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Reflexiones sobre cine y La llegada

El documento resume dos películas recientemente vistas por el autor en el cine: Doctor Strange y La llegada. Sobre Doctor Strange, el autor expresa que le gustó debido a su fanatismo por los cómics de Marvel. Con respecto a La llegada, el autor elogia el guión intrigante que lleva la historia por caminos sorpresivos y hace pensar sobre la pregunta fundamental de la película. Finalmente, sugiere que a pesar de tratar sobre aliens, el mensaje central de La llegada es apreciar el valor de la vida.

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Reflexiones sobre cine y La llegada

El documento resume dos películas recientemente vistas por el autor en el cine: Doctor Strange y La llegada. Sobre Doctor Strange, el autor expresa que le gustó debido a su fanatismo por los cómics de Marvel. Con respecto a La llegada, el autor elogia el guión intrigante que lleva la historia por caminos sorpresivos y hace pensar sobre la pregunta fundamental de la película. Finalmente, sugiere que a pesar de tratar sobre aliens, el mensaje central de La llegada es apreciar el valor de la vida.

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El mensaje de los aliens

Federico Urtaza

Me gustaría que la oferta cinematográfica se ampliara a cine clásico, que éste no se


quedara en las pantallas de tele o computadora. Ah, pero se me olvida que el acervo
fílmico no va tan avanzado como uno imaginaría; sí, la tecnología nos ayuda a retocar
imagen y sonido de películas viejas, pero eso cuesta mucho y para la industria no es tan
interesante (hay que sacar lo que sigue sin estreno, ¿o qué?), pero los documentos
cinematográficos merecen la misma atención que los documentos documentos y los libros
y las pinturas y escultura y las grabaciones musicales… Quizá en eso se deberían ejercer
los presupuestos públicos de apoyo a la cinematografía, más que financiar casi siempre a
medias (que ya es mucho decir) y sin mucho tino producciones que no necesariamente
tienen un impacto “cultural” (que, nos guste o no, hasta las chafeces forman parte del
sustrato del que se nutren las grandes obras).

Pero bueno, digo esto porque después de una temporadilla más o menos larga sin acudir a
una sala de cine, desde hace unos días reanudé esas visitas.

Pero como vivo en León, Guanajuato (que si lo reformulo, daría lo mismo que si fuera la
Ciudad de México porque ahí también rifa el cine comercial de “estreno”), me atengo a lo
que programan los empleados que reciben las directrices de los funcionarios que reciben
los dictados del consejo de directores que reciben la palabra divina de los mercadólogos y
financieros que le velan el placentero sueño a la asamblea de accionistas de las empresas
que acaparan la producción, distribución y exhibición de películas.

A veces, esos programas incluyen un par de sorpresas, sea de parte del cine comercial, del
independiente y hasta el de arte (no estoy ya tan seguro de lo que esta expresión implica).
Es cierto que a veces la elección tiene qué ver con los misteriosos caminos que siguen las
películas, pero también con esos arranques no menos enigmáticos de generosidad de
cierta empresa exhibidora en nuestro país. Pero bueno, el caso es que la oferta a veces da
hasta para sorprenderse.

Acabo de ver Doctor Strange, hechicero supremo (Scott Derrickson, 2016), basada en otro
personaje de Marvel Comics creado por Stan Lee, que de verdad me gustó porque me
reconozco fan de este subgénero que toma como trampolín el cómic. Pero no hablaré más
de esta película pues cuando aparezca este artículo ya es probable que haya sido
desplazada por otros estrenos, unos deleznables y otros que son interesantes si uno es de
esos espectadores que aunque se sople las comedias románticas o las ruidosas de acción
de moda también ha conservado la capacidad de seguir tramas complejas (que si me
pongo rudo, cualquier cosa que se aparte de lo convencional crecientemente facilón –
simplón, pues-, ya es para muchos COMPLICADO).

En este último caso incluyo La llegada (Denis Villeneuve, 2016), que además de un
atractivo guión, tiene las actuaciones de Amy Adams y Jeremy Renner y Forrest Whitaker
para darle forma a una película que al principio da la pista de que se trata de otra
producción de encuentro cercano del tercer tipo.

Enfatizo el asunto del guión porque me impresionó que del previsible lugar común hace
que la historia se deslice hacia la sorpresa (nada de spoilers, hay que verla) y para
rematar, nos hace pensar en la pregunta de fondo que uno debe hacerse cuando termina
de ver una película: ¿De qué se trató?, y no me refiero a esa tentativa de respuesta con
sinopsis (o como le pasa a algunas personas que al contestar relatan todo lo que vieron y
retuvieron), sino al meollo del asunto. Para ilustrar esto, doy dos ejemplos.

Conversando con el cineasta Felipe Cazals, me preguntó: “Sabe de qué trata la serie
Breaking bad?” Me encogí de hombros, torcí la boca y le dije: “Pues de un hombre que
ante un diagnóstico terrible, sin nada qué perder se convierte en narco”.

Convino que en cierto modo era eso, pero no precisamente eso, sino algo más duro: se
trata de Obama Care, el proyecto de servicios médicos del ahora ya casi expresidente de
los Estados Unidos, es decir, algo así como “Miren lo que puede hacer un hombre
trabajador, gravemente enfermo sin servicio médico”.

El segundo ejemplo lo hallé en una entrevista al curiosísimo (en muchos sentidos) filósofo
Slavoj Zisek, que se encuentra en YouTube, donde dice de qué se trata la película
Armaggedon que aparentemente trata de un grupo de petroleros desmadrosos que van a
salvar el planeta de un meteorito que se aproxima; sí, claro, dice, nos podemos despistar
por esa mezcla de película de acción y ciencia ficción, y pensar que es otra de esas en que
los gringos salvan a la humanidad… Pues, no, dice Zisek, se trata de la dificultad de un
padre para dejar ir a su hija. Y, pues sí, bien vista la película, de eso se trata esa película.

Vuelvo a La llegada; como decía, no se las voy a contar, disfrútenla, no se claven en los
aliens emparentados con los antiguos de H.P. Lovecraft y su Cthuluh, ni en el delirio de los
gringos que ven apocalipsis en cada hecho atípico y aún así se inclinan por alguien como
Trump. Es una buena película de ciencia ficción, observadora de las convenciones de
género y subgénero… Pero hay un detalle, ya me dirán si tengo razón o no en esto que ví:
Lo que importa es vivir.

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