Fallas Corticales Activas en Chile
Fallas Corticales Activas en Chile
Facultad de Ciencias
Escuela de Geología
PROFESOR PATROCINANTE:
DR. DANIEL MELNICK D’ETIGNY
INSTITUTO DE CIENCIAS DE LA TIERRA
FACULTAD DE CIENCIAS
Trabajo presentado como parte de los requisitos para optar al Título de Geóloga
VALDIVIA-CHILE
2020
MIEMBROS DE LA COMISIÓN
PROFESOR PATROCINANTE:
DR. DANIEL MELNICK D’ETIGNY
Instituto de Ciencias de la Tierra
Facultad de Ciencias
Universidad Austral de Chile
PROFESOR INFORMANTE:
DR. JOSÉ PIQUER ROMO
Instituto de Ciencias de la Tierra
Facultad de Ciencias
Universidad Austral de Chile
PROFESOR INFORMANTE:
DR. PABLO SÁNCHEZ ALFARO
Instituto de Ciencias de la Tierra
Facultad de Ciencias
Universidad Austral de Chile
AGRADECIMIENTOS
En primer lugar, agradezco a mi profesor guía, el Dr. Daniel Melnick, quién concibió este trabajo y
me encaminó en el mundo de la tectónica activa. Su motivación es contagiosa y quiero reconocer de
sobremanera su generosidad y paciencia al ayudarme en cada etapa de la realización de este trabajo.
Al Dr. José Piquer le agradezco, por una parte, su entrega a lo largo de los años de carrera, y por otra,
sus observaciones precisas e invaluables sugerencias para la homogeneización de la base de datos y la
redacción de este trabajo. Al Dr. Pablo Sánchez le agradezco profundamente su disposición a ayudar
y sus valiosas sugerencias en la elaboración de este manuscrito. Por otra parte, me gustaría reconocer
a todos aquellos investigadores cuyos trabajos en fallas corticales activas forman la base de este.
Les agradezco a mis compañeros de la primera generación de Geología UACh, con quienes
compartimos aprendizajes y enseñanzas; en la sala, en terreno, y en la vida. Con ustedes aprendí mucho
más allá de la geología, y a cada uno se los agradezco. En particular, me gustaría darle las gracias a:
Constanza Riquelme, Claudia Kunstmann, Diego Aedo, y Paulina Ditzel. Por otra parte, a mis amigas
Fernanda y Francisca Sariego, les agradezco su maravillosa compañía durante todos estos años. La
experiencia "Valdiviana" no hubiera sido la misma sin ustedes.
A mis padres, Marcela y Rodrigo, les manifiesto mi infinita gratitud por las oportunidades que me han
brindado y por su apoyo incondicional. A mi hermana, Catú, le agradezco su ayuda en momentos
cruciales. Gracias por su invaluable compañía y apoyo en este periodo. Los amo. También quiero
agradecer a mi compañero de curso preferido, mi compañero de aventuras, Martín, quien colaboró
extensivamente en esta investigación, al punto en que no sería lo mismo sin él. Su ayuda con la
evaluación de propagación de ruptura fue esencial y, sin embargo, lo que más quiero agradecerle es su
compañía, paciencia, entrega, habilidades culinarias, y amor, entre otras cosas, que me ayudaron a
sobrellevar este proceso y entregar lo mejor de mí en la realización de esta tesis. Finalmente, agradezco
a mi fuente inagotable de inspiración, la persona que pone todas mis prioridades en su lugar, Emma.
Esta investigación es financiada por el Núcleo Milenio “CYCLO: The Seismic Cycle Along
Subduction Zones” (NC160025).
ÍNDICE DE CONTENIDOS
RESUMEN 1
ABSTRACT 2
1. INTRODUCCIÓN 3
1.2. HIPÓTESIS 16
2. MATERIALES Y MÉTODOS 17
2.2. MATERIALES 17
2.3. MÉTODOS 18
2.3.1. Recopilación bibliográfica 18
2.3.2. Técnicas de visualización 20
2.3.3. Interpretación, integración y categorización de resultados 20
2.3.4. Cálculo de estadísticas básicas 24
2.3.5. Caso de estudio: El Sistema de Fallas Liquiñe Ofqui 24
3. RESULTADOS 33
4. DISCUSIÓN 70
5. CONCLUSIONES 87
6. REFERENCIAS 89
7. ANEXOS 109
ÍNDICE DE FIGURAS
Figura 6. Tipos de imágenes derivadas de los datos topográficos utilizados en este trabajo
(TanDEM 12,5 m). 21
Figura 10. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas del Antearco Costero del
Norte Grande. 37
Figura 12. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la Zona Central de Chile. 43
Figura 13. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas del Cabalgamiento Occidental
Andino (CAO). 44
Figura 14. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la costa de la Zona Centro-
Sur de Chile.. 4
Figura 15. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la Cordillera Principal del
Sur de Chile en las regiones de Los Ríos y La Araucanía. 50
Figura 16. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la Cordillera Principal del
Sur de Chile, Región de Los Lagos. 51
Figura 17. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la Cordillera Principal del
Sur Austral de Chile, Región de Aysén. 5
Figura 18. Funciones de densidad de probabilidad de los largos de trazas de los principales
dominios de fallas. 55
Figura 19. Distribución de largos acumulados de segmento para los principales sistemas de
fallas corticales en Chile. 56
Figura 20. Otras fallas corticales con actividad reconocida del norte de Chile. 58
Figura 21. Otras fallas corticales con actividad reconocida en Chile Central. 61
Figura 22. Distribución de largos (a) y magnitudes de momento (b) obtenidas para las trazas
principales del SFLO a partir de las relaciones escalares aplicadas. 65
Figura 24. Distribución de probabilidades acumuladas para los escenarios de ruptura del
SFLO. 67
Figura 27. Escenarios de ruptura para la traza 23266 (Falla Liquiñe, destacada en amarillo)
en el Área ‘Liquiñe’. 72
Figura 28. Escenarios de ruptura para la traza 37249 (Falla Punta Mano, destacada en
amarillo) en el Área ‘Liquiñe’. 7
Tabla 1. Clasificación de fallas de acuerdo con parámetros sísmicos y correlación con algunos
eventos sísmicos de origen tectónico. Adaptado a partir de Scholz (2002) y Sibson (2002). 3
1
ABSTRACT
The main hazard of damaging earthquakes in Chile is usually posed by interplate seismic events
that occur along the Nazca-South America subduction megathrust fault. Nonetheless, and in
spite of their lower moment magnitudes (𝑀𝑊 ) and larger recurrence intervals, crustal faults can
be important sources of seismic risk because of their shallow depths resulting in strong ground
motions in the surrounding area. However, the incorporation of crustal faults into Seismic
Hazard Assessment (SHA) projects is not straightforward because not all crustal faults have the
potential to be reactivated nor have all crustal sources been recognized, so their identification,
mapping and characterization are essential tasks.
This study seeks to generate a contribution in the understanding of crustal faults in Chile by
integrating the available published knowledge on active faults through the interpretation of a
digital elevation model (TanDEM-X) to map active fault traces at a uniform scale of 1:25,000.
These traces have been incorporated into a GIS database that includes details of their geometry,
kinematic mechanisms and seismological parameters. This study discusses the main evidences
of recent activity (last 125 ka) for each fault trace and potential scenarios for their reactivation.
The database includes 940 fault traces from 6 main active regional-scale fault systems in Chile.
The information has been synthetized to highlight similarities throughout tectonic domains and
suggest knowledge gaps, opportunities and methodological challenges that need to be resolved.
Furthermore, to derive maximum possible magnitudes from the compiled traces, a multi-
segment rupture approach is proposed. Worldwide, instrumentally-recorded crustal earthquakes
with known surface rupture characteristics have been usually associated with complex
geometries and structures such as branching and stepovers, which diverge from simple rupture
propagation along a single trace. Using the database as input and applying multiple empirical
relations from global crustal earthquake catalogues, the possible rupture scenarios derived from
such geometrical relationships are inferred along the Liquiñe-Ofqui Fault System, an intra-arc
strike slip fault system that extends for over 1000 km in the Patagonian Andes. The results
suggest major differences in estimated 𝑀𝑊 distributions for simple and complex ruptures,
emphasizing the need to further evaluate the SHA of crustal faults in Chile.
2
1. INTRODUCCIÓN
En este trabajo se explora el potencial sismogénico de las fallas intraplaca en Chile (Figura 1)
ubicadas en la zona sismogénica de la placa superior del margen activo de subducción Nazca-
Sudamérica (Figura 2); de ahora en adelante llamadas fallas corticales. Los movimientos recientes
de estas fallas son usualmente reconocibles en superficie a través de marcadores
geomorfológicos y estructurales que pueden entregar información crucial sobre sus niveles de
actividad.
Tabla 1. Clasificación de fallas de acuerdo con parámetros sísmicos y correlación con algunos eventos sísmicos de
origen tectónico. Adaptado a partir de Scholz (2002) y Sibson (2002).
3
Figura 1. Perfil esquemático del margen de subducción Nazca-Sudamérica con los principales tipos de fallas
sismogénicas. Los recuadros blancos indican las categorías más relevantes de eventos sísmicos de origen tectónico
que ocurren en el margen de subducción chileno, clasificadas según su origen. En rojo se muestran los principales
tipos de fallas intraplaca ‘corticales’ y su cinemática simplificada. SFSM, Sistema de fallas Santa María; SFLO,
Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui.
Ahora bien, no todas las fallas corticales pueden ser consideradas como activas, y determinar el
riesgo que estas imponen depende en gran parte de delimitar parámetros de actividad como
recurrencia y tasas de desplazamiento, factores aún no dilucidados para la gran cantidad de fallas
corticales existentes en Chile (Figura 2).
La noción general de tectónica activa hace alusión a aquellos procesos tectónicos que producen
deformación en la corteza terrestre dentro de una escala temporal significativa para la humanidad
(Keller & Pinter, 1996). Este concepto es amplio y da cabida a que el marco temporal abarcado
al describir fallas activas dependa de los criterios que se consideren adecuados para cada estudio,
lo que puede resultar engorroso y ambiguo. En términos concretos, para Evaluaciones de
Peligrosidad Sísmica (EPS) es necesario primero identificar si la falla bajo escrutinio es capaz de
generar un terremoto. Dada la dificultad que esto representa, muchas clasificaciones integran
4
dentro de la categoría de fallas activas a aquellas que hayan generado desplazamiento en tiempos
históricos, holocenos o incluso, abarcando periodos tan amplios como el Cuaternario en su
totalidad, para compilaciones en grandes extensiones territoriales (e.g. García-Mayordomo et al.,
2012), esto bajo la premisa de que su actividad en cualquiera de estos lapsos temporales indica
su potencial de reactivación.
En Neotectónica, el potencial sísmico de una falla cortical es analizado desde el punto de vista
del contexto geodinámico imperante. En este sentido, podrían considerarse como activas todas
aquellas fallas generadas bajo el régimen tectónico actual relativo al ciclo sísmico de subducción,
o aquellas que se orienten óptimamente respecto a alguna de las etapas de este ciclo, permitiendo
su reactivación. En contraste, otros autores (e.g. Machette, 2000) proponen que categorizar una
falla como activa o no, depende de los ciclos y periodos de recurrencia de cada estructura, por
lo que abarcar espacios temporales que dupliquen dichos periodos podría ser suficiente.
Aplicando este criterio, para zonas en Chile cercanas al ambiente costero (intraplaca por sobre
un límite de placa; Tabla 1 y Figura 1) buscar evidencias de actividad en un periodo, por ejemplo,
de 20.000 años podría ser suficiente. Sin embargo, no todas las fallas corticales expresarán
evidencias de ruptura tan recientes –incluso en sistemas cuya cinemática confiere mayores
probabilidades de expresar superficialmente dichas rupturas– por lo que se debe proceder con
cautela antes de fijar cualquier tipo límite.
La primera compilación formal de fallas Cuaternarias en Chile fue realizada con asistencia del
USGS como parte del Programa Internacional de la Litósfera (ILP II-2) “Mapa Mundial de las
Principales Fallas Activas” (Lavenu et al., 2000; Figura 3a). Otra compilación, similar a esta, fue
publicada por SERNAGEOMIN (Lavenu, 2005; Figura 3b). En estas se presenta la información
básica disponible en Chile compilada a partir de informes no publicados, literatura publicada, e
investigaciones geológicas de las fallas presentadas, que incluye los sistemas de falla Atacama y
Liquiñe-Ofqui. Por otra parte, el GTN produjo en 2009 el Atlas de deformaciones Cuaternarias de los
Andes, en el que se compilan casos destacados de fallas y pliegues con evidencias morfológicas
de actividad Cuaternaria en los países Andinos, destacándose para Chile la mención de la Falla
San Ramón, el Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui (SFLO), y la falla Magallanes-Fagnano. Una
continuación de esta iniciativa fue el South American Risk Proyect (SARA, 2016; Figura 3c)
promovido por Global Earthquake Model (GEM)2, cuyo objetivo fue cuantificar la amenaza y
el riesgo asociados a eventos sísmicos en Sudamérica. Parte de este proyecto tuvo como
propósito crear una base de datos armonizada de fallas corticales "peligrosas" que fue
incorporada en GEM Global Active Faults3. La principal falencia de este inventario en los países
Andinos es la falta de parámetros que permitan constreñir la actividad de fallas específicas. En
este aspecto, Santibáñez et al. (2019) realizaron una caracterización general de las fallas corticales
2 GEM ([Link] es una iniciativa público-privada iniciada en 2006 por Global Science
Forum de la OCDE para el desarrollo de softwares y herramientas de código abierto para la evaluación global de
riesgo asociado a terremotos.
3El proyecto de Global Active Faults de la Fundación GEM (GEM-GAF) está construyendo un conjunto de datos
global y completo de trazas de fallas activas de interés sismogénico que puede ser accedido a través de:
[Link] (Accedida en jun. 2019).
8
presentes en Chile (Figura 3d) observando semejanzas en sus parámetros (largo, ancho y
desplazamiento medio) para dominios longitudinales (Figura 2 y Tabla 2) y disimilitudes entre
dominios latitudinales. En dicha detallada revisión se presentan antecedentes generales sobre los
principales sistemas activos en Chile, sin una caracterización individual de cada traza ni de su
expresión superficial exacta; limitación que podría ser superada mediante una mayor escala de
trabajo.
Figura 3. Compilaciones existentes de fallas corticales en Chile. a) Lavenu et al. (2000). b) Lavenu et al. (2005). c)
SARA (2016). d) Santibáñez et al. (2019).
9
Para la derivación de antecedentes sobre el potencial sismogénico de las fallas activas reconocidas
en Chile, una reinterpretación de carácter uniforme en escala a lo largo de sistemas de fallas
completos es aún requerida. En consecuencia, existe aún la necesidad de producir una base de
datos geoespacial que represente las trazas de falla manteniendo un carácter armonizador y
unificando la información disponible de manera coherente entre distintos sistemas de fallas. Esto
permitirá una mayor consistencia al realizar comparaciones de parámetros sísmicos obtenidos a
partir de las trazas de falla, como, por ejemplo, magnitudes derivadas del largo de traza.
Tabla 2. Parámetros sismogénicos generalizados para fallas corticales en Chile en base a dominios tectónicos
longitudinales. Adaptado de Santibáñez et al. (2019).
Máximo terremoto
(𝑀𝑊 )
Dominios Profundidad Tasa de
Tipos de Recurrencia
tectónicos máxima desplazamiento
sismológico‡
Registrado†
Estimado*
fallas (a)§
Paleo-
longitudinales (km) (mm a-1)§
Normales
Antearco 7,0 –
7,0 y de
Externo 7,5 7,0
25 – 30 rumbo 0,2 – 0,6 103
(Cordillera de la
Costa) 7,0 6,7 7,0 Inversas
Antearco
De
Interno 7,2 6,3 –
rumbo
(Depresión
10 – 15 0,1 – 0,4 103 – 104
Central,
6,9 –
Cordillera – 7,5 Inversas
7,4
Principal)
Arco Volcánico
6,2 – De
(Cordillera 8 – 12 6,2 – 7,0 102 – 103
6,7 rumbo
Principal)
* Estimado por Santibáñez et al. (2019) a partir de relaciones escalares. Se utilizaron largos máximos de falla, y el ancho fue
calculado a partir del manteo de las estructuras y las profundidades dependientes de cada dominio.
† De arriba hacia abajo, magnitudes registradas para los eventos: Pichilemu 2010 (Ruiz et al., 2014), Pisagua 2015 (González
et al., 2015), Aroma 2001 (Comte et al., 2002) y Aysén 2007 (Legrand et al., 2011; Mora et al., 2010; Vargas Easton et al.,
2013).
‡ De arriba hacia abajo, magnitudes determinadas a partir del registro paleosismológico para las fallas: Mejillones (Cortés et
al., 2012), Pisagua (González et al., 2015), y San Ramón (Vargas et al., 2014).
§ Tasas de desplazamiento y recurrencia estimadas en siguientes estudios paleosismológicos: Cortés-Aranda, (2012), Cortés-
Aranda et al. (2012), y González et al. (2015) para las fallas Mejillones y Pisagua (Antearco Externo), Vargas et al. (2014)
para la Falla San Ramón (Antearco Interno).
10
1.1.2. Uso de modelos digitales de elevación en la visualización de estructuras activas
4 En este contexto, Open Topography ([Link] es una iniciativa que facilita el acceso de la
comunidad a datos topográficos de alta resolución orientados a las ciencias de la tierra, adquiridos con Lidar y otras
tecnologías.
11
En particular, se ha demostrado que DEM con una resolución similar o mejor a 10 m por píxel
permiten la adecuada identificación de marcadores geomorfológicos en la topografía
consolidándose como una herramienta de gran utilidad (Smith & Clark, 2005). Estos marcadores
dependen del tipo de estructura observada pero principalmente corresponderán a evidencias
directas como rupturas superficiales y desplazamiento de unidades geológicas del Cuaternario
Tardío. Dependiendo de la escala de análisis, dichos marcadores pueden no ser evidenciados en
DEM de menor resolución, por lo que para el mapeo de fallas activas sobre extensas áreas la
resolución de 12,5 m producida por la misión TanDEM-X resulta adecuada (Figura 4; Krieger
et al., 2007).
Figura 4. Diferencia en la visualización a partir de distintas resoluciones de modelos digitales de elevación para la
falla Topocalma. a) Google Earth. b) SRTM de 90 m. c) SRTM de 30 m. d) TanDEM de 12,5 m. e) DTM 1,0 m.
Las flechas blancas indican la ubicación de la traza de falla. Proyección UTM 19 S, WGS84.
12
1.1.3. Trazas superficiales de fallas corticales activas como parámetro de entrada para la
estimación de escenarios de ruptura
Durante las últimas décadas, las grandes mejoras en sensores remotos y sus aplicaciones han
abierto nuevas vías al estudio de la geometría superficial de rupturas en fallas continentales, y,
por ende, han fomentado la toma de datos homogéneos y generación de inventarios (e.g.
Wesnousky, 2008) para sustentar herramientas de modelamiento más eficientes (Klinger et al.,
2017).
El principal resultado de esta mejora en el mapeo de rupturas ha sido resaltar el hecho de que,
al menos para rupturas en fallas corticales, la complejidad en la fuente sísmica y su ruptura
asociada es la regla general, más que la excepción. La mayoría de los terremotos recientemente
documentados en el mundo han demostrado tener rupturas complejas en algún sentido, con
segmentación significativa asociada a cambios geométricos y estructurales, como en la secuencia
de 1999 de Izmit-Duzce en Turquía (Barka, 1999), o múltiples ramales activos como el terremoto
de Denali, Alaska, de 2002 (Haeussler, 2004) o el terremoto de El Mayor-Cucapah en Baja
California, México, de 2010 (Wei et al., 2011), por nombrar sólo algunos.
Para definir el máximo terremoto que puede ocurrir dada una fuente sísmica se requiere una
Estimación de Peligrosidad Sísmica (EPS). Las fallas activas son la principal fuente sísmica en la
corteza. Sin embargo, su incorporación a la EPS no es directa, debido a que generalmente no se
dispone de suficiente información para modelarlas adecuadamente. Estimar la potencial
magnitud para una fuente sísmica, que con mucha probabilidad no ha generado rupturas
históricas, requiere información sobre su largo de ruptura, ancho, y, de ser posible,
desplazamiento promedio. Esto deriva de la aplicación de la fórmula de Magnitud de Momento
(𝑀𝑤 ), propuesta por Hanks & Kanamori (1979):
2
𝑀𝑊 = [log10 𝑀0 − 9,1]
3
Ec. 1.
Con 𝑀0 , momento sísmico, equivalente a 𝜇𝐴𝐷. Donde 𝜇 es el módulo de cizalle de las rocas en
las que ocurre la ruptura en Nm-1; 𝐴 es el área de ruptura en km2 y 𝐷 es el desplazamiento durante
la ruptura en m.
A partir de observaciones de rupturas superficiales históricas en el mundo, desde los años 1970s
se han generado distintas relaciones empíricas entre magnitudes y los parámetros antes
13
mencionados a partir de la regresión de estos datos, considerando variadas configuraciones
tectónicas (e.g. Hanks & Bakun, 2008; Hanks & Kanamori, 1979; Wells & Coppersmith, 1994;
ver Stirling et al., 2013, para una compilación hasta esa fecha).
Para determinar los largos de ruptura potenciales, existe una tendencia en los modelos generados
a dividir las fallas en segmentos. La segmentación de fallas ha sido descrita en un amplio rango
de escalas y con variados criterios, esto ha llevado a diferentes definiciones del término
"segmento". Se ha observado que al igual que para las zonas de subducción interplaca, las fallas
corticales y sus secciones son propensas a generar "terremotos característicos" (Schwartz &
Coppersmith, 1984), definidos como porciones discretas de una falla que pueden romper la
superficie en múltiples ocasiones con límites similares y, por lo tanto, un rango de magnitudes
característico. Este tipo de segmento se reconoce como segmento sismogénico, de terremoto, o de ruptura
(Depolo et al., 1991; McCalpin, 2009) y pueden ser reconocidos a partir del registro histórico o
paleosismológico. Por otra parte, en ausencia de evidencias de ruptura superficial diferenciadas,
las fallas pueden subdividirse en porciones en base a criterios geológicos o geométricos que
pueden o no coincidir con segmentos de terremoto (McCalpin, 2009). En adelante se utilizará
los términos secciones, o trazas de falla para hacer referencia a dichos segmentos que se han
distinguido en base a parámetros estructurales, geológicos, geométricos, o de comportamiento y
que pueden, o no, coincidir con segmentos de terremoto.
Las fallas corticales usualmente no son continuas, sino que, lo común es que estén compuestas
por secciones de fallas separadas por discontinuidades observables en vista en plano. Es poco
probable que las fallas se propaguen como estructuras individuales durante un largo período de
tiempo. A medida que crecen, es previsible que interfieran con fallas cercanas, y de esta manera,
su crecimiento ocurre mediante ciclos de superposición y unión de secciones contiguas (Fossen,
2016), con los que las heterogeneidades estructurales tienden a disminuir (Wechsler et al., 2010).
La unión de fallas vecinas, principalmente a lo largo de un rumbo común, resulta en la formación
de fallas maestras que van acomodando la mayor parte del desplazamiento a medida que un
sistema evoluciona.
14
Como los sistemas de fallas están en constante evolución, al estudiar segmentos potenciales de
ruptura es importante evaluar posibles escenarios de unión entre secciones. Se ha planteado que
la probabilidad de ruptura a través de una discontinuidad geométrica depende, entre otros
factores, del historial de ruptura de la falla (e.g. Duan & Oglesby, 2006). Las rupturas pueden ser
refrenadas por una cantidad de ciclos, pero cada ruptura produce un daño progresivo que
eventualmente llevará a una ruptura integral efectiva. Sin embargo, qué tanto ha progresado una
sección de falla en este ciclo de daño es usualmente un factor desconocido, por lo que para
aplicaciones de EPS comúnmente la probabilidad de una ruptura integral es considerada en
términos estadísticos, para los cuales se asignan probabilidades a los distintos casos en los que
una futura ruptura atraviese estas discontinuidades.
Diferentes modelos de segmentación y ruptura de fallas han sido propuestos y aplicados a zonas
de falla específicas y algunas bases de datos con variados resultados (e.g., Durand et al., 2017;
Field et al., 2014; Mignan et al., 2015; WGUEP, 2016). En general, la construcción de estos ha
sido realizada por grupos de expertos evaluando la información disponible (tasas de
desplazamiento, cronologías de recurrencia, sismicidad histórica, desplazamiento asísmico, y
geometría superficial y subsuperficial). Uno de los más significativos es el Uniform California
Earthquake Rupture Forecast (Field et al., 2014, 2013) que en su tercera versión (UCERF3) -
utilizando como controles principales el largo de ruptura, la distancia entre secciones de falla
(stepovers) y su orientación relativa a cambios de stress de Coulomb - relajó los criterios de
segmentación al modelar saltos de falla-a-falla que permitieron evaluar escenarios de ruptura tan
largos como 1200 km para el sistema de falla San Andreas.
15
cascada establecidas a partir de limitantes geométricas en 2D. El enfoque es a sistemas de falla
de rumbo (Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui).
1.2. HIPÓTESIS
La continuidad y expresión superficial de fallas corticales en Chile puede ser mapeada mediante
la interpretación de marcadores geomorfológicos deformados, con base en un modelo digital de
elevación de buena resolución, entre otras fuentes. La generación de una base de datos que
unifique la expresión superficial y parámetros geométricos y cinemáticos de fallas corticales
potencialmente activas permitirá realizar una cuantificación de primer orden de su potencial
sismogénico a escala nacional.
Establecer los segmentos de fallas corticales activas en Chile a través de la creación de una base
de datos en SIG cartografiada a una escala uniforme (1:25.000) que incorpore nuevas
observaciones y una evaluación de la información bibliográfica existente, y que permita realizar
inferencias de amenaza sísmica asociadas a desplazamientos en este tipo de fallas.
• Crear una base de datos de fallas corticales activas y potencialmente activas en Chile
basada en la interpretación cartográfica de estas estructuras y la literatura disponible.
• Estimar potenciales largos de ruptura, y las magnitudes que de estos derivan, mediante
el uso de relaciones empíricas y la evaluación de escenarios de conectividad para el
Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui.
• Discutir la relación existente entre las características geométricas de los distintos sistemas
de falla y las provincias geológicas que los albergan.
16
2. MATERIALES Y MÉTODOS
El área contemplada en este estudio corresponde al territorio chileno ubicado entre la Región de
Arica y Parinacota y la península de Taitao, es decir, la corteza continental ubicada directamente
sobre la zona de subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana, entre los 17°30'S y
46°10’S (Figura 2).
2.2. MATERIALES
Para responder a los objetivos, el trabajo fue realizado en base a 3 líneas de estudio principales:
compilación, reinterpretación cartográfica, y análisis (Figura 5). La compilación de información
y el mapeo de trazas fueron realizados sincrónicamente para la integración de la información
obtenida en una base de datos geoespacial. A partir de dichos resultados se procedió a analizar
las trazas mapeadas y evaluar la información obtenida.
Se generó una base de datos compuesta de dos partes (Tabla 3) separadas para diferenciar
aquellas fallas con algún grado de certeza de actividad de aquellas fallas que fueron incluidas por
su similitud a otras fallas reconocidamente activas, y que, si bien su actividad no ha sido
reconocida o evaluada, no pueden ser descartadas. Así, el límite cronológico inferior de 125 ka
propuesto para hacer alusión a estructuras y fallas activas implica que las fallas incluidas tanto en
la fase de recopilación bibliográfica como en la fase cartográfica cumplen al menos uno de los
criterios propuestos.
Se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica de literatura extensiva que incluyera información
sobre fallas descritas como estructuras activas o que cumplan los criterios antes mencionados.
Se seleccionaron aquellas fuentes que estipularan o entregaran información en al menos uno de
los siguientes aspectos de fallas corticales:
18
cartas geológicas producidas por SERNAGEOMIN, algunas de las cuales pudieron ser accedidas
a través de su plataforma en línea.6
Figura 5. Esquema de objetivos y metodologías. Los recuadros rojos representan las principales etapas del trabajo.
La etapa de compilación corresponde a la búsqueda bibliográfica realizada para la identificación de trazas de Fallas
Activas (A) y Potencialmente Activas (PA), y la correspondiente compilación de sus parámetros. La etapa de
reinterpretación cartográfica involucra la evaluación de la información bibliográfica existente y el mapeo de nuevas
observaciones para generar una cartografía de escala uniforme (1:25.000) a partir de distintos métodos de
visualización. La integración de estos datos fue analizada para evaluar su significancia geoespacial e implicancias en
estimaciones de amenaza sísmica.
6 [Link]
19
Tabla 3. Criterios de diferenciación de la base de datos.
Criterios Parte/capa
(1) Se asocian a eventos sísmicos históricos o tiene estudios
paleosismológicos contundentes. (Fallas Probadas en Tabla 4.)
Fallas Activas
(2) Exhiben evidencias directas de ruptura superficial o deformación
durante los últimos 125.000 años. Su actividad es evidenciada a partir de
criterios geomorfológicos o microsismicidad. (Fallas Probables en Tabla 4.)
1. Elevación a partir de una escala o gradiente de color (Figura 6a). Los datos de
elevación son visualizados asignando un color o tono a cada valor de elevación.
2. Grado de pendiente (Figura 6b). La pendiente de una celda del DEM es estimada a
partir de sus celdas adyacentes y a cada valor de esta se le asigna un color o tono.
Pendientes altas y sus aspectos asociados pueden marcar una lineación de fallamiento.
3. Aspecto de la pendiente (Figura 6c). Se establece un color o tono para cada orientación
hacia la cual se dirige la pendiente, es decir, su dirección de inclinación.
4. Curvas de nivel. Se generaron curvas de nivel cada 25 y 50 m para acompañar la
interpretación de la topografía.
5. Relieve sombreado (Figura 6d-i). Se genera una iluminación artificial simulando una
iluminación topográfica en diferentes orientaciones y bajo distintos ángulos
de zenit, permitiendo, así, destacar estructuras de orientaciones específicas.
Los productos derivados del procesamiento del DEM fueron analizados en dos escalas: primero
a 1:250.000 para la definición de estructuras geológicas principales y comparación con la infor-
20
Figura 6. Tipos de imágenes derivadas de los datos topográficos utilizados en este trabajo (TanDEM 12,5 m). El
área representada corresponde a parte de la terminación norte del Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui (SFLO), en las
cercanías del volcán Callaqui (esquina superior izquierda). Las principales trazas de falla del área se muestran en la
imagen central (e). E.V., exageración vertical; A, elevación de la iluminación artificial en grados; Z, orientación
(azimuth) de la fuente de iluminación artificial. a) Imagen de elevación a partir de un gradiente. b) Pendiente, en
escala de colores, derivada de los datos de elevación. c) Aspecto de la pendiente; dirección de inclinación. d), e), y
f) Imágenes de iluminación artificial (hillshade) con distintas incidencias de luz. g) Imágenes de iluminación artificial
(hillshade) multidireccional. *Se indican las propiedades de la iluminación artificial principal, existiendo otros 3 ‘focos’
perpendiculares a esta, y entre sí. h) e i) Combinaciones de iluminación artificial y escalas de color (elevación).
mación presente en la bibliografía, y luego a 1:25.000 para el mapeo fino de las trazas y
delimitación de su extensión. Las técnicas de visualización descritas con anterioridad fueron
empleadas inicialmente para crear mapas de potenciales fallas (Etapa Mapeo de Trazas) y
posteriormente para combinar el resultado de este análisis de lineamientos con los resultados de
la construcción de la base de datos (Creación de la Base de Datos Geoespacial). Los derivados
fueron visualizados en tres dimensiones utilizando el plugin DEMto3D de QGIS y mediante
21
sobreposición en Google Earth Pro, donde además fue posible descartar a priori posibles
elementos de origen antrópico en el relieve, al generar una comparación con las imágenes
satelitales proporcionadas. Con posterioridad, las trazas fueron analizadas utilizando los otros
derivados generados a partir de los DEM e integradas a la base de datos geoespacial en QGIS.
No todos los lineamientos se relacionan a fallamiento –ni todas las fallas presentes serán de
carácter activo– sino que también pueden atribuirse a contactos litológicos, líneas de drenaje e
incluso construcciones como carreteras y caminos. Dado esto, la topografía fue interpretada en
base a lineamientos observables directamente desde las imágenes procesadas, en búsqueda de
estructuras geológicas con presencia de marcadores geomorfológicos indicativos de
desplazamiento, influencia sobre unidades cuaternarias, y/o desviaciones o anomalías en los
patrones de drenaje.
tipo_act actividad [Histórica, Holocena, Cuaternaria Tardía (<125 ka), Cuaternaria (<2,5
Ma)].
cert_act Certeza de actividad (probada, probable, posible*).
ev-recien Evidencias de actividad más recientes.
edad_dep Edad del depósito más joven afecto por la falla.
ev_geom Evidencias geomorfológicas.
Actividad inicio_act Inicio estimado de actividad.
tasa_des_v Tasa de desplazamiento vertical.
tasa_des_h Tasa de desplazamiento horizontal.
tasa_desp Tasa de desplazamiento neto.
ev_dep_as Evidencias de desplazamiento asísmico.
paleosism
edad_ult_m Edad del último movimiento.
int_rec Intervalos de recurrencia.
Parámetros sis_asoc Sismicidad asociada.
sísmicos Mmax_r Magnitud de momento (𝑀𝑊 ) máxima registrada.
Mmax_e Magnitud de momento (𝑀𝑊 )) máxima estimada.
notas
Notas y proced_lin †
Procedencia de la línea trazada (ref, unif, map ).
referencias exactitud Escala de mapeo.
refs Referencias.
* Probada: Estudiada a partir de excavaciones o que ha generado rupturas sísmicas. Probable: A partir de criterios
geomorfológicos o microsismicidad. Posible: Por orientación de la estructura con respecto a los campos de estrés
actuales.
† Ref: Trazada con base en la bibliografía. Unif: Trazada con base en la bibliografía y lo interpretado en este trabajo. Map:
Trazada con base en las interpretaciones originales de este trabajo.
De esta forma, los métodos de visualización fueron aplicados no solo para re-mapear cada falla
derivada de la compilación, sino que también, para el mapeo de lineamientos con posible origen
23
tectónico que se encontraran en asociación al Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui. Esto se realizó
para evaluar posibles estructuras no reconocidas o incluidas en la base de datos, pero que podrían
ser relevantes en el modelo de rupturas en cascada propuesto más adelante.
Las principales anomalías morfológicas del terreno utilizadas como indicadores para mapear las
trazas de falla activas son las siguientes: valles alineados, escarpes, facetas triangulares,
acumulaciones de cuerpos de agua menores en hendiduras del terreno y marcadores
geomorfológicos desplazados, como cauces y terrazas de ríos y drenajes. Siendo estos últimos
de gran relevancia por otorgar un mayor grado de certeza.
La base de datos fue subdividida en sistemas estructurales para analizar los datos
estadísticamente en Python. Estos sistemas corresponden a subdivisiones de los dominios
longitudinales antes mencionados (Figura 2) y son descritos más adelante. Para cada uno de los
inventarios se generaron diagramas de rosas de las orientaciones del sistema, funciones de
densidad probabilística (PDF) de largo de traza, e histogramas de rumbo vs. distribución de largo
acumulado (CLD).
El presente estudio está diseñado para abarcar la problemática generada por terremotos
imprevistos en fallas corticales desde la evaluación de rupturas sísmicas donde varias secciones
de falla pueden romper en cascada, utilizando como base consideraciones geométricas y físicas
para evaluar la máxima magnitud posible (𝑀𝑚á𝑥 ) de rupturas hipotéticas.
Dada la edad geológica de un área y sus niveles de erosión, por ejemplo, un área de coberturas
geológicas recientes y marcada por una reciente erosión glacial, las rupturas superficiales relativas
a una estructura de fallamiento, independiente de su madurez, no necesariamente representarán
la estructura completa en profundidad, por lo que la conexión entre segmentos no debe ser
descartada. El contexto antes descrito es en el que se encuentra inserto el Sistema de Fallas
Liquiñe-Ofqui (SFLO). Debido a estas cualidades, y a su incuestionable carácter activo (e.g.
Pérez-Flores et al., 2016; Rosenau et al., 2006) y potencial sismogénico (e.g. Legrand et al., 2011;
Mora et al., 2010), el SFLO presenta una oportunidad única e inminente de estudio en Chile para
analizar potenciales escenarios de amenaza derivados del enlace entre secciones de falla durante
rupturas.
24
[Link]. Estimación de largos de ruptura
Hipótesis de directividad
El análisis aquí propuesto se basa en la selección de una traza principal del sistema como
hipocentro para ponderar la probabilidad de distintos escenarios de amenaza a partir de ella con
base en distintas hipótesis de directividad. La Figura 7 muestra un ejemplo de los diferentes
escenarios generados a partir de la simulación de ruptura en una sección independiente,
considerando que cada sección se romperá por completo.
Las trazas o segmentos evaluadas como hipocentros, es decir, trazas “iniciadoras”, cumplen con
dos criterios: (1) Tienen largos mayores a 3 km, para cerciorar que las fallas utilizadas
correspondan a trazas principales y (2) poseen un rumbo entre N10°W-N30°E para corroborar
su pertenencia al SFLO y, por lo tanto, asociación al campo de estrés de este.
Para sopesar los escenarios de ruptura derivados de la presunción de inicio de ruptura en ciertas
trazas, es necesario tener en consideración una serie de reglas o criterios para utilizar como filtros.
Las concentraciones de estrés resultantes del desplazamiento en discontinuidades entre
secciones de falla pueden ralentizar o detener la propagación de ruptura y, por lo tanto, juegan
un rol trascendental al limitar el largo de una ruptura sísmica. En este sentido, como estos
fenómenos no están enteramente comprendidos, a partir de catálogos mundiales de rupturas
históricas, algunos autores (e.g. Biasi & Wesnousky, 2016, 2017; Wesnousky, 2006, 2008) han
producido estadísticamente límites observaciones (e.g. máxima distancia a través de la cual se
propaga una ruptura entre dos trazas) que pueden ser utilizados como factores de restricción en
la evaluación de escenarios de conectividad durante rupturas superficiales. Estos han sido
generados a partir del mapeo 2D de las trazas de ruptura observadas históricamente, por lo que
su aplicación en este trabajo es idónea.
Cabe destacar que las publicaciones antes mencionadas generan modelos de distribución de
probabilidad en base a las características geométricas de saltos (steps), espacios (gaps) y quiebres
de ángulo (bends) con la suposición de que la geometría de fallas observada en superficie es similar
a la presente en profundidad. Este acercamiento es adoptado porque la información empírica
sobre el efecto de cambios en el manteo u otras geometrías 3D es muy escasa y, por otra parte,
el conocimiento en dos dimensiones de las rupturas es el punto de partida para modelaciones en
tres dimensiones.
25
Figura 7. Ejemplo de ponderación de escenarios de ruptura en cascada a partir de trazas hipotéticas A, B, C, D, E
y F, donde la simulación de ruptura se inicia en una traza C. a) Despliegue de ‘caminos’ de ruptura separados por
orientación (norte y sur). Las trazas destacadas en amarillo corresponden a los escenarios finales y se presentan sus
ponderaciones respectivas obtenidas a partir de relaciones geométricas. b) Evolución de la ruptura más larga posible
a partir de las trazas consideradas, ACDF, de probabilidad estimada 0,08.
26
Aquí, se consideraron los siguientes criterios (Figura 8) para definir las combinaciones de trazas
posibles:
(𝜓 − 𝛿) ≤ 𝜑 ≤ (𝜓 + 𝛿)
Ec. 2
Donde 𝛿 es el rango aceptado a partir del ángulo óptimo de ruptura, 𝜓, que para fallas
dextrales es:
𝜓 = 45 − Ψ − 180 × tan−1 (𝜇𝑑 )/2𝜋
Ec. 3
27
Figura 8. Tipos de barreras geométricas y criterios de segmentación considerados en la evaluación de escenarios
de ruptura. a) Barreras o discontinuidades evaluadas: saltos laterales, espacios, y curvas. b) Compatibilidad entre
trazas según su mecanismo, en este ejemplo la traza de la esquina inferior derecha (normal) es descartada por tener
mecanismo diferente a la traza que 'inicia' la ruptura (dextral). c) Radio de 6 km de distancia a partir del cual pueden
producirse la propagación de ruptura hacia otras trazas. d) Máxima desviación permitida (δ) del óptimo ángulo de
ruptura (𝜓), el cual relaciona las orientaciones del stress compresivo máximo (𝑆𝑚á𝑥 ) y la traza desde la que se
produciría el salto o desviación. e) Posible ruptura propuesta para la hipotética configuración geométrica y de estrés
regional presentada.
En donde, a su vez, Ψ > 0 es el ángulo entre el primer segmento y la dirección del máximo
stress compresivo (𝑆𝑚á𝑥 ) y 𝜇𝑑 es el coeficiente de fricción dinámica. Se fijó 𝛿 = 30°
siguiendo las recomendaciones de Kame et al. (2003) y se asumió un valor referencial de
𝜇𝑑 = 0,6 siguiendo la ley de Byerlee. Por otra parte, para la orientación del 𝑆𝑚á𝑥 ,. se
utilizaron los valores compilados en el World Stress Map (Heidbach et al., 2018), que para
Chile derivan principalmente de mecanismos focales. Para evaluar la variabilidad de los
resultados, se utilizó comparativamente la dirección de convergencia de placas (N77°E)
como valor referencial de 𝑆𝑚á𝑥 a escala regional.
5. Máximo cambio acumulado de rumbo: 560°. Con los mismos propósitos del criterio
anterior, se establece que el máximo cambio final experimentado en una ruptura tiene un
límite de 560°, siguiendo las recomendaciones de Milner et al. (2013).
28
Las consideraciones antes descritas son utilizadas para obtener el máximo largo de ruptura viable
con las trazas evaluadas, y por lo tanto, la magnitud máxima posible, en una línea similar a la
evaluación de Mignan et al. (2015) para la Peninsula Anatolia, y a parte del modelo de UCERF3
en California (Field et al., 2014). La aplicación de estos criterios resulta en la determinación de
una serie de escenarios, cada uno de estos caracterizado por un largo, Lesc. Sin algunas de estas
reglas, el potencial de conectividad del sistema de fallas sería tan grande que permitiría rupturas
no-físicas e incluso rupturas que podrían conectarse de nuevo a sí mismas.
Por otra parte, aquí, una vez determinada la cadena de posibilidades derivada del inicio de ruptura
en cada traza, se prosiguió a asignar y evaluar las probabilidades de ruptura para cada uno de los
escenarios. Para ello se utilizaron formulaciones derivadas del análisis empírico de rupturas
históricas generadas por Biasi & Wesnousky (2016; 2017)7, estas fueron aplicadas como los
siguientes filtros para agregar o quitar plausibilidad a ciertas continuaciones de ruptura:
Ec. 5
7Para proponer dichas relaciones empíricas, estos autores analizaron 46 y 42 rupturas históricas de rumbo mapeadas
para discontinuidades y curvas, respectivamente.
29
Preparación de las trazas para modelación de escenarios de falla-a-falla
Para testear el modelo se seleccionaron dos regiones de la base de datos relativas al SFLO. Estas
corresponden a ‘SFLO-Liquiñe’ (recuadro interno en Figura 15) y ‘SFLO-Aysén’ (recuadro
interno en Figura 17) y son aquellas zonas del sistema donde mejor se han reconocido y mapeado
trazas activas.
En esta evaluación se asume que las trazas se ‘rompen’ a lo largo de toda su extensión. (Contrario
a modelos donde las fallas son divididas en secciones de largos determinados como UCERF3).
Sin embargo, para permitir escenarios donde una traza continua no se rompe en toda su
extensión, sino que la ruptura genera un salto hacia otra estructura aledaña (e.g. Denali 2002;
Haeussler et al., 2004; Eberhart-Phillips et al., 2003), las trazas fueron divididas en aquellos
puntos de intersección con estructuras transversales (Figura 8a, curva de ramificación). Otros
criterios de seccionamiento considerados al trazar las fallas incluyen la separación de trazas que
presenten bifurcaciones y desviaciones en su rumbo (Figura 8a, curva interna) y la incorporación,
en algunos casos específicos, de continuaciones subacuáticas inferidas.
Participación
Uno de los conjuntos de relaciones empíricas para magnitudes de terremotos más utilizados a
nivel mundial es el de Wells & Coopersmith (1994). De las conclusiones de estos autores se
desprende que el largo (L) de ruptura, junto al área (A), son los parámetros más idóneos para
utilizar en regresiones de 𝑀𝑊 , debido a que generan mejores correlaciones y tienen menores
desviaciones estándar que otros parámetros como el ancho de la falla, desplazamiento máximo
y desplazamiento promedio por evento.
De esta manera, el mapeo de rupturas históricas provee una base empírica en el desarrollo de
probabilidad de escenarios de falla-en-falla como función de la distancia de separación y estilo de
ruptura, con la presunción de que la geometría superficial es similar a la geometría en
profundidad.
30
Schorlemmer et al. (2005) sugieren que las relaciones escalares para terremotos deben varían no
sólo con el mecanismo de desplazamiento, sino también respecto al contexto tectónico. En este
sentido, al realizar una preselección de regresiones a utilizar, Stirling et al. (2013) plantean que
las regresiones basadas en ambientes de borde de placa muestran una tendencia a entregar
menores magnitudes para un largo o área de ruptura determinado que las entregadas por
compilaciones en ambientes continentales estables, y mayores o iguales que las derivadas de
ambientes de rift. Siguiendo las recomendaciones de estos autores, las regresiones aplicadas en
este estudio (Tabla 5) fueron diseñadas para fallas corticales de rumbo ubicadas por sobre un
ambiente de subducción.
En el presente trabajo se aplicarán las regresiones que utilizan área de ruptura para obtener 𝑀𝑊
(Ec. 7 en Tabla 5) asumiendo 12 km como límite en profundidad de la zona sismogénica para
el SFLO (Sielfeld et al., 2019a); y aquellas regresiones que utilizan sólo el largo de ruptura como
parámetro de entrada (Ec. 6 en Tabla 5) para evaluar y comparar los resultados obtenidos.
Tabla 5. Relaciones escalares empíricas 𝑀𝑊 -log(L) y 𝑀𝑊 -log(A) para mecanismos de rumbo (Strike-Slip, SS)
utilizadas en la estimación de Magnitud de Momento (𝑀𝑊 ) a partir Largo (L) y Área (A) de ruptura.
Coeficientes
(± error estándar) Rango de
Relación Referencia
calibración
𝑎 𝑏
31
Se consideraron varias relaciones escalares de 𝑀𝑊 y parámetros de largo (L) y área (A) de ruptura
que cumplieran con las condiciones del área de estudio. Todas estas relaciones son aplicadas en
conjunto para dar cuenta de las incertidumbres epistémicas. La mayoría de los datos utilizados
en la creación de las relaciones empíricas provienen de fallas en un ambiente continental en
bordes de placas, como la falla de San Andreas en California, la falla Alpina en Nueva Zelanda
y la falla del Norte de Anatolia en Turquía.
Se incluyeron las regresiones de Wells & Coppersmith (1994; WC94) por considerarse de uso
común dada su utilización como regresiones estándar y, por lo tanto, de utilidad con fines
comparativos. Sin embargo, Stirling et al. (2013) plantean que estas regresiones han sido
actualizadas con nuevas observaciones por datasets más completos como, por ejemplo, el de
Hanks & Bakun (2002; HB02) que incluye el conjunto de datos de WC94 e incorpora 5 rupturas
nuevas de >200 km de largo. Esta incorporación de rupturas más extensas, ampliando el rango
de calibración de las regresiones, es particularmente importante en el caso de las rupturas en
cascada, donde el largo resultante puede fácilmente alcanzar varios cientos de kilómetros.
32
3. RESULTADOS
La base de datos generada se compone de 960 trazas de fallas separadas en Fallas Activas y Fallas
Potencialmente Activas. La Tabla 6 muestra, a modo de ejemplo, los niveles de información
compilados para algunos parámetros. Las trazas individuales de falla compiladas para Fallas
Activas (669 trazas) y Potencialmente Activas (291 trazas) corresponden a 204 y 189 fallas,
respectivamente. (Las fallas se subdividen en múltiples trazas ya sea producto de
discontinuidades o por pertenecer a distintos 'tipos'; observada, inferida, etc.) En el Anexo 2 se
presenta una selección aleatoria de la base de datos.
Casi todas las fallas de la base de datos pertenecen a un sistema de fallas regional, de
características distintivas previamente descritas en la literatura. Estas redes de fallas individuales,
asociadas espacialmente y con un origen común, son agrupadas y subdivididas8 aquí con el
objetivo de resaltar similitudes y disimilitudes entre los parámetros sismogénicos de cada grupo
de fallas (sección 3.1.1).
La mayoría de las trazas (~43%) pertenece al Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui (SFLO), el ~11%
corresponde a fallas del Sistema de Fallas E-W (SFEW), ~8% al Sistema de Fallas de Atacama
(SFA), ~5% a Fallas Transversales a los Andes Sur (FTAS), ~12% son Fallas Transversales al
Antearco Costero (FTAC), y 5% pertenece al Cabalgamiento Occidental Andino (CAO). El
remanente de trazas corresponde a fallas no asociadas a ninguno de estos sistemas, usualmente
relativas a sistemas menores (sección 3.1.3) o sistemas de carácter regional, pero de actividad
discutible (sección 3.1.4).
8En particular, se agruparon las trazas incorporadas a la base de datos pertenecientes a subdivisiones de estructuras
reconocidas como fallas "heredadas del basamento", denominadas Fallas Transversales a los Andes (FTA; e.g.
Pérez-Flores et al., 2016; Stanton-Yonge, 2016), entre otras nomenclaturas (ver secciones [Link]. y [Link]. para más
antecedentes). Las fallas dentro de esta categoría con mayores indicadores de actividad fueron agrupadas aquí en
Fallas Transversales al Antearco Costero (FTAC) y Fallas Transversales a los Andes Sur (FTAS) debido a la
disparidad existente en parámetros sismogénicos de falla a lo largo de distintos dominios longitudinales (Santibáñez
et al., 2019).
33
34
Figura 9. Principales dominios de fallas corticales Activas y Potencialmente Activas en el margen chileno. a) Fallas
Activas y Potencialmente Activas de la base de datos y extensión latitudinal de los grandes sistemas de fallas
corticales con actividad reconocida. SFEW. Sistema de Fallas E-W; SFA. Sistema de Fallas de Atacama; CAO.
Cabalgamiento Occidental Andino; FTAC. Fallas Transversales al Antearco Costero; FTAS. Fallas Transversales a
los Andes Sur; y SFLO. Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui. b) Rosetas de rumbo relativas a cada dominio sopesando
cada traza como unidad. Se muestra la proporción de trazas pertinentes a ‘Fallas Activas’ y ‘Fallas Potencialmente
Activas’ con tonos oscuros y claros respectivamente.
Profmax-km
sentido_mo
tasa_des*
edad_dep
ev_recien
ev_geom
n° trazas
manteo*
n° fallas
sis-asoc
Mmax
Fallas Activas 204 669 294 383 8 44 22 52 20 19 9
Fallas Potencialmente
189 294 84 99 0 5 1 7 1 7 0
Activas
35
3.1.2. Grandes sistemas de fallas corticales con actividad reconocida
En el Norte Grande de Chile, entre los 19,2 y 21,6°S, una serie de escarpes de orientación E-W
se consolida como una de las características más distintivas de la Cordillera de la Costa (Figura
10). Los escarpes se asocian a fallas inversas, en algunos sectores ciegas, de manteo en dirección
sur. Estas estructuras han sido agrupadas como “escarpes de falla E-W” (e.g. Allmendinger &
González, 2010) o Sistema de Fallas E-W (SFEW; e.g. Santibáñez et al., 2019).
Existen múltiples sitios a lo largo de la costa en los que fallas inversas desplazan terrazas marinas
Cuaternarias y producen desplazamientos verticales acumulados de hasta 500 m en superficies
del Mioceno-Plioceno (González et al., 2015). A pesar de la clara expresión topográfica de estas
estructuras, la escasez de depósitos geológicos recientes impide esclarecer el marco temporal de
su actividad. Debido a esto, el SFEW es uno de los sistemas con mayor proporción de fallas
categorizadas como "Potencialmente Activas" vs. aquellas "Activas" (Figura 19).
Figura 10. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas del Antearco Costero del Norte Grande. Se presentan
las fallas del Sistema de Falla E-W (SFEW) y la terminación norte del Sistema de Fallas de Atacama (SFA).
37
plegada (Allmendinger & González, 2010; González et al., 2015). Esta última característica es un
factor común en las estructuras del SFEW. Existe una tendencia evidente en los escarpes a
correlacionarse, cerca de la costa con fallas inversas que ‘rompen’ la superficie; y más hacia el
interior, a plegamiento superficial causado por fallamiento ciego, es decir, pliegues de
propagación.
La falla Pisagua se asocia a una estrecha terraza marina Pleistocena que se presenta aislada donde
la traza de la falla llega al mar (Allmendinger et al., 2005), y su continuación submarina es
consistente con los mecanismos focales de un sismo cortical menor ocurrido en 2007
(Allmendinger & González, 2010). Por otra parte, a este sistema se le atribuye además un sismo
cortical 𝑀𝑤 6,7 ocurrido en el antearco submarino, que se postula como gatillante del evento de
megathrust 𝑀𝑤 8,1 de Pisagua, 2014 (González et al., 2015).
Ubicado en el antearco de los Andes Centrales, justo al sur del SFEW (Figura 10), el Sistema de
Fallas de Atacama (SFA) se extiende paralelamente a la fosa por más de 1000 km en tierra entre
Iquique y La Serena. Es comúnmente subdivido en tres segmentos principales (Figura 11), que
de norte a sur corresponden a: Salar del Carmen, Paposo y El Salado (Brown et al., 1993;
Cembrano et al., 2005; Naranjo, 1987), careciendo este último de evidencias de actividad (e.g.
Metcalf & Kapp, 2014). Al igual que para el SFEW, las fallas comprendidas en este sistema tienen
una buena expresión superficial gracias a su ubicación en el hiper-árido desierto de Atacama,
donde el alto grado de preservación se debe a tasas erosivas casi nulas (Schlunegger et al., 2006).
Esto, por otra parte, dificulta la definición de fallas como activas meramente a partir del mapeo,
a pesar de la clara expresión topográfica de las estructuras.
38
hacia el W en vista planar y buzamiento de alto grado hacia el E. Sus reactivaciones son
evidenciadas por escarpes de falla normal y superficies aluviales cuaternarias desplazadas, al
menos desde el Neógeno (Cortés-Aranda et al., 2015; Cortés Aranda et al., 2012; González et
al., 2006).
El SFA se distribuye en una zona de falla >50 km de ancho (Figura 11), siendo las fallas de
rumbo N-S más abundantes en las cercanías de Antofagasta y la Península de Mejillones,
disminuyendo significativamente hacia el norte (Figuras 10 y 11), donde las fallas Salar Grande,
Chomache y Punta de Lobos son las expresiones más recientes de actividad (Pleistoceno Tardío).
Las estructuras presentan un rumbo promedio de N5°E (Figura 9), donde las direcciones de falla
evolucionan desde NNE-SSW (fallas Salar del Carmen, Sierra del Ancla, Cerro Gordo y
Aeropuerto) a NNW-SSE (fallas Caleta Herradura y La Rinconada) con fallas N-S o secciones
de falla intermedias (fallas Mejillones y Cerro Fortuna). La mayoría de las estructuras se
encuentra en el rango N30°W-30°E (Figura 9). Casi todos los segmentos se evidencian en
superficie, habiendo muy pocas las trazas inferidas. Existe una alta variabilidad en los largos de
segmento dada la existencia de trazas extensas y continuas en las fallas principales del SFA (Salar
del Carmen, Paposo y Caleta del Cobre), y el resto de las fallas presentes en la península de
Mejillones, que posiblemente poseen continuaciones submarinas.
Junto a la falla Mejillones, la falla Salar del Carmen es uno de los segmentos más relevantes del
SFA. El estudio paleosismológico de Cortés-Aranda (2012) indica que esta falla ha generado al
menos dos terremotos en los últimos 5 ka, posiblemente de 𝑀𝑊 ~7.
39
40
Figura 11. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la Península de Mejillones y alrededores. La región
está dominada por fallas de reactivación normal pertenecientes el Sistema de Fallas de Atacama (SFA), de cual, aquí,
se presentan los segmentos Salar del Carmen y Paposo, considerados como activos.
Cabalgamientos de vergencia oeste han sido reconocidos en el frente occidental de los Andes,
limitando el Valle Central de la Cordillera Principal (Figura 2). A los ~33°30’S, la falla San Ramón
(FSR; Figura 12) se erige como la más frontal de estas estructuras. Esta, y sus posibles
continuaciones, han tomado relevancia como fallas corticales en los últimos años dada su
ubicación en el borde oriental de Santiago, capital de Chile, donde se concentra alrededor del
40% de la población del país. Observaciones superficiales han permitido caracterizar la FSR
como una estructura N-S de tipo inversa y activa (Armijo et al., 2010; Rauld, 2011; Vargas et al.,
2014), que levanta las rocas plegadas y falladas de la Formación Abanico (Eoceno-Mioceno)
sobre depósitos no consolidados de la cuenca de Santiago (Rauld, 2002; Vargas Easton et al.,
2013).
Para una falla inversa, el escarpe de la FSR es semi-continuo (Figura 13a), extendiéndose en
dirección norte-sur por 35 km entre los ríos Mapocho y Maipo (Armijo et al., 2010). A partir de
estudios geomorfológicos y estructurales se han estimado tasas de desplazamiento promedio del
41
orden ~0,13–0,40 mm/a a escala de los últimos cientos de miles de años (Armijo et al., 2010;
Rauld, 2011), con tiempos de recurrencia que varían entre 2.500 y 10.000 a (Rauld, 2011).
La urbanización sobre la FSR alcanza actualmente un 55% del largo total medido entre los ríos
Mapocho por el norte y Maipo por el sur (Vargas Easton et al., 2018). Considerando que la
amenaza de un terremoto en esta falla es alta, esto representa un riesgo significativo para la
ciudad de Santiago.
La primera corresponde a la falla Cariño Botado (FCB). Ubicada al este de la ciudad de Los
Andes (Figuras 12 y 13b), se ha asociado a la FSR por su cercanía y similitud (Medina, 2018;
Troncoso, 2014); ambas son fallas inversas de vergencia oeste, de rumbo de orientación N-S,
ubicadas en el piedemonte cordillerano y que registran movimientos cuaternarios. Estos autores
proponen el desarrollo de la FCB en zonas de debilitamiento y alteración de la Zona de Falla
Pocuro (Troncoso, 2014) existiendo afloramientos donde la Fm. Abanico se emplaza sobre
abanicos aluviales cuaternarios.
Por otra parte, en la Región del Maule, se ha propuesto un límite análogo al CAO entre la
Cordillera Principal y Valle Central, donde a los 36°S, en la localidad de Mesamávida, un escarpe
de escala métrica se extiende por ~8 km subparalelo al frente principal. La falla Mesamávida
(Figuras 12 y 13c), ha sido interpretada a partir de análisis morfométricos proponiéndose un
origen sísmico para las deformaciones observadas en depósitos del Cuaternario Tardío,
posiblemente holocenos (Sepúlveda, 2019).
42
43
Figura 12. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la Zona Central de Chile. Estas fallas pueden
agruparse en las Fallas Transversales al Antearco (FTAC) y aquellas pertenecientes al Cabalgamiento Occidental
Andino (CAO) en la Precordillera.
Figura 13. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas del Cabalgamiento Occidental Andino (CAO). a)
Falla San Ramón ubicada al este de la ciudad de Santiago. b) Falla Cariño Botado al este de la ciudad de Los Andes.
c) Falla Mesamávida al este de la localidad homónima.
44
[Link]. Fallas Transversales al Antearco Costero (FTAC)
De estas categorías, solo las últimas dos presentan claros indicadores de actividad en el rango
temporal propuesto y, por lo tanto, fueron incluidas en la base de datos. Así, por disponerse las
trazas con actividad evidenciada en distintos dominios morfotectónicos, estas fueron
incorporadas respectivamente como Fallas Transversales a los Andes Sur (FTAS; sección
[Link].) y Fallas Transversales al Antearco Costero (FTAC; esta sección, Figuras 12 y 14).
Se ha propuesto un control, o al menos una relación espacial y genética, entre estas estructuras
(FTAC y FTAS) y la segmentación de las zonas de ruptura de grandes terremotos de subducción
(Jara-Muñoz et al., 2015; Melnick et al., 2009).
Actividad sísmica reciente y modelaciones numéricas sugieren que estas fallas pueden ser
activadas durante o inmediatamente después de terremotos interplaca (Aron et al., 2014;
Arriagada et al., 2011; Farías et al., 2011; Stanton-Yonge et al., 2016). En particular, dan cuenta
de esto los eventos sísmicos 𝑀𝑊 6,9 y 𝑀𝑊 6,7 (NEIC; 6,9 y 7,0 GCMT) producidos en la falla
45
Pichilemu, 11 días tras el terremoto 𝑀𝑊 8,8 del Maule 2010, los cuales fueron parte de una
secuencia de sismos corticales que duró varios meses, inédita en la zona (Aron et al., 2013; Farías
et al., 2011; Ryder et al., 2012).
Otras estructuras agrupadas en este sistema son aquellas concernientes al Sistema de Fallas de
Valparaíso: las fallas Marga-Marga, Valparaíso, Laguna Verde, y Quintay (Figura 12). De estas,
la falla Marga-Marga es una de las estructuras de más riesgo por atravesar la ciudad de Viña del
Mar. Además, se le ha atribuido actividad reciente debido a que, tras los terremotos del 3 de
marzo de 1985 y 27 de febrero de 2010, se han observado concentraciones de daños sobre su
traza y posibles desplazamientos centimétricos (Muñoz et al., 2012; Thorson, 1999). Por otra
parte, para la falla Laguna Verde se han propuesto niveles de actividad recientes debido a que
pone en contacto morfologías de terrazas marinas contrastantes y genera un control tectónico
sobre el paisaje, el cual es evidenciado por un escarpe de c.a. 100 m en su traza, que a su vez
presenta facetas triangulares (Del Valle et al., 2018).
Jara-Muñoz et al. (2015) indagaron en la segmentación del megathrust en la ruptura del Maule
2010 a partir de la deformación cortical expresada en terrazas marinas alzadas, observadas por
sobre la zona de ruptura. Estos autores estudiaron y reconocieron algunas fallas corticales activas
de orientaciones transversales al antearco costero, dentro de las que se encuentran las fallas
Carranza, Pelluhue y El Yolki, que localmente desplazan y pliegan las terrazas del MIS 5 a lo
largo de un tramo de costa de 45 km. En la misma línea investigativa, Melnick et al. (2019)
documentan para la falla El Yolki una inclinación de sedimentos intermareales holocenos en
bloque yaciente, manifestando 10 m de desplazamiento vertical que, en base a modelos de
dislocación, entregan una tasa de desplazamiento de 5,6 mm/a. Estos autores además infieren
una estructura en flor negativa, enraizada en una falla subvertical profunda.
Hacia el sur, una estructura de evidente carácter litosférico, la Zona de Falla Lanalhue, reactiva
una zona de cizalle Pérmico que pone en contacto las series metamórficas oriental y occidental
46
47
Figura 14. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la costa de la Zona Centro-Sur de Chile. Estas han
sido compiladas principalmente como Fallas Transversales al Antearco Costero (FTAC).
(Glodny et al., 2008). Para esta zona de falla se han registrado múltiples clusters de rupturas
corticales entre profundidades de 1 y 22 km, incluyendo un terremoto ML 5,2 a 12 km de
profundidad con mecanismos focales dextrales (Haberland et al., 2006). Esta falla de extensión
cortical, originalmente inversa, parece estar conectada por el norte con la Falla Morguilla, la cual
a su vez es interpretada como una falla inversa activa con base en datos sismológicos, terrazas
marinas deformadas, y líneas sísmicas de reflexión (Melnick & Echtler, 2006; Melnick et al.,
2009).
Las FTAS, interpretadas como estructuras de larga vida heredadas del basamento y reactivadas
como fallas siniestral-inversas durante el desarrollo del arco magmático (e.g. Lange et al., 2008;
Lara et al., 2006; Lopez-Escobar et al., 1995; Melnick & Echtler, 2006), son parte importante de
la arquitectura cortical y, por lo tanto, juegan un rol fundamental en el flujo de fluidos corticales
y en la disposición y morfología de centros volcánicos activos (Cembrano & Lara, 2009; Pérez-
Flores et al., 2016; Sánchez et al., 2013; Tardani et al., 2016; Wrage et al., 2017).
Según Cembrano & Lara (2009), en la Zona Volcánica Sur (ZVS), estas fallas activas/inactivas
del basamento tienen un rol fundamental como asociaciones cinemáticamente desacopladas al
actuar como anisotropías pre-existentes en las rocas del basamento, sirviendo como canales
pasivos de ascenso de magma. En contraste con aquellas asociaciones volcánicas directamente
relacionadas al régimen tectónico actual, como alineamientos volcánicos de orientación NE.
Ejemplos de cadenas volcánicas asociadas a FTA son Nevados de Chillán, Callaqui-Copahue-
Mandolegüe, Sollipulli-Icalma, Villarrica-Quetrupillán-Lanín, Puyehue Cordón Caulle, Osorno-
Puntiagudo y Hornopirén (Lopez-Escobar et al., 1995; Figura 2).
Se sugiere que las FTAS son más antiguas o coetáneas al SFLO (e.g. Pankhurst et al., 2006). En
el arco volcánico, estas estructuras conviven generando complejas relaciones de yuxtaposición,
siendo cinemáticamente compatibles a escala local como sistemas de fallas conjugadas (Rosenau
et al., 2006). Por ejemplo, a escala regional, la falla Bíobío - Aluminé se ve desplazada por la
terminación norte del SFLO (Melnick et al., 2006b; Figura 15). Hacia el sur, en las cercanías de
Liquiñe y Coñaripe, el SFLO corta y desplaza las FTAS, observándose además la relación
opuesta a escala local (Sánchez et al., 2013).
48
49
Figura 15. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la Cordillera Principal del Sur de Chile en las
regiones de Los Ríos y La Araucanía. Esta sección del país es dominada por el Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui
(SFLO). Fallas oblicuas a este sistema y con potencial de reactivación son agrupadas como Fallas Transversales a
los Andes Sur (FTAS). El recuadro interno señala la extensión del área utilizada en el modelo de rupturas, ‘SFLO-
Liquiñe’.
Esta actividad coetánea ha sido evidenciada, además, a partir del análisis cinemático y dinámico
de las estructuras de la terminación norte del SFLO (Pérez-Flores et al., 2016), en el cual también
se evidencia que estas fallas transversales NW son capaces de absorber parte significativa de la
partición de la deformación resultante de la convergencia oblicua. En esta misma línea, a partir
de un modelo numérico de Elementos de Borde, Stanton-Yonge et al. (2016) estimaron la
respuesta elástica de fallas de distinta orientación durante las etapas del ciclo sísmico de
subducción (CSS) obteniéndose que durante la fase intersísmica, fallas de rumbo NW acomodan
un desplazamiento oblicuo máximo de 1,4 mm/a con una cinemática siniestral-inversa, mientras
que fallas de rumbo ENE exhiben una cinemática de rumbo dextral a una tasa de 0,85 mm/a.
Hacia el sur (Figura 16), algunas de estas zonas de falla han sido identificadas a partir de
sismicidad, como es el caso de la Zona de Falla Huequi (Lange et al., 2008). Fuera de esto,
muchas de estas fallas no presentan una clara expresión superficial y, por lo tanto, carecen de
señales evidentes de actividad.
La geometría de las trazas activas del SFLO se mantiene poco esclarecida. A escala regional, ha
sido restringida en base a trazas mapeadas e inferidas (e.g. Cembrano et al., 1996; Hervé, 1994),
análisis de deformaciones frágiles (e.g. Cembrano et al., 2000; Vargas et al., 2013; Pérez-Flores
et al., 2016), hipocentros de sismos poco profundos y mecanismos focales (Chinn & Isacks,
1983; Lange et al., 2008; Sielfeld et al., 2019). Estos estudios atestiguan, además, desplazamiento
dextral a largo y corto plazo, al menos desde el Plioceno, corroborados por datos
50
paleomagnéticos (Beck, Jr. et al., 1993; Cembrano et al., 1992; Hernandez-Moreno et al., 2014;
Rojas et al., 1994).
Figura 16. Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas en la Cordillera Principal del Sur de Chile, Región de
Los Lagos. Esta sección del país es dominada por el Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui (SFLO). Fallas oblicuas a este
sistema y con potencial de reactivación son agrupadas como Fallas Transversales a los Andes Sur (FTAS).
51
Sus trazas principales forman prominentes lineamientos estructurales demarcados por el efecto
de la incisión glacial y fluvial que esculpen las rocas, principalmente del Batolito Norpatagónico,
formando valles relativamente estrechos y elongados (Figura 16). Además, el sistema coincide
con la extensión espacial de reservorios geotérmicos (e.g. Pérez-Flores et al., 2016), volcanes
activos, y sistemas de conos monogenéticos alineados (Cembrano & Lara, 2009; Lara et al., 2008;
López-Escobar et al., 1995).
No se han detectado marcadas evidencias de fallamiento en lavas recientes, sin embargo, a partir
de datos sismológicos y geodésicos se ha interpretado que las fallas de este sistema funcionan
como conductos alimentadores para los volcanes activos del área (e.g. Wicks et al., 2011). Incluso
en centros eruptivos ubicados directamente sobre la traza maestra del SFLO (e.g. Hornopirén y
Michimahuida) es probable que la deformación, al propagarse a través de difusión de strain en
vez de en rupturas discretas, favorezca el debilitamiento mecánico de las rocas, facilitando
colapsos en dichos centros volcánicos (Watt et al., 2008).
Las tasas de desplazamiento han sido estimadas como aproximaciones a partir de datos
geológicos a largo plazo (e.g. Adriasola et al., 2006) y datos de GPS a corto plazo a escala regional
(e.g. Wang et al., 2007), obteniéndose un amplio rango de resultados. A partir de observaciones
de desplazamiento dextral en plutones miocénicos del fiordo Reloncaví, se obtuvo una tasa de
desplazamiento dextral de ~2,6 mm/a desde el Mioceno Tardío en esta zona (Adriasola et al.,
2006; Lara et al., 2008). Por otra parte, a través de un modelo cinemático, Rosenau et al. (2006)
estimaron la cantidad de desplazamiento paralelo al margen de subducción acomodado por el
SFLO y obtuvieron tasas de 32 ± 6 mm/a al sur de los 40°S, y 13 ± 3 mm/a hacia el norte,
asumiendo zonas de deformación de 150 y 80 km de ancho, respectivamente. Con base en la
modelación de velocidades GPS, Wang et al. (2007) infirieron una traslación del antearco hacia
el norte, a una tasa de ~6,5 mm/a que relacionaron a desplazamiento en el SFLO. Modelaciones
más recientes incluyen el modelo numérico de Stanton-Yonge et al. (2016), el cual sugiere tasas
de desplazamiento en el rango de 1-7 mm/a para las fallas maestras del SFLO. Por otra parte, el
modelo de elementos finitos de Iturrieta et al. (2017) sugiere tasas de 5 a 10 mm/a para la traza
maestra este, mientras que para la falla oeste (lineamiento Canal Costa en Figura 17) y fallas
subsidiarias propone tasas de entre 1 y 5 mm/a.
Los grupos individuales de datos de los distintos sistemas se caracterizan por una distribución
positivamente asimétrica para los largos de traza (Figura 18), cuya media para todos los
elementos de la base de datos es de 9,98 km. Todos los sistemas presentan distribuciones
unimodales, exceptuando los datos del SFEW que no consideran las trazas inferidas.
La principal disimilitud entre sistemas proviene de la amplia distribución de los datos del SFA y
del SFLO. Las trazas más largas forman parte de estos sistemas de orientación N-S. La diferencia
entre ambos es que, para el SFLO, en la base de datos abundan trazas muy cortas (~0-10 km).
A pesar de que el SFA es actualmente un sistema principalmente extensional, su origen como
sistema de rumbo (siniestral) le confiere largos significativos en algunas secciones tras
movimientos sucesivos en las mismas trazas, lo que en términos de largos de traza le permitiría
equipararse al SFLO.
54
Figura 18. Funciones de densidad de probabilidad de los largos de trazas de los principales dominios de fallas
considerando únicamente trazas observadas (línea continua) e incluyendo trazas inferidas (línea punteada).
Se observa que, para sistema compresionales, como el SFEW y el CAO, los rangos de
distribución de largos de traza son particularmente más acotados. Sin embargo, la distribución
de densidad de probabilidad del CAO considerando las trazas inferidas (Figura 18d) muestra que
las trazas pueden llegar incluso a ~42 km, esto porque las trazas inferidas evidentemente
producen mayor conexión del sistema que las observadas y, en la base de datos, el CAO se
compone mayoritariamente de trazas inferidas (Figura 19d).
Se evaluó a grandes rasgos la existencia de correlaciones entre las distribuciones de largo de traza
y parámetros como edad de la roca caja, control reológico, mecanismo cinemático, y edad del
sistema, no obteniéndose resultados concluyentes (e.g. Anexo 4).
La Figura 19 muestra la distribución de orientaciones de falla vs. largo de trazas acumulado para
los principales sistemas descritos. En general, estos se correlacionan de buena manera con las
distribuciones de orientación a partir del número de datos presente en la base de datos (Figura
9b), manifestando tendencias claras de orientaciones representativas de cada sistema. La Figura
19 muestra además la proporción entre trazas inferidas y observadas para cada grupo de datos.
Sistemas como el CAO, FTAC y FTAS muestran mayores proporciones de trazas inferidas a
observadas, el SFLO presenta un equilibrio, y los sistemas del norte, SFEW y SFA, se componen
en su gran mayoría de trazas observadas, lo que responde a la edad de las rocas que afloran en
superficie y al grado de cobertura vegetal del terreno.
55
Figura 19. Distribución de largos acumulados de segmento para los principales sistemas de fallas corticales en Chile.
56
3.1.3. Otras fallas corticales con actividad reconocida
Entre Caldera y Bahía Inglesa (Figura 20a) se han reconocido trazas de fallas normales acotadas
geográficamente a una pequeña extensión espacial cuya presencia ha sido asociada a deformación
extensional NW-SE en los últimos 125 ka, relativa al ciclo sísmico de subducción (Marquardt et
al., 2004). Estas corresponden al sistema de Graben de Caldera y la falla tipo ‘tijera’ Bahía Inglesa.
La traza mayor de estas fallas normales, la falla Caldera, tiene un largo de ~7 km. Su actividad
reciente ha sido reconocida por estos autores debido a que desplazan depósitos marinos
cuaternarios, algunos correlacionados al MIS 5c (e.g. falla Bahía Inglesa).
Por otra parte, la falla Puerto Aldea (Figura 20b) corresponde a una falla de orientación N-S, de
tipo normal-siniestral que se extiende por ~60 km en la costa de la Región de Coquimbo.
Numerosos aspectos geomorfológicos sugieren su actividad: terrazas marinas y plataforma de
abrasión levantadas, escarpes superficiales ‘frescos’, deslizamientos, presencia de aguas termales,
y un patrón de drenaje tectónicamente controlado (Heinze, 2003). La falla ha estado activa
durante el Cuaternario, pero podría no ser activa en tiempos recientes (Ota et al., 1995). Saillard
et al. (2012), al comparar dataciones de desequilibrio U-Th en conchas de crestas de playa y 10Be
en plataformas de abrasión, sugieren que su actividad habría cesado al menos hace 230 ka. Sin
embargo, el análisis de perfiles acústicos de alta resolución parece evidenciar actividad tectónica
durante el Holoceno medio en el subsuelo marino de la Bahía de Tongoy, en la prolongación
norte de la falla Puerto Aldea (Avilés et al., 2015).
La Figura 20b muestra también un sistema costero de fallas normales presentes en la provincia
de Limarí, algunas de estas fallas afectan terrazas marinas de 690 y 321 ka (MIS 17 y MISS 9c,
respectivamente; Saillard et al., 2009), posiblemente desplazando la terraza del MIS 5. Tras el
evento de Illapel 2015 𝑀𝑤 8,3 se ha documentado actividad sísmica cortical en esta zona, con
dos eventos principales (Carrasco et al., 2019). El primer terremoto se localizó en el prisma de
acreción, donde Becerra et al. (2017) proponen que la presencia de fallas extensionales se debe
principalmente al colapso gravitacional de la parte más externa del antearco. Mientras que el
segundo evento, de mecanismo dextral y orientación N-S, ocurrió ~33 km al este de la falla
Puerto Aldea. Para este, junto a otro evento ocurrido en 2018 menos esclarecido, Carrasco et al.
(2019) proponen una correlación al sistema de fallas Romeral-La Silla del Gobernador, el cual se
ha postulado correspondería a una extensión sur del SFA (Charrier et al., 2007).
57
Figura 20. Otras fallas corticales con actividad reconocida del norte de Chile. a) Fallas normales de Caldera. b)
Falla Puerto Aldea y fallas de Limarí. c) Sistemas de fallas del Salar de Atacama. Para este sector, los ejes anticlinales
no fueron incluidos en esta compilación, pero han sido ampliamente mapeados por los autores descritos en el texto.
58
Otro conjunto de fallas correlacionadas a sismicidad actual son aquellas ubicadas en asociación
espacial al Salar de Atacama (SdA; Figura 20c), donde la corteza es sísmicamente activa hasta
profundidades de ~40 km entre los 22 y 25°S (Metcalf & Kapp, 2014). La expresión superficial
de algunas de estas fallas es innegable, sin embargo, su actividad reciente ha sido difícil de
discernir dada la falta de afloramientos recientes. La deformación al SE del SdA ha producido
múltiples escarpes anticlinales de orientación N-S en ignimbritas Pliocenas y lavas del Plioceno
superior y Pleistoceno, estructuras que han sido descritas y mapeadas por González et al. (2009)
y Lin et al. (2016), sin embargo, no se han encontrado evidencias recientes. Contrariamente, las
fallas ubicadas bajo el SdA no generan ningún escarpe topográfico debido a que la acumulación
de Halita ha enmascarado cualquier posible expresión. Sin embargo, a partir datos de reflexión
sísmica, se han interpretado decenas de metros de desplazamiento Holoceno bajo el Salar
(Sistema de Fallas Salar; Jordan et al., 2002).
La falla Río Colorado (Figura 12) es una estructura regional inferida a partir de la asociación
espacial de la alineación rectilínea del río homónimo, y fallamiento y plegamiento inverso,
observado en una alta terraza fluvial cuaternaria del río Maipo, 30 km al SE de Santiago, de
posible edad Pleistoscena (Lavenu & Cembrano, 2008).
La falla Melado es una estructura de orientación NNE asociada a una secuencia volcano-
tectónica ocurrida en 2012, cuyo evento principal tuvo una 𝑀𝑤 6,2 (Cardona et al., 2018). Para
esta falla no se han evidenciado rupturas superficiales, y ha sido inferida como un lineamiento
en coincidencia espacial a la incisión glacio-fluvial del valle Melado.
Por otra parte, el sismo de 𝑀𝑤 6,5 conocido como Curicó- o Teno 2004 ha sido asociado a la
falla cortical El Fierro, en el valle de Tinguiririca con base en distribución de hipocentros (Comte
59
et al., 2008; González, 2008). Más recientemente, Giambiagi et al. (2019) correlacionan este
evento sísmico con la Falla Río Damas, una estructura ciega de alto buzamiento con mecanismos
dextrales interpretada a partir de una baja anomalía Vp/Vs y sismicidad registrada en el área con
una red local (Lira, 2011). Según las modelaciones de estos autores la falla Río Damas podría
inducir cambios estáticos de stress en las fallas Guanacos, Garcés y Tinguiririca por lo que todas
ellas fueron incluidas en la base de datos como fallas Potencialmente Activas (Figura 19b). Estas
últimas tres fallas, además, están orientadas de manera casi óptima al campo de estrés actual y
presentan evidencia de movimientos de rumbo dextral posiblemente en el Pleistoceno u
Holoceno (Giambiagi et al., 2019).
El Sistema de Fallas Lago Laja (SFLL) se ubica en la cordillera principal de la Región del Bíobío
y ha sido reconocido a través de observaciones de terreno, perfiles de reflexión sísmica y
batimetría (Melnick et al., 2006c; Figura 19b). Este sistema de fallas de carácter extensional
constituye sistemas de horst y graben, y su actividad reciente ha sido identificada con base en
que estas fallas cortan los depósitos sedimentarios del Lago Laja, incluyendo la cubierta lacustre
superior que es posterior al colapso de la caldera Antuco 1, de edad Holocena (Melnick et al.,
2006b).
60
Figura 21. Otras fallas corticales con actividad reconocida en Chile Central. a) Sistema de fallas Santa María (SFSM).
Estas fallas superficiales han sido interpretadas como la expresión somera del Splay Santa María, una falla cortical
enraizada en la interfaz de subducción cuya continuación en superficie es representada por el área achurada. b)
Fallas inversas del sistema El Fierro en el valle Tinguiririca identificadas como Potencialmente Activas. c) Sistema
de fallas Lago Laja (SFLL) en el lago homónimo. Los centros eruptivos activos se indican con triángulos blancos.
61
3.1.4. Sistemas con actividad bajo discusión
Entre Chuquicamata y Quebrada Blanca, la rama regional del SFD continuamente expuesta a lo
largo de una zona de 170 km se conoce como el Sistema de Fallas de la Fisura Oeste (SFFW;
West Fissure Fault System). Este sistema es de gran importancia económica por cuanto ha
controlado estructuralmente el emplazamiento de pórfidos cupríferos de clase mundial al facilitar
la actividad hidrotermal que se estima ha ocurrido aquí, al menos intermitentemente, por
millones de años (Ossandón et al., 2001).
Se estima que el SFD se originó en el Eoceno Tardío como una estructura dextral de intra-arco,
paralela a la fosa, en el arco migrante hacia el este del Paleógeno (Reutter et al., 1991). El sistema
habría tenido múltiples episodios de reactivación e inversiones tectónicas desde entonces, siendo
los principales desplazamientos registrados de mecanismo de rumbo siniestral (de 35 a 37 km de
desplazamiento como una estructura de antearco cuando el volcanismo cesó en la Precordillera
hace 38 Ma; Reutter et al., 1996; Tomlinson & Blanco, 1997) pero también habiendo acomodado
desplazamientos normales y dextrales del orden de cientos de metros (0,5 a 2 km de
desplazamiento dextral contemporáneos al levantamiento de la Precordillera en el Neógeno;
Reutter et al., 1991; Tomlinson & Blanco, 1997).
A pesar de que la Precordillera está sujeta a sismicidad cortical, una clara correlación entre los
eventos sísmicos entre los 22°S y 24°S con el SFD no ha sido establecida (Hoffmann-Rothe et
al., 2006).
Sin embargo, los registros sísmicos de la Cordillera de Domeyko a los 21º S muestran que la
actividad actual del SFD incluye, al menos en parte, cinemáticas dextrales e inversas (Bloch et
al., 2014; Salazar, 2011). En particular, dos clusters de sismicidad han sido identificados y
asociados a ramales ciegos del WFFS (Salazar et al., 2017).
62
Por no existir una clara señal de qué trazas de este sistema se encuentran activas, ninguna de ellas
fue integrada a la base de datos. Sin embargo, la sismicidad registrada da señales de que el sistema
se encontraría activo.
El sistema estructural más importante en el borde occidental del Altiplano a la altura del codo
de Arica es el Sistema de Fallas Inversas de Vergencia Oeste (WVFS, West Vergent Thrust
System) de edad Miocena-Pliocena desarrollado en la Precordillera (Farías et al., 2005; Muñoz &
Charrier, 1996; Victor et al., 2004). Este sistema ha emplazado rocas precámbricas por sobre
neógenas y puede que sea responsable de parte del alzamiento altiplánico (David, 2007; Farías
et al., 2005). Consiste en un sistema de faja plegada y corrida de vergencia oeste cuyas fallas
pueden ser observadas en superficie a los 18°S, mientras que hacia el sur se transforman en fallas
ciegas y forman flexuras.
Su actividad ha sido propuesta a partir del evento tectónico de Aroma 2001, el cual tuvo una 𝑀𝑤
de 6,9 (Anexo 3). Este sismo no generó rupturas superficiales, sin embargo, la sismicidad
registrada coincide con el posicionamiento de la flexura de Aroma, y, por lo tanto, se ha
correlacionado a una falla inversa de alto ángulo que subyacería a la flexión y pertenecería al
WVTS (Farías et al., 2005).
Las fallas del valle de Tinguiririca (Figura 21b; sección 3.1.3) asociadas al evento sísmico de Teno
2004 (Anexo 3) son parte de un sistema a gran escala de faja plegada y corrida de estratos
sedimentarios Mesozoicos y rocas volcánicas y volcanoclásticas del Cenozoico inferior que ha
sido denominado por distintos autores, en áreas diferentes, como El Baule (Mosolf et al., 2019),
El Fierro (Farías et al., 2010; Tapia et al., 2015), Infiernillo-Los Cipreses (Piquer et al., 2010), o
Maitenes-La Gloria (Parada, 2008). El potencial sismogénico de este sistema en su totalidad aún
63
no ha sido dilucidado, sin embargo, es evidente que existe una concentración de sismicidad en
las fallas que definen el borde este de la cuenca invertida de Abanico (e.g. Piquer et al., 2019)
por lo que es posible que otras fallas de este sistema también se encuentren activas y sean
potencialmente sismogénicas.
Por otra parte, se ha estimado que el evento principal de Las Melosas (1958), en la Cordillera
Principal a la latitud de Santiago (Anexo 3), ocurrió en una falla ciega con desplazamiento
siniestral en un plano de falla de rumbo NNE, o en una falla con desplazamiento dextral y rumbo
WNW (Alvarado et al., 2009; Sepulveda et al., 2008). Esta actividad, sumada al historial Neógeno
de las fallas de los Andes Centrales, da indicios de un potencial sismogénico no cuantificado.
Con los datos existentes no ha sido posible discriminar entre las dos soluciones posibles, pero
ambos planos de falla son consistentes con las tendencias regionales de orientación de los
grandes sistemas de fallas identificados como Estructuras Fundamentales del Basamento (EFB;
Piquer et al., 2019).
Análogamente a las FTAS, se ha observado que estas EFB –entre las que se encuentra la falla
Río Colorado descrita por Lavenu & Cembrano (2008)– tuvieron un rol significativo en el
emplazamiento de depósitos minerales al desarrollar una relación causal con el flujo de fluidos
corticales, siendo las áreas de máximo daño estructural, y permeabilidad exacerbada, las
intersecciones de estos sistemas de falla de escala regional, donde, además, se han observado
concentraciones de sismicidad (Piquer et al., 2019; Sielfeld et al., 2019b). Es posible que procesos
similares a los responsables de generar los yacimientos minerales expuestos en superficie se
encuentren activos en profundidad, pudiendo estas estructuras encontrarse activas.
64
3.2. APLICACIÓN DE RELACIONES EMPÍRICAS Y ESCENARIOS DE RUPTURA
EN EL SISTEMA DE FALLAS LIQUIÑE-OFQUI
La aplicación directa de las relaciones escalares a los largos de traza de los principales segmentos
del SFLO (trazas iniciadoras en Figura 23) produce las distribuciones presentadas en la Figura
22. Por otra parte, en el Anexo 5 se representan las magnitudes obtenidas para todos los sistemas
estudiados, aplicando las regresiones de Wells & Coppersmith (1994) para largo de traza según
mecanismo cinemático. Las magnitudes más grandes se obtienen para los sistemas SFA y SFLO.
Figura 22. Distribución de largos (a) y magnitudes de momento (b) obtenidas para las trazas principales del SFLO
a partir de las relaciones escalares aplicadas que se detallan en la Tabla 5. Los contornos punteados indican las
relaciones empíricas fuera de su rango de calibración.
La Figura 23 muestra la participación total de cada traza del SFLO, ponderada a partir de los
repliegues de escenarios de cada traza iniciadora, asumiendo que cada traza iniciadora tiene igual
probabilidad de iniciar ruptura. Las Figura 25 y 26 muestran lo mismo para las áreas ‘Liquiñe’ y
‘Aysén’, respectivamente.
65
66
Figura 23. Participación de trazas individuales en el total de rupturas generadas a partir de todas las trazas
iniciadoras definidas para el SFLO, considerando únicamente las trazas clasificadas como “observadas”, orientación
variable de 𝑆𝑚á𝑥 , una distancia de salto máxima de 6 km, y aplicando las ecuaciones de Biasi & Wesnousky (2016;
2017) descritas en el texto para definir la ponderación de cada escenario. Las trazas inferidas fueron descartadas
previamente, mientras que las trazas en gris no participan en ningún escenario de ruptura por ser descartadas a partir
de los criterios antes descritos.
Figura 24. Distribución de probabilidades acumuladas para los escenarios de ruptura del SFLO con los parámetros
descritos en la Figura 23. a) Distribución probabilística de los largos obtenidos en los distintos escenarios. b)
Distribución probabilística de las magnitudes de momento (𝑀𝑤 ) obtenidas a partir de las relaciones escalares
aplicadas detalladas en la Tabla 5. Los contornos punteados indican las relaciones empíricas fuera de su rango de
calibración.
En el área ‘Liquiñe’ (Figura 25) la mayor participación se concentra en las secciones norte de la
falla Maqueo, una de las estructuras no inferidas más largas del área, donde ésta tiene
orientaciones ~N10°E. Análogamente, en el área ‘Aysén’ (Figura 26) la mayor participación se
concentra en la falla Río Cuervo, la estructura más prominente en la zona, considerada un brazo
principal a nivel cortical del sistema de fallas Liquiñe-Ofqui.
67
Figura 25. Rupturas modeladas para el Área ‘Liquiñe’ considerando una orientación de 𝑆𝑚á𝑥 = N48°E (interpolada
de los datos del World Stress Map para el área), una distancia de salto máxima de 6 km, y aplicando las ecuaciones de
Biasi & Wesnousky (2016; 2017) descritas en el texto para definir la ponderación de cada escenario. a) Participación
de trazas individuales en el total de rupturas generadas a partir de todas las trazas iniciadoras definidas para el SFLO
en el Área ‘Liquiñe’, considerando únicamente las trazas clasificadas como “observadas”. b) Ruptura con mayor
probabilidad ponderada a partir del inicio de ruptura en todas las trazas iniciadoras del área. c) Ruptura más larga
generada a partir del inicio de ruptura en todas las trazas iniciadoras del área.
68
Figura 26. Rupturas modeladas para el Área ‘Aysén’ considerando una orientación de 𝑆𝑚á𝑥 = N46°E (interpolada
de los datos del World Stress Map para el área), una distancia de salto máxima de 6 km, y aplicando las ecuaciones de
Biasi & Wesnousky (2016; 2017) descritas en el texto para definir la ponderación de cada escenario. a) Participación
de trazas individuales en el total de rupturas generadas a partir de todas las trazas iniciadoras definidas para la el
SFLO en el Área ‘Aysén’, considerando únicamente las trazas clasificadas como “observadas”. b) Ruptura con
mayor probabilidad ponderada a partir del inicio de ruptura en todas las trazas iniciadoras del área. c) Ruptura más
larga generada a partir del inicio de ruptura en todas las trazas iniciadoras del área.
69
4. DISCUSIÓN
Al analizar distintos factores individualmente no se observa una clara correlación entre estos y
los largos de traza de los grandes sistemas, las distribuciones de largo de traza de cada sistema
parecen responden más bien a la influencia conjugada de las consideraciones propuestas: (1)
edad de la roca caja, (2) control reológico, (3) mecanismos cinemáticos de las estructuras
derivados del régimen estructural imperante y (4) la edad del sistema en sí.
Por ejemplo, la diferencia en los largos de trazas del SFA y del SFLO, ambos originalmente
sistemas de rumbo, radica en que la roca caja en ambas zonas tiene edades significativamente
diferentes, por lo que para el SFLO además de las trazas muy largas que caracterizan a ambos
sistemas, se evidencian trazas muy cortas de edades mucho más recientes que probablemente no
evidencian movimientos sucesivos como el SFA.
Por otra parte, el coeficiente de fricción, y por lo tanto el tipo de roca en el que se generan las
rupturas, podría tener un rol significativo en los largos de traza alcanzados por un sistema de
falla. En este sentido, por ejemplo, las trazas de la costa del centro-sur tenderían a ser más largas
porque se expresan en el basamento (Figuras 12 y 14), lo que les permitiría alcanzar mayores
longitudes, mientras que las trazas de falla en el arco y antearco, por presentarse principalmente
en rocas volcánicas e intrusivas tendrían una tendencia a ser más cortas (Figuras 15, 16 y 17).
Esta hipótesis no pudo ser comprobada ni descartada debido a que parte de las fallas del antearco
costero han sido reconocidas y mapeadas afectando unidades cuaternarias, lo que
inevitablemente afecta las distribuciones de largo. Una clasificación exhaustiva de los datos
podría arrojar mayores antecedentes.
70
La edad del sistema influiría en el largo de traza al controlar su madurez estructural y sus
interacciones. Teóricamente, mientras más antiguo el sistema, menor su complejidad estructural
debido a que con un aumento en el desplazamiento neto ocurriría un suavizamiento de las trazas
y una correspondiente disminución en el ancho de su zona de daño (e.g. Wechsler et al., 2010;
Wesnousky, 1988). Esto supondría diferencias significativas en sistemas con distintas edades de
inicio de actividad. Sin embargo, la distribución de largos de traza de los grandes sistemas de
fallas en Chile sugiere que este efecto no es tal, probablemente debido a la existencia conjunta
de procesos que agregan asperezas como lo es el movimiento en sistemas de fallas transversales.
Este es el caso del SFLO y las FTAS, donde el desplazamiento de un sistema supone la adición
de rugosidades al otro. Por otra parte, para las estructuras consideradas como heredadas de la
tectónica pre-Andina la propagación vertical a través de coberturas superpuestas produciría
menores longitudes de traza, por lo que las trazas en la Cordillera Principal (FTAS) tendrían
longitudes menores que aquellas que se expresan en el basamento (FTAC).
Una de las principales características del modelo propuesto es la sensibilidad de las rupturas
permitidas a cambios en los parámetros y consideraciones incorporadas. Por ejemplo, la Figura
27 muestra el efecto en la viabilidad de escenarios derivados de la falla Liquiñe que tiene el paso
desde una orientación de 𝑆𝑚á𝑥 obtenida a partir de la interpolación de los datos del World Stress
Map (Heidbach et al., 2018) a aplicar una orientación de 𝑆𝑚á𝑥 = N77°E como stress horizontal
máximo de carácter regional, en referencia a la orientación de convergencia de placas. En este
sentido, una rotación de 29° en la orientación del 𝑆𝑚á𝑥 induce cambios significativos en los
escenarios viables, al restringir la continuación de la ruptura en una misma falla y favorecer
cambios drásticos de orientación (Figura 27d).
Por otra parte, como aproximación inicial a la modelación de rupturas en cascada solo se
consideraron las trazas observadas, sin embargo, es evidente que la incorporación de trazas
inferidas podría agregar probabilidad a escenarios más largos y modelar rupturas más complejas.
Esto se evidencia para las rupturas en cascada generadas a partir de una traza de la falla Punta
Cola en Aysén (Figura 28) donde la incorporación de trazas inferidas aumenta significativamente
la participación de otras trazas observadas y permite la incorporación de escenarios más largos
cuya menor ponderación se asocia a la mayor cantidad de escenarios generados. Con relación a
este aspecto, el hecho de que la probabilidad se asocie al número de trazas utilizadas y la cantidad
de escenarios que de estas derivan disminuye la significancia de los escenarios más probables o
largos observados a partir de la modelación, siendo la participación el indicador más significativo.
71
Figura 27. Escenarios de ruptura para la traza 23266 (Falla Liquiñe, destacada en amarillo) en el Área ‘Liquiñe’. En
la parte superior se muestran a) la participación, b) el escenario con mayor probabilidad y c) el escenario más largo
derivado del inicio de ruptura en la traza 23266 considerando una orientación de 𝑆𝑚á𝑥 = N48°E, mientras que en
los recuadros inferiores se presentan d) la participación, e) el escenario con mayor probabilidad y f) el escenario
más largo derivado del inicio de ruptura en la traza 23266 considerando una orientación de 𝑆𝑚á𝑥 = N77°E.
72
73
Figura 28. Escenarios de ruptura para la traza 37249 (Falla Punta Mano, destacada en amarillo) en el Área ‘Liquiñe’.
En la parte superior se muestran a) la participación, b) el escenario con mayor probabilidad y c) el escenario más
largo derivado del inicio de ruptura en esta traza considerando solo las trazas observadas; mientras que en los
recuadros inferiores se presentan d) la participación, e) el escenario con mayor probabilidad y f) el escenario más
largo derivado del inicio de ruptura en esta traza considerando trazas observadas e inferidas.
A pesar de que los largos de ruptura posibles se obtuvieron a partir de probabilidades derivadas
de observaciones empíricas, contrario a un enfoque netamente estadístico –donde 𝑀𝑚á𝑥
corresponde a una "máxima magnitud posible"– la metodología aquí planteada para determinar
𝑀𝑚á𝑥 se relaciona directamente a un enfoque determinístico, ya que es obtenida a partir de la
regresión del largo de la ruptura planteado para cada escenario en específico y, por lo tanto,
corresponde a una "máxima magnitud creíble".
Sin embargo, la aplicación de estas relaciones empíricas genera un amplio rango de incertidumbre
para cada largo de ruptura, especialmente si se consideran varios catálogos y regresiones (Figura
29). Por ejemplo, para el largo de ruptura moda obtenida (~8,8 km), la ecuación de Leonard,
(2014; L14) entrega una 𝑀𝑤 de 5,74 ± 0,29, mientras que la de Wesnousky (2008; W08) un rango
de 6,38 ± 0,24. A partir de 45 km en adelante las variaciones tienden a estabilizarse, observándose
que las regresiones limítrofes son las de Wells & Coppersmith (1994; WC94) en las cuales para
un largo de 45 km se obtiene, según la regresión de 𝑀𝑤 -log(L), una 𝑀𝑤 de 7,01 ± 0,26, y según
la de 𝑀𝑤 -log(A), un rango de 6,77 ± 0,15.
74
Figura 29. Regresiones empíricas de 𝑀𝑤 -log(L) y 𝑀𝑤 -log(A) aplicadas (regresiones y acrónimos detallados en Tabla
5) y función de densidad de probabilidad (PDF) de los largos obtenidos para los escenarios de ruptura en cascada
derivados de trazas observadas en el SFLO.
Por otra parte, la existencia de otros tipos de barreras que poseen un control sobre los límites de
ruptura también presenta limitaciones significativas a la aplicación directa del modelo aquí
propuesto a EPS.
Los límites de una ruptura sísmica y, por lo tanto, su largo total, están controlado por una
variedad de procesos físicos que deben ser considerados al evaluar el potencial sismogénico de
una fuente cortical. En su revisión bibliográfica sobre largos de traza de fallas corticales,
Schwartz (2018) concluye que los factores más importantes en el largo final de una ruptura son:
(1) conectividad de la estructura, (2) ocurrencia de rupturas previas, (3) desplazamiento asísmico,
(4) dinámica de ruptura (como los efectos del estrés regional y local en intersecciones de traza),
(5) variabilidad friccional y (6) velocidad de ruptura.
75
la consideración de un rango óptimo de continuación con base en el campo de estrés imperante.
Si bien a cabalidad, esto parámetros sólo evalúan la conectividad de la estructura en dos
dimensiones y, en parte, la dinámica de la ruptura.
La influencia de otros parámetros más allá de las limitaciones geométricas aquí consideradas se
ve evidenciada también en las terminaciones de rupturas históricas a nivel mundial. Si bien
Wesnousky (2008, 2006) demuestra que para rupturas históricas en fallas de rumbo alrededor de
dos-tercios de los límites de ruptura se asocian a discontinuidades o el término de trazas activas
de fallas, esto a su vez implica que para las 22 rupturas analizadas por este autor, 14 de 51
terminaciones de ruptura ocurren en lugares donde la traza activa continua (en su mayoría por
más de 20 km) y, por lo tanto, no se asocian a discontinuidades. De hecho, sólo 22 de las 46
rupturas (48%) consideradas por Biasi & Wesnousky (2016) tiene ambos límites de propagación
de ruptura en discontinuidades cartografiadas (espacios y saltos laterales). Este tercio remanente
derivado de los datos de Wesnousky (2006) es una cifra significativa que reduce las implicancias
del modelo, puesto que se asumió que las trazas completas se ‘rompen’ de manera uniforme.
Que las rupturas no continúen a lo largo de las trazas observadas podría explicarse por los
siguientes factores:
1. La existencia de barreras por sombra de estrés o retardo de fase (Scholz, 2019), es decir,
la influencia del historial de ruptura sobre las rupturas futuras. Debido a que el
conocimiento de terremotos anteriores y sus distribuciones de desplazamiento son
escasos en fallas corticales, particularmente en Chile, este tipo de barreras son
usualmente irreconocibles.
77
4.2. MECANISMOS DE ACTIVACIÓN E INFLUENCIA DEL CICLO SÍSMICO DE
SUBDUCCIÓN
Para comprender los tiempos potenciales de reactivación de fallas corticales en Chile, un factor
preponderante a considerar es la relación dinámica existente entre éstas, la convergencia de
placas y los grandes terremotos de subducción. Los terremotos interplaca pueden producir
transferencias y cambios estáticos de stress a las fallas que rodean un área de ruptura, las cuales
subsecuentemente pueden responder con rupturas superficiales y reactivaciones de arrastre.
Se ha sugerido que las zonas de subducción pueden ser divididas en segmentos sismo-tectónicos
semi-independientes. Dichos segmentos pueden reflejar la expresión topográfica y estructural a
largo plazo de numerosos ciclos de terremotos, formando así entidades geomorfológicas con
estilos y tasas de deformación diferenciables a largo plazo. En Chile, son varios los estudios que
han apuntado a la existencia de fallas corticales como uno de los factores que influencia la
segmentación del margen de subducción. Se ha propuesto que la deformación anelástica en la
placa superior, producida en fallas corticales de mayor envergadura, tendría el potencial de
controlar los límites de segmentación del CSS al restringir las rupturas del megathrust (Melnick et
al., 2012, 2009), también se ha sugerido, para el norte de Chile, que las variaciones en el grado
de acoplamiento de la zona sismogénica podrían ser controladas por fallamiento cortical en la
placa superior (Cortés-Aranda et al., 2015). Aron et al. (2013) sugieren que es altamente probable
que fallas corticales con orientaciones favorables respecto al desplazamiento cosísmico se activen
durante esta fase, segmentando la zona de ruptura.
Por otra parte, a partir de observaciones empíricas de años recientes se ha hecho evidente que
los terremotos interplaca en Chile pueden gatillar eventos corticales en fallas del antearco
costero. Terremotos de subducción como el del Maule 𝑀𝑤 8,8 de 2010 y subsecuentes réplicas
intraplaca superficiales, donde las mayores de ellas fueron de 𝑀𝑤 6,9 y 7,0 en la falla Pichilemu
(Aron et al., 2014), subrayan la importancia de la relación entre fallas corticales y los terremotos
interplaca. El fenómeno antes descrito también ha sido evidenciado tras otros eventos sísmicos
de subducción como el 𝑀𝑤 9,1 de Tohoku-Oki, Japón de 2011 (Toda & Tsutsumi, 2013) y
probablemente existen ejemplos adicionales. En Chile, además, un evento similar, pero de menor
magnitud, también ha sido sugerido en el caso del terremoto de La Araucanía 𝑀𝑤 7,1 de 2011,
para el cual se ha planteado una configuración de ruptura particionada entre el evento principal
interplaca y la reactivación de la falla normal Mocha-Villarrica, concluyéndose que cualquier
ruptura en la interfaz de subducción podría provocar un deslizamiento cortical casi instantáneo
en la placa superior (Hicks & Rietbrock, 2015).
78
79
Figura 30. Fallas corticales activas y su relación a la segmentación de la interfaz de subducción. a) Extensión de
los principales terremotos de subducción históricos en Chile compilado por Ruiz & Madariaga (2018). El color de
la línea señala los dominios en los que se concentró el desplazamiento; A, gris; B, rojo; C, verde; evento de
megacabalgamiento en negro. b) Relación entre las fallas corticales activas del antearco y los dominios A-B-C en
profundidad de la interfaz de subducción (Lay et al., 2012) c) Estructura cortical esquemática indicativa de los
dominios A-B-C.
Así, la cinemática de reactivación de fallas corticales dependerá en gran medida de la fase en que
se encuentre el CSS no solo en fallas del antearco costero, sino también fallas en otros segmentos
longitudinales como el arco volcánico. En este aspecto, con base en simulaciones, se ha
propuesto que durante la fase cosísmica, tanto el SFLO como las FTAS invierten su cinemática:
el SFLO tiene reactivaciones de tipo siniestral, y las FTAS, normal-dextral (Stanton-Yonge et al.,
2016). Lo mismo se observa en las FTAC, donde muchas de estas estructuras de orientación
NW son reconocidas con cinemática inversa a inversa-siniestral, muestran patrones de
microsismicidad consistentes en el intersísmico (Lira et al., 2015), y, sin embargo, las evidencias
de actividad más significativas son los sismos de Pichilemu gatillados durante la fase cosísmica,
con cinemática normal.
Por otra parte, la segmentación de la interfaz de subducción no ocurre solo a nivel longitudinal,
sino que también de profundidad. Por ejemplo, tanto las fallas Santa María, Pichilemu y Mocha
son estructuras de manteo hacia la fosa, reactivadas en asociación al evento de Maule 2010, sin
embargo, de cinemáticas aparentemente diferentes tanto durante su reactivación cosísmica, así
como a escalas milenarias (Aron et al., 2013; Farías et al., 2011; Lange et al., 2012; Li et al., 2014;
Melnick et al., 2012; 2013). Se ha observado que sus reactivaciones bajo distintos mecanismos
cinemáticos responden a su posicionamiento espacial respecto al foco de desplazamiento del
evento principal interplaca (Melnick et al., 2013) lo que se comprueba con las modelaciones de
stress de Coulomb realizadas para distintas zonas del margen costero chileno (e.g. Cortés-Aranda
et al., 2015; Melnick et al., 2019) y las modelaciones 2D de elementos finitos, tomando en cuenta
el efecto de la gravedad y variaciones en el coeficiente de fricción, de Li et al. (2014).
La Figura 30 resume la relación espacial existente entre las fallas corticales compiladas para el
Antearco Costero y la segmentación de la interfaz de subducción en Chile, representada por la
80
extensión longitudinal de terremotos históricos y los dominios A-B-C en profundidad
propuestos por Lay et al., (2012). La mayoría de las fallas evaluadas se presenta directamente
sobre el dominio C y no se extienden más allá de dicho dominio, exceptuando fallas consideradas
como “heredadas del basamento” (e.g. falla Lanalhue) y, por otra parte, las fallas presentes en
penínsulas como Mejillones, Arauco, y Tongoy. Esto guarda relación con el hecho de que no se
hayan incluido fallas submarinas y la observación de que el margen costero coincide con la
intersección en profundidad de la placa oceánica en subducción y el moho continental.
81
4.3. DESAFÍOS EN LA CREACIÓN DE LA BASE DE DATOS
Cabe destacar que aquí, para el propósito de la base de datos, las fallas fueron re-mapeadas
siguiendo las interpretaciones que mejor coincidiera con lo derivado de la observación de los
DEM, existiendo variados casos en que las diferencias en lo planteado por distintos autores
pueden ser sustanciales, a escalas diferentes o similares debido a la variabilidad en la
interpretación de las observaciones realizadas (Figura 31). Estas diferencias se identifican,
además, en materias complejas e interpretativas como el historial de reactivación de una falla o
los límites de actividad de un sistema (e.g. CAO, sección [Link]. ), pero también en la
nomenclatura utilizada para identificarlas (e.g. Falla Cerro Moreno/Aeropuerto). Esto conlleva
que no todos los datos presentes en la bibliografía han sido incorporados a la base de datos, con
el fin de que ésta sea un recurso armonizado.
De esta manera, a pesar de que no todas las observaciones pudieron ser incorporadas (Figura
31), la utilización de los recursos digitales propuestos para el mapeo a una escala uniformada
permitió la unificación de los resultados de distintos autores y las nuevas observaciones
realizadas de manera sistemática, elaborando así una base de datos con consistencia interna entre
los sistemas de falla estudiados. Esta, además, presenta una mejor escala general de mapeo
(1:25.000) que compilaciones previas, lo que, sumado a la justificación para cada falla de
clasificarlas como activas o potencialmente sismogénicas, permiten la utilización de esta base de
datos como herramienta base para diversas evaluaciones de peligrosidad sísmica.
Aquí, se han compilado fallas corticales consideradas como potencialmente sísmicas, con
evidencias de actividad reciente o que han generado eventos sísmicos en tiempos históricos (e.g.
Pichilemu, Punta Cola, entre otras). Sin embargo, una región que recientemente ha
82
experimentado un terremoto significativo, y, por lo tanto, es usualmente representada como de
alta peligrosidad, en realidad posiblemente corresponda a una región de bajo peligro en el futuro
cercano, por encontrarse ahora en una etapa temprana de un nuevo ciclo sísmico. De esta forma,
las fallas con actividad reciente, catalogadas como las más certeramente activas, posiblemente
sean las que imponen la menor amenaza sísmica, dependiendo de la proporción en la caída de
stress durante su evento sísmico más reciente. Surge, entonces, a partir de la clasificación y
organización de fallas corticales activas, una necesidad evidente de discutir cuáles son las fallas
con mayor potencial sismogénico en Chile.
De los grandes eventos sísmicos de carácter cortical que se han producido en los últimos años
(Anexo 3) solo uno de ellos ocurrió en una traza de falla previamente identificada, sin embargo,
no cartografiada (Aysén, 2007). Esto probablemente sucede porque los terremotos en fallas
corticales han ocurrido en (a) fallas desconocidas o no cartografiadas, (b) fallas con tasas de
desplazamiento menores a las tasas erosivas y/o en (c) fallas ‘ciegas’. Que estas fallas ciegas no
afloren en superficie produce en el registro una menor representatividad de la actividad de estas
estructuras que ocurren principalmente bajo esfuerzos compresivos.
En este sentido, la poca utilidad del registro histórico en fallas corticales puede remediarse
mediante la incorporación de datos geológicos derivados de la excavación de trincheras,
obteniéndose así información relevante sobre las tasas de desplazamiento de ciertas fallas,
reforzadas con dataciones de eventos paleosísmicos. Para esto, se necesita mayor
reconocimiento del potencial de las estructuras corticales en Chile y un reforzamiento de
iniciativas que promuevan su estudio.
83
Figura 31. Ejemplos comparativos de la base de datos de Fallas Corticales Activas y Potencialmente Activas creada
a escala 1:25.000 y las interpretaciones de fallas corticales utilizadas como guía en su construcción realizadas por
distintos autores para el Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui (SFLO). Las trazas de la base de datos se muestran en rojo
(a) y azul (b). a) Terminación norte del SFLO a escala 1:500.000; b) Variabilidad en la estructura a gran escala del
SFLO cerca de su terminación sur, establecida por los múltiples autores descritos en la sección [Link].
De hecho, como se ha visto hasta ahora, la mayor parte de los estudios geológicos sobre los que
se basan las EPS comienza con el mapeo de las expresiones superficiales de falla, debido a que,
generalmente, hasta que no se produzca un evento sísmico significativo, muchas estructuras
84
permanecen ocultas (e.g. el evento sísmico de Aroma, 2001; Figura 10). A nivel mundial, son
escasas las circunstancias en que la actividad reciente de estructuras corticales activas ha sido
identificada sin presentarse una expresión superficial o haber ocurrido eventos sísmicos
significativos, siendo uno de estos casos excepcionales el de las fallas cubiertas por el Salar de
Atacama (Figura 20c) incorporadas en este compilación, cuya actividad pudo ser identificada por
Jordan et al. (2002) a través de estudios geofísicos. Este emblemático caso es, sin embargo, más
la excepción que la regla, de lo que se desprende que, probablemente, existe una cantidad
significativa de fuentes sismogénicas corticales aún no reconocidas en Chile.
Para la mayoría de las fallas y sistemas considerados se ha asumido que su expresión superficial
es representativa de su geometría en profundidad. Sin embargo, otro caso que difiere del resto
de las fallas incorporadas en este catálogo en este aspecto es el Sistema de Fallas Santa María
(Figura 21a), donde las trazas individuales integradas en la base de datos dan cuenta de la
expresión superficial de fallamiento, correspondiente al efecto del plegamiento producido por la
fuente sismogénica, interpretada en profundidad como una falla tipo splay enraizada en la interfaz
de subducción (Melnick et al., 2006a; Sección 3.1.3). Casos como este suponen un desafío a la
incorporación de este tipo de sistemas como fuente sismogénica.
Estructuras de gran escala en Chile como la falla Santa María y otras estructuras enraizadas en la
interfaz de subducción (e.g. Hicks & Rietbrock, 2015; Lieser et al., 2014), junto a fallas corticales
‘ciegas’ generan dificultades en la compilación de fallas activas puesto que sus trazas en
superficie, de existir, pueden no ser directamente aplicables a Evaluaciones de Peligro Sísmico.
Además, dan cuenta de la necesidad aún existente de incorporar dicha variabilidad en futuras
versiones de la base de datos, con consideraciones 3D de su geometría.
85
4.4. PASOS FUTUROS
Aquí, las fallas fueron posicionadas en dos categorías: Activas (certeza de actividad: probada) y
Potencialmente Activas (certeza de actividad: probable o posible) con base en la existencia, o no,
de evidencias conclusivas de desplazamiento recientes. Esta categorización fue creada para
incorporar fallas consideradas como sísmicamente amenazantes por distintos autores debido a
sus características comunes a fallas corticales con evidencias considerables de actividad. Sin
embargo, una mayor rigurosidad en la incorporación de estas fallas y sus parámetros de
incertidumbre sería beneficiosa. Por otra parte, una identificación e incorporación menos
selectiva de fallas corticales orientadas de manera adecuada respecto al campo de estrés de alguna
de las fases del CSS (certeza de actividad: Posible) y la consideración de criterios de actividad
como microsismicidad, permitiría uniformar la distribución espacial de este tipo de estructuras y
superar las limitaciones metodológicas enfrentadas en este trabajo.
Para mantener una calidad estándar y criterios uniformes, se recomienda que las bases de datos
de fallas activas deben actualizarse y revisarse minuciosamente de forma periódica. Una revisión
exhaustiva de los datos existentes pero aún no compilados, así como una revisión de las fuentes
de información originales para los datos ya compilados son prácticas comunes en este tipo de
bases de datos (e.g. García-Mayordomo et al., 2017). Así, de mantenerse constantemente
revisada, este catálogo podría consolidarse como una herramienta de gestión para la evaluación
del riesgo sísmico, así como también una forma conveniente de mostrar y compartir información
científica relativa a fallas corticales activas y potencialmente sismogénicas al público general.
Por otra parte, una mejora en la comprensión de los parámetros de fallas activas, en particular
aquellos paleosismológicos, permitiría sustentar herramientas de modelación más complejas en
la evaluación de propagaciones de ruptura, como la aplicación de modelos numéricos de ruptura
dinámica y modelaciones que involucren una cuantificación probabilística de la amenaza sísmica
a partir de dichas variables.
86
5. CONCLUSIONES
Se estudiaron las fallas corticales en Chile desde distintas perspectivas: a escala regional, a nivel
de los grandes sistemas de fallas corticales activas presentes en el territorio continental, y a nivel
de segmentos y trazas que componen las fallas individuales. La identificación y categorización
de los parámetros sismogénicos de fallas corticales permitió generar una base de datos piloto de
segmentos de fallas corticales activas y con posible potencial sismogénico. La fortaleza de esta
aproximación a la compilación de fallas corticales activas reside en la integración de los datos
disponibles en distintos niveles de información, aplicando la interpretación de DEM a distintas
escalas y resoluciones como estrategia armonizadora.
Se concluye que las discontinuidades estructurales heredadas y la interacción actual entre placas
son los principales controles de la distribución, geometría y cinemática de la deformación cortical
activa en Chile. Así, se propone una categorización de fallas corticales activas con base en sus
mecanismos comunes, diferenciándose principalmente por su ubicación en el marco tectónico
de subducción, tanto respecto a su posicionamiento en dominios morfoestructurales de carácter
longitudinal, como a la influencia de variaciones en parámetros de subducción a lo largo de las
latitudes abarcadas. Estos principales grupos de fallas con evidencias de actividad en los últimos
125.000 años, muchas de ellas en el Holoceno, corresponden a: Sistema de Fallas E-W (SFEW),
Sistema de Fallas de Atacama (SFA), Fallas Transversales a los Andes Sur (FTAS), fallas del
Cabalgamiento Occidental Andino (CAO), Fallas Transversales al Antearco Costero (FTAC), y
el Sistema de Fallas Liquiñe-Ofqui (SFLO).
87
estudiadas para el SFLO, resaltando la importancia de considerar escenarios multi-segmento en
las evaluaciones de peligrosidad sísmica.
Las posibles aplicaciones de estos resultados son amplias y pueden promover iniciativas para
reforzar colaboraciones, y mejorar el conocimiento y práctica de la evaluación de la peligrosidad
sísmica asociada a fallas corticales. Este catálogo puede ayudar a comprender las relaciones
espaciales y temporales de las fallas activas a nivel local y regional y servir como guía para
identificar áreas con necesidad de estudios paleosismológicos.
88
6. REFERENCIAS
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108
7. ANEXOS
Anexo 1. Modelos digitales de elevación disponibles para la realización de este trabajo. Los datos
LiDAR utilizados para algunas zonas no se muestran en este mapa.
20°S
TanDEM-X 12,5 m
SRTM 30 m
25°S
30°S
35°S
40°S
45°S
50°S
55°S
109
Anexo 2. Selección de 26 trazas de falla de las 940 incluidas en la base de datos, con sus
parámetros.
prof_max-m
prof_min-m
manteo_dir
largo-km
manteo
rake
id dominio nom_falla (nom_trazas) lat long tipo rumbo sentido_mo
Chomache (Chomache,
1015 SFA -70,064 -21,150 O N20-43°W 75-90° E 8-14° Dextral 22,53 0
Antena, Bahía Blanca)
1019 SFA Sierra del Ancla (SdC) -70,315 -23,670 O ~N20°E 72-84° E Normal >23
Normal -
1022 SFA Mejillones -70,490 -23,108 O N10°E 60-70° E 80-70° 40,00 0 23
Siniestral
1029 SdA Sistema de falla Peine -68,099 -23,424 C N12°E W Inversa 38,58
alto
2001 Caldera Caldera -70,835 -27,090 O N55°E W Normal 7,00
ángulo
10-
3001 WAT San Ramón -70,518 -33,465 O N-S 45-65° E Inversa 35-40 0
12
4011 ZFLO Ralco (En río Bio-Bío) -71,371 -38,107 O N33°E 5,41
5018 El Salton -73,020 -47,531 O N120-90°E 50-80° SSW ~60° Normal 23,76
id ev_recient edad_dep ev_geom
Se asocia a una estrecha terraza marina Pleistoscena que se presenta aislada donde
1001 la traza de la falla llega al mar, y su continuación submarina es consistente con los
mecanismos focales de un sismo cortical ocurrido en 2014.
La falla Chomache corta los abanicos aluviales más jóvenes y desplaza el escarpe
1015 costero Plio-Pleistosceno, lo que sugiere que su desplazamiento dextral es de edad
Pleistoscena u Holocena
1018
1022 3,3±0,3 ka
3014
4036
En un corte de camino puede observarse que la
falla afecta una secuencia de depósitos 11,4±0,81 ka
4038 piroclásticos generando un desplazamiento de (Pumita
0,5 m en una capa de pómez correlacionada a la Neltume)
Pumita Neltume (~ 11 ka)
Varios elementos morfológicos indican la
actividad reciente de la falla, tales como surcos de Este lugar se caracteriza por una inflexión geométrica del drenaje en sentido N-S,
4052 erosión alineados, escarpes parcialmente con un valle encajonado que se abre desarrollando tres niveles de depósitos de
conservados, drenajes desplazados y capturas planicie de inundación, restringidos a la zona de inflexión.
hidrográficas.
4057 Interrumpe y separa a la falla Reigol - Pirehueico.
4058
En su sector norte se observa que promueve el cabalgamiento de depósitos
4064
morrénicos por sobre depósitos lacustres.
A partir de imágenes satelitales se observaron
redes de drenaje sistemáticamente desplazadas
5001
que constituirían una evidencia preliminar de
desplazamiento transcurrente dextral holoceno.
5003
Se expresa como dos ramales que generan un pequeño pop-up con separaciones
5005
verticales que varían entre ~1,4 y ~4,8 m.
Genera un punto de inflexión en el Río Baker, el
5018
cual ha estado libre de hielo desde al menos 13
ka y genera una erosión fluvial rigurosa por lo
El Río Baker (normalmente meandriforme) sigue en este sector un pronunciado
escarpe con paredes inclinadas, que delimita una llanura de inundación y se asocia
111
que se asume que es ta desviación es de origen a un abrupto salto de 15 m que forma un knic kpoint distintivo.
tectónico y no glacial.
edad_ult_m
ev_desp_as
tasa_des_h
tasa_despl
tasa_des_v
inicio_act
int_rec
id sis_asoc
1015 2100 a
1019
23-5 Ma
0,61 ± 0,26 5±3,5
1022 (Mioceno- 0,47 mm/a sí 3,5 ka
mm/a ka
Plioceno)
1029
2001
0,13-0,4 2500 -
3001 8 ka
mm/a 10000 a
~0,2
3010
mm/a
Parte de una secuencia de sismicidad volcano-tectónica se asocia a este
3014 lineamiento. El evento principal (Mw 6,2) de carácter tectónico registrado
el 6 de junio de 2012 fue seguido por cerca de 600 eventos.
Se han registrado múltiples clusters de rupturas corticales entre
4001 ~275 Ma profundidades de 1 y 22 km, incluyendo un terremoto ML 5,2 a 12 km de
profundidad con mecanismos focales dextrales.
Eventos sísmicos asociados a esta falla forman un cluster alineado
4002 continuamente entre profundidades de 5 km hasta la interfaz de placa (27
km).
0,50 ± 0,02
4003
mm/a
4006
4010
4011
4036
4±0,05 -
>0,05
4038 11,4±0,81
mm/a
ka
4057
4058
4064
5001
5003
De la crisis sísmica de Aysén 2007, se le asocian varios focos sísmicos con
5005
magnitudes Mw 3,0.
Fecha
Prof.
Nombre 𝑀𝑤 Lat, Long Tipo Descripción Referencias
(km)
La sismicidad registrada
coincide con el
19,589°S Legrand et al.
Aroma/ 2001 posicionamiento de la flexura
6,9 69,314°W 5 Dextral (2007); David
Chusmiza 24/07 de Aroma, pero no se
(2007)
observaron evidencias
recientes.
Evento cortical considerado
como precursor al terremoto
interplaca 𝑀𝑤 8,1 de 2014 en
2014 19,74°S González et al.
Pisagua 6,7 12 Inversa Pisagua. Traza submarina
16/03 70,92°W (2015)
oculta correlacionada como
continuación de la falla
Pisagua en tierra.
Normal
Secuencia sísmica intraplaca
y Ryder et al.
2010 6,9 y 34,5°S post Maule 2010 que generó
Pichilemu 12,9 Normal (2012)
11/03 6,7 72,1°W dos eventos principales, uno
-
15 minutos tras el otro.
Dextral
Secuencia sísmica sin Sepúlveda et al.
Las 1958 6,9[1] 33,826°S 15[1] evidencias superficiales con (2008)[1];
Melosas 04/09 6,3[2] 70,140°W 5 - 9[2] dos posibles planos de falla Alvarado et al.
que generó fuertes daños. (2009)[2]
González
(2008);
Teno/ 2004 34,93°S No existe claridad respecto a
6,5 4,7 Inversa Charrier et al.
El Fierro 28/08 70,56° W la falla que generó este evento.
(2004); Comte
et al. (2008)
Parte de una secuencia
El 2012 36,1°S Cardona et al.
6,2 Dextral volcano-tectónica de casi 600
Melado 06/06 70,9°W (2018)
eventos.
Eventos principales de una
2007 secuencia de 7200 eventos. Legrand et al.
2/04 6,1 y 45,374°S 5,3 y
Aysén Dextral Provocaron deslizamientos de (2011); Mora et
y 6,2 73,045°W 4
tierra generando un tsunami al. (2010)
21/04
que cobró 10 víctimas.
114
Anexo 4. Gráficos de caja y bigote para distribuciones de largos de trazas de los principales
sistemas de fallas en Chile ordenadas (de izquierda a derecha) según los distintos factores. a)
Edad de la roca caja, b) Control reológico, c) Mecanismo cinemático y, d) Edad del sistema. No
se observa ninguna correlación clara entre la disminución esperada y lo observado.
115
Anexo 5. Estimación de magnitud de momento (𝑀𝑤 ) a partir del largo (L) para las trazas de la
base de datos utilizando las regresiones empíricas de Wells & Coppersmith (1994) de 𝑀𝑤 -log(L).
a) Resultados de las regresiones para trazas “observadas”. b) Resultados de las regresiones para
trazas “observadas” e “inferidas”.
116