UNIDAD 7: ECONOMIA ARGENTINA
La historia económica argentina empieza a analizarse en el libro desde los procesos
económicos de la organización nacional, o sea a partir de la caída de Rosas y la creación
de la confederación Argentina en 1852 y la posterior creación de la república.
Medio siglo después de la declaración de la independencia política, la Argentina era aun
una sociedad tradicional. Prácticamente no había industrias, ni comercios, ni habitantes.
Apenas algo más de un millón y medio de personas Vivian en un extenso territorio que
estaba en su mayor parte ocupado con chacras.
Los centros comerciales punteaban en el interior y algunos ganaderos producían cueros y
carne salada para la explotación. La mayor parte de la tierra pampeana estaba
inexplotada. El sistema político reflejaba estancamiento. La violencia seguía siendo el
instrumento básico de poder. A pesar de las prescripciones legales de elecciones, la
participación popular era despreciable y las decisiones políticas se adoptaban por medio
de las balas antes que de los votos.
La dotación de factores de producción: tierra, trabajo y capital. Estas tres aristas estaban
sin explotar hacia mediados del siglo XIX.
Etapa primario exportadora 1862-1930
A partir del desplazamiento de rosas, la creación de la confederación Argentina y luego la
definitiva organización Nacional en 1862, y en tan solo tres décadas, la República
Argentina experimento profundos cambios, que se reflejaron en un aumento notable de
los factores de producción. Habiendo multiplicado su dotación de factores, argentina
experimento una explosión productiva que genero incluso admiración mundial. Se alentó
la inmigración de origen europeo, lo cual genero un aumento muy importante de la mano
de obra disponible.
Se produjeron fuertes aportes de capital, principalmente de origen inglés que fueron
utilizados para desarrollar una muy importante infraestructura y diversas redes de
servicios complementarios (ferrocarriles, puertos, telégrafos, bancos, etc) y se llevó a
cabo la llamada Conquista del desierto, que desplazando a los pueblos originarios,
incorporo millones de hectáreas al sistema productivo capitalista.
Dicho proceso fue acompañado por cambios institucionales notables. En muy poco tiempo
la Republica se dio una Constitución, organizo un sistema judicial relativamente confiable
y articulo una batería de leyes que brindaron las condiciones de lo que actualmente
denominamos “calidad institucional y seguridad jurídica”.
La lectura más razonable apunta a considerar que, en realidad, actores externos, de
manera directa e indirecta, estaban motorizando estos cambios, ya que existía un interés
muy fuerte para sumar nuestro territorio al sistema productivo global.
Para entender este proceso en nuestro territorio, hay por lo tanto que comprender los
cambios que se estaban produciendo en Europa y particularmente en los mercados
globales en general. Ocurre que comenzaba a gestarse la división internacional del
trabajo, escenario en el cual países como la Argentina estaban destinados a producir
materias primas y alimentos para los mercados globales.
Esta división internacional del trabajo podía explicarse a través de las nuevas
necesidades que planteaba la Revolución industria, que había generado cambios
tecnológicos notables, sobre todo en el ámbito de transporte y comunicaciones. Aquí no
solo importa considerar el ferrocarril y el telégrafo, sino que se habían producido también
cambios en el transporte marítimo, con barcos de carga que ahora podrían transportar
gran cantidad de mercaderías a bajo costo.
El periodo primario exportador, la argentina se sumó productiva y comercialmente, con
gran fuerza a los mercados mundiales como proveedor de materias primas e importador
de productos industrializados. Productor en gran escala de bienes primarios.
Para que la Argentina pudiera cumplir el carácter de proveedor en gran escala de
productos primarios para la economía mundial, no solo bastaba con la potencialidad
productiva de la llanura. Se imponía desarrollar una infraestructura de transporte que
permitiera trasladar la producción a los puertos, rápidamente y con un bajo costo. La
creación de la República Argentina, permitió desarrollar las leyes que institucionalizaron el
país, lo cual genero seguridad jurídica que los capitales extranjeros requerían.
El desarrollo de la red ferroviaria fue una de las llaves que permitió impulsar este proceso.
El país era una factoría que producía alimentos y materias primas para los mercados
mundiales, con un escaso o nulo proceso de agregado de valor. Como contrapartida, la
escasa industrialización planteaba una masiva importación de productos manufacturados,
no solo de bienes de capital o bienes de consumo durable, sino también de bienes de
consumo.
La primera guerra mundial, entre 1914 y 1918, genero un temporario desabastecimiento
de productos desde Europa que implico un incipiente proceso de industrialización, y que a
partir de la década del 20 fue comenzando a visualizarse el progresivo ingreso de
capitales norteamericanos, con la intención de instalar plantas febriles en la argentina,
orientadas a abastecer el mercado interno. Sin embargo, lo anterior de ninguna manera
marco una tendencia general, solo se trató de casos particulares a nivel micro, que no
afectaron las condiciones generales del sistema productivo, profundamente primarizado,
en el marco de una economía abierta al mundo.
El desarrollo de los ferrocarriles, en forma radial sobre el territorio con eje en los puertos
de BS AS y Rosario, genero una concentración de actividades productivas y un amplio
desarrollo de la zona pampeana, pero hirió de muerte a muchas de las industrias que se
sostenían en el interior del país, y que hasta ese momento habían sobrevivido a la
competencia externa.
A partir de este proceso, queda marcado el atraso relativo de muchas provincias del
interior, en relación a las provincias pampeanas, lo cual se tradujo en el transcurso del
tiempo en un nuevo proceso de inmigración, desde las provincias más pobres y sin
capacidad para generar empleo, hacia las provincias pampeanas y especialmente hacia
los grandes centros urbanos como Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Este proceso de
emigración interno, generaría parte del proceso de transformación social, en el marco de
la industrialización posterior, que daría surgimiento al peronismo, como nuevo movimiento
social y político, a partir de la década del 40.
Etapa de sustitución de importaciones- 1930-1976
EN este periodo hubo una menor influencia entre la economía mundial y el desempeño
económico de la Argentina, fue menos fuerte que en otras etapas. Esto se debió a que fue
la propia economía mundial la que genero las condiciones para un escenario menos
globalizado, donde la mayor parte de los países aplico medidas proteccionistas y le dio
más prioridad a su mercado interno que a los flujos internacionales. No solo el intercambio
de bienes se hizo menos dinámico, sino que también el movimiento de capitales tuvo más
trabas y perdió más fluidez. En este contexto, el escenario internacional sigue
condicionando el funcionamiento de la economía argentina pero de una manera menos
contundente.
A fines de la década del 20 se produjo una crisis económica de carácter internacional que
produjo transformaciones en los circuitos comerciales de todo el mundo, y que,
consecuentemente, obligo cambios muy significativos en las actividades productivas de
cada país.
Frente a los crecientes problemas sociales que se generaron en el marco de esta crisis, la
mayor parte de los países desarrollados opto por aplicar políticas proteccionistas que
afectaron negativamente el comercio mundial. Como resultado de este proceso, los
precios de los productos primarios que la Argentina colocaba en los mercados
internacionales se derrumbaron. El país perdió poder de compra, y frente a esto, se vio
obligado a sustituir progresivamente parte de su importación exterior por producción
interna. A esto se debe que muchos analistas denominen esta etapa como el periodo de
sustitución de importaciones.
Por otra parte, en este nuevo contexto el gobierno nacional comenzó a tener una
injerencia cada vez mayor en los procesos económicos. Se aplicaron crecientes
regulaciones de las actividades productivas y se impulsó decididamente la
industrialización del país, especialmente desde mediados de la década del [Link] el marco
de estas políticas, se propició una importante redistribución de los ingresos en favor de los
sectores asalariados, con el objeto de fortalecer el funcionamiento del mercado interno.
El proceso de industrialización se dio en primera instancia de manera espontánea debido
a lo cual se concentró en los llamados bienes de consumo. Recién a partir del primer
gobierno de Perón, el gobierno nacional se involucró abiertamente en el proceso de
industrialización. Se llevó a cabo el llamado Primer Plan quinquenal, que expreso un
esfuerzo para completar el proceso correspondiente a la por entonces denominada
industria liviana. Bajo la segunda presidencia de Perón, se impulsó el Segundo plan
quinquenal, que apuntaba a desarrollar la denominada industria pesada, con lo cual se
pensaba integrar todos los eslabones del proceso industrial.
En realidad, el proceso de desarrollo e la industria pesada quedo inconcluso en el
peronismo, que fue derrocado en 1955 y fue esa la posta que tuvo que tomar Frondizi a
partir del 58, en lo que dio en llamarse precisamente DESARROLLISMO. Con mayor o
menos énfasis, el intento de industrializar el país fue parte del esfuerzo de casi todos los
gobiernos civiles o militares, que se sucedieron en este periodo.
Por diversas razones queda claro que dicho esfuerzo no pudo completarse exitosamente
lo cual trajo aparejada diversas distorsiones sobre el funcionamiento de la actividad
económica, que fueron minando la productividad del sistema productivo, se tradujo en
inflación, en una creciente puja distributiva y progresiva pérdida de competitividad del país
frente a los mercados internacionales, todo lo cual hizo eclosión a mediados de la década
del 70.
Cuando la apuesta fue la industrialización, a través de empresas que operaban en el
mercado interno, los salarios son más altos que los convenientes debido a que se los mira
como parte de la demanda interna. Eso explica que este periodo de la historia argentina
se caracterice por una distribución muy equitativa, en gran parte debido a una política de
altos salarios.
Cuando se aplican políticas de apertura económica y se plantea un esquema de
competencia en el sector externo, los mejores salarios pasan a ser los más bajos, ya que
las mismas empresas ya no tienen como prioridad el mercado interno, sino el mundo, y en
ese contexto la clave es reducir los costos, incluyendo obviamente los costos salariales.
El final de este periodo, tuvo como hecho detonante el “rodrigazo” .Ante el peligro
inminente de una cesación de pagos, el ministro Celestino Rodrigo decidió llevar a cabo
una fuerte devaluación del peso que, en el marco de la delicada situación que atravesaba
el país, genero un incontenible proceso inflacionario, lo cual deterioro fuertemente los
salarios e hizo retroceder visiblemente los niveles de actividad productiva. Esta situación
de desmanejo afecto la estabilidad del gobierno y contribuyo, a crear las condiciones para
el golpe militar del 1976.
Los ciclos externos estaban jugando aquí también un Rol. En 1973 se había producido un
golpe en los precios internacionales del petróleo, a partir de una decisión de la OPEP , lo
cual afecto los costos de producción en casi todo el mundo e impulso un proceso
inflacionario a nivel global. Nuestro país quedo ciertamente acomodado en ese escenario.
Parte de la inflación que se experimentó desde 1974, tenía que ver con este proceso.
La hegemonía neoliberal- 1976-2001
El golpe militar de 1976 marca un punto de inflexión en el funcionamiento de la economía
Argentina. El ministro de área Marinez de Hoz, pensaba que el problema del país era que
la Argentina se caracterizó por dos orientaciones preponderantes: en primer lugar, la
estatización y regulación creciente de la economía y la asunción por el Estado de
funciones propias del sector privado, lo que trajo como consecuencia no solo el relativo
ahogo o falta de luciente individual, sino también un aumento del gasto público que no fue
correspondido por un crecimiento en paralelo de los recursos estatales.
En segundo término, los principios de autarquía que se aplicaron en el país llevaron a un
esquema de economía cerrada que aisló de toda corriente innovadora en materia de
tecnología y sistemas productivos. Este aislamiento alentó al desarrollo de actividades
sobre protegidas que afectaron el nivel de vida de la población y trabaron el crecimiento
nacional al impedirle sus altos costos el acceso a los mercados internacionales que
hubiera permitido lograr la economía de escala necesaria para una industria, fuerte,
eficiente y competitiva.
A partir del diagnóstico mencionado, el gobierno militar decidió llevar adelante un plan
económico de tinte liberal, diseñado y conducido por Martínez de Hoz, que se
instrumentó, desde abril del 76 al 78. Los ejes centrales fueron
Una mayor apertura económica, mediante la rebaja de impuestos a las
importaciones
Desregulación de los mercados, especialmente a través de la flexibilización de la
inversión privada extranjera
Disminución de la participación del Estado en la economía.
Una política de atraso cambiario ( dólar barato)
Los cuatro ejes planteados fueron una batería de medidas tendientes a priorizar la lucha
contra la inflación, objetiva que pudo cumplirse en forma parcial.
Además los proyectos apuntaban a tirar para abajo el proceso de industrialización
impulsado en décadas anteriores. La combinación de baja de aranceles de importación y
un dólar barato alentó un fuerte aumento en las importaciones que dejo descolocada a
gran parte de la industria nacional, en términos de competitividad.
El proyecto de Martinez de Hoz aspiraba a volver a situar a argentina como un país
especializado en la producción de materias primas y alimentos en el marco de una
economía abierta sin una mayor base industrial.
Cada vez que la Argentina se empeña en sostener un dólar barato, el resultado desde el
punto de vista productivo, es que queda configurada en el país una estructura de precios
relativos en la cual la rentabilidad resulta asociada a las empresas de servicios, pero en
contra de los bienes transables, donde se destacan básicamente el sector agropecuario y
la industria.
Este fue el escenario que quedo planteado durante esta etapa de la historia del país y que
se repetiría de nuevo en la década del 90. En este marco, el sector “estrella” fue el de la
intermediación y especulación financiera, lo cual se tradujo en un fuerte aumento en el
número de las entidades bancarias y en la apertura de una gran cantidad de sucursales,
especialmente en el interior del país.
Cada vez que en la Argentina los precios relativos de la economía castigan, en términos
de rentabilidad, los sectores directamente productivos (generalmente a través de la
reducción de aranceles y de un dólar barato) el país comenzó a vivir de prestado, lo cual
se refleja en el deterioro de las cuenta externa, la llamada cuenta corriente de la balanza
de pagos, que expresa el resultado del intercambio de bienes y servicios con el resto del
mundo.
La manera más habitual de sostener el rojo que expresa las cuentas externas del país es
apelando al endeudamiento. Esto explica que haya sido precisamente en esta etapa que
se consolidara la famosa deuda externa de la Argentina. Desde entonces y a raíz de la
magnitud del endeudamiento generado, el país quedaría fuertemente atado a los
programas de ajustes controlados por el FMI.
Con esta pasada herencia y en el marco del restablecimiento de las instituciones
democráticas, fue que tuvo que asumir la presidencia Alfonsín. Adicionalmente, debe
considerarse que a esta delicada situación interna se le sumo un escenario internacional
desfavorable. En primer lugar debe destacarse que se produjo un progresivo aumento de
las tasas de interés internacionales, que complicaron el acceso al crédito al país y
acrecentó la deuda externa. En segundo lugar se produjo una baja persistente en los
precios de las materias primas a nivel mundial, lo cual perjudico al comercio exterior
Argentino. El gobierno de Alfonsín no pudo controlar adecuadamente las variables macro
económicas, lo cual desemboco en un escenario de inestabilidad que acelero el problema
de gobernabilidad. Todo se desbarranco a principios de 1989. Lo precios subieron, el tipo
de cambio se devaluó casi cuatro veces y los salarios reales cayeron un 30%. La
monetización de la economía se desplomo y la fuga desde el austral hacia el dólar
sanciono la declive del sistema financiero.
Muchos autores han clasificado la década del 80 como la década perdida:
Se produjo en este periodo una fuerte contracción de la producción, el deterioro de las
condiciones coaiales y crecientes presiones inflacionarias, estas últimas derivadas de la
impotencia de los gobiernos para generar excedentes primarios en las cuentas públicas
para transferir al exterior los servicios de la deuda. Estos terminaron financiándose con
déficit público y emisión monetaria creciente, que hicieron estallar la estabilidad de
precios y multiplicar las presiones inflacionarias.
A raíz de todo esto, Alfonsín renunciaba a la presidencia y asumía anticipadamente
Menem en 1989.
En respuesta a la situación dejada por Alfonsín y en sintonía con los lineamientos
establecidos para toda Latinoamérica en el llamado consenso de Washington, al
comenzar la década del 90 se instrumentó nuevamente en la Argentina un plan de claro
tinte liberal, cuya dirección estuvo a cargo de Cavallo. Los tópicos centrales aplicados
fueron los siguientes:
Apertura económica, básicamente a través de la disminución de los aranceles de
la importación.
Desregulación de los servicios y eliminación de los organismos de regulación
estatal.
Reforma del estado, incluyendo una agresiva política de privatización.
Ley de convertibilidad (tipo de cambio fijo y respaldado en dólares de la “base
monetaria”.
En términos del comportamiento de las variables macroeconómicas, la política
instrumentada especialmente a partir de 1991, mostro un primer ciclo marcadamente
positivo, que podemos ubicar entre 1991 y 1994 inclusive. Durante este periodo el
nivel de actividad creció aproximadamente un 32% el consumo aumentó un 46%,a la
par que los precios internos se disciplinaban progresivamente. En relación al problema
de la inflación, que era la parte más relevante en términos de objetivos de la política
económica, los resultados fueron espectaculares. De una tasa de inflación d 1344 en
1990 se pasó a una de 84%. Este escenario fue visualizado de manera positiva en la
sociedad. La recuperación de la estabilidad, las favorables condiciones para el ingreso
de los capitales y el mejoramiento de los salarios reales, configuraron un escenario
propicio para una mejoría del consumo interno y la inversión privada, que motorizaron
la expansión económica, junto a la reparación del crédito.
Hay que destacar también, que el escenario internacional, que había sido
desfavorable para el país durante la mayor parte de la década del 80l, cambio de
signo y comenzó a jugar a favor de un nuevo ciclo expansivo. Lo más destacado fue el
aumento progresivo de los precios de las materia primas a nivel mundial y la
disminución gradual de las tasas de interés, que incentivaron a los capitales
internacionales a ingresas con más fuerza a los países periféricos.
Adicionalmente a lo anterior, también debe considerarse que la estabilidad interna, el
ingreso de capitales y la recuperación de los salarios reales, contribuyeron a
rehabilitar el crédito a mediano y largo plazo, que había estado prácticamente ausente
en la Argentina desde mediados de la década del 70. Esto también ayudo a motorizar
fuertemente el consumo y la inversión, en un contexto de amplio desarrollo del
sistema financiero.
El aumento del consumo y la inversión privada fueron las claves explicativas del
vigoroso comportamiento del nivel de actividad económica del país durante los
primeros años de convertibilidad. Sin embargo, se trataba de un crecimiento que a su
vez planteaba una advertencia. En gran medida este aumento del consumo y la
inversión se explicaba a partir de un fuerte incremento en los niveles de
endeudamiento, tanto público como privado. Por otra parte, también debe destacarse
que este desarrollo en la actividad económica se dio en el marco de un preocupante
aumento de la tasa de desocupación y una fuerte redistribución regresiva del ingreso,
lo cual amplio aún más la brecha existente entre ricos y pobres.
Desgraciadamente, el escenario internacional dio un giro y volvió a cambiar
profundamente a mediados de 1997, con lo cual se revirtió el ciclo positivo que la
economía argentina había experimentado desde 1991. Esto se debió a que una
importante crisis mundial comenzó a gestarse en algunos países del sudeste asiático
(indonesia, malasia, Tailandia), problemas que luego se trasladarían a muchos otros
países del orbe a lo largo del año 1998 (entre los casos más importantes se
destacaron Rusia y Brasil).
Esta crisis, genero un proceso de visible desaceleración de la economía mundial, lo
cual a su vez impacto negativamente en el desempeño de la economía Argentina. Los
efectos más relevantes sobre nuestro país fueron los siguientes:
a) La economía mundial se desacelero, lo cual afectó negativamente el precio de las
materias primas en ela bito internacional. Esto afecto el nivel de las exportaciones
argentinas, fuertemente concentrada en la venta de granos, harinas, aceites etc.
b) La mayor incertidumbre planteada en los mercados mundiales genero un aumento
en las tasas de interés internacionales. Esto planteo un problema serio para
nuestro país, que vivía de prestado y cuya deuda internacional estaba
básicamente pactada a tasas de interés variable.
c) El dólar se transformó a nivel internacional, en un refugio de valor para muchos
inversores, con lo cual comenzó un proceso de revaluación muy importante de
dicha moneda frente al resto de las monedas del mundo, con la especial
excepción del peso argentino, cuya cotización estaba rígidamente atada al dólar a
través de una intocable norma legal, la ley de convertibilidad.
El problema de esta situación radica en el hecho de que cuando la moneda de un país
tiende a revaluarse, los bienes que ese país produce tienden a perder competitividad
externa. A partir de esta situación se explica el creciente deterioro de las cuentas
comerciales de nuestro país desde 1998 en adelante. El nivel de exportaciones
comenzó a debilitarse mientras que a la par se producía un aumento incontrolable de
las importaciones.
d) La crisis global termino afectando también a Brasil. Este país era ya por entonces
el principal socio comercial de Argentina, debido a las ventajas arancelarias que se
habían generado desde la creación del Mercosur. La crisis género en Brasil una
fuerte recesión, que afectó negativamente las compras hacia la Argentina y creo
las condiciones para que los excedentes productivos de aquel país pudiesen
volcar al nuestro.
Los cuatro factores combinados mencionados más arriba, generaron un coctel casi
explosivo sobre los sectores productivos de la Argentina. A partir de mediados el 98 el
país ingreso en un escenario recesivo que no abandonaría hasta que la convertibilidad
estallara y se sinceraran así los precios relativos, a los efectos de recuperar los
niveles de competitividad perdidos.
Mientras tanto, y a partir del 98, los efectos negativos de la inestabilidad produjeron
sobre el aparato productivo y el país en su conjunto los siguientes efectos: caída del
nivel de actividad económica, paralización de la inversión, aumento de la
desocupación y precarización laboral, pobreza, marginalidad, desindustrialización y
primarizacion del aparato productivo, creciente déficit fiscal, disminución del consumo
y también tasas negativas de inflación , algo que la economía no había experimentado
durante muchas décadas. Estamos hablando, del proceso de deterioro productivo y
social mas grande de la historia del país.
Al igual que en la etapa de la dictadura militar, asistimos aquí a un escenario en el
cual los precios relativos de la economía quedaron alineados a favor de los sectores
de servicios y en contra de los factores directamente productivos, como la industria y
la agricultura
La progresiva caída de los márgenes de la rentabilidad fue obligando a muchas
empresas a elaborar estrategias que apuntaban a reducir costos a través de aumentos
en la escala de producción, lo cual fue convalidando un proceso de concentración en
muchas ramas productivas. Este fenómeno fue especialmente notable en el sector
agropecuario, con lo que se asistió a la desaparición de miles de productores.
La necesidad de muchas empresas de enfrentar la caída de los márgenes de
rentabilidad vía aumento de la escala de producción o mejoras en la tecnología, los
obligo a demandar apoyo crediticio, lo cual fue aumentando los niveles de
endeudamiento.
Las cuentas del sector público, en todos los niveles, continuando operando en un
contexto de fragilidad. A partir del 98 la recaudación impositiva comenzó a deteriorase
debido a los efectos de la recesión, mientras que por el otro lazo hico necesaria una
mayor intervención del estado para hacer frente a la creciente conflictividad social.
Todo esto se tradujo en visibles aumentos del difícil fiscal, que multiplicaron el
endeudamiento público.
Cuando Menem entrego la banda presidencial al gobierno de la Alianza, Fernando de
la Rúa, en 1999, una parte de la sociedad albergaba la expectativa de que el rumbo
recesivo pudiera revertirse. Sin embargo, nada de esto ocurrió. El gobierno de la
Alianza no fue capaz de interpretar la magnitud de los problemas que tenía encima y
la política económica instrumentada sigue transitando más o menos los mismos
carriles.
Bajo presión de organismos internacionales, y a través de la tutela del FMI, el
argumento esgrimido por el gobierno, era que para hacer frente al fuerte proceso
recesivo, la solución pasaba por instrumentar un fuerte ajuste fiscal, con bajas
importantes en el gasto público y un aumento sustancial en la presión impositiva.
Semejante estrategia no haría más que profundizar la recesión, ya que se planteaba
contradice las más elementales recomendaciones de als llamadas políticas anti
cíclicas.
¿Cuál era el argumento del gobierno para sostener semejante receta?
a) Un fuerte ajuste fiscal mostraría al mundo la seriedad de la Argentina para
enfrentar las crisis con responsabilidad.
b) Dicha señal de seriedad generaría más confianza en la Argentina, con lo cual los
capitales internacionales volverían a ingresar al país.
c) El regreso de capitales externos generaría una recuperación de la liquidez
bancaria, que haría bajar las tasas de interés en el sistema financiero.
d) Las bajas en las tasas de interés recrearían el crédito, tanto para consumo como
para inversión, con lo cual la economía recuperaría progresivamente su nivel de
actividad económica, saliendo así de la recesión y recuperando los niveles de
empleo.
El coctel que había generado la crisis internacional sobre la economía argentina era
imposible de revertir con solo una señal de confianza hacia los mercados. La pérdida
de competitividad de los sectores productivos orientados a la producción de bienes
transables eran tan fenomenal que no podía resolverse sin una modificación del tipo
de cambio, es decir sin salir de la convertibilidad.
La salida alternativa era propiciar una fuerte deflación de los precios internos, que se
expresara en una recuperación de la competitividad empresaria vía reducción de
costos. El problema era que en un escenario deflacionario (inflación negativa) solo
puede plantanteaerse un contexto macroeconómico recesivo. De hecho era lo que
venía ocurriendo, ¿Cuál era el problema de este camino? Que para recuperar la
competitividad vía deflación, había que seguir apostando al proceso recesivo varios
años más.
El programa económico que tal vez parecía viable para el FMI, se demostró inviable
en la calle, en la sociedad argentina, lo cual finalmente fue generando estallido
sociales que terminaron volteando al gobierno de de la Rúa en el 2001.
Cuando Carlos Menem instrumento el plan de convertibilidad en 1991, quedaron
alienados a favor del gobierno los principales grupos económicos del país, que incluso
conformaron una agrupación de apoyo explícito a la gestión oficial que se denominó el
grupo de los 8 (sociedad rural, unión industrial argentina, cámara de la construcción,
asociación de bancos).
Este apoyo masivo de los grupos económicos más concentrados hacia Menem tuvo
un quebré a partir de la crisis internacional en el año [Link] este nuevo contexto, ya
no todos los grupos económicos se visualizaron como ganadores. Los sectores
vinculados a los sectores de servicio (sistema financiero, empresas de servicio
privatizados a la cabeza) siguieron apoyando al gobierno, mientras que los sectores
vinculados a los bienes transables (sector agropecuario, unión industrial) se sintieron
perjudicados y comenzaron a criticar abiertamente a la política económica.
Cuando se produce el cambio de gobierno, con el ingreso de de la Rúa a la
presidencia, lo que hay que decir es que no se produjo un cambio en el alineamiento
entorno al gobierno de la Alianza, en los mismos que habían apoyado a Caros
Menem. Eso explica que el cambio de gobierno no implicara, en absoluto, un cambio
de criterio con respecto a la política económica. Lo que hubo fue una clara
continuidad, en materia de política económica, debido a que los grupos de poder en
torno al gobierno eran prácticamente los mismos.
Los últimos meses de la convertibilidad previos al estallido final, en diciembre del
2001, fueron ciertamente dramáticos y caracterizados por una fenomenal fuga de
capitales que el gobierno interno sostener con aportes extraordinarios de parte de los
organismos internacionales, y especialmente del FMI, aportes que fueron insuficientes
para evitar el colapso ( los llamados blindaje y posteriormente el mega canje).
El colapso y sus consecuencias:
En diciembre de 2001, las inconsistencias del modelo económico implementado desde
los comienzos de la década de 90 hicieron eclosión y estallaron, generando una
profunda crisis no solo económica sino también política y social. En este marco se
produjo una fuerte devaluación de la moneda, que género un profundo cambio en los
precios relativos de la economía, esta vez a favor de los bienes transables,
especialmente los productos agropecuarios e industriales.
El cambio producido en los precios relativos de la economía modifico muy fuertemente
las rentabilidades sectoriales del país. Para la actividad agrícola el efecto fue muy
importante, no solo debido a la devaluación sino también al hecho de que este cambio
se produjo en un momento en el cual comenzaba a prevalecer los a los precios
internacionales para los granos, medidos en dólares, lo cual también estuvo
acompañado de buenos rindes agrícolas en la mayor parte de la región pampeana.
La fuerte devaluación no genero una escalada inmediata en los precios de manera
generalizada. Esto fue así debido a que la economía argentina venia experimentando
na fuerte recesión desde 1999, lo cual sirio como un amortiguador para los precios. En
realidad los valores correspondientes a los llamados bienes transables, si tuvieron
subas, mientras que la mayor parte de los servicios, permanecían con valores
relativamente estables.
El efecto combinado de la fuerte devaluación y los altos precios internacionales de los
granos generaron un salto en la rentabilidad en la actividad agrícola,. La fuerte
devaluación también favoreció a diversos sectores industriales, debido a que las
importaciones se encarecieron, promoviendo así la sustitución de las mismas por
producción nacional.
En las localidades pequeñas y medianas del interior el fuerte aumento de la
rentabilidad agrícola genero un efecto reactivador de la actividad productiva y de
servicios, que comenzó a ser visible ya en la segunda mitad del año 2002.
Sin embargo la situación no era la misma en los grandes centros urbanos vinculados
al mercado interno. La fuerte caída en el poder de compra de los salarios y las
jubilaciones que genero la devaluación, contrajo el consumo interno, afectando
negativamente a todos los sectores vinculados.
El derrumbe de la convertibilidad y las convulsiones que se generaron tras la caída del
gobierno de de la Rúa, sumergieron a la Argentina en la peor crisis de su historia.
Aumentaron los niveles de pobreza, de desocupación, de la caída del poder
adquisitivo. Sin embargo es muy importante destacar que el colapso que planteo el fin
de la convertibilidad no solo expresa el daño producido sobre el aparato productivo,
sino también en el hecho de que planteo un quiebre generalizado de los contratos
entre privados, o entre privados y el estado. En este contexto, el propio estado estaba
quebrado, como así también el sistema financiero en su conjunto, las compañías de
seguros y la mayor parte de las empresas estaban endeudadas en dólares.
Para el gobierno Argentino el camino del default era ciertamente inevitable tras la
devaluación. La deuda pública era impagable durante la última etapa de la
convertibilidad. La devaluación expresaba un salto imposible de amortiguar, ya que la
mayor parte de la deuda estaba expresados en dólares, mientras la recaudación
impositiva lo estaba en pesos. La implementación de las retenciones a las
exportaciones de granos y otros productos ayudo a mitigar el desfasaje.
Por otra parte, el desequilibrio expresado en la relación entre deudores y acreedores
obligo al gobierno a tomar una batería de medidas, entre las cuales se destacaron una
Ley de emergencia pública, la modificación de la ley de quiebras ya existentes,
flexibilización en su aplicación, se cambiaron algunas normativas del banco central y
finalmente se instrumentó la llamada pesificación asimétrica, que expreso una brutal
transferencia entre los deudores y los acreedores, en beneficio de los primeros.
En relación a este último tema, ocurre que el gobierno decidido, a los efectos de
ordenar el sistema financiero, que los activos de los ahorristas se pesificaran a 1.40
mas inflación, mientras que los presamos se pesicaron 1 x 1, de manera que las
deudas se fueron licuando. Los bancos, que quedaron en el medio, como
intermediarios, fueron finalmente compensados por el gobierno a través de emisión de
Bonos emitidos especialmente a tal efecto.
Sin embargo, la determinación de pesificar los contratos, se encontró con un problema
complejo en relación a las empresas que habían accedido a la prestación de servicios
públicos en la época de Menem, con tarifas dolarizadas. El gobierno también aquí
forzó a las empresas a pesificar sus tarifas, pero muchas, en general las extranjeras,
sintiendo afectados su derechos iniciaron demandas en el centro internacional de
arreglo de diferencias relativas a inversiones, lo cual condujo a un escenario de
litigiosisad que comenzó a descomprimirse progresivamente recién en el 2005.
Fue un contexto de gran inestabilidad, y cambios rápidos en combinación de medidas
heterodoxas y hortodoxas. Algunos economistas llegaron a proponer que el país debía
ceder temporariamente su soberanía, para entregar la administración del gobierno
nacional, a un grupo de expertos internacionales.
Primera presidencia de Menem
La gestión del presidente Menem se inicia en 1989 luego del abandono anticipado por
parte de Alfonsín frente a la debacle económica. Las políticas económicas observaron una
orientación claramente neoliberal dirigida a avanzar en el retiro del estado de una serie de
funciones, para confiarlas a los mecanismos del mercado. El proceso reconoció diversas
etapas, pero mantuvo una continuidad alrededor de sus ejes fundamentales.
La primera se denominó Plan Bunge Bor, debido a que dicha empresa, un conglomerado
destacado entre los grupos económicos del país, aportó a dos de sus principales
directivos para ocupar el ministerio de economía. El plan intentaba apoyarse en un
modelo exportador sobre la base de un esquema regresivo del funcionamiento de la
economía. La híper inflación y la recesión persistían luego del cambio de gobierno, de
manera que la prioridad era estabilizar el sistema de precios, reduciendo los
desequilibrios del sector externo y del sector fiscal. El plano no se diferenciaba de los
planes de ajuste del pasado, aunque fundado en la economía de mercado y en la apertura
externa, en la práctica mantuvo el control de precios, concertado con los empresarios y el
cierre a las importaciones. Sin resultados en materia de incremento de las reservas,
ordenaron un ordenamiento de las cuentas fiscales y estabilización de los precios. Por
eso se lanzaron nuevas medidas: devaluación de la moneda nacional, suba de los precios
de combustible, tarifas eléctricas, cas, aportes y otros servicios públicos. Sus efectos se
tradujeron en un recrudecimiento inflacionario, se profundizo la recesión en el sector
industrial, se amplió la brecha en el tipo de cambio oficial y paralelo y se produjo una
pérdida significativa de divisas. La devaluación masiva de 1989 fue la culminación del
desgaste del equipo económico, reemplazado a seis meses de haber asumido. El país
quedo en una segunda ola hiperinflacionaria.
El programa estuvo enmarcado a nivel internacional por el plan Brady, que transformo
las acreencias de los bancos en bonos colocados en los mercados financieros.
Durante esta gestión se aprobaron dos leyes cuya aplicación sería fundamental
más adelante: la reforma del Estado y la ley de Emergencia económica. Estas
normas fiaban los ejes estratégicos de la gestión del gobierno, abarcando temas tan
amplios como la reforma administrativa del estado, la autorización para privatizar la casi
totalidad de empresas públicas, vender inmuebles, la suspensión de subsidios y
subvenciones especiales, también autorizaba la reforma de la carta organiza del banco
central y la liberalización de las inversiones extranjeras.
Ley de reforma del estado: Permitía que el congreso de la nación no se ocupe más de
las privatizaciones. Se comienza a privatizar sin congreso. Se fijaron las condiciones para
la privatización de numerosas empresas publicas autorizando al poder ejecutivo a
intervenirlas, eliminar sus directorios y sus organismo de administración, modificar sus
formas societarias, dividirlas y enajenarlas. La única restricción a la acción del poder
ejecutivo fue la constitución de una comisión bi cameral para el seguimiento de las
privatizaciones y el requisito de que cualquier privatización adicional debía sr aceptada
especialmente para el parlamento.
Ley de emergencia económica: es una desviación del principio presupuestario, se
pasan partidas de presupuestos de un lado para otro sin autorización. La argentina vuelve
a tener una ley de emergencia en el año 2002 que dura hasta el año [Link] eliminaron
determinados regímenes salariales de empleados públicos denominados “de privilegio” y
se facilitó el despido de los trabajadores del Estado. Se derogaron normas que podían
trabar el ingreso del capital extranjero a determinadas áreas hasta entonces reservadas al
capital nacional
La segunda etapa se inició en el 89 hasta el 91, bajo la conducción de un nuevo ministro
de economía Hernan González, vicepresidente del banco central, hombre de confianza de
Menem.
El primer plan Erman I aplico una política de tipo de cambio libre con flotación sucia (es
decir con intervención del banco central), y una liberalización de los precios, dispuso un
aumento salarial de suma fija, se mantuvieron las tarifas públicas y se derogo un
incremento de las retenciones agropecuarias que habían sido dispuestos pocos días
antes. Este conjunto de medidas genero nuevas tendencias inflacionarias.
El plan Erman II: Consistió en el lanzamiento del plan Bonex, es un canje compulsivo
de los depósitos a plazo fijo y en caja de ahorro existente, y los títulos de deuda interna
del estado por títulos públicos en dólares a diez años. Solo se reintegró en efectivo un
pequeño porcentaje de los depósitos a las personas físicas, y a las empresas, el monto
necesario para el pago de los sueldos y aguinaldo. Además se prohibieron
temporariamente a las entidades financieras la recepción de depósitos a plazo fijo. En el
periodo las entidades solo podían recibir depósitos y otorgar créditos en Bonex.
Lo que hizo el plan fue refinanciar deudas de corto plazo a largo plazo. Todos los plazos
fijos quedaban incautados, y canjeados por bonos en dólares a diez años. La estrategia
era desarmar la bola de plata, los bonos diez años tenían un mercado secundario que los
compraba a los mismo por mucho menos. Esto esperaba una caída de la demanda y de la
cotización del dólar, ya que las empresas se encontraban obligadas a vender divisas para
hacer frente a sus compromisos de corto plazo. El presidente del banco central se lanzó a
comprar divisas (y le paga con los pesos incautados).
La compra de dólares por parte del banco central, expandió la masa monetaria y genero
una desconfianza que mantuvo elevada la demanda de dólares produciéndose otro pico
hiperinflacionario.
Como consecuencia de ello se lanzó el plan Erman III, que reafirmo el rumbo neoliberal,
encarando reformas de la estructura del sector público y de la economía en su conjunto.
Se dispuso un severo control de las compras y contrataciones del estado, se redujo el
personal del sector público nacional. Se incrementó la presión tributaria, se inició el
proceso de privatizaciones. Se implementaron algunos lineamientos de largo plazo como
la promoción de inversiones extranjeras, la reforma del estado y las privatizaciones. A
diferencia del plan BB, los planes Erman se fundaban en liberar el mercado
cambiario y los precios, congelando los salarios. Se había producido una
reorientación en la política económica, pasando a favorecer prioritariamente a otros
sectores del poder económico, el de los exportadores. Los grandes contratistas del
Estado también se beneficiarían participando en las privatizaciones.
Resultado: Se incrementaron las exportaciones y se redujeron las importaciones,
lográndose un superávit en la balanza comercial, un incremento de las reservas y
una estabilización del precio del dólar. Los salarios reales se contrajeron debido al
congelamiento de las remuneraciones en un marco de persistente inflación.
Las cuentas públicas comenzaron a arrojar un superávit que tenían diversos
orígenes:
-Aumento de la presión fiscal que permitió aumentar los ingresos.
-Reducción del gasto contribuyo a cerrar el déficit desde el plano de las
erogaciones.
El superávit fiscal tenía una función estabilizadora del patrón monetario y de una
transferencia de fondos a la banca acreedora. De allí que el plan logro el acuerdo
con el FMI.
El plan Erman V, en 1990, se propuso una severa reducción del gasto público,
efectivizada a través de medidas como el recorte de la inversión gubernamental,;: el
incremento de las tarifas públicas, la demora en el pago a proveedores del Estado y la
licuación de la deuda con aquellos, refinanciándoselas a largo plazo; el congelamiento de
los salarios estatales, la eliminación de contribuciones y subsidios sociales, suspensión de
nuevos proyectos de promoción industrial y reducción de montos destinados a programas
ya establecidos.
A pesar de las medidas la actividad económica continuaba deprimida, mientras que la
inflación no podía ser vencida por completo, gestándose una situación social y política
cada vez más compleja. En 1991 el ministro renuncia.
Objetivos principales de los planes: Intentar saneas las finanzas públicas para
alcanzar un superávit fiscal, controlar la emisión de dinero, mantener el superávit
del balance comercial, recomponer las reservas de divisas, privatizar algunas de las
más importantes empresas públicas, liberalizar el mercado cambiario y los precios
internos renegocias la deuda externa y especialmente restructurar el
endeudamiento público interno. De esta manera se preparó la etapa posterior, de
estabilización monetaria y profundización de las transformaciones estructurales, de
muy difícil ejecución sin el pre acondicionamiento realizado por González.
Asume Cavallo en 1991: Se asume la tercera etapa en materia económica.
Durante los dos primeros meses de gestión, anuncia el plan de convertibilidad. Con
objetivos mucho más amplios y radicales que los planes previos. No solo se planteaba
reducir la inflación a la mínima expresión, sino además, implementar un conjunto de
medidas articuladas que profundizaran la reforma estructural en curso, extendiendo las
privatizaciones de empresas públicas y descentralizando las funciones del estado,
equilibrando las cuentas fiscales, flexibilizando el mercado laboral, desregulado y
liberalizando la economía y realizando una amplia apertura comercial y financiera.
Objetivos a corto plazo: Bajar la inflación
A largo plazo: Abrir la economía y tender hacia una especialización y que las estructuras
productivas sean eficientes.
El plan no era lo mismo que la ley, tenía cinco patas una de las cuales era la ley de
convertibilidad.
Plan de convertibilidad
1) Apertura económica: bajar los aranceles de importaciones, entran muchos
productos hay más oferta, más competencia entonces bajarían los precios.
Esto lleva a un aumento de la desocupación porque cierran empresas nacionales. Si
abro la importación los servicios van a seguir subiendo de precio porque no se puede
importar servicio. Buscaba disciplinar el sector privado, inhibido de incrementar sus
precios por la competencia externa.
2) Desregulación de los servicios: Se abrieron las matrículas y se generó más
oferta. Un segundo elemento de desregulación tenía que ver con los servicios
públicos de transporte, también se desregula las matrículas. Se orientaba a
generar más competencia en los bienes no transables para bajar la inflación.
3) Reforma del estado:
-Administrativa: Reducción de personal.
- Privatización de empresas nacionales.
-Creación de AFJP: Se pasó de un sistema de reparto solidario a un sistema de
capitalización individual administrado por las AFJP. Por medio de estas reformas
se trataba de arribar al equilibrio de las cuentas fiscales, reduciendo el gasto,
incrementando los ingresos regulares y sumándole una fuente importante de
ingresos transitorios con la venta de las empresas públicas.
-Se modificó la carta orgánica del Banco Central de la República Argentina: de
acuerdo a los lineamentos propugnados por el FMI le dio más autonomía al banco
con respecto al gobierno y fijo como objetivo primario el mantenimiento del valor
de la moneda.
4) Plan brealy: Transformar la deuda en bonos que iban a cotizar en la bolsa de
Nueva York. El bono tenía un valor nominal pero en la bolsa cotizaba a un nivel
mucho mejor, el que compraba el bono venía a Argentina y el gobierno tenía que
dárselo en pesos con la condición de que los invirtiera en el país.
5) Ley de convertibilidad: Tipo de cambio fijo. El gobierno no podía emitir plata si no
había respaldo en dólares, otro artículo establecía el sistema Bi-Monetario: se
podía vender, comprar, pagar en dólares. Esto genero un proceso de dolarización.
Trataba de lograr una estabilidad de precios a largo plazo.
Las cinco patas lograron bajar la inflación. También buscaban incrementar la
previsibilidad del accionar del estado para recuperar la confianza. Para recuperar la
confianza se requería un recorte drástico en las funciones gubernamentales, que
impidiera cualquier tipo de contramarcha. Las medidas tomadas apuntaron, a las
herramientas tradicionales del Estado para elaborar políticas económicas. Quedaría
anulado para provocar políticas cambiarias.
El conjunto principal de intereses que apoyo la convertibilidad estaba constituido por los
capitales extranjeros vinculados a las privatizaciones, los acreedores externos y grandes
grupos económicos y financieros internos. Su base de sustentación se hallaba a nivel
popular en los temores a una continuación del proceso hiperinflacionario.
El sistema procuraba evitar que el Estado emitiera dinero para solventar el déficit
público. La creación y la absorción de dinero quedaban limitadas al ingreso o
egreso de divisas, lo que transformaba la oferta monetaria en una variable exógena,
que no podía ser controlada por la política económica. El plan le quitaba maniobra
ante el contexto internacional ya que o pueden aplicarse políticas anti cíclicas.
La convertibilidad formaba parte de un conjunto de normas que buscaban reducir el
campo de acción del Estado, identificado como la principal fuente de inestabilidad
del proceso económico. Las autoridades suponían que, para generar mayor
confianza en la perdurabilidad de la estabilidad de precios, se debía renuncias
explicita e irreversiblemente a un conjunto de herramientas de política económica
que podían desarticular el nuevo modelo económico. Entre ellas se destacaban el
financiamiento del déficit público por medio de emisión monetaria y devaluación.
Por eso la convertibilidad era una de las piezas centrales del programa.
Marco teórico del plan:
Asimismo, la experiencia argentina de fines del siglo XIX y principios del siglo XX muestra
que la convertibilidad funciono de manera aceptable en los periodos de auge, pero
condujo a situaciones de ahogo cuando la coyuntura mundial ingresaba en una etapa
descendente del ciclo económico. El esquema de convertibilidad dependía de un
persistente ingreso de oro o divisas del exterior, ya sea a través del súper avit de la
balanza comercial o de flujos positivos de capitales. En las depresiones, la caída de las
importaciones y la inflexibilidad de las exportaciones argentinas provocaban déficit
comercial, mientras que los capitales tendían a fugarse. Bajo estas condiciones, la
convertibilidad se tornaba insostenible. Desde el punto de vista teórico, la convertibilidad
se enmarca en la teoría de la oferta, nacida en los EEUU a principios de los 70, y que
también había inspirado al plan de Martínez de Hoz. Dicha teoría postula como idea
central la inutilidad de las devaluaciones de la moneda, ya que toda devaluación es
seguida de un inmediato brote inflacionario que anula sus efectos, lo cual significa que la
causa directa de la inflación es la devaluación.
A du vez el déficit fiscal financiado con endeudamientos no son perjudiciales, ya que la
colación de títulos públicos indica un mayor ahorro de quienes los compran,
compensando el exceso de gasto público.
El déficit de comercio exterior no implican problema porque si existen significa que alguien
está dispuesto a financiarlos: el déficit no es causado por una sobreevaluación de la
moneda, sino que representa la contracara del ingreso de capitales, lo que en definitiva
sería algo positivo.
Dado que la economía funciona con costos decrecientes, la disminución de los precios
incrementa la cantidad ofrecida, incluso en el corto plazo.
Se rechaza todo intento de control de la cantidad de moneda, ya que se postula que los
bancos centrales no pueden controlar ni si quera la oferta monetaria. Esta última hipótesis
se complementa con el enfoque monetario del balance de pagos analizado anteriormente,
que cingula la oferta monetaria al saldo neto de los flujos de capitales. A diferencia del
monetarismo, se supone que un aumento de la oferta de capitales (provocado por un
ingreso de capitales) no crea tensiones inflacionarias, ya que revela una mayor
preferencia por la liquidez.
Por último se reafirma la vigencia de la ley de say, según la cual la oferta crea su propia
demanda, por lo que no se podría producir una crisis de sobreproducción, aun con
reducciones de salarios.
Este enfoque es una versión extremadamente fuerte y rígida del neoliberalismo cuyos
elementos constitutivos se pueden reducir a tres principios:
- Libre juego del mercado y la competencia.
- Abandono de pautas en el terreno de la oferta monetaria. El objetivo de la política
monetaria es el mantenimiento de la estabilidad de precios, lo cual se logra
vinculando la expansión monetaria a la existencia de reservas del banco central.
- Los bienes públicos no ofrecidos por el mercado deben ser provistos por el
mercado: la defensa, la infraestructura, la seguridad social y la educación. Sin
embargo este principio no implica que el estado deba encargarse directamente de
esos bienes, ya que puede darlos en concesión a empresas privadas.
En el neoliberalismo las causas de la inflación no se debe a la expansión
monetaria, por lo tanto, la política de estabilización no consiste en una política
monetaria restrictiva, sino en la aplicación de un tipo de cambio fijo.
Pese a la incapacidad de realizar una emisión monetaria, se dejaron abiertos algunos
huecos para introducir pequeñas modificaciones en la masa monetaria. En particular, los
bonos públicos no requerían respaldo en oro o divisas. Los Bonex, una deuda pública,
podían servir como garantía de la moneda. A través de la colocación de estos títulos se
produciría, de hecho, una emisión encubierta, en la cual las entidades financieras
sustituían al Banco central como emisor.
Como resultados del plan de convertibilidad del primer gobierno de Menem se puede decir
que se bajó la inflación, se estabilizaron los precios, alta tasa de crecimiento económico
interrumpidas recién por los efectos de la crisis mexicana en [Link] crisis
internacionales posteriores, especialmente la de Brasil en 1999, volvieron a afectar el
crecimiento interno. El aumento de la producción se basó al principio en un importante
expansión del consumo. La capacidad ociosa de las empresas permitió un aumento de la
producción en industria automotriz, y bienes de consumo durables. No solo el sector
industrial mostro una etapa de crecimiento, sino también el sector primario, los servicios y
el comercio. Se logró expansión de la oferta monetaria producida por el ingreso de
capitales externos.
Se logró un precario equilibrio fiscal, debido especialmente a un incremento de los
ingresos tributarios debido al mayor nivel de actividad económica y a la menor evasión
derivada de controles más rigurosos y efectivos.
A pesar del retraso cambiario, se incrementaron también las exportaciones. Sin embargo,
también se incrementaron las importaciones, con lo cual la balanza comercial fue
deficitaria.
Durante cuatro años la economía se mantuvo en una senda de crecimiento
fundamentalmente en el consumo interno como factor dinámico, mientras que el ahorro
interno se mantenía bajo y el déficit de comercio exterior crecía. El ahorro externo financio
gran parte del consumo y sostuvo el crecimiento económico.
Coyuntura internacional favorable:
El éxito inicial del programa estuvo asociada a un viraje favorable de la coyuntura
internacional derivado del descenso de la tasa de interés, el incremento de la oferta de
fondos líquidos y un escenario más laxo para la renegociación de la deuda externa. Esto
ayudo decisivamente a la estabilización y al equilibrio de las cuentas fiscales, reduciendo
las tasas de interés domestica que a su vez permitieron un impulso del gasto privado y
una reactivación económica. A partir del establecimiento de la convertibilidad, el déficit
fiscal no pudo ser financiado mediante emisión en consecuencia se hizo indispensable un
aumento en la recaudación impositiva. La estrategia tributaria se basó primordialmente en
el IVA A un 21%.
AFJP:
Otro terreno de gran importancia en la reforma del estado fue el sistema de seguridad
social, modificado radicalmente. Aquí el objetivo era pasar de un sistema público de
reparto intergeneracional a uno de capitalización a cargo de entidades privadas
denominadas AFJP, tomando como referencia el modelo implementado en Chile.
Un nuevo sistema dividía el sistema previsional en dos segmentos. Uno privado
compuesto por las AFJP, y otro público, que conservaba las características del viejo
sistema de reparto. A diferencia del caso chileno, la opción por uno u otro era una
elección voluntaria de los aportantes. El sistema de capitalización se basa en la idea de
que quien aporta realiza un ahorro par si mismo. La AFJP le administra dichos ahorros,
que le serán reintegrados mas tarde en forma de jubilación, a cambio de una comisión. El
sistema de reparto, en cambio, el trabajador activo hace un aporte para el sostenimiento
de la clase pasiva, bajo una idea de solidaridad intergeneracional. Es por eso que el
nuevo sistema fue visto no solo como un mero cambio del régimen jubilatorio, sino como
una profunda transformación cultural, que fomento el reforzamiento del individualismo.
Según sus creadores, el sistema tenía varias ventajas. Una de las principales apuntaba a
que sería una suerte de ahorro obligatorio de los aportantes, estimulando el crecimiento
del mercado de capitales, que un porcentaje cercano al 50% de las inversiones de las
AFJP debía constituirse con títulos y acciones. En el corto y mediano plazo, hasta que la
población dependiente del viejo sistema no desapareciera, el Estado se veía obligado a
remunerar a las AFJP por fondos que anteriormente recibía en forma gratuita sobre la
base de los aportes de la población activa, ahora incorporada al sistema privado. El
endeudamiento derivado de los costos del periodo de transición se convirtió en una
gravosa carga para el Estado. Al pasarse la población activa a las AFJP y quedando
población pasiva en manos del estado, éste sin el ingreso anterior debió emitir bonos de
deuda que compraron las AFJP con la misma plata que antes era del Estado.
Por otra, el estado garantizo una prestación básica universal de manera que aún una
parte de los desembolsos privados seguía recayendo en el sector público.
Los propulsiones de la iniciativa entre quienes jugo un rol principal el Banco mundial,
omitía prolijamente algunas desventajas adicionales, como las altísimas comisiones
cobradas por las administradoras. La competencia entre administradoras, obligo a
crecientes gastos de publicidad que el viejo sistema no demandaba.
Un estudio estimaba que contribuiría aun AFJP tenían en su cuenta individual menos
dinero que el que aportaron. Ello como consecuencia de la incidencia de las elevadas
comisiones percibidas por las administradoras y de las perdidas acarreadas por las
inversiones realizadas con dichos aportes. El impacto fiscal de la reforma fue
indisimulable, contribuyendo de manera clara a generar un déficit fiscal creciente que se
cubrió con endeudamiento, en buena parte compuesto por bonos comprados por la AFJP.
Privatizaciones: Los objetivos del programa de privatización fueron múltiples. En primer
lugar, se planteaba como un camino para equilibrar el presupuesto. Las empresas
públicas eran generalmente deficitarias. Por lo tanto su privatización suponía una
reducción de gasto. La venta permitía generar ingresos transitorios de fondos. Además la
posibilidad para los compradores de pagar una parte con títulos de la deuda externa
reducía esa misma deuda y con ella la carga futura de intereses. En segundo lugar, en un
contexto de apertura, se esperaba que, en mediano plazo, las privatizaciones eliminarla
las distorsionas e ineficiencias inherentes a las viejas empresas públicas que actuaban en
mercados protegidos. Si YPF, no se tornaba eficiente, la competencia se encargaría de
expulsarla del mercado. En tercer lugar, las privatizaciones ayudarían a recomponer la
previsibilidad. Su cambio de propiedad implicaba un nuevo retroceso en la injerencia del
Estado en el mercado. Se privatizaron empresas como YPF con recursos estratégicos
que nunca debieron ser privatizados. ENTEL, Aerolíneas ARGENTINAS, Polisur,
Petropol, y las concesiones de los peajes en las rutas nacionales son algunos casos de
privatización.
Una de las características destacadas del proceso privatizador fue la concentración de la
propiedad de las empresas en un reducido grupo de conglomerados locales, fortalecido
durante la dictadura militar. Estos son grupos de empresarios locales.
Hasta 1993, en parte gracias a las privatizaciones, se había logrado llegar al súper avit
fiscal para compatibilizar las cuentas públicas con los requerimientos del plan de
convertibilidad. Pero, ya en 1994, el déficit comenzó a crecer en relación directa al
incremento del pago de intereses. Esto impulso la toma de nuevos créditos, que
implicaron mayores intereses y por consiguiente, déficit mas grandes. En este sentido, se
ingresó en un círculo vicioso, y que el aumento de la partida de intereses deterioro los
resultados fiscales, y estos impulsaron un paulatino incremento de la deuda y la carga de
intereses.
El análisis de la deuda pública resulta de suma importancia para analizar las luces y
sombras del modelo económico. Una de las condiciones para el éxito del plan era una
renegociación de la deuda externa. En 1992 la Argentina había ingresado en el plan
Brady, lo que permitió la reestructuración de la deuda con la banca privada a quince años
para los atrasos de los intereses y a treinta años para el capital. Esta operación se
garantizó con bonos del Tesoro de EEUU y con ella se redujo la deuda con los
acreedores bancarios. A cambio de una reducción parcial y de la renegociación a treinta
años de la deuda bancaria, el Estado se comprometía a abonar en forma puntal los
intereses de ésta.
No obstante, mientras la deuda externa se reducía temporalmente por los acuerdos de
renegociación, la deuda interna en moneda nacional y extranjera continuaba creciendo
por la consolidación de las deudas del Estado, tanto con los proveedores como con los
jubilados.
El incremento del endeudamiento puso de manifiesto los desequilibrios del modelo. El
arreglo del problema de la deuda externa imponía la necesidad de un superávit fiscal, que
generara recursos para el pago de deudas, y de un superávit en el comercio exterior, que
diera lugar al ingreso de divisas para efectuar dichos pagos sin afectar el nivel de
reservas que sostenía la paridad cambiaria. Sin embargo, nada de esto ocurrió: el Estado
no logro un super avit fiscal, sino que continúo incurriendo en déficit, y las importaciones
superaron casi en forma permanente a las exportaciones. En este marco, tanto la
cancelación de pasivos como el mantenimiento de la cobertura de la base monetaria
demandaron un endeudamiento creciente, a tasas de interés varias veces superiores a las
internacionales. A partir de 1996 los ingresos por privatizaciones se redujeron
sustancialmente, mientras los intereses pagados por el sector público ascendieron.
Las exportaciones argentinas se beneficiaron hasta 1996 con un crecimiento paulatino de
los precios en los mercados internacionales, lo que permitió compensar parcialmente un
tipo de cambio poco favorable para competir en el exterior. Desde ese momento, las
ventas argentinas comenzaron a estancarse medidas en valor, aunque continuaron
creciendo en volumen.
La evolución del tiempo de cambio fue considerado por numerosos analistas económicos
como sobre evaluado en relación con las necesidades de los productos de bienes
exportables y de bienes transables destinados al mercado interno. Por este motivo, la
industria local sufrió una competencia cada vez más dura a partir del ingreso creciente de
mercaderías extranjeras. Solo una parte de los servicios ( los no transables) estuvieron a
salvo de la combinación de apertura comercial y dólar barato. Se repetían las condiciones
de la gestión de MARTINES de Hoz. El atraso cambiario constituyo un instrumento de
control para los precios internos, buscando disciplinar a los empresarios locales para que
su producción no superara los costos y precios internacionales.
Cambio del contexto internacional: Comienzo del declive del régimen
La necesidad de financiar el déficit en la cuenta corriente con capitales externo exponía al
país a las oscilaciones de la coyuntura internacional. Aunque las tasa de interés locales
eran superiores a las internacionales y jugaron a favor de la atracción de capitales, el
riesgo para los inversiones extranjeros en situaciones de turbulencia en los mercados
financieros internacionales podía impulsar súbitas huidas de capitales arrastrando hacia la
recesión de la economía nacional. Una situación de este tipo se produjo por primera vez,
en 1994 cuando el aumento de la tasa de interés en los Estados Unidos cambio las
condiciones de liquidez mundial. México resulto especialmente afectado por ello y se vio
obligado a abandonar su política de tipo de cambio fijo y a practicar una devaluación, lo
cual genero una corrida de capitales, denominada “efecto tequila”, desde los llamados
países emergentes hacia plazas más seguras. La necesidad de requilibrar el sector
externo sin recurrir a una devaluación se logró durante 1995 y 1996 mediante la presión
de la recesión sobre el mercado laboral y los precios, apuntalada por circunstancias
coyunturalmente favorables, como mejores precios para algunas exportaciones, el
incremento de las ventas al Brasil y las mejoras de competitividad por reducciones
impositivas. No obstante, las condiciones adversas se mantuvieron desde ese momento y
recrudecieron periódicamente, con recuperaciones cada vez menores y más cortas. Los
desequilibrios internos se agravaron, demandando crecientes ingresos de capitales
financieros externos, en momentos en el que el mercado financiero se tornaba cada vez
más restrictivo. A pocos meses del efecto tequila, se realizaron las elecciones
presidenciales, en las cuales Menem obtuvo un amplio triunfo. El clima electoral previo
estuvo marcado por una fuerte incertidumbre de los agentes económicos varias semanas
anteriores al acto eleccionario respecto a la continuidad de las medidas económicas, lo
que impulso una fuga de capitales y una disminución de los depósitos y del crédito.
La economía Argentina, siguió funcionando durante todo este periodo integrada al
proceso de globalización a escala mundial a través de la liberalización del mercado de
capitales y de bienes y servicios, en donde prevalecían aquellas actividades que tuviesen
ventajas competitivas o comparativas a escala global. En este contexto al nivel de
actividad económica ha estado fuertemente condicionado a los flujos de capitales, en
formas de préstamo e inversiones directas. Asimismo, el nivel del pbi estuvo fuertemente
afectado por la situación de los mercados mundiales.
En este contexto de globalización, un de las variables más importantes que afectan el
comportamiento cíclico del nivel de actividad económica, ha sido el denominado riesgo
país. Este riesgo país depende de las expectativas que los agentes económicos externos
tienen respecto a la evolución de las políticas macro económicas en el país: .La manera
de medirlo es establecer la diferencia entre el rendimiento de los bonos externos emitidos
por el gobierno argentino comparados con el rendimientos de los bonos que son libre de
riesgo como los bonos del tesoro de USA. Esa diferencia mide el riesgo país de la
economía. Un factor que puede afectar de forma significativa a la tasa de riesgo país no
son solo las condiciones internas del país, sino también lo que está sucediendo en las
economías de los países emergentes de américa latina y del sudeste asiático. Si por
ejemplo se produce una fuga de capitales de algunos de estos países emergentes por
devaluaciones u otro desequilibrio macroeconómico, se puede producir el denominado
efecto contagio, es decir los administradores o propietarios de los fondos de inversión en
general de los países desarrollados, no solo retiran los fondos de los países realmente
afectados por la crisis, sino que además, los retiran de los países que podrían llevar a
cabo las mismas políticas económicas.
Cuando se produce el efecto tequila y los capitales se fugan de México, en 1994, también
los inversores internacionales consideraban que la argentina seguiría el mismo camino.
Otros acontecimientos externos negativos afecaron la economía argentina durante este
periodo. En 1997 se produce la crisis del sudeste asiático ( denominada crisis del arroz)
con imporantes devaluaciones en Tilando, Malasia e indonesia.
En 998 se produce en Rusia el default de su deuda lo que afecto a numerosos países
aumentando el riesgo país.
Pero sin duda el impacto externo mas importante que recibió Argentina, fue la devaluación
de fines de 1998 de Brasil que afectó seriamente la competitividad de las exportaciones
argentinas y posibilito un abaratamiento de las importaciones. Asimismo, la fuga de
capitales de la economía de Brasil, tuvo un efecto contagio sobre los movimientos de
capitales de Argentina. En 1999 la situación de argentina empeoro aún más por la crisis
producida en Brasil debido a la fuerte devaluación del mismo. Esto provocó una
disminución de las exportaciones argentinas a este país y una retracción en el nivel de
actividad económica, que se manifestó en una retracción del PBI que de acuerdo a las
estimaciones. Este fenómeno provoco una destrucción de importantes empleos que
produjo un aumento en la tasa de desocupación.
La crisis global del sudeste de Asia genero cuatro consecuencias que luego explicarían el
corralito
1) Suba de tasa de interés en EEUU
2) Bajan los precios de los Comoditis
3) Todos querían dólares, este subió a nivel mundial frente a todas las monedas del
mundo menos el peso Argentina debido al plan de convertibilidad. Si la moneda es
fuerte nuestros productos son caros y nos cuesta vender en el exterior, vienen
muchísimas importaciones que terminaron de poner en ruinas la industria
argentina.
4) Entro en recesión Brasil, cada vez que Brasil entra en recesión nos compra menos
y nos quiere vender más entrando sus productos al mercado argentino.
Llegamos a recesión y al haber menos nivel de actividad económica y n hay inflación
la recaudación impositiva también empezó a caer.
El gobierno argentino tenia cada vez más presión debido a la gran desocupación y
empeoramiento de las condiciones de vida, lo que complicó aún más el déficit fiscal.
Las cuentas comerciales se hicieron tan negativas que se empezó a dudar de
Argentina y comenzó una fuga masiva de capitales.
El gobierno de la Alianza y la crisis económica (1999-2002)
La alianza política integrada por de la rúa y un sector centro izquierda conducida por
Álvarez, gana las elecciones en 1999, sostenimiento la convertibilidad como una premisa
indiscutible: El compromiso con la continuidad del régimen fue aceptado por amplios
sectores de la clase política y distintos sectores económicos. El nuevo mandatario y sus
colaboradores asociaron los graves problemas existentes con los aspectos secundarios
de la política menemista, como la corrupción o el descontrol fiscal con fines electorales,
sin atribuir un carácter intrínseco conflictivo a los pilares del sistema. Machinea estaba
plenamente convencido en la imposibilidad política de una devaluación. Devaluar la
moneda aparecía como un camino seguro al Default. Para el equipo económico la
alternativa consistía en introducir una progresiva deflación de los precios, a través del
incremento de la productividad y reducción de costos, logrando un aumento de
competitividad que permitiese acercase al equilibrio externo. Ante esto debía añadirse una
férrea disciplina fiscal, con lo cual se brindara la seguridad de que el Estado no se vería
tentado de alterar las principales reglas de juego existentes. Se trataba, en síntesis, de
una estrategia de supervivencia, que buscaba mantener el estatus quio construido del
régimen de convertibilidad. Una vez más las autoridades económicas aplicaban
concepciones ortodoxas para enfrentar la crisis, mostrando su total desapego a las
lecciones de la historia. Nuevamente se recurrió a la vieja teoría de que la única manera
de combatir una crisis era dejar actuar a los mercados, facilitando el ajuste a través de la
deflación y enmarcándolo en una política fiscal rigurosa. Desde 1991 en adelante, las
sucesivas autoridades económicas parecieron olvidar que el patrón oro había dejado de
fusionar mas de 60 años atrás, retrocediendo a un mundo pre keynesiano. Al panorama
critico se le añadía una equivoca evaluación de la real gravedad de la situación. En 1999
se recalcularon las cuentas del balance de pagos revelando que los déficit en la cuenta
corriente eran considerablemente superiores a las divulgadas.
Las exigencias de los organismos multilaterales de crédito de cuyo financiamiento
dependía el régimen y la negativa del gobierno a modificar la política económica se
conjugaron para establecer una lógica circular de ajuste aplicada a una economía en
recesión que no haría más que profundizar la crisis.
Se llevó a una contracción de la demanda, tanto del consumo como de la inversión. El
flujo de fondos de las privatizaciones comenzaba a agotarse y quedaban al descubierto
recortes impositivos y previsionales ejecutados durante los noventas. Para empeorar la
situación, de acuerdo a la reprogramación establecida por el Plan Brady, los vencimientos
de la deuda pública se incrementaron notablemente a partir del 98. También comenzaron
a vencer los bonex con los que erman González había punzado el sistema monetario y
financiero una década aras. Así la política de equilibrar las cuentas públicas quedaban
atrapada entre el deterioro de los ingresos por la coyuntura y la inflexibilidad del servicio
de la deuda. A pesar de ello el equipo económico confiaba en la reducción del déficit y por
ende de la demanda de crédito, permitiría disminuir la tasa de interés. Por esta vía se
incrementaría la inversión y con ella se relanzaría la expansión de la economía. Se espera
que la combinación de una menor prima de riesgo para la deuda y al aumento de la
producción permitiera hacer frente a los compromisos externos, recreando la confianza
para nuevas inversiones. Lo que efectivamente estaba ocurriendo es que el ajuste fiscal
debilitaba la demanda y con ello afectaba negativamente la recaudación, agravando el
círculo vicioso de la crisis.
Dos días antes de la asunción presidencial, Machinea anunciaba un paquete de medidas
que apuntaba a cerrar la brecha fiscal a través del aumento de recaudación. El futuro
ministro acaba de regresar de Washington, donde se había reunido con funcionarios del
FMI donde hubo un consenso sobre la gravedad de la situación fiscal. Con un fuerte
apoyo crediticio del organismo, el equipo económico se comprometió a ordenar
urgentemente las cuentas fiscales. Entre los anuncios se incluía una re categorización
hacia arriba de los distintos tramos de impuestos de la ganancia, reduciéndose
progresivamente hacia arriba de los distintos tramos de impuestos de la ganancia Si bien
se introducía una mayor progresividad el costo del ajuste recaía principalmente en los
sectores medios.
En el 2000 el gobierno promovió una reforma laboral que acentuaba la flexibilidad de los
contratos ya presentes en el gobierno de Menem, apuntaba reducir los costos laborales
para aumentar la competitividad de la economía.
Se insistía con una serie de ideas cuya articulación no era evidente con los resultados
empíricos. La estrategia buscaba apuntalar la demanda agregada por la vía de un alza en
las exportaciones, que debía lograrse mediante una reducción del costo laboral. Sin
embargo el impacto negativo de la flexibilización laboral sobre el poder adquisitivo interno
era mayor que las ganancias de la competitividad. Además las exportaciones argentinas
no resultaban demasiado sensibles a la reducción de costos de trabajo, debido al bajo
contenido salarial y a la baja elasticidad de los precios de las exportaciones.
Se volvió a anunciar un segundo ajuste fiscal, ahora apuntado al gasto: se rebajaron los
salarios públicos y se pretendían que se copiara en lo privado, se disminuían las
jubilaciones y los contratos del Estado. Esto buscaba forzar una deflación que mejorara el
tipo de cambio real sin tocar el nominal.
Para promover los incrementos de la productividad el equipo económico presento
inventivos para la inversión privada, reduciendo los gravámenes al endeudamiento
empresario se establecieron facilidades para los créditos hipotecarios y se promovieron
incentivos sectoriales específicos. El gobierno encontró resistencia entre los legisladores
para convalidar los recortes.
Un nuevo acontecimiento venía a complicar un más el panorama, la renuncia de Álvarez
precipito el primer episodio de la crisis financiera al ser interpretado como un signo de
ruptura con la coalición del gobierno que puso en duda la capacidad del equipo
económico.
El gobierno negocio con el FMI la concesión de un blindaje financiero, apostando a que el
respaldo del fondo aplacase a los acreedores y disminuyese el costo de la deuda externa.
El blindaje tenía por objetivo garantizar a los acreedores el pago de la deuda externa,
permitiendo un descenso temporario del riesgo país y una disminución de la tasa de
interés. Además descomprimía el acceso del sector privado al sistema financiero y al
mercado de capitales y podía llegar a favorecer una reanudación del flujo de capitales
productivos externos. El blindaje se complementó con varios decretos de necesidad de
urgencia sancionados en el 2001 que no lograban reimpulsar la recuperación económica y
se hacía evidente que la menta pautada con el FMI para el déficit fiscal no podía
cumplirse. En ese contexto una ofensiva institucional impulsada contra el presidente del
banco central hizo temer a machinea que la desconfianza se acentuara. La combinación
de dificultades económicas y políticas derivo finalmente en la renuncia de Machinea.
La designación de López Murphy como ministro de economía en el 2001 genero una
ruptura de la coalición política gobernante. El nuevo ministro elaboro un plan de ajuste
ortodoxo con la expectativa de cumplir con las metas fiscales. Uno de los mayores
recortes fue en presupuesto educativo y el despido de empleados públicos. La economía
no aguataba más ajustes y se agudizaron las tensiones sociales. Apenas después de dos
semanas de su asunción renuncio y se designó a Cavallo como nuevo ministro de
economía.
En el 2001 asume caballo, ante la evidencia de que el reordenamiento de la situación
fiscal era inalcanzable sin la recuperación de la actividad económica, caballo anuncio el
lanzamiento de planes de competitividad para diferentes ramas de actividad. Se
concretaron algunos acuerdos con industrias metalmecánica, textil indumentaria, que
buscaban estimular las inversiones e incrementar la productividad a través de reducciones
en los aportes patronales a la seguridad social y en los aranceles de importación de
bienes de capital. También se establecieron algunas exenciones impositivas y un
incremento en las tarifas de bienes de consumo importados.
El conjunto de políticas aplicadas apuntaba a operar sobre las condiciones de oferta, pero
las oportunidades de inversión no aparecían.
Cavallo dispuso una modificación en el régimen monetario, incorporando el euro en una
canasta de monedas con el dólar, “la convertibilidad ampliada”. Cavallo argumentaba que
la Argentina tenía una relación comercial importante con Europa y que era deseable
amortiguar las fluctuaciones del euro respecto al dólar.
El continuo deterioro fiscal, representaba un grave riesgo en el corto plazo, avanzaba
paralelamente a las dificultades para conseguir financiamiento. La recaída de la actividad
en el primer trimestre y la inminencia de importantes compromisos con los acreedores
externos reclamaban una acción urgente. Con ese objetivo se implementó un impuesto a
las transacciones bancarias y se eliminaron exenciones al pago del Iva.
Cavallo logro un considerable apoyo político, que le permitió obtener del congreso la
aprobación de todas las medidas reclamadas, incluida la concesión de poderes
especiales.
Cavallo intento frenar las expectativas negativas con una operación de canje de deuda a
través de un conjunto de bancos extranjeros, estableciendo como garantía los activos
públicos que se obtendrías en futuras recaudaciones impositivas. Este “megacanje” se
concretó, sin embargo el proyecto de ley que ofrecía la recaudación futura como garantía
y daba prioridad a los tenedores de los bonos nuevos, encontró oposición política.
Los siete bancos que manejaron la operación embolsaron 150 millones de dólares en una
semana de trabajo. El relativo alivio a corto plazo fue conseguido al precio de un
incremento considerable de las obligaciones futuras. Pero la operación no removía los
problemas de fondo, por lo que poco después resurge de nuevo una burbuja especulativa
de expectativas devaluatorias con una nueva escalada de la prima de riesgo. El gobierno
intento recrear la confianza de los inversores y acreedores extranjeros mediante el
programa de déficit cero, por el cual se comprometía a pagar rigurosamente dos tipos de
compromisos fijos, la deuda pública y las transferencias a provincias comprometidas
mediante pactos fiscales anteriores, mientras que el pago de salarios, jubilaciones y
deudas a proveedores quedaban condicionadas a la disponibilidad de excedente.
El gobierno tuvo que pedir un préstamo de nuevo al FMI ya que el alivio conseguido con
el mega canje se había desvanecido rápidamente.
El corralito y la fuga de capitales:
Los sucesivos ajustes comprendían recortes cada vez más drásticos, que llegar a implicar
la virtual desaparición del Estado en algunas funciones elementales. El deterioro del
sector público con el empeoramiento progresivo de sus finanzas tenía una dimensión
adicional en las disputas con las provincias. Tensada la restricción financiera, éstas
encontraron crecientes dificultades para financiar sus gastos, mientras que el gobierno
nacional les reclamaba compromisos a fin de eliminar sus déficit. El conflicto fue aliviado a
través de la emisión de cuasi monedas, que permitieron a las provincias incrementar la
liquidez. Estas monedas fueron las Lecop, emitidas por el banco central. Podían ser
utilizados para pagar impuestos nacionales y bienes y servicios,
Formalmente, la situación implicaba un deceso de hecho del régimen de convertibilidad,
pues en el territorio nacional circulaban terceras monedas alabadas por las provincias sin
respaldo en dólares. Pero la quiebra de las finanzas públicas no ofrecía otras perspectivas
para solucionar la liquidez a corto plazo, y el recurso de las cuasi monedas se extendió
también por motivos políticos; los gobernadores de la oposición política encontraban en
ellas una vía óptima para solucionar sus problemas financieros
Ya en el 2001 el equipo económico lazo una propuesta de restructuración de la deuda y,
paralelamente, intento alentar la actividad combinando una reducción en la tasa del IVA
para las compras con tarjetas de crédito y la emisión de una tarjeta para la adquisición de
alimentos para la gente de menos recursos. El gobierno reconocía implícitamente que su
programa había convertido la recesión en depresión. Comenzó un acelerado proceso de
fuga de capitales, se realizó un enrome transferencia de activos financieros hacia el
exterior. La fuga de capitales tuvo como principales protagonistas a los grandes grupos
empresarios de propiedad nacional y extranjera, incluyendo a las empresas privatizadas.
La contracara de esta fuga fue el virtual colapso del sistema financiero y la depreciación
de las reservas en divisas. A partir de febrero del 2001 comenzó un drenaje de depósitos
simultáneo al agravamiento de la rec económicas y las expectativas de devaluación. Los
depósitos eran convertidos en dólares y fugados al exterior,, provocando una mayor caída
de las reservas de BCRA. Para sostener la situación, el gobierno continúo endeudándose
con los organismos internacionales.
El drenaje de depósitos puso al sistema al borde del colapso y obligo al gobierno a
sancionar primero una ley de intangibilidad de los depósitos y a instaurar poco después el
“corralito”. El primero de diciembre el gobierno impuso restricciones semanales al retiro de
fondos de los bancos y un tope a las transferencias al exterior, y ofreció al mismo tiempo
la opción de dolarizar los depósitos en pesos. La bancarización forzada permitió la
implementación virtual de un control de cambios y el gobierno pudo apropiarse de los
recursos originados en la cuenta corriente del balance de pagos para hacer frente a los
compromisos con el exterior. El superávit externo era consecuencia directa de la
contracción en la actividad económica resultando de una caída de las importaciones.
El FMI dio el golpe de gracia cuando se negó a concretar un desembolso de los fondos
proyectado. Las manifestaciones negativas de los sectores productivos, el enfrentamiento
del gobierno, sectores sindicales y el estallido social terminaron derribando al gobierno de
la Alianza.
Luego de la caída de la Alianza tuvo un rápido paso Rodríguez Zaa que intento una
reactivación por medio de la creación de una nueva moneda “El Argentino” que no
funciono y asumió Duhalde.
Éste entendía que el régimen de convertibilidad estaba absolutamente terminado,
mostrando un apreciable cambio de énfasis en el mensaje político, anunciando una
ruptura de la alianza con el capital financiero y de la lógica del modelo económico
vinculado al régimen de convertibilidad.
Se aboco a la política macroeconómica de corto plazo; el desarrollo vertiginoso de los
acontecimientos escapaba muchas veces al control del gobierno que no atino a dar un
cauce a un nuevo modelo económico que suplantase al anterior.
Las medias que comenzaron a diseñarse fueron utilizando la ley de emergencia para
evitar que existiera sectores beneficiados por la crisis y procuraba una contribución
equitativa para superarla.
La devaluación anuncia a por Duhalde, pronuncio la centralidad de la cuestión cambiaria
en la política del gobierno y en las expectativas y comportamientos de los actores
económicos.
El equipo económico, intento una devaluación relativamente moderada mientras se abría
un mercado libre que se regía por la oferta y demanda de divisas.
El régimen anunciado duro muy poco. Las expectativas generadas por la bancarización
forzada de la economía y el default determinaron una dinámica explosiva de la demanda
de divisas y cuando el tipo de cambio libre toco los 2,1 pesos por dólar el gobierno unifico
el mercado cambiario y paso a un régimen de flotación libre.
El gobierno introdujo retenciones 20% a las exportaciones de petróleo, 10% para
productos primarios, y 5% para manufacturas agroindustriales.
Las retenciones tenían múltiples justificaciones: en primer término, constituían un dique
para contener el traslado del incremento en el tiempo de cambio a los precios internos de
los viene transables. Como las retenciones reducían los precios efectivamente recibidos
en el exterior, se contenía la suba de los precios internos. De esta forma, resultaba
amortiguado el impacto inflacionario de la devaluación y atenuando su efecto negativo en
la redistribución del ingreso.
En segundo lugar, las retenciones permitirían incrementar la recaudación tributaria y
aumentar la presión en los sectores que se veían beneficiados directamente por la
devaluación. Cuando las retenciones fueron aplicadas, tanto el sector agropecuario como
el petrolero reaccionaron con una lógica extorsiva. Las petroleras anunciando subas de
precio en el mercado interno, y el sector agropecuario reacciono con demoras en la
liquidación de divisas obtenidas por exportaciones.
La devaluación, no había sido enmarcada adecuadamente para morigerar sus impactos
negativos. Cuatros problemas se abrían en este frente:
1 )El primero era la propia estabilización del tipo de cambio nominal. Ante el bajísimo nivel
de reservas, una liberalización total del mercado cambiario dejaba al Estado sin
capacidad de intervención real, lo que permita maniobras de desestabilización por parte
de especuladores y operadores. Así se fue perfilando una corrida cambiaria que llevo al
dólar rápidamente a 4 pesos.
2) El segundo problema era el fiscal. La deuda en dólares y la recaudación en pesos
tendían a agravar un panorama fiscal de bancarrota. En este punto, la introducción de
retenciones jugo un rol estabilizador.
3) El tercer problema, tenía que ver con los contratos de privatización de los servicios
públicos, oportunamente establecido e dólares. La lógica de una devaluación consiste en
alterar el esquema de los previos relativos entre los bienes transables o productos y los
no transables. Como los primeros se fijaban en el mercado internacional, una devaluación
es acompañada por un aumento de sus precios en proporción similar. En el caso de los
no transables, fijados esos precios en el mercado interno, no tienen razones para elevarse
por una devaluación. Si todos los precios acompañan el índice de devaluación, la inflación
la torna ineficaz,. Solo con la introducción de retenciones y con la pesificación forzosa de
las tarifas pareció empezar a atacarse este problema.
4) La fuerte dolarización previa de la economía se manifestaba en muchos contratos
celebrados en divisas, incluyendo depósitos y préstamos de todo tipo. La devaluación
suponía nuevas condiciones por deudas y acreencias, con fortísimas transferencias de
ingresos entre deudores y acreedores.
Una de las aristas de ese problema era la forma de salir del corralito bancario y de
valuar los depósitos denominados originariamente en dólares. En el 2002 se decretó
la pesificación. Todos los depósitos fueron pesificados a una relación 1 dólar, 1.40.
No obstante, los depósitos seguían saliendo del sistema mediante los montos
autorizados, la vía judicial, la posibilidad de cancelar deudas con los bancos y con el
estado, compra de inmuebles y automóviles y el canje por títulos públicos.
El gobierno fue dando respuestas a los problemas de la salida de convertibilidad de
manera dubitativa y desordenada, revelando la falta de planificación de la política de
coyuntura.
La pesificación asimétrica fue que los activos de los ahorristas se pesificaron a 1,40
más inflación, mientras que los préstamos se pesificaron 1 a 1. De esa manera todas
las deudas se licuaron mientras que los depositantes conservaron una porción más
significativa de sus activos; pos su parte, el gobierno se haría cargo de compensa a
los bancos por la diferencia con la emisión de un bono en dólares. El equipo
económico había concebido que las deudas en dólares se pesifeicaran también a 1,4º,
pero incorporado la iniciativa de aliviar a los pequeños y medianos deudores
pacificando 1 1 los préstamos de hasta 100.00 dólares.
Política K con “viento de cola”
Cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner en mayo del 2003, estaba claro que lao
peor ya había pasado, aunque la economía argentina seguía envuelta en un contexto
de alta incertidumbre, y con una situación social que seguía siendo muy complicada.
Para este entonces, y en comparación a la crítica situación del 2002, algunas cosas
estaban cambiando ayudando al proceso de recuperación.
Tras la fuerte recesión experimentada en el 2002, la actividad económica comenzó un
proceso de recuperación que no se detendría hasta 2009.
¿Qué factores explican esta recuperación?
a) De nuevo los ciclos económicos externos cambiaban de signo, pero esta vez a
favor. Desde el 2002 se estaba produciendo una recuperación muy visible en los
precios de los comodditis a nivel internacional. Dicha tendencia se extendería
hasta 2008, generando mejores condiciones para los sectores exportadores de
Argentina.
b) Fue esta nueva tendencia que mostraba los precios de los comodditis, entre los
cuales encontramos los granos, harinas y aceites la que dio lugar al comentario de
“viento de cola” que explicaba la recuperación de la actividad económica del país.
La fuerte devaluación de la moneda genero una recuperación casi inmediata en la
competitividad de la economía argentina. Fue muy visible la recuperación en la
rentabilidad de los sectores de bienes transables, ya sea orientados a la
exportación, como en el caso de la agricultura, o en relación a las industrias que
competían en desventaja con las importaciones durante la convertibilidad. Estos
sectores recuperaron progresivamente dinamismos y consecuentemente
mejoraron su margen de acción, lo cual contribuyo a multiplicar la generación de
empleo y producción hacia las actividades internas, tanto en la producción de
bienes como en la prestación de servicios.
En ese contexto, los fuertes excedentes que se generaron en la actividad
agropecuaria, alentaron una muy importante recuperación del sector de la
construcción, especialmente en los grandes centros urbanos y turísticos, lo cual
también contribuyo a la recuperación de la actividad económica. De hecho, el
crecimiento de la construcción privada, no tiene probablemente antecedentes en la
historia del país.
c) Está claro que los dos factores anteriores pudieron actuar en términos de
reactivación de una manera rápida y fluida, porque el país contaba con una
capacidad instalada ociosa importante, que se arrastraba del proceso recesivo que
había experimentado el sistema productivo desde 1999. Esto permitió que la
reactivación de la demanda no generaran presiones inflacionarias importantes
durante los primeros años de la etapa post convertibilidad.
d) A Partir del 2003, el gobierno comenzó a tomar decisiones tendientes a mejorar la
distribución del ingreso, mediante medidas que promovieron la recuperación de los
salarios, tanto en el sector público como en el privado y también el aumento
progresivo de los haberes jubilatorios. Esta política permitió en el tiempo un
aumento persistente en el nivel de consumo interno, que también contribuyó al
aumento en el nivel de acumulación económica del país durante este periodo.
e) Se produjo un cambio muy importante en el nivel de inversión, a partir de 2’’2. Que
contrasta fuertemente con el debilitamiento que esta variable había experimentado
en los últimos años de la convertibilidad. La recuperación de la rentabilidad en
algunos sectores que habían postergado inversiones en la última etapa de
convertibilidad, explica, el fuerte aumento en la venta de cosechadoras, camiones,
tractores y otros bienes de capital, que contribuyeron a mejorar el equipamiento de
los sectores productivos y a generar un aumento en la productividad.
Ahora bien, hacia mediados de 2004, se hizo visible que la recuperación económica no
era transitoria, sino que expresaba una nueva tendencia de la economía. En ese contexto,
algunos analistas comenzaron a discutir si había o no una política económica de parte del
gobierno que diera explicación a lo que ocurría, y si consecuentemente podía hablarse de
un nuevo modelo económico.
En ese marco comenzó a hablar de un modelo económico basado en “Dos superávit
gemelos” el balance comercial externo y las cuentas fiscales.
Como se sabe, si el balance comercia de un país muestra la relación entre las
exportaciones y las importaciones de los bienes transables en un año calendario. El
balance fue fuertemente negativo en la década del 90, debido a gran medida al tipo de
cambio atrasado que expresaba la convertibilidad, que debilitaba las exportaciones, a la
par que alentaba las importaciones de productos extranjeros al país. Como ya se expresó,
la combinación de una fuerte devaluación, con mejora sustancia de los precios
internacionales de las materias primas, cambió radicalmente el signo del balance
comercial, que paso a ser fuertemente positivo desde el 2002.
La recuperación en las cuentas públicas tiene una explicación diversa, que descansa en
una gran batería de factores entre los cuales se destacan la recuperación de la
recaudación por el mayor nivel de actividad económica, el mismo default que hizo que no
se destinaran recursos al pago de la deuda, la licuación inicial del gasto público como con
resultado de que la recaudación subió con el aumento de los precios, en un contexto en el
cual los salarios y las jubilaciones permanecieron congelados.
También jugaron un rol en el aumento progresivo de la recaudación algunos nuevos
gravámenes, como e impuesto al cheque y las retenciones a las exportaciones (que había
introducido en el sistema Eduardo Duhalde.
Desde un punto de vista académico queda claro que estas dos variables no constituyen
un modelo desde ningún punto de vista, y que el hecho que fueran posesivas era más
bien una consecuencia del default, que un objetivo deliberadamente buscado en la política
económica. El contraste con la etapa menemista no podría ser más impactante. A lo largo
de la década del 90 ambas variables tuvieron un comportamiento negativo. Cómo puede
un país con cuentas comerciales y fiscales permanentes negativas? La respuesta es con
crédito.
Como contrapartida, si un país entre en default, y por lo tanto se queda sin crédito, no
tendrá más remedio que ajustar sus cuentas fiscales y cuentas externas. Bajo esta
perspectiva, la Argentina posterior al 2002 tuvo cuentas positivas tanto en términos
fiscales como comerciales, porque tampoco tenía otro remedio de actuar de otra forma.
No había margen de maniobra.
Kirchner sostenía que en su gobierno no hay un modelo económico, sino un proyecto
político. El presidente quería marcar una diferencia con la década de los 90, en términos
de prioridades, porque él consideraba que las decisiones económicas tenían que estar
subordinadas a los objetivos políticos y no al revés, como supuestamente había ocurrido
en la etapa menemista. Era un intento de reivindicar la política, frente a la presión de los
grupos económicos dominantes.
Una crítica muy atendible y que compartirnos es que a lo largo de toda la primera década
del siglo xxi, ha sido precisamente la falta de una planificación estratégica, de una visión a
largo plazo que permitiera, tanto las empresas privadas como al sector público orientar el
proceso de inversión adecuadamente. Por ello es necesario un modelo económico,
porque sin el no hay señales claras en términos de mediano y largo plazo.
Las herramientas técnicas que utilizo el gobierno k para avanzar en un fortalecimiento del
rol del estado en la economía fueron: una política monetaria expansiva, una política
cambiaria basada en un sistema de floración administrada y una política de ingresos, que
como ya se expresó anteriormente, puso mucho énfasis en la recuperación de los salarios
y el poder de compra de los sectores más postergados de la sociedad argentina. Esto se
consiguió a través de la recuperación de los convenios colectivos de trabajo, como
herramienta de negociación salarial, y a través de una fuerte política de subsidios a los
sectores más vulnerables.
Una análisis sobre la gestión de Néstor, estría absolutamente desubicada si no se
considera lo que fue un verdadero hito para este periodo, que fue la negociación de la
deuda, lo cual en ese momento fue considerado un éxito rotundo. La oferta contenía
Bonos par ( con tasa baja, sin quita y a treinta y cinco años de plazo) otros bonos con
descuento ( a treinta años con un 66% de quita) y un llamado cuasi par, destinados a las
administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones FJP. Todos los títulos levaban
incluido un cupón adicional, con pagos asociados a la evolución del PBI.
El 76% de los acreedores en default acepto la oferta. En realidad la quia promedió se
ubicó entre el 70 y el 75% según el bono considerado. A partir de lo anterior, la deuda
pública paso a representar el 166% del pbi en el año 2002 al 62% en el 2005, al momento
del canje. En los años subsiguientes, este a proporción fue incluso disminuyendo más
aun, en la media que el pbi siguió mostrando aumentos significativos.
Finalmente, sobre la explicación del fuerte proceso de expansión de la economía
verificada, entre 2003 y 2008, los cinco factores comentados arriba pueden chequearse
en la formula famosa del PBI, bajo la denominación ecuación macro económica
fundamental, elaborada por Keynes
PBI= C + I+ G+X-M
DONDE C ES EL CONSUMO, i LA INVERSION, g EL GASTO PUBLICO x LAS
EXPORTACIONES Y m LAS IMPOSTACIONES
Queda claro que los cinco factores explican con mucha claridad como todas as variables
correspondientes a la formula jugaron a favor de la expansión del nivel de actividad
económica del país, medido a través del PBI.
Política K, si viento de cola
Cuando cristina Fernández asumió la presidencia en el 2007, había sido parte de su
discurso electoral de que a partir de su gobierno, planteado como una continuidad del de
Néstor, comenzaría a aplicarse lo que ella había denominado “sintonía fina”. Era una
manera de reconocer que, durante la gestión anterior, se habían tomado decisiones con
un trazo muy grueso, lo cual había estado justificado por la crítica situación del 2002.
Sin embargo, los hechos obligaron al gobierno a cambiar de libreto. A mediados del 2001,
estallo una nueva crisis internacional, que prácticamente ningún analista económico ni
organismo internacional supo prever.. La crisis estallo en EEUU, en el mercado de las
hipotecas bancarias, por lo que se ha denominado la crisis de las Hipotecas Subrpime.
Como la crisis tuyo su génesis en un sistema financiero que está fuertemente globalizado,
finalmente las complicaciones se extendieron a prácticamente todo el mundo, generando
una fuerte desaceleración de la actividad productiva y consecuentemente, un retroceso en
los precios de los comodditis a nivel internacional. Como era de esperar, este cambio en
las condiciones globales, finalmente también termino afectado a la Argentina. En este
caso, no se produjo una contaminación a nivel financiero, ya que la Argentina, por estar
en default desde el 2002, mantuvo fuera del sistema global a su sistema financiero
nacional. El impacto si se dio a nivel comercial, porque la desaceleración de la economía
mundial afecto nuestras ventas externas.
El financiamiento del gasto público, en expansión, considerado calve para equilibrar la
caída de la inversión y el consumo privado, provino también de otras fuentes, y no solo de
la estatización de las AFJP. En ese contexto, se apeló a una batería de acciones, tales
como moratorias impositivas y previsionales, adelantos del banco central al tesoro
nacional y también se apeló al aporte de otras dependencias, en las cuales se habían
acumulado recursos en caja, en la etapa expansiva anterior, y que contribuyeron a través
de la compra de bonos emitidos por el gobierno nacional.
A los efectos de llevar adelante dichas políticas anti cíclicas, el gobierno argentino
intensifico sus mecanismos de intervención sobre los mercados y sus instrumentos de
regulación sobre los sectores productivos, lo cual le trajo aparejado diversos conflictos
con aquellos sectores que se sentina fuertemente presionados por la política oficial desde
la gestión de Néstor. El caso más resonante, y aun recordado, fue el muy agresivo
conflicto destacado con el sector agropecuario, a partir de la decisión sectorial de resistir a
la aplicación de la resolución 125, en relación a la intención de aplicar retenciones móviles
sobre las exportaciones de granos y subproductos.
Pese al esfuerzo desplegado, no pudo evitarse que la economía sufriera un proceso
recesivo en 2009. Sin embargo, y como cabría de esperar, la economía argentina se
recuperaría en el 2010, a la par que lo hacia la misma economía mundial. Sin embargo,
algo había cambiado de manera estructural. Ala economía mundial le costaría mucho salir
de la crisis. En los años siguientes, y hasta el presente, ya no volvería a verse el mismo
dinamismo de la primera etapa.
Lo anterior expresaba un cambio de escenario. Se había acabado el “viento de cola”; y
por lo tanto se imponía generar también cambios en las políticas económicas a nivel
nacional, para adaptarse a las nuevas circunstancias internacionales. Sin embargo el
gobierno argentino se encontró con la necesidad política de enfrentar al escenario
electoral del 20122, en uN contexto de desaceleración a nivel internacional, lo cual
planteaba un riesgo de derrota.
Las urgencias electorales empujaron al gobierno a instrumentar una agresiva política de
aumento del gasto público, y un impulso del consumo privado vía tasa de interés
abiertamente negativas. Esto genero un progresivo desequilibrio de alguna variable
macroeconómica. A partir de 2012, como consecuencia de estos desequilibrios, comenzó
a visualizarse una importante aceleración de la inflación, un creciente desequilibrio de las
cuentas públicas y también una pérdida progresiva de competitividad empresarial, a
través de un tipo de cambio crecientemente regulado.
Frente a semejante cuadro, el segundo mandato de Cristina se vio jaqueado por diversos
problemas de carácter económico
a) Déficit fiscal: Las cuentas fiscales muestran un escenario de déficit a partir del
2010. Esto se explica desde el punto de inflexión que se produce en el gasto
público a partir del 2011, momento en el cual el gobierno nacional tomo la decisión
de aumentar el gasto y los subsidios, directos e indirectos, a efectos de
contrarrestar el proceso de desaceleración económica que estaba visualizando y
que podía poner en riesgo la suerte electoral del gobierno.
Estas acciones dieron sus frutos, y la actividad económica no se desacelero, como
estaba ocurriendo en casi todos los países del mundo. Sin embargo, el costo de
estas acciones fue desequilibrar el funcionamiento de las cuentas públicas, que
mostraron a partir del 2012 un desequilibrio que fue, en adelante, de carácter
permanente. Este desequilibrio comenzó a financiarse en forma creciente con
aportes del banco central, vía emisión monetaria.
b) inflación
Aunque existen muchas teorías para la explicación de los procesos inflacionarios,
para el caso argentino. Las opiniones pueden ser agrupadas en dos vertientes:
- Las monetaristas, donde la explicación descansa en la sobre oferta de dinero,
básicamente a partir de una emisión excesiva de parte del banco central, con el
objeto de financiar las cuentas deficitarias del gobierno.
- Visiones que llamaremos estructuralistas, donde la explicación descansa
fundamentalmente en problemas vinculados a la estructura productiva del país. En
este marco, la explicación se ubica en torno a prácticas monopólicas de grupos
económicos concentrados, la puja distributiva entre empresarios y trabajadores,
conductas especulativas, en relación al funcionamiento del mercado de cambios,
el estrangulamiento productivo por falta de inversión en sectores formadores de
precios etc.
Para nuestra visión, ambas visiones son parte de la explicación. La aceleración de
la inflación a partir del 2012 está inevitablemente asociada al debilitamiento de las
cuentas públicas del gobierno y el consecuente aumento de financiamiento a
través del banco central vía emisión. Esto no significa negar los problemas del
sistema productivo, que también contribuyen a acelerar la inflación, sobre todo
cuando el sistema productivo se encuentra cerca del pleno empleo.
En este punto conviene observar un tema de carácter estructural que sirve para
visualizar las tendencias a largo plazo en términos de presiones inflacionarias. Se
trata de la tasa de inversión que a lo largo de la última década se ha mostrado
insuficiente para satisfacer el aumento de la demanda de bienes y servicios.
Múltiples trabajos de investigación coinciden que el sistema productivo argentino
necesita una tasa de inversión del 22% del PBI para sostener una tasa de
aumento en torno el 5% en el nivel de actividad económica. Sin embargo la política
seguida por el gobierno argentino, promovió un aumento del PBI con una tasa de
inversión que casi nunca supero el 22%. Eso significa que la tasa de inversión que
tuvo la argentina era incompatible con la tasa de aumento de la actividad
económica. El resultado de esta inconsistencia es más inflación, ya que se
producen permanentes cuellos de botellas sectoriales, debido a que las demanda
es más dinámica que la capacidad del sistema productivo para dar respuesta. Los
problemas de la infraestructura energética son un ejemplo de este análisis.
c) Pérdida de competitividad:
El tipo de cambio real, mide la cotización del dólar en Argentina, no desde el punto
de vista nominal, sino en relación al resto de los precios de la economía de un
país. Ya hemos expresado que la devaluación de 2002 genero un fuerte aumento
en la competitividad de los sectores de bienes transables. Sin embargo, lo que
muestra el grafico es que con el correr de los años, el proceso inflacionario fue
erosionando la capacidad de compra del dólar, y consecuentemente, fue
debilitando progresivamente la competitividad de los sectores productivos, y
especialmente de los sectores vinculados a la exportación.
Esta situación ha motivado el reclamo de diversos sectores productivos hace el
gobierno en relación a la necesidad de contar con un dólar más competitivo. El
reclamo, con el argumento de que existe un “atraso cambiario” , explica parte de la
conflictividad entre el gobierno y algunos empresarios-
d) Conflicto irresuelto con los fondos buitres
Bajo la presidencia de cristina en el 2010, el gobierno volvió a hacer una nueva
oferta a los bonistas que no habían ingresado al canje en un primer momento. El
resultado de este segundo llamado fue que solo el 7% quedo fuera del acuerdo.
A partir del éxito alcanzado en el segundo canje, se quedó dormido, con lo cual
permito que los llamados fondos buitres pudieran seguir articulando una estrategia
para actuar en la justicia de los estados unidos.
Curva de Phillips:
Cuando Menem asumió la presidencia, estaba claro que la prioridad era la lucha contra la
inflación, y el plan de convertibilidad tenía como eje central actuar en ese sentido .La
inflación fue controlada, pero a costa de generar un aumento progresivo en la tasa de
desocupación, tal como destaca Phillips.
En cambio cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia, las prioridades sobre todo las
demandas sociales, habían cambiado sustancialmente. La preocupación central era la
desocupación y los altos niveles de pobreza. En ese contexto, se entiende que las
políticas instrumentadas apuntaban básicamente a conseguir esos objetivos.
Inevitablemente, las medidas adoptas conducirían a la parición progresiva de presiones
inflacionarias.
En el corto plazo no pueden cumplirse ambos objetivos.
Roppoport: Los tres Kirchnnerismos
Cuando Néstor asumió, la mitad de los créditos bancarios se encontraban en situación de
mora, las cuasi monedas creadas durante la crisis continuaban en circulación, y los
balances de las entidades financieras mostraban grandes pérdidas. Los temas
centrales eran tres:
Primero entrañaba la normalización del sistema financiero y el ordenamiento patrimonial
de los bancos, la salida de las cuasi monedas, la recuperación de la confianza de la
moneda nacional y la definición de una estrategia cambiaria compatible con el régimen
macro económico de crecimiento.
El segundo era la renegociación de la deuda en default teniendo en cuenta la
imposibilidad fáctica de la necesidad de ajustar los pasivos económicos.
El tercero consistía en redefinir el cuadro tarifario y renegociar con las empresas de
servicios públicos privatizadas, tras la pesificación de las tarifas.
EL ministerio de economía continuo a cargo de Lavagna, se comenzaba de debatir cual
sería el régimen de la política macro económica. La fuerte devaluación en un contexto
recesivo y de alto desempleo había generado na nueva paridad cambiaria muy elevada.
El resultado inicial fue un verdadero shock positivo en la actividad productiva: los
márgenes de ganancia crecieron muchísimo debido a los salarios bajos, el costo
financiero era casi inexistente ya que las transacciones se hacían al contado y se
congelaron las tarifas de electricidad y gas. Este shock inicial dio lugar a una situación de
importaciones estimada en el 40% de bienes industriales y buena perspectiva de
crecimiento.
El régimen de metas de inflación se presentaba como la opción predilecta tanto por parte
de los técnicos del equipo del FMI como del presidente del BCRA. Sin embargo se decidió
una salida de la ortodoxia liberal.
El escenario internacional ofrecía mejores perspectivas para una restructuración de la
deuda que incluyera importantes reducciones sobre el capital adeudado y mejores
condiciones de repago. Con respecto a las empresas de servicios públicos privatizadas el
presidente fue drástico: ante ellas hizo valer la elevada rentabilidad que habían tenido en
el pasado, para así mantener la pesificación y el congelamiento de las tarifas. Les resto
potestades que de allí en adelante quedaría en manos del gobierno.
Con respecto a las rentas petroleras y agrarias se redistribuyeron mediante las
retenciones a las exportaciones, que habían llegado con Duhalde y la emergencia
económica y pasaron a integrar el nuevo régimen de la política económica.
La búsqueda de nuevas y mayores fuentes de financiamiento para el gasto estatal como
elemento redistributivo, de impulso de la actividad económica y de implementación de
políticas púbicas marco el tinte de la gestión económica.
La búsqueda de un nuevo rol del estado:
La salida del régimen de convertibilidad implicaba la reconstrucción de las capacidades
estatales por el mero hecho de abandonar una regla monetaria e introducir desafíos en
materia de gestión macro económico. Las primeras propuestas de Kirchner estuvieron
regidas por una fuerte dosis de pragmatismo. Su discurso revindicaba el papel del estado.
Para restructurar la deuda la idea central fue que si los inversores habían aceptado
comprar bonos argentinos que pagaban tasas de interés cada vez más altas era porque
estaban asumiendo mayores riesgos. El default en que incurrió argentina en el 2001
mostro que las perdidas debían ser compartidas, y que así como el país tuvo que
atravesar una crisis los inversores debían aceptar las perdidas correspondientes por las
riesgosas inversiones que habían aceptado realizar.
La idea de que los tenedores de bonos debían asumir pérdidas tenia cierto respaldo en el
escenario político internacional. Argentina formulo una propuesta de reestructuración de la
deuda: canjear los bonos en default por nuevos títulos que incorporaban una quita
próxima al 65%. S
La oferta de canje incluiría la emisión de un bono atado al crecimiento (cupón PIB) cuyo
objetivo era ofrecer a los tenedores de bonos en default un premio en caso de que el país
creciera por encima de su tasa promedio a largo plazo. La idea era hacer más llevadera la
perdida para esos tenedores: pierden hoy pero si a la economía del país le va bien,,
compartirán los futuros frutos del crecimiento. El canje se efectivizo en el 2005.
Pocos meses después y en el marco de una favorable coyuntura, la Argentina crecía con
un súper avit fiscal en el sector exterior. Kirchner anuncio el pago integral con la deuda
con el FMI, lo que puso fin a esta conflictiva relación.
En el año 2005 se mostraba un escenario económico de normalización de la situación
económica en genera. Después de cuatro años de declive, y tres de recuperación, el país
volvía al punto de partida. Pero o hacía en un escenario diferente, con un sector
productivo que lideraba el crecimiento, la industria en plena recuperación, el agro viviendo
el momento de esplendor y la construcción dinamizando la economía. La tasa de
desempleo había caído en forma vertiginosa y las empresas eran más las que se creaban
que las que cerraban.
El crecimiento económico armonizaba un buen desempeño con el mercado interno por la
paulatina recuperación del consumo privado, el despegue de la inversión y la adecuada
reacción de las exportaciones.
El modelo de la política macro económica se basaba en la combinación de tres
elementos:
1) Un tipo de cambio real alto para mantener una estructura de precios relativos
favorable al desempeño industrial. El cobro de retenciones a las exportaciones
primarias para generar una mayor holgura fiscal, redistribuir las rentas de ese tipo
de cambio alto y amortiguar el traslado del alza en los precios internacionales de
los productos primarios al precio de los domésticos.
2) Por ultimo una serie de controles al ingreso de capitales de corto plazo para evitar
la apreciación cambiaria y desalentar la especulación financiera.
En lo económico la reaparición de la inflación dio lugar a una discusión acerca de sus
causas. En otro plano se iniciaba un ciclo de alza en los precios internacionales de
materias primas, con consecuentes presiones sobre los precios internos de los diferentes
países.
Kirchner no le renovó el contrato al presidente del Banco central y se colocó Redrado, que
tenia fuertes vínculos con el sector financiero con el fin de completar la etapa de
normalización y saneamiento del sistema. Su designación fue importante para generar
confianza para la quita de la deuda más importante de la historia argentina.
Luego le pide la renuncia a Lavagna, principalmente porque estaba dispuesto a dejar
atrás la historia de los súper ministros de la economía argentina, que transformaba al
ministro en una figura política importante al punto de entrar en competencia con el
presidente, Kirchner no estaba dispuesto a aceptar esa lógica y quiso ser su propio
ministro de economía.
En su lugar se asignó a Felisa Miceli.
La encomia continuo su marcha ascendente, a los buenos fundamentos internos se sumó
una mayor holguera externa por el alza de los precios internacionales de los productos
agrarios principalmente la soja. El regreso de la inflación comenzó a transformarse en uno
de los principales problemas de la economía. Por ello, Kirchner aposto por una política de
acuerdos de precios y creo la secretaria de comercio. Funciono, pero el éxito duro poco,
la inflación pasaría a ser el talón de Aquiles del kirchnerismo, tanto pos su aceleración
como por las respuestas de la política económica.
El alza de los precios internacionales generaba a su vez el desafío de evitar el traslado
pleno a los precios internos. El gobierno dispuso elevar las alícuotas a las retenciones a
las exportaciones y al mismo tiempo limito el alza de los precios domésticos. La tensión
con el sector agrario se presentó por primera vez en el 2006, y luego en el 2008.
En el mercado laboral, se estimuló las negociaciones paritarias y el salario real continuo
su marcha ascendente. Durante la convertibilidad, los convenios colectivos habían caído
en desuso.
Se trató de un periodo de fuerte ceración de empleo privado registrado. La estructura
empresarial se renovó y el sector industrial registro muchísimas nuevas empresas.
Desde la óptica del presidente, la ciudadanía había sido atosigada en las décadas previas
con planes que prometieron sacrificio presente y prosperidad futura y en última instancia
mostraron mucha eficacia para el primero y escasa vocación para el segundo. Pero su
reticencia a la planificación económica generaría numerosas dificultades a futuro y
establecería la curiosa paradoja de un proyecto político con una extraordinaria
construcción y planificación a largo plazo que se negó sistemáticamente a planificar la
marcha de la economía aun siendo consciente del papel central de la economía.
Kirchner quiso evitar la suba de tarifas de electricidad y gas. Esa medida razonable, en los
años de crisis, comenzó a tener menos sentido cuando la economía comenzaba a crecer.
El resultado fue un creciente aumento de subsidios estatales para hogares y empresas. Al
mismo tiempo sostener tarifas bajas en los hogares indujo a un aumento en el consumo,
derroche y practicas alejadas al uso racional.
El cambio en el escenario macroeconómico fue el principal factor de impulso al
crecimiento: caracterizado por un tipo de cambio real alto que protegía el mercado interno,
doto de un elevado margen de ganancia al sector y promovió exportaciones.
Entretanto comenzaron a instrumentarse licencias no automáticas de importación como
mecanismo de protección y estímulo a la radicación local de algunos productos que se
venían importando, se reactivó el régimen de armaduría electrónica en tierra del fuego. El
marco macro económico resulto favorable y garantizo un crecimiento basado en el
ensanchamiento de la base existente. A pesar de algunos tibios intentos, como el
lanzamiento del plan productivo no se llegó a constituir una iniciativa de planificación del
desarrollo industrial y productivo en general.
El segundo Kirchnerismo:
La búsqueda de una nueva agenda de mediano y largo plazo.
Cristina se impuso como candidato en las elecciones del 2007, obteniendo un gran triunfo.
A partir de los resultados, la agenda de desafíos era múltiple y CFK se ubicó en un
terreno discursivo proclive a un mayor desarrollo institucional y de una agenda de
mediano y largo plazo.
La agenda económica incorporo debates y lineamiento de mediano y largo plazo, pero de
manera paradójica la coyuntura terminó por deglutir esta discusión. El primero en ocupar
el centro de la escena fue el conflicto agrario, y cuando se comenzaba a recuperar vino la
crisis del 2008, que llevo a replantear la política económica para administrar los efectos de
esa situación.
El conflicto agrario y las retenciones móviles a las exportaciones:
El campo argentino conoció uno de los momentos de máximo esplendor a la salida de la
convertibilidad. Se debe a los efectos de la devaluación y el alza de los precios
internacionales, sumado a la licuación de los pasivos resultante de la pesificación de las
deudas bancarias de esos mismos años. Estos tres factores permitieron coronar un
proceso de inversión y cambio tecnológico que no había tenido lugar desde la década del
90, que permitió cambios sustanciales al cultivo de la soja. El nuevo paquete tecnológico
incorporo semillas, fertilizantes, agroquímicos y siembra directa, lo que dio por resultado
un alza notable en la productividad del sector y en la consolidación de la soja como cultivo
central en el campo argentino. Las inversiones se financiaron con préstamos del banco de
la nación argentina. Pero el escenario de precios internacionales no acompaño el proceso
inversor y muy pronto el sector vio afectada su rentabilidad, situación agravada por la
desmejora del escenario interno y el inicio de la crisis final de la convertibilidad. Este
proceso es anterior al auge de los precios internacionales. Primero bajo este influjo y
luego debido a los altos precios internacionales, la producción sectorial resultaba rentable
incluso pagando retenciones.
El conflicto agrario admite varias perspectivas de análisis, aglutino una diversidad de
intereses que parecían imposibles de generar. Las retenciones móviles se plasmó en la
resolución 125 y ataba la alícuota de las retenciones a las exportaciones a la evolución
del precio internacional .También generaba alícuota de los diferentes cultivos para
compensar la preeminencia de la soja.
Este anuncio tomo por sorpresa a los productores, primero porque se implementó en
marzo cuando se estaba por empezar a levantar la cosecha record, y el sector interpreto
que se estaban cambiando las condiciones del negocio justo en el momento de su
realización. Durante la siembra habían sufrido una suba considerable de los precios de los
fertilizantes y ahora le sacarían el premio.
El conflicto agrario estallo, la federación argentina, se sumó al reclamo y conformaron con
la sociedad rural la llamada mesa de enlace. Los reclamos sectoriales y las pujas por
espacios dentro del aparato estatal no aceptados por CFK fueron alejando a esas
entidades del gobierno. La contradicción entre pequeños y grandes productores y
propietarios son históricas. Incluso muchos productores pequeños habían abandonado las
tierras, arrendándolas a productoras más grandes dedicándose a ser prestadores de
servicios agrarios.
En definitiva el gobierno tenía sobradas razones para cobrar retenciones y ahora disponía
un mecanismo de mayor previsibilidad. Perlo lo hizo en un momento poco oportuno desde
el punto de vista del ciclo productivo y sin propiciar el dialogo con el sector. Tampoco
dispuso medidas para quebrantar ese frente que se armó entre productores de diferentes
tamaños. Los más pequeños pedían pagar menos alícuotas de retenciones, lo cual
resultaba inaplicable porque las retenciones son pagadas por el exportador, que en
general no es productor pequeño ni grande, sino las grandes comercializadoras.
La belicosidad del conflicto incluyo cortes de ruta, desabastecimiento de productos y
hechos de violencia que llevo a que el gobierno redoble la apuesta, resolvió enviar el
proyecto al congreso, a pesar de que formalmente tenía facultades para aprobarlo de
manera directa. El resultado fue que tuvo que desempatar julio Cobos, el vicepresidente
de la nación. Cobos avizoro un cambio de época y voto en contra.
La crisis internacional y sus impactos en el país:
Todavía sin terminar de acomodarse el conflicto agrario, el gobierno cayó en la cuenta de
la grave situación internacional que comenzaba a afectar a los países desarrollados y se
expandía al mundo en desarrollo. La ramificación y vinculaciones financieras hicieron que
la crisis iniciada en EEUU rápidamente se expandiera a Europa.
La Argentina tenía un bajo grado de exposición financiera, sobre todo porque había
reestructurado su deuda y acumulado importantes superávits en la balanza comercial que
le permitían pagar obligaciones externas y acumular reservas. La escasa incidencia del
capital financiero termino jugando a favor en ese contexto. De lo que no pudo escapar
Argentina, ni tampoco otros países de la región, fue de los efectos negativos de una baja
en el comercio exterior y en los precios internacionales de las materias primas. En poco
tiempo, se redujeron las exportaciones en el país, tanto por menor demanda del mundo
desarrollado como por menores precios. Se verificaron caídas en los depósitos bancarios
y mayor demanda de divisas. Brasil había dejado flotar su moneda y experimentado
devaluaciones. El BCRA prefirió una estrategia más gradual y fue llevando el tipo de
cambio hacia arriba paulatinamente. En forma paralela estimulo un alza en la tasa de
interés para retener los depósitos y restar liquidez que pudiera alimentar mayores
presiones sobre el mercado de cambios.
El banco nación desempeño un papel activo en la expansión del crédito, actuando como
un contrapeso de una clara tendencia a la baja de la oferta financiera en los bancos
privados. Los bancos públicos se deshicieron de posiciones de letras y notas de
regulación monetaria (lebac) y destinaron esa liquidez a incrementar el crédito al sector
privado.
La política fiscal mostro un perfil contra cíclico: el gasto no redujo su ritmo de crecimiento,
a pesar de la desaceleración en el ritmo de expansión de los recursos que comenzaban a
registrarse debido a la caída del nivel de actividad. La expansión del gasto se orientó al
gasto social, financiamiento de obra pública e implementación del programa de
recuperación productiva, destinado a sostener el empleo en empresas que comenzaban a
padecer los efectos de la caída del nivel de actividad mediante subsidios parciales al pago
de salarios.
El manejo de la situación marco un hecho inédito en la historia económica argentina: por
primera vez un shock externo de magnitud no generaba una crisis de balanza de pagos
en la economía argentina. Sumado a esto el gobierno resolvió el problema fiscal con una
medida de alta relevancia e impacto: una nueva reforma previsional.
La re estatización de las AFJP. La crisis internacional se mostró como una oportunidad
más que propicia para instrumentar una reforma integral que pusiera fin a la de 1993. La
crisis financiera había genera una baja en el valor de las carteras debido a la caída en las
cotizaciones de los activos. La idea de haber expuesto el ahorro de los trabajadores a
esos vaivenes no resultaba agradable a los ojos de la opinión pública. Por otra parte,
recuperar sus fondos para su administración por el sector publico implicaba que otra
oficina pública se transformara en tenedora de una amplia cantidad de títulos públicos,
facilitando de ese modo la tare de refinanciar el tesoro. Un tercer efecto, fue adueñarse de
una masa considerable de acciones de empresas privadas.
Bajo el influjo de la reforma de 1993, la administración del ahorro previsional perseguía el
objetivo de maximizar el rendimiento del fondo a fin de favorecer una mayor acumulación
individual que permitiera ampliar los recursos destinados a nutrir el pago jubilatorio. En el
nuevo esquema, la ampliación del fondo, realiza con criterios intemporales y una mayor
generación de aportantes, otorgo mayor viabilidad al funcionamiento del sistema.
Asimismo, se modificó el enfoque de administración, procurando cambiar el esquema
proiclico de las AFFJP ( donde los fondos evolucionaban en función de los ciclos de corto
plazo del mercado de capitales) por otro contra cíclico, con mayor diversificación de las
carteras y una apuesta a proyectos vinculados a la economía real y por lo tanto, a la
generación de empleos registrados que a su vez retroalimenten los recursos con mayores
aportes. Durante el primer año, el fondo provisional, ya bajo administración estatal creció
un 28%.
Asignación Universal Por hijo:
El desgaste ocasionado por la sucesión del conflicto agrario y la ciada en el nivel de
actividad como consecuencia de la crisis internacional llevaron al gobernó a perder
densidad política. El gobierno evaluó que era momento propicio para implementar una
nueva política social que ampliara el piso de derechos provisionales. Así nació la AUH:
instrumentada por la Anses, es una extensión del sistema de asignaciones familiares que
perciben los trabajadores formales a los informales y desocupados.
EL fondo de desendeudamiento y la crisis de las reservas:
En el último trimestre del 2009, la situación internacional comenzó a mostrar señales de
reversión. El gobierno argentino se preparó para una recuperación, sin embargo quedaba
por resolver la elevada carga de vencimientos de deuda que llegarían en el 2010. Hubo
conflictos con respecto a las perspectivas de como saldarla entre el presidente del banco
central y la presidenta.
La presidenta como consideraba proyecciones positivas para el 2010 que permitirá
acumular un considerable superávit comercial, se podían atender los vencimientos de la
deuda, sino también acumular reservas y dar certidumbre plena a los pagos mientras se
gestionaba un nuevo canje de deuda.
Se terminó desplazando el presidente del banco central, y también se realizó una nueva
carta orgánica del banco central. La independencia del mismo había sido consagrada en
1992, el BCRA independiente y con el objetivo único de preservación del valor de la
moneda choca contra los objetivos de crecimiento e inclusión que impone una agenda de
desarrollo.
Mientras el país superaba la crisis de la reservas se preparaba para un nuevo ciclo de
auge. Mientras ese proceso se desarrollaba fallece Néstor, y la imagen de cristina creció
de manera notable, el camino de la reelección parecía allanado.
El tercer Kirchnerismo: De la profundización del modelo al estancamiento
El nuevo gobierno de CFK comenzó con las más elevadas expectativas. Los niveles de
crecimiento, mejoras en ingresos laborales, consumo e inclusión social ofrecían un marco
optimista. Pero el escenario económico estaba lejos de ofrecer un panorama favorable
para dar crédito a ese optimismo. Los obstáculos se manifestaban fundamentalmente en
el sector externo. El crecimiento económico y las limitaciones en las políticas sectoriales
(sobre todo en materia industrial y energética) habían multiplicado el peso de las
importaciones, de modo que el superávit externo comenzó a reducirse de manera
acelerada, aspecto que hizo visible tanto en el sector energético como en el industrial.
La inflación elevada multiplico la demanda de divisas en los sectores especulativos y en el
de los ingresos medios y altos que buscaban posicionarse ante lo que veían como una
inevitable devaluación y con la intención de multiplicar ahorros y excedentes financieros.
También era posible observar cambios en el terreno fiscal: aumento de gasto que
superaba el incremento de ingresos fiscales y el super avit q había caracterizado al
primero gobierno muto en déficit.
Lejos de profundizar el modelo el tercer kirchnerismo debió contentarse con “aguantar el
modelo”.
Sintonías finas y gruesas: el regreso al control de cambios
A fines de 2011, la macroeconomía argentina mostraba importantes desajustes. El tipo de
cambio se había deslizado de manera muy suave, mientras los costos internos crecían de
manera acelerada. Esta disímil evolución entre ambos índices determino una caída del
tipo de cambio real.
Como elemento compensatorio, cabe señalar la importante apreciación cambiaria que se
produjo en Brasil, sin la cual la situación hubiese sido más delicada todavía.
Las importaciones se habían incrementado en un escenario de elevado consumo interno.
El fuerte crecimiento de las importaciones de combustible incidió mucho en un contexto
en que las debilidades de la política energética hicieron que el sector fuera deficitario y
debería recurrir a crecientes y costosas importaciones para sostener el consumo interno.
La industria Argentina, que había crecido de manera virtuosa hasta el 2008, mostraba
señales de estancamiento en términos de creación de empleo y problemas de
competitividad en algunas áreas.
En este marco, reaparecían las presiones sobre el mercado de cambios y se
intensificaron las compras de dólares por parte de particulares y empresas. La Argentina
es una economía en la cual el dólar convive con la moneda local en determinadas
esferas. Hay mercados que operan en manera dolarizada, como el inmobiliario, y en
situaciones inflacionarias el ahorro en dólares se intensifica. Cristina Fernández hico una
lectura política de esta tendencia a la adquisición de dólares: la asocio a objetivos
desestabilizadores destinados a condicionar su nuevo mandato y la desligo por completo
de los desajustes macroeconómicos. Como resultado dispuso el inicio de un programa de
restricciones en el mercado de cambio que culmino, con la prohibición de la compra de
dólares que no tuviera asociada estrictamente a operaciones comerciales y financieras
con el exterior, sumada a la implementación de mayores controles y limitaciones sobre
este tipo de cambio. Esta secuencia de restricciones recibió la denominación de “cepo
cambiario” y derivo en la constitución de un mercado paralelo “el dólar blue” que comenzó
a operar con una brecha considerable con respecto al oficial. La existencia de una brecha
cambiaria estimulo una mayor especulación financiera y desalentó la inversión privada.
También la secretaria de comercio se atribuyó la facultad de autorizar el ingreso de bienes
importados de todos los sectores. Se establecieron así, negociaciones informales con los
sectores importadores para estimular cierto equilibrio en el intercambio. Se invitó a
sectores con necesidades de importaciones a compensar esas salidas de divisas con
mayores exportaciones. Pero como en muchos casis esos sectores no tenían capacidad
para generar exportaciones se les permitió realizar la compensación en forma asociada
con firmas exportadoras.
A fines del 2001 la presidenta anunció el inicio de una fase que denomino “sintonía fina”,
en la que se revisaría por completo la estructura de subsidios al consumo de electricidad,
gas y agua. Se procedería a eliminar los subsidios según criterios objetivos en indicadores
de riqueza o ingreso. Cuando la presidenta hizo el anuncio que apuntaba a la
racionalización de los subsidios al consumo de electricidad, gas y agua recibió apoyo. Sin
embargo avanzo muy poco en su implementación. El equipo económico visualizo señales
de desaceleración de la actividad económica y primo la idea de que una baja en los
subsidios complicaría aún más el desempeño económico, opto por posponerlas.
-La re estatización de ypf: Una propuesta adecuada y tarida
La política energética había procurado desarmar el régimen de inversión privada de los
90, que había obtenido buenos resultados en materia de incremento de producción pero
muy pobres en términos de sustentabilidad no hubo nuevas inversiones en exploración,
equidad y accesibilidad. El gobierno desarmo ese régimen, pero no logro reemplazarlo por
otro, ni público ni mixto que acompañara la creciente demanda de energía resultante del
fuerte crecimiento económico del periodo y la mayor inclusión social. Esto se cubrió con
mayores importaciones y cortes selectivos en la provisión de energía en el sector
industrial. La principal respuesta del gobierno fue la re estatización de YPF. La
nacionalización de la compañía multiplico su actividad en materia de inversión. Al cabo de
un año ypf logro revertir el proceso de declinación productiva y puso el acento en el
desarrollo de hidrocarburos no convencionales. El descubrimiento del yacimiento de vaca
muerta abrió un nuevo escenario para el desarrollo del sector.
Fin de la etapa expansiva: el déficit industrial, energético y la tensión cambiaria
A comienzos del 2013 la tensión en el mercado de cabios se intensifico y la brecha entre
el oficial y el blue supero un 50%.
La política cambiaria no tuvo mayores modificaciones y se limitó a un deslizamiento muy
suave del tipo de cambio oficial que prometía un empate con la tasa de inflación, pero no
corregía el atraso cambiario. Las firmas importadoras aceleraron todo lo posible sus
pagos al exterior y las exportadoras ralentizaron sus liquidaciones a sabiendas que
cualquier cotización futura sería más favorable. La oferta de dólares era cada vez menor y
la demanda mas intensa. Al déficit industrial energético se agregó una creciente
demanda de dólares para el turismo en el exterior, que en poco tiempo alcanzo un déficit
casi tan grande como el energético. La economía era cada vez más dependiente de la
disponibilidad de divisas. La expansión de la demanda aceleraba el déficit de divisas,
sumado al creciente y costoso consumo energético.
En este marco, la tasa de interés se mantenía muy baja para estimular el crédito
productivo. Su nivel se ubicaba casi en la mitad de la tasa de devaluación, con lo cual
agravaba el problema cambiario, por cuanto las firmas que operaban en el exterior
preferirían cubrir sus pagos en moneda local tomando crédito barato, antes que liquidando
divisas. El BCRA comenzó a corregir esta situación introduciendo alzas en la tasa de
interés pero el ministerio de economía se manifestó en contra a esta política y sus efectos
adversos en el crecimiento.
La respuesta a esta situación crítica fue la búsqueda de dólares mediante la emisión de
nuevos instrumentos financieros. Con este objetivo, se generó un incentivo para su
inversión a través del blanqueo de capitales. Se crearon por ley dos nuevos instrumentos,
el bono argentino de ahorro para el desarrollo económico y el certificado de depósito para
la inversión.
La era de los súper avit comerciales había llegado a su fin. La alternativa era clara: o se
restablecían las relaciones financieras con el exterior o ya no habría combustible para
seguir creciendo.
El problema central que introdujo el cepo cambiario residía en la elevada brecha entre el
tipo de cambio oficial y las cotizaciones de los mercados paralelos. Esta brecha no solo
dejaba asentada una expectativa de devaluación, sino que también estimulaba
comportamientos especulativos para obtener ganancias financieras sobre la base de la
diferentes cotizaciones y un incentivo muy grande a la realización de maniobras ilegales,
tales como la sobrefacturación de importaciones y subfacturación de exportaciones. El eje
de la actividad económica se desplazó negativamente: de una economía que había
alcanzado records de inversión productiva a otra en que la especulación tenía
protagonismo.
En el 2013 la situación se agravo, debido a la notable caída de las reservas
internacionales. Asume KICILLOF, el clima de la corrida cambiaria se volvió insostenible.
El gobierno dispuso una fuerte devaluación y el BCRA incremento la tasa de interés y
freno los pagos de importaciones, para lo cual estableció un cronograma de pagos y
procuro una paulatina normalización.
La idea era frenar con la corrida cambiaria, esperar a la cosecha en donde se
incrementaría sensiblemente la liquidación de divisas. Y la segunda fase era dar señales
al mercado financiero externo a través de distintas acciones: la resolución del diferendo
con Repsol y la consiguiente emisión de bonos para compensar a la compañía española,
y un acuerdo de pagos con el Club Paris que era un tema pendiente desde el 2003. El
país después de esto se encontraria en condiciones de acceder a préstamos
internacionales.
A comienzo del 2014 comenzó el conflicto con los fondos Buitres .El gobierno se vio ante
la disyuntiva de pagar la sentencia y correr algún riesgo de futuras demandas de
tenedores de bonos de las reestructuraciones de 2005, y 2010 o entrar en default y tirar
por la borda el plan de estabilización al no poder completar con financiamiento externo las
divisas necearías para el último trimestre del año. Finalmente se quedó con la segunda
opción
Desde entonces, el gobierno concentro todos sus esfuerzos en alcanzar un nivel de
reservas que consideraba razonable para afrontar los periodos venideros hasta el fin del
mandato presidencial y sostenerlo a rajatabla. De este modo, se retomaría la apreciación
cambiaria como estrategia de anclaje y contención de la inflación.
Para garantizar la viabilidad de esa política, se concretó un acuerdo con china para
concesión de monedas que incluía un tramo financiero con lo cual sumaria divisas al
BCRA.
El gobierno logro el objetivo, la economía se estabilizo, la tensión cambiaria aflojo y la
expectativa de un gobierno más amigable con el mercado hizo que algunos inversiones
extranjeros comenzaran a ingresar divisas.
El cierre del tercer periodo de gobierno se ubica entre los grises, lejos de las promesas
iniciales de profundización del modelo y mayores avances en materia de inclusión socio
laboral y desarrollo productivo, pero también de los pronósticos apocalípticos que
empezaron a proliferar los sectores opositores.
Política económica de la dictadura militar:
A finales de los años sesenta y principios de la setenta, la estrategia económica seguida
por los países centrales en la segunda posguerra comenzó a declinar; la llamada edad de
oro del capitalismo llegaba a su fin.
Ante el empeoramiento de las cuentas externas de [Link]., el presidente Nixon suspendió
la convertibilidad del dólar, anunciando que su país dejaría de vender oro a otras
economías. Mediante esta decisión [Link]. no solo abandonaba la obligación que se
había auto impuesto en Bretton Woods, sino también abandonado uno de los soportes
fundamentales del sistema monetario internacional de la posguerra: el patrón cambio oro,
que fue reemplazado por el patrón dólar.
Complicando el panorama, los representantes de la OPEP acordaron incrementar el
precio del crudo en un 70%, disminuir su producción y embargar el suministro del
hidrocarburo a las economías occidentales. El valor se había cuadriplicado.
El abrupto incremento en el precio del petróleo si bien alivio la frágil situación de la
balanza de pagos y de la moneda estadunidense, a causa de que la mayor parte de los
excedentes de la renta petrolera se colocó en dólares, amplio aún más la liquidez del
sistema monetario internacional y lanzo a los bancos comerciales receptores una
desesperada búsqueda para reciclar lucrativamente los nuevos depósitos, cuyo monto
implicaba el pago de enormes intereses.
En poco tiempo, el flujo de capitales se dirigió al continente latinoamericano, pero sin
ningún control ni regulación por parte de las autoridades monetarias. En 1982 México
llego a la declaración de moratoria, desatando una generalizada crisis de la deuda en los
países latinoamericanos.
A partir del golpe del 76 que termino con el gobierno de Isabel Perón, comenzó a
implementarse un conjunto de medidas económicas que tuvieron un gran impacto,
produciendo transformaciones sustanciales en Argentina. Se iniciaba un nuevo modelo
económico basado en la acumulación rentística financiera, la apertura irrestricta, el
endeudamiento externo y el disciplina miento social.
Este proceso de cambio se encontraba estrechamente vinculado al orden interno y
también a la coyuntura internacional. Por una parte, la crítica situación económica mundial
con la crisis del dólar primero y luego la del petróleo creo una amplia disponibilidad de
capitales ( eurodólares y petrodólares) dispuestos a reciclarse para obtener mayores
rentabilidades en los países del tercer mundo. Lo que permitió a las dictaduras
latinoamericanas, tener el financiamiento necesario para poder imponer sus políticas
económicas, precursoras del neoliberalismo en el mundo. En esto tuvieron también un
peso decisivo los organismos financieros internacionales, como el FMI y el banco mundial
que quería facilitar la inserción de los países en desarrollo en los nuevos circuitos
financieros. Por otra, los factores internos no fue menos importante, la argentina vivió
desde fines de los sesenta y principios de los 70 agudos conflictos sociales y políticos que
se tradujeron en movilizaciones populares como el Cordobazo, así como la existencia de
grupos armados en las calles.
Es por eso que desde 976 se produjo un cambio importante fundando en la convicción
por parte de los militares uy los sectores que los apoyaron de que las proscripciones
políticas ya no servían para eliminar las alianzas populistas y los peligros en los que se
encontraba el orden social. Había que ir mas profundo y para ello era imprescindible
modificar radicalmente la estructura económica, reformular el papel del estado y generar
una drástica distribución regresiva de los ingresos. Para ello fue funcional el terrorismo de
estado que sirvió para anular el accionar de instituciones y organizaciones políticas,
sociales y sindicales.
Una vez superada la conflictividad social por medio de represión, la implementación de un
mercado libre que arbitrara entre los diferentes reclamos sociales se convertía en un
objetivo en sí mismo. En adelante el mercado disciplinaria la fuerza de trabajo al mismo
tiempo que las luchas corporativas también se trasladarían a ese ámbito.
El plan Martínez de Hoz: agro exportación y reforma financiera:
Sus objetivos explícitos se encontraban en elevar la eficiencia del sistema productivo,
restablecer la hegemonía del mercado en la asignación de recursos, restringir la
participación del estafo, frenar la inflación y equilibrar la balanza de pago. Se planteaba la
necesidad de aprovechar las ventajas comparativas para lo cual la Argentina debía
especializarse en el mercado externo aun sacrificando las industrias propias.
El instrumento central consista en equiparar los precios internos con los externos, con lo
cual los sectores ineficientes serian desplazado del mercado interno por las importaciones
mientras que los eficientes prosperarían y se tornarían más competitivos.
El proyecto de la dictadura tenía objetivos que trascendían lo económico. Se proponía
inclinar el péndulo político a favor de las elites agrarias y de grandes grupos económicos y
financieros locales e intermediarios de capitales externos, cercenando la industria
nacional y el mercado interno, sede de la fuerza del movimiento obrero y de los sectores
empresaiariales vinculados a su desarrollo.
Martinz de Hoz busco readaptar la economía en los marcos de un tipo de división
internación del trabajo que se presento como un retorno a las fuentes: la argentina abierta
al mundo de la época agro exportadora.
Para llevar adelante estos planes se implementó un congelamiento de salarios,, se
eliminaron los controles de precios y se practicó una devaluación del tipo de cambio. Se
complementó con un discplinamiento de la fuerza laboral como la disolución de la cgt, la
eliminación de actividades gremiales, del derecho a huelga u días convenciones
colectivas salariales.
Se desregulo la inversión extranjera, otorgando igualdad de derechos al capital
transnacional con respecto al nacional. Se unifico el tipo de cambio, se eliminaron
regulaciones y subsidios a las exportaciones y se redujeron aranceles de importación,
provocando una caída en la protección.
El FMI aprobaba diversos créditos, que fueron acompañados por préstamos de la banca
privada. El ingreso de divisas provocó un cambio de expectativas entre los operadores
financieros locales, que detuvieron la corrida contra el peso, disminuyendo la demanda
de moneda extranjera. A pesar de la devaluación, el precio de las divisas en el mercado
negro s redujo notablemente, mientras se recobrara la monetización de la economía.
En materia de cuentas públicas se incrementaron las tarifas y la presión tributaria. Las
medidas tendían a una transformación de la estructura de los precios relativos, que
descargaban el peso del plan de ajuste sobre los asalariados, mientras se trataba de
compensar los impactos negativos sobre el sector empresario con otros positivos. La
reducción de aranceles y los reintegros a las exportaciones se contrapesaban con la
devaluación, mientras la contracción de la demanda interna como consecuencia de la
depresión de los salarios se equilibraba con la mejor posición exportadora. En ese
sentido, se provocaba una transferencia intersectorial de ingresos que no aportaba
demasiado al programa de otras experiencias liberales del pasado.
El eje central de la política económica de la dictadura pasaría a ser una reforma que
ubicaría al sector financiero en una posición hegemónica en términos de asociación y
asignación de recursos. El nuevo régimen de entidades financieras iniciaba un rumbo
cuyo norte apuntaba a la liberalización de los principales mercados internos y a una
mayor inflación con los mercados internacionales. Comenzó así una segunda etapa, en la
cual el gobierno empezaría a seguir las recomendaciones de la escuela monetarista de
Chicago.
La reforma financiara, consistía en la creación de un sistema de reservas fraccionarias
que reemplazaban al anterior sistema centralizado de depósitos: la liberalización de las
tasas nominales de interés activa y pasivas; una mayor responsabilidad de los bancos en
sus relaciones con la clientela; mayor libertad para la expansión o instalación de nuevas
entidades y sucursales sin importar la nacionalidad y la recreación de la función del banco
central como prestamista en última instancia. La reforma apuntaba a incrementar el rol del
sector financiero privado y disminuir la participación del estaba, bajo el supuesto de que
aquel era un asignador más eficiente de recursos. Se creía que por intermedio del sector
se conformaría un sistema financiero más apto, solvente y competitivo que redujera el
costo de los servicios bancarios. Se crearon numerosos bancos y entidades financieras,
con escaso o ninguno respaldo.
Estas reformas financieras afectaron negativamente a las actividades productivas,
incentivando la valorización especulativa y produciendo una hipertrofia de sucursales
financieras. Uno de las aspectos de mayor incidencia que la apertura plena de capitales
con el exterior, en el marco de la libertad de fijación de las tasas de interés. La tasa de
interés interna queda determinada por la tasa de interés internacional más la devaluación
esperada. Cuando no hay expectativas sobre devaluaciones las tasas se igualan pero
cuando los agentes esperan una devaluación, el crédito interno se encarece en un
porcentaje similar al de dicha expectativa. Co el correr de los meses y dado la inflación
interna supero las pautas de la devaluación, la expectativa de la devaluación creció y con
ello se elevaron las tasas d interés hasta niveles muy superiores a los vigentes en los
mercados internacionales.
La aversión al riego por parte de los empresarios y los altos niveles de tasas de interés
impedían la canalización de sus recursos hacia actividades productivas, provocando una
transferencia de recursos desde la industria hacia actividades financieras.
En el nuevo esquema el objetivo era la eficiente asignación temporal de recursos, de
acuerdo con las preferencias del consumidor, lo que entrañaba la necesidad de una
liberalización absoluta para que estas preferencias pudiesen darse. En dicho marco, el
problema de crecimiento y de inversión carecía de entidad propia.
El nuevo sistema financiero se organizó en una base cortoplacista, y esto incrementaba la
actividad especulativa y las bruscas fluctuaciones de las tasas de interés.
Desde distintos ángulos la reforma financiera provoco un impacto negativos sobre las
actividades productivas, mientras sus resultados en materia de control de inflación
también eran cuestionables.
Ante el aumento de la inflación se tomaron medidas contractivas con una política
monetaria más restrictiva. Las autoridades suponían que el aumento de la tasa de interés
pasiva contribuiría a incrementar la demanda de activos financieros, estimulando una
mayor monetización de la economía. Se esperaba, que la compra de activos financieros
moviliza recursos para inversiones productivas que expandieran la oferta y todos estos
cambios ( mayor monetización y oferta) desaceleran la tasa de inflación. Sin embargo, las
tasas de interés pasivas se conjugaron con las tasas activas muy elevadas, lo cual
disuadía la inversión productiva y deseaba recursos de la producción al sistema
financiero, contrayendo la inversión e inhibiendo el incremento esperado de la oferta.
Frente a este panorama se decidió generar un nuevo esquema: la fijación pautada del tipo
de cambio y de las devaluaciones futuras de acuerdo con un cronograma decreciente
conocido como “la tablita cambiaria”. Esta medida se iniciaba con una devaluación y
preveía reajustes posteriores del precio del dólar de forma periódica y decreciente, hasta
arribar a un tipo de cambio fijo para principios de 1981. De esta manera, se esperaba que
la inflación local descendiera paulatinamente hasta llegar a niveles similares a los
internacionales. Si esto no ocurría, se producía un retraso cambiario y las importaciones
se harían menos costosas, forzando a los industriales a reducir sus precios. Para que la
competencia externa fuese efectiva como freno para el incremento de los precios, se
estimó necesario reducir además aranceles aduaneros, fijándose un cronograma para
lograr un veloz combate contra la inflación.
Ambas medidas se complementaban con el enfoque monetario del balance de pagos.
(EXPLICAR ESTO )
El comportamiento del nivel general de precios produjo graves consecuencias en la
estructura productiva por diferentes motivos. En primer lugar, se distorsionaba la
rentabilidad de los diferentes sectores, lo que a mediano y largo plazo, suponía un
desplazamiento de recursos hacia el sector de no transables que, bajo las condiciones
señaladas, podía calificarse de artificial.
En segundo lugar, el sector de transables se veía aprisionado entre la imposibilidad de
incrementar sus precios por la presión ejercida por las importaciones y el incremento de
sus costos debido a que parte de sus insumos se componía de bienes o servicios no
transables. Por último, dado que la tasa de inflación era mayor a la devaluación, se
produjo una revaluación del eso, que abarataba aún más las importaciones.
El progresivo retraso cambiario estimulaba las expectativas acerca de una modificación
del cronograma de devaluaciones, introduciendo un factor de riesgo que crecía con la
persistente revaluación del peso. Ese riesgo elevaba la tasa de interés.
Por último, dado el contexto internacional caracterizado por bajas tasas de interés y sobre
oferta de capitales líquidos, estimulaba el ingreso de recursos desde el exterior. Estos
flujos eran en su mayoría capitales especulativos, por lo que, en lugar de fortalecer las
estructuras productivas internas, alimentaban la valorización financiera de carácter
cortoplacista. Esto contribuían a incrementar la inestabilidad del sistema y las debilidades
del mercado cambiario, ya que al retirarse extraerían más divisas de las que habían
ingresado, debido a las ganancias que habían devengado en el ínterin
La recesión provocada por la apertura comercial y el retraso cambiario se manifestó con
crudeza, dejando como saldo una economía estancada. No todos los sectores se vieron
afectados de la misma manera. Los vinculados principalmente al mercado interno, o
sometidos a la competencia de la importación, sufrieron un derrumbe muy pronunciado.
Por el contrario, el sector agropecuario y la explotación de recursos mineros, lograron una
expansión. El sector financiero también creció.
Al último de la década del 70, la Argentina se vio favorecida por términos de intercambio
más elevados a tal punto que los precios de las exportaciones en 1980 eran dos veces y
media superiores a la de los 70.
La expansión de las exportaciones de granos tiene relación, desde el lado de la demanda,
con la firma de acuerdos con la URRS, que transformaron a dicho país temporariamente e
el principal comprador de productos argentinos.
Las importaciones tendían a diversificarse debido a la reducción de aranceles y el retraso
cambiario ya que las situaba en una posición competitiva.
Los estímulos comerciales a las importaciones se complementaban con un generoso
acceso al crédito internacional, que permitía financiar las compras a pesar de la
contracción de la producción interna. El consumo se destacó en lo bienes durables como
electrodomésticos.
A partir del 79 hubo un cambio en la estrategia de política económica. A pesar de las
mayores exportaciones, el comercio exterior se convirtió en una fuente de drenaje de
divisas, que solo puede sostenerse mientras se mantenía la corriente de créditos
externos.
La deuda externa: La política económica aplicada por Martínez de hoz imponía un modelo
rentístico financiero y creaba una serie de condiciones que aspiraba a sitiar a la argentina
en un lugar privilegiado como receptor de recursos .La reforma financiera de 1977
liberalizaba por completo los movimientos de capitales de todo tipo, a lo que se le sumaba
la profunda apertura comercial. Por último, la tasa de interés situaba en niveles superiores
a los internacionales, estimulando el ingreso de fondos y un avance de movimientos
especulativos. Por eso, los préstamos hacia la argentina ocuparon un lugar importante en
la banca internacional.
Los beneficiados de las políticas económicas eran:
Altos funcionarios del gobierno que implementaron las políticas.
Empresarios y financistas que efectuaron la mayor cantidad de maniobras especulativas
incluyendo fuga de capitales
Las fuerzas armadas y los intermediaros que utilizaron el endeudamiento para la compra
de armas
Y los sectores primarios exportadores, agrarios y de commoditis industriales.
La hegemonía del sector financiero alentó las prácticas especulativas. Entre ellas cambe
mencionar un ejemplo. El primero se basaba en el aprovechamiento diferencial de la tasa
de interés, interna y externa: el mecanismo utilizado era simple: se introducían dólares
prestados por bancos extranjeros, se los pasaba a pesos, y se realizaban sustanciosas
ganancias por la tasa de interés nominal interna era mucho mayor que el costo del crédito
fijado por la tasa de interés externa y el rimo de la devaluación. Se reconvertían después
esos pesos a dólares, se los sacaba del país y se los depositaba en un banco extranjero.
En resumen el endeudamiento en Argentina fue utilizado para solventar la especulación,
la fuga de capitales, la compra de armamento y la demanda e consumo, con un altísimo
costo en materia productiva, ya que la política para la atracción de capitales imponía una
desprotección absoluta a las actividades productivas internas y un costo por la vía del
incremento de las tasas de interés imposible de solventar. Mientras muchos países como
Brasil entendían el endeudamiento fundamentalmente como una forma de resolver los
problemas productivos, la argentina se endeudo para destruir su aparato productivo.
Con respecto al gasto público, se modificaron las áreas, se dejó de gastar en salud o
educación mientras crecían las compras de armas. Se gastó en obras faraónicas de poca
o nula incidencia en el desarrollo económico para la infraestructura del campeonato
mundial de futbol. Otro gasto importante fue la remuneración de los encajes impuestos al
sistema bancario, por medio del mecanismo que dio origen a la cuenta de regulación
monetaria. Para cubrir el gasto se reformo la estructura tributaria, de tal forma que la
relación entre los impuestos y el PIB se duplico. Se avanzó hacia una estructura tributaria
mucho más regresiva, en la que cobraron peso los impuestos indirectos, es decir aquellos
que se trasladan a los precios y son pagados por el consumidor final.
También se realizaron ajustes en las tarifas públicas como en el transporte público.
Con respecto a los ingresos las personas de ingresos más altos vieron crecer sus
ganancias a costa de una reducción en los ingresos de los estratos medios y bajos, los
beneficiaros eran empresarios y financieros fundamentalmente.
La tendencia negativa en la evolución del gasto social se acentuó entre el 76-83. En esta
materia el gobierno militar desarrollo su accionar alrededor de dos principios: El principio
de la subsidiariedad del Estado y el de la descentralización de las prestaciones desde el
gobierno nacional hacia los gobiernos locales. En función del primer principio intento
transferir al sector privado las prestaciones sociales para los trabajadores asalariados y
reservo al sector publico la asistencia a estratos sociales en situación crítica. En cuanto a
los propósitos de descentralización, se concretó las transferencias de escuelas y
hospitales nacionales hacia las jurisdicciones locales. Como consecuencia, no solo
disminuyó el gasto social del gobierno sino también su participación en el presupuesto
nacional, agudizando una tendencia negativa.
La crisis del 81:
A lo largo del capítulo hemos mostrado como los sucesivos paquetes de medidas,
además de su devastador efecto sobre la estructura productiva, reflejaban una fragilidad
asombrosa desde el punto técnico y se amplificaban los desequilibrios macroeconómicos.
Su perdurabilidad se debía al fuerte apoyo recibido por la conducción desde el plano
político y de los principales grupos económicos, así como el contexto internacional
favorable. Pero lo que más afecto al programa fue el súbito viraje del contexto
internacional por los nuevos lineamientos económicos impulsados por los [Link]., que
provocaron una fuerte alza en la tasa de interés, alterando radicalmente los mercados
financieros mundiales: el crédito internacional se tornó caro y escaso. La importancia de
los flujos financieros para la Argentina era capital, debido al incipiente déficit comercial y
de la cuenta corriente. Mientras tanto se tornaba cada vez más dificultoso conseguir
fondos frescos, lo que acento aún más el incremento interno de tasas de interés y el
diferencial entre estas y las tasas del exterior.
El nuevo contexto colocaba al mercado de divisas argentino en una situación delicada,
aproximándolo a una cesación de pagos. La hipotética situación de estrangulamiento
financiero provoco una crisis de confianza que se agudizo con las dificultades de algunos
grupos económico y la disminución de la garantía oficial para los depósitos. Solo faltaba
un detonante para la compleja situación, en marzo del 80 el mayor banco local privado
cerró sus puertas seguido por otros tres bancos. Ante esta situación, se tomó una medida
favorable a los bancos y de consecuencias negativa s para los deudores. El banco central
implanto el índice de ajuste financiero a través de la circular 1050. Este índice era un
mecanismo de indexación vinculado al otorgamiento de los créditos hipotecarios, que se
generalizaría luego al conjunto de la economía.
El panorama abierto por la crisis bancaria volvió a acentuar una característica endémica
de la economía argentina: la fuga de capitales. Para enfrentar eso se incrementó la tasa
de interés, se abandonó la política de devaluaciones declinantes y se estableció un tipo
de cambio fijo con una pauta de devaluación del 1% mensual, que seguía profundizando
el retraso cambiario. Por último se eliminó el plazo mínimo de un año para tomar créditos
en el exterior, anulando la única medida de control de movimientos de divisas. El mercado
reacciono acentuando su fuga hacia el dólar, disminuyendo el nivel de depósitos y
reservas oficiales, mientras la tasa de interés llegaba a niveles exorbitantes. Dado el
régimen de garantías de depósitos, el gobierno tuvo que asistir a los bancos que sufrían la
corría de depósito, lo cual estimulo la emisión de moneda y se aviva aún más la inflación,
cuyo combatía había sido el objetivo central declarado del gobierno desde su asunción.
La guerra de Malvinas:
En este complejo contexto, se produzco un traspaso de mando presidencial de Videla a
Viola. Decidieron devaluar la moneda, eliminar la tablita cambiaria e implementar un tipo
de cambio fijo a ser establecido día a día por el BCRA y se establecieron retenciones
temporarias para las exportaciones agropecuarias. A lo largo del año también se pusieron
en marcha algunas medidas para evitar la profundización de la recesión, entre las que se
contaba con el apoyo financiero para la reactivación de las económicas regionales, líneas
de crédito al sector productivo, regímenes de préstamos para mejorar el perfil temporal
del endeudamiento de las empresas y apoyo crediticio para las exportaciones
promocionadas.
Las medidas se complementaban con una presión sobre el sector monetario con altas
tasas de interés. Las empresas presionaron con éxito para que el Estado les otorgara un
subsidio que compensara la variación del tipo de cambio, equivalente a 23 centavos por
cada dólar de deuda, que fue complementado posteriormente con nuevos beneficios. De
esta forma, la deuda privada comenzó a licuarse, mientras continuaba creciendo la
pública. Se asistía así a un proceso de estatización de la deuda externa, sin
contraprestación alguna por parte de este último sector.
La forma ortodoxa de combatir la crisis y los efectos del poder adquisitivo de la población
con salarios congelados mientras la inflación crecía y los impuestos al consumo se
incrementaban provoco las primeras manifestaciones callejeras que fueron violentamente
reprimidas.
A poco lanzadas estas medidas se comenzaron las guerras en Malvinas. Inmediatamente
el reino Unido adopto represalias: congelo los fondos argentinos depositados en bancos
británicos y embargo las exportaciones procedentes del país enemigo. La comunidad
europea, suspendió las compras a argentina. En la guerra, argentina respondió con tibias
medidas.
El gobierno argentino procuro mantener equilibradas las cuentas externas y su posición
en divisas, reforzando el control sobre los pagos al exterior y cancelando los vencimientos
de las deudas con títulos públicos, restringió la importación de bienes, se practicó una
devaluación, aumento las retenciones a las exportaciones y reducción de aranceles.
Como se esperaba que la guerra provocaría un incremento del gasto público, se reforzó la
recaudación con impuesto a la nafta, bebidas y cigarrillos. Esto significó un paso más a la
recesión.
Desde principios de año, la situación argentina se había tornado crítica por los
acontecimientos que ocurrían en el mercado internacional. Una nueva alza en los precios
internacionales del petróleo había desencadenado en una recesión, que provoco una
caída en los precios de las materias primas, de modo que los términos de intercambio de
argentina descendieron. Simultáneamente, como resultado de la política económica
norteamericana, las tasas de interés se elevaron y los flujos de capital comenzaron a
reorientarse hacia los países desarrollados por lo que el acceso al crédito para los
subdesarrollados se tornó dificultoso.
El gobierno enfrentaba, un problema que tenía dos facetas. Por un lado, debía hacer
frente a los compromisos externos por vencer, en el marco de un grave déficit de divisas y
por el otro, atender las demandas de las grandes empresas privadas endeudadas para
evitar un crac económico generalizado.
Se iniciaron negociaciones con el fondo monetario internacional, y con respecto a la
deuda externa privada se estatizo refinanciándola con nuevos títulos públicos.
Los objetivos explícitos del control de la inflación y de las cuentas públicas no se habían
alcanzado. Por el contario, la deuda externa imponía crecientes erogaciones para el
sector público y generaba problemas de difícil solución en el plano monetario, creando las
condiciones para un estallido hiperinflacionario. Sin embargo, se logró un éxito en los
objetivos implícitos de transformar radical e irreversiblemente la dinámica económica
social, al sentarse las bases de un nuevo modo de acumulación basado en la
reprimarizacion de la producción, la reinserción exportadora y el liderazgo de u reducido
conjunto de grupos económicos.
Esto fue principal consecuencia del cuadro desalentador de implementar el enfoque
monetario de la balanza de pagos, la diagramación de la tablita cambiaria y el diseño de
un cronograma de rebajas arancerialas. Por medio de estos mecanismos se trataba de
limitar el incremento de los precios, exponiendo a la producción interna a la competencia
disciplinadora de las importaciones.
La hipótesis que de ellas podría contenerse el avance de los precios no tomaba en cuenta
una serie de factores limitantes. En primero lugar, muchos productores del exterior
gozaban de un acceso mucho más favorable al crédito, con lo que la incidencia de los
costos financieros eran menor.
Se debilitaba así la posición competitiva de la producción local. Por otra parte, en muchos
casos los precios e las importaciones se encontraban fijados arbitraria y artificialmente por
grandes oligopolios multinacionales que trataban de eliminar a los productores locales
para lograr un mercado cautivo en el cual pudieran imponer posteriormente una estructura
de precios mas favorable En tercer lugar, la apertura comercial no afectaba los bienes y
servicios no transables, que podían incrementar sus precios sin temor a la competencia
externa. Pero estos bienes y servicios formaban parte del costo de los bienes transables,
de modo que el incremento de los precios deterioraba la posición competitiva. Por otra
parte, una evolución así implicaba el sostenimiento de una tasa de inflación superior a la
internacional, retrasando el tipo de cambio y acentuando todavía más las dificultades
competitivas de la industria local.
Los efectos de la política económica de Martínez de Hoz, que no fue modificada en lo
sustancial por los ministros que lo sucedieron, fueron precisamente los inversos:
contracción de la producción, desaparición de numerosas actividades, desarticulación de
las relaciones intersectorales, y simplificación de la estructura morfológica. La industria
era ahora mas dependiente de la importación, no había solucionado sus problemas de
subdesarrollo y se encontraba en una posición mucho mas vulnerable.
El régimen de promoción industrial que tuvo como principales beneficiarios los grandes
grupos nacionales y extranjeros sostuvo la mayor parte de las inversiones durante esos
años. El contexto macroeconómico era tan desfavorable para el sector privado que no
parecía dispuesto a realizar inversiones si no era bajo el impulso de fuertes subsidios. En
consecuencia, sectores tales como el celulósico, papelero, el cemento, el siderúrgico y el
petroquímico fueron únicamente los grupos beneficiados por la política oficial.
La política económica de Alfonsín y el trauma de la hiper inflación
Al retirarse del poder, el gobierno militar dejaba una herencia económica catastrófica: el
país se hallaba en recesión, con desocupación creciente, una inflación del 400%, y sin
reservas internacionales.
El principal problema legado por la dictadura era el abultado endeudamiento externo. En
el corto plazo, en cambio, el superávit del balance comercial se debía lograr por medio de
reducción de importaciones. Los productos exportables se encontraban en baja.
La opción elegida por el gobierno fue la renegociación de la deuda con los bancos
extranjeros. Además se procuró no realizar políticas de ajuste recesivas, ni dejar al
mercado los precios, salarios y divisas.
Se intentaría construir con otros países deudores la liga latinoamericana un frente de
deudores, con el gin de negociar con los acreedores de forma más ventajosa. Las
medidas que se fueron implementando incluyeron un aumento en los salarios y de las
tarifas de servicios públicos, la fijación de pautas para el incremento de precios, salarios y
tarifas y la determinación del tipo de cambio para el mes de enero. Además se presentó
ante el parlamento medidas de emergencia como la creación del plan alimentario
nacional.
Los proyectos y medidas implementadas no lograron una aproximación a los objetivos
iniciales, y se topo con importantes dificultades como el proceso inflacionario, presiones
monopólicas, planteos sindicales, y déficit por retraso en la percepción de la recaudación
impositiva, tabas en la negociación de la deuda externa.
Ante los incrementos moviles de salarios otorgados por el gobierno para incentivar la
demanda interna, tuvo una respuesta empresarial cautelosa, incrementando en una
pequeña medida su producción, los niveles de ocupación y la utilización de mano de obra.
Es que la estructura empresarial había cambiado, y los nuevos grandes grupos
económicos operaban en una forma mucho mas diversificada, aprovechando alternativas
mas rentables en inversiones financieras.
El equipo económico se vio obligado a iniciar las postergadas negociaciones con los
acreedores externos y los organismos financieros internacionales. Se limitaron los
incrementos salariales, y se subieron las tarifas públicas.
Las condiciones de los mercados internacionales se habían mostrado propicios para la
Argentina a principios de los 80, contribuyendo a alimentar expectativas favorables. Sin
embargo, también estimulaban a los competidores, por lo que los mercado no tardaron
demasiado en producir una sobre oferta de productos agrícolas que derrumbo los precios.
La inversión de la tendencia favorable se agudizo con un lento crecimiento que se
registraba en el mundo, la disputa proteccionista entre EEUU y la comunidad europea y
los acuerdos entre los países del norte y la unión soviética. De allí que las exportaciones
no pudieron aportar las divisas suficientes como para equilibrar las cuentas del balance de
pagos.
Los tres núcleos centrales del nuevo poder económico local (los grandes grupos
económicos vinculados con el sector financiero, el sector agroexportador y las empresas
extranjeras), al igual que la banca acreedora, no tuvieron las actitudes esperadas
respecto de la democracia naciente. Por el contrario, cada uno opero exclusivamente en
función de sus intereses concretos e inmediatos. Así la banca presiono por el pronto y
mayor pago posible de los servicios de la deuda, las empresas ajustaron sus precios en
función de la inflación esperada, los tenedores de divisas intentaron proteger su capital
depositándolo en plazas más seguras, los países centrales continuaron protegiendo y
subsidiando sus productos locales y los sindicatos presionaron por un reajuste de los
salarios para defender su poder adquisitivo frente la inflación.
Plan Austral:
En junio del 85, Alfonsín declaro una economía de guerra, anunciando reducciones de
gasto público, congelamiento en el sector público, fuerte aumento de tarifas y precios de
combustible y transporte, paralización de inversiones públicas y privatización. Poco
después, por medio de un decreto de necesidad y urgencia se inició el denominado plan
Austral. Este plan económico implico un ajuste fuerte, aun mayor que lo que solicitado por
el FMI, con el objetivo explícito de evitar el peligro de una hiperinflación. Las medidas
implementadas fueron las siguientes: cambio de signo monetario, introducción del austral,
cuya unidad equivalía a 1.000 pesos, congelamiento de precios y salarios, reducción de
las tasas de interés reguladas para depósitos y préstamos, devaluación y congelamiento
posterior del tipo de cambio, implementación de una política monetaria y fiscal estricta.
Esta pauta debía ser alcanzada por un recorte en los gastos, mayor recaudación y un
financiamiento por medio de nuevos créditos externos.
La originalidad o heterodoxia del plan en relación con los tradicionales del FMI, consistía
en la incorporación de una política de ingresos y en simultaneo un lanzamiento de un
nuevo signo monetario con el fin de actuar sobre la inercia inflacionaria.
El plan tuvo un efecto favorable que incluyo el aumento de exportaciones, aumento de
liquidaciones de divisas, lo que permitió el crecimiento de las reservas. El éxito de corto
plazo, escondía insuficiencias estructurales, ya que si bien había logrado cierta estabilidad
de precios, el programa no incluía realmente objetivos de reactivación o crecimientos. La
falta de un programa de largo plazo indicaba cierta debilidad.
Algo después se lanzó el plan Houston, en vista a una sociedad estadunidense epicentro
de las empresas petroleras, Alfonsín las convoco a invertir en el país, pero el proyecto se
dilato en el tiempo, en parte debido a la lentitud en el establecimiento de un contrato, y
también a causa de falta de incentivos que la argentina brindaba para un agresivo
programa de inversiones.
A partir de los 70 la argentina se caracterizó por rápidas rupturas de los congelamientos
de precios, que impedían prologar este tipo de apropiación de las ganancias y de allí que
la inversión se canalizara cada vez más hacia la especulación financiera e impactara
negativamente en la inversión productiva.
Luego del éxito inicial, comenzó a visualizarse algunos efectos no deseados. Si bien la
inflación se había contraído notablemente, persistía un crecimiento de precios que, en el
mediano plazo comenzaría a distorsionar la estructura de los precios relativos. La inflación
se originaba en el lento incremento del precio de los productos como las carnes y
hortalizas mientras otros ( los productos industriales y el salario) permanecían más
estables. El plan no corregía estas distorsiones.
El plan implico una caída de las remuneraciones reales en casi todos los sectores de la
economía.
Durante el 86, el plan pareció mantener una relativa estabilidad de precios y favorecer el
crecimiento económico. Esta expansión se basó en la estructura de precios que había
creado en el programa económico; retroceso en los salarios; redistribución regresiva del
ingreso e incremento del consumo de los sectores de mayores recursos, traslación de
ingresos desde el agro y financiamiento del déficit fiscal mediante el endeudamiento
externo e interno.
Esta situación comenzó a declinar ya que se sumaban nuevas dificultades en el balance
comercial debido a la caída en los precios internacionales de granos y grandes
inundaciones por lo cual la banca acreedora comenzó a presionar pidiendo una
maxidevaluación.
La situación económica comenzó a dar signos de mayor deterioro. Influían en ello la puja
sindical por mayores salarios y contra la racionalización del sector público; la presión de la
banca privada internacional por el pago total de los servicios de la deuda, la lentitud en la
ejecución de las privatizaciones de las empresas, y las dificultades para controlar los
contratos del Estado con diversas empresas de gran incidencia económica. Se
agudizaron los problemas en el sector público, el compromiso de mantener bajo control la
cantidad de dinero se veía contrariado por el déficit fiscal y por la necesidad de comprar
divisas para cancelar los compromisos externos, lo cual implicaba inyectar el contravalor
en australes al mercado. Esto obligaba a recurrir casi de manera abusiva a herramientas
de política económica que no tardarían en volverse explosivas, como tratar de esterilizar
parte de la nueva masa monetaria con la colocación de títulos públicos, canjeando deuda
externa por deuda interna. A medida que el mercado de esos títulos se fue saturando, la
deuda crecía y la inflación se recalentaba el gobierno se veía forzado a incrementa las
tasas de interés para que sus bonos no perdieran atractivo. Pero esto volvía a repercutir
sobre el volumen de la deuda, al capitalizarse crecientes masas de ganancia financiera, e
influía sobre la actividad económica, y que las tasas de interés de todo el sistema se
veían arrastradas por este mecanismo. Las tasas de interés crecientes y las dificultadas
en la oferta alimentaban la inflación.
A comienzos de 1989 las expectativas inflacionarias crecieron: colaboraron para ello
causas tanto económicas como políticas. El Banco mundial que al principio había
apoyado el plan económico, en vista de las dificultades suspendió los desembolsos
prometidos. Para mayo del 89, era previsible el triunfo peronista y se esperaba una
política redistribucioncita moderada, con discurso populista pero sin modificar el modelo
económico en marcha. Sin embargo, para muchos esa perspectiva era preocupante.
Angelonz el candidato oficialista, planteaba la profundización de un modelo privatizador y
liberalizante. Las expectativas de cambios en la política económica por parte del futuro
gobierno y la impotencia de las autoridades económicas ante la cercanía de su partida
incrementaron la incertidumbre. Los tenedores e depósitos en dólares comenzaron a
acudir a los bancos en busca de sus fondos, se produjo una corrida especulativa contra el
austral y se vendieron muchísimos dólares. El intento del gobierno por preservar el austral
concluyo en un fracaso. Se comenzaba a vencer la deuda del tesoro. Se inició una fuerte
fuga de capitales, que fue calificada como el golpe económico más importante desde el
retorno de la democracia. La burbuja especulativa fue imparable: la cotización del dólar
libre se disparó, los precios comenzaron a acompañar la evolución del dólar, por lo que se
ingresó en un proceso híper inflacionario. Las causas fueron múltiples y generaron gran
controversia, se trató de una confluencia de elementos que dieron lugar a una
incontrolable corrida de precios. Entre ellos, tuvieron especial relevancia la crítica
situación de la balanza de pagos, la puja por la distribución del ingreso, el comportamiento
especulativo de sectores económicos y el encadenamiento de aceleraciones crecientes
de la inflación y periodos de estabilización cada vez más cortos y limitados .A ello
contribuyo una errática política de contención por parte del gobierno. Luego viene Menem,
el traspaso presidencial se concretaba en el marco de un recrudecimiento
hiperinflacionario.