidad corneal se ve disminuida, lo que puede incrementar el riesgo
de lesión a la córnea. Asimismo, en ocasiones la acumulación de depósitos de lípidos causa una
dispersión de los rayos de luz, que difuminan la visión. En la fosa posterior, la presencia de
residuos y la condensación se vuelven visibles y pueden flotar a través del campo visual, lo que
suele denominarse moscas volantes. La cantidad de humor vítreo disminuye y la proporción de
líquido aumenta, haciendo que el cuerpo vítreo se separe de la retina; ello genera visión borrosa,
imágenes distorsionadas y presencia de residuos.

La agudeza visual se deteriora de modo progresivo con la edad a causa de la reducción del tamaño
de la pupila, dispersión de la luz en la córnea y el cristalino, opacificación del cristalino y el vítreo
y pérdida de células fotorreceptoras en la retina.

• Audición
La presbiacusia es la pérdida progresiva de la audición que se produce como resultado de los
cambios relacionados con la edad en el oído interno, incluyendo pérdida de células ciliadas,
disminución del suministro de sangre, pérdida de flexibilidad de la membrana basal, degeneración
de las células del ganglio espiral y reducción de la producción de endolinfa. Este deterioro
auditivo degenerativo es el problema más grave que afecta el oído interno y la zona posterior de
la cóclea.

Los sonidos de alta frecuencia de 2 000 Hz y superiores son los primeros que se pierden; a medida
que la situación progresa, pueden perderse también las frecuencias medias y bajas. Una variedad
de factores, entre ellos la exposición continua a ruidos fuertes, contribuye a la aparición de
presbiacusia. Este problema hace que el habla se distorsione, porque algunos de los sonidos
agudos (s, sh, f y ch) se filtran del habla normal y reducen la capacidad de discernir las
consonantes. Este cambio es tan gradual y sutil que las personas afectadas pueden no darse cuenta
de la magnitud de su deterioro auditivo. Es posible que la audición se agrave por la acumulación
de cerumen en el oído medio; la presencia de un mayor contenido de queratina en el cerumen del
adulto mayor contribuye a acrecentar el problema. El reflejo acústico, que protege el oído interno
y filtra las distracciones auditivas de los sonidos producidos por el propio cuerpo y la voz, se ve
disminuido por debilitamiento y rigidez de los músculos y los ligamentos del oído medio. Además
de los problemas de audición, el equilibrio puede alterarse a consecuencia de la degeneración de
las estructuras vestibulares y de la atrofia de la cóclea, el órgano de Corti y la estría vascular.

Gusto y olfato
Cerca de la mitad de todos los adultos mayores experimenta alguna pérdida de su capacidad para
oler. El sentido del olfato se reduce con la edad porque el número de células sensoriales en la
mucosa nasal y el de células en el bulbo olfatorio del cerebro disminuye. A la edad de 80 años, se
tiene casi la mitad de la sensibilidad para detectar olores que se tenía antes. Los hombres tienden
a experimentar una mayor pérdida de la capacidad para detectar olores que las mujeres.

Debido a que la mayor parte de la agudeza del sentido del gusto depende del olor, la disminución
del sentido del olfato altera también el sentido del gusto. La atrofia de la lengua con la edad puede
disminuir las sensaciones de sabor, aunque no hay ninguna evidencia concluyente de que la
cantidad o la capacidad de respuesta de las papilas gustativas se reduzcan.

La capacidad para detectar el sabor salado se afecta más que otras sensaciones gustativas. La
reducción de la producción de saliva, mala higiene bucal, fármacos y enfermedades como la
sinusitis también afectan la percepción del sabor.

Tacto
La edad avanzada se asocia con disminución de la cantidad de receptores del tacto y con cambios
en su integridad estructural. La sensación táctil se reduce, como lo muestra la incapacidad de los
adultos mayores para sentir la presión y el dolor o diferenciar temperaturas. Estos cambios
sensitivos pueden causar errores de percepción del medio ambiente y, como consecuencia, riesgos
importantes para la seguridad.
Sistema endocrino
El sistema endocrino contiene grupos de células y glándulas que producen los mensajeros
químicos conocidos como hormonas. Con la edad, la glándula tiroides experimenta fibrosis,
infiltración celular y aumento de la nodularidad. La disminución de la actividad de esta glándula
ocasiona una menor tasa metabólica basal y reduce tanto la captación de yodo radiactivo como la
secreción y la liberación de tirotropina.
Las concentraciones séricas de yodo unido a proteínas no cambian, aunque el yoduro en el suero
total disminuye. La liberación de yoduro de la glándula tiroides se reduce con la edad, así como
la excreción de los 17- cetoesteroides. La glándula tiroides se atrofia progresivamente y la pérdida
de la función suprarrenal puede disminuir aún más su actividad. La secreción de la hormona
tirotropina (TSH,thyroid-stimulating hormone) y la concentración sérica de tiroxina (T4 ) no
cambian, pero hay una reducción significativa de la triyodotironina (T3 ), lo cual se considera
como resultado de la menor conversión de T4 en T3.
En general, la función de la tiroides sigue siendo adecuada.
Gran parte de la actividad secretora de la corteza suprarrenal está regulada por la hormona
corticotropina (ACTH), una hormona derivada de la hipófisis. Debido a que la secreción de
ACTH disminuye con la edad, la actividad secretora de la glándula suprarrenal también lo hace.
Aunque la secreción de ACTH no afecta la secreción de aldosterona, está demostrado que se
produce y excreta menos aldosterona en la orina de los adultos mayores. La secreción de
glucocorticoides, 17-cetoesteroides, progesterona, andrógenos y estrógenos, que también está
influida por la glándula suprarrenal, se reduce.
La glándula hipófisis disminuye su volumen en cerca del 20% en los adultos mayores. La
hormona de crecimiento somatotropina se mantiene en cantidades similares, pero su
concentración en sangre puede reducirse con la edad. Las disminuciones de ACTH, TSH,
hormona foliculoestimulante, hormona luteinizante y hor-mona luteotrópica son evidentes en
diversos grados. La secreción gonadal disminuye con la edad, incluida la pérdida gradual de
testosterona, estrógenos y progesterona. Las glándulas paratiroides mantienen su función durante
toda la vida, con la excepción de las alteraciones que se relacionan con los cambios en la
concentración plasmática de calcio o la disfunción de otras glándulas.
En los adultos mayores, las células β del páncreas liberan insulina de manera retardada e
insuficiente, y se teoriza que la sensibilidad de los tejidos a la insulina circulante disminuye con
la edad. La capacidad de los adultos mayores para metabolizar la glucosa se reduce y la ingesta
repentina de altas concentraciones de glucosa causa una hiperglucemia más elevada y más
prolongada, por lo que no es infrecuente la detección de altas concentraciones séricas de glucosa
en los mayores no diabéticos.
Sistema tegumentario
La dieta, la salud general, la actividad, la exposición al sol y los factores hereditarios influyen en
el envejecimiento normal de la piel. Los cambios de este sistema suelen ser los más molestos, ya
que son evidentes y reflejan clara-mente la edad avanzada.
Se evidencian en un aplanamiento de la unión dermoepidérmica, una reducción del grosor y la
vascularización de la dermis, la desaceleración de la proliferación epidérmica y el aumento de la
cantidad y la degradación de las fibras de elastina. Las fibras de colágeno se tornan más gruesas
y menos ordenadas, lo que reduce la elasticidad de la piel. La dermis se vuelve más avascular y
más delgada. Conforme la piel es menos elástica, más seca y frágil, y se pierde grasa subcutánea,
las líneas, las arrugas y la flacidez se hacen evidentes. La piel se irrita y se rasga con mayor
facilidad.
El número de melanocitos se reduce un 10-20% cada 10 años a partir de la tercera década de la
vida. Los melanocitos se agrupan y causan la pigmentación de la piel que frecuentemente se
conoce como manchas seniles, con mayor prevalencia en las áreas del cuerpo expuestas al sol. La
reducción del número de melanocitos genera en los adultos mayores un bronceado más lento y
menos profundo. Puesto que la respuesta inmunitaria de la piel es menor, existe mayor propensión
a las infecciones de piel. Las neoplasias cutáneas benignas y malignas se presentan con mayor
frecuencia en la edad avanzada.
El vello localizado en el pubis y las axilas se adelgaza y encanece debido a la pérdida progresiva
de las células de pigmento y a la atrofia y la fibrosis de los bulbos pilosos; el pelo de la nariz y
las orejas se vuelve más grueso. A la edad de 50 años, la mayoría de los hombres caucásicos
tienen algún grado de calvicie y cerca de la mitad de las personas muestran canas. El crecimiento
del pelo en el cuero cabelludo, el vello púbico y el axilar disminuye; por el contrario, el vello
facial se incrementa en las mujeres mayores. En los hombres de edad avanzada, aumenta el
crecimiento de pelo de las cejas, las orejas y los orificios de la nariz. Las uñas crecen con mayor
lentitud, son frágiles y quebradizas, desarrollan estrías longitudinales y se reduce el tamaño de la
lúnula. La transpiración disminuye ligeramente, pues se degrada el número y la función de las
glándulas sudoríparas.
Sistema inmunitario
El envejecimiento del sistema inmunitario, conocido como inmunosenescencia, incluye la
depresión de la respuesta inmunitaria, que puede originar un riesgo significativo de infecciones
en los adultos mayores. Después de la mediana edad, la masa del timo disminuye de manera
constante hasta el punto en el que la actividad sérica de las hormonas tímicas es casi imperceptible
en los adultos mayores. La actividad de los linfocitos T se reduce y hay más células T inmaduras
en el timo. Se produce una reducción significativa de la inmunidad mediada por células y los
linfocitos T son menos capaces de proliferar en respuesta a mitógenos.
Los cambios en los linfocitos T contribuyen a la reactivación de la varicela zóster y
Mycobacterium tuberculosis, infecciones que se presentan en muchos adultos mayores. La
concentración sérica de inmunoglobulinas (Ig) no se altera de manera significativa; la
concentración de IgM es más baja, mien-tras que las de IgA e IgG son más altas. Las respuestas
a la influenza, la parainfluenza, el neumococo y el tétanos son menos eficaces (se recomienda la
vacunación a causa de las graves consecuencias potenciales de estas infecciones en los adultos
mayores). La respuesta inflamatoria disminuye y la inflamación suele presentarse de manera
atípica en las personas ancianas (p. ej., febrícula y escaso dolor). Además, se produce un aumento
de la cantidad de citocinas proinflamatorias, un fenómeno probablemente asociado con
ateroesclerosis, diabetes, osteoporosis y otras enfermedades cuya prevalencia aumenta con la
edad.
Además de mantener un buen estado nutricional, los adultos mayores pueden incluir alimentos en
su dieta que afecten de manera positiva su inmunidad, como leche, yogurt, queso cottage sin
grasa, huevos, frutas y vegetales frescos, nueces, ajo, cebolla, col (repollo), miel pura y melaza
integral. También es útil un suplemento diario multivitamínico y mineral. La actividad regular
física puede mejorar la función inmunitaria, incluyendo ejercicios como yoga y tai chi, que son
de bajo impacto e inciden de manera positiva en la inmunidad. El estrés puede afectar la función
del sistema inmunitario, pues las concentraciones elevadas de cortisona pueden provocar
descomposición en el tejido linfático, inhibición de la producción de células citolíticas naturales,
incremento en llos linfocitos T supre-sores y reducción en la cantidad de células T cooperadoras
y del interferón que disminuye los virus.
Termorregulación
La temperatura corporal normal es más baja en los adultos mayores que en los jóvenes. La
temperatura corporal media oscila entre 36 y 36.8 °C por vía oral y entre 36.6 y 37.2 °C por vía
rectal. Las temperaturas rectales y del conducto auditivo son los indicadores más precisos y
confiables de la temperatura corporal en los adultos mayores.
La capacidad de respuesta a las temperaturas frías está reducida debido a una vasoconstricción
ineficiente, reducción de la circulación periférica, disminución del gasto cardíaco, deterioro de la
respuesta al escalofrío y reducción de la masa muscular y del tejido subcutáneo. En el otro
extremo, las diferencias de respuesta al calor se relacionan con deterioro en los mecanismos de
sudoración y disminución del gasto cardíaco. Estos cambios relacionados con la edad causan que
los adultos mayores sean más susceptibles al estrés térmico. Las alteraciones en respuesta a los
entornos fríos y calientes aumentan el riesgo de hipotermia accidental, agotamiento por calor y
golpe de calor.

Cambios psíquicos: memoria, razonamiento e inteligencia


CAMBIOS PSICOLÓGICOS
Los cambios psicológicos pueden estar influidos por el estado de salud, los factores genéticos, los
logros educativos, la actividad y los cambios físicos y sociales. Es posible que el deterioro de los
órganos de los sentidos impida la interacción con el medio ambiente y con otras personas,
influyendo así en el estado psicológico.

Sentirse deprimido y aislado socialmente puede obstaculizar la función psicológica óptima. Al


reconocer la variedad de factores que pueden afectar el estado psicológico y la variedad de las
respuestas individuales a estos factores, es posible hacer algunas generalizaciones.

Personalidad
Los cambios drásticos en la personalidad básica no se producen normalmente a medida que se
envejece. Es muy probable que el amable y gentil mayor fuera así durante su juventud; del mismo
modo, el mayor cascarrabias probablemente no era apacible y tranquilo en sus años anteriores.
Excluyendo los procesos patológicos, la personalidad es compatible con la mantenida a lo largo
de la vida, aunque quizá será más abierta y se expresará más honestamente. La supuesta rigidez
de los adultos mayores es más un resultado de las limitaciones físicas y mentales que un cambio
de la personalidad. Por ejemplo, la insistencia de un adulto mayor para que sus muebles no sean
reorganizados puede interpretarse como rigidez, pero tal vez sea una táctica de seguridad para
alguien con mala memoria y déficit visual.

Pueden presentarse cambios en los rasgos de personalidad en respuesta a los acontecimientos que
alteran la cotidianidad, como la jubilación, muerte de un cónyuge, pérdida de la independencia,
reducción de los ingresos económicos y discapacidad. El tipo de personalidad no describe a todos
los adultos mayores; la personalidad en la vida tardía es un reflejo de ésta a lo largo de la vida. El
ánimo, la actitud y la autoestima tienden a ser estables a lo largo del ciclo vital.

Memoria
Los tres tipos de memoria son: de corto plazo, con una duración de 30 seg a 30 min; de largo
plazo, que implica aquello que se aprendió hace mucho tiempo; y sensorial, que se obtiene a través
de los órganos de los sentidos y dura sólo unos pocos segundos. La recuperación de la información
de la memoria a largo plazo puede ser más lenta, sobre todo si la información no se utiliza o no
se necesita todos los días. Se reduce la capacidad para retener información en la consciencia
mientras se maneja otra información de la memoria funcional. Los adultos mayores pueden
mejorar algunos olvidos relacionados con la edad mediante el uso de ayudas para la memoria
(dispositivos mnemotécnicos), como asociar un nombre con una imagen, tomar notas o hacer
listas y colocar objetos en lugares significativos. Los déficits de memoria pueden ser el resultado
de una variedad de factores distintos a los del envejecimiento normal.

Inteligencia
Por lo general, es conveniente interpretar los hallazgos relacionados con la inteligencia de la
población de más edad con mucha cautela, porque los resultados pueden variar según los
instrumentos de medición o el método de evaluación utilizados. La investigación geriátrica y
gerontológica inicialmente empleada para comparar la inteligencia con el paso de los años fue la
causa de estos sesgos. Los adultos mayores enfermos no pueden compararse con personas jóvenes
sanas; tampoco pueden compararse las personas con diferente nivel educativo o cultural, ni los
individuos expertos y capaces de realizar una prueba de inteligencia con aquellos que tienen
deficiencias sensoriales o que no hayan realizado alguna vez este tipo de pruebas.
Los estudios longitudinales que miden los cambios en una generación específica a medida que
envejece y que consideran las variables sensoriales, de salud y los déficits educativos son
relativamente recientes y determinan con mayor exactitud los cambios intelectuales que tienen
lugar con el paso de los años.
Con la edad se mantiene la inteligencia básica; una persona no se vuelve más o menos inteligente.
Las habilidades de comprensión verbal y de realización de operaciones aritméticas no se
modifican. La inteligencia cristalizada, que es el conocimiento acumulado durante toda una vida
y surge desde el hemisferio dominante del cerebro, se mantiene durante la edad adulta. Esta forma
de inteligencia permite a la persona utilizar el aprendizaje y las experiencias del pasado para
resolver problemas. La inteligencia fluida, que implica la nueva información y que emana del
hemisferio no dominante, controla las emociones, la retención de la información no
intelectual, las capacidades creativas, la percepción espacial y la apreciación estética; se considera
que este tipo de inteligencia puede disminuir en la edad adulta. Una parte del deterioro de la
función intelectual se presenta en los momentos previos a la muerte. Se han encontrado altos
niveles de estrés psicológico crónico que se asocian con incremento de la incidencia de deterioro
cognitivo leve.

Aprendizaje
Aunque la capacidad para aprender no se altera seriamente con la edad, pueden interferir otros
factores que limiten el aprendizaje, como la motivación, la atención, la transmisión diferida de la
información en el cerebro, los deterioros de la percepción y la enfermedad. Las personas mayores
tal vez tengan menos disposición para aprender y dependan de la experiencia previa para
solucionar problemas en lugar de experimentar con nuevas técnicas. Es posible que las diferencias
en la intensidad y duración de la excitación fisiológica de la persona anciana hagan que resulte
más difícil eliminar respuestas aprendidas y adquirir nuevos conocimientos.

Las primeras fases del proceso de aprendizaje tienden a ser más dificultosas para los adultos
mayores que para los más jóvenes; sin embargo, después de una fase temprana más prolongada,
los mayores son capaces de mantener un ritmo similar. El aprendizaje es más eficaz cuando la
nueva información se relaciona con la información antes aprendida. Aunque no parece haber
mucha diferencia entre los adultos mayores y los más jóvenes en cuanto a la capacidad verbal o
abstracta, las primeras muestran ciertas dificultades con las habilidades motoras y perceptivas.

Las evidencias indican una tendencia hacia la asociación simple en lugar del análisis. Para los
adultos mayores es un problema el aprendizaje de nuevos hábitos, ya que en ocasiones deben
desaprender, reaprender o modificar los hábitos arraigados después de muchos años.

Capacidad de concentración
Los adultos mayores muestran una disminución de la capacidad de vigilancia (la capacidad para
retener la atención durante más de 45 min). Se distraen con mayor facilidad por la información
y los estímulos irrelevantes, y son menos capaces de realizar tareas complicadas o que requieren
trabajo sincronizado.
El personal de enfermería que cuida a adultos mayores debe ser consciente de que, a pesar de los
numerosos cambios que suelen experimentarse con la edad, la mayo-ría de ellos funcionan
admirablemente bien y tienen vidas normales y satisfactorias. Aunque el personal tiene que
reconocer los factores que pueden alterar la función con el envejecimiento, también debe hacer
hincapié en las capacidades y los activos que poseen los adultos mayores, y ayudar a las personas
de todas las edades a lograr un envejecimiento saludable.

Cambios sociales: individuales, familiares, jubilación


CAMBIOS EN LOS ROLES Y LAS RELACIONES FAMILIARES
La aparición de las familias nucleares en la actualidad ha cambiado los roles y las funciones de
las personas en una familia. Se espera que los padres mayores tengan un acceso limitado a la vida
de sus hijos adultos. Los hijos no están obligados a satisfacer las necesidades de sus padres de
edad avanzada con respecto al apoyo financiero, servicios de salud o alojamiento. Cada vez, los
padres dependen menos de sus hijos para sus necesidades y la creencia de que los hijos son el
mejor seguro para la vejez está desapareciendo. Además, los abuelos, aunque sea gratificante, no
suelen desempeñar un papel tan activo como en el pasado, en especial porque los nietos pueden
estar dispersos por todo el país. Estos cambios en la estructura familiar y la función no son
necesariamente negativos. Los adultos mayores pueden disfrutar de la independencia y la libertad
de las responsabilidades que la vida ofrece a la familia nuclear. El ajuste a los cambios en las
responsabilidades y los roles con el tiempo representa un reto importante del envejecimiento.

Paternidad

El papel de los padres es dinámico; cambia con frecuencia para satisfacer las necesidades de
crecimiento y desarrollo de padres e hijos. Durante la mitad de la vida y después, los padres deben
adaptarse a la independencia de sus hijos, ya que han de convertirse en ciudadanos adultos
responsables y dejar la casa. Por lo general, el primer hijo se va de casa y establece una unidad
independiente entre los 22 y 25 años de edad. Para las personas que han invertido la mayor parte
de su vida adulta en alimentar y mantener a sus hijos, la independencia de éstos puede tener un
impacto significativo. Aunque los padres que se liberan de las responsabilidades y las
preocupaciones de los niños tienen más tiempo para perseguir sus propios intereses, también
pierden el significado y las actividades satisfactorias relacionadas con la crianza de los niños, lo
cual con frecuencia da lugar a una profunda sensación de pérdida.

El hombre mayor comparte numerosos sentimientos de su esposa. A lo largo de los años, es


posible que haya tenido la sensación de haber desempeñado funciones útiles, que lo hacen un
miembro valioso de la familia. Es muy probable que haya trabajado duro para mantener a su
esposa e hijos, y su masculinidad se vio reforzada con la demostración de su capacidad para
engendrar y mantener a la descendencia. En la actualidad, con sus hijos mayores, ya no está
obligado a proveer, lo que puede proporcionar alivio y respiro. Además, descubre que las reglas
han cambiado: su capacidad para mantener una familia sin la necesidad de que su esposa trabaje
ahora es vista por algunos como angustiosa, sus esfuerzos por recuperar territorio no son
respaldados y su intento de llenar el rol masculino, para el que ha socializado, se considera
opresivo o irrelevante para los estándares actuales.

Sin embargo, esta desvalorización del papel de los padres y los cambios en la función de la familia
no son necesariamente negativos. La mayoría de los hijos no abandonan o descuidan a sus padres
mayores, ya que mantienen con ellos un contacto regular. Las unidades familiares independientes
pueden ayudar a que la relación entre padres e hijos se desarrolle con mejores bases entre adultos,
satisfaciendo tanto al joven como al mayor. Si los adultos mayores se adaptan a su nuevo papel
como padres de hijos adultos e independientes, pueden disfrutar de la libertad de las
responsabilidades anteriores y del desarrollo de nuevas relaciones familiares.

Abuelos

Además de los cambios que se experimentan conforme avanza la edad en el papel de criar a los
hijos, gran cantidad de adultos mayores se estrenan en un nuevo rol de abuelos. El aumento de la
esperanza de vida de los estadounidenses permite a más personas experimentar el papel del abuelo
y durar más años en él que a las generaciones anteriores.

Los nietos pueden traer una gran alegría y sentido a la vida de los adultos mayores. A su vez, los
abuelos, que no están agobiados con las mismas responsabilidades cotidianas de cuidados que
tienen los padres, pueden ofrecer amor, orientación y felicidad a los miembros más jóvenes de la
familia. Pueden compartir las lecciones aprendidas de sus experiencias de vida y los antecedentes
familiares y tradiciones que ayudan a los jóvenes a entender sus raíces. Existen tantos estilos
familiares como personalidades: no hay un modelo único de cómo debe ser un abuelo.

Los cambios en la estructura y las actividades familiares plantean nuevos desafíos a los abuelos
de hoy en día. La mayoría de las madres trabajan fuera del hogar, lo cual se agrava por el hecho
de que casi un tercio de los niños son criado por uno solo de los padres. Como resultado, los
abuelos pueden asumir las responsabilidades de cuidado de los niños en mayor medida de lo que
podían hacerlo las generaciones anteriores.

Los abuelos pueden incluso proveer o compartir una casa con sus hijos y nietos. Es posible que
las estructuras familiares difieran de las de los mayores, con un incremento en el índice de
diferentes matrimonios y de familias mezcladas, así como de hogares homosexuales. Como
resultado del matrimonio o de la relación de un hijo adulto, los adultos mayores pueden
encontrarse con el quehacer de ser abuelos, un papel para el que pocos están preparados. Se
necesitarán decisiones conscientes para amar y aceptar a estos nuevos miembros de la familia.

Además de que los adultos mayores tienen que adaptarse a los nuevos estilos de vida y estructuras
familiares, es posible que los hijos y los nietos tengan que adaptarse a diferentes estilos de vida
de las generaciones anteriores. En lugar de la abuela ama de casa que cocinaba cenas familiares
elaboradas y que daba la bienvenida a sus nietos cada vez que necesitaban un cuidador, la abuela
de hoy puede tener una carrera activa y una agenda social que no le permita cargar con frecuencia
con las responsabilidades del cuidado de niños o las funciones de hospedaje de la familia. Es
posible que los abuelos estén divorciados, lo que quizás haga que sus hijos y nietos se enfrenten
a diferentes situaciones, como viajes de fin de semana de la abuela con su nuevo esposo o del
abuelo con una esposa mucho más joven.

La familia puede requerir asesoramiento profesional para abordar estas cuestiones. Ser abuelo es
un papel aprendido y algunos de los adultos mayores necesitan orientación para convertirse en
abuelos eficaces. Las personas mayores pueden requerir una guía para hacer frente a temas como:

➢ Respetar a sus hijos como padres y no interferir en la relación entre padres e hijos.
➢ Llamar antes de visitar a sus hijos.
➢ Establecer normas para el cuidado de los niños.
➢ Permitir a sus hijos establecer sus propias tradiciones dentro de su familia y no esperar
que se cumplan con las tradiciones de los abuelos.

El personal de enfermería debe colaborar con las familias para que encuentren recursos que les
permitan afrontar los desafíos de los abuelos. Además, el personal de enfermería puede sugerir
actividades que los ayuden a estar en contacto con sus nietos, sobre todo si no se encuentran
geográficamente cerca, incluidas las grabaciones de audio e imagen, los mensajes de correo
electrónico, las videoconferencias, los mensajes de texto o fax y las cartas escritas a mano (además
de ofrecer medios de comunicación, es posible que éstos sean recuerdos duraderos y que se
transmitan de una generación a la siguiente). Es factible alentar a los adultos mayores a que
elaboren diarios, álbumes y cuadernos familiares, recetas y costumbres que puedan ayudar a que
sus nietos y las generaciones futuras tengan conocimientos especiales de sus antepasados.

Además de cumplir con el rol de abuelos, una gran cantidad de adultos mayores pueden asumir
responsabilidades de la educación de sus nietos. Un creciente número de abuelos está criando a
sus nietos.

PÉRDIDA DEL CÓNYUGE


La muerte de un cónyuge es un acontecimiento frecuente que altera la vida familiar de muchos
adultos mayores. La pérdida de esa persona con la que se ha compartido más amor y experiencias
de la vida y más alegrías y tristezas que con nadie puede ser intolerable. ¿Cómo, después de
muchas décadas de vivir con otra persona, puede adaptarse a su ausencia repentina? ¿Cómo hacer
para acostumbrarse a poner la mesa para uno, volver a una casa vacía o no tocar ese cuerpo cálido
y familiar en la cama?

Además de la dependencia financiera, es posible que la mujer haya dependido de los logros de su
marido para obtener satisfacción e identidad. Con frecuencia, los logros de los hijos sirven a este
fin. Es posible que los deseos sexuales queden insatisfechos debido a la falta de oportunidades, a
creencias religiosas en cuanto al sexo fuera del matrimonio, al miedo a la repercusión sobre sus
hijos y la sociedad, o a resquicios de las actitudes respecto a la sexualidad. Si el matrimonio de
una mujer promueve la amistad con otras parejas casadas e inactiva las relaciones con amigos
solteros, la nueva viuda puede encontrar que el número de amigas solteras es escaso.

Cuando el dolor inicial de la muerte del marido pasa, la mayoría de las viudas se adaptan bastante
bien. Una alta proporción de mujeres viudas mayores cuenta con amigos que comparten
problemas y estilos de vida similares, sobre todo en las zonas urbanas. Se pueden revivir algunas
antiguas amistades para mantener condiciones de actividad y alegría. Algunas viudas pueden
descubrir que la falta de ciertas responsabilidades, como cocinar y lavar para sus maridos, trae
una nueva y agradable libertad. Con funciones alternativas para desarrollar, ingresos económicos
suficientes y la elección del estilo de vida, muchas de las mujeres se adaptan con éxito a su viudez.

La probabilidad de que un adulto mayor vuelva a casarse después de perder a su cónyuge


disminuye con la edad. Lo anterior es en especial cierto para las mujeres que a menudo viven más
tiempo que los hombres y se encuentran con escasez de hombres elegibles, porque los hombres
de la misma edad tienden a casarse con mujeres más jóvenes que ellos.
El personal de enfermería puede facilitar la adaptación a la viudez identificando fuentes de
amistades y actividades, como clubes, organizaciones de voluntarios o grupos de viudas en la
comunidad, y ayudando a la viuda a entender y obtener todos los beneficios a los que tiene
derecho. Esto podría requerir tranquilizarla para que disfrute su nueva libertad, ya que las
relaciones con otros hombres no son razón para sentirse culpable y puede ayudarla a adaptarse a
la pérdida de su marido y al nuevo papel de viuda.
JUBILACIÓN
La jubilación es otro de los grandes ajustes que debe realizar un adulto mayor. Esta transición trae
la pérdida del papel laboral y a menudo es la primera experiencia de los efectos del
envejecimiento. Además, la jubilación puede requerir la adaptación a una reducción de los
ingresos económicos y, por lo tanto, a cambios en el estilo de vida.

Pérdida del rol laboral

La jubilación es especialmente difícil en la sociedad occidental, en la que el valor de una persona


suele medirse por su productividad. El trabajo también se ve como una cuota obligada para ser
miembro activo de una sociedad productiva. Muchos de los adultos mayores de hoy en día dan
tanto valor al trabajo que mantienen la postura de que el desempleo, por el motivo que sea,
representa un estado indeseable.

La identidad laboral determina en gran medida la posición social del individuo y su papel en la
sociedad. Aunque los individuos funcionan de manera diferente en roles similares, algunos
comportamientos se mantienen vinculados con ciertas funciones, lo que promueve los
estereotipos. Algunos continúan escuchándose: el fuerte trabajador de la construcción, la bailarina
exótica salvaje, el juez justo, el clérigo con un comportamiento impecable, el abogado letrado y
el artista excéntrico.

La comprensión de que estas asociaciones no son siempre válidas no impide su difusión. Con
mucha frecuencia, las personas se describen en términos de su rol de trabajo en lugar de sus
características personales, por ejemplo, “la enfermera que vive en el camino” o “mi hijo el
doctor”. Si se toma en cuenta que la identidad social y las expectativas de comportamiento se
derivan de la función laboral, no sorprende que la jubilación amenace el sentido de identidad.
Durante la infancia y la adolescencia, se orienta a las personas hacia un papel de adulto
independiente y responsable, y en el ámbito académico se les prepara para roles profesionales;
sin embargo, ¿dónde y cuándo se les capacita para el papel de jubiladas?
Cuando el trabajo es el principal interés, actividad y fuente de contactos sociales de una persona,
la separación de éste deja un vacío importante en la vida. Debe instarse a los adultos mayores a
desarrollar intereses diferentes a los relacionados con el trabajo. La jubilación se facilita si la
persona aprende a usar, apreciar y obtener satisfacción del tiempo de ocio mientras se encuentra
desempleada. Además, disfrutar este tiempo es una salida terapéutica para el estrés de la vida
durante el proceso de envejecimiento.
El personal de enfermería gerontológica debe entender las realidades y las reacciones
contradictorias al trabajar con jubilados. A pesar de que la experiencia de jubilación es única para
cada individuo, algunas reacciones y experiencias tienden a ser bastante frecuentes. Las fases de
la jubilación descritas por Robert Atchley hace décadas ofrecen todavía una idea de este
complicado proceso:
Fase de prejubilación. Cuando la realidad de la jubilación es evidente, comienza la preparación
para dejar el puesto de trabajo y puede formarse un ideal sobre el papel de jubilado.
Fase de jubilación. Después del evento de jubilación, inicia un período un tanto eufórico, una
“luna de miel” en la que las fantasías de la fase de prejubilación seponen a prueba. Los jubilados
tratan de hacer al mismo tiempo todo lo que nunca pudieron hacer por falta de tiempo. Diversos
factores (p. ej., finanzas y salud) limitan esto y dan lugar al desarrollo de un estilo de vida estable.
En contraste con los jubilados que desean realizar todas sus fantasías, algunas personas eligen
descansar y lo hacen, aunque su nivel de actividad tiende a aumentar después de algunos años.
Fase de desencanto. Conforme la vida comienza a estabilizarse, se experimenta una decepción, a
veces una depresión. Mientras menos realista sea la fase de prejubilación, mayor será el grado de
desencanto.
Fase de reorientación. A medida que se consideran opciones realistas y fuentes de satisfacción, el
desencanto de una nueva rutina de jubilación puede ser sustituido por el desarrollo de un estilo de
vida que proporcione cierta satisfacción.
Fase de la rutina del jubilado. Se alcanza la comprensión del rol del jubilado, lo que proporciona
un ámbito de trabajo de preocupación, compromiso y acción en la vida del adulto mayor. Algunas
personas entran en esta fase justo después de la fase de luna de miel y otras nunca la alcanzan.
Fin de la jubilación. Se pierde el papel del jubilado como resultado tanto de la reanudación de una
actividad laboral como de la dependencia por enfermedad o discapacidad.
Pueden necesitarse diferentes intervenciones de enfermería en cada fase de la jubilación. Ayudar
a los adultos mayores con la preparación de la jubilación durante la fase de prejubilación es una
intervención preventiva que optimiza el potencial de salud y el bienestar en la vejez. Como parte
de este tipo de intervención, el personal de enfermería puede alentar a las personas a establecer la
práctica de hábitos de salud apropiados, por ejemplo, seguir una dieta adecuada, evitar el consumo
de alcohol, drogas y tabaco, y someterse a exploraciones físicas regulares.
El asesoramiento en cuanto a las realidades de la jubilación puede ser parte de su preparación,
mientras que ayudar a los jubilados a vivir su nueva libertad con una perspectiva adecuada puede
justificarse durante la fase de luna de miel de la jubilación. Es posible que el apoyo a los jubilados
durante la fase de desencanto sin fomentar la autocompasión y ayudar a identificar nuevas fuentes
de satisfacción favorezca el proceso de reorientación. Apreciar y promover las fortalezas de la
fase de estabilidad puede reforzar la adaptación a la jubilación. Cuando la fase de jubilación se
termina debido a una enfermedad o discapacidad, el manejo diplomático de la dependencia y el
reconocimiento respetuoso de las pérdidas son en extremo importantes.
Los asesores de vida y jubilación ayudan a las personas a que se den cuenta de que la etapa de la
jubilación es más significativa cuando crean un equilibrio entre el tiempo dedicado al trabajo, el
aprendizaje, el ocio, la familia, el servicio a los demás y los intereses y deseos aplazados durante
los años activos de carrera.
Ingresos económicos reducidos
Además de los ajustes en la actividad laboral, la jubilación obliga con frecuencia a que los adultos
mayores vivan con una reducción de sus ingresos económicos. Los recursos financieros son
importantes a cualquier edad, ya que afectan la dieta, la salud, la vivienda, la seguridad y la
independencia, e influyen en muchas decisiones en la vida. Los ingresos económicos por
jubilación son inferiores a la mitad de los obtenidos por la actividad laboral. Para los
estadounidenses de mayor edad, los ingresos de la seguridad social, originalmente pensados como
un complemento, son en realidad la principal fuente de ingresos de los jubilados y no siguen el
mismo ritmo que la inflación. Como resultado, el perfil económico de muchas personas mayores
es pobre.
CAMBIOS EN LA SALUD Y EL FUNCIONAMIENTO
Los cambios en la apariencia y la función corporal que se producen durante el proceso de
envejecimiento requieren que el individuo se adapte a una nueva imagen corporal. El cabello
suave lleno de color se vuelve gris y seco, los dedos flexibles y rectos se tuercen y duelen, los
contornos del cuerpo se alteran y la estatura disminuye.
Las escaleras que alguna vez se subieron varias veces al día demandan más tiempo y energía
conforme pasan los años. Aun cuando la presentación de estos cambios es sutil, gradual y natural,
en algún momento son evidentes y, en consecuencia, afectan la imagen corporal y la autoestima.
La manera en que las personas se perciben y sus habilidades funcionales pueden determinar los
roles que desempeñan. Un albañil cuya fuerza y energía se han reducido puede perder su trabajo,
un miembro del club al que le resulta imposible oír las conversaciones quizá deje de asistir a las
reuniones, los modelos de moda tal vez dejen de buscar puestos de trabajo cuando se perciben
como anticuados.
Curiosamente, algunas personas que se encuentran bien en su séptima y octava décadas se niegan
a unirse a un club de mayores, porque no se perciben “como esas personas de edad”. El personal
de enfermería profundizará en el concepto de los adultos mayores sobre sí al evaluar qué
funciones están dispuestos a aceptar y cuáles rechazan.

EFECTOS ACUMULADOS DE LAS TRANSICIONES DE VIDA


Disminución del entorno social
Una gran cantidad de cambios que acompañan al envejecimiento son el resultado de la pérdida de
conexiones sociales y del aumento del riesgo de soledad. Los hijos crecieron y se fueron, los
amigos y el cónyuge pueden haber muerto, y quizás otras personas que podrían disipar la soledad
eviten al adulto mayor porque les resulta difícil aceptar los cambios que ven o que se evidencian
y que les recuerdan el hecho de que ellos también van a envejecer algún día. Vivir en una zona
rural poco poblada a veces aísla geográficamente a las personas de edad y los temores acerca de
ser víctimas de delitos, cuando se vive en una zona urbana, pueden impedir que los adultos
mayores se expongan a salir de sus hogares.

Consciencia de la mortalidad
La viudez, la muerte de los amigos y el reconocimiento de la disminución de las funciones
corporales hacen que los adultos mayores tomen consciencia de la realidad de sus propias muertes.
Durante los primeros años de vida, los individuos aceptan que no van a vivir para siempre, pero
sus comportamientos suelen negar esta realidad. La falta de una voluntad anticipada y de planes
funerarios pueden ser indicios de esta negación. A medida que se agudiza la realidad de la
mortalidad, conforme avanza la edad, se presentan signos aparentes, como el interés por la
realización de los sueños, la profundización de las convicciones religiosas, el fortalecimiento de
los lazos familiares y el interés por el bienestar permanente de la familia y por dejar un legado.

Quizá sea más tolerable el pensamiento de la muerte inminente si las personas comprenden que
su vida ha tenido profundidad y significado. Las culpas no resueltas, las aspiraciones no
cumplidas, los fracasos percibidos y gran cantidad de otros “asuntos pendientes” pueden
entenderse mejor y quizá resolverse. Aunque el estado de vejez puede proporcionar oportunidades
limitadas para las emociones y los logros, es posible obtener cierta satisfacción al recordar los
logros y emociones de otros períodos de la vida. La mujer mayor tal vez sea frágil y tenga arrugas,
pero aún puede deleitarse con el recuerdo de cómo alguna vez enloqueció a los hombres. El mayor
jubilado puede sentir que es inútil para la sociedad actual, pero se da cuenta de su valía a través
de la memoria de las guerras en las que luchó para proteger a su país y el orgullo que siente al
saber que consiguió que sus hijos tuvieran una educación y comenzaran una vida que sus padres
no pudieron proporcionarle. El personal de enfermería puede ayudar a los adultos mayores a
adquirir esta perspectiva de sus vidas mediante algunas de las intervenciones que se discuten en
las siguientes secciones.

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