Actos Procesales: Conceptos y Requisitos
Actos Procesales: Conceptos y Requisitos
CAPÍTULO VI
La noción de acto procesal está determinada por la concepción que se tenga sobre la
teoría general del hecho y del acto jurídicos, por cuanto aquél no es más que una especie del
género que es éste.
Si por hecho debe entenderse todo acaecimiento del mundo exterior que modifica la
realidad existente, estaremos ante un hecho jurídico cuando la realidad modificada esté
contemplada por una norma jurídica que extraiga consecuencias jurídicas de ese acaecimiento.
Hecho procesal será, pues, el acaecimiento del mundo exterior que tiene efectos o consecuencias
en el proceso. Elemento fundamental para distinguir el hecho del acto procesal es la falta en el
primero y la presencia en el segundo de la voluntad del hombre.
Los hechos, aun cuando afecten directamente al proceso, no están determinados por la
voluntad del hombre. Este es el caso de la muerte de la parte que da lugar a abrir la sucesión
procesal (art. 59 del CPCYM). Sin embargo, hay que señalar que no existe en el Ordenamiento
procesal guatemalteco un tratamiento sistemático de los hechos procesales, sino normas
dispersas que contemplan hechos específicos.
por medio del cual el proceso se realiza, de modo que aquél ha de producir sus consecuencias en
forma directa en el proceso.
No todos los actos que tienen influencia o repercusión en el proceso pueden considerarse
procesales; para que alcancen esa naturaleza es preciso que su repercusión sea directa e
inmediata y no sólo indirecta o mediata. Por ejemplo, es indudable que el poder otorgado ante
notario al mandatario judicial puede tener repercusiones en el proceso, pero el acto del
otorgamiento no es procesal, entre otras cosas porque es posible que exista el mandato y que no
llegue a existir nunca proceso.
Aunque los actos procesales pueden estudiarse uno a uno individualmente considerados,
esa consideración aislada les privaría de algo que es esencial al proceso: el que los actos se
presentan siempre concatenados, de modo que, como decía Guasp, cada acto es presupuesto de
admisibilidad del siguiente (salvo el último) y es también condición de la eficacia del acto
precedente (salvo el primero). Aparece así el procedimiento como serie de concatenada de actos
o, como decía Carnelutti, la coordinación de varios actos autónomos con vistas a la producción de
un efecto jurídico final.
Partiendo, pues, de esta realidad de actos concatenados con los que se forma el
procedimiento, debe tenerse en cuenta:
a) Las leyes procesales no suelen presentar una única manera de concatenar los actos,
esto es, no suelen regular un procedimiento único, sino que suelen establecer varios
procedimientos, es decir, varias modalidades de concatenación de los actos.
140
En algunos casos es obvio que las concatenaciones de actos tienen que ser diferentes, y
así no puede ser lo mismo un procedimiento de conocimiento o declaración que otro de ejecución,
pero ocurre que, incluso dentro de uno u otro, la ley ha procedido a establecer diversos
procedimientos de declaración y diversos procedimientos de ejecución, con lo que para conseguir
el mismo efecto jurídico la ley ha establecido diversas maneras de concatenar los actos
procesales. Es obvio que el CPCYM no regula un único procedimiento de conocimiento, sino
varios, en los que los actos procesales quedan concadenados de modo distinto; basta leer el
índice del Código para darse cuenta de no es lo mismo un juicio ordinario que un juicio oral y que
esa diferencia se manifiesta sobre todo en cómo se enlazan los actos procesales
b) Tampoco con relación a los actos procesales individualmente considerados existe una
única manera de ser realizados, sino que las leyes establecen diversos regímenes de
conformación de los mismos.
Por ejemplo, incluso respecto de las sentencias, no son exactamente los mismos los
requisitos de las sentencias en general (art. 147 de la LOJ), que los específicos de la sentencia de
segunda instancia (art. 148) y de la sentencia de casación (art. 149).
En la determinación de los requisitos de los actos procesales hay que distinguir dos
niveles:
1) Cada acto procesal tiene unos requisitos específicos, propios y exclusivos del mismo
que determinan la producción de sus efectos también característicos.
2) Existen reglas generales que se refieren a requisitos que son comunes a todos los
actos.
Aquí hemos de atender a los requisitos comunes o generales, que pueden definirse como
las circunstancias establecidas por la ley a las que deben acomodarse los actos para que
141
produzcan los efectos previstos. El principio básico a tener en cuenta es el de legalidad recogido
en los arts. 51 del CPCYM y 165 de la LOJ.
Antes de seguir hay que dejar clara la distinción entre presupuestos y requisitos
procesales:
a) Presupuestos procesales:
Son las circunstancias que deben concurrir en el conjunto del proceso, para que en éste
pueda llegarse a dictar una resolución sobre el fondo del asunto.
La teoría de los presupuestos procesales tienen su origen en Oscar von Bülow que,
partiendo de la concepción del proceso como relación jurídica, los concebía como elementos
constitutivos de la relación jurídica procesal, esto es, como prescripciones que deben fijar las
condiciones de admisibilidad y previas para la tramitación del proceso. Para Bülow los
presupuestos se referían a todo el proceso y condicionaban la existencia del mismo.
El paso siguiente consistió en poner de manifiesto que la amplitud con que se entendían
los presupuestos era excesiva. Los presupuestos procesales no pueden serlo de la existencia
misma del proceso, de modo que si falta alguno de ellos no llega a existir el proceso, para lo
que basta constatar que los presupuestos se controlan en el proceso, esto es, existiendo ya el
proceso. Más correctamente Goldschmidt y Rosenberg refirieron los presupuestos a que se
pudiera dictar en el proceso sentencia sobre el fondo del asunto. Los presupuestos procesales
no condicionan así la existencia del proceso, sino la decisión en éste sobre el fondo. Ahora
bien, sigue siendo cierto que los presupuestos lo son de todo el proceso, no de uno o algunos
de los actos procesales.
b) Requisitos procesales:
El primero que intentó en los países iberoamericanos una sistematización de los requisitos
de los actos procesales fue el profesor español Guasp, y su sistema fue ampliamente reproducido
142
después por otros autores. Ese sistema se basa en la distinción entre requisitos subjetivos,
objetivos y de actividad.
1) Los subjetivos hacen referencia a que el acto debe ser realizado por la persona que la
ley establece como sujeto del mismo, a la aptitud de éste, esto es, a la concurrencia en
él de las calidades que la ley impone, y a la voluntad, entendiéndose que debe estarse
a la voluntad manifestada y no a la real.
2) Los objetivos se refieren al objeto mismo del acto (no al objeto del proceso), a aquello
sobre lo que recae, que tiene que ser posible, determinado, idóneo y lícito, y a la causa
del acto, entendida como finalidad objetiva para la que la ley lo ha previsto.
3) Por último, los de actividad se concretan en el lugar, tiempo y forma, y en ellos vamos a
centrarnos atendida su mayor trascendencia y regulación en los normas procesales.
La regla general tiene que consistir en que los actos procesales deben realizarse dentro de
la demarcación territorial de cada órgano judicial, dentro de la localidad donde éste tiene su sede y
en el local destinado al mismo. Esta regla no está literalmente expresada en las leyes, pero es
manifiesta en cuanto que las leyes sí regulan las excepciones a la misma.
a) Hay actos que pueden realizarse fuera del local del órgano jurisdiccional pero dentro de
su sede o circunscripción.
1.º) El órgano jurisdiccional ha de realizar actos fuera de su local y así pueden citarse a
título de ejemplo determinados actos de prueba [arts. 138 (para la confesión en caso de
enfermedad del confesante), 155 (para la declaración del testigo donde se encuentre en
imposibilidad de comparecer), 172 y siguientes (para el reconocimiento judicial, que puede
exigir el traslado del juez y del secretario al lugar oportuno)] y, en general, las notificaciones
(art. 71, que pueden tener que hacerse en la casa, residencia o lugar donde se encuentre el
notificado).
2.º) La parte presentará sus escritos precisamente en el local del órgano judicial, y no en
cualquier otro lugar.
b) Hay actos que pueden realizarse fuera de la sede del órgano jurisdiccional.
art. 170 permite que los magistrados pueden cometer a los jueces de primera instancia y éstos
a los jueces menores la práctica de las diligencias antes indicadas, cuando deban tener
cumplimiento en el lugar que no sea el de su residencia.
La regulación temporal de los actos procesales ha tenido siempre una gran importancia
dado que el proceso mismo comporta una sucesión de actos, sucesión que produce
necesariamente en el tiempo. El entender el proceso como una sucesión de actos ha supuesto
que las leyes procesales han regulado siempre el momento en que han de realizarse los actos, y
de ahí la gran trascendencia del tiempo. Este puede contemplarse desde dos perspectivas:
a) Días hábiles
Son días hábiles todos los del año menos aquéllos de los que existe declaración
expresa de inhabilidad, que es lo que hace el art. 45, d) de la LOJ: Son inhábiles los días de
feriado que se declaren oficialmente, los domingos y los sábados cuando por adopción de
jornada continua de trabajo o de jornada semanal de trabajo no menor de cuarenta horas, se
tengan como días de descanso y los días en que por cualquier causa el tribunal hubiese
permanecido cerrado en el curso de todas las horas laborables.
b) Horas hábiles
Las que sean las horas hábiles no están tan claramente expresadas en la Ley, pero
habrá de entenderse que son las que no queden comprendidas en lo que se entiende por
noche en el art. 45, b) de la LOJ; para esta disposición se entiende por noche el tiempo
comprendido entre las dieciocho horas de un día y las seis horas del día siguiente, con lo que
habrá de entenderse que son horas hábiles las comprendidas entre las seis y las dieciocho
144
horas del día. Aunque luego, por la jornada única de trabajo, acaban siendo horas hábiles
desde las ocho hasta las quince con treinta minutos.
Los tribunales pueden habilitar horas y días inhábiles para la realización de diligencias. A
esa habilitación se refiere, primero, el art. 65 del CPCYM, disponiendo que las partes pueden
pedir la habilitación de horas y días inhábiles para la realización de diligencias sin cuyo
cumplimiento corra grave riesgo el ejercicio de un derecho, petición que deberá hacerse antes de
los días o de las horas inhábiles, y, después el art. 47 de la LOJ, según el cual cuando hubiere
que practicar alguna diligencia urgente, el juez, de oficio o a solicitud de parte, debe actuar en los
días y horas inhábiles, expresando en ella el motivo de la urgencia y haciéndolo saber a las
partes.
b) El plazo es un lapso de tiempo, dentro del que puede realizarse el acto procesal, y
exige la determinación de un momento inicial (a quo) y de otro final (ad quem); se
emplaza para un plazo (se conceden nueve días para contestar a la demanda).
Con relación sólo a los verdaderos plazos, esto es, a los que suponen un lapso de tiempo,
debe tenerse en cuenta:
a) Su cómputo:
Para las partes es el día siguiente al de la última notificación [art. 45, e)], de modo que
no se computa el día en que la notificación se realiza. Cuando se trata de plazos por horas se
computará tomando en cuenta las veinticuatro horas del día y a partir del momento de la última
notificación o del fijado para su inicio (art. 46 de la LOJ).
2) Un sistema de cómputo:
Conforme al cual si el plazo se fija por días se descuentan los inhábiles [art. 45, d) de la
LOPJ], y si se fija por meses o años no se descuentan los inhábiles, sino que se estará a de
fecha a fecha, diciendo el art. 45, c) que los meses y los años se regularán por el número de
días que les corresponde según el calendario gregoriano, y el cómputo de los años y de los
meses terminará la víspera de la fecha en que han principiado a contarse.
Que se computa íntegramente, y habrá que entender que si ese día sea inhábil el plazo
se entiende prorrogado al siguiente día hábil.
Todos los plazos señalados a las partes son perentorios e improrrogables, salvo
disposición legal en contrario (art. 64 del CPCYM).
1.º) Improrrogabilidad
Supone que el juez no puede ampliar el plazo, ni aun cuando exista petición de parte,
aunque debe recordarse que algún plazo sí es prorrogable, para lo que debe existir norma
concreta que lo permita expresamente; por ejemplo el art. 123 del CPCYM dice que el término
(en realidad, plazo) para la práctica de la prueba puede ampliarse a diez días más. Cuando el
plazo es excepcionalmente prorrogable, la petición de prórroga tiene que hacerse por la parte
antes de que el plazo haya vencido.
2.º) Perentoriedad
Implica que si la actividad procesal prevista para realizarse dentro del mismo no se
hiciera, el juez debe de oficio ordenar la continuación del proceso por sus trámites,
produciéndose para la parte la preclusión de la posibilidad de realizar el acto. Por el contrario,
un plazo es no perentorio cuando, a pesar de haber transcurrido el tiempo del mismo, la parte
puede realizar la actividad prevista en el mismo, por lo menos mientras la parte contraria no
pida la continuación del proceso.
146
El art. 64 del CPCYM dice que todos los plazos son perentorios, y por eso añade que
vencido un plazo (los términos no vencen) se dictará la resolución que corresponda al estado
del juicio, sin necesidad de gestión alguna, pero luego a lo largo del Código establece algunos
plazos no perentorios. Por ejemplo, el art. 113 dice que si transcurrido el término (que es un
plazo) del emplazamiento el demandado no comparece, se tendrá por contestada la demanda
en sentido negativo y se le seguirá el juicio en rebeldía, a solicitud de parte (se entiende, de la
parte contraria, es decir, del actor), y esto supone que si el demandado contesta a la demanda
pasado el plazo de nueve días, pero antes de la solicitud del actor, esa contestación es válida y
debe admitirse.
Son los que se confieren a las partes o a las personas que sin ese carácter intervienen en
el proceso para la realización de un acto procesal; el efecto principal de su inobservancia es que
precluye el trámite pasándose, por el impulso de oficio, al trámite siguiente, con pérdida de la
posibilidad de realizar el acto. El art. 64, párrafo 2.º, del CPCYM ha establecido el impulso de
oficio, de modo que el juez debe dictar la resolución que corresponda al estado del juicio, sin
necesidad de gestión alguna.
Son los establecidos para la realización de actos por el personal de los órganos
jurisdiccionales; su inobservancia no implica preclusión, de modo que el sujeto sigue obligado a
realizar el acto, si bien originándose responsabilidad disciplinaria. El caso más claro es el del art.
142 de la LOJ que fija los plazos para dictar las resoluciones judiciales y que dice, en el párrafo
2.º, que la infracción de esos plazos se castigará con multa que se impondrá al juez o a cada uno
de los magistrados del tribunal colegiado, salvo que la demora sea justificada a juicio del tribunal
superior. El que luego esto no se cumpla en la práctica es otra cuestión, que tiene por supuesto
incidencia en la impartición pronta y cumplida de la justicia.
d) Su duración
147
La duración de los plazos suele venir establecida en la ley. Algunas veces esto no ocurre y
entonces:
1) Cuando se trata de plazos propios o para las partes, el juez o tribunal debe concretar
su duración, y por eso dice el art. 49 que el juez debe señalar plazo cuando la ley no lo
disponga expresamente.
2) Tratándose de plazos impropios o para el órgano judicial, el acto debe ser realizado sin
dilación (o sin levantar mano, como dice la vieja fórmula tradicional española).
Todavía debe tenerse en cuenta el llamado plazo (no término) de distancia. Según el art.
48 de la LOJ el plazo por razón de la distancia es imperativo y la autoridad lo fijará según los
casos y circunstancias.
Normalmente la ley va indicado en cada caso los requisitos específicos de forma, pero con
carácter general el art. 165 de la LOJ dispone que los actos procesales para los cuales la ley no
prescribe una forma determinada, los realizarán los jueces de tal manera que logren su finalidad,
con lo que no está estableciendo una libertad de forma, sino un mandato al juez para que, en caso
de falta de mandato del legislador, los actos se realicen del modo más adecuado a su validez.
a) Actos orales:
b) Actos escritos:
Suprimido el requisito del papel sellado (por el Decreto 37/92) en ellos importan
especialmente los requisitos de las firmas de su autor o autores y, sobre todo, de su contenido,
que deben examinarse caso por caso. Disposición de gran importancia práctica es la contenida en
148
el art. 69 y conforme a la cual en los procesos escritos no se admitirán peticiones verbales, salvo
cuando expresamente estuviere prevenido en la ley o en resolución judicial.
Si se trata de actos escritos de parte y de los documentos que éstas presenten, dice el
art. 63 del CPCYM que han de adjuntarse tantas copias cuantas sean las partes contrarias y
una más para el tribunal, para fines de reposición de las actuaciones en caso de extravío.
Estas copias pueden presentarse en papel común o fotocopia.
En general el art. 159 de la LOJ dice que se prohibe hacer uso de abreviaturas y cifras,
salvo las citas de leyes, aparte de que no se harán raspaduras sobre las palabras o frases
equivocadas, sino que los errores se salvarán al final del escrito y en el momento de suscribirse
las actuaciones.
A) Ineficacia
Prescindiendo de la llamada inexistencia del acto, es decir, de aquellos caso en los que la
falta producida en el acto es de tal naturaleza que el acto mismo ni siquiera ha llegado a existir,
por lo que no es necesaria actividad alguna dirigida a obtener o declarar la nulidad de lo actuado,
pues estos supuestos de inexistencia es casi imposible que lleguen a producirse en la práctica (la
sentencia dictada por una persona que no ha sido nombrado juez, por ejemplo), lo importante es
distinguir entre:
149
a) Nulidad
Esta declaración de nulidad puede decretarse de oficio por el juez, según se interpreta de
las normas respectivas, o puede pedirse por la parte:
Con carácter general ha de tenerse en cuenta que los decretos que se dicten para la
tramitación del proceso son revocables de oficio por el juez o tribunal que los dictó, como
disponen los arts. 598 del CPCYM y 146 de la LOJ, pero lo que realmente importante es la
llamada enmienda del procedimiento, a que se refiere el art. 67 de la LOJ. Según esta norma
los jueces tienen facultad para enmendar el procedimiento, en cualquier estado del proceso,
cuando se haya cometido error sustancial que vulnere los derechos de cualquiera de las
partes, y ese error se comete cuando se violan garantías constitucionales, disposiciones
legales o formalidades esenciales del proceso, es decir, cuando falta un requisito esencial
productor de nulidad del acto. La enmienda, esto es, la declaración de nulidad de oficio, está
sujeta a estas limitaciones:
1) El juez deberá precisar razonadamente el error (para lo que habrá de dictar un auto).
2) En ese auto se señalará, en forma concreta, las resoluciones y diligencias que quedan
afectadas por la enmienda, es decir, que se declaran nulas (y al margen de cada una
de las mismas se hará constar que ha quedado sin validez).
Contra el auto en el que se decreta la enmienda o nulidad del procedimiento cabe recurso
de apelación, excepto cuando haya sido dictado por un tribunal colegiado, en toda clase de juicios,
pero la apelación no tendrá efectos suspensivos, por lo que el asunto continuará su trámite hasta
que se encuentre en estado de resolver en sentencia definitiva, momento en que se esperará la
resolución de la apelación (al no tener efecto suspensivo no tienen porque ser elevadas las
actuaciones originales al tribunal que conozca de la apelación, sino sólo copia certificada de las
actuaciones expedida por la secretaría respectiva, art. 172 también de la LOJ, y ello a pesar de lo
que ocurre en la práctica).
La declaración de nulidad de los actos procesales puede pedirse por la parte, primero
acudiendo a los recursos ordinarios (por medio de los motivos que suelen denominar de
quebrantamiento de forma) y luego por el medio específico llamado de nulidad, y que se regula en
los arts. 613 a 618 del CPCYM (Capítulo XIX).
b) Anulabilidad
La anulabilidad sólo puede decretarse a petición de parte, no de oficio por el juez. Esa
petición de parte puede tener cauce adecuado y especifico, como es el caso de la falta de
competencia territorial, que sólo podrá decretarse si existe petición concreta del demandado, bien
por la vía de la declinatoria (art. 117 de la LOJ), bien por la vía de la excepción previa (art. 116,
inciso 1.º, del CPCYM), y si no se regula esa cauce específico siempre podrá acudirse a los
recursos, desde el de revocatoria hasta el de nulidad, pasando por los de apelación y casación,
cada uno con sus presupuestos y requisitos oportunos.
B) Irregularidad
Lo difícil aquí es establecer una norma general que precise la distinción entre ineficacia e
irregularidad, pero algunos ejemplos pueden ilustrarla. Estos ejemplos son relativamente fáciles
cuando se trata de actos judiciales; el incumplimiento de un plazo impropio, como es el de dictar
las resoluciones judiciales por el juez o por el órgano colegiado dentro del tiempo fijado en la ley,
no produce la nulidad ni la anulabilidad de la resolución, sino sólo el que pueda imponerse al juez
o a los magistrados una multa por el tribunal superior [arts. 88, d), y 142, párrafo 2.º, de la LOJ].
Los ejemplos no son tan sencillos cuando se trata de acto procesal que ha sido realizado
por la parte, pero recuérdese que el art. 203 de la LOJ dispone la imposición de sanciones al
abogado por la interposición de recursos frívolos o impertinentes que tiendan a entorpecer los
151
procedimientos, y en este caso el recurso debe de haberse tramitado, en principio, es decir, habrá
producido los efectos normales, sin perjuicio de lo cual la irregularidad del recurso lleva a la
sanción de multa e incluso a la separación de la dirección y procuración del asunto.
Son aquellos por medio de los cuales las partes postulan una resolución determinada
del juez o tribunal, suministrándole al mismo tiempo los materiales necesarios para su
fundamentación. Estos actos de parte son unilaterales y van dirigidos al juez, aunque de los
mismos deba darse traslado a la otra parte (traslado que obviamente no es necesario si el acto
es verbal). Sus efectos están vinculados al proceso; no producen efectos fuera del mismo;
tienden a la obtención de una resolución judicial y en ello agotan su eficacia. Dentro de estos
actos puede, a su vez, subdistinguirse:
a) Solicitudes
Es el acto procesal de parte limitado a postular del juez o tribunal una resolución
determinada. Las solicitudes no suelen presentarse puras en el proceso, pues suelen ir
acompañadas de alegaciones o afirmaciones de hechos y de derecho, caso por ejemplo y más
evidente el de la demanda.
b) Alegaciones
7) Lugar y fecha.
8) Firmas del solicitante y del abogado colegiado que lo patrocina, así como el sello de
éste (y si el solicitante no sabe o no puede firmar, lo hará por él otra persona o el
abogado que lo auxilie).
Por lo mismo en las demás solicitudes que sobre el mismo asunto se formulen dejan de
ser necesarios los requisitos complementarios, y por eso el art. 62 del CPCYM dice que no es
necesario que contengan los datos de identificación personal y de residencia del solicitante ni
de las otras partes, pero es evidente que sigue siendo necesario que se diga que es lo que se
pide y el fundamento fáctico y jurídico de la petición. La mención que el artículo hace del auxilio
del abogado director, no es requisito de la solicitud, sino concreción de la necesidad de
asistencia técnica prevista en el art. 197 de la LOJ, y a la que nos referimos en el Capítulo de
las partes.
Se comprenden aquí todos los actos procesales de parte que no tienden a obtener una
resolución determinada, siendo su sistematización muy difícil pues comprende actos de muy
distinta naturaleza. Con todo, adviértase que se tratará de actos procesales únicamente
cuando produzcan efectos en el proceso de manera directa, no a través de otros actos, por lo
que no tiene este carácter, por ejemplo, el pacto de sumisión expresa.
Los ejemplos son numerosísimos: el desistimiento (art. 581 del CPCYM), la designación
de domicilio para recibir las notificaciones (art. 79 del CPCYM), la presentación de copias (art.
63 del CPCYM)), la recusación del juez (art. 128 de la LOJ), etc.
A lo largo del proceso el juez (como órgano unipersonal) o el tribunal (los magistrados que
lo integran) realiza muy variados actos que pueden referirse bien a la ordenación formal del
proceso (dirige las audiencias, la vista, concede la palabra a las partes o a sus abogados, art. 196
del CPCYM y arts. 188 y siguientes del Reglamento General de Tribunales), bien a su ordenación
material (intenta la conciliación entre las partes, arts. 97 y 203 del CPCYM, o hace preguntas a los
testigos, art. 148 del CPCM, etc.), pero son las resoluciones su actividad más importante.
154
Las resoluciones judiciales son las declaraciones imperativas de voluntad por las que se
proclama, después de la operación intelectual oportuna, el efecto jurídico que la ley hace
depender de cada supuesto de hecho, y pueden ser:
Esta distinción está implícita en nuestro Ordenamiento procesal guatemalteco, pero en las
leyes se atiende más bien a la forma de las resoluciones para especificar las clases de las
mismas. Sin embargo pueden indicarse algunas disposiciones comunes a todas ellas.
Originariamente la palabra usada para designar a todas las resoluciones fue la de providencia (y
manifestación de ello queda todavía, por ejemplo, en el art. 530, providencias de urgencia), pero
después pasó a denominarse providencia a la resolución judicial de menor trascendencia, la de
mero trámite, aunque el nombre no ha desaparecido (art. 142 de la LOJ).
Para todas las resoluciones dice el art. 143 de la LOJ que llevarán, necesariamente, el
nombre del tribunal que la dicte, el lugar la fecha, su contenido, la cita de leyes y las firmas
completa del juez, del magistrado o de los magistrados, en su caso, y del secretario (o sólo de
éste cuando esté legalmente autorizado para dictar providencia o decretos de puro trámite).
A) Decretos
Dice el art. 141, a) de la LOJ que los decretos son las determinaciones de trámite, se ha
cambiado así el nombre tradicional de providencias, aunque el mismo aparece, como hemos
dicho, en los arts. 142 y 143 de la LOJ. Han de dictarse, a más tardar, al día siguiente de que
se reciban las solicitudes.
Salvo los requisitos generales antes dichos, no existe en la ley norma alguna que
precise más la forma de estos decretos, por lo que existe una cierta libertad de forma, pudiendo
el juez o tribunal adecuarse a las circunstancias de cada caso o, como dice el art. 165 de la
LOJ, de tal manera que logren su finalidad. El art. 146 de la LOJ permite al juez o tribunal que
los dicta proceder a su revocación, aunque en la LOJ no queda lo suficientemente claro si esa
revocación puede ser de oficio o si precisa solicitud de parte (y siempre dejando a salvo la
facultad de enmienda del procedimiento del art. 67). Por el contrario, el art. 598 del CPCYM sí
155
B) Autos
Según el art. 141, b), de la LOJ adoptaran la forma de auto las resoluciones que
decidan materia que no es de simple trámite o el asunto principal antes de finalizar el trámite,
debiendo razonarse debidamente. También aquí hay libertad de forma, siempre teniendo en
cuenta el art. 165 de la LOJ. Han de dictarse dentro de los tres días siguientes a que se reciban
las solicitudes (art. 142).
Los autos, dice el art. 144 de la LOJ, no pueden ser revocados por el tribunal que los
dictó, salvo: 1) Los autos originarios de los tribunales colegiados, y 2) Las resoluciones
dictadas por la Corte Suprema, que infrinjan el procedimiento, cuando no se haya dictado
sentencia, caso en los que procede reposición, pero tampoco queda claro en la misma LOJ si
la revocación puede ser de oficio, aunque según el CPCYM parece que no cabe tal facultad,
pudiéndose revocar sólo previo recurso de revocatoria.
Tratándose de autos que resuelvan excepciones previas que pongan fin al proceso y
autos que pongan fin a los incidentes que se tramiten en cuerda separada, cabe recurso de
apelación, según el art. 602 del CPCYM, pero en este caso, obviamente, la revocación puede
hacerla el tribunal superior al juez que dictó el auto recurrido. De la misma manera cabe
recurso de casación contra los autos definitivos de segunda instancia que terminen los juicios
ordinarios de mayor cuantía, ante la Corte Suprema de Justicia, según el art. 620 del CPCYM.
C) Sentencias
El art. 141, c) de la LOJ reserva el nombre de sentencias para las resoluciones que
deciden el asunto principal después de agotados los trámites del proceso (y para aquellas otras
resoluciones que sin llenar estos requisitos sean designadas como tales por la ley). Han de
dictarse dentro de los quince días después de la vista (art. 142).
a) De primera instancia
Según el art. 147 las sentencias, se entiende las de primera instancia, se redactarán
expresando:
156
2) Clase y tipo de proceso, y el objeto sobre el que versó, en relación a los hechos.
4) Consideraciones de derecho que harán mérito del valor de las pruebas rendidas y de
cuales de los hechos sujetos a discusión se estiman probados, se expondrán asimismo
las doctrinas fundamentales de derecho y principios que sean aplicables al caso y se
analizarán las leyes en que se apoyen los razonamientos en que descanse la
sentencia.
b) De segunda instancia
c) De casación
157
d) Sentencias ejecutoriadas
Aunque las palabras varían en los distintos países de lengua española, viene
entendiéndose que las sentencias pueden ser definitivas o recurribles, cuando contra ellas
cabe algún recurso, o firmes o irrecurribles, cuando ya no cabe recurso alguno. También se ha
hablado de ejecutorias o de sentencias ejecutoriadas, y ésta es la expresión del art. 153 de la
LOJ para denominara las sentencias contra las que no cabe ya recurso alguno. Por el
contrario, a pesar de que el art. 153 dice al final que las disposiciones de este artículo rigen
también para los autos, debe tenerse en cuenta que los autos pueden ser firmes (cuando
contra ellos no cabe recurso alguno), pero al no producir el efecto de cosa juzgada no pueden
llamarse con propiedad ejecutoriados. En las palabras del art. 153: se tendrán sentencias
ejecutoriadas:
2) Las sentencias contra las cuales no se interponga recurso en el plazo señalado por la
ley.
7) Las demás que se declaren irrevocables por mandato de ley y las que no admiten más
recurso que el de responsabilidad (que no es un verdadero recurso, sino un proceso
nuevo; arts. 246 a 248 del CPCYM).
e) Aclaración y ampliación
Los arts. 596 y 597 del CPCYM y dentro del Libro Sexto, que se coloca bajo la rúbrica:
“Impugnación de las resoluciones judiciales”, regulan las llamadas aclaración y ampliación de
los autos y sentencias, a pesar de que estas instituciones procesales no son verdaderos
medios de impugnación (Capítulo XIX). Por medio de ellas no se pide la revocación de la
resolución, sino:
La aclaración y la ampliación pueden pedirse por las partes dentro de las cuarenta y
ocho horas siguientes a la notificación del auto o de la sentencia. De la solicitud se dará
audiencia a la otra parte, por dos días, y con su contestación o sin ella se resolverá lo que
proceda, se entiende por auto.
Tradicionalmente los actos de comunicación de los órganos judiciales con las partes o con
cualquier persona o entidad privada se llaman notificaciones. Notificación es así, en general, el
acto destinado a comunicar a las partes o a cualquier persona que deba intervenir en el proceso
una resolución judicial. Dice el art. 66 del CPCYM que toda resolución debe hacerse saber a las
partes en la forma legal y también a las otras personas a las que la resolución afecta. Con ello
basta para evidenciar que la notificación no existe nunca por sí misma, sino que proviene de un
acto anterior y tiende a que se realice otro posterior.
A las notificaciones se refieren los arts. 66 a 80 del CPCYM y en ellos se regulan las clases
de notificaciones, las varias formas de hacerlas, pero no hay mención propiamente dicha de las
figuras específicas que pueden encontrarse dentro de la genérica de notificación, y ello a pesar de
que luego en el Código sí se encuentran alusiones a esas otras figuras.
159
Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que en la capital, y con base en el art. 54, ñ) de la
LOJ, se ha establecido un Centro de Servicios Auxiliares de la Administración de Justicia, el cual
asume la función de realizar los actos de comunicación (además de los embargos, lanzamientos y
otros similares) que ordenen los Juzgados de primera instancia de la ciudad capital (Acuerdo 27-
98 de la Corte Suprema) y por las Salas de lo Civil de la Corte de Apelaciones que funcionan en la
capital (Acuerdo 42-98)
Hemos dicho que en el CPCYM se alude sólo a las notificaciones, que es el acto por el
que se pone en conocimiento de los interesados una resolución judicial, pero que no se
contiene una verdadera regulación de otras figuras específicas, y ello a pesar de que luego el
Código hace mención de ellas. Estas figuras deben clasificarse según el contenido de la
notificación, es decir, el objeto de lo que se comunica. Esas otras figuras son.
La notificación en sentido estricto tiene por objeto poner en conocimiento del interesado un
acto procesal, que puede ser una resolución judicial o un acto realizado por la otra parte. No se
compele al notificado para que realice actuación procesal alguna, sino que es una puesta en
conocimiento en estado puro.
c) Citación
Tiene por objeto llamar a una persona (parte, testigo, etc.) para que comparezca ante el
órgano jurisdiccional en un momento determinado en el tiempo, es decir, en un término. Se trata,
pues, de acto complejo de puesta en conocimiento y de intimación a hacer algo. Se cita para un
término.
En el CPCYM se hace alusión repetida a este acto de comunicación, y así pueden verse
los arts. 73 (notificación o citación), 131 (citación de la parte para absolver posiciones), por
ejemplo.
c) Emplazamiento
160
d) Requerimiento
Además de poner en conocimiento del requerido una resolución judicial, supone una
intimación para que realice una determinada conducta, distinta de la mera comparecencia ante el
órgano judicial, con lo que se trata también de un acto complejo.
Resulta, por tanto, que el CPCYM, aunque en los arts. 66 a 80 alude sólo a las
notificaciones, luego está utilizando o bien las palabras técnicas adecuadas (a veces con
confusión) o bien los conceptos sin llamarlos por su nombre, pero ello no debe impedir que a las
cosas se les llame de la forma correcta.
a) Personal
En el art. 67 se dice qué actos deben ser notificados personalmente a los interesados o
a sus legítimos representantes y, luego, el art. 71 detalla la forma en que se hace esta clase de
notificación. Deben ser notificados personalmente los actos de la parte contraria y las
resoluciones más importantes:
2) Las resoluciones en que se mande hacer saber a las partes qué Juez o Tribunal es
hábil para seguir conociendo, en virtud de inhibitoria (que inadvertidamente no regula
para el proceso civil), excusa o recusación acordada.
4) Las que fijan término para que una persona haga, deje de hacer, entregue, firme o
manifieste su conformidad (esto es, los requerimientos).
La importancia de estas notificaciones lleva a que el mismo art. 67 disponga que esas
notificaciones personales no pueden ser renunciadas y que se hará constar el mismo día en
que se haga, expresando la hora y el lugar, siendo firmada por el notificado (aunque si se niega
a hacerlo el notificador dará fe de ello y la notificación será válida).
Para que la notificación personal sea posible el art. 79 impone a los litigantes la
obligación (en realidad, carga) de señalar casa o lugar que estén situados dentro del perímetro
de la población en que radique el Tribunal al que se dirijan, hasta el extremo de que no se dará
curso a las primeras solicitudes donde no se fije por el interesado lugar para recibir las
notificaciones. Naturalmente al demandado la primera notificación se le hará en el lugar que
indique el actor (aunque si éste ha indicado una dirección errónea la notificación será nula),
pero si luego el demandado no designa el lugar todas las demás notificaciones se le harán por
los estrados del Tribunal, sin necesidad de apercibimiento alguno.
1.º) El notificador del tribunal (o un notario designado por el Juez a costa del solicitante y
cuyo nombramiento recaerá preferentemente en el propuesto por el interesado, pero no pudiendo
ser los abogados de los litigantes) irá a la casa, o a la residencia conocida o al lugar donde
habitualmente se encuentre la persona a notificar, y si lo encuentra la notificación se entenderá
con él.
3.º) La notificación puede hacerse entregando la copia o copias antes dichas en las propias
manos del destinatario donde quiera que se le encuentre, dentro del ámbito de la competencia
territorial del Tribunal.
5.º) La cédula deberá contener la identificación del proceso, la fecha y la hora en que se
hace la notificación, el nombre y apellidos de la persona a quien se entregue la copia de la
163
6.º) La notificación debe hacerse dentro de las veinticuatro horas (con sanción para el
notificador, si se incumple este plazo, y deber del juez o presidente del Tribunal de revisar y
sancionar), salvo que el número de los que deban ser notificados requiera más tiempo a juicio del
Juez.
7.º) Cuando el notificador sepa, por constarle personalmente o por informes que le den en
la casa de la persona que deba ser notificada, que ésta se halla ausente de la República o que ha
fallecido, se abstendrá de entregar o fijar la cédula y pondrá razón en los autos, haciendo constar
cómo lo supo y quienes le dieron la información, para que el Tribunal disponga lo procedente.
La necesidad puede surgir de que haya de notificarse o citarse a una persona residente
fuera del lugar del proceso, caso en el que la notificación ha de hacerse por medio de exhorto
(comunicación a un juez de la misma categoría) al Juez de Primera Instancia, si la persona
164
La idea de la solidaridad judicial se plasma, en lo que ahora nos importa, en que las
diligencias que no puedan practicarse en el lugar donde se sigue el proceso deberán someterse al
juez del lugar que corresponda, al cual se remitirá comunicación que deberá contener, además de
las barrocas fórmulas de estilo, la copia íntegra de la resolución que debe notificarse e indicación
de la diligencia que haya de practicarse, en su caso, y con ellos se acompañarán las copias de los
escritos y documentos que la ley previene (art. 81).